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Fantasía Fanfic - El Hijo del Primer Sabio

Tema en 'Originales' iniciado por joseleg, 11 Febrero 2018.

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    joseleg

    joseleg Usuario común

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    Fanfic - El Hijo del Primer Sabio
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    10
     
    Palabras:
    3244
    La amazona
    Dio despertó casi a mitad del día, su rostro parecía hinchado y le ardía tremendamente, pues se habían estado calcinando a la luz del Sol, y precisamente fue la luz del Sol lo primero que sus ojos vieron cuando junto con el terror hacia el mar una imagen mental se impregnó en su cabeza, recordó el sello de su padre y como algunas de sus líneas se iluminaban si que lo hicieran todas, mientras que al mismo tiempo sentía como una burbuja de agua le impedía respirar, fue un pequeño instante, pero no pudo soportarlo así que posó su mirada hacia la derecha liberándose de esa sensación y lo que encontró fue un cadáver al que se le acercaban los buitres. De hecho cuando sintió un leve picotazo de inspección en su pierna, el se incorporó tan rápido como pudo a pesar de que todo a su alrededor daba vueltas, y al hacerlo las aves del Hades salieron revoloteando, pero no muy lejos.

    —¡Todo aquel que se considere un verdadero griego despertad ahora! —gritó Dio con todas sus fuerzas, pues dejar a los compañeros insepultos y víctimas de los lobos y los buitres era una de las mayores ofensas que un griego podía cometer —¡levantaos holgazanes pues vuestras madres no vendrán a hacerlo!

    Uno a uno, los pocos marinos que habían sobrevivido comenzaron a incorporarse, algunos comenzaron a gritar pues los buitres les habían picoteado los genitales o los ojos. Dio estaba preocupado y su mirada analizaba a todos los cuerpos, vivos y muertos a su alrededor, y entonces.

    —No sabía que se preocupara tanto de nosotros mi señor —dijo Antio quien empleó un palo de madera para avanzar. Anax se incorporó posteriormente gracias a algunos marinos que lo encontraron respirando, aunque su condición era grave.

    —Si no encontramos agua fresca moriremos —dijo Antio observando la vegetación, se trataba de matorrales dispersos con yerba verde-amarillenta que llegaba hasta las rodillas casi hasta donde alcanzaba la vista, al norte se podían ver montañas —esta costa parece ser bastante, como decirlo…

    —Seca —dijo Dio cerrando los ojos y extendiendo una de sus manos, trataba de recordar una de las lecciones por las que mas conflictos había tenido con su padre.

    “¿Si tenemos un rio cerca para que necesito aprender a sentir donde hay agua dulce? Yo quiero aprender a pelear, quiero aprender a usar el agua como un arma poderosa, como dicen los marinos que se comporta durante las tormentas que envía Poseidón...”

    —Supongo que hay lecciones que solo valoramos cuando las necesitamos —dijo Dio como si respondiera una pregunta que nadie hizo, luego se dirigió a los marinos quienes ya estaban a punto de entrar en pánico al darse cuenta que todos los oficiales habían muerto, incluido el capitán a quienes los buitres habían caído primero debido a que era el mas gordo, ahora solo era una carcasa vacía.

    —Se donde hay agua en esta isla yerma —dijo Dio con voz potente, al parecer había aprendido ese arte de oratoria de manera intuitiva el día anterior cuando evitó también que los marinos se asustaran con las bestias del mar —sin embargo, primero juntaremos leña y le daremos a nuestros camaradas un funeral de hombres, ¡no dejaremos que nuestros compañeros sean pasto de los buitres y los lobos!

    Dicho esto, todos se armaron de valor, los que no se podían mover como Anax fueron llevados a la sombra, los demás reunieron ramas secas, lo cual era sencillo, los matorrales mediterráneos tienden a incendiarse periódicamente debido a su alto contenido en aceites, a demás sus semillas son resistentes al fuego, por lo que los incendios naturales eran algo común.

    Cuando el fuego se elevó en lo alto y estuvieron seguros de que las criaturas de la noche no podrían atacar sus cadáveres continuaron su camino, algunos lloraron dado que no tenían monedas para ofrendar al barquero, pero ahora era tiempo de dedicarse a los vivos.

    Dio encabezó el avance, caminaron por algún tiempo, y cuando el mas flojo iba a lanzar la primera maldición se dieron cuenta que la vegetación que los rodeaba era mas verde y el ambiente era mas fresco, pronto escucharon el gorgoteo del agua. Anax despertó en la noche con un tremendo dolor de cabeza, los hombres habían cazado un cerdo salvaje y ahora lo estaban comiendo.

    —Supongo que te debo la vida —dijo Anax cuando vio a Dio ingresar con un fragmento de carne de cerdo aun caliente por lo que la soplaba intensamente mientras la cogía con un trozo de madera.

    —Supongo que habrías hecho lo mismo por mi —contestó Dio sin dudar, sin embargo Anax cerró los ojos evadiendo el punto —¿donde estamos?

    —En Eubea —contestó Dio

    —Eso es imposible —contestó Anax —de ser así debería haber estado dormido casi cinco días.

    —Solo fueron dos días desde que salimos de Quios —contestó Dio —yo tampoco lo entiendo bien, pero darle vueltas a eso no nos ayudará, el hecho es que ahora estamos en Grecia y debemos decidir que hacer.

    —Debemos encontrar una explicación para la armadura de los inmortales —contestó Anax —si hay 10 000 de esas cosas, ni siquiera el poder combinado de nosotros cuatro podrá hacer una verdadera diferencia en la defensa de Grecia.

    —¿Aun cuenta a los viejos?

    —Estoy seguro que cuando ellos vean esto —dijo Anax tomando el guantelete que estaba a su lado —se darán cuenta de la importancia de dar un paso adelante.

    Dio suspiró.

    —MI viejo esta fuera de discusión.

    —Pero mi maestro aun se encuentra en las montañas de Arcadia —dijo Anax —el ha hecho grades avances en el estudio de la metafísica, estoy seguro que podrá descifrar el secreto de este metal.

    —Así que debemos viajar a Arcadia —dijo Antio ingresando, ya se había comido un buen pedazo de cerdo y quería compartir con sus amigos un poco de agua que traía en una cantimplora que habían recuperado del naufragio. Después de llegar a la fuente de agua, los marinos regresaron a la costa donde habían llegado y traído al campamento todo lo que aun podía ser útil, lo cual incluía unas cantimploras, tres lanzas y otras cucherías.

    —Debemos viajar a la ciudad de Calcidia —dijo Anax —no está muy lejos y tengo amigos en el templo de Eolo.

    —Muy apropiado —dijo Antio sonriendo, aunque a Dio no le parecía la idea de pedir ayuda a los sacerdotes, para el solo eran figuras engañosas que no aportaban nada realmente a la sociedad y en cima de todo se comportaban como si la sociedad les debiera todo a ellos.

    —Entonces partiremos a Calcidia mañana —dijo Dio.

    El viaje no fue corto, no podían tomar la ruta mas directa debido a que les faltaba recursos, así que debían emplear la habilidad de Dio para moverse de agua a agua, hasta que se toparon con una de las rutas de comunicación entre Calcidia, la capital regional y los poblados menores, allí pudieron encausarse mas rápido cuando llegaron al primer poblado. El grupo había ido reuniendo partes de animales que iban cazando y pudieron cambiarlos por equipo necesario para viajar, como sandalias de repuesto, alforjas, unos buenos sobreros de ala ancha y báculos. Todo el períplo había hecho que un viaje de dos días se volviera de cuatro.

    La ciudad de Calcidia se encontraba construida en torno a un puerto que se abría como a una medialuna, hacia el occidente la medialuna se extendía tanto hacia el continente que se generaba un estrecho extremadamente corto, llamado el estrecho de Euripo que separaba a la ciudad de la región griega de Beocia por algo mas de 50 o 60 codos. El estrecho se encontraba en un promontorio lo suficientemente alto como para construir un puente permanente que permitía un control estricto de los bienes con los que se podía comerciar, aunque no servia como una verdadera barrera militar. El resto de la ciudad seguía un patrón de calzadas cuadriculado con una acrópolis central no muy grande donde se encontraban los principales templos.

    —No puedo creer que te hagas pasar por hijo de Eolo —refunfuñó Dio mientras acompañaba a Anax al templo del dios de los vientos.

    —Necesitamos el dinero —contestó Anax — a demás si no somos nosotros, ellos lo gastaran en burdeles y hetairas costosas.

    El sumo sacerdote al ver a Anax se arrodilló.

    —Mi señor, ¿ya haber vuelto con el hijo de Poseidón?

    —Es el —contestó Anax señalando a Dio.

    Dio frunció el ceño algo enfadado.

    —No moveré el agua como un mago barato —contestó Dio.

    El sacerdote se incorporó haciendo venias, y luego le entregó una bolsa llena de monedas de plata a Anax.

    —Y dile a los notables que se preparen para una tormenta —dijo Anax —el poder del rey de Persia es mucho mayor del que habían imaginado, y cuando Anatolia cayera, el siguiente objetivo seria Grecia.

    Y con esas ominosas palabras, el sacerdote vio a los hijos de los dioses marcharse inmediatamente.

    —Estas usando nuestro conocimiento para sacar ventaja de los ignorantes —repuso Dio molesto.

    —Los templos y el temor a los dioses pueden ser de utilidad —contesto Anax —jamas llegaremos a tiempo a Arcadia si seguimos caminando de agua a agua cazando, despellejando y vendiendo.

    Dio se llevó la mano a la cabeza, sabia que su padre le daría una buena reprimenda por comportarse como aquellos que usan el conocimiento para aprovecharse de la ignorancia del pueblo.

    —Tomalo como un préstamo, algún día construiremos nuestra academia e iluminaremos al pueblo —dijo Anax —por el momento debemos ir al ágora.

    El ágora era un lugar bullicioso, donde se compraban y vendían toda clase de vienes, ya fueran reales o abstractos, los ancianos solían reunirse allí a contar sus aventuras, así como las historias de los héroes y los dioses. Entonces notaron que varios de los marinos les seguían.

    —¿Que hacen? —preguntó Antio.

    —Hemos perdido todo —dijeron —la galera era nuestro mundo y el capitán nuestro padre, nuestros hermanos yacen muertos en la playa, y aun así vivimos gracias a ustedes, así que nos gustaría seguiros, ustedes están bendecidos por los dioses.

    —O tal vez solo estamos malditos por ellos —dijo Dio saliendo de una de las tiendas —no puedo creer que uso mulos sean tan costosos aquí.

    —hay que regatear un poco mas —dijo Anax —Grecia es mucho mas competitiva en todo que la placida Jonia amigo mio.

    En ese momento Anax sintió el soplo del viento, pero fue Dio quien notó que un ladrón había tomado la bolsa con el dinero, así que salió corriendo como una flecha en medio del ágora, Anax y Antio se dieron cuenta cuando el ladrón ya les llevaba unas siete tiendas de ventaja y muchos transeúntes en medio, mientras que los demás marinos solo siguieron a quienes consideraban sus nuevos jefes. Dio se dio cuenta que era una muchacha, pero alcanzarla no sería fácil.

    La ladrona era ágil, se metía en recovecos para luego seguir avanzando, realizaba piruetas e incluso parecía poder correr sobre las paredes, evadía todos los obstáculos sin perder impulso, sin frenar siquiera y sin parecer esforzarse, mientras que Dio avanzaba golpeándose con los transeúntes y destruyendo casi todo a su paso, pero no estaba dispuesto a que su itinerario se viera afectado por un vulgar ladrón.

    De pronto llegaron a un callejón sin salida, donde Dio intuyó que ella escaparía por algún tejado. Dio dio la vuelta en el callejón y se dio cuenta que era bastante largo y tendría unos instantes antes de que ella saltara hacia los tejados, punto en el cual el no podría seguir al ladrón al ser su cuerpo mas torpe y pesado.

    —Arte metafísico, principio líquido de manipulación, espejo de agua —dicho esto Dio puso sus manos como si las extendiera, de forma tal que sus palmas apuntaba hacia abajo, luego el piso debajo del ladrón se hizo líquido y tremendamente resbaladizo, por lo que no pudo coordinar bien su salto y terminó estrellándose estrepitosamente contra la pared.

    Entonces Dio se dio cuenta que el ladrón era una muchacha casi de su edad, llevaba puesto un peplo algo corto casi como un quitón militar, así como una prenda que no era usual para ningún griego, unos pantalones cortos de cuero que cubrían su pubis, sus muslos e incluso su vientre. De repente ella hechó mano de un puñal oculto en uno de los contenedores abandonados del callejón.

    —Arte metafísico, principio líquido de manipulación, burbuja de agua —dicho esto Dio recordó una de las formas que tenia el medallón de su padre, el mismo que había visto en una pesadilla días atrás, e imaginó el modo mas aterrador de morir en una tormenta marina, posteriormente una burbuja de agua rodeó la cabeza de la muchacha impidiéndole respirar, inmediatamente arrojó el puñal y la bolsa de monedas de plata para intentar quitarse el agua de la cabeza, pero por mas que golpeaba, esa burbuja no se dispersaba. Dio pateo el puñal, y después de tomar la bolsa dispersó aquella habilidad peligrosamente mortal.

    La muchacha estaba temblando, sabia que en aquel punto ella estaba muy débil y no podría evitar que al fin se propasaran con ella. Sin embargo, en lugar de mirarla con un deseo libidinoso como todos los sucios griegos que había visto hasta ese día, Dio la miró con desprecio y algo de piedad, para luego darle la espalda. Ella quedó sorprendida, pero entonces escuchó unas voces familiares, eran los tratantes de esclavos locales.

    —Espero que no hallas tomado su virtud mocoso —dijo el líder, un hombre horrible, alto gordo y calvo que llevaba un quitón militar con la parte del torso abierta, dejando ver su gran barriga y anchos brazos, a su lado se encontraba un etíope mestizo de piel castaña con una fea cicatriz que se extendía desde el labio hasta la cien, y el otro secuaz era un hombre delgado, delgado en extremo, con nariz aguileña y solo dos dientes en su boca.

    —Solo vine a recuperar lo que es mio —dijo Dio.

    —Lo mismo nosotros —respondió el calvo.

    —Mi padre siempre opinó que la esclavitud no es algo moral.

    —Pues tu padre era un idiota —contestó el calvo, quien se anticipó a la extraña pose que iba a realizar Dio, le separó los brazos como si fuera un niño de diez años y le metió un cabezazo tan contundente que le dejó con el sentido desorientado, mientras sentía como algo de su boca se quebraba y empezaba a manar un liquido ferroso y caliente.

    Cuando el mas delgado de los secuaces se prepara para apuñalar a Dio una flecha le atraviesa el cuello, y luego otras dos lanzadas en rápida sucesión atraviesan en corazón del mestizo y el hombro del calvo.

    La mujer se incorporó aun con la respiración agitada.

    —Maldito bastardo —dijo ella con un acento gutural típico de los pueblos del lejano norte —tu, fuiste tu quien me sacó de mi tierra natal, y me alejó de mi destino, quien me vendió como esclava, pero mira, me escapé, y he dedicado este tiempo para fabricar esto con las sobras de este puerto.

    Dicho esto la ladrona monstruo un pequeño arco recorvado, era bastante pequeño realmente, tanto que muchos lo juzgarían como un juguete o utileria de teatro, pero se trataba de un arco curvado con la suficiente potencia como para arrojar dardos a corta distancia con potencia y precisión aterradoras.

    —Mi nombre sucio griego es Aella, Aella hija de Ariantes señor de las colinas de los ciervos —dijo ella mientras caminaba hacia Dio, de quien tomó el puñal, luego le sacó la flecha al flaco mientras que el calvo trataba de reunir fuerzas para pedir auxilio, pero ella lanzó un dardo a la parte derecha de su cuello, tan certero que le atravesó las cuerdas bucales sin cortarle ninguna de las arterias. El hombre se estaba asfixiando lentamente. Luego Aella le tomó por la cien y con sus brillantes ojos castaños como si fueran dos gemas de ámbar finamente pulidos observó los tristes y desvanecidos ojos de aquel comerciante de esclavos que la había estado cazando por dos largos años.

    —Yo no soy una esclava —dicho esto ella le abrió la garganta para que pudiera morir mas rápidamente, luego clavó el puñal profundo y lo abrió hasta el ombligo, y mientras la sangre brotaba como si fuera un cerdo en día de feria, ella comenzó a llorar. Su llanto no duro mucho, se aproximó a Dio y pensó que era lo mejor que podía hacer, le tomó por el hombro y lo ayudó a caminar.

    —Creo que perdí un diente —dijo Dio de manera dificil.

    —Podría haber sido peor —dijo Aella —te llevaré al templo de Artemisa, allí que ayudarán.

    —Mi nombre es Diokles de Mileto… hijo de Tales —dijo con dificultad debido a que su rostro se estaba hinchando.

    —Yo soy Aella de Sarmatia.

    —Una ama… amazona

    La muchacha sonrió.

    —Yo no mataría a mis hijos varones o los segregaría si a eso te refieres —dijo ella —ustedes los griegos tienen ideas muy raras de las mujeres escitas, a demás me da la impresión de que tratan muy mal a las mujeres en general.

    —A mi también me parece un poco raro —dijo Dio —la verdad es que las costumbres en Jonia no son tan griegas como les gustaría pensar, mi padre por ejemplo siempre se negó a mantener a mi madre tan controlada, pero aquí parece como si no hubiera mujeres en las calles, por cierto ¿como terminaste aquí?

    —El día en que me convertiría en la aprendiz de sacerdotisa del dios Tagimasidas, señor del mar y las aguas fui enviada a una pequeña isla al sur de las tierras de mi pueblo donde debía realizar un baño ritual, pero de regreso una galera pirata nos interceptó, mataron a la tripulación y me tomaron como rehén. En unas cuantas semanas terminé aquí en Eubea, pero me escapé antes de que el hombre a quien me vendieron pudiera ponerme un dedo encima, el bastardo calvo al que le abrí el cuello fue el tratante de esclavos que me compró y quien debió responder con todo su dinero por mi perdida, así que me ha dado caza por dos años. Desde entonces me he ocultado en las calles y ocasionalmente aquí, el templo de la diosa cazadora.

    Dio fue atendido rápidamente. Y mientras que algunas ancianas le aplicaban enguentos y le miraban la herida de la pieza dental perdida, una de las altas sacerdotisas se aproximó a Aella.

    —Así que la profecía se ha cumplido, ¿sabes lo que significa?

    —Cuando le salve la virginidad a una de tus acolitas tu me brindaste techo y comida decente, bajo la advertencia de que debería abandonar la protección de la diosa el día en que trajera a un hombre herido ante su presencia —contestó Aella —¿como supiste que sucedería así?

    —El oráculo de en Delfos puede ser extraño —contestó la sacerdotisa —vas queriendo saber algo de tu futuro y te entrega en su lugar un mensaje para alguien mas importante, estoy segura de que si pasaran mi historia con esa nueva técnica que llaman escribir mi nombre no aparecería siquiera, tan solo soy un personaje secundario que alienta el camino de los héroes, y tu querida mía serás una gran heroína, pero lamentablemente no podre cuidarte yo, aunque creo que tu posees la bendición de la diosa. Dicho esto ambas miraron la estatua de marfil de artemisa la cazadora, la única deidad griega en quien Aella se sentía verdaderamente identificada.
     
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    2091
    La corte Imperial
    El avance del ejército imperial fue imparable, las ciudades de Priene, Efeso, Teos y Esmirna cayeron sin luchar, pero en Esmirna el Gran Rey decidió dejar descansar a sus tropas, además debía organizar el tren de bagajes, pues alimentar a semejante multitud era un verdadero dolor de cabeza logístico.

    Tales siempre estuvo acompañado por una nutrida escolta, y aunque inicialmente pensó que se trataba de unos guardias, con el tiempo se dio cuenta que muchos eran aprendices de sabios de muchas de las naciones del imperio, había babilonios, otros medos y persas, incluso uno que otro parto. En su mayoría se trataba de muchachos algo endebles que no servían bien para las armas, pero que deseaban aprender algunas de las cosas que se decía, los griegos habían perfeccionado a partir del conocimiento que sus propios pueblos habían creado en eras anteriores.

    —Maestro, ¿Por qué dice que los dioses no existen? —preguntó un joven babilónico lentamente, pues aún le costaba hablar en un griego, de estilo ático bastante raspado y seseante.

    —Es una confusión común que han dispersado los sacerdotes de mi ciudad — contestó Tales mientras dibujaba una figura geométrica en el suelo —no digo que los dioses no existan, lo que digo es que podemos conocer al mundo por medio de nuestra razón y nuestros sentidos, incluso a través de máquinas e ingenios mecánicos, más allá de lo que nos dicen los sacerdotes, o incluso los reyes. Los dioses pueden existir, pero en nuestras ideas sobre el mundo lo mejor es considerar que las cosas se mueven sin su impulso inmediato.

    Tales no tardó en darse cuenta que el objetivo de ellos era algo llamado “La restauración de la sabiduría”.

    —¿A qué se refieren exactamente con restaurar la sabiduría? —preguntó Tales.

    —Hace unos 45 años el último rey del Imperio del Maligno de Asiria llamado Azur-Ubait II hizo un pacto con el demonio Pazuzu, el demonio le otorgó al rey control sobre una horda de soldados demonio y poderes arcanos que rescataron el dominio de Asiria sobre la tierra entre ríos, pero su tiranía se hizo extrema. Masacraron a muchas ciudades en las tierras de Siria, y una de las cláusulas del pacto era que el rey debía destruir todos los textos de los sabios antiguos, el único lenguaje escrito permitido debía ser el de las estelas de granito autorizadas por el emperador. La gran biblioteca de Babilonia fue destruida de tajo, y casi todo recuerdo de ella fue borrado de la memoria de su gente, y mucho de nuestra sabiduría fue destruida — dijo un muchacho babilonio.

    —Sabemos que algunos sabios griegos hicieron copias de lo que crearon nuestros ancestros —dijo un joven sumerio con un acento menos marcado que hablaba griego beocio.

    Tales recordó historias fabulosas del ejercito del mal, como lo llamaban los aedos, el imperio de los demonios, y la guerra declarada en contra de la sabiduría, esas eran leyendas con las que su padre le asustaba en las noches cuando tendría unos 5 años, sin embargo con la caída del imperio asirio y el levantamiento del reino de Media él había desestimado esas historias como simples banalidades.

    Mientras Tales se entretenía en una larga charla con los jóvenes nobles despreciados de las naciones del Imperio Persa, Ciro se encontraba en el palacio local.

    Ariofernes, el real heraldo del gran rey solo tenía palabras de desprecio ante el palacio del rey de Esmirna, sin embargo, Ciro con un solo gesto de sus dos dedos derechos le hizo callar, la verdad para Ciro, todos los palacios tenían su encanto único, incluso las villas de los terratenientes humildes, detalles artísticos, algún policromado, siempre había algo que le llamaba la atención, después de todo, desde que tenía memoria siempre había vivido de tienda en tienda, o a lomo de caballo. Aunque su tribu tenue una fortaleza en las montañas de Persia, la verdad era que era un lugar lúgubre sus habitaciones no eran diferentes a las grutas de una montaña hueca. El ansiaba con mucho empeño convertir a su nueva capital Pasargada en el centro del mundo, la joya de su gobierno, una ciudad que recogiera los mejores estilos de su imperio y los elevara a niveles mayores de sublime belleza. Mientras Ciro se debatía en sus pensamientos de obras civiles, dos inmortales se presentaron. Después de los saludos ceremoniales de los interminables títulos del rey de reyes, el heraldo presentó ante la corte a los dos hombres.

    —Salve Datamid y Dastan hijos de Daraus de la casa de Arshasama, que la luz de Ahura-Mazda sea con ustedes. Ahora digan cual es la razón de solicitar audiencia con el gran rey.

    —El general Haxamenes señor de las huestes de Persia nos encomendó una misión, poner cerco a cualquier intento de escape de los reyes jónicos, sin embargo, el único que deshonró de esa manera a sus súbditos, ancestros y dioses fue el hombre que viene encadenado detrás nuestro, su nombre es Lysagoras y reinaba sobre Mileto.

    Ciro posó su mirada sobre Lysagoras, los que conocían al rey griego se sorprendieron, pues parecía haber envejecido 20 años en un lapso de apenas unos cuantos días, llevaba el cabello desecho y la barba enredada como si se tratara de un pordiosero o un ebrio empedernido, se encontraba esposado simbólicamente con cadenas de oro con hermosos detalles en plata. Lysagiras se encontraba humillado, pero cuando levantó la mirada ante la corte se encontró con rostros conocidos, nobles de muchas cortes con los que se había aliado, y contra los que había hecho la guerra, y entonces los vio, eran los reyes de Priene, Efeso, Teos y Esmirna, todos se encontraban arrodillados ante la presencia de Ciro.

    —Un rey vela por la prosperidad de su pueblo —dijo Ciro —respeto a aquellos que enfrentan una debacle con dignidad, ellos son dignos de confianza, y les convierto en mis súbditos, les colmo de riqueza, e incremento su poder, pero aquellos como tú, que abandonan a su pueblo son absolutamente indignos de toda nobleza, tal vez tu destino sea servir de ejemplo, pues aquellos que nacen con ventajas sobre otros deben demostrar un mayor sentido del deber, y para que los de tu clase beneficiada por los dioses no lo olviden, ahora los reyes yauna podrán ver el destino de los cobardes.

    En eso Ciro se levantó con todo su orgullo y gloria, y los presentes, desde el más humilde ciervo, hasta el más afamado general se postraron con su frente en el piso.

    —Bajo este edicto, yo Ciro, rey de los persas proclamo que Lysagiras de Mileto es indigno, no solo de ser rey, sino de la muerte de un hombre libre y digno, morirás por empalamiento esta misma tarde, después de ser azotado ante la muchedumbre, todos aquellos en esta ciudad que provengan de Mileto serán libres de arrojarle cuanta inmundicia consideren a este traidor y cobarde.

    Luego Ciro miró a los hermanos.

    —Han hecho bien — dijo Ciro —¿existe algún deseo en vuestros corazones? Pues quien sirve con diligencia a Ciro es digno de alabanza.

    —Mi señor —dijo Datamid —he escuchado que enviarán un embajador a las ciudades yauna mas allá del mar, y desearía ser enviado con la comitiva, no deseo mayor autoridad, o función, solo deseo poner pie en las tierras que algún día serán tuyas.

    —Hecho —dijo Ciro, para luego posar sus ojos en el hermano menor — ¿cuál es tu deseo joven inmortal?

    —Deseo estar en la primera línea de batalla en la próxima batalla del gran rey —contestó Dastan.

    —Hecho —contestó Ciro —adicionalmente, ambos tendrán un pago efectivo inmediato igual al peso de tres bueyes en oro y tres bueyes en plata, y ambos recibirán haciendas de ganado en el reino de Susa.

    Los dos inmortales se postraron nuevamente, pero cuando ya habían dado media vuelta Ciro agregó.

    —Datamid —dijo Ciro —procura que te inviten a algunas partidas de caza, he escuchado que el peculiar fenómeno que vimos en las montañas de Asiria también se ha manifestado en algunas ciudades yauna, pero con mayor intensidad, deberías traer una pieza de aquellas criaturas para que nuestros sabios puedan estudiarlas más afondo. Y Dastan, durante la marcha deseo que resguardes al sabio yauna llamado Tales, pues es mi deseo que preste sus servicios en mi corte para que nuestros sabios recuperen el conocimiento perdido en tiempos de mi padre.

    Los dos hermanos se postraron nuevamente en señal de asentimiento.

    Una vez terminadas las audiencias, Ciro ordenó la siguiente acción, marcharían de inmediato con dirección a Sardes, donde Creso, el rey más poderoso de Anatolia se encontraba reuniendo desesperadamente un ejército de mercenarios para poder liberar a los griegos de los bárbaros persas. Adicionalmente, Ciro ordenó que una columna de 10 000 hombres de Cilicia rodearan la caravana de Tales.

    —Servidle como si se tratara de un familiar mío —


    Artas de Pozanti era un soldado recientemente enrolado, provenía de una ciudad de campesinos y pastores, por lo que se le dificultaba entender las palabras, sabio o filósofo, ¿Cómo alguien podía declararse amante de la sabiduría? Para el, todos los viejos eran sabios por la cantidad de años que habían vivido, ¿Qué tenía de especial un viejo sobre otros viejos sabios?

    —¿Que haces Aglis? — preguntó Artas quien ya estaba algo mareado por el polvo que levantaba la columna interminable, el ejercito de Ciro se había hecho muy grande últimamente, por lo que sus soldados podían secar riachuelos pequeños momentáneamente. Los heraldos del rey aprovecharon esto para infundir temor en el corazón de sus enemigos, y gritaban la consigna en las puertas de todas las ciudades: “¡Abrid vuestras puertas al ejercito de Ciro, todo aquel que se le enfrente deberá hacer frente a un ejército cuyas flechas ocultan el Sol en los campos de batalla, tan vasto que deja los grandes ríos secos a su paso!”

    —Encontré unas codornices —dijo Aglis — se las llevaré al sabio, puede que me dé un ascenso, pues dicen que se trata de un hombre amable.

    —Artas no entendió, pero igual fue llevado a las malas en esa situación, eso se debía a que su madre era una esclava de origen griego, por lo que él podía hablar con el sabio.

    El par de muchachos avanzaron como pudieron entre la multitud, pero luego se encontraron con un cerco, pues alrededor del camello donde viajaba el sabio yauna se encontraba una escolta especial de nobles persas, a incluso había un inmortal a caballo a su lado.

    —Yo conozco a ese inmortal —dijo Aglis

    —Es Dastan el gran cazador de avestruces, dicen que logró matar a un monstruo legendario en una aldea de las montañas de Asiria junto a sus hermanos, por lo que Ciro lo tiene en gran estima.

    Artas intento discutir con su amigo sobre lo imprudente de su acción, pero el joven lancero aprovechó un descuido para infiltrarse, pronto el par de muchachos se encontraron rodeados por cuatro nobles persas y por el propio Dastan. Casi terminan empalados cuando el sabio se asomó y preguntó la razón de aquella situación. Cuando se enteró de la atrevida treta de los muchachos le dio risa y dijo.

    —Mi hijo es casi tan imprudente como estos dos, capitán Dastan, creo que hay suficientes codornices para que podamos comer usted, los dos chicos y yo esta noche, tengo entendido que estos hombres son Cilicios, y me gustaría saber un poco más de esas tierras.

    —Será difícil —dijo Dastan —estos son casi barbaros que no saben otras lenguas más allá de la del valle de la aldea donde nacieron.

    —Yo se hablar griego —dijo Artas, aunque con algunos errores de pronunciación —yo puedo contarle todo lo que desee sobre las hermosas montañas de Cilicia, y sus aún más increíbles valles.

    —Excelente —contestó Tales dando la orden para continuar con la comitiva.

    —Espero que no salgan con una estupidez —dijo Dastan —o de lo contrario no solo morirán ustedes, sino que todos los hombres de su tribu, e incluso su propia aldea terminará en llamas si hacen algo malo al sabio del Gran Rey.

    Mientras tanto, Ciro marchaba junto a la caballería ligera persa, muchos de ellos habían servido a su padre, siendo la parte más antigua del Imperio, aunque actualmente no la más gloriosa, a pesar de ello Ciro siempre les hacía sentir especiales, aun cuando el núcleo real del ejército se encontraba en los casi mudos inmortales. Mientras Ciro miraba hacia las montañas del oriente no podía dejar de sentir la exaltación de una gran batalla que se aproximaba, una que definiría su reinado y el nacimiento definitivo de su imperio, el Imperio Persa.
     
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    joseleg

    joseleg Usuario común

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    Fanfic - El Hijo del Primer Sabio
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    Batalla de Tralia.

    —¡Es absolutamente imposible que alguien pueda levantar un ejército tan grande! —replicó el rey Creso, quien subestimó a sus consejeros —nadie puede financiar la alimentación de un millón de hombres. Mi ejército pronto será el más grande que se hubiera visto en toda Anatolia, así que prepárense a marchar.

    Así, el ejército del rey Creso avanzó hacia la ciudad de Tralia para encontrarse con Ciro en algún punto del camino, pero para su sorpresa, unos días más tarde, sus batidores le informaron que el ejército del rey de los persas se encontraba ya formado y en perfecto orden de batalla en la extensa llanura, se trataba de un enorme pastizal que apenas si era empleado para la agricultura debido a los bandidos. El frente persa era extenso en verdad, pues se podía ver una enorme fila de lanceros cilicios por varios estadios, todos pobremente armados con poco más que lanzas y escudos de madera, aunque el ejército de Creso no era nada mejor.

    Mientras que Creso discutía la estrategia al colocar a su mejor unidad, un destacamento de mil lanceros hoplitas jonios en el centro, el comandante de esos orgullosos griegos se levantó increíblemente ofendido —¿Qué le molesta general Alfiotos? —preguntaron algunos guerreros.

    —La posición de honor de los mejores guerreros es a la derecha —repuso Alfiotos disgustado, y aunque todos le indicaron que en Asia no se peleaba hasta la desbandada de la derecha, sino hasta la muerte del rey en el centro, el no quiso escuchar, todos sabían que lo que se le vendría a los hoplitas por la derecha sería la caballería ligera persa.

    —Has lo que gustes —dijo Creso que ya no tenía tiempo, pues las líneas persas comenzaban a avanzar lentamente al sonido de trompetas, tambores y címbalos.

    Por más que Creso había invertido una enorme fortuna, no podía sacar hombres de las rocas, y cuando su línea de lanceros frigios se extendió para hacer frente a la persa, se dio cuenta que no tenía mayores reservas. El centro persa estaba constituido por unos 70 000 lanceros cilicios que se extendían en una gran línea de batalla con diez hombres en fondo, todos armados con escudos, lanzas y cuchillos. La gran mayoría eran muchachos no mayores a veinte años que se habían enrolado semi-voluntariamente cuando el ejército de Ciro conquistó la región unos meses atrás. La segunda línea estaba compuesta por lanceros carios, armenios y licios, pero especialmente lo que más destacaba era a los Inmortales justo en la zona donde la batalla se haría más difícil, cada una de esas unidades era conformada por 10 000 hombres. La tercera línea estaba dividida en el centro por el séquito de Ciro, a la derecha del rey se encontraban arqueros de infantería ligera del reino de Media, constituyendo unos 30 000 hombres con carcajes de sobra para lanzar dardos continuamente. A la izquierda de Ciro se encontraba la infantería persa, se trataba de tropas ligeramente armadas y vestidas con ropas ligeras y ajustadas con vivos colores, todos estaban armados con arcos de gran alcance y se adornaban con el que, para los griegos, constituida el inmensamente horrible gorro persa, siendo también unos 30 000.Las unidades alrededor del rey se ubicaban justo detrás de los inmortales. En el centro estaba el rey en una unidad de carros falcados de 1000 carrozas, aunque todas eran más ceremoniales que otra cosa, a la derecha del rey se encontraban arqueros partos nobles, pesadamente armados con cotas de malla y una coraza de escamas rojas, sus rostros se ocultaban detrás de unjas mascaras inexpresivas como las que los griegos empleaban en sus obras de teatro, aunque no 500 hombres. A la izquierda del rey se encontraban los catafractos, eran 1000 jinetes todos de las más nobles familias de Partia. Frente al rey se encontraba un destacamento de portadores de espada persas, guerreros nobles que no eran admitidos en las Inmortales, pero que aun así podían luchar protegiendo al rey. Eran 5000 hombres vestidos de la manera tradicional, con un escudo y una espada de un solo filo. El ala derecha estaba compuesta por 15000 jinetes ligeros de Armenia, Capadocia y Persia, todos sobre caballos pequeños pero veloces, armados con arcos recurvados y cortos de alcance limitado, pero de muy buena puntería, y en el ala izquierda se encontraban otros 15000 jinetes ligeros de Persia y Partia.

    El ejército de Creso era mucho más simple, constituido por 130000 lanceros lidios, y en el centro las unidades de reserva, 20000 mercenarios jonios y bitinios, 20000 lanceros frigios de élite y la guardia del rey Creso. La infantería hoplita jonia fue desplegada tal como deseaba su comandante en el extremo derecho, según ellos, para proteger el área más importante de la batalla.

    Artas y Aglis se encontraban en la segunda y tercera línea respectivamente, justo en el centro, estaban absolutamente aterrados al ver el ejército de Creso, pues no esperaban que alguien en el mundo pudiera levantar un ejército capaz de enfrentarse al persa, pero en eso un hombre vestido finamente salió al frente, se trataba de Dastan, el inmortal, quien le había pedido al Gran Rey luchar en el frente de batalla, entonces cuando muchos le vieron alzó a grandes voces arengando a las tropas. Los que estaban en el frente, le entendieron a medias en su acento persa que el era un noble que lucharía con ellos, y cuando los que alcanzaron a escuchar levantaron sus lanzas, una ola de exaltación se movió por toda la línea como si se trata de un movimiento coreografiado.

    Al último minuto la línea del ejército Frigio se extendió aún más, pues esperaban hacer frente a las alas del ejército Persa, sin embargo dichas alas estaban compuestas por caballería ligera que no peleaban cuerpo a cuerpo, en su lugar iban y venían tentando a los soldados a salir de la formación de escudos para luego clavarles con dardos, cuando los jinetes se quedaban sin flechas regresaban rápidamente detrás de sus líneas, donde había una gran cantidad de siervos que entregaban más carcajes llenos de dardos, y así holeada tras holeada la derecha y la izquierda del ejercito de Creso se vieron inhabilitadas para seguir avanzando.

    Ni siquiera los hoplitas jonios podían hacer mucho, Alfiotos estaba fuera de sí, sabía que cuerpo sus tropas podrían derrotar a muchos jinetes, pero en aquella lluvia de dardos perdía tropas una tras otra. Después de que la batalla se había prolongado por unos veinte minutos Alfiotos se dio cuenta que no había lugar para protegerse de las flechas persas, cuando extendió sus ojos al centro pudo ver como las flechas de las líneas persas se levantaban como parvadas y caían como cuerpos sobre el centro.

    —Andromaco —dijo Alfiotos a su segundo — toma a unos muchachos, los más jóvenes y que no hayan tenido hijos y escapen de aquí, dirigíos a Atenas y a Esparta e informad como es que el ejército persa lucha, diles que no cometan nuestro mismo error.

    Y justo cuando Alfiotos terminó por decir eso, tres dardos se le clavaron, uno por el cuello, otro se le clavo en la armadura en la zona de la hombrera y en el muslo, así que terminó mordiendo el polvo. Andromaco reunió a todos los que pudo y se retiró del campo de batalla, y la desbandada de aquella fracción de soldados, una unidad que no representaba más de mil inició la desbandada del ala derecha del ejército de Creso.

    Mientras que el ala derecha aún estaba resistiendo Creso pudo ver la pavorosa imagen de las flechas que ocultan el Sol, una lluvia de dardos provenientes de las líneas traseras del ejército persa, siendo lanzadas por todo tipo de unidades coloridas, de infantería ligera e infantería pesada, incluso algunas unidades de caballería pesada que eran pocas en comparación con aquel colosal ejercito lanzaban sus dardos al unísono. Creso se dio cuenta que no sobrevivirían si marchaban lentamente así que dio la orden de cargar, aun cuando la distancia que los separaba aún era enorme, deberían correr con todo el equipo a toda la velocidad que les dieran sus piernas.

    Dastan era el único arquero en el frente, pero igual lanzaba sus dardos al rugir de las trompetas, mientras que aquella enorme columna de guerreros que parecían invulnerables a los dardos se les venían encima. Astas estaba aterrado, había esperado que ante las flechas el ejercito de Creso diera media vuelta en desbandada, pero en su lugar era como un látigo que los hacia avanzar más y más rápido, era como si no muriera nadie.

    Dastan por su parte arrojó el arco y tomó la lanza que tenía en el suelo y se integró a la línea defensiva con su escudo. El choque fue violento mientras las dos masas humanas se empujaban una a la otra para generar un caos, no había espacio para moverse adecuadamente, y muchos de los muchachos más bajos y jóvenes en ambas masas murieron, no por las armas de sus enemigos, sino por la densa presión de los cuerpos de sus compañeros. Dastan por su parte era capaz de mover su lanzar y atacar, aunque la imagen era mucho menos heroica de lo que narrarían los aedos, era como un extraño huego en el que todos solo podían mover un brazo para manipular la lanza, el objetivo era atravesar el cuello o el rostro enemigo, mientras que tu movías el propio para evitar el bronce enemigo. Dastan les asestaba fácilmente a sus enemigos, por lo que pronto se generó un espacio por donde la presión se desbordó, ambas formaciones se perdieron mientras que Dastan abandonaba su lanza rota por un espadazo de un oficial enemigo para sacar su propia daga, la cual podía manipularse fácilmente en ese espacio cerrado. Argas y Aglis pronto se vieron peleando hombro con hombro, unos muchachos contra otros muchachos, era una burda imitación de un combate heroico, todos demasiado aterrados para atacar, pero empujados por la masa humana a hacerlo. Cuando las tropas personales de Creso compuestas por lanceros bitinios, jonios y frigios impactaron en la masa, los muchachos cilicios sintieron que estaban a punto de ser aplastados. Aglis terminó con una lanza atravesada en el hombro, mientras que el veía como una espada descendía directamente hacia su cien, pero al cerrar sus ojos no escuchó el sonido seco y húmedo de su propio cráneo romperse, sino el tintineo de los metales, un par de inmortales habían saltado desde las líneas traseras infiltrándose en el combate, cuando menos lo pensó, la línea del frente ya se encontraba a unas cinco líneas de inmortales en medio de él y la muerte. Entonces todo se hizo como si se moviera lentamente. A su derecha pudo ver un escuadrón de inmortales aún más ataviados que los diez mil que presionaban en el centro, y en medio había un anciano, de barba larga y blanca cubierto con todo tipo de mantos con adornos en oro y plata, y su centro de blanco marfil terminaba con un extraño símbolo finamente labrado.

    —Por medio de este llamado abro las puertas del sexto cielo, en donde se encuentran las artes arcanas de los dioses, en nombre de este cetro dado a los magi yo suplico a su divina majestad envíe a su vasallo a defendernos de nuestros enemigos —

    No muchos podían entender esas palabras ya que el anciano hablaba en un antiguo dialecto del reino de Media, perteneciente a una tribu montañesa poco conocida que era llamada como los magi. Y a medida que el anciano entonaba estas palabras comenzó a emitir un aura azulada y muy densa que levantaba las vestiduras de todos como si se tratara de una tormenta oceánica.

    —¡Con tu divina mano podremos crear las aguas del cielo!, ¡con tu divino aliento podremos traer la tormenta a esta tierra seca!, ¡con tu divina voz tu sirviente podrá emerger de las aguas primordiales para asegurar la victoria de nuestros aliados! —

    Las tropas de Creso estaban a la defensiva, pero muchos se daban cuenta que los inmortales no avanzaban, solo habían defendido a los lanceros cilicios como si estuvieran ganando tiempo.

    —Dragón de Agua —gritó el anciano en medo, pero todos entendieron su comando cuando desde el cielo y desde la tierra emergieron columnas de agua desde las cuales emergió un gusano o serpiente, al principio parecía ser un verdadero dragón, pero pronto se dieron cuenta que era una corriente de agua a presión que barrió todo el centro del ejercito frigio. Creso se encontraba dando órdenes cuando vio como la columna de agua se venía sobre si, engullendo a sus mejores tropas y a sí mismo.

    El impacto fue tan rápido que nadie se lo creyó al principio. A medida que la columna de agua borraba el centro frigio y los hombres en las columnas que apenas rosaban la corriente eran despedidos por el impacto fue que el terror se extendió como un rayo. Muchos hombres estaban tan concentrados en la batalla que solo se dieron cuenta de aquel portento cuando vieron los cuerpos de sus compañeros caer desde la derecha o desde la izquierda como si se tratara de hojas secas al viento.

    El ejército frigio quedó detenido de un momento a otro. Aunque en el gran aspecto el daño de aquel hechizo era ínfimo, pues su área de efecto era minúscula en comparación de toda la línea de batalla, y además que cualquier arquero con mente fría y pulso firme le hubiera podido asestar un flechazo al anciano, en ese momento nadie tenía esas cualidades, la línea del ejercito estaba rota, y sus compañeros, comandantes y rey habían sido borrados del campo de batalla, mientras que una enorme columna de lodo se extendía a una enorme distancia tras las líneas.

    —¡Mago! —gritaron los inmortales.

    Y ante aquella aterradora palabra el ejército frigio se desbandó, pero Ciro no fue clemente, en ese momento la caballería ligera de la derecha regresaba de masacrar el ala derecha y comenzó a cazar a todos los hombres que corrían cual conejos en una partida de caza.


    La corte persa estaba exultante, todos sabían que la derrota tan fácil de los legendarios hoplitas griegos de manera tan humillante era una señal de Ahura-Mazda para invadir Grecia, pero en eso hubo dos noticias terribles. La primera fue la muerte de Tales, el sabio murió mientras meditaba en la batalla, y la segunda era una revuelta iniciada en el antiguo reino de Asiria, las noticias hablaban de monstruos y demonios que arrasaban todo a su paso mientras las tropas asirias saqueaban y violaban. Ciro tuvo que marcharse de Anatolia sin lograr nada más que poner en alerta a muchos hombres inteligentes sobre el modo de combate del imperio persa. Evidentemente los reyes de Anatolia quedaron como sirvientes de Persia y deberían paga tributo, pero en la práctica la guarnición persa dejada en la ciudad de Sardes no era lo bastante grande como para sembrar terror en todos los hombres.
     
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    Capítulo V - Escapando

    Bien, ya me ando poniendo al día, ando muy atrasado con este escrito, veré si logro leer y comentar todos los capítulos hoy.

    Lo primero que noto es que cuando hay un ataque que alcanza al oponente siempre es al cuello, entre el capítulo anterior y el fragmento del primer párrafo que llevo ya cuento tres heridas en el cuello. Eso me da a entender que el único objetivo de las lanzas es a la cabeza, porque no hay heridas en los costados, brazos o piernas. Otra cosa que no puedo evitar que me cause un ruido mental tremendo al leerlo son los 'encantamientos' son demasiado Naruto, es lo primero que se me viene a la mente cuando leo: 'Arte metafísico, principio....' Me gustaría que fuese menos Naturo y más Avatar, le daría como más realismo. Pero es mi opinión.

    Recuerda que cuando se habla de cantidades un escrito como este y más cuando son diálogos se escriben en letras. En vez de 10 000 usar diez mil.

    —Debemos everiguar de qué esta hecha la armadura del inmortal —dijo Anax.
    Un pequeño dedazo


    Capítulo VI - Camino a Grecia

    mientras bue Dastan arrojó su arco al suelo
    incluso el capitán de la nace estaba remando en el banco de la derecha.

    Otro dedazo.

    fue justo en un momento en que la luz del Sol y de la luna se filtraron lo suficiente como para permitir ver detrás de una ola

    Estoy consciente de que ambos astros se pueden ver al mismo tiempo ciertos días al año, es más raro que esten cerca. Pero siempre uno brillará mucho más que el otro, no comprendo bien lo que quieres expresar con esa frase.

    Capítulo VII - La amazona

    Para seguir la línea de los términos que has usado hasta ahora deberías cambiar 'sombrero de ala ancha' por Pétaso.

    Dicho esto la ladrona monstruo un pequeño arco recorvado
    dedazo

    Capítulo VIII - La corte imperial


    Capítulo IX - Batalla de Tralia


    [COMENTARIO EN CONSTRUCCIÓN]
     

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