Fantasía El Portal de las Estrellas.

Tema en 'Novelas' iniciado por SilRock, 26 Abril 2021.

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    SilRock

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    22 Abril 2021
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    Título:
    El Portal de las Estrellas.
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    5
     
    Palabras:
    2412
    Esta historia fue la última que acabé, no hace mucho. Consta de 15 capítulos, más su prólogo y epílogo, y la verdad que me entretuvo muchísimo durante la cuarentena :) Espero que os guste!
    ——————————————

    Prólogo:


    La Fuerza de los Elementos.


    Agua

    El frío la abrazaba con fuerza, haciéndola sentir viva, sonrojando sus mejillas y su nariz. Nunca había sentido un frío como aquel, acostumbrada a climas más cálidos, conseguía meterse dentro del cuerpo y te entumecía poco a poco, aferrándose a ti. La nieve caía a su alrededor, cubriéndolo todo por completo, como un manto blanco y mullido. El viento agitaba sus cabellos y se dejaba mecer liso y morado. Caminaba apoyada en su cayado y dejando tras de sí pequeñas huellas que no tardaban en ser cubiertas de nuevo por la nieve, no estaba muy lejos de su destino, ya podía oler el agua.

    Había venido desde muy lejos por aquella agua y nada iba a impedir que se sumergiera en ella. Su peregrinación la había llevado por caminos peligrosos que había superado con creces, luchando por hacerse paso, por cumplir con su destino. Un destino que estaba escrito desde hacía siglos, que solo podían cumplir unos pocos. Un destino que cambiaría el mundo como se conocía.

    Había nacido hacía ya veinte otoños, y desde la primera vez que había tocado el agua, se había obrado magia entre los dos. Podía manipular el agua a su antojo y respirar bajo ella, era algo increíble que a muchos había aterrorizado, pero ella, dócil e inocente, se había ganado sus corazones y habían aprendido a amarla a ella y a su don.

    Por fin llegó a su destino.

    Frente a ella, imponente y congelado, se encontraba el Lago Myr. Un lago, contaba la leyenda, donde se habían obrado milagros durante la Gran Epidemia. Sus aguas eran capaces de curar cualquier enfermedad y tenían propiedades mágicas, como saciarte el hambre además de la sed. Pero ella no estaba allí por aquello. Necesitaba la pureza de aquellas aguas oscuras y heladas.

    Se deshizo de su abrigo, de las botas, de los guantes, las calzas y el cómodo vestido de algodón que la protegía del frío. Descalza caminó, no sin soltar alguna maldición por el frío de la nieve que pisaba, hacia el lago, donde con su cayado atizó con fuerza el hielo hasta romperlo y hacer un agujero para sumergirse. Dejó el cayado sobre la nieve, que fue enterrándose poco a poco cubierto por la nieve que seguía cayendo, ahora más despacio, como si supiera lo que instantes después estaba a punto de empezar.

    Niko sumergió un pie en el agua y la impresión le arrebató la respiración como si la hubieran golpeado en el pecho. Bufó, pero no se amedrentó y se sumergió hasta las pantorrillas, abrazándose los pechos inconscientemente con el frío viento que se había levantado. Con el tiempo acabó por sumergirse hasta el cuello, entumecida, sin apenas moverse por el frío y el hielo que la rodeaba. Tomó aire, más para infundirse valentía que para sumergirse por necesidad, y sumergió su cabeza y nadó hacia el fondo, notando como la oscuridad iba abrazándola en las heladas aguas.

    Cuando hubo entrado en calor, cerró sus ojos castaños y esperó a que ocurriera el milagro…

    No tardó en que un aura de luz la envolviera y la calentara por dentro, haciéndola olvidar que estaba en agua profundas y heladas. La envolvió un poder acuático, el poder acuático que estaba buscando, y sintió el poder recorriéndole las venas, como la sangre…


    Despertó por los rayos del sol del nuevo amanecer, estaba tendida en la nieve, desnuda, y se apresuró a coger su ropa. Ya sabía a donde tenía que dirigirse y en el dorso de su nívea mano había aparecido un triángulo invertido de color azul. Lo tocó, estaba frío y brilló con su contacto.


    Tierra

    Erial solo tenía que dar dos pasos más para adentrarse en el Bosque Eterno, de donde muy pocos habían conseguido volver con vida, y si volvían, regresaban infestados por una locura peligrosa, que jugaba con sus mentes y les hacía atacar indiscriminadamente a sus familias y amigos, para luego acabar con sus pobres vidas por desesperación. Todo un lugar turístico…

    Tomó aire, se pasó una de sus sudorosas manos por su cabello anaranjado y se envalentó a dar dos pasos, tras los cuales se encogió esperando el primer golpe. Pero como su parte racional le decía, no ocurrió nada así que siguió caminando, adentrándose en el espeso, profundo y oscuro bosque.

    Los árboles que iba dejando atrás parecían hacerle una reverencia, como si el viento los meciera, pero no hacía viento, apenas unas pequeñas brisas lograban colarse por entre las copas de las ramas. No, los árboles reverenciaban el poder que llevaba dentro, un poder que le permitía manejar a su antojo lo que crecía en la tierra, la naturaleza. Por aquella razón estaba allí, siguiendo una vieja profecía que había hablado de él siglos atrás y le había dirigido a uno de los lugares más remotos y peligroso del continente.

    Desde que era pequeño y sus padres le habían dejado jugando al sol en el jardín, atraía a las platas hacia él, cuando cantaba, crecían y maduraban los frutos, cuando estaba triste o enfadado, se marchitaban. Era un don que su pueblo no dudó en utilizar en su beneficio para no pasar hambre durante los fríos inviernos que padecían.

    No todo era bonito, muchos habían luchado buscando la guerra para arrebatarle sus poderes o simplemente a él para utilizarlo en su beneficio y él, desconfiado gracias a ellos, había luchado y protegido a su pueblo ayudado por su don. Había perdido familiares y amigos, y aquello le había hecho ser melancólico a ratos, y meditaba más que disfrutaba del tiempo con sus seres queridos, siempre atento por si alguien les atacaba.

    Pero ahora se había acabado aquello, ahora tenía que cumplir una profecía, y para ello debía encontrar un poder que solo podía localizarlo allí.

    Cuando hubo caminado por un serpenteante camino hasta el mismísimo centro del Bosque Eterno, se sentó sobre una gran roca y cerró los ojos, esperando absorber la energía del lugar. Pero no sucedió nada, arrugando el ceño suspiró y a regañadientes, se desnudó, algo que había leído en el pergamino que le habían entregado apenas dos lunas atrás. No pensaba seguirlo al pie de la letra, pero en fin… donde vayas, haz lo que vieras.

    Una vez desnudo, se sentó de nuevo en la fría y dura piedra y no tardó en que un aura le envolviera por completo, soltó un gemido por la intensidad del poder que le recorría desde las puntas de los dedos de los pies hasta su cabeza…


    Cuando abrió los ojos era ya de noche cerrada, y sabía, mientras se vestía con parsimonia, que a la mañana siguiente emprendería un camino que le había sido revelado. Cuando se vestía se dio cuenta de que en el dorso de su mano había un símbolo extraño, un triángulo invertido con una raya en medio de color verde.


    Viento

    Niall solo conocía el exterior de su torre por los barrotes de la ventana de su habitación. Había visto ese mismo paisaje durante todos los días de su vida desde que estaba allí encerrado. Una vista oscura y triste, nada de tierras y prados, u océanos o ríos. Solo nubes hermosas por compañía. Enormes nubes grises amenazando con la tormenta más grande de todos los tiempos, pero que nunca rompía a llover, que nunca dejaba caer una sola gota.

    Oh, no.

    Solo había llovido en tres ocasiones, las tenía contadas y sentía los latigazos en su espalda recordándole el dolor áspero y su sangre goteándole por la espalda. Cerró los ojos con un escalofrío. A golpes había aprendido lo que las palabras no habían podido, a no intentar escapar, a no desobedecer a sus carceleros. No habría cambio para su situación, solo esperar a que todo por fin acabase con su dulce muerte.

    Se recostó en el catre, suspirando y mirándose las uñas negras de las manos. Negras y heridas de intentar, en vano, salir de aquella cárcel de ladrillo, paja y hedor. Los harapos que llevaba puestos a modo de ropa hacían que su piel sucia le picara. Nunca pensó que desearía con tanto ardor un baño.

    El aburrimiento hostigaba su vida desde que era muy pequeño, añoraba el tiempo que estuvo libre, pues no había sabido disfrutarlo como debía y, ahora falto de él, lo ansiaba con cada poro de su ser. Su estómago vacío gruñó, pues sabía que pronto le traería un escueto almuerzo, ¿o sería el desayuno? Apenas podía presentir la hora, no digamos ya el día o el mes. Pero seguro que hacía años que estaba allí encerrado, pues las ropas que le habían dado impolutas y de una talla ligeramente más grande de la que necesitaba, le habían quedado cortas de brazos y piernas. Lo rellenaba porque para no perder la cabeza o algo peor se había esforzado en ejercitarse el cuerpo.

    Volvió a fijar su oscura mirada por la ventana, en el memorizado paisaje, hastiado, aburrido de vivir. Sin darse cuenta, sus manos se movieron y un trozo de tela hizo un movimiento leve en el suelo lleno de paja. Apenas un salto y aterrizaje. El atisbo de un poder inigualable. Quizá, en otra vida, hubiera podido hacer más, pero encerrado allí con la única compañía de las grises y tristes nubes, su soledad y el silencio, poco había podido aprender, a descubrir. Lo único que había aprendido era el miedo, el miedo a usar sus habilidades.

    Oyó la llave en el cerrojo de la puerta y a los segundos se abrió para dejar ver a uno de sus carceleros, este apenas le miró, como siempre, vestido con su hábito de monje y la capucha puesta, dejó la bandeja con la comida en el suelo y recogió la de la comida anterior y el cubo con sus deposiciones. Cuando se hubo cerrado la puerta una vez más, Niall se levantó, muerto de hambre, y recogió la bandeja.

    Unas gachas frías, pan duro y un vaso de zumo aguado para él eran un manjar. Cogió un pedazo de pan para untar y se percató de que bajo todo lo de la bandeja, había un pergamino sucio y roído. Sin entender qué estaba pasando se apresuró a cogerlo y leerlo.

    Lo que el andrajoso pergamino le revelaba no era fácil de digerir, aparte de una antigua y extraña profecía, su nombre estaba garabateado por todos lados, junto a un símbolo extraño: un triángulo con un raya horizontal.


    Fuego

    Aquello a Freya no le gustaba nada, pero debía hacerlo pese a que se lo ordenase un pergamino apolillado y viejo. Así que bien entrada la mañana, comenzó el ascenso al Monte Drakus, el volcán más antiguo y activo de todo el continente.

    El camino era pedregoso y muy peligroso, y pocos eran los valientes que se atrevían a aventurarse su ascenso a pie y sin ayuda de una mula de carga. Pero ella debía hacer esa subida a pie y calzada con unas buenas botas de cuero se disponía a cumplir con su destino. Un destino poco halagüeño, puestos a comentar, porque… ¿quién demonios iba a sobrevivir tirándose a un volcán? Era de locos…

    Pero ahí estaba ella, con su cabello rubio desigual, largo por delante y corto por detrás, subiendo a la cima de un volcán activo donde debía arrojarse a la lava, donde se suponía que conseguiría que su poder de fuego, el que tantos problemas le había dado, aumentara para cumplir una profecía de cuatro locos que se aburrían.

    -Yupi…

    Pero ya no podía dar marcha atrás, debía hacerlo, más por orgullo que por lógica, no quería volver a su pueblo y que se rieran de ella porque había sido incapaz de tirarse a un volcán, por muy tonto que pareciera.

    Al rato se cansó de la empinada subida y sus piedras que más de una vez la habían hecho tropezar o caer. Pero no se paró a descansar, bebió de su cantimplora agua fresca que le alivio la sed y continuó tarareando una canción de taberna. El calor era insoportable y sudaba a mares, solía aguantarlo bien gracias a su don, pero parecía que cuanto más se acercaba al volcán más calor hacía y su cuerpo no tenía tiempo de reaccionar.

    Con el cabello empapado ya por el calor se quitó la túnica, quedándose en una fina camisa de lino, y se la ató a la cintura para proseguir con su camino. Las manos le sudaban dentro de los guantes de cuero que llevaba por protección, pues no contralaba bien el calor que salía de ella.

    Por fin tras dos horas de ascenso llegó al ardiente cráter.

    Tragó saliva, nerviosa, no estaba preparada para aquello. Negó con la cabeza y echó a correr hacia abajo, pero tropezó por la pendiente y rodó, golpeándose en la cabeza con fuerza. Tras unos momentos de seminconsciencia se levantó, se llevó una mano a la cabeza y al volver a mirarla encontró sangre en los guantes. Bufó, arisca, se desprendió de la ropa y las botas arrojándolas con furia al suelo, y se arrancó los guantes con la boca. Estaba decidida, caminó hacia atrás para coger carrerilla y emprendió a la carrera de nuevo hacia arriba pero antes de llegar al cráter paró de súbito muerta de miedo. ¿Y si ella no era la elegida?

    No se lo pensó más y saltó a la lava ardiente…

    El calor la abrasó, la quemó y gritó con todas sus fuerzas. Chapoteó intentando salir de allí, aterrorizada, pero antes de caer en la inconsciencia por el dolor de las quemaduras, un aura de luz le rodeó, envolviéndola y aliviándole las quemaduras…


    La despertó el hambre y la sed, se palpó el cuerpo desnudo y aliviada porque no estaba chamuscada sonrió. Pero algo sí había cambiado en ella, su pelo rubio, ahora era rojo como el fuego. No la desagradó. Cogió su ropa y comió un poco antes de partir, ya sabía a donde se tenía que dirigir…

    No tardó en percatarse de la extraña marca que le había salido en el dorso de la mano cuando se estaba enfundando los guantes, era un triángulo de color rojo, sorprendida lo tocó y notó el calor creciente dentro de ella.
     
    Última edición: 26 Abril 2021
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    El Portal de las Estrellas.
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    Total de capítulos:
    5
     
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    Capítulo I: Encuentro en Ciudad Titania.

    La ciudad capital Titania, del país de Arengo, era una de las más prósperas y ricas del país, y hermosa. Todo aquel que la visitaba quedaba prendado por los altos edificios de cristal, por donde se colaba la luz y hacía brillar en contrastes bellos y armoniosos. Era rica en comercio por sus grandes puertos, que recorrían de punta a punta del continente con sus navíos, y sobre todo en ganadería por sus grandes prados donde pastaban centenares de vacas-ovejas y grandes bisontes-cabras. Además, tenía las sedes de las dos iglesias más importantes, la Iglesia de Santa Claudia Mártir, la más conservadora y beata y la Iglesia San Louis Pacificador, más liberal y humanizada. Estas dos iglesias eran enemigas desde tiempos oscuros y pasados y las dos luchaban por el poder de tan maravillosa ciudad…

    Erial bajó de su caballo negro castrado y tiró de las riendas entre la multitud que se congregaba alrededor de los comercios. Los mercaderes gritaban para hacerse oír entre el tumulto de cuchicheos de los paseantes, que paraban a mirar las mercancías y a regatear con ahínco. Un par de ladronzuelos pasaran corriendo al lado del joven con una naranja en las manos, relamiéndose por su botín.

    Erial había llegado a su destino, y ahora no sabía qué tenía que hacer allí. Estaba cansado por el largo viaje a caballo y quería comer y descansar bien por una noche en una cama mullida y quitarse los kilos de polvo que le pesaban. Vio a lo lejos el cartel con un tigre blanco de una posada y no se lo pensó dos veces, ató el caballo al abrevadero y se aseguró de que uno de los mozos le cepillara y le diera de comer dándole unas monedas y entró en la oscura posada. El olor a caldo y pan caliente le abrieron más aún el apetito así que se sentó en una de las mesas desocupadas observando a los clientes con ojo crítico. Solo había dos mesas ocupadas, una un grupo bastante grande jugando a las cartas y riendo estrepitosamente y otro con una sola chica que comía el caldo con parsimonia mientras leía un libro.


    Niko terminó su sopa y rebanó lo que le quedaba con el pan, a la vez que pasaba una página del libro con la mano libre. Había llegado aquella misma mañana a Ciudad Titania, y tras merodear por ella, había sentido la necesidad de parar a descansar en aquella ruinosa posada. El caldo estaba muy bueno, tenía que admitirlo, y había dado buena cuenta de dos platos hasta hartarse. Pero ahora debía hacer lo que había venido a hacer a aquella ciudad… aunque no supiera qué demonios era…

    -¿Quiere algo más, señorita?-Preguntó la humilde posadera, retirando su plato y sirviéndole más zumo de naranja.

    Niko la sonrió negando con la cabeza y pagó su consumición más una propina por la exquisitez del plato. Se levantó, pero antes de que hubiese recogido sus cosas, alguien entró con brusquedad en la posada, haciendo que la puerta pegara contra la pared haciendo mucho ruido, todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo para observar al individuo que entraba pero al percatarse de que se trataba de un monje siguieron a lo suyo.

    El monje observó a la clientela, quitándose la capucha y revelando unos bucles dorados y unos grandes ojos de color violeta. Observó a Niko con curiosidad y luego al joven de pelo anaranjado que comía en otra mesa y sonrió.

    -¡Por fin os he encontrado!-Exclamó, acercándose a Niko, agarrándola de la manga de su túnica y arrastrándola hacia el chico.- ¡Por fin! Llevo todo el día dando vueltas por la ciudad, y no es precisamente pequeña, ¿sabéis?

    Erial tragó el bocado antes de hablar, soltándose del monje igual que Niko, que se arregló la túnica.

    -¿Un monje? ¿Esto es en serio?-Preguntó, sorprendido y curioso.-Pensaba que… bueno, tampoco sabía qué tenía que pensar…

    Niko asintió.

    -Yo tampoco lo esperaba. Ni sabía que tenía que encontrarme con más personas.

    -Y aún faltan dos de vosotros.-Comentó el monje, feliz de que su tarea hubiera casi acabado.

    -¿Ah, sí?-Preguntaron los jóvenes al unísono.

    El monje asintió y recorrió la posada con sus ojos color violeta hasta fijarla en la mesa donde estaba jugando a las cartas.

    -¡Oh, ahí está!-Y señaló la mesa.

    Niko y Erial se miraron, sin comprender. Era la típica mesa de posada donde se sentaban los matones de la ciudad a beber y jugar a las cartas. ¿Uno de aquellos tiparracos iba a ser compañero suyo? Se percataron de una cabellera roja que dormía de cualquier manera con la cabeza encima de la mesa y varios cuernos de hidromiel vacíos alrededor de su improvisado lecho.

    El monje con descaro se hizo paso entre los hombretones, que le miraban sorprendidos por su valentía y le dejaban paso apresuradamente sin saber qué hacer, pidiendo permiso hasta llegar a la chica, porque era una chica, que dormitaba, la zarandeó hasta despertarla y esta se limpió la saliva que le recorría la barbilla.

    La chica sacudió la cabeza, revelando unos grandes ojos de color verdes y bostezó groseramente, llevando sus manos a su corpiño y apretando sus grandes pechos.

    -¿Marcus ha vuelto a ganar?-Preguntó, apurando los restos de uno de los cuernos.-Buah, está caliente…-Y por fin se percató de la presencia del monje.- ¿Quién eres tú?-Preguntó, mirándole con suspicacia.

    El monje le sonrió y la agarró del brazo la arrastró hasta Erial y Niko que observaban anonadados. La chica de cabello rojo sorprendida se dejó guiar hasta los chicos, y cuando llegó les observó con curiosidad.

    -¿Os debo dinero?

    -No.

    -Genial, ¡Soy Freya!-Se presentó.

    El monje asintió complacido.

    -Ahora agua, tierra y fuego ya está reunidos.


    -¿Qué?-Preguntaron el trío al unísono apresurándose a tocarse el dorso de sus manos marcadas, incómodos.- ¿Acaso vosotros también…?-Siguió Erial, pero no tuvo que decir nada más pues Niko había cogido el caldo que él mismo había estado comiendo y estaba haciendo bolas que flotaban sobre el cuenco hasta su boca, donde entraban para ser engullidas por la chica de pelo morado.-Oh…

    Freya aplaudió.

    -Bonito truco, guapa, ahora me toca a mí.- Se arremangó, chocó las palmas y…

    -Sabes que no puedes hacer eso, Freya.-Le dijo uno de los matones, carraspeando y evitando su mirada, más asustado que preocupado.

    -Nos volverás a chamuscar el culo como la última vez.-Comentó otro de los hombretones, apoyando a su amigo.

    Freya les fulminó con sus ojos verdes, pero suspiró, tenían razón, últimamente no controlaba muy bien sus poderes. Y no diría que era culpa del hidromiel.

    -Está bien… haré algo pequeñito, tampoco quiero impresionar el primer día, ¿verdad?.-Les guiñó un ojos con picardía y chasqueó los dedos y salió una llamita vacilante que apagó de un soplido.- ¿Y tú? ¿Qué sabes hacer?

    -¿Es necesario hacer este alarde de poder?-Comentó Erial, que solo quería comer y dormir de una vez por todas. Niko y Freya se miraron y asintieron.-En fin…

    El muchacho buscó por la posada y vio un pequeño macetero donde se habían cultivado tomates, pero no lo habían regado como tocaba y la pobre planta se estaba muriendo. Se acercó a ella y le habló en voz muy baja para que nadie pudiera oírlo y la tocó con dulzura, como una madre que toca por primera vez a su bebé recién nacido. La planta vibró y comenzó a sanar y crecer, dando cuatro pequeños tomates rojos y radiantes.

    Erial arrancó uno y se lo metió en la boca, estaba sabroso y muy fresco.

    -Creo que con este chico no pasaremos hambre.-Comentó Freya, Niko sonrió.

    Y el monje por fin se presentó:

    -Me llamo Mathew, hermano Mathew, y sirvo en la Orden de San Louis, y debéis acompañarme a la Iglesia donde el Páter Milius os enseñará el pergamino donde está escrito vuestro destino….


    El Páter Milius tenía veinticinco años la primera vez que leyó el pergamino de los elegidos, y quedó asombrado y maravillado ante tan magna e importante profecía que había dedicado toda su vida de monje a estudiar cada hoja, párrafo y frase hasta aprendérselo de memoria. Ahora tenía cincuenta y cuatro años y era el líder de la una de las iglesias más importantes de Ciudad Titania. Solo el Conde Makarov tenía más autoridad que él, aunque él no ostentaba con alarde su poder, todos les respetaban y acudían a él en busca de ayuda y consuelo ante algún problema, ya fuera local o privado.

    Y aquel día en que conoció a los chicos de la profecía que tanto había estudiado con esmero y emoción, se había levantado pronto para asistir a la misa y se había retirado a su despacho donde había esperado al hermano Mathew con intranquilidad y sin poder evitar pensar que sus enemigos los encontraran antes.

    Expliquemos porque un Páter tan querido y humilde tiene enemigos…

    Hace siglos, cuando el sol era una pequeña bola que apenas había crecido y los días eran fríos y cortos, apenas había hombres por la tierra y vivían con el miedo a los espíritus malignos. Estos espíritus malignos servían a los demonios del infierno, aterradores y letales, y se ocupaban de corromper al hombre para hacerle cometer vilezas y ganar almas para el infierno. Sin embargo un día apareció un hombre noble y puro al cual los demonios no pudieron corromper y que luchaba contra ellos con la ayuda de los espíritus benignos, estos espíritus eran los espíritus de los elementos: tierra, fuego, agua y aire. Los otros hombres al percatarse de su valentía y coraje comenzaron un gran cambio y empezaron a luchar contra los corruptos espíritus para ayudarle y forjar los cimientos de la sociedad futura. La guerra fue encarnizada, pues en ambos bandos hubo importantes bajas. El hombre puro y noble se entristeció por eso y con la ayuda de los espíritus de los elementos creó un arma singular, un tótem que tenía el poder de abrir y cerrar cerraduras extrañas y cualquier puerta. Con este tótem, que para él era la espada con la que había luchado durante todo aquel tiempo, abrió una puerta, a la que años más tarde llamaron El Portal de la Estrellas, y dejando atrás el mundo terrenal se dirigió al mundo de los espíritus malignos y los demonios, prometiendo volver algún día a su amado mundo.

    Una vez cerrada esa puerta esperaron durante años y años que se abriera de nuevo para que apareciera el Hombre Noble, pero esa puerta nunca se abrió y con los años todo lo sucedido pasó al olvido, solo recordado por los pergaminos que se habían escrito. Esos pergaminos viajaron a lo ancho y largo del mundo, hasta llegar al Páter Philips regente de la Iglesia de San Máster Lestat en Ciudad Titania quien hizo estudiar a dos de sus mejores alumnos las palabras en antigua lengua. Esos alumnos eran el benévolo hermano Louis y la joven hermana Claudia.

    Cada uno de ellos entendió a su manera el pergamino y empezaron las disputas…

    La hermana Claudia joven, conservadora y unionista, argumentaba que debían encontrar el Portal de las Estrellas y ayudar a abrirlo para que el Hombre Noble volviera a su mundo y les enseñara a combatir las fuerzas del mal como él mismo lo había hecho. Pero sin embargo el benévolo hermano Louis tenía su propio argumento y era que no debían abrir ese portal, pues no sabían qué podrían encontrar al otro lado y qué oscuro ser podían liberar y debían sellarlo para siempre.

    Años después llegó a manos del Páter Philips un nuevo pergamino encontrado en las ruinas de un antiguo templo. En este pergamino ajado y quebradizo se hablaba de cuatro jóvenes con cuatro dones de luz que sellarían el Portal de las Estrellas para que nada ni nadie pudiera entrar o salir. Aquello desató la guerra entre los seguidores del hermano Louis y la hermana Claudia. Las dos teorías tenían raíces profundas y ninguna quería ni podía ya echarse atrás. Y es cuando comenzó la sangre…

    La primera en morir fue la hermana Claudia. Un grupo de seguidores del hermano Louis, sin su consentimiento ni permiso, la capturaron y la quemaron viva como a una bruja en una hoguera por sus tesis. Fue una tragedia que sus seguidores no dejaron impune. El hermano Louis se sintió traicionado por sus seguidores y destrozado pues amaba en secreto a la joven puramente. No sobrevivió a la tristeza y acabó muriendo de pena.

    Desde aquel año, la Iglesia de San Master Lestat se dividió en dos Iglesias, cada una con un camino y unas creencias distintas y diferentes, la Santa Claudia Mártir y la San Louis Pacificador. Enemigas en esta historia.

    La Iglesia del Páter Milius quería encontrar a los cuatro jóvenes elegidos para ayudarles en su empresa de cerrar y sellar el Portal, mientras que la Iglesia de San Claudia Mártir, quería eliminarlos y abrir ellos mismo esa puerta.

    Alguien tocó a la puerta, sacando al páter de su ensimismamiento.

    -Adelante.-Les invitó a entrar, echándose agua fresca de una jarra en un pequeño vaso de cerámica y refrescándose el gaznate. Era su secretario y le entregó una nota. La leyó rápidamente y asintió.-Hazles pasar, Eugene, y que nadie nos moleste. Aposta dos vigilantes en las puertas para que no entre nadie ajeno a la iglesia. Ah, y envíale una nota al Conde, ha de saber que están aquí…

    También en la nobleza había bandos en Ciudad Titania, y por suerte, el más alto cargo de la hermosa ciudad era leal a la Iglesia de San Louis Pacificador.

    El hermano Mathew no tardó en entrar sin llamar, con la osadía que le caracterizaba, seguido de tres jóvenes, ¡pero qué jóvenes que eran!, parecían asombrados y curiosos de todo. Eran dos muchachas y un muchacho que no aparentaban más de veinte años; el muchacho tenía el cabello anaranjado y grandes ojos azules, llevaba colgado al cuello un pequeño candado que parecía ser bronce y una pequeña llave, vestía de verde y marrón y parecía seguro de sí mismo; las muchachas eran igual de altas, pero era en lo único que se parecían, una de ellas tenía el cabello rojo oscuro y hermosos ojos verdes, iba vestida de negro y llevaba guantes de cuero basto y duro y observaba todo con osadía y picardía, la otra chica irradiaba inocencia y pureza, su cabello liso y morado estaba recogido en una coleta alta y tenía los ojos del color del café recién molido.

    -Bienvenidos, jóvenes.-Les saludó, sonriendo y acentuando sus arrugas.-Espero que no haya habido ningún contratiempo mientras llegabais. ¿No? Estupendo. Por favor, sentaos-les señaló tres sillas frente a su mesa y los elegidos se acomodaron.-Tenemos mucho de lo que hablar… y tan poco tiempo para ello.-Suspiró, y se sintió más viejo que nunca.

    -¿Poco tiempo?-Preguntó Erial, meditabundo.

    -Páter, les hice un breve resumen mientras nos dirigíamos hacia aquí.-Explicó el hermano Mathew.-Saben todo lo que tenían que saber, incluso les dije que les dejaríais leer el pergamino que habla de ellos.

    -Oh, brillante idea, hermano Mathew, y por supuesto. Aquí mismo lo tengo…-Y les tendió tres copias del mismo pergamino.-Está escrito en la lengua común, para que lo entendáis. Habla de vosotros y vuestros dones, del viaje que debéis emprender en busca de vuestro destino y de cómo debéis cerrar el Portal.

    -¿Tótem?-Preguntó Freya tras leer uno de los párrafos importantes.- ¿Qué demonios es una tótem?

    -Es el arma que debéis invocar todos a la vez para cerrar la puerta.-Explicó el páter Milius.- ¿Podéis invocarlo?

    -¿Cómo debemos hacerlo?-Preguntó Niko.

    -Eso responde a vuestra pregunta, Páter.-Respondió Erial.-Supongo que deberemos aprender a hacerlo.

    -Es un inconveniente que no sepáis hacerlo, pero mañana empezaréis un exhaustivo entrenamiento…

    -Eh, nadie hablo de nada exhaustivo.-Se quejó Freya.

    -…y aprenderéis a concentraros para la invocación.-Prosiguió el Páter ignorando el comentario de la pelirroja.-Tenemos un buen maestro de esgrima, y tres hechiceros blancos dedicados a tierra, agua y fuego y os mostraran conjuros para controlar mejor vuestros poderes.

    Antes de que terminara de hablar, alguien tocó a la puerta y el secretario, menudo y encorvado, entró y tras él, venía un hombre alto, de espesa cabellera castaña y rizada, pose altiva y apoyándose un bastón de marfil. No se podía dudar que no fuera de la alta nobleza.

    -Queridísimo Conde,-se apresuró a levantarse y saludar el Páter Milius.-es un honor tenerlo en mi iglesia…

    El Conde reparó en los tres muchachos, les observó con unos fríos ojos negros y sonrió.

    -Quería venir a verlos antes de la Cena de Gala que daré en su honor dentro de un par de días. Espero que no sea un impedimento que no asistan por ser quienes son.-Se apresuró a añadir, quitándole hierro al asunto con un ademán de la mano que no llevaba el bastón.-Ya está todo preparado.

    -Eh…-El Páter Milius miró al hermano Mathew que se encogió de hombros sin saber qué contestar.-Creo que sería conveniente que decidieran ellos si asistir o no… ¿qué os parece, chicos?

    -Iremos.-Se apresuró a contestar Freya.-No podemos deshonrar al Conde de esa manera…

    -Yo creo,-la interrumpió Erial.-que no deberíamos ir, pero-se apresuró a añadir ante la mirada de Freya-que no podemos decirle que no a un conde.

    Luego los dos miraron a Niko, que se apresuró a sonreír nerviosamente.

    -A mí me da igual…

    -Está decidido, no os preocupéis por la ropa, chiquillos, yo correré con los gastos. Y Páter, he dejado mi donativo habitual a la iglesia como siempre. Espero que acudáis también a mi Cena de Gala.

    El Páter sonrió, asintiendo, y el Conde, dándoles las gracias por el trabajo que aún no había hecho, se despidió de ellos saliendo con el hermano Mathew hacia la biblioteca, donde quería ver esos nuevos tomos que habían conseguido gracias a su donativo de la semana anterior.

    Cuando la puerta se hubo cerrado, el Páter Milius suspiró, con un acentuado ardor de estómago. No tenía pensado revelar tan pronto que tenía a los Elegidos en su Iglesia, aquello complicaba un poco las cosas. Se sentó, mirando a los chicos que tenía ante él de nuevo.

    -Una cosa…-dijo la tímida voz de Niko, sorprendiendo a todos, era la única que aún estaba leyendo el pergamino.

    El Pater Milius la miró.

    -Adelante, si tienes alguna pregunta…

    -La tengo, señor. Aquí pone que hay cuatro y somos tres… Tenemos el agua, que soy yo, la tierra que es Erial, y el fuego que es Freya, pero… ¿dónde está el viento?

    El Páter Milius frunció los labios.

    -No lo sabemos.-Contestó, con sinceridad.-Tendría que haberse reunido con vosotros, porque estabais destinados a estar los cuatro juntos.

    -Pues aquí pone que sin él, no cerraremos esa puerta mística.-Comentó Erial, frunciendo el ceño.

    -Tiene que haber una forma de poder llegar hasta él… o ella… ¿no? Es nuestro destino.-Dijo Erial.

    El Páter Milius les miró y suspiró.

    -Me imagino que, si la profecía es cierta, que lo es-recalcó-, en alguna parte tiene que haber más información de vosotros y a la vez dónde encontraros. Pero no es seguro. Puede que trabaje mucho tiempo en vano y que ese elemento esté perdido.

    -Persona.-Lo corrigió Freya, frunciendo el ceño.-Es una persona, no un elemento. Y sin ella no hay nada que hacer, está escrito. Igual deberíamos olvidarnos de todo esto… ¿no creéis?

    -Tampoco hay que ser tan negativos.-Se apresuró a decir el Páter intentando calmar los ánimos.-Solo hay que hacer algunas averiguaciones, dadme algo de tiempo y veremos.

    Los tres chicos se miraron y asintieron. Tiempo tenían, ¿o no?


    Niall había guardado el pergamino con ansia cuando vinieron a recoger la bandeja vacía y a devolver el cubo. Estaba muy nervioso desde que había recibido aquello y apenas había disfrutado de la comida con ganas como solía hacer. ¿Todo aquello significaba que su vida iba a cambiar? Se sentía desconcertado, todos allí le odiaban y maltrataban, y de golpe y porrazo, encontraba aquel pergamino escondido entre su comida e indicando que, como ponía su nombre cerca de aquel símbolo de un triángulo con una raya, el símbolo del viento, tenía que ver con la Profecía sagrada del Hombre Noble. ¿Habría cambiado su destino?

    Recordaba vagamente cuando era pequeño y oía a los Oradores hablar de esa leyenda y muchas otras. En todos los pueblos, ciudades y villas por los que había pasado había alguno contando historias por unas monedas, y le encantaba oírlas, se sentaba en primera fila y daba rienda suelta a su imaginación. Cada uno contaba una versión de la misma historia, y era refrescante oír una historia contada de mil maneras diferentes, con nuevos personajes importantes y diferentes paisajes, pero que todas tenían un final parecido. La única que no cambiada era la leyenda del Hombre Noble, parecía que todos los Oradores se habían puesto de acuerdo en que aquella historia debía contarse de una única manera.

    Suspiró, daría todo por volver atrás en el tiempo y disfrutar de nuevo de aquellas leyendas, de aquella libertad que no sabía que tenía y que ahora anhelaba con tantas ganas. Se tumbó en el catre, agarrando el pergamino contra su pecho, como si fuera el tesoro más importante de toda su vida. Lo único que le pertenecía desde hacía tanto tiempo.

    ¿Sería él uno de esos elegidos de la profecía? ¿Habría por ahí otras tres personas con dones tan increíbles como el fuego, la tierra o el agua? ¿Qué serían capaces de hacer con ellos? Todas aquellas preguntas, el reunirse con ellos, conocerlos y trabajar amistad, insuflaba vida a su monotonía, haciéndole pensar en un mañana en el que hacía años que no pensaba. ¿Y por qué no? Quizá era cierto que algún día saldría de allí y conseguiría grandes cosas.

    Tenía que ser así, él podía hacer cosas con sus manos y moverlas a su antojo, como el viento.

    Se levantó apresuradamente y dejó el pergamino debajo de la ajada almohada. Se miró las manos dispuesto a tratar de hacer algo de aquella magia que le habían prohibido usar, asustado por lo que podía llegar a hacer si no lo controlaba. Intentó serenarse, no podía ser tan malo… ¿verdad?

    Miró la paja sucia del suelo, el cubo, su catre y se decidió por hacer volar el cubo.

    Señaló con las palmas abiertas hacia el cubo, y las movió, intentando animarlo y que éste saltara, pero el cubo tenía otros planes. Toda la emoción que sentía se escapó en aquel momento.

    Frustrado se dejó caer en el catre, molesto, ¿qué se esperaba? ¿Que haría así con la mano y el cubo se movería?

    Hizo un ademán y el cubo se movió.

    Sorprendido perdió la respiración viendo como el cubo rodaba hacia un lado, por suerte vacío.

    -L-lo he conseguido.-Susurró.

    Batió la mano de nuevo y el cubo rodó en la otra dirección.

    Se levantó animado, repleto de nuevo de aquella emoción, moviendo la mano en una dirección u otra y observando el cubo rodar por doquier. Sin poder evitar, rompió en carcajadas, una tras otra, y dos grandes lagrimones felices bajaron por su mugrienta cara.

    -¡Lo he hecho!

    Niall le daba la espalda a la ventana, con lo cual no vio el cambio en el ambiente, las nubes grises se aclararon y dejaron que los claros rayos de sol se colaran por ella, dándole una luz diferente al lugar.

    Por primera vez en mucho tiempo, aquel muchacho estaba feliz.


    Tras dos horas de conversación con el Páter, los tres nuevos compañeros salieron de la Iglesia confundidos y agotados. Apenas hablaron entre ellos y fueron conducidos por el hermano Mathew hacia una de las villas del Conde Makarov, donde se iban a hospedar durante su estancia en Ciudad Titania en un extraño silencio que pesaba en sus corazones. Toda la información que habían absorbido como esponjas les hacía sentir miedo por lo que pudiera depararles el destino. Un destino indescifrable, desconocido y del que nadie había escrito aún. ¿Saldrían sanos y salvos de aquella aventura? ¿Conseguirían cumplir aquella milenaria profecía? ¿Aprenderían a usar sus poderes? ¿Encontrarían a su compañero perdido? ¿dónde estaría el misterioso viento?

    Eran muchas preguntas sin respuestas. Y así llegaron a la lujosa villa de dos plantas en la que los sirvientes no dudaron en mostrarles sus habitaciones, que eran grandes y espaciosas con un pulcro baño con bañera, y dejarles solos. Era casi un castillo con todo lujo que iban a disfrutar con ganas.

    Así, Erial, Freya y Niko tomaron un relajante baño de agua caliente, relajándose tras tanta información, dejando sus mentes vagar a aquellos buenos tiempos en los que eran felices con sus seres queridos y donde no tenían que preocuparse de nada más importante que vivir su vida.

    Niko recordó la primera vez que vio el inmenso mar, la primera vez que nadó en él tras un largo viaje con su familia y hermanos. Fue una experiencia que solo el Lago Myr podía igualar.

    Erial recordó la primera vez que, de pequeño, había hecho crecer verduras en el seco huerto de su abuela alegrando a la anciana tanto que había llorado de alegría. Fue una experiencia única que no podría olvidar nunca.

    Freya recordó la primera vez que, en un invierno frío y duro, encendió una hoguera con maderos mojados que su padre había olvidado dejar a cubierto, y ayudó a mejorar a su hermano, que estaba gravemente enfermo. Fue una experiencia reparadora, y se sintió por primera vez orgullosa de sus poderes.

    Un rato antes de la cena, en cada puerta de los tres chicos, tocó un sirviente con una nota que decía que conocerían esa misma noche a sus maestros, así que se vistieron con elegantes ropas que encontraron en los armarios y bajaron a cenar encontrándose por el pasillo.

    -¿Qué creéis de todo lo que pone en ese pergamino andrajoso?-Freya habló titubeante, rompiendo el silencio impuesto entre los tres.

    Niko se encogió de hombros, sin saber qué decir. Y es que ninguno de ellos sabía qué pensar al respecto, simplemente se dejaban llevar, a una muerte segura o a una victoria orgullosa.

    -Puede que… puede que no sea tan difícil después de todo.-Terció Erial, que parecía un poco más tranquilo que las muchachas.-Tenemos nuestros poderes, y vale que aún no sabemos utilizarlos al cien por cien, pero nos acompañan, son parte de nosotros y los podemos utilizar para protegernos.

    -En eso tienes razón.-Comentó Freya.-Ya que no podemos librarnos de ellos, usémoslos.-Pero seguía llevando guantes por miedo a quemar a alguien sin poder evitarlo.

    Caminaron juntos hacia las escaleras, sin darse cuenta de que un vínculo se creaba entre ellos, y poco a poco aprenderían a confiar en los otros, a amarse, a ayudarse y, sobre todo, a protegerse. Los tres eran muy diferentes entre sí, pero podrían compenetrarse perfectamente, como un puzle que hubiera estado esperando las piezas perfectas para terminarse. Porque agua, tierra y fuego llevaban años conviviendo juntos bajo un mismo cielo.

    ¿Qué decir del viento?

    El cielo era el mismo, pero diferente para él.
     
  3.  
    SilRock

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    Capítulo II: La Prueba.


    El comedor principal donde se celebraba la cena de presentación con los maestros era enorme y cómodo, el olor del manjar que habían preparado los sirvientes se había apoderado de la estancia y de parte de la planta baja. Tenía grandes ventanales con cortinas de gasa fina que dejaba entrar la fría brisa, enfriando un poco el ambiente en aquella noche veraniega. El suelo de madera fina y oscura estaba decorado con hermosas alfombras de dibujos exóticos, la chimenea, apagada, le daba un toque aristocrático al comedor con un gran cuadro del Conde Makarov en pose altiva. En medio, estaba dispuesta la larga mesa de madera de roble y para veinte comensales con las sillas tapizadas de forma elegante y dispuestas para sus siete convidados. Grandes bandejas de plata con comida humeante y deliciosa les esperaban junto a aquellas tres personas desconocidas. Y qué decir de los vinos y licores de todo el continente.

    Los tres elegidos entraron titubeantes, algo nerviosos ante la expectativa de conocer a gente nueva que se dedicaría a enseñarles tantas cosas que desconocían y que pensaban que nunca necesitarían.

    Se habían vestido con las ropas que habían encontrado en sus armarios, que curiosamente estaban hechas para ellos, quizá demasiada ostentosas, pero cómodas y de su talla. Los sirvientes les habían prometido que un modista vendría temprano a la mañana siguiente para tomarles medida y prepararles sus ropas de gala y sus trajes de entrenamiento, ya que allí no había ropa holgada o con ese uso afianzado. Estaban desconcertados por pasar de no tener más que un petate con el que habían llegado de su viaje a aquellos armarios llenos de ropa. Cada uno había elegido un atuendo diferente, intentando amoldarse a sus gustos.

    Nico había elegido un vestido veraniego de color rosa palo, que realzaba sus curvas y le hacía parecer dulce e inocente y había optado por hacerse un recogido en su larga melena morada. Erial llevaba una casaca marrón, con los tres primeros botones abiertos, mostrando su collar del candado y la llave, y unos pantalones holgados de un color más oscuro. Freya, acalorada, había optado por una fina camisola blanca de seda y unos pantalones ajustados y sus grandes botas negras, que los sirvientes habían intentado por todos los medios que tirase a la basura durante el baño y no habían conseguido. Se había permitido quitarse los guantes, que los llevaba en el bolsillo por si eran necesarios.

    Raudo, un sirviente de mirada ausente se acercó a ellos, les hizo una reverencia, sorprendiéndoles, y con la cabeza gacha les habló con voz solemne.

    -Su Gracia el Conde Makarov envía sus disculpas por no poder acudir a distintiva cena y promete una compensación futura para sus tres invitados. Espera que disfruten de la cena y la buena compañía de sus tres Maestros, los mejores en su campo, de todo el continente.

    Les hizo una reverencia de nuevo y sin darles la espalda se acercó a la fila de los otros cinco sirvientes que se ocupaban de ellos en aquella gran mansión. Todos iban impecables, con sus uniformes bien planchados y guantes suaves y blancos.

    Erial carraspeó, dando los primeros pasos hacia la mesa, donde sus tres invitados estaban sentados hablando entre ellos distraídamente. Eran más jóvenes de lo que se hubieran imaginado en realidad, dos hombres y una mujer.

    -Buenas noches.-Saludó, cortésmente.

    Las chicas a su espalda saludaron a su vez y siguieron a Erial.

    -Ah, nuestros aprendices.-Y uno de los hombres alzó la copa de vino en un brindis dedicado a ellos, sonriendo socarronamente.-A vuestra salud.-Y bebió.

    Era de constitución delgada, con el cabello pelirrojo rizado corto y bien peinado sin barba. Su rostro aún tenía pecas, revelando que era más joven de lo que parecía, llevaba una casaca verde poco decorada pero bien vista y sus ojos violetas los miraban con una mueca entre divertida y curiosa. Despertó la curiosidad de los jóvenes, que le observaron intrigados.

    -Soy sir Archibald von Dykinson.-Se presentó, levantándose de la mesa, sus compañeros les imitaron.-Y creo que hablo en nombre de mis compañeros cuando digo que es un honor conoceros.-Comentó, sin borrar aquella sonrisa socarrona.

    -Ningún arengués habla en mi nombre.-Habló malhumorado el otro hombre, que parecía querer acompañar ese afirmación con un escupitajo, pero la educación le ganó. Era de constitución gruesa, cabello muy corto y barba oscura como ala de cuervo, llevaba una camisa de lino, holgada y un chaleco de piel oscura. Sus grandes ojos de cejas pobladas eran dos zafiros azules, llenos de inteligencia, y su marcado acento le delataba, era cartiano, de la frontera del Desierto Olvidado, muy lejos de allí.-Me llamo Jacal Sproud.-Se presentó, bajando el tono hacia los muchachos.-Me sorprende lo jóvenes que sois.

    La mujer, que había estado en silencio todo aquel tiempo, los miró con unos grandes ojos ambarinos. Sus orejas eran puntiagudas, revelando su sangre de elfa silvana. Llevaba el cabello rubio trenzado y recogido en un alto moño y llevaba la ropa holgada y de colores exóticos de los elfos. Era muy hermosa, y el ligero maquillaje que llevaba resaltaba aún más su belleza.

    -Bienvenidos, jóvenes elegidos, mi nombre es Alwyn Silken.-Se presentó con una sonrisa inocente en los labios.-Os estábamos esperando, por favor, tomad asiento.

    Los tres elegidos se miraron y se sentaron, cada uno delante de un maestro. Erial en medio de las dos hermosas chicas, quedando frente a Alwyn, que era flaqueado por los otros dos caballeros.

    Los sirvientes se apresuraron a servirles bebida y comida y comenzó la cena.

    -Así que Erial, Freya y Nico.-Dijo sir Archibald, señalando a cada uno cuando decía su nombre con su copa de plata llena de vino.- ¿De dónde sois? Tenemos curiosidad por conoceros un poco antes de que vosotros conozcáis nuestras técnicas y enseñanzas.

    A Freya aquel tipo no le cayó bien, le parecía muy prepotente, así que se mantuvo en silencio, comiendo aquellas delicias culinarias como si aquello no fuera con ella. Su cara de éxtasis hizo sonreír a Alwyn, que alzó su copa disimuladamente hacia ella.

    Erial tragó su zumo de manzana y le miró, dejando el vaso en su sitio. Parecía que volvía a llevar las riendas de la presentación, y abrió la boca cuando Nico habló antes de que pudiera decir nada, sorprendiéndole.

    -Yo nací en Nazar, un pueblo al sur de Amaranto. Y viví prácticamente toda mi vida allí hasta que me dijeron que mi don podía ayudar a la gente y partí al Lago Myr, donde…-Frunció el ceño, no supo cómo explicar lo que allí pasó.

    -¿Ascendiste?-Le ayudó Alwyn, con una sonrisa sincera.-Allí tus poderes de agua se desencadenaron e intensificaron.

    Nico asintió con brío, haciendo que varios mechones de cabello violeta se salieran del recogido.

    -Cuando me desperté algo me decía que tenía que estar aquí, como si parte de mi esencia me estuviera esperando.-Miró a sus dos compañeros, que parecían estar compartiendo sus mismos sentimientos.- Así que me despedí de mi familia y… lo encontré. Lo que estaba buscando.-Y les dedicó a todos una tierna sonrisa.

    Erial sonrió de medio lado, no podía evitar sentir ternura hacia esa chica, representaba lo más puro que había, el agua, de una manera tan afectuoso que desde aquel momento supo que la iba a atesorar y a mantener en su vida. Miró a Freya por encima del hombro, había dejado de comer como un mendigo hambriento y estaba mirando a Nico con sus ojos verdes muy abiertos, pero en unos segundos, sus cejas rubias se fruncieron y sacudió la cabeza, apretando los cubiertos con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.

    Erial se sorprendió. ¿Qué le ocurría a Freya en aquel momento? Si hacía apenas unos segundos había estado feliz, medio atragantándose con la comida y disfrutándola. Ahora simplemente dejó los cubiertos, se puso los guantes con manos nerviosas y miró su plato a rebosar fijamente. Justo cuando había decidido preguntarle a la joven si todo iba bien o se encontraba mal, unos dedos se chasquearon delante suya, muy cerca de su cara, sacándole del ensimismamiento en el que se encontraba observando a sus compañeras.

    Había sido sir Archibald, que le sonreía con aquella socarronería que le destacaba. Erial le fulminó con la mirada.

    -¿Todo bien, Erial?-Le preguntó Nico, tocándole el brazo, preocupada.

    Erial carraspeó, algo sonrojado, asintiendo con la cabeza y mirando a los invitados.

    -Sí, sí, estaba algo distraído, mis disculpas.-Se apresuró a añadir.-Yo vengo desde Yera, capital de Amora, pero no nací allí. Lo hice en Tucso, donde viví con mi familia hasta que atacaron la ciudad porque sabían que yo vivía allí.

    Todos dejaron de comer, Freya se apresuró a mirarle muy sorprendida, en silencio, apremiándole con la mirada a que siguiera. Atacaron una ciudad porque la Tierra estaba en ella.

    El silencio se prolongó un largo minuto, hasta que Erial decidió que debía contar toda la historia, porque aquel poder, sí, podía ser una bendición, pero no le había puesto las cosas fáciles desde el principio. Además de alegría, también había causado dolor.

    -Hace unos años, durante una larga sequía, saqué adelante a mi familia con mi poder. Cuando toco una planta, la ayudo a seguir creciendo, a que dé su fruto. Gracias a ello, toda la ciudad pudo sobrevivir sin que nadie se muriera de hambre.

    -Un acto noble por tu parte, muchacho.-Le apoyó Jacal.

    Nico le sonrió y Freya le siguió observando, con sus ojos verdes quemándole.

    -Los pueblos vecinos supieron lo que hice con las plantas durante la sequía y lo querían para ellos. Este… poder, no trae tantas bendiciones como cabía esperar.-Cerró los ojos unos instantes, sintiendo aún el dolor de aquellos meses.-Nos atacaron durante días para raptarme… perdí dos primos y a un tío hasta que decidimos que era mejor mudarnos y llevar en secreto mi talento.

    El silencio se volvió a apoderar de la estancia, Jacal y Alwyn se miraron entre ellos, y luego miraron a Erial, comprendiendo. Sus países también habían sido atacados por sus recursos durante siglos.

    -Oh, vaya, imagino que mucha gente pobre quería darle de comer a su familia con tu talento, como hiciste tú.-Comentó sir Archibald, mordazmente.-No puedo culparles.

    Erial le miró sorprendido, levantándose de la mesa, agobiado. Nico le tocó en el brazo de nuevo, pero le apartó con más fuerza de la que pretendía.

    -¡Ellos atacaron a mi gente!-Explotó, enfadado y dolido ante aquella acusación.-Si hubieran pedido ayuda, ¡yo se la habría brindado! Pero decidieron atacar en vez de pedir ayuda… Mataron gente inocente… Mataron, joder, por mi… Yo se la hubiera dado…

    Ante aquello, sir Archibald no tuvo otra opción que callarse y desviar la mirada de Erial, que le fulminaba con sus ojos azules. Sacudió la cabeza, tratando de calmarse, haciendo que varios mechones de cabello anaranjado le taparan los ojos.

    -La gente no puede entender nuestros poderes.-Comentó Freya, muy seria, sorprendiendo a todos.

    Erial la miró, sin entender.

    -No comprenden que pueden destruir, herir, hacer que nos odien. No son una bendición, soy una maldición.-Separó la silla de la mesa y se levantó.-No tengo más hambre, que paséis buena noche.

    Y se alejó del gran salón en silencio.

    -Creo que esta cena se está yendo de madre.-Comentó en un susurró Nico.

    Erial se volvió a sentar, sin dejar de mirar la puerta por donde Freya había salido hacía unos minutos.

    Alwyn carraspeó pasados unos minutos, en los que todos habían vuelto la vista a sus platos y removían la comida sin mucho interés.

    -Bueno, estamos aquí para instruiros, aparte de conoceros. Tengo preparado los horarios de los próximos días, como me pidió el conde Makarov, para que llevéis un control. Nosotros tres somos los mejores en nuestro campo, yo, evidentemente, soy una de las mejores magas silvanas de Amera, y de todo el continente. Sir Archibald es uno de los mejores cazadores con arco y rastreador, explorador, ha escrito varios libros de supervivencia, y Jacal es el mejor espadachín de todo el continente. Tiene una academia de guerra en su país, donde acuden muchísimos guerreros a aprender lo mejor de él, de todas las armas conocidas, y otras aún por descubrir.

    -Tenéis a la crème de la crème para vosotros, muchachos.-Sonrió sir Archibald, de nuevo socarronamente.-No lo desperdiciéis.

    Alwyn les tendió tres hojas, y les pidió que le dieran la suya a Freya.

    -Mañana después del desayuno quiero veros a los tres en el campo de entrenamiento.-Les dijo Jacal, señalándoles con su tenedor.-Os probaremos para ver vuestro nivel, ya sea en fuerza física, magia y supervivencia.

    -¿Supervivencia?-Preguntó Nico.

    -¿Vais a soltarnos en un bosque sin comida y agua para que nos busquemos la vida?

    Sir Archibald sonrió.

    -Algo así.

    -Pues te aviso que he sobrevivido al Bosque Eterno, una prueba de supervivencia en un bosque normal no me hará caer.

    -Allí ascendiste. -Terció Alwyn, sorprendida.

    -No podía ser un bosque normal, hubiera sido muy fácil, ¿no?-Se burló Erial, jactándose de su proeza.-Tampoco el Lago Myr congelado fue fácil.-Nico sonrió, asintiendo.

    -Mi enhorabuena, nadie que ha pisado nuestro bosque vuelve cuerdo a casa. Me hace preguntarme cómo de especiales sois. Los tres.

    -Mañana lo averiguarás.

    -Dalo por hecho.


    Niall estaba concentrado en la manta, no había nada más en su mente que aquella rasposa y raída manta oscura. Había hecho moverse el cubo por toda la celda, de un lado a otro, durante dos emocionantes días. Ahora, quería ponerse a prueba con otra cosa, y pocas opciones tenía en su celda, pero atesoraba cada oportunidad de seguir adelante. Siempre tenía cuidado de que no le pillaran sus carceleros, y tratando de pasar lo más desapercibido posible, intentando ser aquel pusilánime sin ganas de vivir. Así que cuando sus carceleros le venían a traer la comida o llevarse su cubo, algo que le fastidiaba durante unas horas, trataba de parecer normal. Por suerte, no se habían percatado de las dos nuevas abolladuras que tenía en el cubo, y menos mal.

    Ah, pero ahora tenía ganas de vivir. Tenía ganas de ejercitar aquel poder, y quién sabía, igual algún día saliera de esa celda por sus propios medios y consiguiera hacer grandes cosas. Aquella idea le daba fuerza, le daba ganas de continuar, de seguir adelante, de aprender todo lo que pudiera de su poder y él mismo. ¿Así se había sentido el Hombre Noble cuando aprendió a combatir a los demonios? Aquella idea le inundaba de más fuerzas para conseguir su objetivo. Y su objetivo no era otro que el poder salir de allí mediante su talento de viento.

    La manta se alzó con una pirueta y se elevó hasta el techo, donde permaneció allí hasta que Niall comenzó a cansarse de usar el poder. No tenía tantas fuerzas por la alimentación, pero conseguía hacer mucho con el pan duro y las gachas aguadas. Pronto, esperaba, podría hartarse de grandes manjares de uno a otro punto del continente. Solo tenía que esperar y ser precavido. La manta osciló un momento y bajó haciendo círculos hasta que se posó en el viejo catre con gracia. Aquello había sido aún más fácil que mover el cubo.

    Estaba extasiado, pero también agotado, así que se decidió a echarse un rato, para recobrar la energía, mirando entre los barrotes aquel cielo parcialmente nublado y nubes muy blancas. Últimamente el tiempo parecía más cálido y dejaba ver el cielo azul después de muchos meses, incluso años, de cielos nublados.

    Una sombra surcó las nubes y Niall se levantó y se acercó a la ventana enrejada, allí, volando entre los cielos, un bello halcón de plumaje plateado y hermoso porte sobrevolaba las nubes, seguido de dos halcones más pequeños. El joven se embelesó ante el batir de sus alas. Una orgullosa madre que emprendía el vuelo con sus jóvenes crías. Aprovechaban las rachas de aire, planeando y batiendo las alas para volver a coger velocidad. Las crías experimentaban entres graznidos, siempre bajo la atenta mirada de su madre, que las apremiaba a ir más rápido.

    Era tan hermoso que Niall notó las lágrimas por sus sucias mejillas sin darse apenas cuenta de que estaba llorando de la emoción de aquella vista. Y soñó con estar fuera de allí y volar junto al halcón de plumaje plateado. La rapaz voló en círculos, igual enseñando a sus hijos una presa, o la forma de acechar. Aquella información a Niall se le iba de las manos, simplemente veía el vuelo de aquellos animales embelesado. Se miró las manos, curioso, ¿podría él llegar a volar como los halcones? Aquella idea le emocionó y le asustó por partes iguales. Él no tendría una orgullosa madre que le enseñare a usar las rachas de aire, pero lo podía intentar solo.

    Se levantó con renovadas fuerzas, dispuesto a intentar elevarse. Se concentró todo lo que pudo. “Vuela, vuela” pensaba, si podía hacer levitar las cosas, él también podía levitar. Pero su mente estaba en efervescencia, necesitaba relajarse y meditar bien, así que se sentó en medio de la habitación, con las piernas cruzadas y cerró los ojos. Tenía que convocar mejor su energía para poder volar, así que se decidió a concentrarse el tiempo que hiciera falta.




    Freya caminaba de un lado a otro de la habitación, nerviosa. Su cabeza era un hervidero, una olla en ebullición. Tenía el gran ventanal abierto de par en par para que entrara la brisa fresca, pero se ahogaba, apenas respiraba. Se desprendió de los guantes, las botas y la camisa de Nilo, quedándose en top y pantalones, esparciéndolo por la desordenada habitación. Sus manos ardían, la marca roja palpitaba.

    Se acercó al tocador donde reposaba una tinaja con agua y se la lanzó por encima, mojándose los cabellos, intentando enfriarse.

    -Otra vez no, por favor…

    Sus manos, su cuerpo, todo estaba a punto de arder, lo sentía. Lo había vivido en dos ocasiones y no quería una tercera. Pensaba que había aprendido a controlarlo, pero se daba cuenta de que había sido una ingenua y que nada iba a salvarle de aquel poder.

    El sudor le recorría todo el cuerpo, empapándole rápidamente. Tenía que hacerlo parar o aquello iba a acabar muy mal. No quería volver a hacer daño a nadie más, “por favor, que no pase lo mismo”. Aquel pensamiento le agobió todavía más, agotando su mente febril. No quería pensar más, no quería recordar más. ¿Dónde había alcohol cuando se necesitaba?

    Salió al pequeño balcón, para intentar respirar aire fresco, y pareció que aquello entibió un poco su cuerpo. Su respiración, que había empezado a hiperventilar, comenzó a serenarse, pero el ardor del cuerpo no bajó, seguía allí palpitando, como unas brasas mal apagadas que amenazaban con un incendio. Suspirando miró en dirección a los jardines y vio una fuente decorada con ángeles que hacían salir el agua de sus arcos preparados para disparar y una idea le cruzó por la cabeza. Necesitaba zambullirse en agua, el agua apagaba el fuego. El agua vencía al fuego.

    Se apresuró hacia la puerta y la abrió, topándose con Nico, que se asustó al abrirse la puerta justo cuando iba a tocar.

    -¡Oh!-Exclamó la joven de pelo morado.

    -Tengo que irme…-Balbuceó Freya, intentando rodearla para salir corriendo hacia los jardines.

    -¡Freya espera!-Nico le agarró del ardiente brazo. Pero para sorpresa de Freya, no se quemó.-Estas muy caliente… ¿te encuentras bien?

    Allí donde Nico le había tocado, la piel de Freya se enfrió, calmándola. Nico notó aquel cambió de temperatura, sorprendida.

    La chica del fuego miró a la chica del agua. Ambas se miraron, sin comprender demasiado qué ocurría entre ellas.

    -Necesito que me toques más.-Le suplicó Freya.-Por favor… estoy a punto de explotar, y el fuego arrasará la casa. No… no puedo controlarlo. No quiero que vuelva a pasar, por favor.

    Nico tragó saliva, notaba el calor en el pasillo desde que Freya había salido, asintió, temblando de angustia y posó su otra mano en la mejilla de Freya, que cerró los ojos, notando un poco de mejoría.

    -No puedes controlar tu poder.-Comentó Nico, acercándose aún más a la chica, abrazándole.-Él es más fuerte que tu…

    -Lo es.-Freya estaba muy tensa, se dejó abrazar por Nico, notando como el agua apagaba el fuego de sus venas.-Desde que me tiré a aquel volcán lo único que me ha calmado es beber hidromiel, si me atonto yo, se atonta él.

    Nico le pasó una mano por la sudorosa espalda, calmando esa zona también, estaba notando como su propio cuerpo empezaba a arder.

    -Sepárate de ella, Nico.

    Ambas se sorprendieron y se voltearon para encontrarse con Alwyn en el pasillo, junto con Jacal. Aún llevaban la ropa de la cena, pero sus rostros, lejos de ser amables y simpáticos, en aquel momento eran distantes y fríos.

    -Necesito que me toque…

    -Si te sigue tocando la vas a consumir.-Le interrumpió Alwyn.-Nico, aléjate.

    Nico miró a la elfa y después a Freya.

    -Hazlo.-Le pidió Freya.

    Nico tragó saliva, negando con la cabeza, agarrándole con más fuerza. Se sentía muy cansada, tenía la boca seca y los párpados le pesaban.

    -No quiero hacer daño a nadie más…-Susurró la pelirroja.

    Nico asintió, se soltó, y tambaleante se apoyó en la pared.

    -Por favor, ayúdale.-Le suplicó a Alwyn.-Nunca ha querido hacer daño a nadie.

    Alwyn asintió, movió las manos y una luz recorrió el cuerpo de Freya, que sintió como se le iban las fuerzas y luego, oscuridad.

    La chica fue a desplomarse, pero Jacal le sujetó antes de caer al suelo, le cogió en brazos y entraron en el cuarto de ésta, donde la tendió en la cama.

    Alwyn le seguía en todo momento, bajo la mirada de Nico que había entrado tras ella.

    -¿Por qué le pasa esto?-Preguntó, viendo a Freya dormir.

    -El fuego es salvaje, tiene que aprender a dominarlo y controlarlo, por suerte yo estoy aquí para enseñarle. Yo puedo evitar que explote, pero solo ella puede domarlo, no puedo estar cerca de ella eternamente.

    -¿Por qué yo le calmo?-Preguntó, intrigada.- ¿Porque el agua apaga el fuego?

    -El agua puede curar, tú puedes hacerlo, pero a costa de tu propia vitalidad. Debes tener cuidado con eso, pero yo te enseñaré igual que a ella y a Erial.

    Nico asintió, volviendo su mirada del color del café a Freya, que dormía plácidamente.

    -Gracias.

    -No me las des, si no hubiera intervenido todos hubiéramos saltado por los aires.

    -Lo que todo el mundo quiere hacer antes de irse a dormir.-Intentó bromear Jacal.

    Nico se quedó en silencio, frunciendo los labios molesta. Asintió y les dio las buenas noches a sus maestros cuando salieron de la habitación y ella se quedó un rato más, observado a la chica inconsciente de la cama. Querría haberle ayudado ella, pero aún era muy débil para hacerlo, así que se prometió que ninguno de sus nuevos amigos volvería a sufrir si ella estaba allí para evitarlo. Aquella promesa le hizo más fuerte, ya que el vínculo que, despacio, lentamente, se había forjado entre los tres elegidos se estaba fortaleciendo. Salió en silencio de la habitación y en el pasillo se encontró a Erial, apoyado en la pared justo enfrente de ella. Nico cerró la puerta despacio y le miró con sus grandes ojos castaños.

    -Alwyn me ha contado… lo que ha pasado.-Le dijo el muchacho, evitando su mirada.-Supongo que nos queda mucho por aprender.

    -Sí… y más si queremos encontrar a la persona del elemento del viento.

    -Ya… supongo que el entrenamiento que estas personas nos van a impartir servirá para muchas más cosas.

    Nico asintió, y de repente, se mareó tambaleándose a los brazos de Erial, que le cogió para que no cayera. De repente le dolía mucho la cabeza y se sentía agotada.

    -Eh… ¿te encuentras bien?-Le preguntó Erial, preocupado.

    Nico alzó la mirada hacia el muchacho, que le miraba preocupado, y se percató por primera vez de lo atractivo que era. Olía muy bien, a limpio y fresco. Su corazón empezó a latir muy deprisa, y sin poder evitarlo se sonrojó ante el contacto de las cálidas manos del chico.

    Asintió, separándose poco a poco de él.

    -Necesito descansar, y tú también. Mañana va a ser un día muy largo.



    A la mañana siguiente amaneció un día caluroso y despejado, Nico bajó totalmente recuperada y con una muda de entrenamiento hasta que el modista que le había tomado las medidas les enviara el definitivo. Aquellas ropas eran muy cómodas, holgadas, y la chaqueta llevaba capucha. Entró en el comedor y se encontró la misma mesa repleta de alimentos para el desayuno, desde olorosas gachas de avenas, humeantes huevos y bacon, a fruta recién cortada y pasteles de sabores como chocolate, fresa o vainilla. No era la primera en llegar, pues Erial ya estaba allí, cortando bacon despreocupadamente mientras miraba por uno de los grandes ventanales abiertos de par en par revelando un paisaje verde y lleno de flores.

    Nico entró y se sentó, dando los buenos días tímidamente, y se sirvió fruta y zumo de naranja. Erial le saludó con la cabeza, con la boca llena, y la sonrió.

    -Buenos días…-Freya entró en el comedor y se sentó lo más lejos posible de ellos, y empezó a comer, sin levantar la mirada de su plato. Sus compañeros la miraron un largo rato en silencio, pero no dijeron nada.

    El desayunó pasó entre una escueta conversación entre Nico y Erial. Una vez hubieron acabado salieron al campo de entrenamiento, donde les esperaban para comenzar. La conversación fluyó entre Nico y Erial, que estaban emocionados ante la expectativa del día que se les avecinaba. Iban en cabeza, unos pasos por delante de Freya, que pateaba una piedra del camino sin mirar hacia delante, apenas disfrutando de la brisa de la mañana ni del paisaje de aquellos asombrosos y bien cuidados jardines.

    Al llegaron se encontraron con Jacal y sir Archibald en el centro del campo de entrenamiento, y Alwyn sentada bajo una cómoda carpa tomando té.

    -¡Buenos días, mis jóvenes aprendices!-Les saludó sir Archibald.- ¿Estáis preparados para saber lo que es bueno?

    Aquella pregunta intrigó a los muchachos un poco.

    -Lo primero que vamos a hacer es probar vuestros poderes, saber en qué punto estáis cada uno para saber cómo enfocar el entrenamiento. -Explicó Jacal.-La prueba de iniciación será conjunta, y luego os entrenaremos por separado para que deis lo mejor de cada uno. Seguro que alguno de vosotros ya ha usado una espada, un arco o un hacha, o ha preparado alguna poción sanadora, se ha aventurado a explorar un bosque y acampado allí. Por eso es muy importante que deis todo vuestro potencial en esta prueba, porque allá donde habéis sido débiles, nosotros os fortaleceremos, y allí donde habéis destacado será vuestro punto estrella.

    Alwyn se había acercado hacia ellos, vestida con el traje de combate mago y un báculo negro con una gema azul brillante en la alta punta. Los miró atentamente, centrándose más en Freya, que apartó la mirada nerviosa y molesta.

    -La prueba consistirá en aguantar todo lo que podáis, juntos, en un entorno hostil. Os llevaré a través de un portal a un lugar y os dejaré allí. Esta esfera,-abrió la palma de la mano-os seguirá y vigilará y os podremos observar a través de ella. Si en algún momento la iniciación se pone demasiado peligrosa, os sacaremos de allí sin pensarlo, pero si no lo creemos conveniente, tendréis que buscaros la vida vosotros, por muy peligroso que os parezca. Si tenéis hambre o sed, tendréis que buscar la forma de saciaros. Contamos con vosotros.

    -¿Dónde vamos a ir?-Preguntó Erial.

    -No necesitáis esa información.-Contestó sir Archibald.

    -De maravilla…-Dijo por lo bajo Freya.- ¿Cuándo empezamos?

    Alwyn se separó del grupo y con el báculo escribió unas runas en el suelo, se oyó una explosión y apareció el portal, redondo, multicolor y brillante.

    -Imagino que nunca habéis viajado por uno de estos.-Comentó Alwyn, con una sonrisa.-Suerte y nos vemos esta noche.

    Los tres muchachos se miraron entre ellos, sin dar ningún paso todavía.

    -Oh, venga ya…-Freya fue la primera en atravesar el portal, seguida de Erial y Nico.

    Cuando los jóvenes elegidos desaparecieron por el portal, Jacal y sir Archibald se prepararon, quitándose la ropa y doblándola a un lado.

    -No os paséis mucho con ellos.-Dijo Alwyn, moviendo las manos y hechizándoles a los dos para darles una apariencia diferente.-Apareceréis cerca de ellos.

    Los dos hombres asintieron y atravesaron el portal.



    Cuando Freya atravesó el portal fue una sensación extraña, como si su cuerpo se rompiera en mil pedacitos y se recompusiera al otro lado. No había dolido, pero sí que le había dejado sin respiración, y sosteniéndose las costillas cogía grandes bocanadas de aire. Erial y Nico aparecieron instantes después, y ambos respiraron de nuevo con ansía. El lugar era una especie de selva, había mucha humedad y el sol se colaba por entre los grandes árboles y palmeras que envolvían todo a su alrededor. Estaban en un pequeño claro, el suelo estaba formado por hojas viejas y piedras, no formaban un camino, como si por allí solo pasearan los animales del lugar.

    Freya dio una vuelta de reconocimiento, parecía seguro, de momento y no había ni rastro de la esfera que les vigilaba.

    -¿Estáis bien?

    Nico asintió, observando el lugar a su alrededor.

    -¿Os suena algo el sitio?-Preguntó Erial, que también miraba el lugar, intentando que algo de allí le diera algún información para ayudarles a continuar.

    -No, pero si algo sé de un lugar extraño es que hay que moverse, así que decidid una dirección y allá vamos.

    -Igual deberíamos pensar un poco antes de empezar a movernos, ¿no os parece?-Terció Erial.

    Freya se encogió de hombros.

    -Como quieras.

    Erial bufó, algo molesto por la actitud de la chica.

    -Somos un equipo, las decisiones las tomamos entre los tres, no solo nosotros dos.-Y señaló a Nico y a él.-Tu también eres de este equipo quieras o no.

    -Perfecto.-Freya se encogió de hombres despreocupadamente.

    -¿Perfecto? ¿Es que no sabes lo que es trabajo en equipo?

    Nico, que había estado observando el paisaje que se había abierto entre ellos, se percató de que algo a su alrededor se movía. Al principio le pareció una pequeña sombra, pero luego saltó y pareció mucho más grande.

    -Chicos…

    -Mira, quiero acabar esto rápido, así que ¿quieres ser el líder? Pues adelante, yo te sigo sin problemas…

    -Esto no funciona así.-Interrumpió Erial a Freya.

    -Chicos…

    -¿Qué?-Ambos se giraron molestos a mirar a la chica de pelo morado.

    Ella simplemente les señaló un lugar y ambos se giraron a la vez para observar.

    -¿Qué demonios es eso?-Preguntó Erial, fascinado ante la bestia que había salido de entre la maleza. Era enorme, tan grande como un caballo adulto, de pelaje oscuro y grandes colmillos puntiagudos y que sobresalía de su boca. Tenía una larga cola de felino que movía de un lado a otro.

    -¡Y yo que sé!-Exclamó Freya, agarrando a sus compañeros de los brazos y tirando de ellos.- ¡Mueve el culo y echa a correr o nos va a comer!

    Los tres comenzaron a correr, lo más rápido que podían. El paisaje a su alrededor se deformaba ante la carrera, pero la bestia no desistió de tan suculento bocado.

    Llegaron a otro claro, un poco más grande que el anterior y pararon para recobrar el aliento. Sin dejar de mirar atrás, observaron un riachuelo y se dirigieron hacia allí. Bebieron un poco de agua, por turnos, vigilantes, a la espera de que, en cualquier momento, la bestia apareciera.

    Nico aprovechó para meter las manos en el agua, y Erial miraba los árboles en busca de frutos comestibles. Freya se sentó en una roca, cansada y acalorada, se estaba secando el sudor de la frente cuando Nico notó las vibraciones del agua.

    -¡Freya cuidado!

    Freya se giró, asustándose, justo a tiempo de que una enorme ola barriera a la bestia, que había saltado desde el otro lado del riachuelo. Sorprendida, miró a Nico, que tenía preparada tras de sí otra nueva ola.

    -Me parece que hay más de un problema…

    Las chicas se giraron a mirar a Erial, que les daba la espalda y observaba un enorme oso-escorpión que les retaba a dos patas, con la punta de su aguijón listo del ponzoñoso veneno. Era enorme, con las garras afiladas y los ojos sedientos de sangre.

    Una bola de fuego hizo que saltara hacia atrás, Erial se giró para mirar a Freya sorprendido.

    -Es hora de pasar a la ofensiva.-Preparó otra bola y la lanzó, fallando por muy poco.-Para eso estamos aquí, ¿no?

    Nico creó un muro de agua entre ellos y la bestia de colmillos largos, mientras Erial pateaba el suelo y creaba un alto muro de roca. Tendrían unos valiosos minutos para trazar una estrategia para salir de allí.

    Freya se sentó en el suelo, notaba el fuego recorrer sus venas, otra vez iba a perder el control, sacudió la cabeza, tratando de serenarse. Nico la miró, preocupada.

    -Estas bestias no son normales… creo… creo que son demoníacas.-Dijo Erial, rompiendo el silencio.

    -¿Tan lejos del Portal?-Preguntó Nico, poniéndose blanca.

    -No creo que estemos muy lejos de allí… Y eso explicaría a esos bichos.

    -Espera, espera, ¿el Portal?-La mente de Freya no funcionaba con claridad, enfocó la mirada en Erial, esperando una respuesta mientras metía sus manos en el muro de agua que había creado Nico, enfriándose un poco.

    -El Portal de las Estrellas, por donde el Hombre Noble entró al reino de los demonios. Esa zona está contaminada, y los demonios más poderosos consiguen abrir pequeñas brechas para que estas bestias extrañas puedan entrar y atacar este mundo.

    -Joder… ¿tenía que traernos esa elfa aquí?

    -Tenemos que demostrar que podemos sobrevivir en cualquier lugar, a cualquier costa.

    -Está bien.-Freya se levantó, dispuesta a probar una cosa.-A parte de crear muros, ¿sabéis lanzar ataques potentes?

    Los muchachos se miraron y asintieron.

    El muro de tierra de Erial, vibró ante los golpes del oso-escorpión demoníaco y la bestia de colmillos largos caminaba de un lado a otro, a la expectativa, observándoles a través del agua.

    -Estamos atrapados, tenemos que salir de aquí y alejarnos de ellos…

    -O podemos luchar.-Lo interrumpió Freya.-Podemos probar una cosa…

    Una vez explicado el plan, Freya dio la orden y los muros que los separaban de sus enemigos desaparecieron.

    -¡Ahora!-Gritó la pelirroja, lanzando grandes llamaradas por sus manos desnudas.- ¡corred!

    Erial y Nico corrieron en direcciones diferentes mientras sus enemigos trataban de huir de las llamas de Freya.

    -¿Os gusta?-Freya dio rienda suelta a su poder, y las llamaradas se intensificaron. Creó un muro de fuego entre ella y el oso-escorpión demoníaco, que había logrado acercarse por detrás hacia ella.- ¿Vienes a jugar?

    Las llamas cesaron y cuando su enemigo fue a atacar, unas enredaderas le envolvieron el cuerpo y apretaron con fuerza.

    -¡Ahora Nico!-Gritó Erial, tirando con más fuerza hacia él.

    Nico dio una pirueta guiada por el agua del riachuelo, y creó un tornado que engulló a la bestia, alejándola varios metros riachuelo abajo. Entonces, la bestia de colmillos largo la atacó, dándole un zarpazo en la espalda y haciéndola caer de rodillas con un grito.

    -¡Nico!-Exclamó Freya, creando un círculo de fuego entorno a la bestia, que erizó el lomo, buscando una grieta por donde escapar.

    Erial corrió hacia Nico, observando su maltrecha espalda. La chica temblaba de dolor, y la herida sangraba profusamente

    -¡Mantenlo a raya!-Ordenó Erial a Freya, que asintió, atacando a la bestia sin cuartel, que se defendía saltando con agilidad de un lado a otro. El muchacho cogió hojas e hizo con astucia un cataplasma con savia y barro, vendándole con grandes hojas de palmera.-Esto te va a escocer mucho, pero hará que dejes de sangrar.

    Nico asintió, apretando los dientes.

    -Yo… necesito agua, el agua me ayudará a curar.

    Erial se apresuró a crear una flor en forma de campana y la lleno de agua, corrió de nuevo al lado de Nico y le dio de beber llevándole los pétalos a la boca. Nico tragó con avidez, mirando a los ojos de Erial, que le sonrió.

    -¡Condenado demonio!

    Freya estaba teniendo problemas, pues el felino le había separado de Nico y Erial, y ahora estaba entre ellos. Si no jugaba bien sus cartas, el felino podía atacar a sus compañeros desprevenidos y nunca se perdonaría el haber vuelto a hacer daño a alguien que le importaba. Sus manos echaron chispas, estaba muy enfadada por la situación, con aquel demonio, pero sobre todo con ella misma, por no ser más fuerte para ayudar a aquellos que le necesitaban. Cegada, se lanzó hacia delante con sus manos chispeando y atacó al demonio de frente.

    El demonio no se esperaba un ataque directo, saltó hacia atrás y le rugió amenazadoramente, pero aquello no amedrentó a la chica, que preparó dos bolas de fuego en sendas manos y con un rugido se las lanzó, impactando una en el lomo y haciendo rugir al monstruo.

    Las enredaderas de Erial le agarraron una de las patas, y el felino bufó, dolorido, mordió la enredadera y una bola de agua impactó justo donde la llama le había quemado, haciéndole sisear. Miró a los tres muchachos, preparados para luchar y enseñando los colmillos huyó.

    Freya cayó de rodillas, agotada. Su cuerpo se había vaciado del todo, ya no lo sentía a punto de explotar.

    -¿Estáis bien?-Preguntó, desviando la vista hacia ellos.

    Nico asintió, levantándose con ayuda de Erial, que observaba a su alrededor. La selva seguía pareciendo amenazante, con sus rincones oscuros y su silencio inquietante.

    -Tenemos que movernos, aquí somos un blanco fijo.-Comentó Erial.

    -Nico, ¿puedes moverte?-Preguntó Freya, que se sacudía el polvo de la ropa. Le dolía la cabeza y la poca luz del lugar le molestaba mucho.

    -Sí, la cura de Erial me está ayudando mucho.-Contestó sonrojada.

    Así, los muchachos siguieren un camino desconocido, en busca un lugar donde poder descansar y quizá comer algo. Tenían que aguantar hasta que la noche cayera, y podrían volver para ser evaluados.

    -Espero que os lo estéis pasando bien.-Le gritó Freya al cielo, alzando un puño, pues no había ni rastro de la maldita esfera mágica.-Y que a Nico no le quede cicatriz.

    Siguieron en silencio, Nico apoyada en Erial y Freya delante, buscando un camino seguro que seguir. Habían optado por seguir el riachuelo, ya que así tendrían agua durante todo el camino. Erial observó los árboles, algunos eran desconocidos, y la influencia demoníaca hacía que sus frutos no fueran comestibles, pero vio alguno que sí. Incluso había setas y flores comestibles cerca del agua. Al menos tendrían comida.

    -Necesito parar un poco.-Pidió Nico, que la herida le dolía horrores.-Por favor…

    Decidieron parar y Nico se sentó en una roca. Erial se marchó a recolectar algo para comer, pues la caminata les había abierto el apetito a todos. Nico miró a Freya, que estaba de pie, observando el nuevo claro a su alrededor.

    -¿Estás bien?-Le preguntó.

    Freya no la miró.

    -Si te refieres a si voy a perder el control y explotar, no lo haré, estoy bien. He agotado mi poder y… no perderé el control por el momento.

    -Alwyn podrá ayudarte con eso…

    -No lo sabemos.-Le interrumpió la chica pelirroja.-No sé si podrá hacerlo.

    -Confío en ello igual que confío en que puedes hacerlo. Sabes que yo puedo ayudarte a calmarte…

    -No, no, es peligroso para ti.-Terció.-No quiero hacerte daño…

    -Me haré más fuerte también, te lo prometo.-Le interrumpió esta vez Nico, levantándose de la roca donde había estado sentada hasta entonces.-Pienso ayudarte a… que no hagas daño a nadie y te hagas más fuerte.

    Freya le miró en aquel momento, Nico le miraba con decisión. Sonrió, contagiada del buen humor y la decisión de su compañera.

    -Entonces… yo puedo prometerte que aprenderé a controlarlo.

    Erial apareció minutos después con los brazos repletos de frutas deliciosas que mejoraron el ánimo de todos. Comieron hasta que se saciaron, siempre preparados para volver a luchar ante un nuevo ataque. Decidieron seguir moviéndose, pues no sabían si alguna otra bestia encontraría su rastro. Así que caminaron hasta pasado el mediodía y llegaron al final del riachuelo. Éste desembocaba en un frondoso torrente que bajaba en una sola dirección. El sonido de las gaviotas, el olor a salitre y algas en descomposición les saludó con sorpresa. Estaban llegando a la costa después de tanto caminar.

    -El mar no está muy lejos de aquí.-Comentó Nico, pues notaba la inmensa masa de agua muy cerca de ellos.-Si nos dirigimos allí, solo tendremos un flanco que defender, ¿qué os parece?

    La idea sonó a agua fresca en un ardiente desierto. Los chicos la aprobaron entusiasmados.

    -Nunca he visto el mar.-Dijo Erial, con una radiante sonrisa.

    -Me parece una idea brillante, quién sabe, igual podemos darnos un baño… lo necesitamos.-Comentó Freya.

    Y así se dirigieron hacia el sonido de las olas con ganas. Una vez llegaron, se apresuraron a llegar la blanca y suave arena. Erial se acercó a la orilla y metió los pies con botas incluidas, sin pensárselo. Siempre había querido viajar y explorar el inmenso mar, explorar todas aquellas pequeñas islas que rodeaban el contienen y conocer los secretos de los antepasados que vivieron en ellas.

    Nico se dejó caer en la arena, necesitaba descansar y Freya se sentó a su lado para hacerle compañía mientras observaban a Erial seguir las olas de un lado a otro, como un niño pequeño que veía el mar por primera vez. Aquello les hizo sonreír. Después de todo un día huyendo de depredadores y luchando por sobrevivir sentaba bien poder descansar, aunque solo fuera un poco.

    Pasaron varias horas tirados en la arena, conociéndose un poco mejor. Supieron que Nico tenía 3 hermanos, dos chicas y un chico, esperándole en casa. Erial tenía un hermano mayor que trabaja en el Gran Archivo de Ciudad Titania y Freya sabía hablar cartiano con fluidez. Aquel tiempo les vino muy bien a los tres, pero, evidentemente, lo malo nunca se hacer esperar y apareció en forma de fría brisa.

    El tiempo cambió cuando el crepúsculo se acercaba, las olas empezaron a ser más fuertes y a los lejos, unas nubes negras y con relámpagos se acercaban a la playa donde estaban los tres elegidos.

    -Algo le pasa al mar.-Dijo Nico, levantándose de la arena. Erial le había retirado el cataplasma y ella se había lavado en el mar para sanarse un poco con su poder.-Esta corriente no es… normal.

    Erial y Freya la miraron sin entender.

    -Tiene algo maligno.

    Un relámpago cayó en el agua con gran estridencia, asustándolos, y empezó a oscurecer. Freya se apresuró a encender una fogata y dos antorchas con dos pequeños troncos. Se quedaron cerca del fuego, observando el mar.

    Y así, de repente, una brecha entre los dos mundos se abrió y un demonio se coló sin que lo hubieran invitado.

    -¿Qué puñetas es eso?-Preguntó Freya, señalando el enorme demonio que se acercaba a la costa.

    Era reptiliano, de color rojo, dos grandes cuernos en la frente y una lengua bífida, tenía grandes colmillos y garras como cuchillas. Sus ojos eran dos rubíes inyectados en sangre y tenía dos largas colas que se movían. Soltó un rugido cuando su mirada se posó en los tres muchachos y sin pensárselo, cargó hacia ellos.

    -¡Nico, muro de agua!-Ordenó Erial, intentando crear un foso entre ellos y el agua.- ¡Rápido!

    Nico no se lo pensó dos veces y creó un muro de agua entre el demonio y ellos.

    -¡Freya, fuego! ¡Por todas partes!

    -¡El muro no lo ha parado!-Nico movió los brazos, tratando de pararlo con toda la fuerza del mar.

    Freya se apresuró a crear un muro de fuego siguiendo el foso de Erial. El demonio no cejaba en avanzar, pese a los esfuerzos de Nico, que movía las manos con rapidez y el agua seguía sus movimientos.

    -Aquí estamos muy expuestos, tenemos que volver a la selva.

    Se alejaron hacia la selva, sin darle la espalda al demonio, que ya atravesaba el muro de Erial pese a que Nico intentaba arrástralo de nuevo al agua.

    -¡Es muy fuerte! No puedo hacer nada.

    Erial cavó tres fosos más entre el demonio y ellos, intentando dificultarle el terreno hacia ellos. Pero el demonio era ágil y saltaba con sus fuertes patas traseras sin problemas, esquivando los muros de fuego y agua.

    -¡Hay que atacar!-Freya le lazó dos bolas de fuego, impactando en el pecho y cuello del demonio y enfureciéndole.-Uy…

    El demonio dobló la velocidad, acercándose a los muchachos sin que nada ni nadie pudiera pararle.

    Freya lanzó bola tras bola para no dejarle avanzar, Erial jugaba con la tierra para entorpecerle el paso, atacándole con grandes rocas que el demonio partía con sus garras fácilmente.

    Cuando apenas estaba a unos metros, Alwyn se materializó delante de ellos y dando con su báculo en la tierra fuertemente, creó una gran bola de pura luz mágica y se la lanzó al demonio.

    -¡Ahora!-Gritó, y de la selva, con sendos saltos, aparecieron la bestia de colmillos largos y el oso-escorpión directos a atacar al demonio. Alwyn giró con su báculo y le lazó otra bola de luz mágica.- ¡Replegaos!-Le ordenó a los muchachos.

    No tuvo que decirlo dos veces, los tres chicos se escondieron en la linde de la selva, observando a la maestra con estupefacción. La elfa se movía con una agilidad felina, igual que las dos bestias, que atacaban una detrás de la otra al demonio, que, indefenso, se replegaba hacia el agua con varias heridas en su cuerpo lleno de escamas. La lucha fue encarnizada, el demonio apenas pudo contra sus enemigos. Alwyn era despiada, no dejándole oportunidad de atacar a las bestias que la ayudaban, apoyada en su báculo y su magia, desterró al demonio de nuevo a su plano con un gran relámpago.

    Agotada, se dejó caer al suelo.

    -¡Alwyn!

    Los tres muchachos corrieron hacia su maestra y antes de que pudieran acercarse siquiera, las dos bestias que no les habían dado cuartelillo a principio del día se transformaron en unos desgastados y magullados sir Archibal y Jacal.

    Jacal cogió entre sus brazos a Alwyn que abría los ojos, sonriéndole.

    -Estoy bien… solo necesito descansar. Desterrar a un demonio mayor agota mucha energía.

    -Pero…. ¿qué puñetas acaba de pasar?-Preguntó Freya.-Y vosotros dos… ¿en serio?

    -Todo era parte de la prueba. Claro… por eso nos atacaron nada más llegar.

    -Creo que alguien tiene que darnos un par de explicaciones. -Dijo Nico, riéndose nerviosamente.

    Los maestros se miraron entre ellos con sonrisas cómplices.

    -Buenas noticias, chicos, ¡habéis aprobado con nota!-Y sir Archibald explotó en carcajadas, pero hizo un mohín, su espalda estaba magullada por la bola de fuego de Freya.

    -Lo estabais haciendo muy bien hasta que Alwyn ha tenido que detener la prueba.-Dijo Jacal.-Hay muchas cosas que mejorar, evidentemente, pero nos esperábamos algo peor.

    -Supongo que… ¿gracias?
     
  4. Threadmarks: Capítulo 3: Aprendizaje.
     
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    El Portal de las Estrellas.
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    Aventura
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    5
     
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    Capítulo III: Aprendizaje.


    Agotados, nuestros héroes cruzaron de nuevo el portal que creó Alwyn una vez recobró algo de energía para crearlo. La mansión se recortaba hermosa y grande desde el campo de entrenamiento, un caserón rodeado de cuidados y hermosos jardines y largos terrenos.

    Los ánimos eran buenos, los elegidos habían pasado con muy buenas calificaciones la prueba, además, habían visto cómo Alwyn había desterrado a un demonio muy fuerte y habían podido observar la fuerza y el empeño de sus tres maestros en acción. Pese a los buenos ánimos, la caminata desde el campo de entrenamiento hasta el gran caserón fue silenciosa, ya que todos estaban deseosos de llegar, darse un baño y comer algo, pues estaban famélicos. La tarde había dejado paso a una noche despejada llena de brillantes estrellas, y la brisa, pese a ser escasa y algo caluroso, les acompañaba en su silencioso camino.

    Uno de los sirvientes les abrió las grandes puertas y les dejó pasar.

    -La cena será servida en media hora, señores.-Les dijo, dejándoles pasar.-Todos tienen el baño listo para poder lavarse y prepararse.

    Aquello sonó tan bien que alguno tuvo un escalofrío de placer. Agua caliente limpiando heridas y suciedad después de un largo día era todo lo que podían pedir antes de llenar sus estómagos con deliciosa y caliente comida.

    Cada uno se dirigió a sus habitaciones, donde una baño perfumado y caliente les esperaba, y agradecidos se dejaron zambullir en las bañeras, donde pudieron relajar sus músculos y limpiarse la suciedad de todo aquel increíble día. Media hora después, todos se encontraron de nuevo en el gran comedor donde se habían conocido la noche anterior y se dispusieron a cenar con ganas mientras escuchaban lo que sus maestros tenían que decirles sobre lo que habían podido apreciar del día.

    Aquella noche el banquete no eran tan increíble y repleto de delicias como la noche anterior, pero sí que podían elegir entre venado asado y puré de patata y zanahorias o pescado al horno con salsa verde y verduras cocidas al vapor, más el menú vegetariano para Alwyn, ya que los elfos no comían carne.

    El saludo fue escueto, pues todos estaban hambrientos, y pasaron unos minutos en los que se dedicaron a comer y ganar energía antes de que los maestros empezaran con las deliberaciones.

    Pronto surgieron conversaciones sobre lo rica que estaba la comida, o que noche más tranquila habían tenido, pequeñas anécdotas de lugares donde hacían buena comida. La que más tenía era Freya, que era una sibarita de la comida gourmet. Les recomendó decenas de sitios en diferentes partes desde un lado a otro del continente.

    -Bueno,-rompió el hielo sir Archibald, limpiándose la boca con una servilleta-el día ha ido estupendamente bien, espero que seáis de mi opinión.

    Los jóvenes elegidos sonrieron entre ellos y asintieron con ganas, ellos mismos se sentían muy orgullosos de cómo habían actuado.

    -Empezaremos con lo cosas malas…

    -A mejorar.-Le corrigió Jacal.

    -No os vamos a mentir, lo habéis hecho honestamente bien, pero, evidentemente, hay ciertos aspectos que deben mejorar en cuanto al equipo que tenéis que formar.-Les dijo Alwyn, con una sonrisa.

    Los sirvientes sirvieron el postre, tarta de chocolate con nueces y mousse de vainilla con canela.

    -¿Puedo decir algo antes de que continuéis?-Preguntó Freya, levantándose de la mesa y sorprendiendo a todos. Alwyn asintió. Nico y Erial no entendían qué ocurría.-En cuanto a mi comportamiento, quiero pedirle perdón a Nico y a Erial, no he estado muy fina y… bueno, igual no he hecho que el equipo fluyera al principio del día. Yo… no controlo demasiado bien mi elemento cuando las emociones me desbordan… ¡pero prometo aprender a controlarlo y a hacerme más fuerte! Y lucharé con vosotros y por vosotros.

    -Tranquila, Freya, hemos sabido superarlo juntos.-Le dijo Nico con una radiante sonrisa.

    -Exacto, y creo que hacemos muy buen equipo, aprenderemos a compenetrarnos juntos.-Le dijo Erial, guiñándole un ojo.

    Freya les miró con infinita alegría, agradecida de tener unos compañeros como ellos dos. Se volvió a sentar, después de decirles lo maravillosos que eran y darles las gracias y empezó a engullir un trozo de cada postre y beber zumo.

    -Bien, ahora que veo que entre vosotros las cosas empiezan a ir mejor, me saltaré la parte en la que os he visto desconfiar de vuestros compañeros. Es muy importante confiar a ciegas en ellos, pues debéis apoyaros entre vosotros. Cada uno de vosotros cuida la espalda del otro, no lo olvidéis. Trabajo en equipo.-Dijo Jacal.

    -En cuanto a vuestras habilidades… no tuvisteis problemas en encontrar agua y comida, y usasteis una buena estrategia teniendo el mar a vuestras espaldas hasta que el demonio apareció en escena y chafó la prueba.-Dijo sir Archibald.-Pero no deberíais depender tanto de vuestros poderes, tenéis que fundiros en uno con el medio. Y eso será lo primero que yo os enseñe.

    Los chicos escuchaban a sus maestros con las orejas bien abiertas, apuntando mentalmente todo en lo que debían aprender.

    -La única que luchó cuerpo a cuerpo, si eso podemos llamar a la furia con la que nos atacó Freya con sus manos desnudas…

    -Estaban ardiendo…-Apuntó Freya, con una sonrisa nerviosa.

    -…el resto simplemente usó su elemento.-Continuó Jacal, pasando por alto la interrupción de Freya.-Entendemos que no tenéis ningún tipo de entrenamiento cuerpo a cuerpo y eso se tiene que acabar. Cuando empecéis vuestra misión deberéis pasar desapercibidos, y tres jóvenes que tienen el poder de los elementos son objetivos muy fáciles para vuestros enemigos. ¿O no recordáis que la Iglesia de Santa Claudia quiere abrir el Portal que vosotros debéis destruir?

    Los muchachos se quedaron en silencio, puesto que Jacal tenía razón, debían aprender mucho más de lo que esperaban. Para eso estaban allí, así que no se desanimaron, al contrario, tenían todavía más ánimos y energía para superar aquello.

    Era el turno de Alwyn, que les observó durante unos segundos antes de comenzar con su veredicto.

    -Lo hicisteis muy bien cuando atacasteis juntos, uniendo vuestras fuerzas. El poder de los elementos fluye con ímpetu entre vosotros, veo mucho potencial en vosotros. Vuestros ataques hicieron su trabajo, Archie aún tiene la quemadura de Freya…

    -Sí…-Se quejó sir Archibald, haciendo una mueca y tocándose el hombro.

    -…pero solo vi ataques defensivos, muy poca acción ofensiva. Entiendo que no tenéis mucho manejo de él, y que dependiendo del elemento puede ser más ofensivo o defensivo. Entrenaré con cada uno de vosotros, pero una cosa debéis tener clara: el fuego es lo más ofensivo que hay, como comprobamos, y el agua es defensivo. Tanto la tierra como el viento pueden jugar a dos bandas. Enseñaré a Nico a atacar, pero dependerá siempre de vosotros para hacer más daño, y vosotros tendréis que protegerle para que ella pueda protegeros a todos, ¿queda claro? Hoy le han herido porque dejó su espalda al descubierto por ayudaros… eso no puede volver a pasar, sois un equipo, siempre os debéis guardar las espaldas.

    -No volverán a herir a Nico.-Dijo Erial con decisión.-Le protegeré con mi vida si hace falta.

    -Y yo también.-Lo apoyó Freya.

    Nico los miró con admiración, sonrojándose por ser la protagonista de aquella promesa. Estaba segura de que los tres mejorarían y se harían muy poderosos estando juntos, y que aprenderían entre ellos lo que era el valor de una amistad que podía romper barreras.

    Acabaron el postre y se levantaron de la mesa, la cual se llenó de sirvientes prestos a recoger los platos sucios y la comida que había sobrado. Sir Archibald se despidió, pues aún sentía molestias en sus heridas y quería descansar para estar recuperado la mañana siguiente. Jacal se acercó a Freya, y le pasó un brazo por los hombros.

    -Ah, muchacha, ese fuego tuyo vale oro… si vieras lo que lloraba Archi cuando le diste… la próxima vez apunta al culo.

    -¡Eso está hecho!-Y ambos saltaron en carcajadas, bajo la reprobadora mirada de Alwyn, que no pudo evitar sonreír contagiada de su humor.

    Nico esperaba a Freya cuando Erial se acercó a ella.

    -Nico, esto… ¿te apetece dar un paseo por los jardines?-Preguntó, carraspeando y mirando un punto fijo en el techo.

    Nico se sorprendió.

    -Yo… claro… hace una noche muy bonita. ¿Avisamos a Freya?

    -Yo… bueno… si te apetece…

    Freya estaba bromeando con Jacal, que parecía que había hecho buenas migas con él, y creía que tenían pensado beber y jugar a las cartas en la habitación de Alwyn.

    -Te aviso… esta hechicera hace trampas.-Le susurraba Jacal a Freya al oído.

    Freya miró a Alwyn, que miraba hacia a otro lado haciéndose la disimulada, y se giró justo a tiempo de ver a Nico.

    -Ey, Nico.-Le saludó con una radiante sonrisa.

    -¿Vienes a dar un paseo por los jardines con Erial y conmigo?

    Freya le miró sorprendida y luego pasó su mirada verde a Erial que parecía refunfuñar y patear algo en la moqueta. No pudo evitar sonreír, acarició la mejilla de Nico, y le apremió a ir con Erial.

    -Otro día, voy a beber con Jacal y Alwyn.

    -Oh, ¡pasadlo bien!

    -Igualmente, pillines.-Y le guiñó un ojo, haciendo que Nico se sonrojara.


    Era una noche preciosa, las estrellas brillaban con intensidad, y los olores de todas aquellas flores se mezclaban dándole al ambiente un toque dulzón y agradable. Erial caminaba en silencio junto a Nico, que observaba la belleza del jardín con una sonrisa en sus rosados labios. Estaba muy nervioso, y no sabía exactamente por qué, pero cuando estaba a solas con Nico le ocurría. Le parecía una joven muy hermosa, y era tan tierna que daban ganas de guardarla bajo llave para que nadie le corrompiera jamás. En aquella ocasión llevaba la cabellera morada suelta, y un vestido de manga francesa de color granate. Erial tragó saliva, pues aquel vestido se amoldaba a sus curvas sensualmente.

    -Me encanta esta fuente, es preciosa.-Dijo Nico, rompiendo el silencio entre ellos.

    Erial asintió, sin saber muy bien que decir. Se sentaron en un banco, bajo un gran manzano en flor y observaron las estrellas.

    -Que pena que Freya se esté perdiendo esta belleza.

    -Sí…- ¿Por qué le molestaba que la chica hablara de Freya? Eran amigas, ¿no? ¿Acaso no eran todos amigos? Suspiró.-Esta noche estás muy guapa… espero que la herida de la espalda no te duela demasiado.-Se apresuró a añadir, para quitarle hierro al asunto. Lo había soltado sin pensar, y sonrojado y nervioso como estaba, clavó su mirada azul en la fuente, tragando saliva.

    Nico le miró sorprendido, y se sonrojó.

    -Yo… sí, estoy mucho mejor, gracias. Alwyn vino antes de la cena y me curó, no me va a quedar cicatriz.

    -Me alegro mucho.

    Nico le miró, parecía estar un poco nervioso, algo inusual en él.

    -Lo que has dicho durante la cena… lo de que me vas a proteger con tu vida… No quiero que nadie salga herido por protegerme.

    Erial se giró a mirarle.

    -Me haré fuerte para que no tengáis que estar pendientes de mí.

    -Queremos hacerlo, Nico.-Erial le cogió de la mano, sorprendiendo a la chica.-Tanto Freya como yo no pensamos que seas débil, al contrario, estoy segura de que ella cree como yo que eres más fuerte que nosotros.

    -¿Tu crees?

    -Lo sé… tu nos protegerás a todos. Yo… he hablado con Alwyn también, cuando curas a alguien pierdes energía y… la tierra puede darte esa energía. Si me dejas, yo puedo llenarte de energía…

    Después de decir aquellas palabras enrojeció y soltó la mano de la sorprendida chica, levantándose del banco. ¿Pero qué le pasaba aquella noche? Cogió aire, pues le costaba respirar de lo nervioso que estaba.

    -Erial…

    Se giró hacia Nico y ésta le abrazó con fuerza, dejándole sin respiración ni palabras.

    Aquello dejó a Erial desencajado, pero no dudó en estrecharle con fuerza entre sus brazos, empapándose de su aroma y acariciándole el pelo, atesorando aquel momento como si fuera el último de su vida. Su corazón latía con tanta fuerza, desbocado, que parecía que iba a salírsele del pecho. ¿Nico podría oírlo?

    -Gracias…

    Erial sonrió con ternura, aquella chica le gustaba realmente, como ninguna otra chica de su pueblo le había gustado. Y no se arrepentiría nunca de estar allí para ella.


    Freya les observaba desde detrás de un gran seto repleto de deliciosas bayas.

    -¿Esos dos están liados?-Preguntó Jacal, que se comía algunas bayas que había cogido y las compartía con Alwyn, que miraba a la pareja abrazada con infinita ternura.

    Freya alzó una ceja,

    -¿Lo estáis vosotros dos?-Preguntó mordaz, a la pareja, que siempre estaba muy junta.

    Los dos se miraron y Alwyn se encogió de hombros.

    -¿No íbamos a jugar a las cartas?

    -Ayer desplumaste a Archi y hoy quieres desplumarme a mí, mujer, y yo no quiero perder mi dinero… me gusta mi monedero pesado y lleno.

    Freya volvió la vista hacia Erial y Nico, que volvían de nuevo al gran caserón.

    -¿Y si lo dejamos para mañana? Ha sido un día muy largo… y deberíamos descansar.-Se apresuró a decir Freya.

    -Dijo alguien que no quiere perder su dinero.-Comentó Jacal, mirando a Alwyn.

    -¿Creías que tenía dinero?-Preguntó Freya, divertida.-Iba a pedirte un préstamo…

    Jacal le fulminó con la mirada.

    -Entre amigos es mejor no dejarse dinero…

    -Pues como maestro y aprendiz.-Señaló Freya, haciendo reír a Alwyn.

    Jacal las miró negando con la cabeza y volvieron al caserón.


    Nico llegó a la puerta de su habitación seguida de su acompañante y le miró. Había estado callado durante el final del paseo, inquietando un poco a la chica, que no entendía su comportamiento.

    -Gracias por el paseo, tenemos mucha suerte de que el Conde Makarov nos haya dejado quedarnos en esta casa con unos jardines tan preciosos, ¿verdad?

    Erial asintió, Nico abrió la puerta de su habitación y le sonrió.

    -Buenas noches.

    -Que descanses.

    Nico cerró la puerta tras de sí y Erial se quedó plantado en el pasillo frente a su puerta. Con un suspiro se giró y comenzó el camino hacia su propia habitación. Pensativo, esperó llegar cuanto antes y acostarse. ¿Qué pensaba que pasaría invitándole a dar un paseo? ¿Que caería rendida a sus brazos? No iba a tener tanta suerte. Estaba seguro de que ella solo le veía como un amigo.

    Giró por el pasillo que le llevaría hacia su habitación, cada uno de ellos estaba en un lado de la casa para tener intimidad, y se encontró a Freya apoyada en la pared, con los brazos cruzados y una sonrisa pícara, mirándole. Parecía que le había estado esperando.

    -Buenas noches.-Le saludó, haciéndole una seña con la mano.

    Erial frunció el ceñó.

    -Buenas noches.-Contestó, y siguió caminando.

    -¿Qué tal el paseíto?-Preguntó Freya.

    Erial paró de caminar, pero no se giró a mirarle, algo sonrojado. ¿Sospecharía algo la pelirroja? No podía ser… siempre había sido muy reservado en cuanto a sus sentimientos.

    -Bien…

    -Hoy Nico estaba realmente hermosa con ese vestido, ¿no te parece?

    El tono de Freya le molestó y se giró hacia ella y le miró. Freya le sonreía de una manera diferente.

    -¿Te gusta mucho Nico?-Le preguntó, con una sonrisa socarrona en el rostro.

    -¿Y a ti que te importa?-Preguntó, con un tono más alto del debido.

    -Somos compañeros, estas cosas se notan. Aunque tranquilo, ella no se ha enterado de que estás pretendiéndole. Es así de inocente.

    Erial se sonrojó.

    -Yo no estoy haciendo nada de eso…

    -¿Ah, no? ¿Entonces podría invitarle a salir y a ti te daría igual?

    -¿Te gustan las chicas?

    Freya se encogió de hombros.

    -¿Te importa realmente eso?

    -Haz lo que tengas que hacer.-Contestó Erial, apretando la mandíbula.-A mí me da igual…

    -Oh, vaya, que poca determinación en cuanto a luchar por amor.

    Freya pasó junto a él y le pegó con el hombro al pasar.

    -Buenas noches, rival.-Le dijo, y soltó una carcajada.

    Erial esperó a que Freya desapareciera para comenzar de nuevo a caminar y se dirigió a su habitación más deprisa, muy inquieto ante las palabras de su compañera.


    La mañana estaba bien entrada cuando Freya bajó a desayunar, encontrándose a Erial terminando de desayunar, que ni le miró al entrar en el gran comedor. Por suerte, ya habían entregado la ropa de entrenamiento, que era muy parecido al traje de combate mago. Pantalones holgados, botas militares y chaleco sin mangas y capucha. Sus ropas de gala aún no estaban listas, pero no tardarían en llegar para la fiesta que daba el Conde en su honor.

    -¡Buenos días!-Le saludó Freya, sentándose junto a Erial.- ¿Qué planes de cortejo tienes para hoy?

    Erial bebió de su café y gruñó, sin contestar.

    -Vamos… yo había pensado que podrías invitarle a dar un paseo por el pueblo, igual puedes comprarle unas flores… ¡No, espera! ¿Y si creas unas flores muy bonitas?

    Erial iba a contestarle de un modo grosero cuando Nico y Alwyn entraron en el salón. Las dos estaban sudadas de su entrenamiento, que había empezado bien temprano, y hambrientas.

    -¿Qué tal el entrenamiento?-Preguntó.

    -¡Muy bien!-Respondió Nico, muy contenta del entreno junto a la elfa.-Freya, Jacal te está esperando en el campo de entrenamiento, y a ti sir Archibald en el bosque, Erial.

    -Sin comer no voy a ningún lado.-Y Freya empezó a devorar el desayuno con ganas.

    Erial se levantó y se despidió de las mujeres para ir hacia su entrenamiento.

    Los entrenamientos, para que fueran el doble de fructíferos y rápidos, se hacían en tres salas donde el tiempo se detenía, Las Salas del Tiempo. Alwyn tenía preparadas pociones mágicas para que no hubiera desgaste mágico ni energía dentro de aquella sala y lo que era una hora de entrenamiento, en realidad consistía en doce horas de duro entrenamiento con sus maestros.

    Así, en dos días de largos y duros entrenamientos, los jóvenes elegidos habían aprendido el manejo de las tres armas: espada, arco y lanza. Cada uno se decantaba más por una que por otra. Erial era muy bueno con la alabarda y el arco, sin embargo, el manejo de la espada le parecía rudo y demasiado cercano al enemigo. Freya tenía problemas de puntería, pero adoraba la espada y el hacha, que le acercaba a sus enemigos y podía usar su fuerza cuerpo a cuerpo. Nico había probado todas las armas y se había decantado por un báculo como Alwyn, ya que le permitía saltar y apoyarse en él a la hora de atacar, dándole la fuerza que le faltaba.

    En cuanto a sus talentos mágicos, Erial había aprendido formas tanto ofensivas y defensivas con Alwyn, y era capaz de sublevar a los árboles para que se retorcieran y se moviera a su antojo. Nico había aprendido a llamar al agua desde una cantimplora que le había regalado Alwyn, así, aunque no hubiera agua, siempre la llevaría con ella. Ahora, sus muros aguantaban el doble de fuerza y su energía había crecido. Sin embargo, Freya seguía teniendo problemas para controlarse, Alwyn no cejaba en presionarle para que no se dejase llevar, y en dos ocasiones había tenido que mitigar las llamas de la explosión de la chica. Por suerte, Jacal había conseguido que la lucha cuerpo a cuerpo le ayudase a no dejarse llevar por su ira.

    Sir Archibald se lo pasaba en grande con ellos, aunque no era recíproco, ya que los muchachos no sabían exactamente qué les pedía su maestro. Freya había aprendido a hacer fuego sin usar sus llamas, aunque no era algo que fuera muy difícil si se tenía pedernal. Erial era muy bueno encontrando rastros entre el suelo del camino, y se le daba muy bien rastrear animales en el bosque. Nico había montado el mejor campamento de los tres, asombrando a su maestro.

    Así, los elegidos habían mejorado muy rápido en muy poco tiempo y se sentían muy bien con ellos mismos. Sus maestros estaban sorprendidos de su avance, y los animaban a continuar mejorando. Los talentos de Erial y Nico progresaban muy deprisa, no tanto el de Freya, que pese a los esfuerzos de Alwyn, seguía frustrada, aunque ya empezaba a controlarse un poco gracias a Nico, que le ayudaba en sus ratos libres por las tardes. Erial se había percatado de esto y las observaba desde la sombra de un árbol leyendo un libro.

    Habían pasado cuatro días desde su prueba y al día siguiente tenían la cena de gala que el Conde Makarov daba en su honor. Tenían muchas ganas de ir, incluso el Hermano Mathew se había pasado a saludarles y a beber. El joven monje de rizos rubios había sido una gran compañía para todos, que parecían agradecidos de tener a alguien nuevo por allí.

    -¡Ya veréis la que tiene montada el señor Conde!-Les estaba contando.-Sus fiestas son comentadas durante meses, ¡y viene gente noble de cada rincón del continente!

    -¿Y la comida?-Preguntó Freya, emocionada.- ¿Cómo es la comida?

    -¿Que cómo es la comida? Ah, mi joven amiga Freya, mis palabras no pueden describir tremendos manjares y delicias, ¡ya estoy salivando solo de pensarlo!

    Aquella tarde, Jacal les había pedido a los tres que acudieran a la Sala del Tiempo, donde les esperaba afilando una de sus espadas.

    -Buenas tardes, muchachos.-Les saludó, moviendo la brillante hoja por la rueda de afilar hasta que estuvo lo suficientemente afilada.-Hoy vais a entrenar los tres juntos. Quiero mediros. Cada uno usara el arma que más le gusta, y lucharemos por parejas. Nico vendrá conmigo y nos enfrentaremos a Erial y Nico. Esta vez no usaremos espadas de madera.-Y le lanzó la espada recién afilada a Freya.

    Freya la cogió por la empuñadura y la estudió. Era un poco pesada, y la empuñadura estaba equilibrada y era algo grande para su mano.

    -Alwyn estará pendiente por si alguno hiere sin querer al otro, pero por eso no os preocupéis, quiero que os pongáis en serio con esto.

    Freya se acercó a Erial y le sonrió.

    -Compañeros en la guerra, enemigos en el amor… Qué poético.

    -Oh, cállate… me das dolor de cabeza.

    Freya soltó una carcajada.

    -Déjame a mí al viejo, tu cuida de que Nico no se haga mucho daño contra ti o te pateo el trasero.

    Erial asintió y cogió una de las alabardas, al igual que Nico agarraba el báculo con las dos manos.

    -¡Buena suerte, chicos!-Les dijo, con una radiante sonrisa.

    Y así comenzó el enfrentamiento.

    Freya era muy rápida, pero Jacal lo era todavía más. Es lo que tenían los años de entrenamiento y perfeccionamiento de su propia técnica. El hombretón paró cada ataque de la muchacha del fuego, con fáciles fintas y sonriéndole en cada momento, divertido por las muecas de Freya. Aquello molestaba a la chica, pues sabía que no lo estaba dando todo.

    Erial y Nico daban vueltas a su alrededor, estudiándose. Nico agarraba el báculo con una mano, dejando la otra libre, al igual que Erial. El muchacho se sorprendió cuando Nico atacó primero, y lo paró de refilón, impresionado por la rapidez de la muchacha. Esta le fintó a la izquierda y cambió el báculo a la otra mano para atacarle por la derecha. Erial saltó justo a tiempo de que el báculo impactara en su hombro.

    Nico le sonreía, y supo que aquel era el momento de impresionar a la chica con sus lecciones, le devolvió la sonrisa y atacó con todas sus fuerzas.

    Aquel enfrentamiento estaba muy reñido, pero ya tenía ganador desde el principio. Freya no pudo vencer a su maestro, o al menos, no sin la ayuda del fuego que Alwyn no le dejaba utilizar en aquella ocasión, ya que era una prueba física y Jacal le derrotó al desarmarle y apuntarle con su hoja en el corazón.

    En cuanto a Nico y Erial…

    -¡Te vencí!-Exclamó Nico, que había hecho trastabillar a Erial y le apuntaba con el báculo a la garganta.

    Freya se giró sorprendida.

    -¿En serio?-Preguntó, fulminando con la mirada a Erial.- ¿En serio, Casanova?

    Erial se sonrojó, y aceptó la mano que Nico le daba para levantarse. Nunca admitiría que se había quedado embelesado del rostro de concentración de Nico, de aquellos mechones que se le escapaban del moño y le caían por el rostro. Y que su propia estupidez le había hecho caer.

    -Ha sido una pelea justa.-Mintió.

    -Viejo, la próxima vez yo voy contigo.-Dijo Freya a Jacal.-No es justo…

    Jacal le sonrió.

    -Todos lo habéis hecho muy bien, se nota que habéis mejorado mucho en este tiempo que llevamos juntos, y esto me alegra, al igual que a mis compañeros.


    Una vez pudieron bañarse para quitarse el sudor y el polvo, decidieron quedar los tres en la biblioteca para pasar un rato juntos. Freya y Nico llegaron juntas y encontraron a Erial sentado en uno de los sofás leyendo un libro, lo cerró cuando se acercaron a él.

    -¿Qué estabas leyendo?-Le preguntó Nico, curiosa, se sentó junto a él y ojeó el montón de libros que había apilado Erial en la mesa.

    -Un libro sobre los Elementos. Creía que igual podría encontrar algo sobre el viento, pero… la verdad es que es muy difícil encontrar algo que hable de los cuatro juntos.

    -Estos libros parecen muy viejos.-Dijo Freya, haciendo una mueca y ojeando un tomo de color verde.

    -Ten cuidado con ellos, son muy valiosos-Le riñó, arrebatándole el tomo.-El hermano Mathew me ha estado comentando que tienen algunas sospechas de donde podría estar escondido…

    -¿Se sabe si es una chica o un chico?-Preguntó Nico.

    -Igual es un rubiazo musculoso o una morenaza pechugona, cualquiera de las dos me vale.-Y Freya le guiñó un ojo a Nico..

    La chica soltó una risita y Erial alzó una ceja, nada impresionado por sus comentarios. Observó a Freya como miraba los libros con muy poco interés. Sentía curiosidad por ella, pues no sabían demasiado de su historia como Nico o él si habían contado. ¿Cuál sería?

    -Sea como sea, tenemos que encontrarlo, si no, la misión a la que estábamos destinados durante tantos años se irá a la porra… Y no me apetece estropearlo en la primera misión, ¿verdad?

    -Tienes razón… aunque es la primera y única misión.-Dijo Nico, con una sonrisa forzada.-No se sabe lo que hay después de ella.

    -Pues lo averiguaremos, eso dadlo por hecho.-Les prometió Freya.

    Los tres se sentaron a la mesa donde Erial había apilado los libros y se dijeron que encontrarían algo para encontrar a su compañero perdido.

    Y su compañero perdido, más que perdido, estaba encarcelado en una alta torre a la espera de una promesa de liberación y practicando con sus poderes para mejorar, ya que sabía que debería usarlos.

    Ninguno de ellos sabía que, muy lejos de allí, en una pequeña iglesia oscura y fría, bajo el altar de Santa Claudia, varios monjes rezaban a su Mártir con devoción y preparaban un plan para liquidarles, pues no quería que El Portal de las Estrellas fuera destruido. La puerta de la pequeña capilla se abrió, iluminando la estancia, y todos se giraron hacia allá.

    Un joven caballero se hizo paso hasta el altar y se arrodilló ante éste, devoto.

    -Llegas tarde.-Dijo uno de los monjes encapuchados, arrodillado también ante el altar, sin dejar de mirar la estatua de su santa.

    El joven caballero juntó las palmas y le miró. Era alto, de cabello castaño y rizado, y sus ojos eran del color de la miel. Iba bien vestido, como un alto noble, y engalanado con joyas y diamantes.

    -He venido cuando he podido.-Dijo, mirando de nuevo el altar de la bella mártir.-Mañana es la cena de gala de Makarov, será cuando ataquemos y nos libremos de esos niños.

    -Como debe ser, nadie debe destruir el Portal, debemos abrirlo por Santa Claudia, y así podremos entrar en el mundo de los demonios.

    El joven caballero asintió. Por fin podría entrar en aquel mundo, después de tanto tiempo intentándolo.

    -¿Esta todo preparado para mañana?-Preguntó otro de los monjes.- ¿Llegaron los mercenarios a Titania?

    -Esta misma mañana, esperan mis órdenes.

    -Perfecto, entonces no hay nada más que hablar. Que Santa Claudia te guíe y te cuide en esta misión.

    -Amén.
     
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    Capítulo 4: La Cena de Gala.


    -Concéntrate, Freya.-Le repetía Alwyn a la muchacha una y otra vez durante el entrenamiento de aquella mañana.

    La chica sacudió la cabeza, algo distraída. Estaba sentada en una mesa de picnic de madera, en medio de un tranquilo y hermoso bosque que Alwyn había hechizado dentro de la Sala del Tiempo. Delante de ella tenía tres velas con la mecha apagada y las miraba fijamente.

    -Si no eres capaz de encender las de los lados, volveremos a la meditación.

    -¡No, más meditación no, por favor! Dame un segundo… solo necesito concentrarme.-Le suplicó, quitándose el sudor de la frente. Estaba acalorada y agotada de pensar en esas velas.

    -Piensa que algo tan pequeño podría salvarles la vida a tus compañeros. ¿No quieres hacerte fuerte para ayudarles?-La chica asintió, apretando los dientes.-Entonces ya sabes lo que tienes que hacer.

    Alwyn se sentó enfrente de ella y le miró, aburrida.

    Llevaban dos horas con aquel ejercicio, y no era la primera tanda de velas. En el suelo había varias derretidas por la potencia del fuego de Freya. La chica se mordió el labio hasta hacerse sangre, mirando las velas que quería encender. Si la vida de sus compañeros dependiera de aquel ejercicio, estaban jodidos.

    ¿Por qué tenía que ser tan inútil?

    Era la única rezagada en las lecciones con Alwyn, y aunque había querido sacar ventaja con Jacal o sir Archibal, lo más importante era el trabajo que desempeñaba con la elfa. Gracias a ella debía aprender a controlar y usar su poder sin hacer daño a sus seres queridos, podría controlarse y tener una vida medianamente normal, teniendo en cuenta que era uno de los elegidos de los elementos. Sus compañeros controlaban perfectamente su poder y mejoraban día a día haciéndose más fuerte. Alwyn era la única que podía ayudarle a controlar la potencia del fuego que vivía en ella. Ese fuego maldito que le había destrozado la vida tantas veces…

    -Te estás descontrolando.

    Freya pegó un brinco, no se había dado cuenta de que su temperatura había subido y estaba alterada. Respiró profundamente e hizo los ejercicios mentales que Alwyn le había enseñado para relajarse.

    -No, estoy bien…

    -No es lo que me dice tu energía, ¿en qué estás pensando?-Aquella pregunta que nunca había tenido respuesta en sus conversaciones.

    Freya desvió la mirada, lamiéndose la herida que se había hecho en el labio. En aquellos días Alwyn había intentado conectar con ella en lo personal, pero se había cerrado en banda, sin dejarle entrar como sí habían hecho Nico y Erial. No podía dejar entrar a nadie, si no, los perdería a todos. El secreto que tenía a sus espaldas era terrible y asustaría a aquellos a los que había empezado a querer.

    Alwyn suspiró.

    -Freya, necesito saber qué hace que te pongas así, sin ello no puedo ayudarte a…

    -¡Es mi vida! ¿vale? Es la que hace que me ponga así y… ¡Joder, putas velas!

    Y las tres velas explotaron a arder hasta que solo eran cera caliente.

    -¡Mierda!

    Alwyn bufó, algo molesta.

    -Freya, no desperdicies mis esfuerzos así, si no quieres mejorar no sé qué estás haciendo aquí.-Freya desvió la mirada y puso tres nuevas velas de las bolsa que le había dado Alwyn, sin darse por vencida.-Empecemos de nuevo, enciende la de en medio.

    Freya tragó saliva, encender solo una vela había sido muchísimo más fácil que encender dos, pero consistía un esfuerzo enorme igualmente. Al cabo de unos minutos la vela se prendió. La chica sonrió, contenta.

    Alwyn sopló la vela y le miró.

    -Ya sabes que tienes que hacer ahora.-Le dijo, sin mucho interés, mirándose las uñas despreocupadamente.

    Freya asintió.

    Podía hacerlo, solo tenía que concentrar las llamas y usarlas. Miró fijamente las velas, primero la del lado izquierdo y luego la del lado derecho. Eran idénticas, blancas, del mismo tamaño y con la mecha del mismo color oscuro. Pensó en que podría hacerlo, nada la detenía, solo la de los lados y nada más. Y así ocurrió, las velas se encendieron con un chisporroteo dejando la del centro apagada.

    Con una sonrisa en los labios miró a Alwyn que le devolvió la sonrisa.

    -Fantástico, podemos pasar al siguiente ejercicio.-Y puso otras dos velas en la mesa.-Ahora enciende las tres velas centrales.-Y pagó las velas con un soplido.

    -¿Qué?

    -Continúa vas muy bien.

    Freya suspiró, pero se concentró de nuevo en las velas.



    Aquella mañana hacía mucho calor, y después de un entrenamiento físico cualquiera no quería un buen baño de agua fría. Y a eso se dirigía Erial hasta que se topó con Nico saliendo de la Sala del Tiempo contigua a la suya.

    -¡Hola!-Lo saludó la chica, con una radiante sonrisa.- ¿Qué tal el entrenamiento?

    Erial se fijo en que Nico estaba herida, tenía dos marcas en la mano y rastros de sangre.

    -¿Estás herida?

    Nico se encogió de hombros avergonzada, escondiendo la mano detrás de su espalda.

    -No es nada…

    Sir Archibald salió detrás de ella con un frasquito con un líquido de color morado en su interior.

    -No tardes mucho en beber el antídoto.-Le dijo, poniéndole la mano en la cabeza de modo amistoso.-Los has hecho muy bien.

    -Pero aun así me ha mordido…-Destapó el frasquito y se tomó el contenido haciendo una mueca por su amargo sabor.-Uh, que malo está.

    -¿Qué ha ocurrido?-Preguntó Erial, muy preocupado por el estado de su amiga.

    Sir Archibald reparó entonces en el muchacho pelinaranja y le sonrió.

    -Ah, Erial, una serpiente de cascabel mordió a Nico durante el entrenamiento. Por suerte siempre tengo antídotos de los animales venenosos del lugar. Creía que Alwyn no podía transportar animales con sus hechizos y bajamos la guardia.

    Erial le cogió la mano a Nico y observó los dos aguijonazos enrojecidos de sus manos. La muchacha hizo una mueca de dolor, y justo cuando fue a retirar la mano, una luz verde salió de las manos de Erial y le sanó las heridas. Nico se sorprendió y miró a Erial, que permanecía con los ojos cerrados durante el transcurso. Tras unos instantes, Erial abrió los ojos, algo adormecido y miró a Nico.

    -Interesante.-Dijo sir Archibald, examinando la herida de Nico con ambas manos.

    Nico no dejaba de mirar a Erial, preocupada.

    -¿Qué?-Erial se sentía muy mareado. ¿De qué estaban hablando? No podía recordarlo y tenía muchas ganas de tumbarse a descansar. Dio un paso atrás y trastrabilló.

    Sir Archibald se apresuró a cogerlo antes de que acabara por desplomarse, alterando a Nico y lo tumbó en el césped.

    -¡Erial!-Exclamó Nico muy preocupada, acariciándole la fría mejilla.- ¡Está helado!

    Sir Archibald le tomó el pulso y tras hacer una mueca buscó entre su bandolera llena de frascos hasta que encontró uno de color amarillo, lo destapó y se lo dio a beber a Erial, que por suerte lo aceptó.

    -¿Se va a poner bien?-Le preguntó Nico con nerviosismo, sin dejar de mirar a Erial.

    Sir Archibald volvió a tomar el pulso al muchacho y asintió.

    -No tardará en despertar…

    Y así fue, Erial abrió los ojos muy despacio, se relamió los labios secos y trató de incorporarse, pero no le dejaron. Sentía un sabor dulzón en la boca, y unas ganas enormes de comer algo dulce y rico. La cabeza le daba vueltas, pero reconoció la melena morada de Nico y se concentró en ella.

    -¿Qué… ha pasado?-El muchacho se llevó una mano a la cabeza, desconcertado. Se dio cuenta de que estaba tumbado en el césped, que le acariciaba la piel de los brazos cosquilleándole y devolviéndole la energía perdida. Sir Archibald observó el proceso, estudiándole con la mirada, muy interesado. Aquello le encantaría a la elfa.

    Nico le sonrió, acariciándole la mejilla y apartándole unos mechones de la frente.

    -Te has desmayado, Erial,-le dijo-me has curado la herida de la serpiente y creo que has usado demasiado energía.

    Erial se frustró, se suponía que podría aguantar eso y mucho más para cuidar de Nico y Freya. Y al final, parecía que serían ellas las que lo harían. Nico le cogió la mano para animarle, y él le medio sonrió, dejando de estar molesto por aquello.

    -Descansa el resto del día, muchacho, esta noche tienes que estar descansado para la Cena de Gala.

    Erial asintió, aceptó la mano de sir Archibald para levantarse y Nico le acompañó a su habitación.

    -Siento… haberme desmayado.

    -No lo sientas, Erial, me has curado la herida… ¡muchas gracias!-Y Nico le besó en la mejilla, sorprendiendo al chico.-Esta noche lo pasaremos en grande, ya lo verás.-Erial sonrió, sonrojado aún por el beso.

    A mitad de camino se toparon con Freya, que ya a la legua parecía malhumorada, y pateaba un arbusto del camino con sarna y lanzaba improperios al viento, creyéndose sola.

    -Mierda, mierda, mierda.

    -¡Hey, Freya!-Le saludó Nico con ganas.

    Freya se giró hacia ellos y les fulminó con su gélida mirada.

    -Oh, la pareja feliz paseando por el campo, qué romántico.-Dijo con sarcasmo.

    -¿Qué te ha hecho ese arbusto para que quieras aniquilarlo?-Preguntó Erial.

    Freya se encogió de hombros y se marchó.

    -¡Freya, espera!-Nico arrastró a Erial, pues iban de la mano.- ¿Qué ocurre?

    -Nada que os importe.-La pelirroja siguió caminando.

    -Esta chica es bipolar…-Susurró Erial.

    -Vamos, Freya… somos tus amigos.-Dijo Nico, sin darse por vencida.- ¿Verdad?

    Freya se detuvo, aun dándoles la espalda. Apretó los dientes y se giró.

    -Lo siento, es un mal día… Alwyn acaba de reñirme por no concentrarme lo suficiente en el entrenamiento.-Les explicó.-Y me he frustrado.

    -¿Necesitas ayuda para calmarte?-Se ofreció Nico, ofreciéndole la mano.

    Erial le apretó la mano por la que estaban unidos, pero la chica ni se inmutó. Freya negó con la cabeza, despreocupadamente, y les sonrió a ambos intentando calmarse y no pagar su frustración con ellos, ya que no tenían la culpa.

    -Esta noche nos vamos a divertir, ¿verdad?-Preguntó, acercándose a ellos y cogiendo la mano que Nico le tendía.

    -Esa es la idea.-Respondió Erial, pensando que aquella chica cambia de humor rápidamente.-Es una fiesta en nuestro honor.

    -¡Claro que sí!-Aprobó Nico con ganas.- ¿Por qué no nos lavamos y pasamos la tarde juntos antes de ir a la fiesta? ¡Me muero de hambre!

    A los tres les pareció una muy buena idea, así que se apresuraron a ir a sus despectivas habitaciones donde tomaron un baño y bajaron a almorzar juntos. Durante el almuerzo, Freya volvió a hacer sus bromas de siempre, e incluso Erial bromeó y se lo pasó en grande. En el momento en el que estaban sirviendo el segundo plato, un mensajero les trajo la ropa de gala, justo a tiempo, para poder vestirse en unas horas. Las subieron a sus respectivas habitaciones y los sirvientes se ofrecieron a ayudarles a vestirse. Los chicos agradecieron la ayuda y aceptaron. Una vez tenían el estómago lleno, se despidieron de los Maestros y los tres juntos salieron del comedor.

    La emoción de la fiesta era palpable en ellos, que contaban las horas que quedaban juntos antes de ésta, pasearon por los jardines comiendo bayas frescas, leyendo algunos libros sobre pasajes del viento en la biblioteca, intentando buscar una pista de su compañero perdido, y quedaron cuando estuvieron vestidos para ver la puesta del sol juntos. Fue una tarde muy buena para los elegidos, que la necesitaban después de aquellos días de entrenamiento que habían tenido.

    La ropa que el Conde Makarov les había hecho hacer era increíble. La calidad era de las mejores, y seguramente más caras, nunca hubieran llevado telas de oriente como aquellas si no hubiera sido por el Conde. Algunos estaban más contentos que otros, puesto que a Freya lo de llevar vestidos no era algo que le agradara demasiado, y Erial sentía que su casaca le apretaba en los hombros.

    Como no, el modista había jugado con el color de los elementos para que los muchachos fueran reconocidos por sus ropas. El vestido de Nico era azul celeste, pomposo y con escote en palabra de honor. Una de las sirvientas le había peinado la cabellera morada en un alto y estirado moño y maquillado sus ojos con reflejos azules a juego con su vestido y llevaba unos pendientes en forma de gota de agua preciosos. Los zapatos eran hermosos, de tacón alto, y aunque no se veían por la largura del vestido estilizaban la figura de la joven. El traje de Erial jugaba con los colores verde y marrón, y llevaba como adorno un árbol en la espalda hecho con fino hilo de oro. Los zapatos, lejos de ser muy formales, eran cómodos y oscuros.

    Fueron los primeros en llegar al campo de entrenamiento donde habían quedado. Erial se quedó prendado de la hermosura que destilaba Nico, que aquella noche estaba tan hermosa como un ángel. La muchacha le sonrió, con sus labios pintados de un tono rosa oscuro.

    -Wow, Erial, estás muy bien…

    Él chico sonrió con modestia.

    -Gracias… tú estás preciosa.

    La muchacha se sonrojó.

    -En cuanto llegue Freya, hay un carruaje esperando por nosotros para llevarnos.

    -¿Y los maestros?

    -Sir Archibal ya está allí, y Alwyn y Jacal irán por su cuenta.

    Erial asintió y se acercó a Nico, con las manos en los bolsillos, sin saber muy bien qué tema sacar durante aquellos minutos que iban a estar solos. La chica miraba el atardecer con una sonrisa, y las luces anaranjadas jugaban con el reflejo de sus ojos.

    Se escucharon pasos a su espalda, y ambos se giraron para saludar a Freya.

    Evidentemente, la muchacha llevaba un vestido que jugaba con el rojo y naranja del fuego, de finos tirantes y generoso escote. Llevaba el cabello suelto, le caía hasta por encima de los hombros, y sus ojos estaban maquillados con reflejos dorados, dándole intensidad a sus ojos verdes. Caminaba titubeante, pues no estaba acostumbrada a usar tacón y sus pendientes eran unas pequeñas llamas de color rojizo claro.

    -Parece que somos de la alta nobleza con estas ropas.-Les saludó con una sonrisa socarrona.-Podría vivir dos años con lo que cuesta este vestido.-Bromeó, guiñándoles un ojo.

    -¡Estás genial, Freya!

    Freya le sonrió y Nico se tiró a sus brazos para abrazarla. Erial tuvo que admitir que la muchacha estaba muy hermosa así vestida. Y así, juntos se apresuraron a coger el carruaje que los llevaría a una nueva aventura. El sol dejó pasó a la luna y ésta les saludó cuando se bajaron del ostentoso carruaje frente al palacete del Conde Makarov. Porque no vivía en un caserón como el que les había prestado, no, vivía en un palacete con su propia muralla y enormes terrenos a su alrededor.

    El Conde de Titania era el heredero del País de Arengo, hijo del rey Primus V, era soltero y no escatimaba en sus fiestas, como comentó el hermano Mathew. Todo el palacete estaba decorado con guirnaldas de color azul, verde y rojo y adornos de los elementos. Había mucha gente que llegaba a la vez que ellos, y en cuanto bajaron del carruaje todos se fijaron en ellos. Evidentemente, no podía pasar desapercibidos vestidos de aquella manera y bajando de uno de los carruajes del Conde.

    Uno de los sirvientes del Conde Makarov se acercó a ellos para escoltarlos hacia la Sala del Gran Banquete. Mientras subían la escalinata, los presentes cuchichearon y los miraban sin ningún pudor. Aquello no les molestó, pero sí que les sorprendió que todos dejaran de hablar entre ellos solo para mirarlos. El pasillo que los llevaba hasta la sala era enorme, de moqueta azul, decorado con cuadros de grandes reyes y condes, armaduras de oro y plata y grandes tapices de grandes victorias arenguesas.

    Al final del pasillo había dos grandes portones abiertos de par en par y dos guardias de armadura azul y con largas y elegantes alabardas se inclinaron ante ellos. El sirviente los dejó ante la entrada y con una inclinación de cabeza se marchó. La música llegó hasta sus oídos, al igual que las voces de los presentes que ya se habían reunido para bailar, comer y beber en honor a aquellos tres jóvenes.

    Un sirviente que anunciaba a los invitados cuando iban llegando les hizo una seña para que se acercaran. Los muchachos se miraron entre ellos, dubitativos, pero al final optaron por acercarse al sirviente con la larga lista en una mano y un báculo en la otra. Dio dos fuertes golpes en el suelo y los anunció con voz fuerte y clara:

    -Lady Nico de Amaranto, Elegia del Agua, Lord Erial de Amora, Elegido de la Tierra y Lady Freya de Arébalo, Elegida del Fuego.

    Los muchachos entraron en la sala, que se había quedado en silencio, incluso la música había dejado de sonar tras su anuncio. Estaban juntos, y juntos iban a pasar por aquello.

    La gente iba tan elegantemente vestida como ellos, con ostentosas y caras joyas, los sirvientes paseaban con bandejas repletas de copas de vino y champán, o canapés de todos los sabores y, a ambos lados de la sala, grandes mesas repletas de aperitivos de todos los lugares conocidos esperaban para ofrecer sus manjares. Al fondo de la gran sala, una cristalera dejaba ver una balconera tan grande como una habitación, y allí dispuesta estaba la orquestra de la ciudad. El ambiente estaba algo caldeado, con olor a comida y caros perfumes, por suerte en los decorados techos había grandes ventiladores que movían el aire y refrescaban un poco.

    En medio de la sala, los chicos buscaron una cara conocida, pero aquellas que los miraban no eran para nada conocidos. Intentaron sonreír a los invitados, pero la gente solo los miraba con curiosidad o sorpresa.

    -¡Mis invitados de honor!

    Aquella voz les sonaba de algo.

    De entre la enjoyada muchedumbre apareció el Conde Makarov, con su melena ondulada suelta y bien peinada. Llevaba el sello real del heredero en el pecho, una gran cruz atravesando un corazón.

    -¡Bienvenidos, amigos míos!

    Los muchachos le sonrieron y le hicieron una pequeña inclinación.

    -Es un honor para nosotros estar aquí, su Gracia.-Le saludó como portavoz Erial.

    El Conde le sonrió con simpatía.

    -El honor es nuestro por tener a los Elegidos aquí con nosotros, y celebraremos la victoria en vuestra misión por adelantado.-Alzó su copa y todos le imitaron.

    Un sirviente se acercó a los muchachos y les sirvieron tres copas de espumoso y dorado champán.

    -Ahora, un brindis por estos intrépidos jóvenes que salvarán al mundo de los demonios que acosan la paz del Hombre Noble.-Y alzó la copa otra vez, al igual que toda la sala y los muchachos con sus bebidas.- ¡Por los Elegidos!-Y todos bebieron.

    Era el primer trago de Nico y las burbujas del champán le hicieron cosquillas en la nariz. Freya apuró la copa con ganas y Erial felicitó porque estaba muy bueno. A un lado vieron a Jacal y Alwyn, vestidos de forma diferente a lo que estaban acostumbrados y apreciaron la belleza de la elfa. Sus maestros alzaron sus copas de nuevo por ellos, y como no, los muchachos se la devolvieron.

    -Voy a ir a por otra, ¿queréis?-Preguntó la pelirroja, lamiéndose los labios.

    La pareja negó con la cabeza y Freya se perdió entre la muchedumbre en busca de un sirviente con la bandeja llena de bebidas al que poder asaltar. La gente seguía mirándolos, pero con un poco de disimulo y conversaba animadamente, otros bailaban y reían y algunos se acercaban a las grandes mesas en busca de algo para comer.

    -Parece que somos monos de feria.-Comentó Erial, algo molesto.

    -Piensa que para ellos somos algo exótico, tenemos poderes que ni un mago podría desear y vamos a ser sus héroes.

    Erial observó como muchos caballeros jóvenes se centraban en Nico y sus curvas y aquello le molestó muchísimo.

    -Lady Nico… ¿le gustaría bailar conmigo?

    Uno de aquellos jóvenes se había envalentonado y se había acercado a ellos. Iba muy bien vestido y le hacía una reverencia a Nico. Portaba en el pecho un escudo noble, que Erial no reconoció.

    La muchacha se sorprendió y miró a Erial.

    -Yo…

    -Hay que ver la de gente que me ha parado para bailar conmigo, son unos pesados.

    Freya apareció empujando al muchacho sin ninguna consideración y con dos copas, una en cada mano. Miró a sus compañeros que intentaban no reírse, y luego miró al muchacho, que le miraba horrorizado por sus formas.

    -¿Os lo podéis creer? ¿Yo? ¿Bailando?-Y soltó una carcajada.-Quizá con tres o cuatro copas más…-Miró al muchacho, que se empeñaba en obtener una respuesta de Nico.-Tú, ¿quieres algo o estás esperando alguna cosa?

    El muchacho abrió la boca para decir algo, pero al final prefirió ahorrárselo y se dio la vuelta con la cabeza bien alta.

    -¿Qué mosca le ha picado?-Preguntó Freya, apurando una de sus copas.

    -Creo que tú.-Dijo Erial.

    -Un plan perfecto.-Y le guiñó el ojo al muchacho, que se sorprendió, sin saber por dónde quería ir la chica. Freya aprovechó que Nico estaba mirando la orquestra para acercarse a Erial y susurrarle:-Si no vas a bailar con ella, lo haré yo… o cualquiera de los tiparracos con ojos que hay aquí.

    -Ella es libre de bailar con quien quiera.

    Freya puso los ojos en blanco.

    -Oye Nico, ¿y si bailas con Erial?-Preguntó, el muchacho pegó un brinco y se sonrojó.-Yo he visto un chico muy guapo al lado de la mesa de canapés que me ha interesado.

    Nico sonrió, asintiendo.

    -¡Mucha suerte con él!-Le dijo a Freya, se acercó a Erial y le ofreció la mano.- ¿Bailamos?

    Freya empujó a Erial hacia Nico.

    -Me debes una, Casanova.-Le susurró.- ¡Luego baila conmigo Nico!

    -¡Claro!

    La pareja se alejó hacia la pista de baile, bajo la atenta mirada de muchos jóvenes que envidiaban a Erial. Freya les retó con la mirada, y todos se giraron a mirar hacia otro lado, la muchacha, satisfecha, sonrió y se dirigió a la mesa de canapés, no sin antes dejar las copas vacías y coger nuevas. Nunca había bebido un champán tan puro y sabroso como aquel e iba a aprovechar esa noche.

    Buscó con la mirada a sus amigos, que bailaban mientras hablaban de algo y se reían y sintió celos, pero no celos porque Erial estuviera con Nico, al contrario, celos de la proximidad que habían conseguido aquellos dos, de lo que podría crecer entre ellos si lo cuidaban y lo fortalecían. El vínculo entre los tres era fuerte, sí, pero ella quería sentir amor, pues apenas había podido disfrutarlo cuando pudo. Llegó a la mesa de canapés y decidió comer para llenar el vacío que sentía ahora mismo en ella, apuró otras dos copas de un tragó y buscó un sirviente al que asaltar. Al girarse, se topó con alguien sin darse cuenta.

    -Mpf… Lo siento mucho.-Se disculpó, frotándose el hombro que había impactado con la espalda del hombre que tenía enfrente, se le había caído un canapé al suelo y estaba intentando meterlo bajo la mesa sin que nadie se diera cuenta.

    El joven se giró hacia ella y Freya se fijó en sus ojos lo primero de todo, porque le recordaron al color de la más pura y deliciosa miel, y lo segundo porque pareció que ese hombre la reconocía y ella juraría que no lo había visto en su vida.

    -Oh, disculpadme bella dama, iba distraído.-Dijo el joven, apartándose el rizado cabello de la cara. Era muy apuesto y alto, y su sonrisa tenía los dientes más blancos que jamás hubiera visto.

    Freya se fijó que aquel caballero estaba hablando con un sirviente, a una seña, el sirviente salió corriendo nerviosamente. Aquello inquietó a la muchacha, pero el joven le cogió de la mano y se la besó.

    -Espero no haberle importunado.-Le dijo, Freya negó con la cabeza, y se fijó en el jubón, llevaba un sello bordado en él, una estrella de cuatro puntas rodeada por un círculo. Aquel sello era de la casa real de Arébalo, lo sabía porque lo había visto ya en otra ocasión, pero aún no sabía quién era aquel joven.

    -No, no, fue mi culpa porque iba sin mirar.-Se apresuró a decir Freya, intentando zafarse educadamente.-Mis disculpas.

    El caballero no le soltó la mano, sino que le acarició el triángulo rojo lentamente, importunándole.

    -Lady Freya, ¿verdad?

    La muchacha asintió.

    -Me alegra saber que una de los Elegidos representa a mi país. Suerte y fuerza en vuestra campaña.

    -Muchas gracias…

    -Alaric, Marqués de Bathory.

    Freya se sorprendió, tenían ante él al hermano del rey de Arébalo, el joven príncipe Alaric.

    -Ilustrísima.-Le saludó, haciendo una reverencia y tragando saliva.

    El Marqués le sonrió, acercándose un poco más a ella. Aún no le había soltado de la mano, y sus ojos le decían cosas que no le gustaban de aquel hombre. Freya se incomodó ante la cercanía de un príncipe y dio dos pasos hacia atrás, pero chocó con el filo de la mesa, no tenía escapatoria.

    -Espero que estéis pasando una buena noche. ¿Os apetecería beber una copa conmigo?

    La muchacha asintió rápidamente, pues no quería desmerecer a un príncipe, y cogió la copa que el marqués le ofrecía, por fin la había soltado, pero no bebió, simplemente le sonrió esperando poder largarse de allí cuanto antes.

    -Sois muy hermosa, Lady Freya, me encantaría que me guardaseis un baile…

    -Oh, Alaric, estabais por aquí.

    Freya se sintió salvada, pero al reconocer la voz pegó un brinco al encontrarse frente al Conde Makarov. Nunca había estado tan cerca de tanta sangre azul como en aquel momento y eso le ponía nerviosa. Intentó relajarse, no dejarse llevar por los nervios… que podían llegar al miedo si se lo permitía.

    Alaric sonrió con pocas ganas, girándose hacia el anfitrión de la fiesta. Parecía que el príncipe heredero de Arengo no le gustase especialmente, y no lo disimulaba. Aquello desconcertó a Freya, ya que eran países aliados.

    -Su Gracia… ¿me buscabais?-Preguntó, sin muchas ganas, se puso al lado de Freya, y ésta intento dar unos pasos hacia un lado para alejarse de tanta nobleza.

    -Por supuesto, sabéis que me encanta beber con mi buen amigo de Arébalo.

    -Me encantaría, príncipe Jean, no obstante, en este momento Lady Freya y yo íbamos a bailar, ¿verdad?

    Freya se encogió, y bebió para no contestar en seguida lo primero que le viniera a la mente. El amargo sabor bajó por su garganta y miró la copa, aquel vino estaba asqueroso, pero acabó por sonreír. Decirle que no a un príncipe no era buena idea.

    -Estoy seguro de que Lady Freya me perdonara por robarte un poco de tiempo, ¿verdad?-Preguntó el Conde.

    -No hay problema, su Gracia… me iré a… por ahí a… buscar a mis compañeros.

    Les hizo una reverencia y huyó de allí a toda prisa sin mirar atrás. Por el camino se deshizo de la copa vacía y cogió otra más. Aquel vino era dulce y le sentó de maravilla. Se sintió un poco mareada, y su sangre empezó a calentarse.

    -Estoy bebiendo demasiado deprisa… tengo que relajarme, esto va a ser muy largo…



    Erial lo estaba pasando de maravilla aquella noche, había bailado tres largas canciones con Nico y había entablado conversación con gente muy interesante. Ahora estaba junto a Nico, sir Archibald y el hermano Mathew, que había venido en representación del Páter Milius, quien no había podido acudir porque estaba inmerso en la búsqueda del elemento del viento. Ya llevaba dos copas y tenía la tercera en su mano, notaba su estómago caliente por el alcohol. La conversación era interesante, el hermano Mathew tenía el don del habla, pero solo tenía ojos para Nico, que no paraba de reírse, tapándose la boca inocentemente, y tocándole el brazo a la vez que le sonreía.

    -Nico, ¿te he dicho que estás muy guapa esta noche?-Le dijo, interrumpiendo sin querer la perorata del hermano Mathew, sorprendiendo a todos.

    Sir Archibald le arrebató la copa con una sonrisa socarrona y le entregó su copa con zumo de naranja a la vez que le palmeaba la espalda.

    -Créeme chico, me lo agradecerás por la mañana.-Le dijo guiñándole el ojo.-Querido Mathew, ¿has probado el helado de vainilla con praliné? Está delicioso…-Y Sir Archibald se llevó al hermano Mathew lejos de la pareja.

    Nico le miró algo preocupada, ella había dejado de beber champán porque le molestaba lo burbujeante que era la bebida, y había comido aquellos placenteros canapés porque el hermano Mathew le había recomendado que no se perdiera aquel delicioso sabor, cosa que Erial había optado por no hacer.

    -Deberías comer algo, Erial, ¿qué te parece? Yo quiero volver a probar los canapés de queso de cabra con mermelada de arándanos.-Le dijo Nico, agarrándose a su brazo y llevándole hacia una de las mesas de comida.- ¿Qué te parece?

    -Claro, me apetece comer algo.

    Unos metros antes de llegar a la mesa escucharon un grito que les cogió desprevenidos.

    -¡Que dejéis todos de mirarme, panda de estirados!

    Sintieron el calor justo después, abrasador por toda la estancia, ni los ventiladores podían combatirlo.

    -¿Esa no es Freya?-Preguntó Erial, Nico se soltó de su brazo y corrió hacia allí.

    Escucharon otro grito de frustración y a gente chillando, huyendo despavorida de al lado de la mesa de comida, incluso algunos huyeron de la sala sin mirar atrás. Erial miró a su alrededor, había guardias corriendo hacia todos lados, algunos vestidos con la armadura de color azul y otros de color verde y otros rojos, cosa que le extrañó.

    -Erial… ¿dónde están Nico y Freya?

    Alwyn y Jacal aparecieron a su lado muy preocupados.

    -Pues… Nico estaba aquí hace un momento…

    Un nuevo grito y una llamarada interrumpieron la conversación, prendiéndose las cortinas y asustando a los invitados que se habían acercado a la escena curiosos y al final salían rápidamente por los grandes portones. Cada vez llegaban más guardias, Jacal se puso delante de Erial.

    -Alwyn… hay armaduras de Arébalo y Arco en el castillo, y no creo que el Conde haya invitado a los dos ejércitos.-Dijo Jacal, desenfundado una espada.

    -¿Nos están atacando?-Preguntó Erial, temiendo por sus amigas.

    -Freya se está descontrolando, y creo que haya sido premeditado.-Dijo Alwyn.-Tengo que pararla antes de que nos haga saltar por los aire.

    -Ve, yo me encargo de Erial… ten cuidado.

    Alwyn asintió y se alejó hacia las cortinas ardiendo.

    Erial no podía quedarse de brazos cruzados, veía a la gente correr de un lado a otra gritando, al ejército azul luchando contra los ejércitos rojo y verde. Cuando Jacal no miraba corrió hacia sus amigas sin que el hombretón se diera cuenta.

    -¡Erial!

    Cuando llegó se presentó ante él una escena grotesca.

    Freya estaba acorralada contra la orquestra, vacía y solo con los instrumentos en el suelo, algunos ardían, con las manos en llamas, parecía muy alterada. El hermano Mathew estaba en el suelo, con medio cuerpo calcinado por la furia de Freya y Sir Archibald practicándole los primeros auxilios, pues parecía que no respiraba. Nico trataba de apagar las llamar con cualquier líquido no inflamable mientras hablaba a Freya para tratar de calmarla.

    A la par que Erial, Alwyn apareció.

    -Freya, relájate, intenta calmarte con los ejercicios que te enseñé…

    -¡No te acerques!-Freya le lanzó una bola de fuego que impactó en la moqueta y ardió cuando la elfa trató de acercarse.

    -Freya, por favor… déjanos ayudarte… déjame llegar a ti…-Le decía Nico, que había dejado de intentar apagar las llamas cuando llegaron sirvientes con cubos de agua.-Podemos ayudarte…

    -¡Nadie puede ayudarme! ¡He hecho cosas horribles! No lo entendéis…

    -No es ella misma.-Dijo sir Archibald, que había dejado que los sanadores se llevaran al malherido hermano Mathew en una camilla rápidamente.-Hay algo que le está haciendo alucinar… confundió a Mathew con otra persona y le atacó, no está en sus cabales.

    -¿Cómo?-Preguntó Alwyn.

    -¡Mientes!-Freya le lanzó una bola de fuego a sir Archibald, pero Alwyn lo protegió con un escudo de luz, repeliendo la bola y haciéndola desaparecer. Aquello hizo enfadar aún más a Freya, que estaba a punto de dejarse llevar por el fuego salvaje que habitaba en su interior.-Tenemos que sacar a todos de aquí…

    Sin embargo, los ejércitos de Arco y Arébalo que estaban atacando el castillo tenían otros planes, sin que los allí presentes se hubieran dado cuenta les habían rodeado y les apuntaban con sus lanzas y espadas.

    -Entregadnos a los Elegidos y nos iremos sin causar más daño.-Dijo uno de los capitanes de Arébalo.

    -Han podido sacar al Conde antes de que todo esto se pusiera peligroso.-dijo Jacal, que había llegado a sir Archibal sudoroso de haber estado luchando.-Y han puesto a salvo a los invitados, ahora solo estamos nosotros y la guardia personal del conde.

    Era cierto, la sala, que instantes antes había estado a rebosar de gente feliz pasándolo bien, se había convertido en un campo de batalla, y el suelo, algunos sirvientes y soldados estaban cubrían el suelo de sangre y aullidos de dolor.

    -Solo queremos a los Elegidos.-Repitió el capitán de armadura verde, hastiado.-Entregadlos junto a las armas y rendíos.

    -Esto se está poniendo feo…-Comentó Erial.- ¿Para qué nos quieren?

    -Jamás los entregaremos.-Respondió duramente Alwyn.- ¿Qué le habéis dado a la chica para conseguir esta distracción?

    -La chica se pondrá bien si nos dais a los Elegidos, estáis mermando mi paciencia, sucia elfa, podemos mataros fácilmente, os ganamos en número. Rendíos.

    Jacal gruñó ante el insulto de Alwyn. Era verdad que les superaban en número, pero aquello no iba a acabar bien para los traidores. No dejarían que se llevaran a los elegidos, así tuvieran que morir protegiéndolos.

    -Prefiero morir.-Dijo, apretando la empuñadura de su espada.-Antes que arrodillarme ante vosotros.

    -Por una vez estoy de acuerdo con el cartiano.-Lo apoyó sir Archibal, sacando dos dagas de entre sus ropas.-Uno tiene que venir preparado a estos sitios.

    Nico, aprovechando todo aquel alboroto, se había acercado a Freya por la espalda sin que nadie se percatara, dispuesta a todo por ayudar a su amiga a salir de aquello. Cuando Erial se dio cuenta de aquello, ya era tarde, había abrazado a la muchacha pelirroja por la espalda, sorprendiéndola, que soltó un rugido de furia, y trató de que el agua calmara el fuego que llevaba dentro. Al contacto de sus cuerpos salió vaho de ellos.

    -Soy yo, Freya… Nico… y Erial está justo allí, estamos contigo.-Le decía, intentando que la chica no se soltara de su abrazo, apretando con fuerza y notando el ardiente calor de la piel de Freya.

    No era tan fácil calmarla como la otra vez, pues Freya estaba fuera de sí completamente.

    -¡Quítate de encima!-Rugió Freya, revolviéndose como una bestia salvaje.

    -¡Somos tus amigos! No vamos a dejar que hagas daño a nadie… estoy aquí contigo… siente como te calmo…

    -¡Espera, Nico!-Erial le avisó tarde y las manos ardiendo de Freya agarraron el brazo desnudo de Nico y le quemaron.- ¡Freya, no!

    Fue el momento que Jacal y sir Archibald estaban esperando para lanzarse a por los guardias desprevenidos con sus armas por delante. Los pocos soldados de Arengo que quedaron se lanzaron al ataque en respuesta a los gritos de Jacal. Los hierros chocaron, las lanzas se rompieron ante el ímpetu de los combatientes. Se oían maldiciones por doquier, y más de uno deseaba no haber cambiado el turno aquella noche.

    Erial se dispuso a luchar para proteger a sus amigas, creó una brecha entre el pequeño batallón enemigo y ellos, dejando espacio para que pasaron un par de hombres a la vez que sus maestros pudieran combatir. El capitán de armadura verde soltó un improperio y animó a sus soldados a saltar la brecha, pero éstos no estaban muy seguros de aquel plan. Aun así, varios hombres se lanzaron hacia Jacal y Archie.

    -Mierda…-Alwyn hizo aparecer su báculo y cambió su elegante y hermoso vestido por su ropa de combate. Convocó a la luz y creó una escudo protector alrededor de los Elegidos.-Erial, protege a Nico con tu energía antes de que se agote. Cuando los guardias estén bajo control me centraré en Freya. ¡Ayuda a tus amigas!

    Erial asintió y sin esperar más tiempo corrió hacia Freya, que intentaba sacarse de encima a Nico tocando sus brazos desnudos y quemándola por todos ellos. Nico hacía muecas de sufrimiento y soltaba quejidos de dolor, pero no le soltaba y le seguía hablando. Empezaba a agotar su energía y sus fuerzas mermaban, pero tenía que aguantar.

    -Por favor, Freya…

    Erial pensó rápido cómo podía ayudarle, debía entregarle su energía para que ella siguiera conteniendo a la chica del fuego. Esquivando a Freya, que no dejaba de forcejear, quedó a la espalda de Nico y, a la desesperada, le abrazó.

    -Deja que te de mi energía…-Y la misma luz verde que había surgido aquella mañana, apareció y envolvió a Nico.

    La chica del agua, con fuerzas renovadas, siguió calmando a Freya, que había estado a punto de estallar, pero ahora estaba mejor. La energía fluyó entre los tres jóvenes, envolviéndoles, aliviando a unos y calmando a otros.

    -No lo entendéis…-Decía Freya, que empezaba a agotarse-Me hizo daño… ¡Yo no quería hacerlo!

    -¡Nadie más volverá a hacerte daño, Freya, te lo prometo!-Dijo Erial.

    Aquella afirmación sorprendió tanto a Nico como a Freya, que por un momento parecía haber recobrado el juicio.

    -¡Somos tus amigos, para lo bueno y para lo malo!-Seguía diciendo el chico.-Si alguien te ha hecho daño en el pasado… ¡le patearemos el culo!

    -Eso es, Freya… estamos contigo, ahora y siempre.

    -Amigos…-Dijo Freya.

    La muchacha pelirroja dejó de forcejear por un momento, con los ojos empañados de lágrimas, recordando por última vez las cosas horribles de su pasado. Pese a las palabras de sus amigos, no podía borrar lo que había hecho en el pasado… y peor, no podía borrar todo el dañó que le habían causado a ella misma. Cerró los ojos y dejó que las lágrimas recorrieran sus mejillas. Estas le quemaron y con todo su ser lanzó un grito de dolor y estalló en llamas que rodearon a Nico y a Erial, que gritaron ante la sorpresa.

    Alwyn se giró y vio la gran bola de fuego que eran los tres elegidos.

    -¡Por los Dioses, Freya, no!

    La encarnizada lucha acabó de repente ante la visión de las llamas que consumían a los tres elegidos.

    -¡Retirada!-Gritó el capitán de Arébalo, herido y maltrecho, pues se había enfrentado a Jacal.- ¡Retirada!

    El ejército rojo y verde huyó rápidamente del saló, dejando a los pocos guardias azules y a los maestros.

    -¡Alwyn, tienes que hacer algo!-Exclamó sir Archibal.- ¡Sanadores!

    Alwyn bajó el escudo de luz que rodeaba a los muchachos y se acercó a las llamas de Freya. Con un giro de báculo y todas las fuerzas que le quedaron separó a los tres amigos y encerró a Freya en un escudo de luz, la muchacha quedó inconsciente y sus brazos y piernas quedaron laxos en el aire.

    -Los chicos están bien…-Dijo Jacal, tocando a Nico y a Erial, que estaban inconscientes en el suelo, abrazados, pero sin ni un rasguño ni marca de las llamas.-Las llamas no les han quemado… ¿cómo es posible?

    Alwyn respiró profundamente, agotada, sin pizca de poder mágico en su cuerpo.

    -Porque Freya nunca quiso hacerles daño… son sus amigos, un bien preciado.

    Jacal llegó hacia ella y le abrazó con fuerza, estrechándola entre sus musculosos brazos, agradecido de que estuviera bien. Alwyn se apoyó en su pecho, sin quitarle la vista de encima a Freya, preocupada por todo lo que había logrado sacar de la mente dañada de la muchacha. Se mordió el labio y cerró los ojos, ahora entendía muchas cosas.

    -¡Paso al Conde Makarov!-Anunció un sirviente.

    Sir Archibald, que estaba junto a Freya, se giró hacia el Conde. Se había vestido con su armadura de combate azul cian y venía dispuesto a luchar, con su elegante y letal espada desenvainada.

    -Que alguien me explique qué demonios ha pasado aquí y por qué mis Elegidos están inconscientes.-Exigió, malhumorado.

    -Alteza…-Empezó sir Archibald, con una sonrisa socarrona.-Todas vuestras fiestas son un desfase, pero esta se lleva la palma.

    -No estoy para bromas, Archie.-Dijo el príncipe Jean.- ¿Alguien ha podido encontrar a ese traidor de Alaric? Cuando mi padre se entere de esto le declararemos la guerra a Arébalo y Arco…

    -¡Conde Makarov!

    La voz del Páter Milius sorprendió a todos, que no le esperaban en la fiesta. Agitaba un pergamino y estaba sorprendido y confundido por los destrozos y los cadáveres en el suelo. Esquivando las mesas y los cadáveres llegó hasta el grupo, le hizo una reverencia al Conde y le mostró el pergamino, iba seguido de dos jóvenes sacerdotes que miraban todo con miedo y confusión.

    -¿Eso son armaduras de Arébalo y Arco?

    -¿Páter Milius?

    -Su Gracia, traigo muy buenas noticias… o al menos espero que sean mejores noticias que todo lo que ha pasado aquí.-Comentó, mirando el desastre a sus alrededor.- ¿Dónde está el hermano Mathew? ¿Se ha escaqueado?

    -Me temo que el hermano Mathew no está en disposición de defenderse en este momento.-Dijo sir Archibal.-Estaba herido de gravedad…

    -¿Cómo?

    -Las llamas de Freya le han consumido medio cuerpo, supongo que se recuperará y espero que no pierda esos hermosos rizos rubios.-Contestó el joven pelirrojo, estaba vez sin sonrisa socarrona.

    -Yo puedo ocuparme de él cuando recupere energía.-Dijo Alwyn.-Pero necesito descansar… y llevarme a Freya de aquí.

    -Nadie va a hacer nada hasta que se me dé una explicación de todo esto.

    -Su Gracia… Arébalo y Arco nos han atacado para llevarse a los Elegidos a la fuerza.-Explicó escuetamente Jacal, agotado.-Le dieron algo a Freya que la hizo perder el control y así conseguir una perfecta distracción para sembrar el caos y que aparecieran los soldados. Hemos evitado por muy poco que se llevaran a los muchachos… pero, como ve, su guardia real ha menguado.

    El Conde hizo una mueca desagradable.

    -¿Los Elegidos están bien? ¿Por qué se ha descontrolado la chica del fuego?

    -Si le parece bien, alteza, podré explicarle todo en cuanto esto se haya calmado un poco.-Respondió sir Archibal.-Como ve, los chicos están bien, solo inconscientes por la energía que han usado.

    -Oh, pobrecitos…-Susurró el Páter Milius, mirándoles con ternura.-Espero que se repongan cuanto antes, porque les necesitamos ya.

    -¿Qué quieres decir con eso, Páter Milius?-Preguntó el Conde.

    -He encontrado al Viento.


    El chico del viento estaba disfrutando del sol que entraba por su ventana con barrotes. Ahí fuera hacía un día precioso, podía imaginarse perfectamente allí fuerza, paseando descalzo por hierba verde y fresca, que le haría cosquillas en sus pies descalzos, comiendo frutas recién cogidas de los árboles más exóticos que pudiera encontrar. Su imaginación era un mundo enorme al que escapar cuando su vida era demasiado difícil.

    Tener aquel poder era algo magnífico, un sueño que se había hecho real, pero estar allí encerrado era cortarles las alas al pájaro para que no pudiera volar nunca más. Se había cansado rápido de hacer levitar las cosas, también por el temor a ser sorprendido por sus carceleros. Se bajó de la ventana y se tumbó en la cama, aburrido.

    Su mera existencia era un aburrimiento, se sentía hastiado con la vida que llevaba de nuevo, toda aquella esperanza que había sentido días atrás se había marchado con viento fresco. El día soleado comenzó a nublarse como sus pensamientos, y cerró los ojos para intentar descansar un poco.

    Le despertó el sonido del cerrojo de la puerta de su celda. Abrió los ojos de sopetón y se incorporó con un salto, no sabía el tiempo que había estado durmiendo. La puerta se abrió y su guardián entró con una bandeja con comida que dejó en el suelo, se llevó la de la comida anterior y se marchó sin decir nada más.

    Niall respiró de nuevo, siempre le ponía nervioso interactuar con sus carceleros, pero ahora que podía usar su poder sentía miedo de ser descubierto y que le volvieran a hacer daño. Sacudió la cabeza y se pasó las manos por el cabello negro azabache. Se levantó y se estiró con ganas para desperezarse.

    El estómago le avisó con un rugido de que era hora de que aquella bandeja le saciara, así que la cogió y se volvió a sentar con ella en su regazo. Para variar, había un guiso acuoso, el pan duro de siempre y el zumo. Cogió el guiso para bebérselo y se fijó en que había unas letras en el lugar que había estado el cuenco.

    Quitó el vaso con el zumo y el pan duro, que lo metió en el guiso para que se ablandara un poco y cogió el papel. Con letra pequeña y clara había un mensaje para él.

    “Ya saben que estás aquí y vendrán

    No sabía muy bien qué significaba aquel mensaje, aquello le inquietó y dejó el papel a un lado. Intentó olvidarse y comió como cualquier otro día, en el silencio de su celda.

    ¿Quién sabía que estaba allí? ¿Quién vendría?

    Esas dos preguntas le acosaban. Y la esperanza que pensaba muerta, resucitó con fuerza, cual ave fénix resurgiendo de sus cenizas. Las nubes que habían acosado al brillante sol se fueron esfumando hasta que el día volvió a ser precioso. Por una vez en muchos años, Niall no se sintió solo.


    Freya abrió los ojos lentamente, los párpados le pesaban, pero quería despertar. Se encontró en una habitación ajena, y supo, cuando notó el ambiente, que estaba en una Sala del Tiempo. Se incorporó un poco y vio a Nico dormida en un sofá junto a su cama, apoyada en el hombro de Erial, que le miraba fijamente sin decir nada. Los ojos azules de Erial le acribillaron y todo lo ocurrido horas antes le golpeó con fuerza.

    Desvió la mirada y Alwyn se sentó a los pies de su cama.

    -Freya…

    -Lo siento, lo siento mucho.-No pudo aplacar las lágrimas, que se escapaban de sus ojos sin que ella lo pudiera evitar, intentó limpiárselas pero siguieron cayendo.-Yo no quería… de verdad… yo… lo siento muchísimo.-Y el llanto apretó su garganta.

    Nico le oyó y se despertó.

    -¡Freya!-Exclamó, sentándose a su lado y abrazándola.-Menos mal que estás bien…

    -Lo siento.-Solo podía decir Freya, entre lágrimas.

    Alwyn le cogió de la mano y se la apretó. La chica la miró agradecida y cerró los ojos para intentar dejar de llorar. Nico le acariciaba la espalda para reconfortarla. Erial se había levantado y se había sentado junto a ella, mirándole sin saber si juzgarla o no.

    -Freya, no tuviste la culpa.-Le dijo Alwyn para intentar tranquilizar a la chica.-Alguien te drogó. ¿Recuerdas que alguien te diera algo raro?

    Freya se sorbió los mocos y se separó de Nico, que le agarró la mano para darle apoyo. Negó con la cabeza.

    -Bebí mucho… se supone que tengo mucho aguante porque el alcohol se quema en mi sangre.-Dijo y de repente recordó algo.-Ahora me acuerdo de algo… el príncipe me dio algo para beber que sabía muy amargo, se puso muy pesado… y luego me mareé… pensé que era porque no había comido nada, quizá… ¿quizá fue él?

    -¿El príncipe Makarov?-Preguntó Erial.

    -No, no, el príncipe Alaric, se puso muy pesado y… luego vino el conde Makarov y… ya no recuerdo más.

    -Así que el príncipe de Arébalo te ofreció una bebida que sabía amarga… cuando todos las bebidas que le gustan al Conde son dulces y no sirve ni cerveza ni vino amargo.-Divagaba Alwyn.-Y se puso pesado…

    -Entonces… ¿no hice daño a nadie?

    Todos se quedaron callados.

    -Freya… heriste sin querer al hermano Mathew.-Respondió Nico, con mucho cuidado.

    -¿Que hice qué?-Freya se horrorizó ante la noticia.

    -En realidad, ya está bien, me ocupé de él y no le quedará cicatriz, lo único… su pelo tardará en estar como estaba. Y creo que lo cuidaba mucho porque le encantaban sus rizos rubios.

    -Dioses… lo siento tanto… no quería hacerle daño.

    -Lo sabemos, cariño, lo hiciste sin querer.

    -¿El resto está bien de verdad?

    -Estamos todos bien… preocupados por ti, pero bien.-Erial sorprendió a las chicas.-Dijiste que alguien te había hecho daño.

    -No quiero hablar de ello.-Freya se cerró como había hecho todas las veces que alguien había preguntado algo sobre su pasado.

    -Freya, cuando luché contra ti… vi muchas cosas en tu mente y… tienes que explicarlas.

    Freya suspiró, bajando la mirada.

    -¿Es necesario?

    -Si quieres pasar página y poder utilizar tu poder correctamente, sí, tienes que contarnos qué hace que el fuego se apodere de ti. Una vez tenga esa información, sabré como continuar con tu entrenamiento.

    -Sobre todo queremos saber quién te ha hecho daño.-Replicó Nico.

    Freya suspiró y asintió.

    -Yo… no puedo controlar mi poder porque…-Frunció los labios en una mueca molesta.- por culpa de mi familia.

    -¿Fueron ellos los que te hicieron daño?

    Freya no contestó, apretó la mandíbula y habló:

    -Yo… siendo muy pequeña desaté mi poder en nuestra casa y no supe controlarlo. Estaba jugando cerca de la chimenea y… no pude controlar las llamas.-Contó, apretando los puños y sin mirar a nadie en particular, evitando, tal vez, el tipo de miradas que no quería ver en ellos.-Mis padres no sabían que yo tenía ese don porque no lo había manifestado todavía, pensaba que era curiosidad lo que sentía por el fuego, como todos los niños y que se me acabaría pasando cuando me quemase o algo así. Estaban muy equivocados… Evidentemente, no fue así. Las llamas se desataron por toda la casa, vivíamos en una cabaña de madera, son comunes de mi pueblo y… Mi madre murió intentando sacarme del fuego, sin saber que no me dañaría.

    -Oh, lo siento tanto, Freya.-Nico le cogió de la mano y se la apretó.-No fue tu culpa… ninguno de nosotros podía controlar nuestros poderes siendo tan pequeños.

    -Mi padre estuvo muy triste durante años.-Continuó Freya.-Cuidó de mí y de mi hermano como pudo… hasta que se volvió a enamorar y se casó. Yo tenía ocho años y había manifestado mi poder un par de veces delante de mi padre y mi hermano. Siempre creí que mi padre me dejaría de querer cuando supiera que fue mi culpa que mi madre muriera… pero nunca dijo nada si lo sospechó. Nos mudamos de Arébalo a Carto, porque la familia de la mujer de mi padre era de allí… Creo… creo que si ataqué al hermano Mathew fue porque…-suspiró, no queriendo admitirlo-porque mi madrastra tenía una hermosa melea rubia y rizada que pasaba horas cuidando…

    -¿Fue ella la que te hizo daño?-Preguntó Alwyn.

    -Tuvo que hacerlo…-Contestó Freya y en aquel momento parecía que defendía a aquella mujer, porque muy en el fondo le hubiera gustado que ella le cuidara como una madre cuidaba a una hija.-Ni a mi hermano ni a mí nos gustaba ella… y cuando se quedó embarazada fue lo peor. Mi padre era soldado por aquel entonces, y pasaba mucho tiempo fuera de casa para traer dinero y nosotros nos quedábamos con ella. Lora aprovechaba esos momentos para decirnos que nuestro padre iba a querer más a su nuevo bebé que a nosotros… era horrible la sensación de incertidumbre.-Bufó, estaba un poco alterada para seguir hablando.

    -Continúa, Freya, estoy aquí para parar cualquier cosa, necesitas sacar todo ese fuego malo que tienes dentro de ti.

    La chica suspiró, necesitaba levantarse y estirar las piernas, así que lo hizo y caminó por la habitación. Nico y Erial le miraban. Freya se ahogaba, notaba todo su cuerpo sintiendo de nuevo todo aquello.

    -Mi hermano Jensen siempre me llevaba con él a todas partes para no dejarme con aquella mujer, él era mucho mayor que yo, pero le daba igual cargar con una mocosa que le agarraba de la manga y le perseguía por todas partes. A sus amigos no les gustaba, porque para ellos era una niña tonta… y un día que Jensen aprovechó para ir a comprarme algo para comer, me empujaron y me tiraron de las trenzas… el fuego se desató en mi defensa y le quemé la mano a uno de los niños sin querer. Cuando mi madrastra se enteró me llamó monstruo y me encerró en el sótano, mi padre no volvió hasta dos días después y yo estuve todo ese tiempo allí encerrada, sin comida ni agua.

    -Que horrible…

    -Jensen intentó sacarme y lo único que consiguió es que uno de los hermanos de Lora le pegara una buena paliza.

    -Dime que tu padre hizo algo cuando regresó…-Dijo Erial.

    -Lo intentó… pero los Dioses quisieron que Lora se pusiera de parto durante su disputa y tuvo un precioso niño. Jensen me sacó del sótano y me llevó con él. Desde aquel momento, Lora aprovechó cualquier momento para torturarme física y psicológicamente cuando mi padre no estaba en casa… Cuando Jensen cumplió los dieciocho se alistó en el ejército de Arébalo y se marchó lejos porque no aguantaba más las injusticias de aquella mujer y sus favoritismos. Intentó llevarme con él, pero mi padre se negó y tuvieron una discusión muy fuerte.

    Freya se volvió a callar.

    -No volví a ver a mi hermano… y mi padre siguió marchándose para ganar dinero y yo… yo volví al sótano. Una noche, mi hermanastro Olaf se coló en el sótano y yo me asuste. No pude controlar mi poder y… y… y le hice daño.-Bajó la cabeza.-Lora se volvió loca, había herido a su niño bonito y aquello no podía quedar impune. Me golpeó hasta que se quedó sin fuerzas… y los días siguiente volvió… hasta que no aguanté más y… desaté el fuego por toda mi casa y se quemó hasta los cimientos.

    -Yo no hubiera aguantado tanto tiempo.-Comentó por lo bajo Erial, y Nico le golpeó el hombro.

    -Cuando mi padre volvió y se enteró…-Freya volvió a quedarse en silencio unos instantes.-Lora se había ido a vivir con unos familiares, se habían salvado por los pelos ella y el niño del fuego, y yo estaba en una celda por monstruo. Decían que era peligrosa, que quería matar a mi madrastra y a mi hermanastro, que debía vivir toda mi vida encerrada. Yo tenía doce años y era muy inestable, lo reconozco, pero nadie me había tendido una mano para ayudarme… mi hermano se había ido y mi padre… mi padre solo quería que todos estuviéramos bien y trabajaba mucho. O eso me decía yo… nunca he sabido qué piensa mi padre.

    -¿Te sacaron de la celda cuando él volvió?

    -No… removí el pasado de mi padre cuando éste vio su casa de nuevo calcinada. No he vuelto a saber nunca nada más de él, y creo que es lo mejor.

    -¿Cómo saliste de la celda?-Preguntó Alwyn.

    -Me mantenían constantemente mojada para que no pudiera usar el fuego para escapar… Era inhumano, tenía que ver como Lora se paseaba por delante y se mofaba de mí. Nunca me perdonó que deformase a su hijo… La hermana del alguacil estudiaba magia en el Archivo de Ciudad Titania y tuve suerte de que estuviera pasando una temporada en Carto. No podía consentir que una niña viviera toda su vida en una celda por tener unos poderes que no controlaba y me llevó con ella.-Sonrió.-Por suerte, Argi me trató muy bien y viajamos durante años hasta que encontró el pergamino con la profecía y supo que era yo. Y… esa es mi desdichada historia.

    Notó una mano en el brazo y al girarse vio a Alwyn, Nico y Erial mirándole.

    -Espero que no me odiéis, pero si lo hacéis, lo entenderé.

    -Nunca podría hacerlo, Freya… eres mi amiga y siempre lo serás.-Nico la abrazó con fuerza.

    -Yo tampoco podría odiarte, aunque piense que eres bipolar.-Dijo Erial, abrazando a su vez a las dos chicas.-Eres mi amiga y te aprecio por ello. Yo también perdí gente por mi poder… y no es agradable vivir con ello. Pero aprendes a hacerlo.

    -El vínculo que tenéis es muy fuerte, chicos, y os ayudará a salir de cualquier pozo negro que os quiera engullir.-Les dijo Alwyn.-Ahora ya sé por dónde tengo que empezar a trabajar contigo, Freya, si sigues queriendo.

    -Sí, quiero mejorar para proteger a los que me importan.

    La puerta de la habitación se abrió en ese justo momento y Jacal, vestido con el traje de combate cartiano y armado hasta los dientes entró en la estancia.

    -¿Han descansado ya los muchachos?-Preguntó.-Tienen que prepararse.

    -¿Prepararnos?-Preguntó Erial.

    -¿Prepararnos para qué, viejo?-Preguntó a su vez Freya.

    -Para vuestra primera misión.-Respondió el cartiano.-Hemos encontrado al elemento del viento y vamos a ir a rescatarlo.
     
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