Leyenda Popular El monje sin cabeza [Leyenda de San Miguel de Allende; Gto.]

Tema en 'Otros Fanfiction' iniciado por montsehinata, 14 Diciembre 2011.

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    montsehinata

    montsehinata Entusiasta

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    El monje sin cabeza [Leyenda de San Miguel de Allende; Gto.]
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    --¡Idiotas! ¡Déjenme salir de aquí!—les grito con todas mis fuerzas pero mi voz se quiebra por culpa de las lagrimas.

    Esta es una broma, una broma pesada y cruel. Dejarme sola, debajo de este puente, y con las malditas puertas de hierro cerradas, es inhumano. Me quedo callada un segundo y escucho como un carro pasa sobre de mí. Han de ser ellos. Me cruzó de brazos y me dejo caer al suelo húmedo y mohoso. Tengo frio y ahora tendré que esperar que el velador pase por aquí y me ayude a salir. Pero quien me manda, como diría mi madre, a juntarme con puro hombre pendejo.

    —Son unos imbéciles, no sirven para nada más que molestar pero, que esperen que salga de aquí y llegue a la casa de Rodrigo. No se la van a acabar los malditos. —empiezo a decir entre dientes mientras me acurruco más entre la pared y el suelo. Sé que no debería hablar como un borracho de tercera pero… ¡Es su culpa! Digo, creo que ustedes también estarían gritando de pestes si se quedaran encerrados en medio de la noche en ese lugar—Cuando salga de aquí juro que tomare sus cervezas y se las voy a meter…—

    —¿Mi lady? —

    Mi monologó es interrumpido de pronto por un hombre. Bueno, eso creo ya que por su figura puedo estar completamente segura que chica no es. Aparte de eso, la voz lo delata. Me levantó casi de un salto y me golpeó la cabeza con el techo. Aparte de lúgubre y oscuro; el mugre lugar es una mini jaula de piedras.

    — ¿Se encuentra bien? — vuelve a hablar la figura y yo me arrastro hasta los barrotes para poder verlos mejor. Es un señor sumamente alto, tanto que ni aun asomando mi cabeza puedo ver su cabeza. Pero eso no importa, lo que importa es que finalmente podre salir de este lugar.

    —Sí señor, pero necesito salir de aquí. — le digo mientras finjo una sonrisa. Como diría mi abuelo; si se pide de buena gana, todo se le da a uno.

    — ¿Los chichimecas la han capturado en esa pocilga? — me pregunta con aparente preocupación en su voz. Yo me rió y en mi mente me imaginó a mis amigos vestidos como chichimecas y bailando alrededor del fuego.

    — Pues mire, no sé si de chichimecas tengan algo pero, sí. Esos malditos me dejaron encerrada. —

    —Esa no es forma de hablar de una señorita decente. — me dice y en mi mente me imaginó a mi abuelita, ella me dice eso todos los domingos que la voy a visitar.

    —Sí, ya me lo habían comentado. Pero, si me podría ayudar. Ya voy tarde para mi casa y necesito tomar el último autobús. —

    El señor se queda unos minutos pensando y después estira el brazo en torno a la chapa. Sé que el candado evita que esta se abra y el don no parece tener ningún tipo de llave. Lo observo escéptica pensando cómo demonios me va a sacar de allí.

    — ¿Ese autobús del que habla, es una nueva forma de carroza? — me quedó callada sin la más remota idea de que esta hablando este vejete. — Porque pienso que una jovencita tan bella como voz podría conseguir un caballo a cualquier criollo que se le cruce por el camino. —

    Cuando termina de decir eso la puerta se abre y yo caigo de bruces al suelo. Si mi ropa no estaba lo suficientemente mugrosa ahora esta puerquísima de seguro. Alzó la vista y por primera vez puedo ver parte de la ropa del hombre. Es un habitó de monje, pero no de cualquier monje. Yo los había visto en mi libro de historia esa semana. Ese era el tipo de hábito que usaban los monjes franciscanos cuando habían hecho la evangelización.

    “No, por favor no.” Pienso en mi mente mientras me arrodillo y sigo observando al monje. Mis manos me tiemblan y mi boca está seca. El monje se queda quieto y después se dobla ligeramente, como si me quisiera ver. Me cubro la boca y mis ojos se llenan de lágrimas. Quiero cerrar los ojos y no puedo. Me sé esta historia. Es una de las leyendas más conocidas de San Miguel.

    En las noches de esta fría ciudad la Leyenda del Monje descabezado,
    Un Monje condenado a salir los viernes en horas avanzadas de la noche,
    Desde la iglesia de su convento donde estaba encerrado hasta el puente donde fue degollado,
    Busca su cabeza, que le fue arrebatada hace muchos años,
    Por los chichimecas que nunca fueron evangelizados.

    — Pero antes de que se vaya. ¿No habrá visto una cabeza debajo del puente? —
     
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    Tarsis

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    Escalofriante, interesante relato. De verdad, me ha encantado, aparte de innovador, de verdad que no lo había escuchado no leído.
    Supiste manejar muy bien a tus personajes, yo de saber nada más que estará sin cabeza mínimo me desmayo, pero, supiste llevar a la protagonista hasta el final.

    En lo técnico tienes varios detalles, comenzando con una errónea acentuación, cambias los tiempos del verbo y por lo tanto la frase pierde en sentido, recuerda que estás narrando en primera persona, en presente. Estan en todo el texto, pero sólo marcaré algunos.

    Saludos. Un placer tenerte publicando por aquí.
     
  3.  
    Sheccid

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    Escalofriante... pero , no se porque le cortarón la cabeza al padre y como fue... espero alguien me saque de duda
     
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