El Protagonista

Tema en 'Actividades y concursos finalizados' iniciado por berlinQueer, 24 Abril 2010.

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  1.  
    berlinQueer

    berlinQueer Usuario común

    Capricornio
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    Re: El Protagonista

    Bueno, ahí voy.

    La verdad que el cuento me gustó bastante, aunque creo que si lo hubieras hecho un poco más largo, ahondando en sus escrituras o un poco en su subjetividad habría quedado todavía mejor.
    Encuentro remarcable la forma en que describís a los padres, más bien, a la madre, contando esos detallitos mínimos pero tan importantes para entenderlos. Lo que más me gusta es el hecho de como su fantasía, su amiga imaginaria lo influye como desde el exterior, pero al mismo tiempo sabemos que es él solo. La "sorpresa" del final queda bastante bien, es un poco cliché, pero no importa, porque pega con el ambiente dado en un principio, es un buen desenlace para esta historia, me hace pensar un poco en Saki visto desde algún lugar.

    Para las correcciones, que las pediste.
    Cuando se ponen números generalmente si no es en un entorno que lo relacione a las matemáticas o a las distancias, es preferible que vayan escritos.
    Mira bien como termina esa oración. El no piensa mostrarselós a nadie, pero tu aclaración entre paréntesis, aunque verdadera, no se relaciona con la anterior. La vieja si los lee no es porque Martín se los muestre, sino porque los encuentra en su casa de metida que es (o por lo menos eso es lo que denota la frase). Deberías reescribir estas dos oraciones buscando la concordancia o simplemente separarlas y armar completa cada una.

    desde que él se había ido. <- error tonto, como consejo te digo, cuando termines un cuento dejalo reposar unas horas y después dale una leída palabra por palabra, a ver si falta o sobra algo.

    Redundancia de ideas.

    Lo del pan me parece un poco burdo para el tono que venía trayendo el cuento, creo que podrías haber encontrado alguna otra manera de demostrar el asombro de Martín.

    Bien, ya que hubo por lo menos un cuento para el pobre Martín, pondré pronto el próximo personaje, espero que vuelvan algunos de los que participaron antes también.
     
  2.  
    Igna

    Igna Iniciado

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    Re: El Protagonista

    Holaa! Muchas gracias por las correcciones!
    mm.. si sentia que la parte de la lavadora estaba redundante jajaja.
    ¿a qué te refieres con "ahondar en la subjetividad"?


    Espero que sigas poniendo personajes!! =)!
     
  3.  
    berlinQueer

    berlinQueer Usuario común

    Capricornio
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    Re: El Protagonista

    me refiero a meterse más en la cabeza de él y mostrarnos como ve el mundo.
     
  4.  
    berlinQueer

    berlinQueer Usuario común

    Capricornio
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    Re: El Protagonista

    Tercer Protagonista:

    Francisco Argentiere (30-35 años) es un boxeador de los barrios bajos. Tiene esposa y unos cuantos críos, viven en una casilla en una villa miseria de alguna gran ciudad latinoamericana. La característica de esta persona es su inmensa pasión por la vida, por estar vivo y por sentir y empujar los límites de todo.
     
  5.  
    hana kotoba

    hana kotoba Iniciado

    Aries
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    Re: El Protagonista

    ¿Aún estoy a tiempo del tercer personaje? Esto suena bien interesante
     
  6.  
    berlinQueer

    berlinQueer Usuario común

    Capricornio
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    Re: El Protagonista

    claro, si nadie lo quiso.
     
  7.  
    Voodoo

    Voodoo Usuario común

    Virgo
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    Re: El Protagonista

    Ok, yo también participo.
     
  8.  
    sessxrin

    sessxrin Fanático

    Virgo
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    Glenda Garson

    Glenda Garson Usuario común

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    Re: El Protagonista

    Me pareció muy interesante la idea de los protagonistas. Me forzó un tanto a atreverme a probar lo que no había intentado antes. Y la verdad es que me obsesionó la idea de finalizarlo... ¡Debería estar durmiendo!

    Bueno, aquí dejo el ejercicio. Aceptaré agradecida todo comentario, crítica y corrección...!

    Retorno

    Vio a su mujer y a sus dos criaturas partir por la puerta delantera. Se detuvo en sus sombras un momento, antes de cerrar la puerta que provocaría en las paredes un estridente crujir. Se quitó el sudor de la frente con una mano, mientras caminaba a pasos rápidos hasta el extremo opuesto de la casa, atravesando lo sillones viejos de los cuales el relleno afloraba por los costados. Cruzó luego por el estrecho pasillo en el que consistía la cocina, para salir finalmente por la puerta continua. El bazarillo familiar, como gustaba llamarle, le esperaba sosiego y frío por el otro lado. Prendió las luces que tardaron unos segundos y se dirigió después a abrir la puerta principal. Se asomó levemente hacia afuera, esperando encontrarse con un rostro familiar. Así fue, como de costumbre, apareció un joven de no más de veinte años que parecía llevar largo tiempo a la espera de su llegada. El joven entró sonriente y se colocó tras el mostrador.
    —Si llega María y te pilla, dile que fui por sencillo —dijo Francisco antes de tomar el rostro del joven y estamparle un beso en la frente, con el cual se despediría.
    Caminó dubitativo por enfrente de las dos primeras casas, para luego, continuar trotando las cuadras restantes, dejando el aire frío entrar de lleno a sus pulmones y el vapor salir estrecho a través de sus dientes. El paisaje medio abandonado y las callejuelas estrechas atestadas de cuerpos durmientes, parecían infundirle un aprecio indescriptible por lo poseído. Casi le producía cierta culpa tanto secreto guardado y mentirillas piadosas, que llevadas tan lejos, no tenían vuelta atrás.
    Dobló en la esquina, donde dos jóvenes yacían ebrios, y entró en el primer pasaje que se sugería por una derecha. Subió unas empinadas escaleras, hasta finalmente llegar donde costumbre, el gimnasio. Entró casi sin ser percibido. Los ánimos a aquella hora, en especial en aquel lugar, le parecían un tanto ausente, como si en realidad, no hubiese nadie más que él. Esto no le perturbaba en lo absoluto, puesto que una vez junto al costal, nada más le importaba. Cuando era necesario, su torso se acomodaba, giraba un pie hacia adentro y el puño flotaba hacia el saco con tal potencia, que hasta parecía hacer temblar el endeble techo. Gustaba sentir sus brazos fluir, provocando un sisear ante el roce de mismísimo aire, uno…dos.
    Casi se sentía en medio del ring, como justo aquel día, aquella última vez. Cuando todo parecía estar inclinado perturbadoramente a su favor. Las torpezas y despistes de su contrincante, carecían ya de mayor sentido. Todos sus movimientos, se habían tornado demasiado predecibles, por lo que con facilidad le daba constante en el rostro, lo que le dio incluso la impresión de desorientarlo. Tras un constante derechazo y combinaciones leves, sin saber porqué no se atrevía en terminar todo en tan sólo un golpe, parecía querer detenerse y retroceder. Era quizá la desazón que le producía la simpleza y la ausencia del éxtasis poseída en los retos, como un vacío que lo despojaba por completo. De todos modos, fuese cual fuese la razón que estuviese consumiendo tanto su mente, no logró percatar lo que sucedía y lo que acontecía en el otro. Su mirada, tras cada golpe, mutaba y hundía dentro de sí. Tanta fue aquella, que un acto casi de arrebatamiento, éste dirigió un gancho que pareció descolocarle, y antes de que una reacción se asomara en sus extremidades, otro más culminó con el control que suponía poseer.
    Sintió su cuerpo desvanecerse. Miles de rostros, con miradas asombradas y labios nerviosamente fruncidos, atravesaron su mirada. Las innumerables luces le precedieron para luego terminar con el rostro a ras de suelo, junto a un olor a plástico quemado que no supo explicar. Gritos exasperados parecían difundirse entre el alboroto de la multitud, mas sólo logró escuchar un eco sordo y un pitido agudo e irritante. Luego, todo se tornó oscuro…por largos meses.
    Dio un golpe más fuerte que los anteriores, al sugerírsele aquel recuerdo por la mente. Casi sentía que se golpeaba a sí mismo, por su torpeza, por su descuido. Por arriesgarse a perderlo todo y por seguir haciéndolo. Lanzó una patada despectiva, y todo el complejo pareció estremecerse ante tal acto, atrayendo unas cuantas miradas. Retrocedió unos cuantos pasos del costal y escupió directo hacia el suelo. No sabía hasta qué punto era capaz de llegar, y eso, no le agradaba para nada. Se sacó los guantes y se sentó sobre una banca arrimada a la pared. Aún era temprano para volver, pero quién sabe, quizá María llegó antes, uno de los niños debió de olvidar algo y se encontraron luego, con que él no estaba en casa. De seguro María hubiera salido como loca, gritando su nombre por las calles medio abandonadas, casa por casa, hasta llegar hasta él, hasta el gimnasio. Él sabía cómo se deformaría su rostro de dolor e impotencia. Se sentiría traicionada completamente. Pero si tan sólo comprendiera lo difícil que se le hacía todo para él. Una dificultad inevitablemente placentera. Después de todo, caía nuevamente en la cuenta, que todo aquello le fascinaba. El fragor en su cuerpo al pensar en María, la exaltación y la liberación que le significaba el boxear, las idas y venidas acaudaladas por los nervios, las rutinas interminables entre un gran engaño que realmente, no dañaba a nadie. El no haría nada que pusiera en juego, nuevamente, su vida. Sería por sus criaturitas, por María, por la vida misma. Él sabía que no lo haría.
    Se levantó de la banca decidido a regresar más temprano aquel día, a la tienda. Se encargaría de lo que le correspondía y que no hacía hace mucho. Se inclinó levemente para recoger uno de los guantes que había caído y se incorporó luego, al escuchar su nombre ser pronunciado a lo lejos. Observó hacia todos lados, mas sólo se encontró con una molestosa luminosidad que a medida incrementaba, parecía perforarle la mirada. Tanteó a ciegas para encontrarse con la banca donde se encontraba tan sólo unos segundos atrás, pero el tacto terminó pronto bajo su nariz, al sentir una húmeda calidez reptando por la parte superior de sus labios. Distinguió con dificultad lo que era, urgiéndose para acabar con todo aquello lo antes posible. Lo repentino de la situación parecía confundirle cada vez más, y su cuerpo al igual, respondía cada vez más lento y acabado.
    En medio del blanco resplandor en el que terminó por convertirse el gimnasio, comenzaron a sugerirse ciertas sombras de colores. Formas irremediablemente familiares comenzaron a formularse ante sus ojos. Era ella, María. Todo su cuerpo se estremeció con el sólo pensar en lo que se avenía, lo que de todos modos, no calmaba su inexplicable situación.
    Ella lloraba, y cada vez su rostro cobraba más vida y detalle. Su pelo crespo y castaño bordeaba sus pómulos humedecidos por lágrimas que no ocultaban el miedo en sus ojos. Ella no paraba de pronunciar su nombre una y otra vez. Y él, seguía sin comprender.
    Su cuerpo estampado en el suelo del ring, la boca y la nariz ensangrentada, el olor a plástico quemado y el pitido agudo e irritable. Luego, todo se tornaría oscuro…
     
  10.  
    Igna

    Igna Iniciado

    Sagitario
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    Pluma de
    Escritor
    Re: El Protagonista

    Hola! me gusta mucho esta discución .. dejaré mi pequeña historia :).

    "Francisco observó por la ventana como las hojas se desprendían plácidamente desde las ramas torcidas de los árboles, creía ver como quedaban estelas de colores en el cielo. Rojo, verde, amarillo, marrón, purpura…hermoso. Rió, entonces, de buena gana. Sus ojos no estaban del todo bien, después de todo, sin embargo el golpe que se había ganado en la última pelea, no había estado del todo mal. Le agregó una pausa dramática a su victoria, además de regalarle una noche de ardiente pasión junto a su esposa, quien le había hecho el amor casi desesperadamente apenas cerraron la puerta de entrada de su modesta casa, susurrándole palabras ansiosas e ininteligibles para sus ya machacado oídos. Sí que la había asustado.

    -¡papá, papá!- el alegre llamado de uno de sus hijos, lo saco de sus meditaciones- ¡vamos al parque, quiero montar la bici!

    El pequeñuelo tiró de la camisa de Francisco con firmeza, sacando una carcajada de su parte, “hijo de tigre” -pensó orgulloso.

    -Vale, vale ... ¿y tus hermanas?

    El chiquillo se revolvió inquieto – ¡Mama! ¿Dónde está francisca y Andrea?- gritó a todo pulmón desde donde estaba.

    -¡¿Qué donde está quién?!- le respondió con ganas su madre desde la cocina.

    -¡Mis hermanas!

    - ¡Donde la vecina!

    -bueno, bueno…ustedes dos sí que me van a romper lo que me queda de tímpano- rió Francisco revolviéndole el cabello a su hijo, mientras este trataba de quitarle las manos de su cabeza.- vamos a buscar a tus hermanas pues, así hacemos carrera entre todos.

    - ¡qué va! Si igual siempre termino ganando – alardeó en pequeño con una arrogante sonrisa.

    - ¿ah sí? – Preguntó su madre, quien acababa de aparecer en la sala- entonces haremos ese tipo de carreras cuando toque ir al baño a limpiarse, jovencito.

    - Amor, yo creo que en eso ganamos nosotros- sugirió Francisco con una media sonrisa, provocando que su mujer se sonrojara hasta la punta de las orejas. – bueno, ¿Por qué no vamos al cerro a montar la bici esta vez? Ahí sí que sería interesante ver quien se lleva el premio.

    El chico brincó de emoción ante tales palabras, soltando algo parecido a un “yuuujuuu”.

    -Ustedes no tienen límites – río la joven mujer a su pesar.

    Entonces el pequeño se detuvo y la miró contrariado – Mamá... ¿Cómo vamos a saber cuáles con los límites, si no intentamos pasarlos?

    En ese instante, el corazón de Francisco dio un vuelco…es como si le hubiera leído el pensamiento."


    Espero que les guste =)
     
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