Escribiendo se pasa la tristeza.

Tema en 'Relatos' iniciado por Andreína, 14 Septiembre 2010.

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    Andreína

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    Escribiendo se pasa la tristeza.
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    Escribiendo se pasa la tristeza.

    Escribiendo se pasa la tristeza.

    Golpeó con furia la almohada durante unos segundos, antes de explotar en un sonoro llanto. Sus ojos ardían por tantas lágrimas y la rabia que corría por sus venas la hacía querer gritar cuánto la odiaba.

    Minutos antes acababa de ver a su mejor amiga besándose con un chico, aquél chico del que ella también estaba enamorada y al cual no se había atrevido a declarar por temor a ser rechazada. Ni siquiera ella lo sabía, y por ello no podía culparla, lo que hacía crecer su rabia.

    -¡La odio, la odio, la odio! -Escupió furiosa.- ¡La odio...! -Siguió diciendo cuando su voz se quebró y un sollozo desgarrador se le escapó de la garganta.

    ¡Cómo la odiaba! Detestaba que la superara en todos los aspectos, que lo tuviera a él, que tuviera siempre esa asquerosa sonrisa en sus labios.

    -Maldita sea... -Maldijo a su mejor amiga por lo bajo, sintiéndose humillada. Acercó su cara a la almohada y la enterró allí, para soltar un histérico y chillón grito que le dejó la garganta un tanto adolorida.
    -Nicole, sal de ahí. -La llamó su madre un tanto preocupada. Su hija había llegado con expresión demacrada, se había encerrado en su cuarto y no había salido desde entonces, lo que la tenía muy preocupada.
    -¡Lárgate! -Chilló entre lágrimas, y casi sintió pena por gritarle de ese modo a su madre que no tenía culpa de nada. Casi.
    -Pero hija... -Comenzó la madre dolida por ese comportamiento.
    -¡LÁR-GA-TE! -Volvió a gritar separando las palabras, como si de una tonta se tratara.
    _______________________

    Habían pasado aproximadamente 30 minutos desde que la mujer la había dejado en paz, y aún así Nicole no había parado de llorar. Sentía tanta envidia, tanta rabia, tanto odio... ¡Tanta tristeza!

    -Niko, sal de ahí. -La llamó la suave voz de una chica de su edad, lo que hizo que la muchacha levantara lentamente la cabeza.- Ven aquí, ábreme. -Insistió la persona a la que había estado maldiciendo toda la tarde.

    La muchacha se paró de su cama con resignación y le abrió la puerta a su amiga, dedicándole una mirada de arrepentimiento: Su amiga no tenía la culpa, además la había acompañado siempre, en las buenas y en las malas.

    -¿Qué tienes, amiga? -Preguntó la recién llegada que se encontraba sentada en el lecho junto a su BF, recostando la cabeza en su hombro.
    -Nada, Mariana. -Respondió tras un suspiro. Definitivamente jamás podría odiarla.
    -No, dime qué tienes. -Insistió.
    -Sólo... Estoy triste. -Contestó con una media sonrisa. No se atrevía a decirle el por qué, no se atrevía a contarle cuán egoísta había sido. Le daba vergüenza sólo recordarlo.
    -Entonces... -Comenzó Marianna con una sonrisa mientras se agachaba para sacar algo de su mochila.- ¡Ten! -Le acercó la libreta y el lapicero que había sacado.
    -¿Para qué quiero yo esto, Mari? -Replicó Niko un tanto divertida.
    -¡Porque escribiendo se pasa la tristeza! -Contestó feliz Mari.- Yo escribo mucho y por eso casi nunca estoy tristre: Porque me desahogo. -Añadió minutos después con expresión pensativa.- ¡Quizá te sirva a ti también! -Sonrió con alegría.
    -Mari... -Murmuró Nicole conmovida, mientras sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.
    -¿Qué sucede? -Preguntó inocentemente cuando sintió que su amiga la abrazaba.
    -Te quiero, jamás podría odiarte. -Murmuró más para sí misma que para su amiga.
    -¿Eh? -Preguntó confundida la otra.
    -Nada -Sonrió agarrando el lapicero y la libreta, dispuesta comenzar a escribir.
    -¿Qué escribes? -Preguntó Marianna con curiosidad.
    -Léelo tú misma. -Respondió feliz, mientras le tendía la libreta a su amiga.

    Escribiendo se pasa la tristeza... Gracias por el consejo, Mari, te quiero. Leyó la chica en voz alta con cierta dulzura.

    Y entonces, Nicole sonrió: Ya no estaba triste, se sentía feliz. Definitivamente, cada vez que se encontrara con alguien triste le recomendaría escribir, porque en verdad, escribiendo se pasa la tristeza. Y no es que hubiera escrito mucho, tan sólo había escrito unas líneas, pero había quitado una culpa: Le había confesado a Mari que la quería, y eso la hacía sentir bien.

    -Por cierto, Marianna, ¿y eso que viniste? -Preguntó segundos después con sospecha.
    -Oh, tu madre me llamó. -Admitió y como respuesta recibió un almohadazo juguetón.- ¡Oye! ¿Por qué hiciste eso?
    -¡Porque si mi madre no te llama tu ni te apareces por aquí, desgraciada! -Respondió un tanto divertida, parada en la cama y con una almohada lista para ser usada como arma.
    -¡Pero vine y eso es lo importante! -Replicó parándose en la cama y tomando otra almohada, lo que significó que la guerra ya estaba armada.

    Luego de eso, las plumas volaron por todo la habitación.

    -Chicas, ábran. -Ordenó una voz desde afuera.
    -Mari, ¿escribiendo también se pasa la furia? -Preguntó Nikki un tanto asustada.
    -Yo creo que sí. -Dudó su amiga.- ¿Pero sabes qué? Más vale pájaro en mano que cién volando, así que vámonos. -Recomendó señalando la ventana.
    -Sí, pero espera un momento. -Se detuvo arrancando una hoja de su libreta.
    ____________________

    La madre detrás de la puerta se terminó de impacientar y un tanto molesta abrió la puerta, para encontrarse con aquél desastre y el cuarto vacío.

    -¡NICOLE! -Chilló furiosa, mientras tomaba entre sus manos la hoja de papel que su hija había dejado en la cama.

    Mami, en mi mochila hay una libreta y un lapicero, úsalos. Escribiendo también se pasa la furia.

    Te quiero y me llamas a la casa de Mari cuando te calmes.



    Odié el escrito y bueno... Estoy preparada para los tomatazos. Quedó muy fresa.
     
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  1. Amane
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