One-shot Fic sin titulo

Tema en 'Fanfics Terminados de Naruto' iniciado por BlackSheep, 12 Septiembre 2007.

  1.  
    BlackSheep

    BlackSheep Guest

    Título:
    Fic sin titulo
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    4015
    Fic sin titulo

    Capitulo primero

    El equipo de Kurenai había sido de los primeros en obtener su segundo rollo tras entrar al Bosque de la Muerte. Gracias a las sanguijuelas de Shino había tendido una emboscada a un grupo de Konoha, y ahora se dirigían a la torre entre los gritos de alegría de Kiba. Poco imaginaban sus compañeros los celos que sentía el chico pues todo el mérito se lo había llevado Shino, mientras él se había quedado quieto, observando. La opinión de Hinata sobre Kiba debía ser muy inferior a la que tenía sobre su compañero. Un ladrido de Akamaru interrumpió sus pensamientos.

    - ¡Un momento! ¡Deteneos los dos! -gritó el chico, extendiendo sus brazos.

    Shino y Hinata se preguntaron qué pasaba, pero Kiba habló antes de que ninguno de los dos formulara pregunta alguna.

    - Habeis dicho que teniamos que evitar cruzarnos con nadie... ¡Hinata! ¿Puedes ver lo que hay un kilometro más adelante?
    - Lo intentaré... -dijo la chica en voz baja, con un tono que Kiba adoraba-. ¡Byakugan! ... ahí hay alguien luchando.
    - Creo que son seis... -dijo Shino, con el oído pegado al suelo.
    - ¡¡Muy bien!! ¡Vamos a ver que hacen! -dijo Kiba, energicamente.
    - ¿Qué dices, Kiba? No podemos hacer eso...
    - Las instrucciones del examen son que reunamos los rollos de la Tierra y el Cielo y los llevemos a la torre -explicó Kiba-. Nadie nos ha prohibido que robemos más rollos. Si conseguimos un par extra eliminamos a dos grupos más de la competición.
    - Pe... pero... -Hinata parecía desconcertada por el plan de Kiba.
    - De momento, vamos a ver que tal son. Si pintan peligrosos lo dejamos correr. ¡¡Vamos alla!!

    Poco tardó el grupo en llegar hasta la zona en que habían detectado a los luchadores. Kiba esperaba que esta vez fuera él quien se luciera ante Hinata. Entonces, Akamaru comenzó a temblar.

    - ¿Qué te pasa, Akamaru...? -preguntó Kiba, extrañado.
    - Qu... ¿qué pasa, chico? ¿Por qué te paras de golpe? -esta vez era Hinata quien formulaba la pregunta, visiblemente preocupada.
    - ¡Akamaru se ha asustado!
    - Por... ¿por qué?
    - Puede percibir el chakra de los adversarios... es capaz de calcular la fuerza de una persona desde lejos... y si esta tan asustado... es que los de ahí no son ninjas normales y corrientes.

    Contemplaron entonces el combate entre los ninjas de la Arena y de la Lluvia, y su sangriento desenlace.

    - Es... ¡es peligroso! ¡Larguemonos, deprisa! ¡¡Si nos pilla, nos matara!!

    Desgraciadamente, era demasiado tarde. Al parecer, Gaara se había percatado de la presencia del grupo de Kiba. Por suerte, en el momento en el que parecía que estaban perdidos, su hermana mayor, Temari, logró convencerle para que se fueran.

    - ¿Eso era, Akamaru? -preguntó Kiba entre jadeos.
    - ¿El qué? -preguntó Shino, en no mejor estado que su compañero.
    - Lo que Akamaru quería decir era que el tipo alto estaba en peligro porque ese chico lo iba a matar... no se quién es ese chaval de la Villa de la Arena, pero es demasiado peligroso.

    Los tres ninjas estaban jadeantes y chorreaban sudor. Era tal el terror que les había invadido que les resultaba imposible continuar la marcha, así que decidieron descansar. Kiba intentó alejar los recuerdos del combate de su mente, por lo que miró a Hinata de reojo. La chica estaba demasiado transtornada como para darse cuenta de que su compañero la observaba. A pesar de lo tensa que estaba, su belleza no había disminuido un ápice. Hacía tiempo que Kiba adoraba a Hinata, aunque esta no se diera cuenta por su timidez y su admiración por Naruto. Le resultaba tan dulce, tierna y cariñosa... su personalidad habría bastado para explicar lo mucho que quería a Hinata, pero no era lo único. Ese aspecto suyo, tan fragil e infantil, le fascinaba. En algún que otro momento, además, había tenido ocasión de tocar sus manos, bien fuera en un roce, un saludo o cualquier otra ocasión. Su suavidad, el tacto que tenían, era indescriptible. Mas de una vez habia envidiado a Akamaru, las veces que la chica lo ponia en su regazo y le acariciaba con esas manos que tanto anhelaba.

    Interrumpió entonces sus pensamientos. Se había distraido y había bajado la guardia; debía comprobar si había algún enemigo cerca. Uso su olfato animal e investigó todos los olores que le llegaban. Nada extraño, por suerte. Tan solo el tipico aroma de los bichos que habitaban en el cuerpo de Shino, el sudor de Akamaru y el suyo propio... Hinata dobló la pierna para acomodarse mientras recuperaba la calma, y rozó los dedos de sus pies con los de las manos del chico. En ese momento, Kiba llegó a dos conclusiones. La primera, no eran solo la personalidad, físico y voz de la chica lo que le enamoraba; su olor tambíen era maravilloso. Era una fragancia imposible de superar por perfume alguno; era el olor de la propia carne y sudor de la chica lo que provocaban la indescriptible sensación que recorría el cuerpo de Kiba. La segunda, que si la suavidad de sus manos le parecía irresistible, la de sus pies le hacía derretirse. Deseo ser acariciado por ellos; no solo por lo suaves y dulces que le parecían, sino porque eran, además, las zonas donde se producía ese olor que tanto le apasionaba. Deseo tanto...

    - ¿Estas bien, Kiba? -preguntó Shino, con un tono entre nervioso e indiferente.
    - ¿Eh? -se sorprendió el chico, desconcertado. Sus pensamientos le habían alejado de la realidad.
    - Te preguntabamos si estabas listo para seguir -susurró Hinata con voz tímida-.
    - Eh... claro.. sigamos. Aún no ha acabado la prueba.

    Y así, el equipo de Kurenai se pusó en marcha hacia la torre en mitad del Bosque de la Muerte, con la esperanza de ascender a ninjas de grado medio.


    Capitulo Segundo

    Kiba se revolvía, nervioso. Al parecer, demasiadas personas habían pasado la segunda prueba del examen de acceso a grado medio, y había que hacer unos combates preliminares. Para empeorar las cosas, muchos de los susodichos combates se habían librado ya, y la mayoria de los luchadores debiles habían sido derrotados. Entonces, el monitor eléctrico le sacó de dudas sobre quién sería su siguiente rival: Naruto Uzumaki.

    - ¡¡Toma ya!! ¡¡Menuda suerte!! ¡¡A ese seguro que podemos ganarle, Akamaru!!

    El chico bajó de las gradas, dispuesto a ganar. Pero ascender a grado medio no era su mayor ambición; sabía lo que sentía Hinata por Naruto, y quería demostrarle lo superior que era a él. Haría lo posible por llamar la atención de la chica, por que se fijara en él. Entonces, empezó el combate.

    Aunque había llevado una gran ventaja durante el combate, ahora se encontraba en una situación delicada, ya que Naruto había capturado a Akamaru. Trató de pensar como salir de aquella, pero entonces...

    - Na... Naruto... eres... ¡¡Fantastico!!

    El grito de Hinata retumbó en los oidos de Kiba, desgarrandole el alma. La chica a la que tanto quería estaba animando a su rival. La rabia invadió su cuerpo, ¡tenía que derrotarle a toda costa! Se dirigió de nuevo hacia Naruto, intentando sentenciar el combate a su favor...

    ... desgraciadamente, el ganador fue Naruto. No solo le había derrotado; cuando le recogieron los curanderos, pudo ver como Hinata le regalaba un ungüento curativo, lo cual le enfureció aún más. Entonces, la chica se dirigió hacia donde estaba él.

    - Per... perdona -dijo, avergonzada por haber animado al adversario de su compañero-. Esto... es ungüento curativo... es para Akamaru y para ti.
    - ¡Preocúpate de ti misma! -aunque no quería enfadarse con ella, Kiba se sentía molesto por lo sucedido durante la lucha-. Ya solo quedais seis: Chôji, Lee, uno de los del Sonido, otro de los de la Arena y tú. Escúchame bien, Hinata.... ¡Si te toca con el de la Villa de la Arena, retírate inmediatamente! Y también debes retirarte en caso de que tu adversario sea Neji.... Te odia con toda su alma... Te hara trizás... -desgraciadamente, en ese momento el marcador reflejaba el nombre del adversario de Hinata; Neji Hyuuga. Kiba solo alcanzó a expresar una maldición antes de caer desmayado.

    No tardaron en darle el alta; todas sus heridas eran superficiales, y ninguna de ellas era grave. Solo habían pasado unas cuatro horas, por lo que salió de la habitación con intención de ver si aún duraban los combates de las preliminares. Sin embargo, al pasar frente a la sala de primeros auxilios vió a un grupo de curanderos hablando sobre uno de los que habían hecho la prueba de ascenso a grado medio. Kiba, por curiosidad, les preguntó que de quién se trataba.

    - Una tal Hyuuga, al parecer. Estaba herida de muerte, pero logramos cortar la hemorragia interna a tiempo. Esta muy grave, aunque su vida ya no peligra.
    - ¿¡Qué!? -el corazón de Kiba se detuvo por unos momentos. Cuando recuperó la consciencia, los ojos se le inyectaron en sangre-. ¿¡Dónde se encuentra!?
    - En la sala 78, ¿por qué...?

    Sin mediar palabra, Kiba echó a correr.

    Sintió una suerte presión en el pecho, cómo si el corazón le volviera a latir después de mucho tiempo. Tenía todos los musculos del cuerpo completamente agarrotados, por lo que le resultaba imposible moverse. Sentía como si se le hubiera cortado toda la circulación del cuerpo y que la sangre intentara fluir de nuevo. Se encontraba demasiado mareada. Movió entonces los dedos de las manos y de los pies, empezando a recuperar el tacto. Al cabo de unos segundos comenzó a abrir los ojos muy poco a poco, pues lo veía todo borroso y la luz le hacía daño. Cuando por fin pudo ver con claridad, lo primero que vió fue a su compañero Kiba, sentado a su lado, en un estado que daba pena. Tenía los ojos rojos, inyectados en sangre, la mirada ausente y unas ojeras terribles. Estaba encorvado y el cuerpo entero le temblaba.

    - Me alegra ver que estas mejor, Hinata -dijo el chico, en un tono entrecortado y apenas audible.
    - ¿Kiba? -preguntó, preocupada-. ¿Qué haces aquí...? ¿Por qué estas así...?
    - Te trajeron herida de muerte hace tres semanas... cough... y no me he separado de ti desde entonces... -podía notarse el gran esfuerzo que hacía para hablar.
    - ¿¡Tres semanas!? Pero, ¿cómo...?

    Antes de que pudiera acabar la pregunta, Kiba levantó el brazo, con gran dificultad, señalandole un montón donde se apilaban cadas de pildoras del soldado. Hinata, con lagrimas en los ojos, iba a agradecerle el esfuerzo sobrehumano que había hecho, pero el chico se desplomó sobre sus piernas antes de que pudiera decir nada. Echandose a llorar, la chica puso a su compañero sobre su regazo y comenzó a acariciarle, siendo esta vez ella quien velara por su descanso.

    - Maldición... -pensó Kiba. Llevaba tanto tiempo deseando que llegara este momento...

    Pero no pudo mantenerse con consciencia por más tiempo y cayó en un sueño profundo sobre el regazo de Hinata, la chica a la que tanto amaba...


    Capitulo 3

    El examen de ascenso a ninja de grado medio se había visto interrumpido por la invasión de
    los ninjas de la Villa de la Arena y la Villa del Sonido. Hubo muchas batallas, y muchos murieron en ellas, pero los ninjas de Konoha defendieron su Villa hasta que, finalmente, el enemigo se retiro. Los de la Arena descubrieron entonces que habían sido engañados por los del Sonido; su Kazekage había sido asesinado y suplantado por Orochimaru.Al ser conscientes de ello, firmaron su rendición incondicional ante Konoha, la cual aceptó de inmediato. Celebraron entonces el funeral de Sarutobi, caido en batalla contra los dos anteriores maestros Hokage. El consejo de Konoha advirtió lo necesario que era elegir a un nuevo lider, ya que otros paises podrían aprovechar ese momento de debilidad para invadir su villa. En principio, el sucesor del maestro iba a ser Jiraiya, pero este se negó rotundamente. Sin embargo, se comprometió a traer a alguien más apto para dicho puesto. Así fue como emprendió su viaje, junto a Naruto, para buscar a la legendaria Tsunade...

    Era una época tranquila y apacible. Kurenai y Asuma estaban cumpliendo una misión fuera de la villa, por lo que sus equipos se tomaron una temporada de descanso. Además, en una ciudad cercana a Konoha se estaban celebrando unos festivales en esa fecha. Cuando planearon asistir al festival, todos dieron su aprobación (¡Comida, comida!, había gritado Chôji entusiasmado), a excepción de Shikamaru, para su desgracia, ya que la furia de Ino cayó sobre él con toda su fuerza, obligandole a asistir. Y en esas estaban, a mediodía, paseando entre los distintos puestos cuando, de repente, sucedió algo inesperado...

    - ¡AAAAAAAAH! -gritó Ino, con tanta fuerza como pudo.
    - ¿Qué pasa? -preguntó Shikamaru, alarmado, llevandose una mano a la cartuchera de Shurikens.
    - ¡Qué mono! -dijo la chica, señalando a un puesto de peluches-. ¡Consígueme uno, Shikamaru!
    - Paso -contestó, resentido-. Es demasiado problematico, no tengo ganas.
    - Consígueme uno. Ahora.
    - Que rollo... paso.
    - ¡Shinteshin no Jutsu! -gritó Ino, tomando posesión del cuerpo de su compañero. Se dirigió entonces al puesto de lanzamiento de kunais, pagó una ronda y consiguió un peluche de chocobo. Regresó a su cuerpo y se acercó al chico-. ¡Vaya, Shikamaru, muchas gracias! -dijo, cogiendo el peluche y abrazandolo con cara de felicidad.
    - Este es un palo como pocos... -contestó, rencoroso.
    - Esto... Hinata... -dijo Kiba, en voz baja, intentando no mirarla directamente a la cara. El rubor que le cubría era facilmente discernible-. ¿Te gustaría que te consiguiera otro?
    - ¿En serio? -le contestó la chica, ilusionada.
    - Claro... dime cuál quieres...
    - ¡Ese de ahí! -respondió, señalando el peluche de un moguri.
    - Alla voy... -pagó una ronda, tiró todas las dianas y consiguió el peluche en cuestión. Entonces, fue hasta donde estaba su compañera-. A... aqui tienes.
    - ¡Muchas gracias, Kiba! -dijo, y le dio un beso en la mejilla que le dejó de piedra, con la cara ardiendo de rubor. La chica se rió, timidamente. Por algún motivo, ya no sentía tanta vergüenza al estar con Kiba, e incluso era cariñosa con él. Así estaban, uno colorado y la otra riendo por lo bajo, cuando se dieron cuenta de que Shino, arrodillado detras suya, les observaba fijamente. Ambos palidecieron al instante.

    - ... tengo hambre -fue todo lo que dijo. El silencio que se produjo fue tal que pudieron escuchar los rugidos de su estomago.

    Y así fue como, impulsados por el hambre de Shino, se dirigieron a n restaurante cutre de boles de ternera y fideos instantaneos.

    - ¿De quién fue la fantastica idea de venir aqui? -gruñó Kiba, con resentimiento.
    - ¡Tuya! -dijo Ino, malhumorada- ¡Dijiste que apenas tenias dinero y que fueramos a un restaurante barato! Además... -puso voz seductora-, si no te gusta, estare encantada de que me invites a un restaurante de lujo...
    - ¿Invitarte a ti? ¡Antes tiraría todo mi dinero por.una alcantarilla!
    - ¿¡Te parece esa manera de hablarle a una preciosa dama como yo!? -Ino estaba realmente furiosa, como lo demostraba el hecho de que se lanzaban boles, sillas, cubiertos y todo aquello a su alcance.
    - ..... que gente más ruidosa... -comentó Shino.
    - Mejor, así nos comemos su parte.
    - .....sabio consejo, Chôji...

    Después de salir del restauante (tras pagar los destrozos causados), fueron en busca de una pensión en la que pasar la noche. Llegaron a una que parecía bastante barata (o cutre, cuestiones de terminología), pero tuvieron que esperar a que les atendieran, ya que había un anciano de pelo blanco y un chico rubio con cara de tonto en recepción. Finalmente, les atendieron y les llevaron hasta su habitación. Nada más llegar, Shikamaru, Shino y Chôji se tumbaron en la terraza a contemplar las nubes, Ino entró al cuarto de baño, Hinata se tumbó en una cama y Kiba a los pies de ésta, mirando de reojo a la chica. Se la veía tan comoda, tan relajada... el corazón del chico comenzcó a palpitar con fuerza. Volvió a percibir aquel olor que le había cautivado en el Bosque de la Muerte, y sabía muy bien de donde provenía... la chica tenía los ojos cerrados y estaba acariciando al peluche que le había regalado antes. No se daría cuenta si se acercaba un poco... de repente, le dió un vuelvo el corazón. Hinata había movido un poco la pierna, pegando la planta de su pie al brazo del chico. Era increiblemente suave y blanda, y olía sorprendentemente bien... el corazón le latía excesivamente rápido, y tenía la cara más roja de lo que la hubiera tenido nunca. Incluso la vista se le comenzaba a nublar...

    Se abrió entonces la puerta del cuarto de baño, e Ino salió de él. Llevaba unos pantalones de color morado claro que le llegaban hasta las rodillas y una camiseta corta a juego, ambos bastante elegantes, y unas sandalias negras. Su pelo estaba suelto y cuidadosamente peinado. Salió a la terraza, dirigiendose a Shikamaru con un tono dulce inusitado en ella.

    - ¿Qué te parece si salimos a dar una vuelta?
    - Que rollo... no tengo ganas.
    - ¡Desgraciados! -gritó con furia. Le cogió del cuello de la camiseta y se lo llevo, arrastrandolo por el suelo, mientras éste suspiraba, resignado. Se oyó un golpe seco al cerrar la puerta de la habitación.
    - Pobre Shikamaru... -dijo Chôji.
    - ...... y que lo digas... -contestó Shino.
    - Que bonitas son las nubes...
    - ...... tan libres...
    - Oye... Hinata...-dijo Kiba, tartamudeando-. ¿Te gustaría que salieramos nosotros también?
    - Cla... claro...

    Caía el atardecer cuando salieron a la calle. Ambos estaban algo nervioso ruborizados, y no sabían qué decir. De vez en cuando, Kiba miraba a su compañera de reojo. Tenía la cabeza agachada, mirando al suelo; tenía los dedos indices juntos, lo cual delataba la vergüenza que sentía. Era precisamente su timidez lo que tanto le gustaba de ella. Era tan dulce...

    Estuvieron paseando por el festival hasta que se hizo de noche. Poco a poco, comenzaron a perder la timidez, e incluso charlaban alegremente. Se habían enterado de que iba a haber un espectaculo de fuegos artificiales junto al rio, y allí se dirigían cuando, de pronto, Kiba cogió a Hinata del brazo y se escondieron tras una valla. No muy lejos, en la parte trasera de uno de los puestos, estaba Shikamaru, pegado de espaldas a la pared, e Ino enfrente suya, apoyando las manos por encima de los hombros del chico, ambos con los ojos cerrados. Kiba y Hinata observaran como la chica se acercaba su compañero, cada vez más...

    - Que luces tan bonitas...
    - ..... sí...
    - Tengo hambre...
    - ..... yo también...
    - ¿Qué tal saben los bichos?
    - ..... no suelo probarlos...
    - Arf, arf. ¡Guau!
    - Tienes razon, Akamaru.

    Chôji, Shino y Akamaru habían pasado la tarde entera tumbados en la terraza hablando sobre comida, insectos y físico termonuclear.

    - ¿Salimos a comer?
    - ..... vale...

    Los chicos estaban sentados en una zona de cesped puesta en cuesta junto al rio, donde iban a celebrarse los fuegos artificiales, mientras el resto de asistentes colocaban las lces, vendían comida o representaban espectaculos para el público. Kiba y Hinata no habían dicho nada desde que habían presenciado el beso entre Shikamaru e Ino. Estaban colorados en exceso, nerviosos y avergonzados.

    - O... oye... Kiba... -dijo la chica, con voz apenas audible.
    - Di... dime... -su compañero tartamudeaba, a duras penas le salían las paabras.
    - Se... sera mejor que no comentemos lo de antes -mientras hablaba presionada sus dedos indice entre sí.
    - Tienes razon... ni siquiera deberiamos haberlo visto...
    - ¿Qué es lo que no deberíais haber visto? -preguntó Shikamaru, que había aparecido a sus espaldas. Había agachado la cabeza y tenía las manos metidas en los bolsillos. Detras suya, abrazada a su cuello, estaba Ino. Ambos estaban muy alegres.
    - E-eh... esto... -Hinata no sabía que responder.
    - Esto, una obra de teatro -contestó Kiba, algo inseguro. Iba adquiriendo confianza conforme hablaba-. Fuen en el escenario Kabuki. Era mala, de verdad. Huid de ella como si de la peste se tratara.
    - Ah, precisamente venimos de verla -comentó Ino.
    - Sí, que rollo.
    - Pero el final fue muy romantico, ¿verdad? -preguntó la chica, con voz provocativa.
    - Y que lo digas... -se notaba que algo había pasado entre los dos, eso era evidente-. Bueno, nosotros también venimos a ver los fuegos artificiales. Nos vemos cuando acaben, ¿vale?
    - Cla... claro... -al decir esto, ambos se despidieron y se alejaron, hasta que los perdieron de vista.

    Los dos habían enmudecido, no se atrevían a decir nada. Kiba se preguntó en qué pensaría Hinata. ¿Estaría ella dispuesta a hacer lo mismo que Ino? Sentía una necesidad apremiante de preguntarselo, pero, ¿y si ella no le consideraba más que un amigo? No habían hecho juntos nada fuera de lo común, no al menos que demostrara que ella sentía algo especial por él. ¿Se atrevería a comprobarlo? Y, de ser así, ¿cómo lo haría? La tenía sentado al lado... tan cerca... la situación era perfecta. Pero... ¿qué pasaría si le rechazaba? ¿Y si ella no sentía lo mismo? ¿Qué haría si, después de revelar sus sentimientos, ella le decía que no pensaba lo mismo? ¿Seguirían siendo tan amigos como lo eran en ese momento? ¿Qué pasaría si...?

    Ella le cogió de la mano, mientras el rubor le cubría las mejillas. Miraba hacia el suelo, intentando no fijar la vsito en él, pero Kiba pudo comprobar que estaba sonriendo. Ya había decidio lo que haría.

    No le importaba que le rechazara. No le importaba que le dijera que no. Ël la quería, y la quería en exceso. La amaba, y sabía que ella era única; no quería perderla bajo ningún concepto. No malgastaría esa oportunidad. Le diría lo que sentía, fuera cual fuese la respuesta. Le cogió de la otra mano y se puso de rodillas frente a ella.

    - Hi... Hinata... yo...

    Antes de de que pudiera acabar la frase, la chica soltó sus manos, lo abrazó fuertemente y le dió un dulce beso en la boca, con los ojos cerrados. Aún le abrazaba, sin soltarlo, y así estuvo un buen rato. Todas las luces se apagaron, y empezaron a estallar los fuegos artificiales. FInalmente se sotó, y miró a Kiba con una una sonrisa. El chico no acababa de comprender lo que había pasado, y la miraba con sorpresa. La chica apoyó su espalda sobre el pecho de Kiba y le cogió las manos, acariciandlas.

    - Te quiero, Kiba.
     

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