En la cima del mundo.

Tema en 'Relatos' iniciado por Lucas Diamond, 8 Febrero 2017.

  1.  
    Lucas Diamond

    Lucas Diamond Dios de FFL

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    Escritor
    Título:
    En la cima del mundo.
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Amistad
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1230



    En la cima del mundo


    Era el tercer año en que acudía a esa misma fiesta. Los anteriores no habían sido especialmente "divertidos" para él y de hecho el pasado se le hizo especialmente incómodo: nunca entendió qué atraía tanto a la gente de andar desperdigados en un parque con millones de personas a tu alrededor, sin poder moverte apenas. Sin embargo, ese año cambiaría su opinión.

    En un primer momento se arrepintió de haber salido, pues debería aguantar casi una hora hasta que Andrea llegara solo con Fran, Joselu y Laura, pero tanto Elvira como Javi desfilaban esa noche y no se lo quería perder. Durante un hora de reloj estuvo de pie viendo a gente pasar bailando; aunque conocía a alguno que otro, solo sus dos amigos se fijaron en él y le saludaron con un leve movimiento de cabeza.

    Al terminar el desfile y aprovechando que Andrea acaba de llegar, se dirigieron al descampado en que prenderían fuego a kilos de madera. ¿Por qué? Nunca lo entendió, pero le agradaba la idea de ver la llama ondeando con el viento en la oscuridad de la noche. El fuego le transmitía una sensación de tranquilidad muy grande, una sensación de estar en la cima del mundo. De sentirse bien.

    Pasado un rato se encontró con toda la pandilla: todas las chicas que habían estado con él en clase durante tanto tiempo, hasta que este año tuvo que separarse, los recibieron con los brazos abiertos. Era extraño, pues ese año, a pesar de estar más distanciado, se sentía más cómodo en aquella situación de la que hubiera deseado salir hace un año. Una foto por aquí, un saludo por allá. Y una despedida tras unos minutos de charla.

    Y ahora... ¿qué tocaba? ¡Oh, sí! ¡Era la tamborada, tenía que ir a ver a Javi tocar la batería! Ese instrumento siempre le había resultado interesante y que un amigo suyo lo supiese tocar despertaba su curiosidad. Se acercaron en grupo al escenario, donde aún se llevaban a cabo los preparativos. De camino, fueron de nuevo interrumpidos, esta vez por Yolanda, una chica que había conocido recientemente y con quien generalmente volvía a casa de las clases. ¡Vaya cambio, estaba irreconocible! Sin gafas y con el pelo suelto no parecía ella aquella noche. El saludo fue rápido, pues tenían algo de prisa, al igual que lo fue el de Alicia. Ella estaba con unos amigos charlando de quién sabe qué. Cómo no, ella siempre tan tradicional... Era una de sus mejores amigas en la clase, aunque en verdad los quería mucho a todos.

    Al coger por fin sitio frente al escenario, un repentino "¡PABLO!" sonó. Buscó a su alrededor, hasta que a escasos metros suyos encontró a Marta, acompañada de Alba, Celia y Guti. Solo conocía especialmente a la primera, debido al desdoble que realizaban en francés, pero se alegró igualmente de verlos a todos. O quizá, se alegró de que ellos se alegraran de verle... Tanto él como el grupo de la chica estaban allí para lo mismo, probablemente: apoyar al batería cuando le tocase el turno.

    El tiempo pasó y las actuaciones también, por primera vez disfrutó del sonido rítmico de los tambores, cascabeles, y demás elementos de percusión. Abandonaron sus puestos unos minutos para ir a cenar, pero rápidamente volvió cerca de las actuaciones. Notó un brazo apoyarse en su hombro, y esta vez vio a Álvaro. Iba de camino para encontrarse con Celia, su novia, pero se había tomado las molestias de pasarse a saludar, detalle que realmente apreció. Por algún motivo... aquella noche estaba siendo especial.

    El turno del grupo que tanto tiempo llevaba esperando llegó, así que trató de buscarse un sitio a un lado para poder ver bien a su amigo. ¡Qué suerte tuvo! Justo él se colocaba a la izquierda, desde donde podía verlo perfectamente. Llegado un punto, no pudo seguir el ritmo de las baquetas. ¡Qué bien lo hacía! Cuando acabó y se levantó le mandó un mensaje felicitándole por su actuación; el grupo de la clase estaba lleno de mensajes de apoyo y felicitaciones. La verdad es que aquel ambiente de compañerismo era algo que nunca antes había vivido, mucho menos en un simple grupo de clase. No entendía qué le hacía sentirse tan a gusto, con lo vergonzoso que era, pero... sí, podía sentir la calidez de todos sus compañeros. Como unos se preocupaban de otros, como todos se ayudaban. ¡Qué bien ver eso en su entorno! De algún modo le alegraba mucho.

    Aún extasiado por todo lo visto y oído, desde la primera luz de la puesta en escena del primer grupo hasta el último tambor de "La movida", abandonó su lugar dejando pasar hacia primera fila a más gente, y se retiró con su grupo de amigos hacia un techo donde resguardarse de la lluvia. El resto de horas las pasaron muy cansados, buscando sitios donde sentarse y deseando llegar a casa, hasta que al final se decidieron a recogerse.


    Se quitó sus zapatos exhausto y se puso el pijama sin mucha energía. Luego, se tiró sobre el colchón, estirando sus extremidades hacia ambos lados. Suspiró...

    ¿Qué había cambiado? Esto antes no era así. Otros años no era divertido. Otros años solo acababa con agujetas, sin sacar nada de provecho. Otros años solo salía de fiesta porque era lo "normal", aunque no le acabase de agradar. Otros años la música le parecía estruendosa, sin sentido; el desfile un simple baile sobrevalorado.

    De nuevo se repitió la pregunta en su interior, esperando una respuesta. Pero no la encontró. Apunto de irse a dormir, contento por el día vivido, cogió el móvil para atender a los mensajes. Andrea le había comentado una cosa que le hizo recordar algo que casi pasa por alto. Uno de los grupos de la noche había tocado el ritmo de una canción que en su tiempo llamó la atención de la chica. Extrañado por esa melodía que él desconocía, la buscó en internet.

    "On top of the world, Imagine Dragons", fue lo que escribió. Alguna vez la había oído, pero nunca la había escuchado con detenimiento. Nunca había prestado atención a su letra, como lo hizo aquella noche, ni tampoco había reparado en el asombroso acompañamiento. Y mientras cerraba los ojos, el estribillo empezó a resonar en su cabeza.

    ¿Que qué había cambiado? Su concepción de todo. La canción se lo mostró con una frase: "I'm on top of the world, hey!" ¡Claro, eso era! ¡Se sentía en la cima del mundo! Se sentía, por primera vez, en el centro del universo. ¡Venga, hombre, algo de egocentrismo por una vez no mata! Ya iba siendo hora. Se sentía querido, apreciado. Se sentía único.

    Andrea, Fran, Alicia, Álvaro, Marta, Javi, Elvira, Isabela, Tamara, Anabel, Yolanda, Guti, Celia, Alba, Clara, Jorge... todos ellos habían formado parte de ese bonito recuerdo, en mayor o menor proporción. Todos ellos habían establecido unos lazos muy buenos en los últimos meses, y habían conseguido, junto a otra gente igualmente importante en su vida, hacer de él una persona nueva. Una persona capaz de apreciar los pequeños gestos en los que se basa la amistad y capaz de disfrutar de la música de una fiesta como nunca lo había hecho antes.

    Todos ellos le habían llevado, aquella noche, a la cima del mundo.
     
    Última edición: 9 Febrero 2017
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