Otro Forma del Corazón - Trébol de Cuatro Hojas (Go Toubun no Hanayome)

Tema en 'Fanfics de Anime y Manga' iniciado por Fox Bluereaver, 2 Enero 2021.

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    Título:
    Forma del Corazón - Trébol de Cuatro Hojas (Go Toubun no Hanayome)
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    10469
    Disclaimer: Go Toubun no Hanayome y todos sus personajes son propiedad de Haruba Negi. Todos los derechos reservados.

    Summary: ¿Cómo habría sido la situación de Fuutarou Uesugi si su madre no hubiese muerto? ¿Y qué habría pasado si solo Yotsuba era transferida a la Preparatoria Asahiyama, en lugar de las cinco? Pareja principal FuutarouxYotsuba, con la posibilidad de que se formen otras parejas eventualmente. Posibles alertas de spoiler para quienes no hayan leído el manga y solo sigan el anime.

    (--0--)

    Capítulo 1: El día que nos conocimos.

    (--0--)
    Cafetería de la Preparatoria Asahiyama…

    - Menú de yakiniku, por favor. – solicitó un estudiante de cabello azul oscuro con un par de mechones levantados sobre la cabeza en tono serio.

    - ¡Servido! ¡Que lo disfrutes!

    Habiéndole servido la comida en su bandeja, dicho estudiante dejó unas monedas para pagar y se fue hacia su lugar habitual para comer en la cafetería, en medio de los murmullos de los otros que comentaban burlonamente como (otra vez) estaba comiendo su almuerzo solo. Por supuesto, esto a él no podía importarle menos.

    El nombre de este estudiante era Fuutarou Uesugi, diecisiete años de edad, y cursaba segundo año en el salón 2-1. Por sus notas era considerado el mejor estudiante, pero nunca había sido particularmente sociable, pues lo consideraba una distracción para sus estudios. Si bien todos creían que era un solitario amargado y arrogante, esto tenía su razón de ser: Fuutarou vivía con su familia, consistente en sus padres y su hermana menor, que se ganaba la vida con una pequeña panadería que habían abierto algunos años atrás, y que era bastante popular entre los residentes de la zona. Aunque les iba relativamente bien, todavía estaban terminando de pagar las deudas por el préstamo inicial, y hasta que no se cancelaran del todo, él no podía sentirse tranquilo.

    Así, Fuutarou se propuso estudiar con mucho ahínco, en busca de asegurarse una buena universidad y un buen trabajo. Entre más pronto pudiera independizarse económicamente, más rápido dejaría de ser una carga para sus padres, y más pronto podría empezar a ayudarlos a ellos y a su pequeña hermana. Por la misma razón, cuando no estaba estudiando, trataba de buscar trabajos de medio tiempo para llevar su parte a la mesa, o si era posible, darle a su hermanita algún gusto comprándole un regalo o llevándola a algún lugar donde pudiera divertirse.

    Pero nada de eso importaba ahora. Mientras comía su almuerzo de yakiniku, el chico sacó de su bolsillo una mini-libreta de notas que usaba para repasar. Para él, cada segundo era importante, y como nadie quería comer con un "cerebrito amargado", de esa forma nadie lo molestaba.

    Hasta aquel día, al menos…

    - ¡Con permiso, disculpen! – dijo de pronto una voz femenina que sonaba algo chillona.

    Fuutarou no le puso atención, ya que la mitad de su cerebro estaba concentrado en comer, y la otra mitad en repasar sus notas, hasta que oyó los pasos acercándose y el ruido metálico de la bandeja en su propia mesa, haciéndole voltear.

    Vio que se trataba de una chica, que para empezar llevaba un uniforme distinto al de su preparatoria, por lo que dedujo que debía haber sido transferida recientemente. A primera vista podría haberla considerado atractiva: tenía buena figura, ojos azules, y cabello corto de un tono naranja a la altura de los hombros amarrado con un lazo verde que parecía un par de orejas de conejo. Si tan solo no fuera por esa sonrisa de chica tonta que le estaba dando sin motivo aparente.

    - Jeje, disculpa, la cafetería está llena. – dijo rascándose detrás de la cabeza, sin dejar esa sonrisa que le estaba incomodando. – No te molesta, ¿verdad?

    - Mientras no me interrumpas, haz lo que quieras. – dijo él lacónicamente.

    - Muchas gracias. ¡Buen provecho! – dijo la chica mientras empezaba a comer.

    Aun concentrado en su propio almuerzo y en su libreta, Fuutarou no pudo evitar espiar fugazmente de reojo el almuerzo de la chica, y mentalmente calculó el costo. Era un menú similar al suyo, pero con un tazón de arroz a rebosar por encima añadiendo pudín de postre y un par de empanadillas que seguramente totalizaban unos 950 yenes. Fuutarou usualmente solo lo veía en los estudiantes que estaban en clubes deportivos y necesitaban la energía adicional, y se preguntó si la chica sería una de esos.

    - "¿Qué importa?" – pensó. No era que fuese de su incumbencia de todos modos.

    Él no tenía ninguna prisa, pero la chica parecía comer como si no hubiera un mañana. Mejor así, entre más pronto terminara de comer, más pronto se iría y dejaría de invadirle su espacio personal.

    - Disculpa, Uesugi-san. – le dijo de pronto, pero él la ignoró. – Uesugi-san. ¡Uesugi-san!

    - ¿Qué? – dijo él secamente tras su insistencia.

    - Jeje, te hice mirar. – dijo la chica, todavía con esa sonrisa, que ya empezaba a resultarle irritante.

    - ¿Qué te pasa, te crees muy graciosa? – preguntó él, y luego se dio cuenta de otra cosa. – ¿Y cómo es que sabes mi nombre?

    - Jeje, esa es una excelente pregunta. – Acto seguido, sostuvo frente a él un par de hojas de calificaciones. – ¿Se te cayó este examen de cero puntos, o este otro de cien puntos?

    Fuutarou quiso darse una palmada en la cara; ¿cómo pudo ser tan descuidado de dejar caer su examen? Bueno, al menos ella tuvo la gentileza de recogerlo por él, aunque podría habérselo entregado de una vez.

    - El de la derecha, obviamente. – dijo él, señalando el de cien puntos.

    - ¡Jaja, qué bien, eres sincero! – dijo la chica. – Como recompensa, te entregaré los dos.

    - ¿Y para qué quiero el otro? ¿De quién es, de todos modos?

    - Es mío, por supuesto. – dijo como si fuese algo para sentirse muy orgulloso.

    Fuutarou no veía caso con esta chica. Decidió terminarse su almuerzo lo más rápido posible para ir a entregar su bandeja y alejarse de ella para poder estudiar, pero en cuanto se paró de la mesa ella hizo lo mismo y sin razón aparente empezó a caminar detrás de él, siguiéndolo como una sombra.

    - Sabes, mi primera impresión de ti fue que eres alguien sombrío y que no tiene amigos. – le dijo mientras subían por la escalera al segundo piso. – Pero también, pareces alguien muy inteligente, tal vez incluso un genio.

    El chico le habría dado las gracias por el cumplido, si no fuese porque estaba diciendo lo obvio. Intentó ignorarla, pero ella siguió detrás de él, siguiéndole los pasos muy de cerca. Cuando se fue al vestidor a cambiarse para la clase de gimnasia, notó que ella se quedó en la puerta, mirándolo como una acosadora.

    Ignorarla no parecía servir de mucho, especialmente ya que el resto de los que estaban en el vestidor comenzaron a murmurar o a quedársele viendo por lo atractiva que era. Al ver que no se iba, finalmente decidió confrontarla.

    - ¿Hasta cuándo vas a seguirme? ¿Qué quieres de mí? – le preguntó.

    - Todavía no me das las gracias. – replicó ella como si fuese lo más obvio.

    - ¿Qué dices?

    - Cuando alguien te devuelve algo que perdiste, lo normal es dar las gracias, ¿no? – le dijo ella. – ¿Un genio como tú no sabe eso?

    Fuutarou quiso protestar, pero viéndolo por otro lado, se dio cuenta de que ella tenía razón. Aun así, él era muy orgulloso como para simplemente decir "gracias" así nada más, así que se sacó del bolsillo el otro examen de cero puntos y se lo entregó.

    - Bien, te lo agradezco. Te devuelvo también el tuyo. Ya, ¿estamos a mano?

    De pronto la cara de la chica se iluminó, otra vez con esa sonrisa tonta. – ¡Oh, muchas gracias! Jeje, la verdad, estaba pensando en pedirte un favor. Como viste, no soy muy buena estudiante que digamos, y claramente necesito ayuda.

    - Sí, eso se nota a leguas. – dijo él lacónicamente.

    - Así que pensé, ¿crees que podrías ayudarme como tutor particular o algo? Puedo pagarte muy bien, solo…

    - No, gracias. – dijo él. Aunque normalmente apreciaría cualquier trabajo, no creía que hubiera precio que valiera ayudar a estudiar a una chica tan molesta como ella. – Y si no te importa, tengo otra clase a la cual asistir, así que no me estorbes, ¿quieres?



    La clase de gimnasia transcurrió como normalmente lo haría. Dado que esta le requería mucho más esfuerzo físico que mental, era la que menos le agradaba. Todos se burlaban de que al momento de darle las vueltas al campo él siempre terminaba de último, pero al menos no podían decir que se quedaba sin terminar. Sintió un gran alivio cuando finalmente sonó el silbatazo del entrenador declarando que había terminado.

    Mientras recogía sus cosas, su teléfono comenzó a repicar. El identificador de llamadas le informó que era el número de su madre, así que sin tardanza decidió contestar.

    - ¿Hola?

    - ¿Cómo estás, cariño? – sonó la maternal voz del otro lado. – ¿Has tenido un buen día?

    - Igual que siempre. – dijo él despreocupadamente. – La clase de gimnasia me dejó rendido, pero fuera de eso, y una chica acosándome en la cafetería, supongo que no ha sido del todo malo.

    - ¿Oh, una chica acosándote? – preguntó la mujer con interés. – ¿Mi hijo por fin está atrayendo la atención de las chicas? Tu padre se pondrá muy feliz de saberlo.

    - Mamá, no empieces con eso. – dijo él. – Sabes que esas cosas no me interesan.

    - Vamos, hijo. No tendría nada de malo que un día invites a alguna chica linda a cenar. Y Raiha se pondría muy feliz de tener a una hermana mayor con quien jugar, y lo sabes.

    Fuutarou quiso rodar los ojos y replicar, pero sabía que estaría tratando de ganar una discusión perdida y que sería mejor ahorrárselo. Siempre sus padres y Raiha le recordaban que debería conseguirse una novia, ¿pero por qué la prisa? Él no tendría planes de casarse de todos modos hasta estar económicamente estable para mantener una familia.

    - Pero bueno, te llamaba por otra cosa. – siguió hablando su madre. – Pasa que tu padre se encontró con un antiguo compañero de clases que se mudó cerca de aquí, y que al parecer quiere ofrecerte un trabajo.

    - ¿De verdad? – dijo él. Eso sí captaba su interés.

    - Está buscándole un tutor particular a una de sus hijas. Según me dijo fue suspendida de su antigua escuela por sus malas calificaciones, y arregló para que sea transferida a tu clase. Será un trabajo a domicilio, y quiere que empieces lo más pronto posible.

    - Hmm… ¿y qué dijo sobre mis honorarios? – preguntó Fuutarou a lo que realmente le interesaba.

    - Dijo que te pagarán por horas, y si obtiene buenos resultados, puede que te den un bono adicional.

    Fuutarou no pudo evitar sonreír al escuchar eso. Si ese era el caso, entonces tenía que asegurarse de hacer que esa chica pasara con honores. Bueno, siendo prácticamente el mejor estudiante de su preparatoria, ¿qué tan difícil podría ser?

    - Ah, por cierto, Raiha quiere saludarte.

    - ¡Onii-chan, te quiero mucho! – exclamó una vocecita de niña en un tono muy alegre.

    - Lo sé, lo sé, también yo, hermanita. – dijo él. Él podría ser un tipo serio y orgulloso de serlo, pero su hermanita menor era una de las pocas personas capaces de arrancarle una sonrisa. La adoraba y haría lo que fuese por ella.

    Luego de terminar la llamada, acabó de recoger sus cosas y se dispuso a marcharse. Ya era la última clase por ese día, así que solo le quedaba volver a casa para cenar con su familia y descansar.

    Sin embargo, al salir por el portón de la escuela tuvo la extraña e incómoda sensación de que alguien lo estaba observando, y al voltear, casi podría jurar que vio un lazo verde asomándose por encima de las paredes de la entrada. Esperaba que fuese su imaginación, no quería tener que lidiar de nuevo con esa chica risueña y tonta de la cafetería.

    (--0--)

    Al atardecer…

    De camino a casa, Fuutarou frecuentemente pasaba por la panadería de su familia. Siempre que le quedaba algo de dinero extra y tenía ganas de algún bocadillo antes de la cena, ese era el mejor lugar para ir. Aunque podría haber usado sus palancas familiares para que le dieran algo de pan gratis, él siempre se rehusaba rotundamente, salvo ocasiones especiales como en su cumpleaños.

    Normalmente, la panadería de los Uesugi se llenaba más durante el mediodía, ya que por allí pasaba mucha más gente durante el descanso del almuerzo que venía para comer algo rápido. Y todos estaban de acuerdo en algo: el pan que hacía su madre era el más sabroso de toda la ciudad.

    - ¡Bienvenido! ¡Ah, Onii-chan!

    Una figura pequeñita con vocecita chillona se acercó rápidamente a saludarlo. Se trataba de su hermanita menor Raiha: una dulce niña de once años de pelo largo azul oscuro como el suyo con un enorme mechón levantado sobre la cabeza sujeto con un lacito rosa. En ese momento llevaba un overol de tela vaquera y una franela a rayas de colores, y se veía tan alegre como siempre.

    - ¿Cómo estuvo el día, Onii-chan?

    - Como siempre, supongo. – dijo él, tratando de sonreír. Raiha era una de las pocas personas que era capaz de mejorarle su humor con su sola presencia. – ¿Y mamá?

    - Está atrás buscando algo de cambio, así que mientras yo cuido el lugar. – dijo la pequeña con orgullo. – ¿Quieres lo de siempre?

    - No, gracias, creo que echaré un vistazo por algo diferente hoy. – le dijo él.

    - Muy bien, tómate tu tiempo. – dijo Raiha antes de regresar al mostrador, dejando que su hermano pudiese echar un vistazo.

    Su panadería nunca estaba corta de variedad, así que podía elegir con calma. Además, en aquel momento, no había mucha gente, salvo por una chica que se veía de su edad que en ese momento llenaba su bandeja.

    Fuutarou se quedó mirándola por un momento. Su apariencia le resultaba extrañamente familiar, aunque no estaba seguro de dónde la habría visto antes. Tenía una cabellera roja que le caía hasta la mitad de la espalda, con un mechón curvado levantado sobre la cabeza, y estaba adornado con un par de horquillas con forma de estrellas amarillas. Por lo visto también había venido desde la escuela ya que también llevaba su uniforme.

    La chica volteó a verlo en cuanto notó que estaba siendo observaba y le lanzó un gesto fruncido. – Disculpa, me estás mirando mucho, ¿puedo ayudarte en algo? – le preguntó.

    - No, no es nada, solo me pareció… – Pensando rápido, Fuutarou supuso que sería mejor desviar el tema para evitar una situación incómoda, y buscando algo, sus ojos se fijaron en la bandeja que llevaba.

    La cual por cierto estaba llena a rebosar. A Fuutarou le pareció que la muchacha había llenado su orden con al menos uno de cada tipo de pan que ellos vendían. Calculando por el tamaño debía haber no menos de unos cuatro o cinco mil yenes.

    - ¿Planeas comerte todo eso tú sola? – le preguntó. Después quiso darse una palmada en la cara por como sonó eso.

    - ¿Oh, tienes hambre? – dijo la chica sonriendo de pronto. – Puedo compartir un poco contigo si es que no tienes para pagar.

    El comentario le hizo sentirse ofendido: ¿acaso lucía como un pobretón? Por supuesto, ella no tenía manera de saber que ese local era de su familia, y aunque no lo fuera, él llevaba dinero más que suficiente para pagar lo suyo.

    - No, gracias. Solo pensaba que, si alguien se come todo eso sola, puede subir mucho de peso.

    La sonrisa de la chica se disipó al instante, siendo reemplazada por un ceño fruncido con las mejillas hinchadas.

    - ¿Qué estás insinuando? ¡Para que conste, estoy comprando esto también para mis hermanas, muchas gracias!

    Sin más, giró sobre sus talones y se dirigió hacia la caja para pagar. Para entonces, la madre de Fuutarou había vuelto de atrás para colocar algunos billetes y monedas extra en la registradora, y Raiha se encontraba ayudando a meter todo a las bolsas.

    - ¡Gracias por tu compra, vuelve pronto! – le dijo, y la chica tras tomar sus bolsas se dirigió a la puerta mientras sacaba uno de los panes para comérselo por el camino. Raiha rápidamente volteó a verlo. – ¡Onii-chan, no deberías ser tan grosero!

    - Espero que eso no la disuada de volver después. – dijo la señora Uesugi. – Es la mejor cliente que hemos tenido en mucho tiempo.

    Al salir eso de la boca de su mamá, Fuutarou sí sintió un poco de culpa. Lo menos que querría sería espantar clientes o hacer algo malo para el negocio, aunque no era que estuvieran pasando apuros económicos.

    El nombre de la señora Uesugi era Kazane, y claramente sus hijos habían heredado de ella el color de su cabello. A pesar de tener ya treinta y nueve años, la gente solía estimarla cuando mucho a mitad de sus veintes a primera vista, al grado que si no fuera por el delantal y la bandana con la que se amarraba su pelo podrían confundirla por hermana mayor de sus hijos, casi pareciendo una versión en femenino de su hijo mayor, aunque su pelo caía de un largo similar al de su hija sobre uno de sus hombros.

    - Como sea, ¿quieres lo de costumbre o algo especial por el día de hoy?

    - No, un bollo de crema estará bien por hoy. – dijo Fuutarou, pagando de una vez para poder comérselo. – Por cierto, sobre ese trabajo que me consiguió papá…

    - Ah sí. Dijo que si es posible podrías empezar el lunes. – dijo la mujer. – Ya que estarán en la misma clase, ella te llevará a donde vive para que puedas trabajar. Recibirás tu primera paga el próximo viernes.

    - Grandioso, en ese caso más vale que vaya a casa y prepare todo para las sesiones de estudio. – dijo él. – Nos veremos luego.

    - ¡Onii-chan! – lo llamó Raiha mientras cruzaba la puerta. – ¡Acuérdate que me prometiste llevarme al arcade el próximo fin de semana!

    - ¡Lo sé, lo sé! – replicó él. No se le había olvidado, y tenía toda la intención de cumplir esa promesa.

    Aunque Raiha no le pedía cosas a menudo, cuando lo hacía era incapaz de decirle que no. Bueno, si hacía bien su trabajo, podría pagárselo con su propio dinero, y eso le quitaría de encima sus preocupaciones.

    Sin embargo, mientras se dirigía a su casa, notó que la chica que había salido antes de la panadería se había quedado en la esquina esperando, y justo en ese momento un auto negro que claramente se veía de lujo vino por ella. Bueno, si pudo permitirse pagar en efectivo todo ese pan que llevaba, seguramente debía tener dinero para quemar, y para pagar un transporte como ese.

    - "Aun así… ¿por qué siento que me resulta tan familiar?" – pensó.

    Finalmente decidió olvidarlo. Después de todo, a menos que decidiera volver a pasarse por la panadería de su familia, era muy poco probable que volviera a verla.

    (--0--)

    El lunes siguiente, en el salón 2-1…

    Fuutarou llegó a clase a la hora de siempre, y se quedó en su lugar esperando. Si era cierto lo que le había dicho su mamá el viernes pasado, tendría que conocer a la que sería su alumna el día de hoy. De hecho, ya todos estaban chismorreando al respecto.

    - ¿Ya te enteraste? Hoy se transfiere a nuestra clase una nueva estudiante.

    - ¿De verdad? ¿Es bonita? ¿De qué escuela viene?

    - Eso dicen. Por lo que escuché viene de la preparatoria Kurobara.

    Fuutarou escuchaba sin poner mucha atención, aunque la última parte sí captó algo su interés. La escuela Kurobara era una preparatoria exclusivamente femenina y para gente muy adinerada. De ser ese el caso tendría que ser una familia rica la que quería contratarlo para hacerle de tutor a su hija. En tal caso, debía causarles una buena primera impresión.

    - Dicen que también es muy atlética. Según entendí, estuvo en los clubes de atletismo, basquetbol, softbol, voleibol y natación, y logró llevarlos a todos a las nacionales.

    - ¿En serio? Wow, entonces tenemos que reclutarla. ¡Tal vez por fin nos saque de esta mala racha!

    Escuchando eso, Fuutarou no pudo evitar resoplar ligeramente. Los rumores usualmente tendían a expandirse más de la cuenta y a exagerar las historias. Por más atlética que fuera esa chica, no habría forma de equilibrar tantos clubes deportivos a la vez, menos todavía si tenía que apartar tiempo para estudiar.

    Aunque ahora que lo pensaba, si le habían dicho que había sido expulsada por sus malas calificaciones, tendría sentido si solo se enfocó en los deportes. Seguramente era puro músculos y sin cerebro. Iba a necesitar mucha ayuda de parte de él si ese era el caso.

    Sonó entonces la campana de inicio de clases, y menos de un minuto después entró el profesor. Tras el habitual saludo, procedió a hacer el ya esperado anuncio de que hoy se les unía una nueva estudiante, y le indicó que entrara para presentarse.

    Y Fuutarou sintió que palidecía al reconocerla.

    - ¡Buenos días a todos! – saludó con esa misma voz chillona y alegre con la que le habló el viernes pasado. – ¡Soy Yotsuba Nakano y acabo de mudarme! ¡Espero que nos llevemos muy bien!

    - "No… esto tiene que ser una broma." – pensó Fuutarou. – "Una pesadilla… un mal sueño… ¿ella es a quien tendré que asesorar?"

    Estaba en demasiado shock como para concentrarse en lo que decía, y solo recobró el sentido cuando ella fue a sentarse en uno de los pupitres vacíos, dos filas atrás en la columna a su derecha. Instintivamente volteó a ver por encima del hombro, solo para que la chica alzara la mano y lo saludara con esa sonrisa tonta.

    Concentrarse en clase ahora iba a resultarle muy, muy difícil.



    Fuutarou no supo cómo se las arregló para pasar la mañana entera de clases. La chica risueña, cuyo nombre ahora sabía que era Yotsuba, por lo menos hoy respetó su espacio y no intentó abordarlo, limitándose únicamente a sonreírle y saludarlo de lejos, pero sabía que tarde o temprano iban a tener que hablar. Después de todo, él ya había aceptado aquel trabajo y no iba a poder echarse para atrás, por más irritante que le resultara.

    A la hora del almuerzo, no le sorprendió ver que su sitio habitual ya estaba ocupado, y que ella ya se encontraba esperándolo allí. Apenas lo vio, le hizo un gesto para que viniera a sentarse, y un vistazo rápido le hizo darse cuenta que el resto de la cafetería estaba repleta y no tenía más opción.

    - Jeje, nos volvemos a encontrar, Uesugi-san. – le dijo, apoyando la barbilla sobre las manos entrelazadas.

    - Supongo. – dijo él. – Nakano-san, así te llamas, ¿verdad?

    - Oh, puedes llamarme Yotsuba sin problemas. – dijo ella despreocupadamente. – Después de todo, pronto vas a ser mi tutor, ¿no es así?

    De pronto ese "acercamiento" del viernes pasado comenzaba a cobrar sentido. Seguramente su padre ya le habría contado al respecto, y si era cierto que había sido compañero de clases del de Fuutarou, podría hasta haberle dado su descripción física para que pudiera identificarlo. Lo extraño era que, incluso aunque él trató de ser frío y hasta grosero para alejarla, ella seguía actuando como si nada. Hasta le pedía llamarla por su nombre, eso ya era decir mucho.

    - De acuerdo… Yotsuba. – dijo él mientras se disponía a comenzar a comer. Se había percatado que ella no había tocado su comida y no empezó hasta que él lo hizo. ¿Llevaría rato esperándolo allí?

    Ninguno de los dos dijo una palabra por un buen rato mientras comían, aunque a su alrededor Fuutarou podía escuchar los murmullos de los demás. No era de extrañarse: haberlo visto sentarse a comer con la misma chica dos días seguidos ya era para dar un hervidero de rumores y que se hicieran falsas ideas. Aunque eso no lo hacía menos molesto.

    Bueno, había otra forma de ahogar un poco los murmullos. Ya que iban a verse a menudo, tanto dentro como fuera de la escuela, supuso que no haría daño empezar a conocerse, y saber con qué clase de estudiante le tocaría lidiar.

    - Entonces… tu papá quiso contratarme para ayudarte. ¿Es cierto que te expulsaron de tu antigua escuela?

    - Jeje, sí lo es. – dijo ella, dándose un golpecito en la cabeza y sacando la lengua. Aunque inmediatamente adoptó una expresión un poco más seria. – No pude evitarlo. Me metí a tantos clubes deportivos que no me quedó tiempo para estudiar después. Pensé que si me esforzaba podría con todo, pero…

    - Oye, el que mucho abarca, poco aprieta. – le dijo él con severidad, luego de confirmar sus sospechas. Por lo visto los rumores no eran tan exagerados como pensaba. – Si ese examen que me mostraste es un indicio, vamos a tener que trabajar mucho tú y yo.

    - Haré lo que haga falta. Sé que podrás ayudarme, eres un genio después de todo. – aseguró la chica con determinación. Luego hizo una pequeña reverencia en su dirección. – De antemano te lo agradezco mucho.

    - No me agradezcas nada hasta que hayas pasado. – le dijo él. – Además, no lo estoy haciendo por ti, sino porque me están pagando por ello, ¿estamos claros?

    - ¡Claro como el cristal, Uesugi-sensei! – dijo ella haciendo un ademán de saludo militar, que rápidamente atrajo las miradas y risas de algunos curiosos.

    De pronto Fuutarou estaba empezando a arrepentirse de haber aceptado el trabajo. ¿En qué se estaba metiendo? ¿Valdría la pena que le pagaran por enseñar a esta chica?



    Fuutarou estaba acostumbrado a caminar a casa solo, pero aquel día al salir de clase, Yotsuba lo arrastró para que se fueran los dos juntos. Dado que todavía no le habían dado la dirección y como no tenía idea de dónde viviría la familia de la chica, supuso que no había remedio. Aunque estaba el hecho de que, igual que en la cafetería, no pasaba desapercibido el hecho de ir caminando con una chica atractiva, y no podía sacudirse de encima esa incomodidad.

    Él no era ningún ciego: por dentro admitía que Yotsuba era una chica muy hermosa, pero su tipo de mujer estaba muy lejos de ser una belleza sin cerebro como ella. Los superficiales que se fijaban en la apariencia antes que en la personalidad (o en su caso, en la inteligencia) terminaban luego decepcionándose, y él se negaba rotundamente a ser uno de ellos.

    De vez en cuando echaba una mirada de reojo y se daba cuenta que Yotsuba mantenía esa sonrisa todo el tiempo, como si estuviese de lo más contenta por ir caminando al lado de él. Si bien la idea se le hacía algo extraña y hasta incómoda, no podía evitar sentirse algo halagado al respecto, aunque rápidamente lo descartó, pues tampoco era que le estuviese dando ninguna clase de "trato especial". Durante todo el día por lo que pudo ver Yotsuba fue capaz de ganarse a toda la clase con su actitud alegre y risueña sin ningún problema, así que no era difícil deducir que simplemente ella debía ser así con todo mundo. Incluso con los que eran distantes y antisociales como él, aparentemente.

    Caminaron por un buen rato hasta llegar a un enorme edificio de apartamentos, cuyo nombre en la entrada rezaba "PENTAGON". A primera vista, Fuutarou calculó que debía tener unos treinta pisos de alto, y le produjo una cierta sensación de vértigo. No solo por lo alto sino porque se notaba que seguramente costaría una fortuna vivir en ese lugar.

    - Wow… – dijo al ver el edificio.

    - Jeje, ¿te impresionas? – dijo Yotsuba divertida, seguramente al ver su rostro boquiabierto.

    - Debo admitir que sí. – reconoció él.

    - Aguarda un momento, debo avisar que llevaré una visita. – dijo Yotsuba aproximándose hacia la entrada, mientras él todavía se quedaba mirando el lugar, todavía algo conmocionado de estar en ese lugar.

    Nunca se imaginó entrando en un sitio como este. Si la familia Nakano podía permitirse un apartamento en este complejo, seguramente no bromeaban al decirle que le pagarían bien por hacer de tutor para Yotsuba.

    - Disculpa, ¿puedes moverte? Estás en el… ¡¿TÚ?!

    Al oír esa voz volteó de inmediato, y se llevó una sorpresa al encontrarse de frente con la pelirroja que vio en la panadería. ¿Cuáles eran las probabilidades?

    - Vaya, pero si es la señorita glotona. – dijo él. – ¿Qué haces aquí?

    - ¡Yo soy la que debería preguntarte eso! Y para que conste, yo vivo aquí, señor pesado.

    - Bueno, yo vine por un trabajo, ¿de acuerdo? – se defendió él.

    - ¿Trabajo? ¿Qué clase de trabajo podría tener alguien como tú aquí?

    - ¡Gracias por esperar, Uesugi-san! – regresó Yotsuba. – Listo, ya podemos entrar, ahora… ¡ah, Itsuki!

    - ¿Yotsuba? Disculpa, tengo que decirle unas cuantas cosas a este pesado de aquí.

    - Pues qué lástima, porque yo no tengo nada que decirte. Como dije, solo vine para trabajar.

    - ¿Y esperas que me trague ese cuento?

    - Em… Itsuki, en realidad Uesugi-san…

    - ¿Qué, te refieres a él? – dijo la pelirroja, cuyo nombre aparentemente era Itsuki. Y luego, su expresión de enojo cambió bruscamente, como si acabara de darse cuenta de algo. – No… no me digas que él…

    Entretanto, Fuutarou se había quedado totalmente desconcertado. ¿Estas dos se conocían? ¿Cuáles eran las probabilidades de eso? ¿Y más todavía de que vivieran en el mismo edificio?

    - Vaya, vaya, esta ciudad es más pequeña de lo que pensaba. – dijo el chico, tratando de romper algo la tensión. – No me imaginaba que tú y esta glotona fueran amigas.

    - ¡Hey! – gritó Itsuki, claramente indignada por el apelativo.

    - Em… bueno, no somos exactamente amigas. – dijo Yotsuba, rascándose detrás de la cabeza, y mirando de un lado a otro como si tratase de encontrar una forma de mediar las hostilidades.

    Antes de que Fuutarou pudiese preguntar a qué se refería con eso de que no eran amigas, Itsuki se fue pisoteando con rabia hacia la puerta de entrada. A esa distancia el chico alcanzó a ver que se metía al ascensor, seguramente para irse a su apartamento. Mejor así para no lidiar más con ella.

    - ¿Qué quieres decir con que no son amigas? – preguntó él. – Está claro que ustedes tienen trato cercano.

    - Bueno… creo que se me pasó mencionar que tengo hermanas, ¿no? – dijo Yotsuba, riéndose nerviosamente. – Somos cinco, de hecho. Yo soy la cuarta, e Itsuki es la quinta.

    - ¿Cinco? – preguntó Fuutarou alzando una ceja.

    De pronto se acordó: cuando su madre mencionó lo del trabajo por primera vez, se acordó que dijo que el amigo de su padre lo había contratado de tutor para "una de sus hijas". Hijas en plural. Algo de pronto le vino a la cabeza, tenía que estar seguro.

    - Oye, ¿puedes fruncir el cejo un momento? – le preguntó.

    - ¿Eh? ¿Así? – dijo ella haciendo lo que le pedían, y de pronto, en su cabeza se superpuso la imagen del rostro de Itsuki. Lado a lado, quitando el cabello largo y las decoraciones diferentes, coincidían perfectamente.

    - "Que Dios me libre, podrían ser gemelas." – pensó. Seguramente lo serían así que no se iba a molestar en preguntar.

    - Bueno, creo que ya es mejor que entremos, vinimos a estudiar, ¿no? – dijo ella, sacándolo de sus pensamientos.

    Después de abrir la puerta con la tarjeta de acceso, los dos se fueron hacia el ascensor, donde Yotsuba pulsó el botón del piso 30. El chico tragó en seco ante el pensamiento de haber tenido que subir todas esas escaleras un día que se fuera la luz o estuviera averiado, ya que no creía ser capaz de hacerlo. El esfuerzo físico nunca había sido su punto fuerte después de todo.

    Estando los dos solos en el ascensor en ese momento y sin más nada que hacer, supuso que no estaría mal conversar con ella un poco, así fuera solo por matar el tiempo. Y para despejar su mente del altercado con Itsuki.

    - Así que… escuché que antes estudiabas en la preparatoria Kurobara. – preguntó él. – ¿Cómo era?

    - Supongo que no estaba mal. Aunque ser una escuela solo para mujeres tenía sus desventajas. Como que no puedes conocer chicos guapos y eso. Aunque tenía muy buenas amigas en los clubes deportivos, y claro, también a mis hermanas conmigo.

    Fuutarou pensó que, si todas las demás hermanas eran como Itsuki, no debía ser fácil lidiar con ellas, pero no quiso decirlo en voz alta. Mejor desviar ese tema, al menos por el momento.

    - Yo también tengo una hermanita, ¿sabes?

    - ¿De verdad? Seguramente debe ser muy linda, ¿no? Siempre quise tener una hermanita pequeña, pero eso es difícil cuando eres la cuarta de cinco.

    - Ya me lo imagino. – dijo él. Si una de ellas parecía alguien difícil de tratar, ¿cómo serían las demás?

    - Pero bueno, el lado positivo es que así nunca me siento sola. Seguro te gustará conocerlas. Incluso Itsuki, te aseguro que cuando la conozcas mejor verás que es muy dulce.

    Fuutarou no quiso atreverse a refutar eso, pero dudaba que realmente se pudieran llevar bien. Mejor minimizar el trato, no solo con ella, sino con las demás para evitar problemas y distracciones innecesarios.

    El ascensor llegó a su destino y los dos caminaron hacia la puerta al final del corredor. En una placa de oro estaba grabado el apellido "NAKANO" en letras occidentales, y Yotsuba inmediatamente les abrió la puerta para que pudieran ingresar.

    A primera vista, el apartamento era impresionante. Era de estilo occidental con dos niveles, de los cuales el inferior estaba compuesto por una enorme sala de estar/comedor con un gran acuario lleno de peces multicolores, sillones mullidos alrededor de una mesa de estudio junto a una para comer de cinco personas, y también podía verse la cocina, con unas escaleras que llevaban al nivel superior donde Fuutarou asumió que estarían los dormitorios.

    - ¡Ya estoy en casa! – anunció Yotsuba.

    - Bienvenida. – dijo una voz femenina apagada. Una chica, que Fuutarou asumió debía ser otra de las hermanas de Yotsuba, se encontraba tendida cuan larga era en el sofá, jugueteando con una tablet.

    - Hola, Miku. – saludó Yotsuba. – Hey, ¿ese no es el juego que te presté? ¿Cuándo me lo vas a devolver?

    - Cuando lo termine. – replicó la hermana llamada Miku. – Me falta el 45% del modo campaña.

    - Hmm. – Yotsuba frunció el ceño ligeramente. – ¿Y dónde están las demás, por cierto?

    - Nino está haciendo la cena. Itsuki fue a darse un baño. Ichika dijo que llegará un poco más tarde.

    - ¡Ah, qué mala suerte, Uesugi-san! – exclamó Yotsuba como si fuera una tragedia. – ¡Habría sido genial presentártelas a todas de una vez!

    - ¿Y eso qué importa? – dijo él. – No olvides a lo que venimos.

    ¿Qué habría de especial en conocer a cinco hermanas a la vez? Fuera de que dos aparentemente eran gemelas, dudaba que hubiera algo interesante de ver en ellas.

    - ¡Jeje, claro, perdón! – dijo Yotsuba. – ¿Quieres algo de tomar antes que empecemos?

    - Supongo que un poco de agua está bien, después de una caminata tan larga. – respondió él, queriendo empezar pronto para ganarse su paga.

    - ¡Muy bien, espérame aquí! ¡Mientras, tú y Miku pueden aprovechar de conocerse un poco!

    Fuutarou no tenía mucho interés en eso, pero supuso que no haría daño sentarse, y cogió uno de los sillones frente a la mesa.

    Sin embargo, al ver a Miku frente a frente, se llevó otra sorpresa. Quizás a primera vista por el tono marrón rojizo de su cabello le habría costado un poco reconocer el parecido familiar, pero descontando eso, y que tenía el cabello más largo que Yotsuba y más corto que Itsuki, Miku tenía el mismo rostro y los mismos ojos, aunque su mirada se notaba bastante cabizbaja, como si estuviese deprimida o desvelada. Muy diferente a la actitud constantemente alegre de Yotsuba, y a la de irritación de Itsuki. Su forma de vestirse también parecía reflejarlo: llevaba un suéter simple, tenía las piernas cubiertas con unas calcetas oscuras, y alrededor del cuello llevaba unos enormes auriculares azules.

    - Así que tú eres el tutor de Yotsuba. – le dijo con la misma voz apagada.

    - Fuutarou Uesugi. – se presentó él. – Y tú… ¿te llamas Miku?

    - Itsuki estaba muy enojada cuando entró. – agregó ella sin responderle. – ¿Fuiste tú?

    - Yo… supongo que sí. – respondió él. No había sentido en mentirle después de todo.

    - Espero que tengas mucha paciencia. Tendrás mucho trabajo por delante con Yotsuba.

    Fuutarou quiso responder que con aquel examen de cero puntos eso ya se le hacía muy obvio, pero no veía necesidad de ello. Mentalmente, superpuso la imagen de Miku a las de Itsuki y Yotsuba, jugando a rompecabezas mezclando sus estilos de cabello. No eran gemelas, ¿seguramente debían ser trillizas? El colmo sería que después las otras dos resultaran también verse iguales.

    No queriendo pensar en eso, se puso a sacar sus lápices, cuadernos y libros para empezar de una vez, colocándolos en la mesa. Mientras lo hacía, de reojo alcanzó a espiar la Tablet de Miku, notando que estaba jugando un juego que él conocía, que recreaba las batallas históricas de los generales del período Sengoku.

    - "Un buen juego para aprender de historia, si alguna vez vi uno." – pensó.

    - ¡Gracias por esperar! – llegó Yotsuba patinando sobre el suelo, cargando una bandeja con un vaso de agua que de inmediato le entregó. – ¡Aquí tienes, Uesugi-san!

    - Gracias. – Fuutarou se bajó casi todo el vaso en un santiamén, y notó que detrás de Yotsuba venía su otra hermana, que lo miraba con una mueca de recelo por alguna razón.

    - "Ay no." – pensó al verla, quedándose con el vaso en la mano sin terminar de tomarse el contenido restante.

    Esta hermana, que por lo que escuchó antes de voz de Miku debía llamarse Nino, se le podía distinguir únicamente por su cabello largo color magenta, más largo incluso que el de Itsuki y adornado con un par de listones con forma de mariposa. Tenía el mismo rostro y ojos azules que las demás, aunque en ese momento se le podía distinguir por ese gesto enfurruñado.

    - ¿Qué me ves? – le preguntó.

    - ¿Eh? Yo, nada, solo que… – miró involuntariamente a Miku, y después a Yotsuba – no pude evitar notar que…

    - Sí, cualquiera puede ver lo mucho que nos parecemos, genio. – lo interrumpió. – Somos quintillizas después de todo.

    - ¿Quintillizas? – exclamó Fuutarou sorprendido. – ¿O sea que la última…?

    De pronto, cobraba sentido que Yotsuba se las quisiera presentar a todas de una vez. Seguramente habría querido generar una mayor impresión, una mucho mayor que la que le dio de por sí con verlas una por una. Y eso que aún faltaba una de ellas.

    - Exactamente. – La chica se le acercó y se inclinó para mirarlo frente a frente. – Y óyeme bien, sé que papá te contrató para ayudar a Yotsuba con sus estudios, así que más te vale no intentar absolutamente nada con ella, ¿me entendiste? – agregó tocándole con el dedo de manera amenazante.

    - ¿Oye, por quién me tomas? – exclamó él.

    - Nino, no seas mala con Uesugi-san. – lo defendió Yotsuba. – Perdón por eso, es que no le gustan mucho los extraños. ¿Ya podemos comenzar?

    - Seguro, faltaba más. – dijo Fuutarou. – Si no les importa, ¿nos pueden dejar solos? Ya saben, para concentrarnos.

    Miku no respondió verbalmente, pero se paró del sofá y se fue sin decir ni una sola palabra. Nino tardó un poco más, pero le lanzó una mirada que a Fuutarou le heló la sangre de solo verla, como si tratara de decir "Te voy a estar vigilando", antes de dirigirse a Yotsuba.

    - La cena está en el refrigerador. Hay también para nuestro "invitado" si le da hambre. – Luego como quien no quiere la cosa, agregó: – Y no te preocupes, no lo envenené.

    Fuutarou tragó en seco mientras la veía subir la escalera. ¿Qué le pasaba? Sus preocupaciones eran ridículas, por no decir infundadas. Yotsuba ni siquiera era su tipo para que él quisiera llevársela o hacerle cualquier cosa.

    Y hablando de Yotsuba, esta última seguía tan sonriente como siempre, así que seguramente sería cosa de todos los días y decidió no darle importancia. Lo primero, le dio un examen de prueba en blanco para que lo resolviera, para determinar qué tan mal estaba. La chica tomó el lápiz y comenzó a trabajar en él sin tardanza.

    - "Por lo menos pone interés. Buena señal." – pensó mientras la observaba.

    Con base en el resultado del examen podría evaluar en qué áreas necesitaba ayuda, y con eso saber en qué debía poner más énfasis durante las tutorías. Aun así, hasta que terminara, no le quedaba mucho por hacer excepto quizás admirar un poco el lugar.

    A ojo preliminar, Fuutarou calculó que el área de la sala por sí sola debía ser suficiente para contener el pequeño departamento donde vivían él y su familia. Y eso sin contar que cada una de las quintillizas debía tener su propio cuarto, a juzgar por el número de puertas que se veían en el nivel superior donde estaban los dormitorios (seis en total, y la última él asumió debía ser donde dormirían sus padres).

    En contraste, su residencia originalmente solo tenía dos dormitorios y tuvieron que pagar arreglos de construcción para expandir uno y después dividirlo, de modo que él y Raiha pudiesen tener cada uno su propia habitación. Afortunadamente no tuvieron que endeudarse más por ella, aunque a veces podía sentirse un poco apretado allá. Se había acostumbrado, pero no negaba que le gustaría tener un poco más de espacio para él.

    Aterrizando de vuelta de volar con sus pensamientos, Fuutarou se enfocó nuevamente en Yotsuba que al parecer ya estaba terminando el examen.

    - ¡Listo! – exclamó, pasándole la hoja. – ¿Qué tal lo hice?

    Fuutarou cogió el papel y comenzó a revisarle las respuestas. Cincuenta preguntas variadas, cada una que valía dos puntos. A primera vista, la buena noticia fue que al menos no resultó ser un cero como el que le mostró ayer. La mala… fue que de cien puntos únicamente obtuvo…

    - Ocho puntos… ¿ocho puntos? – El chico estaba que necesitaba de toda su fuerza de voluntad para aguantarse el impulso de estrujar el papel en su mano y estamparlo contra la mesa. – Además, ¿por qué marcaste la opción número cuatro en casi todas las preguntas?

    - Bueno, ¿no dicen las estadísticas que en las preguntas de opción múltiple la cuarta opción es siempre la más probable en ser la correcta? – dijo la chica poniéndose las manos detrás de la cabeza.

    - ¿Quién te dijo eso? – preguntó él. Seguramente alguien que también tenía la idea de que en un examen de verdadero o falso podías aprobar colocando todas en verdadero para acertar la mitad.

    - ¡De verdad lo siento! – dijo Yotsuba poniendo las manos en posición de súplica. – ¡A veces todo es demasiado confuso, y no me queda otra cosa que arriesgarme y esperar lo mejor!

    Fuutarou frunció el cejo; pero en vista de su situación, parecía lo más viable para al menos acertar algo. Claramente iba a necesitar más ayuda de lo que él creyó inicialmente.

    Bueno, eso resolvía un problema: si estaba igual de mal en todas las materias, poco importaría con cuál iniciaban. De inmediato cogió el libro de matemáticas para empezar por allí, explicándole las ecuaciones más sencillas para luego pasar a las más complejas.

    A pesar de que el avance fue lento (Yotsuba parecía tener problemas para captar los procedimientos, y cometía bastantes errores de factorización), por lo menos le daba crédito por no dejarse distraer, y cuando no entendía algo pedía aclaración sin dudarlo. De nuevo, se podía hacer muy molesto tener que repetir el mismo paso en el mismo problema unas tres o cuatro veces, pero se había comprometido a enseñarle a como diera lugar, y no iba a echarse para atrás ahora.

    - "Será un avance lento, pero al menos es algo." – dijo.

    - ¡Yay! ¡Lo logré, mira, Uesugi-san! – exclamó la chica, enseñándole el problema resuelto.

    Sip, el problema estaba perfectamente solucionado, sin omitir ninguno de los pasos en el procedimiento. El problema fue que estuvo media hora atascada en él para poder lograrlo, y él tuvo que darle pistas cada vez que se quedaba congelada. Tenía que empezar a trabajar en que pudiese hacer las cosas más rápido, si quería sobrevivir a los exámenes.

    - Buen trabajo. Ahora vamos al siguiente. – le dijo secamente.

    Mientras iniciaban, la puerta del apartamento volvió a abrirse, anunciándose otra voz femenina. Para entonces, Fuutarou ya no se sorprendió de ver que se trataba de la quintilliza restante por conocer. Se distinguía de las demás en que tenía el pelo teñido de rosa, y bastante más corto que el de Yotsuba con unos mechones cayéndole por las sienes y más largos del lado derecho.

    - Vaya, vaya, ¿tenemos visita hoy? – dijo acercándoseles. – Oh, tú debes ser el tutor que papá contrató para Yotsuba, ¿no es así?

    - Obviamente. – dijo él. – Yotsuba ya me presentó a sus otras hermanas, solo faltabas tú.

    - ¿Oh? ¿Y qué impresión te dimos, hmm? – dijo la hermana, con una sonrisa coqueta. – ¿Encuentras interesante a alguna de nosotras?

    - En lo más mínimo. – dijo él, desviando la mirada. No había venido para ligar, sino para estudiar, después de todo.

    - ¿De verdad? Qué lástima, hasta me pareces lindo. – se rio la chica, antes de echar un vistazo a lo que estudiaban. – Conque Matemáticas. ¿Quieren que les ayude? Soy buena con los números, ¿sabes?

    - Me las puedo arreglar, muchas gracias. – dijo él secamente. Entre menos gente hubiera en la sala, menos distracciones habría.

    Especialmente dado que la chica de pelo rosa parecía estar inclinándose de manera intencional para mostrarle el escote, y tuvo que resistir el impulso de bajar la mirada en esa dirección. ¿Por qué tenían que ser tan condenadamente atractivas físicamente?

    - Está bien, como quieras. Pero si necesitas algo, no dudes en llamar. Ichika-oneesan estará gustosa de darte una mano cuando quieras. – le dijo guiñándole el ojo antes de subir por la escalera hacia su dormitorio, dejando al chico algo perplejo por su actitud.

    - ¿Oneesan? – preguntó Fuutarou mirando a Yotsuba, que simplemente se rio.

    - Ichika es la mayor de nosotras cinco. Por pocos minutos, claro, pero le gusta restregarnos ese hecho siempre que puede.

    - Ya veo. – Fuutarou asintió. Así que esa era la hermana mayor. En ese momento se puso a cavilar y notó el patrón en sus nombres: si Ichika era la primera, y con lo que le había dicho Yotsuba antes de ella e Itsuki, eso quería decir que Nino y Miku eran la segunda y tercera respectivamente. Muy conveniente para nombrarlas, tenía que admitirlo.

    El resto de la sesión transcurrió sin mayores dificultades. A pesar del lento progreso de Yotsuba, Fuutarou tuvo que reconocer que al menos la muchacha ponía empeño y decidió capitalizar en ello. Trató de ser lo más justo posible sin dejar de ser estricto, pero al menos, aunque le costó una eternidad, logró que retuviese lo de cada ejercicio antes de pasar al siguiente. Intencionalmente le puso varios similares para ver si era capaz de darse cuenta y aplicar lo aprendido en el siguiente, y aunque no fue mucho, por lo menos en cada uno tardaba un poco menos en dar con la solución. En el último ejercicio él no tuvo que señalarle nada.

    Para cuando terminaron, ya eran casi las siete de la noche. Antes de irse, Yotsuba insistió en que primero comieran algo, y aunque Fuutarou tenía sus dudas sobre comerse lo que Nino les había dejado en el refrigerador, estaba tan hambriento después de esa sesión que rápidamente le borró las sospechas. Y admitiéndolo, estaba bastante bueno. Yotsuba luego le dijo que Nino era la que mejor sabía cocinar entre las cinco, y les dejó incluso una bolsa de galletas como postre. Fuutarou decidió guardar algunas de esas para su hermanita.

    Habiendo acabado, la cuarta hermana bajó junto con su tutor a la entrada del edificio, y a pesar de las objeciones del chico, le llamó un taxi para que lo llevara a casa.

    - No hace falta que hagas esto, puedo irme yo solo. – le dijo.

    - Solo es por precaución. – replicó Yotsuba. – ¿Qué haremos mañana?

    - Pasaremos a inglés, si estás de acuerdo. – dijo él. – Aun así, harías bien en repasar lo de hoy cuando tengas tiempo. Odiaría que se te olvide después.

    - ¡Lo que usted diga, Uesugi-sensei! – exclamó la chica con entusiasmo.

    - Deja de llamarme así, ¿quieres? Ambos tenemos edad similar.

    - Perdón… Uesugi-san. – se disculpó Yotsuba. – Oye… otra vez gracias por ayudarme. Espero no haberte causado muchos problemas.

    - No más de lo que ya esperaba, de cualquier modo. – dijo él. – En todo caso, no te distraigas incluso cuando yo no esté. Todavía te falta mucho.

    El taxi llegó a los pocos minutos, y ambos se subieron en él. Aunque el dinero no fuese un problema para ella, le extrañaba que quisiera acompañarlo todo el camino de vuelta a su casa. Ella argumentó que también necesitaba saber dónde vivía él, especialmente para cuando tocara pagarle sus honorarios y por si no podía hacerlo en la escuela. Tomando eso como una razón válida, lo aceptó, aunque no dijo ni una sola palabra más durante todo el trayecto.

    - Gracias por escoltarme hasta aquí, pero ya puedo seguir el resto yo solo hasta la casa.

    - Ah, qué malo eres, ¿te invité a mi casa y tú no me invitas a la tuya? – dijo Yotsuba haciendo una carita enfurruñada, pero él podía ver que solo estaba fingiendo.

    - Oye, ya sabes que solo fui por trabajo, además…

    - ¡Onii-chan! – exclamó de pronto una voz que reconoció rápidamente como la de Raiha. Y con toda certeza, su hermanita venía corriendo hacia él. – Al fin volviste a casa, mamá y papá te estaban esperando para… – En eso volteó a ver hacia el taxi, donde todavía estaba Yotsuba, y lo apartó empujándolo para verla. – ¡Ah, ella debe ser tu alumna, ¿verdad?! ¿Quieres cenar con nosotros?

    - Ya comimos en casa de ella, vamos adentro. – Fuutarou agarró a Raiha de los hombros y trató de llevársela a la casa.

    - ¡Onii-chan, no seas malo, preséntamela! ¡Además, mamá y papá también querrán conocerla!

    - Pero, Raiha…

    - ¿No puedes? – En ese momento, Raiha utilizó su última arma: los ojos de cachorrito tierno, a los cuales era imposible decirle que no. Y mientras él estaba paralizado, estos surtieron efecto en otra persona.

    - ¡Aww, Uesugi-san! ¡Cómo puedes decirle que no a tu linda hermanita! – De alguna manera Yotsuba se había salido del taxi, y se le había ido encima a Raiha para abrazarla. – Ya que me lo pides, con gusto me quedaré a cenar con ustedes.

    - Terminarás engordando como Itsuki. – dijo Fuutarou por lo bajo, aunque eso no la disuadió en lo más mínimo.

    Entretanto, el taxista se quejó de que lo dejaran allí esperando su pago, por lo que Yotsuba pasó una tarjeta para cancelar y le dijo que podía irse, que después llamaría otro para volver a casa. Grandioso: apenas su primer día como tutor, y su alumna ya iba a conocer a su familia.



    No supo cómo (o quizás sí), pero de alguna manera, estaban los cinco sentados alrededor de la mesa. Además de Raiha y su madre, se les había unido Isanari, el padre de la familia. A diferencia de su hijo, tenía un físico bien formado digno de un atleta, y cabello rubio salvaje con unas gafas de sol sobre la cabeza. De todos los miembros de la familia, parecía el más emocionado de que su hijo hubiera traído a una chica a casa.

    - ¡Jajaja, empezaba a creer que no vería este día! – dijo. – Mi hijo siempre se porta como un antisocial que piensa en solo estudio y no diversión. ¡Muy diferente de mí!

    - ¡Papá!

    - Cariño, no avergüences a Fuutarou de ese modo. – lo regañó su mujer. – Aunque sea cierto lo que dices. Fuutarou, si no fueras tan serio serías más popular, como tu padre.

    - ¿Tú también, mamá? – Fuutarou rodó los ojos. Yotsuba también parecía encontrar divertido el bochorno que le estaban haciendo pasar, pues se estaba riendo tanto como ellos. – Lo de las burlas lo esperaría de ella, ¿pero de ustedes, mi familia?

    - Uesugi-san, no seas tan serio. – dijo Yotsuba dándole una palmada en la espalda, tan fuerte que por poco se da con la mesa. – En serio deberías sonreír más, te quedaría bien.

    - ¡Es lo que siempre le digo yo! – dijo su padre. – ¿Lo ves, que hasta tu linda alumna está de acuerdo conmigo?

    - ¡Gracias por esperar! – llegó Raiha trayendo los platos. – ¡Aquí para Yotsuba-san, para mamá, papá, y Onii-chan! ¡Curry y tortilla Uesugi!

    - ¡Oh, esto se ve genial! – dijo Yotsuba. – ¡Muy buen provecho!

    De inmediato empezaron a comer con ganas, y Fuutarou vio que la glotonería probablemente no estuviera limitada solamente a la quinta hermana, sino que sería cosa de familia. Aunque ya había comido en casa de Yotsuba, el curry de Raiha era demasiado bueno para desperdiciarlo. Mientras comían, rápidamente surgió el tema de conversación para todos:

    - Por cierto, Onii-chan, ¿qué tal tu primer día como profesor particular?

    - Supongo que… – miró de reojo a Yotsuba – no estuvo del todo mal. No me dio demasiados problemas. Aunque va a ser difícil.

    - Pues tendrás que ser constante. – dijo Isanari. – Pero no puedes quejarte, cualquiera mataría por tener una alumna tan bonita como ella.

    - Ah, no, como cree. – dijo Yotsuba, restándole importancia al cumplido. – Uesugi-san prefiere a otro tipo de chicas, ¿verdad? Yo soy demasiado tonta para él.

    - No seas modesta, linda. – le dijo Kazane. – Puedo ver que eres alguien muy simpática, aunque con lo terco que es nuestro hijo quizás le tome algo de tiempo darse cuenta.

    - ¡Sí, es un cabeza dura! ¡Mira! – dijo Raiha, dándole unos toquecitos en la cabeza con el dorso de la mano.

    - ¡Ja! Pues prefiero ser un cabeza dura que un cabeza hueca. Como alguien más aquí presente…

    El chico miró furtivamente a Yotsuba al decirlo, pero lamentablemente el gesto no pasó desapercibido por su hermanita, que alzó la bandeja y le pegó detrás de la nuca con ella.

    - ¡Auch! ¡Eso duele, ¿sabes?! – se quejó él, frotándose, mientras los demás se reían haciéndole rodar los ojos de nuevo. ¿Por qué siempre le tocaba ser el blanco de todas las burlas?

    - Yotsuba-san, sé que mi hermano es un gruñón, egoísta y maleducado a veces. – dijo Raiha, mirando a Yotsuba. – Pero también tiene muchas cosas buenas, solo que no le gusta mostrarlas.

    - ¿Estás tratando de insultarme o de defenderme? – preguntó Fuutarou.

    - Descuida, estoy segura de que sí. – dijo la chica del lazo con voz alegre. – Es más: como recompensa por ayudarme a estudiar, me esforzaré por hacer que sonría más. ¿Qué dices de eso?

    - ¿De verdad? – exclamó Raiha, con la carita iluminada de emoción. – ¿Lo prometes?

    - ¡Claro que sí!

    - ¡Jajajaja, ese es el espíritu! – dijo Isanari. – ¡En serio, hijo, mientras la enseñas deberías aprender también de ella!

    Fuutarou quiso resoplar, pero no había caso en contradecirlos. ¿Qué iba a aprender él de una idiota como Yotsuba? ¿Se les olvidaba que era él quien tenía que enseñarle a ella, y por lo que parecía, iba a ser una batalla cuesta arriba?

    Al menos ellos, especialmente Raiha, parecían estar contentos. Se había comprometido en hacer que la chica pasara, y también quería ganarse su dinero como era debido. Tenía un futuro en la mira y quería alcanzarlo a como diera lugar, sin importar cómo lo hiciera.

    En ese momento Fuutarou no se imaginaba lo mucho que cambiaría su vida, solo por haber conocido a Yotsuba y a sus hermanas. Algo era seguro: ya nunca más volvería a tener días de aburrimiento.

    (--0--)

    Flashforward, cinco años en el futuro…

    Me había quedado dormido en el camerino de la iglesia, soñando con aquel día. Me despertaron las campanadas, junto con la voz de una de los asistentes avisándome que la novia me estaba esperando. Me miré al espejo y arreglándome el pelo y las arrugas de mi traje, inmediatamente salí. Por fin había llegado el momento.

    Aun lo recordaba como si hubiese sido ayer, el día que nos encontramos por primera vez. En ese entonces, jamás me habría imaginado que terminaría enamorándome de alguien como tú. Pero claro, eso fue porque no pude verte como realmente eras, lo que ocultabas debajo de esa primera imagen. Mis padres tenían razón. Me llevó mucho darme cuenta de lo maravillosa que eras.

    Y aquí estamos ahora, en el altar, a punto de unirnos para el resto de nuestras vidas. El camino fue largo, lleno de altibajos, risas, enojos, y tristezas, pero no me arrepiento de mi decisión. Y ahora que te veo, más hermosa y radiante que nunca con ese vestido blanco, estoy más convencido de ello. Aunque yo fui tu tutor, tú me enseñaste muchas cosas más importantes, cosas que jamás habría aprendido de nadie más.

    Esta es la historia de cómo conocí a la mujer de la cual me enamoré, a sus hermanas, y todo lo que pasamos juntos desde entonces. Para entender el presente es necesario conocer el pasado, y saber cómo fue que llegamos hasta aquí.

    Esta historia continuará...

    (--0--)

    Notas del autor:

    ¿Cómo están, gente? Bien, antes que nada, me veo forzado a ponerle el prefijo "Otro" aunque ya solicité uno para este en particular. Ya falta muy poco para que se estrene la segunda temporada del anime de Go Toubun no Hanayome, y debo admitir que es una de las mejores comedias románticas que pude ver durante el año pasado, en gran parte porque no cae en tantos clichés típicos de las series del género harem (como abusar del fanservice), y que me identifiqué bastante con el protagonista (habiendo sido tutor, sé lo que se siente tratar con alumnos particularmente difíciles). Por supuesto, tenemos un colorido reparto de personajes típico de estas series que te hacen reír, llorar y hasta enojarte, pero que al final terminas queriéndolos cada uno a su manera, y aquí no es la excepción.

    Dicho eso, este manga está muy lejos de ser perfecto, e irónicamente uno de los puntos donde falló fue en el desarrollo romántico de la pareja final. No me malentiendan: adoro a Yotsuba (es mi segunda quintilliza favorita después de Miku) pero el que ella resultase la elegida lo sentí bastante forzado ya que ella no hizo casi nada activamente para ganarse su amor, y tampoco pudimos ver suficiente atracción del lado de Fuutarou hacia ella (o incluso a cualquiera de las demás) que justificara su decisión. Al final sentí que solo la eligió por haberla reconocido como la niña de sus recuerdos, y eso no hubiera estado mal si se hubiera llevado mejor. Me explayaría más de la cuenta hablando de esto aquí, así que si quieren más detalles, aquí un enlace a mi análisis en Wattpad sobre el manga:Go Toubun no Hanayome (Análisis) - Wattpad , donde explico a mayor detalle cómo creo que se podría haber desarrollado mejor.

    Por último, este primer cap fue un pequeño "experimento", un episodio piloto, si se quiere, para lo que ahora es este AU de la serie. Ya he visto que es muy común en todo tipo de mangas, animes u otras series que los fans buscan hacer AUs variados para "mejorar" o "corregir", ya sea con la pareja que les guste, cambiar algo, etc, pero estos lamentablemente caen en errores bastante comunes (pido disculpas a quien se sienta aludido, pero estas cosas tienen que ser dichas para que se entiendan). Están los que se toman la historia original prácticamente copypasteada al 100% (especialmente con los diálogos), salvo por los retoques aquí y allá pero que a la larga no cambian absolutamente nada y dejan todo intacto a excepción de lo que les "conviene" para satisfacer sus deseos personales. Que no se ofendan, pero eso es un signo de pereza creativa y falta de esfuerzo. Créanme, por experiencia les aseguro que es mucho más satisfactorio sacarlo de tu propia cabeza y darle tu propio estilo, aunque lleve tiempo y mucho ensayo y error para lograrlo, bien vale la pena. Otra cosa, muchos AUs suelen dejar "notas aclaratorias" al principio donde dicen lo que cambiaron para que el lector "entienda por qué pasa esto", pero no es lo mismo "decir" lo que va a pasar a "mostrarlo", que fue lo que intenté hacer aquí: específicamente que la mamá de Fuutarou sigue viva y que solo Yotsuba es transferida a su escuela en vez de que sean las cinco. Y por último, que estos AUs parecen no tomar en consideración las consecuencias incluso de cambios menores: por ejemplo, que la mamá de Fuutarou siga viva implica que la familia habría podido sacar adelante su negocio y por tanto no estarían en una situación económica tan precaria como en canon, lo que se traduce en que tengan un lugar mejor para vivir y que Fuutarou no necesite tanto dinero. Eso a la vez justifica que en este caso le haga de tutor a una sola de las quintillizas en vez de las cinco, lo que deriva en que tenga menos dificultades iniciales al tener que lidiar con una sola (que de paso es la más "cooperativa" inicialmente), aunque a la vez traté en lo posible de mantener algunas situaciones algo similares a como resultaron en canon para mantener la esencia de la serie original (que es otra cosa que se pierde cuando se desvían demasiado, sobre todo al cambiar personalidades o sucesos sin explicación o justificación alguna). De modo que mi objetivo es que sea un AU fiel a la esencia del canon, pero sin convertirlo en un calco casi total del original cambiando solo lo que no me gustó, para evitar caer en lo predecible y que tome su propio curso.

    Bueno, creo que eso es todo lo que tengo que decir. Le agradezco a Shadechu Nightray por el trabajo de beta que le hizo ayudándome a corregir los errores aquí y allá, y para hacer ajustes que ayudaran a que fluyera mejor (especialmente, gracias a ella decidí agregar la escena de Itsuki en la panadería). No olviden decirme qué les pareció y ya que tengo varios caps terminados, comenzaré a publicar de manera regular. ¡Sayonara!
     
  2. Threadmarks: Capítulo 2
     
    Fox Bluereaver

    Fox Bluereaver Cornerian Ace Pilot

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    28 Diciembre 2020
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    Forma del Corazón - Trébol de Cuatro Hojas (Go Toubun no Hanayome)
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    Para todas las edades
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
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    Capítulo 2: La primera semana.

    Preparatoria Asahiyama, biblioteca…

    El primer día de Fuutarou como profesor particular había transcurrido sin mucha fanfarria. A pesar de que supo con un solo vistazo que sería una batalla cuesta arriba, el chico estaba determinado a cumplir con su trabajo, así fuera solo por ganarse su paga.

    En su opinión, la única complicación (más allá de lo pésima que era su alumna) parecía ser tener que ir a diario a ese apartamento y lidiar con las hermanas de Yotsuba. A pesar de ser quintillizas, Fuutarou apenas podía creer lo distintas que eran todas entre sí, y eso se reflejó fácilmente en su primer encuentro con cada una de ellas. La mayor, Ichika, era una coqueta y la única a la que le cayó bien al conocerla aparte de la propia Yotsuba. La segunda, Nino, pareció tomarle inquina a él solo por haber entrado a su apartamento sin ir más allá, aunque tuvo que admitir que era buena cocinera al probar la comida que les dejó. A la tercera, Miku, parecía serle indiferente, pero de nuevo quizás eso fuera por ser muy retraída. Y la menor, Itsuki, bueno, era comprensible que no estuviese feliz de verlo luego de aquel encontronazo en la panadería (aunque le dijera la verdad sobre ser una glotona).

    Aprovechando que tenía una hora libre antes de la siguiente clase, Fuutarou se fue a la biblioteca y empezó a copiar por adelantado algunos ejercicios de práctica de inglés. Como habían acordado, ese día después de clases se dedicarían a ello, y para ahorrar tiempo mejor sería ir preparando desde ya el material para su sesión.

    - ¡Uesugi-san! – escuchó la voz de Yotsuba desde la entrada. Apenas levantó la mirada vio a la chica del lazo corriendo de lo más entusiasta como siempre hasta su mesa. – Oh, ¿es nuestra clase para hoy?

    - Obviamente. – dijo él. – Pensé que sería mejor tenerlo todo listo, así ganaremos tiempo.

    - Jeje, bien pensado. – La chica empezó a buscar entre su bolso y sacó una de sus libretas. – Por cierto, sobre lo que me dijiste ayer.

    - ¿Qué cosa?

    - De repasar lo que hicimos. – dijo ella. – Hice algunos ejercicios más, ¿qué te parece?

    El chico levantó la mirada, pero cogió la libreta y la abrió para echar un vistazo. Lo primero que notó fue que a Yotsuba parecía gustarle garabatear una especie de florecita en la esquina de cada página, pero no le prestó atención. Centrando su atención en los ejercicios, con un solo vistazo notó que el procedimiento general no estaba mal, pero el resultado de la mayoría no daba. Yotsuba a veces omitía o colocaba mal signos, ponía números equivocados o cometía errores de factorización. Solo dos estaban bien, y fue solo porque eran similares a los que vieron el día anterior.

    Bueno, por lo menos era un indicio de que estaba poniendo atención.

    - Definitivamente tendremos que volver a repasar después. – le dijo devolviéndole la libreta. – Ahora no tengo tiempo para señalarte todos los errores, así que lo haremos por la tarde si terminamos pronto, ¿está bien?

    - ¡Como digas, Uesugi-san! – declaró la chica. – ¡Nos veremos en clase después!

    Y sin decir más, la muchacha salió corriendo fuera de la biblioteca, dejando al chico preguntándose cómo podía estar tan alegre si le acababa de decir que seguía yendo mal.

    Yotsuba era una chica… extraña. Parecía estar siempre de buen humor, y él no sabía si eso sería algo positivo o negativo. Por un lado, estar llena de energía implicaba que nunca parecía cansarse y tenía para invertirla en el estudio.

    Por el otro… a veces sentía que llegaba a ser muy ruidosa, especialmente cuando las chicas de la clase se reunían a su alrededor y empezaban a reírse. De hecho, la razón de refugiarse en la biblioteca era que el aula ya no era tan tranquila desde que ella llegó, y le costaba concentrarse.

    - "No es que sea una mala chica, pero… ¿le vendría mal quedarse un poco más callada de vez en cuando?"

    (--0--)

    Más tarde, en el apartamento Nakano…

    A pesar de que ahora ya sabía dónde vivía Yotsuba y fácilmente podía llegar por su cuenta, por segundo día consecutivo le tocó caminar a casa junto con ella. Ya podía escuchar al resto de la escuela diciendo "una es casualidad, dos es coincidencia". Al tercer día seguramente ya creerían que estaban saliendo, los muy chismosos.

    A él le daba igual lo que pensaran o dijeran, pues sabía perfectamente que estaban muy equivocados. Él y Yotsuba solo eran compañeros de clase en el salón, y fuera del horario, eran profesor y alumna. Ni siquiera era que fuesen amigos para que la gente creyera que estaban saliendo o algo así, pero claro, la mayoría de estudiantes de su edad fácilmente veían cosas que no estaban allí.

    Ya una vez que empezaron, el chico miró muy de cerca a su pupila, mientras esta intentaba resolver los ejercicios que le había dejado. Traducción de párrafos, completación de oraciones, y ocasionalmente una pregunta formulada a la cual debía dar una respuesta apropiada.

    - Hmm… esta pregunta me tiene confundida. – dijo la chica mientras jugueteaba con el dedo entre su lazo. – ¿Me están preguntando si soy vieja?

    - Claro que no. Lo que pasa es que "How old are you?" es la forma tradicional de decir "¿Qué edad tienes?" en inglés. No se traduce literalmente.

    - ¡Ah! Jeje, ya entiendo, perdón. – dijo la chica, procediendo a escribir la respuesta. – ¡Uff, ya terminé!

    - No, no, no, sin hacer trampas. – dijo él deteniéndola. – Escribe tu edad en letras, no en números.

    - ¿Eh? Ay, no seas malo, ¿qué más da como lo ponga?

    - Yotsuba… – dijo él dándole una mirada fulminante y cruzando los brazos.

    - Sí, sí, lo que diga, Uesugi-sensei.

    Mientras él rodaba los ojos por el apelativo, la chica borró el número y lo escribió como debía ser. Aunque no lo pareciera, esos detalles eran muy importantes. Los números eran para la clase de matemáticas, y aquí eran más importantes las letras.

    La verdad él se sorprendía un poco de lo contradictorio: por un lado, le incomodaba que lo llamase "sensei" porque eso lo hacía sentirse viejo (ambos seguían siendo estudiantes del mismo año), pero por el otro lado, técnicamente él era su profesor y ella era su alumna durante las sesiones, lo cual denotaba un cierto respeto de ella hacia él.

    - Oye, Uesugi-san. – preguntó de pronto la chica, sacándolo de su ensimismamiento. – ¿Cómo llegaste a sacar siempre notas perfectas?

    - De la única forma posible: estudiando. – dijo él. – No hay que conformarse con lo que ves solo en clase, hay que leer, investigar, siempre ir más allá.

    - Eso suena muy aburrido. – intervino otra voz. – ¿Cómo puede alguien vivir solo de estudio y sin divertirse?

    La voz en cuestión era de la segunda hermana, Nino. La chica venía trayendo una bandeja con sándwiches y un par de vasos de jugo. Le pasó uno a Yotsuba y antes de darle a Fuutarou el suyo, le frunció el cejo. Por la mirada que le estaba echando, el muchacho por poco se echó atrás, casi esperando que se lo derramara encima, pero simplemente se lo dejó cerca para que lo tomara.

    - Gracias… – murmuró él, antes de tomarse un sorbo. – Ah, por cierto, me acabo de acordar. Mi hermanita me mandó decirte algo.

    - ¿A mí? – preguntó Nino extrañada.

    - Dijo que "gracias por las galletas, estaban muy deliciosas". – dijo Fuutarou.

    Nino arqueó una ceja y ladeó la cabeza antes de mirar a Yotsuba en busca de respuestas. Por su parte, la chica del lazo sonrió y sacó su propio teléfono, mostrándole una selfie que se tomó con la niña.

    - Ella es Raiha-chan, la hermanita de Uesugi-san. ¿Dime si no es linda?

    - Le guardé algunas de las galletas de ayer. Realmente le encantaron y me pidió que le diera las gracias al que las preparó. Esa fuiste tú, ¿no? – explicó el chico.

    - Obviamente. – La chica se sacudió el pelo en un evidente gesto de superioridad. – Bueno, pues dile a tu adorable hermanita que, si quiere más, con gusto se las preparo.

    - A ella le encantará. – dijo Fuutarou sonriendo, hasta que la chica de los listones de mariposa se le acercó para fulminarlo nuevamente son la mirada.

    - Pero que quede claro. Son para ella, no para ti. ¿Estamos?

    - S-sí, por supuesto.

    Sin decir más, Nino se retiró de la sala para dejarlos seguir estudiando. La segunda de las hermanas parecía ser la más arisca con él sin motivo aparente. Fuutarou no podía evitar preguntarse cuál sería su problema, pues parecía que siempre le echaba malos ojos cuando se cruzaban.

    - ¿Siempre es así, o es que tiene algo en contra mía? – le preguntó a Yotsuba, en voz baja por si todavía estaba en el radio de escucha.

    - Ya te dije, no le gustan mucho los extraños. – dijo Yotsuba. – Siente que esta es nuestra casa y que nadie más debería venir aquí.

    O sea que lo veía a él como una especie de intruso. Bueno, por lo menos esa era una respuesta. De todos modos, fuera de las miradas gélidas y el ocasional insulto o comentario dirigido hacia él, Nino no hacía nada para entorpecer sus sesiones de estudio, así que podía tolerar su presencia. Le dio un escalofrío de pensar en lo que habría tenido que pasar si en vez de Yotsuba hubiese tenido que ser tutor de Nino.

    Mientras comían los sándwiches que les dejó Nino, Fuutarou se quedó pensando en algo más. En los dos días que había estado haciéndole de tutor a Yotsuba, no había visto a su padre en el apartamento. De hecho, solo había hablado una vez por teléfono con él para confirmar lo del trabajo poco después de aceptarlo, pero no le había visto la cara.

    - ¿Sucede algo? – preguntó Yotsuba. – Pareces muy pensativo.

    - Solo pensaba, tu padre no estuvo ayer aquí en toda la tarde, y hoy tampoco. – le dijo. – Ni siquiera le he visto la cara.

    - Je, bueno, no te hagas muchas ilusiones. – dijo Yotsuba. – Papá es dueño de un hospital, así que a menudo le toca hacer turnos de guardia hasta muy tarde.

    - Ya veo. – dijo Fuutarou. Eso explicaría su ausencia. – ¿Y qué hay de su madre? ¿No vive con ustedes?

    Al hacer esa pregunta, por primera vez el semblante alegre de Yotsuba se apagó. La chica del lazo desvió la mirada momentáneamente.

    - Mamá… murió hace algunos años. – le dijo.

    - Oh. – dijo él. Evidentemente acababa de tocar un punto sensible. – Lo siento. No tenía idea.

    - No te preocupes, no ibas a saberlo. – dijo la chica volviendo a sonreír. – Y de todos modos ya antes te lo dije. Nunca me siento sola, siempre tengo a mis hermanas conmigo.

    Aunque la chica rápidamente retornó a su humor habitual, Fuutarou no pudo evitar pensar en esa sombra que cruzó brevemente por su rostro cuando le preguntó por su madre. Él tenía fama de ser un amargado, y un insensible, pero había líneas que no estaba dispuesto a cruzar. Podría burlarse de una chica por ser glotona, pero nunca tocaría un tema tan sensible como que hubiese perdido a su madre.

    Él valoraba mucho a su familia, y nunca le desearía a nadie algo como eso.

    (--0--)

    Tarde del día siguiente…

    Fuutarou no supo por qué Yotsuba no apareció para la última hora de clases. Aunque sabía la dirección de la chica, en los días que llevaban de conocerse todavía no había intercambiado números de teléfono, email, o algún otro método de contacto. Hizo una nota mental de corregir eso en cuanto la viera, y supuso que quizás se habría ido temprano a casa sin él. De todas maneras, ya sabiendo la dirección podía caminar él solo.

    Sin embargo, al llegar a la entrada, se topó con otro problema.

    - ¿Qué diablos pasa? ¡Ábrete, puerta, déjame pasar que tengo trabajo por hacer! – exclamaba, empujando las puertas de vidrio tratando de abrirlas, pero estas no querían cooperar. ¿No se suponía que fueran automáticas? Había visto que siempre se abrían para los residentes.

    El chico comenzaba a impacientarse. Lo lógico parecía esperar a que alguien entrara o saliera, pero no parecía haber nadie en ese momento, y no sabía qué hacer. Sin más opciones, se acercó y miró hacia la cámara de seguridad que había junto a la puerta.

    - Eh… ¿disculpen? Soy un tutor que trabaja a domicilio, estoy dando clases particulares a una de las quintillizas Nakano que viven en el piso 30. ¿Podría alguien avisarles que estoy aquí?

    - ¿A quién le hablas? – dijo una voz apagada detrás de él. En cuanto volteó, vio que se trataba de Miku, que venía con una bolsa de compras en la mano. – ¿No sabes cómo se usa el portón?

    Sin esperar a que le respondiera, la taciturna quintilliza se acercó hacia el panel numerado que había junto a la puerta y deslizó una tarjeta llave por él. La puerta se abrió al instante, pero la chica no entró, sino que se apartó para luego señalar los botones.

    - Puedes marcar el número del apartamento para llamar a alguien. – le explicó.

    - Ah, ya veo. G-gracias por el dato. – dijo mientras entraba detrás de ella. Miku entonces pareció percatarse de algo más.

    - ¿Yotsuba no viene contigo hoy?

    - No, de hecho, no la vi durante la última hora. – dijo él. – Espero que no esté planeando escapar de la sesión de hoy.

    - Hmm… – Miku lo miró pensativa, como si supiera algo que él no. Sin decir más, le indicó que la siguiera hacia el ascensor, y los dos comenzaron a subir.

    Ninguno de los dos dijo una palabra. Fuutarou no se atrevía a mirarla de frente para no incomodarla y porque realmente no tenía nada que decirle. Con todo, al mirarla de reojo no podía evitar pensar en lo diferente que era de las demás, especialmente de Yotsuba a pesar de ser quintillizas. Con unas hermanas que siempre parecían llenas de vida, una taciturna callada como ella destacaba mucho. ¿A qué se debería?

    Ya en el apartamento, la chica le indicó que podía quedarse en la sala esperando mientras llegaba Yotsuba, y él lo hizo mientras Miku iba a meter sus compras en el refrigerador. A los pocos minutos, la tercera hermana volvió y se sentó en el sofá, conectando sus auriculares a su Tablet para ponerse a jugar.

    Sin más qué hacer, Fuutarou sacó los libros de historia y los colocó sobre la mesa para ir preparando la clase. Sin embargo, parecía no tener más nada qué hacer mientras su alumna llegaba, excepto quizás repasar. Aunque eso no tenía mucho sentido al saberse casi de memoria todo lo que iban a estudiar.

    De nuevo echó una mirada discretamente hacia Miku, que estaba inmersa en su juego. Vio que se trataba del mismo de la otra vez, y estaba en medio del modo campaña. Le pareció haber escuchado que Yotsuba se lo había prestado, lo que le hizo sentir algo de curiosidad.

    - ¿Quieres probar? – dijo de pronto la chica sin mirarlo.

    - ¿Eh?

    - El juego. – siguió todavía sin voltear a verla. – ¿O es que no sabes cómo se juega?

    - Claro que sí. – sintiéndose algo ofendido. No le gustaba que alguien sugiriera que no sabía algo. – Lo probé un par de veces, aunque solo por curiosidad. Es bueno para aprender un poco de historia, lo admito.

    - Lo sé. – dijo Miku. – Las batallas de los generales del período Sengoku son… emocionantes.

    - ¿Te gusta la historia? – preguntó algo interesado.

    - Solo esa parte. – replicó secamente la tercera hermana. – Sus ideales, ambiciones, lo que estaban dispuestos a hacer para defenderlos…

    - "Está inusualmente conversadora hoy." – pensó Fuutarou. Luego agregó en voz alta. – Yo también conozco mi parte de la historia sobre ellos. Tal vez hasta sepa cosas que tú no.

    La chica dejó de jugar, y al girarse Fuutarou vio que su mirada había cambiado. Aunque seguía algo cabizbaja e inexpresiva, había un ligero brillo en sus ojos que no tenía antes. Como de competitividad.

    - ¿Me estás retando? – dijo ella. – ¿Insinúas que sabes más que yo sobre los generales del Sengoku?

    - Puede ser. – replicó él con tono ligeramente provocador. – Es decir, he leído mis libros al respecto, y tengo que venir preparado para estudiar el tema.

    - En ese caso, ¿quieres jugar unas trivias?

    - ¿Trivias? – preguntó él alzando una ceja.

    - Veamos si puedes responder algunas preguntas. – dijo ella, dejando su Tablet de lado. – A ver si realmente sabes tanto como dices.

    Fuutarou se puso a pensarlo. Igual Yotsuba todavía no aparecía, y supuso que sería una forma de matar el tiempo sin aburrirse al no tener a nadie con quien hablar. Y Miku parecía bastante interesada. Sonriendo con confianza, se recargó sobre el sillón con los brazos cruzados.

    - Bueno, adelante. Dispara tus preguntas.

    - Según se dice popularmente, Nobunaga solía llamar "mono" a Hideyoshi, pero eso es falso. ¿Cuál era el verdadero apodo?

    Fuutarou se quedó paralizado brevemente. ¿Quién podría interesarse en algo tan concreto como eso? El chico se puso a pensar, e hizo memoria de algo que le pareció escuchar en clase de historia.

    - ¿No era… "rata calva"?

    - Correcto. – dijo Miku. Fuutarou mentalmente le agradeció al profesor (que quizás lo sabía por ser calvo y tener dientes delanteros enormes), pero la quintilliza no iba a detenerse allí. La oleada de preguntas y respuestas apenas había comenzado.



    - Algunos teorizan que Kenshin era en realidad una mujer disfrazada. ¿Cierto o falso?

    - Cierto.



    - La comida favorita de Mitsunari eran los caquis. ¿Cierto o falso?

    - Falso, nunca los probó en su vida.



    - En el "Fuurinkazan" de Takeda Shingen, ¿qué representa el viento?

    - Fácil, "veloz como el viento".



    Y así continuaba la ronda de preguntas. A veces Fuutarou tenía dificultades para recordar los datos más obscuros (¿qué tanto sabía esta chica?) pero se las arregló para seguirle el paso. Antes de darse cuenta había transcurrido casi hora y media desde que comenzaron, cuando la puerta del apartamento se abrió.

    - ¡Ya llegué! ¡Ah, Uesugi-san! – exclamó Yotsuba al entrar. – ¡Siento mucho haberte dejado esperando!

    - Bueno, al menos ya estás aquí. – dijo él con tono serio. – ¿Qué estabas haciendo, a todo esto?

    - Jeje, bueno, el club de basquetbol tenía un partido de práctica, pero una de las titulares se lesionó y me pidieron sustituirla. – se excusó la chica del lazo. – ¡De verdad lo siento, olvidé avisarte que me lo habían pedido!

    - Cuando terminemos, creo que es mejor que intercambiemos teléfonos, para que esto no vuelva a suceder. – le dijo severamente. – Mientras tanto, tendremos que esforzarnos al doble para recuperar el tiempo perdido.

    - ¡Por supuesto! Ah, antes que se me olvide. – Yotsuba sacó algo de la bolsa y se lo pasó a Miku. – Lo que me pediste que te comprara.

    - Gracias. – dijo Miku. Fuutarou se percató de que se trataba de una lata de soda de matcha que la chica se dispuso a abrir, aunque antes de darle el trago, volteó a verlo a él. – ¿Quieres?

    - No, no, gracias, no es que tenga sed ahora. – dijo él. De pronto Miku le sonrió de forma extraña.

    - Descuida, te aseguro que no tiene mocos.

    Fuutarou se quedó extrañado ante eso. ¿Qué quiso decir con que no tenía mocos? Obviamente no los tendría: era un refresco enlatado y sería ridículo que alguien pudiese echar semejante porquería en una lata sin un… ¿por qué de pronto Miku dejó de sonreír?

    - Hmm… así que solo tienes ese nivel. – dijo la chica poniéndose de pie, y bebiéndose su soda, dejando al chico estupefacto y sin entender por qué la reacción. Entretanto, Yotsuba ponía sus cuadernos y lápices en la mesa para empezar a estudiar.

    - Oye, ¿tú sabes qué quiso decir con eso? – le preguntó Fuutarou.

    - ¿Eh? La verdad que no. Bueno, ¿vamos a empezar?

    Fuutarou asintió y con ello los dos comenzaron de una vez. Aun así, todavía tenía en la cabeza lo que le dijo Miku. ¿Fue algún chiste o referencia que no entendió? Eso no podía quedarse de ese modo. Y si estaba en un libro sobre la historia del Sengoku, lo encontraría aunque tuviese que leerse toda la sección de la biblioteca de cabo a rabo.

    (--0--)

    Día jueves…

    Para el cuarto día de las tutorías, la materia elegida fue Ciencias Naturales. En aquel momento, los dos se encontraban con varios libros de biología abiertos sobre la mesa, mientras Fuutarou trataba de explicarle a Yotsuba el funcionamiento del tracto digestivo humano. Era una ventaja que el libro que tenían en ese momento incluyera una página expansible con una gráfica de dicho sistema, lo que le permitió ilustrarle mejor cada fase a la chica.

    - No, no, los tomaste al revés. – dijo Fuutarou. – La vesícula biliar está en el hígado, no en el páncreas. En el páncreas es donde se produce la insulina para regular el azúcar en la sangre.

    - ¡Ah, ahora entiendo, gracias! – exclamó Yotsuba. – Jeje, con tantos órganos me cuesta trabajo recordar lo que hace cada uno.

    - Bueno, eso tiene que cambiar. – dijo él. – Ahora, del estómago pasamos al intestino delgado. ¿Recuerdas cómo se llaman las secciones en las que se divide?

    - Eh… – Yotsuba se llevó el lápiz a la boca, tratando de recordar. – ¡No me digas, no me digas, yo puedo! Duo… ¡duodeno, sí! Esa es una, ¿verdad? Y la otra era… em…

    Fuutarou se cruzó de brazos, usando el dedo para contar el tiempo que Yotsuba tardaría en dar con la respuesta. En otras circunstancias, le divertiría ver a alguien desesperado por responder una pregunta tan sencilla como esa, pero como su paga dependía de las notas que sacara la chica del lazo, se estaba conteniendo.

    - Había una llamada… ¿ilíada o algo así? – dijo finalmente.

    - Se le llama íleon, Yotsuba. – intervino alguien. Al voltear, vio que se trataba de Itsuki, que acababa de bajar para sacar algo de la nevera. A Fuutarou le pareció que se trataba de uno de los panes que había comprado días atrás. – Es la parte final antes del grueso. Y la intermedia es el yeyuno.

    - ¡Gracias, Itsuki!

    - Oye, ¿para qué le dices la respuesta? – protestó Fuutarou. – Se supone que tiene que aprender por ella misma.

    - Oh, discúlpeme, señor profesor, no fue mi intención interrumpir su clase. – dijo la pelirroja sarcásticamente.

    - Itsuki, ¿no te gustaría estudiar con nosotros? – dijo Yotsuba. – Uesugi-san es un profesor realmente bueno, en todas las materias.

    - No, muchas gracias. Puedo valerme por mí misma. – dijo mientras se sentaba en uno de los sillones, se colocaba unas gafas y se disponía a leer su propio libro, sosteniéndolo con una mano mientras usaba la otra para comerse el pan.

    Fuutarou no tardó en notar que el libro que leía era el mismo que ellos estaban usando; un tomo de biología centrado en los sistemas del cuerpo humano. Con su negativa, Fuutarou continuó dándole a Yotsuba la clase como hasta ahora, leyéndole el capítulo sobre cada parte del sistema digestivo y luego dejándole un pequeño conjunto de preguntas para ver qué tanta atención ponía.

    No obstante, ocasionalmente miraba de reojo a Itsuki, por si acaso se le ocurría tratar de soplarle respuestas a Yotsuba o algo. Se esforzaba por no hacer contacto visual con él, pero cada vez que lo hacía, invariablemente le fruncía el cejo.

    Unos minutos después, Yotsuba dijo que necesitaba ir al baño y subió a toda prisa por las escaleras, así que el chico se quedó a solas con Itsuki. Inevitablemente, la atmósfera se puso más tensa cuando, al no haber más nadie en la sala en aquel momento, los dos entrecruzaban las miradas, solo para desviarlas inmediatamente y pretender que no se habían visto.

    El patrón se repitió varias veces, hasta que finalmente Itsuki se hartó.

    - ¿Qué te pasa? – le dijo. – ¿Tienes algo que quieras decirme, Uesugi-kun?

    - No, a menos que tú lo tengas. – replicó él.

    La chica frunció el cejo y volvió a ocupar su atención en el libro. Él hizo lo propio con el suyo, tratando de mantener su mente ocupada en otra cosa mientras volvía a reanudarse la clase. Por fortuna, eso no tardó mucho tiempo.

    - Gracias por esperar. – dijo Yotsuba bajando las escaleras. – ¿En dónde nos quedamos?

    - Ahora vamos con el intestino grueso. – dijo él.

    La clase continuó de la misma manera, aunque Yotsuba visiblemente se sintió algo incómoda por la parte que ahora estaban estudiando, por razones bastante obvias. Itsuki intervino un par de veces diciendo que no debía sentirse de ese modo; después de todo, todos eran procesos perfectamente naturales del cuerpo humano, incluso cuando se trataba de… eso.

    - De acuerdo, creo que con esto terminamos. – declaró finalmente Fuutarou.

    - ¡Yupi! Estoy que me muero de hambre, traeré algo para comer.

    - Ya que estás en ello, trae algo para mí también. – pidió Itsuki.

    Fuutarou no se resistió a echarle una mirada, aunque sí se aguantó las ganas de decir "pero acabas de comerte ese pan". Tuvo que desviar la mirada cuando la pelirroja volteó en su dirección, y de nuevo sin Yotsuba de por medio se formó esa incómoda atmósfera entre los dos.

    - La verdad… creo que sí tenía algo que decirte. – confesó finalmente.

    - ¿De verdad?

    - Fue sobre lo que pasó en la panadería. – dijo él. – Cuando me quedé mirándote, fue porque me parecías familiar.

    - Supongo que fue porque ya habías conocido a Yotsuba en ese momento, ¿no es así? – dedujo ella. – Es comprensible, somos quintillizas.

    - En ese momento no tenía forma de saberlo. – dijo él. – Y además, ¿por qué me ofreciste de lo que habías comprado? ¿Acaso parezco un pobretón hambriento o algo?

    - Para que conste, yo solamente intentaba ser amable. – dijo Itsuki. – La culpa fue tuya por no elegir bien tus palabras.

    - Pues también para que conste, mi mamá es dueña de esa panadería. – dijo él. – Y aunque no lo fuera, podía pagar lo que iba a comerme sin ningún problema. No era para que debieras tenerme lástima.

    - ¿Qué te pasa, por qué confundes la amabilidad con lástima? – dijo la chica molesta. – En serio, Yotsuba dice que no tienes amigos en la escuela, y con esa actitud realmente no me extraña.

    - Quién los necesita. – dijo él. – Nunca he sido la persona más sociable, y de todos modos difícilmente podrían entenderme.

    - Por supuesto, no todos pueden estar a tu nivel intelectual, ¿verdad? – dijo la pelirroja, aun manteniendo su tono sarcástico. – No debe ser fácil estar rodeado de idiotas.

    Fuutarou no se dignó replicar a eso. Había algo de verdad en lo que decía la pelirroja; ser el estudiante con las mejores notas tenía sus ventajas y desventajas. Por un lado, mantenerse alto en el ranking le garantizaría buenas ofertas universitarias en el futuro, tal vez hasta para asegurar una beca. Por el otro… sí le era difícil entenderse con los demás. No tendría muchos temas de conversación, y efectivamente a nivel intelectual, habría pocas personas capaces de ponerse a su altura.

    No lo admitiría de dientes para afuera, pero a veces eso se sentía bastante solitario. Era muy difícil no tener a un igual a nivel intelectual con quien medirse o relacionarse, y aunque no lo demostrase de dientes para afuera… ese comentario de Itsuki había golpeado un nervio bastante sensible.

    - Oigan, ¿por qué discuten ustedes dos? Lo que sea que haya pasado en esa panadería, supérenlo, ¿no?

    - No hasta que se disculpe por lo que dijo. – dijeron los dos al unísono, para sorpresa tanto de ellos mismos como de Yotsuba. – ¿Qué acabas de decir?

    - Ya me escuchaste, hasta que no te disculpes por llamarme glotona. – dijo Itsuki.

    - Primero discúlpate tú por tratarme con lástima. – replicó Fuutarou.

    - ¿Lástima? ¡Yo solo estaba intentando ser amable! – exclamó la pelirroja indignada. – ¡Tú fuiste el que lo malinterpretó!

    - Ya basta, por favor. – intervino Yotsuba. – Uesugi-san, te aseguro que Itsuki no quiso ofenderte con lo que dijo. Si te ofreció compartir, era porque lo decía en serio.

    - ¡Ja! ¿Lo ves? ¡Hasta Yotsuba está de mi lado! – se jactó la pelirroja.

    - Pero Itsuki, tú elegiste mal tus palabras. – continuó la chica del lazo. – Y no es que esté mintiendo al llamarte glotona, de verdad comes demasiado.

    - ¿Eh? ¡Oye, se supone que me apoyes! ¡Somos hermanas!

    - No estoy apoyando a nadie. – dijo Yotsuba. – Los dos fueron un poco insensibles y dijeron cosas que no debían, así que ambos deben disculparse. Quítense ese cargo de conciencia, se sentirán mejor.

    Fuutarou resopló, aunque por dentro no podía evitar sentir que de alguna manera Yotsuba se estaba poniendo (ligeramente) del lado de él. Eso era extraño: quizás si fuese él, estaría apoyando a su propia hermana, por eso de que la sangre pesaba más que el agua. Aunque no le estaba dando totalmente la razón.

    Y en retrospectiva, técnicamente fue él quien tiró el primer insulto, así que quizás debería disculparse primero, así fuera por bien de paz.

    - Siento haberte llamado glotona. – dijo, resistiéndose al impulso de agregar "aunque lo seas" por lo bajo.

    - Siento haberte ofendido. No quise sonar a que te estaba teniendo lástima. – replicó ella.

    Ambos lo dijeron de dientes para afuera, evitando contacto visual. Era claro que solo lo hacían para complacer a Yotsuba. Que Itsuki lo hiciera tenía sentido: eran hermanas después de todo, ¿pero él? ¿Por qué había cedido a ese capricho suyo tan fácilmente?

    - ¿Ya lo ven? – preguntó Yotsuba con una gran sonrisa. – ¿No se sienten mejor ahora, como que se quitaron un enorme peso de encima?

    El chico no se atrevió a responder, ya que no podía decir que sí sin mentir, y una mirada a Itsuki le dijo que claramente ella tampoco tenía arrepentimiento alguno. No obstante, esto pareció ser suficiente para Yotsuba, que felizmente reanudó la clase y continuó con lo que se habían quedado.

    Cuando él e Itsuki volvieron a hacer contacto visual, ambos intercambiaron una mirada que decía "esto no se quedará así". Ya después podrían arreglarse, pero mientras tanto, él tenía trabajo por hacer.

    (--0--)

    Día viernes…

    Por fin, la primera semana de tutorías llegaba a su final. Para variar, Yotsuba parecía no tener tanto problema con Japonés, comparado con sus demás materias, aunque Fuutarou notó que su caligrafía en kanji era bastante mala. Terminaron bastante rápido, y justo a tiempo ya que la chica recibió una llamada del club de básquetbol y salió corriendo sin decir nada excepto: "¡Lo siento, Uesugi-san, me tengo que ir!" pero como habían terminado por ese día, no se molestó en detenerla.

    Como no le quedaba más que recoger sus cosas y prepararse para volver a casa, apenas notó los pasos que bajaban por la escalera y se acercaban a él, y no se molestó en mirar de quién se trataba hasta que ya estuvo a pocos centímetros.

    - ¿Te vas tan pronto? – le dijo una voz coqueta. Con toda certeza debía ser Ichika, pensó él, y en efecto al mirar se encontraba allí la mayor de las quintillizas, con las manos detrás de la espalda.

    - Ya cumplí por hoy, y Yotsuba se fue. – replicó él. – No me queda más nada qué hacer aquí.

    - Oh, ¿así que solo estás interesado en Yotsuba? – preguntó la chica. – Dime, ¿qué te gusta de ella?

    - No asumas cosas que no son, por favor. – dijo él. – No es que ella me guste, si apenas la conozco.

    - Eres demasiado serio, ¿lo sabías? – insistió Ichika. – Lo digo de verdad, ¿no entiendes lo afortunado que eres, de poder venir a un apartamento donde viven cinco hermosas chicas?

    Fuutarou quiso rodar los ojos, entendiendo lo que la muchacha quería insinuar. Nuevamente su parte racional tomó el control y le hizo recordar que estaba allí por negocios, y no por placeres.

    - ¿Tienes algo más que decirme antes de que me vaya?

    - De hecho sí. – La pelirrosa se sacó las manos de detrás de la espalda, enseñándole un pequeño sobre. – Yotsuba salió tan deprisa que se le olvidó entregarte esto. Tus honorarios de esta semana.

    Fuutarou estuvo a punto de tomar el sobre, pero Ichika lo apartó. Luego lo hizo otra vez, y otra vez. Finalmente ella tuvo que agarrarle la mano y empujarlo para mantenerlo lejos por un momento.

    - Pero primero, quisiera que habláramos un poco. – dijo Ichika. – ¿Por qué tienes que ser tan serio? Esa actitud hará que se te haga difícil hacer amigos.

    - No necesito hacer amigos. – dijo él secamente.

    - ¿No? Eso es una pena. Yo lo sería con mucho gusto. – replicó ella. Extrañamente, no sonaba con su habitual tono de flirteo. – Fuutarou-kun, no es necesario ser tan frío.

    - ¿Por qué me llamas por mi nombre de pila?

    - ¿No puedo? Tú nos llamas a nosotras de esa manera, ¿no? – replicó ella. – El asunto es, no solo me agradas a mí. También a Yotsuba.

    - A ella parece agradarle todo mundo, no es que esté recibiendo trato especial.

    Ichika le lanzó una mirada inquisitiva, ladeando ligeramente la cabeza. Parecía estar meditando en lo que le iba a decir. Luego sonrió, y de nuevo, no era esa sonrisa coqueta y burlona que solía verle por default.

    - Sabes, no eres el primer tutor que papá contrata para Yotsuba. Cuando estaba en nuestra escuela ya estaba empezando a tener problemas, y aunque papá le buscó ayuda no parecía muy entusiasmada. No ponía el mismo empeño que pone desde que tú empezaste a enseñarle.

    - ¿Y eso qué? – preguntó él sin entender.

    - ¿No lo ves? Yotsuba pone más empeño contigo porque le agradas. O quizás algo más, no me sorprendería. Mi punto es, Yotsuba piensa que eres agradable, y esta semana he podido ver que no se equivocaba. Puedes ser divertido cuando te lo propones.

    - No me digas. – dijo él, todavía sin creerle.

    - Bueno, al menos Miku parecía estaba divirtiéndose con su pequeña trivia. – dijo de pronto, captando su interés. Cuando volteó a mirarla, sonrió "inocentemente" mientras ponía las manos en posición de pedir perdón. – Perdóname, no lo pude evitar, los vi desde arriba el otro día.

    Fuutarou frunció la boca ligeramente, pero tuvo que admitir que la trivia con Miku le resultó… entretenida, por no decir más.

    - También, Miku siempre ha sido la más tímida de nosotras. Es muy raro ver que hable con alguien de ese modo. Significa que bajo esa fachada del chico serio y gruñón que solo piensa en el estudio, hay alguien amable y divertido, ¿no es así?

    Fuutarou no dijo nada, pero sí sintió un ligero ardor en sus mejillas. Quizás fuese porque no estaba acostumbrado a recibir esa clase de halagos, pero tuvo que admitir que no le hacía sentirse mal. Dicho eso, no sabía realmente como responderle.

    Ichika pareció darse cuenta de esto y siguió hablando:

    - Lo que trato de decir es, le agradas a mis hermanas, y me agradas a mí también. ¿Por qué no podemos ser amigos?

    - No hables por todas. – dijo él, teniendo por fin algo que refutar. – Itsuki y Nino podrían estar en desacuerdo contigo.

    - Ah, dales tiempo. Ya cuando te conozcan verán que no eres tan malo como te pintas. – insistió la hermana mayor.

    Fuutarou volteó a verla. La chica lo miraba con una sonrisa, que de nuevo se dio cuenta, no era la que usualmente tenía. Había algo más… genuino en ella, aunque no estaba seguro de qué era.

    Sentía que tenía que decir algo, que lo tenía en la punta de la lengua, pero se le escapaba. ¿Por qué se sentía de ese modo?

    - Cielos, qué difícil eres. – dijo finalmente colocándole el sobre en la mano. – Bueno, piensa un poco en lo que te dije. Ve con cuidado allá afuera, que tengas un buen fin de semana.

    - Claro… igualmente. – alcanzó a decirle él, antes que ella lo acompañara hasta la puerta del apartamento.

    Por fortuna había un interruptor para abrir la puerta desde adentro, que los visitantes como él podían usar para salir del edificio. Así, se dirigió hacia la parada de autobús para volver a casa, luego de guardarse el sobre en su mochila.

    Mientras esperaba, las palabras de Ichika le resonaron en la mente. "¿Por qué no podemos ser amigos?" Siendo sincero, él no tenía interés en trabar amistad con nadie cuando aceptó este trabajo, ni antes ni después. Lo hacía meramente por el dinero que le iban a pagar, pero ahora que había conseguido su primera paga… parecía no pesar tanto como se lo había imaginado.

    Si era honesto, no era que no quisiera tener amigos, simplemente, lo veía como algo innecesario, al menos de momento. Y pese a no haber empezado con el pie derecho con dos de las quintillizas, no dejaba de pensar que, si a las otras tres les cayó bien a pesar de su comportamiento, por algo habría de ser. Considerando que inevitablemente iban a verse cada vez que él visitara el apartamento, por lo menos valdría la pena hacer el intento de llevarse bien con todas, ¿o no?

    Bueno, si Ichika le había dicho que pensara en lo que dijo, tendría todo el fin de semana para hacerlo. Por ahora, ya tenía planes para su primera paga, y esos incluían cumplir una promesa a su pequeña hermana.

    Esta historia continuará…

    (--0--)
    Notas del autor:

    Bien, aquí traigo el segundo capítulo. Ya tengo algunos adelantados en Fanfiction.net y un par más en espera, así que iré publicándolos de manera regular cada varios días. Como dije antes, los AUs que veo suelen ser prácticamente calcados del original, incluso cuando un cambio pequeño tiene repercusiones enormes a largo plazo, algo que la mayoría de autores, ya sea por pereza o inexperiencia, fallan olímpicamente en considerar. Y esa es una trampa que quiero evitar a toda costa.

    Aquí decidí retratar un poco las sesiones de estudio de Fuutarou y Yotsuba. Tomando en cuenta que no está pasando por los mismos apuros iniciales que en canon, al no tener que convencer a las demás de que se pongan a estudiar, era obvio que las situaciones no se iban a generar de la misma manera, pero aunque no voy a hacer un harem como en el manga original, quise aprovechar de sentar un poco las bases de las relaciones de nuestro protagonista con las demás, aun ya estando predeterminado con quién terminará. Si bien no haré que todas las demás quintillizas se enamoren de él, sí quiero aprovechar de arreglar una cosa que realmente detesté en el manga; concretamente cuando Ichika se puso posesiva y paranoica, saboteando a las demás para ser la primera en confesarse, o la única en darle un regalo por su cumpleaños. Aunque más que odiarla a ella, odio que el mangaka la haya hecho hacer esas cosas, especialmente luego de establecer lo mucho que a ella le importaban sus hermanas y que estaba dispuesta a darles una oportunidad e incluso apoyarlas. De paso que lo que hizo no solo fue cruel, sino innecesario, ya que le habría bastado decirle a Fuutarou desde el principio que ya lo conocía y eso le habría dado una oportunidad legítima sin tener que jugar sucio, y si lo que quería Negi era sacarla del juego, había otras formas de hacerlo sin convertirla en la villana. Siempre he detestado que en los fics los personajes que me gustan se vuelvan los malos solo por ser los "rivales en el amor" (incluso con las parejas que me gustan), y este fue un ejemplo de cuando eso pasa en canon.

    Pero bueno, ya no me queda más que decir, espero que hayan disfrutado de este cap. Comentarios, críticas, sugerencias, todo es bienvenido, no se guarden nada.
     
  3. Threadmarks: Capítulo 3
     
    Fox Bluereaver

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    Forma del Corazón - Trébol de Cuatro Hojas (Go Toubun no Hanayome)
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    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    9
     
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    Capítulo 3: Festival de fuegos artificiales.​

    En un arcade local…

    Algunas personas, luego de una quincena de duro trabajo y ganarse su paga, usarían el dinero para darse algún gusto o recompensa por su esfuerzo. Fuutarou Uesugi no era una de ellas.

    - ¡Aaaaahhh! ¡Onii-chan! ¡Las monedas, las monedas!

    Era sábado, y por cinco días de tutorías en cada una de las dos semanas ya le habían pagado un total de cien mil yenes, de los cuales apartó la mitad para llevar a Raiha al arcade para que pudiera divertirse a sus anchas, tanto hoy como la semana pasada. El chico se sintió muy bien de poder darle ese gusto a su pequeña hermana con su propio dinero. La pequeña ahora despilfarraba de lo lindo en los tragamonedas, y acababa de atinarle al premio gordo.

    - ¡Jajajaja, así se hace! – le dijo él, mientras le ayudaba a ponerlas en un vaso. Con eso podrían jugar para rato y tal vez canjear lo que sobrara por algunos premios.

    El arcade tenía todas las máquinas de juego que cualquier niño, grande o pequeño, pudiese desear. Estaban los juegos clásicos de peleas y plataformas para los amantes de la vieja escuela, simuladores de carreras en autos y motos, aviones de combate, y otros más sencillos como el hockey de mesa o la máquina de tenazas para atrapar muñecos.

    Fuutarou realmente quería llevarse unos cuantos de estos últimos para Raiha, pero después de diez intentos fallidos, la pequeña se cansó de esperar y decidió llevárselo para probar la siguiente máquina. Ya les habían dado vuelta a casi todos los juegos del arcade así que ya les quedaban muy pocos.

    - ¡Ah, rayos, volví a perder! – gritó de pronto una familiar voz chillona.

    Instintivamente, Fuutarou dejó de caminar y volteó en la dirección donde escuchó la voz. Y con toda certeza, vio un familiar lazo verde sobresaliendo desde una de las máquinas que estaban al otro lado.

    - "No jueguen conmigo, ¿será posible?"

    - ¿Eh? ¡Ah, Uesugi-san! – exclamó parándose y agitando la mano. – ¡Qué sorpresa de verte aquí!

    - Onii-chan, ¿qué sucede? – le preguntó Raiha al darse cuenta que su hermano se había detenido. – ¡Ah, Yotsuba-san!

    Y sin que pudiera detenerla, Raiha rodeó las máquinas para ir a saludar, así que tuvo que ir tras ella. Pronto se percató de que no estaba sola; en el otro asiento de la máquina estaba una de sus hermanas, a la cual rápidamente identificó como Miku. Esta le dirigió una mirada inexpresiva y se limitó a levantar la mano para saludarlo, gesto que él correspondió de igual modo por cortesía.

    - ¡Hola, Raiha-chan! – dijo Yotsuba abrazando a la pequeña. – ¡Qué casualidad, no pensé que los encontraría aquí!

    - Onii-chan me trajo. Es un aburrido y tuve que arrastrarlo para que jugara conmigo.

    - Jaja, qué aguafiestas. – se burló la chica del lazo. – Pero no puede resistirse a tus ojitos, ¿verdad? No puede decirte que no.

    Fuutarou rodó los ojos. Decir eso era tanto como decir que el agua era húmeda; el que fuese capaz de resistirse a los ojitos tiernos de Raiha no tendría corazón. En realidad, no era que le molestara; simplemente tenía una imagen que mantener y por eso fingía resistirse. Cualquier capricho que Raiha tuviera, él con gusto se lo daría.

    - A mí también me sorprende verte por aquí. – dijo él por desviar el tema. – No habrás descuidado lo que hemos estudiado, ¿verdad?

    - ¡Onii-chan, ¿por qué la molestas si no están en horas de estudio?!

    - No te preocupes, Raiha-chan. Tu hermano no tiene nada que temer, no he dejado de repasar. – aseguró Yotsuba. – Oh, déjame presentarte a Miku, una de mis hermanas.

    - Mucho gusto. – la saludó Raiha alegremente. – ¡Oh, de verdad ustedes se parecen mucho! Onii-chan dijo que ustedes eran quintillizas, ¿es verdad?

    - Sí… lo somos. – dijo Miku, claramente tratando de sonreír. Por lo visto la taciturna hermana tampoco podía resistirse a lo adorable que era Raiha.

    - Ahora que recuerdo, la chica que nos visitó en la panadería la semana pasada también se parecía mucho a ustedes. ¿No será que…?

    - Ah, claro que sí, esa era Itsuki. – dijo Yotsuba. – Claro, tendría mucho más impacto si nos pudieras ver a todas juntas.

    - Ya no tanto, como nos teñimos el pelo. – comentó Miku. – Así es muy fácil distinguirnos.

    Fuutarou estaba agradecido por eso; no quería imaginarse los apuros que le harían pasar si todas tuvieran el mismo color o estilo de cabello, o si intencionalmente se hicieran pasar unas por otras para confundirlo. El hecho de que cada una usara un accesorio de su preferencia distinto también ayudaba bastante.

    - Bueno, ya que estamos aquí, ¿qué tal si jugamos algo juntas? ¿Ya probaste la máquina de tenazas?

    - Onii-chan no me pudo sacar ni un solo muñeco, y eso que lo intentó diez veces. – dijo Raiha con un tono que Fuutarou sabía era fingido, a la vez que ponía sus ojitos tiernos con lágrimas de cocodrilo.

    - ¿Eh, de verdad? ¡Pues vamos, yo te enseño cómo se hace! ¡Allí sí soy buena! En seguida vuelvo, Miku, no te molesta, ¿verdad?

    Y sin decir más, la chica del lazo se llevó a Raiha de vuelta a donde estaban las máquinas de tenazas, dejando a Fuutarou y a Miku. El chico pudo echar un vistazo a la máquina que estaban jugando y se dio cuenta que era un port del mismo juego que le había visto jugar en el apartamento cuando llegó el primer día.

    - Veo que te gusta mucho ese juego, ¿no?

    - No es el juego. Los generales del Sengoku son increíbles. – dijo ella, cogiendo una lata de soda de matcha y bebiéndosela.

    - Hmm… ¿verificaste que eso no tenga mocos? – preguntó él, haciendo que la chica se detuviera y lo mirara de reojo.

    - ¿Al fin entendiste?

    - Ishida Mitsunari se bebió un té en el que Ohtani Yoshitsugu le echó un moco sin que se diera cuenta. – dijo él. – Eso era lo que querías decir, ¿no? Estuve viendo libros de historia toda la semana buscando esa anécdota.

    - Es muy obscura, no muchos la conocen. – dijo Miku, tomándose otro trago de su soda.

    - Lo sé. Yotsuba lo encontró buscando en internet con su celular.

    Miku lo miró enfurruñada ligeramente. – No le dijiste a Yotsuba sobre mis gustos, ¿verdad?

    - ¿Por qué iba a hacerlo? – aseguró él, encogiéndose de hombros. La chica terminó de bajarse su soda antes de volver a hablar.

    - Esa trivia que hicimos… fue divertida. – dijo sonriendo ligeramente. – No muchos son capaces de seguirme el paso como tú lo hiciste. Veo que Yotsuba no se equivocaba al decir que eras muy inteligente.

    - Me esfuerzo. – dijo él, antes de echar un vistazo a la máquina de tenazas donde Yotsuba se llevó a Raiha. – Oye, ¿está bien que ella esté aquí jugando contigo? Le dije que aproveche el tiempo libre para repasar todo lo que estudiamos.

    - No la subestimes. – dijo Miku. – Se estuvo matando toda la mañana estudiando lo que le dejaste.

    - ¿En serio?

    - Casi se saltó el desayuno. Tuvimos que convencerla de que se relajara un poco.

    Fuutarou levantó una ceja, mirando a la chica taciturna. Ella no se veía como el tipo de persona que haría esa clase de comentarios en broma, y luego miró a Yotsuba, que seguía divirtiéndose de lo lindo con Raiha. Su primera impresión de la chica del lazo fue que parecía alguien risueña que no era muy lista, y quizás académicamente no lo fuese. Dicho eso, él no negaba que le había puesto empeño durante toda la quincena, y saber que no desobedeció su orden de seguir repasando aunque él no estuviera hizo que subiera su respeto por ella.

    - ¡Yay, sacamos los mejores! – exclamó Yotsuba de repente, y casi de inmediato, Raiha vino corriendo.

    - ¡Onii-chan, mira! ¡Yotsuba-san me ganó todos estos!

    A Fuutarou por poco se le van los ojos: Raiha llevaba en brazos por lo menos una docena de peluches de animalitos y algunos de los monstruitos de los animes en la televisión, incluyendo al famoso ratón eléctrico amarillo que tanto le gustaba.

    - Oye, ¿no exageraste un poco? – preguntó el chico. – Deja algunos para otros niños, ¿no?

    - Jeje, bueno, no me pude resistir. – dijo Yotsuba. – Al menos hasta conseguirle el que quería.

    - Bueno, me alegro por eso. – dijo Fuutarou, antes de dirigirse a Raiha. – Y ya le diste las gracias, ¿verdad? Recuerda lo que siempre nos dice mamá.

    - ¡Ah, claro! – exclamó Raiha, y sin decir más le echó a él los peluches antes de lanzarse a abrazar a la chica del lazo. – ¡Yotsuba-san, muchas gracias! ¡Te quiero!

    Cualquiera que viera la escena se derretiría de ver semejante ternura. Raiha era tan pequeña que apenas le llegaba a la cintura a Yotsuba y la tomó desprevenida con el gesto. Entretanto, Fuutarou podría haber jurado que los ojos de la chica del lazo echaron estrellitas antes de que se agachara y empezara a apapachar a Raiha, frotando sus rostros uno contra el otro.

    - ¡Aaaaawww! ¡Qué linda eres, Raiha-chan! ¡Me encantaría que fueses mi hermanita! – De pronto, la chica dejó sus mimos un momento y de pronto empezó a hablar en voz baja llevándose la mano al mentón. – Oye, espera. Si me caso con Uesugi-san, entonces podríamos ser hermanas legalmente…

    Ante ese comentario, Fuutarou y Miku intercambiaron miradas. Él intentaba decirle a la hermana taciturna sin usar palabras "¿Se da cuenta de lo que acaba de decir?", y ella claramente entendió el mensaje, ya que sacudió la cabeza como diciendo "A mí no me preguntes".

    En eso sonó un celular, que resultó ser el de Yotsuba, y la chica de inmediato lo sacó para contestar.

    - ¿Hola? Sí, aquí estamos. ¿De verdad? ¡Grandioso, ya vamos para allá! Sí, nos vemos. – De inmediato colgó y se dirigió a Miku. – Era Ichika, dice que nuestras nuevas yukatas ya están listas.

    - Entiendo. – dijo Miku. – Mejor nos vamos.

    - ¿Eh? ¿Se van tan pronto? – dijo Raiha, claramente decepcionada.

    - Sí, tenemos que ir a probárnoslas. – dijo Yotsuba. – Aunque bueno, como somos quintillizas, con una de nosotras basta y seguro le queda a las demás.

    - ¿Yukatas? – preguntó Fuutarou, algo confundido.

    - ¿No lo recuerdas, Uesugi-san? ¡Mañana hay un festival de fuegos artificiales, y todas vamos a ir! ¡Ah, ya sé! ¿Por qué no nos acompañan ustedes dos también?

    - ¿De verdad? ¡Onii-chan, vamos con ellas! – exclamó Raiha, claramente emocionada por la idea.

    - Eh… bueno… – Fuutarou quería decirle que ya había planeado usar el día de mañana para estudiar, pero en cuanto su hermanita comenzó a hacerle su mirada tierna, supo que estaba a punto de pelear una batalla perdida. Resignado, miró a Yotsuba. – ¿Estás segura de esto?

    - ¡Pues claro! Además, así Raiha-chan podrá vernos a todas, y conocer a Nino e Ichika también. Será más divertido, ¿no, Miku?

    - Supongo…

    - ¡Onii-chan, vamos! ¿Sí, por favor?

    La última e infalible técnica de Raiha, el combo de ojos de cachorrito seguido de lágrimas de cocodrilo, era imposible de resistir. Al diablo con su orgullo: si ella le pedía que fueran, no podría negarse de ninguna manera.

    Ni modo, le iba a tocar estudiar durante la mañana para poder reunirse con Yotsuba y las demás durante la tarde para el festival.

    (--0--)

    Al día siguiente…

    Para la mayoría de la gente, el tiempo pasaba muy rápido al divertirse, y muy lento al estar estudiando. Bueno, excepto cuando los exámenes estaban a la vuelta de la esquina, ya que ahí siempre se aceleraría. Para Fuutarou Uesugi, era el caso contrario. Quizás fuese porque él, a diferencia de la mayoría de la gente, disfrutaba de estudiar, entendía lo importante que sería todo ese conocimiento en el futuro, y nunca dejaba ninguna tarea para último momento, así que jamás se sentía presionado.

    No así era el caso de Raiha, que pasó todo el día paseándose por la casa esperando impacientemente a que el reloj diera las cinco de la tarde. Habían quedado de verse con las quintillizas Nakano a esa hora para ir todos juntos al festival, pero la pequeña estaba tan llena de energía que no paraba de corretear de aquí para allá por toda la casa.

    - ¡Vamos, vamos! ¿Por qué no puedes ir más rápido? – preguntaba la niña.

    - Mirar fijamente el reloj solo alentará la espera. – dijo Fuutarou secamente, que estaba ocupado resolviendo unos problemas de matemática.

    - ¡Onii-chan, no seas aguafiestas!

    - Solo digo la verdad. – replicó él sin mirarla.

    Entendía que Raiha estuviera tan impaciente. Aunque para él un festival de fuegos artificiales no fuese la gran cosa, había mucho para los niños como Raiha que los disfrutaban al máximo. Como sus padres siempre estaban ocupados trabajando y él estudiando, no siempre tenían tiempo para llevarla, así que no iba a dejar pasar la oportunidad.

    En eso le sonó el celular, y Raiha corrió a verlo esperanzada. Le partía el corazón tener que decirle que no era lo que ella esperaba, pero no le podía mentir.

    - Todavía no, faltan dos horas. Yotsuba solo me está haciendo una pregunta.

    - ¡Hmmm! – La pequeña infló las mejillas y otra vez comenzó a corretear por la sala.

    Entretanto, Fuutarou texteó la respuesta a la pregunta que Yotsuba le había hecho, y pulsó el botón de enviar. Otra de las razones por las que la espera se le había hecho corta era porque después de intercambiar números y correos electrónicos, Yotsuba le había enviado varias veces consultas o preguntas sobre dudas que tenía, y él estaba más que feliz de responderle. En efecto, no se estaba descuidando de los estudios incluso cuando él no estaba, y eso le complacía.

    - Si estás tan impaciente, Raiha, aquí tengo algo para ti. – sonó de pronto la voz de la madre de los hermanos.

    Ya que la panadería cerraba temprano los domingos, la señora Uesugi ya se encontraba en casa, aunque su marido estaba haciendo horas extras. En aquel momento llevaba una tela plegada entre los brazos, que Raiha supo inmediatamente lo que era.

    - ¿Mamá, esa es una yukata? ¿Es para mí?

    - ¿Para quién más podría ser, cariño? – dijo la mujer con una gran sonrisa. – ¿Quieres probártela?

    - ¡Sí, sí! – exclamó la niña saltando de alegría.

    - Muy bien. ¿Fuutarou, si fueras tan amable?

    El muchacho captó el mensaje y dejando los lápices abandonó la sala, quedándose reclinado contra la pared mientras oía los grititos de felicidad de Raiha y las quejas de su madre de que se quedara quieta para poder ayudarla a ponerse el atuendo.

    Al cabo de unos minutos le dijeron que podía pasar, y vio como Raiha correteaba otra vez por la sala, dando vueltecitas mientras reía, feliz con su nueva yukata.

    - ¡Onii-chan, mira! – exclamó. – ¿Cómo me veo?

    - Super adorable, no podrías ser de otro modo. – dijo él sonriendo.

    La yukata era de color blanco con detalles en azul claro, y el obi alrededor de su cintura era rojo, contrastando bastante bien con el resto del atuendo. Desde luego, siendo Raiha una niña tan adorable, el color era poco importante; él tenía la certeza que se vería linda con cualquier diseño.

    Y con eso, tal vez también le serviría para mantenerse ocupada en las dos horas restantes que tenían antes de reunirse con las hermanas Nakano. Mentalmente, Fuutarou dudaba que incluso ellas pudiesen competir con su pequeña hermana en términos de verse adorable en una yukata.

    (--0--)

    Dos horas después…

    Los hermanos Uesugi ya se dirigían al punto de encuentro donde verían a las quintillizas Nakano. Raiha iba delante de Fuutarou dando saltitos, la mar de feliz de presumir su yukata nueva en el festival. Mucha gente ya estaba reuniéndose para ir en grupos de familiares o amigos.

    - ¡Uesugi-san, Raiha-chan! ¡Por aquí, aquí estamos! – le llamó la inconfundible voz de Yotsuba.

    - ¡Ah, allá están! ¡Vamos, Onii-chan! – exclamó Raiha, agarrándolo de la mano y corriendo hacia donde se encontraban las cinco, con Yotsuba agitando la mano para saludarlos.

    Estando ya las cinco hermanas ataviadas cada una con su yukata, Fuutarou tuvo que reconocer que se veían realmente hermosas. Cada una de ellas había elegido un diseño personal, haciéndolas destacar todavía más entre sí. La de Ichika tenía un diseño de mosaico predominantemente naranja, con detalles en azul y amarillo sujeto con un obi rosa oscuro. Nino usaba una púrpura con conejos blancos sujeto con el obi azul oscuro. Miku usaba una azul claro con siluetas de golondrinas azul oscuro, y el obi era verde claro, aunque a él le pareció que los auriculares quedaban algo fuera de lugar con el atuendo (¿alguna vez se los quitaba?). La de Yotsuba era verde claro con flores blancas de cuatro pétalos, que combinaba bastante bien con su lazo. Y por último, Itsuki llevaba una yukata de color rojo oscuro con un diseño simple a rayas verticales, pero le iba bien con su color de cabello, que aquel día se lo había recogido en un moño detrás del cuello.

    Yotsuba fue la primera en ir a saludarlos, y el resto de las hermanas rápidamente los rodearon. Estaba claro que todas tenían interés en ver a Raiha, aunque a Fuutarou no se le escapó que Nino e Itsuki intencionalmente mantenían su distancia con él.

    - ¡Qué gusto que pudieran venir! – dijo Yotsuba, agachándose para tomarla de las manos.

    - ¡Gracias por invitarnos! Onii-chan también lo apreciará, aunque no lo diga. – dijo Raiha alegremente, haciendo que él volteara algo abochornado. Afortunadamente, no tardó en volver su atención hacia las otras cuatro hermanas. – ¡Wow, de verdad son casi idénticas!

    - Te lo dije, ¿no? – dijo Yotsuba poniéndose de pie para que las demás pudieran verlas. – Bueno, ya conoces a Miku e Itsuki. Ellas son Ichika y Nino. Chicas, conozcan a Raiha-chan, ¿no les dije que es más adorable en persona?

    - No, creo que se te olvidó. – dijo Ichika, acercándose con una gran sonrisa. – ¿Cómo estás, pequeña? Es un gusto conocer a la linda hermanita de Fuutarou-kun. Y linda yukata, por cierto.

    - Jeje, gracias, las de ustedes también se ven geniales. – dijo Raiha. – ¡Onii-chan, ¿qué esperas para saludarlas?!

    - Ho… hola… – dijo él casi a regañadientes, pero como era de esperarse, solo Ichika, Yotsuba y Miku respondieron a su saludo. Nino e Itsuki hicieron gestos rápidos antes de desviar la mirada.

    - Oh vamos, chicas, ¿no podemos hacer una tregua, aunque sea solo por hoy? – dijo Ichika.

    - ¿Tenemos más remedio? – dijo Nino cruzándose de brazos. – Se supone que este festival fuese para nosotras cinco. ¿Para qué lo invitaron a él?

    - Oye, para que conste yo solo vine por mi hermanita. – se defendió Fuutarou.

    - ¿Cuál es el problema? – dijo Ichika. – Lo justo es justo, lo sometimos a votación, ¿recuerdas?

    - Sí, lo sé. – dijo Nino hinchando los cachetes. – Me ganaron la votación cuatro a una. Por cierto, muchas gracias, Itsuki.

    - ¿Qué querías que hiciera, Nino? – protestó la pelirroja. – Yo no quería invitar a Uesugi-kun, pero si Yotsuba invitó a Raiha-chan, ¿cómo iba a negarme?

    - Disculpa, tú eres Nino, la que hizo las galletas, ¿verdad? – dijo Raiha acercándose a la susodicha. – Realmente estaban muy deliciosas, me encantaría aprender a hacerlas así.

    Fuutarou pudo ver que la expresión arisca de Nino se suavizaba ante las palabras de Raiha, incluyendo un leve rubor en sus mejillas. Parecía que estaba luchando contra el impulso de sonreír.

    - N-no es para tanto. – dijo enredándose un mechón de pelo entre el dedo. – Hacer galletas como esas es algo muy sencillo para mí. Puedo enseñarte si quieres.

    - ¿De verdad? ¡Muchas gracias! – Y sin más, la pequeña se lanzó a abrazarla, arrancándoles a todas las demás unos "awww", mientras Fuutarou trataba de no reírse al ver la cara sonrojada de Nino. Debió imaginarlo: hasta una chica arisca como ella encontraría irresistible su dulzura.

    - ¡Bueno, bueno, no perdamos el tiempo, el festival nos espera! – declaró Yotsuba alzando el puño en el aire. – ¡Vámonos!

    - ¡SÍIII! – exclamaron las cuatro hermanas restantes y Raiha al unísono. Cuando se le quedaron mirando, Fuutarou reaciamente tuvo que imitarlas.

    ¿Cómo fue que se dejó convencer de que lo arrastraran a este festival? Esperaba no arrepentirse de su decisión después.



    El grupo se fue camino hacia el sitio del festival sin mucha prisa. Aunque ya había comenzado, los fuegos no empezarían hasta eso de las siete de la noche, y durarían una hora completa. Muchísima gente había venido para verlos, y Nino les explicó que había reservado la azotea de una tienda como el lugar para que pudieran observarlos tranquilamente.

    - ¿En dónde está esa tienda? – preguntó Fuutarou, a lo cual Nino lo fulminó con la mirada. – ¿Qué? Solo pregunté.

    - ¿Cuál es la prisa, geniecito? – dijo Nino. – Si el espectáculo empieza en dos horas.

    - Tal vez, pero para saber a dónde ir. – dijo él. – Por si alguien se pierde, ya saben el tumulto que se hace cuando llega la hora.

    - En eso él tiene razón. – dijo Miku quedamente, pero Nino la escuchó.

    La segunda hermana murmuró algo que Fuutarou no alcanzó a entender, salvo por una palabra que sonó como "metiche", antes de decirles a regañadientes a dónde debían ir, en caso de que, por improbable que fuera, fueran a perderse.

    - ¡Ah, juego de atrapar peces dorados! – exclamó Raiha, corriendo hacia el puesto. – ¡Onii-chan!

    - Ya voy, déjame atraparte uno. – dijo mientras sacaba su billetera para pagar. – Deme una red, por favor.

    Habiendo pagado, el chico se inclinó sobre el puesto. Miró detenidamente y tras elegir su objetivo sumergió la red para atraparlo. Pero esta se le rompió antes de poder echarlo a la taza y el pececito volvió a caer al tanque.

    - Buuu, fallaste. – dijo Raiha.

    - Solo fue de práctica. – dijo él, pasando un poco más de dinero. – Otra, por favor.

    Lo volvió a intentar, pero el resultado fue el mismo, y el pececillo se le escapó. Sin cejar en su empeño pagó una tercera, pero volvió a fallar. Igual que con la cuarta y quinta.

    - Oh, ¿el genio no puede atrapar un pez para su hermanita? – se burló Nino.

    - Claro que puedo. – aseguró él, luchando contra la irritación por el comentario. – Otra más, por favor.

    - ¿Quieres que te enseñe cómo se hace? – preguntó Yotsuba, agachándose al lado de él, y sacando un par de billetes de mil yenes para pagarle al encargado. – La mitad que sean para él, por favor.

    - Oye, no es necesario, yo puedo pagar las mías. – dijo Fuutarou.

    - ¿Qué importa? – dijo Yotsuba. – ¿Qué tal si competimos tú y yo a ver quién atrapa más?

    Sonaba a que lo estaba retando, y siendo ese el caso, no podía rehuirle al desafío. Si bien no le importaba pagar con su propio dinero, no habría mucha diferencia si de todos modos él atrapaba los peces para su hermanita, y si Yotsuba le daba los suyos, tanto mejor para él. Además, ¿qué tanto sabría la chica de atrapar peces en este juego?



    Como resultó ser, en realidad Yotsuba era bastante habilidosa. A diferencia de él, que siempre sumergía la red y el pez se le escapaba antes de poder sacarlo, o la red se le rompía después de que lo hacía, ella esperaba al momento a que se acercara a la superficie, y con un solo movimiento lo sacaba antes de que pudiera escapar. Según la chica, el secreto estaba en esperar y hacer un movimiento rápido con la muñeca para evitar que la red se impregnara de agua. Lo hizo tan bien que incluso lograba sacar dos o tres con cada red antes que se le rompiera y tuviera que usar otra.

    En contraste, él no logró conseguir ni uno a pesar de haber usado diez redes seguidas (y sin contar las primeras cinco que pagó él). Para cuando Yotsuba había logrado sacar dos docenas todavía le quedaban dos de sobra y se las cedió a un niño que estaba esperando, como ya no le hacían falta. Y entretanto, Raiha iba de lo más contenta sujetando las tres bolsas con sus pececitos dorados. Eso alegraba a Fuutarou, pero… no podía evitar sentirse algo acomplejado por ello.

    - Jaja, ¿qué se siente que te gane una chica, genio? – dijo Nino.

    - No hables, que tú tampoco atrapaste ninguno. – contraatacó él, haciéndola enfurruñar.

    Aun así, para no quedar tan mal, le ofreció comprarle algo más de alguno de los puestos cercanos. Le sorprendió que Raiha eligiera un superset de mini fuegos artificiales de todas las cosas, aunque la pequeña argumentó que no podía esperar, así que accedió.

    La siguiente parada fue un puesto de máscaras. La única que pareció interesada fue Miku, que vio una máscara de hombre bigotón que a Fuutarou le recordó vagamente a algunos grabados antiguos de Takeda Shingen. La tercera quintilliza se quedó con ella, aunque la mantuvo en un lado de su cabeza por el resto de la caminata.

    - ¿No quieres una tú también? – le preguntó a Fuutarou.

    - No son mi estilo. – respondió él.

    - Lástima. No se te vería mal.

    Fuutarou la miró de reojo. Con esa cara inexpresiva a veces era difícil leer lo que intentaba decir, así que no estaba seguro de si era un cumplido o una burla.

    No muy lejos de allí, Miku divisó un puesto de ningyoyaki, y por petición suya de inmediato fueron a formarse en la fila para comprar los panecillos dulces. Ichika fue la primera en formarse, con Itsuki detrás de ella, y al llegar su turno, se llevó una grata sorpresa.

    - ¡Oh, pero qué belleza! – exclamó el encargado, llenándole la bolsa a rebosar, mucho más de lo que había pagado. – ¡Un descuento por cuenta de la casa, preciosa!

    - ¡Gracias, señor, me halaga! – dijo Ichika tomando la bolsa y saliendo de la fila.

    Inmediatamente en cuanto Itsuki se acercó, Fuutarou vio que la quinta hermana intentó sonreír de manera coqueta, pero el encargado no reaccionó ante ella

    - Disculpe… ¿no hay descuento? – dijo ella, tratando de poner una voz tierna.

    - ¿Descuento? Jovencita, si quieres más tienes que pagar como los demás.

    Fuutarou casi podría haber jurado que la vio echar vapor por los oídos de la rabia por el comentario, y efectivamente cuando terminaron de comprar cada uno su ración, la quinta hermana iba rumiando maldiciones contra el vendedor.

    - ¡Estúpido viejo! ¿Qué no ve que tenemos la misma cara? ¿Por qué a Ichika sí le dio descuento?

    - Ser quintillizas es complicado. – comentó Miku.

    - ¿Quieres que te dé un poco de los míos? – ofreció Ichika.

    - No gracias, no quiero sobras de otros. – dijo Itsuki indignada, mientras empezaba a comerse los suyos.

    Fuutarou se preguntaba si Itsuki estaba más molesta porque solo le dieron el descuento a Ichika, o porque no lo pudo conseguir para ella.

    - Bueno, ya que tú no los quieres… Fuutarou-kun, ¿qué tal si los compartimos, hmm? – le preguntó.

    - ¿Eh? ¿Yo? – preguntó algo sorprendido.

    - Son muchos para mí sola. – dijo cogiendo uno y levantándolo sugestivamente. – A ver, di "aaaahh".

    - Oye, no empieces. – dijo él, alejándose un poco y haciéndola reír.

    - ¡Solo era broma, qué delicado! – dijo Ichika. – Pero en serio, no me importa darte la mitad si quieres, y si es mucho para ti solo, siempre puedes compartir con Raiha-chan también.

    Honestamente esa movida lo tomó desprevenido, pero usar a Raiha como palanca… ese fue un golpe bajo. Aun así, finalmente abrió la bolsa y dejó que Ichika vaciara la mitad del contenido de la suya. Siendo sincero, por querer economizar no pudo comprar muchos para él, así que hizo una nota de agradecérselo después. Aunque tuvo que soportar que Yotsuba, Raiha y hasta Miku se rieran de su bochorno, mientras Itsuki y Nino continuaban mirándolos con molestia.

    - Bien, si los tortolitos terminaron de jugar, el festival sigue. – dijo Nino. – ¡En marcha, que el tiempo es oro!

    Así el grupo de siete continuó visitando prácticamente cada puesto del festival. A pesar de divertirse mucho en los juegos, Fuutarou se sentía humillado cada vez que competía contra alguna de las quintillizas en alguno para ganarle un premio a Raiha y salía perdiendo: primero, cuando intentó el de la campana y el martillo para medir la fuerza, casi se fue para atrás por el peso de este último sin poder golpear la palanca, y luego Yotsuba le dio tan fuerte que por poco no saca la campana volando. Muchos de los que miraban se rieron de que una chica fuera más fuerte que él.

    En un puesto de dardos para reventar globos compitió contra Nino e Itsuki, y aunque no fue tan aplastante parecían sentirse muy satisfechas de haberle atinado a más que él. El único consuelo fue que el peluche que él ganó fue el que más le gustó a Raiha. Tomaría eso como una victoria personal.

    Inclusive Miku, tan taciturna que se veía, pudo lucirse derribando las dianas en el juego de pistolas de corcho. Tenía mejor puntería que él, de eso no había duda. Estaba tan acostumbrado a ser el primero en lo que hacía que esta sensación no le resultaba fácil de digerir. Aunque de nuevo, todo lo que él hacía era estudiar.

    Con todo, no negaba que se estaba divirtiendo, y el pararse en cada puesto de comida (incluyendo posteriormente, pero sin limitarse solo a yakisoba, chocobanana, hielo raspado, y prácticamente todo lo demás del festival) no era algo malo en absoluto. Y desde luego, Raiha no dejaba de reír y divertirse con las quintillizas, que claramente se estaban encariñando con ella. Ver a su hermanita así de alegre hacía que cualquier humillación que hubiera sufrido se la llevara el viento.

    - Atención por favor. – sonó una voz femenina por los altavoces del lugar. – Les anunciamos que los fuegos artificiales comenzarán en cinco minutos. Por favor diríjanse hacia sus sitios de observación.

    - ¡Ya escucharon! – dijo Nino con voz mandona. – ¡Deprisa, vámonos a la tienda!

    Itsuki y Miku rápidamente se agarraron de Nino para no perderse cuando inevitablemente inició el tumulto, mientras Fuutarou caminaba detrás de ellas con Raiha de la mano, Yotsuba junto a él e Ichika "vigilando la retaguardia" (o eso fue lo que dijo).

    - Nino parece estar muy emocionada con todo este festival. – comentó el chico.

    - Todas lo estamos. – dijo Yotsuba, atrayendo la mirada de él. – Desde que tenemos memoria, todos los años veíamos los fuegos artificiales juntas con mamá. Ella los amaba, y nosotras también llegamos a hacerlo.

    - ¿De verdad?

    - Así es. – asintió ella. – Incluso después de que ella murió, seguimos haciéndolo. Es un recuerdo importante para nosotras.

    - Ya veo. – Fuutarou no pudo evitar que se le escapara una sonrisa. Ahora entendía por qué hacían tanto jaleo por estos fuegos que podían ver cada año, y hasta se sintió algo conmovido de que los invitaran a él y a Raiha para compartir ese recuerdo.

    En eso sonó un celular detrás de él, y se percató que se trataba del de Ichika, quien se detuvo para contestarlo. Ya estaban cerca de la tienda que había reservado Nino así que cuando todas las demás ya habían entrado, él imaginó que Ichika se les uniría cuando atendiera esa llamada. Raiha echó a correr junto con Yotsuba escaleras arriba, y él por su parte se tomó su tiempo antes de llegar.

    Pronto el cielo nocturno comenzó a iluminarse con las chispas multicolores por todas partes, y tanto Raiha como las hermanas Nakano se quedaron embelesadas observando el espectáculo. Extrañamente, no sabía si fuese por la atmósfera, o por estar rodeado por todas ellas, pero algo dentro de él le hizo empezar a apreciarlo también. Normalmente estas cosas no le emocionaban tanto, pero podía entender por qué a otras personas sí. Quizás era contagioso.

    Aun así, todos estaban tan absortos con el espectáculo que tardaron unos pocos minutos en darse cuenta de que faltaba alguien.

    - Oigan, ¿dónde está Ichika-san? – preguntó Raiha. Inmediatamente todas las hermanas empezaron a mirar alrededor de la azotea.

    - Hey, es cierto. – dijo Yotsuba. – Uesugi-san, ¿no estaba detrás de nosotros?

    - Lo estaba cuando llegamos al edificio. – dijo Fuutarou. De pronto entonces se acordó de algo más. – Esperen, cuando estábamos por entrar…

    - ¿Qué pasa? – dijo Nino viniéndole al paso. – ¡Habla de una vez!

    - ¡Calma! – exclamó Fuutarou. – Lo que iba a decir es que sonó su teléfono y se detuvo para contestarlo. Ya estábamos cerca así que no pensé que…

    Nino parecía que quería decir algo, quizás echarle la culpa por no decirles, pero al final se contuvo. Todas las hermanas se miraron entre sí. A su vez, Fuutarou se preguntaba si esa llamada había tenido algo que ver con su desaparición tan repentina. ¿Qué podría haber sido? Por la forma en como hablaban, este festival era muy importante para todas las hermanas, y obviamente no sería lo mismo si faltaba una.

    Nino cogió su teléfono y trató de llamar a Ichika, pero no tenía señal donde estaban. Las demás tampoco tuvieron suerte, así que solo les quedaba una opción.

    - Vean si pueden encontrarla. – dijo Nino, indicándoles a todos que se acercaran al barandal de la azotea. – Tú también. – agregó dirigiéndose a Fuutarou.

    Las cuatro hermanas restantes y Fuutarou se echaron a ver. Raiha se había montado en los hombros de Yotsuba para tener más rango de visión, pero entre tanta gente iba a ser muy difícil ubicarla. Fuutarou casi se preguntaba por qué le importaba tanto ayudarlas, si apenas las conocía, pero algo dentro de él le decía que no podía dejar las cosas así.

    - Nos vendrían bien unos binoculares ahora. – comentó, haciendo que Nino le frunciera el cejo. – Solo decía.

    Sin embargo, el echar un vistazo hacia los edificios un poco más lejos, alcanzó a ver lo que parecía ser una yukata naranja con amarillo y azul. La iluminación podría estar jugándole malas pasadas, pero señaló hacia allá esperanzado.

    - ¿Esa no es Ichika? – exclamó.

    Todas se acercaron para ver, y comenzaron a gritarle tratando de llamar su atención, pero a esa altura y con los murmullos de la gente parecía que no los escuchaba. Fuutarou se preguntaba por qué no había entrado con ellos. Todas sabían la dirección así que no podía haberse perdido, menos cuando ya estaban tan cerca de llegar.

    - Voy a bajar. – declaró el chico. – Algo debe estar pasando, y tendré que averiguarlo.

    - ¡Voy contigo, Uesugi-san! – exclamó Yotsuba.

    - No, quédate aquí. – le dijo él terminante. – Esto es importante para ustedes, ¿no es así? Verlo todas juntas. Yotsuba, cuida de Raiha hasta que regrese.

    - ¡Onii-chan, espera!

    Y sin decir más nada, e ignorando las quejas de su hermanita, corrió escaleras abajo. Mentalmente rezó para que no se moviera de allí hasta que él llegara.

    Sin embargo, una vez abajo Fuutarou se dio cuenta de que sería mucho más difícil llegar hasta Ichika de lo que se veía desde arriba. A diferencia de ellos, una gran cantidad de gente se había amontonado en la calle para observar los fuegos y al abrirse paso entre la multitud le resultaba casi imposible no chocarse contra alguien. Para cuando llegó a donde vio a la chica desde la azotea, ya no se encontraba allí.

    - Diablos, ¿dónde te metiste, Ichika? – preguntó.

    Viendo la hora en su celular se dio cuenta que ya habían pasado diecisiete minutos desde que iniciaron los fuegos y el tiempo seguía corriendo. ¿En qué andaba la hermana mayor para escabullirse del resto de esa forma?

    Dio un par de vueltas más y la encontró recostada junto a un poste, mirando su celular. Parecía que no se había fijado en él todavía, así que trató de acercarse aprovechando que, con todo el murmullo de la gente y los ruidos de los fuegos artificiales, sería difícil que lo oyera.

    Sin embargo, en cuanto ella lo vio, sin motivo aparente se dio la vuelta y empezó a correr en la dirección contraria. Él se quedó pasmado por un momento, antes de echar a correr y seguirla. Parecía que intentaba perderlo entre el mar de gente,

    - "¿A qué estás jugando?"

    La chica dio la vuelta detrás de unas escaleras y él brevemente la perdió de vista. De inmediato apretó el paso para que no se le escapara de nuevo, pero en cuanto llegó allí, ya no la vio más.

    - ¿Qué rayos…?

    - ¿Buscabas a alguien?

    - ¡Ack! – El chico se sobresaltó, y vio que ahí estaba Ichika, con su sonrisa coqueta habitual. Por alguna razón que no podía explicar la sentía peor que la sonrisa de chica tonta de Yotsuba, pero al menos ya la había encontrado.

    - Jaja, disculpa, ¿te asusté? – dijo ella.

    - Para nada. – mintió él. – Como sea, ¿por qué no subiste a la azotea con las demás? Te están esperando para ver los fuegos juntas.

    - Ah, sí… sobre eso... no podré ir.

    - No digas tonterías. – dijo él agarrándola de la mano. – Vámonos.

    - Oye, Fuutarou-kun, aún es muy pronto para que nos tomemos de la mano. – dijo ella, evidentemente resistiéndose.

    Quizás si él fuera físicamente un poco más fuerte podría habérsela llevado a fuerza, pero por desgracia no lo era, y la chica permaneció donde estaba, resistiéndose a su intento por hacerla caminar, pero extrañamente sin hacer esfuerzo por soltarle la mano.

    - Ichika, no estoy para juegos, vámonos. Las demás nos esperan. – insistió él.

    - ¿Cuál es la prisa? – replicó ella. – ¿Por qué no nos quedamos solo un ratito así?

    Él estuvo a punto de replicar que no podían perder su tiempo, pero entonces un par de mujeres que cargaban una tabla de notas con un bolígrafo se les acercaron.

    - Disculpen, por favor. Estamos haciendo una encuesta a los participantes del festival. ¿Podrían decirnos cuál es su relación?

    - ¿Eh? – Fuutarou se quedó pasmado con la pregunta tan repentina, pero antes de responder, la otra encuestadora dio su propia opinión.

    - Bueno, creo que no hace falta preguntar eso. – dijo con una sonrisa. – Evidentemente ustedes son novios.

    - Cierto. – dijo la otra. – Son una linda pareja si me permiten decirlo.

    - ¿Cómo? – preguntó él, y entonces su mirada se dirigió a donde estaba su mano entrelazada con la de Ichika. Era obvio que cualquiera que los viera de ese modo lo asumiría fácilmente.

    - Sí, de hecho, lo somos. – dijo Ichika, aferrándose a su brazo, tan fuerte que pudo sentir como presionaba sus pechos contra él. – ¿No es un chico lindo?

    Apenas podía imaginarse que su cara estaba, o ardiendo al rojo vivo, o habría perdido todo su color. En realidad no lo sabía; su mente estaba demasiado bloqueada como para decir algo. La mitad de su cerebro le gritaba que tenía que contradecir a Ichika y regañarla por semejante atrevimiento, y la otra estaba muy ocupada diciendo que si decía algo podría meterse en problemas.

    - Oh, perdónenlo. Es que es nuestra primera cita y el pobre está muy nervioso, ¿verdad? – dijo ella, en un tono que claramente denotaba diversión. – Si nos disculpan…

    No supo si agradecerle o recriminarle que lo arrastrara lejos de allí, de las encuestadoras y de esa situación tan incómoda. Para cuando se dio cuenta que podía pensar con claridad de nuevo y hablar, ella se lo había llevado a un callejón, y esto fue lo primero que le dijo:

    - ¿En qué estabas pensando? ¿Por qué les dijiste que éramos novios?

    - Oh, vamos, solo me estaba divirtiendo un poco. – sonrió ella. – Debiste ver tu reacción, no tuvo precio.

    - Sí, debió ser muy divertida, para ti. – dijo él molesto.

    - ¿Qué te pasa, Fuutarou-kun? – preguntó Ichika, poniendo una cara fingiendo sentirse herida. – ¿Tan malo te suena que pudiéramos ser novios? Porque a mí me encantaría.

    Esta vez, Fuutarou sí se sintió sonrojar. ¿Estaba hablando en serio, o solo lo decía para sacarle reacciones? Si era lo segundo, obviamente le molestaba que jugara de ese modo a expensas suyas. Pero si era lo primero…

    Si era lo primero, ¿qué debía pensar? Es decir, ¿por qué iba a fijarse una chica como Ichika en alguien como él? Después de todo, difícilmente ganaría premios por atractivo, ya fuese de físico o personalidad, y no había muchas chicas que gustasen de los cerebritos gruñones como él.

    - Los fuegos artificiales… son increíbles, ¿no te parece? – le dijo ella después de un rato de silencio.

    - Todas están muy emocionadas por verlos juntas. – dijo él. – ¿Me vas a decir lo que…?

    - Shhhh. – lo calló ella poniéndole el dedo en los labios. – Escucha, lo que te voy a decir ahora, no vayas a decírselo a las demás. No podré ver los fuegos con ustedes esta noche.

    Esta vez, Fuutarou no preguntó nada, ya que la quintilliza mayor estaba hablando con un tono inusualmente serio, totalmente diferente al que le había escuchado hasta entonces.

    - Me llamaron para un trabajo urgente, así que por eso no puedo ir con ustedes. – explicó Ichika. – Además, todas somos iguales, ¿quién notará que falta una de nosotras?

    - Muy graciosa. – dijo él. Desde luego que se dieron cuenta, aunque se tardaron un poco en notarlo. – ¿De qué clase de trabajo hablas?

    - Te lo contaré después. – dijo ella. – Mi colega me está esperando, pero creo que lo perdí de vista cuando me encontraste.

    - ¿Por eso trataste de huir de mí? – preguntó él, poniendo los brazos en jarras. – ¿Por qué no dejas el misterio y me dices de una vez lo que pasa?

    Ichika suspiró. De buenas a primeras, todo ese misterio parecía sugerir que podría estar metida en algo peligroso o cuestionable. ¿Por qué si no iba a querer guardar el secreto de sus hermanas? Aun así, mirarla fijamente pareció tener el efecto que él buscaba, y la hizo hablar.

    - Desde hace tiempo aspiro a convertirme en actriz profesional. No hace mucho conseguí un contacto con un asistente de cámara, y dijo que podría conseguirme un lugar en una audición pronto. Pero…

    - Te llamó justo esta noche, ¿no? – completó él. Ella se rio.

    - Qué ironía, ¿verdad? Justo la noche en que todas íbamos a ver los fuegos artificiales. Espero que mamá pueda perdonarme, aunque sea solo por esta vez.

    - ¿Por qué no les dices nada a las demás?

    - Quería que fuese una sorpresa. – dijo ella. – Estaba planeando decirles después de la audición si lograba que me seleccionaran para el papel.

    Muy bien, hasta esa parte parecía haber algo de lógica en la actitud de Ichika, pensó Fuutarou. Sin embargo, él había estado dando vueltas por el lugar buscándola, y no le parecía justo regresar sin ella. Como mínimo, Nino e Itsuki se lo iban a restregar en la cara. Mirando de reojo hacia un reloj al otro lado de la calle supo que ya habían pasado veinticinco minutos desde el inicio de los fuegos, y el tiempo seguía corriendo.

    - Mira, esto es importante para mí, así que quiero pedirte un favor. – prosiguió la chica de pelo rosa. – Quédate con ellas esta noche y cuídalas por mí, ¿sí?

    - ¿Por qué me tomas, por niñera? – preguntó él. – Ellas no necesitan que las cuide.

    - No me refiero a eso. Desde que mamá murió, las cinco hicimos la promesa de que siempre estaríamos juntas, que siempre compartiríamos todo. Pero esta noche no puedo hacerlo. Necesito estar segura de que alguien más ocupará mi lugar, solo por esta vez.

    Fuutarou podía entender lo que decía, pero ¿tenía que ser él quien ocupara ese lugar? De nuevo, no era que ella tuviese a alguien más en aquel momento a quién pedírselo ni mucho menos. Parecía que dicha responsabilidad había caído en él, y ahora tendría que llevarla.

    No obstante, aún quedaba otro problema.

    - ¿Qué les voy a decir? No creo que les guste saber que logré encontrarte, pero luego dejé que te fueras.

    - Oh, no te preocupes. – dijo ella volviendo a sonreír, evidentemente asumiendo que había aceptado su petición. – Solo diles que me viste subir al auto de un hombre mayor con bigote y que no sabes a dónde me llevó.

    - ¿Eso no las va a preocupar más? – preguntó él. Era una preocupación legítima.

    - Tú tranquilo. – aseguró ella, guiñándole el ojo. – Si todo sale bien, podré volver pasadas las nueve de la noche.

    En eso sonó el teléfono de Ichika de nuevo. La pelirrosa lo contestó y aunque Fuutarou solo oyó su lado de la conversación, evidentemente estaba confirmando que se iría y decidiendo un punto dónde podían encontrarla. No podía hacer nada para detenerla.

    - ¿Quieres acompañarme un rato más? – le preguntó. Al no ver motivo para negarse, él simplemente se encogió de hombros.



    Mientras esperaban a que llegara el auto a recogerla, Ichika le explicó que desde hacía poco más de medio año había estado actuando roles menores en algunas películas de bajo presupuesto, y que esperaba que esta audición pudiese catapultarla a hacer su debut. Quería sorprender a sus hermanas una vez que consiguiera el papel, y confiaba plenamente en que lo iba a lograr.

    Por lo visto la dedicación no era un rasgo exclusivo de Yotsuba; Ichika también demostraba tenerla, y él la respetaba por eso.

    - Yotsuba se ha esforzado mucho estudiando estas dos semanas, ¿sabes? – le dijo. – Dice que eres muy dedicado y sabes realmente lo que haces.

    - Es lógico, es por eso que me pagan. – dijo él, volteando la mirada.

    - No seas tan modesto. – dijo ella. – Aun así… también dice que eres demasiado serio. Deberías sonreír más, te haría ver más lindo. Y no es que seas feo, ¿eh?

    Fuutarou rodó los ojos, pero sintió que el rubor le subía a las mejillas. ¿Por qué tenía que ser así?

    - Yotsuba lo ha tenido muy difícil desde que la suspendieron de nuestra escuela. – prosiguió Ichika. – Todas contamos contigo para que puedas ayudarla. Y que podamos volver a estar todas juntas.

    - Me esforzaré por hacerlo. – aseguró él.

    - No lo dudo. – La pelirrosa volvió a sonreír, justo cuando venía un auto azul oscuro acercándoseles. – Bueno, ya vienen por mí. Deséame que me rompa una pierna.

    - ¿Qué dices?

    - ¿Oh, no se supone que así se desea buena suerte? – dijo ella, como si fuera lo más obvio. Fuutarou se llevó una palma a la cara.

    - Eso es para teatro, señorita. – señaló él, pero ella se rio de su propia equivocación.

    - ¡Ichika-chan! – dijo hombre con una voz ligeramente afeminada, bajando la ventana del conductor. Efectivamente, parecía un treintón y tenía un poblado bigote. – ¡Démonos prisa, el tiempo es oro!

    - ¡Sí, claro! – dijo Ichika, volviéndose hacia Fuutarou. – Bueno, ya lo sabes. Cuida de Yotsuba y las demás por mí, ¿de acuerdo? Cuento contigo.

    Y guiñándole el ojo, la vio girar alrededor del auto para subirse, y sin perder tiempo arrancó. El chico se quedó mirándolo hasta que se perdió de vista en la calle. No estaba del todo seguro del porqué había terminado aceptando lo que dijo la hermana mayor, pero ahora que lo había hecho, no podía echarse para atrás.

    El reloj de su celular le indicaba que quedaban todavía veinticinco minutos para que terminara el espectáculo. Ya no le quedaba más que volver con las otras y disfrutar del resto, y mantener el secreto de Ichika hasta que ella regresara.



    No haría falta decir que para cuando volvió a la azotea, Nino no se mostró nada contenta cuando lo vio regresar sin Ichika. Fuutarou cumplió su promesa de no decir lo que estaba haciendo, limitándose solo a decirles que ella huyó cuando lo vio (lo cual era cierto) y que se fue en un auto con un hombre mayor bigotudo, tal como ella le pidió. Por fortuna para él, Miku aparentemente ya la había visto salir antes de un auto similar llegando a casa, por lo que no tuvo que entrar en más detalles al respecto. Y aunque por un momento Nino quiso recriminarle el haberla dejado escapar, Yotsuba y Miku salieron en su defensa, diciendo que al menos hizo el intento y que no era su culpa si Ichika se le había escapado.

    No necesitaban saber que él la había dejado escapar porque ella lo convenció.

    - Dios, ¿por qué Ichika tuvo que escaparse? – se quejó Itsuki. – ¿En qué está pensando de todos modos?

    - Al menos aún podemos ver los fuegos. – dijo Raiha comiéndose una bolsita de dulces, haciendo que la quinta hermana relajara su expresión.

    - Tokugawa Ieyasu fue el primero en la historia de Japón en ver fuegos artificiales. Estos se originaron en China, pero al llegar a Europa fueron traídos junto con las armas de fuego. – comentó Fuutarou.

    - Qué aburrido, ¿a quién le interesan esas lecciones de historia? – exclamó Nino.

    - Yo lo encuentro fascinante. – dijo Miku, sacándole unas risitas a Yotsuba y Raiha, a expensas de Nino.

    Quedaba cerca de un cuarto de hora para las ocho de la noche, y con eso concluirían los fuegos. Aunque no había hecho gran cosa excepto comer junto con las demás, observar los fuegos y escuchar un poco las quejas por la ausencia de Ichika, Fuutarou tuvo que admitir que no había sido una noche tan mala. Mentiría si dijera que se había aburrido, y salvo por haber correteado antes a Ichika entre la multitud de gente, no había pasado nada que tuviera que lamentar.

    Y estaba el hecho de que la hermana mayor le había pedido que cuidara de las otras, aunque él no creía que lo necesitaran realmente. Parecía que mientras estuvieran juntas eran capaces de pasar cualquier cosa sin problemas.

    - Bueno, creo que solo me queda una cosa por hacer. – declaró de pronto Nino, hablando en un tono solemne. – En vista de que Ichika no está, yo soy la mayor y por lo tanto estoy a cargo.

    - Oye, espera, Nino, ¿cómo que estás a cargo? – se quejó Itsuki. – ¿A cargo de qué, de cualquier manera?

    - Déjame terminar. – dijo Nino. – Como dije, es nuestra tradición que las cinco hermanas veamos el espectáculo juntas, pero este año sin Ichika, me llevó a tomar una decisión. Yo, Nino Nakano, como segunda mayor de las cinco…

    Señaló hacia donde estaba él, y no pudo evitar sentir que se le hinchaba algo el pecho de orgullo. ¿Acaso habría pensado lo mismo que Ichika, que Fuutarou fuese a…?

    - … nombro a Raiha-chan como nuestra hermanita honoraria por esta noche. Quienes estén a favor levanten la mano ahora mismo.

    Un coro de "¡Ohhhhh!" sonó entre las tres quintillizas restantes y la propia Raiha, mientras que Fuutarou sintió que se volvía a desinflar el orgullo. Por supuesto; no iba a pensar en él, sino en Raiha. Sin embargo, los subsecuentes gritos de alegría y celebración de parte de todas, mientras se tomaban turnos para cargar a Raiha en sus hombros y apapacharla a más no poder bastaron para hacerlo olvidarse de eso.

    - ¡Yupiiii! ¡Raiha-chan será nuestra hermanita! – gritó Yotsuba.

    - ¡Al fin dejaré de ser la bebé de la familia! – exclamó Itsuki. – ¡Podré ser hermana mayor!

    - Ya no soy más la intermedia… – dijo Miku sonriendo.

    - Oye tú. – dijo Nino pasándole su teléfono. – Haz algo útil y tómanos una foto a las cinco, ¿quieres?

    Fuutarou quiso gruñir algo por el tono mandón de Nino, pero ver a Raiha haciéndole ojitos sirvió para que se le olvidara. Les pidió a las cinco que se formaran delante de él mientras preparaba la cámara.

    Yotsuba se sentó en cuclillas en todo el centro haciendo una V de la victoria con cada mano y con una amplia sonrisa que enseñaba todos los dientes, con Raiha montada en los hombros. Miku se puso del lado izquierdo, con una mano sobre el pecho y sonriendo de manera más relajada. Itsuki se puso del lado derecho, saludando con la mano. Y finalmente Nino, que se puso detrás de Yotsuba y Raiha, hizo una mueca de jalarse el ojo y sacar la lengua (que Fuutarou sospechó iba dirigida hacia él).

    - ¿Listas? – dijo antes de presionar el disparador, y al recibir asentimientos de todas, pulsó el botón para capturar la fotografía.

    Seguramente Raiha querría que le dieran una copia después. Una pena que no hubiese podido ser con las cinco, pero para una niña que siempre deseó tener una hermana mayor, cuatro de ellas a la vez era algo a lo que no le podría hacer ascos.

    Esa foto sería un buen recuerdo de ese festival, tanto para Raiha como para él.

    (--0--)
    9:27 pm, en un parque cercano…

    Aun después de que terminó el espectáculo, las hermanas Nakano no quisieron irse a casa todavía. Después de mucho intentarlo, Nino por fin logró que Ichika le contestara el teléfono y le dijo que la estaban esperando en un parquecito cerca del sitio del festival.

    Fuutarou estaba sentado en una banca, vigilando a su pequeña hermanita que se había quedado dormida. Yotsuba se le acercó, mientras las otras tres hermanas seguían aguardando a que Ichika apareciera. Todavía había una forma de que pudiesen cumplir su promesa.

    - ¿Seguro que a Raiha-chan no le molestará?

    - Fue su idea. – aseguró Fuutarou. – Es su forma de agradecerles por habernos invitado.

    - Jeje, eres muy afortunado de tener una hermanita tan linda. – dijo Yotsuba con una gran sonrisa.

    Poco antes de quedarse dormida, Raiha le sugirió darles a las quintillizas el set de mini fuegos artificiales que él le compró. Quizás no serían tan espectaculares como los del festival, pero viendo el lado positivo, podrían tenerlos solo para ellas y disfrutarlos juntas. Raiha no solo era una niña dulce y alegre, sino que también era muy inteligente para su corta edad.

    - Y bien, ¿te divertiste? – le preguntó Yotsuba, sentándose junto a él.

    - Hmm… mentiría si dijera que no. – dijo él. – Pero recuerda que mañana tenemos que volver a estudiar. Aun tienes que entregarme la tarea de hoy.

    - Lo sé, lo sé. – dijo la chica del lazo, enfurruñándose ligeramente. – Pero olvidémonos de eso solo por esta noche, ¿sí?

    Fuutarou se encogió de hombros, pero accedió a su petición. Yotsuba se había estado esforzando durante toda la semana y se había ganado su día de descanso. Aunque no estaba muy seguro al principio y solo aceptó ir por Raiha, al final sí se divirtió, eso no lo podía negar.

    A los pocos minutos oyeron un auto acercándose, y al detenerse Ichika bajó de él. La hermana mayor ya no llevaba su yukata; evidentemente había tenido que cambiarse de ropa para la audición, y de inmediato todas corrieron a recibirla.

    - ¡Llegas tarde! – exclamó Nino. – ¿Se puede saber dónde estabas?

    - Lo siento, de verdad. – se disculpó Ichika. – Surgió algo importante y no podía ignorarlo. Sé que lo habíamos prometido, pero…

    - Bueno, ya no importa. – dijo la segunda hermana. – Luego podrás explicarnos todo; ahora date prisa. Te estábamos esperando para abrirlos.

    Las hermanas se sentaron alrededor de una pequeña velita, que usaron para prender algunas luces de bengala. Yotsuba arrastró a Fuutarou para que también él cogiera una y la encendiera junto con ellas, y aunque no quería separarse de Raiha aceptó a regañadientes. Desde luego, el resto de los cohetes y demás que quedaron se los repartieron equitativamente entre ellas, y él no tuvo ningún problema con eso.

    - "¿Por qué me siento tan bien por dentro?" – dijo al volverse a sentar en la banca con Raiha.

    Llevaba apenas dos semanas de conocer a las quintillizas, y aunque no se llevaba bien con todas, el verlas a las cinco compartiendo los fuegos de ese modo le hizo sentir una extraña calidez por dentro. Se notaba que realmente eran muy unidas, y compartían todo entre ellas.

    ¿Sería porque habían perdido a su mamá? ¿Sería su forma de mantener vivo el recuerdo después de que las dejó, para sentir que todavía estaba con ellas? Quizás fuera en parte la razón, pero Fuutarou pensaba que quizás hubiera algo más allá de solo eso.

    Pero eso sería otra historia, para otra ocasión. Lo último que vio antes de perder su batalla contra el sueño fue a Yotsuba e Ichika aproximándose a su banca. Si querían decirle algo, tendrían que esperar al día siguiente.

    Esta historia continuará…

    Notas del autor:

    Tercer capítulo, y con eso tenemos cubierto el festival de fuegos artificiales. Siendo que este es un evento que ya no depende de los cambios que hice, lo superable era cómo hacerlo sin que resultara un calco del original. Lo mejor que pude pensar fue tratar de modificar algunas de las situaciones, a ver cómo resultarían con otra quintilliza (como cambiar a Miku por Ichika con las encuestadoras del festival), o que Raiha se acerque a otra de ellas, en este caso Nino, aunque también se lleva con Yotsuba e Itsuki. Eso me sirve para matar dos pájaros de un tiro, ya que eventualmente todas llegarán a ser familia y es bueno que se hagan a la idea. Fue una verdadera lástima que durante el trecho final del manga no se aprovechó la cercanía de Raiha con las quintillizas para profundizar en la relación, pese a que al inicio ella parecía apoyar que su hermano se juntara con Itsuki.

    Ahora, con respecto a Ichika, como dije no quiero hacer harem, pero intentaré que se lleve bien un triángulo amoroso incluso dejando claro quién será la ganadora desde el principio. En esta historia trataré de llevar a Ichika como siento que debió haber sido en el manga, y aunque el resultado esté cantado, quiero demostrar que ella habría podido salir del juego sin volverse villana de telenovela barata. En cuanto a las demás hermanas, si bien no las meteré en el idilio, tengo planes de darle a cada una su propia subtrama, y posiblemente uno que otro capítulo donde puedan ser las protagonistas, sin necesidad de que entorpezcan la relación de Fuutarou y Yotsuba ni que echen drama innecesario.

    Con eso concluye este capítulo. Respecto a las referencias a Pokémon, aunque la de Pikachu era muy obvia, dejé otra un poco más escondida. Le daré un premio especial sorpresa al que logre identificarla. ¿Se animan?
     
    Última edición: 9 Enero 2021
  4. Threadmarks: Capítulo 4
     
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    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    9880
    Capítulo 4: Cambio de perspectiva.​

    Preparatoria Asahiyama, campo deportivo…


    Yotsuba Nakano podría no ser la estudiante más brillante académicamente, y ella lo sabía muy bien. Pero si había algo donde realmente era buena, era en las actividades físicas. Deportes, trabajo pesado o cualquier otra cosa que requiriera esfuerzo físico, ella tenía el don para ello.

    Y ahora lo estaba demostrando en la clase de educación física. Las alumnas de las clases 2-1 y 2-4 estaban teniendo un partido amistoso de fútbol, aunque para igualar los números habían tenido que mezclarse entre ellas, redondeando para que hubiese más o menos igualdad entre los dos equipos. Sin embargo, la sola presencia de Yotsuba en el equipo A parecía inclinar la balanza a su favor, que llevaba ventaja de dos goles cuando iban a mitad del segundo tiempo.

    - ¡Deténganla, no dejen que avance! – exclamaba la capitana del equipo contrario.

    Pero por más que lo intentaban, ninguna era capaz de pararla. Yotsuba se movía con una velocidad y agilidad digna del protagonista de cierto manga de fútbol, sacudiéndose de encima a todas las defensoras enemigas con tanta facilidad que no importaba cuantas trataran de marcarla a la vez.

    Sin embargo, a pesar de haber anotado los dos goles para su equipo, Yotsuba no quería lucirse más de la cuenta. Aunque bien podría haber anotado un tercero desde su posición al acercarse al área, por la esquina del ojo divisó a una de sus compañeras, una chica de cabello largo y castaño, que había avanzado al otro lado. Se perfiló como si fuera a tirar, atrayendo la atención de la arquera y las defensas al instante.

    - ¡Matsui! – gritó, girándose en el último segundo para mandar un pase hacia la otra esquina del área, en vez de tirar al arco.

    Esta acción tomó desprevenidas a todas, tanto a las defensoras y la arquera contrarias como a su compañera de equipo. Sin embargo, Matsui avanzó de inmediato y dando un salto remató con la cabeza. Estando desmarcada ninguna de las defensoras pudo ir a cubrirla a tiempo, y la arquera se había alejado al enfocarse en Yotsuba dejando el otro extremo del arco desprotegido.

    Para cuando saltó fue demasiado tarde, y el balón fue a parar directo a la red.

    - ¡Sí! ¡Jajajaja, eso es usar la cabeza, Matsui! – exclamó Yotsuba, mientras la profesora, que hacía de árbitro, daba el silbatazo para validar el gol, y las demás corrían para celebrar.

    - Wow… no me esperaba que me pasaras el balón. – dijo Matsui, levantándose. – Podrías haber anotado fácilmente desde donde estabas.

    - Ah, pero qué dices. Somos un equipo, ¿no? – dijo Yotsuba sonriendo alegremente.

    Con eso el equipo A se anotaba su tercer tanto, ampliando la diferencia del partido, y poniéndoles aún más presión al equipo B.



    El partido concluyó 3-1 a favor del equipo A. Pese a la diferencia el equipo B se negó a caer sin pelear, y cuando, envalentonadas por el tercer gol las del equipo A decidieron buscar un cuarto, las defensoras interceptaron un pase que iba hacia Yotsuba e iniciaron un contraataque que culminó en un gol. A pesar de que no les quedaba tiempo para ganar, por lo menos no dejaron que sus adversarias se fueran limpias.

    - Ah, qué lástima que no logramos una victoria perfecta. – dijo Matsui, mientras recogía su bolsa.

    - Pero ganamos igual. – dijo Yotsuba, bajándose un trago de su botella de agua. – Ese fue un buen partido.

    - En serio, ¿hay algún deporte que no se te dé bien, Yotsuba? – preguntó la castaña. – Podrías competir a nivel nacional si quisieras. En el club de voleibol nos encantaría tenerte.

    Ya habían pasado tres semanas desde que Yotsuba fue transferida a la preparatoria Asahiyama, y no le costó nada de hacerse de un pequeño pero agradable grupo de amigas con quienes pasar el rato cuando no estaba estudiando. Una de ellas era Matsui, que a pesar de estar en la clase 2-4 y por ende solo coincidían en la clase de educación física, rápidamente congeniaron gracias a su interés compartido en los deportes. Matsui era miembro del club de voleibol, el cual, aunque hasta ese momento no había intentado activamente reclutarla, sí había demostrado interés.

    - Jejeje, podría, pero tengo otras cosas de qué ocuparme. – replicó la chica del lazo. – Aun así, si un día necesitan una jugadora extra, no duden en llamarme, los ayudaré con gusto.

    - Lo tendremos en mente. – dijo Matsui. – Por cierto, quería preguntarte algo. He notado que casi todos los días te vas a casa con ese chico amargado de tu salón…

    - ¿Uesugi-san? Ah, es que es mi tutor privado. – explicó ella. – Mi papá lo contrató para ayudarme con mis estudios.

    - Ya veo. – dijo Matsui. – Ya decía yo, esos rumores de que ustedes estaban saliendo no podían ser ciertos. Una chica como tú jamás se fijaría en un amargado serio como él.

    - Más bien sería al revés: él nunca se fijaría en alguien como yo. – dijo Yotsuba, riendo divertida y haciendo que Matsui se riera también.

    - Eso es verdad. Está tan enfocado en sus estudios que jamás podría conseguirse una novia, aunque quisiera.

    Aunque por fuera se estaba riendo, por dentro Yotsuba se sintió bastante ofendida por el comentario de Matsui, pero se contuvo de decirle nada. Obviamente, la castaña solo lo conocía por lo que le veía desde afuera, y por eso no la culpaba, pero Yotsuba sabía que, bajo esa apariencia de chico serio al que solo le importaba el estudio, estaba una persona realmente noble y amable, una que muy pocos conocían.

    A ella le gustaría que la gente lo viera más, y por eso se había propuesto ayudarlo a sacar ese lado suyo a flote, para que todos pudieran verlo y cambiaran esa opinión errónea que se formaron de él.

    - En fin, ¿te toca estudiar hoy también? – preguntó Matsui, a lo cual Yotsuba asintió. – Es una lástima, iba a invitarte a que fuéramos juntas a la hamburguesería, ya que rechacé ir a una cita múltiple con mis amigas.

    - ¿Y eso por qué? – preguntó Yotsuba. Matsui simplemente desvió la mirada ligeramente ruborizada, y de pronto, fue como si un foco se encendiera en la cabeza de la chica Nakano. – ¡Oh, ya sé! ¡Tienes a alguien que te gusta!

    - ¡Shhhh! ¡No lo digas tan alto, ¿quieres que todos te oigan?! – exclamó Matsui. Afortunadamente las demás estaban demasiado absortas en lo suyo para ponerle atención.

    - Perdón. – se disculpó Yotsuba, tapándose la boca. – Pero entonces… ¿sí te gusta alguien?

    Matsui miró a ambos lados y habló en voz baja también. – Sí, es un chico de mi clase. Pero es un poco tonto, y siempre me ignora cuándo trato de acercármele. Es muy frustrante.

    - ¡Entonces tienes que ser más agresiva! – le dijo Yotsuba. – ¡Si no capta las indirectas, tienes que ir y decírselo de frente!

    - Eso es fácil para ti decirlo. Yo no soy tan atlética ni tan alegre como para hacerme notar como tú.

    - ¡Pues tienes que llegar a serlo! – insistió la chica del lazo. – Y mira, si ese chico te ignora, es un tonto. ¿Cómo puede alguien ignorar a una chica tan bonita y agradable como tú?

    Matsui le sonrió, claramente conmovida por el cumplido. Por supuesto lo dijo con total sinceridad: llevaban pocas semanas de conocerse, pero fue una de sus primeras amigas y había sido muy agradable con ella al llegar a la escuela.

    Si ella se lo pidiera, con gusto le gustaría echarle la manita con ese chico, para que al menos voltease a verla.

    - Gracias por decirlo, eres una buena amiga. – dijo la castaña. – Bueno, ¿quieres hacer planes para otro día? Cuando no estés ocupada estudiando, claro.

    Yotsuba de nuevo tuvo que declinar la oferta, ya que iba a estar ocupada toda la semana estudiando, pero le prometió avisarle cuando pudiera hacer un espacio, aunque lo más seguro era que solo pudiera hacerlo hasta después de los exámenes.

    Hasta entonces, todavía tenía mucho por estudiar.

    (--0--)
    Apartamento Nakano…

    Las sesiones de estudio, de lunes a viernes todas las tardes después de clase, continuaban tan bien como se podía esperar. Para entonces, ya la rutina parecía haberse predeterminado, lo único que variaba era la materia elegida, y que ocasionalmente alguna de las otras quintillizas quisiera unírseles, ya fuese porque también necesitaran ayuda o quisieran aportar algo de sus propias materias favoritas.

    Aquel día en particular sucedía lo segundo. Ya que Yotsuba y Fuutarou estaban estudiando matemáticas, Ichika insistió en unirse a su sesión, diciendo que le haría bien repasar para su propio examen de matemáticas (y que le diría a su padre que le pagara extra por ese día), por lo que no encontró motivos para rehusarse.

    - Terminé. – declaró la hermana mayor, enseñando su libreta de ejercicios.

    Fuutarou la cogió para revisarla, y por la esquina del ojo vio a Yotsuba tratando de acelerar el paso con la suya para poder terminar también. Con un vistazo rápido comprobó todos los resultados y vio que estaban perfectos. Ichika no mentía al decir que era buena con los números. Asintió con la cabeza para expresarle su aprobación y la hermana mayor sonrió alegremente.

    - No sé para qué me pediste ayuda, parece que te las arreglas muy bien sin mí. – dijo él.

    - Nunca viene mal un segundo repaso, y con un compañero es mejor. – aseguró la pelirrosa, lanzándole una mirada coqueta.

    - ¡Listo, ya terminé! – anunció Yotsuba, pasándole su propia libreta a Fuutarou. – ¿Qué tal lo hice?

    De nuevo hizo un chequeo rápido, aunque se le hizo más sencillo comparar lado a lado sus resultados con los de Ichika. Lamentablemente, solo uno de los seis problemas que les puso a resolver estaba correcto, y tuvo que contenerse las ganas de suspirar y de regañarla, limitándose a mirarla. La chica simplemente se rio nerviosamente mientras se rascaba detrás de la cabeza.

    - Cometiste errores muy tontos. – dijo sin miramientos. – Deja de apresurarte y fíjate bien en los signos y los números. Uno solo que esté equivocado y todo el ejercicio se te arruinará.

    - Ah, cielos. – dijo Yotsuba, yéndose de sentón para atrás y agarrándose la cabeza mientras pataleaba como niña chiquita. – ¿Por qué soy tan torpe en matemáticas?

    - Fuutarou-kun, no seas tan duro con mi pequeña hermana. ¿No ves que está dando lo mejor que puede? – dijo Ichika, poniéndole la mano en la cabeza a Yotsuba.

    - Pues tendrá que dar mucho más si quiere mejorar. – dijo Fuutarou. – Los parciales están a la vuelta de la esquina y tendrá que practicar mucho más si quiere obtener buenas calificaciones.

    - ¿Puedo intentarlo de nuevo? ¡Por favor, dame otra oportunidad, esta vez lo haré bien! – suplicó la chica del lazo poniendo las manos en posición de rezo.

    Fuutarou le dirigió una mirada a Ichika, cuya respuesta no verbal claramente era "apiádate de ella y dale lo que pide". A pesar de quedarse algo estancados en matemáticas, por lo menos lo intentaba, y si al explicarle no le entendía del todo, Ichika lograba aclarárselo en un lenguaje más de su nivel, por decirlo de alguna manera. El chico admitía que no era malo tenerla como refuerzo.

    - Está bien. – dijo él, abriendo el libro. – Quedan estos tres, si puedes hacerlos bien, habremos terminado por hoy.

    - ¡Yay! – exclamó Yotsuba, y de inmediato empezó a apuntarlos en su libreta.

    Entretanto, mientras Yotsuba intentaba resolver los problemas, Ichika sacó su teléfono y distraídamente comenzó a pasar el dedo por la pantalla. Espiando por la esquina del ojo, Fuutarou vio que estaba pasando algunas fotos del festival de fuegos artificiales.

    Una pena que él usara un teléfono tan simplón, ya que ellas con gusto se las habrían transferido para que pudiera imprimirlas y enmarcarlas para Raiha.

    - Saliste muy lindo en esta, por cierto. – comentó Ichika, enseñándole una que le hizo quedarse pálido por un momento.

    Se había quedado dormido en la banca del parque donde se fueron a disfrutar de los mini-fuegos cuando Ichika regresó. Cuando despertó ya los habían metido a él y a Raiha a un auto de lujo (según le dijeron, el secretario de su padre los fue a recoger) para que los llevara a su casa, pero mientras tanto alguien lo movió y le dio a su cabeza una… cómoda almohada.

    La yukata verde de la foto delataba que había descansado en el regazo de Yotsuba.

    - ¿Tuviste dulces sueños esa noche? – preguntó Ichika provocativamente. Él no se dignó responder, solo desvió la mirada ruborizándose ligeramente. – Tomaré ese silencio como un sí. Con gusto yo te habría dado una almohada aún más cómoda.

    - No habría mucha diferencia entre tus piernas o las de Yotsuba. – señaló él.

    - ¿Quién habló de mis piernas? – replicó ella, y Fuutarou tragó en seco luego de tres segundos al entender qué era lo que estaba implicando.

    Afortunadamente, se salvó de tener que responder cuando un celular empezó a vibrar en aquel momento. Resultó ser el de Yotsuba, y la chica tuvo que interrumpir su tarea para poder contestar.

    - ¿Sí, hola? ¡Ah, claro! ¿Eh, entonces es mañana? Pero eso… sí, sí, está bien, se los prometí después de todo. Sí, estaré allí sin falta. Adiós.

    Yotsuba se guardó el teléfono y sin decir más nada se volvió a poner frente a Fuutarou poniendo las manos en posición de rezo mientras inclinaba la cabeza.

    - Uesugi-san, tengo que pedirte un enorme favor. – le dijo. – ¿Podríamos posponer la sesión de mañana?

    - ¿Posponerla? – preguntó él. – ¿Es que tienes algo más que hacer?

    - El club de basquetbol tiene un partido importante mañana. – respondió la chica. – Pero una de sus jugadoras principales se lesionó, y me preguntaron si podía sustituirla en caso de no recuperarse a tiempo.

    - Yotsuba tiene esa costumbre. – intervino Ichika. – Si alguien le pide ayuda, no es capaz de negarse.

    Fuutarou miró a ambas hermanas, primero a Ichika que sonreía ligeramente, y luego a Yotsuba que todavía mantenía su posición de súplica.

    - ¿Por qué no me avisaste antes de esto? – le preguntó.

    - Es un partido clasificatorio para el campeonato regional, así que no se había decidido la fecha. – explicó Yotsuba. – Me dijeron que si lo ganan podrán escoger un bloque para las regionales y con eso tener ventaja. ¡Se los prometí, no les puedo fallar!

    La chica parecía muy determinada a cumplir su promesa. Fuutarou no podía negar que estaba un poco molesto de que no le hubiera dicho nada, pero hasta ese momento ella había cumplido de manera muy diligente con sus sesiones, salvo aquella vez que llegó tarde, e incluso entonces ella se aseguró de reponer las horas perdidas.

    - Si no estudiamos mañana, tendremos que compensar el fin de semana. – dijo Fuutarou severamente. – ¿Eso está bien para ti?

    - ¿Significa que puedo ir? – exclamó Yotsuba con el rostro iluminado.

    - Si será solo por esta vez. – dijo él. – Si vuelves a hacer algún trato con otro club deportivo, quisiera que me avisaras de antemano, ¿entendido?

    - ¡Gracias, Uesugi-san! – exclamó Yotsuba, saltando a abrazarlo con tanta fuerza que por poco le tritura los huesos. – ¡Más vale que me vaya, tengo que confirmarles de inmediato!

    - ¡No tan rápido! – la detuvo él. – Primero termina los ejercicios, y esta vez, más vale que te salgan bien.

    Yotsuba volvió a sentarse y retomó su tarea tan rápido como pudo, aunque a la vez tratando de ser cuidadosa. A pesar de la prisa, a Fuutarou le pareció que con dos de tres correctos era suficiente y la dejó marcharse. Apenas lo hizo, la chica del lazo salió corriendo escaleras arriba hacia su cuarto para cambiarse la ropa, dejando a su tutor y a su hermana mayor en la sala solos.

    - Bueno, si esto significa que la sesión de mañana se cancela, ¿tienes planes? – preguntó la pelirrosa.

    - Si no habrá sesión podré seguir estudiando yo solo. – dijo él.

    - Cielos, ¿solo piensas en eso? – dijo Ichika, hinchando las mejillas. – ¿No quieres hacer algo diferente, salir de la rutina?

    - ¿Como qué? – inquirió él. Si estaba a punto de sugerirle que tuvieran una cita, la respuesta sería no, rotundamente.

    - No lo sé… ¿por qué no vas a ver el partido de Yotsuba? – le dijo, sorprendiéndolo.

    - No soy aficionado a los deportes. – dijo el peliazul secamente.

    - ¿No lo harías para apoyarla?

    Fuutarou miró fijamente a la quintilliza mayor, que volvió a sonreírle mientras apoyaba su mentón entre sus manos para devolverle la mirada.

    - Si me lo preguntas, estoy segura de que significaría mucho para ella si vas a verla. – insistió Ichika. – Eso la motivaría a estudiar mucho más.

    - ¿Tú lo crees?

    - Es mi hermana, y la conozco muy bien. Siempre que se siente motivada mejora su desempeño. Además, quizás se merece una recompensa de parte tuya, por todo su esfuerzo.

    En aquel momento, Yotsuba bajó corriendo las escaleras y tras despedirse de Fuutarou e Ichika salió del apartamento a toda prisa. Si hablaba de estar motivada, ciertamente Yotsuba se veía con mucha energía. Y aunque sus resultados estuvieran lejos de ser perfectos, la muchacha no dejaba de intentarlo hasta que le saliera bien.

    - ¿Por qué me dices todo esto? – preguntó el chico intrigado. Le costaba creer que Ichika no tuviera un propósito oculto detrás de todo esto.

    - ¿Está mal que quiera cuidar de una de mis hermanas? Soy la mayor después de todo, ese es mi trabajo. Quién sabe, tal vez hasta te diviertas un poco, falta que te hace. Por otro lado… – La pelirrosa cogió su teléfono enseñándole la foto que le tomó dormido. – Si no lo aceptas podría mostrar esta adorable faceta tuya por internet.

    Fuutarou tuvo un respingo ante dicho pensamiento. Si esa foto llegaba a publicarse, sus padres y su hermanita jamás dejarían de molestarlo. ¿Por qué iba tan lejos Ichika como para querer chantajearlo de esa manera?

    Bueno, si no había más remedio, tal vez ver a Yotsuba jugar su partido no sería tan malo.

    (--0--)
    Domo deportivo de la prefectura…

    Contrario a lo que muchos podrían pensar, Yotsuba estaba bastante nerviosa por el partido, tanto como lo estaba emocionada. Si bien tenía confianza en sus propias aptitudes, el basquetbol era un deporte de equipo y ella sabía que el triunfo no dependería solo de ella.

    Por esa misma razón había tenido que irse ayer de la sesión de estudio: necesitaba jugar una práctica con el club para familiarizarse con los movimientos de sus compañeras y saber cómo las podría apoyar de manera efectiva durante el partido. Afortunadamente, su talento natural ayudó a que pudiese adaptarse a ellas sin problemas. Pero una cosa iba a ser la práctica, y otra muy diferente sería el partido real.

    - Pon atención, Nakano-kun. – dijo la entrenadora. – Durante la primera mitad, observa los movimientos del equipo contrario y analízalos. Busca los puntos débiles y cualquier cosa que puedas aprovechar para superar a tus oponentes.

    - Entendido, entrenadora. – aseguró la chica.

    El equipo contra el cual iban a jugar era la preparatoria Mizuho, un equipo bastante talentoso que había ido un par de veces a las nacionales, si bien en años recientes no habían ganado. El plan era reservarla como su arma secreta para la segunda mitad.

    Las titulares salieron a la cancha, ya ataviadas con el uniforme azul del equipo visitante, mientras las de Mizuho salían de blanco, y Yotsuba se quedó en la banca mientras el anunciador mencionaba los nombres de la alineación inicial.

    - Por el equipo de la preparatoria Asahiyama, como base Ran Miura, como escolta Touko Takashina, como pívot Marii Hongo, como alera Kazuho Aikawa, y finalmente como ala-pívot Tsugumi Isshii.

    »Por el equipo de la preparatoria Mizuho, como base Satomi Anzaki, como escolta Mai Moritaka, como pívot Mutsumi Akiyoshi, como alera Keiko Ogami, y finalmente como ala-pívot Katsumi Kusano.

    »El partido se jugará a veinte minutos por tiempo. El equipo que gane ganará el derecho a elegir su bloque en las regionales. ¿Están listas?

    Inmediatamente todas las jugadoras respondieron con un enérgico "¡SÍ!" mientras se colocaban alrededor del círculo central para saltar. El árbitro sonó su silbato y arrojó el balón al aire, dando por iniciado el partido.

    La pívot del equipo de Mizuho, Akiyoshi, rápidamente tomó ventaja de su estatura más elevada y ganó el balón, empujándolo hacia la zona de Asahiyama. Anzaki corrió a recogerlo y logró encestar antes que pudiesen alcanzarla, dándoles los primeros dos puntos, mientras sus compañeras inmediatamente retrocedían para defender su canasta. El equipo de Asahiyama rápidamente cogió el balón para iniciar el contraataque, pero se encontraron una férrea defensa cuando iniciaron un bloqueo de jugadora a jugadora tratando de presionar fuera de la zona de tres puntos.

    - ¡Vamos, ustedes pueden! – exclamó Yotsuba tratando de animarlas.

    Sin embargo, cuando la capitana Hongo trató de adentrarse en la zona de tiro libre, la pívot de Mizuho bloqueó su tiro apropiándose del balón, otra vez tomando ventaja de su superioridad física, y de inmediato comenzó a driblar. Las chicas de Asahiyama trataron de marcarla, pero la gigantona hizo un pase alto hacia la alera Ogami, que corrió hacia la zona de nuevo, y aunque esta vez llegaron a defender, alcanzó a hacer un tiro con salto de media distancia, anotando dos puntos más.

    En los primeros cuatro minutos, el equipo de Mizuho claramente dominaba: mantenían una férrea defensa debajo del tablero, y por más que las de Asahiyama trataban de anotar, parecían bloquearles todos sus intentos. Sus primeros puntos apenas vinieron cuando Takashina se arriesgó a lanzar un tiro desde fuera de la zona de tres puntos. El balón no entró en el aro, pero afortunadamente la capitana Hongo logró atrapar el rebote y encestar, dándoles los primeros dos puntos al equipo de Asahiyama. Aunque ya para entonces la diferencia era notable: 13-2 a favor del equipo de Mizuho.

    Afortunadamente, a partir de ahí las jugadoras de Asahiyama parecían ya haber tomado el ritmo del juego y comenzaron a coordinarse mejor. Las de Mizuho contaban con una pívot más corpulenta y mejor para defender debajo de la canasta, de modo que ahora tocaba arriesgarse con tiros de media y larga distancia. No obstante, uno de los puntos débiles del equipo de Asahiyama era que no contaban con una tiradora de tres puntos confiable. En contraste, la escolta de Mizuho, Moritaka, ya había notado dos tiros de tres puntos en apenas los ocho primeros minutos del partido, y la entrenadora tuvo que ordenar que le hicieran doble marca para impedir que se ampliara la brecha.

    Yotsuba comenzó a apretar los puños; estaba ansiosa por entrar. Ella tal vez no fuese muy alta de estatura, pero era una corredora rápida y podía hacer buenos tiros de larga distancia, lo que ayudaría mucho a reducir la diferencia. Para cuando alcanzaron la marca de diez minutos en el reloj, el marcador ya estaba 23-14 a favor del equipo de Mizuho. Claramente estaban tratando de mantener la brecha en diez puntos o menos para evitar tener más dificultades en la segunda mitad, y por ello tuvieron un serio problema cuando Aikawa cometió una falta defensiva, dándoles dos tiros libres a Mizuho que pudieron encestar, aumentando la diferencia a once puntos.

    - Tiempo fuera. – pidió la entrenadora, y de inmediato las jugadoras se acercaron a la banca. – Vamos, chicas, sé que estamos enfrentándonos a un oponente muy fuerte, pero no pueden desmoralizarse.

    - Lo sabemos, entrenadora. – dijo Hongo. – Pero no es tan sencillo. Esa pívot gigantesca es muy fuerte, no le puedo ganar en uno a uno.

    - Entonces jueguen en equipo. Recuerden que de eso se trata el basquetbol.

    - Entrenadora, ¿no podemos dejar que entre ya Nakano-san? – dijo Miura. – De verdad nos vendría muy bien ahora.

    - Ese no era el plan. – dijo la entrenadora severamente. – No podemos revelar tan pronto a nuestra carta de triunfo.

    - ¿Y qué más da? – protestó Takashina, cruzándose de brazos. – Si de todas maneras solo podremos tenerla por este partido.

    La entrenadora cruzó los brazos mirando severamente a la jugadora, que pareció dar un respingo al verle esos ojos de pistola. Para romper la tensión, Yotsuba decidió intervenir:

    - ¡Ánimo, chicas! Solo tienen que resistir hasta que termine la primera mitad. ¡Ustedes son buenas jugadoras, no tienen que depender totalmente de mí!

    Las jugadoras se miraron entre ellas. Yotsuba no podía hacer mucho más por ellas: sabía que solo era un apoyo temporal para este partido y por eso no debían acostumbrarse, y como la entrenadora no la dejaría entrar hasta la segunda mitad, solo podía quedarse observando. Pero si no podía ayudar dentro de la cancha, al menos tenía que encontrar otras formas de apoyarlas hasta que pudiera salir a jugar.

    - Nakano tiene razón. – dijo la capitana. – No debemos depender de ella. ¡Vamos a enseñarles a las de Mizuho de qué estamos hechas!

    - ¡SÍ!

    El partido se reanudó. Durante la segunda mitad del primer tiempo, el ritmo de anotaciones se aceleró. La entrenadora insistió en reforzar la doble marca sobre Moritaka para evitar sus canastas de tres puntos. Un tiro afortunado debajo de la canasta de Hongo, sumado a una falta defensiva de la pívot de Mizuho sirvió para cortar ligeramente la brecha, dándoles tres puntos en la jugada, y gracias a eso, las de Asahiyama se sintieron envalentonadas para comenzar a presionar más a sus rivales.

    Para cuando sonó la chicharra del medio tiempo, el marcador había quedado 48-39. Asahiyama había logrado dejar la diferencia en nueve puntos cuando la capitana hizo un bloqueo milagroso en la última jugada, evitando que la pívot gigantona Akiyoshi pudiese encestarles, y Aikawa se hizo con el rebote, logrando retener el balón en esos últimos tres segundos. Lo habían hecho bien considerando todo.

    - Nakano-kun, empieza a calentar durante el descanso. – dijo la entrenadora.

    Yotsuba sonrió y se puso de pie de un salto. Estaba ansiosa por salir a jugar. Se quitó la chaqueta y empezó de inmediato a hacer estiramientos, mientras la entrenadora iba para anunciar el cambio de jugadora. El descanso se fue volando, mientras las demás comenzaban a reevaluar su estrategia para comenzar su contraataque.

    En cuanto a Yotsuba, el papel de ella era muy simple en teoría. Si estaba desmarcada, intentaría anotar. Si no, pasaría el balón a quien estuviese mejor ubicada.

    - ¡Se reanuda el partido! – anunció el árbitro. – ¡Jugadoras a la cancha!

    - Contamos contigo, Nakano-san. – dijo Takashina, chocando la mano con Yotsuba antes de irse a la banca.

    - ¡Déjalo en mis manos! – exclamó la chica del lazo, guiñándole el ojo con confianza.

    De nuevo las jugadoras se agruparon en el círculo central, listas para el salto. Antes de la segunda mitad, la capitana Hongo le instruyó a Yotsuba que fijara la vista en el balón, ya que estaba segura de que intentarían iniciar igual que en la primera mitad.

    Y efectivamente así fue: Akiyoshi ganó el balón empujándolo hacia el lado de Asahiyama, solo que esta vez parecía apuntar hacia el lado donde estaba Moritaka, lo que quería decir que querían abrir con una jugada de tres puntos.

    - ¡No lo permitiré! – exclamó Yotsuba.

    La chica del lazo corrió tan rápido como pudo, logrando ganarle de mano a su rival y empezando a driblar hacia la cancha contraria. Para cuando finalmente las de Mizuho se dieron cuenta de lo que pasó, Yotsuba había llegado hasta su área, pero en vez de ir por una canasta bajo el tablero, se detuvo frente a la línea de tres puntos.

    - ¿Qué haces, Nakano-kun? ¡No lo hagas, juega a lo seguro! – gritó la entrenadora.

    - ¡Deténganla! – exclamó Anzaki desde el otro lado.

    Pero fue demasiado tarde: Yotsuba pegó un salto desde la línea de tres puntos y arrojó el balón antes de que sus oponentes llegaran. Su lanzamiento fue certero: el balón pasó silbando por la red anotándoles tres puntos y reduciendo la diferencia solo a seis. Gracias a la acción rápida de Yotsuba, las otras pudieron ponerse debajo de su tablero para defender del contraataque.

    - ¡Bien hecho, Nakano! – gritó Hongo. – ¡Todas, a defender nuestra canasta!

    Las jugadoras de Mizuho se habían quedado en shock por esta jugada tan atrevida, pero rápidamente se repusieron. Ogashi le pasó el balón a Anzaki que comenzó a avanzar driblando mientras las demás tomaban posiciones para el ataque.

    - ¡Nakano-kun, debes marcar a Moritaka! – indicó la entrenadora. – ¡No permitas que tire de tres puntos!

    - ¡Entendido! – exclamó Yotsuba, e inmediatamente se puso frente a la susodicha jugadora, bloqueándole el paso sobre la línea de tres puntos.

    - Ese fue un buen tiro, pero yo también puedo hacerlo. – le dijo mientras se disponía a tirar.

    Yotsuba saltó preventivamente, pero la jugada resultó ser un engaño y Moritaka fue a pasarle el balón a Akiyoshi que estaba sobre la línea de tiro libre, dispuesta a encestar. Pero en ese instante, Hongo apareció para entorpecerle el tiro, haciendo que el balón cayera fuera del aro. Yotsuba atrapó el rebote e inmediatamente echó a correr driblando hacia el tablero contrario.

    - ¡Vuelvan a defender, deprisa!

    Las jugadoras de Mizuho regresaron a defender su tablero. Para cuando Yotsuba llegó al área, Anzaki y Moritaka le hicieron doble marca para impedirle tirar de tres puntos. En vista de esto, la chica Nakano pasó el balón por debajo de las piernas de Moritaka y avanzó rápidamente para encestar con una bandeja, dejando el marcador 48-44.

    - ¡Buena canasta, Nakano! – exclamó Hongo. – ¡Cuatro puntos de diferencia, chicas, vamos!

    Al regresar, nuevamente pudieron iniciar la defensa jugadora a jugadora, con Yotsuba marcando a Moritaka. En vista de que la chica del lazo le bloqueaba sus tiros de tres puntos, la escolta de Mizuho se vio forzada a hacerle una finta y encestar desde adentro para anotar solo dos puntos en lugar de tres. Inmediatamente Asahiyama inició su contraataque con Miura llevando el balón mientras las demás se colocaban en posición de ataque.

    - ¡Nakano-san!

    Estando marcada por Moritaka, Yotsuba recibió el balón y trató de quitarse a la defensa de encima. Moritaka la presionaba mientras todas sus demás compañeras eran marcadas por el equipo contrario, manteniéndolas fuera de su alcance para pasarles.

    - No dejaré que anotes.

    - Eso lo veremos. – replicó Yotsuba, y haciendo un pivote se giró para saltar hacia atrás, por encima de la línea de tres puntos.

    Moritaka no pudo más que ver sorprendida como el balón describía un arco sobre ella y se adentraba en el aro, silbando otra vez al atravesar la red. Ahora el marcador estaba 50-47, la brecha de puntos se acortaba un paso con cada jugada.

    - ¡Muy bien! – celebraron las jugadoras de Asahiyama.

    En los siguientes cinco minutos, el ritmo de anotaciones comenzó a aumentar de nuevo. Ahora eran las jugadoras de Mizuho las que estaban tratando de mantener la brecha, solo ocasionalmente logrando aumentarla por uno o dos puntos antes de volver a perderla. Los papeles se habían invertido y ahora estaban intentando presionar a Yotsuba con doble marca para que no pudiese tirar, pero eso siempre dejaba a una jugadora libre para que pudiese darles asistencias y que encestaran en su lugar.

    Cuando quedaban trece minutos y medio en el reloj, el marcador había quedado 70-67. En un intento desesperado por frenar la nueva ofensiva de Asahiyama, las de Mizuho hicieron un cambio de marca, y a Yotsuba la estaba cubriendo la pívot Akiyoshi. Cuando la chica Nakano trató de encestar otro tiro de tres puntos, la gigantona le hizo un tapón ilegal, empujándola de sentón contra el piso, a lo cual el árbitro inmediatamente pitó.

    - ¡Falta, número 4 de Mizuho!

    - Ay, eso me dolió. – se quejó Yotsuba frotándose la retaguardia. – ¡Oye, lo hiciste a propósito!

    - Perdón, creo que se me fue un poco la mano. – dijo la pívot.

    Yotsuba frunció el cejo, percibiendo que no estaba siendo sincera. Aunque pensándolo bien, desde que entró al partido las del otro equipo habían empezado a jugar mucho más desesperadas, evidentemente su presencia estaba surtiendo un efecto tanto en sus compañeras como en sus rivales. La marea del partido había cambiado, y ahora eran las de Mizuho las que se sentían presionadas.

    - ¡Número 14 de Asahiyama, tres tiros libres! – declaró el árbitro, pasándole el balón una vez que se puso frente a la línea de tiro libre.

    Yotsuba respiró profundo y lanzando con calma, encestó sin problemas el primero, lo cual sus compañeras celebraron. Así lo hizo igualmente con el segundo, dejando la diferencia solo en un punto. Bastaría encestar este y habrían empatado.

    Pero quizás… ella podría hacer algo para presionarlas aún más.

    En cuanto le devolvieron el balón para el tercer tiro, le dirigió una mirada furtiva a la capitana Hongo, guiñándole el ojo brevemente. Esta vez, en lugar de apuntar hacia el medio del aro, apuntó hacia la parte de adentro, y lanzó con un poco más de fuerza haciendo que el balón esta vez no entrara, sino que saliera despedido fuera del tablero.

    - ¡Un rebote! – exclamaron al unísono todas las jugadoras.

    Y de alguna manera entre toda la maraña de manos, la capitana Hongo logró hacerse con el balón, encestando para darles dos puntos. El marcador por fin les daba la vuelta: 70-71 a su favor, y de inmediato el público comenzó a rugir de emoción.

    - ¡Estamos arriba! – exclamó Hongo triunfante.

    Yotsuba alcanzó a ver en la banca que la entrenadora se llevaba la mano al rostro. Esa había sido una táctica válida sin duda, pero muy arriesgada. Sin embargo, Yotsuba tenía plena confianza en que Hongo lograría atrapar el rebote para encestar, y así fue.

    Ponerse arriba en el marcador por primera vez elevó los espíritus de las jugadoras de Asahiyama, que de inmediato comenzaron a jugar más a la ofensiva. Las de Mizuho replicaron de inmediato con una canasta propia para volver a tomar la delantera, pero al ser solo un punto de diferencia no dejaron que eso mermara sus ánimos. Otra vez trataron de pasarle el balón a Yotsuba para intentar una canasta de tres puntos, pero la corpulenta pívot de Mizuho trató de actuar como un muro para impedirle tirar.

    - ¡Miura-san! – exclamó la chica Nakano, mandándole el pase a su compañera.

    Miura se introdujo en la zona de tiro libre, donde logró colar una bandeja entre las defensoras Ogami y Kusano para volver a darle vuelta al marcador. Las de Mizuho inmediatamente se lanzaron a contraatacar hasta que volvieron a encestar, y Asahiyama replicó de la misma forma.

    El ciclo continuó repitiéndose, con ambos equipos defendiendo la línea de tres puntos para impedir anotaciones más altas. Al acercarse a la barrera de los cinco minutos, el marcador había quedado 82-81 a favor de Mizuho, y cuando Isshii intentó adelantarse para que le mandaran un pase largo, Akiyoshi lo interceptó de un manotón, enviando el balón hacia las líneas laterales.

    - ¡Ya lo tengo, ya lo tengo! – exclamó Yotsuba lanzándose a tratar de salvarlo, pero casi se estrelló con la mesa de los jueces al pegar un enorme salto.

    La pelinaranja no logró atrapar el balón, y se levantó algo adolorida por el golpe que se dio. Afortunadamente no se había lastimado más allá de golpearse un hombro, y tuvo que mover el brazo para sacudirse la molestia y comprobar que no se lo había dislocado.

    - ¡Yotsuba, eso fue muy imprudente!

    Inmediatamente la chica paró las orejas al escuchar esas palabras. Esa voz… de inmediato miró en la dirección de donde vino.

    - ¿Uesugi-san? – exclamó levantando la mirada y poniéndose de pie.

    Efectivamente, Fuutarou estaba de pie en las tribunas, a un lado del grupo de animadores que vinieron para apoyar al club de basquetbol. El corazón de la chica comenzó a latir a gran velocidad apenas se cruzaron sus miradas.

    - ¡Uesugi-san! ¡No puedo creerlo, viniste para apoyarme! – exclamó la chica emocionada.

    - ¡¿En qué estabas pensando?! ¡¿Intentas romperte algún hueso?! – replicó él, aparentemente ignorando su comentario.

    - ¡Descuida, no me pasó nada! – aseguró la chica. – ¡Pero gracias por preocuparte por mí!

    Desde donde estaba lo único que vio la chica fue que Fuutarou se llevaba una mano a la cara y sacudía su cabeza. Ya que no pudo salvar el balón le tocaba volver a ponerlo en juego al equipo de Asahiyama, y en lo que el árbitro se lo pasó, respiró profundamente.

    Ahora con más razón tenían que ganar.

    - ¡Capitana! – exclamó arrojándole el balón a Hongo.

    La capitana de Asahiyama recibió el balón y de inmediato comenzó a driblar, y las jugadoras de Mizuho comenzaron a hacer marca de una a una. Yotsuba se puso frente a su oponente, que de nuevo era Akiyoshi, y le mandaron el balón a ella.

    - ¡No te dejaré anotar! – exclamó la gigantona.

    Pero Yotsuba no la escuchaba. En la mente de la chica del lazo había solo un pensamiento: Fuutarou estaba observándola, había venido para apoyarla, y no podía verse como una idiota frente a él. Ese pensamiento multiplicó por diez las fuerzas de la muchacha, que haciendo un pivote se libró de su adversaria y al ver por la esquina del ojo a Isshi le pasó el balón, y vio con satisfacción como su compañera corría hacia el tablero para hacer una bandeja y encestar, aumentando a tres puntos la diferencia.

    - ¡Buena asistencia, Nakano! – dijo Isshi chocándole la mano mientras regresaban para defender su canasta.

    Las jugadoras de Mizuho rápidamente se lanzaron hacia ellas, y Akiyoshi saltó para ejecutar una clavada logrando encestar. Pero al volver las de Asahiyama para el contraataque, Yotsuba de nuevo ejecutó una jugada arriesgada: al verse marcada por la pívot enemiga en la línea de tres puntos, lanzó un tiro de arco altísimo, que no tenían manera de bloquearlo, y aunque el balón rebotó dos veces en el aro, finalmente se deslizó por la red, poniéndolas cuatro puntos arriba.

    Ese disparo terminó sellando el curso de lo que restaba del partido. Envalentonadas por el resultado, las jugadoras de Asahiyama comenzaron a pasarle constantemente el balón a Yotsuba, que en la jugada siguiente tras un robo de balón anotó otra canasta de tres puntos para incrementar la diferencia todavía más. Las de Mizuho comenzaron a desesperarse, pero el ataque de Asahiyama ahora parecía imparable, y al ir aumentando el puntaje tenían que preocuparse cada vez menos por la defensa. A raíz de esto, el equipo de Mizuho se vio forzado a hacer triple marca en Yotsuba, lo que dejaba a dos jugadoras despejadas para que pudiesen anotar cuando ella no era capaz de hacerlo.

    En la última jugada, a pesar de tener ya el triunfo asegurado, Yotsuba estaba peleando contra la marca triple de Akiyoshi, Moritaka y Ogami, que estaban decididas a cerrarle el paso. No querían caer sin pelear.

    - ¡No dejaremos que anotes más! – exclamó la gigantona.

    - ¡Eso lo veremos! – Yotsuba hizo una finta, saltando para hacerles creer que trataría de encestar, pero en vez de eso le arrojó el balón a Hongo que estaba desmarcada y trató de tirar.

    No obstante, el balón dio en el tablero y quedó perdido, y las de Mizuho apenas pudieron sentir un par de segundos de alivio antes que Yotsuba, cuando solo quedaban dos segundos cogía el rebote en el aire y arrojaba el balón otra vez a la canasta. El balón pasó silbando por la red justo cuando sonaba la chicharra que marcaba el final del encuentro, contando dos puntos más.

    Marcador final del partido, 86-99, a favor de Asahiyama. Las jugadoras inmediatamente se amontonaron alrededor de Yotsuba, abrazándola y gritando de alegría mientras la multitud las aplaudía. La chica Nakano se sentía muy feliz por la victoria, pero todos los gritos y felicitaciones de sus compañeras se vieron silenciados, ya que dentro de su cabeza ella solo tenía ojos para una sola persona.

    El chico con una expresión indescifrable en su rostro. ¿Se sentiría feliz por ella, orgulloso tal vez? No podía esperar a hablar con él, aunque por ahora, tenía que formarse para felicitar junto con sus compañeras al equipo contrario, que a pesar de haber perdido jugaron con tanto corazón como ellas.

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    Más tarde en los vestidores…

    Las jugadoras de Asahiyama se sentían exhaustas y no daban para más. Yotsuba no se sentía tan agotada, aunque quizás eso se debiera en parte a que solo jugó medio partido. No obstante, a pesar del cansancio todas estaban felices con el resultado.

    - Estuviste increíble, Nakano. – dijo la capitana Hongo. – Gracias a ti pudimos jugar de tú a tú con una escuela de nivel nacional, ¡y les ganamos!

    - Especialmente los últimos cinco minutos. – agregó Miura. – Fue como si hubieras explotado o algo, de pronto te volviste imparable.

    - Jejeje, bueno, supongo que me emocioné. – dijo Yotsuba con modestia.

    - Es una pena que solo te hayamos tenido por este partido. – suspiró Isshi. – Contigo podríamos incluso ganar en las nacionales.

    Yotsuba se quedó mirándolas. Realmente eran chicas agradables y muy dedicadas, y no podía negar que disfrutó mucho de jugar con todas ellas. Pero en ese momento ella tenía compromisos mucho más importantes. Por eso no se les podía unir a tiempo completo. Aun así, gracias a esta victoria podrían elegir un bloque en las regionales que les diera ventaja, y seguro se las podrían arreglar bien sin ella.

    Al salir del vestidor, las chicas del equipo se sorprendieron de ver que había alguien recostado junto a la puerta, con los brazos cruzados. Yotsuba notó que algunas parecían reconocer a Fuutarou, cuya mirada gélida pareció intimidarlas brevemente, pero si estaba allí, probablemente quería hablar con ella.

    - Adelántense, las alcanzo después. – les dijo.

    El equipo se fue, dejando a la chica del lazo a solas con su tutor. Una vez que desaparecieron dando la vuelta a la esquina, ambos se mantuvieron en silencio por un momento. Yotsuba al principio quería dejar que él hablara primero, pero al ver que no decía nada, decidió tomar la iniciativa.

    - Me alegra que hayas venido a verme. – le dijo.

    - Ichika fue la que lo sugirió. – respondió el en tono neutral. – Puedo ver que los rumores sobre ti eran ciertos. Eres una gran atleta.

    - Jeje, una de las pocas cosas para las que soy buena. – dijo Yotsuba rascándose detrás de la cabeza. – Ojalá fuese igual para los estudios.

    - Aun así, tuviste suerte en algunas ocasiones, si me permites decirlo.

    - ¿Cómo?

    - Por ejemplo, ¿qué fue eso de fallar el último tiro libre para anotar dos puntos con el rebote? – le dijo con los brazos en jarras. – Y lanzar un tiro con un arco tan elevado, podrías haber fallado.

    - Vaya, no sabía que te gustara el basquetbol. – dijo la chica del lazo con una gran sonrisa.

    - No es que me guste, solo he leído un poco al respecto. – dijo él. – Y luego cuando saltaste para salvar ese balón, ¿qué hubiera pasado si te hubieras roto la espalda o algo?

    - Oh, ¿Uesugi-san está preocupado por mí? – se burló Yotsuba, mirándolo con ojos en rendijas y con la mano en el mentón.

    - No te pongas como Ichika ahora, por favor. – dijo él desviando la mirada. – En cualquier caso… felicidades. Admito que fue un buen partido una vez que entraste a jugar. No era divertido ver cómo le pateaban el trasero a nuestra escuela.

    - Muchas gracias. – respondió ella.

    El corazón de la chica Nakano se aceleró de nuevo. Recibir un cumplido o felicitación de él significaba mucho para ella, y se sintió invadida por una sensación muy cálida. Solo por el hecho de que él estaba presente fue capaz de jugar como lo hizo. De alguna manera, la sola presencia de Fuutarou la hacía sentirse capaz de cualquier cosa.

    - Bueno, ahora que ya cumpliste, es hora de que discutamos lo de las horas de estudio perdidas. – dijo él. – Vamos a tener mucho que recuperar. Espero que no se te haya olvidado, ¿eh?

    Oh sí, estaba eso también. Claro que no se le había olvidado, y ahora que había podido ayudar al equipo de basquetbol, tenía que dedicarse a sus responsabilidades principales.

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    Apartamento Nakano, durante el fin de semana…

    En un inusual giro de acontecimientos, el día perdido de estudio terminó siendo recuperado por partida doble. El viernes por la tarde, Ichika sugirió que, si Fuutarou quería recuperar las horas perdidas y hacer algo de tiempo extra, podría simplemente quedarse a dormir un par de noches en el apartamento. Naturalmente, Itsuki y Nino protestaron en contra de esto, pero al someterlo a votación quedaron dos a dos. Al final el "no me molesta que se quede" de Miku fue tomado como un voto a favor, para molestia de la segunda y quinta hermanas.

    Con todo, aunque sí hicieron horas extras no todo fue estudio: una vez que terminaron de cubrir los temas que habían quedado pendientes, Ichika y Yotsuba sugirieron que se sentaran a jugar cartas, juegos de mesa, ver películas o algún otro tipo de entretenimiento. Las sesiones de estudio terminaron volviéndose fiestas de pijamas por decirlo de alguna manera.

    - Mano izquierda al rojo. – declaró Miku, girando la ruleta mientras jugaban al Twister.

    Naturalmente, Nino e Itsuki se negaron a participar en este juego, no queriendo tener contacto físico con Fuutarou, así que únicamente Ichika y Yotsuba jugaban activamente sobre él. En aquel momento, el chico estaba retorcido con los brazos y pies como mesa de campamento, con Yotsuba arriba e Ichika debajo de él, y a diferencia de las dos chicas, no estaba disfrutando para nada de este juego.

    - Ya… no… aguanto. – dijo cuándo finalmente los brazos se le entumieron y terminó desplomándose encima de la quintilliza mayor.

    - Fuutarou e Ichika están fuera. – dijo Miku.

    - ¡Yay, otra vez volví a ganar! – exclamó Yotsuba.

    - No puedo creer que me ganó una chica que a su edad usa pijamas de oso. – dijo Fuutarou luego de levantarse.

    - Fuutarou-kun, debes aprender a ser más… flexible. – dijo Ichika burlonamente.

    - Esto es ridículo, ¿no se supone que esté aquí para trabajar, no para jugar? – preguntó Itsuki.

    - Ah, vamos, Itsuki, tú tampoco te quejaste cuando jugamos cartas. – señaló Yotsuba, haciendo que la pelirroja hinchara las mejillas.

    - Me habría gustado hacer más trivias de historia. – comentó Miku.

    - Rayos, si hubiera sabido que él se iba a quedar de más, no hubiese hecho bocadillos extras. – se quejó Nino.

    - Al menos no se desperdiciaron. – dijo Ichika, y luego miró el reloj. – Oh, miren la hora que es, el tiempo pasa volando cuando se está gozando, ¿no? Creo que mejor ya nos vamos a la cama.

    - Aw, yo quería jugar un rato más. – dijo Yotsuba. – ¡El Twister se estaba poniendo divertido!

    - Sí, porque siempre ganas. – señaló Nino. – Bueno, ¿en dónde va a dormir nuestro "invitado"?

    - Supongo que tendremos que ofrecerle una de nuestras habitaciones. – dijo Ichika. – ¿Alguna voluntaria? Si no la hay con gusto le cederé la mía.

    - ¿Estás loca, en esa zona de desastre? – protestó Yotsuba. – Uesugi-san, mejor será que uses mi habitación.

    - Si no hay más remedio. – dijo él con tono de resignación, antes de bostezar. – Estoy demasiado cansado para oponerme ahora.

    Yotsuba lo llevó hacia el piso superior, aunque no sin antes echarle una mirada a su hermana mayor, que parecía guiñarle el ojo con aprobación. Su habitación era la tercera puerta de los dormitorios, justo entre las de Itsuki y Miku. Abriendo la puerta se encontraron un cuarto lleno de plantas, ya que la cuarta hermana también tenía una afición por la jardinería.

    - Hmm, así que así son las habitaciones estilo occidental. – dijo Fuutarou, examinando la cama.

    - Espero que estés cómodo. – dijo Yotsuba. – ¡Buenas noches, que tengas dulces sueños!

    Mientras cerraba la puerta, Yotsuba involuntariamente se llevó la mano al pecho. No cualquier chica iba voluntariamente a ofrecer su cuarto para que un chico durmiera en él, menos tratándose de… no, no podía pensar en eso ahora. Él solo era su tutor después de todo, y él prefería mantenerlo de ese modo.



    Pese a lo que dijo antes de "zona de desastre" sobre el cuarto de Ichika, a Yotsuba le tocó compartir la cama con su hermana mayor. Itsuki y Nino no estaban de humor para aceptarla esa noche, y aunque Miku no tenía problemas, Ichika prácticamente se la llevó con ella.

    Al final resultó que había una razón para ello: quería que pudiesen hablar en privado, sin que las demás escucharan.

    - Entonces… Fuutarou-kun sí fue a tu partido después de todo. – murmuró de repente.

    - Dijo que fue porque tú lo convenciste. – dijo Yotsuba. – Confiesa, ¿con qué lo chantajeaste?

    Ichika se rio, fingiendo inocencia. Yotsuba hinchó las mejillas y gruñó ligeramente: conocía a su hermana mayor lo suficiente como para saber sus métodos para persuadir a los demás. Si las provocaciones con su físico no funcionaban, el chantaje y la negociación sí.

    - Igual no iba a hacerlo, pero él no necesita saber eso. – dijo Ichika, cogiendo su teléfono (¿cómo pudo encontrarlo en ese desastre?) y encendiéndolo para abrir las fotos.

    Concretamente, las fotos del festival, y fue pasándolas una a una hasta que llegaron a la que lo mostraba a él durmiendo en el regazo de Yotsuba. Las dos hermanas sonrieron al verlo de ese modo: no podían negar que era una faceta realmente adorable suya, aunque a él le resultara vergonzoso.

    - Es muy lindo cuando duerme, ¿verdad? – dijo Ichika. – Demasiado para compartirlo con nadie más.

    - Estamos rompiendo la promesa que hicimos a mamá, ¿sabes? – señaló Yotsuba. – De compartir todo siempre entre las cinco.

    - No creo que esté mal en este caso. – dijo Ichika. – No es que Nino, Miku o Itsuki tengan interés en él, ¿o sí?

    Yotsuba no respondió de inmediato, pero sonrió. Ella, igual que Ichika, sabía que Fuutarou en el fondo no era tan malo como aparentaba, solo que esa imagen de chico estudioso y serio lo ocultaba demasiado bien. Poca gente podía ver a través de eso, como ellas dos, aunque el festival de fuegos artificiales dejó entrever algo de su verdadera personalidad con las demás.



    Después de que Ichika regresó, pudo explicarles lo que había sucedido y por qué se les había escapado durante el festival. Sobra decir que las cuatro hermanas Nakano estaban muy sorprendidas, pero también orgullosas de la mayor al enterarse de su deseo de convertirse en actriz. Luego de compartir algunos cohetes juntas, Yotsuba e Ichika se dirigieron hacia la banca donde estaba sentado Fuutarou, para que se les uniera.

    - ¡Uesugi-san, no te quedes allí, vamos a…! ¿Uesugi-san?

    - ¿Oh? – Ichika movió la mano delante de su cara. – Vaya, debe estar de verdad muy cansado.

    Efectivamente, tan cansado que se quedó dormido con los ojos abiertos. Las hermanas intercambiaron miradas, y con unas risitas supieron exactamente qué hacer. Ichika le cerró los párpados con cuidado, mientras Yotsuba se sentaba en la banca al tiempo que lo movían con cuidado, para apoyarle la cabeza en el regazo.

    - ¿Crees que estará cómodo así? – preguntó Yotsuba.

    - Nuestras piernas son suaves como nubes. – replicó Ichika. – No podría encontrar una almohada más cómoda. Excepto tal vez…

    - Ni lo sueñes. – dijo Yotsuba. – Ya se sentiría bastante avergonzado el pobre, no le echemos más.

    - Solo bromeaba. – dijo Ichika, sacando su teléfono para fotografiar al chico. – Pero a la próxima vez pido mano de hacerlo yo, ¿está bien?

    Ichika se sentó en la banca de al lado, donde Raiha dormía tranquila, y entonces ella y Yotsuba se quedaron en silencio, mientras observaban a las otras tres jugando con las bengalas. A pesar de haberse perdido la mayor parte de la noche, Ichika no se veía nada deprimida; Yotsuba pudo ver que parecía estar más sonriente de lo usual, y no era para menos si por fin había asegurado algo en su trabajo de ensueño.

    - Aun no puedo creer que no nos lo dijeras antes. – dijo la chica del lazo rompiendo el silencio.

    - Ya se los expliqué: quería sorprenderlas. – se excusó la mayor, luego bajó la voz. – Esto iba a ser muy importante, por eso le pedí a Fuutarou-kun que no les dijera nada.

    - ¿Es decir que te encontró? – dijo Yotsuba en el mismo tono, para que las demás no la oyeran.

    - Así es. Tuve que explicarle lo que pasaba, y le pedí que no les dijera nada para no arruinar la noche. No más de lo que yo ya lo había hecho, en cualquier caso.

    - Bueno, sin duda te echamos en falta. – admitió Yotsuba, para luego mirar a la niña que dormía del otro lado de la banca. – Pero Raiha-chan pudo sustituirte muy bien. Nino quiso que fuera nuestra hermanita honoraria.

    - ¿Solo honoraria? – dijo Ichika. – ¿No quisieras que fuera oficial?

    Yotsuba se sonrojó. Ya antes lo había sugerido "en broma" cuando se encontraron con los hermanos Uesugi en el arcade, aunque ella no pensaba que realmente él fuese a aceptar algo así. No con ella al menos.

    - ¡Oigan, ustedes dos! – las llamó Nino. – ¡Solo nos quedan cinco cohetes! ¡Vamos a lanzarlos todas juntas!

    Yotsuba e Ichika intercambiaron miradas brevemente. Con mucho cuidado acomodaron a los hermanos durmientes uno junto a la otra antes de dejar la banca y reunirse con sus hermanas. Efectivamente, quedaban solo cinco cohetes pequeños en la caja, uno para cada una de ellas.

    - Muy bien… a la una…

    - A las dos…

    - ¡A LAS TRES!

    La idea era que cada una de las hermanas eligiera un cohete distinto: Itsuki, Nino y Miku efectivamente tomaron uno cada una, pero las manos de Yotsuba e Ichika terminaron eligiendo el mismo, y las dos se quedaron viéndose una a la otra algo sorprendidas.

    - Ah, ¿tú querías este? – dijo la mayor. – En ese caso no hay problema. Me quedaré con el otro.

    - ¿Segura? – preguntó la cuarta hermana.

    - Lo viste primero, ¿no es así? – replicó Ichika guiñándole el ojo.



    - Ichika… – dijo Yotsuba saliendo de los recuerdos. – La noche del festival… ¿te referías al cohete, o…?

    - ¿Eso tiene importancia? – preguntó Ichika. – Todas somos quintillizas. Siempre habrá cosas que nos gusten a todas, y a menudo por igual. Pero a veces… hay que ceder un poco para que las demás sean felices.

    - ¿Por eso le dijiste que fuera a verme al partido? – dijo Yotsuba. – Podrías haberlo invitado a salir o algo. A mí no me hubiera molestado.

    - Tal vez, pero no me arrepiento. Él también debería verte a ti. Es lo justo.

    Que la viera a ella. ¿Ichika de verdad hablaba en serio? Yotsuba se preguntaba si realmente merecía que Fuutarou voltease a verla a ella. No era que no lo quisiera, pero… ¿de verdad se lo merecía? Él ya había dejado muy claro que ella no era su tipo de mujer. Después de todo, ¿cómo iba a gustarle una chica tonta e inmadura como ella?

    (--0--)

    Flashforward, cinco años en el futuro…

    Mientras aguardaba ansiosa en el camerino, contemplé mi reflejo en el espejo. En otro tiempo, podía haber creído que la mujer vestida de novia que me devolvía la mirada no podía ser yo. Podría haber sido cualquiera de nosotras cinco, y eso habría estado bien para mí. O eso me habría dicho entonces, tratando de calmar mis propias culpas.

    Pero hoy, sé que no es un sueño. Esta mi realidad.

    Es el día más feliz de mi vida, después de haber superado esas dudas que durante tiempo me atormentaron. En otro tiempo me habría preguntado, ¿merecería estar aquí? ¿Merecería ser yo la que pasará el resto de su vida con ese hombre tan maravilloso? ¿Ese hombre que me enseñó tanto, que me inspiró a convertirme en lo que soy? Él me diría que sí, que sí lo merezco, pero yo me habría cuestionado si alguna de mis otras hermanas podría haber ocupado mi lugar sin problemas. Somos idénticas después de todo.

    Pero ya no. Hoy, mi deseo de niña, que en aquel entonces parecía tan egoísta, finalmente se cumplió. Soy única, destaco por encima de mis hermanas, pero solo a los ojos del hombre que amo, y eso es lo único que importa. Incluso, aunque nos viéramos físicamente iguales, él sabría quién de las cinco soy yo. Después de todo, hace años que superó esa prueba del amor verdadero, ese pequeño juego de quintillizas que hicimos para ponerlo a prueba. Por supuesto, yo nunca dudé que lograría encontrarme, pues sé que sus sentimientos por mí son tan reales como los míos por él.

    Me doy la vuelta y veo que mis hermanas están allí. Hemos estado juntas durante toda nuestra vida, y hoy no será la excepción. Incluso en el tiempo que quise valerme por mí misma y evitar arrastrarlas conmigo, nunca me sentí sola. Ellas siempre estuvieron allí, y sé que siempre lo estarán pase lo que pase. Sé que hoy debería ser solo mi día, pero estoy feliz de poder compartirlo con ellas.

    Y donde quiera que esté mamá, espero que esté observando. Que vea que nuestro lazo como hermanas es más fuerte que nunca.

    Esta historia continuará…

    (--0--)

    Notas del autor:

    Okay, aquí traigo un capítulo con un poco de contenido original. El manga no hizo tanto énfasis en el talento deportivo de Yotsuba, en el sentido de que pudiéramos verla competir en partidos o competencias reales, así que pensé que podría mostrar ese partido que jugó con el equipo de basquetbol. No es que tenga mucha experiencia escribiendo partidos deportivos, pero me gusta pensar que más de veinte años de ver series como Captain Tsubasa, Slam Dunk, Eyeshield 21 o Diamond no Ace me servirán de algo. ¿A ustedes qué les pareció? Tengo planes para otros capítulos de este tipo, aunque no necesariamente con basquetbol, sino con otros deportes, ya que sabemos que Yotsuba estuvo en varios clubes anteriormente. Si no captaron las referencias, los nombres de las jugadoras, tanto del equipo de Asahiyama (excepto la capitana, que según la wiki es la única con un nombre confirmado) como del de Mizuho, son del manga de basquetbol Dear Boys, aunque para las compañeras de Yotsuba tuve que dar versiones femeninas de los jugadores masculinos. Es lo duro de trabajar con personajes sin nombre.

    Lo otro también, quería mostrar un poco de su propia perspectiva (por eso el título). Hasta ahora he relatado la historia mayormente desde el punto de vista de Fuutarou, pero hace falta que de vez en cuando podamos ver un poco del lado de ella, algo que faltó en el manga para darle más desarrollo en el presente (no estoy contando los flashbacks). Sin mencionar ponerla a interactuar con otros personajes que no sean Fuutarou o sus hermanas. Por ejemplo, no pierdan de vista a esta chica Matsui, tengo planes futuros para ella (ya que igual que la mayoría, fue un personaje menor que podría haber tenido mucho potencial y fue relegado a un rol mínimo y casi sin importancia).

    En fin, creo que ya no me queda nada que decir. Espero que lo hayan disfrutado y hasta la próxima.
     
  5. Threadmarks: Capítulo 5
     
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    Total de capítulos:
    9
     
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    Capítulo 5: Exámenes parciales.​

    Preparatoria Asahiyama, salón 2-1…

    A dos meses de haber comenzado con sus tutorías, entre estudiar y tener que ayudar a Yotsuba cuando se atrasaba o no entendía, Fuutarou andaba ocupadísimo, apenas con tiempo para respirar. Si no fuese porque le estaban pagando muy bien por ello, tal vez ya lo habría dejado hacía mucho. Pero viendo lo poco inclinada académicamente que era la chica Nakano, no les quedaba más que estudiar y repasar a diario.

    A mediados de octubre, el profesor anunció que los exámenes parciales iniciarían en dos semanas. Fuutarou volteó a ver por encima del hombro y notó que Yotsuba garabateaba sonriente en su cuaderno. A veces se preguntaba qué tanto fallaba el índice de atención de la muchacha, y qué podría estar haciendo que era más importante que escuchar lo que decía el profesor.

    Cuando sonó la campana del descanso, esperó a que se despejara un poco el salón antes de acercársele. Como siempre, notó que le echaban algunas miradas de recelo por andar con ella, pero para entonces ya se había acostumbrado, y toda la clase ya sabía perfectamente que estaba siendo tutor de ella.

    - Y bien, ¿cómo estás para los exámenes? – le preguntó seriamente.

    - Jejeje, bueno, si no fuera por tu ayuda ahora estaría mucho peor, supongo. – dijo la chica del lazo rascándose detrás de la cabeza. – Aunque si soy sincera… tengo confianza.

    - Bien, no es malo ser optimista. – dijo él. – Ya logré que estés al día con los temas, así que ¿puedo confiar en que podrás valerte por ti sola esta semana?

    - ¿Por qué? – preguntó Yotsuba sorprendida. – ¿No vas a ayudarme?

    - Esta semana estaré algo ocupado después de clases. – explicó él. – Uno de los empleados en nuestra panadería se enfermó y mamá necesita un reemplazo temporal.

    - Oh, ya veo. – asintió la chica al comprender. – En ese caso creo que puedo arreglármelas sola. Y si hace falta supongo que también puedo pedirles ayuda a mis hermanas.

    - Mientras no te descuides. – dijo él. – De todos modos, reanudaremos las tutorías la semana antes de los exámenes, y tendremos que aumentar el ritmo para compensar. Así que nada de compromisos con clubes deportivos, ¿está claro?

    - ¡Entendido, Uesugi-sensei! – dijo la chica haciendo saludo militar con una gran sonrisa.

    Fuutarou suspiró. Ya estaba acostumbrándose a esos hábitos suyos, pero no quería decir que le terminaran de gustar. Después que se corriera la voz sobre el partido de basquetbol, otros equipos deportivos se habían mostrado interesados en Yotsuba y quisieron reclutarla, incluyendo los de voleibol y softbol, que le pidieron jugar con ellos para unos partidos amistosos. donde demostró ser igual de buena, si no mejor, en ambas disciplinas. Eso solo iba a acrecentar los intereses de otros clubes que quisieran tenerla en sus filas, y eso le preocupaba.

    A pesar de que la chica había dejado claras sus prioridades, Fuutarou no descartaba que alguno de los clubes pudiese tener pocos escrúpulos, para aprovecharse de su disposición a ayudar a quien se lo pidiera. Una cualidad admirable, si lo admitía para sí mismo, pero fácilmente explotable considerando que Yotsuba no era capaz de negarse a menos que se comprometiera con otra cosa primero. En ese sentido, tuvo suerte de haberle dicho preventivamente que tenía que estudiar, de ese modo no se sentiría tan culpable por rechazarlos.

    Al menos por esa parte, podía tener la certeza de que la chica Nakano no se iba a tratar de escaquear sus deberes, incluso cuando él no estuviera vigilándola. Si se comprometía a hacer algo, lo cumpliría a cabalidad. Eso lo había podido ver durante las últimas ocho semanas, y no le había dado razones para pensar que dejaría de hacerlo.

    Además, unos días de descansar de ella y sus hermanas no sonaban mal. No era que detestara su compañía (excepto tal vez la de Nino e Itsuki, y se imaginó que ellas no objetarían a que él no apareciera en su apartamento por unos días), pero hasta él podía aburrirse un poco de la rutina. A veces necesitaba un cambio de ritmo.



    Quedando todavía unos minutos antes de la siguiente clase, Fuutarou aprovechó de ir al baño. Sin el murmullo del salón de clase tenía más libertad de pensar en lo que venía. Los exámenes serían la prueba de fuego, el punto de control donde vería realmente qué tan bien había hecho su trabajo y qué tanto habría mejorado Yotsuba.

    - "Bueno, considerando que estaba en ceros cuando inició el trimestre, algo tiene que haber mejorado." – pensó.

    Algunos dirían que eso sería ser optimista. Para él, eso era simplemente ser realista. Además, él había visto que Yotsuba le estaba poniendo todo su esfuerzo en ello. Había hecho ya casi todo lo que estaba en su mano por el momento, y lo único que le quedaba era ayudarla a repasar durante la semana final antes de los parciales.

    - Pareces muy concentrado. – dijo de pronto alguien.

    Fuutarou casi se sobresaltó; estaba tan inmerso en sus pensamientos que no se había percatado de que había alguien en el urinal de al lado. Por reflejo volteó a verlo, y se dio cuenta que no era un alumno de su salón, pero tenía aspecto de ser de su mismo año. Llevaba su uniforme con corbata y suéter, y sus ojos y cabello de color claro le daban un aspecto de "niño bonito". Totalmente lo contrario a él.

    - Es obvio, los exámenes se aproximan. – dijo él, tratando de ignorarlo. – Si no me concentro reprobaré.

    - Dicen los rumores que has estado muy ocupado últimamente. – dijo el chico. – ¿Haciéndole de tutor a una estudiante?

    Fuutarou volteó a verlo de nuevo. ¿Era idea suya, o le parecía que el chico echaba chispitas brillantes como en las series donde resaltaban el atractivo? Y también, ¿era necesario que violase su espacio personal de ese modo?

    - Me están pagando por ello. – dijo Fuutarou. – ¿Algún problema con eso?

    - Oh, no, de ninguna manera. – dijo el niño bonito antes de subirse la cremallera y dejar el urinal para ir hacia el lavabo. – Solo que espero que eso no te distraiga. No quisiera que mi rival baje su rendimiento antes de los exámenes.

    Y diciendo eso, habiendo terminado de lavarse las manos, salió de allí, dejando a Fuutarou levantando una ceja.

    - "¿Rival? ¿Quién era ese sujeto?" – se preguntó.

    (--0--)
    Panadería Uesugi…

    Contrario a lo que muchos pensarían, Fuutarou no pasaba la totalidad de su tiempo estudiando. Cuando no estaba ocupado con sus deberes académicos, el muchacho buscaba formas de ayudar a su familia, ya fuese consiguiendo trabajos de medio tiempo, o como ahora, prestando un par de manos extra en la panadería de su madre.

    Su papá se había llevado a Raiha a pasar el día en el parque de diversiones. Él habría ido gustoso en su lugar si no fuera porque su mamá necesitaba su ayuda, y se ofreció voluntariamente a ello, y aunque se ofreció a pagarle, él se rehusaba rotundamente a ello. Después de todo, ya estaba recibiendo buenos honorarios por las tutorías de Yotsuba y no era que le urgiese dinero extra por el momento. Aunque al final, unos panecillos gratuitos no sonaban como un mal sustituto de efectivo por ayudar en el negocio familiar.

    En ese momento se encontraba vigilando la caja registradora mientras su madre colocaba algunas bandejas de pan recién hecho, cuyo olor impregnaba todo el lugar y ciertamente abría el apetito. El chico tenía que recordarse constantemente que era mercancía para vender para resistirse la tentación de comérselo, ya que como a todos le encantaba. Afortunadamente, la campanilla que avisaba de un cliente ayudaba a mantener esas tentaciones a raya.

    - Bienvenido, ¿en qué podemos…?

    El chico se cortó en seco cuando vio quién, o mejor dicho, quiénes, acababan de ingresar: cinco rostros idénticos aunque con expresiones variando desde alegría y emoción hasta clara molestia por verlo en ese lugar.

    - ¡Hola, Uesugi-san! – lo saludó Yotsuba alegremente. Ichika hizo lo propio, y Miku se limitó a alzar la mano.

    - Qué sorpresa, Uesugi-kun. – dijo Itsuki, en un tono que era a medias educado y a medias tajante. – El día que elijo para que mis hermanas conozcan el lugar y también estás aquí.

    - El local es de mi familia, ¿algo de malo con que les ayude? – se defendió el chico, respondiéndole de la misma manera.

    - Bueno, por darles crédito, huele bastante bien aquí dentro. – dijo Nino. En eso se acercó la madre de Fuutarou, que acababa de terminar de acomodar los panes.

    - Disculpen, ¿en qué podemos…? ¡Oh, pero si son…!

    - ¡Buen día, señora Uesugi! – la saludó Yotsuba. – Itsuki quiso venir a comprar algo de pan aquí, así que aprovechamos de venir todas para conocer el lugar.

    - Ya veo. – dijo la mujer, mirando a las cinco hermanas. – Bueno, debo decirlo, es más impresionante verlas a las cinco juntas. Son unas quintillizas muy lindas, si me lo permiten.

    Las cinco hermanas reaccionaron de manera diferente al cumplido: Yotsuba e Ichika se rieron halagadas, Nino e Itsuki desviaron la mirada para ocultar su rubor y Miku simplemente se limitó a sonreír. Tras las presentaciones, las cinco se dividieron y se pusieron a mirar por el local en busca de lo que se le antojaba a cada una.

    - Qué simpáticas son las hermanas de Yotsuba. – comentó la mujer a su hijo.

    - Algunas lo son, otras no tanto. – dijo el chico, ordenando los billetes y monedas en la registradora.

    - ¿No será porque les hiciste algo? – preguntó la señora mirándolo de manera acusadora. – ¿O algo que les dijiste?

    Fuutarou miró por la esquina del ojo. Sabía perfectamente lo que quería decir su mamá: después de todo, ella estuvo aquel día que Itsuki visitó su panadería por primera vez. Afortunadamente no la espantó y volvió de nuevo a comprarles regularmente, pero no le dejaban de recordar que debería disculparse por los comentarios que hizo. Él les dijo que ya lo había hecho, aunque fue por insistencia de Yotsuba.

    En cuanto a Nino, Yotsuba le había dicho que solía ser arisca con los desconocidos, y aunque técnicamente ya no lo fueran, seguía sin caerle bien por razones que escapaban a su comprensión. No sabía cuál era su problema y francamente no tenía deseos de averiguarlo.

    Pero hoy, como estaba trabajando y ellas eran clientes, las hostilidades quedaban de lado.

    - Llevaré todo esto. – dijo Itsuki acercándose con una bandeja a rebosar. Miku también había venido con una propia, aunque no tan llena.

    - Veamos… 4860 yenes para Itsuki, y 1320 para Miku, sumaría un total de 5180. – calculó Fuutarou apenas a vistazo preliminar, sorprendiéndolas a ambas.

    - ¿Cómo estás tan seguro? – preguntó Itsuki, mirándolo inquisitivamente.

    - Conozco nuestra mercancía. – replicó él. No era muy sorprendente dado que era capaz de hacer operaciones aún más complejas incluso sin usar calculadora. – ¿No es mucho para ti sola?

    - Esto es para repartirlo entre todas. – aclaró la pelirroja.

    - Aunque te comiste más de la mitad tú sola la última vez. – dijo Miku en tono seco.

    Itsuki volteó a ver con ojos de pistola a su hermana, antes de pedir que les dieran cuentas separadas, mientras que Fuutarou tuvo que contenerse la risa y el impulso de decir que no le sorprendía. Tanto ella como Miku cogieron algunos buñuelos y empezaron a comérselos en silencio luego de haber cancelado, mientras se acercaba Nino con su propia bandeja, aunque antes de pagar volteó a ver alrededor.

    - Por cierto, ¿dónde está nuestra hermanita honoraria? – preguntó, confundiendo ligeramente a la señora Uesugi por un momento, hasta que cayó en cuenta de a quién se refería.

    - ¿Oh, hablas de Raiha? Mi marido la llevó al parque. – explicó.

    - Ah, qué lástima. – dijo Nino. – Esperaba poder enseñarle a hacer las galletas como me lo había pedido el otro día.

    - Oh, ¿así que fuiste tú quien preparó esas galletas? – preguntó la señora Uesugi, a lo cual Nino asintió. – Debes ser muy buena cocinera entonces.

    - No es la gran cosa, puedo hacer mucho más que eso. – dijo Nino con modestia, antes de coger un trozo de pan para comérselo. – Hmm, aunque lo tendría difícil para hacer un pan tan bueno como este. ¿Tienen alguna receta especial?

    - Para nada. – dijo Fuutarou. – Es solo que mi señora madre sabe darle su toque personal, y ni siquiera tú podrías replicarlo.

    - ¿Oh? ¿Acaso me estás retando? – La chica lo fulminó con la mirada, y Fuutarou casi podría haber jurado que sus listones de mariposa se alzaron amenazadoramente.

    - Fuutarou, no es necesario que la provoques. – dijo la señora, tratando de calmar a su hijo.

    - Pero solo digo la verdad, mamá. – dijo el muchacho en el tono más educado que pudo. – Comparada contigo sería una amateur.

    - ¿Amateur? Apuesto a que podría hacerlo igual, sin ofenderla a usted, señora Uesugi.

    - ¿En serio? ¿Por qué no pones tu dinero donde está tu boca, señorita?

    En ese momento empezaron a volar chispas entre los ojos de ambos, que estaban prácticamente hechos rendijas. Miku seguía comiendo de manera indiferente mientras Itsuki miraba de un lado al otro como tratando de averiguar cómo detener lo que parecía una bomba antes de estallar.

    Afortunadamente, la señora Uesugi se ocupó de cortar la tensión en el aire.

    - Ya, ya, por favor cálmense. – les dijo en un tono amable, aunque severo, antes de dirigirse a Nino. – Ya que tienes tanta confianza, ¿te gustaría trabajar aquí a medio tiempo? Siempre nos podría venir bien un par de manos extra.

    - Bueno, no lo sé… – Nino empezó a enroscar el dedo alrededor de su listón de mariposa, alternando la mirada entre Fuutarou y su madre. Probablemente estaba considerando la oferta, pero no querría tener que lidiar con él.

    - No tiene que ser ahora, pero si aceptas la puerta siempre estará abierta. – dijo la mujer con una sonrisa. – Fuutarou, iré atrás un momento, ¿puedes hacerte cargo?

    - Claro, mamá.

    La mujer cruzó la puerta que iba hacia la cocina, dejando al chico a solas con las quintillizas. Su mirada se cruzó con la segunda hermana, que le sonrió de una forma bastante inusual, ya que su expresión no se veía tan arisca como de costumbre.

    - Tu mamá es realmente agradable. – le dijo. – Ahora veo de dónde sacó Raiha-chan su encanto.

    El cumplido hacia su madre y hermanita lo hizo sonreír, al menos hasta que la quintilliza continuó hablando, esta vez con tono burlón:

    - Es difícil creer que alguien como tú esté emparentado con ellas. ¿Seguro que no eres adoptado?

    - Yo a veces me pregunto lo mismo de ustedes. – dijo él para contraatacar.

    Por supuesto, solo se atrevía a decirlo porque tanto su madre como su hermanita estaban fuera del radio de escucha. Una vena brotó en la sien de Nino, aunque Miku e Itsuki parecieron encontrarlo divertido ya que se taparon la boca para disimular la risa. No obstante, la hermana menor inmediatamente cambió la tonada y le recriminó por pensar algo así.

    - No molestes, Uesugi-kun. Y ustedes dos, ¿qué tanto se están tardando?

    - ¡Es que todo se ve delicioso, Itsuki, no puedo decidirme! – dijo Yotsuba.

    - ¿Entonces por qué no compras un poco de todo y ya? – replicó la pelirroja.

    - Tenemos otra dieta que seguir. ¿Sí lo sabes? – Esta vez fue Ichika quien respondió.

    Esta vez fue el turno de Itsuki de irritarse por el comentario mientras Miku y Nino buscaban disimular la risa. Pasaron unos minutos y finalmente tanto Ichika como Yotsuba vinieron a pagar sus propias bandejas. Si bien no iban tan cargadas como la de Itsuki, entre todas iban a pagarles bastante bien. Mientras la segunda, tercera y quinta hermanas se marchaban del local, la primera y cuarta decidieron quedarse un poco más para conversar con Fuutarou.

    - Qué peculiar forma de ocupar tu día libre. – dijo Ichika, apoyando sus manos sobre el mostrador mientras lo miraba fijamente. – ¿No haces nada para divertirte?

    - No hay tiempo para eso. – dijo él mientras volteaba después a ver a Yotsuba. – Y tú, ¿has estado repasando como te dije?

    - Claro que sí. – aseguró la chica del lazo.

    - Puedo ayudarle un poco con las matemáticas, pero el inglés no es lo mío. – comentó Ichika. – Ahora que lo pienso, quizás tú podrías ayudarme un poco con eso también.

    - Solo si me pagaran extra. Ya tengo mis manos llenas enseñando a una sola de ustedes. – dijo él lacónicamente.

    - Si es por el dinero no habría ningún problema. – replicó la hermana mayor. – Después de la audición conseguí algunos papeles menores, así que puedo pagarte con mi propio dinero.

    - ¿Pero no es algo aburrido? – preguntó Yotsuba. – Es decir, siempre interpretas a la primera chica en ser asesinada en películas de terror.

    - Por algo se inicia, además no es tan malo. – dijo Ichika restándole importancia. – Ya tendré oportunidad de otros papeles algún día. Tal vez incluso en películas de acción, donde podrías ayudarme.

    - ¿Ayudarte? – preguntó Yotsuba confundida.

    - Podrías ser mi doble de riesgo, y nadie notaría la diferencia. – explicó la chica. – ¿Recuerdas cuando me lastimé un tobillo y me reemplazaste en aquella obra escolar?

    - ¡Oh, es cierto! Jajaja, eso fue muy divertido. – se rio Yotsuba.

    Habiéndose quedado algo desplazado de la conversación, Fuutarou no pudo hacer otra cosa que mirar fijamente a las dos hermanas. La mayor parecía bastante satisfecha con su trabajo como actriz, aunque estaba algo encasillada con los roles. Aunque no lo dijera de dientes para afuera, le alegraba un poco saber que le estuviera yendo bien. En cuanto a Yotsuba, también era bueno saber que estaba trabajando incluso sin él, la cuarta hermana ciertamente era dedicada cuando se comprometía a hacer algo.

    Detestaba admitirlo, pero para ser tan despreocupadas con los estudios, no eran malas chicas.

    - Por cierto, Fuutarou-kun, ¿qué planeas hacer después de los exámenes? – preguntó Ichika, sacándolo de sus pensamientos. – ¿Imagino que descansarás un poco de las tutorías?

    - No lo sé, quizás busque un trabajo de medio tiempo, o siga ayudando aquí mientras tanto. – dijo él. – No tengo planes concretos.

    - Si ese es el caso… ¿no te gustaría salir conmigo? – prosiguió la hermana mayor guiñándole el ojo. – Podría invitarte a tomar un parfait o algo más, si gustas.

    Fuutarou tragó saliva. ¿Estaba invitándolo a tener una cita? Le echó una mirada de reojo a Yotsuba, cuya sonrisa decía claramente que aprobaba la idea. La hermana mayor siempre se portaba muy coqueta con él, y no tenía idea de si era en juego o si realmente era porque se sentía atraída a él.

    - Si me rechazas, podría terminar revelando eso que tú y yo ya sabemos. – agregó, sin perder el tono de coquetería, haciendo que se quedara congelado. Sabía que hablaba de la foto de él dormido.

    - Ichika, no seas mala, ¿por qué recurrir a chantajearlo? – dijo Yotsuba.

    - Jaja, es broma, por supuesto que nunca haría eso. – se rio Ichika. – Aunque si no tienes planes, ¿por qué no llevas a Yotsuba a tomarse uno? Una recompensa sirve de motivación para esforzarse más.

    Tanto Yotsuba como Fuutarou se quedaron mirando fijamente a Ichika, y luego se vieron uno a la otra. Primero lo invitaba a salir ¿y después sugería que ellos dos salieran? ¿Qué pasaba por la mente de la chica Nakano mayor?

    - Bueno, tenemos que irnos, las demás deben estar impacientándose. Saluda a tu mamá de nuestra parte, Fuutarou-kun. – dijo Ichika.

    - ¡Nos vemos mañana en la escuela, Uesugi-san! – agregó Yotsuba.

    Y sin más, las dos chicas cruzaron la puerta para reunirse con sus hermanas. Ahora que ya todas sabían del local, seguramente las estaría viendo mucho más a menudo por aquí.

    La pregunta era, ¿eso sería algo bueno, o algo malo? Especialmente con lo que acababa de escuchar.

    (--0--)

    Dos semanas después…

    Habiendo retornado a la rutina diaria, Fuutarou volvió al apartamento Nakano para continuar las tutorías de Yotsuba. Con cada día que se acercaban los exámenes parciales la chica parecía redoblar su esfuerzo.

    El último día estuvieron hasta tan tarde estudiando matemáticas que Fuutarou de nuevo tuvo que quedarse a pasar la noche, aunque preventivamente se llevó un futón para no tener que dormir en el cuarto de ella de nuevo. No era que le resultara incómodo, pero tampoco quería darles munición a las demás de pensar que podría estar haciendo cosas extrañas allí dentro o registrando las cosas de Yotsuba. Y de todas maneras, ¿qué cosas podría estar ocultando Yotsuba que a él le interesaran?

    - Uesugi-san… Uesugi-san… ¡Uesugi-san!

    - Hmm… ahh…

    - ¡Buenos días, Uesugi-san! – lo saludó Yotsuba con su voz chillona y su sonrisa tonta. Ya no le resultaban tan molestas por alguna razón. – ¡Hoy es el gran día, ¿estás listo?!

    - Soy yo el que debería preguntarte eso. – dijo él bostezando. Notó que la chica se veía un poco más desvelada de lo que debería. – No parece que hayas dormido del todo bien.

    - Jeje, bueno, estaba tan nerviosa que me desperté temprano para estudiar un poco más. – dijo tímidamente.

    Fuutarou no sabía si felicitarla o regañarla por eso, así que no dijo nada, mientras se quitaba de encima la manta del futón.

    - ¿Y las demás?

    - Salieron más temprano para Kurobara, pero Nino nos dejó el desayuno. – La chica se dirigió a la cocina, pero de pronto se detuvo en seco, mirando a la pared. – Eh… ¿Uesugi-san?

    - ¿Qué pasa? – dijo él todavía algo adormilado. Por tratar de meterle esos ejercicios en la cabeza anoche apenas pudo dormir.

    - Las clases empiezan a las 8:30, ¿verdad? Y los exámenes a las 8:45.

    - Eso es obvio. – dijo él lacónicamente. – ¿Qué pasa con eso?

    En respuesta, la chica señaló riendo nerviosa hacia el reloj de la pared. Fuutarou estaba todavía restregándose los ojos y tuvo que parpadear un par de veces para darse cuenta que señalaba las 8:06 am.

    8:06 am.

    ¡8:06 AM!

    - ¡¿EEEEEEEEEEEEEHHHHHH?!

    El grito del chico resonó por todo el apartamento, afortunadamente ya con las demás habiéndose marchado no había nadie que se quejara. El lado positivo fue que la realización terminó de despertarlo al instante y se puso de pie de un salto, pateando el futón para salir de él.

    - ¡¿Qué haces parada como idiota?! ¡Date prisa y ponte el uniforme! – le gritó.

    - ¡Ay, es verdad! – gritó la chica corriendo de vuelta a su cuarto.

    Él hizo lo propio cogiendo su uniforme y metiéndose al baño para cambiarse de ropa. Estaba muerto de hambre y quería desayunar, pero sabía que llegar tarde el día de los exámenes sería malo para ambos y ese pensamiento le dominó totalmente la mente, mientras le gritaba a su estómago que se aguantara.

    Afortunadamente, pudo vestirse rápido y tras comprobar que se había puesto bien su ropa (aunque llevara la camisa por fuera) bajó corriendo a meter sus libros en la mochila, y afortunadamente Yotsuba ya lo estaba esperando ya con su uniforme puesto, pero ahora estaba en la mesa de la cocina atiborrándose la boca con un sándwich que intentaba bajarse con un vaso de leche.

    - ¡Deja eso, tenemos que irnos! – exclamó el chico, aunque su estómago lo traicionó gruñendo en aquel momento.

    - ¡Toma uno o dos, podemos comerlos por el camino! – gritó la chica.

    Fuutarou quiso protestar, pero su estómago volvió a insistir y cuando su parte racional le dijo que al irse sin desayunar se arriesgaba a colapsar en medio del examen por hambre (lo que empeoraría las cosas aún más), hizo lo que Yotsuba le dijo y cogiendo un par de sándwiches se los echó a la boca y tragó los bocados casi sin masticarlos mientras salían del apartamento. Una pena no poder degustarlos, pero el tiempo apremiaba.

    - ¡¿Por qué diablos no me despertaste más temprano?!

    - ¡Lo siento! – se disculpó Yotsuba mientras pulsaba frenéticamente el botón del ascensor. – ¡Les dije a las demás que te despertaría cuando se fueron, pero… me volví a dormir!

    Fuutarou gruñó, pero no estaba de humor para decir nada, y afortunadamente la puerta del ascensor se abrió y pudieron entrar. Después de un descenso que a pesar de no tener paradas se le hizo eterno, mientras Yotsuba trotaba sin moverse dentro de él, salieron corriendo a la entrada.

    - ¿Tu familia no tiene un chofer? – preguntó él. – ¿Dónde está cuando se le necesita?

    - Ebata-san debe haberse llevado a las demás. – dijo Yotsuba. – ¡Ay, no, no nos dará tiempo de agarrar un autobús!

    - ¿Entonces qué sugieres? ¿Correr hasta la escuela?

    Un segundo después se arrepintió de haber pronunciado esas palabras. La chica fijó su mirada en él y con una amplia sonrisa, lo agarró de la muñeca y sin escuchar sus protestas echó a correr tan rápido como podía.

    La repentina aceleración debió dejarlo en demasiado shock, porque para cuando se dio cuenta los dos ya iban corriendo por la acera por lo menos a tres cuadras del edificio Pentagon. Si ella no lo hubiese agarrado posiblemente ya lo habría dejado botado hacía mucho. Yotsuba apenas hizo que se detuvieran en un cruce cuando el semáforo se puso en rojo, y mientras él jadeaba para recuperar el aliento, ella trotaba sin moverse esperando a que cambiara para poder cruzar.

    - "¿Cómo puede alguien correr tan rápido? ¡Esta chica no es humana!" – pensó.

    Y apenas la luz cambió a verde, la chica lo agarró de nuevo y prácticamente lo arrastró con ella. No sentía que sus pies dieran pasos en el suelo, como si no hicieran contacto, y todo pasaba tan rápido que no sabía cómo no se habían estrellado contra un poste o algún transeúnte.

    - ¡Ya casi llegamos, Uesugi-san! – le escuchó gritar después de un rato.

    - ¿Eh? – Alzando la mirada, vio que ya estaban llegando a la cuadra que iba a Asahiyama. Humanamente, nadie debería haber sido capaz de correr esa distancia sin interrupciones excepto los cruces.

    - ¡Vamos, deprisa!

    - ¡Espera, déjame…! – Pero otra vez ella no lo dejó, y sin poder recuperar el aliento se lo llevó arrastrando.

    No supo cómo ella le hizo para que él subiera las escaleras estando tan agotado, pero de alguna manera, los dos llegaron al salón con cinco minutos de ventaja. Las amigas de Yotsuba le preguntaron de inmediato por qué había llegado tarde, mientras que los demás se rieron de él al verlo con ese aspecto: el pelo desordenado, la camisa por fuera, y sudando por haber corrido tanto. O más bien, por haber sido arrastrado.

    - "Al menos llegamos…" – fue todo lo que pensó. Mejor aprovechar el respiro de quince minutos antes de que comenzara el examen.

    Lo había decidido; tenía que conseguirse un reloj de alarma la próxima vez que se fuera a estudiar en el apartamento de las Nakano. No podía permitir que esto volviera a suceder.



    Afortunadamente, los cinco minutos antes que sonara la campana más los quince de orientación le sirvieron a Fuutarou para poner sus pensamientos en orden antes de que comenzaran los exámenes. Por primera vez en su vida el chico estaba preocupado antes de iniciar un examen. No por sí mismo, obviamente, sino por Yotsuba. Sabía que la chica se había esforzado por estudiar, pero ¿sería eso suficiente?

    - ¿Listos? ¡El examen comienza ahora!

    Apenas dijeron esas palabras, todos echaron mano de sus lápices para resolver su examen. Fuutarou tuvo que apartar a Yotsuba de sus pensamientos para concentrarse en su propia hoja, resolviéndola lo más rápido que podía. El primer examen era de japonés, que en teoría debía ser el punto fuerte de Yotsuba, aunque lo de "punto fuerte" era estirarse un poco, ya que la chica escribía muy mal su kanji y cometía muchos errores estúpidos. Hasta en eso iba a tener problemas.

    Pudo terminar su examen con tiempo de sobra y mucho antes que el resto, así que permaneció en silencio en su lugar, esperando a que los demás terminaran. Miró disimuladamente por encima del hombro hacia el sitio de Yotsuba, y vio que la chica estaba concentrada, con los brazos cruzados y los ojos fuertemente cerrados. Aun por encima del rasgar de los lápices podía escuchar que la chica murmuraba entre dientes.

    - "Vamos, Yotsuba, tú puedes."

    Como si le hubiese respondido al pensamiento, la chica abrió los ojos de golpe, como si recordara algo, y rápidamente empezó a garabatear en su hoja. Al mismo tiempo, él esbozó una sonrisa disimuladamente. Si recordaba lo que le había dicho, al menos tenía esperanza de que no fuese a terminar en ceros.

    Pensó de nuevo en las palabras que le dijo Ichika en la panadería. Quizás la idea de darle una recompensa por un trabajo bien hecho no estaría del todo mal. Tendría que sacar al menos treinta puntos para aprobar.

    - "¿Cuánto costarán los parfaits?" – pensó.

    Tendría que preguntarle después de que salieran los exámenes. Ya había hecho todo lo que podía hasta ese momento. Ahora solo le quedaba tener fe en ella.

    (--0--)

    Varios días después…

    Llegado el día que anunciaban los resultados de los exámenes, todos los alumnos se ponían frenéticos. Fuutarou ni se molestaba en chequear el ranking de la lista: tenía plena certeza de haber quedado en el primer lugar, pero aquel día necesitó ver si Yotsuba se encontraba entre la lista de aprobados. Sin embargo, el tumulto que había no le dejaba ver, ya que todo mundo estaba buscándose su nombre, así que no le quedó más que llamar a Yotsuba y decirle que lo viera en la biblioteca más tarde.

    Tardó un poco en llegar, y hasta entonces él no hizo otra cosa que mirar sus propias hojas de resultado una vez que se las entregaron. No tenía mucho sentido viendo que estaban perfectas, pero no se le ocurría otra forma de matar el tiempo.

    - ¡Uesugi-san! – oyó la familiar voz chillona en la entrada, y la chica se le aproximó rápidamente. – Perdón por tardarme. El club de basquetbol me pidió que les ayudara con una práctica.

    - ¿Qué te dije sobre avisarme de eso? – la regañó él. La chica hinchó las mejillas.

    - Ah, cielos, fue de improviso, no tuve tiempo de decirte. Y además olvidé cargar mi teléfono. – se excusó la chica.

    - Bueno, ya estás aquí. Hora de que comparemos los resultados, y veamos dónde fallaste.

    - ¡Como diga, Uesugi-sensei!

    Dicho esto, la chica sacó sus hojas corregidas, y Fuutarou comenzó a compararlas lado a lado con las suyas. Era bastante fácil al tener él todas las respuestas correctas y con eso veía exactamente dónde Yotsuba se las había arreglado mejor, y dónde tendrían que esforzarse más.

    En cuanto al puntaje en sí… Fuutarou no sabía si llamarlo bueno o malo. Por un lado, no le había ido tan mal como temía, pero por el otro, tampoco tan bien como él esperaba. Si tomaba el vaso medio lleno, podía llamarlo un gran paso después de aquel completo cero que tenía cuando la conoció.

    - ¿Y bien? – preguntó Yotsuba sonriente. – ¿Qué te parece?

    - 42 puntos en japonés, 30 exactos en ciencias naturales, 31 en ciencias sociales. Más de lo que puedo decir de un 9 en matemáticas y 16 en inglés. – resumió él. – Aun así, supongo que tres de cinco no está mal, aunque hayas pasado dos de ellas en la raya.

    - Jeje, para ser honesta me sorprendí de lo bien que lo hice. – dijo la chica del lazo rascándose detrás de la cabeza. – Aunque tuve suerte en algunas preguntas, debo admitir que las contesté al azar.

    Fuutarou rodó los ojos al oír eso. Si todavía se valía de la suerte significaba que tenían mucho por recorrer. Sin embargo, antes de poder decir algo más, el teléfono de la chica comenzó a repicar, pero en vez de contestar, se lo pasó a él.

    - Es mi papá, seguramente querrá saber los resultados. Mejor díselos tú.

    - ¿Por qué? – preguntó él, pero la chica insistió y él no tuvo más que tomar el aparato y contestar. – ¿Hola, señor Nakano?

    - Ah, ¿así que estabas con Yotsuba-kun? – habló la voz seria del otro lado. – ¿He de suponer que ya publicaron sus resultados?

    - Sí, de hecho, justo ahora estábamos comparando. – dijo Fuutarou, tratando de no ponerse nervioso. Ahora veía por qué Yotsuba lo había puesto a él a contestar.

    - Bien, en ese caso, dejaré que seas tú quien me lo diga. Y más te vale ser honesto, porque sabré si me estás mintiendo.

    - Sí, señor. – dijo él, tomando un profundo respiro y pensando rápidamente cuál sería la mejor manera de presentar los resultados. – La mala noticia es que Yotsuba no aprobó todas sus asignaturas. Lamento decir que sus notas de matemáticas e inglés fueron… abismales, por no decir más.

    - Ya veo. – dijo el señor Nakano, claramente decepcionado. – Es una verdadera lástima. Pero si esa es la mala noticia, ¿he de suponer que también tendrás alguna buena?

    - Sus notas en las demás lograron compensarlo, al menos en parte. – dijo Fuutarou. – Aunque debo decirle que aprobó apenas por los pelos, y los exámenes finales serán mucho más difíciles. Tendrá que subir sus notas mucho más si quiere pasar de año con un buen promedio.

    - Ya veo. – volvió a decir el señor Nakano. – Eso dificultará un poco volver a transferirla a la escuela Kurobara, pero me complace saber que hayan progresado de esa manera. No obstante, aunque te prometí un bono adicional en tu paga si sacaba buenas notas, el hecho de que haya reprobado algunas asignaturas significa que aún hay espacio para mejorar.

    - Entiendo. – asintió Fuutarou. Le molestaba un poco que le hubiesen denegado ese bono, pero si no se lo había ganado todavía, significaba que tendría que esforzarse todavía más.

    - Dicho eso, has hecho un buen trabajo considerando todo, Uesugi-kun. – prosiguió el señor Nakano, en un tono un poco más relajado. – Cuento contigo para que sigas apoyando a mi hija.

    - Gracias, señor.

    - ¿Puedes pasármela? Creo que también necesito hablar con ella respecto a esto.

    Fuutarou asintió y le devolvió el teléfono a Yotsuba. La chica se rio nerviosamente antes de tomarlo; de hecho, estaba tan nerviosa que sin quererlo presionó el altavoz y Fuutarou pudo escuchar toda la conversación.

    - ¿Hola, papá?

    - Casi te diría que estoy un poco decepcionado, Yotsuba-kun. Sin embargo, puedo ver que te esforzaste, y el que hayas aprobado tres de las cinco clases creo que es mucho para como estabas antes.

    - Sí, lo sé, papá. Siento mucho no poder cumplir tus expectativas.

    - En menos de dos meses mejoraste notablemente con ayuda de Uesugi-kun, lo que es más que con cualquiera de tus tutores anteriores.

    - Uesugi-san es un muy buen tutor. – aseguró Yotsuba. – No siempre es fácil, pero… cuando él me lo explica por lo general lo entiendo mucho mejor.

    - Significa que debe estar haciéndolo bien. – dijo el señor Nakano. – Sabes que espero mucho de ti, y si quieres volver a Kurobara tendrás que hacerlo mucho mejor que ahora.

    - ¡Lo haré, papá! ¡Te lo prometo!

    - En todo caso… supongo que mereces que te felicite por haber aprobado al menos más de la mitad de tus clases. Buen trabajo, sigue esforzándote.

    - ¡Gracias, papá, te quiero!

    Y diciendo esto, la chica colgó, y sin más se abalanzó a abrazarlo, saltando y gritando de alegría como niña chiquita.

    - ¡Oye, oye!

    - ¡Yay, Uesugi-san! ¡Papá me felicitó por mis calificaciones! ¡Hace años que no lo hacía! ¡Todo es gracias a ti!

    - ¡Sí, sí, me alegro también por ti, pero… ya suéltame! – dijo Fuutarou tratando de quitársela de encima. Ya estaba sintiendo crujir su columna de nuevo.

    - ¡Ejem, ejem!

    Los dos se quedaron quietos al oír la garganta aclarándose. Fuutarou sintió que sus pies estaban elevados del suelo (¿de dónde sacaba esta chica su fuerza?), pero estaban demasiado concentrados en ver a la bibliotecaria que los miraba severamente a través de sus gafas.

    - Si van a celebrar háganlo fuera de la biblioteca.

    - Perdón. – se disculparon ambos.

    Para alivio de Fuutarou, Yotsuba lo puso de vuelta en la tierra. La chica estaba sonrojada, aunque si era por haber hecho escándalo en la biblioteca o por ese repentino arrebato de haberlo abrazado, él no tenía idea.



    A la salida de clases, los dos de nuevo iban caminando juntos. Ya se le había hecho costumbre, y lo estaba haciendo más por inercia, aunque debía admitir que ya no le molestaba que los estuvieran viendo. Y mientras andaba por la acera, tenía mucho que pensar.

    Concretamente, estaba pensando en las palabras que le dijo Ichika. Yotsuba se había esforzado y ciertamente había mejorado bastante en poco tiempo, aun teniendo todo en contra. Eso sin duda ameritaba una recompensa.

    - Vaya, vaya. – dijo una voz de pronto, deteniéndolos a ambos. – Qué sorpresa de volvernos a encontrar.

    Fuutarou reconoció al estudiante con pintas de niño bonito que vio en el baño el otro día, que otra vez le estaba sonriendo con cierto aire de suficiencia.

    - De nuevo me venciste, Fuutarou Uesugi. – le dijo. – Aunque te felicito por haber quedado primero en el ranking de calificaciones. No esperaría menos de ti, mi gran rival, obviamente.

    - Eh… gracias, supongo. – dijo él. ¿Por qué insistía en eso del "rival"?

    - Y tú debes ser su discípula, ¿no es así? – dijo dirigiéndose a Yotsuba. – ¿Nakano-san, correcto?

    - Sip, Yotsuba Nakano, un placer conocerte. ¿Eres amigo de Uesugi-san?

    - Oh, no podríamos llamarnos "amigos" realmente. Más bien somos rivales, podría decirse. Mi nombre es Yuusuke Takeda, de la clase 2-3.

    - ¡Ah, te vi en la lista, tú quedaste de segundo en el ranking general! – exclamó Yotsuba. – ¡Justo por debajo de Uesugi-san!

    Fuutarou le echó una mirada a la pelinaranja. ¿Ella sabía quién era este sujeto que se autoproclamaba su rival? Él nunca les había puesto atención a los nombres por debajo de él en el ranking.

    - Para mi gran infortunio. – suspiró Takeda, pero sin dejar de sonreír y echar chispitas cuando hablaba. – En todo caso, me venciste ahora, pero no pienso perder contra ti en los exámenes finales. Hasta entonces. Y que tengas éxito tú también, Nakano-san.

    Takeda continuó caminando en dirección opuesta a la de ellos, alejándose despreocupadamente. Fuutarou seguía todavía preguntándose qué había sido todo eso, y por qué seguiría autoproclamándose su "rival".

    - Wow, Uesugi-san, parece que tienes competencia. – dijo Yotsuba. – ¡No puedes dejar que Takeda-san te supere, tienes que seguir esforzándote! ¡Y también yo para no quedarme por debajo de él!

    - Claro. – dijo él. Rápidamente decidió desviar el tema. – Como sea, estaba pensando que, aunque lograste pasar por los pelos, lo hiciste. Es decir que ganaste una recompensa.

    - ¿Oh? ¿O sea que sigue en pie lo de los parfaits? – Los ojos de Yotsuba se iluminaron al escucharlo.

    - Si es lo que quieres. – dijo Fuutarou encogiéndose de hombros.

    - ¡En ese caso también debo invitar a las demás! – exclamó Yotsuba cogiendo su teléfono para enviarles mensajes a sus hermanas. – ¡Fue idea de Ichika después de todo!

    - ¡Oye, no abuses!

    Si terminaba invitándolas a todas, especialmente a Itsuki, seguramente eso extinguiría toda su paga de esa semana. No tenía inconveniente en darle a Yotsuba una justa recompensa por sus esfuerzos, pero traer a las demás, eso ya era demasiado.

    Aun así, claramente la recompensa la había motivado, y eso daba esperanzas de que podrían subir sus notas para el final de año. Si seguían a ese ritmo, quizás, eventualmente, podría ponerse al nivel de ese sujeto Takeda.

    - "Tampoco hay que pedir milagros." – pensó riéndose de lo tonto que sonaba ese pensamiento.

    Aunque desde luego, no iba a permitir que a él le quitaran su bien ganado puesto en la cima del ranking.

    Esta historia continuará…

    (--0--)

    Notas del autor:

    Bien, aquí tenemos otro capítulo. A comparación de los anteriores, este me salió bastante corto, ya que al tener solo a Yotsuba se cortaban muchas de las escenas del manga del día los exámenes. Sabiendo que Yotsuba corrió como alma que lleva el diablo y fue la única que llegó a tiempo, no había ancianitas que necesitaran cruzar la calle, niños extranjeros perdidos a los que ayudar, paradas en la pastelería para comer un bocadillo, ni tampoco necesidad de una Operación Doppelganger. Una pena que se perdieran todos esos apuros, porque a mí me parecieron muy divertidos.

    Así que bueno, para rellenar un poco fue que se me ocurrió meter a Takeda, otro de los personajes secundarios que parecía tener un buen potencial, pero lamentablemente fue poco aprovechado. Aun así, con lo poco que apareció me pareció interesante, así que pensé que tal vez una introducción más temprana ayudase a expandirlo un poco más. Creo que no cuenta como spoiler decir que, igual que en canon, sí planeo que forme parte del eventual grupo de amigos varones de Fuutarou (o como se le conoce en el fandom, el club "Bros Before Quints"). En cuanto a lo que haré con él, ya tengo una idea general, pero no les voy a decir, eso a su debido momento. Solo necesitan saber que no hemos visto lo último del niño bonito.

    Respecto a las calificaciones de Yotsuba, quizás la diferencia con el canon haya sido algo elevada, pero tomando en cuenta que aquí Fuutarou solo tiene que estudiar con ella, y si asumimos que lo hicieron casi cada tarde de lunes a viernes (con ocasionales saltos y sin los saboteos de las demás) durante dos meses, no parece implausible que Yotsuba logre aprobar en esas tres, ya que si la memoria no me falla esas fueron donde sacó las notas más altas en este punto. Pero con las dos restantes, obviamente ahí no hay mucho, y tendrán que seguir trabajando.

    Creo que no tengo más nada qué decir. Para el próximo cap traeré otro poco de contenido original, aprovechando algo que Fuutarou dijo que quería hacer en canon pero que nunca llegó a concretar debido al abrupto final, y un pequeño detallito que no sé cómo tomarán. Hasta entonces, me despido.
     
  6. Threadmarks: Capítulo 6
     
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    Forma del Corazón - Trébol de Cuatro Hojas (Go Toubun no Hanayome)
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    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    10095
    Capítulo 6: Entrenando mente y cuerpo. - ¿Este es tu primo?

    (--0--)

    Residencia Uesugi, temprano por la mañana…

    - Onii-chan…

    - Hmmm…

    - Onii-chan, despierta.

    - ¿Qué pasa…?

    Después de lo pesado de las tutorías y los exámenes, aquel fin de semana Fuutarou quiso tomarse unas horas extra de sueño para descansar. Sentía que se las había ganado luego de todo lo que tuvo que hacer para que Yotsuba pasara. Así que cuando Raiha vino a despertarlo antes del amanecer, su reacción natural fue taparse la cabeza con la almohada para ahogar su voz.

    - ¡Onii-chan! – protestó la niña. – ¡Muy bien, en ese caso no me dejas alternativa!

    Cómo no. Ni aunque le tirasen un balde de agua fría iba a pararse de la cama. Había sido una semana muy pesada para él y se había ganado su merecido descanso. Ni siquiera su dulce hermanita lo iba a sacar de allí.

    - No quiere pararse, hazlo tú. – le escuchó decir.

    ¿A quién le decía eso? ¿A su papá? Que él supiera hoy no estaba trabajando horas extras. Tal vez a su madre, si planeaba sobornarlo con algo para el desayuno…

    - ¡UESUGI-SAAAAAAAAAAAAN!

    El grito de voz chillona directo a su oído lo sacó de su futón de un salto, y para su sorpresa, ahí estaba Yotsuba, con su sonrisa tonta de siempre. Fuutarou se percató además de cómo iba vestida: se había puesto un suéter deportivo verde con los números 428, con aspecto de haber salido a trotar. Conociéndola, seguramente eso era lo que había hecho.

    - ¡Buenos días, Uesugi-san! ¿Dormiste bien anoche?

    - Ahora estaría haciéndolo de no ser por ti. – se quejó él. – ¿Qué haces en mi casa tan temprano, y por qué estás vestida así?

    - Oh, ¿esto? Bueno, vine porque tú y yo necesitamos hablar de algo muy importante.



    Unos minutos después, Yotsuba se había sentado junto con los cuatro Uesugi para el desayuno. Raiha compartió su ración con la muchacha, aunque ocasionalmente le robaba a Fuutarou algunos bocados de la suya cuando este se descuidaba, y sus padres, en vez de reclamárselo, se reían de ello, diciendo que tenía que estar más atento.

    - Y bien, todavía no respondes a mi pregunta. – le dijo. – ¿A qué se debe que vengas a visitarme tan temprano? Hoy no tenemos nada que estudiar, y si tienes preguntas, podrías haberme mandado un mensaje.

    - Bueno, es que me di cuenta de algo el día de los exámenes, ¿sabes? – explicó la chica, sin dejar de sonreír. – En verdad que no tienes aguante físico, Uesugi-san; de no ser por mí hubiéramos llegado tarde.

    - ¿Qué sucedió? – preguntó Raiha interesada.

    Antes que él pudiera detenerla, Yotsuba ya les estaba relatando cómo sucedieron las cosas, y con lujo de detalles. Por estar hasta muy tarde estudiando la noche anterior, se quedaron dormidos y cuando despertaron, faltaba menos de media hora para que iniciaran las clases, así que tuvieron que salir corriendo casi que con sus panes en la boca para llegar a tiempo. Todos se reían de ello, excepto obviamente él, y mientras los demás seguían hablando, mentalmente hacía una nota de que con su próxima paga se compraría un reloj con alarma para que eso no volviera a suceder.

    - Jajajaja, mi hermano nunca ha sido muy atlético. – dijo Raiha. – Apenas sí me puede cargar a mí.

    - Eso pasa cuando ejercitas demasiado el cerebro, el cuerpo se te atrofia. – dijo Isanari.

    - Todavía no me explicas qué haces aquí. – espetó Fuutarou, tratando de desviar la atención de sus incapacidades físicas, de las cuales era plenamente consciente y no necesitaba que se las recordasen.

    - Bueno, decidí que, ya que tú me estás ayudando a estudiar, yo tengo que ayudarte a que estés en mejor forma. – declaró Yotsuba. – Por eso vine temprano, y como es día libre pensé que podríamos empezar hoy mismo con algo ligero.

    - Óyeme, ¿quién te dijo que podías…?

    - Me parece una magnífica idea. – dijo Kazane. – Últimamente no has hecho otra cosa que estudiar, y te vendría bien salir y tomar algo de aire fresco, romper un poco la rutina.

    - ¡Mamá! – protestó Fuutarou, pero antes de poder decir otra cosa, Raiha también tomó la palabra:

    - ¡Hazle caso, Onii-chan! Con esos brazos tan flacuchos en un par de años ya no podrás levantarme, y si no te ejercitas no tendrás fuerza para cargar a tu novia cuando lleguen al altar, como papá.

    - ¿Tú también, Raiha? – exclamó de nuevo. Y ahora ¿por qué sacaba eso de llevar a su novia en brazos al altar? Si ni siquiera tenía una.

    - ¡Jajaja, eso es verdad, hijo! Tanto estudiar no es bueno para ti. Hacer algo de ejercicio también te hará bien, ¡solo mírame a mí! – Para enfatizar su punto, el hombre levantó su brazo y flexionó su bíceps mientras se daba unas palmadas encima, mostrando lo duro que estaba.

    - ¿Ya lo ves, Uesugi-san? Tu familia está de acuerdo conmigo. ¿Y no está ese refrán de "cuerpo sano, mente sana"?

    - Es al revés. – señaló él, pero técnicamente podía aplicarse, aunque negara admitirlo.

    - De todas maneras, te haría bien hacer ejercicio con Yotsuba. Mírala, ella está muy saludable y siempre llena de energía, podrías seguir su ejemplo. – concluyó su madre.

    Fuutarou exhaló un suspiro. Esa maratón que se dieron el día que empezaban los exámenes era algo que prefería olvidar. Agradecía que Yotsuba hubiese ayudado a que llegaran a tiempo para evitarse castigos, pero haber sido arrastrado por las calles como bolso de equipaje no era nada divertido.

    Aunque por lo visto no habría manera de evitarlo ahora. Estaban en un día libre y aunque habría preferido pasarlo durmiendo un poco, al parecer el destino había conspirado en su contra para que no fuera así. Si bien todavía le quedaba una última carta por jugar, por desesperada que fuese.

    - No tengo ropa para hacer ejercicio. – les dijo.

    - Oh, eso no es problema. – dijo Yotsuba, registrando el bolso deportivo que había traído y sacando un chándal de color azul y blanco, junto con un par de zapatillas deportivas. – Traje esto por si no tenías.

    - Bien, eso resuelve un problema. – dijo Isanari. – Será mejor que se vayan después de comer, así que deprisa. Cuando vuelvas espero que hayas sudado bastante.

    De eso no cabía duda. Bueno, si no tenía más alternativa, disfrutaría de lo que quedaba de su desayuno, para retrasar la inminente tortura todo lo que pudiera.



    La idea de Yotsuba de hacer un entrenamiento "ligero" era que empezaran saliendo a trotar un poco. A primera vista eso no sonaba tan mal, pensó Fuutarou, hasta que le dijo que darían veinte vueltas alrededor de un parque que se extendía por lo menos en un área de tres cuadras, casi dos y media veces lo que le tocaba hacer en clase de gimnasia alrededor del campo. El chico sintió que se quedaba rígido como piedra hasta que Yotsuba le dio un empujón para sacarlo de su estupor y los puso a ambos a correr.

    - "¿Cómo me metí en esto? ¡Soy un estudiante de preparatoria, no un corredor de maratones!"

    - ¡A tu izquierda!

    Para cuando terminó la primera vuelta, Yotsuba ya le llevaba dos de ventaja, y a diferencia de él ni siquiera había sudado una gota. Ya las pantorrillas lo estaban matando y el aire le flaqueaba, pero hizo un esfuerzo para evitar detenerse, aminorando la marcha solo un poco para recobrar el aliento.

    - ¡A tu izquierda!

    De nuevo vio la silueta de Yotsuba aventajándolo y desapareciendo tras doblar la esquina. Qué humillante resultaba eso, no tanto porque la chica fuese atlética, sino porque se lo restregara en su cara de ese modo. Él no llegaba ni siquiera a "promedio" en términos de capacidades físicas, pero nunca le dio mucha importancia. Después de todo, nunca lo había necesitado.

    - ¡A tu izquierda!

    Otra vez. ¿Cuántas veces tenía que hacer eso? Ya estaba tan cansado que había perdido la cuenta de las vueltas que ella le había sacado, pero estaba casi seguro de que ya estaba cerca de las veinte que dijeron que iban a hacer. Entretanto, él apenas había hecho ocho, y con mucha dificultad. Bueno, por lo menos ya con eso podría dejar de…

    - ¡A tu izquierda!

    - Dios, ¡ya deja de decir eso! – le gritó, ya irritado.

    - ¡No lo haré hasta que termines tus veinte vueltas! – replicó ella sin detenerse.

    ¿Conque así estaba? Bien, pues no iba a darle la satisfacción de humillarlo más de lo que ya lo había hecho. Iba a terminar esas veinte vueltas antes de que ella pudiese seguir jugando al Capitán América presumiendo de su suero del súper soldado. De hecho, ahora que lo pensaba, no sonaba tan descabellado que la chica del lazo se hubiese tomado algo similar, eso al menos explicaría por qué era capaz de hacer todo eso para ser tan delgada.

    Ya lo pensaría más tarde. Por ahora, tenía que terminar su recorrido.



    Fuutarou no supo cómo lo logró, pero cuando terminó sus veinte vueltas, estaba totalmente molido. Apenas podía sentir sus piernas, sus pulmones le estaban ardiendo, como si fueran a explotarle en cualquier momento por el esfuerzo de oxigenarle el cuerpo, y finalmente la cabeza le palpitaba mientras le daba vueltas. Yotsuba había completado más de cincuenta vueltas desde antes que él terminara las suyas, y no fue más lejos porque apenas tuvo la consideración de detenerse para contarle las que a él le faltaban.

    Afortunadamente, cuando estuvo a punto de desplomarse ella lo atrapó, y con cuidado lo llevó al asiento más cercano para que pudiese descansar. Dicho asiento resultó ser un columpio, lo cual le vino de perlas ya que podría agarrarse de las cadenas mientras dejaba sus piernas colgando inertes, esperando a recuperar la sensibilidad en ellas.

    - Toma. – dijo Yotsuba pasándole una botella de agua.

    - Gracias. – Tomó la botella y la destapó, para luego bajársela casi de un solo trago. – Ahhh, esto me hacía mucha falta. Ya no doy más.

    - No lo hiciste tan mal. – dijo ella mientras se sentaba en el otro columpio. – Y la primera vez siempre es la peor. Ya te acostumbrarás con el tiempo.

    - ¿Acostumbrarme? Hablas como si pensaras que quiero volver a hacer esto. – replicó él.

    Yotsuba simplemente se encogió de hombros y cogió su propia botella para rehidratarse, aunque a él no le pareció que ella hubiera sudado tanto. Ya el sol de la mañana comenzaba a salir, asomándose por encima de los tejados de las casas. ¿Cuánto tiempo habían estado trotando? No tenía un reloj ni tampoco el celular a la mano.

    El chico se miró un momento los zapatos que llevaba puestos, y se acordó de otra cosa que había querido preguntarle antes, pero como lo arrastró a trotar con ella, no había tenido oportunidad.

    - ¿Cómo supiste mi talla de zapato?

    - ¿Eh?

    - Me quedan perfectamente. – dijo él, moviendo ligeramente las puntas para enfatizar. – No recuerdo haberte dicho mi talla de zapato en ningún momento.

    - Pues… – La chica del lazo empezó a reírse nerviosamente. – ¿Adiviné, supongo?

    Fuutarou frunció el cejo. Eso sonaba improbable, y la cara temblorosa de la muchacha delataba que estaba mintiendo. Poniendo los ojos en rendijas la miró fijamente para obligarla a confesar. Yotsuba retrocedió ligeramente, sin dejar de reírse nerviosa hasta que al fin sucumbió a la presión.

    - Bueno, desde hacía rato que quería pedirte que hiciéramos ejercicio juntos. – confesó la chica del lazo. – No sabía si tendrías ropa de entrenamiento, así que cuando dormiste la otra noche en nuestro apartamento, Ichika me convenció de que te tomáramos medidas. No solo de los pies, sino también del resto del cuerpo, para el chándal.

    Fuutarou resopló; eso definitivamente sonaba como algo que haría Ichika. Y si bien le sorprendía un poco que Yotsuba le hubiera seguido el juego, tampoco le extrañaba demasiado. Aunque todavía seguía sin entender algunas cosas.

    - ¿Por qué me trajiste a hacerlo? – le preguntó.

    - Ya te lo dije, estás muy flacucho y necesitas aumentar un poco tu fuerza. – replicó la chica pellizcándole un brazo para enfatizar su punto. – Nunca sabes cuándo puede resultarte útil, como cuando tienes que correr porque vas tarde.

    - Para eso solo hay que levantarse temprano. – dijo él. – Pero vamos, hay más que solo eso. Vamos, confiesa.

    Yotsuba volteó y tardó un poco en responderle. Parecía que estaba buscando una respuesta que él pudiera aceptar. Esta vez no temblaba ni se veía nerviosa, simplemente suspiró con resignación. Era muy extraño verla con esa expresión tan apagada, siendo que siempre se mostraba muy enérgica.

    - Ya que no teníamos que estudiar, pensé que podríamos encontrar otra forma de pasar tiempo juntos. – dijo la chica. – Me ayudaste mucho con los estudios, y yo quería hacer algo por ti. Además, hacer ejercicio es más divertido cuando lo haces con compañía.

    - Podrías haberle pedido a cualquiera de tus amigas. O a tus hermanas.

    - Nah, contigo es diferente. Es mucho más divertido así.

    - ¿Te parece divertido verme sufrir porque se me acaba el aire? – preguntó él fulminándola con la mirada.

    - ¡No, claro que no! – exclamó la chica agitando las manos frenéticamente. – Pero si no lo intentas, nunca sabrás de lo que eres capaz. ¡Quién sabe, puede que hasta te llegue a gustar y todo!

    El chico se quedó mirándola fijamente. Bien, no podía negar que la chica parecía tener buenas intenciones, y aunque el ejercicio físico le resultaba una tortura, ella no lo puso a hacer más de lo que podía.

    Y si era honesto, tampoco había resultado tan aburrido. Quizás cuando volviera a sentir sus piernas lo suficiente, podría darse algunas vueltas adicionales.

    - No esperarás que hagamos todo esto a diario, ¿verdad? – preguntó él.

    - Por supuesto que no. – dijo ella. – Solo una o dos veces a la semana, cuando estemos libres de estudiar. Después podemos aumentarlo cuando estemos más libres y tú te acostumbres.

    Evidentemente, ya daba por hecho que él iba a acostumbrarse. Bueno, eso lo confirmaba, no podría librarse de ella, ni tampoco del ejercicio. Admitiéndolo, una parte de él había deseado ponerse un poco en forma hacía tiempo, ya que al momento de hacer trabajos pesados como cargar cajas, contenedores o mercancía en trabajos de medio tiempo, a menudo lo despedían por no poder llevar la carga lo suficientemente rápido. Y eso siempre resultaba frustrante.

    Para cosas como esa, aumentar su fuerza y aguante no sonaba como una mala opción.

    - Supongo que… podría dar unas cuantas vueltas más. – dijo él con resignación.

    - ¡Yay! ¿Qué tal si hacemos una carrera? ¡Si terminas antes que yo te daré un regalo! – dijo la chica del lazo. – ¡Si no, me lo darás tú a mí!

    Él rodó los ojos; solo estaba apostando porque sabía que él no podía ganarle de ninguna forma. Así no tenía chiste. Mejor, tal vez debía ajustar las posibilidades a algo que sonara humanamente plausible para él.

    - Te propongo otra cosa. Si puedo completar diez vueltas más sin desfallecerme, lo daremos por terminado hoy, y me deberás un favor. Si no… bueno, podrás pedirme lo que quieras, sea lo que sea. Incluso saltarnos un día completo de estudiar.

    - ¡Es un trato! – exclamó con entusiasmo la muchacha. – ¡Jeje, espero que estés listo porque tengo en mente muchas cosas que quisiera pedirte!

    La chica empezó a hacer estiramientos mientras se disponía a correr de nuevo alrededor de la cuadra, mientras por dentro Fuutarou se felicitaba. En su entusiasmo la muy tonta aceptó sus condiciones sin pararse bien a analizarlas. Todo lo que tenía que hacer era completar diez vueltas sin desmayarse. No especificó de cuánto debía tardar, o si debía hacerlo antes que ella.

    La clave sería encontrar el ritmo apropiado para trotar y evitar que se le fuera el aire, y aminorar un poco la marcha cuando fuera necesario.

    (--0--)

    Unos días más tarde…

    Al no tener presión de exámenes y poder tomarse algo de descanso de las tutorías, Fuutarou tenía algunas horas libres desocupadas, las cuales quería utilizar para seguir estudiando. Lamentablemente no parecía que fuese a ser así, ya que Yotsuba lo perseguía para que siguieran haciendo ejercicio juntos, e inconscientemente él había empezado a escapar de ella para evadirse la tortura. Pero cuando lograba alcanzarlo, no encontraba buenas excusas para negarse, ya que su madre no necesitaba manos extras en la panadería para trabajar, por lo que había empezado a buscar trabajos de medio tiempo que pudiese ocupar.

    - "¿Cómo me metí en esto?" – se preguntó mirando el tablero de anuncios.

    - ¡Uesugi-san! – exclamó la voz chillona de Yotsuba, enfatizando el "-san" chocándose contra su espalda, casi derribándolo.

    - ¡Huy! ¿Cuántas veces tengo que decirte que no hagas eso? – exclamó él.

    - Ah vamos, ¿es que no te da gusto verme? – preguntó ella, con su típica sonrisa tonta. – Pero escucha, tengo algo importante que decirte.

    - Si es para hacerme correr otras treinta vueltas, olvídalo. – dijo él. Apenas había recuperado la sensibilidad en las piernas y todavía le daban calambres en las pantorrillas de solo acordarse de dichas maratones.

    - No, no, ya terminamos con eso. – dijo ella. – Tengo en mente algo mucho mejor. ¡Mira esto!

    La chica levantó un panfleto y se lo puso en toda la cara. Parecía ser el anuncio publicitario de un gimnasio, y mostraba la foto de un hombre y una mujer con músculos de fisicoculturistas haciendo levantamiento de pesas. No había necesidad de ser un genio como Fuutarou para entender lo que la chica estaba sugiriendo.

    - No… ni lo pienses. – le dijo preventivamente.

    - ¡Ah, vamos, no seas aguafiestas! – exclamó ella. – Mira, están haciendo una campaña de promoción, una semana gratis de entrenamiento en este nuevo gimnasio. ¡Y está muy cerca de nuestra escuela, podemos ir después de clases cuando no haya nada que estudiar!

    - Habla por ti, yo siempre tengo mucho que estudiar. – declaró él. – No puedo distraerme o mis calificaciones bajarán. Tengo una reputación que mantener, ¿sabes?

    - No vas a bajar tus calificaciones solo por hacer la prueba. – insistió Yotsuba. – Dime, ¿prefieres ser un enclenque toda tu vida, o verte así?

    La chica señaló el panfleto, y sinceramente, si tenía que elegir entre verse como enclenque y como un gorila, prefería ser un enclenque. Tan siquiera su cerebro lo mantendría andando en lugar de dejarse consumir por los músculos como los sujetos de la fotografía.

    - Ya sé lo que piensas. – agregó la chica, mirándolo con ojos acusadores. – Si te quedas como enclenque, antes de darte cuenta no podrás cargar a Raiha-chan para jugar. Ella también está creciendo, ¿sabes?

    El muchacho frunció el cejo, pero se vio incapaz de replicar. Por mucho que le doliera admitirlo, su dulce hermanita no iba a quedarse como una niña para toda la vida. El otro día cuando la levantó para cambiar la lámpara del techo de la sala (no tenían una silla a la mano) tuvo que esforzarse mucho por no voltearse. ¿En qué momento creció tanto?

    - También puedes ser más útil en la panadería para ayudar a tu mamá. – continuó. – Me dijeron que el otro día por poco te fuiste de espaldas con un saco de harina. Con unos brazos más fuertes podrás cargar las bolsas de ingredientes para el pan y sin morir en el intento.

    Otra vez, la chica del lazo le había ganado con sus argumentos. En ocasiones, para ser tan mala en los estudios, Fuutarou tenía la extraña sensación de que en realidad era más lista de lo que parecía, aunque nunca para cosas realmente importantes.

    Empezó a sopesar sus opciones. Por un lado, si la membresía era gratis por una semana, y terminaba sin gustarle, podía decirle a Yotsuba que simplemente no quería volver. Por otro lado, si no resultaba tan malo y no interfería con su horario, algo de entrenamiento de fuerza, como decía Yotsuba, no le vendría mal para ayudar cuando hiciera falta en la panadería.

    Y no era broma; después de algunos accidentes que afortunadamente no tuvieron consecuencias mayores, hasta él sabía que no vendría mal evitar eso. No quería convertirse en una carga después de todo.

    - *Suspiro*, está bien. – le dijo antes de levantar el dedo. – Pero a cambio de eso, tendremos que duplicar el tiempo de estudio para compensar cuando reanudemos las tutorías.

    - ¡Entendido, Uesugi-sensei! – exclamó Yotsuba de nuevo haciendo el saludo militar con entusiasmo. ¿Había hecho un hábito de eso?

    Antes de que pudiera preguntárselo en voz alta o decir cualquier otra cosa, la chica siguió corriendo por el pasillo y desapareció dando la vuelta en la esquina. Él se fue en la dirección contraria ya que tenía que ir a devolver unos libros a la biblioteca, y un pensamiento le vino a la mente: aparte de poder ayudar a su familia, podría sacar los más gordos y pesados sin que la mochila le pesara tanto cuando los necesitaba, y hasta varios a la vez.

    Visto por ese lado, tal vez habría más ventajas de hacer entrenamiento de fuerza con Yotsuba de lo que había imaginado.

    (--0--)

    Más tarde…

    Cuando Yotsuba lo arrastró a ese susodicho gimnasio, Fuutarou admitió que se veía bastante mejor por dentro de lo que pensaba. Al principio asumió que estaría lleno de gorilones sudados y descerebrados abarrotando las máquinas, lo que le daba una imagen mental bastante desagradable. Pero en realidad había bastante gente de su edad, así que no destacaban demasiado. Mejor así; no quería ser el flacucho que sobresalía del resto.

    Afortunadamente para ellos, el gimnasio estaba bien equipado, incluso con ropa de entrenamiento para rentar disponible para los visitantes como ellos. Salido del vestidor el chico se sentía bastante extraño, pues la camiseta deportiva que se había puesto se sentía algo grande para él.

    - Creo que no tienen talla para enclenques como yo. – comentó, sacudiendo un poco los pliegues.

    - No te preocupes, con algo de esfuerzo podrás rellenarla algún día.

    Yotsuba había salido del vestidor de mujeres, y también estaba equipada para iniciar el entrenamiento. El estudioso chico tuvo que hacer un esfuerzo por no dejar los ojos fijos en un solo lugar al mirarla de pies a cabeza y centrarse en su sonrisa tonta. Lo cual, admitiéndolo, no le resultó tarea fácil.

    El atuendo que eligió consistía en un top deportivo verde y unos pantalones negros hasta la rodilla, ambos bien ajustados por lo que le resaltaban el busto y los muslos respectivamente. Entre ambos, su cintura expuesta mostraba un abdomen plano y sin ninguna evidencia de grasa corporal. Una perfecta figura de reloj de arena; no podía negar que la chica estaba en excelente forma, aunque ahora se notaba mucho más que con ropas como el uniforme de la escuela.

    - Bien, ¿ya estás listo? – dijo ella agarrándolo de la muñeca. – ¡Hora de hacer algo de calentamiento!

    El calentamiento consistió en hacer cinco minutos de spinning en la bicicleta estacionaria. Yotsuba afortunadamente ya sabía cómo usarla y la ajustó en el menor nivel de resistencia para que no tuviese dificultades. No estuvo mal para comenzar; tuvo que admitir que no fue una tortura como correr aquellas treinta vueltas.

    Sin embargo, comparado con eso, todo lo demás iba a ser muy diferente. Yotsuba lo convenció de probar cada una de las máquinas de ejercicios para ver "cuál le gustaría más", empezando por hacer bench press. Con Yotsuba vigilándolo, se dispuso a hacer la prueba, pero se percató de que incluso con las pesas más pequeñas, no era capaz de alzar la barra, y tuvieron que quitárselas.

    - Si no puedes con ellas no hay de otra. – dijo Yotsuba. – La barra pesa veinte kilos, no es malo para empezar. Veamos si puedes hacer tres series de diez repeticiones.

    Fuutarou suspiró resignado, pero igual le hizo caso a la chica, que sostenía la barra para ayudarlo con los levantamientos. Logró completar la primera serie con mucha dificultad, pero en la siguiente, se paró en la séptima repetición, y la tercera vez solo logró hacer cinco. Cuando soltó la barra de nuevo dejándola en el rack de seguridad, tuvo que dejar caer sus brazos a los lados.

    - ¿Qué tal? – dijo Yotsuba alegremente. – ¿Verdad que no fue tan malo?

    - Ignorando que se me va el aire y los brazos me matan… supongo que no. – admitió él, parándose para cederle el lugar.

    - Descuida, esto toma tiempo. – aseguró la chica, colocando unas pesas de diez kilos en la barra para empezar a hacer sus propias repeticiones.

    A Fuutarou le sorprendía lo fácil que lo hacía ver Yotsuba, especialmente al ser capaz de levantar el doble de peso que él sin tantas dificultades. Tomó nota de los movimientos de la chica: bajaba la barra lentamente mientras inhalaba, y luego la volvía a levantar mientras exhalaba.

    ¿Por qué andaba mirando hacia ese lugar? ¿En qué diablos estaba pensando?

    - Uff, eso estuvo bueno. Ahora, ¿qué tal si hacemos unas sentadillas? – sugirió Yotsuba.

    Sentadillas, eso sonaba menos brutal que tener que levantar peso. Primero se fue junto a un espejo para practicar hacerlas sin la barra, y aunque al principio no parecía tan malo, a medida que se acercaba a la décima repetición empezó a sentir la presión en su retaguardia, y le preocupaba después no poder sentarse en su pupitre en la escuela.

    - Dios, esto es más difícil de lo que parece. – comentó cuando terminó.

    - Es un poco brutal, pero también hay que entrenar la parte inferior del cuerpo. – explicó Yotsuba, golpeándose los muslos para enfatizar su punto. – Si no lo haces después desarrollas piernas de pollo que no pueden ni sostenerte.

    Fuutarou por un momento se imaginó a sí mismo con todo el torso superior musculoso sostenido por un par de piernas delgadas como palillos. Después de pensarlo un poco, si la chica tenía más masa muscular debajo de su figura delgada de lo que aparentaba, sus anchas caderas y muslos de pronto cobraban sentido, pues debían ser capaces de sostenerla. No eran solo para presumir su atractivo.

    - Pareces saber mucho de cómo ejercitar los músculos. – comentó Fuutarou.

    - Nah, no mucho realmente, solo lo básico. – dijo Yotsuba con modestia. – Ahora veamos qué tal lo haces con la barra. No te preocupes, yo te sostendré si hace falta.

    Aunque no le apetecía del todo echarse ese peso adicional de veinte kilos en la espalda, Fuutarou obedeció y se dispuso a hacer las sentadillas con la barra sobre sus hombros. Yotsuba se puso detrás de él y empezó a contar las repeticiones, animándolo constantemente. Pero si ya era muy duro para su retaguardia sin peso, ahora estaba resultando brutal. Apenas pudo hacer cinco y media en una serie, y Yotsuba tuvo que sujetarle la barra para que no se desplomara.

    - Descansa un poco, después continuamos. – dijo la chica del lazo.

    La siguiente hora la pasaron probando uno a uno los aparatos del gimnasio, y siempre el patrón se repetía: Fuutarou no lograba hacer la serie de repeticiones completa, y luego Yotsuba le demostraba cómo se hacía con peso adicional. No podía negar que le resultaba un poco humillante ver que la chica lo superaba tan fácilmente, pero como él no había obtenido sus logros académicos sin poner todo su esfuerzo, supo que ella debía haber logrado lo mismo con su físico. Simplemente tenía más experiencia y se le había hecho mucho más fácil.

    Todo vendría por el esfuerzo, y eso llevaría tiempo. Tiempo que él no sabía si querría desperdiciar en esto, pero presentía que Yotsuba lo arrastraría de todos modos.

    - ¡Vamos, Uesugi-san, solo una ronda más! – exclamaba Yotsuba mientras hacían ejercicios en una máquina de remo.

    Aquí el chico podía ver más o menos algo de utilidad: si en algún momento iban de campamento a algún lugar donde hubiera canotaje, le vendría bien aprender a remar. De hecho, hacía bastante tiempo que no salía. Logró a duras penas terminar la repetición, aunque Yotsuba le había sacado por mucho y había podido hacer incluso el doble que él.

    Afortunadamente, tuvo un instante de respiro cuando Yotsuba aprovechó de ir al baño, dejándolo allí esperando sentado sobre la máquina de remo. Aprovechó de coger la botella de agua para rehidratarse un poco, ahora que evidentemente se le había ido mucho sudor en todo lo que habían hecho.

    - "Al menos mi familia no me está viendo ahora." – pensó. – "No dejarían de reírse de mí."

    - Hola, hola, miren a quién me encontré.

    Fuutarou por poco se ahogó con el agua al reconocer esa voz. No… no podía ser que…

    Sí, sí lo era. Dándose la vuelta, fue a toparse con una cara sonriente enmarcada por un pelo rubio salvaje muy similar al de su padre, pero más cercana a su edad, y sus ojos ambarinos le observaban con una expresión que parecía una extraña mezcla entre curiosidad, sorpresa y burla.

    - Kintarou… ¿qué haces en este lugar? – le preguntó.

    - ¡Ja! Soy yo el que debería hacerte esa pregunta, primo. – le dijo cruzando los brazos. – ¿Así que por fin decidiste ejercitarte un poco en vez de ser solo un nerd amargado y enclenque?

    Kintarou Uesugi, su primo que vivía en el distrito contiguo y ocasionalmente venía de visita. En muchos sentidos era el opuesto total de Fuutarou: no era nada inclinado académicamente, era atlético (lo cual se le notaba al llevar una camisa de la misma talla, pero que lograba rellenarle las mangas un poco más), y le encantaba lucir una pinta de delincuente, completa con el pelo teñido de rubio y alborotado salvajemente.

    Lo cual le traía una mezcla de recuerdos de cierta imagen de sí mismo que no le resultaban particularmente agradables.

    - Vine porque la membresía es gratis. – dijo Fuutarou bajándose otro trago de su botella de agua. – Y también porque me arrastraron a hacerlo.

    - ¿En serio? ¿Y quién te arrastró, si no te molesta que te pregunte?

    - ¡Gracias por esperar, Uesugi-san! – sonó la voz chillona de Yotsuba que ya venía de regreso. Como era de esperarse, la chica del lazo y el primo de Fuutarou fijaron la mirada una en el otro, y el segundo levantó las cejas haciendo un gesto de interés, pues claramente acababa de obtener la respuesta a su pregunta.

    Y Fuutarou supo por la forma en como sonreía lo que estaba pensando antes que lo dijera.

    - Pero vaya, qué belleza que ven mis ojos. – dijo sonriendo mientras la evaluaba de pies a cabeza. – ¿Ella te trajo aquí, Fuutarou? ¡Oh, no me vas a decir que…! – Sin previo aviso se le fue encima para hacerle un candado en el cuello. – ¡Pequeño bribón, finalmente te conseguiste una novia!

    - ¡Suéltame, idiota! – exclamó él, tratando inútilmente de zafarse. – ¡Suéltame, que te equivocas, ella no es mi novia!

    Entre más forcejeaba, más lo apretaba Kintarou, pero al menos alcanzó a decir lo que quería. Ya tenía la respuesta en la punta de la lengua porque sabía que se iba a hacer ideas equivocadas. Kintarou no se amilanó ante esto y aun después de que lo soltó siguió hablando.

    - ¿No? ¿Significa eso que está disponible? – dijo mientras se le acercaba para verla mejor. – Bueno, es un placer conocerte, preciosa. ¿Cómo te llamas?

    - Yotsuba Nakano, mucho gusto. ¿Eres amigo de Uesugi-san?

    - Nah, solo somos parientes, por desgracia. – dijo Kintarou. – Pero ¿qué hay de ti? Si no eres su novia, entonces…

    - Es mi alumna. – interrumpió Fuutarou, antes que Yotsuba fuese a responderle. – Me están pagando por ser su tutor, ya que necesita urgentemente mejorar sus calificaciones. Solo eso.

    Kintarou se quedó mirándolo fijamente, y luego miró a Yotsuba, que simplemente se encogió de hombros y sonrió mientras asentía. El rubio pareció sentirse aliviado al saber esto por alguna razón, y Fuutarou ya tenía una idea de lo que estaba pensando.

    - Bueno, menos mal; casi creí que era una señal del apocalipsis o algo así. – le dijo. – En fin, será más divertido entrenar si están ustedes aquí. ¿Qué tal si nos conocemos un poco, Nakano-san?

    - Oh, descuida, prefiero que me digan por mi nombre. Y no hacen falta los honoríficos.

    - Bueno, como digas. De aquí puedo ver que estás en buena forma. – le dijo claramente observando sus curvas. – ¿Quieres hacer una pequeña competencia amistosa?

    - ¿Por qué no? Apuesto a que eso motivará más a tu primo aquí, jejeje.

    De pronto Fuutarou sintió que le daba un respingo cuando vio las miradas tanto de Yotsuba como de su primo. Podría haber soportado estar a solas con ella y la tortura física, pero con Kintarou de por medio, este día de entrenamiento iba a volverse de una simple molestia que podía tolerar a una pesadilla total. Su primo siempre sabía cuándo y cómo pulsarle los botones para arrastrarlo a competir contra él y restregárselo en la cara después.

    Y hoy no iba a ser la excepción.



    Si algo bueno podría haber dicho Fuutarou de la tarde en el gimnasio, sería que pasó bastante más rápido de lo que esperaba, pero había quedado más agotado que con su maratón de vueltas de trote. Al menos Yotsuba y Kintarou disfrutaron de su competencia, que después de empatar prácticamente en todo lo decidieron con quién era capaz de correr más rápido en la caminadora.

    - Wow, me tienes sorprendido. – dijo el rubio. – Eres la primera que me gana a correr. Y no solo eso, que me siguieras el paso en todas las máquinas.

    - Jaja, es útil para no llegar tarde a clases, ¿verdad? – dijo dirigiéndose a Fuutarou, que simplemente se encogió de hombros.

    - Disculpen, estoy muy ocupado tratando de recuperar la sensibilidad en mis extremidades. – les dijo, haciendo un esfuerzo por caminar.

    - Ah, descuida, para mañana volverás a sentirlas. – dijo Kintarou. – Junto con todo el dolor del entrenamiento, obviamente.

    No tenía que recordárselo; esa era la parte que más se temía. Empezaba a arrepentirse seriamente de haberse dejado arrastrar por Yotsuba al gimnasio en primer lugar. Mañana iba a ser un infierno para volver a levantarse.

    - Bueno, fue divertido pasar la tarde con ustedes. – dijo Kintarou, aproximándose a una moto que estaba estacionada cerca de allí. – ¿Quieres que te lleve, Yotsuba? Tengo un casco de reserva.

    - Gracias, pero prefiero caminar. – dijo la chica del lazo. – Además, alguien tiene que asegurarse que tu primo llegue a su casa sano y salvo.

    - Cierto. – dijo el rubio poniéndose su casco. – Bueno, otro día será. ¡Nos veremos luego, primo!

    Pateó el pedal para ponerla en marcha y arrancó para alejarse de allí. Al decir "nos veremos luego" probablemente quería decir "pasaré la noche en tu casa".

    - Tu primo es muy simpático. – comentó la Nakano. – Podrías aprender a ser más sociable como él.

    - Tch, todos dicen eso. – comentó Fuutarou. – Mi papá dice que él se le parece más que yo. Claro, solo porque se tiñen el pelo.

    - Pues no te verías tan mal de rubio. – sugirió Yotsuba mientras lo examinaba con la mano en el mentón. – Quizás hasta un arete o dos.

    Fuutarou le dirigió una mirada a la chica. ¿Lo decía en serio? Por la forma como hablaba, parecía que le gustaban los de su tipo.

    - Suenas a que tú y él podrían llevarse muy bien. ¿Por qué no lo invitas a salir o algo?

    - Nah, creo que mejor no. – dijo ella, estirando los brazos. – Me quitaría tiempo para otras cosas más importantes… como estudiar contigo.

    El chico ladeó la cabeza, un poco sorprendido por el tono de la muchacha. Yotsuba era una chica hiperactiva y poco inclinada a estudiar (a menos que él estuviera cerca o se lo dijera de manera explícita), así que le extrañaba que dejase pasar esa oportunidad. Bueno, al menos con eso no tendría que preocuparse de que le fuesen a recortar su paga.

    - Aun así, ¿me vas a negar que fue divertido entrenar todos juntos? – siguió la chica.

    - Bueno… supongo que fue divertido cuando le ganaste al idiota en la caminadora. – admitió. – Su cara cuando se lo llevó la cinta no tuvo precio.

    Admitiéndolo, considerando lo presumido que era Kintarou en lo que hacía (cosa de familia, lo cual el propio Fuutarou podía atestiguar), le dio gusto verlo ser superado en algo para variar. Si bien no se lo tomó a mal, le dio algo de catarsis que Yotsuba fuese más atlética que él, aunque fuese solo un poco.

    Y otra cosa… la imagen de la chica mientras se ejercitaba con esa ropa tan ajustada no se le hacía un mal espectáculo a la vista. No le molestaría volver al gimnasio solo para verlo, pero no lo iba a decir de dientes para afuera, de ninguna manera.

    - Bien, es mejor que descanses mañana. – dijo Yotsuba. – Aún quedan varios días de membresía gratuita, y seguro podrás sacar algo de músculos en ese tiempo.

    Fuutarou lo veía improbable, aunque mientras su molestoso primo no decidiera venir a hacerle compañía, quizás podría sobrellevarlo. Aunque fuese solo por admirar un poco los atributos atléticos de Yotsuba.

    - "Dios, ¿en qué diablos estoy pensando?"

    (--0--)

    Biblioteca de la preparatoria Asahiyama, días después…

    Fuutarou se sentía feliz de haber podido volver a su ritmo habitual de actividad. La biblioteca escolar definitivamente era su santuario, el lugar donde podía ejercitar su mente, donde se sentía más a gusto haciendo lo que más disfrutaba en la vida: estudiar.

    O así sería, si no fuese porque aquel día los brazos le dolían tanto que apenas podía levantar los libros y sentía ardor en toda la mano, extendiéndose por el antebrazo cuando intentaba escribir. Caminar hasta la escuela le llevó un esfuerzo similar, si bien las piernas no las sentía entumidas y era capaz de soportarlo, aunque sus sentaderas todavía se quejaban. ¿En qué momento las sillas de la biblioteca se habían vuelto tan duras?

    - "A este paso no terminaré de preparar los ejercicios para Yotsuba." – pensó, haciendo un esfuerzo por mover el lápiz.

    Quizás, si hubiese apartado algo de tiempo para hacer ejercicios en el pasado en vez de solo estudiar, ahora no se sentiría tan adolorido. Por otro lado, se preguntaba si debió haberse dejado convencer por Yotsuba de empezar a entrenar. Si bien las veces siguientes no le resultó tan molesto… el dolor todavía era similar.

    - ¡Uesugi-san! – exclamó la voz chillona de la chica desde la puerta de la biblioteca, llegando tan alegre como siempre. – ¿Qué vamos a hacer hoy?

    - Estoy pensándolo. – respondió él. – Solo dame algo de tiempo para recuperar la sensibilidad en mis miembros.

    - Oh, te ves terrible. – dijo ella, llevándose la mano a la boca. – ¿Ese entrenamiento fue demasiado para ti?

    - Solo un poco. - Trató de mover los dedos de la mano para escribir mientras la chica se sentaba. En cuanto lo hizo se quedó mirándola y vio que su expresión alegre habitual se había apagado notablemente.

    - De verdad lo siento. – le dijo en un tono realmente apenado. – Yo solo pensé que… podríamos pasar más tiempo juntos, hacer algo divertido. Es decir, me gusta que estudiemos, pero…

    - No te disculpes. – respondió él. – No es culpa tuya que yo sea un enclenque que no es capaz de alzar una barra sin pesas.

    - No exageres, claro que pudiste. – dijo ella. – Pero oye, muchos atletas profesionales llegan a ser buenos en sus estudios, ¿no? Seguro que tú también puedes, aunque sea un poco.

    - Aprecio tu preocupación. – dijo él lacónicamente. – Pero sinceramente, creo que hoy no estoy para…

    - Ah, Nakano-san, al fin te encuentro.

    Los dos voltearon en dirección de la voz. Una voz bastante tenebrosa y escalofriante, y por lo que Fuutarou vio, se trataba de una persona igual de tenebrosa y escalofriante. Era una chica que llevaba un chándal deportivo, del club de atletismo, con pelo largo atado en una larga cola de caballo y la piel algo tostada. Dicha chica se aproximó a su mesa.

    - Ah, Eba-san. – dijo Yotsuba, identificando a la recién llegada. – ¿Sucede algo?

    - Sí, te estaba buscando. El club de atletismo necesita ayuda urgentemente. Dijiste que estarías disponible si necesitábamos un reemplazo, ¿verdad?

    - Ehhh… sí, eso dije.

    - ¡Espléndido! Porque en este momento una de nuestras corredoras acaba de ser transferida a otra escuela, y nos quedamos sin un miembro para las carreras de relevos. ¿Podrías ayudarnos?

    Hablaba con una voz que a Fuutarou le sonaba casi proveniente de una película de fantasmas. Si fuese un poco más pálida, él casi creería que habría salido de ultratumba.

    - Eh, supongo que puedo hacerlo. ¿Cuándo…?

    - ¡Ahora mismo! – exclamó agarrándola de las muñecas. – ¡Entre más pronto vengas, mejor!

    Yotsuba miró en dirección de Fuutarou. Por alguna extraña razón, el chico tuvo la sensación de que en vez de querer preguntarle "¿Puedo ir?" intentaba decirle "¡Ayúdame!" y francamente no podía culparla con el aspecto que tenía esa chica llamada Eba.

    Sin embargo, su parte racional le dijo que, al menos en su actual estado, poco podría hacer para intentar detenerla, así que habló con resignación.

    - No creo que podamos hacer mucho hoy. – le dijo. – Puedes ir, si es solo algo temporal.

    - D-de acuerdo. – dijo Yotsuba sonriendo. – ¡M-muy bien, Eba-san, vamos de una vez!

    Eba y Yotsuba abandonaron la biblioteca, y Fuutarou tuvo la extraña sensación de que iba a arrepentirse de su decisión. Pero al menos de momento, el dolor que sentía en sus extremidades terminó por acallar a esos pensamientos.

    Apenas tenía la fuerza para pasar página.

    (--0--)

    Panadería Uesugi, un poco más tarde…

    Era difícil disfrutar de las clases con las extremidades adoloridas, y Fuutarou sintió un gran alivio cuando pudo finalmente irse a casa. La caminata hacia la panadería de su familia le sirvió para aliviar por lo menos en parte esos dolores musculares. Quizás hasta comer algo allí le ayudase a sentirse mejor.

    O así habría sido, si no fuese porque cuando estaba por llegar a la entrada, una motocicleta le rugió cerca, haciéndole sobresaltarse.

    - ¡Hey! – exclamó con rabia, y luego rápidamente reconoció la moto y a su ocupante. – Ah, eras tú, debí imaginarlo.

    - ¿Qué pasa? ¿Así saludas a tu primo favorito? – Kintarou se sacó su casco para mirarlo de frente, con su enorme sonrisa dentuda.

    - Eres mi único primo. – señaló Fuutarou. – ¿Hasta cuándo planeas seguir por aquí?

    Eso último era una pregunta retórica, desde luego. Sabía bien por qué seguía por aquí, y aunque habría querido echarlo de su casa, no podría. Sus padres no lo permitirían.

    - Oye, pareces estar de peor humor de lo que pensé. – dijo Kintarou dándole una palmada en la espalda. Fuutarou tuvo que reprimir un grito. – Ah, perdón, ¿todavía las secuelas del entrenamiento?

    - ¿Tú qué crees? – dijo Fuutarou tratando de frotarse para aliviar el dolor. – Pero Yotsuba no ha terminado. Aun quiere que sigamos entrenando.

    - Bueno, mucha falta que te hace. – admitió Kintarou. – Hablando de ella, ¿no está contigo hoy?

    - Tiene cosas que hacer con el club de atletismo. – Fuutarou se encogió de hombros simplemente. – Aunque para mí eso es un respiro, necesito que deje de dolerme todo el cuerpo antes de reanudar nuestras sesiones de estudio.

    - Oye, primo, si no duele, no sirve. – Acto seguido, le puso el brazo alrededor de los hombros, aunque con cuidado de no lastimarlo. – Aquí entre nos, esa chica es un verdadero bombón, yo que tú no la dejaría pasar, ¿eh?

    - ¿De qué hablas?

    - Oh, vamos, ¿crees que no me doy cuenta? ¡Esa chica está loca por ti, y tú no le pones atención! – protestó el rubio. – Te lo digo, las chicas como ella son únicas en su tipo, ¡podrías no tener otra oportunidad!

    Fuutarou por un momento se sintió tentado a decirle que Yotsuba tenía cuatro hermanas idénticas, pero se contuvo. No necesitaba que Kintarou fuese a hacerse ideas extrañas ni mucho menos, especialmente bajo la posibilidad de que Yotsuba no fuese la única que sentía algo de atracción hacia él.

    No era que le cayeran mal, pero ninguna de ellas era el tipo de chica que él buscaba.

    - Tch, qué aguafiestas eres. Si sigues a ese paso, perderás tus mejores años y te arrepentirás. – Acto seguido volvió a ponerse su casco. – Bueno, si cambias de parecer, solo llámame y te daré algunos consejos.

    - Claro, lo que digas. – replicó Fuutarou encogiéndose de hombros.

    Sin decir más, Kintarou arrancó su moto de nuevo y se marchó de allí. De todas maneras, iba a tener que verlo ya que se estaba quedando en casa de él. Y tener que soportarle los ronquidos en su habitación no ayudaba a sus horas de sueño.

    Bueno, no tendría que preocuparse por él de momento. Por ahora, solo iba por su habitual bocadillo cuando hacía la parada en la panadería de su madre…

    - ¡Uesugi!

    Hasta que una voz lo detuvo abruptamente. De repente se vio sujetado por los pliegues de su camisa y arrastrado contra su voluntad. Cuando se dio cuenta de lo sucedido, estaba arrinconado contra una pared, frente a él había un par de listones negros con forma de mariposa, y unos ojos azules que lo miraban de manera tan gélida que casi pensó que moriría por congelación.

    - ¿N-Nino? – dijo cuando sintió que recuperaba la voz.

    Estuvo a punto de preguntarle qué hacía allí, pero al bajar la mirada vio que llevaba el delantal de uniforme del local. Eso indicaba que claramente había aceptado la oferta de su madre de trabajar en ese lugar. Grandioso, pero ahora urgían otras cosas. Su parte racional logró calmarse y encontrar otra ruta, afortunadamente.

    - ¿Puedo saber por qué me arrastraste aquí?

    Efectivamente, al ver a su alrededor se dio cuenta que estaba en el cuarto de empleados de la panadería. Y como él no era un empleado en aquel momento, técnicamente no debería estar allí.

    - Lo siento, odio hacer esto, pero tengo que preguntarte algo muy importante. – le dijo la segunda Nakano, en un tono que sonaba bastante serio. – Y no quiero hacer una escena en el local.

    - Si mamá se entera, los dos vamos a tener problemas. – señaló Fuutarou.

    - Salió un momento, no tiene por qué saberlo. – dijo ella simplemente. – Solo te haré una pregunta rápida, así que no te preocupes. Y más te vale que quede entre nosotros, ¿está claro?

    - ¿De qué hablas? – preguntó él sin entender.

    - Si te atreves a decirle una palabra a Yotsuba o a alguna de mis hermanas, eres hombre muerto. ¿Entendiste?

    Fuutarou tragó saliva, pero asintió, así fuese solo por preservar su integridad física. ¿En qué acababa de meterse? ¿Qué era tan importante para que Nino lo amenazara?

    - Sí, sí, lo que digas, solo no me mates. – dijo él, intentando no delatar lo aterrado que se sentía de solo mirarla a los ojos. – Ahora, ¿me vas a decir qué es tan importante?

    - ¡Promételo!

    - ¡Lo prometo, está bien, pero date prisa y dilo! – exclamó.

    Nino tomó un profundo respiro. Los dos no tenían la mejor de las relaciones, así que debía tratarse de algo muy importante para que viniera a él, o mejor dicho, que lo hubiera arrastrado de esa manera. ¿Podría ser algo grave?

    - Ese… ese chico malo con el que hablaste hace un momento. – dijo finalmente, en un tono mucho más calmado. Fuutarou también notó que empezaba a jugar con sus dedos y se sonrojaba levemente.

    - ¿Quién, Kintarou? Es mi primo, ¿qué pasa con él? – preguntó confundido. Nino apretó los labios, como si le costara mucho decir las palabras, pero finalmente las escupió.

    - ¿Me lo podrías presentar?

    - ¿Eh?

    Su cerebro se quedó congelado momentáneamente al asimilar lo que acababa de oír. De acuerdo, de todas las cosas que se le habrían ocurrido que podría querer preguntarle, definitivamente esa NO era una de ellas. ¿Quería que le presentara a Kintarou?

    - ¿No me escuchaste? Dije que si me lo podrías presentar.

    - ¿Para qué? – preguntó él, todavía sin entender del todo. Nino se enfurruñó más y casi lo estrujó, pero de alguna manera mantuvo la compostura y decidió soltarlo, para luego ponerse a enredar la cinta de uno de sus listones entre sus dedos, sin atreverse a mirarlo de frente.

    - Los vi mientras hablaban por el cristal. – le dijo. – Así que se llama Kintarou, ¿eh? Bueno, tiene una pinta de chico malo, justo como a mí me gusta. Y encima tiene una moto, me encantaría que un chico así me sacara a pasear alguna vez.

    - ¿Eh? Oye, me estás diciendo que…

    - Shhhh, sí, es exactamente lo que estás pensando, genio. – dijo enfatizando el sarcasmo en la última palabra. – Odio pedirte esto, pero si ustedes son familia, podría ser mi única oportunidad de conocerlo.

    Fuutarou cruzó los brazos, mirando fijamente a la segunda hermana Nakano. Era muy inusual verla tan descontrolada, y ciertamente no había cesado las hostilidades cuando él iba al apartamento para sus tutorías con Yotsuba. Quizás era una oportunidad para vengarse haciéndola sufrir un poco.

    - No lo sé… Yotsuba y yo nos topamos con él en el gimnasio, y ella pareció agradarle mucho. – comentó despreocupadamente.

    - ¡¿Eh?! ¡No, no me digas que…!

    - Desde luego, él todavía no sabe que Yotsuba tiene hermanas. – agregó de inmediato, sonriendo para que ella se calmara. – Y conociéndolo, seguro estaría muy feliz de saberlo.

    - ¿Entonces…?

    - Se está quedando en nuestra casa unos días. – explicó Fuutarou. – Al parecer hubo una explosión de gas en su escuela y mientras reparan el daño las clases estarán suspendidas, así que se quedará con nosotros un poco más.

    »Podría hablarle bien de ti, de lo deliciosas que son tus galletas, y decirle que estás trabajando aquí para que te conozca. Pero si lo hago, me deberás un favor, y un día me lo tendrás que devolver. Soy alguien que siempre paga sus deudas, y siempre espero que los demás paguen las que tienen conmigo.

    Nino frunció la boca, mordiéndose el labio mientras trataba de aguantarse las ganas de soltar un improperio o grito de rabia. Fuutarou casi podía escuchar el debate mental que debía estar ocurriendo dentro de la cabeza de la chica: sabía que no le caía del todo bien y haberle pedido un favor no le agradaba en absoluto. Pero al no ver otros medios, se tragó el orgullo y acudió voluntariamente a él.

    - Está bien, tú ganas. – admitió finalmente de mala gana. – Te la quedaré debiendo, pero será solo cosa de una vez, ¿me entendiste?

    Los dos sellaron el trato con un apretón de manos. Fuutarou tuvo la sensación de que Nino intencionalmente quiso triturarle los dedos, y si bien le dolió un poco, se rehusó a rebajarse a hacer lo mismo. Aunque no supo si no le dolía tanto como creyó porque Nino no era tan fuerte como Yotsuba, o quizás porque el entrenamiento que había hecho con esta última le habría dado algo de resistencia al dolor.

    Fuera como fuese, él cumpliría su parte del trato. Ya lo demás, si resultaba bien para Nino o no, eso le daba igual, no sería su problema.

    (--0--)

    Unos días después…

    Los días pasaron. Yotsuba tenía razón en que la primera vez era la peor. Las veces subsiguientes que salieron a ejercitarse juntos, el cuerpo no le dolía tanto como el primer día una vez que terminaban. Lo cual era solo marginalmente cierto: la diferencia de dolor entre el primer día y hasta ese punto era mínima. Los brazos y las piernas todavía le mataban y si lo que buscaba era incrementar su tolerancia al dolor, aun le faltaba un largo camino por recorrer.

    En cierto momento Yotsuba lo convenció de ir a trotar junto con el resto del club de atletismo, cosa que él aceptó a regañadientes a pesar de las malas vibras que le daba su capitana, esa chica llamada Eba (no era capaz de mirarla a los ojos sin que le diera un escalofrío). Dicho eso, aunque lo dejaron atrás varias veces, no se quedó sin terminar el recorrido, si bien al final del día, Yotsuba tuvo que llevarlo a casa y prácticamente depositarlo en su cama porque ya no daba más. Como resultado, él prometió ser el doble de estricto en su próxima sesión de estudio.

    Pero dicha sesión no era hoy. De nuevo estaban técnicamente en un día libre y como ya había terminado su tanda de deberes, no tenía compromisos que le impidieran unirse de nuevo a Yotsuba en correr algunas vueltas alrededor del parque. Aunque esta vez empezaron por la tarde para terminar durante el ocaso, igual que el primer día terminaron descansando sentados en los columpios.

    - ¡Mejoraste tu récord hoy, Uesugi-san! – exclamó Yotsuba pasándole la botella de agua. – Terminaste tus treinta vueltas más rápido que el primer día.

    - Si es que eso vale perder la sensibilidad en mis piernas. – dijo él. Efectivamente, tenía ambas piernas entumidas por correr tanto.

    Aceptando la botella, se la bajó casi de un solo golpe luego de todo lo que sudó durante esa caminata. Hasta él sentía el progreso, por pequeño que fuese, pero seguía sin agradarle mucho. El esfuerzo físico exagerado definitivamente no era lo suyo.

    Al cabo de un rato, Fuutarou se quedó mirando alrededor del parque donde se encontraban. Las veces anteriores que habían terminado su jornada de ejercicios en este lugar no habían visto a nadie más. Seguramente por eso lo elegía, para que nadie más viniera a molestarlos. Visto por ese lado, parecía un lugar bastante tranquilo donde descansar.

    O por lo menos, lo sería si a ella no le hubiera dado por pararse sobre el columpio y empezar a balancearse en él, rechinando las cadenas.

    - ¿Qué estás haciendo? – le preguntó.

    - ¿Tú qué crees? – replicó ella. – ¡Mira, cuando te balanceas te da una gran vista de la ciudad, sobre todo a esta hora!

    - No me digas. – replicó él incrédulo.

    - ¡En serio! ¡Adelante, inténtalo! – insistió la chica.

    Él no le hizo caso, simplemente se contentó con mirarla mientras se columpiaba. A veces realmente podía portarse como una niña grande, qué inmadura. Aun así, claramente se estaba divirtiendo mucho.

    Al cabo de unos minutos, luego de alcanzar una buena altura, Yotsuba saltó fuera del columpio, volando por el aire y cayendo a una buena distancia. Por un instante a él le preocupó que se fuera a lastimar o algo, pero aterrizó perfectamente, incorporándose de inmediato y alzando sus puños en el aire triunfante.

    - ¡Jaja, rompí mi récord personal! – exclamó la chica del lazo, haciéndolo sentir a partes iguales molesto y aliviado. Así que no pudo más que encogerse de hombros.

    - Te portas como una niña, en serio. – le dijo secamente cuando ella se volvió a sentar.

    - Jeje, eso me dicen las demás. – dijo Yotsuba. – Soy la única que no ha madurado nada de nosotras cinco. Por eso me suspendieron en nuestra antigua escuela. Y quizás por eso aun vengo aquí.

    La última parte la dijo en un tono que sonaba nostálgico. Sin saber muy bien por qué, volteó a ver a Yotsuba mientras ella bajaba ligeramente la mirada, antes de agarrarse de las cadenas y columpiarse otra vez, aunque ya no con el mismo entusiasmo de antes.

    - A veces vengo aquí cuando me siento sola o triste. – le dijo. – Es mi lugar especial para escapar de todo y de todos.

    - Bueno, es muy tranquilo y relajante. – dijo él. – ¿Tus hermanas saben de este lugar?

    - No creo, solo vinimos juntas una vez. – replicó Yotsuba. – Quizás ni siquiera lo recuerden. Pero está bien, como dije, me gusta que este sea mi lugar.

    Fuutarou volvió a dirigirle la mirada. Era extraño, pero ese tono nostálgico en la muchacha le provocaba una sensación por dentro que no podía comprender. No podía decir que fuese mala, pero no era del todo buena. Por lo que él sabía, las cinco hermanas Nakano compartían prácticamente todo, y era extraño pensar que Yotsuba tuviese algo que quería que fuese de ella.

    Y más extraño todavía, que lo compartiera con él quien, a comparación de sus hermanas, era casi un desconocido. Bueno, quizás ya no tan desconocido, pero aun así…

    - "¿Por qué estoy pensando en eso?"

    A pesar de los dolores que le provocaba, tanto corporales con el entrenamiento, como de cabeza cuando tenían que estudiar, ya no era que pudiesen llamarse "desconocidos" o "conocidos". Si en las sesiones de estudio eran profesor y alumna, los roles se invertían cuando hacían ejercicio, siendo ella la que le enseñaba a él. Aunque ambas cosas le molestaban al inicio, a medida que pasaban los días se le hacía más y más tolerable.

    Ichika le había dicho que podían ser amigos, y que claramente ella estaba dispuesta a serlo. ¿Era ese el caso con Yotsuba? A primera vista eso parecía: la chica buscaba que pudieran pasar tiempo juntos más allá de estudiar, quizás porque quería que pudieran divertirse como amigos.

    Y a pesar de ser molesta, torpe y escandalosa… por dentro se encontraba incapaz de odiarla. No le parecía tan malo pasar tiempo con ella fuera de la escuela o de estudiar, si era sincero.

    - ¡Bueno, ya se acabó el descanso! – exclamó Yotsuba, retornando a su habitual semblante lleno de energía y radiante. – ¿Qué tal si hacemos un maratón de regreso a casa?

    - ¿Maratón? – preguntó él. – No estarás pensando en…

    - Desde luego que no. – dijo Yotsuba. – Haremos un trote suave, para que no te canses demasiado. Así tomaremos la ruta escénica, además no es tan tarde.

    Eso estaba bien para él. Ya por lo menos había descansado lo suficiente para emprender el camino a casa. Aunque si Yotsuba lo acompañaba, seguramente Raiha querría invitarla a cenar con ellos.

    Sería una caminata larga a casa, pero al menos no se aburriría.

    Esta historia continuará…

    (--0--)

    Notas del autor:

    Primero que nada, sí, aquí Kintarou es real, demándenme si quieren. El asunto es que, bueno, en vista de que no quiero hacer harem con las demás quintillizas, esto fue lo mejor que se me ocurrió al menos en el caso de Nino. Porque en serio; si en canon Fuutarou pudo ayudar a Maeda a encontrar al amor de su vida (aunque fuera de manera accidental) para que no molestara a Ichika, no habría sido una mala manera de sacar a las otras sin necesidad de recurrir a métodos como matarlas o peor, volviéndolas villanas de telenovela barata. Entre otras cosas, y aunque Nino no es mi quintilliza favorita, no puedo negar que me habría gustado verla con un Kintarou alguna vez. Además, creo que estarán de acuerdo conmigo en que ser cuñados que les gusta picarse no es una mala alternativa para una relación entre ellos, eso también es divertido. En canon la relación con Itsuki pintaba como para eso, si es que no se tomaban sus interacciones como potencialmente románticas, y como Nino es muy similar, pensé que podría funcionar.

    Lo otro también, el entrenamiento es una buena oportunidad para que Fuutarou pueda notar los atributos físicos de Yotsuba. Porque está bien que aprecie sus cualidades en lo que a personalidad se refiere, pero no es malo que eso también vaya de la mano con algo de atracción física, sobre todo considerando que todas son muy hermosas. Algunos dirán que eso suena superficial, pero muchas relaciones inician con atracción física, y enamorarse de alguien significa apreciarle todas sus cualidades. También, si en las escenas del gimnasio notaron similitudes o referencias a cierta serie de anime centrada en hacer ejercicios ("Danberu Nan Kilo Moteru?" o su título en inglés "How Heavy are the Dumbbells You Lift?"), no es coincidencia (la recomiendo ampliamente para pasar la cuarentena, los ejercicios realmente funcionan y se pueden hacer fácilmente en casa). Supuse que sería una buena forma de dar el primer paso para que Fuutarou supere sus limitaciones físicas, que es lo que dije que mencionó haber querido hacer en canon, pero nunca tuvo oportunidad (y nunca supimos si llegó a hacerlo), para un poco de desarrollo individual adicional, lo que para mí es un plus. Y por último, también con esto adelanté algo la visita de ambos al sitio de los columpios de Yotsuba, para acercarlos un poco más sentimentalmente. En resumen, con este capítulo mato tres pájaros de un tiro con ellos dos, y cuatro si cuento a Nino y Kintarou como una pareja secundaria potencial para "remover estorbos" sin que nadie salga dañado.

    Eso ya es todo, espero que lo hayan disfrutado, hasta el siguiente ;)
     
  7. Threadmarks: Capítulo 7
     
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    Forma del Corazón - Trébol de Cuatro Hojas (Go Toubun no Hanayome)
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    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    9015
    Capítulo 7: Tengamos una cita.

    (--0--)

    Apartamento Nakano…

    Fuutarou no podía estar más aliviado de haber retornado a su ritmo normal. El esfuerzo físico definitivamente no era su fuerte, y para ser honesto aún no se sentía del todo cómodo siendo el alumno en lugar del instructor. Aunque su familia, especialmente su padre y su molesto primo supieron cómo pulsarle los botones para que siguiera el entrenamiento con Yotsuba, apelando a su orgullo. Los muy bribones sabían que solo bastaba sugerir que no sería capaz de aguantarlo durante dos semanas, y él estaba determinado a probarles que se equivocaban.

    Bueno, el caso fue que lo logró. Sobrevivió al entrenamiento y aquí estaba de vuelta, haciendo lo que suponía que debía hacer: estudiar.

    Después de los exámenes parciales, las sesiones de estudio empezaron a tornarse más dinámicas y concurridas. Al parecer, varias de las otras hermanas se interesaron bastante cuando vieron la notable mejoría de las notas de Yotsuba, aunque solo hubiera pasado tres de las clases a duras penas y en las otras dos siguiera muy deficiente.

    Pese a todo, en ese momento no estaban estudiando. Si bien normalmente se habría opuesto, al no tener tanta tarea acumulada supuso que no haría daño flexibilizarse un poco y hacer alguna otra cosa de vez en cuando. Se habían sentado alrededor de la mesa él, Yotsuba, Ichika y Nino, todos jugando cartas para pasar el tiempo luego de terminar de estudiar. Extrañamente, parecían ir mucho más rápido cuando estudiaban juntos. Entretanto, Miku estaba recargada en el sofá con los auriculares puestos y jugando con su Tablet. En cuanto a Itsuki, se había encerrado a estudiar sola en su cuarto y parecía que no quería salir de allí mientras Fuutarou estuviera en la sala.

    - ¡Jaja, yo gano! – exclamó Yotsuba, echando su última carta a la enorme pila en el centro de la mesa.

    - Lo siento, Yotsuba, rompiste las reglas. – dijo Ichika con una gran sonrisa. – Olvidaste decir "Uno" antes de tirar la última carta.

    - ¡¿Eeeeehhh?! Aw, rayos. – Yotsuba cogió de vuelta su carta y volvió a lanzarla. – ¡Ahora sí! ¡Uno! – exclamó mientras alzaba los brazos en señal de triunfo.

    - Ya no cuenta. – dijo Fuutarou en voz seria, dejando caer su última carta. – Uno.

    - ¡Bien hecho, Fuutarou-kun! – lo felicitó Ichika. – Con eso llevas ocho manos ganadas.

    Fuutarou no sabía realmente por qué había aceptado jugar, pero admitía que se sentía bien cuando les ganaba. Yotsuba hizo un puchero y Nino parecía que quería arrugar las cartas, pero simplemente las dejó caer entre la pila. Ichika por su parte solo se reía al ver las caras enojadas de sus hermanas.

    - Ya me aburrí de este juego. – dijo Nino, poniéndose de pie y estirando los brazos. – Miku, ¿quieres jugar tú?

    La tercera hermana estaba tan enfrascada en su propio juego que parecía no haberla escuchado. Fuutarou vio que Nino se le escurría por detrás con una sonrisa maliciosa y alargaba la mano para quitarle los auriculares.

    Miku tardó un momento en percatarse de lo sucedido, y puso los ojos en rendijas al dirigirle la mirada a Nino, que los sostenía burlonamente.

    - Devuélveme eso. – dijo Miku con voz seca tratando de recuperarlos.

    - Perdón, no me estabas escuchando. ¡Ah, mira, acabas de perder!

    Miku miró hacia su Tablet, y suspiró mientras se encogía de hombros, antes de pararse del sofá y quitarle los auriculares a Nino para ponérselos de nuevo alrededor del cuello.

    - Por tu culpa ese sujeto me volvió a ganar. Estuve así de cerca de quitarle su racha. – dijo Miku en tono monocorde, aunque claramente denotaba molestia.

    - ¿De qué sujeto hablas? – preguntó Fuutarou interesado. Miku simplemente se encogió de hombros y apagó su Tablet antes de contestarle.

    - Hay un usuario en el servidor online que siempre me gana cuando nos enfrentamos. – dijo Miku. De nuevo, su voz monocorde hacía poco para ocultar la molestia que sentía. – Es el único al que nunca he podido derrotar.

    - Oh, ¿así que tienes un rival? – dijo Nino burlonamente. – Buena suerte con él la próxima vez.

    Mientras Nino se iba a la cocina para verificar cómo iba la cena, Miku se sentó en el lugar que antes ocupaba y se dispuso a jugar la siguiente mano con los demás. A los pocos minutos Itsuki bajó, y tras darle una mirada que claramente decía "¿Todavía estás aquí?", llamó a preguntarle a Nino si la cena ya estaba lista, Se molestó cuando su hermana le dijo que faltaban unos minutos, así que fue a sentarse en el sofá, cogió el control remoto y cambió los canales hasta que encontró un documental sobre la vida marina, mientras los demás seguían enfrascados en su juego de cartas.

    - ¡Uno! – exclamó Yotsuba al tirar una carta +2 y quedarse con una sola en la mano. – ¡Jaja, ahora sí les voy a ganar!

    - No tan rápido. – dijo Miku, tirando una carta reversa, haciendo que le devolviera la pila, para molestia de la chica del lazo.

    - El trébol de cuatro hojas no parece muy afortunado hoy, ¿no creen? – comentó Ichika.

    Yotsuba puso cara de puchero, pero tomó las cartas y la mano continuó. Cartas iban y venían, y cada vez que la cuarta hermana parecía estar a punto de ganar la mano, le tiraban una carta reversa o una de castigo. En cierto momento, cuando solo le quedaban dos cartas en la mano, tiró una carta +4, y sonrió muy satisfecha de sí misma.

    - Trampa. – dijo Miku. – Debiste tirar la otra.

    - ¿Q-qué? ¡C-claro que no fue trampa! – dijo Yotsuba tartamudeando.

    - ¿A quién engañas? – dijo Ichika, cogiendo la carta restante.

    - ¡Hey! – exclamó Yotsuba tratando de recuperarla, pero Ichika no la dejó, y al enseñarla, efectivamente podía haberla jugado, y como resultado fue penalizada con ocho cartas más.

    - Uno. – dijo entonces Miku, descartándose de su última y con eso ganando la mano. Yotsuba se fue pataleando para atrás haciendo un berrinche como niña chiquita.

    - ¡Rayos! ¿Cómo lo supiste? – le preguntó.

    - No tienes cara de póker, Yotsuba. – dijo la hermana mayor. – Te delataste en cuanto Miku dijo que hiciste trampa. Siempre has sido muy mala para mentir.

    La chica del lazo se enfurruñó, pero un segundo después se estaba riendo junto con su hermana, antes de echar de nuevo todas sus cartas a la pila aceptando su derrota. Justo en ese momento Nino anunció que la cena ya estaba lista y que la serviría en breve. Recogieron las cartas y despejaron la mesa mientras Nino traía la bandeja con los tazones para servirles.

    - ¡Hoy cenaremos panqueques estilo Dutch Baby! ¡Que lo disfruten! – declaró Nino.

    - ¡BUEN PROVECHO! – corearon todos mientras comenzaban a comer.

    Fuutarou no era demasiado exigente con lo que comía, pero por dentro admitía que la cocina de Nino era bastante buena. Incluso Raiha podría beneficiarse de aprender de ella, aunque él pensaba que aún no estaba a la altura de su madre. De nuevo, su madre tenía la experiencia de su lado.

    - Por cierto, Uesugi-san. – intervino Yotsuba de repente. – Hablé con los del club de teatro para que nos ayuden mañana.

    - ¿Ayudarles? ¿Con qué? – preguntó Nino.

    - Para el campamento escolar. – dijo Fuutarou. – Me dejaron a cargo de la prueba de valentía, y Yotsuba fue con los del club de teatro para que nos presten algunos disfraces y esas cosas.

    - ¿Prueba de valentía? – comentó Nino. – No pareces del tipo que le gusten ese tipo de cosas.

    - Me asignaron mientras estaba ocupado estudiando. – dijo Fuutarou encogiéndose de hombros. –Bueno, al menos no tendré que hacerlo todo yo solo. – agregó mientras miraba a Yotsuba, que sonrió de oreja a oreja dándole una V de la victoria en respuesta.

    Aunque le costara un poco decírselo de dientes para afuera, por dentro Fuutarou apreciaba que la chica del lazo se hubiera ofrecido a ayudarlo con eso, incluso aunque él no se lo pidiera. Se sentía en deuda con ella e hizo una nota mental de pagárselo de alguna manera cuando tuviera la oportunidad.

    Mientras seguía comiendo, algunos de ellos notaron que Itsuki parecía haberse quedado rígida por alguna razón, y fue Ichika la primera que empezó a tocarla con el dedo mientras intentaba hablarle.

    - ¿Qué pasa, Itsuki-chan?

    - Ya saben que odio los fantasmas, las películas de terror y todo eso. – dijo la pelirroja. – ¿Cómo puede a alguien gustarle esas cosas?

    - ¿Y por qué te preocupa tanto? – preguntó Fuutarou confundido.

    - ¿No lo sabes? Nuestra clase también irá de campamento. – comentó Ichika. – De hecho, vamos a ir al mismo lugar que ustedes.

    - Será genial, podremos estar todas juntas. – dijo Yotsuba. – Como en los viejos tiempos.

    - Pero si solo va un trimestre desde que te transferiste. – dijo Fuutarou, atrayendo las miradas de todas las hermanas. – ¿Qué?

    - ¿De verdad no lo entiendes, Fuutarou-kun? – dijo Ichika negando con la cabeza.

    - Siempre hemos estado juntas, incluso desde antes de nacer, y lo hemos compartido todo. – agregó Nino.

    - No es lo mismo cuando falta una de nosotras. – terció Miku.

    Fuutarou de pronto sintió encogerse, y se dio cuenta que ese comentario suyo había estado muy fuera de lugar. Aunque antes de poder disculparse, Itsuki tomó la palabra y agregó su propio comentario a la conversación:

    - Más vale que ayudes a Yotsuba a subir sus notas. Kurobara es una escuela mucho más exigente y tendrá que subir su promedio en todas las asignaturas para poder regresar. Si nos fallas, nunca te lo perdonaremos.

    - Está bien, ya entendí. – dijo el chico, volviendo a enfocarse en su comida.

    A pesar del tono tajante de Itsuki, entendía perfectamente lo que las hermanas querían decir. Más que una amenaza, Itsuki estaba enfatizando en el hecho de que contaban con él para que Yotsuba pudiese volver para que estuvieran juntas como antes.

    Bueno, no hacía falta que se lo recordaran, para eso le estaban pagando. Pero aun así, ahora tenía un motivo extra para esforzarse más: que las hermanas Nakano pudiesen reunirse nuevamente, tal como lo deseaban. Para poder graduarse todas juntas con una sonrisa en sus rostros.

    Una imagen que, siendo sincero, no le resultaba desagradable de imaginar.

    (--0--)

    Preparatoria Asahiyama, al día siguiente…

    Ya que Fuutarou tenía que preparar el programa de estudio para el resto de la semana, Yotsuba se le adelantó en ir al club de teatro para hacer los arreglos con sus miembros. Él había pasado parte del descanso tras el almuerzo en la biblioteca decidiendo lo que iban a estudiar, y una vez que terminó, se dirigió hacia el cuarto del club.

    Ya que Fuutarou no estaba en ningún club, rara vez exploraba los edificios anexos de la escuela, y el que albergaba al club de teatro no era la excepción. Caminó sin mucha prisa hasta que llegó a la puerta donde debía estar, y tocó con el dorso de la mano.

    - Soy Uesugi, ¿puedo pasar? – llamó. No hubo respuesta. – ¿Yotsuba, estás ahí?

    Otra vez, no hubo respuesta. Tentativamente cogió la perilla de la puerta y la giró, comprobando que estaba abierto, así que seguramente debía haber alguien. Tal vez querrían hacerle algún tipo de broma, por lo que decidió que mejor activaba la trampa de una vez.

    - Con permiso.

    - ¡BLEEEEEAAAARRGGGHHH!

    Y así era. En cuanto entró, vio que las luces del cuarto estaban apagadas, lo que le indicó que seguramente le querrían dar un susto. Una figura femenina cubierta de vendas le saltó enfrente y lanzó un grito sacando la lengua, pero más allá de un ligero sobresalto inicial, él ni se inmutó.

    - Yotsuba, ¿qué crees que haces? – le preguntó lacónicamente. La chica Nakano suspiró y encendió la luz del cuarto, revelando a otras tres personas que seguramente eran miembros del club, un chico y dos chicas, que también tenían cara de estar decepcionados.

    - Ah, cielos, Uesugi-san, tan siquiera asústate un poco. – dijo Yotsuba, alzando las manos en posición de espantar. – ¡Mira, me esforcé con el disfraz! ¿No me veo aterradora?

    Fuutarou la miró de pies a cabeza. "Aterradora" no era la palabra que usaría. Ciertamente no era la ropa de entrenamiento que usaba en el gimnasio, pero viendo que el "disfraz" (que claramente era de momia) consistía en una camiseta y pantalones marrones bien ajustados, cubiertos con un montón de vendas enredadas por todos lados, difícilmente ocultaría las curvas de la chica. Para rematar, aparte de ponerse unas vendas alrededor de un ojo en la cara, había una también amarrada sobre su cabello de manera muy similar a su habitual lazo.

    Más que aterradora, casi diría que hasta se veía adorable.

    - Tienes que practicar un poco más tu acto, y yo no me asusto tan fácilmente. – dijo Fuutarou, para despejar esos pensamientos.

    - Está bien. – dijo Yotsuba, volteando entonces a ver a los del club de teatro. – Disculpen, chicos, al final no resultó.

    - Descuida, Nakano-san. – dijo una de las chicas. – Bueno, si ya están los dos aquí, pueden tomar lo que necesiten para la prueba de valor.

    - Anoten aquí todo lo que vayan a usar. – dijo la otra pasándoles una libreta. – Les dejaremos la llave, no olviden cerrar cuando hayan terminado.

    - ¡Gracias, han sido de mucha ayuda! – exclamó Yotsuba.

    Los tres miembros del club de teatro se marcharon, y de inmediato Yotsuba y Fuutarou empezaron a buscar entre las cajas que les habían dejado. Una estaba repleta con máscaras de monstruos, incluyendo zombis, tengus, hombres lobos y muchos más. Mientras Yotsuba andaba viendo otra caja, sosteniendo lo que parecía ser un esmoquin de vampiro con todo y capa, sacándole unos dientes falsos del bolsillo, él cogió una peluca rubia salvaje y una máscara de payaso con sonrisa macabra y dientes afilados, y se las puso.

    - Oye, Yotsuba. – la llamó.

    - ¿Qué pasa? ¡AAAAAAHHHH!

    - Tranquila, soy yo. – dijo él, sacándose la máscara y la peluca.

    - Uff, Uesugi-san. – dijo suspiró aliviada. Él entonces se las volvió a poner. – ¡AAAAAAAAHHHH!

    - Soy yo. – dijo volviendo a quitárselas.

    - Qué alivio.

    Luego se las volvió a poner de nuevo, y Yotsuba volvió a gritar aterrada. Siguió repitiéndolo por un buen rato. Él no creía que realmente estuviera asustada (sabía que era tonta, pero no tanto), solo lo estaba haciendo por divertirse un poco con él. Aunque por exagerado que fuera el acto, tenía que admitir que le resultaba divertido.

    Una ventaja de que la máscara de payaso le cubriera la cara completa era que podía esconder detrás de ella que estaba sonriendo cada vez que Yotsuba se ponía a gritar de ese modo tan sobreactuado. Siguió por un rato hasta que finalmente se aburrió.

    - Ah, vamos. – le dijo, echándolos en la caja. – Un fantasma de sábana da mucho más miedo que esto.

    - ¿Vas a usarlo? – le preguntó Yotsuba.

    - Solo necesitaría un disfraz para complementarlos.

    - ¿Qué tal este? – Yotsuba sacó de la caja un traje de payaso con gorguera mitad púrpura mitad gris.

    Mirando la máscara, Fuutarou asintió; los dos combinarían bastante bien. Con eso en mente, plegó el traje y lo echó a la caja vacía donde guardarían los que se iban a llevar, y Yotsuba cogió la libreta para anotarlo.

    - Será perfecto. Me vengaré por haberme asignado sin preguntarme. – dijo Fuutarou, cogiendo la máscara de nuevo, y empezando a hablar en un susurro macabro. – Les daré un susto que nunca olvidarán.

    Yotsuba tembló ante su comentario, y a diferencia del acto de asustarse de antes, esta vez su respingo pareció genuino. Rápidamente echó la máscara y la peluca junto con el traje y urgió a la chica a que siguieran viendo lo que se llevarían.

    A pesar de que lo dejaron a él a cargo, Yotsuba fue quien se encargó de mover algunos hilos para conseguirle algo de ayuda adicional, y afortunadamente logró que algunos amigos que tenía tanto en su salón como en otros se apuntaran para ayudarles. La chica tenía un carisma con el que él solo podría haber soñado, ya que dada su reputación en la escuela difícilmente habría podido convencer a alguien de darle una mano.

    - "Tendré que agradecérselo en algún momento."

    Desde hacía años, él no había sido bueno para expresar gratitud, al menos no con palabras, así que cuando quería retribuirle a alguien, prefería recurrir a algún regalo o a hacer algo por esa persona. Aunque eso era un poco difícil tratándose de una chica de familia adinerada como Yotsuba, en algún momento se le ocurriría algo.

    Los dos continuaron empacando disfraces y máscaras en la caja, hasta que el teléfono de Yotsuba de pronto empezó a sonar. La chica contestó de inmediato.

    - ¿Hola? Ah, Eba-san, ¿qué sucede? ¿Eh, mañana? Pero es que tengo que… sí, sí, ya entiendo. Claro que iré si me necesitan.

    La chica colgó, y entre lo que dijo y su expresión, Fuutarou supo exactamente lo que pasaba: otra llamada del club de atletismo solicitando su ayuda para alguna competencia. Lo cual significaba que…

    - Déjame adivinar, ¿otra vez el club de atletismo necesita tu ayuda? – dijo él lacónicamente.

    - ¡De verdad lo siento, pero es que necesitan de mi ayuda! – se excusó la chica, poniendo las manos en posición de súplica.

    - Yotsuba, si no quieres hacerlo solo tienes que decirlo. – le dijo él.

    - Pero no es que no quiera. – dijo ella. – El club de atletismo es muy divertido, y además les di mi palabra de que si me necesitaban las iba a ayudar. No puedo faltarles.

    Fuutarou exhaló un suspiro. Esa actitud de Yotsuba sobre nunca denegarle nada a quien le pidiera ayuda podría jugarle en contra alguna vez. Sería muy fácil de manipular y hacerla sentir culpable para que hiciera lo que otros querían. De hecho, ya sospechaba que esa chica Eba estaba apelando precisamente a eso debido a que no la podía reclutar a tiempo completo.

    - ¡Después recuperaremos el día, lo prometo! – aseguró Yotsuba.

    - De acuerdo, te tomaré la palabra. – dijo Fuutarou, recogiendo una de las cajas con los disfraces. – De momento, ayúdame con esto, ¿quieres?

    - ¡Déjamelo a mí! – exclamó la chica.

    Luego de terminar de verificar su inventario, cada uno tomó una de las cajas con los disfraces y demás equipamiento que utilizarían, y abandonaron el cuarto del club cerrando la puerta con llave como les habían pedido. Ya tenían lo que necesitaban para la prueba de valentía y solo necesitaban discutir el resto de los detalles con los demás que estaban involucrados.

    Aunque mientras caminaban para dejar el edificio, Fuutarou por dentro rumiaba un poco de lo inoportuno de esa llamada. Tendría que reprogramar todo el horario de sus clases particulares de mañana, y a menos que alguna de las demás hermanas Nakano quisiera que les diera clase, no tendría nada que hacer para mañana.

    Bueno, excepto estudiar él mismo, pero hacerlo solo ya no le sonaba tan atractivo. Detestaba admitirlo, pero disfrutaba mucho más estudiando con las hermanas, y no estaba del todo seguro por qué.

    (--0--)

    Al día siguiente…

    Era muy extraño ir al apartamento Nakano sin Yotsuba, pero ya se le había hecho fuerza de costumbre, parte de la rutina diaria. Era casi como si se le hubiera convertido en una segunda casa después de la escuela.

    Al llegar a la entrada del edificio Pentagon llamó por el intercomunicador, pero nadie le contestó. Esperó unos minutos antes de intentar de nuevo, pero otra vez nada. Luego de varios intentos fallidos, se sintió tentado a coger el celular para llamar a Ichika, aunque no hizo falta.

    - ¿Fuutarou-kun? – le dijo desde atrás.

    Al voltear a verla notó que no llevaba su uniforme escolar. Eso era extraño, ya que a esa hora más o menos debían haber vuelto de clases, hasta que recordó su trabajo de actriz. Seguramente debía haber estado ocupada con otro rodaje, por lo que se habría saltado alguna clase.

    - ¿Dónde está Yotsuba? ¿No viene contigo hoy? – le preguntó.

    - Está con el club de atletismo. – replicó él encogiéndose de hombros. – Llevo rato llamando por el intercomunicador, pero nadie contesta.

    - Ah, seguramente se quedaron hoy en la escuela más tarde. – dijo Ichika. – Pero bueno, eso es algo positivo, significa que podríamos tener el apartamento para nosotros solos…

    El peliazul tragó en seco ante dicha sugerencia. A estas alturas ya la conocía lo suficiente para entender de una sus comentarios de doble sentido, pero eso no quería decir que se hubiera acostumbrado a ellos. Siempre le resultaban algo incómodos.

    - Jaja, era broma. – dijo la hermana mayor. – Sería muy aburrido quedarnos allí solos. De hecho, hoy planeaba salir de compras, ¿no te gustaría acompañarme?

    - Depende, si es para usarme de mula para tus bolsas…

    - Oh vamos, no soy tan mala. – aseguró la pelirrosa mientras abría la puerta del edificio. – ¿Vienes o no?

    Fuutarou dudó un momento, pero ya que había venido y como de todas maneras estaba esperando que le abrieran, supuso que no habría más remedio, así que accedió, acompañándola en el ascensor. Todo el trayecto de subida evitó hacer contacto visual con la Nakano mayor, aunque él tuvo la extraña sensación de que se estaría riendo por dentro y disfrutando mucho de estar a solas con él.



    Ya en el apartamento, Fuutarou esperó en la sala a que Ichika se diera un baño y se cambiase de ropa. Afortunadamente Nino siempre les dejaba algo en el refrigerador que solo hacía falta calentar en el microondas para comer, por si llegaban con hambre, así que pudo aplacar algo los ruiditos de su estómago mientras aguardaba.

    Al poco rato, la pelirrosa bajó la escalera y se sentó en el sillón opuesto al suyo, antes de mirarlo fijamente para iniciar la conversación.

    - ¿Y a qué debo el honor de tu visita? – inquirió. – No es que me queje, pero si tú y Yotsuba no iban a estudiar hoy de todos modos…

    - Fuerza de costumbre, supongo. – le dijo con honestidad. Sin embargo, ante la mirada de la chica, rápidamente agregó: – Y también si alguna de ustedes necesitaba algo de ayuda, ya sabes.

    - Oh, qué considerado. – dijo ella sin dejar de sonreír. – Pero en serio, ¿no es un poco aburrido que vengas solo para estudiar?

    - Para eso me están pagando. – le recordó Fuutarou.

    Ichika hizo una mueca y suspiró. – Parece que no tienes remedio. Aun así, aceptaste salir a entrenar con Yotsuba, ¿verdad? ¿No fue una buena manera de variar la rutina?

    Fuutarou rodó los ojos, pues no quería darle el gusto de contestar a eso. Sin embargo, su expresión por sí sola pareció delatarlo ya que la chica volvió a sonreír mientras lo miraba con los ojos entrecerrados. Esa parecía ser toda la respuesta que necesitaba.

    - Sabes, tenía planeado ir por ropa nueva para todas, ahora que se acerca el campamento escolar. – dijo Ichika luego de un rato de silencio al ver que él no le contestaba. – Si me acompañas, podría conseguirte algo a ti también.

    - ¿Para qué? – preguntó Fuutarou, sin entender qué tendría que ver la ropa.

    - Oh vamos, ¿es que no te gusta verte bien? – dijo ella. – Ir de compras también puede ser muy divertido.

    Fuutarou quiso rebatirlo, pero la mirada de la chica le decía que claramente no iba a ceder hasta que aceptara. Yotsuba tuvo la misma mirada cuando lo convenció de entrenar con ella y eso le dijo que con eso estaría peleando una batalla perdida.

    Finalmente suspiró con resignación.

    - De todos modos, no es que tenga más planes para hoy. – aceptó.

    - Grandioso. En ese caso, le avisaré a las demás que llegaré un poco más tarde. Espero que a Yotsuba no le importe que te tome prestado por hoy.

    Ichika le guiñó el ojo y cogió su teléfono para empezar a enviar sus mensajes. Fuutarou se preguntó por qué decía "tomarlo prestado", ni que él fuese suyo ni nada por el estilo. Igual que muchas veces con las Nakano, comenzaba a cuestionarse en qué se estaba metiendo al aceptar la invitación.

    (--0--)

    Un poco más tarde…

    Cuando Fuutarou pensaba en "ir a comprar ropa", para él era muy sencillo. Entrar a donde hubiese baratas, encontrar algo de su talla, comprar dos o tres, y luego irse a casa. Para Ichika, por otra parte, era totalmente diferente.

    Para empezar, se lo llevó a un centro comercial en el que nunca había estado, que le hizo preguntarse cómo iban a encontrar algo en un sitio tan enorme. Afortunadamente Ichika sabía exactamente a donde ir y lo arrastró hasta una tienda de ropa que con una sola mirada a Fuutarou le pareció era más grande que su casa.

    - ¿Qué te parece este? – le preguntaba Ichika, obligándolo a verse en el espejo con una chaqueta invernal de color rojo oscuro frente a él.

    - No lo sé, siento que no es mi color. – replicó él, devolviéndosela. Ichika inmediatamente cogió una similar solo que de color verde.

    - ¿Y qué tal esta otra? El verde parece ir contigo. – dijo la pelirrosa.

    - Supongo que no está tan mal. – admitió él.

    - Grandioso, ahora a buscar unos pantalones que hagan juego.

    Mientras Ichika se iba a buscarlos, Fuutarou se quedó viendo su reflejo en el espejo. Nunca se había preocupado mucho por su apariencia y por eso no le daba mucha importancia a la ropa que se ponía. Ichika lo había obligado a probarse distintos estilos, pero ninguno iba con él. Prefería mantener las cosas simples y prácticas.

    Entre otras cosas, a pesar de haber entrado en una tienda de ropa mixta, hasta ahora la chica no había buscado ropa para sí misma. Parecía mucho más interesada en buscarle algún atuendo a él, ya que habían pasado casi una hora en la sección masculina.

    - Pruébate estos. – dijo al volver con un par de pantalones negros. – Creo que irán bien con ese abrigo, ¿qué te parecen?

    - Que sea rápido, ¿sí? – dijo él simplemente, cogiendo los pantalones y el abrigo antes de meterse al vestidor para cambiarse.

    - Por cierto, después de irnos podríamos ir con el estilista para que te arreglen un poco el cabello. – dijo Ichika desde afuera.

    - ¿Para qué? Siempre me he hecho el mismo corte. – dijo él, mientras terminaba de acomodarse la chaqueta. Su madre siempre le había cortado el pelo de esa forma, lo que le ahorraba dinero en visitas a la barbería.

    - Vamos, Fuutarou-kun, un cambio de imagen nunca está completo sin un corte de cabello nuevo. – dijo la chica como si fuese lo más obvio. – Aunque bueno, no es que tu look actual sea malo, solo necesitas sonreír más.

    El chico rodó los ojos, y se centró en terminar de ponerse la ropa. Mirándose al espejo admitió que no se le veía mal, y la verdad era bastante cómoda y fácil de llevar. Quizás podría aprovechar de llevársela puesta y comprar dos o tres conjuntos más ahora que tenía la oportunidad, y como el campamento iba a ser en un lugar nevado, le vendrían muy bien.

    Habiendo completado su misión, los dos se fueron a la sección femenina, y lo que siguió fue, en palabras sencillas, un pequeño show de modas que consistía en Ichika entrando y saliendo con diferentes atuendos, y posando para preguntarle su opinión. Si lo dijera de dientes para afuera, prácticamente cualquier cosa se le vería bien a una chica como ella. O a cualquiera de sus hermanas, ya que ocasionalmente la oía preguntarse si le quedaría a alguna de las otras en específico.

    De hecho, ocasionalmente se imaginaba a las otras, incluyendo a Yotsuba, en su lugar, aunque siendo quintillizas eso no era muy difícil. Con rostros y cuerpos idénticos lo que le quedara a una le quedaría a todas, o eso pensaba él.

    - Fuutarou-kun, este es el último, ¿estás listo? – preguntó Ichika desde dentro del vestidor.

    - ¿Qué importa? Solo hazlo para… – Fuutarou sintió que el corazón se le detenía por un momento y casi se fue para atrás. – ¡Oye!

    La muy desvergonzada no le dijo que el "último" iba a ser un conjunto de lencería bastante provocadora, incluyendo un camisón transparente y unas pantimedias. No se dio cuenta en qué momento lo agarró, y tuvo que luchar fuertemente contra sus instintos masculinos para no mirar donde no debía. Si se puso eso era claro que quería que la viese y no le iba a dar ese gusto.

    - Jajajajaja, deberías ver tu expresión, no tiene precio. – Ichika procedió a capturar dicha expresión en su celular, mientras él apenas recuperaba el movimiento y se tapaba los ojos. – Oye, podrías no tener otra oportunidad, no tiene nada de malo que veas un poco.

    - No, muchas gracias. – dijo él. – Avísame cuando estés más cubierta.

    Alcanzó a escucharla haciendo un mohín, pero accedió a su petición y se volvió a poner la ropa que traía cuando entraron. Luego fueron a cancelar y salieron de allí, afortunadamente para él.

    - Vaya, esto me tomó menos de lo que creí. – dijo Ichika mirando su reloj. – Todavía tenemos el resto de la tarde, ¿no quieres hacer algo más? – le propuso. – Podríamos ir a ver una película o tal vez a comer algo. ¿Te gustaría?

    - No soy de los que van a menudo al cine. – dijo él. Luego de un momento, cayó en cuenta de algo más de lo que no se había percatado hasta ese momento. – Espera un poco… ¿no estabas pensando en…?

    Ichika simplemente se rio, y esa era toda la respuesta que él necesitaba. No, esto no era una cita. Simplemente no podía serlo… ¿o sí lo era?

    - Parece que ya te diste cuenta. – dijo ella. – Pero, si no quieres que sea una cita, no tiene por qué serlo. Yo solo quería pasar un rato divertido contigo.

    Fuutarou quiso decir algo, pero en ese instante su estómago gruñó sonoramente, haciéndole sonrojar. No sabía si era oportuno por evitar decir algo de lo que se podría arrepentir, o inoportuno por darle todavía más razones a Ichika para divertirse a costilla suya.

    - Si tienes hambre, podemos comer algo mientras vemos una película. – dijo la chica. – ¿Te gustan las de terror?

    - No me asusto con facilidad. – dijo Fuutarou encogiéndose de hombros.

    - Lo tomaré como un sí. – dijo incitándolo a que la siguiera.

    La dejó caminar un poco sola, hasta que ella se dio cuenta de que no la estaba siguiendo, y volteó para decirle que se apresurara. Encogiéndose de hombros decidió "qué remedio" y se fue tras ella.



    En general, las visitas de Fuutarou al cine siempre eran familiares. Si encontraban un fin de semana libre para pasar tiempo juntos los cuatro, verían todos juntos alguna película que pudiesen disfrutar en familia. O en dado caso, si sus padres querían ver alguna función para adultos, él se quedaba en otra sala viendo algo más apropiado para Raiha. Como le había dicho a Ichika antes, dichas salidas no eran muy frecuentes en realidad, ya que nunca había ido al cine solo.

    Esta era la primera vez que veía una película con alguien más que no fuera de su familia. Después de pagar unas palomitas y un par de sodas en el snack bar, se dirigió hacia la sala donde Ichika ya lo estaba esperando. La función todavía no empezaba; apenas estaba entrando la audiencia.

    - ¡Fuutarou-kun, por aquí!

    La chica le agitaba la mano desde unas cinco filas más abajo, así que fue y se sentó junto a ella.

    - Te tardaste un poco, ¿ibas a dejarme esperando?

    - Había mucha gente. – dijo él simplemente, pasándole una soda y colocando la bandeja con las palomitas entre los dos.

    - ¿Una sola caja de palomitas? – preguntó Ichika, arqueando la ceja.

    - Una caja extra grande vale lo mismo que dos medianas individuales, y tiene 125 gramos más que las dos combinadas. – explicó él. – Los cines siempre engañan con el tamaño para que pagues más.

    - Hmm… bueno, si ese es el caso, no me molesta que compartamos. – dijo ella mientras tomaba un puño, y en ese preciso instante comenzaban los avances.

    Los dos permanecieron en silencio mientras la sala se iba llenando de gente, y Fuutarou no hacía más que mantener la vista fija en la pantalla mientras comía distraídamente, apaciguando la sed con un trago de soda. Ocasionalmente echaba un vistazo a Ichika, pero la muchacha se estaba comiendo todavía del puño que tomó antes una por una, sin coger más. Si fuese Itsuki, probablemente ya se habría terminado la mitad ella sola.

    Finalmente, después de una espera un poco larga, la película inició. Era una de esas producciones menores, con una trama cliché del grupo de adolescentes que visitaban un lugar embrujado y morían uno por uno. En la primera escena Fuutarou reconoció a Ichika entre ellos, y volteó a verla. La pelirrosa sonrió con orgullo.

    - Sip, allí estoy. – le dijo. – Fue una de mis primeras actuaciones.

    - Ya veo. Esta era tu intención desde el principio, ¿no? – dijo él, tomando otro puño de palomitas.

    - No fue la gran cosa, pero quería saber qué te parece mi actuación. – replicó Ichika. – Por breve que sea.

    Fuutarou volvió a mirarla, preguntándose si al decir "breve" quería decir "estoy entre las primeras en morir". Y no se equivocaba; veinte minutos de iniciada la cinta, al personaje de Ichika se le ocurrió salir a nadar desnuda por la noche, y fue agarrada por el asesino sobrenatural de los tobillos y encontrada ahogada por sus amigos al día siguiente.

    - ¿Qué tal estuve? – preguntó en voz baja para no molestar.

    - Bueno… creo que sí me asusté… un poco. – admitió a regañadientes.

    El muchacho tuvo que reconocer que, a diferencia de las películas de terror que había visto, donde actores sin nombre y personas que él no conocía eran quienes morían, ver a Ichika gritando por ayuda en la pantalla, y su "cadáver" en la escena siguiente… resultó escalofriante, por no decir más.

    ¿Sería porque la conocía, o que su actuación realmente era muy buena? Él no estaba tan seguro, pero el caso fue que el resto de la película le resultó bastante poco memorable. Lo que siguió fue lo típico de ver cómo el asesino sobrenatural se cargaba uno a uno al resto del reparto, entre lanzar a uno de ellos a través de una ventana, colgar a otra de una ducha para electrocutarla, otro encerrado en una armadura hasta asfixiarse… ninguna de las escenas lo perturbó tanto como la de Ichika.

    Para cuando salieron del cine, a Fuutarou le sorprendió un poco que ella se viese tan relajada. Si él se viera a sí mismo muriendo en una pantalla gigante difícilmente podría estar así de tranquilo. Quizás por el hecho de haber actuado las escenas y saber que todo era falso ayudaba en ello.

    - ¿Disfrutaste la película? – preguntó Ichika.

    - No fue mala. Para una película estándar de horror, supongo.

    - Eres más varonil de lo que pareces, para mantener esos nervios de acero todo el rato. – lo halagó la chica. – Bueno, ¿te queda espacio después de las palomitas?

    - ¿Por qué lo preguntas?

    - Conozco un buen restaurante. Tenemos algo de tiempo todavía, y podemos terminar el día con una buena cena. Y no está muy lejos de aquí.

    - Bueno, tú eres la guía. – dijo con resignación.

    Sin decir más, Ichika lo agarró de la muñeca y lo arrastró. Normalmente le molestaba que lo llevaran de la mano a su edad, pero en esta ocasión… no le resultó tan incómodo, y no estaba del todo seguro del porqué.



    Se detuvieron en un restaurante pequeño pero elegante. Ichika le dijo que podía ordenar lo que quisiera, que ella pagaría la cuenta gustosa. Al principio él quiso replicar que no le importaba pagar su parte… hasta que vio que los menús excedían su presupuesto y decidió aceptar.

    Mientras aguardaban a que les trajeran su comida, el chico se quedó mirando por la ventana pensativo, sin saber qué decir o hacer. Para cuando se trataba de encuentros sociales que no tuvieran nada que ver con estudiar, siempre estaba totalmente fuera de su elemento.

    - ¿Aburrido, Fuutarou-kun? – preguntó Ichika. Él volteó a verla, notando que había apoyado su mentón sobre sus dedos, entrelazados en forma de mesa.

    - No realmente, es solo que… nunca había estado en un restaurante como este. – dijo el chico.

    - Normalmente hay que reservar, pero como somos clientes regulares aquí, nos dejan venir cuando queramos. – dijo la pelirrosa. – Una de las ventajas de las influencias de papá.

    Fuutarou asintió. Él era más de comer en casa, o de ir a restaurantes familiares mucho más concurridos. Estar en uno tan vacío y solitario le resultaba… diferente. No en un mal sentido; de vez en cuando era bueno alejarse un poco del bullicio y encontrar un lugar tranquilo, solo que era un poco inusual, al menos para él.

    - Pero no hablemos de eso. – dijo Ichika. – ¿Por qué no conversamos un poco? Ya sabes… pasar el rato, conocernos un poco mejor. Hay muchas cosas que me encantaría conocer de ti.

    - ¿Como cuáles? – dijo Fuutarou.

    - Hmm… ¿por qué esa obsesión tuya con los estudios? – le dijo finalmente. – Quiero decir, está bien estudiar, ¿pero por qué ir tan lejos como para estar siempre solo, y ser tan antisocial?

    Fuutarou la miró inquisitivamente. Ichika no había dejado de sonreír, pero no era su habitual sonrisa de flirteo o burla. Más bien, parecía genuinamente interesada. Y pensándolo bien, la gente constantemente lo etiquetaba como un cerebrito gruñón y solitario, pero muy rara vez (o mejor dicho, NUNCA) se interesaban en preguntar por qué.

    - Es una larga y aburrida historia. – dijo él suspirando.

    - Aun tenemos tiempo. – insistió Ichika.

    Al mirarla de nuevo se dio cuenta de que no iba a ceder. Y como no sabía cuánto tardaría la comida, se imaginó que no tenía sentido esperar haciendo nada, así que finalmente se resignó.

    - Ya estuviste en la panadería de mi mamá. A decir verdad, ese lugar era el sueño de mis abuelos maternos. Ellos querían abrir ese negocio, pero murieron antes de poder lograrlo, y ella tuvo que continuar en su lugar.

    - Oh, ¿es decir que es un sueño familiar? – La Nakano mayor levantó una ceja interesada. Él asintió.

    - Pero no fue nada sencillo. Mi madre había aprendido a preparar pan como nadie, pero el talento no es suficiente para levantar un negocio. Hacen falta recursos, mano de obra, un local… y todo eso cuesta dinero. Pero mamá estaba decidida a conseguirlo.

    - Qué admirable determinación. – dijo Ichika.

    - Apenas tenía seis años, pero lo recuerdo claramente. Estaba esforzándose por conseguir un local, y al mismo tiempo cuidarme a mí. Cuando no podía, papá tomaba su lugar. Entonces nació Raiha, y de pronto tuvieron otra boca que alimentar. Las cosas no estaban sencillas para nosotros.

    »Los dos siempre tenían que trabajar muy duro para poder sostenernos, pero mamá nunca se rindió con el sueño de mis abuelos. No era fácil; siempre nos tomaron como prioridad a mí y a Raiha, así que el progreso para abrir su panadería era muy lento, y estábamos muy endeudados. Y a pesar de eso, siempre se aseguraron de que nunca nos faltara nada.

    Ichika esta vez no dijo nada, pero asintió nuevamente. Su interés parecía incrementarse a cada segundo, y él mismo también estaba muy metido en relatar la historia.

    - Apenas fue cuando cumplí los diez años que mamá tuvo una oportunidad. Un amigo suyo logró conseguirle un préstamo para poder empezar su negocio. Iba a llevar tiempo y tendríamos muchas deudas por pagar, pero al fin lo logró. Y a veces no dejo de pensar… si no hubiera tenido que ocuparse de mí, ¿podría haberlo conseguido mucho antes?

    Fuutarou no dudaba que sus padres los amaban, pero en ocasiones, pese a su corta edad, pudo darse cuenta que ellos estaban sacrificando el sueño que tenían para asegurarles el futuro a él y a Raiha. Y que muchas veces, se forzaban a sonreír incluso cuando no estaban de humor para hacerle frente a sus dificultades, que no eran pocas.

    - Todavía estamos pagando cuotas por ese préstamo. – continuó Fuutarou. – Nos va bien con el negocio, pero hasta que saldemos todas las deudas, yo no podré sentirme tranquilo. Quiero asegurarme de llegar a una buena universidad, y obtener un buen trabajo para dejar de ser una carga para mis padres. Y si es posible, ayudarlos a salir de nuestras deudas.

    - Fuutarou-kun, estás siendo muy duro contigo. – dijo Ichika en tono serio. – No creo que tus padres jamás hayan creído que tú o Raiha-chan fueran una carga para ellos.

    - ¿Por qué piensas eso? – inquirió él. Ichika adoptó una expresión mucho más seria antes de contestarle.

    - Nuestra madre también pasó dificultades con nosotras, ¿sabes? Tus padres al menos tuvieron la fortuna de tenerse uno al otro para apoyarse mutuamente.

    Fuutarou la miró extrañado. Viviendo en ese apartamento, estudiando en Kurobara, y tener tanto dinero que podían gastárselo como si no hubiera mañana, no parecía que tuviesen dificultades económicas.

    - Ya sé lo que estás pensando. Estamos bien ahora, pero eso es solo desde que mamá se casó con nuestro padre actual. – explicó la chica. – Nuestro padre biológico nos abandonó antes de que naciéramos, y mamá tuvo que criarnos a las cinco ella sola.

    - Oh. – dijo Fuutarou. Bien, eso aclaraba muchas cosas. Si sus padres habían tenido dificultades con él y Raiha aun estando juntos, no quiso imaginarse cómo habría sido para una madre soltera teniendo que mantener a cinco hijas al mismo tiempo. Debió ser una mujer muy fuerte.

    - No sé cómo se habrán sentido las demás, pero una vez le pregunté a mamá si ella nos veía como una carga. – prosiguió Ichika. – Ella me aseguró que no; que nosotras cinco éramos su mayor alegría y lo más hermoso que tenía en esta vida. Los padres que aman a sus hijos nunca los ven como una carga.

    Fuutarou de pronto sintió que el estómago se le revolvía. No por el hambre realmente, sino por la vergüenza que sintió de haber pensado eso de sus padres. De lo que llevaba de conocerlas, le pareció que las quintillizas a veces podían ser realmente inmaduras, pero ahora, Ichika le había dado mucho para reflexionar. Eso le sorprendía.

    - Aun así, quiero quitarles de encima esas preocupaciones a mis padres. – dijo él. – No quiero que tengan que preocuparse más de la cuenta por Raiha y por mí.

    - Es muy admirable, ese sentido de la responsabilidad con tu familia. Realmente eso me gusta de ti.

    El chico Uesugi desvió la mirada, ruborizándose ligeramente. Seguía sin acostumbrarse a esa clase de cumplidos, incluso viniendo de ella. O mejor dicho, especialmente viniendo de ella. Si aspiraba a convertirse en actriz, era difícil saber cuándo hablaba en serio, y cuándo estaba actuando.

    - Bien, ya que tú me contaste sobre ti, lo justo es que yo también lo haga. – dijo Ichika volviendo a su tono coqueto. – ¿Hay algo que te gustaría saber sobre mí?

    - Hmm… – El chico se puso a pensar un poco. No demasiado; en realidad su anterior tren de pensamiento le sirvió para dar con algo. – ¿Por qué decidiste volverte actriz?

    - Jaja, esa es una historia divertida. – dijo la chica. – Aunque no es tan interesante como la tuya.

    - Tú misma lo dijiste antes, tenemos tiempo.

    Ichika se rio de que le devolvieran su comentario. – Hmm, bueno, no sabría decirte con exactitud. Creo que fue cuando todavía estábamos en primaria. Nuestra clase iba a representar el cuento de la Princesa Kaguya, pero la niña que iba a hacer el papel principal tuvo un accidente en su bicicleta y no se recuperaría a tiempo. Así que… me ofrecieron a mí de voluntaria.

    - ¿Te ofrecieron? – preguntó Fuutarou, confundido.

    - Nosotras cinco éramos las únicas disponibles. La verdad era que ninguna quería el papel, demasiadas líneas para memorizar. – explicó Ichika. – Así decidimos dejarlo a la suerte y… bueno, podemos decir que yo fui la afortunada.

    Por la forma en como hablaba, estaba claro que en su momento no lo habría sido, pero ahora que lo veía en retrospectiva, se sentía feliz de que hubiera sucedido. Y en efecto, así lo confirmaría al continuar con su relato:

    - En fin, al pasar los días, memorizar el libreto, y después cuando llegó el día… no sé qué pasó, pero cuando creí que me daría pánico en el escenario, me sentí muy tranquila. Decidí olvidarme de todo, meterme en el personaje, y tratar de disfrutarlo. Y así fue; para cuando me di cuenta, la obra había terminado y la gente nos estaba aplaudiendo.

    »Después de eso no actué mucho en otras obras escolares, solo de vez en cuando. Siempre me gustaron mucho las películas, pero a veces me preguntaba cómo serían las cosas desde el otro lado de la pantalla. Comencé a tomar clases particulares de actuación en secreto y al cabo de un tiempo… me di cuenta de que realmente lo disfrutaba. Así que se convirtió en mi sueño.

    - ¿Y aun así nunca se lo dijiste a las demás? ¿Por qué?

    - Supongo que… estaba siendo un poco egoísta. – admitió. – Lo creas o no, cuando éramos pequeñas yo a veces molestaba a los demás quitándoles sus juguetes y otras cosas. Por una vez, sentí que había encontrado algo que fuese solo para mí, y quise mantenerlo así. Solo por un tiempo, claro. Por eso esperé para decirles hasta que finalmente pude hacer mi debut oficial.

    Fuutarou podía entender eso. El que fueran quintillizas no quitaba que cada una tuviese su propio sentido de la individualidad, y un deseo de tener algo para ella sola. Si para Yotsuba eran los deportes, para Ichika era la actuación.

    - Aunque a veces, no puedo evitar preguntarme si podríamos haberlo hecho juntas. – dijo poniéndose la mano en el mentón. – Estoy segura de que que ellas podrían haberlo hecho bien si hubieran querido.

    - ¿En serio?

    - Oh sí. Ahí donde la ves tan calladita, Miku es la mejor para hacerse pasar por una de nosotras sin ser descubierta. Y en una ocasión que me lastimé, Yotsuba fue capaz de suplirme en el escenario y nadie se dio cuenta hasta que la obra terminó. Debiste verla, tal vez hasta lo hizo mejor que yo.

    - Me cuesta creer eso. – dijo Fuutarou algo escéptico. Después de todo, Yotsuba parecía la que más probabilidades tenía de delatarse haciéndose pasar por otra o actuando. No era buena para mentir.

    Ichika iba a decir algo más, pero justo en ese momento, el camarero les trajo su comida. Fuutarou se llevó una pequeña decepción de ver que el platillo era más pequeño de lo que esperaba. ¿Quién pagaba tanto por comerse algo que difícilmente llenaría el estómago?

    - ¡Buen provecho! – dijo Ichika. – Y si quieres repetir, no tienes más que pedirlo. Ichika-oneesan te pagará la cuenta con mucho gusto.

    - Gracias. – dijo él, cogiendo los cubiertos. Al probarlo se dio cuenta que efectivamente era bueno, el sabor compensaba un poco por el alto costo, aunque quizás no demasiado.

    Ya que ella le dijo que pagaría la cuenta, aprovecharía la oferta mientras pudiera.

    (--0--)

    Al anochecer

    Ya había oscurecido para cuando regresaron al apartamento Nakano. Nino se enfadó un poco al enterarse que se fue de compras a la tienda de ropa sin esperarlas, y a su vez Itsuki se molestó de que hubieran ido a su restaurante favorito (más todavía cuando no le trajeron algo). Miku por su parte, estaba muy ocupada con su rival online para participar en la discusión.

    En cuanto a Yotsuba…

    - ¡Ichika, Uesugi-san, no es justo, ¿por qué no me avisaron?! ¡Yo también habría querido ir!

    Empezó a hacer un berrinche de niña chiquita, y a él le cayó a darle golpecitos encima, hasta que Ichika acudió a rescatarlo, diciendo que fue idea suya y que él no tenía ninguna culpa. Por lo visto sí se molestó de que Ichika lo tomara "prestado", pero luego él le dijo que la culpa fue suya por haber elegido ese día para irse con el club de atletismo.

    Después de que finalmente se calmó, Yotsuba lo acompañó a la parada mientras esperaban el taxi para llevarlo a casa. Para su berrinche anterior, ahora la chica del lazo se veía inusualmente alegre, lo que era decir, más de lo usual, si eso era posible.

    - ¿Y qué tal la pasaste con Ichika? – preguntó interesada. – ¿Se divirtieron?

    - No estuvo mal. – dijo él. – Aunque solo fuimos a comprar la ropa para ustedes, y luego a ver una de sus películas.

    - Le está yendo muy bien en eso de la actuación últimamente. – asintió Yotsuba. Sonaba muy entusiasmada. – Tal vez debas ir a ver otra de sus películas alguna vez.

    Fuutarou se encogió de hombros. Si era para verla morir de primera en otra película de horror, no estaba seguro de querer ir a verla tan pronto.

    - La próxima vez deberías invitarla tú. – dijo Yotsuba. Parecía muy entusiasmada. – Si quieres puedo hablar con ella para que tengan otra cita.

    Fuutarou se encogió de hombros, ruborizándose ligeramente. – Eso no fue una cita.

    - ¿Estás seguro? – preguntó Yotsuba entrecerrando los ojos y acercándosele peligrosamente. Pero al ver que él no se inmutaba, desistió. – Bueno, si tú lo dices. Pero aunque no lo haya sido, seguro que fue mejor que pasar el día haciendo ejercicio con una musculosa tonta como yo.

    Fuutarou le echó una mirada a la chica del lazo, cuya mirada se tornó algo cabizbaja. Lo de musculosa tonta era un hecho innegable, pero lo de que su cita-o-no-cita con Ichika hubiera sido mejor… eso era debatible. No porque lo hubiese pasado mal, sino porque… a él no le parecía que fuese lo mismo.

    - Para que conste… no es tan malo hacer ejercicio con una musculosa tonta. – dijo él. – Es solo otro tipo de diversión, ¿no?

    - Bueno, si te divertiste deberías hacerlo de nuevo. – insistió Yotsuba. – Ichika estaría encantada, estoy segura.

    - Lo pensaré un poco. – dijo él sin darle mucha importancia, antes de meterse la mano al bolsillo. – Por cierto, tengo algo para ti.

    - ¿Eh? ¿No me digas que me compraste un regalo?

    - Claro que no. – dijo él lacónicamente, antes de sacar una mini-libreta. – Ya que no pudimos estudiar, te hice unas notas de resumen de la tarea de hoy, con los puntos más importantes. Quiero que hagas estos deberes para mañana.

    - ¡¿Eeeeehhhh?! ¡¿Mañana?! ¡Pero me tomará toda la noche!

    - Bueno, es tu culpa por irte con el club de atletismo. Ahora tendrás que redoblar tu esfuerzo para recuperar el tiempo perdido. Ese fue el trato, ¿recuerdas?

    Yotsuba hinchó las mejillas, pero cogió la libreta y la guardó. Aunque ahora estuviese haciendo pucheros, él sabía que no le iba a fallar. Sobre todo porque tendría que terminar los deberes si quería asistir al campamento escolar sin tener que preocuparse de nada.

    El taxi llegó y Fuutarou se subió de inmediato. Mientras se alejaba miró por la ventana como Yotsuba se despedía de él con la mano hasta perderse de vista doblando la esquina, y se reclinó en su asiento, pensando en los eventos de la tarde.

    - "Una cita… ¿así se sentirá una de verdad?"

    Cita o no cita, Fuutarou no podía negar que se lo había pasado bien. Su orgullo le impedía admitir de dientes para afuera que habría otras cosas que disfrutaba además de solo estudiar. Eso dañaría su imagen y él no iba a permitirlo. Aunque la ropa nueva no era un mal agregado, y le vendría excelente para el viaje.

    Y Yotsuba parecía muy entusiasmada con la idea de que él e Ichika tuviesen más citas. Tal vez, podría invitarla a salir alguna vez, aunque fuese solo para darle las gracias, si bien la idea de pasar un rato divertido con ella sonaba atractiva en sí misma.

    Mientras no se le ocurriera otra sorpresita como la de la lencería en la tienda. Hasta él tenía sus límites en eso.

    Esta historia continuará…

    (--0--)

    Notas del autor:

    Muy bien, como lo prometí, un poco más de contenido original. Creo que podemos llamarlo el equivalente de cuando las chicas se llevan juntas a Fuutarou a comprarse ropa nueva, excepto que esta vez solo es Ichika quien lo hace, y pensé que sería una buena oportunidad de desarrollarla. Después de todo, ella será la rival en el triángulo amoroso y no estará mal que él voltee a verla de vez en cuando incluso antes de que se decida por Yotsuba (en este caso, Ichika le gana el privilegio de tener la primera cita con él, aunque Fuutarou niegue que lo haya sido). Aunque bueno, hablando de Yotsuba, ya vieron al final que, aunque apoye una relación entre ellos, no significa que no pueda ponerse algo celosilla, ¿verdad?

    Pero fuera de eso, aproveché un poco de indagar en el pasado de Fuutarou y de las quintillizas, o más concretamente de Ichika. Para empezar, como aquí su madre sigue viva, y su situación económica no es tan precaria, obviamente las motivaciones que en canon le llevaron a volverse un cerebrito estudioso, amargado y solitario iban a ser diferentes, así que en lugar de "volverse alguien necesario para los demás", su meta principal aquí es "dejar de ser una carga para su familia". Si bien aquí están mejor económicamente, la sombra de las deudas y las dificultades que sus padres pasaron criándolos a él y Raiha aun pesan sobre él, y hasta que no terminen de pagarlo, no podrá estar tranquilo. En cuanto a Ichika, en canon nunca supimos qué fue lo que la motivó a convertirse en actriz en primer lugar, así que tomé la oportunidad de llenar ese hueco mientras conversaba con Fuutarou. Y hablando de eso, en canon incluso con los flashbacks tuvimos muy poco de la relación de las quintillizas con su madre, así que espero poder explorarla más a fondo más adelante.

    Creo que eso es todo, ¡hasta el siguiente!
     
  8. Threadmarks: Capítulo 8
     
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    9
     
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    Capítulo 8: Campamento escolar – Día 1.

    (--0--)

    Residencia Uesugi…

    Los cuatro miembros de la familia Uesugi se encontraban alrededor de la mesa disfrutando de su cena. Mientras lo hacían, Fuutarou ocupaba multitareas: con una mano sujetaba los palillos para comer, mientras con la otra sujetaba una hoja de resultados de un examen de práctica.

    - Hijo, ¿no puedes olvidarte de eso mientras estamos comiendo? – preguntó Kazane.

    - El tiempo es oro, mamá. – respondió él sin quitar los ojos de la hoja. – Yotsuba está mejorando, pero al paso que va sus notas no serán suficientes. Cada segundo cuenta.

    - Fuutarou, descansar un día del trabajo no te haría mal. – dijo Isanari. – Estás en casa y es domingo.

    - Hey, ¿quién fue el que me consiguió este trabajo en primer lugar? – señaló él.

    - No te haría daño descansar un poco y relajarte. – siguió su padre. – No siempre fuiste un alumno ejemplar, ¿recuerdas?

    - ¿Eh? ¿Eso es verdad, mi hermano no era un monstruo de los estudios? – preguntó Raiha interesada.

    - Solía ser un chico salvaje, igual que yo. – se rio Isanari. – Aún tienes la foto de ese tiempo en tu libreta escolar, ¿no es así?

    - Eso ya es cosa del pasado. – dijo él, desviando la mirada.

    - ¡Quiero verla, quiero verla! – pidió Raiha, a lo cual Fuutarou instintivamente se alejó, buscando proteger la susodicha libreta dentro de su bolsillo. – ¡Mamá, dile que me deje verla!

    - ¡La respuesta es no! – exclamó Fuutarou, pero Isanari se le puso por detrás y lo agarró por las axilas. – ¡Hey, suéltame, viejo!

    - ¡Cariño, haz lo tuyo! – exclamó Isanari.

    Mientras Fuutarou empezaba a patalear tratando de soltarse, su madre tuvo la oportunidad de sacarle la libreta del bolsillo. El hijo mayor se dio cuenta de esto y trató de estirar los brazos para recuperarla, pero la fuerza de su padre lo mantuvo fuera de su alcance mientras la madre se dirigía con la libreta en mano para dársela a la hija menor, que la abrió con curiosidad.

    - ¿Eeeehh? ¿De verdad este es mi hermano? ¡Se ve idéntico a nuestro primo! – exclamó Raiha. Luego de dejarlo unos segundos allí, Isanari finalmente soltó a Fuutarou, que sin perder tiempo fue a quitarle la libreta de las manos con algo de brusquedad. – ¡Hey!

    - Ya viste lo suficiente. – dijo Fuutarou, echándole un vistazo fugaz.

    Efectivamente; cualquiera que viera la foto y los conociera, podría creer que se trataba en realidad de Kintarou. Los dos en realidad tenían rostros muy similares (variando solo en expresiones), y como él en ese entonces también se pintaba el pelo de rubio, casi podrían pasar por hermanos gemelos. Servía como evidencia para quienes les costara creer que eran parientes (como Nino, por ejemplo).

    Pero igual, no le gustaba recordar esa pinta. No iba con su actual imagen de estudiante modelo.

    - No es nada de qué avergonzarte, hijo. – agregó Kazane. – Después de todo, esas pintas también eran parte del encanto de tu padre cuando me enamoré de él.

    - Oye, oye, ¿por qué lo dices en tiempo pasado? – dijo Isanari fingiendo sentirse herido. – ¿Es que acaso ya perdí ese encanto?

    - Por supuesto que no, amor, aún lo tienes.

    Fuutarou suspiró profundamente mientras sus padres se reían, seguramente de recordar sus días de estudiantes. Los dos habían sido un par de salvajes rebeldes durante su juventud, y por eso él había tratado de imitarlos, pero las cosas habían cambiado. Él había cambiado.

    Después de un rato, el tema de conversación volvió a desviarse hacia él.

    - En ese entonces conociste a la niña que te hizo cambiar, ¿no es así? – preguntó Isanari. – Por ella fue que te volviste un cerebrito.

    La mención de esas palabras hizo que una imagen fugaz traspasara la mente de Fuutarou. Una larga cabellera ondeando en el viento y una alegre sonrisa mientras le saludaba haciendo una V de la victoria.

    - ¿Quién era esa niña? – preguntó Raiha. – ¿Acaso fue tu primer amor, Onii-chan?

    - Más probablemente haya sido el segundo. – intervino Kazane. – En ese entonces también le gustaba su compañera de clases, Takebayashi.

    - ¡Hey! – exclamó Fuutarou. – ¿Quién te dijo eso?

    - Oh vamos, ¿crees que una madre no sabe la clase de fotos que guarda su hijo en su cámara?

    Fuutarou desvió la mirada y rechinó los dientes. Se suponía que lo de las fotos de Takebayashi nadie debía saberlo, y prefería que hubiera sido así. Aunque, por otro lado, indirectamente por esas fotos fue que conoció a aquella niña, cuando le salvó de meterse en problemas por algo que no había hecho. No queriendo que le siguieran dando la lata o avergonzándolo con esos recuerdos, el chico procedió a terminarse su cena lo más rápido que pudo.

    - Gracias por la comida. – dijo al acabarse el plato. – Si me disculpan, voy a terminar el resto en mi cuarto.

    - ¿En serio, Fuutarou? ¿No puedes dejar de pensar en el trabajo o en estudiar por un día?

    - No hago esto solo por mí. – dijo Fuutarou. – Si quiero que Yotsuba haga sus deberes, tengo que ponerle el ejemplo, y ella aún tiene que mejorar sus notas.

    - Pero dijiste que había pasado tres de cinco clases. – dijo Raiha. – Antes estaba en ceros, ¿no?

    - Los estándares en Kurobara son mucho más altos que en Asahiyama. – explicó el chico. – Si quiere volver allá, sus notas actuales no serán suficientes.

    - Pero si vuelve entonces no la verías más en tu escuela. – dijo Raiha. – ¿Eso quiere decir que no vendrá a visitarnos?

    Fuutarou estuvo a punto de preguntar qué importaba si era el caso, pero se frenó en seco sin saber por qué. Pensándolo bien… no se había detenido a pensar mucho en eso. Pero bueno, no había necesidad. Si después de todo le estaban pagando por enseñarla para que pudiese volver con las demás, ¿o no?

    - Eso no importa ahora. Si me disculpan. – dijo dirigiéndose a su habitación.

    Afortunadamente ya no le quedaba mucho qué revisarle a Yotsuba en términos de tareas, y como ya se había adelantado en prepararle la de lía siguiente sesión, no le quedaba mucho más por hacer. No teniendo más nada que hacer, y sin estar de humor para ponerse a ver televisión o leer, apagó las luces y se metió a su futón.

    Sin embargo, no cerró los ojos. Tenía algo dándole vueltas en su cabeza desde la cena. Concretamente, ese comentario de Raiha, de que una vez que terminara su trabajo como tutor, Yotsuba se iría de su escuela. ¿Por qué le daba vueltas, si para eso le estaban pagando en primer lugar?

    La verdad, en los últimos meses había continuado con el trabajo de tutor casi por inercia, sin ponerse a pensar más allá de cumplir con ello y recibir la paga. Admitiéndolo, se le había olvidado que al final del año escolar, asumiendo que él hubiera hecho bien su trabajo, Yotsuba se marcharía de Asahiyama para volver a Kurobara con sus hermanas. Eso implicaría que no habría más quebraderos de cabeza tratando de enseñarle palabras en inglés o fórmulas de matemáticas, no más tener que soportar entrenamientos físicos infernales cuando ella quería salir a trotar o llevarlo al gimnasio a la fuerza, y no más tener que aguantar sus niñerías o las burlas de sus hermanas.

    Y fue entonces que se dio cuenta. Después de unos meses, todo eso que era tan molesto al principio, ya no lo era. Ir al apartamento Nakano después de clase se le volvió parte de su rutina diaria, y hasta se quedaba la noche allá ocasionalmente. Las hostilidades iniciales habían caído en recesión, con Itsuki luego de disculparse, y con Nino luego de presentarle a su primo. No era tanto como para considerarlas amigas, pero quizás ya estaban llegando a un punto algo más cerca de eso.

    - "¿Por qué pienso en eso ahora? Esto solo es un trabajo, nada más."

    Se giró sobre el futón ligeramente y cerró los ojos. Mejor sacarse eso de la mente si quería dormir. Mañana tendría trabajo por hacer, después de todo.

    (--0--)

    Apartamento Nakano, días después…

    Otro día, otra sesión de estudios. Como de costumbre, Fuutarou y Yotsuba estaban ocupadísimos, y como ocurría con frecuencia, ya se les había unido alguien más. Concretamente esta vez para estudiar inglés.

    - ¿Cómo decías que se pronunciaba esto, Uesugi-san?

    - Debate. La pronunciación correcta es "di-beit". – explicaba Fuutarou. – Recuérdalo de esa forma, "di-beit".

    - Hmm, el inglés es muy confuso. – dijo la chica del lazo.

    - Dímelo a mí. – decía Nino, que también estaba haciendo su propia tarea en la misma asignatura. – Bien, Uesugi, ya terminé.

    Fuutarou cogió la hoja de respuestas de Nino. Solo encontró errores gramaticales y ortográficos en tres de las preguntas, pero todas las demás estaban correctas. Marcó las que estaban equivocadas, y luego se la devolvió.

    - Solo tres equivocadas. Mejor de lo que esperaba.

    - Hmph, qué exigente. – dijo ella, agitándose el pelo con algo de altivez.

    - Me sorprende que quieras estudiar con nosotros, Nino. – dijo Yotsuba.

    - Da igual, no me importa si papá le paga extra por ayudarnos a nosotras también. – dijo Nino. – Solo quiero que mi hermana regrese con nosotras, es todo.

    Ahí estaba eso de nuevo. Para eso estaba ayudando Fuutarou a Yotsuba, para que sus notas se recuperasen y pudiera volver a Kurobara con las demás. Y no era algo que solo ella quería; Nino, y seguramente el resto, también lo querían de ese modo. Estar otra vez las cinco hermanas juntas.

    - ¿Qué tal ahora, Uesugi-san? – preguntó Yotsuba, sacándolo de su ensimismamiento.

    - Hmm… Yotsuba, estás conjugando mal los verbos. Ninguno de estos son verbos regulares, no se pueden escribir de esa forma.

    - ¡¿Eeeeehhh?! ¡Ah, no es justo! – La chica del lazo hinchó las mejillas.

    - No tienes remedio. Escucha, te voy a escribir una… ¿hmm? – Fuutarou empezó a palparse la retaguardia. Luego los bolsillos de la camisa y se paró. – ¿En dónde está?

    - ¿Qué pasa? – preguntó Nino.

    - Mi libreta. Juraría que la tenía hace cinco minutos. – dijo poniéndose de pie para buscarla, mirando a todos lados.

    - ¿Te ayudamos a buscarla? – ofreció Yotsuba.

    - No. – dijo él terminante. – Si está por aquí no creo que se haya perdido.

    Por si las dudas, no iba a arriesgarse a que le fueran a ver esa foto. Mejor buscarla él solo; después de todo, se le tendría que haber caído en la sala. Con eso en mente empezó a registrar por todos lados tratando de encontrarla antes que ellas lo hicieran.

    - ¿No es esta? – preguntó Nino.

    Y ahí se fueron sus esperanzas; la segunda hermana ya la había encontrado y la sujetaba en la punta de sus dedos. Bueno, al menos no la había abierto, solo era cuestión de recuperarla.

    - Gracias. – dijo el chico, estirando la mano para tomarla, pero Nino se la apartó. – Oye, regrésamela.

    - Pareces inusualmente preocupado. ¿Tienes algo aquí que no quieres que vea?

    - Eso no te incumbe. Regrésame eso.

    Infortunadamente, eso pareció darle a Nino toda la respuesta que necesitaba, y mientras seguía apartando la libreta para mantenerla fuera de su alcance, de pronto sonrió malignamente.

    - ¡Yotsuba, atrápala!

    Y sin más, arrojó la libreta por encima de la cabeza de él, yendo a caer en las manos de Yotsuba, que se rio sonoramente. Al parecer entendió el juego que su hermana quería jugar, y tras reírse con un "shishishi" burlón que enseñaba todos sus dientes, echó a correr por la sala agarrando la libreta como si fuera un balón de fútbol americano.

    - ¡Devuélvemela! – exclamó Fuutarou.

    - ¡Jaja, tendrás que atraparme, Uesugi-san! – gritó Yotsuba. – ¡Nino, pase largo!

    Igual que antes, le arrojó la libreta a su hermana, que la atrapó, y jalándose el ojo mientras sacaba la lengua lo incitó a tratar de venir por ella. Las dos siguieron con el mismo juego, haciéndolo correr de allá para acá en círculos por toda la sala. Trató incluso de montarse en el sofá para poder atraparla, pero no le servía de nada; esas dos les superaban.

    - ¡Ya llegué! – sonó una voz abriendo la puerta de entrada, que fugazmente notó que se trataba de Ichika. – Oigan, ¿a qué juegan que no me invitan?

    - ¡No estamos jugando, Ichika! – exclamó él, tratando de agarrar a la chica del lazo.

    - ¡Ichika, piensa rápido! – exclamó Yotsuba aventándole la libreta.

    Fuutarou corrió a tratar de agarrarla, pero Nino le metió zancadilla haciéndolo tropezar. Sin embargo, la broma le salió por la culata ya que en el momento en que lo hizo, Ichika se había acercado para atrapar la libreta y él chocó contra ella de frente, enviándolos al suelo.

    Inmediatamente, los gritos, risas y correteadas cesaron. El propio Fuutarou se quedó tieso, y no supo en qué momento fue que pudo procesar lo que acababa de pasar. Solo tenía la vista fija en Ichika, cuyo rostro estaba sorprendido y ruborizado, aunque tal vez no tanto como debía estar el suyo, a juzgar por el ardor que sentía en aquel momento.

    - Oh… así que a Fuutarou-kun le gusta jugar de este modo. – sonrió provocativamente la hermana mayor.

    - No es lo que piensas. – dijo inmediatamente, alejándose para ponerse de pie. – Perdón, la culpa la tuvieron estas dos.

    - No pasa nada. – dijo la pelirrosa sin dejar de sonreír. – Pero en serio, ¿qué estaban haciendo?

    - Mi libreta, estaban jugando a atrapadas con…

    Y ahí fue cuando la vio. Había quedado abierta, exponiendo esa foto que él desesperadamente quería esconder, y para ese momento Nino ya la había agarrado y la estaba viendo frente a frente. Ya era demasiado tarde.

    - Oye. – dijo la segunda hermana. – ¿Por qué guardas una foto de Kintarou-kun en tu libreta?

    - ¿Eh? – exclamó Fuutarou.

    - ¿Quién? – preguntó Ichika.

    - ¡Hey, es cierto! – exclamó Yotsuba. – ¿Qué edad tiene aquí? ¿Once, doce?

    - Ya. – dijo arrebatándosela de la mano y metiéndola de nuevo en la seguridad de sus bolsillos. – Descubrieron mi pequeño secreto, ¿está bien?

    - ¡Oye, no es justo! ¿Para qué la tienes, por qué no mejor me la regalas? – exclamó Nino.

    - Pídele una tú misma. – sugirió él, aliviado de que hubieran asumido que era su primo. Mejor dejarlas que pensaran eso.

    - ¡Es que no tengo su número! – protestó la segunda hermana. – ¡Se me olvidó pedírselo el otro día!

    - Mala suerte para ti. – dijo él lacónicamente, provocando que Nino hiciera un puchero.

    - Bueno, bueno, no empecemos a pelear ahora. – dijo Ichika, tratando de calmar las tensiones. – ¿Vamos a cenar todos juntos hoy?

    - Sí, te estábamos esperando. – dijo Nino. – Yotsuba, ve a buscar a Miku e Itsuki. Y tú – agregó dirigiéndose a Fuutarou – más te vale comer rápido para que puedas irte de una buena vez.

    La segunda hermana se sacudió el pelo mientras Fuutarou contenía las ganas de suspirar de alivio. Eso había estado muy cerca. Mejor que ellas pensaran que era su primo; no necesitaba que supieran que se trataba de él. Por una vez, ese parecido físico entre ambos le sirvió de algo.



    Las cinco hermanas Nakano y Fuutarou se sentaron alrededor de la mesa para comer. A pesar de la amenaza de Nino, Fuutarou se tomó su tiempo en degustar la comida, pues aunque la actitud de Nino no fuese la mejor, su cocina era una historia diferente, eso él lo reconocía.

    - Por cierto, ya falta muy poco para el campamento escolar, ¿no? – preguntó Ichika de repente. – Qué suerte que iremos al mismo lugar.

    - Jaja, sí, será muy divertido. – dijo Yotsuba. – No se vayan a espantar mucho con nosotros en la prueba de valentía.

    - Yo preferiría pasar de eso. – dijo Itsuki tajantemente. – No sé por qué nos hacen pasar esos espantos tan horribles.

    - Itsuki-chan, ¿de verdad te da tanto miedo? – preguntó Ichika. – Sí sabes que todo es de mentira, ¿no?

    - Odio los fantasmas, monstruos y cualquier cosa que se les parezca, así sean de mentira. – replicó la pelirroja molesta.

    - Bueno, en ese caso trataré de contenerme para que no te espantes demasiado. – dijo Fuutarou, haciendo que la hermana menor se enfurruñara por su comentario.

    - Pero hacer eso de la prueba de valentía parece algo muy social para alguien como tú, ¿no, Fuutarou-kun? – comentó Ichika.

    - Ya saben que no lo acepté porque quisiera. Pero en vista de cómo resultaron las cosas, me aseguraré de asustarlos a todos como nunca se imaginarían. Será mi dulce y fría venganza.

    Fuutarou intencionalmente dijo la última parte en una voz baja y fría. Al ver a las quintillizas cada una tuvo una reacción distinta: Ichika parecía reírse algo nerviosa, Nino hizo una mueca de incomodidad molesta, Miku seguía igual de taciturna, Yotsuba hacía una sonrisa dentuda mientras se reía haciendo "shishishi", y finalmente Itsuki temblaba tanto que parecía querer salir pitando de allí.

    La cuarta hermana pareció darse cuenta de esto, ya que inmediatamente decidió desviar la conversación.

    - Bueno, si te da miedo, ¿qué tal si hablamos de algo más agradable? – dijo Yotsuba. – Una amiga me contó que en el lugar a donde vamos hay una leyenda sobre las fogatas.

    - ¿Leyenda? – preguntó Fuutarou. Él no había escuchado nada de eso.

    - Sí. Dice que las parejas que bailan juntas alrededor de la fogata al final del campamento estarán destinadas a estar juntas para siempre. – Yotsuba se juntó las manos mientras sonreía con expresión soñadora.

    - Tch, eso suena ridículo. – dijo Fuutarou rodando los ojos.

    - Parece cuento para niños. – dijo Miku estando de acuerdo.

    - ¡Ahhh, ¿por qué tienen que ser tan racionales?! – exclamó Yotsuba haciendo pucheros. – ¿No creen es romántico? ¡Una leyenda sobre el amor y el destino!

    - Bueno, si fuera real, y no digo que lo crea, yo sé con quién me gustaría bailar. – dijo Nino, apoyando el mentón sobre su mano pensativamente.

    Viéndola de reojo, a Fuutarou no se le escapó que los ojos de la segunda hermana delataban que estaba más interesada en esa leyenda de lo que quería aparentar. No estaba seguro de por qué, pero algo en él le impulsó a decir algo que, él sabía muy bien, le iba a alegrar.

    - *Ejem*, bueno, no es que a mí me importe, pero el idiota de mi primo me llamó el otro día. Dijo que su clase también irá al mismo campamento que nosotros.

    - ¡¿De verdad?! – Nino se le fue encima, agarrándolo del cuello de la camisa. – No me estás mintiendo, ¿verdad? Porque si es una broma te juro que…

    - ¡Nino, cálmate! – dijo Ichika, apartándola. – Fuutarou-kun no tiene razones para mentirte, ¿verdad?

    - Claro que no. – dijo él, acomodándose las arrugas que le dejó. – Aunque solo me dijo que su clase irá. No puedo garantizar que él no decida escaquearse el campamento. Lo cual, conociéndolo, es altamente probable.

    - Cielos, ¿no puedes llamarlo para confirmar?

    - Si lo hago me quedarás a deber otro favor. – dijo él sonriendo de lado.

    La segunda hermana gruñó entre dientes. De nuevo, Fuutarou casi podía escuchar el conflicto que ocurría en aquel momento dentro de su cabeza: ya le tenía encima un favor por haber convencido a Kintarou de visitar la panadería cuando ella estuvo de turno, para que tuvieran un encuentro casual. Él se quedó detrás de un estante escuchando, y pudo reírse un poco de cómo Nino tartamudeaba y se tropezaba con las palabras tratando de impresionarlo.

    Con lo arisca que era normalmente, resultaba catártico verla tratar de actuar como chica dócil y nerviosa, tenía que admitirlo. Aunque por lo que supo después, a Kintarou ella le pareció encantadora. De gustos no había nada escrito, pero a ver si le gustaba luego de ver sus verdaderos colores.

    - Eres despreciable, pero trato hecho. – concedió finalmente. Fuutarou sonrió con satisfacción; las negociaciones siempre eran fáciles cuando tenías tú las palancas.

    - No entiendo qué te gusta de él, con esas pintas de delincuente. – dijo Miku en su típico tono monocorde.

    - ¿Tú qué sabes? A ti siempre te han gustado los de apariencia simplona. – dijo Nino. – Aunque de nuevo, tampoco es que te preocupes mucho por tu imagen.

    - Mejor que estar pendiente de mis uñas. – replicó la tercera hermana, aunque tenía un deje de haberse sentido ofendida por el último comentario.

    - Ya, ya, chicas, no sigamos peleando. – dijo Ichika. – Se supone que el campamento sea para divertirnos todos juntos. Y eso incluye a Fuutarou-kun, desde luego.

    El resto de la comida transcurrió sin ninguna eventualidad. Habiéndose acabado la cena, Fuutarou le dejó a Yotsuba sus últimos deberes antes de marcharse, diciéndole que se asegurase de terminarlos ahora para no tener que preocuparse después durante el campamento. La chica del lazo se comprometió a hacerlo, y con eso el muchacho salió del apartamento.



    Un par de horas después, cuando todas las demás se fueron a dormir, Yotsuba e Ichika decidieron darse un baño juntas, y con eso aprovechar de conversar un poco. Después de todo, ver la fotografía en la libreta de Fuutarou les trajo recuerdos a ambas.

    - Oye, Ichika. – dijo Yotsuba antes de verter agua sobre su hermana. – Esa fotografía…

    - ¿Tú también lo recuerdas? – preguntó la mayor. – Fue de aquel entonces, ¿verdad? Hace cinco años en Kioto.

    - Por supuesto. – dijo la cuarta hermana. – Nino piensa que es su primo, pero… yo sé que es él.

    Nino no se había percatado de algo mientras observaba la fotografía, que estaba plegada por la mitad. Y en la parte oculta… se encontraba una de ellas a la edad de doce años. Cuando Fuutarou se la tomó con ella como un recuerdo de aquel fatídico viaje a Kioto.

    Eso significaba que él la había guardado con él todo ese tiempo. Yotsuba no sabía cómo sentirse respecto a eso. Por un lado, le conmovía que él todavía la tuviera de recuerdo. Por el otro…

    - ¿Segura que no quieres decírselo? – preguntó Ichika, interrumpiendo su monólogo interno. – Tal vez se ponga feliz de saber que eres tú.

    - Es mejor que no lo sepa. – dijo Yotsuba. – Él no me reconoció ahora como esa niña, y eso está bien. No quiero que me vea como ella.

    Pese a que su primer encuentro con él era un recuerdo muy especial, que atesoraba con todo su corazón, Yotsuba no se sentía nada orgullosa de esa etapa de su vida. Se había esforzado por cambiar y dejarla atrás, ser alguien diferente de quien fue entonces.

    Aunque supiera que él nunca se fijaría en la clase de persona que era ahora.

    - Ichika… ¿por qué no le dices que eras tú la niña de la foto? Éramos idénticas, él no notará la diferencia.

    - ¿Estás bromeando? – dijo la hermana mayor sintiéndose algo indignada. – Es cierto que él me gusta, pero no quiero que él se fije en mí por una mentira. Es decir, yo también lo conocí entonces, pero tú eres con quien se tomó la foto.

    - ¿Y eso qué? Tú le vendrías mucho mejor. Se divirtió en la cita que tuvieron.

    - Él no lo ve de ese modo. – dijo Ichika. – Me refiero a que sí, nos divertimos, pero él no considera que eso haya sido una cita. De hecho, parece que hasta disfruta de hacer ejercicio contigo.

    Yotsuba se rio. Hasta donde había visto, Fuutarou frecuentemente se quejaba cuando lo ponía a hacer ejercicio físico, si bien terminaba de completarlo así fuese por no quedar mal y se tardara mucho más que ella. Ella no buscaba que a él le gustase, sino simplemente un pretexto para pasar tiempo con él.

    Así fuese solo como amigos, eso estaba bien para ella. Era suficiente.

    - Tal vez… debería pedirle ser mi pareja durante la fogata. – dijo Ichika. – Fuutarou-kun no es el tipo de chico que invitaría a alguien a bailar, hay que tomar la iniciativa.

    - Es una buena idea, deberías hacerlo. – Yotsuba sonrió. Por fin iba a quitarse ese peso de encima.

    - Pero… lo haré después de que lo hagas tú. No es justo que yo me adelante de ese modo. Si lo invitas y él te rechaza, entonces lo intentaré yo. Es justo que tú también tengas tu oportunidad.

    - Él no querría bailar conmigo de todos modos.

    - ¿Cómo puedes estar tan segura, si no se lo preguntas? Ambas sabemos que él también te gusta, y también quieres bailar con él, ¿verdad?

    La cuarta hermana bajó la mirada. No quería responder, o más bien, no podía. Simplemente estaba segura de ello, que Fuutarou jamás querría bailar con alguien como ella en esa fogata. Pero en cuanto a lo que ella misma quería… claro que sí, claro que deseaba bailar con él, y si esa leyenda era cierta, tal vez estar juntos para siempre.

    Ichika se puso de pie para que cambiaran de lugares, y Yotsuba se sentó en el banquillo para que le cepillaran la espalda. Ninguna de las dos dijo nada por un buen rato, hasta que la hermana mayor se acercó a susurrarle:

    - Si no se lo pides… le voy a decir que todavía usas tus pantaletas de ositos de la secundaria.

    - ¡¿Eeehhh?! ¡No, eso no por favor! ¡Prometiste que no se lo dirías a nadie!

    - Tienes hasta el último día del campamento para pensártelo, hermanita. Tú decides si prefieres pasar ese tipo de vergüenza, o arriesgarte con Fuutarou-kun como Dios manda.

    Yotsuba hinchó las mejillas. Ese había sido un golpe muy bajo. Ya sabía que con Fuutarou los "chantajes" solo eran amenazas vacías, solo que él no tenía forma de saberlo. Pero entre ellas, cuando Ichika amenazaba con algo, sí era capaz de cumplirlas.

    - ¿Por qué me haces esto? – dijo.

    - Porque eres mi hermanita querida. – dijo Ichika sonriendo. – Si fuese Nino, Miku, o Itsuki-chan, haría lo mismo. Lo haría por cualquiera de ustedes.

    Yotsuba miró a su hermana, que simplemente le sonrió. No entendía por qué; si ella se hacía a un lado, entonces Ichika tendría el camino libre para perseguir a Fuutarou. ¿Por qué arruinar su propia oportunidad arrastrándola a ella que no quería competir? Especialmente porque no merecía hacerlo.

    Antes Ichika le cedió el cohete durante el día de los fuegos artificiales. Ahora a Yotsuba no le importaba hacerse a un lado y cederle la oportunidad. Por mucho que ella gustase de él, ya le había dejado claro que ella no era su tipo. Quizás alguien como Ichika, más madura, responsable y más abierta, le vendría mejor a alguien como él. En vez de una musculosa tonta e infantil como ella.

    (--0--)

    La noche anterior al campamento escolar…

    Habiendo terminado con sus deberes, y al no tener sesión de estudios en el apartamento de las Nakano, Fuutarou había pasado la tarde leyendo el panfleto con el programa para el campamento escolar. Quizás no lo admitiera de dientes para afuera, pero estaba muy emocionado. Hacía mucho que no salía en un viaje como este, después de todo.

    Estuvo a punto de cancelar su salida cuando supo que Raiha había contraído una fiebre, pero su madre le dijo que no se preocupase, pues se encargaría de cuidarla, si bien tendría que buscar a alguien que se hiciera cargo de la panadería. Raiha aun en la cama le pidió a Fuutarou que le contara buenas historias de lo que hizo cuando volviera, y hasta le regaló un pequeño amuleto de buena suerte para que lo protegiera. Él lo aceptó de buen grado; con los buenos deseos de su hermanita cuidándolo, todo saldría a pedir de boca.

    O eso era lo que quería pensar. En realidad, antes de partir estaba pensando en otras cosas. Lo que le dijo Raiha sobre Yotsuba era cierto: una vez que él cumpliera con su deber, ella podría volver a su antigua escuela. Y eso era lo que ella y sus hermanas querían. Pero en ese punto… ¿realmente quería que se fuera?

    - "Bueno, siempre podría ir a visitarla al apartamento." – pensó. – "Sé dónde viven, después de todo."

    Sí, esa era una posibilidad. Pero no sería lo mismo que verla todos los días en clase. La verdad se había acostumbrado a su presencia más de lo que esperaba, y no extrañaba tanto sus días de tranquilidad y silencio antes de que ella llegase.

    - "Puede ser molesta e infantil, pero… no es alguien a quien se pueda odiar."

    No, no lo era. Yotsuba era una chica alegre y llena de energía que siempre era amable y atenta con todos, y siempre se mostraba dispuesto a ayudar a quien lo necesitara. Él creía que no necesitaba amigos, pero no necesitarlos no quería decir que no apreciara tenerlos. A pesar de querer mantener estrictamente una relación de profesor y alumna con ella, Yotsuba siempre se esforzó por tratarlo como un amigo, y sin darse cuenta eso caló en él. Aunque no lo dijera de frente como Ichika, de que le gustaría ser su amiga, simplemente dejó que sus acciones hablaran por ella.

    Por el otro lado, estaba la hermana mayor de las Nakano. Si bien ella también buscaba ser amable con él, también lo intercalaba con coqueteos que al principio él no sabía qué querrían decir. Cuando sus padres se enteraron de su pequeña escapada juntos, por más que él negó que fuera una cita, ellos insistieron que sí lo fue. Él insistía en que la chica de pelo rosa solo estaba jugando con él, pero nadie se lo creía, y después de un tiempo, empezó a cuestionar si solo era un juego, o genuinamente estaba interesada en él.

    Y eso último le hacía preguntarse: ¿cómo debía responder? En realidad, desde que tenía memoria ninguna chica jamás había mostrado interés en él, excepto aquella niña a la que ni siquiera le había preguntado su nombre. No sabía cómo debía actuar, y cuando se topaba con algo a lo que no encontraba respuesta, o bien lo ignoraba, o buscaba distraerse y olvidarlo enfocándose en alguna otra cosa.

    - "Intenta dormir un poco, ¿qué más queda?" – se dijo, antes de darse la vuelta sobre su futón y cerrar los ojos.



    De pronto había retrocedido a aquel día, aquel fatídico día cuando estaba en un viaje escolar junto con sus amigos. Tenía apenas unos doce años, y queriendo imitar la pinta salvaje de su padre, se teñía el cabello de rubio, además de usar unos pendientes en la oreja (de presión, para no perforarse). Estaba feliz jugando a las cartas con sus amigos, Sanada, Takebayashi, Kaitani y Kanae, a bordo del tren que los llevaría a Kyoto en su pequeño viaje escolar.

    - ¡Jaja, yo gano esta mano! – exclamó arrojando las cartas restantes al aire. – ¡Y ahora te tocará el castigo!

    - ¡Por favor, todo menos eso! – suplicó Kaitani. – ¡No pude volver a comer pescado luego de que me obligaste a hacerlo!

    - Oye, oye, ¿qué le obligaste a hacer? – preguntó Kanae.

    - Ya basta. – intervino Takebayashi, llegando desde el asiento de adelante. – Fuutarou, deja de molestar a Kaitani.

    - ¡Jaja, no seas aguafiestas, Takebayashi, únetenos! – dijo él mientras la atrapaba en un candado y le revolvía el pelo.

    Kanae se enojó y trató de hacer que la soltara, pero Takebayashi únicamente se rio, diciendo que no importaba. Fuutarou le sugirió que mejor se les uniera en el juego, y ella aceptó a condición de que le enseñaran también a Sanada, que parecía estar muy ocupado estudiando matemáticas. Fuutarou creía que era un poco tonto estudiar en vacaciones, pero ¿quién era él para discutir? Cada quién hacía lo que quería.

    Y hablando de eso.

    - ¡Oigan, miren esto! – exclamó de repente abriendo su mochila para sacar una cámara de fotos. – ¿Qué les parece? Mi papá me la compró.

    - ¡Genial! ¡Sácanos una foto a Kanae y a mí! – dijo Kaitani, jalando a la aludida hacia él para un abrazo.

    - ¡Oye! – protestó la chica de las coletas, sorprendida y avergonzada por el repentino gesto.

    - Jajaja, esperen su turno. Hey, Takebayashi, ¿qué tal si te saco una…?

    La chica de pelo oscuro no lo estaba escuchando; estaba muy ocupada estudiando con Sanada mientras los dos leían juntos el librito ilustrado de geometría.

    Y la cercanía de ambos, dejó a Fuutarou totalmente en shock…

    - Pero qué…

    - ¿Oh, no lo sabías? – preguntó Kanae. – Ellos dos son amigos de la infancia. Son vecinos que viven cerca, y sus familias a menudo van de vacaciones juntas.

    Pensándolo bien, nunca lo había notado. Takebayashi y Sanada siempre andaban juntos, cuando no estaban los cinco haciendo algo. Estudiaban juntos, comían juntos el almuerzo, y se iban a casa por el mismo camino. Estaba tan prendado de ella que nunca se puso a pensar si a ella le gustaría alguien más.

    Para cuando terminó el viaje en tren y llegaron a su destino, Fuutarou notó que los otros cuatro caminaban delante de él, Kanae con Kaitani y Takebayashi con Sanada. Como si fueran dos pares y él fuese el único que salía sobrando.

    Y esa sensación no le agradaba en lo más mínimo.

    - ¿Fuutarou? ¿Te sucede algo? – preguntó Takebayashi.

    - ¿Eh? – La voz de la chica lo sacó de su ensimismamiento. Después de verlos un rato, notando que estaban preocupados, decidió inventarse una excusa para salir de allí. – ¡Ugh, me duele… el estómago!

    - ¿Estás bien?

    - Váyanse… adelántense sin mí. – dijo tratando de sonar lo más creíble posible.

    - Oye, oye, no hables como si te fueras a morir o algo. – dijo Kaitani con los brazos en jarras.

    - Perdón… iré a buscar el baño, ¡luego los alcanzo!

    Y dándose la vuelta, salió corriendo alejándose de ellos. Obviamente no tenía nada, simplemente no se sentía con ganas de verlos. Y de todas maneras sabía bien la dirección del hotel donde se iban a quedar, así que no se iba a perder de todas maneras.

    Simplemente necesitaba un rato a solas.



    Sentado en la escalera, no podía hacer otra cosa que ponerse a tomar fotos aquí y allá. Pero sinceramente, sin Takebayashi cerca, no había nada que valiera la pena guardar de recuerdo.

    - "Tch, ¿para qué convencí de decirle a mi viejo que me comprara esto?" – pensó distraídamente.

    - ¡Oye!

    Una voz que no reconocía empezó a llamarlo. Cuando volteó a ver, notó que se trataba de una mujer con cara gorda y mejillas rojas, con un atuendo que la hacía ver como una muñeca a tamaño real, pero antigua y horrible con encajes y lazos, y mangas tan largas que le escondían las manos. Dicha mujer le estaba dirigiendo una mirada asesina y él no tenía idea de por qué.

    - Me estabas tomando fotos, ¿verdad?

    - ¿Eh? ¿De qué habla usted, vieja bruja? ¡Claro que no!

    - ¡No mientas, mocoso! ¡Ayuda, este niñato me estaba tomando fotos sin permiso!

    - ¡Oiga, si ya le dije que yo no…!

    - ¿Qué sucede aquí?

    En menos de unos segundos, la mujer divisó a un par de oficiales de policía que pasaban por allí, y sin perder tiempo corrió hacia ellos para acusarlo de "no haberse resistido a su encanto" para tomarle fotos sin permiso. Qué ridiculez, ¿por qué iba él a tomarle fotos a una muñeca horrible de tamaño real?

    - De acuerdo, muchacho. – dijo uno de los oficiales acercándosele, claramente para interrogarlo. – ¿Acaso eres de primaria, estás perdido?

    - ¿Eh? No, soy de… – Por un momento se sintió tentado a decir que era de preparatoria, pero eso no tendría sentido; no iban a ser tan tontos de tragarse ese cuento.

    - ¡Les digo que hagan su trabajo! ¡Arresten a este mocoso! – insistía la mujer.

    - Cálmese, señorita. – dijo el otro oficial. – Hay solo una forma de resolver esto. Niño, ¿puedes prestarme tu cámara un momento?

    Fuutarou estuvo a punto de entregarla de mala gana, hasta que se acordó: dentro todavía estaban las fotos que le tomó a Takebayashi. Si veían eso… y si ella andaba cerca…

    No, no podía dejar que las vieran. Justo antes que el oficial tomase la cámara, él la apartó por reflejo, riéndose nervioso y tratando de pensar en cómo salir pitando de allí.

    - Ese chico no lo hizo. – dijo otra voz femenina. – Yo lo vi todo.

    Fuutarou volvió la mirada hacia donde la escuchó, concretamente, arriba de las escaleras donde se había sentado todo ese rato.

    Era una niña se veía cercana a su edad, pero tenía una cabellera tan larga que le llegaba hasta detrás de las rodillas, o eso le parecía desde donde estaba. Por un momento, el chico se preguntó si estaba viendo un ángel caído del cielo que vino a salvarlo, ya que con ese inmaculado vestido blanco sencillo que llevaba solo parecían faltarle las alas. Y esos ojos y esa sonrisa que le estaba dirigiendo le hicieron cuestionar sus creencias sobre el amor a primera vista.

    Sin dejar de sonreír, la linda niña bajó por la escalera y tras decirle a los policías lo que vio, estos se fueron y lo dejaron en paz, para rabia de la mujer que claramente quería ver que lo castigaran.

    - Oye… gracias, me salvaste. – dijo él.

    - No hay problema. – replicó la niña. – A cambio, ¿crees que me podrías ayudar con algo?

    - ¿Ayudarte?

    - Sí. Verás, creo que eres justo el tipo de persona que estoy buscando…

    Fuutarou no pudo más que ladear la cabeza, confundido. ¿Qué podría querer una niña como ella con él? Ni siquiera la conocía, pero en vista de que estaba en deuda por sacarlo de ese aprieto, no veía razón para negarse.

    Poco sabía que esa decisión cambiaría el curso de su vida para siempre…



    - Uesugi-san… Uesugi-san… ¡UESUGI-SAAAAAAAAAAN!

    - ¡Ah! ¡¿Qué, quién, cuándo…?! Ah, eres tú de nuevo…

    Otra vez, sus padres le habían dado permiso a Yotsuba de meterse en su habitación para despertarlo, y allí estaba, con su típica sonrisa tonta. La chica estaba vestida con un overol blanco y un suéter verde-marrón, y con su siempre presente lazo aunque esta vez tenía un diseño a cuadros.

    - ¡Buenos días, Uesugi-san! ¿Listo para el campamento?

    - Lo estaré en cuanto me vista y desayune. – dijo él apartando las cobijas del futón. – ¿Qué estás haciendo aquí?

    - ¿No es obvio? ¡Para que vayamos juntos a la estación! Sería muy triste si aparecieras solo. – dijo la chica, hinchando las mejillas.

    Fuutarou rodó los ojos, pero se puso de pie y le pidió a la chica del lazo que desalojara su cuarto para que pudiera vestirse. Había empacado en su mochila las mudas de ropa para el viaje y sus objetos personales que iba a necesitar, y sobre la silla de su escritorio estaba doblada la ropa que se pondría en la mañana. Incluyendo el abrigo invernal que Ichika le compró cuando se dieron su pequeña escapada. Sería tonto desperdiciarlo luego de que se lo había pagado y no quería parecer un ingrato.

    Yotsuba se les unió para el desayuno, e hizo un puchero cuando le informaron que Raiha estaba enferma, pues quería entrar al cuarto y tomarla de la mano para ayudarla a mejorarse (decía que eso hacía su mamá con ella y sus hermanas). Por mucho que apreciaran la intención, los Uesugi no la dejaron entrar por miedo a que se le fuera a contagiar o algo, así que le dejó algunas grullas de papel con un mensaje de "mejórate pronto" antes de que se fueran. Kazane e Isanari sabían que la hija menor lo apreciaría mucho, y Fuutarou también.

    Ya sin más, los dos se marcharon rumbo a la estación de autobuses, el punto de encuentro de todos los que iban a ir en el viaje.

    - ¡Hmm, esto es emocionante! Hace tiempo que no salgo en un viaje escolar. – exclamó Yotsuba.

    - ¿De veras? – dijo él, sin estar muy interesada.

    - Sip. Bueno, excepto cuando hacíamos campamentos de entrenamiento en los clubes deportivos, pero esto es diferente. – prosiguió. – Además, por mis malas notas, a veces terminaba perdiéndomelos, ya que me castigaban con clases de recuperación.

    - Eso te sacas por meterte a tantos clubes a la vez. – dijo él seriamente. – Quien mucho abarca, poco aprieta.

    Yotsuba se rio mientras sacaba la lengua y se golpeaba la cabeza. En serio; era sorprendente que hubiera podido llevar a cinco clubes deportivos a las nacionales simultáneamente, pero era obvio que eso afectaría su rendimiento académico. No había manera de que pudiera con todo; tantos compromisos abrumarían a cualquiera.

    El teléfono de la chica sonó, y tras sacarlo la muchacha envió un mensaje antes de guardárselo. Antes que él le preguntara, ella le respondió:

    - Era Ichika, le avisé que ya vamos en camino a la estación.

    - ¿Así que se quedaron esperándote? – dijo él. – Sabes, no tenías que venir a buscarme. Podría haber ido yo solo fácilmente.

    - ¿Por qué? ¿Es que no te gusta mi compañía?

    - Yo no dije eso. – replicó él, antes de percatarse de lo que acababa de decir. Echándole un vistazo de reojo a la chica del lazo, vio que esta sonreía ampliamente. Como si estuviese tramando algo.

    - Oye, oye, ¿en qué estás pensando?

    - No, nada. Por cierto, ¿pudiste confirmar con tu primo, sabes si podrá venir?

    - Anoche lo llamé, y me dijo que sí. – dijo Fuutarou. – Estaba muy entusiasmado ante el prospecto de verlas a las cinco juntas, debo decirlo.

    - Jeje, Nino se pondrá muy contenta de verlo.

    Eso era lo más obvio. Los dos habían congeniado bastante bien en lo que alcanzó a ver y escucharles, y Kintarou no dejó de darle la lata por no haberle dicho antes que Yotsuba tenía hermanas, aún más al saber que eran quintillizas. Pero luego empezó a bromear diciendo que "así cada uno podía quedarse con una", refiriéndose obviamente a Yotsuba. En cuanto a su interés por ver a las demás incluso después de conocer a Nino, dijo algo de que "solo haber elegido el platillo no le impedía echar un ojo al resto del menú". Si Nino llegaba a oírle decir eso… ya se la podía imaginar dándole una gran bofetada por semejante comentario.

    Eso sería divertido de ver; no le gustaría perdérselo.

    - ¿Crees que lo veremos en la estación? – preguntó Yotsuba, regresándolo a la tierra.

    - No creo, él dijo que saldrá de otra estación. Lo más seguro es que lo veamos al llegar a la posada. – dijo Fuutarou.

    - Hmm, qué lástima. Ni modo, nos tocará esperar. – Y sin decir más, ella lo agarró por la muñeca, antes de echar a correr. – ¡Vamos, deprisa!

    - ¡Oye! – exclamó él, pero no sirvió de nada.

    Y otra vez, se encontraba siendo arrastrado contra su voluntad en una maratón, comparable tal vez a la que le hizo dar el día de los exámenes. ¿Planeaba hacer de esto una costumbre?



    Para cuando llegaron a la estación, las hermanas de Yotsuba estaban todas reunidas esperándolos. Fuutarou no entendió por qué se lo llevó de esa manera: el autobús saldría a las 8:30 am, y la estación estaba a veinte minutos a pie cuando salieron de la casa apenas después de las 7:20 am. Tenían tiempo de sobra y no había necesidad de apurarse. Se subieron al autobús rápidamente para apartar sus asientos, de modo que podían sentarse las cinco (y Fuutarou) en lugares contiguos.

    El chico Uesugi se había sentado junto a una ventana, con Ichika al lado de él. Nino e Itsuki estaban al otro lado del corredor, mientras que Yotsuba y Miku se habían sentado detrás de ellos. Estas dos últimas (o más concretamente, Yotsuba) andaban haciendo algo de ruido ya que al parecer Miku se había traído su Tablet para jugar el juego que Yotsuba le había prestado, y todavía no se lo devolvía.

    - Hmm, Miku, ¿por fin cuándo me lo vas a regresar? – preguntó la chica del lazo, ligeramente enfurruñada.

    - No me molestes. – dijo Miku. – Primero tengo que ganarle a este sujeto.

    - ¿El que siempre te vence? – preguntó Yotsuba, y Fuutarou podría haber jurado que Miku le echó una mirada gélida comparable a las de Nino cuando estaba de malas, aunque solo fugazmente.

    - Está en el área local. – dijo la hermana intermedia. – Reconocí su nombre de usuario, sé que es él.

    Eso captó el interés de Fuutarou. Si el rival online de Miku se encontraba en el área local, ¿significaba eso que asistía a su escuela? Sonaba como el escenario más plausible, y no pudo evitar echar un ojo por encima del asiento para ver a Miku concentrada en su juego, y pese a su rostro inexpresivo se podía ver que iba perdiendo y no estaba feliz con ello.

    - Oye, Yotsuba, ¿quieres cambiar de asiento? – le preguntó.

    - ¿Eh? No me molesta, ¿pero para qué?

    - Veamos si le puedo dar una mano a tu hermana con su rival. – dijo él.

    - Oh, esto tenemos que verlo. – dijo Ichika con mucho interés, apartándose para que él pudiera salir.

    Luego de cambiar asientos con la cuarta hermana, se sentó al lado de Miku y la observó mientras la partida iba en curso. Ya por cómo iba estaba claro que no podía ganar; sus tropas estaban siendo masacradas por las de su rival por todos lados, y sus edificios prendidos en llamas a punto de derrumbarse. Tras ser capturado su castillo principal, sonó la musiquita de "Has perdido".

    - Me venció otra vez. Qué frustrante. – se quejó Miku.

    - Descuida, tengo una idea. Acepta jugar otra partida, y elige este escenario. – dijo Fuutarou, señalándolo en la pantalla. – Con la estrategia que te voy a dar, tomarás ventaja rápidamente.

    Miku solo le echó una mirada, pero hizo lo que le dijeron. Apenas inició la partida, Fuutarou le indicó que pusiera pausa momentáneamente, antes de proceder a explicarle lo que tenía que hacer.

    - Mira tus recursos iniciales. En vez de usarlos para crear tropas, destruye tu base y construye una nueva aquí, en el centro del mapa. – dijo señalando el área. – Está bastante lejos así que tendrás tiempo para llegar, pero tendrás que ser rápida para construir un muro que detenga el avance del enemigo.

    Miku lo miró extrañada, pero obedeció. Agrupando a todas sus unidades, destruyó sus edificios y abandonó su base para irse al centro del mapa. Efectivamente, el centro del mapa estaba lleno de minas de oro y canteras de piedra, y estaba rodeada de un espeso bosque para talar con una gran cantidad de animales para cazar por alimento. Puso a Miku a construir muros defendidos con torres de vigilancia para bloquear los caminos de acceso, y que le alertaran de posibles ataques, y en vez de crear tropas, le sugirió crear algunos aldeanos más para recolectar suministros y reconstruir su base.

    - Muchos jugadores en este mapa prefieren irse a las esquinas para buscar los recursos, ya que técnicamente hay más, pero en el centro es el único lugar donde se pueden conseguir todos simultáneamente. – explicó Fuutarou. – Tus recursos iniciales son suficientes para que construyas los edificios esenciales, todo es cuestión de hacerlo rápido y montar defensas antes de que alguien más lo haga.

    - Hmm, nunca lo había pensado. – dijo Miku.

    - Vaya, ¿así que Fuutarou-kun no solo es un genio para los estudios? – comentó Ichika. – ¿También en los juegos de estrategia?

    - No es tan difícil si conoces algo de economía básica. – dijo Fuutarou. – El uso óptimo de los recursos y saber cómo invertirlos en importante en cualquier trabajo que elijas, y aquí también se aplica.

    - ¡Oh, ya entiendo! Es como distribuir el tiempo para estudiar diferentes materias y atender distintas actividades, ¿no? – exclamó Yotsuba.

    - Sí, más o menos. – dijo él. Se había tardado bastante en darse cuenta de ello.

    Miku siguió haciendo lo que Fuutarou le decía: construyó los edificios esenciales y tras crear un pequeño ejército de soldados de infantería, caballería y algunas armas de asalto (mayormente catapultas y onagros para atacar de lejos), envió a algunas unidades a explorar el mapa para averiguar dónde estaba la base del enemigo. Tardó un poco debido al tamaño del mapa, pero cuando finalmente dio con él, estuvo a punto de mandar a todas sus tropas a atacar para masacrarlo.

    - ¡Espera, espera! – la detuvo Fuutarou. – Mejor usa dividir y conquistar. Separa algunos grupos de soldados para atraer su atención, y ataca por los dos flancos. Si su atención está dividida, se le hará más difícil coordinar su contraataque. Mientras tanto, deja a los aldeanos recolectando recursos por si terminas con muchas bajas y necesitas más tropas.

    Miku hinchó las mejillas; claramente le molestaba que le dijeran cómo debía jugar, pero Ichika y Yotsuba le dirigieron miradas de "hazle caso, él sabe lo que dice" que la convencieron. El silencio reinó mientras la hermana mayor y la cuarta observaban a la espera del inicio de la carnicería.

    Y efectivamente, tal como Fuutarou lo predijo, el ataque por ambos flancos tomó al rival de Miku desprevenido y le permitió encerrar a sus tropas para cortarles el escape, obligándolos a replegarse hacia el centro de su base. Desde atrás las catapultas arrojaban sus proyectiles hacia los edificios, y como las tropas estaban enfrascadas en pelea rodeadas por los soldados de caballería de Miku, no pudieron hacer nada para protegerlos. Para rematar, cuando trató de hacer escapar a sus aldeanos, tuvo la mala suerte de que la única ruta de escape llevaba a un bosque repleto de lobos hambrientos.

    - ¡Jaja, eso les pasa por cobardes, no huyan, peleen! – exclamó Yotsuba, haciendo que Itsuki y Nino se levantaran de su asiento.

    - ¿Quieren dejar de hacer ruido? Aquí intentamos hacer otras cosas, ¿saben?

    - Ah vamos, ¿por qué no vienen a ver? – dijo Ichika. – Este es un buen espectáculo.

    - No, muchas gracias. – dijo Itsuki, que estaba leyendo algo.

    En cuestión de minutos, Miku había arrasado con la base enemiga y su oponente se rindió antes de que ella terminara con todas sus unidades. Aunque la tercera hermana también sufrió bajas en la escaramuza, la estrategia de Fuutarou sirvió para minimizarlas y le dio la victoria de manera aplastante.

    - Lo vencí… de verdad lo vencí…

    - ¿Qué te dije? – dijo Fuutarou. – Siempre caen en la misma trampa en este mapa.

    - Gracias… al fin pude darle una paliza a ese presumido. – Miku sonrió ligeramente. No recordaba haberla visto hacerlo desde que la conoció.

    - ¡Yay! – celebró Yotsuba. – ¡Victoria para Miku y Uesugi-san!

    - Buen trabajo los dos. – dijo Ichika. – Oh, y parece que justo a tiempo, ya casi saldrá el autobús.

    Y como si fuese una señal, Fuutarou vio que en ese momento el juego le daba el aviso de que el rival de Miku se desconectaba. Fue en ese momento que vio fugazmente su nombre de usuario: "Shingen90" y algo que no alcanzó a leer ya que Miku salió del juego y colocó el reproductor de música. Él y Yotsuba volvieron a intercambiar asientos justo cuando el vehículo se ponía en marcha.

    Mientras miraba por la ventana vio que comenzaba a caer la nieve, y después de un rato, Ichika le tocó el hombro.

    - Oye, fue muy dulce lo que hiciste por Miku.

    - Ah, solo fue un simple juego para pasar el tiempo. – dijo él, encogiéndose de hombros.

    - Lo digo en serio. Deberías sentirte orgulloso, no es fácil hacer que Miku sonría, ¿sabes? – dijo la hermana mayor. – Cualquiera que lo logre debe ser alguien muy especial.

    La última parte la dijo casi susurrando, como si no quisiera que nadie más la escuchara. Y otra vez, la mirada que le dirigió empezó a ponerlo nervioso. De verdad, no podía entender por qué una chica como ella se podría interesar en él.

    - Hmm, bueno, creo que tomaré una siesta. – dijo estirando los brazos. – Despiértenme cuando lleguemos a la posada.

    Y sin decir más, la Nakano mayor echó atrás el espaldar de su asiento y cerró los ojos, todavía manteniendo una gran sonrisa. Fuutarou no pudo evitar ponerse nervioso; con las noches que pasó en el apartamento terminó descubriendo de la manera menos apropiada que a Ichika le daba por dormir desnuda, y que incluso cuando se quedaba dormida con ropa, se la quitaba mientras dormía.

    - O-oigan… ¿alguna quiere cambiar de asiento? – preguntó. Nino e Itsuki lo ignoraron volteando la cara con altivez, y Miku se había puesto sus auriculares para escuchar su música, así que fue Yotsuba la que le respondió.

    - Relájate, Uesugi-san. Eso solo lo hace en nuestra casa. – le aseguró la chica del lazo. – Nunca sucede cuando estamos afuera.

    - Bueno, si tú lo dices. – replicó él, esperando que tuviese razón. Lo que menos quería sería que lo vieran con una chica desnuda durmiendo al lado.

    Y por más que quisiera, arrancarse esa imagen de la cabeza ahora le resultaba bastante difícil. De nuevo se lo preguntaba, ¿por qué tenían que ser tan condenadamente atractivas?

    (--0--)

    Al llegar a la posada…

    El resto del viaje en autobús transcurrió sin mucha fanfarria. Para cuando llegaron ya había empezado a nevar y Fuutarou se sintió más agradecido por haber dejado que Ichika le comprase el abrigo que ahora llevaba.

    - Está helando. – exclamó el chico frotándose las manos rápidamente.

    - Qué delicado, ¿no soportas un poco de frío? – se burló Nino, haciendo que Fuutarou la fulminara con la mirada. Ichika se anticipó y decidió intervenir antes que empezaran.

    - Ya, ya, chicos. Acabamos de llegar, es muy pronto para que empecemos a pelear. Aguanten al menos hasta mañana en la mañana.

    - Hmph, como sea. – dijo Nino. – Lo que quiero es saber si él vino. ¡Tengo tantas ganas de volver a verlo!

    - Cómo te gustan con esas pintas. – murmuró Miku. – No lo entiendo.

    - ¡Ja! Por lo menos yo tengo a alguien a quien espero ver. Mejor que tú y tus jueguitos online, ¿o es que planeas buscar a tu rival para pedirle que salga contigo?

    - … retira eso. – murmuró con voz gélida la tercera hermana. Parecía que iban a volar chispas entre las dos. Esta vez fue Fuutarou quien decidió intervenir para aplacarlas.

    - Yo que tú no me preocuparía. – dijo. – Si lo conozco bien, ese idiota debe estar…

    - ¡Hola, primo, jajajaja! – lo interrumpió una voz estridente y a la vez un golpazo dado con el hombro por detrás que lo hizo caer de frente hacia la nieve, que afortunadamente amortiguó su choque.

    - … justo detrás de mí. – masculló entre dientes mientras se levantaba y se sacudía la nieve de encima, mientras su primo de pelos rubios y parados se reía de él.

    - Viejo, te estaba buscando. – dijo Kintarou. – Empezaba a preocuparme que te hubieras acobardado y no vinieras.

    - ¡Kintarou-san! – saltó Yotsuba al frente para saludarlo.

    - ¡Hola, Yotsuba, qué gusto de verte! – dijo el rubio. – Eres Yotsuba, ¿verdad? ¿No están haciendo trampa de cambiar de lugares para confundir a la gente o algo así?

    - Jaja, a veces lo hacemos, pero hoy no. – aseguró la chica del lazo, rascándose tras la nuca.

    - Ja, seguro. – dijo Kintarou, parándose frente a las cinco hermanas. – Wow, a pesar de las diferencias obvias, ahora que las veo a todas juntas sí puedo ver el parecido. – Inmediatamente atrapó a Fuutarou en un candado y empezó a desordenarle el pelo. – ¡Eres un bribón, querías quedártelas a las cinco para ti solo, ¿verdad?!

    - ¡Cállate, no les des ideas equivocadas! – exclamó Fuutarou tratando de soltarse.

    Por su parte, las quintillizas reaccionaron de maneras variadas al comentario: Yotsuba e Ichika se rieron, Miku permaneció indiferente, y tanto Nino como Itsuki evidenciaron algo de incomodidad. Cuando finalmente terminó de atormentarlo, Ichika decidió pasar al frente.

    - Bueno, creo que es tiempo de presentaciones, ¿no? Ya conoces a Nino y Yotsuba, así que para futuras, ellas son Miku e Itsuki-chan. Y yo soy Ichika, es un placer conocerte.

    - Hmm, ¿estoy detectando un patrón en sus nombres? – preguntó el rubio. – Déjame adivinar, ¿tú eres la mayor, y van en este orden, Nino, Miku, Yotsuba e Itsuki?

    - ¡Jaja, eres un chico listo! – dijo Nino. – Y eso me encanta, no eres como otros por aquí presentes.

    A Fuutarou no se le escapó que le dirigía aquella mirada, aunque no hacía falta que lo hiciera para darse por aludido. Él sabía perfectamente que ella diría cualquier cosa por gustarle al rubio y él no iba a interferir con eso.

    - ¡Bueno, mejor que entremos, o si no nos quitarán los mejores cuartos! – exclamó Yotsuba. – ¡Vamos, deprisa!

    Y sin decir más, Yotsuba echó a correr hacia la posada. Nino la siguió rápidamente, arrastrando a Kintarou por el brazo mientras Itsuki y Miku los seguían sin prisa. Únicamente se quedaron a solas Ichika y Fuutarou mirando a los demás mientras ingresaban a la posada en medio de todos los demás. La hermana mayor se paró al lado del chico Uesugi y le sonrió como acostumbraba a hacerlo cuando quería conversar.

    - Tu primo parece muy simpático. – le dijo.

    - A veces me vuelve loco. – replicó Fuutarou encogiéndose de hombros. – Todos dicen que él heredó la personalidad de la familia.

    - Tú no tienes nada que envidiarle. – dijo la pelirrosa. – Aunque si hablamos de apariencia, te verías igual a él si te tiñeras el pelo de rubio. Casi podrían parecer gemelos.

    - Ni lo sugieras. Yo no soy como él, y no quiero serlo.

    Que el cielo no lo permitiera. No quería volver a esa etapa de su vida, especialmente cuando su primo era un vivo recordatorio de ello. Él era él, y quería seguirlo siendo, no le importaba lo que pensaran otros.

    - Era broma. A mí me gusta Fuutarou-kun como está perfectamente. – dijo ella. – Bueno, ¿vamos a entrar o qué?

    Fuutarou se encogió de hombros, y de inmediato se dirigieron a la posada. Mejor darse prisa antes que los cuartos quedaran ocupados.

    (--0--)

    Interior de la posada, un par de horas después…

    Debido a la cantidad de personas que llegaron al lugar, era de suponerse que tendrían que repartirse las habitaciones. Ello implicaba que tuviesen que agruparse entre amigos y conocidos, o en ocasiones, incluso ante extraños que se quedaran por fuera o llegaran tarde, y como la mayoría de las habitaciones tenían como capacidad máxima hasta cuatro, algunos tuvieron que tomar excedentes.

    Las quintillizas Nakano se quedaron obviamente con un cuarto para ellas. Pese a que Ichika había sugerido no muy sutilmente que no le importaba dormir en el mismo que Fuutarou, esta vez los votos le ganaron cuatro a una, ya que inclusive Yotsuba no parecía muy conforme con dicha idea. Antes de dejarla a solas con él preferían haberse amontonado las cinco, aunque fuese para vigilar que no fueran a hacer nada, para molestia de la hermana mayor.

    Sin embargo, Fuutarou no estaba seguro de si había resultado algo positivo. A él le tocó compartir habitación con otros tres: su primo Kintarou, el niño bonito que se autoproclamaba su rival (Takeda, si mal no recordaba ese era su nombre), y otro más que no conocía, pero le parecía haberlo visto en la escuela una o dos veces. Kintarou decidió conversar y trabar amistad con ellos, y en las presentaciones le pareció oír que su nombre era Maeda, pero él no estaba muy interesado en socializar con ellos.

    A los pocos minutos, mientras terminaban de establecerse y elegir sus esquinas, la puerta se deslizó rápidamente y una familiar voz chillona se anunció estridentemente:

    - ¡Hola, hola! ¿Está Uesugi-san aquí?

    - ¡Yotsuba! – exclamó Fuutarou. – Llama antes de entrar, ¿quieres?

    - Pero estoy afuera, ¿no? – señaló la chica, y Fuutarou miró abajo para darse cuenta que, en efecto, la chica tenía los pies fuera del cuarto.

    - Bien, pero no abras así la puerta, ¿qué tal si hubiéramos estado vistiéndonos o algo?

    - ¿Tú de qué te preocupas? – se burló Kintarou. – No tienes nada que valga la pena verte de todos modos.

    Fuutarou fulminó a su primo con la mirada, mientras Takeda y Maeda parecían reírse por lo bajo. Volteó entonces a ver a la chica del lazo, que se golpeaba la cabeza y sacaba la lengua mientras se reía nerviosa por la situación que acababa de provocar. Se estaba convirtiendo en costumbre verla hacer ese gesto.

    - Jeje, perdón. Pero llevo rato buscándote; quería decirte que Takigawa-sensei estaba pasando lista en el comité de la prueba de valentía. Parece que nos faltan dos miembros.

    - ¿Qué? Ah, grandioso. – dijo el chico. – ¿Ahora nos van a hacer que tengamos que reorganizar todo?

    - Eh, disculpen, ¿es solo para ponerse un disfraz y asustar? – intervino Kintarou, a lo cual Yotsuba asintió. – Si es solo eso, me anoto.

    - Pero tú no estás en nuestra escuela. – protestó Fuutarou.

    - ¿Y qué? – dijo el rubio. – Si todos van a participar igual, ¿qué importa quién haga los sustos? Será muy divertido.

    - Si necesitan manos extras, yo también me ofrezco. – dijo Takeda, inclinándose cortésmente.

    - ¡¿De verdad?! – exclamó Yotsuba. – ¡Muchas gracias, en serio! En ese caso vengan conmigo para que los anotemos, ¡rápido! Y tú, Uesugi-san, no te preocupes, yo me haré cargo de todo para no causarte más molestias.

    - Bien, cuento contigo. Y… gracias, supongo.

    La cuarta hermana Nakano se llevó a Kintarou y Takeda con ella, y Fuutarou no pudo más que quedarse viendo cómo se alejaba por el pasillo rápidamente. Le daba igual realmente, pero en vista de que se estaban ofreciéndose de voluntarios, ¿quién era él para detenerlos? Eso le ahorraría problemas de tener que estar reorganizando todo por los que faltaron. De todas maneras, luego tenía que ir cuando lo llamaran para organizar los detalles, pero lo haría luego de terminar de desempacar, en unos minutos.

    Habiéndose quedado a solas con el otro ocupante de la habitación, que ya parecía haberse establecido en su esquina, Fuutarou no le prestó mucha atención. A diferencia de Takeda o de Kintarou no se veía muy conversador, menos con esa pinta, con el pelo echado atrás con gel y su expresión que parecía estar perpetuamente enfurruñada. Y de todas maneras él tampoco tenía ningún tema de conversación que quisiera entablar.

    Por lo cual Fuutarou se sorprendió cuando después de unos minutos de silencio decidió hablarle:

    - Entonces es cierto. Tú y Nakano-san son amigos cercanos.

    Fuutarou levantó la mirada. El tono del otro chico sonaba genuinamente interesado. Yotsuba se había hecho bastante popular en la escuela en poco tiempo, especialmente luego del partido con el equipo de basquetbol, y con lo fácil que le resultaba hacer amigos, ya habría muy pocos que no supieran quien era.

    - Yo no diría exactamente cercanos. – replicó Fuutarou, enfatizando la última palabra.

    - ¿No? – preguntó Maeda. – Por la forma en cómo te habla parecen tener un trato muy cercano. Escuché que a menudo ustedes dos caminan a casa juntos.

    Fuutarou simplemente se encogió de hombros. Eso era verdad, y tampoco era que él tratase de ocultarlo. Pero no quería que los demás fuesen a pensar que eran más cercanos de lo que eran, ni mucho menos que fuesen a hacerse ideas erróneas, como que estaban saliendo juntos.

    - Si usara un adjetivo, yo diría que somos buenos amigos. – dijo cuándo finalmente encontró palabras correctas. – Pero fuera de eso, ella también es mi alumna. Me pagan por ser su tutor, así que por eso voy a su casa.

    - Hmm… ya veo. – dijo Maeda. – Se me hacía raro que alguien como ella pasara tanto tiempo con… ya sabes, un tipo como tú.

    El chico Uesugi reprimió el impulso de querer rodar los ojos, si bien entendió la insinuación perfectamente. De nuevo, él sabía que como Yotsuba era amigable con todos por igual, tampoco recibía trato especial.

    Por otra parte, si le habló sobre ella, probablemente estaba interesado en ella. Tal vez querría invitarla a salir, o algo por el estilo. ¿Valdría la pena preguntar?

    - ¿A qué se debe el interés?

    - No, a nada. – dijo Maeda encogiéndose de hombros. – Solo curiosidad.

    Maeda volvió a lo suyo, y Fuutarou no siguió presionando más. Aunque no se tragó su excusa, no veía motivos para seguir haciendo preguntas. Por ahora, tenía otras cosas que atender, especialmente si quería disfrutar de este campamento una vez que hubiese cumplido sus responsabilidades en la actividad que le fue asignada.

    (--0--)

    Después de la cena…

    Era la primera vez que Fuutarou visitaba una posada con aguas termales. Luego de una enorme y suculenta cena, no quedaba más que darse un baño caliente para desestresarse por lo agitado del viaje en autobús. Aparte, con el frío que estaba haciendo, era demasiado tentador para dejarlo pasar.

    Qué tranquilidad, no habría mejor forma de terminar ese primer día del campamento escolar…

    - ¡BOLA DE CAÑOOOOOOOOOON!

    Hasta que alguien tuvo que venir a romperle dicha tranquilidad. Con el grito supo exactamente quién había sido, pero no tuvo tiempo de eludir el salpicón. Gruñendo, abrió los ojos para encontrarse con la cara sonriente y burlona de su primo.

    - Ah, Fuutarou, ¿ya estabas aquí? Creí que sería el primero en venir.

    - Esto no es una piscina, idiota, no vuelvas a hacer eso. – dijo Fuutarou.

    - Oh vamos, está bien relajarse, pero es muy pronto para volverte un viejito amargado. – replicó el rubio. – ¡Ah, esto se siente genial!

    Fuutarou decidió ignorarlo y trató de retirarse hacia una esquina para mantener su distancia de él. Si quería relajarse un poco, con Kintarou cerca iba a resultar muy difícil.

    - Oye, primo, ¿has seguido el entrenamiento de Yotsuba? Todavía estás muy flaco, ¿no?

    - Cada quién progresa a su ritmo. – dijo el peliazul lacónicamente. – Algunos desarrollan más rápido sus músculos que el cerebro, obviamente.

    - Jaja, ¿es que tienes envidia de estos? – Kintarou flexionó sus bíceps para enfatizar su punto. – ¿Quieres comparar tamaños para ver cuánto te falta?

    - No, muchas gracias. – dijo Fuutarou.

    Kintarou no era exageradamente musculoso, pero tenía un físico digno de alguien que se ejercitaba con regularidad, y claramente sus brazos y torso eran más gruesos y duros que los suyos, lo suficiente para llenar camisetas que a Fuutarou le quedaban holgadas. Pero a pesar de su negativa, el rubio todavía se acercó a él, y alargó los dedos para pellizcarle uno de los brazos.

    - ¡Hey! – exclamó mientras apartaba dicho brazo.

    - No estás tan flojo como creí. – Kintarou lo miró con los ojos en rendijas y sonriendo de lado. – Así que sí le has hecho caso a Yotsuba, ¿eh?

    Fuutarou simplemente resopló. Afortunadamente ella no lo había presionado para volver al gimnasio, pero sí le prestó un par de pesas que podía usar para entrenamientos ligeros en los brazos mientras estudiaba en casa. No era la gran cosa, pero no eran muy difíciles de usar después de todo.

    De nuevo se alejó de su primo, y este al ver que no le prestaba atención se fue a su propia esquina. Tanto mejor; si él se quedaba callado, podría relajarse.

    - Ah… qué agradable.

    - Lástima que leí mal el folleto. Sería más divertido si fueran baños mixtos, jejeje.

    - Hacía mucho que no nos bañábamos todas juntas.

    El peliazul oyó algo de ruido, de un grupo entrando al mismo tiempo al otro lado del muro, donde estaba el baño de mujeres. Las voces que oía le sonaban curiosamente familiares. Parecidas, pero sutilmente distintas cada una.

    - Oye Miku, ¿te han crecido los pechos? – dijo una voz chillona, que reconoció al instante.

    - Todas tenemos el mismo tamaño. – replicó otra taciturna.

    Con esas dos últimas no tuvo dudas. El tono chillón de Yotsuba era inconfundible, y además mencionó el nombre de Miku. Además, tenía la certeza de que la que se rio hablando de baños mixtos debía ser Ichika.

    Tardó un momento en darse cuenta que Kintarou había salido del agua y se había pegado al muro.

    - Oye, ¿qué estás…?

    - ¡Shhhh! – lo calló el rubio, hablando en voz baja. – ¡No hagas ruido, quiero escucharlas!

    Fuutarou quiso protestar, y decidió relajarse de nuevo. Notó que Kintarou le hacía señas para que se acercara también al muro, pero se negó. No tenía ganas de espiar a nadie, por tentador que le pudiera parecer a algunos.

    Incluyéndolo a él, pero eso no tenía que decirlo en voz alta.

    - Entonces, ¿cuál es el plan para mañana? Tú y Fuutarou-kun estarán en la prueba de valentía, ¿no, Yotsuba? – preguntó Ichika.

    - Jejeje, traten de no asustarse mucho con nosotros. – dijo Yotsuba.

    - Huy, ¿de verdad tenemos que hacerlo? – se quejó Itsuki. – ¿No hay alguna forma de evadirla?

    - Solo si te hubieras anotado para dar los sustos. – respondió de nuevo Yotsuba. – No hubiera sido tan malo, tenemos disfraces muy buenos.

    - Ni soñarlo, no me gusta asustarme ni asustar a nadie. – replicó la quinta hermana.

    - Miedosa. – Esta vez fue Nino quién habló. – Ah, lástima que Kintarou-kun se ofreció de reemplazo. Me hubiera gustado hacerla con él.

    - Oye, oye, Nino. ¿No estás traicionando a tus hermanas? – dijo burlonamente Ichika. – Aunque bueno, no soy quién para hablar. Si Fuutarou-kun no estuviera en ello, tal vez también yo se lo pediría. Qué suerte tienes tú, ¿no, Yotsuba?

    Fuutarou alcanzó a oír que su primo se reía al escuchar su nombre. Al echar una mirada notó que este seguía haciéndole señas para que se acercara. Él no le veía sentido; podía escucharlas claramente desde donde estaba, a no ser que estuviera queriendo mirar por un agujero en el muro.

    En cuyo caso no se iba a arriesgar a ser atrapado. Si castigaban a alguien por mirón, que fuera solo a Kintarou.

    - No sé qué le ven a ese amargado, ustedes dos. – habló otra vez Nino. – Kintarou-kun es mucho más guapo, y se nota que sacó más la personalidad de la familia.

    - Yo no los veo muy diferentes. – respondió Ichika. – ¿Tú qué opinas, Miku? Fuutarou-kun no es tan malo una vez que lo conoces.

    - No, no lo es. – respondió la aludida.

    - Ja, solo lo defiendes porque te ayudó a vencer a tu rival en ese juego online. – dijo Nino.

    - Y a ti te gustan los delincuentes. – contraatacó Miku de inmediato. Por el ruido de salpicadura seguramente Nino se habría parado fuera del agua bruscamente.

    - ¿Tienes algún problema con eso? Por lo menos yo tengo a alguien que me gusta.

    - Pues no te ofendas, pero dudo mucho que papá lo apruebe, con esas pintas. – dijo Itsuki. – Aunque descontando eso, no puedo negar que es simpático.

    - ¡Ni lo sueñes! ¡Yo lo vi primero!

    De nuevo, Fuutarou vio que su primo luchaba por aguantarse la risa. Seguramente estaba muy orgulloso de sí mismo de oír a dos de las quintillizas peleándose por él. Típico.

    - Nino, creo que Yotsuba te ganó allí, ya que ella los vio a ambos primero. – se burló Ichika, y Fuutarou oyó que la segunda hermana gruñía como respuesta mientras la mayor junto con otra (probablemente Itsuki) se reían de ella.

    - Jaja, si es por mí no tienes de qué preocuparte, Nino. – habló Yotsuba. – Ambos me agradan, son buenos amigos, y además Uesugi-san sigue siendo mi tutor.

    Esta vez, al oír eso, Fuutarou sí prestó atención. No estaba seguro de por qué, pero esas palabras de Yotsuba habían captado su interés.

    - Hablando de eso, ¿cómo van sus clases? – preguntó Nino. – ¿Crees que logres subir las notas lo suficiente para volver a Kurobara?

    - Nos estamos esforzando. – dijo Yotsuba, ahora sonando un poco más melancólica. – No será fácil, pero él pudo ayudarme a pasar tres de cinco clases. Solo tengo que trabajar más duro.

    - Tengo que concederle que hizo bien su trabajo. – dijo Itsuki. – Detesto admitirlo, pero si pudo ayudarte a ti, tal vez pueda enseñarme a mí también. Necesito ayuda en Ciencias Sociales, de verdad.

    - Si se la pides, no creo que se niegue. – dijo Ichika. – A mí no me la negó cuando se lo pedí amablemente, después de todo.

    Si con "pedir amablemente" se refería a "chantajearlo con esa foto donde estaba dormido", entonces sí, definitivamente no había razones para negarse. Aunque solo fueron la mitad de las veces al principio, luego de eso sí aceptaba voluntariamente.

    - No pienso pedirle nada. – declaró Itsuki con tono orgulloso. – Aceptaré si me lo ofrece, y mientras sepa comportarse como es debido.

    - Cielos, pero qué testaruda eres. Casi tanto como él. – volvió a decir la mayor. – Bueno, obviamente mientras le paguemos las horas extra. Es su trabajo después de todo, no lo hará de gratis.

    - Tch, ¿por qué tiene que ser él? – dijo Nino. – Sería mucho más divertido si nuestro tutor fuese alguien como Kintarou-kun.

    - Bueno, si eso quiere con gusto me anotaría. – dijo el rubio por lo bajo, dirigiéndole una mirada pícara a su primo, que simplemente rodó los ojos.

    ¿Kintarou de tutor? Si apenas evitaba reprobar, difícilmente iba a poder enseñarle algo a Nino o cualquiera de las otras. Él no era alguien con inclinaciones académicas, y Fuutarou lo sabía muy bien.

    - Nino, deja de criticarlo. Uesugi-san es estricto, pero sabe lo que enseña. – lo defendió Yotsuba. – Yo no habría podido pasar mis clases si no fuese por él. Le estoy muy agradecida por eso.

    - Oh, escucha, Yotsuba te defiende. Eso es muy tierno de su parte. – rio Kintarou. Él no pudo más que desviar la mirada. Aprovechando el calor y el vapor podría simular el ligero rubor en sus mejillas.

    - Yotsuba, recuerda que no tienes que hacer las cosas tú sola. – dijo Ichika. – No solo tienes a Fuutarou-kun, sino también a nosotras.

    - Así es, podemos ayudarte cuando él no esté. – dijo Itsuki. – Él te dijo que lo hiciéramos, ¿no es así?

    - Siempre juntas, en las buenas y en las malas, como dijo mamá. – dijo Nino.

    - Cinco partes de un todo. – agregó Miku.

    - Chicas…

    Lo siguiente que se oyó fue que Yotsuba rompió en un llanto tan infantil que parecía fingido. Ya se la podía imaginar lloriqueando y abrazando a sus hermanas como lo hizo con Raiha cuando la conoció, solo que esta vez se soltaba en bramidos de gratitud hacia sus otras hermanas, por el apoyo que le estaban brindando.

    Una imagen algo ridícula, pero siendo sincero, adorable de imaginar. Las hermanas Nakano eran muy unidas entre sí después de todo.

    Con todo, ya sintió que había escuchado suficiente, y decidió salirse del agua para ir a coger su toalla.

    - Hey, ¿a dónde vas? – preguntó Kintarou.

    - Me voy a la cama. – respondió él lacónicamente.

    - ¿Estás loco? ¡Esto se pone buenísimo!

    - Pues luego me cuentas. – replicó él, sin dejar de avanzar para salir del baño e ir hacia el vestidor.

    Tras ponerse encima el kimono de dormir, se dirigió hacia su habitación. La verdad no sabía del todo por qué se había puesto a escuchar la conversación de las quintillizas. De acuerdo, no empezó voluntariamente, solo estaba allí cuando ellas empezaron a hablar, y el viento se la trajo. Fue Kintarou el que quiso escucharlas, no él.

    Con todo, fue extraño que hablaran de él. O quizás, se le hizo extraño que hablasen "bien" de él. En ese punto, ya podía decir que tenía una relación de buena a incluso cercana con Yotsuba e Ichika, que era con las dos que más convivía cuando iba al apartamento. Miku parecía haberle tomado algún aprecio (más después de ayudarla a vencer a su rival en el juego), y hasta Itsuki estaba dispuesta a abrirse y aceptar ayuda con sus estudios. La única que no parecía tenerle alta estima era Nino, pero si ahora estaba con la vista fija en su primo, aún tenía los favores por esa pequeña ayuda que él le prestó, y podía cobrar esa deuda si llegaba a necesitarlo.

    - "Quizás este viaje escolar resulte mucho más interesante de lo que esperaba."

    Algo era seguro: para bien o para mal, este sería un viaje para recordar. Aunque en ese momento, no se imaginaba que clase de recuerdos terminaría haciendo con las hermanas Nakano, con su primo, y también con otras personas.

    Esta historia continuará…

    (--0--)

    Notas del autor:

    Y ahora sí, por fin arrancamos con el arco del campamento escolar. Igual que con los fuegos artificiales y los exámenes parciales, este es un evento que debía pasar sí o sí, así que de nuevo el reto estaba en qué cosas había que cambiar o dejar. Aquí se me hizo mucho más sencillo, ya que todo se basa en una cadena de acontecimientos en canon: estando la señora Uesugi vivita y coleando, Raiha tiene quien la cuide cuando se enferma, y por tanto Fuutarou no llega tarde. Si no llega tarde, no tienen que ir las quintillizas a buscarlo en su auto, y por tanto no llegan tarde a la posada. Y al no llegar tarde, no se quedan en el último cuarto él y todas las hermanas juntas, y todo lo que eso implica más adelante.

    Eso además me da algo de oportunidad para que Fuutarou interactúe con otros personajes, específicamente con los que a futuro formarán su grupo de amigos varones (alias el club de los "Bros Before Quints"). La ventaja de tener también a Kintarou es que además agrego un poco de personalidad adicional y sirve como mediador con Takeda y Maeda, lo que en este caso resulta un plus, y es divertido contrastar a esos dos cuando los tengo juntos. Cuando el grupo de amigos se forme oficialmente tendrá mucho para situaciones muy divertidas. Y hablando de situaciones divertidas, quise darle un pequeño giro a la conversación de las quintillizas en las aguas termales, específicamente haciéndola desde el punto de vista de Fuutarou mientras las escucha del otro lado, y sin caer en el cliché del fanservice. ¿Qué tal me quedó?

    Creo que no me queda más que decir, ya que en el primer día del campamento no pasa nada interesante, sino que es a partir de la noche del segundo donde las cosas se pondrán buenas. Solo me quedan un par de capítulos más por publicar, así que esperemos que el 2021 sea un mejor año para todos nosotros, y que ahora que ya arrancó la segunda temporada del anime no se vaya a retrasar o algo. ¡Sayonara!
     
  9. Threadmarks: Capítulo 9
     
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    Total de capítulos:
    9
     
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    Capítulo 9: Campamento escolar – Día 2.

    (--0--)

    A la mañana siguiente…

    Después de una (sorprendentemente) buena noche de sueño, amanecía el día para continuar el viaje en el autobús, y llegar al destino para comenzar verdaderamente el campamento escolar. Las actividades incluían: orientación y cocina al aire libre por la mañana, pesca y escalada (ambas opcionales) por la tarde, y por la noche la prueba de valentía. El tercer día habría esquí, y por supuesto estaba la fogata por la noche para terminar.

    A bordo del autobús, tanto las Nakano como sus amigas hablaban de esta última. Fuutarou no entendía por qué hacían tanto escándalo con eso; ¿qué pruebas tenían de que una "leyenda" de ese tipo fuese cierta? En cierto momento, le preguntó a Miku si le podía prestar los auriculares para no tener que escuchar toda esa cháchara, pero aunque la tercera hermana accedió, tardó un poco en descifrar cómo usarlos para sintonizar la música que quería oír.

    Una vez que lo hizo, se recostó sobre su asiento, dejando divagar su mente, concretamente pensando en la conversación que había escuchado a hurtadillas con Kintarou en las aguas termales.

    A decir verdad, ya el tema se le había colado en la cabeza desde los días antes del viaje. Sabía desde el principio que tenía que ayudar a Yotsuba a subir sus notas no solo para pasar de año, sino para poder volver a su antigua escuela y reunirse con sus hermanas. En el momento en que aceptó el trabajo, no había pensado mucho en lo que eso significaba, simplemente iba a hacer lo que le pedían para recibir su paga.

    Sin embargo, tuvo que admitir que pasar tiempo con ella en estos últimos meses, había calado más de lo que esperaba. No estaba interesado en conocerla o ser su amigo, ni tampoco en socializar con sus hermanas. Pero escucharlas anoche hablando de él de ese modo, especialmente cuando Yotsuba dijo que estaba agradecida con él, movió algo dentro del muchacho. La verdad… le estaba tomando aprecio, y con la baja en las hostilidades, quizás también con las otras. Incluso aunque Ichika y Yotsuba eran las únicas que activamente trataban de acercarse a él.

    - "Son un montón de idiotas, cada una de ellas. Pero supongo que no son malas chicas." – pensó.

    La verdad, su relación con las hermanas estaba cambiando sin darse cuenta. A pesar de haber empezado con el pie izquierdo con Itsuki, luego de que se disculparon (así fuese porque Yotsuba los obligó a fuerza) eran capaces al menos de hablar de manera civil. Miku, debajo de ese exterior taciturno, podía ser muy amable una vez que se abría, y cuando necesitaba alguna conversación tranquila, ella se mostraba dispuesta a escuchar aunque no dijera mucho, y en parte fue por eso que terminó ofreciéndole ayuda para que pudiera ganar en su juego online. Inclusive Nino, pese a que él no le caía bien por motivos que solo podía especular, se tragó su orgullo para pedirle ayuda con algo que le interesaba (acercarse a Kintarou). Él no sacaba ningún beneficio más allá de que ella le quedase debiendo favores, pero desde entonces había bajado las hostilidades.

    Y luego estaban las otras dos. Ichika no ocultaba en absoluto lo interesada que estaba en él, a veces uniéndose a sus sesiones de estudios solo para acercársele, y luego habiéndolo arrastrado a que tuvieran lo que pudo o no haber sido su primera cita (y aunque le costara admitirlo, pasó un buen rato). En cuanto a Yotsuba, si bien pasaba más tiempo con ella, no tenía idea de si la chica del lazo estaría interesada en él de la misma forma. Si no estaban estudiando ella lo arrastraría a que hicieran ejercicio juntos o alguna otra actividad similar solo para pasar tiempo juntos. Aunque fuera algo molesto al inicio, ya no lo era tanto, y hasta cierto punto se estaba volviendo agradable tenerla cerca.

    Si su objetivo era ayudarla a subir sus notas lo suficiente, eso significaba que se iría de su escuela al final del año escolar. Y si se iba, ¿acaso él la echaría de menos?

    - Uesugi-san…

    Se estaba acostumbrando a la rutina de enseñarle, y siendo sincero, no le resultaba del todo malo tener a alguien que dependiera de él. De cierto modo, le daba cierto sentido de la responsabilidad, de sentirse importante para otras personas.

    - ¿Uesugi-san?

    Y por último, estaba la sensación de preocupación, de si Yotsuba sería capaz de seguir por su cuenta. Sabía lo fácil que Yotsuba podía distraerse a veces. Le preocupaba si sería capaz de continuar por su cuenta una vez que él ya no estuviera allí.

    - Hey, Uesugi-san. ¿Me estás oyendo?

    - ¿Eh?

    - ¿Qué pasa, Fuutarou-kun? – preguntó esta vez Ichika. Al ver a su alrededor notó que las cinco hermanas lo estaban mirando raro mientras Miku distraídamente estiraba la mano en su dirección.

    - Devuélvemelos, ya llegamos.

    - Ah, claro. – dijo Fuutarou quitándose los auriculares. – Gracias por prestármelos.

    Miku los tomó y volviéndoselos a poner se dispuso a bajar del autobús, seguida rápidamente por Nino e Itsuki. Las otras dos sin embargo se quedaron allí con él, todavía mirándolo con extrañeza.

    - ¿Te sientes bien? – preguntó Ichika. – Parecías algo ausente.

    - No es nada. Solo… me quedé pensando.

    - ¿En qué? – preguntó Yotsuba con interés.

    Fuutarou estuvo a punto de abrir la boca para decir "en ustedes", pero se contuvo al percatarse de cómo podría malinterpretarse eso. Su mente dio vueltas en busca de palabras apropiadas mientras sus ojos iban de lado a lado mientras se movía los labios. Las dos quintillizas restantes hicieron gestos de impaciencia. Tenía que decir algo rápido.

    - De… de lo que vamos a hacer cuando volvamos del campamento. – dijo finalmente. – Se me ocurrían algunas ideas para nuestras sesiones de estudio.

    - Ah, ¿era eso? – dijo Ichika haciendo un puchero. – Qué aburrido, ¿incluso ahora piensas en estudiar?

    - ¡Es verdad, Uesugi-san, mejor abandona el planeta de los estudios! ¡Estamos de campamento y hay que divertirnos! – exclamó Yotsuba.

    - Oigan ustedes, ¿se van a bajar o qué? – les gritó el conductor del autobús.

    - Ya oíste, Fuutarou-kun. – dijo Ichika agarrándole el brazo. – Yotsuba, ¿qué tal si le enseñamos como divertirse en un campamento?

    - ¡Buena idea! – Yotsuba le agarró el otro. – ¡Andando!

    Y sin más, las dos quintillizas se lo llevaron jalando, antes de que pudiera hacer nada. Afortunadamente, esta vez el tirón no fue tan violento como el día de los exámenes, aunque si eso era porque Yotsuba se contenía o porque ahora él era un poco más fuerte, Fuutarou no lo podría decir con certeza.

    Al menos, eso le salvaba de preguntas incómodas por el momento, y de esas cosas en las que no quería tener que pensar.

    (--0--)

    Un poco más tarde…

    La cocina al aire libre no era una actividad particularmente emocionante, pero para algunos resultaba un buen cambio, y una forma de entrar en calor luego del frío inclemente de la ventisca del día anterior.

    A cada quién le fue asignada una tarea dependiendo de sus aptitudes. Yotsuba, que era buena para el trabajo físico, se ofreció a tomar el hacha para cortar la leña, y se estaba divirtiendo tanto en ello que hizo una pila enorme, más que suficiente para repartirla entre todos. Ichika ayudaba con la limpieza de los cuartos (¿cómo era posible que fuera buena en ello y no era capaz de mantener orden en su propia habitación?). Itsuki y Miku estaban ayudando con las ollas de estofado, y vio que Itsuki miraba obsesivamente el reloj de su celular, contando los segundos para que se cumplieran los quince minutos, mientras Miku dijo haber agregado un "ingrediente secreto" a la olla de su grupo, haciendo que las demás gritaran algo de que no se acercara a la olla principal. Entretanto, un pequeño grupo de chicos discutía con unas chicas entre las cuales estaba Nino, echándose culpas de quién quemó el arroz, y Nino tomando la palabra les ordenó vigilar el curry mientras ellas se ocupaban del arroz.

    Fuutarou por su parte se encontraba vigilando su arroz mientras se hervía, junto con uno de los dos sujetos con quienes él y su primo habían compartido habitación en la posada. No le estaba prestando mucha atención, pese a que le resultaba aburridísimo quedarse en cuclillas esperando a que estuviera listo, pero tampoco era que tuviese temas de conversación con él.

    - Oye, Uesugi. – le dijo de pronto, pero él no le hizo caso. – Oye, sé que me oyes, no me ignores.

    Él no estaba muy interesado en iniciar conversación, pero al parecer, este sujeto sí lo estaba. Volteó para responderle:

    - ¿Qué pasa…? – Se quedó con la boca abierta al darse cuenta que no recordaba su nombre, haciéndolo fruncir el cejo.

    - ¡Maeda, ese es mi nombre! ¿Cómo se te olvida si lo escuchaste ayer?

    - Lo siento. ¿Pero qué querías? – insistió Fuutarou. Mejor ir directo al punto para zanjar sus asuntos, fuesen cuales fuesen.

    - ¿Tú sabías lo de Nakano-san? – preguntó Maeda, haciéndolo arquear una ceja. – Es decir, si sabías que tenía cuatro hermanas idénticas.

    - Ah, eso. – replicó él sin darle mucha importancia. – Sí, desde hace meses que las conozco. Por eso la llamo por su nombre de pila, para evitar confusiones.

    - Vaya, qué envidia me das. – dijo el castaño. – Son muy hermosas, todas ellas.

    Fuutarou le dirigió una mirada inquisitiva, pensando que si las conociera un poco más de cerca no le tendría tanta envidia. Además, no era que fuese tan cercano con todas ellas. Aun así, no le dijo nada, pues no creía que se fuera a tragar sus argumentos, así que volvió su atención otra vez al arroz que hervía sobre la hoguera.

    - Y dime, ¿sabes si están disponibles? – volvió a preguntar.

    - ¿Disponibles? – preguntó él sin interés realmente, haciendo que Maeda se diera una palmada en la cara.

    - Oh, vamos, tú entiendes. Hablo de si tienen novio. – Al decir estas palabras volteó a ver por encima de su hombro. – Aunque si tuviera que elegir a una…

    Fuutarou siguió su mirada y se dio cuenta que estaba viendo en la dirección donde en ese momento estaba Ichika charlando con una de sus amigas.

    - La mayor, su nombre es Ichika, ¿verdad? – preguntó Maeda. – Me gustaría si ella fuese mi pareja.

    Mientras Maeda se quedaba viendo a Ichika, Fuutarou echó otro vistazo al perímetro. Nino estaba también con un par de amigas suyas mientras a Miku trataban de apartarla de la olla. A Itsuki no la veía desde donde estaba, pero del otro lado todavía se oían los golpes del hacha así que Yotsuba no debía estar muy lejos.

    Fuutarou no tenía ganas de decirle que sabía que Ichika estaba interesada en él, por el simple hecho de que él no iba a "reclamar" el puesto al no corresponderla. Por un momento consideró la posibilidad de decirle que podría ir por alguna de las otras, pero hablando de "disponibilidad", Nino rápidamente quedaba descartada ya que Kintarou la había "apartado" (o quizás ella a él, pero para el caso era lo mismo). En cuanto a Miku e Itsuki no sabía si estarían interesadas en alguien a quien él no conociera (más tomando en cuenta que su escuela era femenina). Y respecto a Yotsuba… era simplemente Yotsuba.

    - Oye, me sabe amargo pedirte esto, ¿pero crees que podrías hablar con Ichika-san y presentármela? – insistió Maeda. – No conseguí pareja para el baile de la fogata, y no quiero terminar solo.

    Incluso hablando de quintillizas (genéticamente) idénticas, cada una de ellas era lo bastante diferente como para ser su propia persona. En físico todas eran prácticamente iguales, exceptuando cortes, peinados, accesorios y tintes de cabello para poder distinguirse entre ellas, pero en personalidades eran completamente distintas. La personalidad coqueta y sociable de Ichika le había ganado más de un admirador entre los de su escuela, y era con mucho probablemente la segunda más popular después de Yotsuba (que solo llevaba ventaja porque casi todos ya la conocían).

    - Me gustaría invitarla a la fogata, pero nunca logro encontrarla sola para pedírselo. – prosiguió el castaño. – Si tú la conoces, ¿no podrías darme una mano?

    Fuutarou estuvo a punto de decir que eso no dependía de él, pero en ese momento apareció su primo haciendo un anuncio tan fuerte que parecía tener un megáfono en mano.

    - ¡Hey, gente! ¡Los que están en la prueba de valentía, Takigawa-sensei dice que es hora de ir preparándonos! ¡Hay que llevarnos las cosas al lugar!

    - Lo siento, eso me incluye a mí. – dijo Fuutarou poniéndose de pie y mirando a Maeda. – Vigila mi arroz, ¿quieres?

    Pese a las protestas de Maeda por no darle una respuesta, Fuutarou se fue en dirección a donde estaba Kintarou reuniendo al resto de gente que participaría en la prueba de valentía, incluyendo Yotsuba que por fin dejó de picar la madera. Mientras iban saliendo, Yotsuba de repente lo agarró del brazo y se lo llevó aparte, detrás de una de las paredes del albergue.

    - ¡Hey! ¿Qué haces?

    - Esto no va a tomar mucho, pero es que quería pedirte que me ayudaras con algo. – explicó la chica del lazo.

    - ¿No dijiste que no querías estudiar?

    - ¡No es eso! – murmuró Yotsuba. – Y bueno, no es para mí, sino para una amiga. Lo que pasa es que Matsui de la clase 2-4 tiene a alguien que le gusta, pero no le pone atención. Y me ofrecí a ayudarle a ver si se acercaban.

    - ¿Y qué tengo yo que ver en eso? – preguntó Fuutarou confundido.

    - Bueno, resulta que es el mismo chico con el que estabas hablando, Maeda-san. – explicó Yotsuba, y Fuutarou miró hacia la cocina. Todavía estaba allí donde lo dejó. – Bien, ya que estás a cargo de la prueba de valentía, se me ocurrió ¿qué tal si mueves los hilos para que la hagan juntos?

    Fuutarou ladeó la cabeza momentáneamente, tardando un poco en entender a lo que Yotsuba se refería con lo de "mover los hilos". Entre sus labores en el comité de la prueba de valor a él le habían asignado sortear a las parejas que harían la prueba, así que de cierto modo sí podría, con mucho cuidado, colocarlos a ambos juntos y que pareciera casualidad.

    - Piénsalo; si hacen la prueba juntos, él podría protegerla cuando los asustemos, ¿no sería romántico? – prosiguió Yotsuba en tono soñador, antes de ponerle las manos en posición de súplica. – Por favor, es para ayudar a una amiga. Dame una mano con esto, ¿sí?

    - Está bien, de acuerdo, lo haré, no tienes que suplicarme.

    - ¡Yay, gracias, Uesugi-san! – De inmediato Yotsuba le saltó a darle uno de sus abrazos rompe espaldas, y no tuvo tiempo de esquivarlo. – ¡Matsui también lo apreciará!

    - ¡Ya, ya, está bien, suéltame! – se quejó él, tratando de aguantarse el dolor.

    Después de ella que lo soltó, se disponían a marcharse, aunque se detuvieron al oír que alguien gritó "¡Takeda-kun, esa no la pruebes!". Los dos fueron a ver con algo de curiosidad a ver qué había pasado, y vieron que una pequeña multitud se había aglomerado alrededor de la olla donde cocinaba el grupo de Miku.

    - ¡Takeda-kun, ese estofado tiene miso, no lo toques!

    - ¿Por qué? – replicó este último, sin hacer caso a las advertencias. – No sabe tan mal.

    Todo mundo alrededor veía estupefacto como el niño bonito cogía un cucharón para servirse de ese misterioso estofado, y se quedaban viéndolo como si estuviera loco. El peliazul y la chica del lazo dirigieron la mirada hacia donde estaba Miku, y aún por la distancia alcanzaron a distinguir que parecía sonreír como si estuviera encantada.

    Los dos intercambiaron miradas. Fuutarou no había experimentado las dotes culinarias de Miku, aunque sí le había visto preparar algunos platillos que por fuera no tenían buen aspecto. ¿Sería que sabrían mejor de lo que se veían?

    - ¡Oigan! – les llamó Kintarou. – ¿Van a venir o qué ustedes dos?

    - ¡Sí, sí! ¡Ya vamos! – replicó Yotsuba. – ¡Démonos prisa, Uesugi-san!

    Un poco extraño que ella hablase de darse prisa cuando fue la que le hizo pararse momentáneamente para pedirle ese favor, pero por ahora, tenía trabajo por hacer.

    Al parecer, todo el lugar parecía estar ejerciendo una influencia en ellos, si estaban volviendo tan locos por conseguirse una pareja. Kintarou, Nino, Maeda y la amiga de Yotsuba… quizás lo de la leyenda tuviese algo de verdad.

    Y ese pensamiento le resultaba un poco escalofriante. Eso le haría creer que el sitio estaba embrujado o algo por el estilo.

    (--0--)

    Un poco después…

    Los preparativos para la prueba de valentía resultaron ser mucho menos tediosos de lo que Fuutarou se imaginó. Lo primero, era decidir la ruta y colocar señalamientos a todo lo largo de esta, para que los participantes no fueran a perderse, o peor, a dar un paso en falso y caer por un barranco. Fue muy útil tener a Yotsuba como músculo extra para usar el martillo y clavar las señales en el suelo.

    A Fuutarou lo único que le quedaba era llevarse el disfraz que iba a utilizar durante la susodicha prueba: el traje de payaso con el cual Yotsuba se "asustó" cuando visitaron al club de teatro. Durante la reunión otra vez quiso hacerse la graciosa fingiendo que se espantaba de él cuando se ponía la máscara y la peluca, y aunque a él le parecía tonto, todos los demás lo encontraron divertido, y le regañaron por "ser tan gruñón y aburrido".

    - "Fue algo divertido las primeras diez veces, pero ya después, obviamente se pierde el chiste." – pensaba él. – "De verdad parece una niña crecida."

    Pero bueno, él no era nadie para hablar, pues también planeaba disfrutar de la prueba de valentía asustando a tantos como le fuera posible. Esa sería su venganza por habérsela asignado sin preguntar.

    - Vamos, Ichika-san, ¿por qué no puedes darme una respuesta ahora?

    La voz captó la atención de Fuutarou, y fue entonces que vio a pocos metros del sendero que transitaba a Ichika. Supo que era ella de inmediato: ese pelo rosa era inconfundible. Mientras tanto, la voz que había escuchado era la de Maeda, que en ese momento le daba la espalda y no se había percatado de su presencia.

    - Escucha, realmente me halagas, Maeda-kun, pero no puedo aceptar tu invitación. – dijo Ichika.

    - ¿Por qué no? ¿Acaso es que ya elegiste a alguien para bailar o qué?

    Ichika parecía ponerse nerviosa para responder. Evidentemente estaba tratando de ser amable y rechazar la invitación. Un segundo después ella vio de reojo en su dirección, y de inmediato los ojos se le iluminaron mientras sonreía. Y eso le dio un ligero respingo.

    - ¡Ah, Fuutarou-kun! – exclamó mientras corría hacia él, y sin decir ni una palabra se le agarró del brazo provocadoramente.

    - Oye, qué… – Se detuvo cuando Ichika le dio un ligero pellizco por detrás y le dirigió una mirada que decía claramente "sígueme el juego". No supo por qué, pero sí que era mejor quedarse calladito.

    - Hey, ¿qué sucede aquí? – preguntó Maeda. – ¿Qué haces con este sujeto?

    - ¿Es que no es obvio? – dijo Ichika, en un tono que hacía muy evidente cuál era la insinuación. Fuutarou tuvo que contener el impulso de gruñir, pero entendiendo que lo buscó para zafarse de una situación incómoda, se sintió en la obligación de hacerle caso para evitar consecuencias.

    - No, ¿estás tratando de decirme que tú y este tipo…? – dijo Maeda, señalándolos con el dedo respectivamente.

    - Si quieres decir si Fuutarou-kun y yo somos cercanos, entonces sí, lo somos. – dijo Ichika. – ¿No es verdad, Fuutarou-kun?

    - ¿Eh? Sí, claro que sí. – dijo él. Eso era estirarse un poco; la conocía desde hacía pocos meses, pero ella insistía en que se hicieran amigos, y evidentemente quería ir más allá. Así que al menos por el lado de ella, sí era verdad.

    - Oye, oye, pero eso no tiene sentido. Si todos los días caminas a casa con Yotsuba-san después de la escuela. – protestó Maeda antes de fruncir el cejo. – Espera, ¿acaso no estarás haciendo doble tiempo con ella y con Ichika-san?

    - ¿Cómo dices? – Fuutarou sintió que se le subía la indignación. ¿Qué tenía este sujeto en la cabeza para pensar algo así?

    - ¡Maeda-kun! – intervino Ichika. – Discúlpame, pero Fuutarou-kun no haría algo así. Él no tiene ese tipo de relación con Yotsuba; simplemente es un buen amigo que la ayuda a estudiar.

    - Me pagan por hacerlo. – agregó él, ganándole un golpecito juguetón de parte de Ichika.

    - No nos arruines el momento, ¿quieres?

    No obstante, eso pareció ser suficiente para convencer a Maeda de echarse para atrás con sus intentos de cortejo, ya que suavizó un poco su expresión. Aun así, no dejaba de mirarlos con algo de escepticismo, alternando entre verla a ella y a él. Fuutarou no hacía otra cosa más que pedir internamente que se tragara el cuento para que pudiera dejarlos en paz y salir de esa incómoda situación.

    - Entonces… ¿te gusta este sujeto?

    - Sí, Fuutarou-kun me gusta mucho. ¿Algún inconveniente con eso? – preguntó Ichika.

    - Bueno… si ese es el caso entonces no hay remedio. – Maeda se rascó detrás de la cabeza, resignado. – Perdón por molestarte, supongo que tendré que buscar a otra pareja para la fogata.

    Acto seguido se dio la vuelta y se alejó caminando. Fuutarou se quedó mirándolo hasta que se perdió de vista, y una vez que estuvo a distancia segura, Ichika finalmente le soltó el brazo y suspiró aliviada.

    - Uff, por fin se fue. – dijo. – Llegaste muy a tiempo, gracias por rescatarme.

    - ¿Rescatarte? – preguntó él confundido. – Yo no hice nada, fuiste tú la que me arrastró a seguirte el juego.

    - No seas modesto. – dijo la pelirrosa sin dejar de sonreír. – Llegaste muy a tiempo para sacarme de una situación incómoda. No se me ocurría qué decirle para no romperle mucho el corazón negándome a bailar con él en la fogata.

    - No me digas que te crees ese cuento de la leyenda. – dijo él lacónicamente.

    - Cielos, ¿siempre tienes que ver todo de ese modo? – protestó Ichika hinchando las mejillas. – Aunque si realmente lo creyera, entonces le pediría a alguien que me gusta que bailara conmigo yo misma.

    Fuutarou le echó una mirada de reojo. Ichika parecía no ser muy sutil en ese interés que demostraba en él, y por eso no podía evitar darse por aludido. Le recordó bastante a lo que pasó en el festival de fuegos artificiales, si bien aquí Ichika no mintió diciéndole a Maeda que eran novios, sí lo insinuó lo suficiente como para que él lo interpretara de esa manera. La intención era bastante clara.

    - Por cierto, ¿tú y Yotsuba no han hablado sobre eso?

    - ¿Sobre qué? – preguntó Fuutarou confuso. Ichika se quedó momentáneamente en silencio, pero a los pocos segundos adoptó una expresión solemne.

    - Ya veo, así que todavía no. Bueno, no te preocupes, tendré que hablar con ella más tarde. ¡Nos vemos!

    Y sin decir más, se dio la vuelta y se fue, dejándolo todavía más confuso. ¿Acaso Yotsuba tenía algo que hablar con él? Y por lo poco que alcanzó a entenderle, ¿tenía que ver con la fogata?

    - "Ichika… ¿no me estás insinuando que Yotsuba me querría invitar a bailar en la fogata?"

    No, eso sería demasiado extraño. Además, por todo lo emocionada que estaba, Yotsuba no parecía que realmente se tomara en serio ese tipo de relación. Si realmente ella quisiera bailar con él, quizás ya habría ido de frente a pedírselo el mismo día que les contó a todos lo de la susodicha leyenda.

    Mejor se iba para ocupar su mente en alguna otra cosa. Algo que le sirviera para relajarse y desviar su atención de esa leyenda, que no estaba más que dándole quebraderos de cabeza.

    (--0--)

    A mitad de la tarde…

    Algunos pensaban que la pesca era una actividad aburrida, apta solo para viejos. Para Fuutarou, sin embargo, era un buen cambio de ritmo, ya que la idea de simplemente sentarse a esperar y relajarse era mucho más atractiva que hacer esfuerzos físicos exagerados, sin mencionar que los peces que atrapara luego podría comérselos para cenar si quería. Y entre otras cosas, le daba un poco de paz y quietud para pensar y reflexionar.

    - No juegues. ¿Una de las quintillizas Nakano?

    - ¿Qué puedo decir, amigo? Creo que es parte de mi encanto.

    Excepto por un detalle. No fue el único en elegir ese sitio específico para ir a pescar. Sus compañeros de habitación en la posada, es decir su primo, Maeda y Takeda también se encontraban allí. Mientras él y Takeda pescaban, Kintarou conversaba con Maeda, o más bien, aprovechaba de restregarle encima el hecho de que se había anotado algunos puntos con una de las hermanas Nakano.

    - Cielos, ¿es que ustedes tienen algo de familia o qué? – dijo Maeda. – Qué envidia me dan.

    - Bueno, si te soy sincero hasta hace poco dudaba de nuestro parentesco. – Kintarou le echó una mirada de reojo, que él le devolvió frunciendo el cejo. – Supongo que tardó un poco en despertar su ADN. Aunque no pensé que me ganaría de mano; ¿dos por el precio de una? Tiene mi respeto por eso.

    Fuutarou se sintió tentado a gritarle que dejara de alabarlo de esa manera. Si lo hacía lo único que lograría sería que Maeda se sintiera todavía peor con el rechazo de Ichika y tal vez meterlo en problemas si se llegaban a correr rumores de que estaba haciendo doble tiempo con dos de las hermanas Nakano. Lo menos que querría era que su reputación como estudiante modelo se viera empañada por rumores infundados de que era un mujeriego o algo así.

    - Así que te has vuelto muy cercano con Nakano-san y sus hermanas. – dijo Takeda, interviniendo en la conversación.

    - Ellas me obligaron. – dijo Fuutarou. – Insistieron en querer hacer buenas migas conmigo, aunque yo no estaba interesado.

    - Lo dices como si hubiera sido algo malo. – agregó el niño bonito sin dejar de sonreír. Aunque no era tan directo como Kintarou, Fuutarou podía ver en su rostro que compartía su línea de pensamiento. – ¿O es que acaso las odias?

    Le costó un poco mirarlo de frente para poder contestarle. La respuesta era obvia; lo difícil estaba era en formularla apropiadamente: Ichika y Yotsuba, no había forma de que las odiara, aunque fueran molestas, insistieron en querer hacerse sus amigas y él terminó aceptándolo. Miku no le desagradaba en absoluto, e incluso teniendo sus desavenencias con Nino e Itsuki… decir que las odiaba era estirarse más allá de la verdad.

    - No, claro que no. Son buenas chicas, en el fondo… algunas de ellas, por lo menos. – admitió a regañadientes.

    - Qué suerte tienen algunos. – dijo Maeda con amargura. – Habría invitado a Ichika-san a que hiciéramos la prueba de valentía juntos. Tal vez así se habría fijado en mí.

    - Da igual, ya sorteamos las parejas de la prueba. – intervino Kintarou. – No te desanimes, Maeda; quizás tengas una oportunidad con quien te toque. ¿No es así, primo?

    Fuutarou tuvo que contenerse las ganas de echarle una mirada, y se limitó simplemente a asentir. Habiendo ya completado los preparativos para la prueba de valentía, cuando nadie lo estaba viendo mientras sorteaba los nombres de los que iban a participar, hizo una pequeña trampa para sacar los nombres de Matsui y Maeda para que les tocase juntos tal como le pidió Yotsuba.

    - Oye, ¿por qué estás tan desesperado por conseguirte una novia? – preguntó. – ¿Es que no hay chicas bonitas en tu clase?

    - Todas las que conozco son muy simplonas. – replicó el castaño. – Nakano, es decir Yotsuba-san, es la primera que resulta interesante, pero a ella tú ya la tenías acaparada.

    - Soy solo su tutor. – señaló Fuutarou. – Podrías haberla invitado a salir a ella hace mucho.

    - Nah, aunque estuviera interesado, alguien de mi clase ya lo intentó una vez, y lo rechazó. – respondió Maeda secamente. – Dijo que tenía responsabilidades y que no podía fallarlas.

    Fuutarou esta vez sí volteó a mirar a Maeda, con una ceja levantada. Así que Yotsuba había pasado de una invitación de alguien a salir para ir a estudiar con él. Ahí estaba de nuevo ese extraño pero admirable sentido de la responsabilidad suyo, para aplicarse en sus sesiones de estudio.

    - Aunque imagina mi sorpresa cuando supe que tenía hermanas quintillizas. – prosiguió. – Lástima que fue la única que se transfirió a nuestra escuela. Y tú tenías que llevarte a Ichika-san, suertudo.

    De nuevo, tuvo que contenerse de decir que técnicamente ellos no estaban juntos de esa manera. A lo mucho, habían salido juntos una sola vez, aunque estaba entredicho si fue una cita real o no, al menos para Ichika sí debió serlo, y eso le bastaba. En cuanto a él… prefería no darle muchas vueltas al asunto.

    - Por cierto, Takeda, ¿en serio te comiste el guiso que preparó Miku? – preguntó Kintarou. – No te ofendas, pero eso no parecía apto para consumo humano.

    - No me pareció tan malo. – replicó el aludido encogiéndose de hombros.

    - Si tú lo dices. En todo caso, está muy lejos del que hizo Nino, si me lo preguntan. – prosiguió el rubio.

    - Casi me cuesta creer que son quintillizas. – agregó Maeda. – Es decir, tienen la misma cara, pero en casi todo lo demás son completamente diferentes.

    - Velo por el lado amable; hay variedad de donde elegir. – dijo Kintarou. – Aunque yo ya escogí a la mía, eso no cambia, caballeros, jajajajaja.

    Afortunadamente, y antes que la conversación se fuese a volver más incómoda, el hilo de Fuutarou empezó a sacudirse, indicando que había picado un pez. De inmediato empezó a enrollar y jalar para sacarlo mientras Maeda sujetaba un balde para ponerlo allí junto con el resto de los que habían atrapado. Tuvo dificultades para jalarlo, pero por lo visto el entrenamiento de fuerza que hizo con Yotsuba le ayudó a que el pez no terminara llevándoselo a él.

    La pesca continuó por un buen rato. Si bien Fuutarou no intervino en la conversación tanto como los otros tres, excepto cuando le llamaban específicamente, tuvo que admitir que no la estaba pasando del todo mal. Al cabo de un rato, Takeda cambió de lugares con Maeda, el primero poniéndose a vigilar los pescados en las brasas mientras el segundo cogía la otra caña para seguir pescando.

    Ninguno de los dos dijo nada hasta que Maeda decidió abrir de nuevo la conversación:

    - Oye, tú ya llevas tu tiempo tratando a las Nakano. Ya habrás de conocerlas muy bien.

    - Supongo que lo suficiente. – dijo Fuutarou. – Todas son muy diferentes entre sí, pero… hay algo importante que las une en común.

    - ¿Oh? ¿Y qué es? – preguntó interesado Maeda. Fuutarou se tomó un momento para responderle, buscando las palabras apropiadas.

    - Su lazo como hermanas. Siempre se apoyan unas a otras, pase lo que pase.

    - Diablos, qué envidia me das. Sales con una de ellas y conoces bien a todas las demás.

    Aunque la parte de salir con una de ellas era cuestionable a lo mucho, las palabras de Maeda hicieron eco en la cabeza de Fuutarou, que sinceramente dudaba un poco si habría algo que envidiar.

    Para estas alturas había interactuado con las hermanas Nakano lo suficiente como para conocer las peculiaridades de cada una, para bien o para mal. Itsuki era una glotona empedernida que intentaba aparentar ser más madura de lo que realmente era, y aunque le costara admitirlo, era como ver un reflejo de sí mismo en versión femenina. Nino le tomó inquina solo por poner un pie en su apartamento, y generalmente solo podía tratar con ella por medio de negociaciones. Miku no era tan mala una vez que se abría, si acaso lograbas pasar de su naturaleza retraída y taciturna. Ichika, aparte de ser una desordenada en la casa, parecía en general la más madura de las cinco, pero no negaba que sus coqueterías a veces le rayaban en lo incómodo, si bien su interés parecía sincero al cabo de cierto tiempo. Y Yotsuba, pese a que había demostrado esfuerzo y dedicación, su primera impresión de ser una musculosa alegre y tonta no había cambiado demasiado.

    La verdad, en lo que a relaciones románticas se refería, si bien no tenía experiencia real, Fuutarou tenía bastante clara cómo le gustaría que fuese la mujer de quien se enamoraría. Aunque en este punto había llegado a considerar que las Nakano eran buenas chicas (algunas más en el fondo que otras), aún cuestionaba un poco si alguna de ellas podría ser el tipo de mujer que él buscaba.

    - "Alguien que sea madura y dedicada a lo que hace. Alguien que tenga claras sus metas y sepa a dónde quiere llegar y lo que quiere hacer con su vida."

    Así era. Alguien como esa niña de sus recuerdos. A pesar de su corta edad, tenía muy claro lo que quería hacer. Quería ser una buena estudiante para encontrar un buen trabajo, y sacar a su familia de la pobreza. No muy diferente de él al querer salir adelante para dejar de ser una carga para sus padres.

    Seguramente ahora habría crecido para ser una estudiante modelo, quizás incluso representante de su clase. Alguien responsable y que se enfocaba en sus objetivos, en vez de estar ocupada con frivolidades típicas de los adolescentes de preparatoria.

    Quizás sonara exigente, y si lo dijera en voz alta, seguro la gente creería que estaba yendo muy lejos al decidir con quién se querría casar, pero admitiéndolo, ¿habría algo de malo en eso?

    - ¡Bien, ya tenemos suficientes! – anunció Kintarou. – ¡Vamos a comer, caballeros!

    Con eso, Fuutarou y Maeda dejaron las cañas y se sentaron alrededor de la parrilla, tomando algunos de los pescados para empezar a comer, junto con Kintarou y Takeda.

    - Por cierto, Kintarou. – dijo Fuutarou. – No olvides que antes del anochecer tenemos que ir al sendero para la prueba de valentía.

    - Lo sé, lo sé. – dijo el rubio. – Jeje, esta noche vamos a asustar mucho.

    - Parecen muy entusiasmados con esa prueba. – comentó Takeda. – Espero no se pasen de la raya con los sustos. Algunos son algo… frágiles para esas cosas, ya lo saben.

    - Ja, hay que ser un bebito o una niña para asustarse con eso. – dijo Maeda. – Bah, ya no me queda más que hacer sino aprovechar lo que queda del campamento.

    - ¡Tú lo dijiste, colega! – exclamó Kintarou. – ¡Vamos, caballeros, el día es joven, hay que vivir el momento!

    Vivir el momento… Fuutarou ya no recordaba cuándo fue la última vez que hizo eso. Después de aquel fatídico encuentro en Kioto, empezó a dejar de pensar en el presente para enfocarse más en su futuro. Eso significaba estudiar más y divertirse menos, y que no tenía tiempo para relaciones, fuesen de amistad o románticas.

    Este campamento escolar era una de las pocas ocasiones que se podía permitir un poco de diversión, pero una vez que terminase, volvería a su rutina normal, que consistía en estudiar y ganarse el dinero con las tutorías para Yotsuba. Aunque en el fondo, él sabía que estaba muy lejos de llamarse "rutina", ya que desde que ella entró a su vida, los días ya no resultaban iguales.

    Y cuando ella se fuera de nuevo a su antigua escuela, esos días terminarían.

    - "Quizás… no esté mal disfrutar un poco más de este viaje." – pensó.

    Solo tenían dos días más, no tenía sentido quedarse sin aprovecharlos al máximo. Además, tendría más historias para contarle a Raiha entre más cosas hiciera después de todo.

    (--0--)

    Entretanto, en otra parte…

    Mientras Fuutarou y los otros estaban inmersos en la pesca, Yotsuba se encontraba en una actividad mucho más exigente. Había decidido tomar la ruta de escalada junto con Matsui, y ahora estaban subiendo por una de las colinas nevadas con mochilas a cuesta.

    - ¡Deprisa, Matsui, ya casi llegamos!

    - Ya… voy… – La castaña se desplomó de rodillas en el sendero, llevándose las manos al pecho mientras trataba de respirar. – Ya no… puedo más… ¿puedo… descansar?

    Yotsuba estaba a punto de decir que les faltaba poco, pero viendo que su amiga hablaba con dificultad, se apiadó de ella y la ayudó a levantarse, llevándola junto a un árbol para que pudiese recargarse contra él. Mientras la castaña aspiraba y exhalaba a intervalos, Yotsuba se tomó un momento para admirar la vista desde donde habían llegado.

    - Wow, de verdad estamos muy alto aquí. No puedo creer que llegáramos tan lejos.

    - Yo tampoco. – dijo Matsui. – ¿Cómo es que no te afecta esta altura? Yo apenas puedo respirar; de verdad eres increíble, Yotsuba.

    - Jeje. – Yotsuba se rascó tímidamente detrás de la cabeza. – Cambiando de tema, ¿has podido hablar con Maeda-san?

    - La verdad es que no. – dijo Matsui, bajando la mirada. – Pensé que tendría una oportunidad durante este campamento, pero parecía estar muy ocupado con tu hermana… ¿cuál era su nombre?

    - Ichika. La verdad, ella siempre fue muy popular en mi antiguo vecindario.

    - No me extraña, la verdad. – dijo Matsui. – Irradia mucha confianza en sí misma, y parece alguien muy responsable.

    - Jeje, si supieras. – se rio Yotsuba. Por afuera Ichika podía dar esa impresión, pero la verdad, al menos en casa estaba muy lejos de serlo.

    - Yo no podría competir con alguien así. – dijo Matsui. – Maeda-kun jamás se fijaría en alguien tan simplona como yo.

    - Oye, no digas eso. – dijo Yotsuba. – Anímate, tal vez esta noche tengas una oportunidad en la prueba de valentía. Ya sorteamos las parejas y te tocó con él, ¿qué te parece?

    - ¿De verdad? – Matsui pareció animarse por eso. – Qué suerte tengo.

    Yotsuba tuvo que contenerse el deseo de reírse, ya que sabía que no era cosa de suerte. Fuutarou le había asegurado que los dos terminarían juntos para hacerle ese pequeño favor como amiga, aunque se había preocupado un poco cuando vio que Maeda parecía ir tras Ichika. Tal vez con esto finalmente pudiese notarla.

    - Entonces, ¿estás planeando invitarlo al baile de la fogata? – preguntó Yotsuba.

    - Me encantaría, aunque la verdad no sé cómo voy a hacerlo. – replicó Matsui. – Pero ya pensaré en algo, y estoy cansada de esperar a que él lo haga.

    - ¡Así se habla! – exclamó la chica del lazo con entusiasmo. – Hay que tomar la iniciativa para que tu hombre te note. Pero no esperes demasiado, recuerda que solo tienes hasta mañana.

    - Es cierto. – asintió Matsui. – ¿Y qué hay de ti? ¿Ya decidiste invitar a alguien?

    Yotsuba se paralizó un momento por la pregunta, antes de empezar a reírse nerviosamente. Eso le recordó que todavía tenía "eso" pendiente. Las cosas serían mucho más fáciles si Ichika se decidía a invitar a Fuutarou directamente, pero la hermana mayor había dejado claro que no lo iba a hacer hasta que Yotsuba no lo invitara primero. Pero hasta ahora no había podido hacerlo.

    - Eh… bueno, si hubiera alguien, y no es que necesariamente lo haya, quizás lo invitaría cuando estemos solos. – dijo Yotsuba. – Así para que no me vean pasando vergüenza, ya sabes, jejeje.

    - Hmm… no sé cómo piensas que pasarías vergüenza. – dijo Matsui. – Hay muchos que seguro se alegrarían de que los invitaras. Aunque claro, suponiendo que fuese cierto lo de la leyenda, no hay que tomarlo tan a la ligera, ¿verdad?

    - No, claro que no. – Yotsuba se puso de pie. – Bien, ¿continuamos? Ya no falta mucho para llegar a la cima, y dicen que la vista es todavía mejor que desde aquí.

    - Si no hay más remedio. – dijo Matsui. – Ojalá tuviese la mitad de la energía que tú tienes.

    Las dos chicas se pusieron de pie y continuaron con su ascenso por la montaña. Esta vez, Yotsuba dejó que Matsui caminara delante de ella, mientras echaba un último vistazo hacia abajo donde estaba el albergue.

    - "Tomar la iniciativa para que tu hombre te note… qué gracioso suena eso viniendo de mí."

    Gracioso y a la vez un poco hipócrita. Qué fácil se le hacía animar a su amiga a tomar la iniciativa para perseguir al chico que le gustaba, mientras ella no era capaz de hacer lo mismo por Fuutarou.

    ¿Por qué le costaba tanto? Si estaba tan segura de que Fuutarou no iba a aceptar su invitación de bailar juntos en la fogata, podía simplemente salir de ello de una vez, y con eso Ichika tendría el camino libre para intentarlo. Así se quitaba de encima las cargas, y con eso tanto él como su hermana mayor podrían pasar un buen rato juntos.

    Pero… ¿y si aceptaba? ¿Y si se lo decía y al final él terminaba accediendo, así fuese por cortesía, o porque no tenía nada mejor que hacer? Si la leyenda era cierta, y los dos terminaban juntos…

    - "No, no pienses en eso. Eso no va a pasar. No puede pasar."

    Mejor sacudirse ese pensamiento de la cabeza. No tenía sentido andar imaginándose escenarios que no eran más que una simple fantasía. Por más que hubiera una vocecita en su cabeza que no paraba de repetirle que lo hiciera.

    (--0--)

    Al anochecer…

    En medio de la oscuridad del bosque, los estudiantes de Ashiyama, Kurobara y demás escuelas se alineaban para comenzar la prueba de valentía. Y aquellos que iban a asustar, ya se encontraban apostados en sus escondites, listos para aterrorizar a sus inocentes víctimas.

    - ¡BIENVENIDOS AL INFRAMUNDO!

    - ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHH!

    El rol que tenían que jugar era muy simple: solo tenían que esperar a que llegasen las parejas por el camino, y salirles al paso gritando algo aterrador. Sorprendentemente, Fuutarou era capaz de soltar un susurro de ultratumba que lograba helarles la sangre y los mandaba corriendo para las colinas, y hasta el momento no había fallado ninguno de sus sustos.

    - ¡Raaaaargghhh! ¡Me los voy a comer vivos!

    Yotsuba también apoyaba dando su parte, pero ciertamente el disfraz de payaso psicótico de Fuutarou era mucho más aterrador que el de momia de ella, y si habían logrado asustar era en gran parte gracias a él. De todas maneras, los dos lograban hacer un acto bastante convincente, y el peliazul no negaba que se estaba divirtiendo en grande aterrorizando a sus compañeros de salón.

    - Esto es mejor de lo que creía. – dijo Fuutarou, sacándose momentáneamente la máscara de payaso para respirar un poco. – Todos son unos gatitos asustadizos.

    - ¡Atento, ya vienen los siguientes! – dijo Yotsuba.

    A medida que se acercaban los pasos, pudo ver las dos siluetas que se iban acercando, una masculina y una femenina. Cada una llevaba una linterna y poco a poco se iban oyendo más claramente retazos de ambos hablando.

    - … no tiene chiste si no te asustas. ¿De qué sirvió que me tocara contigo?

    - Lo único aterrador aquí es tu cara de delincuente. Si no me das miedo tú, ¿qué me va a dar de esto?

    - ¡Ah, esa voz es de Matsui! – dijo Yotsuba.

    - Y el otro definitivamente es Maeda. – dijo Fuutarou. – Bueno, ¿estás lista? A mi señal.

    Los dos volvieron a esconderse entre los arbustos, oyendo como se quejaban los dos a medida que se iban acercando. Cuando pasaron a menos de un metro, Fuutarou le dio la señal a Yotsuba para salir. Y para efecto adicional, usaron sus propias linternas para iluminarse sus rostros.

    - ¡ESTÁN EN MIS DOMINIOS, INSIGNIFICANTES MORTALES!

    - ¡Yaaaaaaaaaaaahhh! – exclamó Matsui, saltando detrás de Maeda.

    - ¡Salgamos de aquí! – exclamó Maeda, corriendo mientras la arrastraba del brazo.

    Los dos se alejaron corriendo, y a la distancia que estaban les pareció escuchar que uno de ellos se tropezaba y caía. Tras algunas quejas demás, sus voces dejaron de oírse, y entonces regresaron a su escondite.

    - Espero que eso les ayude a acercarse. – comentó Yotsuba. – Aunque creo que se nos fue la mano.

    - Ja, si no son capaces de aguantarse, no debieron haber venido. – espetó Fuutarou. – Aunque creo que no se asustaron tanto como los anteriores.

    - ¡Ah, ya sé! – exclamó Yotsuba, sonriendo de pronto mientras enseñaba todos los dientes. – Tengo una brillante idea, shishishi.

    La chica del lazo le hizo una seña para que se le acercara y empezó a susurrarle algo al oído. Él escuchó atentamente, y luego ella le ayudó a treparse al árbol tras el cual se ocultaban. Usando una cuerda le amarró los pies para colgarse de cabeza y esperaron a que viniera el siguiente grupo.

    - ¡Ya vienen! – murmuró Yotsuba, amarrando la cuerda detrás del árbol.

    Las dos que venían acercándose resultaron ser dos chicas: una con un vestido holgado color lavanda y la otra con un suéter rojo oscuro y falda larga gris claro. Debido a que avanzaban con sus celulares apuntando con la luz no se les podía ver del todo la cara, sin embargo, la larga cabellera magenta de una de ellas se veía curiosamente familiar.

    - Mis compañeras dijeron que este bosque está lleno de fantasmas.

    - Ah, vamos, solo son rumores. Igual que esa ridícula leyenda de la fogata, ¿quién se va a creer esos cuentos?

    - ¡Yaaaaaahhh!

    - Qué delicada, ¿te asustas con esas baratijas?

    - "Esa es… sí, definitivamente esa es Nino." – pensó al reconocerla, y al acercarse más vio que la otra que venía con ella era Itsuki. Sonrió malignamente detrás de su máscara de payaso. – "Jeje, me cobraré una de las que me debes esta noche."

    Fuutarou aguardó la señal de Yotsuba para hacer su movimiento, y se dejó caer del árbol, quedando colgado de cabeza mientras estiraba las manos. Yotsuba también salió de detrás del árbol para apoyarlo.

    - ¡BLEAAAAAAAAAAARRRGHHHH!

    - ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAHHH! ¡NO, NO PUEDO MÁS! – exclamó Itsuki, corriendo despavorida. Nino por su parte, solo se sobresaltó ligeramente, pero no corrió.

    - ¡Itsuki, espera! ¡¿No viste que es…?! – Nino desistió de gritar al ver que se había perdido de vista y seguramente no la oía por estar gritando. Volteó a ver a su cuarta hermana fulminándola con la mirada. – Muchas gracias, Yotsuba, ahora por su culpa voy a tener que alcanzarla.

    - Jeje, lo siento, Nino. – Yotsuba se rascó detrás de la cabeza.

    - Si no puede con los sustos no debió venir. – comentó Fuutarou, sacándose la máscara por un momento.

    - Esa voz… sí, tenías que ser tú. – dijo la segunda hermana. – Pues por mí quédate colgando allí.

    Y dándole un manotón que lo hizo columpiarse de cabeza unos segundos, salió corriendo mientras llamaba a Itsuki. Afortunadamente había tenido el tino de seguir el camino correcto, y si seguían por allí no habría ningún problema.

    - Cambié de opinión, mejor no hagamos esto. – dijo Fuutarou, mientras Yotsuba lo sostenía mientras él se desataba los pies para bajarse.

    - Jeje, sí, tienes razón. – dijo la chica del lazo. – ¡Deprisa, ya creo que vienen los siguientes!

    Fuutarou desamarró la cuerda y Yotsuba lo ayudó a poner de vuelta los pies en la tierra. Rápidamente volvió a ponerse la máscara y esperaron al siguiente par de víctimas. Estas no venían hablando así que no las reconocieron de inmediato, pero parecían ser otras dos chicas.

    - ¡HASTA AQUÍ LLEGAN!

    - ¡NOS LAS COMEREMOS!

    - Ah, ¿Fuutarou-kun?

    - Y Yotsuba…

    Las dos "víctimas" resultaron ser Ichika y Miku, que para su gran decepción ni siquiera se inmutaron, quedándose simplemente paradas allí mirándolos. Fuutarou suspiró mientras Yotsuba simplemente se reía tontamente.

    - Ah, vaya, si son ustedes. Si ya conocen el truco no tiene chiste.

    - ¡Whoa, qué miedo! – dijo Ichika alzando los brazos en un susto fingido, y luego se acercó para verlo mejor. – Oye, ¿y ese pelo rubio? Te ves idéntico a tu primo.

    - Es solo una peluca. – dijo él. – El idiota está un poco más adelante, disfrazado de vampiro. Como sea, tengan cuidado y no se desvíen del camino. Hay un barranco peligroso.

    - Entendido. – dijo Ichika. – Ah, por cierto, Yotsuba… ¿qué pasó con lo que hablamos?

    - ¿Eh? – La chica del lazo se sobresaltó de pronto, y empezó a reírse nerviosa, como una niña recién pillada por hacer una travesura. – Jejeje, acerca de eso…

    - ¿No lo has hecho todavía? – Ichika cruzó los brazos, dirigiéndole una mirada acusadora. – Es mejor que te apresures. Es más, ahora mismo sería un buen momento.

    - ¿De qué está hablando? – preguntó Fuutarou.

    - Oh, nada que deba preocuparte, Fuutarou-kun. Cosas de hermanas. – dijo la Nakano mayor. – Bien, vámonos, Miku.

    - Adiós. – se despidió la intermedia, y con eso las dos hermanas siguieron su camino tranquilamente.

    A Fuutarou se le había olvidado la decepción momentánea de no haber podido asustarlas, ya que otra cosa ocupaba sus pensamientos. Concretamente, eso que Ichika le dijo a Yotsuba sobre "lo que habían hablado". De hecho, luego de ponerse a cavilar un poco, se acordó que Ichika mencionó que tenía algo que hablar con su hermana, y que él sospechaba que tenía algo que ver con el baile de la fogata.

    - ¿De qué estaban hablando tú e Ichika? – le preguntó.

    - No es nada, en serio. – aseguró la chica, pero de nuevo, su voz y expresión la delataban. Eso reforzaba todavía más sus sospechas.

    - No me mientas, que no te sale. – insistió él. – Vamos, apreciaría que me tuvieras un poco más de confianza.

    El chico miró a la chica del lazo a través de los orificios de su máscara de payaso. Yotsuba le estaba sonriendo de una manera inusual, en el sentido de que no se veía con su semblante enérgico y alegre de siempre, sino que era una sonrisa algo melancólica.

    Y no estaba seguro de por qué, pero no le gustaba ver esa expresión en la chica. Por molesta que resultara a veces, una expresión melancólica y sombría no iba con ella.

    Yotsuba suspiró y se quedó en cuclillas, empezando a dibujar una espiral en el suelo con el dedo.

    - Bueno, es que… era sobre eso. Ya sabes, la leyenda sobre el baile de la fogata. Sobre cómo las parejas que bailen juntas quedarán unidas para toda la vida. – dijo ella. – La verdad es… que yo quería invitarte a bailar conmigo.

    La cuarta hermana le dirigió una mirada a través de su único ojo descubierto, que él no pudo descifrar. A pesar de la oscuridad, podía ver un extraño brillo en el orbe azul de Yotsuba, y su sonrisa, todavía melancólica, hizo que algo se paralizara dentro de él.

    ¿Acaso… acaso Yotsuba estaba insinuando que…? ¿Quería que ellos dos…?

    No, no podía ser. Si ellos eran solo profesor y alumna… bueno, aparte de eso, compañeros de clase… y amigos fuera de las horas de estudio por más le costara admitirlo. Pero él, y ella… Yotsuba era una chica atractiva, pero no era su…

    - Jeje… – La chica del lazo mutó su expresión en un instante, mostrando su sonrisa dentuda. – ¡Era broma, era broma! De verdad no pensaste que yo iba a querer algo así, ¿o sí?

    - Ya me lo imaginaba. – dijo él, cogiendo el abrigo que tenía cerca para resguardarse un momento del frío que comenzaba a hacer.

    - Y aun si creyera en eso de la leyenda, yo sé que tú nunca aceptarías bailar con alguien como yo. – prosiguió Yotsuba. – Y no lo niego, sí me gustas un poco, pero… estoy feliz siendo solo amigos, de verdad.

    La chica miró hacia el cielo nocturno, y otra vez la melancolía retornó a su rostro. ¿Por qué no le gustaba verla de ese modo? ¿Por qué le preocupaba tanto?

    ¿Y por qué le decepcionaba que lo de bailar juntos en la fogata fuese una broma? Él no era de los que disfrutaban esas actividades, y aun así… por un momento la idea de que ella gustaba de él…

    - Me has ayudado mucho todos estos meses. – dijo ella. – Por eso quise ayudarte con esto. Eso hacen los amigos, después de todo. Además, esto está resultando muy divertido, ¿no? Esforcémonos por hacer buenos recuerdos en este campamento, para irnos sin arrepentimientos. ¡Ah, ya vienen los siguientes!

    Mientras se preparaban para asustar al siguiente grupo, Fuutarou se quedó pensando un poco en las palabras de la chica. Constantemente se decía que ella no era su tipo; de hecho, no podía ser más opuesta a su tipo de mujer. Pero eso no quería decir que no hubiera cosas de ella que no le agradaran, como su sinceridad y disposición a ayudar a quien se lo pidiera. Y tampoco era ciego para no notar sus atributos físicos.

    Si él no fuera tan exigente, o si ella fuese un poco diferente, Yotsuba no sería un mal prospecto para novia. Y si le hubiera pedido en serio bailar… no estaba seguro de que la hubiera rechazado.



    Mientras tanto, y sin que Fuutarou y Yotsuba lo supieran, Ichika había convencido a Miku de quedarse a escondidas escuchando. Quiso estar segura de que Yotsuba haría lo que le había dicho. Por un momento tuvo esperanzas de que lo haría, solo para llevarse un chasco.

    Porque ella perfectamente sabía que eso de que "era broma" no era cierto.

    - "Muy mal, hermanita, muy mal. Tendremos que hablar muy seriamente más tarde."

    Por ahora tenían que terminar con la prueba de valentía, pero cuando tuviese oportunidad, buscaría a Yotsuba para hablar en privado. Eso no se podía quedar de ese modo.

    (--0--)

    Un poco más tarde aquella noche…

    Tras la prueba de valentía, y una vez que todos retornaron al albergue, comenzaron a hacer los preparativos para la fogata. Los troncos habían sido puestos en el almacén para protegerlos de la nieve, y ahora entre varios estudiantes, especialmente aquellos lo bastante fuertes como para cargar ese peso, se encontraban transportándolos para colocarlos en la pira.

    Después de haber ayudado a llevar unos cinco troncos, todos con ayuda de diferentes personas, Yotsuba volvió a correr hacia el almacén por el siguiente, y se encontró con Fuutarou tratando de levantar uno por sí solo. Bien, de levantarlo, sí lo hizo, pero no más de unos veinte centímetros del suelo antes que las fuerzas le flaquearan, y no pudo moverlo fuera de la pila.

    - Uff… esto pesa más de lo que parece. – se quejó.

    - ¿Te ayudo? – ofreció la chica del lazo con una sonrisa mientras lo sujetaba del otro lado para sacarlo de la pila entre ambos. – Uno… dos…

    - ¡Tres! – completó él y entre los dos lograron alzarlo.

    - ¡Así se hace, Uesugi-san! Jeje, veo que el entrenamiento ha dado sus frutos. – dijo Yotsuba.

    - No te burles de mí. – dijo él lacónicamente.

    Yotsuba se enfurruñó un poco por el comentario. No se estaba burlando; ella estaba segura que el ejercicio que habían hecho juntos debía haberle dado un poco más de fuerza. Dudaba que el Fuutarou que conoció a inicio del trimestre hubiese podido siquiera levantar el tronco de un lado por sí solo, y menos ayudarle a cargarlo. Desde luego, la chica ponía más de dos tercios de la fuerza necesaria para mover el pesado trozo de madera, pero era un progreso, pensaba ella.

    Al bajar por el sendero hasta la pira donde se estaba apilando la torre de troncos, varios estudiantes más se encontraban colocando los suyos, así que esperaron su turno. Una cara muy familiar se topó con ellos luego de dejar el suyo.

    - ¡Ah, aquí están! – los saludó Kintarou. – Oye, primo, te ves algo cansado, ¿mucho esfuerzo para ti?

    - Muy gracioso. – dijo Fuutarou, moviendo los brazos evidentemente para sacudirse el dolor, haciendo que Kintarou se riera.

    - Viejo, qué humillante debe ser que una chica te tenga que ayudar a cargar uno de estos troncos. – agregó el rubio. – Pero ya en serio, sé que has estado entrenando, pero deberías conocer tus límites o podrías lastimarte.

    - Si es un consuelo, no es tan malo como pensé. – dijo Fuutarou, mirando a Yotsuba. – Marginalmente.

    - Jaja, pues deberías darle las gracias a Yotsuba por entrenarte. – se rio de nuevo Kintarou. – Por cierto, Yotsuba, una de tus hermanas te estaba buscando hace un rato… creo que era Ichika, ¿no?

    - ¿Ichika? – preguntó la chica del lazo confundida. – ¿Para qué me busca?

    - No sé, solo nos pidió que te dijéramos, y que fueras a verla al otro lado del albergue. – señaló hacia el susodicho lugar.

    - Quizás deberías ir antes que se te olvide, podría ser algo importante. – dijo Fuutarou.

    - Pero tengo que ayudar con los troncos de la fogata.

    - Ah, tú tranquila. – dijo Kintarou despreocupadamente. – La torre de troncos ya va por la mitad, y podemos arreglárnoslas cinco minutos sin ti. Y si te preocupa mi enclenque primo, yo me encargaré de darle una mano para que no se lastime, ¿está bien?

    Fuutarou le echó una mirada con los ojos en rendijas a su primo. Por su parte, Yotsuba miró a los primos Uesugi con expresión dudosa, pero ya que ambos estaban insistiendo en que fuera, y que podrían tener razón en que sería algo importante, asintió y se fue, dejándolos dirigirse de vuelta al almacén por el siguiente tronco.

    La chica rodeó el albergue, buscando a su hermana por todas partes, y no tardó mucho en encontrarla. La Nakano mayor se encontraba recargada contra la pared, cruzada de brazos y con una expresión inusualmente seria.

    Una que a Yotsuba le hizo temblar ligeramente, pues le recordaba un poco a su madre en las ocasiones que estaba a punto de regañarla o castigarla por haber hecho algo que no debía.

    - Hola, Ichika. ¿Me dijeron que querías hablar conmigo?

    - Sí, así es. – dijo Ichika. Igual que su expresión, la voz de su hermana sonaba inusualmente seria. – Necesito preguntarte algo, y por favor respóndeme con sinceridad. ¿Por fin invitaste a Fuutarou-kun al baile de la fogata?

    Como se lo temía, era eso. No tenía sentido tratar de escaquearse o salir corriendo, así que mejor ser directa y responderle.

    - Sí, claro que lo hice. De hecho, fue justo después que tú y Miku se fueron. – dijo la chica del lazo.

    - Hmm… ¿y cuál fue su respuesta? – preguntó nuevamente la hermana mayor.

    - Jajaja, ¿pues tú que crees? Obviamente dijo que no, que a él no le interesan esas cosas. Menos con una idiota como yo, jejeje. – Yotsuba se rascaba detrás de la cabeza mientras buscaba aparentar (siendo esa la palabra clave) que se lo tomaba con humor.

    - Mientes. – dijo Ichika con la voz seca.

    - ¿Eh?

    Yotsuba miró a su hermana, cuya expresión sería no había mutado ni un milímetro, y seguía pareciéndose aterradoramente a la de su madre. La Nakano mayor exhaló un suspiro y colocó una mano solemnemente sobre el hombro de la cuarta.

    - Yotsuba, ¿por qué me mientes? – preguntó. Su voz sonaba amable, pero firme, de nuevo similar a la de su madre. – Y no trates de fingir, escuché todo durante la prueba de valentía.

    - ¿Cómo dices? – Eso la tomó por sorpresa, y por eso no se dio cuenta que alzó la voz. La hermana mayor inmediatamente le hizo "shhhh" para evitar que alguien más fuese a oír su conversación.

    - Te pido disculpas por eso, pero cuando alcancé a oír que finalmente ibas a invitar a Fuutarou-kun, quise asegurarme. Así que Miku y yo nos quedamos escondidas un rato a un lado del camino.

    - Es de mala educación espiar. – dijo Yotsuba haciendo un puchero.

    - Lo siento. – volvió a disculparse Ichika. – Pero Yotsuba, ¿recuerdas cuál fue nuestro trato?

    La cuarta Nakano miró a su hermana mayor. Su expresión ya estaba mucho más relajada. No se mostraba severa, sino comprensiva. Ya no era la de su mamá, así que eso la hizo sentirse un poco más tranquila antes de responderle.

    - Que lo invitarías solo si yo lo hacía primero, y me rechazaba.

    - Pero no le dejaste darte una respuesta. – puntualizó Ichika. – No ha aceptado, pero tampoco es que te ha rechazado. Así no se hacen las cosas, hermanita.

    Yotsuba bajó la mirada avergonzada. Ichika había dado en todo el clavo, y no podía refutarle su argumento. Una respuesta que se dio misma no podía contar como un rechazo. Allí se fue su intento de querer escaquearse para dejarle el camino libre.

    - Yotsuba, odio tener que regañarte por esto, pero tú eres la que siempre dice que las personas deben cumplir sus promesas. – continuó Ichika. – Hasta que Fuutarou-kun no te dé una respuesta directa, no habrás cumplido con tu parte del trato. Así que debes decírselo de nuevo, y esta vez en serio. Si estás tan segura de que te rechazará, no debería ser muy difícil.

    Ese era el quid de la cuestión. Yotsuba se decía a sí misma que estaba segura de ello, que Fuutarou la rechazaría porque jamás querría bailar, mucho menos quedar destinado a estar junto a una chica tan tonta como ella. En teoría, debía ser muy fácil pedirle bailar, aceptar su rechazo, y apartarse para darle su oportunidad a Ichika.

    Sí, en teoría debía ser muy fácil. ¿Entonces por qué dudaba tanto?

    - Pero Ichika… ¿y si él terminara aceptando? ¿Dónde quedarías tú?

    La Nakano mayor suspiró y se dio la vuelta, dándole la espalda mientras observaba hacia el cielo estrellado y la luna que las iluminaba.

    - A estas alturas él ya sabe de mis sentimientos por él, pero es porque he tratado de ser directa. En cambio, tú lo esquivas constantemente, así que no sabe de los tuyos. No quiero ser feliz a costa de que mi querida hermanita sufra en silencio.

    - Ichika…

    - Te diré algo; no le temo al rechazo. – prosiguió la hermana mayor. – Prefiero que lo haga y haber sido honesta con mis sentimientos, en lugar de embotellarlos de ese modo. Está bien para mí, el solo saber que tengo estos sentimientos. – Ichika entonces volteó, y le sonrió. – Y si él te acepta… entonces podré sentirme feliz por ustedes dos.

    Yotsuba miró a su hermana. Al ser quintillizas, había tantas cosas que las hacían iguales, pero a la vez muchas que las hacían diferentes. Realmente se sentía muy avergonzada; ¿por qué no podía ser sincera con sus sentimientos como Ichika? ¿Por qué no podía decirle de frente a ese chico cuánto le gustaba?

    No, no podía ser como Ichika, porque ella no era Ichika. Ella era Yotsuba, después de todo.

    - Aun tienes hasta mañana. – dijo Ichika. – Tú misma lo dijiste antes, mejor irnos del campamento sin arrepentimientos. Aunque duela, creo que es mejor confesarte y ser rechazada, que no confesarte y vivir preguntándote si habrías sido correspondida, ¿no crees?

    Yotsuba cerró los ojos, y apretó los puños, reflexionando sobre sus palabras. Por mucho que odiara admitirlo, Ichika tenía toda la razón del mundo. Esa incertidumbre de no saber lo que Fuutarou realmente sentía por ella la consumía por dentro, y se volvía cada vez más intolerable. Y aunque estaba segura de que él nunca se fijaría en ella, esa parte suya que se aferraba a una ínfima esperanza de que sí lo hiciera, esa que creyó haber sepultado, luchaba por salir a la superficie.

    Si él no le daba una respuesta, esas heridas nunca se cerrarían.

    - Lo haré. – dijo Yotsuba, alzando los puños con firmeza junto a su pecho. – Mañana sin falta, lo voy a invitar. Y diga lo que diga, lo aceptaré.

    - Esa es mi hermanita. – dijo Ichika, alzando su dedo meñique. – Hagamos que este campamento sea memorable para todos nosotros, ¿de acuerdo?

    - De acuerdo. – dijo Yotsuba, entrelazando su dedo con el de su hermana.

    El pacto de hermanas estaba sellado. Yotsuba se había prometido ser honesta consigo misma y con Fuutarou, y eso planeaba hacer. Tenía que dejar ese miedo, y si estaba compitiendo con Ichika, tenía que hacerlo de manera justa. Lo cual significaba esforzarse al máximo en lugar de dejarse ganar.

    Poco sabían ambas, que el destino tendría otros planes a ese respecto.

    Esta historia continuará…

    (--0--)

    Notas del autor:

    Bueno, aquí estamos otra vez con un nuevo capítulo, esta vez con el segundo día del campamento. La verdad no sé para qué sigo posteando esta historia aquí, ya que no parece haber nadie de este fandom, pero bueno, por si alguien llega.

    De nuevo la cadena de acontecimientos cambia drásticamente debido a que, esta vez, Fuutarou no se queda encerrado en el almacén junto con Ichika, y por tanto no van a enfermarse. De modo que para compensar un poco, decidí mostrar las dos actividades mencionadas en el programa del campamento pero que no se vieron ni en el manga ni el anime (la escalada y la pesca). Disfruté bastante de hacer esas escenas, ya que me sirve para poner a los protagonistas a interactuar con otros personajes fuera de ellos mismos y sus familias (especialmente, me divertí bastante haciendo la de Fuutarou con los demás chicos).

    Pero bueno, al no tener a Fuutarou e Ichika encerrados, necesitaba algo más para avivar la trama romántica, así que lo que hice fue poner otra escena entre Ichika y Yotsuba. De nuevo para hacer la competencia justa, Ichika corta el intento de Yotsuba de querer dejarse ganar para que compita de manera justa y se esfuerce. Al mismo tiempo, aproveché los cambios de perspectiva para mostrar un poco lo que piensan tanto Fuutarou como Yotsuba respecto a todo el asunto, algo que la historia original no profundizó mucho durante este punto. Creo que le da un buen cierre antes del último día, ¿ustedes qué opinan?

    Por último, pero no menos importante, el próximo capítulo no será del tercer día del campamento, sino un pequeño extra que ocurre en este mismo. ¿Recuerdan que les dije que les daría a las otras quintillizas alguno que otro capítulo de protagonismo? Bueno, el primero de ellos le corresponderá a Nino durante la prueba de valentía, para que puedan ver qué sucedió luego de que ella e Itsuki salieron corriendo. Quizás a estas alturas podrán más o menos adivinar lo que pasará, pero igualmente espero que sea de su agrado.

    ¡Hasta el próximo!
     
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