Estigma

Tema en 'Relatos' iniciado por Kikuz-sama, 25 Mayo 2012.

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    Kikuz-sama

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    Estigma
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    Para todas las edades
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    Drama
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    1
     
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    Tarde como siempre xD pero aquí traigo mi escrito para la actividad de mi querida Circe, espero sea lo que se pedía.

    ESTIGMA

    Sentados a la luz de la vela una pareja se hallaba, sonreían animadamente, él la miraba con amor, ella lo hacía con cariño. Llevaban un año saliendo y aquella noche era su aniversario, por lo que se suponía que aquella velada debía ser especial. La luna resplandecía en todo su esplendor, dándole un toque mágico a la cena, era como si la escena hubiese sido sacada de un cuento de hadas, era simplemente perfecto.

    –¿Eres feliz a mi lado? –Inquirió Damián.

    –Por supuesto –Exclamó ella dedicándole una dulce sonrisa.

    Ella lo amaba, no cabía duda de ello, le dio la espalda a todo y a todos por defender su amor y ahora que estaba a su lado no se arrepentía de haberlo hecho pues jamás, en todo lo que llevaba de vida había sido tan feliz. El cielo era más azul de lo que nunca fue, el canto de las aves más hermoso de lo que alguna vez creyó y el amor más sublime de lo que imaginó.

    –Entonces… –Musitó el joven de cabello oscuro levantándose de su asiento, yendo a hincarse frente a Amelia –¿Me concederías el gran honor de convertirte en mi esposa?

    Una alegría que hasta el momento le era desconocida inundo el centro de su pecho y lleno de calidez su corazón. Las lágrimas, unas muy diferentes a las de dolor, hicieron acto de presencia mientras se situaba a su altura y enredaba los brazos alrededor del cuello de su amado.

    –Sí, me encantaría –Profirió con la voz entrecortada presa de la emoción. Sellaron ese pacto con un beso de amor y Damián colocó en su dedo anular el anillo que representaba esa promesa recién hecha.

    Los días pasaron mientras los preparativos de la boda eran realizados, el plazo para que el matrimonio se llevara a cabo rápidamente pasaba y el día tan esperado por fin llego. La iglesia se encontraba decorada con los arreglos florales y la luz entraba a raudales por los ventanales, la atmosfera era mágica y cualquiera caía seducido por ese sutil encanto. Amelia no dejaba de sonreír, estaba inmensamente feliz, más de lo que verdaderamente debía ser justo, pero eso a ella no le importaba, tan sólo deseaba ser ya la esposa de Damián. La marcha nupcial hasta sus oídos llegó y desbocado corrió su corazón presa de la emoción, su mejor amigo, el que era casi su hermano la tomó del brazo y deposito en su frente un tierno beso. Amelia sonrió pues aquel día nada ni nadie sería capaz de empañar su felicidad.

    –Eres la novia más hermosa que haya visto –Dijo Iván dedicándole una dulce sonrisa.

    –Gracias.

    Fue lo único que pudo decir mientras marchaban hacia el altar, clavó los ojos en las orbes verdes de su amado y pensó con entusiasmo que no pudo encontrar a alguien mejor, Damián era un hombre que la amaba y que la haría feliz, como en todo ese año que llevaban de salir juntos lo había hecho. Él le devolvió la mirada pero la forma en la que lo hizo le dijo que algo andaba mal y por primera vez, después de mucho tiempo de no hacerlo, tuvo miedo y esa encantadora sonrisa que momentos antes surcó sus labios se esfumó.

    –Te entregó a mi más preciado tesoro, espero que cuides bien de él.

    Damián tomó su mano pero no respondió a las palabras de su amigo, estaba demasiado serio, más de lo que a veces era normal. Eso la preocupó; el sacerdote comenzó a hablar pero ella no lo escuchaba, sólo se limitaba a mirar de forma cuestionadora a su amado, ¿Qué es lo que le ocurría? De pronto toda la dicha que sintió, desapareció, estaba demasiado ansiosa y alterada para ser consciente de lo que a su alrededor pasaba.

    –¿Amelia aceptas a Damián Delacroix para amarlo y respetarlo, para estar con él en la salud y en la enfermedad, en las buenas y en las malas, hasta que la muerte los separe?

    –Aceptó.

    –Damián aceptas a Amelia Lafontaine para amarla y respetarla, para estar con ella en la salud y en la enfermedad, en las buenas y en las malas hasta que la muerte los separe?

    La respuesta no fue inmediata, se giró a mirarla y cuando sus miradas se cruzaron se dio cuenta de algo, él ya no la amaba. ¿Cómo había sido tan tonta para no notarlo antes?, ¿Acaso la felicidad que sentía la cegó al punto de no notar lo que ocurría? La chica lo miró esperando estar equivocada y que Damián disipara sus dudas al proferir un seguro si, pero eso no ocurrió, en silencio permaneció por un par de segundos más.

    –Amelia yo… –cayó abruptamente y fue en ese momento que lo supo.

    El silencio le hablaba pero ella no lo escuchaba cuando le anunciaba lo que se avecinaba. Fue ilusa al creer que este cuento no terminaría, que de este sueño no despertaría. Una melancólica sonrisa surcó mis labios mientras las gruesas lágrimas del dolor resbalaban por sus mejillas, él estiró una mano y con la yema de sus dedos limpió cada una de mis lágrimas.

    –Perdóname, ya no te amo…

    ¿Puedes escuchar cómo se fragmenta un corazón?, ¿Puede este seguir latiendo mientras se halla esparcido por el suelo? Miró la sortija que brillante se encontraba en su dedo y con todo el dolor de su alma lo sustrajo de su mano, lo depositó en su palma y se di media vuelta. Se enfrentó a las miradas de lastima de los presentes ahí y no pudo sopórtalo más, salió corriendo, esperando poder huir del dolor…

    Abrió los ojos abruptamente, se encontraba en su cama y la habitación se encontraba a oscuras. Era otra pesadilla, otra vez ese recuerdo que se había convertido en su estigma. Pasaron tres años desde que el que ella creía el amor de su vida la desilusionó y que con el corazón roto la dejo. Desde aquel día ya no fue la misma, el cielo perdió su color, la vida volvía a ser monótona y aburrida; pero sobre todo su corazón una piedra se volvió.

    Desde aquella fecha ella dejo de creer en el amor, dejo de creer en la gente pues sabía que lo que prometían no lo cumplirían. Aquel dolor que experimentó la dejo imposibilitada de tener alguna otra sensación, aún estaba dolida pero podría vivir con ello, eso no la iba a matar. El móvil comenzó a timbrar y supo de quien era la llamada. Lo tomó y contestó.

    –¿Diga?

    –Masoquista es hora de que despiertes a la vida.

    Sonrió, Iván, su persona favorita el sol que iluminaba sus días siempre estaba ahí evitando que se hundiera por completo en las aguas del dolor. Sólo él con su infinito cariño y comprensión logró que ella no se destruyera, fueron tiempos difíciles después del fracaso que la boda resultó, dejo de creer en el amor pero no en la lealtad que ofrece una amistad.

    Nota: Este escrito se me ocurrió en base a una experiencia triste y refleja tan sólo un poco de lo que ahora siento.
     
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