Este y Oeste

Tema en 'Fanfics Abandonados de Inuyasha Ranma y Rinne' iniciado por Rinnu, 1 Enero 2010.

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  1.  
    inariamy

    inariamy Usuario común

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    Re: Este y Oeste

    me llamaste ina-chan haaaaaaaaaaaaaaaa que lindo ^^,
    he hola jajaja disculpa mi emocion.....
    pero mujer ya pasaron años desde que no ponias continuacion, es broma, pero si te tardaste pero no importa valio la pena que tardaras, me dejaste picada, ¿que contestara kagome? y se dice que si, ¿la dejara kaede? , haaaa demaciadas preguntas y pocas respuestas jajajaja
    una que otra falta pero nada que no se pueda corregir, esta ves estubo largo el capitulo, pero bueno y con mucha intriga...
    ¿que habra pasado para que llamen con desesperacion a kikio? huuuuuu, se pondra interesante.

    pues ya me voy llendo, no sin antes felicitarte por el capitulo un 100 de 100 ^^
    nos vemos en el siguiente.

    ^^

    atte:ina-chan
     
  2.  
    inuXahome

    inuXahome Iniciado

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    Re: Este y Oeste

    Que hermoso este capitulo pero porque kikyo no quiere que inuyasha se entere de kagome
    me dejaste confundida pero bueno tú misma dijiste que confome avanze la historia se aclararian las dudas para tus lectoras cierto?
    Dicho esto me despido nos estamos leyendo chaitos...
    Espero pronto la conti (enserio la espero con ansias)
     
  3.  
    Maritza Chan

    Maritza Chan Fanático

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    Re: Este y Oeste

    Que respondera Kagome xd, me
    dio risa cuando Kouga dijo que
    no iria que está de vacaciones xD,
    continua adelante, cuidate.
     
  4.  
    Rinnu

    Rinnu Usuario común

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    Re: Este y Oeste

    Este y Oeste

    V. ¡Corre!
    – Solo si vienes conmigo.– puso como condición el joven ojiazul.

    – Sabes que no puedo… además no estoy invitada.– se excuso la joven.

    – Iras como mi acompañante.

    – No Kouga, será en otra ocasión.

    – ¿Cuándo se casa?– pregunto Kouga, quería saber si tenía tiempo para convencer a Kagome de ir.

    – Pasado Mañana, debemos irnos al amanecer si queremos llegar a tiempo.– le respondió Hakkaku.

    – Ve Kouga.– pidió de nuevo la chica.– Te prometo que para otra fiesta ya con más calma iré. Si voy ahora, solo los retrasaré.– dijo esperando que con eso el joven aceptara ir a esa boda.

    – Solo voy con otra condición.– dijo Kouga al tomar de las manos a Kagome.

    – ¿Cuál?

    – Que te vayas a las montañas conmigo, Kaede está de acuerdo, quédate allá unos días y luego decides si te quedas a vivir allá o no ¿Qué dices?
    ¿Acaso tenía otra alternativa? No iba a dejar que a esa pobre chica se le estropeara su boda solo por un capricho de Kouga. Suspiro y dio su respuesta.

    – Bien tú ganas. Lo prometo.– una sonrisa de oreja a oreja apareció en el rostro del joven Okamiyama, sabía que Kagome cumpliría su palabra.

    Al otro día cuando el sol comenzaba a salir por el horizonte, Kouga, Ginta y Hakkaku, partieron al amanecer, cargados de suficiente comida y agua para llegar bien a sus tierras.

    Por otra parte, Inuyasha y Miroku, recibieron una carta de Kikyou, donde se disculpaba porque no los podría ver en unos días, ya que tuvo que salir de emergencia. Y ahora ambos estaban muriendo de aburrimiento en su jaula de cuatro paredes.
    – Salgamos por ahí.– sugirió Miroku.

    – No conocemos y lo que conocemos es aburrido.– dijo Inuyasha al tumbarse en su cama, ya que estaba muy aburrido y se sentía enclaustrado en ese lugar.

    – Vayamos con Sango, ella nos llevara a lugares que Kikyou no nos muestra.- y con esas palabras el ánimo de Inuyasha volvió, se levanto en un santiamén y camino a la puerta cuando recordó algo…

    – ¿Sabes donde vive?– pregunto a su amigo, que tal si él ya se había emocionado y el baka de ese bonzo no sabía dónde encontrar a esa chica.

    – Claro.– contesto con una sonrisa.– ¿Crees que te lo hubiera sugerido si no conociera su dirección? Además, es una chica muy linda, es mejor tenerla vigilada por si alguien se quiere propasar con ella ¿no crees?

    – Como sabrás.- Miroku ignoro su comentario y se adelanto a la salida, Inuyasha solo suspiro y lo siguió., para salir del terreno de la mansión y dirigirse al pueblo.

    Atravesaron el pueblo, ya que la casa de Sango se encontraba del otro extremo de donde estaba la mansión. Miroku se detuvo al llegar a una casa con una gran puerta de madera, la construcción le recordó a Inuyasha un dojo y afuera de la casa, estaba una señora rociando agua con una palangana.
    – Aquí es.

    – ¿Seguro?

    – Muy seguro, preguntemos sí esta. Buenos días ¿Se encontrara la señorita Sango?– pregunto Miroku a la ancianita.

    – No se encuentra joven. Salió con Kohaku, regresan en un rato.– le contesto muy amablemente.– Pero su padre está adentro, le puedo llamar si gusta.

    – Claro, es usted muy amable.

    Ambos amigos vieron como la ancianita dejaba la palangana en una cubeta y entraba a la casa.
    – Que coraje, ya tiene novio.– dijo Miroku después de suspirar, pero dicho comentario causo que su amigo lo quisiera matar con la mirada.– Hay que admitir que es hermosa.

    – Miroku, más te vale que te comportes. Si provocas que vean nuestras intensiones como malas, te dejo sin descendencia ¿me oíste?– Miroku trago saliva y con la cabeza contesto un sí. Sabía que Inuyasha no bromeaba, así que lo mejor sería mantenerse a distancia.

    – Buenos días.– saludo el padre de Sango e interrumpió la pequeña “pelea” de los dos amigos.

    – Hola señor, buenos días. Gusto en verlo de nuevo. Mi amigo y yo venimos a ver a la señorita Sango.

    El padre de Sango reconoció de inmediato a Miroku y volteo a ver a Inuyasha, que a plena vista se notaba que era hijo del general Taisho.
    – Usted es el joven Taisho.- afirmo.

    – Si.

    – Mucho gusto soy Shako padre de Sango ¿En qué les puede servir mi hija?

    – Como guía señor, quiero conocer otro aspecto de la ciudad.– se apresuro a decir Inuyasha, ya que no confiaba en que Miroku mantuviera su palabra de no pasarse de la raya. Y podía decir cosas que tuvieran doble sentido.

    – Ella no tarda en llegar, si gustan pasar y esperarla mientras platicamos.

    – Por supuesto, muchas gracias.– contesto el ojidorado.

    Por dentro la casa era pequeña a comparación de cómo se veía en el exterior, el terreno si era grande pero aparte de su casa tenían un establo y dos talleres, donde Miroku supuso era donde fabricaban sus armas. Shako les paso a su pequeña sala y mientras llegaba su hija, les invito pastel de calabaza y te. Pasada media hora, llego Sango y entro a la habitación muy quitada de la pena.
    – Hola padre.– lo saludo alegremente.– ¿Qué hacen aquí?– dijo sorprendida al ver a Miroku y a Inuyasha.

    – Vinieron a pedir tu servicio como guía.

    – ¿Cómo dice padre?– ¿Qué había pasado con Kikyou? ¿Acaso ya no sería ella su guía? ¿A dónde iría? En el pueblo se decía que se había ido al sur con su tío ¿sería verdad?

    – Es tu elección. Bueno, yo me retiro, tengo que atender unos asuntos, hasta luego.

    – Muchas gracias señor.– contestaron ambos amigos.

    – ¿Qué paso con Kikyou?– quiso saber, antes de responderles.

    – Bueno ella salió de imprevisto, dejándonos solos y aburridos.– contesto con dramatismo Miroku, lo que estuvo a punto de provocar una risa por parte de Sango, pero se contuvo.

    – ¿Qué desean conocer?

    Inuyasha y Miroku, sonrieron eso quería decir que ella aceptaba.
    – Lugares a los que jamás nos llevaría Kikyou.

    – ¿Qué les parecen los alrededores?

    – Eso estaría muy bien.– los alrededores, por fin algo que no eran comercios, pensó Inuyasha.

    Sango los llevo a la frontera con el bosque y a un peñasco, desde el cual se veía todo el pueblo. Hay comieron la pequeña merienda que compraron en el pueblo.
    – ¿Por qué no se escapa por las noches?– sugirió Sango, al saber que el joven Taisho se sentía atrapado en esa mansión y “acosado” por así decir, por Kikyou.– Así despejaría su mente.

    – Hay guardias y sería muy descortés de mi parte.

    “¿Descortés de su parte? ¿Desde cuándo Inuyasha se preocupa por su modales?” Se cuestiono extrañado Miroku.

    – Pero por la noche vera cosas que en el día no, tal vez reuniones clandestinas.

    – ¿Qué es lo que pasa? Quiero la verdad Sango.

    – Algunos pensamos que el Lord Dokumo trama algo, hace poco visito el norte y ahora en el pueblo comentan que él y su sobrina fueron al sur.

    – Es extraño ¿Para qué fue a esos lugares?

    – Si no mal recuerdo Inuyasha, es donde ha habido problemas y tú padre ha tenido que ir ¿no?

    – Así es Miroku… así es…

    Poco antes del atardecer se escucho el galopar de unos caballos acercarse a la cabaña, Kagome que se encontraba terminando la cena, se asomo por la ventana para ver quién era y de inmediato lo reconoció, era el señor Shako, padre de su antigua amiga Sango.
    – ¡Kaede! ¿Estás en casa?– pregunto Shako desde la reja.

    – Señor, buenas tardes.– saludo Kagome al salir de la cabaña.

    – Hola Kagome ¿Cómo estás?– la saludo al momento que bajaba del caballo.

    – Bien, Kaede viene en un momento.

    – ¿Qué sucede Shako?– pregunto Kaede que venía con una canasta con huevos.

    – El hijo de Suishi está muy enfermo y me mandaron por ti.

    – ¿Qué es lo que tiene?

    – Fiebre y vomito, es lo único que me dijeron.

    – Voy por mis cosas y nos vamos.

    Kaede se metió en la cabaña, tomo una canasta con hierbas medicinales y se puso su chal, para luego salir de nuevo.
    – Es muy probable que regrese hasta mañana ¿estarás bien?– dijo viendo a Kagome, no le gustaba dejarla sola y menos en noches en las que no habría luna que alumbrara el bosque.

    – Esteré bien no te preocupes, vayan con cuidado.

    – De acuerdo, regreso a primera hora.

    – Cuídate Kagome que estés bien.– se despidió Shako al haber acomodado bien a Kaede en el otro caballo y emprendieron su camino al pueblo.

    Cuando el sol ya teñía de rojo las montañas y el cielo, Sango, Miroku e Inuyasha regresaron a casa de Sango.
    – ¿Y mi padre?– pregunto a la anciana que habían visto Miroku e Inuyasha en la mañana.

    – Fue por Kaede, el hijo del carnicero se enfermo. Pobre niño, no paraba de vomitar.

    – Ya veo, bueno hasta mañana, que descansen.– se despidió Sango de los dos chicos.

    – Si hasta mañana.– contesto Miroku.

    – Gracias.– fue lo único que dijo Inuyasha.

    Al ver que Sango entraba a su casa, los dos se marcharon de nuevo a la mansión de Lord Dokumo.

    La noche llegó muy pronto, el cantar de los grillos amenizaba la noche y las luciérnagas iluminaban el bosque. Kagome leía un libro iluminada por la luz del fuego que provenía de la chimenea, no era muy buena leyendo ya que su madre solo le enseño lo esencial y Kaede sabía igual o menos que ella. La fogata estaba por apagarse cuando escucho ruido preveniente del gallinero, se asomo por la ventana pero a causa de la poca luz por ser luna nueva no vio nada, así que pensó que solo había sido un simple alboroto de las gallinas, apago la fogata y se dispuso a dormir.

    Mientras en la mansión de Lord Dokumo. El joven de ojos dorados se debatía si escaparse o no.
    – La verdad Inuyasha, no sé que tanto le piensas. Naraku no está y para ti será muy fácil burlar a estos guardias.– le dijo su amigo ya un poco desesperado por la actitud del chico. Ya que este no paraba de dar vueltas por toda la habitación y mirar por la ventana.

    – ¿Pero si alguien me reconoce?

    – Estar aquí te ah afectado.– Miroku meneo la cabeza de un lado a otro, estaba seguro que si Inuyasha no salía esta noche pronto perdería sus habilidades para escabullirse.– Usa tu capa.– le dijo al ver que ah su amigo no se le ocurría nada.– Me preocupas. Lo mejor será regresar a casa cuanto antes.

    – Todo está bien, lo hare.– se sentía como un tonto, claro la capa, en verdad necesitaba aire fresco y algo de rebeldía. Saco de su morral una capa negra con capucha y se la puso.

    – Suerte, tengo el presentimiento que la necesitaras. No olvides la espada.– le recordó Miroku al ver que Inuyasha ya se iba sin ella.

    Inuyasha la tomo y la sujeto a la cintura, antes de salir por la ventana dijo “regreso antes del amanecer”.

    Tal y como dijo Miroku, burlar a esos guardias fue fácil. Pronto se encontraba vagando por las calles frías y casi desiertas de la ciudad, ya que ocasionalmente se encontraba con algún borracho tirado en la acera.

    El cacarear de las gallinas y el berrear del borrego despertó a Kagome de su placentero sueño, se levanto y se asomo por la ventana, ¿ahora qué pasaba? se pregunto, y vio que las gallinas estaban afuera al igual que el borrego. Salió de la cabaña y sujeto al borrego antes de que acabara con las plantas de Kaede.
    – ¿Qué haces afuera? ¿Cómo se salieron?– pregunto mientras lo jalaba para llevarlo de nuevo a su corral que estaba atrás de la cabaña. Pero le sorprendió que le obedeciera y se dejara llevar por ella.

    Al llegar al corral se dio cuenta que había roto un par de maderas y por allí fue que logro escapar.
    – ¿Por qué te escapaste? ¿Lo hiciste para darme lata?

    Kami se sentía como una tonta, hablarle a un animal.

    El borrego le dio un pequeño empujón y cayó al suelo, estaba por regañarlo cuando vio que las luces de unas antorchas estaban frente a la cabaña. Vio que dos hombres entraban a la cabaña ¿Quiénes serían?
    – ¡No está!– grito uno de los hombres que había entrado.

    – ¡Búsquenla! Ya saben qué hacer. No dejen rastro de ella, sin cuerpo no hay delito.– ordeno otra voz.

    No sabía qué hacer, estaba paralizada de miedo, al escuchar a las gallinas cacarear y sentir el tirón que dio el borrego a su ropa reacciono.

    Kami tenía que irse de ese lugar ¡Ya!

    Echo a correr al bosque, intento adentrarse más en el, pero esos sujetos estaban por todas partes y cada vez estaba más cerca del pueblo.

    Kami ¿Qué tenía que hacer?

    En casa del carnicero Suishi, estaban esperando a que su hijo Ukyo, despertara después de haberle dado el medicamento necesario para su infección intestinal.
    – Ukyo ¿Cómo te sientes?– pregunto la madre de Ukyo al ver que el niño estaba despertado.

    – Mejor, mamá.– respondió somnoliento el niño.

    – Gracias Kaede, muchas gracias.– agradeció la madre al ver que su hijo ya estaba mucho mejor.

    – No hay de que, estoy para ayudar.

    “La noche está muy callada, espero que Kagome esté bien”, pensó Kaede al asomarse a la calle por una ventana y no lograr ver mucho a causa de la neblina.

    – Señora Kaede la llevo a su habitación, mañana a primera hora viene Shako por usted.– dijo la hermana mayor de Ukyou.

    – Sí, con permiso.– así se despidió de madre e hijo, para seguir a la niña.

    Kagome se escondió en un hueco que hacían las raíces de un gran y frondoso árbol. No paso mucho tiempo cuando dejo de escuchar ruido y el bosque volvió a estar en calma, tal parecía que ya se habían ido, aun así, decidió quedarse más allí, por si acaso. Lucho por no quedarse dormida y ya cuando sentía que el frio calaba más sus huesos, salió de su escondite y camino de regreso a la cabaña.

    Por la espesura y oscuridad del bosque no se percato que tres hombres estaban sentados sobre una colina bebiendo, dos de ellos llevaban pantalón estrecho, camisa y botines, mientras el tercero vestía con pantalón amplio, botines y túnica roja con faja amarilla a la cintura. Este último se levanto para ir al árbol más cercano, ya que llevaba dos botellas de licor, cuando vio a la chica que habían mandado buscar. Todos los demás se habían regresado, pero ellos habían decidió quedarse a beber, “esto sí que es suerte” pensó.
    – Miren Keitato, Miso.– llamo a los otros dos.– La chica.– dijo al señalarla.

    – Perfecto, esto será una gran recompensa.– dijo Miso, que era el más bajito de ellos.

    Al oír voces Kagome volteo de inmediato y vio a los tres parados sobre la colina, se quedo paralizada del miedo ¿ahora qué haría a dónde iría?, cuando los vio avanzar reacciono y comenzó a correr, ya no le importaba a donde se dirigía, mientras fuera lejos de ellos, todo estaba bien.

    Ya no podía correr más el aire frio secaba su garganta, se apoyo en un árbol y volteo, no los vio, pero ya se había confiado una vez, se volteo para comenzar a correr de nuevo y se topo con uno de aquellos hombres, el de la túnica roja.
    – ¿Creíste que escaparías bruja?

    Kagome intento escapar de allí, pero ya era tarde, los otros dos hombres ya la tenían rodeada. Este sería su fin.
    – Debes pagar por tus pecados brujita.– dijo Keitaro

    – Déjenme, por favor.– suplico al quedar acorralada entre el árbol y los tres hombres.

    – Miso sujétala, Keitaro átala.- ordeno.

    Los dos hombres obedecieron de inmediato, ya que él era su jefe, el jefe de una cuadrilla de ladrones y casa recompensas.
    – ¡No! Déjenme.– grito lo más fuerte que pudo al ser sujetada desde atrás y ser atada de manos y pies.

    – Serás castigada, pequeña bruja.– le dijo el jefe cara a cara al verla ya bien atada. Keitaro paso la soga que ataba sus manos por la rama del árbol y la alzo hasta que quedo suspendida en el aire.– Miso, mi látigo.– de inmediato el chico le obedeció y Kagome comprendió lo que le harían, las lagrimas comenzaron a salir de sus ojos y solo pudo ver la sonrisa de satisfacción del jefe al preparar su látigo.

    ¡Kyaaaa!

    Un grito desgarrador se extendió por el bosque, estremeciendo a todo ser vivo que estaba lo suficientemente cerca para oírlo.

    Continuara…

    *******************************
    Bueno eh aquí ya conti de esta historia (que segun yo fue una conti larga pero al verlo aqui, me parece corta u_u )

    Mil disculpas por el retraso tan grande que eh tendido, pero muchas cosas me han pasado. Espero que no hayan abandonado esta historia.

    Muchas gracias por todas aquellas que han dejado sus comentarios y este capítulo, es para ustedes. Espero que les guste, procurare que la otra no tarde como esta, de hecho espero que en máximo dos semanas ya la tenga lista.

    Hasta entonces que estén bien, se cuidan (ˆoˆ) /*

    15 de abril de 2010.
     
  5.  
    inariamy

    inariamy Usuario común

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    Re: Este y Oeste

    hiiiiii!!!!!!!!!

    aqui pasando, vaya crei que no volveria a ver ratros de ti jajaja, es que me habia procupado con lo mucho que me gusta tu historia y te desapareses, me asuste jijijij , en fin me encanto mucho este capitulo, aunque me pregunto, ¿quien sera la pareja de kagome?, sesshomaru, inuyasha, koga o incluso miroku, jajajaja, es que no se ve nada, pero bueno espero que ya en el proximo capitulo se defina quien, pero me encanto mucho el capitulo y me dejaste con un nudo en la garganta, por lo que le hicieron esos sujetos a kagome, malditos!!!!!!!!!!

    jajajajaja en fin, espero con ancias el siguiente capitulo y no te tardes jajaja, que te llegara la cuenta del hospital, nos vemos.

    ina-chan ^^


    soy la primera....>o<
     
  6.  
    NutS

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    Re: Este y Oeste

    Kyaa!!!

    Que emoción, malditos tipos! ojalá no le hayan alcanzado a golpear a Kagome, que haya pasado algo para impedirlo por favor!!
    Que aparezca mi Inu y la salve, que estoy mas que segura que sucederá e,e jajaja
    Estoy media confundida, todavía no logro comprender muy bien la historia, espero que se vaya aclarando, si no no entenderé nada de nada @_@
    Noté algunos errores de dedo y la falta de algunos tildes, fíjate bien en esos detalles :)

    Esperare con ansias la conti *-*

    Bye! :vacabaila:
     
  7.  
    Rinnu

    Rinnu Usuario común

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    Re: Este y Oeste

    Este y Oeste

    VI. Encuentro.
    Tal vez salir en una noche tan oscura no fue una gran idea y entrar al bosque menos, pero necesitaba una escapada. No había nada interesante y descartando a los borrachos que se encontró, no había visto a nadie más. Estaba por regresar cuando escucho el grito de alguien… una mujer, una muchacha para ser más exactos.

    Quito el seguro a su espada y le tomo por la empuñadura, listo por si se veía en la necesidad de blandirla y corrió en dirección de los gritos. No tardo mucho en llegar al origen de ellos, bajo un frondoso árbol una muchacha con ropas desgarradas colgaba atada de pies y manos, mientras tres hombres estaban a su alrededor, uno de ellos tenía un látigo y justo cuando se preparaba para golpearla de nuevo, salió de su escondite con espada en mano.
    – ¡Hey! ¡Suéltenla!– dijo con voz de mando.

    Los tres sujetos voltearon y sintieron temor a causa de la presencia tan amenazante que imponía en esos instantes Inuyasha, sus ojos estaban rojos parecía un demonio (o al menos así les pareció a ellos) y por la capa que traía no se le veía muy bien la cara, por lo que imponía más.
    – No te entrometas.– contesto el jefe al reaccionar, no podía ser un demonio, además ellos eran tres y el solo uno.– Ustedes ¡mátenlo!– ordeno.

    En seguida Keitato y Miso siguieron las ordenes de su jefe, empuñaron sus espadas y se lanzaron contra de Inuyasha, esto será fácil, pensó Inuyasha, los movimiento de los sujetos eran lentos y torpes, se notaba que nunca habían tenido una practica decente con la espada.

    Kagome no veía nada de lo que pasaba, porque estaba de espaldas a ellos, solo escuchaba el chocar de las espadas de metal y el crujir de las hojas y ramas al ser pisadas, ese hombre habría ido a ayudarla o tal vez… tal vez quería también la recompensa por su cabeza. No, eso no, ya que su presencia y el sonido de su voz la hicieron sentir segura.

    El jefe de los bandidos no lo podía creer, se suponía que ellos eran los mejores caza recompensas, bandidos y ladrones, cómo era posible que ese sujeto les estuviera ganando. Decidido, tomo su espada y también atacó mientras Inuyasha le daba la espalda, pero para su sorpresa su ataque fue bloqueado.
    – ¿No te da vergüenza? Atacar por la espalda, eso es de cobardes.

    – ¿Quién eres?– pregunto tratando de ocultar su miedo, pero le fue imposible.

    – Así que me tienes miedo, es interesante.– Inuyasha sonrío dejando ver sus colmillos y el jefe se puso pálido.

    En un santiamén Inuyasha los desarmo y los dejo lastimados tirados en la tierra húmeda.
    – No te saldrás con la tuya, nos volveremos a ver.– dijo el jefe al ponerse de pie y salir corriendo seguido de sus acompañantes.

    El ojidorado estuvo tentado a seguirlos pero la muchacha era más importante en esos momentos.

    Se habían ido, no lo podía creer, él les había ganado. Escucho como se acercaba a ella ¿Ahora qué pasaría? ¿Qué haría con ella? Y cerró los ojos con fuerza, esperando lo peor.

    Se dirigió al árbol y corto la soga, bajó a la muchacha con sumo cuidado y desato sus extremidades. Inuyasha noto que sus muñecas y tobillos estaban muy lesionados, el constante roce con la soga ya había removido un poco de piel y alrededor de las lesiones, ya se comenzaba a formar un gran moretón.
    – ¿Hey? ¿Cómo estás?– le llamo, pero aunque tenía los ojos abiertos no respondía, todo indicaba que estaba en shock.

    Kagome estaba sorprendida, ese joven la había liberado y le preguntaba cómo estaba ¿Por qué?

    Inuyasha la volvió a examinar, sus heridas eran serías, su espalda también encontraba lastimada, pero si no fuera por la ropa que llevaba estarían peor. Debía llevarla inmediatamente con algún médico, se quito la capa y se la puso a ella.

    Debía estar alucinando, solo en su mente podía existir alguien que se preocupara así por ella. O quizás ya estaba en el otro mundo y este era el ser que se encargaría de liberarla de su sufrimiento.
    – Ven vamos al pueblo a buscar…

    ¿El pueblo? ¿Por qué la quería llevar al pueblo? Lo más probable es que la quisiera llevar con los inquisidores, se había hecho falsas esperanzas y se sintió como una total ingenua al pensar que alguien la rescataría.
    – ¡No el pueblo!– el joven se sobresalto al escucharla y verla tratando de retroceder, tal parecía que ya había salido del shock.– Por favor no.– suplico al ver que le sería imposible tratar de negarse, su cuerpo no respondía y a ese sujeto fácilmente se la podría llevar.

    – ¿Por qué no?– no lo entendía ¿Por qué se rehusaba a ir? ¿Qué no se daba cuenta de la condición en que estaba?

    – Por favor no.– volvió a suplicar.

    Algo le decía a Inuyasha que no era buena idea llevarla al pueblo, así que decidió llevarla a su casa.
    – Entonces a tu casa ¿dime donde vives? Porque necesitas que te revisen y curen esas heridas.

    Que la revisaran y la curaran ¿entonces no quería llevarla al pueblo para entregarla con los inquisidores?
    – Hey.– le llamo al ver que no contestaba.– Tus heridas se deben tratar lo antes posible para que no se infecten, dime donde está tu casa.– dijo con voz sumamente suave.

    Esa voz, era la voz más tierna, dulce y protectora que había escuchado, pensó Kagome.
    – En la cabaña.– respondió con algo de duda, pero no con miedo, su instinto, no, más bien su corazón, le decía que podía confiar en él.

    – Ven vamos te llevo.– le ofreció al hincarse frente a ella.

    La joven alzo su mirada y la vista de ambos jóvenes se topo, él con unos ojos chocolate, rojos e hinchados por las lagrimas, pero aun así hermosos y ella con unos ojos dorados como el oro, que la llenaron de una paz y seguridad infinita. Inuyasha reacciono y le dio la espalda para que se subiera en ella.
    – Si te lastimo me dices.– le dijo al sujetarla una vez que la joven se acomodo sobre su espalda.– ¿Por dónde es?

    – Derecho por allá.– señalo entre unos árboles donde no había sendero alguno.

    Caminaron por largo rato, el viento comenzó a soplar frío, tal vez llovería más tarde. Inuyasha sentía el cuerpo pequeño y tibio de la muchacha, de a ratos escuchaba leves gemidos de dolor, pero por más que intentaba no lastimarla, era casi imposible, tenía demasiadas heridas. De pronto comenzó a preguntarse cosas, como ¿Por qué esos sujetos la estaban lastimando? ¿Sus padres donde estaban? ¿Se abría escapado de casa?

    El estar sobre la espalda de ese muchacho le hizo sentir segura, su cuerpo era musculoso, pero no duro y a pesar de sentir el frío viento golpear de vez en cuando su cara, el calor que le transmitía ese cuerpo hizo que se olvidara de lo que acababa de pasar. Tenía que admitir que sus heridas dolían, pero ese joven estaba siendo tan amable con ella, que intentaba no quejarse del dolor.
    – Tus padres deben estar preocupados.

    – No tengo.

    ¿No tenía? Entonces, ¿esos sujetos querían abusar de ella? Se cuestiono Inuyasha. Era increíble que existieran ese tipo de personas, esa muchacha se veía tan tierna, dulce, inocente… lo más probable era que hubiera salido de su casa o estuviera regresando a ella, cuando esos sujetos la secuestraron.
    – Entonces vives sola.– afirmo él.

    – No, con Kaede.– el ojidorado quedo asombrado al escuchar ese nombre, ¿se estaría refiriendo a la Kaede que el conocía? Pero según sabía, ella vivía sola.

    – ¿La curandera?

    – Sí.– entonces si era esa Kaede ¿Qué demonios estaba pasando?– Es allí.– el joven miro más adelante y vio la pequeña cabaña en medio del bosque.

    Una vez dentro de la cabaña, el chico vio que el interior estaba hecho un desastre, como si alguien hubiera entrado a robar, pero qué podrían robar en esa modesta casita. Dejo a la chica acostada boca abajo en un viejo sofá que había allí y busco alguna lámpara, pero no encontró ninguna, así que, como pudo prendió la chimenea, la luz no era mucha, pero le bastaba para poder ver mejor sus heridas.

    Le quito la capa y vio su ropa manchada de sangre, su espalda tenía demasiadas laceraciones y se encontraba llena de tierra; al verla en ese estado la ira, frustración, coraje y odio comenzaron a apoderarse de él, apretó fuertemente su mano en un intento de controlar esos sentimientos.
    Esos sujetos se la pagarían.

    – Voy a calentar agua para limpiar tus heridas.

    – No es necesario.– respondió apenada la joven, ya que sabía perfectamente que él tenía plena vista de su espalda.

    Pero Inuyasha no le hizo caso y fue por una olla, para ir por agua al pequeño riachuelo que pasaba afuera de la cabaña.

    ¿Quién sería ese joven? No recordaba que Kaede lo hubiera mencionado y la conocía muy bien, como para saber que si había un joven tan bien parecido en el pueblo, ella ya le hubiera hablado sobre él. ¿Sería algún viajero? Era lo más probable, ya que de ser del pueblo jamás la hubiera ayudado. Escucho que volvían a entran a la cabaña y ponían algo en la estufa.
    – ¿Por qué te lastimaron?– le pregunto al haber dejado la olla en la lumbre.

    – Usted no es del pueblo, ¿verdad?

    – No.– le respondió mientras acercaba una silla y se sentaba junto a la chica.

    – Ya veo…– así que tenía razón, por eso la ayudo, pero en cuanto le dijera el porqué de su castigo, se marcharía.

    – No me has respondido.

    Kagome suspiro y le respondió, ya qué otra cosa mala le podía pasar.
    – Por que jamás debí nacer. Por ser hija de un incubo y una humana.– ya estaba, ya lo había dicho, cerró los ojos y espero que le dijera algo insultativo o saliera de la cabaña corriendo.

    ¿Un incubo? Pero si esas creencias ya no debían existir, su padre había acabo con eso.
    – Eso es estúpido, mi padre arreglo eso.– la chica quedo sorprendida por su respuesta, jamás se espero eso. ¿Él había dicho su padre?

    – ¿Su padre?– Kagome ladeo su cabeza que estaba hasta esos momentos mirando al respaldo del sofá.

    – El general Taisho.– le miro curioso y fue hasta que capto, que no se habían presentado.– Soy Inuyasha, Taisho Inuyasha… ¿Cómo te llamas?

    – Kagome.

    Inuyasha le sonrió y en eso se escucho el burbujear del agua hirviendo, se paro y fue por el agua, corto un pedazo de tela de su camisa y regreso a sentarse junto a la chica.
    – Bien Kagome. Ahora deja que te cure.

    ¿Qué él la iba a curar? ¡Oh no! Él tocaría su piel y la vería casi desnuda, lo que nunca antes le había pasado con un chico, esos pensamientos solo provocaron que se sonrojara.
    – No es necesario yo lo hago sola.

    – ¡Feh! Como si pudieras.– Kagome quedo sorprendida por la actitud que tomo, parecía un niño, pero se veía tan lindo encaprichado.– No dejaste que te llevara al doctor, ahora deja que limpie tus heridas.– la chica no pudo negarse, estaba tan embelesada por el comportamiento y apariencia del joven Taisho, que cuando reacciono, él ya le había quitado su blusa rota y se encontraba limpiando sus heridas.– ¿Por qué no quisiste ir?

    – Tengo prohibido ir al pueblo.– contesto automáticamente e inmediatamente se arrepintió, pero por alguna razón su cerebro se negaba a mentirle.

    – Mañana mismo arreglo eso.

    ¿Qué arreglaría eso? ¿Cómo?... Hablar con Lord Dokumo, lo que significaba poner en peligro a las personas que hasta ahora se habían hecho cargo de ella.
    – No por favor, no quiero crear más problemas.– le rogó e intento pararse, pero no lo logró, su espalda estaba adormecida y sus muñecas le dolían.

    – ¿Es que no te das cuenta que esto está mal?– ¿acaso a esta chica le gustaba ser maltratada?

    – Por favor, no lo haga.– volvió a suplicar con lagrimas en los ojos.– Se desquitaran con Kaede, el señor Shako y su familia, por favor.

    Inuyasha no sabía el por qué, pero no quería seguir viendo llorar a esa chica de nuevo y mucho menos por su causa, ya encontraría otra forma de solucionar el asunto, pero ahora era mejor que ella estuviera tranquila.
    – No diré nada, aun.– dijo poniendo énfasis en la última palabra.– Pero en cuanto mi padre llegue o tenga la oportunidad de comunicarme con él, se lo hare saber.– Kagome sintió alivio por eso, por lo menos ahora no tenía que preocuparse, ya las cosas cambiarían y con suerte ese joven se olvidaría del asunto.

    Sintió como Kagome se resigno y relajaba su cuerpo, termino de curarla con el agua y una mezcla de hierbas medicinales, que él conocía para tratar las infecciones y adormecían el área de la lesión. Para cuando había terminado de limpiar sus heridas, la chica ya estaba profundamente dormida.

    Puso todo en su lugar y se sentó en el suelo, recargando su espalda en el sofá. La luz proveniente de la chimenea poco a poco se apagaba, le dio un último vistazo a la chica antes de quedarse dormido.

    Cuando el sol comenzaba a salir, Inuyasha se despertó y lo primero que hizo fue ver si Kagome estaba bien, al ver que no tenía signos de fiebre, salió al jardincito a esperar a la anciana curandera. No tuvo que esperar mucho, la anciana venía caminando por el sendero a paso lento.

    Tal vez la engañaban sus ojos, pero le parecía que el joven Taisho estaba sentado fuera de su casa. Al estar más cerca, se dio cuenta que no era una ilusión lo que veía, era el joven Taisho en persona.
    – Joven Taisho ¿Qué hace aquí?– pregunto extrañada ¿Desde hacia cuanto la estaba esperando? Kagome al no saber quién era, no le abrió y que bueno, si no, no sabría que responder sobre la existencia de la muchacha.

    – Buenos días, creo que debemos hablar.

    – ¿Sobre qué?

    – Kagome.

    Kami, eso quería decir que ya la había visto, pero entonces, ¿Por qué estaba afuera de la cabaña?
    – Pasemos.– le ofreció la anciana.– ¿Cómo es que sabe…?– la pregunta no llegó a formularse completamente ya que vio a la muchacha dormida en el sofá y con demasiadas heridas.– Oh Kami.– dejo sus cosas en el piso y corrió hacia la chica.

    Inuyasha le conto a la anciana lo que había pasado. Cuando el joven quiso saber más sobre el porqué trataban de esa forma a Kagome, la anciana solo le dijo que era porque se decía y muchos creían, que era hija de un incubo y una humana.
    – Hablare con mi padre sobre esto.– dijo Inuyasha al ponerse de nuevo su capa.– Regreso en la noche para ver como sigue. Les prometo que todo se solucionara.

    – Muchas gracias.– Kaede en verdad confiaba en que todo se solucionara, su niña no tenía porque sufrir de esa forma.

    Eran poco más de las diez de la mañana, cuando Inuyasha entro de nuevo en la habitación que compartía con su amigo, en casa de Lord Dokumo.
    – ¡¿Dónde estuviste?!– exclamo Miroku al verlo entrar y la calma volvió a su alma, pues cuando despertó y no lo vio se imagino lo peor.

    – Tenemos que hablar, pero no aquí.– le dijo Inuyasha al echar un vistazo al pasillo, para asegurarse que nadie estuviera cerca.

    – Entonces ¿Dónde?– pregunto extrañado, algo debió haber pasado, algo malo, ya que su amigo no solía comportarse de esa manera.

    – Vamos a casa de Sango.

    Si estaba en lo correcto Shako era el padre de Sango y eran a quienes Kagome quería proteger, entonces ellos sabían sobre la muchacha de ojos chocolate.

    Una vez en casa de Sango, ella les invito a desayunar y cuando terminaron, Inuyasha le pregunto por Kagome tomándola desprevenida, así que les conto lo que había pasado.
    – ¿Cómo esta ella?– pregunto preocupada la pelicafé.

    – No tiene heridas graves ya que su ropa la protegió, algo… – sin notarlo apretó sus manos, el simple hecho de recordarla colgando del árbol, sucia y con sangre en su espalda y muñecas, lo hizo enfurecer.

    – ¿Qué más?– pregunto Miroku para sacarlo de sus pensamientos, ya que se había dado cuenta de lo furioso que se estaba poniendo.

    – ¿Eh? Este…– de inmediato se relajo de nuevo y siguió su plática.– Sus muñecas si están muy lastimadas, pero no están rotas.

    – Esa Kagome, debería hacerle caso a Kouga e irse con él.

    Kouga, al escuchar ese nombre Inuyasha se puso tenso, ¿Qué tenía que ver ese lobo con aquella muchacha?
    – ¿Okamiyama Kouga nieto del patriarca de las tierras del centro?– se aventuro a preguntar Inuyasha.

    – Si ¿Lo conocen?

    – Algo.– contesto secamente Inuyasha y dirigió su vista al jardín se la casa.

    – No se llevan bien.– le susurro Miroku a la joven.

    – Ya veo, pero ¿Por qué?

    – No lo sé, eh llegado a la conclusión de que están locos. Pero desde hace muchos años que no lo vemos.– Miroku volteo a ver a su amigo que ya se había ido a sentar al suelo y movía una de sus piernas impacientemente, entonces se le ocurrió algo.– Así que ¿Kouga es el novio la señorita Kagome?

    – Eso parecen.

    – ¿Pueden hablar de otra cosa?– les pidió un molesto Inuyasha.

    – ¿Pero qué te pasa Inuyasha? Solo quería saber.– le contesto con una sonrisa malvada.

    Sango al comprender más o menos lo que pasaba decidió intervenir.
    – Me preocupa que esté sola en la noche, Kaede no es un obstáculo.

    – Es verdad, tal vez regresen a terminar el trabajo.

    – Se imagina, no quiero ni pensar en lo que le harían esta vez.

    De pronto Inuyasha se levanto y se acerco de nuevo a la mesa.
    – Iré de nuevo hoy, pero ya dejen de preocuparse.– se dio media vuelta y volvió a sentarse donde estaba.

    Ya de noche, Inuyasha volvió a ponerse su capa y se dirigió al bosque, esta vez estando más atento que la noche pasada. Cuando ya estuvo cerca de la cabaña, vio a Kaede recogiendo algunas plantas. Una vez en la entrada, abrió la reja que rechino y Kaede volteo.
    – Joven, no debería estar aquí.– le dijo Kaede al captar que el joven Taisho estaba de nuevo en su cabaña. No es que no quisiera que fuera, solo que si alguien lo veía, eran capaces de mandar al ejército entero, sin importarles que el joven fuera hijo del general.

    – ¿Cómo esta?– pregunto refiriéndose a Kagome.

    – Sigue acostada, pero mejor.

    – ¿Puedo pasar a verla?

    – Claro, termino de escoger unas plantas y voy con ustedes.

    Inuyasha abrió la puerta y vio a Kagome sentada en el borde del sofá, llevaba una falda larga azul marino y una blusa abierta de atrás, estaba seguro que Kaede se la acababa de arreglar para que la tela no tocase sus heridas, además de llevar el cabello con dos trenzas que le colgaban al frente.
    – Hola ¿Cómo te sientes?

    – Hoo-hola.– cuando lo vio en la puerta, se sorprendió bastante. Y ella que pensaba que ya no lo volvería a ver.– Adolorida… Muchas gracias por curarme y cuidarme.– bajo la vista, aun se sentía avergonzada, ya que él la había visto casi desnuda.

    Se hizo un incomodo silencio, lo que para Kagome pareció una eternidad, por lo que decidió levantarse y salir de allí.
    – ¿Qué haces?– pregunto Inuyasha al ver sus intenciones y la obligo a sentarse de nuevo.

    – Quiero ver las luciérnagas en el lago. Todavía no hay luna y se aprecian mejor.– le contesto sin verlo a la cara.

    – Déjalo para después.

    – Eh estado acostada todo el día, quiero aire fresco.

    – Kagome regresa al sillón.– le volvió a pedir Inuyasha.

    – En verdad estoy bien.– le dijo un poco molesta, no soportaba estar tan cercas de él, sin sentirse rara.

    – Tonta, tus heridas están frescas, se pueden infectar.– ¿Por qué estaba de terca?– Recuéstate… Por favor.– Kagome se sorprendió por la forma tan amable en que se lo pidió y no pudo evitar sonrojarse, por su parte Inuyasha también se sorprendió por lo que había dicho, jamás se había comportado así con nadie.

    – Está bien, pero solo como agradecimiento.– dijo Kagome al momento que se sentaba de nuevo en el sillón.

    Y antes de que se formara de nuevo un molesto silencio, Inuyasha hablo y dijo lo único que se le ocurrió.
    – Sango te manda saludos.

    Sango, su antigua amiga, sonrió al recordar cuando ella iba a jugar con ella, pero desde que prohibieron entrar al bosque, ya no la había vuelto a ver.
    – Hace mucho que no la veo ¿la saludaría de mi parte?

    – Claro.

    Al día siguiente, era un día nublado y con vientos de lluvia. Ese día Kikyou ya estaba de vuelta y los llevo a cabalgar por un prado, en el camino, vieron como los habitantes del pueblo se preparaban para el festival de otoño.

    Inuyasha y Kikyou iban adelante mientras Miroku los seguía sin quitar su atención de ellos. Kikyou había notado que Inuyasha lucia cansado y somnoliento ¿Por qué estaría así? Incluso estaba distante, era como si su mente se estuviera en otro lado.
    Continuara...



    *******************************
    Caray no sé qué decir u///u, que pena con ustedes, en verdad, pero muchas cosas pasaron algunas buenas, otras malas y otras demasiado tristes, pero al final lo eh podido terminar.
    Muchas gracias por sus mensajes Ina– chan, Nekko y Maritza. Deseo este capítulo sea de su agrado y en verdad que tratare de actualizar más seguido. Ojala sus dudas se estén aclarando.
    Espero sus mensajitos, así sabré si voy por buen camino o no, si les gusta. Se cuidan y que estén bien.

    02 de junio de 2010.
     
  8.  
    inariamy

    inariamy Usuario común

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    Re: Este y Oeste

    hola soy la primera huiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    hola yo ya habia pensado que ya te habias ido, te nos perdiste por mucho tiempo, pero bueno lo importante es que ya actualisaste, me encato este capitulo, ya mero y mao a esos bastardos que le hicieron daño a kagome, malditos, pero bueno lo mejor de eso, es que inuyasha llego a rescatarla, que romantico, no cabe duda de que fue un buen encuentro jajajajaja, pero bueno espero que el hable con naraku y le diga unas cuantas cosas, y que kagome pueda salir al pueblo, por que la tratan como un bicho raro, pero bueno es tu ff, asi que espero que lo continues, simpre me veras por aqui jijijiji, y cada evs mejoras, me encanto huiiiiiiiiiiiiii, nos vemos.

    ^^

    ina-chan

    p.d: eres genial!!!!
     
  9.  
    inuXahome

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    Re: Este y Oeste

    Que bien hasta que porfin publicaste el capitulo, no sabes las ansias que tenia de leer la conti de tu fanfic espero que lo continues pronto y no nos mates de la espera.
    Que bueno que Inuyasha salvo a Kagome de esos maleantes, y que vaya a visitarla, bueno dicho esto me despido nos estamos leyendo chaitos...
    Posdata: Espero pronto la conti porfa
     
  10.  
    Rinnu

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    Re: Este y Oeste

    Este y Oeste


    VI. Bienvenida al otoño.
    – Te ves muy cansado.

    Inuyasha, volteo a verla, era verdad que estaba cansado, ya que esos días se había quedado hasta poco antes del amanecer en la cabaña de Kaede y solo dormía pocas horas.
    – Es que mi amigo ronca mucho.– dijo como excusa.

    – Espero que mañana ya estés más descansado.– Kikyou le sonrió e Inuyasha volvió a fijar su vista en el camino.– Sabes… estaba muy preocupada por ti.– le confesó y un leve sonrojo apareció en su cara.

    – ¿Por qué?

    – Oí que un forastero ataco a unos guardias.– ¿guardias? Esos malditos eran bandidos de solo recordarlos de nuevo volvió a sentir rabia y coraje.– Temía que hubieras sido tú.

    – No te preocupes, en casa de tu tío estoy muy bien cuidado.

    Kikyou sintió que el ambiente entre ellos de pronto se había vuelto más frío y seco, pero prefirió pensar que se debía a la falta de sueño del chico. Además no era posible que fuera él quien se había encargado de los hombres de su tío, Inuyasha se la pasa en casa de este.

    Miroku estaba atento a su amigo, ya que desde que habían llegado del paseo con la señorita Kikyou, estaba inquieto, se acostaba en la cama, se levantaba para asomarse por la ventana, iba de un lado para otro de la habitación, volvía a recostarse. El sol ya se había ocultado y aun así, Inuyasha parecía perrito enjaulado.
    – ¿Iras de nuevo?– pregunto Miroku, aun sabiendo la respuesta.

    Inuyasha al escucharlo se levanto de la cama y volteo a verle.
    – Sí. Tengo que protegerla, no defraudare a mi padre.

    – ¿Es eso o es otra la razón?

    – ¿Qué otra razón puede haber?

    – A quien no quieres defraudar es a la señorita.– miro detenidamente a Inuyasha, quien al ver como lo miraba su amigo, le lanzo una mirada asesina.– Es mi opinión, si no es por eso, tú dime la verdadera razón.

    – Ya te la dije. Además, es la novia de ese lobo.– ese maldito de Kouga, porque si sabía lo que le pasaba a Kagome, no había ido ya con el general, era un desconsiderado.– ¿Cómo es posible que sabiendo el peligro que pasa se va?– dijo sin querer en voz alta.

    – Tú también te irás en tres días.– le recordó Miroku.– Pero por supuesto, tú no eres nada de ella ¿no?

    – Ya me voy, no tengo porque seguir escuchando tus tonterías.

    Inuyasha tomo su espada y capa, abrió la ventana y salió de la habitación. Miroku no dijo nada, solo se quedo riendo, fue a cerrar con seguro la puerta y se asomo por la ventana, con dificultad pudo ver que su amigo ya salía de los terrenos de la mansión.
    – ¿Qué hare con él? Pero de qué se preocupa, Sango dijo “Eso parecen”.

    Kagome estaba sentada en una gran piedra, afuera de la cabaña, sentía el frío viento otoñal mover su flequillo ya que su cabello estaba atado en dos trenzas.
    – Ya me hacía falta aire fresco.– dijo mientras se estiraba, pero una punzada de dolor le recorrió el cuerpo y cerró sus ojos automáticamente.– Eso dolió.

    – ¿Qué haces afuera?

    Escucho que le preguntaba una voz masculina, abrió los ojos y lo primero que enfocaron sus ojos fueron unos ojos dorados.

    ¿Por qué siempre tenía ver primero sus ojos?

    Lo miro por unos segundos, el joven Taisho llevaba unos pantalones negros y una camisa roja con los dos primeros botones sin abrochar, lo que lo hacía ver sumamente atractivo. Sacudido su cabeza y antes de que no supiera que decir, le respondió.
    – Tomando el fresco, ya estoy mejor, pregúntele a Kaede.

    – ¡Feh! Como quieras.– Y yo que me preocupo, pensó.

    Hay estaba de nuevo, esa actitud de niño chiquito y su cara que ponía era tan tierna, parecía un perrito.
    – ¿Quiere ir ver las luciérnagas al rio?– a Inuyasha no le pareció una buena idea, todavía sus heridas no cicatrizaban del todo.– No tenemos que ir lejos, de hecho es aquí mismo, más bien es en el riachuelo.– agrego la chica al ver que la idea no le había agradado.

    – Está bien.– si era a la orilla de este riachuelo, estaba bien.

    – ¿Van a ir a algún lado?– se escucho que preguntaba desde adentro de la cabaña.

    – Vamos al riachuelo.– respondió Kagome.

    – Está bien.– dijo la anciana curandera al asomarse por la ventana.– Joven cuídela por favor, puede ser algo terca.

    – No se preocupe, ya me imagino.– Kagome lo fulmino con la mirada y comenzó a caminar afuera del terreno.

    Salieron del terreno y caminaron unos cuantos pasos, hasta donde el riachuelo comenzaba a agrandarse. A causa de que el agua les daba a las plantas del borde, estas aun no se comenzaban a secar, en el fondo se veían algunos pececitos y las luciérnagas comenzaban a llegar.
    – Aquí es. En el lago se ven mejor, pero es más lejos.– Kagome se sentó como pudo en el pasto y fijo su vista en el pequeño rio, pero sintió cuando Inuyasha se sentó a su lado.

    – ¿Puedo preguntarte algo?

    – Claro.

    – Más bien, quiero que me cuentes por que quieren matarte, cómo comenzó todo.

    Inuyasha la miro fijamente, tal vez no era el mejor momento para preguntarle, ahora ella se encontraba contemplando ese hermoso espectáculo de la naturaleza y desde que la conoció esta era la primera vez que se veía en calma, pero ya no soportaba más secretos.
    – Hace mucho mi padre que era hijo de un hombre muy importante se enamoro de mi madre, que era hija de campesinos, la acusaron de bruja, creían que había embrujado a mi padre para que él se fijara en ella y así poder quedarse con su dinero. Cuando se comenzó a decir que la enjuiciarían oficialmente, él fue a pedir ayuda…

    – Espera.– le interrumpió.– ¿Eres la hija de aquel hombre que llego al campamento de mi padre?– pregunto con asombro.

    – Sí.

    – ¿Entonces por qué te dicen que eres hija de un incubo?

    – Por que no le creyeron a mi madre que yo soy hija de él. La acusaron de haber dormido con el demonio, tu padre la salvo ¿sabes? El día que llegó al pueblo, la iban a quemar, como mi padre no regreso para aclaran las cosas y reconocerme como su hija, yo fui conocida como la hija de un incubo, por eso me desprecian.

    Inuyasha noto que su voz se quebró, estaba seguro que ella tenía ganas de llorar. Ella era una chica fuerte, no conocía a nadie que hubiera soportado todo eso y seguir apreciando las cosas pequeñas de la vida, como el ver a las luciérnagas.
    – Todo se solucionara, te lo prometo.– dijo inmediatamente, no quería que esa chica siguiera sufriendo, no quería verla llorar de nuevo.– ¿Desde cuándo viven en la cabaña?– pregunto para cambiar de tema.

    – Desde hace diecisiete años, poco después que su padre se fue nos venimos aquí, nos dejaron en paz con la única condición que nunca mi madre y yo entráramos a los límites del pueblo. Y que nunca se hablara de mí.

    – ¿Quién dio la orden?

    – Fue un grupo de aldeanos, pero Kaede cree que fue Lord Dokumo quien los mando.

    – Es increíble que aún pasen esas cosas. ¿Cómo conociste a Sango? ¿Por qué Kaede si puede ir al pueblo?

    – Hace mucho venía, pero dejo de hacerlo cuando partió con su padre a viajar, cuando regreso las cosas ya estaban más complicadas y no puedo venir. Kaede puede ir porque sin ella muchos ya hubieran muerto, quieran o no, sus medicinas ayudan mucho, de hecho han ayudado a Lord Dokumo y a su sobrina…– Kagome miro el cielo y recordó que al otro día sería el festival de otoño.– ¿Mañana ira al festival?

    – Sí, ¿Quieres ir?

    – Ah sido uno de mis sueños, pero no puedo, solo les arruinaría el día.

    – Vamos, nadie te reconocerá todos llevaran mascaras y antifaces, según tengo entendido.

    – Oh no, ya no quiero más problemas… algún día, algún día podre estar en uno.– tomo una piedrita y la lanzo al lago creando ondas.

    – Kagome, irías conmigo…– un momento ¿Acaba de invitarla? ¿Cómo en una cita? Bueno al menos así pareció, ojala ella no pensará así.

    Kami con esa chica decía cosas que no debía.

    Kagome abrió los ojos sorprendida, si no fuera por el hecho de ser imposible y tal vez en otras circunstancias, estaría completamente segura que él la había invitado a salí. No le contesto, tal vez ella había entendido mal. Se quedo de nuevo mirando el lago y vio como un los peces saltaba para atrapar una luciérnaga.

    Mientras tanto, Inuyasha se estaba desesperando por el silencio que se había formado de nuevo entre ellos. Sería mejor no presionarla, sería como si de pronto liberara a un animalito que siempre había estado enjaulado, este no sabría qué hacer, le daría miedo el mundo exterior.
    – Entonces… Dime que te gusta hacer.

    – Bueno, pasear por el bosque, estar en el lago, rio, la cascada, cocinar, montar a caballo, ver las estrellas y la luna. Es una lástima que la noche este nublada y todavía no aparezca la luna.

    – Pero puedes ver mejor a las luciérnagas ¿no?

    – Sí.– le contesto con una amplia sonrisa, lo que provoco que Inuyasha mirara a otro lado, para que ella no viera su sonrojo.

    – Ya es muy tarde, será mejor que regresemos.– Kagome asintió y apoyo su mano en el suelo, pero le dolió y no pudo evitar hacer una mueca de dolor, que no paso desapercibida por el chico.– Déjame ver.

    – No es necesario, estoy bien.– dijo ocultando sus muñecas con las mangas largas de su blusa.

    – ¿Cómo vas a estar bien? Mira tus manos y tobillos.– sus extremidades ya comenzaban a inflamarse de nuevo, tal vez era por la falta de atención, seguramente ya le tocaba que se pusiera algún ungüento.– No puedes ponerte de pie.

    – Si puedo, si pude caminar hasta aquí, puedo regresar.

    – ¿En verdad? Quiero ver eso.– le reto.

    Esa chica era la más terca que había conocido.

    – Sí, se lo demostraré.

    Trato de apoyarse con sus manos, pero las muñecas le temblaron, así que opto por hincarse, también dolía pero no tanto como sus muñecas, le demostraría que ella no era tan débil como aparentaba, tomo aire y se impulso para pararse, pero sus tobillos no resistieron iba a caer de rodillas.
    Inuyasha la observaba, no podía creer que en verdad pensará que podía sola. La vio intentar varias cosas, pero en verdad que no podía. La sangre del chico se paralizo cuando vio que sus tobillos cedían y se apresuro a sostenerla.

    ¿Acaso nunca le dejaría de dar sustos?

    Una vez en los brazos de Inuyasha respiro aliviada, pero también molesta, ahora no dejaría de decirle que se quedara en total reposo en la cabaña.
    – Tonta, vez como no puedes.

    – Yo lo estaba haciendo muy bien.– le dijo molesta.

    Alzo su vista para reclamarle de frente, pero de nuevo sus ojos se cruzaron. Fue como si el tiempo se detuviera, el enojo de ambos se esfumo. Inuyasha le incorporo sin que ella tocara el piso y sin dejarla de verla, no quería dejar de ver esas orbes chocolate.
    – Ven yo te llevo.– ella no dijo nada y dejo que la tomara en brazos.

    Kami ¿Qué le pasaba? Se sentía rara, sentía como si fuera a vomitar pero no era eso, su corazón latía muy deprisa y sentía la necesidad de no separarse jamás de él. Cuando menos lo sintió ya están en la cabaña.
    – ¡Anciana ya volvimos!– grito el chico al abrir la puerta.

    – ¿Qué paso?– pregunto de inmediato la curandera, al ver a Kagome en brazos del joven.

    – Te confirmo en cuanto a lo terca que es. Le duelen aun sus tobillos y muñecas.

    Inuyasha sentó a la chica en el sillón y de inmediato Kaede la fue a checar, Kagome solo hacia algunas muecas de dolor, pero no decía nada. ¿Cómo era posible que se comportara tan irresponsable y preocupara a las personas que se estaba encargando de cuidarla? Estaba siendo malagradecida.
    – Kagome sabes que no debes esforzarte tanto. Joven Taisho ¿podría dejarla en su cama?– Inuyasha solo asintió, esperaba que la chica estuviera bien, él también tenía parte la culpa por haberla alentado a que lo intentara, pero creyó que al ver que no podía se rendiría.– Es en ese cuarto.– Kaede señalo una habitación que se encontraba a oscuras, pero donde se podía ver una pequeña cama individual.– Voy por unas plantas.

    Inuyasha camino hacia Kagome, volvió a tomarla en brazos y la dejo en la cama, sin decir nada. Prendió una lámpara de gas y se quedo en el marco de la puerta. ¿Acaso estaría molesto? Ahora sí que la había regado, pensó Kagome.
    – Gracias de nuevo ¿Mañana vendrá?

    – No lo sé.– ¿Qué no sabía? Si estaba molesto. Kagome bajo la vista y contuvo sus lagrimas, aun no entendía por qué le dolía tanto que él se comportara tan frio con ella.

    – ¿Cuándo se regresa?

    – En dos o tres días más, mi padre vendrá de inmediato, no te preocupes.– le respondió sin verla.

    – ¿Ya no regresará?

    – Solo viene porque él me mando.

    Eso quería decir que nunca fue su deseo venir, lo habían obligado.

    – Entiendo, fue agradable haberle conocido, hablar con alguien más.– apretó la tela de su falda, para tratar de no llorar de nuevo frente a él.

    – Cuídate Kagome.– se despido sin voltear a verla y se dirigió a la salida.

    – Tratare, adiós… Inuyasha.– no supo si lo escucho, pero por el simple hecho de saber que ya no lo vería, su corazón dolió y sus lágrimas salieron sin su consentimiento.

    Inuyasha atravesó la puerta principal, justo cuando Kaede ya iba de regreso.
    – ¿Ya se va?– pregunto extrañada, ya que pensó que se quedaría por lo menos hasta que curara a Kagome.

    – Sí, nos vemos anciana.
    Kami ¿Qué demonios le pasaba? No podía permitirse sentir algo por esa muchacha, ella ya tenía a Kouga, pero no podía dejar de preocuparse por ella, sentir la necesidad de estar cada segundo a su lado y luego esos estúpidos sueños que lo atormentaban, siempre estaba ella en ellos, los dos juntos en una casa, recostados abrazos en el campo o ella embarazada.

    Se detuvo y volteo para mirar a la cabaña, se le hizo un nudo en la garganta, no abría querido irse de esa forma, pero era lo mejor, después de escuchar su nombre por labios de Kagome, deseo ir y estrellarla entre sus brazos, ver sus dulces ojos de nuevo, poder estar a su lado, pero no, eso no estaba bien.
    Sacudió su cabeza de lado a lado, intentando sacarla de su mente y reanudo su camino, estaba seguro que si se quedaba un segundo más allí, su voluntad flaquearía y regresaría a esa cabaña.

    Al día siguiente, todo el pueblo estaba ya listo para el festival de otoño. Los colores marrones y naranjas estaban presentes en todo. A la entrada de las casas, grandes coronas de hojas secas, piñas, bellotas y girasoles (algunas con mazorcas de maíz) adornaban sus puertas o pórticos. En otras casas se podían ver pacas de paja y sobre ellas o al pie de estas, calabazas en cestos.

    En la plaza principal había varias hileras de mesas y sillas, para que cuando se sirviera el festín, todos se sentaran juntos a disfrutarlo. El festín lo organizaban entre todos, se preparaban pavos y patos horneados, lechones asados; puré de papa, puré de zanahoria, maíz cocido, pasteles de calabaza, manzanas caramelizadas , frutas en almíbar, galletas de jengibre; pan de almendras, bellotas y arándanos.
    Mientras comenzaba el festín, por las calles circulaban malabaristas, arlequines, mimos y juglares para divertir a la gente.

    Sango y Miroku estaban a una distancia considerable de Inuyasha y Kikyou, que iban caminado muy juntos, ella tomándolo del brazo. Sango de inmediato noto que Inuyasha no estaba del mismo humor que siempre, parecía como si algo se hubiera apagado en él, no era que siempre estuviera riendo, pero, estaba más serio y seco que lo usual.
    – ¿Algo le pasa?– pregunto Sango a Miroku.

    – Esta así desde anoche. Cuando le pregunte que qué le pasaba, no me contesto y se echo a dormir, llegó como zombi… pareciera como si le hubieran robado el alma.

    – Tal vez… ¿Cree que pasaría algo malo allá?– refiriéndose a la cabaña.

    – Es lo mismo que pensé, pero no me dijo nada.

    Cuando Sango y Miroku volvió a fijar su vista en Inuyasha y Kikyou, Naraku ya los acompaña, quedando así Inuyasha en medio de él y su sobrina.
    – Joven Taisho ¿Qué le parece?– le pregunto Naraku.

    – Muy alegre, agradable.

    – Me alegro, por cierto aquí tiene un antifaz y uno para ti Kikyou.

    – Gracias tío.– tomo los antifaces y vio que eran azul rey con lentejuelas blancas, se coloco el suyo y le ayudo a Inuyasha a ponerse el de él.

    – ¿Usted no usara uno?– pregunto Inuyasha a Naraku.

    – Claro que si, aquí esta.– saco de su abrigo un antifaz totalmente negro y se lo coloco.

    En esos instantes comenzó a sonar la música y se formo una rueda, donde algunas parejas de reunieron a bailar una balada.
    – Kikyou llévalo a que se divierta.– sugirió Naraku y una sonrisa se formo en el rostro de su sobrina.

    – Vamos a bailar.– Kikyou lo jalo y lo llevo al centro, esto a Inuyasha no le agrado, el baile no era una de sus habilidades, pero ya no se podía negar.– No sabía que su amigo tenía esos gustos.– dijo sin querer en voz alta al ver a Miroku intentando sacar a bailar a Sango, pero esta se negaba.

    – ¿Eh? Se está divirtiendo y ella es una joven agradable ¿algún inconveniente?

    – Oh no.– respondió avergonzada– ¿Tiene planes para mañana?– pregunto para cambiar la plática.

    – No.

    – ¡Perfecto! Porque quiero llevarte a un lugar especial.

    – ¿Dónde es? ¿Y porque es tan especial?– le miro curioso.

    – Ya verás, es una sorpresa.

    Entraron al cuarto que usaban en casa de Lord Dokumo y se dejaron caer cada quien en su respectiva cama, ese día había sido especialmente agotador.
    – ¿Me dirás que ocurre?– pregunto Miroku, en todo el día no había tenido tiempo de platicar con él, ya que Kikyou lo había mantenido acaparado.

    – Estoy cansado.– respondió al momento que se cubría con la cobija.– Mañana si quieres hacer algo puedes hacerlo, saldré con Kikyou.

    ¿Qué saldría con Kikyou y no lo llevaría? ¿Qué rayos estaba pasando? Acaso… no eso no era posible, su amigo no podía terminar con esa chica ¿o sí?
    – ¿A dónde? Inuyasha ¿Dónde iras pillín?– al ver que no recibía respuesta se levanto de la cama y se dirigió a la de Inuyasha, cuando lo vio se dio cuenta que ya se había quedado dormido.– Claro duérmete y déjame con la duda.

    Al siguiente día, una leve llovizna estaba cayendo en el bosque y el pueblo. En la cabaña en medio del bosque, Kagome se encontraba mirando por la ventana mientras traía una chalina café para mitigar el frio. Siempre le había gustado el otoño, pero por alguna extraña razón esta vez no lo estaba disfrutando, recordaba cuando jugaba en las montañas de hojas en compañía de Kouga o iban en busca de frutos de temporada para preparar un pan, pero ahora él se encontraba en sus tierras y cuando pensó que tendría un nuevo amigo, este se marchaba.
    – Hoy ya no vino.– dijo Kaede que se encontraba preparando una sopa.

    – No…– respondió automáticamente sin mucho ánimo.

    – Es un buen muchacho, se preocupa mucho por ti.

    – Tenía la esperanza que viniera.– esa boda ya había durado mucho, esperaba que estuviera bien y regresara pronto.

    – Tal vez mañana venga.– le dijo Kaede para darle ánimos.

    – Eso espero, lo más seguro es que se le presentara algo.

    – El festival termina muy tarde y como invitado especial tiene que permanecer hasta el final.

    ¿Invitado especial? ¿Festival? ¿De quién estaba hablando Kaede?

    – ¿De quién hablas, Kaede?

    – Del joven Taisho ¿De quién más?– respondió mientras comenzaba a cortar verduras.

    – Pensé que era de Kouga ¿Por qué de él?

    – Por tus suspiros y no me digas que eran por Kouga. Se nota que el joven Taisho te atrae y tú a él.– esos muchachos eran un caso perdido, nunca se imagino que hubiera personas tan ajenas de sus sentimientos que no se dieran cuenta de ellos.

    – Que cosas dices, claro que no. Además el ya no vendrá más y yo pensaba en Kouga.– claro que en mayor parte era verdad, pero también le llegaba a la mente cierto muchacho de ojos dorados y ¿cómo no pensar en él? si esa noche en especial había soñado en él.

    ******************
    Hola (°o°)/* ¿Cómo les va?... Bueno esta vez sí les tuve la conti antes, hay algo de amor y drama XD, espero les guste. La próxima conti espero tenerla lo antes posible.

    Muchas gracias Ina-chan y inuXahome por tomarse un tiempito y dejar su comentario, no saben lo feliz que me hacen sus mensajitos (*oo*). Eso quiere decir que no escribo tan mal XP…
    Entons, espero nos estemos leyendo pronto, se cuidan y como siempre espero ansiosa sus comentarios.

    18 de Junio de 2010.
     
  11.  
    inariamy

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    Re: Este y Oeste

    Hola inurinne ^^

    esta ves si fue rapido la continuacion, digo en comparacion de las demas, jijijijiji, fue muy linda, y romantica, pero tambien frustante jijijijiji, haaaaaaaaaa que momento mas romantico lo de inuyasha y kagome, en aquel riachuelo, fue muy lindo sombre todo por que termino en que inuyasha la llevo de brazos hacia la cabaña, y que mala ondo del pueblo de creer que la madre de kagome era una bruja, haaa pero bueno que se le pude hacer, miroku es un chismoso, ya me imagino que tanto se imaginara en su mente jijiii, pero en fin amiga, de nuevo muchas gracias por compartir tu ff con nosotros, te felicito por lo bien de tu trabajo, nos vemos amiga.

    ^^ ina-chan
     
  12.  
    Rinnu

    Rinnu Usuario común

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    Re: Este y Oeste

    Este y Oeste

    VIII. Sentimientos.
    Inuyasha se levanto antes del amanecer y se puso un traje, que le había llevado el servicio de la mansión, según le dijeron, Kikyou fue quien se lo mando. Lo miro detenidamente, con eso se iba a sentir apretado, pero no podía no usarlo y hacer un gesto tan grosero.

    Se puso el traje y no pudo evitar sentirse incomodo, esas vestimentas no eran para él. Salió de la habitación sigilosamente y se dirigió a la puerta principal, donde un carruaje negro y muy modesto lo estaba esperando, como pudo se subió, ya que no tenía mucha movilidad con esa prenda. Al subir vio a Kikyou que llevaba un vestido ampón de seda morado, con encajes y guantes blancos. Ella por su parte, se le quedo viendo, la casaca de seda verde oscura, el saco y pantalón marrón lo hacía lucir muy atractivo. En cuanto Inuyasha se acomodo, el carruaje comenzó a andar.
    – Te quedo de maravilla.

    – Gracias.– contesto por cortesía, pero en realidad detestaba esa ropa.– ¿Ahora si me dirás a donde vamos?

    – Ya lo veras, la curiosidad mato al gato.– le sonrió y miro por la pequeña ventana que tenía a su lado izquierdo.

    – ¿Dónde fuiste?– pregunto Inuyasha para no seguir en silencio.

    – Acompañe a mi tío con unos amigos, no son importantes, fue cumpleaños de uno de ellos y fuimos.

    – Ya veo.

    – ¿Te quedaras más tiempo?- pregunto al recordar que no faltaba mucho para que él se fuera, pero tal vez había cambiado de opinión.

    – No, pasado mañana nos vamos.

    Miroku se giro en la cama y vio la cama que ocupaba Inuyasha ¡vacía!, se levanto de un brinco y pudo ver a lo lejos un carruaje alejarse. Suspiro y se dirigió a tomar un baño, cuando le dijera a Sango, ella lo aniquilaría.
    – ¿Cómo que no se dio cuenta?– pregunto Sango furiosa y dando un golpe en la mesa, al enterarse que Inuyasha se le había escabullido a Miroku y lo peor era que con Kikyou.

    – Fue muy sigiloso y tengo el sueño pesado.– respondió Miroku con miedo, cuando Sango se enojaba daba miedo y mucho.

    – Es el colmo con usted.

    – ¿Qué aremos hoy? – ahora sin Inuyasha a dónde irían, él era el que siempre decía que hacer.

    Sango medito por unos momentos la pregunta y después sonrió, fuera como fuera, ella se enteraría de lo que había pasado en la cabaña. Porque estaba segura que ese comportamiento por parte de Inuyasha, era debido a algo que había pasado entre Kagome y él.
    – Le apetece ir a la cabaña.
    ¿Se refería a la cabaña a donde siempre iba Inuyasha? ¿Pero como llegarían sin que los vieran?

    – Claro, pero…

    – Mi padre me dejo un mapa para llegar sin ser vistos.– le interrumpió Sango al percatarse por donde iba su duda.– Ya comienza a hacer frío, será mejor abrigarnos.

    Se dirigió a un pequeño armario, que estaba bajo las escaleras y saco dos sacos negros, se puso el suyo sobre el brial y le ofreció el otro a Miroku.

    – Mejor nos apuramos si queremos llegar temprano.

    El frío viento otoñal, hacia volar las hojas secas de los árboles y estremecer de frio a los dos jóvenes. Miroku se alegro de que Sango le ofreciera ese saco antes de partir, ya que solo llevaba una camisa gris de manga larga, sus pantalones y botas negras.

    Llegaron al claro dónde estaba la cabaña dos horas después del medio día. Caminaron a la reja y lograron ver a Kagome que venía de atrás de la cabaña con una cesta llena de huevos. Sango al verla no pudo evitar emocionarse, después de tantos años volvía a ver a su amiga.
    – ¡Kagome!– abrió la puerta y corrió a abrazarla.

    Miroku solo se les quedo viendo a las dos, así que esa jovencita era la señorita Kagome, pensó. Y la observo mejor, ella llevaba una falda azul cielo larga, una blusa de manga larga y un brial azul marino, en su mirada se notaba inocencia, tristeza, soledad, aventura, estaba seguro que no le gustaba estar dentro de cuatro paredes, al igual que Inuyasha, sin duda era una muchacha muy linda, ahora comenzaba a entender el comportamiento del terco de su amigo.
    – ¿Sango?– Kagome no lo podía creer, era Sango, pero, ¿cómo era posible?

    – Oh Kagome, perdón por no venir antes.– le pidió disculpas con lágrimas en los ojos.– ¡Has cambiado mucho!– le dijo mientras limpia sus ojos llorosos.

    – Tu igual.– le contesto con una sonrisa.– ¿Cómo está Kohaku?– le pregunto al recordar al hermano menor de Sango.

    – Muy bien, es un niño muy sano, espero que pronto lo veas.– Kagome asintió y de pronto se percato del joven de ojos azules que la acompañaba.

    – ¿Quién es él?

    – ¿Eh?– Sango volteo y vio a Miroku que caminaba hacia ellas.– Es un amigo, compañero de Inuyasha.

    – Ya veo, ¿No regreso con él?– ¿Acaso Inuyasha se había marchado solo?

    – ¿Regresar?– pregunto Sango curiosa.
    Así que el bruto de Inuyasha le dijo que ya regresaba a su tierra.

    – Sango primero preséntanos ¿no?

    – Es verdad. Kagome-Miroku, Miroku-Kagome.

    – Es un gusto conocerla señorita.– dijo Miroku al hacer una leve inclinación.– Ahora si ¿Cómo que regresar? Todavía no nos regresamos a casa.
    ¿Qué aun no se iba? ¿Entonces por qué no había ido?

    – Ya veo, es que él dijo que se irían en dos o tres días y como no ah venido…
    Pero que estaba diciendo, ¿Por qué le habría de importar que no haya ido a verla? Él era libre de hacer lo que quiera, no estaba obligado a estar cada noche a su lado.

    – A estado muy ocupado, pero vendrá antes de irnos.

    – ¡No es necesario! Ya ah hecho bastante.

    – Bueno, bueno ¿Qué hacemos? ¿Qué estabas por hacer Kagome?– pregunto al recordar la cesta de huevos que llevaba.

    – Una tarta de moras.

    – Suena delicioso. Bien, te ayudaremos.– dijo Sango y entro con su amiga a la cabaña, seguidas de Miroku.

    Cerca del atardecer, el carruaje que llevaba a Inuyasha y Kikyou, se detuvo frente a una casa no muy grande, situada en una colina. La casa era rectangular de dos pisos de altura y techo en dos aguas, las paredes exteriores eran de piedra, el techo de teja y gozaba de grandes ventanales.
    – Aquí es.– dijo Kikyou al momento que bajaba del carruaje.

    – Es muy bonita ¿de quién es?

    – Es la casa de campo de mis padres.

    – ¿Ellos viven aquí?
    ¿Ella lo había llevado a esa casa, para que los conociera?

    – No, a mi padre lo asesinaron unos gitanos hace mucho y mi madre sufría del corazón, aquí solo está el personal que la mantiene en buen estado.

    – Lo siento.– fue lo único que se le ocurrió decir, hasta ahora captaba que nunca había mencionado a sus padres y jamás se los había presentando, siempre se trataba de su tío, ahora entendía el por qué.

    – Venga pasemos, nos espera la comida.– Kikyou le tomo del brazo y lo guío al interior.

    En el interior las paredes eran cubiertas por madera roja barnizada, a excepción de una pared en la sala, donde estaba la chimenea. En las paredes estaban adornadas por pieles y cabezas de animales, eso a Inuyasha le dio escalofríos ¿Por qué tener esas pieles allí?
    – Mi padre gustaba de la caza y estos son sus trofeos.– dijo Kikyou como respuesta a sus pensamientos.

    – Ya veo.– trofeos o no, seguía siendo perturbador. Cuando él iba de caza con su padre y hermano, no lo hacían por diversión, lo hacía por necesidad y tradición, además de solo matar un animal.

    Kikyou lo guío hacia el comedor, este era de madera de pino barnizado, la mesa de forma ovalada para seis personas, las sillas en el respaldo tenían talladas girasoles y los cojines de asiento eran de cuero blanco. Se sentaron uno en frente del otro y de inmediato les sirvieron la comida, primero una crema de zanahoria, seguida de un trozo de costilla acompañado de puré de papas y como postre una copa con duraznos en almíbar.
    – Estuvo muy rico.– dijo Inuyasha al terminar de comer su último durazno.

    – Me alegra. ¿Le agradaría conocer los alrededores?

    – Por supuesto.

    Al salir de la casa un par de caballo ya los esperaban. Kikyou lo llevo a una colina desde donde se veía perfectamente el pueblo y el bosque, inconscientemente trato de ver alguna señal que le indicara donde se encontraba la cabaña, pero cuando se dio cuenta de lo que hacía, sacudió su cabeza.
    – Este es mi lugar favorito, se puede ver el pueblo a lo lejos y el atardecer.

    – Si tiene este lugar tan agradable ¿Por qué vive allá?
    La esquina de la posada de Madame Tsubaki…

    – Acá estoy muy sola, en el pueblo por lo menos tengo a mi tío. Vendré a vivir aquí cuando me case y forme una familia.– dijo ilusionada y miro a Inuyasha de reojo, pero este seguía manteniendo su mirada en el horizonte.

    – Bueno, pretendientes no te harán de faltar.
    El mercado, la mansión de Naraku…

    – No exactamente, si mi tío no los aprueba no puedo salir con alguno. Aun así, ninguno ha sido de mi interés.– lo miro de nuevo, nada, seguía sin mostrar algún interés en la plática.

    – Ya encontraras al indicado, no desesperes.
    Pinos, árboles, más pinos y árboles…

    – ¿Qué tal si ya lo encontré, pero yo no soy la indicada para él?– su tono fue de desilusión, pero paso desapercibido por Inuyasha.

    – Entonces está muy ciego.
    Kuso, nada de nada, ni siquiera el humo de la chimenea… ¿Qué haces Inuyasha?

    – Sí, muy ciego, distraído o en verdad no soy de su interés.– después de toda esa platica, Inuyasha al fin la miraba, pero tal parecía que no entendía de que hablaba.– ¡Mire! Las primeras luces.– dijo para cambiar de tema.

    Inuyasha la miro extrañado ¿a qué se debía ese comportamiento? Y sobre todo ¿Qué era lo que había estado platicado? Solo le había contestado inconscientemente, bueno solo esperaba que no se hubiera ofendido.

    Al mismo tiempo en medio del bosque, Miroku y Sango se preparaban para regresar al pueblo.
    – Muchas gracias por venir.– se despido Kagome de ellos.

    – Nos vemos Kagome, cuídate.– le dijo Sango.

    – Antes de irnos vendremos a verla.– le prometió Miroku.

    – No es necesario, en verdad.– dijo Kagome para tratar de persuadirlo, por mucho que deseara ver de nuevo a Inuyasha, se seguía repitiendo que no era correcto.– Deben ser personas muy ocupadas.

    – El que está algo ocupado es Inuyasha, pero este intento de monje, no.– intervino Sango.– Lo traeré mañana, así que no te vayas a ir a otro lado ¿eh?– dijo en broma ¿a qué otro lado podía ir?

    – Claro que no. Entonces les preparare de comer.

    – Mañana sin falta estaré aquí, cancelare todo compromiso que se me presente.

    Al anochecer, Inuyasha y Kikyou subieron al segundo piso y ella le mostro el cuarto que ocuparía para dormir esa noche. El cuarto como la mayor parte de la casa tenía muebles de madera: un tocador, un buro, una cama individual y otra puerta que debía conducir al baño.
    – No es del tamaño y no tiene las mismas comodidades que la que ocupa en casa de mi tío, pero espero que descanse muy bien.

    – No te preocupes, está bien, en verdad. Gracias y tú también descansa.

    Kikyou se acerco un poco más a él, se levanto de puntitas y le dio un beso en la mejilla.
    – Hasta mañana Inuyasha.– salió de la habitación y se dirigió rápidamente a su habitación. No podía creer lo atrevida que había sido, pero no pudo evitarlo, él hacía que su corazón latiera muy deprisa.

    Inuyasha se quedo viendo la puerta por donde había salido Kikyou, no entendía su comportamiento, tal vez esa era la forma de desear buenas noches en esas tierras. Bueno que más daba, mañana sería un nuevo día.

    Continuara…
    ******
    Bueno, eh aquí este nuevo capítulo, es más corto que los demás pero es porque aun que no quise, me vi obligada a cortarlo aquí, espero que sea de su agrado, trataré que el siguiente este lo antes posible, antes que me comiencen a dejar de nuevo deberes en la escuela.

    Muchas gracias por sus mensajes Ina-chan, MOONREBE . No saben la alegría que me da recibir mensajes y me llenan de energía para continuar la historia.

    Saludos y que estén bien.

    04 de Julio de 2010.
     
  13.  
    inariamy

    inariamy Usuario común

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    Re: Este y Oeste

    hola!!!!!!!!!!! te quedo genial la conti amiga, soy la primera que maravilla, me da mucho gusto ya que has mejorado bastante, no tienes flatas de ortografia, o bueno asi lo vi jajaja, me esta gustando mucho la tematica de este ff tuyo, esta muy divertido y lleno de romanse jajaja, como lo que hico kikyo mientras ella hablando el pensando en kagome, por que creo que estaba pensando el ella, jajaja, pero en fin, es muy hermoso y te ha quedado fantastico me dio nostalgia cunado se encontro sango con kagome, hacia mucho que no se veain, pero bueno espero que mas adelante kagome pudiera salir y viera el pueblo y que inuyasha se le confiese y muero por ver ver la aparicion de sesshomaru jajajaj, pero en fin, te deseo lo mejor para este ff, nos vemos.

    ina-chan ^^
     
  14.  
    Yagami Raito

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    Re: Este y Oeste

    Que Tal InuRinne bueno os saluda Yagami Raito

    Otro User de Esta grandiosa y bondadosa Web

    La verdad me gusta esta nueva historia que estas escribiendo, original, fresca y muy interesante.

    Ahí una gran redacción y pocos errores

    hablando de eso solo, note uno y eso que yo soy malo para notar cosas.

    - Espacio después de signos de puntuación.

    Creo que no es más os dejo

    Espero ver más episodios tuyos.
     
  15.  
    Rinnu

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    Re: Este y Oeste

    Este y Oeste

    IX. Dando un empujoncito.


    A la mañana siguiente Sango y Miroku estaban desayunando en el jardín de casa de ella, mientras discutían los hechos del día y noche anterior.
    – ¿Usted qué opina que debamos hacer?

    – Yo digo que llevarlo a la fuerza. – pero para eso necesitarían la ayuda de un ejército, Inuyasha era difícil de dominar.

    – ¿Cree que estemos en lo correcto? ¿Qué pasa si nos equivocamos?

    – No lo creo, lo conozco muy bien y te puedo asegurar que nunca se había comportado así. – ya se imaginaba a la madre de Inuyasha cuando le diera la nueva, su hijo por fin sentaría cabeza.

    – Pero dice que no llegó a dormir. Si no llegó es porque estaba disfrutando su día con Kikyou.

    – Yo prefiero pensar que no llegó, porque paso algún percance. – tenía que admitir que eso también le inquietaba, con trabajo si durmió por estar con ese pendiente.– Además con lo despistado que es, lo más probable es que este confundiendo lo que siente o es muy terco para admitirlo.

    Si muy despistado, Kikyou bien se podía aprovechar de eso para atraparlo. ¡Eso no! Miroku aleja esos pensamientos de tu mente, se reprendió mentalmente.
    – Ya se nos ocurrirá algo para que se dé cuenta. – Miroku, hay que ser positivos, se dijo.

    – Le recuerdo que tenemos el tiempo encima, pronto se irán y todo quedará a medias.

    – Pero, también pudimos comprobar que a la señorita Kagome no le es indiferente.
    Sango asintió y deseo que todo saliera bien, por el bien de todos.

    Antes del medio día el carruaje negro que había salido el día anterior de la mansión, ya estaba de regreso para dejar a Inuyasha en la entrada después de dejar a Kikyou, en la casa que ella ocupaba.

    Inuyasha se sentía acalorado con esas ropas a pesar de que el clima estaba frío, lo que él ya quería era subir y ponerse algo cómodo. En cuanto entro a la mansión uno de los sirvientes le informo que su amigo había salido.
    – ¿Cómo que salió?– pregunto extrañado.

    – Si joven Taisho. Ni siquiera desayunó, solo dijo que saldría a pasear. – ¿Dónde pudo ir y por qué no le dejo dicho donde iba a estar? Ese Miroku, solo esperaba que no se metiera en problemas.

    – Bueno, estaré en el cuarto, no quiero que me molesten.

    – Como usted diga.

    Subió las escaleras y se dirigió a la habitación, lo primero que hizo fue quitarse la ropa que traía y se fue a tomar un baño, esperando que eso lo relajara.

    Mientras tanto, Miroku y Sango ya se encontraban en la cabaña, tal y como le habían prometido a Kagome. Solo estaban los tres, Kaede había salido al pueblo a ver a unos pacientes. Así que en lo que esperaban a que estuviera lista la comida, Sango y Miroku ayudaron a poner la mesa y en algunos deberes, como lavar los trastes y el piso.
    – Todo huele muy rico. – elogió Miroku, cuando termino de acomodar la mesa.
    Y es que, por solo oler, lo que cocinaba provoco que se le hiciera agua la boca.

    – Kagome es una excelente cocinera. – agregó Sango, que estaba sentada en el sofá después de terminar de guardar los trastes sobrantes.

    – Bueno ya está listo todo.– los tres tomaron asiento y Kagome les sirvió un plato de Ramen.– No es la gran cosa, es algo que aprendió hacer mi madre cuando llegó el general y como venía usted.– refiriéndose a Miroku.– Pensé que le agradaría probar de nuevo comida de su región.
    Él que estaría más que fascinado con esto sería Inuyasha, ya que, él se lo pierde.

    – Ya extrañaba esta comida, muchas gracias señorita. – dijo Miroku emocionado y es que la comida de esa región ya le comenzaba a hartar.

    Después del ramen, Kagome les sirvió filete de pescado y ensalada de verduras, por último, como postre una tarta con frutas de temporada (higos, uvas, moras y arándanos).
    – Bueno pues todo, supo como olía. – dijo Miroku al terminar su último trozo de tarta.

    – Si amiga, te sacaste un excelente. – comento Sango e hizo una señal de aprobación. – Te doy mi consentimiento para que te cases. – le dijo al momento que le guiño un ojo y de inmediato Kagome se sonrojó.
    Sería la esposa de Inuyasha… ¡Pero qué piensas Kagome!

    – No digas eso Sango. – contesto en cuanto se dio cuenta de sus pensamientos y para que no la vieran nerviosa se levanto y fue a la alacena.– ¿Casarme yo? Es tan imposible como que lluevan conejos. – agregó mientras les daba la espalda y tomaba una tetera para poner té.

    Miroku y Sango solo la miraron, de pronto Miroku volteo a ver la olla con el ramen y le vino una idea de lo más descabellada, pero que bien podría funcionar.
    – Sango. – le susurró. – ¿Has oído el dicho “al corazón de un hombre se le llega por el estomago”? – Sango lo miro fijamente y de inmediato comprendió el plan.

    – Kagome pensarás que abusamos, pero ¿le podrías dar algo para llevar a este seudo monje hambriento?

    – ¡Claro por mi encantada! – contesto de inmediato y es que estaba feliz, porque en verdad les gusto la comida.

    Ya entrada la noche llegó Miroku a la mansión, cuando estuvo a unos pasos de la habitación que ocupaba con Inuyasha, se dio cuenta que había una luz encendida. Lo más probable es que Inuyasha ya estuviera de vuelta. Abrió con cuidado la puerta y lo vio acostado en su cama.
    – ¡Hey! ¿Qué tal tu noche? – preguntó Miroku en cuanto entró y cerró la puerta tras de sí.

    – ¿Tú dónde fuiste? – le contesto su pregunta con otra mientras se levantaba.

    – Yo pregunte primero. – está vez no se la iba hacer, esta vez tenía él que contestarle primero. – ¿Pasaste una noche “agradable” con Kikyou?

    – Fui a su casa.
    ¿A su casa? ¿Eso quería decir que las cosas con esa muchacha iban enserio?

    – Oh ¿Entonces vas enserio con ella? – dijo tratando de aparentar calma y desinterés.

    – Ya respondí a la primera pregunta, ahora tú contesta la mía. – ¿Qué se creía ese Miroku? Primero se va sin dejarle un recado y ahora, llega y lo interroga como si fuera su madre.

    – Yo pregunte “¿Qué tal tu noche?” Pero supongo que para no llegar a dormir, de maravilla ¿verdad? – le contraataco y le miro pícaramente, lo que provocó que lo fusilara con la mirada. – No te enojes, tú haces que piense eso, yo estuve con Sango.

    – Nos vamos mañana en la tarde. – soltó de pronto y provoco que Miroku quedara con la boca abierta, pero no tardo mucho en reaccionar y recordar el plan.

    – ¿Piensas ir a despedirte de la señorita Kagome?

    – ¿Por qué haría eso? – su tono fue muy cortante.

    Sí, ¿Por qué lo haría? Si ya se había despedido de ella, bien o mal lo había hecho, además ya no soportaba estar pensando en sus ojos chocolate, su aroma que le recordaban a las Sakuras, su dulce sonrisa… ¡Basta Inuyasha, lo estás haciendo de nuevo!
    – ¿Qué paso Inuyasha? Estás muy molesto, pareces perrito enjaulado. – Inuyasha volteo a ver a su amigo y suspiró.

    No tenía porque desquitarse con él. Ya que el mismo había sido el primero en irse sin avisarle.
    – Estoy cansado y con hambre. – se excuso.

    Así que, el muchachito tenía hambre.

    – Como yo si me acuerdo de ti, te traje de comer. Espero que te quite el mal humor.

    Se sentó a la mesa que había en la habitación y comenzó a devorar todo.
    – ¿Dónde la compraste?– pregunto al terminar de pasarse el último trozo de tarta.

    – ¿Te gusto?

    – ¡Me fascino! Miroku, ¡Era Ramen! Bien sabes cuánto adoro el ramen. Y no hablar del postre, me encanto.

    – La señorita Kagome hizo todo. – le dijo como si fuera algo sin importancia y de inmediato, vio la sonrisa que se formo en los labios de su amigo.

    ¿Kagome lo había cocinado? ¿Pero cómo lo había mandado?

    – ¿Qué dices?– pregunto incrédulo.

    – Lo que escuchaste, ayer Sango me llevo a conocerla y hoy fuimos de nuevo… Está recuperándose muy bien. Es muy linda y no solo me refiero a su físico, sino también a su carácter, es muy alegre a pesar de lo que ha vivido.

    – Sí, es muy fuerte.

    – Es una lástima que nos regresemos mañana, no sabes la alegría que le da cuando la van a visitar. – ya estaba hecho, lo demás dependía de Inuyasha.– Yo voy a dormirme. – ojala buda les ayudará.

    – Sí, buenas noches, que descanses. – le contesto mientras se dirigía a la ventana y se recargaba en el marco de esta.

    – Ya vez, te lo dije, lo que necesitabas era comer. – se dirigió a su cama y se arropo. – Ahora si a dormir. – fingió estar dormido y con un ojo observó a su amigo.

    Inuyasha golpeaba el marco de la ventana con los dedos de la mano, luego miraba su capa como decidiendo tomarla o no, dirigió su vista a la cama que ocupaba Miroku y al creerlo dormido, tomo su capa.

    Miroku había cerrado los ojos cuando su amigo volteo a verlo, así que solo escuchó el abrir y cerrar de la ventana, y sonrió satisfecho.

    Kaede se encontraba sembrando las últimas plantas medicinales, para que al llegar de nuevo la primavera ya estuvieran listas para nacer, cuando vio una silueta acercarse a la cabaña. Se levanto y camino unos cuantos pasos a la reja, presto más atención a la silueta y vio unos ojos dorados que brillaban en la oscuridad.
    – Joven Taisho. – dijo Kaede asombrada de verlo de nuevo en la cabaña.

    – Hola anciana. – le saludo al entrar a los terrenos de la cabaña.

    – Pensé que ya no vendría.

    – Vine a ver como estaban.

    – Muy bien, su amigo y una amiga de Kagome han estado viniendo en las tardes, yo no eh podido estar ya que eh tenido que salir al pueblo, pero me dice Kagome que se la ha pasado muy bien.

    – Sí, Miroku me dijo.

    – Kagome está a dentro, termino de plantar esto y estoy con ustedes.

    Inuyasha termino de dirigirse a la cabaña, al llegar frente a la puerta dio un gran suspiro y la abrió. Al entrar, lo primero que vio fue a Kagome, que estaba sentada en un catre leyendo un libro.

    – Kagome. – dijo su nombre, lo que a él le pareció un susurro, un suspiro, para Kagome que estaba leyendo, le pareció un eco que provoco que su corazón se acelerara, nunca antes nadie había pronunciado su nombre, de tal manera que la hiciera sentir feliz.

    Alzo la vista para confirmar que ya se había vuelto loca, pero lo que vio fue a él, parado frente a ella y si acaso era posible su corazón se acelérelo más.
    – ¡Hola! Que sorpresa. – estaba por levantarse para recibirlo, pero él llego antes a su lado y se sentó en el catre, frente a ella.

    – ¿Cómo estás?– se le quedo bien muy atento, examinándola para comprobar que en verdad estaba bien.

    Después de esos días en los que no la había visto y que habían sido un infierno (ya que no paraba de pensar y soñar con ella), de nuevo la tenía en frente de él y de inmediato sintió como si un gran peso se le hubiera quitado. Siempre se preguntaba cómo estaría, si sus heridas ya habían sanado o habría empeorado por lo terca que era; lo cual solo le provocaba una sensación de vacío y frustración al saber que no podía estar siempre con ella, sentimiento que él se decía era un sentido de deber y compromiso que tenía hacia su padre.
    – B-bien. – contesto cuando su voz volvió, después de que la tomo por sorpresa al sentarse tan cerca de ella. Pero no podía evitarlo, solo con ese acercamiento y el verlo de nuevo, hizo que su corazón latiera deprisa y sintiera que se le iba a salir, incluso llegó a pensar que podía ser escuchado por él.

    Por su parte Inuyasha salió de sus pensamientos al escucharla responderle. Pero después de eso, un silencio incomodo amenazaba con formarse, por lo que Inuyasha busco un rápido tema de conversación y lo encontró al ver el libro que ella leía.
    – ¿Qué lees?

    – Unos cuentos. – le respondió mostrándole el libro.– “El Tanabata”– agregó, para ser más exacta, ya que ese libro contenía otros tres cuentos.

    – ¿Te gusta leer?

    – Sí, pero no se mucho hay palabras que no entiendo. – dijo con vergüenza, al final, Inuyasha era el hijo del general y estaba totalmente segura que él sabía muchísimas cosas, entre ellas leer fluidamente.

    – ¿Cómo cual?

    Kagome busco con su vista la palabra y cuando la encontró para mostrársela, Inuyasha ya se había sentado a su lado y se sonrojo de inmediato.

    Kami, ¿Por qué hace eso? Solo provoca que mi estomago y yo nos sintamos raros.

    – Ee-esta.– dijo con dificultad al momento que señalaba la palabra.

    Inuyasha leyó mentalmente la palabra y sonrió, él mismo se sorprendió al darse cuenta que sonreía, jamás se comportaba así y ella hacía que hiciera cosas que no estaban en su naturaleza.
    – Es “hagoromo”.

    – ¡Ahora entiendo!

    ¡Con que eso era! Tantas dificultades por esa palabrita.

    Inuyasha de nuevo sonrió, pero esta vez sí supo el porqué, era por ella, el verla feliz, lo hacía feliz.
    – Lee en voz alta, eso te ayudará. – le indicó.

    – Oh no, leo pésimo, no quiero aburrirlo hartarlo fastidiarlo cansarlo empalagarlo…

    – Kagome guardo silencio al darse cuenta de lo rápido que había dicho todo aquello.

    Por su parte el chico evito reírse, Kagome era tan tierna, graciosa y linda, pero también tonta, tonta no en el sentido de que fuera ignorante, si no, tonta porque cómo podía pensar que ella lo hartaba, lo cansaba o alguna de las otras cosas que había dicho.
    – Te voy a ayudar, anda lee y cuando se te dificulte hazlo silaba por silaba.

    – En verdad no es necesario… – ya no pudo seguir porque él la cayó, poniendo un dedo sobre sus labios y estaba segura que ya había roto su record de sonrojos con eso.

    – Solo lee. – le dijo y ella asintió.

    – “Ha– go– ro– mo. – deletreo la palabra tal y como le había dicho. – Es una tela… para volar… vivo en cielo, en el cielo.– corrigió rápidamente, por cosas como esa, era que no quería leer en voz alta, solo esperaba no volver a equivocarse. – No soy humana…”

    Inuyasha la contemplo mientras leía e inclinó un poco su cabeza para ver lo que ella leía y sus fosas nasales de inmediato se llenaron del dulce aromas a sakuras que la caracterizaba, asiéndolo sentir como en casa.

    Primero se sentaba frente de ella, luego inconscientemente se pasaba a su lado y para cuando se dio cuenta no le quedo de otra que fingir normalidad, además la había callado poniendo un dedo en sus labios ¿Ahora qué era lo que seguía?

    Cuando Kagome termino de leer el cuento dio un largo suspiro y cerro el libro, al final no había sido tan malo, solo se equivoco tres veces más, pero Inuyasha siempre la ayudo y no dio inicios de estar aburrido.
    – Vez, no fue tan difícil. – afirmo Inuyasha.

    – No, creo que no. – tuvo que admitir.

    Y de un momento a otro ambos se quedaron cayados, Inuyasha no sabía si levantarse o quedarse al lado de ella y Kagome no sabía si fingir sueño o desviar su mirada. El silencio continuo unos segundos más, hasta que Inuyasha recordó cual fue el pretexto para ir a verla.
    – Por cierto, cocinas muy rico.

    – ¿Cómo lo sabe?– pregunto avergonzada.

    – Miroku me dio de tu comida. – respondió como si fuera de lo más lógico.

    – Yo… Me alegró que fuera de su agrado. – kami, no entendía por qué se avergonzaba y ponía nerviosa, por el simple hecho de que él hubiera probado su comida. Sintió que sus manos sudaban, así que comenzó a jugar con la cobija que la cubría.

    Inuyasha de inmediato la noto tensa y decidió cambiar de tema, lo que menos quería era hacerla sentir incomoda.
    – ¿De quién era los libros? ¿Quién te enseño a leer?

    – Eran de mi padre. – tomó el libro y comenzó a pasar sus dedos por la portada de cuero, que ya se encontraba algo gastada. – Él le enseño a leer a mi madre y ella a mí.

    De pronto un viento frío entro por la ventana e hizo estremecer a Kagome, cosa que no paso desapercibida por el chico.
    – ¿Tienes frio?
    Claro que debía tener frío, que pregunta tan tonta.

    – Algo. – contesto Kagome, no quería admitir del todo que se estaba congelando, si de por si Inuyasha se preocupaba demasiado, estaba segura que si le decía que se estaba congelando se alteraría.

    Estaba metida en sus pensamientos, cuando sintió que era jalada por el chico y envuelta en sus brazos, mientras la capa de él los arropaba.
    – ¿Te lastimo?– pregunto Inuyasha al recordar las heridas de ella.

    – No… Para nada. – Kagome sentía como si miles de mariposas estuvieran en su vientre, y cuando se percato del aroma a bosque húmedo que tenía Inuyasha, no puedo evitar relajarse y quedarse profundamente dormida.

    Inuyasha por su parte se limito a contemplarla dormir, en definitiva era lo más hermoso que había visto y se pregunto, si todo eso era real o simplemente el más hermoso sueño que había tenido.

    Lo que seguía era tomarla entre sus brazos y protegerla del frío ¿Qué más le haría hacer?

    Joven Taisho, escucho que le llamaban, esa voz era conocida por él, Joven Taisho, era la voz de esa anciana ¿Por cierto donde se había metido? Si bien recordaba no había entrado después que él entro a la cabaña.
    – Joven Taisho. – volvió a llamar la anciana mujer, ella sabía perfectamente que ambos se encontraban maravillosamente a gusto, pero el amanecer ya estaba por llegar. – Está por amanecer.

    En definitiva, había sido buena idea tardarse en entrar, para cuando decidió entrar a la cabaña, ambos jóvenes ya estaban profundamente dormidos, el plan estaba dando resultado.
    – Anciana ¿Qué ocurre?– pregunto adormilado.

    – Ya va a amanecer.
    ¡Qué ya iba a amanecer! Kami se había quedado dormido.

    – Me quede dormido, disculpe. – se disculpo algo avergonzado, no era correcto que la anciana los encontrara a ambos durmiendo tan juntos.

    – Es la primera vez que la veo tan tranquila. – le dijo para tratar de calmarlo, sabía lo que pasaba por la cabeza del joven y le daba gusto, eso indicaba que no era un muchacho con malas intenciones. Aparte lo que había dicho era verdad, hacia demasiado tiempo que no veía dormir tan tranquilamente a Kagome.

    Inuyasha se levanto con mucho cuidado para no despertar a Kagome, quito su capa que los acobijaba y la chica de inmediato sintió frío, el corazón de Inuyasha se estrujo, sintió dolor, no quería que ella pasara frío, estaba por cubrirla de nuevo con su capa cuando vio a Kaede ofrecerle una cobija, la tomo y acobijo a la chica.
    Se sentó a su lado y la contemplo dormir, hubiera querido no levantarse y seguir dormido con ella entre sus brazos pero no era correcto, además esa anciana lo fue a despertar. Se levanto y se puso su capa, volteo a ver a Kaede.
    – Nos vemos más tarde. – se despido e inmediatamente salió de la cabaña.
    Le haría hacer, quedarse dormido con ella.

    Justo cuando el sol ya ilumina las colinas Inuyasha entro por la ventana a su habitación, entro procurando no hacer ruido y despertar a Miroku, pero al entrar vio a su amigo sentado al borde de su cama, esperándolo.

    Se suponía que debía seguir dormido, él no acostumbra levantarse tan temprano.

    Miroku trato de no reírse de por la cara de asombro que puso Inuyasha cuando lo vio despierto y levantado tan temprano, tenía que admitir que se moría de sueño pero el ver su expresión bien valía la pena la desmadrugada.

    Por su parte, Inuyasha trató de actuar con normalidad, así que ignoro a Miroku y se dirigió a su cama, dispuesto a cambiarse de ropa.
    – ¿Ya estas de mejor humor?– lo observo quitarse su capa y olerla ¿Por qué la olía?, espero un momento a que le contestara y como no obtuvo respuesta, decidió hacer la pregunta principal. – ¿Cómo está la señorita?

    Inuyasha escuchó la primera pregunta de su amigo y lo ignoró, se quito la capa, pero al comenzar a doblarla, se percato del aroma a sakuras que se había quedado impregnado en ella, la acerco a su nariz y la olio, era el olor de Kagome y no pudo evitar sonreír al recordarla cómodamente dormida junto a él. En eso la voz de Miroku lo saco de sus pensamientos, ¿Cómo está la señorita?
    – ¿Quien?– contesto en automático.

    – La señorita Kagome. ¡Y no finjas!– le advirtió. – Te morías de ganas por verla.

    – Solo fui a agradecerle por la comida. – ya no le quedaba otra que admitirlo, lo había atrapado, pero no le diría toda la verdad.

    – Como digas.

    Hubo y largo rato de silencio, Inuyasha se termino de cambiar y Miroku aprovecho para recostarse otro rato, pero en eso recordó que ese día por la tarde se iba, o al menos esos eran los planes de su amigo hasta antes de ir con la señorita Kagome ¿abría cambiado de opinión?
    – ¿Cuánto más nos quedamos?

    – No lo sé, supongo que, hasta que ella…

    Inuyasha ya no termino de hablar porque tocaron a la puerta y fue a ver quién era.
    Miroku se frustro y maldijo a quien había osado tocar la puerta a tan temprana hora. Ahora no sabría que había querido decir Inuyasha, tal vez “hasta que ella se recupere” “hasta que ella se enamore de mi” o “hasta que ella acepte ser mi esposa”, si le preguntaba ahora estaba seguro que le diría lo primero, pero en ese momento se inclinaba más a la tercera y después a la segunda, ya que estaba totalmente seguro que ella ya estaba enamorada de su amigo.
    – Joven Taisho, le llego una carta de su hermano. – le dijo uno de los sirvientes de la mansión, al extenderle un sobre muy bien sellado.

    – Gracias. – dijo Inuyasha al tomar la carta, cerró muy bien la puerta de la habitación, abrió la carta y comenzó a leerla.

    – ¿Qué dice?– pregunto curioso, si era de Sesshoumaru debía ser importante, él no perdía el tiempo en mandar cartas solo para saludar.

    – Que va a estar aquí en dos días. Bueno él irá con mi padre y le hablará de Kagome.

    Miroku no desaprovecho y le pregunto el porqué se quedaban más tiempo.
    – Según tú ¿Por qué nos quedamos más tiempo?

    – Porque pueden aprovechar para atacarla de nuevo, además no se ah recuperado del todo.

    – Estas preocupado por ella.

    Esa era una muy buena señal.

    Ya más tarde, Inuyasha fue a buscar a Kikyou para decirle que él y Miroku se quedarían más tiempo, no tuvo que caminar mucho tiempo por el pueblo, ya que la encontró en una tienda de sombreros. Cuando le dio la noticia, la muchacha de inmediato se sintió muy feliz, aun lo tendría por más tiempo.
    – Me alegro que decideras quedarte más tiempo.

    – ¿Y tu tío? También le debo decir del cambio de última hora.

    – Salió de emergencia, no me dijo a donde.

    Bueno, el ya había dado a conocer que se iría ese día, así que, Naraku se había sentido en libertad de irse ¿no?
    – Entonces señorita Kikyou ¿Qué le parece si hoy solo vamos a comer? Ya que estaré aquí más tiempo, dejemos las salidas para después.
    ¿Acaso el joven Inuyasha la estaba invitando a una cita?

    – En ese caso, vamos con Madame Tsubaki.

    Era lo mejor, llevarla a comer y después pasar todo el tiempo del mundo con Miroku y Sango, para que en la noche fuera con Kagome.

    En la posada de Madame Tsubaki, comieron pescado a la plancha, acompañado de arroz blanco, puré de papa y agua de papaya.
    – ¿Qué le pareció la comida?

    – Por aquí cocinan muy bien.
    Aun que no es como la de Kagome. Kami, como quería comer de nuevo de su ramen.

    – Yo te doy el visto bueno niña. – se escucho de dijeron, de inmediato Kikyou se volteo llena de vergüenza hacia la persona que había hablado.

    – Tsubaki, no seas metiche. – ¿ahora como iba a ver al joven Inuyasha a la cara de nuevo? pensó.

    – Solo digo lo que pienso, además les traje este postre cortesía de la casa.– dijo al poner en la mesa, una rebanada de bavarois de fresa para cada uno, para luego retirarse y dejarlos de nuevo solos.

    – Perdone por eso. – se disculpo la muchacha, sin verlo a la cara.

    – No hay problema.

    Y en verdad no lo había, ya que él no se sentía atraído hacia ella.

    Por la noche Inuyasha ya se encontraba listo para partir de nuevo a la cabaña.
    – ¿Ya te vas?– pregunto su amigo, que llevaba tiempo mirándolo, sin duda estaba ansioso por ya irse.

    – Sí, ¿pasa algo?– lo que le faltaba, que Miroku lo entretuviera, de por si ese día se le había especialmente largo, su amigo amenazaba con alargarlo más.

    – Salúdame a la señorita. – se levanto y tomo un paquete. – Es para la señorita, Sango se lo manda. – el ojidorado asintió y metió el paquete en su morral, se dirigió a la ventana y salió para seguir el camino que ya conocía a la perfección.

    El camino a la cabaña igual que el día, se le hizo infinito, por más corrió no veía la hora en llegar. Pero cuando puedo ver el claro donde se hallaba la cabaña, su alma se tranquilizo, pero no por mucho, ya que lo gritos de Kaede lo alertaron.
    – ¡Kagome! ¡Kagome!– grito lo más alto que podía. – ¿Dónde se metió ahora esa niña? ¡Kagome!

    – Anciana ¿Por qué tanto grito?

    – Joven Taisho, Kagome no está.

    – ¡Cómo que no está!

    De inmediato la sangre de Inuyasha se congelo. ¿Que ella no estaba? No podía ser verdad, si algo le pasaba, él… él… no estaba seguro qué con él, pero no la podía perder.
    – Estaba en el gallinero, cuando regrese ya no estaba. – le dio a conocer la anciana.

    – Voy a buscarla.

    – Si, por favor.

    Inuyasha corrió en dirección al bosque, aun que no lo conocía como Kagome o Kaede y corría el riesgo de perderse él, pero ya con las estrellas se guiaría, ahora lo primero era encontrarla con bien.

    Kami, por favor que este bien y guíame a ella.

    Continuara…
    ******

    Lo sé, lo sé, no tengo perdón, tarde demasiado en poner la conti, pero sufrí un terrible bloqueo, solo me faltaba una mini partecita pero no me gustaba como quedaba u_u. Hasta ahora que me dio insomnio es que la pude terminar, verán que trabajo mejor de noche, mis musas son nocturnas XD.
    Este capítulo salió bastante larguito (al menos eso me parece en Word, 12 páginas) Deseo que les guste y tratare de que mis musas no se vayan de vacaciones.

    Y espero que aun siga habiendo seguidores de esta historia.
    Muchísimas gracias por sus mensajes: Ina-chan y Yagato Raito

    Entonces nos vemos y como siempre espero sus opiniones.

    Saludos.
    -----------------------------------------------
    Nota: Bavarois, es un postre frío de pasteleria que suele llevar gelatina, crema inglesa y nata montada.
     
  16.  
    Shana Tenshi

    Shana Tenshi Guest

    Re: Este y Oeste

    Bueno la verdad me encanta tu historia no tiene igual y me encanta que sea UA ya que son los unicos Inuome que me gustan narras muy y aunque te bloqueaste lo conpensaste con un capi bien largo te felicito. Aunque me parece raro ver todo tipo siglo 19 cuando si no me equivoco estan cerca de año 3640.
    Beuno no importa es tu historia y me gusta así.
    Y otra cosita cuando te bloquees intenta pensar que sos vos la que vive el fic o busca formas de relajacion eso sirve y mucho.
    Besitos Ahome
     
  17.  
    Rinnu

    Rinnu Usuario común

    Cáncer
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    2 Junio 2006
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    Este y Oeste
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    5730
    Este y Oeste

    X. Hacerte feliz.

    Inuyasha corrió en dirección al bosque, aun que no lo conocía como Kagome o Kaede y corría el riesgo de perderse él, pero ya con las estrellas se guiaría, ahora lo primero era encontrarla con bien.

    Kami, por favor que este bien y guíame a ella.

    No supo cuanto llevaba caminando, todo le parecía igual y con cada minuto que pasaba su corazón se aceleraba, su paciencia y esperanza de encontrarla con bien se iba perdiendo. Comenzó a gritar el nombre de la chica lo más fuerte y claro que sus pulmones le permitían, y justo cuando pensó que todo estaba perdido, la vio caminar directamente hacia él, pero al parecer, la chica no lo había visto o lo ignoraba olímpicamente al llevar su mirada hacia abajo.
    – ¡Hey! ¿Por qué te vas sin avisar?– le dijo en tono de regaño, para ocultar su preocupación.

    Kagome se sorprendió al escucharle, no esperaba encontrárselo en mitad del bosque. Alzó su mirada y vio aun en la penumbra de la noche, esos ojos dorados que no se podía sacar de la cabeza.
    – Quería caminar. – contesto como si no pasara nada.

    – ¿Estás loca?– exclamo al tratar de controlarse y no salirse de sus casillas, al notar como la joven le restaba importancia al hecho de que se había ido sola al bosque, sin avisar a alguien.

    – No.

    – ¿Quieres que te maten? Muerta no sirves.

    ¿Qué muerta no servía? ¿Para qué? Durante ese rato que se había ido a caminar estuvo meditando muchas cosas, entre ellas los sentimientos nuevos que le provocaba el joven Taisho, llegando a la conclusión de que él significaba mucho para ella y ya era parte muy importante en su vida, entonces el hecho de que él la considerara importante y útil provoco que su corazón se acelerara, pero, ¿qué tal si estaba malinterpretando las cosas?
    – ¿Sirvo? ¿Para qué?– pregunto con un ligero tono de ilusión en sus palabras.

    – Sin ti, no abra pruebas de que aun no están preparados para gobernar solos. – contesto como si fuera la respuesta más obvia.

    Así que era eso, de pronto su mundo de derrumbó. ¿Cómo había sido tan ingenua y haber pensado que ella le importa no solo por ese hecho? Él era el hijo del General, el merecía algo mucho mejor que una pobre campesina, si es que se le podía llamar campesina a ella.
    – Entiendo… Solo para eso soy útil ¿verdad?

    Esa respuesta solo lo desconcertó, no entendía a que se refería.
    – ¿Qué quieres decir?

    – Nada, olvídelo. – contesto al darse cuenta de lo que había dicho, siempre hablaba de más, debía aprender a mantener la boca cerrada.

    Caminaron de regreso a la cabaña en completo silencio, Inuyasha caminado detrás de ella, vigilándola, cuidándola; mientras más la observaba sentía el impulso de hacer algo, pero no sabía qué, así que se limito a permanecer a cierta distancia y contemplarla, para ver si así, podía llegar a comprender el comportamiento de la muchacha momentos atrás.

    Por su parte Kagome trataba de acelerar el paso, por lo general ese trayecto se le hacía relativamente corto, pero ahora se le hacía eterno, pareciera que el bosque creciera y creciera hasta hacerse infinito, trataba de acelerar su andar pero ni eso hacía que la cabaña se viera próxima.

    Después de lo que fue una eternidad para ambos, divisaron la cabaña de Kaede, la anciana mujer estaba sentada fuera de la cabaña, cubierta con su chal, en la espera de los jóvenes; en cuanto los vio se levanto y pudo notar la tención que se sentía en el ambiente, pero debía llamarle la atención a la muchacha.
    – Kagome ¿Cuántas veces te eh dicho…?

    – Perdón Kaede, fui a ver a mamá.

    Kagome pasó de largo, no deteniéndose a escuchar el sermón que bien sabia se merecía, pero ahora no tenía ganas escucharlo. Kaede se resigno, más bien comprendió, así que, decidió interrogar al joven.
    – ¿Qué pasó?– le pregunto mirándolo directamente a los ojos y con una mirada de que solo quería la verdad.

    – No lo sé. – fue lo único que respondió y es que era verdad, no lo sabía, pero al parecer a la anciana eso no le convenció. – Esta así desde que la encontré. – agregó, para ver si con eso lo dejaba en paz la anciana, además, ¿Por qué le preguntaba a él? Ella era la que la conocía de toda la vida. – Tú la conoces más Kaede.

    Kaede solo suspiro y lo dejo entrar a la cabaña. Tal vez él no se había dado cuenta e hizo algo que la hirió o ella estaba triste por algo, ya que para ir a ver a su madre por la noche significaba algo pero ¿Qué?
    – Hey Kagome. – le llamo Inuyasha al entrar a la cabaña. – Sango te mando esto. – dejando sobre la mesa el paquete de Sango, pero al voltear a verla al catre donde se había acostado se dio cuenta que ya yacía dormida. – Ya se durmió. – la vio más de cerca y vio que en su rostro, su tierno y angelical rostro tenía lagrimas ¿Por qué había llorando?

    – Pobre, hace mucho no lloraba dormida. – dijo la anciana mientras se paraba al lado del joven. La última vez que lloro así fue dos noches antes que el joven Inuyasha llegará, pero ahora lo volvía hacer, ahora estaba segura que esto tenía que ver con lo que sentía por ese joven de mirada dorada.

    ¿Qué podía hacer para hacerla sentir mejor? Tenía la sensación que él era el culpable de su tristeza, no sabía muy bien la razón, pero algo le decía que era por él. No le gustaba para nada verla llorar, quería recostarse a su lado y dormir a su lado abrazándola, para que cuando ella despertara lo primero que viera fuera a él, pero esa no era opción, no al menos en esos momentos.

    ¿Otra vez con esos pensamientos? ¡Concéntrate Inuyasha!

    Ella amaba salir a pasear por el bosque, sentirse libre, lo que a él lo hacía sentirse libre era montar a caballo, ¿tal vez…? si, esa si era una opción.
    – Kaede ¿tienen caballo?

    – Teníamos, pero lo tuve que vender. – un caballo ¿para qué quería el joven Taisho un caballo?

    No tenían caballo, bueno ese no era problema, ya conseguiría un par, pero, ¿ella sabría montar? No le molestaba que no supiera, así, ella tendría que ir junto a él, entre sus brazos y hasta podría enseñarle a cabalgar.
    – ¿Kagome sabe montar?

    – No por sí sola, lo hacía con su madre.

    ¡Perfecto! Ahora a conseguir un caballo, si quería tener todo listo tenía que irse ya, por la noche le daría una gran sorpresa.
    – Me voy, tengan mucho cuidado y vigílela más. – se acomodo su capa y regreso a casa de Lord Dokumo.

    – ¡No se preocupe, no le quitaré la vista de enzima!– le grito Kaede desde la ventana.

    Inuyasha llego en medio de la noche a su habitación y durmió las pocas horas que le quedaban, antes de que alguien del servicio los fuera a despertar llevándoles el desayuno.

    Una vez amanecido, se dispusieron a desayunar, ninguno de los dos decía nada, de hecho, solo Miroku había dicho algo, un “buenos días” sin recibir una contestación, sabía a la perfección que rara vez su amigo se lo regresaba, pero siempre le decía “lo que digas”, “igual para ti”, “feh” o “ajá”, pero ahora nada, algo le ocurría y tenía la impresión de saber cuál era la causa, no comprendía aun lo que sentía por la señorita Kagome.
    – Inuyasha tenemos que hablar. – dijo al dar un último sorbo a su té.

    – ¿Sobre qué?– preguntando sin mucha curiosidad.

    – Cuando la situación de la señorita se solucione ¿Qué harás?

    ¿Qué haría? ¿Acaso no era obvio? Regresar a casa, de donde jamás debió haber salido, aun el regresar significaba dejar a Kagome y al llegar su madre comenzaría a presentarle a un sinfín de jovencitas para que alguna de ellas fuera su futura esposa, pero a él no le interesaban ellas, señoritas criadas para siempre estar en casa y servir al esposo, de solo pensarlo le daba dolor de cabeza.
    – Supongo que regresar a casa.

    Miroku tomo una pose pensativa, lo sabía, su amigo no estaba muy convencido de querer regresar pero había muchas causas para ellos, la primera “la señorita Kagome”, la segunda “el regresar significaba salidas con señoritas para buscar a su esposa” y la tercera pero no menos importante “Kikyou”, tal vez Inuyasha se debatía entre Kagome y Kikyou.
    – ¿Estas interesado en Kikyou?

    ¿Interesado en Kikyou? Era una joven muy bella y educada, pero solo sentía el deber de tratarla bien por mera cortesía, estaban en sus tierras ¿o no?
    – No lo sé. Me la paso bien con ella.

    – También con Kagome.

    Por supuesto que sí, le agradaba saber que ella, de cierta manera dependía de él; y nunca se había topado con alguien del sexo opuesto con quien tuviera en común el sentido de aventura y cuando le enseñara algo nuevo por muy simple que pareciera (como leer bien) se alegrará tanto, regalándole una hermosa y sincera sonrisa.
    – ¿A dónde quieres llegar?– pregunto al poner sus brazos cruzados y mirarlo con perspicacia.

    – Si tuvieras que escoger entre ellas ¿a quién elegirías?

    ¿A quién?... Kagome, pero Kouga, ese lobo.

    – Kagome tiene novio, así que…

    – Olvídate de Kouga. – así que para zafarse ponía de pretexto a Kouga, pensó Miroku. – ¿A quién? ¿Ayer paso algo con la señorita?

    – ¿Por qué preguntas eso?

    ¿Cómo es que él sabía algo así? Si no había salido de la habitación y mucho menos de la casa, como para que se hubiera encontrado con la anciana y ella le hubiese dicho, se cuestiono Inuyasha.
    – Has estado muy preocupado y pensativo desde que despertaste, te puedo asegurar que antes de dormir ya estabas así.

    Maldita sea había olvidado lo perspicaz que era Miroku.

    – No es nada. – se levanto y se fue a poner una chaqueta.

    Miroku suspiro, ya no tenía caso seguir por ahora, platicaría con Sango sobre este y juntos idearían la siguiente fase del plan.
    – Voy con Sango ¿Vienes?

    – Iré a ver a Kikyou. – no le agradaba mucho la idea, pero ya se lo había prometido y no podía faltar a una promesa.

    ¡Kami– sama! ¿Por qué sigue viéndola? ¿Acaso tiene planeado fijarse en ella, solo porque cree que la señorita Kagome esta “apartada”?, se preguntaba una y otra vez Miroku.
    – Miroku ¿Crees que puedan conseguirme un caballo?

    ¿Un caballo? ¿Para qué lo querrá?

    Después que Inuyasha le dijera para qué lo quería, acepto gustoso conseguirle uno; así que, al llegar con Sango le conto todos los pormenores y por supuesto que no se negó el brindarle un caballo, pero lo debían esconder en el bosque para evitar que algo saliera mal, en una noche que podría ser crucial para unirlos más.

    Al anochecer Inuyasha esperaba impaciente a Miroku, ya se había tardado demasiado Qué tal si no se lo consiguió o se había encontrado a la anciana y ella le había dicho que por culpa suya Kagome estaba triste, y ya no querían que la viera más. Estaban locos si pensaban que eso lo iba a detener, con o sin caballo él la iría a ver, estaba por salir por la ventana cuando se abrió la puerta, se le detuvo el corazón por unos segundos al pensar que era alguien de esa casa, pero no, era Miroku y su corazón recobro su ritmo.
    – El caballo esta cerca de la cabaña, a un lado de la vereda. – le informo a su amigo, pero al ver que estaba con mitad de su cuerpo ya fuera de la ventana, lo desconcertó. – ¿A dónde vas?

    – Ya me iba. – dijo al volver a entrar a la habitación. – Te tardaste demasiado, ¡Idiota!– le grito al momento que le golpeaba en la cabeza.

    – Me tarde porque fuimos a dejar al caballo, eres un malagradecido. – se defendió Miroku y al mismo tiempo que se robaba donde había recibido el golpe.

    – Está bien, gracias… Entonces me voy.

    – Inuyasha. – le llamo con voz baja, casi en un susurro. – No vayas a lastimar a la señorita. Cuida tus palabras. – le aconsejo, había estado pensando con Sango en los porqués de la actitud de Inuyasha y se les ocurrió que tal vez, él había hecho algo que la hirió y ahora quería enmendar su error, a Miroku no le pareció una idea ridícula, ya que lo conocía y sabía que eso bien pudo haber pasado.

    ¿Qué cuide sus palabras?

    Tal y como Miroku le había dicho, el caballo si se encontraba cerca de la cabaña, era un hermoso corcel negro azabache, monto en él y al ver que era un caballo muy dócil cabalgo directo a la cabaña, no pensaba subir a la muchacha en un caballo que a duras penas el pudiera dominar, si le pasaba algo malo estando él a su cuidado jamás se lo perdonaría.

    Desmontó al llegar a la reja de la cabaña y amarro al caballo en uno de los postes del pequeño puente. Esta vez la anciana no estaba en su jardín como de costumbre, pero las luces de la cabaña estaban encendidas, camino hasta la puerta de la cabaña y tocó, casi inmediatamente la anciana le abrió la puerta.
    – Hoy llego más temprano. – le dijo sorprendida, por lo regular él llegaba a las diez de la noche o después.

    – Sí, bueno yo…– busco con la mirada a Kagome y la vio sentada a la mesa cociendo algo que no alcanzo a distinguir. – Le traigo una sorpresa a Kagome. – dijo para llamar la atención de la muchacha, pero esta seguía cociendo.

    Entró a la cabaña y se sentó junto a la muchacha, dispuesto a llamar su atención.
    – Kagome ¿Te apetece salir a pasear?

    – No. – contesto sin muchas ganas.

    – No te creo. – él sabía perfectamente que a ella le encantaba pasear y solo contestaba eso porque seguía enojada. – Ven, asómate y si no te gusta no insistiré más.

    Kagome acepto no muy convencida, pero si con eso la dejaba de molestar estaba bien, pero cuál fue su sorpresa al asomarse por la puerta, un caballo negro como la noche estaba justo en la entrada al terreno, se dirigió hacia él y lo acaricio, su pelaje era muy sedoso, duró un rato acariciándolo pero al sentir a Inuyasha a su lado lo volteó a ver, si ver al caballo había sido una gran sorpresa, ver al joven que había ignorado por completo fue una sorpresa aun mayor y una felicidad enorme la invadió. Él vestía un abrigo y pantalón gris oscuro; el abrigo le llegaba hasta la mitad de la pierna, el pantalón iba dentro de sus botas de piel negras y su capa de siempre no podía faltar. Tenía todo el aspecto de un príncipe, su príncipe de ojos dorados, era como aquellas historias que solía leer, donde un apuesto príncipe llegaba en un hermoso corcel por su princesa, pero, ella no era una princesa, ese pensamiento solo hizo que la felicidad que sintió al principio se esfumara.
    – Entonces, ¿aceptas?– le dijo Inuyasha al ver que la chica no decía nada, estaba como perdida en sus pensamientos.

    Kagome volvió a la realidad al escucharlo y lo miró, no sabía qué hacer, el estar junto a él solo la lastimaría más, pero, al verlo de pie junto a ella ansioso por llevarla lejos por un rato, no pudo contener el impulso de aceptar su invitación y asintió con la cabeza.

    Inuyasha sintió una calidez que nunca había sentido invadir su cuerpo, por un momento pensó que ella no aceptaría, pero al final todo había salido bien. Se acerco a ella, la tomó por la cintura y la subió al caballo, enseguida, él monto quedando a su espalda.
    – No regresen muy tarde, vayan con cuidado. – les recomendó Kaede y los vio adentrarse al bosque.

    Al llegar al sendero y fuera de la vista de Kaede, un incomodo silencio se formo, ambos jóvenes pensaban en un tema de conversación, ninguno sabía que decir. Ella, no podía pensar en que, en su mente solo estaba el hecho de que técnicamente se encontraba entre los brazos del muchacho, a pesar de que la noche era fría no lo sentía, el frío no llegaba a incomodarla, ya que, el calor que recibía del cuerpo del joven la mantenía muy cómoda; y él, por temor a decir algo que hiriera los sentimientos de la muchacha y quisiera regresar a la cabaña (lo que significaba ya no tenerla entre sus brazos, no embriagarse con su aroma) no decía nada.
    Kagome no tardo en recordar una de las razones por las que había aceptado salir a ese paseo, el caballo.
    – Es muy bonito. – acariciando el suave pelaje del corcel. – ¿Es suyo?– pregunto al voltear a verlo.

    – No, el padre de Sango me lo presto. – la chica al recibir la respuesta dirigió su mirada de nuevo al camino. Inuyasha de igual manera miró el camino y fue cuando se dio cuenta que no sabía a dónde iban.

    Menuda metida de pata.

    – ¿A dónde quieres ir?

    Ella se sorprendió por la pregunta, pensaba que él ya tenía un lugar planeado o simplemente recorrerían un rato el bosque antes de volver. Inuyasha esperaba impaciente la respuesta de la muchacha, si estuvieran en las tierras del Este sabría perfectamente a donde llevarla, pero en esas tierras no conocía un buen lugar.
    – A la cascada. – respondió después de pensar un rato, hacia un rato no iba allí.

    – ¿Por dónde es?

    – Hacia allá. – contesto e indico con un dedo la dirección que debía seguir.

    Inuyasha tomó con un poco mas de fuerza las riendas del caballo y a un trote más veloz se dirigieron hacia la cascada.

    Al llegar quedo sorprendió por la belleza del lugar, no pensaba que un lugar así existiera en esas tierras. El agua caía por rocas de diferentes tamaños, algunas sobresalían más que otras, por lo que la corriente de agua que caía no fuera uniforme; al final el agua se juntaba en un pequeño estanque, rodeado de vegetación y rocas cubiertas por moho al igual que las rocas por la cuales descendía el agua. Pero lo que más llamo su atención fueron los cristales formados en la base de la cascada y algunas partes a la orilla del estanque, al contacto con la luz de luna, los cristales le daban un tono de azul turquesa al agua, además había las luciérnagas volando por el lugar.

    La chica se quedo mirando el lugar, no se esperaba que ese día luciese así de bello, ya que era rara la vez que los cristales brillaban y ese día en especial tenía un toque mágico.

    Inuyasha desmonto del caballo y la ayudo a ella a bajar, ató al caballo a un árbol y se acerco a la orilla, al tocar el agua se dio cuenta que a pesar de estar en otoño, el agua se encontraba caliente, tal vez ese lugar era de aguas termales. Se quito la ropa que traía, quedando únicamente con un pantalón blanco que llevaba debajo del gris.

    Kagome no se había percatado de que el joven Taisho se había quitado la mayor parte de su ropa, así que cuando lo miró se quedo sorprendida y se sonrojo, tenía un cuerpo demasiado bien formado, lo vio zambullirse en el agua y se sentó en un roca a la orilla del estanque.

    Kami, tiene el aspecto de un dios.

    El joven al percatarse que ella solo lo observaba a la distancia, se acerco nadando hasta ella.
    – ¿No te vas a meter?

    Kagome lo miro perpleja, no sabía que contestar, el estar mojado y con gotas de agua escurriendo de su cabello y su cuerpo, lo hacían ver demasiado atractivo.
    – N… no. – logró articular. – No traigo ropa de repuesto. – dijo como escusa.

    – Vamos Kagome, no está fría. – le insistió.

    Ella sabía eso, pero si le decía que no sabía nadar ¿Qué pensaría? Por ella era que estaban en ese lugar, ella había querido ir allí.

    Mejor hubiera dicho otro lugar.

    – Lo sé, pero así estoy bien. – dijo con firmeza, para que supiera que no la iba hacer cambiar de opinión.

    Inuyasha suspiro, no la obligaría a nada, lo mejor era que cambiar de tema y luego probaría de nuevo. De un ágil movimiento salió del agua y se sentó junto a ella.
    – ¿Aquí venias con tu madre?– preguntó queriendo saber cómo es que conocía ese lugar.

    – Sí, me dijo que aquí fue el lugar donde mi padre le propuso matrimonio.

    De pronto la mirada de la chica cambio a una triste y melancólica, tal vez haber preguntado eso, no había sido lo correcto en esos momentos.
    – La extrañas mucho, ¿cierto?– ella solo asintió.

    Inuyasha se volvió a zambullir en el agua y ella volteo a verlo, en ese momento él le extendió su mano.
    – Ven.

    – No, en verdad. – apretó la tela de su ropa con los puños. – No sé nadar. – le confesó al fin, era lo mejor, así, con algo de suerte dejaría de molestar con eso de meterse al agua.

    Entonces era por eso que ella no quería, ya estaba comenzando a pensar que ella no confiaba en él.
    – No te soltare, ven. – le insistió de nuevo. – Confía en mi. – acerco mas su mano a ella y la miró a los ojos.

    El corazón de la muchacha se acelero. Que confiará en él, claro que confiaba en él, por alguna extraña razón sabía que nada mala le pasaría al estar junto a él, por lo que en un impulso tomó su mano y dejo que el chico la jalará hacia él, en cuanto sintió el agua se asustó y se sujeto más fuertemente a él.

    Inuyasha sonrió, se fue adentrando con ella más al centro del estanque y ya que estaban en medio, le hizo mirarlo.
    – Vez, no pasa nada.

    Kagome miró impresionada hasta donde estaban, en toda su vida, jamás se imaginó el poder llegar hasta allí. Desde esa perspectiva el lugar era aun más mágico, las luciérnagas parecían pequeñas hadas que los rodeaban y el lugar le parecía brillar más.
    – Es la primera vez que entro hasta acá. Siempre me quedo en la orilla.

    Inuyasha se quedo embobado viéndola, la expresión de felicidad que tenía en esos momentos jamás la olvidaría y extrañamente también lo hacía feliz a él, sentía que había hecho algo bien.
    – ¿Qué pasa?– preguntó al verlo sonreír, nunca lo había visto hacer eso, era extraño, pero solo le daba un toque más atractivo.

    – Me alegro que estés feliz. – le contestó y ella se sonrojó.

    En definitiva, de ahora en adelante se encargaría de hacerla feliz, para ver de nuevo esa mirada de felicidad en ella.

    Después de un rato de estar allí, decidieron que era hora de marcharse, tal vez la pobre Kaede ya estuviera preocupada por ellos, pero ellos no sabía que ella ya se encontraba plácidamente dormida, pues sabía, que estando él con “su niña” nada malo le pasaría.
    – Ponte esto. – le ofreció su capa, para que se protegiera del frío y más porque su ropa estaba empapada.

    – Gracias. – dijo e inmediatamente se cubrió con ella.

    En el trayecto de regreso a la cabaña, a Inuyasha se le ocurrió algo que estaba seguro la haría feliz.
    – ¿Quieres tomar la rienda?

    – Pero yo no sé…

    – Te voy a guiar. – tomó las manos de la chica, ella sujeto la rienda y la estuvo guiando. – Kaede me dijo que montabas con tu madre ¿nunca aprendiste a montar?

    – No, era muy pequeña. En ocasiones, cuando Kouga viene me quiere enseñar, pero me da algo de miedo.

    Kouga ¡maldita sea! lo tenía que mencionar y todo que iba tan bien.

    – ¿Kouga?

    – Sí, es un amigo. Lo conozco desde niña, su abuelo fue amigo de mi padre. Es una de las pocas personas que me trata bien.

    “Amigo.”

    – ¿No es tu novio?– pregunto no creyendo lo que sus oídos escuchaban y la escucho soltar una pequeña risita.

    – Oh no, somos como hermanos. – Inuyasha si que pensaba cosas extrañas, ¿Cómo iba hacer Kouga su novio? Y lo más importante ¿Cómo es que llegó a pensar que ella pudiera tener novio? ¿Acaso no sabía ya lo que pensaban de ella? Claro que Kouga no pensaba así, pero no eran el uno para el otro.

    Pero ya se tardo en venir, me preocupa.

    Sin darse cuenta llegaron demasiado rápido a la cabaña, la luz en la cabaña ya estaba apagada.
    – ¿Te la pasaste bien hoy?– al llegar a la entrada de la cabaña.

    – Sí, muchas gracias. – le contesto, aun que “bien” no era la palabra correcta “excelente”, “de maravilla”, “fantástico” eran algunas opciones.

    – Kagome, no quiero que vuelvas a estar triste, no me gusta. – le hizo saber, no sabía por qué, pero algo en él quería que lo supiera.

    La chica se sonrojó por las palabras de él, bajo la mirada y jugó con sus dedos.
    – ¿Te vas a quedar más tiempo?– pregunto, aun temiendo la respuesta.

    – El que sea necesario. – el corazón de la chica solo se acelero más, aun lo vería por más tiempo ¿no?

    – ¿Vendrás todas las noches?

    – Si eso es lo que quieres, sí.

    ¿Qué si eso era lo que quería? Por supuesto que sí, aun que no pudiera haber algo mas entre ellos, pero aprovecharía su tiempo juntos, así tendría unos bellos recuerdos.
    – Mañana hare de cenar, no faltes.

    – No lo hare, aquí estaré. – le sonrío y le abrió la puerta de la cabaña. – Anda ve a cambiarte, si no, enfermaras.

    – Sí, toma. – le devolvió su capa y se puso el chal de Kaede que estaba colgado junto a la puerta.

    – ¿Te das cuenta que ya me tuteas?

    Kagome se sonrojó de la vergüenza, ¿en qué momento lo había comenzado hacer?
    – Oh disculpe, no fue…– ya no siguió ya que el chico la callo poniendo un dedo en sus labios.

    – Kagome… quiero que lo sigas haciendo.

    Continuará….
    ***********************
    ¡Kyaaa! (TT_TT) No tengo perdón, lo siento en verdad muchísimo. Me eh tardado demasiado en poner conti. ¡Gomen!. Veran que ya la tenía hecha, pero por alguna u otra razón, siempre me daba problemas pasar por esta pagina y publicarla u_u

    Muchísimas gracias por sus mensajes de verdad que se los agradezco de corazón y espero no decepcionar con esta conti.

    Ahome: Muchas gracias por tu consejo si me sirve, pero ultimamente me dio por postergar mucho las cosas y hasta me atrase con la escuela, pero ya todo anda de maravilla ^^... Bueno y veras, hay una mescolansa de cosas de épocas porque mezclo el steampunk y el retro futurismo, hace mucho me entere de estos generos por una pelicula, me gusto y pues se dio esta historia.

    Nos vemos y como siempre espero sus opiniones, que esten de maravilla, suerte.

    05 de marzo (pero la subi hasta el 10 de Abril de 2011 ><)
     
  18.  
    Rinnu

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    Este y Oeste
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    Este y Oeste

    XI. Sabia elección.

    Por la mañana, Miroku se sorprendió del excelente buen humor con el que había amanecido su amigo, miraba por la ventana sabrá solo kami en que pensaba, pero todo eso solo significaba que se había arreglado las cosas con la señorita Kagome.

    Desayunaron y Miroku le informo a Inuyasha que iría a casa de Sango, en ese momento el ojidorado se levanto de su asiento y se aproximo a él.
    – Yo también voy.– Miroku le miró perplejo, no se espero nunca eso.– Le voy a agradecer por el caballo.– agregó al ver como lo miraba su amigo.

    – Hoy estas de excelente humor.– no se contuvo para decirle, desde que había despertado y notado el cambio en su amigo, tenía ganas de preguntarle eso, pero no quería interrumpir sus pensamientos.

    – Voy a preguntarle a Kikyou por Kagome.– le hizo saber.

    Había estado meditándolo desde que dejo la cabaña de Kaede (eso y otras cosas), sabía que era arriesgado, pero algo en él le decía que debía hacerlo, aparte quería ver el rostro de sorpresa de Kikyou, cuando le preguntará aquello.
    – ¿Estás loco?

    ¿Acaso Inuyasha se había vuelto loco? Si hacia eso, lo más probable era que pusiera en peligro a la señorita y a la curandera, él no estaba a toda hora en ese lugar y cualquiera podía aprovechar eso para dañarlas, a menos que…
    – No, mañana en la tarde llega Sesshoumaru y quiero que...

    Miroku lo miró con curiosidad ¿Qué era lo que quería? ¿Porque se había cayado? Ninguno de los dos dijo nada, Miroku lo examinaba con detenimiento e Inuyasha le esquivaba la mirada. Al final Miroku suspiro, ya decía él que algo muy bueno había pasado en aquel lugar en medio del bosque.
    – Muy sabía elección.

    ¿Elección?

    – Querrás decir Decisión.– le quiso corregir.

    – No, Elección.– volvió a afirmar Miroku.

    La tarde con Sango y Miroku se le había hecho una eternidad, no es que se aburriera en compañía de ellos, ya que, se la habían pasado bromeando y cuando Sango le propino una cachetada a Miroku por haberle propuesto a la chica del mandado tener un hijo con él, no supo cómo parar de reír, era la primera vez que alguien más, aparte de la cortejada le daba su merecido. Pero él ya quería que anocheciera, deseaba ver ese par de ojos chocolates más que otra cosa en el mundo, así que, en cuanto anocheció tomó sus cosas como de costumbre y salió de la mansión hacia el camino que ya bien conocía.

    Kagome estaba en la cabaña terminado de preparar la cena, le había dicho a Inuyasha que haría de cenar, y se la había pasado toda la mañana pensando en que le gustaría comer, sabía que ama el Ramen y le gusta la demasiado la carne, ¿Ramen de nuevo? No, parecería que era lo único que sabía hacer de comer ¿Carne asada? Pero si llegaba tarde se pondría fea ¿okonomiyaki? Pudiera ser, pero no… Al final se había acordado de un platillo que hacía mucho no hacía, ya que era mucho para ella y Kaede Sukiyaki y como postre Mochis rellenos de fresas.

    Solo espero le gusten.

    Ya no tenía nada más que hacer, así que para matar el tiempo se puso a lavar los pocos trastes sucios. Kaede por su parte estaba en su habitación tejiendo unos chales para ellas, ahora que se avecinaban los fríos más intensos les servirían mucho.

    Inuyasha que para su sorpresa llegó demasiado pronto a la cabaña, vio las luces encendidas y el humo saliendo por la chimenea, tal vez había llegado demasiado pronto, mejor esperaba un rato, así que se sentó en una roca cercana, pero por más que trataba de tranquilizarse no dejaba de moverse, ya quería entrar ¿Por qué esperar más? Si seguía sentado en ese lugar solo desperdiciaba minutos preciados que bien podía pasar junto a ella, se levanto como resorte y a pasos largos entro al terreno de la cabaña. Abrió la puerta y lo primero que vio fue a Kagome espaldas a él, estaba tan concentrada en lo que estaba haciendo y tarareando un canción que no le escucho llegar, sonrió por el hecho que se veía muy tierna, y no pudo evitar imaginarse a ellos dos en su propia casa ella sentada en una cómoda mecedora tarareando esa canción a un lindo bebe mientras lo sostenía en brazos…
    – Que bien, ya está aquí, ya podemos comenzar a comer.

    La voz de Kaede lo saco de sus pensamientos, de sus agradables pensamientos, al mismo tiempo Kagome dejo de hacer lo que hacía y dirigió su vista a él ¿En qué momento había llegado? ¿Cuánto llevaba allí?
    – Llega justo a tiempo, la cena esta lista.– dijo Kagome al comenzar a acomodar los platos.

    – Te dije que no me la perdería.

    – Voy por unas plantas para hacer un te.– les informó Kaede para luego salir de la cabaña, en realidad no necesitaba plantas, pero les quería dar un momento a solas.

    – Veo que es muy puntual.– trato de bromear para romper el ambiente incomodo que se había formado desde la interrupción de Kaede.– Por favor tome asiento.– le ofreció la chica, mientras ponía en la mesa los platos para el sukiyaki.– En un momento le termino de servir.

    "Llega", "es", "tome", "le", ¡Kami! ¿Por qué lo volvía a tratar de usted? Analizó frustrado, no le gustaba que ella le hablara de esa forma.
    – Kagome ¿Por qué me hablas de usted?– le pregunto mientras se acercaba a ella.

    – Es lo correcto y…– ¿Por qué sus palabras no salían? La cercanía de Inuyasha la perturbaba, su corazón latía muy deprisa y sus manos sudaban.

    Inuyasha la miro divertido, esa era su Kagome, tan linda, tierna, inocente e ingenua; la vio dar un paso atrás, al tiempo que sus mejillas se teñían de rojo.
    – Te pido que no lo hagas, yo…

    Sus alientos chocaban cada vez más y él podía percibir claramente cómo es que los labios de ella temblaban, estaba por terminar con su poca separación, cuando escucharon el abrir de la puerta e inmediatamente se separaron.
    – Voy a terminar de servir la comida.– dijo Kagome al momento que se volteaba más roja que un jitomate, tomo la cazuela con el sukiyaki y la coloco al centro de la mesa.

    Inuyasha solo respiro frustrado, ¡Kami! ¿Kaede no se pudo haber tardado un poco más?
    Kaede los miro divertida, ya más tarde los dejaría solos, ahora solo quería frustrar el joven delante de ella y divertirse un poco.
    Se sentaron a la mesa a cenar, Inuyasha estaba tan fascinado con la comida que se sirvió triple ración, Kagome y Kaede lo miraban sorprendidas, pero solo Kagome feliz, feliz porque le hubiera gustado tanto la comida.
    – Si come demasiado no tendrá espacio para el postre.– le dijo Kaede.

    – Eso quisieras anciana.– le contesto después de devorar un trozo de carne.

    Kaede solo suspiro, era un buen joven, pero en ocasiones podía ser un poco maleducado.
    – Muchachos yo me voy a dormir, tuve un día muy pesado, no hagan mucho ruido.

    – ¿No vas a comer tu mochi?– le pregunto Kagome.

    – Guárdamelo para mañana, yo no soy como cierto joven que se atraganta con la comida, pero no será a mí a la que después le duela el estomago.– Inuyasha no le hizo caso, pues se estaba terminando de comer lo que restaba de su sopa.

    – De acuerdo, descansa Kaede.

    Ya una vez que terminaran de cenar, Inuyasha recordó que le había llevado un presente a la hermosa chica que tenia frente del.
    – Kagome, te traje algo.– le dijo extendiéndole un pequeño paquete delgado rectangular.

    – No tenía por qué hacerlo.

    – Pero quise, anda, tómalo.

    Kagome no muy convencida lo cogió y le quito el envoltorio que lo cubría, al ver que era, quedo sorprendida.
    – La historia de los doce del zodiaco, espero te guste.– agregó Inuyasha al ver que ella no decía nada.– No está en muy buenas condiciones, mi madre solía leérmelo cuando pequeño, ni siquiera sé porque lo traje a este viaje, así que…– ya no termino de decir más, porque la chica le abrazo con gran efusión.

    – Muchas gracias.– le dijo con lagrimas en los ojos, hacia tanto que nadie le daba un regalo tan maravilloso, no le importaba que estuviera maltratado, lo importante era de quien venía.– Pero es suyo, su madre se lo regalo.- agregó al caer en cuenta, quien se lo había regalado a él.

    – Ella no se enojará, te puedo asegurar que estaría feliz por habértelo dado a ti. Anda, vamos a leerlo.– le ofreció mientras le invitaba a sentarse en el sillón junto a él.

    – Sí.– contesto ella, al tiempo que se acomodaba al lado del muchacho.

    – "Hace mucho, mucho tiempo, vivía un dios en el fondo de una montaña. Un 30 de diciembre, dicho dios envió unas cartas a todos los animales del país […] Por eso todavía el gato sigue persiguiendo a la rata."

    – Pobre gato, siento lastima por él.

    Inuyasha rio por lo bajo, solo Kagome podía sentir lástima por el gato. La volteo a ver, y la vio entretenida en las imágenes y leyendo en voz baja. ¿Cómo era que se lo diría? Nunca lo había hecho, tal vez si comenzaba hablando de otra cosa.
    – Mañana llega mi hermano, y…

    ¿Su hermano? ¿Eso quería decir que…? Por supuesto, era por eso que había estado siendo tan amable…
    – Ya no vendrá, se regresará con él ¿no?– dijo mientras se reincorporaba y cerraba el libro.

    ¿Qué se iba a regresar? Esa chica sacaba conclusiones apresuradas.
    – No, nada de eso… quiero que te conozca.– se apresuro a decir antes de que malinterpretara las cosas.

    – ¿Entonces mañana vendrá con él?– no se iba, eso era ganancia ¿no?

    – No, quiero que vayas al pueblo.– la chica casi perdió por completo el color, él estaba loco, ella en el pueblo no era una buen buena y brillante idea.

    – Oh no, eso no.– se levanto y negó con la cabeza y las manos.

    – Vas a estar conmigo, no te van a tocar.– ¿Por qué era tan terca?

    – ¡No! Me rehúso.– dijo para después salir de la cabaña.

    ¿Acaso no confiaba en que él la protegería? Ese pensamiento solo hizo que le doliera el corazón.
    – Kagome por favor, te lo suplico.– le dijo al seguirla hasta la orilla del riachuelo.

    – ¿Se imagina lo que harán? Esa es una muy mala idea, no voy.

    – Kagome… mi hermano tiene el poder de solucionar y poner todo en orden, al igual que mi padre.– dijo tratando de hacerla entrar en razón.

    – Muchas personas saldrán lastimadas por mi culpa… ahora solo yo estoy triste no quiero que los que me rodean sufran también.

    El solo imaginarse a Kaede o la familia de Sango en problemas por su culpa, le aterraba de sobre manera, si les hacían algo a las únicas personas que nunca le habían tratado mal, jamás se lo perdonaría.
    – Kagome, no llores.– le dijo al tiempo que limpiaba sus lagrimas.– A mi no me gusta verte triste y mucho menos que llores. Además voy a estar a tu lado.

    ¿Qué estaría a su lado? ¿Pero por cuánto tiempo? Algún día debía regresar a su casa.
    – ¿Qué pasará cuando se vaya? Todo será como si nunca hubiese venido.

    – No es verdad.– le dijo suavemente, mientras la estrechaba mas entre sus brazos.

    – ¡Sí lo es!

    – Kagome, no me iré.

    – Tendrá que regresar tarde o temprano, debe regresar a su hogar.

    – No lo entiendes, no me iré, no sin ti.– dijo poniendo más énfasis en "ti".– Yo… yo quiero estar contigo.

    Muy sabía elección. Ahora comprendía las palabras de Miroku.

    – ¿Q… Qué?– pregunto no entendiendo nada, su mente puede que no lo comprendiera, pero su corazón si, pues comenzó a latir deprisa y la sangre se acumulo en sus mejillas.

    – Quiero que mi hermano conozca a la chica de la que me enamore.

    ¿La chica de la cual se enamoró? No era posible, ella no escucho eso.
    – No, no sabe lo que dice.

    – Sí, si lo sé.– dijo firmemente.– Siempre sueño contigo, siempre estás en mi mente, quiero que el día pase rápido para venir aquí y no quiero que la noche acabe para no tener que separarme de ti.

    – No es correcto, yo no soy dig…

    Ya no puedo seguir, porque sus labios se vieron sellados por los de él. Inuyasha la beso con la mayor ternura que podía, quería que ella comprendía que él la quería, la quería demasiado.

    Kagome se sentía flotar, sentía que de pronto su cuerpo no pesaba nada y que en cualquier momento podía caerse, además el cosquilleo en su estomago no la dejaba, era extraño, pero no molesto.
    Al cabo de un rato los dos se separaron y se miraron a los ojos.
    – Solo me conoce de unos días ¿Cómo puede estar seguro de lo que siente?

    – Porque cuando te veo a los ojos lo sé y desde que dijiste mi nombre quiero que lo digas a diario.

    Así que, en aquella ocasión si la había escuchado y ella que pensaba que no había sido así.
    – Esto está mal.

    – Yo no le veo lo malo a que este enamorado de ti. Si puedes mirarme a los ojos y decirme que no me correspondes ya no insistiré.

    Ese era el momento para que él entrará en razón, aunque significara mentirle a él y a ella misma, ya que todos esos sentimientos que la atormentaban desde que lo conoció, eran por que se estaba enamorando del joven de ojos dorados que le salvo la vida.
    – Yo no… yo…– no podía hacerlo, no podía mentirle sin tener que mirar esos ojos dorados.

    Inuyasha sonrió y la beso de nuevo, no iba a permitirse perderla, había durado demasiado tiempo en encontrar a alguien que fuera para él, ahora no se iba a dar el lujo de renunciar a ella y más ahora que estaba seguro que ella sentía lo mismo que él por ella.
    – ¿Quieres ser mi novia?

    – Yo…– Kagome no sabía que contestar, sentía tantas cosas en ese momento que no podía pensar con claridad.

    – Olvídate de todo lo demás ¿Que es lo que tú quieres?

    ¿Qué era lo que ella quería? Lo quería a él, no tener que separarse de su lado, no tener más miedo, poder ser feliz junto a la persona que amaba.
    Tenía que ser feliz, eso se lo había dicho su madre.

    Era una tarde nublada y soplaba el viento fresco de la tarde, cuando ella había entrado al cuarto de su madre para llevarle un poco de agua, hacia días estaba muy enferma, nunca la había visto así, ella siempre lucia muy radiante.
    Mami te traigo el agua para la medicina.

    Gracias Kagome.

    Su madre se enderezo y tomo el jarabe que Kaede le había dejado preparado, su pequeña hija una niña muy inteligente y autodependiente, pero aun era muy pequeña, no quería verse en la necesidad de dejarla sola, pero cada día sentía que su cuerpo se deterioraba.
    Mamá, te vas a poner bien ¿verdad? Y luego iremos a montar y a la cascada ¿cierto?

    Ella qué más quisiera poder decirle que todo estaría bien, que todavía la tendría por mucho tiempo junto a ella, pero eso era engañarla.
    Siéntate a mi lado Kagome.– la pequeña Kagome obedeció y se acodo a lado de su madre.– Va a llegar el día en que ya no pueda estar más contigo pequeña, pero no te preocupes yo siempre te cuidare, aunque no puedas verme allí estaré.

    No quiero que eso suceda.– dijo la pequeña niña con un hilo de voz.

    Tu crece, vive y haz que tus sueños sean el camino que guíe tu vida. Hoy, mañana y siempre tienes que ser feliz Kagome.

    A los tres días, su madre había partido de este mundo, para unirse junto a su padre en el más allá.

    – Yo… Si quiero.

    Inuyasha sonrió, la tomo de la cintura y la alzo a su altura.
    – Di mi nombre.

    – ¿Por qué?– pregunto confusa.

    – Quiero oírlo de nuevo por tus labios.

    – Inuyasha.

    Eso era todo, dejo salir la euforia que trataba de contener y le beso por un largo rato, no quería dejar de probar los labios de la chica.
    Faltaba poco para que se dieran los primeros inicios de querer amanecer y los dos jóvenes estaban acostados en el césped, mirando el cielo.
    – ¿Mañana aun tengo que ir?– pregunto Kagome al recordar que su ahora novio la quería llevar al pueblo.

    – Mmm… no.– por ahora lo dejaría pasar, no quería presionarla, apenas si ella había aceptado ser su novia y no quería hacharlo a perder.

    – ¿Cómo es tu hermano?– no pudo evitar preguntar, le había entrado mucha curiosidad ¿Sería como Inuyasha? ¿Tendrían el mismo carácter, los mismos ojos?

    – No te diré, debes conocerlo por ti misma.– le dijo sonriendo con malicia.

    – No es justo Inuyasha.– le reprocho haciendo un pequeño puchero, cosa que le dio mucha risa a él.

    – Sí lo es ¿Qué pasa?– pregunto cuando se dio cuenta que ella le miraba sorprendida.

    – Estas sonriendo y tus ojos se muestran más brillantes.

    – Es porque estoy feliz.– dijo no pudiendo evitar sonrojarse, casi nadie había visto esa faceta suya.– Me gusta que ya no me tutees.– le dijo para desquitarse y ver ese hermoso sonrojo en ella.

    – Cállate.– le golpeo en el pecho y escondió su rostro en el.

    Inuyasha no se contuvo en detener su risa, su Kagome era como una pequeña niña.
    – Ya me tengo que ir, esta por amanecer.– le dijo al percatarse que los primero rayos de sol estaban saliendo.

    Kagome se separo de él, primero Inuyasha se levanto y luego le ofreció su mano para ayudarla.
    – Está bien, nos vemos al rato.– le contesto la chica, pero Inuyasha se había quedando viendo sus muñecas.– ¿Qué pasa?

    – Cuando encuentre a los que te lastimaron…

    Las muñecas de Kagome aun tenían las marcas de las heridas que le hicieron cuando la conoció, en todo el tiempo que llevaba en ese lugar, no se había vuelto a topar con esos sujetos, pero cuando los encontrará, se iban a arrepentir de haberla lastimado, él personalmente se encargaría de hacerlos pagar.
    – Inuyasha.– le llamó, para sacarlo de sus pensamientos, no quería que se sintiera culpable por lo ocurrido.– ¿Qué quieres de cenar?

    – Sorpréndeme.– le contesto al momento que volvía besarla.

    Había llegado a la mansión justo cuando Miroku se estaba levantado, habían desayunado y se habían alistado como lo hacían a diario, pero, como de costumbre Miroku no podía dejar pasar por alto la cara de felicidad que adornaba en rostro de su mejor amigo.
    – ¿Qué paso? Estás más feliz que… que nunca en tu vida, me estas comenzando a preocupar, no eres el de siempre.

    – Es porque tome "la elección" correcta.– ya que más daba, tarde o temprano se enteraría, además él había formado un complot para que se decidiera por Kagome ¿no?

    – ¿Tú y la señorita Kagome?– pregunto, aun sin creerlo.

    – Es mi novia.– le dio a conocer para aclarar aun más sus dudas.

    – ¿Qué paso con Kouga?

    – Es su amigo, no hay nada entre ellos.

    – Muchas felicidades.

    – ¿Me acompañas a ver a Kikyou?

    Miroku le miró sorprendió, le acababa de decir que la señorita Kagome era su novia y ahora tenía pensado en ir a ver a Kikyou ¿estaba loco?
    – Antes que comiences a pensar cosas que no son, Vamos a ir con Kikyou porque hay cosas que aclarar.

    Continuara…

    ***********************
    ¡Wooo!Bueno eh aqui el 11vo capitulo espero les guste y muchas gracias por el mensaje dejado (aunque ya lo borraron u_u ) Me atrace un poco por el puente que hubo (semana santa) en lo personal no me gusta ese puente pero bueno u.u

    Creo yo, que este capitulo es el que muchas habéis ansiado por largo rato, tengo que admitir que llore con este capítulo tuvo su parte triste, romántica y feliz.
    Nos vemos y espero sus opiniones.


    Saludos (^0^)/*
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    Sukiyaki: Este consiste en carne, cocido a fuego lento o hervido en la mesa, junto con vegetales y otros ingredientes, en una olla poco profunda en una mezcla de salsa de soja, azúcar y mirin.
    Mochis: Pastelito de arroz japonés hecho de arroz glutinoso molido en una pasta y después moldeado.
    Okonomiyaki: Consiste en una masa con varios ingredientes cocinados a la plancha. Cómo los que vendía Ukyo en Ranma .
     
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