One-shot Fortaleza de sangre (Warhammer Fantasy)

Tema en 'Fanfics sobre Videojuegos y Visual Novels' iniciado por George Asai, 13 Diciembre 2017.

  1.  
    George Asai

    George Asai Maestro del moe

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    Escritor
    Título:
    Fortaleza de sangre (Warhammer Fantasy)
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1715
    Otro fic de Warhammer Fantasy.

    One shot.

    Fortaleza de sangre


    Por mis antepasados y los que vinieron antes que yo, ¡no vamos a entregar Karak-Azul!


    Este bastión de nuestro antiguo imperio jamás cederá, la sangre de anteriores defensores corre por nuestras venas. Cerré mis ojos y acomodé mi barba lentamente, las ansias de batalla poco a poco se apoderaban de mis sentidos. Podía escucharlo a la perfección, cientos, quizá, miles de skavens se amotinaban en lo más profundo de la fortaleza.


    Un ataque subterráneo y cobarde, digno de unas alimañas asquerosas como ellos, ¡pronto conocerán la furia de los martilladores!, destrozaremos sus pequeños cráneos como si fuesen piedras pequeñas. ¡Nos la pagarán!, esas malditas ratas tenían millones de agravios acumulados, ¡llegó el momento de cobrarlos!


    Nuestro señor del clan nos ordenó bajar más al fondo, lejos del sol y los túneles ordenados, conmigo iban más de 3000 guerreros enanos, 200 de ellos eran martilladores como yo. Todos nosotros, hasta el más humilde de los soldados, traían consigo una armadura de placas de manufactura enana, lo suficientemente fuerte para resistir los embates de esos bastardos.


    Poco a poco, el olor a podrido me sacó un ligero gruñido, ¿acaso los skavens no conocían la higiene?, bueno, eran ratas después de todo, ni siquiera nosotros emanábamos un hedor tan apestoso.


    —Estamos llegando, ¡prepárense! —Nuestro señor del clan, Grungha, barba de acero, elevó su voz para intimidar al enemigo, de hecho, su voz sonó mucho más fuerte de lo habitual gracias al eco que provocaba el espacio cerrado. No mentiré, incluso nosotros nos sentimos un tanto incomodos por tener tan poco espacio para maniobrar y colocar nuestra artillería.


    Pero no íbamos a reconocerlo, total, ¿qué enano en su sano juicio se sentiría inseguro debajo de la tierra?


    Más al fondo pude ver a nuestros rivales…


    Skavens, hombres rata que formaban ciudades subterráneas donde alababan a una especie de deidad interesante: La Rata Cornuda. En verdad, me importaban poco o nada sus motivos, total, ¡ninguno de esos monstruos tocará nuestra amada fortaleza!


    —¡Guerreros, muro de escudos! —Grungha realizó su primer movimiento, de inmediato, la infantería básica se colocó frente a nosotros con sus impenetrables escudos por delante. Las ratas notaron nuestra hostilidad, por ende, una horda de lanceros mal equipados se lanzó a la batalla de manera desenfrenada.


    No podía explicar el porqué de esa estrategia, simplemente lo hicieron y ya.


    —¡Mantengan sus posiciones! —grité a los enanos de menor rango que yo, si bien, nuestro entrenamiento y armas eran superiores a las de ellos, nos superaban en número. Pude ver perfectamente como los skaven trataban de atravesar nuestro muro, sus pobres lanzas terminaron por romperse ante la firmeza de nuestras armas, mejor aún, mis compañeros encontraron la oportunidad para destrozar sus cráneos con sus hachas. Hubo de todo en esa carnicería inicial, hasta nos sentimos confiamos por la facilidad con la cual derrotamos esta oleada.


    Apenas y tuvimos bajas.


    Pero el combate solo iniciaba, más atrás, llegaron más hombres rata, armados con espadas y hachas un poco más grande. No obstante, continuaban sin escudos ni armadura, por lo tanto, fueron presas fáciles para las ballestas enanas que simplemente los acribillaron a pocos metros de distancia.


    —¡Artillería, fuego! —Grungha no perdió el tiempo, en lugar de regocijarse por la ventaja inicial, el señor enano ordenó disparos más rápidos y precisos, pues conocía perfectamente a los skaven. Esas alimañas eran listas, daban una falsa sensación de seguridad para luego, matar a su oponente con tácticas sucias.


    Justo como pensamos, más y más skavens continuaban llegando desde las profundidades de la tierra. Apreté mis dedos sobre el martillo rúnico que cargaba conmigo, era cuestión de tiempo antes de combatir cara a cara contra ellos.


    —¡Ballestas, fuego a discreción! —Sus números no paraban y la muralla de escudos empezó a debilitarse, a lo lejos, el frente inicial sufrió numerosas bajas debido a unas ratas gigantes con dos patas, no podía describirlas bien, pero escuché a los soldados murmurar las palabras: “Ratas Ogro”, bueno, jamás he visto a un ogro en persona, pero esas bestias le hacían fama a su nombre.


    —¡Centren el fuego en las ratas ogro! —El señor del clan tomó su propio martillo y en vez de quedarse atrás con los cañones, entró al calor de la batalla sin pensarlo dos veces. Mis compañeros y yo hicimos lo mismo, quedarse atrás cuando la masacre estaba en su mejor punto no era algo digno de los martilladores, ¿o sí?


    —¡Mueran! —Mi golpe inicial mató a dos skaven flacuchos y de huesos débiles, carne de cañón que no merecía la pena asesinar. Debíamos ir más al fondo para encontrar a los peces gordos del estanque, por ende, un regimiento de matadores nos acompañó hasta el centro de la acción, posteriormente, nos fuimos abriendo paso a martillazos, hachazos, golpes, mordidas, tajos e incluso cachazos con ballestas descargadas.


    La terquedad de un enano jamás conocía límites, ¡vamos a bajar ahí sí o sí!, ¡o moriremos en el intento!


    Los matadores peleaban como verdaderas máquinas, a pesar de no llevar armaduras consigo eran difíciles de golpear. Esto lo confirmé cuando uno de ellos evadió un espadazo a gran velocidad y luego, con sus dos hachas, reventó el cráneo del skaven que amenazaba con apuñalarlo en la garganta.


    Tampoco nos quedamos atrás, decenas y decenas de ratas caían víctimas de mi martillo, sentí como si todos mis antepasados me prestaran sus fuerzas para defender el patrimonio que nos heredaron. Mis ancestros jamás dejaron que Karak-Azul fuese víctima de los pieles verdes y yo, por supuesto, ¡no caeré frente a las ratas inferiores!, lo juro por mi honor como martillador.


    La guerra continuó a su máximo esplendor, el olor a pólvora disminuyó un poco la pestilencia que emanaban de sus peludas pieles. Entonces, un rival de lo más digno apareció frente a mí, a diferencia de las otras alimañas, éste me reconoció como un enemigo e incluso, adoptó una posición de combate marcial. Algo extraño en estas bestias que peleaban por mero instinto de supervivencia.


    —¡Barbudo con martillo! —exclamó la rata, posteriormente, dio un salto casi sobrehumano y se apoyó en una máquina de guerra destruida para ganar más impulso. Dicho de otro modo, se movía de izquierda a derecha, tan rápido que mis ojos apenas eran capaces de seguirle el ritmo.


    En sus manos cargaba dos dagas hechas de piedra bruja, no necesitaba ser un experto en ello para confirmar lo siguiente: Si recibía ese ataque, sería el fin del camino para mí.


    —¡No lo permitiré! —Su velocidad era muy superior a la mía, sin embargo, años de experiencia en constantes guerras me hicieron sabio, me bastaron solo dos segundos para calcular la trayectoria de sus saltos y movimientos fugaces, entonces, di un paso hacia atrás y dejé caer el martillo hacia adelante. Como resultado, el frío acero de mi arma destrozó sus huesos de un solo golpe y obviamente, acabó muriendo —. Tu velocidad habría matado a un guerrero inexperto, pero no a mí, suerte para la próxima.


    —¡Cuidado! —De repente, uno de nuestros cañones fue destruido por un rayo de energía verde, no podía describirlo bien, todo sucedió tan rápido que apenas tuve tiempo de asimilarlo. A lo lejos, vimos un cañón de disformidad improvisado de maquinaria primitiva, pero letal, éste yacía dirigido por varios hombres rata con anteojos y demás artefactos para la cabeza.


    —Esto no pinta bien —susurré, uno de mis colegas me indicó un cambio en nuestras órdenes, ya no teníamos que sumergirnos en busca del señor de la guerra skaven, en vez de ello, resistiríamos más atrás. No estuve de acuerdo con la decisión, pero no nos quedó más alternativa que replegarnos y formar un nuevo muro de escudos.


    Por fortuna, el cañón explotó debido a su mal funcionamiento y les provocó a ellos más bajas de las que realmente nos causaron. Vaya bola de idiotas.


    Los skaven siguieron azotándonos con su presencia, ya ni siquiera llevaba una cuenta de cuantos enemigos había matado hoy. Mi martillo estaba rojo por la sangre y mis manos cansadas, pero decididas a seguir hasta el final, el número de guerreros disminuía cada vez más y la verdad, veía poco futuro en esta empresa.


    Aun así, nadie huyó, preferíamos morir aquí que huir con el rabo entre las patas.


    —Aguanten más tiempo, soldados, mi plan casi está completo. —Grungha soltó una declaración que nos dejó confundidos, ¿acaso él tenía un plan para ganar esto?, conforme pasaban los segundos, más y más enanos caían muertos víctimas de sus asquerosas puñaladas. Lo mismo pasó con los matadores que nos acompañaron, ellos encontraron la muerte heroica que tanto deseaban a manos de una gigantesca rata ogro.


    Claro, no sin antes matarla también para no irse de este mundo con un último pendiente.


    —¡Venga! —Destrocé el cráneo de otro soldado skaven que intentó pasar el pobre muro que formamos, para este punto, 14 de mis compañeros habían muertos y mi destino al parecer, estaba sellado. Entonces, el plan del señor por fin se llevó a cabo…


    —¡Fuego! —Dos nuevos cañones de salva aparecieron en lo más alto de la fortaleza, al menos, bajo tierra. Solo que esta vez, las balas no iban hacia ellos, sino al techo del túnel…


    —¡Retirada! —No estábamos retrocediendo por cobardía, al contrario, todo era parte del plan. Los impactos fueron tan fuertes, que cientos de rocas comenzaron a caer encima del ejército skaven, las ratas perdieron su moral, típico de su asquerosa cobardía. Sin saber qué hacer, el señor de la guerra skaven ordenó a sus ratas la retirada, pues continuaban siendo aplastados por las rocas y fragmentos de metal.


    El plan no era tan fácil como pensé, al parecer, los cañones de salva necesitaban estar en una posición ideal y los ingenieros del clan estuvieron ocupados haciendo cálculos precisos, de lo contrario, los fragmentos de roca nos habrían matado a nosotros también. Yo no entendía de números ni máquinas, eso era trabajo de los herreros y artilleros, al menos, Karak-Azul vivirá otro día más.


    —Nadie hará caer esta fortaleza, nadie —susurré, posteriormente, volvimos a la superficie para reforzar la parte baja del lugar, pues los hombres rata eran listos. No volverán a cometer el mismo error y seguramente, no será la primera ni la última vez, que nos veamos las caras.


    FIN
     
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    A S T E R I A

    A S T E R I A Dúo

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    Oficialmente tienes una seguidora, ahora sabes con seguridad que leeré tus escritos de Warhammer Fantasy.

    Es increíble lo difícil que les resultó vencer a las ratas, a pesar de ser aparentemente estúpidas la simple diferencia en número les costó caro. Cada guerra será diferente y la experiencia, habilidad o número jamás podrán asegurarse la victoria.

    Ojalá la próxima batalla puedan enfrentarse cara a cara al señor de la guerra Skaven.
     
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