Explícito de Pokémon - El que no sufre no aprende

Tema en 'Fanfics de Pokémon' iniciado por Siletek, 24 Julio 2017.

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  1. Threadmarks: 29. El examen
     
    Siletek

    Siletek Entusiasta

    Acuario
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    6 Julio 2017
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    139
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    El que no sufre no aprende
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    56
     
    Palabras:
    6817
    Capítulo veintinueve

    El examen.

    El grupo siguió viajando por el Este, siguiendo el camino. La Pikachu de James ya no se dormía tanto y parecía más saludable, pero aún no salía casi de la canasta. Jessie y James, como era de costumbre, sacaron a todos sus pokemón y se la presentaron. Todos prometieron cuidar de ella y ayudarla cuando ya estuviera más fuerte.

    Ahora estaban en una parte despejada del bosque, haciendo un picnic. James había preparado unos sándwiches y ahora los estaban disfrutando en un plácido mediodía despejado… hasta que Misty abrió la boca.

    —A propósito, Ash. ¿Cuándo vas a ganar otra medalla? Ya ha pasado mucho tiempo desde que ganaste la última.

    Ash, quien estaba comiendo un sándwich, se atoró y empezó a toser, pegándose golpes en el pecho.

    —Yo creo que podrías dar lástima a un líder de gimanasio y ganarla así —continuó Misty, con aparente inocencia, mientras Todd le golpeaba la espalda a Ash y Brock le pasaba un vaso de agua.

    —Habilidad. Ganaré con habilidad —respondió Ash una vez que se recuperó.

    —¿De qué habilidad hablas, si no has peleado con nadie en semanas? —lo contradijo Jessie

    —Te enseñaré lo que es habilidad —Ash tomó una pokebola de su bolsillo y la agrandó en su mano—. Te reto a un duelo pokemón ahora mismo.

    Pikachu le tironeó de su chaqueta, mirándolo de manera suplicante. Brock carraspeó.

    —Ash, Jessie está embarazada, no puede pelear aunque quisiera —le recordó.

    —Si tan seguro estás de tus habilidades, ¿por qué no vas a dar el examen? —dijo Todd de golpe

    —¿Examen?

    —El examen de admisión a la Liga Pokemón. ¿Por qué no lo intentas?

    Misty se rió.

    —Como si lo fuera a pasar. Te apuesto a que James sacaría mejor nota que tú, Ash.

    Ash se levantó

    —Yo soy mejor que James.

    Ah, no, ningún mocoso se iba a creer mejor que él.

    —Entonces entremos juntos. Vas a ver que sacaré mejor nota que tú —lo desafió.

    —De acuerdo. Pero perderás.

    James miró a Ash con suficiencia. Si se podía entrar a la liga con pasar un examen, tal vez podría tener una oportunidad. Tal vez fuera un poco tonto, pero no perdería más que unas horas de su vida intentándolo. Y de paso refregarle la nota en la cara a Ash. Puede que no aprobara, pero se sacaría mejor nota que él, eso seguro.

    ...​

    El edificio donde se hacía el examen era enorme y de color blanco, en forma de L. Al lado había una especie de galpón color marrón claro bastaste grande, como para que un avión entrara allí. Una vez dentro, fueron a la recepción, donde un tipo con aspecto de profesor de gimnasia los atendió y les dio una forma a Ash y a James para que llenaran. Jessie quería hacerlo también, pero le explicó que no admitían a mujeres embarazadas, ya que el examen incluía una parte práctica. Ambos rellenaron los formularios y se los entregaron al hombre que parecía profesor de gimnasia.

    —Jessie, ni siquiera te dejarían entrar a la Liga —le explicó Meowth. Jessie soltó un gruñido bajo y se sentó en uno de los bancos, sosteniendo a Lunita y cuidando la canasta.

    El que recibió los formularios leyó las formas de ambos y asintió en señal de que todo estaba en orden.

    —Aquí en el Centro de Admisión evaluamos a los aspirantes en una mezcla de exámenes escritos y prácticos. Aquellos que los pasen recibirán esta medalla que los hará entrar a la Liga Pokemón.

    El hombre les mostró a ambos una medalla roja con una P dorada en el centro. Todos quedaron fascinados al verla. Él la guardó en su bolsillo y les extendió a ambos una insignia con un número. Ash tenía el 7 y James el 546.

    —El siete es de la suerte —sonrió Ash. Le mostró su número a Misty—. ¿Ves, Misty? Tengo habilidad y suerte.

    —Un poco de modestia no te haría daño —replicó ella. Luego miró hacia atrás—. Mira cuanta gente hay.

    James también se giró. Hombres y mujeres, en su mayoría adultos, estaban leyendo libros, rellenando formularios o hablando con otros entrenadores. Notó algunas personas acompañadas por niños pequeños, probablemente sus hijos e incluso un monje budista estaba rezando por ahí… y una enfermera Joy.

    —¡La enfermera Joy! —exclamó Brock, embobado ante la belleza de la enfermera. Sin dudarlo, fue caminando hacia ella con una sonrisa idiota.

    —Si, ¿pero cual de ellas? —se preguntó Ash en voz alta. Iban a ir hacia ellos, cuando el hombre parecido a un profesor de gimnasia los detuvo.

    —¡Un momento! Deberan dejar sus pokebolas conmigo.

    —¿Por qué?

    —No está permitido usar sus propios pokemón en el examen.

    Un poco inseguro, Ash dejó cinco pokebolas en la mano del hombre.

    —¿Puedo encargarme de su Pikachu? —preguntó Misty.

    —Por supuesto.

    James titubeó y dejó sus tres pokebolas. No le gustaba estar alejado de sus pokemón, pero solo serían por unas pocas horas. Miró al trío de amigos, quienes iban a charlar con Joy y decidió no ir. En lugar de ello, se fue a sentar al lado de Jessie y Meowth.

    —Hay algo curioso sobre las Joy —dijo Meowth, pensativo—. Las enfermeras Joy en realidad son clones.

    —¿De verdad? —preguntó James, sorprendido.

    Meowth asintió.

    —Sip. ¿Acaso crees que la patraña de que son idénticas a pesar de ser hermanas, primas o cuñadas? No, es mentira. Hace como doscientos años atrás, había una enfermera llamada Joy, excelente en su trabajo y admirada por todo el mundo. Para que haya enfermeras tan dedicadas como ella en el futuro, un científico construyó un lugar secreto para poder clonarla. Incluso hizo muchas copias de ella y las repartió por todo el mundo. Lo mismo hizo con la oficial Jenny, reconocida por ser intachable e incorruptible.

    —¿De donde sacaste todo eso, Meowth? —preguntó Jessie, incrédula.

    —Ah, de por ahí, tú sabes. Rumores y eso.

    —De tabloides de supermercado, seguro.

    —¡Es verdad! ¡Ni siquiera deben tener ombligo!

    —¿Y como sabes que no tienen ombligo? —preguntó James, curioso.

    —Nunca se los he visto.

    —¿Quieres ir a preguntarle? "Enfermera Joy, ¿me muestra su ombligo?" ¿Sabes lo raro que suena eso?

    —¡Ni que le estuviera preguntando si me muestra…!

    Una voz por los altavoces anunció que todos los aspirantes se reunieran en el salón para comenzar el examen.

    —Bueno, ya debo irme —dijo James mientras se levantaba.

    —¿Nya?

    —¿Pi…ka?

    Lunita y la pequeña Pikachu miraban a James con los ojos llorosos. La idea de que se fuera les parecía inconcebible en sus pequeñas mentes. Para ellas, James siempre tenía que estar junto a ellas.

    —No tardaré mucho —les dijo James, mientras acariciaba las cabecitas de ambas con sus manos. Luego, las besó a ambas en la frente—. Lo prometo.

    —¿Nya? —Lunita lo miraba con los ojitos brillantes por las lágrimas.

    —Lunita, recuerda que ahora eres una nena grande, ¿si? Sé fuerte por Pikachu —James no mentía. Lunita ya no cabía en la palma de su mano y había crecido unos pocos centímetros. Bastaría un año mas o menos para que tuviera el mismo tamaño de Meowth. Dios, ¿por qué tenía que crecer tan rápido?

    Lunita asintió y limpió sus lágrimas con sus patitas. James besó en la boca a Jessie, acarició a Meowth en la cabeza y se marchó.

    ...​

    Contándose a sí mismo, había treinta personas en el salón. Los demás darían el examen en otras aulas.. Ash y James prefirieron sentarse al fondo del salón, como si quisieran esconderse del profesor. Eran mesas largas con varias computadoras, cuyo teclado sólo tenía dos botones: verdadero o falso. También había una pantalla empotrada a la mesa y una lapicera táctil.

    —La primera prueba nos dirá el conocimiento general que tienen sobre los pokemón —era el mismo tipo con pinta de profesor de gimnasia. Al parecer también era el instructor—. ¿Listos? ¡Comiencen!

    —Ya era hora — James escuchó decir a Ash, sentado justo delante de él—. Esto será muy fácil.

    James sonrió de manera burlona por la excesiva confianza de Ash, aunque él no se sentía precisamente preparado. Tenía conocimiento general de los pokemón, por el tiempo que había estado con sus abuelos y los libros que había ojeado pero, ¿sería suficiente?

    La lengua de Lickitung es del doble de largo de su cuerpo, ¿cierto o falso?

    James cerró los ojos e intentó pensar en el Lickitung de Jessie. No lo había visto pelear más que una vez en el Festival de la Princesa y no lo había vuelto a usar para batallas desde entonces. Titubeó y apretó el botón de "falso". No creía que fuera tan larga.

    La pantalla cambió y mostró otra pregunta:

    Vulpix sólo evoluciona usando la piedra Fuego, ¿cierto o falso?

    James no lo sabía. Recordó esa fiesta donde hacían evolucionar a los pokemón con piedras evolutivas. ¿Había un Vulpix ahí? Sólo recordaba al Eevee. Tendría que haber repasado con Brock. Incluso tenía un Vulpix. ¿Por qué había rechazado evolucionarlo en Ninetales en esa fie…?

    James apretó el botón de "verdadero" con fuerza. Gracias, Brock, pensó.

    Hitmonlee es conocido también como el demonio golpeador, ¿cierto o falso?

    No lo sabía. Aunque Hitmonlee era famoso por sus patadas. Demonio Golpeador le parecía más para Hitmonchan. Falso.

    El único ataque conocido por Magikarp es salpicar, ¿cierto o falso?

    James lanzó un gruñido al recordar a ese estúpido pez y al hijo de puta del estafador que se lo vendió. Bueno, James había sido más estúpido. Podría haberle tenido más paciencia y llegado a tener un Gyarados imponente. La próxima vez lo haría así. Verdadero.

    Arbok puede aguantar la respiración bajo el agua por más de cinco minutos, ¿cierto o falso?

    Apretó Verdadero sin casi pensarlo. Las veces que Arbok los había ayudado a pescar en el río…

    Caterpie es el pokemón más pequeño de mundo, ¿cierto o falso?

    James había visitado otras regiones, como Hoenn y Sinnoh y había conocido pokemón que en Kanto no existían. Estaba seguro que allí había pokemón más pequeños que Caterpie. Además, ¿Digglet no era más pequeño? Falso.

    Koffing fue descubierto en unos baños públicos, ¿cierto o falso?

    Era irónico para James no saber la respuesta, habiendo tenido un Koffing, ahora un Weezing. Le pareció lógico que así fuera descubierto, aunque también pudieron descubrirlo en algún basurero. Falso.

    Se dicen que los Clefairy vienen del espacio, ¿cierto o falso?

    James había escuchado decir que los Clefairy venían de la Luna, según un científico. La Luna quedaba en el espacio, así que tenía que ser verdadero.

    Sandshrew puede sobrevivir sin agua, ¿cierto o falso?

    ¿Había pokemón que no necesitaran agua para sobrevivir? No lo sabía. Sandshrew era un pokemón tipo Tierra y vivía en lugares desérticos, donde la lluvia era muy escasa. Tal vez fuera verdadero.

    Bulbasaur hace fotosíntesis como las plantas, ¿cierto o falso?

    Verdadero, sin duda. Como la mayoría de los pokemón planta, necesitan del sol para alimentarse, además de bayas y otros pokemón.

    Charmander puede morir si su cola toca el agua, ¿cierto o falso?

    Falso. Si fuera así, muchos Charmander morirían en batalla contra pokemón tipo Agua.

    Squirtle solo puede vivir en agua dulce, ¿cierto o falso?

    No estaba acostumbrado a ver Squirtle en su hábitat natural. Las pocas veces que había logrado ver uno había sido en los lagos. Apretó Verdadero. Un segundo después, recordó la playera del Squirtle surfista que tanto le gustaba a Lunita y se maldijo por lo bajo. Tal vez era falso. Mierda.

    James se apretó el puente de la nariz con una mano. Respiró hondo y siguió con el examen.

    ...​

    James terminó de responder las preguntas, agotado. Habían sido unas cincuenta preguntas en total y le había faltado poco para que su cerebro estallara con algunas de ellas. Ash había terminado antes que él, pero no creía que fuera porque supiera mucho, sino porque era muy impaciente y no podía detenerse a pensar cinco segundos.

    Una vez que se acabó el tiempo para responder, tocaba la siguiente parte del examen.

    —Ahora mediremos su capacidad de reconocer a los pokemón. Por favor, identifiquen al pokemón que vean aquí viendo su silueta o alguna parte de su cuerpo, ¿listos?

    James se mordió el labio. Tenía un mal presentimiento.

    —Figura número uno: identifiquen a este pokemón.

    Lo que se vio en pantalla fue una silueta perfectamente redonda, como si fuera una pelota. El único pokemón perfectamente redondo que conocía era un Voltorb, así que escribió eso en la pantalla táctil.

    —La respuesta es… un Jigglypuff visto desde arriba.

    La silueta se rebeló para mostrar, efectivamente, al pokemón visto desde arriba. A James casi se le desencajó la mandíbula y sintió un murmullo furioso debajo de él. ¿Quién en su sano juicio interpretaría eso como un Jigglypuff? Nadie.

    —Figura número dos: expliquen este dibujo.

    Lo único que mostró en pantalla fue un espiral negro. Casi iba a poner Poliwhirl, pero luego temió que fuera una trampa, como la vez anterior. Decidió escribir Omanyte, ya que su caparazón tenía forma de espiral.

    —La respuesta es… Poliwag.

    James suspiró. Habría fallado de todos modos. Esto se estaba poniendo difícil

    La siguiente figura representaba un simple círculo rojo. James dudó, ¿sería un Voltorb esta vez? Casi lo iba a escribir, pero recordó que los Voltorb no eran enteramente rojos. Lo pensó un momento y puso Pikachu antes de que el tiempo se acabara.

    —La respuesta es… Pikachu.

    ¡Bien! El circulo rojo era la mejilla del pokemón

    La cuarta imagen era una línea azul apenas gruesa. ¿Qué demonios era eso? No tenía idea. No conocía muchos pokemón con partes azules. Era un color profundo como el mar, como los ojos de Meowth… Garabateó ese nombre tan rápido que por un momento creyó que la letra sería inteligible.

    —La respuesta es… ¡Meowth!

    ¡Dos seguidas! Eso compensaba los dos fracasos anteriores.

    La quinta imagen era otro círculo negro, pero el instructor aclaró que no era una silueta. James supuso que era un ojo, pero había muchos pokemón con ojos negros. Dudó y escribió Vulpix.

    —La respuesta es… Caterpie.

    Y su racha de mala suerte había regresado otra vez. Estaba seguro de que era un Vulpix

    La sexta imagen era un óvalo rosa. Parecía una nariz. Solo conocía dos pokemón con nariz rosa. Escribió Diglett.

    —La respuesta es… Weedle.

    Mierda, estaba yendo muy mal

    La séptima imagen era la imagen aumentada de algo que se parecía una piedra. Se veía algo lisa. James escribió Onix.

    —La respuesta es… Onix.

    Bien. Se sentía en confianza otra vez. Al menos hasta que volviera a fallar, claro.

    La octava era una cola marrón. ¿Qué pokemón tenía la cola marrón? Escribió Marowak.

    —La respuesta es… Cubone.

    James sintió ganas de golpear su cabeza contra la pantalla. Creía saber mucho de pokemón, pero esto lo superaba. Iba a desaprobar, no había duda.

    La novena imagen era una mancha oscura color verde. James tardó dos segundos en escribir Bulbasaur.

    —La respuesta es… Bulbasaur.

    Con lo que le gustaba los pokemón planta, ¿Cómo no iba a saberlo?

    La décima imagen era una cosa roja con aspecto gelatinoso. James escribió Tentacool.

    —La respuesta es… Tentacruel.

    ¿Por qué casi siempre fallaba por tan poco? Odiaba cuando eso le pasaba. Ya tenía ganas de irse, pero ahora que estaba ahí, quería seguir. Hasta el final.

    James salió del salón junto con Ash para poder tomarse un descanso. Jessie, Brock, Misty, Meowth, Lunita y los dos Pikachu los esperaban.

    —¡Nya! —chilló Lunita, agitando con fuerza sus pequeñas patitas desde los brazos de Jessie. James se acercó a ella y le acarició la cabecita, mientras ella chillaba de alegría.

    —¿Cómo te fue? —preguntó Jessie.

    —La primera parte fue mas o menos fácil, pero la parte de reconocimiento de pokemón… creo que acerté un cuarto de lo que me preguntaron.

    Jessie sonrió.

    —Aún te queda el examen práctico. ¿Por qué no vamos a ver tus notas? Dijeron que las publicarían pronto en el vestíbulo.

    Todos fueron hacia allí, donde los estudiantes estaban atentos a la pared, como si esperaran que Dios se materializara frente a sus ojos y se pusiera a señalar a los elegidos.

    Del techo, pegado a la pared, descendió una pantalla gigante, donde estaban las fotos y los números de los estudiantes.

    —Me contaron que, de derecha a izquierda, se leen el puesto de los alumnos, desde lo más alto a los más bajo —dijo Misty.

    James se detuvo en la segunda fotografía. Era de la enfermera Joy con la que Ash, Misty y Brock habían hablado antes.

    James buscó su fotografía sin muchas esperanzas. Probablemente le había ido espantoso. Para su sorpresa, se encontró enseguida. Estaba en el puesto 38.

    —Oye, estás entre los cincuenta mejores, no está mal —lo felicitó Brock, mientras Todd le sacaba una foto para inmortalizar el recuerdo.

    —Eres más inteligente que lo que pensé —sonrió Misty—. Iré a buscar la de Ash.

    —¿Dónde estará tu fotografía, Ash? —preguntó Todd, observando la pantalla para ver si lo encontraba.

    —Debe estar donde ponen la nota más alta —se mofó Ash.

    —¡Ash! — Misty lo llamaba desde la otra punta de la sala—. Aquí abajo.

    Todos fueron hacia Misty y miraron hacia donde señalaba.

    —Aquí está tu fotografía —señaló ella.

    Ash estaba en el último lugar, destacando con la nota más baja.

    —Es imposible —murmuró Ash. Todd se acercó a la pantalla y comenzó a tomarle fotos—. ¡Deja de tomar fotos, Todd! —le gritó.

    —Es sólo un recuerdo —le replicó Todd, con una sonrisa nerviosa.

    —No te olvides de darnos una copia —se burló Meowth.

    —Bueno, al parecer no fuiste lo suficientemente inteligente para pasar el examen —agregó Misty.

    —Los maestros pokemón se hacen con exámenes, no con batallas —se rio Ash, confundiendo a la pelirroja.

    James negó con la cabeza. Mejor era no escucharlo y esperar a que Ash pudiera enfrentarse a la última parte del examen y salir de allí con algo de dignidad.

    ...​

    El último examen se hacía en el exterior, con una cancha bastante grande de color naranja rodeada de unas vallas de cristal irrompible. James y Ash fueron hacia un puesto, donde iban a buscar sus pokebolas para dar el último examen. Sobre la mesa había varios cinturones, con tres pokebolas enganchadas en cada una.

    —Seleccionen el que ustedes quieran —dijo el instructor—. Pero les explicaré las reglas primero. Tienen tres pokemón; una vez que pierdan o ganen una pelea, tendrán que cambiar de pokemón y yo haré lo mismo.

    Miraron a la mesa. Eran siete cinturones en total. No sabía que elegir. Ash tampoco sabía.

    —No se cual elegir—dijo Ash—. No hay manera de saber que pokemón hay en ellas.

    —De eso se trata la prueba —dijo el profesor—. Todos estos pokemón están entrenados para pelear, así que obedecerán sus órdenes. Esto demostrará si un entrenador puede adaptarse a la situación salga el pokemón que salga.

    —¿Contra quién tendremos que pelear? —preguntó James.

    —Conmigo.

    Ash extendió el brazo y tomó uno de los cinturones. James tomó justo el de al lado.

    —No es justo —se quejó James—. Nosotros no sabremos que pokemón tendremos y usted sí.

    El profesor negó con la cabeza.

    —Esto es un método del doble ciego: ni ustedes sabrán que pokemón les va a tocar y yo tampoco sabré que pokemón tendré yo, ¿entienden?

    James asintió, satisfecho con la respuesta. No sería tan injusto como el Jigglypuff visto desde arriba al menos. Se puso el cinturón y se marchó, preparándose mentalmente para lo que sea.

    James se puso de pie en la cancha y todos lo vitorearon. Pudo distinguir a Jessie entre el público junto a Brock, Misty, Ash y Meowth. Dios, que hermosa era.

    —¡Acábalo, James! —gritó ella, con el puño en alto. En su hombro, Lunita agitaba sus patitas en un gesto de apoyo.

    —Esto es por ti, Jessie —tomó una de las pokebolas y la lanzó, dando a revelar un Pikachu.

    La mandíbula de James casi se le desencajó por la sorpresa. ¿Un Pikachu? Bueno, si era como el de Ash, no podría perder. Además, ya se había enfrentado tantas veces a Pikachu que ya se conocía los ataques de memoria.

    —Ahora es mi turno —dijo el profesor, tirando su pokebola al aire—. ¡Ve!

    Un Graveller apareció en la cancha. Mierda, esto iba a ser difícil.

    —¡Pikachu, Impactrueno!

    El Pikachu obedeció y lanzó su ataque eléctrico a Graveller, pero sin éxito. Apenas hizo poco o nada de daño a su cuerpo de roca.

    —¡Graveller, embestida!

    El Graveller salió rodando hacia Pikachu y lo embistió con todas sus fuerzas. El Pikachu salió volando y James lo atrapó entre sus brazos antes que saliera volando por encima de la valla.

    —Es inútil, jamás podría ganar así —murmuró James, metiendo al Pikachu en su pokebola. El instructor hizo lo mismo.

    —Un mal comienzo, ¿eh? —le dijo a James.

    —Ningún ataque de Pikachu haría mucho contra un tipo Roca y menos con uno evolucionado. No haré que lo lastimen por nada si no siento que tengo al menos una posibilidad.

    El profesor no le dijo nada. Sólo sacó la siguiente pokebola y la arrojó.

    —¡Yo te elijo!

    Un impresionante Ninetales salió de la pokebola, en todo su esplendor y belleza. James miró las dos pokebolas que le quedaban y deseó tener algo de suerte. Lo que le faltaba era que le saliera un Paras o algo así.

    —¡Pokebola, ve! —gritó, tirando una de ellas al aire.

    No, no era un Paras. Era un Charizard con aspecto feroz y con toda la pinta de estar bien entrenado, listo para incinerar a lo que tuviera al frente. Tendría que combatir fuego con fuego si quería empatar esta batalla.

    —¡Ninetales, rayo confuso!

    —¡Charizard, vuela!

    Charizard logró esquivar el rayo justo a tiempo y se elevó unos metros. Desde el aire iba a ser difícil que Ninetales lo alcanzara.

    —¡Charizard, embestida, ahora!

    —¡Doble equipo!

    James no se lo vio venir. Ninetales se dividió en siete mientras Charizard estaba yendo hacia él. Atravesó una de las ilusiones creyendo que era el real y se estampó la cara contra el suelo.

    —¡No!

    —¡Usa Hiperrayo!

    No, no podía perder así. El hiperrayo tardaría unos segundos antes de que fuera lanzado de su boca…

    —¡Movimiento sísmico! ¡Haz que Ninetales apunte la cabeza al suelo!

    El Charizard se levantó, giró hacia Ninetales y salió disparando como un cohete, ayudándose de las alas para impulsarse. Lo tomó del lomo, casi de la cabeza y salió volando hacia el cielo, haciendo que Ninetales apunte la cabeza hacia el suelo. El hiperrayo se disparó al suelo y provocó un cráter en el campo de batalla. Charizard, desde casi veinte metros de altura, comenzó a girar en círculos. Luego se lanzó en picada hacia el suelo y se estrellaron contra la cancha, levantando una nube de polvo.

    Charizard fue el primero en salir, respirando agitado, pero todavía en condiciones. El Ninetales no salió. Se quedó tendido en el suelo, fuera de combate.

    —¡Víctoria para mí! —gritó James, eufórico. Jessie lo vitoreaba desde las gradas, llena de orgullo.

    —No cantes victoria todavía —le sonrió el profesor. No parecía que se estuviera burlando de él, sino que estaba contento por haber sido vencido—. Aún te falta un último pokemón.

    James llamó al Charizard dentro de su pokebola y el profesor lo imitó. James tomó la última pokebola y la arrojó hacia adelante.

    —¡Yo te elijo!

    Un Ivysaur fue lo que salió, con su hermosa flor abierta de par en par. Le había tocado un bello pokemón planta, aunque no tan bello como un Weepinbel.

    El profesor sacó su pokebola y la lanzó al aire

    —¡Yo te eligo!

    Un enorme Golbat se materializó frente a él, con su enorme boca abierta, dejando ver sus peligrosos colmillos. Miró hacia el público de manera instintiva y vio como Lunita se escondía en los brazos de Jessie, aterrada.

    James podía sentirse como pez en el agua a la hora de manejar pokemón tipo planta o veneno, pero se estaba enfrentando a un pokemón volador y eso no le iba a hacer las cosas fáciles.

    —¡Látigo Cepa!

    —¡Esquívalo, Golbat!

    A duras penas el ataque de Ivysaur pudo rozar al Golbat.

    —¡Paralizador!

    Un polvo naranja emanó de la flor de Ivysaur, directo hacia el Golbat.

    —¡Aleja ese polvo con tu Ráfaga!

    El Gobat agitó sus alas y devolvió el ataque. Tenía suerte de que Ivysaur fuera inmune a su propio ataque.

    —¡Golbat, usa Golpe de Ala!

    —¡Hojas Navaja!

    Ivysaur lanzó varias hojas filosas hacia su oponente, pero el Golbat las esquivó fácilomente y embistió al pokemón planta, tirándolo al suelo.

    —¡Levántate y usa Drenadoras!

    El Ivysaur lanzó una semilla del centro de su flor y la arrojó hacia el Golbat. Logró golpearlo con ella, y la semilla se abrió, brotando de ella una enredadera y aprisionándolo, tirándolo al suelo. James saboreaba la victoria.

    —¡Rayo Solar!

    Ivysaur comenzó a juntar los rayos del sol en su flor, preparando uno de los ataques más poderosos del tipo planta. Golbat no tenía oportunidad.

    Golbat agitó sus alas con fuerza y rompió sus ataduras con relativa facilidad, para sorpresa de James. Mierda, si Ivysaur no tiraba su ataque a tiempo…

    —¡Golbat, ataque ala!

    Golbat aún estaba fuerte a pesar de las Drenadoras y golpeó al Ivysaur con las alas. El pokemón planta salió volando por los aires… no sin antes disparar el Rayo Solar, golpeando al Golbat y tirándolo contra la valla. Ivysaur aterrizó en el aire y se golpeó la cabeza contra el suelo, desmayándose. El Golbat no se levantó. Estaba fuera de combate.

    James se acercó al Ivysaur y lo levantó en brazos. Ya estaba abriendo sus ojitos oscuros, buscándolo con la mirada

    —Fuiste valiente —le dijo, acariciándole la cabeza con suavidad—. Espero que tengas un largo descanso, te lo mereces.

    El profesor llamó a su Golbat a la pokebola y se dirigió a James.

    —Bueno, esta batalla fue algo interesante. No te preocupes por Ivysaur, estará bien.

    James asintió y metió a Ivysaur en su pokebola. Inclinó la cabeza en señal de respeto al profesor, le devolvió el cinto con las pokebolas y se marchó hacia el público.

    ...​

    James ahora estaba del otro lado de la valla, junto con Jessie y con Lunita en sus brazos. Todos lo felicitaron por cómo había luchado, a pesar de haber perdido una batalla y empatado la otra. Todos estaban orgullosos de él.

    Ahora estaban ahí, viendo a Ash entrar en la cancha, sumido en todo su orgullo y soberbia. James no le quería desear el mal, pero acariciaba la posibilidad de que perdiera las tres batallas. A ver si así se le bajaban los humos al mocoso.

    —Veamos si Ash puede ganar una —dijo Misty, mirando a James de reojo.

    —¿No le tienes mucha fe, no? —le preguntó James.

    —No mucha.

    —Yo tampoco —dijo Jessie.

    —¡Tu puedes, Ash! —lo animó Brock, haciendo caso omiso de los otros.

    —¡Pika pi! —lo alentó Pikachu, parado en el borde de la valla.

    Ash se giró hacia ellos.

    —¡Muchas gracias! No se preocupen. Y Todd, asegúrate de tomar buenas fotografías.

    —¡No te preocupes, tú asegúrate de ganar! —le sonrió Todd, empuñando la cámara.

    El profesor (el mismo al que se había enfrentado a James), se dirigió a Ash.

    —¿Estás listo, Ash?

    —Si.

    —¡Pokebola, ve!

    El instructor sacó su pokebola y un Flareon fue lo que salió, con un brillante pelaje rojizo. Esto no va a ser fácil, pensó James.

    Ash sacó una de las pokebolas de su cinturón.

    —¡Primera pokebola, ve! —grito, lanzándola.

    La pokebola se abrió, dejando salir a… un Weezing.

    —Pobre Weezing —murmuró James.

    —La va a pasar mal —opinó Meowth.

    —Yo que él, cambio de entrenador —agregó Jessie.

    Todd se inclinó, con cámara en mano.

    —Debo tomar esto. Su cara se parece a la de Weezing —murmuró, mientras sacaba fotos.

    —Oye, Weezing no será muy lindo, pero no lo ofendas así —lo retó Meowth.

    —Nya nya —asintió Lunita, apoyando a su padre.

    —Es hora de comenzar la batalla —dijo el instructor—. Ve, Flareon, usa lanzallamas.

    Flareon lanzó varios chorros de fuego, mientras el pobre Weezing hacía lo que podía por esquivarlos por su cuenta. James no quería ver…

    —¡Weezing, usa tu Pantalla de Humo!

    Weezing comenzó a largar un humo oscuro por todos sus orificios. Un chorro de fuego pegó en la cortina de humo y provocó que se incendiara y explotara, haciendo volar a Flareon unos metros, aunque no le hizo mucho daño y cayó de pie.

    —Flareon, usa Malicioso.

    Los ojos de Flareon se tornaron amarillos para intimidar a Weezing. La respuesta de Ash no se dejó esperar:

    —Weezing, protégete con tu pantalla de humo.

    El campo entero se cubrió con el ataque del pokemón veneno y era muy difícil distinguir algo. James ya se había acostumbrado a andar entre el humo que lanzaba su pokemón y era capaz de distinguir un poco mejor que el resto de las personas. El Flareon miraba de un lado para el otro, sin lograr enfocar al Weezing.

    —¡Ahora usa Placaje!

    Weezing atravesó la cortina de humo y golpeó con fuerza al Flareon. El pokemón de fuego salió volando hasta casi los pies del instructor y se quedó allí, quieto. Había sido derrotado.

    —Al parecer Ash es un buen entrenador después de todo —murmuró Misty, asombrada.

    —Pff, pura suerte —opinó Meowth.

    Ambos guardaron sus pokemón en sus respectivas pokebolas.

    —Ahora la segunda ronda —dijo el instructor— ¡Pokebola, ve!

    Un Jolteon fue lo que salió de la pokebola, con sus pinchos amenantes dispuestos a atravesar a cualquiera como una brocheta.

    —¡Siguiente pokebola, ve! —gritó Ash, tirándo su pokebola.

    La pokebola se abrió, revelando en su interior a… ¿Un Arbok?

    —¡Es igual al pokemón de Jessie! —exclamó Misty, asombrada.

    —Es bonito, si, pero no supera al mio —la contradijo Jessie, con aire altanero

    Ash miró al Arbok como si fuera un extraterrestre. No sabía que ataque lanzar, al parecer.

    —¡Jolteon, ataque rápido!

    El Jolteon se movió hacia Arbok a una velocidad anormal. Ash reaccionó enseguida.

    —¡Arbok, usa Malicioso!

    Los ojos de Arbok se pusieron azules y el Jolteon se quedó paralizado a medio camino. Ash estaba manejando bien la situación…

    —¡Ahora envuélvelo con tu ataque de Repetición!

    .. o tal vez no.

    Arbok envolvió a Jolteon con su cuerpo, pero Ash cometió un error crucial: olvidarse del espinoso cuerpo del pokemón eléctrico. Sus pinchos se clavaron en el cuerpo de Arbok y el pokemón venenoso pegó un salto, gritando de dolor.

    —¡Pedazo de inconciente! —exclamó Jessie, casi saltando la valla. Brock y James la sujetaron para que no golpeara a Ash—. ¡Voy a matarlo!

    —Jessie, tranquila, lo golpearás cuando termine —intentó tranquilizarla James.

    —¡Jolteon, usa Impactrueno!

    El Jolteon le dio una poderosa carga eléctrica a Arbok, lo suficiente para dejarlo fuera de combate.

    —¡No! —gritó Ash.

    —Analizar a los pokemón durante la batalla es una regla fundamental —le dijo el instructor alegremente.

    Ash llamó al Arbok a la pokebola y su oponente lo imitó. Sólo le faltaba una ronda más para decidirlo todo.

    —Tercera pokebola, ¡ve! —gritó Ash.

    Un Meowth salió de la pokebola, con aire distraído.

    —Esto será interesante —comentó Brock.

    —¡Buena suerte! —gritó Meowth, aunque no parecía dirigirse realmente a Ash, sino al pokemón gato.

    —¡Pokebola, ve! —gritó el instructor, lanzando la pokebola, revelando un Vaporeon precioso. Ash sólo miraba al Meowth de manera pensativa, como si no supiera ningún ataque.

    —¡Usa Golpes Furia, pedazo de idiota! —le gritó Meowth desde el público.

    —¿Eh? Ah, sí, ¡Meowth, usa tus Golpes Furia!

    El Meowth pegó un salto y se dirigió hacia el Vaporeon. El instructor no se hizo esperar.

    —¡Vaporeon, Rayo Hielo!

    El pokemón de agua tiró un rayo gélido de su boca e impactó de lleno contra el Meowth, congelándolo al instante en el aire. El pokemón gato cayó al suelo pesadamente, hecho un bloque de hielo.

    —¡Otra victoria para mi! —dijo el instructor, llamando a su Vaporeon de vuelta a la pokebola.

    Meowth pegó un salto y se metió al campo de batalla. Estaba furioso como pocas veces James lo había visto. Se dirigió a Ash y utilizó sus Golpes Furia contra la cara de Ash. El chico pegó un grito y se llevó las dos manos a la cara.

    Meowth se dirigió al bloque de hielo y le dio una patada precisa. El hielo se resquebrajó y el pokemón se liberó del hielo, tiritando de frío.

    —Lamento que hayas tenido que pasar por esto —le dijo al Meowth.

    James saltó la valla y fue caminando hacia Meowth. No tenía por qué meterse allí, por mucha indignación que sintiera.

    —¡Un momento! ¡Quiero a ese Meowth parlante para mi! —exclamó el instructor—¡Pokebola, ve!

    Ah, no, ni de chiste iba a dejar que a Meowth lo capturaran. Corrió hacia Meowth y se interpuso entre él y la pokebola. El objeto redondo golpeó con fuerza en la frente de James y rebotó.

    —¡Ay! —James se llevó la mano a la frente. Eso iba a provocarle un chichón, pero eso no era lo importante—- ¡Ese Meowth ya está conmigo!

    —¿Si? Vaya, lo siento —se disculpó el instructor.

    —James, has algo. Tiene mucho frío —le dijo Meowth. Todo su enojo ya lo había descargado contra la cara de Ash y ahora estaba preocupado por el pokemón.

    —Veré que puedo hacer.

    James se sacó su playera y envolvió con ella al Meowth. Lo alzó y lo apretujó un poco con su cuerpo para darle calor.

    —¿Dónde está la enfermería? —preguntó James al profesor.

    —Puedes dejarlo en la pok…

    —Mi Meowth no estará tranquilo hasta que lo lleve, ¿entiende?

    El hombre le sonrió y señaló la puerta por donde había entrado con los demás.

    —Sólo sigue derecho hasta el fondo y ahí está la enfermería.

    —Gracias —respondió James y salió corriendo, junto con Meowth siguiéndolo atrás.

    ...​

    Una vez que dejaron el Meowth a salvo en la enfermería, James y Meowth fueron a sentarse en la recepción, donde darían el resultado total. Si estaba su número, había aprobado. Si no estaba, había desaprobado. La verdad, mucho no le importaba. Lo había hecho para perder el tiempo y no quedarse haciendo nada durante horas. Además, se había divertido mucho. Jessie no tardó en llegar y sentarse junto a ambos. Poco a poco, todos los aspirantes ingresaron a la recepción y fueron a sentarse en los asientos o en el suelo. Todos estaban muy nerviosos como para hablar.

    —Ni Ash ni yo aprobamos —dijo James, ya hastiado—. ¿Podemos irnos?

    —Puede que el tonto este haya desaprobado, pero tú aún tienes esperanzas, cariño —le dijo Jessie, apretándole la mano.

    —Si yo no aprobé el examen, dudo mucho que él lo haya hecho.

    —James estaba entre los cincuenta mejores y le fue mejor que a ti en las batallas. Con suerte, te darán un premio al más idiota de los aspirantes.

    —Cállate, Misty.

    En ese momento, descendieron del techo varias pantallas gigantes, con las fotos de los aprobados. Todos se pusieron de pie para escudriñar sus notas, excepto James.

    —¿No vas a ir? —preguntó Brock.

    —Es en vano, sé que no aprobé.

    James cerró los ojos, esperando que los despertaran para poder irse. Había sido un día muy largo y agotador. No pasaron ni dos minutos cuando Meowth lo despertó a los gritos.

    —¡Tú número está en la pantalla, James!

    James abrió los ojos, aturdido. Meowth estaba al frente suyo, con una sonrisa de oreja a oreja.

    —¿Qué dijiste? —le preguntó, creyendo que había oído mal.

    —¡Que aprobaste, idiota! ¡Ven!

    Como si estuviera en un sueño, James caminó entre los aspirantes siguiendo a Meowth a través de las personas que miraban las pantallas. Ahí estaba su foto, casi al final.

    —No estás en el fondo porque pasaste raspando, sino por número —le explicó Misty—. Pero lo importante es que aprobaste, ¿verdad? Felicitaciones.

    James apenas la oyó. No lo podía creer. ¿Había ganado las ocho medallas en unas pocas horas? Debía ser una broma.

    Miró a un costado y vio al profesor hablando con una de las recepcionistas. James caminó hacia él y lo llamó.

    —Debe haber un error —le dijo.

    El profesor lo miró, sin comprender.

    —¿Qué error?

    James señaló la pantalla.

    —¡Aprobé!

    El profesor miró adonde James señalaba, lo miró a él y soltó una leve risa.

    —En general, la gente viene a mí a reclamarme lo contrario.

    —Lo siento, pero… ¿Está seguro que aprobé? Dijeron que este examen era difícil y…

    El hombre levantó una mano enorme para que guardara silencio.

    —Espera un momento.

    Se fue hacia la recepción, buscó algo en un archivero y regresó con una carpeta y unos papeles.

    —James, ¿verdad?

    —Si.

    —Mira: sacaste una muy buena nota en conocimiento general. De hecho, un 85%. En reconocimiento pokemón un 20% y un 55% en batalla. El promedio general de los tres exámenes te dio la nota suficiente para que aprobaras este examen. No con una nota alta, pero la necesaria. Así que… felicidades.

    James lo miró con mucha atención, todavía sin creerlo del todo.

    —No sé si mi equipo esté listo para enfrentarse a una liga pokemón. Ni siquiera tenía pensado ir. Solo tenía curiosidad…

    —Todo equipo se puede mejorar con un buen entrenamiento. Faltan cinco meses para la liga y tienes tiempo para entrenar y capturar pokemón.

    James supuso que tenía razón.

    —Si…

    —Así que ve a la fila y ve a buscar tu medalla.

    —A buscar mi medalla…

    —Si

    —O sea que voy a la fila y me darán una medalla.

    —Si…

    —Que vale por ocho…

    —Si.

    —Una de verdad.

    —Cien por ciento original.

    —Cuando vaya a la Liga…

    —… te la van a aceptar, nos van a dar una preciosa cabaña y vamos a comer gratis —Jessie lo tomó del hombro y lo tironeó hacia atrás—. Disculpe a James, hoy está un poco idiota.

    Jessie lo arrastró hasta la fila de aprobados y se quedó con él. James seguía sin creerlo.

    ...​

    Cuando salieron del edificio y tomaron el camino de tierra, James recién cayó en la realidad: había ganado una medalla que valía por ocho y podría entrar en la liga. Esa medalla roja, con una P en el medio. Necesitaba tomárselo con calma.

    —Te fue mucho mejor que a Ash, lo cual no es un gran logro, pero ganaste la medalla, te felicito —le dijo Misty. Ash soltó un gruñido, pero no dijo nada. ¿Estaba celoso? Tal vez.

    —Gracias —le respondió—. Tendré que ponerme a entrenar y a capturar otros pokemón si quiero llegar a los octavos de final al menos.

    —Ese es el espíritu —lo animó Brock.

    —Si James va a entrar a la Liga, ¿va a ser rival de Ash? —preguntó Todd

    —Eso parece —respondió Meowth.

    —Mi único rival es Gary —gruñó Ash.

    James miró hacia Jessie y detectó un brillo malicioso en sus ojos y una sonrisa burlona. Dios, había encontrado una forma de burlase de Ash.

    —Oh, mi único rival es Gary —Jessie se llevó las manos a la mejilla en una pose románticamente cliché.

    James no pudo evitar continuar:

    —Oh, Gary, bésame como besas a tus pokebolas —le respondió.

    —Eres mí único rival y nadie más. Siempre te seré fiel a ti, rival mío. Ahora cállate y bésame.

    James se rio y besó a Jessie en los labios.

    —¡No se burlen! —pataleó Ash.

    —Oh, mira, Ash no quiere que nos burlemos de su novio.

    —¡No es mi novio!

    —Ustedes dos, dejen de molestarlo —les advirtió Brock.

    James asintió, aun riéndose y tomó a Jessie de la cintura. La minúscula medalla que descansaba en su bolsillo parecía pesar mucho más en su mente. Ahora que la tenía en sus manos, debía demostrar que era digno de ella.

    James en la Liga Pokemon...

    [​IMG]

    No, no lo tenía planeado hacer. Iba a desaprobar, pero le iba a ir mejor que a Ash. Pero ustedes no tienen idea cuando tienen a una dulce y tierna novia que te convence con sus ojitos grises.

    "Dale, que pase el examen"
    "Va a quedar como un Gary Stu"
    "Ser mejor que Ash no lo hace Gary Stu, lo hace personaje promedio"
    "Pero..."
    "James no es boludo, si va a examen va a aprobar aunque sea raspando."
    "..."
    "Por favor"
    "Bueno, ya. Pero por tu culpa el fic va a ser más largo"

    Y así fue (masomenos).

    Nathan: Arbok es exagerado. Todo es una amenaza para la cría de su ama.
    ¿Qué Pikachu? (?) Ah, si, la rata con hepatitis. Es que a veces no quiero poner un "pika pi" de vez en cuando para hacer notar su existencia. De estar está, pero es molesto tener que aclararlo a cada rato. Me hace acordar a los Simpson con "Cuando Puchi no esté en escena, los personajes deben preguntar ¿Donde está Puchi?" Está ahí, coño, por un capítulo que no lo mencione no va a desaparecer de la trama...

    Los sempais no vinieron más :C

    ¡Hasta la próxima semana!
     
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    J.Nathan Spears

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    Jejeje... buen giro de tuerca el que tu "novia" te convenció para tomar...

    ¿Que acaso el fic será más largo? ¡Eso es motivo de celebración! >:D

    Y vaya si este episodio fue uno lleno de burns hacia Ash... ay, pequeño idiota n_nU. Plushy Berry adorará esto :V. Pero como ya dije, eso era parte de su encanto... lo que no quita que a veces mereciera quedar así de mal.

    En la parte de reconocimiento de sombras (o algo así) pude sentir la frustración de James. No extrañaba entonces que alguien como Jessie originalmente decidiese mandarlo todo a la mierda. Porque, siendo francos, ¿¡De qué chucha sirve!? >:V

    La parte de la batalla práctica me pareció bonita... al menos de parte de James. Ahora entiendo lo que decías de Charizard apareciendo... bueno, yo hubiese alterado un poco la alineación inicial del maestro, con tal de que Charizard perdiera, Pikachu empatara e Ivysaur ganara... no en ese orden, pero bueno xD.

    Oye, esa comparación fue innecesaria :'V. Pikachu no es TAN odiado... normalmente los Pikachu haters son Ash haters también. Aunque puedo entender que estén cansados de verlo siempre... ¡Pero si es la mascota de la franquicia! Y lo prefiero mil veces antes que a Charizard, Greninja, Lucario o Agumon (ahora entiendo por qué esa saga rival está moribunda xD)... aunque sí, uno o dos episodios donde su participación sea nula no va a matar el animé :V. Y Poochie fue mal manejado no más... nunca me desagradó de por sí, por cierto :V

    Sea como fuere, esto me deja con ganas de ver interacciones entre el Pikachu de Ash y la Pikachu de James owo... a ver qué sucede. Ay, pobre James, tan inseguro, creyendo que iba a reprobar... pero pasó raspando. Como buen mal estudiante promedio x'D jeje... pero igual, verlo como otro rival es algo interesantísimo que quisiera ver.

    Nos vemos en otro episodio ;). Mucha suerte

    Y espero que LizzaRade también se pase por acá :V
     
  3.  
    Dr Kaos

    Dr Kaos Guest

    Ok, dejo mi comentario del capitulo 22

    Aaawww mis feels….. un capitulo bien melancólico…

    Destaco como ordenaste el pasado de cada personaje en base a lo poco (y a veces contradictorio) que da la serie… dándole coherencia a la forma en que se conectaron los sucesos…

    Me pareció lindo que lideras una figura materna a Jessie que pudiera recordar con respeto y amor…. Ni que decir de ese toque más realista y cruento en el de Meowth…

    Hablando de ese último, a mi gusto fue la narración mejor lograda, no solo por lo contado… si no especificamente por las reacciones que su relato causaba en los demás, sobre todo en los bobos…

    Y realmente ame esta línea… al final la formación de un individuo tiene mucho que ver como este se desarrolla para sobrevivir y el mundo que lo rodea…

    Este tipo de reacciones siento que le daban sabor al capítulo y, creo que fue algo que no se vio tan logrado en los demás relatos, sobre todo durante la de jessie y james… o la de ash (dado que si sus vidas tuvieron un vuelco… es porque cierto niño salió tarde y termino con cierto pikachu…. )

    -Por otro lado, fue interesante que usaras el paso de james por el tecnológico como el punto en que decide escapar de sus padres... aunque siento que debiste explayarte algo más cuando cuenta sus peripecias sobreviviendo en solitario, sobre todo para crear una mejor inmersión en el hecho de que a pesar de los malos momentos esa libertad realmente era lo que quería….

    -El de Jessie… ok me gusto tu visión de su infancia (XD aunque yo la vea más saltando de orfanatos…) , pero aquí si me molesto que no indagaras más en su adolescencia… y es que… maldita sea si algo me encanta de lo poco que se sabe de su pasado… son sus intentos por conseguir los sueños que se proponían… y aunque se esforzara no los conseguía…. D: tenía ganas de ver como tomarían los bobos aquello, sobretodo porque ellos mismos son jóvenes que recién intentan conquistar sus anheladas metas… sin considerar la posibilidad de fracasar

    (¿aunque ash lo sentirá en un tiempo más adelante?)

    Ok, me choco un poco que el gimnasio lo obtuvieran por cuenta propia… (veo más probable que lo heredaran de sus padres por una razón u otra) más que nada porque se nota que el título de líder de gimnasio para las hermanas de misty resultaba más una carga que debían llevar por obligación que algo que hicieran por gusto…. Mientras en el caso de Misty, sinceramente para el principio de OS… O_o nunca la vi con habilidades de líder (ni en combate ni actitud) … , pero en el caso de que ella realmente hubiera sido capaz de llevar el gimnasio antes de la serie, no me sorprendería que sus hermanas le dejaran toda la tarea, incluso motivarla con tal de que ella se llevara “ese cacho molesto que era el gimnasio”… mientras ellas se dedicaban 100% a lo suyo… en ese caso no existiría razón para viajar…

    T_T ah estúpido bobo, a veces si tiene sus buenos momentos….

    Me conmovió esa escena final, buen cierre….
    Bueno continuo poniéndome al día…
    saludos!
     
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  4. Threadmarks: 30. Día de entrenamiento
     
    Siletek

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    El que no sufre no aprende
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    Capítulo treinta

    Día de entrenamiento

    Después de pasar un pequeño poblado cercano al lugar donde habían hecho el examen y comprar provisiones, el grupo siguió por el camino establecido. Un par de ciudades más adelante, se encontraba un puerto, donde tomarían un ferry hasta Isla Canela.

    Pararon cerca de un rio para descansar y James decidió que era el momento perfecto para entrenar a sus pokemón si quería llegar a los octavos de final como mínimo. Sacó a Weezing, Growlie y a Caterpie. La pequeña Pikachu todavía no estaba en condiciones para entrenar, pero le encargó a Brock que la ayudara con unos ejercicios para que pudiera fortalecer sus patas y que pudiera caminar.

    —Chicos —les dijo a sus tres pokemón—. Entraremos a la Liga en pocos meses y necesitamos un entrenamiento duro, ¿entienden?

    Weezing miró hacia arriba, Growlie lo miró meneando la cola y Caterpie se puso en puntas de pie intentando parecer intimidante y fallando en el intento. Lunita se quiso poner al lado de Caterpie y tiró unos zarpazos al aire, pero Meowth la sacó, entre protestas. Dios, no iba a ser nada fácil.

    —Bien —James se rascó la cabeza—. Podríamos trotar un poco… o flotar, en caso de Weezing. Lo haremos al costado del rio, ¿si? Vayamos hasta allí y pónganse detrás de mí.

    James caminó hasta la orilla del río con sus pokemón siguiéndolo detrás. Se puso en posición.

    —Preparados, listos… ¡Ya!

    James comenzó a trotar, con Growlie casi pisándole los talones. Weezing se deslizaba por el aire un poco más atrás y Caterpie se desesperaba para no quedar último.

    Mientras tanto, Brock movía las patitas de la Pikachu de James, acostada panza arriba, como si caminara. Se la veía más saludable, sin duda. Ya tenía cachetitos y un poco de pancita. Sus costillas ya no eran visibles y bastarían pocas semanas para que nadie jamás sospechara que había sido rescatada al borde de la muerte.

    —Se ve muy bien —opinó Misty detrás de él.

    —Sí, pero se nota que quiere estar con James y no conmigo —sonrió Brock.

    No mentía. La pequeña parecía distraída y miraba hacia un costado, como si lo buscara.

    —Debe querer hacer esto con James —comentó Misty.

    —O tal vez quiera ir allí a correr con los demás.

    —Piiii —la pequeña soltó un gemido lastimero.

    —Pobrecita —murmuró Brock.

    —¿Quieres que le avise a James?

    Brock negó con la cabeza.

    —Déjalo. Que siga entrenando.

    —Hablando de entrenar… ¿Ash no debería estar entrenando? —preguntó Misty en voz lo suficientemente alta para que el susodicho se diera por aludido.

    Ash, sentado bajo un árbol debatiéndose entre el sueño y la vigilia junto a su Pikachu, se frotó los ojos con una mano.

    —Cada uno tiene su propio sistema de entrenamiento —gruñó.

    —Ash, tú no tienes sistema, a menos que llames sistema ir a los gimnasios y rogar que te regalen una medalla.

    —¡Yo no le ruego a nadie! —saltó Ash.

    —Shh, me distraen para sacar fotos —murmuró Todd, apuntando la cámara hacia Meowth y Lunita. Meowth estaba clavando un palo en la tierra, envuelta con un trapo, mientras su hija lo miraba atentamente. Parecían prepararse para entrenar por ellos mismos.

    James regresó después de estar casi media hora trotando casi sin parar y les dio agua y un poco de comida a sus pokemón. Se acercó hacia donde estaba Brock.

    —¿Se portó bien? —le preguntó.

    Al escuchar su voz, las orejitas de la Píkachu se pusieron firmes.

    —¡Pi! —chilló y, para sorpresa de todos, se puso de pie y dio unos torpes pasos hacia James.

    —¡Cariño! —James la levantó en sus brazos y la estrechó contra su pecho. La pequeña se refregó contra él, feliz.

    —No le gusta estar separada de ti —comentó Brock.

    —Nena —acarició las orejas de la Pikachu—. Siempre vas a estar conmigo. Y para demostrártelo, te pondré un nombre. Te llamarás Nina, ¿te gusta?

    La pequeña levantó la vista hacia él y le sonrió con toda la calidez del mundo.

    —¡Pika! —dijo.

    James la dejó en el suelo y se sentó con ella. La hizo caminar un poco, pero Nina no tardó mucho en cansarse y querer dormir.

    —Mejor descansa, princesa

    La puso en la canasta. No hizo falta taparla. Ya no temblaba de frío y ahora disfrutaba la cálida brisa de la primavera acariciando su pequeño cuerpo.

    —Seguiré entrenando —dijo—. ¿Te gustaría entrenar conmigo en un rato? Lo voy a necesitar.

    —Seguro.

    James volvió hacia donde sus pokemón descansaban y les comenzó a hablar. En una parte más alejada, Meowth le enseñaba a Lunita como hacer el ataque Arañazo atacando a un palo. Le mostraba las uñas a su hija y atacaba el palo y ella lo imitaba con sus pequeñas patitas, corriendo alrededor del objetivo y tirando algún que otro zarpazo, bajo la orgullosa mirada del padre y la lente de la cámara de Todd.

    Brock comenzó a preparar la comida, mientras que James hacía que Weezing peleara contra Growlie en un lugar bastante alejado, ya que los ataques de humo podrían contaminar la comida. Meowth fue a ayudar a Brock un rato después.

    —¿Cómo está tu hija? —le preguntó Brock.

    —Se siente toda una guerrera —le respondió Meowth, cortando unas verduras con sus garras—. Ahora está tomando una siesta junto con Nina… o al menos el Pikachu de Ash me dijo que así le puso James.

    —Si, James le puso nombre.

    —Me gusta. Le queda bien.

    Cuando la comida estuvo lista, James volvió junto con sus pokemón y no se sentó a comer sin asegurarse de que ellos comieran primero.

    —¿Cómo fue el entrenamiento? —le preguntó.

    —Weezing le ganó a Growlie, pero dio batalla. Sólo falta que Caterpie peleé, pero creo que debe empezar con algo que pueda manejar. Ninguno de mis pokemón puede, son demasiado grandes o fuertes. Necesita empezar con algo más… fácil.

    Brock lo miró, pensativo.

    —Lunita podría ser una buena opción…

    Meowth levantó la vista de su plato.

    —¿Mi nena? Es muy chiquita para que tenga una batalla real.

    —Caterpie también es un bebé —replicó Brock—. No pueden hacerse mucho daño el uno al otro, más que unos golpes y rasguños.

    Meowth volvió a mirar su plato, como si la respuesta estuviera en el guisado, preocupado.

    —Cuando se despierte, veremos.

    —Espero que no se tarden mucho, tenemos que ir a Isla Canela —les recordó Ash.

    —No te preocupes, Ash, si no llegas a anotarte en la Liga, siempre podrás apoyar a James —se burló Misty.

    —¡Claro que voy a llegar! ¡Les voy a ganar a todos, a James y a Gary! —saltó Ash.

    Jessie soltó una risotada.

    —¡Ah, claro! ¡Nos habíamos olvidado de tu novio Gary!

    —¡Que no es mi novio!

    —¿Qué les dije de esas bromas? —les preguntó Brock, en tono de advertencia.

    —Eres aburrido, Brock —se quejó Jessie, pero no siguió con las bromas.

    Después de comer, Lunita se despertó. Meowth quiso que comiera, pero ella se rehusó, diciendo que todavía no tenía hambre. James aprovechó eso para preguntarle a la pequeña si tenía ganas de tener una pequeña batalla con Caterpie. Lunita aceptó, encantada.

    —Bueno, ¿Cómo haremos? Yo seré el entrenador de Caterpie y tú el de Lunita, ¿verdad Meowth? —le preguntó James.

    —Si, así lo haremos —respondió, aún no muy convencido.

    Se apartaron para pelear a escasos metros de donde estaban acampando. Al fin y al cabo, ninguno de los dos tenía la fuerza suficiente para molestar a los demás. Todd estaba sacando fotos de ambos pokemón desde todos los ángulos como si fuera la pelea de dos legendarios.

    —¿Están listos? —preguntó Brock, quien haría de árbitro.

    —Caterpie y yo estamos listos —dijo James.

    —¿Lunita, tú estás lista? —le preguntó Meowth.

    —¡Nya! —respondió ella, levantando una de sus patitas y mostrando sus uñas intentando aparecer amenazante.

    —Bueno, entonces, ¡comiencen! —anunció Brock, golpeando una lata vacía de verduras en conserva con una birome.

    —¡Lunita, haz Arañazo como tu papi te enseñó!

    —¡Caterpie, Placaje!

    Los dos hicieron el ataque al mismo tiempo, pero Caterpie era menos ágil que Lunita y ella terminó deteniendo el ataque arañándole la cara. El pequeño pokemón bicho miró a su contrincante con los ojos llorosos.

    —Caterpie, ¡no te rindas! ¡Placaje!

    Caterpie reaccionó más rápido esta vez y embistió a Lunita con todo su cuerpo, tirándola al piso. Lunita se levantó con rapidez, pero moqueando y con lágrimas.

    —¿Quieres parar, Lunita? —le preguntó Meowth, preocupado. Ella negó con la cabeza—. ¡Haz Arañazo otra vez!

    —¡Placaje!

    Por un par de minutos, la pelea se resumió en los dos mismos ataques y las dos mismas reacciones. Era una pelea que daba pena ver, ya que los dos pokemón lloraban cada vez que recibían un golpe. No estaban llegando a ningún lado, así que James decidió dar por terminada la batalla con otro ataque.

    —¡Disparo Demora!

    Un chorro de fina seda blanca salió de la boca de Caterpie y se estrelló de lleno contra el cuerpo de Lunita, envolviéndola en un capullo. Lunita intentó gritar, pero también tenía tapada la boca.

    —¡Me rindo! —Meowth corrió hasta su hijita y cortó el capullo con sus uñas, liberándola—. ¿Estás bien cariño? Papi está aquí.

    Lunita lloraba sin parar, hundiendo su cabecita en el hombro de Meowth. James se acercó, preocupado, con Caterpie en brazos.

    —¿Le duele? —preguntó.

    —Le duele el orgullo —respondió Meowth, lamiéndole la cabecita a su hija para reconfortarla—. Creo que lo mejor será que no vuelva a pelear.

    —Solo tiene que seguir practicando, no la desalientes —le dijo Brock—. Si no, ella va a creer que no puede hacerlo.

    Esas palabras hicieron efecto inmediato en Meowth.

    —Ella puede hacer lo que quiera si se lo propone—dijo, con voz grave—. Así que practicará hasta que le pueda ganar, ¿no es verdad?

    Lunita separó la cabeza del pecho de su padre y sonrió a través de las lágrimas.

    —¡Nya nya! —dijo, con orgullo.

    —¡Caterpie! —gritó James de golpe. Todos se voltearon a verlo.

    Caterpie estaba tirando su Disparo Demora al aire y se estaba envolviendo en sus propios hilos, en las manos de James. No paró hasta envolverse por completo y transformarse en una crisálida dura de color verde. Había evolucionado a Metapod.

    —¡Evolucionaste! —exclamó James, abrazando con fuerza a su pokemón.

    —¡Y no le saqué una foto! —se lamentó Todd.

    James acariciaba y mimaba a su recién evolucionado Metapod. Meowth apenas murmuró unas palabras de felicitación y volvió su atención hacia Lunita.

    —¿Vamos a darnos un baño, si? —le dijo a su hija. Lunita asintió con la cabeza.

    —Yo también iré a bañarme —dijo James—. Y bañaré a mis pokemón, ya que estoy aquí cerca del río.

    —¿Ash, tú no te vas a bañar? —le preguntó Meowth

    —Me bañaré cuando llegue al Centro Pokemón.

    —Pero… podrían pasar días.

    —¿Y?

    —¿Cómo que "y"? ¡Con razón tu Pikachu ya no se posa en tu hombro! ¡Debes oler peor que un Muk y los estoy ofendiendo a los pobrecitos!

    —Cállate…

    Pikachu asintió, murmurando avergonzado.

    —Si, yo también caminaría delante de él para no sentir su olor.

    —Basta —James se acercó a Ash y lo rodeó por los hombros—. Tú te puedes bañar cuando quieras —le dijo, mientras caminaban hacia el río—. El problema es que no tengo ganas de soportar tu aroma corporal —cuando llegaron a la orilla, lo empujó con el brazo libre y Ash cayó al agua.

    —¿Qué crees que haces? —le gritó Ash, cuando pudo sacar su cabeza del agua.

    —Un favor a todos los presentes —le gritó Meowth como respuesta.

    —Y por las dudas, yo mismo voy a bañarte —dijo James—. Y de paso a lavarte esa ropa que ya hasta debe caminar sola.

    —¡Yo me sé bañar sólo! —gritó Ash, aún desde el agua.

    —Bueno, sal de una vez y quítate la ropa —gruñó James—. Así sabes lo que es el significado de "limpio"

    ...​

    Con un Ash más aseado y con ropa prestada de James (la playera del Squartle surfeando sobre su caparazón que Joy le había regalado y unas bermudas verdes que le quedaban como pescadores) salieron del bosque y llegaron a un campo abierto lleno de flores. James comenzó a frotarse la nariz. Eso no le haría nada bien a su alergia.

    De pronto, James miró para un costado y paró en seco. Frente a sus ojos, se encontraba uno de los pokemón más hermosos que había visto en su vida. Un Weepinbel lo miraba desde unos cuantos metros de distancia, con su cuerpo amarillo en forma de campana, sus dos hojas filosas a los costados y una muy corta rama a modo de gancho detrás de su cabeza. Sus ojitos saltones eran de un color negro brillante. Tenía que ser suyo a toda costa, antes de que cualquiera lo agarrara.

    —¿James? —Jessie ya se estaba acercando a él.

    James sacó su pokebola.

    —¡Growlie, yo te elijo!

    El pokemón de fuego salió de su pokebola y se puso entre James y el Weepinbel, gruñendo.

    —¡Lanzallamas!

    Growlie tiró un chorro de fuego que a duras penas pudo esquivar rodando por el piso.

    —¡Placaje!

    Growlie corrió hacia el Weepinbel cuando todavía se estaba levantando y lo embistió, tirándolo un metro.

    Weepinbel no se iba a dejar vencer. Tiró un polvo rosado de sus hojas y llegó hasta Growlie, quien cayó dormido en la hierba.

    —¡Growlie, regresa! ¡Weezing, yo te elijo!

    El pokemón veneno salió de su pokebola. Esta vez no iba a fallar.

    —¡Chorro Lodo!

    Weezing escupió una especie de barro negro a los ojos de Weepinbel. No era un ataque poderoso, pero cumplía con su objetivo: cegar al contrincante. El pokemón planta chilló e intentó sacarse el barro con su látigo cepa. No iba a funcionar.

    —¡Embestida!

    Weezing se impulsó un poco hacia atrás y cayó sobre Weepinbel como si fuera un meteorito venenoso. Lo golpeó con el impulso suficiente para hacerlo volar unos metros.

    James se acercó corriendo hacia el pokemón planta. No se movía casi y solo hacía gemidos lastimeros.

    —¡Pokebola, ve!

    Tiró la pokebola hacia Weepimbel y lo encerró dentro de ella. Se movió un poco, como si quisiera salir, pero unos pocos segundos después, quedó sellada.

    —¡Atrapé un Weepinbell! —gritó James, levantando su pokebola en alto, como si fuera su más grande hazaña. Hacía años que quería tener ese pokemón, desde que era un niño, y ahora su sueño se había cumplido. Sus compañeros de viaje se acercaron y lo felicitaron.

    —¡Genial!

    —Es un buen pokemón…

    —Así tendrás un buen equipo…

    James mostró una sonrisa radiante a sus amigos.

    —Gracias —miró su pokebola—. Desde niño quería tener uno y ahora al fin lo tengo.

    Todd señaló algo a la distancia.

    —Me parece que más allá hay edificios.

    Brock consultó su mapa.

    —Hay una ciudad pequeña, es verdad. Vayamos antes de que se nos haga tarde.

    Todos se pusieron de acuerdo y comenzaron a caminar a través del campo de flores. James palmeó la pokebola que tenía en el bolsillo. Para cuando llegara a la liga, tendría un equipo decente y variado.

    Y aquí estamos. Un capítulo donde vamos que James no se rasca el ombligo.

    Nathan: Los burns hacia los bobos a la orden del día (menos Brock, que es un santo). No lo quiero hacer quedar como bashing, pero es que es algo muy sencillo de hacer, aunque no lo tenga planeado XD
    Es muy frustrante lo del examen, la verdad. Te daban ganas de levantarte y hacerle una patada voladora en la cara al hijo de puta del profesor. Jessie lo habría hecho.
    Ya me imaginaba que no te iba a gustar que Charizard ganara, pero para mi no es un pokemón que me desagrade. En algún punto tendré que tocar la relación de Ash con Charizard.
    No, yo no odio a Pikachu, para nada. Sólo que es difícil acordarme de Pikachu cuando en este caso el protagonismo se lo está llevando James. Si fuera Ash, sería más fácil.
    La verdad, no sé como se llevaran estos dos Pikachu. Ella no hace mucho todavía y como que el de Ash la está ignorando. Pero tal vez ponga algo de interacción entre ellos.

    Un saludo a todos. Hasta la próxima semana.
     
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    J.Nathan Spears

    J.Nathan Spears Chao 2018, no te extrañaré xP Comentarista Top

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    Como estoy desde mi celular, trataré de que mi comentario sea más breve... que conste, TRATARÉ XD

    Oficialmente se acabó la temporada de trollear a Misty y pasamos a trollear a Ash xP. Parece que el pobre no ha dormido nada bien, puesto que no se lo ve animado a menos que lo provoquen a insultos xD. Anda re flojo el chico...

    No sé por qué el animé nunca mostró a Ash estando así de sucio como imagino. Digo, se asume que se bañan cada cierto tiempo fuera de cámaras, pero igual nunca se evidencia a estos chicos estando todos apestosos xD. Pero aun así no lo tomo como un momento particularmente humillante, sino como algo lógico (LizzaRade aprueba esto xP)

    Lo de Nina mostrando una mejoría cuasi-milagrosa y la pelea entre Lunita y Caterpie (le falta nombre a ese wey xD) fue algo muy tierno en verdad. Meowth es un buen padre, y Brock actúa como el tío sabio que todos merecemos tener xP. Sep, definitivamente el ojos de rendija es un santo.

    Y cómo no, James obteniendo a Weepinbell de manera más "convencional"... nunca me convenció la forma en que Victreebel se les unió a los Rocket, con James diciendo "Recuerdo haber dejado un Weepinbell hace un tiempo" en el falso criadero de Cassidy y Blutz... digo, Butch xP. En fin, ahora James podría tener el equipo completo dentro de poco (o bien ya lo tendría, si Jessie accediera a prestarle a su Arbok)

    Sea como sea, ya quisiera ver qué planes tienes para todos. Y debo decir que este episodio es simplemente perfec...

    D'oh!

    Pensé que la tercera era la vencida :V. Pero no... tu problema es serio.

    A ver si lo resuelves -3-U
     
    Última edición: 10 Febrero 2018
  6. Threadmarks: 31. La guardería.
     
    Siletek

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    Capítulo treinta y uno

    La guardería.
    El grupo al fin llegó a la ciudad. Era extraño estar en un lugar lleno de edificios, negocios y ruido, cuando solían parar en pueblos tranquilos y pintorescos, de casas de madera cerca del río, escuchando el murmullo del agua y el viento acariciando los árboles con su brisa.

    Pararon a descansar en una peatonal, frente a un negocio de cámaras fotográficas donde Todd aprovechó para comprar rollos para su cámara. Se sentaron a descansar al frente del negocio, bajo un árbol gigantesco. Jessie no se quiso quedar; debía ir al médico para chequear sus cinco meses de embarazo. James quiso acompañarla, pero ella se negó.

    —Iré sola, no soy una inútil que no puede hacer nada por su cuenta —gruñó—. Además, tengo a Arbok y a Lickitung conmigo para protegerme. No te preocupes.

    —Pero…

    —Tú quédate para comprar provisiones. Lo del hospital puede tardar un rato. Los espero en este mismo lugar, ¿si? Ustedes diviértanse.

    Jessie le dio un beso en los labios a James y se marchó caminando. Él se la quedó mirando y se preguntó si no le estaría haciendo mal caminar tanto con el embarazo ya avanzado. Debería capturarle un pokemón grande para que la pueda llevar. Un Ponyta o algo así.

    Todd aprovechó su rollo nuevo para sacarles fotos a los pokemón. Togepi era el que más se resistía, ocultando su rostro en el estómago de Misty, pero luego se dio vuelta con un saltito y sonrió para la cámara. Dios, que día tan tranquilo…

    —Y ahora el reporte del clima —una reportera de cabello castaño hablaba desde una pantalla gigante puesta en la parte de arriba del local de cámaras fotográficas—. El día estará mayormente soleado y despejado, con temperaturas de hasta treinta grados…

    —Tendremos buen tiempo —sonrió Ash.

    —¡Pika pika!

    —Pikachu está de acuerdo —tradujo Meowth.

    —Es un día perfecto para tomar fotografías —comentó Todd.

    La chica terminó su reporte y apareció una publicidad. El nombre "La guardería de la Gran Hermana" apareció dentro de un cartel rosa con un fondo a rayas celestes y blancas.

    —¡El poder del amor pokemón! —una chica rubia de cabello hasta la cintura vestida con una bata de médica apareció desde abajo—. Eso es nuestra guardería de cinco estrellas donde cada pokemón será tratado con amor —se corrió hacia un costado y apareció la imagen de un Charmander—. Este huésped evolucionó a Charmeleon y luego a Charizard en tan solo pocos días —mostró, mientras veían al Charmander transformarse ante sus ojos—. En nuestra guardería de la Gran Hemana nuestra atención es de la mejor. Dejen que nuestros expertos les brinden amor y cuidado —la cámara tomó un primer plano de su rostro, donde pudieron notar sus ojos violeta y sus aros triangulares color rosa—. ¿Para que sufrir cuando nos tienen a nosotros cuidado de sus pokemón? —agregó, guiñándole un ojo a la cámara. Enseguida, su rostro desapareció, dando a lugar a un cartel con la dirección de la guardería.

    —¿Qué es eso? —preguntó Ash, confundido.

    —Al parecer alguien acaba de abrir una nueva guardería —le respondió Brock.

    —¿Un qué? —Ash parecía más confundido que antes.

    —Es lo más nuevo —le explicó Todd—. Son guarderías donde cuidan a tus pokemón cuando los niños no pueden hacerlo. Es como un hotel pokemón.

    —Una guardería incluso puede hacer evolucionar a tu pokemón —agregó Misty.

    —¡Vaya! ¡Vamos a verlo!

    James miró la pantalla, ahora con una publicidad de helados, confundido. Le daba la impresión de que conocía a esa mujer, pero no recordaba donde…

    —¿James?

    James levantó la vista y vio que Brock lo llamaba, ya alejándose. Tomó sus cosas y siguió a los demás hasta la guardería. Tal vez no fuera mala idea dejar a su Weepinbel para que la hicieran más fuerte.

    La guardería de la Gran Hermana era un edificio enorme, con una estructura similar a la de los hoteles, con el toldo rojo y todo. Una multitud de niños de entre ocho y diez años estaban haciendo fila de manera entusiasmada, junto sus pokemón, la gran mayoría era todos de primera etapa, como Caterpie, Spearrow, Rattata… La chica del comercial estaba en la puerta, con una sonrisa de oreja a oreja.

    —No se empujen, aún tenemos mucho espacio en nuestra suites de lujo, les garantizo que todos sus pokemón estarán como nuevos y que algunos de ellos van a evolucionar —les decía.

    —Ella parece muy agradable —comentó Misty.

    —¡A que sí! —exclamó Brock, dando unos pasos para admirar a la chica. James entrecerró los ojos. Estaba segura que la conocía, pero no podía ubicar su cara en ningún lado. Con los años que llevaba viajando, podría ser cualquiera.

    La mujer se agachó para hablar con un niño que tenía un Sandshrew en sus brazos. Ella lo alzó mientras seguía hablando sobre cuanto creían en el amor a los pokemón. En eso, la puerta se abrió y salió un tipo alto y delgado de cabello verde. Le tocó el hombro a la mujer y le dijo algo al oído. Ella asintió y abrió la puerta principal, invitando a los demás a entrar.

    —¡Que linda! —murmuró Brock, con la saliva colgándole de la boca.

    —Vaya, esa chica sabe como tratar a los clientes —comentó Todd.

    Misty se llevó una mano a la barbilla, pensativa.

    —Tengo una idea —dijo Misty de golpe —Vamos a hacer la fila.

    ...​

    La fila se movió más rápido de lo que imaginaban, ya que algunos niños solo iban a acompañar a sus amigos o parientes. No tardaron mucho en llegar adentro, donde los dos cuidadores estaban recibiendo a los pokemón. Tomaban los datos de la persona y el pokemón, les daban una copia a los entrenadores y les ponían a los pokemón un cartel con un número. Una vez hecho esto, ponían al pokemón sobre una cinta transportadora al costado del mostrador, donde era transportado hacia la parte de atrás del edificio.

    —¡Yo tengo un pokemón también! —gritó Misty, golpeando con fuerza el mostrador y sobresaltando a la cuidadora.

    —Bueno, estás en el lugar correcto —le respondió la rubia, con tono calmado, pero mirándola con un poco de miedo.

    —¿Y que debo hacer para tener a mi pokemón aquí? —preguntó Misty, con tono agresivo.

    —Misty, ¿vas a dejar a uno aquí? —preguntó Ash, sorprendido.

    —Si. Voy a probar este lugar.

    —¿Pero a cual pokemón? No a tu Staryu —cuestionó Todd.

    —Togepi es muy joven —razonó Brock

    Misty sacó la pokebola de su bolsillo.

    —¡Sal, Psyduck!

    El pokemón de agua apareció frente a ella. Misty lo alzó en brazos y lo puso sobre el mostrador de manera brusca, lo cual molestó a James. ¿Es que acaso no podía tener un poco más de cuidado? Era un pokemón, no un costal de papas.

    —A mi Psyduck. Quiero dejar a mi Psyduck aquí con ustedes —le dijo Misty a la cuidadora. Se la veía más agresiva de lo normal y James no podía entender por qué.

    La criadora se acercó a Psyduck y sonrió.

    —Que lindo. ¿No son hermosos sus ojos? Grandes y brillantes como pelotas de ping pong —lo halagó ella.

    —Si, y a mí me gustaría tener una raqueta —gruñó Misty.

    —Y dime, ¿hay algo en especial que quieras que hagamos con tu Psyduck?

    —Si. Para empezar, ¿podrían hacer algo para meterle algo de sentido común a esta cabezota? —puso una mano sobre la cabeza de Psyduck y la zarandeó con fuerza, haciendo que el pokemón de agua gritara de dolor —¡Hay un hueco muy grande ahí adentro!

    —¡Basta, Misty! —le gritó James, sacándole la mano de encima a Psyduck—. ¿No serás tú la que tiene un hueco muy grande en su cabeza? —James puso la mano sobre la cabeza de Psyduck y se la masajeó despacio. Jessie le había enseñado a dar masajes a los pokemón hacía mucho tiempo, de su época como enfermera—. Tranquilo, Psyduck, todo está bien.

    Psyduck lo miró, con los ojos carentes de expresión. James miró hacia el frente y notó que la cuidadora lo observaba, pensativa.

    —¿Ocurre algo? —le preguntó James.

    Ella salió de su ensimismamiento y sonrió.

    —No, nada. Sólo que… Psyduck me parece inteligente —comentó.

    Misty resopló, se acercó a Psyduck e intentó levantarle los párpados caidos para que pareciera más intimidante.

    —¡Y tiene que cambiarle esa mirada distraída! —rugió Misty, como si fuera a echar espuma por la boca.

    —Se necesita un milagro —comentó Ash.

    La cuidadora le sonrió a Ash. A James le estaba incomodando que sonriera tanto. Se la veía muy segura, pero le hacía recordar a hambrientos vendedores de seguros

    —Es curioso que lo digas, porque el lema aquí en la guardería es: un poco de amor pokemón hace milagros.

    La rubia le asignó el número 12 a Psyduck y lo puso en la cinta transportadora, la cual se puso en movimiento. Psyduck los miró, confundido, hasta desaparecer por la cortina.

    —¿Alguno de ustedes quiere que le cuidemos a su pokemón?

    James dudó. Necesitaba entrenar, pero el tiempo se le acababa. Sus pokemón no pasarían ni la primera ronda al paso al que iba. Respiró hondo y respondió:

    —¿Se podrían encargar de mi Weepinbell?

    ...​

    El grupo volvió al árbol donde se encontrarían con Jessie. Meowth, quien había estado mortalmente callado desde que había entrado a la guardería Pokemón, estaba hablando otra vez. ¿Él también había notado algo raro?

    Encontraron a Jessie sentada, tomando una lata de refresco de un sorbete y abanicándose con uno de esos abanicos de papel.

    —¿Estuviste esperando mucho tiempo? —le preguntó James, besándola.

    —Llegué hace menos de cinco minutos —respondió Jessie.

    —Y.. ¿Cómo está todo? ¿El bebé está bien?

    Jessie hizo un gesto despectivo con la mano.

    —Oh, no te preocupes, James. La nena está bien.

    James parpadeó, sorprendido.

    —¿Nena? ¿Dijiste nena? —preguntó, con la voz temblorosa por la emoción.

    Jessie se levantó, con una sonrisa radiante.

    —El doctor dijo que probablemente fuera una nena. Una nena sana y feliz.

    James sintió sus ojos arder por las lágrimas. Una nena. Una nena hermosa. Claro que sería hermosa, si se parecía a Jessie.

    —¡Una nena! —chilló Meowth— ¿Oyeron todos? ¡Una nena!

    —¡Nya!

    —¡Pika pika!

    —¡Ellas también están felices de que sea una nena! —Meowth corrió hacia Jessie y pegó un salto hacia ella. Jessie a duras penas logro sostenerlo—. Estoy tan feliz… —y comenzó a llorar.

    —¡Meowth! —lo retó ella, sonriendo, pero con los ojos brillantes—. Eres tan sensible…

    James se acercó a Jessie y la estrechó en sus brazos, llorando en su cuello. Una nena. Hubiese reaccionado igual si hubiera dicho que era un varón, pero el saberlo hizo que su corazón se derritiera.

    —Felicidades a ambos —les dijo Brock.

    —¡Una nena! ¡Que tierno! —opinó Misty.

    —Ehh… felicidades —murmuró Ash, como si no supiera como reaccionar a la noticia. A James no le pudo importar menos.

    —Me están asfixiando… —gruñó Meowth desde el pecho de Jessie.

    Ambos se separaron y Meowth se trepó al cuello de James.

    —¡Esto hay que celebrarlo! —dijo Meowth —. ¡Vamos a buscar un buen lugar para comer!

    A todos les pareció una excelente idea y comenzaron a caminar, buscando un restaurante. En el camino, le comentaron a Jessie sobre la guardería y que Misty y James habían dejado a un pokemón allí.

    —Yo no confío en esos lugares —gruñó Jessie—. Es mejor entrenar a los pokemón por uno mismo en lugar de que un extraño lo haga. Además, en muchos lugares te estafan.

    —Psyduck probará si ese lugar funciona —dijo Misty alegremente.

    —Apuesto a que lo vas a dejar ahí y nunca vas a volver por él —la acusó Ash.

    —¡Claro que no! Yo nunca abandonaría así a Psyduck —se defendió Misty.

    —Entre maltratarlo y abandonarlo, ¿Cuál es la diferencia? —gruñó James—. Tal vez tenga mejor suerte si otro se hace cargo de él.

    —¿Quién querría hacerse cargo de él? —se burló Misty.

    —Yo lo haría.

    —Yo también —se sumó Ash—. Yo creo que Psyduck tiene potencial

    —Escuchen ustedes dos: yo atrapé a Psyduck y pienso quedármelo aunque siga siendo igual de molesto cuando lo recoja…

    —¡Eso se ve delicioso! —exclamó Todd de golpe.

    Todos se volvieron a mirarlo. Todd estaba parado frente al cartel de un restaurante que mostraba un delicioso omelette con kétchup encima. Arriba, el cartel decía "¡Primer aniversario! ¡Buffet libre y gratis!"

    —¿Buffet libre y gratis? —preguntó James, confuso.

    —Yo voy a arrasar con todo —agregó Meowth

    —¡Esto es perfecto! —exclamó Misty.

    Ash se acercó al cartel.

    —Esto no puede ser real, ¿no?

    —Debe ser una trampa, como que tienes que ordenar diez cenas para conseguir una gratis.

    —Tal vez tengas razón —le dijo James.

    La puerta del restaurante se abrió y un hombre gordo con uniforme de cocinero salió del local.

    —No hay ninguna trampa. Pueden comer todo lo que quieran… pero con una condición.

    —¿Cuál es la condición? —preguntaron todos.

    El hombre sonrió.

    —Bueno, si me muestran a mi pokemón favorito, les daré todo lo que puedan comer gratis.

    —Alguno de nosotros debe tener su favorito.

    Ash sacó tres de sus pokebolas.

    —¡Salgan todos!

    Ash sacó a Bulbasaur, Squirtle y a Pidgeotto. James notó una vez más que no estaba sacando a Charizard. Se preguntó por qué no lo hacía.

    El hombre miró a los tres pokemón y negó con la cabeza.

    —Ninguno de ellos lo es.

    Ash tomó a su Pikachu en brazos y se lo enseñó al cocinero.

    —¿Y que me dice de Pikachu?

    Pikachu puso la cara más tierna posible. El cocinero sacudió la cabeza.

    —Me temo que no.

    Brock sacó a todos sus pokemón.

    —Tal vez su favorito sea Onix o Geodude o Zubat. O tal vez sea Vulpix —alzó a su pokemón de fuego en brazos para que lo pudiera ver mejor

    —¡NYAAAA! —chilló Lunita, escondiéndose en el pecho de James. Demonios, se había olvidado de los Zubat.

    —Mete esa cosa de vuelta —lo amenazó Meowth a Brock.

    —Oh, si, lo siento —se disculpó Brock y guardó a Zubat de vuelta en su pokebola.

    El cocinero negó con la cabeza como toda respuesta.

    Misty sacó todos sus pokemón también.

    —Tal vez su favorito sea Goldeen, Staryu, Starmie, Horsea o tal vez sea Togepi.

    —Lo siento, no.

    Jessie y James sacaron todos sus pokemón y también recibieron una respuesta negativa.

    —¿Por qué no sacas tus pokemón, Todd? —le preguntó Meowth al fotógrafo.

    —Es que yo no tengo ningún pokemón, Meowth.

    —¿Cómo que no lo tienes?

    —Nunca sentí la necesidad de tener uno.

    James se iba a meter en la conversación, pero estaba más ocupado con el cocinero.

    —No puedo creer que ninguno sea su favorito —dijo Misty, apenada.

    —Tal vez sea algún pokemón que no hemos atrapado.

    El cocinero comenzó a revolver los bolsillos de su uniforme.

    —Mi pokemón favorito es este —dijo el cocinero, enseñando una fotografía que había sacado de su bolsillo.

    Era la foto de un Psyduck, acostado sobre un almohadón violeta y un fondo celeste, probablemente el cielo. A James no le gustó la foto. Le hizo pensar en cosas desagradables y ya quería largarse de allí y buscar en otro lugar. No arriesgaría a Psyduck por comida gratis.

    —¿Psyduck? ¿Le gustan los Psyducks? —preguntó Brock, confundido.

    —Esa se parece a una fotografía mía —comentó Todd.

    —Yo creo que el Psyduck es el mejor pokemón que hay—dijo el cocinero, con los ojos brillantes de la emoción —. Cada vez que viene un cliente con un Psyduck, lo dejo comer gratis.

    Misty se acercó al cocinero.

    —Si regreso en un par de minutos todavía estará aquí, ¿verdad?

    —Claro.

    Misty sonrió de oreja a oreja.

    —¡Genial!

    Todos fueron de vuelta a la guardería. Mientras caminaban, James habló con Todd:

    —Oye, necesitas tener un pokemón, sobre todo si vas por las montañas. Hay muchos pokemón de tipo Lucha y Roca por esos lados y, además, es fácil perderse o salir herido por esos lados.

    Todd sonrió.

    —No te preocupes, nunca me ha pasado nada…

    —El Arbok de Jessie casi te mata. De haber tenido un pokemón, te habría defendido…

    —Si, pero…

    —¿Y has estado en las montañas alguna vez?

    —No, pero…

    —Yo sí he estado en las montañas y es un lugar peligroso y traicionero como para hacerlo solo. Si quieres, mañana mismo te conseguiré un pokemón.

    Todd parpadeó, sorprendido.

    —No tienes que hacerlo…

    —Lo haré…

    Delante de ellos, Misty caminaba a pasos largos. Estaba furiosa.

    —¡Esto es típico! Psyduck tiene que faltar la única vez que lo necesito.

    —Tú fuiste la que lo dejó —la retó Ash, pero la chica lo ignoró como si fuera un perchero y siguió de largo.

    Llegaron a la guardería y la encontraron con un cartel que decía "Cerrado por hoy". La puerta de vidrios polarizados impedía ver lo que había adentro.

    —Creo que no va a haber buffet gratis —dijo Brock.

    —Tendrá que ser el próximo año —se burló Todd.

    Misty se giró hacia ellos, furiosa.

    —¡Ni soñarlo! ¡Vamos a ir a ese buffet gratis! —les gritó—. Buscaremos otra entrada, ¡siganme!

    Misty se alejó pisando fuerte, como si fuera un Charizard. James también quería comer gratis y Jessie y Meowth también, pero no querían ir presos por meterse a hurtadillas en un negocio cerrado.

    Dieron un rodeo por el costado del edificio, metiéndose en un callejón, hasta ver una puerta metálica de color verde. Misty comenzó a golpear la puerta con el puño.

    —¿Hola? ¿Hay alguien aquí? Necesito sacar a mi pokemón que dejé aquí. ¿Alguien puede abrirme la puerta? —Misty dejó de golpear la puerta y giró la perilla. Para sorpresa de todos, la puerta se abrió.

    —Está abierta —musitó Misty a los demás.

    La chica fue la primera en entrar, con los demás siguiéndola detrás.

    —¿Hola? ¿Hay alguien aquí que pueda darme a mi pokemón? ¿Hay alguien que pueda ayudarme.

    Se encontraron en un pasillo similar al de un hotel, ancho y alfombrado, con estatuas y plantas en las esquinas. James tenía un mal presentimiento. Apretó un poco a Nina, quien estaba apoyada en su pecho. Lunita estaba agarrada de su hombro.

    Abrieron una puerta al azar. Estaba tan oscuro que no se podía ver nada. Brock se metió la mano en el bolsillo y sacó una linterna, apuntando hacia el frente primero y luego hacia los costados, Lo que vieron con la luz de la linterna los paralizó.

    Jaulas. Cientos de jaulas repletas de pokemón apiladas como si fueran cajones de manzanas. Ninguno peleaba por escapar, sino que parecían abatidos, como si estuvieran deprimidos o drogados.

    —¿Qué es esto? —preguntó Misty.

    —Son los pokemón de la guardería —musitó James. Nina comenzó a temblar en sus brazos. James la apretó con más fuerza. Un sudor frío comenzó a correrle por la espalda. Si los llegaban a descubrir… pero no podía dejar a su Weepinbell y a Psyduck ahí, claro que no.

    —Esto no es bueno —murmuró Meowth.

    Jessie se mordió el labio, pero no dijo nada.

    —Esto a mi no me parece un hotel de lujo —dijo Ash, enojado.

    Todd se agachó y se puso frente a la jaula de un Sandshrew.

    —Esto es cruel, están amontonados en jaulas —el pokemón tipo Tierra estaba sentado, mirando el suelo. Parecían muertos en vida.

    Brock seguía examinando las jaulas.

    —¡Miren, aquí está nuestro Psyduck! —exclamó.

    —¿Pueden bajar la voz? —le siseó Jessie—. Podrían oírnos.

    Psyduck estaba en una de las jaulas del piso. Tenía el número 12, así que no cabía ninguna duda. Tenía una expresión enojada en su rostro.

    —Bueno, admito que se ve un poco más listo que cuando lo dejamos —comentó Misty.

    Brock negó con la cabeza.

    —Tienes que mirarlo bien… le pegaron los ojos con cinta adhesiva.

    Misty estiró la mano entre los barrotes y le despegó la cinta.

    —¡Que terrible! —murmuró.

    Se escuchó un ruido fuerte y metálico detrás de ellos. Una garra robótica colgada del techo había agarrado una jaula y la estaba transportando. Nina comenzó a chillar con fuerza, mientras se retorcía en los brazos de James.

    —¡Nina, cálmate! —James la apretó contra su pecho y la acunó, pero de nada servía. Estar rodeada de jaulas similares a donde había estado atrapada tiempo atrás le estaba haciendo muy mal. Lunita, desde su hombro, parecía no entender, pero estaba a punto de llorar también.

    Nina seguía retorciéndose y chillando, como si quisiera salir corriendo de allí. Miraba a James de vez en cuando con los ojos llenos de lágrimas, rogándole que salieran de allí.

    —¡Haz que se calle! —rugió Jessie—. Si sigue llorando…

    Las luces del techo se encendieron.

    La luz blanca de las lámparas de sodio les irritó los ojos y tuvieron que cubrirse los ojos con una mano para no encandilarse. Cuando pudieron ver, se encontraron a los dos "cuidadores" frente a ellos, a unos tres metros de distancia. No parecían tan amigables como lo habían sido unas horas atrás, cuando habían dejado sus pokemón con ellos.

    —Ahora sé de donde te conozco — le dijo la chica rubia a James, con una sonrisa maligna.

    Súbitamente, James la recordó. Esa chica se llamaba Cassidy y pertenecía al Equipo Rocket. Jessie la detestaba con toda su alma. El otro debía ser su compañero, aunque no recordaba el nombre. Apenas los había visto en los años que había estado en el Equipo Rocket y por eso no recordaba sus rostros. Al parecer, a Cassidy le había pasado algo similar.

    —¿James, verdad? —dijo el hombre de pelo verde… ¿se llamaba Biff? ¿Bill?

    —Son solo unos bichos molestos —dijo Cassidy.

    Ash se adelantó un paso.

    —¡No les tenemos miedo a unos ladrones como ustedes! —les gritó.

    —Cálmate, Ash —le dijo Meowth, pálido como un papel.

    Cassidy se fijó en Jessie.

    —Así que por esto el jefe no sabía de ustedes durante meses —dijo, disfrutando cada palabra que salía de su boca—. No tienen el uniforme, están con estos mocosos… ¿Desertaron acaso?

    —Que te importa —le respondió Jessie, llevándose una mano al vientre.

    —Cierto, no tienes nada que explicarme a mí. Guarden sus excusas para el jefe cuando se enteren que no solo desertaron del equipo, sino que están saboteando sus planes.

    Jessie tomó la mano de James con fuerza. Estaba temblando.

    —Y para colmo, fuiste lo suficientemente estúpida para embarazarte —continuó Cassidy—. ¿Al menos sabes de quién? Porque todos sabemos para que lado tira James.

    —A diferencia tuya, yo no soy ninguna prostituta barata, sé de quién es —respondió Jessie, apretando los dientes.

    Cassidy ni se inmutó. Lanzó una risa burlona.

    —Sigues teniendo esa actitud, ¿eh? Pues no te preocupes, ya vas a aprender cuando te llevemos a ti y tus amiguitos a la central.

    Meowth se adelantó.

    —Por favor, haremos lo que quieras, pero no le digas nada a él, por favor —suplicó.

    —No quiero nada de ustedes, excepto verlos destruidos. A ti tal vez te vendan a algún científico; James va a saber lo que el jefe le hace a los traidores. Y en cuanto a ti, Jessie —la sonrisa retorcida de Cassidy hizo que a James se le congelara el estómago—… espero que no te hayas encariñado mucho con eso que llevas en tu vientre.

    Una luz roja salió del bolsillo de Jessie y Arbok apareció delante de su entrenadora, en pose defensiva. Siseó con odio a Cassidy y Butch antes de mirar las jaulas a su alrededor y comenzar a sisear de una manera mucho más baja y tranquila.

    —Veo que tu serpiente evolucionó —comentó Cassidy, mirando al de pelo verde de reojo.

    —Pero ni siquiera un Dragonite se animaría con esto —el tipo sacó se su bata un arma, similar a las que tenía el tipo del safari. Arbok apenas se movió un poco para atrás, sin parar de sisear de manera baja. James se preguntó que demonios estaría diciendo, pero estaba muy ocupado viendo el arma como para pensar en ello. Le apuntó directo hacia Jessie.

    Meowth se trepó a la espalda de James y se puso en el otro hombro, ya que el otro estaba ocupado por Lunita.

    —Lunita, Nina, cierren los ojos —dijo, en voz baja.

    —¿Nya?

    —¿Pi?

    —Haganme caso, nenas, por favor. Pase lo que pase, no los abran hasta que yo se los diga —susurró Meowth.

    —¿Qué pasa, Meowth?

    Meowth apoyó su cabeza contra la mejilla de James.

    —No tenemos otra salida —la voz de Meowth era un susurro, como algo viscoso deslizándose en el suelo en plena oscuridad —. Dios, perdóname. Perdónanos a todos.

    James le iba a preguntar que era lo que iba a pasar, pero no fue necesario. La escena se desenvolvió ante sus ojos bastante rápido, pero luego, mucho después, lo vería en cámara lenta, como una película en slomo.

    Un látigo cepa salió de una jaula cercana y le dio al tipo de pelo verde un golpe seco en la articulación de la mano. El tipo dejó caer el arma, sacudiéndose la mano, dolorido, furioso y confundido. El mismo látigo cepa lo sujetó por la muñeca, impidiendo que pudiera recuperar el arma.

    —¿Pero que…?

    Arbok se tiró encima de Cassidy como si fuera despedido a través de una bala de cañon. Un cabezazo al pecho bastó para tirarla al suelo. Arbok se subió encima de ella, abrió la boca y le dio unas dentelladas rápidas en el cuello y parte de la cabeza. La sangre saltó a borbotones, como si hubiera atacado una bolsa rellena de kétchup hasta casi reventar. Solo que eso no era kétchup. Era sangre humana.

    Arbok se giró hacia el aterrorizado rostro del compañero de Cassidy. Le chorreaba sangre por la boca y tenía una ira asesina en los ojos que nunca creyó ver en él.

    El tipo gritó e intentó correr hacia James, como pidiendo misericordia, pero el látigo cepa lo impidió, resbalándose y cayendo al piso boca abajo. Arbok soltó un siseo y saltó hacía él. Pudo sentir con claridad el chasquido de los dientes de Arbok desgarrando su cuello, con chasquidos húmedos. El tipo intentó seguir gritando, pero sólo le salían gorgoteos al estarse ahogando en su propia sangre. Ese sonido apenas duró unos dos segundos, pero para James fueron muchos más. Su mente lo reproducía como en bucle, una y otra vez, aunque el sonido real se hubiera apagado.

    Arbok levantó su cabeza ensangrentada y se acercó a Jessie, dejando una estela de sangre con su cuerpo. Miró al piso y siseó unas palabras.

    —He vengado a los que querían dañar a mi ama y a su cría —Meowth lo dijo de manera robótica, como si toda emoción hubiera sido drenada. Eso fue suficiente para espabilar a James y mirar hacia los demás.

    Misty estaba aferrada al brazo de Ash como si su vida dependiera de ello; Ash estaba pálido y quieto como un poste de luz y Pikachu estaba igual, a los pies de su entrenador; Todd temblaba como una hoja mecida por el viento y Brock tenía la cara descompuesta, como si fuera a vomitar.

    Jessie reaccionó primero. Sacó su pokebola.

    —Arbok, regresa —dijo, con voz firme. Una vez que Arbok quedó guardado en su pokebola, se dio vuelta—. Alguien pudo haber oído los gritos. Salgamos por donde entramos y no toquen nada. Vayan al Centro Pokemón; yo saldré del pueblo para bañar a Arbok en el río y sacarle la sangre que le quedó —al ver que nadie se movía, aplaudió un par de veces frente a la cara de Ash, quien saltó hacia atrás —. ¿Me escucharon? ¡Muevanse!

    Eso los espabiló a todos. Comenzaron a caminar, intentando no mirar los cadáveres degollados que hasta hacía unos segundos estaban vivos. Meowth se bajó del hombro de James.

    —Dejenme aquí.

    Jessie lo miró, como si se hubiera vuelto loco.

    —¿Estás loco?

    —Debe haber huellas de nosotros por todos lados. Alguien tiene que quedarse a limpiarlas. Si la policía viene, dudo que sospechen de un Meowth.

    Jessie respiró profundamente.

    —No te tardes demasiado.

    Meowth asintió.

    No había mucho más que hacer, así que no les quedó otra que salir y rogar que nadie sospechara de ellos.

    ...​

    Estaban en el Centro Pokemón desde hacía casi una hora, sentados en sus camas, apretujados para sentirse más seguros. Jessie y Meowth todavía no habían regresado. Lunita y Nina dormían juntas dentro de la canastas, ajenas a todo lo que había sucedido.

    James estaba empezando a tener miedo de que les hubiera pasado algo a Jessie y a Meowth. ¿Y si la policía había llegado antes de que Meowth pudiera borrar todas las huellas? ¿Y si habían capturado a Jessie y ahora iban por ellos?

    La puerta se abrió y todos pegaron un salto por la tensión. Pero era Jessie.

    —Ya terminé. ¿Meowth volvió?

    —No.

    Jessie se dejó caer en la cama y tomó la mano de James. Miró a los bobos y resopló.

    —Ehh… muchachos… escuchen: ninguno de nosotros tiene la culpa de lo que pasó, ¿entienden? Además… ni que se hubieran muerto personas respetables, no es la gran cosa.

    —Todas las vidas valen la pena —musitó Todd.

    Jessie negó con la cabeza.

    —Ellos se buscaron su propia muerte. El tipo ese me apuntó con un arma. A mi, a una mujer embarazada. ¿Qué querías que hiciera Arbok? ¿Qué se quedara tranquilo viendo como nuestras vidas corrían peligro? Hizo lo que cualquier pokemón habría hecho en su lugar.

    La puerta se volvió a abrir y entró Meowth. Temblaba como una hoja.

    —¿Meowth? ¿Qué ocurre?

    —Quiero… vomitar…

    James se levantó, lo alzó y salió con el de la habitación, directo al baño de hombres. Se encerró en un cubículo y lo alzó por debajo de las patas delanteras. Una vez que vació todo en contenido de su estómago en el inodoro, salieron y lo hizo tomar agua de la canilla.

    —¿Cómo estás ahora? —le preguntó a Meowth.

    —Mejor… pero cansado.

    —Vamos al cuarto y duermes una siesta, ¿si?

    Meowth asintió. James lo cargó en brazos, haciendo que apoye su cabeza en el hombro y volvió a la habitación. Cuando lo dejó en la cama al lado de la canasta, ya se había dormido.

    —¿Está mejor? —le preguntó Jessie.

    —Eso parece. Fue mucho para él.

    Ash levantó la vista.

    —¿Qué vamos a hacer ahora? —preguntó.

    —Te diré que vamos a hacer —le respondió Jessie, con la voz cargada de energía—. Vamos quedarnos aquí todo el resto del día. Vamos a bañarnos, comer y descansar. Mañana temprano nos iremos a comprar provisiones mientras James y Misty van a buscar sus pokemón como si nada hubiera pasado. En dos semanas, mas o menos, estaremos tomando sol en Isla Canela y todo esto no será más que un mal sueño, ¿entendieron?

    Misty se retorció las manos.

    —No… quiero… volver ahí.

    —Sólo tienes que ir, preguntar por tu Psyduck y hacerte la sorprendida cuando veas a toda la policía allí, no es tan difícil…

    James la interrumpió apoyándole la mano en el hombro.

    —No te preocupes. Iré yo solo. Sólo tiene que darme el papel y lo iré a buscar por ella, ¿si? Si se pone nerviosa, la policía podría sospechar algo.

    —Tienes razón. Entonces ya está todo decidido.

    James se acostó en la cama, agotado. No veía la hora de irse y no volver a pisar esa ciudad en lo que le quedaba de vida.

    ...​

    Al día siguiente, muy temprano, James salió del Centro Pokemón junto con el resto del grupo En cierta parte de la ciudad, se separaron. James se fue a la guardería, mientras que los demás fueron a la zona más céntrica, a comprar provisiones.

    James no había podido dormir. El miedo a que la policía tirara abajo la puerta de la habitación para arrastrarlos a una sucia celda lo había mantenido despierto y sospechaba que los demás tampoco habían podido dormir. No podía culparlos.

    Cuando llegó a la guardería, el lugar estaba inundado de policías y civiles preocupados. Una cinta amarilla rodeaba el edificio. En un lugar un poco más alejado había una fila de personas frente a un policía, tomando notas. James se acercó casi corriendo. Tenía que actuar bien su papel.

    Se acercó al primer policía que vio, intentando verse lo más desconcertado posible.

    — Disculpe, oficial, ¿Qué está pasando aquí?

    — ¿Usted ha dejado a su pokemón aquí? —preguntó el oficial. Era joven, probablemente de su misma edad.

    — Mi amiga y yo dejamos a nuestros pokemón aquí ayer, ¿Qué está pasando?

    El policía señaló la fila que había visto antes.

    —Vaya a hacer la fila. Le explicarán todo allí.

    James fue a hacer la fila con las otras personas. Como no tenía nada mejor que hacer, se puso a escuchar las conversaciones.

    —Eran ladrones del Equipo Rocket, al parecer —dijo un chico de unos trece años al frente suyo. Se estaba dirigiendo a una chica de trenzas que debía tener un par de años menos.

    —¿Los pokemón estarán bien? —preguntó ella, preocupada.

    —Escuché que sí… pero los ladrones no tuvieron tanta suerte.

    — ¿Ya los arrestaron?

    El chico se acercó un poco más a la chica.

    —El amigo de mi primo está aquí, es policía. Y me contaron que los ladrones están muertos.

    — ¿Qué? —chilló la chica de trenzas —. ¿P-pero como?

    —Dicen que… que los pokemón se los comieron

    La chica se llevó las manos a la boca para no gritar. James se quedó congelado como si un Articuno le hubiese tirado un Rayo Hielo. ¿Cómo que los pokemón se los habían comido? Era imposible, al menos que…

    … Meowth haya tenido algo que ver.

    James negó con la cabeza. Seguro eran rumores falsos, no creía que algo así fuera cierto. Meowth era incapaz de hacer algo como eso, era imposible.

    La fila empezó a moverse. El policía recibía los papeles para retirar a los pokemón, se los pasaba a otro policía y luego regresaba con una jaula con el respectivo pokemón. James notó que a veces el policía regresaba con las manos vacías.

    —Creo que a los que no devuelven son los que se comieron a los ladrones —escuchó que el chico le decía a la chica de trenzas. A James se le hizo un nudo en el estómago.

    Su turno al fin llegó y James sacó los papeles de su bolsillo.

    —Vengo a buscar a mi Weepinbell y al Psyduck de mi amiga —dijo, entregando los papeles. El policía le dijo que se corriera de la fila y se fuera a esperar a un costado. Pasaron varios minutos, que a James le parecieron eternos. Finalmente, vinieron dos policías, cada uno con una jaula. En una estaba Psyduck, pero en el otro no estaba su Weepinbell.

    —Señores, eso es un Victreebel. Yo tenía un Weepinbell.

    —Coincide con la ficha que nos entregó —le respondió el policía—. Tal vez lo hayan evolucionado. Es hembra, como la que dejó aquí.

    — ¿Y como sé que no me están dando cualquier cosa? —respondió James, molesto.

    El otro policía abrió la jaula.

    —Pues venga a fijarse.

    La Victreebel se acercó a James, dando saltitos. James se agachó para mirarla.

    —¿Nena? ¿Sabes quien soy?

    Victreebel dio un chillido de felicidad, dio un salto hacia James y lo metió dentro de su boca, como si intentara comérselo. James usó sus brazos para sacársela de encima, cubierto de baba. La Victreebel siguió dando pequeños chillidos de felicidad.

    James sacó la pokebola y la guardó en ella. Eso confirmaba que era la suya. El policía abrió la jaula donde estaba Psyduck. El pokemón de agua caminó unos pasos y miró a su alrededor, confuso, probablemente buscando a Misty.

    —¿Psyduck? —lo llamó James. El pokemón lo miró, agarrándose la cabeza—. Misty me mandó a buscarte. Tómame de la mano y vayamos a esperarla.

    —Psy.

    James lo tomó de la mano y caminaron juntos por la calle, un poco más aliviado de dejar atrás la falsa guardería. En el camino, compró un par de latas de refresco y le dio una a Psyduck. Se quedaron esperando al grupo en el mismo lugar del día anterior, cuando todo parecería que iba a salir bien.

    Psyduck terminó de tomar su gaseosa y se sentó en el suelo, apoyando su espalda en las piernas de James. Por algún motivo, lo encontró adorable. Se inclinó un poco y comenzó a acariciarle la cabeza con lentitud. Pobre Psyduck. No se merecía que Misty lo tratara como basura. Con el entrenamiento adecuado, sería un pokemón muy fuerte. Y ni hablar cuando evolucionara…

    —¿James?

    Jessie y el resto del grupo arribaron al lugar. Psyduck dio un salto y corrió hacia Misty, abrazándola de las piernas.

    —Hola, Psyduck —Misty le habló como si ella estuviera muy lejos de allí. Sacó su pokebola—. Regresa.

    James se levantó, frotándose los ojos.

    —¿Te compraste lo que te dije, Todd? —le preguntó James al fotógrafo.

    —Si, lo tengo en el bolsillo.

    —Perfecto. Ahora salgamos de esta maldita ciudad.

    El grupo se movilizó y salieron de la jungla de cemento. James esperaba no tener que volver allí en lo que le quedara de vida. Actuaba como si nada hubiera pasado, pero estaba intranquilo. A Jessie y a Meowth les pasaba algo similar. Pero los demás eran otra historia. Estaban completamente apáticos, como si estuvieran drogados. Más tarde tendrían que hablar con ellos.

    James miró hacia arriba mientras caminaba y vio algo que buscaba: un Pidgey que estaba descansando en una rama. James se adelantó un poco y los tocó a todos en el hombro para que frenaran.

    —Quedense aquí. Todd, ven conmigo.

    James se acercó un poco al árbol, con movimientos lentos. Todd lo imitó, un poco confuso.

    —¿Nina?

    Nina, en el hombro de James, lo miró.

    —¿Pika?

    —¿Quieres tener tu primera batalla?

    Nina sonrió de oreja a oreja.

    —¡Pi! —chilló, feliz.

    —Bien. Baja de mi hombro. Vamos a capturar ese Pidgey.

    Nina bajó del hombro. James no quería atacarlo a traición, pero quería hacerlo rápido y prefería que el combate de Nina fuera más… sencillo.

    —¡Nina, usa Impactrueno!

    Un rayo amarillo brotó de su cuerpito y se dirigió derecho al desprevenido Pidgey. No hizo falta decir que el pequeño pokemón pájaro se cayó de la rama directamente hacia el suelo.

    —¿Qué esperas, Todd? ¡Captúralo! O yo lo haré.

    Todd se metió la mano al bolsillo de su pantalón y sacó una pokebola, la cual lanzó hacia el Pidgey, capturándolo con una luz roja. La pokebola se movió un poco, pero finalmente se selló.

    —Felicidades, ahora tienes un Pidgey para tu viaje —le dijo James, con una sonrisa.

    ...​

    El grupo siguió caminando durante dos horas más. En ese lapso, James curó al Pidgey de Todd y ahora estaba dentro de su pokebola otra vez, pero ya recuperado del Impactrueno de Nina. James le explicó a Todd que, si bien el Pidgey era débil, le serviría para advertirle sobre pokemón y como guía en caso de que se perdiera.

    Siguiendo el camino, se encontraron con una bifurcación, señalada con carteles. Uno decía: "Ciudad Naranja/Puerto" y el otro decía "Montaña del Onix Dormido"

    —Bueno, aquí nos separamos —dijo Todd, indeciso—. Iré a las montañas a sacar fotos de pokemón salvajes.

    —Ten mucho cuidado —le dijo Brock, con la voz apagada,

    —Cuida bien de ese Pidgey —le dijo James.

    Todd forzó una sonrisa.

    —Adios. Espero verlos pronto.

    —Adios —saludó el resto del grupo.

    Todd tomó el camino hacia las montañas, mientras el resto se dirigió a Ciudad Naranja. Lo peor había pasado, pero aún quedaba el miedo en los corazones de Ash, Misty y Brock. Lo que habían visto les estaba consumiendo las ganas de vivir. El ex Equipo Rocket tenía que hacer algo.

    Oficialmente, les comunico que acá se acabó la joda, al menos para los bobos. Se acabaron de topar con la verdad: que hay gente que sería capaz de matar a cualquiera sin importar las consecuencias. Pido disculpas si Arbok es un badass, pero no pueden decirme que no se lo merece.

    Nathan: Ash es un vago de mierda. Por algo perdió la liga en la primera temporada. Y si, yo me imagino que es medio cochino, lo dice la ciencia (?)
    Nina ya está mejor, como lo demostré. Muy pronto ya tendría que estar entrenando y peleando como cualquier Pikachu del vecino. Brock es un amor de ser humano. Si no fuera tan pajero, ya tendría novia.
    En Jotho, se muestra un flashback donde James capturó a Weepinbell con Weezing en una especie de campo. Pero mierda que se tardaron en explicarlo.

    Bueno, espero que les haya gustado el cap. ¡Hasta la próxima semana!
     
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    Thranduil

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    :o Bueno, este es uno de los fics que me recomendaron leer, así que aquí estoy. No sé qué habrá comentado el resto, así que si repito algo, ignóralo.

    Capítulo 1: Interesante inicio, sabiendo que es un fic explícito, con la manera en que empezaste el capítulo, no pensé que llegarías a la propuesta de Jessie. También me agradan las pequeñas referencias al anime y la leve profundización en la historia pasada de James y sus complejos. Son adultos y el realismo que presentas es necesario y pertinente.

    Capítulo 2: Dios mío!!!! Ese final!!!!! Bueno, me gusta el desarrollo de los personajes, cosa que el anime sólo aprovechó hasta cierto punto, me sigue gustando la profundidad con la que los tratas. Y el contexto que viven es adecuado para que se den las situaciones que presentas.

    Capítulo 3: :o!!!!!!! Que explícito!!!!! Jajajaja. Me gustó tu forma de redactar el acto sexual, sin morbo y con mucha naturalidad, creo que se refleja muy bien que es la primera vez de James, gracias a las reacciones que tuvo. Fue curioso que Meowth sintiera el olor a sexo, aunque me intriga saber por qué este siempre canta canciones tristes, me puedo imaginar algo, pero prefiero esperar a leerlo.

    Capítulo 4: De a poco lo sexual se vuelve más carnal y pasional entre ellos. James ya lo hizo, ahora no estará tan temeroso y se arriesgará más. Que divertido que Meowth les haya arruinado la diversión, pero siento que terminará tocando el violín.

    Capítulo 5: Al fin se encontraron con ellos, ya era hora. Sin embargo, creo que toda la atención del capítulo se lo lleva lo que dijo Meowth: “Documentales de humanos”, Jajajaja, debo decir que me hizo reír harto.

    Creo que por hoy quedaré hasta aquí, estar leyendo mucho rato por el computador me puede hacer doler la cabeza, aunque no descarto quizás leer más tarde, tengo mucho por leer. No voy a dar correcciones o apreciaciones técnicas, pues ya llevas muchos capítulos y seguro que ya te hicieron esos alcances, no me queda más que comentar la historia y la forma en que tratas algunos temas.

    Si no hay más comentarios, editaré este post, si no, haré otro. Ciao.
     
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    J.Nathan Spears

    J.Nathan Spears Chao 2018, no te extrañaré xP Comentarista Top

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    Bueno, hora de comentar OuO. Es mucho, pero mucho lo que me llamó la atención, así que lo enumeraré todo según orden de remembranza. Pensaba hacerlo anoche pero me vencieron el vicio por Civilization VI y el sueñote :V. Y ya vendría siendo hora de que las sempais se pasen por acá xD

    1- Resulta extraño que Todd nunca haya tenido un Pokémon. ¿Cómo ha podido sobrevivir tanto, ah? XD. Mucha, pero MUUUUUCHA suerte... y al menos James estaba ahí para recordarle que, tarde o temprano, la potra se acaba y que requiere protección... o en este caso, vigilancia aérea.
    2- El episodio en sí comparte suficientes similitudes con el original (no me acuerdo de cómo lo titularon), al menos en el inicio. Vaya si tienes buena memoria... o mucha dedicación a re-ver esos episodios en específico. Eso se admira, de cualquier manera ;)
    3- Es irónico que yo sea de los que siempre pide que a Cassidy y Bam... digo, Butch, se les de otra chance para aparecer en el animé, pero siendo mucho más serios y que representen una amenaza real (las apariciones en Pokémon Chronicles fueron puro chiste y para "reemplazar" a Jessie, James y Meowth en ese aspecto). Y tú los matas en su primera (y última) aparición O__O.

    [​IMG]
    SIMPLEMENTE... WOW.

    ¿Estoy molesto por ello?
    ...
    No. En realidad, creo que ahora ellos se quedaron impregnados en la memoria de muchos lectores y de los "bobos". Ellos ahora saben que el mundo es cruel y tienen que lidiar con ello... estarán traumados un buen tiempo, y veremos cómo le hace la parejita de ex-criminales para conseguir esto.

    4- También puedo decir que es la primera vez que puedo identificarme en Jessie de alguna manera. Su frase

    Es el espejo de lo que yo haría si estuviese en ese mundo. Si veo que amenazan a una mujer embarazada, actúo lo más rápidamente posible, saco un Pokémon y que se chingue a los presuntos asesinos. Yo no sentiría ni un ápice de pena por ellos... nadie debería. Pero como Ash, Misty y Brock son jovencitos aún, pues ya era hora de que aprendieran eso. Jessie realmente demostró tener mucha madurez... el que se haya criado prácticamente en "la calle" ayuda mucho ;)

    5- En general, uno no espera que los fanfics de Pokémon impacten tanto en los protas... en varios no se tocan los aspectos más crudos de la vida, y en muchos otros ya están ambientados en un mundo cruel donde se supone que los personajes ya conocidos se aclimataron a ello y donde los OC's hace rato están acostumbrados a actuar así. En mi opinión, el que profundices en eso es algo todavía más digno de admirar OuO.

    6- No sé por qué nunca se me pasó por la cabeza que a los Pokémon que los Rocket capturan, los drogan para que no puedan salir de las jaulas... tiene toda la lógica del mundo y jamás nadie ha explorado ese aspecto xD. Digo, es cierto que algunos se resignan luego de un rato de pelear en vano contra los barrotes, PERO NO TODOS. Y claro, Weepinbell pudo usar su Látigo Cepa :P.

    6.5- Eso no quita que tanto tú como el animé cometen el error (?) de no recordar que Weepinbell evoluciona gracias a la Piedra Hoja. Supongo que Cassidy y Barney (digo, Butch) dejaron alguna suelta por ahí xP. Pero igual... mal ahí -w-U

    7- Me pareció una pena que los "bobos" no se llevaran su buffet gratis... pero después de lo que pasó con Cassidy y Bern... ¡Butch, carajo! xD. Pues igual no hay estómago que aguante -w-U. Aunque como dijo James, Misty no debería haber sido la trainer de Psyduck en ese entonces. Una lástima que pasan AÑAZOS antes de que Misty aprende cómo tratarlo bien xD.

    8-

    Eeem... vago sí es. Pero se te olvida que perdió por tres razones fuera de su control:

    a. Los Rocket lo secuestraron y tuvo que escapar SIN AYUDA
    b. El réferi, incompetente como él solo, contó a Squirtle como fuera de combate cuando estaba dormido. Te creo cuando un rival esté congelado (y aún así habría que esperar a ver si es capaz de descongelarse), pero no cuando duerme O_oU.
    c. Charizard siendo un hijueputa ¬¬

    Todo eso va a cambiar, ya que... bueno, James y Jessie son de los buenos ahora :). Excepto claro lo del seudo-dragón siendo el ojete sobrevalorado de siempre.

    En cuanto a que si es un guarro/cochino, pues parece que también... aunque nunca tanto :V. Eso solo lo pusiste para joder xP

    Y por último...

    El problema que lograste resolver al escribir "Squirtle" ahora lo tienes al escribir "Johto". Es así como lo puse, no "Jotho" x'D. Cuidado eh.

    Además, te comiste la tilde en los dos "Adiós" del final -w-U. Vigila mejor esos dedacillos OwO.

    Por lo demás, es un excelente episodio lleno de sangre, sudor, lágrimas y vómito >__o... pobre Meowth. No lo creo capaz de comportarse como carroñero. Probablemente sí haya "cocinado" la carne de esos para que los Pokémon pudieran comer algo, pero de ahí no pasa... aún así, vaya si la sufrió el gatito .w.

    Hasta la próxima ;)
     
    Última edición: 19 Febrero 2018
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    Holo!!!! Nueva ronda de comentarios :D

    Capítulo 6: Queeeééee?????? Se está dejando llevar por otra????? Por esa Rita???? Bueno, esta es una problemática que naturalmente podría ocurrir en una relación así, aunque no se me había ocurrido. Me gustó el detalle de destapar a un Weezing, le da un toque de realismo al cuidado personal de un pokémon. Me hubiese gustado ver a Ash y a los demás por un leve instante, pero entiendo que el fic está centrado en el equipo Rocket, si ellos apareciesen podrían robarse la atención del momento.

    Capítulo 7: Me encantan los comentarios de Meowth, es quien le da el toque de humor para relajar el ambiente un rato. Pero más me agradó la profundización en el personaje, no es un simple pokémon que toca el violín al lado de una pareja y hace que a historia no sólo se centre en la relación de Jessie y James, Meowth le da otro punto de vista.

    Capítulo 8: :o!!!!!!!!!! Me da la sensación de que James está bastante traumado como para actuar así, sus padres y Jessebelle debieron haber dejado una huella mucho más profunda de lo que parece. Me gustó como describiste cuando James comenzó a colapsar por lo que Rita le confesó, claramente su aparición afectó la relación de Jessie y James.

    Capítulo 9: Los bobos!!!! Me dio risa que siempre los llamases los bobos y no por sus nombres, pero es necesario para que la atención siga estando sobre el equipo Rocket. No recordaba tantos momentos del anime, pero fue interesante verlos desde otra perspectiva. Ese sexo tan carnal y animal del final no me lo esperaba, pero he oído por ahí que sucede de la manera que lo presentas. El momento del principio me lo imaginé bien terrible, pobres pokémon, tuvieron una mala vida con sus entrenadores y les pasa eso.

    Capítulo 10: La inesperada confesión, me encantó, y más encima fue James quien tomó la iniciativa. Sí que fue horrible el paso por esa mansión, pero no recuerdo que James se quedase con Growlithe. No sabía que recordaba tantas cosas del anime, hace mucho que no veo la primera temporada.

    Seguiré sin comentar detalles técnicos, porque aún quedan muchos capítulos. En general me gusta mucho la trama, sigue la línea del anime, pero desde un punto de vista más madura, ojala el anime fuese así. Ciao.
     
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    Capítulo treinta y dos

    Psyduck


    No se hablaron por el resto del día.

    Jessie, James y Meowth querían actuar como si nada hubiera pasado, pero era difícil cuando todos les respondían con monosílabos o con gruñidos.

    James y Meowth fueron los encargados de hacer la comida esta vez: una abundante ensalada con todo tipo de verduras. Los bobos apenas pudieron comer y terminó sobrando comida, para odio de Jessie. Terminó sacando a Lickitung para que comiera todo lo que había quedado.

    Cuando se hizo de noche, Jessie hizo lo de costumbre: sacar a Arbok para hacer sentir segura a Lunita. Misty dio un salto hacia atrás, Ash se puso rígido y Brock prefirió evitar verlo. Jessie vio sus reacciones, pero hizo como si no lo hubiera notado. Se acercó a Arbok y acarició su cabeza.

    —Ven aquí —le dijo, sonriendo con tristeza. Arbok se refregó contra su mano y luego bajo la cabeza para apoyarse en el vientre de Jessie—. ¿Sabes? Es una nena lo que hay dentro de mí.

    Arbok levantó la mirada, asombrado.

    —¿Chabok? ¡Chabok, chabok, chabok! —dijo, mientras se erguía y lamía el rostro de Jessie, emocionado.

    —Dice que será una hembra hermosa, igual que tú —tradujo Meowth.

    Jessie le acarició en la barbilla.

    —Lo sé. Y sé que cuidaras de mi hija cuando nazca, ¿verdad? Cuídala como me cuidarías a mi.

    Arbok asintió, como quien acepta una misión importante.

    —Confío en ti. Ahora ve a comerte esos Zubat malos.

    Arbok se dio vuelta y se escondió en los arbustos. Lunita, desde el suelo, maullaba feliz porque alguien se ocuparía de los aterradores Zubat.

    Llegó la hora de dormir. Jessie y James se acostaron en su bolsa de dormir de dos plazas, y el resto durmió cada uno en la suya, cerca de la fogata. Nina y Lunita dormían juntas en su canasta, como si fueran hermanas. Meowth dormía cerca de ellas, en su propia bolsa de dormir.

    James no dormía. Cerraba los ojos y veía a Butch (al fin había recordado su nombre) avanzando hacía él, pidiéndole ayuda. Eso le revolvía la mente por momentos, pero luego recordaba que ese tipo le había apuntado a Jessie con un arma. A su Jessie. A la mujer de su vida, la cual esperaba un hermoso bebé en su vientre. Un bebé el cual se habían enterado que sería una niña ese mismo día. Cassidy la había amenazado con hacerle perder al bebé. El remordimiento comenzó a desaparecer y sintió una extraña rabia mezclada con satisfacción. James era un ser pacífico, pero no permitiría que nadie se metiera con su familia otra vez como había sucedido ayer. Al igual que Arbok, sería capaz de pelear hasta morir por ellos.

    James se giró y vio que Ash estaba despierto, sentado sobre su bolsa de dormir. Bajo la luz de la fogata, se lo veía abatido. James ya no soportaba verlo así. Era un niño de diez años, al fin y al cabo y no sabía del peor lado de la humanidad.

    Se levantó con dificultad y caminó hacia él, con pasos lentos, para no despertar a nadie, hasta ponerse de cuclillas frente a él. Pikachu estaba dormido en una punta de la bolsa de dormir.

    —Ash —lo llamó en voz baja.

    El chico levantó la cabeza. No le sorprendió ver que había estado llorando. Al no tener una respuesta verbal, continuó.

    —Es normal que te sientas mal. Pero no tienes por qué guardarte todo esto en tu interior y menos que esto arruine el resto de tu viaje. No es tu culpa. No fue culpa de nadie, excepto la de ellos mismos.

    Ash se mordió el labio. James no lo soportó y lo abrazó. Sintió como se ponía rígido, pero luego se relajó. Incluso le devolvió el abrazo, clavándole los dedos en la espalda, mientras se forzaba a que su llanto no se notara.

    —Está bien, está bien… —James también lo apretó fuerte contra su pecho.

    —Tengo miedo —respondió, entre gemidos apagados.

    James le acarició los cabellos oscuros.

    —¿Quieres traer tu bolsa de dormir al lado de la nuestra? Así no te sientes tan solo —le ofreció James—. Y trae a tu Pikachu, antes de que se preocupe.

    Ash se separó de él y lo miró, secándose las lágrimas.

    —N-no no quiero… molestarlos…

    —No nos van a molestar —la voz de Jessie los sobresaltó. Ella estaba sentada en la bolsa de dormir—. Y Misty, te he visto temblar, así que sé que estás llorando tú también. Toma tu bolsa de dormir y ven al lado mío.

    James se giró hacia donde estaba Misty. Ella ya se estaba sentando y frotando los ojos, mientras se sorbía la nariz. Brock también se estaba levantando, pero era difícil adivinar lo que sentía.

    Sin mediar palabra, se reacomodaron. Ash se puso del lado de James y Misty del de Jessie. Brock se puso en vertical sobre las cabezas de todos intentando no estar demasiado pegado a ellos.

    —Yo… yo no pude hacer nada —murmuró Ash.

    Jessie se giró hacia él.

    —Niño, eso fue lo más sensato: ¿Acaso querías que tu Pikachu recibiera un balazo? Creí que habrías aprendido algo de la Oficial Jenny.

    —Si, pero…

    —Arbok es otra cosa. Él sí sabe como enfrentarse a alguien con un arma. Hizo lo que hizo porque esa es su naturaleza: matar para defender a los suyos si corren peligro de muerte.

    Ash se quedó en silencio, probablemente pensando en lo que Jessie había dicho.

    —Si… si yo no hubiera insistido tanto… con poner a Psyduck ahí… —gimoteó Misty.

    Jessie le acarició el pelo de manera maternal, algo que James sabía que ella jamás había hecho. Si, el embarazo la estaba afectando, sin duda.

    —No tenías forma de saberlo —le dijo—. Aquí nadie tiene la culpa, solo fueron un montón de cosas que pasaron para que terminara así. ¿Entiendes?

    —Si —respondió de manera casi inaudible.

    —Y escuchen una cosa: no deben tenerle miedo a Arbok. Él no les haría daño. Es un pokemón bastante dócil y cariñoso, aunque no lo parezca.

    Nadie respondió. Jessie veía a Arbok como si fuera la cosa más adorable y abrazable del mundo, como si fuera un peluche de Eevee. Sobre gustos…

    Esa noche durmieron todos abrazados, esperando encontrar en sus ex enemigos algo que les faltaba desde hacía mucho tiempo: el abrazo de un adulto que les dijera que todo estaría mejor mañana.

    Tal vez, pensó James antes de quedarse dormido con Ash acurrucado en su pecho, tal vez era mejor que los niños no se apresuraran tanto en salir de viaje.

    ...
    Durante los tres días que duró el viaje, durmieron juntos, abrazándose como si fueran una familia real. A Ash y a Misty les hacía bien dormir así y podían conciliar el sueño, aunque hubo alguna que otra pesadilla que los descolocaba de su sueño.

    James decidió que seguir con la rutina era lo mejor que podían hacer. Levantarse, preparar el desayuno, fijarse de que no hubiera escasez de algo esencial, caminar mientras conversaban de cualquier idiotez… todo eso serviría para atenuar la mala experiencia.

    Al segundo dia de viajar, James decidió seguir entrenando con sus pokemón. Hizo que Nina peleara contra Metapod, así su Pikachu practicaba ataques como Arañazo y Ataque Rápido, mientras Metapod se fortalecía cada vez más para aguantar los ataques. Aunque sabía que no tardaría mucho, se sorprendió de que evolucionara a Butterfree en ese pequeño entrenamiento que tuvieron.

    —¡Free! —decía, mientras revoloteaba alrededor de su cabeza, feliz de haber evolucionado.

    Cuando llegaron a Ciudad Naranja, Ash, Misty y Brock se veían más relajados. James sonrió para sus adentros, pensando que unas pocas semanas bastaría para que todo estuviera como antes. Ojalá tuviera razón.

    ...​

    James estaba organizando las cosas que iban a comprar, cuando Misty lanzó un pequeño gritito y señaló un puesto callejero de raspados.

    —¡Helado! —exclamó, con los ojitos brillantes. James sonrió: parecía que poco a poco todo volvía a la normalidad—. Ustedes adelántense, yo los espero en la plaza.

    James iba a protestar, cuando Jessie le puso la mano en el hombro.

    —Es la primera vez que se anima por algo desde que salimos de la otra ciudad. Déjala que disfrute su helado sola, tal vez lo necesite más de lo que crees.

    James miró a Jessie y la besó en la mejilla.

    —Siempre tienes razón.

    —Lo sé.

    James y compañía entraron a la Poketienda a comprar suministros mientras que Misty se dirigía a comprar helados. Tal vez cuando salieran comprarían para ellos.

    ...
    Misty compró un raspado de naranja y se sentó en uno de los bancos de piedra de la plaza. Por primera vez en meses, estaba sola, aunque sea por un rato.

    Lo que había visto no podía quitárselo de su cabeza. Era imposible no pensar en Arbok atacando a esos dos tipos, aunque fueran delincuentes. Misty siempre había creido que los villanos se merecían un castigo. Incluso se había descubierto a si misma deseándoles la muerte a Jessie, James y Meowth durante el inicio de su viaje con Ash. Pero Jessie y James ahora estaban redimiéndose y esperando un hijo. Meowth había adoptado a una pequeña de su especie a la que amaba con su vida. Tal vez esos ladrones pudieron haberse redimido como lo habían hecho ellos…

    Un rayo rojo salió de su mochila y Psyduck se materializó a sus pies. Misty lanzó un gruñido. ¿Es que acaso no se podía comportar como un pokemón normal por el amor de Dios?

    —¿Psy? —el pokemón acuático se agarró la cabeza con ambas manos y la miró con esa expresión vacía. Dios, sentía que le transmitía a jaqueca a ella.

    —¿Se puede saber por qué demonios siempre te sales de tu pokebola cuando se te da la gana? ¡Me da jaqueca con sólo verte! ¡Pokemón inútil! —estalló Misty, ya revolviendo en su vieja mochila roja para sacar su pokebola, ¿Cómo demonios se terminaba escapando?

    —Es un lindo Psyduck…

    Misty se dio vuelta para ver quien había dicho algo tan idiota. Era un tipo de unos treinta y cinco o cuarenta años, alto y delgado, de cabello castaño y revuelto, vestido con unos jeans, playera blanca y un chaleco negro.

    —Tal vez te parezca lindo, pero no sirve para nada. Ni siquiera sabe nadar —le replicó ella.

    El tipo sonrió.

    —Podría ser un buen pokemón, pero habría que dedicarle mucho tiempo. Pero no todos tenemos la paciencia, ¿no te parece?

    Misty lo miró fijo, pensando a donde quería llegar.

    —Con unos tónicos naturales, tu Psyduck podría aumentar su experiencia de batalla y ser más fuerte. Incluso podría evolucionar.

    Misty entrecerró los ojos, desconfiada.

    —Ya me lo imaginaba: eres uno de esos vendedores pesados —gruñó.

    El tipo levantó las manos, en señal de defensa.

    —¡Oye, no te estoy obligando a comprar nada! Tú tienes un Psyduck, pero no tienes el tiempo o la paciencia para entrenarlo. Yo sólo te ofrezco una alternativa. Puedes hacer que tu pokemón sea útil para algo o tenerlo de lastre el resto de tu vida ocupando espacio.

    El tipo se giró sobre sus talones y comenzó a marcharse. Misty miró a su Psyduck, con sus ojos muertos y su cuerpo rechoncho. No, no llegaría a ningún lado con su Psyduck si no se apuraba a hacer algo.

    Se levantó del banco como un resorte.

    —¡Oiga! ¡No se vaya!

    El tipo se detuvo y se dio media vuelta para verla.

    —¿Si?

    —Hableme más de ese tónico.

    ...​

    James salió de la poketienda con los demás y se dirigieron a la plaza a buscar a Misty. Le sorprendió un poco ver a Psyduck con ella.

    —¿Estaba rico el raspado? —le preguntó.

    —Delicioso —Misty se paró y se dirigió hacia Ash, con fuego en su mirada—. Ash, tengamos una batalla.

    Ash parpadeó, sorprendido.

    —¿Ahora?

    —Si, ahora —Misty mostró una sonrisa ancha, llena de confianza y determinación.

    —La última vez que peleamos te hice polvo, no me interesa —le respondió Ash, con soberbia.

    —Si, claro, señor “me creo un Maestro Pokemon, pero gano por lástima más de la mitad de las medallas”. Pelear de verdad no te va a hacer daño.

    Esas palabras hirieron a Ash.

    —¿Sabes qué? ¡Pues peleemos!

    Se fueron a una parte más despejada de la plaza, para pelear sin molestar a nadie. Jessie, James, y Meowth se sentaron en unos bancos de cemento en la plaza para ver la batalla. Brock haría de referi.

    —Cada uno elegirá un pokemón. La batalla final será sin límite de tiempo. ¡Comiencen!

    —¡Ve, Pikachu!

    El Pikachu de Ash avanzó unos pasos, ya en pose de pelea.

    —¡Ve, Psyduck!

    Para sorpresa de todos, el pokemón de agua se adelantó unos pasos. Se lo veía perdido, como siempre.

    —¿Psyduck? —Ash estaba tan confundido como el resto—. ¿Estás segura?

    —Muy segura.

    Ash se encogió de hombros.

    —¡Pikachu, Placaje!

    —¡Psyduck, Confusión!

    Pikachu se paralizó cuando estaba a apenas un metro de Psyduck. Lo levantó unos centímetros por el aire y lo arrojó a los pies de Ash.

    —¿Qué? —Ash no daba crédito a lo que veía. Sí, Psyduck sabía ataques psíquicos, pero nunca lo había hecho de manera consciente.

    Misty lanzó una risotada.

    —¿Quién va a hacer polvo a quien ahora? —se burló Misty.

    Ash apretó los dientes con furia.

    —¡Ahora verás! ¡Impactrueno!

    —¡Confusión otra vez!

    Una vez más, como si fueran manos invisibles, Pikachu fue arrojado por el aire. Esta vez lo tiró contra Ash, dándole en el estómago. Psyduck entrecerró los ojos y se llevó las manos a la cabeza, como si tuviera una jaqueca más fuerte de lo normal.

    James se mordió el labio. Era imposible que Psyduck estuviera siendo tan fuerte y poderoso…

    A menos que… No, no podría ser tan estúpida como para caer en eso.

    ¿O sí?

    James se levantó del banco.

    —¡Detente, Misty!

    Misty lo miró, con una media sonrisa

    —¿Estás loco? ¡Estoy ganando!

    Pikachu volvió a la batalla. Estaba entre confundido y furioso. Un fiel calco de las emociones de su entrenador.

    —¡Ataque rápido!

    —¡Confusión!

    Psyduck logró frenar a Pikachu, a pesar de la velocidad del pokemón eléctrico. Lo levantó unos centímetros, pero súbitamente lo dejó caer.

    —¿Qué pasa? —preguntó Misty.

    Psyduck se agarró la cabeza con ambas manos como si quisiera aplastarse el cráneo. Se sentó en el suelo y lanzó un alarido de dolor tan fuerte que parecía como si lo estuviera gritando a través un megáfono.

    James corrió hacia Psyduck, aún a riesgo de que tirara un ataque psíquico por accidente y lo alzó en brazos como pudo.

    —¡Vayamos al Centro Pokemón! —les dijo a los demás y, sin esperar la contestación de nadie, salió corriendo con el pokemón en los brazos, aún gritando.

    ...​

    James no era una persona de enojarse. Le gustaba la paz y la tranquilidad y llevarse bien con todo el mundo. Pero Misty era una excepción.

    —¿Le compraste un tónico a un tipo que estaba caminando por ahí? —la única razón por la que no gritaba era por estar en un Centro Pokemón; de lo contrario se le habría irritado la garganta de los gritos que le hubiera dado.

    Misty, sentada en una de las sillas de espera, ni siquiera se atrevía a mirarlo a los ojos. Su mirada estaba fija en sus rodillas, mientras se retorcía las manos.

    —Fue muy convincente… —le respondió, en un hilo de voz.

    —Lo que le diste a Psyduck fue seguramente una droga para aumentarle el ataque psíquico, pero lo que nunca te cuentan son los efectos adversos que tiene esa porquería. ¿En qué pensabas cuando confiaste en un tipo para darle esa cosa? ¡Pudo haberle hecho estallar el cerebro como si fuera una piñata!

    Misty se encogía con cada palabra que James decía. Y no le importaba. Que sufriera. Psyduck podría estar muerto en una camilla en esos instantes y todo porque su estúpida entrenadora quería tomar el camino fácil.

    La puerta de Emergencias se abrió y la enfermera Joy salió. Se dirigió directamente a James, con la ira contenida en su rostro.

    —Usted, sígame.

    Sin entender nada, James siguió a la enfermera Joy por la puerta por donde ella había salido y caminaron unos pocos metros hasta entrar a una oficina.

    Era un lugar bastante pequeño, apenas con una pequeña ventana. Había un escritorio lleno de papeles, una computadora, archiveros y dos sillas, además de un par de diplomas colgados de la pared y una especie de pizarra blanca.

    La enfermera Joy sacó una radiografía de un sobre y la pegó sobre la pizarra. James miró esa cosa sin entender nada. La medicina y la biología no eran precisamente su fuerte. Jessie era la que sabía esas cosas, no él.

    —¿Sabe que es esto?

    James tragó saliva.

    —¿Una radiografía?

    La enfermera respiró hondo. Parecía que estaba a punto de lanzar fuego como un Charizard.

    —Esto que ve acá es un aneurisma. Lo que le dio a su Psyduck le provocó esto. Casi se muere. ¿Cómo pudo ser tan irresponsable?

    James parpadeó varias veces antes de responder.

    —¿Mi Psyduck?

    Joy entrecerró los ojos.

    —Fue usted el que trajo al Psyduck en brazos y dijo que había consumido algo.

    —Si, si, fui yo, pero yo no soy el entrenador. Misty sí lo es. Es la chica pelirroja con el Togepi.

    Joy suspiró.

    —Lo siento. Creí que era usted.

    James sonrió con tristeza.

    —No se disculpe. Iré a llamarla —Iba a marcharse, pero se detuvo a medio camino—. ¿Ya se puede ver a Psyduck?

    —Si. Habitación ocho.

    James salió de la oficina e hizo todo el recorrido de vuelta hacia la recepción. Se acercó a Misty, quien estaba siendo consolada por Brock.

    —Misty, la enfermera Joy te está llamando —le dijo.

    Misty levantó la cabeza y se secó las lágrimas con el dorso de la mano.

    —Está en la tercera puerta a la izquierda. ¿Quieres que te acompañe?

    Misty negó con la cabeza. Era obvio que no quería hablar para que no se le quebrara la voz. Arrastrando los pies y abrazando con fuerza a su Togepi, caminó hasta desaparecer por la puerta. James se secó la transpiración de la frente con el dorso de la mano. Se sentía increíblemente viejo, como si de golpe algún dios malévolo le hubiese cargado cincuenta años encima.

    —¿Cómo está Psyduck? —preguntó Ash.

    —Se está recuperando, pero lo que le pasó lo pudo haber matado —dijo James. No iba a contarle lo que en realidad tenía, porque no sabía mucho de eso y no quería darle al chico información errónea. Ni siquiera estaba seguro de lo que era un aneurisma exactamente —. Iré a ver a Psyduck. Ustedes vayan a descansar a la habitación.

    James volvió a ingresar por la puerta grande y giró por el pasillo a la derecha, mirando los números hasta llegar al que tenía el número ocho. Abrió la puerta con cuidado.

    Psyduck estaba acostado en la cama, profundamente dormido. Tenía la cabeza vendada y un sistema de goteo intravenoso en el brazo. James se sentó en una silla que estaba al lado y se acomodó.

    —Duerme bien, patito —le susurró. Y cayó dormido.

    ...
    James se despertó porque sintió unos sonidos en el lado derecho. ¿Alguien estaba hablando? Luego se hizo más nítido. No, no era alguien hablando.

    —¿Psy? ¿Psy?

    James abrió los ojos y se enderezó, crujiendo las vértebras de su espalda por la mala posición y miró hacia la cama. Psyduck se había despertado y se lo veía confundido y asustado.

    —Cálmate, calmate. Soy yo, James.

    Psyduck lo miró a los ojos y poco a poco su agitación se calmó, aunque miraba por encima del hombro de James y con todo el aspecto de querer preguntarle algo. Dios, necesitaba a Meowth.

    —¿Estás buscando a Misty? —se arriesgó James.

    El pokemón de agua asintió. James se mordió el labio. No tenía ni puta idea donde estaba ahora. Miró el reloj en su muñeca. Habían pasado como tres horas desde que se había dormido.

    —No sé donde está Misty, pero seguro vendrá pronto.

    Por primera vez, vio una expresión distinta en los ojos de Psyduck. Tenía los ojos entrecerrados, como si estuviera enojado. También notó algo extraño: ya no se estaba agarrando la cabeza. ¿El goteo intravenoso tenía algo que ver?

    —Iré a buscar a Joy y le diré que ya despertaste, ¿sí? No te muevas.

    James salió de la habitación y fue a buscar a Joy a la recepción. No estaba. Fue hasta la oficina y golpeó la puerta.

    —¿Enfermera Joy? Soy James.

    —Pasa.

    James abrió la puerta y se sorprendió al ver a la oficial Jenny allí, junto con Joy.

    —¿Qué necesita?

    —Psyduck… ya está despierto.

    Joy se levantó de la silla y fue hacia James.

    —Muchas gracias, ya mismo iré a revisarlo.

    James se corrió para un costado para que la enfermera pudiera pasar. Cuando la vio alejarse, se le ocurrió una idea.

    —¡Enfermera Joy!

    Ella se dio vuelta.

    —¿Si?

    —No sé si se dio cuenta, pero tengo un Meowth parlante conmigo. Tal vez la pueda ayudar con el diagnóstico.

    Joy asintió.

    —Lo oí hablar y me sorprendió mucho, pero estuve muy ocupada con Psyduck como para pensar en ello —sonrió—. Si, me sería muy útil.

    —Lo iré a buscar.

    James se dirigió a otro pasillo, donde estaban los cuartos de los entrenadores. No sabía en cual estaban, pero basto con abrir un par de puertas hasta encontrarlos.

    Jessie estaba en cama, descansando. Ash estaba sentado en el marco de la ventana con Pikachu en brazos. Brock estaba dándole de comer una baya a Togepi. Lunita y Nina estaban dormidas juntas, mientras Meowth las observaba como si fuera el mejor paisaje del mundo. Misty no estaba por ningún lado.

    —Meowth, ¿estás ocupado?

    El felino se giró hacia él.

    —No, ¿Qué sucede?

    —Psyduck está en la habitación seis. ¿Puedes ayudar a Joy para traducirle lo que diga él? Le vas a simplificar el trabajo.

    —Está bien, iré.

    Meowth se bajó de la cama y caminó con pasos lentos.

    —¿Sabes donde está Misty?

    —Afuera. No está bien.

    —¿Qué le pasó?

    Meowth lo miró.

    —Joy llamó a la oficial Jenny. Le hizo ver… tú sabes… La película.

    James se apretó el puente de la nariz con una mano por un segundo antes de salir a buscarla. Él sabía perfectamente de esa película, porque ya la había visto durante su entrenamiento en el Equipo Rocket, sobre las drogas ilegales que vendían algunos inescrupulosos. Muchos de los pokemón que habían aparecido en el video los había reprimido de su memoria, pero recordaba algunos: El Squirtle al cual se le habían hinchado tanto los músculos que había terminado rajando su caparazón; el Pikachu con las mejillas achicharradas por el exceso de electricidad; el Charmander que se había incinerado de adentro para afuera… Todo eso mostrado en primer plano para romperte la psiquis y asegurarse de no volver a comprar nada fuera de la Poketienda en lo que te quedara de vida. Con Jessie y él había funcionado, pero eran adultos. No estaba seguro si una niña como ella lo soportaría.

    La encontró en la parte de atrás del Centro Pokemón, sentada bajo un árbol, con las rodillas recogidas hasta el mentón, abrazándose las piernas y ocultando la cara en ellas. James se acercó y se puso de cuclillas para hablar con ella.

    —¿Misty?

    La chica tembló un poco al escuchar su nombre.

    —Misty, Psyduck ya despertó y se lo ve muy bien. Ahora Joy lo está revisando, pero puedes ir en un rato a visitarlo.

    Misty levantó la cabeza, con los ojos enrojecidos. Abrió la boca, con los labios temblorosos.

    —Todo el mundo me odia, ¿verdad? —dijo, con la voz estrangulada por el llanto.

    James le apoyó una mano en la cabeza, intentando darle una sonrisa.

    —No, Misty, nadie te odia.

    Misty se frotó la nariz con el dorso de la mano.

    —Meowth tenía razón. Mis hermanas me odian, Ash sólo me soporta porque me destruyó la bicicleta y los demás… no sé, soy solo la cosa que Ash está arrastrando consigo… debería volver a casa… o viajar sola, sin ser la carga de nadie…

    —Misty…

    —Fui un monstruo con Psyduck, ahora lo sé —continuó Misty—. Mis hermanas siempre me tiraron a menos y me maltrataron. Y… yo descargaba esas frustraciones en Psyduck, como… como si maltratarlo… me hiciera… me hiciera sentir mejor, más… superior… Y-yo estaba tratando a Psyduck como mis hermanas… me trataron a mí… Pude haberlo matado… pudo haber terminado… como los pokemón del video, yo…

    James la abrazó fuerte y ella se largó a llorar con fuerza, abrazandose a él como si fuera su última salvación. Se quedaron un rato así, sin decir ni una palabra. A pesar del estado lamentable de Misty, James estaba feliz. Al menos Misty había aprendido la lección. Una vez había escuchado a su abuela decir: El que no sufre no aprende. Y vaya que tenía razón. Se preguntó si estaría viva y como se encontraba.

    Una vez que los sollozos amainaron, James se separó.

    —Volvamos a la habitación —le dijo James—. Necesitas descansar un poco.

    James se puso de pie y le tendió la mano. Misty dudó, pero al final lo aceptó. James le rodeó los hombros con un solo brazo y caminaron despacio hacia el Centro Pokemón hasta llegar a la habitación.

    —Misty… —Ash se puso de pie enseguida apenas la vio.

    —Misty necesita dormir un rato —lo atajó James—. Vamonos a la cafetería y almorzarmos.

    —Pero…

    —Cuando Misty tenga hambre, comerá —se metió Jessie, ya levantándose—. Dejen a la chica tranquila. Hay veces en la que es mejor estar sola por un rato.

    Era lo mejor para ella por ahora, así que decidieron marcharse (Togepi incluido) y a comer algo en la cafetería. James esperaba que todo este trago amargo que sufrían tanto Misty como Psyduck sirviera para mejorar su relación pokemón/entrenadora.

    ...
    Una hora después, estaban sentados en la mesa de la cafetería, al lado del ventanal. Los restos de comida yacían sobre los platos. Meowth todavía no había regresado, cosa rara, pero James lo aribuyó a que tal vez se habría quedado a conversar con Psyduck.

    No, no había sido realmente por eso.

    Meowth apareció en la cafetería, pero no estaba solo. Estaba con la oficial Jenny. James comenzó a transpirar frío al ver el rostro amedrentado de su amigo.

    —¿Dónde está Misty? —preguntó la oficial. Su rostro era una máscara fría.

    —Durmiendo —respondió James.

    —Necesito hablar con ella.

    —Puede decírmelo a mí si quiere.

    —Necesito hablar con ella —repitió, como si no lo hubiera oído.

    James alzó las manos en un intento de tranquilizarla.

    —Oiga, la chica pasó por mucho. De nada va a servir que le diga algo en ese estado. Dígamelo a mí, por favor.

    Jenny lo miró con desconfianza durante un momento antes de ceder.

    —De acuerdo. Venga conmigo.

    —Puede decírmelo aquí. Todos somos amigos de Misty y tenemos derecho a saber que esta pasando —dijo James, intentando sonar lo mas neutro posible. No quería parecer enojado ni autoritario para darle a Jenny una escusa para meterlo preso.

    Jenny se mordió el labio, pero aceptó la petición de James.

    —De acuerdo. Escuchen, este Meowth parlante estaba conversando con Psyduck mientras la enfermera Joy lo revisaba y, por lo que ella ha sacado de la conversación, el pokemón ha sido víctima de maltrato psicológico y alentaba a otros pokemón para que lo golpearan —Meowth bajó las orejas—. Eso es algo intolerable y menos para una líder de gimnasio.

    —¿Qué planea hacer? —preguntó Brock. Para variar, no se estaba babeando por ella y se estaba concentraba en el tema.

    —Bueno, creo que la mejor decisión es sacarle todos sus pokemón y clausurarle el gimnasio, aunque lo último depende más de la Liga Pokemón que de mí.

    —¿Qué? —la reacción fue unánime. Las pocas personas que estaban almorzando se dieron vuelta para verlos.

    —Eso no es justo —dijo Ash—. Misty puede ser un poco dura con Psyduck, pero es su forma de entrenamiento.

    James tenía ganas de decirle de que Misty no lo había entrenado jamás, que él supiera, pero se calló enseguida. No quería hundirla más.

    —El maltrato no es una manera de entrenamiento —le respondió Jenny, cortante—. Ya que Misty dejó las pokebolas para revisar con Joy, ya se pueden considerar confiscadas. Sólo me falta ese Togepi —agregó, señalando al pokemón que Brock tenía sobre sus rodillas.

    —¿Toke? —Togepi parecía no entender lo que pasaba, pero si presentía algo malo.

    James se puso de pie.

    —Mire, oficial, Misty es un poco gruñona, pero ella ya ha escarmentado lo suficiente. Creo que se podría llegar a un acuerdo…

    —Lo siento, pero lo que hizo es muy reprobable.

    —Vamos, la mocosa tiene menos de doce años, ¿sí? Todos hemos hecho idioteces y cosas malas a esa edad. La está juzgando como si tuviera veinte años. Quitarle a sus pokemón solo la destrozaría.

    —Pero…

    —Se merece una segunda oportunidad. Además, sus pokemón la quieren mucho y se morirían de tristeza. Algunos de ellos llevan demasiado tiempo con ella.

    Jenny lo miró, como si sopesara la situación. James continuó.

    —Estamos hablando de una chica que no le tiene paciencia a su Psyduck, no la puede condenar por eso. Eso sería un abuso de su autoridad. Y una última cosa: supongo que estarán buscando al vendedor de drogas, ¿verdad? Porque no quiero creer que está queriendo pasar a la víctima como victimario mientras el tipo ese está lucrando con el sufrimiento ajeno.

    Jenny lo miró con enojo y James temió haberse excedido con sus palabras. Meowth se trepó a sus piernas y Jessie se puso de pie para apretar el hombro de James con una mano.

    —¿Usted tiene idea con quien está hablando? —preguntó Jenny, hablando muy despacio.

    —Con una Jenny que está abusando de su autoridad —la enfrentó Jessie.

    Cuando James creyó que las cosas empeorarían, Joy hizo su aparición como un ángel a salvarlos a todos.

    —Jenny, por favor —le dijo—. Te dije que tomaras con más calma la decisión antes de comunicarla.

    Jenny se dio vuelta para enfrentarla.

    —P-pero…

    —He escuchado la conversación completa entre tú y ellos. La que tiene más autoridad sobre que hacer con los pokemón soy yo. Tú dedícate a buscar al vendedor de drogas y yo me dedicaré a decidir el destino de los pokemón de esta chica.

    Jenny la miró con los ojos desorbitados, como si quisiera abofetearla. Luego sus musculos se relajaron, se dio media vuelta y se fue por el pasillo sin mirar atrás.

    —Lo siento —se disculpó Joy ante el grupo—. A veces suele abusar un poco de su autoridad. No hagan caso de lo que ella dijo.

    Todos suspiraron de alivio. Por Dios, esa oficial Jenny sí que estaba loca. Tal vez proviniera de Ciudad Neon o algo así.

    —Está bien, gracias por salvarnos, mi angel guardián —Brock ya estaba frente a la enfermera, tomándola de las manos. Al no estar Misty para pararlo, James tomó las cartas en el asunto, tomando a Brock de la oreja y tirándolo hacia atrás.

    —Mejor la salvo a ella de ti —le dijo, con un gruñido.

    Joy se mordió el labio.

    —Escuchen, no creo que haya que sacarle a todos los pokemón, pero no me parece conveniente que Psyduck siga con ella.

    —¿Pero por qué? —preguntó Ash.

    —Psyduck mismo lo ha dicho, según la traducción de Meowth.

    James miró hacia abajo, donde se encontraba el aludido.

    —Es cierto —musitó.

    —La mente de Psyduck está despejada gracias a la morfina, así que puede pensar con mucha más claridad. Y eso ha dicho: no quiere estar con Misty.

    —Justo que había decidido cambiar —musitó James.

    —¿Qué harán con Psyduck? —preguntó Brock.

    —Lo ideal sería llevarlo a una reserva, donde estaría libre y protegido.

    —Pero… Psyduck no sabe nadar.

    Joy miró a Brock con los ojos desorbitados.

    —¿Cómo que no sabe nadar?

    —No solo no sabe nadar, le tiene miedo al agua. Será muy difícil para él alimentarse sólo, ya que en la vida salvaje se alimente de pequeños pokemón acuáticos.

    Joy se llevó una mano a la mejilla, preocupada.

    —Pues ese es un problema. Necesitaría estar a cargo de alguien que le tuviera paciencia para enseñarle a nadar.

    James se mordió el labio. Tal vez fuera una locura, pero no se le ocurrían muchas opciones. Pero sentía que era lo mejor para Psyduck. Se puso de pie y le dijo:

    —Joy, tengo una idea…

    ...​

    Cuando Misty se despertó, James estaba sentado en la ventana. Nina y Lunita estaban sobre la cama, jugando entre ellas, mordiéndose las orejas o la cola y persiguiéndose. El resto había salido a pasear, excepto Jessie, quien se estaba dando un baño. Se había excusado de ir, diciendo que los pies se le estaban hinchando. Dentro de poco, ella ya no estaría en condiciones de caminar tanto como antes. Debería empezar por buscar un pokemón grande y fuerte para poder transportarla durante largas distancias.

    —¿James?

    El aludido se dio vuelta, algo adormilado.

    —Buenas tardes —la saludó—. ¿Tienes hambre? La comida de aquí es buena.

    Misty se sentó y se frotó los ojos.

    —No tengo hambre. ¿Cómo está Psyduck?

    James respiró hondo. Tenía que elegir con cuidado las palabras.

    —Mañana puede salir, está muy bien. El problema es… —no sabía como continuar.

    —¿Cuál es el problema?

    —Meowth habló con Psyduck y… nos dijo que no quiere estar más contigo. Lo siento.

    El rostro de Misty palideció y aferró sus manos al colchón, como si estuviera en una montaña rusa.

    —¿Qué?

    —Es lo que Meowth tradujo. Joy quería mandarlo a una reserva, pero decidimos que no era lo mejor para él, así que encontramos otra solución.

    Misty lo miró, a la expectativa. James continuó.

    —Se va a quedar conmigo. Es lo mejor para todos.

    Misty se levantó de la cama y se puso de pie. Su ira llenaba la habitación.

    —¿Tú? ¡¿Tú?! ¿Con que derecho te quedas con MI Psyduck? ¡De seguro es alguna trampa tuya para robártelo!

    La última palabra fue como una trompada en el estómago.

    —¿Robar? —le gritó—. ¡Creo que para cualquier persona contaría como un rescate! ¿Para que mierda quieres a tu Psyduck? ¿Para seguirlo maltratando? ¡Estaban a dos pasos de sacarte todos los pokemón y te defendí para que no lo hicieran mientras tú estabas durmiendo, sin preocuparte por ir a ver a tu pokemón ni una vez! ¿Y todavía me preguntas si tengo derecho o no a que me encargue de él? ¡Nina estaba al borde de la muerte y la salvé! ¡Estuve días sin dormir cuidando a Lunita cuando apenas salió del huevo! ¡Y lo haría veinte veces más porque los pokemón son parte vital de nuestra vida! ¡Si vamos a sacarlos de su hábitat lo mínimo que se merecen es amor! ¡No que lo traten como si su presencia fuera una carga que no se pudiera sacar de encima!

    James paró de gritarle a Misty cuando sintió un llanto detrás de él. Dos llantos, mejor dicho. Nina y Lunita estaban acurrucadas en una esquina de la cama, llorando y temblando, asustadas por todo el griterío. Toda su furia se le fue a los pies al verlas así. Se había olvidado completamente que estaban ahí.

    —Nenas, no lloren —James se acercó a ellas y les acarició la cabecita a ambas—. James estaba enojado, pero ya pasó. No tengan miedo, ustedes no tienen nada que ver.

    —¿Nya?

    —¿Pika?

    Ambas sonaban preocupadas. Incluso tenían surcos de lágrimas en sus mejillas. James les secó los ojos con una mano.

    —Lamento que hayan tenido que ver esto, no debí haber gritado con ustedes aquí. Perdónenme —se sentía un pedazo de basura humana por verlas asustadas por su culpa.

    Nina y Luna poco a poco se acercaron y se subieron a sus piernas. James las besó y las acarició, provocando que ellas comenzaran a reírse y a aceptar sus mimos, mientras se refregaban contra su estómago.

    —Muy bien, nenas. No se preocupen por nada…

    La puerta del cuarto se abrió y entró Jessie. Tenía el cabello liso casi hasta los muslos, como siempre que tenía el cabello mojado. Miró a su alrededor, confusa.

    —¿Dónde está Misty?

    James sintió un vacío en el estómago al mirar por la habitación y no verla. Su mochila tampoco estaba.

    —Pues…

    Lunita comenzó a maullar y a hacer gestos con sus patitas como si atacara a alguien. Jessie la miró y entrecerró los ojos, ya adivinando un poco lo que la pequeña Meowth quería decir.

    —No me digas que te has peleado con ella y la dejaste ir…

    James alzó las manos de manera defensiva.

    —¡Ella comenzó a acusarme de querer robarle a su Psyduck! Discutimos un poco y las nenas se asustaron, así que fui a calmarlas! ¡Ni me di cuenta cuando se fue!

    Jessie lanzó un gruñido. Iba a gritarle, pero vio a las pequeñas y se contuvo.

    —Vamos a buscarla —dijo, de manera seca—. No es bueno que salga sola en ese estado.

    James puso a Nina en su hombro, sujetó a Lunita con un solo brazo y salió de la habitación junto con Jessie. Ahora que su ira se había calmado, se sentía mal. No sabía las cosas que estaban pasando en la mente de Misty. Si estaba muy deprimida, podría hacer lo mismo que Meowth…

    No necesitaron salir afuera. Misty estaba en la recepción, discutiendo con Joy. La enfermera intentaba tranquilizarla por todos los medios posibles.

    —Escucha, Misty: no te puedo dar los pokemón en ese estado. Te ves muy inestable.

    —¡No me importa como usted me vea! ¡Solo quiero irme con mis pokemón de aquí, muy lejos! —le gritó Misty, llorando a lágrima viva.

    —¡Misty! —le gritó Jessie, no con enojo, sino más bien para llamar la atención.

    Misty se giró, vio a ambos y cayó de rodillas, llorando convulsivamente.

    —Misty… —susurró Jessie. Miró a la enfermera Joy—. Ayúdeme a levantarla, por favor.

    Joy la agarró por debajo de los brazos y casi la arrastró al sillón más cercano. Jessie se sentó a su lado e hizo que apoyara la cabeza en su hombro.

    —Tranquilizate un poco, nena —le susurró.

    —Y-yo lo si-siento much-cho —tartamudeó Misty—. N-no debí lla-llamar ladrón a-a-a James…

    James suspiró profundamente y bajó a Nina y a Luna a sus rodillas para estar más cómodo.

    —Está bien, está bien. Yo he dicho cosas muy feas también…

    —Pero eran ciertas… Soy una maldita resentida…

    Jessie la tomó del mentón con suavidad y la obligó a mirarla a la cara.

    —Aún estás a tiempo de redimirte —le dijo, más con seriedad que con enojo—. Si nosotros lo hicimos, no veo por qué no puedes hacerlo tú. Aún tienes oportunidad, tal vez no con Psyduck, pero hay millones de pokemón en este mundo, de los cuales muchos no conocemos. Sólo quiero que, cada vez que pierdas la paciencia con un pokemón, pienses en Psyduck.

    Misty se mordió los labios y asintió.

    —Es-está bien.

    —Nosotros seguiremos aquí contigo, ayudándote y apoyándote en todo, ¿sí?

    Misty asintió, temblando. Jessie le sonrió.

    —Somos todos amigos aquí, Misty. Y estaremos juntos en este viaje, apoyándonos entre todos.

    Misty la abrazó, ocultando la cabeza en el cuello de Jessie.

    —Nunca más seré así —dijo, con la voz ahogada—. Voy a cambiar, lo prometo.

    Al parecer Misty aprendió la lección, ¿no?

    Nathan: Civilization es Civilization. No te culparé por ello.

    1. Un Pidgey no iba a ser el pokemón que le iba a dar a Todd. Pero el pokemón que planeaba poner aparecerá más adelante.

    2. Tengo memoria de pez. He visto el episodio 14166516 veces XD

    3. Sencillamente no podía dejarlos vivir. Hice varias versiones de este capítulo y este fue el mejor.

    4. Me alegro que te puedas sentir identificado con Jessie. Sé que no es un personaje que aprecies mucho.

    5. No quiero mostrar el mundo pokemón como un paraíso, pero tampoco tan peligroso como el mundo real. Quiero hacer algo intermedio. En mi historia, hay entrenadores que se van y no vuelven porque han muerto de hambre, frio o asesinado por otros pokemón. ¿Sabes? Hice una versión sobre como encontraron a Lunita en Johto. ¿Te acuerdas del capítulo donde estaban en una especie de reserva de Ursaring? Bueno, cuando Lunita era un huevo, estaba en manos de una entrenadora que se perdió allí. Cuando los Ursaring aparecieron, esta entrenadora escondió al huevo dentro de un árbol y peleó con los pokemón que tenía, pero no fue suficiente y fueron asesinados y devorados. Meowth encontró a Lunita perdida en el bosque y decidió quedarsela. Me imagino historias como esa cuando pienso en entrenadores muertos antes de completar su viaje.

    6. Algunos pokemón te podrían hacer mierda una jaula, así que yo lo veo lo más lógico que sean drogados.

    6.5.
    Eso fue lo que pasó. Cassidy y Biff lo evolucionaron porque el jefe valoraría más un pokemón en su etapa final.

    7. A mi también me da lástima, pero tenían que salir rajando de la ciudad lo más antes posible y no se podían quedar a comer.

    8. Aunque todo eso no hubiera pasado... Seguro le hubiese ganado a Ritchie, pero no habría pasado la siguiente ronda.

    Si, si, tengo que cuidar más estos dedos.

    Mención especial a Thranduil, que está leyendo mi fic y se está tomando el tiempo de responderme.

    ¡Hasta el próximo sábado!
     
    Última edición: 24 Febrero 2018
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    J.Nathan Spears

    J.Nathan Spears Chao 2018, no te extrañaré xP Comentarista Top

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    Wow. Espectacular episodio tanto por longitud como por calidad OuO. No tengo mucho qué decir... lo que puse en comentarios anteriores se cumplió en gran parte :V jejeje... a la final, ahora Psyduck es de James y podría tener un equipo completo pa' la liga :P. Y Misty aprendió la lección, al fin -w-U

    Pero no sé qué más decir. La Oficial Jenny realmente se ensañó con Misty... tanto que NO fue gracioso >__<U. Y más aún cuando ella se recuperaba del trauma de Butch y Cassidy... y sí, parece que al fin se acordaron del nombre de ese tipo de pelos color Cyan.

    Me imagino su lápida: "Aquí yace Breno, murió por pendejo. Nada se perdió" x'D

    Y bueno, a ver si Misty atrapa otra cosa x'D... aunque lo dudo, conociendo el enfoque principal del fanfiction -w-U. En fin, siguiendo con el tema, me parece raro que los Rocket jamás intentaran comunicarse con Psyduck en el animé, para así convencerlo de que con los Rocket estaría mejor. Y luego tendrían un Pokémon raro (supongo) para el jefe. Después de todo, James sí le tiene paciencia.

    Por último, recordar que no nos podemos enojar con Ash, Misty y Brock (mucho menos con este, que es un santo n__nU aunque tiene las hormonas alborotadas pues x'D), puesto que son niños :V jejeje. Si de verdad tenemos que enojarnos con algún niño, debería ser con cierta pendeja arrastrada pelos de miel que solo piensa en webadas amorosas xP.

    Seh, necesitaba soltar el comentario pendejo del día para balancear el exceso de seriedad del ambiente n_nU. Nos vemos en otra, Sile-chan ;)
     
  12.  
    Thranduil

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    Holo again!!!!! Vine con otra ronda de comentarios :D

    Capítulo 11: Tampoco me acordaba del sujeto del Farfetch’d. ¿Es idea mía o modificas un poco las cosas para darle algo más de realismo a la historia? Pues no recuerdo que haya muerto Kaito. Me da la sensación de que Jessie está embarazada, por la sensación que tiene Arbok, además, me gustó que los pokémon hablaran, siempre se ven silenciados a la sombra de los humanos, y también les diste una personalidad.

    Capítulo 12: Era evidente que estaba embarazada!!!!!!!!!!!!!!! Creo que sí hay cambios a la historia y me agradan, hacen que la trama sea menos predecible. Por un momento pensé que iba a perder al bebé luego de esa caída. También debo decir que el capítulo me pareció muy largo, como que pasaron muchas cosas, aunque tal vez lo encontré largo por el tipo de letra.

    Capítulo 13: Que????????????????????!!!!!!!!!!!!!!!!!! No puede morir!!!!! La historia no es lo mismo sin su presencia. El toque depresivo que le das a Meowth me recuerda al de la primera temporada, cuando daban desarrollo a los personajes, creo que él tiene una de las historias más tristes.

    Capítulo 14: Ya veía yo que no se mataría, aunque no por voluntad propia, sino porque las circunstancias se dieron para darle una segunda oportunidad, no me esperaba la presencia de una Meowth bebé, sólo imaginé un pokémon salvaje. Siento que éste capítulo me llegó al kokoro.

    Capítulo 15: Que interesante el punto de vista que ofrece este capítulo, lo había visto en algunos anteriores, pero creo que aquí está más marcado. Se invierten los roles, a pesar de que no son villanos, a Ash y compañía los veo como los antagonistas, los actos provocados por su inmadurez tienen repercusiones en el equipo Rocket,y eso es muy interesante, hay consecuencias más graves que las que se muestran en el anime. El hecho de que James tenga tanto vínculo con la pequeña Meowth, me hace pensar que pueda tener algún problema en la relación con Meowth.

    Debo decir que me encanta el avance de la historia, el nivel de profundidad de la trama y su realismo. Ciao.
     
  13. Threadmarks: 33. Isla Canela
     
    Siletek

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    Título:
    El que no sufre no aprende
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    Romance/Amor
    Total de capítulos:
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    Palabras:
    5218
    Capítulo treinta y tres

    Isla Canela

    Al día siguiente, viajaron hacia Isla Canela, bajo un hermoso cielo azul y sin siquiera una nube. No en un ferry, sino en un pequeño crucero. James había conseguido un descuento para poder viajar. Brock había pensado que el descuento no existía y se había metido a trabajar de gratis para poder viajar, pero James le explicó que el descuento era válido si viajabas con más de cuatro personas.

    Una vez adentro, se quedaron maravillados con la cantidad de gente que había, con su propio bar y una piscina. James ya había estado en cruceros mejores que ese cuando era niño, pero prefería mil veces estar ahí, acompañado de Jessie, Meowth y los bobos.

    James intentaba disfrutar el crucero, pero le era difícil. Misty estaba mirando el mar, con los brazos apoyados en la baranda, con una tristeza que le partía el alma. Inconcientemente, tocó la pokebola en el bolsillo, donde tenía a Psyduck. Necesitaba que la animaran, pero no sabía como. Hacía un rato que los otros dos habían intentado levantarle el ánimo, sin éxito.

    —¿James? —Jessie lo abrazó por la espalda—. ¿Qué sucede?

    James suspiró.

    —No sé que hacer con Misty. No me gusta verla así.

    —Y menos cerca del barandal —agregó Jessie—. Necesita tiempo.

    —¿Al igual que Meowth necesitaba tiempo para reponerse de Togepi?

    Jessie se puso tensa.

    —Tienes razón, James. Lo siento.

    James iba a responder que no era nada, que solo estaba nervioso, pero una idea cruzó su mente como un relámpago. Se dio vuelta.

    —Jessie, ¿Qué te parece tener un día de chicas con ella?

    Jessie lo miró, sorprendida.

    —¿Día de chicas?

    —Claro. Pasen un día en Isla Canela ustedes dos solas. Vayan a comer, a pasear, a hablar de lo que quieran, vayan a la peluquería… sería algo bueno para ambas.

    —Pero James, tu tenías planes para armar un puesto de comida y…

    —Me las arreglaré con Meowth. Tal vez Brock también me dé una mano. Tú descansa, ¿si?

    Jessie sonrió.

    —Está bien, pasaré todo un día con ella, pero no sé si lograré hacerla sentir mejor.

    James le devolvíó la sonrisa.

    —Ve con ella.

    Jessie asintió y se dirigió hacia Misty. Vio como su novia se ponía al lado de ella y comenzaba a entablar conversación. James acarició a Nina, posada casi de manera eterna en su hombro.

    —Vamos a buscar una reposera, ¿si?

    James comenzó a caminar por el crucero, esquivando a los turistas y mirando a su alrededor. Meowth estaba en una reposera con Lunita, ojeando un libro de nombre que había comprado en una librería del puerto para elegirle un nombre al bebé; Ash y Brock estaban apoyados en la baranda conversando, a unos tres o cuatro metros de donde estaban Jessie y Misty. Al fin, encontró un par de reposeras azules. James se acostó y acomodó a Nina en su pecho. Luego, se puso unos anteojos oscuros baratos que había comprado en un puesto ambulante. Bueno, al fin podría tomar el sol en un lugar que no fuera su fantasía.

    No duró mucho.

    Su ambiente pacífico fue interrumpidos por las risotadas de un montón de chicas adolescentes. Intentó ignorarlas, pero las risitas eran irritantes. Se sacó los lentes de sol y se inclinó un poco, sosteniendo a Nina es su pecho.

    —¿Pueden cerrar la boca? —les dijo, irritado—. Hay gente que quiere descansar un poco.

    —¡Pika pi! —amenazó Nina.

    —No sea amargado, señor —le dijo una de ellas, de cabello castaño y ondulado hasta los hombros, acompañada de otras tres chicas.

    James parpadeó, sorprendido. ¿Señor? ¿Acaso se veía tan viejo? Antes de pensar en algo para replicarles, un chico de pelo castaño de la edad de Ash, con un sombrero de paja, anteojos de sol, una camisa rosa con dibujos de hojas verdes y bermudas apareció.

    —Chicas, el señor tiene razón, bajen un poco la voz. En la isla tendrán todo el tiempo del mundo para ponerse a gritar —les dijo, de manera despreocupada. Se dirigió a James—. Dísculpa a mis… amigas. A veces son muy ruidosas.

    —No, está bien —le respondió James. El chico le resultaba familiar.

    —¿Le molesta si uso la reposera de al lado? Esta es la parte menos poblada del crucero.

    —No me molesta —dijo James. Todo lo que quería era tomar un poco de sol en paz y tranquilidad. No todos los días podía subirse a un crucero.

    El chico se acostó en la reposera de al lado y suspiró, agotado. Sus ojos se fijaron en Nina, quien se había vuelto a acostar en el pecho de James, haciéndose un bollo.

    —Es muy hermosa tu Pikachu —comentó.

    —Cuido bien de ella —respondió James, acariciándole la cabeza.

    —Me hace recordar a alguien quien lleva siempre a su Pikachu fuera de la pokebola.

    James se sacó los lentes y giró la cabeza hacia él.

    —¿Acaso conoces a Ash? —le preguntó.

    El chico también se sacó los anteojos.

    —Si, somos del mismo pueblo. ¿Te lo has cruzado?

    —¿Cruzado? Estoy viajando con él desde hace pocos meses. Tu debes ser Gary, el nieto del profesor Oak.

    Gary lanzó una risotada que irritó un poco a James.

    —¿Ah sí? Pobre de ti, tiene que ser un fastidio, ¿no? Ser niñero de un niño de diez años.

    James echó un vistazo más allá de donde estaba el chico. Las adolescentes (unas seis en total) lo miraban embelesadas.

    —Pues yo no veo que estés viajando solo.

    Gary hizo un gesto con la mano.

    —Ellas son mis amigas, nada más.

    James enarcó una ceja.

    —Que suerte tienes. Un grupo de adolescentes bonitas que tienen todo el tiempo del mundo para acompañarte solo para disfrutar de tu agradable compañía.

    Gary parpadeó. Había entendido el sarcasmo, pero no parecía estar acostumbrado a que lo trataran así, siendo el nieto de una "eminencia". Probablemente todos lo trataran como un rey por sólo oir su apellido. Pero a James no lo impresionaba. De niño había estado rodeado de gente así.

    —Ellas están conmigo porque quieren —se apresuró a decir.

    —No dije eso. Solo dije que eras un chico afortunado. Esas adolescentes son verdaderas obras de arte. Como muñecas de porcelana.

    Las chicas se rieron de manera histérica, sonrojadas. James les sonrió. Eran tan huecas como se las imaginaba. James continuó:

    —Pero esas hermosas chicas no deben ser fáciles de mantener, ¿verdad? No las veo pisando un mugroso Centro Pokemón o una de las cabañas del bosque. Y ni hablemos de dormir a la intemperie o dentro de una carpa. Deben tener padres adinerados o debieron pescar a algún pobre diablo que las mantengan.

    —¿Y eso a usted que le importa? —saltó Gary. Estaba comenzando a perder los estribos y eso era justamente lo que James quería. Nina paró las orejas y lanzó un quejido de protesta.

    —Hey, hey, cálmate, que no he dicho nada malo —se rio James, acariciando la nuca de Nina. Se levantó de la reposera, ya resignado a no poder descansar—. Nos veremos en la Liga. Espero que dejen entrar a tus porristas en el estadio —se despidió James y se fue a ver a Ash y a Brock, quienes aún seguían en el mismo lugar, sin enterarse de nada.

    —¿Les está gustando el crucero? —les preguntó.

    —Si, no había viajado en uno desde el Santa Ana.

    James se tapó los ojos.

    —Por Dios, no hablemos del Santa Ana.

    Los tres se pusieron a reir, un poco nerviosos. Aún tenían fresco en su memoria el día en que casi murieron, ya sea ahogados, atacados por Gyarados o pokemón mecanizados gigantes. James inconcientemente miró hacia el cielo, buscando cualquier indicio de tormenta.

    —¿Disfrutaste tomando sol? —le preguntó Brock a James, como para olvidarse del tema.

    —Si, acabo de cruzar algunas palabras con el ex novio de Ash.

    —¿Gary está aquí? —preguntó Ash. Luego sacudió la cabeza y comenzó a patalear —. ¡No es mi novio!

    —¿Y que pasó? —preguntó Brock.

    —Es un presumido que tiene que pagar amigos porque nadie lo soporta —suspiró James—. Pero mejor olvidémonos de él. Hay un gimnasio que visitar y una medalla que ganar, ¿verdad, Ash?

    Ash se acomodó la gorra y Pikachu alzó los puños en un gesto de determinación.

    —Claro que sí. Ganaré esa medalla cueste lo que cueste.

    ...​

    Cuando bajaron del crucero, se sorprendieron de la cantidad de gente que había. No sabían que era un lugar tan turístico.

    —Parece una verdadera trampa para turistas —comentó Meowth.

    —Vayamos a dar una vuelta —sugirió Brock—. Tal vez encontremos algo.

    Se pusieron a andar por las calles, rodeados de música y turistas. Habían muchos restaurantes, puestos de comida callejeros, lugares para sacarse fotos, tiendas de recuerdo, hoteles y posadas, pero ni señales de un gimnasio.

    —No comprendo por qué esta isla se volvió tan popular, habiendo tantas otras —dijo Brock, mirando a su alrededor.

    —La respuesta es una adivinanza.

    Se detuvieron en seco. Miraron a un costado y vieron a un hombre de unos cuarenta y tantos años, de cabella castaño largo y ondulado, con unos lentes de sol redondeados tapándole gran parte de la cara, junto con su largo bigote.

    —¿Qué mantiene tu cuerpo caliente y tu cabeza fresca? —les preguntó el hombre.

    Ash se adelantó un paso.

    —¡Yo tengo la respuesta! Si te acuestas frente a un refrigerador abierto y te tapas con una manta eléctrica, estarías frio y caliente al mismo tiempo.

    —Totalmente falso —respondió el hombre, sintiendo vergüenza ajena. James no lo culpó por ello.

    —Aguas termales —respondió Misty automáticamente, como si fuera un robot.

    —¡Correcto! —el hombre pareció muy contento de que Misty hubiera adivinado su acertijo—. Verán, a causa del volcán, hay muchas aguas termales por aquí —dijo, con tono desesperanzado—. Los turistas se han apoderado de Isla Canela y los entrenadores ya no vienen. ¡Los turistas han arruinado la isla! —exclamó.

    —Si todavía hay un gimnasio aquí, tengo que poder ganar la medalla Volcán.

    —Dicen que el líder del gimnasio se llama Blaine —dijo Meowth

    Por un instante, el hombre casi pareció sonreir.

    —El gimnasio está donde te pones los lentes.

    Era la segunda vez que hacía una adivinanza y a James lo tenía harto. Pero como Ash necesitaba saber donde quedaba el gimnasio, mejor quedarse callado. Antes de que pudiera decir algo, Misty se adelantó:

    —Frente a sus ojos —respondió Misty, con desgano.

    —¡Volviste a acertar! El gimnasio de Blaine está frente a sus ojos… allí.

    El tipo señaló junto al frente de ellos. El grupo miró hacia donde estaba apuntando.

    El gimnasio estaba destruido, como si la isla hubiese pasado por un terremoto. La estructura de madera estaba en pie, pero bastante inclinada hacia un lado, con un gran riesgo de derrumbe. A juzgar por el crecimiento del pasto, el lugar parecía abandonado desde hacía cuatro meses, aproximadamente.

    —¿Ese es? —preguntó Brock

    —Es un desastre —opinó Jessie.

    —Creo que será mejor irnos de esta isla —opinó Meowth—. De seguro hay otros gimnasios en Kanto.

    —Blaine se cansó de luchar contra turistas que les importaba más una postal y una camiseta que los pokemón. Por eso abandonó el gimnasio.

    —¡Pero yo no soy un turista, soy un verdadero entrenador pokemón y vine aquí para pelear por una medalla Volcán!

    —Creo que llegaste al lugar equivocado —suspiró el hombre. Se metió la mano en su bolsillo y sacó un paquete de pañuelos—. Tengan esto, por si necesitan algo.

    Ash agarró el paquete de pañuelos y todos se pusieron detrás de él para verlo. Tenía estampado una imagen de una casita y un volcán detrás. Las palabras "Posada Adivinanza" estaba escrito en letras negras.

    —¿Una posada? ¿Cómo puede tener una posada y acusar a los turistas de arruinar la isla? Eso no tiene sentido para mí —se quejó Meowth.

    —Ya no está.

    En efecto, el dueño de la posada había desaparecido, dejándolos solos frente al derruido gimnasio. James soltó un suspiro.

    —Si quieren seguir buscando el gimnasio, adelante. Meowth y yo abriremos un puesto de comida y veremos si ganamos algo de dinero. Si para mañana no encuentran a Blaine, nos tomamos el primer ferry y vamos a buscar otro lado, ¿si?

    Ash lo miró frunciendo el ceño, pero no dijo nada. Jessie se estiró, levantando los brazos hacia arriba.

    —Bueno, yo soy una hermosa chica en un lugar turístico, así que aprovecharé para hacer unas compras y disfrutar de la playa. Y Misty también es bonita, así que me va a acompañar.

    —¿Eh? —Misty la miró, como si hubiera oído mal.

    Jessie la tomó de la muñeca.

    —Gracias por aceptar mi propuesta —sonrió Jessie, encantada, mientras arrastraba a Misty por la calle.

    —¡Nos encontraremos en el Centro Pokemón! —le gritó James mientras las veía desaparecer en el gentío. Se dirigió a Meowth—. Hora de trabajar.

    ...​

    James y Meowth llegaron al Centro Pokemón al atardecer, molidos de cansancio, pero con los bolsillos llenos de dinero. Nina y Luna estaban en la canasta, aún despiertas, pero adormiladas.

    James y Meowth lograron alquilar un puesto callejero y comenzaron a cocinar y vender taiyagi con forma de Meowth al frente del Laboratorio Pokemón. Lunita y Nina estaban sentadas en el frente del puesto y los turistas se acercaban más para acariciarlas y tomarles fotos que para comprar, pero James usó eso a su favor.

    James tomó dos frascos grandes de plástico y les hizo un agujero en la tapa para poner monedas. Les dijo a Nina y Luna que llamaran la atención de la gente haciendo poses tiernas. Mientras tanto, agregaron algo nuevo: hicieron taiyaki con forma de Pikachu. Las de Meowth estaban rellenas de crema pastelera y las del pokemón eléctrico de judías dulces. Muy pronto la gente no solo compraban los taiyaki, sino que ponían algunas monedas en los frascos según cual pokemón les agradaba más. Los frascos se llenaron tanto de monedas que tuvieron que vaciarlas y ponerlas otra vez.

    La felicidad de ellos fue momentáneamente cortada cuando apareció un cliente para comprar algunos taiyaki. Todo parecía normal, pero Meowth lo miraba con desconfianza. Incluso tenía las garras ligeramente hacia afuera. Al notar eso, James también comenzó a desconfiar. Le hacía recordar a las personas que estaban en lugares como La Fábrica, mirando las jaulas de una manera que daban escalofríos. Por las dudas, James se encargó de estudiar su rostro. De unos treinta y cinco años, de cara redonda, cabello peinado hacia atrás y ojos negros. Cuando metió las monedas en ambos frascos y estiró las manos para acariciar a las nenas, Meowth lanzó un bufido que James sólo había escuchado de los Meowth salvajes, pero nunca de la boca de su amigo.

    —¿Necesita algo más, señor? —preguntó Meowth, con un tono que parecía indicar que sabía quien era, donde vivía y que iría personalmente a romperle las piernas.

    El hombre lo miró y dio un respingo al notar que le estaba hablando un Meowth.

    —¿U-un Meowth que habla? —tartamudeó el hombre.

    —¿Algún problema con eso? —Meowth se mordió el labio.

    El tipo retrocedió.

    —No, no, yo solo… —el tipo se dio media vuelta y se marchó apresurado, perdiéndose rápidamente entre el enjambre de turistas.

    Nina y Luna miraron hacia Meowth sin entender lo ocurrido. El pokemón parlante forzó una sonrisa.

    —Todo está bien —les dijo. Luego se giró hacia James—. Creo que hemos vendido suficiente por hoy. Además, está por anochecer. Vámonos.

    Y así había sido su experiencia trabajando en Isla Canela. Al menos ahora tenían bastante dinero para aguantar un rato más viajando. James se preguntó cuanto tiempo podrían estar viajando antes de que el avanzado embarazo de Jessie les impidiera seguir adelante.

    Encontraron a Ash y a Brock al costado de la puerta de vidrio del Centro Pokemón, cosa rara, ya que esperaba que estuvieran alojados en uno de los cuartos.

    —Hola —los saludó James, extrañado—. ¿Qué hacen aquí afuera?

    —No podemos entrar. Está lleno —respondió Brock

    —¿Cómo que lleno? —preguntó Meowth.

    —Lleno de estúpidos turistas que ni pokemón deben tener —Ash pateó el suelo—. Están hasta durmiendo en camillas en la recepción.

    James se acomodó un mechón de pelo. Tendría que habérselo imaginado. No le molestaba dormir a la intemperie, pero quería dormir en una cama, especialmente por Jessie.

    —¿Vieron a las chicas? —preguntó.

    —No, todavía no llegaron.

    —Bueno, supongo que no tardarán mucho. Quedémonos aquí.

    Esperaron por veinte minutos a que las chicas aparecieran. James se las imaginaba: se habrían ido a comer, a hacer compras y cualquier cosa que gastara dinero. Estaba seguro de eso. Apoyó la espalda contra la pared, deseando tener una lata de refresco para tomar. Se estaba muriendo de calor, pero pronto refrescaría al caer la noche.

    —¿Qué hacen acá afuera?

    James reconoció la voz de Jessie, pero la chica embarazada que estaba frente a él no se parecía mucho a ella.

    Jessie se había cortado el cabello. Antes le tapaba los muslos, ahora lo tenía hasta un poco más arriba de la cintura, lacio y hermoso. Lucía un sencillo vestido blanco y suelto hasta los tobillos y unas sandalias de madera. Y ella no era la única que había cambiado. Misty tenía el pelo suelo hasta los hombros y ondulado, con un broche en forma de Starmie decorando su cabellera y con los labios pintados con brillitos. Pero eso era lo de menos; su aspecto relajado y sonriente la hacían ver como una persona completamente nueva. Llevaba una musculosa blanca, pantalones playeros color celeste y sandalias blancas.

    —Wow —solo atinó a decir James ante las dos mujeres que tenía al frente. Miró a Jessie —. Usted es muy hermosa, pero estoy comprometido.

    Jessie se rio, sonrojada.

    —Tonto.

    —Les sentó bien el cambio, chicas —les dijo Brock.

    —Si, están bien —Ash parecía no saber que decir.

    —Pensé que no te gustaba cortarte el cabello —comentó James.

    Jessie hizo un gesto con la mano.

    —Estaba comenzando a perder un poco de cabello por el embarazo, así que preferí cortarlo un poco.

    —¿Y como les fue en el paseo?

    Esta vez Misty contestó, llena de entusiasmo:

    —¡Genial! Fuimos a comer a un lugar donde había peceras gigantes, con un montón de pokemón acuáticos. Luego fuimos a la peluquería y de compras a un shopping. ¡Y eso no fue lo mejor! Fuimos a pasear a la playa, vimos un Tentacool cerca de la orilla… ¡Y lo capturé! ¡Tengo un Tentacool hermoso! ¿Pueden creerlo?

    —Si lo creemos, pero lo que seguimos sin creer es que no podamos dormir en el Centro Pokemón —suspiró Brock.

    Misty frunció el ceño.

    —¿Cómo que no?

    —Está tan lleno de turistas que incluso están durmiendo en la recepción.

    —¿Y que haremos? —preguntó Misty.

    Ash señaló un hotel que estaba justo al frente del Centro Pokemón.

    —Tal vez podamos alquilar una habitación por esta noche. Probemos en ese hotel de ahí —dijo, ya de manera más animada. Se metió las manos en los bolsillos y comenzó a marchar alegremente hascia el lugar.

    ...​

    La noche cayó completamente sobre ellos y el grupo no había encontrado un alojamiento. Eran casi las diez de la noche y todavía estaban dando vueltas por la calle buscando un techo para poder dormir.

    Habían visitado todos los hoteles y posadas de la isla (casi literalmente hablando) y los recepcionistas los miraban como si fueran extraterrestres. Todos los que estaban ahí habían reservado hacía semanas y no tendrían habitaciones disponibles hasta el otoño.

    —Quiero dormir… —se quejó Misty, caminando casi como si fuera un zombie.

    —Los pies me están matando —Jessie se había sacado las sandalias y ahora caminaba descalza, con el calzado en la mano.

    Ash se detuvo en seco y miró hacia el costado de una de las posadas de estilo antiguo. Desde adentro sonaba música tradicional y se sentía el olor de la comida recién hecha.

    —Vamos a un lugar para acampar. Tal vez haya espacio —gruñó Brock, ya harto.

    Ash no lo escuchaba. Estaba como hipnotizado.

    —Eso huele muy bien —murmuró, yendo hacia donde provenía el olor.

    —¡Oye, espera! —le gritaron, pero Ash simplemete siguió de largo hasta estar a unos tres metros de la puerta corrediza. Se podían ver las siluetas de varias personas sentadas en la mesa, cenando.

    —No es justo —se quejó Ash—. Ahí se están dando un banqueto.

    El estómago de Ash gruñó de forma muy audible. Una de las siluetas se levantó, probablemente alertada por los ruidos y abrió la puerta corrediza.

    —¿Gary? —preguntó Ash, entre la sorpresa y el espanto.

    Sí, era Gary. Vestía una yukata gris con estampado de cruces negras y un simple saco color marrón por encima.

    —Me pareció haber escuchado un ruido —murmuró, distraído. Luego se fijó en el grupo y lanzó una risotada—. Ah, pero si es el escuadrón de tontos. ¿En que hotel están?

    —Estamos… acampando —gruñó Ash. James lo tomó del hombro para intentar tranquilizarlo.

    —Lastima que no tengan un lugar como este —abrió aún más la puerta y pudieron ver mejor el interior. La mesa estaba llena de deliciosa comida marina que las "amigas" de Gary estaban disfrutando. Un Hitmonchan y un Electabuzz estaban tocando música, vestidos como geishas. Gary siguió hablando, siempre con esa estúpida sonrisa de superioridad en su cara—. Escuchen una cosa: los dejaré pasar aquí para que coman y puedan dormir aquí hasta mañana si dan tres vueltas y dicen "Pikachu".

    Antes de que Ash pudiera replicar algo para salvaguardar su dignidad, Jessie se adelantó unos pasos, echando espuma por la boca.

    —¿A mí me vas a decir que de tres vueltas y diga Pikachu, mocoso maleducado?

    Al ver a Jessie y su estado de embarazo, palideció y retrocedió un paso, asustado.

    —N-n-no…

    —Hagamos algo más gracioso, ¿por qué no mejor mi Arbok gira tres veces alrededor tuyo y ruegas por tu vida?

    —D-disculpe, señora… si quiere, pueden pasar…

    Jessie negó con la cabeza.

    —Puedes agarrar tu comida y… quedartela. Prefiero cenar unos pocos taiyaki caseros con mis amigos y mi familia en la plaza antes que estar rodeada de admiradoras pagadas que se irán apenas tu familia deje de darles en un hotel de lujo —Jessie giró sobre sus talones y se alejó unos pasos. Se detuvo y agregó —. Si tienes tan baja autoestima para tener que pagar por adulación, estás perdido. Haz lo que te plazca, yo no soy nadie para ti. Pero para la gente tu siempre serás la sombra de Oak que juega a hacerse el adulto. Tienes diez años, no te olvides —se giró hacia el grupo—. Vámonos.

    James tomó del hombro a Ash.

    —Vamonos, Ash. Jessie tiene razón: tengo al menos una docena de taiyaki conmigo.

    Ash lo miró y sonrió con toda la alegría de un niño de su edad.

    —¿De verdad?

    —Es cierto. Vámonos de una buena vez.

    Todos se dieron media vuelta y dejaron a Gary y sus admiradoras detrás. Ash se adelantó unos pasos para alcanzar a Jessie.

    —¡Eso fue increíble! —le dijo, con admiración. Jessie le dedicó una leve sonrisa.

    —No hace falta ser una genia para poner en su lugar a un mocoso altanero.

    Un ruido de tripas rugiendo interrumpió la conversación. James sacó de su mochila dos taiyakis, uno relleno de crema pastelera y otro de judías dulces.

    —Para que engañes un poco el estómago —le dijo.

    El grupo encontró una plaza situada cuesta arriba. Desde allí se podían ver gran parte de los hoteles, negocios y casas. Se sentaron en un banco de piedra y comenzaron a comer en silencio los taiyakis, excepto para comentar lo delicioso que estaban. En un momento, Brock tragó y preguntó:

    —¿Ash, aún tienes el paquete de pañuelos que te dio ese señor?

    Ash buscó en los bolsillos de su chaqueta y sacó el paquete de pañuelos.

    —Aquí está —dijo. Miró el paquete más de cerca y frunció el ceño—. Esta debe ser la dirección de su hotel.

    Brock se puso detrás de él para leer.

    —Si miran cerca del columpio verán mis manos… o al menos mi cara.

    —¡Oh, no, otro acertijo! —se lamentó Ash.

    —Me pregunto si tendrá muchos turistas —se preguntó Jessie.

    Brock giró hacia atrás.

    —Ahí está el columpio, pero no veo las manos ni la cara de nadie.

    —No se lo tomen tan literal —los retó Meowth—. Las adivinanzas son metafóricas, no debe estar hablando de manera literal sobre manos y caras.

    Misty se puso de pie, mirando más allá de los columpios.

    —Miren allí —dijo, señalando hacia arriba.

    Todos miraron hacia donde apuntaban. No lo habían notado antes, pero sobre la ladera del volcán se veía una especie de posada con un enorme reloj en el techo.

    —Se ven las manos y la cara del reloj. Esa debe ser la Posada Adivinanza.

    ...​

    Cuando llegaron a la posada, vieron al mismo tipo que le había entregado el paquete de pañuelos a Ash. Se lo veía muy feliz de que Misty había resuelto el acertijo.

    —Ese era fácil —sonrió Misty.

    —Te veo mucho más animada desde la última vez que te he visto.

    —El paseo en la isla me hizo bien.

    —Bueno, como premio les daré habitaciones gratuitas para todos ustedes.

    —Sus acertijos pueden ser tontos, pero sus premios son fantásticos —dijo Ash.

    —Tomaré eso como un cumplido…

    El estómago de Ash gruñó. Los taiyaki que había comido no habían sido suficientes para paliar el hambre.

    —Deben tener hambre, ¿no? Les traeré comida en un rato. Pueden recorrer la posada y elegir la habitación que gusten.

    —¿No hay más huéspedes aquí? —preguntó James.

    —No, ustedes son los únicos. Disculpen, iré a preparar la comida —el hombre desapareció tras una puerta que probablemente daba a la cocina. Mientras tanto, comenzaron a husmear en el piso de arriba.

    El dueño de la posada tenía razón. Todos los cuartos estaban vacios, como si fuera una posada fantasma. Incluso cada uno podía elegir su propia habitación. Los únicos que dormirían juntos serían Jessie y James. Meowth dormiría con Nina y Lunita en otra habitación.

    James estaba dejando sus cosas en un rincón cuando sintió que la puerta detrás de él se cerraba. Se dio vuelta y estaba Jessie sonriendo de oreja a oreja.

    —Estuve esperando tanto para tener un momento a solas —la voz de Jessie casi fue un ronroneo.

    Desde hacía un tiempo que ya no tenían sexo. A veces había algún que otro manoseo por la noche pero no llegaban a más que eso. Por primera vez en mucho, mucho tiempo, estaban realmente solos en una habitación, libres para actuar como una pareja.

    James se acercó a ella, la rodeó por la cintura y la besó apasionadamente en los labios, mientras acariciaba su cabello con la otra mano. De no ser porque estaba embarazada, ya la habría tirado contra el futon. Cuando se separaron para tomar aire, Jessie dijo:

    —Espera, voy a acostarme.

    James esperó con impaciencia a que ella se tendiera contra el futón, de costado. No sabía cuanto iba a tardar la comida, pero no quería arriesgarse.

    James se acercó al futón y se puso de rodillas. Gateó despacio hasta ponerse a su lado. Siguieron besándose y acariciando sus cuerpos con pasión, como si hubieran olvidado como se sentía hacer el amor. En un momento, James tocó el vientre de Jessie y pensó en su bebé. ¿No la estaría lastimando?

    Sus pensamientos fueron interrupidos cuando Jessie lo tomó de la nuca y comenzó casi a devorarle a boca a besos mientras le arañaba la espalda. James se apartó del agarre casi de un salto y retrocedió un poco.

    —Jessie —James esperó un par de segundos para tomar aire—. ¿Estás segura?

    Jessie lo volvió a jalar de la nuca y lo volvió a besar, esta vez en el cuello. Sus manos comenzaron a bajar sus pantalones. Él tenía puesta unas simples bermudas deportivas y le fue muy fácil bajárselos hasta dejarlo con las nalgas al aire. James volvió a separarse de ella, a pesar de que todo lo que tenía ganas de hacer era levantarle el vestido y hacerle de todo debajo de él.

    —Jessie… cariño… ¿No crees que podamos lastimar al bebé?

    Jessie lanzó un bufido.

    —Amor, no pasa nada. La nena va a estar bien. Ni que la tuvieras tan grande.

    Eso le dolió en su hombría. Jessie pareció darse cuenta, porque abrió grandes los ojos y dijo:

    —James, el médico dijo que podíamos tener sexo, solo que teníamos que hacerlo con un poco más de cuidado. La nena va a estar bien.

    James tragó saliva. Acarició las piernas de Jessie mientras le subía el vestido hasta la cintura. Le bajó la ropa interior hasta las rodillas. Al fin…

    La puerta de la habitación se abrió de golpe.

    —La comida ya esta… —Ash estaba de pie en la puerta, viendo a James con el culo al aire y a Jessie con el vestido subido hasta la cintura—. ¡L-lo siento! —gritó y salió corriendo, dejando la puerta abierta.

    Jessie se bajó el vestido y James se subió los pantalones de manera rápida. James intentó sonreírle.

    —Bueno, creo que hoy no va a poder ser.

    Jessie lo miró fijo a los ojos.

    —Cuando terminemos de comer, vamos a tener tanto sexo que no te vas a acordar ni de tu nombre.

    James se levantó y ayudó a Jessie a pararse. A juzgar por la cara de Jessie, mañana viajarían con un niño menos.

    ...​

    La cena fue deliciosa, pero tensa. Misty estaba más interesada en dormir que en comer, pero la idea de meterse a las aguas termales era más fuerte. Jessie prácticamente apuñalaba la comida antes de metérsela en la boca y Ash evitaba mirarla. Brock carraspeó e intentó cortar la tensión.

    —Está deliciosa la comida, ¿no? Uno siempre la disfruta cuando el que cocina es otro.

    —La verdad que sí —lo apoyó Meowth—. Pero uno siempre tiene la satisfacción de poder cocinar por si mismo. Es genial sentirse independiente.

    Misty dejó los palillos a un lado.

    —Me voy a las aguas termales —anunció. Miró a Jessie—. ¿Vienes?

    Jessie negó con la cabeza.

    —No puedo por el embarazo. Me quedaré aquí.

    —Yo también me quedo —dijo James, mirando a Jessie de reojo. Jessie se sonrojó ligeramente y sonrió de manera pícara.

    —Yo voy a ir con Lunita y con Nina. Les va a encantar —dijo Meowth. Las nenas, quienes estaban comiendo en la mesa, dieron un chillido de aprobación.

    —Yo también voy —dijo Brock.

    —Y yo —agregó Ash.

    Todos se levantaron de la mesa, quedando solos Jessie y James. Ella le guiñó un ojo.

    —Espero que esas nalgas tuyas estén listas.

    James se puso rojo, pero luego sonrió de manera lasciva.

    —Las tuyas también, cariño —le respondió. Se levantaron y subieron por las escaleras, agarrados de la mano.

    Lamento muchísimo tener que decir esto, pero no puedo continuar más el fic....

    ... puntualmente.

    Este es el último capítulo completo que tengo escrito en Word. El que le sigue está por la mitad todavía. Lo más probable es que comience a publicar cada dos semanas. Sepan disculpar.

    Nathan: No fue mi intención hacer gracioso el ensañamiento de Jenny hacia Misty, de verdad. Solo quise hacer a la oficial un poco hija de puta, nada más. Yuta. yuta, hija de puta (?)

    Mención especial a Thranduil, quien casi va por la mitad del fic.

    No prometo publicar el próximo sábado, pero haré un esfuerzo.

    ¡Hasta la próxima!
     
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    J.Nathan Spears

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    Al fin termino de leer y puedo decir, sin lugar a dudas, que... "¡Jessie se lució, carajo!" O__o

    Y no de la forma que cae mal, como le pasó a Poochie cuando se metió en el show de Itchy 'n Scratchy (O "Tommy y Dally"... Ugh, siempre odié ese nombre doblado ¬¬. Mejor lo llamaré de la manera gringa). O como pasa con Greninja en la saga de Kalos, en donde nos lo metieron por la garganta ¬¬. Sino que se lució y agradó. Con Misty se portó muy bien (aunque fuese fuera de cámara) y con Gary, pues... ¡Se la metió doblada! X'D jajajaja... ya era hora que alguien le dijera sus verdades a "Gary Motherfucking Oak" :V. Seguro que Plushy Berry adorará este momento cuando llegue a él -w-.

    Solo un fallo tiene esto, y es que en la posada donde estaban Gary y sus fangirls, había un Electabuzz y un Hitmonlee. No un Hitmonchan... pero bueno, ¿Acaso importa realmente? :V

    Por lo demás, ya me comenzaba a preocupar de que Jessie tuviera que dormir a la intemperie, debido a su embarazo. O que en medio de su "noche de chicas" con Misty, tuviese contracciones o algo peor... O__o|||. Pero bueno, menos mal no ocurrió así.

    Me pregunto si volveremos a ver al tipo que fue al puestito de James y Meowth. Es muy sospechoso ese wey... seguro que planea algo. Y esos dos estarán ahí para evitar que dañen a los Pokémon... o a Jessie y la niña que lleva dentro.

    Y claro, no podía faltar la parte en donde Jessie le dice a James que pueden tener relaciones ya que su "pararrayos" no es tan grande. xD Jajaja...

    Te diré lo mismo que le dije a Edmund Daltonic en su tiempo: Está muy bien que uno quiera hacer un escrito dramático y en un universo bien jodido, pero siempre hay que meter, aunque sea, un poquito de ligereza... de lo contrario, el relato se vuelve demasiado pesado y nada apetecible. Así que... ¡Viva el humor! x'D

    Y vaya que será mejor que la parejita aliste las nalgas -////-. Eso quisiera verlo :L. Pero no me importaría si te lo saltases... lo que importa es que esos dos estén felices y ya -w-U

    Nos vemos en la próxima, que puede ser el próximo sábado... o no. Sea como sea, ¡Dale con todo el FUAAAAA! xD

    Bye~ ;)
     
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    Thranduil

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    Holo!!!!!! Vengo con una nueva ronda de comentarios. Lamento si me demoré mucho, pero tuve un bloqueo creativo y no tenía ganas de hacer nada.

    Capítulo 16: Debo decir que pensé que la venganza de Jessie sería más maligna, más perjudicial para Misty. Tampoco me esperaba la integración de Caterpie al equipo. No sé si lo dije antes pero me agrada que tu historia no sea exactamente igual al anime, hace que no sea tan predecible.

    Capítulo 17: :o!!!!!!!!!!! Brock viajando con el Equipo Rocket? Ash y Misty se van a morir de hambre. Me agrada que estos capítulos sean más de desarrollo de personajes que de acción. Aunque por ahora siento que Jessie es la que ha tenido menos desarrollo, pero aún me faltan capítulos por leer.

    Capítulo 18: Jajaja, las cosas que dice James dormido. Ya aceptaron ir con Brock, pero queda ver cómo lo tomaron los otros bobos. Me acabo de dar cuenta de un detalle que me gustó, cuando relatas desde el punto de vista del Equipo Rocket, dices bobos, pero si es del punto de vista de los bobos, los llamas por sus nombres. Pero lo más importante del capítulo, decidieron dejar al Equipo Rocket, me pregunto qué tanto va a influir esta decisión en el futuro y cuánto va a diferir del anime ahora.

    Capítulo 19: Viajar juntos!!!!! Lo sospeché desde un principio, pues es más interesante que se junten a que se separen. Siento que el ex Equipo Rocket aceptó viajar con ellos bastante rápido, pensé que habría más hostilidad por parte de ellos cuando llegase Misty, por lo que sucedió con Lunita. El detalle de conservar algunos trajes fue gracioso.

    Capítulo 20: Es interesante ver cómo contrastan el ex Equipo Rocket y los bobos, a pesar de ser los malos, son más amables, mientras que Ash y Misty, al ser los buenos, son infantiles y prejuiciosos, sin mencionar desconsiderados. Pero recuerdo que Brock tiene un zubat, me pregunto si eso traerá problemas con el trauma de Lunita.

    Como en ocasiones anteriores, esperaré hasta ponerme al día con los capítulos para dar mis apreciaciones un poco más técnicas. Ciao.
     
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    Maze

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    Aries
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    Quería leer un capítulo... Y de alguna forma acabé leyendo cuatro y debo parar o me cierran el banco. Pero primero dejo coments.

    Mis personajes favoritos del pokeani ambientado en la época de la infancia pero con una perspectiva más, si no madura, sí reflexiva, todo esto acompañado de una buena prosa... Diablos. No sé por qué tardé tanto en leer esto. Me ha fascinado, y me alegra que quede todavía mucho por leer.

    El inicio es muuuuy evocador. Es el TR que todos conocemos sufriendo lo que tienen que sufrir, pero de una forma tan locuaz de narrar la escena, apegada, pero no dramática, tan intimista que incluso antes de que alguien dijera una palabra ya me habías desarmado y estaba seguro de que esto me iba a encantar. El IC es tremendo, da esa aura de Chronicles de que estás viendo verdaderamente pokémon desde otra perspectiva, y eso le da verosimilitud a todo lo que acontece más adelante. Las personalidades están tan apegadas al canon que no se aprecia ninguna diferencia entre lo que se lee y lo que se ha visto, sino antes más como un complemento adecuado a la historia. El manejo del romance es bastante tierno, aún asumiendo que son adultos, por las propias personalidades de ambos personajes, dejando que vuelen las posibilidades en la cabeza.

    Y los capítulos son bastante ligeros. Antes de darme cuenta ya había leído cuatro y no tenía la menor intención de parar. Muy, muy, muy inmersivo.

    10/10 a las escenas ero. Más enfocadas en las sensaciones y los sentimientos que en la propia acción, de forma que el romance se impone sobre el erotismo. Me pareció súper acertado. Y del mismo modo, la actitud mundana que toma Meowth respecto a ellos, como si fuera algo natural (que de hecho lo es) y como si estuviera más enterado que ellos (también...)

    Tengo muuuucho por leer de esta historia, y me alegra porque tiene mi hype a mil. Te estaré dando guerra a menudo.

    Yow~~
     
  17. Threadmarks: 34. La cabaña del horror
     
    Siletek

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    El que no sufre no aprende
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    Romance/Amor
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    Capítulo treinta y cuatro

    La cabaña del horror


    James se despertó a la mañana siguiente, abrazado a la espalda desnuda de Jessie. Al principio había tenido sus dudas sobre tener sexo con su novia embarazada, pero al final se había entregado al amor y a la lujuria, pero siempre con precaución.

    James le dio un beso en el hombro y se enderezó en el futón. Se sentía feliz. Estaba con su novia (a veces se sentía tentado a llamarla “su esposa”) en una posada con aguas termales en una isla turística. No podía pedir mucho más. El mal trago de la muerte de Cassidy y el otro como se llame estaba poco a poco desapareciendo, tanto de su mente como la de sus compañeros de viaje.

    Jessie se movió un poco a su lado. Bostezó y giró la cabeza hacia atrás.

    —¿James?

    —Acá estoy, cariño.

    Jessie se dio vuelta.

    —Buenos días, mi amor —le dijo, estampándole un beso en los labios.

    —¡Ey, que no me he cepillado los dientes!

    —Al demonio con eso. ¿Qué hora es?

    —No tengo idea, pero ya amaneció.

    Jessie se sentó en el futón.

    —Ayúdame a levantarme, James.

    James se levantó y le dio la mano. Poco a poco la fue levantando hasta quedar erguida y totalmente desnuda delante de él. James tampoco estaba vestido. Antes de que pudieran decir algo, escucharon unos golpes en la puerta.

    —¿Jessie? ¿James? —era la voz de Brock.

    —¿Si? —preguntó James.

    —Ya está servido el desayuno.

    —Ya vamos.

    Ambos se vistieron con la ropa que tenían puesta ayer y bajaron a desayunar, donde el resto ya estaban sentados a la mesa.

    —¡Buenos días! —saludó Jessie, con una sonrisa de oreja a oreja— ¿No es un hermoso día? —se sentó a la mesa y vio el desayuno—. Esto es perfecto —dijo, tomando un sorbo de jugo de naranja.

    —Jessie se ve muy feliz hoy —comentó Meowth, del otro lado de la mesa.

    —¡Claro que soy feliz! —Jessie estiró la mano sobre la mesa y acarició la cabeza de Meowth—. ¿Por qué no lo sería?

    Mientras Jessie acariciaba a Meowth, James notó que Ash no estaba bien. Ni siquiera había tocado el desayuno, tan sólo lo miraba sin ver, como si sus pensamientos estuvieran muy lejos. No se animó a hablarle, así que se giró hacia la persona más cercana a él además de Jessie: Misty. Se acercó un poco a ella, bajando la voz.

    —¿Sabes que ha pasado con Ash?

    Misty miró al mencionado y luego habló con James en el mismo tono bajo:

    —Vamos arriba; te lo explicaré todo.

    Misty se levantó de la mesa y se dirigió a las escaleras. James la imitó.

    —¿Adonde vas, James? No has tocado tu desayuno…

    —Ya regreso, Jessie.

    James subió las escaleras detrás de Misty hasta que ella se detuvo en el pasillo.

    —Te explicaré lo que pasó —empezó a decir Misty—. Estábamos en las aguas termales relajándonos cuando Togepi se trepó a una estatua con forma de Gyarados que tiraba agua caliente. Togepi se puso a saltar encima de la estatua y de repente se hundió y se abrió un pasaje secreto detrás de las aguas termales. Fuimos a cambiarnos al baño y volvimos para entrar por el pasadizo. Meowth se volvió al rato con Lunita y Nina porque hacía mucho calor ahí. Había una puerta enorme de metal al final, pero no la pudimos abrir porque estaba muy caliente.

    —¿Y como entraron?

    —Se abrió sola. Cuando entramos, vimos que había un campo de batalla sostenido por cadenas encima de lava. Apareció el dueño de la posada y confesó que él era Blaine.

    —¿Blaine? ¿El líder del gimnasio?

    —Si. Ash peleó con él para ganar la medalla, pero perdió sin llegar a ganarle a ninguno de los tres pokemón. Pikachu casi cayó a la lava…

    —¡¿Qué?! —James no daba crédito a lo que escuchaba.

    —Si. Logró sostenerse del borde de la plataforma, pero está bien ahora. Aunque Ash es un cabeza dura y dice que no se irá hasta ganar la…

    —Tenemos que irnos de aquí —la interrumpió James.

    —Pero Ash…

    —No me importa lo que piense Ash. Vamos a tomarnos el primer ferry y nos iremos hoy mismo a buscar otro gimnasio.

    James bajó las escaleras de dos en dos, maldiciendo por lo bajo. Blaine era un grandísimo hijo de puta para poner un gimnasio que arriesgara la vida de los pokemón. No estaría ni un segundo más en la posada, solo quería irse de esa isla de mierda.

    —¡Ash! —gritó cuando terminó de bajar las escaleras—. Empaca tus cosas. Vamonos. Todos debemos irnos.

    Ash lo miró, sin dar crédito a sus oídos.

    —¿Qué?

    —Nos tomaremos el primer ferry que salga de la isla hacia cualquier lado. Allí veremos si hay algún otro gimnasio.

    Todos tenían sus ojos fijos en James. Ash se levantó, dudando…

    —Pero James, ya he encontrado a Blaine. Él es…

    —Si, ya sé quien es —dijo James—. Y ese desgraciado no se puede hacer llamar líder de gimansio. Misty y Brock deberían saberlo mejor que yo.

    —No importa si es o no el mejor, tengo que vencerlo… —empezó a decir Ash, pero James lo interrumpió:

    —Tu Pikachu casi murió anoche, según me dijo Misty. ¿Acaso ganar una medalla es más importante que la vida de tu Pikachu?

    Ash se quedó helado en su lugar. Pikachu, sobre la mesa, parpadeó varias veces. Miró a su entrenador, dolido. Ash bajó la mirada.

    —Claro que no…

    —¿Todo eso es verdad? —preguntó Jessie.

    —Si —admitió Brock—. Ese lugar no es seguro para tener una batalla.

    —Entonces mejor empaquemos nuestras cosas —terminó James y comenzó a subir las escaleras.

    —¿Qué le diremos a Blaine? —preguntó Meowth.

    James lo miró por encima de hombro.

    —Que se vaya a la mierda —le respondió y continuó subiendo.

    ...​
    Una hora después, estaban en la playa, en la parte menos poblada. La mayoría de la gente todavía debía estar desayunando o durmiendo.

    Se fueron de la posada intentando evitar a Blaine, ya que temían que James terminara agarrándolo a golpes. Por suerte, no lo vieron y lograron salir sin cruzárselo por ningún lado.

    El problema fue cuando llegaron al puerto. El ferry ya había salido hacía veinte minutos y había que esperar hasta las tres de la tarde para tomarse el siguiente. Para colmo, nadie de allí tenía ninguna información sobre la dirección de los gimnasios de Kanto. El los negocios no había ninguna guía. Y los teléfonos del Centro Pokemón parecían estar eternamente ocupados por turistas que no paraban de parlotear. Decidieron comprar un frisbee y ponerse a jugar entre todos. Jessie prefirió alquilar una sombrilla y quedarse viendo como jugaban desde una distancia prudencial. Pikachu y Meowth también se sumaron a jugar con los demás.

    Estuvieron un rato jugando en la arena, divirtiéndose en grande hasta que Brock tiró el disco con demasiada fuerza. Pikachu intentó pegar un salto y agarrarlo, pero pasó por encima de él y se perdió entre unos árboles. Antes de que Ash quisiera ir a buscarlo, Pikachu salió disparando hacia los arbustos para ir a buscarla.

    —Lo siento —se disculpó Brock—. Creo que me emocioné con el juego.

    —Fue un buen tiro —lo felicitó Ash—. La próxima vez, podríamos conseguir un bate y una pelota de beisbol. Es uno de mis deportes favoritos.

    —No juego al beisbol desde hace como diez años —James se rascó la cabeza—. Nunca fui un buen jugador, la verdad, pero la pasaba bien lanzando la pelota o bateando.

    —Podrías practicar cuando vengan a mi casa.

    James lo miró, parpadeando. Era obvio que ese chico tenía una casa a la que volver cuando su viaje terminara, pero nunca había pensado siquiera en ir.

    —¿A tu casa? —preguntó.

    —Si, ¿acaso pensaban ir a otro lado? —ahora Ash lo miraba, confundido.

    —Pues… no sé… no lo había pensado antes, a decir verdad. No sé si a tu madre le gustaría.

    —No creo que le moleste…

    —Pikachu está tardando mucho —dijo Meowth de golpe—. Iré a buscarlo.

    A pesar de que lo había dicho con total calma, se fue casi corriendo hacia los arbustos. Al ser un lugar alejado del centro turístico, no había casi nadie y había partes deshabitadas y boscosas. Era una suerte que los edificios no se hubieran extendido hacia allí.

    —¡POKEFILICO! ¡POKEFILICO!

    Era la voz de Meowth.

    James empezó a correr con toda la velocidad que le daban las piernas hacia donde provenía el sonido. El terreno arenoso le estaba jugando en contra, pero necesitaba llegar. Brock corría a la par, seguido de Ash y Misty.

    Encontraron a Meowth contra un árbol, levantándose. A apenas unos pasos, estaba el frisbee tirado, junto a una lata abierta. Pikachu no estaba por ningún lado.

    —¿Qué pasó? —preguntó James, agachándose a la altura de Meowth. En el fondo, no quería saber la respuesta. Incluso quería ignorar lo que Meowth había gritado momentos antes.

    —Pikachu… un tipo… se lo… llevó. Intenté… detenerlo… pero… me tiró contra… el árbol.

    —¡¿Dónde se fue?! —Ash estaba al borde de la histeria como pocas veces lo había visto antes.

    Meowth señaló hacia un punto entre los árboles.

    —Allí.

    James levantó a Meowth en brazos. Tenía que pensar en algo.

    —Misty, ve con Jessie hacia la comisaría. Dile a la oficial Jenny que un pokefílico secuestró al Pikachu de tu amigo. Nosotros iremos a buscar al desgraciado.

    Sin esperar a que respondiera, James echó a correr hacia donde Meowth había apuntado. Había escuchado lo que Meowth había gritado y visto la lata de comida tirada. Era el clásico modus operandi de un pokefílico. Esa gente le daba asco, pero el saber que el Pikachu de Ash estaba en manos de un sujeto como él le revolvía el estómago. Sufriría un destino peor que la muerte si no hacían algo rápido.

    —¡Esperen!

    Todos se detuvieron en seco ante la voz de Brock y se giraron para verlo. El adolescente estaba de pie señalando algo extraño en el suelo.

    —Miren.

    James se acercó, ansioso. Lo que estaba tirado a los pies de Brock era una gorra color azul oscuro. Meowth se inclinó para ver el objeto.

    —Esa gorra la llevaba el tipo —dijo Meowth.

    —Podría sernos útil —James sacó la pokebola—. ¡Sal, Growlie!

    El pokemón de fuego salió de la pokebola, meneando la cola.

    —¡Grow!

    James agarró la gorra con la punta de los dedos y se la acercó a la nariz de Growlie.

    —Sigue el rastro —le ordenó.

    Growlie lo olfateó por un par de segundos antes de comenzar a buscar en el suelo, intentando captar el rastro. Luego lanzó un ladrido y salió disparando como una flecha.

    Todos siguieron corriendo de manera desaforada por el bosque, siendo arañados por ramas puntiagudas en ocasiones, pero no les importaba nada. La vida de un pokemón estaba en peligro mortal.

    Al fin llegaron a vislumbrar una cabaña en un claro del bosque, pequeña y algo maltrecha. Las ventanas estaban cerradas a cal y canto y cerrado con cortinas espesas y oscuras, como si allí no viviera nadie.

    —Growlie dice que el tipo tiene que estar ahí adentro —dijo Meowth.

    Ash corrió hacia la cabaña y hubiera llegado a querer intentar derribar la puerta si Brock no lo hubiera sujetado del cuello del chaleco.

    —¡Espera! —le susurró casi a los gritos.

    —¡Tengo que rescatarlo! ¡No puedo vivir sin Pikachu! ¡Si le llega a pasar algo…!

    James lo abofeteó.

    La cabeza de Ash se dobló hacia atrás por el impacto y luego se enderezó. Lo miró con los ojos brillantes de lágrimas mientras se tocaba la mejilla.

    —Sé que estás histérico, pero aquí necesitamos más maña que fuerza, ¿entiendes? Piensa como ladrón por un momento. Si él tiene a Pikachu, está en una posición de poder. Podrá amenazarte con hacerle daño si quieres entrar por la fuerza a hacer exigencias.

    Ash se frotó los ojos.

    —¿Y que quieres que hagamos?

    James se acomodó un mechón de pelo.

    —Estrategia. No tenemos mucho tiempo y tal vez hasta lo hayamos perdido, pero hay que apresurarse igual.

    —¿Cómo que ya lo hayamos perdido? —preguntó Ash.

    Mierda, había abierto la boca de más.

    —Meowth y yo nos acercaremos a la casa. Ustedes quédense aquí —le respondió, de la manera más seca posible.

    James caminó despacio hacia la casa, con Meowth en su hombro. Casi ni respiraban, como si el secuestrador pudiera oir como el aire escapaba de sus pulmones. Meowth le susurró:

    —Soy un inútil. No pude hacer nada contra un simple humano. Un Slowpoke habría sido más útil que yo.

    —Meowth, cálmate. Vamos a sacar a Pikachu de ahí y a llevarlo con Ash, por muy irónico que te suene.

    Meowth no se rio.

    —¿Tienes algún plan?

    James miró hacia el techo y notó una pequeña estructura de ladrillo.

    —¿Eso es una chimenea?

    Meowth miró hacia donde James apuntaba.

    —Si.

    —Un pokemón pequeño podría entrar ahí…

    —Yo lo haré.

    James giró la cabeza hacia él, aturdido.

    —Ni de broma te voy a arriesgar.

    —Dame una oportunidad para poder redimirme, James —suplicó.

    —No quiero que te lastimen…

    —Soy el pokemón más pequeño y agil y sé como moverme en silencio —replicó Meowth—. Sé que Arbok sería perfecto para este trabajo, pero esta vez lo haré yo.

    Meowth hablaba con el fuego en sus ojos. Enfrentar al felino a un probable pokefílico era algo que no quería que pasara. Pero tenía razón: era el pokemón más agil ahora. Suspiró hondo.

    —Ten cuidado —fue todo lo que pudo decirle. Meowth se bajó del hombro de James y comenzó a buscar como treparse.

    ...
    Meowth se trepó al techo gracias a una canaleta y se apoyó con todo el cuidado posible sobre el tejado. Quería rescatar a Pikachu, pero sentía como le temblaban las rodillas del miedo. Pero no se echaría atrás.

    Ni siquiera había entrado a la casa, pero no se sentía nada bien. El corazón le latía de manera muy acelerada y el estómago se le revolvía como si fuera un lavarropas. Un sudor frío le chorreaba de la frente. Dio una última mirada a James, Ash y Brock y siguió con su misión

    Caminó hacia la chimenea y miró hacia abajo. No veía nada. Era angosto, pero no tanto como para que su pequeño cuerpo no pudiera pasar. Se sentó sobre la chimenea, dudando. La mañana era cálida y hermosa y sus amigos estaban abajo, pero se sentía solo. No escuchaba nada. En el bosque, siempre escuchaba el murmullo de los pokemón voladores o tipo bicho en los árboles, pero no sentía ni eso. ¿Por qué no había nadie en ese sector del bosque? Sabía la respuesta, claro que sí, pero no se animaba a decirlo en voz alta o en pensarlo siquiera.

    Poco a poco se fue metiendo cada vez más profundo dentro de la chimenea. Meowth no era claustrofóbico, pero el reducido espacio y los restos de hollín que estaba respirando lo estaban poniendo más nervioso de lo que ya estaba. Hizo un esfuerzo para no toser o estornudar y siguió bajando.

    Al fin pudo hacer pie y se encontó con el final de la chimenea. A través de la abertura pudo ver la sala, escasamente amoblada. El lugar estaba a oscuras, pero Meowth podía ver masomenos con claridad, gracias a su natural visión nocturna.

    No había nadie.

    Una mesa, una silla, un estante con objetos que a Meowth no le interesaban… El felino caminó despacio por la sala, para no hacer ruido. Lo único que faltaba era que el piso de madera crujiera y el tipo lo atrapara, llevándoselo a las sombras.

    Fue a la cocina. Una mesa pequeña con dos sillas, la estufa para cocinar y no mucho más. Casi no había muebles ni objetos, como si fuera una casa de muestra. Meowth pasó al lado de una puerta entreabierta y escuchó un murmullo.

    —No… no…

    Meowth se acercó más a la puerta y pegó la oreja a ella, con la transpiración helada recorriendo su espalda.

    —Por favor… no.

    Esa era la voz de Pikachu. Y no era la única.

    —No más…

    —Ya basta…

    —No lo dañes…

    —No queremos ver…

    Eran sonidos de otros pokemón, sufriendo y suplicando. Por un segundo quiso salir corriendo y dejar todo atrás sin importarle nada, pero sus deseos de salvar a Pikachu se sobrepusieron a su cobardía. Dio un salto para poder alcanzar la perilla y abrir la puerta. Por suerte, no estaba con llave y pudo abrirla.

    Se encontró con una escalera que descendia hasta el sótano. Las voces de los pokemón se hicieron más nítidas. Pero no solo la de los pokemón. Escuchó una voz humana.

    —En el fondo lo disfrutarás, pequeño Pikachu.

    La voz le resultó vagamente familiar y se le erizaron todos los pelos del cuerpo. Bajó un poco más las escaleras y recién ahí pudo vislumbrar el horror.

    Debían ser unas quince o veinte jaulas, apiladas en un costado del sótano, iluminado apenas por una lámpara que colgaba del techo. En el fondo, se veía la silueta del tipo parado frente a una larga mesa con objetos que no era capaz de identificar. Pero si identificó lo que estaba al frente del tipo, solo que lo tapaba casi todo. Solo podía ver la cola en forma de rayo.

    Pikachu.

    Meowth siguió avanzando, casi sin respirar. Llegó al final de las escaleras y empezó a avanzar hacia el tipo, ya con las uñas afuera. Cuando pasó por delante de las jaulas, comenzó a escuchar las voces de los pokemón enjaulados dirigiéndose a él.

    —Vete

    —Va a hacerte daño, como a nosotros.

    —Huye

    —Sálvanos, por favor.

    Meowth ni siquiera quiso mirar las jaulas, como hacía en el mercado negro de pokemón. No se debía distraer ni un segundo.

    Ahora que estaba mas cerca, podía ver las cosas que estaban en la mesa, como frascos y cosas de forma fálica de varios tamaños y colores. Se le revolvió el estómago.

    El tipo tomó uno de los frascos. Meowth pudo notar que era vaselina. Meowth flexionó las patas traseras. Era el momento.

    —Te gustará mucho, mi pequeño Pikachu —a Meowth le estaba preocupando que Pikachu ya no respondiera, pero puede que estuviera tan drogado que ni siquiera fuera consciente ahora mismo.

    No iba permitir que ese degenerado pusiera sus sucios dedos dentro de Pikachu. Aunque le costara la vida, no lo permitiría.

    Respiro hondo.

    Dio un salto enorme hacia la espalda del abusador. Le clavó las uñas en la espalda. Antes de que el tipo pudiera hacer algo, Meowth hizo su mejor ataque Mordisco en su hombro derecho.

    El tipo lanzó un alarido de dolor y agarró a Meowth de la cola. Meowth apretó los dientes aún más fuerte por el dolor y se terminó llevando un pedazo de carne con él. El tipo lo arrojo contra las jaulas, causándole un terrible dolor en la columna y en la cabeza.

    Meowth escupió el pedazo de hombro. El sabor a sangre y a carne humana se le había quedado impregnada en su lengua y paladar. Vio la carne ensangrentada en el suelo y recordó como si fuera un flash cuando abrió las jaulas de la falsa guardería e incitado a los pokemón a que se comieran los cadáveres de Cassidy y el otro tipo.

    Su mente comenzó a nublarse. Se sentía extraño, como si algo se estuviera apoderando de él, pero un algo que no le era extraño. Sentía que regresaba el Meowth que era antes de hablar como humano, el de antes de conocer a Meowzie. Ese Meowth que veía a los humanos como torturadores.

    Y lo que veía en el medio, agarrándose el hombro y retorciéndose de dolor, era uno de esos humanos desgraciados. De repente lo reconoció: era el tipo que había ido a su puesto a comprar comida y que le había causado una inmediata desconfianza. Al parecer aún tenía algo de instinto pokemón en él.

    Ese desgraciado había estado a centímetros de Lunita.

    Casi la había tocado.

    Ese desgraciado el cual había arruinado las vidas de varios pokemón, arrancándoles la inocencia y alejándolos de sus entrenadores y de la propia vida salvaje…

    Ese tipo no merecía respirar el mismo aire que los pokemón.

    Meowth volvió a atacar, con cada célula de su cuerpo hirviendo de odio hacia ese ser humano. Esta vez no le atacó el hombro, sino que fue directamente a su cara. Sacó las uñas durante el salto y las clavó en los globos oculares del pokefilico.

    La sangre salió con un chorro hacia el rostro de Meowth, al mismo tiempo de que un alarido escapó de la garganta del tipo. Meowth saltó hacia atrás y cayó de pie encima de una de las jaulas, viendo como el hombre se arrojaba al suelo, llevándose las manos a las cuencas.

    —¡MIS OJOS! ¡MIS OJOS! —gritaba una y otra vez, en posición fetal.

    Los gritos despertaron a Meowth de su estado más salvaje. Miró sus garras cubiertas de sangre y casi se sintió desfallecer. Le había clavado las uñas en los ojos… y el hombre se estaba desangrando vivo. Incluso le pareció que sus gritos se estaban apagando.

    —Sacanos de aquí

    —Por favor, sálvanos…

    —Duele…

    —Huye…

    Las voces venían de las jaulas bajo sus pies. Ni siquiera los había visto, pero muchas de sus voces sonaban jóvenes, incluso infantiles. Eso hizo que gran parte de su remordimiento se borrara de su memoria y se concentrara en lo que importaba: Pikachu.

    Bajó de las jaulas y se trepó a la mesa. Pikachu estaba inconsciente, pero respiraba.

    —¿Pikachu? ¿Amigo? Responde.

    Un quejido fue toda la respuesta que recibió. Al menos estaba vivo y era lo importante. Se pregunto si había llegado realmente a tiempo para evitar que ese hijo de puta lo dañara de manera irreversible.

    Sintió un fuerte ruido de pasos por encima de él y por un momento creyó que iban a agarrarlo, meterlo en una bolsa y tirarlo al mar y se encogió sobre si mismo. Los pasos se acercaron por las escaleras y vio a un muy preocupado James, seguido de Growlie y Weezing.

    —¡Meowth!

    Meowth ni siquiera pudo responderle. Solo saltó de la mesa y corrió hacia el para que lo abrazara, James lo alzó y lo estrechó contra su pecho.

    —¿Estás bien, Meowth? —su voz sonaba de muy lejos.

    —Si —alcanzó a decir.

    Y se desvaneció.

    ...
    Una vez que Meowth se desmayó en sus brazos. James buscó un teléfono en la casa y marcó a la central de la policía de Kanto y le explicó la situación. Le respondieron que en menos de media hora iría la policía y algunas ambulancias para el hombre y los pokemón enjaulados. Brock estaba abajo atendiendo al herido con lo que tenía a la mano.

    James dejó a Meowth sobre el sillón e hizo pasar a Ash, quien estaba pálido e inquieto, queriendo reencontrarse con su Pikachu.

    —¿Qué fueron esos gritos? ¿Dónde está Pikachu? —preguntó.

    James le puso las manos sobre los hombros.

    —Todo está bien —le dijo, aunque fuera mentira. Aún estaba procesando lo que pasaba en su cabeza, pero necesitaba mantenerse calmo, a pesar de que aún escuchaba los gritos desde el sótano, aunque más apagados—. Quedate con Meowth, iré a buscar a tu Pikachu.

    James bajó de vuelta al sótano. Brock estaba inclinado sobre el tipo, poniéndole un trapo sobre los ojos para evitar que se desangrara. James pasó de largo ante la escena y tomó a Pikachu de la mesa. No pudo evitar ver los demás objetos que estaban allí: vaselina, consoladores de varios tamaños, jeringas y otros objetos que desconocía su uso y prefería seguir sin saberlo. Volvió a subir las escaleras, sintiéndose mal por los pokemón de las jaulas, pero no estaba mentalmente preparado para tranquilizar a un montón de pokemón violados desde hacía vaya a saber cuanto. Que Brock se encargara de ellos.

    —Aquí está —le dijo a Ash—. Ten cuidado con él.

    Ash lo alzó en brazos, con los ojos llenos de lágrimas.

    —¿Por qué está inconsciente? ¿Qué le pasó?

    ¿Cómo explicarle a un niño de diez u once años que su Pikachu había estado a manos de un pokefílico y que no estaba seguro si había sido violado por ese hijo de puta que se estaba desangrando abajo?

    —Solo está desmayado, no te preocupes. Una vez que la policía venga, llevaremos a Pikachu, a Meowth y a todos los otros pokemón al Centro Pokemón.

    —¿Hay más?

    James se mordió el labio.

    —Si. Después te contaré. Iré afuera a esperar a la policía. No bajes al sótano por nada del mundo, ¿está claro?

    —S-si.

    James se dirigió a la puerta. Cuando giró el picaporte, Ash lo llamó.

    —James.

    —¿Si?

    —El que secuestró a Pikachu… ¿está muerto?

    James negó con la cabeza.

    —Vive, no te preocupes. Y prefiero que siga así. Lo que le espera en la cárcel será peor que la muerte.

    —¿Qué le harán ahí?

    James había estado preso. Alguna que otra vez había caído en la comisaria y nada más. Pero Jessie sí había estado en la cárcel durante unos meses (antes de entrar al Equipo Rocket) y le había contado lo que pasaba ahí. Nada bonito.

    —Recibirá su merecido, es todo —se levantó del sillón—. Esperaré afuera a la policía, ¿si? Quedate aquí y no bajes al sótano.

    James salió al exterior y se apoyó en el marco de la puerta. No lo había notado antes, pero el bosque estaba extremadamente silencioso. Nada de Pidgey cantando en los árboles o los crujientes sonidos de los Rattata corriendo en el pasto. Nada. Solo el viento susurrando entre los árboles, como si estuviera en una isla desértica y no en una verdadera trampa para turistas. Los pokemón habían abandonado la zona, probablemente sabiendo la verdad sobre la cabaña y temiendo tener el mismo destino que los que estaban adentro.

    El sonido del viento se mezcló con el sonido agudo de una sirena de ambulancia y otro de policía. Se escuchó muy lejano al principio pero luego se acercaron más y más hasta que comenzó a escuchar los motores y el traqueteo de los vehículos bambolearse de un lado para el otro hasta que finalmente se hicieron visibles: un jeep y una ambulancia.

    Jenny bajó primero del jeep y abrió la puerta trasera para que descendieran Jessie, Misty, Lunita y Nina. Las dos últimas salieron disparando como una flecha hasta las piernas de James para poder treparse hasta sus hombros.

    —Nenas —James las alzó y las besó, mientras las pequeñas lloraban y se refregaban contra él.

    La oficial Jenny se acercó a James y él no pudo evitar ponerse rígido. La policía siempre lo ponía muy, muy nervioso.

    —¿Usted es James? —le preguntó.

    —Si, soy yo.

    —¿Dónde está el herido?

    —Está en el sótano, pero no creo que pueda declarar. Mi amigo Brock lo está atendiendo.

    —¿Hay alguien más adentro?

    —Está Ash, que es un amigo mío, junto con su Pikachu y nuestro Meowth.

    Dos enfermeros pasaron por el costado de James e ingresaron a la casa casi corriendo. James no tenía mucha idea de medicina, pero una herida en el ojo debía ser muy grave.

    Otra patrulla policial llegó y bajaron dos agentes más, entrando a la cabaña. Jessie casi corrió hacia él para abrazarlo.

    —¿Estás bien, James? ¿Te hicieron daño?

    James puso a las nenas sobre sus hombros y la estrechó fuerte contra su pecho.

    —Estoy bien, Jessie, no te preocupes. Pikachu fue rescatado y el desgraciado irá al hospital, para luego ir a prisión.

    Jessie se separó de James, con los ojos llenos de odio.

    —Debería ir a un cementerio, no a un hospital.

    —Yo también pienso igual, pero nos traería más problemas muerto que vivo.

    Misty se acercó a ellos, abrazando a su Togepi como de costumbre, pero no estaba sola.

    —¿Gary? ¿Qué haces aquí?

    Si, era el rival de Ash, pero estaba muy diferente de ayer. El mocoso engreído que parecía querer llevarse el mundo por delante había dejado lugar a un chico de aspecto temeroso, como si estuviera en mitad de la noche en una cueva llena de Zubat y sin ningún pokemón encima.

    —Mi… mi Bulbasaur desapareció anoche.

    James quiso agarrarse la cabeza con ambas manos, pero sólo se limitó a frotarse un ojo y preguntar:

    —¿Cómo sucedió?

    Gary se mordió el labio.

    —Después de que ustedes se fueron, empezó un espectáculo con pokemón. El Jigglypuff comenzó a cantar y nos quedamos profundamente dormidos, cosa que ya esperábamos. El problema fue que accidentalmente dejé la puerta corrediza que daba afuera abierta. Y cuando me desperté a la mañana siguiente… la pokebola de mi Bulbasaur ya no estaba.

    —Nos lo cruzamos en la comisaría —explicó Misty—. Pensamos que podía ser la misma persona, por eso vinimos juntos.

    —¿Has visto algún Bulbasaur ahí? —preguntó Gary.

    James no sabía que responder a eso. Si no estaba, lo robó otra persona y no había garantía de que lo volviera a ver. Si el pokefílico lo secuestró durante la noche… Dios, ni siquiera quería pensar en eso.

    —No revisé las jaulas —respondió James—. Pero es una posibilidad.

    La puerta se abrió y salieron los paramédicos con la camilla y el tipo en ella. Tenía una gasa ensangrentada cubriéndole los ojos y otra más en el hombro donde Meowth le había mordido.

    —¿Ese es? —preguntó Misty.

    —Si, es ese.

    Jenny salió de la cabaña y le tocó el hombro.

    —Tenemos que hablar —le dijo.

    Al final sí pude publicar el capítulo a término... pero no se acostumbren.

    Nathan: Era hora de que Jessie saque su lado badass y se la mande a guardar a Gary XD

    ¿Me equivoqué de pokemón? ¡Coño! No me había dado cuenta.

    Nah, Jessie por ahora está bien. Ya pasó más de medio embarazo y no le falta mucho para que la nena nazca.

    Menciones especiales a Thranduil y Wikozaky, que están leyendo desde el principio.

    ¡Hasta la próxima!
     
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  18.  
    J.Nathan Spears

    J.Nathan Spears Chao 2018, no te extrañaré xP Comentarista Top

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    Comenzaré quoteando algo interesante -w-

    Pos sí, y de hecho, soy de los que creen que todo mundo merece su chance de ser un completo BADASS. Tanto Pokémon como humanos de bien (Jessie es una de ellos ahora ;) ), pero el problema es el cómo y con qué frecuencia lo hacen -w-U. Y bueno, Jessie no opacó a nadie que no lo mereciera, a decir verdad. Nadie sentiría pena por alguien como "Gary Motherfuckin Oak" :V

    Pero volviendo al episodio actual... me pareció interesante que casi no hubiese cambios en la batalla de gimnasio, salvo el "Ash no fue capaz de vencer a un solo Pokémon de Blaine". Y claro, esa vez Pikachu venció a Rhydon de la forma más... "FUCK LOGIC" que existía :P. Así que sí debió ser un 0-3 en toda regla... y claro, Charizard no aportó en nada :V. A ver si luego se ahonda en esa parte... aunque lo dudo, honestamente xD

    Y bueno, después de eso, Ash pensaba en irse a casa directamente O__o... mierda, me huele a renuncia de su viaje y de su sueño O_oU. Y ahora, con el Pikachu drogado y traumado por ese Pokéfílico... creo que muchas menos ganas tiene de afrontar un torneo >__oU.

    La escena donde se describen los "instrumentos" de ese enfermo mental fue muy detallada. Ahora entiendo por qué considerabas este episodio como uno de los más "jodidos" O_oU. Vaya...

    A ver, un pequeño errorcito -w-U...

    Habrás querido iniciar con "James JAMÁS había estado preso...". Okey, ya lo he dicho, simples dedazos, chica ;)

    Y bueno, qué más puedo añadir... Gary tenía un Bulbasaur consigo :V. Tengo curiosidad por saber qué chuchas le pasó también -w-U

    Pero equis, habrá que esperar nada más :P. Toma tu tiempo, estimada ;). ¡Mucha suerteeee!
     
  19.  
    Thranduil

    Thranduil Entusiasta

    Aries
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    Hola!!!! He vuelto con una nueva ronda de comentarios, ya me falta menos para ponerme al día.

    Capítulo 21: no esperaba que volviesen a robar tan pronto, pero creo que aquel suceso encaja perfectamente para generar un conflicto, una leve desconfianza que aporta a retroceder en la relación con el resto del grupo. Me dio gracia el infantilismo e inocencia de Ash.

    Capítulo 22: me encantó este capítulo, tanta emotividad, especialmente la del equipo Rocket. Me gustó también el tema que planteaste, los buenos pueden hacer cosas malas y los malos pueden tener una vida de sufrimiento, ese contraste lo venía viendo hace rato, pero no de manera tan evidente como ahora.

    Capítulo 23: Interesante, lo que más me gustó fue el final, la inesperada reacción de James y la de Jessie. Pero algo me llamó poderosamente la atención, me había percatado antes, pero ahora se notó más, llevan alrededor de dos semanas juntos, pero recién Brock iba a sacar a Zubat? Cuando comen, no comen junto a los pokémon? O Zubat come aparte?

    Capítulo 24: Vaya, a veces uno se hace el tonto y hacemos como si nada, pero llevándolo a la realidad, es obvio que se alimenten de pokémon, pero como uno creció viéndolos como mascotas o amigos, no los quiere ver de otra manera, puesto que a los pokémon te los muestran con sentimientos. Misty está quedando muy mal como personaje, casi puedo odiarla, ojalá pueda redimirse y aceptar de una vez al equipo Rocket.

    Capítulo 25: Bueno, aquí no pasa mucho, pero era lógico que en algún momento alguien se diese cuenta de que fueron del equipo Rocket, la sacaron barata, me pregunto si eso traerá alguna repercusión sobre ellos. Tal vez un digno enfrentamiento contra toda la organización, para compensar lo que el anime no nos dio.

    Bueno, creo que estos cinco capítulos en sí han sido más de transición, para conocer más a los personajes y ver cómo se comportan estando juntos. Imagino que más adelante sucederá algo más problemático para el grupo que de alguna manera los ponga en jaque. Ciao.
     
  20.  
    Maze

    Maze Beta-reader

    Aries
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    Y sigo leyendo... ya llegué al cap 10. Wiii 30%!

    Tía, haces un excelente trabajo de reinterpretación. A medida que leo esto comienzo a recordar los episodios que vi hace un par de siglos del OS, y la vibra que me transmite leer esto es la misma... pero un poco más real. Lo del hospital, la breve mención a los fósiles y en especial este último capítulo 10 se sienten perfectamente orgánicos, como si viéramos los espacios en blanco ser rellenados.

    Yo también morí de risa con lo de pokémon planet (y luego reviví porque quería seguir riendo) me emocioné con el episodio del hospital... Y antes de que se me olvide, el inicio del mismo fue brutal. Probablemente mi escena favorita en lo que llevo leído por lo bien construida que está. Y aunque salen poco porque la historia no trata de ellos, me gustan las intervenciones de los bobos (10/10 llamarlos bobos) y extrañamente, el que más ha tratado con ellos ha sido Brock.

    Y... llegamos al capítulo 10. Aquí me quito el sombrero (metafórico, cuz soy pobre y no tengo sombrero) ante lo que acabo de leer. La reinterpretación alcanza un nuevo nivel en beneficio de la historia, siendo mucho más cruenta que su versión original (y mucho más lógica, todo hay que decirlo). Y al mismo tiempo, comienzan a surgir cambios verdaderos, como la llegada de Growlie al equipo (un giro intrigante, de momento) y la confesión de Jessie y James. Esto último me sorprendió porque creí que seguiría por el no-correspondido doble un poco más, pero se siente como un verdadero avance y hace que me intrigue el cómo irán las cosas a partir de ahora.

    Vuelvo cuando haya leído 5 o 6 caps más.

    See Yow
     
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