Macross Folded Dreams

Tema en 'Fanfics de Anime y Manga' iniciado por Gerli, 23 Noviembre 2018.

  1.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
    Mensajes:
    175
    Pluma de
    Escritor
    Año 2069. ¿Puede una Simulación Virtual convertirse en un reemplazo del mundo real? Para los Colonos a bordo de una de las nuevas flotas de Emigración de la NUNS, el mundo de fantasia Calypso se convertirá en su única realidad durante el transcurso del largo viaje a través de la galaxia.
     
    Última edición: 24 Diciembre 2018
  2.  
    Gerli

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    Título:
    Folded Dreams
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    5540

    1



    Dante abrió los ojos.

    Una solitaria nube cruzaba el profundo azul del cielo en aquel momento. El joven permaneció siguiendo aquel trozo de algodón blanco hasta que se perdió fuera de su campo visual arrastrada por la perfumada brisa primaveral.


    Hubiera permanecido en aquella posición por varias horas, pero sentía que no estaba ganando nada con aquello. Giró la cabeza hacia un lado y a través de una pradera de verdes hierbas salpicadas aquí y allá por algunas rocas vió un paisaje desconocido. Un bosque de abetos oscuros crecía a unos pocos kilómetros de distancia, por detrás una lejana cordillera elevaba sus escarpados picos al azul brillante del cielo lanzando destellos blancos allí donde la nieve coronaba las cimas.

    Volvió a girar la cabeza hacia el cielo y distinguió la lejana silueta de un ave que remontaba el azul allá en las alturas.

    Levantó su mano y la observó con detenimiento resaltada contra el claro del cielo. Su piel era de un tono ligeramente más oscuro del que recordaba.

    —Me pregunto como se verá mi avatar. —dijo sorprendiendose de su propia voz.

    Así que su voz también había cambiado. Realmente habían pensado en todo.


    Suspirando profundamente se sentó sobre la hierba de un solo movimiento y dejó que el viento acariciara sus cabellos. Olía bien, a flores y a cesped verde.

    Se mantuvo allí unos minutos, sumergido en sus propios pensamientos sabiendo que eran, probablemente, sus últimos momentos de relajación antes de volver a meter su cabeza frente a una terminal de monitoreo.


    Giró la cabeza hacia el otro lado y vió las rocas cercanas, pero lo que le llamó la atención de inmediato fue que las propias rocas le devolvieron la mirada.

    —¿Que…?

    El Golem de roca se incorporó lentamente y los dos pequeños ojillos brillaron con un fulgor rojizo en cuanto el monstruo adaptó su comportamiento agresivo.

    —¡Oh rayos!

    Dante salió corriendo para ponerse a salvo del inevitable ataque. Rápidamente huyó del alcance de los poderosos brazos de granito, pero aun no habia escapado del todo. El siguiente ataque del golem fue arrojar un enorme pedrusco con la misma facilidad que un niño arroja una canica al aire.

    El joven cayó de espaldas sobre la hierba y vió con horror cómo el proyectil caía sobre él irremediablemente. Alzó su brazo instintivamente para protegerse y en ese momento el mundo pareció ponerse boca abajo.

    Algo explotó bajo la hierba donde estaba echado, como si el propio manto verde de pronto se agitara como un líquido. Las hierbas se agitaron de golpe y crecieron en forma de columna entre sus propias piernas, alzándose como una lanza que subió al encuentro del enorme pedrusco.

    En cuanto las enredaderas tocaron la piedra un manojo de tallos, hojas y vainas envolvieron el proyectil como si de una enorme red se tratara, apartandolo de su trayectoria mortal lo suficiente para que cayera a unos pocos centímetros de la cabeza del joven.

    —¡Ahora! ¡Corre! —Gritó una voz desconocida a sus espaldas.

    Dante no lo pensó dos veces y poniéndose de pié de un saltó, salió a todo correr hacia donde había escuchado la voz. El Golem giró la enorme cabeza hacia donde había aparecido aquel nuevo enemigo.


    La joven estaba parada desafiante con las piernas abiertas mientras sostenía un extraño bastón de madera frente a sí. Dante se refugió de inmediato tras ella y observó asombrado al gigantesco enemigo que se acercaba lentamente hacia ellos.

    —Solo podré detenerlo lo suficiente para que podamos escapar. —dijo la joven sin apartar la vista del enemigo. —Prepárate para correr a mi señal.. iremos hacia los árboles más cercanos. ¿Entendido?

    El joven asintió y se preparó para actuar a la señal de la misteriosa chica, sólo entonces notó la cola rayada que se movía nerviosa de un lado a otro asomándose por debajo de la extraña vestimenta.

    —Tu… tu eres.

    —¡Concentrate!

    La punta del bastón se iluminó de repente con un resplandor esmeralda y unos puntitos brillantes comenzaron a bailar delante de la mano extendida de la joven, quien recitó una extrañas palabras en una lengua desconocida.

    La hierba a los pies de ambos jóvenes comenzó a retorcerse como si en aquel pequeño espacio un huracán se hubiera desatado, pero Dante no sentía viento alguno en su rostro.

    —¡Ahora! —gritó ella mientras apuntaba el bastón hacia el golem, apenas a unos pocos metros de donde estaban ellos.


    Como si un enorme dragón se tratase, una enredadera de casi un metro de diámetro surgió debajo de las gruesas piernas del monstruo y creció alrededor de las rocas del poderoso cuerpo, enredándose cada vez más hasta cubrir por completo los brazos y torso de la criatura.

    —¡Corre!

    Dante y la misteriosa joven comenzaron a correr hacia el bosque sin mirar atrás. Escucharon los gruñidos del monstruo mientras intentaba liberarse de aquellas enredaderas, pero pronto el viento y la distancia se llevó los sonidos hasta que no los oyeron más.

    Sin dejar de correr llegaron a los lindes del bosque, sin embargo siguieron corriendo sin animarse a mirar hacia atrás, internándose cada vez más hasta que todo sobre sus cabezas fueron ramas y hojas que formaban la impenetrable cobertura del bosque.


    El terreno había estado elevándose continuamente desde que entraran bajo los árboles. Pronto llegaron hasta un claro donde un enorme roble crecía junto a una pequeña corriente de agua que saltaba entre las rocas formando una pequeña cascada antes de desembocar en una arroyuelo que desaparecía entre las raíces de los árboles en su camino al valle.

    Dante no estaba cansado en absoluto, pero se sorprendió al ver cómo su cuerpo imitaba el gesto de haber perdido el aliento tras la huida.

    Los dos se sentaron bajo el árbol y recostaron sus espaldas contra el tronco.


    —¿Estas bien? —preguntó la joven al cabo de unos minutos.

    Dante asintió. —No llegó a hacerme nada ¿Y a ti?

    —Me alegra oírlo. —respondió ella aliviada ignorando la pregunta del chico, tras lo cual pareció examinarlo en detalle. —Eres un PJ recien creado por lo que veo… ¿Que hacías en un sitio como este? Aquí hay criaturas veinte niveles por encima del tuyo y podrían matarte solo con mirarte mal. —dijo.

    El joven se encogió de hombros. —Aparecí aquí en el momento de colocarme el casco de Realidad Virtual. —respondió. —Es la primera vez que me conecto al sistema.

    La chica lo miró sorprendida. —¿Casco? ¿Osea que tu no estas en una vaina como nosotros los Colonos?

    Dante sacudió la cabeza. —Llegué ayer mismo a la Flota 41, terminé de desempacar mis cosas y cuando vi el equipo de Realidad Virtual en mi camarote, quise probarlo de inmediato.

    El joven vió como las orejas de gato que asomaban entre los cabellos castaños de la muchacha se movían de forma inquieta.

    —Lo que significa que todavía no estamos en el FOLD de larga duración —dijo pensativa. —¿Así que eres un visitante, Dante?

    —¿Comos sabes mi nombre? —preguntó el muchacho.

    La joven le devolvió una mirada de reproche.—¿Aún no has activado la UI?

    —Oh.

    Dante se puso de pié y con un gesto de la mano hizo que una pantalla holográfica se desplegara frente a su rostro. Había varias opciones y una de ellas estaba apagada. Colocó su dedo sobre el indicador y las letras cambiaron a un tono verde.

    Frente a los ojos de Dante se desplegó la Interfaz de Usuario del Mundo Simulado. Un compás, un reloj y los indicativos de vida y maná ocuparon los límites de su campo de visión. Al voltear la vista hacia la joven vió que ahora sobre su cabeza se había desplegado un pequeño indicador junto con una palabra.

    —¿Silvana? —preguntó el joven leyendo aquel nombre en letras blancas.

    —Mucho gusto, Dante. —dijo ella estirando la mano. —Bienvenido a Calypso.


    Los jóvenes se estrecharon las manos mientras la brisa agitaba las flores a su alrededor. El sol asomaba alto entre las copas de los árboles y el canto de los pájaros era lo unico que podia oirse sobre el murmullo del agua que caía entre las piedras del pequeño manantial.


    Tras unos minutos en silencio la joven volvió a dirigirse hacia su compañero. —¿De donde eres?

    Dante estaba relajado sintiendo la brisa en el rostro y fué tomado por sorpresa por la pregunta. Tras enderezarse un poco contra el tronco miró las aves que en ese momento cruzaban por encima del claro. —De la Tierra. —respondió.

    —La Tierra. —repitió la joven siguiendo la mirada del chico hacia el cielo. —¿Es tan bella como aparece en los videos de documentales? —preguntó interesada.

    El joven cruzó los brazos tras la cabeza y se reclinó aún más. —El ecosistema se está recuperando rápidamente. —afirmó cerrando los ojos. —La capa de Ozono ha sido restaurada por completo hace cosa de diez años, así que recientemente han comenzado a reintroducir más biodiversidad de plantas y animales que antes no podían sobrevivir debido a la intensa radiación de la atmósfera debilitada… por ejemplo, hace poco han vuelto a introducir abejas silvestres por lo que ha habido una explosión en la propagación de flores silvestres.

    —¿Flores? —preguntó emocionada la joven. —Flores… ¿Flores de verdad?

    —Claro. —aseguró Dante. —La mayoría de los biomas ahora son de sabana y praderas, los bosques y especialmente las junglas tardarán al menos un par de siglos en recuperarse por completo… pero la bio-ingenieria y la clonación en masa ha ayudado bastante a restaurar buena parte del verdor del planeta.

    Silvana estaba emocionada imaginando aquel planeta lejano y su cola se movía de forma frenética de un lado a otro. Dante vió aquel gesto y sonrió divertido. —¿Eres una Voldoriana?. —pregunto.

    —¡Yup! —asintió la joven. —Los bosques de Voldor son gigantes y sus habitantes están adaptados a convivir con plantas y animales…. ah, pero yo en realidad soy humana. —aclaró rápidamente sacudiendo las manos. —Solo mi personaje es de esa raza.

    —Y tu personaje es una especie de…

    —Druida. —respondió la joven. —Mi clase se especializa en controlar la naturaleza para ayudar a quienes luchan por proteger el bosque y sus habitantes.


    Dante se rascó la cabeza. —Que bueno que nos conocimos en aquella pradera donde había tantas hierbas.. si me hubiese sucedido lo mismo en un desierto rocoso, ahora podría darme por muerto. —dijo pensativo.

    La joven se rió ante aquella observación. —Incluso en los lugares más secos y hostiles, siempre hay animales y plantas que hacen su mejor esfuerzo por sobrevivir… cierto que mi magia es menos fuerte en esos lugares pero… incluso una simple ramita en medio de las dunas puede ayudarme a proteger a quienes amo.

    El joven asintió. —Eres lo que se llama un personaje de soporte… alguien especializado en ayudar a otros a ser más fuertes, pero también a defender y entorpecer a sus enemigos.

    Silvana asintió. —Otros druidas pueden especializarse en invocar animales salvajes para que luchen por ellos, pero yo no quiero lastimar a nadie ni usar animales con fines violentos… las plantas son poderosas y unas grandes aliadas.

    —Eso es algo muy noble. —aseguró Dante.

    —En nuestra Guild solo cazamos y combatimos monstruos que atentan contra el equilibrio y la harmonía de este mundo, asi que solo usamos nuestras habilidades contra cosas malvadas y antinaturales.

    —Ya veo.

    La joven se incorporó y tras caminar unos pocos pasos desplegó su interfaz holográfica frente a su rostro y tras seleccionar una serie de ítems, como por arte de magia un mantel y una cesta de mimbre se materializaron en el césped junto a ella. —¿Quieres almorzar algo? —preguntó dirigiéndose hacia el joven.

    Dante se incorporó y se acercó curioso al improvisado pic-nic que Silvana había hecho aparecer como por arte de magia.

    —Lo preparé yo misma. —dijo con una sonrisa.

    Dante se sentó junto al mantel mientras la joven retiraba algunos alimentos del interior de la cesta.

    —¿Así que… los colonos se encuentran en vainas de suspensión?. —preguntó mirando trabajar a la chica-gato.

    —Si, quienes optamos por participar en el programa de inmigración de largo alcance nos encontramos en vainas especiales, lo que nos permite estar conectados todo el tiempo a la simulación.

    Silvana preparó los alimentos sobre el mantel y en pocos minutos el Pic-Nic estuvo listo. —Sirvete lo que más te guste. —dijo señalando orgullosa los platillos que había preparado.

    Dante observó los alimentos y ahogó un grito de asombro; todo se veía tan real y delicioso.

    —¡Wow! —exclamó tomando un emparedado que había sido cortado de forma triangular. —Esto se ve… tan auténtico.

    La joven tomó ella misma uno de los emparedados y le dió un mordisco. —No te fijes solamente en el aspecto. —explicó guiñando un ojo. —Lo que importa son los stats del ítem.

    Dante sostuvo el emparedado frente a sus ojos y pronto una pequeña ventana se desplegó mostrando la información pertinente.

    —Grado A+ —leyó el muchacho.

    —Algun dia podré hacer comidas Grado S. —afirmó Silvana suspirando. —Pero es algo que podría tardar años y años con las cuotas de experiencia que gano diariamente.


    El joven dió un mordisco al bocadillo y tras masticar un buen rato tragó el alimento sin notar ningún gusto en particular. De inmediato un pequeño símbolo cerca de su barra de vida indicó que estaba recibiendo una bonificación por la buena comida ingerida.

    —En la Academia teníamos simulaciones completas durante los entrenamientos más importantes. —explicó Dante examinando lo que quedaba del emparedado. —Pero los modelos de las cosas que manipulabamos en aquellos entornos virtuales eran muy diferentes a estos… todo tenia como una especie de brillo plástico, como falso. Este emparedado parece real… puedo ver hasta las pequeñas migajas caer desde la zona que he mordido.

    —Calypso es uno de los juegos más realistas que se han hecho con la tecnología del Consorcio Macross. —respondió Silvana. —Dicen que el nivel de detalle del mundo alcanza hasta el mismísimo nivel atómico.

    Dante terminó de comer su emparedado y permaneció en silencio mirando las nubes en el cielo. Ciertamente había “sentido” el bocadillo en la boca, pero todo había sido una serie de ilusiones creadas por impulsos sensoriales en su cerebro. Ningún alimento habia entrado a su cuerpo por supuesto, pero eso no era así con los colonos de aquella flota de emigración.

    —¿Así que en estos momentos tu estas en una vaina y el sistema te está alimentando acorde a tus acciones en este lugar?. —preguntó el joven volviéndose hacia la chica.

    —El sistema nos alimenta periódicamente consumamos o no comida en Calypso. —explicó Silvana.

    —Entiendo.

    Ahora fué el turno de la joven de preguntar algo. Tras acabar de comer su bocadillo se volvió con curiosidad hacia el joven. —¿Y qué me dices de ti? —preguntó sacudiendo la cola. —¿Que clase de personaje vas a hacerte?

    Dante la miró confundido. —¿Personaje? Oh… bueno no se si realmente deba hacerme uno… no creo que pueda jugar mucho a este juego mientras trabaje aquí.

    La chica gato sacudió las orejas. —¿Has venido aquí a trabajar?

    —Así es.

    Silvana miró el cielo pensativa. —Antes mencionaste una Academia.

    —La Academia de Oficiales de la NUNS en La Tierra. —respondió el joven. Los ojos de Silvana se abrieron de par en par. —¿Eres militar? —preguntó sorprendida.

    —¿Yo? Si.. bueno no… me recibí el año pasado pero me dieron de baja inmediatamente luego de darme el diploma.

    —Eso… eso debió de ser muy duro para ti. —dijo sintiendo lástima por el joven.

    Dante cruzó los brazos por sobre sus rodillas y suspiró. —Pensé que podría ingresar al servicio activo de inmediato en alguna flota recién comisionada pero… la NUNS no necesita nuevos estrategas al parecer. —dijo sacudiendo la cabeza.

    Silvana inclinó la cabeza. —¿Estratega? ¿Eso es lo que haces?

    —Planes de batalla, suministros, inteligencia… todo eso. —explicó el joven.

    La chica gato se llevó un dedo a la cabeza pensativa. —Estoy segura que nuestra Guild podría usar a un estratega para preparar los Raids semanales y los conflictos con otros Clanes. —dijo mientras una sonrisa se iluminaba en su rostro. —¡Seguro que a los demás les encantará conocerte, Dante!

    El joven se encogió de hombros. —Como te dije… no creo tener mucho tiempo para dedicarle a un juego on-line… menos a uno tan… “inmersivo” como este.

    Silvana sopló decepcionada. —Ya me parecía demasiado bueno para ser real. —dijo jugueteando con una manzana sobre el mantel. —En todo caso igual debes hacerte un avatar para entrar al mundo virtual… juegues o no.

    —¿A qué te refieres?

    La chica-gato se puso de pié y señaló el bosque. —El mundo de Calypso no es solo este RPG Multijugador Masivo. —explicó. —Muchos de los colonos no juegan y simplemente viven su vida normal en un entorno completamente ordinario, con ciudades, tiendas y demás cosas actuales.

    Aquello sorprendió a Dante. —¿Quieres decir que hay dos “Mundos” en esta simulación?

    —Claro. —respondió la joven. —Después de todo yo aun estoy en preparatoria… por la mañana voy a la escuela y solo me conecto por la tarde para jugar con mis amigos.

    Dante la miró sorprendido. —Te hacia mas… adulta. —dijo observando la figura de la chica-gato. —Así que… ¿Tienes Dieciocho?

    —Diecisiete. —respondió Silvana. —¿Y tu?

    —Veinticinco. —contestó el joven…. oh espera, en realidad Veintiséis… cumplí años el mes pasado durante un FOLD de una semana entera, casi lo olvidé por completo.

    Silvana se rió al escuchar aquello —¿Como hace uno para olvidar su propio cumpleaños? —preguntó divertida.

    El joven se rascó la cabeza y volvió a encogerse de hombros. —La verdad… han pasado tantas cosas en este último año que no he estado muy pendiente de mi propia existencia. —explicó. —Salí de La Tierra llevando solo lo puesto y he estado viajando de un lado a otro de la Galaxia hasta que finalmente pude dar con la Flota 41.

    —Espera un momento. —dijo la joven mirándolo con curiosidad. —La Tierra no está a más de un mes y medio de viaje desde donde zarpó la Flota 41… ¿Cómo es que has tardado tanto en llegar?

    —Digamos que la logística de la NUNS no es lo que solía ser. —explicó Dante. —Te lo contaria con más detalle pero… algo me dice que te vas a quedar dormida en medio de la historia.

    —Al menos una cosa es segura: haz llegado a la Flota 41 y definitivamente debes crearte un avatar acorde a este nuevo mundo… juegues o no en Calypso.

    Dante suspiró y levantó sus manos frente a su rostro. —¿Crees que este cuerpo está mal?

    La joven sacudió la cabeza. —Mucha gente usa sus rasgos reales a la hora de usar la simulación. —explicó. —Pero Calypso te da la opción de usar dos avatares diferentes… puedes ser tú mismo cuando estés en el mundo simulado con los demás Colonos y una guerrera Meltran cuando juegues con nosotros…. realmente aquí puedes ser la raza o sexo que quieras y nadie va a juzgarte por ello.


    A esas alturas Dante no tenía otra opción que aceptar, al menos sentía que había valido la pena conocer a alguien tan pronto en aquel extraño lugar.

    —No te prometo que voy a jugar en tu Guild pero… haré lo posible por al menos conocer a tus amigos. —dijo guiñando un ojo. —Algo me dice que mi trabajo no me dejará mucho tiempo libre para compartirlo con ustedes.

    —Oh… ya verás que si. —respondió la joven recobrando las esperanzas. —Lo que me recuerda...todavia no me has dicho cual va a ser tu nuevo trabajo en la flota 41.

    —Fui contratado por la comp…. Oye ¿Se ha nublado de repente o me parece a mi?


    Los reflejos de Silvana le advirtieron del peligro inmediato. De un salto tomó a Dante por las ropas y juntos saltaron a un costado justo en el momento en que la enorme roca caía sobre el mantel con el resto de la comida.

    —¿Pero que….? —alcanzó a gritar Dante protegiéndose de las piedras que volaron en todas direcciones. —¿Otra vez ese Golem?

    —Si… y no. —respondió Silvana y el tono de su voz hizo que el corazón de Dante se detuviera.

    —¿Qué quieres decir?

    La joven señaló hacia la roca con su bastón. —Mira.


    El polvo se había asentado un poco y Dante pudo ver aquello que había caído en medio del claro. Lo que parecía un simple pedrusco se reveló de pronto como algo más siniestro. Los ojos del Golem eran ahora unos simples agujeros oscuros en la roca resquebrajada; lo único que quedaba de su cabeza.

    —Pero… ¿Que…?

    Una voz atronadora sonó por encima de los árboles y ambos jóvenes voltearon la cabeza en aquella dirección.

    —Al fin te encontré, druida.


    Un gigante sonriente los observaba por encima de la copa de los árboles. Dante calculó que medía algo más de diez metros de alto y supo de pronto lo que aquello significaba.

    —¿Un… Zentradi?

    —¡Corre! —gritó de pronto Silvana alzando la vara por encima de su cabeza con su brazo derecho. —¡Es un PK!

    —¿PK?

    —Un jugador que mata a otros jugadores… ¡Tienes que escapar, Dante! —gritó empujándolo con la mano libre.

    —¿Escapar? ¡No voy a hacer eso! ¿Que...?

    —¡Hazlo! —gritó la joven mientras un aura de magia la envolvía de pies a cabeza. —¡Sigue el arroyo hasta que salgas del bosque, luego ve hasta el pilar de luz azul que verás a la distancia; es un guardián y cuando estés en su zona de protección el PK no podrá hacerte daño! ¡Intentaré detenerlo lo más que pueda!

    Mientras tanto el gigante había levantado una enorme maza; un objeto terrible que se parecía más al mástil de un barco que a un arma y descargó un terrible golpe hacia donde se encontraban ambos jóvenes..

    —¡Corre! —volvió a gritar Silvana mientras movía el báculo en dirección al gigante.

    Una docena de lianas se elevaron desde las ramas de los árboles y se enredaron como serpientes en la enorme maza, deteniendo el poderoso golpe a mitad del camino.

    El gigante gritó una maldición y con la mano libre arrancó con facilidad toda esa materia vegetal que había cubierto por completo su arma.


    Dante comenzó a correr en dirección del arroyo sin voltear la vista hacia atrás. El ruido del combate hacía temblar las copas de los árboles y pronto el claro quedó oculto tras los gruesos troncos y lianas.

    El arroyo serpenteaba entre grandes troncos y rocas a medida que el terreno descendía y una cañada comenzaba a abrirse paso hacia la llanura. Los árboles comenzaron a estar cada vez más separados unos de otros a medida que el bosque mermaba y la hierba verde se hacía cada vez más abundante y alta.

    Cuando Dante salió del bosque el combate ya no se oía; sólo el sonido del viento y los pájaros llegaban a sus oídos.

    Lo primero que vió frente a él fué la llanura cubierta de hierba y a lo lejos, tal vez a poco más de un kilómetro se veía una columna de luz azul que se elevaba hacia el claro cielo.

    El guardián. Dante recordó las palabras de la chica gato y comenzó a correr en la dirección de aquel haz de luz.

    ¿Podría su recién conocida amiga enfrentarse a un gigante como ese? Dante había leído muy poco sobre Calypso, apenas lo suficiente para saber que en aquel juego se utilizaban como personajes a las diferentes razas que la Protocultura había creado a lo largo de su larga historia de dominio galáctico. Humanos, Zentradi, Voldorianos, Zolas, Ragnarianos, incluso los misteriosos Protovilns y su extraña apariencia demoniaca, todos ellos servían para crear un mundo fantástico donde la magia se mezclaba con el crisol genético que la misteriosa Protocultura había sembrado por toda la galaxia.


    Mientras Dante corría hacia la luz salvadora volteó la cabeza en dirección al bosque con las esperanzas de ver a su amiga salir corriendo de aquella trampa mortal.

    Algo cayó a unos pocos metros detrás de él y la explosión de tierra hizo que saliera volando hacia un costado.

    —¡Ahh! —gritó rodando sobre la hierba mientras la tierra y los cascotes caían a su alrededor.

    Cuando se incorporó vió que su barra de vida se había reducido casi hasta la mitad y todo por algunas piedras volando que lo habían golpeado. Silvana tenía razón, era un personaje demasiado débil, cualquier cosa podría matarlo ahí fuera.

    El proyectil había caído cerca, unos segundos más y hubiera sido un golpe directo. Dante caminó hasta el cráter y miró aquello que casi lo había aplastado.

    —¡Silvana!

    La joven estaba semienterrada entre la tierra y la hierba destrozada. Parecía inconsciente y de pronto vió la barra de vida sobre su cabeza. Solo una pequeña línea roja parpadeaba frenéticamente junto a su nombre mientras se hacía cada vez más pequeña.

    —Oh mierda.

    Se inclinó junto a la chica gato y usando ambos brazos apartó los escombros que habían caído sobre ella. En el momento de tocarla una serie de ventanas aparecieron con opciones. Una de ellas era un menú contextual para curación, pero para desconcierto del joven todas las opciones estaban apagadas; Dante simplemente no tenía las habilidades necesarias para curar a la joven.

    —Resiste Silvana. —dijo Dante sin saber qué hacer. —Debe haber algo que pueda hacer.

    Una ventana iluminada captó su atención. Decía «ESTABILIZAR» .

    Presionó el botón y una barra de porcentaje comenzó a llenarse, pero no logró completar ni un diez por ciento cuando un cartel rojo con la palabra «FALLO» cruzó por completo la pantalla indicando su fracaso.

    —Mierda… otra vez.

    Dante repitió las acciones una y otra vez, pero el irritante cartel siempre aparecía cada vez que la barra superaba algo más que una tercera parte del porcentaje para completar la acción.

    Al Décimo intento finalmente la barra se llenó por completo y el indicador de vida dejó de parpadear furiosamente. Ahora solo una pequeña línea indicaba la poca vida que quedaba en la joven.

    Para su alivio Silvana abrió los ojos.

    —¿Estás bien? —preguntó el joven sosteniendo la cabeza de la chica. —¿Puedes caminar? El Guardián está cerca, tenemos que...

    Los ojos de la chica se abrieron de par en par y Dante vió el miedo reflejado en ellos cuando la sombra del gigante cubrió el sol que brillaba sobre el cráter.

    —Oh por el amor de… —comenzó a decir Dante mientras miraba hacia arriba.


    El gigante se había puesto en cuclillas y los miraba desde toda su altura con una sonrisa en los labios. Ahora que los árboles no ocultaban el resto de su cuerpo Dante podía ver que vestía una especie de armadura de cuero y pieles, tal vez echa de la piel de alguna bestia gigantesca. El enorme tronco que usaba como arma estaba firmemente sujeto a su enorme espalda.

    —Hubieras dejado que muriera. —dijo el gigante escupiendo las palabras. —Así al menos podría renacer en su Guild… ahora pienso divertirme con ustedes dos.


    Dante apretó los dientes y depositando suavemente a Silvana en el césped salió del agujero para enfrentarse al terrible enemigo.

    Aquello solo provocó que el gigante estallara en carcajadas. Se incorporó de inmediato y contempló al pequeño humano que lo miraba con gesto belicoso entre la hierba aplastada.

    —Un Newbie Nivel uno y una Druida media muerta… no me hagan reir. —dijo sacudiendo la cabeza.

    Dante extendió la mano y lo señaló con el dedo. —¿Te crees muy malo atacando a la gente por sorpresa? ¿Que clase de juego crees que estás jugando?

    —Uno al que siempre ganamos. —respondió el gigante con sorna. —Vengo siguiendo a esta Druida hace varios días y se que viene a entrenar a este bosque a escondidas, hoy finalmente voy a cumplir mi misión de asesinarla.

    —¿Tu misión? —preguntó el joven confundido.

    —Basta de charla, me aburre. —dijo el enorme guerrero. —No voy a gastar un ataque normal en ti; pienso escupirte desde aquí arriba y eso debería bastar para matarte.


    Dante vio como el gigante hacia el gesto con la boca para cumplir su amenaza pero de pronto un rugido hizo que ambos se cubrieran las cabezas.

    —¿Que demonios…? —gritó el gigante.

    Un resplandor plateado pasó entre ambos y tras un viento huracanado que casi hace que Dante saliera volando algo aterrizó justo delante del cráter donde había caído Silvana.

    Los ojos de Dante se abrieron de par en par al ver al recién llegado.

    —¿Eso es…. un VF-4? —exclamó reconociendo la inconfundible figura del robot con los enormes hombros desde donde asomaban dos enorme cañones de energía.


    El VF-4 se irguió en sus casi doce metros de altura y contempló en silencio al gigante, quien había sacado su enorme maza mientras asumia una posición defensiva.

    —¡Eh! —exclamó de pronto señalando al robot con un dedo nervioso. —¡Eso es Metagaming! ¡Tu no puedes estar ahí!

    Para sorpresa de todos, una voz femenina se escuchó proveniente de la cabeza del robot.

    —Estoy en una misión en representación de la NUNS como colaboradora y Veedora de Calypso. —dijo en forma fría. —No he venido a interceder en el juego de ninguna forma.

    —Estás interfiriendo con mis Kills. —gritó envalentonado el gigante mientras señalaba a Dante y a la chica gato tendida en la hierba.

    —Por favor considere el escribir un reporte a la administración si cree que es el caso. —dijo el robot sin moverse un centímetro.

    —Asi lo hare puta… ustedes los militares no tienen ningún poder aquí. ¡Vete volando de una buena vez!

    La cabeza del robot se movió un poco hacia abajo y Dante supo que las cámaras de monitoreo lo estaban enfocando a él en ese momento. —Solo será un momento, luego podrá continuar con su juego. —dijo la voz femenina proveniente del robot.


    El gigante sonrió y sin previo aviso levantó el pie de forma tan repentina que Dante no tuvo tiempo de apartarse. El pisotón fue tan fuerte que aplastó al joven y lo hundió en un cráter aún más profundo que él había provocado la caída de Silvana.

    La joven dió un grito al ver aquello e intentó levantarse, pero las fuerzas le fallaron.

    —Entonces lo haré rápido. —gritó el gigante. —No quiero perder más tiempo con tus asuntos de mierda, tengo otras cosas que hacer.

    El robot miró el cuerpo aplastado de Dante en el fondo del cráter cuando el gigante retiró el pié y tras unos segundos levantó la vista en dirección al Zentradi. —Ignoraré los insultos, pero consideraré esa acción como un intento de entorpecer mi tarea de veedora.

    Sin esperar una respuesta el robot giró sobre si mismo y lanzó una terrible patada voladora hacia la cabeza del gigante. El desgraciado recibió el golpe en pleno rostro y la potencia del robot hizo que saliera volando dando vueltas como un trompo un centenar de metros en dirección al bosque.


    La tierra tembló con el terrible impacto y la barra de vida del Zentradi quedó pronto reducida a cero. Segundos más tarde una luz envolvió al enorme cuerpo, indicando que el jugador había decidido renacer en algún templo y no quedarse ahí tendido esperando que alguien lo reviviera. EL cadáver estalló en una lluvia de pixels luminosos y de pronto no estaba más allí.

    Mientras tanto el VF-4 había adoptado el modo Gerwalk, tras lo cual se abrió la cabina y el piloto pudo descender del aparato con un movimiento casi felino.


    Silvana había conseguido incorporarse un poco gracias a la regeneración de su raza. Los pocos puntos de vida que había recuperado le permitieron sentarse en el suelo mientras veía a la misteriosa piloto acercarse al cráter donde estaba el cuerpo de Dante. Sin decir una palabra pasó a su lado y se inclinó sobre el agujero.

    —Oye… ¿Vas a quedarte ahí abajo toda la tarde? —preguntó mirando hacia abajo.

    Para sorpresa de la chica gato, el nombre de Dante apareció en el borde del pozo y segundos más tarde lo hizo su cabeza.

    —¿Quieres ayudarme? —pidió extendiendo la mano.

    La piloto tomó la mano del joven y tirando con fuerza lo sacó de un solo tirón.

    Silvana ahogó un grito de asombro. La barra de vida sobre la cabeza de Dante indicaba apenas un solo punto de vida, pero su cuerpo no mostraba daño alguno.

    —¿Como….? ¿Que…? comenzó a decir sin creer lo que veía.

    Dante se sacudió la tierra de las ropas y caminó hacia donde estaba su amiga. —¿Te encuentras bien? —Preguntó inclinándose a su lado.

    —Estoy… bien… creo. —respondió ella mas confundida que antes. —¿Cómo es que estas vivo? Ese pisotón debería haber matado a un guerrero nivel veinte completamente armado…

    —Los empleados de Alpha Corporation tienen inmunidad a la muerte causada por ataques no consentidos de otros jugadores. —recitó la misterioso piloto mientras se quitaba el casco.

    Los ojos de Silvana se abrieron de par en par al escuchar aquello. —¿Eres…. un empleado de Alpha Corporation? —preguntó volviéndose hacia Dante.

    Pero Dante había quedado boquiabierto al ver el rostro de la piloto, quien lo observaba al pie del enorme robot.

    —¿Quien eres tu? —preguntó el joven poniéndose de pie.

    La joven de cabellos negros y ojos verdes hizo un saludo militar mientras sostenía el casco con la otra mano. —Teniente Primero Karina O’Higgins, Veedora oficial de la NUNS en el proyecto Calypso de la flota de Emigración número 41 de largo alcance. Estoy aquí para escoltarlo a las oficinas de la compañía.


    Los tres se quedaron en silencio sin saber que más decir mientras el viento movía la hierba a su alrededor.
     
  3.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
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    2


    Hola, soy el narrador.

    De seguro ahora tienes muchas preguntas en la cabeza con respecto a los personajes que vimos en el capítulo pasado. ¿Quienes son? ¿Qué hacen allí? ¿Qué es esto de vainas con gente en animación suspendida?

    Para responder a esas preguntas, mejor empecemos desde el principio… para eso retrocedamos casi un año en el tiempo para ver lo que pasaba con Dante y los sucesos que lo motivaron a iniciar tan largo viaje.


    ---------------------------



    —Defold detectado. Multiples contacto emergiendo desde el espacio subdimensional en los sectores catorce al veintitrés.

    El radar holográfico sufrió una violenta sacudida mientras el sistema recalibraba la proyección haciendo un gigantesco zoom hacia atrás para mostrar el enorme frente de refuerzos enemigos que acababa de aparecer frente a ellos.

    —Eso es… —dijo uno de los operarios de radar girando la cabeza hacia su Superior.


    En el centro del puente de mando un joven observaba en silencio los datos que habían aparecido en el radar. A decir verdad todos eran muy jóvenes en aquella enorme nave capital que avanzaba lentamente a la cabeza de una flota de interdicción y varias naves de transporte. Aquella improvisada flota de rescate se encontraba cruzando por entre los millones de fragmentos de rocas y minerales que conformaban los anillos interiores del planeta rocoso desde donde habían tenido que evacuar de emergencia a todos los colonos de un pequeño asentamiento minero.

    —Comandante.

    Quien estaba al mando de aquella nave se volvió hacia uno de los oficiales, otro joven de la misma edad quien sentado en un puesto de operador trabajaba con tres pantallas simultáneamente llenas de datos y gráficos. —Es una flota Zentradi, con seguridad la misma que inteligencia nos advirtió que rondaba la zona de búsqueda.

    En ese mismo instante una de las jóvenes a cargo del radar confirmó la corazonada del joven oficial. —Contactos identificados; flota Zentradi de afiliación desconocida.

    El Comandante y Capitán de la nave sonrió. —Parece que su información era correcta después de todo.

    El oficial no respondió, absorto en los datos que fluian en las pantallas frente a sus brillantes ojos negros.


    La flota se detuvo de inmediato y todas las luces externas se extinguieron en cuanto las naves se declararon en estado de combate. En menos de un minuto las siluetas oscuras se confundian con los enormes trozos de hielo y roca que formaban aquellos anillos alrededor del desierto planeta.


    —¿Con qué números estamos tratando aquí? —preguntó el joven Comandante dirigiéndose hacia los operadores del radar.

    —El análisis preliminar señala aproximadamente unos tres mil a tres mil quinientos contactos. —exclamó una de las jóvenes. —Composición irregular, no se detecta una formación coherente.

    —Así que estamos ante un resto, un rejunte de naves Zentradi vagando por el espacio en busca de problemas… ¿El remanente de alguna antigua flota decimada…?


    A medida que nuevos datos llegaban, la información del radar se tornó más precisa. Los recién llegados formaban una especie de nube y avanzaban sin ninguna clase de orden o formación coherente, como si un enorme enjambre de langostas se tratase.

    —Vienen hacia aquí. —afirmó el joven acariciando su barbilla. —Estas rocas y polvo espacial nos mantienen ocultos de sus sensores de largo alcance, pero cuando estén lo suficientemente cerca nos verán irremediablemente… ¿Cuanto tiempo..?

    —Dos horas aproximadamente si mantienen esa velocidad y rumbo. —informó la operadora de radar mientras el puente de mando se sumía en un silencio sepulcral.


    —Comandante… el Capitán Homs solicita hablar con usted. —informó una de las oficiales encargada de las comunicaciones rompiendo el silencio.

    —En pantalla.

    El rostro de otro joven capitán apareció justo frente al puente de mando. —Comandante Hughs.—exclamó haciendo un saludo militar. —¿Cuales son sus órdenes?

    El Comandante Sebastian Hughs se cruzó de brazos mientras esbozaba una sonrisa. —Estaba a punto de discutir nuestras opciones con nuestro oficial estratega… pero creo que no será necesario… solo veo una opción posible.

    El Capitán Homs asintió desde la pantalla. —Son demasiados… aún para todo el poder combinado de nuestros dos portanaves capitales Battleclass.

    —Espero que no esté sugiriendo una retirada. —respondió Hughs mirando seriamente a la pantalla.

    El nerviosismo del joven del otro lado de la ventana de comunicación era evidente. —Solo estoy diciendo que estamos en seria desventaja numérica, señor. —dijo tragando saliva.

    —Hay una sola forma de salir de esta trampa mortal y es yendo al encuentro de esos salvajes. —afirmó el Comandante señalando hacia la difusa nube verdosa en el radar. —¿Verdad, Dante?


    El oficial de estrategia levantó la vista de una de las pantallas. —Afirmativo Comandante: no podemos ejecutar un FOLD dentro de los anillos que rodean el planeta, tenemos que salir primero de de la zona de escombros o no tendremos la suficiente energía para consolidar la burbuja para toda la flota.

    Los ojos del Capitán Homs miraron rápidamente los mismos datos que en esos momentos eran compartidos entre las dos enormes naves. —Si salimos de los anillos para iniciar la maniobra de salto FOLD…

    —Caerán sobre nosotros de inmediato. —afirmó Hughs. —Y si no me equivoco, no nos dan los tiempos para ejecutar una maniobra como esa.

    Dante se puso de pie. —En efecto… iniciar un procedimiento FOLD para toda la flota demandaria aproximadamente una hora y diez minutos solo para energizar la burbuja WARP, durante los cuales estaríamos completamente vulnerables al ataque enemigo.


    Se había hecho un silencio total en el puente de mando. Los oficiales en cada uno de los puestos de control se miraron entre sí y luego miraron a su capitán.

    Hughs se acomodó la gorra y cruzándose de brazos se volteó hacia cada uno de los miembros de la tripulación. —¿Alguien tiene alguna idea?

    Una joven que en esos momentos estaba a los mandos del timón de la enorme nave levantó la mano pidiendo permiso para hablar. —¿No podríamos intentar algún tipo de Shock Cultural? —preguntó.

    El Comandante Hughs se cruzó de brazos. —Interesante. —dijo. —¿Sabe usted cantar? —preguntó inquisitivo.

    —¿Yo..? No… no señor. —respondió nerviosa la joven. —Pero… podríamos transmitir un video o alguna canción por los canales…

    —Veamos que opina la oficial de comunicaciones. —respondió el joven volteandose hacia la oficial, quien de inmediato sacudió la cabeza. —Necesitamos desencriptar primero el canal de comunicaciones de esa flota hostil antes de poder transmitir algo.

    —¿No tenemos una base de datos con todas las frecuencias Zentradi? —preguntó Homs desde la pantalla.

    —Si es una flota desconocida, sus códigos no están en nuestra base de datos. —respondió la joven. —He comenzado a desencriptar sus transmisiones pero le llevará tiempo a la computadora resolver los algoritmos de…

    —Dejame adivinar… más de dos horas con seguridad. —la interrumpió Hughs suspirando.

    —Once horas. —respondió la joven bajando la vista.

    —Adiós a nuestro plan de transmitir el último álbum de las Walküres a nuestros enemigos. —dijo Hughs sacudiendo la cabeza. —Así que todo depende ahora de nuestro oficial experto en táctica y estrategia. —agregó volteandose hacia el muchacho llamado Dante. —¿Cual es la estrategia más adecuada para este escenario? —preguntó.

    El joven volvió a tomar asiento y tras acomodar las pantallas señaló los anillos que rodeaban el planeta. —Nuestra única ventaja es el reducido tamaño de la flota… si esparcimos todas nuestras naves entre los asteroides y material de los anillos y mantenemos un completo silencio de radio… si, entonces es posible que pasemos desapercibidos a sus radares de rastreo y vigilancia, podríamos tener hasta un treinta y dos por ciento de probabilidades de escondernos de ellos.


    El Capitán miró con desagrado el rostro del joven. —¿Solo treinta y dos por ciento? ¿Eso es lo mejor que un estratega con sus estudios puede darme?

    Dante se encogió de hombros. —El subterfugio es una táctica válida.—se defendió. —Además un treinta y dos por ciento de probabilidades es mucho mejor que un cero punto cero cero cero cero cero tres por ciento de probabilidad de éxito en el caso de un ataque frontal— dijo el joven contando cada cero con un dedo de la mano para acentuar aún más su punto.

    —Nadie mencionó un ataque frontal. —respondió el Capitán caminando hacia una de las consolas. —Situaciones como estas requieren medidas firmes y contundentes, especialmente si queremos salir con vida de este pedrerio. —dijo haciendo que un diagrama del planeta y sus anillos circundantes apareciera proyectado en tres dimensiones en el centro del puente de mando.


    La flota apareció resaltada en azul en uno de los anillos exteriores y el hombre usó sus dedos para seleccionar un grupo de naves que en ese momento se encontraba ocupando el centro de formación. —La clave señores, son estas naves de aquí. —dijo.

    —¿Los refugiados? —preguntó extrañado el Capitán de la otra nave. —¿Qué sucede con ellos?

    Los veinte transportes clase Mercury quedaron resaltados y se desplegaron en forma ortográfica en una ventana independiente. —Su masa nos impide generar la burbuja WARP de forma rápida, por lo que la evasión por medio de un salto FOLD de emergencia es imposible.

    El Capitán Homs asintió. —Sus reactores de clase civil solo pueden generar energía a una fracción de la velocidad que los nuestros. —comentó mirando el gráfico.

    —Lastre. —respondió Hughs. —Así que como verán la solución es muy sencilla.

    Dante se puso de pie de golpe y el brusco movimiento hizo que su Pad callera al piso, atrayendo todas las miradas sobre sí. —¡Comandante! —grito abriendo grande los ojos. —No… no se atrevería.

    —Ellos ya están muertos de todas formas. —dijo mirando con seriedad al joven estratega. —Todos estamos muertos incluso si nos ocultamos como conejos entre esas rocas… ¿o acaso no lo confirmó usted con su “análisis”?

    Dante apretó el puño. —Nuestra misión… nuestra misión es rescatar a esa gente. —dijo mirando directamente a los ojos de su Capitán.

    —Carnada. —dijo Homs bajando la vista. —Comandante, quiero dejar bien en claro que me opongo completamente a semejante…

    —Se opone… ¡Claro que se opone! —alzó la voz el Comandante dirigiéndose hacia su camarada. —Esta perfecto que su consciencia se oponga… ¡Pero eso no quitará que al finalizar el dia todos estaremos muertos!

    El hombre de la pantalla no supo que contestar a ello y desvió la mirada en silencio.

    —Aun… aún así. —balbuceó al cabo de unos segundos. —Lo que propone es…

    —Inmoral. —dijo Dante quien permanecía aún de pie al lado de su puesto sin quitar la vista del hombre que tenía delante. —Comandante… vuelvo a repetirle que nuestra misión es rescatar a esa gente, no puede utilizarlos como carnada.


    El Comandante Hughs lo señaló con el dedo índice extendido. —La misión ha fracasado.—dijo elevando la voz.—Lo que tenemos que hacer ahora es reagruparnos con la flota principal para juntos arrasar a esos Zentradi de la faz de la galaxia. ¿No lo comprende?

    —Lo único que comprendo es que deberíamos hacer algo por esa gente… lo que sea, pero no a costa de sus vidas. —respondió Dante.


    Hughs sonrió y sacudió la cabeza. —Es por eso que yo soy el Comandante y tu un simple oficial de inteligencia. —dijo suspirando. —No estás capacitado para tomar una decisión como esta y lo comprendo. —de inmediato su mirada se tornó fría como el hielo y la voz se endureció. —Pero no toleraré que cuestionen mis órdenes. Saldremos de este sistema sea como sea y nos reuniremos con la flota principal. Esas son mis órdenes ¿Comprendido?


    Dante permaneció en silencio con los puños apretados frente al Comandante. Sentía su pistola automática al costado de uniforme pegada a su cuerpo… ¿Pero era esa la respuesta? Tal vez otra persona podría haber tomado aquella decisión, pero no él.

    Esa no era una batalla que pudiera ganar.

    —Comprendido…. señor. —dijo Dante bajando la cabeza.

    —Bien, era hora que mostraran algo de profesionalismo. —afirmó Hughs. —Tenemos que lograr que vayan todos tras esas naves de diversión y necesito que me des la mejor forma de hacerlo.

    El joven se sentó derrotado. No tenía otra opción más que seguir las órdenes de su superior… ¿O tal vez no?

    El ambiente en el puente de mando se había enfriado considerablemente. Todos los oficiales permanecian en sus puestos pero Dante podía ver como de vez en cuando lanzaban miradas penetrantes al Comandante. Nadie aprobaba aquello, era evidente ¿Acaso alguien podría hacer algo?

    —Dante.

    El joven se sobresaltó. —¿Si Señor? —preguntó al advertir al hombre parado a su lado.

    —Concentrate… tenemos que trabajar juntos en esto. ¿Cómo hacemos para que esos Zentradis sigan a las naves de transporte y se traguen el anzuelo?

    El oficial de inteligencia apretó los puños y aquello no pasó desapercibido al Comandante. —Hay… hay varias formas de aumentar las probabilidades de un subterfugio exitoso. —dijo desplegando una nueva pantalla.

    —¿Y cuales son?

    Dante trató de alejar sus sentimientos y se concentró en sus estudios. —Debemos pensar como nuestros oponentes y ya que nuestros oponentes son Zentradis sin exposición a la cultura, sus tácticas son extremadamente bien conocidas. Solo responderán de una forma predeterminada ante una situación y si creamos un escenario acorde a nuestros planes, las chances de que lo sigan al pie de la letra son definitivamente posibles.

    —Bien. —respondió Hughs. —¿Qué escenario tienes en mente?

    —Primero es camuflar el tipo de nave a sus radares, el campo de asteroides hará una buena parte de ese trabajo gratis por nosotros, pero podemos hacer algo más para aumentar el engaño.

    Usando ambas manos introdujo una serie de instrucciones en el teclado holográfico y varios diagramas con las veinte naves civiles aparecieron frente a ellos.

    —Dispondremos a la flota en una típica configuración de ataque… por ejemplo de punta de flecha. —dijo mientras las pequeñas formas geométricas que representaban los transportes se posicionaban en una formación cerrada. —Este tipo de formación de ataque no dejará dudas sobre sus intenciones.

    —¿Qué hay de su ruta? —preguntó el Comandante.

    Dante volvió a desplegar el mapa de los anillos y sobrepuso la posición de su propia flota con la de los contactos hostiles. —Haremos que intenten cortar un vector por aquí. —dijo trazando una recta con su dedo índice.

    Hughs frunció el ceño. —¿Quieres que parezca que están escapando? —preguntó.

    —Con esos números no podríamos pretender otra cosa. —dijo Dante encogiéndose de hombros. —Necesitamos que los Zentradi cambien de rumbo y la única forma es que inicien la persecución en aquella dirección.

    —¿Y qué hay de nosotros?

    —Nuestras naves pueden moverse en modo silencioso usando solo la repulsión gravitacional de la fuerza de marea del cinturón de asteroides que rodea el planeta… es lento sí, pero en cuanto la distancia a la flota enemiga sea la adecuada podremos entrar en FOLD sin que puedan alcanzarlos.

    —¿Por qué no entrar en FOLD desde aquí mismo? —preguntó el Comandante rascándose la barbilla. —¿Por qué arriesgarnos a movernos?

    —Mire alrededor. —dijo Dante señalando los enormes ventanales. —Estamos en un cinturón de asteroides de hierro y otros elementos metalicos… toda esa masa extra hará que nuestra burbuja WARP tarde entre cuatro y cinco veces más tiempo en formarse… si vamos hacia los anillos externos formados por hielo y polvo no tendremos ese problema.

    —Comprendo. —respondió el Comandante cruzándose de brazos.

    Dante trazó la ruta que seguirán los civiles y la flota de la NUNS utilizando verde para los transportes y azul para las militares, los Zentradi eran una enorme cinta roja que se acercaba directamente a ellos desde la parte superior de la pantalla.

    —Esa ruta nos llevará a un curso paralelo al cuerpo principal de su formación. —dijo el Capitán Homs, quien había estado observando la planificación en silencio. —Si nos descubren estaremos en una posición de desventaja completa justo frente al grueso de sus fuerzas.

    Dante movió el plano de inclinación del diagrama y señaló la concentración enemiga. —Si. —dijo marcando una sección de la misma. —Pero mire… en caso de que algo salga mal, podremos cortar en dos sus fuerzas atacando justo por el medio… nuestros dos cañones de energía pueden destruir perfectamente todo lo que esté frente a nosotros.

    —Cómo cortar una serpiente en dos. —dijo Hughs sonriendo.

    Homs sacudió la cabeza. —Esta clase de serpiente no morirá solo con ser cortada en dos… esas dos partes se volverán dos serpientes individuales y nos rodearan por ambos flancos, será una carnicería.

    —Y aun así… es la única chance que tenemos. —dijo Dante rascándose la cabeza. —Si tuviéramos más tiempo podríamos correr unas simulaciones pero…

    —No hay tiempo. —lo apremió Hughs. —Estoy de acuerdo con el plan. ¿Alguien tiene algo que agregar o criticar?

    Nadie dijo nada, todos estaban con los rostros sombríos ante la atrocidad que estaban a punto de cometer.

    —Hay un problema. —dijo Homs carraspeando.

    —¿Qué sucede?

    —Los capitanes de las naves de transporte… no van a ofrecerse como sacrificio a su… “táctica”. —respondió el Capitán del otro portanaves. —Eso es seguro.

    —Tendremos que operar las naves remotamente usando el protocolo de mando de la flota. —aseguró Hughs. —Utilizaremos un bloqueo de seguridad y no podrán tomar el control ni aunque sospechen algo.

    La mirada que lanzó el Capitán Homs desde la pantalla dejaba en claro lo que pensaba de aquello. —Cuando comprendan lo que está sucediendo…

    —Ya será demasiado tarde para que hagan algo… bien, eso está resuelto. —dijo el Comandante cruzándose de brazos.


    Mientras tanto Dante había terminado de trazar en la interfaz de su terminal de datos las maniobras junto con las velocidades y vectores que cada una de las naves civiles debía seguir al pie de la letra para engañar a los Zentradi. Era una coreografía complicada y aparentemente caótica, pero aquellas líneas y figuras geométricas cobraban sentido en la cabeza del joven.

    —Las maniobras están cargadas en el plan maestro. —informó Dante dirigiéndose hacia Hughs. —Estamos listos para comenzar.

    El Comandante se acercó hacia el puesto del joven y extendió la mano con la palma hacia arriba. —¿Quieres hacer los honores, entonces?

    —¿Eh?

    Hughs se rascó la cabeza debajo de la gorra de Comandante. —La flota está en modo automático. —dijo señalando el puesto del timonel. —Eres tú el que va a mover todas las naves, debes hacerlo desde allí.


    Quien operaba el timón de la enorme Battle Class era la misma joven que había sugerido la idea del Shock Cultural unos momentos antes. De inmediato cruzó su mirada con la de Dante y comprendió por lo que estaba pasando aquel joven en ese apremiante momento. Sin decir una palabra se apartó de su puesto y dejó que el oficial estratega se sentara frente a los controles, mas no fué muy lejos y en cambio quedó de pié justo detrás de la silla que antes había ocupado.

    —Lo siento. —dijo Dante girando la cabeza para mirar a la joven. —No… no se si realmente pueda volar una de estas cosas.

    —Solo procura no estrellarla contra ningún asteroide. —respondió la joven con una sonrisa. —Cada abolladura o raspón son puntos restados a mi historial de campaña.

    Dante devolvió la sonrisa a la timonel y ocupó el lugar frente a los grandes controles. De pronto sintió el tremendo poder que tenía entre sus manos; no solo estaba a los mandos de una de las naves más poderosas y formidables de toda la NUNS, lo estaba en realidad de dos de ellas; La Battle 35, donde estaban ellos en ese momento y la Battle 36, naves hermanas recién entradas en servicio activo tras una largo viaje desde los astilleros orbitales de la luna terrestre.

    Toda la flota estaba ahora en modo esclavo pendiente de las órdenes de navegación que había introducido en la computadora.

    El Comandante había vuelto su atención hacia los escuadrones de Valkyries en caso que la huida fracasara y debieran entablar un combate directo con la flota enemiga. De pronto Dante se encontraba siendo ignorado por casi todos mientras miraba con el ánimo desolado la pantalla donde la muerte de tantos civiles estaba siendo programada en la computadora.


    —Lástima que esa idea no fuera posible de implementar. —dijo la joven suspirando tras el asiento de Dante.

    —¿Eh?

    —Lo del Shock Cultural. —explicó la joven. —En las series y películas siempre es tan efectivo.

    —Ah… eso… bueno, en realidad si es algo muy difícil… lo que sucedió durante la Primera Guerra Espacial fué prácticamente un milagro.

    Ella lo miró con curiosidad. —¿Un milagro?

    El joven se quitó la gorra de oficial y la dejó sobre uno de los brazos de la silla. —Los Zentradi que no han estado en contacto con la cultura no son verdaderamente susceptibles a la música pop. —afirmó cruzándose de brazos. —Si pudiéramos transmitir música a esa flota. —dijo señalando los puntos rojos del radar. —Solo causariamos un poco de confusión en sus canales de radio, pero la mayoría de ellos trataría la canción como un simple ruido.

    Los ojos de la timonel se abrieron como platos. —Pero… ¿Entonces Minmay…?

    —Como decía, se necesita algo más que música… en el caso de Minmay… bueno, ella es una leyenda y todo eso que se habla sobre la Sound Energy tiene una base científica sólida.

    —Comprendo. —dijo la joven bajando la vista. —Realmente no es solo la música, se necesita también de alguien con la habilidad necesaria.

    —Eso… y un poco de ayuda de la líbido.

    Ahora la mirada de la joven se había vuelto de verdadera confusión. —¿Líbido? ¿A qué te refieres?

    Dante se encogió de hombros y pareció querer hundirse en la silla mientras su rostro se enrojecia. —Bueno.. es algo más una teoría que un hecho histórico pero… ¿Nunca haz oído del incidente Lolicón?

    —El incidente… lolicón. —repitió la joven incrédula. —No… yo nunca había escuchado algo como eso… ¿Es una broma? No creo que sea el momento....

    El joven oficial sacudió la cabeza. —Te juro que no, es algo que se toma bastante en serio entre los que estudiamos historia y tácticas militares.

    —Un incidente… con Lolicones. —repitió la joven. —Explicate.

    —No te guies por el nombre… pero se trató de un incidente con los tres Zentradi que se convirtieron en los primeros en ser expuestos a la cultura humana… y por alguna extraña casualidad sus nombres eran Warera, Rory y Konda… y eso suena mucho como…

    —Somos Lolicones. —respondió la timonel sonriendo. —Comprendo. (1)

    Dante se relajó al ver que la chica había entendido. —Al parecer estos tres Zentradi estuvieron expuesto a imágenes… “inapropiadas” generadas por las transmisiones civiles de los refugiados a bordo de la Macross. Esa exposición activó de alguna forma la líbido dormida (o mejor dicho reprimida) que los Zentradi poseen, lo que más tarde contribuiría a que el “Shock Cultural” surtiera el poderoso efecto que finalmente causó.

    La joven miró al Comandante mientras discutía con uno de los oficiales. —No creo que sea muy difícil encontrar pornografia a bordo de esta nave. —dijo pensativa. —¿Pero como se la enviamos a los Zentradi?

    El joven oficial volvió a encogerse de hombros. —Con proyectores holográficos de esos que usan las Walküre para sus LIVE en el espacio podríamos pero… dudo que esa clase de equipo sea algo estándar en esta clase de naves.

    La joven suspiró. —Lo que significa que ese hijo de puta de Hughs va a salirse con la suya y sacrificará a los civiles con tal de salvar su maldito pellejo.

    —Shhh… va a escucharte. —dijo Dante haciendo un gesto con la mano. —No hay otra forma me temo. —reconoció mirando pensativo la pantalla donde la computadora había culminado de transmitir todas las instrucciones a cada una de las naves que formaban la flota.

    ¿O tal vez había otra opción?


    Hughs despidió al oficial y se volvió hacia Dante. —¿Como va eso?

    —Estamos listos. —respondió el joven levantando la vista de la pantalla. —La misión puede comenzar en cuanto de la orden.

    —Inicien la operación. —ordenó el Comandante.


    Las luces del puente de mando se tornaron rojas como la sangre. Las compuertas de refuerzo se levantaron y todo el personal que no estaba ya sentado en una silla se abrochó los cinturones de seguridad que eran obligatorios durante el combate. El Comandante se sentó en su sillón en el centro del puente y observó en silencio la operación.

    Las naves civiles se pusieron en movimiento de inmediato. En el radar dimensional los veinte pequeños puntitos azules comenzaron lentamente a asumir una formación parecida a una punta de flecha mientras cambiaban su curso y aceleraban alejándose de la flota militar.

    —Hay una reacción en la flota enemiga. —informó la operadora de radar.

    En efecto, la nube de puntos rojos sufrió una especie de sacudida y comenzó lentamente a virar en dirección de intercepción de las naves civiles.

    —¿Han mordido el anzuelo? —preguntó Hughs rascándose la barbilla.

    Una serie de vectores aparecieron en el radar mostrando el movimiento predictivo de los contactos. —Punto de intersección estimado en T menos veinte minutos. —comunicó uno de los oficiales.

    —Inicien Repulsión gravitatoria. —ordenó el Comandante. —Mantengan total silencio de radio.

    Los motores gravitacionales de las naves que conformaban la flota entraron en modo de repulsión, lo que significaba que contrarrestaban el empuje gravitacional del planeta y creaban un vector de movimiento utilizando aquella fuerza de marea. Lenta y silenciosamente comenzaron a avanzar entre las grandes rocas metálicas en dirección contraria a los desprevenidos civiles.

    —Ya deben haberse dado cuenta de lo que está sucediendo. —dijo Dante mirando la pantalla. —En estos momentos los capitanes de esos cargueros han comprendido que los abandonamos y que sus vidas tienen ahora el mismo valor que el de la carnada fresca.

    —Así es la guerra. —respondió Hughs. —Pero no te preocupes: los vengaremos, te doy mi palabra.

    —Lindo consuelo. —murmuró la timonel apartando la mirada con asco del rostro sonriente del Comandante.


    Las luces exteriores de todas las naves estaban apagadas pero el enorme cristal que se extendía por todo el frente del puente del mando aumentaba significativamente la poca luz que llegaba a ellos, por lo que los asteroides y el resto de la flota era perfectamente visible para toda la tripulación que aguantaba la respiración en ese momento.

    —La flota Zentradi está a diez minutos de interceptar a los transportes. —anunció el oficial.

    —No estamos lo suficientemente lejos. —gruñó Hughs viendo el radar. —¿Podemos hacer que se alejen más rápido?

    Dante movió sus manos sobre el teclado. —iniciaré el procedimiento de energización de las burbujas WARP de los transportes… es inútil, pero al menos hará que los Zentradi se sientan más apremiados para interceptarlos.

    Los resplandores de las burbujas de los veinte transportes brillaron a lo lejos entre las miles de rocas que se interponian entre ellos.

    La enorme sombra de la Battle 36 apareció cubriendo casi la mitad del panorama que se veía por el cristal. Los oficiales se miraron entre ellos preocupados.

    —¿No estamos demasiado cerca? —preguntó Hughs mirando a Dante.

    —La flota se mueve simulando patrones de rotación diferentes para imitar el comportamiento de las rocas que nos rodean. —respondió el joven. —No chocaremos, pero si introduzco alguna corrección de rumbo podríamos aparecer en sus radares.

    —Continua entonces. —ordenó el hombre algo más aliviado.

    El silencio había vuelto a formarse en el puente del mando mientras los minutos pasaban con lentitud mientras una veintena de pares de ojos seguían con impotencia el movimiento de aquellas pocas naves a punto de ser aniquiladas por aquellos monstruos sedientos de sangre.

    —Los transportes han abandonado el cinturón de asteroides. —dijo la operadora de radar.

    —Estarán al alcance de las armas enemigas en cinco minutos. —agregó otro de los oficiales… —No lo lograrán. —agregó sacudiendo la cabeza resignado ante la tragedia que estaban a punto de presenciar..

    —Pero nosotros sí. —afirmó el Comandante seguro de sí mismo.

    —Yo no estaría tan seguro de eso. —respondió Dante pulsando una tecla. Su tono de voz era extraño.

    Sonreía.


    En ese momento comenzaron a pasar muchas cosas.

    Las luces de toda la flota se encendieron por completo y de improviso, las dos enormes naves clase Battle iniciaron el proceso de transformación.


    El rostro de Hughs se puso blanco por completo.

    —¿Que…? ¿Que está sucediendo? —dijo poniéndose de pie.

    La Battle 35 y la Battle 36 se transformaron en modo de Ataque mientras la flota hostil se detenía por completo justo frente a ellos. De inmediato el radar holográfico brilló como un sol rojo debido a todas las emisiones de radar que apuntaron hacia los enormes robots que se erguía imponente por sobre el disco de rocas que rodeaba al planeta. Casi de inmediato la Battle 35, donde el Comandante y el resto de los oficiales aún estaban boquiabiertos por lo sucedido, comenzó a darle la espalda a su compañera mientras el enorme cañón de energía dimensional flotaba abandonado a un lado del enorme brazo que debería sostenerlo.

    El rostro desencajado de Homs apareció en una pantalla enorme frente a Hughs mientras este abría la boca sin poder articular una palabra.

    —¡Comandante! —gritó el otro capitán. —¿Qué rayos está sucediendo? ¿Es esto parte del plan? ¡Responda!

    Pero Hughs ignoró al hombre de la pantalla y en cambio se dió vuelta furioso hacia el puesto del timonel. —¡Oficial Dante! —gritó con la boca desencajada por la rabia. —¿Que demonios significa esto?

    Dante levantó un mano y lo señaló con el dedo. —Será mejor que se sujete de algo, Comandante. —dijo moviendo el dedo de un lado a otro. —Las cosas se van a sacudir un poco de un momento a otro.

    —¿Pero que mierda…?

    La sacudida fue terrible. Hughs cayó de espaldas debido al tremendo impacto que la Battle 36 produjo al colisionar de frente con la nave donde estaban ellos. El caos y confusión eran terribles y los gritos de toda la tripulación ahogaron todos los demás sonidos.

    —¡Comandante Hughs! —gritaba Homs desde la pantalla. —¿Qué está pasando? ¡Devuelva el control de mi nave de inmediato! ¿Que clase de maniobra es esta? ¿Porque nuestras dos naves están…? ¡OH POR TODOS LOS SANTOS!

    —It’s Show Time. —exclamó Dante por sobre el griterío mientras activaba una pantalla holográfica para que todos pudieran ver lo que estaba sucediendo desde una perspectiva más general.


    Frente a todos los presentes apareció una escena surreal.

    La Battle 36 estaba violando a la Battle 35.


    Los enormes robots no eran demasiado articulados, pero la posición y el movimiento eran inconfundibles. Los enormes brazos de la Battle 36 rodeaban el cuerpo de la nave nodriza y regularmente empujaba su casco con poderosos estampidos de sus enormes impulsores principales.

    Cada poderosa embestida de la Battle 36 hacía que el puente de mando se sacudiese como en un terremoto. Hughs yacía tirado boca arriba en el suelo con los ojos abiertos como platos contemplando la escena en la pantalla.

    —¿Que…? ¿Que les haz hecho a mi flota..? —alcanzó a balbucear con la boca abierta. —¿¡QUE LE HAZ HECHO A MI FLOTA!?

    La operadora de radar bajó la vista un momento hacia su pantalla y quedó aún más sorprendida. —¡Señor! —gritó. —Los… ¡Los Zentradi están paralizados!

    —¿Que?

    —Sus naves… sus naves se han detenido por completo… ¡Están en shock!

    Dante se volvió hacia la joven timonel y le guiño un ojo. —Espero no haberme excedido. —dijo.

    En ese preciso momento la flota de cargueros culminó de consolidar la enorme burbuja WARP y con un enorme estallido multicolor iniciaron el FOLD. La onda de luz de un millón de arcoiris hizo que la escena de los dos enormes robots copulando por sobre el cinturón de asteroides fuera aún más irreal, si es que acaso aquello fuera posible.


    Hughs se puso de pie y avanzó a paso vivo hacia el puesto del timonel mientras sacaba su arma. Tenía la mirada de un loco y los ojos inyectados de sangre. Dante se puso de pié sin dejar de sonreír e hizo el saludo militar. —Misión cumplida Comandante; los civiles están a salvo. —exclamó cuando el hombre se puso delante de él.


    El Comandante apuntó a la cabeza del joven y apretó el gatillo. Mientras Dante caía al suelo en medio de una explosión de sangre, los Zentradi abrieron fuego simultáneamente con todas sus armas de energía.








    1. Los personajes hablan en Japonés.
     
  4.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
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    29 Marzo 2018
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    Folded Dreams
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    3


    «Simulación Finalizada» «Simulación Finalizada»

    Los enormes ventanales comenzaron a elevarse y el sol primaveral inundó el oscuro recinto donde los cadetes debieron cubrirse los ojos con las manos luego de haber estado tanto tiempo en aquel ejercicio intensivo.

    Lo primero que Dante vió al abrir los ojos fue al mismísimo Hughs (Ahora un simple cadete que vestía el mismo traje gris que él, con los sensores y equipamiento para entrenamiento inmersivo) aún de pie frente a él con el brazo extendido. La única diferencia es que su mano estaba vacía y el dedo índice apretaba un gatillo que ya no estaba ahí.

    Al menos su rostro desencajado era el mismo que recordaba dentro de la simulación.


    Todos estaban aún en esa especie de estado de shock cuando los ayudantes y personal de mantenimiento comenzó a entrar en el recinto para comenzar la limpieza. Al cabo de casi un minuto los estudiantes comenzaron a abandonar sus lugares en silencio para dirigirse hacia la salida.

    Dante se tocó la frente con una mano y se miró los dedos. Sabía que no había sangre en su cabeza y que todo había sido una ilusión… aún así se había sentido demasiado real. Cuando volvió a levantar la vista Hughs ya no estaba frente a él. Lo vió fugazmente mientras salía por la puerta dando grandes zancadas.

    Nadie dijo una sola palabra, pero Dante vió como todos le dirigian miradas cargadas de una mezcla de extrañeza, pero también de alivio.

    «El Debriefing se realizará a las 1600 horas en el Aula Magna» informó la voz de los altoparlantes. «Hasta entonces se requiere que los estudiantes se abstengan de abandonar el Campus»

    El joven se incorporó y tras sacudirse la ropa se dirigió caminando lentamente hacia la salida. Quería ir al baño y darse una ducha; el ejercicio había durado cinco días con sus noches y todos estaban cansados y transpirados.

    Mientras avanzaba hacia la salida vió como el recinto se transformaba por completo a medida que los estudiantes dejaban sus lugares. Todos los puestos de control, sillas, escritorios… incluso las mismas paredes que formaban el puente de mando de la enorme BattleClass que acababa de manejar con sus propias manos, todo estaba formado por bloques grises que salían del piso para formar los objetos sólidos con los que los estudiantes interactuaban en la simulación. Estos bloques comenzaron a descender y desaparecieron en el piso como si nunca hubieran estado allí. Era una tecnología verdaderamente asombrosa.


    Salió a un enorme pasillo y caminó varios minutos siguiendo la línea en el piso que indicaba el camino para los estudiantes. Había varias salas a cada lado del pasillo dedicadas a los entrenamientos en entornos simulados, pero la mayoría eran pequeñas estancias que simulaban algunos puestos de control, quedando completamente eclipsadas en tamaño por los casi quinientos metros cuadrados del salón principal que podía albergar a doscientos estudiantes ejercitando conjuntamente en misiones de gran complejidad.

    Al llegar al final del mismo se encontraban los cambiadores para hombres y mujeres respectivamente. Dante siguió por la puerta que le correspondía y entró esperando que sus problemas no comenzaran allí mismo.

    Para su sorpresa nadie le dirigió la palabra. Algunos estudiantes ya se habían comenzado a quitar los trajes mientras que otros conversaban sentados en bancos cerca de los casilleros. Dante suspiró y se dirigió hacia su puesto asignado, tras lo cual comenzó a quitarse el traje especial para simulaciones. Mientras lo hacía sonrió pensando en que era el mismo traje que usaban las Idols en sus conciertos… con solo unas pocas líneas de código podría transformarse en lo que quisiera como por arte de magia.

    Al levantar la cabeza descartó aquella idea y solamente quiso hacerse invisible. Homs y dos oficiales más estaban a su lado todavía con sus trajes puestos y por la expresión de sus rostros, Dante supo exactamente lo que querían.

    —Oh… denme un respiro.—dijo levantando las manos en gesto de sumisión. —Solo quiero darme una ducha.

    Homs suspiró y sacudió la cabeza. —Nos conoces poco si piensas que hemos venido a hacer “Bullying” por lo que hicistes alla atras. —dijo mientras se sentaba en el banco junto a Dante.

    —En realidad no los conozco.—respondió con sinceridad el chico. —Es la primera vez que hacemos una simulación conjunta entre los planes de estudio.

    Homs sonrió y comenzó a quitarse el calzado. —Muestrale, Tom. —dijo señalando a uno de sus acompañantes.

    Uno de los cadetes sacó un Pad y se lo alcanzó a Dante. —Mira la tabla de “Score” dijo.

    Dante examinó las columnas y de inmediato comprendió lo que sucedía. —¿Pendiente? —preguntó volviendo la vista hacia el cadete llamado Tom. —¿Aún no han asignado el puntaje? Se supone que es instantáneo…

    —Y eso no es todo. —agregó el otro acompañante. —Han solicitado una junta evaluadora. —dijo señalando su propio Pad donde aparecía la portada de la red social que usaban los estudiantes de la Academia. —Eso solo quiere decir una cosa…

    —La has cagado. —afirmó Homs mirandolo directamente a los ojos..

    Dante se quitó los pantalones y quedó solo con los calzoncillos puestos. —¿Crees que mi acción perjudicará a los demás estudiantes? —preguntó girando la cabeza hacia Homs.

    El cadete se encogió de hombros. —Vaya uno a saber… pero lo que sí queda claro es una cosa: se perdió una flota completa y dos portanaves capitales… eso son muchos puntos menos en nuestra hoja de valuación. —dijo sacudiendo la cabeza.

    El joven estudiante de Táctica y Estrategia se acarició la barbilla mientras abría la puerta de su casillero. —La misión estaba diseñada para ser perdida. —dijo tras revolver en busca de su toalla y los implementos de higiene. —No había ninguna chance de escapar con vida de esa flota enemiga.

    —Ya lo sabemos. —dijo Tom. —Pero no creo que tu “estrategia” haya sido la forma correcta de resolver ese escenario.

    El otro cadete dió de pronto un grito de exclamación mientras miraba la pantalla del pad.

    —¿Que sucede Lin? —preguntó Homs mirando a su compañero.

    —Bradley acaba de confirmar que encabezará la Junta Evaluadora. —dijo mirando a Dante.

    —¿El Coronel Bradley? Oh mierda. —exclamó Tom


    Homs terminó de desvestirse y tras poner toda la ropa en una canasta se volvió hacia Dante. —Diría que estamos jodidos, pero ni cerca a lo que vas a estar tu en un rato. —dijo.

    El joven lo miró sin comprender. —¿A qué te refieres?

    —A Hughs… lo has humillado alla atras. —respondió frunciendo el ceño. —Y eso te traerá consecuencias; el tipo es de una familia con más de doscientos años de tradición en el ejército… nadie de la plana mayor va a quedarse de brazos cruzados al conocerse lo que pasó en este ejercicio.

    —Solo hice lo que tenía que hacer. —respondió Dante.

    —Tal vez. —respondió Homs. —Pero algo me dice que tu vida en esta academia ya no será lo mismo a partir de ahora… espero equivocarme pero…

    Dante sonrió y apoyó su mano el hombro del cadete. —Comprendo. —dijo. —Gracias por la advertencia.

    Homs devolvió el gesto afectuoso en forma de sonrisa. —No daría dos créditos por tu vida, pero al menos me has dejado una flor de anécdota para compartir cada vez que salga a tomar algo. —dijo entre carcajadas.

    —No cualquiera puede presumir que le rompió el culo a Hughs en un ejercicio. —dijo Lin sonriendo.

    —Literalmente. —lo corrigió Tom.

    Los cuatro jóvenes rieron ante aquello y se despidieron de Dante con grandes muestras de afecto. En cuanto el joven volvió a estar solo suspiró profundamente y se dirigió a la ducha meditando sobre aquella advertencia.


    Dante era el único cadete que se había presentado para la carrera de oficial en aspectos de Estrategia, Recursos y Tácticas Avanzadas. La mayoría de los estudiantes que cursaban en el mismo edificio seguían las carreras más tradicionales, orientadas a recibirse como Oficiales en las diferentes ramas de las fuerzas de la NUNS.

    Así que Dante estaba solo, algo que en realidad no era del todo extraño en aquella Academia que, como muchas instituciones de las fuerzas armadas que quedaban en el planeta Tierra, estaban en proceso de desmantelamiento.

    Había por supuesto un motivo para ello: La NUNS deseaba mantener al planeta originario de la raza humana lo más protegido posible, para ello había comenzado lentamente a mover sus bases de operaciones cada vez más lejos del planeta azul.

    La amenaza de una masiva flota Zentradi (Las mas grandes detectadas rondaban en los treinta millones de naves, pero había sospechas que podrían existir aún más grandes) era algo muy real en la mente de aquellos militares y si bien la humanidad había logrado enormes avances en armamento y tácticas de batalla, la apabullante cantidad de flotas hostiles que rondaban los sectores centrales de la Vía Láctea era una amenaza extremadamente seria.


    Luego de la desaparición de la Megaroad, la primera gran nave de Emigración que se dirigió al centro de la Vía Láctea, todos los esfuerzos de expansión se centraron en, justamente, evitar el centro de la galaxia. La humanidad comenzó a recorrer los brazos exteriores y colonizar los planetas que la Protocultura había descubierto y, en algunos casos, intervenido con sus sondas de modificación genética. Por eso mismo el centro de poder neurálgico de la NUNS comenzó lentamente a moverse, dejando detrás a La Tierra como un Santuario protegido en busca de expandirse por el resto de la galaxia, pero siempre observando lo que sucedía en el centro mismo, donde todas aquellas fuerzas hostiles se concentraban alrededor de algún misterioso fenómeno inexplicable.


    Dante por supuesto sabía bastante de aquello, ya que buena parte de sus lecturas eran sobre la historia de las guerras espaciales, especialmente en cómo el poderío Zentradi se había extendido por toda la galaxia siguiendo el colapso del Imperio de la Protocultura.

    Había muchos puntos oscuros en aquella historia y cada pieza de información, cada nueva ruina de la Protocultura descubierta agregaba un misterio más a toda esa misteriosa raza de seres casi omnipotentes que durante miles de años dominaron la vida (y muerte) en la Galaxia.

    Muchos de los grandes pensadores actuales temían justamente aquello; que la humanidad estaba siguiendo demasiado cerca los pasos de la Protocultura y que, al hacerlo, corría el mismo riesgo de desatar su propia destrucción.

    Dante se hubiera reído de aquellas teorías apocalípticas, pero los eventos que se habían sucedido en el Cúmulo Globular Brísingr hacia unos pocos años habían despertado el temor en más de un escéptico de aquellas teorías.

    La Protocultura había utilizado música para manipular a los Zentradi, algo que hasta entonces se había creído que solo los humanos habían intentado hacerlo (Aunque de forma bastante ineficiente e impredecible).

    Pero lo más preocupante era el tamaño de su ambición; las ruinas encontradas eran una especie de sitio de pruebas, un modelo escala para la construcción de un sistema desde donde se podría influenciar a toda la galaxia, sin dejar un solo sitio fuera del control de aquellos semidioses.

    Esa clase de poder había aterrorizado a los altos mandos.


    Los detalles eran confusos y el secreto militar todavía pesaba sobre muchas cosas que habían sucedido en aquel lejano rincón de la galaxia. Pero algo era seguro: se había perdido una flota entera y la vida de varios millares de hombres para descubrir aquel misterioso proyecto de control a escala galáctica.

    La lluvia de la ducha se cortó automáticamente y Dante tuvo que accionarla nuevamente para quitar los restos de espuma que quedaban en su cabello. La ducha lo había relajado bastante como para enfrentarse sin estar temblando como una hoja a esa bendita junta examinadora… ¿Pero el mismo Bradley en persona? ¿Realmente había ido tan lejos?

    Alejó los pensamientos que lo habian llevado a lejanos mundos donde caballeros del viento y chicas-gato recorrian extraños paisajes y se concentró en el asunto más urgente.


    Salió del cubículo en medio de una nube de vapor y rápidamente se envolvió con una toalla mientras trataba de encontrar la vuelta al asunto. ¿Debería defender sus acciones? ¿O simplemente aceptar las consecuencias y bajar la cabeza? Había estado pensando en ello desde que terminara la simulación y comprendió que estaba bastante seguro de cuál era el verdadero escenario que los instructores habían creado para los cadetes. Aquello no le gustaba para nada.


    Al llegar frente a su taquilla vió que ya se habían llevado su traje de simulación. Dante se vistió lentamente pensando en el rostro desencajado de Hughs mientras apuntaba el arma a su cabeza. Ese tipo había querido matarlo de veras, no estaba haciendo un Roleplay.

    Cuando terminó de ponerse los zapatos vió que todavía faltaban más de treinta minutos para el Debriefing, no obstante prefería llegar con tiempo y atraer la menor cantidad posible de miradas.

    Cosa que sabía iba a ser completamente imposible.


    Salió del vestidor y caminó directamente hacia la salida del edificio destinado a los simuladores y salones de realidad aumentada. El Debriefing estaba programado para hacerse en el aula magna de la Academia; un enorme edificio circular que dominaba la cima de una pequeña colina rodeado de oficinas administrativas y la biblioteca y archivos generales de la NUNS. Una serie de largas escalinatas llevaban hasta la cima de aquella achatada elevación y ya una pequeña multitud caminaba a paso tranquilo por los anchos escalones de mármol. Varios rostros se dieron vuelta para mirarlo, pero la mayoría no lo conocían y era muy probable que era la primera vez que lo vieran en persona.

    Aquello cambiaría definitivamente una vez que entrara al aula magna.


    Las enormes puertas dobles estaban abiertas de par en par y estudiantes de todos los cursos entraban solos o en pequeños grupos para participar de aquella sesión extraordinaria. Dante se detuvo justo en la entrada y miró nervioso a la multitud ¿Que estaba pasando allí? ¿Por qué había tanta gente? Aquel Debriefing debía ser solo para los participantes de la simulación, pero allí había maestros y alumnos de otras carreras.

    Sintió deseos de salir corriendo de allí, de bajar saltando los escalones de mármol y desaparecer en el edificio de los dormitorios para esconderse debajo de la cama… o dentro del placard al menos.

    Suspirando entró con paso seguro al edificio.


    El aula magna era enorme. Las gradas que rodeaban el escenario tenían más de treinta niveles de asientos y enormes palcos colgaban casi como si levitaran bajo la enorme cúpula decorada con vitrales multicolores que dejaban pasar la luz del sol quebrandola en docenas de colores diferentes. La capacidad del recinto era de unas dos mil personas sentadas, pero esa capacidad podría ampliarse de ser necesario reemplazando las butacas por bancos continuos, cosa que podía hacerse automáticamente con solo presionar un botón. Dante se sintió aliviado al ver que no había tanta gente como esperaba, aun así calculaba que unas quinientas personas estaban sentándose de forma uniforme en las gradas superiores. Los sectores cercanos al nivel del escenario y podio habían quedado reservados para los estudiantes que habían terminado el simulacro.

    Tras respirar hondo caminó tranquilo hasta el pasillo que descendía hasta las gradas inferiores y eligió un lugar cerca a una pequeña pared divisoria. No podría desaparecer por completo pero al menos evitaría que una parte del público lo viera cuando llegara la hora de rendir cuenta ante la junta.

    Desde su lugar miró a sus compañeros de simulación que se habían congregado al otro lado, un poco a la derecha de la posición frente a la que estaba sentado. Reconoció a la Timonel del BattleClass que de forma tan osada había profanado. ¿Estaría molesta con el? Estaba seguro que con esas embestidas del Battle 36 más de una abolladura había sido causada en la parte trasera del enorme robot.

    Estaba a punto de llamar su atención cuando Hughs se sentó justo al lado de la chica. De inmediato desistió de todo intento de comunicación y en cambio se encogió lo más que pudo contra el muro que tenía a su lado.

    Cuando apareció Hughs algunos murmullos se habían producido en ciertas partes de la sala. Mala señal… eso significaba que los rumores habían comenzado a extenderse.


    Tras varios minutos de espera las puertas se cerraron al tocar exactamente las 1600 horas en el enorme reloj antiguo que colgaba sobre el escenario. Las campanadas resonaron en el recinto y los murmullos y conversaciones se acallaron de repente.

    Los primeros en ingresar al estrado fueron los técnicos encargados de monitorear el ejercicio. Una media docena de hombres de uniforme se sentaron en una serie de puestos dispuestos alrededor de un podio central y activaron sus terminales de datos. Mientras tanto una serie de pantallas holográficas comenzaron a flotar varios metros por encima de sus cabezas.

    El siguiente en entrar fué el Director del Centro de Simulaciones Avanzadas, quien ocupó el podio central mientras la interfaz gráfica comenzaba a crear los hologramas de control a su alrededor.

    Cuando los murmullos cesaron por completo y todas las cabezas se levantaron hacia el palco superior que dominaba toda el aula magna, Dante supo que Bradley había llegado.

    El problema es que no estaba solo.


    Había dos hombres en el palco. El cabello rojo de Bradley lo hacia resaltar de inmediato, en cambio su compañero era un hombre de lo más común que podría existir… tal vez lo único destacable era su avanzada edad. Unos pocos cabellos grises todavía colgaban a los lados de su cabeza y le daban un aire bastante solemne, pero fuera de eso parecía un simple jubilado que se hubiera equivocado de lugar..

    El desconocido vestía ropas de civil ¿Que rayos estaba haciendo ahí arriba junto al Coronel Bradley? Sin poder imaginarse la respuesta vió como los hombres tomaban asiento y se preparaban para observar el Debriefing en forma normal.


    Tras unos pocos minutos de silencio el Director miró a ambos lados del atril y esperó las señales de los técnicos. Una vez que estos dieron el asentimiento el hombre se aclaró la garganta y dió inicio al Debriefing de la misión.

    Dado que todo el procedimiento duró más de tres horas, daremos un pequeño resumen del mismo. Básicamente se citó a cada oficial del puente de ambas naves capitales y se le informó de su desempeño así como de (si lo hubiesen) errores u omisiones que podría haber cometido durante la misión. Finalmente se le asignaba un puntaje que pasaba a formar parte permanente del legajo de ese cadete y se llamaba al próximo oficial.

    En general, el desempeño de los hombres había sido muy bueno en las condiciones extremas de una misión extraordinaria de esa clase. Tras cinco días de simulación muchos de ellos estaban agotados, pero de alguna manera lo que había sucedido en los últimos veinte minutos de la misión había bastado para despabilar a los más cansados.


    La misión había comenzado como un simple patrullaje y cada Capitán había llevado su nave a un sector diferente mientras supervisaban los movimientos de una flota de emigración que atravesaba una zona llena de perturbaciones dimensionales. El primer día había sido completamente rutinario, pero entonces comenzó el verdadero escenario que los profesores habían preparado.

    Hubo un intento de golpe de estado en la flota colonial y un grupo numeroso de rebeldes logró hacerse con el control de la Battleclass que remolcaba la isla Colonial. Tras desactivar la energía y asegurar el control del armamento a reacción, resistieron el contraataque de las fuerzas leales hasta que tanto la flota de Hughs como la Homs respondieron al pedido de ayuda y se acercaron para restaurar el orden.

    Superados en fuerza y recursos, los rebeldes desacoplaron la enorme nave de la isla y escaparon mediante un FOLD de largo alcance hacia una zona en donde se sospechaba que podría haber presencia de una flota Zentradi de las denominadas “salvajes” (Aunque oficialmente no se usaba ese nombre por considerarlo racista)

    Durante los siguientes tres días ambas flotas jugaron un mortal juego del gato y el ratón, ya que si bien los rebeldes debían esconderse de sus perseguidores, Hughs y Homs debían hacerlo también de la flota Zentradi, que al parecer estaba en marcha y ya había detectado la presencia de los intrusos cuando irrumpieron en el espacio dimensional.


    La desquiciada carrera se adentró cada vez más en territorio colonizado por la humanidad y puso a los perseguidores en un dilema: de continuar la persecución se arriesgaban a guiar una flota Zentradi desconocida hacia un planeta habitado, lo que podría culminar en un desastre. Hughs decidió jugarse el todo por el todo y envió a Homs en un FOLD de intercepción tomando un atajo a través de una nebulosa que los rebeldes habían preferido rodear. Era una maniobra peligrosa, pero se estaban quedando sin tiempo.

    Homs logró navegar indemne por la peligrosa zona del espacio y emergió del otro lado en posición ventajosa para una interdicción en el espacio dimensional.

    Los misiles especiales disparados desde la propia burbuja WARP del Battle 36 impactaron en la burbuja rebelde desestabilizandola, forzando a la nave hostil a emerger al espacio convencional sufriendo graves daños en el proceso.

    Cuando Hughs y la Battle 35 llegaron al lugar las tropas de Homs ya habían abordado la nave y neutralizado a todos los rebeldes, desactivando en el proceso varios artefactos de reacción que habían sido activados para autodestruir la nave como medida desesperada.


    Ahora solo quedaban los Zentradi.

    Una flota Principal con más de una docena de portanaves de batalla y medio millar de cruceros y acorazados pesados estaban en camino para interceptar a los invasores, pero tardarian varios días en llegar a la zona y mientras tanto los oficiales de inteligencia informaron sobre un planeta con un asentamiento minero que estaba en la ruta de los Zentradi. Hughs decidió evacuar a la gente a pesar del poco tiempo disponible y tras una carrera desesperada logró llegar al planeta a tiempo para meter a todos los civiles dentro de los pocos transportes que quedaban en el planeta.

    Lo demás ya lo saben ustedes.


    Los últimos oficiales fueron pasando por la mesa examinadora y ya quedaban solo los Capitanes… y Dante. Esto incomodaba de manera alarmante al joven, quien pensaba que su turno sería reservado para lo ultimo, como si fuera la atracción principal del día.

    El siguiente turno fue el de Homs y recibió excelentes calificaciones por su labor, especialmente a la hora de tomar decisiones rápidas y trazar sus planes de batalla reaccionando a los cambios en el teatro de operaciones con total fluidez. No obstante sus puntos se vieron enormemente reducidos al final, cuando la pérdida de la flota y la muerte de todos los hombres fué restada del total de puntos.

    Incluso con aquella drástica reducción de puntaje debido al desastre del final, la mayoría de los cadetes habían obtenido entre diez y quince puntos, lo que equivalía a lo obtenido en una misión normal de esas que se realizaban en el dia.

    Cuando Hughs fue llamado a la mesa examinadora, los murmullos en la sala se acrecentaron, lo que obligó al Director a pedir silencio elevando la voz.

    Dante miró hacia el palco y vió a Bradley, quien miraba a los estudiantes y cada cierto tiempo se volteaba a hablar con el hombre desconocido. Al chico le pareció que su actitud era la de alguien que está bastante nervioso por estar en el lugar equivocado con la persona menos indicada.


    Hughs recibió también excelentes calificaciones por su desempeño y la correcta toma de decisiones. Todos los objetivos principales de la misión habían sido cumplidos en tiempo y forma y tanto el Comandante como los oficiales a su mando habían demostrado una extraordinaria pericia y profesionalidad a la hora de resolver las numerosas crisis a las que habían sido sometidos por el ejercicio.

    El Cadete Hughs obtuvo veinticinco puntos, cinco más que Homs y su legajo fue actualizado con todos los logros de la misión.

    Tras tomar un sorbo de su vaso de agua, el Director cerró la interfaz donde se mostraba el archivo del estudiante y se dirigió hacia la mesa examinadora. —Antes de entrevistar al último estudiante, creo que es el momento indicado para discutir los pormenores que desencadenaron en la pérdida total de la flota. —dijo moviendo una mano sobre el teclado.

    Tras un minuto de silencio el hombre se volvió hacia el estudiante. —¿Podría dar su versión de lo sucedido, Cadete Hughs?

    El estudiante hizo el saludo militar mientras mantenía la posición de firme en el sitio. —Señor. —dijo tras dar un rápido vistazo hacia el palco donde los ojos de Bradley estaban clavados en el. —Admito la responsabilidad absoluta por lo sucedido y la pérdida de la flota. —dijo con el rostro perfectamente inmóvil mientras se inclinaba en una reverencia de disculpas.


    Una ola de murmullos se sucedió por toda la estancia. El Director volvió a pedir silencio, esta vez golpeando el estrado con su propio puño.

    —Prosiga. —ordenó el Director al cabo de un minuto.

    —El plan de batalla y la estrategia que uno de mis oficiales propuso eran los correctos. —afirmó el joven incorporándose —A pesar de tener todas las probabilidades en nuestra contra, el plan fue la decisión correcta y no me arrepiento en nada de haberlo puesto en práctica.


    ¿Que rayos estaba pasando? Dante sintió un escalofrío correr por su espalda. ¿Que estaba tramando ese tipo?

    —Le recuerdo, Cadete Hughs, que el accionar… poco ortodoxo de uno de sus oficiales fue el causante de la muerte de todos sus hombres y la pérdida de dos naves insignia de la flota de la NUNS. —dijo el Director frunciendo el ceño.

    —Lo se Señor. —respondió el joven. —Pero como le aseguro, no había fallas en el plan propuesto y defiendo con mi honor la elección realizada.

    —¿Entonces? ¿Cómo puede explicar lo sucedido?

    El Cadete Hughs dió unos pasos hasta el centro de la tarima justo frente al estrado y extendió ambas manos hacia los lados en un gesto casi teatral. —Es muy simple Señor. —dijo. —Lamentablemente la mente de uno de mis hombres no pudo soportar la presión de la situación y en consecuencia ocurrió el dramático desenlace que ustedes han observado.

    Los murmullos se elevaron nuevamente de todos los rincones, esta vez más fuerte que las otras veces.

    —¡Silencio! —bramó el Director volviendo a golpear el estrado frente a el. —¡Es la última vez que lo digo! —Sin esperar que el disturbio se extinguiera se volvió nuevamente hacia el estudiante. —¿Colapso Mental? ¿Está insinuando que uno de sus oficiales sufrió un tipo de crisis nerviosa? —preguntó. Los técnicos se miraron entre ellos confundidos.

    Hughs asintió con un gesto de cabeza. —La presión a la que fueron sometidos mis hombres fue extrema. —se justificó. —Si bien la mayoría pudo soportarlo, me temo que no todos poseen la fortaleza mental para afrontar una crisis de este tipo… creo que esta misión ha sido un testamento de la fidelidad con la que estos ejercicios reproducen las verdaderas condiciones de combate. Todo ha sido extremadamente realista… más de lo que algunos de mis hombres han podido resistir.

    Dante se incorporó de golpe en su sitio y sus manos golpearon el escritorio frente a él atrayendo de inmediato todas las miradas del salón sobre el. Ese hijo de mil putas…. iba a usarlo de chivo expiatorio para salirse con la suya.

    —Siéntese. —ordenó el hombre del estrado señalandolo con el dedo. —Aún no ha llegado su turno. —dijo clavando los ojos en el cadete que apretaba los puños impotente frente a todas las miradas del aula, incluidas las del propio Bradley. Dante no dijo nada pero no se movió, desafiante.

    —Siéntese o llamaré a los guardias. —amenazó el Director. —No volveré a repetirlo.

    El joven se dejó caer derrotado en el asiento ante la mirada de victoria de Hughs, quien sonreía como si fuera su propio cumpleaños desde la tarima.


    El Director introdujo algunos comandos en los controles frente a su estrado y luego se giró hacia uno de los técnicos. —¿Es posible un... escenario como ese en esta clase de ejercicio? —preguntó.

    El hombre que estaba a cargo del grupo se puso de pie para contestar. —Si señor— respondió. —El desempeño de cada estudiante también incluye una evaluación de su tolerancia y fortaleza mental. Es posible incorporar esa variable a la hora de evaluar los resultados en este tipo de ejercicios, especialmente cuando hablamos de sesiones que sobrepasen las cuarenta y ocho horas de duración.

    —¿Esa evaluación debe hacerse en forma personal? ¿No puede hacerlo la computadora? —preguntó el hombre desde el estrado.

    —Afirmativo. —respondió el técnico. —El sistema solo puede evaluar los parámetros técnicos y operativos de cada participante, pero en lo que respecta a la psicología de cada persona, solo un profesional de la salud mental puede hacerlo de forma adecuada.

    —Comprendo. —respondió el Director haciendo un gesto con la mano para que el técnico volviera a su asiento.De inmediato se volvió hacia el Cadete que esperaba en el centro de la tarima —¿Aún así asume usted, Cadete Hughs, la responsabilidad por la pérdida de la flota?

    Hughs volvió a inclinarse. —Si Señor. Ha sido mi responsabilidad no haber detectado cuando uno de mis hombres estaba al límite de sus fuerzas. De haber podido reconocer los síntomas hubiese tomado medidas mucho antes.

    Dante miró el palco y vió como Bradley parecía… aliviado. ¿Realmente iban a tragarse aquello? El chico se mordió el labio tan fuerte que sintió la sangre en su boca.


    Tras deliberar unos cuantos minutos más con los miembros del equipo técnico, el Director volvió a su tarima y anunció los resultados. —Hemos llegado a la decisión que no se modificarán los puntos del Estudiante Hughs ya que no consideramos que haya existido una responsabilidad directa en los hechos posteriores.

    Los murmullos que se elevaron por toda el aula fueron perfectamente audibles, también las caras de los presentes mostraban signos de no haberse tragado aquella “explicación” razonable.

    El Director ignoró los murmullos y continuó hablando, su voz pronto se interpuso sobre los susurros. —Entrevistaremos ahora al último estudiante y luego la junta Examinadora evaluará los pasos siguientes….Cadete Dante Sebastian Joyner, pase al centro del estrado por favor, Cadete Hughs, puede retirarse a su asiento.

    Hughs hizo un saludo y se retiró hacia su lugar con una sonrisa de triunfo en los labios. Al cruzarse con Dante solo le susurró tres palabras al pasar.

    —No la cagues.

    El joven lo ignoró y se encaminó hacia la tarima. Al subir los escalones que llevaban al sector elevado sabía que no solo todos los estaban mirando, sinó que estaba siendo juzgado y condenado casi simultáneamente por aquellos hombres y mujeres. Se sentía enfermo, pero lo que más le hacía revolver el estómago era que Hughs creyera que le había hecho un favor… que con su excusa le había salvado la vida.


    Las pantallas que flotaban sobre su cabeza mostraron el contenido de su legajo y sus datos de campaña. Tras los saludos de rigor el debriefing de Dante transcurrió de forma rutinaria. El joven se había desempeñado de forma profesional y todas sus evaluaciones de datos que habían sido sometidas a su escrutinio durante la misión habían resultado acertadas. Incluso cuando el sistema deliberadamente introdujo errores en la información de inteligencia, Dante identificó correctamente las discrepancias y proveyó a sus superiores con datos fidedignos y análisis acertados.

    Hasta entonces su puntaje reflejaba exclusivamente un buen desempeño y ninguno de los técnicos cuestionó las decisiones que el joven había tomado a la hora de suministrar la información a sus superiores.

    Tras unos veinte minutos de exhaustivo análisis, el Director dió por terminada la evaluación de desempeño y se propuso a entrevistar al joven directamente. Dante sabía que aquello iba a ser más un interrogatorio que otra cosa, pero ya estaba preparado y había tomado una decisión.

    —Cadete Joyner. —dijo el hombre desde el estrado. —¿Como se encuentra usted?

    —Me encuentro bien, Señor. —respondió el joven estudiante.

    El Director asintió con un gesto de la cabeza. —Cómo ha escuchado previamente, el Cadete Hughs se ha hecho cargo de lo sucedido al final de la misión y nos ha dado una explicación coherente de lo sucedido. ¿Comprende?

    —Si Señor. —respondió Dante.

    —¿Coincide usted con ese análisis? ¿Los hechos y las acciones que usted realizó durante la parte final del ejercicio se ajustan a lo planteado por el Cadete Hughs?

    —No, Señor.—respondió el joven sin mover un músculo. —No coincido en absoluto con esa afirmación.


    En ese preciso momento en el palco que dominaba el aula, Bradley tragó saliva nervioso, en cambio su compañero se asomó un poco más al borde del balcón y miró con interés al solitario joven que estaba de pié frente al estrado a la vista de todos.

    —Por favor explíquese. —exigió el Director.

    —Mis facultades mentales y mis capacidades cognitivas no sufrieron ninguna clase de alteración durante el desarrollo del ejercicio, Señor. —aseguró el joven.

    Los técnicos se miraron entre ellos y el Director frunció el ceño. —¿Está absolutamente seguro de lo que dice, Cadete Joyner?

    —Si Señor.

    Tras una breve deliberación, el hombre de la tarima volvió a tomar la palabra. —Comprenderá que si su afirmación de haber actuado adrede contra las órdenes de su superior es verídica, nos veremos obligados a asumir que usted ha realizado una acción de insubordinación y sabotaje a la misión. ¿Entiende la gravedad de este asunto, Cadete Joyner?

    —Si Señor.

    —Esto podría anular por completo su puntaje y, de hecho, sería muy probable que toda su hoja de expediente se vea afectada por un resultado negativo… ¿Realmente desea continuar?

    —Así es, Señor.

    El hombre sostuvo la mirada con Dante pero comprendió que el joven hablaba en serio. Tras bajar la vista hacia la pantalla que en ese momento reproducía la… “maniobra” de las enormes naves BattleClass, suspiró resignado. —De acuerdo. Queda asentado en el registro que el Oficial de Planificación e Inteligencia Dante Sebastian Joyner, en total control de sus facultades mentales, cometió un acto de desobediencia y sabotaje en perjuicio de la flota y la misión que ella realizaba. ¿Tiene algo que decir sobre estas acusaciones, Cadete?

    —Si Señor. —respondió el joven. —Mis acciones tuvieron como único y principal objetivo el salvaguardar la vida de los civiles que en esos momentos estaban en peligro de morir en manos de la flota Zentradi.

    El silencio se había producido en toda el aula magna. Todos miraban las enormes pantallas donde se reproducian los momentos finales del combate. Afortunadamente solo se mostraban las señales de radar y la “escena” íntima de las dos naves gigantes solo estaba representada por los dos enormes iconos en el radar que indicaba que ambas naves estaban en la línea de fuego de las miles de naves enemigas.

    —La vida de esos civiles no era su responsabilidad. —afirmó el Director. —La decisión pesaba sobre los hombros de Hughs. —agregó.

    —Me alisté en esta academia para proteger a la gente dando lo mejor de mi. —respondió muy seguro de si mismo. —Aunque mi trabajo sea servir café o barrer los pasillos de una nave de carga, la vida de los civiles siempre será prioridad a la hora de cumplir con mi deber.

    —Su deber es seguir ÓRDENES. —exclamó Bradley desde el palco poniéndose de pie, el rostro rojo de ira mientras lo señalaba con el dedo. —Si es incapaz de entender algo tan simple, usted no tiene lo necesario para estar aquí. ¿Comprende?

    Dante se volvió hacia el hombre que lo miraba desde lo alto. —Comprendo Señor, pero también comprendo que era el único que podía hacer algo en esa situación y era algo muy por encima del deber o el honor de ser un soldado… era algo que tenía que hacer como SER HUMANO.

    Bradley abrió la boca para contestar pero de pronto se dió cuenta que estaba solo en el palco. Su acompañante se había levantado sin que el Coronel se diera cuenta y había salido por atrás, dejando al hombre gritando solo al joven que lo miraba desde abajo.

    —Pero… ¿Donde…? —comenzó a decir dándose la vuelta.


    Para entonces el caos se había desatado en el recinto. Varios estudiantes en las gradas superiores habían comenzado a abuchear a Bradley y los murmullos se habían convertido en palabras dichas en voz alta, pero muchas de esas palabras eran acusaciones directas con nombres y apellidos.

    El Director comenzó a golpear el podio con violencia para acallar el alboroto pero de pronto sintió que alguien por detrás lo agarraba por los hombros.

    —Déjame probar a mi. —dijo el hombre de avanzada edad señalando la multitud. —Creo que se como resolver esto.

    El Director abrió la boca para decir algo pero la cerró de golpe al ver quien era la persona que lo estaba invitando gentil pero firmemente a bajarse del podio.

    —General Sutherland…. ¿Que…?

    —Retirado. —lo corrigió el ex-militar. —Vaya a sentarse junto a la mesa examinadora, solo tomará un minuto o dos.

    El hombre asintió sin nada mas que decir y tras bajar de la tarima tomó asiento junto al Técnico que se había levantado para responder sus preguntas.

    El hombre se acomodó en el estrado y observó los controles con los diferentes gráficos y diapositivas que se habían usado en el Debriefing de los alumnos. Tras revolver entre los ficheros encontró lo que buscaba y lo proyectó en las tres pantallas gigantes que flotaban por encima del escenario.

    —Vamos a ver ese famoso “Plan” del que todo el mundo habla. —dijo mirando hacia arriba.


    La escena de los dos enormes robots copulando por sobre el anillo de asteroides apareció de forma tan repentina que los presenten quedaron en el mismo estado de shock que habían estado los Zentraedis en la simulación. La única diferencia es que las carcajadas y aplausos estallaron al cabo de unos pocos segundos de incredulidad.

    El rostro de Bradley estaba más rojo que su cabello, pero se sofrenó lo suficiente como para quedarse callado en su sitio. Los técnicos y el Director trataba de mantener la seriedad y el decoro acordes a su postura, pero al menos en el caso de los miembros más jóvenes, les estaba costando horrores no reirse como los demás.

    Robert Sutherland dejó que las risas se extinguieran solas, pero dejó la imagen de los enormes robot en “loop” mientras levantaba la mano pidiendo silencio.

    —Tratemos de resolver este conflicto lo más pronto posible. —dijo señalando al joven Dante aun parado en el medio del escenario. —Se está haciendo tarde y no podemos quedarnos aquí toda la noche.

    Una vez que el silencio fue restaurado, Sutherland se volvió hacia el joven estudiante. —Dante ¿Verdad?

    —Si Señor.

    —Vamos a aclarar algo rápidamente… ¿Que opinas de esta clase de simulación? ¿Cual es tu opinión sincera sobre cómo se ha desarrollado este ejercicio?

    —Que es muy similar a un videojuego. —respondió de inmediato el joven sin pensarlo.


    Hubo una andanada de murmullos como respuesta a esas palabras. El Director de la simulación se puso de pié de inmediato. —¿Qué rayos está diciendo? ¿Un Videojuego? ¿Se da cuenta de lo ofensiva que semejante afirmación es para todo el equipo que trabaja en estas simulaciones?

    Dante se encogió de hombros. —Lo siento. —dijo. —Pero es lo que pienso.

    Mientras tanto, Sutherland había estado poniendo en las pantallas diferentes secuencias de la misión. Podían verse ahora el asalto a la nave copada por rebeldes así como la evacuación de los civiles y la llegada de los Zentradi. —Yo estoy de acuerdo con lo que dice el Cadete Joyner. —afirmó el hombre mayor volviéndose hacia el equipo de simulación. —¿Se han puesto a ver toda esta… historia? ¡Parece un maldito guión de una película interactiva!

    —Toda misión simulada se basa en crear un escenario creíble, donde los estudiantes se encuentren completamente inmersos y puedan actuar con normalidad. —se justificó el Director.

    —Y ahí es donde se equivoca. —le contestó Sutherland apuntandolo con el dedo. —Los ejercicios no están hechos para engañar al estudiante y hacerle creer que “está ahí”, los ejercicios son para que practiquen lo que deben hacer en una situación REAL.

    —Pero eso es justamente…

    —Lo que usted está creando es un libreto, no una situación. —continuó diciendo el hombre desde el estrado. —Toda esa escenificación extra solo hace que los estudiantes piensen en la misión como un juego, no como una experiencia educativa que puedan aplicar al mundo real o… Dios nos libre, en un enfrentamiento verdadero.

    Los técnicos se miraron entre sí confundidos y los murmullos en la sala subieron en intensidad.

    —No veo como una experiencia realista pueda ser perjudicial en el entrenamiento de estos jóvenes. —dijo de pronto Bradley desde su palco elevado. —Es cierto que en el caso de esta misión lo sucedido pueda parecer… cinematográfico. —dijo como excusándose. —Pero…¿Acaso ese no es el objetivo de esta Academia? ¿No preparamos a nuestros hombres para afrontar toda clase de situaciones? Por muy pintoresca que parezca, estas cosas pueden pasar en la vida real y como dicen, la realidad puede superar a la ficción.

    —La diferencia. —dijo Sutherland apoyándose en el estrado. —La diferencia es que en la vida real uno no pierde un puñado de puntos si las cosas salen mal… lo que se pierden son vidas.

    Bradley arrugó el ceño. —¿A que se refiere?


    —Se refiere a que Hughs “Gamificó” la misión. —respondió Dante.

    Todos se voltearon hacia el joven y el rostro de Sutherland se iluminó. —Bien. —dijo señalando al joven. —Eso es exactamente lo que estaba pensando.

    —No comprendo. —dijo el Director de simulaciones.

    Dante dió un paso al frente y señaló las pantallas. —Lo que quiero decir es que se prioriza más el acumular puntos que en cumplir la misión… es decir que los Comandantes van por el “High Score” en vez de centrarse en realizar los objetivos de la forma más eficiente posible.

    Hughs se puso de pie de inmediato. —¡Lo que dice es una vulgar mentira! —exclamó golpeando el escritorio frente a su asiento. —¡Exijo que retire lo dicho!

    —¡Siéntese! —ordenó el Director lanzando una mirada fulminante al estudiante. El joven Cadete, todavía con el rostro rojo de furia, tomó asiento de forma automática.

    El viejo Ex-militar sonreía desde el podio. Levantó una mano para acallar a la multitud y el silencio volvió a hacerse en el recinto. —La carga de la prueba recae ahora en el Cadete Joyner. —dijo mirando al estudiante. —¿Puede venir aquí y demostrar su afirmación?

    —Si Señor. —respondió el joven encaminandose hacia el estrado. —Será un placer.


    Sutherland se bajó del podio y tomó asiento junto al Director de la Simulación mientras Dante ocupaba su lugar y comenzaba a buscar entre los archivos las imágenes que necesitaba. Al cabo de unos pocos minutos de tenso silencio el joven se aclaró la garganta antes de comenzar a hablar.

    —La clave en esta situación fueron los civiles. —comenzó diciendo el muchacho mientras proyectaba una fotografía del planeta en donde se encontraba la colonia minera que habían evacuado. —Dado que no formaban parte de la misión original, se convirtieron a los ojos de mi Comandante en una especie de oportunidad de generar puntos extra… podemos llamarlos un “Bonus” de la misión.

    Hubo murmullos y gestos de indignación en el público, pero Hughs se mantuvo sentado con la vista fija en el joven.

    —Usted mismo ha dicho antes que las vidas civiles siempre deben ser prioridad para el soldado. —señaló el Director. —¿Por qué afirma que la decisión de Hughs de rescatar a esa gente no se debió al mismo código de honor que usted citó?

    Dante hizo un zoom al planeta y señaló el puerto espacial usado por los cargueros espaciales. —Porque Hughs no tomó la decisión final hasta no estar seguro que obtendrá el máximo posible de puntos con los civiles. —afirmó.

    —¿Puedes probar eso? —preguntó Sutherland.

    El joven asintió con un gesto de la cabeza y desplegó la imagen de una veintena de cargueros civiles en una de las pantallas. —Lo primero que Hughs quería saber es si había naves de transporte capaces de llevar a la gente fuera del planeta. —dijo mostrando los logs de comunicaciones donde todas y cada una de las miles de órdenes que los Capitanes habían dado durante la misión estaban perfectamente catalogadas y resaltadas. —Una vez que estuvo seguro que podía evacuar al cien por ciento de la gente del planeta, entonces los civiles se convirtieron en un instrumento más de la flota.

    —¿Instrumento? —preguntó el Director.

    —Rescatar a los civiles reportaría una gran cantidad de puntos al final de la misión. —explicó Dante. —Pero Hughs sabía que obtendría aún más puntos si los utilizaba de forma inteligente… al crear artificialmente una nueva situación de crisis, aumentaba el puntaje base que se sumaría al culminar la simulación.

    —Continue. —ordenó el Director frunciendo aún más el ceño.

    Dante bebió un poco de agua y se dirigió nuevamente hacia los técnicos de la misión. —Hughs sabia desde el principio que ganaria puntos extra rescatara o no a los civiles, ya que el simple intento y la logística del rescate sumarían una buena cantidad, incluso si todos ellos murieran durante la huida… para ello era necesario que la flota pudiera escapar sana y salva, es por eso que necesitaba esas naves de transporte civil lentas y pesadas como lo son para que, al abandonarlas a su suerte, la acción resultara creíble. Eran la excusa perfecta para usarlas de carnada y garantizar el escape de todos nosotros.

    —¿Está insinuando que el escenario fue deliberadamente manipulado para beneficiar el puntaje final de la misión? —preguntó Bradley.

    Dante asintió. —Como dije, se trató de una “Gamificación” de la misión… el Comandante Hughs jugó con las reglas a su disposición y preparó el escenario que le garantizara la mayor cantidad de puntos posibles… no es que haya hecho nada ilegal o prohibido. —se corrigió de inmediato mirando hacia donde estaba Sutherland. —Pero no fué algo… ético.


    El rostro de Hughs estaba blanco como la leche. Tras una breve pausa el Director sacudió la cabeza y miró nuevamente a Dante. —No es suficiente. —dijo. —Toda la evidencia y análisis que ha presentado es demasiado circunstancial. Esas naves de transporte estaban ahí para ser usadas, fueron específicamente colocadas allí para esa función ¿Porque no habría de hacerlo?

    —Porque no hacían falta. —dijo Sutherland suspirando.

    El hombre lo miró confundido. —¿Como que no hacían falta…?

    —Hughs podría haber evacuado a los civiles en cualquiera de las dos Battleclass de la flota. —explicó Dante. —Hay lugar de sobra en ambas naves para transportar el doble de gente de la que metieron en esos veinte transportes… Hughs nunca tuvo intención de rescatarlos.


    Los gritos de indignación llenaron el tenso ambiente. El alboroto fue tan intenso que el Director llamó a la guardia para que con su presencia calmara un poco los ánimos. Cuando una docena de guardias de la policía militar se puso alrededor del recinto entonces los gritos se silenciaron y una tensa calma volvió al interior del aula magna.

    Tras varios minutos de deliberación, el Director se puso de pie y miró a Dante, quien permanecía aún tras el podio. —Es una acusación grave la que ha realizado. —dijo sacudiendo la cabeza. —Mi equipo y yo investigaremos el caso en detalle, pero aún queda resolver el asunto de su desobediencia y sabotaje.

    El joven asintió en silencio pero Sutherland se puso de pié junto al Director y llamó su atención palmeando su hombro. —¿Está seguro que lo que hizo el cadete Joyner puede ser considerado un sabotaje?

    —También puede llamarlo travesura infantil si lo desea. —respondió el hombre dándose la vuelta. —Dejando de lado el asunto del Cadete Hughs y su posible intento de manipulación del ejercicio, creo que debemos tratar este asunto disciplinario de una buena vez por todas.

    Tras un breve silencio Dante abandonó el podio y se dirigió al centro de la tarima mientras los hombres encargados de su caso discutían sobre como abordar el tema. Sutherland había permanecido de pie junto a la mesa y parecía estar pensando algo.

    El Director asintió en dirección a uno de los técnicos y se volvió hacia el estudiante. —Comenzaremos evaluando la… “maniobra” realizada. —dijo carraspeando. —Comprendo que su estrategia se basó en crear un Shock en las fuerzas enemigas… ¿Es esto correcto?

    —Si Señor.

    —¿Y comprendía también que ese tipo de estrategias han resultado en rotundos fracasos en docenas de intentos pasados? —inquirió el hombre poniendo la palma de la mano sobre la mesa. —El Shock Cultural es un efecto que solo se produce bajo una serie de condiciones muy específicas. ¿Lo sabia Usted?

    —He leído mucha bibliografía sobre el tema. —respondió el joven. —Los estudios sobre los efectos de la líbido en el acondicionamiento de la Protocultura han sido probados en forma sistemática en sujetos bajo estrictas condiciones de pruebas científicas.

    —Si se refiere a la teoría de los tres Lolicones, se a que se refiere. —respondió el hombre lanzando una mirada fría a las tribunas superiores desde donde llegó el sonido de unas risas apagadas. —Pero vuelvo a repetirle que se trató de casos extraordinarios, eventos fortuitos cuyas causas se desconocian por completo en el momento de ocurrir… ¿Y usted diagramó una ESTRATEGIA en base a algo tan poco confiable?

    —Solo pude hacer lo mejor que podía con los recursos que tenía a mano. —se justificó el joven estudiante.

    El Director hizo una gesto con la mano agitandola en el aire. —¿Así que simplemente “improvisó”? —preguntó enfatizando la palabra. —¿A eso quiere llegar?

    El joven le devolvió la mirada sin miedo. —Si. —reconoció. —Dadas las condiciones y el peligro inminente para esos civiles, si, admito que lo hice… por suerte todo funcionó como lo esperaba.

    —¿Funcionó? —preguntó el hombre haciendo una mueca. —¡Cuatro mil trescientos cincuenta y dos compañeros de armas suyos murieron a causa de su “improvisación” —exclamó señalando los gráficos que mostraban las pérdidas totales de la flota. —¿Eso es como se vé una estrategia exitosa para usted?

    Dante se encogió de hombros. —Se suponía que el Shock debería haber durado el tiempo necesario para que pudiéramos escapar. —dijo… tal vez tuvimos mala suerte.

    —Mala suerte. —repitió el Director llevándose la mano a la frente. —Si por supuesto… fue simplemente mala suerte.

    Sutherland había estado revisando una copia de los logs durante aquel interrogatorio y apenas había prestado atención a las palabras del joven, pero aquella última frase había llamado su atención. Levantó la vista y se encontró con los ojos cansados de Dante.

    —¿Por qué crees que duró tan poco el shock? — le preguntó el veterano General al joven estudiante.

    Dante volvió a encogerse de hombros. —No lo se. —respondió.

    El Ex-Militar esbozó una sonrisa. —Claro que no lo sabes… tu no estabas en la mente de esos Zentradi… pero ellos si. —dijo señalando a la mesa de técnicos. Los hombres se miraron nerviosos entre si.

    —Director. —dijo Sutherland rodeando la mesa mientras se acercaba a Dante. —Usted dice que el Shock no funcionó… pero sin embargo es indudable que hubo una reacción atípica de los Zentradis, una pausa de tan solo unos minutos que bastó para que los civiles escaparan de las garras de la muerte… ¿Verdad?

    El hombre asintió con la cabeza. —Es verdad. —respondió. —Pero al fin y al cabo fué una pequeña pausa, de inmediato reanudaron el ataque y liquidaron a toda la flota del Comandante Hughs.

    —¿Y eso por que? —preguntó.

    La pregunta descolocó al técnico. —¿Como que “por que…”? La IA que maneja las rutinas de comportamiento de los enemigos hizo lo que todo Zentradi hubiera hecho en esa situación… atacar.

    —Espere un segundo. —exclamó Sutherland volviéndose hacia la pantalla.—¿Está usted afirmando que su Inteligencia Artificial simuló al pié de la letra el comportamiento de esos alienígenas y que el ataque posterior responde a una especie de… lógica de comportamiento…?

    —Así es. —respondió orgulloso el hombre. —Nuestra IA es una de las más avanzadas del Consorcio Macross y permite simular a la perfección…

    Sutherland levantó la palma de la mano y el hombre guardó silencio de inmediato. —Alto. —dijo levantando el dedo índice para remarcar lo que estaba a punto de decir. —Eso… no tiene ningún maldito sentido.

    —¿No lo tiene? —preguntó confundido el Director.

    —¡Claro que no lo tiene! —exclamó Dante en medio de una carcajada.

    El rostro del Director mostraba una total confusión. Tras mirar al resto de los técnicos e incluso al Coronel Bradley, quien permanecía en silencio en el palco elevado, se volvió hacia Dante aun mas confundido que antes. —Explíquese.

    Dante señaló la pantalla. —¿En serio piensa que su programa de computadora pudo analizar y reaccionar de forma PROGRAMADA a nuestro pequeño espectáculo?

    El hombre abrió la boca pero no supo que responder.

    —Dos robots de más de un kilómetro de altura teniendo sexo anal sobre un anillo de asteroides… —comenzó a decir Dante pero fue interrumpido por Sutherland. —Sexo Gay. —lo corrigió el hombre. —Recuerda que estamos hablando de dos de nuestros más finos portanaves de batalla

    —Sexo Anal Gay. —se corrigió Dante haciendo un gesto con la cabeza. —¿Realmente me está diciendo que su IA pudo reaccionar a eso de forma programada…?


    El hombre había quedado sin palabras y su frente se había perlado de sudor. Sutherland se rascó la calva y se dirigió hacia los demás técnicos que miraban la escena igual de boquiabiertos. —¿Quien de ustedes es el encargado de esa famosa IA? —preguntó.

    Uno de los más jóvenes del equipo, un chico de no más de veinte años, cabellos parados y un pequeño e incipiente bigote peludo sobre los labios levantó la mano —Yo… yo señor.

    El veterano soldado se acercó al joven y señaló la pantalla de su terminal. —¿Puedes mostrarnos los registros de lo que esa IA estaba pensando al momento de ver la escena que creó el Oficial Joyner? —pregunto.

    —Si… es decir No, Señor. —respondió nervioso el joven.

    —¿No? No me gusta esa palabra. —dijo el hombre inclinándose sobre el aterrado técnico. —¿Y por qué “no”? —le preguntó muy cerca del oído.

    Robert Sutherland estaria retirado, pero aparentemente no dejaba que ese pequeño detalle se interpusiera a la hora de obtener lo que quería de las personas. El joven técnico temblaba como una hoja. —S-son… son datos confidenciales y… y… no podemos…

    —Hazlo. —dijo el Director mientras se pasaba un pañuelo de seda por la frente llena de sudor. —No hagas perder más tiempo al Señor Sutherland.

    El joven asintió y tecleó nervioso sobre la interfaz holográfica. Los datos “volaron” desde su terminal hasta las enormes pantallas que dominaban todo el espacio superior del enorme recinto.

    Una serie de ventanas con líneas de código aparecieron representadas en las pantallas como enormes columnas de verde esmeralda mientras el video que mostraba la escena desde una perspectiva más general se reproducía a un lado.

    El Director se cruzó de brazos y sacudió la cabeza. —No se que espera ver en el registro del sistema. —dijo resignado al ver los rostros de incertidumbre, tanto de Dante como del propio Sutherland. —Todo lo que la IA procesa lo hace en forma de código cerrado para… ¿Que sucede?


    De pronto las líneas de texto cambiaron de color y una palabra en rojo brillante comenzó a cubrir toda la pantalla, repitiendose a intervalos regulares hasta cubrir todo el espacio visible.


    ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR


    Sutherland se acercó a Dante y le dió un golpe amistoso en el hombro con el puño. —Tu Show Gay se cargó a la IA más avanzada del Consorcio Macross. —dijo con una sonrisa.

    Los técnicos y el resto del personal habían quedado paralizados al ver aquello, pero el hombre que estaba a cargo de la simulación reaccionó de inmediato, casi corriendo hacia donde el joven programador estaba emitiendo aquellos archivos. —¡Tu! —grito el Director señalandolo con el dedo. —¿Como no informaste antes de esto? ¿Que rayos estabas pensando?


    Mientras tanto los mensajes de error se habían detenido en la pantalla unos instantes luego que la flota de cargueros civiles hubiera realizado el salto FOLD, entonces una serie de comandos aparecieron inmediatamente después de los mensajes de error.


    ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERROR-ERR

    Ctrl-C

    /restart


    El rostro del joven técnico estaba blanco como la nieve, en cambio el Director no podía creer lo que estaba viendo. —¿Hicieron un “Break” y reiniciaron las rutinas de la IA en medio de la misión? —preguntó mirando uno a uno a todos los hombres sentados en la mesa. —¿Cómo es que nadie me lo dijo…?

    El silencio que se hizo entre los técnicos fue la única respuesta que el hombre necesitaba. Tras suspirar profundamente se incorporó y se volvió hacia el palco donde Bradley contemplaba la escena en silencio. —Coronel, me temo que tendremos que invalidar los resultados de este ejercicio en lo que respecta a las acciones del Cadete Joyner. —dijo haciendo una reverencia de disculpa. —El sistema ha sido claramente manipulado y no puedo garantizar un resultado imparcial por parte de la computadora.

    —¿Que significa eso? —quiso saber Bradley.

    —Significa que las acciones de Dante rompieron la simulación… esos Zentradi no debieron haberse movido y menos que menos atacado como lo hicieron. Por consiguiente la flota de Hughs debió haber escapado sin problemas. —explicó Sutherland con una sonrisa.


    El Coronel Bradley apretó los puños debido a la frustración que sentía. —¿Que aconseja hacer, Director? —preguntó al cabo de unos segundos.

    —Propongo eliminar las penalizaciones por la pérdida de la flota y las vidas humanas. —respondió el Director visiblemente humillado. —De no haber existido esa manipulación por parte de mi equipo, el resultado de la misión hubiera sido completamente diferente.

    Varios gritos de júbilo y algunos aplausos aislados se escucharon en la sala.

    —Pero hay un problema. —dijo Sutherland rascándose la cabeza.

    El silencio volvió a hacerse en toda la estancia y el Director lo miró confundido. —¿Un problema?

    —Dante está muerto. —respondió el ex-militar sacudiendo la cabeza. —Hughs le voló los sesos de un disparo… ¿Lo recuerdan?

    El recién nombrado había pasado de un color blanco a un tono casi verde. Sus manos comenzaron a temblar y tuvo que esconderlas debajo de la mesa.

    —Una ejecución sumaria. —dijo Bradley acariciándose la barbilla. —Una acción verdaderamente desgraciada.

    El Director se aclaró la garganta y continuó hablando. —Las acciones del Comandante Hughs no forman parte de la anomalía causada por la manipulación del sistema. —explicó el hombre. —Por lo que la muerte del Oficial Joyner es, en lo que a mi respecta, real y los puntos deben ser descontados.

    —Ni siquiera yo puedo revivir a los muertos. —se disculpó Sutherland mientras se encogía de hombros. —Pero creo que en lo que respecta a los puntos… ¿Cada acción que la flota realiza tiene un número de puntos asignado previamente que luego se reparten entre los tripulantes, verdad?

    —Así es. —respondió el Director.

    —¿Y cuántos puntos corresponden al salvataje de los rehenes? —preguntó.

    —Trescientos. —contestó el hombre. —¿Por qué lo pregunta?

    Sutherland sonrió satisfecho. —Creo que esos puntos le corresponden por derecho a nuestro oficial de Estrategia. —dijo el ex militar mientras se cruzaba de brazos. —Ya que el fué el único responsable de planificar y ejecutar dicha maniobra, es justo que sea recompensado con la totalidad de ellos.

    Dante no podía creer lo que estaba oyendo. Trescientos puntos eran casi dos años completos de ejercicios y simulacros. De pronto todo el aula magna estalló en aplausos y gritos de júbilo que venían de todos los palcos. El sonido era casi embriagador y la cabeza del joven empezó a dar vueltas.

    Lo último que vió antes de caer inconsciente fue el rostro sonriente de Sutherland
     
  5.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    29 Marzo 2018
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    Escritor
    Título:
    Folded Dreams
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Aventura
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    9
     
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    4



    No reconoció el techo inmediatamente por lo que tardó un par de minutos en comprender en dónde estaba. Lo primero que cruzó por su mente era el de haber despertado en otro dia de la misión simulada, después de todo la sensación de estar en un sitio extraño era muy similar.

    Tuvo la inmediata sensación de estar en peligro por lo que se incorporó de golpe en la cama y un Pad que estaba entre las mantas resbaló y cayó al suelo atrayendo la atención de una enfermera, quien tras correr las cortinas que rodeaban la cama y daban cierta privacidad al paciente, lo miró con curiosidad. —¿Ya estas despierto? ¿Cómo te sientes?

    El joven miró el aparato en el suelo y luego se giró hacia la enfermera. La sensación de alerta había pasado —Bien… creo.—dijo rascándose la cabeza. —¿Donde…?

    —Estás en la Enfermería del Campus. —contestó la mujer agachándose para levantar el Pad. —Haz dormido unas diez horas de corrido, por si te interesa saberlo. —agregó depositando el aparato sobre la pequeña mesa a un lado de la cabecera de la cama.

    —¿Diez… horas?

    La enfermera le sonrió. —Me dijeron que apenas te despertaras fueras al Casino de Oficiales… un tal Sutherland quiere hablar contigo sobre algo urgente.

    El nombre del antiguo General hizo que todo lo que había ocurrido el día anterior volviera de golpe a su memoria. Dante se llevó la mano a la frente y asintió con la cabeza. —De acuerdo. —dijo volviéndose hacia la joven. —Gracias por el aviso.

    La joven le sonrió. —Tus ropas están en aquel perchero. —dijo señalando el mueble justo enfrente. —Te dejaré cambiarte a solas pero avisame si tienes alguna dificultad en levantarte o te mareas.

    —Gracias. —contestó el joven mientras la mujer corría las cortinas y salía por el mismo sitio por el que había entrado.

    Dante permaneció en la cama hasta que escuchó alejarse los pasos y el sonido de una puerta al cerrarse, entonces suspiró aliviado.

    Se incorporó lentamente y tras sentarse en la cama tomó su Pad y activó la cámara delantera para verse el rostro. El espejo improvisado le devolvió una imagen de si mismo algo desgarbada y un poco más pálida de lo que recordaba, pero al menos no se veía tan mal. Apagó el aparato y se bajó de la cama, había unas pantuflas convenientemente puestas en el lugar donde sus pies tocaron el piso así que se las puso y se dirigió hacia donde estaban sus ropas.

    Se vistió sin prisas, rememorando todo lo ocurrido el día anterior. ¿Así que se había desmayado debido al agotamiento? Le costaba creerlo, pero no cabía otra explicación posible… al menos se había podido defender de forma satisfactoria de aquellas acusaciones en su contra. Todavía recordaba la sonrisa torcida de ese hijo de puta de Hughs, ojalá la Junta Investigadora le haga algo más que solo quitarle algunos puntos.


    Tras ponerse los zapatos descorrió las cortinas y salió de su pequeña “habitación”. La enfermería estaba vacía y no se veía rastro de la enfermera. El joven caminó hasta la puerta y tras abrirla miró dentro, a lo que parecía ser un consultorio privado.

    —¿Listo para salir? —preguntó la joven asomando la cabeza tras la pantalla de una computadora. —Genial… voy a necesitar que pongas tu dedo aqui. —dijo la mujer incorporándose mientras sacaba un Pad de uno de los bolsillos de su uniforme.

    Dante se acercó a la joven y colocó su dedo en la pantalla donde un pequeño rectángulo holográfico indicaba su consentimiento para dejar la enfermería. De inmediato la forma quedó registrada y la pantalla se apagó.

    —Si vuelves a sentirte mareado, ven a vernos. —explicó guardando el aparato nuevamente en su bolsillo. —Será mejor que aproveches el día y descanses un poco en tu cuarto. Hoy tienes franco, ¿Verdad?

    —Si. —respondió el joven poniéndose las manos en los bolsillos. —Luego de un ejercicio de larga duración siempre tenemos un día libre para recuperarnos.

    Tras saludarse con un apretón de manos el joven abandonó la oficina y tras cruzar las hileras de camas en la enfermería salió por fin al exterior.

    El reloj del campanario del edificio principal de la academia marcaba unos pocos minutos pasados de las once de la mañana. La mayoría de los alumnos estaban en medio de sus clases y no se veía a nadie caminar por los senderos arbolados que unían cada uno de los edificios del Campus. Dante respiró el aire perfumado y dirigió sus pasos hacia donde se encontraban los edificios de las autoridades militares, un complejo de construcciones que imitaba un poco a aquella famosa Academia West Point de mediados del siglo Veinte.


    El Casino de Oficiales era una pequeña edificación que se levantaba a un lado del complejo principal y estaba destinado al personal jerarquico que cumplia funciones permanentemente en la Academia. Hacia allí se dirigió Dante sintiendo el sol en el rostro. Todo rastro del cansancio se había esfumado de su cuerpo y se sentía de bastante buen humor, aunque algo le decía que lo que tuviera que decirle ese viejo General no serían justamente buenas noticias. Sin perder un minuto más de tiempo comenzó a subir las escalinatas con resolución.

    Un solitario “marine” guardaba el acceso al edificio. Dante se acercó al soldado e hizo un saludo militar. —Buenos días.

    El guardia devolvió el saludo. —Buenos días. El casino de Oficiales se encuentra fuera de límite para los estudiantes. —agregó en forma mecánica.

    —Lo se. —contestó el joven encogiéndose de hombros. —Vengo a ver al General Sutherland; solicitó que viniese a verlo a este lugar.

    —Por favor anunciese en el escritorio de entrada. —respondió el hombre dando por terminada la charla.

    —Gracias.


    Tras atravesar las puertas de cristal se encontró con un pequeño recibidor, en donde una joven secretaria tomó su nombre y le pidió que esperara sentado en uno de los sillones. Al cabo de unos minutos la joven le indicó que podía pasar.

    El salón principal estaba practicamente vacio. Solo se veía al barman limpiando unas tazas detrás de la barra del bar y a un conserje que caminaba entre las mesas del comedor pasando la escoba aquí y allá. Al fondo de todo había un gran ventanal desde donde podía verse un parque interno con algunas palmeras y arbustos en flor. Un hombre estaba sentado en una mesa junto a la ventana y le hizo una seña para que se acercara en cuando lo vió entrar.


    Sutherland parecia mucho mas viejo que la jornada anterior. Tal vez le pareciera así por la forma en la que se encontraba sentado en aquel sillón mientras un vaso de whisky a medio beber reflejaba la luz que entraba por el ventanal. El caso es que realmente parecía un viejo jubilado y no una persona de su fama.

    —Joyner. —dijo indicando el sillón frente a él para que se sentara. —Me alegro verlo bien esta mañana… anoche nos dejó a todos bastante preocupados.

    Dante tomó asiento frente al hombre y se quitó la gorra de cadete. —Gracias por preocuparse por mi salud, Señor. —dijo inclinando levemente la cabeza.

    —Nada de Señor. —respondió el hombre. —¿Recuerdas? Retirado, jubilado y todo eso… ¿Quieres beber algo? —preguntó haciendo una seña. El barman llegó momentos más tarde y miró con curiosidad al estudiante que no debería de estar allí.

    —Pide lo que quieras. —dijo Sutherland

    Dante miró el Whisky y sacudió la cabeza. —Agua . —se decidió mirando al barman. —Solo agua.

    El hombre inclinó la cabeza y se alejó mientras los dos comensales se relajaban en la mesa.

    —¿Cómo te sientes? —fué lo primero que preguntó una vez que volvieron a estar solos.

    Dante se inclinó de hombros. —Bien supongo… creo que no me di cuenta realmente de lo agotado que estaba anoche.

    El hombre asintió con la cabeza. —La sesión se extendió demasiado, demasiado incluso para el gusto de Bradley y los demás profesores… pero como te habrás dado cuenta, tú te habías convertido en la atracción principal de la noche.

    El joven se puso serio. —Me habían advertido que lo de ayer podía traer consecuencias.

    Sutherland en cambio bajó un poco la voz. —No te imaginas hasta qué punto. —dijo mirando hacia la entrada del comedor. —Los planes de Bradley & Cia. eran los de expulsarte allí mismo delante de todos los alumnos para hacer de tu caso un ejemplo… que estuviera yo allí para impedirlo fué solo una casualidad.

    Aquella revelación sorprendió al joven. —¿Expulsarme?

    —Expulsión y muy probablemente te hubiesen acusado de felonía y otras cosas peores… creo que la intención de varios de la Junta Examinadora era que pasaras la noche en un calabozo… bueno, más de una noche. —agregó bebiendo un trago de su bebida.


    Dante bajó la cabeza sin saber que decir, de pronto había tomado consciencia de lo que había estado a punto de ocurrir en su vida. —Gra-gracias. —dijo mirando a los ojos a su salvador. —Sí no hubiera sido por usted...

    Sutherland hizo un gesto con la mano restándole importancia al asunto. —Haría lo que sea por agriarle el día a Bradley. —dijo con una mueca. —Pero creo que anoche quemé mis últimos cartuchos.

    En ese momento el barman volvió trayendo una copa y una botella de agua para Dante y una botella de whisky para rellenar el vaso del viejo veterano. Sutherland hizo un gesto y el hombre sirvió una generosa cantidad en el vaso.


    —¿A que se refiere con… últimos cartuchos? —preguntó temeroso el joven mientras el barman volvia a retirarse.

    Sutherland levantó el vaso y lo agitó para que los pequeños hielos recién agregados al Whisky mezclaran bien la bebida. —Estoy viejo. —dijo mirando los reflejos dorados del vaso. —Viejo y cansado… me he pasado los últimos veinte años de mi carrera militar cruzando la galaxia de aquí para allá tratando de resolver los problemas de esta maldita organización militar que todos llaman NUNS. —dijo con un dejo de rencor en la voz. Dante tragó saliva al escuchar aquello.

    —Todos aquellos buenos oficiales, gente de bien que mantenía en lo más alto los valores del ejército. Uno a uno han muerto o se han retirado del servicio activo. Nunca he estado más solo que ahora, rodeado de inútiles y cobardes, gente de pocos escrúpulos y lamebotas profesionales.

    Tras unos minutos de silencio, el hombre bebió otro trago y dejó el vaso sobre la mesa. —La milicia… la milicia ya no es lo que era. —dijo suspirando. —Los capaces, los verdaderos líderes con capacidad de mando… los buenos hombres bah… ya no hay de esos en toda la puta galaxia… —dijo levantando los ojos hacia el estudiante. —La NUNS se está convirtiendo en un rejunte de inútiles y descerebrados frente a mis propios ojos… y yo ya no puedo luchar contra ellos, son demasiados. ¿Entiendes? Demasiados.

    El joven asintió en silencio.

    —Hubo un tiempo en el que creí poder cambiar algo, en que podía purgar a toda a milicia de esa lacra ociosa, de esos militares de escritorio que solo saben vestir su uniforme para los bailes de gala… al final todo mi esfuerzo ha sido en vano.

    Dante bebió un trago de agua y apoyó el vaso en la mesa. —Eso no es cierto, si me permite decirlo, señor. —respondió el joven. —Su carrera ha sido un ejemplo para mi y miles de estudiante a lo largo de la galaxia. Conocemos sus logros y proezas y su vida entera nos ha inspirado a seguir nuestra propia carrera en la milicia. Nosotros…

    —Propaganda. —dijo el hombre mayor mirando directamente los ojos de Dante. —Todo lo que dices suena a propaganda… ¿De qué sirven hoy en dia los heroes si no es para reclutar más tropas?

    El joven estudiante apretó el vaso con fuerza y el líquido en su interior se agitó. —No. —dijo devolviendo la mirada. —Eso no es verdad; usted es mucho más que un recurso de reclutamiento…muchos jóvenes como yo ingresan al ejército siguiendo su ejemplo. No pueden ser todos tan malos… ¿Verdad?


    Sutherland soltó una pequeña risita y se reclinó hacia atrás en el sillón. —El Gobierno Unificado me envió a este lugar para que pasara mis últimos años en donde no pudiera traerles más problemas. —dijo mirando las flores tras las ventanas. —Me enviaron a una Academia moribunda, con cada vez menos estudiantes para que mi “experiencia” sea útil de alguna forma… ¡Y ni siquiera soy profesor o tengo matricula para enseñar! —exclamó divertido.

    Aquello sorprendió al joven. —¿Lo enviaron aquí? No comprendo. —preguntó confundido.

    El viejo militar golpeó la madera de la mesa con el dedo. —Era aquí o cerca de los Cuarteles Generales… y creeme que muchos de la Plana mayor quieren tenerme lo más alejado posible de sus oficinas… si, este fué el lugar más adecuado para tenerme “guardado” hasta que los años terminen de hacer su trabajo.

    Tras guardar unos segundos de silencio el hombre volvió a inclinarse hacia el estudiante. —Pero no me refería solamente a mi edad cuando hablé de esos últimos cartuchos. —explicó el hombre. —Soy uno de los pocos sobrevivientes de los primeros hombres que se lanzaron al espacio a luchar contra lo desconocido… la academia en donde muchos oficiales como yo se formaron fué la misma SDF-1 Macross, nuestra ceremonia de graduación no fué bajo una lluvia de birretes lanzados al aire, sinó el bombardeo de los cañones de energía de la armada Zentradi. Conmigo se extinguen los últimos soldados del siglo veinte, la generación que nació en un pequeño planeta, el único conocido por sus habitantes y creció viendo como la humanidad se expandia por toda la galaxia… y quedamos pocos ya, alcanza para contarnos los dedos de una mano. —dijo señalando su propia mano para recalcar el punto.


    Las imágenes de aquella guerra vista como un documental de video por Dante eran, en realidad recuerdos vividos en la mente de Sutherland. Aunque más de medio siglo separaban a aquellos dos hombres, de pronto ambos se sentían conectados por una cosa en común.

    —Eso que yo leí en los libros… —comenzó a decir el joven. —Las tácticas de combate de los Zentradi y las formaciones de batalla para contrarrestar sus movimientos...

    —Nosotros lo vivimos desde las pantallas de los radares. —respondió el hombre mirando los hielos que flotaban en el Whisky. —Cada vez que un puntito azul desaparecía en las pantallas, era saber de inmediato que uno de nuestros pilotos había sucumbido al fuego enemigo. —dijo con la voz casi quebrada.

    Dante asintió en silencio. —Los oficiales no deberían olvidar nunca que son hombres y mujeres como uno los que ejecutan las órdenes y planes que uno diseña en papel. Mientras más lejos uno se encuentre del frente...

    —Más irreal y borroso se vuelve el campo de batalla. —respondió Sutherland. —Eso no se puede aprender en un lugar como este, por más simulaciones hiper-realistas que hagan.


    Tras guardar unos momentos de silencio, Dante hizo la pregunta que sentía era necesario hacer. —¿Por qué a mi, señor? —preguntó.

    —Porque a pesar de ser una simulación, a pesar de ser, como lo has llamado; “Solo un videojuego”, a pesar de todo hiciste lo correcto. Pusiste tus valores por encima del deber y, al hacerlo, te diste a conocer como un buen soldado.

    —¿Que va a pasar ahora? —preguntó.

    Sutherland vació de golpe el vaso de whisky y lo apoyó en la mesa. —Esa es… una excelente pregunta, Cadete Joyner. —suspiró el hombre, tras lo cual se volvió a mirar las palmeras apenas movidas por el viento. —Como te dije… quemé mis últimos cartuchos y ya no tengo amigos en la milicia. Lo que sucedió ayer es probable que ya esté redactado en un informe que será leído por alguno de los burócratas del Alto mando, como sea; me ganaré seguramente la reprimenda de algún mandamás y se me prohibirá volver a ir a las clases o seminarios…

    Dante se movió inquieto en el sillón. —¿Pueden hacer eso? —preguntó nervioso. —¿A usted?

    —Oh si, claro que pueden. —Le aseguró. —Bradley es solo un Coronel, pero alguien con un poco más de peso en el escalafón militar bien podría mantener a un viejo como yo apartado de las actividades de la Academia… sea como sea, no puedo protegerte más aquí, Joyner. —confesó el hombre. —Debes irte de la milicia si quieres tener un futuro.

    Aquello fue devastador para el joven. —Pero… ¿A donde ir? —dijo con un hilo de voz. —Yo esperaba ser parte de las fuerzas armadas… no aquí claro, pero en alguna flota…

    El hombre de cabellos grises sacudió la cabeza. —No te imaginas los enemigos que te has ganado anoche. —dijo bajando la voz. —Los Hughs… bueno, son un apellido que tiene mucho peso en la milicia, son de esa clase de familia que siempre tiene uno o dos oficiales en la fuerza y ostentan su cargo solo por el estatus de poseerlo. —explicó.

    —Los militares son servidores públicos. —dijo Dante. —Nuestra función es defender al pueblo, nuestro trabajo no es un título nobiliario.

    —Dile eso a un Hughs. —gruñó Sutherland apretando el puño. —Dante… lo único que puedo hacer ahora es darte un consejo, asi que escuchame atentamente. Corres peligro aquí.

    El Cadete escuchó aquello sin inmutarse. Luego bajó la vista hacia su vaso de agua y contempló el reflejo de su propio rostro en la superficie del líquido. —No quiero huir. —dijo levantando la mirada. —No me iré con el rabo entre las piernas solo porque el hijo de una familia de carcamanes de la milicia tenga un berrinche conmigo.

    Fue el turno de Sutherland de suspirar. —Haz lo que quieras, Joyner. —dijo el hombre haciendo un gesto con la mano. —Como te dije antes, ya no tengo más influencia en este lugar, solo consejos y la experiencia de un viejo para dispensarla. —dijo con algo de tristeza en la voz.

    Mientras tanto Dante había sacado su Pad y tras consultar sus credenciales estudiantiles confirmó lo que sospechaba. —Es cierto. —dijo girando la pantalla en dirección al viejo militar. —Me han acreditado la totalidad de los puntos y oficialmente mis prácticas están terminadas… puedo graduarme inmediatamente, no hay razón por la que deba permanecer aquí y correr peligro como usted dice.

    Sutherland empujó el Pad nuevamente hacia el joven. —No importa a donde vayas, las cosas no se olvidan tan fácilmente en la milicia. —aseguró bajando un poco la voz. —He conocido a personas que esperaron veinte o treinta años para vengar una afronta de su juventud, solo por esperar el momento adecuado para causar el mayor daño posible a la carrera profesional de su enemigo… tienes que comprender que el Ejército se ha llenado de gente de la calaña de los Hughs, gente sin honor ni escrúpulos, quienes solo piensan en ellos y no en quienes han de proteger.

    El hombre se volvió hacia el ventanal y vió un pequeño pájaro posarse sobre una cerca de piedra que rodeaba uno de los canteros con flores. —Yo estuve en las Guerras Delta. —dijo con un extraño tono de voz.

    —Lo se. —respondió Dante. —Su rol fue fundamental para destrabar el conflicto y evitar que el derramamiento de sangre se extendiera por todas las Colonias.

    El viejo Almirante volvió la mirada hacia el joven Cadete. —Fué un Hughs el primero en abrir fuego contra los civiles. —dijo con la voz cortada por la rabia. —Esos tipos no tienen honor, ni respeto por la mismísima vida humana.

    Dante se quedó mudo ante aquella revelación. —Los libros… —comenzó a decir.

    —Los libros no dicen nada sobre lo que verdaderamente ocurrió en las Colonias que se rebelaron… pero yo sí estaba allí y ví con mis propios ojos como un Hughs dió la orden de abrir fuego contra las naves de refugiados, miles de mujeres, ancianos y niños… todos muertos en segundos frente a mis ojos.

    —Entonces… más razón aún para quedarme en la milicia. —reconoció el joven levantando la mirada hacia su compañero. —No podemos dejar que gente como esa se salga siempre con la suya.

    —No. —dijo Sutherland secamente. —No podemos, ni tu ni yo podemos hacer nada por el momento.

    —¿Por el momento? —preguntó el joven viendo el extraño brillo en los ojos del veterano oficial.

    Sutherland cruzó sus manos debajo de la barbilla. —Algo está cambiando en la milicia. Se avecinan tiempos difíciles, tiempos duros. —dijo mirando una pareja de soldados mientras hacían rondas por el jardín interno.

    Dante tragó saliva.

    —La NUNS se ha expandido demasiado… como si de un tumor maligno se tratase y algunos están hablando (en voz baja por supuesto) de que la humanidad está por cometer los mismos errores que condujeron a la desaparición de la República Estelar. —sentenció el hombre.

    —La Protocultura. —exclamó Dante con los ojos abiertos de par en par.

    —Yo no estoy totalmente convencido en que algo así pueda suceder en estos tiempos. —dijo Sutherland. —Pero algo se ha puesto en marcha, algo que definitivamente se tornará en un punto de inflexión para el futuro de la raza humana.


    Los dos amigos se contemplaron en silencio un buen rato, luego el Pad de Dante emitió un aviso de mensaje y rompió aquel momento de contemplación.

    —Las cosas se han puesto en movimiento ya. —dijo el hombre cruzándose de brazos. —Al menos en lo que a tu futuro inmediato respecta.

    El joven hizo un gesto con el dedo y desplegó la pantalla de su aparato. —Es del Centro de Estudios… dicen que mi diploma está listo y que puedo pasar a retirarlo por la Secretaría Académica. —exclamó con un hilo de voz.

    Sutherland asintió con la cabeza. —Así que han decidido deshacerte de tí de la forma más rápida posible. —dijo pensativo.

    Dante apagó el Pad y lo guardó en su bolsillo. —Eso significa que puedo entrar en servicio activo de forma inmediata.

    El hombre se inclinó hacia adelante y le lanzó una mirada profunda. —Dante…. no lo hagas.

    —¿Eh?

    Sutherland bajó aún más la voz. —No sé hasta que punto te has ganado enemigos entre los amigos de Hughs, pero esto. —dijo señalando el Pad que asomaba del bolsillo de joven. —Me da muy mala espina… han aprobado tus puntos extra con demasiada celeridad, algo que esos burócratas de escritorio no haría nunca normalmente.

    El joven miró hacia el edificio principal de la Academia que se veía tras los árboles. —Sea lo que sea, solo me queda seguirles el juego y cumplir con mi deber.

    —Podrías abandonar la milicia. —dijo Sutherland inclinándose. —No es necesario que pidas un puesto al graduarte, podrías trabajar en el mercado civil un tiempo hasta que tu nombre se “enfríe” un poco.

    Dante sacudió la cabeza. —No hay oferta laboral en el mercado Civil para el tipo de especialidad en la que me he recibido. —aseguró. —Y si está insinuando que venda mis habilidades a un grupo de Mercenarios…

    Sutherland hizo un gesto con la mano. —Hoy en día numerosas compañías tienen equipos de seguridad propios y no todos son Mercenarios o Soldados de Fortuna. Yo mismo conozco varias PMC’s de investidura y comportamiento intachable que serían la envidia de cualquiera de estos zoquetes del Cuartel General.

    Dante sacudió la cabeza. —Aún así… yo deseo ser parte del Ejército, no puedo abandonar mis sueños sin al menos intentarlo primero.

    El hombre mayor suspiró y finalmente se dió por vencido. —Ojalá me equivoque. —dijo resignado. —Tienes un enorme potencial en la fuerza, lamentablemente los tiempos no han sido los mejores me temo.

    El joven estudiante (O mejor dicho, el recientemente graduado) se puso de pié y miró largamente a quien prácticamente había salvado su vida el dia anterior. —Señor. —dijo.

    —¿Si Joyner?

    —El Cadete Homs… él y sus compañeros cercanos, son hombres muy capaces y creo que serán excelentes oficiales. —dijo pensativo. Sutherland asintió en silencio.

    —Estoy seguro que ellos aceptaran y darán mucha utilidad a sus consejos. —agregó con una sonrisa. —Tenga un ojo puesto en ellos.

    —Lo intentaré. —prometió el hombre. —Yo tambien he visto potencial en ellos. —tras unos segundos de silencio, ambos camaradas de armas se miraron. —¿Es el adiós entonces? —preguntó el Ex-Almirante. Dante extendió la mano. —Nuevamente gracias por todo, señor. —dijo estrechando fuertemente aquella arrugada mano. —No olvidaré nunca lo que hizo por mi.

    —Cuídese Joyner. —dijo Sutherland con la voz emocionada. —Mantenga un perfil bajo y no llame tanto la atención, es el mejor consejo que puedo darle… y ahora váyase, no quiero que llegue tarde a su graduación por mi culpa.

    Dante sonrió y tras soltar la mano de Sutherland hizo un saludo militar. —Hasta pronto, Señor.

    El hombre mayor devolvió el saludo y observó en silencio como el joven se alejaba entre las mesas del comedor y finalmente salía por la puerta principal.

    —Buena suerte, Dante. —murmuró hablándole al vaso vacío de Whisky. —Vas a necesitar toda la suerte del mundo allá fuera.


    -----------------------



    La ceremonia había sido corta y formal, sin ninguna clase de la usual pompa que una ocasión de ese tipo merecería normalmente… pero dado que solo un cadete estaban de pié ante el oficial a cargo, realmente no valía la pena hacer algo más elaborado.

    El hombre rompió el sello del paquete y extrajo el certificado enrollado en un pequeño tubo lacrado. Tras examinar la pequeña etiqueta dorada se lo entregó al joven con un gesto casi mecánico.

    —Felicitaciones en su graduación. —dijo sin ningún tipo de emoción en la voz. —Aquí tiene su diploma.

    Dante tomó el rollo con ambas manos y se inclinó en un gesto de agradecimiento. —Gracias Señor! —exclamó entonces haciendo el saludo militar.

    El oficial contestó el saludo y sin prestar demasiada atención al nuevo oficial tomó su pad y comenzó a navegar una de las tantas redes sociales de moda.


    Lo había logrado. Finalmente se había graduado como un verdadero experto en estrategia y geopolítica de la NUNS tras sortear todas las dificultades que la vida había puesto delante de su camino. Aquel momento era suyo, la culminación de sus sueños, una victoria que seguramente sería la primera de una brillante carrera que de seguro…

    El sonido de un maullido hizo que perdiera el tren de pensamientos. Al parecer el oficial que le había entregado el diploma estaba viendo videos de gatos en la internet.

    —¿Todavía estás aquí? —preguntó el hombre levantando la vista de la pantalla.

    Dante volvió a tomar la posición de firme. —Sí señor… todavía no…

    —Oh lo siento… en descanso.

    El joven asumió la posición de descanso sosteniendo fuertemente el diploma con su mano derecha.

    —Señor…

    —¿Si?

    —Me preguntaba… bueno, me preguntaba cuándo podrían asignarme a mi nuevo puesto. —dijo Dante visiblemente nervioso.

    —Ah eso… bueno, deberías pasar por la oficina de recursos humanos para que te den tu nueva asignación. —respondió el oficial rascándose la cabeza.

    Antes que Dante pudiera preguntar algo mas el hombre había vuelto su atención a los videos de gatitos de la red. El joven suspiró y tras hacer un saludo que fue completamente ignorado por el oficial salió lentamente de la oficina.


    La primavera había comenzado hacía pocos días y todavia se podia sentir una brisa fresca que llegaba de las montañas. Dante metió sus manos en los bolsillos de su uniforme y atravesó la puerta vidriada que conducia al parque exterior de la Academia Militar. A esa hora había pocas personas en aquel lugar, probablemente aquello cambiaría una vez que las clases culminaran y llegara la hora del almuerzo.


    Reconoció a un par de profesores que tomaban café cerca de una de las máquinas expendedoras automáticas. Los docentes también lo vieron pero apartaron la vista con muestras de desdén. Vaya, al parecer los pormenores de su pequeña “proeza” ya se habían difuminado por toda la academia. Dante se preguntó si aquello lo perseguiria por toda su vida.

    Hizo un saludo con la mano y continuó su camino ante la mirada cargada de rencor de los hombres. Definitivamente se alegraba de no tener que volver a ese lugar.


    El edificio de recursos humanos se elevaba sobre un pequeño terraplén al que se accedía por medio de una ancha escalera de cemento blanqueado por el sol. Los alrededores estaban completamente desiertos y el viento agitaba las banderas del Gobierno Unido de La Tierra y las Fuerzas de la NUNS.

    La enorme puerta de cristal se abrió automáticamente y un lobby inmenso y casi desierto aparecieron frente al joven graduado. Un solitario escritorio ocupado por una mujer de mediana edad se erguía inmediatamente frente a la entrada. Dante se dirigió lentamente hasta quedar frente al mismo y tras quitarse el gorro hizo una pequeña reverencia.

    —Buenos días. —dijo esbozando su mejor sonrisa.

    La mujer tenía el pelo corto y lo miró con unos inquisitivos ojos verdes tras los finos cristales de unos anteojos de marco negro. —Buenos días cadete. —dijo observando el uniforme del joven. —¿En qué puedo ayudarle?

    Dante se llevó la mano a la cabeza de forma desinteresada. —Acabo de graduarme en la especialidad de Recursos Estratégicos y Geopolítica Aplicada. —dijo sin titubear. —Queria saber que puestos disponibles hay para aplicar mi postulación. —dijo entusiasmado.

    La mujer se quitó los lentes y lo miró con curiosidad. —¿Oh? ¿Así que un estratega? —preguntó con una sonrisa. —Hace mucho que no veía a alguien recibido en esa especialidad. —dijo.

    El joven extrajo su tarjeta de identificación y se la alcanzó cortésmente. —Fuí el único estudiante este año así que supongo que no es una carrera demasiado popular. —dijo encogiéndose de hombros.

    La oficial tomó la tarjeta y la colocó sobre la superficie del escritorio. Un cubo holográfico de color azul rodeó la identificación como surgiendo de la misma madera y volvió a desaparecer al cabo de unos segundos, tras lo cual una serie de pantallas holográficas se desplegaron alrededor de ambos.

    —Dante Sebastian Joyner. —dijo observando los datos en la pantalla. —Veintiséis años, oriundo del planeta Tierra… Información biométrica actualizada, estudios completados… todo parece estar en orden. —dijo con un gesto de la mano mientras apartaba la pantalla con el resumen de su carrera universitaria, lo que la dejó solamente con la imagen del joven en su traje de cadete. —¿Así que quieres una asignación en las fuerzas? —pregunto.

    —Por favor. —respondió Dante. —No es necesario que sea en La Tierra. —agregó de pronto. —Puedo viajar a cualquier parte de la galaxia si es necesario.

    La mujer volvió a consultar la terminal de datos e introdujo unos patrones de búsqueda apropiados a los estudios del recién graduado.

    Al cabo de unos segundos la ventana de resultados apareció y desplegó la información ante el rostro de la secretaria.

    —En estos momentos no hay vacantes disponibles en ninguno de los departamentos que poseen asignación automática a los egresados. —dijo señalando el campo vacío. —Pero no desesperes aún; es solo el primer intento, ahora debemos refinar un poco y acomodar tu hoja de resumen para que puedas ser asignado sin ningún problemas a un área acorde a tu campo de experiencia y… espera un momento, algo acaba de actualizarse en el sistema.

    La joven hizo un gesto con la mano y un pequeño recuadro con un signo de exclamación se desplegó frente a las demás ventanas.

    —¡Oh! —exclamó la mujer.

    De la madera del escritorio volvió a emerger el cubo holográfico que de inmediato rodeó la tarjeta de identificación de Dante, pero esta vez era de un color escarlata. En un abrir y cerrar de ojos una abertura se abrió justo debajo de la misma y el pequeño rectángulo de plástico cayó en el agujero que se cerró un segundo después.

    Dante se puso pálido al ver aquello.

    —Oh… no puede ser… ¡El Sistema te ha dado de baja automáticamente! —dijo mirando la información actualizada y luego el rostro sorprendido del joven. —¡Esto nunca me había sucedido antes!

    —¿Está segura que no es un error? —preguntó Dante con la voz entrecortada.

    Tras hacer que sus finos dedos bailaran sobre el teclado, la joven sacudió la cabeza. —He confirmado el origen y veracidad de la orden de descargo; la computadora central tiene la misma información y todas las bases de datos confirman lo mismo: ha sido dado de baja de las fuerzas de la NUNS, Señor Joyner… a partir de este momento usted es un Civil.

    El mundo pareció derrumbarse alrededor del joven. De pronto ni todas las advertencias de Sutherland o Homs se sintieron tan oscuras y apocalípticas como aquel terrible momento.

    —Que… ¿Que se supone que haga ahora? —preguntó el joven llevándose una mano a la cabeza.


    La joven Administrativa sintió pena por el chico, pero no podía hacer absolutamente nada más que comprender el difícil momento por el que estaba pasando.

    Dante extrajo su Pad y comprobó su balance financiero. —Me quedan solo trescientos cincuenta créditos en la cuenta. —dijo suspirando. — No podré llegar al fin del mes con esto solo.

    —¿No puedes pedirle a tus padres que te giren algunos créditos de emergencia? —preguntó la mujer, pero el gesto que hizo Dante con la cabeza dió a entender que aquello estaba fuera de discusión.

    Tras un minuto de silencio la mujer suspiró. —Puedes pasar la noche en los dormitorios. —dijo como un pequeño consuelo. —No es que te pongan de patitas en la calle ahora mismo, pero deberás despejar tu cuarto en las siguientes cuarenta y ocho horas hábiles siguientes…. lo siento— agregó tratando de mostrar un poco de simpatía.

    Dante volvió a suspirar y miró el parque a través de las puertas vidriadas. —Me las arreglaré. —dijo pensativo. —Aunque tenga que dormir un par de días en una plaza, no voy a dejar que aplasten mis sueños tan fácilmente.

    En ese momento la puerta corrediza se abrió y una joven cadete entró casi sin aliento al edificio luego de, aparentemente, subir corriendo las escaleras que conducían a la entrada principal. —¡Dante! —exclamó de pronto recuperando el habla al ver a la persona que buscaba.

    El joven tardó un par de segundos en reconocer aquel rostro. —Tu eres… ¿La Timonel de la Macross 35? —preguntó asombrado. —¿Que haces aqui?

    La Cadete se acercó al mostrador y saludó a la oficial que miraba confundida a ambos hombres. —Me llamo Sandy. —dijo tendiendo la mano. —No tuvimos oportunidad de presentarnos de forma correcta anteriormente.

    Dante apretó la mano de la joven afectuosamente. —Es un gusto… lamento haberle hecho... eso a tu nave.

    —Nos has dado una anécdota genial a todos los estudiantes para contar de aquí hasta que nos graduemos. —respondió la joven con una sonrisa. —¿Es cierto que te dieron de baja?

    Tanto Dante como la Oficial la miraron asombrados. —¿Cómo puedes saber eso? No han pasado ni cinco minutos desde que sucedió… —exclamó la mujer tras el escritorio.

    —Homs me lo dijo… en realidad Sutherland fué el que habló con él anoche luego que te dejamos en la enfermería y le comentó que era una de las posibilidades… yo no pude creer en que pudieran llegar a hacerte eso pero…

    —¿El General Retirado Sutherland? —preguntó la mujer mirando a los jóvenes. —Sea cual sea la historia que hay detrás de todo esto, me imagino que no debe ser algo para tomarse a la ligera.

    —Ni que lo diga. —respondió el joven, quien de inmediato se volvió hacia la Cadete Sandy. —¿A qué has venido? ¿Sutherland te envió?

    La joven sacudió la cabeza. —Yo no hablé con Sutherland, fué Homs el que me envió un mensaje.

    —¿Mensaje?

    Sandy metió su mano en uno de los bolsillos de su uniforme y extrajo una tarjeta. —Toma. —dijo poniéndola en la mano de Dante.

    El joven examinó el pequeño rectángulo de papel donde un logo escrito con letras negras mostraba el nombre de una empresa. —¿Alpha Corporation? —leyó intrigado. —¿Que clase de compañía es esta?

    —Es donde trabaja mi hermana mayor… es la compañía de Software que desarrolló la plataforma lógica donde corre el simulador principal que usamos en los ejercicios. Homs sabía que yo tenía un familiar trabajando en la empresa y cuando se enteró por Sutherland de tu posible… “expulsión” creyó que un hombre que pudo colgar a todo un software militar desde el mismo interior de la simulación podría llegar a captar el interés de los ingenieros y directivos de la empresa.

    Dante miró la tarjeta sin saber qué hacer. Luego recabó en las letras pequeñas en la base de la misma. —¿Flota 41? —preguntó mirando a su ahora ex compañera de Academia. —¿Desde cuando hay una Flota 41? —preguntó mirando a la joven.

    —Es una nueva flota de inmigración que ha sido comisionada desde el planeta Eden… creo que deberían partir en los próximos meses. El viaje es algo largo pero… al menos tienes una oportunidad. —respondió la joven encogiéndose de hombros. —Le envié un mensaje a mi hermana esta mañana y dice que uno de los ingenieros de software está muy interesado en hablar contigo sobre lo sucedido con la lógica del simulador.

    Dante le devolvió la tarjeta ante la evidente decepción plasmado en el rostro de la joven. —Es una oferta tentadora pero… no tengo los medios necesarios para llegar hasta Eden. —dijo el joven sacudiendo la cabeza. —Ni siquiera creo poder llegar a fin de mes.

    —Creo… creo que yo podría ayudar con eso. —dijo la mujer tras el mostrador acomodándose los lentes. Los dos jóvenes la miraron sorprendidos ¿En serio puedes?

    —preguntó Sandy.

    —Hay un pequeño detalle que podría resultar interesante en tu caso. —continuó diciendo la mujer señalando la pantalla de la computadora. —Cuando eres dado de baja en la NUNS, hay una cláusula que establece que puedes solicitar un traslado final, un último viaje por decirlo así… y no hay realmente un límite de distancia que te prohiba cruzar toda la galaxia si quieres.

    Los dos jóvenes se miraron y la esperanza renació en ellos.

    —Pero…

    Sandy fue la primera en suspirar. —Era demasiado bueno para ser verdad… ¿No?

    La mujer de anteojos soltó una risita. —Bueno… si y no… el punto es que un traslado de esta clase no se considera prioritario… tu viaje e itinerario tendrá que ajustarse a las rutas y vuelos que haya disponibles… puedes pedir que te lleven a Eden por supuesto, pero no lo harán en un transporte de primera clase me temo. —aclaró.

    Dante suspiró. —Si no aprovecho esta oportunidad me lo voy a recriminar toda la vida. —dijo rascándose la cabeza. —Además… ¿Tengo otra opción?

    —Yo diría que no. —dijo la joven cadete. —Oye Dante.

    —¿Si?

    —Ojalá algún día puedas volver a la fuerza. —dijo sonriendo. —Sería absolutamente genial estar en la misma nave juntos otra vez.

    El joven asintió con convicción. —Puede que las cosas se hayan torcido un poco ahora pero… haré todo lo posible por volver. Te lo prometo.

    Sandy lo abrazó con fuerza por casi un minuto entero. —Cuidate. —dijo con lágrimas en los ojos una vez que se hubieran separado. —Te estaremos esperando.

    —Lo haré. Dale saludos a Homs de mi parte y dile que cuando llegue a Capitán, me guarde un lugar entre sus oficiales.

    —Pero que sea lejos del timón. —exclamó la joven dirigiéndose hacia la puerta. —¡Hasta pronto, Joyner!


    Tras quedar solos, el chico suspiró y se volvió hacia la mujer de lentes. —¿Desde que momento comencé a perder el control de mi vida? —preguntó.

    La mujer lo miró seriamente. —¿En el caso de ustedes los hombros? Desde el momento que terminan de salir de nuestros vientres. —dijo con seguridad. —Ahora será mejor que no desilusiones a esa chica, tiene muchas expectativas con volver a verte.

    —¿Acaso tengo otra alternativa? —preguntó Dante volviendo a encogerse de hombros.

    —No. —respondió la mujer con una sonrisa. —Claro que no la tienes. —agregó mientras cargaba los datos necesarios en la computadora. —Te daré una credencial provisoria que podrás utilizar mientras estés en tránsito. —dijo señalando un mapa de la galaxia. —Una vez que la petición de traslado sea aprobada por el sistema podrás dirigirte al puerto espacial de Ciudad Macross y ponerte a las órdenes del oficial de logística de la base. El será el que te enviará en la primera nave que salga con destino a Eden.

    Una abertura apareció en el escritorio, exactamente en el mismo lugar en donde había desaparecido su vieja credencial, y una brillante tarjeta azul emergió como por arte de magia.

    —No la pierdas. —dijo la mujer poniéndola en la mano del joven. —Ahora eres un paquete que la NUNS se compromete a llevar hasta Eden.

    —Algo es algo. —dijo Dante recogiendo la tarjeta.

    La mujer se cruzó de brazos y lo miró atentamente por debajo de sus finos lentes. —Bueno, es todo lo que puedo hacer por usted, Señor Joyner. Solo me queda desearle un buen viaje y éxito en sus proyectos.

    Dante se guardó la tarjeta e hizo un saludo militar (Aunque sabía que no tenía ningún sentido hacerlo) —Gracias. —dijo. —¿Alguna última recomendación?

    —No hagas esperar a una mujer. —afirmó ella. —Nunca.

    —Afirmativo.


    -------------------------



    Dante se convirtió así en un paquete propiedad de la NUNS y tal como aquella mujer había dicho, uno con mínima prioridad de embarque. Aunque hay que reconocer que la milicia lo trató bien y tuvo alojamiento “adecuado” en cada uno de los múltiples puntos intermedios de su largo trayecto, no obstante Dante sospechaba que detrás de su largo viaje estaban sus enemigos en la NUNS, quienes hacían todo lo posible por hacer de su vida un infierno en la Tierra… o lo que es más correcto de decir, en el espacio.

    ¿Tenían realmente los Hughs tanta influencia en la milicia como para hacer que un viaje que habitualmente duraba unas pocas semanas se convirtiera en una especie de tortura de casi once meses de duración? Todo parecía indicar que ese era el caso, ya que tras pasar una semana en el principal puerto espacial de Ciudad Macross, a la sombra de la imponente Fortaleza-Monumento que dominaba la enorme metropolis, Dante fue embarcado en un transporte de suministros con rumbo a una flota de exploración en algún sitio a mitad de camino entre La Tierra y Edén, más luego tuvo que esperar casi un mes entero a que otra nave lo condujera a otra flota, donde el proceso volvió a repetirse una y otra vez.

    Algunas veces retrocedía y otras veces avanzaba, pero nunca encontraba naves con la ruta adecuada y siempre quedaba relegado al último lugar, al último sitio a la hora de embarcar.

    Eventualmente aquel traumático traslado llegó a su fin cuando uno de los transportes que lo llevaba a una solitaria colonia minera sufrió un desperfecto y tuvo que ser rescatado por una flota que, por una casualidad del destino, tenía como base de operaciones la base de New Dallas en Edén. Dante pudo solicitar el traslado de nave y tras luchar contra la burocracia de los oficiales a bordo pudo conseguir su ansiado traslado hasta la estación que orbitaba el planeta.

    Mas aquello no fue el final de su odisea, ya que cuando llegó por fin a su destino, descubrió con desesperación que la flota 41 había partido del planeta hacía más de tres meses.

    Estaba atrapado en Edén y sin medios para tomar una nave hacia aquella flota. Una vez que descendió al planeta se quedaron con su pase y ahora sí se convirtió definitivamente en un simple civil con solo doscientos créditos en su billetera.

    Pero aun asi no desesperó y mantuvo la cabeza lo más fría que pudo. El único contacto que tenía con aquella flota era la compañia que habia creado ese software de simulación y de alguna forma debía hablar primero con ellos. Tras consultar la información local dió con una oficina comercial de aquella compañía en el planeta y tras gastar sus últimos créditos en un pasaje de tren se dirigió hacia allí.


    La oficina estaba desierta y un cartel de alquiler colgaba de una de las ventanas. Dante supo que su suerte se había acabado definitivamente.

    Apoyó la frente en el cristal oscuro y observó el local vacío, apenas unas cuantas cajas de cartón y papeles tirados en el piso dejaban alguna evidencia de que alguna vez había habido gente trabajando allí. Dante golpeó el cristal con el puño maldiciendo su suerte.

    —¿Eres el nuevo inquilino? —dijo una voz de mujer a sus espaldas. —Se supone que hasta mañana no entregamos las llaves de las oficinas.

    El joven se dió vuelta y vió a una mujer de mediana edad que lo miraba con curiosidad mientras cargaba varias cajas de cartón. Algo en el rostro de la desconocida captó inmediatamente su atención.

    —¿Tu… trabajas aquí? —preguntó Dante tratando de recordar.

    —Ya no más. —respondió colocando las cajas en el piso. —Las oficinas de Alpha Corporation en Edén fueron cerradas el mes pasado, solo quedó un grupo pequeño de personal administrativo para cerrar y liquidar los últimos activos. ¿Estas buscando a alguien en especial?

    El joven asintió. —Tu… tienes una hermana menor en la Academia de la NUNS en La Tierra… ¿Verdad?

    El rostro de la mujer cambió de repente ante aquella pregunta. —¿Como sabes…? ¿De donde conoces a Sandy…? ¡Oh por todos los….! ¡¿Tu eres Joyner?! —exclamó de pronto abriendo los ojos como platos.— ¿Donde rayos te habías metido? ¡Te esperábamos desde hace más de cinco meses!

    Dante se llevó una mano a la cabeza. —La NUNS me estuvo paseando por toda la galaxia. —dijo haciendo una reverencia. —Te pido humildemente que me disculpes, te aseguro que quería llegar aquí lo antes posible, pero me vi envuelto en la burocracia de la NUNS.

    La mujer se llevó una mano al rostro. —No me hables de Burocracia a mi… la NUNS es uno de nuestros clientes principales, se exactamente de lo que hablas.

    Tras suspirar largamente miró con atención al joven frente a ella. —Tenemos que llevarte de inmediato a la Flota 41. —dijo sacando su pad. —Si tenemos un poco de suerte… ¿Ana me escuchas? ¿Sabes si ya despegó el Transbordador…? ¿Estás segura?

    Dante observaba a la mujer sin entender nada.

    —Si si… entiendo. —dijo haciendo un gesto con la mano. —Lo intentaremos… ¡Adios!

    Tras guardar su aparato se agachó para recoger las cajas. —Debemos apresurarnos, hay un transporte a punto de despegar del puerto de Ciudad Capital, tal vez no podamos llegar a tiempo. ¡Sígueme!

    Ambos echaron a correr por la calle en dirección a un pequeño furgón amarillo que los esperaba con las luces encendidas. Arrojaron las cajas en la parte de atrás y subieron a la cabina casi corriendo. La mujer puso en marcha el vehículo y salieron a toda velocidad en dirección a la avenida principal a unas pocas cuadras de allí.

    —¿Todos en tu familia son asi conduciendo? —preguntó Dante agradecido de haberse abrochado el cinturón de seguridad, ya que el pequeño vehículo zigzagueaba por entre el tráfico de la ciudad a toda velocidad.

    —Mi hermanita es la que mejor manejaba los Kartings en la pista que tenían mis padres en uno de los parques de recreo de la ciudad. —respondió la mujer mientras pasaba a pocos centímetros de un enorme camión con acoplado. —Aunque a ella se le dió por volar naves espaciales, dice que estar pegada a la tierra la hacen sentir confinada.

    —Definitivamente será una buena timonel. —dijo Dante viendo los otros autos pasar como flechas a su alrededor. —Tiene muchísimo potencial además… si no fuera por ella yo no estaría hoy aquí.

    —Todavía no cantes victoria… ah por cierto, mi nombre es Dana, mucho gusto. —dijo la mujer sin quitar la vista de la autopista.

    —Dante Joyner. —respondió el joven. —Gracias por ayudarme, realmente estaba desesperado.


    Dana sacudió la cabeza. —Debes ser el único aspirante a ser entrevistado que llega cinco meses tarde a su entrevista y todo el mundo actúa como si nada hubiese pasado… pero han sucedido ciertas cosas en los últimos meses que requieren toda la ayuda que podamos conseguir.

    Dante la miró confundido.—¿Que cierta clase de… cosas? —preguntó.

    —Ya te explicarán durante el viaje… me imagino que no sabes mucho sobre la Flota 41. ¿Verdad?

    —Solo su nombre. —reconoció el joven.


    Frente a ellos apareció la bahía en donde la enorme urbe se recostaba entre el mar y las montañas. Varias naves se encontraban amarradas a los enormes muelles mientras otras cruzaban con gracia las tranquilas aguas para entrar a los corredores de ascenso orbital correspondientes. Cada tanto se veían los resplandores en la atmósfera superior que indicaban las entradas y salidas de cada nave de los procedimientos de salto FOLD.

    —Hay mucho tráfico en el puerto. —observó Dante contemplando la actividad.

    —Es temporada alta… lo que tal vez nos ayude, el transporte ya se ha retrasado media hora de su salida prevista, todo este tráfico extra está causando serias demoras en el puerto.


    El furgón amarillo avanzó por el tráfico (Que por suerte no era demasiado denso aún) y se desvió por una salida que era usada únicamente por los camiones de carga que se dirigían al puerto.

    Llegaron a una de las entrada de vehículos del puerto espacial y tuvieron que detenerse en el checkpoint de seguridad.

    —Yo me encargaré del papeleo. —dijo Dana quitándose el cinturón de seguridad. —Tu corre hacia el dock catorce, avisaré que te esperen todo el tiempo que puedan, pero tendrás que apresurarte.

    Dante asintió y se bajó del vehículo apenas este se detuvo frente a los guardias y de inmediato comenzó a correr en la dirección que la mujer le había indicado. Escuchó las protestas del personal de seguridad, pero Dana los tranquilizó de inmediato y dejaron que Dante continuara su carrera en solitario.


    El puerto era gigantesco y le tomó casi diez minutos llegar al enorme muelle donde un transporte estaba esperando con los motores encendidos. Una sola de las escotillas estaba abierta y un empleado del puerto se encontraba sosteniendo uno de los puentes plegables, listo para quitarlo en cuanto la escotilla se cerrase.

    Gritando y agitando los brazos de forma desesperada, Dante llegó casi sin aliento los últimos veinte metros. El empleado le dedicó una mirada hostil pero tendió el puente mientras le indicaba que tuviera cuidado con los escalones. Un enorme hombre de overol azul se asomó por la escotilla y miró con asombro al joven que caminaba lentamente por el puente haciendo equilibrio con sus pertenencias haciendo de contrapeso en cada mano. —¿Donde rayos estabas? —gritó y tomándolo del cuello de la camisa lo arrastró al interior de la nave de un tirón.

    Segundos más tarde los motores aceleraron y la nave se apartó lentamente del muelle mientras los últimos amarres eran retirados. El transporte maniobró por las atestadas aguas de la bahía en dirección a su posición de ascenso. Las gaviotas volaban y gritaban alrededor mientras la brisa soplaba desde las montañas.


    Desde el muelle, Dana miraba la bahía apoyada en el furgón amarillo mientras se protegía los ojos con una mano. Cuando la nave comenzó a ascender verticalmente dejando una fina lluvia de agua de mar tras sí, sonrió. —Buena suerte, Joyner. —dijo.
     
  6.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
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    Escritor
    Título:
    Folded Dreams
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    Aventura
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    5


    El VF-4 despegó en medio de un remolino de tierra y hebras de césped mientras Silvana se cubría la cabeza con ambas manos. En cuanto el rugido de aquellos poderosos motores se perdió en la lejanía volvió a quedar sola.

    Todo había sucedido en un par de segundos; La misteriosa joven que pilotaba el caza transformable había vuelto a subir de un salto a la cabina y sin decir una palabra había usado el brazo de su robot para atrapar al pobre Dante, quien se dejó llevar por el aire sin poder resistirse. ¿Realmente lo estaban escoltando? Aquello le había parecido a Silvana más un secuestro que otra cosa.

    La chica-gato suspiró y se sentó en el suelo a pensar un poco con la cabeza un poco más fría. Todo había sucedido tan rápido que no había tenido tiempo de poner en orden sus ideas. Al voltear la cabeza vió el enorme agujero que la huella del Zentradi había dejado en la tierra y recordó en donde estaba.

    —Oh rayos, todavía estoy en una zona de PvP. —se dijo alarmada.

    Se puso de pié y comenzó a caminar lo más rápido que pudo (Todavía tenía una penalización al movimiento por sus heridas) hacia la luz que se proyectaba desde el lugar donde se alzaba el Guardián, mirando nerviosamente a uno u otro lado por si veía venir a alguien con ganas de apuntarse una muerte fácil.

    Tras varios minutos de marcha sus puntos de salud se había regenerado apenas lo suficiente como para que pudiera moverse a velocidad normal sin penalizaciones, pero su barra de vida seguía en rojo crítico y el mas pequeño golpe podía enviarle de vuelta al templo más cercano.

    Aceleró el paso y redujo la distancia lo suficiente hasta que un pequeño indicador en su UI le hizo saber que se encontraba dentro del rango de protección del Guardián, pero aún así Silvana no se relajó del todo; incluso bajo aquella protección un proyectil mágico o una flecha lanzada por uno de los asesinos de nivel alto del Enjambre podían abatirla desde fuera del área de cobertura, mejor no arriesgarse.


    El Guardián era un artefacto que no solo proporcionaba un área de campamento y descanso segura para los jugadores, era también el punto donde se encontraba uno de los accesos a la red de teletransportadores que conectaban diferentes puntos del planeta Calypso. Al pie del enorme obelisco de roca tallada con las cuatro figuras de los guardianes que, con uno de sus brazos extendidos hacia cada uno de los puntos cardinales advertía a los jugadores hostiles sobre las consecuencias de atacar a otro en esa zona, se encontraba el espejo ovalado que hacía las veces de portal de entrada y salida a todos los jugadores.

    Solo vió a dos personas a un lado del espejo, al parecer dos amigos que habían salido a hacer alguna Quest rápida. Ambos vestían armaduras ligeras con los mismos colores por lo que debían ser del mismo gremio o clan. Al acercarse apenas se molestaron en dirigirle una mirada de desprecio y siguieron conversando en voz baja.


    Silvana extrajo de sus ropas la runa donde estaba grabado su destino de teletransportación y el espejo se iluminó en cuanto la magia de la piedra resonó en la superficie pulida del mismo. La imagen reflejada se volvió líquida como el plomo fundido y la joven chica-gato la atravesó como si no estuviera allí.

    En un abrir y cerrar de ojos estaba en Jenne, la pequeña ciudad que hacía de capital de aquel reino oriental en donde la mayoría de los jugadores iniciaba sus primeros pasos en el juego. Los fuertes aromas de las especies locales invadieron rápidamente sus fosas nasales reemplazando las sutiles fragancias del bosque y la pradera que tanto amaba Silvana. Aun asi, aquellos olores ya se habian fijado en su mente como su segundo hogar. Allí en esa ciudad estaba segura, al menos de momento.

    La salida del portal estaba en la plaza principal en un pedestal de roca justo frente a las escalinatas que conducían al templo principal de la ciudad. Como siempre, una pequeña multitud de gente ocupaba aquella plaza, aunque Silvana sabía que la mayoría de ellos eran NPC’s (Personajes no Jugadores) que cumplian sus rutinas diarias con la misma precisión de todos los días. Al principio le había resultado difícil distinguir a los verdaderos jugadores de aquellos muñecos guiados por la IA, pero con el tiempo aprendió a distinguir sus rutinas y sus diálogos, por lo que eventualmente podía distinguirlos con facilidad. Así y todo, aquella ciudad solo mantenía a un reducido grupo de jugadores; la mayoría de los que pasaba el nivel veinte se mudaban a una de las ciudades más grandes para conseguir mejores quest y equipo, cosas que aquella pequeña urbe no podía proporcionar.


    Silvana solo dedicaba una pequeña parte de su tiempo al juego por lo que su personaje progresaba lentamente en contraste con los llamados “Hardcores” quienes jugaban veinticuatro horas al dia. Esos jugadores rondaban los niveles cuarenta y eran quienes mantenían el control de los principales gremios y clanes y quienes, en general, manejaban la política que movía los destinos de todos los pequeños y grandes reinos de Calypso.

    Tras bajar del pedestal en donde se encontraba el espejo la joven atravesó la plaza a paso seguro, mirando los diferentes puestos tanto de NPC’s como de jugadores por si veia algun objeto que llamara su atención.

    El sector residencial de la ciudad se encontraba en el segundo anillo defensivo de la misma, por lo que tuvo que obligatoriamente atravesar una de las murallas internas que separaba los diferentes sectores de la ciudad. En el sitio donde la avenida principal atravesaba la muralla por un amplio arco abierto en la piedra un pequeño grupo de guardias del clan que controlaba la ciudad en aquel momento se encontraba holgazaneando junto a un pequeño puesto de guardia.

    Silvana suspiró. Conocía a esos tipos y sabía exactamente lo que pasaría en cuanto intentara atravesar el puesto en dirección a su ClanHall, así que apuró el paso y se resignó a pasar por allí lo más rápido y furtivamente que pudo.

    Para su mala suerte uno de ellos recabó en su presencia y dando la voz de alto se interpuso en su camino mientras hacía descender una barrera de madera que cerró el paso a través de la muralla.

    —Druida. —dijo una vez que Silvana se hubiera detenido. —¿Vienes otra vez de la Pradera Oeste? ¿Todavía sigues arriesgándote a ir sola a ese lugar?

    —Es el único bosque cercano a esta ciudad donde puedo entrenar tranquila. —contestó la joven resignada. —¿Quieres dejarme pasar? Tengo prisa.

    El guardia sacudió la cabeza. —SI te unes al Imperio podrías entrenar en nuestras zonas seguras sin temer a los asesinos y PK’s del Enjambre. —dijo señalando más allá de las murallas. —Los personajes de Soporte como tú son muy apreciados en nuestras filas, podrías tener el mejor equipo y acceso a los más poderosos hechizos para tu clase.

    Silvana se cruzó de brazos. —Ya les dije mil veces que no me interesa el Imperio… solo quiero jugar en nuestra Guild con mis amigos… la política del juego no me interesa.

    —Eventualmente tendrán que participar en los asuntos del reino. —dijo otro guardia acercándose. —Pronto los clanes pequeños y los jugadores solitarios se quedarán sin sitios para entrenar y tendrán que elegir un bando, quieran o no. —dijo muy seguro de sí mismo. —¿Puedes dejarme pasar? —exigió la joven moviendo nerviosamente la cola. —¿O tengo que hacer un reporte por acoso...?

    El guardia se apoyó en la barrera. —No te enojes gatita. —dijo con sorna. —El reglamento dice que podemos interrogar brevemente a quien queramos para buscar espías del Enjambre mientras tengamos el control de esta ciudad… no es necesario que metas a los administradores en una tontería como esta. —agregó mientras levantaba la barrera con un gesto hosco. —Puedes pasar. —dijo.

    Silvana hizo un gesto con la cabeza. —Gracias. —dijo pasando por el túnel sin molestarse en mirar hacia atrás.

    —Piensalo bien. —gritó el otro guardia. —A ti y tus amigos no les queda mucho tiempo para decidirse.

    Aquello último no le gustó nada. Silvana apuró el paso y llegó al sector residencial de la ciudad desde donde tomó una de las avenidas perimetrales y se internó en la zona donde los pequeños clanes tenían sus cuarteles generales.

    Nunca había visto la calle tan desierta como en ese momento. Lo que hace unos cuantos meses era un vecindario lleno de jugadores ahora se había convertido casi en un pueblo fantasma. Los ClanHalls repartidos a lo largo de la calle estaban vacíos, las ventanas tapiadas, las puertas cerradas y los otrora brillantes estandartes con los colores de cada grupo de aventureros eran ahora simples trapos grises moviéndose al viento.

    Era un fenómeno que venía ocurriendo desde hacía tiempo a medida que los jugadores abandonaban aquella pequeña ciudad y se marchaban hacia urbes más importantes, pero últimamente no eran simplemente mudanzas; uno a uno los gremios y clanes pequeños se estaban disolviendo a un ritmo cada vez más acelerado a medida que las dos facciones más grandes se volvían cada vez más poderosas y captaban los miembros de forma cada vez más agresiva.

    Cuando la chica-gato dió vuelta a la esquina y vió el imponente edificio del Clan de los Caballeros Escarlata con las ventanas tapiadas y los carteles de “VACANTE”, supo que la situación se había vuelto insostenible.

    —¡Oh no! —exclamó caminando frente a la enorme mansión,ahora vacía y silenciosa, que otrora fuera el ClanHall más concurrido de la calle.

    —Esto...esto está mal. —dijo sacudiendo la cabeza. —Realmente mal.

    Avanzó hasta el final de la calle en donde se encontraba el pequeño edificio que agrupaba a su propio Clan, una construcción de madera de dos plantas y apenas una media docena de habitaciones, más que suficiente para un grupo de jugadores que no excedia la veintena de miembros. Aún así a Silvana le encantaba el look simple de aquel modesto edificio y los grandes macetones con flores que colgaban del balcón del primer piso eran algo que hacian único a aquel lugar en toda la calle.

    Las ventanas del primer piso estaban cerradas pero se veía la luz de los candelabros en su interior. Silvana entró por la puerta y se dirigió de inmediato al salón principal. Cuando vió a todos los miembros que quedaban del clan reunidos en la enorme mesa de banquetes supo que había pasado algo.


    —¡Silvana! —exclamó una espadachín de cabellos rojizos poniéndose de pié en cuanto vió entrar a la chica-gato. —¿Donde estabas? ¡Estuvimos tratando de contactarte desde hace como dos horas!

    Matilda era una de las mejores guerreras del clan y su personaje, una noble Windermeriana especialista en el manejo del Rapier, era quien generalmente lideraba los raids y quests en el campo. A Silvana le parecía que su runa con forma de corazón era extremadamente cool, especialmente cuando las emociones de su dueña se exaltaban y brillaba fuertemente… justo como en ese exacto momento.

    La joven Druida abrió su interfaz de mensajería y se encontró con la pila de notificaciones, todas marcadas como IMPORTANTE en su bandeja de entrada.

    —¡Oh! —exclamó llevándose una mano a la cabeza. —Lo siento… tenía las comunicaciones bloqueadas… no me di cuenta.

    La guerrera de Windermere se dejó caer en la silla suspirando. —Eres incorregible Silvana. —dijo llevándose ambas manos al rostro.

    Había un joven vestido con ropas de noble en la cabecera de la mesa. Tenía cabellos blancos y usaba lentes de marco oscuro y miraba en silencio a la recién llegada sin decir una palabra. Silvana esquivó la mirada de aquel jugador lo más que pudo mientras buscaba su asiento.

    Se sentó en su sitio y saludó fugazmente a su compañera de aventuras Mirna, una Voldoriana igual que ella pero que usaba un arco largo de madera oscura y era muy buena cazadora de bestias salvajes. Las orejas de ambas chicas gato se saludaron en silencio mientras los demás volvían sus rostros hacia el joven de lentes que presidia la reunión.

    —Estamos todos entonces. —dijo Matilda cruzándose de brazos. —Podemos comenzar.


    El joven se acomodó los lentes con una mano y miró directamente a Silvana, quien automáticamente agachó las orejas como preparándose para la reprimenda. —Haz vuelto a ir al bosque más allá de la pradera Oeste. ¿Verdad? —preguntó con voz calmada.

    —Nya. —respondió la joven mirando la mesa de madera barnizada.

    El joven se llevó una mano a la frente. —Silvana… te hemos dicho cientos de veces que no puedes salir a entrenar sola a ese sitio… tienes que salir en “Party” con al menos tres compañeros a tu lado.

    Silvana sacudió la cabeza. —Mis horarios de juego son diferentes a los de la mayoría. —dijo justificándose. —Y no puedo dejar que mis pocos niveles sean una carga para el progreso del Clan… solo entrenando en mi tiempo libre puedo mantener el ritmo y estar al mismo nivel que los demás.

    Matilda golpeó la mesa con el puño y todos se estremecieron. —¡Idiota! —exclamó clavando los ojos celestes en la chica-gato. —¡Tu no eres una carga para nadie! ¡Todos estamos aquí para ayudarnos y mejorar juntos, tienes que aprender a confiar en nosotros, tus amigos.

    Uno de los guerreros de armadura pesada, un Ragnariano equipado con una pesada coraza hecha de placas de lo que parecía ser alguna especie de molusco gigante, golpeó la mesa con el dedo. —Matilda tiene razón, no tiene nada de malo que no puedas participar todo el dia en nuestras sesiones de entrenamiento, pero eso no significa que tengas que jugar sola allá afuera… el campo abierto se ha vuelto demasiado peligroso.

    —¿Que sucedió hoy en el bosque? —preguntó el joven de lentes.

    Silvana se estremeció. —¿En el bosque? ¿Por qué lo dices?

    —Tus ropas están casi destrozadas. —dijo señalando la túnica de druida que vestía la joven. —¿Fuiste atacada por alguien?

    —Yo…. en realidad.

    —Dame tu equipo. —dijo una joven que vestía un overol verde oliva. —Si no lo arreglo de inmediato va a llegar a cero puntos de durabilidad y tendrás que comprar una túnica nueva.

    Silvana activó el menú contextual y tras seleccionar el equipo dañado lo desequipó del inventario. De inmediato su gastada túnica fue reemplazada por un vestido azul oscuro y una camisa de lino blanca. —Toma Rita. —dijo enviando los ítems hacia la joven herrera.


    En Calypso no había enanos o gnomos como en otros juegos RPG, así que todas las profesiones que involucraban la construcción, mejora y creación de equipo, pociones y hechizos recaia en los humanos, quienes de alguna forma eran una de las razas de la Protocultura que mejor había dominado la tecnología en todas sus facetas.

    La joven recibió el maltrecho equipo de manos de Silvana y de inmediato lo puso en su inventario para analizar el daño detenidamente. —Wow. —exclamó. —Esto me va a llevar algo de tiempo para reparar… daño de aplastamiento, caída y… ¿Agarre? —preguntó incrédula mirando a la chica-gato. —¿Que rayos pasó allá en el bosque? ¿Un Zentradi te estuvo usando de trapo de piso?

    —Nya Nya. —respondió la joven desviando la mirada.

    El joven de la cabecera de la mesa volvió a acomodarse los lentes. —Silvana… nos han llegado rumores de que El Enjambre ha comenzado a cazar a los jugadores independientes. —dijo mirándola fijamente.

    Matilda dió un pisotón tan fuerte que los vasos de madera que había sobre la mesa temblaron violentamente. —Nos están quitando las zonas de leveleo una por una… y esos idiotas del Imperio no hacen nada por evitarlo, aún estando a cargo de la seguridad de la ciudad y los territorios que la rodean..

    El Ragnariano llamado Walter sacudió la cabeza. —No ayudarán de ninguna manera a los Clanes neutrales. —dijo resignado. —Ellos también se aprovechan de la situación y solo protegen a quienes se unen a su alianza.

    Rita cerró el menú de ítems y señaló uno de los mapas de la región que se encontraban junto a la chimenea. —Todavía nos quedan los calabozos que hay debajo de la ciudad… no hay monstruos que den mucha experiencia allí claro, pero al menos son zonas libres de PvP; podremos entrenar tranquilos sin que los del Enjambre venga a molestarnos.

    —Pero Silvana necesita el bosque para desarrollar todo su potencial. —dijo tímidamente la arquera Voldoriana, que se había mantenido en silencio todo ese tiempo. (Ella no era de hablar mucho)

    —Mirna tiene razón. —afirmó Walter. —Esos calabozos no son lugar para una Druida, sin árboles o plantas alrededor sus habilidades se ven muy mermadas.

    El joven de anteojos asintió con la cabeza. —No tenemos otra opción. —dijo mientras jugaba con una pluma de escribir en una de sus manos. —El Campo Abierto se ha vuelto demasiado peligroso para nosotros, tenemos que entrenar exclusivamente en las catacumbas.

    —Alex. —dijo Matilda volviéndose hacia el joven de lentes. —Esos calabozos no están diseñados para jugadores más allá del nivel quince... podemos farmear la experiencia y el oro todo el dia, pero a la larga…

    —Lo se. —respondió. —Y es por eso que es el momento indicado para dar a conocer el verdadero motivo por el que cité a esta reunión.

    Los presentes guardaron silencio de inmediato mientras Alex se ponía de pié en la cabecera de la mesa. El joven de anteojos era el líder de aquel clan pequeño Clan de aventureros aunque en realidad era un puesto que había recibido heredado del antiguo líder. Su tarea original había sido la de administrar el tesoro y las finanzas del Clan, pero tras la partida de los fundadores del mismo se vió obligado a adoptar el liderazgo para evitar el desmembramiento del mismo. —El imperio ha dado a conocer un comunicado esta mañana y temo informar que son malas noticias. —dijo llendo al grano.

    —Dejame adivinar. —dijo Rita cruzándose de brazos. —Más impuestos.

    Alex asintió. —Han aumentado la cuota semanal de mantenimiento de los ClanHalls a quinientas monedas de oro.

    —Quinientas…. —dijo Matilda abriendo los ojos como platos

    —Es una locura. —exclamó Walter pateando el suelo. —¿De donde creen que un clan pequeño como el nuestro va a sacar una fortuna como esa semanalmente?

    —Al menos no de las catacumbas de esta mugrosa ciudad. —agregó Rita. —Matando ratas y lagartijas a lo sumo podríamos juntar unas diez monedas por dia… quince si tenemos suerte con el loot.

    Los demás presentes se miraron en silencio. Había un sentimiento de abatimiento y cansancio en los ojos de muchos de ellos.

    —Yo no puedo seguir asi. —dijo uno de los Rastreadores Zola, un joven con orejas puntiagudas junto al cual descansaba un enorme perro negro que apoyaba el hocico junto al pié de su dueño. —Solo para mantener a mi familiar debo invertir cinco monedas de oro en carne todos los días. —dijo acariciando la cabeza del animal. —La carne de rata no otorga ninguna clase de beneficio a las habilidades de Max.

    —Ni hablar del precio de los materiales. —agregó Rita. —Con el acceso al bosque y la pradera vedados, tendremos que comprar los componentes y otros consumibles en la tienda de NPC’s o de otros jugadores… eso duplica… no, triplica el precio de cada cosa que hagamos.

    Otras voces más se alzaron en modo de protesta. Todos tenían gastos y cosas que hacer y el costo semanal para mantener aquel edificio consumía buena parte del tiempo que dedicaban cazando y recolectando recursos. Silvana se había quedado callada y miraba con tristeza los rostros cansados de sus compañeros. Temía lo que estaba a punto de suceder.

    Alex golpeó la mesa pidiendo silencio. —Lo superaremos. —dijo alzando la voz. —No dejaremos que el Imperio nos derrote con sus sucias tácticas cobardes. Si es necesario yo mismo bajaré a las catacumbas a farmear monedas para pagar lo que falte.

    —Alex. —dijo Walter volviéndose hacia el joven. —Tu inviertes ya demasiado tiempo en mantener este clan… no puedes dedicarle más tiempo del que ya le dedicas al juego, además tu carrera...

    —Dejaré la Universidad si es necesario. —dijo el joven con total convicción en la mirada. —Si me dedico full-time a recolectar recursos es posible…

    —¿Estás loco? —exclamó Matilda poniéndose de pie. —¿Vas a dejar tu carrera por este juego?

    El joven suspiró y se sentó en la silla mientras se llevaba las manos a la cabeza. —Yo… yo no sé qué más hacer. —dijo con la voz cansada. —No quiero perder a La Orden, no quiero perderlos a ustedes.


    Walter se incorporó y puso su enorme mano sobre el hombro del joven. —Tranquilo amigo. —dijo. —Todos te ayudaremos, no estás solo en esto.

    —Será duro perder este lugar. —dijo Rita mirando las llamas que crepitaban en el hogar. —Pero con o sin ClanHall seguiremos adelante, no dejaremos que esos cretinos del imperio nos aplasten bajo su yugo. —agregó.

    La espadachín de Windermere se volvió hacia el guerrero de armadura de placas. —¿No hay otra opción? —pregunto. —¿Y que tal un ClanHall de esos que se ganan mediante un Raid? Hay una fortaleza Goblin que puede ser conquistada y reclamada a unas pocas horas de viaje hacia el sur. Estaremos un poco aislados si, pero podremos limpiar los recursos de la zona y matar a todos los monstruos de los alrededores sin preocuparnos por perder nuestra base. Esas fortalezas no pagan mantenimiento semanal y solo tendriamos que defenderla de un asedio de NPC’s una vez por mes. —dijo esperanzada.

    Alex sacudió la cabeza. —El Enjambre nos impediria siquiera terminar el raid con éxito en cuanto supiera que planeamos hacerlo. —dijo.

    —Pamplinas… esos ClanHalls no son zonas de PvP, no podrían evitar que hagamos ese raid ni aunque quisieran. —respondió la joven.

    —No en PvP. —respondió Walter sacudiendo la cabeza. —Pero he escuchado sobre su modus operandi: esperan a que comience el asedio y utilizan magia de curación y de refuerzo sobre los propios monstruos… a la larga los atacantes terminan cediendo ante enemigos que no mueren y son reforzados continuamente contra todo tipo de daño a distancia...y la fortaleza se pierde.

    —Hijos de puta. —exclamó Matilda golpeando la mesa nuevamente. —¿Entonces no hay nada que podamos hacer? ¿Estamos condenados a perder todo lo que tenemos irremediablemente?

    —Podríamos quejarnos al Concilio de Jugadores. —dijo el rastreador con el enorme perro negro. —Ellos podrían interceder con los clanes dominantes.

    —Los miembros “independientes” del concilio hace rato que fueron comprados por uno u otro bando. —aseguró Alex. —Es inútil tratar de quejarse por esa vía.

    —¿Y tratar directamente con los Administradores? —preguntó Rita. —¿Es posible?

    —No. —respondió Walter. —No escuchan a jugadores individuales, para eso existe el concilio y ya sabemos lo bien que nos representa.

    La joven Druida ya había oído lo suficiente. Se puso de pie y tras hacer una reverencia se alejó corriendo por la puerta del salón principal.

    —¡Silvana! —exclamó Rita pero Walter le hizo un gesto para que la dejara ir. —Dejala… comprendo bien como se siente. —dijo.

    Todos se sumieron en un incomodo silencio, no obstante Mirna se puso de pie sin decir una palabra y salió de la sala tras los pasos de su amiga.


    Mirna encontró a Silvana sentada en la cama marinera que ambas compartían en uno de las habitaciones del piso superior. Sin decir una palabra (Al fin y al cabo ella era Mirna, la arquera Voldoriana que raramente hablaba) se sentó en la cama al lado de su amiga y recostó su cabeza en el regazo de la Druida.

    Silvana acarició las orejas de gato su amiga tal como sabía que le gustaba. Aquella interacción íntima entre las dos chicas-gato era algo que las relajaba a ambas después de los agotadores raids que solían hacer contra los más peligrosos monstruos que asolaban los parajes alrededor de la ciudad. Aquella vida aventurera estaba, de alguna forma, a punto de desaparecer para ambas.

    —¿Crees que en verdad perdamos este lugar? —preguntó a su amiga. Mirna no respondió y siguió ronroneando como si fuera un verdadero gato en el regazo de su dueña. Silvana estaba acostumbrada a no recibir respuestas de su amiga y, a decir verdad, lo preferia así… Mirna era una de las pocas personas que sabía escuchar y daba gusto estar en su compañía.

    —¿Sabes? —preguntó mientras miraba las motas de polvo flotar suspendidas en el rayo de luz que se filtraba por la ventana. —Hoy conocí a un chico en la Pradera oeste.

    Las orejas de Mirna se movieron al unísono, como si aquello la hubiese sorprendido.

    —Estaba buscando raíces cerca de los túmulos de piedra que están en los lindes del bosque y vi que cerca había aparecido el efecto de luces de un teletransportador… me pareció extraño en esa zona y fuí a investigar.

    Mientras Silvana hablaba no dejaba de acariciar el suave pelaje de su amiga, quien había cerrado los ojos y disfrutaba del suave tacto de la Druida.

    —Era un joven mayor que yo. —dijo recordando los detalles. —Tenía el cabello oscuro y la piel morena… pero lo que más me llamó la atención es que vestía las ropas de un personaje recién creado en Calypso. ¿Qué hacía allí un jugador Nivel Uno? Antes que pudiera darme cuenta atrajo la atención de un Golem de Piedra y tuve que salir a salvarlo, ¡Y casi no lo llego a tiempo!

    Silvana se recostó contra las almohadas mientras miraba el techo de madera de la habitación. —Nos separamos luego que un Zentradi del Enjambre intentara asesinarme. —dijo sacudiendo la cabeza. —Espero volver a verlo algún día, me pareció una persona muy interesante… ¡Y además dijo que era de La Tierra! ¿Puedes creerlo?

    Mirna abrió los ojos y sonrió. En ese momento un mensaje entró en la interfaz de comunicaciones de Silvana y la joven lo abrió de inmediato frente a su rostro desplegando una nueva ventana. —Oh. —dijo viendo el mensaje. —Es mi madre… tengo que irme por hoy Mirna.

    —¿Nyan?

    —Trataré de venir un poco mas temprano mañana, así podremos ir a las catacumbas a juntar algo de oro para ayudar a Alex con los impuestos. —dijo la joven. —Mis habilidades de Druida no son muy útiles allá abajo, pero siempre hay musgo y liquen en las paredes de piedra que pueden utilizarse para algunos hechizos simples… estoy segura que podremos recaudar esa cifra y salvar nuestro ClanHall. —dijo entusiasmada la joven. —¿Me esperaras?

    —Nyan. —respondió la arquera moviendo la cola.

    Silvana acarició las orejas de su amiga una vez más y luego se incorporó dejando a su compañera tendida en la cama.—Hasta mañana. —dijo saludando con la mano.

    Mirna respondió el saludo con su propia mano y vió como Silvana desaparecía en medio de una lluvia de pixel multicolores.
     
  7.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
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    La Teniente Karina O’Higgins tenía prisa. Tras ponerse nuevamente su casco saltó con agilidad sobrehumana al interior de la cabina de su VF-4 y de inmediato el brazo izquierdo del robot se movió hacia donde estaban ambos jóvenes. Dante no puso ninguna resistencia y la gigantesca mano lo levantó por el aire como si fuera un muñeco de trapo.

    La cabina de caza todavía no se había cerrado por completo cuando ambos ya estaban varios metros en el aire ante la sorprendida mirada de la chica gato, quien quedó paralizada en su sitio viendo como la poderosa máquina de guerra se sumergia entre las nubes blancas hasta que fué apenas un puntito en el horizonte.

    Dante contempló fascinado el paisaje. En pocos segundos habían alcanzado los mil pies de altura y el caza niveló su vuelo mientras aceleraba en dirección a la cadena montañosa que el jóven había observado al momento de despertar en aquel fascinante mundo. Las cimas cubiertas de nieve reflejaban la luz del sol, pero aquí y allá se podían ver pequeños manchones negros desperdigados entre los campos de nieve; Dante agudizó la vista y pudo ver lo que parecían ser campamentos de tiendas negras. Las montañas eran un territorio vigilado y los signos de guerra se veían incluso desde allí.


    El VF-4 se elevó aún más y pasaron con facilidad sobre la extensa cadena montañosa mientras el viento arrastraba las nubes de humo negro que las hogueras de un centenar de campamentos de guerra arrojaban al brillante cielo azul de las alturas.

    —¿Se están preparando para una guerra allá abajo? —preguntó el joven en dirección a la cabina, pero pronto se dió cuenta que era imposible que aquella piloto pudiera escucharlo desde allí dentro.

    Era extraño. Aquella Teniente no había vuelto a dirigirle la palabra desde que lo recogiera de entre la hierba con una inusitada violencia. Dante estaba seguro que de no haber sido aquel un videojuego, su pobre cuerpo hubiese sido aplastado como un tomate maduro ante el poderoso agarre de aquella mano robótica.

    La forma en que lo había mirado y examinado detenidamente tampoco le habian parecido una buena señal a Dante, eran demasiados signos hostiles en alguien a quien recién conocía. ¿Podría ser la Teniente Karina O’Higgins uno de sus numerosos enemigos en la NUNS? ¿Incluso dentro de aquel mundo de fantasía llegaba la venganza y rencor de los Hughs?

    O’Higgins no era un nombre familiar para Dante, incluso habiendo estudiado de forma exhaustiva la historia militar de los últimos cien años, no recordaba haber visto aquel nombre en la milicia.

    Miró hacia la cabina y captó, por casi una fracción de segundo, como la cabeza de la piloto se volvía rápidamente hacia delante. ¿Lo había estado mirando ella también? Un escalofrío recorrió el cuerpo del joven.

    El caza atravesó un frente de nubes blancas y de pronto un paisaje irreal apareció ante los ojos del sorprendido Dante.

    —Mierda. —exclamó sin creer lo que veía.


    Por delante de ellos se extendía una escenografía que parecía sacado de un sueño o de las alucinaciones de un loco.

    Enormes islas flotantes cubrían el paisaje hasta donde la vista abarcaba. Había gigantescas masas de roca de varios kilómetros de largo e infinidad de pedruscos de solo un centenar de metros de diámetro, todos ellos flotando a diferentes altitudes completamente inmóviles.

    Abundante vegetación cubría algunas de aquellas islas, otras en cambio estaban desiertas y algunas parecían estar a punto de derrumbarse y solo estaban sostenidas por las raíces y ramas de antiguos y titánicos árboles, ahora muertos y fosilizados. Al parecer había todo un ecosistema basado en la diferencia de altura de cada isla y su posición por sobre la línea divisoria de la cadena montañosa cercana. Dante pudo observar junglas, sabanas y desiertos pero también praderas y bosques de coníferas a diferentes alturas, como si existiera un orden natural en aquella mezcla de ecosistemas aislados en sus pequeñas naves de roca flotando sobre lo que parecía un abismo oscuro. Le pareció distinguir, a lo lejos, las paredes blancas de alguna enorme construcción, pero al mirar una segunda vez aquello quedó oculto tras las ramas de los monstruosos árboles de una enorme selva tropical.

    Dante miró hacia abajo y vió que, en efecto, existía un gigantesco abismo que descendía mucho más allá que lo que debía ser la altura a nivel del mar del planeta. ¿Estaría relacionado aquel enorme cráter con la perturbación gravitacional que causaba la flotabilidad de aquellas islas? Mantuvo la vista fija en aquella negrura para ver si distinguía su profundidad, pero la oscuridad del abismo hizo que se mareara rápidamente y tuvo que apartar sus ojos a los pocos segundos. Aquel abismo era algo antinatural.


    El VF-4 voló sin disminuir la velocidad entre aquel archipiélago de fantasía, volando temerariamente entre las peligrosas rocas que, como escollos emergiendo de un océano invisible, aparecian y desaparecian frente al caza cada vez que la joven Teniente O’Higgins dirigia su avión por entre el intrincado laberinto de islas mientras Dante quedaba boquiabierto ante el espectáculo.

    La chica sabía lo que hacía, era algo que el joven reconoció de inmediato. Su forma de volar, aunque temeraria para cualquier otro observador, se revelaba ante Dante como de una fluidez y sutileza extraordinaria. Los virajes eran suaves, calculados, la computadora del VF-4 no estaba usando los propulsores vectoriales para corregir la trayectoria de la aeronave al volar entre los apretados espacios libres que quedaban entre isla e isla…

    —Oh mierda… ¿Está volando con el sistema GCAS (1) inactivo? —exclamó asombrado Dante al comprender la razón de aquella forma tan suave de volar.

    El caza utilizaba solamente las superficies de control aerodinámicas en su vuelo, no había ningún tipo de corrección del sistema automático. Aquello era… increíblemente peligroso y definitivamente ilegal, al menos en la Fuerza Aeroespacial.

    Pero estaban en un videojuego y allí eran inmortales… ¿Verdad? Tal vez si chocaran contra una de aquellas islas simplemente rebotarian o atravesarian la roca como si no estuviera allí.

    No, definitivamente no chocarian con nada. La chica sabía lo que hacía y tenía la pericia necesaria para volar por aquella zona. Además… se veía a simple vista que conocía aquel lugar. ¿Cuántas veces habría volado por esa misma ruta?

    Mientras Dante se perdía en aquellos pensamientos la cantidad de islas a su alrededor comenzó a disminuir y pronto el VF-4 salió al espacio abierto. Una nueva cadena montañosa apareció por delante de ellos y la aeronave comenzó a ganar altura rápidamente. Demasiado rápidamente para el gusto de Dante.

    —Espera un momento. —exclamó cuando vió que atravesaban las últimas capas de nubes más altas de la atmósfera y continuaban subiendo. —No me digas que…

    El morro del avión se elevó aún más, casi a ochenta grados con respecto al horizonte artificial que indicaba la actitud de la aeronave desde el panel de instrumentos en la cabina.

    El VF-4 aceleró sus motores principales y comenzó a salir de la atmósfera del planeta.

    Dante se cubrió la boca y nariz con ambas manos y cerró los ojos con fuerza en cuanto vió las primeras estrellas aparecer en el cada vez más negro cielo del planeta Calypso. Sin un traje espacial no aguantaría demasiado allí afuera.

    Los minutos pasaron y como no sucedía nada Dante abrió finalmente los ojos.


    La curvatura del planeta apareció bien marcada ante sus sorprendidos ojos y pudo ver dos enormes lunas asomándose por sobre el horizonte. Una de ellas era de un color gris, similar a la propia luna del Planeta Tierra, pero la otra, algo más pequeña, era de un color rojo sangre, más parecido a la superficie de Marte.

    Aquellas lunas formaban, aparentemente, un sistema binario que orbitaba a su vez aquel planeta, sin embargo estaban demasiado cerca como para formar una órbita estable; Evidentemente los diseñadores del juego no cumplieron formalmente con toda la fidelidad de mecánicas orbitales y fueron simplemente por la opción más “cool” de tener aquellas dos enormes lunas lo suficientemente cerca del planeta como para resultar atractivas a simple vista..


    La interfaz del juego estaba en ese momento advirtiendo sobre los peligros a los que el cuerpo de Dante estaba siendo expuesto mientras el VF-4 abandonaba la órbita baja del planeta y adquiria la suficiente Delta V para escapar del pozo gravitacional de Calypso. Falta de oxígeno, temperaturas de congelación, dosis fatal de radiaciones cósmicas… ya debería haber muerto una docena de veces de no ser por aquella especie de protección que Alpha Corporation brindaba a sus empleados. Dante suspiró y giró la cabeza hacia el planeta que se hacia mas pequeño a medida que el VF-4 se alejaba a toda velocidad de su órbita cercana.

    No fueron demasiado lejos sin embargo. Pronto la aeronave corrigió su curso y los impulsores vectoriales tomaron el control de la orientación del avión y tras una serie de impulsos tomaron un nuevo rumbo.

    Dante calculó que se encontraban aproximadamente en lo que sería la órbita geoestacionaria del planeta Calypso y durante varios minutos circunnavegaron el planeta hasta que la estrella del sistema (Una estrella amarilla del tipo de Secuencia Principal clase G, muy similar al Sol del Sistema Solar) fue eclipsada por Calypso y la oscuridad los envolvió por completo.

    Las luces de navegación del VF-4 se hicieron visibles en ese momento mientras el planeta se transformaba en un brillante anillo azulado al reflejar su atmósfera rica en oxígeno la luz dispersa del lado iluminado del cuerpo celeste.

    El silencio era total y Dante ni siquiera sentía su propia respiración. (Al fin y al cabo no había nada que respirar allá fuera, pero el movimiento reflejo de su yo “real” fuera del juego aún continuaba haciendolo asi que…) Sin nada más que hacer que contemplar las estrellas, se dejó llevar durante varios minutos hasta que los propulsores delanteros del VF-4 se activaron repentinamente mientras el tren de aterrizaje se desplegaba desde debajo del fuselaje. Cuando la poderosa luz se proyectó hacia delante Dante ahogó un grito de asombro.


    Una enorme nave apareció frente a ellos iluminada por el brillante haz de luz y Dante conocía bastante bien aquellas formas, especialmente las del puente que se erguía silencioso a menos de un centenar de metros de donde estaban ellos.

    —¿Eso es una Clase SDFN? —preguntó aunque sabía que su voz no se escuchaba en el espacio. —No espera… hay algo diferente… no… no puede ser.

    El VF-4 se movió alrededor de la torre donde se encontraba el Puente de Mando y el enorme cristal que cubría el frente del mismo devolvió los reflejos del poderoso reflector que iluminaba la escena. Dante observó a través del cristal la estructura del puente, más ninguna luz se veía en el interior, todo estaba oscuro y silencioso. ¿Acaso aquella nave estaba desierta?

    Cuando el caza descendió por babor de la enorme nave y las luces iluminaron el sitio donde debería estar anclado el portanaves clase ARMD, Dante comprendió que no estaba ante una clase SDFN ordinaria.

    —Oh mierda. ¿Esa es… Macross?

    El enorme portaaviones construido a fines del siglo Veinte era inconfundible y la forma en la que había sido anclado a babor de la gigantesca fortaleza no dejaba lugar a ninguna duda; estaban ante la misma nave que había albergado al último remanente de la humanidad y los había protegido del holocausto que los Zentradi habían desatado sobre el Planeta Tierra.

    Aquella nave era la SDF-1 Macross.


    —Dime que estás bromeando. —exclamó Dante sin poder creer lo que veía. —¡Ese es el Prometheus!

    Descendieron hasta estar en la propia cubierta del Portaaviones que otrora fuera la nave insignia de las fuerzas de la UNSpacy en los mares del planeta Tierra y la Teniente O’Higgins dirigió su caza hacia uno de los elevadores para aviones que se encontraba cerca de la superestructura que alojaba el puente. En cuanto estuvieron sobre la plataforma el VF-4 adoptó el modo Gerwalk y las piernas se apoyaron sobre la cubierta metálica.

    De inmediato el elevador se puso en movimiento mientras el VF, ya firmemente anclado magnéticamente a la plataforma, descendía al interior del mismo.


    Las luces del hangar estaban encendidas, pero nadie fue a recibirlos. Todo estaba silencioso y desierto. En cuanto el elevador se detuvo el VF-4 simplemente caminó varios metros hasta un sector libre cerca de varios contenedores de misiles y depositó al joven en el piso.

    Cuando los enormes dedos de la mano del robot se abrieron Dante se incorporó y miró asombrado a su alrededor. Contó una docena tal vez de viejos VF-1 en varias configuraciones de las más conocidas, todos ellos con las cabinas abiertas y en las estaciones de mantenimiento listos para recibir a sus pilotos, más no había nadie en todo el inmenso hangar, ni pilotos ni técnicos, ni siquiera soldados o marinos.

    Para entonces el VF-4 había apagado sus motores y la cabina ya se estaba abriendo. La piloto Karina O'Higgins se quitó el casco y tras soltarse el cabello oscuro bajó de un salto desde la cabina.

    —¡Este es el Prometheus! —exclamó Dante hacia la joven que se aproximaba. —¡Estamos en la Macross? ¿Cómo es posible?

    La Teniente lo miró y sin decir una palabra pasó de largo como ignorándolo. Dante se quedó perplejo ante aquella descortesía. —¡Oye! —gritó. —¿Cual es tu problema?

    La joven se subió a un transporte de personal y tras arrancarlo se quedó esperando mientras miraba al joven. Dante suspiró y se acercó al trote.

    —¿Vas a guardar silencio por siempre? —preguntó en cuanto hubo subido al asiento del acompañante. —¿Es por algo que hice o dije?

    —Solo vine a escoltarte fuera del planeta. —dijo mirando fríamente al joven, quien retrocedió asustado contra su asiento. —No soy una guia de turismo ni nada, asi que guarda silencio y déjame hacer mi trabajo.

    Dante se rascó la cabeza. —Oye… no es que quiera presumir de ello, pero durante meses enteros he viajado con docenas de pilotos de toda clase, desde naves de transporte hasta en cazas biplaza y ninguno de ellos me trató ni remotamente tan mal como lo has hecho tu.

    —Puedes escribir una queja a la Administración. —respondió la joven mientras pisaba el acelerador. El transporte dió un brinco hacia delante y salió a toda velocidad por la vía de acceso principal del hangar.

    —¡Ten más cuidado! —gritó Dante sujetándose como pudo mientras luchaba por ponerse el cinturón de seguridad.


    Avanzaron hasta el final del hangar donde un elevador los llevó varios niveles por debajo de la cubierta de vuelo. Al abrirse las enormes compuertas y atravesar un largo túnel que parecía estar articulado en varios segmentos Dante supo que ya no estaban en el Prometheus.

    —Hemos entrado a Macross —¿Verdad?

    La joven asintió con la cabeza. Dante pensó que aquello era un avance.

    Continuaron por aquella ruta y tras dar varias vueltas y ascender algunos niveles mas Dante perdió por completo el sentido de la orientación. ¿Estaban yendo hacia la proa o la popa de la enorme nave?

    Cuando tomaron un túnel y salieron a un espacio abierto algo más iluminado Dante supo donde estaban.

    —Esta… esta es…

    Una ciudad apareció ante ellos y el vehículo emergió del túnel entrando a una calle rodeada de tiendas y oficinas. El cambio del paisaje fue tan brusco que el joven se quedó sin habla durante varios minutos en los que recorrieron varias manzanas de la extraña urbe.

    —Esto… esto es increíble. —dijo Dante mirando a ambos lados de la calle. —¡Esta es la ciudad que los refugiados de South Ataria reconstruyeron en el interior de la Macross!

    La joven no respondió y dobló en una esquina. Un enorme edificio apareció ante ellos y el vehículo se detuvo junto a la entrada de lo que parecía ser un hotel. Todo estaba desierto a su alrededor pero al menos las luces estaban encendidas.

    —Bajate. —ordenó la Teniente y Dante obedeció de inmediato.

    —Puedes quedarte en cualquier habitación que elijas. —explicó la joven mientras señalaba con un dedo la entrada iluminada del edificio. —Cuando estés listo desloguea tu avatar y espera a que un empleado de Alpha Corporation se ponga en contacto. Por ningún motivo debes abandonar este lugar ¿Queda claro?

    Dante estuvo tentado de hacer un saludo militar pero se contuvo. —Entiendo. —dijo simplemente.

    —Mi misión ha terminado entonces. —dijo la joven y antes que Dante pudiera reaccionar para preguntar algo ya había pisado el acelerador del transporte. El vehículo hizo rechinar las ruedas y desapareció tras doblar una esquina mientras el joven se quedaba mirando con cara de estupor.

    —¿Qué diablos le pasa a esa tipa? —se dijo mientras se rascaba la cabeza. —¿Y donde rayos estoy? —se preguntó mientras se daba vueltas. Evidentemente estaba dentro de la Macross, pero no había nadie más alrededor para confirmar aquello. Sin nada más que hacer se encaminó hacia las puertas vidriadas que se abrieron de par en par para dejarlo entrar.

    El Hall del hotel estaba completamente iluminado y desierto, como todo lo que había visto en el interior de la nave. Las plantas estaban verdes y saludables, el agua borboteaba en una fuente dorada e incluso vió que en un cenicero una colilla de cigarrillo todavía humeaba a medio apagar. Era como si todo el mundo hubiera desaparecido de repente y solo Dante permaneciera vivo en aquel lugar.

    Exploró el salón comedor, las cocinas e incluso los closets donde se guardaban los artículos de limpieza. Cuando se cansó de no encontrar a nadie tomó una llave de detrás del mostrador de la recepción y tras subir al elevador se dirigió al último piso del hotel.

    La habitación que había elegido era una de las más lujosas del lugar. Tras encender las luces y caminar por el recibidor alfombrado se acercó a la ventana y miró hacia afuera.


    La ciudad no era muy grande, de hecho estaba densamente comprimida en lo que parecían ser menos de cuatrocientos metros cuadrados. Dado que la Macross media en total unos mil doscientos metros de longitud, aquella urbe ocupaba algo así como un poco menos de la mitad del espacio interno del casco. Eso sí, si bien la ciudad no era muy extensa a lo largo y ancho, al estar compuesta en varios niveles superpuestos a través de todo el espacio interno hacia un uso muy eficiente del volumen disponible, multiplicando de esa forma la cantidad de edificios que se apilaban uno sobre otros con varias pasarelas que conectaban los diferentes niveles, reservando el nivel de la calle para comercios y oficinas mientras que los módulos de vivienda se encontraban en las alturas, incluso surgiendo del mismo techo de aquel enorme espacio interno.

    En el centro mismo de aquel rejunte de edificios se encontraba un pequeño parque con unas fuentes y varios árboles. Dante tuvo deseos de ir allí pero no se tomó a la ligera la advertencia de la Teniente. Seria mejor terminar allí su sesión de juego de una buena vez, además desde hacía rato que se estaba sintiendo algo cansado.

    Se alejó de la ventana y tras cerrar las cortinas fué hasta la enorme cama King Size y se arrojó sobre los suaves acolchados sin sacarse los zapatos siquiera.

    —Vaya dia. —dijo mientras cerraba los ojos.


    La opción de desloguear su avatar apareció en medio de la interfaz de usuario. Dante la seleccionó y de pronto había vuelto al mundo real.

    Se incorporó en su cama mientras se quitaba el pesado casco de la cabeza. Aquella cosa era bastante incómoda, la recomendación de usarla estando acostado debería ser un requerimiento obligatorio en vez de solo una sugerencia. Tras hacer un par de ejercicios de estiramiento se masajeó el cuello dolorido y fué hacia el baño, donde luego de orinar mientras silbaba una melodía de moda se terminó de higienizar rápidamente en el lavabo. Al salir vió que la pantalla de su Pad estaba iluminada indicando que había recibido un mensaje. —Los de Alpha Corporation seguramente —pensó el joven tomando el aparato.


    Veinte minutos más tarde Dante salía de su apartamento llevando apenas una mochila mientras bostezaba sin poder evitarlo. Siete horas había pasado sin darse cuenta dentro del juego y ahora eran las ocho de la mañana en el mundo real (O al menos así era el horario local de la Flota 41) —Se suponía que solo iba a estar una hora dentro de Calypso.—protestó frente a la imagen que aparecía en el espejo del elevador que lo llevó hasta la calle, pero el cristal solo le devolvió una versión ojerosa y bastante desgarbada de sí mismo.

    La calle estaba desierta y Dante tuvo, por un momento, la misma sensación que había experimentado dentro del juego en aquella misteriosa ciudad en el interior de la Macross. De pronto un vehículo dobló por la esquina y pasó frente a los departamentos donde Dante esperaba en la puerta. Ver otras personas tranquilizó un poco al joven, quien se dispuso a esperar su propio transporte mientras recordaba todo lo que había sucedido el día anterior.

    Al cabo de unos pocos minutos un vehículo de dos plazas se detuvo frente a Dante y la puerta se abrió sola. Para su decepción vió que era un vehículo autónomo en piloto automático, adiós a sus planes de hablar con alguno de los locales.

    Una vez que hubo abordado el pequeño transporte la puerta se cerró y se pusieron en marcha de inmediato. El día anterior Dante no había podido ver mucho de la ciudad pero ahora que estaban circulando por una vía más importante podía apreciar el verdadero tamaño de aquella colonia.

    La Macross 41 era una flota cuya nave Colonial era algo más pequeña que las “clásicas” islas protegidas por el enorme caparazón de almeja que albergaba un ecosistema completo en el que vivían los colonos. Si bien Macross 41 tenía una forma ligeramente achatada, abandonaba el diseño de entorno “abierto” a favor de una estructura cerrada, sin cristales que permitieran el paso de la luz al interior de la Colonia. En ese sentido se podría afirmar que Macross 41 estaba más relacionada a la Flota Galaxy en cuanto a que ni siquiera se molestaba en simular un cielo azul para sus habitantes.

    El cielo de la ciudad por donde circulaba Dante eran bloques de metal y estructuras tubulares, lo que en cierta medida le recordaba la ciudad del interior de la Macross, la diferencia por supuesto era la escala… y la gente.

    Dante vió varias personas trabajando y circulando por las calles aledañas. Sabía que la población de la Flota 41 ascendía algo así como a un cuarto de millón de almas, pero la mayoría de ellas se encontraba ya en las vainas de estasis, participando de aquel proyecto de viaje de larga duración mientras unos pocos empleados mantenían los sistemas de la nave desde fuera del videojuego.

    Lo que sí vió en abundancia eran robots. Los había de todo tipo; pequeños drones que revoloteaban entre los edificios y otros del tamaño de camiones que recorrían las calles limpiando las aceras. Vio robots de construcción del tipo Destroids, grandes mechas de forma humanoide usados por la industria pesada (Y ocasionalmente por los militares) pero estaban quietos y silenciosos. En realidad no había gran actividad en la ciudad y los pocos habitantes que vió trabajando eran encargados de limpieza y mantenimiento. Ningún proyecto de construcción se encontraba en desarrollo en aquel momento


    Tras varios minutos de marcha el vehículo se desvió de la autopista que atravesaba el centro de la ciudad y se dirigió hacia la zona donde enormes rascacielos de oficinas casi llegaban a tocar las placas metálicas del cielo de la Colonia. Para sorpresa de Dante se detuvieron justo en la puerta de uno de los más altos, una enorme mole de cristal y acero de casi ochenta pisos de altura. La puerta del transporte se abrió y la voz sintetizada de la computadora de abordo lo instó a que se bajara pronto.

    El joven tomó su mochila del asiento del acompañante y bajó del vehículo. Otra vez volvía a estar solo en medio de la vereda sin peatones u otros vehículos a la vista. Suspirando se echó la mochila al hombro y entró al enorme edificio.

    El vestíbulo estaba también vacío. En el mostrador de la entrada vió a un solitario guardia de seguridad que se sorprendió al ver las puertas de cristal abrirse. Dante se dirigió hacia allí y alcanzó su tarjeta de identificación ante la mirada extrañada del hombre.

    —Dante Sebastian Joyner. —leyó el guardia en la pantalla de su Pad. —Lo esperan en la oficina del Director General en el piso ochenta y dos.

    Mientras hablaba una pequeña compuerta se había abierto en el piso, justo al lado de donde Dante estaba parado y un pequeño Drone con forma de esfera se elevó por el aire hasta quedar a la altura de los ojos del joven. —Por favor siga al guía hasta su destino. —instruyó el guardia mientras devolvía la tarjeta de identificación.

    —Gracias. —respondió el joven.

    El pequeño Drone desplegó unas pequeñas alas holográficas, como si quisiera imitar una especie de hada galáctica y la palabra “Sígueme” apareció resaltada en el cuerpo metálico.

    —Adelante. —dijo él encogiéndose de hombros.


    Dante siguió al pequeño guia por el vestíbulo hasta una hilera de elevadores hacia el fondo de la misma. Las puertas se abrieron automáticamente al acercarse y ambos entraron mientras una serie de pantallas holográficas se encendían en las paredes del mismo mostrando paisajes y flores en vívidos colores.

    El elevador tenía una de sus paredes vidriadas que daban a la cara externa del edificio, por lo que Dante ignoró las pantallas y se concentró el mirar el paisaje de tonos grises y marrones que se extendía ante él a medida que ganaban altura. Definitivamente Macross 41 no era una flota bonita. Todo era utilitario y funcional, no se veían plantas ni obras de arte, como una de esas ciudades del antiguo bloque comunista de mediados del siglo veinte que se construian con el solo objetivo de dar un lugar de reposo y vivienda al obrero y poco más.


    Llegaron al piso indicado rápidamente y el guía volvió a insistir con que lo siguieran. Dante apartó la vista del paisaje gris y salió del elevador con la sensación que los constructores de la flota 41 la habían hecho fea a propósito para que la gente se quedara dentro de Calypso.

    Tras un pequeño recibidor se encontraban las puertas de la oficina del Director, no obstante no vieron a nadie tras el mostrador en donde se suponia que deberia estar la secretaria de tan importante personaje. Las puertas estaban entreabiertas y una luz azulada se filtraba entre las enormes hojas de roble oscuro. Dante leyó el nombre «M.Duval» en una placa dorada que informaba el nombre de la persona que se encontraba detrás de aquellas puertas.

    El Drone flotó hasta la entrada y tras emitir un par de “bips” de aviso desapareció por una abertura que se abrió en el piso tal y como lo había hecho en la planta baja.


    Dante se asomó a las puertas y miró hacia el interior de la enorme oficina. Las persianas de las ventanas estaban bajas y la mayoría de la luz provenía de una multitud de pantallas desperdigadas por techos y paredes pero también sobre mesas y racks de equipos de informática y servers cuya función escapaban al entendimiento del joven. El escritorio principal que se erguía justo frente a los ventanales cerrados parecía ser el del Director, pero la silla estaba vacía y no se veía a nadie alrededor.

    —Permiso. —se disculpó Dante entrando a la habitación.

    Detectó un movimiento en una de las sombras a su izquierda y vió que lo que al principio había confundido con un bulto era en realidad una persona inclinada sobre una estación de trabajo, quien de inmediato se quitó un grueso par de auriculares de la cabeza mientras se giraba hacia el recién llegado.

    —Dante… ¿Verdad? —preguntó mirándolo con interés con unos ojos negros brillantes bajo un par de gafas de lectura.

    Dante calculó que aquel joven no pasaría de los veinte años de edad, lo más llamativo era que no tenía un solo cabello en su cabeza y la luz azulada de las pantalla se reflejaba en la brillante piel de su cráneo, dándole una apariencia casi sobrenatural.

    —¿Es usted el Director…? —preguntó extendiendo la mano pero se detuvo en cuanto vió que el joven sacudia la cabeza. —Detrás de tí. —dijo el otro señalando en la dirección en la que había llegado.

    Dante se dió la vuelta y se encontró mirando el pecho de un desconocido que fácilmente sobrepasaba los dos metros de altura. El joven sorprendido dió un paso atrás, volteando en el proceso una silla que cayó con mucho alboroto sobre el piso de la oficina.

    —No te asustes. —dijo la poderosa voz del desconocido mientras extendía las manos hacia delante. —¿Eres Joyner, no?

    —Si… si señor. —respondió nervioso el joven.

    El desconocido dio un paso al frente y la luz de las pantallas iluminó el rostro con rasgos Zentradi. Si bien era imposible distinguir el verdadero color de su piel debido a la escasa luz, Dante supuso que fuera de ese lugar sería de un color cercano al verde oliva. Tenía el cabello corto y bien peinado y sus ojos azules eran vívidos y brillantes y delataban una mente rápida e inteligente tras ellos. Vestía una simple camisa blanca la cual se había arremangado hasta los codos y al parecer se había quitado también la corbata. Daba un aspecto bastante amenazador, incluso vistiendo aquellas ropas de oficinista agotado por una larga jornada laboral.


    —Soy el Director General de la Filial de Alpha Corporation en la Flota 41. —dijo extendiendo una enorme mano, casi del doble de tamaño que la del sorprendido joven. —Mi nombre es Máximo Duval.

    Dante apretó la mano y contestó al saludo lo mejor que pudo. —Dante Sebastian Joyner. —dijo algo nervioso sintiendo la poderosa presión de la mano del hombre. —Es un placer conocerlo, Señor.

    El Director retiró la mano y se cruzó de brazos mirando al joven desde lo alto. —Siento haberle asustado antes, señor Joyner, realmente no esperábamos su llegada… de hecho casi nos habíamos olvidado de usted… ¿Donde…?

    —Es una larga historia. —dijo Dante pasándose una mano por los cabellos. —Digamos que me vi envuelto con la peor parte de la burocracia militar de la NUNS. —dijo encogiéndose de hombros.

    —Ya veo. —respondió el hombre. —Tiene… una biografía interesante, por lo que recuerdo haber leído. —dijo mientras se llevaba una mano a la barbilla. —¿Así que le dieron de baja automáticamente luego de graduarse en la Academia...?

    —Algo así. —respondió Dante con cautela.

    El Director Duval lo miró con seriedad examinando cuidadosamente el rostro del joven. Aquellos ojos azules parecían poder ver a través de las cosas. —Como sabrá, trabajamos para los militares aquí. —dijo mirando hacia la ventana en donde unas pocas líneas de luz pasaban a través de las cortinas. —Y algo me dice que la abrupta interrupción de su carrera como oficial en las fuerzas armadas no es algo que quiera mostrar voluntariamente en su currículum. —agregó.

    Dante tragó saliva.

    El enorme hombre caminó alrededor de Dante mientras el otro joven sentado frente a su computadora seguía la escena interesado. —El Departamento de Recursos Humanos me preparó un informe sobre usted mientras estaba de viaje. —continuó diciendo mientras examinaba al nervioso joven. —Lei un par de cosas que llamaron mi atención, pero me gustaria saber mas en persona y no por lo que dice un reporte escrito por vaya a saber quien…. ¿Me comprende?

    —Comprendo. —respondió Dante.

    —Déjame preguntarte algo. —dijo acercandose mientras se inclinaba un poco para que su rostro estuviera a la altura de Dante. —¿Tienes algún resentimiento contra la milicia? —preguntó directamente.

    —No. —respondió Dante sin dudarlo. —No tengo ningún resentimiento contra la NUNS. Mi idea era continuar en servicio activo, pero otros decidieron por mi.

    El Director Duval se incorporó y movió la cabeza pensativo. —Ya veo. —dijo mirando más allá del joven que tenía enfrente. —Solo quería estar seguro de eso. Como te dije antes, el Gobierno unificado es nuestro único cliente y debemos trabajar en conjunto durante todo este viaje, nos guste o no. Supongo que ya has conocido a la Teniente O’Higgins el día de ayer. —dijo bajando la vista hacia el joven.

    —Me temo que no nos conocimos en las mejores circunstancias. —reconoció Dante encogiéndose de hombros.

    —¿Oh? —exclamó Duval mirando intrigado al joven. —Bueno no me sorprende… usted se adelantó y entró a Calypso antes de lo esperado… se suponía que debía tener una pequeña charla introductoria antes de acceder al sistema.

    Dante se inclinó hacia el Director con una reverencia de disculpa. —Lo siento mucho. —dijo arrepentido. —Vi el casco de realidad virtual sobre mi cama y… debo reconocer que no pude resistir la tentación de probarlo. —reconoció.

    Duval suspiró. —Me imagino. —dijo sacudiendo la cabeza. —Pero no es conmigo con el que tienes que disculparte… es con ella.

    El joven sintió que su corazón se detenía cuando vió que Duval señalaba en dirección a su espalda. Tras respirar profundamente se volteó y vió a la Teniente O’Higgins que lo miraba fijamente cruzada de brazos apoyada contra una pared.

    —Oh.. rayos. —exclamó el joven mientras Duval lanzaba una carcajada.

    La joven vestía un simple uniforme de conscripto color caqui, pero a la poca luz que había Dante observó que su aspecto era exactamente igual al que tenía dentro de Calypso.

    —Siento mucho haberle incordiado el dia de ayer. —dijo Dante volviendo a inclinarse hacia la joven. —No fué mi intención crear tantos problemas.

    La Teniente O’Higgins miró hacia un lado y no dijo una palabra mientras Dante continuaba con la cabeza mirando hacia el piso.

    —No te preocupes por ella. —dijo Duval pasando su enorme mano bajo el pecho de Dante obligándolo a enderezarse con una fuerza irresistible. —No es de hablar mucho… Oh por cierto, ese de allí es William, es el ingeniero en sistemas que estuvo interesado en tu pequeño incidente con el software de entrenamiento que suministramos a la milicia.

    El joven levantó la mano en dirección a Dante. —Llamame Willy. —dijo rascándose la nariz.

    Dante le dirigió una sonrisa. —Gracias por darme la oportunidad de llegar hasta aquí. —dijo. —Literalmente quedé en la calle cuando me dieron de baja en la fuerza… de no haber sido por toda una serie de coincidencias…

    —Algunos de nosotros creemos en el Destino. —afirmó el Director cruzándose de brazos. —En fin, sea como sea ya estás aquí y eso significa que puedes empezar a ayudarnos con nuestro pequeño problema.

    Dante miró al enorme Directivo y vió que su semblante se había puesto tenso de pronto. —¿Problema? —preguntó intrigado.

    Pero Duval no lo estaba mirando a el. Dante se giró y vió que tanto Willy como la Teniente estaban mirando hacia la puerta de entrada, donde alguien había aparecido sin hacer ruido.

    —Oh, veo que ya están todos aquí. —dijo una voz desconocida.

    Dante se volteó y vió que una persona sobre una silla de ruedas había entrado a la oficina.

    —Luz. —dijo Duval y la estancia se iluminó de repente mientras el recién llegado hacía avanzar su silla de ruedas hacia donde el Director y Dante estaban de pie.

    El hombre que estaba recostado en la silla era de mediana edad y vestía un costoso traje de negocios de corte italiano. A uno de los lados de la silla se encontraba colgado un maletín de cuero negro y lo que más llamó la atención de Dante fué el dispositivo que colgaba de la parte trasera de la silla. Reconoció de inmediato el casco de realidad virtual como el que había estado usando en su habitación, pero en cambio el del desconocido parecía formar parte de la misma silla por medio de un brazo robótico que podía desplegarlo por sobre la cabeza del usuario cuando este lo quisiera.

    —Así que este es el famoso estratega que han contratado? —preguntó el hombre mirando de reojo a Dante. —Creí que se había perdido en algún rincón del espacio desde hace meses. —agregó con una amplia sonrisa que mostró una dentadura perfecta.

    Dante sintió un escalofrío al escuchar hablar a ese hombre. Algo en su interior le decía que ese tipo eran malas noticias.

    No se equivocaría.










    1. GCAS Ground Collision Avoidance System (Sistema de Evasión de Colisiones contra el Terreno)
     
  8.  
    Gerli

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    Máximo Duval se volvió hacia Dante. —Permíteme presentarlos. —dijo con un gesto de la mano. —El Doctor Malkovich es el representante legal de un grupo de jugadores en Calypso y suele visitarnos con frecuencia para comunicarnos las inquietudes de las personas que representa… aunque sera de agradecer que tuviera la cortesía de anunciarse primero. —dijo lanzando una mirada al profesional.

    El recién llegado ignoró la indirecta y extendió una mano hacia el joven. Dante se sorprendió al ver que usaba un curioso guante blanco de lo que parecía ser seda; un detalle bastante peculiar en un profesional de las leyes. —Dante Sebastian Joyner. —respondió contestando el saludo mientras apretaba la mano enguantada. —Es un gusto conocerlo Doctor.

    El abogado retiró la mano y se volvió hacia Duval. —Me imagino que ahora su Staff está finalmente completo. —observó. —Ha sido algo realmente inoportuno el perder a tantos profesionales en una etapa tan crítica del proyecto.

    El rostro del enorme Director no mostraba signos de ira ni ninguna otra emoción visible, pero Dante notó como el puño del hombre se cerraba con fuerza. —No se preocupe por mi Staff. —respondió. —Todos los puestos necesarios están cubiertos y tenemos a toda la gente que necesitamos.

    —Por el bien del proyecto, espero que así sea. —contestó el abogado. —Mis clientes están algo preocupados por las decisiones que la administración de Calypso ha tomado recientemente y les gustaria tener algun tipo de respuesta desde los responsables directos.

    —Para eso existe el Concilio. —cortó Duval de forma abrupta. —Los asuntos internos del juego se resuelven DENTRO del mismo juego.

    Malkovich le dirigió una sonrisa. —Por supuesto que sí. —respondió. —El problema es que el Concilio no tiene la competencia adecuada para tratar los asuntos “externos” del juego. —dijo volviéndose hacia la piloto O’Higgins. —¿Verdad, Teniente?

    La joven frunció el entrecejo, pero no respondió. Tenía la mirada fija en el hombre de la silla de ruedas.

    —¿A que se refiere con eso? —preguntó en cambio Duval.

    —Me han llegado informes sobre una disrupción del juego por parte de la veedora oficial de la NUNS en Calypso. —explicó el abogado volviéndose hacia el Director. —Un jugador ha reportado que vió su actividad lúdica violentamente interrumpida por un robot que no tiene nada que ver con el universo fantástico en el que este juego se basa… ¿Me explico?

    Dante tuvo suficiente con aquello y dió un paso al frente. —Ese jugador intentó pisarme como a una hormiga sin ninguna clase de provocación. —afirmó. —¿Que clase de “juego” es ese.

    Malkovich se encogió de hombros. —¿Qué tiene eso de malo? Es algo perfectamente legal y permitido en este juego… ¿O acaso no lo sabía?

    —El señor Joyner no conoce aún el juego. —lo justificó el Director. —Así que su desconocimiento lo excusa de esto… pero en lo que respecta a la Teniente O’Higgins… ¿Es verdad eso? —preguntó volviéndose hacia la piloto.

    —El Jugador estaba interfiriendo con mi misión de recoger al Señor Joyner. —respondió la joven cruzada de brazos. —El protocolo de interacción con los jugadores me permite ejercer la fuerza en casos de no-cooperación de las personas o criaturas-no-jugadores.

    —¿Realmente fué necesario asesinar a un jugador? —preguntó el abogado haciendo un gesto de impotencia con ambas manos. —¿No podía usar simplemente su robot para recoger al Señor Joyner y salir de la zona sin causar tantas interferencias? Le recuerdo que el Protocolo especifica claramente que las interacciones con los personajes y el mundo de Calypso deben mantenerse al mínimo… claramente usted se ha propasado con su reacción y ahora un jugador reporta que ha sufrido lo que legalmente se tomaría como un asalto a su libertad… esto bien podría considerarse un abuso de autoridad y algo que merecería ser reportado a sus superiores.

    —Haga lo que se le cante. —respondió la piloto sin cambiar de expresión.

    Dante miró a Duval y vió que este se rascaba la cabeza pensativo. —Un momento. —dijo extendiendo la mano. —El accionar de la Teniente fué correcto y en ningún momento intervino en el juego. Sus acciones fueron en respuesta a una provocación intencionada.

    El abogado lo miró con curiosidad. —¿Ah sí? —preguntó.

    —El jugador que usted nombra fué quien usó palabras denigrantes hacia la milicia y hacia la Teniente… creo que los registros de la sesión de juego serán suficientes para probar lo que digo. —afirmó.

    Malkovich frunció el ceño pero no dijo nada y dejó proseguir al joven. —El jugador agravió a la teniente y usó insultos de índole sexual y discriminatorios... yo puedo salir de testigo del hecho si es necesario.

    Duval lo miró seriamente. —¿Estás seguro de eso? —preguntó.

    —Si.

    El abogado levantó ambas manos de los respaldos de su silla. —Calma calma señores… no es necesario hacer tanto problema por un simple episodio de esta clase… estoy seguro que todo se resolverá con una simple disculpa por ambas partes. —opinó cambiando rápidamente de idea.

    El Director sacudió la cabeza. —Buena suerte logrando que la Teniente se disculpe con alguien. —dijo. —Será mejor que olvidemos este malentendido y nos dediquemos a asuntos más importantes.

    —Coincido plenamente con su observación. —contestó Malkovich.

    Duval se volvió hacia Dante. —Iré a la sala de conferencias con el Doctor para arreglar esos… “asuntos importantes” que tanto le preocupan. Willy.

    —¿Si Señor? —respondió el joven girando su cuerpo desde su silla.

    —Dale a Joyner una explicación del juego… ya sabes, la idea general y cómo funciona. Necesitamos que se ponga al día lo más pronto posible con los conceptos generales.

    El joven se rascó la calva y suspiró resignado. —¿No puedo simplemente darle el vídeo de orientación?

    —No, de seguro Joyner necesita algo más que eso. —respondió el enorme Director mientras abría una puerta ubicada a un lado de la oficina. —Por aquí Doctor.

    Del otro lado de la puerta se veía una habitación algo más pequeña y mucho más ordenada que la oficina plagada de equipos en la que estaban en ese momento. Malkovich hizo un gesto con la cabeza hacia Dante y el jóven ingeniero e hizo avanzar su silla de ruedas a través de la puerta. —Volveré pronto. —dijo Duval cerrando la puerta.


    Los tres jóvenes quedaron solos en la enorme oficina y Willy fue el primero en romper el silencio al cabo de un momento. —Bueno… supongo que tengo que cumplir las órdenes del jefe… ¿Hay algo que quieras preguntarme directamente o quieres que empiece a hablar sobre Calypso? —preguntó mirando a Dante.

    —Solo una pregunta. —respondió Joyner. —¿Ese tipo es así de cretino todo el tiempo o solo cuando tiene público alrededor?

    —¿Malkovich? Alégrate de haber visto su lado amable hoy. —respondió haciendo girar su silla. —Es verdaderamente insufrible… el día que renunció a Alpha Corporation el jefe abrió una botella de Sidra para festejar.

    Dante lo miró asombrado. —¿Ese tipo fué compañero de trabajo de ustedes?

    —Por poco tiempo, por suerte. —respondió Willy. —Era el consultor legal de la compañía en Edén y trabajó en este edificio en cuanto la Flota 41 partió desde aquel planeta…. fueron los siete meses más desgraciados de toda mi vida para serte sincero.

    Dante se rascó la cabeza. —Ahora que lo pienso el haber estado tanto tiempo de viaje fuera de la vista de ese tipo no me pareció un tiempo tan malgastado. —reconoció. —¿Qué sucedió? ¿Lo despidieron por comer gatitos o robar dulces a los niños?

    —Renunció por voluntad propia. —respondió Willy poniéndose serio de pronto. —Ahora trabaja para el Enjambre.


    Antes que Joyner pudiera hacer otra pregunta ambos se asombraron al ver que la Teniente O’Higgins se había acercado en silencio a ellos.

    —¿Que…? ¿Qué sucede? —preguntó el joven estratega en cuanto la chica se detuvo frente a él.

    —No necesitaba tu ayuda. —respondió ella mirándolo fijamente con aquellos penetrantes ojos verdes. —No le tengo miedo a ese hombrecillo.

    Dante apretó los puños sintiendo una frustración indescriptible. ¿Así lo trataba esa chica luego de querer ayudarla? —No lo hice por ti. —dijo en cambio devolviendo la mirada desafiante. —Solo quise que se supiera la verdad y se hiciera justicia.

    —Eres la persona menos indicada para hablar de justicia. —contestó ella con la mirada relampagueante de odio. —Y un hipócrita por añadidura.

    Joyner no supo qué decir. La joven se dió media vuelta y salió de la habitación por la puerta principal dando un fuerte portazo.


    Los dos jóvenes se miraron en silencio.

    —Explícate ahora. —dijo Willy señalando la puerta.

    —Me trata asi desde que nos conocimos ayer en Calypso. —confesó Dante cruzándose de brazos. —No tengo ni idea que puede haber hecho para generar tanta hostilidad en ella… realmente no la entiendo.

    —¿Estás seguro que no es una antigua amiga de la infancia? ¿Alguien a quien humillaste en el pasado o le propusiste matrimonio para luego olvidarla…?

    —Mi vida todavía no ha caído en esos “clichés” de telenovelas. —dijo el joven suspirando. —Realmente no conocía a la Teniente O’Higgins hasta ayer y te juro que no se que pude haber hecho para ofenderla así… aunque tal vez…

    —¿Tal vez?

    Dante sacudió la cabeza. —Me hice un par de enemigos dentro de los altos mandos de la NUNS antes de venir hacia aquí… es posible que esto tenga alguna relación con eso.

    El joven ingeniero asintió en silencio. —Al menos tengo que reconocer eres bueno en eso.

    —¿En qué cosa? —preguntó intrigado Dante.

    —En buscarte enemigos de alto nivel. —respondió el joven. —La Teniente O’Higgins es, nada más ni nada menos, que la hija única del Capitán de la Macross 41, dudo mucho que pudieras encontrar un enemigo de más alto nivel que ese en toda la flota.

    Dante se golpeó la frente. —¡Deculture! —exclamó. —¿Pero el Capitán de esta nave no es Abraham Simmons? No comprendo…

    —Evidentemente la Teniente no quiere usar el apellido de Papi para escalar rangos en la milicia. —respondió Willy encogiéndose de hombros. —O’Higgins parece ser el apellido de su madre.

    —Así que he empezado con el pie izquierdo. —reconoció el joven.

    —El “Easy Mode” no es lo tuyo. —respondió Willy. —En fin, será mejor que no provoques más a la Teniente y trates de no empeorar las cosas… la chica aprecia que la dejen tranquila y con esa premisa tanto el Director como yo mismo nos hemos llevado muy bien con ella desde que la asignaron a esta función.

    —Haré lo posible. —prometió Dante mientras tomaba asiento junto a su nuevo compañero de trabajo.

    El Ingeniero hizo un gesto con la mano. —Ahora volviendo al juego… ¿Tienes alguna pregunta con respecto a cómo funciona?

    Dante pensó un momento pero supo de inmediato cuál era la pregunta que más le estaba haciendo ruido en aquel momento. —La SDF-1. —dijo. —¿Que hace orbitando Calypso?


    Willy se recostó en su silla. —Ah. —dijo asintiendo con la cabeza. —Me imaginé que me preguntarías tarde o temprano por eso. Digamos que la SDF-1 es “Legacy Code”

    —¿Legacy Code? —preguntó Dante confundido.

    —Osea es algo que ya estaba cuando llegamos. —respondió el joven programador. —Te sorprendería saber que gran parte del código que conforma el software de Calypso fué escrito en el siglo veinte.

    Aquello realmente sorprendió al joven estratega. —¿El siglo veinte? ¿Osea antes de la Primera Guerra Espacial?

    —Mil Novecientos Ochenta y Tres, para ser exactos. —respondió Willy.

    Dante se rascó la cabeza. —¿Existían las computadoras en esa época? —bromeó. —Estamos hablando de casi un siglo atrás.

    —Ochenta y seis años. —lo corrigió el joven. —Y si… aunque no lo creas los ochentas fueron la década donde las computadoras personales comenzaron a masificarse a lo largo y ancho del mundo. Los orígenes de la arquitectura del UniEngine se remontan a ese año.

    El joven estratega sacudió la cabeza. —Es difícil de creer algo así. —dijo. —Perdona pero... simplemente no puedo entender como algo que simula un planeta entero pueda haber sido creado con las computadoras primitivas del siglo veinte.

    —Oh, claro que Calypso no fué programado en esa época. —explicó Willy. —Es muchisimo mas reciente, al igual que el resto del software que usamos en la simulación, pero si hablamos del núcleo lógico que controla todos los diferentes programas que forman el UniEngine, poco ha cambiado de esa época.

    —Explicame. —rogó el joven girando la silla mientras apoyaba sus brazos en el respaldo. —Me imagino que debe haber una historia detrás de eso.

    Willy se rascó la barbilla pensativo. —La hay claro, pero algo me dice que te vas a aburrir como una ostra escuchandola.

    Dante echó una mirada hacia la puerta cerrada en donde Duval y Malkovich habían entrado hacia unos minutos y suspiró. —¿Tienes algo mejor que hacer? —preguntó.

    —Podría trabajar en el maldito juego. —respondió el ingeniero soltando una carcajada. —Pero tengo órdenes del Director de contestar tus preguntas asi que… que diablos, te lo contaré.


    Antes de empezar a hablar, Willy hizo un gesto hacia una de las paredes y lo que parecía ser un refrigerador de tamaño medio encendió un par de luces azules y comenzó a acercarse a la terminal donde ambos jóvenes se encontraban sentados.

    —Será mejor que te sirvas algo. —dijo el Ingeniero mientras elegía una bebida energizante de la pantalla ubicada frente al robot dispensador.

    Dante seleccionó una botella de jugo de naranja y la bebida apareció por una pequeña compuerta debajo de la pantalla. Luego de recoger la botella hizo una seña y el robot volvió a su lugar junto a la pared.

    —¿Sabes lo que es un Engine o Motor de Software? —preguntó Willy tomando un trago de la lata.

    Dante asintió. —Creo que es así como llaman a todo un paquete de programas… como una especie de generalización que abarca varias funciones en las que se basa un determinado software.

    —Sería mejor decir que es una colección de librerías más que de programas individuales. —explicó el joven. —Pero más o menos estas acertado en algo; es un término muy general que abarca muchas cosas, no solamente código o datos de usuario.

    —Y en el caso de Calypso… ese “Engine” es el famoso “UniEngine” que mencionaste antes. ¿Verdad? —preguntó Dante.

    —Si. UniEngine fué la idea de una sola persona a principios de la década de los ochentas. ¿Alguna vez has escuchado hablar de Waltz?

    Dante negó con la cabeza.

    —Fué un brillante programador Polaco, un pionero entre los entusiastas usuarios de las computadoras de 8 bits que comenzaron a hacerse accesibles a lo largo de aquella época alrededor del mundo… pero especialmente en Europa y Estados Unidos.


    Wladyslaw Waltz tenía apenas 13 años cuando recibió su primera computadora en 1983… una Commodore 64 de procedencia Inglesa seguramente… el chico quedó fascinado con las capacidades de la computadora y el impresionante catálogo de juegos que podía correr. Hasta ese entonces los videojuegos eran toscos y simples. Variaciones del clásico tenis de mesa “Pong” y por el otro lado los arcades que ya eran clásicos como “Pacman” y “Space invaders”. Aquella máquina de 8 bits podía correr juegos de toda clase, a todo color y con verdaderos sonidos y música, no solo bips y bops como antes.

    Arcades, juegos de lucha, carreras, incluso aventuras gráficas… la variedad de juegos era ENORME y salían novedades todos los meses. Fué una de las primeras eras doradas de la industria del videojuego.

    Pero había otro género que apenas había tocado las primitivas consolas y prometedoras, pero aún poco potentes computadoras hogareñas… me refiero claro a los Juegos de Rol, o RPG’s como se los conoce en la jerga del gaming.


    Waltz comenzó a jugar al rol con sus compañeros de Secundaria en aquella época, justo cuando todo lo relacionado con Calabozos y Dragones se volvió increíblemente popular entre los jóvenes (y no tan jóvenes) y obras monumentales como El Señor de los Anillos se volvieron clásicos indiscutidos de toda una generación de “nerds” que jugaban largas sesiones sumergidos en los mundos de fantasía imaginados por Tolkien en la seguridad de los sótanos de su padres.

    Estos mundos comenzaron a ser trasladados a las pantallas de las computadoras y consolas de aquella época, pero las limitaciones técnicas molestaban a Waltz.

    Acostumbrado a usar su imaginación para recrear a la perfección los mundos donde Humanos y Elfos combatian contra Dragones y Orcos, los simples pixels y las limitadas paletas de colores de aquellos procesadores dejaban una amarga sensación en la boca del joven.


    Aun así continuó compartiendo su tiempo libre con ambas aficiones y cerrando la brecha que había entre ambas. Sus primeros pasos como programador fueron copiando programas que venían impresos en las páginas de las revistas de papel que circulaban en aquellos días. Su primer lenguaje fue BASIC y tras copiar centenares de líneas de código a mano y corregir decenas de errores a ojo, pudo compilar sus primeros programas.

    No sabemos bien cual fué su primer programa, pero basados en algunas anécdotas de sus amigos en aquella época seguramente fueron pequeños programas para ayudar en su tarea de Game Master cuando era su turno de dirigir una partida. Sin lugar a dudas uno de sus primeros programas fué un lanzador de dados. Algo indispensable para los directores de juego, quien debían hacer cientos de tiradas por partida para definir los destinos de sus jugadores, atados por completo al azar que aquellos dados de muchas caras dispensaban cada noche entre comida chatarra y bebidas carbonatadas.


    Waltz copió sus primeros programas de las páginas de aquellas revistas, tal y como lo hicieron miles de programadores novatos que comenzaron poco a poco a aprender a programar en sus casas, linea por linea, aprendiendo sobre la marcha como exprimir las humildes capacidades de sus pequeñas computadoras hogareñas.

    Sus programas escritos en BASIC para controlar el progreso de los jugadores e incluso su posición en el mapa junto con los enemigos y aliados eran una verdadera maravilla. Los juegos de Waltz eran, a menudo, presenciados por grupos de gente que se sorprendían de la increíble versatilidad de aquella computadora conectada a una simple televisión a color. Los mapas que antes eran representados por trozos de papel garabateados y, en algunos casos, con pequeñas figurillas de plomo pintadas a mano de pronto aparecían a todo color en una pantalla con efectos especiales como el volar de las flechas, las manchas de sangre y una barra indicativa del estado de salud del personaje sobre su cabeza.


    Pero pronto se vió que aquellas computadoras de 8 bits se quedaban cortas en capacidad de cálculo. Esto lo descubrió el joven Waltz cuando durante una sesión de juego de un nivel particularmente alto debió renunciar a usar su fiel computadora para volver a las tablas impresas y calculadora de mano.

    Una gárgola atacó al grupo de aventureros que Waltz guiaba aquella noche. Aquel monstruo podía volar a varios metros de altura y arrojarse sobre los aventureros para atacar con sus garras a toda velocidad. Uno de los magos de su grupo recitó un hechizo de vuelo sobre uno de los pícaros del grupo y usando la asombrosa agilidad de su personaje más la magia del hechicero derivó en un combate en las alturas que resultó demasiado para el humilde procesador de la Commodore 64.

    De pronto el mundo de juego había pasado a ser de tres dimensiones en vez de solo dos. Los programas de Waltz solo podían calcular las posiciones de cada jugador y monstruo en un plano bidimensional. Al agregar a la ecuación el factor de la altura, la arquitectura de la computadora simplemente no pudo resolver todas las ecuaciones.


    Cuando casi de madrugada los amigos de Waltz se fueron a sus propios hogares, el joven quedó tendido en el piso del sótano de la casa de sus padres mientras miraba el techo de madera sobre su cabeza.

    Al cabo de unos minutos se incorporó y tomó la calculadora portátil que había quedado en la mesa. Hizo un cálculo rápido y se quedó mirando el resultado que aparecia en números verdes en la pequeña pantalla.

    —Mierda. —dijo sacudiendo la cabeza.

    Los procesadores de 8 bits apenas podían manejar las posiciones de una docena de personajes en un plano bidimensional. La arquitectura de 16 bits estaba pronta a llegar, con los nuevos modelos anunciados para 1985… ¿Pero sería eso suficiente? La tercera dimensión podría requerir de procesadores de 32 bits solo para procesar todos los datos en una cantidad de tiempo accesible para un Director de Juego que quisiera llevar una partida fluida sin pausas entre cada acción de un jugador. Pero 32 bits era algo que se pronosticaba recién podría llegar para fines del siglo veinte, al menos a los mercados hogareños.

    — ¿Y aún así habrá potencia de cálculo suficiente? Volvió a preguntarse el joven. Tomó nuevamente la calculadora e introducía las cifras adecuadas. Por supuesto la pequeña máquina no tenía la capacidad para mostrar un número de cifras tan grande y la “E” apareció en la pantalla.

    —32 bits no serán suficientes. —dijo el adolescente mirando el plástico amarillento de su vieja computadora. —Tal vez 64 bits tampoco lo sean.


    En ese momento supo que su deseo era construir algo para lo que ni siquiera existia la tecnologia en aquella época. Waltz quería crear un verdadero mundo de juego, donde absolutamente todo estuviera computado y atado a voluntad del programa. Ningún factor debería quedar librado al azar, el juego perfecto no debía dar ninguna concesión.

    ¿Era posible crear un juego asi? ¿Y de tener éxito… sería realmente un juego?

    Su cuerpo estaba agotado por la larga sesión de juego, pero no así su mente, que trabajaba como una turbina a toda potencia. Mientras por fuera de la pequeña ventana que daba al patio de su casa la débil luz del amanecer había empezado a filtrarse por los gruesos cristales, el joven barrió de un solo movimiento de su brazo todas las hojas y fichas que habían quedado sobre la mesa luego de la partida. Quería empezar de cero y para ello necesitaba una hoja en blanco, un espacio vacío.

    Tomando un lápiz y una hoja de la pila que había derramado desde la mesa, el joven se sentó a escribir lo que sería el inicio de algo que aún estaba por gestarse.

    Necesitaba un punto de inicio y eso solo lo podía dar un nombre.

    «UniEngine». Escribió. —El Motor que mueve al Mundo.


    El lunes fué a hablar con el Jefe del laboratorio de informática de la escuela a la que concurría, un joven casi tan entusiasta como el que había participado en alguna de las sesiones de juego que a veces se armaban en la escuela. Waltz fue al grano y contó su idea al docente que escuchó atentamente y en silencio mientras el resto de la clase completaba sus ejercicios en las viejas computadoras PET que todavía se utilizaban en las escuelas públicas de toda Europa.

    — Lo que necesitas es precisión. — respondió el maestro interrumpiendo a Waltz en medio de su idea. — Y no de cualquier clase; BASIC te permite operar con números de hasta 15 dígitos… pero eso no es ni remotamente suficiente para manejar las operaciones que algo de la escala que propones requiere.

    Waltz asintió. — Necesito una precisión milimétrica en las operaciones que requieran movimiento y seguimiento de objetos y entidades en un mundo tridimensional, es la única forma de lograr el realismo que busco… a escala planetaria.

    El profesor lo miró intrigado. ¿Estaba hablando en serio? ¿A escala planetaria? —Entonces hablamos de una representación en coma flotante de números que exceden con facilidad los 32 bits de arquitectura de un procesador de la clase de los Mainframes que usan en la universidad… 64 bits podrían bastar para procesar números como esos, pero el poder de cálculo necesario… podrían pasar treinta o cuarenta años hasta ver una arquitectura lo suficientemente potente para procesar instrucciones de ese tipo.

    El joven lo miró con expresión decidida. — No voy a esperar treinta años. — afirmó.

    — No. — respondió el maestro. — Pero si comienzas un proyecto de esa escala ahora mismo es como querer construir un rascacielos con tus propias manos; No dispones de las herramientas necesarias y tampoco sabes cuando alguien las creará.

    El joven se encogió de hombros. —Entonces comenzaré a limpiar el terreno de piedras y maleza con mis propias manos. —dijo levantando ambas mientras sonreía. —Y mientras tanto iré dibujando los planos.

    El maestro lo miró perplejo, pero el entusiasmo del joven era tan sincero que solo pudo responder con una sonrisa. —De acuerdo, pero búscate alguien mas que comparta tu sueño; Hay piedras que requieren ayuda para moverse.



    En los siguientes tres años, Waltz dedicó todo su tiempo libre a refinar y traspasar sus ideas a papel, pero también a relacionarse con colegas a lo largo y ancho de Europa que compartían sus mismas pasiones. La introducción de los módems como expansiones en las computadoras hogareñas facilitó la entrada de los jóvenes a la BBS, un lugar que antes solo se reservaba para los estudiantes de las universidades locales.

    Una vez que el intercambio de ideas se estableció entre la comunidad, la ambición de Waltz se disparó sin límites.

    Para 1988 había formado un grupo de siete colegas de todas partes de Europa, todos jóvenes talentosos como él, quienes armados con las nuevas computadoras de 16 bits que habían proliferado en aquella época, comenzaron a romper los paradigmas de la programación y la forma en la que encarar problemas para los que ni siquiera existía un marco teórico que los describiera.

    A medida que la década tocaba a su fin, también lo hicieron algunos de los lenguajes en los que estos pioneros desarrollaron su faraónico proyecto. Waltz había previsto que las herramientas de programación, tal como sus contrapartes del mundo real, caerían en desuso y serían reemplazadas por versiones más modernas, versátiles y poderosas. Su visión le permitió definir reglas estrictas a la forma en la que se trabajaba en el proyecto, documentando todos y cada uno de los sistemas que empezaron a surgir a medida que el trabajo abandonó la etapa teórica y comenzó a producir los primeros cimientos en los que se apoyaría la verdadera estructura del UniEngine.

    Cuando la última década del siglo comenzó, la mayoría del trabajo había pasado casi exclusivamente al lenguaje C y a los compatibles PC que ofrecían las mejores capacidades de cálculos para las operaciones cada vez más complejas del proyecto UniEngine. Atrás quedaban BASIC, Pascal y otros lenguajes más oscuros que sirvieron su propósito durante los primeros años de desarrollo.

    Y luego, repentinamente. El proyecto desaparició.

    Waltz nunca había sido demasiado abierto con el desarrollo de su proyecto. Solo hablaba de sus ambiciones con gente que él creía estaban a la altura de comprender al verdadero objetivo al que apuntaba UniEngine. Por ello y por lo cerrado que era en general el grupo de los programadores, cuando la WWW se popularizó entre los estudiantes universitarios de ciencias de la programación y otras carreras vinculadas a la informática, Waltz y su grupo de 7 colegas habían desaparecido por completo.


    Willy se reclinó en la silla y miró a Dante con una sonrisa en el rostro. —¿Te imaginas como se llamaba ese grupo de siete programadores del UniEngine? —preguntó.

    —Ni idea. —reconoció el joven estratega.

    —¡Oh vamos! —lo recriminó su compañero. —¡Siete misteriosos hombres en las sombras! ¡El Engine Unico! ¡Todos amantes de los juegos de Rol! ¿No te suena de algo?

    Dante se encogió de hombros.

    —Ahora tengo dudas de que seas el hombre adecuado para este trabajo. —reconoció el joven. —Pero el Jefe va a matarme si pido un reemplazo justo ahora, en fin… por supuesto me refiero a los Nazgûl, ósea los Espectros del Anillo.

    —Oh… creo que vi esa pelicula. —dijo Dante de pronto.

    —Debería matarte aquí y ahora. —suspiró Willy. —En fin… Waltz asumió (O mejor dicho, “Roleó”) el papel de Sauron, observando y controlando el desarrollo del UniEngine mientras los Siete Espectros completaban y documentaban cada una de las librerías y código que conformaban el proyecto.

    Todo esto se desarrolló tras las sombras del anonimato y muy poca gente supo lo que se estaba gestando en las profundidades de lo que, muchos años más tarde, se llamaría la “DarkWeb”, osea la parte de la red que no estaba catalogada o indexada por los motores de búsqueda más conocidos.

    Pero al llegar el fin de la década, el proyecto sufrió el primer gran revés de su largo desarrollo.

    —Déjame adivinar. —dijo Dante. —La caída de la ASS-1 en Julio de 1999.

    Willy asintió. —Mira.


    Una nueva pantalla holográfica se desplegó en su terminal y el joven usó el teclado para localizar un punto específico en una larga cadena de líneas de código que cubrían a pantalla de lado a lado. —Aquí.

    Tras una línea de código uno de los programadores había agregado una nota que decía lo siguiente “Acabo de confirmar la muerte de Dark_Zero y su última actualización ha sido archivada en la bóveda, con él son tres de los nuestros que murieron tras el cataclismo que desató el asteroide en toda Europa. Siguiendo el protocolo de supervivencia, he entregado mis tres recomendaciones para los reemplazos con mi próxima actualización.”

    —Ni siquiera sabían todavía lo de la nave extraterrestre. —comprendió Dante sorprendido de aquello. —¿Waltz también murió durante el evento?

    —No. —respondió Willy. —Si bien no tenemos pruebas directas de ello, su forma de programar y escribir código siguen presentes en los sucesivas actualizaciones del proyecto, al menos hasta antes del 2010.

    —La destrucción del Planeta Tierra. —dijo Dante. —¿Cómo sobrevivió el proyecto a la aniquilación total?


    El joven ingeniero señaló la pantalla e hizo que el cursor se moviera a toda velocidad hasta una línea de código donde otro comentario estaba resaltado en naranja.

    «La orden de ramificar UniEngine ha sido dada y el respaldo de la base de datos principal ha sido copiada a un almacenamiento seguro, a partir de aquí todo lo que viene a continuación será considerado como la version 0.7446234b»

    La fecha correspondía al día del primer contacto con las fuerzas Zentradi.


    Dante observó aquellas palabras y comprendió mucho de lo que implicaba. —¿Este fué uno de los únicos programadores que sobrevivió? ¿Pudo abordar la Macross antes del ataque Zentradi?

    —La Macross o uno de los ARMD. —respondió. —Casi con seguridad sabemos que fué alguien con acceso a la red de los militares, probablemente un Oficial de Comunicaciones o Inteligencia quien descargó uno de los respaldos del proyecto a la flota que escapó de la destrucción de La Tierra…. qué tanto difiere esta rama de la versión que se perdió durante el ataque… eso nunca lo sabremos.

    Dante miró la pantalla en silencio. —Waltz murió durante la Primera Guerra Espacial.

    —Definitivamente. —respondió Willy.

    —¿Y un solo “Espectro” continuó el desarrollo mientras duró la diáspora de los pocos sobrevivientes?

    —El y al menos un nuevo Espectro siguieron trabajando en el proyecto hasta el fin de la Primera Guerra Espacial. —explicó el joven. —Pasarían casi diez años más hasta que un nuevo miembro del grupo fuera agregado al proyecto.

    Dante asintió. —La humanidad quedó reducida a unas pocas miles de personas… supongo que la escasez de programadores fué la causa más probable.

    —Si, pero mira esto. —observó Willy. —Mira esta parte del código.

    El estratega miró donde su compañero indicaba pero solo veía líneas de código de diferentes colores. —¿Que estoy viendo? —preguntó.

    —A partir de la aparición de este nuevo Espectro se introduce la arquitectura computacional derivada del conglomerado OTec y toda la tecnología que fué recuperada de la ASS-1.

    —Computación Cuántica. —observó Dante.

    —La arquitectura de 256 Bits. —respondió su compañero. —De pronto todas las barreras físicas en el procesamiento de información quedaron destruidas. La fuerza bruta computacional que otorgaba la arquitectura derivada de la OT era tal que volvió a cambiar el paradigma de la programación… y Waltz también lo había previsto.

    Dante lo miró sorprendido. —¿Previsto? ¿Cómo es posible?

    Willy se encogió de hombros. —Imposible saberlo… es un misterio tal y como lo fué que haya previsto el reclutar a un Espectro que abordase alguna de las naves espaciales que sobrevivieron a la Aniquilación… el caso es que UniEngine aprovechó aquella ilimitada capacidad de cálculo y por primera vez en sus más de treinta años de gestación el Engine pudo ser compilado y ejecutado en tiempo real.

    En ese momento las líneas de código terminaban abruptamente y una leyenda anunciaba que la versión 1.0 de UniEngine había sido creada con éxito.


    —Osea final feliz. —dijo Dante pero su compañero sacudió la cabeza. —No. —respondió abruptamente. —No fué un final feliz.

    —Explícate.

    —El desarrollo se dividió entonces en dos ramas: la encargada de mejorar el engine en si y la de crear las subrutinas de simulación para cada una de las entidades y sistemas que Waltz había envisionado.

    —No comprendo.

    —Osea aplicar las leyes de la física del universo ya conocidas para que el UniEngine pudiera simularlas a la perfección.

    —Osea la gravedad y todo eso. —comentó Dante.

    —De hecho las cuatro fuerzas o interacciones fundamentales están simuladas. —lo corrigió el joven. —Son parte del núcleo de la simulación y cada vez que una entidad o sistema realiza un cambio de estado y requiere una actualización de cómputo, primero debe pasar por las reglas de esas cuatro fuerzas.

    —¿Qué hay de la Quinta Fuerza del modelo extendido?—preguntó Dante. —No me digas que Waltz predijo también la aparición de la Energía Dimensional.

    —No directamente, pero dejó abierta la posibilidad de incorporar una quina interacción, más que nada porque el modelo estándar de la física del siglo pasado aún estaba incompleto y faltaban completar varias huecos en la física de partículas.

    —Comprendo. ¿Y cuál fue la otra rama?

    —La creación de un sistema de Inteligencia Artificial Avanzado para dar vida al mundo simulado. —respondió Willy.

    Dante se rascó la cabeza y miró la pantalla llena de caracteres incomprensibles. —Empiezo a comprender hacia dónde te diriges y el porqué hablas de un final poco feliz. —observó. —Me imagino que todo este avance no pasó desapercibido a los Altos Mandos Militares.

    —Bingo. —aplaudió el joven.


    Antes que Dante pudiera preguntar otra cosa la puerta de la pequeña oficina auxiliar se abrió y vieron cómo Duval y Malkovich salían de ella en completo silencio.

    —Mira la cara del jefe. —susurró Willy a Dante. —Podría agriar la leche que todavía está dentro de una vaca.

    El hombre de la silla de ruedas avanzó hasta la salida y volteandose dirigió un saludo con la cabeza hacia los dos jóvenes, quienes contestaron igualmente el saludo con el mismo gesto. Cuando el abogado desapareció tras las grandes puertas de madera Duval se acercó a ellos.

    —Tiene la cara más verde que de costumbre. —observó Willy.

    —Cierra la boca o voy a dejarte la tuya teñida de sangre. —respondió el Director. —¿Han aprovechado el tiempo al menos?

    El joven programador asintió. —Al menos Joyner ya sabe quien fué Wladyslaw Waltz. —respondió.

    El enorme Director torció la boca. —Genial, a lo mejor si encuentra al fantasma de Waltz dentro de Calypso podrá reconocerlo y pedirle ayuda.

    Willy se volvió hacia Dante. —Oh no le hagas caso… por cierto no hay «Easter Eggs» en UniEngine, asi que ni te molestes en buscarlos.

    —¿«Easter Eggs»?

    —Mensajes secretos que dejan los programadores. —respondió Duval. —Como las anotaciones del código pero dentro del programa ya compilado, no obstante Willy tiene razón; no hay de esa clase de mensajes en Calypso.

    —¿Cómo pueden estar seguros de eso? —preguntó Dante.

    —Porque nosotros tenemos el código fuente tanto de UniEngine como de Calypso. —explicó el joven ingeniero. —Y no hay nada ni en uno ni en el otro.


    El Director miró el reloj que se proyectaba sobre la termina de datos y bufó con fuerza. —Estamos perdiendo el tiempo con esto. —dijo. —Será mejor que le demos al Señor joyner algo de experiencia de Campo.

    —¿Quieres enviarlo a Calypso como un jugador normal? —preguntó Willy.

    —Si. Elimina su estatus de visitante de Alpha Corporation y crea un perfil temporario con atributos al azar… que experimente el juego como cualquier otro jugador.

    —Entendido. —respondió el joven. —¿Algo más?

    —Si. ¿Dónde está la Teniente O’Higgins...?

    Cuando Duval vió la forma en la que los dos jóvenes se miraban entre sí, supo que las cosas solo podrían empezar a complicarse de allí en más.
     
  9.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

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    Las puertas de vidrio se cerraron detrás de Dante y el joven contempló las calles vacías de la ciudad. Un pequeño drone revoloteaba en las alturas y a lo lejos se escuchaba el martillar de alguna máquina pesada. Fuera de eso no había señales de vida en el interior de la enorme nave colonial.

    Tomó su Pad y buscó entre las aplicaciones de la Colonia la que necesitaba en esos momentos, a los pocos minutos un solitario taxi autónomo doblaba la esquina y se detenía junto a la entrada del enorme edificio.

    Ya habían pasado varios minutos del mediodía y su estómago le estaba recordando de forma algo maleducada que no había desayunado nada más que un jugo de naranja en la oficina de Duval. Volvió a consultar el Pad e indicó al piloto automático que se desviara hacia una tienda de comestibles cercana que se mantenía abierta las 24 horas.

    A esas alturas Dante ya no se sorprendió de no encontrar a nadie en el establecimiento. Tomó un par de bocadillos y unas bebidas de las heladeras y pasando por la caja dejó que el sistema automático registrara sus compras y las debitara automáticamente de la cuenta que Alpha Corporation había creado para él el día anterior. Se sentía bien volver a tener un poco de dinero para gastar.

    Subió al taxi y se dejó llevar por las solitarias calles de la ciudad hasta su departamento mientras meditaba en las cosas que había presenciado aquella mañana. Su mente había absorbido toda la información como una esponja sedienta, pero aún así había varios puntos que no le quedaban claros. El más apremiante era que ni Duval ni Willy le habían explicado cuál era el problema que querían que solucionase.

    Todo parecía girar en torno a ese misterioso enjambre. ¿Se trataría de una especie de culto que se estaba formando dentro del juego? ¿O tal vez algún tipo de agrupación terrorista? Eran posibilidades claro, pero si fuera algo de esa gravedad la NUNS no lo pensaría dos veces y arrancaría sin muchos miramientos a los sospechosos de esas vainas.

    Debía haber algo más en todo aquello, un problema que debía solucionarse internamente, sin interferencia de los militares o el gobierno.

    El pensar en la milicia trajo a su mente el rostro de la Teniente O'Higgins y su actitud hostil desde que se conocieran. Dante sospechaba que la chica podría tener lazos con los Hughs y su "Vendetta" a través de lo largo y ancho de la galaxia pero... ¿La hija del Capitán de la Flota 41? Willy no bromeaba con que se había buscado los enemigos más difíciles de todo el juego... si es que aquel desastre en el que se había convertido su carrera profesional podría calificarse como uno.

    Tendría que cuidar sus palabras cuando estuviera cerca de la Teniente. Al menos le consolaba saber que la chica era de hablar poco y probablemente sus oportunidades de interacción estarían limitadas. Un malentendido en el lugar y momento inoportunos y terminaria sus días en una de las celdas de la Macross 41.

    Estaba tan inmerso en sus pensamientos que no reparó en cuanto el taxi llegó a destino. La voz digital del asistente le informó el importe del viaje y le recordó que no dejara ningún efecto personal olvidado en el interior del vehículo. Dante se bajó y sin perder más tiempo se dirigió hacia su nuevo hogar.

    Su apartamento se encontraba en uno de los barrios que rodeaban la urbe de la Colonia. Podía ver desde la calle las enormes paredes de metal que se alzaban hasta encontrarse con el techo a casi a un centenar de metros por encima de su cabeza. Se veain un par de luces más en las ventanas del edificio y Dante se preguntó si debía presentarse a sus nuevos vecinos o simplemente comenzar a vivir ahí sin llamar demasiado la atención tal y como Sutherland le había recomendado que hiciera.

    Dejó la decisión para más tarde y entró al palier llevando su mochila en una mano y la bolsa con las compras en la otra.

    Unos cinco minutos más tarde se encontraba en su apartamento y tras sacarse los zapatos en el recibidor se arrojó en un pequeño sillón para relajarse un poco.

    No tardó mucho en perder todo interés en la relajación, al fin y al cabo estaba trabajando, aun desde la comodidad de su nueva casa. Se levantó y caminó hasta la habitación en donde echó una mirada al casco de realidad virtual que había quedado sobre la cama a medio hacer. Estuvo tentado de colocarselo enseguida pero lo pensó nuevamente y se dirigió en cambio a la pequeña cocina.

    Mientras el agua en la cafetera hervía guardó sus compras en el refrigerador y examinó un poco mejor lo que tenía a su disposición. El apartamento estaba muy bien amueblado y bien provisto de todo lo necesario para una vida confortable. Tomó uno de los paquetes de ramen instantáneos que había comprado y tras abrirlo echó en su interior el agua hirviendo. Posteriormente cerró la tapa del envase y lo dejó sobre la mesa para dejar que se prepare solo.

    Mientras tanto se cambió de ropa y ordenó un poco el lugar mientras pensaba en su "asignación" del dia. ¿Debía ponerse a jugar un videojuego? Duval dejó bien en claro que la prioridad era que conociese el juego. ¿Tendría que hacer un tutorial? ¿Buscar alguna guia On-Line?

    Volvió a la mesa del comedor con su Pad encendido y destapó el envase de ramen. Una nube de vapor se elevó desde el interior y el aroma a fideos y caldo inundó el ambiente. Dante tomó los palillos y tras separarlos con un solo movimiento se puso a comer ávidamente mientras miraba la pantalla del aparato donde una serie de videos que había seleccionado le contaban cosas sobre el juego.

    Calypso era muy similar a otros juegos que Dante había jugado en su niñez. Uno elegía una clase de personaje y a medida que derrotaba monstruos y realizaba trabajos para las diferentes facciones del mundo podía ir progresando y mejorando las habilidades de su personaje. La única diferencia sustancial era que en el mundo de Calypso conviven todas las razas de la Protocultura que la humanidad se había encontrado en los últimos 70 años de exploración de la Galaxia.

    Obviamente los Zentradis eran los más conocidos, tanto en su forma gigante como en su forma "Microniana", pero también existía el Mestizaje, que amalgamaban características de ambas razas, lo que potenciaba (o limitaba) ciertas habilidades inherentes de cada una.

    Pero no solo entre Humanos y Zentradis podían crearse personajes mestizos; todas las razas de la Protoculturas podian entrecruzarse y generar diferentes tipos de mestizaje (Y al parecer el jugador podía definir la cantidad de características genéticas que se podían manifestar durante la creación de un personaje) y así la variación de personajes era extremadamente amplia, así como sus poderes y habilidades innatas a cada una de ellas.

    Un simple vistazo al proceso de creación de personajes de Calypso hizo que la cabeza de Dante comenzara a dar vueltas. Las opciones eran apabullantes y se alegró de todo corazón que Willy hubiese generado un personaje con valores aleatorios para librarlo de todo ese proceso que, al parecer por la duración del video, podría durar más de una hora.

    Lo unico que habia pedido el joven era que se conservara su apariencia real, lo que en definitiva dictaminó que su personaje sería un Ser Humano sin ningún tipo de habilidad mágica o sobrehumana.

    Dante no tenía ningún problema con ello y Willy completó los últimos detalles a su cuenta de jugador con el pulsar de solo un par de teclas. —Aquí tienes a tu personaje. —señaló el Ingeniero mientras su dedo apuntaba a la pantalla. —¿Qué te parece?

    Dante apareció vestido con las mismas simples ropas con las que había aparecido en Calypso la noche anterior, la única diferencia es que ahora su piel era del tono adecuado y una espada larga asomaba colgada de la espalda.

    —¿Voy a ser un guerrero? —preguntó Dante.

    —Todos los humanos aparecen con el mismo equipo básico. —respondió Duval. —Puedes escoger luego con que tipo de arma especializarte, hay más de una docena de clases de armas de las que escoger y especializarte... te recomiendo que pruebes todas las que puedas y te familiarices con la forma de combatir.

    —O puedes escoger el camino de la magia. —agregó Wally. —Pero los humanos en Calypso están más orientados a usar armas físicas y ataques cuerpo a cuerpo, tus opciones arcanas son algo limitadas.

    —Comprendo. —había respondido el joven.

    —Cuando estés listo para volver al planeta envía un mensaje a la Teniente, ella te dejará cerca de la ciudad de inicio para que puedas empezar tu aventura.

    Dante se rascó la cabeza. —¿Enserio me van a pagar por hacer esto? —preguntó mirando al enorme Director.

    —Aún estás a prueba. —respondió Duval mirándolo fijamente con esos grandes ojos. —Recuerda que nos queda una semana hasta que comience el salto de largo alcance, todavía puedo meterte en un transporte y regresarte a Eden de una buena patada en el trasero.

    —Si Señor. —respondió nervioso el joven.

    El juego era, en apariencia, muy simple. Todos los ataques y acciones se realizaban mediante la virtualización de los movimientos que el cerebro del usuario generaba y eran "interceptados" por el casco de realidad virtual para ser traducidos al juego. La verdadera complejidad de Calypso residia en todos los subsistemas simulados que eran, generalmente, transparentes al usuario.

    Desde la cantidad de energía que era disipada por un golpe de espada cuando impactaba en un escudo hasta la aerodinámica de una flecha lanzada por un arquero en un dia particularmente húmedo, el UniEngine aplicaba una exhaustiva simulación física a cada elemento presente del juego.

    Calypso era fácil de aprender pero casi imposible de dominar. La cantidad de factores en juego en cada acción del usuario hacían que depender del sistema de ayuda del juego o "Sexto Sentido" como se lo conocía más familiarmente, fuera algo casi obligatorio.

    Obviamente ese sistema de ayuda podía desactivarse a voluntad de uno, pero en ese caso era el usuario mismo el que debería ser un experto en esgrima, arquería o acrobacia para realizar las proezas en el juego, cosa que pocos podían lograr.

    Terminó su almuerzo y arrojó el envase usado y los palillos al cesto de reciclaje tras lo cual abrió una cerveza mientras se asomaba a la ventana que daba al exterior.

    El paisaje allí era tan o más deprimente que el que se veía desde el elevador de la torre de Alpha Corporation. Bloques y bloques de edificios de apartamentos se erguían uno junto al otro iluminados por las luces naranjas del alumbrado público. La mayoría de las ventanas estaban cerradas y con las cortinas corridas. No se veían plantas ni árboles por ningún lado.

    Sin nada más que hacer terminó su bebida y corrió las cortinas. Luego se dirigió a su habitación y atenuó las luces lo suficiente para que no le molestaran durante su sesión de juego, pero sin dejarlo en una completa oscuridad. Se había puesto ropa algo más cómoda para entrar a Calypso así que simplemente se acostó en la cama y se puso el casco en la cabeza.

    En cuanto el aparato detectó sus ondas cerebrales los auriculares se desplegaron sobre sus oídos y la pantalla frente a sus ojos se encendió y la interfaz de inicio se desplegó informando el estado del aparato y el de los servidores del juego. Todo estaba en verde.

    —Estoy listo para entrar. —dijo en voz alta para que el sistema reconociera su voz. Un breve escaneo de sus pupilas y la interfaz instruyó a Dante que se relajara y dejara sus brazos al costado de su cuerpo mientras los generadores de ondas Alfa comenzaban a inducir el estado de sueño REM en el cuerpo de Dante.

    Los ojos del joven se cerraron de golpe en cuanto el hardware de Calypso tomo completo control del sistema nervioso central.

    Y se volvieron a abrir en la misma habitación del hotel en donde Dante se había desconectado el dia anterior.

    Dante se incorporó y observó que vestía las mismas ropas de aventurero que había visto en la pantalla de la terminal de Willy. Extendió el brazo hacia atrás y sintió el pomo de la espada fijada a su espalda. Quiso desenfundar el arma pero un cartel le informó que se encontraba en un área pacificada.

    Desistió de examinar su nueva espada y en cambio se dirigió hacia la ventana. El paisaje de la ciudad de la SDF-1 era el mismo que recordaba, pero ahora se sentía extrañamente fuera de lugar vestido con ropas medievales en la habitacion lujosa de un hotel de finales del siglo Veinte.

    Salió de la habitación y descendió hasta el vestíbulo de la entrada usando el elevador. Tal y como había pasado la noche anterior no vió a nadie en los alrededores y todo estaba igual que antes. Incluso vió el mismo cigarrillo humeando en el cenicero.

    Pensó en llamar a la Teniente O'Higgins pero desistió de inmediato. Quería explorar la ciudad y si acaso podía, la nave entera.

    Dante conocía la SDF-1, la real por supuesto. Había ido con su escuela cuando tenía diez años y todavía recordaba la profunda impresión que aquellas dos torres enormes que se elevaban al cielo causaron en sus jóvenes ojos. La nave había sido completamente reconstruida y se había transformado en los cuarteles generales de la NUNS en La Tierra, aunque su función era más ceremonial que práctica. Si bien la nave podía despegar desde el sitio en donde estaba anclada, era algo que se reservaba para ocasiones extraordinarias y que pocos habían presenciado.

    El joven recordaba la enorme torre de control y el puesto del Capitán y los oficiales pero también recordaba como habían reconstruido parte de la ciudad de South Ataria dentro de las entrañas de la nave, aunque claro, aquellos edificios eran apenas una escenografía destinada a los curiosos que querían ver cómo había sido una parte de la historia de la humanidad. En Calypso se podía entrar a cada uno de ellos si quisiera y explorar libremente todos los recovecos.

    Cuando salió a la calle ya estaba decidido a explorar la nave en solitario. Comenzó a caminar en la dirección en la que había visto el parque y no tardó en llegar hasta la base de donde partían todas las escaleras y pasarelas que llevaban hasta donde se podían ver las copas de los árboles asomando entre las cubiertas de metal.

    El parque era pequeño pero muy bien cuidado e iluminado. Vió no sólo árboles, sino césped verde, flores y la fuente de agua cristalina que danzaba reflejando las luces del alumbrado público. El joven dió una vuelta completa por el lugar y descendió al nivel de la calle por el otro lado. Quería buscar un lugar que recordaba haber visto en un video de la Academia.

    Encontró el restaurant chino de la familia de Minmay en una esquina a solo una cuadra de distancia. Las puertas estaban abiertas y las luces encendidas como todos los locales que había visto. Para su sorpresa muchas de las mesas estaban preparadas y servidas. Vió platos rebosantes de comida y bebida, incluso con las velas encendidas.

    Sonrió cuando vió aquel enorme plato con una cabeza de Atún como una siniestra decoración, pero lo que más le sorprendió la enorme foto que vió en una de las paredes del restaurante.

    Minmay aparecía en ella vestida con sus ropas de mesera del restaurante chino y Dante no pudo hacer nada más que admirar en silencio el rostro de aquella mujer que, solo con su voz, había derrotado a uno de los ejércitos más poderoso de la galaxia.

    Minmay.

    Era algo más que una leyenda por supuesto, había algo mágico en su voz, algo que hacía que los hombres (y otras razas de la Protocultura) quedasen sin palabras ante aquellas canciones que llegaban al corazón para dejar su huella imborrable. Si existía la magia en el mundo real, Minmay era la prueba viviente de ello.

    Se alejó del poster y pasó junto a una mesa donde habían colocado una bandeja repleta de bollitos al vapor que aún humeaban. Dante tomó uno de ellos y sintió el calor en sus dedos. Sin pensarlo dos veces se metió uno en la boca e intentó saborearlo. Para su desilusión no sintió ningún sabor ni nada especial. Tragó el bocadillo y tomando uno más de la pila se lo metió en el bolsillo por si acaso más tarde tuviera hambre, luego salió del restaurante silbando una melodía.

    Todavía le quedaba un lugar por conocer en la nave y era el Puente de Mando de la Macross. Caminó por la ciudad hasta que vió un transporte de personal militar aparcado junto a lo que parecía un puesto de control de la Policía Militar. Se subió al vehículo y con satisfacción vió que las llaves estaban puestas y las baterías cargadas.

    No le resultó difícil encontrar una ruta hacia su destino. Dado que la posición de la ciudad con respecto al centro de la nave (Desde donde se erguía el puente en modo crucero) era conocida, le bastó con poner rumbo hacia la proa y comenzar a subir por las cubiertas cada vez que veía una rampa en la dirección deseada. Al cabo de diez minutos de dar vueltas encontró la ruta principal y para su fortuna se encontraba perfectamente señalizada. Cinco minutos más tarde se encontraba justo debajo de la enorme superestructura del puente de mando.

    Se apeó del transporte y tomó uno de los elevadores. No había guardias ni sistemas de seguridad automáticos. Todo estaba abierto y sin vigilancia. En cuanto las puertas del ascensor se abrieron toda la majestuosidad del enorme espacio se reveló ante el asombrado joven.

    El Puente de mando de la Macross era una verdadera torre compuesta por varios niveles en donde el Capitán y sus oficiales ocupaban la parte superior. Todo el conjunto de puestos de mando estaba a su vez encapsulado por el enorme domo de cristal que formaba el frente de la Torre propiamente dicha. Desde la cubierta en donde los ascensores llevaban a diferentes partes de la nave partían rampas que daban acceso a todos los puestos de control. Dante se dirigió hacia la parte superior, casi como si estuviera entrando a un sitio sagrado.

    La desconcertantemente pequeña puerta se abrió con un leve zumbido y dante se agachó para no golpearse la cabeza con el marco de acero. El asiento del Capitán no se encontraba en el centro de la estancia, al contrario de las nuevas naves Clase New Macross, sinó que se hallaba a un lado, como si fuera otro puesto de comando más. La única diferencia con el resto era el tamaño del respaldo de la silla.

    Bruno J. Global había sido un hombre grande, no solo en lo que a su excelente carrera militar se refería y al parecer su silla de Capitán reflejaba eso mismo.

    El joven caminó en silencio por el puente observando el increíble y exquisito detalle con el que los diseñadores habían reproducido cada tornillo, cada muesca en el respaldo de los asientos. Era algo casi real. Acarició los materiales de cada uno de los aparatos y mobiliarios de aquel lugar sintiendo las diferentes texturas en sus dedos. Era una experiencia realmente asombrosa.

    Resistió la tentación de sentarse en la silla del Capitán. Aquel sitio era un lugar casi sagrado y ningún hombre menor podía mancillarlo en ausencia de su legítimo ocupante. Se sorprendió al notar que todos los sistemas parecían estar funcionando, tanto las pantallas de radar como la computadora de navegación mostraban en ese momento que todo se encontraba en estado de espera dentro y alrededor de la nave.

    Dante caminó hasta los puestos del navegante y el oficial de comunicaciones y miró por la ventana

    Calypso mostraba su lado oscuro en aquel momento y solo se veía el contorno azul iluminado por la luz que se refractaba en la atmósfera rica en oxígeno del planeta. Por supuesto no se veían luces artificiales en aquella noche dado que la electricidad no existía en Calypso, no obstante se podían ver las descargas eléctricas de las regiones en la que estallaban las tormentas en aquel mismo momento.

    Macross se encontraba en una órbita tal que siempre se mantenía sobre el lado oscuro del planeta. Dante supuso que el objetivo de tan curiosa posición era evitar que la nave espacial fuera visible desde Calypso para los jugadores ya que el albedo de la fortaleza debía ser extremadamente reducido con el sol eclipsado por el planeta. De todas formas con algo más de 1.2 kilómetros de largo y a esa distancia dudaba que pudiera ser visible a simple vista, incluso si alguna de las dos lunas llegaban a reflejar la suficiente luz para iluminar el oscuro casco de la nave.

    Algo en una de las pantallas del oficial de radar llamó su atención y se acercó con curiosidad al puesto que ocupara la Oficial Vanessa Laird. El radar estaba en modo pasivo y solo rastreaba los contactos que llegaban por medio de los sensores repartidos por toda la torre de control, pero también de las señales que llegaban retransmitidas de otras naves.

    Para su sorpresa, descubrió que uno de los datalink estaba activo y recibiendo datos en tiempo real.

    —Esto parece interesante. —dijo tomando asiento frente a la enorme pantalla. —Veamos que hay allí fuera.

    La interfaz del radar era extraña, muchos de los controles eran incluso analógicos con perillas y botones reales que uno tenía que presionar y girar con fuerza para introducir las instrucciones a la computadora, pero al menos la simbología del sistema de rastreo y adquisición de blanco era bastante similar a las actualmente usadas por todas las naves de la NUNS. Poco había cambiado en casi Setenta años de existencia de las fuerzas de defensa aeroespaciales y al parecer la máxima de "Si funciona, no lo arregles" era una de las favoritas de los militares. El joven estaba entrenado para interpretar esa clase de información y pronto su mente comenzó a olvidarse que llevaba una espada de hierro atada a la espalda y estaba vestido como un aventurero de fantasía.

    Dante descubrió que el enlace de datos activos pertenecía a un caza que en aquellos momentos se encontraba a una distancia de casi ocho mil kilómetros de distancia y al parecer se encontraba enzarzado en un combate.

    Sin pensarlo dos veces activó el radar principal y apuntó el vector de rastreo hacia la zona en donde aquella nave se encontraba operando. El enorme array de sensores ubicados en la parte superior de la Torre de Control se puso en movimiento y varias antenas apuntaron hacia una región del espacio señaladas por las instrucciones del joven estratega.

    Para su sorpresa una nave Zentradi apareció en la pantalla y varios contactos más pequeños pronto la siguieron.

    —Vaya vaya. —murmuró Dante mirando la pantalla. —¿Que demonios pasa aquí? ¿Es una broma o que?

    Identificó el contacto como clase Picket, un tipo de nave relativamente pequeña usado para reconocimiento e interdicción por la Armada Zentradi.

    El joven centró su atención en la nave de combate que luchaba contra las tropas enemigas, ampliamente superada en número, pero aun asi parecia estar desenvolviéndose de forma excepcional en el campo de batalla. Los contactos enemigos desaparecian del radar cada vez que se cruzaban frente a las armas de aquel misterioso caza, pero simplemente eran demasiados.

    Dante pensó en que una descarga de artillería podía fácilmente acabar con la nave Zentradi que se encontraba estacionaria y al alcance de las armas secundarias de la fortaleza. Diablos, incluso hasta podría usar el cañón principal... ¿O no? Apartó aquella idea de su mente de inmediato.

    Examinó el Datalink en busca de información sobre el piloto y su avión y confirmó lo que ya sospechaba desde el principio.

    —Así que realmente es usted, Teniente O'Higgins. —exclamó el joven con una sonrisa.

    La joven luchaba contra una docena de pods Zentradi que la atacaban incansablemente de todas las direcciones al mismo tiempo. El VF-4 se movía entre el fuego enemigo como si un rayo se tratase, pero su fuselaje mostraba varios impactos indirectos. El combate no marchaba bien para la piloto.

    Dante observó que el enlace enviaba dos tipos de señal de video: uno originado en la cámara principal de rastreo del caza (Osea la cabeza del robot) y otro originado en la consola de la cabina, por lo que si queria, podia ver el rostro de la piloto desde su pantalla.

    Revisó nuevamente el radar y rápidamente comprendió la situación. Sin pensarlo dos veces tomó el Headset de comunicaciones y tras calzarse el voluminoso aparato en la cabeza habló al micrófono con voz clara y firme. —Skull Uno, aquí SDF-1 Macross. El radar detecta una docena de contactos con rumbo de intercepción a su posición actual. Se recomienda una retirada inmediata de la zona de combate.

    Hubo unos segundos de silencio en la radio y de pronto la voz alarmada de la Teniente se escuchó claramente por sobre el sonido de las explosiones. —¿Quien habla? ¡Identifíquese de inmediato!

    —Soy Dante Sebastian Joyner y estoy operando el radar principal de la SDF-1, siga mis vectores y la sacaré prontamente de la zona de peligro. —respondió calmadamente. —Cambie inmediatamente el rumbo al vector cero-cero-seis...

    —¡Sal inmediatamente de ese lugar! —exclamó la Teniente. —¡No puedes estar ahí!

    La imagen de la piloto apareció en una ventana de la pantalla del radar y Dante supo que ella tambien podia verlo. —Nadie me dijo que no podía entrar aquí. —se disculpó el joven. —Pero estoy entrenado para manejar estas cosas y si no sigues mis instrucciones...

    —¡No necesito tu maldita ayuda, Joyner! —gritó la joven. —¡Esto no te incum...! ¡Ahhh!

    Lo último que vió el joven antes de que la transmisión se cortase abruptamente fué la cabina envuelta en una enorme explosión.

    Dante se quitó el auricular y lo apoyó en la consola de comunicaciones sabiendo que había firmado algo así como su sentencia de muerte. Suspiró profundamente y apagó el radar activo y los enlaces de comunicaciones. Mientras los enormes discos de metal volvían a su posición original el joven terminó de apagar el resto de los sistemas. Al cabo de unos minutos todo volvió a estar en "Stand-by" tal y como lo había encontrado. Tomó la bitácora del puesto de radar y escribió rápidamente lo que había sucedido tal y como estaba entrenado para hacerlo.

    No tardó mucho en abrirse la puerta del Puente de Mando y la teniente O'Higgins, todavía llevando su traje de vuelo negro, entró con el casco en la mano. Dante se levantó de la silla y sin pensarlo demasiado se arrodilló en el piso e inclinó su cabeza hasta tocar con la frente el suelo de metal, tal era la manera japonesa de ofrecer sinceras disculpas. —Lo siento mucho. —dijo sinceramente arrepentido.

    Karina O'Higgins lo miró y dejó su casco sobre una de las consolas, luego sin decir una palabra se encaminó hacia el puesto del navegante y se sentó en la silla. —Tenías razón. —dijo al cabo de unos segundos de silencio mirando el planeta envuelto en la oscuridad.

    Dante abrió los ojos. —¿Eh?

    —Revisé la simulación en mi Pad. —respondió la joven mostrando la pantalla de su aparato. —El vector que me diste era la única salida posible de aquella emboscada.

    Dante se incorporó y se apoyó en una de las consolas. —Siento realmente haber arruinado tu entrenamiento. —dijo. —Me... propasé, nunca debí haber entrado aquí sin permiso pero... este lugar es...

    —Te comprendo. —respondió la joven. —Este lugar es algo así como un sitio sagrado. ¿Tu eres de La Tierra, verdad?

    Dante asintió.

    —¿Conoces la SDF-1 por dentro?

    —Si, la visite hace años durante una excursión con la escuela, pero la entrada al puente está estrictamente prohibida, solo recorrimos algunas partes del interior y la reconstrucción de la ciudad.

    La Teniente acarició el metal de la consola del puesto que ocupara Claudia LaSalle. —Esto es lo más real que se puede conseguir con la tecnología actual. —dijo con voz extrañamente melancólica.

    Los dos jóvenes permanecieron en silencio escuchando el sonido de las máquinas alrededor. El único indicativo del paso del tiempo era Calypso girando lentamente sobre su eje. Fué La joven quien rompió primero el silencio.

    —¿Es verdad lo que se dice en la milicia sobre ti? —preguntó de forma directa.

    Dante se encogió de hombros. —¿Me creerías si dijera que no?

    Karina seguía mirando las estrellas a través del cristal. —Hasta anoche no. —respondió sin dejar de mirar hacia afuera. —Pero esta mañana, luego que me fuí de la oficina, me puse a revisar algunos detalles sobre tu caso en las redes del ejército.

    El joven guardaba silencio.

    —Dicen que saboteaste una operación conjunta para sumar puntos en tu historial y poder graduarte con puntaje perfecto, matando a todos tus compañeros en el proceso. —dijo volviendo la cabeza hacia Dante. —¿Es verdad?

    —Es verdad que morimos todos durante la operación. —respondió el joven. —Y que fuí el único responsable de ello. —reconoció.

    La teniente O'Higgins lo miró intrigada. —Osea que no lo niegas.

    —Solo la parte de los puntos es una vil mentira. —dijo mirando el casco de vuelo de la Teniente.

    —Algunos dicen que solo eres un Troll, que tu objetivo fué poner en ridículo a la milicia, pero otros dijeron que eres un manipulador peligroso e impredecible y que expulsarte de la fuerza fué la medida más adecuada para evitar que una locura tuya pusiera a hombres y mujeres en peligro.

    Dante la miró a los ojos. —Pero incluso después de leer todas esas cosas horribles sobre mi, me das el beneficio de la duda... ¿Por que?

    La joven frunció el entrecejo. —Porque sé lo manchada que está la milicia por dentro. —dijo con un dejo de ira en la voz. —Y porque vi como defendias a esa jugadora durante nuestro encuentro ayer por la tarde.

    El joven sacudió la cabeza. —Fue un gesto inútil, no tenía ninguna chance de proteger a Silvana de ese monstruo, además... ¿No podría haber sido solo una actuación? —preguntó mirando a la piloto nuevamente a los ojos. —¿No crees que alguien de mi calaña intentaría dar una buena impresión?

    Karina sacudió la cabeza. —No serias el primero que intenta ganarse mi amistad con un gesto falso. —respondió. —Muchos me creyeron una vía fácil para acceder a los favores de mi padre y no me costó trabajo demostrarle lo errados que estaban.

    Dante asintió. —Y sin embargo...

    —Y sin embargo no estaba del todo segura sobre ti. —respondió ella cruzándose de brazos. —Algo en tu historia me intrigaba.

    —¿Que cosa?

    —Sutherland. —respondió la Teniente. —El General Retirado Robert Sutherland te dió su apoyo. Eso no es una casualidad.

    El joven la miró asombrado. —Tu...

    —Puedo dudar de la integridad de la Fuerza. —continuó diciendo la joven. —Pero no de la integridad del General Sutherland. Ese hombre personifica el honor y la vocación de servicio.

    —Fué el propio Sutherland quien me rogó que dejara la Milicia. —respondió Dante. —Dijo que la corrupción en la fuerza se había estado extendiendo como un tumor por toda la galaxia.

    —Si, lo se. —respondió ella. —Y él ha quedado completamente solo y rodeado de enemigos.

    Dante sintió una oleada de remordimiento. Karina O'Higgins tenía toda la razón por supuesto. —Hubiera con gusto renunciado a esa mierda de puntos con tal de quedarme con él y aprender todo lo que sabe. —dijo apretando los puños. —Pero otros decidieron mi destino a la fuerza y no pude hacer nada para evitarlo... ¡Nada!

    —No eres el único, Joyner. —dijo la joven mirando la silla del Capitán. —No te creas que estoy aquí por voluntad propia.

    Aquello verdaderamente sorprendió al joven, quien la miró extrañado. —¿A qué te refieres?

    Pero la joven no respondió y volvió a mirarlo fijamente. —Tal vez te haya juzgado mal al principio, Joyner. —dijo. —El tiempo dirá si estuve equivocada o no.

    —Puedes llamarme Dante. —dijo el joven rascándose la cabeza.

    —De acuerdo, Dante. —dijo suspirando. —Espero que el martillazo no duela tanto.

    —¿Que martilla...?

    El golpe del enorme martillo de guerra dió de lleno en la cabeza del joven y lo lanzó violentamente contra la pantalla del radar. El crujido que hizo el cráneo del estratega al recibir aquel devastador golpe fué tan realista que hasta la propia Teniente O'Higgins hizo un gesto de dolor.
     
  10.  
    Gerli

    Gerli Entusiasta

    Tauro
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    29 Marzo 2018
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    Folded Dreams
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    9



    —Recuerden que los exámenes de medio término están a la vuelta de la esquina. —dijo el maestro mirando a la clase. —Espero que todos hagan un esfuerzo.

    Silvana cerró el libro y estiró sus brazos sobre el pupitre. La campana de la escuela había sonado y los alumnos comenzaron a levantarse de los asientos y guardar sus útiles en los bolsos para regresar a casa.

    —Sil.

    —¿Que sucede Paula? —preguntó la chica dándose la vuelta.

    —¿Enserio vas a seguir en La Orden? Escuché que sólo ayer se disolvieron como cinco clanes de los ocho que hay en Jenne. —preguntó una alumna con actitud cansada apoyando su cabeza en el pupitre. —Si esto sigue así...


    En la escuela era obligatorio que los avatares de cada alumno sean representaciones exactas de sus personas reales, por lo que Silvana allí era una humana común y corriente de cabellos castaño oscuro y una vincha blanca que hacía que su pelo cayera hacia atrás libremente. —Tengo que ayudarlos. —respondió la chica melancólicamente. —Ellos hicieron mucho por mi y me corresponde devolver el favor.

    La joven conocida como Paula suspiró. —A mi tampoco me gusta El Imperio… tienen todas esas listas de reglas y códigos de honor que son un incordio para respetar… dicen que El Enjambre es mucho más divertido y sin reglas molestas.

    —No hay nada de divertido en matar a otros jugadores. —respondió Silvana con voz tensa. —Lo que esos tipos hacen es cruel, no solo con los jugadores, sino contra el propio Calypso.

    —Otra vez con lo de la ecología. —la recriminó su amiga. —Es un mundo virtual Sil, no estas obligada a cuidar los árboles y las ballenas como en un planeta de verdad.

    Pero la chica no estaba convencida y en cambio miró el paisaje por la ventana. —Puede ser una simulación. —dijo. —Pero es el mundo en el que vivimos y debemos protegerlo. ¿Acaso no sabías que los jugadores tenemos el completo control sobre el planeta?

    Su amiga volvió a suspirar. —Piensas como una druida hasta cuando estás fuera del juego.

    Antes de que la joven pudiese responder algo una tercera estudiante se acercó a ellas mostrando una pantalla desplegada desde su pad.

    —Miren esto. —dijo señalando la imagen.

    Era una captura de pantalla de Calypso que mostraba las montañas y algo de bosque. En la esquina superior izquierda se veía un puntito blanco bastante fuera de foco.

    —¿Que se supone que sea eso? —preguntó Silvana.

    —En las redes se comenta que varios vieron al avión ese de la NUNS sobrevolando al sur de Jenne.

    Paula apartó los ojos de la imagen y miró a Silvana. —¿Ese no es el lugar donde vas a entrenar tus habilidades de Druida? —preguntó.

    —Creo… creo que si. —respondió confundida.

    —Se supone que es un Veedor de los militares. —dijo la chica recien llegada. —Nadie sabe quien es el piloto de ese avión o que función cumple dando vueltas por el cielo del planeta.

    Silvana estuvo a punto de decir algo pero un cuarto estudiante se acercó al grupo. —Si ese avión solo estuviera dando vueltas por ahí, eso no molestaria a nadie. —dijo el chico señalando el puntito blanco. —Pero aparentemente ayer mató a un jugador en esa zona.

    —¿Ma-Masao? —exclamó Paula sonrojándose. —¡No-no te vi llegar!

    Masao era uno de los chicos más apuestos de la clase de Silvana y raramente se acercaba a hablar con ellas… salvo claro, cuando intentaba reclutarlas (Sin demasiado éxito hasta entonces) para su propia división de jugadores en El Imperio.

    —Tu vas siempre a entrenar a ese bosque ¿Verdad Silvana? —preguntó el atractivo joven

    mirando a la chica. —¿Pudiste ver algo?

    A Silvana no le gustaba la actitud de ese chico y sus tácticas de reclutamiento. Casi todas las chicas que habían entrado al Imperio de su clase lo habían hecho convencidas por Masao y sus dulces palabras. —Estuve en el bosque toda la tarde. —dijo visiblemente molesta apartando la vista de los ojos verdes del joven. —No vi nada.

    El chico asintió en silencio y sacó su propio Pad de uno de sus bolsillos. —Que lástima. Un testimonio directo seria algo mas interesante que los simples rumores que circulan por las redes sociales… sin embargo han aparecido cosas interesantes, esta es una reconstrucción digital que alguien hizo utilizando varias capturas diferentes de pantalla de gente que vio al avión ese.

    La imagen que apareció en el pantalla del pad de Masao era un rejunte de pixels algo más claros, pero la forma del avión era reconocible, al menos las alas y los dos enormes motores resaltaban contra el cielo azul de Calypso.

    Silvana extendió la mano y usando sus dedos índice y pulgar hizo un “zoom” a la imagen en la zona cerca de la cabina, tratando de distinguir la figura del pobre Dante atrapado por la mano del robot..

    —¿Qué es lo que buscas? —preguntó intrigada Paula.

    —Nada nada. —exclamó rápidamente Silvana regresando la imagen a su tamaño original.

    Masao volvió a mirar a la chica de la vincha blanca. —Algunos afirmaron que el caza estaba con los brazos desplegados… como si estuviera llevando algo en una de sus manos. —dijo.

    —Eso sí que no sería algo raro. —exclamó la otra chica. —Escuché que los militares secuestran jugadores para usarlos en experimentos y luego les borran la memoria.

    —Yo escuché que reclutan a los mejores jugadores y se los llevan para entrenarlos en secreto en una base que hay en una de las lunas. —comentó Paula. —Quieren crear Super-Soldados con el cerebro lavado para cumplir las más horribles órdenes sin chistar.


    Silvana suspiró agotada. —¿En serio creen en esas tontas leyendas urbanas?

    Masao apagó la pantalla del Pad y golpeó la superficie del pupitre de Paula con el dedo. —Detrás de todas esas leyendas puede haber algo de verdad… se han visto luces en ciertas partes del cielo de Calypso en las noches más oscuras sin las lunas y algunos dicen que eran explosiones, como si hubiese un combate en la órbita del planeta. Eso solo pueden ser actividades militares, aunque vaya a saber cual es el verdadero motivo.


    Para entonces varias chicas se habían unido al grupo atraídas por la presencia de Masao y todas ellas comentaban algo sobre las actividades ilícitas y poco éticas de los militares de la NUNS que, aparentemente, tenían agentes y acaso todo un ejército de robots listos para atacar y reprimir cualquier foco de disidencia en el videojuego. Silvia tuvo suficiente con aquello y continuó guardando sus libros.

    —¿Quieres venir al centro comercial después de la escuela? —preguntó Paula volviéndose hacia su amiga.

    Silvana sacudió la cabeza. —Tengo que estudiar para los exámenes y luego prometí que haría un par de sesiones en las catacumbas de la ciudad para recaudar algo de dinero para el Clan.

    —Aburridoooo….

    La joven se levantó del pupitre y tomó su bolso. —Estoy segura que encontraremos la manera de pasar la crisis. —dijo esperanzada. —Nos vemos mañana.

    —No te quedes hasta muy tarde. —le respondió su amiga pero ya Silvana había salido del aula a todo correr. Masao la observó en silencio y disculpándose se retiró del grupo dejando a varias de las chicas suspirando.


    —¿Desde cuando Masao se interesa en esa chica?

    La pregunta sorprendió a Paula quien se dió vuelta y vió que la que preguntaba era la misma chica que había mostrado la imagen del pequeño punto blanco en el paisaje. Antes que pudiera responder otra joven lo hizo por ella. —¿No sabias? Esa chica tiene una Voldoriana Druida en Calypso con Stats casi perfectos… todos los clanes se pelean por tenerla en sus filas pero ella solo se junta con un grupo de perdedores de la ciudad inicial.

    —Ya me parecía que un chico tan guapo no podía estar interesado en alguien tan… común. —contestó otra estudiante con actitud altanera. —Solo se interesa en ella por sus puntos de habilidad, que suerte tienen algunas.

    Paula apretó los puños pero se contuvo. Quería darle una cachetada a cada una de esas idiotas, pero sabía que en la simulación aquello no era posible. Su golpe solo seria algo visual y ninguna de ellas sentía nada en absoluto; es más, de inmediato su acción violenta sería reportada al maestro más cercano como una violación a las normas de conducta de la escuela.

    —Con permiso. —dijo en cambio levantándose del pupitre mientras recogía sus cosas. Se sentía enferma y quería salir de allí de inmediato.


    Mientras tanto Silvana, ajena a todo aquello había llegado a la entrada de la escuela.

    No estaba permitido conectarse a Calypso desde allí (Salvo algunos casos especiales donde maestros y alumnos realizaban alguna actividad coordinada con los administradores del juego) así que no era algo fuera de lo común ver a los alumnos que, a medida que atravesaban la entrada del establecimiento educativo iban desapareciendo en una explosión de pixels a medida que pasaban de un “universo” al otro.

    Silvana era una jugadora que estaba acostumbrada a conectarse desde su propia casa, simplemente por la comodidad de poder estar cerca de su familia al momento de salir del juego.

    “Cerca” y “Lejos” era conceptos que, dentro de la Simulación de la Flota 41, carecían completamente de sentido. Silvana abrió su interfaz de navegación y seleccionó su destino de transportación por defecto. De inmediato un halo de luz azul la rodeó e instantáneamente apareció frente a su casa.

    Abrió la puerta y entró mientras seleccionaba la opción de cambio de guardarropa desde su interfaz por medio de unos simples gestos de la mano. Su uniforme de secundaria desapareció en una nube de luz y fué reemplazado por su ropa de entrecasa, una remera y unos pantalones cortos y pantuflas rosas. De la vincha que sujetaba su cabello salieron dos orejas de gato del mismo color de su pelo.

    —¡Ya llegué! —exclamó hacia el comedor, donde distinguió la figura de su padre sentado frente a la mesa. —¿Y Mamá?

    El hombre depositó el Pad sobre la mesa. —Está en medio de un Raid con unos amigos, creo que tiene para una hora más en Calypso. ¿Cómo estuvo la escuela hoy?

    —Sin novedades. —respondió la joven. —Ahora voy a estudiar para los exámenes y luego voy a entrar a levelear un poco.

    —Te avisaré una hora antes de que esté lista la cena. —informó su padre. —Asi tendras tiempo de terminar con lo que estés haciendo

    —Okey.

    Silvana subió las escaleras y se dirigió a su habitación. Una vez dentro se sentó frente a su escritorio y tras seleccionar en su interfaz de usuario algo de música suave para estudiar, se concentró en los problemas de trigonometría que tantos dolores de cabeza le causaban.


    Mientras tanto la tarde avanzaba en Ciudad 41 y el cielo estaba adquiriendo tonos rosados mientras los últimos estudiantes y empleados se teletransportaban a sus casas. Al no existir tránsito en las calles la ciudad era extremadamente silenciosa y el sonido del viento y los pájaros podía escucharse prácticamente desde cualquier sitio. Solo las aglomeraciones de gente en los centros comerciales, cines y lugares de recreación podían sentirse como una verdadera metrópoli.

    Era la hora en la que la mayoría de los Colonos de la Flota 41 entraban a Calypso y mientras la actividad decrecía en la ciudad simulada, en el mundo de fantasía comenzaban a tejerse las acciones que derivarian en nuevas guerras, tratados y traiciones.

    Los ClanHalls se llenaban de aventureros, los hechizos y pociones eran preparados y las partys armadas. Todo el mundo se preparaba para una nueva noche de aventuras, con la esperanza de convertirse de una u otra forma en los heroes que marcaran el destino de aquel mundo simulado.

    Calypso era un juego que se tomaba muy en serio, al menos por quienes dedicaban la mayor parte de sus vidas a dominar los secretos de la intrincada simulación del reino de fantasía.


    Pero dejemos de lado (por un momento al menos) la geopolítica de Calypso y volvamos a Silvana, quien cerró su libro de ejercicios y contempló el atardecer desde su ventana medio abierta. Las cortinas se movían suavemente por la brisa mientras la luz teñía de tonos rosado su habitación.

    —Me pregunto si Dante estará bien. —dijo mirando el poster de Calypso donde aparecia un poderoso guerrero blandiendo una enorme espada mientras las llamas de un enorme dragón negro rugian alrededor del héroe.

    Sin esperar una respuesta se puso de pie y deteniéndose en el medio de la habitación invocó su interfaz de usuario para entrar al juego.


    Apareció en su habitación del piso superior del ClanHall, en el mismo sitio en el que se había deslogueado la noche anterior. No vió a Mirna por ningún lado y a juzgar por lo tarde que era, seguramente los demás ya habían comenzado a recorrer las catacumbas de la ciudad en busca de monstruos que derrotar.

    Sin perder un momento más salió de la habitación y descendió las escaleras hasta el salón principal. Lo encontró desierto aunque la chimenea aún estaba encendida. Se dirigió entonces hacia las barracas, donde los aventureros se preparaban antes de salir a sus misiones de entrenamiento.

    Mirna estaba allí, así como Alex y Matilda. La arquera Voldoriana agitó las orejas en cuanto escuchó los pasos de su amiga en el pasillo y fué la primera en recibirla junto a la puerta.

    —Hola Mirna… hola chicos, perdon por llegar tarde. —se disculpó con una pequeña reverencia. —Estuve estudiando un poco para los exámenes.

    —Tonta, no tienes que disculparte. —la recriminó la espadachin de Windermere. —Tu prioridad es el estudio, no este maldito juego.

    La joven miró a su alrededor. —¿Los demás ya están en las catacumbas? —preguntó.

    Alex y Matilda se miraron un momento. —Walter armó una party algo más temprano y ya deben estar bien dentro del laberinto, en donde están los monstruos con mejor “loot” —dijo. —Nosotros no éramos suficientes para armar una segunda Party.

    Las orejas de Silvana se bajaron en respuesta al cambio de su estado de ánimo. —No me digan que…

    —Cuatro. —dijo Matilda levantando la mano con los dedos en alto indicando la cantidad de miembros que habían abandonado el Clan. —Los dos hermanos mestizos, el chico del perro y una pícara humana.

    —Oh no. —exclamó la joven.

    —Esta bien.—dijo Alex envainando su espada recién afilada. —No se preocupen, reclutaremos nuevos miembros…. esto es solo un problema temporal.

    Por la forma en que la espadachin miró al joven, Silvana supo que pensaba exactamente lo contrario.

    —¿Nya? —exclamó Mirna apoyando su cabeza en el pecho de Silvana.

    La joven acarició la cabeza de su amiga. —No te preocupes Mirna, todo va a estar bien. Estoy segura que se unirán más jugadores y podremos tener más amigos en el Clan.

    —Será mejor que te prepares, Silvana. —dijo Matilda señalando hacia uno de los arcones donde se guardaban el equipo de los aventureros. —Rita terminó de reparar tus ropas y están listas en aquel cofre.

    —Enseguida. —exclamó la joven mientras se apartaba de la joven chica gato. —Espérame un momento Mirna.

    —¡Nya!


    Silvana tomó sus ropas de aventura y comprobó que las reparaciones hechas por la joven humana incluso habían dado a su túnica una bonificación de durabilidad extra. Utilizando el inventario recogió también su báculo de druida y comprobó el nivel de carga máxima en el panel de información del arma. Como lo sospechaba estaba completamente lleno, de hecho rara vez se descargaba en más de la mitad de su capacidad.

    —Estoy lista. —exclamó una vez que todas sus ropas estuvieron equipadas en el inventario y en su hoja de personaje.

    Alex la observó y asintió en silencio. —Bien, con nosotros cuatro bastará para limpiar los primeros cinco niveles, cuando lleguemos al fin del quinto evaluaremos nuestras reservas y salud para decidir si continuamos adelante o no. ¿Estamos de acuerdo?

    —Me parece un buen plan. —respondió Matilda. —Aunque me preocupa un poco Silvana… no hay muchas plantas allá abajo y es posible que su magia se agote demasiado pronto.

    —Llevaré una ración de cristales extra por las dudas. —dijo Alex palpandose uno de los numerosos bolsillos de su armadura de cuero endurecido. —Con eso bastará… espero.



    La party de cuatro jugadores abandonó el ClanHall y se adentró en la calle, ahora casi desierta, en dirección al centro de la ciudad. Pasaron con las cabezas bajas ante el silencioso edificio en donde otrora los gloriosos Caballeros Escarlata dominaran el vecindario con el sonido de sus risas y gritos cada vez que se reunían en el enorme salón de fiestas a homenajear una victoria en el campo de batalla.

    Pronto llegaron a la muralla que daba acceso al centro de la ciudad y vieron que la barrera estaba levantada. A esa hora eran muchos los aventureros que se dirigian a los diferentes destinos en los alrededores de la ciudad y el tráfico era demasiado denso como para que los guardias del Imperio revisaran uno por uno a los jugadores.


    El mercado bullía de actividad y el grupo de amigos pronto se vió rodeado de jugadores y NPC’s que vendian a gritos su mercancía.

    —Esto no me gusta nada. —dijo Matilda. —miren esos precios.

    —Un diez por ciento más caros que ayer. —dijo el líder de la party. —Los nuevos impuestos del Imperio ya han impactado en la economía de la ciudad.

    Silvana observó un pequeño puesto montado sobre un carro en donde un mercader Windermeriano vendia pociones de curación. —Esos precios están muy fuera del alcance de un jugador que recién comience el juego. —razonó.

    Alex ya había hecho los cálculos en su cabeza. —Se requiere derrotar a unos veinte monstruos de nivel cinco en promedio para comprar una sola poción de esas. —dijo sacudiendo la cabeza. —Alguien que recién comienza con un personaje de nivel uno no podría costear una de esas pociones hasta no ser, por lo menos, nivel siete u ocho.


    Recorrieron varios puestos y el mismo escenario se repetía no solo con las diferentes pociones, armas, armaduras y todo ítem que pudiera equiparse o usarse en un personaje.

    Todo lo que podía comerciarse había aumentado su precio base entre un diez y un veinte por ciento.

    —Esto es un desastre. —dijo Alex. —Con un escenario como este, a un nuevo jugador no le queda otro remedio que ingresar a un Clan lo más pronto posible o no podrá costear el costo de sus aventuras.

    Matilda asintió. —Apenas otra forma de presión más por parte de los del Imperio. —dijo sacudiendo la cabeza. —¿Es que acaso los administradores no van a hacer nada?

    —No, no pueden hacer nada. —contestó el joven. —La autorregulación de la economía es parte del núcleo del juego. Cualquier intento por manipular artificialmente iría contra el compromiso que el desarrollador tomó con los jugadores.

    —Tss. —exclamó la espadachin. —Al menos da consuelo saber que no quedan muchos nuevos jugadores por ingresar a Calypso… ¿Cuanto queda para que se inicie el FOLD de largo alcance? ¿Una semana?

    —Diez días. —respondió Alex. —Una vez que todos los tripulantes de la Macross 41 entren a las vainas no habrá nuevos jugadores en el juego…

    —Eso significa que tenemos que reclutar gente ahora o nunca. —exclamó Silvana mientras Mirna asentía con la cabeza. —Es nuestra última oportunidad.

    —Buena suerte con eso. —suspiró Matilda. —Los el Imperio ya están “Campeando” el respawn de los novatos.


    En efecto, sobre la explanada donde estaba ubicado el templo principal se encontraban los pedestales en los que los nuevos jugadores eran teletransportados al entrar al nuevo mundo. Una multitud de guardas y aventureros de alto nivel se encontraba alrededor de cada una de las plataformas y recibia amable pero insistentemente los recién llegados con la esperanza de reclutarlos de inmediato.

    Algunos de los recién llegados intentaban alejarse de los insistentes reclutadores, pero eran seguidos por toda la ciudad mientras no cesaban de “aconsejar” y “advertir” al novato sobre los peligros de salir solo de la ciudad.

    —Me dan asco. —dijo Matilda al ver como un grupo de cinco guerreros completamente armados y acorazados acosaba a una joven recién llegada, armada solo con un simple bastón de madera.

    Silvana se asomó a la multitud para ver aquello y de pronto sintió que alguien la tomaba del brazo.

    —¡Les dije que no necesito cambiar de Cla…! —gritó volviéndose hacia quien pensaba era otro matón del Imperio que quería reclutarla a la fuerza, pero de pronto se encontró con un rostro relativamente familiar.

    —¿Silvana? ¿Realmente eres tu? —preguntó Dante asomando la cabeza entre dos guardias de coraza completa que lo tenían rodeado.

    —¿Dante?

    El joven se agachó y pasó por entre las piernas del guardia que tenía delante.—Permiso. —dijo escurriendose.

    —Hey! ¡Vuelve aquí! —exclamó uno de los guardias pero uno de sus compañeros lo sujetó del hombro. —Déjalo, es solo un guerrero humano, tenemos muchos de esos ya. —dijo despectivamente.


    Silvana condujo al joven hasta donde se encontraban sus amigos quienes se sorprendieron al ver al recién llegado. Mirna paró sus orejas y observó con curiosidad al desconocido, casi como si lo olfateara.

    —Les presento a Dante. —dijo deteniéndose frente al grupo. —Creo que acabo de rescatarlo de las garras del Imperio.

    El joven hizo una reverencia ante el grupo de aventureros. —Mucho gusto, soy Dante y acabo de entrar al juego, gracias por rescatarme de esos… tipos, creo. —dijo echando una mirada hacia Silvana. —¿Esos eran los del Imperio?

    Alex dió un paso al frente y extendió una mano. —Bienvenido a Calypso, Dante. —dijo. —Me llamo Alex y soy el líder de La Orden

    Dante estrechó la mano del joven con firmeza. —Gracias. —respondió. —¿Ustedes son los amigos de Silvana?

    —Veo que ya conoces a nuestra Druida. —comentó la Espadachin. —Yo me llamo Matilda y ella es Mirna. —dijo señalando a la otra chica-gato.

    —Nyan. —respondió la recién nombrada.


    Silvana se adelantó y tomó las manos del joven. —Me alegro que hayas aceptado mi propuesta de hacerte un personaje… ¿Así que eres un guerrero humano?

    —Eso parece. —respondió el joven.

    —Estábamos a punto de hacer un calabozo para juntar oro e items… podrías venir con nosotros para subir de nivel rápidamente. —exclamó la joven Druida. —¿Qué te parece, Alex?

    El joven de anteojos miró a Dante pensativo. —Creo que primero debería hacer el tutorial del juego y familiarizarse con la interfaz y todo eso… llevarlo con nosotros podría ser peligroso.

    —¿Y dejarlo nuevamente a merced de esos idiotas del Imperio? ¡Ni hablar! —exclamó Matilda. —Creo que este chico nos ha caído literalmente del cielo y deberíamos ayudarlo a conocer el juego.

    —Bien, antes de decidir algo, dejame agregarte como amigo. —dijo Silvana abriendo su interfaz. Dante hizo lo mismo y la petición llegó de inmediato.

    —Tilda la opción de compartir contactos. —explicó la chica-gato. —Asi podrás ver a todos en el mapa.

    Dante obedeció las instrucciones de la joven y de inmediato su lista de contactos se agrandó hasta tener una docena de nombres.

    —Ahora acepta la invitación a nuestra Party.

    Otra vez el chico obedeció y de repente la información que se desplegaba sobre la cabeza de sus cuatro nuevos amigos se expandió ante sus ojos.

    —¿Pero que rayos…? —exclamó Matilda al ver la información de Dante. —¿Por que tienes un solo punto de vida?

    Dante se rascó la cabeza. —Supongo que ya habré hecho algo mal. —reconoció. —Este juego parece muy complicado.

    Alex y Matilda se miraron confundidos. —Ok no importa. —respondió el joven de anteojos. —Silvana… ve con Dante al templo y usen la fuente bautismal de la entrada para que recupere todos sus puntos de vida, no podemos gastar una poción ahora.

    —Comprendo. —respondió la joven. —Ven conmigo Dante.

    —¿Nyan? —exclamó la chica gato mirando preocupada a su amiga.

    —Volveré pronto. —dijo ella acariciando la cabeza de la joven. —Espérame aquí con los demás. ¿De acuerdo?

    —Nya.


    Los dos jóvenes partieron en dirección al templo confiados en que no serían molestados por los acosadores del Imperio ahora que estaban en una Party. En efecto nadie los molestó y pronto llegaron a la explanada donde el enorme edificio de piedra estilo gótico dominaba la plaza de la ciudad.

    Una pequeña multitud se había congregado en la entrada del templo, en su mayoría aventureros sin Clan que acababan de llegar de un raid y buscaban curación rápida y gratuita, ya sea para recuperar sus puntos de vida o para eliminar alguna enfermedad o maldición obtenidas durante su caza de monstruos.

    Como Jenne era una ciudad pequeña, el templo local solo contaba con una pila bautismal donde curarse y una fila se había formado frente a ella. Dante y Silvana se colocaron al final y esperaron su turno pacientemente.

    —Silvana.

    —¿Que sucede Dante?

    El joven miró a ambos lados del pasillo y se inclinó sobre la joven. —Necesito preguntarte algo muy importante… ¿Le haz contado a alguien lo que sucedió ayer? —preguntó.

    La joven se turbó un poco por la cercanía del chico pero sacudió la cabeza. —N-no. —dijo. —Solo le comenté a Minra que te había conocido en el bosque, pero no le conté lo del gigante o lo del avión…

    Dante suspiró aliviado. —Gracias a Dios. —exclamó.

    —¿Pasa algo malo?

    El chico sacudió la cabeza. —Mi jefe me mataria si supiera que ya empezaron a correr rumores sobre lo que pasó ayer.

    Silvana estuvo tentada de decirle que en efecto, los rumores ya habían empezado a circular, pero al menos ella no había tenido nada que ver con eso.

    Dante se inclinó aún más sobre la joven y Silvana se sonrojó por completo. —Necesito que me guardes el secreto por ahora. —dijo en un susurro. —Se supone que tengo que participar de Calypso como un jugador más sin llamar demasiado la atención.

    Bueno, al menos en esa parte Dante ya había empezado a fallar. Pensó la joven. —No-no es necesario que me hables al oído. —dijo retrocediendo un paso. —Estamos en un chat privado, nadie puede oírnos.

    Dante se golpeó la frente con la palma de la mano. —Rayos… perdona Silvana… no fue mi intención…

    La joven se rió de aquello. —No te preocupes Dante… te entiendo.


    Para entonces había llegado su turno y el joven colocó sus manos en la fuente que se ergui junto al altar de ceremonias. En cuanto tocó el agua transparente un resplandor dorado lo envolvió y su barra de vida volvió a llenarse de inmediato.

    —¿Ese era todo el daño que recibiste ayer? —preguntó la joven.

    —No, esto me la causó un martillo de guerra. —respondió el joven bajando del altar.

    —¿Un martillo…?

    Dante se encogió de hombros. —¿Te comenté que tengo un Jefe terrible?

    Silvana meditó aquello unos segundos. —¿Entonces trabajas para los militares? —preguntó con cautela.

    —No. —respondió secamente el jóven. —Aunque indirectamente debo tratar con ellos… bueno, con al menos UNO de ellos.

    La joven recordó la actitud de la piloto de la NUNS que había tomado a Dante de forma tan violenta durante su encuentro. —¿Esa piloto…?

    —Ah, la teniente O’Higgins… ella es una buena persona, solo tuvimos un pequeño malentendido al conocernos, eso es todo… eso si, te pido por favor que no hablemos mas del tema, tengo miedo que mi Jefe vuelva a golpearme.

    Silvana se inclinó ante el joven. —Te prometo que no te incomodaré más con mis preguntas. —dijo. —Pero… me alegra que no te haya pasado nada. —agregó con una sonrisa.

    —Gracias Silvana, yo también me alegro que las cosas hayan podido salir bien ayer… supongo que el destino de alguna forma nos juntó en aquella pradera.


    Cuando dejaron la explanada del templo se dirigieron de inmediato hacia donde Alex y los demás los esperaban junto a una de las enormes portales de teletransportación.

    —¿Todo en orden? —preguntó Matilda al ver llegar a ambos.

    —Listos. —respondió Silvana mientras Minra se ponía inmediatamente entre ella y Dante.

    El líder de la party miró a Dante un segundo y luego se volvió hacia los demás. —Hagan una última revisión para estar seguros de no olvidarse nada. Equipo y consumibles son prioridad, pergaminos y runas son opcionales.

    Dante se aseguró que la comunicación entre él y Silvana era privada antes de hablar. —Es un buen líder. —dijo dirigiéndose hacia la Druida. —Se nota que sabe lo que hace.

    La joven asintió entusiasmada.

    —Todo parece estar en orden. —confirmó la espadachin al ver que todos estaban preparados.

    —Bien, iniciaré la teleportación para todos juntos. —avisó el joven de anteojos mientras se acercaba a la superficie líquida del artefacto con una runa brillante en la mano. ¿Listos? ¡Va!


    Cuando la luz se apagó Dante vió que estaban en una enorme caverna. Lo primero que sintió fué el sonido de una corriente de agua a su izquierda y al mirar hacia allí vió la cascada de agua que se precipitaba desde lo alto hacia un abismo oscuro. —¿Dónde estamos? —pregunto.

    Alex descubrió una linterna y todos pudieron ver mejor. —Estamos debajo de la ciudad—respondió. —Jenne está construida sobre las ruinas de una antigua ciudadela abandonada hace muchos miles de años.

    Diciendo esto el líder levantó la linterna y dirigió el haz de luz hacia la oscuridad delante de ellos. Un enorme arco de piedra medio derrumbado apareció entre las sombras. —Más adelante hay algo más de luz, solo el túnel de acceso es así de oscuro.

    —Yo iré delante. —dijo Matilda. —Mirna, Silvana y Dante vayan en el medio, Alex cerrará la marcha.

    El joven guerrero miró la oscuridad. —¿Hay peligro en esta zona? —preguntó.

    —Solo si te caes por el abismo. —respondió Silvana. —Por eso será mejor que vayas en el centro con nosotras.

    Alex asintió. —Cuando atravesamos terreno peligroso adoptamos un tipo de formación que nos permita protegernos mutuamente en caso de una emboscada. Aquí no hay peligro pero nos viene bien practicar las diferentes formaciones.

    —Nyan! —exclamó Mirna.


    Avanzaron por el túnel y tras pasar por debajo de lo que quedaba del arco de piedra el camino se angostó tanto que, en un momento, tuvieron que caminar lentamente y en fila por un angosto puente de piedra que cruzaba el abismo en donde se precipitaban las aguas provenientes de la superficie. Tras penetrar a un nuevo túnel y dar un par de vueltas, siempre con la impresión de estar descendiendo continuamente, llegaron a una zona más abierta, una caverna mayor en donde pronto distinguieron las luces de varias hogueras.

    —Esta es la última zona segura antes de entrar a las catacumbas. —explicó Alex señalando las ruinas que se alzaban al fondo de la enorme caverna. —Algunos jugadores “hardcore” suelen acampar aquí durante dias para levelear rápidamente sus personajes sin abandonar la zona.

    Vieron unos cuatro grupos de aventureros que habían montado improvisados campamentos alrededor de las fogatas. A Dante la llamó la atención uno de ellos, donde parecía haber varios heridos.

    —¿Rita? —exclamó Matilda corriendo hacia la hoguera. —¿Que paso? ¿Están todos bien?

    Todos corrieron tras la Windermeriana y pronto llegaron junto a la hoguera. Había cinco jugadores allí y todos estaban heridos en mayor o menor grado. Salvo en el caso de uno solo de ellos, todos mostraban barras de vida casi completamente agotadas. La joven a quien Matilda había llamado Rita estaba vendando la cabeza de un enorme guerrero cuya coraza estaba resquebrajada en varias partes.

    El guerrero levantó la vista y vió llegar al joven de cabellos blancos y lentes. —Alex. —dijo. —Que bueno que por fin llegaste.

    Silvana llegó corriendo y de inmediato desplegó su báculo de madera. Una luz azul brilló en la gema engarzada en el extremo del mismo y runas brillantes danzaron alrededor de la Druida.

    —¡Curación! —exclamó.

    Los cinco aventureros brillaron por un momento y sus barras de vida se llenaron hasta casi la mitad, recuperando un poco del tono verde característico.

    —Gracias Silvana. —exclamó la humana llamada Rita, —Ya me estaba quedando sin vendajes.

    Alex se acercó a la hoguera y se inclinó junto al guerrero. —¿Que sucedió allá dentro, Walter? —preguntó.

    Pero el guerrero no respondió y solo le echó una mirada a Dante. —¿Quien es el? —preguntó poniéndose en guardia.

    —Es Dante, es su primer dia en Calypso. —respondió Matilda. —Lo reclutó Silvana o eso creo. —agregó.

    El grandulón esbozó una sonrisa. —Espero que no se lleve una mala impresión al vernos así, todos rotos. —dijo.

    —¿Qué pasó? —preguntó Silvana. —¿Fueron demasiado abajo…?

    Rita sacudió la cabeza. —No… todo lo contrario. —dijo. —Tuvimos que escapar del nivel doce.

    Alex y Matilda se miraron confundidos. —¿Nivel Doce?

    Dos de los miembros de la Party de Walter eran magos. Uno de ellos señaló la entrada a la catacumba. —Nos quedamos sin maná en medio de una de las salas y tuvimos que retirarnos mientras nos atacaban sin parar. Si no fuera por la Constitución de Walter que aguantó todo el daño sin recibir curación de respaldo, no hubiésemos podido salir con vida de allí.

    Alex frunció el entrecejo. —¿Sin maná? ¿Cómo es eso posible? ¿No llevaron los suministros de respaldo como…?

    Como respuesta, el quinto miembro del grupo de Walter, un asesino humano que estaba envuelto en una raída túnica negra, arrojó varios frasquitos de cristal vacíos al piso. —Los usamos todos antes de terminar la décima sala. —respondió.

    —Imposible. —exclamó Matilda. —No hay enemigos tan poderosos antes del nivel diez y ustedes son lo suficientemente fuertes como para…

    —Los enemigos no fueron el problema. —dijo Rita. —Son los cristales.

    —¿Los cristales?

    La humana se incorporó y se acercó al joven de anteojos. —Te lo mostraré, agregame a tu party.

    Alex accedió a su interfaz y con unos movimientos de la mano agregó a la joven humana al grupo. Todos pudieron ver que su barra de maná estaba completamente agotada.

    —Dame un cristal. —dijo.

    Matilda extrajo un frasquito de uno de los bolsillos de su chaqueta y se lo pasó a la joven. Dante abrió los ojos como platos al ver lo que había dentro del frasco. —¿Eso es…?

    —Un Cuarzo Fold, claro. —dijo Alex. —Se usan para recargar el maná durante las batallas.


    Rita tomó el frasquito y lo destapó, luego tragó el pequeño cristal como si fuera un caramelo de fresa ante las miradas curiosas de todos.

    —Miren mi barra de Maná. —dijo cruzándose de brazos.

    Para sorpresa de todos (Menos de Dante que no comprendía lo que estaba pasando) la barra azul que indicaba los puntos de maná disponibles para el jugador comenzó a llenarse lentamente, sin embargo el ritmo comenzó a decrecer significativamente y se detuvo por completo antes siquiera de llegar a la mitad.

    —Im-imposible. —exclamó Alex poniéndose de pié. —Cada uno de esos cristales tiene que llenar en su totalidad una barra completamente vacía. ¿Que rayos…?

    Rita arrojó el frasquito al piso y lo pisó violentamente, rompiéndolo en mil pedazos. —No lo comprendo. —dijo con visible frustración. —Yo misma refiné esos cristales, es imposible que solo recarguen una fracción tan pequeña del total.

    —A todos nos pasó exactamente igual. —aseguró uno de los magos. —Tuve que usar tres cristales enteros para llenar una sola barra de maná.


    Silvana y Mirna se miraron sin saber qué hacer. Matilda se rasco la cabeza. —¿No estarán bajo los efectos de «Maná Burn»? —preguntó. —¿O algún tipo de maldición?

    —Definitivamente no es «Maná Burn» —aseguró el guerrero. —Ese “Debuff” solo afecta la cantidad de puntos de maná que se que usan al lanzar un hechizo.

    —Tiene razón. —agregó Alex. —Esto es un efecto que se manifiesta sin necesidad de lanzar un hechizo, pero tampoco podemos descartar algún tipo de maldición.

    El joven de anteojos se puso de pié y colocó su mano sobre la cabeza del gigante mientras cerraba los ojos. —¡Identificar Maldición! —exclamó.

    Hubo un pequeño resplandor dorado en la palma de su mano y luego nada. Alex suspiró mientras abría los ojos. —Si es una maldición, definitivamente es de algún tipo que no puedo identificar.

    —Tendremos que ir al templo. —dijo el enorme guerrero. —Los NPC’s podrán limpiar cualquier cosa que tengamos con sus bendiciones de purificación.

    Matilda suspiró. —Adios a nuestra super eficiente recolección de recursos usando dos Partys simultáneamente. —dijo.

    —No hay alternativa. —respondió Alex. —Nosotros entraremos ahora y será mejor que ustedes vuelvan a Jenne y se purifiquen en el templo, aquí ya no hay nada más que hacer.

    Los magos y el asesino asintieron pero Rita sacudió la cabeza. —Yo iré con ustedes al menos… sería una tontería desperdiciar ese cristal que acabo de gastar en mi, además mi equipo está en bastante buen estado y puedo luchar todavía. —dijo mostrando una ballesta en su mano derecha.

    El guerrero Ragnariano se puso de pie con dificultad y se apoyó en su enorme hacha de batalla. —De acuerdo. —dijo. —Nos retiramos por ahora.

    —¿Pudieron… pudieron juntar algo? —preguntó Alex.

    Walter activó la opción de intercambio en su interfaz y traslado su botín al inventario de su líder. —Once monedas. —dijo sacudiendo la cabeza. —Lo siento.

    —No te disculpes. —respondió el joven con una sonrisa. —Gracias por arriesgar tu trasero por todos nosotros, eres un verdadero amigo, te has ganado un descanso… y ustedes también. —agregó volviéndose hacia los demás aventureros. —Descansen ahora y les prometo llegar hasta el fondo de esto… eventualmente.

    El asesino se bajó la capucha y todos vieron que tenía la piel negra como el carbón. —Iré a recorrer las tabernas a ver si hay rumores sobre esto en otros grupos. —dijo con voz grave y profunda.

    —Gracias, Dirk. —contestó Matilda. —Cualquier información que podamos obtener para evitar este Debuff en el futuro será de gran importancia.


    Mientras el grupo se despedía, Dante se había sentado a un lado a meditar todo aquello. Se dió cuenta que Duval no bromeaba en cuanto habló de la complejidad de Calypso.

    El golpe de martillo lo había tomado por sorpresa y la sensación de dolor, aunque increíblemente breve, fué terrible. Ciertamente era una sensación que esperaba no experimentar demasiado seguido.

    Cuando se incorporó con dificultad tras caer detrás del puesto del operador de radar quedó perplejo al ver a sus atacantes.

    —¿Quien diablos…?

    Un enorme guerrero peludo, vestido con lo que parecía un atuendo de gladiador se erguía frente a él y su cabeza llegaba justo a tocar el techo del puente de mando de la Macross. Detrás de él, una voluptuosa Amazona de cabellos dorados vestida con una coraza lo miraba de forma divertida mientras pasaba el dedo por el filo de una enorme hacha. —¿Puedo golpearlo yo ahora? —dijo la desconocida lamiéndose los labios.

    —Ya veremos. —respondió el guerrero. —¿Que diablos hace usted aquí, Joyner?

    —Di.. ¿Director Duval?

    —No, soy Conan el Bárbaro. —contestó el enorme sujeto haciendo una mueca. —Claro que soy yo.

    —Y yo soy Willy, así que deja de mirarme las tetas. —respondió la joven amazona tomando asiento en una de las terminales.

    La Teniente O’Higgins observaba la escena en silencio mientras los dos recién llegados dejaban sus armas a un costado y se acomodaban en los puestos de control de la nave.

    —Lo-lo siento mucho. —exclamó Dante haciendo una reverencia. —No sabía que…

    —Déjate de excusas, lo hecho hecho está. —respondió Duval. —Al menos no haz hecho algo tan estúpido como disparar las armas de la Macross… si hubieras hecho semejante idiotez te hubiera despedido de inmediato.

    —¿El cañón principal es operacional? —preguntó sorprendido el joven.

    —Así que realmente pensaste en usarlo. —dijo Willy con una sonrisa.

    —TODO en la Macross es operacional. —respondió el Director mirando fijamente al joven. —Así que no vuelvas a tocar NADA de esta nave sin nuestro permiso. ¿Está claro?

    —Si Señor. —respondió de inmediato Dante.


    Duval asintió y se volvió hacia la joven piloto. —Me alegro al menos que ustedes dos se lleven mejor. —dijo. —Teniente… necesito que lleve al Señor Joyner hasta el territorio de Jenne para que pueda ingresar al juego de forma oficial.

    —Entendido. —respondió Karina. —Prepararé una nave en el hangar Cinco del Prometheus en treinta minutos. Partiremos a las Mil Ochocientas Horas del tiempo estándar de Macross 41.

    —Ahí estaré. —respondió Dante.

    La joven hizo un saludo militar y salió del puente de mando no sin antes recoger su casco de donde lo había dejado previamente.

    Cuando la puerta se cerró, Willy se volvió de inmediato hacia Dante. —Oye oye oye… ¿Hiciste que volara en mil pedazos allá fuera y sin embargo ahora son amigos? ¿Me quieres explicar como mierda lo haces?

    Dante se encogió de hombros. —Ni yo lo entiendo todavia. —dijo. —Pero… ¿Ella siempre hace ejercicios en este lugar?

    —Willy programó eso. —respondió Duval. —La teniente solía quedarse todo el dia en el hangar del Prometheus en la cabina de su avión, así que pensamos que incorporar una simulación a su rutina diaria la ayudaría a pasar mejor su tiempo con nosotros cuando necesitaramos venir a Calypso..

    El joven miró la pantalla del radar. —Es buena. —dijo. —Aunque algo impulsiva.

    —Si hubiera seguido tu vector de escape podría haber ganado ese ejercicio. —dijo la joven Amazona mientras miraba el registro de la estación de radar que Dante había escrito. —Sus habilidades de combate son buenas, pero no es de las pilotos que miran más allá del alcance de sus armas, casi siempre la derriban con un disparo certero de láser desde distancias superiores a los dos kilómetros.

    —Un RIO sentado en la misma cabina solucionaría su problema. —aseguró Dante. —Solo necesita un par de ojos extra que cuiden su espalda.

    Duval golpeó la consola frente a su terminal y todo el puente de mando pareció temblar bajo el poder de su puño. —Se supone que tu tienes que resolver NUESTROS problemas y no los de la Teniente O’Higgins. —lo recriminó el Director.

    —Con gusto lo haré… en cuanto sepa de qué se trata todo esto. —dijo el joven con un gesto de impotencia.

    —Lo averiguarás una vez que estés en el juego. —aseguró el hombretón.

    El joven estratega se rascó la cabeza. —¿Algun consejo, Señor?

    —Trata de pasar desapercibido allá abajo, Joyner. —dijo la Amazona guiñando un ojo.

    —Y por el amor de Dios… no digas una sola palabra de nosotros o lo que vistes aqui. —lo amenazó Duval. —Nadie debe saber que eres un empleado de Alpha Corporation cuando estés entre los jugadores. ¿Entendido?

    —¿Y ese abogado que nos visitó esta mañana? —preguntó intrigado el joven.

    —Malkovich no irá a Jenne. —respondió Willy. —Y a menos que te vea directo a la cara, no creo que pueda reconocerte, en todo caso cuando tengas algo de dinero encima comprate un sombrero y una bandana o algo asi… asi nadie se fijará en tu rostro.

    —De acuerdo. —dijo el joven. —Entonces jugaré en Calypso y trataré de aprender todo lo que pueda del juego y su funcionamiento.

    Duval se rió. —Ni en diez años podrías aprender todo sobre Calypso. —aseguró. —La simulación del UniEngine es más profunda de lo que te imaginas, pero espero que lo descubras por tus propios medios.

    —Así lo haré Señor,

    —Bien, diviértete mientras puedas. —dijo el guerrero. —Ahora vete de una buena vez.

    Dante hizo un ademán de irse pero lo pensó de nuevo y se volvió hacia el Director. —Señor… .¿Me permite hacerle una última pregunta?

    —Dime.

    —¿Cómo hizo para pasar por esa puerta minúscula? —preguntó Dante señalando la puerta de entrada al puente.

    —Magia. —respondió Duval con una sonrisa.


    Dante salió del puente y tras tomar el ascensor hasta la planta baja se dirigió hacia los vehículos aparcados cerca de donde partía la vía de acceso principal de toda la nave. El camino estaba bien señalizado y tardó sólo diez minutos en llegar al Prometheus.

    El hangar seguía igual de desierto que el dia anterior, pero un par de luces brillantes al final del mismo delataban la presencia de la joven en uno de los puestos de rearme.

    El joven dirigió su vehículo hacia allí y descubrió con asombro que Karina estaba poniendo a punto un VF-1D, la versión de entrenamiento avanzado del famoso caza transformable de la Primera Guerra Espacial.

    En el momento en que Dante frenó junto al avión, Karina estaba usando una grúa remota para instalar el sistema FastPack con los Boosters necesarios para vuelo espacial. El enorme par de impulsores descendió lentamente sobre el fuselaje y quedó sujeto magnéticamente con un sonoro ¡CLACK! que hizo eco por todo el hangar.

    —¿Vamos a ir con ese? —preguntó Dante bajando de un salto del transporte.

    —Ya no eres más un avatar inmortal. —respondió Karina dejando a un lado el control de la grúa. —Si te saco al espacio en el puño de mi VF-4 vas a morir en cuestión de segundos.

    —Siento haber hecho que destruyeran tu avión. —se disculpó mirando la brillante pintura anaranjada del Caza Variable de Entrenamiento.

    —¿Destruido? No sea tonto Joyner, son solo datos en la simulación… allí está, en la bahía doce si no me crees.

    El joven miró en la dirección que indicaba la teniente y vió el VF-4 con la cabina abierta tal y como había estado el día anterior.

    —Oh.

    —Será mejor que vayas subiendo. —dijo mientras tomaba una de las escalerillas de un carretón. —Se está haciendo tarde.

    La joven colocó la escalera justo debajo del asiento del copiloto y la aseguró en los encastres del fuselaje. —Sube. —ordenó.

    Dante subió por la escalerilla y se sentó en el borde de la cabina mientras miraba asombrado la enorme pantalla donde se replicaban los mismos controles que en el puesto del piloto en el frente, tal era la función de aquella nave de entrenamiento.

    —No toques nada. —le advirtió la Teniente O’Higgins mientras desenganchaba la escalerilla. —Y quitate la espada de tu espalda o no vas a entrar en el asiento.

    —Ok, ok. —la tranquilizó el joven accediendo a su interfaz. Seleccionó la espada de hierro y la guardó en su inventario. —Listo.

    Mientras Karina despejaba los alrededores del avión, Dante se sentó en el puesto del copiloto y abrochó su cinturón de seguridad. También se colocó el casco de vuelo que estaba enganchado sobre el panel de control encima de la pantalla.


    La joven no necesitaba de una escalera para subir a la cabina. Se impulsó usando el cañón de la cabeza del robot que asomaba por debajo del fuselaje como apoyo y de un salto aterrizó en la cabina abierta. Dante se preguntó si la chica sería así de ágil en el mundo real.

    La cabina se cerró de inmediato y los sistemas del avión comenzaron a cobrar vida a medida que la Teniente inicializaba los sistemas uno a uno. En cuanto la pantalla frente a Dante se encendió, el rostro de la Amazona apareció proyectado en el mismo. —Aquí Control de Vuelo de Macross. —dijo guiñandole un ojo al joven. —ID asignada y registrada en el sistema.

    —¿Cual es nuestro Callsign? —preguntó Dante activando la comunicación de radio en el casco de vuelo.

    —VT-102. —respondió Willy. —¿Vas a rolear el papel de RIO de la Teniente O’Higgins al final? —preguntó con una sonrisa.

    La joven del asiento delantero no contestó, pero levantó la mano con el dedo pulgar extendido hacia arriba. —Así parece. —respondió Dante captando el gesto. —VT-102 Listo para el rodaje. Solicitamos despegue inmediato con rumbo al Planeta Calypso.

    —Plan de vuelo aprobado y pueden rodar por calle central hasta el elevador número tres, contacte nuevamente cuando se encuentren en la cubierta de vuelo.

    —Entendido. —respondió Dante. —Rodaje aprobado hasta elevador tres y contactar en cubierta de vuelo. —repitió el joven.

    —Readback correcto.


    El VF-1D comenzó a moverse lentamente y avanzaron hasta la pista de rodaje que llevaba al frente del enorme hangar. Al llegar al extremo de la misma se desviaron hacia uno de los gigantescos ascensores que podían levantar hasta la cubierta de vuelo incluso a los pesados Destroids que se utilizaron en la Primera guerra Espacial.

    El avión se detuvo justo en el centro y las barreras de contención se elevaron a cada lado de la nave. De inmediato la maquinaria se puso en funcionamiento y comenzaron a subir hacia el espacio mientras la enorme compuerta se abría sobre ellos.

    El exterior del Prometheus estaba completamente oscuro pero Dante pudo ver la pequeña luz que brillaba en la Torre Principal de la Macross, apenas visible tras la enorme mole de la gigantesca nave.

    Una vez que las barreras se bajaron y la plataforma se detuvo, Karina hizo que el caza avanzara por la pista marcada en la cubierta de vuelo del portaaviones hasta una de las catapultas de despegue. Una vez que estuvieron justo encima de la marca, el avión se detuvo.

    —Torre de Control, aquí VT-102. —dijo Dante por la radio. —Estamos listos para despegar.

    —Despegue aprobado VT-102. —Que tengan buen vuelo.

    —Gracias señorita. —respondió el joven haciendo un saludo militar.


    El Caza despegó acelerando los enormes motores principales al máximo. Dante sintió la terrible aceleración en su estómago y se vió casi aplastado contra el asiento. —¡Uff! —exclamó.

    Salieron disparados a una gran velocidad y pronto la Macross fué un pequeño puntito en los espejos retrovisores a ambos lados de la cabina. En cuanto las fuerzas G se equilibraron, Dante se acomodó nuevamente frente a la pantalla.

    —¿Donde aprendiste a ser un Copiloto? —preguntó Karina desde el asiento delantero.—Creía que solo habías ido a una Academia de Oficiales.

    —Estuve viajando con pilotos de la NUNS durante casi un año por toda esta parte de la Galaxia. —respondió el joven. —Aprendí muchas cosas viajando en todo tipo de naves.

    —Comprendo. —respondió la joven. —Me parece que tus talentos están siendo desperdiciados en un lugar como este.—agregó.

    Dante miró hacia la piloto pero apenas podía ver su casco negro pegado al asiento. —Yo podría decir lo mismo de ti. —dijo.

    —¿De mi?

    El Director Duval y Willy reconocieron tus capacidades extraordinarias como piloto de Combate. —aseguró el joven. —Y yo mismo lo ví mientras estuve delante del radar de la Macross.

    —Solo sigo órdenes. —respondió la chica. —Me fué asignada esta posición y tengo que cumplir con mi deber.

    —En cambio yo fuí arrastrado a este mundo por la desesperación y fatalidad. —reconoció el joven. —No siempre se puede elegir, supongo.

    —No. —respondió Karina. —No siempre se puede, prepárate para transferencia orbital.


    Dante se acomodó en el asiento y contuvo la respiración en cuanto los dos enormes propulsores montados sobre el VF-1D agregaron una increíble cantidad de impulso a los motores principales. Lentamente la nave comenzó a cambiar de órbita mientras descendía hacia el planeta todavía envuelto en la oscuridad.

    —Vector de reentrada confirmado sobre la región del objetivo. —informó la piloto. —iniciando reingreso atmosférico.

    El caza comenzó a acercarse a las primeras capas de la atmósfera en cuanto el sol asomó por el horizonte.

    El paisaje de Calypso se desplegó con todo un abanico de colores ante los ojos de ambos jóvenes. Las montañas lejanas reflejaban los rayos del sol en sus inmaculados picos cubiertos de nieve y los lejanos mares lanzaron brillos plateados a través de la atmósfera.

    Dante miró hacia un lado y vió como alrededor del caza la fricción del aire comenzaba a crear una onda de choque que rápidamente se calentó hasta encenderse al rojo vivo.

    —¿Crees que nos vean desde abajo? —preguntó.

    —Este vector de aproximación pasa sobre regiones no habitadas. —explicó la joven. —De todas formas apenas seremos como una estrella fugaz a los ojos de un observador en tierra.


    Avanzaron a gran velocidad por el cielo del planeta y pronto el sol se movió por el firmamento a medida que atravesaban las diferentes zonas horarias. Volaban a gran altura por sobre las nubes, por lo que era poco lo que podía verse del paisaje.

    —Contacta a la torre de control y pide las coordenadas de alguna zona de aterrizaje seguro. —ordenó la joven.

    —Entendido. —Torre de Control aquí VT-102.

    —Aquí Macross. —respondió la voz femenina de Willy. —¿Que necesita, VT-102?

    —¿Puedes darnos las coordenadas de una zona de aterrizaje segura?

    —Estoy en eso.—respondió la Amazona. —Hay un pequeño templo en ruinas ubicado en un profundo valle a unas cuantas horas de viaje de Jenne. —nunca va nadie allí y estarán ocultos a las miradas indiscretas por la elevación del terreno circundante.

    —Me parece bien. —respondió Karina.

    —Enviando las coordenadas por el Datalink. —informó Willy.

    La interfaz del panel de vuelo se actualizó con las nuevas coordenadas y un nuevo “Waypoint” apareció en el HUD.

    —Coordenadas recibidas, vamos hacia allí. —informó Dante.

    —Recibido, buena suerte chicos. —saludó Willy cortando la transmisión.


    El caza voló por encima de las nubes hasta las coordenadas recibidas y descendió entre los picos de roca de una pequeña cordillera que servía de división a dos reinos de aquel mundo de fantasía. Al final de la cadena montañosa se erguía un valle profundo que albergaba un oscuro lago de aguas negras como el azabache. En el centro del lago una solitaria isla emergia de las oscuras aguas y los restos de un templo aparecieron entre las brumas.

    —Hermoso lugar. —dijo Dante mirando las piedras rotas como dientes enormes. —Con mi buena suerte seguro me come un Dragón apenas baje de tu avión.

    —No te preocupes. —dijo Karina maniobrando la nave entre la niebla. —No dejaré que nadie te haga daño.

    El VF-1D pasó a modo Gerwalk y descendió en un espacio abierto que anteriormente fuese una especie de patio interno de aquel antiguo templo. Las neblinas fueron empujadas por el poderoso escape de los reactores y pronto el paisaje se aclaró un poco alrededor del avión. De inmediato la cabina comenzó a abrirse en cuanto las piernas del caza se posaron en tierra firme.

    Dante se quitó el casco y respiró el aire de Calypso. —¿Que se supone que haga ahora? —preguntó.

    Karina hizo que el brazo izquierdo del robot se extendiera y abriera la mano cerca del asiento del copiloto. —Sube. —dijo.

    Dante se desabrochó el cinturón y tras dejar el casco sobre el asiento se subió a la mano del robot. —Listo.

    Con habilidad Karina lo dejó en el suelo y Dante pudo bajar de un salto con seguridad.

    —En la interfaz del usuario, vé a donde dice Tutorial. —explicó la joven mientras volvía a retraer el brazo.

    —Entendido. —respondió Dante mientras navegaba por las opciones de su interfaz de juego.

    —Hay un botón que dice “Reiniciar”. Cuando lo actives, tu personaje será teletransportado a la ciudad de Jenne, donde aparecen todos los jugadores novatos, a partir de allí sigue las instrucciones del guia virtual que te explicará los fundamentos del juego.

    Dante apagó la interfaz y miró a la joven sentada en la cabina del caza. —Gracias, Teniente. —dijo haciendo el saludo militar. —Ha sido un gusto volar con usted.

    La joven piloto respondió igualmente al saludo. —Buena suerte, Joyner. —dijo mientras la cabina se cerraba sobre ella.


    Dante retrocedió varios pasos y observó como el VF-1D se elevaba por el aire y pasaba a modo caza de forma casi instantánea en cuanto sus motores principales se encendieron. La Teniente O’Higgins salió disparada hacia el cielo de Calypso mientras Dante la miraba en silencio.

    Cuando la aeronave no fué más que un puntito en el cielo azul, Dante volvió a equiparse la espada a su espalda y activando la interfaz de usuario presionó inmediatamente el botón de Reinicio.


    —¿Dante?

    El joven se sobresaltó cuando la Druida mencionó su nombre. Había estado perdido en sus pensamientos y no vió cuando la chica-gato se acercó a él.

    —¿Te encuentras bien? —preguntó. —Estamos a punto de entrar.

    —Si, estoy listo. —respondió poniéndose de pie. —Ya es hora que aprenda a usar esto. —dijo tomando la espada. El arma era de hierro macizo con la empuñadura recubierta por una tira de cuero atada alrededor, pero el joven no tuvo problemas en moverla con facilidad de un lado a otro. El hierro estaba sin brillo y el arma carecía de adornos o nada parecido, apenas una simple varilla de hierro servía de guardia para proteger su mano durante el ataque.

    —Dame esa espada. —dijo Rita acercándose. —Ese trozo de fierro no te servirá de nada allí dentro. —dijo.

    Dante activó la interfaz y traslado el arma al inventario de la humana, quien tomó la espada y comenzó a afilarla con una piedra especial que sacó de uno de sus bolsillos. Al cabo de unos minutos el color del metal cambió y un poco de brillo apareció en el filo.

    —Esto te será más útil. —dijo la joven devolviendo el ítem a Dante.

    —Gracias. —respondió el joven tomando el arma para volver a equiparla. Vió con sorpresa que un modificador +3 había aparecido en las propiedades de la espada.


    Alex se paró en la entrada del calabozo y llamó a todos a su alrededor. —¿Todos listos? —preguntó.

    —Listos. —respondieron todos a coro.

    El joven sonrió. —Vamo a demostrar a Calypso que La Orden no se rinde tan fácilmente. —dijo. —¡Siganme!

    El grupo levantó sus armas en forma de saludo y se internó en la oscuridad del túnel. Pronto las tinieblas los rodearon por completo.
     

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