One-shot El silencio de las mujeres

Tema en 'Vocaloid' iniciado por HokageLaura, 6 Agosto 2018.

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    HokageLaura

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    Título:
    El silencio de las mujeres
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
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    2
     
    Palabras:
    1882
    El silencio de las mujeres


    Aoki terminó de cortar los crisantemos. Los depositó en su cesta de mimbre que su salvador le había comprado en el mercado de la aldea. Decoraría con las flores la casa donde vivían. No quedaría ningún lugar sin decorar.

    Se limpió la falda de la tierra húmeda y volvió por el camino de siempre. Los bambúes coronaban el camino de Aoki. Cuando dio su primer paseo, jamás se imaginó esa tranquilidad, ese silencio. Ya había experimentado antes otros silencios, pero ninguno como ese.

    La casa se presentó ante ella muy pronto. De color verde, muy pronto la sintió como si fuera de ella cuando él la rescató.

    Su salvador aún no había llegado.

    —“Le haré su plato favorito”—pensó.

    Puso un poco de arroz a calentar y aderezó un poco de carne. Puso como centro de mesa las flores que había recogido.

    —He vuelto.

    Yamato entró en la casa con su sonrisa brillante. Su pelo rubio y frondoso había sido removido por el viento del incipiente cambio del tiempo que se avecinaba.

    Aoki le dio un abrazo de bienvenida y guardó los utensilios que había traído. Yamato se quitó las botas y guardó su abrigo en el baúl.

    Los crisantemos maravillaron a Yamato. “Tienes un don para hacer bello cualquier cosa”, le decía siempre. Aoki se sonrojó. Ambos se sentaron en torno a la mesa. Yamato le habló de trivialidades que le habían comentado en la aldea. Aoki lo escuchaba con atención. Para ella no eran banalidades. En ese lado del mundo, en esa recóndita montaña había aprendido que otra vida era posible.

    Cuando terminaron de cenar, entre los dos limpiaron los platos y los cubiertos. La luz de la vela alumbraba a los dos en su tarea. Yamato aprovechó el momento para hablarle a Aoki de un tema especial.

    —Han llegado noticias del castillo real.

    Silencio.

    Aoki paró en seco su quehacer. Sintió un espinazo por todo su cuerpo y empezó a temblar. Solo fueron unos segundos hasta que Yamato la tocó. Reaccionó y dejó el plato.

    —Han pasado tres meses, Aoki. No tengas miedo, yo estoy aquí.

    Yamato la abrazó por detrás. A diferencias de los otros abrazos que recibió en su anterior vida, los de Yamato la envolvía como el perfume de sus crisantemos. Él tenía razón. Necesitaba pasar página, pero primero tenía que contarle la verdad a Yamato.

    —Lapis.

    Él la soltó y la miró. No entendió esa palabra.

    Aoki se sentó de nuevo en la mesa, mirando un punto cualquiera. Yamato hizo lo mismo y espero a que ella volviera a hablar.

    —Tú eres maestro de escuela, Yamato. Te dedicas a enseñar a otros niños y niñas. Desde pequeño siempre soñaste con enseñar. En cambio, en mi pequeña aldea, nosotras, las mujeres, somos instruidas en muchas artes: clarividencia, sanación, runas, magia,… Soy de un clan conocido en todos los reinos. Desde pequeña se manifestó en mí el poder de la clarividencia. La matriarca en seguida me echó el ojo. Y de repente, un día se acercó y me dijo que sería llevada a palacio a trabajar para el consejero del rey. Todas en el clan somos preparadas para una tarea así, pero solamente te enseñan la superficie. Si tienes suerte, solamente se queda en un trabajo más, pero si no…

    >>El día de mi partida, mis compañeras me despidieron. Los soldados del consejero me subieron al caballo real y me llevaron al palacio. Tardamos tres días. Durante el camino, me imaginaba la que sería mi vida en el palacio. Intentaba con ello no pensar en las miradas y silbidos de los soldados reales. Los hombres tenéis muchas caras, Yamato. Tú eres bueno. En cambio, hay otros que se dejan llevar por sus bajos instintos. Cuando llegué al palacio, me bañaron las doncellas y me acicalaron. Me colocaron un moño, un lazo rojo en el pelo. No entendí el porqué de tanto cuidado.

    >>Me llevaron ante el consejero real. Estaba sentado en una mesa grande, degustando platos inimaginables con su mujer. Ella iba bien vestida, con ricos y lujosos vestidos, mientras el consejero llevaba una camisa de lino, unos pantalones atados con un cinturón y unas botas. Bastante sencillo para lo que yo me imaginé. Ambos me miraron de arriba abajo. Él lo hacía mientras degustaba su copa de vino. Esos ojos decían demasiadas cosas y yo, cansada del viaje, no supe leerlas.

    >> Dejaron que volviera a mi alcoba y me sirvieron allí la cena. Me desvestí y me puse mi vestido blanco. Cuando cayó la noche, intenté dormir, pero unos sonidos fuera me despertaron. Me acerqué a la puerta y pude distinguir a dos personas hablando, pero no supe muy bien que decían. Me metí en la cama y me tapé hasta arriba.

    >> A la mañana siguiente, comencé con mis labores de clarividente. Me vistieron con los trajes típicos de las doncellas del reino y me pusieron de nuevo el moño. Mis visiones me ayudaron a prever que las cosechas se perdieran; que los animales no cogieran enfermedades; que los más pequeños no bebieran del agua del pozo que había sido contaminada por unos rebeldes… Mi día a día lo hacía al lado del consejero. Con el paso del tiempo, lo vi de otra manera. Sus gestos, su sonrisa, sus bromas poco a poco fueron calando en mí hasta que al final llegó la contrapartida. Su mujer siempre pululaba a nuestro alrededor en silencio. Recuerdo que una vez me observó con cierta pena. Pero sé muy bien que cuando una mujer calla, en realidad, está haciendo otra cosa.

    >> Cuando mi señor y yo fuimos a corroborar el estado de unos caballos, tal fue mi sorpresa al ver que no había ningún caballo en el establo. Y en unos segundos él se me echó encima. Me susurró que me había amado desde el momento en que me había visto. Yo me quedé parada y, simplemente, me dejé hacer. Yo también me había enamorado de él como una tonta. Hizo conmigo en ese establo todo lo que quiso y cuando terminó, me lanzó su capa por encima y se fue. Mi moño había caído a mi lado. Estaba tan deshecho como yo en ese momento.

    >> Yo tardé en levantarme. Me ahorraré los detalles de cómo me sentía. No había nadie alrededor y pude llegar a mi alcoba. Me metí en la bañera y hundía todo mi cuerpo. En los siguientes días, el consejero se distanció de mí. Tenía audiencias con el rey y viajes que realizar. En cambio, su mujer me miraba y no decía nada. Y cuando mi señor volvió, continuó visitándome algunas noches. Sus besos y caricias muy pronto pasaron a comentarios bajos e hirientes hasta que finalmente me dijo que debía agradecerle todo lo que él había hecho por mí, sin decirle que no. Una noche llegó ebrio a mi alcoba y me pegó.

    >>Me quedé en silencio. Las visiones ya no me llegaban como antes y el consejero se enfadaba conmigo. Una noche que se divirtió conmigo como nunca, tras irse él, al cabo de unos minutos llegó su esposa. Me ayudó a tener una apariencia digna: me limpió, me curó y me vistió. Vi unas gotas cayendo por la mejilla y se marchó. Te lo vuelvo a repetir, Yamato. Si una mujer calla, en realidad, hace otra cosa. Él delante de los demás, de los reyes, de sus siervos se comportaba bien y, luego, conmigo mostraba su forma de ser. No sé cuál de los dos era el verdadero, ni me importaba hasta que una noche decidí escapar.

    >> Metí en un petate lo indispensable, pero me lo encontré en las escaleras del castillo. Me dijo de todo y me pegó tal paliza que jamás la olvidaré y cuando terminó, me grabó en la espalda una palabra.

    —Lapis—dijo Yamato.

    —Sí. Me dijo que las putas del burdel llevaban eso grabado a fuego en la espalda, indicando que son propiedad del prostíbulo que se llamaba así. Él me dijo que si volvía a hacerlo, me llevaría al burdel del reino y sabría lo que es el horror de verdad. Como mi estado anímico era horrible, mis visiones fueron descendiendo. No podía concentrarme y creo que en el fondo eso me salvó pues me impidió ver el motín que se produjo en la ciudad. Los rebeldes habían conseguido infiltrarse en el reino y algunos nobles descontentos se habían unido al ataque.

    >> Aquella noche entró sin avisar y me cogió por detrás. Yo me resistí y él me escupió. Apreté las mantas con toda mi fuerza hasta que oí un grito. El consejero estaba en el suelo. Su mujer le había golpeado con un candelabro y de la cabeza emergió sangre.

    >>—No sabes cuánto tiempo he esperado para hacer esto—dijo ella. Su pelo no estaba exquisitamente recogido. Sus cabellos dorados caían por su cuello sin orden. Su mirada destilaba odio y furia.

    >>—¿Y porqué no lo has hecho antes? ¡Me podría haber matado!

    >>—Yo estaba preparada para evitarlo. Todo lo que te hacia a ti ya me lo hizo a mí y a otras mucho antes. La edad no perdona y se aburrió de mí y me olvidó. Cada vez que entraba, yo aguardaba en el otro lado del pasillo.

    >>— ¿Y hoy porqué ha sido distinto?

    >>—Porque hoy es el día en que todos clamamos justicia y venganza antes un rey tirano y sus secuaces como él. No puedo decirte más. En el establo, te espera un caballo y un petate con lo básico para escapar.

    >>No tardé mucho en reaccionar. Cogí mi capa las cuatro pertenencias que tenía y corrí por los pasillos. En la ciudad, se oían los gritos de guerra y furia de los hombres rebeldes. Los criados corrían de un lado a otro y no se percataron de mí. Llegué al establo y me subí al caballo. La tempestad que se había desatado dificultaba mi visión, pero no iba a mirar atrás. Salí del reino y cabalgué hasta que al caballo le sangraron las patas. Yo estaba cansada y medio dormida. Llegamos a un puente que había tenido días mejores. El viento movió las cuerdas y los tablones, por lo que decidí que primero pasaría yo y después el caballo. Sin embargo, el viento lo asustó y del salto que dio, me lanzó al vacío. Por más que gritara y gritara, nadie me iba a rescatar y caía al agua. Entonces lo vi todo negro y la corriente del agua me arrastró hasta que tú me encontraste.

    La vela estaba a punto de consumirse. Yamato se quedó mudo cuando Aoki terminó.

    —Jamás me imaginé que te habría pasado todo eso. Lo siento.

    —No pasa nada. Ahora estoy bien.

    —Pero te he hecho recordar todo aquello.

    —Algún día me tocaría hacerlo y ese día ha sido hoy.

    —Aun así, ¿qué puedo hacer para que me perdones?

    —Tocar la armónica para mí.

    —De acuerdo.

    Los dos se sentaron en la ventana y Yamato sacó su instrumento y Aoki se sentó a su lado. La dulce melodía de su salvador envolvió la montaña, los árboles, los pájaros y a ella misma. En su interior, notó una paz cálida, un silencio que creía que jamás volvería.

    Una brisa de viento movió su cabello largo. Nunca más volvería a llevar un moño.
     
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    Amane

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    Entre el escrito de Liza y el tuyo, Aoki ha visto mejores días, eh (?)

    ¿Qué puedo decir? Este One-shot me ha conmovido mucho. Las mujeres siempre hemos tenido una historia más complicada, y leer algo de este estilo, aunque sea ficticio, no deja de ser algo que pudo haber pasado en la realidad y que seguramente pasó.

    Me alegra mucho que al final Aoki lograse salir de ese infierno porque seguro que hubo muchas otras que no lo lograron, porque muchas otras no lo logran hoy en día tampoco. La pobre Aoki fue ingenua y por eso se aprovecharon de ella, como suele pasar en estos casos, y aunque la mujer sabía lo que sucedía no podía hacer nada. La verdad, me imagino que la pobre no podría ni dormir de la culpa, sabiendo que el hombro que tenía al lado era tan terrible persona, que muchas otras jóvenes estaban pasando lo mismo por lo que pasó ella. Pero pudo salvarla, pudo actuar a tiempo por una vez y Aoki fue capaz de huir.

    Y en ese momento, finalmente, está con un chico que es bueno, que la cuida y con el que tiene confianza para contarle su historia, por lo que, además, asumo que él nunca la cuestionó y simplemente la ayudó sin pedir nada a cambio, lo que hace ver el corazón de oro que este chico tiene.

    La frase final me ha gustado mucho, me ha parecido el broche perfecto para darle un final bonito a esta historia. Ya nunca más volvería a llevar un moño como le obligaron, ya nunca más sufriría esos abusos, no lo permitiría. Ahora ella es libre de hacer lo que quiere.

    Tienes una narración estupenda, sin fallos, he disfrutado mucho de esta lectura <3

    ¡Sigue así!
     
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    HokageLaura

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    Gracias por tu comentario. Tenía en mente que la historia de Aoki fuera un poquito más larga y dar voz a mas mujeres en la historia, pero cuando llegué al final me di cuenta de que la historia que habia que contar era ésta. Como anécdota, mientras escribía me di cuenta de que no estaba haciendo mención al moño y vuelta al principio para incluirlo (tenia decidido el valor que tendría el moño, pero simplemente se me olvidó mencionarlo XD)
     
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  1. Mio Hinazuki
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