Explícito El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik

Tema en 'Novelas' iniciado por Aldo MV Gallardo, 9 Enero 2018.

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  1. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 20 - Secretos
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

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    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    11087
    Capítulo 20 — Secretos

    Los chicos fueron a descansar a la casa a eso del mediodía. Quedaron bajo la supervisión de la novia de Martin. Ya no había miedo de que se escaparan, o eso esperaba. Los chicos cayeron rendidos ante sus camas, una vez habían sido atendidas sus heridas.

    Martin tan pronto dejo a los chicos en la casa, tuvo que partir a una reunión en el cuartel de Hericent para dar su veredicto sobre lo sucedido en GrayLagoon.

    El Gobierno Mundial llego en la tarde. En el grupo se encontraba el Sebastián Salomón, como encargado del área de investigación continental, el General Continental y el viejo General Mundial Richard Oster, aquel que había supervisado la investigación el día de la muerte de Abraham Arcnaik. Iba acompañado nuevamente de su fiel pupilo. Venían de GrayLagoon, ellos estaban escoltando a los vehículos que cargaban con los heridos de la batalla de la mansión Lope. Entre ellos llevaban a un moribundo General Marcus, y un casi fallecido Teniente General Claudio.

    Martin, Gus, Kian y los soldados sobrevivientes dieron su reporte ante sus superiores y el área de investigación.


    (...)​


    El Detective Salomón estaba repasando los hechos narrados por el joven capitán Kian. El General Continental se encontraba leyendo unas hojas de un reporte que recién le habían entregado minutos antes, y el General Mundial Richard Oster se dignaba a estar viendo de manera perdida el infinito. El pupilo del General Mundial se encontraba erguido al fondo del cuarto, quieto como una estatua.

    Kian estaba perdido es sus pensamientos mientras le recapitulaban lo sucedido durante la batalla. En su mente volvían los recuerdos de cada golpe, cada estrategia, cada momento en el que se sintió sofocado contra la fuerza de Calvar. Había algo que le taladraba en la mente, y tenía frente a tres personas que sabía que podían contestar. Fue entonces cuando habló. Interrumpiendo completamente la recapitulación que llevaba a cabo el detective.

    —¿Cuántas personas existen de mi clan?— Preguntó con coz clara y una posición firme, interrumpiendo al detective, el cual paro de hablar en seco.

    La sala cayó en un silencio sepulcral, cada uno de los hombres que se encontraba dentro de aquella habitación gris con luz opaca miraba a Kian con detenimiento ante la pregunta.

    —¿Disculpe?— Preguntó Salomón con un tono desconcertado.

    —¿Existen más magos del tiempo?— Preguntó esta vez Kian, con mayor seguridad y una mirada más firme.

    Salomón se acomodó en su asiento mientras inhalaba una gran bocanada de aire. Acomodo su saco al tocar el respaldo de la silla y su rostro cambio completamente —No estamos en situación para hablar de…

    Kian interrumpio abruptamente —Durante mi pelea contra Calvar él logró llevarme el ritmo porque conocía mi poder…— El joven se hizo hacia enfrente y le mantuvo la mirada al detective —Significa que tuvo que aprender a pelear en algún lugar… ¿Cuántos somos?

    El Detective se quedó quieto en su asiento. Volteó con el General Continental y el hombre asintió.

    —No podemos darle el lujo de contestar esa pregunta, Capitán Kian, se encuentra estrictamente prohibido bajo los reglamentos del Gobierno Mundial el dar información confidencial a personal de rangos inferiores, el hacerlo nos llevaría a una …

    —Cuatro— Respondió de pronto el General Mundial Oster mientras le mantenía la mirada encima a Kian, una mirada pesada, dura, atemorizante, desafiante. Una mirada con un poder impresionante, lejos de lo que aquel simple capitán que observaba impasiente.

    El General Continental y Salomón quedaron boquiabiertos tras la repentina respuesta de su superior ignorando toda regla establecida.

    El pupilo del viejo General Mundial, miro a su maestro con una sonrisa divertida.

    Oster acaricio su barba y continuo hablando —Son cuatro magos de tiempo de los cuales tenemos conocimiento además de usted. Puede que sean unos cuantos más perdidos en el mundo, pero solo podemos asegurarte que existen otros cuatro magos que se encuentran al servicio del Gobierno Mundial. Sin embargo, de momento no podrán conocerse, no hasta que tengamos que llevar a cabo una misión especial donde ocupásemos sus habilidades…— Kian sentía como la presión del lugar se volvía cada vez más pesada, era el viejo General demostrándole su poderío —¿Es suficiente esa información, Capitán Kian?

    La mirada fría que le lanzaba el General era atemorizante, podría hacer retroceder a más de un soldado valiente.

    Kian asintió amablemente —Gracias por la información.

    —De nada, Capitán…— El viejo hombre mostro una pequeña sonrisa entre su larga barba —Debo admirar sus grandes habilidades, está escalando en el ejército bastante rápido. Ninguno de los otros ha mostrado tanto talento, aunque bueno, dos de las chicas son bastante jóvenes, acaban de ingresar… Espero grandes cosas de usted, Kian— El General se levantó de su silla con los brazos temblorosos —Me tomare un té, paremos por el momento Salomón y Foreman…

    —Por supuesto, General— Salomón ayudó al General abriéndole la puerta —Lo esperamos para los informes del soldado Gus Thomson… Kian, salga de la habitación, le llamaremos por cualquier cosa.

    Kian se estaba levantando de la silla cuando el General Mundial volteó —Por cierto, Kian, el Servicio Secreto vendrá a hacerle unas preguntas, sobre su combate con el líder de la mafia, Calvar. Sus palabras servirán como pruebas para los estudios de los restos del cuerpo del autoproclamado “Súper Soldado”, como usted lo llamo.

    Kian asintió. Y vio como el hombre se fue lentamente de la habitación utilizando un bastón de roble bastante viejo. Detrás de él iba su pupilo, manteniendo un caminar firme y la mirada en alto. Después de que salieran los dos individuos él también salió.


    (...)​


    Llegada la noche los tres chicos tuvieron que ir al cuartel de Hericent para dar su reporte sobre el rescate de los rehenes ante los tres hombres que atendieron a Kian.

    Martin iba caminando con los chicos ante las calles tranquilas del pueblo.

    —¿Y tu novia por qué no vino con nosotros, Martin?— Preguntó Mike.

    —Es que insistió en que ella haría una cena deliciosa para todos nosotros y debía quedarse para prepararla.

    —Me agrada mucho, Andrea. Es hermosa, linda, divertida y tú te la pasas sonriendo todo el tiempo— Comentó Mairis al tomarle del brazo con cariño.

    —A mí también me agrada mucho… Espero que se quede con nosotros mucho tiempo…— El hombre sonrió mientras miraba el infinito. Soltó una risa penosa y continuaron caminando tranquilamente por las calles recién limpias de Hericent. Esa noche se respiraba un aire de calma.

    Una vez habían llegado al cuartel de Hericent los chicos empezaron a recordar los hechos de aquel día fatídico de hace ya más de cinco años. El cuartel estaba repleto de soldados moviéndose de un lado a otro. Era un lugar muy estresante. Igual que hace años.

    La familia cruzó por el medio de los pesados vehículos del Gobierno Mundial, vehículos nuevos pertenecientes a las altas defensas del Gobierno Mundial de Dorinda, esto debido a la presencia de dos personajes de alto rango como era el General Mundial y el General Continental, asi como el jefe del área de
    investigación.

    En las sombras se encontraban unos vehículos más elegantes, pero igual de robustos, completamente pintados de negro. Fuera de ellos un total de cinco soldados, todos perfectamente erguidos, vestidos con suéteres de cuello de tortuga de color negro. Al igual que un pantalón negro lizo. Unos bocacines de color negro también. Sus apariencias eran como las de una sombra. Ocultos en la obscuridad y a pesar de que todos sabían que se encontraban ahí, nadie les prestaba atención. Aunque era extraño, más que no querer prestarles atención, en realidad era miedo a verlos. Pues su presencia era pesada, un sentimiento de miedo fluía a través de su aura.

    —Esos son soldados del Servicio Secreto. Claarn nos ha hablado de ellos, dice que son muy peligrosos— Susurró Mairis a Bruno y Bastian.

    Los chicos mantenían la mirada en ellos. Se encontraban impresionados de poder verlos. Recordaban haber escuchado de ellos durante el evento de hace cinco años, pero no habían tenido la posibilidad de verlos.

    De pronto se escucharon los motores de otros vehículos elegantes de color negro, seguidos de un camión blindado de tamaño pequeño.

    Más de un soldado observo la llegada, pero desviaron la mirada. Los niños no, ellos quedaron impresionados ante el camión blindado y ante todos los soldados del Servicio Secreto que salieron de los vehículos elegantes.

    —Mi abuelo trabajó en el Servicio Secreto durante su juventud. Fue uno de los mejores soldados del Servicio, es por eso que fácilmente se posiciono entre los candidatos a General Mundial— Comentó Bastian llenando el pecho de orgullo.

    —¡Genial! ¡Nuestro hermano también!— Comentó Mairis repentinamente con una sonrisa grande y blanca —Fue durante poco tiempo, según lo que nos llegó a contar. No le gustaba mucho estar ahí…

    Las puertas del camión se abrieron repentinamente dejando soltar una gran cantidad de vapor, por lo helado que estaba dentro de la caja. Una rampa salía disparada de la caja hasta tocar el suelo. De la puerta salió una mujer de piel morena clara, con el cabello rizado y enmarañado de color negro con bastantes franjas blancas de canas plateadas. Llevaba colgando unos lentes por un cordón que le cruzaba del cuello. Su voz se escuchaba angelical, pero madura, aunque hablaba bastante alto.

    —¡Esto es hermoso! ¡No puedo esperar a llegar al laboratorio, me divertiré bastante durante mucho tiempo!— Se quitó unos guantes de látex y se los entregó a uno de los soldados de suéter negro con cuello de tortuga. Un grupo de jóvenes vestidos con batas blancas le seguían como patitos a su madre. La mujer llevaba una gabardina larga de color beige, una camisa ajustada de cuello de tortuga color blanca, pantalones negros ajustados y un bastón negro —¡¿Qué hacen siguiéndome?! ¡Váyanse de aquí! Pero vienen por mí dentro de unas horas. No toquen el cuerpo, o los mandare a traer muestras de los polos… Tengo que arreglar unos asuntos aquí, manténganse al tanto del radio, quiero estar en GrayLagoon cuando el jovencito despierte del hospital. Y por favor, niños, si tienen tiempo vayan realizando hipótesis sobre lo sucedido con ese cadáver. Entendido, chao, los quiero— La mujer soltó una risa, los jóvenes que le seguían asentían rápidamente. Se subieron a uno de los vehículos elegantes, el vehículo se movió, desapareciendo en la obscuridad de la noche.

    —Wow, que le pasa a esa mujer… ¿está loca?— Comentó Bastian con risa silenciosa.

    Martin le dio un golpe en la frente con el dedo índice —Se respetuoso con tus mayores, mocoso… Síganme, tenemos que subir al tercer piso con el Detective Salomón y los Generales superiores…— Martin se estaba dando la vuelta cuando se topó con la mirada de la mujer justo enfrente suyo.

    —Usted es Martin Price, el segundo bastardo de los Price ¿no es así? Es muy parecido a su hermano mayor Arlong, a pesar de tener madres diferentes…— La mujer se puso los lentes y le tomó del rostro con una velocidad impresionante moviéndolo de un lado a otro observando cada detalle de su cara.

    La mujer le sonrió con una bella sonrisa blanca, llevo su dedo índice a sus labios carnosos de color rojo y soltó un suspiro —Sin duda ustedes los dos bastardos son mucho más apuestos que los hijos gemelos legítimos de su padre… Tendremos que esperar un poco más para ver cómo crecen su hermano menor y su pequeña hermana.

    Martin no sabía exactamente qué hacer, estaba un poco incómodo con la mujer, era extraño, no cualquier mujer lograba hacerle sentir así. Esa mujer madura era bastante intimidante y energética para su edad.

    —Ammm… Supongo que sí, supongo que somos un poco más apuestos… Mis hermanos se parecen más a Faith, puede que sea eso…

    —¡Ohhhh! ¡¿No le llamas madrastra?! ¡Interesante! Había escuchado que tenían una mala relación, no pensaba que fuera para tanto, ¿Qué te hizo? ¡Cuéntamelo todo, querido, de mi boca no saldrá nada!— La mujer hizo una seña como si su boca fuera un cierre y tirase la llave. Después empezó a reír de manera encantadora. Le tocó el hombro a Martin y el joven reía con ella, pero de manera nerviosa.

    —Te dije que estaba loca…— Le susurró Bastian a Bruno, riendo rápidamente entre ambos. La mujer dirigió su mirada hacia ellos, los dos chicos tuvieron miedo, mucho miedo.

    La mujer se apartó de Martin y observó a los tres adolescentes y al niño, esbozando una sonrisa animada —¡Ustedes son la familia Hellwell y Arcnaik!

    Los chicos observaron a la mujer con temor y especulación.

    —¡Hace mucho tiempo que no los veía! ¡Cómo han crecido!— La mujer les tocaba, e intentaba medir al tanteo, les observaba cada centímetro de pies a cabeza. Se movía demasiado, tenía más energía que los mismo tres adolescentes y el niño juntos —Por cierto ya escuche lo que hicieron, son increíbles, su padre, Bastian y Michael, era igualito. Tu tío era mucho más serio, pero era bastante calculador, a diferencia de tu padre que era muy valiente. De hecho, Bastian, tú te pareces demasiado a él, eres casi como su copia, pero con el cabello rojizo de tu madre. Ella era un encanto, recuerdo cuando nació, era una bebe hermosa… Y ustedes, Mairis y Bruno, su hermano no se queda atrás, de hecho su hermano podía darle una paliza al padre del pelirrojo con los ojos cerrados, pero ustedes no le digan eso... Sin duda uno de los mejores talentos que he tenido fortuna de conocer. Tú, Bruno, tienes un ligero parentesco a él, aunque no tanto, eso es interesante… pero mucho más interesante eres tu Mairis, que curioso, eres idéntica a Eva… Siempre le dije a Edward que probablemente eran primos lejanos, porque este parentesco no es normal.

    Los chicos fueron bombardeados con una cantidad ingente de información. La mujer hablaba demasiado rápido y se movía demasiado como para poder predecir qué era lo que intentaba hacer. De hecho, había tocado el pequeño busto de Mairis al igual que la cadera con intención de medirlo. La chica apenas si había puesto atención a lo que había pasado cuando se dio cuenta.

    Martin se interpuso entre la mujer y los niños una vez ya sentía que había cruzado la línea.

    —¡¿Qué le pasa?! ¡¿Cómo es que toma tanta confianza como para tocar a los niños!?

    —Disculpe, disculpe, me presento— Le dirigió rápidamente la mano —Soy la Dra. Sócalo Rótelo, líder del centro de investigación del Gobierno Mundial. Un placer Martin Price, Bastian Arcnaik, Michael Arcnaik, Bruno Hellwell y Mairis Hellwell— Digo al tiempo que tomaba rápidamente la mano de cada persona y la sacudía.

    —¿Dra. Sócalo?— Murmuro Martin tratando de recordar el nombre.

    —¿Usted es la doctora que trabajó junto con el Dr. Akira?— Preguntó Bruno de repente.

    —Vaya, soy popular entre los jovencitos, todavía— La mujer se acomodó los lentes y el cabello mientras mostraba una sonrisa coqueta —Exacto, soy ella.

    Martin abrió los ojos de pronto — ¡Perdone, perdone, no era mi intención molestarla con…! Lo que sea que estuviese haciendo con los niños… Pero es que no parecía correcto que los tocara de esa manera y de forma tan repentina…— El carácter de Martin cambió completamente, era como el de un súbdito ante su poderoso rey.

    La mujer conectó miradas con Martin —No se preocupe, Coronel. También yo debí haberme presentado y no simplemente haberme emocionado. Levante su rostro, lo que menos me gusta es que los hombres bajen la cabeza ante mí, puedo pertenecer al Servicio Secreto y ser jefa de una de las áreas más importantes del Gobierno, pero no es para que me esté reverenciando…— Comentó con molestia la mujer.

    Martin asintió y se mantuvo erguido toda la conversación. Mostrando una posición firme, que a Sócalo le encantaba.

    —Disculpe la pregunta…— Dijo de pronto Bastian.

    Sócalo se dio la vuelta hacia el chico con una sonrisa sencilla. Parecía disfrutar de estar frente a aquellos chicos.

    —¿Dijo que vio a mi madre cuando nació?

    —¡Claro! Una bebe hermosa, pequeña y delgada, con una ligera melena anaranjada. Sus ojos azules eran la viva representación del cielo. Muy parecida a tu abuelo Rubén. Creció de buena manera a pesar de tener unas dificultades por unas enfermedades, pero la trate, al final todo salió bien. Ciertamente me duele lo que le sucedió, lo de cada uno, pero lamentablemente estuve ocupada y no pude venir al funeral, realmente una lástima, me hubiese gustado despedirme de todos...

    —¿Entonces conoce a nuestras familias desde hace tiempo…?

    —¡Tengo décadas de conocerlos! ¡Recuerdo cuando tus abuelos Abraham y Rubén eran un dúo de jóvenes bastante divertidos! De hecho los otros tres también se llevaban muy bien… ¡Me encantaba pasar el rato con ellos, eran muy bueno amigos!

    —Wow, espere, ¿Cuándo eran jóvenes…?— Cuestionó Bruno de pronto —Sé que es grosero, ¿pero cuántos años tiene, Dra. Sócalo?

    —Setenta y ocho— Respondió la mujer sin problemas.

    Los chicos se quedaron congelados mientras analizaban lo que acababan de escuchar…

    —¡Setenta y ocho!— Exclamaron entre los cuatro.

    —¡Eso es imposible, se ve demasiado joven!

    —¡¿Qué es lo que come?!

    —¡¿Qué clase de maquillaje utiliza?!

    —¡¿Acaso es un fantasma?!

    —¡USTEDES, MOCOSOS, MAS RESPETO!— Exclamó Martin molesto.

    Sócalo empezó a reír —¡Que niños más divertidos!— Ella continuó riendo, mientras los chicos quedaron completamente impresionados con el físico de aquella mujer que resultaba ser una anciana. En su cabeza no había manera de que fuese verdad lo que acababan de escuchar, no existía lógica. Sin duda aquella mujer, a pesar de verse mayor, a lo mucho rondando los cincuenta, se veía despampanante, hermosa, con una piel tersa y completamente sana.

    La mujer dejó de reír y empezó a hablar de nuevo —La gente que suele preguntarme la edad suele sorprenderse mucho, aunque ustedes sí que fueron divertidos… Sí, tengo setenta y ochos años. Conocí a Abraham y Rubén desde el momento que entre al laboratorio del Dr. Akira con dieciséis años de edad. Ellos tenían diecinueve cuando los conocí... Yo vi nacer a tus padres, Bastian y Michael…

    La mujer giró la cabeza hacia los hermanos Hellwell —Al igual que me tocó conocer a su hermano Edward bastante joven también, un prodigio en todo lo que hacía. De hecho, Edward fue entrenado por Abraham durante un tiempo cuando perteneció al Servicio Secreto… Quizás ustedes no lo recuerden… quizás habían nacido apenas.

    Los chicos sentían un interés increíble por la mujer ahora. Era alguien con mucho que contar, demasiado, ya que no paraba de hablar.

    —¿Conoció a nuestros padres?— Preguntó Mairis rápidamente.

    Sócalo se quedó quieta pensándolo un momento mientras que con su dedo índice se golpeaba el cachete —No lo hice. Solamente conocí a Edward cuando era un chico como tú, Bruno— Dijo señalando al muchacho —Siempre leal, buen líder, con un talento nato en cualquier prueba. Sin duda el mejor de todos los muchachos con los que me tocó trabajar en mis años mozos. Bueno, también conocí a Eva desde que era una jovencita pequeña como tu Mairis. Ella era muy talentosa y tenía muchísima energía, no podía estar quieta. Recuerdo que ellos dos tuvieron una conexión muy fuerte desde que se conocieron. Ellos formaron parte del mismo equipo especial del Servicio Secreto cuando entraron al ejército… Edward era muy tímido, tuve que convencerlo de que se le declarase a Eva— La mujer empezó a reír mientras se tomaba de la frente —Puede que Edward pudiese ser uno de los prospectos más increíbles de la humanidad, pero era un idiota para todo lo relacionado con el amor…

    —¿Eva estuvo en el Servicio Secreto?— Preguntó Mairis de pronto.

    —Por supuesto que sí, ¿De dónde creías que se conocían?

    —Nunca nos lo contó…

    —Ella se retiró del ejército en cuanto se fue a vivir con Edward. De hecho si mal no recuerdo, Eva los cuidó desde que ustedes dos estaban en pañales.

    Bruno y Mairis se vieron entre si —¿Nunca le contó cómo fue que murieron nuestros padres?— Pregunto Mairis.

    La mujer lo pensó un poco —No, lo siento, era la posguerra, quizás fue algo que sucedió durante la época de reconstrucciones de la sociedad— Sócalo vio una cara de desilusión en el rostro de Mairis y Bruno. Era comprensible, estar solos en el mundo podría ser difícil.

    —Hemos tratado de buscar indicios sobre ellos, pero nunca llegamos a nadie, es casi como si nunca hubiesen existido…— Dijo Bruno haciendo una mueca y mirando el suelo.

    Martin observó al dúo de hermanos. Nunca se había percatado de lo serio que podría ser ese vacío dejado por sus padres en la vida de ellos —¿Desde cuando han buscado? Los hermanos voltearon de reojo hacia Martin.

    —Desde que nos pediste hacer el árbol genealógico…— Contestó el hermano mayor — Algunas veces que íbamos a la biblioteca tratábamos de encontrar información en cualquier rincón que pudiésemos… pero no existe evidencia, ni siquiera un escrito en el cual se hable sobre la descendencia de nuestro hermano…

    —¿Hablan enserio? ¿Han investigado en archivos de Gobierno?— Preguntó el tutor.

    —En todas las secciones a las que podamos acceder lo hemos hecho…— Contestó Bruno con un tono amargo.

    Esas palabras se quedaron en la cabeza de Martin.

    Sócalo continuo hablando —Bueno, puede que se deba a muchas cosas, como digo, era la posguerra, mucha información se perdió en la batalla contra “Los Brujos”. También existe la posibilidad de que sus padres nunca se hayan registrado en el sistema del Gobierno Mundial, mucha gente de pueblos pequeños no lo hace porque están alejados de la civilización…

    Martin observó con paciencia a la mujer —Puede ser…— Contesto él.

    —Disculpe…— Habló de pronto Bastian —La línea de la familia Arcnaik tiene un hueco entre una generación… ¿Usted no conoció a algún familiar de mi abuelo Abraham?

    La mujer le mantuvo la mirada a Bastian por unos segundos —Tu abuelo ya se encontraba en el Servicio Secreto cuando yo llegue… Nunca conocí a nadie de su familia…

    Bastian agachó la mirada pensativo…. Mike se encontraba a un lado de los hicos, no comprendía muy bien lo que sucedía, pero les tomó fuerte de la mano al ver el rostro desconcertado de aquellos que consideraba sus hermanos mayores.

    La Dra. Rotelo sentía cierta pena por los chicos. Sin embargo rápidamente desvió el tema hacia otra dirección. Volteó con Martin y le preguntó
    rápidamente —¿Y Claarn? ¿Dónde se encuentra? Me extraña no haber escuchado nada de alguna de sus hazañas, ¿se siente mal?

    Martin volteó hacia Sócalo. La mujer de pronto había adquirido un brillo al empezar a hablar de Claarn.

    —Salió, dijo que tenía que resolver unos asuntos del Servicio Secreto…

    —¿Enserio? Nunca me entere… Qué triste me hubiese encantado verle, me anima mucho hablar con él. Hubiésemos tenido mucho de qué hablar.

    —Es verdad, usted pertenece al Servicio Secreto, ¿fue compañera de Claarn?— Preguntó Martin con curiosidad.

    —Por supuesto que fui su compañera, de hecho yo le enseñe muchas cosas cuando entro al Servicio Secreto... Sin embargo, lo quería ver, quizás después de tanto tiempo la llama de nuestro amor pueda volver a nacer para brillar eternamente.

    De pronto todo se quedó callado.

    —¡¿Amor?!— Gritó la familia entera.

    —Así es, amor… ¿Nunca les contó sobre mí? Demonios, eso duele… Fui su primera novia. Estuvimos juntos durante mucho tiempo.

    —¿Ese hombre puede sentir algo como el amor?— Preguntó Bastian impresionado.

    —Lo que más me sorprende es que alguien pueda interesarse por alguien como Claarn…— Murmuró Bruno.

    —¡¿Qué dicen?! ¡Claarn es un manojo de ternura! Siempre fue muy lindo y muy sentimental. En nuestros viejos tiempos siempre sonreía y se la pasaba muy bien. Era muy detallista. Se escapaba de sus entrenamientos para ir a verme a los laboratorios. Salíamos a festivales y bailábamos toda la noche, aunque recuerdo que llegábamos al día siguiente al trabajo, no pregunte por qué, hay niños presentes— La mujer empezó a reír con voz bochornosa —Y cómo olvidar cuando me cantaba, y también cuando…

    —¿Estamos hablando del mismo Claarn?— Preguntó Mairis entre susurros a los chicos mientras la mujer seguía hablando. Nadie podía creer lo que estaba diciendo Sócalo. —¡Si, era un hombre maravilloso!— Exclamó la mujer meneando su cabeza y tomándose de las manos como una adolecente perdidamente enamorada de su galán. De pronto un grupo de hombres de negro se acercó hacia la Dra. Sócalo.

    —Dra. Rótelo, es importante que continuemos con el objetivo de la visita.

    La mujer soltó un suspiro —Entendido, querido, enseguida voy— La mujer extendió los brazos y se dirigió hacia los chicos uno por uno, les dio un fuerte abrazo sacudiéndolos en el proceso, seguido de una caricia de cabello, como si fueran perros.

    —Estoy muy orgullosa de cada uno de ustedes, lo han hecho bien, sigan así. Sigan creciendo, vuélvanse tan grandes como esas personas importantes para ustedes, ¡Quiero saber de qué son capaces de hacer las descendencias Hellwell y Arcnaik!— La mujer levantó el dedo índice señalando a las estrellas de aquella noche.

    Los chicos no comprendían exactamente qué estaba pasando.

    Sócalo hablo sin mirar a los chicos —¡Como dijo alguna vez Abraham Arcnaik! “Ya no sea solo en nuestra casa, ni en el trabajo, ni en el estudio, ni en el
    campo de batalla… ¡No! ¡Que sea en la vida! ¡Luchemos para ser esas estrellas en la noche obscura de la historia!”

    Y por un momento breve, aquella mujer rara, desbordante de energía, que no paraba de hablar y que era demasiado gesticuladora, pareció una heroína de las leyendas mientras mantenía la frente viendo al cielo.

    Al momento de decir aquellas palabras el corazón de los cuatro chicos, se calentó. Era ella y eran las palabras del héroe de la cuarta guerra mundial, lo que hacía tan épico ese momento.

    —Ahora si me disculpan, tengo cosas que hacer. Nos veremos algún otro día. Adiós, encantos— La mujer se dio una vuelta rápido, metió las manos dentro de su gabardina y empezó a caminar con prisa, perdiéndose entre la gente.

    Los chicos la observaron alejarse, sintiendo que habían conocido a alguien sumamente especial, pues pocas personas podrían ser tan desquiciadas como aquella mujer.

    La familia también continúo con su trayecto.


    (...)​


    Subieron las escaleras y se introdujeron en una habitación grande. Martin tuvo que esperar afuera. Los niños tomaron asiento en unas sillas incomodas de hierro. Frente a ellos se encontraban dos hombres que nunca habían visto, y un hombre anciano que bien recordaban muy poco, pero reconocían que era el General que los envió a vivir con Claarn y Martin.

    —Los héroes de dos pueblos a la corta edad de trece años— Menciono el anciano con una sonrisa cubierta entre aquella abundante barba blanca —El nacimiento de los héroes se da con su primer acto heroico, ¿Qué se siente formas parte de la historia de un pequeño pueblo?

    Entre los tres se vieron a los ojos. Estaban sentados uno al lado del otro. Era extraña la manera en la que aquel hombre desconocido era capaz de hacerles sentir una sensación de paz en ellos mismos.

    —¡Todo fue increíble!— Contestó Bastian con una mirada apasionada.

    —Fue muy emocionante sentir el aclamo de todas las personas, pero fue muy complicado estar bajo toda esa presión antes de llegar…— Contesto Mairis mientras acariciaba su cabello con pena.

    —Me siento bien de que todos estén aquí… Fue una experiencia que nunca olvidare— Dijo Bruno con una sonrisa apagada.

    Richard Oster mantuvo la sonrisa —Algo me dice que volverán sentir lo que sienten hoy más de una vez… Hoy son llamados “héroes”, que la palabra nos les defina, esfuércense por algún día la palabra sea definida por ustedes. Solo la gente que se ha esforzado por esas seis letras comprende el gran peso de las mismas.

    A Bruno pareció gustarle la frase. Doblo un poco la cabeza y mantuvo una sonrisa con más vida. Bastian y Mairis se alegraron.

    El Detective Salomón tomó su pluma —Muy bien, cuénteme su historia, jovencitos. Los chicos se mostraron valientes. Su historia acababa de tener un inicio.


    (...)​


    Esa misma noche Mairis tuvo que tener una reunión con los detectives a solas, debido a su reunión con Gero Lebore. Pero había un problema…

    —¡¿Cómo es posible que no puedan acceder a ese cuenco de memoria?!— Renegaba el General Continental de Dorinda a un trio de soldados.

    Se encontraba quieto desde la esquina con la mirada obscurecida, observaba molesto a sus subordinados, los cuales intentaban entrar dentro de las memorias de Mairis para confirmar su historia. Un hechizo bastante peligroso, debido a que podría afectar a las facultades mentales de la persona si no se llegaba a concretar con éxito.

    —Hablo enserio, General Foreman… Intentó entrar a esa parte de la memoria, pero justo en el momento en el que me especifica la jovencita Hellwell la señal se corta, es un manto negro que termina cuando la chica está escuchando como la llevan de regreso hacia la caja de carga del camión… No existe nada en ese tiempo, ninguno de sus sentidos reacciona…

    —¡Le juro que es verdad todo lo que le dije!— Comentó Mairis nerviosa.

    El General tenía una mueca molesta y respiraba agitado —No se preocupe, Hellwell, le creemos, el solo hecho de que no existan recuerdos significa que algo le hicieron… Sin embargo no sabemos exactamente que fue… Sin embargo, tendrá que darnos más detalles sobre lo sucedido en esa cena suya…

    —Tratare de recordar hasta el último detalle, General Foreman. Se lo prometo— Contestó la chica con un rostro determinado.

    Del otro lado de la pared se encontraba el General Mundial Francisc Oster acompañado de la Dra. Sócalo Rótelo. Ambos observaban la escena detrás de un vidrio obscuro, invisible para los presentes en la habitación del interrogatorio.

    —Es una buena chica…— Dijo el viejo soldado.

    —Su carácter me recuerda mucho a Edward… Me impresiona el hecho de que haya dicho que intentó destruir la barrera mágica tan solo siendo una novata en el arte de la magia… Es valiente. Eso puede llegar a sernos muy útil en algún momento, ¿no lo cree?

    El hombre asintió ante las palabras de la doctora —Desearía que tomaran su propio destino fuera del ejército, pero parece ser que estos muchachos tienen el heroísmo en la sangre… es natural, vienen de familias muy importantes… Y si es asi, nuestro deber es alentarlos.

    Sócalo soltó una mofa —Te estas volviendo blando, Oster, antes hubiese hecho todo lo posible para tener a ese poder dentro de tus filas…

    El hombre asintió ligeramente —Puede ser, Rótelo. Sin embargo no puedo decir que no estoy emocionado por saber qué cosas puede hacer esta nueva generación… Espero vivir lo suficiente para poder verlo…— El hombre le hecho una mirada a la doctora.

    La mujer se acomodó el cabello y sonrió —Yo pienso lo mismo, aunque no lo creas…

    El hombre soltó una risa. Negó con la cabeza y observó a Mairis. Ella estaba hablando inundándose en detalles sobre lo que había visto dentro de aquel recuerdo que nadie más podía ver. Especificaba hasta en el olor del mismo lugar.

    —¿Entonces qué crees que paso?— Preguntó el anciano.

    Rótelo se llevó la mano a su mentón y levanto la cejas —Fue obra de Naum. Ese aparato que me mostraron cuando estábamos en GrayLagoon me lo dice todo, es una obra del Dr. Akira… Estoy segura que esos planos pertenecen a los libros saqueados hace doce años cuando encontraron aquella “Biblioteca de Akira”... Gracias a la diosa, ahora tengo la posibilidad de analizar ese sistema con el artilugio que tus soldados encontraron en aquellas fábricas de GrayLagoon. En cuanto lo descubra quizás pueda modificarlo para poder ver los recuerdos de Mairis Hellwell.

    —Me parece perfecto— Murmuró Francisc Oster con la vista perdida.

    El silencio inundó aquella habitación obscura.

    El hombre fue quien retomó de nuevo la conversación —Así que Naum está del lado de la mafia, ¿Quién lo creería? — Mencionó mientras ambos miraban al vidrio obscuro.

    —Las personas se van hacia donde se les ofrezca una mejor vida. Asi funcionan las empresas, la política, incluso la amistad o el amor… Queramos o no el humano ve por sí mismo… La mafia Lebore debió darle a Naum todas las facilidades para experimentar, no hay mejor oferta para un científico que esa.

    El anciano se separó de la ventana y se dirigió hacia la puerta. Tocó el mango de la puerta e hizo una última pregunta antes de marchar —¿Crees que estas del lado correcto, Sócalo?— Preguntó el General con curiosidad.

    La mujer soltó una risa delicia —Yo experimento con permiso y sin peligro de ser arrestada, con todas las facilidades y comodidad que el Gobierno Mundial me puede permitir, además de que me proporcionan toda la información de los libros del Dr. Akira que puedo requerir… Por supuesto que estoy del lado correcto…

    —Me alegra oír eso— El hombre abrió la puerta y se fue. Dejando sola a Sócalo.

    La doctora observo un poco más a Mairis antes de irse. Sonreía con alegría al verla sana, fuerte, llena de talento, joven, desbordante de vida.

    —Eres mi mejor trabajo…— Murmuro para sí misma con una sonrisa. Levantó el rostro con ego, antes de irse de la habitación.


    (...)​


    Durante una semana entera los soldados de más alto rango estuvieron rondando el pueblo de GrayLagoon.

    El alcalde Lope sufrió decenas de acusaciones, pero todas fueron desmentidas bajo una máscara de supuesta indignación. Al final nadie pudo encontrar ninguna prueba que lo involucrara con la mafia Lebore.

    El General Marcus Thomson había llegado a una solución con el hombre antes de la batalla en la mansión; Ignoraría todo lo sucedido si el alcalde Lope se dignaba a ayudarles en su operación de rescate… Realmente no había servido de gran cosa, pero parecía que Marcus cumpliría su promesa.

    Lope no se sentía a gusto a pesar de que aquel hombre mantendría su palabra, necesitaba destruir toda la evidencia que le inculpara. Después de todo, GrayLagoon entera le odiaba y si fuera por ellos, lo llevarían al mismo infierno de ser posible.

    En sus tiempos libres, cuando el Gobierno Mundial no estaba metiendo tanto sus narices en el pueblo, investigó hasta el último escondite donde podría estar la información. Sin embargo no encontró nada. Intentó más de una vez revisar la comisaria, pero siempre había más de dos pueblerinos dentro. El pueblo sabía lo que intentaba. Nunca le permitieron hacer nada sospechoso dentro de la comisaria. El lugar sagrado del héroe del pueblo, Chase Parker. El cual se
    recuperaba en el hospital de sus heridas y su desgaste. No habia abierto los ojos desde el destello que libero al pueblo de sus cadenas con nombre de Lebore.

    Al final de una larga semana, el ejército había dejado GrayLagoon y Lope se dirigía a la cama en el filo de la madrugada. De nuevo había sido otro día sin ningún éxito en su búsqueda de las evidencias.

    Caminaba por el jardín que llevaba a la mansión del alcalde detrás del ayuntamiento. Durante toda la semana la nieve nunca había dejado de caer, pero esa noche él observo que hacía más frio que otros días. Los arbustos de la entrada estaban congelándose poco a poco. Su aliento empezó a ser más marcado. Pronto se dio cuenta que los vidrios de la mansión empezaron a congelarse. Rápidamente sintió un frio que hacia gritar a los huesos.

    —Quiero que se vayan— Dijo una voz seria.

    El hombre dio un brinco y giró la cabeza lentamente. En su cuerpo sintió el verdadero pavor y conectó miradas con los ojos más helados que alguna vez había visto. Chase Parker estaba parado en las puertas traseras del ayuntamiento generando un potente poder de congelación. El hielo crecía a montones ahí donde su presencia permanecía.

    —Deberías estar en el hospital…— Comentó el alcalde con voz tartamuda.

    —No soporto seguir oliendo tu hedor por este pueblo…— Dijo el héroe con una voz seca.

    Estaba vestido de paciente de hospital. Su cabello estaba blanco completamente, al igual que sus ojos. Su piel era más pálida de lo común. Su cuerpo se miraba delgado, débil. Su rostro parecía el de un hombre a punto de morir, pero eso solo generaba más temor.

    Su bata también estaba plegándose de cristales de hielo. La presencia de aquel joven era siniestra. Levantó el brazo izquierdo, el único que le quedaba. En su mano apareció un pergamino.

    —En mi mano tengo los documentos que avalan tu traición…

    El alcalde Lope estaba temblando de frio y de furia — ¡El General Marcus Thomson me prometió…!

    —Yo no soy el General Thomson…— Interrumpió el hombre con una voz mucho más amenazante y unos ojos blancos espectrales. Su gesto era inexpresivo, pero su presencia era abrumadoramente aterradora.

    Lope empezó a negar con la cabeza. Estaba a punto de reclamar cuando de nuevo la voz de Chase le detuvo.

    —Quiero que te vayas en este preciso instante…— Aquellos ojos blancos estremecían al alcalde Lope. Era como si se perdiera en el infinito de una ventisca.
    —¡Soy el legítimo heredero de este pueblo!— Aulló el alcalde a manera de reproche, como todo un niño mimado.

    El joven empezó a bajar las escaleras. Su figura delgada y su apariencia enferma le hacían parecer un espectro. El hielo empezó a crearse a cada pisada de Chase. La nieve empezó a caer más fuerte, acompañada de fuertes vientos. Pronto el alcalde Lope ya no vio a un hombre, sino a un ser horripilante.

    —No me hagas repetirlo… Afuera te está esperando un carruaje. Te llevara a donde quieras… A donde sea que te vayas… no vuelvas.

    El joven se encontraba tan cerca. Su voz era mucho más siniestra ahora. Su aliento tan frio como el más crudo invierno. Una mirada fue más que suficiente para hacer cambiar la opinión de Lope.

    —Enseguida nos iremos…— Le respondió entre dientes Lope a Parker al tenerlo de enfrente. No podía hacer nada, estaba completamente derrotado. Su voluntad no era tan fuerte como para enfrentar a semejante monstruo.

    El alcalde se dio la vuelta y entró a la mansión rápidamente. Despertó a su familia y les informó de lo que estaba sucediendo. La familia, la esposa y sus dos hijos, rápidamente tomaron las cosas con mayor valor y crearon una maleta con la mejor ropa que poseían. Se abrigaron para la tormenta que parecía que se avecinaba.

    Chase desapareció poco a poco en forma de nieve. Lope lo vio desde la ventana mientras empacaba la maleta. Sintiendo un pavor por todo el cuerpo.

    Ya habían empacado. La familia corría por el jardín de la pequeña mansión. El lugar entero estaba vuelto hielo y la nieve continuaba cayendo a montones. La familia pudo ver como el hielo que cubría las paredes del ayuntamiento parecía estar desvaneciéndose.

    —¿A dónde iremos?— Preguntó la mujer de Lope.

    —Iremos a nuestra casa de playa en las costas de Maf. Quizás podamos contactarnos con mi hermano. Él es el legítimo heredero ahora que yo no estaré. Debe haber una manera de que evitar que ese sucio Parker logre apoderarse de este pueblo, ¡mi pueblo!— Refunfuñaba el pequeño hombre mientras corría por el interior del ayuntamiento.

    —¿Iremos a la playa en invierno? El agua estará fría, papá…— Se quejó el hijo mayor de Lope. Un chico de diez años.

    —No seas tonto, en Maf nunca hace frio. Es un desierto— Contestó el hijo menor.

    —¿A quién le dices tonto?— El hermano mayor golpeó en el hombro al menor. Comenzando una pelea de puños y quejidos.

    —¡Niños! ¡No peleen en un momento como este! ¡Papá tiene suficientes problemas en este momento!

    —Si consigo hablar con alguien de Lebore, quizás pueda lograr que asesinen a ese estúpido sheriff… Héroe del pueblo, mi trasero… Si mi hermano no me contacta, quizás pueda utilizar a mi hijo… Sin embargo yo debería desaparecer…— Murmuró Lope para sí mismo. Continúo soltando ideas e insultos por un par de minutos.

    Una vez llegado a la puerta la abrió con una patada y vio la carrosa. Sobre la carroza esperaba un hombre vestido de negro con un sombrero y una bufanda. El rostro del hombre era el de un anciano con la mirada cansada.

    Lope subió las maletas con prisa —¡Llévenos hasta Puerto Rojo, es por el Oeste si es que no lo sabía! ¡Y que sea lo más rápido posible!— Ordenó Lope al conductor, mientras seguía subiendo maletas y apoyaba a su mujer e hijos a subir hasta el interior de la carroza. Una vez adentro los caballos empezaron a jalar el carro.

    —¿Seguro que fue Parker, querido?— Cuestionó la mujer de Lope. Una mujer de su mismo tamaño, un poco regordeta y de gustos refinados —¡Ese hombre estaba en muy mal estado en el hospital!

    —Sus ojos… se veían raros… pero eran los mismos… Él era, estoy seguro, reconocería su sucio olor a sangre no legítima… Parece que arriesgo su vida en combate, su cabello y ojos blancos solo me dicen que le quedan unos años de vida… Quizás no tengamos que esperar demasiado para volver— Lope abrió las cortinas del carro, intentaba ver GrayLagoon, pero la tormenta era espesa e impedía la vista.

    —¿Qué hiciste padre?— Preguntó el hijo menor.

    —Están acusando a tu padre de delitos falsos…

    —¡Por lo de la mafia!

    —¡Cállate, idiota! ¡¿Cómo sabes eso?!

    —Los escuche hablar una vez durante la noche…

    —¡Eres un metiche!— Gruño el hermano mayor.

    —¡Cállense los dos!— Gritó Lope con el rostro enrojecido —No hice ningún crimen… Mi conciencia está limpia… No dejare que mi familia se vea involucrada en esta red de patrañas. Tenemos suficiente dinero para vivir muchos años. Incluso puede ser que no tengamos que volver a este pueblo viejo…

    La carrucha estaba pasando el letrero de bienvenida justo en ese momento.


    (...)​


    El recorrido fue largo.

    En mediados de lo que quedaba de la noche. La carroza tomó por el bosque. Era un camino alterno, casi deshabitado por lo complicado que era transcurrir por él, pero era el más corto para llegar a Puerto Rojo.

    Lope no durmió en toda el transcurso. Sintió durante toda la noche el golpe de aquella tormenta de nieve. Era como si la tormenta misma le siguiera. La nieve solo le recordaba más a Chase, al cual no pudo quitarse de la cabeza, seguía pensando en cómo vengarse de él por haberles hecho huir de su pueblo natal.
    Deseaba darle un final miserable a aquel muchacho. Se arrepentiría, pensaba.

    En medio del bosque la carroza tomó otro camino. Lope no se dio cuenta. Estaba demasiado distraído en sus planes maquiavélicos.

    La carroza se detuvo.

    —¡Hey! ¡¿Qué te pasa, anciano?!— Exclamó de rabia, mientras golpeaba la ventana.

    De pronto fue posible escuchar como los caballos se separaban de la carroza. Un azote los hizo correr. Dejando la carroza atrás en la eterna obscuridad del bosque en medio de una tormenta helada.

    —¿Qué? ¡Oye viejo! ¡¿Que está pasando?!— Lope trató de abrir la puerta, pero no podía. Entonces observó como las ventanas de las carrozas empezaron a congelarse. La puerta sobretodo, que estaba completamente helada.

    —¡¿Qué es esto…?!— Menciono en un chillido el alcalde.

    La familia empezó a despertarse al escuchar los desesperos de Lope al tratar de abrir la puerta. La familia lo único que hizo fue empeorar la situación.

    El hombre golpeó la puerta con su pesado cuerpo, pero no lograba hacer nada. Entonces escuchó como alguien tiraba líquido cerca de la carroza. Era el anciano. Bañó completamente el carro de ese líquido extraño de fuerte olor, un fuerte olor nada agradable.

    —¡Abra, maldito!— Algo estaba mal, uno de sus brazos parecía muy tieso.

    El anciano se puso de frente a la puerta. Desde ahí toda la familia observaba al anciano a través de las ventanas cristalizadas por el duro hielo. Aquel hombre viejo llevó su mano al rostro, en un desliz su rostro desapareció evaporándose en un vapor helado. Debajo de aquella mascara se encontraba Chase con su fría mirada.

    —Por la diosa…— Murmuró Lope.

    —Lo sé todo, Lope— Dijo Chase con un tono bastante serio.

    —¡Eso es algo que ya sabíamos muchacho!— Aulló el hombre golpeando la puerta.

    —No pareces entenderme…— El chico le dirigió una mirada intensa —Lo sé todo…— Aquellas palabras habían sido tan frías como la tormenta misma.

    Lope se quedó quieto. El tiempo pareció congelarse, envolviéndolo en una dimensión donde solo se encontraban, Chase, una ventana y él. Levantó el rostro y conectó miradas con los ojos blancos de aquel hombre siniestro.

    —Su padre y usted planearon la muerte de toda mi familia. Uno a uno se fueron deshaciendo de todo el linaje externo a la familia Lope. Tenían miedo. Sabían que no eran dignos del pueblo… Tú planeaste el ataque al barco de mi padre cuando fue a pescar. No se hundió durante la tormenta… Lo atacó acompañado de su padre y un grupo de la mafia Lebore, en esos tiempos apenas estaba empezando sus conexiones… Mi padre peleó contra ustedes y los bandidos. Sin embargo hicieron estallar el barco con mi hermano adentro. Mientras mi padre buscaba a mi hermano entre los restos, tú, Lope, le metiste un tiro en la cabeza... Sin embargo no contaban con que yo no hubiese estado en el barco ese día…

    —¿Cómo es que sabes todo eso…?— Preguntó el hombre en medio de un susurro.

    —Ahora entiendo porque me denigraste tanto, porque siempre me trataron como basura y como casi su esclavo. Querías hacerme huir de este pueblo…
    Siempre creí que mi familia estaba maldita, esos eran los rumores más comunes, pero no, eras tú, tratando de quebrantarme para que nunca pudiese quitarte tu lugar… Ahora veo que todos esos “accidentes” que me sucedieron durante mi crecimiento no fueron más que tu sucio instinto de supervivencia para eliminarme del juego… A la vez que también eliminabas a tus hermanos…

    —¿Qué está diciendo, amor?— Preguntó la mujer. Pero Lope no contestó.

    —Fue durante la época de la muerte de los Generales Mundiales, aprovechaste la situación para quitar del camino a dos de tus hermanas… Únicamente queda tu hermano menor. El cual ni siquiera sabes dónde está, ya que se desconectó completamente de la familia… No le interesaba tu sucia dinastía…

    —¡¿Cómo demonios sabes todo eso?!— Exclamó el hombre con miedo mientras golpeaba el vidrio en un pobre intento de escapar de la verdad.

    Chase se quedó callado unos segundos —Durante el destello de la explosión hubo una interacción extraña. Pude ver toda la vida de Calvar frente a mis ojos… Tenían una relación estrecha desde hace unos años, verdad… Le confiaste el asesinato de tus hermanas. Él estaba durante el asalto al barco de mi padre, era solo un adolecente, pero se encontraba en el grupo… Gracias a eso, pude verlo todo… Cada firma de contrato... Cada negocio, cada persona que pediste que eliminara por ser un peligroso potencial… Intentaron asesinarme en infinidad de veces, pero nunca tuvieron toda esa suerte.

    Lope estaba tartamudeando de rabia al ver a Chase tan seguro de todo lo que decía. Cada palabra era verdad. Un doloroso pasado que le perseguía siempre. En ese momento Parker parecía ser el fantasma de toda su codicia restregándole toda su mierda a la cara.

    —De algo estoy más que seguro, Lope…

    El alcalde le mantuvo la mirada expectante.

    —Yo, Chase Parker, tengo más sangre de Saúl F. Lope, que cualquiera de tus hijos o tú… Un grupo de cerdos, burgueses, presumidos, codiciosos y caprichosos… GrayLagoon necesita a un Parker… Y el mundo ya no necesita a ningún Lope…

    Chase chasqueó los dedos. Una llama encendió el carro. El aceite chorreado hizo prender el fuego con mayor intensidad. La familia entera empezó a gritar, mientras que Lope observaba paralizado la escena. El fuego empezó a consumir el carro. El humo empezó a contaminar el interior. Las llamas se volvieron
    intensas, quemando sin necesidad de estar en contacto con la piel. La familia aullaba de dolor y agonía. Lope cayó al suelo admirando su infierno. Negando con la cabeza lo que estaba sucediendo. Observando como su cuerpo empezaba a arder, al igual que observó claramente como la piel de sus hijos y amada empezaban a llenarse de apoyas que estallaban tan rápido como salían.

    —¡Parker, mátame a mí, pero a ellos no!— Pidió Lope.

    Chase observaba el fuego de la carroza sin expresión alguna. Bajó la cabeza y puso las manos en los bolsillos de su gabardina. Se dio la vuelta y empezó a caminar de regreso.

    —A ti no te importó matar a mi familia…— Dijo Parker con el tono perfecto para que Lope le escuchase —A mí no me importa si muere la tuya.

    Lope observó claramente como el joven se iba.

    —¡Parker!— Fue el último aullido que se escuchó de Lope.


    (...)​


    Para la mañana Chase había vuelto a su sala del hospital como un paciente cualquiera. La noticia de la huida de Lope fue tema de conversación por todo el pueblo. Más tarde encontraron los restos calcinados de la familia. Finalmente, tras la investigación y la evidencia de los tratos de la mafia, los detectives de Hericent concluyeron con que habían sido ejecutados por la mafia Lebore, ya que eran poseedores de información importante que podía perjudicar a la mafia de ser revelados.

    Se investigó la identidad de aquel hombre que había rentado la carroza en la que la familia murió. Sin embargo nunca se llegó a encontrar al culpable.
    Chase salió del hospital a la segunda semana después de los sucesos de la mansión Lope.

    Aunque seguía siendo atendido diariamente por el mejor doctor del pueblo se convirtió en alcalde el mismo día en que salió del hospital.


    (...)​


    Dos semanas después de los eventos de GrayLagoon, Claudio despertó de un largo sueño. La luz le dolía en las retinas. Se quejó en silencio mientras recuperaba la vista.

    Alguien pareció abrir la puerta y tan rápido la abrió la cerro, haciendo un ruido leve que destruía los oídos de Claudio. Una vez la puerta se cerró, respiro un poco, hizo unos quejidos y todo pareció calmarse.

    Tomó sus lentes. Ahora podía ver un poco más claro.

    Trató de levantarse, pero los brazos estaban débiles y su cuerpo parecía pesado.

    Se encontraba lleno de vendas por todo el cuerpo. Rápidamente se dio cuenta que se encontraba en una sala especial del hospital. La más lujosa de todas. Observó los distintos artefactos que le median todos los signos vitales. A su derecha se encontraban bolsas de suero. Había algo extraño, trataba de mover las piernas para acomodarse en la cama, pero no podía, el creyó que se debía a su debilidad. Rápidamente recuperó su sentido de la vista, al igual que el ruido ya no era tan escandaloso para sus tímpanos.

    Una mujer de bata abrió la puerta. Le sonrió al verle despierto.

    —¿Se encuentra bien, Teniente Claudio?— Le preguntó la mujer, mientras se acercaba rápidamente al hombre con una linterna. Le pego la luz al soldado. Al hombre le calaba, pero lo ignoro, sabía que era un proceso de los doctores.

    —Me siento cansado…— Respondió Claudio.

    —Es normal. Ha estado dos semanas postrado aquí. Tuvo unas cirugías para poder mantenerlo vivo. Fue fuerte, todo salió bien.

    Claudio no lograba recordar bien lo que había pasado.

    —¿Qué sucedió? ¿Por qué estoy aquí?

    —¿No recuerda nada?

    —No.

    —Debe ser parte del shock…

    En el pasillo se empezó a escuchar un escándalo. Las voces de unas jóvenes pedían a alguien que no pasara. Sin embargo aquella voz de un hombre que aullaba se escuchaba molesta. De pronto un hombre abrió la puerta de la habitación. Era Marcus Thomson, vestido con una bata azul que le quedaba corta. En el suelo cayó su perchero que cargaba su suero. El hombre tenía un rostro pálido y una barba de varios días. Al igual que unas profundas ojeras. Sus brazos se encontraban enyesados, tenían varios pedazos de hierro incrustados que le impedían mover sus brazos, el cuerpo del hombre estaba lleno de vendas al igual que el de Claudio.

    El Teniente le observó detalladamente y todos los recuerdos llegaron.

    —¡General! ¡Es un alivio verlo vivo! ¡¿Cómo se encuentra?!— Ahí fue cuando Claudio se percató de algo doloroso. Sus brazos habían reaccionado rápidamente. Todo su cuerpo había intentado levantarse. Todo, menos sus piernas.

    —¡Teniente Claudio manténgase en la cama! ¡General! ¡Salga por favor! ¡Enseguida podrá verlo!— Regañó la doctora.

    Los gritos de la mujer pasaron por los oídos de Marcus. Quien notó que Claudio acababa de darse cuenta de lo que le había sucedido.

    —¡General!— Aulló la doctora.

    El hombre apretó la quijada y asintió. Se dio la vuelta y salió por la puerta.

    —Eres un gran soldado, Claudio…— Murmuró el hombre antes de irse.

    Claudio estaba petrificado en la cama.

    —Tengo que hablarle de los sucesos de la cirugía…— Esas palabras solo justificaron lo que estaba sintiendo Claudio —Tuvo un combate en GrayLagoon, fue en la mansión Lope. La operación se llevó a cabo para poder rescatar a los rehenes del festival de LaneCloud y Hericent. Ellos están a salvo, todos y cada uno. No se preocupe por ellos… Usted tuvo un enfrentamiento, según los informes, con Mathias Altmayer, el líder de la mafia Lebore. Durante el combate usted sufrió una herida mortal. Fue atravesado por uno de los ataques de Altmayer. Su ataque le destrozó parte de la columna lumbar. Perdió mucha sangre. El ataque dañó partes de su intestino delgado y grueso. Sin contar la inmensa cantidad de golpes sufridos durante el enfrentamiento… La cirugía se llevó a cabo para poder mantenerlo con vida y reconstruir sus intestinos…

    —Dígalo doctora…

    La mujer apretó los labios —Sin embargo al sufrir una herida tan seria en la columna lumbar nos fue imposible poder hacer algo… Usted no va volver a caminar…

    Claudio apretó los dientes, tanto que casi sentía que rompería sus propios mandíbula.

    —Teniente, pero también debo de informarle que por su estado físico ya no podrá formar parte del ejercito… Lo siento.

    El hombre se tiró en la cama. Llevó su brazo hasta su frente recordando todo los sucesos. Todo el combate que había tenido contra aquel monstruo llamado Mathias Altmayer. Recordó exactamente todo el dolor que sintió en el momento en que fue atravesado. Sin embargo justo antes de desmayarse, también recordó que se sentía pleno, pues había salvado a Marcus…

    La doctora continuó dándole informes sobre lo que procedería para poder mantenerlo con vida. Le informó el tiempo que estaría en el hospital, las
    medicinas que tendría que tomar y todos los programas de rehabilitación con los que contaba el Gobierno Mundial para estos casos. La doctora continuó hablando de cosas que realmente a Claudio no le interesaban. Después de un largo comunicado, la doctora se despidió del hombre. Abrió la puerta y afuera se encontraba Marcus, esperando pacientemente.

    El General tuvo una charla afuera de la habitación con la mujer. La doctora se quejó con él. El hombre insistió en ver a Claudio. La charla terminó con los quejidos de la doctora yéndose del lugar.

    Marcus entró al cuarto de Claudio. Empujó una silla, pues no podía utilizar correctamente sus brazos por la cirugía de reconstrucción que le habían hecho. Gran parte de los huesos de sus brazos habían sido rotos.

    Tomó asiento a un lado de su subordinado. Las dos miradas se unieron. Claudio tenía una mirada cansada y triste. El joven estaba delgado, había perdido mucha masa, casi estaba a los huesos. El General no podía mover demasiado los brazos, pero hizo el esfuerzo de levantarlos, tocar la cabeza de Claudio y frotarle el cabello. Justo después el General empezó a llorar.

    —Nunca tendré un soldado tan leal. No creo que nadie haya tenido a alguien como tú en la vida…— Murmuró entre los sollozos con la cabeza abajo.

    Claudio soltó una mofa y negó con la cabeza —¿Qué es esa actitud tan deplorable General?

    Marcus dejó de llorar. Usó su hombro para limpiarse sus lágrimas y levantó la mirada. Su rostro parecía triste aun así —Tienes razón, Claudio. No me deben ver así…

    Claudio empezó a reír en silencio.

    Marcus simplemente sonrió ligeramente.

    —Como no sacrificaría mis piernas por el hombre que me salvo aquella noche de otoño en las ruinas de Rasew…

    Marcus soltó una risa apenada.

    —Recién había acabado la guerra entre Calani y Rasew, la comida y el agua escaseaba. Los bandidos tomaron el control de todas las ruinas y los puertos. Yo era un prófugo junto con mi hermana. Los bandidos nos buscaron para atraparnos y vendernos al mejor postor. Conocían mi descendencia. Ya corría los rumores en Rasew de un trio de hermanos de un linaje de los clanes masacrados en la cuarta guerra… Ahí en el frio de la noche asesinaron a mi hermana por intentar defenderme, a mí, a su pequeño hermano menor… Los bandidos iban detrás de mí. Pero usted apareció junto con su pelotón. Derrocaron a los bandidos y trajeron control. Recuerdo bien la imagen, todo su escuadrón murió… Usted se encontraba en la cima de los escombros con los cadáveres de aliados y enemigos a sus pies. Soltó un grito al filo de la luna. Era joven, era un novato, pero ya era el veterano de una fiera pelea. Usted me salvo de aquellos bandidos. Me tomó de la mano hasta llevarme a la base. Yo vi como usted y todos los soldados de Hericent reconstruyeron la sociedad de Rasew desde sus cimientos.

    Claudio volteó con Marcus —Siempre le estaré agradecido por haberme salvado esa noche. Y por todo lo que hizo por mí. Apoyarme en el orfanato de Hericent, entrenarme a pesar de que le molestaba que le buscara. Por haberme recomendado para entrar al ejército.

    El solado empezó a reír —Por la diosa, le agradezco por cada plato de comida, por cada consejo, por permitirme ser su sombra… Maldita sea, hasta agradezco que me dejara dar un discurso en su boda a pesar de que era un niño…

    Marcus empezó a reír a carcajeadas —¡Recuerdas eso!

    Claudio acompaño a Marcus en las risas —¡Por supuesto que sí! ¡Muero de vergüenza de solo recordarlo...!

    Los dos hombres continuaron riendo un momento más.

    Una vez llegado el silencio Claudio levantó el brazo y le tomó el hombro a Marcus —Así que por favor, General, no se sienta culpable por esto que hice por usted… Esto tan solo es una parte del pago por todo lo que hizo por mí— Dijo el hombre mirando a su maestro a los ojos. Aquellos ojos irradiaban una lealtad eterna nunca jamás vista.

    Marcus apretó los dientes y trató de no llorar.

    —Claudio… Estuve hablando con la Dra. Sócalo…

    —¿La jefa científica del Gobierno Mundial?

    —La misma… Le pregunte por la operación de reconstrucción de columna… No sé si la conozcas, fue uno de los avances en la medicina llevados por él Dr.
    Akira hace muchos años… No existe información concreta de como aquel hombre logró llevar a cabo esa cirugía, es información ultra secreta, pero es un hecho que existe. La cirugía puede ser llevada a cabo, ella misma dijo que la puede hacer, sin embargo dijo que corría sobre tu propio riesgo. La cirugía de no llevarse con los preparativos necesarios, puede llevar a la muerte. Casi ninguna de estas cirugías se ha concretado con éxito… A demás de que no es completamente efectiva, de llegar a darse equivocaciones en la cirugía puedes quedar completamente paralitico, o con disfunciones en el movimiento de tus piernas…

    —La hare.

    —¡Piénsalo un poco al menos!

    —Correré todo riesgo que necesite— El joven levantó su cuerpo con sus brazos —Hare lo que sea necesario para llevarlo a usted a la cima, General. Cumpliremos su sueño de traer paz a este continente y de ser posible al mundo. Y no puedo ayudarle desde esta cama o una silla de ruedas. Lo hare. Me hare la cirugía.

    Nuevamente esa mirada intimidó a Marcus. Era un joven persistente, valiente y temible. El mismo General sabía que era más fuerte que él.

    —Entonces la contactare.

    Claudio le puso la mano de enfrente al General —Le juro que sobreviviré a esa cirugía.

    Marcus negó con la cabeza y le sonrió —Yo sé que puedes hacerlo— Estrecharon las manos. Cada uno se vio a los ojos y rieron un poco más.


    (...)​


    Lejos de Hericent, en un laboratorio secreto en el continente de Nil, oculto entre la capital del mundo, Olimpia. En las profundidades de un edificio del Gobierno Mundial. Ahí se encontraba la Dra. Sócalo con un hombre misterioso de traje negro envuelto en las sombras.

    —Unos búhos me contaron que te vieron durante la noche en Hericent hablando con los huérfanos Arcnaik y Hellwell, ¿algo que gustes contarme?— Dijo una voz ronca y seca.

    La doctora y aquel hombre se encontraban en un laboratorio donde había decenas de equipos de alta tecnología. La luz era escasa. Solamente el tenue color de aquella luz ultravioleta que desprendían algunos de aquellos equipos. Existían muchas pantallas, al igual que muchos papeles por todos lados y algunos libros apilados.

    —Es sorprendente que esos chicos estén vivos… Va más lejos de todo lo que alguna vez creímos… Leí los informes, la chica dice que Naum estaba
    interesado en ellos... Realmente lo comprendo…

    —¿Pueden servirnos?

    La mujer soltó un suspiro. Metió su mano dentro de su bata y sacó cuatro hojas de papel dobladas. Se las otorgó a la fría mano del hombre.

    —En cuanto tuve oportunidad de robarles un poco de cabello, lo tome. En el momento en que llegue aquí los investigue. Todos parecen estar en perfectas condiciones. Sin embargo, ninguno parece haber sufrido destellos de “el gen evolutivo”.

    El hombre dobló las hojas después de echar un rápido vistazo. Las guardó en su saco con cuidado —Entonces no son más que personas normales. Qué triste, esperaba más.

    Sócalo volvió a meter sus manos a su bata — ¿Nunca supiste la razón de la muerte del primer hijo de Adán Arcnaik?

    —Fue asesinado por Adán.

    —Pero fue asesinado porque el niño desarrolló “el gen evolutivo”, fue incontrolable. De no haberlo parado posiblemente hubiese destruido la isla entera en la que vivían. El niño mutó. Arrasó con un bosque y una montaña entera… y eso que aquel niño solo tenía cuatro años…

    —¿A dónde quieres llegar?

    —El primer hijo de Adán falleció por no poder controlar sus poderes. Desde su nacimiento tuvo ataques explosivos de energía por culpa de ser débil ante el gen... El poder del gen evolutivo es demasiado poderoso, es la misma razón por la cual todos los hijos de todos los “sombra blanca” y “los cinco demonios”, todos fallecieron antes de nacer… Y hubiese seguido asi de no haber sido por nuestra intervención… Si esos chicos han sobrevivido solo existen dos razones: Nacieron sin el gen, o lograron adaptarse a él. Tendremos que seguir esperando para saberlo…

    —De ser posible que hayan nacido con el gen, quizás puedan servir como bases para continuar con los experimentos del Dr. Akira…— El hombre señaló ligeramente hacia el fondo de la habitación. Ahí donde había un cuarto de vidrio transparente empañado por lo helado dentro de la sala de operación que se encontraba dentro de él. Adentro se encontraba una camilla ligeramente iluminada, sobre la camilla de cirugías se encontraba lo que quedaba del cadáver de Calvar —Naum está avanzando en sus experimentos… Está intentando crear súper soldados. Está avanzando en ello, por lo que podemos ver… ¿Usted cuánto ha avanzado?

    La mujer le giró los ojos, se tomó de la cadera y habló en tono de protesta —A Naum no le están vigilando constantemente para saber si está haciendo algo ético o no. Ya he estado experimentando con los restos de ese cadáver. Las cinco esferas de las que me contó el Capitán Kian, por lo que pude reconocer por los daños del cuerpo parecían estar hechas a base de energía concentrada con una gran pureza, no cualquier humano es capaz de soportar los experimentos que se llevaron a cabo para lograr controlarlos. Estoy segura que Naum consumió cientos de vidas humanas en el proceso... Yo no puedo hacer eso… —Sé que eres capaz de lograr grandes cosas a pesar de esas limitaciones…. Es importante que descubras los secretos del Dr. Akira. Para eso se te ha otorgado la información de la biblioteca descubierta en Vega…

    —No bromees, para lo que pudieron traerme, mejor no me hubiese traído nada… Pero no se preocupe. Avanzaremos en la investigación. Tengo que hacerlo... Me queda poco tiempo… Nos queda poco tiempo.

    —Confió en usted— El hombre se dio la vuelta y caminó hacia la entrada. La puerta se abrió sola. La luz de la entrada generaba que solo se pudiese ver una sombra salir.

    —Quiero a lo huérfanos vigilados— Ordenó Sócalo con los brazos cruzados.

    —Están siendo vigilados por Claarn— Contestó el hombre rápidamente.

    —¿Todavía confías en Claarn? Se ha estado apartado de la organización desde que adopto a los chicos… A demás, nunca le comentaría algo como eso. Es fiel a Abraham. El viejo, ni Adán, ni Edward nunca nos permitieron tocar a los niños. Claarn tampoco lo hará.

    —He estado informándome sobre los chicos— Comentó el hombre —Martin Price hizo una reservación para una sesión de adopción de magia en Kadamia, al igual que una lancha en Calani. Si nos mantenemos informados por medio de personas externas a nosotros nadie sospechara…

    La mujer soltó una mofa. Metió sus manos a su bata y se dio la vuelta.

    —También vigila a los Generales Mundiales. Hasta hace poco empecé a prestar atención en los almacenes de desechos peligrosos. Alguien ha estado abasteciéndose de tabletas de Uranio… Nadie se percató de ello porque son desechos en su mayoría inservibles… Hasta donde sé, aparte de nosotros dos, nadie ha estado sufriendo el desgaste, nadie hasta ahora, ¿Por qué un General Mundial ocuparía esos residuos peligrosos? Puede que alguno de ellos este apoyando a alguien en las sombras sin decirnos.

    El hombre se mantuvo de pie en la puerta un par de segundos en completo silencio —Me hare cargo— Dijo con su voz ronca. Aquellas palabras se sintieron frías y peligrosas. Dio unos pasos adelante y la puerta se cerró. Dejando la habitación nuevamente en la obscuridad parcial del laboratorio.

    La doctora caminó hacia una máquina. Ahí había un vidrio reforzado en la que había cuatro muestras. La mujer hecho un vistazo al cuerpo que yacía en la mesa. Regresó su mirada hacia las muestras. Sócalo las miro con admiración.

    —Así que seguimos los pasos de nuestro maestro, Naum. Aun somos niños en comparación… Pero si tú lograste crear súper soldados… Quizás es mi turno de crear clones…— Dijo soltando una sonrisa.
     
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