El magnetismo de la magia

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por The Condesce, 25 Abril 2015.

  1.  
    The Condesce

    The Condesce Crítico

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    Título:
    El magnetismo de la magia
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    3780
    Se han de estar preguntando, las pocas almas que se aventuren a abrir el enlace que les lleva a este tema: what's this shit? pues esta especie de novela corta cutre, o lo que sea, que es de lo más cliché, es tan sólo un ejercicio de escritura en el que estoy trabajando. Más que nada estoy jugando, y tratando de forzarme a mí misma a escribir, aún si no tengo inspiración, simplemente para agarrar el ritmo y tener constancia. ¿Qué mejor manera de tener constancia que teniendo un público con el cual cumplir? aunque no estoy segura si vaya a existir tal público. Ni en joda voy a ser una lame botas que ande rogando en los perfiles ajenos un poco de atención.
    So, en serio espero que les agrada distraerse un poco con esta simple historia de magia, fantasía y romance, que no pretende ser más de lo que es.


    Capítulo 1:


    Lágrimas acumuladas se desbordaban, forzadas a escaparse de sus cristalizados tiernos ojos con el color de las transparentes aguas verdosas y azulinas de las costas del caribe. La lluvia le caía sobre los hombros empapándole los risos La vista se le nublaba y no estaba del todo segura hacia dónde corría. Se tropieza con una raíz, y cae sobre el suelo, cuya terreno mojado se encuentra cubierto por las hojas de todos los árboles que las dejaban caer cuando el viento agitaba con fuerza sus copas. Su vestido quedó manchado con el barro, y se quedó ahí, tumbada en medio del bosque. Y lloró con más ganas, y con más ganas, desconsolada, desesperada, y perdida, porque, por más que volteara a un lado, al otro y al otro, todo lucía igual: no podía identificar el camino que había tomado. Se encontraba extraviada. Pero así era mejor, sí, entre más lejos se encontrara de ellos, sería mejor. Así que limpiándose las lágrimas de las mejillas y los párpados se levanta temblorosa, se sacude de todos lados la suciedad y continúa avanzando, sin tener conocimiento de la dirección, tan sólo caminando sin rumbo entre los pinos, cedros, encinos, abedules, fresnos y los abetos.

    Olía a humedad, a tierra mojada, el aroma fuerte de los pinos le inundaba las fosas nasales, mezclado con otros perfumes más dulces o más agrios que desprendían las hojas de todos los otros árboles, consiguiendo una fragancia inigualable de otro modo que con el conjunto de toda esa naturaleza en específico. Se dio un instante para lanzar un suspiro, y calmarse para observar el paisaje; pero tan sólo le dieron más ganas de llorar.

    Después de andar un rato por esos senderos escabrosos, con los zapatos llenos de agua y la humedad calándole hasta los huesos, se halló frente a unas escaleras de piedra desgastadas que seguían y seguían más arriba, más allá de lo que alcanzaba a apreciar con la vista.

    Fue una sensación onírica extraña aquella que le embargó al ver aquel camino que se extendía a lo lejos. No sería un razonar extraño el que le pareciera seguir aquella ruta para continuar huyendo, no lo sería; y no obstante, al parecer, no era ese el motivo por el que había comenzado a subir los irregulares e inclinados peldaños. Tal vez se tratase de un agente externo suscitándole que continuara por ahí, una fuerza superior etérea atrayéndola místicamente hacia el lugar. Un magnetismo de poderes más allá de lo que nos pudiéramos figurar si no fuéramos a saber lo que sucedió a continuación. Un sentimiento cautivador, como un hechizo que la encantaba, como una ilusión brillante, aquella emoción parecía ser la luz de las estrellas en líquido derramándose hasta convertirse en un mar, cuyas mareas la empujaban hacia el frente. Era nostalgia. Nostalgia pura y abrumadora que parecía susurrarle con un tono suave al oído, que a donde quiera que llevara esa ruta, era adonde pertenece, había pertenecido, y pertenecerá siempre.

    Y continuó como si fuera un trance, escalón por escalón.

    Pero eran tantos que aparentaban ser eternos. No tardó mucho aquella impresión en desvanecerse, siendo remplazada por movimientos lánguidos y forzados. Cansada ya y con los músculos doliendo, quiso regresar, pero oteó hacia abajo y se veían tantos y tantos y tantos escalones como se veían si miraba hacia arriba. ¿Qué sucedía con esas escaleras? ¿Es que realmente no tenían fin alguno? Sin saber cuál opción era la más conveniente persistió en ascender. Cuando de repente se tropieza con un escalón fracturado y casi da en el de arriba con la boca de no ser porque alcanzó a meter las manos, pero se raspó la rodilla. Dolía mucho. ¿Ahora qué? Tenía frío, le dolían las articulaciones, estaba exhausta, no sabía cómo regresar, le estaba dando sed y ahora sangraba. Por lo menos ya no caía tanta lluvia, tan sólo una leve brizna; de todos modos le dieron ganas de llorar otra vez. Pero se dijo así misma que no, que era más fuerte que eso, que no debía llorar, porque a las niñas que no dejan de llorar, se les aparecen los espectros secuestra niños por la noche para llevárselas y no regresarlas jamás; o por lo menos era eso lo que siempre le decía papá cuando lloraba sin cesar. Pero papá ya no estaba ahí, ya no lo estaría jamás, y ella, ya no era una niña pequeña e ingenua que creía en esos cuentos para asustar tan insulsos. Apretó los puños y la boca y se contuvo, de modo que siguió subiendo, mordiéndose el labio inferior.

    Continuaba transitando el paso y se dio cuenta de que era muy viejo, muy, muy viejo y no había sido usado en años y años. Tal vez siglos, ¿quién podría saber? Tal vez era el paso hacia un antiguo castillo medieval y al terminar se encontraría con unas imponentes y pintorescas ruinas de lo que un día en el pasado fue un magnífico palacio y ahora sólo quedaban los despojos de su estructura. Negó con la cabeza, no debía fantasear con cosas tontas e infantiles. Entonces dio el siguiente paso y… el peldaño estaba… ¿fracturado? ¿Era acaso su imaginación o estaba partido a la mitad con una raja idéntica a la del anterior? Seguro se estaba haciendo líos mentales sin sentido. Solamente lo pasó con cuidado para que el accidente precedente no tuviera otra oportunidad de ocurrir.

    Seguro habían pasado ya algunas horas, o al menos eso creía, porque cada segundo lo sentía eterno. Las piernas y los pies le atormentaban que daba horrores… pero ahí estaba de nuevo aquél sentimiento, ese sentimiento de querer saber el misterio que le deparaba al terminar el camino. Pero oscurecía, era muy peligroso estar perdida en el bosque de noche, lo sabía. Lo mejor sería simplemente regresar por donde vino, buscar a los hombres de traje, abordar el auto una vez más y resignarse a ser llevada muy lejos. Le parecía tan deprimente como seguir siendo cubierta por la suave llovizna, completamente sola, rodeada de salvajes animales. ¿Y si se habían ido ya y ni siquiera la habían esperado? ¿No les pagaban para entregar a los mocosos, como los llamaban? ¿Qué iban a hacer si llegaban sin ella? Seguían ahí, seguro, y debía volver, sí. No obstante, al parecer era mucho más fuerte el anhelo de dilucidar qué había al final. No importaba ya que las estrellas salpicaban el cielo caliginoso con su pálido refulgir.

    De nuevo. Un escalón a desnivel, con la misma espantosa grieta que había provocado su herida. Lo escudriñó con la mirada, de forma filosa, como si tratara de atravesar la piedra rota y partirla en otros cincuenta pedacitos, sólo para asegurarse que era la misma forma y no era la oscuridad de la noche engañando a sus ojos; en efecto, era la misma, tenía que ser la misma. Entonces ese lo pasó lentamente y… ¡Corrió! Corrió tan rápido como pudo hasta que se le fue el aliento. Se detuvo para respirar, volteó al frente y, a pesar de todo lo que había avanzado con aquella rapidez, ¡Ahí estaba el endemoniado peldaño roto, de nuevo! ¿Qué rayos sucedía ahí? ¡Pero si estaba caminando en círculos! ¿Cómo era eso posible en unas escaleras?

    —¡¡AHH!! —por el susto pegó aquel grito de desesperación.

    En un estado de estupor, desconfiada, caminó de forma cautelosa. Marchó a pasos lentos y firmes, hasta pisar justamente el escalón roto. Alzó la vista y lo que divisó la dejó aún más estupefacta. Un poco más en lo alto, había un arco de apariencia antigua de la misma piedra que las escaleras. Llegó hasta el objeto que parecía haberse mostrado mágicamente y vio que arriba tenía unas letras. Estas decían: “No pasar”.

    ¡Ja! ¡Como si le fuera a hacer caso al mensaje ese cuando seguro viene del mismo insolente que la estuvo torturando todo este tiempo haciéndola caminando en círculos! Aunque realmente no entendía cómo era eso posible, cómo era posible subir una escalera recta en círculos, cómo era posible que de la nada en alguna de las vueltas apareciera un arco, lo cual era, por supuesto, de lo más absurdo. Vaya broma disparatada era eso de tratar de hacerle creer que si cruzaba ese arco iba a pasar algo, cuando, se podía apreciar con perfección que atrás de éste no había nada que no fueran más escaleras. Soltó un bufido petulante y con la cabeza muy en alto atravesó el enigmático arco.

    Fue en ese preciso instante que decidió mandar al diablo por completo todo pensamiento lógico y realista que pudiera tener. Porque lo que se extendía frente a sus ojos no eran más peldaños.










    Unos ojos enormes esmeraldas de brillo inhumano y sobrenatural, de pupilas reptílicas, se abren de golpe para fosforecer en medio de la reinante oscuridad.

    Alguien ha pasado la barrera.

    ¿¡Quién era el osado infeliz que se atrevía a perturbar su sueño!?

    Sus irises flamean, llamas de ira que arden tanto como congelan con su gélida crueldad. Furia expresa de forma literal en esa mirada severa y cuyo refulgir tétrico inspiraría intimidación.

    ¿Quién carajos era el imbécil que no tenía otra cosa que hacer aparte de subir y subir y subir escalones como un retrasado?

    Si había una cosa que detestaba con un odio sin igual, entre todas las tantísimas cosas que no era capaz de tolerar, esa sería un eclipse lunar. Cuando el satélite de luz blanquecina se alineaba de forma perfecta con la gran estrella fogosa del sistema solar, como si trataran de burlarse de él con su ridícula exactitud. Y dicho evento astral desprendía una energía impresionante y verdaderamente molesta que anulaba la magia que ocultaba su reino como si de un velo de invisibilidad se tratase, y para evitar individuos no planeados ni deseados en sus dominios, tenía que poner estúpidos encantamientos de soporte con un montón de puntos ciegos que se podían burlar. Menudo fastidio era ese, como si no tuviera ya suficiente con el inevitable magnetismo que emana la magia.

    Pero veamos, ¿de qué despreciable ser se trata en esta ocasión? Un humano, seguro. Repugnantes criaturas esas, a veces se pregunta por qué no emprende un viaje para incinerarlos a todos con el fuego infernal de sus entrañas.

    Cerró los ojos y mentalmente visualizó al intruso, cruzando el arco que separaba esta dimensión del mundo terrenal. Ella…, porque era un ella, tenía un par de ojos con un fulgor que jamás había visto antes. Tan puros como el agua de un manantial y tan profundos como los abismos del mar, desbordantes de emoción y asombro, ojos azul turquesa maravillados por lo que tenían frente así. De largas y tupidas pestañas. Ojos en un rostro de piel clara, tersa como porcelana y mejillas del tono más exacto y perfecto de carmín. Hermosos labios sonrosados, húmedos y entreabiertos. De inmediato la muchacha llamó su atención; cosa verdaderamente frustrante, si tenía que ser franco. Era hermosa, tan hermosa, que sintió su respiración fallar. Una belleza hipnótica de finas y frágiles facciones que le hizo quedarse paralizado. ¿Acaso se trataba de una estrella que había caído del cielo? Porque iba más allá de la belleza física y visible, porque tenía el cabello hecho un desastre, la ropa rasgada, y sucia, y se encontraba empapada, completamente desaliñada, pero había algo de indescriptible valor, algo en el corazón de esa joven era cautivador, algo que ni siquiera podía explicar con palabras ni plasmar de ninguna manera. ¿Qué clase de ente era aquél? ¿Qué clase de magia estaba usando para seducirlo de aquella forma? Debía tratarse de eso, de una magia tan fuerte que podía afectar hasta los sentidos de un dragón. ¡Absurdo! ¡Absurdo! ¡Simplemente imposible? ¡Todos saben que no hay nada más fuerte que la magia de dragón! ¿De qué se trataba? ¿Qué poseía esa joven que podía alterarle de semejante manera?

    Los dragones siempre pueden ver cosas en el alma de la gente que otras criaturas no pueden. Ni siquiera los otros seres místicos. No, no hay nada como los ojos de un dragón cuando se trata de desnudar la esencia de cualquier ser. Era por eso que los humanos le desagradaban tanto, porque podía ver en sus almas su corrupta y retorcida naturaleza. Pero con esa joven era diferente. Podía darse cuenta de que algo resplandecía en su interior, pero ni con sus ojos de dragón podía figurar de qué se trataba exactamente.

    Unas ganas tremendas poder tan sólo sentir el tacto de su calor se le comenzaron a desbordar. ¿Si la tocaba, aunque fuera tan sólo un suave contacto, se desmoronaría para luego desvanecerse? ¿Se destruiría como todo aquello que llegaba a sus manos? ¿Se volvería grises cenizas y el viento se las llevaría? ¿Se quebraría, como cristal que se estrella contra el suelo? Si tan sólo se acercara a ella, si lo hiciera, ¿sería terriblemente corrompida y perdería esa aurora de inocencia que la envolvía como luz cálida? Sintió algo en su pecho ansiar con desespero la calidez que emanaba el aura de aquella muchacha de vulnerable y grácil figura. ¿Qué clase de ser era? Tuvo miedo entonces. No quería hacer desaparecer algo tan hermoso, pero el anhelo de poseerla fue más grande. Sí, tan sólo tenía que encerrarla en su mundo de locura y nunca dejarla volver por donde vino.











    No podía creer lo que veía. Frente a sus ojos, las escaleras ya no existían, ahora, se encontraba de nuevo en el bosque. Sin embargo, muy cerca, al frente, había una pequeña cabaña. Había las flores más extravagantes que jamás había visto subiendo por los troncos de los árboles y a los pies de la pequeña casita. Sus embriagantes perfumes le llenaban el sentido del olfato, provocando una sensación de paz y armonía en su interior. Luces de colores intensos y brillantes como rosa, morado y azul, parpadeaban por todos lados, como si de luciérnagas o hadas se tratase. A un lado se encontraba un pequeño estanque de cristalinas aguas tornasol, y desde el patio de la cabañita un puente lo cruzaba. Todo era tan surreal y brillante, tan onírico y delirante que parecía estar dormida. Pero no, sabía que era real. ¡Pero era tan maravilloso todo! Volteó atrás, pero el arco había desaparecido.

    Como se podía ver luz salir de las ventanas decidió acercarse y ver si sus habitantes eran lo suficientemente gentiles como para decirle dónde se encontraba y ofrecerle un poco de calor, que mucha falta le hacía.

    —¿Disculpe? ¿Se encuentra alguien ahí? —No tardó mucho rato a la puerta cuando una señora de aparente edad mediana, pero con la peculiaridad de tener orejas puntiagudas y alargadas abrió la puerta. Y cuando miró a la chica abrió los ojos con enormidad. Parpadeó varias veces seguidas, y azotó la puerta en la cara de la pobre chiquilla, como si hubiera visto un fantasma.

    —¡Eso ha sido muy grosero! —se queja la muchacha. La puerta se vuelve a abrir, lentamente, rechinando, y la señora anterior asoma temerosa la cabeza. Ahora es la niña humana la que parpadea sorprendida un par de veces.

    —¿Es acaso que usted tiene miedo de mí? Si ese es el caso, permítame darle mis disculpas. No ha sido mi intención en ningún momento asustarla —al parecer, sus corteses palabras lograron que la mujer se tranquilizara un poco, pero ella insistía en mantener la puerta semi-cerrada —. Le aseguro que no represento ningún peligro ni amenaza. ¿Qué podría yo hacer para dañarle?; pero, déjeme entrar, por favor. Tengo frío y estoy muy cansada. Apreciaría de veras si me diera un momento de su hospitalidad —la persona tras la puerta jaló a la jovencita y la introdujo a la casa con mucha rapidez.

    —¡Ay, querida niña! ¡Si no eres tú lo que me asusta! ¡Oh, cielo santo! ¡Has llegado antes de lo previsto! ¡Si él llega a enterarse que estás aquí! ¿Pero qué patrañas digo? ¡Él lo sabe! ¡Condenado reptil, no hay una sola que se le escape! —parloteaba, y la chica simplemente no entendía de qué iban sus paranoias. Tan sólo le parecía que no estaba del todo cuerda —¡Ay hija mía! ¡Si supieras de lo que él es capaz! No, no, no. ¡Debo decirle! ¡Debo decirle! ¡Debo decirle a ella! Pero pasa, sí, eso. Entra de una vez… ¡Ah, si ya estás adentro! ¡Qué torpe soy!

    —¿Disculpe? ¿Quién es esa persona de la que está hablando!

    —Oh, nadie, nadie, cariño. Tú no debes preocuparte por ello. Aquí adentro no puede vernos. ¡Pero te ha visto entrar! —¿sería que las preocupaciones de la vieja no eran infundadas, y realmente corría peligro? Tal vez no tenía un tornillo zafado como le parecía a la joven —¡Dios mío, no tenemos tiempo! ¡Pronto estarán aquí! ¡Ella debe apurarse, sí! Apurarse…. —saca del bolsillo en su mandil un pequeño mandil y con una varita mágica escribió hoscamente un mensaje que la chica no vio. Luego conjuró un hechizo inentendible y la nota desapareció en el aire entre brillos destellantes.

    —¡Hija, pero si estás empapada!

    —Sí, jeje…

    —¡Cogerás un resfriado! Espera aquí, ahora vuelvo —subió corriendo las escaleras y regresó con algo de tela entre brazos. —. Es un vestido. Ve arriba y cámbiate, niña, que necesitas estar seca. Abrumada, sólo asintió con la cabeza. La desconocida era demasiado amable para no saber nada de quién era. Pero la verdad no se le ocurría un por qué no aceptar la oferta de la ropa seca, aunque tal vez era una bruja malvada que come niños, ¿quién podría saberlo?

    El vestido era blanco y mullido. De mangas largas y con holanes de encaje. Era muy bonito pero tampoco era lujoso ni exagerado.

    Una vez vestida bajó abajo. Olía a chocolate caliente, y en la estufa, había una olla humeante. Con señas la señora le indicó que tomara asiento en la pequeña mesa de madera que se encontraba en medio de la cocina. Con la varita dirigió una taza frente a la niña y luego la olla, sirviendo un poco de la leche enchocolatada y caliente para ella. Tomó la taza y le sopló con cuidado para enfriarla, y así durante un rato para enfriarlo y poder beberlo sin lastimarse, mientras la otra sacudía las esquinas.

    —¿Y cuál es tu nombre, linda? —preguntó amablemente con una sonrisa.

    —Me llamo Eveleigh, Eveleigh Dreamstone.

    —Oh, encantador, encantador nombre.

    —¿Y el suyo? —dijo Eveleigh cortésmente.

    —Eso no es importante, querida. Si quieres puedes llamarme tía.

    —Como guste…

    —Bebe, que se enfría, anda, niña.

    —Ah, sí. ¡Claro! —y tomó un sorbo que le sentó de maravilla. Sentir el líquido caliente recorrer su cuerpo la hizo sentir tranquila y contenta.

    —Tienes el cabello hecho un desastre, pequeña. ¿Me permitirías arreglarlo por ti?

    —Oh, por supuesto se lo permito. ¿Pero no es mucho pedir? Ya ha hecho suficiente por mí dándome ropa seca y esta deliciosa taza de chocolate caliente. De verdad se lo agradezco.

    —¡Ay, linda! —tomó el cobrizo cabello pelirrojo de la muchacha y comenzó a cepillar. A la par que lo hacía, las hebras tomaban una forma risada y brillante —¡No te preocupes! ¡Hace tanto, tanto, tanto que no veía una jovencita tan bonita por aquí, que nada está demás!

    —De nuevo se lo agradezco muchísimo…

    —Y quédate la noche aquí, que afuera hay todo tipo de criaturas peligrosas.

    —No sé cómo podré pagárselo…

    —¡No seas tonta! ¡Deja de preocuparte por esas cosas banales!

    —Está bien, dejaré el tema si le molesta.

    —¡Ay, eres muy dulce, pequeña! —le acarició el cabello.

    —¡Ya está! —anunció después de un rato de estar peinando — Deja lo amarro por ti, porque ya es hora de dormir, y no queremos que se revuelva en la almohada y vuelva a enredarse todo —dicho eso con un listón blanco lo sujetó en una cola apretada pero no demasiado como para incomodarle —. ¿Tienes sueño, verdad, linda? —entonces se percató de que ya no podía mantener los ojos abiertos, y los bostezos se le escapaban de la boca. Asintió con la cabeza —. Sube, sube. Ve a la cama. Tallándose los ojos, Eveleigh afirmó con la cabeza somnolienta y subió las escaleras de madera.

    Una vez que estuvo entre las sábanas, cayó profundamente dormida, y no pudo escuchar, como se abría la puerta de la cabaña de golpe.

    —¿Y la niña? —dijo una voz femenina proveniente de una sombría figura cubierta con una túnica oscura, ocultando su rostro.

    —Arriba, durmiendo.

    —Gracias por avisarme

    —¡Ay, las cosas que me haces hacer! ¡Drogarla con el chocolate! ¡Pobre pequeña! —contestó afligida la tía

    —Calma, calma —dijo impasible la otra voz —. Yo tampoco quiero que le suceda nada. Pero no creo que él esté tranquilo hasta tenerla entre sus garras —su tono se volvió severo —. Ya sospecha algo.

    —¡Maldita criatura! —exclama con el rostro torcido de desprecio — ¡Ojalá un rayo lo partiera en dos! —bufa.

    —Ambas sabemos que hasta los rayos tiemblan de miedo al oír su nombre —le responde la persona encapuchada con desesperanzada ironía.

    —¿Pero estás segurísima que ya sabe de la chica? —la otra asiente con la cabeza

    —Tal vez no sabe nada de la amenaza que representa para él, es probable que esté demasiado cegado por su arrogancia. Pero es muy astuto, lo averiguará todo tarde o temprano, tenlo por seguro. Por ahora, hasta lo que me permiten mis poderes para no ser detectada por él, ya ha notado algo inusual en la muchacha. Lo más probable es que la extermine antes de figurar de qué tipo de amenaza se puede tratar. Debemos mantenerla oculta.

    —¡Cómo me va a ir a mí! ¡Ay, madre mía! —murmuró aterrada

    —Te protegeré. A la chica y a ti, las protegeré. Ya verás que viviremos para ver como acaba su reinado del terror. ¿Puedo ir a verla?

    —¿No te la vas a llevar, de todos modos?

    —Sí, lo haré.
     
    Última edición: 26 Abril 2015
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    Víngilot

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    Hola Condesce, un placer leerte. En primer lugar quisiera decir que me pareció hasta cierto punto retador tu comentario inicial y lo veo innecesario puesto que basta comenzar a leer para darnos cuenta de tu calidad y ésta habla e hipnotiza por sí sola. Dices además que es un simple ejercicio de escritura ¿mn? Pues debo decir que es un ejercicio bien ejecutado y ahora sí a desmenuzar mi comentario:
    Has conseguido atraparme, tanto la ortografía como la redacción y el lenguaje que utilizas me son muy gratos; tu calidad es también muy evidente y el escrito presenta además una trama muy original, una chica transportada a un mundo mágico, un dragón y un par de ¿hadas? Por cierto, hermoso nombre: Eveleigh, pero ¿cuál es su edad, por qué de pronto está siendo llevada a un camino de locura y espanto cual Alicia entrando en el agujero del conejo, de qué escapa, quiénes son esas personas que la esperan? Interrogantes que le dan un toque sumamente interesante a la historia y que será un placer ir descubriendo. El dragón ¡oh, los dragones! las criaturas fantásticas por excelencia y me gusta el enfoque que le das un tanto tolkieniano, renunciando a ser una simple criatura amenaza a la que hay que asesinar; aquí hay algo más, un dragón que gobierna un mundo o reino y que ha quedado cautivado por la presencia de Eveleigh ¿acaso para poseerla? ¿destruirla? ¿o algo más? Esta es una de las hebras principales de la historia, no cabe duda.
    Y finalmente las presencias femeninas, me queda claro que son buenas y protectoras pero esa última mujer que llegó quién es y a dónde se llevará a Eve.
    Ha sido muy grato encontrarme con esta historia, quizá también me vi impelido a leer por una extraña y poderosa fuerza, ahora yo también formo parte de este mundo y considero que estoy tan ignorante e incómodo como Eve, pero soy un sobreviviente y estaré bien, primero a conocer de a poco cada recoveco de este lugar. Muchas felicidades Condesce que esto pinta muy bueno, ya tienes un lector, que estés muy bien, hasta la próxima.
     
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    The Condesce

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    Una disculpa enormee por la tardanza. Se suponía que tenía que forzarme a escribir esto y escribir y escribir aún sin inspiración, pero terminé escribiendo otras cosas y este experimento no me está saliendo Dx bueno, aunque tarde mucho voy a seguir, porque si no no habré cumplido mi objetivo y eso sería terriblemente frustrante.

    Ahora, muchísimas gracias por tu comentario, Vingliot. De verdad me es grato leer que a alguien le ha gustado, y aunque en efecto es sólo un ejercicio, no por ello quiero tener una baja calidad en mis descripciones. En cuanto a la historia, qué bueno que deja esas dudas atrapantes que incitan al lector a leer el siguiente capítulo, aún si es la cosa más cliché del mundo xD porque debo advertirte que esta historia es cliché y cursi LOL

    También me agrada ver que logro expresar bien mi ideal de los dragones *o*

    Las influencias como Tolkien y Alicia en el País de las Maravillas son demasiado obvias, y así te irás encontrando varios aspectos que no son del todo originales, y debido a que no hice una investigación previa, habrán algunas incoherencias en la mitología... pero bueno, es eso, una historia sin pretensiones de ser grande, no por ello le pongo menos esfuerzo.

    En cuanto leí tu comentario me puse a escribir de nuevo, pero la fugaz inspiración no me dio para mucho Dx por eso otra disculpa, porque ahora está un poco más técnica y literal la narración, creo. Sin menos poesía. Pero a veces me pasa, que en un escrito escribo todo prácticamente como una metáfora, y en el otro casi todo es literal... espero para el siguiente recuperar el ritmo xD

    La edad la voy a decir pronto, y quién es esa mujer, aunque ahora te digo el nombre, es algo que me voy a guardar un poco más e_e


    Sin más que decir...



    Capítulo 2



    —¿E-eh...? ¿Dónde estoy? —se levantó y se talló los ojos. Y quedó completamente confundida al percibir que ya no estaba en la suave y mullida cama de la cabaña de la tía. ¿Dónde estaba? Le dolía la espalda. Estaba… ¿recargada en un tronco? En frente había una…. ¿olla con estofado sobre una fogata? Entonces una figura de negro se apareció, quiso gritar, pero la persona encapuchada le tapó la boca con las manos y le susurró al oído:

    —Shh… no debes hacer ruido… —entonces le soltó la boca.

    —¿Quién eres tú? ¡Oh, Dios! ¿Me vas a cocinar en esa olla? ¡No, por favor! ¡Ya estoy un poco grande! ¡Ya no soy una niña pequeña! ¡Seguro que ya no tengo buen sabor! —la de otra soltó una pequeña risa, y se quitó la capucha. Tenía rostro y cuerpo humano, los de una joven mujer verdaderamente hermosa, de finas y delicadas facciones que expresaban la nobleza más pura de las antiguas reinas y princesas, pero era claro que no era un humana. Sus ojos eran verdes, del verde más intenso y fosforescente que hubiera visto jamás. Su cabello era rojo. Un rojo ardiente como el del escarlata de la sangre; brillante, intenso, y parecía arder como las llamas del infierno mismo. Pero por alguna razón irradiaba una paz extraña que le hacía sentir segura.

    —¿Crees caber en esa pequeña olla? —dijo burlonamente, pero no de una forma cruel ni malintencionada.

    —P-pues… si tienes un cuchillo y me descuartizas… —dijo nerviosa

    —¡Madre mía! ¡Pero qué pensamientos tan tétricos! ¡No, no! ¡Jamás sería capaz! —parpadea varias veces sorprendida.

    —¿Y la tía? —pregunta dudando.

    —Ella está bien… sólo eso necesitas saber.

    —¿Quién eres y por qué estoy aquí contigo? —era claro que aún no confiaba en la otra.

    —Mi nombre es Leia. ¿Cuál es el tuyo?

    —Mucho gusto, Leia… soy Eveleigh, pero… eso no me respondo por q… —no pudo terminar de formular aquel cuestionamiento porque de nuevo su boca fue tapada, y ahora el murmullo en su oreja fue un suave “shhh”. Pudo escuchar voces bastante cerca entre los árboles del bosque. Soltó a la chica hasta que se dejaron de escuchar las voces.

    —Perdona, pero nadie debe saber que estamos aquí —sus palabras suenan sinceras, debido a la expresión afligida que marcan sus cejas.

    —¡Esto es prácticamente secuestro, señorita! —de todos modos reclama.

    —Lo sé, y te pido me disculpes —le pide perdón de forma honesta.

    —… —mira a la mujer con vacilación. No está muy segura de qué pensar. Toda la vida se te dice que no debes hablar con extraños, se te convence de ello, de que pueden ser peligrosos, hacerte mucho daño, venderte, quemarte, abusar de ti; sin embargo, Eveleight miraba a esa muchacha que lucía no demasiados años mayor, y sólo podía tener una inexplicable sensación de estar protegida. Eso no significaba nada; las últimas cosas que recuerda son tan absurdas como la anterior, y le parece que si existe en este misterioso lugar la magia, esta persona podría estarla usando ahora mismo para engatuzarla con alguna especie de encanto élfico. Como las sirenas, que cantan hermosas y cautivadoras melodías, y los marineros piensan que son criaturas de magnífica belleza incapaces de hacer daño alguno, es ahí entonces cuando las arpías endemoniadas se los llevan y los ahogan en el fondo del mar, quedándoselos para siempre como alguna especie de amante psicópata y posesiva. De modo que la sensación de seguridad en su corazón ahora tenía una batalla campal por el dominio con los pensamientos lógicos y prudentes de su cerebro —Tal vez ya sé tu nombre, pero una persona no es su nombre, y yo no sé nada sobre ti, aún no sé dónde estoy ni por qué estoy aquí, ¿podrías responderme por lo menos una de esas preguntas?

    —Mmm… —se queda un momento pensativa —ahora mismo estamos en los bosques sur del gran reino mágico de Draconis, gobernado por el tirano y cruel rey dragón, Tenebráedan —dice aquello como si se tratase de lo más normal del mundo, la chica del cabello rizado no puede evitar parpadear unas cuantas veces.

    —¿Qué? —su tono es incrédulo —Espera… —se detiene un momento —no, olvídalo. Ya no puede sorprenderme…. —hay cierto deje de ironía en su voz —. Escaleras que se repiten, arcos a otro mundo que desaparecen, señoras que hacen chocolate caliente con una varita mágica, dragones… ¡seguro que estoy soñando!

    —Tal vez lo estás. Pero, yo estoy muy segura de ser yo, y no tan sólo un simple producto de tu inconsciente, ¿qué te asegura entonces que no es este mi sueño? —pregunta Leia.

    —Yo también estoy muy segura de ser yo. Tal vez este no es mi sueño ni el tuyo, sino el de alguien más y nosotras sólo aparecemos

    —Tal vez, tal vez. Pero ignora los tal vez. Más te valdría tomarte esto en serio, por tu propio bien. Y si es que esto es un sueño, será mejor que no se convierta en pesadilla —al pronunciar aquello, esboza una cálida sonrisa, llena de amabilidad —¿Verdad? —le sigue pareciendo que no puede no confiar en las palabras de ese ser. Tal vez es peligroso, tal vez la queme, o tal vez la venda; pero decide ignorar los tal vez.

    —Ahora lo mejor será que comamos, puesto que el viaje será largo y necesitamos guardar las energías —anunció la pelirroja mientras que de un viejo bolso entre su túnica sacaba dos casos, y servía el estofado. Eveleight mira el plato desconfiada. Su cabeza ya está maquinando posibles teorías acerca de su contenido; desde que está envenenado o hasta que sabe horripilante porque es para otros seres, no para los humanos. No obstante sería de muy mala educación rechazarlo. Aceptó la comida de buena gana, y no fue hasta dar el primer bocado que reparó en el hecho de que tenía mucha hambre. Hace mucho que no había comido, y un rico estofado caliente ahora le venía de maravilla. Leia la mira y en sus ojos hay ternura. Una pequeña sonrisa se dibuja en su pálido rostro, porque cuando mira a esa joven, algo en su interior le grita que representa la esperanza.

    —Normalmente, podríamos ser localizadas con cualquier conjuro de búsqueda —comienza a decir —; pero no te preocupes, al menos no por ahora. Mientas uses ese amuleto que cuelga en tu cuello —Eveleigh mira bajo el vestido. En efecto, una cadena con un dije le rodeaba el cuello—. Aunque Tenebráedan mande a todo su ejército no nos encontrará. A mí no me puede localizar, porque soy una criatura poderosa —dice mostrándoselo y guiñándole el ojo — Eso sí, aunque sea una criatura poderosa, debemos evitar ser vistas, de esa forma podrían atraparnos.

    —Si eres tan poderosa, ¿no podríamos simplemente escapar con tu magia? —argumenta la chica humana. Leia frunce el ceño disgustada.

    —No puedo usar mis poderes con libertad. Tengo un sello que me lo impide —arruga la nariz.

    —Oh, perdona si sonó como que cuestionara tus capacidades, no quise en ningún momento ofenderte.

    —Está bien.

    —A propósito —comenta Eveleigh —. Aún no me has dicho qué tiene que ver todo esto conmigo…

    —Hace unos meses tuve una premonición. Era la visión de una joven humana que entraba a esta dimensión. Y en ese breve vistazo al futuro, las voces de los dioses antiguos me susurraron que aquella persona que llegara por fin traería paz, y acabaría con el reinado de terror de Tenebráedan.

    —¿C-crees que pueda tratarse de mí? —pregunta incrédula y nerviosa.

    —No lo creo, estoy segura de ello. Lo puedo sentir, puedo sentir la magia que lucha por escaparse de tu interior —la mirada que le dirige es intensa. La chica siente que esos ojos fosforescentes le penetran y ven a través de ella.

    —P-pero… —ni siquiera se le ocurre una sola cosa que decir. Y no es porque realmente pueda creer en las palabras contrarias, simplemente, la idea le parece tan descabellada que le deja sin palabras. ¿Por qué tendría ella que tener algo de especial?

    —Hace cuatro siglos que ningún humano pone un pie en estas tierras —el tono de voz de Leia no deja de ser serio.

    —W-wow. Eso es verdaderamente mucho tiempo… —no puede evitar preguntarse si es un dato que la mujer tiene, o realmente lleva viva lo suficiente como para haber conocido a ese último humano que piso los dominios de Tenebráedan.

    —Lo es. En cuanto termines de comer, partiremos al suroeste. Hay alguien que necesitas ver —Eveleigh se limitó a asentir con la cabeza. Entonces la mujer de cabellos rojos comenzó a recoger todas las cosas que había sacado para su momentáneo campamento. De adentro de la túnica negra que traía puesta, sacó un pequeño retazo doblado de tela, y lo comenzó a desdoblar. Parecía que tenía eternos dobleces, porque la chica sólo veía a la otra seguir desdoblando, y desdoblando, y desdoblando. Fue entonces cuando se dio cuenta de que se trataba de magia y ese pedazo de tela, era una bolsa, una bolsa encantada para encogerse. Miró el objeto con admiración. Seguido, la mayor metió ahí todas las cosas y comenzó a doblar de nuevo la bolsa de tela, hasta que volvió a quedar miniaturizada. Lo único que la menor podía pensar es que aquello era simplemente asombroso. Una vez empacado todo, Leia empezó a caminar entre los árboles y le indicó a la chica que le siguiera, con una seña de la mano. La jovencita, obedientemente hizo caso al llamado y comenzaron a caminar entre las ramas y los arbustos del bosque. Se sentía culpable, porque de nuevo, tenía la ropa toda sucia, y ésta era prestada, por la tía. No sabía cuánto tiempo había estado dormida, pero ciertamente, no parecía haber sido mucho tiempo; y aún así, su encuentro con aquella señora amigable y rechoncha que le había ofrecido una cama calientita dónde dormir y una humeante taza de chocolate parecía haber pasado ya hace tiempo, pese a que lo recordaba a la perfección. Se preguntó si volvería a verla. Leia le había comentado que iban a ir al suroeste, sin embargo ella no sabía dónde se encontraba ni nada sobre la geografía y extensión de aquellas tierras, quién sabe qué tan lejos sería el punto al que estaban yendo. Ensimismada en sus pensamientos, no se dio cuenta cuando la más alta, y según ella, más hermosa, había detenido la marcha, en un pequeño claro en el bosque. Miró arriba y se encontró con los suaves rayos del sol colándose por el hueco sin copas de árboles, iluminando su rostro y cegándole un poco la vista. Con la mano se hizo sombra en la frente. Y admiró las flores rosadas a sus pies.

    Preguntándose por qué habían parado ahí, la cabellos rojos soltó un melódico silbido, y segundos después, llegaron batiendo sus alas dos hermosos corceles de un blanco inmaculado más puro que el de la nieve, al tocar tierra extendieron sus majestuosas enormes alas del mismo color deslumbrante que casi le cegaba, desplegadas con una delicadeza y fluidez, que parecían tan ligeras y suaves como la brisa, como la seda, a pesar de su gran tamaño. Y la joven de dorados rizos se quedó mirándoles fascinada, totalmente embelesada por su inigualable y fantástica belleza que sólo los ojos muy privilegiados han alcanzado a ver. Y una de esas fantásticas criaturas que parecían brillar como las estrellas del firmamento, se le acercó lentamente. Eveleigh levantó una mano, y con sus finos dedos temblorosos trató de acariciarlo; pero estaba insegura. Le dirigió una mirada en busca de respuesta a Leia, y ella sonrió, con esa deslumbrante sonrisa cálida que siempre le dirigía, mientras asentía con la cabeza. Entonces Eveleigh también sonrió, y con la mano más firme y decidida pasó su mano por el increíblemente sedoso pelaje del animal místico que tenía frente a sí. Y la curva en sus carnosos y rosados labios se ensanchó, sintiéndose ella llena de paz y algarabía. Era de nuevo parecido a aquél sentimiento que la había llevado a subir cada escalón de piedra, esa sensación de ser atraída, como si unos brazos gigantes le tomaran para pegarla a la criatura que tenía frente de sí, provocándole unas ganas tremendas de abrazarle y no soltarle nunca.

    —Sube, anda —pronuncia Leia con su voz de terciopelo.

    —¿Así, sin silla? —cuestiona la chica.

    —Ellos son libres, cariño. No necesitan ninguna atadura, y son fieles y felices de servir a quienes quieren iluminar la oscuridad. De ninguna manera te dejarían caer —dicho aquello, el pegaso se agachó un poco, para que la joven pudiera subir. Lo cual hizo, y una vez arriba, se aferro con fuerza por el cuello del corcel, hundiendo el rostro, y aspirando aquél aroma embriagante y puro que desprendían, diferente al de cualquier otro caballo, que solían tener un olor desagradable. Leia imitó la acción y se subió a su respectivo equino, y con otro chiflido, indicó que debían partir. Entonces agitaron sus enormes alas y alzaron vuelo

    Al principio los pelos de la crin le cayeron sobre la cara, pero una vez retirados, y aumentada la velocidad, pudo vivir una experiencia tan maravillosa que nunca se imaginó vivir, una de esas que tan sólo en los sueños uno es capaz de sentir. Estaba volando.

    Sentía la brisa golpearle con fuerza el rostro, refrescándola y obligándole a cerrar los ojos, porque apenas podía ver si no. El ruido del viento contra sus oídos le bloqueaba cualquier otro sonido, ni los pájaros y su canto, ni la voz de Leia gritando algo. Y aunque pudiera escuchar, hubiese preferido ignorar todo, y entregarse por completo a aquella sensación de libertad, de estar flotando en el aire y ser arrastrada por las corrientes que surcaban el cielo con toda su fuerza. Y así lentamente se desinhibió, dejó de aferrarse al ser alado y abrió los brazos, alzando el rostro para recibir directo todo el viento que chocaba contra sus facciones. Los labios secos, los cabellos canela agitándose para todas direcciones, perdiendo cualquier forma de un peinado que pudiera quedar, sintiendo como si su potencia fuera suficiente como para llevársela lejos, muy lejos. Y de esa manera, perdió por completo la noción del tiempo, sintiéndose una con el cielo, sintiéndose fresca y pura por dentro, tanto como el aire que respiraba en esos momentos. Leia la miraba desde un lado, con una sonrisa. Pues en esa niña humana ahora ponía todas sus esperanzas de cambiar este mundo, de darle por fin libertad a todos y cada uno de sus habitantes, así como había sido una vez hacía muchísimo tiempo.
     
    Última edición: 15 Mayo 2015
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    Un capítulo de lo más delicioso ¡Ah! Condesce me has hecho pasar un rato de lo más agradable, en verdad que leerte es maravilloso.
    Has dicho que esta historia es cliché y cursi ¡eso me encanta! Pero considero que confundes cursi con talento, esas frases y descripciones que haces de los lugares, las escenas y los personajes son de lo más talentoso que puede haber y me han dejado simplemente cautivado, con esa expresión de paz y satisfacción como cuando pruebas algo que adoras y que has disfrutado cada bocado o cada nota musical. También mencionas que no es una historia del todo original, yo pienso que podemos retomar elementos que aparecen de tanto en tanto por aquí y por allá y darles nuestro propio toque y llevarlos a un nivel más allá de una simple copia, esta historia veo que cumple con estas características. Y lo de las incoherencias no las veo por ningún lado, creo que es mera modestia tuya.
    Y sí, la inspiración llega cuando lo desea, no cuando uno quiere y nos estanca (a veces por años, me ha pasado) frustrándonos horriblemente, pero para tu carencia de inspiración, caray, te ha quedado tremendo el episodio, te ha salvado el talento.
    En cuanto a la historia me ha gustado mucho la descripción de Leia y me has dejado con el interés por saber qué tipo de encantamiento ata sus poderes y creo que ya la quiero ver en acción. En particular, has tocado algo muy importante en un personaje: dignidad o nobleza. Sé a qué se refiere y me encanta, lo he visto en Galadriel en la trilogía de LOTR y en Inti Palla en la soberbia trilogía INCA, es algo que no cualquiera lo tiene, escasea más que el amor.
    Esta chica Eveleigh, no sé qué sentir por ella, la pobre piensa que está viviendo un sueño, pero pues no, aunque estoy seguro que eso de los pegasos le debe haber encantado ¿a quién no? definitivamente, mi escena favorita.
    Otra cosa que me ha gustado bastante es el nombre del dragón a quien ya quiero volver a ver en acción, ojalá que aparezca de nuevo para el próximo capítulo, pero, aquí tengo una duda: ¿qué clase de servidores tiene, quiénes conforman su ejército?
    Bueno, es todo por ahora, también disculpa mi demora, eso sí, aquí estaré siempre, no fallo, tarde tal vez pero llegaré. Un placer leerte, muchas gracias por ello. Un abrazo.
     
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