One-shot de Naruto - El nuevo color de la niebla (Desafío Ninja)

Tema en 'Fanfics Terminados de Naruto' iniciado por Bruno EVF, 23 Abril 2014.

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    Bruno EVF

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    Título:
    El nuevo color de la niebla (Desafío Ninja)
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Horror
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    3450
    Fanfiction para la actividad "Desafíos Ninjas" ¡Espero que lo disfruten!

    Cantidad de palabras: 3.431
    ______________________________________________________

    El nuevo color de la niebla
    La Alianza Shinobi había triunfado en la Cuarta Guerra Ninja. Vencido Madara Uchiha, el sol elevó su luz desde el horizonte, inundando los semblantes cansados de los ninjas que habían peleado. Se prometieron que aquel iba a ser el último conflicto del que formarían parte, jurando construir una nueva era de paz entre las cinco grandes naciones. De esa manera el futuro resplandeció de blanca paz, hasta que un incidente en la aldea oculta del País del Agua lo puso en jaque. Duró apenas un suspiro, pero su marca permanece, hasta el día de hoy, en el color de la niebla.

    Sucedió algunos años después de la guerra.

    Tsunade se encontraba bebiendo sake en su despacho. La bebida había elevado la temperatura de su piel, por lo que se había despojado de su abrigo verde y llevaba el cabello suelto. Miraba las fotos de los anteriores Hokages y les comentaba lo complacida que se sentía por la victoria de la Voluntad de Fuego, aunque admitía que la era que disfrutaban los sobrevivientes le parecía poco emocionante. No terminaba de pronunciar esta última palabra cuando un pequeño cuerpo entró torpemente por la ventana e impactó, haciendo un ruido sordo, sobre su escritorio, desordenando papeles, manchándolos.

    La embriaguez de la cincuentona se esfumó como por arte de magia en cuanto notó qué era lo que había caído. Sin plumas, sin pico, sin patas, un halcón mensajero agonizaba junto al sake derramado, emitiendo un estertor inquietante. Estaba completamente ensangrentado. Lo habían mutilado de una forma desmedidamente cruel, arrancando sus partes con la sola fuerza de las manos. Tsunade se tapó la boca, alarmada. El jadeo del pobre animal la mareaba. Llamó a Shizune.

    Ésta entró, con su típico kimono azul y Tonton en brazos. Ambas, mujer y cerdo, dejaron escapar un grito en cuanto notaron al halcón, que acababa de dar el último suspiro. El cochinillo huyó espantado, pero la antigua líder del Escuadrón Médico se acercó a su superiora, quien se aferraba al alféizar de la ventana temblando de coraje.

    —¡Mira! —exclamó, enseñando a Shizune un papel manchado de sangre—. Lo encontré dentro del halcón; voló muchos kilómetros con el vientre abierto y este mensaje entre los pulmones.

    —¿Un mensaje? —dijo su asistente, evitando mirar al escritorio— ¿De dónde?

    —De Kirigakure. Ha habido un golpe de Estado.

    —¡¿Cómo dice?!

    La frase quedó flotando en el aire, como un vapor venenoso.

    —Así es —respondió Tsunade—. Según el mensaje, siete ninjas de Kirigakure se sublevaron contra Mei Terumi. Como la atacaron por sorpresa, ella se vio forzada a huir. En soledad, porque asesinaron a casi todos sus guardias. Al pequeño halcón, por lo que veo, lo interceptaron, lo torturaron y le permitieron seguir.

    —No puede ser…

    Shizune se preguntaba si las demás naciones estaban al tanto de la situación.

    —Tendremos que actuar como si fuéramos los únicos en saber de esto —dijo Tsunade en cuanto le fue planteada esta intriga —empezó a dar vueltas por la habitación—. No podemos estar seguros de que no planeen ataques contra Konoha, por lo que enviaremos Jounins para avisar lo ocurrido (nuestras aves mensajeras podrían correr el mismo destino que ese halcón), y dejaremos una guardia aquí. Para contener la sublevación en la Aldea de la Niebla, bastará con el Equipo 10.

    —¡El Equipo 10! —repitió Shizune, sorprendida— No es mi intención cuestionar su decisión ni ser descortés con ese equipo, pero… ¿Qué hay de Kakashi, Naruto y Sasuke?

    Tsunade suspiró, frustrada.

    —Lamentablemente, están en el País del Rayo. Nos representan en la ceremonia del nombramiento de Killer Bee como Raikage.

    Hubo un momento de silencio. Algunas moscas ya se estaban alimentando con el halcón.

    —Tengo fe en esos jóvenes —dijo Tsunade, dejándose caer en su sillón—. Podrán lidiar con el asunto. Después de todo, derrotaron a miembros Akatsuki. Los siete locos de la niebla son menos que ellos. Será una misión de rango A: asesinarlos a todos ellos.

    ***

    —Con que siete ninjas rebeldes, ¿eh? —dijo Shikamaru, aferrándose a una rama y saltando ágilmente a la más próxima—. Qué problemático…

    Se habían adentrado en los terrenos del País del Agua, atravesando el follaje de un bosque. Mantenían la guardia en alto, pues no se sabía qué deparaba la niebla que les rodeaba. Les costaba divisarse entre ellos.

    —Sí —respondió Ino—. Suena a que quieren emular a los Siete Espadachines de la Niebla.

    —¡¿Tú crees?! —terció la voz de Chōji desde lo profundo de la niebla. Había engordado tanto que se estaba quedando atrás y no se lo veía por ninguna parte.

    —Será mejor que te muevas más rápido, Chōji —dijo Ino, levemente molesta—; estamos cerca de la aldea y perderte a estas altura sería un riesgo para la misión ¡Vamos, acelera!

    —Siempre tan mandona… —susurró Shikamaru para sí, aburrido.

    —¿Dijiste algo?

    —Nada.

    Recorrieron los siguientes kilómetros sin ser interceptados por enemigos ni por trampas. Era una tranquilidad atemorizante. Shikamaru se sentía bastante fastidiado por tener que hacer una misión de ese rango. Acostumbrado a los nuevos años de paz, sintió que el alma se le iba a los pies en cuanto le dijeron que debía contener un golpe de Estado. Pero como había muchas vidas en juego y la nueva armonía se veía amenazada, no dudó en partir cuanto antes.

    Estaba tan enfrascado en estas quejas interiores que, cuando volvió a ser consciente del tiempo y el espacio, notó que el aire había adquirido un inusitado sabor metálico. Sintió gotas de sudor corriendo por su frente: también hacía un súbito calor infernal. Fue entonces cuando notó lo más preocupante…

    Ino arrugó la nariz cuando fue alcanzada por el aroma del sudor de Chōji.

    —¡No es momento para poner esa cara! —exclamó éste, ahora a la par de ellos, cuando notó el semblante fruncido de la rubia— Además… ¡Además, tú también hueles mal! Aunque no tanto como yo… —concedió.

    —Oigan… —dijo Shimamaru, notando lo que se estaba elevando ante sus ojos— ¿Qué es eso?

    Flotaba en el umbral frontal de la niebla un color rojizo que recordaba las hojas del otoño. Sólo cuando el Equipo 10 se internó en aquella insólita tonalidad que invadía el bosque, se advirtió que seguía siendo la propia niebla característica del País del Agua. Había cambiado, por una razón inexplicable, de color. Se volvía, a cada paso, más roja y pegajosa. Sus brazos de vapor acariciaban fantasmalmente los troncos de los árboles y la cara de los tres Jounin. A lo lejos, se oía un débil coro de silbidos.

    La elevada temperatura del aire se tornaba insoportable. Shikamaru sintió humedad en todo su rostro, lo que hizo que bufara de frustración: por fin estaba viviendo años de paz, cumpliendo misiones tranquilas dentro de Konoha, y ahora un grupo de siete locos venía a quitarle su rutina favorita, la vagancia. Se enjugó el rostro con la mano… Eso no era sudor. Al mirar su palma, se encontró con una desagradable sorpresa.

    —Deténganse…

    Ino y Chōji le hicieron caso, mirándose las ropas. El terror desfiguraba sus rostros.

    —Sangre… —alcanzó a decir Ino con voz débil— La niebla… Está hecha de sangre…

    Se encontraban cubiertos de los pies a la cabeza. El árbol sobre el que se habían detenido… El bosque entero… Todo estaba invadido por una capa de sangre, que se mezclaba grotescamente con la savia de los troncos. Era una fotografía sobrecogedora.

    Chōji temblaba.

    —¿Qué… qué significa esto? —preguntó, tratando desesperadamente de quitarse la sangre de encima, en vano.

    Shikamaru no respondió. Su mirada se había ensombrecido.

    —Tenemos que seguir…

    Así lo hicieron. Él no estaba dispuesto a admitir su miedo.

    ***

    Kirigakure parecía el infierno. Ningún centímetro si había visto librado de la sangre, que no dejaba de levitar en forma de niebla. Había focos de fuego. Los silbidos sonaban con más estridencia. Por otro lado, las calles estaban anegadas de cuerpos humanos. Agonizantes o muertos, mujeres, hombres o niños, ninjas o civiles… ninguno se conservaba completo. Este era el panorama con el que se encontraron Shikamaru, Ino y Chōji apenas dejaron el bosque atrás. El Akimichi se sintió tan sobrecogido por la imagen de los cuerpos, que tropezó con una cabeza y cayó sentado. La pateó lejos, gimoteando, tirándose los cabellos.

    —Esto es terrible… —dijo Shikamaru, apretando los puños—. Esos bastardos merecen lo peor ¿Dónde diablos se habrán metido?

    Ino, mientras tanto, intentaba hacer que Chōji se levantara. Pero él apartaba sus manos.

    —¡No tienen piedad! —gemía con los ojos desorbitados— ¡Nos van a dejar como a ese halcón! ¡No quiero!

    La bofetada que le fue propinada dejó limpio el lado izquierdo de su rechoncho rostro. Chōji miró a la Yamanaka, y vio cómo unas lágrimas dejaban líneas blancas en las mejillas rojas de la rubia. Ino se llevó un dedo a los labios y, finalmente, pudo incorporarlo.

    Decidieron que lo mejor era caminar por las calles más estrechas y sombrías, ya que ascender a un techo los dejaría expuestos ante la crueldad sin límite de esos ninjas rebeldes. Las personas que aun respiraban gemían pidiendo ayuda. Ino se sentía en la obligación de ayudarlos pero Shikamaru, impasible, la empujaba para que siguiera caminando. Cuando la kunoichi empezó a protestar, tratándolo de insensible, respondió:

    —Son demasiados heridos y nosotros te necesitamos. Dejarte atrás sería un riesgo para la misión. Así que camina —la agarró por la muñeca y la arrastró consigo, sin dirección determinada—. Si quieres salvarlos a todos, primero tendrás que cumplir con la misión de matar a los responsables.

    —¿Dónde crees que podrían estar? —preguntó Chōji detrás de ellos, más que nada para desviar la atención de Ino, que no dejaba de protestar.

    —Está claro —dijo Shikamaru—. Si esto fue producto de un golpe de Estado, estarán ocupando el palacio del Mizukage… La pregunta es: ¿Mei Terumi estará bien?

    Ahora desplazándose con más agilidad, dispuestos a luchar, se movilizaron por los techos en dirección al corazón de la aldea.

    Como todas las construcciones del lugar, el palacio tenía forma cilíndrica y una arquitectura especial para la canalización de las lluvias. Al tiempo que el Equipo 10 se aproximaba, sus miembros notaron que junto al palacio habían ubicado unas cuantas calderas. Emitían un intenso silbido que hacía vibrar los huesecillos del oído, y expulsaban un denso vapor rojo desde distintas aberturas.

    Shikamaru notó que, junto a él, Ino apretaba los dientes. Se veía furiosa.

    —No les alcanzó con matar y mutilar a los aldeanos —susurraba para sí—. Si no que usan sus sangres para hervirla… Para fabricar esta repugnante niebla… —apretó los puños— ¿Con qué necesidad? ¿Por qué? ¡¿POR QUÉ?!


    ¿Chojuro?


    Shikamaru abrió los ojos como platos, sorprendido.

    —¿Escucharon eso?

    —¿Qué cosa? —Ino ni siquiera lo miró.

    —¿Hablas de los silbidos? —secundó Chōji, tapándose los oídos.

    Shikamaru miró hacia el lugar de donde había provenido esa voz ¿Había dicho “Chojuro”? ¿No era ese nombre del guardaespaldas de la Mizukage? Entonces notó que, desde el centro del palacio del líder de Kirigakure, surgía un inmenso tronco, increíblemente alto. Tan alto, que su extremo se perdía en lo alto del cielo, desapareciendo tras la niebla roja. Estuvo tan concentrado en las calderas que no lo había visto.

    —Síganme ¡Vino del cielo!

    —¿Eh? —exclamaron sus compañeros al unísono, pero lo siguieron. Shikamaru se movió a tanta velocidad que los dejó atrás… Eso hizo que alguien sonriera. Concentrando chakra en sus pies, el Nara recorrió la extensión de aquel interminable poste de madera.

    Esa voz… Shikamaru no podía ignorar esa voz, era importante alcanzarla… La niebla roja se concentraba también en las alturas, pero podía sentir que se aproximaba a su límite, que podría salir a cielo abierto. Corrió todavía más rápido y, por precaución, empuñó un kunai que escondía en su chaleco.

    Le llevó eternos minutos, pero por fin dejó atrás el color rojo para acceder a la parte superior de las nubes, donde el sol brillaba en medio de un cielo celeste. Se llenó los pulmones de aire limpio y siguió avanzando, pues se estaba acercando a una persona, que al parecer lo aguardaba en el extremo del tronco, ya visible.

    Llegó. El tronco terminaba en cruz. La encontró crucificada, desnuda y muy malherida.

    Mei Terumi jadeaba, sin poder levantar la cabeza. Le habían roto los labios a bofetadas y presentaba heridas de arma blanca en sus carnes. La sangre se había secado hasta adquirir un tono bordó, formando coágulos que ocupaban casi todo su cuerpo. Al parecer, llevada días en ese lugar, muriendo de frío y hambre. Un resto de ropa apenas le cubría la zona del pubis. Shikamaru se detuvo a pocos metros de ella, mirándola, anonadado por tanto horror.

    —Esto no puede ser verdad…

    Entonces, otra voz a sus espaldas.

    Kirigakure no Jutsu.

    Un manto de niebla blanca lo cubrió todo. Sin previo aviso, unos colmillos azules alcanzaron a Shikamaru.

    ***

    Despertó en una habitación oscura. Le dolía el pecho. Una herida profunda cruzaba sus pectorales. Eso lo dedujo porque lo habían desvestido de la cintura para arriba y puesto un vendaje en esa zona, ahora manchado por una línea horizontal de su propia sangre. Recordó la niebla y a Mei Terumi en ese horrible estado.

    No había niebla en donde él se encontraba ahora: un habitáculo de piedra; lo único que notó fue al hombre que lo miraba, sosteniendo una vela que iluminaba sus facciones. Tenían cabellos blancos con un leve tinte azul, los ojos morados, y vestía una camisa sin mangas púrpura, junto con pantalones grises. Con la otra mano, cargaba sobre el hombro una inmensa espada compuesta por lo que parecían ser colmillos azules: la Samehada.

    —Bienvenido —dijo enseñando una malévola sonrisa de dientes afilados— al re-surgimiento de la Aldea Sangrienta.

    Shikamaru pensó que lo habían inmovilizado, pero no; ese sujeto confiaba tanto en su propia fuerza que le había dejado libres las manos. De todas formas, para el Nara, cualquier movimiento era un suplicio. La herida en su pecho, aunque no mortal, dolía demasiado.

    —¿Quién demonios eres? —increpó, mirándolo con frialdad.

    El chico de los cabellos blancos frunció el ceño, aparentemente ofendido.

    —¿Acaso no me reconoces? Estuvimos en el mismo bando durante la Cuarta Guerra —mientras hablaba acariciaba su espada, que había empezado a gruñir—. Formaba parte del equipo de Sasuke ¡Soy Suigetsu!

    El nombre le sonaba conocido, pero su retina todavía estaba contaminada con la imagen de las víctimas de aquel golpe de Estado.

    —Me da igual quién seas —respondió, levantándose con dificultad—. En unos minutos estarás muerto.

    —Oh —Suigetsu lo apuntó con la Samehada, que enseñó los dientes, hambrienta— ¿De verdad eres tan tonto como para creer que podrás conmigo?

    —Sí: porque me dejaste con vida, en lugar de hacerme pedazos —el Nara esbozó una sonrisa sarcástica para incomodarlo— Un error que significa tu final…

    —Pero… Pero… —Suigetsu contestó a su sonrisa mostrando una burlesca timidez— Yo sólo quería ver qué caras pondrías… Al saber que el gordo y la zorra murieron…

    Shikamaru sintió que se le erizaban los cabellos de la nuca. Sus músculos se paralizaron por el estupor. La expresión que puso divirtió tanto al ninja de cabellos blancos que comenzó a reírse, de tal manera que cerraba fuerte los ojos y se tomaba el estómago con la mano libre, doblándose en dos.

    —Ya ves —jadeó al fin, limpiándose las lágrimas—. No puedo permitir que nadie interfiera en el nacimiento de la Nueva Aldea de la Niebla Sangrienta.

    "¿Nueva qué...?" pensó Shikamaru, tragando saliva. Al parecer Suigetsu le leyó el pensamiento, porque continuó:

    —¡Así es, chico! "Nueva era de paz" suena bonito y tal, pero para mí significa vivir en un aburrimiento mortal. Me veo obligado a portarme bien, sin sentir el placer de cortar persona por la mitad —de pronto, reveló todos sus dientes puntiagudos en una expresión de alegría demencial, con los ojos inyectados en sangre—. Así que tuve la genial idea de alzarme como gobernador de Kirigakure y ser artífice del re-surgimiento de la Aldea de la Niebla Sangrienta. Pero para darle mi sello personal, hice que fabricaran esa niebla de sangre, que permanecerá manchándolos para siempre —rió— El mundo ninja jamás se librará de las guerras. Las necesito ¡Quiero mutilar gente sin barrera alguna!

    —Eres un maldito loco...

    —¿Loco yo? —Suigetsu se hizo el sorprendido, como si las palabras de Shikamaru fueran las de una persona amada que acaba de rechazar sus sentimiento. Volvió a cerrar los ojos exageradamente, y giró la cabeza hacia un costado, recreando un sollozo—. Oh, querido Nara, ¿cómo osas tratarme así? Temo que tendré que acabar ya contigo.

    Y antes de que el ninja de Konoha pudiera hacer algo, Suigetsu hizo que le Samehada la devorara la cabeza. El cuerpo de Shikamaru se desplomó en el frío suelo, junto con la risa demoníaca del nuevo Mizukage... Entonces se deshizo en una nube de humo...

    —¡¿Qué demonios?! —exclamó, sorprendido.

    Entonces sintió cómo su cuerpo se quedaba inmovilizado. La Samehada cayó al suelo, gimiendo de dolor, estrujada por unos extraños brazos negros que surgían de la propia obscuridad del habitáculo. Al darse cuenta de lo que estaba pasando, intentó transformar su cuerpo en agua, pero los brazos, de alguna manera, se lo impidieron. Rugió, gritó, pero el resultado fue el mismo: atrapado sin salida.

    —Te lo dije —la voz de Shikamaru le llegó desde algún punto de las sombras.

    Suigetsu volteó la cabeza hacia varias direcciones, hasta que notó una silueta justo frente a él. Shikamaru, con el rostro dolorido, hacía un sello con las manos. A la luz de la vela caída, se podía ver cómo sus sombras se habían unido. Además, de la línea que unían a ambos contrincantes se habían extendido unas manos que aferraban con fuerza a tanto al rebelde como a su espada.

    —¿Pero cómo...?

    —¿Recuerdas cuando me dijiste que mis amigos estaban muertos y empezaste a reírte descontroladamente? Básicamente, cerraste tus ojos al hacerlo, momento que aproveché para crear un Kagebunshin y esconderme en los rincones donde no llegaba la luz de tu vela. Ya te lo dije: no debiste dejarme con vida... Además...

    Suigetsu lo miró fijamente, no pudiendo creer su pequeño pero garrafal descuido.

    —Me di cuenta de que tú y tus hombres habías ubicado a Mei Terumi en ese lugar como señuelo. Es la Mizukage derrocada, a fin de cuenta, y cualquiera se le acercaría desesperadamente para intentar ayudarla. Básicamente, me dejé atrapar para que Ino y Chōji pudieran ubicar este escondite... No están muertos. Ellos se han vuelto muy fuertes desde la Cuarta Guerra...

    —¡Pero murieron luchando contra mis hombres! —gritó Suigetsu, riendo con maldad.

    Apenas terminó de vociferar estas palabras, se sintió un temblor cada vez más intenso, hasta que un puño gigantesco derribó la pared que se ubicaba a espaldas de Shikamaru. Éste sonrió triunfante mientras los escombros caían. Suigetsu vio cómo se asomada a la habitación el rostro de Chōji, que ocupaba la totalidad del agujero que había provocado. Sus rasgos se notaban más delgados.

    —¡Lo encontré, Ino! —rugió.

    —¡Gracias a Dios! —dijo ésta, sentada sobre la cabeza del Akimichi.

    —Ino, ¿dejaste que Choji utilizara el Chōdan Bakugeki? Qué problemático, no hacía falta.

    —A mí no me mires —respondió la kunoichi cruzándose de brazos—. Le dije que era un exceso usar semejante técnica contra seis ninjas de medio pelo, pero ni caso me hizo.

    —¡Es que esos inútiles me dijeron que estaba esxcedido de peso! —se quejó Chōji. Unas llamas intensas inundaban sus pupilas. Shikamaru pudo ver cómo surgían de su espalda unas alas de mariposa compuestas de chakra.

    —Te dijeron "gordo", en resumen.

    —¡Callate!

    —¿Qué ha sido de los rebeldes? —preguntó Shikamaru, deseando que se apuraran. Hacer el sello del Jutsu de Posesión de Sombra le estaba suponiendo un dolor intenso en los músculos del pecho.

    —¡Todos muertos! —constestó Chōji, echando humo por la nariz.

    —Así que... —dijo Ino, sacando un kunai de sus ropas. Saltó dentro de la habitación y, lentamente, se acercó al inmovilizado Suigetsu. Quería tener el placer de matarlo, porque le tenía un odio descomunal. La Aldea Oculta entre la Niebla no volvería a ser la misma por culpa de aquel sádico de dientes afilados. Y quería curar cuanto antes a los heridos— Sólo quedas tú...

    Suigetsu apretaba los dientes.

    —Deja de poner esa cara... —le recriminó Shikamaru, sonriéndole—. Por cierto, me llevaré esta espada que traías contigo, porque tengo entendido que pertenece al nuevo Raikage. Alguien que se ganó su puesto sin necesidad de cortar a la mitad a nadie.

    —Aunque muera —respondió Suigetsu—, no se olvidarán de mí... El nuevo color de la niebla llegó para quedarse.

    Ino le quitó la vida con cientos de puñaladas. Así, la paz respiró aliviada.
     
    Última edición: 23 Abril 2014
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    Pire

    Pire Usuario VIP Usuario VIP Comentarista Top Coordinador de Actividades Genin

    Escorpión
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    Has cumplido con el reto magníficamente.
    Tu modo de narrar y expresar tus ideas me ha gustado mucho. Como de una idea, una misión de clase A, sacaste tanto, la niebla de sangre y no imaginé ni por un momento que el responsable hubiera sido el antiguo Akatsuki, bastante interesante.
    Me encantó porque en todo momento tomaste el miserio/suspenso y lo conservaste hasta el final, además quien iba a imaginar que Shikamaru fuera un buen actor.
    Shikamaru, el es tan *-* es todo un genio, completo, mira que todo estuvo planeado desde el inicio, desde que el subió por el poste y vió a Mei ahi, además que se movió escondiendose en el rincón, oh, es tan increible, deja ver su gran inteligencia y habilidad, gran pensado, tan típico de el. Guardaste las personalidades muy bien.
    La ortografía fue muy pulcra y bien cuidada, además que la manera en la que narraste hizo todo tan ligero y fácil de leer, o tuve problema al leer 3000 palabras(?
    Un excelente trabajo, fue un placer leer el escrito.

    Calificación: 5 puntos.

    Pire<3
     
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    Salem

    Salem Momos are dead

    Cáncer
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    Escritora
    Te pasaste.

    Excelente escrito, me encantó. El reto fue muy bien logrado y cumplido, el texto estuvo impecable, te felicito.
    El desafío era muy bueno y supiste aprovechar este recurso que se te brindaba de una forma magnífica; todo el fanfiction es atrayente y excelentemente entretenido.
    Permitime decir que me fangirleé tanto mientras leía. xD Hace muchísimo que no leo nada que involucre a Suigetsu, que también es uno de mis personajes favoritos, y gracias a la actividad leí tu escrito. Juro que me encantó. xDD

    Calificación: 5
     
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