Explícito El Legado de los Héroes: El Libro de los Arcnaik

Tema en 'Novelas' iniciado por Aldo MV Gallardo, 9 Enero 2018.

Cargando...
  1. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 20 - Secretos
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    67
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El Legado de los Héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    30
     
    Palabras:
    11123
    Capítulo 20 — Secretos

    [​IMG]

    -21 de Marzo de 2893 D.C.-

    Los chicos fueron a descansar a la casa a eso del mediodía. Quedaron bajo la supervisión de la novia de Martin. Ya no había miedo de que se escaparan, o eso esperaba. Los chicos cayeron rendidos ante sus camas, una vez habían sido atendidas sus heridas.

    Martin tan pronto dejo a los chicos en la casa, tuvo que partir a una reunión en el cuartel de Hericent para dar su veredicto sobre lo sucedido en GrayLagoon.

    El Gobierno Mundial llego en la tarde. En el grupo se encontraba el Sebastián Salomón, como encargado del área de investigación continental, el General Continental y el viejo General Mundial Richard Oster, aquel que había supervisado la investigación el día de la muerte de Abraham Arcnaik. Iba acompañado nuevamente de su fiel pupilo. Venían de GrayLagoon, ellos estaban escoltando a los vehículos que cargaban con los heridos de la batalla de la mansión Lope. Entre ellos llevaban a un moribundo General Marcus, y un casi fallecido Teniente General Claudio.

    Martin, Gus, Kian y los soldados sobrevivientes dieron su reporte ante sus superiores y el área de investigación.


    (...)​


    El Detective Salomón estaba repasando los hechos narrados por el joven capitán Kian. El General Continental se encontraba leyendo unas hojas de un reporte que recién le habían entregado minutos antes, y el General Mundial Richard Oster se dignaba a estar viendo de manera perdida el infinito. El pupilo del General Mundial se encontraba erguido al fondo del cuarto, quieto como una estatua.

    Kian estaba perdido es sus pensamientos mientras le recapitulaban lo sucedido durante la batalla. En su mente volvían los recuerdos de cada golpe, cada estrategia, cada momento en el que se sintió sofocado contra la fuerza de Calvar. Había algo que le taladraba en la mente, y tenía frente a tres personas que sabía que podían contestar. Fue entonces cuando habló. Interrumpiendo completamente la recapitulación que llevaba a cabo el detective.

    —¿Cuántas personas existen de mi clan?— Preguntó con coz clara y una posición firme, interrumpiendo al detective, el cual paro de hablar en seco.

    La sala cayó en un silencio sepulcral, cada uno de los hombres que se encontraba dentro de aquella habitación gris con luz opaca miraba a Kian con detenimiento ante la pregunta.

    —¿Disculpe?— Preguntó Salomón con un tono desconcertado.

    —¿Existen más magos del tiempo?— Preguntó esta vez Kian, con mayor seguridad y una mirada más firme.

    Salomón se acomodó en su asiento mientras inhalaba una gran bocanada de aire. Acomodo su saco al tocar el respaldo de la silla y su rostro cambio completamente —No estamos en situación para hablar de…

    Kian interrumpio abruptamente —Durante mi pelea contra Calvar él logró llevarme el ritmo porque conocía mi poder…— El joven se hizo hacia enfrente y le mantuvo la mirada al detective —Significa que tuvo que aprender a pelear en algún lugar… ¿Cuántos somos?

    El Detective se quedó quieto en su asiento. Volteó con el General Continental y el hombre asintió.

    —No podemos darle el lujo de contestar esa pregunta, Capitán Kian, se encuentra estrictamente prohibido bajo los reglamentos del Gobierno Mundial el dar información confidencial a personal de rangos inferiores, el hacerlo nos llevaría a una …

    —Cuatro— Respondió de pronto el General Mundial Oster mientras le mantenía la mirada encima a Kian, una mirada pesada, dura, atemorizante, desafiante. Una mirada con un poder impresionante, lejos de lo que aquel simple capitán que observaba impasiente.

    El General Continental y Salomón quedaron boquiabiertos tras la repentina respuesta de su superior ignorando toda regla establecida.

    El pupilo del viejo General Mundial, miro a su maestro con una sonrisa divertida.

    Oster acaricio su barba y continuo hablando —Son cuatro magos de tiempo de los cuales tenemos conocimiento además de usted. Puede que sean unos cuantos más perdidos en el mundo, pero solo podemos asegurarte que existen otros cuatro magos que se encuentran al servicio del Gobierno Mundial. Sin embargo, de momento no podrán conocerse, no hasta que tengamos que llevar a cabo una misión especial donde ocupásemos sus habilidades…— Kian sentía como la presión del lugar se volvía cada vez más pesada, era el viejo General demostrándole su poderío —¿Es suficiente esa información, Capitán Kian?

    La mirada fría que le lanzaba el General era atemorizante, podría hacer retroceder a más de un soldado valiente.

    Kian asintió amablemente —Gracias por la información.

    —De nada, Capitán…— El viejo hombre mostro una pequeña sonrisa entre su larga barba —Debo admirar sus grandes habilidades, está escalando en el ejército bastante rápido. Ninguno de los otros ha mostrado tanto talento, aunque bueno, dos de las chicas son bastante jóvenes, acaban de ingresar… Espero grandes cosas de usted, Kian— El General se levantó de su silla con los brazos temblorosos —Me tomare un té, paremos por el momento Salomón y Foreman…

    —Por supuesto, General— Salomón ayudó al General abriéndole la puerta —Lo esperamos para los informes del soldado Gus Thomson… Kian, salga de la habitación, le llamaremos por cualquier cosa.

    Kian se estaba levantando de la silla cuando el General Mundial volteó —Por cierto, Kian, el Servicio Secreto vendrá a hacerle unas preguntas, sobre su combate con el líder de la mafia, Calvar. Sus palabras servirán como pruebas para los estudios de los restos del cuerpo del autoproclamado “Súper Soldado”, como usted lo llamo.

    Kian asintió. Y vio como el hombre se fue lentamente de la habitación utilizando un bastón de roble bastante viejo. Detrás de él iba su pupilo, manteniendo un caminar firme y la mirada en alto. Después de que salieran los dos individuos él también salió.


    (...)​


    Llegada la noche los tres chicos tuvieron que ir al cuartel de Hericent para dar su reporte sobre el rescate de los rehenes ante los tres hombres que atendieron a Kian.

    Martin iba caminando con los chicos ante las calles tranquilas del pueblo.

    —¿Y tu novia por qué no vino con nosotros, Martin?— Preguntó Mike.

    —Es que insistió en que ella haría una cena deliciosa para todos nosotros y debía quedarse para prepararla.

    —Me agrada mucho, Andrea. Es hermosa, linda, divertida y tú te la pasas sonriendo todo el tiempo— Comentó Mairis al tomarle del brazo con cariño.

    —A mí también me agrada mucho… Espero que se quede con nosotros mucho tiempo…— El hombre sonrió mientras miraba el infinito. Soltó una risa penosa y continuaron caminando tranquilamente por las calles recién limpias de Hericent. Esa noche se respiraba un aire de calma.

    Una vez habían llegado al cuartel de Hericent los chicos empezaron a recordar los hechos de aquel día fatídico de hace ya más de cinco años. El cuartel estaba repleto de soldados moviéndose de un lado a otro. Era un lugar muy estresante. Igual que hace años.

    La familia cruzó por el medio de los pesados vehículos del Gobierno Mundial, vehículos nuevos pertenecientes a las altas defensas del Gobierno Mundial de Dorinda, esto debido a la presencia de dos personajes de alto rango como era el General Mundial y el General Continental, asi como el jefe del área de
    investigación.

    En las sombras se encontraban unos vehículos más elegantes, pero igual de robustos, completamente pintados de negro. Fuera de ellos un total de cinco soldados, todos perfectamente erguidos, vestidos con suéteres de cuello de tortuga de color negro. Al igual que un pantalón negro lizo. Unos bocacines de color negro también. Sus apariencias eran como las de una sombra. Ocultos en la obscuridad y a pesar de que todos sabían que se encontraban ahí, nadie les prestaba atención. Aunque era extraño, más que no querer prestarles atención, en realidad era miedo a verlos. Pues su presencia era pesada, un sentimiento de miedo fluía a través de su aura.

    —Esos son soldados del Servicio Secreto. Claarn nos ha hablado de ellos, dice que son muy peligrosos— Susurró Mairis a Bruno y Bastian.

    Los chicos mantenían la mirada en ellos. Se encontraban impresionados de poder verlos. Recordaban haber escuchado de ellos durante el evento de hace cinco años, pero no habían tenido la posibilidad de verlos.

    De pronto se escucharon los motores de otros vehículos elegantes de color negro, seguidos de un camión blindado de tamaño pequeño.

    Más de un soldado observo la llegada, pero desviaron la mirada. Los niños no, ellos quedaron impresionados ante el camión blindado y ante todos los soldados del Servicio Secreto que salieron de los vehículos elegantes.

    —Mi abuelo trabajó en el Servicio Secreto durante su juventud. Fue uno de los mejores soldados del Servicio, es por eso que fácilmente se posiciono entre los candidatos a General Mundial— Comentó Bastian llenando el pecho de orgullo.

    —¡Genial! ¡Nuestro hermano también!— Comentó Mairis repentinamente con una sonrisa grande y blanca —Fue durante poco tiempo, según lo que nos llegó a contar. No le gustaba mucho estar ahí…

    Las puertas del camión se abrieron repentinamente dejando soltar una gran cantidad de vapor, por lo helado que estaba dentro de la caja. Una rampa salía disparada de la caja hasta tocar el suelo. De la puerta salió una mujer de piel morena clara, con el cabello rizado y enmarañado de color negro con bastantes franjas blancas de canas plateadas. Llevaba colgando unos lentes por un cordón que le cruzaba del cuello. Su voz se escuchaba angelical, pero madura, aunque hablaba bastante alto.

    —¡Esto es hermoso! ¡No puedo esperar a llegar al laboratorio, me divertiré bastante durante mucho tiempo!— Se quitó unos guantes de látex y se los entregó a uno de los soldados de suéter negro con cuello de tortuga. Un grupo de jóvenes vestidos con batas blancas le seguían como patitos a su madre. La mujer llevaba una gabardina larga de color beige, una camisa ajustada de cuello de tortuga color blanca, pantalones negros ajustados y un bastón negro —¡¿Qué hacen siguiéndome?! ¡Váyanse de aquí! Pero vienen por mí dentro de unas horas. No toquen el cuerpo, o los mandare a traer muestras de los polos… Tengo que arreglar unos asuntos aquí, manténganse al tanto del radio, quiero estar en GrayLagoon cuando el jovencito despierte del hospital. Y por favor, niños, si tienen tiempo vayan realizando hipótesis sobre lo sucedido con ese cadáver. Entendido, chao, los quiero— La mujer soltó una risa, los jóvenes que le seguían asentían rápidamente. Se subieron a uno de los vehículos elegantes, el vehículo se movió, desapareciendo en la obscuridad de la noche.

    —Wow, que le pasa a esa mujer… ¿está loca?— Comentó Bastian con risa silenciosa.

    Martin le dio un golpe en la frente con el dedo índice —Se respetuoso con tus mayores, mocoso… Síganme, tenemos que subir al tercer piso con el Detective Salomón y los Generales superiores…— Martin se estaba dando la vuelta cuando se topó con la mirada de la mujer justo enfrente suyo.

    —Usted es Martin Price, el segundo bastardo de los Price ¿no es así? Es muy parecido a su hermano mayor Arlong, a pesar de tener madres diferentes…— La mujer se puso los lentes y le tomó del rostro con una velocidad impresionante moviéndolo de un lado a otro observando cada detalle de su cara.

    La mujer le sonrió con una bella sonrisa blanca, llevo su dedo índice a sus labios carnosos de color rojo y soltó un suspiro —Sin duda ustedes los dos bastardos son mucho más apuestos que los hijos gemelos legítimos de su padre… Tendremos que esperar un poco más para ver cómo crecen su hermano menor y su pequeña hermana.

    Martin no sabía exactamente qué hacer, estaba un poco incómodo con la mujer, era extraño, no cualquier mujer lograba hacerle sentir así. Esa mujer madura era bastante intimidante y energética para su edad.

    —Ammm… Supongo que sí, supongo que somos un poco más apuestos… Mis hermanos se parecen más a Faith, puede que sea eso…

    —¡Ohhhh! ¡¿No le llamas madrastra?! ¡Interesante! Había escuchado que tenían una mala relación, no pensaba que fuera para tanto, ¿Qué te hizo? ¡Cuéntamelo todo, querido, de mi boca no saldrá nada!— La mujer hizo una seña como si su boca fuera un cierre y tirase la llave. Después empezó a reír de manera encantadora. Le tocó el hombro a Martin y el joven reía con ella, pero de manera nerviosa.

    —Te dije que estaba loca…— Le susurró Bastian a Bruno, riendo rápidamente entre ambos. La mujer dirigió su mirada hacia ellos, los dos chicos tuvieron miedo, mucho miedo.

    La mujer se apartó de Martin y observó a los tres adolescentes y al niño, esbozando una sonrisa animada —¡Ustedes son la familia Hellwell y Arcnaik!

    Los chicos observaron a la mujer con temor y especulación.

    —¡Hace mucho tiempo que no los veía! ¡Cómo han crecido!— La mujer les tocaba, e intentaba medir al tanteo, les observaba cada centímetro de pies a cabeza. Se movía demasiado, tenía más energía que los mismo tres adolescentes y el niño juntos —Por cierto ya escuche lo que hicieron, son increíbles, su padre, Bastian y Michael, era igualito. Tu tío era mucho más serio, pero era bastante calculador, a diferencia de tu padre que era muy valiente. De hecho, Bastian, tú te pareces demasiado a él, eres casi como su copia, pero con el cabello rojizo de tu madre. Ella era un encanto, recuerdo cuando nació, era una bebe hermosa… Y ustedes, Mairis y Bruno, su hermano no se queda atrás, de hecho su hermano podía darle una paliza al padre del pelirrojo con los ojos cerrados, pero ustedes no le digan eso... Sin duda uno de los mejores talentos que he tenido fortuna de conocer. Tú, Bruno, tienes un ligero parentesco a él, aunque no tanto, eso es interesante… pero mucho más interesante eres tu Mairis, que curioso, eres idéntica a Eva… Siempre le dije a Edward que probablemente eran primos lejanos, porque este parentesco no es normal.

    Los chicos fueron bombardeados con una cantidad ingente de información. La mujer hablaba demasiado rápido y se movía demasiado como para poder predecir qué era lo que intentaba hacer. De hecho, había tocado el pequeño busto de Mairis al igual que la cadera con intención de medirlo. La chica apenas si había puesto atención a lo que había pasado cuando se dio cuenta.

    Martin se interpuso entre la mujer y los niños una vez ya sentía que había cruzado la línea.

    —¡¿Qué le pasa?! ¡¿Cómo es que toma tanta confianza como para tocar a los niños!?

    —Disculpe, disculpe, me presento— Le dirigió rápidamente la mano —Soy la Dra. Sócalo Rótelo, líder del centro de investigación del Gobierno Mundial. Un placer Martin Price, Bastian Arcnaik, Michael Arcnaik, Bruno Hellwell y Mairis Hellwell— Digo al tiempo que tomaba rápidamente la mano de cada persona y la sacudía.

    —¿Dra. Sócalo?— Murmuro Martin tratando de recordar el nombre.

    —¿Usted es la doctora que trabajó junto con el Dr. Akira?— Preguntó Bruno de repente.

    —Vaya, soy popular entre los jovencitos, todavía— La mujer se acomodó los lentes y el cabello mientras mostraba una sonrisa coqueta —Exacto, soy ella.

    Martin abrió los ojos de pronto — ¡Perdone, perdone, no era mi intención molestarla con…! Lo que sea que estuviese haciendo con los niños… Pero es que no parecía correcto que los tocara de esa manera y de forma tan repentina…— El carácter de Martin cambió completamente, era como el de un súbdito ante su poderoso rey.

    La mujer conectó miradas con Martin —No se preocupe, Coronel. También yo debí haberme presentado y no simplemente haberme emocionado. Levante su rostro, lo que menos me gusta es que los hombres bajen la cabeza ante mí, puedo pertenecer al Servicio Secreto y ser jefa de una de las áreas más importantes del Gobierno, pero no es para que me esté reverenciando…— Comentó con molestia la mujer.

    Martin asintió y se mantuvo erguido toda la conversación. Mostrando una posición firme, que a Sócalo le encantaba.

    —Disculpe la pregunta…— Dijo de pronto Bastian.

    Sócalo se dio la vuelta hacia el chico con una sonrisa sencilla. Parecía disfrutar de estar frente a aquellos chicos.

    —¿Dijo que vio a mi madre cuando nació?

    —¡Claro! Una bebe hermosa, pequeña y delgada, con una ligera melena anaranjada. Sus ojos azules eran la viva representación del cielo. Muy parecida a tu abuelo Rubén. Creció de buena manera a pesar de tener unas dificultades por unas enfermedades, pero la trate, al final todo salió bien. Ciertamente me duele lo que le sucedió, lo de cada uno, pero lamentablemente estuve ocupada y no pude venir al funeral, realmente una lástima, me hubiese gustado despedirme de todos...

    —¿Entonces conoce a nuestras familias desde hace tiempo…?

    —¡Tengo décadas de conocerlos! ¡Recuerdo cuando tus abuelos Abraham y Rubén eran un dúo de jóvenes bastante divertidos! De hecho los otros tres también se llevaban muy bien… ¡Me encantaba pasar el rato con ellos, eran muy bueno amigos!

    —Wow, espere, ¿Cuándo eran jóvenes…?— Cuestionó Bruno de pronto —Sé que es grosero, ¿pero cuántos años tiene, Dra. Sócalo?

    —Setenta y ocho— Respondió la mujer sin problemas.

    Los chicos se quedaron congelados mientras analizaban lo que acababan de escuchar…

    —¡Setenta y ocho!— Exclamaron entre los cuatro.

    —¡Eso es imposible, se ve demasiado joven!

    —¡¿Qué es lo que come?!

    —¡¿Qué clase de maquillaje utiliza?!

    —¡¿Acaso es un fantasma?!

    —¡USTEDES, MOCOSOS, MAS RESPETO!— Exclamó Martin molesto.

    Sócalo empezó a reír —¡Que niños más divertidos!— Ella continuó riendo, mientras los chicos quedaron completamente impresionados con el físico de aquella mujer que resultaba ser una anciana. En su cabeza no había manera de que fuese verdad lo que acababan de escuchar, no existía lógica. Sin duda aquella mujer, a pesar de verse mayor, a lo mucho rondando los cincuenta, se veía despampanante, hermosa, con una piel tersa y completamente sana.

    La mujer dejó de reír y empezó a hablar de nuevo —La gente que suele preguntarme la edad suele sorprenderse mucho, aunque ustedes sí que fueron divertidos… Sí, tengo setenta y ochos años. Conocí a Abraham y Rubén desde el momento que entre al laboratorio del Dr. Akira con dieciséis años de edad. Ellos tenían diecinueve cuando los conocí... Yo vi nacer a tus padres, Bastian y Michael…

    La mujer giró la cabeza hacia los hermanos Hellwell —Al igual que me tocó conocer a su hermano Edward bastante joven también, un prodigio en todo lo que hacía. De hecho, Edward fue entrenado por Abraham durante un tiempo cuando perteneció al Servicio Secreto… Quizás ustedes no lo recuerden… quizás habían nacido apenas.

    Los chicos sentían un interés increíble por la mujer ahora. Era alguien con mucho que contar, demasiado, ya que no paraba de hablar.

    —¿Conoció a nuestros padres?— Preguntó Mairis rápidamente.

    Sócalo se quedó quieta pensándolo un momento mientras que con su dedo índice se golpeaba el cachete —No lo hice. Solamente conocí a Edward cuando era un chico como tú, Bruno— Dijo señalando al muchacho —Siempre leal, buen líder, con un talento nato en cualquier prueba. Sin duda el mejor de todos los muchachos con los que me tocó trabajar en mis años mozos. Bueno, también conocí a Eva desde que era una jovencita pequeña como tu Mairis. Ella era muy talentosa y tenía muchísima energía, no podía estar quieta. Recuerdo que ellos dos tuvieron una conexión muy fuerte desde que se conocieron. Ellos formaron parte del mismo equipo especial del Servicio Secreto cuando entraron al ejército… Edward era muy tímido, tuve que convencerlo de que se le declarase a Eva— La mujer empezó a reír mientras se tomaba de la frente —Puede que Edward pudiese ser uno de los prospectos más increíbles de la humanidad, pero era un idiota para todo lo relacionado con el amor…

    —¿Eva estuvo en el Servicio Secreto?— Preguntó Mairis de pronto.

    —Por supuesto que sí, ¿De dónde creías que se conocían?

    —Nunca nos lo contó…

    —Ella se retiró del ejército en cuanto se fue a vivir con Edward. De hecho si mal no recuerdo, Eva los cuidó desde que ustedes dos estaban en pañales.

    Bruno y Mairis se vieron entre si —¿Nunca le contó cómo fue que murieron nuestros padres?— Pregunto Mairis.

    La mujer lo pensó un poco —No, lo siento, era la posguerra, quizás fue algo que sucedió durante la época de reconstrucciones de la sociedad— Sócalo vio una cara de desilusión en el rostro de Mairis y Bruno. Era comprensible, estar solos en el mundo podría ser difícil.

    —Hemos tratado de buscar indicios sobre ellos, pero nunca llegamos a nadie, es casi como si nunca hubiesen existido…— Dijo Bruno haciendo una mueca y mirando el suelo.

    Martin observó al dúo de hermanos. Nunca se había percatado de lo serio que podría ser ese vacío dejado por sus padres en la vida de ellos —¿Desde cuando han buscado? Los hermanos voltearon de reojo hacia Martin.

    —Desde que nos pediste hacer el árbol genealógico…— Contestó el hermano mayor — Algunas veces que íbamos a la biblioteca tratábamos de encontrar información en cualquier rincón que pudiésemos… pero no existe evidencia, ni siquiera un escrito en el cual se hable sobre la descendencia de nuestro hermano…

    —¿Hablan enserio? ¿Han investigado en archivos de Gobierno?— Preguntó el tutor.

    —En todas las secciones a las que podamos acceder lo hemos hecho…— Contestó Bruno con un tono amargo.

    Esas palabras se quedaron en la cabeza de Martin.

    Sócalo continuo hablando —Bueno, puede que se deba a muchas cosas, como digo, era la posguerra, mucha información se perdió en la batalla contra “Los Brujos”. También existe la posibilidad de que sus padres nunca se hayan registrado en el sistema del Gobierno Mundial, mucha gente de pueblos pequeños no lo hace porque están alejados de la civilización…

    Martin observó con paciencia a la mujer —Puede ser…— Contesto él.

    —Disculpe…— Habló de pronto Bastian —La línea de la familia Arcnaik tiene un hueco entre una generación… ¿Usted no conoció a algún familiar de mi abuelo Abraham?

    La mujer le mantuvo la mirada a Bastian por unos segundos —Tu abuelo ya se encontraba en el Servicio Secreto cuando yo llegue… Nunca conocí a nadie de su familia…

    Bastian agachó la mirada pensativo…. Mike se encontraba a un lado de los hicos, no comprendía muy bien lo que sucedía, pero les tomó fuerte de la mano al ver el rostro desconcertado de aquellos que consideraba sus hermanos mayores.

    La Dra. Rotelo sentía cierta pena por los chicos. Sin embargo rápidamente desvió el tema hacia otra dirección. Volteó con Martin y le preguntó
    rápidamente —¿Y Claarn? ¿Dónde se encuentra? Me extraña no haber escuchado nada de alguna de sus hazañas, ¿se siente mal?

    Martin volteó hacia Sócalo. La mujer de pronto había adquirido un brillo al empezar a hablar de Claarn.

    —Salió, dijo que tenía que resolver unos asuntos del Servicio Secreto…

    —¿Enserio? Nunca me entere… Qué triste me hubiese encantado verle, me anima mucho hablar con él. Hubiésemos tenido mucho de qué hablar.

    —Es verdad, usted pertenece al Servicio Secreto, ¿fue compañera de Claarn?— Preguntó Martin con curiosidad.

    —Por supuesto que fui su compañera, de hecho yo le enseñe muchas cosas cuando entro al Servicio Secreto... Sin embargo, lo quería ver, quizás después de tanto tiempo la llama de nuestro amor pueda volver a nacer para brillar eternamente.

    De pronto todo se quedó callado.

    —¡¿Amor?!— Gritó la familia entera.

    —Así es, amor… ¿Nunca les contó sobre mí? Demonios, eso duele… Fui su primera novia. Estuvimos juntos durante mucho tiempo.

    —¿Ese hombre puede sentir algo como el amor?— Preguntó Bastian impresionado.

    —Lo que más me sorprende es que alguien pueda interesarse por alguien como Claarn…— Murmuró Bruno.

    —¡¿Qué dicen?! ¡Claarn es un manojo de ternura! Siempre fue muy lindo y muy sentimental. En nuestros viejos tiempos siempre sonreía y se la pasaba muy bien. Era muy detallista. Se escapaba de sus entrenamientos para ir a verme a los laboratorios. Salíamos a festivales y bailábamos toda la noche, aunque recuerdo que llegábamos al día siguiente al trabajo, no pregunte por qué, hay niños presentes— La mujer empezó a reír con voz bochornosa —Y cómo olvidar cuando me cantaba, y también cuando…

    —¿Estamos hablando del mismo Claarn?— Preguntó Mairis entre susurros a los chicos mientras la mujer seguía hablando. Nadie podía creer lo que estaba diciendo Sócalo. —¡Si, era un hombre maravilloso!— Exclamó la mujer meneando su cabeza y tomándose de las manos como una adolecente perdidamente enamorada de su galán. De pronto un grupo de hombres de negro se acercó hacia la Dra. Sócalo.

    —Dra. Rótelo, es importante que continuemos con el objetivo de la visita.

    La mujer soltó un suspiro —Entendido, querido, enseguida voy— La mujer extendió los brazos y se dirigió hacia los chicos uno por uno, les dio un fuerte abrazo sacudiéndolos en el proceso, seguido de una caricia de cabello, como si fueran perros.

    —Estoy muy orgullosa de cada uno de ustedes, lo han hecho bien, sigan así. Sigan creciendo, vuélvanse tan grandes como esas personas importantes para ustedes, ¡Quiero saber de qué son capaces de hacer las descendencias Hellwell y Arcnaik!— La mujer levantó el dedo índice señalando a las estrellas de aquella noche.

    Los chicos no comprendían exactamente qué estaba pasando.

    Sócalo hablo sin mirar a los chicos —¡Como dijo alguna vez Abraham Arcnaik! “Ya no sea solo en nuestra casa, ni en el trabajo, ni en el estudio, ni en el
    campo de batalla… ¡No! ¡Que sea en la vida! ¡Luchemos para ser esas estrellas en la noche obscura de la historia!”

    Y por un momento breve, aquella mujer rara, desbordante de energía, que no paraba de hablar y que era demasiado gesticuladora, pareció una heroína de las leyendas mientras mantenía la frente viendo al cielo.

    Al momento de decir aquellas palabras el corazón de los cuatro chicos, se calentó. Era ella y eran las palabras del héroe de la cuarta guerra mundial, lo que hacía tan épico ese momento.

    —Ahora si me disculpan, tengo cosas que hacer. Nos veremos algún otro día. Adiós, encantos— La mujer se dio una vuelta rápido, metió las manos dentro de su gabardina y empezó a caminar con prisa, perdiéndose entre la gente.

    Los chicos la observaron alejarse, sintiendo que habían conocido a alguien sumamente especial, pues pocas personas podrían ser tan desquiciadas como aquella mujer.

    La familia también continúo con su trayecto.


    (...)​


    Subieron las escaleras y se introdujeron en una habitación grande. Martin tuvo que esperar afuera. Los niños tomaron asiento en unas sillas incomodas de hierro. Frente a ellos se encontraban dos hombres que nunca habían visto, y un hombre anciano que bien recordaban muy poco, pero reconocían que era el General que los envió a vivir con Claarn y Martin.

    —Los héroes de dos pueblos a la corta edad de trece años— Menciono el anciano con una sonrisa cubierta entre aquella abundante barba blanca —El nacimiento de los héroes se da con su primer acto heroico, ¿Qué se siente formas parte de la historia de un pequeño pueblo?

    Entre los tres se vieron a los ojos. Estaban sentados uno al lado del otro. Era extraña la manera en la que aquel hombre desconocido era capaz de hacerles sentir una sensación de paz en ellos mismos.

    —¡Todo fue increíble!— Contestó Bastian con una mirada apasionada.

    —Fue muy emocionante sentir el aclamo de todas las personas, pero fue muy complicado estar bajo toda esa presión antes de llegar…— Contesto Mairis mientras acariciaba su cabello con pena.

    —Me siento bien de que todos estén aquí… Fue una experiencia que nunca olvidare— Dijo Bruno con una sonrisa apagada.

    Richard Oster mantuvo la sonrisa —Algo me dice que volverán sentir lo que sienten hoy más de una vez… Hoy son llamados “héroes”, que la palabra nos les defina, esfuércense por algún día la palabra sea definida por ustedes. Solo la gente que se ha esforzado por esas seis letras comprende el gran peso de las mismas.

    A Bruno pareció gustarle la frase. Doblo un poco la cabeza y mantuvo una sonrisa con más vida. Bastian y Mairis se alegraron.

    El Detective Salomón tomó su pluma —Muy bien, cuénteme su historia, jovencitos. Los chicos se mostraron valientes. Su historia acababa de tener un inicio.


    (...)​


    Esa misma noche Mairis tuvo que tener una reunión con los detectives a solas, debido a su reunión con Gero Lebore. Pero había un problema…

    —¡¿Cómo es posible que no puedan acceder a ese cuenco de memoria?!— Renegaba el General Continental de Dorinda a un trio de soldados.

    Se encontraba quieto desde la esquina con la mirada obscurecida, observaba molesto a sus subordinados, los cuales intentaban entrar dentro de las memorias de Mairis para confirmar su historia. Un hechizo bastante peligroso, debido a que podría afectar a las facultades mentales de la persona si no se llegaba a concretar con éxito.

    —Hablo enserio, General Foreman… Intentó entrar a esa parte de la memoria, pero justo en el momento en el que me especifica la jovencita Hellwell la señal se corta, es un manto negro que termina cuando la chica está escuchando como la llevan de regreso hacia la caja de carga del camión… No existe nada en ese tiempo, ninguno de sus sentidos reacciona…

    —¡Le juro que es verdad todo lo que le dije!— Comentó Mairis nerviosa.

    El General tenía una mueca molesta y respiraba agitado —No se preocupe, Hellwell, le creemos, el solo hecho de que no existan recuerdos significa que algo le hicieron… Sin embargo no sabemos exactamente que fue… Sin embargo, tendrá que darnos más detalles sobre lo sucedido en esa cena suya…

    —Tratare de recordar hasta el último detalle, General Foreman. Se lo prometo— Contestó la chica con un rostro determinado.

    Del otro lado de la pared se encontraba el General Mundial Francisc Oster acompañado de la Dra. Sócalo Rótelo. Ambos observaban la escena detrás de un vidrio obscuro, invisible para los presentes en la habitación del interrogatorio.

    —Es una buena chica…— Dijo el viejo soldado.

    —Su carácter me recuerda mucho a Edward… Me impresiona el hecho de que haya dicho que intentó destruir la barrera mágica tan solo siendo una novata en el arte de la magia… Es valiente. Eso puede llegar a sernos muy útil en algún momento, ¿no lo cree?

    El hombre asintió ante las palabras de la doctora —Desearía que tomaran su propio destino fuera del ejército, pero parece ser que estos muchachos tienen el heroísmo en la sangre… es natural, vienen de familias muy importantes… Y si es asi, nuestro deber es alentarlos.

    Sócalo soltó una mofa —Te estas volviendo blando, Oster, antes hubiese hecho todo lo posible para tener a ese poder dentro de tus filas…

    El hombre asintió ligeramente —Puede ser, Rótelo. Sin embargo no puedo decir que no estoy emocionado por saber qué cosas puede hacer esta nueva generación… Espero vivir lo suficiente para poder verlo…— El hombre le hecho una mirada a la doctora.

    La mujer se acomodó el cabello y sonrió —Yo pienso lo mismo, aunque no lo creas…

    El hombre soltó una risa. Negó con la cabeza y observó a Mairis. Ella estaba hablando inundándose en detalles sobre lo que había visto dentro de aquel recuerdo que nadie más podía ver. Especificaba hasta en el olor del mismo lugar.

    —¿Entonces qué crees que paso?— Preguntó el anciano.

    Rótelo se llevó la mano a su mentón y levanto la cejas —Fue obra de Naum. Ese aparato que me mostraron cuando estábamos en GrayLagoon me lo dice todo, es una obra del Dr. Akira… Estoy segura que esos planos pertenecen a los libros saqueados hace doce años cuando encontraron aquella “Biblioteca de Akira”... Gracias a la diosa, ahora tengo la posibilidad de analizar ese sistema con el artilugio que tus soldados encontraron en aquellas fábricas de GrayLagoon. En cuanto lo descubra quizás pueda modificarlo para poder ver los recuerdos de Mairis Hellwell.

    —Me parece perfecto— Murmuró Francisc Oster con la vista perdida.

    El silencio inundó aquella habitación obscura.

    El hombre fue quien retomó de nuevo la conversación —Así que Naum está del lado de la mafia, ¿Quién lo creería? — Mencionó mientras ambos miraban al vidrio obscuro.

    —Las personas se van hacia donde se les ofrezca una mejor vida. Asi funcionan las empresas, la política, incluso la amistad o el amor… Queramos o no el humano ve por sí mismo… La mafia Lebore debió darle a Naum todas las facilidades para experimentar, no hay mejor oferta para un científico que esa.

    El anciano se separó de la ventana y se dirigió hacia la puerta. Tocó el mango de la puerta e hizo una última pregunta antes de marchar —¿Crees que estas del lado correcto, Sócalo?— Preguntó el General con curiosidad.

    La mujer soltó una risa delicia —Yo experimento con permiso y sin peligro de ser arrestada, con todas las facilidades y comodidad que el Gobierno Mundial me puede permitir, además de que me proporcionan toda la información de los libros del Dr. Akira que puedo requerir… Por supuesto que estoy del lado correcto…

    —Me alegra oír eso— El hombre abrió la puerta y se fue. Dejando sola a Sócalo.

    La doctora observo un poco más a Mairis antes de irse. Sonreía con alegría al verla sana, fuerte, llena de talento, joven, desbordante de vida.

    —Eres mi mejor trabajo…— Murmuro para sí misma con una sonrisa. Levantó el rostro con ego, antes de irse de la habitación.


    (...)​


    Durante una semana entera los soldados de más alto rango estuvieron rondando el pueblo de GrayLagoon.

    El alcalde Lope sufrió decenas de acusaciones, pero todas fueron desmentidas bajo una máscara de supuesta indignación. Al final nadie pudo encontrar ninguna prueba que lo involucrara con la mafia Lebore.

    El General Marcus Thomson había llegado a una solución con el hombre antes de la batalla en la mansión; Ignoraría todo lo sucedido si el alcalde Lope se dignaba a ayudarles en su operación de rescate… Realmente no había servido de gran cosa, pero parecía que Marcus cumpliría su promesa.

    Lope no se sentía a gusto a pesar de que aquel hombre mantendría su palabra, necesitaba destruir toda la evidencia que le inculpara. Después de todo, GrayLagoon entera le odiaba y si fuera por ellos, lo llevarían al mismo infierno de ser posible.

    En sus tiempos libres, cuando el Gobierno Mundial no estaba metiendo tanto sus narices en el pueblo, investigó hasta el último escondite donde podría estar la información. Sin embargo no encontró nada. Intentó más de una vez revisar la comisaria, pero siempre había más de dos pueblerinos dentro. El pueblo sabía lo que intentaba. Nunca le permitieron hacer nada sospechoso dentro de la comisaria. El lugar sagrado del héroe del pueblo, Chase Parker. El cual se
    recuperaba en el hospital de sus heridas y su desgaste. No habia abierto los ojos desde el destello que libero al pueblo de sus cadenas con nombre de Lebore.

    Al final de una larga semana, el ejército había dejado GrayLagoon y Lope se dirigía a la cama en el filo de la madrugada. De nuevo había sido otro día sin ningún éxito en su búsqueda de las evidencias.

    Caminaba por el jardín que llevaba a la mansión del alcalde detrás del ayuntamiento. Durante toda la semana la nieve nunca había dejado de caer, pero esa noche él observo que hacía más frio que otros días. Los arbustos de la entrada estaban congelándose poco a poco. Su aliento empezó a ser más marcado. Pronto se dio cuenta que los vidrios de la mansión empezaron a congelarse. Rápidamente sintió un frio que hacia gritar a los huesos.

    —Quiero que se vayan— Dijo una voz seria.

    El hombre dio un brinco y giró la cabeza lentamente. En su cuerpo sintió el verdadero pavor y conectó miradas con los ojos más helados que alguna vez había visto. Chase Parker estaba parado en las puertas traseras del ayuntamiento generando un potente poder de congelación. El hielo crecía a montones ahí donde su presencia permanecía.

    —Deberías estar en el hospital…— Comentó el alcalde con voz tartamuda.

    —No soporto seguir oliendo tu hedor por este pueblo…— Dijo el héroe con una voz seca.

    Estaba vestido de paciente de hospital. Su cabello estaba blanco completamente, al igual que sus ojos. Su piel era más pálida de lo común. Su cuerpo se miraba delgado, débil. Su rostro parecía el de un hombre a punto de morir, pero eso solo generaba más temor.

    Su bata también estaba plegándose de cristales de hielo. La presencia de aquel joven era siniestra. Levantó el brazo izquierdo, el único que le quedaba. En su mano apareció un pergamino.

    —En mi mano tengo los documentos que avalan tu traición…

    El alcalde Lope estaba temblando de frio y de furia — ¡El General Marcus Thomson me prometió…!

    —Yo no soy el General Thomson…— Interrumpió el hombre con una voz mucho más amenazante y unos ojos blancos espectrales. Su gesto era inexpresivo, pero su presencia era abrumadoramente aterradora.

    Lope empezó a negar con la cabeza. Estaba a punto de reclamar cuando de nuevo la voz de Chase le detuvo.

    —Quiero que te vayas en este preciso instante…— Aquellos ojos blancos estremecían al alcalde Lope. Era como si se perdiera en el infinito de una ventisca.
    —¡Soy el legítimo heredero de este pueblo!— Aulló el alcalde a manera de reproche, como todo un niño mimado.

    El joven empezó a bajar las escaleras. Su figura delgada y su apariencia enferma le hacían parecer un espectro. El hielo empezó a crearse a cada pisada de Chase. La nieve empezó a caer más fuerte, acompañada de fuertes vientos. Pronto el alcalde Lope ya no vio a un hombre, sino a un ser horripilante.

    —No me hagas repetirlo… Afuera te está esperando un carruaje. Te llevara a donde quieras… A donde sea que te vayas… no vuelvas.

    El joven se encontraba tan cerca. Su voz era mucho más siniestra ahora. Su aliento tan frio como el más crudo invierno. Una mirada fue más que suficiente para hacer cambiar la opinión de Lope.

    —Enseguida nos iremos…— Le respondió entre dientes Lope a Parker al tenerlo de enfrente. No podía hacer nada, estaba completamente derrotado. Su voluntad no era tan fuerte como para enfrentar a semejante monstruo.

    El alcalde se dio la vuelta y entró a la mansión rápidamente. Despertó a su familia y les informó de lo que estaba sucediendo. La familia, la esposa y sus dos hijos, rápidamente tomaron las cosas con mayor valor y crearon una maleta con la mejor ropa que poseían. Se abrigaron para la tormenta que parecía que se avecinaba.

    Chase desapareció poco a poco en forma de nieve. Lope lo vio desde la ventana mientras empacaba la maleta. Sintiendo un pavor por todo el cuerpo.

    Ya habían empacado. La familia corría por el jardín de la pequeña mansión. El lugar entero estaba vuelto hielo y la nieve continuaba cayendo a montones. La familia pudo ver como el hielo que cubría las paredes del ayuntamiento parecía estar desvaneciéndose.

    —¿A dónde iremos?— Preguntó la mujer de Lope.

    —Iremos a nuestra casa de playa en las costas de Maf. Quizás podamos contactarnos con mi hermano. Él es el legítimo heredero ahora que yo no estaré. Debe haber una manera de que evitar que ese sucio Parker logre apoderarse de este pueblo, ¡mi pueblo!— Refunfuñaba el pequeño hombre mientras corría por el interior del ayuntamiento.

    —¿Iremos a la playa en invierno? El agua estará fría, papá…— Se quejó el hijo mayor de Lope. Un chico de diez años.

    —No seas tonto, en Maf nunca hace frio. Es un desierto— Contestó el hijo menor.

    —¿A quién le dices tonto?— El hermano mayor golpeó en el hombro al menor. Comenzando una pelea de puños y quejidos.

    —¡Niños! ¡No peleen en un momento como este! ¡Papá tiene suficientes problemas en este momento!

    —Si consigo hablar con alguien de Lebore, quizás pueda lograr que asesinen a ese estúpido sheriff… Héroe del pueblo, mi trasero… Si mi hermano no me contacta, quizás pueda utilizar a mi hijo… Sin embargo yo debería desaparecer…— Murmuró Lope para sí mismo. Continúo soltando ideas e insultos por un par de minutos.

    Una vez llegado a la puerta la abrió con una patada y vio la carrosa. Sobre la carroza esperaba un hombre vestido de negro con un sombrero y una bufanda. El rostro del hombre era el de un anciano con la mirada cansada.

    Lope subió las maletas con prisa —¡Llévenos hasta Puerto Rojo, es por el Oeste si es que no lo sabía! ¡Y que sea lo más rápido posible!— Ordenó Lope al conductor, mientras seguía subiendo maletas y apoyaba a su mujer e hijos a subir hasta el interior de la carroza. Una vez adentro los caballos empezaron a jalar el carro.

    —¿Seguro que fue Parker, querido?— Cuestionó la mujer de Lope. Una mujer de su mismo tamaño, un poco regordeta y de gustos refinados —¡Ese hombre estaba en muy mal estado en el hospital!

    —Sus ojos… se veían raros… pero eran los mismos… Él era, estoy seguro, reconocería su sucio olor a sangre no legítima… Parece que arriesgo su vida en combate, su cabello y ojos blancos solo me dicen que le quedan unos años de vida… Quizás no tengamos que esperar demasiado para volver— Lope abrió las cortinas del carro, intentaba ver GrayLagoon, pero la tormenta era espesa e impedía la vista.

    —¿Qué hiciste padre?— Preguntó el hijo menor.

    —Están acusando a tu padre de delitos falsos…

    —¡Por lo de la mafia!

    —¡Cállate, idiota! ¡¿Cómo sabes eso?!

    —Los escuche hablar una vez durante la noche…

    —¡Eres un metiche!— Gruño el hermano mayor.

    —¡Cállense los dos!— Gritó Lope con el rostro enrojecido —No hice ningún crimen… Mi conciencia está limpia… No dejare que mi familia se vea involucrada en esta red de patrañas. Tenemos suficiente dinero para vivir muchos años. Incluso puede ser que no tengamos que volver a este pueblo viejo…

    La carrucha estaba pasando el letrero de bienvenida justo en ese momento.


    (...)​


    El recorrido fue largo.

    En mediados de lo que quedaba de la noche. La carroza tomó por el bosque. Era un camino alterno, casi deshabitado por lo complicado que era transcurrir por él, pero era el más corto para llegar a Puerto Rojo.

    Lope no durmió en toda el transcurso. Sintió durante toda la noche el golpe de aquella tormenta de nieve. Era como si la tormenta misma le siguiera. La nieve solo le recordaba más a Chase, al cual no pudo quitarse de la cabeza, seguía pensando en cómo vengarse de él por haberles hecho huir de su pueblo natal.
    Deseaba darle un final miserable a aquel muchacho. Se arrepentiría, pensaba.

    En medio del bosque la carroza tomó otro camino. Lope no se dio cuenta. Estaba demasiado distraído en sus planes maquiavélicos.

    La carroza se detuvo.

    —¡Hey! ¡¿Qué te pasa, anciano?!— Exclamó de rabia, mientras golpeaba la ventana.

    De pronto fue posible escuchar como los caballos se separaban de la carroza. Un azote los hizo correr. Dejando la carroza atrás en la eterna obscuridad del bosque en medio de una tormenta helada.

    —¿Qué? ¡Oye viejo! ¡¿Que está pasando?!— Lope trató de abrir la puerta, pero no podía. Entonces observó como las ventanas de las carrozas empezaron a congelarse. La puerta sobretodo, que estaba completamente helada.

    —¡¿Qué es esto…?!— Menciono en un chillido el alcalde.

    La familia empezó a despertarse al escuchar los desesperos de Lope al tratar de abrir la puerta. La familia lo único que hizo fue empeorar la situación.

    El hombre golpeó la puerta con su pesado cuerpo, pero no lograba hacer nada. Entonces escuchó como alguien tiraba líquido cerca de la carroza. Era el anciano. Bañó completamente el carro de ese líquido extraño de fuerte olor, un fuerte olor nada agradable.

    —¡Abra, maldito!— Algo estaba mal, uno de sus brazos parecía muy tieso.

    El anciano se puso de frente a la puerta. Desde ahí toda la familia observaba al anciano a través de las ventanas cristalizadas por el duro hielo. Aquel hombre viejo llevó su mano al rostro, en un desliz su rostro desapareció evaporándose en un vapor helado. Debajo de aquella mascara se encontraba Chase con su fría mirada.

    —Por la diosa…— Murmuró Lope.

    —Lo sé todo, Lope— Dijo Chase con un tono bastante serio.

    —¡Eso es algo que ya sabíamos muchacho!— Aulló el hombre golpeando la puerta.

    —No pareces entenderme…— El chico le dirigió una mirada intensa —Lo sé todo…— Aquellas palabras habían sido tan frías como la tormenta misma.

    Lope se quedó quieto. El tiempo pareció congelarse, envolviéndolo en una dimensión donde solo se encontraban, Chase, una ventana y él. Levantó el rostro y conectó miradas con los ojos blancos de aquel hombre siniestro.

    —Su padre y usted planearon la muerte de toda mi familia. Uno a uno se fueron deshaciendo de todo el linaje externo a la familia Lope. Tenían miedo. Sabían que no eran dignos del pueblo… Tú planeaste el ataque al barco de mi padre cuando fue a pescar. No se hundió durante la tormenta… Lo atacó acompañado de su padre y un grupo de la mafia Lebore, en esos tiempos apenas estaba empezando sus conexiones… Mi padre peleó contra ustedes y los bandidos. Sin embargo hicieron estallar el barco con mi hermano adentro. Mientras mi padre buscaba a mi hermano entre los restos, tú, Lope, le metiste un tiro en la cabeza... Sin embargo no contaban con que yo no hubiese estado en el barco ese día…

    —¿Cómo es que sabes todo eso…?— Preguntó el hombre en medio de un susurro.

    —Ahora entiendo porque me denigraste tanto, porque siempre me trataron como basura y como casi su esclavo. Querías hacerme huir de este pueblo…
    Siempre creí que mi familia estaba maldita, esos eran los rumores más comunes, pero no, eras tú, tratando de quebrantarme para que nunca pudiese quitarte tu lugar… Ahora veo que todos esos “accidentes” que me sucedieron durante mi crecimiento no fueron más que tu sucio instinto de supervivencia para eliminarme del juego… A la vez que también eliminabas a tus hermanos…

    —¿Qué está diciendo, amor?— Preguntó la mujer. Pero Lope no contestó.

    —Fue durante la época de la muerte de los Generales Mundiales, aprovechaste la situación para quitar del camino a dos de tus hermanas… Únicamente queda tu hermano menor. El cual ni siquiera sabes dónde está, ya que se desconectó completamente de la familia… No le interesaba tu sucia dinastía…

    —¡¿Cómo demonios sabes todo eso?!— Exclamó el hombre con miedo mientras golpeaba el vidrio en un pobre intento de escapar de la verdad.

    Chase se quedó callado unos segundos —Durante el destello de la explosión hubo una interacción extraña. Pude ver toda la vida de Calvar frente a mis ojos… Tenían una relación estrecha desde hace unos años, verdad… Le confiaste el asesinato de tus hermanas. Él estaba durante el asalto al barco de mi padre, era solo un adolecente, pero se encontraba en el grupo… Gracias a eso, pude verlo todo… Cada firma de contrato... Cada negocio, cada persona que pediste que eliminara por ser un peligroso potencial… Intentaron asesinarme en infinidad de veces, pero nunca tuvieron toda esa suerte.

    Lope estaba tartamudeando de rabia al ver a Chase tan seguro de todo lo que decía. Cada palabra era verdad. Un doloroso pasado que le perseguía siempre. En ese momento Parker parecía ser el fantasma de toda su codicia restregándole toda su mierda a la cara.

    —De algo estoy más que seguro, Lope…

    El alcalde le mantuvo la mirada expectante.

    —Yo, Chase Parker, tengo más sangre de Saúl F. Lope, que cualquiera de tus hijos o tú… Un grupo de cerdos, burgueses, presumidos, codiciosos y caprichosos… GrayLagoon necesita a un Parker… Y el mundo ya no necesita a ningún Lope…

    Chase chasqueó los dedos. Una llama encendió el carro. El aceite chorreado hizo prender el fuego con mayor intensidad. La familia entera empezó a gritar, mientras que Lope observaba paralizado la escena. El fuego empezó a consumir el carro. El humo empezó a contaminar el interior. Las llamas se volvieron
    intensas, quemando sin necesidad de estar en contacto con la piel. La familia aullaba de dolor y agonía. Lope cayó al suelo admirando su infierno. Negando con la cabeza lo que estaba sucediendo. Observando como su cuerpo empezaba a arder, al igual que observó claramente como la piel de sus hijos y amada empezaban a llenarse de apoyas que estallaban tan rápido como salían.

    —¡Parker, mátame a mí, pero a ellos no!— Pidió Lope.

    Chase observaba el fuego de la carroza sin expresión alguna. Bajó la cabeza y puso las manos en los bolsillos de su gabardina. Se dio la vuelta y empezó a caminar de regreso.

    —A ti no te importó matar a mi familia…— Dijo Parker con el tono perfecto para que Lope le escuchase —A mí no me importa si muere la tuya.

    Lope observó claramente como el joven se iba.

    —¡Parker!— Fue el último aullido que se escuchó de Lope.


    (...)​


    Para la mañana Chase había vuelto a su sala del hospital como un paciente cualquiera. La noticia de la huida de Lope fue tema de conversación por todo el pueblo. Más tarde encontraron los restos calcinados de la familia. Finalmente, tras la investigación y la evidencia de los tratos de la mafia, los detectives de Hericent concluyeron con que habían sido ejecutados por la mafia Lebore, ya que eran poseedores de información importante que podía perjudicar a la mafia de ser revelados.

    Se investigó la identidad de aquel hombre que había rentado la carroza en la que la familia murió. Sin embargo nunca se llegó a encontrar al culpable.
    Chase salió del hospital a la segunda semana después de los sucesos de la mansión Lope.

    Aunque seguía siendo atendido diariamente por el mejor doctor del pueblo se convirtió en alcalde el mismo día en que salió del hospital.


    (...)​


    Dos semanas después de los eventos de GrayLagoon, Claudio despertó de un largo sueño. La luz le dolía en las retinas. Se quejó en silencio mientras recuperaba la vista.

    Alguien pareció abrir la puerta y tan rápido la abrió la cerro, haciendo un ruido leve que destruía los oídos de Claudio. Una vez la puerta se cerró, respiro un poco, hizo unos quejidos y todo pareció calmarse.

    Tomó sus lentes. Ahora podía ver un poco más claro.

    Trató de levantarse, pero los brazos estaban débiles y su cuerpo parecía pesado.

    Se encontraba lleno de vendas por todo el cuerpo. Rápidamente se dio cuenta que se encontraba en una sala especial del hospital. La más lujosa de todas. Observó los distintos artefactos que le median todos los signos vitales. A su derecha se encontraban bolsas de suero. Había algo extraño, trataba de mover las piernas para acomodarse en la cama, pero no podía, el creyó que se debía a su debilidad. Rápidamente recuperó su sentido de la vista, al igual que el ruido ya no era tan escandaloso para sus tímpanos.

    Una mujer de bata abrió la puerta. Le sonrió al verle despierto.

    —¿Se encuentra bien, Teniente Claudio?— Le preguntó la mujer, mientras se acercaba rápidamente al hombre con una linterna. Le pego la luz al soldado. Al hombre le calaba, pero lo ignoro, sabía que era un proceso de los doctores.

    —Me siento cansado…— Respondió Claudio.

    —Es normal. Ha estado dos semanas postrado aquí. Tuvo unas cirugías para poder mantenerlo vivo. Fue fuerte, todo salió bien.

    Claudio no lograba recordar bien lo que había pasado.

    —¿Qué sucedió? ¿Por qué estoy aquí?

    —¿No recuerda nada?

    —No.

    —Debe ser parte del shock…

    En el pasillo se empezó a escuchar un escándalo. Las voces de unas jóvenes pedían a alguien que no pasara. Sin embargo aquella voz de un hombre que aullaba se escuchaba molesta. De pronto un hombre abrió la puerta de la habitación. Era Marcus Thomson, vestido con una bata azul que le quedaba corta. En el suelo cayó su perchero que cargaba su suero. El hombre tenía un rostro pálido y una barba de varios días. Al igual que unas profundas ojeras. Sus brazos se encontraban enyesados, tenían varios pedazos de hierro incrustados que le impedían mover sus brazos, el cuerpo del hombre estaba lleno de vendas al igual que el de Claudio.

    El Teniente le observó detalladamente y todos los recuerdos llegaron.

    —¡General! ¡Es un alivio verlo vivo! ¡¿Cómo se encuentra?!— Ahí fue cuando Claudio se percató de algo doloroso. Sus brazos habían reaccionado rápidamente. Todo su cuerpo había intentado levantarse. Todo, menos sus piernas.

    —¡Teniente Claudio manténgase en la cama! ¡General! ¡Salga por favor! ¡Enseguida podrá verlo!— Regañó la doctora.

    Los gritos de la mujer pasaron por los oídos de Marcus. Quien notó que Claudio acababa de darse cuenta de lo que le había sucedido.

    —¡General!— Aulló la doctora.

    El hombre apretó la quijada y asintió. Se dio la vuelta y salió por la puerta.

    —Eres un gran soldado, Claudio…— Murmuró el hombre antes de irse.

    Claudio estaba petrificado en la cama.

    —Tengo que hablarle de los sucesos de la cirugía…— Esas palabras solo justificaron lo que estaba sintiendo Claudio —Tuvo un combate en GrayLagoon, fue en la mansión Lope. La operación se llevó a cabo para poder rescatar a los rehenes del festival de LaneCloud y Hericent. Ellos están a salvo, todos y cada uno. No se preocupe por ellos… Usted tuvo un enfrentamiento, según los informes, con Mathias Altmayer, el líder de la mafia Lebore. Durante el combate usted sufrió una herida mortal. Fue atravesado por uno de los ataques de Altmayer. Su ataque le destrozó parte de la columna lumbar. Perdió mucha sangre. El ataque dañó partes de su intestino delgado y grueso. Sin contar la inmensa cantidad de golpes sufridos durante el enfrentamiento… La cirugía se llevó a cabo para poder mantenerlo con vida y reconstruir sus intestinos…

    —Dígalo doctora…

    La mujer apretó los labios —Sin embargo al sufrir una herida tan seria en la columna lumbar nos fue imposible poder hacer algo… Usted no va volver a caminar…

    Claudio apretó los dientes, tanto que casi sentía que rompería sus propios mandíbula.

    —Teniente, pero también debo de informarle que por su estado físico ya no podrá formar parte del ejercito… Lo siento.

    El hombre se tiró en la cama. Llevó su brazo hasta su frente recordando todo los sucesos. Todo el combate que había tenido contra aquel monstruo llamado Mathias Altmayer. Recordó exactamente todo el dolor que sintió en el momento en que fue atravesado. Sin embargo justo antes de desmayarse, también recordó que se sentía pleno, pues había salvado a Marcus…

    La doctora continuó dándole informes sobre lo que procedería para poder mantenerlo con vida. Le informó el tiempo que estaría en el hospital, las
    medicinas que tendría que tomar y todos los programas de rehabilitación con los que contaba el Gobierno Mundial para estos casos. La doctora continuó hablando de cosas que realmente a Claudio no le interesaban. Después de un largo comunicado, la doctora se despidió del hombre. Abrió la puerta y afuera se encontraba Marcus, esperando pacientemente.

    El General tuvo una charla afuera de la habitación con la mujer. La doctora se quejó con él. El hombre insistió en ver a Claudio. La charla terminó con los quejidos de la doctora yéndose del lugar.

    Marcus entró al cuarto de Claudio. Empujó una silla, pues no podía utilizar correctamente sus brazos por la cirugía de reconstrucción que le habían hecho. Gran parte de los huesos de sus brazos habían sido rotos.

    Tomó asiento a un lado de su subordinado. Las dos miradas se unieron. Claudio tenía una mirada cansada y triste. El joven estaba delgado, había perdido mucha masa, casi estaba a los huesos. El General no podía mover demasiado los brazos, pero hizo el esfuerzo de levantarlos, tocar la cabeza de Claudio y frotarle el cabello. Justo después el General empezó a llorar.

    —Nunca tendré un soldado tan leal. No creo que nadie haya tenido a alguien como tú en la vida…— Murmuró entre los sollozos con la cabeza abajo.

    Claudio soltó una mofa y negó con la cabeza —¿Qué es esa actitud tan deplorable General?

    Marcus dejó de llorar. Usó su hombro para limpiarse sus lágrimas y levantó la mirada. Su rostro parecía triste aun así —Tienes razón, Claudio. No me deben ver así…

    Claudio empezó a reír en silencio.

    Marcus simplemente sonrió ligeramente.

    —Como no sacrificaría mis piernas por el hombre que me salvo aquella noche de otoño en las ruinas de Rasew…

    Marcus soltó una risa apenada.

    —Recién había acabado la guerra entre Calani y Rasew, la comida y el agua escaseaba. Los bandidos tomaron el control de todas las ruinas y los puertos. Yo era un prófugo junto con mi hermana. Los bandidos nos buscaron para atraparnos y vendernos al mejor postor. Conocían mi descendencia. Ya corría los rumores en Rasew de un trio de hermanos de un linaje de los clanes masacrados en la cuarta guerra… Ahí en el frio de la noche asesinaron a mi hermana por intentar defenderme, a mí, a su pequeño hermano menor… Los bandidos iban detrás de mí. Pero usted apareció junto con su pelotón. Derrocaron a los bandidos y trajeron control. Recuerdo bien la imagen, todo su escuadrón murió… Usted se encontraba en la cima de los escombros con los cadáveres de aliados y enemigos a sus pies. Soltó un grito al filo de la luna. Era joven, era un novato, pero ya era el veterano de una fiera pelea. Usted me salvo de aquellos bandidos. Me tomó de la mano hasta llevarme a la base. Yo vi como usted y todos los soldados de Hericent reconstruyeron la sociedad de Rasew desde sus cimientos.

    Claudio volteó con Marcus —Siempre le estaré agradecido por haberme salvado esa noche. Y por todo lo que hizo por mí. Apoyarme en el orfanato de Hericent, entrenarme a pesar de que le molestaba que le buscara. Por haberme recomendado para entrar al ejército.

    El solado empezó a reír —Por la diosa, le agradezco por cada plato de comida, por cada consejo, por permitirme ser su sombra… Maldita sea, hasta agradezco que me dejara dar un discurso en su boda a pesar de que era un niño…

    Marcus empezó a reír a carcajeadas —¡Recuerdas eso!

    Claudio acompaño a Marcus en las risas —¡Por supuesto que sí! ¡Muero de vergüenza de solo recordarlo...!

    Los dos hombres continuaron riendo un momento más.

    Una vez llegado el silencio Claudio levantó el brazo y le tomó el hombro a Marcus —Así que por favor, General, no se sienta culpable por esto que hice por usted… Esto tan solo es una parte del pago por todo lo que hizo por mí— Dijo el hombre mirando a su maestro a los ojos. Aquellos ojos irradiaban una lealtad eterna nunca jamás vista.

    Marcus apretó los dientes y trató de no llorar.

    —Claudio… Estuve hablando con la Dra. Sócalo…

    —¿La jefa científica del Gobierno Mundial?

    —La misma… Le pregunte por la operación de reconstrucción de columna… No sé si la conozcas, fue uno de los avances en la medicina llevados por él Dr.
    Akira hace muchos años… No existe información concreta de como aquel hombre logró llevar a cabo esa cirugía, es información ultra secreta, pero es un hecho que existe. La cirugía puede ser llevada a cabo, ella misma dijo que la puede hacer, sin embargo dijo que corría sobre tu propio riesgo. La cirugía de no llevarse con los preparativos necesarios, puede llevar a la muerte. Casi ninguna de estas cirugías se ha concretado con éxito… A demás de que no es completamente efectiva, de llegar a darse equivocaciones en la cirugía puedes quedar completamente paralitico, o con disfunciones en el movimiento de tus piernas…

    —La hare.

    —¡Piénsalo un poco al menos!

    —Correré todo riesgo que necesite— El joven levantó su cuerpo con sus brazos —Hare lo que sea necesario para llevarlo a usted a la cima, General. Cumpliremos su sueño de traer paz a este continente y de ser posible al mundo. Y no puedo ayudarle desde esta cama o una silla de ruedas. Lo hare. Me hare la cirugía.

    Nuevamente esa mirada intimidó a Marcus. Era un joven persistente, valiente y temible. El mismo General sabía que era más fuerte que él.

    —Entonces la contactare.

    Claudio le puso la mano de enfrente al General —Le juro que sobreviviré a esa cirugía.

    Marcus negó con la cabeza y le sonrió —Yo sé que puedes hacerlo— Estrecharon las manos. Cada uno se vio a los ojos y rieron un poco más.


    (...)​


    Lejos de Hericent, en un laboratorio secreto en el continente de Nil, oculto entre la capital del mundo, Olimpia. En las profundidades de un edificio del Gobierno Mundial. Ahí se encontraba la Dra. Sócalo con un hombre misterioso de traje negro envuelto en las sombras.

    —Unos búhos me contaron que te vieron durante la noche en Hericent hablando con los huérfanos Arcnaik y Hellwell, ¿algo que gustes contarme?— Dijo una voz ronca y seca.

    La doctora y aquel hombre se encontraban en un laboratorio donde había decenas de equipos de alta tecnología. La luz era escasa. Solamente el tenue color de aquella luz ultravioleta que desprendían algunos de aquellos equipos. Existían muchas pantallas, al igual que muchos papeles por todos lados y algunos libros apilados.

    —Es sorprendente que esos chicos estén vivos… Va más lejos de todo lo que alguna vez creímos… Leí los informes, la chica dice que Naum estaba
    interesado en ellos... Realmente lo comprendo…

    —¿Pueden servirnos?

    La mujer soltó un suspiro. Metió su mano dentro de su bata y sacó cuatro hojas de papel dobladas. Se las otorgó a la fría mano del hombre.

    —En cuanto tuve oportunidad de robarles un poco de cabello, lo tome. En el momento en que llegue aquí los investigue. Todos parecen estar en perfectas condiciones. Sin embargo, ninguno parece haber sufrido destellos de “el gen evolutivo”.

    El hombre dobló las hojas después de echar un rápido vistazo. Las guardó en su saco con cuidado —Entonces no son más que personas normales. Qué triste, esperaba más.

    Sócalo volvió a meter sus manos a su bata — ¿Nunca supiste la razón de la muerte del primer hijo de Adán Arcnaik?

    —Fue asesinado por Adán.

    —Pero fue asesinado porque el niño desarrolló “el gen evolutivo”, fue incontrolable. De no haberlo parado posiblemente hubiese destruido la isla entera en la que vivían. El niño mutó. Arrasó con un bosque y una montaña entera… y eso que aquel niño solo tenía cuatro años…

    —¿A dónde quieres llegar?

    —El primer hijo de Adán falleció por no poder controlar sus poderes. Desde su nacimiento tuvo ataques explosivos de energía por culpa de ser débil ante el gen... El poder del gen evolutivo es demasiado poderoso, es la misma razón por la cual todos los hijos de todos los “sombra blanca” y “los cinco demonios”, todos fallecieron antes de nacer… Y hubiese seguido asi de no haber sido por nuestra intervención… Si esos chicos han sobrevivido solo existen dos razones: Nacieron sin el gen, o lograron adaptarse a él. Tendremos que seguir esperando para saberlo…

    —De ser posible que hayan nacido con el gen, quizás puedan servir como bases para continuar con los experimentos del Dr. Akira…— El hombre señaló ligeramente hacia el fondo de la habitación. Ahí donde había un cuarto de vidrio transparente empañado por lo helado dentro de la sala de operación que se encontraba dentro de él. Adentro se encontraba una camilla ligeramente iluminada, sobre la camilla de cirugías se encontraba lo que quedaba del cadáver de Calvar —Naum está avanzando en sus experimentos… Está intentando crear súper soldados. Está avanzando en ello, por lo que podemos ver… ¿Usted cuánto ha avanzado?

    La mujer le giró los ojos, se tomó de la cadera y habló en tono de protesta —A Naum no le están vigilando constantemente para saber si está haciendo algo ético o no. Ya he estado experimentando con los restos de ese cadáver. Las cinco esferas de las que me contó el Capitán Kian, por lo que pude reconocer por los daños del cuerpo parecían estar hechas a base de energía concentrada con una gran pureza, no cualquier humano es capaz de soportar los experimentos que se llevaron a cabo para lograr controlarlos. Estoy segura que Naum consumió cientos de vidas humanas en el proceso... Yo no puedo hacer eso… —Sé que eres capaz de lograr grandes cosas a pesar de esas limitaciones…. Es importante que descubras los secretos del Dr. Akira. Para eso se te ha otorgado la información de la biblioteca descubierta en Vega…

    —No bromees, para lo que pudieron traerme, mejor no me hubiese traído nada… Pero no se preocupe. Avanzaremos en la investigación. Tengo que hacerlo... Me queda poco tiempo… Nos queda poco tiempo.

    —Confió en usted— El hombre se dio la vuelta y caminó hacia la entrada. La puerta se abrió sola. La luz de la entrada generaba que solo se pudiese ver una sombra salir.

    —Quiero a lo huérfanos vigilados— Ordenó Sócalo con los brazos cruzados.

    —Están siendo vigilados por Claarn— Contestó el hombre rápidamente.

    —¿Todavía confías en Claarn? Se ha estado apartado de la organización desde que adopto a los chicos… A demás, nunca le comentaría algo como eso. Es fiel a Abraham. El viejo, ni Adán, ni Edward nunca nos permitieron tocar a los niños. Claarn tampoco lo hará.

    —He estado informándome sobre los chicos— Comentó el hombre —Martin Price hizo una reservación para una sesión de adopción de magia en Kadamia, al igual que una lancha en Calani. Si nos mantenemos informados por medio de personas externas a nosotros nadie sospechara…

    La mujer soltó una mofa. Metió sus manos a su bata y se dio la vuelta.

    —También vigila a los Generales Mundiales. Hasta hace poco empecé a prestar atención en los almacenes de desechos peligrosos. Alguien ha estado abasteciéndose de tabletas de Uranio… Nadie se percató de ello porque son desechos en su mayoría inservibles… Hasta donde sé, aparte de nosotros dos, nadie ha estado sufriendo el desgaste, nadie hasta ahora, ¿Por qué un General Mundial ocuparía esos residuos peligrosos? Puede que alguno de ellos este apoyando a alguien en las sombras sin decirnos.

    El hombre se mantuvo de pie en la puerta un par de segundos en completo silencio —Me hare cargo— Dijo con su voz ronca. Aquellas palabras se sintieron frías y peligrosas. Dio unos pasos adelante y la puerta se cerró. Dejando la habitación nuevamente en la obscuridad parcial del laboratorio.

    La doctora caminó hacia una máquina. Ahí había un vidrio reforzado en la que había cuatro muestras. La mujer hecho un vistazo al cuerpo que yacía en la mesa. Regresó su mirada hacia las muestras. Sócalo las miro con admiración.

    —Así que seguimos los pasos de nuestro maestro, Naum. Aun somos niños en comparación… Pero si tú lograste crear súper soldados… Quizás es mi turno de crear clones…— Dijo soltando una sonrisa.
     
    Última edición: 6 Junio 2019
  2. Threadmarks: [ Parte 2] Capitulo 21 - La Biblioteca de Akira
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    67
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El Legado de los Héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    30
     
    Palabras:
    11145
    Capítulo 21— La Biblioteca de Akira

    [​IMG]

    -12 de Marzo de 2893 D.C.-


    Claarn iba montado en un camello a través del desolado e interminable desierto que se abría ante el. El camino por el que caminaban era la antigua carretera que unía el reino de Maf con Vega. La carretera ahora no era mas que asfalto desgastado por los años. Una carretera que nadie utilizaba tras la implementación de las estaciones Koch. Claarn odiaba utilizar métodos de transporte modernos, era un fanático de los viajes a caballo y carreta, a pesar de que la lentitud de estos era notoria contra los trenes Koch o los vehículos del ejército. Su afición por los animales era más grande que el hecho de gastar su tiempo. En más de una ocasión intentó llevar una mascota a la casa, pero Bruno les tenía pavor a las aves y Martin era alérgico a los perros y gatos. Así que el gusto por los animales era un placer reprimido por su querido compañero y aquel chico que llamaba alumno, pero quería como un hijo.

    La cima de aquella empinada masa de arena por la que subía la carretera se volvía pesada para el camello. El hombre le daba palabras de aliento al animal, al igual que unas palmadas en el lomo. Llevaban horas caminando por el desierto desde el último lugar donde habían podido abastecerse de alimentos y agua. El sol era abrazador, sin embargo el calor era algo que poco afectaba al cuerpo de Claarn. No se preocupaba tanto por el camello, tenia la intuición de que aquel animal había visto días peores.

    Una vez llegado al final de la colina se posaron en la meseta de aquel monte de arena. La arena del desierto volaba por los aires y causaba una enorme molestia. Claarn se puso sus lentes obscuros, se tapó con el sombrero y subió su mascada.

    El sol estaba en su mayor punto, casi el medio día. Sobre aquella infinita luz se podía observar el enorme reino de Vega. Los edificios de aquel reino se levantaban imponentes ante la nada del desierto. Los edificios descendían desde su centro, pasando de hermosos rascacielos a casas de barro mientras más se alejaba de la zona céntrica. Al Noroeste del reino se encontraba un enorme rió, de ahí empezaba a desaparecer el desierto transformándose en un gran campo de sabana.

    Las tierras de Vega estaban localizadas en un punto estratégico. Por Sur el enorme desierto donde era imposible manejar un ataque desde ahí. Las sabanas al Norte y al Este, y mientras mas te alejabas de la sabana esta se trasformaba poco a poco en verdes prados hasta llegar a un enorme lago, mas allá se encontraban las montañas donde no había civilización. Al Oeste un manto de desierto que finalizaba en el mar. Por donde sea que alguien desease atacar el reino, le seria imposible no ser detectados.

    El camello y el hombre tomaron un respiro. Claarn le dio al animal un poco de agua y unas zanahorias para merendar. Cuando el camello terminó de beber y comer el sheriff dio unos pasos hacia enfrente, desde esa colina podía apreciar el gran reino. Hermoso en su inmensidad central, pobre en la lejanía, como en la mayoría de todos los reinos.

    Un pequeño detalle le llenó la vista y atrajo toda su atención, unos vehículos recorrían el desierto hasta llegar a un lugar donde se encontraba una buena cantidad de vehículos, carpas, soldados y lo que parecía ser montones de luces que iluminarían la profunda noche del desierto.

    —Así que ahí esta… La biblioteca de Akira…— Dio un chasqueo con la lengua y se subió de nuevo al camello. Ahora mismo parecía estar más desesperado por llegar al reino. El camello trotó lo más rápido que pudo tras el tronar de las riendas. Ahora el camino parecía ser mas corto al ver su objetivo.


    (...)​


    Habían pasado poco menos de una hora para cuando Claarn ya se encontraba en su lugar de entrega del camello a las afueras de Vega, en un establo viejo de la zona más pobre del reino. El soldado dejó al camello con su rentero. Se despidió elogiándolo por su trabajo y que lo volvería a ver pronto. Pagó al dueño del establo y le dejó una propina para que tratara bien al animal durante la espera.

    Salió del establecimiento, encontrándose ahora en una colonia de casas pobres hechas con láminas pertenecientes a la basura, los mejores lugares estaban hechos con madera vieja, empobrecida por el poder del sol de aquel lugar. Por la calle que no era más que un camino de tierra aplanada por el tiempo y el uso había una gran cantidad de basura. El hedor que desprendía gran parte de la colonia pertenecía a la basura, desechos tóxicos y fosas clandestinas.

    Unos adolescentes observaron a Claarn desde el segundo piso de una de esas casas pobres. El hombre se percató de ello y les mantuvo la mirada. Al poco tiempo los jóvenes cerraron las cortinas de tela podrida. Entendieron el mensaje, no era alguien con quien debían meterse.

    Claarn acomodó su sombrero, pasó su mochila por el hombro derecho y emprendió camino hacia los enormes edificios del centro de Vega.

    La caminata de Claarn hacia la gran ciudad duró otro par de horas. En el recorrido podía darse cuenta de la verdadera situación del reino. Observó claramente el gran cambio de terrenos que existía mientras te acercabas al centro. Las colonias disminuían su pobreza. Las casas dejaban de ser de basura, lamina y madera vieja, para dar una forma mas civilizada. Hogares hechos de barro, cemento y madera de buena calidad. Las calles empezaban a ser pavimentadas y un poco mas estilizadas. Con forme se acercaban a los edificios, los hogares se volvieron elegantes, de un montón de formas excéntricas, de colores vivos, construcciones de cristales y mansiones de grandes patios. Las calles crecían a lo ancho, sin decir que la vegetación empezaba a dar vida al reino. Existían palmeras de todos lo tamaños y estilos. Había arboles de desierto y en los lugares mas elegantes crecía pasto, junto con grandes arbustos. Llegado al centro, los edificios crecían a niveles exponenciales, el calor se limitaba por la gran mancha de sombra que los mismos rascacielos creaban. Los comercios abundaban. Los lugares turísticos inundaban la vista. Claarn pasó por un lado de la estación Koch que finalizaba su viaje justo en el centro de la ciudad. Cerca de la famosa calle de Vega, “La calle de los mil rostros”, una calle inmensa llena de los mejores mercados de todo el mundo. Existía de todo. Restaurantes, licorerías, bares, antros, burdeles, iglesias, salones de belleza, mercados de frutas, mercados de carnes, museos, teatros, casinos, moteles y hoteles, por mencionar algunas cosas. Todos aquellos establecimientos unidos en una inmensa y larga calle que era visitada por todas las etnias de los dos continentes y las Islas Medias. La calle mas conocida de todo mundo.

    Claarn caminaba por aquella inmensa calle. Observaba todo con detenimiento, hace doce años que no caminaba por Vega, desde que había sido enviado en una misión para capturar unos importantes traficantes de drogas. Actualmente lo impresionaba el turismo de esa calle, que de por si ya era conocida por su excelente aprecio por todo tipo de personas y todo tipo de gustos, ahora que se encontraba caminando por esa calle, le parecía que debía de ser complicado mantener controlado los negocios ilegales en aquel cumulo de negocios, personas y edificios. Pues Vega era conocido por todos sus tratados comerciales, por su excelente potencial en la diversidad de todo tipo de comidas, medicinas, telas y tesoros. Volviéndolo uno de los reinos mas prósperos a nivel mundial. Sin embargo también era conocido por ser el escenario de una gran cantidad de crímenes. Epicentro de negocios del mercado negro. Cede de multitud de eventos obscuros como la venta de esclavos, órganos y todo tipo de servicios que las mentes mas asquerosas pudiesen imaginar. Añadiendo que Vega era la matriz de donde nacieron algunos de los criminales mas buscados de la lista negra del Gobierno Mundial.

    La cantidad de personas era algo imposible de creer. Si se juntara a todas las personas de aquella calle era probable que pudiese llenar todo LaneCloud. Existían personas de todos lados, desde las más pálidas, provenientes de Jenna, hasta las personas más obscuras provenientes de Maf. Todas vestidas con estilos de todo el mundo. Con ropajes tan excéntricos como eran los artísticos ciudadanos de Frandall, al igual que ropas tan elegantes como los de Milloria, pasando por la ropa formal casi de oficina que gustaban de utilizar en Iglakesh, hasta llegar a los ropajes de simples telas de Ilu. La diversidad era algo que llenaba a “La calle de los mil rostros”.

    Finalmente, en la última parte de la larga calle pudo ver a su derecha un edificio alto e imponente. Un templo que se alzaba con una estructura única, hecha de distintos materiales tan resistentes al tiempo que a lo largo de los milenios seguía de piel, hermosa y poderosa como el día que terminó de ser construido. “El castillo eterno de Vega”. Uno de los pocos vestigios que perduran de épocas borrosas. La alcaldía del reino y el sarcófago del segundo Chasoul, Valentín Purill. Ese templo enorme situado justo en el centro de todo el reino era la base militar del Gobierno Mundial de Vega.

    En la cima del templo se encontraba una bandera que mostraba unas cadenas rotas y la figura de un cuervo negro, simbolizaban el orgullo al final de la esclavitud consensuada y el honor a la imagen del liberador, Valentín Purill, conocido en su tiempo como “El cuervo”. En la entrada al oeste existía una estatua del líder de los liberadores que inicio la revolución. Sagacar “El grande”, observando siempre al ocaso, pues el vivió una de las épocas mas obscuras de la humanidad, mientras que Valentín Purill “El cuervo”, pupilo de Sagacar, se encontraba viendo al Este, pues el vio el nacimiento de la libertad de todos los humanos y destruyó todo los sistemas anticuados del Gobierno Mundial, liberando al mundo de la obscuridad del imperialismo.

    Claarn admiró el enorme edificio unos minutos. Siempre seria algo increíble de ver. Iría ahí, pero primero tenía que comprar unos licores, los últimos se los acabo en su viaje. Se acercó a un centro de negocios, abrió las puertas de una vieja licorería que alguna vez había frecuentado. Se acercó a la barra. Había algunos ebrios de piel amarilla discutiendo al fondo. Una mujer tocaba el piano mientras cantaba una melodiosa canción que únicamente dos hombres medio borrachos escuchaban. Las otras camareras se encontraban fumando un cigarrillo en la otra esquina del bar mientras cotilleaban.

    Claarn tomó asiento en un banco alto.

    -Creí que era una licorería, no un bar- Le comentó Claarn, un poco molesto, al joven pelirrojo de abundante barba y cabello cortó que limpiaba la barra. En su gafete decía barman.

    -Somos ambos, señor. Son tiempos difíciles y tuvimos que cambiar nuestro tipo de negocio, pero los ebrios destruyen las botellas, por lo que nuestro almacén de productos lo tenemos atrás- Respondió el joven con una voz gruesa y amable –Las bebidas más populares son todas las que tenemos en el mostrador detrás de mí. Aunque si gusta puedo darle un libro con nuestros licores más exóticos- El joven se recargó en la barra y sacó un libro.

    Claarn mantuvo la mirada en los licores –Me dijeron que por aquí podía comprar una botella de lo que necesito…

    -¿Enserio? ¿Y precisamente que es lo que necesita?

    -Un “AAA” del 73´.

    El joven dejo de limpiar la barra y observó a Claarn, pero este no le dirigía la mirada. El chico se agachó y recogió una pequeña libreta de una caja –Llegó al lugar adecuado. Esa es una bebida bastante especial. No muchos la conocen. Proveniente del gran reino de Sabatelli en las Islas Medias, justo ese año se hizo la primera botella. Lamentablemente la única botella que tengo de “AAA” del 73´ esta utilizada, así que solo puedo hacerle bebidas con ella. Aquí en esta libreta están las bebidas que hago con el- El chico extendió la libreta para que el hombre la viera, pero Claarn no parecía darle importancia, siguió viendo al joven.

    -Sorprenderme- Dijo Claarn regresándole la libreta deslizándola por la barra.

    El joven le miró desafiante –El que parece que podría interesarle es el “Dos Torres”, es un poco complicado, se hace en un tarro largo y fino mezclando jugo de uva obscuro con el licor, con una ultima capa que se construye con aceite de frambuesa y coco con el queda delicioso. La frambuesa termina dandole un color rojo intenso muy bello. Los clientes suelen probarlo en la media noche, dicen que es bueno para empezar una fiesta. Su costo son 49000 Chas.

    Claarn tamborileo en la mesa mientras asentía.

    El barman le sonreía con orgullo.

    -Entonces volveré en la media noche. Si eso dicen ellos, será por algo.

    -Quizás en la noche nadie los puede ver después de ese trago. Dicen que es rudo.

    -Puede ser- Claarn se levantó de la barra pasando su mochila por el hombro -Bueno, me iré. Pero primero dame una botella de ese ron.

    -Claro- El joven atendió el pedido. Le dio la botella de ron. Claarn agradeció con una sonrisa. Pagó la botella y le dio una moneda de propina.

    -Buen servicio.

    -Muchas gracias- Dijo el chico asintiendo y guardando la moneda en su bolsillo.

    Claarn salió por la puerta haciendo una ceña con la mano a forma de despedida. Regresó a la calle principal y se mezcló entre la multitud.

    El barman le observaba desde la barra hasta que lo perdió de vista. Con la moneda que le habían dado golpeó la madera del mostrador haciendo la tonada de una canción.

    Unos segundos después dos chicas salieron de la puerta del almacén. Con una sonrisa el barman hizo un ceña con la cabeza y las chicas salieron del bar a paso tranquilo, mientras se ponían unas capuchas de color crema.

    Claarn había cruzado “La calle de los mil rostros” y se dirigió hacia los edificios del centro. Cruzó entre distintos bulevares y calles hasta llegar a un hotel cercano al cuartel de Vega, un hotel llamado “Las Dos Torres”.

    El hombre entró al edificio, pagó el hospedaje al recepcionista que atendía en la entrada. Era un hotel caro, pero Claarn podía darse ese tipo de lujos, claro, utilizando su placa del Gobierno Mnudial, ya que la mayoría de negocios tenían promociones y descuentos a servidores del gobierno.

    Justo antes de subir por las escaleras Claarn sintió como su barriga rugía. Miró hacia la izquierda y ahí se encontraba el lobby, y un poco mas adentro, un comedor. Atraído por el olor a la comida, Claarn se dirigió hacia las mesas. Llegó a la barra, tomó el menú y sin echar mucho ojo pidió unas papas con rajas de ternera bañadas con crema, lo acompañaría de un buen vino de Vinaria. Quizás la comida más barata que había en todo el lugar. Se sentó en la barra y dejó su sombrero en la superficie de la misma.

    En unos minutos su plato se encontraba frente a él.

    Estaba por dar su primer mordisco, cuando un hombre se sentó a un lado de él, molestando su placentera soledad, pero no conforme con esto, aquel hombre tomó su sombrero y se lo probó. Claarn se irritó. Se dio la vuelta rápido listo para poner en su lugar a aquel hombre. Entonces le vio el rostro.

    -Hola, superior, Bohm. Un gusto verle- Dijo el hombre con una encantadora sonrisa que Claarn tenia calcada de memoria. Con un tono y un porte refinado. Era Arlogn Price, el General de Milloria y el hermano mayor de Martin.

    -¡Arlong! Ha pasado tanto, no te veía desde lo de Abraham...- Claarn mostró una sonrisa y le tendió la mano para saludarse.

    Arlong atendió su saludo de inmediato con un fuerte apretón –Ha pasado tanto tiempo y usted sigue igual que siempre- Soltó una risa -Debes decirme tu secreto un día de estos.

    Claarn le acompañó en su risa -Es algo complicado de entender, pero si, algún día quizás te lo diré.

    -¡Excelente!- Dijo entre risas. Volteó hacia el bartender y pidió mostrando una sincera sonrisa blanca –Camarero, si me puede servir uno igual al de mi compañero, gracias… Te acompañaré, espero no te moleste.

    -Para nada ¿Y dime qué te trae por aquí?

    El joven gesticulaba bastante con las manos, un ejercicio que hacen para los políticos y empresarios del cual Arlong dominaba tan bien que lo hacia por inercia –El General Erick Blake y yo decidimos llevar a cabo unos negocios internacionales. Es algo que se lleva planeando desde hace tiempo. Justo hoy en la mañana acabamos de terminar de firmar. En la noche quedaremos para arreglar unos detalles con algunas industrias. Odio estar en las habitaciones del cuartel de Vega, demasiada seguridad. Me gustan las cosas sencillas, por eso me hospedo en este hotel.

    -Comparto tu desagrado con las habitaciones de los cuarteles, son incomodas a morir- Claarn tomó un poco de su comida y lo saboreo. Era un delicia -Entonces unos negocios internacionales… Me sorprendes, Arlong, parece ser que sirves para algo- Claarn soltó unas risas.

    Arlong sonrió –Ya no soy el mismo jovencito de hace dieciséis años al que le tuvo que cuidar las espaldas. Debo admitir que gran parte de lo que soy es gracias a usted. Me enseñó muchas cosas durante la postguerra.

    -De los mejores soldados que he tenido a mí cargo. No suelo decir esto. Odio el ego en las personas…- Tomó un sorbo a bebida -Era de esperarse, después de todo fuiste un prodigio desde que entraste a los quince años al ejercito como alumno de tu padre.

    Arlong soltó unas risas silenciosas -Mi padre deseaba que fuese un gran soldado, sus entrenamientos si que fueron bruscos. Yo creí que era un amargado, pero demonios, ser un General es un trabajo cansado…

    -Por eso siempre he rechazado ese puesto. No es más que una carga. Me agrada mi estilo, ser un vagabundo al cual llaman cuando necesitan.

    -Hablando de que le llaman para cuando lo necesitan… ¿Qué hace por aquí?

    Claarn levanto las cejas y le lanzó una mirada fría -Cosas confidenciales, hijo.

    -Siempre un hombre misterioso…- El bartender trajo la comida del General y el hombre agradeció con una sonrisa. Empezó a picar las rajas con los tenedores cuando preguntó -¿Vienes por la biblioteca?

    Claarn estaba masticando cuando escuchó la pregunta. Observó atentamente al mayor de los hijos Price. Tragó su comida y entonces preguntó -¿Cómo lo sabes?

    -Erick Blake me habló sobre ello. Era imposible que no viese el movimiento militar al Este de la ciudad. Supongo que me lo contó porque quiere generar una confianza con su nuevo aliado. Es importante que mantenga sus alianzas en este momento, ya sabes que la situación en el continente de Nil no es la mejor.

    -Estoy al tanto de ello… Si, es por la biblioteca que he venido a Vega.

    -Es lógico, nada pasa por debajo del Servicio Secreto. Me sorprende. Llegaste muy rápido. Me dijo que había informado de la aparición de la biblioteca ayer en la tarde.

    Claarn terminó de masticar y luego habló –Lo que pasa es que me encontraba cerca de Vega en otra misión. Quizás por nuestra efectividad es que todo
    mundo nos tiene miedo…

    -Puede que sea por eso… o el mal rostro que se carga, Claarn- Dijo Arlong rápidamente soltándose a reír. Claarn se rio con el.

    La plática continuó durante un rato entre chistes, anécdotas y trabajo. El mayor de los Price y el agente secreto se llevaban bastante bien.

    La comida se había acabado y los dos hombres continuaban bebiendo de su vino.

    —Y sigues pareciéndote tanto a Abraham Arcnaik. Sabias que una investigación concluyo que en el planeta puede haber un total de cuatro personas parecidas a ti, lo escuche en uno de esos programas de radio... Me parece un dato interesante. Debió haber sido increíble ver una conversación entre el viejo General y usted.

    Claarn solt una pequeña mofa –Deja de escuchar esos programas tan idiotas, solo quieren lavarte el cerebro- Mantuvo una ligera sonrisa y empezó a menear la copa de vino —Yo lo consideraba como un padre… Me enseñó muchas cosas en sus largos años de servicio. Sin embargo no soy ni la mitad de lo que él fue…- Detuvo la copa y le metió un largo trago.

    Arlong agachó la mirada hacia su copa a medio acabar —Eso lo entiendo bien. Tomé el puesto de mi padre cuando falleció. Mucha gente lo consideraba el mejor gobernante de los últimos años. Fue difícil, pero actualmente creo que he hecho el mejor trabajo que he podido hacer. La gente esta feliz con mi trabajo…- El General empezó a reír -Al menos eso dicen las encuestas de popularidad…

    -Lo has estado haciendo bien, muchacho, Charles estaría orgulloso- Claarn extendió su brazo tocando el hombro de Arlong. Dándole un pequeño apretón y una palmada de aliento.

    El General soltó una risa ligera -Gracias…- Tomó un sorbo a su vino con una sonrisa enternecida. Dejó la copa en la barra y le dio un pequeño empujón a Claarn -Pero alégrese, viejo. Has llevado cabo múltiples misiones importantes durante y después de la guerra. Si mal no recuerdo usted defendió el pueblo de LaneCloud cuando fue atacado hace tres años por aquellos bandidos, y lo más importante, te diste a la tarea de cuidar al nieto del mismísimo héroe de la cuarta guerra mundial. No cualquiera podría hacerlo mejor de lo que usted lo ha hecho… Sabes, no todos están hechos para dejar una huella, algunos solo estamos aquí para dejar un legado a los verdaderos héroes de la historia…

    Claarn soltó una risa y miraba a Arlong con curiosidad —Puede que sea verdad… Abraham confiaba mucho en sus nietos. Creía que ellos tendrían un destino más que brillante. En cierta forma el Gobierno Mundial también lo ha pensado. Alguna vez tuve la suerte de hablar con un General Mundial, me dijo que esperaba grandes cosas de mi tutela.

    —El apellido Arcnaik se ha vuelto legendario, al igual que el Hellwell. Muchos confían no solo en ti, sino en mi hermanito. Esos niños un dia demostraran ser dignos de sus apellidos, y serán capaces de demostrarlo gracias a ustedes... Recuerda todas mis palabras, Claarn- Le dijo Arlong mientras tomaba su copa y la meneaba frente el rostro del hombre.

    -Eso es lo que espero. Es lo que mas me llenaría de orgullo… Son unos buenos muchachos.

    -Los recuerdo bien… Vi futuro en sus ojos…- El hombre tomó lo ultimo que le quedaba de su vino. Sus mejillas estaban sonrojadas.

    Claarn ya había pensado desde hace minutos que Arlong estaba subido de copas.

    -Quiero otra camarero, por favor- Dijo al aire tras dejar su copa en la mesa. Llevó su mano a la mejilla y se recargo en ella mientras esperaba su siguiente copa.

    -Apenas son las tres de la tarde, no deberías tomar tanto, Price- Dijo Claarn con una sonrisa nerviosa.

    -¿Qué? ¿Y tú me dices eso? Mírate, has tomado mas vino que yo y ni siquiera se te ve mareado.

    -Es entrenamiento diario- Contestó entre risas.

    Arlong empezó a reír junto con Claarn. Se frotó el cabello y le miró a los ojos. La mirada del General se volvió sensible. Mostraba nostalgia -Cortando un poco la charla, ¿como esta Martin?

    Claarn no titubeo en hablar —Sigue siendo molesto, como siempre…

    Arlong muy animado empezó a reír —Seguro pasa mas tiempo buscando chicas que cuidando a los niños.

    —Ya ha estado mas tranquilo con eso, creo que ya se acabo a las chicas de los dos pueblos- Claarn empezó a menear su copa entre risas después de decir eso.

    —Es un mujeriego. Desde que era pequeño fue así, intentaba conseguirse pequeñas novias de su colegio. Fue un desastre cuando llegó el momento de trabajar como soldado. Utilizaba mucho la táctica de presumir que era soldado. En mas de una ocasión tuve que encubrirlo de nuestra madrastra diciendole que había ido a una misión, cuando en realidad estaba por ahí con alguna chica… Que bien por él si ya ha parado con eso. Espero que algún día consiga una buena mujer y se enamore… Me haría muy feliz eso…- El General se encontraba viendo la barra con una mirada alegre. Sonreía al imaginarse una boda.

    Claarn le observaba. Le parecía tierno que su hermano mayor le tuviese tanto afecto. Entonces el frío hombre también habló —Aunque no lo creas, a mí también me haría feliz… A pesar de que es mi compañero de tutelaje, lo he considerado como uno más de mis alumnos. He tenido muchos problemas con él, muchos pleitos, discusiones, choque de ideas... ¡Sabes, no se parece para nada a ti, ahora que lo pienso!- Los dos hombres empezaron a reír.

    -¡Verdad! ¡Es un desastre!- Contestó el hermano animado.

    -Si…- El hombre soltó un suspiró –Sin embargo, es un buen muchacho, ama a los chicos, al igual que yo. Es un gran maestro y un increíble soldado.

    Arlong observó la copa de vino que le trajo el bartender. No supo en que momento la habían traído. Esbozó una sonrisa al mirar el fondo rojo de la copa y ver su reflejo entre el vidrio. Un rostro casi idéntico a de Martin —Si, lo es… Cuando pasó el tiempo y vi que Martin aun continuaba en esa casa me di cuenta que quizás cuidar a esos niños le haría madurar… Los niños pueden ser un poderoso poder de cambio.

    Claarn asintió mientras daba un sorbo a su vino. Dejó la copa en la barra y le lanzó una mirada a Arlong — ¿Tu no has tenido hijos todavía?

    El General negó con la cabeza con un rostro serio.

    -Entiendo, no preguntare mas…

    -No te preocupes…- Contestó el hombre. Pensó en hablar durante unos segundos y después de un suspiro dijo —Supongo que aun no estoy listo. Hace poco, mi esposa estaba embarazada, pero perdió al bebe a los pocos meses. Esperaremos por un tiempo… Nunca le conté a Martin sobre ello. Conociéndole, quizás hubiese estado detrás de mi queriéndome hacer sentir mejor… Siempre fue muy unido a mí, sabes.

    —Lo reconozco. Cuando estamos todos juntos contando historias, muchas de ellas hablan sobre ti. Es el amor fraternal. Un hermano es un compañero de vida y experiencias. Un amor mas allá de lo que puede haber entre amigos. Después de todo, eso es la familia, un lazo más poderoso que cualquier otro… Estoy agradecido de tener a esos muchachos. Aunque han hecho que mi cabello empiece a tornase blanco, también son la razón de que pueda distraerme de todas mis demás responsabilidades…

    -¿Tu no tienes hermanos?- Preguntó seriamente Arlong.

    -Tuve alguna vez- Respondió el hombre –Todos murieron durante la guerra.

    -Lamento recordartelo…

    -Descuida. Soy de los hijos menores, apenas si los conocí…

    -La familia es familia, se conozcan poco o no…

    Sonó la campanilla de la entrada, pero ninguno de los dos le hizo caso.

    -Brindo por la familia- Dijo el General con una sonrisa.

    Claarn le regresó la sonrisa -Salud.

    Mientras bebían Claarn observó como un par de mujeres entraban al hotel. Una joven pelirroja le miró a los ojos. El hombre se estremeció al verla. La chica levantó la ceja al inspeccionar al Gral. Price. La chica dio dos toques con los dedos al hueso de su muñeca. Y por ultimo dos toques en la frente. El hombre asintió de manera leve.

    -¿Claarn…?- Dijo Arlong mas de una vez al ver el rostro del hombre.

    -¿Qué sucede?- Preguntó de pronto el hombre.

    -No lo se, tu dímelo…- Arlong giró la cabeza hacia donde estaba viendo Claarn.

    La chica se dio la vuelta haciendo volar su cabellera roja mientras subía las escaleras junto con su compañera de abundante cabellera obscura.

    Arlong únicamente vio a las chicas subiendo. Entonces empezó a reír animado –No creí que estuvieses todavía en la jugada.

    La campanilla de la entrada nuevamente sonó.

    Claarn rio apenado -Algunas veces, solamente… Por ejemplo, mira a esa chica que acaba de entrar. Es muy atractiva, me gusta más el cabello largo, pero el
    corte le luce muy bien. Creo que es una de las pocas soldados a las que les queda tan bien un uniforme del ejercito…

    -¿Quién?- Preguntó el General antes de voltear. Entonces escuchó las palabras “Me gusta mas el cabello largo” -¿Qué dijiste?- Preguntó sin voltear a ver a la chica.

    -¡Arlong!- Se escuchó en todo el comedor.

    Todos voltearon a verla.

    La mirada de Claarn cambio completamente, volteó a ver a Price rápidamente -¿Te conoce?- El rostro del General se pinto pálido.

    -¡¿Qué estas haciendo?! ¡El Gral. Blake te ha estado buscando! ¡¿Querías ir a ver la biblioteca o no?!- Aulló la chica con mucha fuerza. A pesar de ser pequeña de altura su presencia se hacia notar sobre todos los demás. Era una joven de cuerpo despampanante, de baja estatura, poco más del metro y medio. Su cabello era corto y de color rubio. Su tes blanca como las nubes. Tenía los labios pintados de un rojo tenue, y unos aretes azules que hacían juego con sus preciosos ojos zafiro. La chica llegó con Arlong y al verle las mejillas coloradas su rostro se volvió obscuro.

    -¡Estas ebrio! ¡Estamos en una ciudad donde acabas de hacer un negocio internacional! ¡¿Quieres que esta sea la imagen de Milloria en Nil?!- La chica tomó de la oreja al General -¡Comportarte como un General a la altura! ¡Más vale que se te quite lo borracho para cuando hayamos llegado a la oficina de Erick Blake! ¡Ese negocio internacional es una de las mejores ideas que has tenido! ¡No hagas que se arrepienta!

    Claarn quedó boquiabierto al igual que todo mundo en el hotel.

    -¿Ya la conocía, Sr. Bohm? Es Emma Allen, mi Teniente General… Emma, el es el Agente del Servicio Secreto, Claarn A. Bohm.

    -¿Allen? ¿Eres la hija del ExGeneral Alan Allen de Iglakesh?

    -Exactamente- Contestó ella al soltar a Arlong -Soy la hija menor. Un gusto en conocerlo- Dijo con un tono de voz bellísimo. Una sonrisa que calentaba el
    alma. Y una mirada linda, pero con un sentido de alta confianza.

    -Fue mi compañero durante muchas batallas hace décadas, un gran hombre, como pocos. Lideró muy bien Iglakesh antes de su retiro. La General actual es el ejemplo de su enorme talento. Que la diosa lo tenga en su eterna gloria.

    -Muchas gracias, Sr. Bohm. Siempre me llena el corazón escuchar sobre mi padre- Contestó ella amablemente y un poco ruborizada. Una pequeña sonrisa nostálgica se tatuaba en su rostro.

    Arlong pagó la comida y la bebida mientras los dos soldados se presentaban. Se acomodo su uniforme, dobló perfectamente el cuello de su camisa y pasó su mano por su cabello, dejándolo medianamente acomodado.

    -Estoy listo- Dijo el General con una sonrisa confiada.

    -Ya estuvieses caminando al cuartel…- Gruño la mujer.

    Arlong empezó a reír nervioso -Tranquila… Tenia que invitar a Claarn a ver la biblioteca. Al fin y al cabo vino por eso.

    -¿No crees que haya algún problema? La invitación era exclusivamente para ti.

    -No debería haber problema. Después de todo Erick Blake ya le conoce, estuvo en el mismo escuadrón conmigo durante la posguerra.

    Claarn levantó la ceja -No lo recuerdo.

    -¿Enserio?- Arlong soltó unas risas –Recuerdo que el día que llevamos a cabo nuestra primera misión con usted, nos dijo: “Si llegan a separarse del escuadrón no crean que haré un esfuerzo por encontrarles. Probablemente ni siquiera recuerde su rostro. Aquellos que son debiles no merecen tener espacio en mi memoria”.

    Emma abrió los ojos y volteó rápidamente a ver a Claarn – Que cruel- Dijo decepcionada.

    Claarn soltó una risa apena -Si, parece ser que es algo que yo diría…- Se perdió en sus pensamientos mientras miraba la barra del lugar. Golpeó la madera con su palma y levantó el rostro -Esta bien, iré con ustedes. Después de todo, tarde o temprano tendría que hablar con el General de Vega.

    -No se diga más- Dijo Arlong con una sonrisa. Tomó el sombrero de Claarn y se lo puso. Volteó hacia los camareros -Estuvo delicioso, mis felicitaciones al chef. Aquí tiene una propina por aguantarnos todo este tiempo, buenos hombres- Dejo un billete en la barra y camino hacia la salida con las manos en la puerta.

    -¡Quítate ese sombrero! ¡Te ves ridículo! - Gritaba Emma mientras salían.

    Los dos soldados salieron primero del hotel.

    Claarn caminaba con lentitud. Echó un vistazo a las escaleras y ahí se encontraba aquella mujer pelirroja. Esperando recargada en la pared al final de las escaleras con un pie pegado a concreto sobre el que estaba recargada. Ambos se vieron. Claarn movió los dedos de su mano generando unas llamas que desaparecieron al instante en distintas yemas de los dedos. Ella asintió. El hombre salio por la puerta. Haciendo sonar la campana de la recepción.

    La mujer en las escaleras subió con prisa al siguiente piso al sonar de la campanilla.


    (...)​


    El sol iluminaba el cuartel, dejando ver la belleza de su maravilla arquitectónica. Decenas de personas subían y bajan las largas escaleras que llevaban a la entrada del cuartel. Claarn apreció con detenimiento aquellas estatuas del segundo Chasoul Valentin Purill y del líder revolucionario Sagacar. Pensando en lo inmenso de su legado, compatible con lo inmenso de sus representaciones.

    La bandera de Vega colgaba de la entrada del cuartel en cinco banderines que caían alternadas entre pilares de roca que sostenían el techo de piedra. Los tres soldados entraron al cuartel. Desde la entrada se podía ver un lobby enorme con una gran cantidad de plantas de sombra dentro. Al igual que una fuente de agua en el centro de todo el piso. Mirando hacia arriba se encontraban cuatro pisos más de oficinas y almacenes. Elevándose hasta el final una punta de vidrio que servia como tragaluz. En el suelo se encontraban formados en curiosas figuras vidrio blindados, desde el lobby del cuartel podías observar el interior interno del cuartel.

    Subieron hasta el último piso. Al fondo de extensos pasillos se encontraba un único pasillo decorado con multitud de cuadros, tesoros de oro y artesanías antiguas. El piso de piedra era cubierto por una larga alfombra roja. Las paredes aquí eran blancas adornadas con finos detalles dorados.

    En los cuadros se podían apreciar piezas de arte que mostraban hechos históricos en la línea del tiempo del reino. Al igual que se encontraban múltiples cuadros con gobernantes emblemáticos en la historia. Soldados uniformados y multicondecorados alzando el pecho y el mentón en honor a sus hazañas.

    Muchos rostros eran conocidos. Sin embargo al final, se encontraba un par de cuadros gigantescos. Del lado izquierdo en uno de los retratos se encontraba Valentin Purill, el héroe de la Segunda Guerra Mundial. Un hombre de piel negra, ojos pequeños, cara alargada, la sombra de una espesa barba recién rasurada, cabello rizado pegado al cráneo, nariz ancha y unos labios ligeramente gruesos. Tenia la bandera ondeada en su espalda, aquella bandera que movilizo millones de personas a pelear contra el antiguo Gobierno Mundial y el esclavismo. En sus ropajes se mostraba su humildad, pues de todos los guerreros dentro de aquellos cuadros, el era el único que vestía ropas tradicionalistas. Sentado en una silla de respaldo largo hecha enteramente de madera. Detrás de todo el retrato se encontraba una imagen de un reino mucho más pequeño del que era ahora. En su placa dorada decía: “Purill Valentin. Segundo Chasoul. Héroe de la Segunda Guerra Mundial. Líder del ejército revolucionario. Y fundador del Gobierno Mundial actual. 1330 d.C. – 1425 d.C.”

    Del lado derecho se encontraba otro retrato. En el se veía el interior de la oficina del General. Una gran cantidad de libros, ligeramente mostrando la ciudad, bloqueada por los enormes edificios. El retrato mostraba a un hombre moreno, de cabello ondulado y ligeramente despeinado, pero al fin y al cabo elegante. El hombre tenía unos ojos saltones color negro. Su mirada era seria y profunda, casi hipnótica. Era como si quisiera seducir al pintor que hizo el retrato. Una barba perfectamente negra y delineada. No tenía un uniforme militar como todos los otros retratos. Este hombre tenía un traje azul hecho a la medida. Todo un hombre de negocios, pero con una pose como si fuese un modelo de esas revistas de moda que actualmente estaban circulando. En una placa dorada abajo del cuadro decía: “Gral. Blake Erick”. Debajo del nombre existía un espacio ancho, como si se esperara que alguien escribiese una leyenda.

    -Cuanta autoestima…- Dijo Claarn entre dientes. Nadie le escuchó.

    Arlong toco la puerta.

    -Adelante- Respondió una voz suave.

    El General de Milloria asintió. Tomó el picaporte de las grandes puertas. Abrió dando un ligero empujón dejando ver el interior de la oficina. En el medio se encontraba un escritorio. Unas extensas cortinas guindan cubría una enorme ventana. Del lado derecho una fila completa de lockers tapizaba la pared, frente a ellos se encontraban unas plantas y unos sillones. Del lado izquierdo, se encontraba una mesa de reunión larga. Al igual que dos pizarras y un mapa mundial junto con un mapa de Vega. Dentro de un marco de vidrio se encontraba el uniforme y medallas del General, alumbrado por tres lamparas. Detrás del escritorio se encontraba Erick Blake, el mismo hombre de aquel retrato, pero consumido por los años, cargando con ojeras y una que otra blanca cana tanto en su barba como su cabello. Llevaba puesto un traje color caqui y sostenía un libro el cual cerró rápidamente al ver a Arlong pasar.

    -General, su encantadora Teniente y yo lo estuvimos buscando…- El rostro de Blake paso de una larga sonrisa blanca a una completa sorpresa tras ver detrás de los soldados de Milloria, a un hombre alto que llevaba sombrero vaquero con un inmenso parentesco al fallecido héroe Abraham Arcnaik. Lo reconoció de inmediato -Claarn A. Bohm… Que esplendida coincidencia…- Pensó el General de Vega al momento en el que caminaba hacia los soldados.

    -Discúlpeme, Gral. Blake. Deje presentarle al motivo de mi retraso- Dijo Arlong con cierto tono alegre. Su rostro estaba ruborizado por el alcohol y Emma estaba nerviosa al verle de esa manera.

    -Usted tranquilo, Gral. Price. Yo también hubiese atrasado nuestro viaje.- Blake le dio un apretón rápido a Arlong, sin prestarle demasiada atención a su aliento o su aspecto. Enseguida se dirigió a Claarn, el cual se encontraba admirando la oficina.

    -Un gustó poder volver a verlo, maestro. Parece que su poder implacable también afecta a los años. Luce idéntico- El hombre tendió la mano en direccion a Claarn. Mostró su sonrisa mas aduladora y esperó un gesto alegre del hombre.

    El rostro de Claarn se moldeo en un gesto de duda -¿“Volver a verlo”? ¿Nos conocemos?

    Las manos se apretaron. La sonrisa de Blake titubeó al escuchar esas palabras. Dentro de sí su orgullo ardía en llamas –Por supuesto que nos conocemos.
    Fui parte de su escuadrón en “La Batalla de los Lacayos”. De hecho Arlong y yo fuimos compañeros- Su postura se mantuvo y su cabeza permaneció como piedra ligeramente alzada mostrando poderío. Señaló a Arlong con la palma abierta y seguido llevó ambos brazos atrás inflando el pecho de orgullo.

    -Tendrá que disculparme, General Blake, pero no logro recordarle- Comentó Claarn algo desvariante del tema.

    La sonrisa de Blake dejó de ser una sonrisa perfecta para volverse una sonrisa que mostraba de manera notoria un gesto de cierta molestia. Tomó un respiro casi invisible y continuó.

    -No se preocupe. Lo importante es que estamos juntos. Dígame, ¿Cuál es la razón de su grata visita?

    -Mi misión es confidencial, pero creo que sabe por donde va relacionada. He venido a investigar la biblioteca de Akira.

    -El hombre asintió lentamente con la misma mirada de antes, soltó una ligera risa –El Servicio Secreto trabaja bastante rápido, el reporte apenas lo envié ayer y ya han enviado a alguien de su calibre. No se preocupe, de hecho estamos esperando a Arlong justo para ir hacia allá ¿Comprende lo horrible que es descubrir algo tan importante como una biblioteca de Akira y ni siquiera poder verla? Es un horror.

    -Debe serlo, le traerá cierta fama a Vega el tener algo tan importante como eso… Bueno, ¿que estamos esperando? Ya estamos juntos.

    -Se ve animado, Agente Bohm- Dijo el Gral. Blake al darse la vuelta hacia su escritorio -¿Le trae recuerdos?- Preguntó el hombre mientras caminaba.

    El rostro de Claarn se volvió duro –Mas recuerdos de los que necesito…

    El General sacó unas llaves y cerró los cajones de su escritorio –Hoy veremos cosas increíbles- Dijo animado al levantar un poco la mirada. Se irguió. Observó hacia la ventana y desde ahí pudo apreciar toda la ciudad de la cual estaba a cargo. La luz entraba por la oficina alumbrando y alargando las sombras -¿Qué clase de utopía seríamos si hubiésemos seguido la visión del Dr. Akira Dorian Wish…?

    -No seriamos ninguna utopía- Contestó Claarn con tono duro. En ese momento las cortinas guindas de la oficina se cerraron tras un ligero pitido. Llenando la oficina de obscuridad, dejando la luz ante ellos entre ligeras luces. Los tres soldados voltearon a ver al agente.

    -¿Cómo dice?- Preguntó Blake con curiosidad.

    Claarn no pensaba sus respuestas ni un instante. Hablaba desde el corazón -Lo que escucharon. De no haberse descubierto la verdad sobre Akira Dorian Wish y de haberle dejado seguir con sus proyectos el mundo entero se hubiese sumido en la obscuridad. Ese hombre no era ningún tipo de héroe ni mesías. Un genio, eso no lo negare, pero un genio corrompido por la locura de la guerra, un demonio con una mascara de ángel.

    La mirada cautivadora de Blake se volvió seria y afilada. Estaba por contestar cuando Emma Allen respondió –Pero Sr. Claarn gracias al Dr. Akira ahora tenemos vacunas contra enfermedades que persiguieron a la humanidad durante miles de años. También tenemos muchos avances tecnológicos que utilizan en las industrias, medicina y el ejercito. La presencia del doctor en la historia es un punto y aparte desde que se iniciaron las ciencias. Creo injusto que lo acuse de manera tan cruel solamente porque decidió trabajar en experimentos fuera de la supervición del Gobierno Mundial…

    Arlong le puso el brazo en el hombro a la joven mientras le negaba en la cabeza, con intención de que se detuviera. Ella enarcó las cejas y le gritó molesta -¡¿Por qué tengo que callarme, estoy en todo mi derecho de debatir sobre el tema?!

    -Es que no es bueno debatir con Claarn sobre esto… - Dijo el hombre con un rostro serio.

    La chica le quitó la mano del hombro -¿Qué cosas dices?

    -Escucha a tus superiores Teniente Allen...- Comentó el Gral. Blake lanzandole una mirada dura –Despúes de todo como puedes debatir sobre este tema
    con alguien que estuvo en los laboratorios del Dr. Akira…

    -¿Comó?- Pregunto ella confundida.

    -¿Así que lo sabes?- Dijo Claarn con la frente en alto observando directamente a Erick Blake. Su rostro se volvía terrorificamente obscuro. Parecía molesto.
    -Recuerdo que nos lo comentó a un grupo del escuadrón durante la “Batalla de los Lacayos”…- Respondió Arlong.

    -¿Enserio?- Preguntó el hombre confundido.

    Arlong se acercó a Emma y le susurró al oído -Claarn A. Bohm es uno de los pocos sobrevivientes de los laboratorios. Los laboratorios fueron atacados por “Los Brujos” despúes de la muerte del doctor. Se cree que buscaban información. Sin embargo, lo que no sabían era que para encontrar informacion debían encontrar “Las Bibliotecas de Akira”.

    -Sin embargo yo opino igual que usted jovencita…- Dijo Blake con una sonrisa –Creo que la mente de aquel hombre era brillante. Un cumulo de ideas que traerían una vida impensable en los próximos mil años. Un visionario con las manos atadas a las reglas de hombres con miedo. Despúes de todo, las ciudades donde vivimos, queramos o no, son lo que son por la visión de un único hombre- Blake y Claarn se vieron entre si con un choque de ideas tan intensas que hacian pesado el ambiente de la oficina. Al final el Gral. De Vega levantó los hombros los brazos –Pero no podemos hacer cambiar de opinión a alguien con las ideas tan fuertes. Sin embargo podemos tratar de hacerlo mostrando la grandeza del doctor. Vamonos. Tenemos una biblioteca que explorar- El hombre sonrió, acomodó su saco y caminó hacia la puerta abriéndola para sus visitas dejando ver el brillante pasillo con los retratos.

    Arlong caminó hacia la salida y le dio una palmada a Claarn –Llegó la hora- El hombre le sonrió con una sonrisa piadosa y salió de la habitacion. Emma le siguió. Ambos agradecieron al General por abrirles la puerta.

    Claarn se quedó dentro de la oficina hundido en la obscuridad de sus pensamientos.

    Erick Blake le estaba observando mientras le esperaba. Los soldados de Milloria esperaban adentrados en el pasillo. El General sonrió y con una mirada tierna dijo -Bohm, el futuro esta cerca.

    Claarn sintió un terror que crispó cada bello de su cuerpo. Abrió los ojos observando la obscuridad de la oficina. De pronto observó dentro de su cabeza la imagen de Akira diciendo esas mismas palabras. El hombre volteó a verle, alegrándose de saber que solo era Blake. Un tanto desorientado caminó hacia la puerta y salio por ella. El General de Vega mantuvo aquella sonrisa perfecta hasta que el hombre había salido de la oficina. Con las mismas llaves que había cerrado los cajones cerró la oficina.

    -Veo que tiene una pasión por el arte histórico- Comentó Emma para romper el ambiente.

    Erick Blake caminó hacia ella. La joven estaba observando una pintura representativa de un escenario de la Cuarta Guerra Mundial. Cuando el gobierno de Vega fue seducido por las profecías que promulgaban “Los Brujos” transformándola en una de las bases mas importantes de la organización.

    Dentro de la pintura el escenario mostraba una ciudad destrozada por la guerra y las revueltas -Por supuesto que me gustan- Comentó el hombre con alegría -Es bueno saber los errores de nuestros antepasado para no caer en los huecos de sus fallos. Aquello que se vivió una vez no debe repetirse nunca mas.

    Todos continuaron caminando por el pasillo –Así como debemos de aprender a no caer en sus errores, también debemos saber apreciar los éxitos- Dijo la
    chica al pasar por una representación de la construcción de “La calle de las mil rostros”.

    -Sin embargo no hemos de repetir sus éxitos, si no de hacer los nuestros propios. Jamas sera recordado el hombre que recree un gran evento. Y eso es a lo que aspiro, como muchos, ser recordado, dejar el nombre de Erick Blake marcado en la historia- Comentó el General al pasar al lado de una pintura que mostraba a uno de los lideres de Vega, Arnoldo Ginza, liderando el ejercito del reino a finales de la Tercera Guerra Mundial apoyando a la tercera Chasoul Lissana Monarca en su noble causa de no permitir la conquista de “Los Reinos Perdidos”.

    Arlong volteó hacia los dos soldados que se detuvieron a ver una pintura representativa de la ciudad, una imagen donde el Valentin Purill, el segundo Chasoul volvía a Vega después de la guerra, todos los ciudadanos fueron a celebrar su regreso y su victoria, pero el decidió hacer levitar a todos por los aires mientras gritaba “Libertad”, volviéndola un gesto muy emotivo que quedó guardado en la mente de todos –Luchamos para las personas del futuro, siguiendo los consejos de nuestros ancianos. Los hombres del presente tenemos la misión de conseguir nuestros sueños y los niños tendrán el derecho de apreciarlos.

    -Es un buen pensamiento, Gral. Price- Alagó el hombre con una sonrisa muy parecida a la de Arlong. Los soldados caminaron hasta el General, pasando un cuadro de una de las batallas de Sagacar en el reino de Maf –“Tras la noche mas obscura se vera un día aun mas brillante” Dijo Sagacar “El grande” durante el inicio de su rebelión. Se vienen grandes días, ¿no es así, Arlong?

    -Eso es lo que espero- Contestó el hombre con una sonrisa alegre.

    Al final del pasillo se encontraba Claarn –“Tras la noche mas obscura se vera un día aun mas brillante”- Susurró el hombre para si mismo. Levanto la mirada al techo. Al final del pasillo donde se encontraba el primer cuadro se mostraba la época de la esclavitud durante los años antes de la Segunda Guerra Mundial –¿Cuánta verdad habrá en esas palabras...?


    (...)

    Un helicóptero sobrevolaba el reino de Vega. Desde las alturas los edificios se miraban pequeños, las personas diminutas y la franja poblacional entre la alta ciudad y la zona mas pobre se volvía cada vez mas grande.

    El desierto era inmenso. Desde las alturas se observaba la inmensidad de aquel largo cementerio de aventureros y soldados. La sabana salvaje se miraba desde la extensión del rió que se encontraba al norte de la ciudad. El agua brillaba con la intensidad con la que golpeaba el sol. Y muy a la lejanía las montañas parecían muy frías, como el frío que hacia en el helicóptero a la altura en la que se encontraba. Mas pronto que tarde se encontraban sobrevolando la base que rodeaba “La Biblioteca de Akira”.

    -Hemos llegado- Comentó Erick Blake con una sonrisa.

    Emma y Arlong estaban muy emocionados.

    Claarn observaba cada cosa de una manera analitica y en silencio.

    El vehículo aéreo desendió lentamente guiados por un soldado con unas farolas en cada mano. Al momento de estacionarse el helicóptero levanto una gran cantidad de areana como si fuese un tornado.

    La compuerta se abrio cuando las hélices habían parado y el polvo del desierto estaba cesando.

    El primero en salir fue Erick Blake, acomodando su traje y poniéndose unos lentes obscuros –Impresionante, no lo creen, en este lugar se encuentra la mayor élite de toda Vega, un fuerte equipado hasta cada centímetro, como debe de ser, no podemos dejar que toda esta información llegue a manos equivocadas- El hombre posó su mano para que Emma pudiese bajar. La joven aceptó encantada. Detrás le siguieron Claarn y Arlong admirando las carpas y los soldados que cubrían el lugar.

    -Actualmente me arriesgaría decir que tengo a la mitad del cuartel de Vega protegiendo estas instalaciones al igual que investigando el interior de la biblioteca. Este es un hecho histórico que no permitiremos ser arruinado.

    -Es impresionante ciertamente, Gral. Blake- Dijo Claarn al observar con detalle el lugar –Pero digame una cosa, ¿le tiene miedo a alguien?

    Erick Blake se dio la vuelta –Estar prevenidos nunca hizo mal a nadie, Agente Bohm. Ademas, es necesario cuando la situación en el continente se ha puesto tan riesgosa. Actualmente cualquier nación del Oeste o alguna organización terrorista desearía tener toda esta información.

    -Ciertamente se lo pondrías dificil a cualquiera que intentase asaltar el lugar- Dijo Claarn al acomodarse el sombrero.

    -Gracias, Bohm- Respondió el hombre con una sonrisa blanca. Seguido se dio la vuelta y abrió los brazos al ver a una joven que salía de entre las carpas.
    -Gral. Blake. Los avances en la investigación del interior de la biblioteca son favorables, ya hemos investigado la primera planta y hemos abierto la segunda. La seguridad se encuentra perfecta, hemos instalado las torretas y asegurado con tres escuadrones la entrada al lugar. También contamos con la munición bien instalada. También hemos terminado de cubrir la zona con receptores de onda de radio para las transmisiones de nuestros centinelas alrededor de todo el desierto- La joven se encontraba uniformada con el pantalón del ejercito y una camisa blanca. Se le notaba agitada. Su cabello estaba mal recogido y sus ojeras estaban obscuras –Oh, por cierto, llegó …

    -Muchas gracias, Violet, lo estas haciendo perfecto- Interrumpió el General -Me encanta como ha quedado el lugar- El hombre le tomó de los hombros y le sacudió, haciendo que a la joven por poco se le cayeran sus lentes –Estoy muy orgulloso. Tome un descanso, Teniente. Se lo merece.

    -¿Descansar? No quiero descansar en un momento como este General. No quiero perder ni un momento de todo esto. No siempre se encuentra una “Biblioteca de Akira”.

    -Como gustes, pero no dudes en cederme el trabajo. En estos momentos estoy libre- El hombre se puso a un lado de ella mientras levantaba el brazo dejando ver a sus acompañantes –Teniente Brown, le quiero presentar a algunas personas…

    -¿Violet?- Preguntaron al unisono los soldados de Milloria.

    -¿Emma? ¿Arlong?- Cuestiono ella con sorpresa -¡Es verdad ayer llegaron para la firma del tratado!- La chica le dejó su tabla llena de papeles al General Blake y corrió hacia los soldados de Milloria, ahogándoles en un fuerte abrazo.

    -¡¿En que momento te volviste Teniente General de Vega?! ¡Que sorpresa! ¡Enserio te odio! ¡Ya nunca respondiste mis cartas! ¡Demonios como te extrañaba!- Gritó Emma con euforia.

    -Perdona es que el Servicio Secreto es muy estricto…

    -¡Pero si me dijo Erick Blake que su teniente llevaba medio año aquí!

    -¡Perdón, perdón, perdón, perdón, las mañas del Servicio Secreto se me arraigaron demasiado!

    -Es un placer verte de nuevo Violet- Dijo Arlong animado. Le acariciaba el largo cabello lacio mientras en su rostro una sonrisa melancolica llegaba a su rostro.

    Violet dirigió su mirada hacia el General de Milloria mientras aun lo abrazaba -Gracias, Arlong…- Unió su mejilla con la de él y les dijo a ambos –Enserio les extrañe…

    Erick Blake estaba desconcertado viendo la empalagosa escena -¿Se conocen?- Preguntó el hombre mientras con el dedo indice señalaba a las tres personas con un gesto de sorpresa total.

    -Oh, disculpe General…- La chica se quedó a un lado de Emma. Se acomodó su cabello de nuevo, sin dejarlo muy bien y aclaró su voz –Somos viejos amigos de Milloria. Como ya lo sabe, fui coronel… fui coronel en Milloria. Despues de eso fui aceptada en el Servicio Secreto. Hace mucho tiempo que no los veía- La joven volteó hacia su amiga y le extendió una larga sonrisa.

    -Vaya, que curioso, nunca se me informó nada sobre su pasado…- Dijo el hombre mientras hojeaba rapidamente los papeles de la tabla de trabajo.

    -Cuando uno entra al Servicio Secreto es muy difícil de que salga de ahí. Es normal que muchos de nuestros anteriores trabajos se vuelvan confidenciales…- La chica le vió apenada –A demas usted nunca me preguntó…

    Erick empezó a reír –Tiene razón, fue un descuido mio. Pero no importa, es fantástico ver tanto animo en este lugar. Bueno, quizás conozcas a uno de tus ex compañeros del Servicio Secreto, el es Claarn…

    La joven se dio la vuelta y llevó su mano a su pecho en un saludo militar utilizado en todo el mundo –Superior Bohm. Es un gusto verle de nuevo.

    El hombre hizó el mismo gesto con una sonrisa. Gesto que Arlong no había visto desde que llegaron con Blake.

    -Es bueno verla de nuevo. Dime, ¿desertaste por algo mucho mejor?

    La chica le devolvió la sonrisa –Por supuesto que si.

    -¿No te arrepientes?- Preguntó con mirada firme.

    -Jamas me arrepentiré- Respondió ella mirandole a los ojos sin doblegarse.

    -Tiene un muy buen elemento, Gral. Blake- Dijo el hombre.

    Erick Blake se encontraba quieto observando todo –Ha trabajado de manera esplendida- Dijo con una ligera sonrisa, tomándose ambas manos a altura de vientre –Es una gran casualidad que todos aquí nos conozcamos. No les parece de lo mas curioso.

    -No existen las casualidades, Gral. Blake, solamente hilos del destino entrelazados…- Dijo una voz desde las carpas. Una cortina se levantó y de ella apareció un hombre delgado de cabello canoso, ojos grisaeos, perfectamente rasurado. Unos lentes finos y una vestimenta formal, aunque no muy adecuada para la situación, una situación parecida al traje de Erick Blake, pero sin ser tan fino. El rostro de Claarn se obscureció en el desierto. Era el detective Sebastian Salomon. Caminaba lentamente hacia el grupo -Vinieron a ver la Biblioteca, ¿no es así?

    -¿Qué haces por aquí? Si el Servicio Secreto fue informado ayer, el área de Inteligencia debería enterarse dentro de unos días mas…- Gruñó Claarn molesto. Volteó a ver a a Violeta y al Gral. Blake.

    -Desconocía la presencia del Detective Salomon en este asunto- Respondió Blake con las manos arriba.

    Violet le posó la mano sobre el hombro del alto hombre. Claarn giro su cabeza –Estaba por informarlo, pero el Gral. Blake me interrumpió…- El hombre
    empezó a respirar agitado de enojo.

    Salomon acomodó sus lentes y dio un suspiro. Continuó caminando hacia el grupo sin ningún problema –Me encontraba en unas vacaciones en Vega, pero entre las calles me entere del movimiento masivo del Gral. Blake hacia el Este del reino. Fue inevitable calmar mi curiosidad. Nunca espere que esto fuese lo que se estaban guardando.

    -Tu mismo lo has dicho, Salomon. Estas de vacaciones. Ahora retírate por favor…- Dijo Claarn con un mirada molesta, unos ojos inyectados en rabia. La
    presión sobre sus dientes era temible. Violet temía que se rompiera alguna muela.

    Arlong se interpuso entre ambos –Claarn, por favor. Cálmate. Salomon, es verdad, son tus vacaciones. No deberías estar aquí…

    Salomon se detuvo en su caminar y se dirigió formalmente hacia el Gral. de Milloria -Discúlpeme, Gral. Price, pero creo que me seria imposible el ignorar semejante joya de información- El hombre volteó la mirada hacia Claarn –Si no te molesta seguiré aquí, pero te aseguró que no informare al área de Inteligencia hasta que hayas terminado tu rutina del Servicio Secreto.

    Claarn le observaba con odio y gruñó entre dientes –Se que aunque te lo pidiese de rodillas no te irías. Eres un terco de lo peor bajo esa fachada de hombre de etiqueta, frío y calculador- El hombre le dio la vuelta a Arlong y se introdujo entre las carpas militares –Venimos aquí por algo, no se ustedes, pero quiero terminar con esto...

    Sebastian Salomon se quedó quieto observando el piso con el gesto helado. Se dio la vuelta. Observó al agente del Servicio Secreto con un rostro preocupado. Tomó de nuevo un respiro y caminó detrás de Claarn.

    Arlong volteó a ver a Erick Blake, hizo una mueca de preocupación. Erick Blake pareció comprenderse completamente con el Gral. de Milloria.

    -Emma, Violet, háganos el honor de acompañarnos hacia la entrada de la biblioteca- Dijo Blake con una sonrisa forzada.

    -Por supuesto- Respondió Violet con un rostro serio.

    Emma siguió a su amiga. Los Generales se quedaron detrás.

    -¿Por qué parece que soy la única que no comprende que fue lo que paso?- Le susurró Emma a Violeta en el oído.

    La joven acomodó sus lentes –Esto es mas normal de lo que parece…- Respondió silenciosamente –Durante mis años en el Servicio Secreto me toco ver este tipo de momentos mas de una vez. Al principio no comprendía nada, pero luego me contaron la historia…

    -¿Historia?- Preguntó Emma con curiosidad.

    Violet levantó la mirada hacia Claarn que se veía cada vez mas alejado. Siguiéndole la pista a una distancia casi predefinida se encontraba caminando Salomon con las manos en los bolsillos de su pantalón beige.

    -Durante la Cuarta Guerra Mundial el detective Salomon y el Agente Bohm eran los mejores amigos. Estuvieron juntos en la élite del Servicio Secreto, llevando multitud de misiones juntos. Ambos a su debido momento se enamoraron de dos jóvenes del Servicio Secreto. Ambos decidieron desposar a su mujer y de hecho los cuatro se volvieron tan amigos que decidieron llevar a cabo la boda el mismo día... Pero semanas antes de la boda se es encargó una misión a un grupo del Servicio Secreto, misión que dirigirían Salomon y Bohm. Sin embargo Claarn se negó a participar en la misión, pues podría ser que las fechas de la bodas se vieran interrumpidas si a misión se alargaba. Salomon se encargó de convencer a Claarn para llevar a cabo la misión… Era un grupo del Servicio Secreto, dos de los mejores soldados del Servicio Secreto y un ejercito del Gobierno Mundial. La misión era atacar una pequeña base de “Los Brujos” en Rab-It, sonaba sencillo. Entre el grupo del Servicio Secreto estaban incluidas sus esposas. Ambas murieron, como todos los soldados a su mandato. Ese día solo volvieron ellos dos. No conozco lo que paso, al parecer pocas personas lo saben… Pero ninguno de los dos volvió a ser el mismo después de eso… Salomon desertó del Servicio Secreto y se mantuvo inactivo por años, mientras que Claarn continuó hasta la misión en la que estuvieron Arlong y Erick… Tampoco conozco los detalles de aquella misión, pero por lo que supe fue algo brutal… Después de eso Claarn desapareció hasta hace unos años… Y tras los años Salomon volvió a trabajar, hasta tener el puesto que ahora tiene como Jefe del Área de Inteligencia de Dorinda… Al parecer Claarn nunca pudo perdonar a Salomon por lo sucedido aquella misión. Y siempre que se encuentran existe una barrera entre ellos que no se puede romper…

    Emma se mantuvo callada con los ojos bien abiertos observando las espaldas de ambos hombres de frente suyo. Negó con la cabeza y dijo en silencio –Es una historia horrible.

    -Lo es- Comentó de manera brece Violet agachando la mirada.

    La caminata les llevó hasta unas rejas de alambrón de tres pisos de alto. Ocho torretas armadas vigilaban el octágono que resguardaba la entrada a la biblioteca de Akira. Frente a la reja Claarn se encontraba quieto observando aquello que se encontraba en el centro del rejado. Sebastian Salomon mantenía su distancia, pero se encontraba atrás del agente. Apretaba los puños y agachaba la mirada al ver a su antiguo amigo temblar.

    -Esta es la famosa entrada a la biblioteca de Akira, Arlong- Dijo el Gral. Blake al alcanzar a sus Tenientes.

    -Debo admitir que me esperaba algo diferente…- Comentó Arlong con tono desanimado.

    -Nunca juzgue un libro por su portada- Dijo Blake al abrir los brazos ante la entrada.

    La entrada de la biblioteca se encontraba en medio de un montón de arena. Resguardada desde dentro del octágono por un escuadrón de soldados armado hasta los dientes. Una reja de acero electrificado se levantaba hacia los aires, una torreta se encontraba en cada esquina del octágono. Fácil se podrían contar mas de cincuenta personas resguardando el perímetro a veinte metros a la redonda. La entrada a la biblioteca no era mas que un cubo de concreto que se alargaba en diagonal al fondo de la arena, pero desprendía una presencia tétrica en todo su esplendor.

    Erick Blake caminó hacia la entrada. Tras su caminar las puertas de las rejas se abrían -Un ciudadano se topó con el durante un viaje. Gracias a la diosa uno de sus compañeros era un ex militar, así que al instante informó al Gobierno de Vega… ¿Quién pensaría que semejante obra de arte se encontraría perdida en el tiempo de manera tan humilde…- El hombre se detuvo en la entrada de la biblioteca y extendió la mano –Sean bienvenido a una parte de la mente del genio Dr. Akira Dorian Wish.

    El hombre abrió las dos puertas de acero de la entrada y con una sonrisa animó a todos a entrar al obscuro pasillo que descendía a lo que parecía ser un abismo infinito –No teman a la verdad- Dijo el hombre antes de darse la vuelta y entrar, perdiendo su figura en la profundidad de las sombras.

    Arlong tomó un respiro y caminó hacia la entrada. Volteó a ver a Claarn antes de entrar. Su rostro se mostraba apenado, pero a la vez curioso. Y su figura se introdujo en aquel ahujero obscuro abrazado por las tinieblas.

    Fabricio observó a su antiguo compañero. Bajó la mirada y entró por aquel hueco. Su caminata fue clara. Sin ningún temor, a pesar de que el también sentía una presencia siniestra, presencia que no pudo ignorar a pesar de ser la segunda vez que entraba.

    Emma jaló el brazo de Violet, no con ansias, sino con miedo a pasar sola. Aquel lugar le causaba un repeluz que hace mucho no sentía. Caminaron juntas, sin embargo se detuvieron con Claarn.

    -Me dio miedo la primera vez que entre- Dijo Violet mientras le tomaba el hombro – Pero que seria de nosotros si nos detuviésemos por el miedo… Por los problemas del pasado, aquellos que ya superamos y podemos superar si se ponen de nuevo con nosotros…

    El hombre sintió como si sus pies estuviesen pegados al piso y como si sus articulaciones estuviesen unidas con el mas poderoso de los pegamentos. De aquella simple entrada, que bien podría ser las puertas para entrar a algún bunker sencillo de algún cuartel pequeño. El viento que cruzaba por las escaleras descendientes de la entrada hablaban, y su voz le recordaba a aquella voz galante del Dr. Akira… Claarn juntó todas las fuerzas que tenia y pudo levantar su pie para dar la siguiente pisada. El llegar hasta la entrada había sido unas de las odiseas mas difíciles que había tenido que llevar a cabo. El bajar por aquellas escaleras fue el terror absoluto. Cada paso hacia la obscuridad era como sentir bajar al limbo de una presencia eterna marcada en la historia del hombre.

    Detrás de Claarn iban Emma y Violet, que bajaron respectivamente. La ultima cerro la puerta lentamente.

    Claarn volteó a ver hacia el exterior, apreciando mas que nunca la luz del exterior, ya que sabía que por mas iluminada que estuviese la biblioteca, la obscuridad de la mente de Akira Dorian Wish era impenetrable. El miedo se apoderó de sí. La puerta se cerró. Y por mas que no quisiera aceptarlo. Ahora estaba dentro de la aterradora mente de un genio loco.


     
    Última edición: 6 Junio 2019
  3. Threadmarks: [ Parte 2] Capitulo 22 - La Mente de Akira
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    67
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El Legado de los Héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    30
     
    Palabras:
    8856
    Capitulo 22 – La mente de Akira

    [​IMG]

    -12 de Marzo de 2893 D.C.-

    Las luces se encendieron dentro del túnel al momento de cerrarse la puerta por completo. Una luz blanca que iluminaba todo el lugar dejando ver el final de las escaleras a lo largo de cinco pisos de descenso. Ahí en el fondo se lograba ver dos puertas grandes de color rojo. Todos los soldados descendieron por el túnel. Las paredes estaban cubiertas por un recubrimiento de láminas blancas y los escalones estaban hechos de una loseta que simulaba el mármol. Una vez llegados al final de aquellas escaleras arriba de la puerta había un letrero que decía:


    De entre la profunda obscuridad nos levantaremos mostrando luz a nuestro universo”​

    Erick Blake fue el primero en llegar y esperó a todos para poder abrir las puertas. Una vez todos habían descendido para encontrarse enfrente de aquellas puertas rojas el hombre las empujo dejando ver la inmensa biblioteca frente a los ojos de todos aquellos soldados. Seguía siendo tan impresionante incluso para aquellos que ya habían entrado al lugar.

    Los libreros se extendían por tres pisos de altura en siete pasillos divididos por tres libreros, con el largo de tres vehículos estacionados uno frente al otro. Por el medio de aquel enorme lugar corría una alfombra blanca con bordados finos de enorme elegancia. La alfombra llegaba hasta el final de la habitación, subiendo tres escalones y llegando a lo que era un escritorio sencillo de madera que rebozaba de detalles tallados a mano. Ahí la silla del antiguo doctor, mostrándose ante todo el mundo con la presencia del trono de un rey a pesar de no ser mas que una silla larga de madera. Detrás de la mesa se encontraba un retrato de Akira Dorian Wish acompañado de dos banderas blancas con el símbolo de los laboratorios del doctor, dos dragones enredados, uno azul y uno rojo enrollando a tres siluetas humanoides, la figura de un ángel y un demonio tomando de la mano a la sombra de un hombre. Un destello dorado como una coronal se pintaba arriba de la figura humana. En retrato se podía ver únicamente la parte alta del cuerpo del Dr. Akira Dorian Wish, por la apariencia del hombre parecía ser que era un retrato de sus últimos días antes de morir, ya que su aspecto demacrado remarcaba su enfermedad. Era hombre con una sonrisa galante, una piel blanca como la nieve, unas ojeras obscuras y profundas. Ojos negros tan profundos que podías perderte en ellos como si de una noche sin luna se tratase. Su cabello era negro y largo sin interés por estar acomodado. Sus ojos eran rasgados, pero su mirada era seductora. Akira se miraba especialmente delgado, con la piel pegada al rostro, sin embargo a pesar de ello el hombre seguía manteniendo su belleza a pesar de su dura enfermedad. Se encontraba recargado en una mesa, con las manos estrechadas como si fuese a hacer un rezo, con una postura perfecta que te atraía y te hacia sentir escuchado, al igual que interesado en aquella misteriosa personalidad y todo lo que tenia por contarte.

    -¡No es maravilloso!- Aulló Blake con emoción abriendo los brazos ante la grandeza de la biblioteca -¡En cada una de estas librerías se encuentra una idea de aquel genio sin precedentes! ¡Tan solo piénselo! ¡La inmensidad de esa mente! ¡Capaz de escribir y desarrollar miles de ideas con bases fundamentadas, ideas de prácticas a llevar a cabo, todo documentado para la posible investigación de terceros, para que sus ideas no fueran solo suyas! ¡Estamos ante parte de la mente de la luz científica de la humanidad!

    La caminata por la enorme biblioteca les llevó en medio de los libreros. Claarn entre cada paso tenia un golpe de recuerdos traumáticos en aquellos mismos pasillos. Entre sus problemas lanzó una mirada a los libreros, hacían falta varios libros.

    -Sabia que el Dr. Akira era un genio, pero no puedo creer posible que una sola persona haya creado todo esto…- Murmuró Emma al pasar su mano por uno de los libreros observando cada nombre de los libros que había dentro de él. Nombres científicos largos y difíciles de entender hechos con sumo cuidado. Cada uno con el nombre de Akira Dorian Wish plasmado en el lomo.

    Arlong se acercó a su Teniente –Es porque cada uno de estos libros fue hecho de una manera especial- El hombre llevo su dedo a su cien y giró su rostro hacia la joven teniente -Cada libro fue escrito con ayuda de los poderosos clanes extintos: el clan de la telepatía, el clan de la tinta, el clan del papel. Ellos fueron los creadores de cada libro que encuentras en esta biblioteca.

    Blake se acercó lentamente hacia los soldados –Se dice que la mente del doctor era capaz de canalizar todas sus ideas para que aquellos clanes pudiesen extraer toda la visión de Akira.

    -Entonces me están tratando de decir que enserio cada libro de este lugar fue una idea de aquel hombre…- La joven volteó hacia el librero mas cercano y sintió un gran vacío, al igual que se sintió diminuta ante la imagen de un hombre capaz de imaginar tales cosas.

    Erick Blake admiraba cada detalle dentro de aquella habitación. La belleza en si misma del lugar desprendía una paz igualable a la que se encuentran en los lugares más santos del mundo. Sin embargo aquel lugar tenia una burbuja asfixiante de una presencia fuerte y obscura –El Dr. Akira en su juventud estudió en la universidad mas importante de todas las Islas Medias, la Universidad de Gran Sabatelli. El conocimiento de Akira fue descubierto por múltiples científicos reconocidos de su época. Fue capaz de titularse como medico en tiempo record de un año. Después de eso consiguió múltiples títulos en física, astronomía, matemáticas, ingenierías y otras carreras, en los próximos cuatro años. Nunca nadie ha sido titulado en tantas especialidades. A la edad de veinte años trabajaba codo a codo en los laboratorios más importantes del mundo. Se forjo su nombre como el genio de la historia desde joven- Los soldados escuchaban con detalle cada palabra de Erick Blake. Parecía ser un gran devoto de la imagen del doctor. Y tal pasión se contagiaba.

    Claarn camino entre los libreros, hasta llegar al final de la habitación, ahí pudo ver unos carros con cúpula donde dentro habían varios libros. Salomón observaba desde atrás.

    -Era un hombre apuesto- Le dijo Emma a Violeta al ver el retrato de Akira.

    Violeta revisó de manera atenta aquella agradable sonrisa que era tan cautivadora -Alguna vez escuche que el Dr. Akira era sumamente carismático. Gracias a eso él pudo convencer a todo el mundo de que la experimentación humana era un beneficio para la ciencia.

    Blake camino hacia detrás del escritorio recargándose en el mueble –Akira tenia un gran carisma desde joven. El genio era pobre. En más de una ocasión habló sobre su vida en el orfanato en un pueblo de Sabatelli. Durante la guerra el orfanato fue destruido y el chico se dedico a vivir trabajando en trabajos deplorables. A los diecisiete años entró a la universidad, siendo becado, pero no todo fue tan fácil. Como es bien sabido conseguir una beca es demasiado complicado, por no decir imposible. Ya que la universidad no es gratis y ellos mismos tienen que ser los que den la beca y la beca llega a ser dinero en algunos casos sin lujo de prestigio, no se da a cualquiera. El rector de la Universidad De Gran Sabatelli era un hombre temido por su mano dura para mantener el valor de su escuela. Nunca había dado una beca a nadie, hasta el momento en que llegó Akira Dorian Wish a su puerta. El chico fue becado después de una semana de presentación de investigaciones. Cada día el chico presentó al mayor público de maestros y alumnos posibles durante uno de los festejos científicos más importantes. El chico convenció al rector de presentar sus trabajos durante la exposición en una sección lejana del evento. Sus presentaciones atrajeron a tantas personas que antes de que el rector se diera cuenta el chico estaba presentando sus investigaciones ante todo el evento, codo a codo con los mejores estudiantes. El hombre quedo maravillado con su trabajo, así como cada maestro y alumno de la universidad. Akira fue becado en su totalidad durante cada año que estuvo ahí.

    Arlong se acercó hacia el retrato del hombre. Admirando esa pose figurando un rezo –Con ese tipo de historias sobre su espalda no es dudarse el como es que consiguió sus devotos durante la Cuarta Guerra Mundial.

    -Cuarta Guerra Mundial y posteriores- Comentó Blake con una sonrisa observando a Arlong con una sonrisa –No es raro. Es como Abraham Arcnaik. El General Mundial consiguió millones de devotos tras todas sus acciones en aquellos años de guerra. Después de todo estamos hablando de uno de los cuatro nombres más famosos de aquella guerra. Isaías Patel el fundador de “Los Brujos”, Sebastián Oparaka “El Cuarto Chasoul”, Abraham Arcnaik el General que puso fin a la guerra y Akira Dorian Wish el máximo exponente de la ciencia.

    -No compares a un hombre como Abraham con Akira, por favor- Dijo Claarn al salir de entre los libreros –Dejando la charla sobre ese hombre…- Dijo apuntando con mal rostro al retrato del doctor –Dime que son todos esos libros que tienes guardados en carros. Los libros no se deberían de tocar hasta el momento en que llegase el servicio secreto…

    Erick Blake tomo asiento en la silla del escritorio. Hecho un vistazo hacia el fondo de la biblioteca y dentro de si pensó que era mucho más hermoso ver todo de esa manera –Los libros, Agente Bohm, están siendo resguardados con el mayor de los cuidados posible que puedo proporcionar. Ya fueron contabilizados y todos se encuentran aun dentro de esta biblioteca. Véalo como que quiero hacerles mas fácil el trabajo.

    -¡Contabilizados! ¡El servicio secreto se encarga de contabilizar todos estos libros para que no haya fuga de información!- Claarn subió las escaleras de manera lenta mientras que en sus ojos se podían ver unas llamas que podías sentir que te quemaban -¡Esto es un delito grabe, Gral. Blake!- Aulló Claarn al llegar a escritorio y golpearlo con las palmas. Emma saltó de susto. Violeta observaba nerviosa. Arlong estaba a punto de interferir y Erick observaba al agente a los ojos con serenidad.

    -¡Claarn!- Gritó Salomón al salir de entre los libreros –Como jefe del área de Inteligencia de Dorinda te doy mi palabra de que ningún libro a salido de este lugar. Yo mismo observe el conteo y resguardo de estos libros desde la mañana cuando llegue.

    Claarn al solo escuchar la voz de Salomón gruñía por dentro -¡Sin embargo no es motivo para que el Gral. Blake actuó por su propia voluntad!

    -¡Si te detuvieses a escuchar su motivo y dejaras de estar tan paranoico por estar en este lugar quizás pensarías diferente!- Renegó Salomón manteniendo el porte.

    Claarn dejo de ver a Salomón y volvió de nuevo a Blake. Le cuestionó con una mirada intensa -¿Explícate el porque lo has hecho?

    El General Blake se recargo en la parte trasera de la silla y tomó un largo respiro –Puedes observar que soy un gran fanático del Dr. Akira, que mas quisiera poder tener todos estos libros solamente para mi. Descubrir cada secreto que aquella mente guardaba. Enserio, creo que no existe nadie con mayor interés en tener estos libros o en estar aquí…- Cada palabra que soltaba Erick Blake le ocasionaba a Claarn un asco vomitivo. Su entrecejo se marco y sus ojos denotaron furia. Ahí el General de Vega decidió ir al grano –Sin embargo, Claarn, el tener todo esta información en mi reino es un peligro. Tengo a mis espaldas no solo el flujo de personas más grande de todo el mundo, sino también una sombra obscura esperando en las sombras de mis callejones. Mira a Salomón… El hombre llegó hasta aquí solamente por rumores. Si esto continúa así pronto tendré cientos de periodistas ilegales, bandidos, incluso rebeldes sobre este lugar. La ciudad y mi gente podría salir dañada dado el caso de un saqueo… A demás de que no quiero al servicio secreto mucho tiempo por aquí… En otras palabras, quiero quitarme este peso de encima lo más pronto posible…

    Claarn respiraba agitado con sus fosas nasales bien abiertas y una mueca rabiosa. Le quito la mirada de encima a Erick Blake y bajó las escaleras sin mirar a nadie mas –Si sale un error en todo esto tu cabeza será la que rodara Salomón…- Dijo con seriedad.

    -Lo aceptare como todo un caballero.

    El agente se detuvo antes de abrir la puerta que se encontraba en la esquina de la biblioteca -¿Por qué no hay ningún soldado aquí?- Preguntó curioso.
    Blake se levanto de la silla y bajo las escaleras en dirección a Claarn –Vamos chicos, el lugar es mas grande que solo esto, aun queda mucho que ver…- Dijo con emoción –Mis soldados se encuentran inspeccionando la segunda planta. Pronto los alcanzaremos, relajase, Agente Bohm- El hombre le dio una palmada en el hombro al agente del servicio secreto. Claarn se molestó por la actitud tan animada del General de Vega.

    Erick Blake abrió la puerta de vidrio que daba hacia un largo pasillo, parecido al de un hospital. Todos los demás le siguieron.


    (...)​


    La primera planta de la biblioteca se conformaba por la entrada, la cual era en lo que podía hacer llamar a aquel lugar “biblioteca”, ya que fuera de eso, el lugar se transformaba en un conjunto de laboratorios enormes, habitaciones para pacientes y habitaciones para huéspedes, almacenes de todo tipo de sustancias y centro de computo para los distintos tipos de maquinas que había adentro.

    En medio del recorrido Erick iba hablando sobre Akira cuando de pronto pasaron por unos pasillos con muchas puertas de madera clara. En medio del pasillo Claarn se quedo quieto mientras que los demás continuaron caminando. Aquel largo pasillo tenía algo atrayente para el soldado, el cual miraba el pasillo con melancolía.

    Violeta echó una mirada hacia atrás y pudo ver al hombre, yacía quieto viendo el infinito de aquel pasillo. La joven se dio la vuelta y caminó hacia él.
    Salomón se percató del regreso de Violeta y observo desde lejos.

    Claarn miraba al fondo del pasillo, ahí donde se encontraba una habitación que tenia el numero 508. Entonces entre la neblina de sus recuerdos empezó a ver las visiones de su pasado. Se imagino a si mismo de niño saliendo de aquella habitación, el lugar era un poco diferente. Su cuerpo vendado de pies a cabeza vistiendo una bata de color azul con el número antes mencionado bordado en la espalda y el pecho. Otros niños salían de las demás habitaciones, las edades y razas variadas. Corrían por el pasillo y él iba detrás de ellos con una sonrisa. Siguió la neblina de su recuerdo, viendo como los niños corrían hacia una puerta que llevaba a un comedor. En la realidad aquí no había ningún pasillo que llevase tan rápido a un comedor. Entonces para su sorpresa entre su imaginación apareció la figura de Abraham Arcnaik gritando a los niños.

    -Maestro Abraham…- Dijo Claarn con un gesto triste y sorprendido -Detrás del General caminaba una joven hermosa de cabello rizado y alborotado, era Socalo de joven. La chica reía mientras decía:

    -Hoy tienen mucha energía.

    -Hace buen día, ¡pero no es razón por la cual estén corriendo por ahí!

    La figura de Claarn infantil volteó y saludo al joven Abraham Arcnaik y la joven Dra. Rotelo. Continuó corriendo detrás de sus amigos. Todos sonreían.

    -Claarn, ¿Estas bien?

    El hombre miraba una pared vacía mientras continuaba en su trance. De pronto sus ojos se empezaron a cristalizar al ritmo que baja su mirada al piso –Nadie volvió…- Susurró con una voz quebrada –Perdón… Perdónenme todos…- Fue lo ultimo que dijo.

    Violeta se quedo a su lado, a pesar de que el silencio te imbuía en depresión.

    Salomón observaba con rostro triste la escena. Se dio la vuelta al saber que no había nada que pudiese hacer. Continúo caminando por unos pasillos a paso lento hasta que se topó con una fotografía en una pared. Era Abraham Arcnaik y Akira Dorian Wish abrazados como camaradas de juerga. Sonreían juntó con un grupo de pacientes. Todos sonreían de manera feliz. La foto estaba llena de color y vida.

    -Carismático… Como negar que Akira fuera carismático, si convenció al mismísimo héroe de la cuarta guerra de que sus experimentos eran por el bien de la humanidad…- El hombre acomodo sus anteojos y continúo caminando por los pasillos con la mirada agachada.


    (...)​


    Mientras que los demás continuaban caminando por delante, Violeta Claarn se quedaron atrás. El hombre ya se sentía mejor. Tomo una de sus pastillas sin que nadie la vera, Era la ultima pastilla que le quedaba. Guardo de manera discreta el envase con aquel signo de radioactividad.

    Ambos caminaban mientras que Claarn hablaba sobre su vida dentro de las bibliotecas de Akira y los laboratorios.

    -Durante la Cuarta Guerra Mundial el Dr. Akira Dorian Wish recibió el permiso de experimentación humana. Todo el Gobierno Mundial cayó ante su discurso…- El hombre se mantuvo callado. Ahora mismo estaban bajando por las escaleras encaminados a la segunda planta de la biblioteca – Eso te hace pensar en lo obscuro que es Gobierno Mundial en realidad. Cuando fue presentado aquel discurso el Gobierno Mundial decidió el avance ante los derechos humanos…

    Violeta caminaba con el rostro preocupado y serio al mismo ritmo de la caminata de Claarn –Si- Contestó ella des variante –Pero solo fue con prisioneros de guerra. Seguidores a “Los Brujos”- Dijo ella como si esa razón fuese suficiente justificación.

    Claarn le volteo a ver a los ojos –Hablas como una novata- Su voz sonó con tono duro y sus ojos mostraban una mezcla entre el enojo y la decepción -Tu sabes muy como es que actúa el Servicio Secreto…- Comentó con asco.

    La joven agachó la mirada pensando de manera seria en lo que estaba por decir Claarn, aunque era claro que lo que decía era verdad Ella lo sabia.

    -Por el hecho de que Akira demostró grandes avances con la experimentación humana el Gobierno Mundial, en especial el Servicio Secreto, empezó a traer personas de todas partes del mundo, enfermos, ancianos, personas herida en la guerra, huérfanos… En especial niños.

    El gesto serio de Violeta endureció, al mismo tiempo que se llenó de asco -¡¿Pero por qué niños?!

    Claarn contestó sin inmutarse a pesar de la reacción violeta de su compañera. Sin embargo en su rostro se veía la melancolía de la respuesta –La guerra era difícil. “Los Brujos” tenían fuertes aliados y una gran cantidad de devotos. El Gobierno Mundial estaba luchando una dura pelea y la existencia de “Los Brujos” ya se había extendido por demasiado tiempo. Buscaban la manera de ganar esta guerra. Así que el Gobierno Mundial deseaba que Akira desarrollase súper soldados. A palabras de Akira los efectos secundarios de la transformación de súper soldados eran menos devastadores en niños y adolecentes, debido a que se encontraban en pleno desarrollo. Sus cuerpos se estaban adaptando a su figura adulta, así que si eran modificados de manera genética, sus cuerpos adaptarías esos cambios también. La verdad es que casi nadie era capaz de soportar esos experimentos...

    Las escaleras terminaron llevándolos a otras puertas. Erick Blake las abrió empezó y empezó a vociferar emocionado al ver todo lo que se encontraba en la segunda planta. Ninguno de los otros soldados pudo negar sus impresiones, era algo sorprendente. Violeta y Claarn llegaron a la puerta. Para la sorpresa de la chica y el amargo recuerdo de Claarn, se encontraban abriendo la puerta frente a un paisaje enorme bello con arboles, pasto verde, de aluna manera se podía ver el cielo en atardecer y el sol a poco de ocultarse entre la planicie. El olor del lugar era como el de un parque recién regado y el viento soplaba puro, fresco como en las mañanas.

    -¡Comprenden la inmensidad de Akira Dorian Wish! ¡Este era su sueño, un paisaje hermoso para todo el mundo!- Gritaba Erick Blake alimentando su discurso sobre el doctor.

    Violeta observaba el lugar con admiración. Ella todavía no había entrado en la segunda planta y sin duda era algo que habría deseado ver antes.

    -Es bellisi…- Estaba por decir.

    -Aquí nos reuníamos todos, niños, adultos, ancianos…- Interrumpió Claarn sin pensarlo, pues de pronto se vio envuelto en sus recuerdos –Esta fue una de sus mentidas mas crueles… Nos mostraban el infierno para luego mostrarnos un falso paraíso… Muchos murieron pensando que este cielo era el verdadero…

    Violeta encontró en el rostro del agente no una rabia por la idea de un falso cielo para lo quienes alguna vez fueron sus compañeros. Sino que encontró en su gesto una poderosa melancolía. Como un dolor agudo al pensar en que aquellas personas. Y solo en ese momento Violeta comprendió que quizás en el cielo real aun seguían siendo esclavos.


    (...)​


    Después de maravillarse con la magnifica entrada a la segunda planta, Claarn los guio hacia la salida que llevaba a los demás lugares. A Arlong no le terminada por agradar aquella habitación, la idea de perderse de la realidad le aterraba, Aun a pesar de que aquel prado hermoso era una ilusión creada de alguna manera que no lograba explicar, todo se miraba tan extenso, levantándose hasta al infinito que casi era imposible reconocer cual era el verdadero lugar al que pertenecían, ¿De volver a arriba, seria capaz de ver un paramo así? Arlong desconocía la respuesta, al igual que desconocía si alguien seria capas de contestarla. Sin embargo muy dentro de su corazón el hombre deseaba que todos al menos una vez fuesen capaces de ver un paisaje tan bello… Pero al momento le nacía otra pregunta: De no ser posible encontrar un escenario igual en todos los prados del planeta, ¿Volverías aquí?

    Así fue como al salir de aquel paramo, Arlong noto lo curios de la situación. Tras encontrar la salida de aquel falso paraíso se toparon con un extenso pasillo, más gris que los demás y mientras más caminaban mas podía ver como aquella ilusión de un cielo claro, un sol abrazador y un bello prado verde, todo era una mentida.

    Las siguientes habitaciones después del prado eran grandes instalaciones que tenían aspectos de salas de entrenamiento, pero por lo que parecía eran algo mas duras que las convencionales. Antes por los pasillos había visto fotografías de personas que pertenecieron a los experimentos, ahora lo comprendía y un dolor en el pecho empezó a punzar. Esas salas de entrenamiento brutal estaban diseñadas para personas de alta experiencia. Por no decir imposible, Arlong reconocía lo difícil que debía de ser terminar los entrenamientos.

    Ese solo fue el inicio.

    Con forme siguieron bajando, Erick Blake menos hablaba. A su ritmo lento el silencio lleno la caminata, pues empezaron a toparse con las salas de pruebas, los laboratorios y algunas habitaciones que desconocían para que podrían funcionar. Con forme entraban en aquellas habitación se encontraban con algunos montones de papeles, bitácoras de los experimentos. Claarn no permitió que leyeran todo, pero por lo poco que leyeron los soldados descubrieron que aquella imagen del beneficio de la humanidad ahora parecía más una buena mentira con vestido de noche rojo. Seductora, pero peligrosa.

    Algunos de los papeles hablaban sobre pruebas de armas en condenados a muerte. Otras hablaban de experimentación en el tratado de ciertas enfermedades, de las cuales actualmente tenían vacunas, pero con tan solo hacer una recapitulación a lo vivido por los conejillos de indias utilizados daba hasta pena haber sido vacunados anteriormente. Mucho más al saber el rango de personas que sobrevivieron a los experimentos. Tras cada paso el rostro y el miedo de Claarn eran más fundamentados.

    Dentro de una habitación se escucharon los quejidos de unos hombres.

    -¿Esos no son sus soldados, Gral. Blake?- Preguntó Emma.

    Erick se paró un segundo a apreciar las voces de aquellas personas que estaban hablando en la lejanía –Eso parece- Comentó un tanto inseguro.

    –Parece que como si estuvieran tratando de abrir algo…- Comentó Salomón al tratar de analizar de donde provenía el sonido echando un vistazo por la puerta hacia el pasillo.

    -¿Qué pueden estar tratando d abrir?- Cuestiono Arlong a Salomón. El detective levantó los hombros desconociendo la razón.

    -Claarn, ¿Existen terceras plantas en las Bibliotecas de Akira?- Preguntó Salomón.

    El agente se encontraba viendo unas radiografías escondidas en unos lockers. Dio media vuelta, en su rostro se mostraba el desinterés de la pregunta del detective -¿Tercera planta? ¿Qué ridiculez, dices? Después de estos laboratorios no ay mucho…- El hombre se quedo quieto al empezar a recordar. Claarn susurró para si mismo –Aunque en algunas existían áreas restringidas- El hombre abrió los ojos en un susto sin precedentes. El terror se infundio en todos dentro de la habitación. De un segundo a otro Claarn se encontraba corriendo hacia el final del laberinto formado por los pasillos. Los demás soldados corrieron detrás de Claarn. Esa reacción no podía ser algo bueno.

    -En las anteriores bibliotecas existían áreas restringidas…- Decía Claarn para si mismo al tiempo en que corría -Esas áreas no existían en los laboratorios en que viví… ¡Esto es peligroso!

    Mientras daba sus rápidos pasos pudo observar una puerta de cristal reforzado con las palabras “Únicamente personal autorizado”. Las puertas estaban abiertas. Al final del pasillo se lograba ver una luz entre las puertas que llevaban a esa luz las imágenes fugaces eran pesadillescas. Cuerpos deformados, antropomorfos, cuerpos a los que les salían protuberancias provenientes de animales, creando mezclas imposibles, cuerpos que habían dejado toda humanidad.

    -¡Akira!- Gritó Claarn con todas sus fuerzas al mirar con asco aquellas aberraciones. Finalmente la luz estaba a pocos metros. Unas letras doradas adornaban la entrada de vidrio templado.


    El hombre al ser hijo de la diosa esta destinado a ser dios”.

    Claarn empujó la puerta, se mantuvo de pie ante la enorme sala. Diez soldados estaban frente aquella puerta. La habitación se encontraba vacía por completo, pero justo del otro lado había una gran puerta hecho con mármol. La cantidad de detalles y perfecto diseño era lo que ocasionaba miedo a al verla. El marco de la puerta dos figuras de dragones escalando el marco hasta toparse en final del arco. Cientos de cuerpos, de manos, de ojos escalaban y se hacían espacio entre los pilares que creaban el contorno de la puerta. Era como si te vieran directamente al alma y los gritos de auxilio de los rostros de las personas que formaban parte del arte de la puerta era casi audibles. En el centro de la puerta, abriendo los brazos, se encontraba un cuerpo intersexual con un rostro fino pero bellísimo incapaz de saber si es un hombre o una mujer.

    -¡Deténganse en este precioso momento!- Aulló Claarn, rabioso.

    Los soldados voltearon de inmediato ante el alarido. Levantaron sus armas apuntando hacia el hombre -¡Las manos arriba!- Pidió uno de los soldados con una voz nada agradable -¡Se nos ordeno llegar hasta el final de estas instalaciones!

    Claarn apretó los dientes. Gritó con una voz de repudio y asco –No me levanten sus armas, ¡Yo, el agente Bohm de Servicio Secreto ordenó que de manera inmediata se detenga esta operación!

    Los soldados empezaron a susurrar al escuchar las palabras “Servicio Secreto”, algunos empezaron a bajar sus armas. Estaban por pedir su laca cuando de pronto escucharon lo gritos de terror de una mujer provenientes del pasillo del que había llegado Claarn. Los hombres levantaron sus armas de nuevo en dirección del agente.

    -¡¿Qué esta sucediendo?!- Gritaron varios soldados con un tono de voz nervioso.

    Detrás de Claarn se acercaron los Generales Price y Blake, junto con el detective Salomón. Respiraban agitados y en sus rostros se observaban absorbidos por el desconcierto y el terror.

    -¡General!- Aullaron unos soldados.

    -¿Qué es todo esto…?- Preguntó Arlong mirando al piso tratando de tomar aire tras el susto de lo que había visto en el corredor -¿Qué era todo eso que acabamos de ver?- Sus ojos temblaban dentro de sus cuencas. Entonces levantó el rostro y pudo apreciar en todo su esplendor el detalle de la última puerta.

    -Todas las mentes son profundas…- Susurró Erick Blake tratando de conseguir un poco de aire –Hemos cruzado el abismo de la mente de Akira…

    Salomón caminó en dirección a la puerta. Se le notaba menos alterado por lo visto que los demás. El hombre se vio hipnotizado por la presencia que aquella puerta, hermosa en detalles, emanaba –Algo me dice, Gral. Blake, que aun nos queda algo que ver…

    Erick Blake fue comido por la curiosidad. Apreció hasta el último detalle de aquella bella obra de arte, un arte obscuro y retorcido –Es precioso…- Dijo en un susurro.

    -¡Nadie vera nada!- Aulló Claarn -¡Esa puerta se mantendrá cerrada hasta nuevas indicaciones!

    La fantasía de Erick Blake se rompió al escuchar aquellas palabras.

    -¡Estamos a un paso de abrir la puerta!- Renegó uno de los soldados.

    -Eso no me importa…- Masculló Claarn con mala cara.

    -¡Ábranla!- Ordeno Blake con pasión.

    Claarn giró la cabeza al instante. Sus ojos no decían nada bueno.

    -¿Gral. Blake, acaso esta desobedeciendo las ordenes de un superior?- Masculló Claarn. Nada en el parecía agradable.

    Erick Blake se irguió levantando el pecho. Sus ojos se conectaron. El rostro de Blake no mostraba doblaje alguno –Así es- Dijo el General al llevar su ano al pecho y con una fluidez sobrehumana apuntar a la cabeza de Claarn con una pistola.

    Los ojos de Salomón se abrieron de pronto -¿Qué trama, Gral. Blake?- Cuestionó de manera tranquila al dar un paso hacia el hombre.

    Blake con la misma velocidad que la primera vez saco de su cadera otra pistola, esta vez apuntando a Salomón –No se mueca detective- Advirtió Blake con la mirada fría –Enserio no quiero hacerle nada a ninguno de ustedes.

    Arlong observaba desde atrás –Erick… Deberías…- Arlong que se encontraba tomando aire empezó a erguirse cuando escucho la voz del General de Vega.

    -La advertencia también va para ti, Arlong. De jóvenes te derrote, y esta vez no será diferente.

    Arlong observó el rostro decidido de su compañero militar. La situación era tensa. Salomón y Claarn se mantenían con los brazos abajo, pero no movían ni un dedo, la amenaza parecía enserio.

    -Abran la puerta, por favor- Pidió Blake sin voltear a ver a sus soldados. Sin quitarle la mirada a Claarn. Era un hombre fuerte, determinado.

    Cada soldado se encontraba atónito por la situación. Apuntaban al jefe del área de inteligencia y a un agente del servicio secreto. No podía haber situación peor.

    -Hemos llegado muy lejos, Bohm. Demasiado como para que lo arruines. Nadie impedirá que vea lo que hay detrás de esa puerta.

    -Ahí no hay nada que necesites ver…

    -Lo dudo, después de todo lo que he visto ahora sé que ahí dentro se encuentra la verdad…

    -¡¿Qué no es suficiente para ti todo lo que acabas de ver mientras recorrías el pasillo?!

    -Muévete Claarn…- Le ordenó con la mirada de un asesino a sueldo. El dedo se acercaba al gatillo. El agente le conocía de poco, pero si lo conocía lo suficiente como para saber que estaba hablando enserio. Le dispararía sin compasión. Un hombre con un objetivo puede llegar a ser alguien muy peligroso.

    El sonido de un sistema de seguridad por engranes y poleas empezó a escucharse a espaldas de Claarn. Giró la cabeza con lentitud para toparse con que los soldados ya habían abierto la puerta. La belleza de la puerta en movimiento era perturbadora, era casi como sentirse dentro de aquellas narraciones sobre el abismo para los pecadores. De los rostros dolorosos se podía sentir el grito helado y desgarrador con solo su gesto. Era como si gritaran porque habían abierto el descenso a la locura de toda la humanidad.

    Claarn se dio la vuelta al verse incapaz de tratar de hacer entrar en razón a Blake. Mientras caminaba hacia la puerta, esta se abrió, liberando un viento tan fétido que generaban arcadas y tan sombrío que te generaba pánico. El viejo lo recibió todo de frente, sin doblegar su mirada dura.

    Una vez en las escaleras los demás soldados de Vega le siguieron la espalda al agente, descendiendo por las escaleras de piedra gris obscura. Seguidos por Salomón, Arlong, Emma y Violeta. El Gral. Blake les siguió desde atrás apuntando con sus dos pistolas. Nadie estaba dispuesto a intenta escapar de ahí. Se les había otorgado la oportunidad de conocer el final de una mente brillante, no la desaprovecharían ¿Mente brillante…? Mejor dicho cada vez más obscura.


    (...)​


    El frio que hacía en el descenso por aquellas escaleras era especial. Como ninguno que podría sentirse en el desierto. Los soldados bajaban escoltando a los altos rangos. A Claarn se le miraba atento, como si tratase de estar lo mas alerta posible a cualquier cosa. El rostro de Arlong se mantenía estático, impaciente a lo que podría haber allá abajo. Una gota de sudor de miedo le recorría el rostro de frente a mejía. Y de manera increíble, Salomón era capaz de mantener su serenidad, aunque se le observa como de manera profunda se introducía en sus pensamientos. Violeta y Emma caminaban lentamente detrás del Gral. Blake. Emma tenía el peor rostro de entre todos. Violeta se mostraba fuerte, quizás para poder ser un apoyo para su amiga.

    Cada escalón era una presión extra en sus pies. Cada escalón era un deseos de volver, pero también era un inmenso ímpetu de desear ver el final de a biblioteca.

    Por fin estaban al final del descenso, a unas escaleras de lo que Erick Blake había llamado, la verdad. Los primeros soldados echaron un vistazo y bajaron las armas al darse cuenta que no había peligro, eso ya había pasado hace mucho tiempo. Adentro había algo mucho peor.

    Los soldados pasaron a la última sala, blasfemando y pidiendo salvación a la diosa.

    Erick Blake al ver la reacción de sus subordinados no pudo esperarlo más. Descendió mas rápido evadiendo a Salomón y Claarn hasta llegar al suelo del último piso. Sus ojos se abrieron y apreciaron el escenario con desconcierto.

    -¿Qué es esto?- Dijo para si mismo.

    Paso a paso Salomón y Claarn llegaron hasta el piso. Tan pronto observaron el lugar Salomón se hecho hacia atrás, subiendo las escaleras de reversa. Su rostro palideció y negaba a ritmo constante que no. Entre tartamudeo dijo –C-Cla-Cla-Claarn…- Llevo su mano derecha hasta su boca y sus ojos se pusieron brillosos –No… Es que es que no… es como cuando estuvimos en aquella misión...

    -No, no se acerca ni un poco- Comentó Claarn sin voltear a verle –Aquí faltan dos cosas muy importantes para ser como aquel día…- Los puños de Claarn se apretaron y el hombre agacho la cabeza. Se quedó inmóvil en la entrada. La tristeza de Claarn solo era comparable con la angustia que ocasionaba estar ahí adentro.

    Arlong se quedo en el mismo escalón que Salomón. Le acercó su mano hasta tocarle el brazo. El hombre temblaba y su cabeza se agitaba en un tic nervioso. Sus ojos estaban perdidos en una terrible pesadilla. Al momento en que Arlong le toco el brazo su rostro se levantó y empezó a respirar agitado. Era como si el tacto le hiciera saber que lo que estaba viviendo era realidad.

    -¡Salomón, tranquilícese! ¡Respire!- Trataba de decirlo lo mas tranquilo posible. El detective se pegó a la pared y cerraba los ojos al negarse a ver aquel escenario. Claarn le puso las dos manos en sus hombros, y con un empujón suave poco a poco le sentó en los escalones –Quédese aquí, detective. En seguida volvemos, díganos si se siente mal. Lo subiremos de inmediato- El hombre asintió.

    Arlong sonrió, pero al poco de ver hacia esos últimos escalones su rostro cambio por completo. Una vez erguido bajo los escalones con determinación. Y una vez llegado al suelo su fuerza se doblegó, dando un paso hacia atrás –Por la diosa…- Dijo al ver el lugar en un susurro de terror.

    Violeta y Emma llegaron hasta con Arlong. Emma sintió como las piernas le fallaban y su amiga no tuvo fuerzas para poder sostenerle. La joven cayó al piso con los ojos envueltos en lágrimas de completo susto.

    -Sr. Claarn…- Dijo la ex agente -¿Dónde estamos?- Preguntó con un chillido ahogado que tenia en la garganta. Sus ojos se cristalizaron y sintió ganas de vomitar.

    -Ya lo sabes, ¿no?- Comentó el hombre con tono sarcástico.

    Erick Blake dejo caer las pistolas, haciendo revotar el sonido por todo el túnel. Se agachó, llevando sus manos hasta su rostro y tallándose el rostro. No era ninguna pesadilla.

    -En la mente de Akira- Respondió Claarn.

    La habitación era un túnel hecho de bloques de piedra gigante tallado cada una con símbolos que rezaban magia obscura. El túnel se extendía hasta el final de la vista y una bruma negra comía el fin del mismo. El piso de la sala se terminaba en medio círculo a unos pocos metros después de la entrada, sin dejar mucho espacio a la caminata libre, sin embargo aun así sobre el túnel se extendía una cantidad de almas en pena y un mar rojo. ¿El olor del lugar? Putrefacto, a sangre, hediondo ¿La vista del lugar? Tétrica, obscuro, perturbadora, nada bella, una sensación de perderse en la infinita obscuridad. El silencio del tune lograba hacer perder tu sentido, al mismo tiempo que era como si apuñalaran a tu oído. Sobre cruces de piedra, algunas caídas, unas más altas que otras, algunas nadando sobre el mar rojo, sobre ellas se encontraban clavadas, amarradas, cosidas y unidas decenas de hombres, mujeres, acianos y niños. Sus cuerpos habían perdido todo el realismo del humano. Algunos despellejados, con cortes aleatorios, profundos, capaces de ver el hueso. De las heridas salían pequeñas manos deformes que rasgaban la piel y carne con garras gruesas no humanas. Muchos cuerpos colgaban de hilos tan finos casi invisibles que jalaban las facciones del rostro forzándoles a hacer gestos de augurios dolorosos. Danzaban en el techo en poses atrevidas y sexualizadas, así como dulces vals con gestos de mala espina, en un retorcido arte romántico en oda a la locura. De entre esos cuerpos bailarines se encontraban cuerpos rebanados de cada una de sus articulaciones, haciendo poses en algunos casos imposibles de definir aquello a lo que se estaba representando. Algunos cadáveres que no eran más que pilas de huesos se sostenían por delicados filamentos de carne y nervios. Otros cuerpos de manera inimaginable seguían en perfecto estado, si es que a eso se le podría llamar estar en perfecto estado, pues mas de uno se encontraban llenos de protuberancias y deformidades capaces de retorcer el cuerpo en lo pudo ser una muerte abundante de dolor. Las llagas de que cubrían los cuerpos putrefactos secretaban un pus sanguinolento de colores extraños. Uso cuerpos que colgaban de las cruces tenían ojos que les recorrían todo el cuerpo, ojos de pupilas extras e iris de colores nunca vistos. Otros cuerpos tenían bocas con colmillos tan largos como brazos recorriéndoles los torsos desnudos de los cadáveres. Lenguas vacunas congeladas lamian la putrefacta piel de los muertos. Algunos rostros no tenían cuencas, otros que tenían cuencas carecían de rostros, y existían cuerpos que tenían un rostro como una piedra caliza. Cabezas de animales sustituían o acompañan los cuerpos crucificados. El cabello de muchos de aquellos humanos había sido cambiado por gruesas escamas, así como cayos gigantescos creaban armaduras de piel en figuras extrañas. Más de un cuerpo se encontraba tatuado con un símbolo obscuro en una parte de su cuerpo, otros se encontraban repletos de ellos. Era una marca profunda que decencia hasta la última capa de carne del individuo dejando un rastro negruzco como si hubiesen sido tatuados por la mayor temperatura que el humano hubiese conocido. Por ultimo se encontraban aquellos seres que habían dejado toda su humanidad en el pasado para no ser mas que retorcidas visiones pesadillezcas de formas humanoides. Así como masas de carne gelatinosa que chorreaban lentamente en dirección al mar sangriento. Seres reptilianos y bestiales deformaban la estructura y anatomía conocida en aullidos tenebrosos de la biología.

    Emma empezó a vomitar.

    Violeta la socorrió preocupada.

    Algunos soldados sentían lo mismo que ella.

    Arlong caminó hasta el borde donde terminaba el piso y empezaba aquel fétido mar rojo -¿Qué clase de lugar es este?- Susurró el hombre con una expresión decepcionada. Se miró en el agua y notó que apenas era visible su rostro en la tonalidad de aquella agua -¿De que le sirve a la humanidad un lugar así?- Le preguntó a su reflejo.

    Erick Blake mantenía su caminata lenta y pensante. Se frotaba su barbilla al caminar. Se detuvo con Claarn. El hombre tenía ese gesto de odio que se ve en la guerra cuando lo único que quieres es dos cosas, matar a tu enemigo y salir de la trinchera.

    -El Gobierno Mundial buscaba la prisión para Akira Dorian Wish por llevar a cabo experimentación nunca probada… ¿Fue por eso?

    Claarn se abstuvo de contestar la pregunta.

    -Es lógico que le persiguieran por cosas como esta…- El hombre volteó de nuevo hacia las cruces. El solo verlas le causaba un terror que le recorría su espina dorsal –Soy un gran seguidor del doctor. Su historial me parece impresionante. Una persona que no se repetirá en tres mil años como mínimo… Siempre me pregunté por qué le habían perseguido… Sin embargo Salomón dijo al muy interesante al ver todo esto…

    Salomón se encontraba en las escaleras, su cabeza agachada, su rostro depresivo. Se encontraba en las escaleras, pero lograba escuchar todo.

    Violeta se encontraba con su amiga y volteó a ver a su General con cierto desconcierto.

    Arlong se acercó con Emma, le puso sus manos en sus hombros. Se vieron a los ojos en una conexión tierna -¿Te encuentras bien?- Preguntó con un gesto serio –Hay que salir de este lugar, Emma.

    Claarn y Blake tenían un encuentro de miradas.

    -¿Qué estas insinuando?- Preguntó el agente con una curiosidad bastante seria.

    Erick Blake levantó sus brazos como admirando el túnel –Este túnel lo demuestra todo… Salomón lo dijo: “Es como aquel día”… El día en que perdieron a todos sus soldados… Y mujeres… Ese día lucharon contra “Los Brujos”… Y si este día es igual al de hace tantos años solo puede significar dos cosas: existía un segundo doctor capaz de llevar estos mismos tipos de experimentos dentro de “Los Brujos”… O Akira Dorian Wish ayudaba a “Los Brujos”… ¿Cuál es la verdad?

    Todos los soldados observaron a Claarn esperando su respuesta. Sin embargo ese momento nunca llego.

    -Tu silencio solo otorga la obscura verdad…- Dijo Erick Blake con la piel pálida. Entonces soltó unas ligeras risas nerviosas –Ahora comprendo lo podrido que esta el mundo… ¿Qué tanto oculta el Gobierno Mundial?- Preguntó Blake encarando al que fue alguna vez su líder de escuadrón.

    Un viento helado con asqueroso olor fétido empezó a soplar desde el fondo del túnel. Los escalofríos recorrieron cada centímetro de los cuerpos de todos. Cada uno giró hacia la niebla obscura que estaba al final del lugar. No se veía nada. Más de pronto todos los ojos que recorrían los cuerpos se abrieron. Las cabezas de los cadáveres giraron hacia la entrada y aquellas cuencas sin orbitales parecían verles. Todos los ojos del lugar se posicionaron en los soldados.

    -¿Qué demonios está sucediendo…- Mascullo Blake al observar la tétrica escena.

    Los soldados de Vega levantaron sus armas por el susto. Claarn observaba los movimientos de los ojos. La situación daba mala espina. Las bocas empezaron a moverse y de ellas salió una voz apenas audible, obscura, retumbante en los oídos, parecía de una psicofonía, de un tono tan agudo que generaba dolor.

    -Ustedes no son el maestro- Dijo la voz –Ustedes no son Akira.

    -¿Maestro?- Preguntó Blake intrigado -¿Por qué Akira es tu maestro?- Le preguntó a la presencia incorporal. Sin embargo no contestó la pregunta. La voz continúo repitiendo las mismas frases cada vez con un tono más escalofriante.

    -Es un demonio creado por Akira- Respondió Claarn dando pasos hacia adelante.

    -¿Creado por Akira?- Preguntaron Arlong y Erick al unísono con gesto aterrado. -Arlong, salgan de aquí…- Ordenó Claarn al caminar hacia la punta del suelo. Llegó con Erick Blake, le toco el hombro y le dijo al oído –Espero que esta sea la verdad que buscabas…

    -¿Qué es lo que hará Bohm?- Preguntó Blake a la espalda del agente.

    -¿Dónde esta Akira?- Preguntó la voz de pronto. El túnel volvió a su doloroso silencio. La pregunta helo la sangre de todos, todos menos de Claarn.

    -Esta muerto desde hace mas de 40 años- Contestó Claarn sin rechistar. Todos los soldados, al igual que todos los ojos de los cadáveres voltearon a verle –Como siempre debió haber sido- Concluyó.

    -¡Mentira!- Aulló la presencia.

    -¡Todas salgan de aqui1- Ordenó Claarn cuando de pronto unos látigos negros aparecieron de entre el mar de sangre atravesando el cuerpo de uno de los soldados, levantándolo en los aires. La sangre del soldado empezó a manchar todo el lugar. De entre el látigo negro empezaron a salir manos pequeñas con dedos retorcidos que empezaron a escalar por el cuerpo del soldado que permanecía en lo alto lanzando gritando mas de horror que de dolor.

    Otros látigos salieron, atacando a los demás soldados.

    -¡Huyan!- Gritó Erick Blake tratando de retroceder esquivando los gruesos soldados. Un látigo fue dirigido al insolente de Claarn, pero el hombre atrapó el látigo y lo cortó con fuego haciendo gritar a la presencia. El rostro de Claarn no se inmutaba, su rostro serio permaneció, con el ceño fruncido, la nariz enganchada y una mala mirada.

    Una presencia empezaba a salir de entre la niebla, múltiples látigos jalaron los cadáveres introduciéndolos dentro de la bruma. Una presencia poderosa, obscura, repugnante como ninguna en existencia era sentida cada ve mas.

    Salomón entró al túnel preocupado, solo para poder ver el nacimiento de una figura en la obscuridad, un cuerpo humanoide de cuerpo retorcido, cubierto de piel podrida y extremidades recubiertas por huesos y carne molida. Múltiples ojos y bocas, un rostro desfigurado del que caía piel como un líquido viscoso. Mechones de cabello le colgaban en lugares aleatorios. Su sola presencia revolvía el estómago de los débiles. Haciendo caer a mas soldados de Vega que disparaban al los látigos y trataban de hacer algo ante la masa putrefacta que se acercaba deslizándose por el mar de sangre.

    Arlong protegió la entra con un escudo mágico. Blake, Violeta, Emma y Salomón solo fueron capaces de observar como los látigos se prendían en llamas al tener contacto con la magia de luz del máximo guerrero de Milloria.

    -¡Claarn!- Aulló Arlong detrás de su escudo. Sin embargo el hombre no volteaba. Los cuerpos de los soldados de Vega se introducían al mar de sangre pidiendo rescate en chillidos trágicos, más la ayuda nunca llego.

    La sangre de los soldados mancho los símbolos de magia obscura que se escribían en las paredes del túnel. De entre la sangre empezaron a salir cúmulos sanguinolentos de masa gelatinosa. Los cuerpos manchados por la sangre pura empezaron a desprenderse de sus cruces y caminaron sobre el mar rojo. Los canticos provenientes de aquellas gargantas que se deshacían al graznar la voz del demonio eran te tonos espectrales, sin embargo todas se unían a la perfección en la que parecía ser una alabación a un rey. El nombre de Akira retumbó por el infinito túnel.

    -¡Váyanse, Arlong! ¡Estaré bien!- Gritó Claarn al mismo momento en el que caminaba en dirección a sus obscuros enemigos -¡Yo fui creado para destruir a Akira! ¡No moriré hasta haber exterminado su legado!- Dos aros mágicos aparecieron en los brazos del agente.

    El demonio lanzó un aullido y los cadáveres empezaron a correr en dirección a él. Seguidos detrás con pasos retumbantes el cuerpo del controlador de todo ahí adentro, el espectro de la niebla obscura.

    Claarn clavó sus manos en el mar y una pared de fuego se levantó y empezó a recorrer el túnel fundiendo a más de un cadáver. Los soldados en la entrada observaban boquiabiertos el poder del hombre. Sin embargo la llamarada no los detuvo a todos y de entre las llamas saltaron cadáveres calcinados que corrían en dirección a Claarn. El hombre libró un fiero combate con ellos entre alaridos furiosos.

    Erick Blake sabia que no pintaba nada ahí y subió las escaleras. Los damas le siguieron después de admirar un poco mas del heroico guerrero peleando contra las fuerzas de las tinieblas. La pelea se volvió cada vez más intensa. Complicándose al momento en el que llego el demonio original. Llegado un punto del combate, y ya estando solo, Claarn cayó al suelo por un golpe inesperado de los brazos retorcidos de la masa de carne putrefacta. Estaba a punto de ser empalado por los látigos del demonio y un múltiple golpe de cadáveres sedientos de sangre. No podría contra ambos. El hombre estaba por utilizar uno de sus mas poderosos hechizos cuando de pronto unos anillos mágicos aparecieron en el piso, de ellos se desprendieron manos tan negras como el carbón jalándole la ropa y la piel. El hombre se desconcertó, perdiendo la concentración para llevar a cabo el hechizo. Ya no tenía tiempo, estaba a punto de morir. Hasta que aparecieron dos figuras ante el. Arlong le había protegido del látigo que estaba por atravesarle y Salmon estaba librando un combate contra los cadáveres.

    -¡Alguien de tu nivel no será capaz de hacerse cargo de todo esto!- Gruñó Salomón al cortar en pedazos más de un cadáver con una larga espada que acaba de materializar.

    Arlong se lanzó contra el demonio original llevando a cabo un combate entre tipo de magias contrarrestadas. Arlong usando un poderoso hechizo de luz poco a poco fue doblegando al ser obscuro.

    Una vez en medio del mar de sangre volteó hacia Claarn y le dijo –Hasta el mismo primer Chasoul ocupó ayuda de sus tres lanceros para ganar la primera guerra…- Un látigo se dirigió en dirección a Arlong y este le detuvo con un escudo brillante, levantando el agua tras el duro estruendo. En su otra mano apareció un haz de luz que dirigió hacia el demonio clavándolo en la parte del demonio que podría ser llamada el hombro. Su combate continuó en un desate de poderosas magias en constante contraste. En un combate singular.

    Claarn observaba desde el suelo. Las manos le ataban con firmeza. De durar un poco más le abrirían la piel. Entonces el forcejeo de tratar de liberarse se volvió débil. Escuchó el aire cortarse y delante de él caminaba Violeta con una lanza.

    -Ya no tiene por qué luchar solo, Sr. Bohm- La joven empezó a dar vueltas a su lanza y se lanzó en dirección al espeluznante demonio -¡Luchemos!- Gritó Violeta con valentía.

    Claarn dejó su rostro serio y mostró una ligera sonrisa retadora. Se lanzó al combate destruyendo toda obra del mal. La épica batalla había dado inicio.

    Desde afuera de aquellas escaleras, y una vez llegados a aquella habitación vacía, Erick Blake respiraba agitado –Siempre será así, ¿verdad?- Murmuró –Los magos siempre tendrán el papel principal…- Concluyó con voz decepcionada.

    Pero Emma le observaba desde el filo de las escaleras. Ella también estaba agitada y tenia miedo. De esa manera ella se percató que en realidad el hombre solo se trataba de convencer a si mismo. En el fondo ella comprendía a Erick Blake, el hombre también estaba asustado.

    Una vez abierta la puerta de la entrada a la biblioteca la lluvia se desató sobre los territorios de Vega. Era como si el mundo llorase porque las puertas de aquel infierno se hubiesen liberado.
     
    Última edición: 6 Junio 2019
  4. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 23 - El Diario de Akira
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    67
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El Legado de los Héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    30
     
    Palabras:
    11064
    Capitulo 23 – El diario de Akira

    [​IMG]
    -13 de Marzo de 2893 D.C.-


    Unos minutos después la batalla había finalizado con la victoria del grupo de Claarn.

    La mayor herida había sido tomada por Arlong, recibiendo uno de los látigos del demonio, atravesando su oblicuo izquierdo. Sin embargo todos sobrevivieron y eso era un gran alivio. Volvieron a la superficie como héroes, o más bien leyendas, pues el mundo poco se enteró de lo que en realidad había pasado allá abajo.

    Llegado el anochecer los soldados volvieron a Vega.

    Arlong había sido tratado de sus heridas y descansaba mientras esperaba una reunión para finalizar el tratado de comercio entre Vega y Milloria.

    La noche había sido tranquila, y a pesar de lo vivido aquellos soldados que estuvieron dentro de la biblioteca llegaban a pensar que todo aquello no había sido mas que una pesadilla.



    (...)​



    Blake se encontraba en su oficina leyendo con atención un viejo libro. Interrumpió su entretenida lectura para ver su librero, en especial esa sección dedicada a sus libros de historia, esos que tanto le gustaba leer. Y en su rostro un gesto de duda nacía, para justo después cambiarla por una sonrisa emocionada.



    (...)​



    Emma y Violeta se encontraban en la enfermería tratando unas heridas de la Teniente General de Vega, heridas leves sufridas durante el enfrentamiento contra el demonio de Akira. Cotilleaban de lo vivido dentro de aquel obscuro lugar, y hablaban de lo aterrador que debió haber sido vivir en aquella época. En la obscura época de la experimentación humana, así como la cuarta y primera guerra.



    (...)​



    Salomon por otro lado despejaba su mente y sus heridas en una larga caminata por el Cuartel General de Vega, aquel templo milenario de belleza inigualable. En su gesto se notaba la amargura de un recuerdo turbio. Las manos aun le temblaban, a pesar de que había dejado el infierno hace unas horas.

    Su caminata le llevó a uno de los pasillos mas solos del cuartel, uno donde había una pequeña habitación que albergaba una figura de la diosa Evelia en una fuente que simulaba una cascada. A pesar de ser tan poco visitada, la habitación vitalizaba el verde, esparciendo calma en un aura relajante.

    Tomó asiento en uno de los tapetes. Se cruzó de piernas y admiro la belleza de la figura de la eterna madre. Se quedó observándola, como esperando que ese lugar le otorgara la calma que siempre había deseado.



    (...)​



    Claarn por otro lado se encontraba en su hotel. Sus heridas parecían estar sanando a pesar de haber pasado poco tiempo de habérselas hecho. Sentir esa excelente velocidad de curación era un gran dolor psicológico con el que vivía desde hace muchos años. Era su maldición y su bendición.

    Miraba por la ventana, analizando con curioso detenimiento la perfecta estructura del cuartel. En su mente llegó a pensar las veces en que ese templo había caído. Entonces pensó en que quizás ya no quedaba nada de lo que alguna vez intentó significar.

    Se secó el cabello y el cuello, acaba de salir de bañarse. Tomó una camisa nueva, pues la anterior había terminado destrozada. La estaba abotonando cuando vio la hora en el reloj de la pared, ya casi era media noche.



    (...)​



    Arlong había descansado muy duro. Fue despertado por una de las enfermeras diciéndole que era hora de ir a la reunión con el Gral. Blake. La enfermera le dejó un traje que le había traído Emma. Se cambió cuidando su herida. Al salir agradeció amablemente los tratos de la enfermera, así como de la doctora.

    A esa hora el cuartel se encontraba solo. Caminaba con tranquilidad entre los pasillos de piedra caliza. El silencio permitía poder ver la magnifica arquitectura con mayor detalle. Quizás ya lo había pensado mucho a lo largo de su estadía, pero el templo era fascinante. Una obra de los ancestros que trataba de desafiar al tiempo, pero por mas viejos y hermosos los edificios, eso no les impide ser comida para la inevitable ley de la vida, todo lo que ha de nacer deberá morir.

    En unos minutos se encontraba de nuevo en aquel pasillo lleno de cuadros.

    Su andar era algo extraño por la herida, sin embargo su traje le hacia ver
    despampanante.

    Una vez adentro de la oficina observó la figura de Erick Blake de frente a la enorme ventana del lugar, recibiendo los rayos de la luna llena. Llevaba un libro en las manos. El hombre lo dejó en el escritorio –Tome asiento, Gral. Price- Dijo al extender la mano en dirección a la mesa de negocios al lado derecho de la oficina –Tenemos que hablar de unas propuestas muy interesantes.

    -Gracias- Contestó Arlong al caminar hacia las sillas que se encontraban del lado derecho. Se sentía un poco extraño el tener que hablar tan tranquilo con alguien que hace unas horas le había amenazado con dispararle –El contrato ya fue firmado, sin embargo aun nos queda destinar fechas, movimientos de mercancía y cuando volveremos esto un tema publico- Dijo tras tomar asiento.

    Erick Blake se acercó hacia Arlong –Lo que pasa Gral. Price, es que quería tocar otro tipo de negocios…

    Arlong levantó la ceja al escuchar curiosa idea -¿Tiene otros negocios en mente?

    Erick Blake caminó hasta su librero, empezó a acariciar sus libros con la yema de sus dedos -¿Sabe cual es el recurso mas importante, Gral. Price?

    -Es bien sabido que la buena implementación de carbón y el petróleo a beneficiado a Milloria y otros reinos en su progreso económico- Respondió Arlong con confianza. Sin embargo aun no planeaba una modificación en los estándares de ventas con Vega. No lograba captar muy bien el interés de dichos recursos por parte de Blake, pues Vega no se caracterizaba por ser un reino con dedicado especial a las industrial.

    -Aunque eso es verdad- Respondió el hombre al sacar un libro de la librería- Temo decirle que el mayor recurso con el que puede contar un reino es la información.

    -Las patentes y buenos aportes en el sector científico sirve bastante para poder atraer grandes mentes con grandes ideas que pueden mejorar el valor de un reino, eso es cierto- Comentó Arlong de manera formal utilizando elegantes y sutiles lenguajes corporales.

    Blake se dirigió hacia la mesa de vidrio donde estaba Arlong –Así es, mi estimado compañero- Dijo al sentarse –Es por eso que estoy interesado en negociar un poco de información con usted…

    Arlong se quedó expectante ante la propuesta –Creo que no estoy comprendiendo muy bien el tema…- Comentó el General un tanto curioso e incomodo.

    Erick abrió aquel libro. Era una libreta con múltiples escrituras a puño del Gral. De Vega.

    -¿Cuánto estaría dispuesto a pagar por un total de setenta y dos patentes en las áreas de ingeniería, farmacéutica y armamentista?



    (...)​



    Claarn saltó una líneas de seguridad que prohibían el paso a los curiosos del hotel. Pisos arriba se encontraba la construcción de cuatro pisos extras para el enorme edificio que era el hotel “Las dos torres”. El hombre subió con cuidado hasta llegar a la parte menos estructurada. Ahí donde todavía se podía ver las viguetas que formarían el los siguientes pisos y paredes del edificio. Caminó sin miedo hasta el borde de la construcción y observó desde arriba la inmensidad de la ciudad de Vega, así como todos los demás edificios que se elevaban sobre el Cuartel General del reino.

    -Justo a tiempo- Dijo una voz agresiva desde la cima de las vigas. Una capucha volaba en la obscuridad. Aquel brazo blanco como la luna llena se quitó la capucha dejando ver aquella larga cabellera roja.

    -A una mujer no se le hace esperar…- Comentó Claarn con una sonrisa.

    -Es agradable saber que es un caballero incluso cuando se trata de este tipo de reuniones- Dijo una voz agradable viniendo desde el fondo de la construcción. Era la otra joven que había llegado al hotel junto con la pelirroja. Una joven de piel negra con abundante cabello negro rizado, una estatura envidiable y un cuerpo tonificado. Ambas se posicionaron a un lado de Claarn y observaron el cuartel.

    -¿Cómo van los preparativos de la misión?- Preguntó Claarn.

    -Nos hemos encargado de posicionar todo para que no exista ninguna falla- Respondió
    la joven pelirroja.

    -¿Incluso sobre el papeleo después de llevada la misión?

    -Sin cabos sueltos- La joven pelirroja le dirigió una mirada retadora –Como ya lo dije…



    (...)


    El silencio se encontró en la habitación tras la propuesta de negocios de Blake.

    -¿De donde sacaras setenta y dos patentes?- Preguntó Arlong con mala espina. Su rostro no parecía nada amigable, y eso no era normal en él.

    A pesar de que Erick Blake había notado la incomodidad de Price, se le miraba aun mas confiado –No se preocupen por eso, le aseguro que no habrá problemas con ninguna de ellas. Serán totalmente limpias.

    Esas ultimas palabras solo consiguieron que Arlong se preocupase mas por el asunto -¿No estarás pensando en robar libros de la biblioteca de Akira?

    Erick Blake le sonrió y cerró el libro –No será robado nada de lo que usted vio ahí adentro- El hombre puso sus codos sobre la mesa y le tendió su mano a Arlong –Gracias a nuestros recientes negocios le podre dar un precio razonable… Tengo información de todo tipo…

    Las miradas entre ambos eran tensas.

    -Incluso tengo información muy importante de la Cuarta Guerra Mundial, del Dr. Akira, del Gobierno Mundial, de Abraham Arcnaik…- Los ojos de Blake mostraron cierto placer, era como cuando estaba dentro de la biblioteca –Incluso tengo información de Claarn A. Bohm...



    (...)​



    En la cima del edificio el viento soplaba frió. Era como ese viento espectral que sopla después de un combate durante la guerra. Solo que sin el sabor a sangre. Aun no.

    -Dentro de unos minutos tendré una reunión con Erick Blake.

    -¿Qué tiene que hablar con él?- Preguntó la joven de cabello negro.

    -Desconozco de que quiere hablar. Sin embargo la ejecución podría ser rápida en ese lugar…



    (...)​



    Erick Blake observaba su uniforme, en especial ese parche del símbolo del Gobierno Mundial -¿Nunca has pensado en la manera en que somos prisioneros de ese símbolo?- Le preguntó Erick Blake a Arlong Price con un aire perdido, como si estuviese filosofando para si mismo. El hombre estaba por contestar cuando el Gral. De Vega continuó –Si el Gobierno Mundial lo desea podría desaparecer a nuestros reinos cuando lo desease…

    -Si lo pone así su venta no parece nada favorable…- Respondió Arlong con una sonrisa burlona.

    Blake se levantó hacia el mapa mundial y con calma posicionó su dedo sobre el reino de Milloria, en las costas Noroeste del continente Dorinda –No le mentiré. Le tengo cierto estima, Alorng Price. Fue un compañero mio incluso después de la Cuarta Guerra Mundial. Durante nuestros tiempos de juventud fuimos rivales respetados. Fui a su ascenso a General y usted vino al mio. Incluso me invitó a su boda. No quisiera decir que es un amigo mio, pero le tengo confianza, pues se como es… Por eso que creo que usted podría aprovechar esta oferta. Es verdad, el conocer esta información, en especial la del Gobierno Mundial puede ser algo muy peligroso… Sin embargo no estamos solos…- El hombre deslizó su dedo hacia otros reinos –Las conexiones de Vega son grandes: Rab-it, Harbenten, Jenna, Frandall, Foraff… Milloria no será al único al que haga este tipo de ofertas…- Blake giró la cabeza observando desde el hombro. Esos ojos eran fríos, tan fríos como cuando le amenazó con dispararle -¿Comprende de lo que le hablo?

    Arlong se acomodó en su silla. Su mirada se volvió tan afilada como la de Erick Blake -¿Es esto una amenaza?

    El hombre tomó una tachuela y enredó un cordón rojo tensándolo con otro punto, y otro, y otro mas.

    Erick Blake se dio la vuelta y mostró el mapa. El listón unía a tres reinos antes nombrados, unidos en una telaraña que decencia a Milloria. Blake miraba con la cabeza levantada y una sonrisa empoderada al Gral. Price.

    Arlong empezó a jugar con una moneda invisible al ver el mapa. Movió la cabeza un poco soltando una sonrisa -¿Entonces de que clase de negocios estamos hablando?- Preguntó un tanto nervioso.

    Una sonrisa se dibujó en el rostro de Blake –Parece que ya nos estamos entendiendo- Dijo con confianza. Volvió a ver el mapa y señaló Olimpia, en la punta norte del continente Nil. El reino donde se encuentra la sede del Gobierno Mundial –Una de las teorías conspirativas mas populares es que el Servicio Secreto destruyó a los Reinos Perdidos durante la Tercera Guerra Mundial, al igual que también fueron los encargados de la muerte de la tercera Chasoul… Dígame, Price… ¿Nunca ha pensado que ha estado viviendo en una mentira?

    La respuesta tardo en llegar, aunque para fortuna de Erick Blake la respuesta fue otra pregunta -¿A que se refiere?- La pregunta no hizo mas que dar cuerda al hombre.

    -Hoy me di cuenta de algo al estar dentro de la Biblioteca de Akira. Al parecer uno de mis ídolos era culpable de todo lo que se le señalaba… Y sabia un poco de ello, pero ocupaba esa verdad que me lo confirmase… El Gobierno Mundial nos oculta cosas horribles como lo que estaba dentro de aquella biblioteca. Ahora intuyó que Akira no solo traicionó el tratado de experimentación humana. También se encargaba de llegar a cabo experimentos para “Los Brujos”… La guerra es un gran negocio. Y mientras mas flujo de prisioneros de guerra hubiese mejor para los experimentos. Akira era un traidor y el mundo ha vivido décadas sin saberlo… Ahora repase la historia, el exterminio de clanes fue llevado a cabo porque las personas se negaron ir a prisión por haber ayudado a Akira o en realidad- Blake volteó a ver a Price con unos ojos tristes –Porque sabían demasiado…



    (...)​



    La joven pelirroja puso su espalda sobre la helada viga –Entonces crees que los rumores sobre los libros robados son verdad…- Dijo con un rostro pensativo –Es un hombre astuto…

    Claarn se encontraba revisando unos planos de la ciudad junto con la joven de piel negra –Erick Blake es alguien muy peligroso… De alguna forma consiguió información que no debería de tener… Pero lo que mas me aterra no es eso…- El hombre volteó hacia la pelirroja –Sino que existan personas desconocidas para nosotros…- Cerró los planos de la ciudad y se los entregó a la joven –Sean precisas, la misión es clara.

    La joven pelirroja soltó un bufido –Tu duda me parece un insulto, anciano- Se dio la vuelta poniéndose la capucha y se lanzó hacia la nada desde el edificio, esfumándose en el viento.

    -Ojala la hubiese conocido en mi juventud…- Dijo Claarn con una sonrisa al verla desaparecer.

    La joven de piel negra empezó a reír –Nos volveremos a ver, Claarn- Se puso la capucha y se lanzó de igual manera, desapareciendo en el aire.

    Claarn observó el cuartel General con detenimiento. Sacó un cigarrillo y lo encendió con su dedo indice. Revisó su reloj en la muñeca –Ya casi es hora…



    (...)​



    Las manecillas del reloj hacían un tic tac por cada segundo que pasaba. Sin embargo Arlong sentía que cada segundo en esa oficina era eterno.

    -Dentro de un mes nos reuniremos entre todos nuestros aliados- Dijo Blake marcando la fecha en el calendario –Sera un mes bastante cansado para mi- Concluyó al masajearse el cuello.

    -Entonces déjame ver si he entendido bien- Arlong se acomodó su cabello –Estas hablando de crear una organización como el “Ejercito Rebelde

    -Los rebeldes son un rumor desde hace años, pero todavía no a habido un motivo claro para decir que la organización es tan poderosa… Yo lo que quiero es tomar el idealismo de los rebeldes y volverlo mio, incluso podríamos aliarnos a dichos rebeldes… Hay que depurar a este mundo, Arlong... Te dejare pensarlo para dentro de un mes, pero tu sabes que cada día el Gobierno Mundial deja un mal sabor boca al momento de pronunciar su nombre… “Fundadores de la gran organización rebelde. Restablecedores de la justicia mundial. Héroes de la Quinta Guerra Mundial.” Suena bien, ¿no lo crees?

    Arlong parecía dudoso, por instantes agachaba la mirada en un gesto de disgusto, pero
    pronto levantó la mirada con los ojos brillosos, como si tuviese una visión soñadora del futuro.

    -Le tendré mi respuesta lo mas pronto posible, Gral. Blake- Dijo el hombre con esa sonrisa perfecta adiestrada con los años en el mundo de los negocios. Se estrecharon las manos. El Gral. Blake acompañó al Gral. Price hasta que le abrió la puerta en un gesto amigable. El mayor de los Price caminó por aquel pasillo lleno de historia, pensando que quizás algunos nacen para estar en esos cuadros, otros lo intentan y a otros se les detiene. A él no le importaba el ego de que su nombre estuviese en una placa o un libro. Sin embargo era un hombre que creía en la justicia. Y habría de pelear por la ella hasta el día de su muerte.

    Minutos mas tarde Arlong y Emma charlaban en una de las habitación de lujo para los altos cargos que visitaban el cuartel. El hombre observaba a Emma sentada en la cama, el estaba parado a un lado del armario.

    -¿Y de que trató la reunión? ¿No quieres recostarte un poco? Debes de estar cansado por tu herida…

    Arlong estaba imbuido en sus pensamientos. No fue hasta que la joven repitió sus palabras cuando la escuchó.

    -Ya descanse, Emma. Gracias.- Respondió con unas sonrisa y ojos desvariantes.

    Emma le apreció con detenimiento –¿Qué es lo que te sucede, Arlong?

    -El Gral. Blake me ofreció setenta y dos patentes…- Dijo el hombre a instante.

    La chica empezó a reír -¿Qué?- Preguntó con una sonrisa en su cara que se esfumo como el vapor de una tetera.



    (...)​



    Claarn caminaba por el pasillo de los cuadros con lentitud. Le deprimía y llenaba de orgullo el ver los actos pasados. En algún momento creyó que su vida estaba hecha para grandes cosas, pero ahora solo pensaba que la gloria y el honor quedaban en segundo plano. Luchar por unas cuantas manchas de tinta no era el motivo por el que lucharon los antepasados del mundo.

    Abrió la puerta. Ahí se encontraba Erick Blake sentado en su escritorio mientras cargaba un libro viejo en las manos de frente a la puerta.

    -Mucho gusto, agente Bohm. Venga, tome asiento en los sillones, son bastante cómodos.

    Claarn caminó sin pensarlo mucho. Tomó asiento y observó a Blake con un poco mas de desprecio que siempre -¿De que querías hablar, Blake?- Preguntó sin tapujos y con mala cara.

    -Me agrada ese sentido suyo de ir directo al gran– Dijo Blake con la cabeza ligeramente meneada. Levantó el libro que tenia a un lado suyo y lo abrió en la primera pagina mostrando el contenido al agente.

    El rostro de Claarn cambió en un susto horrible. Estaba por levantarse mientras que en sus ojos le mostraba su furia. Una furia tan marcada y desmesurada que no cabía dentro de su cuerpo -¿Cómo conseguiste ese libro?- Masculló con los dientes rechinando de lo apretados que estaban.

    La primera pagina decía: “Diario personal de Akira Dorian Wish” escrito con una caligrafía bellísima como ninguna otra que ambos hombres hubiese visto antes en algún otro libro.

    -Mantente en tu silla Claarn…- Le ordenó Blake con la cabeza levantada, una sonrisa traviesa y aquella helada mirada que tenia al amenazarle con un arma.

    Claarn no permitiría que esto pasase una segunda vez, le mataría antes de que pudiese hacer algo.

    Blake se jaló la camisa rompiendo botones en el acto. Claarn se encontraba de cuclillas y con su brazo derecho dispuesto a detenerlo, pero se detuvo a medio camino. El agente abrió los ojos por la conmoción.

    El hombre tenia un artefacto cuadrado, de luces tintinantes con cables que se introducían por la piel.

    -¿Una bomba?- Preguntó Claarn desconcertado, con nervios en su voz. Se encontraba de pie admirando de manear atenta el artefacto. No parecía una bomba. No parecía nada peligroso.

    -Tome asiento en este preciso momento, Claarn- Ordenó Blake con un rostro lleno de orgullo.

    El agente al verse incapaz de comprender que era ese artefacto ni el peligro que podría llegar a generar tomó asiento de nuevo. Manteniéndose al filo del asiento si es que tenia que volver a actuar.

    -De que me serviría destruirme a mi mismo si no podría ser capaz de ver su rostro retorciéndose en el sufrimiento- El General dejó su pecho al descubierto y cerró el libro –Es interesante todo de lo que habla este diario… Desde niño me ha interesado la historia. Es algo fascinante el observar con detalle el comportamiento de las antiguas generaciones. Que les movía, que acciones tomaban, su manera de pensar… Sin duda Akira era un hombre interesante a un nivel inimaginable. Este diario a pesar de ser relatos cotidianos de su vida están escritos de una manera cautivadora. Es casi como si pensara que alguien mas lo fuese a leer algún día… Me cuesta creer que una mente tan brillante como la estrella guía del cielo fuese en el fondo tan retorcida… Estoy asustado de todo lo que he visto y de todo lo que ahora sé… A pesar de que he leído tantas veces los discursos de Akira Dorian Wish sobre que lograría llevar al hombre a la cima de todo trono existente. Ahora realmente no se que tipo de mundo era al que quería llevarnos…- El hombre levantó el diario posandolo cerca de su rostro y mirándolo con profundo detalle –He estado leyendo este inmenso diario sin parar durante cinco días seguidos… Puede verlo en mis ojeras.

    -¿Cinco días?- Repitió Claarn con desconcierto -¿No se supone que la biblioteca…?

    El General de Vega impidió la conclusión de la pregunta para responder en el instante –La biblioteca fue encontrada hace cinco días… Ayer en la tarde mande el reporte… Sin embargo me sorprendieron, no creí que fuesen capaces de enviar a alguien tan pronto a investigar. Fuiste un gran problema para mis planes…

    -¿Planes…?

    Erick Blake le observaba con una mirada fría. El filo de sus ojos era capaz de cortar al soldado mas grueso –Claarn A. Bohm, usted va a recomendarme al Servicio Secreto, y no solo eso hará que me ingresen…

    Claarn a pesar de su desafortunada posición no pudo evitar levantar una minúscula sonrisa que describía lo ridícula que sonaba esa propuesta.

    A pesar de ser disimulada esto no gusto para nada a Blake. El hombre juntó sus manos entrelazando los dedos. Sin embargo la situación estaba bajo su control –He estado leyendo este libro. Su contenido es rico en detalles. Mas no he podido caer en decepción, tenia una visión diferente de él…

    -Pues esa es la verdad…- Gruño Claarn con el ceño fruncido –Akira Dorian Wish era despreciable, una mente enferma, egoísta, narcisista, depravada ¡Uno de los hijos mas nefastos que ha engendrado este planeta!

    -No estoy hablando de Akira…

    El ceño fruncido de Claarn palideció ante aquella frase -¿Qué leíste en ese diario?- Preguntó con mal rostro. Un gesto casi como si estuviese enfermo.

    -Su figura heroica. Todas sus leyendas. Ese nombre cargado de historia y orgullo. La figura que todo soldado trata de imitar. La lagrima que lloró el mundo hace cinco años… Enserio nunca esperé que Abraham Arcnaik fuese de esa forma…- El rostro malicioso de Erick Blake se volvió uno con la noche dándole un aspecto siniestro con la luz de la luna.

    -¡Quiero que cierres tu maldita boca en este momento!- Ordenó Claarn con un rugido comparable al de cualquier bestia salvaje -¡Erick Blake estas bajo arrestó por posición de un libro de la biblioteca de Akira sin permiso alguno del Gobierno Mundial!- El agente se levantó del asiento dispuesto a someter al hombre.

    Blake le puso la mano enfrente midiendo su distancia. El agente se detuvo. El General de Vega dirigió su mano hacia la caja de metal que estaba en su pecho –Este aparato mide mi ritmo cardíaco. Al igual que también es una antena de transmisión. Esta diseñado para emitir una señal al sistema de audio del cuartel entero, pero también para activar todos los sistemas de radio de la ciudad… En cuanto mi corazón se altere una grabación con mi voz empezara a sonar por todo Vega, la grabación contiene toda la verdad que sé sobre este libro y la biblioteca.... Todo sobre la biblioteca, el Gobierno Mundial, el Servicio Secreto… Todo sobre Akira Dorian Wish, todo sobre ti Claarn A. Bohm, incluido Abraham Arcnaik… Y un interesante Edward y Apolo bastante mencionados…



    (...)​



    En la habitación del Cuartel General, Arlong se encontraba explicando lo sucedido en la oficina de Erick Blake –Al parecer encontraron la biblioteca fue encontrada hace cinco días, no ayer…

    -Eso es imposible, llevamos dos días aquí y no vimos movimiento alguno…

    -Los movimientos se hicieron durante la noche y fueron muy sigilosos con lo sucedido… Al parecer mantuvieron la biblioteca como un secreto entre pocos soldados calificados. Entraron a la biblioteca y a palabras de Erick Blake, existían una cantidad considerables de libros regados por toda la biblioteca, todos fuera de los estantes. Según un diario del Dr. Akira que él posee en su oficina, los laboratorios de esta oficina dieron pruebas no satisfactorias para el doctor, a demás de que la situación delicada de la Cuarta Guerra Mundial forzó a todo su equipo a abandonar el lugar, pero la biblioteca estaba en planes de ser un almacén inmenso de todo el conocimiento de Akira. Por lo que trajeron muchos libros de otras bibliotecas… Erick Blake y sus soldados tomaron los libros que no existían en los estantes. Los suficientes para poder llenar un vehículo de carga militar… Cuando todo fue revelado a los soldados de Vega y empezaron con el conteo de los libros ya no había evidencia de los libros saqueados…

    -Esto quiere decir que Violeta…

    -No, nada de eso, le pregunte por ella durante nuestra reunión: “Violeta es un gran elemento y me ha demostrado su valor a lo largo de un año. Se ha ganado mi confianza. Pero no puedo dejar que alguien del Servicio Secreto se encuentre tan cerca de mis movimientos”. Eso fue lo que dijo. Violeta estaba en una misión lejos de aquí. Cuando llegó la envió a la biblioteca. Eso paso ayer al medio día.

    Emma suspiró con alivio llevando su mano a su pecho.

    Arlong sonrió al verla un poco mas tranquila. Mas la cosa no había terminado ahí –Erick Blake amenazó con utilizar a sus conexiones para llevar a cabo una guerra con Milloria si no me les uno…

    La Teniente giró la cabeza con completo terror -¿Cómo es que hará eso?

    -No me dijo si sus conexiones con otros reinos ya están fijas, pero por lo que parece tiene planeado utilizar esta misma estrategia con los demás… El terror puede ser un arma muy peligrosa, Emma...

    La joven no comprendía la situación. Ella tras sus dos días conviviendo con el Gral. Blake le tenia en una imagen diferente en su totalidad. Ya sabia que en realidad era un hombre astuto, pero ahora también sabia que sus métodos eran rastreros. El hombre tenia una mascara para los negocios y un rostro obscuro para sus planes.

    -Blake tiene información muy importante. Parecida a lo de dentro de la biblioteca… Mas no me la dijo… Quiere asegurarse de que se lo dirá a sus aliados… Solo sus aliados puede saber la verdad, supongo…

    -¿Organización?

    El hombre asintió. Miraba por la ventana de Vega, los enormes edificios hacían incapaz de ver toda la ciudad –Quiere formar un grupo liberador. Su idea es destruir la desinformación que lleva controlando al mundo desde finales de la Tercera Guerra Mundial. Desea que la historia sea escrita como debe de ser… “Todo el mundo debería de saber la verdadera historia”- El hombre agachó la mirada –Quiere convencer a los reinos con conocimiento y fama.

    La joven tenia sus manos en sus piernas. Las apretó con rabia y gruño -¡Niégate!
    ¡Nosotros podemos con cualquier amenaza! ¡Milloria no caerá tan fácil!

    -Me les uniré.

    Emma cayó en silencio. Empezó a negar con la cabeza sin saber quien era ese hombre que estaba junto a ella en la cama.

    -Por donde lo vea me tiene acorralado. No quiero que caiga la guerra en mi gente. No quiero que quemen los huertos, ni que estallen las casas. No deseo ver a los ciudadanos huyendo. Ni las estructuras derrumbándose. No quiero que el pueblo voltee hacia un líder que no supo tomar una buena elección…- Arlong se imbuyó en su imaginación. Ese lugar recóndito donde la mente juega con tus emociones. Cayó envuelto en una profunda melancolía. Su apuesto rostro se tatuó con unos ojos tristes y unos labios arqueados.

    Emma le tomó del brazo y le puso su cabeza en su hombro –Eres el hombre mas bueno que conozco. Y se que aunque estés envuelto por las sombras sabrás hacer el bien.

    Estuvieron unidos unos cuantos segundos cuando Arlong se levantó y caminó hacia la ventana. Apreció a la gran cantidad de personas que se movían por la noche en dirección a “La Calle de los Mil Rostros”. El mayor de los Price era un hombre que gustaba de admirar desde su oficina su reino. Amaba Milloria como nada en el mundo. Imploraba a la Diosa todos los días por que su gente viviera bien. Y en ese momento Arlong estaba pidiendo que tras todo lo que fuese a venir en el futuro, todas las personas por fin pudiesen conocer aquello llamado paz. Bien decía el lema de Sagacar “El Grande”: “Tras la noche mas obscura se vera un día aun mas brillante”.

    -Voy a entrar entrar en la organización de Erick Blake por respeto a la justicia. Me volveré su mas poderoso aliado. Conoceré las mas obscuras verdades de todo el mundo…- Dijo el hombre al voltear con Emma con un rostro diferente al de hace unos segundos. Hervía en llamas de pasión. Tallado en justicia –Y justo después lo depurare todo- Concluyó el Gral. Price con la cabeza levantada.

    Emma maquilló una larga sonrisa al oírlo. Se emocionó y después se asustó al escuchar unas palmadas desde la esquina de la habitación de lujo.

    Arlong vio desde el inicio como una figura empezaba a formarse desde una neblina saliente de la esquina de la habitación. El cuerpo tomó forma mientras chocaba las palmas con fervor –Es un hombre increíble, Gral. Price- La figura terminó de crearse. Era Sebastian Salomon y tenia una orgullosa sonrisa en su cara –Cuando escuche que te unirías pensaba que me dolería enviarte a la cárcel juntó con el Gral. Blake, pero no, eres mucho mas listo de lo que pensaba. Tu visión me agrada.

    -¿Lo escuchó todo?- Preguntó el hombre con desconcierto.

    -Todo- Dijo al asentir –Tenia intereses en saber de que había tratado la junta entre ustedes dos después de haber visto todo aquello en la biblioteca… Erick Blake es muy astuto, no hubiese sido sencillo mantenerme escondido dentro de su oficina. Me hubiese atrapado de una u otra manera.

    Emma se puso colorada de vergüenza al saber que Salomon le había visto acercarse a Arlong siendo un hombre casado.

    -¿Cómo es que logró pasar por desapercibido de alguien como yo?

    -Alguna vez fui del Servicio Secreto. Aprendes muchas cosas ahí.

    El Detective empezó a caminar hacia Arlong –No tendrá que arriesgarse, Gral. Arlong. Usted esta amenazado, pero yo no.



    (...)​



    -Enserio harás pagar a todo un reino por tus ambiciones…- Comentó Claarn con un rostro sombrío.

    Erick Blake mantenía su sonrisa juguetona -¿Enserio destruirían a uno de los reinos mas proliferos por mantener la historia contada…

    -Lo dudas…- Respondió Claarn al dar un paso enfrente.

    -Dudar de las habilidades de tu adversario es lo que atrae las derrotas- Dijo Blake con el
    mismo gesto confiado. Señaló de nuevo al aparato –Te conozco Claarn. Tomé nota de cada acción que hacías durante nuestras misiones juntos. Fuiste un gran ejemplo a seguir y una enorme fuente de estudio también.

    -Deja tus halagos para después, sucio traidor- Claarn tomó la camisa de Blake.

    Estaba por jalarle cuando el General habló –El segundo transmisor manda una señal a la base de datos del Cuartel. En el momento en que me altere todo los cuarteles recibirán un mensaje de ayuda de mi parte. Tan solo imaginalo, Bohm. Cada reino y pueblos grandes abrirán el mensaje para toparse con mi grabación...- Erick Blake le tomó el brazo al agente. Claarn respiraba lleno de rabia y la mandíbula estaba tan apretada que parecía que se le romperían los dientes. Su ceño estaba tan fruncido que parecía que el gesto se le quedaría tatuado en el rostro. En sus ojos existía un fuego ardiente como el mismo sol. Blake le quitó la mano de en encima. La sostuvo con fuerza en el aire y el hombre le miró directo a los ojos sin ningún miedo -¿Acaso eres capaz de destruir a todo el mundo para evitar que se esparza la verdad?

    Claarn era incapaz de hablar.

    Blake disfrutaba de manera casi afrodisíaca el poder ver como aquel hombre se retorcía por dentro al ser incapaz de poder evitar su plan. En especial se deleitaba con ese tic en su mano, abría el puño y los cerraba de manera métrica. Lo presionaba con fuerza haciendo crujir sus nudillos. De no ser por la situación Claarn le habría dado una buena tunda, pero ahora no era mas que otro títere de Erick Blake.

    -Me recomendaras en el Servicio Secreto y justo después yo destruiré este artefacto junto con todas las grabaciones…

    Claarn le arrancó el brazo destruyendo el agarre de aquellas sucias manos -¿Por qué deseas entrar al Servicio Secreto?

    El hombre posó una sonrisa ganadora en su rostro –Mi abuelo era un ex agente del Servicio Secreto. El me entrenó en todos los artes del Servicio Secreto. Fue mi objetivo el entrar a esa facción desde que era adolescente. Mas nunca fui aceptado…- El hombre suspiró –Pero no, no hago esto por mis infantiles sueños. Mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos aun mas cercas, ¿no? Si me encuentro en el Servicio Secreto seré capaz de obtener mucha mas información y poder mantener controlado todos los movimientos de mis aliados y enemigos desde las sombras… Seria indetectable…

    -No tienes ni idea de contra lo que te estas enfrentando…- Masculló Claarn con la voz ronca de enojo.

    Blake empezó a reír –Se apuesta grande para tener altas recompensas. Eso me lo enseño esta ciudad cuando viví en la inmundicia tras la muerte de mi abuelo… Dime, Claarn…- El hombre se levantó de su escritorio y empezó a caminar hacia el agente con el pecho en alto –¿Tu que vas a saber de vivir una vida dura? ¿Acaso traficaste droga? ¿Acaso tuviste que vender niños en el mercado negro? ¿Acaso tuviste que hacer fraudes en los casinos ilegales? ¿Viste como aporreaban a tus camaradas mientras tu huías? No, no lo sabes, porque tu vivías como rey en los laboratorios de Akira Dorian Wish… El experimento prodigio… A pesar de todos los experimentos que te hacían tu gustabas de privilegios sobre todos los demás… Eras un gran orgullo para aquel hombre, te mencionaba mucho…- Erick Blake se puso frente a frente con el agente. El General imponía respetó y su aspecto era amenazador. Claarn se sentía un poco pequeño ante la poderosa presencia de Blake –Eres un hombre interesante, Claarn A. Bohm… A pesar de haber leído tanto sobre ti, realmente me sigo preguntando, ¿Quién eres?

    El silencio envolvió la ciudad.

    -No… mas bien, la pregunta correcta seria, ¿Qué er…?- Las luces de toda la ciudad se apagaron de pronto interrumpiendo al General. Un segundo después el piso sobre el que se encontraban estalló haciéndoles caer un par de pisos. Una centellar de explosiones, disparos y gritos empezaron a sonar.

    El ruido retumbaba en los oídos de Erick Blake a pesar de seguir aturdido por el repentino estallido.

    El humo de la explosión y el polvo del concreto demolido le hacían incapaz de ver algo.

    Se levantó de entre los escombros. Se encontraba herido de las costillas, quizás estaban rotas. Tenia un golpe en la cabeza. Sangraba de la herida. El hombre respiraba agitado, al mismo tiempo que tocia por no poder respirar bien entre tanto polvo.

    -¡Bohm!- Gritó Blake al no encontrar por ningún lado al hombre. Poco a poco el ruido fue mas entendible. Cristales tronaban. Mas de una explosión y sonido de derrumbe eran escuchados. Tiroteos se escuchaban desde la entrada del cuartel. Explosiones internas, demasiado internas, provenientes de los pisos mas bajos eran oídos por el General de Vega, el cual escapaba del manto de ceniza con un caminar meneante. Algo le preocupó de pronto. No se escuchaba la grabación. Se reviso el aparato en el pecho. Este tintineaba de un color rojo por el susto de la explosión, pero no se oía nada… Entonces se percató que lo único que brillaba en el cuartel era la luz de la luna que entraba por lugares con ventanas –La energía de emergencia no esta funcionando… ¿Que esta pasando?

    Su complicado viaje le llevó hasta un pasillo iluminado. Ahí pudo respirar bien. Tras tomar unas bocanadas grandes de aire giró la cabeza hacia la ciudad. Toda la ciudad se encontraba en completa obscuridad. Desde la ventana logró ver un tiroteo entre soldados de Vega y personas encapuchadas con mascaras blancas de facciones finas y detalles hermosos.

    -¿Qué es esto?- Se preguntó con duda al ver el escenario. La ventana se quebró en mil pedazos cuando de la nada un hombre enmascarado la atravesó. Sin ningún momento para analizar la situación aquel hombre enmascarado desprendió dos cuchillas curvadas y se lanzó a luchar contra Blake.

    Fue un combate complicado debido a que el General de Vega se encontraba herido, pero mas que eso, aquel hombre estaba perfectamente entrenado en un estilo de combate militar. Un estilo que le recordaba a Blake cuando entrenaba con Violeta… O un recuerdo mas lejano, cuando entrenaba con su abuelo… El combate fue intenso y desventajoso, pero después de hazañas sin iguales logró enfrentar y desarmar a su oponente. Le robó una de sus armas y en un enfrentamiento de chirriante acero logró cortarle la garganta a su oponente, solo para toparse con una horrible escena después. Justo cuando el hombre enmascarado cayó al suelo y sus manos dejaron de retorcerse de dolor la mascara desprendió una luz blanca desde los ojos. De un segundo a otro el cuerpo del enemigo empezó a incinerarse.

    -¡¿Qué mierda?!- Aulló Blake en un chillido. El susto le hizo llegar al borde un barandal de cristal. De pronto escuchó a Arlong Price dirigiendo a dos escuadrones de soldados de Vega. Erick volteó y lo vio, ahí se encontraba el General de Milloria y su Teniente General llevando a cabo un contraataque contra los enemigos enmascarados. Tomando terreno y haciendo retroceder un poco a los peligrosos oponentes. Detrás le seguía Salomon dirigiendo a mas de sus hombres.

    Blake tenia que hacer algo. Tenia que defender a su ciudad. Corrió hacia las escaleras, listo para decender al campo de batalla, cuando pudo ver con detenimiento la horrible escena. Al fondo de su ciudad, entre todo ese montón de edificios y casas, en la lejanía del desierto, una bola de fuego de inmenso tamaño alumbraba como el amanecer. Mientras que las luces de las explosiones, disparos y magia danzaban en una encarnizada pelea.

    -La biblioteca de Akira…- Susurró Erick Blake con los ojos cristalinos. En su mente no existía posibilidad de imaginar que clase de poder era capaz de avanzar de tal manera hasta aquel fuerte con increíble poder militar. Mas que eso, le sorprendía el hecho de que existiese un grupo capaz de destruir todo ese ejercito que resguardaba la biblioteca.

    Una bala destruyó parte del cristal. La bala rozó el hombro izquierdo de Blake. El hombre tomó refugio entre las paredes de concreto. Mas disparos de francotiradores le siguieron la pista, solo uno le logró rozar el tobillo. El General de Vega empezó a buscar a los culpables de los disparos desde su escondite. Era imposible saber de donde venían los disparos. Existían muchos edificios y poca luz.

    Erick Blake lo vio. Tres secuencias de cohetes volaban por el viento en dirección al cuartel. El choque fue inminente. Una explosión derribó parte de la estructura del Cuartel General de Vega.

    La exasperación de Blake le empezó a generar un dolor en el pecho. Una lagrima corría por la mejilla del soldado al ver como aquella inmensa belleza de estructura arquitectónica caía hecha pedazos.

    Pronto otra explosión se dio. Esta vez del lado por donde habían entrado Salomon, Emma y Arlong. Un pedazo del techo se derrumbó por el temblar de las explosiones. Aquel templo estaba siendo borrado del mundo y la tierra temblaba por ello.

    El General de Vega se puso de pie y saltó del barandal cayendo al suelo del lobby. Entonces sintió un horror recorriéndole el cuerpo y llegando hasta anudarse en su garganta. Desde los cristales que generaban una de las vistas mas hermosas del cuartel, se podía ver la profundidad del templo y como este se encontraba en llamas.

    Ahí se encontraba Erick Blake en medio de su Cuartel, herido, únicamente armado con un sable robado, con las ropas rasgadas y un rostro que demostraba lo rota que estaba su alma en ese escenario.

    En medio del desastre llegaron mas soldados de Vega, iban en rescate de su General, mas sin embargo el destino les tenia otro plan. Otro grupo de guerreros enmascarados apareció, el combate se desato y a pesar de ser inferiores en numero, aquellos hombres con mascara tenían la ventaja con sus inmensas habilidades.

    Erick Blake no lo resistió mas, al momento de ver como todos sus hombres caían ante sus ojos así como su cuartel. Tomó su sable robado en sus manos y se dirigió como una bestia salvaje contras sus enemigos. Nunca ningún soldado lo había visto luchar de manera tan desenfrenada e impecable. El General se abría paso entre los enmascarados chocando sables y robando armas de fuego utilizándolas contra sus mismos oponentes. La batalla se volvió intensa, tan sangrienta como el mar de sangre de la biblioteca de Akira. Blake masacró a sus oponentes uno por uno. No sabia si estos soldados eran mas débiles o es que ya se había acostumbrado a luchar contra ellos. De manera fácil se encargó de los enmascarados. Los cuerpos se incineraban al pasar del General.

    En este combate Erick Blake demostró que era uno de los Generales mas poderosos de todo el mundo y sin necesidad de ser un mago.



    (...)​



    Arlong se encontraba en medio del combate en las calles que rodeaban el cada vez mas destrozado Cuartel General de Vega. Sin embargo de pronto escuchó disparos provenientes del lobby. A pesar de los continuos disparos logró percatarse que un soldados dentro de la entrada del cuartel pedía ayuda a su General. En ese instante el Gral. Price subió las escaleras evitando en la manera de los posible ser golpeado por balas enemigas. Iba en camino a rescatar a Erick Blake.



    (...)​



    El encarnizado combate terminó. Blake respiraba agitado. El hedor a sangre era poderoso, pues el hombre se encontraba bañado en ella. Tiró aquel sable que se encontraba roto después de la batalla. A sus pies se encontraban todos sus enemigos, al igual que hasta el ultimo de sus soldados.

    Ahí se encontraba Erick Blake, luchando por respirar después de las heridas recibidas. Las balas cada vez eran mas ocasionales. Al parecer el ataque estaba cesando.

    Una sombra guió los ojos de Blake. Levantó una pistola robada y apunto sagaz al objetivo.

    Aquel hombre que acababa e llegar era Claarn. Se observaba un tanto desarreglado, al igual que lastimado. Había luchado de manera feroz también y ahora estaba con Erick Blake, cargando el Diario de Akira Dorian Wish.

    El General de Vega abrió los brazos con una sonrisa. Empezó a girar sobre su cadera extendiendo sus manos ante la horrible escena llena de cadáveres -¿Me recuerda ahora?- Le preguntó a Claarn –Soy el mas fuerte…- Comentó con orgullo.



    (...)​



    El silencio que se escuchaba en la habitación era tenebroso. Arlong se acercó con el mayor cuidado posible sin ser detectado. Estaba por entrar al lobby cuando escucho a Erick hablando con Claarn.



    (...)​



    El agente Bohm observaba con asco desde el marco de la puerta por la que había llegado –No es que no te recordase, Erick Blake. Eres fuerte y listo. Mas que ningún otro. Mas eres todo aquello que deseo eliminar de este mundo. Tu obscura ambición es el legado de Akira que tanto estoy dispuesto a borrar…- Claarn se mantuvo de frente. Observó el pobre estado del General, ni aunque lo intentase con todas sus fuerzas seria capaz de llevarle el ritmo para un combate. En cierta manera se encontraba sorprendido por el sorprendente poder que había demostrado. Si tan solo las cosas fuesen diferente, quizás hubiesen podido ser aliados -Hazlo- Ordenó el agente con la mirada fría.

    Erick Blake, mullido por sus duros combates, sangrando de dos heridas de balas y mas de un corte de espadas perdió el gesto orgulloso de su enorme poderío. La orden le sorprendió. Se giró hacia detrás suyo. Ahí se encontraba Violeta Brown con una pistola apuntando a su General a la cabeza.

    –Tenia razón en nunca confiar en ti- Le dijo el hombre manteniendo una sonrisa decepcionante. No le quedaban fuerzas para seguir peleando. Nunca seria capas de derrotar a alguien como Violeta, pues ya sabia de que estaba hecha. Era una guerrera sin igual. Entonces al hombre no le quedo mas empezar a reír de manera delicada, pues la risa le generaba dolor en las costillas -¿Puedo tener una ultima pregunta?- Le preguntó a Claarn.

    El agente no contestó. Se dedicó a lanzarle aquella mirada tan fría como la que él alguna vez tuvo.

    -El silencio otorga- Le comentó Blake manteniendo su sonrisa. Encontró en el rostro de Claarn un ceño de molestia por la agilidad del soldado. Tomó un poco de aire. El suficiente para no lastimarle y soltó la pregunta -¿Akira Dorian Wish esta vivo?

    -No- Respondió de manera seca el agente.

    -No...- Meneó la cabeza -No lo sabes… Esa es la respuesta…- Concluyó Erick Blake con aquella enfermisa, falsa y arrogante sonrisa que siempre cargaba.

    La bala le dio directo en la cabeza, matándole al instante. Cayó en el suelo manchado de sangre, apoyando en crear mas aquella hórrida pintura en el suelo. El cuerpo de Erick Blake quedo boca abajo alrededor de sus subordinados y enemigos. La sangre corrió por los vidrios cayendo directo a las profundidades del cuartel. Ahí donde el fuego lo estaba consumiendo todo.



    (...)​



    Arlong lo vio todo. El disparo había sido tan rápido que no tuvo manera de impedirlo. Llevó su mano a su boca aguantando su horrible sorpresa. Todo era demasiado extraño… No podía quedarse ahí. No sabia que podía pasar… Escapó con calma de vuelta al campo de batalla.

    Estaba intrigado por lo visto.

    Esa duda no le dejo dormir por días…



    (...)​



    La luz de la luna que entraba por el tragaluz solo generaba una visión mas tétrica de la escena de posguerra. Violeta y Claarn observaron el cuerpo unos segundos. Quizás pensando en que lo que habían hecho era lo correcto. Erick Blake era alguien demasiado peligroso para este mundo.

    Cada uno se dio la vuelta y tomaron caminos distintos. Dejando atrás el lobby.

    El asalto al cuartel de Vega duro unos minutos mas hasta que las fuerzas enmascaradas tomaron la retirada.

    La victoria había sido del enemigo sin rostro.



    (...)​



    Al día siguiente los soldados restantes de Vega viajaron junto con Violeta Brown, la nueva General de Vega por derecho político. La joven encontró las cenizas de todo el campamento y centenares de cadáveres de soldados, aliados y enemigos. La biblioteca había sido quemada, al igual que derrumbada desde sus profundidades. No quedaba nada de valor en aquella tumba calcinada.

    La noticia del ataque a Vega fue una noticia mundial. En menos de un día múltiples eminencias del Gobierno Mundial llegaron a investigar lo sucedido. El Servicio Secreto se vio involucrado en la confirmación de la completa destrucción de la Biblioteca de Akira. Mas tarde las investigaciones llevaron a la localización de los libros saqueados por Erick Blake encontrados en las profundidades de los barrios mas pobres de Vega, ahí de donde provenía dicho soldado. Múltiples soldados aliados del Ex General fueron arrestados y procesados de inmediato. Todo esto llevado de la mano por Claarn A. Bohm, Sebastian Salomon y agentes del Servicio Secreto.

    Se pudo llegar en la conclusión de la traición de Erick Blake por la información otorgada de un espía del Servicio Secreto de identidad desconocida. Un agente que se había pasado por soldado en el ultimo año, así como Violeta Brown. Para Claarn aquel espía desconocido solo le confirmaba las expectativas de que los lideres del Servicio Secreto desconfiaban de Violeta como desertora. Mas la joven no le tenia miedo a la organización. Era mas valiente que muchos soldados.



    (...)​



    Dos días después del ataque el Servicio Secreto tomó los libros y los llevó a la cede del Gobierno Mundial en Olimpia para su respectivo análisis y resguardo.

    En días posteriores se llevó a cabo una investigación de los cuerpos enemigos tratando de verificar su identidad. Mas los cuerpos estaban tan calcinados que fue imposible llevar a cabo el proceso. Esto lo informó Sebastian Salomon y su equipo.

    Durante seis días el pueblo se mantuvo desinformado de lo sucedido aquella noche. Al séptimo día se hizo una reunión con la prensa y el pueblo.

    Violeta Brown fue nombrada de manera oficial como la nueva General de Vega. Ella se posó en el estrado y respondió parte las preguntas mas frecuentes.

    La joven no estaba acostumbrada a las cámaras, ni la multitud. Mas mantuvo la calma y su profesionalidad iniciando su discurso –La noche de hace siete días, 13 de Marzo de 2893 el reino de Vega fue victima de un ataque terrorista. No se había presenciado un acto terrorista tan grande desde el asesinato de dos Generales Mundiales en 23 de Agosto de 2888. A pesar de que se han llevado a cabo múltiples eventos terrorista a lo largo de estos cinco años ninguno había sido perpetuado con tanta eficiencia y poder militar. Al igual que se tiene que informar que no existían registros de una organización como esta. Con lo datos recogidos y tomando en cuenta los rumores narrados a lo largo de algunos años se ha llegado a la conclusión que esta puede ser el primer ataque oficial del “Ejercito Rebelde” del que tanto se ha contado. Mejor conocido como “Justicia”- Las fotografías y preguntas estallaron tras la confirmación de aquello que ya se veía obvio. Las preguntas con solo dar inicio comenzaron a dar vueltas en la cabeza de los altos cargos del Gobierno Mundial, escudados con la imagen de Violeta. Esa fue una tarde complicada para la recién ingresada General.

    Se respondieron las preguntas posibles y justo después de eso se inauguro un homenaje a los soldados caídos del ataque. Era una plaza pequeña con una bellisima obra de arte tallada en piedras del resto del Cuartel General. El cuartel debido a los derrumbes, explosiones y fuegos tardaría demasiado en ser reconstruido. Por lo que por lo pronto el Cuartel General de Vega empezaría a ser reconstruido en otra orilla de la ciudad. Vega ahora mismo era con suma posibilidad el reino mas débil del mundo. Con una sobrevivencia del veinticinco por ciento de sus tropas después del ataque. Actualmente Violeta Brown seria la encargada de tener que liderar con un reino en crisis. No serian años fáciles.

    Una vez acabadas las cámaras la joven llegó al homenaje de los soldados caídos. Las flores abundaban en gran cantidad. En especial en un nombre en especifico. La foto de Erick Blake rebosaba de vida rodeado de mantos de flores. Pero un detalle llamó la atención de la nueva General. Debajo a la foto había una placa dorada que decía:



    “Erick Blake (9 de Octubre de 2858 D.C – 13 de Marzo de 2893 D.C)”

    “General de Vega (2885 D. C – 2893 D.C)”​



    Pero era lo único que decía. Entonces Violeta observó con amargura la fotografía y esa sonrisa de negocios tan clásica. Si tan solo hubiese hecho las cosas mejor quizás su placa podría haber dicho algo, ¿Cuánto duraba el buen recuerdo de una ciudad doliente?

    La joven dejó una rosa roja en frente a la fotografía. Al menos ella sabia que nunca lo podría olvidar. Ya que suya era la sangre que tiño aquella rosa que dejaba frente a su foto. Violeta abandonó el homenaje y nunca mas volvió ahí.



    (...)​



    Violeta llegó a un edificio el cual estaba siendo usado como el Cuartel General de Vega por el momento. Llegó hasta su oficina, solo para encontrarse con su retrato con una placa que la nombraba General de Vega. Ella admiró la fotografía con pena al darse cuenta lo fácil que era remplazar a alguien.

    Entró a su oficina y ahí estaban Arlong y Emma con un pastel. Los dos caminaron hacia ella, envolviéndola en un fuerte abrazo.

    -¡General! ¡Quien te viera! ¡Estoy tan orgullosa!- Le dijo Emma de manera eufórica llevando sus manos a su boca y agitándolas en el viento.

    -¡Estoy muy orgulloso de ti, Violeta!- El hombre le sostuvo la mano como un compañero de trabajo -¡Es bueno saber que existe alguien de confianza de este lado del rió!

    La joven reía animada –Me encantan chicos ¡Y adoro el pastel se ve delicioso!- La joven llegó hasta su pastel y tomó el cuchillo. Volteó hacia sus amigos y les preguntó -¿Puedo cortarlo?

    -¡¿Quieres tenerlo en una repisa?! ¡Claro! ¡Córtalo!- Dijo Emma tomando uno de los platos.

    Las risas se escuchaban desde donde iniciaba el corto pasillo. Alguien caminaba en dirección a la puerta.

    Las puertas se abrieron sin preguntar y ahí se veía a los tres amigos disfrutando del pastel. Violeta volteó rápido y mostró una sonrisa en su rostro manchado por betún.

    -¿Quieres pastel Roxana?- Le preguntó la General.

    Los dos soldados de Milloria giraron la cabeza y vieron a la joven. Una mujer de piel negra, con cuerpo despampanante y abundante cabellera de color negro –Adoro lo dulce. Deme una buena rebanada.

    -¡Claro!- Respondió la General animada -¡Ven pasa con nosotros! ¡Somos mas agradables de lo que parecemos! Chicos les presento a Roxana Thiam, ella sera mi nueva Teniente General. La conocí en el Servicio Secreto. Hace poco desertó del Servicio Secreto y el Gobierno Mundial la envió conmigo, ya saben, a falta de poder militar…

    Arlong le sonrió. Se lamió los dedos pues estaba sucios por el betún, ya que Emma había estado jugando con ellos y el pastel. Le tendió la mano con los dedos un poco chuecos para no molestar a la joven -Es un gusto Teniente Thiam. Cuide bien de Violeta.

    -Debe de ser el Gral. Price. Es mas apuesto de lo que contaban- Dijo con una sonrisa bellisima y una mirada seductora.

    Emma lo notó y de inmediato se dirigió hacia la joven para estrecharle la mano –Hola, Roxana. Soy Emma Allen, la Teniente General del Sr. Price- Esto ultimo lo dijo de manera mas acentuada, como para que le quedara claro a la recién llegada.

    Violeta se acercó por detrás a Emma y le dio un codazo sutil para hacerla entender de lo ridícula que estaba siendo –¡Aquí tienes Roxana!- Le dio el pastel a la joven.

    -Gracias- Respondió amablemente la señorita Thiam.

    Todos comieron y conversaron de manera amistosa durante unos minutos. Hasta que Arlong decidió romper el ambiente.

    -¿No han visto a Claarn?

    Roxana soltó una risa –Ese hombre tiene la mala costumbre de no despedirse… Ya debe estar en camino a otro reino en este momento.

    -Vaya…- Dijo Arlong desanimado. Meneo su pastel con su tenedor. Sus ojos se volvieron pequeños y serios. Las chicas continuaron con sus risas y conversación. Hasta que Arlong volvió a interrumpir.

    -Violeta...- La joven volteó animada tras el llamado de su amigo -Tengo que hacerte una pregunta… ¿Crees que podamos hablarlo en privado…?

    La General echó un vistazo hacia Roxana y Emma –Somos los máximo rangos de nuestros reinos, Arlong. Confió en Roxana, fue mi compañera en mis años de servicio. No hay que ser groseros con las chicas- La joven dio una ultima cucharada a su pastel -¿De que se trata?

    Arlong se mantuvo serio. Observó a Roxana y luego a Emma. Lo analizó durante un momento. La presencia de Roxana era un tema delicado. Mas pronto unió los hilos. Tomó un respiro y se hizo hacia enfrente en su silla –Vi que le disparaste a Erick Blake. Estaba Claarn contigo cuando lo hiciste…

    El silencio golpeó la pequeña oficina por completo. La joven dejo su pastel en su regazo y llevó sus dedos a su cien. A Emma se le cayó el tenedor manchando su pantalon y Roxana se sentó perfectamente recta lanzando una mirada seria al hombre.

    -Dime, Violeta… ¿De que lado estas?- Preguntó Arlong Price con el rostro mas serio que nunca. Un rostro tenebroso y que causaba miedo. Dependiendo la respuesta Arlong estaba preparado para llevar a cabo un arresto en ese preciso momento. Pero confiaba en Violeta y en su respuesta.

    Emma miraba a los tres soldados con un respiro atorado en la garganta.

    Roxana y Violeta se vieron a los ojos.

    La nueva General de Vega volvió a tomar su pastel. Soltó un suspiro y levantó su plato en dirección a Arlong -¿No quieres otra rebanada? Esta sera una historia larga…



    (...)​



    Claarn se encontraba caminando por “La Calle de los Mil Rostros”. Llegó a aquel bar que visitó el día de su llegada. Ahí se encontraba el joven bartender limpiando una copa de vino. El lugar estaba solitario. Abandonado por completo a excepción de dos moscas en el bote de la basura.

    -¡Señor! ¡Un gusto verlo de nuevo!

    -¿Cómo a estado el negocio muchacho?- Preguntó Claarn al tomar asiento.

    El joven pasó su toalla con la que limpiaba por el hombro y su rostro se volvió triste –Me he quedado sin gente. Sin trabajadores y clientes- Después de un suspiro, dijo con rostro melancólico -Se les extraña.

    -Días mejores vendrán muchacho.

    El joven levantó una pequeña sonrisa –Confió en usted.

    Claarn soltó un bufido aburrido –Dame una botella de ron dorado, por favor.

    -Por supuesto- Le respondió el joven. Se agachó y empezó a buscar entre las puertas de la barra –Perdone que le pregunte. Pero se le ve mal rostro, ¿esta enfermo?

    -¿Enserio ya se me nota? Parece que cada vez es mas inevitable ocultarlo…

    -Su piel se esta poniendo mas blanca de lo normal. Puede que sea un catarro- Le dijo el joven mientras buscaba entre los muebles. Se levantó de pronto y le entregó la botella a Claarn –El mejor de la casa- Le dijo el joven con animo.

    -Gracias- Respondió Claarn metiendo la botella en su morral.

    -Y para ese catarro le tengo estas medicinas- El joven sacó de su bolsillo un frasco con una etiqueta de “Peligro” y otra con la etiqueta de “Radiactivo” –Me han dicho que son muy buenas. Cuídelas. No creo que vaya a conseguir otras iguales en mucho tiempo… Recientemente escuche que se han vuelto ilegales y ya es mas difícil obtenerlas. Parece que el Gobierno Mundial desea mantener un mejor control sobre ellas- El joven le tomó la mano al agente y le puso el frasco en la palma.

    Claarn le observó con detenimiento. El joven le sonreía de manera tan cálida que sentía que ya eran grandes amigos desde hace tiempo –Estoy muy agradecido por el gesto. Espero volver otro día…- Le dejó el dinero en la barra. Guardó las pastillas en su morral y salió por la puerta.

    -Nos estaremos viendo pronto- Dijo el joven antes de que saliera.

    Claarn no volteó. Simplemente cerró la puerta.



    (...)​



    El agente caminaba despreocupado por “La Calle de los Mil Rostros”. A pesar del ataque de hace una semana parecía no haberse movido nada en aquella ciudad. A la gente solo le queda seguir adelante a pesar de los malos días. Entonces mientras caminaba Claarn logró divisar a la lejanía la figura de un hombre que él reconoció de inmediato. Un hombre alto, esbelto, de cabello largo y negro. Le seguían ocho figuras mas, eran del tamaño de niños de ocho años, todos estaban encapuchados.

    -¡Jon!- Gritó Claarn abriéndose paso entre la multitud -¡Jon!- Aulló para que le escuchara. La multitud se empezó a amotinar por una oferta en una tienda y Claarn se vio envuelta en medio de la urbe. Movía a la gente con brusquedad ocasionando el mal genio de muchos.

    La figura de aquel hombre se puso la capucha así como los niños que le seguían. Le tomo la mano a un par de niños, los niños hicieron lo mismo con sus compañeros, generando una cadena de manos estrechadas.

    -¡Jon! ¡Maldita sea! ¡Te necesito! ¡Te necesitamos todos!- Fue lo que gritó con todas sus fuerzas, pero tan pronto había gritado observó como las nueve figuras desaparecieron poco a poco entre la multitud.

    Claarn tiró a mas de un transeúnte hasta llegar al lugar donde habían desaparecido las figuras. No quedaba nada. Ni un rastro de magia. Solo alguien como Jon podía lograr semejante hazaña, pensó Claarn. No podía hacer nada. Había estado tan cerca de él y no había logrado contactarle… Aunque tampoco llegar a contactarle significaba que acompañaría a Claarn. “Jon es un alma libre”. Así lo describía Abraham Arcnaik hace mucho tiempo. Al agente no le quedo mas que acomodar su morral, ponerse bien el sombrero y seguir como si nunca lo hubiese visto.



    (...)​



    El camello subía la colina por la que hace mas de una semana había llegado al reino. Claarn se encontraba montado en el camello con el brazo arqueado tomando un poco de su botella de ron. El sol le golpeaba y abrazaba con intensidad. Acomodó su sombrero. Le dio unas palmadas al animal -Sera un gran viaje, campeón- Le dijo al camello. Y este respondió con un resoplido. Esto creó una sonrisa feliz en Claarn.

    Una vez en la cima el agente observó un hombre sentado sobre una manta gruesa. El hombre se encontraba sentado en una posición sen. Respiraba y exhalaba con tranquilidad. Levantó su sombrero de heno y cruzó miradas con Claarn.

    -¿Qué hace alguien como tu en este lugar?- Preguntó el hombre con tono molesto.

    El hombre fruncía el ceño con una sonrisa debido al sol. Era un hombre de cabello largo, rubio con gruesa barba y mandíbula cuadrada –Entonces toda la información era cierta.

    -Lo era.

    -Fue una buena misión- Dijo el hombre volteando a ver la ciudad doliente.

    -Me reservo mis comentarios- Le contestó Claarn sin mirarle a los ojos y con tono tan seco que parecía la misma arena del desierto sobre el que estaban posados, pues no estaba dispuesto a tener una conversación con aquel hombre.

    El hombre de cabello largo le sonrió de oreja a oreja encogiendo sus ojos casi como si los tuviese cerrados –El mundo se esta moviendo, Claarn. El reloj de la historia nos marca la hora de tener que empezar a escribir y en cada historia existe un héroe y un villano... La pregunta es…- El hombre le había mantenido la mirada a Claarn y solo fue en aquella parte de sus palabras cuando giró la cabeza.

    El agente lo vio. Miró aquellos ojos pequeños de color amarillos como el mango. Esa mirada y esa sonrisa se miraban tan tiernas, pero solo si observabas un poco mas a fondo podrías ver en él parte de la obscuridad mas grande viviente.

    -¿Lucharas conmigo?- Le preguntó el hombre.

    Claarn soltó una mofa con una sonrisa burlona y tiró de los lazos para que el camello caminara –Como si me quedara opción…- Musito el hombre sin voltear a ver atrás. Dejando a aquel hombre y la ciudad olvidados a sus espaldas.

    El hombre se dedicó a tomar un poco mas el sol. Desde hace un tiempo los vientos venían cargados de cambio. Aunque ahora ese sabor a un futuro desconocido era mas dulce. La muerte de Abraham Arcnaik y los dos General Mundiales, habían sido el inicio. Vega y los sucesos posteriores a este eran el punto de inflexión. La Quinta Guerra Mundial había empezado a tomar forma… Y eso dibujaba una sonrisa en aquel hombre, por alguna razón.
     
    Última edición: 24 Junio 2019
  5. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 24 - Adopción
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    67
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El Legado de los Héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    30
     
    Palabras:
    11040
    Capitulo 24 —Adopción

    [​IMG]

    -4 de Abril de 2893 D.C.-

    La luz del sol apenas estaba alumbrando el obscuro cielo. Esa mañana hacia frió, pero corría un viento con un olor delicioso. La primavera estaba lanzando sus primeros perfumes al aire.

    Los cuatro chicos, junto con las amigas de Mairis, habían tenido la oportunidad de ir a ver las praderas hace una semana. Ahí pudieron apreciar como las flores habían nacido, dando paisajes hermosos inolvidables.

    Bruno había confesado su amor a Alicia esa tarde. Los dos jovencitos pasaron toda la tarde juntos. Bastian y Mairis, junto con las demás chicas se separaron de ellos, dejándolos solos en la pradera. Nunca supieron que fue lo que paso. Pero sabían algo, Bruno volvía a sonreír, pues tras los traumas de la batalla de GrayLagoon apenas podía dormir y muchas veces despertaba de brincos entre gritos. Bastian y Mike lo vivieron más de cerca, ya que dormían con él.



    (...)​


    Mairis por otro lado logró mantenerse un poco mas tranquila. Los primeros días sufrió secuelas al igual que Bruno, pero cada día ella se levantaba mas calmada. En cierta forma fue gracias a Andrea, la cual le sirvió como gran apoyo moral a la jovencita. La novia de Martin y la chica salieron durante varios días. Mairis estaba muy feliz, sentía como si Andrea fuese una clase de hermana mayor, aquella que nunca deseo, pero ahora necesitaba. Fue triste el saber que tendría que irse. La despedida había sido tres días antes del esperado regreso de Claarn. Andrea explicó a Martin y los chicos la situación, al parecer su padre había fallecido y su madre tenía una seria enfermedad por lo que tenía que estar siempre acompañada. En ese momento Mairis no sabría decir quien realmente había sufrido mas su partida, si ella o Martin, ya que ella resintió mucho la despedida, todavía le dolía. Mientras que Martin le agradeció, le dio un abrazo junto con un beso. Le dijo: “Ojala tengamos la oportunidad de encontrarnos otra vez…”, a lo que ella respondió, “Algo me dice que nos volveremos a ver algún día…”. Ambos sonrieron y ella subió a la carroza. Desde ese día Martin parecía el mismo, solo un poco mas serio. Esto llevó a Mairis el pensar que Martin en realidad no tenia corazón, o que ella no comprendía el amor todavía.



    (...)​


    Bastian por otro lado fue mas tranquilo. Desde aquel día en GrayLagoon fue un tanto más callado y le gustaba estar solo. En más de una ocasión Mairis lo encontró en el techo de la casa viendo el cielo o las estrellas. Ella nunca comprendió que era lo que le atormentaba. Bastian nunca se los dijo, pero lo que mas le dolía era el saber que era incapaz de comprender por primera vez a aquellos chicos que ahora consideraba sus hermanos. Bastian reflexionaba sobre lo peligroso que había sido aquel viaje, sobre la suerte que habían tenido y si en verdad el había hecho algo como para merecerse aquella condecoración que se le había dado. Le dolía el corazón al ver a Bruno gritar por las noches. De tan solo haber sido mejor guerrero quizás ninguno hubiese pasado por todo eso. Quizás Bastian era el mas valiente, bravo y fuerte de los tres huérfanos, mas sin embargo cuando la tristeza le imbuía era el que también mas se dejaba vencer por ella… Para Mairis fue un alegro cuando fueron a las praderas. Ahí Bastian volvió a sonreír como siempre. La vida de las flores le revivió su alma atormentada por el martirio.



    (...)​


    Así habían sido aquellas semanas restantes para la llegada de Claarn, pero ese día se sentía diferente. Los tres chicos estaban emocionados y llenos de energía. Los tres se encontraban firmes en medio del campo de entrenamiento de la casa. Tenían la mirada derecha y un rostro decidido. Ese era su día.

    Martin, Kian y Mike les observaban desde la banca fuera de la casa. El Coronel y el Capitán se encontraban orgullosos de los muchachos. Eran unos adolescentes, pero parecían adultos listos para enfrentar sus destinos.

    Una figura se empezó a divisar desde la lejanía. La sola presencia de aquella figura hizo temblar a los muchachos, pero no importaba. Se mantendrían fuertes. Estaban preparados, y si estaban preparados no había nada a lo que temer.

    La figura se acercó con lentitud. Cada vez era mas visible ver el bigote largo de Claarn, al igual que su rostro amargado y arrugado. Llevaba puesto su sombrero, a pesar de que el sol apenas estaba por salir. Venia con su uniforme color caqui y su chaleco marrón, así como un morral grande a su costado. Cargaba unas maletas en sus espaldas. Parecían pesadas, pero al hombre ni le inmutaba. Cada pisada le hacían mas visible y a la vez mas imponente.

    Una vez llegado a la casa pasó directo al campo de entrenamiento sin soltar sus maletas. Se paró frente los tres chicos. Les observó de pies a cabeza con sus ojos azules, tan fríos como la montaña de GrayLagoon.

    Cada segundo que les miraba era una tortura. Pero los tres chicos mantuvieron su seriedad y su firmeza ante la presencia de su mentor.

    Fueron unos minutos hasta que Claarn se decidió a hablar.

    -No creo que estén listos para esto- Dijo el hombre con un tono fúnebre. Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la casa.

    El rostro seguro de los muchachos se rompió. Cayendo lentamente en un rostro perdido.

    Martin y Kian se quedaron boquiabiertos ante la frase.

    -¿Dijo que no están listos, papi?- Preguntó Mike, extrañado. El cual se encontraba en medio de los dos soldados. La sola mención de la frase le hizo despertar de ese sueño que le dominaba.

    Claarn caminaba hacia la casa como si nada hubiese pasado, sin mirar a nadie, con el sobrero hacia abajo.

    Los tres chicos se sentían horribles. Ellos sabían que estaban listos, ¿todo su esfuerzo esos meses no habían servido de nada entonces? Los tres chicos se habían matado por semanas estudiando y entrenando su cuerpo para poder pararse ese día frente a Claarn y él les dijese que era momento de ir a aportar su magia. Su corazón estaba roto. Estaban ardiendo en rabia. Era un mar de sentimientos envueltos en una tormenta de rechazo.

    Claarn estaba por abrir la puerta de la casa cuando escucho de pronto la voz molesta del joven mas rebelde y que mas odiaba, Bastian.

    -¡Estamos, listos!- Aulló el muchacho. Pero no lo gritaba a los siete vientos con enojo. Lo decía con firmeza. Con verdadera seriedad.

    Claarn giró la cabeza. Sus ojos helados estaban obscurecidos del enojo de haber escuchado aquellas palabras del jovencito. Aquella presencia de Claarn era tan intimidadora, que hasta Kian y Martin pudieron sentir un poco de miedo.

    -¿Qué dijiste, mocoso?- Preguntó el hombre con la voz más gruesa que podía hacer. Sonaba molesto. Causaba un terror que hacia temblar. Él lo notaba, veía como Mairis, Bruno y Bastian estaban por desmoronarse por el temblor en sus piernas. Pero seguían firmes, luchaban por estar firmes. Habían vuelto a levantar sus rostros y observan el cielo con un temple orgulloso.

    -¡Estamos listos, señor!- Repitió el chico mas fuerte.

    Claarn soltó sus pesadas mochilas. Se giró. Caminó hacia los tres chicos con unas pisadas pesadas. La respiración de los chicos se empezó a agitar. Las muecas en sus rostros demostraban que estaban esforzándose lo más posible en no temerle. Se posicionó frente a los tres jóvenes.

    -¡Perdónenme, pero no puedo escucharlos bien!- Gritó el hombre con enojo, lanzando su mirada más tenebrosa.

    La luz del sol ilumino desde las montañas.

    -¡Estamos listos!- Gritaron los tres con todo el valor que tenían en su corazón.

    Los gritos de los chicos sonaron tan seguros y firmes que Claarn sonrió ligeramente al darse cuenta que los chicos ya no eran aquellos niños llorones que le habían entregado.

    -Realmente no creo que estén listos…- Dijo el hombre y el silencio envolvió el campo entero. Martin estaba por levantarse y enfrentar a Claarn. Los tres jóvenes palidecieron ante las palabras de Claarn. Bastian sentía que estaba a punto de intentar golpearlo. Entonces el hombre continuó –Pero si dicen estarlo les creeré- Concluyó Claarn, haciendo soltar un suspiro de alivio a los tres chicos. Kian se frotó la frente mientras negaba entre unas risas ahogadas. Martin tomó una gran bocanada de aire y sonrió al ver el cielo. Mas claro que antes.

    Martin y Kian caminaron hasta donde estaba Claarn. Se pusieron frente a los chicos y los vieron con orgullo. Los chicos estaban felices, mas mantenían el porte militar lo mejor que podían.

    –Cada uno ira con un mentor a su distinta prueba- Comentó Kian.

    Martin asignó los mentores -Bastian ira con Claarn y Mike a las islas de Calani. Bruno ira a las montañas de GrayLagoon con Kian. Mairis ira conmigo a un campo de entrenamiento en Kadamia. Son libres de ir por sus mochilas y traer unos cambios de ropa, Bastian y Claarn, por ejemplo harán un largo viaje.

    -Es el momento chicos, dense prisa ¡Sobretodo tu, Bastian! ¡No te voy a esperar todo el día!- Gruñó Claarn con esa mala cara de siempre.

    Los chicos saludaron a sus superiores y corrieron hacia la casa. Mike corrió detrás de ellos. Una vez fuera de la vista de los adultos saltaron emocionados entre gritos. Los tres soldados escucharon con atención y alegría los gritos de los tres chicos.

    -Les diste un buen susto, Claarn- Dijo Kian animado.

    -Decía toda la verdad- Comentó Claarn sin titubear en un tono muy serio. Los dos soldados le observaron sorprendidos. La mirada de Claarn estaba perdida en la nada –No pienso que estén listo… Sin embargo quien soy yo como para ignorar la fuerza de tres jóvenes potencias. Tan solo espero que lo logren…

    Martin le dio un golpe en el hombro –Los tres lo lograran. Estoy seguro. Confía en ellos.

    Claarn le dirigió la mirada. Esa mirada segura de Martin era diferente a la que siempre tenia cuando hablaba con alguna joven. Era mas sincera. Y eso le dio un poco de calma al viejo soldado –Confiare- Concluyó con una mueca seria.



    (...)​


    El viaje hacia sus respectivos lugares de adopción comenzó pocos minutos después. Recorrieron el pueblo en camino al establo de Don Hugo, un pueblerino que se dedicaba a criar caballos y mulas para la transportación de cualquier tipo de bienes que desearan. Al igual que el transporte de personas en cómodas, sencillas, pero de agradable aspecto, carretas jaladas por caballos. Ahí en el establo, justo en los inicios de la mañana, llegaron las amigas de Mairis. Las chicas se lanzaron con Mairis deseándole sus mejores deseos en su complicada misión de adoptar la magia de fuego. Al igual que querían que volviera para que les contara a todos como era Kadamia.

    De entre las chicas una se separó especialmente rápido, era aquella jovencita delgada de cabello lacio y negro que le llegaba a los hombros. Alicia se acomodo sus lentes y se acercó con calma a Bruno. El chico al ver que Alicia luchaba por acercarse, empezó a caminar hacia ella. Se le puso de frente y la chica le volteo a ver a los ojos. Era mas alto que ella por veinticinco centímetros. Le observó el rostro y pudo ver en él una mirada tan tierna que se sonrojo. Bruno empezó a reír. Le tomó la mano. Y ella soltó un chillido nervioso. Miró la mano del chico tomando la suya, era la primera vez que la tomaba desde que se le había declarado. Era cálida. Todo lo opuesto a la magia que habría de adoptar el chico, el cual era el hielo.

    -Gracias, por venir a despedirte- Le dijo el chico con una sonrisa sincera.

    Ella no pudo evitar sonreirle. Lo sonrojada no se le quitaba y eso le avergonzaba. Entonces en un impulso del corazón ella le abrazó. Esta vez Bruno se sorprendió, pero no desaprovechó el momento y envolvió a su amor joven entre sus brazos.

    -Vuelve bien, por favor… Mi padre me ha dicho que tu adopción mágica es muy peligrosa… Ten éxito y vuelve- Le dijo la chica ahogando su preocupación en el pecho del chico.

    Aunque no lo pareciera, Bruno estaba demasiado asustado. Sin embargo la abrazó con fuerza y le dijo –Claro que volveré, y cuando lo haga te llevare a tomar una malteada en el restaurante de Hericent.

    La chica levantó el rostro –Esa seria…

    El joven le sonrió terminando la frase de la joven –Seria nuestra primera cita como novios.

    La invitación puso mas roja a Alicia -Rezare cada que pueda a la Diosa por que estés bien- Le dijo Alicia sin voltearle a ver por la vergüenza de que le viera así.

    Bruno le levantó la cabeza y le beso la frente –Te lo agradezco mucho… Espera por mi- Le dijo con cariño. Ella asintió con una sonrisa.

    Bastian sonreía al ver a Bruno feliz. Entonces las amigas de Mairis llegaron con él para decirle lo mejor al joven. El chico bromeo y fanfarroneo de sus habilidades haciendo reír a las chicas con sus irreverencias. Las chicas le apreciaban por su agradable forma de ser, alegría desbordante y por su curioso sentido heroico. Le habían tomado cierto cariño a Bastian. A los tres huérfanos en realidad. Las chicas se despidieron de él mas como una hermana se despide de un hermano, con cariño, pero sin ser melosos. Todas a excepción de Melissa, que ella le susurró a Bastian que le esperaría para ir a algún lado en su regreso. Esto posó una gran sonrisa en el chico, sonrisa que se mantuvo por un buen rato del camino.

    Las carrozas habían sido rentadas. Todos subieron a su respectivo carro con su respectivo mentor. La carroza de Mairis y Bastian partieron por el mismo camino, la de Bruno por el lado contrario. Las chicas gritaban frases de apoyo mientras veían las carrozas partir. Tras el transcurso a la llegada a las carreteras muchos pueblerinos gritaban dando sus mejores frases de apoyo a los chicos que viajaban rumbo a su adopción.

    -¿Desde cuando son tan populares?- Preguntó Claarn a Bastian. El chico saludaba a la gente como un príncipe a su agradables súbditos, pero al escuchar la pregunta del viejo el chico cambio por completo de rostro y los nervios le imbuyeron. No se había parado a pensar en que Claarn no sabia nada de lo sucedido en GrayLagoon.

    -¿Entonces?- Le preguntó Claarn con la ceja izquierda levantada.

    Bastian empezó a tartamudear sin saber que decir.

    -¡¿No lo sabes papá?!- Le preguntó Mike emocionado -¡Bastian, Bruno y Mairis pelearon contra los malvados secuestradores y rescataron a todo el pueblo!

    -¡Cállate, Mike!- Gritó nervioso el chico.

    El niño no comprendía el temor de Bastian mas pronto lo descubriría.

    -¡¿Qué hicieron que?!- Aulló Claarn en un grito de rabia sin igual haciendo retumbar la carroza.

    -¡Ayuda!- Gritaron Bastian y Mike al unisono.

    Desde la otra carroza Mairis observaba la carroza de Bastian –Que bueno estar aquí- Dijo la chica a Martin, el cual reía preocupado por los hermanos.



    (...)​


    Mairis y Martin hicieron un camino de dos días en su viaje en carro.

    El primer día durmieron en una cabaña en medio de la carretera en un pueblo de apenas unos cincuenta habitantes.

    Bastian y Mairis tuvieron que explicar lo sucedido durante el tiempo que Claarn había salido de viaje. El hombre les puso una reprimenda grosera y furiosa. Los demás inquilinos, turistas, soldados y camioneros que se encontraban en el restaurante donde comieron observaban boquiabiertos los gritos que podía ser capaz Claarn de mencionar.

    Martin durante toda la reprimenda apoyaba de manera incondicional todo lo que decía Claarn al respecto de lo estúpidos que habían sido todos en general. De hecho los chicos tuvieron que soportar los insultos furiosos de Claarn por la ineficiencia del ejercito de Hericent. Incluso ahí cuando Claarn se encontraba mentando a la santa madre de todos los involucrados, Martin le apoyaba con rostro tímido. Bastian, Mairis y Mike le miraban con asco mientras negaban con la cabeza el completó terror que le tenia Martin a Claarn y su rastrera forma de evadir su furia.

    Una vez los chicos habían cenado y tomado una ducha terminaron rendidos ante las camas de la cabaña. Martin sonrió al verles con mejor humor del que habían tenido esas ultimas dos semanas. Salió hacia la calle para tomar aire y ahí se encontraba Claarn, fumaba un cigarrillo mientras se encontraba recargado en el barrote que sostenía el techo de la cabaña. Miraba la eterna calle, el eterno prado y el eterno cielo estrellado.

    -¿Me das uno?- Le preguntó Martin al acercarse.

    Claarn sacó la cajetilla de su bolsillo en el pecho. Sacó el cigarrillo con una destreza magistral y un movimiento de dedos extravagante. Martin soltó una mofa al tomar el cigarrillo. Se puso en el otro barrote de la entrada. Estaba buscando su encendedor, pero no lo encontraba. Claarn le extendió su dedo y de él salió una llama pequeña, pero intensa. Martin acercó su boca con el cigarrillo. Tomó una bocanada del humo. La sensación le relajaba después de tanto estrés con los gritos del mismo hombre que tendía su dedo en llamas.

    -Gracias- Le dijo Claarn.

    El hombre asintió tomando la punta de su sombrero y volvió a su perfecto estado de calma.

    Martin observó tranquilo el mismo paisaje que Claarn, pero el gustaba mas de conversar -¿Qué tanto piensas?- Le preguntó Martin a su compañero al resoplido del humo.

    El hombre tomo su tiempo para contestar –Ahora entiendo muchas cosas…

    -¿De que hablas?

    -La mirada de Bruno y Mairis- Soltó el humo –Era diferente a cuando los deje…

    Martin hizo una mueca dolorosa –Bruno ha tenido pesadillas desde aquel día, a penas hace tres días empezó a dejar de tenerlas… Mairis los primeros días despertaba muy agitada y no le gustaba estar cerca de nadie… Pero ella progresó mas rápido… Sufrieron muchos…- Dijo el hombre al darle vueltas a su cigarrillo con el dedo indice y el pulgar.

    -Son y se vienen tiempos obscuros- Le dijo el hombre al llevar el cigarrillo a los labios –No me gusta que ya hayan probado el amargo sabor de la realidad. Mas sin embargo creo que es bueno que lo hayan hecho… La obscuridad gusta de comer a los mas inocentes.

    -Se que lo sobrepasaran, son fuertes- Dijo Martin al ver el cielo.

    -Lo son. Mucho mas de lo que esperaba.

    -¿No crees que te sobrepasaste con el regaño?

    -Ni un poco- Contestó fúnebre ante la pregunta. Tomó la colilla del cigarrillo entre su mano, para después incinerarla por completo –Bastian y Bruno en especial hicieron algo muy tonto… Pero sabiendo como son esos niños no puedo dejar que sepan lo que de verdad pienso…

    Martin apenas iba quitándose el cigarrillo de la boca cuando escucho esas palabras. Le miró con curiosidad y soltó el humo entre su pregunta -¿Qué piensas?

    Claarn sonrió –Que estoy orgulloso de ellos, de cada uno de ellos. Lo hicieron increíble de maneras sin iguales… A pesar de que lo que hicieron fue una locura. No conozco a nadie mas que podría hacer semejante locura… Espero grandes cosas de ellos…

    El joven lanzó una risa delicada –Nunca había coincidido tanto contigo.

    Claarn sonrió. De esas pocas veces que sonreía porque estaba bien –Tan solo me voy dos meses y vuelvo encontrándome con unos chicos completamente diferentes… Maldita sea, hasta Bruno tiene novia.

    Martin soltó una carcajada acompañado de las propias risas de Claarn.

    El joven Price termino su cigarrillo tirando la colilla al piso, aplastandola en el fin del proceso. Se recargó en el barrote con una sonrisa tierna –Aprovéchalos…- Volteo a verlo a los ojos –No sabemos cuando ya no los tendremos.

    El hombre asentía –O cuanto tiempo estaremos nosotros para ellos- Dijo al hacer una mueca seria.

    Martin asintió con gesto doloroso –Eso también es posible… Se vienen tiempos obscuros después de todo…- Concluyó el joven, para mantenerse observando las estrellas un poco mas. Sintiendo una compañía un poco mas agradable de Claarn.



    (...)​


    Dentro de la cabaña Bastian dormía en una cama que se encontraba enfrente de la de Mairis. Ambos abrieron los ojos. Estaban uno de frente al otro. Bastian notó como a Mairis le salia una desde su hermosos ojos azules y recorría toda su mejilla rosada para llegar hasta una temblorosa sonrisa. A pesar de que el gesto se le hizo cursi en proporción exagerada, poco tardó en darse que el tenia esa misma expresión en su rostro. Ambos llevaron sus manos hasta la boca y evitaron que se escucharan sus lagrimas de felicidad.

    Mairis notó de pronto como un diminuto puño aparecía sobre su ojo izquierdo con el pulgar arriba, era Mike que se encontraba durmiendo colgado de su cuello.

    -Les dije que lo habían hecho bien- Susurró el niño al oído de la chica que empezó a llorar con mayor intensidad –Ahora duerman… Héroes…- Dijo el niño tras quedar dormido.

    Entro los dos adolescentes se dijeron buenas noches con la mirada. Se lanzaron una sonrisa sincera entre ambos y cerraron los ojos.

    Si tan solo Bruno estuviese aquí para saberlo. Se pondría muy feliz. Pensó Mairis antes de terminar dormida.



    (...)​


    A la mañana siguiente tomaron el camino de nuevo. Los chicos se miraban mas animados a pesar de la regañada del día anterior. Eso era algo muy curioso a visión de Claarn, pero no le tomó mucha importancia.

    Con el pasar de las horas las carrozas tuvieron que tomar caminos diferentes, concluyendo en la separación de ambas. Mike y Bastian se despidieron con gritos de Mairis mientras la miraban partir por el carril izquierdo y ellos continuaban derecho.

    El viaje de Martin y Mairis continuo por la carretera. Pasaron por paisajes hermosos, grandes bosques que tardaron horas en recorrer, donde vieron animales de todo tipo, tanto peligrosos a lo lejos, como animales pequeños e inofensivos de cerca. Lamentablemente Martin no permitió a Mairis poder dibujar cada cosa que ella quería, tenía prisa y no podía darse el lujo de pararse a admirar cada zorro o venado que ella miraba. Los bosques fueron cortos, con forme se adentraban en la carretera los bosques quedaban atrás para volverse valles largos y solitarios, pero no por eso menos hermosos. La joven logró hacer retratos con la memoria de todo lo que había visto.

    Esto le encantara a mis amigas. Pensaba la chica con una linda sonrisa en su cara.

    Con las horas apreció con detalle que cada vez los valles se volvían mas montañosos. Y pudo aprecia a la lejanía como un tumulto de montañas largas en forma de picos se juntaban de manera inusual. Los campos empezaron a nacer al momento en que se acercaban cada vez mas a los picos de rocas. Mayor fue la sorpresa de Mairis cuando vio como el camino se volvía túnel y atravesaba uno de los picos. Las calles se volvían mas grandes y observaba un flujo mayor de camiones de carga. Al igual que podía ver los rieles de los trenes Koch introduciéndose a la roca. Una vez adentro del túnel las luces blancas impregnaban con una intensidad como si estuviesen recibiendo el sol de manera directa.

    -Bienvenida, Mairis. Esto es Kadamia- Dijo Martin abriendo los brazos y con magia abriendo todas las cortinas de la carroza. La imagen fue espectacular, fantástica como el retrato de un cuento fantástico. Los picos se levantaban en conjunto en forma circular elevándose por los aires. Un abismo profundo y obscuro se abría paso en medio de este conjunto de picos montañosos. Por las orillas había el suficiente espacio para poder tener unas cuantas calles con construcciones alrededor. Casas en su mayoría con formaciones y sobresalientes cuadradas con jardines en el techo. En el medio de aquel abismo enorme se alzaba una estructura, una formación rocosa cortada a la mitad dejando una planicie donde se encontraba toda la ciudad de Kadamia. Un conjunto de fabricas y edificios departamentales por el espacio reducido de construcción para viviendas, pero sobre todo se miraban tres cosas que llamaban especialmente la atención. Una cúpula de vidrio en la sección Norte de la ciudad dominaba una gran parte de la ciudad. Era el parque de ambiente controlado famoso en la ciudad por ser el mayor lugar turístico de la ciudad por su diversidad de plantas. El pulmón de la ciudad. Dos pirámides se alzaban al Sur con majestuosidad. La historia narraba que habían sido hechas con las mismas piedras de los picos que rodeaban Kadamia, una era el museo de la ciudad y otra era una fabrica/laboratorio donde se creaban multitud de items, pues Kadamia era conocida por ser la mayor productora de armas, maquinas, vehículos y herramientas de trabajo en el mundo. Por ultimo se alzaba sobre cualquier edificio un cubo de cristal en medio de toda la ciudad. Era el Cuartel General de Kadamia.

    Mairis no podía creer lo inmensidad de la ciudad, al igual que la impresionante casualidad de la naturaleza para permitir una formación como en la que se encontraba. Quizás la belleza de la ciudad no era lo que un turista quisiera ver, pero la maravilla geológica de la que estaba siendo presente sin duda es algo que cualquiera debería de admirar.

    La carroza les llevó hasta una saliente de hierro. Un conjunto de rejillas que se alzaban sobre el abismo. Mairis sintió un poco de pavor al estar ahí, pero entendió que ese lugar no era para débiles de estomago. Kadamia era un reino para gente fuerte, fuerte como los gruesos hilos de las telesillas por las que se transportaba la gente. Enormes cajas de hierro con rejillas por ventana que sobrevolaban el abismo sin ningún temor. Mairis y Martin tuvieron que subirse a las telesillas. Aunque Mairis lo quisiera con todas sus fuerzas la verdad es que no había otra manera de llegar a la ciudad de Kadamia que no fuera por esas telesillas.

    Al subirse le temblaban las piernas y Martin se burlaba de ella. El temor se intensifico tras el primer jalón para mover la telesilla. El viaje era rápido aunque a la chica se le hubiese hecho extenso. El temor se volvió horror cuando a la chica se le ocurrió voltear por la rejilla de la telesilla. Desde ahí lo pudo ver todo, el profundo abismo que al parecer tenia fin, pero era un final muy lejano. Sobre la estructura de piedra que sostenía la ciudad se encontraban múltiples telesillas subterráneas que servían para la minería del lugar. Los picos de Kadamia, así como gran parte del suelo mas profundo era basto en minerales.

    Después de unos minutos de amargo terror psicológico para la pobre chica por fin estaba en tierra. Martin le compro un helado por haber resistido el viaje. Las fronteras de la ciudad eran bastante vistosas, atrayentes como ningún negocio al que Mairis estuviese acostumbrada. Los colores de neón se apoderaban de las señales, así como de las retinas de la jovencita. Con forme fueron adentrándose en la urbe ella pudo apreciar que las luces de neón se apoderaban de la ciudad por la noche, al igual que el movimiento de personas en busca de los lugares mas obscuros para pasar la noche. Las paredes se volvían negras y las calles empezaban a brillar iluminando con sombras coloridas. Y poco a poco se adentraron por la urbe de concreto y luz. Los paisajes se volvieron exóticos con toques de olor a peligro. La música sonaba desde los bares a todo fervor, era el momento del baile, la seducción descontrolada al ritmo de baladas progresivas.

    Así fue el viaje hasta un hotel donde descansarían hasta el siguiente día cuando tuviesen que llevar a cabo la adopción. Al tener el cuarto dejaron las maletas y salieron a comer a un restaurante con música en vivo. Un hombre tocaba la guitarra acompañado de un arpa y un conjunto de tambores. Mairis cayó en un hipnotizante viaje con la letra y el sentir de la música. La comida terminó por conquistarle al momento de probar aquella sopa, una sopa tan sencilla como una mezcla de carnes con un montón de verduras, pero era de un manera imposible de describir, un manjar en todo el sentido de la palabra. Era de sabor agridulce y generaba un sabor extraño en el paladar, pero era atrapante, generaba la necesidad de volver a probar, pero para ello tenias que tener hambre y eso no lo deja aquella comida.

    Dada la noche Mairis pidió seguir explorando la ciudad, mas Martin le negaba la petición, pues sabia que la chica todavía era joven para explorar aquellas atrapantes calles. El corazón se le volvió pequeño al despertarse en medio de la noche y encontrar la sombra de Mairis apreciando cada detalle de aquella ciudad. La chica había caído en los encantos de Kadamia, se había enamorado.

    Al día siguiente Martin llevó a Mairis por la ciudad en camino al Cuartel de Kadamia. En aquel cubo de cristal. El viaje solo le demostró a Mairis que aquella ciudad apretada de habitaciones pequeñas, algunos lugares sucios, amotinados y llenos de aromas seguía atrapándola en su hechizo sin el éxtasis visual de la magia de la noche. Pues Kadamia podría parecer una ciudad plana con calles tan bien definidas como un simple conjunto de calles con nombres de letras y números, pero una vez introducida en sus baquetas se volvía algo un laberinto con curiosidades en cada esquina. Kadamia le gustaba, esa misma mañana lo confirmo.

    El laberinto terminaba en el Cuartel de Kadamia, un cubo de cristal con banderines volando en cada poste que abría la entrada al lugar. Ahí logro encontrar el único jardín terrestre, un simple pasto con arbustos frondosos y pinos estilizados.

    -La magia de fuego tiene un adopción mágica muy especial. En la época de los demonios era una bendición el poder tener a un mago con dicha habilidad, pues la manera de llevar a cabo la prueba es bastante especial. Con los años se desarrolló distintos tipo de pruebas que servían con efectos positivos sin poner en riesgo la vida de otros seres vivos o arquitecturas de todo tipo.

    -¿Qué tanto dices? ¿Cómo es que se lleva a cabo la adopción magia de fuego ahora? Me dijeron que lo que hacia era hacerte caminar por piedras ardientes mientras meditabas…- Preguntó la chica al pasar por las puertas del cuartel. Desde ahí podía ver como el cuartel se extendía a lo alto. Un centenar de personas pasaban de un lugar a otro, entrando y saliendo de todo tipo de puertas. Mucho mas vistoso que el cuartel de Hericent –¡Wow…!- Fue lo único que pudo decir la chica para describirlo.

    Martin ya había estado en Kadamia hace mucho tiempo. Le agradaba el ver como Mairis parecía caer de espaldas ante cualquier cosa que veía –Pronto lo sabrás- Fue la respuesta que le dio el hombre.

    Una mujer les arribó. Martin parecía conocerla, hablaron un poco, la joven reía y Martin reía. Parecían bueno amigos. Entonces la chica se presentó ante Mairis, era una mujer mas alta de lo normal, delgada, con el cabello negro, largo hasta por debajo del trasero. Su piel era blanca como la porcelana y tan fina como el mismo material. Sus ojos eran obscuros como las teclas de un piano, con una mirada triste, como si sufriera una perpetua melancolía. Su voz era pasiva, pero dulce –Tu debes de ser Mairis Hellwell. Me presentó, soy Heraclida Lucinante, General de División de Kadamia y encargada del área de entrenamiento. Un gusto poder conocerte- Dijo la mujer con una sonrisa tranquila.

    Mairis por alguna razón sintió mucha calma en ella. No desprendía ningún aire de superioridad a pesar de ser General de División. Su aire tranquilo era acogedor. Aunque su mirada le causara extrañes por ser tan apagada –El gustó es mio, General de División.

    -Mairis es momento de iniciar tu adopción, ¿estas lista?- Le preguntó Martin poniéndole las manos sobre sus hombros para agitarla un poco –Una vez iniciado no podrá haber vuelta atrás.

    Heraclida le lanzó una mirada retadora al cruzarse de brazos. La mujer había visto pasar a muchos intentos de magos, a pesar de ser de las magias mas frecuentes en esta época una gran mayoría no lograba pasar la adopción mágica.

    Mairis se sintió motiva al sentir ese aire retador. Se sentía nerviosa, no podía negarlo. Sabia que Martin, como todo buen padre, sabia leerla a través de sus mentiras. Sin embargo ella recordó a sus hermanos, uno que deseaba que estuviese bien y otro que deseaba que estuviese en un lugar mejor. Mairis miró fijamente a Martin, ese padre que nunca tuvo. Le sonrió con una mirada envuelta pasión -¡Estoy lista!

    Martin sabia que lo estaba. Le devolvió esa misma sonrisa apasionada y le dio una palmada en la espalda que casi podría pasar por un empujón -¡Vamos!

    Heraclida se sintió emocionada con la pasión de Mairis. Esperaba llevarse un buen día –Entonces siganme- Les dijo la mujer al darse la vuelta.

    La mujer les llevo hasta una habitación vacía. En la cima de la enorme habitación se encontraba una ventana larga. A los lados de la recamara existían unos agujeros obscuros. Mairis al entrar en la sala sintió una extraña sensación, era como cuando había cenado con Gero Lebore.

    Heraclida le pidió posicionarse en una sección de la habitación en la que se encontraba un sello mágico. Era un sello, pero no era como ninguno que había estudiado, de hecho la escritura del hechizo estaba escrito en símbolos distintos a los convencionales. Una vez sobre el sello la mujer saco de entre sus bolsillos una pintura negra con la que pinto parte de todo el cuerpo de Mairis.

    -La adopción de magia es la fusión de un alma humana con un elemento de la naturaleza. Ahora mismo te encuentras sobre un sello mágico tan antiguo como el primer Chasoul. Lo que te esta pintando Heraclida por todo tu cuerpo son símbolos ancestrales que rezan tu completa aceptación a esta unión que estas por hacer con la tierra creada por la diosa Evelia. Los sellos en tus pies piernas significan el equilibrio que estas dispuesta a crear con los dones que obtendrás. Los de las manos significan trabajo que harás para hacer de esta tierra un lugar mejor. Los que se encuentran en tu espalda significan que estas dispuesta a cargar con el peso de lo que harás con tu nueva habilidad. En tu vientre puedes leer que estas dispuestas a traer al mundo una vida mejor para la naturaleza. En tu pecho dices que estas entregando tu corazón y alma hacia Evelia, tu planeta. Y el sello de tu cabeza dice que conoces los beneficios y maldiciones de la magia que estas por adoptar. En conjunto, significa la aceptación entera de tu ser hacia Evelia.

    Mairis levantó las manos y quedó fascinada ante el concepto de lo que significaba llevar a cabo una adopción mágica.

    Heraclida se posó frente a ella –Quiero que cierres los ojos, Mairis- Le dijo con una tranquilidad agradable. La chica lo hizo de inmediato. Heraclida llevó su mano hasta la frente de la jovencita. Mairis no fue capaz de verlo, pero una cantidad de aros mágicos empezaron a rodear su cabeza. El anillo mágico empezó a brillar desprendiendo una bruma y rayos consigo que se introducían dentro del cuerpo de Mairis sin hacerle daño. Los símbolos marcados en su cuerpo generaron mas y mas aros. Después esos mismos símbolos se empezaron a reproducir por todo el cuerpo de Mairis, hasta que desaparecieron como una gota de agua ante el sol.

    Todo sonaba tan silencioso de pronto. Un susurro le dijo que podía abrir los ojos. Y entonces lo vio. En aquella enorme habitación habían nacido decenas de arboles volviéndolo un bosque pequeño. Era mágico. Un páramo bellisimo entre cuatro paredes.

    -Es momento de comenzar- Dijo Martin con un rostro serio.

    Mairis volteo hacia él. Sus puños se cerraron y no dio vueltas al asunto -¡¿Qué es lo que tengo que hacer?!- Preguntó la joven apasionada. De pronto escuchó el cantar de unos pájaros adentrados en el bosque. No solo pájaros, ella pudo escuchar una gran cantidad de vida proveniente de ahí dentro.

    -La manera en que los mas antiguos magos trataban de adoptar la magia de fuego era encerrando al mago en medio de una pila de heno a la luz del medio día. Un mago de fuego no sufre por el calor de las llamas. Muy pocos lo lograban, es por eso que la existencia de magos de fuego era una bendición para los ejércitos humanos.

    Mairis tragó saliva.

    -No temas, hace dos mil años no se utiliza ese tipo de adopción. En cambio se empezó a llevar a cabo la incineración de bosques- Entonces de aquellos huecos obscuros salieron unas pistolas que escupieron llamas a los arboles empezando a incendiar todo el lugar. Mairis observó los arboles envueltos en llamas con horror. Como era posible el que alguien pudiese destruir paisaje tan hermoso –La misión de los magos de fuego era entrar en el bosque y rescatar a algún familiar, amante o amigo. El objetivo era el mismo. Un mago de fuego debía ser capaz de soportar las altas temperaturas del bosque envuelto en llamas. Con el pasar de los años esta practica cambio y desde la época de la Tercera Guerra Mundial hacer un pequeño cambio, no podíamos estar sacrificando dos vidas humanas por la adopción de un solo hombre. Entonces se llegó a otra conclusión…

    Mairis empezó a escuchar los chillidos agónicos de los animales dentro del bosque. En
    ese momento el escenario se volvió un lugar horroroso, y Martin al estar tan calmado se volvia alguien tenebroso.

    -Tu misión es salvar a los animales de ese bosque…

    Mairis estaba congelada ante el objetivo de su adopción. El fuego le generaba miedo, algo que nunca había sentido hacia el elemento. Los chillidos de los animales empezó a taladrar sus oídos y la joven sentía como el corazón se le iba a la garganta. Sus ojos se volvieron cristalinos. Sentía que no podía respirar. Los llantos de los animales se volvieron insoportables y llevó sus manos hasta los oídos. Camino en reversa hasta toparse con la pared y cerró los ojos tratando de escapar de aquella pesadilla.

    -Si deseas acabar con tu adopción tienes que tocar mi mano- Le comentó Martin con el rostro frió.

    Mairis observo la mano, pero un segundo después volteo a ver el bosque.

    -Si tu decisión es seguir en tu adopción… ¡¿Entonces que esperas?! ¡Corre por ellos! ¡Salvalos, Mairis!- Aulló Martin con todas sus fuerzas.

    La chica no lo esperó dos veces. Se lanzo a las llamas lista para traer de vuelta a todos los animales que se encontraban ahí. La prueba había dado inicio.



    (...)​


    Por otro lado, Bruno y Kian se fueron a las montañas de GrayLagoon, el viaje al ritmo de la carretilla les hizo tardar no mas de siete horas. El volver a aquel pueblo no le hacia mucha ilusión. Sintió como el cuerpo le temblaba al ver la colina que llevaba a la punta de la meseta. Bruno deseaba que temblara por el frió que hacia, mas en su cabeza sabia que los malos recuerdos bailaban dentro de si.

    Kian le toco la –Tranquilo, campeón. Todo estará bien- Le dijo con una sonrisa que dio calidez a toda la carroza y logro mantener en su asiento a Bruno.

    El chico asintió con los labios apretados. Después mantuvo la mirada en la montaña mas alta de GrayLagoon.

    Llegados al pueblo pudieron ver lo diferente que se veía el lugar con la luz de día y sin nieve. A pesar de que la primavera había llegado ya hace dos semanas en GrayLagoon seguía haciendo un frío infernal. La carroza les llevó por ahí donde alguna vez había la mansión Lope. Kian, Gus y Martin les habían contacto con lujo de detalles la brutal batalla que se llevó a cabo en aquel lugar. Actualmente ya no quedaba nada de la mansión. Un grupo de trabajadores estaba moldando la tierra, no se sabia que era lo que se tenia planeado hacer, pero por lo que parecía era un parque o algo parecido.

    Para finalizar el viaje la carroza les dejó en la puerta de la alcaldía. Ahí les estaba esperando Chase Parker con el brazo hacia atrás y una larga sonrisa. Bruno admiro con detalle aquel cabello blanco como la nieve con raíces obscuras. Era el castigo o la marca de honor para un mago que lo dio todo en una batalla. Los ojos del hombre eran helados, blancos en su pureza mas magnifica. El hombre no tenia un brazo y por el cuello le crecía una cicatriz de color marrón que terminaba en la punta inicial de su mejilla.

    -¡Kian! ¡¿Cómo estas compañero?!- Preguntó el alcalde animado. Se acercó al soldado y lo envolvió en un fuerte abrazo.

    -He estado bien, pero las cosas en el cuartel se han puesto complicadas desde lo sucedido aquí. Quisiera ser como tu, tan solo mírate, de sheriff a alcalde- El joven empezó a reír y el alcalde le acompaño.

    -Las cosas también han estado complicadas por aquí. Apenas hace una semana deje de tener por aquí al servicio secreto. Una doctora loca me hizo muchos análisis.

    Bruno creía saber de que doctora estaba hablando el alcalde.

    -Por cierto, alcalde Parker, él es el joven mago del que te hable- Dijo Kian al señalar con la palma abierta a Bruno.

    El alcalde le tendió la mano y el joven la estrechó –Bruno Hellwell, señor.

    -Chase Parker. Me dijeron que estabas interesado en adoptar la magia de hielo. Es una prueba muy difícil. Te seré sincero. La mayoría muere y jamas son encontrados.

    Bruno apretó los puños. Un terror le recorría el cuerpo al escuchar aquellas palabras. Pero el ya había sufrido el peor de todos los horrores y sabia que aquel examen no habría de ser tan terrorífico –Se que es una prueba difícil, ¡pero estoy listo! ¡Empecemos de una vez!- Dijo con valentía.

    Kian se alegró –Me encanta ese entusiasmo, Bruno, pero primero quisiera que te acostumbraras a la temperatura del pueblo. Tendrás mejores posibilidades para pasar la prueba.

    -Eso es verdad- Dijo Chase señalando a Kian con el pulgar –Mañana en la mañana podríamos iniciar. Por ahora no les gustaría ir a comer algo, salí ayer del hospital y créanme que me muero de ganas de quitarme el sabor de su comida.

    Bruno y Kian soltaron unas risas delicadas. Justó después el alcalde les hizo pasar a su casa en la parte trasera de la alcaldía. Dejaron sus casas y tomaron rumbo hacia uno de los restaurante mas conocidos de GrayLagoon. Cuando se encontraban en el restaurante llegó Gus en una camioneta del ejercito.

    -¿Enserio pediste una camioneta para poder salir de vacaciones a GrayLagoon?- Preguntó Kian con mala cara.

    -Pedir no es exactamente lo que hice…- Dijo Chase al tomar asiento en la mesa.

    Chase empezó a reír –Es impresionante que hayas pedido vacaciones a pesar del estado del Cuartel en Hericent…

    -No tenían como negarmelas, llevó dos años de trabajo consecutivo. Ademas de que mañana sera mi cumpleaños. No me la pasaría encerrado en una oficina. En cambio voy estar vigilando a un niño en una montaña, ¡Así que quiero que me agradezcas mocoso!- Le dijo Gus a Bruno mientras le señalaba con el dedo indice. Kian y Chase no puedo dejar de reír, mientras que el chico estaba nervioso. La actitud de Gus siempre era tan inesperada, grosera y desvariante que le causaba una inquietud enorme a pesar de ya haber estado conviviendo con él mas de un año.

    -Kian me estaba hablando del nuevo Teniente General, joven Thomson- Dijo Chase al acomodar sus lentes.

    -¡Vamos Chase! ¡Me acabo de librar de ese idiota, no me hagas recordarlo! Me da una cerveza por favor –Le dijo a la camarera –Mejor hablemos de algo mejor, ¿Ya le dijeron al mocoso que se va a morir?

    -¡¿Cómo puedes decirlo tan calmado?!- Le renegó Bruno.

    -Tranquilo chico, es solo una broma- Le dijo con una sonrisa. Bruno se giró hacia la mesa un poco inquieto. Cuando el chico dejo de ver al soldado el joven empezó a hacerle gestos a los dos adultos de enfrente suyo con una mueca graciosa y la mano cruzando el cuello de punta a punta, haciendo referencia a Bruno perdería la cabeza. Los hombre empezaron a reír y esto solo puso a al chico un poco molesto.

    -Esta bien, cambiemos de tema…- Dijo Kian para poner un poco mejor al chico –He leído que los magos al tener que llevar a cabo una adopción mágica llegan a tener alucinaciones.

    El joven alcalde intentó chasquear con los dedos, pero solo logro hacer una ligero sonido apenas audible –Eso es verdad…

    -¿Eras diestro verdad?- Dijo Gus. Mas nadie le hizo caso.

    -Bruno, yo también soy mago de hielo. Recuerdo muy bien mis días durante la adopción. Recuerdo que empece a tener visiones de mi madre. Es muy extraño, podía hablar con ella y ella era consciente de lo que estaba sucediendo. Fue un momento muy bello el poder verla de nuevo- Comentó Chase con una sonrisa proveniente del corazón.

    -Eso pasa porque la adopción mágica libera fuerzas de la naturaleza. Es una brecha entre las facultades físicas de la naturaleza y una brecha entre el mundo espiritual. Existen mucho relatos sobre magos que dicen que vieron a no solo familiares, sino a personas muy cercanas a ellos, como un viejo amigo fallecido o alguna persona cercana a la familia, el mejor amigo de tu padre, por dar un ejemplo. En mi caso yo tuve visiones con mi abuelo. Mas también he sabido de gente que tiene visiones con animales, bebes, o incluso consigo mismo- Concluyó Gus con aires de superioridad.

    -Wow…- Hasta que por fin veo un poco de intelecto en esa cabeza tuya. Dijo Kian molestando a su amigo –En mi caso no fue así. Los magos provenientes de Clanes nacemos con la magia en en nuestra sangre y tenemos que llevar a cabo un adiestramiento en las artes mágicas para poder liberarlo. Una vez sabiendo magia se nos impone un objetivo, en mi caso Abraham Arcnaik me puso el objetivo de tener que detener los engranes del reloj de una torre en Hericent. La liberación de mi poder mágico consistía en que yo con mis conocimientos mágicos tenia que ser capaz de crear un aro mágico y escribir en el la formulación del hechizo para detener el tiempo. Fue extraño, porque a mi mente llegaban los símbolos y la escritura como si ya fuese parte de mi, aunque nunca lo había visto.

    -¡Entonces fue por tu culpa que llegue tarde a mi examen en la clase de repostería! ¡Discúlpate conmigo! ¡Ahora mismo estaría haciendo pasteles en los mas grandes restaurantes de Iglakesh!- Aulló Gus con fiereza.

    -¡Tenia siete años Gus! ¡Tu tenia a lo mucho nueve! ¡No me molestes con tus irresponsabilidades! ¡Y por cierto te lo creo por completo esas manos son dignas de un pastelero!- Le contestó Kian con cierta molestia señalando al soldado con el tenedor de su comida.

    -¡Arrepiéntete de eso! ¡¿Quieres pelear?! ¡Te haría pedazos!- Balbuceo Gus con la vena saltada por la rabia.

    Chase Parker reía al ver a aquellos dos amigo peleando a toda intensidad. No se había sentido tan animado desde hace mucho tiempo. Aquellos dos chicos en serio le agradaban.

    Bruno por otro lado no puso atención a la pelea. En su corazón nacía un sentimiento de valentía por querer iniciar su adopción mágica. El escuchar las palabras de que era posible que ahí adentro pudiese ver a sus padres le llenaba el pecho como nada en el mundo. La emoción le duro hasta la noche, donde no pudo dormir bien por estar imaginando el rostro de su madre o su padre. Estaba emocionado, muy emocionado.

    Al día siguiente Bruno y los tres adultos comenzaron su caminata por los bosques que rodeaban GrayLagoon. Descendieron hasta el inicio de la montaña. Aquel día hacia un frió infernal en el pueblo. Era así como si la misma naturaleza supiese que estaba por ser desafiada.

    Los arboles se volvían frondosos y furiosos al momento en que te alejabas del pueblo y te adentrabas en su profunda maraña de vegetación. Chase Parker les guió entre el bosque. Conocía todo su territorio como si fuese la palma de su mano izquierda, la única que le quedaba. El aire se volvía pesado en aquellos recónditos del bosque y los ruidos de animales se volvían ecos apavorizantes ante la mente de Bruno.

    Al final llegaron a donde empezaba la montaña mas alta, un conjunto de piedras grises en formación haciendo un camino. Era una casualidad de la naturaleza bastante extraña. Aunque bien decían que la diosa no había creado las cosas por casualidad.

    Bruno se posiciono en la frontera donde iniciaba la montaña. Chase pintaba el aro en el suelo mientras que Kian le pintaba los símbolos en el cuerpo.

    -Quítate la chaqueta…- Le dijo Kian con mirada seria.

    -Estas loco…- Le contestó Bruno.

    -Tu misión es tener que escalar esta montaña hasta su cima…

    -¡Eso lo se, ¿pero no ves el frió que hace?!

    -Esta adopción es tan peligrosa por lo mismo. Tienes que escalar esta montaña con el mínimo de ropas posibles y sin ningún tipo de herramientas para escalar.

    Bruno levantó la mirada hacia el pico de la montaña. Alta como las nubes. Imponente ante el diminuto chico. Sus rocas grisáceas eran hipnóticas. Tan pura como la naturaleza misma puede ser, pero tan obscura para aquellos que se atreviesen a retarla.

    Chase terminó de pintar el circulo a los pies de Bruno y se dirigió al joven mago -¿Qué clase de mago de hielo le tiene miedo a un frió como este?- Le preguntó señalandole con el gis con el que había pintado el circulo.

    Bruno por primera vez en el día se percato de la delgada chaqueta que usaba Chase. Entonces entendió que así como los magos de fuego resisten las altas temperaturas y son incapaces de sufrir quemaduras, un mago de hielo debería ser capaz de resistir las bajas temperaturas de aquella gruesa montaña. Tragó saliva y con los labios apretados, así como el ceño fruncido se quito la pesada chaqueta y un suéter que tenia debajo. Al igual que la camisa para poder pintarle los demás símbolos.

    El chico temblaba por el aire congelante que soplaba a todo pulmón. Gus se encontraba enfrente suyo con dos chaquetas una encima de la otra y un gorro para la nieve. Destapó una cantimplora y tomó de ella un poco. El joven se percató que Bruno le estaba viendo entonces levantó la cantimplora -¿Quieres vodka?

    -¡¿Qué clase de soldado le ofrece vodka a un adolescente de catorce años?!

    -¡Oye mocoso! ¡Mas respeto para tus mayores! ¡Cuando estés hablando contigo mismo ahí arriba espero que te recuerdes que bien pudiste probar el alcohol antes de morir!

    -¡Te juró que cuando vuelva te voy a congelar esa boca, Gus!- Le contestó Bruno con la peor cara que había hecho en su vida.

    -¡Eres igual de inútil que Kian! ¡Ya quisiera verte intentarlo!

    Kian se levanto desde la espalda de Bruno y con una sonrisa dijo –He terminado.

    -Ja, empieza a rezar, mocoso…- Se burló Gus del chico señalandole con la cantimplora justo después tomó otro sorbo.

    -¡Ojala te de cirrosis, maldito ebrio!

    -¡Por cierto no me felicitaste por mi cumpleaños! ¡Ni se te vaya a ocurrir subirte sin
    felicitarme!

    Un chiflido repentino y fugaz detuvo la pelea entre los dos chicos. Los tres hombres voltearon hacia la cima de una roca a la derecha. Ahí estaba Chase parado sobre la roca -¡Estamos por dar inicio!

    Kian le puso la mano en el hombro al chico –Si quieres terminar con esto ahora es el momento… Una vez arriba solo podrás terminar si le cedes tu sangre a la montaña
    voluntariamente- El soldado le tendió su cuchillo.

    Bruno lo tomo en el instante –No me echare hacia atrás en este momento- Le contestó a los ojos –Tampoco necesitare este cuchillo… pero gracias- Respondió con una sonrisa forzada. Kian sabia que el chico estaba aterrado, pues el también lo estaba, sin embargo veía la voluntad de Bruno quemando en sus ojos. No se rendiría.

    -Éxito, Bruno- Le dijo Gus mirándole a los ojos con una mirada retadora –Ese combate no suena mala idea- Y le sonrió.

    Bruno asintió con una mirada llena de orgullo. En ella se escribía una promesa entre hombres. Los soldados se separaron de él dejándolo solo ante la montaña. Hora se miraba mas grande que antes. Era el miedo, quizás aquello ya se podía llamar fobia hacia la montaña.

    Chase extendió su brazo hacia Bruno –¡Demuéstranos a todos de que estas hecho para cargar con el apellido Hellwell, muchacho!- Un aro mágico apareció en el brazo de Chase Parker y así como le habría de pasar a Mairis un día después. El sello en el piso empezó a desprender una potente luz blanca que hacia que todo obscureciese ante su pureza. Los sellos generaron aros por todo sus cuerpo y los geográficos en sus extremidades empezaron a multiplicarse hasta desaparecer como un copo de hielo al tocar una piel cálida. El brillo poco a poco dejó de desprender su luz. Los aros desaparecieron y Bruno sintió la presencia de la montaña como si estuviese vida. No, de hecho todo el mundo parecía estar conectado a él ahora. Lo comprendió todo. Era momento de comenzar. Se puso su delgada camisa. El frió ya no lo sentía. Su mirada era valiente. Corrió hacia la montaña y en un grito heroico saltó hacia la piedra empezando a subir peldaño a peldaño en tiempo métrico.

    Kian y los demás le admiraban con la mirada preocupada. No quedaba mas que confiar en el joven y su voluntad.



    (...)​


    Mientras tanto el sheriff, Mike y Bastian se fueron en un camino de seis días a un reino lejano el cual se encontraba cerca del mar. Al sur, tan al sur que si seguían avanzando lo único que podrían encontrar serian unas montañas y luego el mar para llegar al polo sur. Fue un viaje largo, tanto que Claarn se turnaba con el jinete para poder dirigir el carruaje, aunque a eso del cuarto día le impidió volver a manejar. Esto llegaba a preocupar un poco al trabajador o a Bastian, ya que el viejo soldado decía estar “manejando”, pero en realidad dejaba a los caballos ir a su bola mientras el leía un libro viejo que Bastian nunca había visto. Así que el jinete disfrutaba del belicismo paisaje por el el que estaban cruzando. Durante las noches descansaban en cabañas en pueblos pequeños o en campamentos en medio de los bosques.

    Durante los campamentos Bastian se escapaba de Claarn y tomaba a Mike para poder explorar los lugares a los que llegaban. Le explicó a su pequeño hermano el como guiarse por la estrella guía, la estrella mas vieja de todo el firmamento, también las mas brillante. Le explicó las constelaciones y sus significado. Se adentró con su hermanito vendo pinos tan grandes que parecía que nunca habían sido tocados por el hombre, al igual que en su inmensidad parecía que nunca les había golpeado algún rayo. Los bosques olían distinto dependiendo del lugar, algunos a maple, otras al aire fresco, al pino y otras a olores indescriptibles, pero que quedarían grabados en sus narices. Bastian le mostró y explicó que tipo de animales vivían por ahí, así como también le mostró algunos búhos en la obscuridad de la noche. En la investigación de un prado se vieron envueltos de un cumuló de luciérnagas que se levantaron ante su paso figurando las estrellas en la tierra. Antes de llegar a Calani pudo mostrarle a Mike un río hermoso que caía en cascada desde unas deformaciones de roca que se levantaban sobre el bosque. Y en ese mismo bosque se toparon con un alce a la orilla del río, era mas grande que aquel que alguna vez Martin le describió. El anime miró a los ojos a aquellos dos niños y simplemente les ignoro. Bastian y Mike estaban asombrados, una bestia de cuatro patas que media cuatro metros y medio de pezuña hasta el final de sus astas.

    El sexto día la carroza empezó a dejar atrás los bosques y cada vez se notaban mas las casas de madera en medio de valles limpios. El frió fue desapareciendo hasta empezar a ser un tiempo delicioso, como aquel que se desea exista todo el año. Con forme siguieron avanzando los huertos se veían mas comunes. Y con forme las casas avanzaban un muro de piedra cantera levantandoce diez metros sobre el suelo. Con forme mas se acercaban a ese muro pudieron sentir un calor mas húmedo, así como una vegetacion proveniente a una selva. A los costados de la puerta del mudo se tendían dos banderas orgullosas del reino de Calani. Así como sobre el arco se escribía en letras de oro el nombre del reino.

    Los soldados pararon la carroza y pidieron los documentos del los turistas. Bastian admiraba a los soldados de encima del muro, listos para proteger la entrada en caso de una invasión.

    Les dejaron pasar y ante todos ellos el reino de Calani dio presencia. Un reino de cerros cortos con casas de colores derivado del blanco, la mayoría con techos rojos. Con casas de grandes jardines y casi ningún edificio. Era extraño para Bastian, pues podrían decir que Calani era un reino, pero parecía mas un conjunto de pueblos pequeños en medio de una selva abundante y viva de arboles frondosos y de un verde chillante que generaba una sensación alegre. Los acantilados que se generaban entre los cerros dejaban ver la piedra color crema diferente a cualquier otra vista por los ojos de los dos niños. De lo que se percataron fue que en este reino abundaban los templos de la diosa y eran también los mas bellos vistos hasta la fecha. Grandes templos de estructuras únicas rebosantes de energía positiva, abundante de paz.

    La noche les fue alcanzando con forme avanzaban por Calani, el cual era un reino enorme, en comparación dentro del continente solo con Sanademik o Iglakesh. Arriba de una gran colina Bastian pudo echar un vistazo al reino, se iluminó en creces con luces de color naranja en cada casa y por las calles. Hacia el oeste Calani continuaba creciendo tomando forma de ciudad, pero sin dejar sus aires de pueblo. Una catedral de tamaño inigualable a todo lo que habían visto se alzaba en inmensidad ante toda las casas y pequeños edificios, en comparación a tamaño solo se le podría comparar el castillo en forma de circulo que se elevaba en forma de corona. Tenia cuatro entradas, cada una con estatuas sobre sus muros. Y sobre el patio trasero una bandera del tamaño de una casa se hondeaba imponente iluminada por la luz de la luna apuntando hacia el mar que se abría ante el reino y sus enormes puertos con enormes barcos.

    El reino era diez veces mas bello de lo que alguna vez se lo imagino. Sintió como su corazón le apretó la garganta al ver la belleza e inmensidad del terreno. El color verde le llenaba los ojos y el viento salado le acariciaba su piel blanca, peinando su cabello naranja.

    Amaba esta sensación. En este pueblo se respiraba libertad.

    La noche llegó y Bastian soñó con se un braco guerrero en un viaje por el mundo. El sueño mas sincero que alguna ve había tenido, pues pertenecía a él, no seguía a su abuelos o padres, solo a su deseo. No quería despertar. Levantó los brazos en un grito eufórico frente el ocaso en el mar. Y ahí supo que algún día el viviría eso. Luego despertó.

    La mañana siguiente la travesía continuó.

    De día fue mas bonito apreciar el crecimiento de Calani ante los ojos de Bastian. La ciudad se volvía carismática en una paz ligera de vida sin tiempo. Las personas bailaban, cantaban, tocaba y pintaban al son del viento que soplara el día. Las calles eran de piedra ovalada liza y hacia temblar a la carroza al pasar por ahí. En medio del cansado sube y baja que fue el pasar por esos rumbos, Bastian logró ver una cantina de gran tamaño, con fachada mal estado aunque por dentro estuviese bastante bien. Las personas dentro de aquella cantina se miraban rudas. Debían ser los “Caza recompensas” de los que le hablo el viejo Claarn. A simple vista no eran peligrosos, pero eran certeros con su presa y de lo mas peligrosos si te metías contra ellos. Un lugar el que recordar no molestar.

    Mas pronto que tarde se toparon con los puertos, todos tan variantes dependiendo el uso. Sucios, de tablones aleatorios para los mas pobres, bandolas y caza recompensas. Sencillos y cuidados para los comerciantes. Pintados, de perfecto estado y madera cuidada, con negocios abundantes para los mas ricos. Y los mas grandes al igual que resistentes para los buques militares y grandes barcos de carga.

    La carroza les termino dejando en una blanca playa de agua azul como el cielo, ahí donde se encontraba un puerto sencillo y muchos barcos pequeños. Claarn bajo las maletas y agradeció al jinete dándole una propina para alimentar a caballos tan fuertes con la mejor comida que pudiese comprar. Seguido de eso subieron a un bote blanco rentado a un anciano que Claarn parecía conocer de hace mucho tiempo, pero con el cual no tenia mucho de que hablar. Izaron las velas y barco empezó a moverse rumbo a un destino desconocido para Bastian. A las dos horas pasado el medio día Bastian ya había vomitado dos veces por el mareo.

    -¿Así quieres ser parte de la marina?- Le preguntó Claarn al momento de estar en el timón. Su gestó mostraba lo decepcionado que estaba por el joven.

    Bastian se giró poniendo la cabeza sobre la madera del borde del bote. Su rostro estaba enrojecido por el sol y la sal de viento. Respiraba agitado. Mike corría con una toalla para que se pudiese limpiar la boca.

    -Seré un aventurero…- Dijo Bastian sin fuerzas.

    Claarn volteó con un ceño extrañado -¿Qué?- Preguntó viéndole.

    Bastian volvió a coger el suficiente aire para poder hablar –Ayer tuve un sueño…

    -Yo ayer tuve un sueño de que seria rey de Sabbateli y eso no significa que quiera serlo. No digas tonterías…

    Bastian frunció el ceño, usó todas sus fuerzas para ponerse de pie –Hablo enserio…- Le gruño a su mentor –Lo supe cuando vi Calani y su mar… Yo quiero conocer el mundo, pero sin estar atado a alguien…- Bastian de pronto sintió otra vez esas ansias de vomitar. Eran sensaciones verdaderas.

    Claarn le vio como ahogaba su cabeza fuera del mar y suspiró. Era un sueño tonto, eso pensaba como soldado. Aunque era un sueño sincero, pensó como maestro –Antes de cualquier cosa tendrás que aguantar viajar en barco no lo crees…

    Bastian cayó rendido sobre la madera del bote –Llevamos horas aquí arriba… Seguro es normal para alguien de estomago débil…

    -Llevamos dos horas- Le dijo Mike al recién llegar con la toalla y lanzarsela a la cara. El niño no tocaría a un chico lleno de vomito. Claarn se hecho a reír mientras sostenía el timón.

    -Mike, se buen niño, tráeme el catalejo- Le pidió el viejo.

    -¡Claro que si, capitán!- Gritó el chico haciendo un saludo militar. Saliendo corriendo de inmediato. Unos segundos después se lo trajo a su padre.

    El hombre vio por el lente y sonrió –Mira hacia enfrente cien grados al bote- Le dijo Claarn con un tono paternal. Con una mirada tierna al ver al niño.

    El niño levantó el brazo y se guió según lo pedido. Puso su ojo en el lente y gritó un enorme –WOW- Se acercó a Bastian y le lanzo el catalejo. El niño no tocaría a un chico lleno de vomito.

    Bastian lo atrapo en el aire –¿Ya llegamos…?- Preguntó con una voz enferma.

    -Si ese es tu sueño niño, primero te lo tienes que demostrar a ti mismo- Le dijo el hombre al girar un poco el barco. Bastian levantó el catalejo y a la lejanía logró ver una isla pequeña con enormes arboles, gruesos como cuatro casas, altos como edificios –¡Estamos a tiempo de volver, estomago débil! ¡¿Estas listo?!- Grito Claarn emocionado.

    Bastian se irguió ante el métrico golpeteo de las olas. Caminó hasta la proa. Se termino de limpiar y tiró la toalla al suelo. El viento le movió el cabello y la sal le secaba la piel. Levantó el dedo y señalo en dirección de la lejana isla. Puso el pie sobre la borda y gritó -¡El viento no sopla en dirección contraria a esa isla, timonero!

    Claarn levantó una larga sonrisa –¡Entendido!

    -¡Vamos a toda velocidad Capitán Arcnaik!- Gritó Mike emocionado poniéndose a un lado de su hermano.
     
    Última edición: 11 Junio 2019
  6. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 25 - Hielo. Tres Luces.
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    67
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El Legado de los Héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    30
     
    Palabras:
    5018
    Capitulo 25 – Hielo. Tres luces.

    [​IMG]

    -5 de abril de 2893 D.C.-

    Bruno subía a paso lento la montaña. Se detenía para descansar en lugares como cuevas y peldaños huecos. Tomaba ramas secas de la pobre vegetacion del lugar y con ayuda de sus conocimientos sobre sobrevivencia prendía fogatas que le servían para calentarse. Su examen le impedía comer cualquier cosa que no estuviera en la montaña, así que lo que alcanzara a ver como eran insectos, algunos murciélagos y en una ocasión unas ratas blancas de buen tamaño; era lo más que podía comer, aunque también encontró algunas pocas raíces.

    Tenía los pies y las manos destrozadas por las duras piedras que tenía que escalar, también contaba con cortadas por toda la espalda y por el abdomen de caídas pequeñas que sufría. La nieve se volvía roja por toda la sangre que perdía, dejando marcas de sus manos en todas las fisuras con nieve, dejando su rastro en todo lugar que pisara. A lo largo de la escalada sufrió en intervalos largos de hambre y sed. Con el pasar de los días sus heridas empezaron tomar un colo obscuro que se expandía a un ritmo calmado, pero constante. Se estaba transformando en una víctima más de aquella montaña, en una víctima más de aquel horrible examen.

    Cada vez que subía un peldaño más, se sentía bien, pero era cada vez más difícil. Sin embargo él creía que podría lograr terminar aquel reto, aunque ese espíritu termino cuando llego a la mitad de la montaña al tercer día. Aquella tarde llegó a una cueva donde empezó a preguntarse porque hacia lo que hacía. La duda no era lo mejor en aquella situación. Bien decían que el peor enemigo de uno es uno mismo. Estuvo durante horas sin moverse viendo la pequeña fogata perdiendo la voluntad. El frió de afuera era horrible. Admiraba desde su rincón como el viento revoloteaba nieve de un lugar a otro. Sentía el poder de la montaña dando todo de su para impedirle pasar. En el viento escuchaba la risa de aquella formación de roca. Aunque sabia el porque lo hacia, que seria del mundo si cualquiera pudiese dominar la naturaleza.

    Por el resto del día se recostó con el cuchillo que le dio Kian. El dolor era poderoso y el sentir como se congelaba su espíritu era horroroso. De no ser por esas pequeñas hogueras que creaba quizás ya hubiese muerte.

    A lo largo de la noche tuvo que prender tres hogueras mas, cada una mas pequeña que la otra. Era como si toda aquellas raíces y ramas secas que había visto dentro de aquel hueco en medio la montaña hubiesen desaparecido. Era como si la montaña le estuviese empujando a continuar. Ahí filosofo sobre la voluntad de la tierra, tan ruda e indomable, pero en disposición a moverse y en consecuencia moverte con ella.

    Mientras se quedaba dormido miró dentro de las llamas y pudo ver cosas dentro de ella. Fue como un viaje como lo llamaban los vagos de LaneCloud, aunque Bruno lo sintió mas profundo, personal, una sensación de un viaje, un viaje astral evadiendo el tiempo. Debían ser las visiones de las que hablaron los chicos mientras comían en aquel restaurante. Ese fue su mecanismo para mantenerse despierto, si es que a esa sensación de paz podría llamarse estar despierto. En algún punto de la sensación Bruno pensó que quizás esa era la sensación que se sentía antes de morir.

    De entre la llamas pudo ver muchas cosas. Eventos de sus pasado, tan vividos que creía estar reviviendo aquellos momentos. Recordó su vieja vida en las afueras de Milloria con todos sus compañeros en la escuela rural. Logró ver las caminatas por los campos verde y como los ancianos le saludaban de manera tan amigable. Se vio a así mismo jugando ajedrez con Edward. Amaba cada segundo de sus partidas. Era un sentimiento que nunca había vuelto a revivir. Mairis sabia jugar, pero no era buena. Bastian decía que le aburría, así como Martin. Y Claarn decía que no sabia jugar. Extrañaba el jugar ajedrez con Edward, al cual venció solo una cuarta parte de todas las partidas que tuvieron.

    Su rememorización de momentos le llevó a recordar cuando tenia tres años y Eva, la prometida de su hermano, le llevó a la playa. El niño jugaba en el agua con otro montón de niños. De vez en cuando volteaba hacia la arena y miraba a Eva con Mairis en los brazos, una hermosa bebe de un año y medio de edad. Observaba a las demás madres chuleando a Mairis y Eva se sonroja al momento que le preguntaban por su hija, a lo cual ella se negaba entre risas y sonrisas. Quizás Eva nunca lo supo, pero para Bruno y Mairis, Eva había sido mas que su cuñada, había sido le mejor madre que pudiesen haber tenido.

    Su memorias siguieron, pero no hubo rastro de sus padres. Esto deprimió a Bruno, volviendo a las visiones un tanto mas amargas. Sintió de nuevo el dolor en sus palmas al recordar cuando puso sus manos en la ardiente escotilla para escapar de su casa el día de la muerte de su hermano. Recordó cada instante de angustia al momento de estar tratando de curar a Martin tras el ataque de “La Nueva Cabeza” hace tres años. Su cuerpo se entumeció al tener secuelas de los duros entrenamientos de Claarn. Su corazón casi explotaba al momento de recordar su angustia al saber que Mairis había sido secuestrada y sintió un dolor terrible en la cabeza al revivir cada bala incrustada en la cabeza de todos esos mafiosos. Y la gota que colmó el vaso, se imagino a si mismo viendo de nuevo el funeral de su hermano y cuñada. El sentimiento mas horrible que alguna vez había sentido.

    Bruno volvió en si con lagrimas en sus ojos. La llama estaba por extinguirse y la noche todavía era larga. Esperó hasta que la llama desapareció. Se quedo imbuido en la obscuridad durante una hora. Resistió todo el frió que puso hasta hacer una nueva hoguera. Una pequeña pero que resistió hasta la mañana.

    Al próximo día Bruno se levantó con mas fuerzas que antes. El clima estuvo a su favor, pues el viento dejó de soplar y la nieve cesó. Subió gran parte de la montaña. Su mirada estaba fija en la cima. Cada que descansaba solo tomaba aire, miraba lo alto que había llegado y seguía subiendo.


    (...)​


    En la parte de abajo los tres jóvenes hablaban mientras cocinaban la carne de un jabalí recién cazado por Gus, el cual duró una hora entera fanfarroneando sobre su impresionante habilidad.

    Chase acaba de llegar, pues había terminado su trabajo en la alcaldía por el día de hoy. El hombre acababa de tomar asiento en el campamento de los soldados. Kian y Gus peleaban por algo sin sentido y el alcalde no se pudo imaginar como debieron haber sido todos aquellos días de campamento.

    Mientras comían Chase les comentó la noticia.

    –Hoy estuve hablando con el nuevo Teniente General de Hericent.

    –¿Ya lo amas?– Le cuestionó Gus al hacer mala cara.

    –Es un hombre… Llamemosle especial…

    –¡Ese hijo de perra es un idiota, es lo que es!– Gruño Gus, justo después le roñó su hueso con furia –¡Sigo sin entender como es que alguien tan quisquilloso, lambiscon, miedoso, quejumbroso y sin sentido del humor, fue capaz de ser Teniente General!

    –¿Palancas?– Mencionó Kian.

    Chase chasqueó los dedos de la mano izquierda. Esta vez si le salio –Esa suposición me agrada.

    –Bueno, no importa el Teniente General… ¿Qué fuiste a hablar con él?– Le preguntó Kian al partir su carne para poder comerla con tenedor.

    –En realidad fui con el actual General Lecter, sin embargo su Teniente General estaba ahí…– Comentó Chase con desagrado –Pero es que fui a darles una proposición… Quiero crear un cuartel en GrayLagoon.

    –Veo que tienes ganas de crear el ejercito mas pequeño de todo Dorinda. Me agrada tiene potencial– Dijo Gus al tirar su hueso hacia los arboles como si fuese un boomerang.

    Kian empezó a reír. Llevo su mano a su boca y dejo que su gracia se le escapase –No me malinterpretes, Chase, pero no creo que GrayLagoon tenga la suficiente gente para poder formar un ejercito.

    –Estoy al tanto de ello…– Comentó el hombre al tomar un sorbo de su bebida. No se había percatado que el ebrio de Gus le había echado alcohol. No sabia mal, pero no era lo mejor para él tomar alcohol. Así que en un momento de despistes del chico tiró toda su bebida –Mas que un ejercito estoy interesado en ser mas como una división del cuartel de Hericent.

    –Una división me suena bien. Aunque el pueblo sigue siendo pequeño, igual y una brigada estaría bien.

    –Podríamos ser de ayuda para Hericent en tiempos de muchos problemas. Quizás GrayLagoon podría hacerse cargo del Norte, mientras que ustedes se hacen cargo de todo lo demás.

    –Nada mal, manco– Dijo Gus al tomar otro pedazo de carne y comenzar a devorarla con velocidad errática –Parece que vienes mucho mas activo que el anterior alcalde. Aunque para superarlo es fácil…

    –Gracias. Si el General Thomson acepta el proyecto tras su regreso pediré ayuda al Coronel Price, he escuchado que su familia tiene un negocio bastante bueno en el entrenamiento de seguridad privada. Quizás podríamos llegar a un acuerdo y pueda traer su negocio para que entrene a la gente de GrayLagoon– Menciono el hombre animado, con el brazo moviendolo tratando de hacer señas que describiesen la idea. Casi como si se lo estuviese explicando a un niño.

    –¡Es una idea genial! Por parte de Martin no te preocupes, te ayudara, de eso seguro. Aunque si GrayLagoon llega a volverse una división de de Hericent…– Kian levantó la mirada hacia los ojos blancos del alcalde detrás de aquellos lentes delgados. La mirada del joven capitán se volvió muy seria. Una sonrisa retadora y avivada le llenaba el rostro –LaneCloud también tendría la posibilidad de tener su propio cuartel… ¡Gus, deberíamos intentarlo también!
    –Obviamente yo seria el General de División– Le dijo Gus con la ceja levantada y apuntándole a su amigo con lo que quedaba de su pierna de puerco.

    –Eso ya lo discutiremos cuando acepten los cuarteles… Aunque no me agrada la idea de tener a un General de División tan débil…– Dijo el chico al levantar lo hombros.

    –¡Por eso mismo tu no lo seras!– Gruñó Gus rabioso. Con un rugido que espantó a los mismos carnívoros de la zona.


    (...)​


    Bruno resbaló de un peldaño varios metros golpeándose la espalda y las costillas. El dolor fue pasajero en el momento, sin embargo el dolor se apoderó de si con forme los minutos contaban.

    Llegada la tarde empezó a sentir como su cabeza empezaba a darle vueltas. En un charco congelado logró verse las mejillas, estaban sonrojadas de una manera distinta a como las había tenido otros días. Se revisó las heridas, tenia moretones negruzcos en el cuerpo debido a las caídas y aunque no quisiera aceptarlo era cierto que no podía respirar bien, una o mas costillas debían estar rotas… Las cortadas que escalaban a su ritmo tranquilo se habían estancado, pero las venas que conectaban con la mancha verdosa empezaban a hincharse de color rojo obscuro. Si habría de durar mucho mas en aquella montaña moriría por la infección o congelado. Así es como Bruno continuó avanzando incluso durante unas horas de la noche. La cima en el manto de la noche era una sombra invisible que ya no generaba pasión por continuar. Aun a pesar de no saber que tan cerca estaba, en su corazón sentía a la montaña cediendo ante su poderío. El cansancio le domino y terminó en una cueva pequeña. A lo largo del día no había podido conseguir comida, ni tampoco ramas para poder mantenerse caliente. Sin embargo en aquella cueva encontró unas raíces comestibles que le aliviaron el apetito y había la suficientes ramas para crear una fogata pequeña. Habría de aprovecharla en la parte mas helada de la noche.

    El chico trato de dormir, sin embargo la enfermedad le ocasiono un cuerpo cortado incapaz de ignorar. El dolor era profundo en cada articulación y sentía como sus heridas le ardían como aquella vez sintió que se le borraban las palmas. La fiebre empezó a aumentar y su cuerpo comenzó a sudar, causándole mas frió. La cabeza le daba vueltas, era incapaz de controlar sus ojos que giraban con voluntad propia. El terror le consumía su conciencia al ver sombras humanoides en la profundidad de aquella cueva. Se estaba volviendo loco dentro de aquella montaña.

    Encendió la fogata pasada la media noche. Se sentó tan cerca de la fogata que sentía que le quemaba, pero estaba tan frió que la sensación le gustaba. El cuerpo ya no le reaccionaba al punto que se quedo congelado observando las estrellas a través de las llamas. No podía seguir adelante, era demasiado, estaba muriendo intentando pasar su examen. Sus ojos negros estaban tan obscuros como sus ojeras y las llamas danzaban ante ellos en un movimiento hipnótico. Después pudo ver como las estrellas bailaban emparejadas con el ritmo al que salían las llamas. La voz de una mujer empezó a escucharse, Bruno había perdido la capacidad de moverse a tal punto que ni siquiera luchó por buscar el lugar del que venia la voz. Mas la escucho, tan atento como niño escucha un relato épico de un bravo guerrero. Era melodiosa, angelical, satisfactoria para el oído. Y sonaba tan interna que creía que la voz provenía dentro de si. Ante sus ojos las estrellas empezaron a formar cuerpos celestes que ilustraban cosas en el cielo al cantar de la voz:



    «La obscuridad te imbuirá y saldrás de ella, pero jamas podrás andar por el mismo camino siendo el mismo. Tu mundo cambiara distinto a lo que tu llamas deseos y yo llamo obligación. Tu destino se moldeara ante este nuevo mundo, fortaleciéndote en el oro y llamas. Diez mil sombras serán cargadas a tus espaldas, tanto blancas como negras. Desde el día en que apuntaste con un arma tu mano se volvió un arma y así se quedara. Veras la luz de nuevo y la perderás. Volverás a envolverte en sombras al tiempo que vez dos luces: una sera aquella luz que te acompañó, la otra será una luz obscura que conocerás en un instante fugaz.»


    Bruno pudo ver tres cosas que llamaron su atención. La figura de una mujer y una niña. La figura de una mujer con dos niños. Y una mujer brillante que terminó con la ilusión. Sintió su cuerpo caerse de espaldas. En la cueva retumbo un eco al tronar de la cabeza de Bruno con la dura piedra.

    Los oídos de Bruno empezaron a escuchar pisadas. No podía ver que sea cercaba su mirada estaba alineado en dirección al techo de la cueva. Entonces empezó a escuchar unas voces hablar muy cerca de si. Era su voz.

    –Déjalo.

    –Tu no tienes la suficiente capacidad para lograrlo.

    –Débil.

    –Sin talento.

    –Nunca seras alguien tan grande como tu hermano.

    –Acepta tu destino. De todos tu eres el menos talentoso.

    Recitaban sus otros yo al rodearle. Viéndole con ojos tristes, amargos, decepcionados, todos manchados de sangre y cargando un arma. Eran demasiados, todos escupiendo negatividad al pobre Bruno en el suelo. Hablaban de todo, de su vida, de su incompetencia, de como es que en realidad sentía celos de cada uno de la casa, de no ser el hombre que alguna vez creyó que estaba destinado a ser. Cada frase que decían sus bocas le dolían, mas muy en el fondo sabia que era cierto. El chico vio como las sombras de la cueva empezaban a comer la piedra dejando solo a las figuras de su cuerpo.

    Con todas las fuerzas que le quedaban Bruno empezó a gritar que se callasen. A lo que todas sus figuras obedecieron. El joven respiraba agitado con lo ojos a medio cerrar por el cansancio cuando vio que cada uno de sus cuerpos levantaba el arma en dirección a él. Cada uno disparó aunque sea una vez. Bruno aulló de dolor durante la fusilamiento.

    El chico se dio la vuelta entre augurios. Empezó a levantarse. Las venas en su cuerpos, así como los músculos resaltados mostraron la fuerza que estaba poniendo en su empezó por intentar erguirse de nuevo. Cada bala le devolvió al piso. Fue hasta que en un alarido consiguió la fuerza para levantarse un poco mas de lo que antes había logrado. Una mano le ayudo a levantarse, el no vio a quien pertenecía, pero aprovechó la oportunidad y salió corriendo cueva adentro.

    Tras el largo escape de aquellos clones molestos, Bruno llego a entrar a algo parecido a un laberinto de piedra, había muchas pasillos que se conectaban, confundiéndole, mas el chico era listo a pesar de estar medio moribundo, dejo marcas de sus manos en el lugar para saber por cuales pasillos había pasado. Se encontró con pinturas en las paredes y restos de lo que parecía haber sido una batalla, sangre y rasguños no humanos.

    –Quizás algunos nómadas antiguos vivían aquí– Dijo uno de los clones de Bruno, asustandolo.

    El verdadero Bruno del susto cayo al suelo. Aterrorizado tomó una raíz que se encontraba a su lado derecho y le apunto con ella al clon mientras le exigía que se fuera –Corre y vete con los otros, no quiero escuchar las estupideces que digas.

    El clon miraba hacia el fondo del pasillo sin hacerle caso a Bruno –No soy como los otros, te darás cuenta porque yo te sugiero que comas esa raíz en vez de estar apuntándome con ella– Bruno respiraba agitado pero se dio cuenta que era verdad, podía comerla, tenia hambre, la enfermedad le pedía nutrientes.

    Tras terminarse su delicioso bocadillo Bruno habló con el clon, un poco más tranquilo –¿Cómo que no eres como los otros?

    –Yo soy una copia de tu lado bueno, sabes, dentro de ti no solo eres malos pensamientos– Respondió de manera arrogante.

    –Tal vez pensaba así porque cierta copia no apareció para ayudarme– Comentó molesto el Bruno original, pero la copia no parecía inmutarse.

    Su clon giró la cabeza para verlo y le pregunto –Te ayude a levantarte, por poco y hubieses terminado ahí… Deja eso de lado, ¿No se te hace extraño este lugar?

    Fue entonces cuando lo comprendió, en realidad era curioso que un lugar como este se encontrase allí. Bruno se levanto para seguir recorriendo el extraño laberinto, le pidió a él, no a su clon, era una situación extrañan… Que le acompañase a explorar los pasillos.

    Durante el camino, Bruno pudo percibir textos que aparecían como tatuajes en las paredes de la cueva. Era un idioma extraño el cual desconocía pues nunca lo había visto. Mas adelante empezó a ver cráneos, esqueletos con trajes abrigadores y armas sencillas como lanzas, también había una que otra espada vieja. Bruno sentía mucho frió y aquellos ropajes ancestrales se veían calientes de una manera ridícula. La tentación de la montaña.

    –¿Que paso aquí?– Pregunto el Bruno original.

    –Soy tu copia, si tu no lo sabes yo tampoco, genio– Contesto con sarcasmo.

    Bruno se pregunto: “Enserio soy tan odioso”.

    A lo que la copia contestó –Algunas veces.

    Bruno asombrado por la respuesta pregunto –Puedes leer mis…

    Interrumpido por su copia con una respuesta sarcástica – ¿Sera acaso que podre hacerlo porque estoy dentro de tu cabeza?– El chico ya no dijo nada mas y mejor continuo caminando.

    Dentro de los pasillos se dio cuenta que había quemaduras, rasguños profundos en las paredes, esqueletos de seres que nunca había visto también. Parecía que una batalla se había llevado a cabo hace mucho tiempo en ese lugar. Después de pasar varios minutos entre todos los pasillos posibles fue cuando llegaron al final de los pasillos, una intersección en un gran hueco dentro de la montaña, parecía el centro de todos los pasillos. En aquella intersección se encontraban mas esqueletos de muchos hombres y bestias desconocidas, mensajes aparecían marcados desde el inicio de la cueva hasta la punta final. Textos con el mismo idioma que los anteriores.

    –¿Ideas de lo que pudo haber pasado aquí?

    –Tal vez… no lo se… diría que guerra entre clanes, pero los esqueletos de esos cuerpos son extraños.

    Bruno miraba atentamente cada detalle que pudiese, era claro que esto seria algo muy interesante que comentar cuando volviera. Entonces una idea llego a su cabeza –Y si esto sucedió hace miles de años, quizás esos cuerpos con formas extras son de demonios…

    –Me parece una buena idea, estas hablando de la época en la que todavía vivíamos junto a los demonios.

    –Esto es muy interesante– Dijo bastante alegre el Bruno original.

    El clon le sonrió y luego asustado le gritó –¡Cuidado!– Mientras le señalaba hacia atrás de él, el original se sorprendió ante la reacción, volteó para ver que podría ser y después recibió un golpe, dejándola inconsciente. Cayendo al filo de sus sueños y conciencia.

    Abrió los ojos tras un largo sueño. La fogata había durado mas de lo esperado, mucho mas. Aunque debido a eso logró sobrevivir, pues una tormenta había traído una ventisca. La enfermedad no había cedido ni un poco. La montaña le estaba haciendo elegir, morir en la cueva o morir intentando llegar a la cima enfrentando todo el poder de la naturaleza. Bruno no podía dejar las cosas así. Tenia que seguir. No había luchado tanto por llegar hasta ahí para dejarlo así. Finalmente y con dificultad se levantó y caminó hacia las afueras del agujero. Desde la salida se alcanzaba a ver la cima de aquella horrible montaña. El frió era arrasador, y aun así Bruno apenas lo sentía. Su mente y cuerpo estaban tan mal que eran incapaces de diferenciar los tratos desalmados del clima.

    Poco a poco lo intentó nuevamente, solo faltaba unos metros, faltaba tan poco. Puso sus manos y pies en aquellas rocas afiladas como cuchillos y frías como el vacío que deja una persona al partir de tu vida. Subió, pasó a paso, lento, cada uno más lento que el otro, pero lo estaba logrando a su tiempo. La ventisca le congelaba la piel. La sangre que corría de sus heridas se congeló evitando seguir desangrándose. Los vientos le empujaban intentándolo hacer caer. Bruno aúlla ante la tormenta. Tras cada agarre el viento y el frió parecían ser mas fuertes. Habría de luchar hasta el ultimo momento de su vida. No cedería tan fácil. Un Hellwell no podía caer ante aquello.


    (...)​


    –¿Lo vez Gus?– Le preguntó Kian a su amigo. El joven se encontraba preocupado. La ventisca estaba atormentando el campamento de una manera horrible. No podía imaginar como es que estaba allá arriba.

    –¡Logre verlo! ¡Esta siguiendo a pesar de la tormenta!

    –¡¿Qué?!– Masculló Kian con los ojos bien abiertos.

    –No se mira bien… Debe estar en sus ultimas…

    –¡¿Pero esta cerca de la punta?!

    –Bastante… A unos metros de terminar…– El joven dejo los miralejos. Se giró hacia su camarada y su rostro se volvió serio. Esto preocupó mas a Kian, Gus no solía ser una persona seria –Se perdió en la ventisca… Solo nos queda rezar– Le dijo el joven al guardar los miralejos. Sentarse en la nieve cruzados de piernas y unir las palmas.

    Kian nunca había sido alguien tan creyente, pero en ese momento, al ser solo un espectador sin posibilidad de ayudar. No le quedo de otra. Se sentó a un lado de su amigo y pidió por su hermano.


    (...)​


    Bruno se encontraba en el final de la montaña. Subía cada peldaño con un alarido de dolor. La mano la tenia partida por múltiples cortes sanguinolentos. Había dejado una escalera de sangre al subir. Sus dedos estaban azulados rozando el morado. Sus labios estaban partidos por el frió. Puso su mano en el siguiente peldaño y la piedra de su pie se rompió, viéndose forzado a sostenerse con toda la fuerza de sus brazos en el filo de la montaña. Apretaba los dientes con fuerza, de sus ojos salia una lagrima que al instante se congelaba. Ante el estaba el peñasco final, solo debía de poner su mano en aquella punta que daba fin a su largo sufrimiento. Levantó su brazo derecho sintiendo el frió extremo pegandosele al cuerpo. Soltó un grito de guerra y puso su mano ensangrentada sobre la piedra nevada. Ya no podía ver nada la tormenta estaba desatada. Todo se volvía una bruma helada de color blanco. Se volvió imposible distinguir entre la nieve y su piel. Su mano se estaba resbalando del ultimo peldaño. Bajó su mano izquierda hasta su pantalón y tomó el cuchillo que le había otorgado Kian para desertar. Se empujo con su brazo derecho subiendo a la montaña y clavo el cuchillo en la roca. Agarró el cuchillo con ambas manos. Solo quedaba subir. Miró hacia arriba tratando de ver algo fuera de la tormenta, pero no había nada, solo frió y mas frió. Sus ojos empezaron a cerrarse. Se volvió imposible respirar. Sus oídos dejaron de escuchar. Su mente cayó en blanco.

    –Hace mucho frió…– Dijo Bruno para si mismo –Es triste…– Concluyó al ser capaz de ver el sol entre la ventisca.

    La ventisca se detuvo. Los músculos de Bruno dejaron de hacer fuerza. Creía haberlo logrado, pero su espíritu murió en ese preciso momento, las manos lentamente dejaron el agarre del cuchillo y el chico cayó desde la punta de la montaña en picada.


    (...)​


    –La ventisca se detuvo…– Susurró Gus al levantar la mirada.

    Kian se levantó con prisa, tomando los miralejos, buscó por todos lados, pero no encontraba a Bruno en la cima.

    –¿Qué pasó?– Le preguntó Gus. El silencio le rompía los nervios.

    –No esta…– Dijo en silencio Kian. La calma fue exasperarte. Entonces un grito de terror le puso los nervios de pinta a Gus –¡BRUNO!– Aulló el soldado del tiempo.

    Gus no lo comprendió por un momento, hasta que sintió una vibración en la tierra. Giro la cabeza hacia el cielo, era lejano, no veía nada, pero sabia lo que había pasado –Mierda– Masculló el joven el rostro serio. Sin pensarlo se lanzo hacia la montaña creando una base de roca, estaba por llamar a Kian cuando se percató que el joven ya estaba sobre la base.

    –¡MUEVETE GUS!– Le ordenó con un rostro de preocupación que Gus nunca había visto. Un aro mágico en su brazo apareció y aquella base empezó a deslizarse por la montaña como si de un ascensor se tratase. Viajaban lo mas rápido posible, cada vez mas fueron mas capaces de ver la situación de Bruno, el cuerpo del chico chocaba con la piedra tronandole los huesos y moliendo su carne en el camino. Cada golpeteo con la roca le generaba temblar a Gus, el cual sentía las vibraciones de la tierra.

    Estaban cerca de él chico. Gus estaba por atraparle cuando el chico choco con un pedazo de piedra que le partió la pierda volviéndola un pedazo de gelatina sanguinolenta que se movía como bandera en el viento. El soldado Thomson no fue capaz de atraparlo –¡MALDITA SEA!– Gruñó mostrando los dientes como una bestia. Una sombra le paso al instante a un lado –¡Kian estas demente!– Le reclamo al ver que el soldado se había lanzado por la montaña tras Bruno. El soldado de roca no le quedo otra mas que bajar.

    El viento golpeaba en el rostro de Kian. La sangre brotaba de Bruno le mancho el uniforme y la cara. No le importó en lo mas mínimo. Se encontraban cerca del suelo. Kian estaba por tomarlo. Quedaban unos pocos metros. El soldado estaba tan cerca del chico. Le quedaba poco tiempo. El impacto era seguro. Logró tomarle la mano al joven Hellwell. Kian soltó un grito y un montón de aros mágicos se plegaron entre los dos. El tiempo se ralentizo descendiendo lento hasta el piso. El soldado tomó a Bruno en sus brazos como si fuese una esposa a punto de entrar a su nueva casa. El joven estaba frio, lleno de sangre, moretones y venas infectadas que solo auguraban una horrible infección. Había luchado. Sabia que lo hizo hasta el final.

    Tocaron suelo. Gus llego los alcanzó un par de segundos después. El soldado de roca logro ver que Kian estaba checandole el pulso –¿Cómo esta?

    Kian giró la cabeza con el rostro mas angustiado que Gus hubiese visto nunca. La obscuridad llenó el rostro del soldado. Sus ojos se llenaron de venas y su piel se volvió blanca como la nieve. Estaba tan tenso que si alguien le tocaba quizás podría romperse. De un instante a otro, Kian desapareció.


    (...)​


    En el hospital de GrayLagoon Chase Parker estaba saliendo de su consulta medica. Hablaba con una enfermera bastante guapa. Hechó solo un vistazo a la puerta para darse cuenta que el clima estaba mejor. Entonces lo vio, de pronto ahí apareció Kian subiendo las escaleras y estreyandose con la puerta. Traía el cuerpo de Bruno en las manos. El soldado estaba sudando y respiradaba agitado, e incluso con su cansancio logró gritar –¡Un doctor! ¡Salvenlo! ¡ALGUIEN SALVENLO!– Al mismo tiempo que caía de rodillas al piso, pero sin dejar caer al chico.

    Chase no dudo ni un segundo en aventarse a ayudar. La enfermera y otros médicos corrieron a socorrer al soldado.

    –¡Todo estará bien, Kian! ¡Ayuda para el chico! ¡Ayudenlo en este preciso instante!– Los doctores levantaron a Bruno y lo llevaron a urgencias tan pronto pudieron.

    Kian al dejar de sostener a Bruno cayó al suelo, tosiendo al mismo tiempo que se agarraba el pecho. Se había sobre esforzado al llevar al chico y sin embargo aun así repetía las palabras –Salvenlo.
     
    Última edición: 9 Junio 2019
  7. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 26 - Fuego. El Castillo, la Torre y el Templo
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    67
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El Legado de los Héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    30
     
    Palabras:
    10398
    Capitulo 26 – Fuego. El castillo, la torre y la iglesia.

    [​IMG]

    -8 de Abril de 2893 D.C.-

    Mairis lo intentaba con una pasión y determinación asombrosa, pero no lo lograba. Llevaba un día entero intentando pasar su prueba. La cantidad de animales que murieron por no alcanzar a ser rescatados era incalculable. En su último intento del primer día, ella alcanzó a rescatar a casi todos los animales menos una familia de conejos y una familia de zorros que temblaban de terror entre las llamas, pero ella no pudo hacer nada pues fueron consumidos por las llamas desprendiendo un olor que causaba asco. El chillido de los animales fue opacado únicamente por el grito de desesperación de la chica.

    Volvió al territorio seguro. Ahí donde estaba Martin, detrás de unos muros de piedra que se levantaban justo después de iniciado el incendio. La chica se tiró sobre el pasto. Su cuerpo estaba lleno de cenizas. El rostro lo tenia negro y colorado a la vez. Su cabello se le había quemado en mas de una parte. Gran parte de su cambio de ropa estaba chamuscada y por su cuerpo habían quemaduras ligeras. Que mas tarde la chica habría de curar con magia. Por lo pronto permaneció sobre el pasto, recostada, tratando de olvidar los chillidos de los animales al morir quemados. Una imagen permanente que se le había quedado grabada a lo largo del día. Ya no podía llorar por ellos, sus lagrimas se habían evaporado, eso pensaba ella que era lo mas triste. Sintió de pronto la presencia de aquella familia de conejos saltando enfrente de ella, con un poco mas de enfoque logró divisar su alma partir del plano físico escapando al espiritual. Así como también vio a la familia de zorros posarse a un lado de ella, la olfatearon para después partir, desapareciendo entre la pared.

    Mairis agarró el pasto entre sus manos y lo arrancó con fuerza, imbuyendo un grito en el suelo. Lo estaba haciendo mal, llevaba demasiados intentos en aquel día y en todos habría de fallar por completo. Esta era la primera que salia bien por decirlo así. Mas no le quedaban fuerzas para continuar.

    Martin introdujo a los animales a un compartimiento donde los llevarían a un aula segura. Mairis tenia miedo de que usasen los mismo animales en repetidas pruebas, aunque tal parecía no era así. Sin embargo era incapaz de concebir la idea de como es que conseguían tantos animales, así como donde los tenían.

    –Es hora de descansar, Mairis– Le ordenó Martin al terminar con su trabajo.

    La chica se levantó con dificultad. Estaba exhausta. Se quitó su camisa chamuscada, quedando en un sostén deportivo. Se puso de pie ante los arboles quemados. De los huecos en las paredes salieron unas pistolas, eran como las pistolas que tiraban fuego para incendiar el hermoso bosque, pero estas se dedicaban a apagar hasta el ultimo centímetro de llamas. Cuando estas empezaron a tirar agua Mairis se introdujo dentro el bosque. Entre el hueco que habían dejado un grupo de arboles, recibió el agua como un alivio para su cuerpo. Las heridas le dolían al roce del agua con su piel. La chica los soportaba como toda una guerrera. Al tratarse de heridas menores era capaz de curarse, y así lo hizo. Salió del bosque hasta estar sana y hay que decirlo, también mas limpia.

    Martin le estaba esperando con un plato de comida. Se lo dio y le sonrió –Heraclida me dijo que esta muy impresionada con tu avance de hoy. Al principio lo hiciste fatal, para que te miento…– Le comentó entre unas risas nerviosas.

    –Gracias, Martin– Le dijo sin mirarle a los ojos. Hasta su voz sonaba exhausta. Martin estaba muy preocupado por el estado de la chica. Le recordaba a los días posteriores a GrayLagoon. Aquel gesto serio en su boca, esos ojos tristes y cejas dobladas no era normal en su día a día. El hombre quisiera poder ayudarla, pero no era posible. Sabia que era algo que ella tenia que afrontar sola, era por su crecimiento como maga.

    –Te veré mañana. Trata de descansar– El hombre agitó el cabello chamuscado de la chica y se dio la vuelta dejando la sala de entrenamiento.

    Mairis le vio partir.

    Regresó su mirada al bosque. Observó como los arboles volvían a florecer. Lo hacia algún mago de planta. Debía ser un trabajo duro el tener que repetir una forestación tan bella cada cierta cantidad de horas. La joven se dirigió hacia el bosque una vez todo el bosque volvía a la normalidad. Llegó hasta un conjunto de arboles, parecía ser el centro del bosque, ahí tomó asiento entre las raíces y el verde pasto. Llevaba su plato en la mano. Comió aunque no tuviese hambre en lo absoluto. Sabía que su cuerpo lo necesitaba. A pesar de tratarse de una carne con salsa agridulce muy parecida a la que tanto deseó probar en el restaurante, no le supo a nada. Se sentía muerta por dentro.

    No sabía que hora era, pero imaginaba que debía de estar rondando las diez o doce de la noche, recordaba que esos horarios eran los menos transitados en el cuartel de Hericent.

    En la obscuridad de la sala, alumbrada por luces tenues empezó a tener alucinaciones con los animales fallecidos en el bosque. La joven les miraba mientras yacía recostada en un árbol renacido al menos unas nueve veces. Los animales le miraban. Ella pensaba que la juzgaban, pero no, los espíritus de aquellos animales se acercaban a un lado suyo, se recostaban a su lado, así como es su regazo, tanto herbívoros, como carnívoros, todos en perfecta armonía. Mairis lloraba sin control mientras los acariciaba -¡Perdón!- Les pedía debido a su debilidad cuando los animales nunca se la pidieron, ni la necesitaban. La chica sentía la armonía de la naturaleza en toda su plenitud. Pero eso no le impedía llorar hasta quedar dormida.


    (...)​


    Al día siguiente su terrible dolor continuaba. El fuego era abrazador. El humo le impedía respirar y escuchaba los llantos de los animales sufriendo en las profundidades del bosque. De nuevo fue incapaz de concretar su misión al encontrar a un venado muerto entre las peligrosas manos del elemento mas impredecible de la naturaleza, el fuego.

    Lo intentó una y otra vez.

    La jovencita se sentía culpable, tan culpable que desearía morir en la hoguera una vez por cada animal. Queda pequeño decir que su mente estaba siendo dañada de manera catastrófica. Ella escuchaba el llanto de todos aquellos animales en su cabeza. Cuando creyó que durmiendo un poco dejaría de escucharlas lo intentó, pero los resultados no fueron los esperados, siguió escuchándolos y cada vez más fuertes. Tenia pesadillas con ellos, y esto le impedía conciliar el sueño como ella lo deseaba. Como veía que no paraban trató de seguir el examen así, intentándolo cuatro veces más. En el último intento del segundo día ella no pudo rescatar a una familia de venados, pero estuvo apunto de, solo que un árbol cayo encima de ellos aplastándolos. Lo vio todo de primera escena. Sintió su debilidad atomertándola dentro de su pecho. Sintió el fuego riéndose de ella. Llevó sus manos a su pecho y gritó con todas sus fuerzas sin lograr concebir palabra alguna.

    El fuego se acercaba a ella. Sentía su enorme poder acercándose –¡¿Porque?!– Gritaba mientras se tapaba sus oídos tratando de callar aquellos llantos, cayendo al suelo y golpeando el pasto hermosamente verde. Miraba las hojas de los arboles arder, cayendo ante sus ojos, quemándole la piel si le llegaban a tocar. Sus lágrimas brotaban de sus ojos azules manchando su cara negra. Siluetas de anteriores lagrimas marcaban su blanco rostro ennegrecido por las cenizas. La presión de la llamas le hacia sentir mal. A donde mirase recordaba animales que no había podido salvar. Quería dejarlo todo atrás. Su cuerpo y mente le pedían piedad.

    Mairis cerraba sus ojos, su cuerpo le rogaba descanso. De pronto su cuerpo se entumeció para terminar tambaleándose, concluyendo en la caída de la chica sobre el pasto y las cenizas. Las respiraciones eran pausadas, así como agobiantes. Sus ojos se cerraron contra su voluntad. En medio de la obscuridad de sus parpados sintió el dolor de miles de almas sobre su espalda. Las llamas infernales le causaron despertar de un gritó, abrió bien los ojos admirando lo cerca que estaban las llamas del bosque ardiente. Desprendían un calor intenso, descontrolado, místico. Se levantó lentamente y corrió hacia el lado seguro. Podría dejar la prueba ahí, pero no dejaría su vida.

    Martin esperaba impaciente el regreso de Mairis, aunque tratase de ser lo mas rudo posible, en su mirada se reflejaba el temor de no volverla a ver. De repente la pudo percibir dentro de las llamas Un árbol cayó a espaldas de la chica casi aplastándola y por un instante el hombre soltó un chillido silencioso que era muestra de que su corazón se había detenido. Al encontrarse Mairis en el lado seguro Martin fue a socorrerle, le tocó el brazo derecho tratando de levantarla, pero la chica soltó un grito de dolor.

    –¡¿Qué pasa?!– Preguntó desesperado al soltarla.

    –Duele– Repitió entre llantos –Duele demasiado…

    Martin temblaba al verla. No comprendía lo que pasaba, había procurado no tocar alguna quemadura.

    La chica volteó a verle, por un instante los ojos azules de ambos se conectaron. Martin apenas podía notarlos entre sus cabellos rubios sucios, chamuscados. Aquellos enternecedores ojos azules pedían piedad entre lagrimas secas –Por favor, déjame sola…– Le rogó Mairis con la voz quebrada. La chica sentía que la sola presencia del hombre desprendía una intensidad inmensa de calor que le causaba un dolor profundo, así como una desesperación sin igual.

    El hombre asintió apretando los labios –Sera todo por hoy…

    –¡No! ¡Yo puedo hacerlo! ¡Solo necesito un intento mas!– Gritó la chica desesperada.

    –No seas terca, te ciegas a ti misma, de intentarlo otra vez hoy morirías.

    –¡Pero…!

    –¡Cállate y has caso jovencita!– Le gritó Martin con mala cara. Un gestó que Mairis nunca había visto que le dirigiera a ninguno de los chicos. El hombre tomó un respiro y le señaló un troncó pegado a la pared –Te deje tu cena ahí. Mañana volveremos a iniciar– Abrió la puerta y sala de entrenamientos. Las pistolas empezaron a lanzar su lluvia contra las llamas del bosque. La chica tomó su comida y se introdujo entre los arboles para recibir el agua. Fue el baño mas doloroso que había tenido en su vida. Como si la bañaran con ácido muriático concentrado. Ni la briza del agua rompiéndose sobre las hojas restantes de los arboles enfriaban su ardiente piel.

    Las luces se apagaron como siempre, dejando apenas un tenue brillo que no incomodaba al sueño. Ese día hacia buen clima en el exterior y abrieron las ventanas de hierro dejando ver unas cuantas estrellas. La chica las admiró mientras comía. La comida nuevamente no le supo a nada. De hecho entre su paladar llegaba a sentir como si la comida entrase a su boca y se incineraba dentro suyo. Generando un sabor a carne quemada muy leve.

    Se recostó entre los arboles de nuevo. Respiró el olor de los arboles frescos, pero solo lograba oler aquel fétido olor a la piel de los animales al momento de ser consumidos por las llamas. Era un olor poderoso que se había impregnado en su nariz y por mas que quería no podía olvidar.

    Esa noche no vio a los animales, ya que su cuerpo terminó por ceder ante el cansancio y se derrumbó entre las raíces del árbol. Sus ojos se cerraron con calma. Admiró las estrellas antes de terminar poseída ante su sueño. Las rejillas dejaban pasar la poca luz del cielo nocturno. El rostro de Mairis estaba cubierto por franjas de sombras. En sus ojos se notaba el firmamento. Sus ojos se cerraron sin control alguno, cediendo ante la comodidad de la hierba.

    En medio de la noche escuchó ruidos extraños provenientes del bosque. Los ruidos le hicieron despertar. Con los ojos entrecerrados se dio cuenta que la luz del bosque era casi nula y el espesor de la sombra era poderosa. Tras lograr despertar por completó volvió a escuchar los ruidos en el bosque. Eran pisadas. Pisadas humanas. De pronto los susurros comenzaron. La chica se levantó. Su cuerpo estaba entumecido. Las luces artificiales de la habitación se habían apagado y la luz del cielo se había vuelto débil, Mairis lanzó un vistazo y apenas encontró estrellas en el cielo. Las pisadas se volvieron mas rápidas. La chica volteaba hacia donde las escuchaba. Entonces se dio cuenta de que no es que fuesen mas rápidas, para nada, sino que eran muchas, pero muchísimas pisadas. Los ojos de Mairis se movían de un lado a otro esperando encontrar la dirección de aquello que se movía. Las pisadas cesaron y el silencio impregnó el bosque. La respiración de la chica se volvió lenta. Pausada para que no la descubriesen. El corazón le latía desenfrenado a causa del miedo. Era lo único que escuchaba.

    Un sonido parecido a cuando se prende una cerilla se escuchó como una sirena de emergencia haciendo brincar a la joven de un susto. Mairis soltó un grito al momento en que todos los arboles se encendieron en llamas. Dejando ver decenas de cuerpos carbonizados con grietas ardientes.

    La chica ahogó su respiración en la garganta. La temperatura era tan alta que en cuestión de un par de segundos la hizo sudar. Y con el caer de la primera gota sobre la hierba todos aquellos cuerpos se lanzaron hacia ella en un aullido chirriante como el de un metal al rojo vivo entrando en contacto con el agua.

    Mairis corrió entre los arboles en llamas. Los arboles comenzaron a ceder ante el fuego ocasionando derrumbes. La chica evadía cada tronco que caía y de vez en cuando volteaba hacia atrás para ver a todo aquel centenar de cuerpo que corrían detrás de ella.

    Uno de ellos brincó de entre los arboles sin darse cuenta. La derribó y se puso sobre ella. Le puso la mano encima y esta le quemó la piel dejandole marcas en el cuello. La chica soltó un grito de profundo dolor. El cuerpo le destruyó la camisa volviéndola trapos. Cada que le tocaba era una marca mas, piel negra apestosa a carbón, una cicatriz mas en su piel. Mairis al no resistir mas el dolor logró poner su rodilla en el cuerpo, le levantó y empujó hacia los arboles. Su pantalón empezaba a quemarse. La chica se levantó contra aquel cuerpo y lo confrontó en un combate rápido. Le rompió el cuello en un descuido de la bestia, pero a cambio sus nudillos sufrieron las consecuencias, terminando encarnizados al rojo vivo generándole un profundo ardor.

    Los cadáveres ardientes se aceraron demasiado. La chica continuó corriendo. Su pantalón estaba encendido de la rodilla y las flamas le quemaban, pero de no seguir corriendo aquellas cosas le atraparían. El bosque se terminó, ahora solo había un prado extenso y una casa de madera. La chica no lograba entender lo que pasaba, pero la imagen se quedo impregnada sobre su cabeza, un cielo negro y un bosque incendiado. Una choza de pie. Y al fondo, aunque no lo vio con detenimiento, una ciudad consumida por fuego, invadida por los cuerpos ardientes.

    Mairis continuó corriendo hasta la casa. Subió los escalones de la entrada y abrió la puerta con rapidez. Echó un vistazo hacia atrás, no eran cientos, sino decenas de miles de cuerpos los que corrían en dirección a ella. Cerró la puerta. En cuestión de segundos los cadáveres calcinados se encontraban en la puerta, gruñendo con sus chillidos metálicos.

    –¡Niños es hora de irnos!– Gritó alguien de pronto a sus espaldas. Mairis se giró lentamente para ver a la persona de donde provenía la voz. Era un niño que aparentaba unos diez años. De cabello blanco y ojos rojos. Conectó mirada con ella. Era como si se conocieran. El chico se encontraba al final del pasillo de la casa, en el área de comedor, en el marco de la puerta trasera.

    –¿Quién eres?– Le preguntó el niño.

    Ella estaba por responder cuando las puerta empezó a romperse.

    –¡Mierda! ¡Ahí vienen! ¡Salgan, maldita sea!– Aulló el chico al entrar a la casa, perdiéndose entre las habitaciones.

    Un pedazo de la sala se levantó por poco, pero no por completo –¡Es muy pesada!– Gruñó una voz femenina. Mairis fue ayudar. Cuando levantó la tapadera observó a una niña rubia de ojos negros cargando con un bebe de cabello rubio y hermosos ojos verdes. Ambas se vieron a los ojos. Existía una conexión entre ellas.

    La puerta nuevamente empezó a romperse. Mairis tiró la tapadera hacia atrás y corrió hacia la entrada al ver como retumbaba por los golpes de los cadáveres. Puso todo su fuerza en la puerta para que esta no cayera. Los brazos de los cadáveres rompieron la puerta tomando las extremidades de Mairis, quemandole piel y carne. La chica aulló entre gritos de agonía.

    Nuevamente apareció el chico de cabello blanco entre el pasillo –¡Tenemos que irnos!

    –¡Tenemos que ayudarla!– Gritó la niña. Los llantos de tres bebes empezaron a escucharse en la casa. Mairis levantó la mirada y observó al chico de cabello blanco, cargaba a dos bebes de poco mas de un mes de nacidos, uno de piel blanca como la nieve y la otra con un poco mas de color.

    –¡No!– Gritó Mairis viendo a la niña –¡Ustedes váyanse! ¡Yo cuidare la entrada!

    –¡Pero…!

    –¡Cállate y has caso jovencita!– En ese momento comprendió como Martin se sentía.
    La niña empezó a llorar y corrió por el pasillo. El chico de la cabellera blanca la dejo pasar primero. Respiraba agitado, estaba asustado y preocupado.

    El niño trago saliva y dijo –Gracias.

    –¡Se que puedes hacerlo! ¡Vete!

    El niño desapareció por la puerta trasera. Ella se mantuvo ahí, deteniendo a los cadáveres ardientes. Seguían rompiendo la puerta, agarrando el cuerpo de Mairis con fuerza, parecía que trataban de romper el agarre de la chica. Pero Mairis no desistía. Los dedos de aquellos monstruos le arrancaron parte del rostro y le quitaron mechones de cabello. Uno de ellos le atasco los dedos en su pecho. Ella sintió como le perforaban el pecho. De pronto una espada le atravesó el obligo. Escupió sangre a borbotones. Y aun así, mantuvo la puerta de pie hasta que había conseguido el tiempo que ella consideraba suficiente para que los niños pudiesen escapar.

    Mairis se tiró hacia enfrente sosteniéndose la herida. La puerta cayó y los cadáveres incendiaron la sala y el pasillo. Salió al patio trasero. Siete tronos funerales ardían en fuego, siete cuerpos, siete varones, siete tronos con decoraciones distintas. No podía ver quienes eran. Pero al ver esos siete cuerpos una lagrima huyo del ojo que todavía seguía intacto.

    Mairis se giro, tomó la puerta trasera y la cerró en la cara de los cadáveres ardientes. Escuchó los lamentos de los monstruos golpeando la puerta. Puso su espalda sobre la puerta, cerro el ojo y se deslizó hasta el piso. Una vez sentada en la entrada abrió el ojo. Los tronos funerarios habían desaparecido. Mostrando ahora tres paramos distintos. Un castillo al Oeste. Una iglesia al Este. Una torre al Norte. Se puso de pie como pudo. Los cadáveres seguían intentado destruir la puerta. Aquellas tres estructuras desaparecieron haciéndose cenizas. Después toda la planicie se volvió cenizas. La obscuridad de la noche cayó sobre la chica. Inundando todo el escenario. Únicamente quedaba la puerta y ella flotando en la nada. Caminó hacia la puerta. Tomó el picaporte. La abrió y solo encontró luz.

    (...)​


    Despertó del sueño. Era de día. La puerta de la entrada a la sala de entrenamiento se abrió. Mairis corrió con prisa para ver quien era. Martin se sorprendió al verla. La joven se miraba con un horrible aspecto, como si estuviese infinitamente cansada, pero aun así vio en ella una energía en particular. Era como adrenalina.

    –¿Lista para comenzar?

    La chica no sabia que responder a ello. Seguían impactada por el sueño que había tenido. Había sido muy extraño y muy lucido a la vez. Se vio el abdomen, estaba sana. Se sintió la cara y estaba entera. Se observó los brazos, estaban en perfecto estado. Aunque se sentía cansada, como si apenas hubiese descansado.

    –Estoy lista… Eso creo…

    Martin un tanto dudoso levantó la mano y chasqueo el dedo. Las pistolas dispararon las llamas. Frente a él se encontraba Mairis, con una mirada decidida.

    –Entonces ve.

    La chica asintió y corrió hacia el bosque.

    Desde las alturas en la ventana que daba hacia el bosque se encontraba Heraclida observando. Justo después entraron dos hombres acercándose hacia ella para ver la prueba también.


    (...)​


    Mairis se encontraba en medio del bosque. Corría de un lado a otro como una gacela. Guiaba a los animales a encontrar la salida del lugar. Cargaba con animales pequeños en los brazos. Era su rutina en cada prueba. Sentía en profundo contacto el temblar de los animales. Sus llantos los escuchaba a centímetros de distancia. Esta vez estaba siendo mas rápida. Conocía el bosque de punta a punta. Era uno con el escenario. Esta vez parecía que lo lograría. A lo largo de los minutos Mairis cayo al suelo.

    Su cabeza le dolía. Sus oídos sentía que le retumbaban a tal punto que creía que le tronarían los tímpanos. Todos aquellos chillidos que había escuchado a lo largo de todo el inicio de su adopción parecieron juntarse de pronto derrotándola por completo. La chica gritó en medio del bosque pidiendo ayuda, pero las flamas ahogaban su grito. Tenia sus manos en los oídos. El pecho sentía que se le salia. Era un dolor psicológico muy poderoso. Mairis se levantó ante todo. Sabia que faltaban mas animales, lo sabia bien, había un par de llantos que no podía evitar escuchar a pesar de estar del otro lado del bosque. Corrió entre las raíces levantadas de los arboles. Tropezó mas de una vez, pero siempre se levantaba.

    En medio del recorrido, empezó a ver imágenes de los animales muertos que no había sido capaz de rescatar. La chica se detenía asustada al ver los cuerpos. Ante sus ojos volvían las escenas de muertes. El fuego consumiéndolo todo. Los llantos, a pesar de ser dos, se volvían mil y ella gritaba pidiendo piedad.

    Corrió con lo ojos cerrados, y los oídos tapados, conocía el bosque, podría llegar al origen de los pedidos de ayuda. Sin embargo, dentro de su cabeza logró sentir una conexión con el bosque. Se quedó quieta al empezar a sentir la vida de las plantas. Abrió los ojos y se destapo los oídos. No podía creer lo que estaba pasando. Ella era el núcleo de todo. La fuente por la cual el bosque se desmoronaba. Su cabeza lentamente se agachó. Abrió la boca sin poder gritar, pero en su corazón tenia una herida profunda. Conoció el sufrimiento en persona. Ella era el bosque entero, desde el césped, hasta el árbol mas grande, pasando por el animal mas pequeño hasta el alce mas enorme. Su cuerpo no podía soportar todo esa energía negativa. Se agarró el pecho. No podía respirar.

    Sintió como el árbol a un lado suyo moría, pero no podía hacer nada. Ni siquiera tenia fuerzas para poder esquivarlo. El tronco la golpeo, partiendole la cabeza y aplastandole la pierna derecha. Mairis rasgó la tierra por su pena. Apretó los dientes. Al sentir el bosque y la vida dentro de el logró encontrar a los dos renos que faltaban, uno hembra y uno macho. Estaban a metros de ella. Los podía ver desde ahí. Ellos la miraban, estaban asustados, ella lo entendía, estaban rodeados de fuego y troncos dolientes. El bosque entero estaba en ruinas. Giró la cadera y miró hacia el cielo. La pierna de Mairis le dolía, pero ahora empezaba a arder. Las llamas estaban consumiendo el tronco que le aplastaba. Las hojas de los arboles descendían como plumas envueltas en fuego. El aire era asfixiante, no quedaba oxigeno en aquella tumba ardiente.

    Lagrimas se deslizaban por la mejilla de la chica –Perdón… Hermano… Bastian, Mike… Perdón Martin, Claarn…– Poco después el dolor empezó a desaparecer. Todo se lleno de paz. Acomodó su cabeza en dirección a los arboles. Las hojas de los arboles encendían el pasto alrededor de ella. Entre las llamas pudo ver de nuevo a aquellos niños que vio en su sueño. Caminaban felices desapareciendo entre las flamas –Perdón…– Dijo una ultima vez –No puedo lograrlo…– Susurró desconsolada, con el corazón roto, con voz agrietada, con la tristeza misma acompañándola. Cayó al piso mirando a hacia arriba, viendo como las hojas de los árboles se quemaban y caían a un lado de ella encendiendo las plantas y a su alrededor. Escuchaba los lamentos de las plantas, de los animales que no pudo salvar, de toda la gente que pereció intentando aquel examen, sin duda alguna, eso ya era demasiado, cerro sus ojos decidida a no volverse a levantar.

    Entonces lo escucho –¡Mairis!– Era la voz de un joven.

    Mairis cerraba los ojos con fuerza, se mecía de un lugar a otro creyendo que la voz que escuchaba derivaba de la misma locura que estaba obteniendo. Eso no impidió que se sorprendiera al escucharla de nuevo repitiendo su nombre –¡Mairis!

    –Esa voz…– Mairis se giró lentamente después de escuchar la retumbante voz varias veces. La voz era cada vez mas fuerte. Vio que aquella voz venia de los venados, los cuales la miraban fijamente.

    Uno de los venados dio un paso hacia enfrente, era hembra por sus delicadas facciones y piel de un color mas claro, al fin estudiar tanto sobre animales le había ayudado –¡Puedes lograrlo, cariño!– Sonó una voz dulce y coqueta desde la imagen de esa venada. Era la voz de una chica.

    Mairis no sabia como interpretar lo que estaba viviendo en ese preciso momento, quizás eran alucinaciones por el cansancio o en verdad estaba escuchando voces provenientes de los venados. Las lágrimas empezaron a botar de sus ojos como si fueran grifos. Sus labios empezaron a temblar –¿Eva?– Tras decir esto, empezó a ver la imagen de Eva a los costados de la venada. Una mujer de belleza únicamente comparable a la de Mairis. Una sonrisa larga con labios rojos naturales. Un cabello largo de color dorado imposible de controlar, suelto como siempre le gustaba cargarlo. Alta, de largas piernas y facciones delgadas. Ojos del mismo color que la miel. Siempre tan vivos. Ella era la alegría misma. La mujer que siempre soñó ser.

    Sus ojos continuaron llorando al momento de escuchar la otra voz –Vamos, pequeña. Siempre has sido tan testaruda… Como Eva…– Seguido de unas risas –Aunque si deseas dejarlo así, solo quiero que sepas que esta bien…– A un lado del venado macho se encontraba Edward, su hermano mayor. Alto, a un par de centímetros de alcanzar a Claarn. De cuerpo atlético, cabellera castaño obscuro abundante que le llegaba a los hombros. Peinado con su ridículo estilo de libro abierto, como siempre le decía Eva. Piel blanca como la misma luna. Con unos ojos azules que iluminaban su rostro a pesar de ser pequeños. La sombra de una gruesa barba le manchaba la piel de la quijada. Tenia labios delgados, pero expresivos, así como sus cejas. El hombre le tendió la mano a la que hubiese sido su esposa. Le sonrió, con aquella sonrisa que siempre le hacia temblar las piernas a pesar de tanto años. La chica puso su cabeza sobre su pecho. Él le beso la cabellera rubia. Ambos le observaron con una feliz sonrisa en su cara– Sabes que para nosotros siempre seras perfecta, seas o no una maga. La chica apretó los dientes al ver como el fuego se acercaba a los dos venados. Los animales se asustaron, pero Eva les acaricio. Entonces los animales parecieron conocer la paz.

    –El fuego no es malo, Mairis. Es la esencia de la vida. Tan solo piénsalo, sin el fuego el sol no existiría y la vida seria imposible…– Le dijo mientras acariciaba al animal con la mano izquierda. En su mano se posaba una sortija de matrimonio que siempre presumía a sus amigas.

    Mairis al ver las llamas se giró empezando a golpear el tronco que le aplastaba la pierna derecha. Lo golpeaba con todas sus fuerzas, dejando gruesas abolladuras tras cada patada.

    –Sin el fuego no podría cocinarse la comida que comemos y en ciertos casos nos haría daño… Como la comida de Eva…– Comentó Edward. La joven le metió un ligero golpe en el estomago y el hombre reía animado.

    –Suficientes chistes…– Gruño la joven en silencio.

    –Esta bien, querida…– Dijo entre risas. Tomó un respiro y continuo –Aunque es verdad que sin el fuego la luz no podría ser y viviríamos consumidos en una eterna obscuridad– Eva asintió con una sonrisa forzada, como aprobando lo que decía su prometido. Las patadas al tronco en llamas dio efecto rompiendo la madera. Movió su pierna. Dolía. Estaba chamuscada con heridas muy serias.

    –El fuego es eso Mairis, vida, existencia, sobrevivencia, luz y sobre todo calidez– Continuo su hermano. Mairis se levantó con un grito. El pasto que la rodeaba estaba encendido. El fuego que rodeaba a los venados se incrementaba. El miedo en Mairis resurgió de nuevo.

    –Tu eres cálida amor, tu naciste para ser el fuego mismo, ahora no tengas miedo…– Mairis dio unos pasos hacia atrás, topando el tronco. Caminaba coja. La herida era insoportable. Tomo el máximo aire que pudo, tosiendo el proceso. Bajó la mirada y apretó los puños.

    –Esa es la Mairis que yo recordaba…– Dijo Edward con una sonrisa orgullosa.

    –Mi niña hermosa…– Dijo esta vez Eva con los labios apretados formando una sonrisa.

    Marido y mujer se vieron a los ojos. Se dieron un beso y justo después exclamaron al ver a la joven –¡Mairis, puedes hacerlo!

    La chica tomó toda la valentía que tenia. Se aguantó el dolor entre gruñidos. Corrió entre el bosque ardiente. Llego hasta el poderoso fuego que rodeaba los venados y se introdujo en él. Finalmente tocó tierra llegando al otro lado, abrazo a los dos venados y en un instante el fuego de todo el lugar empezó a remolinarse, entrando en la espalda de Mairis.

    El evento fue impresionante. Martin observaba boquiabierto desde el lugar seguro. Era hermoso. Como Mairis misma.

    La chica no se dio cuenta de lo sucedido. Se encontraba abrazando a los dos venados con fuerza. Mientras desbordaba lagrimas sin parar –¡Gracias por siempre estar ahí para mí…! ¡les amo a los dos por igual…! ¡perdonen por no poder haberme despedido!– Las lagrimas empezaron a brotar de los ojos de Mairis, estaba feliz de haberse rencontrado con ellos –¡No tienen idea como los extraño!– Gritó desconsolada. Sintió el abrazó de su hermano y Eva. Era la única razón por la cual había querido seguir adelante. Y valió hasta el ultimo segundo.

    La pareja empezó a desaparecer. Mairis vio como se desvanecían.

    –Convierte en la mejor maga de fuego de toda la historia– Dijo Eva y justo después le beso en la frente. Desapareciendo en tomas de luz.

    Su hermano se acercó a ella le tocó el rostro y le sonrió –Esto va de parte de ambos, Mairis– El hombre le dio un beso en la mejilla –Recuerda que te amo– Mairis no podía dejar de llorar al verle desaparecer volviéndose luz. En la vida se había sentido tan feliz como ese instante.

    Los venados la rodearon con su cuello en símbolo de agradecimiento. Los venados caminaron, pero se detuvieron al ver el paso lento de la chica por su herida. El macho caminó en dirección a Mairis y le señalo con sus cuernos su lomo. Mairis comprendió que trataba de decir y pensó que quizás en aquellos animales quizás quedaba un poco de Eva y Edward.

    Los animales le llevaron hasta la salida. Llego cabalgando al reno como si fuese un caballero de años de antaño. En su rostro se mostraba lo orgullosa que estaba de si misma. Aunque nada tan comparado como el orgullo que sentía Martin en ese preciso momento. Levantó a Mairis del reno y le dio vueltas en el aire como si fuese el pequeño Mike.

    –¡Quien es mi hermosa maga de fuego! ¡Tu lo eres!

    –¡Martin, por la diosa, no soy una bebe!

    El hombre la envolvió en un fuerte abrazo y la bajó al suelo –Perdón…

    –Descuida, tengo quemaduras leves en el cuerpo… La pierna es la que esta mal…

    El hombre revisó la herida con cuidado –Tendremos que ir con el doctor. La quemadura es bastante intensa…

    ¿La chica se encuentra bien?– Preguntó una voz gruesa desconocida para Mairis que hablaba desde una bocina de radio.

    Martin presiono el botón del radio que tenia en la cadera –Quemaduras simples y una quemadura bastante grave.

    Mairis volteo hacia la ventana donde se encontraba Heraclida. A un lado de ella se encontraban dos hombres –¿Quiénes son?

    Llévela al doctor del edificio. Después la quiero ver en la oficina de Lucinante– Ordeno uno de los hombres. Se dio la vuelta y desapareció.

    –El hombre que habló es el General de Kadamia– Dijo Martin al sacar unas vendas y tapar la herida de la quemadura –Esta impresionado por tu desempeño. Quiere hablar contigo. Lo hiciste muy bien– Le dijo Martin levantando la mirada y mostrando una gran sonrisa.

    Felicidades, Mairis. Ese hombre no se sorprende de casi nada– Comentó Heraclida desde el radio con una sonrisa desde la cabina de vidrio que se encontraba sobre el bosque. Seguido se dio la vuelta y desapareció de la vista de la chica.

    Martin apretó la venda, dolió un poco. Aunque la emoción que sentí en ese momento le impidió quejarse de cualquier manera.


    (...)​


    Tras haber pasado con el doctor y haber recibido medicinas, un tratamiento mágico y un vendado, se concluyó con que la pierna de la chica no había sufrido daños graves, podría caminar bien en cuanto la herida se arreglase. Sin embargo le quedaría una gruesa cicatriz. Esto desanimo un poco a Mairis, ¿pero cuantos guerreros exitosos llegaban a su lecho de muerte sin herida alguna?

    Al final de la consulta subieron al último piso, tras haber subido unas escaleras de cemento tapizadas con losetas finas, llegaron a la sala de la jefa de lugar. Una sala grande de color rojo y líneas blancas por dentro, muy bien decorada con varios cuadros y estatuas pequeñas. Para entrar tenías que pasar por una puerta de vidrio con rejas de metal, muy elegante. Mairis miraba temerosa desde el vidrio, pero se digno a pasar, ahí se presentaron formalmente.

    La mujer dejo de recargarse en su escritorio, camino en dirección a Mairis y la envolvió en un abrazo amistoso –Enserio que eres sorprendente, nunca me había tocado ver a alguien capaz de llevar a cabo la adopción con semejantes resultados y a tu joven edad.

    –Gracias. Fue bastante difícil…– Mencionó la chica un tanto sonrojada por el alago.

    –Tanto esfuerzo siempre trae frutos– Le susurró con alegría.

    –Señorita, Hellwell. He de decir que es digna de llevar el mismo apellido que su hermano, Edward– El General le tendió la mano. Y ella la estrecho. Su mano era dura y gigante en comparación a la de ella.

    –Mairis, permiteme presentarte al Gral. Kovaldik Yomur. El protector del reino entre las montañas– El hombre de cincuenta años de edad era alto, muy alto, sobrepasando los dos metros. Era robusto, pero de esa manera en que parece estar gordo, pero en realidad es masa de gruesos músculos. De piel marrón obscuro. Ojos pequeños y negros, con cejas desvanecidas. Una gruesa nariz con grandes agujeros nasales. Labios delgados y una barba de candado manchada en canas, así como un cabello pegado al cráneo con rayos plateados.

    –Es un gusto conocerlo, Gral. Yomur. Aunque para ser sincera– La chica agarró su sudadera y paso su mano por su cabello –Siento un poco de vergüenza al verlos a todos tan elegantes y yo estar en estas fachas…

    El General empezó a reír –Usted no se preocupe por eso, jovencita. Es normal después de haber trabajado tan duro como lo has hecho.

    Desde la inmensa espalda del Gral. Yomur salio otro hombre. Un hombre de cuerpo delgado de treinta años de edad. Tenia la piel pálida y un cabello tan largo como el de Heraclida, así como de un color bastante parecido también. Sobre sus ojos se notaban unas ojeras obscurecidas, faltaba poco para ser tan negras como sus ojos. Tenia la barba perfectamente rasurada. Labios rosados en una sonrisa bastante apagada. Era apuesto, aunque desprendía una presencia bastante deprimente.

    –Y yo soy Morgan Sabbath el Teniente General del reino, un gusto conocerla.

    –El placer es mio, Teniente– Le iba a estrechar la mano al hombre, pero su mano se encontraba vendada por alguna razón. Quizás alguna herida de batalla –¿No tiene problema?

    –Tranquila, no duele.– Le sonrió y agitó la mano. La chica la estrecho con delicadeza, pero a pesar de eso, sintió el forcejeo de la mano del hombre. Tras su fachada calmada y deprimente, se encontraba una seguridad impresionante.

    Martin saludo al los dos hombres después de Mairis. Era como su guardaespaldas personal. Estaba bien. Mairis se sentía mas segura así.

    –Debe de estar preguntándose el por que la hemos querido traer hasta esta oficina– Comentó Kovaldik al ver a la chica a los ojos. Esa era justo la duda que tenia la chica. Quizás querían premiarla por lograr pasar la prueba con rapidez.

    El General dio un paso enfrente y habló con serenidad –Conocí a su hermano, un gran hombre. Lamento su perdida.

    Mairis sonrió un poco, se recogió el pelo de la cara y después dijo –Gracias– Le llenaba el corazón el escuchar halagos sobre su hermano.

    El General sonrió y continuo –Veo que va por un buen camino joven Hellwell. Un camino igual que su hermano. Quería ofrecerle algo...

    Mairis se sorprendió ante lo dicho –¿Ofrecerme algo?– Se puso nerviosa y se cerró de brazos tocándose el tricep con delicadeza.

    El general parecía muy seguro de lo que quería, así que contesto sin ningún rodeo –Deseo que sea mi alumna.

    –¿Qué dice?– Preguntaron Mairis y Martin al unisono.

    –Lo que escucharon. Por tu edad seria imposible que pudiese participar en misiones del reino, pero yo me haría cargo de tu formación militar. Seras mi sombra, a donde vaya, tu iras. Te entrenaremos en todas las artes que sean necesarias. Y te puliremos hasta que puedas formar parte del ejercito cuando tu edad sea la adecuada. Llegado el momento trabajarías conmigo como cadete de mi escuadrón personal.

    –¿Formar parte del ejercito?– Dijo la chica con nervios entre tartamudeos –Pero apenas tengo doce años...

    –De eso no te tienes que preocupar, puedes entrar al ejercito con cualquier edad, si alguien de alto grado lo permite, es así como Arlong Price, el hermano mayor de su tutor entró al ejercito. Existen reglas que pueden aplicarse para personas especiales, especiales como tu... ¿Qué dices, aceptarías?– El hombre levantó sus manos como señalando a un abrazo, para que Mairis se sintiera en familia con ellos, pero no era así, Mairis retrocedió hasta donde se encontraba Martin sin quitarle la mirada al General.

    –¿Debo aceptar en este preciso momento?– Mairis le miro fijamente con miedo.

    –Sería recomendable ya que me tengo que marchar pronto, solo pase a despedirme de Heraclida. Fue entonces cuando quede fascinado por tu coraje en el examen de adopción– Mantenía aquella ligera sonrisa sobre su rostro. Parecía confiado, al igual que emocionado.

    Mairis giró la cabeza hacia Martin. El rostro de Mairis tenia ese gesto que rara vez tenia. Era duda, miedo, incertidumbre ante la presión de una respuesta y la duda de no saber si correspondía a su destino. La chica conecto sus ojos azules con los los de su tutor. Quería ayuda. Y era de entenderse, como todas las decisiones importantes de una vida, existe el temor al fracaso, pero por mas que se desee la respuesta a boca de otro, esa no seria tu respuesta. No seria tu historia, sino la que alguien eligió para ti.

    Martin levantó la cabeza y observó al General de Kadamia. El hombre apretó los ojos agudizando su mirada. Movía la quijada como creando presión. Esa confianza en la respuesta de la chica estaba desapareciendo gradualmente.

    –Gral. Yomur, si gusta darnos un segundo para hablarlo le estaría mas que agradecido. Prometo no quitarle mucho de su tiempo– Dijo el tutor con tono firme. El General del reino admiraba la valentía, responsabilidad, la firmeza, entre otros aspectos. Se dedicó a asentir.

    Mairis se giró observando a los tres altos soldados. Ninguno le dedico ni una palabra. La chica no lo sabia, pero lo hacían para no influir en su decisión. Parecían buenas personas. Quizás un tanto rectos, un aura bastante parecido al de Claarn, pero así como el viejo maestro, ellos también eran buenas personas a simple vista.


    (...)​


    La chica y el Coronel salieron por la puerta de vidrio. Martin la llevó hasta un balcón donde se podía apreciar la ciudad con la luz del sol por arriba de sus cabezas. La ciudad se hundía sobre un poderoso brillo mostrando su mejor cara ante la jovencita. Las piedras rojas de las montañas brillaban como los grandes cañones de los que se hablan que existen del otro lado del estrecho maldito.

    Martin se subió al barandal del balcón sintiéndose como cuando era adolescente y estudiaba en una rica escuela de Milloria –¿Qué pasa, Mairis? Te veo titubeante ante la propuesta del General…– El viento empezó a soplar con calma proveniente del complejo sistema de refrigeración del reino que ni Mairis ni Martin terminaban de comprender del todo.

    –¿No debería de estar preocupada?– Le preguntó la chica mientras se dedicaba a ver la ciudad que le había cautivado.

    –Supongo que si…– Su tutor la admiraba. Una jovencita de cuerpo atlético, radiante como el sol, de intensos ojos azules y pestañas largas, así como tupidas. Su cara era tan fina que parecía haber sido hecha por un artista. Sus labios rojos se curvaban en una sonrisa ligera, que aun a pesar de estar llena de preocupación le contagiaba felicidad. Ella era tan hermosa incluso a pesar de haber estado días enteros en una profunda batalla psicológica.

    La ciudad se mostraba ante ambos. En ese momento Martin sintió incluso como la chica le contagiaba parte de su fascinación por la ciudad entre las montañas.

    –Es difícil, Martin…– Dijo la chica al levantar el rostro. Su corto cabello volaba entre el viento como si perteneciese a él –Vi a mi hermano durante la prueba…

    Martin sonrió. Aunque dentro de sí existía el temor de que Mairis no estuviese lista para algo tan cercano como un rencuentro con su hermano –¿Qué te dijo?

    –Me dijeron que me volviera la mejor mago de todos los tiempos…

    El hombre hizo una mueca y apretó el entre cejo –¿Y eso es lo que deseas?

    –Deseo ser como mi hermano. Tan grande como él e incluso mas– La chica volteo hacia Martin. En su rostro se encontraba la fortaleza que siempre mostraba. Sin embargo sus manos mostraban lo contrario al apretar el barandal con fuerza. Entonces la chica concluyó –Sin embargo tengo miedo de no ser la adecuada… Muchos esperan grandes cosas de mi, ¿pero si yo no puedo corresponder a lo que me piden? ¿Qué pasa cuando no soy la Mairis Hellwell que todos desean? Bastian, Bruno y yo hemos hablado sobre nuestra imagen como héroes del pueblo… ¿Qué pasara cuando no podamos salvar al pueblo? ¿Cómo veremos a las personas que buscan nuestra mano?– El rostro de la chica se lleno de angustia. Apretaba los labios y respiraba agitada. Quería no aparentar estar horrorizada por la toma de una decisión, pero es que era imposible. No se miraba bien. De hecho parecía que se lanzaba demasiado a su espalda sin que nadie se lo hubiese pedido.

    Martin se acercó a ella y le puso su mano sobre su hombro. La chica volteó con los ojos bien abiertos. Tragó saliva para aclarar la garganta seca por sus rápidas respiraciones. El hombre le acomodó el cabello. Le sonrió con ternura y hablo.

    –Cuando llegue ese momento habrán de mantenerse fuertes, porque el pueblo entra en medio cuando su líder tiene miedo. Mira siempre a enfrente, sigue adelante, mantente fuerte, como ustedes saben hacerlo. Es cierto, muchos esperan grandes cosas de ustedes, pero no por eso de ser así… Pero de ser lo que deseas, creo que tienen ese destino, que no cualquiera tienen, porque el mundo sabe que ustedes pueden cumplirlo.

    La chica le mantuvo la mirada –¿Cuál es la respuesta?

    Martin respondió con tranquilidad –Solo la sabes tu– Y le pico la frente con su dedo. Mairis se giro hacia la ciudad. Levantó una sonrisa y de nuevo ese brillo volvió a su ojos –Me gusta esta ciudad.

    El hombre soltó un suspiro –Con eso lo dices todo…– Se acarició el cabello –Te extrañaremos, supongo que nos tendremos que acostumbrar.

    Eso ultimo genero una mueca en Mairis. La ciudad brillaba con un tono especial y el aire tenia sabor a aventura. Y sobre el viento sintió una palmadita en la espalda que la chica creyó que era su hermano diciéndole que todo habría de estar bien.


    (...)​


    Al volver el Gral. Yomur caminaba de un lado a otro ahí donde se encontraban el escritorio de Heraclida. Morgan, se encontraba de brazos cruzados y espalda recostada a la pared. La mujer se encontraba sentada sobre la tabla del escritorio. A pesar de quien debía de estar nervioso por la respuesta era Yomur, los tres en conjunto estaban impacientes.

    La chica volvió a poco mas de los diez minutos. Entraron por la puerta de nuevo y los tres altos soldados se acercaron a la chica con calma. Ella caminaba cojeando por la quemadura de su pierna. Tras cada pisada hacia una mueca en respuesta al dolor que le aquejaba. Se planto en medio de la oficina frente al General de Kadamia. Le miro a los ojos con una llama latente. Yomur creyó haber encontrado en ella a otra persona.

    –Acepto– Respondió la joven de pronto con el rostro serio, para que entendieran la fortaleza en sus palabras. El General sintió cierto alivio, pero no permitiría demostrar que aquella respuesta le aquejaba. Su confianza volvió, pero se fue al momento de volver a escuchar la voz de la chica –Pero tengo condiciones.

    Martin abrió los ojos, completamente impresionado. No creía que Mairis estuviese en términos de negociación, el hombre nunca los había planteado. Morgan y Heraclida se voltearon a ver con el rostro extrañado. Ambos sabían que Yomur se negaría, no era el hombre mas flexible que conocieran.

    –Las que quieras, todo por una Hellwell– Dijo sin ninguna objeción. El Teniente General volteo a verle, sorprendido por aquella respuesta ¿Quién era ese hombre que estaba frente a sí? Un hombre dispuesto a negociar con una niña los términos para ser su propia alumna, cosa que de por si debía de ser tan exclusivo que nadie incluso se atrevería a decirle que lo pensaría.

    –Deseo seguir viviendo en la casa en la que vivo, vendré a entrenar un mes si y un mes no– La chica volteo a mirar a Martin con una sonrisa juguetona, como si el negociar le divirtiera, pero no, lo que le ocasionaba esa alegría divertida era el rostro perdido de Martin al ser incapaz de comprender la valentía de la chica al proponer esos términos –Ellos son mi familia ahora y no me separare de ellos, no deseo perderles por un trabajo o un entrenamiento que podría beneficiarme– Mairis se puso a un lado de Martin, tomo su brazo con cariño y fuerza. Martin la miraba con atención, le mando una pequeña sonrisa y dio un respiro silencioso mientras esperaba la importante respuesta.

    –Oh que dulce…–Dijo el Teniente General con una sonrisa burlaba. Morgan estaba molesto por la insolencia de la chica. Creía que le hacia falta un poco de disciplina en cuando a dirigirse a gente mucho mas importante que ella. Aunque para los niños y adolescentes a veces llega a ser difícil diferenciar esto. El hombre estaba por proseguir con su queja cuando fue interrumpido por la respuesta de su superior.

    –Me parece justo mi querida alumna– La respuesta dejo pálido a Martin. Mairis levanto sus mejillas y sus ojos brillaron de emoción. Morgan quedo mudo y con el rostro congelado en una perpetua mueca de incertidumbre. La imagen congelada del Teniente General genero una risa silenciosa en Heraclida. Gesto que avergonzó un poco al soldado.

    –Ahora si me disculpan, me tengo que ir. Cnel. Price, Mairis Hellwell, estoy seguro que nos veremos dentro de un mes entonces. Mandare por ti a un escuadrón para que puedas llegar segura. Te quiero lista, nos queda un gran futuro frente a nosotros– El General se acerco al tutor e hija y les tendió las manos para despedirse, a lo que ellos respondieron –Muchas gracias por hablarme de ella, Heraclida. Morgan, es hora de irnos, despídete– Y se dio la vuelta seguido de eso, abriendo la puerta con velocidad y huyendo con el tiempo contado para llegar a tiempo a su destino.

    Morgan tomó un respiro. La impresión seguía golpeándole. Se giro y beso a Heraclida, seguido le dijo que la vería en la casa. Se acomodó su saco mientras se acercaba a los dos personajes que habían cautivado a su serio General. Le estrecho la mano a Martin con una sonrisa cortes, después estrecho la mano de Mairis al momento que la apreciaba. Tenia una mirada de intriga, una sonrisa retadora. La chica creyó que aquel hombre era un tanto raro, pero también sintió que era alguien muy poderoso. Alguien a quien tendría que estudiar bien. Duró un par de segundos agitando la mano hasta que la soltó. Inclino la cabeza y salio por la puerta disparado siguiendo a su superior.

    Martin emocionado levanto a Mairis y gritaba una y otra vez que estaba orgulloso de ella. Le envolvió entre sus brazos con un fuerte abrazo al tiempo en que le acariciaba el cabello. Su sonrisa nunca había mostrado tanta felicidad, así como Mairis, que estaba eufórica riendo y llorando al percatarse que estaba avanzando, que podría ser como su hermano.

    Heraclida se acerco a su joven alumna y amablemente le ofreció una comida –Debes tener hambre, querida. Las adopciones normalmente no son sencillas, la mayoría de las veces las personas se dedican a comer poco con tal de seguir intentando terminar. Me honrarían si aceptasen mi invitación.

    –Estoy muerta de hambre…– Contestó la chica con pena. Se tocaba la barriga en forma circular y hacia un gesto triste.

    –Muy bien. Haré unas llamadas y después ya podremos ir a comer, esperen aquí en lo que vuelvo– La mujer se dio vuelta dirigiéndose a su escritorio. Levanto un teléfono de aspecto viejo, pesado y de marcador con aro. Pronto estaba hablando con alguien sobre una reunión que no parecía muy importante.

    El resto de la tarde los dos soldados y Mairis se dedicaron a pasar un largo tiempo de convivencia. Después de todo, Heraclida seria su nueva maestra, así que debían de llevarse bien. Exploraron la ciudad siguiendo la fascinación de la jovencita. Era liberador el poder estar afuera después de dos noches y tres días de duro esfuerzo.

    Llegada la noche Heraclida les llevo hasta un lugar donde podrían tomar una carroza que les llevaría de vuelta a LaneCloud. A pesar de haber disfrutado la tarde Mairis deseaba el poder disfrutar mas de aquella ciudad tan atrapante. En ese momento pensó que la espera seria una eternidad, y que quizás lo único en lo que pensaría era en su siguiente mes de entrenamiento. Moría por contarle todo a todos, a Claarn, a Mike, a Bastian y sobre todo a su hermano.


    (...)​


    El General y su Teniente viajaban escoltados por soldados de la élite del reino, sobrevolaban con helicóptero bosques espesos rumbo a Most, una pequeña ciudad que fungía como cuartel central de los territorios fuera de los reinos mas grandes, algo así como un Hericent sureño. La tarde golpeaba el grueso metal del helicóptero. Dentro del vehículo se encontraba una sección privada para los dos soldados, su escuadrón guardaespaldas se encontraba en la sección junto a la puerta. Ambos hombres habían estado revisando papelería durante el viaje. Recientemente se había encontrado una mina de plata entre unas de las montañas de Kadamia y esto había traído muy buenos negocios. La economía iba bien.

    El silencio entre los dos hombre era como el de dos camaradas de años que no necesitan estar hablando como para pasársela bien.

    Sabbath acababa de terminar con unos registros y unas cuentas cuando le dirigió la mirada a su General. Llevaba puesto unos lentes que no gustaba de usar fuera de cuando estaba revisando archivos, pues el hombre creía que se miraba muy viejo con ellos.

    El Teniente General se atrevió a lanzar la pregunta después de horas de haber dejado el cuartel –¿Qué viste en ella?

    El General levanto los ojos en dirección a su mas fiel soldado. Solo lo miro por un instante, luego volvió sus ojos de nuevo a sus papeles –Un apellido– Contestó el hombre con su voz gruesa, al igual que profunda.

    –Era de esperarse. Quien no quisiera tener a su lado a una Hellwell… Sin embargo su apellido no nos garantiza un éxito.

    –¿Si estabas con Heraclida y conmigo cuando absorbió todo ese fuego?– Pregunto el hombre dejando los papeles en su regazo poniendo una mano sobre la otra.

    –No es mas que un poco de poder mas que cualquier otro soldado.

    El General Yomur comenzó a reír, después prosiguió –Tiene talento, es poderosa, hermosa, es…

    –Es una niña– Le dijo Sabbath con la quijada apretada.

    Yomur comenzó a jugar con sus dedos mientras mantenía una mirada fija en los ojos de su soldado –Es la hermana de Edward Hellwell.

    –Edward Hellwell esta muerto– Respondió Sabbath rápidamente.

    –Y falleció como un General Mundial, puesto que ni tu, ni yo creo que vayamos a conseguir algún día.

    El General no cedía en lo mas mínimo. Era duro como una montaña –Apenas es adolescente y te pusiste a negociar con ella, ¿Cómo caíste tan bajo?

    –¿Lo que encuentro dentro de ti son celos?– Comentó Yomur con una risa burlona y cerrándose de brazos.

    –Lo que digo es que es una apuesta arriesgada. La historia de los Hellwell estuvo muerta por mas de cien años hasta que apareció Edward Hellwell. Los apellidos no garantizan potencial.

    –¿Te tengo que recordar que todos los soldados bajo mi tutela han sido grandes soldados? Tenemos a la General de División Heraclida Lucinante, una chica como cualquiera en un ejercito grande, hasta que Kovaldik Yomur la introdujo dentro de su escuadrón. Luego tenemos a Cristian Chane, uno de los soldados de guardia del General Continental de Nil. El cual no era mas que un chico que reprobó cinco veces el examen de admisión hasta que el en ese entonces Coronel Kovaldik Yomur le entreno fuera de sus servicio, volviéndolo uno de los mejores soldados del reino de Kadamia. Luego estas tu, Morgan Sabbath, Teniente General de Kadamia. Un chio decide entrar al ejercito del Gobierno Mundial, pero es bien conocido que proviene de una importante familia de Caza recompensas de Calani. Sin olvidarnos que su hermano gemelo es uno de los asesinos mas importantes del bajo mundo. Los tres grandes soldados, y eso a pesar de que estos tres alumnos que acabo de mencionar eran “mixtos”. Por su procedencia siempre se dijo que les seria imposible subir como soldados. Ahora mismo tu eres el ejemplo a seguir. Estas aquí gracias a mi, Morgan. Recuérdelo siempre.

    –Nunca lo olvidare…– Dijo el hombre cayendo en un silencio fúnebre.

    –Bien– Gruño Yomur, un segundo después volvió a sus papeles.

    –Como tampoco olvidare al chico que te falto nombrar– Comentó Sabbath lanzandole una mirada fría.

    La pluma de Yomur se detuvo. Y la admiró con ternura. La giró y encontró en ella las siglas N.L. Aquel objeto era lo ultimo que quedaba de aquel antiguo alumno. Evadió ver a su teniente a la cara. La sola mención ocasionó que el General apretara su puño –No quiero hablar de ese tema– Dijo el General con su voz gruesa, pero con tono triste.

    –Si quiero llegar a algo es que no quiero que esa chica termine como él– Dijo su Teniente al levantarse de su asiento y dirigirse a la puerta de hierro.

    –No pasara…– Menciono su superior cuando le daba la espalda.

    Sabbath agachó la mirada –Eso no lo puedes saber tu– Abrió la puerta y salio de la habitación. Los soldados empezaron a hablar con el Teniente General. Era un hombre querido por los soldados de Kadamia. Yomur lo había entrenado bien.

    Admiró la pluma un poco mas. La guardo en el bolsillo de su pecho, le dio dos palmadas y sonrió melancólicamente. Cerró su carpeta y lo dejo a un lado suyo. Se quedó solo en la habitación por el resto del viaje.


    (...)

    El camino por alguna razón parecía ser mas largo ahora que iba de regreso. Era como si algo le jalara a volver a aquella ciudad entre las montañas. Algo le decía a Mairis que ahí en Kadamia le habría de esperar grandes cosas. Eso, o que ahí seria donde habría de comenzar su verdadera historia. Los últimos retazos de la adopción aparecieron durante la madrugada, nunca supo si esta despierta o estaba soñando, pero a través de las ventanas de sus carruaje pudo ver a los espíritus de los animales de la prueba viajando siguiendo su camino. Ella sonrió al ritmo que escuchó uno canto armonioso. Cerró los ojos y no recuerda lo que paso durante lo demás de la noche.

    Al segundo día, durante el medio día, la carroza les llevo hasta su casa. Ambos bajaron su maleta y agradecieron al hombre con una propina. Martin abrió la puerta, se dio cuenta que la habían cerrado, por lo que no había nadie en la casa.

    –¡Estoy tan emocionada por ver a Bruno y Bastian! ¡Quiero practicar mi magia con ellos!– Martin abrió la puerta y ella entro por ella deprisa. Martin sonreía al verla tan animada. La chica giró a la sala y lanzo las cosas al sillón mientras seguía hablando emocionada –¡Quiero saber si alguno de ellos vio cosas como yo!

    Martin pasó por la puerta y cerró la puerta de rejilla de hierro. Una lamina mosquitera que dejaba pasar la luz de sol. Dejo la mochila en la silla de madera de la mesa. Volteó hacia el lavabo y todo parecía normal. Entonces enfoco la vista en la carta que estaba en la mesa.

    Para: Martin.
    De: Kian.

    Efectivamente, seguro Kian se lo llevo a celebrar a algún lugar. Quizás lo llevó a los puertos con Alicia. Ojala se lo estén pasando bien.
    – Pensó el hombre un tanto divertido. Levantó la carta y vio a Mairis cruzando al pasillo que daba para el comedor y la cocina. Subió las escaleras con rapidez. Estaba muy animada. A Martin le alegraba que estuviese tan energética. Aquel aspecto tan deplorable parecía ahora un vago recuerdo. La luz le seguía dando la espalda iluminando el comedor. Abrió la carta. La letra parecía haber sido hecha con rapidez, una caligrafía horrible.

    –¡Bruno estará muy feliz cuando sepa que vi a nuestro hermano! ¡¿Crees que haya visto a nuestros padres?! ¡Eso seria genial!– Decía la chica desde el segundo piso.

    Primero el hombre leyó sin mucho interés, pero sus ojos después se volvieron gacelas sobre las letras. Sintió como el corazón se detuvo. Llevó su mano hasta su boca tallando aquella barba de dos días. Negaba con la cabeza al paso que los ojos se le ponían llorosos. El brazo con el que levantaba la carta se bajó de un golpe.

    –¿Crees que debamos esperar a Bastian para ir celebrar? Si, mejor que sea así, ahora mismo Bruno debe de estar celebrando con Alicia– La chica bajo por las escaleras y se detuvo a cinco escalones antes del piso. Observó a Martin. Inmóvil frente a la mesa con un papel en la mano. El rostro se le miraba helado, como si hubiese visto un demonio salir del refrigerador –¿Estas bien, Martin?– La chica empezó a bajar los escalones de manera pausada. Se percató que Martin no respondía y se fue acercando a su tutor. Pronto descubrió que sus ojos estaban llorosos.

    –Mairis…– Dijo Martin con voz quebrada al momento que bajaba la mirada.

    Lo predijo todo en ese instante –No– Dijo la chica negando con la cabeza, con los ojos azules bien abiertos y la piel mas blanca de los normal –No– Repitió al retroceder.

    –Mantente tranquila, Mairis– Martin dio dos pasos hacia adelante con el brazo levantado. Su rostro fingía estar perfectamente. Solo fingía.

    –No– Dijo la chica al llegar a la pared que daba hacia el almacén, a un lado de las escaleras –No es verdad. Estoy soñando, todavía estoy en mi prueba en Kadamia…– Se recargó en la pared. Su pecho latía con rapidez. Su respiración era tan rápida que era incapaz mantener el aire adentro. Era un sentimiento asfixiante. Sintió un nudo en la garganta al tratar de convencerse a si misma de que todo era una mentira.

    Hubo unos segundo de silencio.

    Martin abrió la boca tratando de decir algo, pero no podía. Se movía con ligeros movimientos de un lado a otro y levantaba la cabeza al techo como buscando una respuesta divina.

    Finalmente el hombre cogió fuerzas para decirlo.

    Cada segundo fue un infierno.

    –Bruno no lo logró.

    Fue rápido, fue seco, pero aun así fue desgarrador. La chica perdió el aire y se deslizó por la pared hasta llegar al suelo. Se encogió con las rodillas al pecho y entre un llanto silencioso dijo –No…
     
    Última edición: 24 Junio 2019
  8. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 27 - Viento. Ojos azules en cielo sin estrellas.
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    67
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El Legado de los Héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    30
     
    Palabras:
    15821
    Capitulo 27 – Aire. Ojos azules en cielo sin estrellas.

    [​IMG]

    -10 De Abril de 2893 D.C.-

    El barco ancló en la costa rozando la madera con la arena blanca en un ligero raspón. Desde la orilla de la playa se podían ver los inmensos arboles, imponentes como cualquier montaña o gigantesco guerrero. Eran tan frondosos en las copas que solo dejaban pasar ligeros listones de luz. El viento soplaba con calma, oreando las hojas de los arboles como si fueran banderas de la naturaleza. La isla generaba un aura de paz impresionante. Olía a vida y el cantar de todas las aves era una melodía que alegraba el corazón.

    Claarn justo al llegar se postró sobre la arena empezando a dibujar el aro mágico que daría inicio a la adopción.

    Bastian fue jalado por Mike cuando el niño vio una formación curiosa de piedras, nada especial, solo la imaginación de un niño feliz.

    Mientras Bastian caminaba hacia las rocas mantuvo la mirada en los gruesos troncos de aquellos arboles. El bosque le llamaba con conciencia propia, pero sin ninguna palabra, era casi como si le jalase a él. Como un cantó que obliga a sus piernas a andar entre sus gruesas raíces.

    En su caminata pudo apreciar los troncos cortados de otros magos que aprobaron la prueba. El corte era perfecto, como si se hubiese usado la mas impecable de las maquinas. No comprendía el como eso era posible debido a que la prueba consistía en derribar el uno de estos arboles a puño limpio.

    Al volver de las rocas con un botín de conchas rosadas y blancas el aro mágico ya había sido creado. El viejo, de nombre Claarn, jaló al muchacho hasta el círculo. Se manchó los dedos con un tipo de grasa bastante viscosa y empezó a recrear los sellos mágicos necesarios para la prueba. Mike pidió ayudar con los dibujos, aunque sonase impresionante el niño tenia un talento para dibujar los sellos con suma presión.

    Mientras los dos pintaban los sellos, Claarn recitaba:


    (...)​


    «Estos son "Los Arboles de Jacobh Majab". La historia cuenta que un ángel se hospedo aquí durante cientos de años después de la partida de todos los ángeles. En la época de la Primera Guerra Mundial los humanos no salían del continente, por lo que no se conocían muchas de las islas que ahora conocemos. Un día un pescador, un joven mago adolescente, se perdió en la vida de una tormenta. Terminó aquí tras su naufragio. El ángel lo encontró y lo salvó. Tras el despertar del chico intentó hasta lo imposible el poder talar alguno de estos arboles para poder arreglar su barco y volver, pero era imposible, el ángel los había plantado y criado desde su llegada a la isla. Estaban bendecidos para que ningún hombre pudiese derribarlos. Al ver lo imposible de la situación el mago decidió convencer al ángel para que lo llevara a las costas, sin embargo se negó como todas las veces anteriores. En cambio el ángel le otorgó una misión: Habría de descubrir como derribar esos arboles, solo así las tormentas no vendría tras él cuando estuviese en el mar. El ángel partió al terminar su bendición. »

    «El ángel había bendecido al humano, una bendición que el hombre interpretó como una maldición, pues al solo tocar el mar las nubes comenzaban a nacer en los cielos, y el hombre lo sabia bien, de intentar escapar de esa isla habría de morir consumido por la tormenta. Así que se sentó frente a la imagen de la diosa en el templo en medio del bosque y rezó. »

    «Con el pasar de los días mas de un hombre encontró la isla por accidente. Encontraba los arboles y contaba sobre ellos. La isla se llenó de hombres y magos poderosos con el pasar de las semanas y a lo largo de un mes se creó un festival. El rey de Calani ofreció un matrimonio con su hija al hombre capaz de derribar esos arboles. Mas de un hombre lo intentó, mas de un hombre fracasó. Se utilizó todo tipo de herramientas y todo tipo de magias, ni el mago mas poderoso del mundo logró derribar semejantes arboles. »

    «Durante el festival se comenzó a investigar la isla y todos habrían de encontrarse con el hombre que rezaba a la diosa. Sus músculos eran huesos, chupado como si le hubiesen sorbido la sangre y delgado como si le hubiesen sacado hasta el ultimo órgano. »

    «Al final del festival el rey se encontraba desilusionado, así como toda la gente que había ido al festival, pero entonces en medio del baile que cerraba el evento llegó el hombre. Su presencia no era mas que un fantasma que vagaba por la isla, pero se acercó al árbol mas grande de todo el lugar. Se posicionó frente a el y rezó. Los mas grandes guerreros notaron en sus manos los cayos de alguien que había golpeado durante días uno de esos arboles. Entonces otros guerreros trajeron a su majestad todas las herramientas quebradas de aquel joven. »

    «Finalmente, ante todo el mundo expectante Jacobh Majab posó su mano sobre el tronco. Y al solo dar un empujón un viento que voló carpas y levantó barcos azoto la isla, para finalizar con la caída del tronco mas grueso de toda la isla. »

    «Jacobh Majab construyó el templo que se encuentra en medio de la isla con la madera de aquel árbol que derribo. El rey de la época le otorgó la mano de su hija y se volvió rey, así como monje y primer mago aire de toda la historia. »


    (...)​


    Las pinturas habían terminado de ser creadas. Mike admiraba a Bastian como un lienzo y sus símbolos eran su obra maestra. Claarn le frotó el cabello como un perrito al ver el buen trabajo.

    El hombre continuó hablando –La magia de aire es la magia mas antigua en ser adoptada y es la única que sigue sin modificarse en su manera de ser adoptada. A la vez que es la magia mas difícil de conseguir, ya que se calcula que solo un cinco por ciento de los aspirantes a magos de aire logra conseguirla. Si me preguntas a mi diría que lo que pasa es que no logran comprender la intención de la prueba. De hecho creo que es el falló de cualquier adopción no se lleve a cabo. Y por ultimo he de aclarar que la gran mayoría de los magos que han adoptado esta magia terminan siendo grandes lideres. Razón por la cual la magia de aire es también como la “magia real”.

    Bastian se miró sus símbolos mientras decía para si mismo –La magia mas difícil de conseguir… Ser un gran líder…– Las palabras eran cortas, pero encontraba en ellas un gran significado. Y muy dentro de sí se interrogaba si él tenia el valor para llenar palabras tan profundas. El terror y la ansiedad le llenaban, pero no habría de ser un cobarde –Estoy listo– Le dijo Bastian con fuego en los ojos.

    –Espero que sea así, niño– Claarn levantó los brazos y los aros mágicos aparecieron alrededor de Bastian. Un brillo iluminó desde el césped hasta el cielo. Bastian sintió el mundo uniéndose en sus manos. Por su cuerpo transitaba la magia mas pura de todo el mundo. Todos los aros se funcionaron en Bastian y la luz brilló con muchísima mas intensidad. De ser un poco mas débil Bastian creía que quizás su cuerpo hubiese explotado en ese momento. El viento comenzó a rodearle volviéndolo un tornado humano. Mike observaba la escena con la boca abierta observando lo grande que era el evento girando alrededor de su hermano. Los aros dejaron de brillar y con lentitud desaparecieron. El viento dejó de soplar y ahora Bastian se encontraba listo para iniciar. El evento no había hecho mas que motivarle para conseguir un poder tan impresionante como el que acaba de sentir.

    Le sonrió a su mentor y su hermanito, pero pronto escuchó susurros lejanos que le llamaban a conocer el bosque. Las voces le guiaban y se vio adentrado en un trance que movió su cuerpo en dirección de los arboles.

    El hombre y el niño estaban por seguir al chico, pero la sombra de un barco se miraba a lo lejos. Era un barco del ejercito y se dirigía en dirección a ellos. Esto no era normal, así que no podría seguir a Bastian de momento. Claarn comenzó a sentir algo mal en el ambiente. Ese barco traía malas noticias.


    (...)​


    Paso a paso Bastian fue observando el espeso numero de arboles. La luz apenas se filtraba entre la cantidad de hojas y el viento viajaba libre entre sus troncos como si fuesen corrientes marinas. Se detuvo a unos minutos de haber entrado y giró la cabeza a la izquierda, un árbol en especial liberaba mas voces que cualquier otro. Al dar unos pasos hacia él vio eclipsadas las demás voces para solo enfocarse en ese que estaba viendo. Al llegar con el árbol sintió una conexión, como al encontrar al amor de tu vida, como si estuviesen destinados a encontrarse. El chico extendió su mano hacia el tronco, la mano le temblaba, los ojos le brillaban, una gota de sudor le recorría la frente y una sonrisa aparecía en su rostro. La mano se acercó y al instante de haber entrado en contacto un viento descomunal estalló a su alrededor. Su cabello quedó peinado hacia atrás y su sonrisa amenazaba el reto que imponía la isla. Derribaría ese árbol como pudiese. El primer golpe fue un instante después, no hubo ningún efecto, como los siguiente diez, o los siguiente cien a ese.

    Al pasar el puñetazo doscientos Bastian comenzó a sentir un dolor incomodo en la mano derecha. Era un cosquilleo como de risas constantes, como si el mismo árbol se estuviese riendo de él.

    Había estado ahí probablemente una hora, no lo sabia porque las hojas le impedían ver el cielo. El chico levantó el brazo y maldijo a los arboles -Los voy a cortar a todos cuando termine mi prueba. Solo esperenlo...- Gruñó Bastian con el entrecejo fruncido.

    –No creo que sea la mejor opción el amenazar a estos arboles si lo que quieres es adoptar tu magia de aire…– Le dijo Claarn que se acercaba con las manos en las bolsas.

    El chico se encontraba sudando, exhalando a ritmo acelerado, tembloroso y molesto. Se decidió a detenerse para poder quejarse –Oye anciano, esto es imposible, llevo una hora golpeando este árbol y no miro ni una abolladura, es demasiado grueso, no es posible que a mano libre se pueda tumbar algo como esto, ¡Incluso utilicé magia en mis puños y nada!– Estaba completamente irritado, tanto que para demostrar su punto dio un golpe mas al árbol. Como todos los anteriores, sin efecto alguno.

    -Hay personas que lo logran, no entiendo porque tú no podrías. Agradece que tu adopción te permita comer y tomar agua de cualquier procedencia, a demás de estar en un lugar como este, tan tranquilo y lleno de vida…- Hizo una pausa mientras se detenía a pensar algo -El examen de Bruno se lo impide.

    Bastian calmaba su respiración haciendo unos estiramientos de yooga, entonces pregunto –¿Sabes qué tan alto crees que este ahora mismo?– Paró de estirarse y se sostuvo en su árbol.

    Claarn se detuvo a unos metro del chico. Su rostro estaba serio. La pregunta lo congeló en su lugar. Bajó la mirada, pensando su respuesta un poco –Debería estar por terminar…– Le contestó a Bastian mirándolo a los ojos.

    Bastian volteó rápidamente y con preocupación preguntó mas fuerte que la vez anterior –¿Crees que este bien?

    A lo que Claarn le contestó con seriedad –Claro que sí. Es uno de mis alumnos después de todo– Había un cierto aire de confianza en sus palabras –Mairis ya debe de haber terminado, de eso estoy seguro.

    Bastian sonrió –Eso es verdad. Ella es bastante talentosa. Tan solo espero que Bruno lo logre…– Dijo el chico al admirar su enorme reto, pero ni siquiera tan grande como la inmensa montaña contra la que su mejor amigo, casi su hermano, habría de enfrentarse.

    –Los tres iremos a la playa después de todo esto– Le comentó a Claarn con una sonrisa –Tengo que esforzarme para poder ir– El chico comenzó a golpear el árbol con mucha fuerza.

    Claarn lo admiraba con la cara larga. Se acarició el bigote y luego habló en tono serio –Te dejaremos solo, Bastian. Me llevare a Mike a LaneCloud, surgió un evento y tengo que ir– El hombre se dio la vuelta, partiendo entre los arboles.

    –¿A dónde vas?– Pregunto Bastian con cierta preocupación. El chico dejó el árbol y le siguió –Oye, viejo, te estoy preguntando algo- A pesar de que se habia dado prisa el hombre ya se encontraba a varios metros lejos de él. Bastian continuó siguiéndole.

    –Iré a LaneCloud, de ahí a GrayLagoon- Contestó Claarn de manera insipida.

    –¿GrayLagoon?- Preguntó el chico en tono bajo. Los recuerdos de su batalla hace dos semanas volvieron como flechas tormentosas -¿Qué paso ahora?- Preguntó mas fuerte al apretar los puños.

    –Nada tan serio como su desastre…- Se giró encarando al chico desde lejos -Volveré en unos días, quédate aquí en la isla, Bastian- Y se dio la vuelta.

    –¡Dime lo que paso!– Le exigió el chico al tomarlo de la manga de su camiseta. Claarn en un instante se giró, le puso dos dedos en la frente y Bastian pudo ver un montón de aros mágicos siendo rotos. El chico terminó desmayándose en los brazos del hombre.

    –Te lo diré cuando vuelva...– Le susurró el hombre cuando tenia su cuerpo en sus brazos. Le acarició el cabello y apretó los labios con pena –Por ahora concéntrate en tu adopción.


    (...)​


    Bastian despertó a las dos horas, estaba recargado en su árbol y a un lado suyo yacían tres almuerzos. El chico chasqueó la lengua y se levantó. Corrió hacia la orilla del mar, el atardecer golpeaba la isla, no había ningún barco.

    –Ese maldito saco de huesos…– Gruño Bastian –Solo quería saber que paso, no era tan serio como para hacerme perder tiempo de mi adopción– Se dio la vuelta y volvió con su árbol. Comió el primer almuerzo. Mientras comía a espaldas del tronco daba golpecitos a la madera en espera de que pasara algo que nunca paso. Al terminar de comer continuo golpeando aquel árbol con todas sus fuerzas durante el resto de la tarde y durante parte de la noche, sin conseguir nada otra vez.

    Sus manos estaban tan maltratadas que ni podía sentirlas, algunas veces pensaba que las había perdido o que seria incapaz de utilizar su manos después de ese examen.

    Yacía de espaldas al árbol, respiraba agitado, se había quitado su camisa pues estaba haciendo mucho calor, su cuerpo estaba empapado en sudor. En la noche era como un fantasma de las historias de terror que se le contaba a los niños cuando no se querían ir a dormir.

    –Estoy harto de esto… No tengo fuerzas…– Decía para si mismo al momento que intentaba tomar bocanadas de aire.

    –¿Eso es todo?

    Bastian se levantó en un instante en posición de batalla –¿Quién demonios está ahí?– Gruñó el chico con una mirada afilada.

    –Vaya, eso fue rápido, tienes buenos reflejo. Al menos en eso estas un poco bien– Se escuchó. Era la voz de un hombre, una voz gruesa y fría como el hielo. De entre los arboles una mancha blanca se acercó. Resaltaba con facilidad en la obscuridad del bosque. La mancha blanca pronto se materializo hasta volverse un hombre alto, tan alto como Claarn, mas delgado que musculoso, cabello largo y lacio de color negro con rallos grises. Era un caballero que aproximaba los cuarenta años. Piel morena y ojos marrones. Bigote y barbilla negros con lineas blancas. Sus cejas negras parecían estar en un perfecto estado de desagrado y la mueca en sus boca mostraba la seriedad mas pura del mundo. Su vestimenta era una gabardina negra, camisa de botones blanca y unos pantalones marrones. Entre la gabardina se escondía la funda de una espada y una pistola antigua de madera. En la gabardina, en el lado izquierdo donde esta el corazón se encontraba el símbolo del Gobierno Mundial. Un símbolo viejo perteneciente a la Cuarta Guerra Mundial –Aunque eso no quita mi decepción, querido Bastian, creí que eras más talentoso.

    Bastian comenzó a moverse entre el pasto, rodeaba al hombre analizando cada movimiento de su cuerpo. El hombre le seguía con sus ojos. Se mostraba confiado. Su presencia era débil, pero no por eso Bastian lo subestimó.

    –¿Quién eres? ¿Por qué me conoces?– El chico tenía un poco de miedo. Claarn le había dicho que supuestamente la isla estaba sola.

    El hombre se detuvo en medio de los arboles y una sonrisa difícil de ver brotó en su rostro. Era como si estuviese recordando viejos tiempos –Ridículo– Dijo el hombre al voltear a verle –Eres descendiente de una de las familias fuertes y esto es todo lo que puedes hacer…– Comentó al señalar el árbol. Parecía un hombre arrogante, miraba a Bastian con desgana y como alguien inferior. No bajaba la miraba, era como si no mereciera tal honor –A demás de que tienes muchas aberturas.

    Bastian le sonrió. ¿Aberturas? Ni cuando tenia seis años me decían que tenia aberturas. Pensó él chico con confianza.

    En un parpadeo aquel hombre se encontraba debajo de Bastian rompiendo su equilibrio con una patada en el arco de su tobillo. Y por ultimo el hombre apareció por arriba de él lanzandole una ráfaga de aire que le clavó en el suelo desgarrándole parte de la piel de los brazos con los que intentó protegerse.

    –Si en verdad eres descendiente de Ruben GreenBurn ahora debes de estar pensando, "yo nunca tengo aberturas"– Dijo el hombre sin bajar la cabeza -Que nunca te hayan dicho que no tienes aberturas no significa que no las tengas.

    –¿Quién eres?– Dijo el chico rechinando sus dientes.

    El hombre levantó dos dedos y el cuerpo de Bastian se levantó por los aires a la par con el hombre –¿Nunca vistes mi rostro? ¿No me reconoces?– Preguntó con un tono serio.

    Bastian lo miraba detenidamente tratando de encontrar algo que le hiciera recordarlo –Creo haberte visto, pero no te reconozco– Le contestó Bastian con
    el ceño fruncido.

    El hombre hizo una ligera mueca de disgusto. Se dio la vuelta y camino hacia una raíz levantada que le serviría de asiento. Bastian cayó al suelo de rodillas, mientras seguían viendo al hombre. Existía un recuerdo borroso. Lo conoció en su niñez…

    –No me sorprende que no me conozcas– Dijo el hombre tomando asiento –Abraham siempre fue mas popular que yo. Sus historias deben de pasar poder generaciones. En cambio yo seré recordado por aquellos que busquen la verdad.

    Bastian abrió los ojos en ese momento –Espera… ¡Acaso eres Yaroslav Cosco!

    –Kozlov, imbécil- Gruñó el hombre con una mirada que pedía sangre.

    –Yaroslav Kozlov…– Corrigió Bastian. El cual empezaba a ver su imagen como destellos –Tu eras el jefe del escuadrón de mi abuelo… General Mundial…

    –El único hombre capaz de ganarle a tu abuelo y su mejor amigo. Ese soy yo– Concluyó el hombre con la cabeza en alto.

    –¿Por qué tu?

    –Si te soy sincero no lo se…– Dijo Yaroslav observando el bosque –Puede ser que la adopción quiso mostrarte a alguien ligado a tu familia que haya sido usuario de la magia del viento.

    –Te miras joven…

    –Se podría decir que morí joven…– Le contestó con una sonrisa falsa –¿No tendrás cigarrillos, niño?– Dijo el hombre mientras se revisaba la gabardina en busca de alguno.

    –No… Soy menor de edad…– Contestó Bastian extrañado.

    –Vaya, parece que heredaste lo estirado por parte de Ruben…- Dijo mientras seguía buscando entre sus bolsillos -A tu edad Abraham y yo ya fumábamos.

    –¡Mi abuelo Ruben no es ningún estirado!...– Hizo una pausa y agitó la cabeza desconcertado –¿Mi abuelo Abraham fumaba?

    El hombre detuvo su búsqueda y miró a Bastian con desprecio –La respuesta a eso es: Si, tu abuelo Ruben es un estirado y si, tu abuelo Abraham fumaba como locomotora de carbón y bebía como toda una tripulación de inmundos piratas.

    –¡Eso no es verdad! ¡En la vida vi a mi abuelo fumando o alcoholizado!

    –La verdad es dura, hijo– Tenia un cigarrillo en el bolso interior. Lo sacó y al igual que como lo hacia Claarn, el hombre lo prendió con una llama de su dedo –Mas yo pienso que es mejor morir con la verdad en los ojos. Ahí esta la verdad, falta que alguien con un poco de bolas la encuentre.

    –¿De que habla, anciano?

    –No me digas anciano- Le dijo con un tono que daba miedo.

    –¿Te parece Yaro?

    –¿Te parece que te patee la boca?

    El chico se mantuvo en silencio con una mueca en el rostro y las manos en los bolsillos del pantalón.

    El hombre soltó una nube de humo y miró al chico –Las personas al entrar en contacto con una adopción entran en una unión con la naturaleza, parte de esa unión es la vida y la muerte. Se dice que un espíritu familiar habrá de acompañarte para poder levantarte, darte una clase de palabras de aliento para poder pasar tu prueba. Sin embargo preferiría estar en una biblioteca, algún torneo o algún restaurante antes de estar en este obscuro bosque. Yo ya viví esto y es bonito estar aquí, pero esto no es lo mio, sabes… Además de que preferiría estar rodeado de personas potencialmente fuertes– El hombre volvió a su cigarrillo sin prestar atención al chico.

    Sin duda alguna ese hombre era molesto… Bastian cada que lo escuchaba hablar parecía recordar a Claarn. Y no estaba muy feliz del todo con el viejo en ese momento –Eres un espíritu, ¿no? Entonces porque no te desvaneces y me dejas en paz. No necesito tus palabras de apoyo. Puedo solo, muy bien, gracias…– El chico comenzó a caminar hacia su árbol sin prestarle atención al hombre.

    –Tres horas– Dijo Yaroslav de pronto.

    Bastian volteó hacia el hombre sin mucho interés.

    –Tarde tres horas en derribar mi árbol. Este árbol en el que estoy sentado es el injerto que plantee.

    –¿Enserio? ¿Dime quien te pregunto?

    Yaroslav solo movió los ojos hacia el chico. Tragó el humo y dijo –Tal parece que Claarn no te ha golpeado lo suficientemente duro…- El hombre se levanto.

    Bastian abrió los ojos y volvió a ponerse en posición de ataque. Esta vez no se dejaría derribar tan fácilmente.

    Yaroslav caminó hacia Bastian con las manos en las bolsas de su gabardina. Estaban frente a frente y el hombre levanto la mano. Bastian esperaba el ataque, pero no hubo ataque.

    –Cuatro horas. Eso tardo Abraham en adoptar su magia de fuego… Tu padre Adam tardo once horas en subir la montaña de Songar y tu tío Abel trece horas en encontrar el camino en el laberinto obscuro de Iglakesh… ¿Si me comprendes? Es que veo que tu cerebro es mas bien el de un maldito mosquito… Llevas siete horas y por el ritmo que veo parece que estas por querer tirar la toalla… Eres patético nieto de Abraham…

    Bastian le miraba con los ojos de un perro rabioso. Empezaba a mostrar los dientes y el aire que resoplaba de su nariz casi era visible –No lo digas, anciano…

    –Arcnaik…– Soltó un bufido –No tienes derecho a llevar ese apellido.

    –¡Te lo advertí!– Aulló Bastian en cólera. Su puño se llenó de energía magia y estaba por volarle la cara a ese fantasma, pero lo único que paso fue que
    sintió como su corazón se detuvo. El viento lo empujo hasta estrellarse en el grueso tronco que tanto había estado golpeando. Se golpeó la cabeza y sangraba de la parte trasera de su cráneo, mas lo peor es que el pecho no le respondía y su corazón parecía no reaccionar. Tenia una curvatura en el pecho. Aquel hombre le había sumido el pecho de un golpe. No podía respirar. Su corazón no latía. Su garganta no se abría. Estaba siendo asfixiado. Sentía la muerte encima.

    –¿Qué pasara si te envió con tus ancestros en este instante?– Yaroslav caminó hasta donde el chico se retorcía en el suelo –Te responderé…– Levantó su brazo y en él se concentró una cantidad de magia de aire impresionante. La presión dentro de esa esfera podría ser capas de hacer un agujero a la corteza de la isla. Sus ojos café mostraron la sed de todo un asesino –Nada…– Dijo en susurro sin alma.

    Bastian agarró el tobillo del Yaroslav con fuerza y levantó el rostro. En sus ojos existía una pasión que el hombre pocas veces había visto –Calla, Yaro…– Gruño en un susurro. Seguido de ello vomitó un puño de sangre –Yo seré tan fuerte como mi abuelo…– Le dijo entre arcadas.

    Yaro le soltó una sonrisa. Se puso de cuclillas. Se quitó el cigarrillo de la boca y le quemó la mejilla a Bastian con él. Le jaló del cabello y lo puso de frente a sus ojos. El chico estaba muriendo, pero se resignaba a hacerlo. Tenia coraje, habría de aceptarlo. Aun así no se tentó el corazón y le dijo la verdad a la cara – Tu abuelo fue el hombre más fuerte …– Se acercó a su oído y le susurró –Porque yo morí.

    El chico estaba sufriendo un poderoso dolor. Su corazón había reventado y sus pulmones estaban envueltos en un espasmos. Tal parecía que su tranquila estaba quebrada y estaba ahogándose en su propia sangre. Sentía la muerte a segundos. Era como si aquel hombre lo hubiese planeado todo para que tuviese una muerte lenta y dolorosa. Mas no habría de darle el gusto. Le sonrió y le dijo –Mi abuelo salvó el mundo…– Dijo entre risas que soltaban sangre a montones -¿Y tu?

    Yaro le sonrió –¿Sabes como morí?– Lo tomó del cuello levantándolo en el aire –Salvando el patético trasero de tu abuelo– Lo lanzo por los aires, hasta donde empezaban las copas de los arboles rompiendo troncos a su paso. Bastian ahora sentía un dolor cien veces peor al que había sentido antes. No solo no parecía morir, sino que ahora sentía como la mayoría de sus huesos estaban rotos. Yaro apareció ante sus ojos como si el viento le diera forma. Su vista empezaba a nublarse. Ya no lo resistía mas. Era su fin... El hombre sacó su pistola y le disparo en el cráneo.

    Bastian despertó sentado en el tronco con un profundo respiro. Se agitó y revisó su cuerpo. Respiraba. No había dolor. Estaba bien. Levantó la mirada. Ahí se encontraba Yaro sentado en la misma raíz fumándose el cigarrillo. El hombre lo miraba tranquilamente, como si nada hubiese pasado.

    –Mejor suerte para la próxima, Bastian– Yaro se levantó y le dio la espalda. Caminó hacia la profundidad del bosque mientras se desvanecía.

    –¿Cómo mi abuelo pudo tener por mejor amigo a un hombre como tú?– Le preguntó Bastian con cierta molestia en su voz.

    –El eligió mal, pero lamentablemente no pudo elegirte a ti– Yaro se giró. La mirada del hombre era de un profundo enojo. Pero para su impresión, Bastian no estaba enfrentándolo. Para nada, se estaba preparando para volver a golpear el árbol.

    –No se elige a la familia. Eso es verdad, pero habré de demostrarle a mis ancestros que yo… ¡Soy digno!– Bastian estaba por lanzar el puñetazo cuando Yaro le detuvo la muñeca.

    –Enserio que eres idiota…

    –¡Déjame golpear el árbol, Yaro!

    –Por supuesto– Le tiró el puño para atrás. Se dio la vuelta y dejó a Bastian solo. Nuevamente el chico tomo posición. Estaba listo. Lo haría. Lo golpearía. El viento empezó a romperse, cuando escucho la voz de Yaro otra vez –Tan solo quiero que cuando golpees el árbol, cuando lo golpees de verdad, pienses en el tipo de hombre que quieres ser…– Bastian lo busco entre los arboles, mas no lo encontró. Soltó un suspiro y golpeo el árbol. Y como era de esperarse. No paso nada.


    (...)​


    Golpeó y golpeó, pero seguía sin pasar nada, a ratos dejaba de golpear con sus manos y empezaba a patear al árbol, con cansancio y con sus piernas lastimadas cayo al pasto hermosamente verde que rodeaba al árbol, no podía seguir enfrentándolo, era imposible tumbar aquella majestuosa obra de arte de la naturaleza.
    Entonces entre la noche del segundo día comenzó a escuchar la voz de Yaro de nuevo. Hablaba con alguien… Pero nadie respondía.

    Las voces sonaban cercanas, pero no le quedaban fuerzas para caminar. Echó su cabeza hacia su izquierda y vio a unos cuantos arboles de distancia dos manchas blancas. Una de las figuras indudablemente era Yaro, pero la segunda era pequeña, como la de un niño… No. Como la de un bebe que apenas aprende a caminar.

    En su mente comenzó a escuchar el viento de la brisa corriendo por el bosque. Y una melodía comenzó a tocar su corazón, una melodía infantil. Una voz le atraía. Mas que una voz eran unas risitas. Era el bebe… Le estaba hablando.

    Bastian juntó fuerzas. Entre quejidos se puso de pie y corrió hacia las dos manchas blancas del bosque.

    Escuchó unas risas alegres. Eran de un adulto, ¿Eran de Yaro? ¿Yaro podía reír de alegría?

    Buscó las dos manchas blancas. Cada que creía encontrarlas parecían aparecían en otro lado.

    –¡Me agrada este niño!– Dijo Yaro.

    Bastian los vio a unos diez arboles de distancia. Era Yaro tomando de la mano al bebe. Tropezaba y lo levantaba por los aires. El niño reía divertido. Y por alguna razón Bastian sentía una inmensa alegría. El pequeño cruzó miradas con él durante un momento, su imagen era borrosa, pero creyó ver una sonrisa.

    –¡Paren, por favor!– Gritó a los dos, pero desaparecieron tras un árbol.

    –Ese chico es un desastre– Comentó Yaro y el bebe balbuceó algo –¡Verdad que si!– Contestó Yaro entre risas. Bastian corrió por el bosque. Tratando de
    encontrarlos. Esta vez ya no los veía y parecía que se había perdido en entre los arboles.

    –¡Grande! ¡Tu eres grande!– Dijo Yaro al levantar al niño. Fue un destello, pero los vio a su izquierda. Sus piernas le pesaban, pero habría de llegar a ellos. Si, ahora si lo haría. La luz de la noche se volvió intensa y al fondo de entre esos arboles se encontraba un templo. Subiendo las escaleras se encontraban Yaro y el niño.

    –Como me hubiese gustado conocerte– Le dijo Yaro con un tono melancólico. El bebe balbuceo algo y Yaro contestó –¡Para nada! ¡Tu lo eres!– Y le sonrió.

    –¡Yaro! ¡Para! ¡Necesito ver al niño!– Lo gritó sin saber muy bien porque. Pero no se detuvieron. Abrieron la puerta y una fuerte luz se desprendía del interior. Bastian corrió hasta ellos. Se fueron transformando en parte de la luz y cuando el chico llegó a la puerta la luz desapareció y solo se encontraba la sala principal del templo. Era un templo de madera con muchas decoraciones hermosas, así como plantas y flores. En el medio de la pared del fondo se encontraba la figura de la diosa. Bastian nunca había sido un joven de fe, de hecho, quizás nadie de su familia lo fuese. Mas en ese momento, a pesar de tener las piernas cansadas se puso de rodillas y bajo la cabeza hasta el piso. Frente a esa figura encontraba una paz agradable. Empezó a rezar por Mairis y por Bruno, deseaba que les fuese bien en sus adopciones. Deseaba que volvieran a salvo. Rogó por el bienestar de su hermanito, Kian y Martin… aunque no lo quisiese aceptar pidió el bien de Claarn. Entonces escuchó aunque muy ligera, una voz, era una voz desconocida, muy, pero que muy lejana, que parecía estar rezando… rezando por él.
    El chico levantó la cabeza y vio la figura de la diosa.

    Le sonrió y se marchó. Tenia una prueba que pasar.


    (...)​


    Al tercer día durante la noche Bastian estaba tumbado en el pasto con la mirada a las copas de los arboles. Estaba tumbado con los brazos destrozados. Las manos estaban tan mullidas que creía que ya no reaccionarían ni aunque el mejor cirujano las intentase reparar. La sangre morada le chorreaba por coágulos. Las piernas estaban enrojecidas, sangrantes y molidas. El color rojo manchaba su piel blanca. Es que incluso por la desesperación se había dislocado un hombro golpeando el duro tronco. En el peor de los casos, algo que había pasado hace apenas unos minutos el chico le lanzó un fuerte cabezazo a la madera, sin hacer nada mas que generándose un fuerte dolor de cabeza y reventarse la frente. Un hilo sanguinolento le recorría del entrecejo hasta el inicio de su labio.

    Esa noche, pensó Bastian, hacia un buen clima. El cielo brillaba con cierto resplandor que no se mirada siempre. Las hojas de los arboles se ondeaban con ligereza ante el soplar del viento. Su movimiento era hipnótico. Un meneo relajante, como si las ramas y las hojas se deslizaran con delicadeza entre el viento salado.

    El chico de pronto empezó a sentir una paz que no era normal. Nunca se había sentido así. No al menos desde que vivía con los chicos. Su vida pasó como un repaso sobre sus ojos que cada vez se fueron tornando mas estrellados. El chico sintió un ultimo respiro. Entonces recordó cuando fue que se sintió tan pleno como en ese momento. Cuando estaba en los brazos de su madre cuando solo era un bebe.

    El chico cerró los ojos entre lagrimas y la paz se apoderó de su cuerpo.

    No supo cuanto tiempo tuvo los ojos cerrados. Mas sin embargo luego los abrió. Vio de nuevo el cielo estrellado, pero esta vez parecía mas cercano. Era hermoso, un manto de brillo de colores celestiales. Sus ojos admiraron las estrellas en plenitud. Hasta que decidió bajar la vista. Descubrió que estaba en la cima de la copa de los arboles, ante él se encontraban los arboles tan inmensos a la altura de su hombro. Quiso caminar para ver los demás arboles, pronto se dio cuenta que no estaba en su cuerpo humano, nada que ver, era uno de aquellos arboles. Por mas raro que fuese la situación Bastian no sintió miedo. De hecho se sentía pleno, se sentía pleno en medio de todos aquellos arboles. De hecho su existencia no solo estaba ligada a aquel árbol, para nada, todo en aquella isla estaba unido. Podía pasar de las raíces del árbol mas joven, al árbol mas viejo, podía ser el césped o incluso el alga y el coral que cuidaba las costas. Incluso pudo pasar hasta el alma de los animales del bosque. Llego a ser un búho en mitad de la noche y voló por el cielo estrellado siendo libre como único limitante la infinidad de cielo.

    Bastian se había vuelto uno con la naturaleza. La comprendía. Sabia que también sentían y que todo tenia un orden el cual seguir. Todo era un perfecto sistema que la Diosa creó desde cero.

    Es hermoso. Dijo el chico al ver la inmensidad del espació. Bastian pensó que no había mejores palabras para definir la grandeza de todo. Y es que quizás no las hay.

    Y así fue como siendo un búho terminó en unas ramas para descansar. No sin antes admirar la belleza del amanecer. Aquella luz apoderándose del cielo era como un alimento para su alma. Creía que podría verlo por siempre y siempre seria un lienzo diferente.

    El búho tuvo que descansar y volvió al árbol. Al abrir los ojos nuevamente se encontraba en la copa del árbol donde inicio. Quiso volver a intentarlo, pero no, esta vez estaba limitado a aquel árbol, ese que tanto había golpeado y no le había volado ni una astilla. Bastian en ese estado comprendió que era la naturaleza. Le había permitido la libertad, pero ahora le tocaba ser paciente. Habría de tener que ser un árbol. Buscar la paz. Mirar el cielo. Si, Bastian lo supo, el cielo, ahí estaba la clave.

    Primer sintió la paz, y contó las estrellas, eran infinitas, imposibles de contar. Una por cada vida vivida en Evelia. Fue cuando consiguió una perpetua armonía cuando observó el cielo moverse con mayor rapidez hasta volverse de día. Y así, una y otra vez, noche estrellada, día soleado. Fue así durante cien noches, mil noches, diez mil noches, quizás fueron un millón. Bastian había decidido dejar de contar después de la luna dos mil. A pesar de que no le prestó atención a la cantidad de noches que vivió dentro de su cuerpo de ramas si fue percatándose poco a poco de algo muy extraño. El cielo estrellado, ese cielo tan eterno e inmenso empezó a desaparecer. Fue un proceso lento, pero gradual, por ahí de la millonésima noche que creía Bastian que había vivido el cielo estaba desapareciendo. Sabia que las noches pasaban, y tras cada noche desaparecían mas estrellas. No sabia porque, pero cada anochecer era mas aterrador. Lo sentía, lo peor es que lo sentía en todos los arboles, en todos los animales e incluso en el mar, la obscuridad se estaba comiendo la noche. Destruyendo las constelaciones, destruyendo la belleza de la naturaleza.

    Y una noche llegó el destino imparable. La noche llegó y vio como las ultimas estrellas morían. Una a una se fue apagando, hasta que la obscuridad reinó en todos lados. Ni siquiera la luna estaba ahí. Era aterrador. Una capa negra envolvía todo. La locura empezó a envolver a Bastian que yacía encerrado entre esas ramas.

    Entonces una luz empezó a iluminarlo todo. Se abrió con lentitud. Bastian no podía creer lo que veía. Eran dos ojos abriéndose en medio del cielo negro. Su brillo iluminaba las costas con un tono tétrico. Entonces los ojos se abrieron por completo. Bastian los admiro con impresión, pronto sintió un dolor en el pecho y un grito ahogado en la traquea. Reconocía esos ojos azules. Los había visto en sus mas horribles pesadillas, o en sus sueños mas satisfactorios. Eran los ojos del asesino de su madre. Eran inolvidables, el tamaño, el color, el brillo. Los ojos azules mas asquerosos que jamas había visto.

    Su rabia le impidió ver lo que estaba pasando. Pronto sintió sus raíces mojadas, así como su tronco, a través de sus ramas lo pudo ver. Abrió bien los ojos. Era sangre. La sangre manchaba el bosque, pero no solo el bosque, no, todo el mar era sangre. Bastian no lo comprendía. No entendía lo que estaba pasando. No lo entendía para nada. Giró la cabeza hacia los ojos azueles tratando de buscar respuestas. Las aves del bosque volaban por el cielo hasta que se prendieron en fuego y cayeron como cometas por la noche negra hasta hundirse en los mares de sangre.

    Entonce de pronto escuchó los gritos provenientes de los silenciosos bosques. Eran los arboles que gritaban por su vida. Mas de uno empezó a caer. De entre el mar de sangre se levantaron cuerpos humanoides bañados en sangre, silenciosos, pero monstruosos. Talaban los arboles con hachas de sangre congelada.

    De la nada cayó un rayo sobre el árbol mas grande y viejo. No supo porque, pero el ver como las ramas de aquel árbol se consumían por las llamas le ocasionó un fuerte dolor en el corazón que terminó en lagrimas.

    De pronto la obscuridad le consumió, gritó con todas sus fuerzas mientras alejaba a mil manos negras que osaban con domarle. Los brazos lo tumbaron sobre la obscuridad. Sintió su cuerpo partirse por cada extremidad mientras aullaba de dolor. Seguido de una multitud de gritos se liberó del tronco del árbol, salió del árbol como si no fuese mas que una masa gelatinosa. Se encontraba en medio del desastre. Lloraba a borbotones. Sentía las talaciones de los arboles. Por cada árbol talado una herida se abría en su cuerpo. El chico gritaba y gritaba. Aullaba por auxilio.

    Las bestias al oír el grito se giraron hacia el chico lanzándose con sus garras y colmillos. Bastian se dio la vuelta, dejo atrás a los monstruos, pero no demasiado. Corrió entre los gruesos arboles. La sangre le llegaba por arriba de los tobillos y era espesa, difícil de empujar entre sus zancadas, como si caminase entre un lago. Echó un vistazo hacia las bestias, estaban a metros de él, se movían mas rápido que él. Eran mucho mas grandes. Lo descubrió cuando los tenia mas de cerca.

    Uno de aquellos monstruos se le lanzo a las piernas, tomándole de los empeines. Casi lo tumba, pero Bastian atascó las uñas en las madera. Lanzó un aullido al viento. Las pisadas de los monstruos que le perseguían eran cada vez mas cercanas. El terror era abrumador. Sentía el miedo de todas las cosas. Como se ahogaban con la sangre, como chillaban al ser arrancados.

    Las uñas de la bestia se atascaron en su musculo y Bastian volvió a gritar entre llantos secos. A pesar de solo haber lastimado su pantorrilla el dolor se intensifico hasta donde compensaba su pelvis. Era un dolor como si en realidad un millón de uñas le estuviesen desgarrando hasta el ultimo filamento de musculo dejando hueso y venas al aire expuesto.

    Entonces escuchó el lamento espectral de las bestias. Así como sintió como aquellas uñas enterradas se desprendían de sus piernas. Algo le jaló de la camisa, le dio la vuelta y lo estrelló contra la madera en una sacudida. Se golpeó la cabeza sin cuidado y abrió los ojos con temor y en un intento de valentía.

    –¡Lo sabia! ¡Eres un inútil!– Le dijo la voz de Yaroslav al mirarle con cierta preocupación.

    –¡Yaro! ¡¿Qué esta pasando?!– Le preguntó Bastian con un susto claro en su rostro. Seguido desvió sus ojos hacia los monstruos que se acercaban derribando arboles como si fuesen simples palos.

    Yaroslav no le dio una bofetada, no, le metió un puñetazo duro que dejo en shock a Bastian con los ojos clavados en la absurda cantidad de sangre que manchaba sus pies.

    –Por fin tus piernas dejan de temblar– Le dijo el hombre soltando la camisa de Bastian. El chico caía lentamente con la espalda pegada al tronco. Su mirada seguía perdida en la sangre. Yaroslav hizo una mueca de desagrado levantando el labio superior. Le agarró la cara apretando sus mejillas contra los dientes. Sus ojos arqueados eran potentes. Generaban terror y respeto –¡Escúchame sin cagarte en tus pañales! ¡No se que clase de lugar es este! ¡Pero si estoy seguro de algo y es que debemos salir de aquí!

    Un monstruo se abalanzó hacia los dos. Bastian abrió los ojos y gritó a Yaro que tuviese cuidado. El hombre se giró, dio vuelta a su espada en una fluidez impresionante. Apretó los músculos y una ráfaga de viento partió en dos a la gigantesca bestia.

    –Perdí de vista al niño…– Dijo Yaro sin voltear a ver a Bastian. Un ejercito de bestias deformes, cada una distinta a la otra. Cuadrúpedos y otros con forma de arañas, otros levantados en dos patas con formas humanoides, otros con cuatro patas, pero con formas humanoides. Insectos, lagartos y mezclas entre seres marinos y humanos. Todos hechos de coágulos de sangre. Todos con ojos azules tan brillantes como esos que se encontraban en medio del cielo negro –Ese niño es importante. Se que si lo encuentras esto llegara a su fin.

    –¿Cómo lo sabes?– Le preguntó Bastian con la mirada perdida en los monstruos.

    Las bestias se lanzaron a Yaro entre rugidos espectrales dolorosos para los oídos.

    –¡No lo se! ¡Pero estoy seguro de ello!– El hombre derribaba a los monstruos sin ningún miedo.

    ¿A que le tiene que temer un hombre que ya esta muerto?

    Su espada cortaba al ejercito como mantequilla. Con la mirada fija en rebanar a cada una de esas criaturas. Cada corte le llenaba las ropas de sangre, generando una figura aun mas siniestra de aquel soldado tan poderoso.

    Bastian se mantenía con la espalda en la madera admirando la sangrienta batalla, nunca mejor dicho, que estaba presenciando. Vio como torbellinos descendían del cielo elevando la sangre y este hombre desaparecía y salia de ellos con velocidad casi invisible. Observó como caían flechas de los cielos hechos de viento mismo. Así como también observaba el aire cortarse y extenderse al meneo de su espada de hierro.

    –¡Encuentra al niño!– Aulló Yaroslav como orden y aire de esperanza –¡Encuentra al niño, Bastian!

    Y Bastian despertó de su trance al percatarse que aquel hombre por primera vez le había llamado por su nombre. De hecho sintió como aquella orden mas parecía una petición. Comprendió que aquel hombre estaba peleando por él, así como peleo por el mundo cuando estuvo vivo.

    Bastian se dio la vuelta y corrió entre el mar de sangre y los arboles. En sus oídos escucho de nuevo la voz de Yaro por ultima vez –¡Encuentra al niño!– Esas palabras retumbaron en sus oídos quedando grabadas en Bastian como parte de si.

    El bosque era extenso y espeso. Escuchaba el derrumbe de sus arboles, su chocar entre si, así como el estruendo de la madera con el piso. Esquivaba a las bestias que podía, se enfrentó con sus hechizos mágicos de novato contra los que podía. Estaba asustado, jodidamente asustado. Sin embargo algo había entendido de Yaro. Que por mas gloria que hubiese saboreado hasta ahora, eso todavía no lo volvía heredero de su apellido. Tenia miedo, si, pero su padre o su abuelo habrían peleado y muerto aun a pesar de haber sentido miedo. Bastian habría de hacer lo mismo. En deber. Ser y siendo un héroe.


    (...)​


    La batalla se extendió durante largos minutos. A pesar de ser un gran guerrero, de ser ahora solo un espíritu dentro de una pesadilla horrenda, el hombre se cansaba. Sufría las heridas, el desgaste y el rechinar de sus músculos. Sus enemigos no disminuían. Eran muchísimos. De formas múltiples, de figuras tenebrosas.
    Su respiración era agitada. Sentía el sabor de la sangre en el aire. Era asqueroso. Ese lugar sabia a cualquier guerra en la que había estado. Las cenizas empezaron a volar entre la brecha de las criaturas y él. Aquel bosque se inundaba en llamas desde el centro y extremos. No habría de sobrevivir nada a ese ritmo.
    Algo curioso ocurrió. Yaro apretaba con mas fuerza la empuñadura de su espada al ver el suceso. Los monstruos dejaron de moverse. Eso era mas aterrador que cuando se movían. Se mantuvieron viéndolo a los ojos. Esos ojos azules le causaban mala espina. Azules puro. Tan azules como los de uno de sus mas poderosos alumnos. No sabia si era por el sabor a la sangre o por el solo hecho de recordar el nombre, Apolo Darnef. Esos eran sus ojos, lo sabia bien.

    Entonces escuchó el pasar de pisadas pesadas. Poco a poco vio arboles cayendo al caminar de la inmensa criatura. Pronto fue capaz de verlo. Una criatura como un reptil enorme con gruesos colmillos y cola meneante. Así como una melena que se abría y cerraba, delgada como una membrana.

    Sin embargo el monstruo no era lo mas importante. Lo que era importante era el trono que llevaba en su espalda. Un trono conquistado por un ente de color blanco perfecto. La criatura se acerco lo suficiente para estar en primera fila contra Yaro.

    Aquel ente abrió los ojos azules de pronto. Era un cuerpo humano hecho de bruma y luz. Desprendía un poder como ningún otro alguna vez sentido por el guerrero. Sintió una presencia asquerosa, esta vez sentía un recuerdo lejano a la vez que muy cercano. Un destello le ilumino la memoria.

    –No– Dijo el hombre con el completo horror en el rostro y la forma de mencionar esa pequeña palabra. Los escalofríos le recorrieron cada milímetro de su ser. Las piernas le empezaron a temblar. Por poco la espada se le cae de las manos.

    Aquel ente se levantó del trono. Con su primer paso todos los arboles a su alrededor se incendiaron. Una corona de la misma materia del ente empezó a crearse sobre la cabeza de aquella cosa y todas las criaturas, humanas, o amorfas hincaron la cabeza.

    Yaroslav observaba la figura con impresión. Dentro de si nació la desesperanza.

    El ente levantó el brazo y la sangre hirvió entre burbujas que desprendían fuego. Las llamas quemaban a Yaroslav. Le generaba un profundo dolor. La carne se le achicharraba y sus ropas se fundían con su piel. El mango de su espada le derretía la carne.

    Se vieron a los ojos. Ente y hombre.

    No importaba el dolor. Yaroslav jamas se hincaría ante él.

    Levantó la espada y lanzó un grito de guerra. Ni siquiera borrarse de la misma existencia le impediría luchar.


    (...)​


    La búsqueda fue extensa. No sabia cuantos minutos habían pasado, las batallas le habían destrozado. Su cuerpo estaba desgarrado, adolorido y sin fuerzas. No sabría cuanto tiempo mas podría soportarlo.

    Bastian continuaba corriendo, hace poco ya no había visto a ningún monstruo. El bosque era mas siniestro sin ellos. Era el miedo a lo desconocido. Entonces el chico encontró una luz. Era la meta, el sabia que era la meta, no había visto luz que no proviniera de las llamas y esa luz era perpetua, lejana, intensa. Corrió con la esperanza en el corazón. Los arboles se terminaban. Debía ser la costa. Habría de encontrar al niño y huir en barco. Habría de ser el final para todo esto.

    Terminó el bosque.

    Cayó de rodillas en la arena de la playa al ver el otro lado.

    Veía el borde del mundo. Un mar infinito de sangre curvaba el rose del filo de donde debería salir el sol. No había mas que una eterna noche sin estrellas. Un mar rojo apestoso a hierro. Un bosque cada vez mas incendiado y talado. Unos ojos azules observando la pesadilla con pasión. Nada le había causado tanto terror como la procedencia de la luz perpetua que diviso desde adentro del bosque. No era uno, ni diez, ni mil, eran millones de tronos funerarios encendidos con cuerpos de hombres y mujeres, niños y ancianos, todos carbonizados en llamas eternas.

    Bastian empezó a llorar. En sus oídos escuchó un millón de lamentos como si aquellos cuerpos sobre los tronos estuviesen siendo quemados vivos.

    Al no resistirlo mas gritó levantando su sucio rostro hacia el cielo. Abrió los ojos y su pesadilla seguía continuando. Su voz desapareció y los huesos le comenzaron a temblar. Desde las costas podía ver las almas de aquellos que fallecían en las llamas elevándose al cielo congregándose alrededor de los ojos azules. Un rostro se empezó a formar en el cielo. Sobre la cabeza una corona se comenzó a formar. Era un ente humanoide difícil de distinguir, al no ser mas que una calavera que pasaba a piel entre bruma lechosa y un brillo de estrella.

    Estaba a nada de desmayarse cuando vio surgir de entre el mar de sangre a un ejercito de figuras humanas formadas de coágulos. Se amontonaban en pilas de cuerpos agonizantes. Sobre cada pila de cuerpos uno en especial se erguía con una corona. Eran tres pilas de cuerpos. En una no figuraba mas que ser cadáveres hechos huesos, en el segundo los cuerpos aullaban de dolor con miembros arrancados y en el ultimo los lamentos eran débiles, cuerpos a nada de morir que pedían salvación.

    Ahí vino la desesperanza para Bastian al escuchar como un tornado arrasaba a las bestias adentradas en el bosque. Sin embargo con el tornado dejó de sentir la presencia de Yaro. El chico tan pronto dejó de sentir al hombre llevó su mano a su boca, manchándose de sangre el rostro. Aspiro el fétido aire, manteniéndolo en el pecho, su vista se empezó cegar. Y escuchó una voz. Una voz masculina tan elegante como la de un rey. La voz seductora de la que los padres advierten a los niños. Era la voz del mal. Anunciaba en tono seductor el ceder a su merced, ante la locura. No pedía arrodillarse, pero Bastian sintió como su cuerpo le rogaba en miedo el hacerlo. Era el rey de todo, el rey de todo esto, era el rey del nuevo mundo y el verdugo del anticuado tiempo.

    Bastian con todas su valentía se negó doblar la rodilla. Volteó hacia las tres pilas de cadáveres y con una mirada furiosa retó a los tres cuerpos con corona.

    Los tres levantaron sus dedos indice en dirección a Bastian y cuerpos empezaron a nacer del mar rojo.

    Bastian se levantó de nuevo. Corrió en dirección al bosque. Corrió durante unos pocos minutos sin dirección alguna. Mas todo fue en vano, fue alcanzado pronto por los seres humanoides. Le atravesaron el cuerpo con espadas, flechas, garras, colmillos y lanzas. Los cuerpos le levantaron en un monto gigantesco que se elevaba a altura de los enormes arboles. Bastian estaba siendo atravesado uno tras otro. Su cuerpo no moría, pero su espíritu estaba a nada de desaparecer.

    Aquellos cuerpos elevaban el cadáver de Bastian aparentando una ofrenda a los ojos azules. El bosque estaba muerto hasta la sección donde se encontraba. La calavera empezaba a formar un rostro en carne y Bastian pudo ver que aquella cosa sonreía de victoria.

    El chico maldijo esa sonrisa.

    Levanto su brazo como pudo y dibujó un aro mágico sobre su cuerpo. Una ráfaga de flechas empezaron a dispararse, clavándosele incluso a él. Los seres humanoides se deshacían con el rosar de las flechas de energía. Descendía con lentitud al son del chillido de aquellas criaturas. Los ojos le mantuvieron la mirada hasta que se encontraba en suelo. Vio como los arboles que aun seguían intactos se movieron tapando el cielo ocultándole de la vista de aquel ente.

    El cuerpo del chico flotaba en la sangre. No existía ninguna criatura ahora. Desde el inicio de su pesadilla no se había sentido en paz hasta ese momento. Quizás era el final. Estaba muriendo. ¿Significaba algo esto? Quizás que Bastian no estaba hecho para pasar su adopción. Realmente el chico no lo sabia.

    La sombra de sus parpados le fue apoderando. Habría de cerrar sus ojos y descansar. Ya no había nada que pudiese hacer.

    Justo antes de cerrar los ojos escuchó unas risitas.

    Giró la cabeza. A unos metros se encontraba un templo de madera. La luz iluminaba el templo, esta era luz natural, luz que siempre había visto en su vida. Luz proveniente de las estrellas.

    Aquellas risitas volvieron a sonar. Bastian admiró el templo con curiosidad.

    Tenia la decisión en sus manos. El pesar de sus alma le gritaba cerrar los ojos, dando fin a todo aquello, o habría de luchar un poco mas a pesar de que quizás era imposible llegar al templo.

    Bastian Arcnaik, ese era su nombre. Por lo tanto habría de morir luchando aunque su lucha fuese llegar a aquel templo. Se giró, con el pecho dentro de la sangre. Mover sus brazos fue un calvario. Se arrastró agarrando las raíces ahogadas. El dolor le hacia caer la cara. Las venas en su cuello, brazos y cien se remarcaban con cada poco de fuerza. Moverse hacia el templo fue una misión titánica.

    Tarde se dio cuenta que templo estaba sobre encima de la sangre. El césped se elevaba sin mojarse en lo absoluto. Al tocar aquel manto verde el chico sintió un alivio. Pudo levantarse, tenia fuerzas para eso, pero para caminar no tanto, se cayó al subir los escalones del templo. Aulló al tomar de nuevo el paso.

    Finalmente llego a la puerta. La abrió sin complicaciones. En medio del templo se encontraba aquel niño que había visto antes con Yaro. Sin embargo ahora podía verlo entero. Era un niño de cabello blanco, pequeño, con cuerpo regordete. Caminó hacia él arrastrando sus pies. Aquel templo era extraño, en especial por no tener ninguna imagen de la diosa. Solo flores, velas y mantos de lana. Sin embargo se sentía una calma increíble.

    El niño jugaba con tres soldaditos de madera. Hacia sonidos de explosiones y rechinar de hierro al momento de chocar. Reía divertido. Se lo estaba pasando bien. Cuando Bastian se acercó a él se giró para verle el rostro. Ojos marrones y ojos rojos se cruzaron. Fusionándose en una conexión mística. El niño de no mas de dos años le sonrió levantando el juguete como invitándole a jugar. Bastian no comprendía lo que pasaba, pero estaba llorando. Extendió su brazo para tomar el juguete y al momento de tocarle la mano al niño el templo desapareció, así como el niño. Bastian se giró a todos lados, estaba en el bosque. Entonces las risitas se escucharon de nuevo. El niño estaba caminando en dirección a la profundidad del bosque.

    –¡No! ¡No vayas allá! ¡Es peligroso!– Corrió en dirección al niño. Se detuvo de pronto. Levantó los brazos observando sus manos –Estoy bien…– Se miro el cuerpo. No tenia ninguna herida. Levantó la cabeza. Era de noche. No alcanzaba a ver estrellas, pero tampoco aquellos ojos. Se quedó quieto y se concentro. No escuchaba los gritos del bosque ni los lamentos de las almas. Bajo la mirada. No había mar de sangre.

    Las risitas volvieron a sonar, pero mas lejanas.

    Bastian corrió con el único peso de temer perder al niño. Pronto lo encontró. Camina dando zancadas con las piernas abiertas. Era gracioso verle. Le recordaba a Mike hace unos años cuando apenas aprendía a caminar. De pronto tropezó con una raíz, Bastian se apresuro a ayudarle, pero el niño se puso de pie continuando su camino sin llorar. El niño se detuvo, se giró y en medio de un balbuceo infantil le extendió la mano. Bastian llegó con él. Observó la pequeña mano y la sonrisa del infante. Tenia una mirada segura, parecía valiente, verdadera valentía. Bastian decidió tomarle la mano.

    Caminaron juntos durante varios minutos hasta que el niño le jaló cuando se impresionó por algo. De pronto Bastian empezó a ver como el bosque se llevaba de luz de luciérnagas, así como de animales.

    El niño abría y cerraba la mano como saludando a los animales. Bastian le apreciaba con detenimiento. Era un niño feliz. Su alegría era contagiosa, porque ahora Bastian también estaba feliz. Entonces llegaron hasta un árbol. Un árbol que Bastian conocía bien, era su árbol, ese árbol que había estado golpeando durante días enteros. El niño le soltó la mano y se adelanto a tocar el árbol. Parecía inspeccionarlo. Tras darse cuenta que si era el adecuado asintió. Le dio dos golpecitos, se giró y empezó a hacer ademanes a que se acercara. Bastian comenzó a ver que la ruta por la que caminaba era un sendero en dirección a aquel árbol. Se giró por donde venían, no se había dado cuenta de ello, siempre había sido un camino.

    Llegó al árbol. A un lado estaba ese niño de cabello blanco y ojos rojos. El niño le dio unos golpecitos a la madera con una mirada que mostraba confianza.

    –¿Quieres que lo golpee?

    Asintió.

    Bastian sonrió. Volvió a mirar el árbol. Lo aprecio unos segundos y volvió al niño –¿Quién eres?– Le preguntó con mucha curiosidad.

    El niño empezó a balbucear cosas imposibles de descifrar mientras levantaba los brazos emocionado. Bastian no sabia porque esperaba una respuesta clara. Empezó a reír. Se puso a su nivel y le dijo –Gracias por traerme hasta aquí. No tienes idea de todo lo que pase…

    El niño levanto una sonrisa, se acerco a él. Bastian creyó que el niño quería un abrazo, pero no, al estar cerca el niño le golpeó el pecho. Levantó el rostro y volvió balbucear algo.

    Bastian le contestó –Tu también– Aunque no sabia exactamente lo que el niño quiso decir. Se levantó, se puso frente al árbol, lo observó con calma. Se giró esperando volver a ver al niño, pero había desaparecido, como el camino, como todas las luciérnagas y animales. Levantó la mirada al cielo. Era de día. Hasta ahí le llegaba la brisa del mar. Observó sus brazos y piernas, estaban tan destrozadas como cuando se había dormido. Al parecer todo había sido un sueño, una alucinación o algo parecido. No sabia en que parte de su cabeza había cabida para todo aquello que había visto.

    Estaba cansado, pero tenia fuerzas, un golpe, es todo lo que le quedaba, después de eso sabia que no podría volver a levantar los brazos para poder golpear ese árbol. Puso su frente con sangre seca en contacto con la madera del árbol. Pudo sentir el alma del bosque de nuevo. Esa inmensa red que es la naturaleza, pero sobre todo pudo sentir la vida del árbol que había escogido. Aquel árbol tenia miedo de lo que podría pasar, pero estaba listo para aceptar su destino, solo hacia falta que Bastian eligiera. Golpear una ultima vez el árbol o finalizar la adopción.

    –Te prometo que tu vida no sera en vano– Le dijo al árbol.

    Y el nexo con la naturaleza se rompió no sin antes escuchar la respuesta del árbol –Eso se habrás de demostrárselo a los vivos.

    Ahora estaba solo. El mundo se había parado. Bastian tenia la mano rota, pero aun así la levantó dispuesto a golpear el árbol. De pronto sintió la energía fluyendo a través de él. Lanzó un grito de guerra. Dirigió el puño hacia la madera. A sus espaldas se encontraba la fuerza de los huracanes. Recordó las palabras de Yaro, al igual que recordó la imagen de aquel niño y dijo –Quiero ser el hombre que se vuelve un héroe– El puño golpeó la madera y a la isla entera le azotó un viento capaz de voltear embarcaciones. Todas las crestas de los arboles se movieron. Partiendo la madera del tronco en un corte limpio justo en medio del contacto con el puñetazo. El árbol chocó con otros hasta caer en el suelo. Bastian no podía creerlo. Lo había logrado. La emoción en su pecho no pudo aguantar y gritó a los siete vientos por su importante victoria. Un grito de un héroe que acababa de nacer entre el campo de batalla.


    (...)​


    Después de derribar durante un día y una noche Bastian durmió. Descansó con una sonrisa en el rostro. Al segundo día se dedicó a curar sus heridas con magia. Aunque el chico se dio cuenta que sus huesos y carne magullada parecía estar recuperándose por si sola con bastante rapidez. Su magia solo fue un catalizador para que todo sanara con mayor rapidez.

    En el tercer día el chico al ver que no volvía Claarn empezó a cortar la madera del tronco con ayuda de su magia de aire. El grueso tronco se cortaba como un pedazo tierno de carne por un cuchillo afilado. El chico ni siquiera tenia que tocar la madera, solo debía de pasar su mano con un ligero poder de viento en las manos. Cada corte era un suceso delicioso de ver.

    En base a aquel enorme tronco creó herramientas, una espada y un arco, un hacha, un martillo y clavos. Se dedicó durante dos días a construir su barco en base a tablones, así como creó una vela cociendo las hojas del árbol. Pescaba todo tipo de animales para comer
    y en caso de no conocer la especie lo abandonaba, pues no se arriesgaría a morir envenenado en un lugar tan desolado. Encendía pequeñas hogueras en el templo en medio del bosque y cocinaba ahí en base a distintas especies de algas. Dormía en el templo, adentro frente a la figura de la diosa. El chico nunca terminaba de comprender la razón, pero en aquel lugar se encontraba en paz. Y antes de dormir revisaba la sala principal del templo esperando volver a ver al niño, pero nunca le encontró.

    Cuando despertó revisó sus heridas, sus manos estaban casi recuperadas al completo. Un ligero dolor le aquejaba, pero era algo que desaparecía si hacia ejercicios con las manos antes de cualquier tarea. Gracias a eso pudo continuar trabajando con mayor rapidez en su barco, y así en el atardecer Bastian contempló el ocaso con su barco a un lado, mientras tallaba mas herramientas en base a la madera. Esos últimos cuatro días habían sido tranquilos, a la par que satisfactorios. Bastian pensaba que de haberse de repetir no se negaría en lo absoluto.


    (...)​


    Una pareja de magos, ambos mayores, soldados hechos y derechos, se encontraban en la isla. Llegaron en el amanecer, no perderían el tiempo, trabajarían duro durante los días y las noches que fuesen necesarios.

    Golpeaban sus respectivos arboles uno al lado del otro. Era medio día y sus cuerpos estaban empapados en sudor, cada vez era mas difícil coger aire, así como sentían que los nudillos se les partían en dos.

    Desde que habían llegado se habían dado cuenta de que habían un barco amarrado en la orilla. Sus respectivos mentores investigaron el bote, pero no encontraron nada dentro. Habría de ser un bote que terminó en la deriva durante una tormenta. El motivo daba igual, era un buen barco y estaba hecho con madera de aquellos arboles, podrían venderlo y ganar el suficiente dinero como para retirarse un año con gusto de lujos.

    La joven maga cayó al suelo. Estaba exhausta, no golpearía mas en una hora. Una brisa fresca empezó a soplar, ella sonrió y levantó el rostro con los ojos cerrados para disfrutarlo. Entonces el viento paro. Abrió los ojos con calma y se asustó al ver a un adolescente trepado en la cima de los arboles.

    –¡Vamos, tu puedes!– Le gritó el chico dando ánimos.

    La chica no comprendía como es que ese niño había llegado ahí.

    –¡Oye tu! ¡¿Ocupas ayuda?!– Le preguntó el hombre que dejó de golpear el árbol a un lado de la chica.

    –¿Ayuda?– Preguntó para si mismo Bastian –¿De que hablan?– Y el chico saltó de la gruesa rama en la que se encontraba parado.

    La mujer empezó a gritar –¡Querido, ayúdame a atraparlo!

    –¡¿Qué le pasa a ese loco?!

    Los mentores seguían inspeccionando el barco mientras hablaban de un cliente potencial que seguro le daría una gran suma de dinero. Se encontraba en los puertos del Oeste, era un hombre de ojos jalados y piel morena con el cabello largo lacio. Provenía de Rabihit y era un gran amante de los barcos. Era el negociante de barcos numero uno de la región donde se encontraba su negocio. Si, habría de darles una buena suma.

    Entonces escucharon los gritos de sus alumnos. Voltearon a verles y vieron al chico que había saltado hacia ellos. El susto les llegó hasta la garganta. Pero pasó algo raro, cuando el chico se encontraba a unos metros de chocar con el suelo comenzó a decender como la hoja de un árbol.

    Bastian observaba a la pareja boquiabierta y solo pensaba. Que gente mas rara.

    Finalmente llegó al suelo. Se encontraba frente a los dos adultos, tendrían
    unos veinticinco años. Sentía una vibra extraña provenir de ellos dos. El chico les mostró la sonrisa mas sincera que podría lanzarles a pesar de sentirse un poco incomodo.

    –¿Quieren un pescado?– Les ofreció el chico con una sonrisa mas vivida –Si quieren encontrar comida hay muchos peces del lado Norte de la isla, debe ser porque las embarcaciones no llegan hasta ahí. Si no traen cañas de pescar hice dos intentos antes de hacer esta buena. Se debe de encontrar a un lado del tronco que corte. Solo que tengan cuidado, deje plantado un injerto cerca del tronco. Quizás con un poco de arreglos las hagan funcionar– La pareja ni siquiera se había percatado que el chico llevaba colgando multitud de herramientas. Todas de madera, todas del color de la madera de esos inmensos arboles.

    El hombre tartamudeó al tratar de analizar lo que había dicho, entonces trató de hablar –T–t–tu–tu hiciste un… unas cañas extras con ma… madera– Señaló el árbol que su mujer estaba golpeando –¿De esa madera?

    Bastian asintió –¡Por supuesto! ¡Es mas fácil de lo que parece, enserio! ¡Se corta rápido, solo ocupas un poco de concentración y certeza!– El chico le dejó un pescado a cada uno. Estaban cocinados y envueltos en algas. Olían bastante bien –¡Ustedes pueden chicos! Yo tengo que irme– Al hombre le dio un golpecito en el hombro y a la chica le tomó la mano sacudiéndola ligeramente. Bastian continuó su camino hacia el bote.

    La pareja se vio a los ojos, volvieron a ver al chico y después vieron el grueso tronco. ¡Ese niño dijo que había sido fácil!

    Bastian caminaba por la arena blanca con una ligera sonrisa en el rostro. Veía a los dos mentores de la pareja. Dos hombre viejos de cabellos blanco. Le miraban extraño. Creía saber de donde provenía aquella pareja tan rara de atrás.

    –¿Un buen barco, no?– El chico echó su morral lleno de pescado dentro del barco, así como una a una se fue quitando sus herramientas.

    –¿Es su barco?– Le preguntó uno de los hombres.

    –Claro, solo me faltó ponerle una placa.

    –¿Donde lo compró?– Preguntó el segundo hombre con curiosidad. Mientras que el primero echaba un vistazo a las herramientas que tiraba el chico dentro del barco. Poco tardó en darse cuenta que esas herramientas también estaban hechas con la madera de los arboles de aquella isla.

    –¿Comprar?– Soltó una risa –Yo lo hice– Dijo el chico sacando el pecho y con la cabeza ligeramente levantada.

    El hombre que le había preguntado comenzó a reír sin muchas ganas. Era un broma de un chico. No importaba –Hablo enserio, jovencito, ¿Dónde consiguió semejante ejemplar?

    Bastian enarcó las cejas –Es la verdad– Gruñó en tono bajo. Odiaba que no creyeran lo que decía. No tenia motivo para mentir a nadie. Con aires de confianza y también un poco de aires de presumir empezó a contarles a los dos viejos su historia –Cuando era un niño mi abuelo y yo creamos unos botes a escala para jugar en el rió. Hacer este bote solo fue hacer mas grandes las piezas. Eso si, tuve que improvisar la vela, gaste todos los hilos de mi camisa para poder hacer nudos y mantenerlas sujetas– El chico empezó a empujar el barco hasta que el agua rozaba buen parte de la parte baja –De hecho no me acabe todo el tronco. Es demasiado grande. Así que si quieren aprovechen la madera restante para algo, no tengo impedimento alguno– El chico se subió al barco. Lo único que esperaba es poder resistir los mareos.

    –No creo que este mintiendo…– Le susurró uno de los hombres a su compañero.

    –Debe de estar mintiendo. Es solo un niño– Masculló el otro con mala cara.

    –Oigan, viejos, ¡Tomen!– El chico le lanzó dos brochetas de pescado. Eran peces de escamas brillantes de tono verde. Eran pequeños, por eso Bastian había casado bastantes. Los vendería en la costa. Quizás podría conseguir suficiente dinero como para poder conseguir comprar las comidas de regreso a Lanecloud.

    –¿Son acaso…?– Murmuró uno de los ancianos con los ojos saltones.

    –Si… Lo son… Son peces piedra jazmin

    –¡Los hice lo mejor posible! ¡Lo hice según recordaba de un libro de mi madre, creo que se llamaba Comidas de Willian Chiur!– El cual era un libro utilizado por los mejores chef del mundo especializado en cocinas cinco estrellas y platos extremadamente raros. Su madre era una excelente cocinera y en mas una ocasión le explicó como hacer todo tipo de comidas. Los ancianos conocían el libro y obviamente conocían el increíble valor de esos pequeños peces. ¡Y ese niño se los había regalado!

    –¡Espero los chicos lo logren, nos vemos!– Y así fue como Bastian dejó la isla.

    –¿Soy yo o ese chico se parecía al difunto Ex–General Mundial Adam Arcnaik?– Preguntó uno de los hombres con la mirada fija en el barco que se alejaba cada ves mas.

    –Eso ya seria demasiado, idiota.


    (...)​


    Durante el viaje Bastian empujaba el barco con el soplar de su magia de viento. El barco se movía rápido al ser mas pequeño que el resto. Luchó contra el mareo en mas de una ocasión, vomitó una vez, no es algo de lo que alguien se pudiese sentir orgulloso, pero Bastian lo estaba por que solo había sido una vez.

    Durante su viaje un fuerte viento le jaló sin poder hacer algo para impedirlo, por lo que cambió su rumbo, terminando viajando a los puertos del oeste.

    Cuando se topó como los puertos comenzó a pensar en que quizás no quería volver a LaneCloud, había algo mágico en el sentir de la brisa salada sobre su cara, en el cálido abrazó de los rayos del sol acariciando su piel blanca. La ligera agitación de las olas era apaciguante y la brecha del mar con el cielo era tan misteriosa así como atrayente. Quería ser un viajero del mar, un guerrero ambulante, la esencia de vivir siendo uno con la naturaleza le atraía mas que cualquier otro deseo que alguna vez había tenido.

    Pero tenia que volver, en Lanecloud le esperaban. Habría de encontrar el final del mundo algún día. Aun le quedaban cosas por aprender. Sin embargo un día habría de partir. Explorar y descubrir que el mundo solo parecía pequeño en un mapa.


    (...)​


    Un hombre iba llegando cabalgando a su puerto. Uno de sus trabajadores decía que acababa de vender uno de los barcos mas impresionantes en su catalogo. El jefe, un hombre de ojos jalados, moreno y cabello largo lacio sonreía, los buenos negocias le llenaban el corazón. A demás de que acababa de comprar ese caballo pura sangre tan bonito para su pequeña hija. Lo único que le llenaba el corazón mas que los buenos negocios era su querida hija.

    El hombre lanzó una mirada al poniente, una pequeña sombra se asomaba en dirección a su puerto. El viento no soplaba tan fuerte como para mover tan rápido ese barco, no importaba que fuese tan pequeño. El hombre sabia de barcos, no lo podían engañar.

    En pocos minuto el barco llegó a su puerto, ahí lo estaba esperando con tranquilidad. Llegó hasta su puerto y el insolente se atrevió a estacionar el barco sin ningún permiso. El trabajador estaba por ir a correr al chico, pero no, este seria trabajó del hombre, nadie se atrevía a insultar su puerto de venta de barcos con un barco mercader cualquiera. Se bajó de su potro pura sangre y caminó entre los tablones que conformaban su puerto, creado de la mejor madera de todo el mundo.

    Cuando se encontraba cerca se percató que aquel hombre no era un hombre, de hecho no tenia la edad ni siquiera para poder ser mayor de edad, era un adolescente de no mas de quince años. Soltó un bufido de cansancio, tendría que lidiar con un mocoso, pero bueno, ya estaba lo suficientemente cerca como para regresar, entonces continuó caminando hacia él.

    –Disculpe, joven– El chico seguía apretando el nudo al gancho que amarraba el barco. El chico se giró. Un joven adolescente, de piel blanca enrojecida por el sol, cabello como el cobre y ojos marrones. Lo analizó bien por si acaso le atacaba.

    –¿Qué pasa, señor?– Preguntó el chico. Su voz ni siquiera había engrosado. Un adolescente que hizo su primer barco y decidió salir a probarlo sin saber mucho de la vida. Habría que mostrarle el mundo real.

    –Jovencito, este puerto esta especialmente dedicado a la compra de barcos.

    Bastian terminó de anudar el barco, su piel le brillaba por el sudor. Calani tenia un clima demasiado tropical para el gusto del chico –¿Enserio?– Preguntó el joven observando todos los barcos de alrededor –Tengo suerte– Le comentó con una sonrisa –Se lo vendo- Dijo señalando su pequeño barco.

    El comentario no fue para nada bien recibido por el negociante, el cual lo sintió mas como un insulto. Enarcó las cejas y respondió en un tono mas alto para poder dejarle en claro que no compraría su basura –Ese barco no te lo compraría ni el pesquero mas necesitado…– Señaló el barco, entonces encontró en él un brillo peculiar, un color que había visto muchas veces a lo largo de su vida como vendedor, si, era el mismo color de su puerto. Era la mítica madera de los arboles de Jacobh Majab. No solo eso, ese pequeño barco era una versión a escala de la unidad deportiva que utilizó el campeón de las carreras de botes del año 2834, ¡La carrera mas legendaria de la historia!

    –¡No sea así! Hice el mejor trabajo para hacerlo, deme lo mínimo, pero cómprelo, tengo un largo viaje que hacer– El chico hizo una cara triste mientras miraba su creación, que la insultaran apenas viéndola le causaba decepción.

    –¿Cuánto quieres?– Dijo de pronto el hombre y Bastian volteó a verle.

    –Lo que quiera darme– Le comentó el chico con una sonrisa tras echarse el cabello para atrás. Mantuvo un porte recto para parecer lo mas convincente posible de que era alguien bueno y no un don nadie muerto de hambre.

    –Te puedo dar dos y medio.

    ¿Dos mil quinientos chas? Es bastante poco… Bastian volvió a ver su barco. No creia para nada que eso valiese su barco –¿No puedes dar cinco?

    El hombre se lamió los bigotes. Observó el bote. Apretaba la quijada y hacia una mueca de preocupación. Si mando a hacer una vela con el mismo diseño de la carrera puedo venderlo a un buen precio... Estaba ansioso, lo notaba en las pisadas que daba a los tablones del puerto.

    –¡Hecho!- Contestó el hombre.

    Debí pedir diez mil, igual y si me los daba si lo negociábamos… Pensó Bastian un tanto desilusionado –Esta bien. Deja saco las cosas de adentro.

    El dueño del puerto empezó a ver a mas de un ricachon viendo el barco a lo lejos. Reconocieron la calidad del barco. Esos buitres intentarían robárselo –Esta bien, ¿Tienes algún numero de cuenta bancaria para depositarte el dinero lo mas pronto posible?

    Bastian se echó sus herramientas a la espalda junto con su bolsa de pescados. Las demás brochetas ya se las había comido en el transcurso del día. Al escuchar la pregunta del hombre se quedo quieto arriba del bote. ¿Enserio? ¿Una cuenta bancaria por cinco mil chas? Podre ser un príncipe, pero nunca entenderé la alta sociedad…

    –No tengo cuenta bancaria, señor…

    –No se preocupe iré a sacar el dinero.

    Se le ve demasiado ansioso. La gente me esta viendo. Quizás lo que quiere es que me vaya. Un adolescente sin camisa y con cicatrices en sus brazos no debe de ser una imagen muy elegante.

    –No se preocupe señor, ¿Cuánto dinero tiene en efectivo?

    –En el negocio debo de tener… Uno, quizás.

    ¡¿Por qué no me dice mil?! ¡Te escuchas ridículo diciendo uno! Mil Chas es poco, pero igual con eso podría sobrevivir hasta llegar a LaneCloud. Podría convencer a una carroza para pagarle el resto cuando este en casa –Hagamos esto, señor. Deme ese dinero, algún día de estos cuando ya tenga una cuenta bancaria vengo a cobrar el resto.

    El hombre no pudo ocultar su sonrisa. Volteó a ver a todos lados y el bote. Estaba demasiado feliz –¡Trato hecho muchacho!

    Si, lo que quiere es que me vaya pronto. Bastian le siguió hasta el edificio de su negocio. Sin embargo se detuvo cuando vio el caballo de dueño.

    –Que buen caballo, señor.

    –Quiero que llames a todos los guardias hasta aquí, quiero ese bote custodiado– Le susurró el dueño a uno de sus empleados. Después se giró hacia el
    joven y asintió con una sonrisa –Lo es, lo acabo de comprar a un muy buen precio. Se lo regalare a mi hija– El hombre saco las llaves y estaba abriendo la puerta cuando escuchó nuevamente la voz del chico.

    –Va a estar feliz. Oiga, ¿no le interesaría comprar estas herramientas? También tengo estos pescados, están bastante ricos.

    El dueño soltó una risita burlona. Estaba por decirle que no compraban herramientas en ese local cuando vio las herramientas con detenimiento ¡Estaban hechas de la misma madera que el bote! Estaba emocionado, trato de mantener la calma –Creo que te podría dar… ¿cuanto seria bueno…? Te comprare el pescado para que no digas que soy mala gente…– Se dijo a si mismo al golpearse la barbilla con la lleve del local. Entonces alcanzó a ver los pescados, ¡Eran los exóticos pescados piedra esmeralda de Calani! ¡Cada uno de ellos valía miles de Chas! Pero no tenia mas dinero… espera, si tenia algo… –¡EL CABALLO! ¡TE DOY EL CABALLO!– Aulló de emoción. Al demonio su hija.

    Bastian poco a poco abrió la boca de impresión. Boquiabierto vio el caballo. ¡Debe de gustarle mucho el pescado! –¡Claro que si!– Le contestó Bastian con una sonrisa y gesto de incredulidad.

    Al entrar al local el hombre puso los pescados con cuidado dentro de una hielera. Y se dirigió directamente a su oficina. La imagen tranquila de Bastian le seguía con tranquilidad.

    Llegaron hasta la oficina. Dentro había una caja fuerte detrás de un cuadro de pesca bastante bonito. El hombre puso la contraseña y abrió la caja, adentro debía de haber fácil un millón de Chas en fajos de billetes.

    Viejo tacaño. Penso Bastian.

    –¿Tienes algo donde llevarte el dinero?

    –No– Contestó Bastian dudoso. Mil Chas podía llevárselos en la bolsa del pantalón.

    El hombre asintió y sacó un morral.

    Vamos, viejo son mil chas solamente.

    Entonces el hombre empezó a echar todo el dinero dentro del corral mientras contaba en susurros. Bastian abrió tanto los ojos que casi se le salían de sus cuencas. Abrió la boca al escuchar que la suma había rebasado los mil chas tras el primer fajo de billetes. Entonces capto rápido la relación. Dos y medio, no eran dos mil quinientos, ¡Eran dos millones y medio! Y cinco no eran cinco mil, ¡ERAN CINCO MALDITOS MILLONES!

    –Un millón– Dijo el hombre levantando el pesado morral. Se volteó y lo puso sobre el escritorio. Bastian escuchó el tronar de la madera con el papel moneda. Creyó que todavía estaba dentro del sueño. Si esto debía de ser un sueño… Eso o era el chico con mas surte en el mundo, eso a no ser que el viejo mercader fuera en el vendedor mas idiota de todo Evelia.

    Tomo la bolsa con rapidez. Se la pegó al pecho. Su sonrisa deslumbraba aunque el no quería mostrarla. Tenia un brillo en los ojos como los faros de las costas –Muchas gracias. Fue un buen trato– Y el chico salio de la oficina como un rayo.

    –¡Muchacho!

    La campanilla ya había sonado. Bastian se detuvo a tiempo.

    –¿Si?

    –¿Cuál es su nombre?

    –Bastian…– Le contestó con una enorme sonrisa. Entonces capto que si le decía el nombre quizás podría mandar a alguien a buscarle quitar el dinero. Lo pensó rápido –Bastian W. Chiur– Después desapareció.

    –Muchas gracias, Sr. Chiur– Y el hombre empezó a gritar y saltar de emoción.


    (...)​


    Bastian, ahora un chico de trece años con un millón de Chas en la bolsa se hospedo en los hoteles que mas le parecieran interesantes, no los mas caros, porque sabia que el dinero era escurridizo y muchos gustaban de jugar con esa peculiaridad de los billetes. Durante días y noches viajo desde Calani en rumbo a LaneCloud. Se compró ropas nuevas, pareciendo solo un ciudadano mas del hermoso reino costero.

    En el día gustaba de parar y probar las comidas con el mejor olor. Nunca fue fanático de los mariscos, pero estaba ahí, en Calani, donde se comía todo tipo de animales marinos trecientos sesenta y cinco días al año.

    Para su fortuna durante dos noches hubo festival y el chico habría de irse a bailar con las chicas de Calani, así como de las pueblerinas que llegaban de la frontera o los puertos del extinto reino de Rasew al Norte de Calani. Supo divertirse, fluir con la brisa salada y bailar al soplar de sus liberadores vientos. Conoció a mas de una chica en esos festivales y robó mas de un beso a una chica descuidada, ¿aunque se podría decir robar cuando ellas cedían y luchaban por controlar la situación? Jugó a las cartas contra ancianos en sus momentos solitarios, perdió dinero, pero en sus momentos dobló lo perdido. En mas de una ocasión algún delincuente o mafioso braveaba falsedades que inculpaban a Bastian de tramposo y el chico al no poder dejarse pisotear respondía insultos a los tipos, lo que ocasionaba que en mas de una ocasión le quisiesen rebanar el cuello. Huía entre las casas blancas del reino y una vez fuera de peligro admiraba las estrellas, tan infinitas, brillantes y hermosas. Oda de mas de un poema o canción de dos amantes. Figuras a las que se le había prometido tantas cosas como cantidad de astros en el manto celeste. Bastian las admiró, quizás nunca se había sentido tan feliz de tenerlas en el cielo, después de todo él conoció la noche sin luz y era
    aterradora. No sabia porque, pero presentía en el viento que habrían de llegar días mejores.


    (...)​


    El camino fue tranquilo. Era muy aliviador el poder explorar solo, sin un Claarn que te colmara la paciencia o un Mike al que poner atención. Era mas profundo, mas suyo. Admiró los ríos y los extensos mantos verdes de flora tropical que con el tiempo empezaba a volverse bosque. Cuando cabalgaba trataba de guiarse por las montañas, pero era en vano, eran tantas que el camino parecía interminable.

    Se hospedo con gente bonachona a la cual pago el doble de lo debido. Conoció a niños, ancianos, jóvenes, chicas sobre todo y adultos.

    En las noches los campesinos de pequeños pueblos de quince casas que no aparecían en los mapas le contaban historias de sus tierras. En el mundo la diversidad es extensa, descubría que en un pequeño pueblo podría encontrarse gente de extremos como Iglakesh, Olimpia o Jenna, así como gente de islas diminutas de las Islas Medias. Durmió en áticos y graneros, también descansaba en los pastos de los valles. En mas de una ocasión una oveja le intentó morder la cabellera pensando que eran zanahorias. Y descubrió que existían unas aguas termales en la colina donde iniciaba el rió. Ahí tomo un baño, se sintió un poco avergonzado, porque llegó a los minutos una pareja, un hombre aparentemente ciego con una mujer exuberante que Bastian por sus hormonas fue incapaz de echar un vistazo. En cuanto se despistaron huyó de ahí muerto en vergüenza por cierta reacción masculina que no quería mostrar.

    Al final de cuatro días llenos de historia llego a Most. Su travesía había sido mas larga que la que había tenido con Claarn, pero si algo le ataba a tomar su tiempo es que no sentía tener ninguna prisa por volver tan pronto.

    En Most, el que Bruno y él denominaban, Hericent sureño, era una pequeña ciudad sin edificios, casi todas las casas estaban hechas de tronco y tablones, eran amantes de las ovejas y los chalecos. Bastian no entendía el porque, creía que solo era un mito, sin embargo era verdad, ¡Todo mundo llevaba puesto un chaleco! Pero no por eso era famoso esa pequeña ciudad, no, su fama recaía en que eran los mejores creadores de dulces de todo el continente. Bastian aprovechó el viaje para comprar una mochila llena de ellos.

    Durante su dulce travesía se topó con un cabaret, la mirada maliciosa de Bastian dio luz y se introdujo dentro. No sin antes comprar un sombrero pequeño, lentes, ropa “para señores” y un poco de maquillaje para pintarse la sombra de una barba. La pintura se le salio de las manos y logro crearse el aspecto de un esposo enano cascarrabias que escapaba a ver mujeres en secreto fuera de la supervisión de su esposa.

    Al entrar compró una pipa que ni siquiera encendió, pero que se la puso todo el tiempo en la boca. No podía decir que no le gustase el lugar. Eran mujeres atractivas, de vestimenta sexy sin pasar al desnudo. Bailarinas de sonrisa blanca que servían bebidas cuando el show de baile terminaba. Bastian aprovechó para meter unos dolores entre el busto de una bellisima mujer cuando le pidió traer un vino tinto, la única bebida alcohólica que Martin le había permitido tomar y que si le había gustado.

    Cuando tuvo su bebida se acercó a la mesa de apuestas. Jugaban un tipo de juego con cartas que pronto entendió. Tenias 4 cartas en la mano y seis en la mesa, tres visibles, tres ocultas, y el objetivo era deshacerte de todas las cartas poniendo números crecientes, el dos reiniciaba el numero al mas bajo y el diez eliminaba las cartas del montón. Fácil. Con el pasar de los minutos amasó una buena fortuna contra todos los verdaderos viejos cascarrabias que veían mujeres a escondidas de sus esposas. Tras una implacable derrota uno de los viejos que ya se encontraba borracho a pesar de ser las cuatro de la tarde se levantó e intentó golpear a Bastian. El chico corrió hacia la cocina, debía haber una puerta trasera donde le echen las sobras a los perros callejeros, siempre las había. El anciano iba detrás de él con paso lento, pero un hombre se le acercó.

    –Yo me encargare de él– Le dijo el desconocido. El hombre estaba por gruñirle, pero encontró la furia encarnizada en la mirada de aquel desconocido con bigote tupido y sobrero viejo, por lo que le dejo continuar.

    Finalmente, Bastian escapó por la puerta trasera, si que la había, siempre había. Corrió entre los callejones hasta estar unas cuatro calles lejos. Era su táctica, al ser bastante rápido normalmente nadie lo lograba encontrar entre las calles a la redonda de los locales. Era algo cotidiano en sus travesuras con Bruno. Tomaba aire y se burlaba de los ancianos al haberse escapado con todo el dinero ganado.

    Entonces una voz le hablo.

    –Buen botín– Le dijo.

    Bastian apenas giró la cabeza cuando este hombre lo levantó un metro sobre el suelo tomándole de la camisa. Entre sus forcejeos le vio el rostro y si no tenia miedo, ahora lo tuvo. Era Claarn y se le miraba con muy mala cara.

    –Ho…Hola, viejo…– Le dijo con una sonrisa, pero tan pronto lo dijo Claarn le sembró un puñetazo que le reventó la mejilla. Se le cayó el sombrero y los lentes y sus ojos se mantuvieron el suelo gris de la banqueta a su izquierda.

    –Hasta que te encuentro mocoso… ¿No te dije que volvería a la isla…?

    Bastian giró la cabeza. Sus ojos ardían en furia. Le tomó el brazo que le sujetaba y lo comenzó a apretar –¡Suéltame, mierda! ¡Tarde cinco días en salir de la isla y tu no volvías de quien sabe donde! ¡Hice lo que cualquiera hubiese hecho! ¡Que me sueltes he dicho!

    Y Claarn lo soltó, claro que lo soltó, pero tras darle un puñetazo en el estomago, que hizo vomitar al chico toda la comida que había devorado en el día.

    –Háblale con mas respetó a tus superiores, enano…

    Bastian continuaba tosiendo en el suelo. Le era difícil coger aire. En Most todavía era invierno y el frió lastimaba los pulmones de Bastian si intentaba respirar rápidamente.

    –¿Crees que me fui solo por que quería ver la buena vista del reino?

    El chico se recargó a la pared y se levantó lentamente. Las piernas le temblaba y su mirada era mas rabiosa que antes. Claarn casi lo vio como un reto.

    –No encuentro otra opción... Aunque hayas ido a dejar a Mike a LaneCloud creo que tuviste el suficiente tiempo para volver, pero no...– Empezó a reír. Claarn escuchaba atentamente sin decir nada. Su sombrero le ocultaba su obscurecida mirada –Seguro te mantuviste un poco mas de vacaciones con alguna puta de los puertos… Sabes nunca te he creído que sales a “misiones”, estoy seguro que te hartas de nosotros y vas a hacer lo que se te pegue la gana como un viejo soldado retirado... Los escuchamos en la cabaña antes de separarnos de Martin, “O cuanto tiempo estaremos nosotros para ellos”, podrá parecer enternecedor, ¡Pero a mi no me engañan tus mierdas! ¡Si pudieses deshacerte de nosotros lo harías!

    –Bruno no terminó su adopción– Le dijo Claarn con una mirada triste.

    Y esas palabras golpearon mas fuerte que cualquier puñetazo –¿Qué?

    –Bruno no lo logró…– Se quito el sombrero –Y cayó por la montaña de GrayLagoon… Entre Kian y Gus lograron rescatarlo... Kian lo llevó al hospital de GrayLagoon lo mas rápido posible... Hicieron todo lo posible para mantenerlo estable, pero Bruno sufrió un paro cardíaco y…

    Bastian perdió la conciencia tras esas ultimas palabras. No pudo escuchar nada mas. Todo quedo en silencio. Se pegó a la pared y vio la nieve caer en Most como si la naturaleza misma se burlase de la capacidad de Bruno.


    Y bien hasta aquí llega lo que seria la segunda parte de tres de esta libro.

    Suelo publicar cada dos semanas, al menos lo intento aunque he llegado a tener lapsos de un mes... Bueno lo que quiero decir es que suelo estar constante con la historia a no ser por impedimentos como lo que sufrí con mi laptop y todo mi trabajo en lo que tarde, ¿creo que tres meses en publicar?

    Ahora que ya vamos para el final de lo que vendría a ser el primer libro me tomaré mi tiempo para pensar en la historia, el camino que habrá de tomar, como lo llevaré, etc... Lo que sé es que si te esta gustando lo que estas leyendo el final te impresionara y te dejara con ganas de mas. Trataré de dar lo mejor de mi para poder traer todo en dos semanas como siempre, pero como estoy al tope de ideas quizás tarde de un mes a dos en publicar lo que sigue. Pidamos a la diosa fuerzas.

    Por cierto, si estas interesado en volver a leer el inicio de esta historia estaré haciendo correcciones y añadidos a la primera parte [Capitulo 1 - Capitulo 6]

    Te deseo lo mejor. Y si no pasa nada malo o nada demasiado bueno, nos veremos pronto.
     
    Última edición: 8 Julio 2019
  9.  
    Anonimo CCS

    Anonimo CCS consecuencias de actuar sin pensar en el futuro Crítico

    Piscis
    Miembro desde:
    21 Marzo 2019
    Mensajes:
    96
    Pluma de
    Escritor
    Antes de dar mi critica les recuerdo que esta es mi opinión personal, si te gusta tu historia como esta puede que este totalmente equivocado y listo no pasa nada. Mas aya de mi comentario y lo que yo crea o no correcto en tu historia quiero que sepas que es mi mas sincera opinión, también me disculpo por si algo que digo te molesta o te ofende de alguna manera, ya que suelo ser muy directo con mis criticas. Bueno sin mas preámbulo comenzare con la critica.

    Como ya mencione anteriormente, hay muchas cosas que veo totalmente excesivas en tu historia. Vamos con el primer punto a comentar.

    hay mucho de esa descripción que por como lo veo podemos simplificar y hacer de la lectura algo mas rápido, entretenido y dinámico.

    El viejo hombre llevaba puesto. Un atuendo que en su buen estado pudo haber sido una buena vestimenta de buen gusto, pero no elegante; ya que la camisa el chaleco y los zapatos se encontraba totalmente arruinados por lo que parecía una ola de calor.

    Es mas corto y das a entender lo mismo que ya escribiste, y no haces la historia tan larga. También quiero que sapas que podría hacer esto con la mayor parte de este capitulo, hay mucho que escribes y se olvida ya que son muchos detalles y mucho de lo que escribes llega a ser innecesario ya que no le da un valor real a historia, también hay cosas que dejar a la imaginación de los lectores.

    Con esto no quiero decir que sea totalmente malo sino que bueno a la hora de leer es redundante.

    Otro punto a tratar seria, que por lo que leí en este primer cap, hay magia y bueno no se como se maneja la magia en este mundo de ficción, pero me gustaría recalcar una cosa que bueno ley, y me parece habría un pequeño error argumental.

    Esto joven uno de tus personajes usa magia del tiempo, entiendo que por la reacción del general eso es algo muy difícil de lograr, no tengo problemas con que el joven maneje magia del tiempo, sino que lo hace y no sepa nada de su pasado. Simplemente podría volver al pasado y bueno saber que paso con el ya que por lo que muestras en esa parte no tiene problemas con hacer uso de su magia, o peor aun podría simplemente haber evitado que mucho de los acontecimientos de la historia pasara.

    Esto lo digo, por que a la hora de manipular el tiempo suele ser muy delicado, como te comente solo e leído el primer cap y no conozco las limitaciones que tenga el manipular el tiempo, sus efectos, sus pros y contras, tendría que leer la historia completa para darte una visión completamente objetiva de esta habilidad pero al ponerla en la historia hay mucho que puede salir mal o como decimos por aqui “malirsal” a la hora de utilizarla.

    Me gustaría hablar de tus personajes en este primer capitulo, solo que al estar ya la historia completa creo que no seria lo mejor, te puedo decir que escribes y detallas mucho lo cual no es malo, y lo largo del capitulo no me molesta.

    Otra cosa que deberías de tomar en cuneta también es que dilatas mucho la situación y alargas la conversación, una historia tiene que ir en armonía con los acontecimientos y no a todos los diálogos le tienes que poner una acción, ya que esta bien mencionar gestos y acciones para dar a entender al lector las cosas que están pasando pero todo en exceso es malo.

    Los comentarios de esta conversación para mi son excesivos, dilatan mucho la conversación, llega a ser para mi un poco aturdidor y sencillamente se pierde mucho de los diálogos por lo extenso de las explicaciones.

    No tengo mas que agregar sobre este capitulo, espero mis comentarios te ayuden, sin mas que decir te pido que estés atento a la critica del segundo capitulo, también me disculpo nuevamente por si te ofendí de alguna manera, pero trate de que mi critica fuese lo mas objetiva posible.

    Sin mas que decir. Nos leeremos luego.
     
    Última edición: 31 Julio 2019
  10. Threadmarks: [ Parte 3 ] Capitulo 28 - La botella
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    67
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El Legado de los Héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    30
     
    Palabras:
    9773
    Capítulo 28 – La Botella

    [​IMG]

    -17 de Febrero de 2898 D.C.-

    El día se veía opacado por las nubes grises. El mercado de LaneCloud se encontraba atiborrado de gente. La futura lluvia provocaba que todo mundo quisiese comprar vivieres para comer, pues los mas ancianos y los mas adiestrados en la materia decían que habría una tormenta de una semana.

    Entre aquel tumulto de gente, cientos de mercaderes y puestos llenos de baratijas, una chica de largo cabello negro, piel blanca como la nieve y unos lentes delgados se encontraba revisando un racimo de uvas. Era Alicia. En su brazo colgaba una mochila larga y gorda. Ella tomó dos racimos, estaba apunto de pagar al buen hombre de la frutera cuando un hombre saltó de la nada arrebatándole la mochila y la cartera. Impactada por la situación reaccionó un segundo después, persiguiéndole entre la multitud, esquivando a las personas y disculpándose con aquellas con las que chocaba. En cambio el hombre corría sin ningún problema golpeando a todo aquel que se pusiese en frente. Escapó entre los individuos y los callejones de LaneCloud. Alicia le siguió a segundos de distancia. El viento helado empezó a golpear el rostro de ambos.

    – ¡Por favor, detente! ¡Solo quiero una cosa de la mochila, es todo, prometo dejarte en paz si me lo entregas!– Gritó ella una y otra vez durante la persecución, la cual se volvió larga, recorriendo gran parte del pueblo.

    El ladrón, como era de esperarse, hizo caso omiso a su petición. Aquel hombre era rápido, a pesar de estar cargando con una pesada mochila.

    Aquella larga carrera, que para Alicia fue eterna, terminó cuando se encontraban en la zona mas pobre de LaneCloud. Pisó los charcos de lodo de la acera sin pavimentar. Ambos doblaron en la esquina próxima, topándose con un callejón corto.

    – ¡Mierda, me equivoque!– Refunfuñó el hombre entre dientes.

    Alicia acababa de llegar. Se encontraba justo detrás de él. Inhalaba cansada. El aire frió le provocaba dolor en los pulmones –Por favor, escúchame…– Decía entre bocanadas de aire –Puedes llevarte lo que quieras… Prometo no decirle a nadie sobre esto…

    El hombre se encontraba sudando y sus ojos saltones se movían nerviosos. Revisó su reloj en un instante, apenas capaz de analizar la hora. Empezó a negar con la cabeza –Te reconozco…– Dijo en un chillido con el rostro congelado. Comenzó a sudar en mayor cantidad y los ojos empezaron a volar en todos los ángulos –Eres amiga del sheriff, te hemos visto con el… No puedo confiar en que no le dirás nada.

    – ¿Hemos?– Preguntó ella.

    El ladrón tiró la mochila. De su bolsillo trasero sacó una larga navaja.

    Alicia abrió los ojos, impactada. El ladrón se lanzó feroz ante ella. La chica observó de pronto todo en cámara lenta. Escuchó fuerte latidos de su corazón, casi como si lo tuviese pegado a sus oídos. Su cuerpo se movió por instinto. Empujó el brazo del hombre hacia su lado izquierdo, siguió el transcurso del desvió con ligereza, deslizándose a través de la desviación del brazo. Ella le tomó del cuello, una vez estando a sus espaldas. Con su otro brazo apretó la muñeca del hombre, forzándole a tirar el cuchillo.

    El hombre gruñó molesto. Se tiró de reversa dispuesto a chocar con la pared. Alicia se desprendió antes del choque, por lo que el ladrón se hirió a si mismo. Una vez recuperado el equilibrio se abalanzó contra la chica. Sus ojos estaban inyectados de furia y adrenalina. Soltó un aullido que asusto a la chica. Lanzó unos golpes rápidos, pero Alicia logró esquivar cada uno de ellos. En medio de un descuido del hombre, ella arremetió un golpe en su garganta. El hombre iba a llevar sus brazos hasta la zona del impacto, pero Alicia le detuvo. Le jaló de los brazos, le levantó sobre su espalda y lo aventó directamente hacia los botes de basura.
    Alicia respiraba exaltada, mientras observaba al hombre retorciéndose entre los desechos de comida podrida. Nuevamente el viento se sentía correr por el callejón, a pesar de encontrarse cerrado. El sonido volvió en si y pudo escuchar unas pisadas cercanas.

    –Esto es imperdonable– Dijo una voz gruesa desde el otro lado del callejón. Alicia, sintió como su corazón llegaba hasta su garganta. Sus ojos se abrieron empequeñecidos por el miedo. Soltó un chillido y giró la cabeza. Ahí por donde habían llegado el hombre y ella se encontraban otros tres hombres.

    –No pudiste encargarte de una presa como esta, que patético…– Dijo el hombre mas grande y robusto.

    –Ademas de que tardaste demasiado. Te dijimos que llegaras al punto de reunión hace cinco minutos, pero te encontramos huyendo de esta chica. El tiempo es preciado– Dijo un hombre delgado y feo, con una voz chillona.

    –Tranquilos chicos, nos encargaremos de él mas tarde. Quiero a la chica, es importante para la gente de este pueblo, podríamos pedir mucho dinero por alguien como ella, pero traerla rápido, no podemos desperdiciar tiempo– Dijo el hombre de la voz gruesa, un hombre lleno de tatuajes y con camisa delgada a pesar del frió. Cargaba con un tubo grueso que meneaba con ligereza –No la dañen demasiado. Podría servirnos para otro negocio. Todo depende de la oferta.

    Alicia observó atentamente la situación. Estaba en problemas. Nunca se había topado con una situación real como aquella. Se encontraba sudando, y en su mano derecha se encontraba un tic chocando sus uñas.

    – ¿Crees que puedes ganarnos? Vamos, preciosa, has esto un poco mas fácil– Dijo el hombre alto. Tenía mal rostro, a pesar de que fingía ser lo mas comprensivo posible.

    –Si cooperas no haremos nada malo contigo, ¿Suena a un buen trato, no?– Dijo esta vez el hombre feo, con una mirada que te desnudaba de la manera mas vulgar.

    Alicia sabia que no podía confiar en ellos. Se encontraba en problemas. Entonces pensó, ¿Qué hubiese hecho él? Y sabia la respuesta. Lucharía, con miedo, pero lo haría.

    Se lanzó en un grito interno de completo horror. Se agachó tomando la navaja de su anterior oponente. Los dos hombres no lo dudaron, se lanzaron contra ella. Sin embargo Alicia era muchísimo mas ágil. Se escabulló entre los posibles agarres. Metió una patada en la boca del estomago al hombre delgado y feo. Seguido de un codazo directo a la nariz. Entre la confusión, se deslizó por el suelo. El hombre alto estaba listo para darle un poderoso golpe que la llevaría directamente a comer tierra y quizás después de eso no podría levantarse. Ella le esquivó. En la cintura del hombre lo logró ver, el mango de una navaja. Con un movimiento veloz logró tomarla. Se deslizó por el piso sucio y la desenfundo. Era una navaja pequeña.

    -Oh, así que así sera…- Y el hombre alto sacó otra navaja igual de corta, pero mucho mas vieja. Sin pensarlo dos veces se acercó a la chica a toda velocidad.
    Ella esperó el momento exacto y corrió hacia el hombre logrando acertar un corte superficial.

    -¡Perra!- Aulló el hombre golpeándola con el codo haciéndole caer de rodillas.

    Alicia, adolorida, se giró. El cuchillo del hombre se acercaba a ella. Su único instinto fue meter la mano. Así la navaja se le clavó en la mano izquierda, cortando también un poco de la derecha.

    El viento comenzó a correr con mas fuerza.

    El hombre alto comenzó a reír.

    La joven aulló de dolor. Sin embargo comprendía que no estaba vencida. Con la mano derecha volvió a tomar la navaja y con ferocidad se la clavo en la pierna al hombre. Se levantó rápido, y si su teoría era cierta ese hombre era un animal.

    El criminal sacó la navaja de la pierna y corrió hacia ella cual toro.

    Era su oportunidad. Esquivó el tajo de la navaja. Encontró la apertura y con la espalda logró aprovechar el peso del hombre para lanzarlo hacia su compañero delgado que apenas estaba recobrando el aliento.

    Ahí yacían los dos enemigos en el suelo, uno arriba de otro encima de un montón de apestosa basura.

    Alicia respiraba con dificultad. Se quitó la navaja vieja y la lanzó por arriba del callejón. El sudor le recorría la cara y el cuerpo le temblaba.

    –Eres mucho mas fuerte de lo que pareces– Gruñó el líder de los ladrones.

    La chica volvió a perder el aire. Por unos contados segundos se había olvidado del líder tatuado.

    El hombre empezó a reír con la mirada inyectada en sangre. Se acercaba a ella con pasos lentos, como si estuviese meditando todos los movimientos de la chica. Era mas alto de lo que parecía. Meneaba su tubo en dirección a ella, empezó a sonreír y tenía tres dientes brillantes de plata. Su camiseta sin mangas y pantalones rotos le daban un aspecto de alguien a quien no tienes que molestar. No parecía mas fuerte, aunque parecía un poco mas listo. A demás de que ese tubo que cargaba le daba un largo alcance.

    –Escuché a mi jefe hablando sobre un negocio, fueron solo susurros, pero creí escuchar tu descripción, en caso de que tenga razón conseguiré una buena suma, me podría comprar una casa en algún puerto…– Le comentó con la voz un tanto macabra como un susurro espectral –En caso de que seas tu no importa si te lastimo un poco…

    Le lanzó un tajo con el tubo.

    Alicia se echó para atrás, el tubo estuvo a punto de rosar la nariz. El pecho le empezó a bombear enloquecido. El mundo se comprimió en dirección al hombre.

    El líder regresó el tubo con toda intención de ahora si acertar. Nuevamente le envió un poderoso tajo que rompía el viento.

    Ella esquivó cada tajó en una repetición maníaca de golpe y esquive acompañada de las risas del líder de esos criminales.

    Entonces uno de los golpes la golpeó en abdomen. Sacándole el aire.

    -Fue divertido chica, pero ya me hiciste gastar mucho tiempo- El hombre preparó el siguiente golpe como uno de esos bateos de ese nueve deporte cada vez mas popular llamado Béisbol.

    La chica bajó a ras de suelo, el tubo le rosó el cabello y encontró en la postura de las piernas una brecha que atacar. Le patió el arcó de las rodillas haciéndole caer y ella rodó por el suelo sucio. Ahora estaba pegada a la pared. La mochila se encontraba a unos pasos de ella. Corrió hacia la mochila, entonces el tubo choco en la pared, por un paso mas le hubiese causado un doloroso golpe.

    –Oh… tu no iras a ningún lado…– Gruñó el hombre con una mueca molesta y las venas resaltadas. Se levantó rápido, de por debajo de su pantalón, a la altura del tobillo sacó un cuchillo largo y se acercó a Alicia con sed de sangre, así como un gritó como el de una bestia rabiosa.

    Alicia tomó el tubo. Lo empuñó con las dos manos. Lanzó un tajo recto al hombre y el chirrido de los metales chocando le lastimó los oídos.

    El hombre clavó el cuchillo, un arma tan afilada que era como una hoja blanca. Tenía una palma deteniendo el final del tubo. El maleante le sonrió con sus asquerosos dientes brillosos.

    Alicia yacía comida por el terror.

    El hombre le jaló el tubo arrebatándoselo de las manos. Ella cayó al suelo de un sentón.

    El hombre desprendió el cuchillo largo del metal. Levantó el arma al cielo con una sonrisa enloquecida en los ojos. Ahí la chica lo entendió, no tenía manera de escapar, sus piernas no reaccionaban y su respiración era inexistente. El filo bajó rompiendo el viento hasta que la chica escuchó de nuevo el hierro en un choque.

    El cuchillo cayó a unos metros de ella tambaleándose por la caída.

    –Aguantaste bien, Alicia– Dijo una voz madura.

    Ella levantó la mirada. Reconocía esa voz, estaba muy familiarizada con ella. Ahí pudo percatarse de esa espalda ancha, su capa negra volaba por los aires, así como aquella cabellera larga que pasaba esos gruesos hombros. Ya hacia bastante tiempo en que había comprendido que no jamas le ganaría en estatura.

    Ella no pudo evitar llorar pegándose a la pared. Entró en llanto y decía mientras limpiaba sus lagrimas que no dejaban de fluir –Tardaste demasiado.

    El líder de los criminales empezó a sudar con la mirada congelada en una permanente imagen de preocupación – ¡Mierda!– Gruñó el tipo para si mismo. Revisó su muñeca y ahí estaba su reloj. Las agujas aun no pasaban la hora indicada. Empezó a negar con la cabeza – ¡Estabas al otro lado del pueblo!– Aulló impotente.

    –Eso es verdad…– Dijo el joven con el rostro serio. Levantó dos dedos –Lo que pasa es que cometiste dos fallos: El primero fue creer que solo tengo ojos en un lugar… A demás… Uno contra cuatro, vamos, eso no es justo para nada… seamos cuatro contra cuatro… ¿No lo crees Mike?

    El hombre y Alicia elevaron la cabeza.

    – ¡Claro que si hermano! ¡Pateémosle el trasero!– Dijo Mike que se encontraba arriba. Era un niño de ocho años cubierto por un chaleco antibalas grueso, una camisa blanca de botones, pantalón militar a la medida, guantes y una capa con la que ocultaba dos cuchillos. Una estrella dorada pequeña tenía grabada su nombre: Ayudante de Sheriff – Michael Mike Arcnaik. Su primer nombre estaba tachado por el pasar de un cuchillo y tallado por un cuchillo se encontraba escrito el diminutivo de su nombre. Lo Había hecho el mismo niño.

    –Cuidado con tu lengua, Mike…– Le dijo Claarn que se encontraba detrás del chico. Vestía como siempre, con un chaleco de cuero marrón, pantalones caqui y camisa blanca. Sobre el pantalón asomaban dos guanteras con dos pistolas adentro. Así como al lado de esas guanteras se encontraban dos fundas, que contenían un cuchillo cada una. Al igual que Mike, Claarn cargaba una estrella dorada en el pecho que decía: Sheriff de LaneCloud – Claarn A. Bohm.

    –Los tres están aquí…– Dijo el hombre en un chillido silencioso. Retrocediendo con pasos lentos.

    –El segundo error que cometiste…– Dijo el joven caminando en dirección al hombre que sostenía en la mano izquierda el penoso el tubo de hierro. Un arma para nada poderosa contra la espada de doble filo de Bastian. El chico levantó la mirada hacia el hombre, era una mirada obscura llena de rabia oculta entre la melena roja de fuerte rebeldía que cargaba el joven – ¡El segundo error que cometiste fue el meterte con Alicia!– Gruñó con un tono que puso la piel de gallina al líder de los ladrones.

    – ¡No te creas tan fuerte, mocoso!– Gritó en desespero y lanzó un tajo sin dirección aparente. Bastian movió su espada en un movimiento fluido como el aire, derribando el tubo del hombre con un solo movimiento. En medio del movimiento conectaron miradas. Se escuchó un chillido agudo. Ese chico era una bestia. El temor de todos los criminales de LaneCloud. La estrella dorada en el pecho del chico se dejó ver entre su capa. ¡Era el guardia del pueblo! ¡El sheriff de LaneCloud – Bastian Arcnaik!

    Una patada lo mando a volar hasta el otro lado de la calle chocando con la pared del local abandonado enfrente del callejón. Sintió un viento chocar con su cuerpo. Sintió como su cuerpo se enterraba en el concreto, era una presión espectacular que le impedía respirar e incluso gritar de terror.

    – ¡Para, Bastian!– Le ordenó Alicia.

    El chico solo movió sus ojos hacia la chica. La admiro, estaba preocupada por el hombre a pesar que hace segundos la había intentado dañar. Ella era así. No podía hacer nada para que ella cambiara y él así la quería.

    El viento dejó de golpear el cuerpo del hombre. Sin mas cayó directo al asfalto completamente desmayado. Todos sus esbirros miraban con los ojos abiertos como platos el como su líder había sido derrotado de un solo movimiento.

    Bastian se quitó sus largos cabellos de la cara y los miró – ¿Alguno de ustedes quiere intentar algo?

    Los tres ladrones gritaron al unisono – ¡Discúlpenos señor!

    El chico en cualquier otra ocasión habría sonreído, pero esta vez se digno a mantener el rostro serio –Me lo imagine- Dijo con la voz fría y se giró a revisar a Alicia.

    Aquellos gritos sirvieron para que todos los demás criminales de la zona desaparecieran del área por varias horas.


    (…)​


    La reja se cerró.

    -¿Qué pasara con nosotros, señor?- Le preguntó uno de los ladrones a Bastian que revisaba de manera veloz la información de los ladrones.

    -Hoy es jueves, así que vendrán por ustedes dentro de cuatro días. Serán transferidos a la cárcel de Hericent mientras se procesan para saber a que prisión los enviaran.

    -Gracias, por responder.

    Bastian les dirigió la mirada. El hombre que había preguntado estaba asintiendo como un fanático religioso ante la figura del joven, pero atrás se encontraban los otros dos ladrones tratando de lanzar aire a su jefe con su propia camisa. En la espalda uno de ellos tenia el tatuado el símbolo de la familia mafiosa Carnoc. Una dos perros mirando al Este y Oeste, junto con dos águilas marcando el Norte y el Sur.

    -¿Son subordinados de Mamá?

    El hombre que asentía afirmó con un extrañado –Sí.

    La mirada del joven se volvió tan filosa como su espada. Los tres ladrones que seguían con vida cayeron presas del miedo. Era como si el aire de la habitación se retorciera en dirección al chico. Pronto se dieron cuenta que todos los ladrones que se encontraban en las demás celdas, otras diez personas para ser exactos, estaban pegadas a su pared con los huesos temblándoles.

    -Bah…- Gruñó Bastian con mal rostro, dándose la vuelta –No tengo tiempo para esto- Y salió del área de celdas. Área que desde la integración de Bastian siempre estaba ocupada.


    (…)


    El chico caminaba por el pasillo. Adentro del almacén de armas se encontraba Mike haciendo sabe que cosa.

    -Mike.

    El niño se levantó de entre un montón de paja -¿Qué pasa?

    -Alicia… Ya sabes… ¿no?

    -Tranquilo, ya me despedí de ella.

    Bastian le sonrió –Ya veo- Y se dio la vuelta desapareciendo de vista de su pequeño hermano.


    (…)​


    Y así Bastian llegó a la enfermería que se encontraba a la primera puerta del lobby de la comisaria. El joven entró por la puerta y vio a Alicia poniéndose la camisa. Inmediatamente cerró de nuevo la puerta.

    La chica comenzó a reír un poco –Pasa.

    -Perdón.

    -¿Desde cuando adoptaste esa mala manía por abrir la puerta sin preguntar cuando una chica esta adentro?

    El joven sonrió apenado, pero pronto esa sonrisa se fue borrando progresivamente.

    -Mejor no respondas.

    El joven espió un poco. Solo un poco. Ella se estaba abotonando una camisa azul marino. Ahí pudo ver solo lo que deseaba ver. Tenia un gran moretón en el abdomen. Luego prestó atención a la mano, completamente vendada.

    -Listo- Dijo la chica al girar.

    Bastian le tomó la mano con cuidado -¿Estas bien?

    -Limpie la herida y yo misma la vendé. Todos esos entrenamientos con Martin si que han funcionado.

    El chico comenzó a reír –Le dije a tu padre que no seria un desperdició de dinero- Y Bastian la miró a los ojos. Esos bellos ojos negros. Tan puros y brillantes. Nuevamente dirigió la mirada a la venda, mientras pensaba en el moretón. Si tan solo hubiese sido un poco mas rápido.

    De pronto sintió una cálida mano en su mejilla.

    -Hiciste lo mejor que pudiste hacer. Estoy bien.

    La mirada entre ambos brilló ocasionando que todo el mundo fuese solo una imagen oscura.

    -Es que…

    -“Si hubiese sido un poco mas rápido”…- La chica le apretó la mano lo mas que podía y le siguió acariciando la mejilla –Lo hiciste muy bien.

    El chico sonrió con los ojos un tanto llorosos –Sí- Él le acarició la mano –Vamos al hospital.

    -Sí.


    (…)​


    Claarn se encontraba leyendo un periódico. “Public Service” decía en la hoja principal. Las letras del periódico eran pequeñas y con muchas fotografías lejanas. Estaba hojeando con atención cuando escuchó a Alicia y Bastian salir de la puerta de enfermería. El periódico desapareció de sus manos sin dejar rastro. Claarn entonces levantó un libro que tenia a un lado.

    -¿Entonces levantaste al hombre enorme?- Preguntó Bastian impresionado.

    -Aunque no lo creas- Le respondió la chica entre risas –Sin embargo nada hubiese importado si ustedes no hubiese llegado.

    Bastian empezó a reír abochornado –No fue para tanto- Y el chico comenzó a acariciar su larga cabellera pelirroja.

    -¡Pero es verdad! ¡Tu entrada fue épica! ¡Luego cuando mandaste a volar al tipo con una sola pata! ¡Tu amenazando a esos tipos! ¡Sonaste mas rudo que todos ellos juntos!

    -Ya, ya, ya, Alicia. No fue para nada así…- El chico continuo riendo con un bochorno en las mejillas.

    Los dos chicos continuaron con su conversación hasta llegar a la puerta. No habían prestado la mas mínima atención a Claarn, pero el si a ellos y notaba con toda claridad como Bastian cada vez se tornaba mas del color de su cabello.

    -¡Pero no debiste mantener tu ráfaga de viento! ¡El tipo ya estaba fuera de juego! ¿Quién te crees? ¿Uno de esos héroes “geniales” que narran por la radio?
    -Perdona, creo que fue la emoción del momento.

    -Ya déjalo, Alicia. Ya le subió demasiada sangre a la cabeza, puede que se nos desmaye en plena comisaria- Comentó Claarn con una ligera sonrisa.

    -Esto solo es el comienzo, Sr. Bohm. Por cierto, muchas gracias por dejarme utilizar la enfermería.

    -Oh, viejo, estas aquí. Voy a llevar a Alicia al hospital.

    Una vena saltó en la frente del hombre -¿Cómo me llamaste, pulga?

    -Ehhh, ¿acaso ya no escuchas anciano?

    El aire se puso tenso –Estos dos…- Dijo Alicia lanzando un suspiro.

    -¡Quizás se trata de que tu diminuto cuerpo no logra crear una voz lo suficiente fuerte!

    -¡No entiendo como hablas, deja voy al museo a pedir ayuda a una momia!

    -¡Ya Bastian! ¡Tengo prisa!- La chica tomó el bíceps del chico y le jalo con el mismo cuidado que tiraría de un perro cuando quiere pelear.

    -Alicia…- Se escuchó la voz de Claarn del otro lado del lobby. Era un tono de voz mucho mas serio. Ella le dirigió la mirada y pudo ver que el viejo hombre tenia esos ojos que solo recordaba haber visto en contadas ocasiones –Que tengas buen viaje. Enserio no sabes lo agradecido que estoy por todo lo que has significado para mi familia. Éxito- El hombre arcó su sonrisa al lado contrario del que siempre se encontraba, mostrando una larga y clara sonrisa.

    Ella sintió un calor por todo su pecho. Apretó los labios y sus ojos se pusieron brillantes. Dejó el brazo de Bastian y agachó la cabeza en una ligera reverencia –Muchas gracias a ustedes por todo lo que hicieron por mi. Yo soy quien da las gracias. Y sobre todo le agradezco por haber criado a unos tan increíbles. Los extrañare mucho- La chica contactó la mirada con la del hombre y ambos supieron que los dos hablaban con el corazón.

    Bastian la volteó a ver con una sonrisa encantada por la linda manera de ser de Alicia.

    El sheriff soltó una risa silenciosa y volvió a su libro –Anden, vayan al hospital.

    Los chicos asintieron. Bastian tomo las cosas de Alicia, la chica le abrió la puerta y ambos salieron mientras Bastian se burlaba de los ojos brillosos de ella.
    Una vez la puerta se encontraba cerrada, Claarn murmuró –“Criar unos hijos tan increíbles…”- Soltó un bufido –¿Que dices, niña? Ellos siempre han sido increíbles…

    De pronto se escucharon multiples ruidos desde la bodega de armas de la comisaria. Un sonido leve retumbo en especial dentro de los oidos de Claarn. Un sonido como cuando una llanta de bicicleta se perforaba. A demás de este ruido también estaban incluidos los quejidos y gritos de un niño. De pronto humo empezó a salir del almacén al fondo del pasillo.

    -¡Mike! ¡Mono sin cerebro! ¡¿En que momento se te pasó por la cabeza estar jugando con las condenadas granadas de humo!


    (…)


    Bastian y Alicia caminaron por LaneCloud en dirección al hospital. En especial por el camino mas rápido hacia ahí, por la calle que subía por la mansión Arcnaik y rodeaba por el bosque. Desde aquella colina los dos chicos podían ver todo LaneCloud en su esplendor. Una bella imagen de un pueblo grande que habría los brazos a todas y todos. Ya que desde todos los reinos y no reinos por haber, mas en aquellos tiempos que corrían, muchos extranjeros miraban en LaneCloud y Hericent un lugar para vivir. Un mundo lleno de comercio y tierras vivas.

    -Entonces es verdad. Te vas hoy…- Dijo el pelirrojo al patear una piedra con la mano izquierda en la correa de la maleta y la derecha en la bolsa.

    Alicia le volteó a ver mientras se acomodaba el cabello –Ya te lo había dicho…

    El joven le sonrió y levantó los hombros –Quería creer que era mentira.

    Ella le regresó la sonrisa pero tan rápido como el gesto apareció se transformó en un gesto serio, después de unos segundos de silencio se decidió a hablar –Traté de convencer a mi padre, aunque era obvio que me lo impediría. Le dije que si me lo permitía yo podría administrar la panadería de aquí, sin embargo él dice que nos espera un gran futuro en la panadería de Sabbatelli, en la que fue la panadería de mi abuela… A demás, la mayor parte de mi familia se encuentra en las Islas Medias.

    Bastian la observó. Encontró en ella un gesto triste y desilusionado –En otras palabras, si, hoy es el día.

    Ella asintió sin decir nada. Bastian no supo que decir. El ruido de las hojas agitándose con el viento se apoderó del silencio. Ellos continuaron caminando. El tramo al hospital no era largo apenas una media hora, pero aquel momento o volvió eterno.

    Una pelota salió de entre los arboles que rodeaban la mansión Arcnaik. Unos niños salieron de entre los arboles persiguiendo la pelota. Uno de los niños del grupo detuvo la pelota en medio de la calle. El niño volteó a ver a los dos jóvenes que caminaban por la acera.

    -¡Hey chicos! ¡Es Bastian!- Los demás chicos salieron de entre lo arboles como por obra de magia, gritando animados.

    Bastian fingió una sonrisa, no le salió muy bien. Levantó su brazo y los saludo a todos.

    -¡Vamos jugar, Bastian! Vamos directo al parque.

    Los dos jóvenes llegaron con los niños –Discúlpenme chicos, pero es que tengo planes- Contestó Bastian a la invitación mientras se tomaba el cabello y reía nervioso.

    -¿Planes?- Dijo uno de los niños.

    -¿Ya son novios?- Preguntó un chico del grupo. Bastian y Alicia se tornaron de color rojo completamente.

    -No, no, no. No se trata de eso- Trató de corregir Bastian.

    -¡No los molesten, seguro vana una cita!- Comentó otro de los chicos.

    -¿Qué? ¿Qué? ¿Cita? ¡No chicos!

    -¡Vayámonos o se llenará la cancha del parque!- Uno de los chicos tomó la pelota de Jimlek y se acercó con Bastian dándole un ligero golpe en el hombro. De inmediato bajó las escaleras de la colina a gran velocidad. Los demás niños hicieron lo mismo.

    -¡Suerte!- Gritaron algunos.

    -¡Bésala!- Gritaron otros.

    -¿Creen que la vaya a llevar a su mansión?- Susurraban niños entre si.

    -Mi madre me ha dicho que llevas a la casa a a chica con la que te quieres casar.

    -¿Creen que haya boda? ¿Crees que nos inviten?

    Bastian a pesar de estar tan apenado por la situación logró conjugar las palabras para gritarles -¡No corran por las escaleras! ¡Se pueden accidentar, niños idiotas!- Les persiguió hasta el inicio de las escaleras y vio a todo el grupo corriendo ya varios escalones abajo.

    Alicia empezó a reír de manera delicada hasta llegar a un lado de Bastian.

    Bastian se giró hacia ella.

    -Yo… Yo… Lo…

    -Descuida- Dijo la chica entres sus delicadas risas –Me alegra verlos jugar contigo. Son niños felices…- Se acercó al joven pelirrojo y le acarició el brazo donde los chicos le habían dado una panda de golpes –Y se debe a a que alguien a dedicado estos casi cuatro años a luchar por ellos. Sigue cuidado el pueblo como lo has hecho hasta ahora, por favor- Ambos se vieron a los ojos. Cada uno perdido a su manera en el otro. Y sonrieron.

    Bastian no contestó, pero ella sabia cual era su respuesta. Y eso le bastaba.


    (…)


    Al final llegaron al hospital, un largo edificio de tres piso de color blanco. Su entrada era de piedra liza de perfecto color gris. Antes de la puerta tenia dos jardines que se extendía a lo largo con pinos larguiruchos que se mecían con ligereza con el soplar del viento.

    Entraron al hospital la vieja recepcionista. Era una de las mujeres raptadas el día del festival de primavera. Los reconoció de inmediato y los saludó con una larga sonrisa.

    Bastian y Alicia firmaron su hora de entrada mientras saludaban a la mujer, quien siempre agradecía al joven cuando le veía.

    Pasaron por el pasillo, saludando a algunos pacientes conocidos.

    Llegaron hasta una puerta de madera en el segundo piso. Enfrente de la puerta había una banca. Alicia entró por la puerta esperando a que Bastian pasase con ella esta vez, pero no lo hizo, se quedo viendo desde la puerta. Dentro de la habitación se encontraba Bruno, postrado en su cama durmiendo como siempre, desde la primavera de hace tres años. Alicia se sentó a un lado de él y le tomó la mano.

    -Hola- Dijo ella con cariño. Le dio un beso en la mejilla y se sentó en la misma silla que siempre.

    Bastian apreció la bella escena.

    Apretó los labios. Sonrió y cerró la puerta. Se dirigió a la banca que se encontraba enfrente de la habitación y esperó, como siempre lo hacia.


    (…)


    Alicia se sentaba siempre a un lado de Bruno y le contaba sobre sus día. Normalmente lo hacia en las tardes antes de irse a casa. Alguna vez había escuchado del viejo doctor del pueblo que hablar con los pacientes en coma era bueno, ya que ellos podían escuchar. A lo largo de aquellos tres años y trecientos quince días, Alicia había ido, sin ninguna falta, con Bruno.

    Era por el amor que le tenia a Bruno, de aquel día de hace tanto tiempo. Mientras los chicos se divertían en la pradera, ella y Bruno se habían separado por unas horas. Recordaba los gestos del chico al momento de pedirle que si existía la posibilidad, aunque la mas remota de poder ser algo mas, que lo intentaran. Eran jóvenes. Ambos acababan de cumplir quince. Pero era inevitable el no sentirse enamorada de el. Habían hablado durante tanto tiempo, el la acompañaba en los días de fin de semana y sabia que aunque su padre no hubiese recapacitado sobre ellos le hubiese pedido su permiso para salir con ella.

    Un día antes se había visto con Bruno y le dijo que rezaría a la diosa para su bienestar. Comprendía el riesgo de la prueba a la que el joven se enfrentaría. Sin embargo sabia que eso le daría muchas puertas cuando intentase entrar al ejercito.

    Aun recordaba lo destrozada que quedo cuando llegó Bruno desde GrayLagoon y se enteró de su estado. El chico había sufrido un infarto y por un tiempo había muerto, lo habían revivido, pero después de eso ya no pudieron hacer nada para despertarlo. Diagnosticado como un estado de coma. El mundo le cayó encima. Sin embargo se mantuvo fuerte por Mairis y por Bastian.

    Durante noches lloraba. Su padre le miraba a escondidas, él creía que la chica no lo sabia, pero claro que se daba cuenta. Su padre nunca supo que decirle. No comprendía el amor de su hija por aquel muchacho. Posiblemente no muchos la comprendían ya que en mas de una ocasión sus amigas preguntaban y trataban de convencer que dejara de vivir encadenada a Bruno. La juventud se le perdería, era normalmente lo que decían. Sin embargo su amor por el chico, ese primer amor era mucho mas fuerte. Durante meses había soñado en vivir maravillas con Bruno… Y cuando despertase, que lo haría, ella estaría ahí para vivirlo todo… Eso fue lo que pensó alguna vez… Pero ahora cada día era algo mas difícil el caminar hasta ese hospital. Con el pasar de los meses y en especial de los años la esperanza de que despertase moría… Y ahora que había pasado tanto años, había tratado de mantener su amor lo mas fuerte posible, pero ahora, incluso si despertase, el continuar con su pasado habría sido demasiado complicado.

    Hace tres semanas había recibido la carta de su padre tras el funeral de su abuela. Era exactamente lo que le había dicho a Bastian, su padre trató de convencerla de que irse y ella mediante una llamada trató de convencerle para quedarse… No sirvió de nada y si, estaba por irse. Posiblemente ya no volvería. Despertase Bruno o no.

    No podía negarse ese sentimiento al pasar de los días, ese sentimiento de querer explorar un mundo nuevo en otro reino. Durante largas noches de insomnio meditó sobre todo esto. Era el destino, así lo pensó, quizás era momento de seguir adelante… En este momento cuando había terminado de hablar de su día la chica comprendió que no era un “quizás seguir adelante”. Era un “es momento de seguir adelante”. Ya hacia tiempo que su corazón había olvidado a Bruno. En sus sueños ya no se encontraba él y eso estaba bien.

    Te amé hasta el limite que mi corazón pudo y estoy orgullosa de eso. Se acercó a él y le dio un beso en la mejilla… Trató de mantener su sonrisa, pero solo se transformaba en una sonrisa dolorosa. Sacó de la maleta el peluche que le regalo durante el festival de primavera. Lo vio unos segundos mas, esperando que en esos cinco segundos por fin pudiese despertar… Verlo con los ojos abierto seria un regalo inolvidable… Sin embargo no fue así.

    -Te deseo lo mejor, Bruno- Tomó la maleta y abrió la puerta. Del otro lado del pasillo se levantó Bastian inmediatamente con una sonrisa pequeña, al mismo tiempo ella le correspondió la sonrisa. Ese chico era lo único que le quedaba en ese lugar. Su mayor felicidad.

    -¿Hora de partir?- Preguntó el joven con los labios apretados.

    -No quisiera que fuese así… Pero sí. Hora de partir.

    Bastian le quitó el la maleta del hombro para cargarla él y continuaron el camino.


    (…)


    El atardecer comenzaba a mostrar sus primeras franjas naranjas. Los dos chicos hablaron de cualquier cosa evitando pensar en el inminente adiós. Alicia guió el recorrido en dirección al templo de entrenamiento que Martin había abierto, aun le faltaba despedirse de él.

    Las casas de concreto pintadas de brillantes colores vivos embellecían los días de verano. Caminaron por las calles mas velas de todo LaneCloud. Habría de recordar ese pueblo siempre con bellos ojos.

    De pronto llegaron al gran terreno del templo de entrenamiento de Martin. Una escuela de defensa personal patrocinado con el dinero de Arlong –En realidad había sido el dinero de su madrastra Faith, pero Martin nunca se enteró- El terreno era enorme, tan grande como el ayuntamiento. Un templo de perfecta combinación entre la madera y el concreto. Era un templo de entrenamientos como el que se encuentra en el reino de Rabihit, elevado sobre un piso entero de escaleras hasta llegados al templo. Ese lugar daba una vista bastante peculiar que a muchos turistas maravilla al ser tan diferente de todo el otro pueblo.
    Terminaron de rodear el alto muro de dos metros y medio que cubría todo el contorno de su terreno. Al llegar a la entrada se veía todo el magnifico jardín del lugar. Había una cascada artificial y arboles de otras regiones. Solo Martin sabia cuando había gastado en poder crear ese templo de entrenamiento.

    Desde la cima de las escaleras iban bajando niños de todas las edades despidiéndose del maestro Martin. Un año después de los eventos con la mafia Lebore el joven se decidió a crear un lugar en el que se pudiese adiestrar a la población en defensa personal por un precio económico. Los tiempos lo ameritaban y el pueblo estaba inmensamente agradecido de haber llevado semejante acto.

    Los dos jóvenes pasaron por la puerta y caminaron por las escaleras. Reían silenciosos mientras veían como Martin estaba ligando a las hermanas de uno de sus alumnos.

    Entre el dúo una de sus principales bromas era molestar a Martin con la suposición de si había hecho todo eso por ayudar al pueblo, o para conocer a muchas mas mujeres.

    Los chicos estaban llegando a la cima. La hermana y el alumno bajaban. Pudieron escuchar al niño diciendo: “El profesor es un hombre genial”. Y la hermana contestando: “Me agrada, ¿No te molesta que siga viniendo por ti?”. Bastian y Alicia tuvieron que luchar por no reír. Martin Price, maldito genio.

    Al acercarse al tutor el hombre le sonrió a la pareja y levantó los brazos esperando un abrazo. A la joven le enterneció el corazón. Alicia se adelantó a Bastian y corrió a los brazos de Martin.

    Finalmente Bastian llegó hasta con ellos. Escuchó como Alicia le susurraba muchas cosas al oído, mientras que el hombre respondía con su voz melodiosa.
    Terminando los susurros de la joven, Martin le puso los dos brazos en los hombros y se puso a la altura de la muchacha –Jamas me sentiré tan agradecido con alguien en toda mi vida- Le limpió las lagrimas –Eres la chica mas fuerte que he tenido oportunidad de conocer… He conocido a muchas chicas en mi vida. Pero ninguna como tu, Alicia.

    -¡Martin!- Gruñó Alicia entre risas y apartando la vista.

    El hombre le regresó el rostro -A donde sea que te lleve el viento, espero que sople con virtud- Le sonrió con los ojos un tanto empañados -Te lo mereces.
    Y el tutor, junto con la joven se dieron un ultimo abrazo.

    Al separarse Martin comenzó a reír divertido –Mike me contó que tuviste un enfrentamiento.

    La chica levantó su brazo mostrando las vendas –No es tan divertido como era aquí.

    -La realidad siempre es mas dura- Dijo el hombre caminando hacia el interior del templo de entrenamiento. Los dos jóvenes le siguieron –No existe escuela que preparé en su totalidad a sus alumnos… Lo importante es que estas bien. En cuanto Mike me contó lo sucedido mande a uno de los chicos a que se encargaran de esto…

    Los tres giraron a la derecha y en la pared de la siguiente habitación se encontraba un murar con docenas de fotos de personas, muchos niños y adultos que entrenaban en el lugar, que habían ganado algún tipo de merito, así como egresados. En esa parte en especial resaltaba un conjunto de fotografías, era un colage de fotografías de Alicia en su estancia en el templo de entrenamiento, lugar al que había asistido desde su inauguración, aunque ella había iniciado a entrenarse con Claarn y Bastian, justo unas dos semanas después del trágico destino de Bruno.

    -Es…- La chica se llevó la mano a sus labios con los ojos empapados. Ahí se encontraban fotos de ella siendo tan joven. Cuando aun tenia quince años, cuando entrenaba con los niños que ahora eran adolescentes, cuando había sido su graduación de la escuela y el festejo se había llevado acabo en el templo… Cuando ganó sus primeros cinturones, uno a uno hasta llegar al mágico cinturón negro de la escuela de Martin, nombrándola así una graduada en las defensa personal. Todos estaban ahí, Mairis, Mike, Bastian, Melissa, las demás chicas y chicos, Martin e incluso Claarn. Un cordón cruzaba de punta a punta en la pared con el letrero “Te extrañaremos” –Es muy lindo- Dijo con una voz ahogada, pero emocionada.

    Pronto unos niños que todavía estaban dentro del templo comenzaron a llegar para despedirse de la chica y ella les recibía con los brazos abiertos, así como una larga sonrisa sincera.

    Bastian la observaba con sumo aprecio, era tan bella cuando sonreía, tan hermosa cuando desprendía esa alegría angelical que solo ella tenia. Tan única como alguna vez declaró que era Mairis o Melissa. Era una de esas mujeres que se ganaban tu corazón para siempre tener una sección de el… Si, así era ella. La gracia de sus días y el motivo de su alegría.

    De pronto su mirada se dirigió hacia las fotografías, su corazón latía con una música que había sentido desde hace meses… Mas meses de los que a veces hubiese deseados… La fotografía de “Alicia y Melissa” se encontraba en aquel mural, las dos amigas abrazadas con largas sonrisas que demostraban su profunda amistad… Esa sonrisa en aquella chica ahora le parecía tan lejana. Uno no sonríe igual con las mismas personas, si uno presta atención notara que la sonrisa de hacia un hermana no es como la sonrisa a una novia… Bastian sabia que esa sonrisa que el desprendía al ver a Alicia ya no era la misma que alguna vez fue.

    Y se lamentaba por eso.

    Martin le puso la mano en el hombro para sacudirle un poco. El chico volvió en si.

    -Si uno siempre mira sus fantasmas jamas podrá dormir tranquilo- Le dijo el hombre que ya era todo un adulto que pasaba la treintena de edad. Las marcas en su rostro comenzaban a pintarse como ligeras lineas espectrales y sus ojos tan vivos ahora mostraban madurez y experiencia. Era como si una parte de Claarn se hubiese fusionado con Martin.

    Así eran estos tiempos. Ya todos habían crecido. El tiempo había hecho su trabajo… A veces Bastian deseaba poder evitar el tiempo. Pero era imposible incluso para Kian… Alguna vez Claarn le había dicho “Jamas rechaces lo que tiempo te ha traído”. Ahora en su mente los consejos de los adultos, ancestros y niños parecía raigar con facilidad… Bastian era un poco mas consciente. El mundo se había movido y sin darse cuenta, él había ido con ellos.

    -Gracias.

    -De nada, hijo.

    (…)


    El atardecer estaba llegando a su auge. Pronto el día se iría y con el día, Alicia también. Los chicos habían terminado su viaje. Cruzaron las calles de LaneCloud entre charlas nostálgicas que parecían mágicas. Caminaron un poco por el parque y recordaron el lugar donde se conocieron. LaneCloud era un mar de recuerdos, Bastian se sentía feliz de poder navegarlos con Alicia a su lado. Alicia compartía exactamente el mismo pensamiento.

    Bastian. Un chico al que podría llamar hermano menor, lo amaba y hace tiempo que había cruzado la linea de tan solo llamarle mejor amigo por querer nombrarlo así, para ahora sentirlo realmente. Juntos habían pasado momentos duros y juntos habían seguido… Se burlaba de su cabello largo, pero en el fondo le encantaba como se le veía. Odiaba que aveces fuese tan molesto con sus bromas, pero aunque le molestase cuando creía que se había pasado, no podía negar que le seguían haciendo reír. Lo quería con todos sus defectos, con su apasionada forma de vivir, así como su terribles tiempos de depresión. Amaba y temía ese espíritu de justicia que en tantos problemas le habían metido… Existía un brillo en esos ojos marrones. Un brillo que había intentado evitar por respeto. Sin embargo los dos ya eran adultos y aunque habían tardado en comprenderlo, cuando existe el amor y existen barreras para conseguirlo, si se llegan a vencer el amor crece como ningún otro.

    Los minutos que pasó con él aquel día de lado a lado cruzaron tan rápido que creía que su reloj o el sol se equivocaban. Pronto pudo ver como llegaba la carroza a la iglesia del pueblo. El trotar de los caballos fueron espinas para ambos. El silencio se volvió un martirio para todo o que faltaba por decirse que de pronto supieron que faltaban años para poder decirse todo lo que querían decirse. La brisa hacia volar la cabellera de ambos enredándolos en un abrazó inmaterial. Se vieron a los ojos, de pronto vieron que sin querer se encontraban muy cerca el uno del otro… No era incomodo, era lo que habían deseado desde hace demasiado tiempo.

    Sus dedos se tocaron. La magia, no la que conocían, sino la verdadera comenzó a volar por sus venas… Parecía que estaban por desmayarse… Las ruedas del carruaje llegaron hasta ellos.

    Sus ojos se conectaron viviendo en ellos el baile de sus vidas.

    Había llegado el momento de partir.

    La mano de Bastian voló hasta la cadera de Alicia y ella sintió un vibrar en su piel. Una sacudida que le voló la cabeza. En un impulso ella llevó sus manos hasta su cuello y se unieron en un abrazo. Si alguien les hubiese preguntado sobre aquel abrazo ambos hubiesen contestado que era el abrazo que necesitaban, y la despedida mas dura que habían tenido.

    Ambos apartaron la cabeza. Ella a la altura de su pecho, él por encima de su cabeza. Esos ojos lo decían todo… Pero sus oidos necesitaban oírlo… Fue el único momento del día en que sintieron que el tiempo se estiraba hasta la eternidad.

    Bastian gritaba desde dentro. Añoraba tener las fuerzas de decirle que huyeran, si, exactamente eso, que huyeran de todo, de LaneCloud, Martin y Claarn, el padre de ella, de Bruno y de los recuerdos. Sabia que podían hacerlo, juntos habrían de vencer toda adversidad. Vivirían en una choza en un pueblo desaparecido de los mapas. Crecerían y madurarían hasta encontrar las arrugas en el otro. Posiblemente tendrían niños que cada uno amaría con locura, pero ni siquiera un poco comparable a lo que sentían por el otro.

    Si hubiese tenido el valor y el tiempo para decirlo le habría contado tantas palabras como para llenar centenares de libros… Sin embargo, si deseaba resumirlo todo, Bastian hubiese dicho: “Quédate conmigo”.

    Y Bastian no lo sabia. Pero si lo hubiese dicho, Alicia habría aceptado.

    Pero ninguno de los dos pudo decir algo.

    La retirada de Alicia fue silenciosa. Se subió a la carroza y se fue mientra Bastian no se movía hasta que la imagen de la carroza había desaparecido. Y con la imagen de la carroza esfumada, Bastian sabia que él también se había ido.

    El joven levantó el rostro hacia unas casas. Un grupo de soldados vigilaban el lugar. Bastian asintió y los soldados comenzaron a seguir la dirección de la carroza.

    Se dio la vuelta. La noche consumía los últimos rayos de la tarde. Bastian sabia algo, ese día no habría de volver a su casa… Quizás para siempre.


    (…)


    En los lugares mas recónditos de LaneCloud, en aquellos barrios a donde vivían los inmigrantes de Foraff que escapaban de la guerra. También ahí donde se encontraban los mas malos, ruines e infames criminales retraídos de la sociedad. Mas no todo era así, existían muchas buenas personas buscando una nueva oportunidad. Y en el pueblo se veían esas sonrisas alegres. Las costumbres de Foraff en tan solo unos contados años se estaban integrando en el pueblo, una de estas costumbres eran aquellos bailes y cánticos tan característicos. Algunos de esos bares tan sucios y de mala muerte estaban llenos de gente disfrutando una noche larga y estrellada. Era como si celebraran el buen clima, pues todo el mundo creía que una dura tormenta se acercaba, pero no parecía ser el caso. El cielo estaba rebosante de vida y se vivía al son de la música y la alegría de un pueblo vagabundo.

    Bastian estaba pasando por enfrente de uno de estos bares tan alegres, a través de la ventana vio el increíble evento. En otro día él habrá entrado y hubiese intentado ligar a alguna chica, pero aunque la noche estuviese llena de brillo en su inmensidad, Bastian se sentía vació en su diminuto ser. Entro por uno de los callejones a un lado del bar. Apestaba a orines frescos. Con una loción de vomito mezclado con basura vieja. Dos personas tambaleaban de ebrios abrazados en un agarre fraternal. Un viejo yacía tumbado en el suelo curtido en alcohol. Bastian le dio una pequeña patada en su destrozado calzado. El hombre soltó un eructo fétido rebosante de olor a cerveza. Bastian llegó hasta una puerta con una bombilla de tono amarillo. Golpeó la puerta en una secuencia precisa. Un hombre gordo de al rostro abrió la puerta de hierro, le vio el rostro iluminado por las bombillas y las estrellas en medio de aquel obscuro callejón. Saludó al muchacho con lo que el hombre consideraba una sonrisa amistosa.

    -Buenas noches, Bastian. Me llegó la noticia de que atrapaste a unos cabecillas de los criminales de la zona- Esbozó entre sus balbuceos, ya que era lo mejor que podía hacer, pues su quijada estaba desviada con dientes salidos y no le daba libertad a hablar.

    Bastian con una sonrisa apenada se llevó su mano hasta a trenza de su cabello recogido y empezó a girar los largos cabellos que descendían de él –Con los debidos métodos lograré sacarle la sopa para atrapar a toda la banda.

    -No quieras verte decente, muchacho. Se bien que los torturas. Hazlo arrepentirse de su nacimiento a ese hijo de puta- Golpeó la puerta con brusquedad. El hombre era grande y gordo, pero se miraba mas macizo que gordo. A pesar del golpe, Bastian ni se inmutó. Levantó las cejas con cierta sorpresa al ver la abolladura, pero continuo manteniendo un rostro serio –Lastimaron al viejo Canes- Continuó el hombre -Si ocupas ayuda, avísame, muchacho…

    Bastian sonrió al ver aquella emoción en los ojos obscuros del hombre.

    -Pensare inmediatamente en ti si lo necesito. Seras la primera opción, Manu.

    -Gracias- Respondió el hombre con una sonrisa torcida. Mas un silencio poderoso llenó aquel lúgubre callejón –¿A que has venido, Bastian?- Preguntó Manu manteniéndole la mirada.

    E joven soltó un suspiro profundo. Metió la mano en su bolsillo y sacó unos billetes. Metió el dinero dentro del apretado mandil del hombre. Un mandil que alguna vez fue blanco, pero ahora era un color extraño entre el amarillo y el naranja, con un poderoso olor asqueroso. Tal olor era insoportable para Bastian, pero para el hombre era casi como respirar el aire del bosque.

    -Dame lo mismo de siempre- Le dijo Bastian con los labios apretados y mirando a Manu con frialdad.

    -Muchacho, ¿estas seguro? El lugar esta ambientado, y conozco a mas de una jovencita que estaría mas que dispuesta a pasar una noche con el héroe del pueblo. Te las puedo presentar. Ven a pasártelo bien. La gente de Foraff podemos parecer rudos, pero disfrutamos de una buena compañía- El hombre puso su mano sobre el hombro del joven y le dio un apretón con su mano llena de grasa –Te prometo por mi padre, y el padre de mi padre, que te lo pasaras bien.

    Bastian levantó una dura sonrisa, tan falsa que hasta cualquier idiota podría identificarla –Hoy no fue el mejor día, Manu…- El chico le quitó la mano del hombro para darle un apretón de manos –A a próxima sera. Por ahora deseo que sea lo de siempre.

    Manu le miro con un rostro reflexivo. Cerró la puerta y en un par de minutos salió después con una botella de ron. Se la entregó al joven y le miró con una mirada preocupada. Como si el hombre se arrepintiera de entregar la botella.

    -Eres muy joven para beber tanto…

    -Y tu no deberías darle una botella a un chico de diecisiete años- El chico levantó la botella asintiendo con un guiño –Los dos estamos haciendo mal las cosas… Gracias Manu- Bastian se dio la vuelta y empezó a caminar por el callejón.

    -¡A la próxima ven preparado para bailar, niño!

    Bastian no volteó a verle. Solo levantó el brazo despidiéndose.

    La puerta se cerró. Bastian abrió la botella y comenzó a bebe de ella directamente. Como lo había hecho ya desde hace un año.


    (…)


    El chico se tambaleaba cuando la botella ya estaba a la mitad. Caminaba sin destino entre las calles de LaneCloud. Llegó hasta unas casas abandonadas. Bastian se vio en el reflejo de aquellas ventanas rotas. Pudo ver su rostro, una boca seca, unos ojos recubiertos por una poderosa mancha morada, con la boca, unos ojos rojos recubiertos por una poderosa mancha morada, con la boca arqueada hacia sus pies. Unas clavadas en zigzag demostrando la amargura de cada trago de aquella botella. Mostrando su propia decepción, pensando en lo que pensaría su madre de él, un joven de diecisiete años curtido en alcohol, ahogando sus penas de una manera tan pobre y vaga. Falso de honor. Nadie mas que él mismo se lo dijo y eso fue lo que mas le dolió. Era su lado mas oscuro, el famoso héroe del pueblo que yacía en una sucia casa abandonada para terminar ahogado en su propio hedor.

    Bastian con toda su fuerza reventó la ventana de un grito. Era así como intentaba olvidarse de si mismo. Rompería cada maldita ventana de ser necesario y bebería hasta el ultimo barril con fin de olvidar que estaba enamorado del primer amor de su mejor amigo que se encontraba en coma desde hace cinco años. Que no le dijo la verdad y que moriría sin decirle todo lo que sentía. Que aquel sueño de ser un valiente aventurero había muerto y ahora solo quedaba la mitad de la mitad de la otra mitad que alguna vez quiso ser.

    Su mano quedo astillada en cristal y ni siquiera fue capaz de darse cuenta.

    Entró a la casa abandonada. Era un edificio de dos pisos, quemado en su totalidad y vandalizado con juramentos a mafias y dioses cada vez mas profanos.
    El letrero, o lo que parecía ser el letrero nombraba a medias: “Jo… ston”. Pues el letrero se encontraba quemado parcialmente. Bastian por lo ebrio que caminaba ni siquiera le presto atención.

    El chico se sentó en una esquina manchada de alguna sustancia que solo la diosa sabría que era. Echó un vistazo por la reciente ventana despedazada. Tomo un sorbo a su botella, un sorbo que cada ve se volvía mas asqueroso que placentero.

    Esa noche las estrellas brillaban con especial resplandor, y en el manto que daba al norte se encontraba una estrella de poderoso color azul.

    Los monjes que predicaban las palabras de la Santa Madre la nombraban como la entrada al descanso eterno. Su especial brillo guía al espiritual en su largo caminata hacia la paz. Toda persona que desea tener una conexión con sus seres caídos mira la Estrella Guía. Y Bastian ese día la miraba recordando a sus padres, abuelo y hermano mayor, mas sentía que cada vez le era mas difícil recordar sus rostros. Desconocía si era por su edad o por el alcohol, pero era un sentimiento desgarrador hasta los huesos. Mas había un rostro que aunque sea por el momento todavía no había podido olvidar.

    Melissa, una de las mejores amigas de Mairis y Alicia. Una profunda amiga de todo el pueblo y aquellos que llegaban a él. La dueña de su primer beso y su primer noche. Su primera novia. Aquella chica a la que le dedicaba todas sus horas, mas nunca pudo dedicarle todo su corazón, aunque la deseaba y apreciaba con casi todas sus fuerzas… Ella era la chica a la que nunca pudo corresponder.

    Entre la oscuridad de sus pensamientos comenzó a consumirse ante la oscuridad de aquel lúgubre edificio. Eran los susurros de niños, adolescentes y mujeres a las que nunca pudo salvar durante la catástrofe de hace un año... Era como si ese lugar estuviese maldito por fuerzas de algún lugar recóndito que el no podía comprender... Sintió las manos de tocándole la piel, manos calientes que le jalaban a la desesperación.

    El chico abrió los ojos y entonces reconoció algo al fondo de aquel sucio lugar. Al fondo se encontraba un símbolo oscuro, magia taboo, un recuerdo de la Cuarta Guerra Mundial. Un símbolo sanguinolento chorreante, fresco, quizás de hace un par de días.

    La sangre le hirvió rápido. Aulló sin sentido y lanzó la botella de alcohol hacia la pared en la que el símbolo se encontraba. La botella estalló lanzando pedazos de vidrio por todas partes. Una bola de fuego llegó inmediatamente encendiendo el alcohol derramado en la pared. La luz del fuego jugaba con las sombras de Bastian, mostrando su rostro rabioso. La mirada de un joven endemoniado que tenia sed de sangre... ante el fuego declaró que los mataría a todos.


    Llevo dos meses pensando:

    ¿Qué es lo que sigue? ¿Cuál es el siguiente capitulo que se debe contar en las historia de la 2da familia de Bastian?

    Sin duda alguna es algo complicado. Bien dicen que no solo es tener listo el objetivo, lo complicado es llegar a él. Finalmente, después de meses pensando, parece que el objetivo y el camino están enlazados.

    La historia entra en su ultima recta del primer volumen de esta historia. Estoy emocionado, pues lo que marque en el camino al final dará inicio al siguiente volumen. Pero bueno, todavía es pronto para pensar en cosas como esas.

    Si de pronto ves un desorden en el sentido de los capítulos no te espantes, solo significa que cambien la parte 1. Aproveché estos dos meses para mejorarla y sinceramente esta quedando mejor de lo que esperaba. Pronto esos capítulos estarán dentro de la plataforma. Capítulos que fundamentan mucho mejor los sucesos de la parte 2 y la parte 3.

    Sin mas, espero que estés animado para ver el final de esta parte. Muy probablemente no veras un mensaje como este hasta llegado el final.

    Te agradezco por seguir aquí y espero te guste lo que estas leyendo.

    Nos estaremos viendo de nuevo, si no pasa nada malo, o nada demasiado bueno. Chao.
     
    Última edición: 1 Septiembre 2019
  11. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 29 - Joya Preston
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    67
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El Legado de los Héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    30
     
    Palabras:
    7602
    Capítulo 29 – Joya Preston

    [​IMG]

    -1 de Julio de 2896 D.C.-

    Las llamas de la hoguera de verano brillaban con gran intensidad.

    En Evelia existian tres festividades que en todos los pueblos, reinos y lugares sin nombre festejaban: El inicio de la primavera, el medio verano; llevado a cabo a mitad del año, que se agradecía el bienestar de las cosechas. Y el fin del año.

    Dependiendo de los lugares existian mas festividades.

    En esta ocasión se estaba llevando a cabo el medio verano en LaneCloud, ya que en Hericent se había llevado a cabo el fin del año, y entre los dos pueblos siempre se compartían esas festividades.

    Ya hacia poco mas de tres años desde los sucesos en GrayLagoon, nada malo había pasado desde entonces y esto volvía a retomar la confianza de los dos pueblos. El ambiente del gran festejo, un aire de alegría y prosperidad, lo decía todo.

    La multitud bailaba alrededor de la gran hoguera con bailes tan antiguos como la humanidad misma.

    Las mujeres en su totalidad vestían durante dicho festejo con faldas de colores brillantes y camisas finas que si ellas gustaban no dejaban nada a la imaginación de sus pretendientes, amantes y parejas.

    A los hombres por otro lado se les acostumbraba a vestir en pantaloncillos bastante recortados y a juego con un único chaleco igual de delgado que las camisas de las damas.

    Se decía que en primavera nacía la llama del amor y que en verano llegaba a su punto mas fuerte.

    Las parejas bailaban entre risas y bailes íntimos al son de los tambores rítmicos que dejaban correr las gotas de sudor en la calurosa noche del festejo.

    -¡Amo esa canción!- Le dijo Melissa a Bastian jalándole del brazo. El chico estaba agotado de tanto bailar. Lo había hecho toda la noche con ella y con tras tantas chicas del festejo, pero en especial y con verdadero cariño, con ella.

    Las llamas se meneaban al correr del viento y junto con sus movimientos las parejas se movían. Bastian a pesar de estar mas cansado que cualquiera, al estar tan cerca de su amada y ver a Melissa tan apasionada le ocasionaba un bombeo en el corazón que le impedía detenerse.

    Jamás le había visto así y eso que llevaban un año y diez meses de largo romance.

    Era una bailarina fenomenal. En más de una ocasión desde lo de GrayLagoon ella le había comentado que quería ser una bailarina profesional, así como
    una maestra de danza. Deseaba adiestrar a las demás chicas la multitud de niñas el hermoso arte de las danzas tradicionales.

    Bastian la tomó de la cintura atraiéndola hasta su pecho. Pecho con pecho, ojos con ojos. Ambos sintieron la explosión en su mente. Era un sentimiento que apretaba el corazón como intentando exprimir una naranja. Vaciando hasta la ultima gota de ferviente pasión.

    -Seras la mejor bailarina del mundo- Le dijo Bastian con toda certeza y con una voz pasional que Melissa jamas le había escuchado usar.

    Ella le sonrió y le dio un empujón.

    Bastian se hizo hacia atrás mientras veía como giraba entre las sombras de la hoguera.

    Bastian reía mientras la apreciaba en su movimiento certero de caderas.

    La música cambió de golpe con el sonar de los tambores mas grandes.

    El adolescente pelirrojo aun no lograba identificador exactamente el cambio, pero Melissa sabía exactamente lo que iba a pasar.

    Las personas comenzaron a moverse y pronto Melissa desapareció de las vista de él. Pronto apreció ante sus brazos una chica que el joven no conocía.

    El baile inició de nuevo con el mismo retumbar de tambores que antes. Mientras bailaba se dio cuenta que Melissa estaba bailando con otro chico. Ella le miraba divertida y entre ademanes cautelosos le indicó que se acercara. Bastian se sentía divertido por lo que mostró una larga sonrisa blanca. La chica que estaba enfrente de él se emocionó por su linda sonrisa y empezó a dar toda su vida para poder impresionar al muchacho… Hubiese sido en otro tiempo, en otra situación lo habría logrado, pero en este momento eso era imposible. No ella.

    La gente se movía en círculos alrededor de la hoguera. Bastian se movía con la chica de manera rítmica intentando acercarse a Melissa.

    Estaba tan cerca cuando de pronto los tambores mas graves volvieron a sonar.

    Las personas dieron vuelta a sus chicas. Bastian, un tanto confundido, tardó en lanzar a la chica.

    Las faldas de las damas tapizaba el suelo sin dejarlo ver. Y Bastian buscaba entre tantas mujeres girando a Melissa. Los hombres abrieron los brazos, Bastian los imitó de inmediato. No comprendía como eran capaces de distinguir el momento exacto de cada paso. El solo trataba de fluir con el ritmo siguiendo los pasos de las chicas. Y observando a otros tantos hombres que bailaban entre su campo de visión.

    Unas manos suaves cayeron entre sus cada vez mas robustos brazos. Le rodeó la cadera por instinto y la acercó hacia él. Era un cuerpo delgado, de caderas finas, de baja estatura y cabello negro lizo tan oscuro como la misma noche. Fue entonces cuando reconoció perfectamente a la chica.

    -¿Alicia?

    -¡¿Bastian?!

    -Pero tú no bailas…

    -Un chico fue muy insistente y decidí bailar con él una canción, no creí que fuese a terminar así. Yo… Yo…- La chica lo miró a los ojos y se echó a reír con su tono delicado de siempre –No se que esta pasando. -

    Bastian la acompañó en sus risas -¡Verdad! Llevamos tres de estos festejos y todavía no le seguimos el ritmo.

    -Soy horrible bailando.

    -Aun no lo he visto.

    -¿Qué?

    La música comenzó a sonar de nuevo con su ritmo natural. La danza comenzó y Bastian le tomó la mano como era debido para iniciar el baile.

    Los tonos bajos de los tambores les indicaban ambos cuando bajar y al momento de escuchar los ruidos agudos de las trompetas generaba una reacción de levantarse entre un meneo de sus caderas con perfecta sincronización de sus rodillas. Sin quererlo demasiado pronto empezaron a dominar la música entre ambos. Se deslizaban entre las notas y casi se volvían uno con el fuego. Predecían los movimientos del compañero, jugaban en un baile donde compartían espacio mutuo. Aquella era la primera vez de Alicia bailando algo parecido, pero la compañía de Bastian le alegró, sintiendo la conexión y dominando la situación. De pronto la música se volvió mas silenciosa acompañada únicamente de unas pocas guitarras. Ahí Bastian pudo sentirlo, el sudor de las manos de Alicia rozando sus bíceps, su respiración agitada moviendo sus pecho de arriba abajo en un compás perfecto con el suyo. Y ella levantó la cara con el cabello húmedo por el sudor. Esta vez no cargaba lentes, tenia una diadema de pequeñas flores blancas que concluían en una única rosa roja. Sus ojos estaban empequeñecidos por el cansancio, pero brillaban con intensidad. Como si generarán luz propia. Sus miradas se entrelazaban generando un hilo que eran incapaces de romper. Ambos sentían el aliento del otro, quedarse quietos tan cerca, a solo centímetros de esos labios rojos. Fue intrigante y excitante.

    Entre respiros agitados la mantuvo ante su rostro. Aquellos ojos marrones se conectaron con los ojos negros de Alicia –No baila para nada mal- El silencio se volvió propio de la pareja, pues los tambores continuaban tocando. Sin embargo ella pudo apreciar exactamente las palabras que recitó el joven -Eres hermosa- Dijo él en un tono silencioso y grueso mientras apreciaba hasta el ultimo detalle de aquel rostro blanco agitado por las llamas.

    Alicia sintió un vibrar proveniente del pecho que le recorrió hasta las puntas de los pies haciéndole sentir que se tambaleaba, pero ahí estaban los brazos del muchacho sujetándole con fuerza. Nunca le había prestado atención, ese niño que había conocido ahora era un respetado joven que trabajaba como ayudante de sheriff. Su rostro aunque joven era mucho mas maduro que el de otros chicos mayores a él. Entre las llamas de la hoguera pudo apreciar el apuesto muchacho en que se había convertido y con el bailar del fuego las sombras le recreaban el rostro del hombre que habría de volverse, aun mas apuesto y valiente de lo que era actualmente -Eres increíble- Le respondió ella en un susurro.

    Su figura solo era la sombra entre la luz de la gran llama. Si no los mirabas de cerca cualquiera habría pensado que era una apasionado beso entre amantes… Pero no era así… Sin embargo los dos chicos encontraron esa llama entre si… No era un beso, pero se sintió como uno.

    La música recobró su altitud en el momento justo en que estaban de volver esa fantasía realidad.

    Bastian y ella se apartaron siguiendo la música, le dio vueltas mientras la melodía se repetía. La acercó de nuevo hasta a él antes de separarse de ella.

    Sin decir nada se dijeron el poema romántico mas bello del mundo.

    Una de las leñas tronó y con ella la música subió. Bastian le dio vueltas y dejo que el baile continuará. La observó girar en su falda roja hasta caer en brazos de otro chico.

    Por un momento el aliento se le fue. Era un joven más alto que él y de cabello negro con tersa piel blanca… Eso hubiese querido que fuese… Pero no, Bruno no estaba ahí. El chico en realidad era moreno y calvo… Bastian ya se había acostumbrado a su soledad, pero no se había olvidado de su mejor amigo… O eso creía.

    El joven pelirrojo abrió los brazos y de pronto reconoció esa figura de largos cabellos rizos negros que se acercaba. La tomó en el momento exacto. Y Melissa se echó a reír mientras su falda amarilla volvía a tranquilizarse.

    -Te perdí de vista por completo- Le dijo risueña –Tuve que viajar por todo el circulo hasta llegar aquí- Alargó su palma hasta su pecho para sentir su corazón –Pero ya estoy de regreso- Y puso su cabeza en el pecho sudoroso de su amado.

    La música nuevamente era silenciosa y lenta. Bastian la tomó y bailó con ella mucho mas calmado y romántico. La apretó sobre su pecho y sonrió. La quería con locura… La quería.


    (…)

    La música continuaba. Alicia por fin había conseguido un intervalo lo suficientemente largo para huir del círculo ante la fogata. Llegó hasta una de las bancas sonrientes. No podía negar que era divertido, pero el problema es que no bailará, es que no lo deseaba. No con cualquiera…

    Hasta la fecha solo había deseado un baile con uno… Hasta esa fecha.

    -¿Alicia?- Dijo de pronto una voz femenina. Una voz imposible de ignorar porque en todo el mundo solo podría existir una voz tan dulce, tan natural y seductora sin necesidad de siquiera intentarlo -¡Por la diosa! ¡Sí eres Alicia!- Dijo la joven abriendo los brazos.

    -¡Mairis!- Gritó ella emocionada. Se levantó de la banca con las piernas temblándole y la abrazó en un fuerte apretón mientras reían felices.

    -¡Mírate, no te reconocí!- Le quitó el cabello negro del rostro –Has cambiado tanto. Te vez bellisima.

    -Pero tan solo mírate que alta estas, casi mides lo que Bastian… Y amiga solo mira que cuerpo estas hecha… Me encanta tu corte, el cabello corto te sienta…- Se echó a reír mientras su amiga sonreía bochornosa –Tienes el cabello mas corto que Bastian.

    -¡Entonces es verdad que se dejó el cabello largo!- Y se puso a reír –Yo debo ver eso, ¿No trataste detenerlo?

    La chica alzó los hombros –A Melissa le gusta. Y ademas…- Se tomó el brazo en su típico gesto de timidez o vergüenza -No le queda mal.

    Mairis soltó una pequeña risa –Si lo dijo Melissa no tenemos nada que hacer contra ello- Revisó los alrededores -¿Dónde esta la parejita por cierto?

    -Estaban bailando en la hoguera- La chica se puso sus lentes y observó el lugar de la hoguera con detenimiento –Pero… No sé a donde se fueron.

    Mairis chasqueó con la lengua –Es una lastima. Quería presentarle a todos.

    -¿Presentar a quien?

    La joven chica rubia se mordió los labios con una alegre sonrisa.

    -¡¿Te acompañó desde Kadamia?!

    Mairis asintió animada.

    -¡Mairis!- Aulló Alicia en un chillido feliz –Pronto nos encontrarán, ¡Vamos a que me lo presentes! Me muero por conocerlo- Entonces las dos amigas corrieron por el festival de Medio Verano hasta el lugar de comida donde esperaba un chico enamorado.

    Fue una noche divertida.

    Pero por mas que esperaron nunca volvieron a ver a Bastian y Melissa esa noche.


    (…)

    La pareja corría por LaneCloud entre risas. Las parejas mayores les observaban con felicidad. Eran una pareja maravillosa. El amor juvenil. El primer amor.

    Corrían por la acera jugueteando entre árboles, postes de alumbrados y pequeñas bardas de ladrillo.

    La luz de la luna llena hacia brillar sus cuerpos en conjunto con sus cuerpos trabajados por la hoguera y el círculo. La música se encontraba a varios minutos de ellos y aun así lograban escuchar un susurro que dictaba su noche.

    Viajaron por las calles mas bellas y solas agarrados de la mano. Cada cierto tiempo nacía de la pasión un corto beso acompañado de sonrisas. Su caminata los llevó hasta el parque donde hablaron sobre la noche estrellada que había sobre ellos.

    El sonido en ese momento no era más que un recuerdo en su cabeza, pero en medio del verde pasto los grandes árboles construyeron su música. Bastian con su magia creó una bella secuencia en su baile íntimo.

    Pronto se vieron cegados por el brillo del otro. Era un momento eterno el estar enfrente del otro admirando el alma de su amor.

    Y Melissa corrió por el parque.

    Bastian le siguió. Podía ser el guerrero mas fiero actualmente en LaneCloud, solo por debajo de Martin y Claarn. Pero con Melissa, Bastian se volvía una persona normal. La chica lo sabía bien, por eso cuando se descuidó logró lanzarlo al lago del parque.

    Ella se puso a carcajearse al ver a su novio empapado.

    Flotando en el lago, Bastian la admiró con ojos maliciosos.

    Pronto un escalofrió recorrió la espalda de la chica y empezó a gritar entre risas, pero fue inevitable, un viento poderoso le levantó la falda y a ella misma
    después. Bastian la atrapó y teniéndola con él la hundió en el agua azul. Dentro del agua Melissa le besó en medio de una danza mágica.

    Y eso fue lo que consumió todo.

    El agua fue incapaz de apagar la llama.

    Sus besos continuaron duraron durante minutos consumidos por la pasión. Vieron a través de sus ojos cerrados las flores encantadas de un sueño verdadero. Sus corazones se juntaron en el centro cósmico de las estrellas, tan brillantes y esperanzadoras.

    Con un ademas de manos Bastian movió la realidad hasta llegar a donde se encontraba la habitación de la chica.

    ¿Sus intenciones? Ni siquiera las sabia, solo era preso del momento. La mano de Melissa le acarició de una manera que nunca había sido acariciada. El hizo lo mismo siguiendo las perfectas curvas de ella. Las definía todas como los trazos deseados de un pintura.

    Los dos inexpertos, pero tan perfectos para el otro.

    Con el tiempo todo se desarrolló sin vista hacia atrás. No hubo ni una palabra por parte de ninguno. Sus mentes habían hablado en ese puente espiritual
    creado por sus profundos lazos.

    Con el desliz de aquella tela mojada por el agua del lago encontraron la piel de sus sueños.

    Y debajo de las sabanas descubrieron el tesoro para los dignos.

    Fueron uno en un tiempo sin cuentas.

    Elevando su amor hasta donde ningún hombre habido o por haber a podido definir.


    (…) ​


    La hermana mayor de Melissa siempre había sido enfermiza, por eso no fue sorpresa cuando un día de pronto la encontraron sin aliento en su cama ya un año atrás.

    Sus padres habían fallecido jóvenes hace nueve años. Los dos habían vivido antes de LaneCloud en una zona de guerrillas en Fastia, reino de Nil. La historia que le contaban sus padres era que unos “valientes” -Lo decían con todo el sarcasmo que uno podía mencionar- durante una batalla con el bando contrario creyeron que atacar con bombas de has venenoso era buena idea. Entre los refugiados que sobrevivieron estaba la familia de Melissa. Ella creía que quizás era la razón del claro cuerpo débil de su hermana… Para finalizar ese veneno había otorgado varias enfermedades a sus padres que al principio solo eran molestias, pero con el tiempo se volvieron tan poderosas que concluyeron con la vida de ambos casi simultáneamente, dos años atrás de la muerte de Abraham Arcnaik.

    Melissa incapaz de poder pagar la casa en la que había crecido se vio en la clara opción de tener que cambiar de vivienda, traspasando su hogar a una familia que le devolvió parte del gasto que sus padres y hermana habían podido dar para terminar de comprarla.

    Melissa era joven y recién graduada cuando su hermana había muerto, con un trabajo de secretaria que detestaba. Sabía que no tenía talento para ser soldado ni tampoco tenía dinero para pagar una universidad, ni conocimientos altos como para poder conseguir un trabajo en alguna facción del Gobierno Mundial. Trabajar para una de esas nuevas fabricas que estaba asentándose en las afueras de Hericent y LaneCloud podía ser el mejor trabajo que habría de conseguir en un tiempo. Se las arregló y consiguió el puesto de secretaria de nadie mas que el jefe de la empresa.

    Eres una joven hermosa y de buen ver. Mis clientes entraran felices a mi oficina tras verte”.

    Esas fueron las palabras del gordo de su jefe. Aunque no importaba, el trabajo era sencillo.

    Como era una recién graduada y todavía no tenia su cédula que no llegaba hasta los dieciocho años, tuvo que cambiarse a los sucios departamentos en la zona pegada al río. Vivía en un departamento pequeño y mal cuidado en el segundo piso de un edificio que en la primera planta era una tienda de víveres de bajo costos, lugar en el que algunos adolescentes de su edad podía conseguir alcohol o tabaco sin problema alguno, siempre y cuando fuera discretos.

    La zona estaba llena de delincuentes e inmigrantes de muchos lugares del mundo. En tan solo su triste edificio departamental la chica podía contar cinco tipo de familias de distintos reinos de tan solo el continente de Dorinda. Sin contar al dueño del local, que provenía de las tierras lejanas de Ilu, reino de Nil.

    Sin embargo ese pequeño departamento de solo una habitación, paredes finas y piso roto se volvió el nido de amor de ella y Bastian.

    Había semanas en las que el joven no volvía a la casa junto con Claarn o Martin. Aunque de principió los dos adultos no estuvieron de acuerdo, poco a poco se fueron haciendo a la idea de que era imposible controlar a alguien tan apasionado como Bastian.

    La comida de la chica era barata, pero deliciosa. Ella sabia bien que la forma de llegar al corazón de un hombre es por el estomago.

    Por su parte Bastian se sintió todo un hombre al dedicarse a arreglar todos los detalles que el estúpido del anterior inquilino jamas arregló.

    Los días eran sueños y en las noches realidades. Jugueteaban por la casa desnudos riendo de sus bromas privadas. En mas de una ocasión hicieron fiestas
    con amigos y los vecinos casi le tumban la puerta a palos. En algunas tardes Melissa juntaba a chicas de su trabajo y de la escuela de entrenamiento de Martin para practicar baile, y Bastian junto con algunos chicos que conocía en sus rondines de vigilante creaban la música para ellas. Entre la pareja crearon canciones juntos y aprendieron a tocar mas de un instrumento, cantar y bailar… Sus noches eran largas. Durante un año enteró los días no les alcanzaron ni parecía que algún día llegasen a alcanzar para vivir toda la alegría que deseaban compartirse.

    Caminaban por todo el pueblo y viajaban a los lugares mas bellos de sus alrededores. Su amor floreció hasta que todo el mundo lo consideró verdadero.

    En las noches libres la pareja subía por el río hasta donde se encontraba un salón de baile donde los inmigrantes habrían de encontrar las sonrisas de sus culturas pérdidas por las guerras y las tiranías.

    Bastian y Melissa se volvieron amigos del cocinero y dueño del lugar, Manu. A pesar de ser menores el hombre no negaba el placer a nadie, así era su cultura y ningún pueblo nuevo le habría de hacer cambiar. Fue así como los jóvenes disfrutaron de a música exótica, cantos y bailes parecidos de otro mundo. Comidas exquisitas y arte de todo tipo. Fueron días gloriosos en los que ni él, ni ella, dejaban de verse a los ojos sin dejar de sonreír.

    Con el pasar de los meses Bastian no tardó en volverse un héroe en el pueblo, respetado y amado.

    Tanto pueblerinos, recién llegados, los mas viejos o los mas jóvenes, todos conocían al joven de melena pelirroja que se deslizaba en el viento en busca de justicia.

    Por su parte Melissa comenzó a reconocerse entra la zona mas pobre de LaneCloud como una excelente bailarina que dominaba todo ritmo y todo paso. Al ritmo de su amado su imagen se transformó en una alegría para el pueblo.

    Fue entonces que gracias a la ayuda de Bastian que pudo juntar dinero para poder comprar un pequeño establecimiento. Un pequeño lugar en el que se volvería la mejor maestra de baile que cualquier tierra hubiese conocido.

    No tardó mucho para que la justicia golpeará al pequeño establecimiento de víveres debajo del departamento de Melissa. Ahí fue que, Bastian, apoyado de todo el dinero que había juntado en su travesía por Calani, tomó un poco del dinero a escondidas de Martin para poder pagar ese establecimiento.

    Melissa, junto con un grupo de chicas de la zona y dos mujeres maduras provenientes de Foraff, las cuales eran bailarinas profesionales, inauguraron la escuela de danza “Joya Preston”.

    Bastian nunca olvidaría la larga sonrisa de Melissa al ver su sueño poco a poco cumplirse. Las lagrimas de felicidad le dieron un brillo romántico que enternecieron al corazón del joven. Su vida no podía ir a mejor.

    Cuatro meses después de conseguir su establecimientos, justo después de comenzar a tener un flujo de clientes bastante remunerable, Melissa dejo su trabajo de secretaria para dedicarse por completo a la danza.

    Lamentablemente durante esos cuatro meses largos el trabajo de cargar con dos empleos le cargó con mucho cansancio, por lo que poco a poco fue dedicando menos tiempo a Bastian. Cuando la chica había dejado su trabajo en aquella empresa Bastian creía que todo volvería a la normalidad, pero de pronto Melissa comenzó tener mas y mas trabajo en la escuela de danza… Su relación se volvió cada vez menos estrecha, cada día era un sueño el pensar en que quizás ese día Melissa habría de estar con fuerzas para si quiera hablar un tiempo. Y es que el joven no estaba del todo bien por los sucesos que estaban moviendo a LaneCloud y Hericent.


    (…)​


    -Y todo eso se está expandiendo como si fuese una horrible plaga. Desde hace unas semanas son cada vez mas comunes esos símbolos de ese culto endemoniado… Hace poco estaba con Claarn, Kian, Gus y sus muchachos, atrapados un pequeño cargamento de alguna sustancia extraña. Tal parece que la mafia Carnoc esta tratando de volver a las calles… No es la primera vez que se encuentra esta sustancia, Kian me contó que han encontrado mas de ella en distintos pueblos del continente… Suizas quieran probar esta cosa en lugares pequeños… Planean utilizar a la gente del pueblo como ratas de laboratorio.

    -Eso suena terrible.

    Bastian que se encontraba frente a Bruno charlando un poco se dio la vuelta.

    Era de las pocas veces que iba a visitar a su amigo. Al principio lo hacia seguido, pero cada día que pasaba se volvía algo cada vez mas difícil…

    -Alicia…

    -Hola, Bastian- Le sonrió –Hace ya un par de meses que no nos veíamos. Es agradable ver que estas bien.

    El chico soltó una risa delicada –Define, “bien”.

    -Bueno, te ves bien. Imagino que debe ser difícil estar lidiando con lo que esta sucediendo- La joven tomó asiento a un lado de Bruno justo después de darle un beso en la mejilla –Desde que se desató a guerra entre Foraff e Iglakesh en el Este de Dorinda el pueblo se ha visto mucho mas movido. No puedo decir que no me agrada, tener a todas esas personas aquí me hace crear imágenes de lugares a los que nunca iré… Mas no todo es bueno, a mi padre lo han asaltado tres veces en los últimos tres meses.

    -Me disculpo por eso, no logré llegar a tiempo para identificar a esos ladrones.

    -No- Negó la chica sonriendo –Comprendo que estas atendiendo a todo el pueblo. Desde que Kian tuvo que entrar de tiempo completo al ejercito la responsabilidad cayó sobre ti… Y bueno, se que no tienes una magia como la de él.

    El joven comenzó a reír animado –Ese era su gran truco para mantener todo controlado. Es un hombre bastante astuto. Uno tiene que explotar al máximo sus talentos, eso ya me queda claro.

    Alicia soltó una risa delicada mientras se tapaba la boca con su dedo indice –Ya veo porque trabajas tanto tu orgullo y tu forma de ser tan testarudo.

    Bastian alegré respondió –Así que esos son mis talentos. Siempre pensé que era mi caballerosidad o mi…

    -Es tu fuerte sentido de hacer lo que esta bien.

    El chico se giró hacia ella. La habitación había quedado en silencio, pero no porque la chica lo hubiese dicho de manera que esto fuese así. Ella tenia una manera de decir las cosas que sonaba tan profundo y verdadero que dejaba a la gente sin aliento.

    -Ese es tu verdadero talento- Le dijo sonriente.

    Bastian sonrojado desvió la mirada boba del rostro de Alicia y agradeció apenado -Gracias…- Tartamudeó un poco para continuar, pero logró decirlo correctamente –Si tuviésemos que decir cual seria tu talento seria, tu perseverancia, tu bondad y …- El joven volteó la mirada hacia donde yacía recostado su mejor amigo –Tu fuerza para jamas perder la esperanza.

    La chica sonrió de manera cálida mientras la luz del atardecer le golpeaba el rostro con un brillo sin igual. Aunque con la sombra del marco de cruz que tenia la ventana a sus espaldas.

    -Muchas gracias. Aunque no sé si a eso se le pueda llamar talento o…- La chica jamas termino la frase.

    Bastian al verla con el rostro caído decidió dar unos pasos hacia la puerta –Fue un gustó verte, Alicia. Me iré, no quiero interrumpir tu visita.

    Y cuando estaba por abrir la puerta escuchó la dulce voz de la chica –No interrumpes nada- Los dos chicos se vieron –De hecho, me gustaría por un día aunque sea contarle mi día alguien…- La chica se mantuvo quieta un tiempo, pero logró juntar las fuerzas para decir lo siguiente –Quisiera que alguien me pudiese responder aunque sea con un todo estará bien. El joven muchacho apretaba la perilla listo para hacerla girar, pero las fuerzas se le fueron de las manos y su mano cayó en dirección al suelo. Fue ahí cuando entendió que los dos desean exactamente lo mismo…

    Bastian caminó hacia la chica y tomó asiento a un lado de ella. Le sonrió y le dijo –Te escucho.

    La alegría en los ojos de Alicia se volvió inmensa y hermosa. Juntos compartieron sus penas, mezcladas con sus alegrías… Hace mucho que no sentía esa calma. Una calma que aunque le doliera pensarlo, solo la encontraba cuando hablaba con ella.


    (…)​


    Aquel día el viaje a de vuelta a la casa de Melissa pareció mas largo, pero ante la luz de las estrellas y la figura de Alicia en las nubes sintió como la brisa le movía la melena con ternura. Se sentía en paz. Un sentimiento que había perdido en esos últimos meses.

    Bastian pasó por la calle en la que se encontraba el salón de Manu y este le mandó un saludo desde el callejón con su torcida sonrisa chueca. Al escuchar el saludo mas de una persona dentro del salón salió a saludarle a la lejanía. El joven un tanto apenado devolvía cada saludo con gracia y una larga sonrisa que muchos habían creído perdida.

    Finalmente había llegado al edifico en el que vivía la mayor parte del tiempo, arriba se encontraba su pequeño hogar y abajo el negocio de escuela de baile “Joya Preston”. Se encontraba completamente oscuro. Debía de estarlo, era media noche. Bastian no había podido volver por unos pequeños problemas con unos criminales en la zona del puente… Amaba su trabajo, llegaba a comprender porque Kian gustaba de ser el sheriff, pero el peso que caía sobre él le ocasionaba un terrible dolor en el cuello.

    Subió por las escaleras y abrió la puerta.

    -He llegado- Dijo en voz baja. La casa se encontraba en completa oscuridad y en un profundo silencio. Como la mayoría de los días no había recibido respuesta alguna.

    Prendió la luz del comedor que también pertenecía a la cocina y buscó algo para comer. Desde los muebles viejos pertenecientes a las estanterías lograba ver a Melissa dormida al fondo de la habitación. No había paredes que dividieran nada a excepción del baño y la terraza donde lavaban y secaban la ropa. Era un departamento largo estructurado como entrada, cocina-comedor, una pequeña sala y la “habitación”, la cual solo era una cama y tres muebles para acomodar ropa, accesorios, papeles y joyas.

    La comida estaba fría. Hace tiempo Melissa le habría esperado para cenar, incluso no habría cocinado hasta que el hubiese llegado y hablarían hasta el amanecer. Algún otros día del pasado se habría quedado dormida en la mesa en caso de que el sueño le derrotase. Bastian podía imaginarlo claramente, sus rizos cubriéndole parte del rostro, su cabeza sobre su brazo derecho, en ropa en interior y con una libreta en la mano escribiendo algún musical o alguna rutina que le habría parecido interesante para practicar. Bastian abría llegado y con cuidado la habría llevado a la cama.

    Ahora nada mas le quedaba verla desde lejos mientras comía su recalentado.

    Solo. Con la oscuridad del departamento avanzando como el veneno de un animal. Miraría de ve en cuando por la ventana y encontraría parte de los territorios mas lúgubres de la zona. Jamas pensó que llegaría a vivir en un lugar como ese. Nunca pensó que terminaría en un lugar así. Posiblemente si se encontrase con alguno de sus primos de Arbal habrían de mirarle con asco, así como era muy probable de que si quisiera confesar a alguna de sus vecinos que era un príncipe solo habría de recibir risas incrédulas.

    Pero el lugar no importaba.

    Lo que lo lastimaba era el silencio de esa mesa vieja. El olor de esa comida fría. La oscura habitación que se alargaba hasta Melissa… Una presión en el pecho le subía lastimando su garganta… Solo, así se sentía desde que Bruno había caído en coma, jamas se perdonó el divertirse con el dinero que consiguió de aquel bote mientras que su mejor amigo luchaba por mantenerse entre la vida y la muerte… Luego Mairis se fue a las pocas semanas de enterarse de lo de Bruno, ella le dijo que no se preocupara, que el trato con el General de Kadamia había sido repartirse un mes y un mes de entrenamiento, pero eso no fue mas que una mentira para no lastimarle. Mairis no volvió en un mes y Bastian solo habría de ver su rostro en contadas ocasiones a lo largo de esos años… Luego estaba Kian, el cual a pocos meses de lo sucedido con Bruno tuvo que abandonar el puesto de Sheriff y tomar su puesto oficialmente como un soldado de Hericent, a los pocos meses el trabajo se volvió tan complicado que Kian terminó viviendo en casa de su amigo Gus. Al hombre que consideraba su hermano mayor lo había perdido de vista desde hace mas de medio año…

    Por Melissa abandonó su casa con Martin, a ellos los veía en el pueblo, pero tenia que ser sincero con él mismo, no era lo mismo.

    Melissa era todo lo que tenia y ahora ella yacía tan alejada también. No podía decir que no se sentía feliz porque estaba cumpliendo su sueño, verle su sonrisa una vez al día era suficiente para alegrarle el alma, pero tenia que aceptar que sentía una profunda soledad…

    Bastian se fue a dormir esperando que al día siguiente se encontraría con Melissa y podrían desayunar, hablar un rato y volver a vivir ese bello sentimiento que alguna vez sintió. Sin embargo cuando despertó encontró una cama vacía.

    Otro día solo.


    (…)​


    «Bastian Arcnaik. Todos aquellos que lo ven pueden creer que es un joven imparable, un joven de vida eterna que sonríe y se la pasa feliz todo el tiempo, aquel chico al que siempre podías recurrir cuando estas mal o cuando necesitas un consejo, y no les mentiré, en parte lo es, pero no es exactamente esa visión que todos tienen. Es un joven que siente mucho pesar en su corazón, desde que comencé a conocerlo mejor descubrí que era un chico terriblemente roto. Su actitud fuerte, arrogante e incluso a veces un poco idiota solo es una armadura perfectamente cubierta para que nadie pueda ver su destrozado ser… Aun recuerdo la primera vez que me dejó entrar en él, descubrí que incluso las heridas que para alguien puede ser una cosa insignificante para él pueden ser algo que lo deje marcado de por vida. Es un hombre emocional. Sus pensamientos y emociones son mas poderosos que su razón, es por eso que cuando lo veo, cuando enserio lo veo, descubro que en su sonrisa perfecta existe una ligera curvatura triste…»

    «Recuerdo bien el día en el que un día le esperé tras su llegada. En cuanto escuche sus pasos en las escaleras me puse a preparar la comida, ese día deseaba preparar su comida preferida como un pequeño detalle. En cuanto abrió la puerta le salude con animo, el se acercó a mi sin decir ni una palabra y me abrazó con fuerza. Lo abrasé como un esposa saluda a su querido marido tras un largo día de trabajo, pero pronto descubrí que no era lo mismo que cualquier otro día, su cuerpo temblaba y sus manos apretaban con fuerza la tela de mi pequeña blusa. Se enterró en mi pecho con un llanto silencioso y le acaricié con calma para tratar de calmarlo… Ese día no había podido salvar a un niño de unos dementes que estaban acechando en los bosques cerca de la Mansión Arcnaik. Había salvado a cuatro mas, junto con sus respectivos padres y madres, pero a ese único niño no… Y ese día logré ver el alma frágil de ese joven al que amaba… Eventos como este se han repetido multitud de veces, para serles sincera cuando me habla de todo lo de su trabajo no se que decir, no encuentro palabras a pesar de que sé que él espera alguna… Pero simplemente es que no se que decirle… ¿Es acaso que no puedo corresponder a su alma mas frágil?»

    «Desde antes de empezar con “Joya Preston” nuestro tiempo juntos se ha visto terriblemente recortado. Lo extraño con todo mi ser. Sé que debo estar con él, en especial para estos terribles momentos en los que esta viviendo… Pero ahí encuentro mi peor obstáculo, el corresponderle a él o a mi misma. Ahora mismo me esta yendo muy bien con “Joya Preston”, cada vez nos contratan para mas eventos y las personas interesadas en aprender danza a incrementado exponencialmente… ¿Mi sueño o el amor?… Cuando lo pienso tiemblo, porque por mas que lo intento parece que estoy destinada a perder uno de ellos…»

    -Eso es terrible Melissa.

    -Es algo muy difícil de responder. No creo tener la sabiduría suficiente para aconsejarte.

    -Jamas pensé que Bastian fuese tan complejo.

    Contestaron las amigas de Melissa.

    -Cuanto mas crezco creo que mas complicado se vuelve definir estas emociones- Melissa se levantó. Caminó hacia la pista de “Joya Preston” donde un grupo de niñas pequeñas estaban practicando un lindo baile para una presentación –Nunca nadie me dijo que crecer seria tan triste.

    -Los detalles son lo mejor amiga mía. Cuando tratas de dar un detalle, por mas pequeño que sea puede significar mucho. Los detalles son los puntos que definen una relación- Dijo una de las instructoras que limpiaba su sudor.

    -¡Eso es! ¡Nos estabas diciendo que querías conseguir llevar uno de tus musicales al estrellato!

    Melissa se dio la vuelta con unos ojos extrañados –Sí. Así es. Apenas voy por la mitad de la historia…

    -¡Dedícale tu debut! ¡Has una gran historia que fascine a todos!- Su amiga se acercó a ella y le dio un pequeño golpe en el pecho –Has una historia que le derrita el corazon a Bastian. Cuando vea que te has esforzado tanto para un detalle para él su alegría volverá a nacer. Puede que así los dos logren entender y comprender la relación entre su trabajo y su vida amorosa.

    Melissa se regresó con sus amigas con una enorme sonrisa -¡Eso es! ¡Es una gran idea! ¡Daré todo de mí para…!

    -¡Mamá!- Gritó una de las niñas que estaban practicando interrumpiendo a Melissa.

    Algunas de las niñas del lugar comenzaron a reír, incluso Melissa sintió una terrible pena -¡Vamos niñas! ¡Sigan practicando! ¡Vamos!- La joven maestra se acercó a la pequeña niña que se encontraba sonrojada. Se hincó y le levantó el rostro con una tierna sonrisa –Soy tu maestra, no tu mamá, Emilie.

    Ella apretando su bonito vestido dijo –Perdone, Maestra… Pero es que cuando la veo recuerdo a mi mamá…

    -¿Enserio? Conozco a tu mamá, no me parezco a ella…

    -Bueno. Tus ojos, sí, tus ojos son como los de una mamá.

    Melissa soltó una risa alegre –Esta bien, Emilie, pero recuérdalo, maestra, maeeeestraaaaa. Ahora dime, ¿en que paso tenias problemas?

    La pequeña niña le comenzó a explicar y la maestra Melissa le ayudo como era debido. A los pocos minutos Emilie se encontraba practicando la rutina de nuevo con mas emoción que antes. Melissa apreció a todas las niñas con orgullo… Pero las palabras de aquella niña se quedaron incrustadas en su cabeza… Tenia ojos de mamá… Melissa también lo había notado hace unos días…


    (…)​


    Sobre el techo de un negocio en la calle principal de LaneCloud se encontraba un joven apreciando hasta el ultimo detalle del inicio del amanecer. Los colores naranjas comenzaban tintar el rostro de un tono un poco mas claro que su cabello. En su rostro se encontraba una mirada triste. Los días habían pasado y Melissa se mantenía mucho mas ocupada de lo usual, pero Bastian no sabia el porque, solo comprendía que ella de momento no quería hablar ni siquiera de su trabajo, cosa extraña porque era algo de lo que amaba conversar. La distancia lastimó a Bastian gravemente, el cual de por si sentía que las cosas entre ellos no estaban del todo bien, ahora parecían solo una vieja pareja que evitan estar juntos… Pero él apreciaba a aquella joven con todo su corazon, ese día era su aniversario desde que comenzaron a vivir juntos, llegaría a la casa con uno de los trajes de Martin, ya debería quedar en ellos, solo era cuatro centímetros mas pequeño que él. Compraría una flores, las mas bellas que encontrara, de preferencia lirios, pues eran las flores que mas apasionaban a Melissa. Y por ultimo la llevaría a Hericent para ver la nueva obra de teatro que estaban presentando, tenia un nombre extraño, pero era un musical y a ella le encantaban los musicales.

    Sacó los boletos de la función, los admiró con una larga sonrisa. Tenia la esperanza puesto en ellos. Sentiría las llamas de su joven amor levantarse de nuevo, sí, así habría de ser y todo volvería a estar como siempre…

    -¡Bastian!

    El dulce grito silencioso de una mujer le devolvió a la realidad. Abajo en la calle principal se encontraba Alicia con su brillante piel blanca saludándole mientras se cubría los ojos de los rayos del sol que estaba a poco minutos de ocultarse.

    -Hola, Alicia- Respondió el joven amablemente al ocultar los boletos de nuevo.

    Bastian desde su encuentro con Alicia en el hospital últimamente, no sabia si por casualidad o por la curiosa manera de funcionar del destino, pero se estaba encontrando mucho con la chica. De hecho, Bastian al sentirse tan solo en esos días había reconocido en la joven una sonrisa que había olvidado, el grupo que alguna vez desapareció demasiados calendarios atrás, la madurez había atrapado a unos, el trabajo a otros, los terribles eventos se habían llevado a los demás, pero ahí estaba Alicia, que cada vez que la veía sentía como si inconscientemente reviviera ese sentimiento de profunda amistad… Era una chica única. Ahora comprendía porque le agradaba tanto y porque Bruno se terminó enamorando de ella. Su aire calmado, su sonrisa tan pura, sus ojos tímidos y sinceros, la manera en que su lacio cabello se agitaba con el viento, el resplandecer de su piel con la luz… Su alma incomparable. Era alguien con quien deseabas estar, pero que pocos sabían apreciar.

    -¿Terminando la tanda de hoy?- Preguntó el joven al sentarse en el borde del techo.

    -Aun no- Respondió ella abriendo la canasta –Aun me faltaba algo que entregar- La chica con suma rapidez le lanzó un paquete.

    El entrenamiento con Martin si que funciona. Pensó el joven al atrapar el bulto blanco. Lo abrió y dentro se encontraban ocho galletas de chispa de chocolate. Los ojos le brillaron al joven, así como no pudo evitar sonreír con fuerza –Pero, pero… ¡¿Ni siquiera es mi cumpleaños?!

    -Quería dártelo- Le respondió ella con una tierna sonrisa.

    -Querías…- El joven volvió a ver las deliciosas galletas, sus favoritas -¿Dármelo?

    La chica apagó un poco su rostro –Últimamente he visto que estas triste… Sé que tu trabajo te esta haciendo esforzarte mucho, tampoco quiero que me digas que es lo que te aqueja, pero solo quiero que sepas que todo saldrá bien- Alicia levantó bien la cabeza en el momento exacto en el que la luz pegaba con la altitud exacta, ahí se podía ver su rostro con perfección cada detalle era iluminado por el bello atardecer. Ahí yacía una ligera sonrisa, la mas sincera en todo el día –Es solo un pequeño detalle, pero espero te guste... Lo hice con...

    Bastian saltó hasta ella y la envolvió en un fuerte abrazo –Gracias…- Al poco tiempo se separaron y no pudieron hablar mucho, pero ese fue el mejor momento de su día por ahora.


    (…)​


    Bastian caminaba por la lúgubre calle que le llevaba hasta su hogar, caminaba con las flores en las manos y mas de una chica le llegó a coquetear al verle vestido tan elegante. Era un joven apuesto, con el cabello lanzado hacia atrás con un poco de crema, su delgada barba recién rasurada y en los ojos una llama encendida que desprendía confianza y pasión.

    Finalmente llegó hasta la casa. No era tan tarde, recién debía de haber terminado sus clases, pues el local estaba cerrado, aunque las luces estaban apagadas, esperaba que apenas se hubiese ido a dormir, así no habría de molestarla. Subió por las escaleras, cada paso mas nervioso que el anterior, era como cuando fue su primera cita y la llevó a un concierto de música extraña que jamas había escuchado, pero que tenia un ritmo suave para bailar en parejas durante toda la noche.

    Abrió la puerta con cuidado y dijo –He llegado- Como siempre lo hacia… Y nuevamente nadie contestó. Se acercó al área de la sala y notó que Alicia no estaba en la cama. Bueno, quizás salió con una de sus amigas, si no tardaba mucho quizás lograrían ir al teatro… Entonces lo vio. Sobre una mesita en la sala se encontraba una carta. El chico la tomó:

    “Querido. Se que es muy repentino, pero hoy mismo nos han llamado de Frandall para presentar un musical, ¡Es una oportunidad única! ¡Estoy tan emocionada! Volveré dentro de una semana. Prometo traerte algo lindo. Un beso y un abrazo.”

    Atte: La chica que te quiere tanto.

    Bastian dejó la carta donde la había tomado. Metió su mano dentro del bolsillo interno del saco y vio los boletos.

    Abrió la puerta de nuevo y salió por ella. Dejó las flores en la casa de la vieja vecina. Ella se alegraría de que algún anciano del vecindario le estuviese queriendo conquistar. Quizás ella seria capaz de sentir la chispa de nuevo.

    Y entonces se fue de aquella casa para no volver en un tiempo…
     
    Última edición: 22 Septiembre 2019 a las 5:14 PM
Cargando...

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso