Long-fic de Naruto - Enséñame. [NejiHina]

Tema en 'Fanfics de Naruto' iniciado por Nahi Shite, 9 Marzo 2015.

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    Nahi Shite

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    Título:
    Enséñame. [NejiHina]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    12
     
    Palabras:
    3280
    Enséñame.

    I.

    .

    Hinata Hyüga, heredera del prestigioso y antiguo clan Hyüga, se miraba al espejo con paciencia, detallando concienzudamente cada ligero cambio en su físico; quizá no fuesen demasiado notorios, pero estaban allí, recordándole que estaba creciendo, que más rápido de lo que podría desear se estaba convirtiendo en adulta y que el tiempo pasaba. Estaba un poco más alta, notó, no demasiado, pero al menos unos centímetros desde su adolescencia, su cabello caía de forma un poco menos cuadriculada sobre su espalda, se esparcía libremente en cortes más o menos irregulares, pero conservaban aún el largor que se esforzaba por mantener, sus mejillas estaban menos regordetas y las facciones de su rostro se habían suavizado, madurado al igual que su mirada. Hizo resbalar suavemente dos dedos sobre la tela cubriendo su busto y sonrió ligeramente, decidiendo que se había adecuado a las proporciones generales de su cuerpo, a sus generosas caderas y a su abdomen liso y firme.

    Si era totalmente honesta, tenía que decir que el paso por la adolescencia le había beneficiado. Realmente nunca se había considerado demasiado bonita, siempre uno u otro complejo le habían perturbado desde la pubertad, pero ahora, frente al gran espejo de cuerpo completo de su cuarto, a su mente llegó el pensamiento de que era una mujer atractiva.

    Quizá no sexy como Ino, o exótica como Sakura, por ejemplo, pero nadie debería poder tacharla de fea. Al menos debería resultar agradable para un hombre.

    Un hombre…

    El reflejo en el espejo se mordió el labio inferior con delicadeza, pensando un instante en el sexo opuesto y en el problema futuro que representaba para ella el no poder tener una relación seria con un hombre antes de adquirir el liderazgo del clan. Quizá se estaba preocupando por nada, quizá se estaba adelantando demasiado a los acontecimientos, pero, aunque ni su padre ni ningún miembro del concejo le habían expresado abiertamente sus pensamientos, ella sabía que ellos esperaban que la siguiente líder tuviese una buena compañía, tuviese estabilidad sentimental y representara un ejemplo a seguir como pareja y como familia.

    No había registro de una mujer que asumiera la cabeza del clan Hyüga, pero no existía la prohibición expresa de ello ni tampoco la exigencia de tener un esposo para asumir el cargo, pero… Oh, fuerza de las costumbres, la única verdad era que todos los líderes anteriores habían contraído matrimonio antes de tomar el puesto, todos. No era, pues, una creencia machista o discriminatoria, sino simplemente algo así como una "buena costumbre" de su familia; el líder debía ser el modelo, tanto en su hogar como en el cumplimiento de sus labores.

    Y ella, aunque había tenido algunos pretendientes en los últimos años, los había ido rechazando uno a uno, sacándoles defectos de donde no los tuvieran y despachándolos con las palabras más gentiles. No se arrepentía, sin embargo, porque sospechaba que muchos se veían atraídos más por su posición que por su persona, y eso en muchas ocasiones llegó a deprimirla, pues ni siquiera la hacían sentir… linda.

    Hinata suspiró; tenía veinte años y ni un solo novio en la lista. Eso la preocupaba mucho más que su responsabilidad con el clan (pues esperaba que su padre aún pudiese seguir al mando por varios años más), porque, vamos, si no era malvada ni odiosa, si tenía una personalidad dócil y suave, si no era fea…

    Estiró una mano hasta tocar el espejo con la yema de los dedos, recorriendo superficialmente su figura.

    Si era bonita, entonces…

    Cerró los parpados con lentitud, soltando un denso suspiro, mientras encogía los dedos.

    ... ¿Entonces por qué Naruto no se fijaba en ella?

    El firme toque en su puerta le causó un torpe respingo. Esas cosas de su personalidad no habían podido cambiar mucho.

    —Hinata-sama —la voz masculina entró con familiaridad, respetuosamente—, ¿está lista para su entrenamiento matutino?

    —Sí, Neji-niisan. Sólo dame un segundo.

    Se apresuró a buscar una liga para el cabello y lo amarró en una coleta baja, suelta, demasiado parecida a la de su primo. Después de eso, sonrió al espejo y se dirigió a la puerta con energías renovadas. Al otro lado, Neji la esperaba en una posición relajada, con los brazos cruzados, pero al verla salir los bajó por respeto y le regaló una sobria sonrisa como saludo. En seguida, él se giró y echó a andar a un ritmo constante, permitiendo que lo siguiera con facilidad y pronunciando un: —Andando.

    Ella asintió, determinada.

    Por ahora, lo importante era el entrenamiento, nada más. Ser cada vez más fuerte, nada más. Aprender a ser una líder confiable, nada más…

    Se centraría sola y exclusivamente en entrenar. Nada podría distraerla esta vez.

    .

    -



    Neji trataba infructuosamente de controlar un tic en el párpado derecho.

    —H-Hinata-sama —empezó—, ¿puedo saber qué sucede con usted? Desde hace días que está dispersa.

    Hinata ladeó la mirada, avergonzada, desde el suelo. Él la había hecho caer demasiado fácil en apenas una sesión de taijutsu simple usando una común patada rastrera. El piso de madera del dojo había golpeado su trasero con el estruendo de un costal de papas. Dios, qué pena. Se merecía todos los regaños que quisiera darle, se merecía que se negara rotundamente a entrenarla en adelante y se merecía todas las miradas reprobatorias.

    Se encogió un poco.

    —Lo siento, Neji-niisan —susurró, mordiéndose el labio en ese gesto que, Neji sabía, sólo ocupaba cuando algo le preocupaba—. Daré lo mejor de mí en adelante.

    Pero a él no podía engañarlo esa mirada nublada de determinación, jamás podría convencerlo tan sólo con fruncir el ceño.

    Neji cerró los ojos y suspiró con resignación, soltando lento el aire, mientras se dejaba caer al suelo, sentado, con la espalda recta, con los brazos cruzados.

    —Me va a decir ahora mismo qué es lo que le está perturbando —sentenció, con esa voz que no admitía replica y su firme mirada perlada la sobrecogió.

    —N-No es nada.

    —A mí no puede engañarme.

    —Lo juro, no es nada importante —negó, acomodándose de manera recta, imitándolo. En momentos como ese, cuando estaban frente a frente y cuando sus ojos la escudriñaban en busca de algún rastro de mentira, ella se sentía más pequeña de lo que era.

    —Es importante si interfiere en nuestro entrenamiento —Hinata abrió la boca para replicar, pero él lo adivinó, interrumpiéndola—y cualquier cosa que pase por su cabeza es de mi incumbencia por esa misma razón. También porque es mi deber protegerla hasta de usted misma.

    ¿Qué podía hacer? El silencio se instaló inmediatamente entre ellos, pero Neji no desistía de su posición, su mirada era fija e inquebrantable, esperando, ¡era tan insistente! Sintió las mejillas un poco abochornadas, ¿qué se suponía que debía decirle? ¿que estaba preocupando ridículamente por no resultar medianamente atractiva para el único chico que le había gustado realmente? ¿que estaba atormentándose una y otra vez con un futuro matrimonio que ni siquiera le estaban imponiendo forzosamente? ¿que le deprimía no haber tenido siquiera un infantil romance o haber dado un beso?

    No, ni en un millón de años. Definitivamente no. Prefería hacerse el seppuku ahí mismo antes que compartir sus vergonzosas inseguridades con su primo. Nunca podría.

    —Neji-niisan —suspiró suavemente, sosteniendo su mirada por primera vez—, tú… ¿tú crees que seré una buena líder?

    —Estoy seguro.

    La respuesta rápida, sin titubeos, le hizo ruborizar. Otros segundos de silencio. El ambiente, extrañamente, se alivianó.

    —Necesito pedir tu opinión sobre algo, primo.

    Él parpadeó, ligeramente sorprendido ante su postura determinada y su forma de llamarlo. —Cuénteme, Hinata-sama.

    —¿Tú piensas que siempre, en cualquier situación, lo correcto es no darse por vencido… seguir intentando, forzando la victoria, poniendo todo nuestro empeño por una causa? —tartamudeó un poco, esperando que Neji no tuviese forma de descifrar el mensaje oculto en sus palabras: Naruto—¿o, p-por el contrario, crees que hay… momentos en los que es mejor desistir?

    Lo observó ladear ligeramente el rostro, dubitativo.

    —Supongo… —dijo—que la mejor opción es jamás darse por vencido. Si se intenta con suficiente determinación, cualquier cosa es posible.

    Hinata asintió, comunicándole que entendía y que, por favor, siguiera.

    —Sin embargo, también es cierto que hay situaciones en las que lo más sensato es retroceder y desistir.

    Un suspiro decepcionado. Neji definitivamente no estaba siendo de mucho ayuda ese día.

    —Lo que quiero decir —él carraspeó, obteniendo nuevamente su atención—es que si hay alguna meta que tenga en su vida, Hinata-sama, lo correcto es poner toda su energía para lograrla, no importa qué, intentar con todas las fuerzas. Desistir es bueno en ocasiones, pero antes de ello debería esforzarse… para poder retirarse sin lamentaciones, con la frente en alto, satisfecha con usted misma.

    Ese fue el instante en el que Neji, sin saberlo, la llevó a tomar una importante decisión. Él estaba totalmente ignorante de su situación interna, pero su consejo lleno de sentido no hizo más que motivarla.

    Naruto era su objetivo. Tenía que esforzarse. Tenía que poner todo su empeño en ello.

    Una vez.

    Un último intento, un ataque frontal con todo su chackra, y luego…

    Luego, podría ser el adiós.

    Sus labios tiraron de una suave sonrisa. —Gracias —él asintió modestamente y Hinata sintió un impulso repentino, algo que salió de no sabía dónde ni por qué—. ¿Tú has tenido muchas novias, Neji-niisan?

    —¿Qué?

    —Atraes a las chicas… —ella misma había tenido que entregarle un montón de chocolates en San Valentin, porque muchas no se atrevían a dárselos en persona y la utilizaban como canal—Debes tener mucha experiencia, ¿cierto?

    Neji parpadeó, malinterpretando la situación. ¿Experiencia? Oh, Dios, él no podía estar teniendo esa charla con su prima. No había manera de que tuviera esa charla con ella. Así que…

    —Acabo de recordar que debo reunirme ahora mismo con Gai-sensei —se incorporó rápidamente, pero intentando no evidenciar demasiado su urgencia por huir, digo, por retirarse—. Con su permiso, seguiremos otro día con esta interesante conversación.

    —¿Eh?

    .

    -



    Días después, Neji Hyüga caminaba tranquilamente por el recinto Hyüga, usando nada más que un cómodo yukata oscuro para la hora de dormir. Mientras lo hacía, no lograba sacar de su cabeza a su protegida, Hinata Hyüga. Su prima había estado más que rara en los últimos días, demasiado distraída y espaciada, no lograba concentrarse en sus sesiones de entrenamiento y más temprano que tarde terminaba pidiéndole un descanso. Le preocupaba, pues esto estaba estancando dramáticamente su avance como kunoichi, y ella no podía darse tal lujo, pero también estaba el hecho de que había algo que la estaba atormentando y ella no se atrevía a decírselo en voz alta.

    Aunque su relación había llegado a ser muy cercana con el paso del tiempo, todavía ella no le tenía la suficiente confianza para contarle claramente sobre su problema. Al comienzo pensó que se trataba de alguna inseguridad naciente con respecto a su futuro papel como líder del clan, había pensado que simplemente se había visto apabullada con la idea de tan grande responsabilidad sobre sus hombros, así que la había aconsejado que se esforzara, que diera lo mejor de sí para no tener ningún remordimiento, pero eso solo lo había empeorado todo. Después de ese día, Hinata no había parado de revolotear de un lado para otro, pasando de la florería Yamanaka al hospital de Konoha, pasando gran cantidad de tiempo en el cuarto de su hermana menor y soltando risitas bajas junto a ella todo el tiempo, mientras que durante sus entrenamientos parecía más ausente que antes.

    Como genio, se sentía frustrado por no encontrar una solución.

    ¿Cómo puedo ayudarla, Hinata-sama? ¿qué le sucede?

    Iba tan concentrado en sus cuestionamientos mentales que no pudo evitar brincar cuando, en una esquina del pasillo, apareció justamente la causa de sus divagaciones con la mirada azorada, las mejillas tan rojas como solía tenerlas en la adolescencia y estirando ambos brazos al frente, impidiéndole el paso. Está de más decir la sorpresa que esto le causó.

    —¡Alto ahí, Neji-niisan!

    —Hinata-sama, ¿qué le sucede?

    La vio fruncir el ceño, adorablemente decidida, y los labios rosados se abrieron un momento para luego quedarse sin fuerzas y volver a cerrarse.

    —¿Se encuentra bien? —preguntó, genuinamente curioso.

    Ella dio un firme paso al frente y él parpadeó cuando las pupilas perladas se posaron en él con una fuerza increíble. Neji nunca se esperó lo que vino a continuación.

    —E-enséñame cómo seducir a un hombre.

    —¿Cómo?

    —Necesito que me enseñes cómo seducir a un hombre —repitió.

    Oh, Hinata-sama, usted finalmente enloqueció.

    No se suponía en sus tareas como guardián se incluyera tal cosa.

    .

    -



    Siguiendo el consejo de su primo, Hinata Hyüga lo había intentado todo, todo. Bueno, en realidad, había pensado en todo, pero muchas de sus posibilidades habían resultado imposibles. Les explicaré; primero había llegado a la conclusión de que, además de pararse en medio de la batalla para arriesgar la vida por un chico, no habían muchas cosas que se pudieran hacer para atraer las miradas de un muchacho mientras no se tuviera un cierto conocimiento en el arte de coquetear, y ella –Dios sabía- no lo tenía. Es decir, necesitaba ayuda.

    La cosa era… ¿A quién podría acudir?

    Su primer opción fue Ino. La rubia una era coqueta experta, ella debía conocer infinidad de trucos y podría serle de una ayuda increíble. Sí, si había alguien en Konoha que pudiera asesorarla era Yamanaka Ino. Por eso había ido, totalmente dispuesta y emocionada, a la florería Yamanaka para comunicarle su caso cuando… Oh, Señor, cayó en cuenta: Ino era también una perfecta chismosa. Además tenía una capacidad innata para meterse en la mente de los demás, literalmente, así que ella descubriría que se había decidido a ir directamente por Naruto y luego todo el mundo lo sabría y luego… si la cosa no resultaba, sería tan, tan humillante. En un ataque de pánico, salió huyendo del lugar y, sin razonarlo siquiera, terminó en otro sitio: el hospital.

    Sakura fue su opción por un ínfimo segundo, pero, vamos, que en ella se repetía el mismo problema que con la rubia, porque, aunque era un poco más reservada, Sakura era la compañera de equipo de Naruto… y sería demasiado vergonzoso si ella decidiera decirle algo o impulsarlo a corresponderle (lo que Sakura haría sin duda, porque era una buena amiga). Sería triplemente humillante si sus intentos no funcionaban después de obtener la ayuda de la chica de ojos jade. Nuevamente terminó escapando del lugar.

    Su hermana Hanabi fue la tercera opción. Contrariamente a ella, Hanabi era extrovertida, abierta, jovial y… tenía novio, ¡qué maestra más calificada! Aparte era su hermana menor, compartían ese pacto de confidencialidad y Hanabi ni siquiera era cercana a Naruto, así que era perfecta. Contenta por su hallazgo, Hinata había acudido infinidad de veces a su habitación, donde mantuvieron conversaciones en voz baja en las que Hanabi relataba detalladamente la manera en la que había conquistado a Konohamaru para que le tomara como modelo. Todo hubiera sido ideal si las tácticas de Hanabi no hubiesen sido tan directas como, por ejemplo, algo así: "Si no me besas en este instante, Konohamaru, contará como una declaración pública de tu homosexualidad", ¿les da eso una idea? ¡Hinata jamás podría decir algo como eso!

    En fin, su hermana había tenido buena disposición, pero tuvo que rechazar su ayuda educadamente.

    Kurenai-sensei estaba demasiado ocupada con la pequeña Mirai como para molestarla.

    Entonces, de repente, le vino la iluminación: ¿quién mejor para aconsejarle sobre los chicos que un miembro de dicha clasificación? A su mente vinieron después Kiba y Shino, sus compañeros del equipo ocho, pero… Kiba era demasiado imprudente, además no perdería oportunidad para avergonzarla, y Shino… Shino… No era por ser cruel, pero no estaba segura de que él pudiese darle buenas recomendaciones románticas.

    ¿Entonces Lee? Demasiado ruidoso. Seguramente la sometería a un entrenamiento ridículamente duro y vergonzoso. No.

    ¿Kakashi-sensei? Uh, teniendo en cuenta su peculiar gusto por la literatura erótica… No.

    ¿Hiashi Hyüga? Oh, por Dios, definitivamente no. Era su padre, la última persona con la que podría hablar de esas cosas. Además –de nuevo, no era por ser mala- seguramente las tácticas de conquista habían cambiado demasiado desde la época en la que él era un joven y vigoroso Hyüga.

    Joven Hyüga…

    Aunque en un primer instante su mente rechazó totalmente la idea, después de tomarse unos minutos para meditarlo, no lucía tan descabellada; él era su familiar, su protector, jamás haría nada que pudiera hacerla sentir mal, era increíblemente prudente y reservado, su secreto estaría absolutamente a salvo, era increíblemente popular con las mujeres, además estaba a su completo servicio… y si las cosas llegaran a salir mal, él ni siquiera se atrevería a mirarla con compasión.

    Y, pensándolo mejor, Neji Hyüga tenía que asumir su responsabilidad por introducir la determinación en ella con su consejo, ¿no? ¡sí, señor!

    Su primo era definitivamente la opción perfecta para este caso. Todavía le daba vergüenza comentarle, pero la confianza entre ellos se había fortalecido de increíble manera, su relación era estrecha y, vamos, que ya eran unos adultos y no podía entrarle la cobardía ahora.

    "… para poder retirarse sin lamentaciones, con la frente en alto, satisfecha con usted misma".

    Fue por eso que le preparó una emboscada. Conocía los movimientos en la rutina de Neji, así que fue demasiado fácil adivinar que después del baño, saldría vestido con un yukata y se dirigiría a su habitación para descansar, pasando por el mismo pasillo que todos los días… a la misma hora de siempre. Por eso, lo esperó en una esquina y, al escuchar sus pasos acercándose, se llevó las manos al pecho y respiró hondamente, enfundándose en ánimos. Era ahora o nunca.

    —¡Alto ahí, Neji-niisan! —sentía las rodillas temblecas y el rostro acalorado al brincar frente a él con las manos estiradas. Dios, esperaba no estar luciendo tan patética como se sentía.

    —Hinata-sama, ¿qué le sucede? —el tono que él usó no alcanzaba a ocultar su sorpresa. Ella abrió la boca, decidida a contarle la razón de su repentino asalto, a decirle lo que quería, pero… las palabras quedaron atrapadas en medio de su garganta. ¿Por qué tenía que ser tan difícil mientras esos ojos tan similares a los suyos la observaban entre curiosos y preocupados? Sólo entonces fue realmente consciente de lo grande que era Neji, sus hombros anchos se expandían con elegancia y su porte era firme como siempre, haciéndola sentir más y más pequeña cada vez, ¿cuándo su primo había crecido tanto? Era incluso más alto que Naruto —¿se encuentra bien?

    Guió un paso al frente, tomando una postura elevada para intentar aminorar la diferencia de estatura y reunió toda la determinación que pudo para exhibirla en su mirada. Neji parecía incómodo y extremadamente confundido, pero ella no podía desaprovechar el arranque de coraje que le calentaba las venas.

    —E-Enséñame cómo seducir a un hombre.

    —¿Cómo?

    Frunció más el ceño, sintiéndose valiente.

    —Necesito que me enseñes cómo seducir a un hombre —repitió, ante la mirada estupefacta de su primo.

    Y entonces… simplemente tuvo que esperar.
     
    Última edición: 12 Marzo 2018
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    Nahi Shite

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    4375
    II.




    Los ojos claros de Hinata se expandieron al sentir el cálido tacto de una mano sobre su frente.

    —Hinata-sama, su temperatura está un poco alta. Déjeme escoltarla hasta su habitación.

    Pegó un agudo y bajo gritico, tartamudeando, mientras las manos ágiles de él se las arreglaban para darle la vuelta rápidamente y, después, Neji mantuvo expandida una palma entre sus omoplatos, haciéndola avanzar por el pasillo. —¿Q-Qué? No… No, espera, Nii-san, y-yo estoy bien.

    —No, usted está definitivamente enferma, créame —al llegar a la elegante puerta de madera, Neji se detuvo, la abrió y estiró el mismo brazo en una seña educada para que entrara. Cosa contradictoria, porque en realidad fue él quien le hizo hacerlo, impulsándola con la mano sobre su espalda—; yo soy su guardián.

    Neji era increíblemente rápido, lo reconocía, pero eso no impidió que interceptara su muñeca al momento en que él buscaba tomar el pomo y cerrar con la intención de dejarla ahí sola, balbuceando como una loca. —P-pero, Neji-niisan —los dedos de ambas de sus manos se enrollaron en la muñeca masculina, con firmeza, casi en súplica, ganándose una mirada perpleja como respuesta. En ese momento, empezaba a sentir que toda la valentía se iba derritiendo rápidamente, deslizándose hasta sus pies—, realmente necesito tu ayuda.

    Los ojos perlados se posaron en los suyos, analizándola, tratando de encontrar quizá un rastro de burla o quizá buscaban algún indicio de alcohol. Eso le hizo sonrojar.

    —No estoy ebria —aclaró suavemente, aflojando el agarre en su muñeca—, ni tampoco enferma, sólo un poco… desesperada —desvió la mirada a cualquier lugar de la habitación, excepto su primo, extremadamente apenada—. Nii-san, por favor, e-enseñame lo… lo que les gusta a los hombres.

    Esperó una respuesta, sin atreverse a confrontar su mirada, pero Neji permaneció impasible, en silencio, analizando la situación y creyéndola un poco surrealista; al fin, negando con firmeza, llevó la mano a su propia muñeca, desenredando los refinados dedos femeninos sin rudeza alguna. Brindó una suave caricia en los nudillos, como disculpándose, y la dejó ir en silencio. Ella tenía el rostro sonrojado y sus ojos estaban llorosos, pero, aunque era su deber servirle en cualquier cosa que pidiera, Neji sabía que su relación no se basaba en las órdenes -prueba de ello era el que se molestara en pedir siempre el favor- y, aunque Dios sabía que él haría lo imposible por hacerla feliz, esto…

    Esto era un poco demasiado. Hasta inapropiado. Darle enseñanzas a su prima para que pudiese seducir a un hombre por ahí no era algo que sonara demasiado correcto.

    —Neji-niisan…

    —Es una locura, Hinata-sama —un pequeño dolor apareció en su pecho al ver que ella sorbía disimuladamente la nariz—. Yo no soy el adecuado para enseñarle este tipo de cosas.

    —Sí lo eres—Hinata se llevó las manos juntas al pecho, mirándolo intensamente—, sólo puedo confiar en ti.

    —Hinata-sama… —Neji suspiró, llevándose dos dedos a su entrecejo para masajearlo un segundo. Luego, la miró nuevamente, preguntando con una voz ligeramente más baja—¿Hiashi-sama está enterado de… su pedido?

    Claro que no estaba enterado. Era su padre, ¿qué clase de hija dice “padre, necesito aprender a seducir y pediré a mi primo que me ayude con esto, estás de acuerdo?” Una hija un poco loca o, según el caso, una desvergonzada. El rubor en el delicado rostro se oscureció.

    —N-No… —negó—No vayas a decirle nada, por favor.

    Neji frunció el ceño. —No lo haré.

    —Gracias.

    —No —dijo, endureciendo levemente su mirada—, digo que no lo haré. No cumpliré su deseo, Hinata-sama.

    Ante cualquier miembro del Souke, un Bouke ni siquiera pensaría en negarse a una orden, ninguno osaría hacer tal cosa. El miedo por el Sello Maldito seguía latente, hirviendo en la sangre de la familia Hyüga, pero… con Neji y Hinata era diferente; él no sentía ningún temor junto a ella, al contrario, la reverenciaba por su propia voluntad, simple y llanamente porque quería hacerlo. Jamás la dañaría, jamás volvería a aquel pasado que lo seguía avergonzando, y sabía que ella tampoco lo haría. El sello entre ellos era un simple adorno en la frente, sin embargo, para él había un cierto dolor mucho más terrible que el causado por la maldición... y éste era el desobedecerla, aun cuando era por su propio bien.

    Hinata bajó el rostro, sintiéndose desilusionada y apenada, viendo impotente cómo su última esperanza se desintegraba frente a sus ojos.

    —Lo comprendo —murmuró, acomodando suavemente un mechón de cabello tras la oreja, tirando de sus labios en una sonrisa que debía trasmitir calma, pero que salió como un gesto de triste resignación—, disculpa las molestias, Neji-niisan…

    Él asintió, susurrando a su vez un con su permiso y dándole la espalda para emprender la marcha, pero…

    —…C-creo error fue el creer que podía lograr cualquier cosa si me esforzaba —Neji se detuvo apenas tras el segundo paso y Hinata, entendiendo que había captado su atención, continuó—. Sólo… pensé que podría poner todas mis fuerzas en esto para… para, si es necesario, poder desistir sin remordimientos, satisfecha de mí misma… con la frente en alto.

    Qué jugada tan sucia.

    Neji se mantuvo tenso, silencioso e inmóvil por unos segundos en los que seguramente digería sus propias palabras, y después Hinata observó la manera en que sus hombros se relajaban ligeramente junto a un suspiro. El corazón le latía fuerte ante la expectativa. Él no se giró para mirarla antes de simplemente avisar:

    —Mañana estaré en el döjö media hora antes de nuestra práctica habitual.

    Su primo retomó nuevamente su camino y ella tuvo que esforzarse para que sus rodillas no cedieran instantáneamente ante el alivio que la embargó. Sólo cuando él hubo desaparecido de su vista, cerró la puerta y se permitió recostar la espalda en ella, bajando los párpados y suspirando hondamente. Las manos se fueron unidas hasta su pecho, mientras un susurro cálido brotaba de sus labios:

    —Gracias, Neji-niisan.


    -

    -


    Hinata se sorprendió un poco cuando, al llegar al döjö la mañana siguiente, encontró a su primo recostado en una de las paredes de madera, esperando. Ella había llegado cuarenta y cinco minutos antes de su hora normal de entrenamiento, aunque él dijo que estaría allí sólo media hora antes, así que había esperado ser la primera; habría querido serlo antes para tener unos minutos que usar en mentalizarse; Neji la iba a ayudar, tenía que seguir sus consejos al pie de la letra, tenía que hacer cada cosa exactamente como le decía, la palabra de Neji en esa materia sería para ella la palabra de un dios. Sin embargo, decidió afrontarlo directamente con una sonrisa y un dulce saludo de buenos días, Nii-san, recibiendo, como siempre, un asentimiento respetuoso seguido de un “Hinata-sama” cordial.

    Notó la piel bajo sus ojos plata un poco oscurecida, pero tratándose de su aplicado primo, ella no le dio mucha importancia; él solía quedarse despierto hasta muy tarde leyendo rollos y rollos de pergaminos, su habitación se asemejaba a una biblioteca por la gran cantidad de escritos que podía encontrar, ¡era increíble!

    Diez segundos pasaron. Hinata empezaba a sentir nerviosa;¿cómo demonios se suponía que debían empezar? ¿qué debía decir? Además esa mirada incómoda de Neji no era que ayudara demasiado. Maldición. Se frotó tímidamente el brazo con su mano, tratando de desviar su ansiedad.

    Al final, después de un eterno minuto de silencio en el que se pudo escuchar claramente el zumbido de los zancudos, Neji carraspeó: —Supongo que será mejor que comencemos.

    —Sí, pienso lo mismo.

    —Bien —él asintió, desviando un segundo la mirada, como pensativo, para posarla nuevamente sobre ella—. Pero antes necesito que sea un poco más específica… ¿En qué, exactamente, desea que la instruya?

    —En seducir a un hombre.

    Neji se rascó la cabeza, luciendo ligeramente contrariado, y Hinata se mordió el labio, preocupada de que estuviese pensando en abandonarla, cosa que él no hizo.

    —Lo sé, pero… —sus pupilas la observaron con algo de pena—Hinata-sama, yo tengo cero experiencias en la seducción de hombres —le confesó.

    Un fuerte tono de rubor invadió las mejillas femeninas, mientras una ráfaga de infinitas imágenes no-aprobadas-por-Hiashi-Hyuga pasaban por su mente.

    —¡N-No tienes que tenerla, Nii-san! —exclamó más fuerte y más agudo de lo que pudo prever, hecho que la avergonzó más. Neji la miró, confundido. —L-lo que… —respiró, infundiéndose calma—, lo que quiero es simplemente… que me ayudes a mirar a través de los ojos de un hombre… Quisiera que me dijeras qué es lo que te gusta, qué te parece atractivo de una mujer, qué debe hacer ella para que no pueda salir de tu mente, para trastornarte…

    Él cruzó los brazos y bajó la mirada, frunciendo el cejo y cerrando los ojos, adoptando en un segundo esa posición tan suya para pensar. —Uhm…

    Neji se tomó su tiempo y, para cuando abrió de nuevo los ojos, Hinata se había acercado unos pasos, quedando apenas unos palmos de distancia entre su rostro serio y el de ella, expectante, lleno de esperanza. La tomó de los hombros, alejándola con delicadeza, antes de hablar. —Eso es un problema —avisó, mirándola directamente, todavía sosteniéndola con ambas manos. Siempre tenía que tener la cabeza inclinada para hacerlo y ella, a su vez, tenía que subir la mirada debido a la diferencia de altura—, porque ninguna mujer me ha trastornado nunca.

    Dos parpadeos. —¿Ninguna? ¿Nunca?

    —Ninguna. Nunca.

    Neji la soltó de su agarre. —Y antes de que desate en su mente alguno de los pensamientos extraños que, yo sé, suele tener, debo decir que ninguna mujer ni hombre —enfatizó—lo ha logrado. Y los últimos no tienen esperanza, aunque lo intenten.

    Hinata tuvo el impulso de reír, pero se reprimió con esfuerzo. —Yo no tengo pensamientos extraños, Nii-san —se defendió sin mucho éxito.

    —A mí no puede engañarme.

    Al fin, se permitió soltar una risa fresca y baja, sintiendo las mejillas calientes, pero la desagradable sensación de la vergüenza no apareció; estaba con su primo Neji, su protector y la persona que la leía con mayor facilidad. Con él no necesitaba ocultarse o fingir, con él podía ser solamente ella, porque, después de todo, Neji no necesitaba activar el byakugan para ver a través de su ser.

    Con una sonrisa delicada, se retiró un mechón de cabello tras la oreja, posando nuevamente su mirada en el hombre: —Eres demasiado serio, Neji-niisan.

    A Neji le tomó medio segundo captar el tono divertido en su frase y, de buena gana, devolverle el gesto. —¿Está segura? Entonces supongo que tengo que calzar con mi inquebrantable seriedad y verme obligado a rechazar su indecoroso pedido.

    Ella abrió la boca, dispuesta a replicar, pero terminó simplemente ruborizándose y haciendo una mueca inconforme, mordiéndose la mejilla. —S-sólo estás evitando el tema, porque no quieres decirme qué clase chica te ha gustado.

    —No es eso —volvió a cruzar los brazos, acentuando su posición—, es que realmente no he sentido eso por nadie.

    A Hinata le parecía increíble. Es decir, bien que sabía que Neji no era del tipo de hombre que vive pensando en la interacción con el sexo puesto y, definitivamente, él no lucía como el tipo que se la pasa creando su prototipo de mujer ideal…, pero su primo no era de goma, le decía su cabeza, alguien, en algún momento de su vida, debió haberle hecho saltar el corazón, alguien alguna vez tuvo que haberle movido el piso, al menos le debió resultar atractiva alguna chica, al menos debió sentirse bien al besar a una. Lo que fuera, ¡por Dios, Neji al menos tenía que haberse enamorado de su sensei de la Academia cuando era niño!

    —No me lo termino de creer —le miró, terca—, ¿ni siquiera una? Con todo el club de fans que tienes, Neji-niisan, yo pensaría que… —se mordió la lengua.

    Neji alzó peligrosamente una ceja. —¿Qué pensaría?

    —Que… —su cabeza trabajó a mil, buscando una respuesta más adecuada para el “yo pensaría que te has pasado un buen rato con más de una” que se le vino a la mente (definitivamente, pensó, tantos años junto a Kiba Inuzuka y su espontaneidad estaban empezando a hacer estragos con su forma de pensar)—Que habrías salido con alguna.

    Notó que él se había alejado a un rincón para tomar una de las katanas del estante y ahora la limpiaba diligentemente con un paño oscuro. —Pues está en lo cierto.

    Hinata se pasmó. Sus labios se separaron. —¿Estás bromeando?

    —No veo porqué de debería hacer semejante cosa, Hinata-sama —respondió de manera desinteresada.

    —Neji-niisan, ¡entonces sí que puedes ayudarme! —exclamó, entusiasmada, parándose frente a él y recibiendo una mirada interrogante—. Esas chicas han tenido que hacer de todo por conquistarte, ¿verdad?

    El varonil rostro de Neji se ladeó con un extraño gesto, como si no estuviese muy seguro de su respuesta. —Eh… sí, supongo que lo intentaron. No dejaban de reír como tontas, de tocarse el pelo y de colgarse de mi brazo. Fueron muy irritantes —cerró los ojos, malhumorado, continuando autoimpuesta labor de limpieza de armas antiguas, rezongando—. Y todo gracias a ese Rock Lee, pensar que me llevó a engaños a todas esas citas a ciegas…

    Las palabras del joven Hyüga le sacaron un suspiro de amarga resignación. Esas chicas obviamente habían estado coqueteándole y él era tan… indiferente, que hasta daba pena por esas féminas no identificadas. Pensar que esa podría ser la reacción de Naruto ante sus intentos de seducción le causaba arcadas.

    —Al menos… Al menos pensaste que eran bonitas, ¿cierto?

    —Uhm… —Neji subió la mirada, pensándoselo un segundo—No.

    A este punto, Hinata Hyüga estaba empezando a perder todo atisbo de esperanza. El duro presentimiento de que había ido a parar con una persona que carecía de todo conocimiento de romance, que sabía menos sobre el funcionamiento de las relaciones que ella, la estaba mortificando. Quizá se había dejado guiar por las apariencias. Neji podía ser muy atractivo para las mujeres, pero también podía llegar a ser tan simplón en la materia que resultaba desalentador; ¿era ese el maestro que había conseguido? ¿tendría él alguna idea de lo que se trataba la seducción femenina?

    Suspiró por segunda vez, ignorando la mirada confundida en las pupilas platinadas de su primo. —Nii-san —le miró, desahuciada—, ¿hay siquiera alguna mujer que te parezca bonita?

    Las cejas marrones se juntaron ligeramente. Él arrugó la nariz, luciendo casi ofendido. —Por supuesto —dijo, asentando la hoja de la katana en el suelo y, a su vez, sosteniéndose de la empuñadura con ambas manos.

    Se miraron un instante. Ojos idénticos, ojos Hyüga, ojos poderosos. Al final, la sangre corrió acelerada hacía rostro pálido de Hinata cuando él pronunció de manera absolutamente natural:

    —Usted, por ejemplo, es hermosa.


    -

    -


    Neji, honestamente, no entendía por qué su prima se mostraba tan entusiasmada por saber cualquier cosa sobre las chicas sin importancia con las que había tenido la mala fortuna (entiéndase como Lee) de toparse. Desde que Lee y Tenten empezaron a salir, parecía que Lee estaba empeñado en buscarle pareja como para no formar el mal trío o para que no se sintiera solo, pero a Neji no podía importarle menos. Es decir, estaba feliz por sus amigos, pero en realidad no sentía que su relación hubiese cambiado algo, no sentía absolutamente nada de soledad. Verlos juntos y felices no lo hacía, mágicamente, el triste y solterón del equipo Gai. Él tenía otras cosas en la cabeza, cosas importantes, cosas de jounin, cosas de Hyüga; no podía andar por ahí revoloteando con cada una de las chicas fastidiosas que se le pegaban como polillas a la luz y jamás había tenido un interés especial por agradar a ninguna de estas mujeres. Le faltaba tiempo y le faltaban ganas.

    Pero, por alguna razón, Hinata parecía extremadamente curiosa sobre estas féminas.

    —Al menos… Al menos pensaste que eran bonitas, ¿verdad?

    —Uhm… —se lo pensó seriamente un segundo; ¿recordaba siquiera cómo eran? ¿rubias, castañas? Ni idea—No.

    El suspiro profundo que brotó de los labios de ella lo descolocó un poco. Hinata lucía alicaída. ¿Por qué? ¿acaso quería que le mintiera diciendo que había pensado que eran preciosas? ¿qué sentido tenía? … Cada vez estaba más confundido. Nunca había conocido una faceta tan complicada de la heredera del clan Hyüga.

    —Niisan… ¿hay siquiera alguna mujer que te parezca bonita?

    Frunció brevemente el ceño, analizando la pregunta, ¡pero claro que sabía diferenciar a las mujeres bonitas! Tenía buenos ojos, los mejores del clan Hyüga. —Por supuesto —clavó la katana en el suelo y agarró firmemente la empuñadura. Hinata siguió mirándolo fijamente, sus bonitas pupilas violáceas titilando con demasiada curiosidad, así que continuó: —Usted, por ejemplo, es hermosa.

    Y en seguida se mordió la lengua. Ver ascender el escandaloso color rojo a las mejillas del pálido rostro le hizo desear golpearse: si bien Hinata había crecido, había madurado y su costumbre de sonrojarse dramáticamente como antes era mínima, estaba claro que aún no manejaba demasiado bien los cumplidos respecto a su físico.

    —¿Realmente piensas que soy bonita, Neji-niisan?

    —Utilicé la palabra hermosa.

    El rubor se oscureció. Ella desvió el rostro. —S-sólo lo dices porque eres mi primo.

    Neji arqueó una ceja; ¿estaba hablando en serio? Si lo pensaba bien, esa podía tomarse justamente como una razón para no decirlo.

    —¿Qué tiene eso que ver?

    Hinata le envió una tímida mirada de reojo. —Que te gusta hacerme sentir bien.

    —Es cierto —asintió, todavía estúpidamente perdido—, pero, nuevamente: ¿eso qué tiene que ver?

    —P-pues que siempre quieres hacerme feliz, entonces dices e-esta cosa que no piensas realmente y yo me lo creo y entonces… Sakura-chan e Ino-chan, ellas sí son hermosas y atractivas y tienen chicos a los que vuelven locos, pero es porque son lindas y divertidas, además saben mover el cabello y pestañear lindamente e Ino-chan contonea las caderas de una forma admirable al caminar, yo nunca sería capaz, pero supongo que por cosas como esta es que Sai…

    Neji observó divertido cómo ella movía torpemente las manos, enredándose torpemente mientras recitaba su absurda verborrea, pero su mente se volvió un filtro, rescatando sólo lo más importante:

    —¿Se siente feliz cuando digo que es hermosa, Hinata-sama?

    Sus ojos se expandieron. —¿Q-qué? Pues… —a ella parecía costarle mirarlo a la cara—sólo si en verdad lo crees.

    —En verdad lo creo —confirmó, frunciendo ligeramente el ceño. Todo eso era un poco complicado. —¿Entonces debería decírselo más seguido?

    —¡N-No tienes qué!

    Neji ignoró el movimiento frenético de negación de las palmas y rostro de Hinata.

    —Lo haré —decidió, pasados unos cortos segundos.

    —¿Eh?

    —Le diré lo hermosa que es cada día, a partir de mañana.

    Después de todo, hacerla feliz era uno de sus deberes. Y si a ella le hacía feliz una cosa tan simple como aquella, entonces no había nada que hacer. Neji estudió su expresión, pero parecía que ese día no podía traducir sus pensamientos con la facilidad habitual.

    —¿Y… si mañana luzco fea?

    —Hinata-sama —le llamó, justo como un maestro llama a su estudiante, corrigiéndole algo demasiado obvio—, usted nunca se verá fea, porque no lo es. La regla es que la gente bonita es bonita y, por ende, será bonita hasta que muera.

    —¿Y si llego a nuestro entrenamiento con ropas de mendigo, despeinada y con los dientes llenos de comida? ¿qué dirías?

    —Le diría que no se deje ver de Hiashi-sama porque de seguro la reprendería.

    —¿Y si llego con los dientes rotos?

    —La llevaría al dentista.

    —¿Por qué? ¿ya no te parecería bonita?

    —No, yo seguiría viéndola de la misma forma —Neji suspiró, cansado—, pero, conociéndola como la conozco, estoy seguro de que no estaría de acuerdo conmigo por más que le insistiese.

    Pudo ver consternación en Hinata, pero luego, inexplicablemente, ella se cubrió los labios con una mano y empezó a reír, mirándolo con los ojos brillantes. —Eres muy raro, Nii-san —murmuró, y entonces el consternado fue él, ¡pero si estaba el burro hablando de orejas!

    -

    -

    —Más derecha. Barbilla alta… No tanto. Así.

    —Neji-niisan, ¿por qué estamos haciendo esto? —se atrevió a preguntar. Él simplemente le había dicho que iban a empezar con las clases y le hizo adoptar una postura recta, sin ningún tipo de explicación. Una de sus grandes manos estaba sobre su espalda, hundiéndola ligeramente.

    —Eche un poco los hombros para atrás —ella obedeció y él finalmente la soltó después de murmurar—. No se mueva, Hinata-sama

    Alejándose dos pasos, Neji empezó a observarla de perfil, analizándola como si fuera un cuadro o un problema matemático, como sea, pero ella estaba incomoda; le dolía el cuello por alzar tanto el mentón y era penoso estar sacando el pecho. A pesar de haber pasado la vida entera tomando clases de etiqueta, jamás ninguna institutriz había logrado que se sintiera natural.

    —A los hombres les atrae la elegancia.

    —Me siento como una gallina —se quejó.

    —Pero es una gallina elegante, esa es la diferencia —Neji mantuvo su tono corriente, pero Hinata no pudo evitar morderse los labios para reprimir una risa y mantener la postura. Sus mejillas enrojecieron por el esfuerzo.

    —¿Q-qué viene? —preguntó suavemente—¿tendré que caminar con libros en la cabeza?

    —Quizá…

    —Neji-niisan —lo observó por el rabillo del ojo; ¡por Dios! ¿Sería mucho pedir que se parara frente a ella?—, no creo que esto funcione.

    —Funcionará —su voz fue firme y Hinata lo sintió de repente tras ella. Instintivamente, todo su cuerpo se tensó y su respiración se detuvo, en alerta; manías de ninja—. No debe tener los hombros tan rígidos, relájelos un poco —la presión tenue de las manos de Neji sobre ellos le hizo calmar su postura, mientras exhalaba brevemente.

    Los dedos largos recorrieron el camino desde los hombros hasta sus codos en un movimiento rápido que le causó un ligero escalofrío debido a su sutileza. —No ponga los brazos tan pegados al cuerpo, la hace ver incomoda. Debe soltarlos.

    —¿Así?

    —Sí, está perfecto. —Neji se mantuvo un segundo en silencio y después resbaló las manos de sus codos, liberándola—Pero ahora… —sintió más cercano el sonido de su voz—no se vaya a poner nerviosa, Hinata-sama, ¿está bien? Pondré mis manos en su cintura.

    ¿Qué?

    Un nudo se le formó en la garganta. Nunca un hombre le había tomado de la cintura, a excepción de aquellos con los que había tenido que bailar alguna pieza por cortesía donde las distancias eran medidas y siempre frente a frente. Sin embargo, asintió, con un bajo “sí”, que intentó no articular con firmeza.

    Su primo le estaba ayudando, él tendría una razón para ello, se había prometido obedecerlo en todo.

    A pesar de esto, pegó un pequeño respingo al sentir las grandes manos cerrarse en la curva de su cintura. Él aflojó inmediatamente su agarre.

    —Lo siento —le oyó disculparse, gentil—. Sé que no está acostumbrada… pero recuerde que soy sólo yo. No voy a lastimarla.

    En ese instante, al oír sus propias palabras, por la mente de Neji pasó fugazmente una imagen antigua de una mucho más joven Hinata que tosía sangre y lo miraba con las pupilas dilatadas por un dolor del que él era culpable. El recuerdo fue tan real que sintió la necesidad de separarse de un brinco, de ocupar un lugar lejos de ella… porque, de repente, no se creía con el derecho de mirarla siquiera. Pero su prima, totalmente inocente de sus remordimientos, se llevó las manos a la cintura y cubrió las suyas. El calor de sus pequeñas palmas le resultó reconfortante. —Está bien, no se siente desagradable —ella hablaba bajito, dulce, seguro—, sólo dime lo que tengo que hacer, Nii-san.

    Justo como en su entrenamiento de taijutsu, Hinata se mostraba obedientemente ante él. Ella le tenía impoluta confianza y el asegurarse de eso le causó un golpe tibio en el pecho. Sus dedos se apretaron delicadamente en la cintura femenina y las manos delgadas de su discípula cayeron nuevamente, los brazos muertos a sus costados.

    —Quiero que camine —indicó—. Sólo unos pasos, lentamente, y yo la acompañaré.

    Hinata dio un paso, luego otro. Él sólo tuvo que dar uno para seguirla. —Hinata-sama, un pie tras otro… y no descuide su postura.

    Aun cuando su espalda estuviera recta y su barbilla elevada, ella seguía siendo tan pequeña frente a él que su barbilla podía posarse sobre su cabeza si llegase a abrazarla en alguna ocasión. Esto resultaba sin duda ventajoso en el momento, porque le permitía la completa observación de su cuerpo menudo al momento de avanzar. Neji se concentró especialmente en las caderas; su movimiento era un poco mecánico, aun cuando su andar era suave.

    Hinata contuvo la respiración un segundo al sentir que las manos de hombre serpenteaban hasta su cadera y se afianzaban con más fuerza en ella, pero esta vez no se sobresaltó, y dio el siguiente paso a un ritmo natural. Al instante, notó que Neji la balanceaba sutilmente, de un modo lento. —Al asentar un pie, inclínese suavemente hacía ese lado.

    —¿A-así?

    Neji apretó el agarre, estableciendo nuevamente el control. —Deje que la dirija, ¿está bien? La guiaré hasta que se vuelva algo natural.

    Los ojos plateados de Hinata se cerraron, mientras se repetía una y otra vez que debía dejar a un lado las limitaciones auto impuestas, dejar que su cuerpo se moviera de forma elegante, fresca, femenina. Era difícil, sus mejillas estaban abochornadas y cada parte de su cuerpo vibraba de una manera poco común, pero tenía que lograrlo.

    Una vuelta al döjö, luego otra, luego otra… Neji manejándola, moviéndola, observándola tras su espalda.

    Su mente, en un momento, se puso en blanco y simplemente se concentró en caminar. Sólo caminar, nada más importaba. Y entonces, quien sabe cuánto tiempo después, se dio cuenta que las varoniles manos la habían dejado ir cuando ya llevaba unos bastante grande distancia recorrida sin su encierro.

    Se quedó congelada al girar el rostro y ver la figura alta y orgullosa de su primo recostado en la pared a unos cuantos metros, con los brazos cruzados. Sobre sus labios reposaba una pequeña sonrisa placida.

    —Ahora Ino tendrá que sentir envidia al verla pasar, Hinata-sama.

    Con ese logro, se concluyó la primera lección secreta entre los primos Hyüga.
     
    Última edición: 12 Marzo 2018
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    Nahi Shite

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    Título:
    Enséñame. [NejiHina]
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    12
     
    Palabras:
    4612
    Enséñame.

    III.


    .

    Después de barrer los alrededores con su espléndida vista, Hinata Hyüga se permitió esbozar una sutil sonrisa al recorrer el pasillo colindante al patio interior de su hogar. Era un largo camino de madera y podía sentir cómo los dedos de sus pies se encogían ante el frío de la noche, pero una brisita helada no iba a detenerla, pues ella era una chica con una misión; entrenar.

    No, que no era el tipo de entrenamiento común de dar patadas y puños suaves y malgastar chackra, sino aquella complicadísima cátedra para resultar atractiva. Bien, quizá no era esa la descripción adecuada para lo que estaba haciendo, porque en realidad lo que quería no era lucir atractiva, el objetivo final era lucir… finamente sensual. Y no para cualquier hombre por ahí, no señor, era nada más y nada menos que para el hombre más denso de Konoha, el hombre más despistado e ingenuo que la villa entera hubiese tenido oportunidad de engendrar: Naruto Uzumaki. Seducirlo a él sería, por su dificultad, un mayor logro que desviar la atención del hokage de sobre sus libros eróticos. Tarea de valientes.

    Y de pacientes.

    Y a Hinata Hyüga se le iba acabando la paciencia.

    Sacudió los pensamientos con un movimiento de cabeza, centrándose únicamente en caminar de acuerdo a las instrucciones de su primo. Había trascurrido ya una semana desde su primera clase y después de ello apenas habían podido agregarse dos más, demasiado fugaces como para que Neji pudiese aconsejarle cosas de importancia. Después de todo, ambos eran personas ocupadas y, aunque ese era un objetivo primordial en su vida personal, Hinata no podía menospreciar o descuidar de ninguna manera su entrenamiento ninja ni sus labores como kunoichi de Konoha y heredera del clan Hyüga. Afortunadamente, en el último tiempo sus técnicas parecían estar mejorando de manera progresiva y Neji parecía estar bastante satisfecho con ello; hacer feliz a un maestro era la mejor sensación del mundo. Lo malo es que ella tenía un maestro feliz, pero demasiado ocupado. Si no era por una tarea asignada por el hokage, era por algún entrenamiento exhaustivo con Lee o por una reunión con el líder del clan Hyüga y su consejo, pero siempre había algo, y él a duras penas podía apartar parte de su tiempo para su protegida –suspiró-, un escaso tiempo que se dividía de manera demasiado desequilibrada entre enseñar técnicas de combate y enseñar técnicas de seducción. Sumándole a ello el hecho de que ella era la heredera del clan más poderoso y antiguo de Konoha y que, por tanto, tenía una agenda apretada también… Bueno, el tiempo de sus clases especiales con Neji bien habría podido resumirse en minutos y en unos cuantos consejos.

    Casi podía escuchar la voz seria de su guardián repitiendo los pequeños tips que le había transferido durante sus pequeños encuentros a medida que avanzaba:

    "Hinata-sama, no descuide su postura".

    "Barbilla arriba".

    "No apresure su andar".

    "Sostenga la mirada".

    "Hinata-sama, si para usted una gallina es sinónimo de sofisticación, entonces quiero que sea lo más gallina que pueda".

    No pudo evitar soltar una risita ante lo hilarante de su estoico primo reprendiéndola con esa voz estricta y mandándole ser una gallina. Ay, ese Neji… Ella no pensó que podría ser tan divertido recibir clases de seducción.

    —Hinata-sama, ¿por qué se está riendo de esa manera en medio del pasillo?

    Hinata parpadeó. —¡Neji-niisan! —exclamó, llevándose las manos al pecho por el asombro al oírlo tras de sí—N-No es nada… —sintiéndose ligeramente avergonzada, se dio la vuelta para enfrentarlo, pero al hacerlo no pudo reprimir un jadeo de terror—, ¿qué te sucedió? ¿estás bien?

    La heredera del clan Hyüga avanzó velozmente hacía su guardián y pudo apreciar con preocupación que sus ropas llevaban algunos cortes y una que otra mancha de suciedad. La mandíbula firme lucía un poco amoratada y la esquina de su labio inferior era de color rojizo y estaba ligeramente inflamado.

    —Estoy bien, no se preocupe —su mirada era la misma, imperturbable—, pero dígame qué es lo que está usted haciendo tan tarde. Hace horas que debería estar descansando en su habitación.

    Hinata hizo un pequeño mohín con la boca, mientras sus pupilas escaneaban de forma más detallada el estado de su primo. —No soy una niña —respondió, dándose cuenta al instante de lo infantil que había sonado eso, pero algo más importante llamó inmediatamente su atención—. Neji-niisan… tú… —desvió la mirada, abochornada—tienes una marca de labial ahí… en tu cuello.

    —¿En mi-?oh, —Neji restregó el dedo índice en la piel y observó el color impregnado en este—gracias.

    Sólo entonces… algo se hizo obvio. Al ver el pequeñísimo rubor en la blanca tez del rostro masculino quedó claro el estado alcoholizado de su primo mayor. La situación, pensó Hinata frotando ligeramente los dedos, era un poco incomoda. Sin embargo, cuando una brisa especialmente fría le heló las mejillas y la hizo abrazarse, Neji dio un paso en su dirección y todo se volvió peor; ¡él a duras penas se mantenía derecho!

    Oh, Dios mío, no quería enterarse de cuán histérico podría ponerse su padre si lo veía en ese desaliñado estado. Afortunadamente ella estaba ahí, dispuesta a proteger a la persona que siempre la protegía.

    —Pensé que saldrías con Lee-san y Tenten-san —dijo, bajando intencionalmente la voz con el fin de evitar curiosos.

    —Así fue.

    —Pero también estuviste con una chica —un suave resto de color rojo descansaba al lateral del fuerte cuello (era un horrible tono de rojo, por cierto), así que ella estiró la mano y se dedicó a frotar el pulgar delicadamente en la zona afectada—, ¿verdad?

    —No estuve con una chica —le oyó suspirar, y cuando subió el rostro para observarlo con una ceja apenas un poco elevada, un cálido aliento acarició su frente, moviendo incluso algunos de los cabellos de su flequillo oscuro y el tenue aroma de alcohol pudo sentirse claro. Él se había inclinado hacia ella mientras todavía sus dedos se paseaban por su piel, aunque ya el labial había desaparecido. Seguidamente, Neji susurró con un tono ronco y profundo—; estuve con varias.

    Hinata dio un paso atrás, consternada y sonrojada hasta los cabellos, mientras en su mente aparecía una cadena de imágenes que, definitivamente, una decente y recatada Hyüga no debería anidar nunca en la cabeza. Separó los labios y balbuceó, luego frunció el ceño y desvió la vista, totalmente avergonzada; ¿Neji estuvo tonteando con varias chicas esa noche? ¿y qué pasaba con las manchas de labial? ¿ellas lo habían besado tanto y… a la vez? La sangre atestó los vasos capilares de sus mejillas. Pero lo que realmente la sorprendió, lo que realmente la tomó desprevenida, fue el sonido vibrante de una risa.

    Neji estaba riendo. Y no era ni fuerte ni suave, no era ni estridente ni pacífica; era simplemente neutral, era una risa Neji.

    Hinata abrió la boca para hablar, para decir algo normal en aquella situación tan salida de la rutina, pero él llevó una de sus grandes manos hasta su cabeza y le despeinó el flequillo. —Sabía que iba a reaccionar de forma tan graciosa.

    —Neji-niisan —frunció el ceño, las mejillas adorablemente pintadas de rosa—, no juegues conmigo.

    Él volvió a reír, retirando lentamente la palma. —Lo siento, Hinata-sama. No pude desaprovechar la oportunidad.

    Hinata lo miró. —Te estás riendo mucho hoy.

    —Creo que —sus labios tiraron de una media sonrisa—el que esté algo ebrio tiene algo que ver con eso.

    Y entonces ella fue la que soltó una risilla baja. Estar frente a esa versión relajada de su primo le hizo pensar que estaba conociendo una parte oculta de él. De alguna manera, se sentía bien compartir un momento así, se sentía bien verlo de esa forma; siendo el mismo de siempre, pero libre de preocupaciones.

    Se preguntó fugazmente cómo se comportaría ella cuando estuviese ebria.

    —No estás algo ebrio, Nii-san —dijo, mirándolo divertida—, estás totalmente ebrio. Anda, déjame acompañarte a tu habitación, ¿está bien?

    El rostro masculino configuró una expresión de horror. —Oh, no, Hinata-sama, no es necesario —él negó con ambas manos—, yo puedo llegar perfectamente. Sería inconcebible que hiciera tal cosa.

    Buscando probar su punto, Neji se giró y empezó a andar, pero no resultó demasiado convincente al tener que apoyar una mano en el muro para estabilizarse.

    —Neji-Niisan.

    —Silencio, Hinata-sama, yo puedo solo.

    —Tu… cuarto está en la otra dirección.

    Él se detuvo en seco. —Oh.

    Reprimiendo su diversión, Hinata se coló bajo su brazo y pasó éste por encima de sus hombros, de manera que su primo pudiera tomarla como apoyo. Neji abrió la boca para protestar (Dios, era tan testarudo ebrio como estando sobrio), pero ella configuró una mirada seria y le habló firmemente, sabiendo que era la única manera de hacerlo desistir. —Voy a hacerlo —sus pupilas la observaban curiosas, sus rostros estando bastante cerca debido a la posición. Hinata sonrió. —Seré yo tu guardiana. Vas a ver lo que se siente.

    El camino hacia el cuarto del hombre no resultó tan accidentado como Hinata había presupuestado. Avanzaron a paso constante y ella no se agotó al llevar parte del peso del cuerpo masculino porque Neji, aún en su estado, se aseguraba de ser independiente. Él balbuceó cosas como "uh, Hinata-sama, su cabello me hace cosquillas" o "wow, esto sí que es un laberinto… ¿segura que esa no era mi habitación?" y ella le sonrió comprensiva y dejó escapar varias risitas. Después de haber serpenteado un rato por los pasillos del complejo, evitando intencionalmente los lugares en los que aumentaban las posibilidades de toparse con alguien (especialmente evitando pasar por los aposentos de su padre), Neji empezó a balancearse de un lado a otro, llevándola consigo.

    —Uh, uh, uh, nos caemos —decía, sin molestarse en fingir demasiado que lo hacía de forma premeditada—. Cuidado, Hinata-sama, tiene que cuidarme.

    —Niisan, q-quieto… —ambos trastrabillaron fuertemente por un momento y él soltó una risa contagiosa—Y no seas tan ruidoso, es ya muy tarde.

    —¿Qué hora es? Uy, me tropecé, estuvo cerca.

    —M-Mentiroso —lo apretó más de la cintura, tratando de mantenerlo tranquilo—. Deja de fingir que te caes, me asusta.

    —Pero, Hinata-sama —él protestó como un niño pequeño, al tiempo que la puerta de su destino aparecía a tan solo unos metros. Hinata suspiró, pero justo se permitió empezar a relajarse, Neji se acercó a su oído, frotando la nariz sobre su piel y las hebras de su oscuro cabello alrededor—, estoy ebrio~

    El brazo alrededor de sus hombros ejerció más fuerza para mantenerla en su lugar mientras la punta de la nariz masculina hacía de las suyas. Hinata se removió, inquieta, encogiendo desesperadamente su hombro para evitar el contacto con el área sensible de la oreja, pero sólo logró que la presión de la piel suave de Neji se trasladara también a sus mejillas.

    —M-Me haces cosquillas, ya… —reía tontamente, sin poder retenerse—N-Nii-san, quieto, en serio. Mira, ya llegamos…

    Neji se detuvo de repente y admiró la puerta frente a él, alta y de fina madera. —¿Quién vive acá?

    Ella aprovechó para recostarlo contra la pared, liberándose de su agarre, y le sonrió. —Neji Hyüga —respondió, mientras giraba el pomo y abría cuidadosamente, evitando hacer ruido. Lo miró nuevamente, sonriéndole, a la vez que él dejaba caer el puño contra la palma de la otra mano, pronunciando la gran revelación:

    —Oh, ese soy yo.


    .

    .

    Neji sonrió al ver a su prima entrar en la habitación después de haber salido con el propósito de traer unos paños y algo de su brebaje y pomada para untar en la herida de su labio y en sus costados amoratados. Al parecer ella se estaba tomando su papel de guardiana bastante en serio, así que él, sentado cómodamente en el colchón, se dedicó a observarla.

    Primero, ella se acercó a la lámpara sobre el escritorio cercano a la cama y la encendió, impregnando inmediatamente el ambiente con una lánguida luz que resultó extrañamente agradable. Mientras la miraba andar de vuelta hacia él, envuelta en su fina yukata veraniega, Neji se preguntó fugazmente si ella estaría aplicando a propósito sus lecciones de contoneo de caderas o si acaso él estaba muy ebrio… Su cuestionamiento murió cuando Hinata se subió a la cama, acomodándose a su lado y le hizo recostar en el espaldar. Ella estaba de rodillas y lo miraba con timidez. —¿Puedo…?

    Tras un simple asentimiento, pasó un pequeño pañuelo húmedo sobre la esquina de su boca, suavemente, apenas palpando la herida. Neji mantuvo la vista en sus ojos. Siempre le gustaba ver esa expresión que denotaban al momento de concentrarse en una tarea.

    —¿Cómo fue que te hiciste esto, Nii-san?

    No era algo grave. Era un rasguño de nada, una pequeña inflamación y un moretón algo extenso en su quijada, pero de igual forma le hacía sentir curiosidad.

    —Lee se salió un poco de control.

    —¿Lee-san bebió? —preguntó ella sorprendida.

    —No se suponía que lo hiciera, pero no tengo idea de cómo es que él siempre termina encontrando licor y tomándolo por error —hizo una mueca de disgusto cuando Hinata hizo un poco más de presión en su boca—Duele.

    —Lo siento.

    Hinata se mantuvo entretenida con su labor de enfermera y, finalmente, untó un poco de su pomada especial en el índice y lo pasó delicadamente por la comisura del labio masculino, por su quijada firme. Le extrañó que su primo permaneciese callado durante el pequeño proceso, porque no había hecho más que hablar desde que lo había encontrado, pero sólo se dio cuenta de que algo extraño pasaba cuando alzó la vista y se chocó con las pupilas opalinas mirándola con atención, luciendo pensativas, como si él quisiera saber algo pero no se atreviese a preguntar. Inevitablemente se sintió nerviosa ante la intensidad.

    —¿Por qué me miras así?

    Llevó las manos juntas hasta su regazo, sus ojos sin despegarse de los de Neji, pero sus mejillas sufriendo de forma irremediable un aumento de color.

    Él no lo dudó un instante.

    —¿Qué estaba haciendo antes de que la encontrara? —preguntó, pero era ese tipo de pregunta que se hace conociendo de antemano la respuesta. Era el tipo de pregunta que Hinata odiaba.

    —Me estaba riendo.

    —Antes de reírse —la presionó.

    —Estaba practicando mi postura… y mi forma de caminar.

    El mayor de los Hyüga se acomodó, irguiéndose un poco para obtener una posición sentada más recta. Los cortes en las mangas y costados de su ropa llamaron nuevamente la atención de su prima.

    —Neji-Niisan, ¿quieres que te aplique un poco de pomada?

    —Gracias.

    Hinata llevó las manos hasta el único botón de la prenda masculina y desabrochó con su delicadeza habitual, deslizándola luego pacientemente por los hombros anchos, le ayudó a sacar los brazos de las mangas y, finalmente, el torso de su primo quedó libre. Una amplia magulladura en la parte izquierda del abdomen contrastaba con la piel blanca y limpia restante. Uno que otro pequeño moretón se esparcía también a lo largo de sus brazos.

    —Lee-san es un poco salvaje cuando bebe —comentó cálidamente, palpando con cuidado la parte más afectaba, pasando apenas la yema de sus dedos en círculos.

    En otra situación, en otro tiempo, o quizá con otro hombre, estaba segura de que estaría sufriendo de un desmayo en ese instante (de adolescente no soportaría ver a un chico sin camisa), pero ahora era diferente. Primero, porque había madurado un poco, sabía que no todo acercamiento con el sexo opuesto tenía que necesariamente tener implicaciones románticas o eróticas, sabía que era tonto enfocarse demasiado en el tacto de la piel tibia y tersa cubriendo el firme abdomen… Y segundo, porque era Neji, su primo, su guardián. Antes él la intimidaba. Antes, años atrás, ella no se atrevería a ofrecerse a curarlo de tal manera, simplemente porque temía que la rechazara duramente, pero ahora era diferente. Después de tanto tiempo, ella confiaba ciegamente en él y sabía que el sentimiento era recíproco.

    Él la cuidaba y ella a él, era un silencioso acuerdo.

    Los delgados dedos saltaron hasta el pecho y masajearon sutilmente los pectorales, mientras aplicaba la crema.

    —Hinata-sama, lamento que deba verme en este estado.

    —¿En este estado? —lo miró confundida, colocando la tapa del pequeño frasquito al ver acabada su tarea. La mirada de Neji se desviaba, notoriamente avergonzada—Pero si tus heridas son simples rasguños, Nii-san.

    —No me refiero a eso —susurró—. Lo que me avergüenza es que haya tenido que lidiar conmigo mientras estoy en este estado de ebriedad.

    Ay, Neji. Aun en esa situación, el corazón de Hinata se estrujó con dulzura al oírlo, ¿por qué sería que él siempre quería ser el guardián y nunca el protegido? De vez en cuando recibir una atención por parte del familiar por el que arriesgaba la vida a diario no debía ser motivo de vergüenza.

    Cuidadosamente, las manos subieron hasta las vendas en su cabeza y, ante la pregunta escrita en su mirada, ella sólo sonrió. —No debes sentirte de esta manera, Neji-Niisan —murmuró en bajo, sintiendo cómo el ambiente se volvía cada vez más íntimo al inclinarse para desamarrar las ataduras tras su cabeza, bajo los mechones de cabello castaño. Después de que las vendas hubieron tocado el colchón, Hinata delineó dulcemente la marca de maldición gravada sobre la piel albar. No era la primera vez que lo hacía, pero tampoco era muy frecuente que se diese la ocasión para ello, así que ella atesoró cada segundo del contacto entre sus yemas y la tez masculina, dándose a sí misma una oportunidad para comunicarle lo importante que era su existencia en su mundo. Neji la observaba atento, tranquilo, cuando ella susurró: —Me gustaría conocer cada una de tus facetas —en un impulso atrevido, acercó los labios a él, posándolos sobre la marca—. Después de todo, primo mío, eres una de mis personas más preciadas.

    Neji la observó unos instantes en silencio. Hinata se mantuvo a su lado, esperando algo, quizá una réplica, quizá un agradecimiento, quizá unas palabras de retribución, pero… ¿qué se suponía que debía esperar? Nunca antes había dicho algo parecido a alguien, ni siquiera a su padre o a Hanabi. Se sintió rápidamente abochornada, así que recorrió la mirada por toda la habitación, buscando mentalmente una excusa para marcharse y evitar tal situación incómoda, sin embargo, no hubo forma de que anticipara lo que vino. La palma derecha de Neji abarcó la totalidad de su mejilla izquierda con toda la delicadeza que un hombre ebrio puede tener.

    —Me acabo de dar cuenta de algo —él murmuró, luciendo bastante asombrado. Sus ojos se expandían ligeramente.

    —¿D-De qué te diste cuenta, Nii-san? —con suerte, pensó, él no pondría demasiada atención a sus anteriores palabras. Se relajó, calmándose al preguntarse qué demonios debería temer ante su alcoholizado primo.

    El gesto del rostro masculino era absurdamente fascinado, como si hubiese descubierto el más grande tesoro pirata en su cara. A Hinata llegó a causarle gracia.—Ninguna de las mujeres que me acompañaron esta noche poseían una belleza como la suya, Hinata-sama.

    ¿Qué?

    ¿O sea que lo de las mujeres no era una broma de borracho?

    ¿O sea que ella era más bonita que todas?

    Su cara fue definitivamente un poema. Palideció, se sonrojó, bajó la vista, la ladeó, la subió y balbuceó como si tuviese problemas mentales. No ayudaba mucho el que Neji mantuviera esa mirada científica sobre ella.

    ¡Ah, ya, seguramente estaba jugando de nuevo! Claro, si lo había estado haciendo todo el tiempo… Eso tenía que ser.

    —Ja, ja, Neji-Niisan, no voy a caer de nuevo.

    Su cabeza se ladeó, confundida. —¿De qué habla?

    Hinata retiró lentamente la mano que presionaba su mejilla. —No te voy a creer nada más de lo que me digas esta noche, lo he decidido —asintió, segura—. Cuando estás ebrio te vuelves un mentiroso.

    Neji frunció el ceño. —¿Mentiroso? ¡Pero si no he dicho más que verdades, Hinata-sama! Usted es más bonita que todas ellas juntas.

    Tratando de mantenerse impasible con la aparentemente honesta aseveración, la pequeña Hyüga entrecerró los ojos, observándolo sospechosamente. —Lo que creo es que esas mujeres no existen —dijo—. Tú no eres de esa clase de chico, Neji-niisan.

    —¿Esa clase de chico? —sus labios se torcieron en una sonrisa. Hinata no recordaba haber visto antes un brillo tan pícaro en los nacarados ojos de su primo—¿qué clase de chico no soy, Hinata-sama?

    Bloqueo mental. El rubor acarició sus pómulos. —Pues, tú sabes, esa clase de chicos… —juntó los dedos, sintiéndose frustrada—esa clase de chicos que sale con muchas chicas a la vez y… se besa con ellas y… todo eso.

    —Todo eso… —Neji repitió, pensativo—Y si no soy de esa clase, ¿entonces a cuál pertenezco?

    ¿Y ahora qué? ¿Debería decir "tú eres el tipo de chico al que le sobran chicas, pero no ha mostrado un interés especial por alguna"? ¿O "tú eres del tipo de chico enamorado sólo de la batalla y el deber"?

    —Tú eres —dudó un segundo—… supongo que eres un chico sincero. Alguien quien no miente o da falsas esperanzas a las mujeres. Si no te agrada alguien, simplemente lo dices y ya.

    Y que se lo preguntaran a ella. En el pasado él no había tenido reparos en expresarle cuánto la odiaba, con miradas, con palabras, con acciones. Neji Hyüga no era de los tipos que fingían.

    —Entonces soy uno de esos que sólo quieren pasar el rato y ya —Neji se acomodó mejor en el espaldar de la cama, relajando su cuerpo.

    —Eso no es verdad —Hinata rebatió inmediatamente y él volvió a sonreír.

    —¿Entonces cómo explica el labial de mujer en mi cuello? —se señaló el lugar ahora limpio—Usted lo quitó, Hinata-sama. Sabe que fue una mujer quien lo puso allí.

    Ella se mordió el labio y acomodó tras la oreja un mechón de su oscuro cabello; ¿por qué era que estaba sosteniendo esta conversación con un ebrio (cosa esencial en el asunto) Neji a tan indómitas horas?

    —Quizá ella es importante para ti. Eso es lo que creo.

    —Hinata-sama, no me importa para nada. Y no fue una, fueron varias, ya se lo dije —Neji suspiró—. Se abalanzaron sobre mí como bestias alcoholizadas y hambrientas. Tenten tuvo que arrancarlas con una lluvia de armas y, sabe, resultó que Lee las había invitado con nosotros con la esperanza de que me fijase en alguna de ellas. Realmente terminaré volviéndome loco si sigue haciendo eso, no me haré responsable de mis actos.

    Hinata rió con suavidad, entendiendo todo y sintiendo un poco de compasión por su problema. Él tenía esa maldición de ser atractivo y poseer una personalidad seria y fría que llamaba a las mujeres como la luz lo hacía con las polillas. Era el mismo problema de Sasuke Uchiha.

    —Pero eso no fue lo peor —Neji se quejó.

    —¿No? —le sonrió, mostrando el interés de una madre hacía los relatos de su hijo—¿qué fue lo peor?

    —Que después de varios tragos una de ellas empezaba a parecerme… no sé, sensual.

    Parpadeó. —¿Sensual?

    —Sí. Por eso salí del lugar —Neji asintió, cerrando los ojos y elevando un dedo—. Hinata-sama, usted debe saber que cuando el alcohol reduce la razón del ser humano, lo vuelve similar a un animal guiado sólo por instintos, por ese motivo usted nunca debería beber cerca de Naruto.

    ¿Naruto? ¿Por qué ese ebrio Neji tenía que llevar la conversación de una forma tan extraña?

    Se sonrojó. —¿Qué tiene que ver Naruto-kun?

    —Pues es a él a quien quiere seducir, ¿no? —su cara debió responder por ella—Bueno, pues acá está otro de mis consejos: nunca beba cerca de él. Una mujer ebria no es sexy. Y si es el hombre quien está ebrio quizá se sienta instintivamente atraído, pero será algo sin sentido y es probable de que al día siguiente no recuerde siquiera el nombre de su compañera.

    Hinata suspiró lentamente, sintiéndose algo sofocada. —Neji-niisan, yo creo que deberías dormir.

    —No, ¿pero cómo voy a hacer tal cosa? Si estamos en medio de una lección, Hinata-sama —él la miró como si estuviese loca, pero ella podía ver el cansancio en su rostro, aunque se negara a aceptarlo.

    —Aplázala por mí hasta mañana, ¿sí? —apeló a su lado compasivo, porque lo conocía y Neji nunca admitiría que estaba a punto de dormirse. Eran los parpados de él los que lucían pesados, pero fue ella la que dijo: —Es que estoy muy cansada, Nii-san.

    Un suspiró resignado brotó de los labios masculinos. —¿Qué se le va a hacer? Será para mañana entonces. Pero quiero que esté lista bien tempranito.

    —Sí, bien tempranito, bien tempranito, incluso antes de que salga el sol —le siguió la corriente, internamente enternecida y divertida con su actitud—. Que descanses, Neji-Niisan.

    El reloj en la pared marcaba la una de la madrugada en el instante mismo en que Hinata Hyüga se acercó a Neji Hyüga, posando tímidamente una mano sobre su hombro desnudo como apoyo, con la intención de depositar un fraternal beso de despedida en su blanca mejilla. Cerró la distancia entre ellos al igual que cerró los ojos, sin embargo, la textura que sintió contra sus labios fue mucho más suave de lo que esperaba. No estaba en la mejilla, estaba en la comisura de la boca. Tocó la esquina del labio más grueso de Neji con los suyos de forma delicada, pero firme, y su corazón retumbó como un cañón dentro de su pecho ante el contacto.

    Fue un simple accidente provocado por un ligero giro del rostro del Hyüga mayor, era una verdadera tontería revolucionarse tanto por algo así, pero Hinata no podía evitarlo, porque, diablos, era la cosa más cercana a un beso de verdad que hubiera tenido.

    Se separó como un rayo, como si su cercanía le quemara (que en esos momentos lo hacía), y lo miró con ojos abiertos y mejillas rojas, esperando, quien sabe, un reclamo o algo parecido… una reacción que no llegó, porque el rostro níveo mostraba calma y tranquilidad, como si él no hubiese notado el pequeño error.

    El alcohol, se recordó Hinata con alivio, el alcohol.

    —Hinata-sama —él la detuvo apenas hubo recogido ágilmente la pomada, las vendas y el pañuelo que había necesitado con anterioridad, mientras retrocedía para bajarse de la cama.

    —¿S-sí?

    —Prepárese para nuestro entrenamiento —sus ojos lucían perezosos y él se deslizó con un movimiento rápido y algo torpe hasta que su cabeza se acomodó en la almohada. Lucía como un pequeño niño travieso al esbozar una sobria sonrisa y murmurar: —Mañana yo seré Naruto.

    Y por el resto de la noche, en su propio cuarto, protegida por sus propias sabanas y acostada en su propia cama, Hinata no pudo quitar la imagen del hombre de torso desnudo, frente tatuada y suaves labios magullados que le sonreía al advertirle que al día siguiente interpretaría a su amor desde la infancia. Tampoco pudo eliminar por completo la agradable sensación cálida de su boca, aunque se enfrascó fuertemente en hacerlo.

    Nunca, se dijo, nunca volvería a acercarse a un Neji ebrio.
     
    Última edición: 12 Marzo 2018
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    Nahi Shite

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    Título:
    Enséñame. [NejiHina]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    12
     
    Palabras:
    4622
    ENSEÑAME.
    IV.



    Estaba bien entrado el día, pero en la austera habitación sin ventanas la luz era escasa. No era que importase realmente. Para ser totalmente claros, en esos momentos la entrada vetada para los rayos del sol podía ser algo benéfica para su huésped.

    Neji Hyüga maldecía internamente los síntomas de la resaca, del guayabo de la mañana, mientras se miraba en el pequeño espejo del pequeño cuarto de baño; que los había sentido ya varias veces en la vida, pero uno no termina nunca de acostumbrarse a esos males. Unas débiles ojeras adornaban la parte inferior de sus ojos claros y Neji frunció el ceño al centrar su mirada en sus labios, que estaban tan secos como los sentía y, además, la comisura de su boca lucía un suave color morado. La garganta le quemaba. Había también un ligero dolor puyándole la cabeza, pero no era nada que no pudiese controlar. Lo que más le molestaba, sin embargo, era la desagradable sensación de calor sofocándolo de pies a cabeza, era como el infierno en su piel, y el fastidio en la boca del estómago, la acidez infernal.

    Después de echarse agua en la cara, de fregarse insistentemente con las manos y suspirar, Neji tomó el cepillo de dientes y empezó el aseo bucal. Fue un alivio porque aparte de eliminar el mal aliento matutino, el contacto del líquido con sus labios y con el interior de su boca le resultó placentero.

    Luego, echó un vistazo general.

    Resultado: era un desastre.

    Tenía el torso desnudo, algunos moretones y los pantalones rasgados en la zona de las rodillas.

    Se sentía pesado y lento, dos cosas mortales para un ninja, y por un ínfimo momento se permitió envidiar la reacción del cuerpo de Lee ante el alcohol, que lo volvía más fuerte e impredecible. A él, en cambio, no le favorecía mucho, ya lo veía; le hacía lucir como un tonto y actuar también como uno. Sólo había que recordar su actitud con su prima en la madrugada; ella había tenido que cargar con él estando ebrio, riéndose por cualquier nimiedad, diciendo incoherencias, ¡y hasta haciéndole cosquillas en el cuello con la nariz! Hinata había cuidado de sus insípidas heridas y le trató pacientemente mientras él hablaba tonterías de mujeres y labiales rojos y miles de cosas más... Qué vergüenza, hasta había querido darle recomendaciones con respecto a su relación con Naruto y encerrarla en una de sus simplonas lecciones de seducción. Y, Neji se cubrió los ojos en un gesto de frustración, menos mal que ella había sabido sacarle el cuerpo, porque... la verdad era una sola aunque le costara admitirla incluso ante sí mismo: podía ponerse un poco intenso cuando estaba ebrio.

    Siendo totalmente honesto, esa era la razón por la que su mirada se había detenido varias veces en los tiernos labios femeninos, en sus ojos aperlados, en las finas facciones de su rostro y en las acentuadas curvas delanteras insinuándose bajo la delgada tela de la yukata veraniega... También fue la razón por la que había disfrutado tan sagradamente de las gentiles manos atendiéndole la boca, desvistiéndolo y aplicando lentamente (oh, le había parecido tan lento) un poco de su secreta pomada sobre la piel de su abdomen y pecho. El alcohol era el único culpable de ese impulso reprimido de unir sus labios con los de ella, así fuera un poco, al momento en que la vio inclinarse sobre su rostro para despedirse (y afortunadamente su yo ebrio no había sido tan obvio). También, con la mejilla bien puesta sobre la almohada, había mantenido las pupilas bien fijas sobre la figura de su prima abandonando la habitación..., analizando el movimiento tenue de caderas que, en ese momento, se le antojó supremamente sensual, y devorando visualmente ese trasero apretado y redondo...

    Se recostó en la pared, cansado, cubriéndose el rostro caliente. Dios mío, el alcohol lo volvía un pervertido. No podía permitirse volver a caer en sus garras. No cuando lo hacía pensar y actuar como lo que no era, no cuando le hacía ver a su protegida y querida prima con ojos libidinosos, con ojos pecadores.

    Joder... Sólo esperaba que ella no hubiese podido leer pasado ardor interno al estar tan cerca. Lo esperaba de verdad y, teniendo en cuenta que se trataba de Hinata, inocente y pura Hinata, quien nunca podía pensar algo malo de las personas y menos de su honorable guardián, entonces las probabilidades estaban a su favor.

    Nunca, se repitió, nunca volvería a toparse con Hinata estando ebrio. De lo contrario, tendría que cometer seppuku, ¿que eso era cosa de samuráis y no de ninjas? Le importaba un bledo; si volvía a acercarse en estado alcoholizado a la heredera del clan Hyüga, se volvería un maldito samurái si era preciso y se clavaría una daga en el abdomen.

    Con sangre, filos, dagas, samuráis y muertes honorables llenándole la mente, Neji a duras penas percibió el suave sonido de la puerta abriéndose cuidadosamente, al que le siguieron unos pasos sigilosos, demasiado sigilosos... sospechosamente sigilosos y el sonido de la puerta al cerrarse. De nuevo, con el pensamiento de sangre, filos y dagas, ni siquiera tuvo tiempo de pensar antes de que sus instintos actuaran por él; dos segundos después su más preciado kunai aprisionaba la piel clara de una garganta.

    El invasor pegó un respingo junto a una ahogada exclamación de sorpresa y Neji se maldijo nuevamente al reconocer el sonido de campanitas y el sutil olor del romero. Relajó el agarre en el arma y separó su mano antes de esconder el kunai con rapidez.

    —Neji-niisan.

    Ella cargaba una bandeja en las manos. Debió haber sido un verdadero esfuerzo el no derramar nada con el susto. —Discúlpeme, por favor —con una mirada arrepentida, se la arrebató cuidadosamente y la depositó en el escritorio de madera, dándole la espalda—, pensé que se trataba de un intruso.

    Acordándose fugazmente de su parcial desnudez, caminó hacia el armario y se puso una de las camisas allí guardadas, blanca y con cortas mangas.

    —No, es mi culpa, debí llamar antes de entrar —Hinata se disculpó—. Pero pensé que estarías dormido todavía y no quería molestar. Después de todo, fuiste a dormir muy tarde y estabas... uhm, indispuesto.

    —Ebrio —Neji la miró—, lamento que haya tenido que lidiar con tal situación.

    La vio sonreír un poco. —Está bien, no me causaste problemas. En realidad, me agrada el Neji ebrio.

    ¡Oh, pobrecita, no sabía lo que decía! ¡el Neji ebrio era un depravado!

    Con desgano, Neji se sentó en la cama, causando una expresión de preocupación en su prima.—¿Te sientes bien?

    Asintió, cada una de sus atenciones haciéndolo sentir un poco más culpable, porque se suponía que era él quien debía velar por ella, no al revés. Desvió la mirada hasta la bandeja que reposaba en la mesa y habló, desviando también su atención: —¿Qué ha traído?

    —Bueno, supuse que amanecerías sediento, así que te traje un poco de agua —relegó tímidamente un mechón de azulado cabello tras la oreja y, mientras hablaba, por primera vez Neji reparó en algo: no estaba usando su común ropa de entrenamiento. En cambio, un kimono elegante y de color lila abrazaba su delicada figura. Pequeñas flores grisáceas se entrelazaban delicadamente en el estampado del obi sobre su cintura y en las largas mangas del vestido. Dos prendedores de violetas adornaban agradablemente su cabello—. También te preparé una receta que, escuché alguna vez de Ino-chan, es muy efectiva para combatir los síntomas generados por el alcohol.

    —Muchas gracias.

    Hinata se había acercado en algún momento con un vaso de agua entre las manos. Neji tomó un sorbo grande, sintiendo alegremente como el líquido fresco aliviaba su garganta, como lo revitalizaba.

    —¿Te sientes mejor, Neji-niisan?

    Un nuevo asentimiento. Neji estiró la mano que sostenía el vaso ahora vacío y ella lo recibió dispuesta, acomodándolo nuevamente sobre la bandeja. —¿Quieres comer ahora? Es una sopa ligera y fui cuidadosa al hacerla. Trae un poco de carne de res y-

    —Hinata-sama, ¿por qué está vestida de esa manera?

    Sin rodeos. Así. Directo. Ese era él. Y al verla bajar la mirada supo que había algo que la inquietaba.

    —Tengo que presentarme frente a mi padre y el concejo en una hora, así que... debo vestir adecuadamente.

    —¿Tan temprano?

    —Neji-niisan, son más de las diez —la manga del kimono cubrió parcialmente su boca al reprimir una risa—, la reunión es a las once.

    Se sintió estúpido, pero el haberla hecho sonreír alivianó su vergüenza. —Oh... Espero que no le deleguen más tareas, Hinata-sama —comentó de manera natural—. Kiba y Shino la han preguntado mucho cuando me los encuentro en la aldea. Dicen que no la han visto últimamente.

    —Es verdad, no he salido en días del complejo Hyüga... —ella susurró, su mirada adoptando un dulce brillo melancólico—. Los deberes están aquí dentro, pero a veces quisiera tanto que Kakashi-sama me enviase fuera en una larga misión como las de antaño junto a mi equipo.

    —Los sacrificios de ser la heredera, supongo.

    Hinata lo miró un momento. Parecía demasiado pensativa. —Sí... —dijo—, los sacrificios...

    Definitivamente algo estaba mal. Definitivamente algo estaba mal con ella y Neji prefería cometer doble seppuku (sin importar que fuera imposible) a dejar que su prima cargase con quién sabe qué clase de problemas o preocupaciones. La conocía como la palma de su mano y sabía que lo que la tenía meditabunda era la dichosa reunión con el líder y el concejo del clan.

    Palmeó el colchón, indicándole que se sentara a su lado. —Venga acá.

    —¿Eh?

    Un ligero rubor invadió sus mejillas mientras sus ojos se abrían un poco más. Neji tuvo que contenerse para no rodar los de él. La noche anterior habían estado más cerca, con él sin camisa y lo había tocado sin pena, en cambio ahora se sonrojaba nada más con la idea de sentarse a su lado. Quizá el Neji ebrio la hacía sentir más confiada, pensó. —Venga. Siéntese junto a mí, que quiero que hablemos —tiró de las comisuras de su boca en una pequeña sonrisa—¿o es que el Neji sobrio no le agrada?

    Hinata rió, captando inmediatamente el juego en sus palabras y avanzó, sentándose a su lado, cerca, pero a una distancia prudente, a una distancia Hyüga. —Me agrada.

    Neji la miró, manteniéndose calculadoramente en silencio. La sonrisa en el rostro femenino se esfumó y, en cambio, apareció un gesto incómodo. Su mirada opalina se desvió. —¿Q-qué sucede, niisan? —no le agradaba sentirse tan observada.

    —¿Qué sucede, Hinata-sama? —contraatacó—Estoy esperando a que se decida contarme la razón que la hace actuar falsamente frente a mí de todas las personas —ella abrió los ojos, sorprendida, así que continuó—. Sé que algo la está mortificando. Dígame lo que es, la ayudaré de cualquier manera.

    Apoyó una mano en el colchón, sosteniéndose, notando con frustración que le arremetía un pequeño mareo. Hinata, por suerte, se encontraba muy ensimismada como para notarlo, así que él simplemente se enfocó en ella, en esperar que la verdad brotara de sus labios como una corriente de agua dulce, como sabía que pasaría. La vio morderse el labio inferior. —Es la reunión con el concejo.

    Oh, no me diga. Rodó los ojos mentalmente, pero mantuvo su mirada firme, seria, expectante. Hinata nuevamente acomodó un pequeño mechón de cabello tras la pequeña oreja, era un hábito que demostraba su ansiedad de una manera más disimulada que el particular juego con los índices que aún creaba en ocasiones.

    —¿Por qué crees que quieran verme, Neji-niisan?

    Frunció el ceño. —No lo sé. Usted es la heredera del clan, hay infinidad de razones por las que querrían reunirse con usted.

    Ella de nuevo se mordió el labio y Neji notó que ya estaba poniéndose más rojo de lo normal. Sintió deseos de detenerla, pero no lo hizo.

    —¿Piensas que... tú crees que... existe la posibilidad de que quieran hablar sobre mi estado civil?

    —¿Un matrimonio? —llevó las pupilas al techo, pensativo—. No creo.

    —Pero, niisan, estoy más cerca de los veintiún años que de los veinte —ella protestó—, y en todas las generaciones el líder del clan ha asumido el cargo estando casado. Al menos comprometido.

    —Usted puede ser la excepción —en realidad, le estaba empezando a doler un poco la cabeza—. Nadie puede obligarla a hacer algo que no quiere.

    Aun diciendo esto, Neji entendía perfectamente su preocupación. En realidad, no era tan simple como se oía. El clan Hyüga seguía siendo una familia llena de tradiciones ancestrales rígidas y el derecho consuetudinario, el dictado por las costumbres, estaba en la cima de la pirámide. A Hinata, como futura líder, no le convenía contravenirlo de alguna manera, pero un matrimonio con el único objetivo de asumir el cargo sin problemas sonaba bajo incluso para Orochimaru. A ella no la iban a obligar, pero si querían podían llegar a presionarla intensamente.

    Sabía que Hiashi Hyüga había aplazado el momento de discutirlo, pero como Hinata misma decía: estaba más cerca de los veintiuno que de los veinte. Después de eso, todo podría ir cuesta abajo, pues estaba pasando la edad tradicional para comprometerse.

    Así que por eso había querido aprender a seducir...

    —¿Por eso pidió mi ayuda?

    —Sí —ella se sonrojó.

    —Pero, Hinata-sama, no debe preocuparse por eso —dijo con calma—. La solución podría ser simple; comprométase con alguno de sus pretendientes y cuando ya esté bien posicionada como cabeza del clan, entonces rompe el compromiso por algún motivo. Algo se nos ocurrirá para justificarlo en su momento.

    Si era preciso, podían hasta montarle una trampa al pobre desafortunado o Neji siempre podía darle alguna pequeña amenaza de castración, nada grave.

    Él no lo supo, pero ella sintió ganas de abrazarlo con fuerza al oírlo hablar con propiedad, incluyéndose en la ecuación. Tuvo ganas de abrazarlo y darle las gracias por ser tan preciosamente leal y desinteresado, por estar allí para ella durante años, no dejándola sentir sola o desamparada, por ser su guardián y su amigo. Sin embargo...

    —No quiero comprometerme... Aunque fuera una mentira, no quiero comprometerme de esa manera —suspiró, dedicándole una mirada débil—. A veces... —una nueva mordedura en el lado—pienso que a ninguno de ellos les agrado realmente, que simplemente fingen... Y yo no puedo pensar ni siquiera en fingir una relación con alguno de esos hombres.

    Un pequeño silencio se instauró entre ambos. Quizá estaban pensándolo demasiado, se dijeron, quizá las cosas se arreglarían por si solas, pero siempre cabía la posibilidad de que no fuese así. Sin embargo, pronto Neji llegó a la conclusión de que nada sacarían quedándose allí, matándose la cabeza por un futuro incierto. Cuando llegara el momento él haría lo necesario para ayudar. Ella no cedería a presiones. Y en el mejor de los escenarios podían contar con la ayuda del séptimo hokage, el que aún no había sido coronado, y, por qué no, Hinata podía llegar a ser, además de líder del clan Hyüga, primera dama de Konoha.

    Lentamente posó una de sus manos en las de ellas, juntas en el regazo. Las pupilas idénticas entraron en contacto. —Quite los pensamientos inquietantes de su cabeza, por favor —le habló suave—. Deje que su guardián cargue con ellos.

    Una bonita sonrisa se pintó en su boca, su atención sobre él. —Sabes que no puedo hacer eso. Hay cosas que simplemente no me puedo sacar de la cabeza.
    Neji llevó una de las delicadas manos hasta sus labios y besó el torso con reverencia. —Entonces sólo confíe en mí —mantuvo el contacto de sus dedos, posando nuevamente su mano sobre la rodilla femenina. La miró. —Escuche mis palabras: el concejo ni siquiera estará pensando en su estado civil, positivamente la causa de la reunión sea otra totalmente diferente y usted se está estresando sin motivo.

    —¿Lo crees?

    —Estoy seguro.

    Las pupilas cálidas de Hinata descendieron un poco. —¿Te parezco débil en este sentido?

    Un movimiento sutil entre sus dedos. Neji frunció el ceño. —Para nada. Cualquiera en su situación estaría inquieto.

    —Es sólo que... —ella hablaba más para sí misma que ninguna otra cosa—no quiero ser besada ni tocada por un hombre que no me quiera de forma sincera. Es simplemente eso. El pensar que mis primeras experiencias románticas sean compartidas con una persona que no siente por mí ni siquiera cariño me aterra, es algo que me causa nauseas... Aunque si fuese por el bien del clan, por el bien de la familia... yo sé que podría hacerlo, estoy segura, pero... no puedo evitar sentirme de esta forma... yo...

    —No tiene que explicarlo.

    —Pero quiero.

    Y quería abrazarlo. En serio, el abrazo reprimido podría accionarse en cualquier momento. Pero ellos eran Hyüga y no demostraban sus sentimientos a través del contacto físico, al menos no con frecuencia, y no podían hacer mucho para cambiarlo.

    Cuando Neji suspiró, Hinata se puso alerta, pero luego sus ojos blancos la miraron con un sentimiento desconocido, algo parecido a la simpatía. —La primera vez que besé a alguien fue hace mucho tiempo, estaría a eso de los quince años, y ella era mayor.

    La menor se acomodó mejor en la cama, mirándolo de frente, con los ojos brillando y el gesto sorprendido y expectante de un niño al que le cuentan una historia para dormir. —¿Cuál era su nombre?

    —No lo recuerdo —él respondió secamente—. Era una misión. Ella era la esposa de un comerciante exitoso y corrupto que estaba ejerciendo un control desastroso en una pequeña aldea del norte. Le gustaba serle infiel a su marido con hombres mucho más jóvenes, así que yo era la pieza perfecta para sacar un poco de información.

    Los ojos de Hinata estaban totalmente abiertos. No se imaginaba un primer beso más horrible. Si bien ella había tenido algunas misiones extravagantes o arriesgadas como kunoichi, en ninguna había sido necesario más que algunos tartamudeos, sonrojos y aceptar tomar una copa con algún hombre horrible en cuyo vaso disolvía rápidamente una sustancia y listo. Jamás un beso. Jamás un toque muy inadecuado. Nunca se había puesto a pensar en lo suertuda que había sido.

    —Pero sí recuerdo que era una mujer bonita y que cuando me besaba yo no podía sentir nada, era simplemente mi misión. Ni siquiera el tacto de sus labios y de sus manos me provocaba asco. Era nada.

    Ella se llevó una palma a la boca. —Qué horrible...

    Neji sonrió. —Quizá para mí no haya sido tan importante, pero al menos comprendo lo que me está diciendo. Si hubiese podido elegir, nunca me hubiese acercado a esa mujer y es por eso que yo no dejaré que a usted se acerque un hombre que no la aprecie.

    Hinata se mordió el labio. Ya que estaban en esas...

    —¿Puedo preguntarte algo? —ante su asentimiento, continuó, tímida—¿has recibido besos reales, Neji-niisan, de personas que te hayan querido?

    Se rascó la cabeza. —No tengo forma de saber eso —dijo—. Bueno... al menos puedo decir que sí en el caso de Tenten.

    —¿Tenten y tú se besaron? —Hinata se llevó ambas manos a la boca, sorprendida. En su cara una expresión que a Neji se le antojó graciosa.

    —Fue hace años, cosa de nada. Pero al menos sé que Tenten me tiene cariño.

    —Y tú... —sus manos cayeron lentamente, sus mejillas se colorearon de un suave rosa—¿tú tienes sentimientos por ella, Neji-niisan?

    —Nada que no se deba sentir por una compañera de equipo.

    Hinata suspiró, aliviada por él, por Tenten y por Lee. —Qué bueno.

    Neji quiso reír. Ella en verdad le daba mucha más importancia a las cosas de las que merecían. Sin embargo, justamente por eso, por la preocupación desmedida de su prima, decidió hacer lo que hizo.

    —Sí, qué bueno que el tema quedó concluido —comentó, enderezando su postura, acomodándose de una manera en la que pudiera mirarla de frente—. Ahora acérquese. Quiero enseñarle algo.

    Ella lo miró dudosa, pero obedeció, moviéndose un poco hacia él.

    —Más, Hinata-sama.

    Un centímetro más.

    Neji dejó el pie derecho en el suelo y dobló la pierna izquierda, sentado con la rodilla sobre el colchón, creando así un espacio que su prima pudiera recorrer para estar más cerca, invitándola a ello. La vio parpadear.

    —¿No está bien desde aquí?

    —No, no está bien —respondió—, sólo acérquese tanto como si quisiera contarme un secreto.

    Su siempre disciplinada alumna lo obedeció sin chistar, no se detuvo sino hasta que el flequillo sobre la frente casi podía ser acariciado por su respiración. —¿Así, Nii-san?

    —Sí —él asintió—, ¿hará lo que yo le diga?

    —¿E-Esta... es una de nuestras clases?

    Nuestras clases. Tenían clases de taijutsu casi todos los días y, sin embargo, nuestras clases eran las otras clases, las secretas, las de seducción. Nuestras clases. Algo solo entre los dos.

    Sonrió. —Sí, esta es una —habló en apenas un murmullo, porque simplemente no era necesario usar un tono más elevado—, ¿lo hará? —repitió.

    —Siempre hago lo que mi maestro me ordena —fue su respuesta.

    Hinata tomó aire y esperó. Su corazón estaba latiendo un poco más rápido de lo común, pero era comprensible en su situación; estaba nerviosa por la reunión con su padre y los ancianos del concejo, estaba nerviosa por la lección de Neji, estaba nerviosa por todo. Sus latidos siempre se aceleraban cuando no sabía lo que iba a pasar. Y fue peor cuando, en un susurro, Neji habló:

    —Cierre los ojos.

    —¿Ah?

    —¿Quién es la que siempre hace lo que su maestro le ordena?

    Cielos. Odiaba que usara sus propias palabras en contra. Tras un suspiro lento, obedeció. Sus iris plateados se ocultaron tras la cortina de los párpados. Neji observó que las pestañas oscuras eran tan largas que con sus puntas alcanzaban a tocar superficialmente los pómulos rosados. —No los abra hasta que yo se lo diga. Sin trampas.

    Sus labios se apretaron en un puchero molesto, el inferior sobresaliendo de forma infantil. —No soy tramposa.

    Él se permitió sonreír, despejando cuidadosamente el femenino rostro estilizado usando las puntas de los dedos. Cuando los cabellos de Hinata no fueron un estorbo, puso las manos sobre sus hombros: —Está bien entonces —y la besó. Sus labios se encontraron con suavidad, la presión entre ellos con la fuerza apenas del aleteo de una mariposa y Hinata abrió los ojos, sorprendida, sus mejillas adoptando un rubor adorable, y se echó un poco hacia atrás.

    —N-Neji —el ceño fruncido de su primo le hizo detenerse. Estaba molesto. Los dedos largos se aferraron a sus hombros, sosteniéndola.

    —No le he dicho que los abra. Obedezca.

    Anonadada, Hinata cerró los ojos nuevamente, temblorosa. —P-pero yo-

    —Y tampoco hable.

    Ella cerró la boca. Podía sentir la mirada fija sobre ella. Después pudo sentir también una respiración cálida sobre sus labios. Y en claro contraste con las autoritarias palabras que brotaban de ellos, los labios de Neji eran tiernos y pacientes. Le sacudían el estómago. Y no podía hablar porque los tenía sobre los suyos y no podía respirar porque... simplemente no podía respirar.

    Él se dedicó a depositar besos suaves, besos lentos que eran apenas el contacto de unos labios con otros, apenas un vaivén de presionar y separar, de atraer y repeler. Besos cortos y dulces que recorrieron la comisura de su rosada boca, que repasaron sus labios como si quisiera calcarlos. Hinata se preguntó fugazmente si estaba siendo tan cuidadoso por el pequeño moretón en su boca, se preguntó si besarla le lastimaba. Pero luego dejó de preguntarse algo porque se sentía muy bien, y era como si pudiera recibir cariño y devoción a través de ello y... él habló contra sus labios y las cosquillas eran tan agradables que apenas pudo reprimir un suspiro. —Me estoy asegurando de que quien la bese sea un hombre a quien le importa —las grandes manos acariciaron sus mejillas. Hinata no tenía forma de saberlo, pero Neji tenía los ojos abiertos, no había dejado de verla un solo segundo. Sus labios volvieron a juntarse por un instante—, ¿me odia por esto?

    Ni una palabra.

    Neji frunció el ceño, luego se mordió el labio para reprimir una sonrisa. —Puede responder.

    —No —susurró ella débilmente—, n-no te odio.

    —Imagine que soy Naruto.

    Ujum.

    Los dedos de Neji le elevaron un poco la barbilla y entonces él hundió sus labios en ella de verdad. No moviéndolos tentativamente como antes, sino llevándola a un ritmo diferente, más rápido. Mareada, Hinata tanteó su pecho con las manos, aferrándose apenas de la ropa de su primo.

    Ella empezó a mover los labios, tratando torpemente de seguirlo, y Neji alentó los movimientos frotando gentilmente los pulgares sobre la piel de sus mejillas. Hinata entendió el motivo por el que a las personas les gustaba tanto dicha actividad... Su estómago se retorcía de una agradable manera y, de repente, parecía como si su mente estuviera vacía. Sólo eran esos labios contra los suyos, sólo eran esos pulgares sobre su rostro, sólo era esa camisa entre sus dedos. Eso hasta que él hizo una cosa especialmente deliciosa al succionar con lentitud su labio inferior y entonces ella hizo trampa: susurró un bajo Neji, desobedeciendo la orden de mantenerse callada y entreabrió los ojos por un segundo, ignorando la de mantenerlos siempre cerrados. Pero, al parecer, a él no le importó. Sus ojos grises también estaban cerrados.

    En un momento, Neji la separó con lentitud, siempre caballeroso. La respiración de Hinata empezaba a ser pesada. Ella se mordió el labio, tratando de mantener la sensación allí, y él miró fugazmente el reloj de la pared: —Ya casi es la hora de su reunión, Hinata-sama. Faltan menos de quince minutos —sonrió—. Ya puede abrir los ojos, hablar, y dejar de imaginar a Naruto.

    Los párpados subieron pesadamente, dejando ver unas tímidas pupilas y el rubor en sus mejillas adquirió un tono más elevado. Sin mediar palabra, ante la sorpresa de Neji, ella hizo lo que llevaba bastante tiempo hacer: lo abrazó, porque era ahora o era nunca, y quería que fuera ahora. Recostó la mejilla en el amplio hombro de su protector.

    —Hinata-sama...

    La mano de Neji se posó sobre su espalda, devolviéndole torpemente la atención y durante un instante ninguno habló. Esos eran gestos que los Hyüga no solían permitirse y, sin embargo, allí estaban ellos dos, la heredera del clan Hyüga y su guardián, abrazados, después de haber intercambiado algunos besos.

    —Gracias —por quererme, por enseñarme lo que es sentirse importante, por ser gentil y elegante, por ser tú y por existir, primo. Un gracias que no tenía que ser explicado porque ellos eran Hyügas, gente de pocas palabras, personas que veían más allá de ellas.

    Neji sonrió y cuando ella se separó, ligeramente avergonzada, le señaló la bandeja sobre la mesa. —¿Podría alcanzármela antes de retirarse? No quiero que se enfríe más —. Y fue bueno, porque ella lo hizo y se rió antes de despedirse, aconsejándole de paso que tomara más líquido y susurrándole un secreto:

    —Uno de mis clones está entrenando en el döjo en este instante. Uno de mis clones transformados en ti, así logré que mi padre no hiciera demasiadas preguntas esta mañana.

    Y, sin embargo, Hinata se guardó otro. La desobediencia de una de sus órdenes: que durante el beso se le había olvidado imaginar a Naruto.

    -



    Lo más gracioso fue que la reunión con su padre y con el concejo resultó tratándose de simplemente un ajuste de la contabilidad general del clan. No matrimonios. No compromisos. Ni siquiera había tenido mucho protagonismo. Y fue bueno, la verdad, porque su cabeza aún estaba un poco nublada.
     
    Última edición: 12 Marzo 2018
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    Hinanya

    Hinanya Iniciado

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    Hola :3 me a gustado muchisimo tu fic, de verdad que ha sido increíble :3 espero que lo continúes porque es genial y no puedo decir otra cosasque no sean halagos XD
    Historia atrayente, trama que engancha, etc... Y una de mis parejas favoritas <3
    Un saludo.
     
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    Nahi Shite

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    Enséñame. [NejiHina]
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    Comedia Romántica
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    Enseñame.
    V.

    .

    Esa mañana cuando Hinata llegó al döjo sufrió un sobresalto tan grande que por poco rompe el techo con la cabeza, chillando tontamente "¡Na-Naruto-kun!", lo cual sólo hizo patéticamente obvia la cantidad de ayuda que debía recibir si alguna vez aspiraba acercarse al héroe de Konoha, románticamente hablando.

    Neji se apresuró, claro, a asegurarle que no era Naruto. Sin embargo, el gesto diligente y calmo, característico de su primo, en el bronceado rostro de Naruto solamente la azaró más, ¡la seriedad solo le aumentaba el sexy-thing! Si hubiese regresado a tener trece años seguro se hubiera desmayado ahí mismito y mejor que le hubieran apartado cuarto de hospital por al menos un mes, porque la recuperación sería larga. Afortunadamente ya era una mujer de veinte años avergonzada hasta la muerte, que recibía tímidamente el vaso de agua que unas manos callosas le ofrecían.

    Cuando él había dicho que sería Naruto, no pensó que quisiera decir ser Naruto, no literalmente. Una actuación hubiese estado bien, ¿verdad? Pero bueno, que eran ninjas después de todo.

    —¿Se encuentra bien ahora?

    Naruto se sentó frente a ella con las piernas cruzadas.

    Ella cabeceó ligeramente en respuesta, balbuceando un torpe "s-sí". Respiró hondo y, apenas un segundo después, le sostuvo la mirada.

    Era él. Su voz. Su cabello dorado. Su piel trigueña. Su chaqueta naranja. Sus labios...

    Obviando el brillo burlón en los hermosos ojos de su amor platónico, Hinata Hyüga, muy valientemente, carraspeó:

    —En mi defensa... —dijo—eres el mejor Henge* que se ha visto.

    Él no pudo reprimir una risa.


    .
    .
    .

    Neji Hyüga tenía que admitir ante sí mismo que todo ese asunto de su prima intentando seducir a Naruto le estaba resultando bastante divertido. El proceso le estaba siendo demasiado entretenido. Al comienzo, esa misma mañana, sus ánimos habían ido en caída libre ante la reacción exagerada que tuvo ella al verlo (¡tantas cosas por mejorar!) y, sin embargo, el resultado no había sido tan dramático después de todo; ahora, en plena lucha de miradas, la estaba pasando de lo lindo.

    —¿Seguro que esto es necesario, Neji-niisan?

    Su gesto era un poema. Se confundía la vergüenza con la incomodidad y... ¿el estreñimiento? No es que fuese malvado, sino que simplemente tenía que sacar algo al obligarse a sí mismo a lucir como alguien que no era, sobre todo si ese alguien producía unas reacciones tan interesantes en su pequeña discípula.

    Ventajas del oficio.

    —Absolutamente —con una malicia que ella no pudo percibir (porque, ya saben, se trataba de ella), movió sus labios de tal forma en que ellos se pintara una sonrisa zorruna—. No pares de mirarme, Hinata-chan.

    En respuesta, las mejillas femeninas se incendiaron. Neji la observó perder miserablemente cuando desvió la mirada perlada y... ¿eso fue un puchero?

    Linda.

    —Oh, Neji-niisan, eso ya es crueldad.

    No lo era. O quizá un poco. Pero, si lo pensaba detenidamente, ¿no era esto necesario para que su prima tuviese pudiese tener una interacción más fresca y relajada con el Naruto real? Una simulación podría ir adaptándola a su presencia. No había nada que con la práctica no se pudiese lograr.

    Aunque podían empezar poco a poco.

    —Está bien —aceptó y se puso de pie, ofreciéndole la mano para que lo imitara. Hinata parecía hiperventilar, pero la aceptó luego de unos segundos—. No actuaré como Naruto. Por el momento me limitaré a transformarme en él, así lograremos que se acostumbre pronto a esta apariencia.

    Que, por cierto, no era tan asombrosa si se lo preguntaban.

    Hinata asintió, ruborizada. —¿No volverás a usar el "chan" entonces? —él negó, ganándose una inusual mirada recelosa—¿ni intentarás intimidarme de nuevo o avergonzarme a propósito?

    —Jamás he hecho tal cosa.

    —Neji-niisan...

    —No lo haré.

    Era raro abrir la boca y que de ella saliera la voz de Naruto. Hasta había sonado fastidiado y, cuando vio a su prima llevarse una mano a los labios para ocultar una risita, ubicó ese gesto como uno que ella sólo haría con algo dicho por el Naruto real. Fue extraño, sin embargo, se adecuaba perfectamente a su propósito común.

    —Pero tendrá que estar cerca de mí en esta forma. No intentaré asustarla, pero debemos lograr que la presencia de Naruto le resulte natural para que pueda sacar a relucir frente a él sus verdaderos encantos.

    —¿M-Mis verdadero encantos? —ella lo miró, entre curiosa y confusa—¿te refieres a cosas como la forma en que me enseñaste a caminar o te refieres... a mi...? —ella empezó a balbucear rápidamente cosas inaudibles y su rostro se tornó genuinamente rojo.

    Él elevó una ceja rubia. —¿Su... —preguntó—qué?

    Hinata estuvo balbuceando otro medio minuto sin atreverse a mirarlo y, luego, cuando Neji empezaba a pensar seriamente en inscribirla en terapias de lenguaje, escuchó algo entre todos esos murmullos que lo hizo congelar. —Porque y-ya sabes... l-los chicos... M-Mis pechos.

    Asimilando apenas su respuesta, repitió atontado: —¿Sus... pechos? —lo cual fue obviamente una mala idea, porque esto le provocó un calor inmenso en las mejillas. ¿Se sonrojaría el rostro de Naruto más fácilmente que el suyo?

    Hinata, interpretando su tono atropellado como signo de incredulidad, se dispuso a explicarse mejor, aunque por su apariencia se podría creer que estaba al borde del desmayo. —I-Ino-chan a veces dice que Sakura-chan no tiene mucho encanto y q-que yo le gano en ese sentido... E-es decir, tú sabes, e-ella dice que a los hombres les gusta que... bueno, aunque yo pienso que los de Sakura-chan son bonitos, pero a-al parecer los míos llaman más la atención de los chicos según ella, s-sin embargo, siempre me he encontrado incómoda con ellos porque... c-creo que son grandes.

    Estaba helado (o hirviendo, no sabría decirlo con exactitud) con aquella lluvia de palabras y confesiones. Encantos... Se podría fácilmente malinterpretar, pero por Kami, ¡claro que él no se estaba refiriendo a esos!

    Carraspeó, sintiéndose muy incómodo. —No, sus encantos están muy bien —¿qué carajos estaba diciendo? Carraspeó nuevamente, con más fuerza—, pero, Hinata-sama, yo... no me refería a eso. En realidad, estaba pensando en cosas más... subjetivas.

    —¿Subjetivas?

    —Como su personalidad —no pechonalidad.

    —Ah... —Neji no tenía que ser un genio, que lo era, para leer acertadamente la expresión de su prima: quería que se la tragara la tierra y no la escupiera nunca. Es que él mismo aún seguía sin creer que hubiese hablado de sus pechos delante de él... ¡de él transformado en Naruto! Qué terrible debía ser su vergüenza.

    Dispuesto a distraerla y zanjar el tema, se forzó a continuar: —Aunque estoy seguro de que Naruto sabe apreciar su amistad y la estima por su fortaleza, lealtad y amabilidad, hay una gran parte de su esencia —nota mental: nunca más usar la palabra encantos—que él no ha podido admirar, ¿y tiene idea del por qué?

    —Porque... —ella pareció ligeramente recuperada al obligarse a pensar—¿yo no le he permitido verla?

    —Exacto.

    —¿Pero qué puedo hacer para mostrársela? —su ceño se frunció un poco, muestra de su contrariedad—, quiero decir, ¿qué es exactamente esta parte de mi esencia que Naruto-kun no ha visto?

    —Lo divertida que puede llegar a ser, por ejemplo.

    —Eso sólo lo piensas tú, Neji-niisan, y es porque te encanta reírte de mí, me di cuenta hace bastante —dijo, pero su sonrisa la traicionó. Estaba bromeando.

    —¿Ve? Es exactamente eso a lo que me refiero —su sonrisa se volvió tímida, pero Neji vio el brillo en su mirada—. Hay tanto potencial en usted que Naruto desconoce.

    Ella se mantuvo en silencio un instante, durante el cual pareció pensárselo, mordiéndose suavemente el labio inferior. Al fin, habló: —Es que... con él es diferente.

    —¿A qué se refiere?

    —No puedo hablarle como lo hago contigo, Neji-niisan —un suspiro de resignación—, es sencillamente imposible.

    Neji alzó una ceja. —Pero yo soy él ahora mismo.

    —Sí, pero no es así como funciona, porque en el fondo sé que eres tú.

    Nada que hacer.

    Interiormente decepcionado por lo que al parecer había sido una total y gran pérdida de tiempo, Neji se obligó a pensar positivamente. A Hinata de alguna forma le afectaba la apariencia de Naruto, lo había notado en su mirada y en sus muchos más frecuentes sonrojos, así que, después de todo, la idea del Henge pudo no haber sido un fracaso rotundo. Con esto en mente, caminó hacia la mitad del döjo ante su atenta mirada perlada.

    —Vamos a entrenar —avisó, seriamente, dando por entendido que el tema anterior quedaba zanjado—. Hoy practicaremos taijutsu —ella asintió y rápidamente se dispuso a tomar la postura de defensa del propia del júken, pero él no tenía esos planes—, pero el taijutsu normal.

    Hinata se enderezó. —¿No puño suave?

    —Ni byakugan.

    —¿Cuál es el punto de no usar nuestro Kekkei Genkai, Neji-niisan?

    Mirándola, se cuestionó en qué momento ella se había vuelto tan preguntona.

    —El punto es —respondió—ser los mejores aún sin nuestra ventaja natural. Olvidar nuestro punto fuerte.

    Al parecer satisfecha con su respuesta, Hinata adoptó una postura básica, con las piernas separadas y flexionadas, y con los brazos elevados a los laterales. Una mano al frente lista para defender, la otra ligeramente atrás dispuesta para el ataque. Quizá no fuesen expertos como Lee, pero definitivamente tenían claro lo que significaba el combate cuerpo a cuerpo tradicional.

    Neji adoptó la misma postura, pero inmediatamente el rostro femenino expresó desconcierto.

    —Neji-niisan, aún tienes tu transformación.

    —Lo sé —dijo sin más, y se lanzó sobre ella.

    Decir que fue un combate suave sería una mentira. Fue un sinfín de puños, patadas, saltos y empujones, una batalla de gruñidos y jadeos de cansancio y dolor. Y aunque él sabía que su técnica era superior debido a su genio natural y al hecho de haber pasado los últimos diez años conviviendo con los dos especialistas de taijutsu más grandes que hubiera engendrado Konoha, no se reprimió lo suficiente como para darle un respiro; quería verla sudar, quería llevarla al límite, quería observar cada una de las respuestas a sus ataques, quería desesperadamente ver una mirada decidida en su rostro, aquella mirada que había visto en ella durante los exámenes chunnin durante su fatídico enfrentamiento después de que Naruto la hubiese animado. No quería dañarla como antaño, pero estaba ansioso por ver qué tanto le afectaba su apariencia al luchar.

    Con el byakugan ella tenía forma de obviar su físico, pues no hay nada que se le escape, pero sin él... habría la posibilidad de que su visión común la traicionara en la batalla. Quería ver cuánto la afectaba su amor.

    Ahora yo soy Naruto, se dijo, ¿qué va a hacer, Hinata-sama?

    Para su sorpresa y total complacencia, los ataques venían hacía él con tanta fiereza como si estuvieran dirigidos a un enemigo real; Hinata luchó con una rudeza tal que le hizo sonreír y gritar de emoción.

    —¡Así! ¡muestre cuánto vale Hinata Hyüga! —luego de que una de sus patadas impactara en su abdomen, haciéndolo retroceder en un salto mortal para controlar el impulso.

    —¡De pie! ¡sin lloriqueos! —después de impactarle en la mejilla un puño que la hizo tambalear, seguido de una tabla que la lanzó directo al suelo.

    Durante tres horas estuvieron luchando sin pausa, sin descanso alguno, chocando brazos y piernas con un fervor apasionante. Neji luego se reprocharía el haber sido tan rudo, pero por el momento no hubo nada mejor. Había un algo excitante y salvaje en la fiereza de los ojos aperlados, había algo delicioso en el sudor corriendo y bañando sus rostros —¡Más, más, más!

    La retó hasta el punto en el que Hinata se hubo lanzado desesperada, casi que con ira, hacía su cuerpo, sin preocuparse por las aberturas en su defensa, sin preocupare por un contra ataque —¡Grrraaaw! —simplemente yendo al ataque con todas sus fuerzas, saltando sobre él como un oso salvaje con tal rapidez y destreza que el efecto sorpresa hizo lo suyo cuando sus manos impactaron con sus hombros con su cuerpo entero empujándolo. Neji, asombrado y exhausto también, no pudo más que dejarse caer en el suelo.

    Un ruido sordo. Una respiración rápida y cortada sobre su hombro, un ser completamente inmóvil encima, unos cabellos oscuros desordenados y, por alguna razón, una de sus manos enredada en un montón de hebras enloquecidas. La sensación de su propio ritmo cardiaco descendiendo lentamente, muy, muy lentamente...

    —Hinata-sama —jadeó, pero ni siquiera reconoció su propia voz. Cierto, cerró los ojos con fuerza, cierto, soy Naruto, y entonces, al abrirlos, unos ojos aperlados observándolo de forma enigmática desde arriba, un montón de cabello acariciándole las mejillas, y un aliento inestable golpeándole la punta de la nariz, ¡menuda sorpresa! —Hinata-

    Unos labios arrolladoramente suaves estrellándose contra los suyos, que se sentían absurdamente resecos. Por un instante, su cerebro se negó a procesar la situación. Ella lo estaba besando, y lo hacía con tanta fuerza y dulzura que resultaba, de cierta manera, muy abrumador. Sus delgados antebrazos apoyados en el suelo la mantenían estable sobre él y le daban el suficiente margen de comodidad y dominio para presionar sus labios una y otra y otra vez, frotar sus bocas una y otra y otra vez...

    Independientes a su propia voluntad, sus ojos se cerraron y su lengua surgió curiosa entre sus labios para acariciar los que insistentemente le estaban asaltando.

    El escalofrío que estremeció su espalda le hizo saber que, independientemente de su fuerza y de su ingenio, en esa batalla él había perdido, porque la mujer sobre empezaba a moverse contra él de una manera en la que podía sentir todos sus encantos. Oh, ¿quién podría resistirse a los besos de una mujer en llamas? Ni siquiera el gran parco de Neji Hyüga. La atrapó en sus brazos, estrechándola con tal fuerza que ella gimió de placer y dolor, al tiempo que sus lenguas por fin se conocían.

    ¿Cómo habían llegado hasta allí? Esto era definitivamente otro tipo de lucha, sin embargo, Neji se sintió enardecido de forma sólo análoga a la que se da en una batalla mortal.

    Hinata jadeó y respiró sobre sus labios cuando él se incorporó bruscamente, dejándola sentada en su regazo. Sus ojos plateados le miraron entrecerrados y con un quejido, ella volvió a besarlo, hambrienta, seguramente sin saber de dónde provenían esas ansías repentinas de besos y calor, igual que Neji nunca supo exactamente en qué momento dejó su boca impulsado por el deseo repentino de tocar y raspar su piel húmeda por el sudor... Nunca supo cuándo empezó el recorrido por su cuello ni cuántos suspiros brotaron de su garganta como dulces incentivos.

    Su piel era tan suave, tan delicada...

    Los estilizados dedos enterrándose entre sus cortos cabellos, las yemas acariciándole con fervor. Oh...

    Tan sublime.

    —Hinata-sama...

    Y entonces todo acabó, tan rápido como empezó. Neji abrió los ojos encontrando una mirada espantada en un par de ojos idénticos a los suyos, pero puestos en un rostro sonrojado y sudoroso de porcelana.

    Un chillido agudo y luego... Aire entre sus brazos.

    Porque ella era Hinata Hyüga.

    Y él no era Naruto.

    .

    .

    El equipo ocho era el más unido de los 9 novatos. Nadie podría protestar: La historia del equipo siete estaba plagada de triángulos amorosos, inestabilidades mentales, obsesiones depresivas y una pizca de masoquismo estilo fangirl; el equipo diez, por su parte, lucía bastante compatible, era casi que obligatoriamente funcional por su larga tradición de lucha InoChikaCho, pero siendo totalmente honestos, entre la glotonería, la pereza, y una cantaleta incesable no era que se pudiera encontrar precisamente el nirvana. El ocho, en cambio, exudaba tranquilidad gracias al silencioso Shino Aburame y a la tímida Hinata Hyüga... y si fuesen sólo ellos dos todos estarían de acuerdo en que sería el equipo más aburrido y raro de la historia (Hinata podía entender lo de la rareza de Shino, porque –no era por ser mala- el hombre era un envase de bichos, sin embargo, se negaba a admitir la propia). Afortunadamente, se había incluido a la ecuación la explosiva y fresca actitud brillante de Kiba Inuzuka, quien no podía caracterizarse precisamente por su prudencia o tacto, a quien le faltaba sensibilidad, quien tenía un muy arraigado olor a perro, pero quien era una cosa chiclosa que mantenía a los tres juntos.

    Justamente por lo anterior, a Kiba le resultaba imposible, insultante, inaudito, irritante y totalmente inaceptable que no se le permitiera ver a su muy querida amiga sólo porque "Hinata-sama se encuentra ocupada en estos momentos", "Hinata-sama está en una reunión con el concejo, no podrá atenderlo ahora mismo", "Hinata-sama tiene una ceremonia de té", o sólo porque "Hinata-sama no va a recibirlo, deje de insistir". Estaba hasta la coronilla de eso. Saben, hasta el más paciente se desespera a veces, y Kiba jamás se había considerado paciente. Allí, precisamente, frente al Hyüga más absurdamente parecido a Hinata, estalló.

    —¡Tengo que hablar con ella! —exhibió concienzudamente su colmillo más afilado—No lo entiendes, Neji, tengo que verla ya.

    Él, impasible, sólo negó. Estaban sobre el río, en un pequeño puente peatonal ubicado a un extremo de la aldea; el antiguo equipo Gai iba equipado para pasar unos días fuera, quizá estaban de camino a una misión importante teniendo en cuenta que precisaba la presencia del más grande prodigio del clan Hyüga, pero a Kiba eso le había importado un bledo cuando decidió saltar frente a ellos para gritar a los cuatro vientos acusaciones graves de secuestro y explotación. —Sólo Dios sabe qué cosas horribles le estarán haciendo.

    Tenten frunció el ceño, colocando una mano en la cadera, preparada para intervenir. —Neji nunca dejaría que alguien dañara a Hinata, eso deberías saberlo a estas alturas.

    Kiba gruñó. —Perdón, pero su clan me ha dado buenas razones para no fiarme mucho de ellos.

    Akamaru ladró, apoyando en idioma perruno a su amo y, mentalmente, Neji les encontró la razón. No era que el clan Hyüga se hubiese esforzado mucho en aparentar comprensión y ternura realmente. Ellos dos (Kiba y Shino) siendo compañeros desde niños de su prima tuvieron que, al menos, notar en algún momento los hematomas de sus exigentes entrenamientos privados que, muchas veces, pudieron haberse llamado acertadamente mundanas palizas, aunque ella tratase de ocultarlo tan efectivamente como él ocultaba la marca de encierro en su frente. Por favor, no era de gratis que el clan Hyüga fuera considerado el clan más poderoso del país del fuego entero, si habían llegado hasta allí no fue solamente por su línea sanguínea, también se debía a sus políticas ligeramente primitivas. La fortaleza de la familia, decía a menudo su abuelo, no recae únicamente en el byakugan. Un Hyüga siempre exige y resiste.

    —Pero Hinata-chan está bajo la protección de Neji, ¿no es verdad? Debería ser suficiente seguridad —Lee parecía absorto en sus pensamientos.

    —Eso no es necesariamente cierto. Como miembro del clan Hyüga debe velar por su bienestar, al igual que los demás, pero su deber especifico desde hace tiempo dejó de ser el de servir como su guardián personal, pues ella no lo necesita —Shino se ajustó los lentes. Parecía tranquilo, observó, pero podía sentir un ligero aura que le molestaba. O talvez lo que molestó fue que insinuara que era inservible para la heredera del clan, quien sabe—. Sin embargo —continuó—, soy de la idea de que Neji siente afecto por Hinata y, por tanto, ella no sufrirá daño si él puede evitarlo.

    —Es lo que digo —el suspiro femenino le irritó—; Neji adora a Hinata, así que estén tranquilos.

    —Cierto, cierto —Lee asintió varias veces—, su vida entera gira alrededor de Hinata-chan tal como la tierra gira
    alrededor del sol.

    Y era gracioso, porque Hinata era un lugar soleado...

    Neji hasta se hubiera apenado por los abusivos comentarios de su equipo (que ya lo tenían un poco cabreado la verdad), si el canino Inuzuka no se hubiese cruzado de brazos y bufado de forma tan descarada antes de soltar unas palabras dolorosas que no había escuchado desde hacía años por una voz diferente a la de su conciencia:

    —Pues casi asesinarla no es una muy bonita forma de demostrarlo.

    Su corazón se detuvo por un instante, justo como el de Hinata se había detenido peligrosamente diez años atrás. Por un momento todo pareció ir lento –Lee y Tenten brincando en sus puestos, gritando un "¡oye!", Shino removiéndose incómodo, Akamaru tensándose por el aura negativa apareciendo de repente-, y al siguiente, simplemente fue consciente de tener la nariz de Kiba a escasos centímetros de su rostro.

    —Proteger a Hinata-sama... —masculló, apretando las manos. En algún momento lo había agarrado de las solapas. En algún momento el byakugan se había activado—es mi deber.

    Uno que no pensaba compartir con nadie, uno que le pertenecía por derecho desde el día en el que ella llegó al mundo. Y aunque lo había deshonrado en el pasado, sólo él mismo podía atormentarse por ello. Nadie más. Absolutamente nadie podía tocar ese punto sensible. Ignoró el gesto que hizo Kiba con la mano para que los demás no trataran de acercarse. Por ese minuto, sólo eran ellos dos. Blanco contra café. Neji sintió el tirón de las venas tensándose aún más en su cara.

    —Daría mi vida por el bien de Hinata-sama.

    Una sonrisa ladina apareció en el rostro salvaje.

    —Entonces, Neji —él dijo tranquilamente, estrechando los ojos—, por su bien, haz una maldita cosa decente en la vida y róbala un rato para nosotros.

    .

    .


    Las noches en el interior del recinto Hyüga no dejaban de ser tranquilas, siempre en calma y silenciosas. Con los pasillos vacíos y el sonido de los grillos acariciando sus oídos, Hinata no pudo evitar suspirar al comparar el contraste de ese ambiente con el que le acompañaba la mayor parte de su día; las estrictas clases de Jüken con su padre, las reuniones con el concejo, las clases de historia del clan y Kekei Genkai le provocaban una nada despreciable cantidad de estrés que, sumado a la tensión típica de actuar en el papel de heredera... Su padre le había estado dejando a cargo muchos asuntos que normalmente él resolvía por su cuenta y, si bien era cierto que esto la llenaba de satisfacción y orgullo, también la estaba desesperando un poco.

    Cansada, soltó un liviano suspiro, cerrando los ojos con resignación y permitiéndose recostar suavemente la cabeza en la madera fría de la columna a su lado.

    Últimamente la atormentaba un dolor de cabeza tintineante durante el día y para cuando era la hora en la que podía sentarse en un rincón del pasillo de madera, con la intención de observar la luna sobre el patio interior del complejo o de simplemente pensar, ya era éste tan insistente que no se sentía capaz de tolerar la presencia de ser humano alguno.

    —Hinata-sama.

    Complicados seres humanos con ojos blancos y cabello oscuro, renegó mentalmente, arrugando el ceño. Si permanecía en silencio... ¿sería posible que la persona a su espalda desapareciera con un puff? En el mejor de los casos hasta podría pensar que estaba dormida y, lógicamente, por simple decencia tendría que largarse, ¿verdad? Una ligera esperanza alcanzó a titilar en su interior antes de que la voz nuevamente la despertara de sus fantasías, esta vez sonando ligeramente preocupada. —¿Se encuentra bien?

    Las comisuras de sus labios temblaron. —No pensé que llegarías tan pronto.

    ¿Tan pronto? Dos semanas no eran poco tiempo en absoluto. Hinata se reprimió mentalmente por sonar ligeramente distante... con él, de todas las personas en el mundo. No era su intención en absoluto, pero es que... ¡ah, estaba tan cansada! Cansada, fatigada, exhausta. Sin embargo, no era excusa suficiente. Sin embargo, no era una razón siquiera honesta. Quizá lo que sucedía era que una parte hasta ahora desconocida de su interior se negaba ridículamente a darle a él la más mínima sospecha de que lo hubiese echado de menos. Era algo que en ese momento no tenía fuerzas ni ganas de descifrar.

    —No tuvimos contratiempo alguno.

    —¿Te presentaste ya ante Hokage-sama? —su voz era apenas mayor a un susurro.

    —Sí. Acabo de hacerlo.

    —Bien —era extraño hablar de esta manera, es decir, ella sentada con los ojos cerrados y él... Hinata se giró de repentinamente y ahogó un chillido—Neji-niisan —le llamó azarada—, ¿qué estás haciendo?

    Neji levantó la cabeza hasta quedar al nivel de su mirada. Una de sus rodillas estaba firme en el suelo y servía de apoyo a su cuerpo, mientras que la otra pierna se flexionaba levemente y los nudillos de ambas manos se mantenían en el suelo. Todo su cuerpo se hallaba en una posición similar a la de un atleta antes de iniciar la carrera, pero en realidad era una completa pose de sumisión y respeto que sólo había visto usar delante del hokage y de su propio padre. Por lo demás, Neji no parecía en absoluto como alguien que acababa de llegar después de dos semanas fuera luchando o durmiendo a la intemperie. Como siempre, ni un rasguño, ella observó, admirada. Sus ojos blancos encontraronse directamente. Él ni siquiera parpadeó al responder:

    —Me presento ante Hinata-sama.

    Ella sostuvo el aire. —P-pues no hagas eso.

    Un pequeño gesto de contrariedad abarcó el rostro masculino, pero no duró más de un segundo. —¿No quiere que esté en su presencia?

    —N-No quise decir eso. Es sólo que... Neji-niisan, no soy yo ante quien debes inclinarte.

    Sus ojos la miraron, adoloridos, inundados con algo desconocido. Y Hinata se sintió tonta al temblar cuando él susurró: —No quiero volver a deshonrarla.

    Entendió el mensaje implícito, pero no supo qué responder. Dos semanas atrás, durante uno de sus entrenamientos matutinos había sucedido algo... grave, algo que no se podía explicar aún. Ella había actuado mal. Ella se había lanzado sobre su primo. Estaba tan avergonzada, se sentía tan culpable y, sin embargo, ahí estaba él agachando la cabeza y humillándose cuando era la única víctima. ¿Después de todo, cuál era la culpa de Neji? Él no la había deshonrado, de eso se había encargado por sí misma. ¿Qué hubiese podido hacer su pobre primo frente a un miembro de la rama principal? Porque a fin de cuentas, eso es lo que ella era...

    La que tenía la llave de su jaula.

    —Neji-niisan —lloró tontamente—, estoy tan... cansada.

    De mi lugar en el clan , de mis sentimientos por Naruto, de mi estupidez, de mis pensamientos... Estoy tan cansada de estar sola.

    —Yo sé.

    Neji la tomó en sus brazos y ella no se resistió. Simplemente se recostó en su hombro y respiró su olor mientras él la cargaba. Algo conocido. Algo suyo.

    —Déjeme llevarla.

    —A mí habitación no —pidió—, estaré de nuevo sola.

    Neji sonrió un poco. —No, a su habitación no.

    Bajo la luz de la luna, Neji hizo una maldita cosa decente en la vida (según las palabras de Kiba) y la secuestró para que el equipo más unido de los 9 de Konoha estuviese... pues unido.



    .

    .

    Los quiero.
     
    Última edición: 12 Marzo 2018
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    Nahi Shite

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    Enséñame. [NejiHina]
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    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    12
     
    Palabras:
    3606
    ENSEÑAME

    VI
    .



    Honestamente, Hinata se avergonzó de su propio pensamiento, Neji podría llevarla al sitio que deseara y ella no opondría ninguna resistencia. No. En realidad, la sensación de estar entre sus brazos era lo suficientemente agradable y él la tenía de tal manera que sus latidos pegaban sutiles en su oído, arrullándola, adormeciéndola…

    —¿A dónde nos dirigimos?

    Estaban a la intemperie y a una pequeña parte de su cerebro le aterraba la posibilidad de ser vistos. No estaban haciendo algo malo, pero debía ser, sin duda, una imagen extraña digna de ver: encogida como una bolita en el pecho de su primo, vestida por un ligero y cómodo kimono, apenas con una manta verde sobre sus hombros aun cuando la noche amenazaba con ser fría. Qué penoso.

    —No se preocupe demasiado, Hinata-sama —él dijo, sonando contento consigo mismo—. Le gustará.

    ¿Me gustará?

    Diablos.

    Se arremolinó un poco más, abochornada, tomando la oportunidad para esconder el rostro. Afortunadamente, la mirada de Neji iba clavada al frente, segura y confiada de su camino.

    Oh, Neji-niisan, si supieras…

    Decidida a no pensar demasiado en su creciente costumbre de malinterpretar las palabras, Hinata cerró los ojos. Si bien dicho hábito podía llegar a considerarse un síntoma de buena imaginación, para ella era absolutamente tormentoso y francamente agobiante al tener siempre la cabeza llena de imágenes irreales. Desde niña había poseído una mente inclinada a las fantasías, pero jamás éstas la habían hecho sentir tan ansiosa, tan cansada, y ni siquiera en la retraída adolescencia pasada obsesionándose con Naruto los pensamientos la habían acorralado de tal manera.

    Hinata suspiró, rendida. En su mente aparecían una y otra vez unos labios rasposos que se deslizaban por su boca y quijada. En su mente tenía la sensación de lana deslizándose entre los dedos, de lana que no era lana sino cabello… Cabello en el que sus dedos se crispaban cuando él (porque siempre tenía que ser un él, siempre) serpenteaba por su cuello, besando y estremeciendo todo a su paso, y ella apenas podía deducir que los quejumbrosos quejidos que llegaban a sus oídos nacían de sus propios labios. Y luego lo peor, sencillamente lo peor; una respiración caliente, la vibración electrizante golpeando justo en el contorno de su mentón al recepcionar un murmullo. Dios, el murmullo. Sublime y dulce. “Hinata-sa…”.

    —¡Hinata!

    —¿Q-Qué…?

    Asustada al punto de la muerte, abrió los ojos como platos, y le tomó varios segundos asimilar que había sido abruptamente interrumpida en su fantasía y que, en realidad, nadie la había descubierto en una situación comprometedora en el mundo real.

    —¡Oye, Neji! ¿Puedes soltarla, sabes? Creo que ella sabe caminar con sus propias piernas, hombre.

    O quizá sí.

    —¡Kiba-kun, Shino-kun!

    —Kiba, quizá ella se encuentra herida, sé cuidadoso.

    —¿Herida? Joder, ¡¿lo está?!

    —Claro que no está herida —Neji sonó un poco ofendido, casi como si hubiese sido atacado. Apenas ella hubo tocado el suelo con los pies, él se alejó unos pasos como para probar su punto—. Hinata-sama está sólo ligeramente cansada —anunció.

    —Es comprensible, teniendo en cuenta la carga a la que posiblemente ha estado sometida debido a los compromisos de su alta posición social.

    Shino. Confiable y práctico Shino.

    Kiba inmediatamente llegó a su lado, tocándole el hombro con aparente ternura, pero él era tan naturalmente rudo que Hinata se sintió ladear un poco. —No te robaremos mucho tiempo, Hinata, sólo queríamos verte con nuestros propios ojos para asegurarnos de que siguieses con vida —la rodeó con un brazo y Hinata no pudo evitar descansar su costado contra su cuerpo varonil. La risa de Kiba rebotaba de manera muy agradable, entrañable, ¡los había extrañado demasiado!

    —Sigo con vida —murmuró—, y los he echado mucho de menos.

    Shino la miró por entre sus gafas increíblemente oscuras. —Luces un poco pálida —apuntó— y tienes ojeras.

    Sabiendo que debía dar una imagen lamentable y absolutamente descuidada, se sonrojó ligeramente. Si hubiese sabido que los vería se habría arreglado al menos un poco.

    —¡Ah, vamos, Shino, déjala en paz!

    —Creo que eres tú el que debería soltarla, se está tornando violeta.

    —No es violeta, es rojo, deberías notar la diferencia —Kiba negó apesadumbrado—. Por Dios, tanto que nos costó amenazar a este tipo para que la trajera y viene tu muy imprudente boca a avergonzarla hasta la muerte. Oye, Hinata, no lo escuches, las ojeras son sexys.

    —¡Kiba-kun!

    —¿Qué? ¿no es verdad, Neji? Dile que lo son.

    Notablemente incómodo por haber sido introducido de manera abrupta en la conversación, Neji carraspeó. —No lo sé.

    —Oh, por favor. Hinata, yo te lo digo, eres sexy —y, por el amor de Dios, de nuevo giró hacia su primo—. Dile que es sexy, Neji.

    Casi se atraganta.

    —¿Por qué insistes en confirmar con Neji cada una de tus aseveraciones, Kiba?

    —Es obvio —él rio—, porque Hinata no me cree, así que debería decírselo él para que ella lo acepte. Después de todo, se trata del parco y absurdamente honesto Hyüga, ¿no?

    Hinata vio la contrariedad en el rostro fino serio de Neji. En su cabeza miles de posibles salidas ante la situación debían estar girando en remolinos. Seguramente muchas de ellas relacionadas con asesinar a su compañero de equipo, así que dispuesta a evitar la inminente tragedia, carraspeó.

    —¡Oye, Kiba-kun! —intervino, soltándose tímida de su brazo—, ¿y Akamaru-kun? No lo veo por aquí.

    —Oh, sí —su semblante tosco se tornó oscuro—. No lo he podido traer, hoy está al cuidado de Hana.

    Hinata se sobresaltó ante la mención. —¿Le sucedió algo?

    —Nada grave, sólo le cayó una pequeña esquirla en nuestra última misión, estará bien —respondió, rascándose la cabeza—. En realidad, tenemos bastante que contarte, así que tú —señaló a Neji despreocupadamente con el pulgar para, seguidamente despedirlo con un gesto despectivo de la mano—, son cosas de equipo. Shu, shu, fuera de aquí.

    .
    .
    .



    Nunca había sido fan de los Inuzuka; eran desordenados, ordinarios, imprudentes y el olor a perro mojado no los solía abandonar con frecuencia. Entre ellos, Kiba era definitivamente el peor, de manera que si los Inuzuka podían llegar a considerarse la antítesis de los Hyüga, Kiba Inuzuka no podía ser menos que la de Neji Hyüga. Sin embargo, a pesar de los amplios defectos latentes en sus genes, los Inuzuka eran leales, tan leales como sus jodidos cachorros, y eso, en lo que a Neji concernía, era lo esencial; que dicho sabueso humano fuese completamente fiel a su prima y futura cabeza del clan.

    Sólo por eso, estando completamente seguro de que la más valiosa perla de la familia se hallaba en buenas manos, Neji había regresado calmo a su pequeña y cálida habitación para descansar después de un muy merecido y relajante baño. Kiba y Shino le habían asegurado que acompañarían a Hinata de vuelta, también prometieron no demorarla demasiado al ser conscientes de que ella tenía que estar despierta y bien dispuesta a primera hora… Pero cuando Neji se cayó de espaldas en el colchón, usando apenas unos pantalones azules de pijama, descubrió con decepción que dormir se le haría imposible.

    Estaba preocupado.

    Estaba genuina y malditamente preocupado, tan preocupado como lo había estado las últimas semanas, y por la única razón que lograba hacerlo sentir ansioso: Hinata.

    ¿Qué estaba pasando con ella?

    Cuando habían iniciado ese (aún en su opinión) absurdo juego de lecciones de seducción, había justificado el interés de su protegida con la inminente necesidad de conseguir un matrimonio conveniente para el clan. Hinata, como era natural, ansiaba asumir su papel de líder de la mejor manera posible, y la idea de que su estado civil pudiese interponerse en su meta de alguna forma le había llevado al punto de pedir su ayuda para evitarlo. Sin embargo, era también conocedor de los tiernos sentimientos que desde muy joven había albergado su corazón de mujer, sentimientos que desde el primer momento sólo estuvieron destinados a un hombre rubio, de ojos azules y sonrisa fácil. Sí, claro que él siempre lo había sabido (en realidad, dudaba de que una sola alma en Konoha no estuviese enterada, a excepción del propio susodicho), y por tanto, Neji se empeñó en darle una mano; si ella quería a Naruto, y dejando a un lado el hecho de que él representaba la mejor opción diplomática posible al ser de manera inminente el sucesor del hokage, y si en él se encontraba la felicidad de Hinata, Neji haría todo lo posible para que pudiese alcanzarlo. No debía ser tan difícil, pensaba, y a sus ojos la situación no era compleja: si Hinata conquistaba el corazón de Naruto, ella estaría feliz y, a su vez, su matrimonio superaría las expectativas del clan, con lo cual ella podría acceder al liderazgo entre aplausos y sin ningún tipo de objeción arcaica… Pero, siempre había un pero

    Empezaba a dudar acerca de las intenciones de su prima.

    No debía ser malinterpretado; Hinata era tan pura y angelical como una niña pequeña, no había forma alguna en el infierno de que planes perversos se albergaran en su mente, no, no, claro que no, simplemente… ¿cómo decirlo? Neji se removió incomodo ante el pensamiento: Hinata… Ella… Ella podría, quizá, sólo era una posibilidad… Ella puede que tuviese algún tipo de deseo carnal.

    Eso explicaría por qué se había comportado de manera tan inusual e intensa cuando él estuvo transformado en Naruto. O…

    Quizá –Neji se sintió azarado- ella no sólo estuviese consciente de su papel dentro de la jerarquía Hyüga y de la conveniencia social de tener una pareja, sino también, otra vez quizás, ella podría estar necesitando la compañía de un hombre… de un hombre que le hiciese compañía en las noches y la hiciese sentir…

    Y entonces lo supo.

    Bueno, siempre lo había sabido en realidad, claro, no era estúpido, pero la realización cayó sobre él como un baldado de agua fría, haciéndolo ahogar un gemido de frustración mientras se cubría el rostro: Hinata era una mujer. Una mujer adulta, además.

    ¡Qué terrible descubrimiento!


    .
    .
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    Su maestro se sentía perturbado. No era posible notarlo a simple vista, pero pocas cosas podían escapar al gekke genkai del clan Hyüga, y el que su primo se contuviera durante sus casi dos horas de Puño suave no fue una ellas. Él no era obvio, claro, pero el chackra que emanaba de sus palmas venía en cantidades un poco menores de las que las habituales en su característico nivel de exigencia, su ceño se fruncía con frecuencia, su conversación era escasa y titubeante, sin mencionar el que, durante los breves descansos usados para hidratarse, estuvo evitando realizar contacto visual todo el tiempo.

    Nuevamente, no es que él fuese obvio; simplemente ella estaba prestando juiciosa atención a cada aspecto de su comportamiento.

    Mientras pasaba una toalla húmeda sobre la piel de su frente, apartando y mojando algunas hebras de cabello oscuro, Hinata suspiró. ¿Estaría incómodo en su presencia? ¿querría estar en otro lugar? Sobre su hombro pesaba todavía una gran culpabilidad; lo había besado… Se había lanzado sobre sus labios como una fiera salvaje en cuanto ve un sabroso pedazo de carne. Dios mío, ¿cabría la posibilidad de que en el fondo fuese una completa pervertida? No, no. Un ligero pinchazo le apabulló el pecho: ¿estaría pensando su protector que era una completa, desconsiderada e irreparable pervertida?

    ¿Habría sido un error incorregible el haberse dejado llevar por el impulso de besarlo o, si lo pensaba con exactitud, el impulso de besarlo a él durante su transformación en Naruto? Casi podía echarse a llorar de vergüenza, ¡qué rayos le estaba pasando! Ella no era así, ella normalmente no actuaba como una mujer pecaminosa de la que tanto de las que tanto prevenían a los jóvenes Hyüga adolescentes, ¡en serio no lo era, alguien debía creerle!

    Un carraspeo ronco la sobresaltó. Neji estaba mirándole de soslayo. Diablos, ¿será que podía parar de observarla con ese sospechoso gesto de “conozco su verdadera corrompida naturaleza, Hinata-sama, pero no lo diré directamente para evitar hacer de esta una situación incómoda”?

    —¿Se encuentra bien, Hinata-sama? —sus ojos se mantuvieron de soslayo sobre ella al hablarle, pero rápidamente se volvieron haciaa la toalla blanca que sostenía con las manos. Señor, casi pudo notar el movimiento lento y pesado de la manzana de Adán en su cuello; el hombre estaba definitivamente incómodo, y casi, casi pudo jurar ver un tono claro de rosa en su mejilla cuando dijo: —Está… gimiendo.

    Abrió la boca, pero de esta no brotó más que un “¿eh?” agudo y estupefacto, casi ausente, segundos antes de que la sangre de todo su cuerpo empezara a aglomerarse en dirección a su rostro. —¡N-No estaba haciendo tal cosa, Neji-niisan! —chilló, totalmente abochornada.

    —Lo estaba —él configuró un gesto serio, girándose por completo en su dirección—. Mientras secaba su frente con la toalla. Cerró varias veces los ojos y frunció el ceño mientras lo hacía. Decía “Ahhh” —su boca se abrió al soltar el inexpresivo sonido—de manera prolongada. ¿Está bien?

    Menuda pena. Hinata se cubrió el rostro con ambas manos, un temblor sacudiéndole el cuerpo de pies a cabeza, ¿lo decía en serio? Quizá se había quejado un poco en su pequeño soliloquio, pero, por todo el chackra del mundo ninja, ella no estaba gimiendo. Ella nunca gimió. Pero tenía que venir él a hacer la peor elección de palabras y la representación más humillante de sus sonidos.

    Podía ser el mayor genio que el clan Hyüga hubiese engendrado nunca, podía amarlo con toda su alma por ser su primo, pero por favor, que un rayo atravesara la madera del techo ahora mismo y lo partiera en dos. O a ella. O, saben qué, a los dos.

    —Hinata-sama, no tiene porqué abochornarse, en realidad, es algo completamente natu-

    —No estaba gimiendo —la voz le salió quebrada, pero bien pudo interrumpir su vano intento por calmarla.

    ¿Qué pensaba Neji? ¿Qué tendría que ofrecerle a darle “la charla” o algo así? Odió que le hablara como a una total ignorante.

    —No lo hacía —continuó, retirando las manos para poder mirarlo, molesta—. No estaba gimiendo, estaba atormentada pensando en la manera en que debía disculparme contigo para que dejes de comportarte tan extraño a mi alrededor —él parpadeó, quizá sorprendido por su inusual forma de hablarle, o quizá pasmado al sentirse descubierto—. Sólo estaba reprochándome el haberme lanzado a b-besarte en nuestro último entrenamiento, c-cuando tú usaste un henge de Naruto-kun, porque eso estuvo mal, y lo siento mucho, y eso causó que tú te sientas incómodo estando ahora en mi presencia, así que me hace sentir terrible… y tu forma de mirarme —pasó saliva, su tono volviéndose cada vez menos molesto y más reflexivo y honesto—tu forma de mirarme ahora es como… como si estuvieses pensando cosas sobre mí, como si me vieras diferente y ya no estuviese en lo más alto de tu pedestal, Neji-niisan, y eso… eso… simplemente me hace sentir muy mal. Y tú vienes y usas esa palabra gemir que sólo debe usarse cuando las personas tienen pensamientos obscenos, y no es el caso porque solo quería pedirte perdón por causar tu desagrado a causa de mi estúpido error de antes y estaba mortificada por ello… Todavía hoy no tengo claro qué fue lo que sucedió aquel día, sabes, no es propio de mí comportarme de esa manera, y-

    —Pero estuvo muy bien —él interrumpió la absurda verborrea, observándola con seriedad, a la vez que ella le miraba sorprendida, y sonrojada por la agitación—. Estuvo bien, porque fue parte de la lección.

    —¿La lección?

    Neji asintió tranquilamente, inclinándose para depositar la toalla en un banquillo, y se acercó a ella. —Hizo contacto físico con Naruto. Fue un gran avance —movió ligeramente los hombros, fresco—mi henge funcionó.

    —Entonces —Hinata parpadeó lentamente—¿se suponía que hiciera exactamente lo que hice, Neji-niisan?

    —Bueno —titubeó—, honestamente tuvo una reacción bastante más… animada de lo que esperaba, pero no quiere decir que sea algo malo. De cierta manera podría considerarse que su pasión por Naruto es grande.

    —P-Pasión…

    Neji carraspeó. —Y, aunque es algo natural, ya que todos los seres humanos llegan a esa edad en la que… bueno, a esa etapa de la vida en la que empiezan a surgir ciertos, eh, deseos… deseos de acercarnos a alguien del sexo opuesto…—tres carraspeos más—, lo que quiero decir es, verá, aunque no fue en absoluto una acción reprochable de su parte, debe aprender a manejarla para que en el futuro no suponga una debilidad.

    La mirada masculina era genuinamente seria, aunque Hinata casi pudiese ver las gotas resbalando por los laterales de su rostro debido a la tangible incomodidad. Ella, por su parte, sólo estaba anonadada: ¡le estaba dando la charla! ¿qué tan bajo tenía que caer? No, pensó, la pregunta correcta era qué tan bajo la haría él sentir que había caído… ¡Dándole la charla a los veinti tantos años de edad, faltaba más!

    Sonrosada de la ira, solo permaneció en silencio mientras era tratada como una niña.

    —… Si un enemigo llegase a descubrir su punto débil, Hinata-sama, podría hasta-

    —Suficiente.

    Neji parpadeó ante el tono implacable. —¿Disculpe?

    —Dije —le miró con seguridad, su pequeña figura irguiéndose con orgullo—: suficiente. Haz silencio y date prisa en transformarte.

    Le tomó un segundo descifrar la orden. —¿En Naruto?

    Asintió. —Estás tardando demasiado y mi tiempo no es ilimitado.

    Algo bullía en su interior, podía sentirlo, ardiente, burbujeante. Neji no tardó en obedecer, y pronto los ojos en los que brillaba el asombro pasaron de ser perlas para volverse un cielo. Ardía. Y no era pasión, como pensaría su muy bocazas maestro.

    No.

    Era rabia.

    Y poseída por esta, Hinata se acercó en dos pasos largos y firmes hasta casi poder saborear la respiración del hombre rubio frente a ella. No existieron los nervios, no hubo revoloteo de mariposas, no quemó más que el fuego del orgullo al murmurar: —Sé lo que es la pasión —mientras hablaba, una de sus manos se escabullía bajo la chaqueta naranja, tocando el abdomen sólo por encima de la delgada camiseta negra del interior—. No sé lo que es la pasión de un hombre, en eso te doy la razón, ni sé cuán intensa puede llegar a ser, pero la mía…

    La mía me consume.

    Me abrasa viva.

    Enséñame cómo sobrevivir a ella.

    Hinata se detuvo lo suficiente para mojar los labios con la lengua suavemente. Estaba jugando con fuego. Ardía. El aire tibio. El calor de la piel llegando hasta sus dedos aún con la tela de por medio. Sin embargo, aunque se sentía malditamente bien, sus pupilas no flaquearon. Se inclinó un poco, sólo para que sus labios pudiesen tocarse y poder hablar sobre su boca, apenas en un denso susurro: —La mía la conozco bien, y ni siquiera esto —le palpó el pecho, enfatizando—es suficiente para hacerme perder el control, Naruto-kun.

    Ante la masculina mirada que portaba una expresión casi aterrada, contrastando con las mejillas oscurecidas por un leve rubor, Hinata retrocedió dos pasos, eliminando todo contacto.

    —Deshazlo.

    Un ¡puf! Después, pudo encarar directamente el rostro de su primo, un Hyüga, un Bouke. —Ahora que ambos estamos de acuerdo con que mi control es espléndido, quisiera aclarar algo —empezó, retorciendo los dedos en un ligero temblor que, a esas alturas, ya no estaba segura si era por la ira o por el aún reciente cosquilleo del calor corporal—; te busqué para que me mostraras cómo despertar el interés en un hombre, y nada más. Así que ya puedes dejar de actuar como si trataras con una adolescente hormonal, e ir enfocándote en tu tarea.

    Lo vio separar los labios, unirlos, y volverlos a abrir. Finalmente, con una pequeña reverencia, la reunión terminó:

    —Como desee, Hinata-sama.

    .
    .
    .


    Le temblaban las piernas. No como a Bambi recién nacido, claro, pero había temblor al fin y al cabo. Ni los más fieros y despiadados ninjas habían logrado descomponerlo ni siquiera ligeramente en batalla alguna y, sin embargo, ahí estaba él, el más grande genio que hubiese parido el clan Hyüga en mil generaciones, temblando… por una mujer.

    Y no había que malinterpretarlo, no era miedo, claro que no. En realidad, si hubiese que describir la sensación, sería correcto decir que era una mezcla entre emoción y sorpresa: Hinata, su Hinata, ¿esa intimidante mujer era la misma tierna, dulce, tímida, recatada y frágil princesa Hyüga a la que todos conocían?

    “Así que ya puedes dejar de actuar como si trataras con una adolescente hormonal, e ir enfocándote en tu tarea”.

    Ahogó una pequeña risa en solitario al escuchar nuevamente la fina voz en su cabeza. De cierta manera, se dijo, ella tenía razón. De cierta manera también, él podría tener todo el derecho del mundo de estar sintiéndose herido en ese momento por haber recibido un trato tan impersonal.

    Pero es que, ah, ese tono orgulloso y esa altanera mirada le quedaban tan bien.

    Quizá, Neji sonrió, quizá era hora de ponerse serios.
     
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    InunoTaisho

    InunoTaisho とうが 犬の大将 Comentarista destacado "¡Toda la supervivencia de la humanidad depende de este momento!"

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    Vas a continuar? No soy fan de emparejar a Neji con Hinata en una relación incestuosa, aunque podría decir que no fue descabellado suponer que sentía por su prima un querer mucho más allá de la simple protección y el deber, así que la trama que presentas es interesante y divertida... Saludos
     
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    Nahi Shite

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    Hola, sí lo continuaré. Verdaderamente mi OTP es el NaruHina, pero no he podido evitar pensar en este emparejamiento entre primos. Muchas gracias por leer y comentar.
     
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    Nahi Shite

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    Enséñame. [NejiHina]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    12
     
    Palabras:
    4544




    ENSEÑAME

    VII

    .

    Hiashi Hyüga frunció mínimamente el ceño, preguntándose el motivo por el cual su hija veinteañera lucía como si hubiese regresado a la pubertad, con sus mejillas pintadas de un fulminante rojo y el rostro vergonzosamente bajo. Había intentado ignorar este hecho durante un buen rato con el firme propósito de no interrumpir la cena (porque, la verdad fuera dicha, Hinata siempre había sido un poco rara), pero cuando ella hizo rodar la salsa de soya hasta el suelo luego de que su sobrino Neji se la pidiera, él, aún el líder del ancestral clan Hyüga, perdió la paciencia.

    Dirigiendo su mirada molesta hasta ella, habló. —Hinata, hija, ¿qué está mal contigo la noche de hoy?

    Ella interrumpió su disculpa hacia un miembro del Bouke que se había dado prisa en recoger el envase, y su pequeña espalda se inclinó rápidamente en una pequeña reverencia hacia la cabecera de la mesa. —N-No ocurre nada, padre, s-sólo creo que el cansancio me ha hecho actuar torpemente, lo siento.

    Elevó una ceja, ocultando todo rastro de diversión en su expresión. ¿El cansancio te ha hecho torpe? Hinata, la torpeza es una de tus cualidades natas. Carraspeó. —Pasaré por alto el hecho de que hoy fue tu día libre, y serviré mi propio té por el momento, si te parece —alargó el brazo hasta la tetera, más cercana a la ubicación de su hija—, no te molestes en acercarla, por favor, no vaya a ser que termine también rota en un millón de trozos.

    Una pequeña risa proveniente de los labios de su hija menor intoxicó el aire, profundizando aún más el rubor en el rostro de Hinata. —Nee-sama hace tiempo que no actuaba de forma tan patosa —la escuchó decir, mientras se llevaba, de forma muy poco elegante por cierto, un trozo de carne a la boca—, ¿qué shinobi la tendrá taaaan distraída?

    —¡N-No es nada de eso!

    —¿Entonces por qué se pone aún más roja tu cara, nee-sama?

    —N-No es cierto.

    —Sí lo es.

    —No.

    —Sí.

    —Q-Que no.

    Hiashi giró la cara, buscando ignorar los malos modales en la mesa de sus hijas, y se centró en Neji; él llevaba la comida hasta su boca en perfecta forma, con una expresión serena en el rostro, ajeno al bochinche. ¿Por qué, Dios del cielo, no podían aprender ellas un poco de él?

    —¿Será un rubio cabeza de chorlito?

    —¡C-claro que no!

    —¿Aún no te confiesas? Qué lenta, ¡buu!

    —B-basta, Hanabi, n-no es nada de eso.

    —No debes ser tan mojigata, nee-sama, a los hombres les gustan las atrevidas, ¿verdad, padre?

    El susodicho padre sorbía impasible un poco de su delicioso té de hierbas. —No dejaré que me involucres en su absurda discusión, Hanabi.

    Enfurruñada, ella se volvió hacia el joven Hyüga. —¿Qué hay de ti, Neji-niisan, te gustan descaradas? —preguntó con una mueca traviesa.

    Fiel clon de su tío, Neji permaneció parco, masticando un poco de arroz. —Eso no es de su incumbencia, Hanabi-sama.

    —Oh, vamos, no me digas que te calientan las santurronas, eso nadie se lo cree.

    Hinata ahogó un gemido, escandalizada. —¡Padre, Hanabi está diciendo cosas inapropiadas en la mesa!

    —Hanabi, basta de hablar cosas inapropiadas.

    —Padre, no es mi culpa que nee-sama tenga una edad sexual de tres años.

    —¡Padre, haz que se detenga!

    —Hanabi, detente.

    —Padre, no es mi culpa que nee-sama quiera llegar virgen a los cuarenta.

    —¡S-Suficiente!

    ¡Pam!

    Los platos temblaron sobre la mesa y su preciado té se derramó un poco. Hasta Neji, quien hasta el momento se había mantenido al margen, fijó sus ojos en la mujer de pie a su lado que respiraba profundamente con las palmas apretadas sobre la superficie de madera.

    —No toleraré más esto, Hanabi. Burlarte de la falta de experiencia de alguien de una noble familia es algo indigno, no te ridiculices más frente a nosotros con tus malos modales.

    Hiashi sonrió al ver la boca abierta de su hija menor. ¡Bien hecho, Hinata!

    —Y tú, padre, deberías sentirte avergonzado por permitir tal comportamiento en tu casa. Traes deshonor sobre tu propia cabeza al no poner límites a su viperina lengua.

    ¿Era raro que se sintiera emocionado de que la heredera de su casa le estuviera sermoneando? ¿era raro que se sintiera orgulloso ante tal descaro? Oh, diablos, él había esperado eso por tanto tiempo y no pensaba cuestionárselo ahora. Tan sólo disfruta, Hiashi, disfruta la gran vista de tu retoño empezando a florecer.

    La vio girarse grácilmente sobre sus delgados talones, claramente dispuesta a darles la espalda y efectuar una espectacular salida, pero, para su sorpresa, a último momento dirigió la mirada hacia el más joven hombre Hyüga en la sala. La orden impersonal lanzada con tono autoritario hizo que Hiashi abriese asombrado los ojos, aún si tal tono contrastaba con sus mejillas adorablemente polvoreadas de rubor:

    —Escóltame de regreso a mi habitación.

    Cuando Neji la siguió, obediente, y tratando inútilmente de ocultar un destello de sonrisa, Hiashi se giró hacia su anonadada hija.

    —Veo que no soy el único sorprendido.

    Ella parpadeó tres veces, saliendo del pequeño trance en el que había sido inducida, y boqueó como un pez fuera del agua.

    —¿Qué acaba de suceder, padre? —soltó una carcajada, su rostro de jovencita ruda iluminándose grácilmente—Si no lo hubiese comprobado con mi propio Byakügan, pensaría que Hinata-neesama ha sido plagiada, ¡demonios!

    Ignorando la maldición (no propia de una dama de alta cuna), asintió, con una sonrisa torcida.

    —Será interesante observar si este comportamiento es permanente, ¿no lo crees así?

    —Lo creo —Hanabi reposó un codo en la mesa, apoyando su mejilla en el puño, pensativa—. ¿Y es idea mía o tú también piensas que a Neji-niisan parece no desagradarle demasiado el cambio?

    —Eso parece.

    Ella sonrió, traviesa.

    —Oh, padre, al parecer los hombres Hyüga las prefieren atrevidas después de todo, ¿eh?




    .

    Oía el leve pop, pop de los pies descalzos al chocar contra el suelo de madera con cada paso acelerado que daba por a través de uno de los pasillos que conducían a su alcoba. Sabía que tenía las mejillas encendidas; maldita sea, se conocía demasiado bien y, aunque podía afirmar rotundamente que había cambiado y que ya no era tan deprimentemente tímida como antaño, el tiempo le había demostrado que existían cosas que, definitivamente, eran inmodificables, tales como la facilidad de circulación de sangre hasta sus mejillas y la forma en que ésta se reflejaba en su rostro gracias a la transparencia de su piel. Aun así, Hinata no pudo evitar recriminarse internamente por ello.

    Definitivamente sonrojarse hasta la médula al sermonear con prepotencia no era lo ideal, sino francamente contradictorio, ¡qué clase de imagen estaba dando a los demás!

    Pero la culpa no fue toda mía, se recordó, aumentando la velocidad de sus pasos; siendo a su vez plenamente consciente de quien la seguía a corta distancia en silencio. Si él no…

    —Hinata-sama —frenó en seco ante el llamado, y se mantuvo en silencio sin girarse.

    Neji debió interpretarlo como una señal para continuar.

    —¿Está molesta?

    Se mordió el labio inferior. Lo estaba, claro que sí. —Un poco.

    —¿Con Hanabi-sama?

    Oh, Hanabi era una completa entrometida, claro, pero no estaba enojada con ella. Llevaba lidiando casi dieciocho años con ella como para molestarse realmente por su forma de hablar. La adoraba, en realidad. Así que negó suavemente con la cabeza, sólo para que él pudiese entender su negativa.

    —¿Con Hiashi-sama?

    Nuevamente una negación. Su padre era mucho más dócil y cálido que antaño, aunque seguía siendo firme, y sus palabras eran raramente hirientes.

    —Entonces —hubo una breve pausa, y Hinata lo sintió dar un paso tras de sí, acercándose. Su voz fue dulce al preguntar—: ¿conmigo?

    ¿Lo estaba? En definitiva el haber tenido a Neji sentado frente a ella molestándola furtivamente durante toda la cena le había puesto de los nervios: los choques "casuales" entre sus pies, la forma en que él lucía tan calmo mientras hablaba con su padre sin siquiera dar una señal de que, bajo la mesa, los dedos largos del pie derecho se entretuvieran deslizándose de arriba abajo a través de la espinilla desnuda de su heredera. Hasta se había atrevido a pedirle la salsa de soya mientras se burlaba de ella con un atisbo de sonrisa tirando de sus labios, ¿es que nadie más, por el amor de Dios, había notado eso: lo malvado que Neji Hyüga podía llegar a ser? La prueba de ello: él había subido más allá de las rodillas justo cuando había alcanzado el frasco, sólo para hacerla brincar y fallar vergonzosamente frente al resto de la familia. Maldita sea, tenía razones para estar molesta, sin embargo…

    —No —suspiró, girándose finalmente, su mirada desviada hacia el suelo, sus mejillas ahora apenas teñidas de rosa—, contigo nunca.

    Él no se molestó en ocultar el alivio. —¿Entonces podría decirme qué la tiene molesta?

    Ya estaban cerca de su destino, así que Hinata caminó apenas unos metros y giró el pomo de su puerta, dedicándole una mirada con la que le informaba claramente que esperaba que la siguiera, antes de entrar.

    Neji, dudoso, se detuvo en el marco.

    —No es decoroso que yo acceda a sus aposentos, Hinata-sama —mencionó, con reverencia.

    Obtuvo como respuesta una oscura ceja elevada, ¿él estaba siendo serio al respecto? —¿Pero tocarme a escondidas bajo la mesa sí lo es?

    Touché.

    Una leve sonrisa deformó los labios masculinos. —De acuerdo, me tiene.

    Hinata lo observó pasar a través del marco, mientras sentía su propio estado de ánimo aumentar gradualmente. Neji cerró la puerta tras él y le dedicó una fingida mirada de regaño.

    —Pero en el futuro asegúrese, por favor, de no hablar como si yo fuese un violador, alguien podría malinterpretarlo.

    Reprimió una suave risa.

    —Lo siento, ¿pero lo viste?—susurró, su rostro decayendo ligeramente—Quien me tiene enojada soy yo… Mi reacción fue absolutamente vergonzosa, no puedo controlarlo. Intenté ser firme y enfrentarme a Hanabi con verdadero temple, pero mi actuación no fue muy convincente, mi voz fue temblorosa y mi rostro estaba en llamas.

    —Lo hizo muy bien —él habló firmemente—, su postura fue adecuada, no titubeó y usó el tono correcto.

    Lo miró, recelosa, tímida. —¿De verdad?

    Neji asintió. —¿No se fijó en sus rostros? Sus quijadas casi tocan el suelo.

    Ella se mantuvo en silencio un momento. —¿Entonces… lo hice bien, nii-san?

    —Más que bien —dio un paso hacia ella—, fue feroz, pero distinguida.

    —S-Seguramente lucí muy torpe…

    —Lucía hermosa.

    Hinata se sintió extremadamente tonta al abochornarse por el cumplido, sin embargo, era esa otra de las cosas perennes en su ser. Trató de no sentirse ligera, muy, muy ligeramente defraudada con el hecho de que su primo dijese cosas parecidas sin el más pequeño cambio en su expresión, como si fuese sólo le estuviese diciendo que el clima estaba fresco. Él no podía imaginar, claro, que era la única persona en el mundo que había usado ese adjetivo para describirla.

    Hermosa.

    Una palabra tan vergonzosa que, a pesar de todo, lograba que su ego femenino ascendiera un escalón.

    Si tan sólo Naruto pensara lo mismo.

    —¿Cree que sobrepasé los límites?

    La pregunta la tomó por sorpresa. —¿Cómo?

    Neji se notó un poco contrariado. —En la mesa, quiero decir.

    —Bueno, definitivamente fuiste cruel al pedirme que te alcanzara la salsa, Neji-niisan —frunció los labios en un natural puchero—¿no veías mi rostro? Estaba muriendo a fuego lento ahí.

    —Lo sé, soy maligno —él sonrió, pero rápidamente su expresión se tornó preocupada—, pero me refiero, Hinata-sama, a si usted considera que me sobrepasé al tocarla con mis pies. Me sentí realmente extraño, y estuve pensando fuertemente todo el tiempo en si eso la iba a enojar.

    —No soy buena enojándome —mencionó.

    —Bueno, el otro día me pareció genuinamente molesta, ya sabe, cuando me ordenó que no la tratara como una adolescente llena de hormonas, lo cual, aclaro nuevamente, nunca he hecho.

    Hinata gimió, atormentada; ¿es que acaso nunca a superar eso? ¡ya había pasado más de un mes, Jesucristo! ¡qué hombre más rencoroso!

    —¡Y ya me disculpé por hablarte así! —el quejido se mitigó entre sus manos, al cubrir su rostro—, fui una harpía.

    —No fue una harpía, usted nunca podría ser una harpía —él se cruzó de brazos, retornando a su papel de maestro corrector—; fue segura de su posición, y determinada.

    Hinata lo observó entre los dedos. Ella se había lamentado por dos semanas enteras el haber tratado a su querido primo de manera tan despectiva e impersonal. Dos semanas en las que se infringió un castigo a si misma al permanecer alejada de él, acumulando fuerzas para correr y disculparse debidamente, y seguía sin poder entender completamente el porqué él nunca pareció guardarle rencor. Cuando hablaron al fin, él simplemente había dicho: "Ah, ¿estaba preocupada por eso? Descuide, no fue nada" como si hubiese sido lo más insignificante del mundo. ¡Ella prácticamente había pasado dos semanas enteras hecha bolita, dándose latigazos mentales mientras él paseaba campante por ahí, ni siquiera consciente de su sufrimiento, ni siquiera ligeramente ofendido por las palabras más hirientes que ella le hubiese dirigido a alguien en sus más de veinte años de existencia! Fue desalentador, aunque al mismo tiempo un gran alivio.

    Luego de ello, Neji se había mostrado interesado en sacar a relucir esa parte que tenía oculta en las profundidades más abismales de su ser (ella lo llamaba la Hinata harpía mentalmente), pues insistía en que era una forma excelente de llamar la atención. Según Neji, y un montón de libros y revistas de dudosa reputación, a la mayoría de los hombres les atraían las mujeres de carácter fuerte y, sacando a colación el hecho de que cierto rubio por ahí había declarado públicamente durante años estar loco por una mujer que lo zarandeaba cada dos por tres como una maraca, entonces Hinata había tenido que aceptar de mala gana esa estadística. A partir de entonces, sus clases, las clases de seducción, se habían enfocado en capacitarla para despertar aquel lado… El comportamiento de Neji esa noche en la mesa también fue parte de su entrenamiento; ella no debía inmutarse con nada de lo que él hiciera, pero claramente fue un fiasco.

    —Me temo que debo retirarme pronto —su voz la hizo retornar a la realidad, retirando las manos de su rostro totalmente para observarlo. Neji se explicó—: No es conveniente que yo permanezca mucho tiempo en la alcoba de la heredera.

    La heredera. Qué molestia. Tratando de relegar el fastidio en su voz, mencionó: —Puedes permanecer el tiempo que desees. Eres mi guardián.

    Neji se tensó. —Actualmente, a los ojos del clan, soy simplemente la cabeza del Bouke.

    El corazón de Hinata se encogió al entender el mensaje en sus palabras: "usted ya no me necesita", como si él fuese algo desechable. Hubo sido su guardián desde que tenía tres años y, sin embargo, ahora que a ella se le consideraba apenas lo suficientemente fuerte, se reputaba que su papel como protector era inservible.

    —Todos saben que me proteges —aseguró, ferviente—. Necesito tu protección frecuentemente, y es imprescindible que permanezcas a mi lado —en algún momento, sus índices se frotaron tiernamente en aquel gesto infantil que se negaba a abandonarla. —Siempre, siempre, siempre…

    Los hermosos ojos plateados de hombre se nublaron con una mirada dulce, nublada de resignación. —Siempre —le aseguró, condescendiente, interiormente enternecido por su cálida preocupación—, sin embargo, Hinata-sama, no es bien visto que yo permanezca demasiado tiempo en su habitación. Su reputación podría ser cuestionada.

    —Me importa poco mi reputación —sus mejillas se sonrojaron por el enojo.

    —Pero a mí me importa —él habló con un tono de voz contundente, mirándola con seriedad.

    Hinata le sostuvo la mirada por un instante. ¿Era eso justo? Ella debería ser capaz de estar donde quisiera con su primo y el tiempo que ambos desearan, así como él debería ser capaz de estar despreocupado por las opiniones ajenas. ¡Quiso gritarle! Decirle que, por favor, no se fuera, pues eso la haría sentir como si fuera una muñequita que el protocolo y el decoro manejaba a su antojo, sin voluntad, una mera apariencia… Quiso decirle que no era secreto para ningún Hyüga que ella necesitaba de él y que, por favor, nadie se atrevería a cuestionar la moralidad de los actos del más grande genio de la familia. Los suyos propios quizá sí, porque, después de todo, había pasado su vida entera siendo objeto de las duras críticas, pero Neji… Neji era perfecto, impoluto…

    —Debo irme —le oyó repetir, esta vez más lentamente, al romper el contacto visual con la despedida—Qué descanse, Hinata-sama.

    —Espera.

    Él se detuvo a medio camino hacia la salida, girándose nuevamente hacia ella, justo a tiempo para recibir la presión suave de dos manos sobre su pecho y la calidez de un beso en su mejilla. Ante la rapidez del movimiento, ella trastabilló un poco, debido también al hecho de haber tenido la necesidad de ponerse en punticas a causa de la diferencia de altura, pero las manos de Neji la sostuvieron al posarse en los delgados antebrazos.

    —Hinata-sama —el aliento de su murmullo sorprendido le movió ligeramente el flequillo.

    Ella, en lugar de alejarse, se acercó más. Tan, tan cerca, que su nariz estuvo tentada a rozar el hueso de la clavícula masculina. Ella podía fácilmente sentir el aroma de su piel. Suspiró, cerrando los ojos.

    —Hinata-sama…

    —Eres mi hermano —le susurró, bajito, suave, apenas con la fuerza necesaria para que llegase hasta su oído—. Todos lo saben. Nadie pensará mal.

    Él tardó un segundo en contestar, sus manos afianzándose más en su piel cremosa, como si inconscientemente se preparara para repeler un posible acercamiento más profundo de su parte. Hinata se sintió ofendida. Parecía que él estuviese esperando para alejarla como si fuese una molestia. Pero su voz, a continuación, sonó tan ronca que ella olvidó rápidamente la desazón. —No somos hermanos.

    —L-Lo somos —sintió deseos de llorar, inexplicablemente. De pronto, se sentía como si Neji pudiese desaparecer en cualquier momento, y ese pensamiento le hizo apretar los dedos en torno a la tela de su camisa, le hizo hundir el rostro en su cuello—. Eres mi familia. Nadie pensará mal de ti por estar a mi lado.

    Un instante después, Hinata fue acunada entre unos brazos fuertes y mortales. Una fría ráfaga de aire proveniente de la ventana que solía permanecer abierta los golpeó, pero eso solamente provocó que se acogiera más al cuerpo de su primo, rodeándolo con sus delgados brazos, a la vez que él la estrechaba más en el calor fraternal de su abrazo.

    Escondida en la cómoda intersección entre el cuello y el hombro, Hinata se estremeció al sentir la sutil caricia de los labios de Neji sobre su sien. —Sí, somos familia… —él besó la punta de su cabeza, besó su cabello, y posó la boca caliente en la punta de su pequeña oreja sobresaliente entre las hebras de cabello—, pero nuestra familia ha sido endogámica durante siglos, recuerde.

    Hinata se tensó, los dedos largos y finos enterrándose en la espalda masculina ante las palabras certeras y el tono incitador. ¿Él lo estaba haciendo a propósito? No, no… Definitivamente era un juego de su mente. Sin embargo, la piel de su oreja seguía atrapada entre los labios entre abiertos que la atendían con pequeños roces.

    —¿Q-Qué… qué quieres decir?

    —Lo sabe —la voz de Neji era atrayente, densa como chocolate caliente, mientras se las ingeniaba para retirar el cabello oscuro sobre el hombro femenino, y Hinata casi, casi, deja escapar un gemido ahogado cuando Neji besó su lóbulo y respiró sobre su cuello como si aspirara su aroma—. Significa que siempre nos hemos preferido… siempre, entre nosotros, por generaciones.

    No. No. No.

    Sí.

    Él hablaba de la historia de la línea sanguínea de los Hyüga, pero se sentía como si sus palabras estuviesen expresamente dirigidas hacia ellos dos. Sólo ellos.

    —Siempre, Hinata-sama —si tocaba su cuello, moriría. Pero Neji, afortunada o infortunadamente, volvió a su sien expuesta, dejando una línea de besos juntos y suaves por el contorno derecho de su rostro, mientras repetía esa palabra como si fuese una plegaria, siempre, siempre, siempre y se detuvo en el hueso de su fina quijada.

    En este punto, las manos femeninas se deslizaron hacia los costados del fornido hombre, aligerando el abrazo, facilitándole y buscando inconscientemente que tuviese el espacio suficiente para llegar a su cuello, o para besarle la boca…

    Oh, Dios. ¿Qué demonios le estaba pasando? Se estaba sintiendo como aquella vez en el döjo… Y aunque se había atormentado innumerables veces por ello, ahora parecía querer repetirlo, no podía evitarlo. El ardor espeso en la boca del estómago, el temblor en las piernas, la resequedad en la boca, todo se sentía igual, o incluso mejor. ¿Era eso… placer?

    Sintiéndose audaz al igual que sumisa, y teniendo aún la frente escondida entre su piel, Hinata movió la boca para besar su cuello, muy cerca de su sobresaliente manzana de Adán. Fue un beso idéntico al dado hace unos momentos en la mejilla, fugaz y cálido, pero él no se había quejado así antes…

    —No haga eso —una mano fuerte le acunó la nuca, acariciándola con fuerza y ternura—No lo haga, no… —la inclinó suavemente hacia arriba, llenando de besos fuertes e insistentes su frente, sus ojos cerrados, sus pómulos, las comisuras de su boca, muy cerca a sus labios jadeantes.

    Neji-niisan.

    No podía más. Tenía que besarla. A este punto no la podía dejar así, ¿verdad? Pero él no se acercaba más, sentía su aliento sobre su nariz, pero él no se movía, y era tan, tan frustrante.

    —No —él susurró, suavemente, casi en un ronroneo viril, y Hinata sintió una presión en su labio inferior. Ansiosa por ser besada, entreabrió los labios, pero no encontró los de Neji… Él simplemente estaba recorriendo su boca con el pulgar, ¡frustrante! —No debe usar ese tono con ningún hombre… sólo con Naruto, ¿entiende? Estará a sus pies.

    Naruto.

    Lentamente, abrió los ojos, llenándose con la visión de sus labios antes de subir a sus pálidas pupilas. —P-Pero tú…

    —Yo soy un hombre, Hinata-sama.

    —Lo sé.

    —No —Neji cerró los ojos un segundo, luciendo contrariado. Luego, volvió a mirarla. Estaban tan, tan cerca—, no, no lo entiende. Soy un hombre de verdad —él la tomó del rostro con ambas manos—, ¿qué pasaría si la besara ahora mismo? ¿ah? ¿qué pasaría, Hinata-sama?

    Hinata se afianzó acercó más a su cuerpo, ansiosa. Las mejillas rojas, los ojos nublados. —Y-Yo te besé antes… —susurró muy bajo—, no pasó nada.

    Neji negó. —Es diferente, todo es muy diferente —suavemente, le acarició mejillas con fervor—. Le diré lo que pasaría —ubicó la boca sobre la piel de su pequeña frente—, yo querría más… y más… y terminaríamos ahí, sobre esa cama, usted abajo y yo arriba… en contraposición a nuestra clase social…. Diablos, en la cama eso no importa…

    Neji…

    Una suave risa ronca. —¿Lo ve? Hay razones por las que un hombre y una mujer deben mantener el decoro. Siempre.

    La soltó. Se alejó. De un momento a otro, su mirada hubo perdido la chispa ardiente de hace unos instantes, dejando solamente la parsimonia usual de un estricto shinobi. —Así que, con su permiso, me retiro por hoy —él se inclinó en una educada, pero demasiado rápida reverencia; tan rápida y atropellada como sus palabras de despedida:

    —Descanse, Hinata-sama.

    .

    .

    Neji Hyüga tenía todo controlado. Siempre. Todo el tiempo. Poseía la mejor visión de todo el país del fuego y absolutamente nada podía escapar de su radio de vigilancia. Él odiaba la sensación proveniente del azar y la incertidumbre, odiaba los juegos de dados, los casinos, las loterías y, sobre todo, odiaba no tener un plan trazado y una razón para cada cosa que hacía en la vida. Algo apenas lógico… Digo, ¿el mundo debe tener un orden, no?

    Para Neji nada podía ocurrir sin explicación.

    Lo ocurrido con su prima también la tenía, por supuesto. La regla era absoluta y ni siquiera la heredera del clan podía escapar de la lógica; él había querido mostrarle lo peligroso que era estar con un hombre a solas en su alcoba, y lo hizo (sin dañarla, claro, comentándole apenas lo que otro cualquiera podría haber hecho). No la había besado, claro que no, porque un beso hubiese sido innecesario, y sólo habría generado más incomodidad.

    Hinata estaba en una etapa curiosa. Cualquier medida de precaución era adecuada para mantenerla alejada de los peligros que podría acarrear la interacción cercana con un miembro del sexo masculino. Ella estaba segura con él, por supuesto, más que segura, pero él no podía bajar la guardia; se había asegurado en carne propia de que su alumna siempre estaba bien dispuesta a recibir mimos y caricias, ella debía sentirse (cosa completamente natural) a gusto con el calor humano… Estaba bien si era el suyo; alguien centrado, con los pies en la tierra, preocupado por su bienestar más que nada en el mundo, pero ¿qué pasaría si algún indecente tipejo por ahí seducía a la inocente perla de la familia y se aprovechaba de ella? No quería ni imaginarlo. Ella caería demasiado fácil en las redes de cualquier embaucador debido a su naturaleza ingenua y a su total falta de experiencia.

    No.

    No lo permitiría.

    Si fuera Naruto, estaría bien, se dijo. Si fuera Naruto, su prima sería dichosa, y si Hinata era dichosa, entonces por extensión Neji Hyüga lo era. Naruto era un buen tipo y, más que eso, era el tipo adecuado para relacionarse con Hinata.

    Y mientras él (el imbécil, pero buen sujeto rubio) notaba que era el ideal para emparentarse con los Hyüga, Neji tenía una misión: debía prepararla.

    Preparar a Hinata para entregarla, inmaculada y dulce, pero segura y conocedora del arte de la candente seducción. Se encargaría de enseñarle lo necesario y más, de forma tal que haría de ella la mujer más irresistible de las Cinco Grandes Naciones Ninja.

    Ese era su papel.

    Después de todo, desde el principio todo se había tratado de Naruto.

    Todo.


    Notas de Autor: Quiero aclarar que, por el bien de la trama del fic, y por mi sagrada voluntad, Hanabi y Hinata solamente se llevarán tres años de diferencia en edad. Es decir, Hanabi actualmente, y sólo para efectos de la historia, tiene poco más de diecisiete años.

    Por otra parte, ¿alguien más cree que Neji se miente a sí mismo?
     
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    Nahi Shite

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    Enséñame. [NejiHina]
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    ENSEÑAME

    VIII





    —Naruto está de vuelta.

    Neji sonrió al verla toser después de haber tomado un sorbo de agua. Ella disimuló su sorpresa limpiándose delicadamente con el dorso de la mano y desviando la mirada.

    —¿S-sí? No sabía que estaba fuera.

    Ajá, claro.

    Él se cruzó de brazos. —Estuvo lejos por cerca de un mes, de visita en Sunagakure y en Kumogakure. Al parecer el kazekage manda sus saludos fraternales al clan Hyüga.

    Hinata lo miró de reojo. —¿Cómo lo sabes?

    —Me lo encontré en el camino, por supuesto.

    —¿A Gaara-sama?

    Rodó los ojos. —A Naruto.

    Neji notó, no sin cierta curiosidad, que los pequeños hombros femeninos se tensaron. Ella se había dado la vuelta para recoger una toalla del suelo, y lo sorprendió al ver que caminaba hacia la puerta del döjo después de hacerlo.

    —Dale mis saludos cuando lo veas de nuevo, por favor —dijo, deteniéndose un momento en el umbral, sin mirarlo.

    —Lo haré.

    Hinata asintió, claramente dispuesta a seguir su camino, así que la detuvo por última vez, ladeando ligeramente el rostro. —Pero, Hinata-sama, con respecto a la invitación... ¿prefiere hacerlo usted misma?

    Nuevamente la vio asentir y, tras balbucear un rápido "sí", marcharse. A pesar de ello, no fue lo bastante despistado como para no percatarse del intenso sonrojo que invadía sus mejillas.



    -

    -


    Su cumpleaños estaba a la vuelta de la esquina; para ser más precisos, exactamente a tres días de distancia, un sábado. Y para su total espanto, su padre había decidido que debía celebrarse con bombos y platillos. Hacía algunos días ya que Hiashi Hyüga se había despertado de buen genio y había anunciado ante la aldea entera que el día 27 de Diciembre se armaría el fiestón en el complejo Hyüga. Bueno, "fiestón" no sería la palabra adecuada. En realidad, Hinata se imaginaba más como una tortuosa procesión de gente detallándola con morbosa curiosidad. "¿Ella es la heredera Hyüga? No luce muy fuerte", "¿ella es la princesa del byakugan? No es la gran cosa", "Hinata-sama, querida, a su edad nosotras habíamos aportado tres hijos al clan", "no hemos escuchado noticias acerca de un compromiso, Hinata-sama", "¿que no hay planes de matrimonio? ¿y qué está esperando Hiashi para ponerse en ello?", "viéndolo bien, es más bonita su hermana... será más fácil para él casarla", o algo parecido.

    ¿Acaso su padre no sabía que odiaba convertirse en el centro de atención? Estuvo a punto de explicarle y rogarle que no le hiciese pasar por semejante incomodidad, pero... ay, él parecía estar tan emocionado. Las canas de su majestuosa cabeza parecían desaparecer mientras daba órdenes a diestra y siniestra al acondicionar el complejo Hyüga para el evento al que asistirían cientos de personas, y su escurridiza sonrisa aparecía nada más ante la mención de Hinata en el rumor de alguna conversación ajena.

    ¿Cuándo ella lo había visto así de feliz al escuchar su nombre? Le hacía sentir que estaba orgulloso de tenerla como hija... Y por eso, Dios santo, ella cruzaría el infierno.

    Por otro lado, el clan Hyüga se había tomado esa semana como semana sabática, y el ambiente parecía más ligero y ameno. Todos lucían más relajados, y hasta sus propios hombros se sentían aliviados ante el descargo de deberes que ello le significaba. Había podido salir en repetidas ocasiones, se había reunido con Kiba y Shino para algunas comidas, y hasta había conversado en algunas ocasiones con Sakura e Ino. Estuvo esperando nerviosamente encontrarse con cierto rubio en cualquier esquina, pero se enteró, con alivio y decepción, de que él se encontraba visitando a Gaara y a Killer Bee, en Sunagakure y Kumogakure, respectivamente, desde hacía ya un buen tiempo.

    Por eso, cuando esa mañana su primo le había informado acerca de su regreso, no quiso perder el tiempo. Si bien trató patéticamente de no lucir emocionada o demasiado interesada en la noticia, había salido como alma que lleva el diablo para arreglarse y buscarlo.

    Y lo encontró fácilmente, pues el Byakügan no servía sólo para lucir aterradora.

    ¡Naruto! ¡al fin! De pie al final de una pequeña colina al oeste de la aldea. ¡Era él, el original! Acelerando el paso, Hinata intentó recordar cuándo había sido la última vez que lo había visto; ¿hace tres meses, quizás cuatro? Ella ni siquiera había podido felicitarlo por su cumpleaños, en Octubre, más de dos meses atrás. El corazón empezó a latir con fuerza a medida que se acercaba...

    Verdaderamente era él. Cabello dorado como el del principito, ojos azules como el océano, sonrisa tonta y nerviosa... Él era tan apuesto y alto. Lo suficientemente alto como para lograr verlo con todas esas mujeres a su alrededor, chillando "¡Naruto-sama"!

    Hinata se detuvo a algunos metros, el corazón cayéndole a los pies. ¿Esto era una jodida broma? ¿tenían idea todas esas pe–ejem-señoritas de cuánto había tenido ella que pasar para encontrarse con este hombre, de cuánto tiempo había esperado, y cuánto valor había tenido que acumular para pararse frente a esos ojos vibrantes de cielo? ¡No era justo que se creyeran con el derecho de acapararlo de tal modo! Aunque, bueno... Naruto seguía siendo el gran héroe de la IV Gran Guerra Ninja, además de, sin duda, ser el futuro hokage, y era normal que fuera el centro de atención. Sobre todo de la femenina.

    Suspiró, sintiéndose rendida. Él era patrimonio nacional y, al parecer, la irracional parecía ser ella al desear acaparar para sí misma una pizca de su valioso tiempo. Entender eso, para su mal, no ayudaba a minimizar el peso de la decepción apabullante en su pecho.

    ¿Acaso él nunca podría mirarla por encima de aquellas otras mujeres? Con desgano, se dio la vuelta, arrastrando ligeramente los pies, suaves copos de nieve deslizándose hacia su nariz. Quizá si tuviera el cabello rosa, podría ser lo suficientemente vistosa para llamar su atención.

    —¡Hinata!

    Quizá si fuera un poco más alta...

    —¡Oye, Hinata, aquí!

    O tal vez, si hiciese temblar la tierra con un puñetazo...

    —¡Hinata!

    Todo su cuerpo vibró al ser tomada por los hombros, sus ojos abriéndose de par a causa de la sorpresa. Alguien la había girado 180 grados con un agarre firme. La sangre corrió apresurada hacía su rostro apenas su cerebro pudo procesar la identidad de la persona que la apresaba con sus grandes manos. —¿No me oyes? ¡Estás en las nubes'ttebayó!

    Santa mierda bendita.



    .

    .



    ¿Qué Dios había obrado tal milagro? Porque definitivamente el que Naruto estuviese sentado a su lado, devorando el tercer tazón de ramen con extra puerco, y balbuceando entre bocados, lo era. Eran las tres de la tarde, y había almorzado hace poco, pero cuándo él, el hombre más hermoso del mundo shinobi la usó como excusa para deshacerse de su club de fans, diciendo "Lo siento, chicas, debo ir a almorzar con mi amiga. ¡Será en otra ocasión'ttebayó!" y después la había invitado realmente a almorzar. Entonces ella había fingido estar casi muriendo de inanición. Diablos, luego vomitaría a escondidas de ser necesario, pero no dejaría que nada le dañara el momento, ni la oportunidad. Ni siquiera sus propios nervios.

    Revolviendo cuidadosamente el caldo con los palillos, respiró profundo, concentrada en calmar el cosquilleo que le acalambraba el estómago, y en recordar cómo exactamente debía comportarse. Llevaba meses practicando el estar a su lado, así que por nada del mundo podía echarlo a perder, pues todo habría sido en vano. No podía permitir que tanto esfuerzo se fuera a la caneca.

    —Oye, Hinata —su rostro se giró hacia la derecha, encontrándose de lleno con el azul brillante en los ojos de Naruto. Él, cosa usual, parecía no fijarse demasiado en cuidar del espacio personal, y Hinata sintió que el corazón casi le agujerea el pecho—, estás... diferente.

    Inhaló.

    ¿Qué era lo primero?

    Ah, contacto visual.



    .

    .



    —Puede ser porque... no me gustan mis ojos.

    Avergonzada ante su propia confesión, desvió la cara a un costado. Se encontraba junto a Neji, sentada en el suelo de madera. Él se había propuesto encontrar la razón por la que a ella se le dificultaba mantener el contacto visual prolongado al interactuar con las personas, así que se había visto impelida a hacer múltiples suposiciones. Esta, en especial, pareció causarle mayor sorpresa a su primo, pues sus propios ojos se abrieron ligeramente en una expresión asombrada. Sus ojos idénticos...

    Y entonces cayó en cuenta: ¡acababa de confesar, entonces, que los suyos tampoco le gustaban! En realidad, sus palabras implicaban que los ojos de toda la familia le parecían desagradables.

    Abochornada, se inclinó un poco hacia él, mirándolo arrepentida. —N-No quiero decir que los tuyos sean feos...

    Los labios masculinos temblaron ligeramente en una sonrisa que no se terminó de formar. Su espalda se recostó a la pared, cruzándose de brazos, y brindándole una mirada atenta. —¿Por qué no le gustan? Soy todo oídos.

    Con las mejillas ruborizadas, comenzó, acomodándose tímidamente en una posición más recta. —Cuando era una niña —dijo—... me llamaban monstruo debido a su color. A muchos niños les parecía escalofriante el verme, y me evitaban por eso. Creo que, a su vez, yo quise evitar que la atención de todos se fijara en mis ojos, y me acostumbré a mantener siempre la vista baja.

    —¿La molestaban mucho en la academia?

    —Un poco. Generalmente niños más grandes.

    El ceño de Neji se frunció. —¿La golpearon?

    Hinata vaciló. Después de un segundo, murmuró: —A-Algunas veces.

    —Yo debí estar ahí para protegerla.

    Podía notar la furia del hombre a su lado aún sin mirar su rostro, lo cual la hizo sentir levemente incómoda. Le hacía recordar con pena cuán patética había sido en el pasado. —Pero, Neji-niisan, no fue mucho... —forzó una sonrisa—En realidad, golpeaban como niñas.

    Sin embargo a él pareció no hacerle gracia.

    Y justo cuando Hinata pensaba empezaba a buscar un tema de conversación diferente, o una excusa para huir de allí, se sobresaltó al sentir unos dedos largos contra su barbilla que le hicieron inclinar el rostro hacia arriba.

    —Acérquese —su brazo estaba estirado para tocarla, pero no había modificado su posición, así que ella obedeció, acercándose a su costado.

    Él la observó un instante con detenimiento y, a su vez, Hinata pudo detallare el color en los orbes de su primo. Pareció totalmente absorto al susurrar:

    —No me parecen los ojos de un monstruo.

    "Ni a mí", pensó rápidamente sobre los suyos, intensos y severos.

    No notó el momento exacto en el que Neji giró ligeramente el cuerpo en su dirección, acortando el espacio, hasta que sintió suaves caricias alrededor de sus ojos. Las yemas de sus pulgares rasposos recorrieron las pequeñas bolsas bajo ellos, pasando luego por sus parpados.

    —Lucen como perlas, Hinata-sama —esbozó una liviana sonrisa que le rebotó el estómago, e inmediatamente su mirada recobró la concentración. Envuelta en cada una de las expresiones del rostro masculino, ni siquiera se acordó de sonrojarse—, o amatistas... —Neji ladeó la cabeza, las manos aún sobre su cara—Creo que son una peculiar mezcla de ambas.

    —Los tuyos, Neji-niisan, son como dos lunas cubiertas de plata.

    Ante el afeminado cumplido, la risa grácil y ronca vibró entre ellos. Entonces fue que la sangre subió hasta los altos pómulos que él atendía.

    —No desvíe la mirada —Neji la detuvo, ajustando la fuerza del agarre sobre su rostro. Era firme, pero suave—. Permítame seguir viéndola.

    Avergonzada, con las manos retorciéndose sobre su propio regazo, Hinata asintió, obediente. —¿Le gustan mis ojos?

    La pregunta la descolocó un poco, provocando que el calor subiera un poco más en su cara. Se preguntó fugazmente si las manos de Neji no se estarían quemando ante la alta temperatura, antes de responder.

    —M-Me gustan —balbuceó, y después de ello no pudo detenerse con facilidad—. Son severos, pero al mismo tiempo contienen mucha amabilidad. T-Tus ojos son muy... bonitos.

    Neji la miró con seriedad. —Hinata-sama, los suyos son propios de una princesa —declaró—. Usted es nuestra princesa. Contienen una belleza análoga a la suya. Desbordan ternura y calidez...

    Los dedos de Neji se refugiaron detrás de sus pequeñas orejas, moviéndose con suavidad, mientras que sus rostros, lenta, muy lentamente, se iban acercando a medida que hablaba. Hinata no fue consciente de ello, simplemente estando enajenada en el sonido de su voz, en el roce de sus manos, y en color nacarado de sus ojos.

    —... Reflejan la pureza de su alma. El calor de su mirada podría derretir un glacial —no fue consciente del movimiento en el cuello del hombre al pasar saliva—, y es su arma más poderosa contra los hombres.

    —¿A-Arma? —Hinata parpadeó.

    —Arma —Neji asintió—. Contra Naruto. Cuando esté con él, asegúrese de usarla.

    —¿Cómo hago tal cosa?

    —Mírelo.

    —¿Cómo?

    —¿A usted le gusta la mirada de Naruto?

    —Ujúm.

    —Entonces sólo concéntrese en ella. Eso lo atraerá... —un movimiento de la boca masculina desvió su atención hacia esta parte del rostro, y un extraño sentimiento apretó su estómago.

    Su labio superior tenía una ligera curva de corazón, sin ser femeninos. El inferior era sutilmente más grueso , llamativo, aparentemente blando... ¿Serían así los de Naruto? ¿al verlos , sentiría la imperiosa necesidad de tocarlos, de probar su suavidad?

    —... Sólo mírelo así, y él se encargará del resto.

    ¿Así? No tenía idea de lo que eso significaba. Por otra parte, tampoco estaba muy a la tarea de investigarlo.

    —¿Lo hará?

    —Sí.

    El aire empezó a sentirse pesado en el interior de sus pulmones. —¿Qué hará, Neji-niisan?

    Hinata lo observó alejarse, sonriendo de forma extraña, casi incómoda. —Si es listo —él dijo, poniéndose de pie—la besará. Mientras tanto, ¿quiere que le enseñe a batir las pestañas?

    Aún con una ligera corriente agitándole los lugares del rostro que habían sido tocados, se levantó, roja como una amapola, pero con una sensación renovadora aleteando en su interior. —Estoy ansiosa por aprender, sensei.

    Lo vio sonreír, pero luego él puso una seria expresión. —Pero antes, Hinata-sama, ¿cree que reconocería a esos tipos de los que me habló antes? —preguntó, golpeando con un puño su propia palma—. Me gustaría tener una pequeña e inofensiva charla con ellos.


    .

    .


    Su primo mayor, para su pasmosa decepción, jamás le había enseñado a batir las pestañas (en serio deseaba que le hubiera hecho una demostración; podía morir de risa tan sólo con imaginarlo pestañeando en modo flirteo desesperado), pero dijo algo útil: "Parpadee lentamente. Ser descarada no es adecuado para comenzar. Sólo parpadee lento, busque los ojos de la otra persona con insistencia, y desvíe brevemente la mirada apenas entren en contacto. Eso causa un efecto. Por demás, muéstrese interesada en la conversación. Absorba las palabras que salen de su boca. Seguro será difícil con alguien tan bocazas como Naruto, pero..." sonrisa sardónica "esfuércese".

    Y ahora, intentando seguir su consejo, se sentía absolutamente tonta.

    —¿Diferente? —desvió la mirada—¿En qué sentido?

    Lo miró tímidamente, los parpados cayendo con deliberada delicadeza, mientras lo veía fruncir el ceño y adoptar una pose pensativa, acariciándose con el pulgar y el índice su varonil barbilla. —No sabría decirlo... uhm... supongo que diferente en el buen sentido.

    Okey. No era exactamente lo que esperaba, pero estaba satisfecha... por ahora.

    —Eh... Gracias, supongo.

    La risa nerviosa del muchacho sacudió el ambiente. —Bueno, Hinata, es extraño estar solo nosotros dos, sabes...

    —¿Extraño? —pegó un respingo, preocupada—¿a qué te refieres con extraño? ¿estoy haciendo algo mal? ¡Oh, no!

    —¡No, no, no, nada de eso! —Naruto movía desesperadamente las manos en negación, su bonita cara bronceada cubierta con una expresión de pánico—Lo que quiero decir es, verás... uhm... ¡que no es usual, sí, eso! Pero resulta agradable'ttebayó.

    Totalmente abochornada por la reacción de cuarentona desesperada, su rostro se coloreó de un profundo rojo. —A-Ah, s-sí, m-muy a-agradable —sus ojos se abrieron en pánico. ¿Qué rayos era ese tartamudeo? Cálmate, Hinata. Cál-ma-te—¡Oh, e-está muy bueno el ramen! —la voz pareció chillona a sus propios oídos, pero ignoró ese hecho al absorber un poco del caldo, más precisamente para refugiarse en el tazón.

    —¡Sí, sí, está muy bueno, el mejor'ttebayó!

    —¡El señor Teuchi sí que es asombroso!

    —¡Sí, el viejo es el rey en la cocina! ¡el ramen de Suna y Kumo sabe a mierda, ja, ja!

    —Ja, ja, sí —oh, por Dios, ¿qué estaban haciendo?—... Supongo que sí.

    —Sí...

    —Sí...

    Naruto rió, una risa llena de la más pura incomodidad. —Me causó diarrea'ttebayó —dijo, obviamente sin pensarlo realmente pues se puso colorado al instante, aunque Hinata no pudo percatarse al estar muy ocupada atorándose.

    Sintió la palma masculina sobre su espalda, mientras tosía de una forma que Hiashi Hyüga definitivamente no aprobaría. Sobre todo porque...

    —Hinata... Te salió... Eh... —Naruto habló, en un fuerte susurró—; Te salió ramen por la nariz'ttebayó.

    Instintivamente pegó un chillido, llevándose ambas manos al rostro, mirándolo con terror. ¡Los dioses debían estar riéndose de su miseria! ¡que se la tragara la tierra y no la escupiera nunca, por favor! Pero entonces... El que reía era Naruto, y lo hacía de forma tan dura, con tan deliciosas ganas, que se llevó las manos alrededor del abdomen, mientras prácticamente lloraba. —¡Oh, H-Hinata, tú... tú...! —le interrumpió otra sonora carcajada, más repentina y potente. Para cuando ella lo miró, más avergonzada que nunca, algo llamó su atención. Parpadeó. Una. Dos. Tres veces. Y no, no estaba intentando coquetear ni seducirlo.

    ¿Era eso lo que creía que era?

    Verde. Bajo su nariz.

    —¡N-Naruto-kun, tienes un moco!

    —¿Eh? —lo vió limpiarse con la manga de su chaqueta naranja, y parpadear—¡Es cierto!

    Y esta vez él se tiró al suelo entre carcajadas.

    Ella, por su parte, tuvo que apoyar la cabeza sobre la barra del restaurante, abrazándose a sí misma en un vano intento por controlar el volumen de su risa. ¿Cuándo había sido la última vez que había reído así? Honestamente, no podía recordar. Le dolía el estómago, le dolían las mejillas y, sin embargo, se sentía tan absolutamente genial que no podía parar.

    —¿Qué está pasando aquí? ¿qué es todo este alboroto?

    —¡Viejo! —Naruto estiró el cuello graciosamente desde el suelo para mirar al dueño del restaurante más querido de Konoha—¡Pasa que Hinata y yo somos unos puercos'ttebayó!

    Hinata convulsionó en otra risotada contenida ante esto, sonrojada por el esfuerzo de reprimirse frente al hombre mayor; pero tal fue su desgracia que el aire brotó en un una vergonzosa risa de cerdito. ¡Oing, oing!

    —¡¡Ay, Hinata, estás matándome!!


    .

    .


    Para cuando la clientela empezó a fluir para el turno nocturno, Ayame prácticamente los había corrido del local alegando que Naruto era una verdadera mala influencia para cualquiera, sin importar si se trataba de una noble dama, y que él en definitiva no tenía ni una pizca de caballero. Pero Hinata descubrió que se había equivocado en esto último cuando él se ofreció amablemente a acompañarla en su camino a casa, y cuando, tras verla temblar ligeramente ante una brisa helada, se quitó su propia bufanda verde y se la enrolló alrededor del cuello, ante su total vergüenza.

    —G-Gracias —murmuró, escondiendo tímidamente su polvoreada nariz ruborizada entre la prenda.

    —Descuida, yo tengo calor —él se rascó la mejilla, sonriente—. Por cierto, lamento lo de antes... No quise ser maleducado.

    Hinata dejó escapar una pequeña risa. —No, yo lo siento... No fui una compañía muy agradable.

    Naruto se detuvo de golpe, perplejo. —¿Bromeas?

    Ante el silencio de su compañera, agregó: —Ha sido el almuerzo más divertido que he tenido en mucho tiempo —lo miró de reojo, encontrándose con su rostro bronceado fijo en el camino. Y entonces, él susurró algo muy bajo, en un tono asombrosamente suave e inusual en él—; todo gracias a que estabas conmigo'ttebayó.

    Después, sólo caminaron en silencio. Hinata mirando sus propios pies, notando positivamente asombrada el contraste que estos relejaban junto a los de Naruto, grandes y de pasos largos. Él mantenía ambas manos dentro de la chaqueta naranja y, aunque ya no nevaba, el frío empezaba a ser insoportable. No quiso ni imaginarse lo helada que sería la madrugada.

    El silencio que los abrazó fue cómodo, natural.

    —Es aquí —avisó, deteniéndose ambos frente a la puerta de entrada de la mansión.

    Naruto echó un vistazo a las letras sobre esta. —No me digas que es más grande que lo que parece. Tu casa, quiero decir. Porque parece enorme.

    —Bueno... Es un poco espaciosa.

    —Me imagino, ¿cuántas habitaciones tiene?

    —Bastantes —le sonrió suavemente—. Mi familia es bastante grande, Naruto-kun —le recordó.

    Rascándose la cabeza, estiró los labios en una gran sonrisa. —A veces lo olvido. Que tu familia y la de Neji es tan prestigiosa. Me siento un poco nervioso, siento un poco como si fueras una celebridad.

    —¿Es en serio? —ella se llevó un mano a los labios, riendo en bajo—No quiero que me diga eso el Gran Héroe del mundo ninja, la joven celebridad más f-famosa de las cinco naciones.

    Curiosa, lo observó jugar tímidamente con sus pies. —Nada de eso. Fue hace mucho —y luego estiró los brazos hacia el cielo en un exagerado movimiento, como si se desperezara—Bien, Hinata. No quiero que tengas problemas por mi culpa, te he quitado demasiado tiempo.

    Ignorando el pequeño sentimiento de decepción al ser él quien iniciaba la despedida, Hinata asintió con un leve cabeceo. —¡Oh, espera, Naruto-kun! —él se detuvo antes de dar el primer paso, observándola con atención mientras ella se desenrollaba la bufanta y cuidadosamente se la entregaba—. Muchas gracias.

    —Ah, de nada'ttebayó.

    Mientras lo veía usarla de nuevo, Hinata continuó. —Eh... y quería decirte que podrás echar un vistazo al interior del complejo Hyüga, si quieres.

    Los ojos azules se expandieron, no ocultando la sorpresa y emoción. —¿Ahora?

    —No, no, no ahora —sonrió, balanceándose un poco sobre sus piernas. Al parecer, para mantener una conversación tan larga, para esforzarse al mirarlo siempre a los ojos, era necesario que su cuerpo liberara energía de alguna otra forma—. Verás, mi vigésimo primer cumpleaños es el sábado... y Padre desea celebrarlo. Así que la mansión Hyüga tendrá las puertas abiertas para ti, Naruto-kun, si lo deseas. M-Me sentiría honrada si asistieras.

    —¿Por tratarse de la joven celebridad más famosa de las cinco naciones? —bromeó.

    Hinata negó. —No. Por ser mi amigo.

    Se miraron un instante a los ojos, en silencio. Él configuró una expresión seria en el rostro, y asintiendo, murmuró: —Aquí estaré, Hinata'ttebayó.

    Después, se despidió con una mano en alto y dio media vuelta. Tras observarlo doblar en la primera esquina, se permitió al fin suspirar. ¡Qué día!

    —Lo hizo muy bien.

    —Neji-niisan —jadeó con sorpresa.

    Neji dio un paso hacia ella, haciéndose visible al salir del rango de oscuridad existente tras un poste del alumbrado. Había ocultado de forma tan asombrosa su presencia que ni siquiera Naruto había podido percatarse... Después de todo, era un genio.

    —Hinata-sama —él saludó con un ligero movimiento de cabeza al llegar hasta su posición—, se está volviendo una experta.

    Neji observó sus mejillas arreboladas y su nariz polvoreada de rubor, quemada de forma adorable por el frío. —Pero debemos entrar ya, conquistadora —dijo, tomándola suavemente de los hombros para girarla hacia la puerta. Mientras hablaba, él la rodeó protectoramente con uno de sus brazos, usando el libre para abrir la puerta. No era un abrazo, tan sólo pretendía cubrirla de las frías corrientes.

    —Él dijo que vendría a mi cumpleaños... —la oyó susurrar en bajo, con emoción contenida, como una pequeña niña.

    —Felicidades, Hinata-sama —ya entrando, Neji cerró la gran puerta con facilidad, liberando a la joven heredera de su cálido agarre. Hinata, sin embargo, no se alejó demasiado.

    Cuando él la miró nuevamente, se encontró con una expresión llena de ilusión, casi de completa adoración. Su voz femenina, tembló suavemente con algo que Neji, quien era experto en describir todo lo existente, no pudo diferencias. Quizás simple esperanza. —D-Debemos practicar más y más, N-Neji-niisan.

    Supo inmediatamente que se refería a sus clases especiales, y asintió con obediencia. —Como desee —respondió, retomando nuevamente el camino por el sendero de grava, en dirección a la casa principal. Mierda, qué frío. Y entonces, justo cuando se preparaban para despedirse en una intersección del pasillo, dispuestos a seguir cada uno por un camino opuesto con destino a sus habitaciones correspondientes, Hinata habló:

    —¿Estabas esperándome? —la pregunta brotó llena de inocente curiosidad, pero Neji percibió un pequeño tinte de preocupación colándose en sus palabras.

    Él quiso reír.

    Si supiera, pensó, pero, decidiendo que lo mejor era no ser totalmente honesto con su pequeña y momentáneamente feliz prima, respondió. —No, yo también iba llegando —y, dándole la espalda, se permitió sonreír.

    —Descanse, Hinata-sama.
     
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    Nahi Shite

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    ENSEÑAME

    IX

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    El equipo Gai era, seguramente, el equipo con mejor nivel de combate cuerpo a cuerpo en toda Konoha; con el mayor especialista de taijutsu, el genio experto en Jüken y la más talentosa kunoichi en el manejo de armas, Maito Gai, a sus apenas treinta y seis años de edad, podía considerarse a sí mismo como el más afortunado de los maestros. Neji, Tenten, Lee... ¿Cómo no iban a ser tan espectaculares muchachos con un sensei tan apuesto, ultra fuerte, y cool como la bestia verde de Konoha? Imposible. Ellos estaban destinados a la grandeza. Por ello, mientras disfrutaba del últimamente demasiado inusual placer de verlos entrenando juntos, Gai sensei, desde su silla de ruedas Ultra-Plus-Revolution-2.0 con rines spinergy, dejó que su pecho se hinchara de orgullo por un instante, rememorando, analizando.

    La perseverancia de Lee, la grácil agilidad de Tenten, el ingenio de Neji.

    Un cruce de miradas entre el muchacho del Spandex verde y la reina del armamento ninja, le hizo acomodarse en alerta. Oh, interesante, pensó. Aunque habían acordado una batalla de todos contra todos, parecía que la joven pareja había formado una alianza en contra del integrante solterón del grupo. ¿Esto es lo que llaman Complot de Amor?

    Lee atacó primero de forma agresiva con puños y patadas fríamente calculadas para la distracción. Gai podía verlo claramente, pero seguramente a Neji, dentro del calor de la batalla, se le haría difícil notar el momento en que una Kusarigama empezaba a acercarse de forma silenciosa y ágil. Un arma exquisita, admiró Gai, hoz cuidadosamente afilada y con curvatura ideal. Cadenas reforzadas con chackra. ¡Buen trabajo, Tenten!

    Cuando un golpe alcanzó la mandíbula del joven Hyüga, elevándolo apenas un poco en el aire, y obligándolo a retroceder por reflejo en una vuelta aérea, los tres pares de ojos brillaron, ¡bien!, y al caerNeji tuvo que bajar la vista hacia las piernas que empezaban a ser estranguladas por cadenas de más de tres metros. Estaba atrapado. Dolorosamente atrapado.

    —¡Te tengo! —la sonrisa triunfal de Tenten se ensanchó al aparecer frente a su presa, el arma aún en sus manos.

    —¡Bien! —Lee, a su lado, vitoreó.

    Neji observó cauteloso la punta de metal a milímetros de sus talones. Si ella apretaba un poco más el agarre y aumentaba la presión, los huesos y articulaciones serían cortados como si se tratara de blandos trozos de pasta.

    —Di que te rindes, Neji, o Tenten no dudará.

    —Así es —la aludida alzó la ceja en un gesto divertido—; ¿quieres conservar tus pies unidos al cuerpo o no?

    El ceño de Neji se frunció ligeramente en una pequeña mueca de frustración. Luego, siempre calmo, él suspiró. —Ya, ya... —sus manos se alzaron en señal de paz—Vamos a calmarnos.

    Una imperceptible sonrisa arrogante. Entonces...

    ¡Puff!

    Un tronco.

    "¡¿Sustitución?!"

    La pareja más atlética de Konoha apenas fue capaz de escuchar su voz (él se aseguró de ello), pero un milisegundo fue demasiado poco para poder reaccionar a la poderosa ola de chackra que los expulsó del suelo al instante, arrojándolos de lleno contra las ramas de los arboles cercanos.

    —¡Hakke Kūhekishō!

    El combate estaba terminado. Y para cuando Gai pudo acercarse por entre la polvareda recientemente generada, una conversación se formaba.

    —¡Ouch! —la mujer del equipo, desde el suelo, se pasó el índice por su mejilla derecha, de la que brotaba una gota de sangre—Tu chackra, Neji, parece tornarse más cortante cada vez.

    —¡Cierto! —Lee, levantándose quejumbroso, apoyó—, ¿pero por qué yo siempre termino con mi traje destrozado? ¡y con este frío! ¡Es el quinto, Neji! Vas a tener que pagarlo.

    Neji se cruzó de brazos. Sus ojos perlados mirando a un lado. —No es como si lo hiciera a propósito, así que no aportaré un centavo para que sigas comprando esas prendas horrendas.

    —¡¿Disculpa?!

    En este punto, Gai consideró oportuna una intervención.

    —Vamos, vamos, Lee, él no lo dice en serio. Neji conoce el poder del spandex —sonrisa brillante—Ahora, mis jóvenes discípulos, creo que no es conveniente iniciar una discusión frente a los espectadores.

    —¿Espectadores? —Tenten preguntó, curiosa.

    Y entonces, después de seguir la mirada oscura de la bestia verde de Konoha, el rostro de Neji se suavizó (Gai pudo notarlo inmediatamente) al murmurar un nombre femenino:

    —Hinata-sama.

    .

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    .

    Al interior del equipo Gai existía la promesa de reunirse para entrenar la mayor cantidad de viernes en los que sus integrantes no se encontraran realizando alguna misión en el exterior (en el caso de Neji, también se contaban sus deberes como miembro de un prestigioso clan, ya que ni Lee ni Tenten debían preocuparse por ocupaciones semejantes), y Neji Hyüga disfrutaba enormemente de cada una de sus sesiones. En realidad, para él, más que de un entrenamiento, se trataba de un espacio de tiempo libre para compartir con sus más cercanos amigos; gusto que a medida que pasaban los años parecía convertirse más en un escaso lujo.

    Y en esos momentos su humor era inmejorable.

    Se sentía absolutamente complacido con cada uno de los gritos absurdos de juventud provenientes de Lee, y de las amenazas confiadas que su compañera castaña lanzaba al atacar. Le gustaba la forma en la que ellos se quejaban cuando lograba salirse con la suya "¡maldición, ¿de nuevo una sustitución?! ¡no puedo creer que caímos en algo tan básico!" o "¿sabes, Neji? Hemos decidido considerar el uso del byakügan como trampa". Ellos solían asegurar que sus combates serían totalmente individuales en una racha de todos contra todos (no alianzas), pero inevitablemente terminaban poniéndose ambos en su contra. Eran pareja después de todo, no se podía esperar menos, y eso le causaba una gracia infinita. No los estaba subestimando, en realidad, era todo lo contrario; sus dos compañeros de equipo eran considerablemente poderosos, ambos especialistas en su área, y él simplemente representaba al clan más fuerte y noble de la aldea, por lo que no existía motivo en la tierra de que él fuera suave contra ellos. Sin embargo, podía confesar sólo para sí mismo que, a veces, direccionaba sus ataques exclusivamente con el fin de volver inservibles las ropas de Lee (porque en serio las odiaba, en serio), e iba un poco... sólo ligeramente más suave contra Tenten. Ella lo masacraría si se lo dijera, pero él no podía evitar ser un poco considerado en ocasiones. ¿Qué quería? ¿que destrozara su bonito rostro justo el día antes de una festividad? Sencillamente imposible; eso lo haría el peor de los bastardos. Es más, ya estaba empezando a lamentar profundamente el haber ocasionado un diminuto corte en su mejilla...

    Bueno, suponía que con un poco de maquillaje no se notaría en absoluto. Las mujeres eran expertas en hacer ese tipo de cosas, y no era peor ese ligero rasguño que un grano, así que estaría bien.

    Neji la oyó quejarse y comentar que su chackra se estaba volviendo más filoso, mientras Lee le alegaba que debía pagarle un traje nuevo (lo cual jamás sucedería) justo antes de que Gai-sensei se acercara rodando –literalmente- e interviniera con una sonrisa de artista. —Ahora, mis jóvenes discípulos, creo que no es conveniente iniciar una discusión frente a los espectadores.

    —¿Espectadores?

    La voz de Tenten sonó curiosa, y él mismo se sintió un poco intrigado. ¿Espectadores? ¿cómo pudo no haberlos notado? Pero cuando se giró todo tuvo sentido, pues se trataba de ella, la kunoichi experta en el arte del camuflaje y en el pasar absolutamente inadvertida. Era su prima. Hinata.

    —Hinata-sama.

    Ella se encontraba de pie, su hombro recostado en el tronco de un árbol, y Neji la observó configurar una pequeña sonrisa apenas hubo notado que acaparaba la atención de los presentes mientras se acercaba. No se encontraba a más de unos cuantos metros, y le pareció nuevamente increíble que ninguno de los tres se hubiesen percatado de su cercanía antes de que Gai-sensei la mencionara. Llevaba ropa casual, pero abrigada, y sus mejillas estaban brillantes, la respingada nariz con un sutil rojo en la punta.

    —¿Quisieras unirte a ellos, Hinata? Sería interesante ver un dos contra dos.

    Ella declinó educadamente la oferta. —Me encantaría, Gai-sensei, pero no será posible. Hoy... —sus miradas se cruzaron por un breve momento, y un rubor ligero coloreó los pómulos femeninos antes de romper el contacto —En realidad, h-hoy sólo vengo a darle un mensaje a Neji-niisan. Lamento si interrumpí su entrenamiento.

    Tenten se cruzó de brazos. —Ya hemos terminado —dijo—. No me puedo permitir llegar a tu cumpleaños con un ojo morado, así que es todo por hoy.

    —¿En serio, Tenten? —Lee gimió—¡pero si apenas se estaba encendiendo mi llama!

    —Pues enciende tu llama en el distrito comercial. Debes ayudarme a elegir el atuendo de mañana, así que necesitarás energía en cantidades. Hinata —se giró hacia ella—, dime cómo debemos vestir, ¿será un evento extremadamente formal?

    Neji la notó incómoda. —Bueno..., yo diría que semi-formal, ¿qué opinas Neji-niisan?

    —Usted estará excesivamente elegante, Hinata-sama. Y en general, todos los miembros de la familia Hyüga —respondió—, pero para los invitados pienso que un traje semi-formal es lo adecuado —asintió.

    —¿Semi-formal? —Lee preguntó, llevándose un dedo a la barbilla—O sea que uno de mis spandex estará bien, ¿cierto?

    —¡Absolutamente no!

    Tenten tomó a su absurdo novio por el brazo, y empezó a arrastrarlo. —¡Vamos ya mismo a comprarte pantalones! —se giró brevemente hacia ellos para despedirse con un "¡Nos vemos mañana, sensei, Neji, Hinata!", para en seguida retomar su camino. Se notaba que tenían mucho por hacer—¡Y una corbata, Lee!

    —¿Corbata? ¡Tenten, ¿no has escuchado eso de que la comodidad es lo más importante? ¡Por favor, la corbata no!

    —Mañana lo único importante es lucir bien.

    —Está bien, pero que sea verde.

    —Ni hablar.

    —¡Oh, vamos, Tenten!

    Con una casi visible gota de sudor resbalando por su sien, Hinata habló: —Lamento que deban preocuparse por cosas tan triviales como la vestimenta...

    —Oh, no, no, Hinata. ¡Todos están muy entusiasmados!

    —Es verdad, Hinata-sama —Neji asintió—. Además nos está haciendo a todos un favor... Lee debe diversificar su armario en pro de la salud mental general.

    Gai-sensei soltó una risotada. —¡Oh, Neji, no debes sentirte celoso del buen gusto de Lee! Tú también tienes tu estilo —le guiñó un ojo, antes de empezar a rodar con entusiasmo nuevamente—¡yo debo ir al peluquero, debo estar totalmente pulcro para mañana!

    —¡Oh, Gai-sensei, no se...! —Hinata suspiró. El hombre había desaparecido de su rango normal de visión en un segundo—... moleste.

    —Esa silla es sorpresivamente rápida —comentó Neji de manera casual.

    —Ya lo veo.

    Un instante después, él giró en su dirección. —¿Cuál era el mensaje?

    —¿Mensaje?

    —Dijo que tenía un mensaje que entregarme. ¿De quién?

    —¡Ah, s-sí, el mensaje, claro! El m-mensaje de... —sus pequeños hombros se hundieron—de nadie, niisan. Mentí.

    Y lucía tan culpable como si hubiese masacrado a un clan entero en medio de la noche y traumado de por vida a su hermanito menor, poniendo en grave peligro físico a todos por causa de la inestabilidad mental y profundo vacío emocional del mismo. Oh, okey, basta de meterse con los Uchiha. Mal hábito.

    —Eso no es común en usted —comentó—. ¿Qué sucede?

    —Es sólo... —se detuvo; una pausa en la que él pudo notar que se mordía suavemente el labio, intercambiando además nerviosamente el peso de su cuerpo entre un pie y el otro. Después de una profunda inhalación, los ojos violáceos lo miraron con absoluta determinación, y reiterando su inigualable cualidad de sorprenderlo, habló: —Salgamos en una cita, Neji-niisan.

    ¿Qué?

    ¿Qué?

    ¿Qué?

    Notablemente incómodo, él se removió en su puesto, silencioso.

    —¿Una cita? —repitió luego de unos segundos, ladeando al rostro al mirarla—Hinata-sama, ¿usted... ha enloquecido finalmente?

    —No enloquecí.

    —Entonces... —Neji se enderezó, con seriedad—¿Está enamorada de mí? —preguntó, observando atentamente el cambio en su rostro de marfil; ella boqueó, y su sonrojo apareció sin censura—Porque déjeme decirle que yo-

    —¡N-No, no es eso!

    Pero entonces... ¿Por qué, por todos siete infiernos, ella interrumpía su entrenamiento para pedirle una cita a él de todas las personas?

    —Sería como una especie de práctica... —la oyó hablar suave, dulcemente—para cuando tenga una con Naruto-kun. No quiero arruinarlo.

    Ah, eso tenía sentido.

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    Bien, ella había dicho que irían en una cita, pero, ¿qué diablos se suponía que la gente joven, común y corriente hacía en una? Más allá de andar por ahí de las manos, Neji no estaba totalmente seguro. Sospechaba, sin embargo, que estar sentados en una banca de parque, rígidos y agarrotados por el frío, con la vista fija en cualquier punto del espacio, no era el escenario ideal. Neji le dedicó una mirada de reojo a su acompañante, notando que sus labios habían adquirido un ligero tono morado y temblaban tenuemente. No lograba encontrar el qué, pero algo debían estar haciendo mal.

    —Está temblando —bruscamente directo, como siempre—. Creo que debemos aplazar este... asunto.

    Vio la protesta en sus ojos violáceos. —Pero, Neji-nii-

    —Pero nada —le interrumpió—. Nos devolvemos ya al complejo.

    Sus ojos se abrieron sorprendidos cuando, al empezar a ponerse de pie, fue bruscamente puesto nuevamente en su sitio. "¿Qué demonios...?", pero entonces el rostro ruborizado y mortificado de Hinata lo llenó de inquietud. ¿Qué pasaba con ella? Estaba actuando de forma extraña (es decir, más extraña de lo usual), así que se quedó allí, alzando una ceja de manera inquisitiva.

    —Es que... —ella inhaló, y botó aire frío por la boca al hablar, mirándolo con ojos tímidos—Es que no podemos regresar a casa hoy.

    Una pequeña parte de su mente gimió de frustración porque, diablos, quería desesperadamente tomar un baño caliente, mientras que en el resto la intriga aumentó. Esbozó una sonrisa un poco ladina.

    —Explíqueme el sagrado motivo por el que dos Hyüga no pueden volver a la propiedad Hyüga.

    Le estaba empezando a inquietar la forma en que sus labios tiritaban antes de hablar. —Es que... —ella desvió la mirada, avergonzada, y Neji siguió atento el movimiento de sus pequeños dientes al morderse el labio—Es que dije mentiras.

    Un parpadeo. ¿Qué?

    Neji casi rueda los ojos, pero estaba tan impresionado que simplemente se quedó allí mirándola, casi escéptico, preguntándose qué, exactamente, querría decir con eso.

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    Hinata había despertado esa mañana sintiéndose extrañamente ansiosa. No tenía idea del motivo. Bueno, en realidad podían llegarle a la mente varios posibles motivos si lo pensaba con seriedad... Pero, francamente, ¿era algún ser humano capaz de ligar algún pensamiento coherente con los gritos de una Hanabi dando órdenes a diestra y siniestra? El complejo Hyüga temblaba ante decenas de pasos apresurados moviéndose de un lado a otro y, justo empezaba a considerar la posibilidad de cederle el liderazgo del clan porque, joder, ¡qué pulmones tenía esa mujer!, cuando (milagrosamente) pudo oír el toque de la puerta.

    —Adelante —habló alto, distraídamente, cepillándose el cabello, sentada frente al espejo.

    El bullicio del exterior entró de forma más intensa con el chirrido de la madera, "¡que la fuente de chocolate va en el centro, en el centro, carajo! ¡no me hagas ir hasta allá porque te pondré el chocolate donde te-" —¡Cierra rápido, por favor! —se giró alarmada, chocándose de lleno con el rostro imponente y serio del patriarca de la familia.

    El silencio reinó un segundo después de que la voz de su hermana menor fuese aligerada, y Hinata se levantó rápida y torpemente de su asiento, al tiempo que el cepillo se resbalaba entre sus dedos para terminar ruidosamente contra el suelo, y ella ahogaba un gemido de dolor (pues en la carrera con la que se puso de pie, se había golpeado la espinilla con la pata del banquillo). —¡Pa-Padre! —sintiéndose avergonzada por su propio tono infantilmente agudo, tosió, modificándolo—Padre, ¿qué necesitas?

    Tratando de no fijarse de forma excesiva en la tensión creciente en las esquinas de los labios en la cara de su padre (él estaba obviamente intentando reprimir una carcajada), bajó la mirada al suelo.

    —Me preguntaba si Neji estaba contigo.

    —¿Neji-niisan? —¿y cómo por qué su primera opción para buscarlo sería su habitación? —Pues estoy sola, padre.

    —Ya lo veo —él asintió—, ¿entrenarán hoy?

    Ella negó en un movimiento de cabeza, atreviéndose a mirarlo, intrigada por la extraña curiosidad.

    Hiashi Hyüga le dedicó una mirada apreciativa. Pasó los ojos sobre sus vaqueros oscuros y su bonita chaqueta lila. —¿Irás a alguna parte?

    Bueno, ¿él no esperaba que pasara el día entero escuchando los alaridos de Hanabi, verdad? Ay, no... ¿sería que la necesitaba para algo? No, no, no, ¡por el amor de Dios, eran sus vacaciones! Ya, vacaciones auto-impuestas... Apretando los dedos, Hinata asintió.

    —Vinieron temprano a probarme el atuendo que usaré mañana, y ha quedado perfecto —le contó—¿N-Necesitas que haga algo más?

    —No, no, está bien. Puedes irte a... a donde sea que tengas que ir.

    —Gracias, padre —asintió con una respetuosa reverencia.

    Interiormente eufórica (porque, vamos, ¡tenía otro día libre!), caminó cuidadosamente para rodear a su primogenitor, quien permanecía estático. —Si me disculpas...

    —Hinata, antes de que te marches —¡oh, mierda! Casi cierra los ojos con nerviosismo, ¿qué era ahora? Ambos se miraron —Si ves a mi sobrino, dile que requiero de su presencia el día de hoy.

    Pobre Neji. Su padre podía ser un cruel tirano esclavizador sin respeto alguno por los derechos laborales cuando quería. Pero... ella podía, seguramente por primera vez en la vida hacer algo para ayudar a su querido y leal primo, ¿verdad? Quizá no fuera mucho, pero...

    —Padre, lo siento —se disculpó, sosteniéndole la mirada. Aún le temblaban un poco las piernas cuando estaba frente al hombre más estricto que había tenido la fortuna de conocer; sin embargo, no permitió que eso la amilanara, y notó confusión en sus ojos plateados, así que se apresuró a añadir: —Hoy yo ocupo la compañía de mi primo.

    —Dijiste que no entrenarían.

    Asintió. —Y n-no lo haremos.

    —Entonces, Hinata, ¿qué asuntos tan importantes son los que debes atender con él? —cuando se ponía en modo soy el todopoderoso rey de esta casa y debo saber cada pequeña cosa que suceda bajo este techo, se tornaba imposible de sortear.

    ¿Y ahora qué? En realidad no ocupaba a Neji para algo específico. Realmente ni siquiera había tenido la idea de buscarlo hasta el momento en que él lo había mencionado. ¿Qué podría inventar? Era de conocimiento general entre la familia que los asuntos que atendían los primos Hyüga, en su mayoría, eran estrictamente laborales; entrenamientos, papeleos, más entrenamientos... ¿Para qué más podría ella necesitar de su compañía? Nunca había gustado de escoltas, y a esas alturas de su vida estos ya no eran primordiales...

    Ahora que lo pensaba, había sólo una cosa por la que ella querría recurrir a él además de los entrenamientos, pero era algo que ni por la pureza de la línea sanguínea podría confesarle. Ni hablar, primero se arrancaría los ojos. "Padre, mi primo está instruyéndome en el arte de la seducción... Y yo requiero de clases intensivas, realmente, realmente intensivas, si entiendes lo que quiero decir. Así que, por favor, ¿podrías dejar de ser un estorbo y prestármelo por un día?". ¡Ja!

    Un momento... ¿Prestar?

    —Con todo respeto, padre —habló, sin titubeos, brindándole una educada sonrisa—, son asuntos entre mi guardián y yo.

    "Mi", de pertenencia. Mío.

    Cuando la puerta se cerró –prácticamente en sus narices- Hiashi Hyüga ladeó la cabeza, pensativo. —¿Guardián? —pero si ella misma había insistido fuertemente en que no necesitaba guardaespaldas a partir de los dieciocho. ¡En ese entonces le había faltado poco para armarle sindicato con tal de lograr su "independencia"!

    Casi rueda los ojos. Sólo podía hallar una explicación medianamente lógica: —Mujeres.

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    Neji frunció el ceño y Hinata lo miró, atenta y preocupada por su posible reacción. —Entonces... —él empezó, sobándose suavemente la quijada en gesto pensativo—, Hanabi-sama está reventando los tímpanos de toda la Rama Secundaria.

    Ella quiso agregar que estaba rompiendo los tímpanos de cualquier ser vivo, unicelular o pluricelular, que tuviera la mala fortuna de encontrarse a veinte cuadras de distancia, pero se contuvo, asintiendo. Su primo pareció considerarlo por un instante más, y luego simplemente puso las palmas en ambas rodillas, decidido. —Definitivamente no podemos volver, hay que continuar con esta... lo que sea.

    —¿Lo que sea? —Hinata se sintió ligeramente ofendida. Que sí, que no era algo real, pero no tenía que decirlo de esa manera tan burda—Es una cita.

    —No lo es —Neji la miró con los ojos a media asta—; estamos sentados en un parque solitario, transformándonos lentamente en trozos de hielo con Byakügan.

    —S-se supone que los parques son románticos... —su boca creó un puchero.

    Pero quizá lo eran más en primavera.

    —Pues yo no siento mucho romance en el ambiente, ¿y usted?

    —Tampoco —Neji casi ríe ante su tono de refunfuño, pero se fijó en que ella se abrazó ligeramente, tratando de infundirse calor. Por un momento, pensó en regañarla por salir en un día tan frío con ropa tan simple, pero se decidió por simplemente suspirar y desenrollar su propia bufanda café para enfundarla con ella.

    Hinata le dedicó una mirada brillante e intensa que logró hacerlo sentir incomodo, antes de susurrar un bajito "gracias". Él sólo asintió en respuesta, sin sospechar que el cuerpo de su prima estaba siendo atravesado por una agradable sensación de deja vú, y se cruzó de brazos.

    —Bueno, si no podemos volver, entonces debemos encontrar un lugar para resguardarnos. ¿Se le ocurre alguno?

    —¿Ichiraku's Ramen...? —ella tanteó, sin borrar ese resplandor extraño de sus grandes ojos.

    —¿Acaso tiene hambre?

    Ella negó. —Pero la tendremos pronto, y es un lugar abrigado.

    —Buen punto —le concedió con un movimiento de cabeza—, pero no tengo muchas ganas de ramen.

    Hinata lo miró de reojo, curiosa. —¿Qué te gustaría, Neji-niisan?

    Él se giró hacia ella, aturdiéndola con el tenue brillo cómplice que danzaba en sus pupilas antes de susurrar: —Frijoles...

    La sonrisa de Hinata fue más amplía y, aunque hacía frío, el pecho de Neji percibió una inusual tibieza. —¡...dulces! —completó.

    —Exacto.

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    Con la mesa llena de algunos de sus platillos y postres favoritos, Hinata luchaba por no saltar en las puntas de los pies y chillar de alegría. En cambio, sus ojos se encargaron de condensar el sentimiento y reflejarlo en un deslumbrante brillo. La alegría, sin embargo, fue mermada en el instante en que su primo abrió la boca para decir que todo corría por su cuenta.

    —Imposible —ella negó, acentuando su posición con las manos—. Hoy no es mi cumpleaños.

    Neji frunció ligeramente el ceño. Y a ella le entraron unas extrañas y picantes ganas de pasar los dedos por la piel blanca entre sus cejas. Parpadeando para alejar ese raro pensamiento, se fijó nuevamente en la mesa.

    —¿No puede aceptarlo como un regalo anticipado?

    Se opuso nuevamente. —Mañana te aceptaré todo lo que quieras, Neji-niisan, pero hoy no hay razón.

    Hinata lo miró entre las pestañas para ponderar su reacción; con los parpados sutilmente caídos, él la veía entre el humo de la bebida caliente que soplaba con cuidado, en silencio. Después de tomar un pequeño sorbo con insoportable calma, sus labios se abrieron para botar un suspiro de alivio. Él estaba disfrutando y notó que no estaba dispuesto a entrar en una discusión. Ligeramente decepcionada, Hinata volvió a su propio plato, y cuando subía el primer bocado hasta sus labios, el carraspear suave de Neji le hizo subir la vista para mirarlo.

    —Lección número uno del día de hoy —él había depositado el vaso de cerámica sobre la madera para poder alzar el índice, mientras la seriedad transformaba la expresión de su rostro—: En las citas el hombre paga.

    Bueno, Hinata ladeó la cabeza, Naruto había pagado el ramen del otro día... Pero había sido una situación totalmente diferente. De cierta forma, la había invitado en retribución, quizá agradecido de que al aparecerse, involuntariamente le hubiese brindado una excusa para escapar de su fanaticada. Por su primo, en cambio, ella no había hecho gran cosa. Por otro lado, con Neji estaba en una cita (aunque fuera de mentiras), mientras que con Naruto... no podía llamarse así.

    —Eso no me parece justo —alegó, mordiendo extasiada un rollo de canela, ¡qué delicia!, esperando a su vez que su primo no la reprendiera por empezar por el postre. Él moría por decir algo, lo notó en sus ojos, pero luego hizo una graciosa mueca momentánea y calló. Hinata quiso reír; ¡era tan obvio!—; si las dos personas disfrutan, ¿entonces por qué la carga económica debe recaer sobre una? Es absurdo. Ambos deberían colaborar.

    —No es absurdo, es una regla elemental.

    —¿Por qué es elemental?

    —Porque el hombre busca parecer considerado y confiable frente a la dama que le gusta. Mientras que la mujer disfruta del sentirse agasajada.

    Ambos habían empezado a comer, mientras charlaban. El ambiente ameno, pero con un grado de agradable tensión que los mantenía despiertos, pendientes el uno del otro. Las cejas de Hinata se elevaron. —Yo me sentiría apenada si cada vez que salimos él debe gastar su dinero —se llevó un dedo a la barbilla—, y también un poco ofendida, sabes, porque yo también tengo dinero. ¿El mío es menos que el suyo?

    —No se trata de eso. Aunque debe tener en cuenta que el ego de los hombres es sensible, así que podría herirlo con facilidad si no acepta la invitación.

    Hinata permaneció un momento en relexivo silencio.

    —Y si un día yo quiero salir en una cita, pero él no tiene dinero —habló, hipotéticamente, mirando al techo—, ¿entonces debo reprimir mis deseos de verlo hasta que a él le asignen una misión y reciba su pago? ¿puedes pasarme la sal?

    Neji estiró la mano. —Aquí tiene.

    —Gracias.

    —Bueno... —sus pupilas ascendieron hasta el techo también, mientras consideraba la idea—En ese caso estaría bien que usted lo invitara —aceptó—, pero no debe hacerlo muy seguido porque se acostumbra.

    —¿Se acostumbra?

    —Así es. Con los hombres no se puede tener excesiva consideración, porque les da la mano y le toman el codo —Neji asintió, como si fuera lo más natural del mundo, y Hinata ahogó una risa al interior de su propio vaso porque, hombre, él sonaba como una mujer mayor—. Además, usted no puede ir por ahí de la mano con cualquier vagabundo.

    —¿Vagabundo? —se cubrió los labios para ocultar la sonrisa—¿vagabundo porque no tiene dinero para una cita?

    —Primero no tiene para sacarla a una cita, luego no tiene para la comida ni para los pañales de los niños, y al final terminan los cinco muriendo de inanición debajo de un puente. ¿Quiere eso para su vida?

    Finalmente, la batalla contra la risa fue perdida y una carcajada femenina carcajada grave brotó desde su pecho. —¡Neji-niisan, qué exagerado! —lo miró con gracia y, recostándose en el espaldar de la silla, respiró hondamente para recuperar la compostura—; primero que nada, ¿quiénes, exactamente, somos los cinco que moriremos desahuciados bajo el puente?

    —Usted, el susodicho, y sus tres hijos —él enumeró con los dedos—. Si es que no son más, porque a los pobres les gusta tener muchos hijos.

    Riendo nuevamente, sin ser plenamente consciente del momento en que apoyaba el codo sobre la mesa (en contra de todas las reglas de decoro durante las comidas), miró a su aparentemente estoico primo, dedicándole una sonrisa ligeramente ladina al comentar. —Me gustaría mucho tener varios hijos, ¿esa es pura mentalidad de pobre para ti?

    El rostro masculino se contrajo en un gesto incómodo, y su cuerpo se tensó. —No...

    Reconociendo el rayo de preocupación que atravesaba la mirada aperlada, Hinata se incorporó, acomodándose en el asiento. —¿Qué pasa? ¿Neji-niisan?

    Él la observó por un instante, como si se debatiera internamente por responder o no. Al final, su pecho se desinfló un poco, relajándose. —Solo pensaba que, en su posición, no creo que sea lo más aconsejable —rehuyó su mirada, como si se sintiera apenado de confesarle sus pensamientos.

    Ella se sintió azarada. —¿Qué quieres decir?

    El dedo de Neji señaló las vendas sobre su frente, y Hinata lo entendió antes de que lo aclarara. —El sello —dijo—, yo no quisiera que alguno de mis sobrinos cargara con la maldición.

    No supo que decir. De repente, la temperatura alrededor de la mesa bajó varios grados más. El padre de Neji había tenido la mala fortuna de nacer unos segundos después que su propio padre, siendo automáticamente desplazado de la rama principal de la familia, y toda su prole junto a él. Hizashi Hyüga no fue el primer gemelo... y en el clan Hyüga no había lugar de privilegio para el segundo hijo. El destino de Hanabi hubiese sido el mismo desde hacía mucho tiempo, pero ambos sabían que lo único que había frenado el acontecimiento de lo inevitable había sido la duda de su padre sobre la diferencia de poder entre sus dos hijas. Poner un sello en la frente de Hanabi hubiese significado perder a la posible mejor candidata para el liderazgo de la familia.

    Con un ligero peso en el corazón, Hinata alargó la mano para apretar la del hombre, sobre la mesa, motivada por el sentimiento de desamparo en los ojos de su primo, y sintió los dedos tensándose bajo su palma. Oh, Neji-niisan. Él no quería que ningún otro niño pasara por ello. Él no quería que su familia pasara por ello. Él era tan absurda y adorablemente noble que ella quiso decirle que nada de eso iba a pasar, aunque no estuviese segura de ello, que las cosas estarían bien, aunque con nada podía probarlo, y que su familia estaría a salvo (ambos, sus hijos y los de ella), aunque no sabía exactamente qué hacer para lograrlo; pero simplemente se mantuvo en silencio, buscando sus ojos, tratando de infundirle calidez en el alma con el toque de su mano...

    Neji, por su parte, parecía vulnerable y apenado, como si hubiese destapado la caja que contenía su más grande temor ante ella. Ese pensamiento la hizo sentir melancólicamente afortunada, y la impulsó a, finalmente, hablar en un dulce susurro:

    —Estaremos bien —dijo, y esbozó una sonrisa efímera, pero profunda, con un brillo singular adornándole la mirada—; los cinco.

    La mano de Neji se liberó de su agarre. Cambió de posición, y esta vez él sostuvo sus dedos entre los suyos, de forma delicada, guiando su mano hasta los labios. Besándola, sin desconectar sus pupilas. —Lo sé.

    Pensando que lucían como si estuviesen en una verdadera cita, Hinata tragó, sintiendo la garganta repentinamente seca, mientras la boca masculina se deslizaba cariñosamente por la tersa piel de su muñeca, por el medio de su palma, por la punta de sus dedos y, desviando finalmente la mirada a causa del creciente bochorno en su interior, carraspeó con menos sutileza de la que deseaba, replegando también el brazo para salvarse de su caricia. Abrazó la mano vulnerada con la otra, acomodándolas sobre su pecho.

    —C-Creo que, de todas formas, pedimos demasiado —murmuró, desviando el tema hacía la comida sobre la mesa.

    Un breve silencio.

    —Puedo pedir que empaquen algunas cosas después, si lo desea, Hinata-sama.

    —Te lo agradecería.

    —Aunque eso le pasa por no comer como se debe; lo salado para empezar, lo dulce al final —y aunque él lo dijo en tono bajo de anciano chocho, ella lo oyó y no pudo evitar sonreír. Su cuerpo entero se aflojó (¡sabía que él no podía resistirse a mencionarlo!) y sólo hasta entonces notando la rigidez que la había poseído en algún instante anterior.

    —Tú sacas los pimientos del plato y nadie te dice nada...

    -

    -

    -

    La tarde pasó rápidamente entre una ligera charla, algunas risas, y cejas elevadas con gestos burlones, más uno que otro rubor. Para cuando decidieron que no podían seguir abusando del cobijo que les brindaba el pequeño local, Neji pagó la cuenta, pidió que les empacaran algunos dulces de canela y otros de miel sobrantes, y la envolvió con su bufanda oscura antes de salir al frío del exterior. El cielo estaba oscureciendo y Hinata se sorprendió enormemente al comprender lo veloz que había corrido el tiempo. Las calles por poco estaban vacías a causa del clima helado.

    —No puedo creer que al final hayas pagado todo tú solo, Neji-niisan —se quejó, su voz siendo atenuada por la tela gruesa de la bufanda, pues él la había subido de forma tal que por poco le cubre los ojos, alegando que debía protegerse lo mejor posible—. Siempre te sales con la tuya.

    Él soltó una risa, de esas que parecían tan escasas, antes de hablar. —Pensé que habíamos llegado a un acuerdo sobre eso, Hinata-sama.

    —¿Acuerdo? No lo creo —frunció el ceño, exhalando aire blanco en un bufido—. Eres el tirano de esta relación.

    —Lo siento, pero ya habíamos discutido el asunto; en la primera cita paga el hombre. Y esta es nuestra primera cita —los ojos de Hinata se abrieron al sentir un delicioso calor sobre su mano y, girando el rostro, notó que Neji la había tomado entre la suya—. Tiene frío. Mejor volvamos a casa.

    Eso fue todo. Hasta finalizar el camino, se mantuvieron sus manos juntas. Hinata le devolvió en algún momento el apretón, sintiendo que las mejillas le quemaban y hundiéndose aún más al interior de la bufanda, repitiéndose una y otra vez que estaban en una cita de mentiras, en un simple simulacro. Si así reaccionaba en uno, ¿entonces qué haría cuando llegara el momento de la real? Con lo tonta que era, seguro que se desmayaba o algo peor. Creía haber superado su atolondrada etapa de adolescente, pero al parecer un vestigio de esta refulgía dentro de su ser.

    Para cuando entraron en el complejo Hyüga ya era de noche. Neji cerró la puerta tras ellos y se inclinó para desenvolverla de forma delicada pero firme, y Hinata se entretuvo mirando los bordes de sus labios, acomodados justo frente a sus ojos.

    —No estoy muy acostumbrado a las citas —él la sorprendió con la repentina confesión—, espero no haberla aburrido.

    Hinata exhaló, y quedaron tan cerca por el momento en que él retiraba finalmente la bufanda tras su nuca, que el aire frío golpeó su nariz, haciéndolo sonreír.

    —Nunca me resultas aburrido, Neji-niisan.

    —Lo dice para no hacerme sentir mal.

    —Claro que no, ¡es la verdad!

    Ante la expresión acalorada de su rostro, Neji rió por... ¿veinteava vez en el día? Quién sabe. Su risa era sorpresivamente fresca y ronca, y cuando la miró nuevamente Hinata vio algo en sus ojos que le hizo saltar el corazón. Quizá fue la expresión de su propio rostro embelesado reflejado en ellos, no sabría decirlo con certeza, pero provocó que su corazón se saltara un latido.

    —Con usted todo es divertido —él dijo, suavemente, pasando un dedo por su tabique, en una caricia fugaz hasta la punta roja de su nariz, y era tan cálido que Hinata tuvo que reprimir la absurda necesidad de cerrar los ojos y mantenerlo sobre su piel.

    —Lo dices para no hacerme sentir mal.

    Se sonrieron con complicidad, y Neji medio rodó los ojos, mentirosamente pensativo. —Uh, quizás —lo cual la hizo hacer una mueca ofuscada con los labios y reír.

    Si hubiesen sido un poco más experimentados, hubiesen notado que estaban envueltos en un inocente coqueteo, sutil y agradable. Pero como no lo eran, simplemente rieron un poco más, sin preocupaciones absurdas y al despedirse, Neji dio el toque final.

    —Lección número dos —dijo, agarrándola sutilmente de los antebrazos para depositar un cálido beso sobre la piel lisa de su frente, y la mantuvo allí, rozando su piel al decir—; sea usted misma siempre. Es maravillosa, jamás podría arruinarlo —tras un último contacto, sin esperar respuesta, se marchó.

    Eso, pensó Hinata, con las mejillas arreboladas y las manos sobre la frente, eso sí era una despedida digna de una cita... de mentiras, claro.
     
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    lupe

    lupe Iniciado

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    cada palabra , cada detalle... todo te lleva a terminar de leerlo un poco mas sin parpadear.... :\*u*/::kuku: espero pronto la continuación y saber que pasa en el cumple de Hinata.. :/*-*\:
     
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    Nahi Shite

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    Enséñame. [NejiHina]
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    ENSEÑAME

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    … Hyüga Hinata, futura líder Hyüga de Konoha…

    Ante la entrada, apareció en escena usando un paso seguro. Con el obi mucho más apretado a la cintura de lo que sus pulmones podían tolerar, y la espléndida tela blanca y violácea del kimono casi tocando el suelo, Hinata se topó de lleno con la visión de cientos de personas desperdigadas por uno y otro lado del camino. ¿Alfombra roja? ¿en serio, padre?

    Abochornada, notó cómo los miembros del clan le sonreían con orgullo, flanqueando sus costados, todos vestidos a juego con colores claros. Ella se concentró en terminar el recorrido con rapidez, pintando una suave sonrisa en la boca.

    ¿Estaría Naruto entre el gentío? ¿Estarían todos sus amigos siendo testigos del descarado despliegue de poderío?

    … Nuestra bella heredera, veintiún años, completamente en edad casamentera…

    El rubor le cubrió las mejillas. Por Dios, ¿cuál de todos sus primos estaba al micrófono?

    —… Los guapos y poderosos shinobis pueden dejar su hoja de vida en la portería del complejo.

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    La noche, era justo decirlo, no estaba siendo todo lo maravillosa que debería haber sido con una fuente enorme de chocolate en mitad del jardín, fuegos artificiales, y una infinita variedad de comida y bebida. Era un cumpleaños, pero se sentía más como un festival, y entre tanta gente, Hinata apenas podía vislumbrar y sonreír a las caras conocidas antes de ser arrastrada por un mar de rostros y bocas desconocidas.

    —Ryouma, de Kirigakure.

    —Kenji, príncipe heredero del clan Kuroba.

    —Sougo, de la familia Tori.

    Si por alguna razón, las personas a las que era presentada eran, en su totalidad, hombres relativamente jóvenes de posiciones importantes, prefirió fingir no notarlo, y sonrió con amabilidad a cada uno de ellos.

    —Luce espléndida, Hyüga-san.

    —Espléndida de verdad. Y sus ojos… Bueno, son únicos.

    ¿Únicos? Habían cientos de personas con esos mismos ojos tan "únicos" rodeándolos en ese preciso momento.

    —Un gekke genkai verdaderamente poderoso.

    —Esplendido de verdad.

    —Los terrenos de su clan son también espléndidos.

    —Espléndidos de verdad.

    Temiendo que su boca fuese a quedar permanentemente en una mueca de sonrisa, Hinata se giró hacia un miembro del boüke que pasaba cerca con una bandeja llena de licores y tomó algunos, pasándoles algunas copas. No fue un gesto muy femenino, la verdad fuera dicha, pero a sus acompañantes no pareció contrariarlos. Al contrario, podría decir que les agradó.

    —¿Gustan? Tan interesante charla reseca la garganta.

    Y los oídos. Y las ganas de vivir.

    Hinata trató de no tomar el líquido ambarino de un trago, pero por Dios…

    —¿Puedo venir pronto a visitarla, Hyüga-san?

    —¿Y yo?

    —¿Recibirá mi visita también, verdad?

    Desocupó la copa antes de esbozar una sonrisa amarga, tan amarga como el líquido que se deslizaba por su garganta.

    —Pero p-por supuesto, caballeros. Todos serán bien recibidos —giró la vista, ojeando insistente a su alrededor, y los ojos le chispearon ligeramente al percibir un destello rubio—. Ahora, si me disculpan, he de saludar a un buen amigo.

    Pero antes, ¿dónde podía conseguir otra copa?

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    Naruto estaba increíblemente atractivo. Jesucristo. Él era la figura estereotipada del príncipe azul, tan rubio como el sol, de ojos tan azules como un claro manantial. Jesucristo. Ella era la figura para nada estereotipada de… nada en absoluto. ¿Princesa con ojos de muerto? ¿dónde se había oído semejante cosa? Sin embargo, y con todo lo sexy que lucía Naruto con su chaleco oscuro, y su cabello absurdamente mal peinado, ella hizo de tripas corazón y se acercó. Primero al grupo gigante que lo rodeaba, apabullándolo con charlas, solicitando autógrafos y demás, y luego, finalmente, después de unos pocos empujones y "disculpen, permiso, estoy pasandooo", a él.

    De frente. Una sonrisa de exuberante blanco. —¡Hinata!

    Enrojeció al ser consciente de los murmullos que generaba el que el héroe del mundo se dirigiese a ella por su nombre de pila. Tal familiaridad… Ah, sintió un cosquilleo absurdo en el estómago. Valiente, le devolvió el gesto: —Naruto-kun.

    —Lo siento —él se acercó más a ella para hablarle sin ser oídos por terceros que, aunque todavía curiosos, se iban alejando—, creo que te estoy robando protagonismo´ttebayó.

    —No me molesta en absoluto.

    Él la miró con una rubia ceja arriba. —¿De veras?

    —Totalmente. Ya he tenido suficiente atención por esta vida.

    Una risa ronca brotó de los labios de hombre. —Nunca has estado cómoda en estas situaciones, ¿verdad?

    —N-Nunca he estado cómoda siendo el centro de las miradas.

    —Tartamudeas.

    Ella parpadeó. —¿Disculpa?

    —Tartamudeas —le repitió él, rascándose la nuca—. Aún lo haces. Cuando estás nerviosa. Tartamudeas y te pones un poco demasiado roja. Como cuando eras niña´ttebayó.

    —Uhm… —desvió la vista, tratando de ocultar su vergüenza, sin saber exactamente qué responder —Supongo… que hay cosas que son difíciles de cambiar.

    Y entonces, justo cuando empezaba a sentirse un poco miserable, ligeramente humillada frente al amor de toda su vida, él abrió la boca, y dijo la cosa más maravillosa que pudo:

    —No cambies. Me gusta la gente como tú.

    La conversación con Naruto, para su eterna frustración, no duró demasiado. Los fans podían ser verdaderamente molestos, pero más podían serlo sus propios amigos. Shikamaru, Sai, y Chöji, después de saludarla, felicitarla, e intercambiar un par de frases corteses y amistosas, encerraron a Naruto en una conversación en la que pronto ella se sintió como una extraña. Luego, Kiba, Shino y Lee se unieron fácilmente a la pequeño grupo de varones, y la reunión se tornó exclusivamente masculina.

    Incómoda porque, a pesar de todo, Naruto y Kiba seguían tratando de integrarla, preguntando su opinión a cada momento (¿qué piensas, Hinata? ¿preferirías morir atravesada por un rasengan o destrozada por mis colmillos en un salvaje gatsuuga?), y ella respondía suavemente a cada una de sus interpelaciones, buscando la excusa para escapar sin resultar abiertamente grosera.

    Cuando, finalmente, pudo despedirse, alegando tener que hablar con varios de sus familiares, una mirada verdosa la congeló. Por el rabillo del ojo vio a Sakura de brazos cruzados con la vista fija en ella, y el sentimiento que centelleaba en sus bonitas pupilas la congeló…

    Compasión.

    ¿Habría notado el anhelo que la atenazaba en presencia de Naruto? ¿se había dado cuenta de eso? ¿sentía pena de ella, una pobre mujer ignorada y despechada? Por Dios, ¿Naruto le habría contado algo a Sakura acerca de ella? ¿le habría dicho a su querida amiga y antigüo amor que no sentía atracción por la tímida y rara prima de Neji y que, muy por el contrario, sólo le inspiraba lástima? Quiso morir. El mundo le dio una vuelta, y tuvo que hacer gala de todo el autocontrol que le quedaba para no dejar traslucir el sentimiento de opresión que la embargaba al ver que la ninja médico se inclinaba a susurrar algo al oído de Ino. ¿Cómo no la había notado? ¿qué estarían secreteando? ¿acaso estaban hablando de ella? ¡Por favor!

    Estaba siendo estúpida, pensó sonriendoles, muy, muy estúpida. Ellas no tenían nada malo que decir sobre ella. Después de todo, había pasado tiempo con Naruto antes, y él no había parecido incómodo en su presencia… Habían comido juntos, y él fue tan divertido y amable, incluso cuando ella no se había comportado como una dama debería.

    Él había dicho que le gustaba. La gente como ella le gustaba. No le quitaba el sueño, no lo trastornaba, no lo encendía ni le sacudía el piso bajo los pies. No aparecía en sus sueños, y él podía pasar días, semanas, meses y años sin dedicarle ni un pequeño y solitario pensamiento… pero le gustaba.

    Desinflándose, mientras saludaba y sonreía, y volvía a saludar para sonreír, mientras veía a todos moverse hasta la pista de baile, Hinata murmuró: —Necesito otro maldito trago… —y, oh, se sintió tan bien.


    .
    .
    .

    —¿Qué haces aquí, Neji-niisan?

    Honestamente, pensó, esa era la pregunta que ella (la persona por la que Konoha intentaba reventar con algarabía el territorio Hyüga) debería responder. La había estado observando de lejos durante toda la noche, notando su incomodidad casi palpable todo el tiempo. ¿Cómo parecía que nadie más lo notaba? Primero, siendo presentada a todo el público, forzada a caminar en medio de todos y a sonreír para luego ser relacionada y rodeada por infinidad de hombres (que, por cierto, la habían morado como si ella fuese un pequeño y delicioso bocado que planearan devorar junto a un vaso de leche y galletitas). Su angustia se calmó cuando la vio conversar con Naruto y suspiró aliviado al pensar que ella, finalmente estaba disfrutando de su propio cumpleaños, y completamente segura. Pero luego, en un descuido, ella había desaparecido totalmente de su campo de visión (lo que, dramáticamente, nadie más había parecido notar), y él simplemente no pudo estar tranquilo; el lugar estaba lleno, infestado, de personas, extranjeros incluidos… y aunque los aires eran pacíficos, prefería pecar de prevenido antes de tener algo que lamentar.

    Al verla sentada en aquel remoto pasillo de madera, observando los diminutos copos de nieve que bailaban a su alrededor, su ritmo cardiaco se había normalizado. El sonido de la música llegaba amortiguado por la distancia.

    —Hanabi-sama me envió a dar una vuelta por ahí para que ella pudiese seguir tranquilamente en su idilio de amor con Konohamaru Sarutobi.

    Escuchando su suave risa, se sentó a su lado.

    —Tus palabras son diplomáticas —mencionó ella con gracia, una pequeña sonrisa acariciaba su boca—. Sospecho que Hanabi no lo dijo exactamente así.

    —Astuta.

    Neji hizo un gesto de molestia. Él sólo había intentado recordarle a su prima más joven que en la sala de retratos familiares descansaba la memoria de más de doscientos cinco de sus ancestros y que, seguramente, no les estaba pareciendo muy agradable ver al nieto del tercer hokage meterle mano frente a ellos; pero ella había reaccionado agresiva con un "¡vete a joder a alguien por ahí y déjanos a mí y a esos ancianos en paz de una buena vez!" que lo había dejado fuera de combate.

    La escuchó reír más fuerte, y al girar el rostro para observarla, Neji se topó con un par de ojos brillantes y mejillas arreboladas. Con un parpadeo, trató de recordar si la había visto consumir licor, y con afano se preguntó cuántas copas la había visto tomar durante la noche y madrugada: maldita sea, en cada momento ella había tenido las manos ocupadas. Había pensado ingenuamente que se trataba de sólo una o quizás dos, pero al parecer ella había vaciado su copa más veces de las adecuadas.

    Frunció el ceño.

    —¿Cuánto, exactamente, ha bebido?

    La vio mirarse las manos, moviendo los dedos, contando. —No estoy segura… —ella ladeó el rostro, confusa—, ¿doce? ¿desde cuándo tenemos doce dedos, Neji-niisan?

    —Desde nunca —Neji suspiró—. Está ebria.

    Ebria. Con todo el mundo allí. Dios mío, afortunadamente ella había tenido el buen juicio de esconderse en un rincón alejado, y él el buen juicio de buscarla.

    —No estoy ebria —la oyó protestar, pero luego, un suspiro suave brotó de sus pequeña boca, y una presión en su hombro le sobresaltó. Su pequeña y adornada cabeza descansaba ahora sobre su hombro—. Bueno, quizá un poco…

    Para su ventaja, las palabras no le sonaban demasiado arrastradas.

    —¿Se siente bien? —preocupado de que ella pudiese resbalar, la rodeó con un brazo, recargándola contra su costado.

    —Tenía frío, pero ya no —respondió—. Tu ropa es calentita.

    Sintió sus labios moverse en una sonrisa divertida. Él debía sermonearla. Diablos, debía darle unos cuantos azotes por ser tan obviamente descuidada (¿debía decidir emborracharse precisamente ese día, con todo el mundo cerca para juzgarla?), pero su ternura lo había desarmado. En silencio, la acercó más.

    —¿No está disfrutando de la celebración?

    Ella hizo una mueca. —Me siento como una vaca de feria…

    —¿Qué? —él rió por la vulgar comparación.

    —¡Es la verdad! —respondió, acalorada—Miren, miren, vengan a observar. Hinata Hyüga, la vaca más gorda y lechera del condado. De fina raza, abundantes carnes y grandes ubres, ¡no se pierda la promoción! —ella estiraba el brazo, mostrándole la ferie imaginaria—, ¿puedes verlo, Neji-niisan? Padre está ansioso, esperando la mejor oferta.

    Molesto por el auto-desprecio en sus palabras, Neji apretó la boca. —No hable de esa forma.

    —¿Por qué? Sólo te muestro la realidad. Él prácticamente está pidiendo a gritos un esposo para mí con esta fiesta.

    Y, aunque no lo diría ni ebria, un pinchazo de dolor le golpeaba el pecho por eso. Había sido tonta al creer que su padre estaba esforzándose tanto sólo por ella. No. Claro que debió sospechar que esta fue simplemente una oportunidad para establecer buenos nexos, para mostrarla ante el mercado matrimonial. Increíble que a los veintiuno ya estuviese entrando en el grupo de las solteronas para su familia, pero tristemente así era.

    —¿Entonces está huyendo de eso? —le preguntó—. Antes la vi hablando con Naruto, y lucía feliz. Pensé… Pienso que no le parecerá tan molesto el empeño de Hiashi-sama si se trata de él.

    Ante la mención de Naruto, ella lanzó un bufido. —Él… —desvió la mirada, aunque ni siquiera estaban mirándose. Hablaban en susurros, muy cerca, pero mirando mirando al frente. Neji bajando de vez en cuando la mirada para otear su perfil—Oh, él definitivamente sería la opción, si estuviese mínimamente interesado.

    —Yo creo que usted ha captado su interés —nada más había que notar la forma en la que él intentaba inútilmente de zafarse de las conversaciones y la perseguía con la mirada ansiosa—, sólo que no lo nota.

    Hinata se mantuvo silenciosa.

    —Él dijo que le gustan las personas como yo.

    —¿Lo ve?

    —Pero, sabes… no me quiere realmente.

    Ante la tristeza en su tono, Neji le acarició el brazo con suavidad. —¿Por qué lo piensa?

    —Porque siempre he sido yo la que voy tras él, queriendo estar a su lado… Y sé que te pedí ayuda para atraerlo, pero a veces me pregunto… —ella tragó saliva—si es verdaderamente lo correcto. ¿Me buscará alguna vez él por voluntad propia? —se giró para mirarlo, angustiada—. Si un día desaparezco, ¿él me buscaría?

    —Naruto… Él es fiel con sus amigos, y un buen hombre.

    Ella pareció un poco más triste. —Me buscaría, lo sé. Él siente que la seguridad de sus compañeros es su deber. Pero dime, Neji-niisan, ¿crees que algún día sentirá que su corazón duele si me voy?

    Él no podía mentir. Por ello no respondió. Naruto era noble, Naruto era bueno, Naruto era probablemente el mejor hombre de Konoha, el mejor hombre para Hinata. Y aunque hasta ese momento a Neji le había parecido impensable que él (o cualquier otro, en realidad), pudiese despreciar a su adorable prima, en ese momento la lengua le pareció pesada; ¿podía realmente asegurar que Naruto llegaría a amarla y a sufrir tanto como ella lo hacía por él?

    No podía.

    El sentimiento de frustración lo hizo sentir amargado. Podía protegerla de todo, menos de su corazón.

    —Si usted se va, todos sufriríamos mucho.

    —Pero todos seguirían sus vidas, porque hay alguien más importante por el cual deben continuar —después susurró, más bajito—. No seré jamás la más importante para Naruto. No seré la más importante para nadie…

    Neji lo meditó un instante, reflexivo. Si ella… desapareciera, Kiba y Shino estarían destrozados, pero a la fuerza tendrían que seguir con sus vidas. Ellos tenían sus vidas, sus familias, tendrían sus propios amores, y con el tiempo Hinata sería para ellos un doloroso y preciado recuerdo. Su tío, Hiashi Hyüga, sufriría lo indecible, pero seguiría por el clan, por Hanabi, su hija predilecta, quien a su vez, se compondría del dolor para levantarse como la líder de la familia. Y el resto de sus amigos la extrañarían. Naruto se sentiría culpable por no haber podido protegerla, pero continuaría su camino…

    Ella tenía razón.

    Pero entonces, la pregunta le taladró la mente, ¿qué haría el propio Neji? Habiendo fracasado en la misión de su vida, ¿qué le quedaría? Ella era, para él, el centro de la existencia. Entonces, supo lo que debía decir.

    —Desde que me fue presentada, un día como hoy, hace dieciocho años… usted se volvió lo más importante. Sin usted, Hinata-sama, mi camino acaba. Así que si desaparece… mi vida carecería de objeto —carraspeó, incomodo—, de sentido. Mi deber es asegurar su bienestar.

    —Ahí lo tienes —le rebatió, amargada—. Es tu deber.

    —Pero lo cumplo con gusto, ¿verdad?

    —El deber, Neji-niisan —dijo, alzando el índice con aires de sabionda, enderezando la espalda—, sigue siendo deber. Y es una carga, aunque no resulte excesivamente desagradable. Y no es precisamente halagador el pensar que represento una carga para ti… o para nadie.

    Neji se mordió el labio. ¿Una carga? Ella no lo era. Si bien existían ocasiones en que le generaba uno que otro dolor de cabeza… bien, bastantes dolores de cabeza, la verdad era que no se había sentido agobiado. Cuando era más joven, cuando solía culparla de todo lo malo que pasaba en el mundo, él había pensado seriamente que no tenía obligación alguna para con ella, ¿por qué tenía que gastar su tiempo cuidando de una pequeña debilucha? ¿esa era la misión en la que se basaba su existencia? ¿para ella vivía? Se había negado rotundamente, se había prometido que jamás desperdiciaría su aliento en seguirla, en cuidarla… y, sin embargo, sin entenderlo y para su eterna frustración, siempre terminaba tras ella, observándola en silencio, tratando desesperadamente de descubrir por qué era tan diferente a todos los demás miembros de la familia (¿por qué su cabello era tan oscuro? ¿por qué sus ojos tenían un tinte violáceo y, sobre todo, por qué, por el amor de Dios, sus mejillas tenían la mala costumbre de tornarse como dos tomates?)… siempre, siempre al pendiente de ella. Incluso cuando había guiado su dolor y frustración en su dirección, llevándola al borde de la muerte, él la había analizado; los gestos que expresaban sus dudas y, luego, su férrea determinación; la conocía más que cualquier persona del mundo, porque se había pasado la vida observándola… Quizá tanto como ella había estado observando a un muchacho rubio.

    Perturbado por el pensamiento, volvió a carraspear. —Usted no es mi deber —le aseguró, con voz plana y fuerte, forzadamente inexpresiva. Ella lo miraba con atención—:Es mi persona más preciada.

    Y casi se atraganta al notar la verdad en sus propias palabras.

    .
    .
    .


    No la veía en ninguna parte.

    —Te vas a torcer el cuello donde sigas así.

    Naruto bajó el rostro para toparse con las pupilas verdes, que lo observaban con expresión divertida. Apretó el agarre en su cintura inconscientemente, esbozando una sonrisa, mientras se forzaba a seguir los pasos. —No sé de qué hablas, Sakura-chan.

    —¿Ah, no? —ella alzó una ceja—. Estás todo distraído, mirando a todas partes, y pisándome cada dos segundos. ¿Qué te sucede?

    —Nada.

    —Naruto… —diablos, esa ceja rosa alcanzaba un ángulo imposible.

    —Ya, está bien, es sólo que no veo a Hinata desde hace un buen rato.

    —¿Y eso te preocupa porque…?

    —No es que me preocupe —desvió la mirada, incómodo—. Es sólo que, bueno, es su cumpleaños. Debería estar aquí, bailando, disfrutando la fiesta, ¿no? Debió suponer un esfuerzo enorme organizar todo esto, es increíble´ttebayó.

    Sakura admiró con un breve vistazo el ambiente. Las personas estaban animadas, la pista de baile infestada, y las mesas de bufé estaban siendo saqueadas por invitados maravillados y hambrientos…

    —Quizá está cansada y se retiró antes. Ya es tarde. Y, como dijiste, todo esto seguramente le significó gran estrés.

    No muy convencido, Naruto asintió. —Sí, puede ser.

    Una total lástima, porque no había tenido oportunidad de darle su presente. En realidad, ni siquiera había tenido la oportunidad de felicitarla adecuadamente.

    Dio un pequeño giro a Sakura, tratando de no parecer una pareja de baile muy desconsiderada.

    —O quizá esté en algún rincón… Ya sabes cómo es Hinata. Siempre está buscando el momento para escabullirse, pues le molesta el ruido y la multitud —ella frenó en seco y le dedicó una brillante sonrisa cómplice, empujándole el pecho—. Deberías ir a buscarla.

    —Pero…

    —¿Naruto Uzumaki dudando? —Sakura rió, puyándolo con el dedo—. Anda, ve. Yo estaré por ahí, buscando a alguno de nuestros amigos solteros para no importunar.

    .
    .
    .

    No estaba en ninguna parte.

    Quizá Sakura tenía razón, y ya se había marchado a descansar. De ser así, jamás encontraría su habitación en aquel enorme lugar sin activar el modo sabio, pero Naruto no quería hacerlo. Diablos, no podía buscar su habitación de ninguna manera, ¿qué se había creído? No había forma alguna en el infierno de que lo hiciera. Si Neji se enteraba de que la idea simplemente se le había pasado por la cabeza, seguramente lo masacraría.

    —Usted no es mi deber.

    Naruto abrió los ojos al reconocer la voz. ¡Neji! Era él. Sonaba cerca y estaba hablando con alguien. Sigilosamente, dio un par de pasos hasta detenerse en una esquina con un respingo. Desde allí pudo ver el perfil de su amigo, sentado en la madera de aquel pasillo alejado de la mano de Dios.

    Es mi persona más preciada.

    Su voz sonaba extraña, excesivamente seria, y Naruto frunció el ceño. Al otro lado de Neji, había alguien. Una mujer. Podía ver la tela de su kimono, pero no distinguía correctamente los colores por el resplandor de la luna. El brazo de Neji pasaba por su espalda y ella posaba la cabeza en su hombro de manera confiada. ¿Una conquista? Sin poder evitarlo, sonrió travieso, ¡qué bien guardado se lo tenía!

    Curioso, Naruto se agachó, escondiéndose tras la columna, y entrecerrando los ojos para descubrir la identidad de la mujer. El silencio se volvió abrasador, y él quedó congelado, temiendo ser descubierto, mientras sólo las respiraciones llenaban el ambiente. Mierda. Él era el ninja más llamativo e inquieto del mundo entero, y todos sabían que las misiones de sigilo no eran para nada su campo, pero sin importarle, concentró todas sus fuerzas por permanecer en calma.

    Demonios, ¡que alguno de los dos se moviera ya!

    Cuando se estaba aburriendo de esperar, y se disponía a dar la vuelta para que Neji siguiera con sus cosas, un movimiento captó su atención.

    La mujer se movía.

    Atento, observó que ella giraba la cabeza en dirección al rostro de Neji, quedando ambos arrolladoramente cerca. Un destello de oscuro cabello se dejó ver por el lateral del rostro de Neji, y unos ojos claros y brillantes.

    Una Hyüga.

    El corazón de Naruto se agitó ante la familiaridad de las escasas facciones que pasaron por su vista durante el breve segundo en que la cabeza de Neji retrocedió, pareciendo incómodo.

    Era Hinata.

    ¿Qué demonios estaban haciendo? ¿qué, en el maldito infierno, estaban esos dos haciendo?

    Ella estiró un brazo, llevando la mano desde su regazo hasta la mejilla de Neji, y Naruto perdió la visión de su rostro femenino, y sólo pudo apreciar cabello castaño y la silueta de los nudillos delicados sobre un rostro que se inclinaba hacia adelante, hacia abajo, hacia ella…

    El ambiente era íntimo, y Naruto se sintió más como un intruso de lo que jamás se había sentido en la vida.

    Hinata. Neji.

    Pasó saliva.

    El sonido suave de la música podía fácilmente ocultar el sonido leve de los labios al unirse y separarse en cálidos y sensuales besos, y tampoco es que tuviera una gran visión de la acción, pero su mente trabajó a mil para imaginarla. No tenía que ser un genio, que no lo era, para interpretar la situación.

    Los primos Hyüga guardaban un gran secreto.

    Y él no debería estar allí.

    Con ese pensamiento, dio la vuelta, y desapareció en la penumbra.

    .
    .
    .

    Hinata Hyüga no estaba tan borracha, pero no quería que su más grande guardián lo supiera. De no ser así, quizá ella no hubiese hallado la fuerza para atraerlo y besarle el rostro, lentamente, mirándolo a los ojos.

    —Hinata-sama… —él contenía la respiración, lo sentía mientras le deslizaba suavemente los labios por la mejilla que su mano no estaba acariciando.

    Bajó la boca, y la posó justo debajo de los labios de Neji, en la curva sobre su barbilla. Él le había dicho que era la persona más importante. Ella, que nunca había sido notable, era lo más preciado para el genio más brillante de su clan. Su vida era mil veces más valiosa y, sin embargo, estaba segura, él la desperdiciaría por ella sin dudarlo. El pensamiento de perderlo le atenazó el pecho.

    —Morirías por mí… —susurró, ocultando la nariz en la cálida curva de su cuello.

    —Sí.

    —Preferiría que no lo hicieras.

    —Pero no es su decisión —su pecho vibró en una risa—. Está demasiado ebria, ¿no es cierto?

    Ignorando su diversión, Hinata se apretó más, buscando su protección. —Yo también moriría por ti.

    —Preferiría que no lo hiciera.

    Esta vez ella fue la que rió, y se separó para que pudiese ver su gesto engreído. —Pero no es tu decisión, verdad?

    Echándose hacía atrás, Hinata arrugó la nariz: —¡Qué horrible! ¿quién es el encargado de la música?

    Un sonido fuerte y rápido, desastrosamente moderno y ruidoso había reemplazado las notas suaves y delicadas de repente, y Neji frunció el ceño, totalmente de acuerdo con la reacción de su prima.

    —Seguramente uno de los primos más absurdamente jóvenes.

    —¿Será que nos estamos volviendo viejos, Neji-niisan?

    —No luce vieja en absoluto, Hinata-sama.

    —Tú tampoco.

    —Gracias.

    Ella soltó una risita tonta. —Es gracioso.

    —¿Qué cosa?

    —Que es mi fiesta, pero nada me gusta. Ni la comida, ni los invitados, ni la música —lo miró risueña—, todos parecen estar disfrutando más que yo. ¿Puedes creer que nadie me invitó a bailar?

    —Porque se estuvo escondiendo de sus pretendientes, no les dio oportunidad.

    —Puede ser, puede ser —volvió a reír—, pero ahora con esa música… —negó con la cabeza, queriendo decir que no había la más mínima posibilidad de moverse al ritmo de ese ruido.

    Sorpresivamente, contagiado de su buen humor, Neji se puso de pie, sin pensarlo demasiado.

    —Baile conmigo.

    Lo miró confusa desde abajo. —¿Qué? No, no, ni siquiera sé cómo bailar eso.

    De todas formas, aceptó la mano que le era ofrecida. Hinata trastabilló un poco al ponerse de pie, pero la mano masculina se posó sobre la curva de su cintura, manteniéndola estable. Con una sonrisa entre apenada y agradecida, ella posó la suya sobre un hombro firme.

    —Siempre podemos hacer nuestro pequeño baile privado, ¿no lo cree?

    Con el suave murmullo, él empezó a guiarla en un vals considerablemente lento, totalmente discorde con el sonido.

    —Pero, Neji-niisan, la música…

    —¿Se refiere al bullicio del otro lado? —preguntó, negando condescendiente—. No lo escuche.

    La mano de hombre se movió hasta la parte baja de su espalda, acercándola, y aún cuando unos centímetros separaban sus cuerpos, Hinata sintió el caliente y dulce vibrar de la voz ronca como un murmullo, justo sobre su oído.

    —Música es lo que hay entre nosotros. Cierre los ojos, y siéntala.

    Entonces, él empezó a tararear una suave melodía desde su garganta.

    Pensando en lo absurdo de la situación, ella dejó escapar una risa de campanita, pero obedeció, siguiendo sus pasos.

    Una vuelta sobre el lugar.

    Dos.

    Tres.

    La voz de Neji era densa como chocolate caliente, relajante, deliciosa… Tan deliciosa que no tardó en hacerla suspirar, de pronto sintiéndose un poco más embriagada por el rasposo vals que entonaba, ebria del suave tacto de la mano grande sobre la suya y del calor de la otra, tan íntimamente puesta sobre su espalda.

    Nerviosa, se detuvo, mirándolo. Neji le devolvió la mirada, confundido y preocupado, quizá preguntándose si los giros habían sido demasiados para su estado, y si iría a vomitar sobre sus zapatos, así que rápidamente ella explicó:

    —Mi peinado —dijo, su lengua trabándose con la mentira. O por el licor. Demonios, puede que sí estuviera ebria—. Es in… incómodo.

    Y, en un segundo, los dedos largos y hábiles de su primo estuvieron sobre su cabello, deshaciendo pequeñas trenzas y quitando horquillas. Él la recostó suavemente sobre su pecho para mayor facilidad, y Hinata sonrió silenciosamente, conmovida por la velocidad de su reacción. Así era él. Sólo una palabra de su parte y ya estaba moviéndose como si se tratara de una orden inaplazable.

    El momento se sintió más íntimo que cualquier otro. Neji era el primer hombre que tocaba su pelo, que lo peinaba con sus dedos, y que lo aplastaba dulcemente con sus palmas, dándole forma. Las horquillas que lo sujetaban cayeron al suelo, laxas, sin vida, y el pesado cabello oscuro se derramó sobre sus hombros y espalda, casi rozando la curva de su pequeña cintura.

    —¿Así está mejor?

    —Mucho mejor.

    Elevó la mirada para sonreírle.

    Estaba tan cerca. Y, sin embargo, él no la separó. La sujetó nuevamente por la cintura, y Hinata creyó sentir un suave temblor en la mano que tomaba la suya. Sus ojos, por otro lado, permanecieron inmutables, fijos en ella, al momento de empezar nuevamente el informal baile.

    —Eres la mejor rockola humana que he visto —comentó, sintiéndose liviana y muy muy, audaz.

    Él interrumpió su gutural interpretación, y sus labios se curvaron ligeramente hacia arriba. —Eso es porque no ha visto demasiadas, Hinata-sama.

    ¿Cuándo? Neji no lo supo exactamente, pero pronto sus movimientos se vieron reducidos a oscilantes balanceos en su lugar, y sus manos ya no estaban unidas, en cambio, él rodeaba su cintura con los brazos, mientras sentía laos largos y estilizados dedos femeninos sobre la piel de su cuello, tocando, raspando….

    Lo único invariable fueron sus murmullos musicales.

    Ella presionó la mejilla contra su pecho, duro como la piedra, pero tan esplendorosamente acogedor, y cerró los ojos, como arrullada por su voz.

    En tensión, las manos masculinas se apretaron tras ella. ¿Cómo es que era tan pequeña y delicada? ¿cómo podía un ser tan sublime buscar refugio entre sus brazos, contra su cuerpo? Se sintió indigno. De abrazarla y de tocarla. De acariciarle la espalda, de rozar su frente con los labios…

    —Neji…

    Indigno. Totalmente. Completamente. Absolutamente indigno de sentirse excitado. —¿Sí?

    Sigue moviéndote, se recordó, continuando con el suave vaivén de los cuerpos.

    —Neji —ella repitió, mirándolo con los ojos perlas bien abiertos en una velada expresión de sorpresa que Neji no entendió.

    Sus adorables mejillas estaban rojas como dos pequeñas ciruelas. Tan tentadoras que él tuvo que inclinarse para besarlas. Tuvo.

    Hinata se estremeció de placer. Un rayo de gusto le atravesó desde la cabeza a los pies, y los de dos de sus manos se afianzaron más sobre el fuerte cuello, mientras sentía aún los labios pegados contra su piel. ¿Eso habría sentido él antes, cuando ella lo había besado de igual forma? El pensamiento la hizo temblar. —Neji…

    Sus frentes se unieron, y ella desvió la vista desde sus ojos indescifrables hasta sus labios bien formados.

    Deseaba besarlo.

    La revelación la estrujó por dentro. Era lo que llevaba deseando durante mucho tiempo sin saberlo, se dio cuenta, pero no había tenido la fuerza para aceptarlo, ni tampoco la valentía. Ahora, sin embargo, estaba un poco ebria, y los ebrios eran temerarios, ¿verdad?

    Ella no debía serlo tanto, porque sentía cómo el corazón le golpeaba las costillas con tanta fuerza que amenazaba con asfixiarla.

    —Neji… —le nombró, ansiosa, adolorida, antes de rozar sus labios en un fugaz beso que apenas logró contener sus ansias.

    Él no reaccionó. Tan sólo la miraba como si fuese algo normal, de todos los días, y no algo por lo que ella moría de ganas y de vergüenza.

    Temblorosa, se elevó nuevamente para tomar el labio inferior entre los suyos, el superior después y, luego, ambos. Deslizó una de sus manos desde su cuello hasta su rostro, la palma acariciando su rasposa mejilla. El vello de la mañana siguiente ya empezaba a asomarse, y disfrutó con el tacto, mientras le llenaba la boca y sus alrededores con besos cortos y suaves.

    Temerosa y adolorida ante la rotunda falta de reacción a sus besos, Hinata retrocedió, pero notó con emoción que los ojos de Neji se habían cerrado y que, al percibir su ausencia, él, a oscuras, se inclinaba al frente nuevamente, chocando sus frentes.

    Él no la besó ni abrió los ojos, pero ella interpretó ese gesto como uno de aceptación: no quería que se alejara, no le disgustaban sus caricias. Al contrario, él separó los labios para exhalar un pequeño suspiro, y ella pasó suavemente el pulgar sobre uno, luego sobre el otro, hasta que él encerró la punta del dedo entre ellos, chupando intencionalmente lento en un gesto que le encendió las entrañas.

    Enfebrecida, Hinata dejó escapar un ahogado jadeo, casi sufrido. —Por favor…

    Él no hizo más que ladear el rostro para besarle la mano que había encontrado descanso contra su mejilla.

    —Por favor… —saltó al sentir la humedad de su lengua en el centro de su palma—Neji…

    —¿Qué me está pidiendo exactamente, Hinata-sama? —su voz sonó rasposa, mientras se lanzaba nuevamente hacia adelante, hacia su rostro, en busca nuevamente del contacto con su piel, y Hinata se movió ansiosa al encuentro, enredandole ambos brazos tras el cuello.

    Las narices se rozaron antes de tocarse realmente. Una, dos, tres veces; ambos girando la cabeza en pequeños movimientos horizontales, acariciándose mutuamente.

    —Un beso —contestó.

    Él presionó la boca contra la punta de su respingada nariz. —¿Aquí?

    —No.

    Deslizó los labios sobre su tabique, ascendiente hasta el entrecejo. —¿Aquí?

    —No.

    Besó tiernamente su frente, y saltó rápidamente hasta sus mejillas. La derecha. Luego, la izquierda. —¿Aquí? ¿aquí?

    —No, no —ella soltó una risita—. Debes seguir tratando de adivinar.

    Hinata se estremeció al sentir sus cálidos labios contra el hueso de su mandíbula. —¿Aquí?

    —N-No.

    Subió hasta su oreja, besándole el lóbulo. —¿Aquí?

    —Nii-san… —se derritió rápidamente contra su cuerpo.

    —Conteste —le presionó, encerrando la suave carne del lóbulo entre los labios.

    Dios. Hinasa se mordió el labio y respondió en un suspiro: —No…

    Entonces, increíblemente atrevido, Neji bajó, descansando la boca sobre la fina curva de su cuello, justo en el punto donde podía sentir el pulso rebotando. Las piernas de Hinata dejaron de sostenerla y los fuertes brazos que la rodeaban la sostuvieron, acercándola. —¿Aquí?

    Apenas pudo responder con un sonido estrangulado que Neji sintió a través de la piel de su garganta, contra su boca…. Un sonido que se deslizó lenta, descaradamente, por su pecho, hasta dar un tirón en sus pantalones. Él retrocedió con la esperanza de respirar y de tomar una moderada distancia porque, diablos, las cosas se estaban tornando muy peligrosas. —Hinata-sama, yo…

    Pero su disculpa quedó atorada a mitad de camino, cuando ella le tomó el rostro entre sus manos, subiéndolo hasta estrellar sus bocas cerradas. Fuerte. Sus manos sufriendo un ligero temblor que Neji interpretó correctamente como ansiedad…, pero el pensamiento de que ella posiblemente se estuviese sintiendo de la misma forma que él lejos de aliviarlo, le causó más tensión. ¿Cómo, en nombre de Dios, iba a negarle un beso?

    —Aquí, Neji-niisan. Bésame aquí…

    Y, entonces, conteniéndose todavía, Neji la besó, con la boca ligeramente abierta, lentamente, recorriendo los labios con los suyos. ¡Qué labios tan suaves, qué sensación tan deliciosa…!

    Los dedos de ella le acariciaban el rostro, enviándole excitantes calambres por todo el cuerpo por su ternura. Dulce Hinata. Tierna Hinata. Preciosa, preciosa Hinata. Tan bonita, tan deliciosa.

    Con cada pensamiento su beso aumentaba en intensidad y, sin darse cuenta, empezó a mover las manos sobre su pequeña espalda, las palmas abiertas abarcándolo todo, haciéndola arquearse, soltando un enloquecedor quejido, mitad ronroneo. Incapaz de modularse, Neji introdujo su lengua con brusquedad, absorbiendo como demente los gemidos de su atrayente boca.

    Hinata estaba a punto de llorar. Eso, se dijo, eso era lo que estaba buscando. Esa fuerza, esa entrega, esa pasión ardiente… Así debía ser un beso. Dios, había pasado toda la vida deseando ser besada con tal ímpetu y ni siquiera lo había sabido hasta ahora…, así que deseando alargar el momento, se aferró al cuello del fuerte shinobi frente a ella, incapaz de frenar los sonidos de su garganta que se perdían entre sus bocas. Ansiosa, empezó a imitar los movimientos de su intrépida lengua, deseando agradarlo, queriendo con toda el alma que se sintiera de la misma forma que ella.

    Él le acunó el rostro con las manos, inclinándolo, presionando suavemente con los pulgares las esquinas de su labio inferior. Ella sabía a licor y a chocolate. Él sabía a todo lo maravilloso del mundo. Y Hinata deslizó las manos hasta su pecho, apretando con puños inestables la tela de la camisa bajo su chaleco.

    La música lejana desapareció entre los maullidos suaves de la boca femenina, y los sonidos bajos y roncos de la masculina. Todo ruido ajeno al de las lenguas chocándose y al de los labios chupando fue inmediatamente apagado. Ellos olvidaron la presencia de los cientos de personas al otro lado del recinto, saltando y divirtiéndose, y por la duración de su beso tan sólo ellos dos permanecieron allí.

    Finalmente, con mucha lentitud, y dejando un rastro de picoteados besos sobre su boca, Neji separó el rostro, observando los labios profundamente rojos ligeramente hinchados, y frunció el ceño con preocupación. ¿Acaso había sido muy rudo? Para su consternación, Hinata se recostó en su hombro, tierna, frotándose como un gatito, y apretando todo su cuerpo contra él. Su hermoso cuerpo lleno de curvas…

    Se tensó. —Hinata-sama.

    —Fue maravilloso —soltó ella de repente—. Eres maravilloso.

    Sus brazos le rodearon el torso, posándose sus manitas abiertas contra la espalda. Su cálido aliento al hablar chocaba contra la piel de su cuello, y Neji tuvo que reprimirse para no gemir bochornosamente. En cambio, se concentró en pasar los dedos por su angosta espalda, con fugaces caricias, aspirando el aroma de su pelo, y rezando para que la tela de su kimono no le permitiera sentir la prueba de su excitación entre sus cuerpos milimétricamente pegados.

    —Usted es maravillosa —respondió apenas, en tono grave y profundo.

    —¿Te gustó besarme?

    —Casi no puedo parar…

    Las delicadas manos empezaron un movimiento perezoso por la amplia espalda, y Neji se permitió disfrutar de sus atenciones por un momento. ¿Desde hacía cuánto tiempo no recibía las caricias de una mujer? Diablos, hacía siglos.

    Y Hinata era una mujer. Una dulce, tierna y adorable mujer, pero también tentadora y muy sensual… Apasionada. Cerrando los ojos, Neji descansó la cabeza suavemente contra la coronilla de la suya, rendido.

    —¿Lo hice bien?

    Sonrió al oír su pregunta murmurada y tímida. Quizá la pequeña Hinata estaba ávida de palabras bonitas…

    —¿Le cabe duda?

    —Uhm… Neji-niisan —ella se apretó un poco más contra él.

    —Dígame, Hinata-sama.

    —Quiero que se repita, por favor.

    Sus palabras, tan llenas de honestidad e inocencia, le hincharon el pecho. ¿Acaso ella no sabía lo que provocaban sus besos? Antes pensaba equivocadamente que no supondría problema para él el mantener el control y, además, soberbiamente creía que era el único capaz de mantenerla a salvo de los deseos masculinos. Pero estaba equivocado. Definitivamente su tierna protegida no estaba a salvo a su lado.

    Con una risa oscura, respondió: —Quizá en su próximo cumpleaños.

    Y ella bostezó, ingenuamente satisfecha. —Lo esperaré con ansias.

    Neji la sintió volverse ligera entre sus brazos y, antes de que lo pidiera incluso, ya la estaba cargando, la mejilla presionada contra su hombro. —¿Me llevas a mi habitación? Creo que tengo sueño.

    Y calor. Y quizá, quizá, estaba un poco borracha, pensó con diversión. —Como desee.

    .
    .
    .

    El camino hasta su alcoba fue largo y trastornado, pero finalmente lograron completar el recorrido sin ser vistos. Recostándola lo más suavemente posible contra el suave colchón de su cama, Neji soltó un suspiro, sonriendo luego al verla removiéndose y quejándose.

    Retrocedió un poco, moviéndose sobre las rodillas para bajarse de la cama y marcharse para llamar a Hanabi y pedirle que, por favor, ayudase a su hermana a cambiarse esas incómodas ropas. Pensó por un momento en solicitar la ayuda de algunas muchachas del Bouke, pero rechazó la idea ante la posibilidad de que estas empezaran a circular rumores sobre el estado indecoroso de su líder. Ella no necesitaba más problemas ni atención indeseada.

    Neji…

    Ella lo miraba a través de los parpados perezosos, y Neji se estremeció al verla estirarse, los pechos inclinándose provocadoramente hacia arriba, presionando tentadoramente la tela. —¿Te vas?

    —Llamaré a Hanabi-sama para que la ayude a desvestir —explicó.

    Ella parpadeó, frunciendo los labios en confusión. —¿A Hanabi? Pero si yo puedo sola.

    Sí, claro.

    —Por supuesto. Pero ella debe venir por si acaso.

    Hinata permaneció un momento en silencio, mirándolo. Finalmente, ladeó la cabeza al preguntar. —¿Y por qué no me ayudas tú?

    Él sintió la garganta reseca. —Porque no es correcto.

    —¿Por qué no es correcto?

    —Porque no.

    —¿Por qué no?

    —Hinata-sama —casi gimió de frustración. Ella se tornaba exasperante con tantas preguntas—, debo irme ya.

    —¿Volverás?

    Negó. —No, no. Hoy no.

    —¿Entonces cuándo?

    Nunca, pensó, nunca podría cometer ese craso error.

    —Después —mintió—. No importa.

    —Está bien —ella asintió solemnemente—, ¿pero puedes acercarte un momento antes de irte?

    —¿Para qué?

    —Para que puedas darme un beso, claro —ella lo miraba como si fuera lo más natural del mundo, y a él se le hundió el estómago de anhelo. ¡Pero si había acabado de despegarle la boca!

    Él se quedó en silencio, la carne en sus pantalones dando un fuerte latido.

    —Aún siento tu saliva en mi boca. Sabe bien —ella se llevó dos dedos hasta su labio más grueso, acariciándose—. Aunque me duele un poco… Pero me gusta —y para el momento en que la punta rosada de su lengua se asomó entre sus labios, Neji ya estaba sobre ella, chupándola, comiéndole lenta y profundamente la boca.

    Sus bocas abiertas se besaban con avidez, apasionadamente, pero sin demasiada brusquedad, y con un gemido, una de las rodillas femeninas se elevó, abriendo un espacio que Neji no demoró en ocupar con su cuerpo.

    Sólo cuando ella sollozó agudamente de placer ante la embestida de la dura erección contra su pelvis, la alarma sonó dentro de su cabeza.

    Aterrado, se separó bruscamente, pero ella se aferró a su rostro, sus mejillas rojas, sus respiraciones agitadas. —No puedo, no puedo —él murmuró, desesperado, asustado, preguntándose qué demonio lo había poseído.

    —Te quiero, Neji-nii-san, te quiero… —ella susurraba suavemente, besándole la mejilla, la nariz, la frente—. Me gustas muchísimo —le confesó en un suspiro, y Neji sonrió, permitiéndose el último placer de hundir la nariz en su cabello, de inhalar su aroma.

    —Gracias.

    Ella lo abrazó. —¿Te gusto yo? — y entonces, ella susurró la pregunta más verdaderamente descabellada—Si Naruto no me desea nunca, ¿podrías casarte conmigo?

    Por Dios, él se lamentó internamente por la gravedad de la situación; ella estaba realmente ebria. Se había aprovechado totalmente de una mujer en tal estado…

    —Naruto la querrá —murmuró, dejando un último beso sobre su frente, deshaciéndose de su abrazo. Huyendo. —Naruto no es tan tonto como para despreciarla. Pero ahora, por favor —resbaló por la cama, acomodando una gruesa cobija sobre ella—, duerma.

    Y salió.
     
    Última edición: 4 Febrero 2018
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    Título:
    Enséñame. [NejiHina]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    12
     
    Palabras:
    5019


    ENSÉÑAME

    XI

    .

    .



    —Fue un poco extraño —Naruto susurró, su rostro adoptando una expresión pensativa—; no sé cómo explicarlo. Había un aire demasiado… intimo, creo.

    —¿Íntimo? —el estratega alzó su oscura ceja, escéptico, mientras llenaba de nueva cuenta las pequeñas copas de sake—Ellos son como hermanos. Es normal.

    Bien, tenía sentido.

    Naruto se sintió casi estúpido por haber mencionado el tema, por comentarlo; había sido una verdadera tontería, ¿verdad? Es decir, los Hyüga parecían parcos y renuentes a las demostraciones de afecto en público, pero quizá ellos no fueran diferentes a cualquier persona en privado. Él nunca había tenido experiencia con las relaciones familiares, el universo no se lo había permitido, así que talvez en la imagen que se había estado repitiendo una y otra vez en su mente desde aquella noche no hubiese nada oculto. Quizás, como decía su compañero, era normal entre familia, entre hermanos, entre primos. Podía ser. Era, de hecho, lo más seguro, sin embargo…

    —No lo sé, Shikamaru —suspiró—Es que su voz… la de Neji —aclaró, ausentándose en el recuerdo una vez más—, tenía un tono que jamás le había oído antes. Y sus palabras. Le hablaba como si… —sacudió la cabeza, deseando librarse del pensamiento.

    —¿Cómo si qué?

    Naruto lo miró, sintiéndose absurdamente avergonzado. —Como si fuese un tesoro´ttebayó.

    La risa de Shikamaru lo descolocó ligeramente.

    —Es que es un tesoro —le recalcó—. Es la princesa del byakügan. Para Neji, ella es también su señora y él se debe por entero a ella y a su protección —negando con diversión, Shikamaru le acercó el vaso—. Anda, bebe, y no pienses más en ese asunto.

    Naruto, terco, rechazó el trago, frunciendo el ceño y, tras unos segundos de reflexión, soltó el verdadero foco de su preocupación: —Sospecho que se besaron.

    —¿Sospechas? —la ceja oscura se elevó, demostrando escepticismo—, ¿no los viste?

    —No. No, es decir, no vi directamente sus bocas juntas, pero ellos estaban definitivamente cerca. A una distancia muy poco decente, ¿me comprendes?

    —Ajá, se dieron un abrazo, ¿y qué? —Shikamaru se encogió de hombros.

    —Pero estaban tan apartados, y en un sitio tan oscuro, juntos, abrazados, mirándose el uno al otro… —frunció el ceño, desocupando la copa que Shikamaru se encargó rápidamente de volver a llenar—, y después de que él le dijo algo como "usted es la luz de mi vida, Hinata-sama, me muero sin usted, buah, buah" —hizo una mueca de lloriqueo, antes de girar el rostro hacia su amigo—. A las mujeres les gustan esas cosas´ttebayó.

    La sonrisa de Shikamaru se tornó burlona. Para él, era obvio el verdadero problema que se estaba tratando en esa mesa: celos.

    —No me imagino a Neji diciendo algo así.

    —Bueno, no dijo exactamente eso, pero para el caso lo mismo, Shikamaru.

    El muchacho Nara se ocupó nuevamente de los tragos antes de hablar.

    —Estaba oscuro, no estabas en una posición ventajosa para observar, y él simplemente hacía cumplidos a su querida prima la noche de su cumpleaños. Yo también buscaría un lugar apartado para eso, si me lo preguntas. ¿No te imaginas lo difícil que sería para alguien como Neji decir las cosas vergonzosas que tú me cuentas en público? —soltó una risa ronca, alzando su vaso —Obviamente, le estás dando a esa escena mucha más importancia de la que amerita, así que sólo bebe y olvídalo de una buena vez.

    Tras un momento, el rubio asintió con renuencia. —Quizás tengas razón…

    —¿Cuándo no?

    Con otro sorbo de licor, Naruto ahogó la frase que picaba en su lengua, las palabras que ardían en su garganta: "él le hablaba como si la amara".

    .

    .

    .


    Hinata estaba evitándolo.

    Y era tan desastrosamente obvia que Neji se hubiese reído si la situación no fuese tan horriblemente incómoda y tan poco práctica, dado que pertenecían al mismo clan y vivían bajo el mismo techo. Ella había estado repeliéndolo con tanto esfuerzo y por tanto tiempo que había llegado, incluso, a considerar la idea de alquilar un cuarto o apartamento un poco alejado para permitirle un descanso de su presencia… ¡Pensar que un breve instante de acción irracional había provocado una etapa tan crítica y duradera entre ellos!

    Él hacía todo lo posible para mantener la distancia en público con el fin de evitarle la vergüenza de un sobresalto, pero acercársele en privado tampoco era una opción viable; su agenda estaba siempre llena y cuando no era así ella desaparecía inmediatamente del complejo.

    Durante las primeras semanas, Neji no había estado muy interesado en buscarla a causa de la vergüenza que sentía; no creía poder mirarla a los ojos después de… de haberla besado, apasionadamente, sin consideración, sin delicadeza… como si ella fuese cualquier campesina de hábitos vulgares, en vez de la noble heredera del clan Hyüga. Dios mío, es que donde otro hombre se hubiese atrevido a hacer lo que él hizo, dicho hombre no habría vivido lo suficiente como para ver el siguiente amanecer, pues él mismo le hubiese cortado las bolas antes de cortarle el pescuezo.

    Sin embargo, tras el primer mes, su vergüenza había cedido para dar paso a la preocupación: ¿no había forma de remediarlo? ¿ella lo odiaría por siempre? ¿qué podía hacer para retornar a su cómoda relación anterior, a su tierna complicidad? Y, entonces, después de pasar tres semanas a la intemperie en una misión de reconocimiento que le dejaba tiempo para pensar, Neji tuvo una idea.

    Pero, podía dolerle en el alma aceptarlo, iba a necesitar ayuda.


    .

    .

    .


    —Me lo deben.

    Interceptar a un Inuzuka nunca era tarea difícil, puesto que ellos no se esforzaban demasiado en ocultar su presencia ni en bañarse seguido, pero ahora, con las pupilas delgadas fijas sobre él, mirándolo de forma sospechosa, Neji presintió que, sin embargo, contar con su colaboración no iba a ser tan fácil como encontrarlo. Él había llegado a la aldea apenas la noche anterior, pero aún así estaba mucho más descansado que el otro hombre, quien apenas llegaba de su misión y a quien no había dejado dar dos pasos antes de abordarlo a las puertas de Konoha.

    —Viven en la misma maldita casa —Kiba suspiró y empezó a andar, seguido por su fiel perro blanco, mientras minimizaba su petición con un gesto de mano—. Seguro puedes apañártela solito.

    A su paso y con el ceño fruncido, Neji murmuró a regañadientes. —Hinata-sama no me lo está poniendo nada fácil.

    Esa confesión le valió una mirada de reojo por parte del domador de perros. —¿Qué diablos le dijiste para que sea así? No es propio de Hinata —frenó en seco para amenazarlo—. Si le hiciste algo malo, Neji, juro que te rebanaré las-

    —No lo hice —le cortó, sintiéndose enojado por aquella insinuación de violencia de su parte. Bien, era cínico; sí había hecho algo, y quizá sí la había lastimado de alguna forma, pero nunca jamás había usado golpes para lastimarla físicamente como sugerían las palabras de Kiba… bueno, al menos no desde hace mucho tiempo.

    Kiba retomó el camino, acariciando descuidadamente la cabeza de Akamaru. —Entonces no tiene sentido —dijo—; como mencioné, no es algo propio de la Hinata que conozco, quien suele ser amable y servicial con todos. Ella no evitaría a alguien a propósito… —llevándose un dedo a la barbilla, esbozó una sonrisa maliciosa—Bueno, aunque recuerdo una época en la que no podía estar en la misma habitación que Naruto —se burló—, pero esos eran otros tiempos, claro, y tenía razones totalmente distintas, ¡qué tímida era!

    Sí que lo era. Nada que ver con la fiera que le había hundido los dedos en el cuero cabelludo y le había chupado la lengua como si… ¡Basta!

    Sacudiendo ligeramente la cabeza, Neji retomó nuevamente el habla.

    —Es probable que esté avergonzada por un pequeño, eh, incidente que ocurrió la otra noche —mintió—, y cuando está en ese estado, acercarse a ella es muy complicado. Pero si no logro acercarme, no podré tranquilizarla y decirle que todo está bien.

    —Entiendo —Kiba asintió, comportándose de manera increíblemente razonable, pero no dijo nada más.

    Neji esperó unos segundos. —¿Y bien?

    Él alzó una ceja. —¿Y bien… qué?

    Maldito fuera. Reprimiendo su naciente ira, Neji preguntó: —¿Vas a hacer lo que te pido?

    —Eh… —Kiba se golpeó la barbilla con el dedo índice, mirando hacia el cielo unos segundos; luego cerró los ojos y negó con la cabeza—No. Y si tengo que decir el motivo, entonces responderé que no lo haré porque simplemente no me da la gana.

    —Yo la llevé con ustedes cuando me lo pidieron —dijo, apretando los puños—, pero ahora tú no devolverás el favor porque no te da la gana.

    —Exacto. —se encogió de hombros— ¿Qué puedo decir? No me caes bien, chaval.

    Chaval…

    Antes de que los puntos de chackra a lo largo y ancho de todo el canino cuerpo de Kiba fuesen irremediablemente destrozados, una voz profunda desvió la atención de su futura víctima: —Él lo hará. Aunque es más correcto decir que ambos lo haremos.

    Al otro lado de Kiba y Akamaru, caminaba el tercer integrante del antiguo equipo 8.

    —¡Shino! —Kiba saltó, llevando una mano hasta su pecho—¡demonios, casi me matas del susto! ¿desde cuándo estás ahí parado?

    —He estado aquí casi desde el comienzo.

    —Maldita sea, mi corazón no es tan fuerte como antes y no resistirá muchas más de tus apariciones.

    —Uno pensaría que tras una década siendo compañeros te habrías adaptado a mi presencia, Kiba. Después de todo, eso es lo que hacen los amigos; se notan, y se saludan —ajustándose los lentes oscuros, se dirigió ahora hacia Neji—. Buenos días, Neji. Tomo por hecho que tú sí te diste cuenta de que caminaba a su lado desde el principio debido, supongo, a tu línea sanguínea.

    —Sí, sí, por supuesto —carraspeó—. Buenos días, Shino.

    Asintiendo, el Aburame, afortunadamente, fue al punto: —Te propiciaremos un encuentro con Hinata.

    —Gracias —le dijo, sinceramente aliviado.

    —No me agradezcas. El mantenerse alejada de ti debe estarla afectando. Ella estará sufriendo tanto como tú.

    El orgullo le impulsó a negarlo (¡él no estaba sufriendo, precisamente!), pero Neji logró reprimirse e, instantáneamente, su mente se centró en los sentimientos de Hinata; temía que, contrario a lo que pensara Shino, ella no estuviese lamentando su separación, ni extrañándolo, sino odiándolo intensamente.

    —¿Cuándo podrán hacerlo? —¿cuándo podré verla?

    —Cuando nos dé la gana.

    —Pronto. Te enviaré un mensaje con mis insectos, así que mantente atento.

    Controlando una sonrisa, Neji asintió nuevamente. —De acuerdo.

    —Estaré feliz de ayudar, ya que Hinata, contrario a otros, sí es una buena amiga.

    —¡Oh, vamos, Shino! —Kiba se llevó las manos a la cabeza, y mientras Neji se alejaba pudo oír sus quejas—¡Al menos déjame tomar una ducha antes de empezar con tus recriminaciones! Tengo que pensar seriamente en amarrarte un cascabel al cuello para ahorrarme estos numeritos en el futuro.

    Vaya, qué sorpresa. Al parecer, sí se bañaba.

    .

    .

    .

    Aunque estuviese ocupada, casi todos los domingos Hinata se tomaba un momento para visitar la modesta casa donde vivía su querida maestra de antaño con su preciosa hija. Juntas tomaban el té y hablaban, a veces sobre noticias importantes y otras veces sobre trivialidades como el clima, las plantas o el último chismorreo de la aldea. Era su preciado momento a solas, aunque la pequeña Mirai revolotease de un lado a otro de vez en cuando, y lo apreciaba como si fuese un tesoro. Esa tarde, sin embargo, vio algo fuera de lo normal, algo que le hizo fruncir ligeramente el ceño antes de sentarse en el cojín junto a la mesa de té.

    —¿Esperas otras visitas, Kurenai-sensei? —dijo, refiriéndose a las tazas dispuestas—Si es así, yo puedo volver luego, no hay problema.

    Hinata no había gozado de la compañía de una madre desde que era muy pequeña, pero Kurenai se había transformado prontamente en el reflejo del cariño materno que tan desesperadamente había buscado durante doce años. Era para ella, de muchas formas, lo más parecido a una y, aunque se sintiera caprichosa, no podía evitar molestarse ante la idea de aplazar su tiempo juntas.

    La mujer le sonrió, moviendo una mano en negación. —Oh, no, no, Hinata, insisto en que te quedes —le incitó a sentarse, para seguidamente hacer ella lo mismo al otro lado—; se trata solamente de Shino y Kiba. Dijeron que probablemente pasarían a verme hoy, así que acomodé sus tazas, por si acaso.

    —Pero hay cinco tazas, Kurenai-sensei —le señaló—; pusiste una de más.

    —Ah, eso, bueno, supongo que… quizás puede ser la edad, no sé, ¡yo abro!

    Hinata ni siquiera había escuchado los golpes en la puerta, confundida como estaba por la extraña actitud de su maestra. Parecía nerviosa, pero ¿por qué?

    El ruido de los saludos en la puerta le llegaron de forma distante y opaca hasta el pequeño salón dispuesto para el té, pero Hinata reconoció fácilmente la voz escandalosa de Kiba y el modulado tono de Shino. Sonriendo, se dijo a sí misma que no tenía sentido el sentirse enojada por no estar a solas con su maestra, pues después de todo, ella era tan preciada para ella como lo era para sus dos compañeros varones, y una reunión de equipo siempre era divertida y bienvenida. Sin embargo, con extrañeza, le pareció escuchar una voz diferente por un segundo, así que prestó más atención, ¿venía alguien con ellos? ¿la persona para quien la quinta taza estaba servida? Al no escucharla de nuevo, se encogió de hombros, pensando que había sido su imaginación. El único que acompañaría a Kiba y Shino hasta allí sería Akamaru y, seriamente, no creía que él estuviese muy dispuesto a sentarse y tomar el té…

    Con la imagen del perro tomando la taza entre sus patas y metiendo la lengua en el líquido con actitud aristocrática en su mente, Hinata dejó escapar una risita que aún vivía cuando Kurenai-sensei entró al salón, diciendo alegremente "mira quienes están aquí, Hinata", y dando paso a los tres hombres que la precedían: primero, Kiba, luego, Shino y, por último…

    El corazón se zarandeó fuertemente dentro de su pecho.

    —Ne-Neji-niisan… —balbuceó tontamente.

    —Hinata-sama —él dio unos pasos hacia ella, y luego elevó mecánicamente los brazos para extender el paquete que sostenía en las manos—. Traigo pan.


    .


    .

    .

    Neji podía oír tras de sí la risa que Kiba trataba inútilmente de reprimir, pero se obligó a permanecer impasible, con la vista fija en la cara espantada de su prima. "Traigo pan". Joder, ¡qué idiotez acababa de decir!

    En su defensa, podía decir que nunca esperó que el mentado encuentro organizado por esos dos fuese en esa pequeña casita de la campiña, sentados, tomando un tecito con y hablando del clima como si tal cosa… ¿acaso tendría que disculparse con ella frente a tanta audiencia? ¡ni hablar!

    Cuando Hinata se puso de pie y tomó el paquete que le ofrecía, sus dedos se rozaron y él retiró rápidamente las manos con un gesto brusco, pero antes de poder abrir la boca para decir quien sabe qué brutalidad más, Kurenai ahogó un grito, desviando la atención general.

    —¡Dios bendito! Olvidé que Kiba es alérgico a la manzanilla —exclamó, llevándose las manos al rostro, en gesto apesadumbrado—, ¡y sólo tengo té de manzanilla en casa!

    —¡Santo cielo, Kurenai-sensei, ¿pensabas matarme?!

    —Fue un gran descuido de su parte —Shino negó con pesar—, un gran, gran descuido. Kiba se hincha como una pelota de playa cuando está cerca de la manzanilla.

    —Lo sé, qué vergüenza, discúlpenme, muchachos —suspiró, demasiado dramáticamente—. Ahora tendré que ir por algo que no mate a nuestro querido Kiba.

    Kiba refunfuñó. —Y ahora yo tendré que acompañarte para estar seguro de que no vayas a envenenarme con alguna otra cosa por error.

    —Yo voy con ustedes —este fue Shino—. Kiba no sabe ni distinguir las hojas de limón de las de mango.

    Neji tuvo ganas de reír ante las excusas tan obviamente falsas que lanzaban mientras caminaban rápidamente hacia fuera, pero casi sintió pesar cuando Hinata se lanzó para alcanzarlos, totalmente aterrada. —¡Aguarden, yo también voy!

    —Oh, no, Hinata —Kurenai la tomó cariñosamente por los hombros, haciéndole retroceder con firmeza—. Debes quedarte aquí, y cuidar de Mirai un momento. Ella está en el jardín. Neji te ayudará. No tardamos.

    Y tres segundos después, el ruido de la puerta al cerrarse dio paso a un ensordecedor silencio. Ella permanecía estática en la sala, con la vista fija en la puerta, y los hombros caídos. Verla tan derrotada, mientras se aferraba a un paquete de pan como a un salvavidas en medio del océano, provocó en Neji una puntada de tristeza.

    Ella se sentía sí por su culpa. Había invadido uno de los pocos lugares en los que se sentía segura de su presencia.

    —Hinata-sama.

    —¿Qué haces aquí?

    Hablaron a la vez, y Neji la observó girarse en su dirección. Se notaba que trataba de infundirse valor, pero había un ligero temblor en su mandíbula.

    Él decidió ir al grano.

    —Necesito hablar con usted.

    Pensó que sería buena idea invitarla de nuevo al salón de té, y tener esa conversación sentados, pero ella parecía decidida a permanecer inmóvil, cerca a la puerta, como si pensara que tendría que escapar de un ataque en cualquier momento. Un ataque proveniente de él. Eso lo irritó. —No voy a lastimarla.

    —Lo sé —un suave color cubrió sus pómulos blancos—, pero…, bueno, ¿de qué quieres hablar?

    —De su cumpleaños —dijo, antes de pensarlo realmente—. De la forma ruin en que la asalté y me aproveché de usted.

    Hinata soltó una exclamación ahogada, cubriéndose el rostro con las manos. Él hubiese podido ver el rubor subiendo por su cuello, deslizándose hasta sus orejas. —N-No quiero hablar de eso.

    Neji dio un paso hacia ella, inquieto. —Lo siento mucho, sé que fue algo horrible, sé que mi comportamiento no tiene justificación alguna, y entiendo completamente que haya resultado ser una experiencia repugnante —la vio encogerse más sobre sí misma—, pero necesito, por favor, que sepa que no fue mi intención que eso pasara y que ruego encarecidamente su perdón.

    Un golpe contra la madera del suelo, y Hinata supo que él estaba de rodillas. —Neji-niisan, por favor, no… no fue tu culpa —susurró, lanzándole una mirada culpable a través de sus dedos—, yo…

    —Usted había tomado, y yo debía cuidarla, no… —él tragó—hacer lo que hice.

    —Pero yo me lancé a ti —gimió, torturada—, prácticamente te rogué que lo hicieras… ¡qué humillante! Debes pensar lo peor de mí.

    —¡Eso jamás!

    Neji se impulsó como un resorte y en un segundo, de alguna forma inexplicable, la sostenía entre sus brazos, y ella no se resistía, sino que acomodaba el rostro, aun con las manos cubriéndolo, en su pecho, cerca de su hombro. Se había prometido mantener la distancia física por miedo a su reacción, así que respiró aliviado al comprender que ella no lo repelía. No estaba realmente asustada de él, ni lo odiaba, sólo sentía vergüenza y culpa.

    —Jamás podría pensar nada malo acerca de usted. Jamás.

    —¿Ni siquiera después de lo que hice? —su susurró apenas fue audible, estando sus manos sobre su rostro, y a su vez, estas pegadas a su pecho—¿ni siquiera porque te hice pasar por algo que consideras tan repugnante?

    —Por nada del mundo —se apresuró a contestar, pero entonces meditó bien sus palabras… ¿ella creía que a él le había parecido repugnante? Dios, claro que le había asqueado su propia debilidad y falta de escrúpulos, pero definitivamente el acto en sí… bueno, los besos… eso había sido placentero, no "repugnante".

    —¿Entonces… me perdonas?

    Al bajar el rostro, vio sus ojos perlas mirándolo a su vez con expectación y duda.

    ¿Cómo diablos habían terminado la escena al revés?

    Neji negó, desubicado. —No, no, no, usted es la que debe perdonarme por comportarme como un primitivo hombre de las cavernas —dijo, sin desviar la mirada de su lindo rostro apesadumbrado—. Entiendo que usted haya querido evitarme todo este tiempo a causa de eso, pero…

    —¡Ay, sí, perdón por eso también! —ella puso el rostro contra su hombro, y Neji se tensó al sentir que lo abrazaba por la cintura—; no podía mirarte a los ojos después de… eso.

    —Lo sé, discúlpeme por ponerla en esa situación.

    —Ya te dije que todo es mi culpa.

    —No, definitivamente fue mía.

    —Yo te pedí que me besaras…

    —Pero yo accedí.

    —Pero yo te provoqué.

    Bueno, sí, y mucho

    —Pero no me obligó.

    —Pero tú no querías, discúlpame.

    Antes de decirle que estaba equivocada, Neji soltó un suspiro, sabiendo que esa conversación no tendría fin si continuaban por aquel circulo de culpas. Claramente la culpa había sido enteramente suya, pero convencer a su prima de ello era una tarea ardua y extensa.

    —¿Qué le parece si lo olvidamos? —le propuso.

    —Olvidarlo —ella retrocedió, para mirarle el rostro—, ¿crees que podrías…?

    No. No. Involuntariamente, la mirada de Neji se detuvo en su boca, en sus labios generosos, blandos, y rosados, recordando fugazmente su textura y su agradable sabor. Un fogonazo de deseo le quemó el abdomen al notar que las pupilas violáceas de Hinata habían descendido también hacia su boca, imitándolo, mientras el rubor se intensificaba en sus mejillas. ¿Estaría ella también recordando… anhelando…?

    —Sí —carraspeó suavemente—, sé que para usted fue… una noche repugnante, así que podría intentarlo. Lo haré.

    Neji la vio abrir los ojos, sorprendida. —No fue una noche repugnante para mí —aclaró rápidamente, como si no lo hubiese pensado antes de hablar, como si las palabras brotaran sin permiso—, pero para ti sí.

    Entonces él empezó a reír, y la abrazó, posando una mano tras su cabeza, incitándola a recostarse contra él para no ver su rostro, para evitar la tentación de besarla. —No lo fue en absoluto —murmuró, aun con la risa en su voz—, sólo fue una noche imprudente.

    Ella permaneció en silencio, y Neji sintió con placer que lo abrazaba con más fuerza, pero todo su pequeño cuerpo se relajaba de alivio contra el suyo. Él, por su parte, lleno de júbilo por estar al fin en paz con su prima, y lejos de los temores, se permitió la libertad de depositar un beso sobre su cabeza.

    —Eso significa… —Hinata habló después de un silencio calmo y prolongado—Eso significa que lo que hice esa noche… Bien, significa que… si no fue asqueroso, entonces… —alzó el rostro, tímidamente—¿lo hice bien?

    Pero antes de que Neji abriera la boca para responder, un grito los alertó. —¡Mami!

    —¡Mirai!

    En un santiamén, los brazos de Neji estaban vacíos, y ambos corrían hacia el jardín.



    .

    .

    .

    Mirai había visto un sapo, y eso la había aterrorizado, a pesar de que Hinata le aseguró que éste se había ido a vivir a un jardín muy lejano. Sólo cuando Neji le explicó que no debía temer, ya que el sapo no había querido asustarla, sino que, al contrario, quería protegerla de los odiosos zancudos y mosquitos que querían picarla y dejarle dolorosas ronchas, ella se calmó.

    —¿Sapo protege mí?

    —Sí, es como tu guardián, y tú la princesa a la que debe proteger.

    Mientras él hablaba con la pequeña niña, Hinata no pudo evitar relacionar sus palabras con ambos, y rió al imaginar a Neji como un sapo. Él, sin embargo, solo alzó una ceja en su dirección, y luego siguió hablando con Mirai.

    Hinata, relegada a segundo plano, se sentó sobre el césped del jardín y se relajó, dejando descaradamente toda la carga de niñero en él. ¿Qué más podía hacer? Obviamente Mirai lo prefería … Así que Hinata sólo se dedicó a observarlos; él le explicaba cosas de la naturaleza, y ella le prestaba toda la atención del mundo, él la tomaba en brazos y ella reía, él le ayudó a excavar la tierra para encontrar gusanos y los ojos de Mirai brillaban de excitación. Al comprender que ella nunca había tenido un padre, el corazón se le estrujó dolorosamente…

    Qué buen padre sería Neji. Así como era bueno en todo lo demás.

    —¿En qué piensa, Hinata-sama?

    Él se dejó caer a su lado, en sus labios adivinándose una muy pequeña sonrisa. Estaba contento, se veía.

    —En nada importante —respondió, tratando de devolver la sonrisa, y observando que Mirai corría hacía el pequeño huerto, un poco más apartado—. No deberías dejarla sola mucho tiempo, Neji-niisan, te extrañará.

    —¿Sí? —una ligera risa—¿y usted no lo ha hecho?

    —¿Qué?

    La expresión en el rostro de Neji se congeló, como si no hubiese caído en cuenta de sus palabras hasta el momento en que estas salieron de su boca. Muy raro. A la que solía pasarle eso era a ella, no a él.

    Ladeando ligeramente el rostro, Hinata le sonrió, tratando de hacerlo sentir lo menos incomodo posible. —Lo hice —dijo, dulcificando su tono de voz—, te he extrañado muchísimo, niisan.

    ¡Paff!

    Hinata chilló al sentir el golpe de algo frio contra su cuello, y cayó de espaldas en el suelo al tratar de desenredar lo que estuviese entre sus cabellos y la piel de su nuca.

    —¡Hinata-sama, el sapo!

    Ah, sólo era el sapo, qué alivio… ¡El sapo!

    —Quítamelo, Neji-niisan, quítamelo —le urgió en susurros, cerrando los ojos. En un segundo, sus manos estaban trabajando sobre ella, y Hinata lo oía reír.

    —Descuide, descuide, ya está.

    Abriendo los ojos lentamente, lo miró. Estaba sobre ella, pero él no parecía notarlo. —¿Ya?

    —Sí, ya se fue saltando —otra sonrisa.

    —Sólo tenía miedo porque podía ser venenoso.

    —Sí, por supuesto.

    Diablos, era demasiado raro verlo tan obviamente contento. Sus sonrisas no eran exageradas y grandes, ni su voz escandalosa. Al contrario… si alguien lo viera, apenas notaría un cambio en su rostro, pero Hinata notaba su alegría en los ojos… En la forma en que las comisuras de su atractiva boca se apretaban ligeramente…

    El momento justo en el que él se dio cuenta de la posición en que se encontraban, ella también lo notó. Todo rastro de alegría desapareció, y sus cejas marrones estuvieron un poco más juntas. Empezó a alejarse, pero Hinata, inhalando, le impidió la retirada, tomándolo por los costados de su camisa. Sentía que el aire se volvía denso y una ola de calor le quemaba el rostro, pero ella quería… necesitaba…

    Neji la miró, serio.

    —Me preguntaba… —su voz salió rasposa, como la voz de un sediento, así que se humedeció los labios, y notó que las pupilas plateadas siguieron el movimiento con atención—Quiero decir… aún me falta práctica… en los besos, quiero decir… y estos son parte importante de la seducción, ¿v-verdad? Entonces, quizás, deberíamos… uhm, tener al menos uno de práctica… para que yo pueda aprender, claro.

    Él no dijo nada durante unos segundos, pero no desvió la mirada de sus ojos, abochornándola. Finalmente, cuando Hinata pensó que se moriría de vergüenza, él habló… con un tono bajo y ronco. —¿Uno? —dijo, posicionando los antebrazos a cada lado de su cabeza para sostenerse, e inclinándose lentamente—, ¿quiere un beso?

    —Sólo con fines educativos… —aclaró con un hilito de voz, sintiendo su aliento en el rostro.

    —Claro, por supuesto —sus labios se rozaron suavemente, y él habló contra su boca—¿le parece uno diario?

    Entonces, presionó su boca contra la suya, besándola con calma. Sus labios se movieron y Hinata respondió a los movimientos concienzudamente, tratando de complacerlo. Subió una mano entre sus cuerpos y le acarició la mandíbula suave y afeitada, sintiendo cómo con su caricia él intensificaba el beso con un sonido ahogándose entre sus bocas.

    No lo llevó muy lejos, pero Hinata suspiró al perder el calor de sus labios.

    —Uhm… Que mejor sean dos —susurró, atrayéndolo en un nuevo y jugoso beso, con risa masculina incluida.


    .

    .

    .


    —¿Creen que haya sido buena idea, muchachos? Me preocupa que Hinata pueda enojarse con nosotros.

    Sentados en un banco de parque, Kurenai, Shino y Kiba, comían helado, después de dar vueltas más de una hora por aquí y por allá.

    —Neji sólo necesitaba un empujón, él lo arreglará —Kiba se encogió de hombros.

    —Un empujón que tú no querías darle —terció Shino.

    —Bueno, ¿por qué debería ponerle las cosas fáciles al geniecito? Pero ya qué más da.

    Kurenai, sin embargo, frunció el ceño. —¿Ustedes creen que Hinata… y él…?

    —No sé Hinata —Kiba esbozó una sonrisa burlona—, pero el pobre hombre está perdido.

    —Pobre Neji —Shino negó, apesadumbrado—. Ya no puede zafarse de las garras del amor.

    —Uy, Shino, si hasta nos saliste poeta y todo…

    Kurenai rió, y después de unos segundos de calma, se atrevió a preguntar: —¿Deberíamos regresar ya?

    —Nah —sacudiendo la mano, Kiba le guiñó el ojo—, concédamosle un poco más de tiempo a ese bastardo engreído.







    Insane ; te invoco, por si no habías notado la actualización antes <3.
     
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    Insane

    Insane Usuario VIP Comentarista empedernido

    Leo
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    Jajajajajajaja, Nahi si vieras lo mucho que reí con este capítulo y la sensualidad que me abrazó antes del final para volver a reir por la naturalidad de las acciones de los personajes dirías que estoy loca.

    No sé pero no me basta con darte el ganador, debería a ver un botón para marcarlo como el mejor fanfic de Naruto que he leído en mi vida, y vaya que he leído muchísimos. Ámbar, una chica que no volvió a conectarse y vos, son las mejores escritoras literal de Naruto.

    Estoy tan enganchada a esto que creo que hasta me puse roja al ponerme de lado de Hinata, que chica para morronga, tú me entenderás jajajaja. DIOS NEJI ES MUY SEXY, yo moriría en sus brazos, y más si es un beso diario, es como una línea que se va a atravesar pero el tenerla como límite lo hace más hot de lo que ya es. Y vaya que Naruto no salió tan tonto, pero marica, me he reído como loca cuando le contaba a Shikamaru, ¿qué cara pondrá el estratega cuando se de cuenta que Naruto tenía razón? Sería impactante leer su expresión jajajaja.

    No sé como haces para escribir tan fluido, pero con la carrera que cursaste me hago una idea, porque to dialéctica es exquisita. La primera vez que te vi en Wattpad casi muero porque nunca me había pasado por este fanfic acá en fanficslandia, y por allá me lo leí en una noche, imagina mi fangirlismo al ser introducida a esta pareja por leerte a ti.

    Yo quiero ver cómo se desarrolla luego de los besos, como se comportaran cuando Hiashi esté presente, o Hanabi. O peor, por el que Hinata empezó tal juego, Naruto. OH POR DIOS VOY A MORIRRRR.

    La plática del cierre del capítulo fue muy amena. Sabes manejar tan bien al equipo 8 que quedo sorprendida, porque Kiba si es un arrogante jajajaja, pero Shino lo controla con su frialdad pero sensatez. Y Kurenai, vaya que haciéndole el cuarto a Neji, jumjum.

    Mi parte favorita fue cuando mencionaste lo del baño de Kiba, aunque su hedor a de ser fuerte demostró con lo dicho que si se baña, para que Neji mi amor, no hagas suposiciones falsas.

    Por favor mujer, no demores dos meses con la continuación, y menos con el Itasaku que prometiste, porque moriré si lo haces.
     
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    Nahi Shite

    Nahi Shite Usuario popular

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    Título:
    Enséñame. [NejiHina]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    12
     
    Palabras:
    5761
    Insane: Como ves, no demoré dos meses con la continuación, así que sí, he estado absolutamente juiciosa. Prácticamente actualizo en FFL exclusivamente para ti, pero bien que vale la pena. Me centraré ahora en el ItaSakuSasu y en todos los demás encargos: NejiHina, ShiIno, SasuSaku, NaruHina (¡no me va a alcanzar la vida!). Por otro lado, sí, me dio mucha risa cuando me escribiste en Wattpad preguntándome si yo era la misma xD´D.
    Muchas gracias por tus palabras hermosas <3 Se me van a subir a la cabeza tantos halagos, y te lo estoy advirtiendo de una vez. Por ahora, sólo espero humildemente que te guste el siguiente capítulo. Sin más, ahí te va.




    ENSÉÑAME

    XII

    .
    .




    Era una bonita mañana de domingo; despejada, pero fresca. Luminosa, pero no irritante. Animada, pero no bulliciosa. Para Neji, quien no solía fijarse en los detalles con demasiada frecuencia, era simplemente una normal y perfecta mañana que él debía desperdiciar haciendo recados.


    Bien, no, no precisamente haciendo recados, pero sí haciendo algunas más compras de las usuales, como bien se lo recordaba la lista que cargaba dentro del bolsillo del holgado pantalón blanco; además de haber pasado por la tienda de armas para nutrir sus suministros de kunais y shurikens (quedándose un rato para charlar con Tenten, claro), se había pasado ya por el supermercado para surtirse de frutas, verduras, algo de carne y condimentos, y por la farmacia donde compró un nuevo botiquín de primeros auxilios.


    Mientras andaba por la amplia calzada del distrito comercial de Konoha, se le vino nuevamente a la cabeza la posibilidad con la que había estado jugando las últimas semanas: mudarse. Y, nuevamente, pudo enviarla hasta el rincón más alejado de su mente para una posterior consideración. Si bien en un principio la idea había surgido como un intento desesperado de ofrecerle algo de distancia a su prima ante una situación supremamente incómoda entre ellos, que actualmente se había superado, la opción de contar con un espacio propio se había estado materializando en su cabeza con inusitada frecuencia; ¿sería tan malo ser un poco más independiente y tener algo de privacidad? Tenía veintidós años, edad en la que no era raro que un muchacho decidiese vivir en su propio techo. Sí, sería algo perfectamente natural y comprensible… de tener otro apellido, claro, o quizás de encontrarse en un nivel inferior dentro de la jerarquía del clan ya que, si bien seguía siendo parte de la relegada rama del Bouke, Neji se encontraba en una relativamente elevada posición, sólo por debajo del Consejo, de Hiashi Hyüga y de Hinata.


    Hinata. Inconscientemente su cara formó una mueca ante el recuerdo de ella explicándole de forma tímida y atropellada que había requerido a su padre para restaurarlo nuevamente como su guardián permanente y oficial. No le había molestado la noticia, pero… muy en el fondo, una pequeña parte del rebelde adolescente que, aparentemente, no se había ahogado por completo en el fondo de su corazón, se estremeció al sentir las cadenas apretándose alrededor de su cuello. Era absurdo, y le avergonzaba profundamente el sentirse de esa manera, pero era una realidad; ahora le tenía un profundo aprecio a la familia, y su sentido del deber era fuerte… Quería especialmente a Hinata, y estar a cargo de su seguridad lo complacía, pero… diablos, era una tontería, pero… él la cuidaba, lo había hecho por muchos años sólo por voluntad propia. Él no quería rendir cuentas a nadie sobre el paradero de ella, ni sobre sus acciones, sus entrenamientos y conversaciones.


    Recordó muchas veces anteriores en las que se había sentido ligeramente dolido con las distintas insinuaciones ante el hecho de que ella ya no necesitaba su protección, y eso lo hacía más absurdo aún, pues había retornado a su posición de preciado guardián…, posición desde la cual la posibilidad de una mudanza se tornaba cada vez más y más lejana.

    Al inhalar, Neji percibió un aroma dulzón y parpadeó sorprendido al notar que estaba de pie frente a la floristería. La tienda estaba vacía y él no era de comprar flores, pero no pudo evitar echar un vistazo general a las distintas tonalidades y formas que se traslucían por el ventanal; formas y colores que le hicieron recordar el olvidado paquete envuelto en papel violeta que se encontraba escondido en su armario. Un olvidado regalo de cumpleaños.


    —No creo que sea buena idea…


    La voz femenina era baja y tenía un timbre nervioso, pero Neji pudo reconocerla como la de Ino. Pudo verla de espaldas, en un rincón ubicado en la parte derecha del ventanal, y ella charlaba con un hombre, quedando ambos casi perfectamente ocultos de las miradas curiosas. Casi.


    —Debemos decírselo alguna vez, Ino.


    El hombre era Sai y él, como no era un chismoso y sabía perfectamente que escuchar conversaciones de pareja era lo más aburrido del mundo (gracias a Lee y a Tenten), empezó a girarse para alejarse lo más pronto posible.


    —Lo sé, pero mamá se va a poner un poco histérica…


    Tiempo después, Neji se preguntaría porqué demonios se detuvo en ese instante y no siguió su camino, y siempre llegaría a la misma conclusión; lo que lo dejó paralizado fue la risa de Sai. Sai, seguramente el ser humano más inexpresivo y falso del planeta, se reía con la frescura de un niño, y eso… Él simplemente tuvo que quedarse, agazapado a un lado del marco de la ventana, para averiguar qué motivaba aquella alegría tan abrumadora.


    —Pienso que se va a poner más histérica cuando te vea y piense que te has comido una sandía entera.


    —Sai —ella lo reprendió, pero la dulzura, la forma en la que pronunció aquel nombre, estremeció a Neji. Esa era la alocada Ino, por Dios; ¿acaso el mundo estaba enloqueciendo? —, ¿no se nota aún, ¿verdad?


    —No. Pero pronto todos se preguntarán porqué ya no usas tus blusas cortas, y empezarán a sospechar, lo sabes.


    —Tienes razón…


    —Además —el tono, un poco más bajo, hizo que Neji se esforzase más en oír—, la casa ya está casi lista. Quiero tenerlos a ambos bajo mi techo, Ino, y sólo una charla con la señora Yamanaka y la firma ante un ministro se interponen en mi camino.


    —¿Está lista? ¿tan pronto?


    —Casi. Y hay espacio de sobra para tu jardín…


    Así, Neji Hyüga fue el primero en enterarse del chisme más jugoso del mes entre la gente del pueblo y, sobre todo, entre los distintos clanes ninja. Ino, la heredera del clan Yamanaka, estaba esperando un hijo de un hombre que no era nadie (nadie, casi literalmente) … y parecían ambos tan satisfechos. Su relación iba en contra de todas las reglas y convenciones, pero aún así se notaban tan absurdamente felices que Neji se sintió abrumado.


    ¿Cómo era posible?


    Pero lo era, y con la risa de Sai y la ternura de las palabras de Ino resonando dentro de su cabeza, Neji se alejó, pensando que eran unos estúpidos, pero sintiendo, para su irritación, una pizca de envidia: ellos serían libres.



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    Era una bonita mañana de domingo; una mañana demasiado perfecta como para desperdiciarla allí, sentada en el escritorio de su padre, leyendo cartas, escribiendo respuestas y manchándolas todas con el sello del clan, pero era precisamente lo que Hinata Hyüga tenía que hacer todo el día.


    “Honorable Hiashi Hyüga, me dirijo a usted por medio de la presente, agradeciendo infinitamente sus exhaustivas atenciones durante nuestra visita y haciendo extensiva nuevamente nuestra invitación a los terrenos Kuroba para su gentil persona y su virtuosa hija mayor y heredera del prestigioso clan Hyüga de Konoha durante la primavera, con el fin de fortalecer los vínculos entre nuestras familias.

    El clan Kuroba y el clan Hyüga han sido aliados comerciales durante generaciones y se han beneficiado mutuamente con diversos tratos; ahora, dado que la heredera Hyüga ha causado una grata impresión en nuestro heredero, y teniendo en cuenta los aires de paz que se respiran, me he planteado, Hiashi (si se me permite la familiaridad, viejo amigo), la posibilidad de unir nuestros linajes de forma más estrecha y definitiva.

    Esperamos, y yo específicamente espero, que nuestra invitación sea aceptada con gusto y que nuestro heredero, mi hijo, resulte ser un pretendiente aceptable ante los exóticos ojos de vuestra bella hija tras un convencional cortejo.


    Deseando a su familia la mejor de las fortunas, y atento a su eventual respuesta;


    Kain Kuroba.

    Líder del clan Kuroba, Iwagakure”.


    Hinata sonrió, escéptica, pensando que cualquier mujer se sentiría halagada en su posición… de no saber que la verdadera motivación tras las múltiples cartas con invitaciones y propuestas era, simplemente, congraciarse más con su padre. ¿”Exóticos ojos de vuestra bella hija”? ¡Ja! Ella apostaría la vida a que, durante su fiesta de cumpleaños, había visto a Kenji Kuroba, el hijo de Kain Kuroba (viejo amigo de su padre), correteando tras una de las jóvenes aldeanas, con sus ínfulas de macho altivo.

    Primero se cortaba el cuello con su propio kunai antes de sufrir la tortura de ser cortejada por ese presuntuoso de ojos tan oscuros como sus sentimientos.

    “(…) Nos vemos obligados, sin embargo, a rechazar la invitación por el momento, en razón a inminentes compromisos adquiridos previamente durante los próximos seis meses.

    Hiashi Hyüga

    Líder del clan Hyúga, Konohagakure”.

    O, mejor, años. Hinata rió en bajo mientras presionaba el sello oficial de su padre en el pergamino.

    Aunque se tratara de una tarea aburrida, también tenía sus ventajas: ella conservaría su libertad todo el tiempo que le fuera posible.

    Minutos después, un toque en la puerta le ofreció la excusa perfecta para tomar un descanso.

    —Hinata-sama —Ko entró, y ella se permitió una sonrisa breve como saludo—, Uzumaki Naruto está en el salón principal, y solicita unos minutos a solas con usted.

    Naruto.

    El corazón le retumbó.

    —¿Naruto-kun? —preguntó, tontamente—¿no ha mencionado el asunto que lo trae hasta aquí el día de hoy?

    —No. ¿Le digo que puede pasar?

    —No, no —rápidamente, dejó la pluma a un lado, poniéndose de pie—. Dile que en un momento estoy con él, por favor. Ha de ser importante.

    Cuando Ko cerró la puerta, Hinata se permitió un momento de debilidad al caer de nuevo sobre el asiento. Naruto. Allí. No había pensado en él durante semanas, y ahora él aparecía de forma tan repentina en su casa, en su salón, solicitando unos minutos a solas.

    Dios mío.


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    Encontrar a Neji no fue difícil, teniendo en cuenta que podía usar el modo sabio para encontrar a cualquier persona que estuviese a chorrocientos mil kilómetros a la redonda, y a que el sujeto en cuestión andaba con tal porte aristocrático que sobresalía fácilmente entre la gentil y modesta gente de la aldea. Naruto habría alzado una ceja con diversión al verlo cargando bolsas de compras como una ama de casa convencional, pero ese día pretendía mantener con él una conversación que lo tenía un poco nervioso.

    Cuando le cortó el paso en la esquina de la tienda de dangos más apartada, el hombre castaño casi choca contra él, y luego le dedicó una mirada perpleja, apagada, que se fue iluminando de forma paulatina, como si estuviese despertando de un estado aletargado. Obviamente, había estado distraído.

    —Naruto.

    —Neji —le saludó, alzando una mano, y señaló con los ojos las bolsas que sostenía en ambas manos—, ¿día de compras?

    —Algo así, supongo —lo vio encogerse de hombros—, ¿y a ti qué te trae por acá?

    Incómodo, Naruto frunció el ceño, balanceándose un poco sobre las plantas de sus pies, y sintió la mirada de Neji fija en él. —En realidad, te estaba buscando´ttebayó.

    —¿Te puedo ayudar en algo?

    —No —sacudió la cabeza—. Digo, sí.

    Unos segundos de silencio.

    —Si no te vas a dar prisa…

    Neji avanzó, dispuesto a pasar por su lado con tranquilidad, pero Naruto le cortó el paso, dando un paso atrás y soltando de golpe: —Los vi.

    La seria mirada aperlada lo traspasó. —¿Qué?

    —Los vi —repitió, enderezando la espalda para encararlo; azul vibrante contra gris pálido—. A Hinata y a ti, Neji. Esa noche. Los vi´ttebayó.

    Sólo un ligero movimiento en la mandíbula delató algún tipo de reacción a su declaración, pero en menos de medio segundo desapareció cualquier signo de tensión en su rostro.

    —¿Qué viste? —su voz, normalmente seria, fue plana y helada.

    Echando un vistazo rápido alrededor, Naruto sonrió, tratando de aparentar jovialidad. —¿En serio quiere hablar de eso aquí? —, pero él no parecía dispuesto a aplazar la conversación, y lo sorprendió, acercándose un paso.

    —¿Qué viste, Naruto?

    Bien. Si eso quería.

    —Los vi escondidos en la oscuridad, sentados, abrazados y… besándose.

    Lo soltó todo de golpe, con el corazón retumbándole en el pecho ante la expectativa. Shikamaru se reiría de él. Diablos. Shikamaru le daría una buena tunda si estuviera allí, pero Naruto simplemente no podía quedarse con la duda.

    Entonces, una sonrisa torcida desfiguró el rostro de Neji. Le vio alzar una ceja y enviarle una mirada burlona, similar a la que le había dado el niño de catorce años antes de que él le pateara el trasero hacía casi diez años. —Si así fuera, ¿a ti qué?

    Sintió ganas de volver a hacerlo, darle un puñetazo y tumbarlo en el suelo, pero esta vez no estaban en un campo de batalla, ni presentando un examen. Estaban teniendo una charla aparentemente corriente en una maldita calle justo en el centro de la aldea.

    Pero, realmente, ¿a él qué le importaba? Hacía años se había liado a puños con Neji para ser chunnin, claro, pero principalmente lo había hecho por Hinata. Para vengarla. Su primo la había humillado y lastimado… Diablos, Neji por poco la mata, y recordar eso le hacía hervir la sangre; ¿después de eso él creía que podía ir por la vida, besándola y toqueteándola? Apretó los puños. Se había liado a puños con él antes por Hinata, y no dudaría en volver a hacerlo. Él había sido su campeón antes, y lo sería también ahora.

    —Hinata es mi amiga —dijo, apretando los dientes—. No quiero que la lastimes… de nuevo.

    Vio el cambio en los ojos blancos, y supo que había dado en el clavo. Cualquier signo de burla desapareció de su expresión.

    —Muy noble por tu parte, Naruto, pero no tienes que preocuparte por la seguridad de Hinata-sama —respondió—. De eso me encargo yo.

    —¿Y quién la protege de ti?

    —¡Nadie! —asombrado por la ferocidad de su respuesta, Naruto retrocedió un paso—. Nadie —Neji pasó las bolsas a una de sus manos, y se pasó la mano libre por el rostro en el más claro gesto de frustración que Naruto le había visto alguna vez en la vida. Finalmente, él suspiró, devolviéndole la mirada. —Yo nunca le haría daño, nunca.

    Neji caminó, dispuesto a marcharse y Naruto no intentó detenerlo, mientras trataba de descubrir el significado de sus palabras, pero él se detuvo abruptamente a su lado, como si de repente hubiese tomado una decisión.

    —Esa noche, cuando nos viste allí sentados, no nos estábamos besando. Al menos no como tú crees —le contó, hablando bajo como prevención contra los curiosos. Naruto mantuvo la mirada al frente—. Ella solamente me besó la mejilla.

    —La mejilla…

    Dios. Naruto tuvo que hacer un esfuerzo para no maldecir en voz alta.

    —Exacto. Y ambos estamos de acuerdo en que no debiste presenciar ese momento, pero dado que estuviste husmeando…

    —La estaba buscando —se defendió—. Sólo quería…

    —No me importa —Neji le cortó, aparentemente calmo—. Pero si le comentas a alguien, si te atreves a deshonrar el buen nombre de Hinata-sama esparciendo chismes sobre lo que creíste ver…

    Naruto no tuvo que girarse para saber que el byakügan más poderoso había sido activado por el Hyüga más letal.

    —… te mataré. A ti y al verdadero.


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    .


    Hinata sabía que el que estuviera paseando por los jardines Hyüga en compañía de Naruto Uzumaki sería comentado por la familia entera en un abrir y cerrar de ojos. Aunque hubiera varios pares de ojos observándolos desde una distancia prudente, el simple hecho de ir junto a un hombre ajeno al clan por los senderos adornados levantaría el rumor de que tenía un nuevo pretendiente, así que, haciendo gala de su autocontrol más fuerte, trató de fingir que su presencia no la intimidaba, para no ayudar a condimentar los chismorreos.

    Ojalá no fuera tan guapo.

    —Son muy bonitas —él dijo de repente, señalando las enredaderas que se entrelazaban en una especie de pasillo natural,
    estructurándose en forma de túnel por el sendero—, ¿las cuidas tú?

    Ella sonrió, reprimiendo una risa. Cielos, no, ¿con qué tiempo?

    —No, lo hacen los jardineros —al verlo ruborizarse, avergonzado, ella quiso hacerlo sentir mejor—, pero sí procuro cuidar de mi pequeño jardín siempre. No es tan bonito como este, ni tan espacioso, pero, bueno… era de mi madre.

    —Oh.

    Después de un minuto lleno tan sólo de un extraño silencio, Naruto murmuró. —¿La extrañas mucho?

    Y, entonces, no soportando la profundidad que estaba tomando la charla, ni la intimidad que eso propiciaba, Hinata se detuvo y esperó que él la imitara. Cuando lo hizo, le sostuvo la mirada. —Naruto-kun —dijo—, ¿para qué viniste a verme hoy?

    Él lucía incomodo mientras se rascaba la oreja, pero le sonrió. —¿Para pasar algo de tiempo juntos´ttebayó?

    La respuesta en forma de pregunta le hizo entristecer. Sintió el endurecimiento de sus propias facciones. —¿Para qué querías verme… realmente?

    Lo vio suspirar, vencido. —Bien, bien, me tienes —él alzó las manos, sonriéndole—. Sé que estás ocupada y lo siento. Sólo quería darte algo —de su chaqueta, sacó una pequeña caja dorada del tamaño de su mano, y se la ofreció—. Es un regalo´ttebayó.

    —¿Un regalo? —ella dudó, observando el obsequio con el rostro ladeado en franca curiosidad.

    —De cumpleaños.

    —Estamos en febrero, Naruto-kun —rio con suavidad—. Mi cumpleaños es en diciembre.

    Él rodó los ojos. —Ya lo sé, Hinata. Pero lo tengo guardado desde hace dos meses, porque no había tenido la oportunidad de dártelo.

    Ella lo recibió, dubitativa, y abrió lentamente la caja para echar un vistazo a las dos horquillas decoradas con formas de flores violetas y azules que se extendían sobre plateadas imitaciones de ramas. No eran muy grandes. Eran delicadas y preciosas.

    —Me gustan mucho —se inclinó educadamente, sintiéndose apenada—. Muchas gracias.

    Cuando le miró nuevamente, observó que sus mejillas estaban tan tostadas como seguramente debían estar las suyas.

    —¿Te gustan en serio? ¿no puedes esperar a usarlas?

    Ella rio, y le entregó nuevamente la caja, pero esta vez vacía. Él la sostuvo, mientras ella metía una horquilla entre los labios, y con las manos abrochaba la otra, recogiendo un mechón de cabello oscuro a un lado de la cabeza. Seguidamente, hizo lo mismo con la otra, del otro lado.

    —¿Están bien así?

    Los ojos de Naruto estaban tan brillantes que ella se removió, ligeramente incómoda y profundamente avergonzada. —¿No?

    —Creo que el de la derecha está un poco torcido —sin esperar, él le devolvió la caja y se acercó.

    Hinata sintió cómo sus dedos se movían sobre su cabeza, desatando con premeditada suavidad el cabello contenido en el lado derecho, y peinándola suavemente con los dedos antes de acomodar nuevamente la horquilla. Sus movimientos eran precisos, y ligeramente rudos, demasiado rápidos… Hinata exhaló, abochornada, recordando la ternura de los dedos que hacía unos meses le habían acariciado el cabello, quitándole horquillas en vez de poniéndoselas, soltando cabello, en vez de
    apresándolo, relajando en vez de constriñendo.

    Naruto se alejó. —Así está mucho mejor´ttebayó —parpadeó al mirarla, y ella no quiso saber el tipo de expresión que tenía su cara en ese momento. Cielos.

    —.Estás bien, Hinata?

    Asintiendo rápidamente, se reprochó a sí misma, frustrada. No se suponía que recordara a Neji cuando Naruto la tocaba… ¡Naruto le había tocado el cabello, ella tenía que haberlo disfrutado! Enojada por haber dejado escapar el goce que pudo haberle provocado su contacto, trató de retomar la conversación.

    —No debiste molestarte, Naruto-kun.

    Él se encogió de hombros. —Los compré para ti. ¿Qué más se suponía que hiciera?

    —¿Los elegiste tú? ¿te ayudó Sakura-san?

    —¿Sakura-chan? —él soltó una carcajada—. Ella me mandó al demonio cuando le pedí ayuda y me dijo que pensara por mi cuenta. Sufrí mucho, Hinata, pero me alegra que te haya gustado.

    Sintiéndose halagada, pues él había comprado esto especialmente para ella, pensando sólo en agradarle (santo Dios, debería desmayarse ahí mismo), jugó tímidamente con una hebra de cabello y parpadeó lentamente, recordando tardíamente algunas de las lecciones dadas por su primo.

    Al parecer, funcionó, porque la mirada de Naruto se agudizó, y Hinata vio que se humedecía los labios.

    —Esa noche quería dártelo —él habló, con voz suave—. Los chicos nos interrumpieron, y luego desapareciste. Te busqué, pero no pude encontrarte más. Nadie más te vio —él inclinó el rostro, interrogante—. ¿A dónde fuiste, Hinata?

    Fui a un rincón para compadecerme de mí misma.

    Fui a un rincón para danzar a la luz de la luna… y para recibir el beso más encantador, profundo, estremecedor y ardiente que hubiera imaginado.

    Hinata rogó para que el rubor que ascendía por su rostro fuera ignorado por el hombre rubio frente a ella. Nerviosa porque él pudiera leer su pensamiento, desvió tímidamente la mirada antes de responder.

    —Estuve en un ala apartada. Había t-tomado licor, y no me sentía bien —murmuró—. En realidad —le dirigió una mirada, antes de apartarla nuevamente, avergonzada—, estaba un poco ebria.

    —¿Estuviste sola?

    —No —negó con la cabeza—. Afortunadamente, Neji-niisan me encontró —soltó una risa nerviosa—, quién sabe qué habría podido hacer sola. Si mi padre o alguien más me hubiese visto… —negó nuevamente, abochornada—. Neji-niisan estuvo conmigo, y luego me llevó a la cama —¡ay, eso sonó mal! —. En realidad, sólo me llevó a mi habitación y llamó a Hanabi para que me ayudara con esa ropa tan incómoda...

    —Ya veo.

    Alzando el rostro, Hinata lo vio esbozar una leve sonrisa. —Es una lástima que no te haya encontrado yo´ttebayó.

    “¿Por qué? ¿tú sí me habrías llevado a la cama?”, Hinata se sonrojó brutalmente, y Naruto esbozó una mueca satisfecha. Parecía como si se hubiese quitado de los hombros el peso del mundo entero.

    —El hombre de allá me está mirando feo, así que creo que mi visita debe llegar a su fin.

    Ella le sonrió, apesadumbrada. —Lo siento, son bastante estrictos con eso.

    —Está bien —él le guiñó un ojo, pícaro—. Te veré afuera pronto, y más allá de estos muros no hay quien nos contabilice el tiempo.


    .

    .

    .


    Neji se escondió entre las sombras de las cortinas cuando la puerta se abrió. Él no debía estar ahí, claro, pero después de haberse pasado todo el día excesivamente exaltado e irritable, no podía ir simplemente a dormir. Era tarde, pero él tenía que avisarle.

    Escuchó el sonido de la puerta al cerrarse, los ligeros pasos que se dirigían al armario y, adivinando que se disponía a sacar su ropa de cama, Neji avanzó, dejando que la luz nocturna que entraba por la ventana lo iluminara.

    —Hinata-sama.

    La vio llevarse una mano al pecho y soltar un chillido de sorpresa, pero su rostro se relajó al reconocerlo. —Neji-niisan, c-casi me muero del susto —exhaló, aliviada—¿qué haces ahí escondido?

    —Discúlpeme, no era mi intención asustarla —se le acercó, impaciente—, y sé que no debería entrar en sus aposentos, pero tenía algo importante que decirle.

    Hinata se mantuvo en silencio y luego caminó hasta el otro extremo de la habitación. Cuando la luz iluminó el cuarto, él entendió el motivo, y siguió hablando, solemne: —Naruto habló conmigo esta mañana —fue directo al grano—; me dijo que nos había visto la noche de su cumpleaños.

    No tuvo que recordarle a lo que se refería, porque el bonito rostro femenino se tornó pálido, y las piernas dejaron de sostenerla. Hinata se sentó en la cama, apretando el grueso edredón que cubría el colchón con las manos. —Dios mío, ¿nos vio? —ella preguntó en un murmullo estrangulado.

    —No tema —se apresuró a calmarla, acercándose—. Al parecer él no nos vio realmente… Sólo presenció el momento en que usted me besó en la mejilla y, aunque él pensaba que había visto un beso real, yo le dejé claro que no fue más que eso; un inocente beso fraternal.

    Los ojos de Hinata se agrandaron, y su rostro se tornó más pálido aún. —No lo entiendes —dijo, y lo miró de manera intencionada—: él también vino a verme hoy. Esta mañana.

    Esta vez fue Neji el que sintió debilidad en las piernas, así que se sostuvo disimuladamente del dosel de la cama. El maldito, ¡el muy bastardo!

    Pasó saliva. —¿Qué le dijo?

    —Me preguntó a dónde había ido esa noche. Dijo que me había buscado sin éxito para entregarme un obsequio —Neji la vio llevarse una mano hacia el cabello, y notó por primera vez que no lo llevaba totalmente suelto—. Qué mentiroso…

    Deduciendo que las horquillas que le sostenían el cabello eran el dichoso obsequio, Neji frunció el ceño.

    Hinata, de repente, lo miró asustada. —¿Con quién habló primero?

    Él suspiró. —Habló con ambos a la vez, Hinata-sama. El que me interceptó era un maldito clon.

    —O sea que el mío era el original…

    —Bueno, ni siquiera Naruto es tan idiota como para enviar un clon al complejo Hyüga. Sería una falta de respeto.

    La vio cerrar los ojos, e inclinar la cabeza en dirección al techo, pensativa. —Él estaba comparando nuestras respuestas —murmuró—, ¿crees que encontró incongruencias? Yo también le mencioné que estuve contigo, y que estaba ebria…

    —Yo omití la parte de la ebriedad —le sonrió cuando ella se giró a mirarlo y la vio reír suavemente, así que también prefirió omitir la parte en la que había amenazado de muerte a su crush.

    —Gracias.

    —De nada.

    Neji la vio bostezar disimuladamente.

    —Creo que no debe preocuparse de nada entonces, Hinata-sama —le dijo, sin resistirse a preguntar: —¿tuvo un día duro?

    —No tanto —ella se inclinó hacia atrás, sosteniéndose con las palmas de las manos, y girando la cabeza hacia su propio hombro delgado, casi recostándose en este—. Fue día de responder la correspondencia de padre.

    —Y yo pensando que mi domingo fue aburrido.

    Nuevamente la risa de campanitas inundó la habitación, y Neji frunció el ceño, incómodo al notar que su posición hacía resaltar sus senos, estrechándolos contra la holgada blusa. Enojado consigo mismo por fijarse, carraspeó. —Creo que debería-

    —¿Y tú qué hiciste, Neji-niisan?

    Evitando su mirada, Neji tamborileó suavemente los dedos contra la madera del dosel. —Fui de compras.

    Eso captó la atención de su pequeña prima, quien, gracias al cielo, se sentó derecha. —¿Qué compraste?

    —Comida, armas, lo típico —de pronto, por primera vez después de su charla con Naruto, recordó la escena presenciada en la floristería. Lo pensó por un momento, y decidiendo que comentárselo a Hinata definitivamente no lo convertía en un chismoso, habló—. También escuché algo interesante por casualidad.

    Vio la chispa curiosa en los ojos violáceos de Hinata y pensó que, definitivamente, podría volverse la vieja cotilla del pueblo con tal de ver ese brillo en su rostro, con tal de verla inclinarse hacia él con impaciencia. —¿Qué escuchaste?

    Con aire dramático, Neji dio unos pasos frente a ella, de un lado al otro. —No sé si sea lo más prudente contarle.

    —¡Neji-niisan!

    —Está bien, está bien —él sonrió—, pero tiene que prometer que no se lo dirá nadie.

    La vio rodar los ojos, como diciendo “¿a quién se lo podría contar?”, pero, sin embargo, ella asintió con desgano. —Lo prometo.

    —Bien —Neji se cruzó de brazos, mirándola concienzudamente—; Ino está embarazada de Sai y piensa casarse con él —soltó de una sola vez, complaciéndose en la forma en que su quijada cayó.

    —No-puede-ser.

    —Sí-puede-ser.

    Ella se puso de pie de un salto. —¡Un bebé! —exclamó, mirándolo como si quisiera sacudirlo, como si no hubiese sido justamente él quien le acabara de dar la noticia.

    Eso lo hizo alzar una ceja, divertido.

    —Sí, es justamente lo que dije.

    —¡Qué alegría! —ella se llevó las manos a la boca de repente, aterrada—¡qué escandalo! Un bebé fuera del matrimonio y, además, de Sai-kun.

    —Bueno, según oí, puede que esté en marcha un matrimonio apresurado, pero seguramente existirán habladurías.

    —Ay, Dios —el ceño se frunció en su bonita cara y Neji sintió la necesidad de pasar los dedos entre sus cejas y aplanar su suave piel, pero se contuvo. Ella lo miró, con una expresión de preocupación—. Debemos apoyarlos en todo lo que podamos.

    Él asintió en silencio, simplemente centrado en el pequeño hoyuelo risueño que se formaba en su cremosa mejilla al sonreír de forma soñadora. —Un bebé… —ella repitió—, quisiera felicitarlos ahora mismo, pero claro, no puedo decir nada, ¿verdad? —preguntó, mirándolo entre las pestañas, y Neji avanzó un paso hacia ella, atraído de forma casi magnética.

    —No, no puede.

    —¿Lo imaginas, Neji-niisan? Tendrá padres muy guapos, así que debe ser un bebé precioso…

    Mientras ella hablaba, su atención se enfocó en las horrendas horquillas que le apresaban los mechones de pelo que normalmente enmarcaban suavemente su rostro, y no pudo soportarlo más. Estiró las manos, y empezó a retirarlas, mirándolas casi con asco.

    Ella permaneció en silencio durante el proceso, y Neji pensó que había dejado de respirar. —¿Q-qué haces? —su vocecita sonó temblorosa, mientras él repasaba con los dedos las hebras gruesas de cabello oscuro recién liberados.

    Tomó los mechones de cabello y los acomodó delicadamente sobre sus hombros.

    —Así está mucho mejor —sonrió ligeramente, satisfecho, y dejó caer descuidadamente las horquillas sobre el colchón—, ¿en serio le gustaron esas cosas tan vulgares, Hinata-sama?

    Su boca se apretó en una mueca adorable. —Son lindas.

    —Para una campesina, quizás —le concedió, a regañadientes—, pero definitivamente no para usted.

    Ella lo miró fijamente por un instante, como analizándolo, y, Dios, nuevamente ese juguetón hoyuelo. Tan cerca. —Eres un esnob, Neji-niisan.

    —¿Lo cree? —cediendo a la tentación, se inclinó hasta rozar con los labios el pequeño hundimiento de su tierna mejilla, y ella se irguió, tensa, mientras él estiraba los brazos y la envolvía en un abrazo suelto, solo para acercarla y frotar su boca contra la piel con aroma a lavanda. —Yo también le compré algo… —le susurró bajo, al oído.

    —¿Sí…?

    —Sí, algo mucho mejor que esas cosas.

    Ella, al parecer, ya no se sintió ofendida por su ataque directo al regalo de Naruto, porque se rio suavemente, y Neji sintió el aliento cálido sobre su cuello cuando ella murmuró tan bajito que apenas pudo sentir el roce de su boca sobre su piel. “Esnob”.

    Ante el escalofrío que le recorrió la espina dorsal, Neji apretó el abrazo, sintiendo su cálido cuerpo un poco más maleable. —Aunque también está relacionado con las flores… —su voz sonó ronca contra su piel, alcanzando con los labios la comisura temblorosa de su boca.

    Sintió las manos pequeñas aferrándose a sus costados, apretando la tela de su camisa. —Me gustan las flores —ella prácticamente jadeó, y Neji sonrió.

    —Lo sé —raspó sus labios suavemente contra la suya—. Se lo daré mañana.

    Con un breve sonido de aceptación contra su boca, Hinata estuvo de acuerdo, y él la besó. El segundo beso del día; el primero, en la mejilla, el segundo, en la boca. Chupó delicadamente su labio inferior y sonrió complacido al sentir cómo lo imitaba. Le acarició la espalda en lentos círculos, tratando de imprimir ternura en la caricia, al comerle concienzudamente la boca, abriéndole los labios, delineando con la lengua la línea de sus dientes, sus mejillas y chocándose lentamente contra su lengua.

    Qué deliciosa era. Era menta, era lavanda, era limón. Era suavidad, tibieza y dulzura. Pero también tierna ferocidad. Sus dedos se clavaban en sus costados, acercándolo más, como dos pequeñas anclas, y él permitió que le explorara de la misma forma en que lo había hecho con ella, inclinando sus rostros hacía un lado y hacia el otro en un cadencioso movimiento. Cuando ella suspiró contra su boca, y le estiró el labio entre los dientes, Neji apretó los parpados y supo que el beso había terminado.

    Hinata respiraba con dificultad, y sus mejillas estaban calientes. Lo supo porque le tomó el rostro entre las manos y la lleno de suaves besos picoteados sobre los labios y las comisuras de su boca.

    —Me voy —se obligó a soltarla. Su propio pecho se sentía hinchado por la celeridad de su respiración.

    —S-sí.

    —Buenas noches, Hinata-sama.

    —Buenas noches, Neji-niisan.

    Neji la observó un momento; de pie en medio de la habitación, con las manos juntas, ruborizada, con la boca húmeda y el cabello suelto, ella se veía muy, muy bonita.

    Dándose bruscamente la vuelta, caminó hacia la puerta y la abrió, pero antes de dar un paso hacia él umbral, cuando aún tenía el pomo entre los dedos, le llegó un susurro adorablemente enronquecido. —¿Qué me compraste?

    Él sonrió, permitiéndose dar una breve mirada. —Mañana —le prometió al salir de la habitación.


     
    Última edición: 21 Marzo 2018
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    Insane

    Insane Usuario VIP Comentarista empedernido

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    Que lindo inicio.

    Mira que Neji, que no gusta de escuchar chisme alguno se quedó por no reconocer la personalidad de ese par de enamorados, y Dios, tal como lo dijiste es contra la marea, ya que Ino es de un clan reconocido y Sai, pues un asesino sin apellido alguno. Me quedó la espinita de cómo habría resultado la noticia para la familia Yamanaka. Y vaya que ajustamos nuestro temperamento frente a la persona que amamos, naturalmente, sin esfuerzo alguno. Encantada.

    Y marica, Hinata tiene la ventaja de ir rechazando invitaciones a diestra y siniestra, me pregunto si habrá repercusiones con ello.

    Cuando llega Naruto:
    [​IMG]
    Jajaja; siento lo que siente Hinata (?)

    [​IMG]

    Hptaaaa, se prendió esta mierda. Neji mi amor cómo le respondes así, jajajajaja. Me dio el ataque. No puedo con esto, DIOS, es como si pero no, pero si y qué o qué. (?)

    ¿Por qué me dañas el Narusaku? Naruto no puede quedar solo en esta historia, no seas cruel D:::: Y mk, Hinata anda pensando en Neji y no disfruta al Uzumaki, jajajaja, eso ya es un enrolle seguro.

    Cuando siento que he muestro tres veces leyendo y DIOS MÍO

    [​IMG]
    Estoy que voy y la mato. Ella quiere trío, a mi no me vengas con cuentos Nahi jajaja.

    Dios, sentí que odié a Neji al quitar las pinzas, porque no son vulgares, fue odiosooooo pero muy sexy que tan solo señalara los objetos por celos, celos notables mujer. Y Naruto, mi amor es más inteligente de lo que parece. NO SÉ PERO LO AMOR, ALMENOSUNBESONARUHINAPUESSSSS.

    Y la lección hoy fue más como una despedida, ya quiero ver cómo serán las próximas, porque candente es poco.

    Amé el capítulo <33333
     
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  19.  
    Temarii Juuzou

    Temarii Juuzou Orientador Estudiante de Edición

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    Por fin pude acabarlo.
    No sabes lo triste que me pone este escrito pero al mismo tiempo me hace alegrarme.
    Lo admito, me gusta el NejiHina (No tanto como NaruHina, obvio) & este fic satisface mis feels de fangirl.

    Ojalá la puedas seguir continuando, disfruto mucho tu forma de narrar & la trama que lleva esta historia.

    No nos dejes con las ansias, con las ganas de más, por favor :nkawaii:

    Muy hermoso el escrito, nos leemos pronto ♡
     
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