Explícito El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik

Tema en 'Novelas' iniciado por Aldo MV Gallardo, 9 Enero 2018.

Cargando...
  1. Threadmarks: Prologo
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    3562
    [​IMG]

    SINOPSIS

    "En tiempos remotos una guerra entre los demonios, humanos y ángeles duró milenios. La llegada de un mago legendario trajo paz a una de las épocas más obscuras del mundo.

    Dos mil ochocientos ochenta y ocho años después los ángeles no han sido vistos otra vez, los demonios no existen y la humanidad está bajo el control de un Gobierno Mundial que mantiene desinformado y desactualizado a toda su población. Fue en una primavera de dicho año cuando los cuerpos de cinco personas son encontrados cerca del pueblo de LaneCloud: Dos de los líderes mundiales con sus respectivas esposas. Así como también el cadáver del heroe de la Cuarta Guerra Mundial, Abraham Arcnaik.
    Los huérfanos Arcnaik, Hellwell y el joven sin apellido, Kian, tendrán que vivir el inicio de una inevitable Quinta Guerra Mundial, acompañados de sus dos tutores, uno de los hijos de la familia gobernante de Milloria y un veterano de guerra. Descubriendo en el camino la cruda realidad del mundo en el que viven, al mismo tiempo que se ven envueltos en los misterios que este resguarda, como es el libro que se encontraba en posesión de los Arcnaik."



    Aquí
    te presento una Wiki en la cual puedes revisar fichas de personajes, datos sobre los reinos o hechos históricos que no han sido nombrados en la novela. Puede que contenga material interesante, no dudes en echarle un ojo si enserio te esta gustando "El Legado de los Héroes". La Wiki te esta esperando. Muchas gracias por leer.


    http://es.el-legado-de-los-heroes.wikia.com/wiki/El_Legado_de_los_Heroes_Wiki



    El mundo de "El Legado de los Héroes", mejor conocido como "Evelia", es basto y rico en paisajes que explorar. Aquí se encuentra un mapa por si un día llegas a perderte en sus inmensos paisajes.

    [​IMG]




    Prologo

    «Hace demasiado tiempo, demasiado para ser contado, un ser divino que nosotros conocemos por “Evelia”; extendió sus brazos ante la existencia y en un despliegue de su imaginación creó el universo. De la llama de su pasión nacieron las estrellas y Evelia las ordenó en semejanza al iris de sus ojos. De la pesadez de sus pensamientos se formaron las rocas que terminarían volviéndose planetas. La expansión del infinito continuó y con ello Evelia se decidió a explorarlo hasta llegar a un planeta en específico, donde Evelia se posó y del sudor de su esfuerzo creó los mares. Con un suspiro creo el aire. Levantó un dedo y la roca se elevó hasta crear un continente. Cortó un mechón de su eterna cabellera y lo enterró en la tierra, de él nacieron las plantas. Finalmente tocó la tierra y el mar, de su piel los animales nacieron, descendiendo por sus brazos. Ese planeta más tarde sería llamado Evelia en honor a su creadora, y aquella piedra que se elevó sobre el mar sería llamado el continente “Nil”. Lugar rebosante de prados gigantes, de inmensas superficies de desiertos y montañas tan elevadas que rascaban los márgenes del cielo. Sus temperaturas variaban en todos los sentidos, al igual que los animales, los cuales vivieron en armonía con el único ser vivo inteligente de esa era, la madre del todo, Evelia.»

    «Todos hemos creído que ella era un ser omnisciente, ¿pero y si no fuera así? Puede que la oportunidad de crearlo todo solo fue una autoexploración de su inmenso poder; poder que desconocía límites. Pienso que esa puede que sea la razón por la cual nuestra dichosa madre nunca ha vuelto con nosotros, creo que descubrió todo lo que tenía que descubrir con aquí. No digo que sea la razón, pero puede ser una posibilidad. Quizás ahora mismo se encuentra en otro lugar explorando con nuevas formas de vida, nuevas tribus, nuevas plantas, nuevos animales, cosas que quizás nunca veremos.»

    «Continuemos… Ella jugó con sus poderes, experimentó, intentó todo lo que su imaginación le permitiera. Al darse cuenta que podía crear cosas tan inmensas y hermosas como el universo entero, ella se preguntó:


    “¿Es posible crear algo semejante a mí?”​


    « ¡Que fascinante idea! La facilidad para poder jugar con el tesoro más preciado, la vida. Con honor, sin miedo, con libertad. Sin sufrir del amargo sabor de las leyes y las normas. Solamente la curiosidad de descubrir el mundo... El sueño de un investigador... »

    «Evelia tomó la montaña más grande y dura de Nil, la moldeó en base a su deseo y mezcló una parte de su espíritu con una parte de su pensamiento introduciéndolo al fondo de esa figura de piedra. Jugó con la vida sin saber que podría encontrar, y de su primer intento nació el ser más terrorífico del que la humanidad ha guardado memoria, Bagar, el rey demonio, el primer demonio, el primer ser vivo inteligente en la existencia.»

    «Aunque la diosa no lo sabía en ese momento, ella creó un ser con demasiado poder, pero como iba a saberlo, la única forma de medir su poder era con ella misma. Bagar dobló la rodilla por única vez rindiendo afecto, lealtad y su vida ante su creadora. Evelia como toda una madre amó a su hijo, tanto como a todos los que siguieron de Bagar.»

    « “Demonios”, los primeros seres que existieron en este planeta después de los animales o las plantas. Se dice que de los restos de la montaña usada en Bagar creó a los primeros demonios. En Nil, su continente, ellos pudieron convivir a su propia manera. Se les otorgó todo, alimentos, ambientes, agua, climas, magia. Los primeros hijos fueron consentidos con el amor incondicional de la diosa, la cual se maravillaba tras cada acción que ellos pudiesen hacer. Mucho más interesante que los animales y las plantas. Bestias en toda su magnitud.»

    «Aquí la diosa y la humanidad piensan muy diferente. Ellos eran espantosos. Su cultura era escasa. Que puede tener de interesante una raza de bárbaros cuyo mayor pasatiempo era pelear entre ellos mismos. Se dedicaban a cazar, mayormente por diversión que por hambre. Sus construcciones y viviendas fueron más bien pocas. Su evolución como especie inteligente fue tan pobre que lo más importante que crearon fueron armas tan simples como un tronco amarrado a una gran piedra para golpear con mayor fuerza en los combates. Sin embargo, eran los reyes de este planeta, seres que envejecían lentamente y que rara vez enfermaban, de pocos sentimientos, pero que adoraban a la diosa por haberle dado la vida a su raza.»

    «Un mundo dominado por este tipo de seres… siendo sincero me es imposible imaginarlo.»

    «Es imposible saber cuándo duro el reinado de los demonios. Ellos no tomaban el tiempo, ni mucho menos crearon archivos que narraran los sucesos durante aquella era. Lo poco que sabemos fue descubierto de distintos relatos de viejos demonios que ayudaron en la compresión entre las dos especies. No todos los demonios eran tan brutos, algunos realmente eran muy interesados en los conocimientos. Aunque la mayoría de ellos eran renegados y abucheados por el pueblo de los demonios. Sin embargo estos demonios no aparecieron hasta años después de “El Primer Contacto”.»

    «En cierto momento, de cierto día a la diosa le nació una idea. Ella creía que estos seres podían ser mejorados, ella podía hacer algo mejor que los demonios. Así que se decidió nuevamente a jugar, por segunda vez, con la vida inteligente.»

    «Creó un segundo continente, Dorinda. Arrancó el árbol más grande de aquella nueva tierra. De su madera y hojas armó las figuras de su nueva creación. Tomó una gran parte de su espíritu, pero esta vez lo repartió entre todas las figuras creadas. Agarró un pedazo de su conocimiento y pensamiento, al igual que su espíritu, repartió una pequeña parte a cada uno. La humanidad abrió los ojos y por un instante fueron capaces de ver la inmensidad y belleza del universo. Ante Evelia los primeros hombres doblaron la rodilla en una eterna devoción.»

    «Los hombres eran seres inteligentes, analizadores, razonables, con valores y sentimientos más allá de lo que los demonios alguna vez desarrollaron. Pero nosotros no teníamos magia, no podíamos utilizarla, al igual que no teníamos esa increíble longevidad, pero éramos fuertes y resistentes, no tanto como los demonios, pero si lo suficiente como para coexistir en un ambiente hostil.»

    «A diferencia de los demonios, los humanos por esos momentos no peleaban entre sí. Todos vivían en paz y armonía en Etheros, el primer reino de los humanos, reino hecho para honrar la existencia dada por nuestra madre, construido en la tierra de donde se arrancó el árbol que nos dio nuestro cuerpo. Se sabe que la diosa quedó tan maravillada con nosotros que incluso vivió a nuestro lado durante los primeros años de existencia. A los ojos de la diosa éramos perfectos, su mejor creación, su mayor orgullo.»

    «Con el tiempo los humanos se siguieron esparciendo por toda Dorinda. Aunque se desconoce cuántas generaciones pasaron exactamente después de terminar la construcción de Frandall y los otros reinos. Al igual que se desconoce cuántas generaciones pasaron exactamente cuando en aquel reino, después de muchos años de paz y armonía, se sintió por primera vez el verdadero terror. Fue en Frandall, reino de las costas, donde hubo la primera interacción entre ambas especies, evento conocido como “El Primer Contacto”.»

    «Los demonios se dieron cuenta de ese amor que la diosa tenía hacia los humanos. Corroídos por los celos, olvidaron su adoración por la diosa y atacaron a los humanos para exterminarlos, enceguecidos por el abandono de su amada madre, por el amor compartido hacia algo más que ellos. Bagar trajo la destrucción y muerte a Dorinda, no importó palabra que Evelia dijese a su primer hijo, nada nunca le hizo cambiar su tan errática decisión. La guerra estalló poco después del primer encuentro.»

    «Los humanos lucharon contra los demonios durante más de cien años, pero sin ninguna forma de ganar, los demonios con su poder mágico tenían la ventaja y casi lograron su objetivo, casi nos exterminaron.»

    «La diosa no interfirió, no quería dañar a ninguno de sus hijos, no con sus manos. Aterrada y entre un llanto extenso, de sus lágrimas creó una tercera especie inteligente, “Los Ángeles”. Seres humanoides casi idénticos a los humanos, con ligeras excepciones, como su larga cabellera plateada, sus largas alas llenas de plumas perfectamente blancas y su inmenso poder mágico. Ellos siguieron el deseo de su madre sin recibir ninguna orden.»

    «En medio de una guerra intensa en Etheros donde el final parecía claro. La humanidad volteo al cielo en busca de esperanza, los ángeles llegaron de las nubes atacando a los demonios. Era el destino y la humanidad luchó por su futuro. Humanos y ángeles pelearon codo a codo, desterrando a los demonios de Dorinda y en el paso, casi venciendo a Bagar. Tras esa victoria los humanos alzaron un canto en agradecimiento a la eterna madre, al canto se le unieron los ángeles. Evelia dejó de llorar, pero observó cómo sus primeros hijos huían renegados y decididos a oponerse sobre los mandatos de su madre, por ahora y por siempre. De esa forma los humanos ya no perdieron la guerra. Lucharon junto a los ángeles durante generaciones, confiábamos en ellos, nuestros héroes, nuestros verdaderos hermanos.»

    «Tras el final de la canción de la victoria nunca más se volvió a saber nada de Evelia, nadie la volvió a ver, ni demonios, ni ángeles, ni humanos. Se cree que confió en los ángeles para mantener el control de Evelia. Pudo marcharse en paz. La vida continuaría, los humanos crecerían, los ángeles les protegerían y quizás los demonios aprenderían a convivir con ellos. Sin ninguna palabra de despedida, se marchó.»

    «La humanidad se recuperó de la guerra y durante muchos años se dedicaron únicamente a la defensa de sus territorios ayudados por los ángeles. Esta vida más tranquila ocasionó que los humanos conquistarán por completo todo Dorinda, esparciendo a la humanidad por todas sus tierras. Y alcanzando el conocimiento de nuevas ciencias y tecnologías. Fueron años prósperos.»

    «Las guerras posteriores serían conocidas en conjunto como “La Guerra de las Especies”. Debido a las primeras guerras los humanos consiguieron un odio hacia los demonios que concluyo en la creación de un enorme ejército movido por la venganza. La humanidad convenció a los ángeles de seguirlos, aprovechando el mandato que ataba a los ángeles a protegerles y así llevaron la guerra a tierras demoníacas. La guerra continuó con más sangre que nunca.»

    «Pasaron algunas generaciones, hasta que en un momento los ángeles se preguntaron el por qué deberían continuar en aquella absurda y eterna batalla. No era necesario el derramamiento de más sangre de los suyos, mucho menos por una venganza de los humanos. Sintiéndose como nada mas que unas armas que usaban sus protegidos a su favor, proclamaron su deserción ante los humanos, rompiendo el juramento con Evelia. Al igual que ella, abandonaron a los humanos y los demonios.»

    «Entre todos los ángeles crearon un tercer continente, Giles, un continente únicamente para ellos. Sin embargo ellos sabían que la guerra no podía ser ganada por lo humanos en el estado en el que nos encontrábamos, con el tiempo volveríamos a necesitar de su ayuda y eso no volvería a pasar. Así que decidieron otorgar el poder mágico a los humanos, únicamente a una elite que formaría el ejército más poderoso de la humanidad.»

    «La magia fue otorgada y algunos ángeles se fueron, los otros ángeles se quedaron con los humanos hasta terminar de instruirlos en el uso de la magia. Cuando los humanos habían dominado la magia por completo el último de los ángeles se fue. Se encerraron en Giles cubiertos de una barrera mágica protectora e ilusoria que impedía el paso de cualquiera. Desde entonces los ángeles nunca más volvieron a ser vistos por los humanos, ni por los demonios.»

    «Algunos creyentes tienen la suposición de que la razón principal por la cual la diosa nunca volvió a Evelia fue por este peculiar caso entre los ángeles y los humanos. Se cree que la razón por la que a los humanos no se nos dio la magia fue porque dicho poder nos corrompería. Nos controlaría intentando encontrar más poder hasta llegar a ser como los mismos demonios, hambrientos luchadores únicamente existentes para demostrar nuestro poderío ante todos los demás. Sin embargo difiero de este pensamiento, creó que la magia ha traído muchas ventajas hacia el desarrollo de la humanidad. La tecnología, el arte, la música, la infraestructura, el conocimiento, la filosofía, la religión y la ciencia se han desarrollado favorablemente debido a este factor. Pienso que la magia nos ha hecho evolucionar a un nivel jamás pensado por los primeros hombres, y eso es bueno.»

    «Los humanos teníamos ahora la magia, así que luchamos contra los demonios con pasión, con honor y con fiereza. Así fue durante años, pero lamentablemente seguíamos perdiendo ante los demonios.»

    «Fue hasta la llegada de Chasoul Singuest, “el elegido por la diosa para poner fin a la guerra”, “el guerrero legendario”, “el hombre bendecido por la diosa”, como gusten llamarle. Fue gracias a él, sus valientes lanceros y sus poderosos guardianes que pudimos mantenernos a flote en el fin de la guerra. Aunque la guerra no vio su punto final hasta llegado al momento en el que los demonios nos conquistaron casi por completo. Llevados al límite fuimos arrastrados al último bastión de la humanidad, Songar, el reino de las montañas, la fortaleza impenetrable.»

    «Bagar nos había derrotado en todos los sentidos, unió a todos los demonios y los llevó al otro lado de la brecha continental para exterminarnos. Aplastó el reino legendario de Etheros y cada uno de los reinos de todo Dorinda, a excepción de Songar, donde se llevó la batalla final.»

    «Chasoul Singuest luchó contra Bagar en medio de la última batalla por nuestra sobrevivencia. Su sola presencia aterrorizaba a los demonios e incluso al mismo Bagar. La última batalla fue larga, pero con la valentía de Chasoul la humanidad nunca se rindió y peleó hasta el final. Cuando la guerra se encontraba en su apogeo, de entre la luz del amanecer se levantó de entre las montañas la sombra de un hombre, levantó la cabeza cercenada de Bagar y los demonios se rindieron. La lucha más larga jamás vivida había terminado.»

    «Entre todos los magos que quedaban en la humanidad se juntaron y exiliaron a los demonios de esta realidad, confinados a vagar por la eternidad en un páramo desconocido atemporal. Con el exilio de los demonios se dio por finalizada la guerra, trayendo la paz de nuevo a Evelia.»

    «La historia ha sido larga en nuestro planeta, tan solo piénselo, han pasado 2700 años desde la derrota de Bagar, se dice fácil, pero en realidad es mucho, mucho, mucho tiempo. Ha habido grandes guerras a lo largo de los milenios y desde ese día siempre que una guerra que pudiera señalar una gran pérdida de seres humanos, nacería un guerrero al que llamaríamos Chasoul. Esa fue la visión de nuestros antepasados. Ese es el titulo máximo que un bravo guerrero tendría cuando este lograra grandes acciones para poder dar un fin a las guerras más grandes de la humanidad. No han nacido muchos hasta la fecha, sólo cuatro, parecen pocos, pero para la humanidad creó que han sido demasiados. Cada uno de los nacidos hasta esta fecha han demostrado tener el mismo nivel y determinación que su primer guerrero, formando parte de la historia acabando guerras largas y sangrientas.»

    «Haciendo un corte, quisiera señalar por cierto, para quien no lo sepa, aquí se encuentra al que llamamos el cuarto Chasoul. Esperamos grandes cosas de usted, Sr. Oparaka. Su fuerza nos ha llevado a luchar con gran pasión contra “Los Brujos”. Sigamos luchando con la misma virtud que hemos tenido hasta ahora.»

    «Retomando… Por si alguien no lo sabe, no fue por el regreso de Bagar que han nacido otros tres Chasoul's, sino por la misma humanidad y sus acciones absurdas, peleando entre sí, generando revoluciones y guerras por motivos, que cada quien puede tener su opinión, estaban bien o mal fundamentadas. Una vez venciendo a los demonios, los humanos empezaron a pelear entre sí por distintos motivos, poder político, territorios, deslealtades o falta de honor. Injusta, amor o simplemente odio. No quiero compararnos con los demonios, no lo somos, hacemos la guerra por motivos, no como los demonios cuando luchaban entre sí. Sin embargo, hay humanos que son iguales a los demonios, algunos son incluso peores. Hay muchos casos. Demasiados para ser nombrados ahora mismo.»

    « ¿Acaso creen que la diosa quisiera esto para nosotros? No, claro que no. Temo decírselo, buenos hombres, pero ya no hay diosa, ni ángeles y los pocos demonios que quedan solamente pueden existir en nuestro mundo con ayuda de un cuerpo humano tras cruzar entre fisuras del hechizo dimensional de Chasoul Singuest. Temo decirles esto, pero estamos solos, solamente hay humanos.»

    «Esta es la historia del mundo, si se dieron cuenta los humanos siempre ocupamos de alguien para poder sobrevivir, la diosa, los ángeles y después los Chasoul’s. No olvidemos que la diosa “Nos ama”, pero, permite que nos matemos entre nosotros ¿Qué clase de amor es ese?, pregunto, porque no lo sé. Aun así las personas siguen creyendo en la diosa y su amor. Estoy perfectamente consciente de que creer en una y otra cosa es algo que depende de cada uno. También comprendo que no es la mejor forma de venderles mis ideas criticando algo tan sagrado como es la religión, pero yo estuve en aquel lado de los creyentes y se de lo que les hablo. Créanme cuando les digo que ahora mismo no hay nada que la diosa haga por nosotros.»

    «Yo opino que los humanos podemos vivir sin miedo a la rebelión de nadie, ni de humanos, ni de demonios. Incluso si algún día los ángeles se decidieran a atacarnos o por otro lado si a la diosa le diera curiosidad por crear otro ser vivo poderoso que viviera en nuestro planeta. Por lo que sea. Nosotros podemos vivir tranquilos, si tan solo hubiera control. Yo puedo darles ese poder, curar enfermedades, lesiones, juventud, puedo darles eternidad y sobre todo un orden. Solo tienen que dejarme experimentar con humanos, solo tienen que creer en mí y en el futuro que les planteo.»



    —Introducción de la conferencia por el permiso en experimentación humana—

    —Dr. Akira Dorian Wish—​
     
    Última edición: 23 Marzo 2019 a las 6:05 PM
  2. Threadmarks: [ Parte 1] Capitulo 1 - El fin de una era
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    18007
    Capítulo 1 — Fin de una era

    En una noche donde la luna baña de luz tenue las vistas que las sombras manchan. Imágenes perturbadoras yacen en el bosque, cuerpos ensangrentados, todo tipo de armas regadas en el suelo. Decenas de árboles han sido derribados y extensiones inmensas de tierra modificada. Al fondo del bosque se encuentra unas llamas que se esparcen rápidamente de rama en rama. El cielo ya no parece tan obscuro donde se encuentra ese enorme cráter ardiente. No había en su alrededor ni plantas, ni pasto y los tallos de árboles habían sido calcinados dejando únicamente piedras tan ardientes como las de un volcán. En medio de este cráter yace en el suelo un cuerpo, es un hombre viejo. Su cuerpo tiene heridas por montones, tanto de balas como de armas punzantes, como serian puñales y espadas. Tenía más de una mancha hecha por el impacto de más de un hechizo. Esas venas negras que le recorrían por más de una extremidad demostraban que había sido envenenado y que el veneno se esparcido debido a los últimos flujos de sus venas. A pesar de todo lo descrito el rostro arrugado, cabello enmarañado y largo de color grisáceo, al igual que su barba, mostraba un gesto decidido y amenazador aun a pesar de estar muerto.
    Las pisadas de decenas de hombres se escuchan a la lejanía. Las voces de estas personas gritaban desesperadas. Soldados con uniformes de diferentes colores, telas y logos cruzan el destrozado bosque. Colores pertenecientes a cada reino. Algunos buenos hombres lanzan agua de sus palmas para apagar las llamas del incendio. Otros vuelan la superficie rodeando el cráter. Finalmente un escuadrón llego hasta la ardiente deformación. Sus cuerpos resentían el inmenso calor a pesar de que algunos de esos hombres son magos de fuego. Los ojos de todos miran horrorizados la escena de la que son participe. El viejo hombre llevaba puesto lo que eran retazos de unos pantalones caqui. Una camisa de botones consumida en su mayoría por las llamas. Aquel chaleco marrón empezaba a carbonizarse. Los bocacines negros probablemente ya se habían unido a los pies del hombre. Un atuendo que en su buen estado pudo haber sido una buena vestimenta, sin embargo se encontraba desgarrado, quemado y desintegrado en más de un lugar. La sola imagen del hombre muerto en el suelo helaba los rostros de todos aquellos que presenciaban la imagen.
    Abraham Arcnaik, así lo llamaron. Debía ser alguien importante ya que las lágrimas caían a montones de muchos de los soldados que se encontraban en el lugar. Algunos decían cosas como: “No lo puedo creer”, otros algo como: “Es sorprendente”, “¿Quién puso hacer esto?”, entre otras muchas cuestiones y dudas. Demasiadas para poder narrarlas todas.
    En un lugar más lejano, en un pueblo destrozado que ardía en llamas se encontraba una alta colina. Una hermosa mansión se admiraba desde la misma. Rodeada de árboles, con un terreno inmenso a sus espaldas, unos establos derrumbados y enorme jardín que florecía desde el inicio del terreno hasta llegar a la casa. Un camino de ladrillo guiaba la dirección desde la avenida principal hasta la entrada. Un escuadrón de soldados pisoteó las flores, al igual que destrozaron la tierra que formaba el jardín con las llantas de sus pesados vehículos blindados.
    Al subir se encontraron con la tétrica escena que a más de uno le puso la piel de gallina. El cuerpo de una mujer con múltiples orificios de diferentes tamaños que le atravesaban la piel. Un charco de sangre que cada vez parecía hacerse más grande aunque este se esparcía más y más lento. Lo peor de todo eran los llantos de un niño pelirrojo que se encontraba enfrente de aquella mujer.
    De lejos se podía notar lo fina que era aquella dama, usaba unos jeans ajustados azules, unas botas largas de color negro y una camisa delgada abombada de color blanco combinada con uno collar de preciosas piedras y unos aretes a juego. Heidi Greenburn exclamaron impactados unos de los soldados. Llegaron con el cuerpo, apartaron al niño y trataron de revisar si aún quedaba vida dentro de ella, pero no era así.
    De la gran casa un joven salió con un bebe, que aun después de todo el gran escándalo que había afuera, el infante seguía plenamente dormido. El joven estaba vestido con unos vaqueros caqui y una camisa blanca de botones sencilla. Tenía su pelo ondulado, semilargo casi creando un afro de color castaño. Su rostro aclaraba que era un adolecente, no más de unos quince años. Su rostro denotaba preocupación, alegría, miedo, duda, todo mezclado completamente en un coctel de emociones dentro de sí. El chico llamaba al niño por su nombre: “Bastian” gritó más de una vez, sin embargo el niño seguía estático envuelto en un shock, viendo como los soldados checaban el cuerpo de la mujer. Los ojos marrones de este niño estaban inundados de lágrimas y en su voz ya no había más llanto, solo un grito ahogado.
    Un soldado llego con el joven que había salido de la casa y lo tomo del brazo, otro hombre tomo al bebe mientras le decía al joven que se calmase, pues este empezó a actuar de manera errante. Lo tomaron de los hombros y le informaron que lo llevarían al cuartel de Hericent. Los brazos temblorosos del joven dejaron de jalonear y desistieron a ser llevados hacia el carro blindado. Cuando uno de los soldados llego con Bastian lo tomo en brazos con dificultad, el niño empezó a patalear y empujar mientras gritaban de manera desgarradora — ¡No me alejen de ella, no puede morir…! ¡Mamá! ¡Levántate mamá!— El niño no quería aceptar que acababa de ver a su madre perder la vida. Le taparon los ojos y se lo llevaron en una camioneta del ejército que acababa de subir la empinada pendiente. Jaloneo la mano del hombre que le tapaba la vista y puedo echar un última mirada al cuerpo de su madre. Los soldados negaban con la cabeza mientras que otro se acercaba con una manta negra.

    —¡No!— Grito el niño. Finalizando con un llanto desmedido. Ahogando sus penas y su dolor en el pecho de aquel soldado que apenas era tan fuerte como para poder soportar ver a un niño gritar de esa manera.

    Al bajar la colina en la camioneta del ejército, el joven que cargaba al bebe en la mansión movió las cortinillas que bloqueaban la vista por la venta. Pudo ver las llamas que consumían al pueblo en el que se encontraban. Una lagrima bajo por su mejilla. Ni siquiera saber que el Gobierno Mundial había llegado a salvarlos lo hacía sentir bien. Temía por la vida de los pueblerinos. Quería salir de aquel auto e ir a ayudar, pero que podría hacer, solo molestar a los verdaderos soldados.
    Durante el viaje Bastian no dejo de derramar lágrimas, su pantalón se encontraba manchado de la sangre de su madre, sus manos completamente rojas. Tenía manchas en la camisa y sangre embarrada en la cara tras haberse limpiado las lágrimas con sus manos pintadas. Ahora solo soltaba unos gemidos apenas nítidos.

    —Kian, ¿A dónde nos llevan?— Pregunto el niño sin levantar la mirada de sus rodillas.

    El joven estaba a punto de contestar cuando uno de los soldados hablo con voz gruesa e imponente —Hacia el Cuartel del Gobierno Mundial en el pueblo de Hericent, el pueblo vecino a LaneCloud.

    Después de que el hombre dejara de hablar, el joven al cual Bastian se dirigió como Kian toco la rodilla bañada en sangre de Bastian, tratando de calmarlo —Todo estará bien, estamos a salvo— Kian hizo una mueca con los labios, apretándolos con fuerza. Sus ojos estaban mojados. Sostuvo la mirada, pero Bastian nunca la intercepto. Finalmente dejo de mirarlo y trato de calmarse a sí mismo, tenía que aceptar todo lo que estaba pasando. Cerró la cortina una vez más, después de ver unos cuerpos tirados en la banqueta. Cuerpos pertenecientes a unos jóvenes mercaderes que él conocía.


    (...)​


    En unos minutos llegaron al otro pueblo, era solamente un poco más grande que el pueblo del que venían, no era una sorpresa llegar ahí, después de todo ya habían visitado aquel pueblo antes. Lo único que dividía a los dos pueblos era un rio y una vía rápida. Hericent se encontraba poco mejor de lo que LaneCloud se encontraba. Algunas casas estaban al punto del derrumbe. Muchas mantas negras cubrían los cuerpos de personas y más de un casquillo de bala se encontraba en el piso. Los militares cruzaban por todo el pueblo encaminando a civiles y bandidos. Se encontraba infestado de automóviles militares, carretas, armas, helicópteros llegaban cada minuto trayendo más soldados. Algo grande había sucedido.
    Tuvieron que continuar a pie ya que era muy difícil mantener el movimiento del vehículo en el pueblo con tanto soldado por todos lados. Tras una caminata de unos largos minutos llegaron al Cuartel del Gobierno Mundial de Hericent.
    El cuartel era enorme, unos 4 pisos lo formaban, y su terreno se esparcía a lo lejos. Tenía bonita decoración y estaba hecho de ladrillos rojos, sus pilares eran blancos y las ventanas eran grandes, un techo de cemento que funcionaba como torres le protegían. A sus dos lados se encontraban dos áreas de entrenamiento militar y a sus espaldas se encontraba un hangar de tamaño medio, al igual que unos túneles por los que salían y entraban vehículos de toda clase. Afuera de este se encontraban docenas de soldados vigilando los alrededores, pasaban escuadrones completos con bandas en la cintura de distintos colores al igual que sus uniformes, los cuales indicaban que provenían de distintos reinos. El edificio estaba rodeado de casas de acampar inmensas, todo el patio del cuartel estaba cubierto por ellas, soldados salían y entraban de una a otra, un desfile de estrés y trabajo se hacía notar.
    Adentro del edificio se estaba interrogando a gente en distintas oficinas, una que otra no dedicada exclusivamente a ese tipo de asuntos. Pasaban enfermeros y doctores con gente herida por los pasillos, pues el cuartel también servía como un hospital, aunque únicamente para familiares de soldados y los mismos soldados. Para quien no perteneciera a estos nexos se encontraba el pequeño hospital del Gobierno Mundial al otro lado del pueblo. Más pequeño, menos empleados, menor profesionalidad. Subía y bajaba gente que parecía ser importante, tanto de grado militar como gente perteneciente a familias de la realeza, que en los tiempos actuales cada vez eran más pocas.
    Los soldados llevaron a los chicos al segundo piso a través de montones de personas y soldados. El ruido, era incesante y el ambiente estresante. El solo estar en un lugar tan concurrido causaba enfado. Al llegar al segundo piso dejaron a Kian y Bastian en una banca. Tomaron al bebe y se lo llevaron a un área especial. No sin antes comentárselo al joven que lo había estado cargando cuando fueron encontrados. Intentaron comunicárselo también a Bastian, pero este poco reaccionaba.
    Recibieron la orden de mantenerse en la banca, pues supuestamente serian interrogados para saber qué era lo que sabían o habían visto en la mansión. Los soldados que les habían llevado hasta ahí desaparecieron tan rápido como habían subido. No tardó mucho para que Kian fuese llamado a la sala número diecisiete.

    —Quédate aquí, Bastian. Volveré tan pronto como pueda.— Kian le tomó del brazo y le sonrió. El niño no mostro ningún gesto, de hecho, no parecía haber escuchado nada de lo que Kian le había dicho. Solo le observo alejarse hasta la puerta gris que estaba abierta, sostenida por un hombre alto y delgado con un bigote tan gris como su cabello. Bastian se quedó quieto en el banco. Incapaz de pensar en otra cosa que no fuera la imagen de su madre y el paradero de su abuelo y padre. Apretó los dientes y se tapó los oídos para bloquear el chirriante ruido.

    Kian entro a la sala diecisiete, temeroso, temblando, no sabía que podrían pensar de él ni que es lo que esperaba que les dijese, pero debía terminar pronto, no quería dejar a Bastian solo tanto tiempo.
    La habitación estaba pintada de un color gris sin nada más que una mesa, dos sillas y dos lockers en las esquinas traseras. Kian se sentó lentamente en una de las sillas. El hombre que sostenía la puerta paso después de él. Dentro de la sala se encontraba torres altas de papeles. El hombre se sentó en la silla frente a la mesa de color gris, como la pintura de la pared, como la mesa, como los folders de las torres de los papeles, como todo en esa habitación. El hombre abrió la carpeta que tenía en la mano, lanzo un fuerte suspiro, se notaba estresado. Era un hombre adulto, aparentaba unos cincuenta años; lleva puesto una camisa blanca, mangas recogidas, con pantalón de vestir y su saco de color gris colgada de la silla donde se encontraba sentado.

    —Soy el detective Fabricio Lecter, empecemos…— Murmuro, pero después entrecerró los ojos, seguido de un levantamiento de ceja, como si no entendiera lo que acaba de leer. Hizo una mueca y tomó una hoja blanca del escritorio y con la pluma que ya tenía en su mano se dispuso a escribir.

    —¿Tu nombre completo es…?

    —Kian, señor…— Contesto con tono agudo. Aclaro la garganta, retomo la respuesta — Kian, no tengo apellido— El hombre lo volteo a ver, Kian solo giro los ojos a otro lado, no quería verle pues le hacía sentir nervioso.

    —Eso explica la razón de porque está esa parte en blanco. Crei que las secretarias habían cometido un error, ¿No tienes familia chico?

    Kian hizo una mueca con la boca y contesto —Dentro de lo legal no. La familia Arcnaik es lo más cercano que tengo a una familia, señor.

    El hombre tomo un respiro —¿Tu edad?

    Kian de forma fluida contesto —Supuestamente tengo 15 años.

    Al notar aquella fluidez el detective dudo de lo que había oído —¿Supuestamente?— Pregunto molesto. Kian empezó a mover los dedos de manera ansiosa.

    —Es que no lo sé con certeza…— Contesto con miedo —No tengo ningún registro además de ese que ustedes tienen guardado en el sistema del Gobierno Mundial, lo sé muy bien, porque el viejo Abraham me trajo a los tramites. Fui encontrado en una isla lejana al continente de Dorinda, pero el problema es que no recuerdo nada antes de que fui encontrado cuando tenía seis años. Hablo enserio.

    El detective hizo una mueca con su boca —¿Dónde vives?

    —En la mansión de los Arcnaik. Calle Valiente No. 135 de LaneCloud. El señor Abraham me dejaba quedarme ahí si lo ayudaba con el trabajo de la comisaria. Ya sabe, papeleos, atrapar criminales como jóvenes que se roban filetes de pescados o manzanas. Cosas de la que me pudiese encargar.

    “¿Por qué Abraham Arcnaik haría tal acto caritativo a este joven?” Se preguntó el detective —¿De dónde eres?— Pregunto sin esmero.

    —No lo sé, fui encontrado en una de las islas media, una isla pequeña sin nombre. Recuerdo que Abraham me dijo que es una isla cercana a la isla de Calani— El detective observaba a Kian con desgana. Ciertamente no había información veraz del chico. Sus respuestas solo hacían llover las dudas sobre él.

    —¿Utilizas magia?

    Kian se mantuvo callado. Tomo un momento para contestar. El detective solo parecía aumentar sus sospechas sobre el chico —Soy usuario de la magia de tiempo— Exclamo el muchacho con un tono de miedo.

    El detective golpe la mesa molesto —Muy bien, ¿A que estamos jugando? ¿Te estas burlando de mi acaso?— El detective señalo con su pluma a Kian. El joven se asustó e inclinó hacia atrás en su silla gris.

    Kian trago saliva y levanto los brazos en señal de derrota —No, no, no, no…— Murmuro agitando los brazos de manera nerviosa —Nada de eso, señor. Es enserio. Soy usuario de magia del tiempo, ¿Cómo puedo demostrárselo?

    El hombre tomo su pluma y dijo —Impide que este lápiz caiga en la mesa y déjalo en el aquellos casilleros con papeles. Si usas magia para incrementar tu velocidad dejaras una estela por donde camines, eso solo demostrara que eres un mentiroso.

    —Muy bien, solo deje que…— El hombre soltó la pluma impidiendo a Kian continuar hablando. La pluma de pronto desapareció. El hombre giro la cabeza y observo como se encontraba en el casillero donde le había pedido que la dejara. Volteo a ver al joven que se encontraba frente a él, el chico parecía agitado. El detective se tapó los ojos para después destaparlos, sus ojos brillaban, había hecho un hechizo sobre ellos. Ciertamente, no había ninguna estela de magia para incrementar la velocidad. Aunque no se sentía del todo convencido. Saco otra pluma de su bolsillo y mantuvo la mirada en Kian. Apunto algo en la hoja de papel en la que estaba escribiendo todo lo que contestaba el chico. Kian trato de ver lo que decía, pero la caligrafía del detective era fatal.

    —¿Por qué te encontrabas en la casa de los Arcnaik?

    —Un hombre, un hombre encapuchado llego a la comisaria, el—el viejo salió disparado de la comisaria junto con el hombre. Después de eso empecé a escuchar disparos y explosiones. Corrí hasta la mansión de los Arcnaik para saber cómo estaban. Fue difícil llegar ahí, me tuve que esconder entre callejones… Vi gente morir…

    —¿Reconociste al hombre encapuchado de la comisaria?

    —No, su rostro era apenas visible bajo la capucha. Era alto, parecía viejo, tenía la piel arrugada y de color blanco, pero fuera de eso no puedo dar más detalles sobre cómo era. Portaba una vaina de una espada en la cadera.

    El hombre anoto rápidamente todo lo que dijo el joven. Hizo un dibujo sencillo de la descripción del hombre. Mientras hacia el dibujo hizo otra pregunta —¿Sabes que paso con Heidi Greenburn? Pregunto, ya que tú estabas en su casa con su hijo menor en los brazos— Detuvo el dibujo y levanto la mirada. El chico hizo una mueca de dolor. Se tapó la boca, como impidiendo decir algo.

    Kian tomo un respiro, la imagen le salto de pronto a la cabeza y le había creado un nudo en la garganta —La señora Heidi…— Tomo otro respiro —Se encontraba sola en casa cuando llegue, estaba aterrada, tenía a sus hijos metidos en una habitación especial junto con ella. Me explicó la situación afuera de la habitación, al parecer el señor Adam Arcnaik salió de la mansión de la misma manera en que Abraham salió de la comisaria. Alguien se apareció y se fue junto con él en un movimiento rápido.

    El detective se interesó en lo que el joven se estaba centrando —¿Acaso los Arcnaik sabían que vendrían por ellos?

    —No, no lo sé… No me comento nada de eso. Solo dijo que su esposo había salido volando junto con otro hombre. También menciono que escucho los estruendos en el pueblo y decidió entrar en la habitación especial…

    Fabricio mantuvo la mirada en Kian, mantuvo la pausa hasta que observo que el chico se hallaba muy pensativo —¿Seguro que es todo lo que te dijo?

    —Lo siento, es que, me dijo otra cosa, pero sinceramente no comprendí de que hablaba. Dijo que había información dentro de la mansión. Información importante, pero para serle honesto. Desconozco donde esta…

    —¿No sabes nada sobre la información oculta en la mansión Arcnaik…?

    —Nada.

    —Muy bien. Tranquilo, esa es información importante— El detective se sentía a la vez feliz, pero molesto. Feliz ahora que tenía la teoría sobre que aquellas personas habían ido a atacar a LaneCloud por cierta información. Nuevamente escribió en su cuaderno con una prisa incontrolable, sin embargo esto aún no contestaba la duda de porque el chico tenia a Michael Arcnaik en sus brazos. Un poco molesto levanto la mirada y pregunto —¿Qué paso con Heidi Greenburn? ¿Por qué tenías a su hijo en tus brazos?

    Kian percibió aquella duda paranoica en el detective, sabía que sus datos eran extraños y probablemente era fácil ser tachado de sospechoso, pero no había hecho nada malo, asi que mantuvo la calma y contesto con la voz un tanto aguda, por lo que iba a contar —Ella me encargo la vida de sus hijos…— Hizo una pausa, se froto los dedos mientras desviaba la mirada del detective. No pudo aguantar, tenía un nudo muy profundo en la garganta —Ella me los encargo después de que saliera de la habitación para enfrentarse con un enemigo que se acercaba a la casa…

    —¿Entonces Heidi Greenburn peleo contra uno de los bandidos que atacaron LaneCloud?— Kian se mantuvo callado, asintió con la cabeza y después con voz quebrada dijo —Y por lo que veo falleció en el intento de alejarlo...

    La sala queda en completo silencio. Parecía que el joven le tenía un gran cariño hacia la familia de los Arcnaik. Aunque era lógico, Abraham Arcnaik le había dado un trabajo y una vivienda, un encariñamiento con ellos era inevitable. Fabricio miraba sus papeles con tristeza, se sentía mal por el joven. Esta tristeza duro poco hasta que el detective recordó algo —Si lo que me estás diciendo es verdad, ¿por qué su hijo se encontraba al lado del cuerpo de su madre?

    Kian levanto la mirada, aplasto sus dientes uno contra el otro y apretó los puños sobre sus piernas, unas lágrimas brotaron de su rostro, sus labios temblaban ante semejante pregunta —El chico se fue de la habitación tras sentir una presencia del otro lado de la casa…

    —¡¿Qué?!— Pregunto con un grito enloquecedor —¡¿Por qué no lo detuviste?!— Volvió a preguntar con otro grito mientras se levantaba de su silla.

    —La presencia que sentí era demasiado fuerte, no podía moverme, cuando me di cuenta el chico ya había abierto la puerta y yo seguía sin poder mover un solo musculo. La fuerza de esa presencia era asquerosamente obscura y sobrenatural. Muy parecida a la de Abraham cuando se enojaba…

    El detective dudo del muchacho así que lo miro fijamente, se rasco la barba que apenas le empezaba a salir y le dijo —Si eso que me acabas de decir es verdad entonces Bastian debió quedarse paralizado, ¿no lo crees?

    El joven dio una vuelta con su cabeza, negó con la cabeza mientras apretaba los labios, se quedó callado unos segundos y le contestó —Eso es algo que no entiendo todavía, incluso él bebe dejo de moverse, supongo que también quedó paralizado. Las razones por las cuales Bastian pudo haberse movido frente a esa presión se me hacen imposibles de contestar— Su rostro cambio de tristeza a seriedad, él no estaba mintiendo.

    —¿Y por qué no me dijiste eso antes?— Cuestiono el detective mientras golpeaba la mesa con su dedo índice —Tú mismo dijiste que su madre te dio la tarea de cuidar a sus niños mientras ella no estuviera, pero tu dejas que un niño salga de tu vista y se vea frente a los asesinos de su madre, a la misma persona a la que le prometiste cuidarlos...

    —¡Crees que es fácil decir que la única misión que me dejo la madre de esos niños no la pude cumplir! ¡Me pidió que los mantuviera seguros mientras no estaba! ¡Queria que los vigilara! ¡Que los retuviera dentro de ese cuarto…! Y no pude hacerlo…— El joven exclamaba fuertemente su falta de capacidad para cumplir su deber, daba pisotones al suelo demostrando su furia durante todo su discurso. Después de terminar simplemente se echó a llorar.

    El detective se frotaba su frente. El ambiente en el lugar se sentía pesado. Él sabía que no tenía que haberle gritado a ese muchacho, pero la noche estaba siendo muy larga y pesada, el estrés lo estaba consumiendo y la falta de comunicación del joven para contestar sus preguntas no lo hacían más fácil. Se quedó estático en su asiento durante unos minutos, esperando a que el joven se calmara, de hecho no pudo esperar mucho y al final término preguntándole algo más.

    —¿Tienes alguna cosa más que decirme?

    Kian contesto rápidamente — No, creo que sería todo…— Kian levanto la cabeza, se limpió las mejillas y esnifo un par de veces —¿Ya puedo salir o todavía tengo…?

    El detective levanto su mano señalando que se callara, se levantó de la silla camino hacia la entrada y lo saco de la sala abriéndole la puerta —Gracias Kian. Acércate con mi compañera en la sala catorce y dile que ya pasaste conmigo. Te hará unas preguntas, has lo que te pida, ¿correcto?— El chico asintió.

    Tan pronto como Kian había salido de la habitación el detective grito — ¡Alguien que me traiga al niño!

    —¿A Bastian también?— Preguntó Kian sorprendido.

    —Interrogaría hasta al bebe si supiera hablar…

    —No lo moleste…— El chico dio un paso hacia adelante. Ahora no parecía un niño debilucho, sino un joven valiente —Le advierto, ese niño está pasando por algo muy sensible. Si descubro que hizo algo yo…

    —Si te atreves a terminar esa amenaza pediré que te manden a una celda por ser sospechoso de la muerte de Heidi Greenburn…— La mirada de severa choco con la mirada llena de rabia de Kian. Sus ojos se encontraban rojos por las lágrimas, de hecho todavía se encontraban húmedos. El chico aparto la mirada, tomo un respiro y lanzo una mirada hacia Bastian. Solo pudo confiar en el profesionalismo del detective Fabricio. Se dio la vuelta y partió hacia la sala catorce como un perro regañado.

    —¡Alguien, quien sea, tráigame al joven Arcnaik!— Grito una vez más. Cerró la puerta y se sentó de nuevo en la silla gris.


    (...)​


    Al fondo del edificio, en una banca se encontraba un niño, un niño que estaba llorando en silencio mientras docenas de personas pasaban de un lado a otro sin prestarle la más mínima atención. Un niño que temblando apenas podía mantenerse erguido en la banca, la cual era fría aunque fuera de roble. Bastian se encontraba tan perdido en sus memorias que era incapaz de escuchar los gritos del detective. Su piel blanca se encontraba más pálida de lo usual, sus ojos cafés se encontraban rodeados de un manto rojo, sus parpados se encontraban enrojecidos por el constante secado de las lágrimas. El solo verle solitario en la fría banca era triste, eso lo observo una pareja de soldados a la esquina de un par de puertas.

    —Supongo que de él será quien habla el detective de la sala diecisiete— Comento el joven soldado que se encontraba a la derecha. Volteo con su compañera rápidamente —Iré con el niño, ahora mismo vuelvo, Violeta. No tardare mucho, entendido— El hombre le guiño el ojo y le mostro una sonrisa perfectamente blanca. La chica, una joven de cabello largo agarrado en una cola de caballo se ruborizo, agacho la mirada y asintió.

    —Claro, Teniente Coronel, pero no será arriesgado, los Generales pueden llegar en cualquier momento…— Comento la joven con un rostro tímido.

    El joven teniente soltó una risa delicada —Tranquila…— Volteo hacia ella —Me puedo encargar de los Generales, he vivido con uno durante un tiempo recuerdas. Sé cómo hablar con ellos— Nuevamente mostro esa sonrisa blanca y la joven sintió que las piernas le fallaban.

    Una sombra se acercó a Bastian. El niño tenía sus ojos viendo el piso en un trance completo. Observaba detenidamente la nada mientras la gente pasaba. Sus dedos se movían rápidamente en un tic uniforme. La sangre de la que estaban manchadas sus prendas y sus manos le ocasionaba un asco horrible. El hedor a hierro que desprende la sangre le mareaba, revolviendo su estómago. Si duraba un poco más con aquella sangre por todos lados, terminaría vomitando. Cada poco tiempo suspiraba, cada que recordaba algo sobre aquella escena en la que su madre se encontraba en el suelo, y él la veía, impotente. Incapaz de hacer algo. Una voz melodiosa le despertó del trance.

    —¿Estas bien?— Pregunto el soldado al momento de llegar a la banca. El joven sintió una grima subirle por los brazos, desde la puerta que se encontraba resguardando no alcanzaba a distinguir la sangre. Ahora mismo pensaba que el niño estaba herido. En el peor de los casos, que el niño había herido a alguien. El infante levanto la cabeza lentamente, sus ojos se encontraban húmedos y tenía unas marcas que le recorrían las mejillas, recientemente habían pasado unas lágrimas por ellas.

    —¿Te duele algo? Te puedo llevar a enfermería si lo necesitas.

    La respuesta del niño fue rápida y apenas entendible —No tengo nada, estoy bien— Dijo entre un murmuro apenas oíble entre la turba de gente moviéndose de un lugar a otro.

    —¿Seguro? ¿No hay nada en lo que te pueda ayudar?— Algo se hallaba mal en aquel niño, lo sabía el joven. Preguntó de nuevo, pues era una técnica que utilizaba comúnmente en sus hermanos menores, unos gemelos y un niño pequeño de cuatro años, en la bebe no, pues no podía hablar correctamente. A veces las personas son tímidas, si preguntas por segunda vez normalmente la gente se digna a contestar lo que de verdad quiere. El niño le preocupaba, ver un niño cubierto de manchas de sangre no es necesariamente la mejor apariencia que deseas que tenga un infante.

    Bastian con miedo murmuro —Bueno…— El teniente le espero con calma y una sonrisa delicada —Quiero limpiarme las manos y el rostro…

    El joven esbozo una sonrisa —Perfecto, te llevare al baño para que puedas limpiarte. Escuche que el detective de la sala diecisiete te llamo, pero sabes…— El niño se le quedo viendo expectante. El hombre volteo hacia ambos lados y se le acerco —Creo que no le molestara esperar un poco— Por alguna razón Bastian se sentía cómodo, era la primera persona que parecía preocuparse por él de esa manera desde su llegada al cuartel, todos caminaban de un lugar a otro sin importarles las personas al alrededor. Esto molestaba al pobre niño, el cual entendía que estaban trabajando, pero incluso así, ¿cómo era posible que nadie se interesase en saber que tenía? ¿Qué nadie preguntase que estaba sintiendo? El hombre le tendió la mano. Él la tomo. Bastian se tambaleo al momento de intentar erguirse de pie, sus piernas temblaban desde hace varios minutos. El hombre le levanto haciendo fuerza y el chico pudo poner se pie. Volteo a verle el rostro al soldado y este se encontraba viéndole con una sonrisa enternecedora. Ambos caminaron juntos hasta doblar a la izquierda en el final del pasillo, al fondo se encontraban los sanitarios.

    —¿Cuál es tu nombre?— Le pregunto el soldado mientras caminaban.

    Con una voz baja el niño contesto —Bastian.

    —Bastian es un bonito nombre, ¿nunca te lo habían dicho?— El niño le sonrió, a todos nos gusta un alago.

    Subió la mirada y le pregunto al guardia —¿Y el tuyo?

    —Martin. Nombre feo para bello rostro— Lanzo una risa elegante y volteo a ver a Bastian descubriendo una bella sonrisa en la cara del niño. Al parecer si le había dado risa, aunque no hubiera soltado la más mínima.

    Martin le cedió el paso al chico tras abrirle la puerta azul hecha de metal —Tomate tu tiempo, el detective puede esperar. En cuyo caso de que se queje hare que comprenda la situación. Por cierto…— El hombre extendió su mano derecha, la contraria de con la que sostenía la puerta del baño. De pronto un suéter apareció en su palma —Debe ser horrible estar asi de manchado. Con todo gusto te regalo esta sudadera. La traje para dormir, pero no me molestaría nada que la tuvieses tú.

    Bastian se miraba más sorprendido por el repentino aparecimiento del suéter que por el mismo gesto de recibir aquel regalo. Para Bastian era un deleite observar cada uso de magia. Tomo el suéter sin saber que expresión poner y sin saber que decir. Observo las manchas de su camisa con recelo y apretó los labios en un gesto que intentaba ser una sonrisa. Paso a los baños, que para sorpresa del chico se encontraban más limpios de lo esperado, ya que dudaba que lo estuvieran, por el constante uso que deberían tener con todo el movimiento que había en el cuartel.
    Martin observo al chico entrar al baño y girar hacia los cubículos. Cerró la puerta y se recargo en la pared de un lado. Observo el infinito mientras pensaba en su suéter. Normalmente es una persona humilde, pero este gesto lo había sentido diferente. Más verdadero que nunca.
    Pasados unos minutos el niño salió con un suéter que le triplicaba el suyo. Una sudadera que le llegaba hasta las rodillas ensangrentadas. Tenía las mangas recogidas hasta donde podía. Observo a Martin con un rostro serio. Le sonrió a pesar que le disgustaba el cómo se miraba con aquel suéter.

    —Te queda perfecto— Le alago Martin con una sonrisa. Bastian se sintió muy bien por el cumplido — ¿Te parece que vayamos hacia la sala del detective?

    Bastian hizo una mueca mientras murmuraba —¿Tenemos que ir?

    Soltó una risa delicada —Lamentablemente sí. Pero tranquilo, no es tan difícil, responderás unas preguntas y te dejaran ir.

    —¿Y después qué?

    —¿Después?... Creo que te tienes que registrarte con una secretaria o algo asi…

    —No…— Dijo en un sonido casi silencioso —Que voy a hacer después de pasar a la sala.
    Martin se quedó en silencio, por un momento no comprendió a lo que se refería. Sin embargo al comprender la situación no supo que decir. Era un sentimiento extraño, casi siempre sabía que debía decir. Apretó los dientes y lamio sus labios —Oye…— Le acerco la mano a su hombro y el niño volteo con la mirada triste. Sintió un nudo al ver una expresión tan sincera en el rostro de aquel niño que apenas había conocido —Yo estaré por aquí por si quieres hablar conmigo. No me molestare para nada. Hablar con alguien en un momento triste puede ayudar más de lo que crees.

    El niño asintió sin confiar demasiado en la veracidad de aquellas palabras, pero eso no le importaba en ese momento. Sabía que se sentía bien al estar al lado de aquel soldado, eso era lo importante y si podía estar con él para poder pasar aquellos malos momentos, lo haría, no importaba que no hablara lo más mínimo con él joven. Se dio la vuelta, giro la cabeza y le señalo que se movieran con un movimiento de cabeza. Martin sonrió extrañado por la intrigante forma de actuar del chico. Le siguió.
    La caminata se hizo corta tras los sentimientos de regocijo que contenía Bastian. Quería que esa caminata no terminase, pues esa cercanía de Martin, ese aire tan tranquilo que enamoraba a cualquiera, era la primera muestra de cariño que había sentido en el tiempo en que se encontraba en el cuartel. Esa cercanía que necesitaba. No importaba que no conociera a aquel hombre. Se sentía bien de estar a su lado.
    Llegaron a la puerta de la sala diecisiete y Bastian sentía que no debía entrar. Por un momento había olvidado la cicatrizante imagen de su madre, entrar ahí sería volver a recordarla, lo sabía bien, sabía que aquel detective que le esperaba le preguntaría sobre su madre, padre y abuelo, cosa que él no quería que pasase. El solo hecho de mencionarlos en sus pensamientos le ocasionaba un dolor intenso.

    —Ya llegamos a la sala diecisiete, vez que no estaba tan lejos— Martin vio a Bastian tímido, el chico se le acercó en unos pasos cortos, como un bebe miedoso que acaba de conocer a alguien. Sabía que temía del detective, era fácil de saberlo, pero debía entrar, el detective necesitaba interrogarle. Acerco su brazo a la espalda del niño, le tendió un par de palmadas mientras le decía:

    —Si el detective te trata mal, háblame, ¿entendido?— El niño asintió con la cabeza mientras abría la puerta de la sala, giro el picaporte con todo el valor que pudo juntar. Sabía que de una u otra manera hallarían la forma de que hablara, era mejor terminar con eso de una vez. Martin observo al detective en el breve momento en el que Bastian abrió la puerta, el hombre de edad mayor con el pelo cano se encontraba sentado en la mesa gris mientras hojeaba unos papeles de un folder manila. No parecía haberse dignado a buscar al niño. La puerta se cerró y por un momento Martin sintió miedo por Bastian. Aquel niño había conectado con él. Una conexión diferente a la que alguna vez había conocido, no sabía exactamente que era, pero sabía que era diferente a todo lo que alguna vez había sentido.

    Al entrar Bastian tomo asiento en la fría silla de hierro color gris, como todo en la habitación. El hombre no había levantado la mirada lo más mínimo. El detective hablo con una voz gruesa que contenía una mínima sensación de enojo.

    —¿Tu eres Bastian Arcnaik, niño?— No llevaba ni medio minuto dentro de la sala diecisiete y ya quería llamar a Martin para que lo sacase. Aunque no lo hizo, era un niño valiente. Podía con esto.

    —Si— Contesto Bastian con voz temblorosa, una voz menos valiente de lo que había esperado soltar. El detective se irguió. Tenía un cigarrillo en los labios, el cual prendió repentinamente con un mechero de color gris. La primera bocanada de humo apesto la habitación. Bastian odiaba el olor a cigarro.

    —¿Creí que eso era malo?— Comento el niño mientras alejaba el humo con un movimiento de mano.

    El detective volteo levantando la ceja con sorpresa — ¿Que es malo?— Pregunto ante semejante intriga.

    Bastian mantenía el movimiento de la mano —Fumar es algo malo, pero fumar en un área cerrada todavía es peor, ¿no?, eso me lo decía mi ma…— Las palabras del chico se cortaron repentinamente. Apretó los dientes y movió los labios. No dijo nada más.

    El detective se encontraba anonadado con aquella actitud. Dentro de sí se encontraba riendo por la inesperada queja. Para no molestar al chico el detective apago su cigarrillo y expulso su última bocanada de humo por su boca. Mantuvo la mirada fija en Bastian. Tomo sus papeles, los golpes en la mesa ordenándolos perfectamente. Cerró el folder manila y lo hizo a un lado. Tomo un par de hojas de papel en blanco. Saco su pluma de su bolsillo y recito de manera armónica —Bastian Arcnaik, te hare unas preguntas si no te molesta…— Aunque esta última parte estaba de más. Molestara, o no, las haría de todos modos.

    Bastian inspeccionaba con detalle la triste habitación. El color gris le ocasionaba un sentimiento de melancolía. Trataba de distraerse para no pensar en la imagen de su madre. Se detuvo en la mirada del detective y pregunto con rostro apagado — ¿Preguntas de qué? ¿De mi madre, de mi padre o mi abuelo?— Su voz sonó apagada, una voz triste para un niño.

    El detective golpeo la mesa repetidamente con su pluma en un movimiento nervioso. Lanzo un suspiro cansado —Ya sabes lo de tu padre y tu abuelo, ¿cómo lo supiste?

    Bastian volteó a ver al detective mientras trataba de aguantarse sus lágrimas, quería parecer fuerte. Era el hijo de un General, y no cualquier General, el General Mundial, uno de los soldados más importantes de todo el mundo. Rango concebido por pocos. El hijo de un General del calibre del que alguna vez fue su padre no podía sentirse mal. Ya no quería sentirse mal. Había sido suficiente —Tal vez sus empleados deberían de hablar más bajo. Solo es un consejo— Murmuro de manera descortés. Apretaba sus labios con todas sus fuerzas, al igual que sus puños, pero un golpe toco su corazón, haciéndole soltar una lagrima que viajo en descenso por su mejilla rosa. Siguió intentando parecer fuerte.

    En el momento en que se percató de la lágrima la secó en un movimiento rápido —No se enoje— Menciono en voz baja y respetuosamente, sabía que no tenía que hablarle así a un adulto.

    El detective empezó a reír en voz baja —Un niño hablando sobre la eficacia de los empleados. Este día cada vez es más raro— Bastian queda inaudito por la risa del detective, tanto que ya no lagrimeo, tenía una expresión de extrañes, como que no comprendía exactamente la razón por la cual el hombre reía. Sin embargo se mantuvo quieto, inspeccionando ese momento extraño —Que raro comentario viniendo de un niño sabes…— Finalizo el detective.

    Tomo un respiro profundo y continuo hablando —Bueno chico dejándome las risas de un lado, lamento mucho lo de toda tu familia, eran unas personas muy importantes y buenas.

    Bastian puso las manos sobre la mesa y asintió lentamente —Si… Lo eran…— Eso ultimo le dolió, pero también había sido esas risas del detective, ese gesto al estar hablando de algo tan serio como sus padres le toco la llaga que había en su corazón. Sintió nervios y movió sus dedos repetidamente.

    —¿Por qué?...— Pregunto en silencio, pero lo suficientemente alto como para que el detective entendiera —¿Por qué si eran tan buenas personas alguien vino y las mato?...— Empezó a murmurar —¿Por qué debían ser personas tan buenas las que tenías que morir hoy? No, ¿Por qué tenían que ser mis padres quien muriera hoy?

    El detective vio en Bastian una horrible cara de amargura mientras decía esa última frase, a lo cual el detective contesto sin el más mínimo de filtro, sin pensarlo dos veces. Sin ni siquiera forzarse a cambiar aquel gesto tan serio de su rostro —Por lo mismo, porque ellos eran buenos.

    Bastian no entendió lo que trataba de decir el detective, esas palabras parecían estar cargadas de un dolor también. Un dolor compartido, como si el hombre también sintiera lo horrible de una perdida, una perdida tan grande como la de una madre a temprana edad o peor. El chico se calmó, tras continuar mirando aquel rostro serio sin expresiones del detective —No comprendo muy bien de lo que habla…

    El hombre se cerró de brazos e hizo un gesto con la boca —No sé quiénes eran las personas que mataron a tu familia, pero estoy seguro que ellos los asesinaron porque no quieren gente buena que puedan interferir en sus asquerosos planes, tus padres y tu abuelo eran personas fuertes a los cuales estas personas malas tenían miedo, mucho miedo. Conocí a tu padre y a tu abuelo, excelentes personas. Créeme que si yo hubiese estado con ellos hubiese dado mi vida por su protección, porque la merecían— Bastian sintió una sensación tibia en el pecho, una pequeña sonrisa se formó en su rostro al escuchar los elogios y ese honor que dedicaban a sus familiares.

    El detective se inclinó en su asiento —Pero a quien deberían tener miedo es a nosotros y sobre todo a ti, ya que tú puedes proporcionarnos la información para saber quiénes son dichas personas. Nosotros nos encargaremos de ellos. Sé que estuviste en la parte de afuera de tu casa cuando fuiste encontrado. Sé que tú te moviste mientras estabas bajo esa presión de un poder maligno. Y creo que tu viste a alguien esa noche. Creo que puedes sernos de gran ayuda, Bastian.

    En ese momento el chico no se puso a pensar en esa excelente forma de manipulación, ni tampoco se preguntó en el ¿cómo era que sabía todo eso el detective? Aunque claramente era por lo sucedido durante la interrogación con Kian. Bastian agacho la mirada apretando esos labios rojos con fuerza, un ímpetu nació en su corazón. El hombre tenía razón, si hablaba podría servir de algo, podrán encontrar a los asesinos o tacharlos para ser buscados. Sin embargo, algo fue deteniendo ese ánimo, aquellas palabras sobre sentir un poder maligno. Bastian recordó ese poder, un poder asquerosamente poderoso, pesado y obscuro. El tan solo recordarlo le erizaba los bellos claros que apenas empezaban a teñirse en sus delgados brazos. Entre una sacudida de sus manos menciono unas palabras que enfurecieron al detective.

    —Usted no es oponente para ese tipo de personas…— Lo menciono fuerte y claro en medio de una negativa con la cabeza. Por un momento la débil sonrisa del detective se fue borrando.

    Inhalo de pronto y frunció el ceño, golpeo la mesa y le apunto con el dedo al niño — ¡Como te atreves a faltarme el respeto de esa forma! ¡Hablas con el Ex General Fabricio Lecter! Soy uno de los hombres más capacitados de este cuartel, chico…

    Bastian dio un brinco tras los regaños y a pesar de ello no volteo en ningún momento. No pudo ver aquel rostro tan arrogante que tenía el hombre —Si…— Contesto el chico al evadir la mirada —Pero no del mundo…— Remato el niño con completo descaro y con la verdad más clara de todas. La boca del detective está abierta y lista para hablar, pero no lo hizo, ya que en ese momento recordó de quien estaban hablando.

    —Mi padre, uno de los hombres más fuertes del ejército, rango General Mundial. Mi abuelo el más fuerte de su época, General Mundial. Y mi madre fue entrenada y criada por el rey de Arbal, la gente que murió hoy no fueron simples personas, detective— Las palabras del chico se quebraban en el aire. El detective se quedó callado, había actuado mal y lo reconocía.

    Fabricio soltó un suspiro mientras se frotaba aquella arrugada frente —Hijo mío, tal vez es cierto, yo no soy el hombre más fuerte del mundo, pero hay algo más fuerte que cualquier poder, magia o fuerza…

    Bastian estaba escéptico, tenía una mirada vacía, le dolía hablar de su familia y en esa habitación los estaba recordando demasiado. Escuchaba las palabras del detective mientras recordaba momentos con su abuelo, tan sabio, tan fuerte, siempre hablándole a Bastian de valores y refranes. Fue entonces cuando el chico giro la cabeza hacia el hombre, escuchando atentamente el fin de la oración…

    —La esperanza— Concluyo el hombre con un rostro solemne.

    Una pequeña sonrisa ilumino el rostro del pobre chico —Eso decía mi abuelo. Sonó muy parecido a él— Comento Bastian, el comentario alago al detective.

    El curveo su bigote junto con sus labios formando una sonrisa —Es bueno sonreír niño, las sonrisas pueden ayudar incluso en el momento más trágico.

    —Sigue sonando como mi abuelo…— Le ofreció una mueca con una risa delicada y pasajera, pues se fue tan rápido como vino, simplemente era incapaz de sonreír por completo, ¿Quién podría en semejante situación?

    Fabricio suspiro con un tono agotado —Bueno, ahora que ya estas más relajado otra vez y ya sacamos todo nuestro estrés, hijo mío, ocupo que me digas si viste a alguien sospechoso esta noche.

    Bastian asintió con un rostro no muy decidido.

    —Muy bien, ¿Podrias otorgarme todos los detalles que puedas sobre ellos? Si lo deseas puedes tomarte el tiempo para pensarlo, no tengo ningún problema.

    Pero no fue así, Bastian empezó a describirlos tras escuchar la encomienda —Eran dos personas detective. Al primero no le pude ver la cara muy bien, pero esa persona tenía el cabello de un color negro y largo, su piel era pálida. Tenía heridas por todo el cuerpo, como si hubiese estado en un combate. Delgado. Tenía un pantalón angosto y traía puesto unos trapos que quizás fueron una camisa. Ese hombre…— Las palabras titubearon en su boca, el detective se percató rápidamente de ello.

    —No te esfuerces tanto. Si lo deseas solo descríbeme al hombre, no es necesario ahora mismo indagar en detalles.

    El niño froto sus ojos —Si, está bien. No sabría que más decir… tenía muchas cicatrices… y un tatuaje de tres personas tomadas de la mano… la persona del medio estaba amarrado por un par de serpientes… Creo que es todo… El otro hombre era alto, tenía un cuerpo musculoso y poco más, tenía unas heridas. Lo más raro de todo es que se encontraba completamente vendado…

    —Vaya eres bueno para esto…— Dijo sorprendido el detective mientras estaba escribiendo lo que decía Bastian.

    —Soy hijo y nieto de soldados, ellos me enseñaron otras cosas aparte de escribir y leer.

    El hombre dio una risa rápida mientras escribía, y entonces paro de repente —Espera… ¿tú me dijiste es que tenía vendas en todo su cuerpo?— El niño asintió —De casualidad ¿No tenía una capucha negra con líneas rojas o un rombo rojo en el medio?— Levanto una ceja, sus ojos empezaron a brillar, parecía haber reaccionado a la descripción del hombre.

    Bastian se dio cuenta del interés repentino, se sentía feliz de haber servido de ayuda, así que respondió lo más rápido posible —Tenía puesta una capucha rasgada y rota, no recuerdo líneas, pero era de color negro.

    —Ya sé quién es él…— Murmuró el detective para sí mismo con un tono emocionado. Se recargó en el respaldo de la silla, con una mueca extraña en su rostro, acicalándose el cabello y pensando. Estaba seguro de lo que decía. Sus ojos empezaron a moverse sin ningún control mientras su cerebro hacia el trabajo de mandarle recuerdos sobre detalles que había visto anteriormente en algún que otro reporte.

    —¿Quién?— Pregunto Bastian con alegría, tanto así que se levantó de su silla de un golpe.
    El detective retrocedió a su cara de siempre y respondió a Bastian con pena —Perdóname pero no puedo decírtelo, son las reglas y tú como hijo de todo buen soldado creo que te enseñaron a seguir las reglas— El detective se levantó sosteniendo la hoja de papel, aunque la imagen del individuo ya se había establecido en su cabeza. Abrió la puerta y con su brazo señalo a Bastian que tenía que irse.

    Bastian estaba molesto, deseaba saber quiénes eran esas persona, lamentablemente tenía que seguir las órdenes del hombre, que otra cosa podía hacer. Entendía que no le diría nada. El detective percibió a Bastian salir enojado por no saber la identidad del tipo con vendas. No le dio importancia, el chico debía comprender que ese era su trabajo y cuál era su posición en el caso.

    —Quizás otro día con más calma Podrias contarme lo que sucedió esta noche… El chico giro su cabeza y asintió con una mueca en el rostro.

    —Gracias por la información. Es un peso menos, hará mucho bien...— Esto alegro un poco al niño. La puerta se cerró dejando atrás la imagen del detective Fabricio.

    —¿Todo bien Bastian?— Pregunto una voz agradable e igualmente con un tono burlón. Era Martin que se encontraba recargado en la pared con los brazos cruzados. El muchacho estuvo esperando por él, por si acaso ocupaba ayuda. Había sentido la necesidad de entrar cuando escucho los gritos del hombre, pero todo paso rápido, asi que lo dejo pasar.

    Bastian olvido por completo su enojo al verlo. Agradecía no haberle llamado, aunque en dentro de la habitación se había olvidado completamente de él —Si todo bien, Martin. No sé qué voy a hacer, no me dijo nada de ir con alguna secretaria o algo parecido…— Contesto Bastian con un gesto despistado.

    Martin estaba contento de verlo así, se incorporó y dijo —Podemos ir a la banca y hablar un poco, no creo que me necesiten en la oficina…— Su voz elegante y tranquila, armonizo al chico. Bastian asintió con una sonrisa.

    En el corto transcurso del camino hacia la banca Bastian empezó una serie de preguntas cual niño pequeño.

    —¿De dónde eres?

    Tomo desprevenido al soldado —Milloria, un reino vecino conocido por sus empresarios famosos y grandes familias de duques.

    —Claro, se identificarlo en el mapa, se encuentra al norte del pueblo.

    —Asi es, debes ser muy bueno en geografía.

    —En realidad me aburre, me gusta más la historia, ¿Cuántos años tienes?

    El joven soldado soltó una risa tenue —Veintitrés, la edad del “peligro”— Contesto con una risa nerviosa.

    —¿Por qué lo dices?

    —Lo entenderás cuando seas mayor— El niño hizo un sonido armónico como si estuviese meditando. Martin continúo con su risa nerviosa.

    —¿Desde cuándo eres guardia?

    —En realidad no soy guardia, mi cargo es Teniente Coronel, trabajo para el cuartel de Milloria.

    —¿Teniente coronel? Es un rango alto, debes de ser muy fuerte.

    —Claro, me han entrenado muy bien desde que era pequeño. Mi padre siempre pago la mejor escuela y los mejores maestros para mi educación. Hace poco deje el ejército por un trabajo privado. Sino tendría un mayor rango en el ejército, probablemente trabajando con mi hermano.

    Finalmente llegaron a la banca de siempre, esta vez ocupada por un hombre que tenía una contusión en la cabeza cubierta por una gaza. Su rostro era rudo y amargado, daba un poco de miedo —¿Entonces tienes hermano? ¿Qué hace el?— Pregunto el niño con interés después de sentarse en la otra esquina de la banca. Martin se quedó parado a un lado de la banca.

    —Él es el General de Milloria. De hecho debe estar por aquí, creo que él va a entrar a la reunión que habrá en esas puertas donde se encuentra mi compañera— Volteo hacia la soldado que se encontraba en ambas puertas, la chica le saludo animosamente —Para serte sincero no sé de qué va a tratar esa reunión, ¿Tú tienes hermanos, amiguito?

    —Tengo un hermano menor. Es un bebe muy bonito, no supe a donde lo llevaron, creo que tengo que ir a buscarlo. También se encuentra Kian, que es como mi hermano mayor.

    —Si los soldados se llevaron a tu hermanito entonces debe de estar en la habitación de arriba, ahí tienen a todos los niños, abrieron una habitación solo para cuidados infantiles. No tienes que preocuparte de ello— De pronto las personas empezarón a hacerse a un lado y murmuraban entre ellas. Bastian sintió curiosidad e intento ver lo que sucedía. Un hombre alto de cabellos dorados, piel tono perla, ojos verdes, un poco fornido y con una sonrisa increíblemente blanca caminaba detrás de unos hombres más altos y fornidos. Su uniforme era de color negro con dorado, al igual que el listón dorado que hacia identificarle que era nadie más, ni nadie menos que el General de Milloria. Volteo hacia Martin, se detuvo y le hizo un gesto con su mano para que se le acercara.

    —Esto es importante, Bastian. Te dejo, si no tardo mucho volveré pronto.

    Bastian asintió sin decir nada. Se encontraba cautivado por la presencia tan imponente, amable y humilde del General. Tenía un gran parentesco a Martin, solo que con una apariencia más madura, más experimentada que su hermano menor. Martin le saludo de manera informal, al hombre no le pareció importar mucho. Hablaron un poco en medio del pasillo y después caminaron juntos hacia adentro de la sala que estaba resguardando la compañera de Martin. El joven teniente parecía confundido al entra a la habitación. Más tarde otros Generales entraron a la sala, al igual que otras personas que parecían importantes.
    El chico se mantuvo pensativo en la banca. Trato de evadir cualquier pensamiento sobre su familia y se concentró únicamente en aquellas dos figuras misteriosas que escaparon unos minutos antes de que los soldados que lo llevaron hasta ahí llegasen. Recordaba aquella figura humanoide envuelta en vendas sucias, desgarradas y manchadas de sangre. Esos ojos de color rojo intenso sedientos de sangre. El solo recuerdo le ocasionaba un terror absoluto que le recorría todo el cuerpo. Luego estaba aquel otro hombre, aquel que le dijo unas pocas palabras antes de marcharse. Ese rostro poco visible debajo de unos trapos negros y un cabello enmarañado. Aquellos ojos puramente azules que ejercía una presión maligna en el lugar. Una presión que había derrotado, cosa que parecía generar poco interés en el hombre a pesar de lo increíble que era ese mismo hecho. Su comportamiento era desesperado, quizás ya había previsto la llegada del ejército, razón por la que solo lo vio poco menos de un par de minutos. Aquella imagen de aquel tatuaje le recorría la cabeza, trataba de recordar donde había visto alguna vez ese tatuaje. No lo recordaba, pero estaba seguro que era más común de lo que pensaba.
    El chico se había inmerso tanto en su pensamientos que no se enteró que a un lado de él se encontraba una niña de bellos cabellos rubios claros que llegaban hasta los hombros. Ojos azules tan brillantes como diamantes, unos perfectos labios rojos, mejillas rosadas y vestimenta por decir poco, costosa, pero elegante. Un lindo vestido de color amarillo con negro. Zapatos negros de gran calidad, al igual que aquel par de aretes azul marino que colgaban de sus pequeñas orejas. La belleza de la niña cautivo a Bastian. Sin embargo, aquella bonita presencia estaba siendo opacada por el constante derramamiento de lágrimas y una tristeza que ahogaba al aire.
    A unos cuantos metros de ahí se encontraban unas mujeres que conversaban más altos de lo que deberían. Bastian se percató de lo que hablaban y se molestó, pues lo mismo había sucedido durante su estancia en aquella banca mientras esperaba a Kian.
    El chico logro escuchar de que era lo que hablaban las mujeres, al parecer el hermano de la niña había muerto esa misma noche, había sido uno de las víctimas de los mismos asesinos que atacaron el pueblo de LaneCloud y asesinaron a la familia de Bastian. Una de las mujeres menciono: “¿Él no era el otro General Mundial?”. Esas palabras golpearon la memoria de Bastian, había escuchado por parte de su padre y abuelo sobre la llegada de un General Mundial al pueblo de LaneCloud. Había comprado una casa cerca del ayuntamiento, una casa humilde de tamaño grande, mas no exagerado. Bastian no le había conocido, sin embargo sabía que sus padres si se habían presentados formalmente a sus nuevos vecinos. Su madre una vez le había hablado sobre la linda hermana del joven General. Esa niña debía ser ella, por un momento sintió una conexión con la niña. Ella estaba pasando justo por lo mismo que él estaba pasando. Bastian no era bueno para hablar con otras personas, pues la mayor parte de su vida lo había pasado en su casa. Tanto el estudio como los entrenamientos que su abuelo le pagaba. Asi que no tenía muchos amigos. Sin embargo, aquella niña estaba aun lado suyo, llorando asi como él había llorado. Quería acercarse a ella y decirle que todo estaría bien, a pesar de que él ni siquiera sabía si todo estaría bien del todo. Lo único que comprendía es que en ese momento se sentía mal por las pérdidas de su familia, el recuerdo de su madre le atormentaba y la rabia de aquellos dos hombres le cegaba, pero gracias a Martin y esa inesperada calidez le había hecho tranquilizarse un poco. Eso le había hecho sentir bien a él, ¿porque a ella no? Lo intento.

    Con una voz baja Bastian pregunto —¿Cómo te llamas?— Pero ella no contesto. ¿Sera que acaso no hable lo suficientemente fuerte?

    Giro su cabeza en dirección a las mujeres, su frente mostraba un ceño fruncido y una mueca de desagrado. Una de las mujeres se percató de la mirada del niño, entre murmureos se fueron alejando de la banca.

    —Lo sé, la gente de este lugar puede ser poco precavida de todo lo que hablan. No sé si acaso no ven que estamos aquí, que escuchamos, que estamos mal… Hablando de todo tipo de cosas justo cuando estamos aquí. Son maleducadas…— Bastian hizo al final una mueca con la boca doblándola hacia la izquierda y agitando la cabeza hacia los lados. Por un momento volvió a ese mar de angustia y amargura. Pero todo cambio cuando escucho esa hermosa voz.

    —¿Me estás hablando a mí…?— Pregunto la niña mientras volteaba a ver a Bastian un poco extrañada. Su voz era suave y dulce. Un placer al oído. Se froto las lágrimas con la parte baja de su manga negras. Mas sin embargo, las lágrimas seguían fluyendo.

    Bastian al momento de verla se puso nerviosos. No había planeado lo que podría decir, se decidió por dejarse llevar —Sí… creo… no veo a nadie más cerca— Levanto la cabeza y observo al hombre gordo que se había sentado en la otra punta de la banca. Empezó a hablar en voz baja para que no le escuchara —Bueno, el señor que está a un lado, pero no siento el más mínimo interés de hablarle… Da miedo…— Finalizo mientras sonreía y soltaba unas risas silenciosas.

    La niña mostro un rostro de confusión, giro la cabeza y observo al hombre. Se volvió hacia Bastian, un niño sonrojado por los nervios. Era curioso —Oh… entonces era a mí a la que le preguntabas el nombre…— Pensó sobre contestar a la pregunta un par de segundo, pero al final lo dijo de manera segura mientras trataba de secar más rápido sus lágrimas —Mairis.

    Bastian no sabía que decir, ¿ahora que debía de decir? Solo pensó en Martin y como se le había acercado, al igual que como le había contestado cuando lo acompaño al baño. Trago saliva, aclaro la garganta, avergonzado de lo que iba a decir —Mairis, es un bonito nombre ¿Nunca te lo han dicho? Yo soy Bastian Arcnaik, un nombre feo para bello rostro ¿No crees?— Mairis solo lo volteo a verlo y levanto una ceja, sonrió y soltó una delicada risa que ilumino su rostro enrojecido por el tallado de su manga contra su rostro. Sus pestañas largas seguían húmedas, quizás no le había hecho dejar de llorar, pero la había hecho sonreír y eso era suficiente para Bastian.

    El chico se sonrojo por la risa tan tierna que tenía aquella niña. Metió sus manos en los bolsillos de la sudadera de Martin. Sintió un pequeño bulto, lo tomo y lo saco levemente. Era una barrita de fibra con manzana — ¿Ti-Tienes hambre?— Murmuro aún más enrojecido. Mairis volteo con un rostro confundido —Te-Tengo una barrita de fibra con manzana. He estado aquí unos minutos y ya me dio hambre… lo siento, como mucho… ¿gustas?

    —No gracias. No debo tomar cosas de extraños…

    —Para que confíes le daré un morisco— El chico abrió la barrita, esperando que Martin no se molestara después por aquella profanación a sus cosas. Le dio un mordisco, realmente sabía bien. Le cedió la barrita a Mairis con unas sonrisa. La chica sonrió y el tomo, le dio un mordisco pequeño. A ella también le pareció muy bueno.

    —¿Vas a entrar con el detective?

    —Eso creo, ahora mismo entro mi hermano…

    —¿Hermano?

    —Sí, aquí estaba a un lado. Hace poco se fue con el detective… ¿No lo viste? Estaba sentado justo a un lado de ti— La chica volvió a secar sus ojos, esta vez parecía ya no lagrimear, pero sus ojos azules seguían húmedos.

    Bastian empezó a reír de manera nerviosa —N-N-No…Creo que estaba muy concentrado pensando…

    —Bueno, ammm, mi hermano entro a la sala diecisiete.

    —Le espera algo muy malo, el detective es todo un monstruo…

    —¿Enserio? Que miedo… Ahora no quiero entrar…

    —No… tranquila, no pareces una mala persona, puede que no te trate mal a ti…— Dijo Bastian tratando de animarla. Inconscientemente hizo una cara muy graciosa. Eran los nervios.

    Mairis se alegró al ver la cara de Bastian, pero por dentro de ella no cabía una duda, así que le pregunto sin rodeo alguno —¿Por qué estás tan feliz? Perdona por ser tan ruda...— Agacho la mirada con un rostro triste. Bastian cambio sus rostro en el mismo momento, hizo una mueca y apretó los labios. Mairis continuo —¿Tú no eres el niño al cual su familia… bueno ya sabes, le paso algo malo? ¿Eres el hijo del otro General Mundial, no?... Es decir, ¿No te sientes triste?

    Bastian sintió una puñalada en su corazón. Si, tenía razón la chica y se moría por decirle la verdad, por decirle que le dolía, que le quemaba la idea de solo pensar en ya no volver a estar con sus padres. Quería decirle que deseaba que todo eso fuera solo una pesadilla y que su madre le levantara pronto para desayunar un poco de huevo. Lo deseaba de todo corazón, pero sabía que no era cierto. Todo era tan real, todo se había sentido tan verdadero que aunque despertara de aquel hipotético sueño creería que de alguna forma todo eso había ocurrido de verdad. Sin embargo existía un gran “pero”. Bastian no iba a decirle todo lo que sentía en ese momento por una sencilla razón, estaba fuera de lo que él quería que la niña sintiese. Por alguna razón quería que ella se sintiera mejor, quería ser como Martin, sentir lo que aquel soldado sintió al hacerle sentir bien estando a su lado simplemente y hablando un poco. Ahogo su dolor, dio un suspiro y hablo.

    —Claro que estoy triste, muy triste, no es fácil perder a tus padres, pero llorar no traerá nada de vuelta… mejor sonrió para tratar al menos de traer un poco de felicidad, para estar bien… eso decía mi abuelo…— Aunque la oración había sido muy cierta, Bastian no se sentía como lo mencionaba. Era un sacrificio con tan de ver a Mairis un poco mejor. Quizás ella si supiera aprovechar aquel pequeño sermón.

    —Puede que tengas razón…— Menciono Mairis con la mirada pérdida en sus zapatos. Ellos dos siguieron platicado unos minutos. Tras esa conversación Mairis fue llamada a pasar a la sala diecisiete con el detective. Respiro profundo, estaba nerviosa, se levantó y justo antes de empezar a caminar, con una sonrisa volteo a ver a Bastian mencionando —La novia de mi hermano decía que siempre es bueno hacer amigos, gracias por la compañía.

    Bastian se quedó solo nuevamente en la banca, poco tiempo en realidad puesto que Mairis salió muy rápido de la sala diecisiete. Salió de la sala confundida, como si no le hubieran preguntado absolutamente nada. Junto con ella también salió de la sala el detective con sus papeles, al parecer la interrogación se había acabado, no quedaba nadie más a quien interrogar. El detective bajo las escaleras y se desapareció de la vista completamente en el resto del día. Mairis y un chico de cabello negro, corto y peinado hacia a un lado, más robusto que Bastian, al igual que un poco más alto, caminaban juntos en dirección al niño. El chico la había estado esperando fuera de la sala diecisiete durante los pocos minutos que habían estado adentro Mairis y el detective Fabricio.

    La atención de Bastian se desvió de los dos chicos que caminaban hacia él, dirigiéndose ahora hacia los otros hombres que caminaban en dirección a la sala que resguardaba la compañera de Martin, donde había entrado el mismo Martin y su hermano. Uno de los hombres le mantuvo la mirada durante unos segundos. Bastian sintió que ese hombre tenía un increíble parentesco al su abuelo, solo que tenía una apariencia más joven y en vez de una barba tenía un bigote poblado de color grisáceo. Cargaba un sombrero vaquero y un uniforme de color negro desde los pies hasta el sombrero.

    El hombre venía acompañado de otros hombres vestidos de negro. La gente parecía más impresionada de lo normal con la presencia de estas personas. Bastian desconocía el porqué de todo ello. Sin embargo aquel hombre le había parecido interesante. No todos los días ves una copia casi exacta de tu abuelo.

    —Pasa algo Bastian te miras muy serio.

    Bastian volteo y su cara se puso roja por la sorpresa de no haber visto a Mairis y a su acompañante —No… no pasa nada, solo estaba viendo a la gente que entro a la sala, parecen personas importantes. Todos los veían.

    —No puse atención a ello, no soy tan observadora, perdona— Menciono Mairis de forma burlona.

    —¿Quién es él, Mairis?— Pregunto el chico que acompañaba a la bonita niña. El chico observo desde arriba de su hombro a Bastian.

    —Vaya no te vi amigo, tú debes de ser el hermano de Mairis, ella me dijo tu nombre… ¿Brandon?

    El niño siguió viendo a Bastian de una forma indiferente y luego corrigió a Bastian —Bruno, soy el hermano mayor de Mairis, mucho gusto.

    Bastian, percatado de la forma tan fría y seria de hablar de Bruno, ya no habló más con él, por el momento, así que decidió platicar solamente con Mairis. Más tarde se les uniría Kian, el cual llego cargando al hermano menor de Bastian, Mike.
    Kian explico que los soldados tenían que revisar que el niño estuviese sano totalmente, por eso se lo llevaron. Cuando observo que Bastian no salía, después de firmar unos papeles, al igual que llenar una hoja con todo lo que había visto en la mansión de los Arcnaik; Lo que no sabía Kian es que esa hoja era únicamente llenada por personas a las que los detectives consideraban sospechosos o necesarios de poner atención; Finalmente después de hacer todo los papeleos se dirigió al piso de arriba para ver a Mike. Después de una charla con una de las mujeres le impidieron llevarse al niño. El detective Fabricio subió en el momento justo cuando se llevó a cabo la negación y les pidió a las encargadas que le otorgaran al niño. Un gesto que hizo a Kian sentir menos coraje por el detective. Después de aquella explicación; que a Mairis y Bruno importaba más bien poco, empezaron a charlar cómodamente. Existía una química entre ellos, por un par de horas olvidaron la horrible noche que habían tenido.
    Pasaron dos horas aproximadamente desde la entrada de Martin y su hermano mayor a la sala que resguardaba aquel joven soldado. Todas las personas que habían entrado a la junta se fueron, todos menos Martin, su hermano, un hombre anciano y el hombre que vestía de negro que tenía un gran parecido al abuelo de Bastian. Entre todos continuaron hablando unos minutos más. Al terminar la charla Martin salió de la sala y se dirigió a los chicos que seguían en la banca. Se detuvo frente a ellos, se encontraba sudando un poco.

    —Bastian Arcnaik, jóvenes Hellwell… Me podrían acompañar a la sala por favor.

    —¿Qué sucede?— Pregunto Bastian un poco preocupado.

    —Es algo importante— Contesto sin rodeos.

    —Está bien— Contesto Bastian, volteo hacia Kian y pregunto — ¿Puede venir?

    —¿Quién?

    —Kian, es como mi hermano mayor…

    —Oh… Recuerdo escuchar tu nombre… Está bien, ven…— Martin se dio la vuelta, los chicos se encontraban muy serios. Se levantaron rápidamente y siguieron a Martin dentro de la habitación. Una vez adentro observaron que la sala era muy grande. En medio de todo la sala se encontraba una mesa enorme de madera rodeada de muchas sillas de la misma madera de la que estaba hecha la mesa. En una misma sección de la mesa se encontraba el hermano de Martin, el anciano soldado y el hombre vestido de negro.

    —Un placer verlos a todos de nuevo, jóvenes Arcnaik y Hellwell…— Los chicos se vieron entre si al escuchar las palabras lentas y rasposas del anciano.

    Mairis dio un paso hacia enfrente y pregunto con un tono tímido —¿Nos conoce?

    —Soy el General Mundial Francisc Oster, un ex compañero de su padre, abuelo y hermano. Excelentes personas. De las mejores que he conocido en mi larga vida, más larga de lo que alguna vez espere, por cierto. Tuve el gusto de conocerlos cuando eran bebes, hace unos diez años aproximadamente, si mal no me equivoco… Principalmente quisiera darles mi pésame por sus pérdidas. Es increíble pensar en un hecho más impresionante que este, la caída de dos Generales Mundiales el mismo día y fuera de época de guerras… Quisiera decirles que no tienen de que preocuparse, el ejercido del Gobierno Mundial buscara a los culpables y haremos que paguen por lo que hicieron. Ahora mismo los asesinos de sus familiares se encuentran entre los más buscados de nuestras listas. No sé cuándo, pero estoy seguro que los encontraremos— Los chicos escucharon atentamente al anciano. El hombre hablaba con una voz lenta, rasposa como si le doliera la garganta. Su mirada era penetradora, ruda y experimentada. Un hombre que había vivido cientos de cosas, más cosas de las que cualquiera quisiera haber visto.

    —Se preguntaran el porque les llamamos…— Los chicos asintieron ante las palabras del anciano —Lo que se habló durante la reunión que tuvimos aquí fue sobre, entre muchas cosas, su tutelaje. Bastian Arcnaik y Mike Arcnaik tienen un abuelo rey de Arbal, en pocas palabras son príncipes de ese reino. Sin embargo aunque quisiéramos que vivieran junto con su familia de Arbal, no podemos. Arbal se encuentra en una guerra contra Vinaria, declarada hace pocos meses. No enviaremos a dos niños a una zona de guerra, asi que lamento decirles que no podrán ver a sus tíos, primos y abuelo hasta el final de la guerra entre ambos reinos. Ya fue consultado con su abuelo, discutió contra nosotros, pero a pesar de ser una leyenda como Abraham Arcnaik, no podemos evadir ni las leyes, ni la ética por un capricho. No niego que alguna vez, quizás, puede que vean a sus tíos, incluso a su abuelo, pero ellos saben a lo que se arriesgan en medio de una guerra. Morir en un ataque sorpresa, por ejemplo… Los jóvenes Hellwell, Mairis y Bruno, lamentablemente su familia se ha desvanecido hasta el punto en el que son los únicos descendientes de los Hellwell. No hay familia a la cual podamos enviarles, creo que en algún punto de esta noche habrán pensado en esto… Tranquilos, tenemos la solución perfecta. Hemos estado investigando los documentos de sus familias, además de que consultamos a los familiares de Bastian. En los últimos testamentos hechos por sus padres y hermano se escribía como tutelar a dos personas. Al señor Claarn A. Bohm, antiguo amigo de ambas familias. Quizás lo hayan conocido alguna vez…— Los chicos negaron con la cabeza.

    —Los conozco Gral. Oster, pero al igual que usted la última vez que los vi apenas sabían caminar. Un gusto niños— El hombre tenía un rostro rudo, un rostro curtido por las batallas. Una mueca de desagrado y enojo permanente. Su cabello era grisáceo al igual que su bigote. Sus ojos tan azules como los eran los del abuelo de Bastian. El chico y Kian observaban atentamente al hombre, se encontraban anonadados por el parentesco.

    —No lo sabía… Muy bien, el señor Claarn A. Bohm, es un soldado que lucho en la cuarta guerra mundial. Es un soldado altamente capacitado, uno de los mejores soldados que conozco. Claarn mantuvo una amplia amistad con Abraham Arcnaik, razón por la cual conoce a tu padre, Adam Arcnaik, joven Bastian. En lo largo de su servicio ha llevado distintas misiones, en una de las cuales conoció a su hermano, Edward Hellwell, jóvenes Mairis y Bruno. A pesar de que no lo conozcan, sus familiares confiaban tanto en el que deseaban que el fuera su encargado en caso de que llegasen a fallecer. Aunque me duele decirlo, llego el momento de que el los cuide… Por otro lado, ambos testamentos daban una misma petición. Se deseaba que el tutelaje se llevare por parte de Claarn A. Bohm y por parte de Arlong Price, Gral. De Milloria. El señor que se encuentra a mi izquierda.— El anciano levanto la mano hacia el hombre. Arlong levanto la mano con un aspecto alegre. Asintiendo con la cabeza.

    —El señor Arlong Price, era un fiel amigo de Edward Hellwell. Razón por la que su hermano lo propuso como tutelar en su testamento. Por otra parte, Abraham Arcnaik fue maestro del General durante su niñez. Un soldado ejemplar que se ha desarrollado espectacularmente en el campo político y militar. Suficientes razones para que tu abuelo, Rubén Greenburn, aceptara su tutelaje hasta el fin de la guerra contra Vinaria. Mas sin embargo, creemos que el tutelaje de un General de un reino tan importante como Milloria puede crear problemas. No sabemos qué puede pasar con el señor Arlong Price mañana, no sé si me doy a explicar… Hemos decidido que será su hermano menor, Martin Price, quien dará su tutelaje a cambio. Martin Price ha demostrado estar a la misma altura que su hermano mayor, creemos que puede ser un espléndido candidato. Entre pláticas hemos llegado a distintas conclusiones, finalizando con la confirmación del tutelaje de Claarn A. Bohm y Martin Price en una casa que será otorgada por cortesía del Gobierno Mundial, para ustedes, por formar parte de familias tan reconocidas mundialmente. También porque esperamos grandes cosas de ustedes, Bastian, Mairis y Bruno, también del pequeño Michael. Tenemos la fe en que seguirán los pasos de sus familiares y honraran su nombre como es debido. En cuanto a las herencias monetarias y de terrenos de sus familias, todo podrá ser otorgado en el momento de su mayoría de edad. Si ustedes lo desean, claro está. Las propiedades y el dinero quedaran en resguardo del Gobierno Mundial hasta que llegue el momento. En pocas palabras creo que sería todo, ¿Tienen algo que comentar?

    —Me niego— Dijo Bastian con un tono molesto —Sabe lo que acaba de pasar hoy… mis padres murieron… su hermano murió— Señalando a Mairis y Bruno —Ahora me dicen de manera tan tranquila que tengo que ir a vivir con dos extraños. Perdóname Martin, no tengo nada en contra tuyo, me agradas, pero igual no quisiera vivir contigo. No conozco a este supuesto amigo de la familia que ahora me dicen que será mi tutor. Ahora también me dicen que mi abuelo Rubén acepto que viviera con ustedes. No lo creo, quiero hablar con él ¡No pueden sustituir a mis padres asi nada más!

    Mairis empezó a discutir de pronto también —Lo mismo creo yo, conocemos al General

    Arlong, alguna vez lo vimos. Pero en lo absoluto lo suficiente como para aceptar vivir con él.
    El hombre del sombrero dio un fuerte golpe a la mesa. Su ceño se marcó más que nunca. Sus ojos se iluminaron en rabia. Su voz áspera retumbo en la sala —¡Bastian Arcnaik y Mairis Hellwell, esa no es la forma en la que se tienen que dirigir a un General de tan alto rango como es el Sr. Oster! ¡Su decisión es definitiva, ya que forma parte del mayor símbolo de autoridad! ¡Aunque lo quisieran, es imposible escapar de esta proposición! ¡Asi que ahora mismo exijo una disculpa!— Los niños quedaron perplejos por el tono en el que les había hablado, sintieron miedo y un fuerte respeto. Una rabia desmedida subió por la garganta de Bastian, apretó los dientes con fuerza.

    —Pero, es que yo…

    Martin interfirió —¡Bastian Arcnaik, es necesaria una disculpa! ¡Me disgustara demasiado que para lo único que vas a hablar es para decir tonterías! ¡No aceptare comentarios a no ser que sean una recomendación del protocolo que estaremos siguiendo!— La voz de Martin sonó casi igual de imponente que la de Claarn, pero este no parecía estar del todo cómodo hablando de esa forma a los chicos. Pudo observar como los ojos de Bastian se humedecían del coraje de no poder hablar.

    El Gral. Oster hablo —Asi déjenlo, no es necesario disculparse. Comprendo la situación en la que se encuentran. Sin embargo aquí solo hay dos posibles escenarios: Uno, aceptan las condiciones en la que hemos acordado su tutelaje a cargo de Martin Price y Claarn A. Bohm, encargados de partir disciplina física y de conocimientos en una casa en las afueras de LaneCloud. Dos: entrar a un orfanato. Esperar a que alguien decida adoptarlos o vivir en el orfanatorio hasta conseguir la mayoría de edad y empiecen a trabajar. En cuyo caso, también podrían vivir en el orfanatorio hasta que tu abuelo termine la guerra, solo te recuerdo que las guerras entre reinos tienen un plazo límite de once años, por la ley de William Clamer. Cuando la guerra termine, tu tendrías diecinueve y tu hermano quizás doce, ¿Quieren una vida asi?— Los chicos no dijeron nada, únicamente hicieron unas muecas con los labios —Eso me imagine. Asi que con todo gusto les deseo una prospera vida durante el tutelaje de mis compañeros. Al igual que un inmenso pésame. Doy por cerrado este acuerdo. Si me disculpan, tengo que ir a otras juntas, el mundo estará muy movido desde hoy, de eso estoy seguro.— El hombre se levantó, al mismo tiempo se levantaron Claarn y Arlong, ambos le estrecharon la mano y alagaron su visita. Martin se acercó para estrecharle la mano también. El anciano fue acompañado por los tres soldados hasta la puerta, donde un niño le esperaba, al igual que varios guardaespaldas. Antes de salir volteo con los chicos, asintió con una sonrisa y se fue.

    —¡Claarn, es un gusto poder verte nuevo!— Grito emocionado Arlong —Me encantaría hablar contigo de nuevo…

    El hombre del sombrero le estrecho la mano, puso una sonrisa dura en el rostro, pero hablo con un tono penoso —Me tendrás que lamentar, Arlong, pero es que tengo que asistir a unas reuniones, además de que tengo que arreglar unos asuntos con mis superiores ahora que acepte el cargo de tutor de los muchachos— Kian y Bruno voltearon al escuchar las palabras del hombre. Sus miradas se conectaron de pronto, fue una sensación difícil de explicar, solamente podría decirse que sabían que no tenían que retar a aquel hombre. Parecía ser un hombre demasiado rudo.

    —Debe de ser complicado… De hecho, ahora que lo recuerdo tengo que ir a otras reuniones también. Sera una noche difícil... Mi esposa me matara cuando no llegue hasta mañana…

    —No creo que sea solo esta noche, compañero, será asi durante varios días. Quizas no aquí, pero si en todo el mundo.... Yo bajare al primer piso, para salir del cuartel, ¿a dónde iras?

    —Yo tengo que subir al piso superior.

    —Podemos charlar en lo que llegamos a las escaleras.

    —Por supuesto.

    Martin interrumpió la plática con un tono molesto —¡Espera! ¿Te iras? ¡Tenemos que cuidar de los chicos en el cuartel, hasta que la casa esté construida! ¡¿Mínimo me Podrias decir a dónde iras?!

    —Lo lamento, es clasificado…— Murmuro Claarn en voz baja.

    Arlong trato de justificar las palabras de Claarn —Lo que sucede es que Claarn es una persona muy importante. No puede estar soltando información al aire. Llévalos a unas de las habitaciones para soldados extranjeros. Diles que te envió el Gral. Oster, ellos libraran una habitación solamente con eso. En caso de que quieran investigar, tardaran un poco, pero al final les darán la habitación. Te lo aseguro— Se acercó a su hermano, le dio una palmada en el rostro y le sonrió con la misma sonrisa blanca que Martin poseía —Estoy muy orgulloso de ti— Volteo hacia los chicos, todos sin excepción estaban cautivados por la suave voz del Gral. Price.
    El hombre les sonrió a los chicos y se les acerco, tomo a Mairis y Bastian de los hombros —No tienen que temer. La vida puede que sea dura desde este momento, pero pertenecen a familias de las sangres más fuertes que el mundo a conocido. Levanten la mirada como los grandes— El hombre les toco el mentón y con un tierno empujón hizo que los niños olvidaran su vergüenza y vieran aquel rostro tan noble, ambla y cálido —Si mi hermano les da problema siempre pueden comentármelo, yo me hare cargo de ponerlo en su lugar— Los chicos asintieron con un rostro más tranquilo. Ciertamente el hombre tenía una facilidad de la palabra. Arlong se levantó hacia donde estaba Claarn.

    —Volveré antes del funeral— Dijo Claarn con calma, mantuvo la mirada en Martin, el cual solo asintió. Volteo hacia los chicos —No vuelvan loco al joven…— Y se fue junto con Arlong. La compañera de Martin se fue con el Gral. De Milloria, no sin antes sonreír con un rostro feliz a Martin.

    Bastian observaba a aquel hombre llamado Claarn. Lo miro fijamente hasta irse de su vista. Por dentro resentía un sentimiento de enojo muy fuerte hacia al hombre, ¿cómo aquel hombre que supuestamente iba a ser su tutor les dejaba asi de repente? No parecía ser apto para tratar a los niños. No parecía tener la más mínima esencia de un sentido paternal. La habitación quedo en silencio unos minutos.

    —Creo que deberíamos descanzar…— Dijo Martin con un tono claramente nervioso tras romper el silencio.

    —¿A dónde iremos?— Pregunto Bruno con una voz baja y seria.

    —Hay unas casas que se encuentran cerca del cuartel. Iremos a una de ellas. Son pequeños departamentos, pero lo suficiente como para que puedan descanzar. Mañana veré que podemos hacer, quizás dar una vuelta por Hericent y LaneCloud para ir conociendo el lugar en el que viviremos…

    Kian se acercó un poco hacia Martin, cargaba a Mike, el cual observaba hacia todos lados con curiosidad. Un bebe muy bonito con ojos tan obscuros como su mismo cabello color carbón. El teniente percibió que el joven quería decirle algo.

    —Dilo, no te quedes con las ganas de saber, ¿qué hubiese pasado si…?

    Kian asintió y trago saliva. Aclaro la garganta, pues estaba nervioso —Lo que pasa es… ¿Quería saber si podía ir también con ustedes?...

    —Oh si, tu eres el amigo de Bastian…— Volteo a ver al niño pelirrojo que miraba a Kian con un poco de lastima —¿Hace cuánto lo conoces, Bastian?

    —Kian era como un hijo para mis padres, de hecho mi abuelo les había convencido de adoptarlo. Lo iban a hacer, pero… Bueno, ya sabes…

    Martin suspiro —Puedes venir, pero tenemos que hablarlo con Claarn cuando vuelva. Por mí no hay problema, pero ya lo viste, no parece ser un hombre realmente flexible…

    Kian bajo la mirada hacia Mike —No te preocupes, lo convenceré— Empezó a acurrucarlo, pues él bebe se estaba movimiento mucho.

    —Está bien, pues, vámonos— Los chicos le siguieron como unos patitos a su mama. Siguiendo al hombre que desde ahora cuidaría de ellos. Aunque ese hombre no sabía nada de cómo cuidar de unos niños. Y muy dentro de él existía una duda, sobre lo que había aceptado. Como cualquier joven, él no estaba listo para ser un padre.


    (...)​


    Durante los últimos retazos de aquella noche Martin se encontraba afuera del departamento. Observa el final de aquel día. No había podido dormir, a diferencia de los chicos, quienes quedaron plenamente dormidos al llegar a sus respectivas camas. De pronto escucho a Mike llorar. Fue tras él. Lo levanto y empezó a acurrar, pero el niño no cedía ante él —Maldita sea, en que me metí…

    —En una de las mejores aventuras, ser padre…

    Martin giro hacia la puerta, era Arlong junto con Violeta, su compañera, la chica que resguardaba la puerta junto con él.

    —Asi no se acurruca, Martin, ¿qué acaso no has aprendido nada con tus hermanitos? Dámelo— La chica arrebato a Mike de los brazos de Martin. Él bebe rápidamente quedo plenamente dormido. Martin se sentó en la silla que acompañaba la mesa de mala calidad que se encontraba en el departamento.

    —Estoy nervioso, es solo eso. Gracias, Violeta— La chica se sonrojo un poco tras escuchar las palabras de su Teniente Coronel. Siguió acurrucando a Mike con un tarareo de una canción.

    Arlong se sentó junto con Martin en la silla de un lado. Movió la mesa con el brazo antes de sentarse y observo que se tambaleaba. Soltó unas risas burlonas al ver como se movía —Quien podría haber dicho que sería yo quien fuera tío primero. Uno normalmente espera que sea el hermano mayor quien tenga hijos primero.

    —No son mis hijos, Arlong…

    —Pero aprenderás a quererlos como unos.

    Martin soltó unas risas con desgana —La vida me maldice por mis comportamientos del pasado…

    Violeta interrumpió con un tono molesto — ¿Maldice?— Murmuró para no despertar a Mike —Te ha bendecido, tan solo mira a esta hermosa criaturita. Me parece un acto sumamente honorable que aceptes cuidar a estos niños sin apenas conocerlos. No todos lo hubiesen hecho.

    Martin soltó unas risas delicada —Agradece a mi hermano, el me convenció de esto… A demás, no podía dejar a esos chicos solos con aquel hombre. Me imagino a los niños locos a las dos semanas. Por cierto, que pasa con aquel hombre, ¿Quién es? ¿Quién se cree para irse asi como asi y dejarme a los chicos solos?

    —Es un veterano de la cuarta guerra mundial. Él ha llevado a cabo varias misiones muy importantes para el Gobierno Mundial. Si no me equivoco tiene la capacidad suficiente para ser General Continental...

    —Si es tan grande porque no lo conocía, o porque no es un General de algún reino.

    —No puedo hablar sobre sus cargos o trabajos, además de que no conozco tanto como debes creer. Solo te puedo decir que es un hombre curtido en la guerra, tiene un alto rango militar y es un excelente guerrero. Créeme que si los chicos están con él, no tienes de que preocuparte.

    —Si entiendes que hoy murieron dos Generales Mundiales y un Ex General Mundial, ¿Verdad? Si los hombres que vinieron por ellos vuelven por estos niños, aunque estuvieran todos los Generales de Dorinda seria difícil mantenerlos a raya.

    —Pero si lo tienes a él, aunque sea podrás detenerlos un poco…

    —Si tú lo dices, hermano…— Martin se froto la frente junto con un suspiro. .

    —Oigan chicos, no les da gracia pensar en la cara de Faith cuando le digan que es abuela, y no solo de uno, sino de cuatro niños— Comento de pronto Violeta, fuera de todo contexto del que estaban hablando los hermanos. Sin embargo esto hizo reír a los dos hombres.

    —Veré si puedo conseguir una cámara para inmortalizar el momento de la noticia… Realmente será divertido ver el rostro de nuestra madre— Dijo Arlong entre risas.

    —Faith, Arlong, Faith, no es nuestra madre.

    —Oh claro, si, Faith.

    Martin empezó a reír —Demonios hermano, eres incapaz de no mantener esa cortesía con todos, ¿verdad?

    —Los modales hacen al hombre.

    Martin sonrió, volteo con Violeta y le corrigió —Por cierto, son cinco…

    La chica cargaba a Mike con delicadeza. Se sentó en el sillón, el cual estaba igual de duro que las sillas en las que los hermanos estaban sentados —¿Por qué cinco?

    —Tienes razón, ¿Te refieres al alumno de Abraham?

    —Exacto. Me pidió permiso para vivir con nosotros. La verdad no sé cómo tomarlo.

    —Acéptalo, es un buen muchacho. Muy especial, las pocas veces que pude hablar con Adam o Abraham; la diosa los tenga en un eterno descanso. Ellos me contaron buenas cosas sobre Kian. No deberías dejarlo afuera, supongo que Claarn lo aceptara por mero respeto a su mentor, Abraham Arcnaik.

    Martin se quedó pensativo. Asintió lentamente —Lo aceptare. Espero no solo me estés manipulando para darle una vivienda a otro chico.

    —Tu y yo sabemos lo difícil que es vivir solos, hermanito, también deberías recordarlo, para que pienses un poco mejor en tu decisión. Nunca olvides de dónde vienes. La nobleza a veces se disfraza de estatus, pero ser noble no necesariamente significa riqueza, proviene de la actitud, actitud que ganas con los hechos de tu pasado.

    —Créeme, nunca olvido de dónde vengo…

    —Excelente. Muy bien, Martin, nos tenemos que marchar. Solo pasábamos para
    despedirnos…

    —¿Crei que se quedarían hasta el funeral?

    —De ser posible, vendremos, pero Emma me contacto para decirnos sobre distintitas revueltas que se están llevando por Milloria. Al parecer alguien está agitando las masas, no en nuestro reino, en muchas partes del mundo. De hecho, ya he sabido sobre más de un acto terrorista a lo largo de la noche, y más de un golpe de estado a lo largo del mundo.

    Violeta contacto mirada con Martin. Ambos voltearon a ver a Arlong —¿Qué es lo que está sucediendo, Arlong?— Pregunto la chica con un rostro preocupado.

    —No lo sé, puede que alguien quiera crear algo… Ustedes saben que…

    —Otra guerra mundial…— Murmuro Martin.

    Violeta se exalto —Tan solo llevamos veinte años de paz desde la cuarta guerra mundial…
    Arlong asintió con un rostro serio —La muerte de Abraham, la leyenda de la antigua guerra pone un punto y aparte sobre el libro de la historia. Este es el fin de una era. Recen porque todo quede en una mera suposición. Nunca desee que ustedes o nuestras familias tuvieran que ver otra guerra. En cualquier caso, hay que estar preparados para lo que sea— Se acercó hacia su hermano, le cedió el brazo para que se levantara y después lo envolvió en un fuerte abrazo —Suerte— Le murmuro al oído. Su hermano no lo veía, pero sabía que Arlong tenía una sonrisa sincera en su rostro.

    Martin solo pudo contestarle con una voz temblorosa —Gracias, te odio por convencerme de esto.

    —Algún día me lo agradecerás. Le dio unas palmadas en la espalda y le soltó. Volteo hacia Violeta y la chica se levantó del duro sillón de color marrón. Acostó plácidamente en un pequeño cojín al pequeño Mike. Se acercó silenciosamente a Martin y le abrazo con calidez.
    —Cuídate mucho, Martin. Y cuídalos mucho a ellos también— Ambos giraron hacia él bebe que dormía plácidamente en el cojín del sillón. La chica se acercó a Martin y le beso en la mejilla.

    —Gracias, Violeta. Espero verte nuevamente. Salúdame a todos— Él también le beso en la mejilla.

    —Por supuesto— La chica le soltó y salió de la habitación detrás de Arlong. Martin salió a verles. Se quedó en la puerta hasta que les perdió de vista. Poco después el sol salió, iluminando todo el pueblo que se alcanzaba a ver desde los terrenos del cuartel. A la lejanía salía un humo grisáceo, ocasionado por los incendios de LaneCloud. El ruido seguía incesante de todos lados, pero esto no impidió que finalmente quedara dormido en el sillón junto Mike.


    (...)​


    Por una semana se quedaron a dormir en aquel departamento. Los chicos convivieron entre ellos, a lo largo de esa semana Bastian y Mairis se volvieron más cercanos. Bruno continuo tan serio como siempre, Martin juraría que podría contar las veces en las que podrían haber tenido una pequeña conversación. Kian por otro lado, todos los días iba a LaneCloud para ayudar en la reparación de las casas. Martin lo descubrió después de seguirlo un día por la mañana, no dijo nada, pero le parecía uno de los actos más nobles que había visto, pues el joven no recibía nada con ayudar a la gente de su pueblo.
    A lo largo de la semana observaron cómo siguieron llegando las personas importantes: Duques, empresarios, reyes, generales, hombres a cargo de la Gran Corte Mundial, Monjes del Gran Templo de la Diosa, entre muchos otros empezaron a llegar y se establecieron en Hericent y LaneCloud hasta la llegada del sexto día, cuando fue el funeral de todas las personas que murieron durante el ataque de los terroristas. Aunque el funeral fue opacado por la importancia de los padres de Bastian y del hermano de Mairis y Bruno.
    La velación fue llevada a cabo en las colinas a un lado de Hericent. Fue una velación triste, una velación donde recordaron aquella noche terrible, soldados, aldeanos, familias, gente inocente de vidas plenas y tranquilas que no debía morir. No así.
    Fue una despedida asombrosa, llevada a cabo por los monjes de más alto grado del Gran Templo. Un hombre regordete de edad avanzada, de barba larga color blanco como sus cejas y el poco cabello que aún le quedaba; El hombre vestía unas túnicas blancas, un manto con arreglos de color dorado y azul. Un sombrero que era más un bulto de telas revueltas. En su espalda se hallaba el símbolo de la diosa junto a las tres creaciones. En su mano se encontraba un vasto largo que se arremolinaba en la punta. Su túnica termina en las rodillas, de ahí se mostraban unos pantalones guangos de color blanco también. En sus pies no poseía ningún tipo de zapato; El dirigió la misa.
    A sus dos lados se encontraban otros monjes de túnicas blancas, con una vestimenta mucho más sencilla que la del líder. En una parte de la alineación se encontrar una mujer extraña. Una mujer de piel blanca, de cabello castaño claro con mechones blancos saliendo de su copete y de las laterales de su frente. Tenía una apariencia juvenil, aunque las canas no parecían ayudarle. Su ropa iba fuera de lo convencional de los otros monjes. Llena de collares de diferentes tipos de piedras. En su mano se encontraba un anillo como mínimo. Una ropa más bien moderna y tatuajes que le recorrían el largo de sus brazos. Constantemente miraba a Bastian, como si quisiera hablarle, aunque nunca lo hizo. Y Bastian creía recordarla, pero nunca supo de dónde. Los ojos de la mujer estaban hinchados y su nariz roja, como si no hubiera parado de llorar durante toda la semana. Entre todos los monjes y la mujer llevaron a cabo una misa junto con el ritual de cremación; Una mezcla entre cánticos acompañados de instrumentos, haciendo una sinfonía que hicieron derramar las lágrimas de más de uno. Las danzas propiciadas por los monjes y la mujer mostraban de una forma abstracta las distintas fases de una vida, desde el nacimiento hasta la inevitable muerte. Al final del ritual el hombre fofo de barba larga dio un discurso en el que lamentaba la muerte de todos los seres queridos. No fue un discurso como el que hace un hombre el cual su trabajo es ese, no fue para nada así. Fue un discurso del corazón.
    Detrás de los monjes se encontraban los cuerpos enteramente reconstruidos, realizados por artesanos de gran popularidad mundial. Los cadáveres de los fallecidos se encontraba sentados en sus tronos decorados con distintos detalles cada uno, para finalmente ser cremados después de ser bendecidos con un polvo especial, polvo que narraban las creencias supuestamente hacia descansar a las personas fallecidas, para que así la diosa pudiera diferencia el alma de los fallecidos y guiarlas al descanso eterno. La cremación de todos los cuerpos consumidos por las llamas de colores variados se vio sublime en el atardecer; Momento en el que se llevaba a cabo la cremación y finalización de la ceremonia, ya que los monjes recitaban que ese momento que indicaba el inicio entre el día y la noche, era lo mismo que el puente que hay entre la vida y el muerte.

    —Mairis…— Dijo en un tono silencioso, Bastian.

    —¿Qué paso?— Dijo Mairis entre lagrimas.

    —¿Alguna vez le tuviste miedo a la muerte?

    La niña se quedo en silencio, su figura se obscurecía y enclarecia tras las llamas que devoraban el cuerpo de su hermano. Mairis agacho la mirada —Si, cuando era mas pequeña recuerdo haber visto el pequeño cuerpo de pajarito tras una noche de tormenta… Mi hermano… Mi hermano se me acerco y me dijo: “La vida es un ciclo. Todos llegamos aquí y tenemos que irnos, sin embargo nunca desaparecemos. Nada cambia, todo siempre vuelve a donde pertenece. Este pequeño amiguito falleció hoy, pero mañana ayudara a su hermano a sobrevivir”, yo le pregunte, “¿Cómo?”, Edward hizo un pequeño agujero y enterró el cuerpo mientras me decía: “Este árbol da pequeños frutos que estos pájaros comen. Si observas arriba se encuentra mas de un pájaro igual a este. Ellos sobreviven comiendo de este árbol, este árbol tomara todo los nutrientes de este pajarito y los transformara en frutos. Gracias a estos frutos mas pájaros podrán tener mas pájaros. Al final todos volvemos a la tierra, esa es la naturaleza. No tienes que tener miedo de la muerte. Porque así como este pequeño pájaro ha muerto hoy, te aseguro que ayer vivió una vida feliz.” A pesar de ello no deje de sentirme triste, asi como ahora que estoy aquí, yo se que mi hermano vivió una vida feliz, pero yo no puedo dejar de llorar.

    —Es una bonita historia…

    —Gracias…

    —Yo, le tenia miedo a la muerte hasta hace una semana…

    —¿Por qué?

    —Porque hace una semana me di cuenta que me da mucho mas miedo que las personas que quiero mueran…— El niño se ahogo en un silencio. Mairis volteo hacia él. El niño estaba llorando de una manera desgarradora.

    —Bastian…— La niña se acerco a Bastian y le abrazo.

    —¡Ya no quiero llorar, Mairis!

    Martin observo la triste escena desde atrás. Sentia un nudo en la garganta al verles asi. Dio unos pasos hacia enfrente para acercarse hasta Bastian. Entonces un hombre se interpuso poniendocele enfrente.

    Bastian sintió una presión en su cabeza. Sintió el cuero deslizarse por su cabello anaranjado. Levanto la mirada y no vio nada por arriba del sombrero negro.

    —¿Yo no veo que estés llorando, hijo mio?— Dijo una voz gruesa. Bastian volteo, pero solo vio la espalda de una camisa negra. La espalda de un cuerpo que le hacía recordar a su abuelo. Claarn se marchaba lentamente hasta la fogata que consumía el cuerpo de Abraham Arcnaik.

    El niño sintió un poco de afecto. Bajo a un más el sombrero de Claarn, tapándole el rostro.
    Siguió llorando desconsoladamente, pero nadie lo vio. Martin sonrió ante el gesto.
    Finalmente las cenizas llenaron los lugares de los tronos, terminando así la despedida de aquellas almas.
    Para los chicos y las familias afectadas, esa despedida fue enteramente la que cualquiera hubiese querido. Y más de uno afirmaba que era lo mejor merecido que se habían ganado.
    Muchas personas pasaron con Mairis, Bruno y Bastian después de la cremación. Esta gente venía a dar el pésame por lo sucedido. Más de un rey, más de un General y un soldado se acercó hacia los jóvenes. Los chicos lloraron hasta el final de la cremación. Agradecían los pésames, pero dolía cada uno, dolía como la peor de las heridas.
    El mundo estaba vestido de negro por todo el enorme funeral. A lo lejos Bastian observo a un anciano que vestía de amarillo con un saco negro, parecía ser ciego y por lo más curioso que sonase, parecía estar viéndole. El hombre le sonrió y seguido, se acercó hacia el lugar donde había estado el trono de Abraham Arcnaik y le dejo unas rosas rojas a las cenizas de lo que alguna vez fue un cuerpo. Después Bastian le perdió de vista, sin saber por qué había presentido que le observaba.


    (...)​


    Durante la cena de la noche, cuando muchos de los reyes y duques ya se habían ido y solo quedaban familias y algunos soldados, la mujer que había estado durante la misa se acercó hacia Claarn, el cual había llegado poco antes de la cremación.

    —Se te ve bien esa guayabera negra— Claarn volteo. Cargaba un plato con comida en la mano. Se encontraba justo enfrente de la mesa de botanas cuando escucho el alago de una mujer.

    —A ti esa blusa. Aunque creo que se transparenta más de lo que debería— Comento Claarn a la mujer que había participado en la misa del funeral.

    —No sé si decir gracias, pero bueno…— Soltó un suspiro mientras se acomodaba un mechón gris que le rozaba el rostro —¿Cómo has llevado la noticia?

    —Tan mal como tú, supongo— Metió un pedazo de carne en su boca. Mastico rápidamente y trago, después continuo —No engañas a nadie Teresa, tus ojos están rojos desde que te vi. Seguro llegaste con los ojos así.

    —Así como los tuyos, Claarn— El hombre soltó una risa delicada al escucharla.
    La mujer tomo una rebanada de jamón en palillos, le dio un mordisco justo cuando Claarn pregunto —¿Dónde está Alejandra?

    —No lo sé con exactitud— Contesto con la boca llena. Trago y luego continuo —Sé que esta por aquí. Quizás esté hablando con algún espíritu de este pueblo. Siempre hace lo mismo cuando conoce lugares nuevos.

    —Es toda una vidente. Presiento que llegara a ser tan buena sacerdotisa como tú.

    —Incluso más.

    —Eso esperemos— La conversación quedó en un silencio. La mujer volvió a tomar otro pedazo de jamón en palillo, justo antes de dar el morisco ella pregunto —¿Hablaste con Nicolás.

    —Ese anciano ciego desapareció tan rápido como llego— Volteo hacia todos lados, como si tratara de buscar a alguien, pero no encontró a ese tal “Nicolás” —¿Hablo contigo?— Pregunto Claarn.

    —No. La noticia le debe haber afectado mucho. Rubén debe estar igual de destrozado. Es lamentable que no pueda salir de Arbal por la guerra contra Vinaria. Debe estar pasándolo muy mal.

    —Todos lo estamos pasando igual. Incluso aquellos que no se dignaron a venir…— Volvió a ver hacia todos lados, nuevamente sin encontrar nada.

    —Sabes que no pueden venir— Se quejó la mujer con una sonrisa.

    —Aunque yo hubiese elegido su camino hubiese venido— Contesto el con el ceño más fruncido de lo normal.

    —No todos piensan asi. Algunos quieren mantenerse ocultos. Incluso pienso que quizás más de uno vio el funeral desde lejos— La mujer señalo hacia las afueras del pueblo, después a las montañas y por último los bosques.

    —Eso es demasiado optimista— Contesto mientras observa el paisaje envuelto en la obscuridad de la noche.

    —Quizás— Contesto ella con un rostro solemne. Se mantuvo callada. Frunció el ceño y pregunto con el rostro un poco más serio —¿Tu quien crees que pudo haber hecho esto?

    —No lo sé— Contesto Claarn con la mirada al piso.

    —No crees que hayan sido…

    Claarn le interrumpió con una risa nerviosa —Por la diosa, no. Es imposible…— Se detuvo y se quedó pensativo —Aunque, uno nunca sabe…

    —Deberías investigarlo. Yo lo hare por mi propia cuenta. Espero poder ayudar lo mejor posible para que ejecuten a los culpables— La mujer volteo hacia la luna. Se quedó observándola durante unos segundos. Claarn le acompaño. De pronto la mujer hablo con un tono tranquilo —Me tengo que ir, Claarn. Fue un gusto verte.

    —¿Segura que no te vas porque me parezco a él?

    —Tú sabes que también eso afecta. Solo quería saber cómo estabas. Has un buen trabajo con eso niños. Confió en ti, todos confiamos en ti— La mujer le tendió la mano para que Claarn la estrechara. El hombre la estrecho con una sonrisa.

    —Gracias…— Dijo en silencio. La mujer sonrió y se dio la vuelta, camino unos pasos cuando de pronto Claarn hablo de nuevo —Oye…

    Teresa se dio una media vuelta —Mande.

    —Él nunca te odio— Dijo con una sonrisa.

    Teresa soltó una pequeña sonrisa —Espero un día poder escucharlo de sus labios. Adiós, Claarn— La mujer se volvió a dar la vuelta para continuar su camino. Se perdió entre las personas a los pocos minutos.

    —Adiós, Teresa.— Contesto Claarn con un rostro melancólico.


    (...)​


    Al día siguiente Bastian y los demás se mudaron a la casa donde ahora vivirían con Claarn y Martin. El pueblo había sido reconstruido, una mano de obra gratis, aunque los pueblerinos ayudaron en la misma reconstrucción. Los materiales para la reconstrucción eran de la mas alta calidad, todo como un regalo tras lo sucedido, todo por parte del generoso Gobierno Mundial. Sin embargo, muchos de los pueblerinos sabían que todo se eso se debía a que LaneCloud era el lugar donde vivían los Generales Mundiales.
    La casa había sido terminada, era muy grande y hermosa, de color blanco con una habitación gigante para chicos y chicas, a Mairis le iba increíble porque era la única chica. Todo un enorme cuarto únicamente para ella, mientras que los chicos compartían un cuarto entre todos. Una habitación para el sheriff, otra para Martin. Una cocina, dos baños, un cuarto de estudio que se usaría para poder dar clases a los niños, sala de estar, un cuarto extra para un visitante, entre otras cosas. Se encontraba alejada del pueblo. Esto fue por el hecho del gran terreno que tenía la casa, pues contaba con un amplio campo de entrenamiento. Cerca de la casa había cuatro vecinos, cada uno un tanto más separado del otro. La casa se encontraba pegada al bosque, justo a la izquierda y una pradera gigantesca llenaba el oeste del terreno, al fondo se observaba un camino que les dirigía hasta LaneCloud, el cual se encontraba a la lejanía de unos cuantos minutos.
    Este era su nuevo hogar, lugar de su nueva vida.
     
    Última edición: 23 Marzo 2019 a las 6:08 PM
  3. Threadmarks: [ Parte 1 ] Capitulo 2 - Nueva vida
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    18643
    Capítulo 2 — Nueva vida

    Era de mañana. El sol empezaba a dar sus primeros rayos. Los pájaros, al igual que los gallos empezaban a cantar. El cielo todavía mantenía un tono azul obscuro, pero con cada minuto este iba perdiendo su color y tomaba más claridad dejando un cielo despejado. La brisa de la mañana daba una frescura agradable en el aire, mojando el pasto del terreno de cada casa, dando un aroma fascinante. Los granjeros empezaban a levantarse para empezar sus labores en los plantíos. Los trabajadores del pueblo, como eran los panaderos o los que se encargaban de hacer las tortillas, empezaban a iniciar su jornada laboral. Algunos mercaderes empezaban a situarse en la zona comercial de LaneCloud. En el pueblo se escuchaba una tranquilidad casi absoluta, todo había vuelto a la normalidad. Las casas y negocios estaban reconstruidos, las familias respiraban en paz tras la despedida de sus familiares, pero en la nueva gran casa del nuevo sheriff y el apuesto Martin Price, tutores de los huérfanos Hellwell y Arcnaik, estallo un ruido estruendoso desde la recamara de la niña y los chicos.

    — ¡Qué demonios!— gritó Bastian tras levantarse de un golpe, tirando la sabana al piso, mientras que escuchaba los gritos de los demás por el susto. El sheriff y Martin el cual cargaba a Mike mientras lo alimentaba con un biberón, reían tras escuchar los gritos de los chicos que se encontraban en el piso de arriba.


    (...)​


    Unos minutos después todos estaban en la mesa desayunando. Aturdidos por la alarma sumamente potente que el sheriff había instalado en su habitación.
    Justo antes del desayuno, antes de bajar, los muchachos descubrieron que la alarma no tenía un interruptor para apagarse. Bastian estaba molesto por el ruido tan incesante, así que tomo la alarma y la arrojo por la ventana, cayendo dentro de la casa de los vecinos. Al salir de su habitación Mairis les comento a los muchachos que lo que tenían que hacer era buscar el control de la alarma para apagarla. Su control estaba ligeramente a la vista entre unos peluches enfrente de su espejo.

    —Sabes no es divertido lo que hiciste, sheriff— Gruño Bastian, mientras lo miraba con odio. Casi gritando por lo sordo que le habían quedado los oídos.

    —Para ti no. Ni para los vecinos ya que tiraste la alarma a su casa— Comento el sheriff mientras veía por la ventana la casa de los vecinos, después volteo a ver a Bastian y le dijo. —Tu mal comportamiento no puede ser ignorado. En la tarde cuando estemos entrenando recibirás un castigo. Reaccionaste muy impulsivamente y no de forma deductiva como Mairis. Su control no se encontraba tan escondido tampoco, se encontraba dentro del faldón de su lámpara de noche. A demás, Mairis es una y ustedes son tres…

    Bastian le envió una mirada de enojo. Sin embargo, era una observación muy exacta la del hombre. Mairis parecía haber reaccionado de una manera muy inteligente, muy superior a los muchachos. El sheriff ya tenía su atención sobre ella.

    —Ya veo que lo único que le gusta es molestar…— Murmuro el muchacho mientras le daba vueltas a sus huevos revueltos con el tenedor. El sheriff solo lo miró fijamente y después salió de la casa, hacia la puerta de los vecinos para pedir unas disculpas. Todos se quedaron callados y siguieron comiendo su delicioso desayuno. Quizás un hombre un poco loco, pero el sheriff era espléndido cocinero.

    Martin jugaba con Mike cuando los muchachos estaban comiendo. El silencio le incomodo así que decidió hablar —Las clases empezaran dentro de una hora chicos, los quiero puntuales a todos. Se llevaran a cabo en el cuarto que esta atrás de la casa— Ninguno de los niños le parecía hacer caso —Los que lleguen tarde recibirán un castigo por parte del sheriff— Bromeo Martin, sin crear ninguna risa. Hizo una mueca y seguido se levantó de su silla para llevar a Mike a la cuna de la sala.

    Una vez Martin se había alejado lo suficiente de la mesa, Bruno murmuró —Así que recibiremos clases en casa. Se nota el temor…

    —No podemos arriesgarnos a dejarlos solos sin vigilancia— Contesto Martin desde la sala —Los asesinos podrían volver por ustedes. La otra opción que teníamos era tener soldados en la escuela del pueblo para que los protegieran, pero temíamos de que los niños del pueblo se sintieran asustados con ellos en las clases— Martin entro a la cocina sin prestar mucha atención a las miradas de los niños. Se sirvió una porción de comida y siguió hablando —Las cosas cambian, para bien o para mal, pero estoy seguro que este cambio será para bien, confíen en mi chicos— Los niños se sentían cómodos con Martin. Sin embargo, para Bruno y Mairis era un poco triste pensar que ahora tendrían que dejar a sus amigos por lo sucedido con su hermano. Quizás tenían que confiar en las palabras de su tutor. Quizás todo pasaba por una razón. Aunque, como podían comprender eso unos recién huérfanos. Todos continuaron desayunando.


    (...)​


    Durante la mañana y el medio día los chicos estuvieron llevando clases con Martin. En ellas estaban llevando lecciones de escritura, matemáticas, ciencias, historia, etc. Clases que todo niño llevaría en la escuela, desde ahora tendrían clases todos los días exceptuando los domingos.
    Bastian era una persona a la que le gustaba estudiar, aunque siempre había estudiado en casa. En su joven vida nunca había estado en un grupo de clase, así que se sentía emocionado por ello.
    Mairis era aplicada y le gustaba estudiar también, pero a diferencia de Bastian ella sí estuvo en una escuela, extrañaba a sus antiguos compañeros, pero de cierta forma le gustaba estar en ese lugar. Dentro de ella podía entender que todo eso no podía ser del todo malo, era satisfactorio pensar que no tendría que estar soportando las preguntas de sus amigas y compañeros sobre lo sucedido con su hermano. Fuera de eso, aunque solo habían llevado por el momento una clase, le gustaba la manera de enseñar de Martin y se sentía cómoda con los chicos.
    Bruno y Kian no eran interesados en el estudio, Bruno solo era bueno para las matemáticas e historia. Tenía una extraña manía de pensar en formas en las que guerras pasadas pudieran haber sido evitadas. Su hermano había notado aquel interés. En su antigua casa tenían un pequeño cuarto donde Edward y Bruno se encerraban a hablar sobre guerras históricas. A demás de un tablero donde entre los hermanos fingían liderar ejércitos que terminaban peleando en guerras, en caso de que Bruno no supiera actuar de la manera adecuada. Edward le decía: “Un estudio divertido te ayudara a crecer ampliamente sin la necesidad de estar en un campo de batalla. Si en un futuro lideras un ejército sabrás que hacer
    Kian, bueno, simplemente era malo para todo lo de la escuela, pero le gustaba leer. Kian poseía una fuerte fascinación por su maestro Abraham Arcnaik. El joven era muy humilde y normalmente se encontraba apoyando a las personas que lo necesitasen. El pueblo lo conocía especialmente por ser el ayudante del sheriff, y como todo buen ayudante del sheriff, él ayudaba a las personas de su pueblo, por más pequeño que fuese el problema.
    En su momento Claarn había decidido “adoptarlo” siempre y cuando siguiera ayudándole en su labor de sheriff. El chico estuvo muy nervioso cuando llego el momento de pedirle ese favor. No porque temiera en donde podía vivir, sino porque quería cuidar de Bastian y Mike como sus hermanos de otra madre. Claarn acepto por esto mismo, sabía que no era un joven de malas costumbres. Además, ambos eran alumnos del mismo maestro y eso le daba puntos.
    Las actitudes de estos dos últimos chicos fue la razón por la que Martin se enfocaba más seriamente en enseñarles a estudiar solamente a ellos dos. Mairis y Bastian podía arreglárselas solos. La vigilancia de cada una de las aptitudes de los chidos por parte de Martin fue seria y muy rigurosa. Cada cosa que viera que no podían hacer bien o por todo lo contrario, que percibiera que lo hacían de una forma sumamente aplicada, está estrechamente ligada a ser anotada en la libreta de Martin.

    —Chicos ya casi acaba mi turno. Hemos acabado las clases de hoy— Las clases habían sido muy sencillas. Casi por completo había sido un repaso rápido de cosas que los chicos ya conocían desde el pasado, pero no se habían atrevido a comentar que ya sabían todo lo visto esa clase. Lo que no sabían era que Martin los estaba probando.
    Kian fue el único que tuvo un poco de problemas ya que Abraham normalmente le enseñaba sobre temas de matemáticas, física, química, etc. Pero nunca se detenía a escuchar las dudas de Kian, por lo tanto el muchacho no comprendía la mayoría de temas que Martin deducía que el joven debería dominar.
    Martin desvió el tema de las clases. Faltaban unos pocos minutos para que se terminara su hora como maestro, pero como siempre le había gustado ser muy puntual, entonces se decidió a comentar algo al azar, para conocer un poco más a los chicos.

    —Tengo interés en algo en especial— El hombre los miro atentamente. Los jóvenes se pusieron algo nerviosos — ¿Cuál magia es la que quisieran adoptar?

    Bruno desvió su mirada he hizo una mueca —Pues es una decisión difícil. Una vez que aprendes una magia es difícil aprender otras. Quizás… no la verdad es que no he pensado en ello…— Divagó Bruno mientras tenia los brazos en triangulo tapando la figura de su boca.

    —Es difícil, pero posible, eso no lo olvides. No te preocupes por pensarlo ahora, algún día sabrás cual es la que tenías que adoptar. La primera adopción solo es una magia especializada, después puedes volver otras magias tan especializada como la primera— Corrigió Martin apuntándole con una pluma.

    Mairis levanto la mano esperando que le preguntasen, al ver ese entusiasmo por parte de ella Martin no dudo en darle la palabra. La chica se levantó de su asiento, como todas las veces en las que participo a lo largo del día —A mí me gustaría tener la magia de fuego, profesor Martin.
    —¿Fuego? Bueno es la magia más común y las más fácil de adoptar, pero es una magia muy potente una vez que se haya adiestrado correctamente. Muy buena decisión, pero ¿porque esa magia?

    —Bueno, hay un cuento, se llama “La doncella del sol” ¿No sé si lo conozca?— A lo que Martin negó con la cabeza.
    Mairis era muy alegre y energética así que no tardo en empezar a explicar la historia del libro

    —En ese libro narran la historia así: “La doncella tiene un enamorado, pero a ella no le gusta. Su padre quería que se casara con él por motivos monetarios. Un día el enamorado al saber de los verdaderos sentimientos de la doncella decide mandarla a matar, pues no logra comprender como un joven tan apuesto, rico y de buena familia puede llegar a ser rechazado. Él y sus hombres van tras ella. Cuando ya no tenía salida y estaba arrinconada por los matones de su enamorado, y el mismo enamorado; cayó una llama del cielo que volvió cenizas a los hombres en un instante. El fuego se disipo, enviando las llamas de vuelta al sol. La princesa agradecida con el sol hizo la promesa de algún día saldar su deuda con él. Ella aprendió la magia de fuego durante muchos años hasta que un día el sol se apagó. La doncella dio su vida por el sol transformándose en las llamas de este y saldando así su deuda…” A mí me gusta mucho ese cuento, me lo contaba mi hermano cuando no podía dormir. Claro, cuando yo era más pequeña— La mirada de Mairis era feliz e irradiaba alegría desde ella, sin duda alguna la niña era la que traía emoción positiva a la clase y a la casa —Pero también, es que esa magia era en la que mi hermano mayor estaba más experimentado. Yo quiero ser como él, si él pudo, yo también lo hare.

    La voz de un niño sonó ahora —Es una buena historia entiendo porque te gusta, incluso que esta resumida, la historia debe ser genial, Mairis— Bastian sonó muy adulador pero a Mairis no le molesto incluso se alegró y le agradeció.

    —Bastian tiene razón, es una gran inspiración, se nota tu amor por aquella historia y por tu magia, espero que tu magia te lleve lejos, ¿y tú Bastian? ¿Alguna magia en especial?

    Bastian se sintió nervioso, aunque ya había estado pensando en su respuesta antes de que le preguntaran —No quisiera llevar la magia de ninguno de mi familia, planta, hielo, fuego, son magias que no me interesan aunque me gustaría adiestrar en memoria a ellos… Quitando esos motivos de lado, deseo utilizar la magia de aire. Siempre me ha emocionado el uso de esa magia, recuerdo que mi abuelo me contaba sobre un compañero de guerra que usaba esa magia y era de los pocos hombres que podían hacerle frente. Alguien que podía hacerle frente a mi abuelo, ¡Eso es increíble!— Nunca se le había visto tan feliz durante toda esa semana, sin duda alguna se emocionaba por hablar de su abuelo y cosas que le gustaran.

    —Veo que ustedes enserio están entusiasmados por esta platica, pero no he escuchado a Kian, ¿Qué magia desearías adoptar, Kian?— Preguntó, mientras recogía sus papeles y libros en un maletín marrón.

    —Yo ya tengo una magia— Bastian trago saliva. Los demás voltearon a verle y él se sintió muy incómodo. Cruzo sus brazos mientras se encogía de hombros.

    —¿Enserio? Eso no lo sabía de ti, Kian ¿Cuál magia adoptaste?— Paró de recoger los papeles, la intriga lo consumió. Todos miraban a Kian, pero él no quería hablar, frunció la boca. Tras unos segundos de expectativa el chico se dignó a hablar ya que sabía que si no lo hacía no dejarían de verle —Magia de tiempo.

    A Martin se le cayó el maletín al escuchar semejante noticia —Una magia prohibida…— Murmuró mientras seguía tratando de comprenderlo.

    —¿Magia prohibida?— pregunto Bruno.

    —¿Nunca lo habían oído?— Los chicos negaron saber algo sobre el tema —Está bien, les explicare. Una magia prohibida es una magia que no es común en adopción, se necesita pertenecer a un clan en específico, solo para empezar a hablarles de lo impresionante que es esto. Normalmente se necesita de distintos entrenamientos muy complicados, a diferencia de las magias normales, que es una prueba absoluta. Hasta la fecha no se conoce de alguien que haya podido dominar las magias prohibidas sin pertenecer a las mismas dinastías. Se dice que ese tipo de magia solo fluye entre la sangre del mismo clan. Las magias prohibidas son muy poderosas y la mayoría de las veces las personas que las usan son reguladas por el Gobierno Mundial, para que estas tengan un buen uso. No es común ver a una persona que las controle.

    —Pero, ¿por qué son prohibidas?— Preguntó Mairis.

    Martin se quedó callado durante unos segundo, pensando en si hablar o no. Al final lo hizo, ya que podía ser que Kian no lo supiera —Durante la Cuarta Guerra Mundial existió un hombre llamado Akira Dorian Wish…

    Bruno interrumpió —Si, lo conozco, famoso investigador de grandes curas de distintas enfermedades. Además de grandes avances médicos, como arreglar la paraplejia. También fue inventor de múltiples armas y maquinas que usa el ejército actualmente…

    —Exactamente, ese hombre. Olvidaste comentar que se le intento encarcelar por un engaño que intento generar al Gobierno Mundial, al parecer decidió hacer experimentos a los cuales se le prohibió el permiso de la investigación. Cuando el Gobierno se percató de ello se decidieron a encarcelarlo. Sin embargo el hombre desapareció en las islas medias. Muchos dicen que probablemente se suicidó en el mar, pues nunca se encontró ningún cuerpo. Después de que eso pasara, el Gobierno Mundial decidió destruir y confiscar todas sus investigaciones. Se dio un ultimátum: “Todos los clanes aliados a los experimentos del Dr. Akira D. Wish serán encarcelados por traición al Gobierno Mundial, desobediencia y apoyo de actos criminales”. La mayoría de los clanes de esos tiempos apoyaban los experimentos de Akira, finalmente se desato una batalla que termino con el exterminio de todos los clanes…

    Bastian esta vez interrumpió —Es por eso que Kian normalmente no utiliza su magia. Mi padre nos decía que no había ningún problema actualmente, ya que la existencia de magos con magia prohibida es extremadamente pequeña. Aun asi, mi abuelo advertía que no se confiara y tratara de hablar lo más poco que pudiese del tema. Decía que no sabíamos quién podría estar interesado en ese tipo de poder.

    —Me parece una decisión razonable.

    —Lo siento por no comentárselo antes— Comento Kian encogiéndose de hombros.
    Martin mantuvo la mirada en el muchacho. Se tallo su barbilla e hizo una mueca — ¿Quiénes saben de esto?

    Kian contesto rápidamente —Lo sabía la familia Arcnaik y se lo comente al Detective Fabricio durante el interrogatorio.

    —¿Tienes planeado ser soldado, Kian?— Pregunto de pronto le hombre.

    La pregunta fue repentina. Kian no había estado preparado para contestar. Lo pensó entre balbuceos hasta que finalmente contesto con una palabra correcta —Quisiera…— Contesto finalmente.

    —Entonces está bien, tarde o temprano iban a enterarse de ello. Sigue manteniendo tu magia por debajo del agua para que no haya problemas, ¿está bien?— Martin viendo el comportamiento de Kian; algo nervioso y absolutamente nada cómodo, les permitió a los chicos salir del salón de una vez, de igual manera su primer día de escuela ya había terminado. Bueno, había terminado con él, pues durante la tarde ellos serían entrenados por el Sheriff en un campo de entrenamiento que estaba detrás de la casa.

    El campo de entrenamiento era un lugar muy grande, hecho de tierra y con la vista hacia la gran cantidad de árboles del bosque.

    Martin se detuvo a rejuntar los últimos papeles que se le habían caído. Los chicos ya se habían ido. Miraba hacia afuera de la habitación, era impresionante estar viviendo con los hijos de Adam Arcnaik y Heidi Greenburn. Al igual que con los hermanos menores de Edward Hellwell. Sin olvidar que aquel alumno de Abraham Arcnaik era un usuario de magia prohibida. Ahora mismo comprendía las palabras de su hermano Arlong: “Acéptalo, es un muchacho especial. Muy especial”. Martin soltó unas risas delicadas —Vaya que lo es…— Mascullo para sí mismo. Tomo su maletín pensando en lo extraña que era la vida. Un día eres un Teniente Coronel de Milloria, de un momento a otro eres Tutor de unos niños, sin olvidar que ahora era el compañero de un soldado como lo era Claarn A. Bohm. Sin duda las experiencias que vivirían en ese lugar podrían ser muy extenuantes y enriquecedoras.

    Salió de la habitación pensando en que le depararía el futuro.


    (...)​


    Había pasado unos pocos minutos después de terminada la clase de Martin. Los chicos estaban alineados horizontalmente frente a Claarn, todos con un traje de entrenamiento completamente nuevo. El hombre parecía estar esperando un minuto exacto, pues se encontraba mirando atentamente su reloj.

    Soltó un grito inesperado —¡Muy bien, renacuajos! ¡Quiero verlos en posición de firmes!— Los chicos se asustaron, inmediatamente le hicieron caso. Martin empezó a reír. Se acercó hasta el portabebés que se encontraba a un lado de un tronco que servía como silla. Mike estaba plenamente dormido. Parecía que nada podía despertarle, tenía uno de los sueños más pesados que el Teniente Coronel había visto.

    El sheriff continuó —Mis entrenamientos son rigurosos, aquí no hay desigualdades, todos entrenaran parejo. Aquel que no logre terminar alguno de los ejercicios será castigado con una rutina más rigurosa. La única forma de que paren sin hacer mis ejercicios es desmayarse o morir, ¿Entendido?— Los chicos se encontraban asustados y escépticos, ¿Sería posible que acaso hiciera algo como eso? Que equivocados estaban, el sheriff era un hombre de palabra y de reglas brutas. Era un hombre muy estricto y exigente.

    Al inicio de la tarde los puso a correr con un costal de azúcar en la espalda, ellos debían de dar diez vueltas al terreno de la casa sin ninguna excepción. Él decía que era misericordioso al dejarles caminar cuando se cansaban. La casa no era pequeña y mucho menos el terreno, el cual era enorme, asi que las diez vueltas fueron un calvario. A lo largo de la rutina el sheriff observo a Bruno deteniéndose, Claarn los amenazó a todos con la cena. Bruno continuo, no quería que los demás no comiesen por su culpa. Fue duro, pero todos terminaron las diez vueltas. A los pocos minutos de haber terminado de correr, Claarn se decidió a que la siguiente rutina serian lagartijas, sentadillas y abdominales, doscientas cincuenta de cada una. Queda de más decir que era muy cansado, pero el Sheriff no se sentía bien con esto, por último, decidió terminar con un entrenamiento de armas, practicarían con espadas, pistolas de bajo calibre y arco.
    Los chicos descansaban mientras el sheriff iba por las armas. Todos estaban agotados. Sudaban por montones, tenían el rostro rojo y respiraban con fuerza. Martin observaba con tranquilidad, quizás si era un entrenamiento un poco difícil, pero nada fuera de lo normal de lo que hacían en los campos de entrenamientos del ejército. Aunque algunos podían saltarse esa etapa de entrenamiento si demostraba tener ciertas actitudes físicas más que aceptables. Durante la junta que se dio con el General Mundial Oster, se dejó claro que parte de la educación que se daría durante el tutelaje de los muchachos serian lecciones sobresalientes a las de cualquier soldado común, al igual que se haría un rutina intensiva de ejercicios para que cuando llegase el momento, los herederos de ambas familias entraran al ejército. El General Mundial Oster deseaba que esos niños remplazaran los puestos de sus familiares en algún momento. Deducía que querrían ser soldados. En esa semana que Martin pudo estar con ellos supo que poco se había equivocado.
    El hombre volvió con siete paquetes volando alrededor suyo, levitando. El hombre estaba utilizando magia para no esforzarse demasiado. Se posó frente a los chicos con una mirada dura. Casi como de decepción. Los paquetes empezaron a bajar lentamente. Cuatro paquetes se alinearon por tamaños. Quedo uno arriba de los cuatro alineados y los otros dos a un lado de tronco en el que se encontraba Martin.

    —Póngase el equipo de seguridad. De una vez les digo que seré brusco, no importa su edad o su género. Si demuestran tener un poco más de nivel yo también subiré la dificultad del entrenamiento. Empezaremos por Bruno, es quien tuvo más dificultades a lo largo del entrenamiento— Los chicos asentían con suspiros largos. Claarn se impaciento al ver que no se movían —¡Pónganse el equipo ahora mismo! ¡Son tan lentos como una tortuga del desierto de Ilu!— Los chicos se apuraron, yendo hacia los equipos de seguridad. No tardaron en darse cuenta que estaban ordenados por talla.

    Empezaron a ponerse los equipos, pero tardaban demasiado —Demonios, como es posible que hijos de soldados no sepan ponerse un simple equipo de seguridad…

    —Cuando entrenaba con mi padre o mi abuelo nunca utilizaba un equipo de seguridad— Renegó Bastian con un rostro molesto. Repudiaba la actitud del sheriff.

    —Tu padre y tu abuelo no entrenaban contigo, jugaban a las espaditas— Dijo en un tono alto y claro. Bastian estaba a punto de contestarle, pero Kian le tomo el hombro y le negó con la cabeza. El rostro de Kian parecía preocupado, el chico estaba consiente de cómo era que debían actuar con alguien como Claarn. Más de una vez tuvo que tratar con personas como él durante su trabajo.

    Martin se puso de pie —Déjenme ayudarles…

    —¡No!— Grito el sheriff —Déjalos solos. Deben aprender a que no siempre estará alguien ahí para ayudarlos.

    —Pero si los ayudo podrán entrenar más rápido.

    —Es mi momento de entrenarlos, no el tuyo. Acepta mis reglas o regrésate a Milloria— Martin tomo un respiro y apretó los puños. Claarn no solo no era de su agrado, era grosero, era molesto y a veces era imposible de entender. Había algo que chocaba entre ellos. El joven tutor pensaba que eran las personalidades de cada uno, ya que no habían convivido más que una noche y un poco de la mañana, pero no habían congeniado en lo más mínimo. Un problema serio, pues el joven creía que todo iría mejor si trabajaran en equipo. Finalmente tomo asiento nuevamente en el tronco. Los chicos se habían quedado quietos en el momento en que su tutor favorito le había contestado al sheriff, en el momento en el que Martin tomo asiento, ellos volvieron a intentar ponerse la protección.

    Cuando finalmente Bruno logro ponerse toda la protección, el sheriff le lanzo una espada de madera. Era ligeramente pesada, como si se tratara de una normal. Su maestro se levantó y camino hasta el centro del terreno de entrenamiento, ahí donde había una tierra plana, casi como el sementó. El chico le siguió con miedo, los demás le siguieron a él con expectativa.

    —¿Alguna vez has usado una espada, Bruno?— Pregunto el hombre con calma.

    —Alguna vez hice un entrenamiento con mi hermano. Sin protección especial, asi como dice Bastian. Conozco la postura que se debe tomar, y más o menos la manera en que se bloquea y ataca. Fuera de eso, creo que no se mucho más.

    —Me parece suficiente— El hombre levanto su palma. Bruno se detuvo. Claarn siguió caminando unos pasos más —La razón por la que entrenaremos con la espada es clara. Un gran guerrero que domine la espada puede ser tan bueno como un escuadrón de soldados armados. En el mundo hay muchos soldados bastante habilidosos, tanto en el uso de armas de fuego, como en la espada, uso de la lanza, cuchillo, etc. Incluso armas como lo son los arcos también suelen ser usados en el ejército aunque no lo crean. En el momento de una batalla cada una de estas aptitudes cuenta, es necesario estar preparado para cada caso posible. A lo largo de mis entrenamientos aprenderán distintos tipos de lucha, distintos manejos de armas y explosivos. Aprenderán a sobrevivir en un campo de guerra y en la vida real. En su debido momento les enseñare a despellejar pieles, a utilizar el cuero para crear prendas, a aprovechar hasta lo más insignificante de un animal. Les enseñare como ser sigilosos, como robar, como mentir, como actuar en un personaje encubierto. Si es posible les enseñare como liderar, como planear un ataque, como llevar a cabo un ataque, como mover hombres y armamentos. Como conducir cada máquina que yo conozca. Los volveré soldados natos, asi como el Gobierno Mundial quieren que sean, y como sé que ustedes quieren ser.— Claarn se detuvo, se dio la vuelta y mantuvo la vista en su alumno. El niño sudaba por los nervios. Las piernas, al igual que sus manos parecían bailar en un movimiento incontrolable —¡Bruno, ven y ataque con todo lo que tienes!

    El chico tenía miedo, pero sabía que podía ser peor si el hombre se acercara dispuesto atacarlo. Corrió con la espada de madera en las manos. Observo la posición de su maestro, utilizaba solo un brazo para sostener la espada y un pie delante del otro en una posición casi como de cuclillas. Su mirada daba miedo, parecía tan dispuesta a defenderse. Bruno tuvo miedo antes de llegar con el hombre. A Claarn no le agrado para nada esto. Se acercó en un movimiento rápido, de pronto ya se encontraba frente a Bruno. El chico apretó los dientes con su rostro envuelto en miedo, levanto su arma hacia arriba para bloquear el ataque inminente. Las espadas chocaron. El golpe le creo a Bruno un dolor en las manos. Observo el arma dar vuelta en un círculo. El dolor de pronto se vio envuelto en sus costillas tras un tajo certero por parte de su maestro. El choque de la protección contra la espada fue brutal. Tronando en los oídos del chico. Dejando tanto a Martin como a los otros sorprendidos. Bruno se tambaleo con unos gritos de dolor. Cayo al suelo aturdido, con las rodillas en el suelo. La protección había hecho su trabajo, pero igual el golpe había sido demasiado duro.

    —La razón por la que te golpee tan fuerte es porque tuviste miedo de atacar. Imagina que esta espada fue de verdad y que yo no fuera tu tutor. Ahora mismo estuvieras muerto, ¡Levántate niño y deja de lloriquear!— Bruno estaba haciendo una mueca de dolor, apretaba la mandíbula con fuerza y ahogaba un grito en su garganta. Los ojos le lagrimeaban un poco. No quería seguir, pelear nunca había sido lo suyo, su hermano Edward lo sabía bien. Sin embargo, sabía que de no atacar volvería a recibir otro poderoso golpe. Levanto la vista hacia Claarn, la mantuvo de manera desafiante, pero de poco a poco se fue debilitando, nuevamente sintió miedo.

    —Tú lo has decidido, muchacho— Mascullo el hombre. Lanzo una estocada feroz hacia el pecho del chico. El niño levanto la espada en un movimiento involuntario y bloqueo el golpe. Se puso de pie deprisa, lanzando un tajo contra el hombre. El sheriff bloqueo su ataque. Un ataque débil y desesperado. La espada de madera se desvió, junto con el equilibrio del chico. Claarn se percató de ello, metiendo un golpe en el casco de Bruno. El chico se fue hacia atrás. No se percató que el golpe había sido para que no cayera. Una ayuda.

    Volvieron a mantener la mirada. Nuevamente Bruno temblaba y el sheriff negaba con la cabeza, completamente decepcionado. Continuo con su serie de ataques hasta finalizado unos largos diez minutos.


    (...)​


    La tarde continuo. Después de Bruno continuo Kian. Su batalla fue interesante. El chico sabía cómo moverse con la espada, aunque no era demasiado talentoso, parecía haber tenido un entrenamiento ligeramente bueno. No como el que esperaba de un alumno de Abraham Arcnaik, pero si uno bueno. Sin embargo aun con todo ese talento fue incapaz de golpear al sheriff. Sus movimientos al percatarse de esa habilidad se volvieron más certeros, más rápidos y más duros. Era clara la diferencia de habilidades y experiencia que había entre cada uno. Kian termino su práctica con bastantes golpes, no tanto como Bruno, pero sí bastante lastimado.
    Continuado siguió el turno de Mairis. Fue una grata sorpresa. En el momento en el que el sheriff observo como se movía, descubrió que ella era talentosa, muy talentosa. Sus movimientos veloces le complicaron al principio. Después se nivelo junto con la chica para no hacerla ver tan sorprendente. En más de un momento Mairis casi fue capaz de dañar al sheriff, pero este la mandaba a volar con fuertes golpes de su espada de madera. Al momento de finalizar la chica logro esquivar dos de los tajos de Claarn, se acercó bruscamente hacia él, por un costado, lista para arremeter un golpe certero. Sin embargo el sheriff se agacho esquivando el golpe, a cambio le dio una estocada poderosa en el pecho que la mando a volar por los aires. Cuando cayó en el duro suelo la chica se encontraba sin aire. Los chicos se acercaron hacia ella con preocupación. Martin observaba expectante, pero estaba preocupado por el poderoso golpe. No le parecía en lo más justo la forma en que se dirigía hacia aquellos niños, mucho menos después de la espectacular forma en que peleo la niña.

    —¡Estas bien, Mairis!— Grito Bruno corriendo a toda velocidad.

    Desde la otra esquina el sheriff poso su espada frente a su rostro. Hizo una reverencia, cosa que no había hecho hasta el momento, y después hablo —Un excelente trabajo, Mairis Hellwell. Tienes un enorme talento, espero que sigas creciendo de esa manera.

    Los chicos ya se encontraban a un lado de la chica. Mairis gemía al tratar de tomar aire. Era claro que no había puesto la más mínima atención a las palabras de Claarn, las cuales eran unas grandes palabras de honor. El hombre no se lo decía a cualquiera. Ahora la chica tenía la atención de ambos maestros.

    Bastian se giró, en su rostro había un gesto más molesto que el que nunca había tenido. Sus dientes se mostraban en su mueca. Su mirada mostraba un fuego rabioso —¡¿No crees que te pasaste de la raya?!

    —En lo absoluto. Peleé al mismo nivel que ella merecía.

    —Estas loco, un poco más y le hubiese roto algo.

    —Heridas que dan experiencia— Bajo su espada, poniéndola entre un listón que le servía como funda —Te aseguro que nunca volvería a cometer los mismos errores. Por ejemplo, ella se confió, fue la razón por la que pude encestar esa estocada.

    —Tú no comprendes verdad. Somos niños, no soldados con los que puedes ponerte al igual— El niño se levantó en un impulso poniendo su pie frente al otro en una posición desafiante.

    —Aquí no es de que sean soldados o niños. Son guerreros, como todos en nuestras vidas. Estos entrenamientos te harán fuerte. Te volverás alguien al que no pueden pisotear. Termina de ponerte esa armadura y ven por unas cuantas lecciones de respeto. Siente un poco las enseñanzas de la vida.

    —No me pondré el equipo…

    —Eres un niño malcriado, mimado, burgués, arrogante y sobretodo quejumbroso. Nada parecido a lo que era tu padre, ni tu abuelo. Me niego a ser tutor de alguien como tú, asi que es mejor que vayas cambiando esa actitud, niño…

    —¡Nunca llamaría tutor, mucho menos padre a un hombre que trata de esta forma a unos niños! ¡Además, eres cien veces más arrogante de lo que puedo llegar a ser!

    —¡Yo no quiero que me digan ni tutor, ni padre! ¡Soy Claarn A. Bohm, el hombre que los cuidara hasta el momento en que tengan edad para irse de esta casa!

    Martin se interpuso ante los gritos. Ya había llegado demasiado lejos. El solo hecho de que el sheriff le estuviera hablando de esa manera a Bastian era ridículo — ¡Claarn, para con esto, no tienes que gritarle a Bastian! ¡Admite que te pasaste de la raya con ese último golpe a Mairis! ¡No querías perder, es todo lo que querías, es por eso que atacaste asi! ¡Bastian, tu ponte ese traje y deja de ser tan pesado!

    Claarn observo a Martin con indiferencia, pero le tomo la palabra. No se disculpó, pero se quedó callado.

    Bastian mantuvo su mirada rabiosa —No me pondré el traje. Te voy a golpear sin ninguna protección. Después de eso quiero que te disculpes con Mairis…— Mascullo con una voz ahogada. Deshilo los listones que sostenían la protección a su cuerpo, se quitó cada pedazo de armadura hasta quedar completamente ligero.

    —¡Bastian, no seas ridículo!— Grito Martin con un tono molesto.

    —Calla, Martin. Si él quiere intentarlo que lo haga. Alguien tiene que ponerlo con los pies en la tierra. No puede dirigirse asi a un maestro. Cualquier Capitán del ejército ahora mismo ya te tuviera en el suelo. Tú debes saberlo tan bien como yo.

    Martin pensaba que tenía razón, pero igual era muy peligroso que entrenaran con tanta seriedad con alguien como Claarn sin ningún tipo de protección. Apretó los puños, ahogando su enojo —Muy bien, pero no le rompas nada.

    —Eso espero— Dijo el veterano entre dientes.
    El sheriff clavo su vista en el niño pelirrojo, de baja estatura, delgado y pálido. Entonces el hombre empezó a recordar todo lo que sabía sobre el niño, al igual que lo había hecho con todos lo demás antes de él:
    Bastian Arcnaik. Niño noble de la familia Arcnaik. Legítimo heredero de las fortunas de las familias Arcnaik y legítimo príncipe del reino de Arbal. Entrenado de forma básica en distintas artes marciales y uso de espadas. Ningún entrenamiento de armas de fuego, el mismo caso se encuentra para la magia. Su educación fue únicamente impartida en casa, mayormente por sus padres y abuelo. Su actitud es rebelde ante mi presencia. Tiene un ardiente sentido de la justicia. Supongo que eso fue impartido mayormente por parte de su abuelo. Tenía algunos amigos, pero ahora mismo no cuenta con ninguno. Algunos de sus maestros de estudio en casa tienen ubicación desconocida, pero no importan, no es que los necesite. Se me comento alguna vez que en muchos casos el niño no hacía caso sus mentores. El estudio parece ser uno de sus grandes fuertes, pero suele ser demasiado arrogante, por lo que eso le lleva a confiarse. Pensar que ese bebe llorón que alguna vez cargué, crecería para ser un niño mimado y quejumbroso. Creí que Abraham sería más estricto con él. Bueno, quizás se rebajaba porque era su nieto… No puedo permitir que me hable de esa manera. Tiene que saber que desde ahora no es un niño de alta cuna, no se servirá lo que él quiera, no se hará lo que él quiera, no se entrenara cuando él quiera, ni me rebajare solo porque tiene unos rasguños el o sus compañeros.

    El hombre levanto suavemente la espada falsa que traía en su mano izquierda y engruesó la voz, que de por si era algo gruesa —Acepto tu trato, aunque pienso que estas siendo muy insolente, chico. Te aseguro que te lastimare, así que me abstengo a quejas futuras, ¿entendido? En cambio, si no logras golpearme tendrás que mantenerte cayado durante mis entrenamientos. Aceptaras cada uno de mis ejercicios. Yo por otro lado no solo admito que me disculpare, también tomare todos los consejos que quieras darme sobre como entrenarlos, ¿Aceptaras este trato con la palabra de un hombre?— Claarn contaba con una sonrisa macabra en el rostro.

    Martin se había movido esta vez a la piedra que se encontraba al otro lado del terreno. El sol ya le estaba molestando. Movió el portabebés junto con él. Se movió hasta donde se encontraba un árbol sólido y resistente. Seguía sin mantenerse cómodo con la situación, no le gustaba el carácter de Bastian hacia el sheriff. Ni ese tipo de actitud que tenía Claarn.

    Mairis le tomo del antebrazo y le dio un par de jalones. El chico se encontraba pensativo, pero tenía un ligero aire de valentía, más grande que el de cualquier otro. La chica empezó a hablar, el niño logro captar las palabras de su compañera —Bastian, el sheriff nos lastimo, pero tampoco es serio…— Mairis jadeaba un poco entre cada palabra — ¿No lo ves? Ya estoy bien, no fue para tanto. Lo hace por un motivo, todo lo está haciendo por un motivo, pero si tú luchas sin protección terminaras mucho peor que nosotros. No pienses en nosotros, trata de pensar en ti. No quiero… No, no queremos que te hagas daño.

    Él no habló, ni volteó.

    —¡¿Me escuchas Bastian?! ¡Hazme caso, no te vayas a enfrentar al sheriff asi! ¡No quiero que salgas lastimado! ¡Bastian! ¡Chicos ayúdenme!— Bruno y Kian se encontraban congelados. No sabían si apoyar o no al chico. Apoyarlo significaría un rechazo por parte del sheriff, que podría terminar en ejercicios más rigurosos, o rutinas más pesadas. En el otro caso significaría una pérdida de confianza de Bastian. No querían ninguno de los dos posibles futuros. No dijeron nada.

    —Son unos miedosos…— Murmuró para sí misma. Se volvió de nuevo a Bastian, el niño con el que tanto había estado conviviendo durante esa semana y que enserio le agradaba. Era como otro hermano mayor. No deseaba que le pasara nada. Aunque era un sentimiento compartido, porque Bastian tampoco deseaba que a ella, ni a ninguno les pasara algo malo. Y esas heridas que tenían en sus cuerpos por los golpes del sheriff eran prueba de la impotencia de su deseo.

    —Bastian deja la espada, por favor— Mairis lentamente acerco su mano hacia la espada para poder quitársela en un movimiento repentino, parecía que Bastian no lo había notado.

    —Mairis, no puedo permitir que los lastimen, de ninguna forma, tengo que ponerlo a él en su lugar— La aparto con un movimiento brusco usando su brazo izquierdo. Y Bastian corrió rápidamente hacia el sheriff con toda la intención de dar un gran golpe, levanto la espada y con todas sus fuerzas ataco, pero el sheriff lo detuvo sin ninguna dificultad — ¡Acepto tu trato!— Grito desde el corazón.

    —Bastian podemos dejarlo así— Dijo el sheriff mientras veía al niño a los ojos, pero el no dijo nada.

    Bastian retrocedió unos pasos y volvió a atacar, igualmente el sheriff podía cubrir todos los ataques que el joven le lanzara. El espíritu de Bastian no desaparecía, seguía atacando aunque no consiguiera nada.

    En cierto ataque Bastian ataco al sheriff por la derecha, pero este, aparte de cubrirlo, le regreso una patada muy fuerte en las costillas, esto doblego a Bastian. Aun insatisfecho le hizo un corte en el brazo con la velocidad del tajo, no fue profundo, solo fue una cortada superficial. Pero igual era algo que a ninguno de los otros le había ocasionado.

    —Bastian, no sé si escuchaste lo que te dijo Mairis, pero tiene razón, yo todo lo hago con un motivo, lo hago para hacerlos más resistentes, más fuertes. Odio repetir las cosas, pero es cierto. No siempre lucharan con gente de su mismo nivel, a veces tendrán las cosas muy difíciles, tienen que aprender a defenderse y a luchar. Si no los entreno como lo estoy haciendo no aprenderán— Bajó la espada y siguió viendo a Bastian con una mirada de consuelo.

    Bastian no subió la cabeza durante todo el sermón del Sheriff.

    —Yo los entrenare aunque ustedes me odien. Aunque tú nunca llegues a decirme tutor o padre, sabré que hice un buen trabajo— Él le ofreció la mano para poder levantarse, pero Bastian no subía la mirada y las manos le temblaban. Se sentía impotente al no haber podido golpear en una mínima escala al sheriff.

    El sheriff miraba a Bastian con asco. No podía creer la debilidad del pobre chico, temblando ante esa situación. Era débil y eso no le agradaba, no le agradaba nada. La sangre de su maestro fluía por alguien como él y eso lo consideraba injusto — ¿Sigues triste por lo de tus padres?— Una pequeña luz brillo en la cabeza de Bastian, parecía haber escuchado algo que no quería escuchar en lo más mínimo. Sin embargo no hizo nada, por lo tanto el sheriff continuo
    —¿Crees que eres el único que sufrió por la muerte de todas las personas aquella noche? Bastian deja de lamentarte, sé que no puedo decirte que olvides a tu familia, pero deja descansar sus almas por un momento. Si los vas a recordar que sea por un buen motivo, ¿En qué piensas cuando los recuerdas? ¿En qué pudiste haber impedido su muerte? Por favor, no hubieses podido hacer nada. No estás a la altura de nadie. Te faltan años de práctica, décadas de experiencia para poder derrotar a los hombres que asesinaron a tus padres, ¡Deja de ser un maldito niño llorón y levanta ese rostro, pelea como un hombre desde ahora!

    Bastian levanto su espada dando un golpe curveo por el lado derecho a una gran velocidad tratando de golpearlo. El sheriff estuvo a punto de recibir un golpe en la cara, pero lo logró esquivar. Agarró la mano de Bastian, con su pierna le tumbó la espada y después la levanto alto en el aire con una patada. Doblego a Bastian doblándole el brazo hacia atrás. El chico estaba en blanco creía que por fin lo había logrado.

    —Fue un buen intento. La rabia que tenías fue una buena arma para atacarme. Ese odio que tienes úsalo como tu mejor arma. Te dará un instinto que puede doblegar a tus enemigos, grábate bien eso— Lo soltó y grito — ¡Ahora sigue con esa rapidez, con ese coraje! La espada cayó a un lado. El sheriff soltó el brazo del niño y camino unos pasos hacia atrás. Más pronto que tarde el chico ya había tomado otra vez la espada, nuevamente corrió más rápido. Sus dientes se mostraban como los de un animal. Sus ojos estaban rojos y su ceño le marcaba la frente. Utilizo una serie de tajos por todos lados que viera una oportunidad, pero nada funcionaba. El sheriff intercepto uno de los tajos con su espada, tomo sus brazos haciéndolo doblegar hacia su derecha. Arremetió un codazo en la barbilla de Bastian quitándole la espada. Se dio una vuelta y golpeo al niño con su arma falsa. La mejilla se le enrojeció. El niño se hizo hacia atrás con unos gritos ahogados. Cuando abrió los ojos la espada nuevamente volvía hacia él.

    —No ataques de esa forma. Muchos ataques continuos solo indican una desesperación. Cuando atacas de esa manera te cansas más rápido, además de que puedes dejar muchos puntos desprotegidos. En una pelea real te puede costar la vida.
    Bastian bufo con enojo. Poso la espada de frente al sheriff. Sintió el viento soplando débilmente entre su cabello. El sombrero del sheriff se quería ir de su cabeza. El sheriff puso sus manos de frente al niño. Le sonrió de forma burlona provocando al niño. Bastian salto en un impulso.

    —Una de las principales fallas de todos ustedes es que creen que esto es solo un entrenamiento. Piensen que esto fuese real…— Bastian lanzo un espadazo recto. El sheriff lo bloqueo en una defensa horizontal. Deslizo la espada, desviando el equilibrio de su alumno hacia el lado contrario. Dio dos pasos hacia adelante y pico la espalda de Bastian —En este caso ya estuvieras muerto.

    Bastian se dio la vuelta, golpeando la espada del sheriff con brusquedad. Dio un giro con la cadera, dio otro impulso para poder atacar en otro tajo al hombre. La espada nuevamente se desvió en un golpe de Claarn. El chico se fue de paso, sintiendo el desliz de la espada de madera por su cuello.

    Las palabras del sheriff le chirrearon en el oído —Muerto.

    Una estocada —Muerto de nuevo.

    Otro tajo —Muerto.

    Un bloqueo y un golpe —Muerto.

    Un deslizamiento por la tierra, intentando asestar contra los pies —Muerto.

    Bastian utilizó la tierra del terreno para cegar la visión de Claarn. Una serie de ataques precedieron a aquel truco sucio. El sheriff bailaba con fluidez a través de cada golpe, a pesar de que le ardían los ojos —Muerto.

    La pelea continuo hasta el momento en el que chico ya había perdido el aliento completamente. Ahí se encontraban parados uno frente al otro. Bastian sosteniendo su espada con las dos manos. El arma parecía ser más pesada en ese momento. La piel de sus delgados brazos se marcaba en los delgados músculos, mostrando unas venas resaltadas. Los gemidos de Bastian eran exasperantes. Su cabello estaba mojado. Su pecho subía y bajaba rápidamente. La mirada de ambos se interceptaba en el aire. La tensión se mantenía en los niños y su otro tutor.

    El chico tomo un respiro largo, mantuvo la calma, puso un pie frente al otro. El viento sopló a su favor, lo aprovechó lanzándose hacia el hombre con un poco más de velocidad. Sus pies hicieron un baile para confundir al sheriff. Sus espadas chocaron repentinamente en un ataque inesperado.

    El sheriff abrió los ojos por la sorpresa. Una serie de espadazos empezaron a volar sobre el hombre.

    En un momento de despiste el chico intento dar una estocada exitosa. Claarn la esquivo en un roce con la espada de su alumno y su ropa. Golpeo fuertemente el brazo derecho del niño.

    Bastian se giró. La espada rozo el rostro del maestro.

    Claarn tomo su espada con ambas manos. Golpeó la mano de Bastian con fuerza, seguido dio una vuelta con su espada golpeando esta vez el hombro. El chico se doblego, ahora fue un tajo en las ya adoloridas costillas. Bastian jimio de dolor. Por ultimo acabo con una estocada en el pecho que le quito el aliento, al momento de que el niño bajara la cabeza le arremetió un golpe ligero en la parte superior de la frente.

    —Eso sería todo por hoy. Desde ahora no quiero ni una sola palabra de tu boca— Levanto su espada he hizo una reverencia. Bastian estaba en el suelo recuperando el aire. Ya no le quedaban fuerzas para continuar. Ni para decir algo. El sheriff camino hacia el tronco para tomar un descanso. Ahí le esperaba Martin con una sonrisa burlona.

    —¿Qué te pasa?— Pregunto el veterano con un tono serio.

    —Te asustaste— Murmuro Martin —Fueron dos roces seguidos. Ninguno de los chicos te hizo utilizar las dos manos. No sé si los demás lo vieron, pero si yo fuera Bastian, con eso me sentiría más que realizado.

    El sheriff chasqueo con la lengua. Soltó un suspiro y se limpió la frente con un trapo que saco de su bolsillo. Un trapo rojo especialmente para limpiarse el sudor —Tienes razón, estuvo mejor que cualquiera de los otros. Tiene talento, pero es un desobediente y quejumbroso. Habrá que trabajar más en eso. Por ahora me siento bien.

    —Creo que todos tomaron nota durante tu enfrentamiento. Puede que mañana sea más complicado.

    —Espero, porque empezaba aburrirme.

    —Solo tengo unas pocas quejas. Por ejemplo, creo que no debiste recordarle a Bastian la muerte de su madre, ni lo impotente que fue en ese momento. Puede ocasionarle problemas en un futuro. Es un trauma y tú lo tocas tan despreocupado.

    —Por favor, Martin, deben de olvidar ese tipo de cosas. Sabes bien que no será la última cosa horrorosa que vean. El mundo es cruel, y si son débiles se los comerán vivos. No hablo de que sean indiferentes, pero si hablo de que tienen que aprender a enterrar el pasado, y si ese pasado hace daño no volverlo a sacar. Este tipo de entrenamientos puede ser una buena forma de descargar todas esas malas energías que tienen dentro de ellos. Déjame trabajar de la manera en que me gusta, sé que lo que estoy haciendo está bien. Tu solo preocúpate de enseñarles muchas cosas, como los reinos, historias del pasado, leer y escribir. No necesitaran más…

    Martin suspiro tratando de olvidar lo que había dicho. Parecía que podría conectar con él, lo parecía por un segundo, pero era tan complicado. Evitó ver al sheriff y mantuvo la mirada en los chicos.

    —Vamos, mocosos— Gruño el sheriff —Hoy tenemos un compromiso, asi que no podremos practicar con armas de fuegos, asi que la siguiente prueba es de tiro al blanco. Tienen media hora para comer— El hombre guardo su trapo y se fue caminando hacia la puerta que llevaba a la cocina. Con las manos en las bolsas de su chaleco.

    En el otro lado los chicos corrían hacia donde se encontraba un derrotado Bastian Arcnaik.
    —¡Bastian! ¡¿Estas bien?!— Gritaba Mairis que corría preocupada hacia él, detrás venían Kian y Bruno. El niño se había dado la vuelta, jadeaba lentamente entre cada suspiro. Observaba al cielo con una mirada perdida, no se movía, no estaba herido de gravedad, solo estaba hueco emocionalmente en ese instante. El no haber conseguido ser un reto para el sheriff le había dejado un poco tocado. Más cuando él creía que enserio lo iba a lograr.

    Bruno, desesperado porque su compañero no reaccionaba le arremetió una cachetada. Bastian sacudió la cara, parpadeo un par de veces. Solo así reacciono — ¿Que paso? ¿Seré castigado?— Pregunto Bastian volteándolos a ver lentamente y con una mirada perdida.

    —Todavía no dice nada el viejo, pero no te preocupes porque estuviste increíble. Lo que faltaba en este lugar, alguien que lo retara— Dijo Bruno emocionado.

    —¿Tú crees?— Bastian estaba aturdido. Era extraño oír a Bruno hablar de esa manera, porque apenas habían conectado palabras entre ambos a lo largo de la semana en que estaban juntos.

    —Claro que si Bastian, casi lo golpeas. Si entrenas más en unos meses serás capaz de rozarlo con tu espada— Dijo Kian tratando de ponerlo en pie . El chico hizo un esfuerzo, pues la mano le dolía. Al igual que muchas partes de su pequeño cuerpo.

    —Pues yo pienso que estás loco, ¿Cómo se te ocurrió pelear sin protección alguna? Si el sheriff hubiera ido enserio, entonces estarías muy herido, me tenías preocupada— Exclamo Mairis, enfadada. Todos se quedaron callados y serios, ni Bruno la había visto antes con esa actitud —A la próxima que vayas sin protección me pondré del lado del sheriff y te daré una paliza— Mairis le quito la mirada y cruzo los brazos, los chicos se vieron a los ojos y luego empezaron a reír por la reacción de Mairis. Ella se quejó de sus risas. Un aura de plenitud se alcanzaba a sentir en el aire. Martin presenciaba la escena desde el tronco en el que estaba sentado. Tomo a Mike en sus brazos y se dirigió hacia la casa con un gusto en el rostro. Ellos siguieron en su plática otros minutos.


    (...)​


    Después de una comida sumamente callada por la tensión habida entre Bastian y el sheriff, tuvieron que volver al terreno de entrenamiento para practicar arco. Al estar todos en el campo de entrenamiento, a unos treinta metros de las dianas de tiro, el sheriff se interpuso entre los muchachos. Se acercó a Bastian mientras tomaba su arco y le tomo del hombro.

    —Todos ustedes, a excepción de Bastian tienen que hacer las pruebas a treinta metros de distancia. Bastian, por haberme retado en el entrenamiento de espada y por su indisciplina en la búsqueda del interruptor de la alarma tendrá que hacerlo a cuarentaicinco metro de distancia— Le dio unas palmadas al chico pelirrojo. El niño cerró los ojos y suspiro. No era como que no se esperaba algo como eso. Sin embargo quería quejarse. Mas no debía, su palabra en aquel enfrentamiento había sido completamente decidida. No se quejaría nunca más. Al menos eso esperaba lograr.

    El sheriff esperaba que el niño rompiese el trato, que lo rompiese en ese momento para ponerle un castigo aun peor. Sin embargo el niño tomo su arco de madera pulida y barnizada; Un arco de calidad otorgado por el Gobierno Mundial para los debidos entrenamientos que se esperaban que se llevasen a cabo, y se fue hasta su debida posición. Los demás le veían caminar, con una mueca triste en el rostro.

    El entrenamiento empezó. Al principio fue complicado, en realidad ninguno de los chicos había tomado un arco antes. Era extraño y los brazos se sentían raros al tensar el hilo y tirar la flecha, aunque se sentía increíble cuando realmente golpeabas la diana, aunque no fuese en el lugar en el que debía. Después de que empezaron a tomar experiencia el sheriff pidió atinar diez flechas lo más cercano posible al centro.

    Mairis y Bruno entendieron pronto como utilizar el arco. Bruno termino primero que todos. Duró aproximadamente media hora en terminar toda la prueba. Era un muchacho muy hábil con ese tipo de armas. Era algo interesante. Claarn tomo nota sobre esto.

    Seguido de él terminó Mairis, la cual finalizo la prueba en una hora aproximadamente. Un manejo bastante básico. Nada que destacar.

    Kian tenía problemas para adaptarse, aunque después de una hora de tirar flechas pudo acertar en una, después de esa él siguió acertando, terminando en poco más de dos horas toda la prueba.

    Claarn les felicito por ese manejo tan rápido y bueno del arco. Aunque si habían tenido muchos fallos, lo habían manejado bastante bien. Claro está que la distancia tampoco había sido tan grande. Esto cambiaria con el pasar del tiempo. El objetivo del sheriff era que aprendieran a disparar flechas desde muy lejos y dar donde quisiera sin cometer ningún error. Un objetivo a largo plazo. Tras la felicitación les dijo que podían ir a descanzar, seria todo por hoy.

    El sheriff y Martin se encontraban con Mike, miraban cada movimiento que hicieran los chicos, después de ver que Bruno y Mairis habían avanzado progresivamente se alarmaron por Kian y Bastian. Cuando termino Kian primero que Bastian, Martin se preocupó más.

    —Kian podrías cuidar a Mike, el sheriff y yo tenemos que ver que está haciendo mal Bastian— Dijo Martin. Kian cargo a Mike, para su mala suerte él bebé empezó a llorar así que entro corriendo por Mairis para que lo tranquilizara. Kian amaba a Mike, pero odiaba a los bebes en sí.

    Bastian llevaba casi dos horas sin lograr poner ninguna flecha aunque sea mínimamente cerca del centro. La mayoría de las flechas se encontraban en el suelo o en la parte de la frontera de la diana. Parecía que el chico no tenía ninguna sola habilidad con el arco.

    Martin y el sheriff observaban a Bastian con atención mientras se dirigían a él. Martin se froto el cabello con pena —Tenemos que ir al Cuartel de Hericent antes de las 6:00 PM para que den una continuación de los detalles que ocupan dar los niños. Ya son las 5:00 PM, ¿Crees que lo logrará en media hora? Porque yo lo dudo. Creo que tendremos que dejarlo pasar por hoy— Dijo Martin mientras miraba su reloj de mano.

    —Por supuesto que no se ira. Se quedara aquí hasta que lo logre, si es necesario que no cene hoy y se vaya a dormir tarde correré el riesgo. Tiene que conseguir al menos una flecha…—
    Martin volteo a verlo desconcertado —A este ritmo no lo hará— Renegó, esa decisión era algo insólito.

    —Lo que escuchaste y no quiero más de tus quejas. Su progreso debe darse. No podemos ablandarnos con uno, todos deben ser tratados por igual— Miro a Martin a los ojos. El joven teniente solo negaba con la cabeza.

    El sheriff mantuvo la vista en Bastian —No comprendo que está haciendo mal este muchacho. Su postura está bien, agarra correctamente la flecha ¿Sera que su puntería falla? ¿Acaso el arco esta desviado?— Dijo mientras se frotaba su bigote lentamente.

    Martin volvió a mirar a Bastian, molesto —No. Está apuntando bien, la fuerza con la que tira es el problema. Necesita motivación. Ahora mismo debe de estar muy desesperado y no lo hace correctamente.

    —¿Necesita motivación? No suena tan disparatado. Aunque creo está fallando en otro punto, es claro que si usa un ángulo un poco más alto y con mayor fuerza lo lograra— Rezongo el sheriff.

    —Déjame hacerlo a mi manera, si no lo logra lo haremos a tu forma, ¿Te parece?— El sheriff solo lo miraba mientras con una sonrisa burlona cruzaba los brazos.

    Martin se sentía confiado, era una manera de callarle la boca al sheriff. El hombre se quedó detrás. Martin camino hasta donde se encontraba Bastian. A unos escasos metros. El chico volteo y bajo la mirada. Rápidamente volvió a tomar otra flecha del montón que tenía a un lado. Disparo justo antes de que llegara el teniente, pero no dio en ningún lado. La tierra se levantó al chocar en el piso.

    —Vaya, eso estuvo bastante cerca, amiguito.

    —Claro que no…

    —¿Que está pasando Bastian?— Pregunto Martin con su voz consoladora.
    Bastian volteo a ver al sheriff, levanto el brazo con el arco y disparo otra flecha — ¿Él está enojado conmigo?

    Martin también volteo hacia el sheriff. El hombre observaba pacientemente con la mirada levantada. Se le observaba tan arrogante que a Martin le causo nauseas. Le recordó a sus pequeños hermanos menores. Tan burgueses y consentidos. Siempre mirando por arriba a todo aquel que no perteneciera a una familia rica como la suya.

    El joven tutor suspiró y contestó a la pregunta de Bastian —Probablemente si no lo logras él te duplicara el castigo y te dejara aquí hasta que lo logres. Estoy seguro que te dejara aquí sin comer ni dormir.

    Bastian solo exhaló, estaba muy agotado — ¿Por qué no puedo lógralo? Según yo lo estoy haciendo todo bien. Creí que sería el primero en terminar esta prueba. Quería dejar al sheriff con la boca abierta, pero solamente estoy haciendo el ridículo. Ya casi obscurece y no he podido colocar nada cerca del centro— La voz del niños sonaba completamente triste. Su rostro mostraba decepción hacia sí mismo.

    Martin sentía pena por el muchacho, parecía que enserio se estaba esforzando —No lo logras porque no tienes una motivación— Dijo al momento de observar la diana.

    Bastian volteo a verlo frunciendo el ceño, dudaba de esa idea — ¿No tengo motivación? ¿Cómo eso podría hacer efecto en que no pueda llegar la flecha al centro? Creo que estas delirando, estarnos viendo durante la tarde te afecto el cerebro. Deben de ser los golpes que me dio el sheriff, me duelen las costillas y el brazo derecho…

    Martin se encontraba muy serio, dobló la mirada hacia él y le dijo —No quisiera decir que es lo mismo que hace unas horas durante tu enfrentamiento contra el sheriff. Sin embargo creo que si es muy parecido. Cuando te dijo algo sobre tu madre te pusiste furioso y actuabas instintivamente. Asi que creo que deberías hacer lo mismo aquí.

    El niño se volteó a ver la diana. Observo cada flecha en el suelo y cada una de las flechas que se encontraban en los límites de la diana de tiro —Asi que motivación…

    —Asi es— Se quedó en silencio un par de segundos —Te contare un truco, Bastian. Yo tenía un amigo cuando me enliste en el ejército. El me conto una historia. Este era su secreto para esforzarse al máximo en cada una de las pruebas que le ponían, incluso en batallas. La historia iba asi: El un día estaba en un bosque con su madre. Vivían en un lugar muy frio. Estaban solos. Lejos de cualquier civilización. Lo más cercano era un pequeño pueblo, no como este, un pueblo diez veces más pequeño. Ellos vivían de los frutos que daban sus árboles en primavera y verano. Sin embargo ese invierno había sido especialmente duro y no habían conseguido grandes cantidades de frutos, por lo tanto no había tanto dinero como siempre. Asi que la madre, junto con su hijo, decidieron trabajar de leñeros, ya que el anciano que trabajaba de esto en el bosque recientemente se había lastimado la espalada y no podía trabajar de ello. Era difícil, pero él y su madre sabían cómo talar los árboles. Asi sobrevivieron ese duro invierno hasta que llego un trágico día. Durante su recorrido en el bosque una bestia gigantesca apareció, un oso grizzli, el tercer tipo de oso más grande en el mundo, y este sí que era grande. Enorme debería decir. Mi amigo dice que podría haber pesado fácilmente unos quinientos kilos. La madre de mi amigo traía un arco para defenderse de cualquier percance que podría pasar, pero no estaba preparada para luchar con algo tan grande. La bestia se abalanzó contra mi amigo y su madre. Se defendieron, pero era demasiado para ellos. Mientras huían, el oso mordió la pierna de la madre, tanto así que se la rompió. Él con el hacha para cortar madera golpeo a la bestia. Su hacha quedo atascada. Hasta la fecha mi amigo aclara recordar el rugido de semejante animal. El animal se molestó, aventando a la mujer hacia un lado. Durante la caída ella se disloco el brazo, él fue golpeado con la pata del animal dejándolo enfrente de la madre. Cargo a su madre y corrió lo más que pudo, pero cargando a su madre no pudo llegar muy lejos. Su madre le dio el arco. Quería que su hijo diera un tiro certero en uno de los ojos de la bestia. Mi amigo muy pocas veces había cargado aquel arco, pero que más daba, morirían si no lo hacía. Así que teniendo a su madre detrás, con tanta responsabilidad, con tanto que perder, lanzo la flecha y lo logro. El animal empezó a rugir. Otro par de flechas salieron volando hasta el torso del oso. Entre el medio de la confusión salió corriendo junto con su madre, perdiendo a la bestia. Desde entonces, cuando mi amigo tiene que hacer algo, piensa que atrás de él se encuentra su madre herida. Mi amigo imaginaria que aquel punto donde está el centro de aquella diana es el ojo de aquella bestia, y dispararía la flecha con toda su fuerza. No por odio, no por rabia, no por venganza. Sino por protección, no solo para sí mismo, sino por la que alguien puede llegar a necesitar en algún momento. Aunque no lo creas su consejo me ha servido mucho— Martin le sonrió a Bastian —Inténtalo— Le golpeo dos veces en el hombro con la palma de su mano.

    La historia había sido contada tan seriamente que parecía ser completamente real. Bastian le hizo caso. Cerró sus ojos, preparo su arco poniendo la flecha en su lugar. Tenía el rostro serio, estaba imaginándose al asesino de su madre, detrás de él, su madre esperando ser rescatada por su hijo. Sabía que él no había podido hacer eso en aquella situación, pero ahora tenía su objetivo claro, nunca más dejaría que pasara algo como eso. Respiro hondo, subió su brazo, apretó la flecha más fuerte que ninguna otra vez y la soltó con el corazón puesto en su arma.

    Martin se empezó a reír delicadamente, bajo la mirada y dijo —Te dije que servía. Bastian estaba congelado, y sentía las ganas de gritar. La flecha no se encontraba en el centro, pero si cerca de ella. Eso era más que suficiente. El niño no aguanto más y empezó a saltar, agradeciendo a Martin entre gritos de satisfacción.

    —Sigue así Bastian. Termina pronto, tenemos que irnos. No es que te esté presionando o algo parecido.

    —Terminare muy rápido. Tu solo espéralo.— Contesto el niño entusiasmado.

    Martin caminaba hacia el sheriff. El hombre noto aquella sonrisa burlona otra vez en el joven. Cuando se acercó lo suficiente murmuro —Que bueno que no apostamos.

    Martin se rio levemente. Su mirada se quedó abajo y doblo la boca.

    —Aquella historia, eras tú, ¿No es asi?— Comento el hombre mientras caminaban hacia la casa —Logre escucharla desde aquí. Tenía que saber que le habías dicho a aquel niño. Quizás era un complot para sorprenderme o algo parecido.

    Martin se quedó callado, poco a poco la sonrisa blanca empezó a desaparecer —Tienes razón fui yo y esa historia es mía, un poco cambiada, pero es mía.

    El sheriff sonrió y siguió la conversación con una pregunta —¿Qué le cambiaste?

    Martin empezó a apretar sus labios —Nada importante— Sonó falso.

    El sheriff soltó una risa delicada —Claro que es importante, sino no estuvieras apretando tus dientes… Mencionaste que mordieron a tu madre si puedo recordar, dime Martin ¿Qué fue de ella?

    Martin negó con la cabeza —No es nada. Dejemos al chico a solas. Ahora mismo terminara.
    Deberíamos ponernos nuestros uniformes para que no nos digan nada al entrar al cuartel.

    —Como quieras. No rezongues luego diciendo que no decidí interesarme en tu vida, compañero…— Ese último “compañero” sonó forzado y molesto. Como si no le gustara decirlo, como si no pensara ciertamente que fueran compañeros. Martin no hablo más, siguieron caminando hasta llegar al tronco donde se encontraba el portabebés de Mike. El sheriff la hizo levitar con magia.

    —Mi madre murió— Mascullo Martin, de pronto.

    Claarn volteo a verle con un rostro serio —¿El oso se la comió?

    —No…— Contesto Martin tras soltar una risa nerviosa —Pero el oso la mato… No necesariamente en ese momento— El chico se mantuvo callado, su vista se clavó en la nada. Parecia estar recordando algo horrible —Antes de usar el arco para disparar las flechas, el oso me arrebato a mi madre y la mordió en el abdomen. Mi madre se retorció y gimió de dolor. Yo dispare por instinto, una flecha le rozo, la segunda le di en el ojo. Cuando habíamos dejado al animal llegamos hasta nuestra choza. Deje a mi madre en su cama. Las sabanas las recuerdo llenas de sangre. Mi madre retorciéndose. Fui por el viejo guardabosques y la doctora del pueblo. El guardabosque se encontraba, la doctora no. Entre los dos, y algunos ancianos del lugar intentamos curar a mi madre. Durante un día y una noche el guardabosques busco al oso, volviendo al medio día del día siguiente con el cuerpo de aquella bestia, sin embargo no sentí nada. Al final la venganza no satisface tanto como uno quisiera… No pudimos hacer nada por mi madre, aunque tratamos de limpiar y arreglar la herida lo mejor que se podía, al final mi madre murió. La doctora llego poco después de que mi madre falleció. No la culpo, las nevadas de ese año fueron grandes.

    —¿Entonces cómo fue que terminaste siendo un hijo perdido de Charles Price?

    Martin levanto sus ojos ante Claarn. Su rostro parecía comprensivo —Mi madre me contó la historia de ellos dos antes de mí. Me lo conto antes de morir. Me dijo todo, las razones por las cuales no pudieron casarse y porque tuvo que huir, terminando en un lugar como aquel. Me dijo que mi padre era un General del reino de Milloria. Me pidió que fuera con él, que contara lo sucedido. Hasta el último momento ella quería protegerme. Me dijo que le tenía que ir con él y mostrarle una foto de mi madre para que aunque sea lo pensara. Al parecer yo era un bastardo nacido de un amorío entre mi madre y el General hace mucho tiempo. La historia de mi supuesto padre que ella me contaba era mentira, supuestamente había muerto en un accidente en las minas cuando era un bebe. Para serte sincero, me impacto la noticia, así que aun después de la muerte de mi madre yo no fui con mi verdadero padre. Deje atrás aquel pequeño pueblo y me fui a vivir con unos tíos, sin embargo mi tío tenía muchos hijos y no podía mantener a otro más. Sin que ellos me lo dijeran me fui, ahí fue cuando busque a mi padre. Fue complicado llegar con él, pero cuando lo encontré me acepto como su hijo sin siquiera mostrarle una foto, dijo que era la viva imagen de mi madre... La vida con mi nueva familia fue complicada, mi madrastra me odiaba y mis hermanastros me molestaban. Arlong al ser un bastardo también, me acogió como su verdadero hermano y juntos crecimos renegados de nuestra familia. Nuestro padre y nuestra nana fueron los únicos que nos dieron una buena vida durante el tiempo que vivimos ahí. Después de la muerte de mi padre vivir en aquella casa fue horrible, asi que me salí… aunque eso ya es otra historia— El sheriff asintió lentamente, se acercó a Martin, le agarro el hombro y después lo soltó sin decir nada. El hombre siguió su camino dejando al joven atrás.

    —Claarn o Sheriff no sé cómo te guste que te llamen…

    El sheriff sin voltear contesto —Dime como quieras…

    A lo que Martin hizo una mueca con la boca y siguió —Yo confió en los niños, los niños confían en mí, tu confías en los niños y los niños de alguna forma confían en ti, tu confías en mí, pero ¿Yo puedo confiar en ti?

    —Tú confía, no te preocupes.

    Martin siguió sosteniendo la mirada en él —Pero no sé nada de ti, no se cual cargo tenías, de dónde vienes, que edad tienes, si tienes familia, no sé nada más que tu nombre.

    —Nada de eso lo tienes que saber, al menos no por ahora. Termina con esta platica que no te llevara a ninguna parte— El sheriff siguió caminando hasta entrar en la casa.

    Martin se quedó insatisfecho con aquella respuesta, le intrigaba que no hubiera dicho nada. Sin ninguna duda no confiaba del todo de él. Sabía que escondía muchas cosas, pero bueno, que podía hacer, si el sheriff no diría ni la más mínima cosa no le podía obligar a hablar. Así que Martin se quedó a ver a Bastian acabar su práctica desde la lejanía.


    (...)​


    Mientras los chicos se encontraban en una reunión con unos asistentes de detectives que querían exprimir hasta la última gota sobre la información que podrían tener los chicos sobre los asesinos, Martin y el sheriff seguían al Detective Fabricio hacia una habitación que el hombre denominaba “especial”.
    Al cruzar los largos pasillos del enorme cuartel, repleto de soldados caminando de un lado a otro, hablando de los sucesos de la última semana, entre otras cosas; llegaron a una habitación como cualquier otra. En ese lugar del pasillo, cuarta puerta a la derecha, no había nada ni nadie. Fabricio pidió entrada a los dos soldados antes de entrar y al momento de pasar por la puerta Martin creyó que era una broma de mal gusto. Al entrar el detective camino hasta la pared del fondo, presiono dos superficies de la pared de concreto, las superficies se hundieron al momento del contacto. Se escuchó un mecanismo y las paredes de color verde olivo se levantaron dejando ver una puerta de metal rojo, los tres hombres entraron por ella. El joven teniente se encontraba sorprendido del mecanismo. Al pasar por la puerta se encontraron con unas escaleras y unas paredes grises como el cemento. Echaron un vistazo por el barandal, los escalones descendían unos cinco pisos hasta llegar a tocar el suelo. El detective empezó a bajar las escaleras con calma, los tutores le siguieron. Mientras descendían se escuchó como las paredes de aquella habitación vacía bajaban lentamente.

    —¿Por qué hemos venido con el Detective Fabricio?— Pregunto Martin con curiosidad, pues desconocía el motivo de aquel recorrido y el paradero donde estaban, al igual que al que se dirigían. En parte también lo hizo porque deseaba romper un poco el silencio, durante todo el camino por el cuartel apenas existieron las palabras.

    El sheriff contesto amablemente —Ayer, durante el funeral, Fabricio me hablo sobre una teoría que quería revelarme. No me contó nada en el momento, ya que no quería que nadie se enterase de ello. Me pidió venir a esta hora durante la interrogación de los chicos. Lo único que se sobre dicha teoría es que habla de los supuestos asesinos de los Generales Mundiales. Confió en que la teoría estará bien fundamentada, después de todo conozco al detective desde hace muchos años. Fabricio es un antiguo compañero que me dio apoyo durante dos misiones importantes durante la Cuarta Guerra Mundial. En esos tiempos el hombre servía como General de Brigada. Después ascendido a General, estuve durante su condecoración, de hecho…

    El detective volteo la mirada hacia el joven teniente —Luchamos en unas batallas contra “Los Brujos”. Juntos destruimos una base que se encontraba en las islas medias, al igual que atrapamos a uno de las más grandes cabezas de aquella organización.

    Martin no comprendía la razón por la cual alguien desearía ser un detective antes que un General. El dinero, la fama y la emoción debían de ser cien veces más increíble que las de un detective que solo da vueltas a hojas, lee informes y hace deducciones de uno que otro caso. Ahogo su decencia y pregunto con interese —Entonces, ¿es General? ¿Qué hace como detective? Podría estar haciendo obras muchas más heroicas desde un puesto de General en algún reino.

    Fabricio volteo con la mirada amarga. Parecía molesto por la pregunta, como si le hubiesen degradado —Soy el encargado del área de investigación del cuartel de Hericent, tampoco es un trabajo poco alabado. Muchos darían cualquier cosa por estar en mi puesto, Sr. Price— Sus palabras sonaron duras y desafiantes. Martin sonrió mostrando los dientes. Se hallaba nervioso. El detective continuó —Además, tengo mis motivos para no estar en un cargo tan peligroso como el de un General.

    El sheriff volteo con Martin. Ambos cruzaron sus miradas. El sheriff contesto con aires de misterio y un tono sepulcral, como si deseara que no hiciera más preguntas sobre el tema —Todos tenemos motivos para estar donde estamos, Martin. Algún día lo comprenderás.

    Siguieron bajando las escaleras.

    —¿Cuál es el motivo por el que este aquí también?— Pregunto Martin expectante. El fondo de las escaleras se observaba a un par de pisos. Deseaba comunicación, el sonido de los pasos de los hombres en aquel hueco gris le ponían nervioso.

    —Ahora mismo que te has vuelto mi compañero de trabajo, como tutor de aquellos niños, supongo que tienes que saber este tipo de cosas. Aunque tú no lo creas en este momento, los asesinos de los familiares de aquellos chicos también es parte de tu trabajo ahora. Deberías interesarte por ello. Si esto no es motivo suficiente, entonces déjame decir—te que si logramos encontrar a alguno de aquellos hombres te dará muchos puntos para seguir subiendo puestos en el ejército.

    Martin tras escuchar esto último soltó una risa delicada —Entonces me da gusto que me hayas traído.

    Finalmente llegaron al suelo. Ahí se encontraba una puerta de metal cromado. A un lado se encontraba un pequeño cuadro con una luz roja. El detective se acercó con un gafete. Después puso su huella en un escáner. La puerta se abrió, dejando pasar a los tres soldados por ella. Martin se encontraba un poco sorprendido, pocas veces había tenido el gusto de ver tecnologías como aquella. Como a la mayoría de los soldados, la tecnología más avanzada que se les permitía uso eran unas computadoras sencillas y los vehículos del ejército. Tras pasar los tres soldados, la puerta se cerró en un estruendo.

    —Demasiada seguridad, Detective— Mascullo Martin. Observo las paredes blancas y en ellas se encontraban unos orificios apenas visibles que el joven dedujo sabiamente que eran, armas por si acaso alguien que no necesitaba estar ahí pasase.

    —Nunca es demasiada seguridad, joven Price— El hombre giro el cuello y miro al soldado —Síganme los dos y no digan nada inapropiado. Puedo ser el jefe de este lugar, pero hay soldados que no verán con buenos ojos que traiga a dos personas desconocidas hasta aquí— Ordeno con una voz rasposa.

    Al pasar el pasillo blanco la sorpresa del joven fue increíble. Ahí dentro de aquella habitación se encontraba una gran cantidad de computadoras y maquinas gigantescas que el desconocía para que servían. La habitación se extendía a lo largo como dos salas de cine, pero en vez de asientos cómodos se encontraba personal caminando y revisando los videos que se encontraban en las pantallas. Alrededor de las paredes circulares se encontraban decenas de docenas de pantallas con imágenes en ellas, videos de todas partes del mundo.

    Martin se acercó hacia el barandal del pasillo que pasaba por encima de la intercepción de las dos salas y miro asombrado cada evento que se transmitida en ese instante. Deseo hacer un comentario sobre el lugar, para sus ojos era algo fuera de todo lo que alguna vez había visto. Observo los videos desde lejos y a las personas que trabajaban en las computadoras. Recordó a su padre y a su hermano hablándole sobre ese tipo de lugares, bases de investigación del Gobierno Mundial ocultas en lugares que nadie podía encontrar. Era necesaria esa seguridad, el solo pensar en todo lo que se podría hacer con esa información en manos equivocadas le causaba nervios. La información es la mejor arma después de todo.

    Las pantallas mostraban imágenes grabadas por soldados que se dedicaban a documentar las guerras y accidentes del mundo para el Gobierno Mundial y su extensa base de información. Tan extensa y tan secreta para la sociedad al mismo tiempo. Por un momento Martin pensó en la vida de la gente si pudiesen saber todo lo que estaba ocurriendo en el mundo. Quizás la gente tendría más conciencia y quizás la gente sentiría más apego por sus hermanos de otras tierras, unificando a la sociedad de todo el mundo. Aunque era más que eso, no solo era información, también se necesitaba educación, herramientas y tecnología. Todo aquello que guarda el Gobierno Mundial para sí mismo. Si todo pudiese ser del pueblo, ¿qué cambios podría haber? Grandes cambios, dijo Martin dentro de cabeza.

    El solo pensar en algo tan simple como otorgar un tractor a un granjero para poder trabajar sus tierras con mayor rapidez le hacía pensar en la cantidad de verduras que podrían crecer y la cantidad de personas que dejarían de tener hambre. Mas sin embargo el Gobierno Mundial no permitía el uso de las maquinas por parte de campos independientes que no formaran parte a de los grandes plantíos pertenecientes al mismo. Si tenías un campo no afiliado al Gobierno Mundial entonces tendrías que utilizar un buey y un arado para trabajar la tierra. Tendrías que depender de tus tierras y la lluvia, abono casero y mucha surte. No como los grandes plantíos que dependían de sus sistemas de riego, vitaminas y el mejor abono, sin contar las máquinas para arar la tierra y las mejores semillas.

    Era algo complicado, pues a pesar de que los mercados del Gobierno Mundial vendían estos alimentos al público, no dejaban de ser más caros que los clandestinos. Razón por la cual muchas personas preferían trabajar su propia comida, que tratar con la del Gobierno. Aunque en tiempos de escases era inevitable trabajar con ellos, pero en momentos de escases también escasea el trabajo, por lo tanto también escasea el dinero. Por lo cual en ese momento ya no es tan extraño ver a los pueblerinos ir a la ciudad a ser explotados en las fábricas o las empresas del Gobierno Mundial. Salarios fijos y bonos de comida, una oferta que derrotaba por mucho a tener que estar pensando en si comerías al día siguiente o no. Ahí podía verse aquella gran línea gruesa que existía entre el pueblo y el Gobierno Mundial.

    Por un lado las personas escaseaban de información fuera de la que otorgaban los periódicos del Gobierno Mundial y las pocas radios existentes del mismo Gobierno. El pueblo carecía de tecnología, ya que nadie tenía la posibilidad de poseer una computadora, un auto o un teléfono.

    La educación era pública y gratuita hasta llegado el décimo grado, la cual según el gobierno debía ser completado a los dieciséis años de edad. Después quedaba trabajar, pero de ser posible entrarías a una universidad, aunque en la mayoría de los casos era imposible. Altos costos y poca existencia de las mismas, además de altos niveles de complejidad en las ramas de estudios. Esto ocasionaba que hubiese poca gente titulada y que poca gente trabajase como debía de ser en los trabajos requeridos. Para eso existía el ejército, al cual podía ingresar desde los dieciocho. Con suerte progresarías y con mucho esfuerzo lograrías especializarte en un área como mecánica, medicina, electricidad, informática. Asi podrías obtener un trabajo mejor en las empresas o incluso en el mismo ejército. Si tenías suerte trabajarías en un puesto del Gobierno Mundial y vivirías bien. Aunque era difícil que pasase, por lo que la mayoría de personas decidían ser solados.

    El Gobierno Mundial poseía el mayor ejército de todo el mundo esparcido por casi cualquier rincón donde hubiese personas. Es un poder inmenso que controla casi cualquier reino, pueblo o isla del mundo. Liderado por un conjunto de empresarios y cinco Generales Mundiales que formaban la más alta rama del mundo. Esos hombres movían las piezas de todo Evelia. Razón por la cual la muerte de Adam Arcnaik y Edward Hellwell había sido tan sorprendente, significaba un desequilibrio en el orden del mundo. A demás era un hecho sorprendente, pues normalmente los Generales Mundiales eran los mejores guerreros del mundo. El hecho de que alguien fuese capaz de derrotarles era un hecho ensordecedor, un hecho pocas veces sucedido en el mundo.

    Que complejo es nuestro mundo, pensaba Martin. De pronto se vio en un pasillo blanco, había estado caminando sin darse cuenta. Frente a él se encontraba el sheriff y el detective. Claarn volteo hacia Martin —Hasta que te despiertas…— Gruño malhumorado.

    —Solo me distraje un poco…

    —¿En qué pensabas?— Pregunto Fabricio con su voz rasposa.

    Martin pensó un poco lo que iba a decir. No era como que fuese el único que pensara eso. Más de un soldado con el que había convivido había tenido el mismo punto de vista, “Debía de haber un cambio”. Pero Fabricio parecía ser un hombre viejo con una ideología arraigada difícil de cambiar, y Claarn no parecía el hombre que pensara que las cosas estuviesen mal. Trago saliva y se arriesgó —Pensaba como podría cambiar la sociedad si tuviese la posibilidad de otorgar toda esa información a todas las personas.

    El sheriff se giró con los ojos abiertos por la sorpresa. El detective se froto el poco cabello gris que tenía —No eres el primero en pensarlo. Yo incluso lo pensé cuando llegue a entrar a una de estas bases de información. Sin embargo no es tan fácil como puedes llegar a pensarlo. Te puedo poner un ejemplo muy fácil, digamos que cada persona de este mundo tuviese la facilidad de entrar a la base de datos que tiene el Gobierno Mundial, que tuviesen la capacidad de mandar correos como lo hace el ejército y cada una de las personas estuviese comunicada con otra persona de otro lado del mundo. En ciertos aspectos habría ventajas, la velocidad de la comunicación avanzaría de maneras increíbles, pero también existe el detalle de las cosas que podrían descubrir. La sociedad es un lugar obscuro, jovencito, imagina que todas las personas tuviesen la facilidad de ver aquel video que logró ver desde esta ventana, no es necesario que todo el mundo vea la imagen de ese cuerpo cercenado por una bomba. Ahora que tal si lo hablamos desde otro punto de vista. Actualmente existe un grupo rebelde que ha estado tomando fuerza a lo largo de los años. Su objetivo es más que obvio, quiere derrotar al Gobierno Mundial como lo hizo el Segundo Chasoul, Valentín Purill, durante la Segunda Guerra Mundial, en los tiempos del antiguo Gobierno Mundial. Digamos que todas las personas están comunicadas y este ejército rebelde empieza a convencer de distintas maneras a toda la población para que se levante en armas contra nuestro Gobierno, habría guerra, habría mucho caos. Ahora no solo hablemos de que tengan información, que tengan herramientas y tecnología. La guerra sería mucho más difícil y no sería tan fácil mantener todo controlado. Al final todo terminaría en sangre, ¿entiendes de lo que hablo?

    Martin observaba el piso de loseta blanca con un estilo como si hubiese humo encerrado tras el piso. Pensaba en cada palabra del detective, no era nada de lo que no hubiese pensando antes, pero era difícil comprender que todo no era tan sencillo. Asi debía ser, si fuese fácil quizás ya hubiese sucedido algo —Creo que si…

    —Por más que se quieras hacer algo, incluso si parece algo bueno, tienes que pensar en todos los riesgos de tu idea. Es por eso que un líder debe ser sabio y no un niño, cuando eres un líder tienes una gran responsabilidad en tu espalda. No es solo ser el General de un reino, es velar por tu pueblo, es velar por su seguridad y bienestar. Es complicado ser un líder. Mucho más de lo que muchos se imaginan, por eso no todos son líderes.

    Todo se quedó callado hasta llegar a la oficina privada del detective.

    Al entrar a la oficina, al fondo de un pasillo largo, pudieron ver una cantidad de papeles sorprendente. Pilas de papeles que se levantaban a lo alto de la gran oficina. Una computadora en el escritorio y otra en la esquina. Había una docena de lockers apoyados a la pared de la izquierda. Una mesa grande a un lado de la puerta y una cafetera en ella. La mesa estaba llena de carpetas y papeles, al igual que el escritorio. En la pared del fondo se encontraba un mapa mundial con hilos de tres colores diferentes, junto con fotos y demás detalles.

    —Tomen asiento— Fabricio señalo a unas sillas de ruedas pegadas a la mesa de un lado de la puerta. Martin las tomó, el sheriff se dirigió directamente al mapa mundial. El detective puso su saco gris en la silla grande enfrente del escritorio. Paso su mano a través de su cabello y se froto su delgado bigote gris. Se acercó al sheriff tras verlo atentamente como observaba las fotos.

    —Cada hilo significa un enemigo diferente, las fotos son atentados y sucesos importantes que sucedieron a lo largo de esta semana. No me he puesto al día, quizás paso algo más a lo largo de la tarde. Uno nunca pueda saberlo…— Martin se acercó con dos de las sillas. El joven se sentó en ellas. Alago la comodidad de las mismas. Fabricio soltó una risa. Claarn tomo la suya y se sentó con fuerza, se cruzó de brazos, dejo su sombrero en el escritorio y empezó a asentir repetidamente.

    —Si gusta, puede empezar, detective Fabricio— Dijo Martin de forma amable.

    El detective observaba su mapa, tenía una mueca pensativa. Movió los hombros y se tronó el cuello —Muy bien. En los últimos días se ha visto tantos atentados que el Gobierno Mundial está empezando a pensar en esto como el inicio de una Quinta Guerra Mundial. No la ha proclamado únicamente porque no sabemos a qué nos enfrentamos… La situación está muy delicada entre muchos reinos, unos acusan a los otros sobre que son los causantes de las bombas, matanzas y asesinatos que ha habido. Más de un reino se encuentra ahora mismo en planes de guerra con uno u otro reino por malos entendidos. Aunque no sabemos exactamente quien hizo algo y quien no…— Dijo Fabricio mientras señalaba con su dedo índice unas locaciones en el mapa.

    El sheriff comento con la voz seria —Eso ya lo intuimos nosotros, pero ¿Cuál era el dato que querías mostrarnos?— El comentario sonó grosero. El detective negó dos veces con la cabeza y suspiró.

    Se recargo con su antebrazo en la pizarra mientras se frotaba su frente arrugada con la otra mano —Esta teoría no se la he dicho a nadie más, asi que me gustaría que no digan nada por el momento…

    Martin comento rápidamente —No te preocupes por ello. No tengo ningún interés en revelar datos como este. De ser necesario contárselo a alguien lo consultaremos contigo.

    El detective empezó a reír silenciosamente y después se quedó quieto admirando el mapa —Pienso que estos atentados no son de un solo grupo terrorista. Yo creo que son tres grupos diferentes actuando al mismo tiempo, esa es la razón de los hilos de colores— Dejo de recargarse y se dirigió hacia los lockers que tenía en la habitación. De ellos saco un mazo de papeles.

    —¿Cuáles son tus argumentos?— Pregunto el sheriff mientras miraba unas carpetas que se encontraban en la mesa.

    Fabricio se volvió nuevamente hacia el mapa mientras observaba el mazo de papeles uno por uno en el andar —Gracias a los muchachos y una de sus descripciones he dado con uno de los criminales. Estas personas han sido vistas juntas en distintos lugares del planeta, para ser más exacto, en muchos de los lugares donde hubo atentados. Lo interesante aquí es eso último, no en todos los lugares en que hubo algún atentado se encontraban estas personas…— Fabricio revolvía las hojas. Se puso a un lado del mapa y empezó a señalar como loco a muchos lugares de la lona.

    —Indagando más en el tema encontré una secta que se ha estado movilizándose por estas regiones afectadas— Saco una hoja del montón. En ella se encontraba un pequeño texto y tres fotos borrosas. Después les acerco unas fotos sacadas de un folder que tenía en el escritorio —La secta es conocida por alabar a un tal “Nuevo Rey”. No he descubierto mucho sobre todo esto, la secta se mantiene oculta en pequeños recintos en las Islas Medias. Parecen ser muy meticulosos con los seguidores que obtienen, por lo que apenas hemos podido indagar en los tipos de cosas que hacen. Yo pienso que esta secta puede estar siguiendo los pasos de lo que alguna vez fueron, “Los brujos”… Casualmente las zonas más afectadas en el las Islas Medias son lugares donde se saben que están o ha estado el personal de esta secta. Si son ellos los culpables de estos crímenes entonces hay que tener cuidado porque fuera de los asesinos de los Generales Mundiales estas zonas son las más afectadas. En los lugares donde ellos actuaron podemos ver múltiples genocidios contra gente de la Iglesia de la Diosa, asi como contra personal del ejército. Personas de cuidado, gente muy peligrosa. Dudo que el Gobierno Mundial permita que esto siga asi, probablemente si se consiguen más afectados empezaran a actuar contra ellos— Martin miraba las fotos de los atentados con terror. Las explosiones y ataques terroristas a los reinos donde esta secta habían estado eran horrendas. Mares de sangre y pilas de cuerpos llenaban el paisaje. Una vista nada agradable. El joven paso las fotos al sheriff, el hombre las observo con cuidado.

    —Si seguimos viendo el mapa, vemos que faltan lugares por ser afectados. Ahí es donde pienso en el tercer grupo, el menos importante o que menos trabajos ha estado haciendo a lo largo de esta semana. En los lugares restantes es donde solo se encuentran unas explosiones leves y pocos asesinatos. Lo que es más interesante de este lugar son las personas que fueron asesinadas. Estamos hablando que los lugares donde trabajó este tercer grupo se encuentran las muertes de empresarios importantes en su mayoría. Entre investigaciones he dado a la conclusión de que estos empresarios tenían distintas disputas con distintos líderes del crimen organizado…

    —¿La mafia? ¿Qué hace la mafia haciendo atentados? ¿Ya no les basta con mover droga y hacer trata de personas?— Mascullo Martin.

    —Es algo interesante, por lo mismo, ¿Qué puede ganar la mafia con los asesinatos de estas personas y con este tipo de atentados por todo el mundo? Hasta el momento no estoy seguro de ello. Lo que si me está llamando especialmente la atención es que hace dos días nos llegó la noticia de la muerte de una de las cabezas más importante de la que creemos que ya se encuentra extinta, la Familia Bertorella

    —Supe de ello...— Murmuro Claarn —Me entere mientras estaba en unas reuniones con mis superiores. Los cuerpos ya fueron examinados, ciertamente eran los líderes de la familia Bertorella. Lo curioso de esto es como encontraron los cuerpos, ya que alguien contacto al Gobierno Mundial, mando las coordenadas de la base y ahí se encontraban todos los cuerpos de la familia. Todos muertos, ¿Por qué contactar al Gobierno Mundial? ¿Querían que viéramos los cuerpos?

    Fabricio empezó a hojear de nuevo los papeles. Martin hablo mientras el hombre buscaba la hoja que quería —Los Bertorella tenían problemas con La familia Lebore, eso significa que ellos pudieron hacerlo. A mí me sonaría lógico.

    —Es lógico— Afirmo Fabricio. Saco una hoja que tenía texto sobre la mafia Lebore. Se la dio a Claarn, después se paró para señalar las fotos de los empresarios muertos —Sin embargo eso no explica la muerte de los empresarios. El claro culpable es la familia Lebore, pues estos empresarios tenían disputas con ellos. Aunque uno que otro no lo hacía. Asi que creo que la familia Lebore está haciendo todo esto por tres razones: Una es eliminar a su competencia. La otra es eliminar todas sus conexiones con externos a la familia. Por último, eliminar a empresarios de otros mafiosos para llegar algún tipo de acuerdo. Los atentados pueden ser para intimidar a otras mafias. Quizás son advertencias. El actual líder de la familia Lebore, Gero Lebore, es bien conocido por ser muy tranquilo y se le ha visto mucho saliendo por el reino de Jenna, en las Islas Medias del Norte. Parece no tener miedo a ser buscado o padecer el asesinato por parte de otra familia. Existen muchas fotos de él, pero nunca se le ha encontrado haciendo algo fuera de la ley. Existe una grabación del joven, solo que no la he logrado encontrar. Habla sobre la política y el ejército en Jenna. En un punto se le pregunta sobre qué haría si pudiese estar en el poder, dice que es algo que no le interesa. Él tiene objetivos más altos. No sé a qué se pueda referir, pero es una persona diferente a la de cualquier otra mafia, parece mucho más inteligente que cualquier otro líder que haya existido en las mismas. Eso lo vuelve peligroso. Y esa ambición hacia algo más grande me lleva a pensar que quizás está planeando algo grande con todos estos asesinatos. El video fue utilizado como un mensaje sensacionalista entre las masas de Jenna y Sabbatelli.

    —Entones tenemos a una secta, a la mafia y a unos terroristas causando terror en el mundo, ¿pero porque?— El sheriff observaba atentamente el mapa. Se frotaba la barba que empezaba a salirle.

    —La respuesta la desconozco. No comprendo el hecho de que todos actuaran al mismo momento.

    —Lo hacen para disfrazarse— Dijo Martin de manera despreocupada.

    —¿Cómo?— Pregunto Fabricio desconcertado.

    —Explícate, jovencito…— Gruño el sheriff.

    Martin se levantó de su asiento —Si lo piensas bien, que momento más perfecto para actuar cuando alguien se decidió a matar a dos Generales Mundiales. Después otro empezó a destruir ciudades con bombas, otros empezaron a matar empresarios. Si los tres actuaron al mismo momento fue porque asi no serían capaces de saber quién está actuando exactamente. Aunque para eso tenemos al Detective Fabricio, que ha encontrado relación entre cada uno de ellos.

    El sheriff observo atentamente el mapa —Es algo que yo haría.

    —Suena bien— Añadió Fabricio.

    Martin sonrió con su perfecta sonrisa blanca. Los hombres no parecieron hacerle mucho caso a su chulería —Pero hasta el momento no nos has dicho nada sobre los asesinos de los Generales Mundiales, Fabricio. Es la principal razón por la cual hemos venido.

    —Ese era el último punto al que quería llegar. Para serles sincero, sabía que no me pondrían atención si primero les hablaba de lo que querían escuchar. Te recuerdo bien, Claarn— El sheriff se mantuvo inexpresivo.

    Fabricio saco un grupo de hojas y se la dio a cada uno. Empezó a agitar un sobre amarillo para sacar las fotos de su contenido —Jeziel Morgan, mejor conocido como “Momia”, es uno de los asesino que describió Bastian durante su interrogación el día de los sucesos. Este hombre ha sido visto con muchas personas de la primera organización que les comente. Creo que es más que claro que esta con ellos. Uno de nuestros camarógrafos tomo fotos de estas reuniones. Las fotos están borrosas porque fue lo más cercano que pudo estar de esto hombres. Anteriormente uno de nuestros investigadores fue asesinado mientras tomaba fotos a estas personas durante una reunión. No fue lo suficientemente cerca, pero es lo mejor que hay— Las fotos salieron del sobre y le otorgo la mitad a cada uno. En ellas se podía ver levemente los rostros de unas personas. El sheriff suspiro al ver un par de rostros que le parecían familiares.

    —En una de ellas se ve a Momia con otra persona, esta persona fue identificada como Apolo Darnef Jr. Se dijo que era imposible que fuera él, pero gracias al retrato que nos dio Bastian hace unos días fue como pude confirmarlo, es claro que es él— De una carpeta saco un dibujo del niño. Un dibujo muy simple, pero que coincidía con la descripción anteriormente dada —La razón por la que pude identificarlo más fácilmente fue por el segundo dibujo que hizo. Una descripción leve de un tatuaje que tenía el hombre en la espalda. Recordaba haberlo visto en algún lugar. Entré a la base de datos del Gobierno Mundial, los datos estaban restringidos para alguien con mi cargo, pero encontré unas imágenes que parecen ser las mismas que las del tatuaje descrito por Bastian.— Del mismo folder en que había sacado los dibujos sacó una hoja con el mismo tatuaje impreso en ella.

    —Este símbolo está relacionado con todos los proyectos del Dr. Akira D. Wish. Lo recuerdo porque hace unos años tuve la fortuna de ir a una de sus famosas bibliotecas. Ahí había algunos estandartes con esta imagen pegada. Hasta donde se sabe, Apolo Darnef fue un General que apoyo los experimentos del Dr. Akira en sus tiempos. Incluso encontré artículos donde se decía que su hijo trabajaba como uno de los guardaespaldas del mismo doctor.

    —Ve al grano Detective— Dijo Martin mientras miraba las fotos.

    Fabricio saco una hoja del montón que tenía en su escritorio. Era un informe donde aparecía el cuerpo muerto de un joven —Apolo Darnef Jr. Esta identificado como muerto hace más de cincuenta años y si contamos bien los años él tendría setenta años aproximadamente, pero en la foto es más que claro que su edad no supera al menos los treinta. Crei que podría tratarse de un hijo o incluso un nieto, pero no, esto no solo pasa con él— Saco otras tres fotos de una carpeta, estas eran un poco más claras, se las otorgo y finalizo diciendo —Existen más fotos de Momia hablando con otros individuos. Este peculiar caso pasa con dos más de ellos: Hernán Trop, Ex General de Flota de Nil, supuestamente muerto hace cincuenta años. También tenemos esta mujer, ha cambiado un poco, pero es ella, Berenice Brojayer, identificada muerta el mismo día que Apolo Darnef. Los otros individuos que se ven en las fotos se han identificado como Orión Carcus, un ex titiritero que se sabe hacia show de comedia hace unos años, pero que estaba desaparecido. También a Jasón Harold, un mercenario que había estado lejos de la escena hasta hace poco, cuando fue visto durante una explosión en el reino de Ilu.

    —Esto sí que es interesante…— Martin movía las fotos viendo cada detalle. Puso especial atención a los lugares que se marcaban con color azul, el hilo que marcaba todos los puntos donde habían sido los atentados de este grupo.

    —Y sorprendente…— A completo el sheriff.

    El sheriff lo notaba, una sensación por su cuerpo, recuerdos combinados con amargos sentimientos de odio. Había pasado mucho desde que no se sentía asi. Aquel sentimiento lo golpeaba con mucha fuerza. Se sentía mal. Empezó a frotarse la frente tratando de analizar todo lo que acaba de escuchar —Imposible que él esté vivo. Yo vi su cuerpo hace cincuenta años junto con Abraham. Incluso el viejo verificó su pulso, ¿Será acaso que el Dr. Akira por fin pudo haber logrado la resurrección de un muerto? Pero Abraham me dijo que estaba muerto. No hay razón para desconfiar de Abraham… El científico murió, no pudo revivirlo él, ¿Naúm o Sócalo? No, Naúm odiaba a Akira, Sócalo trabaja para el Gobierno Mundial ¿Qué es todo esto? ¿Qué está pasando? ¿Cómo es que estoy viendo a un muerto caminar de nuevo? Las fotos no mienten, es Apolo, ¿pero cómo?...— Los pensamientos del sheriff volaban de un lugar a otro en su cabeza. La confusión le estaba ganando. La mirada del sheriff era neblinosa, como si estuviera perdiendo la razón mientras era consumido por el pasado y sus interrogantes.

    —¿Claarn estas bien?— Pregunto Fabricio. Su atención estaba fijada a la manera en que retorcía las fotos de sus manos. Sus brazos temblaban descontrolados. Observaba el rostro del viejo soldado. No era un rostro de sorpresa, ni de intriga, era terror, el terror más puro que puedes ver en un rostro humano. El sudor empezaba a brotarle y los ojos se le movían de un lado a otro — ¡Por la diosa, Claarn! ¡¿Estás bien?!

    El grito trajo de vuelta a la conciencia al sheriff. El hombre volteo entre respiros agitados que levantaban su pecho en lo alto. Parecía que el corazón estaba por salirse de su pecho. Claarn intento sacar su trapo rojo, ahí se dio cuenta que sus manos se movían sin que él lo quisiera. Juntó ambas manos con esfuerzo. Empezó a respirar tranquilamente, inhalaba, exhalaba, inhalaba, exhalaba. Sus manos dejaron de temblar tanto y pudo sacar el trapo de su saco. Se limpió el sudor de su frente. No se había percatado que los dos hombres que estaban frente a él le observaban expectantes.

    —Es-Esto-Estoy bi-bien. So-Solo fue una ligera exa-exalta-ta-ción— El hombre empezó a toser de pronto.

    —Claarn, ¿cómo puedes decir eso? ¡Parecía que te estaba dando un ataque!— Grito Martin con nervios.

    —Estoy bien, jovencito— Tomo un trago largo de aire y suspiro con fuerza. Volvió a secarse la frente y empezó a hablar —Te daré mi gafete del Gobierno Mundial. Detrás viene encriptado la mitad del código con el que podrás investigar en toda la base de datos del Gobierno Mundial sin ninguna restricción. La otra mitad— Saco un gafete del bolsillo interno de su chaleco. Tomo un pequeño pedazo de papel y una pluma de la caja de madera que tenía Fabricio en su escritorio —Esta es la primera mitad. El gafete tiene la segunda. Tus eres mejor que yo en eso de leer informes, investigar e hilar datos. Te será de mucha ayuda.

    —Claro…— Murmuro Fabricio, alagado — ¿Pero qué investigare?

    —Descubre todo lo que puedas de los experimentos del Dr. Akira Dorian Wish. Últimos paraderos, laboratorios encontrados, bibliotecas encontradas, todo lo que puedas. No tendrás todo el permiso posible, pero si mucho más que el que puedes conseguir siendo un General común…

    Martin volteo con el detective Fabricio, esa petición sonaba demasiado rara —¿Por qué necesitamos información de ese hombre?

    El sheriff volteo hacia el joven con la mirada más seria que nunca —Es el único hombre que se me ocurre que puede revivir a un muerto. Por si acaso investiga los últimos paraderos del Dr. Naúm Grotte y todo lo que ha estado haciendo estos años el Dr. Sócalo Rotano.

    Martin soltó unas risas burlonas —¿Cómo que pueden revivir a un muerto?

    —Lo estás viendo con tus ojos, niño— Gruño Claarn —Créeme cuando te digo que ese hombre es capaz de lograr cosas que jamás te imaginaras.

    Fabricio golpeo el gafete en sus manos involuntariamente —El doctor más importante de la historia, creador de miles de curas para enfermedades de todo tipo, inventor y diseñador de muchas armas, herramientas y objetos que utilizamos hoy en día. Además de ser el primer doctor en hacer experimentos en humanos.

    —¿Humanos? Claro…— Preguntó como si se estuvieran burlando de él.

    Fabricio mantuvo la mirada en Martin. Volteo hacia Claarn con los ojos abiertos. Parecía que había dicho algo que no debía. Claarn levanto la mano en un gesto decepcionado e indiferente. El detective habló —La mayoría de los experimentos en humanos son secretos para todo aquel que no tenga un rango de General, sin embargo, aun con ese rango lo único que sabemos es que existieron tales experimentos.

    Claarn trato de levantarse recargándose en sus brazos, temblaban demasiado, como si estuvieran agotados. Contesto con voz temblorosa como si fuera a romper en llanto en cualquier momento —Ese hombre empezó a hacer experimentos a escondidas del Gobierno Mundial…— Hizo un pausa y luego entre dientes mascullo —Idiotas…— Se sostuvo de la mesa mientras se frotaba la frente como si tuviera una migraña y después continuo —Ellos le daban todo lo que pedía, él solo los engañaba y con ello conseguía lo que ocupaba para todos sus planes. Ese hombre creía que la humanidad podía dar un siguiente paso hacia algo más grande, un evolución de nuestra especia, de esa forma seriamos más imponentes que la leyenda de los ángeles. Esto hizo que la religión se pusiera en contra de él. Una parte de la comunidad se enteró sobre los experimentos en humanos, haciendo que el rumor se expandiera a lo largo del mundo, causando una gran negación sobre el uso de humanos para sus experimentos, por eso era odiado por mucha gente. Al Gobierno Mundial no le importó la opinión de la comunidad, ni de la iglesia mientras siguiera consiguiendo curas y armas. El Gobierno Mundial empezó a silenciar los rumores poco a poco. Razón por la que la comunidad ahora mismo no sabe sobre ello, y si sabe es solo un rumor clandestino que alguien habrá inventado. Eso cree el pueblo… Un día, cuando el Gobierno Mundial supo de sus experimentos a escondidas, en ese momento puso a casi toda la humanidad en su contra. Aunque cuando todo esto paso, él ya había logrado muchos avances con o sin el permiso del Gobierno Mundial. Lamentablemente logro una cantidad de experimentos aún mayor a escondidas. Al final cuando iba ser arrestado se perdió de la vista de todos. Nunca se encontró su cuerpo. El Gobierno Mundial aún sigue buscando los laboratorios de este hombre, al igual que todos sus libros con experimentos, de los cuales se han encontrado muy pocos. Hasta donde la población del mundo sabe, el Dr. Akira D. Wish fue un espléndido científico que encontró algo que no debía encontrar y se intentó encarcelar por ello. Finalmente muchas historias terminan de contar su historia con un suicidio en el mar. El Gobierno Mundial quiere mantener en secreto aquella falla que cometió con aquel científico loco.

    —¿Entonces crees que el Dr. Akira Dorian Wish logro con sus experimentos en humanos revivir a estos hombres? ¿Incluso mantenerse con vida para lograrlo?

    —Espero que solo sea una suposición…— Dijo mientras escribía con un plumón en una hoja de papel blanco “Akira”. Se levantó con unas de las pocas fuerzas que tenía y pego el nombre en la pizarra junto con las fotos, justo arriba de todo el mapa mundial.

    —Sea él o cualquier otra persona estaremos en peligro si alguna de esas organizaciones consiguió avanzar en sus experimentos. No hablaremos con nadie sobre esto hasta que estemos seguros, no queremos levantar falsos de algo tan importante— Los volteo a ver a los ojos y termino de hablar —Sigamos hablando de esos tres grupos terroristas, después que vaya a enfermería por unas pastillas para la presión arterial y otras para el dolor de cabeza, ¿Dónde está la enfermería aquí abajo?— Se dirigió hacia la puerta.

    —Sal de este pasillo, gira hacia la izquierda, en el tercer pasillo a la derecha, en la segunda puerta, ¿no trajiste tu medicina?— Interrogo, Fabricio.

    Martin le mantuvo la mirada mientras se iba —No sabía que tenías problemas que ocuparan medicamento. Eso explica esa forma tan desquiciada de actuar…

    —La olvide, y no, yo soy asi… En seguida vuelvo…— Abrió la puerta, paso por ella y la cerró con fuerza. Siguió las indicaciones que le habían dado. Llego a la enfermería rápidamente. Pidió una pastilla para la presión y otra para el dolor de cabeza. La mujer de la enfermería le entendió rápidamente. Le dio un pequeño vaso de agua y Claarn le agradeció. Se devolvió caminando sin tomarse su vaso de agua. Guardo las pastillas que le habían dado y saco un envase de su bolsillo que decía “Peligroso” en letras rojas, junto con un símbolo de radiactividad. Saco una de las pastillas color verde obscuro, casi negro. Trago la saliva junto con su pequeño vaso.

    Me dio un ataque por la noticia… Debe ser eso, ¿o acaso el tiempo de uso se ha reducido? ¿Cuánto fue? ¿Medio año? Tendre que verlo en el siguiente ataque…— Nuevamente estaba frente la puerta de la oficina del detective Fabricio —Abraham quería decirme algo antes de ser asesinado. Acaso sabia de Apolo… Nunca lo sabré… — Abrió la puerta. Ahí estaban Fabricio y Martin hablando sobre una de las fotos. Tomó asiento con ellos y volvieron a hablar hasta el momento de volver con los niños.
     
    Última edición: 23 Marzo 2019 a las 6:09 PM
  4. Threadmarks: [ Parte 1 ] Capitulo 3 - Historia
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    6277
    Capítulo 3 — Historia

    Al día siguiente los chicos despertaron en la mañana antes de que sonara el despertador y empezaron a buscar el control. Justo como lo dedujeron, el sheriff lo había puesto en un lugar diferente, esta vez en uno de los zapatos dentro del closet. La alarma fue apagada unos minutos antes de que empezara a sonar. Los rayos del sol apenas iluminaban el final de la noche. Los chicos no lo entendía en ese momento, pero el plan del sheriff era justo ese, hacerlos levantarse temprano y con un objetivo para que sus cerebros despertaran, rápidamente.

    Los chicos sentía su cuerpo adolorido y cansado, así seria hasta que se acostumbraran a los duros entrenamientos. Se estiraron tratando de ignorar el dolor de sus ligamentos. Bajaron a la mesa, era hora del desayuno después de todo.

    La mañana pasó sin mucho más.

    Las clases de Martin empezaron fuerte con múltiples trabajos, ejercicios y dictados rápidos. A los chicos les costó tomar el ritmo a lo largo de las clases. Kian sufrió más que los niños al recibir clases de alto nivel cuando el apenas comprendía lo que Bruno veía en su clases.

    Llego la última clase, la clase de historia. Martin saco un libro gordo y grande. Lo abrió desde las primeras páginas dejando caer el montón de hojas al otro lado golpeando la mesa con fuerza —A diferencia de otras clases como matemáticas, física o ciencias; historia es una materia que llevaremos al mismo ritmo. Así como escritura y literatura, ¿Que tanto saben de los primeros años, niños?— Pregunto Martín mientras echaba un vistazo a los escritos del libro y a las buenas fotografías y pinturas que venían en este.

    Bastian levanto la mano —Si mal no recuerdo en los primeros tiempos fue cuando se creó Etheros, también recuerdo que los primeros reinos se crearon desde esa época, los cuales son Songar, Frandall y Foraff. Ammm, no lo recuerdo, creo que fue Reginald Dean quien fue el primer rey de los hombres… Si mal recuerdo, Songar fue el primer reino atacado por demonios…

    —Error…— Aclaro Bruno —Fue Arthur Dean, el primer líder la familia Dean y el primer rey de los humanos. Es fácil recordar cuál de los reino fue el primero en ser atacado por lo demonios, pues de todos los primeros reinos, el único que se encontraba más cercano al primer continente era Frandall. Un dato curioso, a los primeros hombres se les conoce como “La creación”. A demás, Reginald Dean fue el que inicio la expansión de la humanidad tras la creación de los primeros reinos aparte de Etheros. Segundo rey de la humanidad, por cierto— Bastian se sorprendió al escuchar hablar a Bruno, no parecía destacar demasiado con las demás materias. No preguntaba nada, contestaba de manera sencilla a las preguntas de Martin, si es que sabía que contestar, pero para esa clase de historia parecía relucir como un experto en el tema. Mairis se mantuvo muda, de manera extraña, pues en matemáticas no paraba de contestar. Kian se quedó mudo, como siempre.

    Martin asintió con una sonrisa, había escuchado más de lo que esperaba. Historia no solía ser una materia que gustara mucho a los niños, apenas se daría cuenta que a Bastian y Bruno les encantaba.

    —Tiene razón, Bruno. Muy bien contestado— Mantuvo una sonrisa satisfactoria y prosiguió — Ahora mismo les leeré un pequeño resumen sobre los primeros tiempos y la que se denomina la primera guerra mundial, la cual empieza a contarse desde el momento en que los humanos obtuvieron la magia. Anoten todo lo importante porque quiero un ensayo para mañana.

    Los niños se empezaron a quejar. Martin, al tener un corazón tan blando con ellos dijo —Está bien, les anotare uno que otro nombre en la pizarra, pero ustedes tienen que hacer sus propios apuntes también— Los quejidos se volvieron murmureos. No hubo queja, así que continuó. Tomo un gis y empezó a dibujar en la pizarra.


    «La creación; como ciertamente se le conoce a los primeros humanos, recibieron los planos, el conocimiento y las herramientas para crear el reino que ahora no es más que un montón de ruinas, Etheros. Según los relatos, ya que no existe información completamente clara de los primeros tiempos, la diosa vivió junto con los humanos hasta el final de la construcción del enorme reino. Algunos historiadores dicen que los planos fueron hechos por los humanos en honor a la diosa, pero no existen datos sobre esta versión. Tenemos algunas antiguas pinturas guardadas en los más importantes museos, pero de las cuales solo podemos sacar deducciones, pues el arte en esos tiempos no era algo muy avanzado. De todas las interpretaciones la más famosa es que la diosa nos ayudó en la construcción. »

    «Tras continuar la tercera generación de hombres, los nombres tomaron segunda parte en la historia y las personas empezaron a crear apellidos para sus familias, pues era difícil hablar de la familia de Arthur cuando había cuatro Arthur en todo Etheros. El primer apellido conocido y registrado en la historia fue el apellido “Dean”. Con el tiempo, el señor Arthur Dean, patriarca de la familia Dean, se volvió el primer rey en existencia. Fue elegido burocráticamente en una decisión entre los patriarcas de las familias de aquellos tiempos. La junta concluyo con la decisión de que Arthur Dean fuera el primer rey de la humanidad y de Etheros, debido a su gran liderazgo, carisma y valentía. El primer decreto de Arthur Dean fue nombrar a los patriarcas de las familias de Etheros como “La primera orden”. Entre todos los hombres mantuvieron su honor y responsabilidad en línea durante los años más bellos de la humanidad. Cuando el reinado de Arthur Dean llegaba a su final dio un último decreto: “Es momento de expandirnos”. »

    «Después de este decreto los tres líderes de las familias más grandes lideraron grupos de diez familias hacia distintos lugares del mapa conocido y desconocido. Arthur Dean era un amante de la exploración, en su reinado realizo decenas de exploraciones y se cree que por eso fue el último decreto que dio antes de su muerte prematura por una enfermedad nunca especificada. El hombre murió sin ver el crecimiento de la humanidad en los tres reinos que más tarde nacieron, asi como dijo Bastian, los reinos fueron Foraff en los pantanos, Songar en las montañas y Frandall en las costas. »

    «No se sabe con exactitud cuántas generaciones cruzaron hasta el momento en el que un demonio visito las costas de Frandall. La historia cuenta que el demonio no hizo nada, no hablo, no murmuro, no gruño. No hizo nada, simplemente observo y después se fue batiendo sus alas hasta perderse en las nubes. Los humanos temieron ante la presencia de la bestia. La noticia genero un gran impacto a todos los reinos. Con el pasar de los días un grupo de estas criaturas se acercó a las costas. Los demonios se comunicaron con Dario Longo, el líder de Frandall, puesto que estaba por debajo del rey de Etheros. Se llegó a un trato: cada una de las especies respondería cada pregunta del otro».

    «Hasta donde se sabe los demonios investigaron la forma de vida de los humanos de manera amable. Nosotros averiguamos de ellos que los demonios más antiguos eran inmortales, que todos los demonios podían utilizar una especie de habilidad llamada magia y que existía un rey demonio llamado Bagar. Descubrimos también que Bagar fue la primera criatura existente, el primer hijo de la Diosa. Supimos de la existencia de un único reino construido por los demonios más débiles por órdenes del rey demonio. Los demás demonios estaban esparcidos a lo largo de Nil por pequeños grupos en pequeños hogares. También se descubrió que la diosa convivio con los demonios durante decenas de años, hasta una misteriosa desaparición. Los demonios recibieron una mala sorpresa cuando descubrieron un templo en honor a la diosa. Cuando escucharon la historia de cómo la diosa les había ayudado en la construcción de su reino principal las bestias huyeron. » «Con el tiempo mas grupo de demonios continuaron visitando y huyendo al conocer la historia sobre la diosa. Los humanos sospecharon de ello y se fueron preparando para lo inevitable. Finalmente hubo un ataque y los humanos casi perdieron Frandall. Con el pasar de los años Frandall se volvió un campo de combate incesante, principal fuerte contra el ejército demonio. La guerra contra los demonios continúo en una desventaja abismal durante cinco generaciones. »


    «Cierto día durante una batalla en Etheros, los humanos peleaban ferozmente contra una horda enorme de demonios que aclamaban extinguir a la humanidad. Durante un punto del combate los humanos vieron en los aires unas alas grandes y de color blanco puro volando por los cielos. Los demonios se vieron abatidos por los seres humanoides alados. Cuando el ejército de los demonios huyó los seres se presentaron ante el que en esos tiempos era el rey de los hombres, Jonathan Dean. »


    Somos los guardianes de los hombres. Traídos por la diosa como un regalo para la humanidad. Nosotros defenderos a todos los humanos del peligro de los demonios. Serviremos sus órdenes, mi rey, Jonathan Dean


    «Son las palabras que dijo el ángel y que se encuentran gravados en una de las estatuas más icónicas de la humanidad, “La esperanza”, como es conocida la estatua. Desde ese día los humanos tomaron control de todo el segundo continente formando los reinos de Kadamia, Iglakesh, Calani, Milloria y Sanademik. »

    «Los ejércitos de los demonios continuaron atacando a la humanidad durante cientos de años liderados por el rey demonio Bagar; un ser sombrío muy poderoso que carecía de cualquier piedad, inmortal, cruel, sanguinario, el máximo terror de la humanidad. La historia quedo marcada por el constante odio del rey demonio hacia los humanos. Antiguas escrituras narraban que el rey Bagar deseaba exterminar a los humanos por los celos hacia su madre, por saber que la diosa había compartido su amor y les había abandonado con tal de crear a una nueva raza, hasta había creado una raza para defender a su preciada creación. La existencia de los ángeles fue una de las peores cicatrices en el ego de Bagar. Se propuso a exterminar a los ángeles y los humanos. Trató de cumplirlo durante muchísimos años. Nunca entró en su cabeza que la diosa llevaba siglos sin volverse a aparecer ante los humanos. Los hombres habían sido tan abandonados como los demonios. »

    «La guerra continuo, los humanos se volvieron poderosos con la ayuda de los ángeles. Durante cierta etapa de la larga batalla, un grupo de Generales lideraron un ejército a escondidas del Rey de Etheros acompañados de los Ángeles. El ejército conquisto territorios de los demonios en el continente de Nil. Con el pasar del tiempo la misma humanidad decidió proseguir de esta forma, los hombres exterminarían a los demonios. Así hubiese sido, pero después de muchos años de guerra los ángeles se opusieron a ayudarnos... Haciendo un paréntesis, yo pienso que los ángeles estaban en todo su derecho y tenían buenos motivos para dejarnos. Ellos no había sido creados para pelear codo con codo con los humanos, ellos venían a apoyar, a proteger, y los humanos se aprovecharon de ellos… Retomando... Los ángeles juntaron a los líderes humanos y declararon su partida, ignorando las peticiones y quejas de los que alguna vez fueron sus protegidos. Su último acuerdo con nosotros fue el de otorgarnos la magia, ya que sabían que sin ella seriamos incapaces de vencer en esa difícil guerra. Finalmente los ángeles se retiraron tras dar la magia a los humanos más habilidosos antes sus ojos. Algunos ángeles se quedaron con la humanidad hasta enseñarles a dominar el arte de la magia.»

    «Desde hace miles de años no se ha visto un ángel otra vez. No se sabe si lo hicieron ellos o ya formaba parte de nuestro planeta, pero todos los ángeles se encerraron en el tercer continente. Su base actual, lugar que es imposible de llegar, rodeado por una fuerte barrera mágica y una ilusión que prohíbe ver el territorio de los ángeles. Los escritos dicen que los ángeles juraron volver cuando la humanidad estuviese en peligro. Más sin embargo se cree que los ángeles se olvidaron de nosotros, pues desde su partida han existido cuatro guerras que han causado grandes pérdidas de vidas humanas y nunca hubo ninguna aparición de estos seres. Hay quienes incluso creen que los ángeles son falacias creadas por los ancestros de épocas remotas. »

    «La guerra contra Bagar duro alrededor de cien años más. Fue hasta la llegada de un hombre altamente conocido...Dudo que le desconozcan… El primer Chasoul: Chasoul Singuest. La guerra tomo un vuelco cuando apareció Chasoul apoyado de sus tres lanceros y su grupo de guardianes. La guerra continúo durante veintiún años más después de su llegada. Los relatos le describen como un magnifico guerrero, un hombre lleno de honor, valentía, fuerza y liderazgo, un soldado enviado por la diosa para terminar con la guerra. »

    «Durante los últimos días de la guerra Etheros fue destruido y los reinos del oeste conquistados. Varios de los guardianes de Chasoul murieron durante la toma de Iglakesh, el lugar que se creía sería el último fuerte de la humanidad. Bagar había traído a todos los demonios hasta el segundo continente y había conquistado a los humanos en casi un punto de extinción. Chasoul y sus tres caballeros lideraron a los humanos hasta Songar, el último reino de pie. Todos los humanos se juntaron en una última batalla contra los demonios, “La batalla por la sobrevivencia” dio inicio. »

    «En la batalla final Chasoul se hizo frente contra un ejército de demonios, abrió el paso hasta llegar contra su más grande enemigo. Los demonios les cedieron el paso y rodearon la escena. Bagar bajo de un trono que otros demonios cargaban. Caminó hasta ponerse frente a frente ante Chasoul Singuest. Cualquier otra persona hubiese palidecido frente a su sola presencia. La batalla fue inminente. Se narra la batalla del guerrero y el rey como un combate sin igual. El solo choque de sus armas hacia retumbar la tierra. El aire no existía para los filos de sus armas. Los hechizos de cada uno sobrepasaban el entendimiento y los limites.»

    «La guerra continuo en una sangrienta batalla que termino en victoria para la humanidad en el momento en el que Chasoul asesino a Bagar. El guerrero volvió caminando entre el amanecer que se veía al final de las planicies con la cabeza de Bagar en las manos. Chasoul sometió a los demonios mostrando la cabeza de su rey a sus súbditos. Los demonios se rindieron y Chasoul utilizo un poderoso hechizo con ayuda de los mejores magos que quedaban después de la guerra, juntos crearon una fisura en la realidad, una fisura que llevaba a otra tierra desolada, una tierra para los demonios y una para los humanos. Los demonios fueron confinados a vivir por toda la eternidad en la profundidad de otro mundo obscuro, y la humanidad se ganó el privilegio de quedarse en este mundo hasta el fin de los tiempos.»

    «Dos años más tarde Chasoul, junto con los mejores magos del mundo y el rey de los humanos Maximiliam Dean crearon el antiguo Gobierno Mundial.»


    —Bueno. Eso será todo lo que hablaremos este día— Cerro el libro de historia de un carpetazo —Necesito que me hagan un ensayo de todo lo que les acabo de comentar. No es demasiado y la verdad se los he resumido demasiado.

    —¡Pero Martin…! ¡No nos puedes dejar así, era demasiado emocionante…!— Grito Bruno, entre quejidos.

    Bastian se interpuso —Exacto. Tenemos que continuar, no importa que no estudiemos escritura y literatura hoy.

    Bruno volvió a quejarse —Todavía falta la creación del viejo Gobierno Mundial, las guerras por el poder después de la muerte del primer Chasoul, la extinción de distintas familias, la destrucción de la cabeza de Bagar, los reyes obscuros, la expansión a las islas medias y los reinos perdidos, la llegada del segundo Chasoul, entre otras. Apenas estamos iniciando el año dos con la creación del Gobierno Mundial, estamos a casi 2900 años después, podemos seguir…

    Martin empezó a reír alegrado por el entusiasmo de los chicos —Lo siento chicos. Eso será mañana… No se quejen, pónganse a escribir su ensayo— Los chicos no hicieron caso y empezaron a quejarse por la falta de interés de Martin en querer continuar la clase de historia. Sin embargo Martin les amenazó con hacer dobles entrenamientos con el sheriff. Ahí fue cuando empezaron a trabajar de inmediato en el ensayo.


    (...)​


    Durante la tarde iniciaron los entrenamientos del sheriff. Fue complicado para los chicos, todo el cuerpo les dolía e intentar mantener el ritmo que exigía el sheriff lograba que sus músculos se sintieran como si desgarraran todos al mismo tiempo. El sheriff los puso a hacer ejercicios simples como el día anterior, parecía ser que esa sería la manera en la que harían los calentamientos.

    Después de hacer el montón de lagartijas, sentadillas y abdominales, empezaron a hacer algunos levantamientos de peso muy pequeño con ayuda de unas esferas asombrosamente pesadas para lo pequeñas que eran. Seguido de eso terminaron entrenando un estilo de combate a puño limpio. El sheriff no toco a los chicos, simplemente intento mostrarles la forma básica de aquel estilo de combate muy parecido al karate. Finalmente, después de una larga hora y media que habían parecido un cuarto de día, les exigió un último ejercicio.

    —Muy bien muchachos— El hombre empezaba a estirar las piernas y sus brazos —Es momento de correr un poco.

    Kian se acercó a él imitando su manera de estirarse. El cuerpo le pesaba y ardía, pero no quería verse tan débil como los demás niños —¿Cómo será?— Preguntó como si no hubiese dolor en su cuerpo.

    —Correremos, una vuelta entera al pueblo— Contesto el sheriff mientras continuaba sus estiramientos y Kian los copiaba.

    Martin jugaba con Mike desde la parte de atrás —Eso es mucho…— Susurró. —No…— Dijo Claarn sin ningún remordimiento —Es lo suficiente. No más palabrería, vámonos— El hombre empezó a correr. Bastian observo a Martin con melancolía, el hombre suspiro y levanto los hombros, observo a los chicos correr detrás del sheriff en fila. En pocos minutos sus siluetas se perdieron en las casas del pueblo.

    El hombre trotaba, pero parecía que corría. Los chicos empezaron a cansarse después de terminar las primeras sietes cuadras. El tramo más sencillo había sido la empinada que tenían que bajar para llegar hasta el pueblo, después de ahí el terreno se volvía plano, así que no tenían ninguna forma de aprovecharse de su terreno.

    El lugar en el que vivían era una de las partes más lejanas del pueblo, lugar donde se encontraban los graneros y pequeños cultivos de distintas verduras. El pueblo se encontraba a unos cuantos terrenos de distancia. LaneCloud era un pueblo lo suficientemente grande para dejar de ser llamado pueblo, pero era más pequeño que Hericent y eso opacaba al pueblo. LaneCloud era un pueblo medianamente conocido, pero única y exclusivamente por la vía rápida Kadamia—Milloria que cruzaba por el medio de su civilización. Antes era conocido porque el rio cruzaba por en medio de Hericent y LaneCloud.

    Los chicos cruzaron aquella vía rápida, que aunque efectiva, no era demasiado concurrida. Por toda la vía rápida había un montón de negocios que recorrían toda la inmensa calle, había muchos letreros de muchos colores brillantes que invitaban a los viajeros y turistas a sus restaurantes, bares y hostales. Al cruzar esta calle no había menos de esa pintoresca imagen, a unas calles de la vía rápida se encontraba la plaza del pueblo donde se encontraba la estatua del fundador de LaneCloud, Robert LaneCloud.

    La historia contaba que este hombre trajo a un grupo de personas hasta este lugar y al ver el rio decidió establecerse. Su amigo era Roger Hericent, el que más tarde fundaría el pueblo de Hericent. Se cuenta que antes de que se fundara Hericent, LaneCloud iba a ser un gran pueblo que sería separado únicamente por el rio, pero años después de la fundación de LaneCloud los amigos tuvieron una pelea por una mujer que termino casándose con el fundador del pueblo.

    Existen dos versiones, una cuenta que LaneCloud le robo la mujer a Hericent tras una traición durante una larga relación que habían mantenido la mujer de LaneCloud y su mejor amigo. La otra era que Hericent nunca tuvo nada que ver con la mujer, pero la amaba demasiado y por eso se separó del pueblo, pues no resistía ver a la mujer que amaba con otro hombre. Lo que si era seguro es que los dos hombres no volvieron a hablar hasta el último de sus días. El rio se llamó como la mujer que separo tan larga amistad, el rio de Yaqui.

    En dicha plaza donde se encontraba dicha estatua normalmente se juntaba una gran cantidad de mercaderes de todos lados del continente e incluso el mundo.
    La plaza era muy grande, siempre que estos mercaderes estaban en la plaza durante la mañana la dejaban irreconocible. Se podía ver el contraste cuando ibas durante la mañana a la plaza para comprar algo, y cuando en la tarde salías a pasear. Casi creerías que te has ido a otro pueblo. Pues la vista se ve amplia al no existir tanta gente caminando por todos lados.

    Los chicos continuaron corriendo hasta llegar a la glorieta del ayuntamiento, en la parte céntrica se encontraba una mayor cantidad de pequeños edificios que servían como negocios en la primera y quizás la segunda planta, los demás pisos servían como departamentos. En aquella glorieta se encontraban los negocios más icónicos del pueblo: la peluquería más vieja del pueblo, un restaurante de lujo, un negocio donde vendían helado, otra era una carpintería, un negocio de sastrería y por ultimo una zapatería, sin olvidarnos del bello edificio del ayuntamiento. A unas calles de ese lugar se encontraba la comisaria y un parque muy conocido y concurrido por los niños y jóvenes del pueblo. También a unas calles se encontraba la biblioteca del pueblo, una biblioteca inmensamente grande, casi del tamaño del ayuntamiento, pero más bonita que este último.

    Los chicos se percataron de unos desvíos bruscos que hizo el sheriff. El hombre les había desviado en el camino para que no se toparan con sus antiguos hogares. Bruno y Mairis ni siquiera observaron el techo de su mansión de dos pisos, pero el caso de Bastian era diferente, su casa se encontraba en la colina más alta, imposible de no ver. El chico intento no observar la casa, pero era complicado, era como de esas veces en que estás viendo una película de terror y sabes que no debes de ver, pero aun así lo haces. El sheriff se percató de ello y cambio el rumbo del trote para que la casa terminara a espaldas de Bastian. Aunque el chico no lo comprendió en ese momento, pues estaba sumido en sus pensamientos, al final lo agradeció sin decirle nada.

    En medio de la vuelta al pueblo, Bruno no pudo seguir, cayó al suelo azotando fuertemente en el pavimento.

    Bastian se regresó de inmediato —¡Sheriff! ¡Para! ¡Mira a Bruno, no puede más!

    El hombre seguía trotando sin voltear hacia atrás —Estará bien, déjalo ahí o tendrás que hacer el doble de lagartijas de las que hiciste en la tarde. Debe entender que nosotros seguiremos avanzando no importa si se atrasa. Esto aplica para sus entrenamientos, como para sus estudios, así que recuérdenlo bien— El hombre no volvió a decir ninguna palabra. Mairis volteo la cabeza, quería ir con su hermano, pero tenía miedo de lo que el sheriff pudiese hacer. Sintió vergüenza al ver como Bastian se mantuvo con su hermano. Claarn doblo en la esquina siguiente, perdiéndose de la vista de los chicos. Mairis se detuvo al poco de doblar en la esquina. El sheriff se percató de ello. Se detuvo en seco al ver que Mairis volvía con su hermano sin decir ninguna palabra. Kian le paso por un lado sin darse cuenta que el sheriff se había detenido. El hombre sonrió. Se dio media vuelta y continua corriendo junto con Kian. Claarn se introdujo en medio de un callejón y después zigzagueo entre las calles para que los chicos no supieran como había continuado su recorrido.

    —¿Estas bien, Bruno?— Pregunto Bastian ofreciendo su mano para que el chico se levantara.

    Bruno le aparto la mano mientras tocia —No… Yo puedo… Gracias…— Volvió a toser secamente.

    —No lo creo, te ves terrible. No eres muy atlético, ¿verdad?

    Bruno intento respirar correctamente. Tomo un par de inhalaciones y tocio, pero con menos fuerza —Siempre me gustó más dibujar, leer algún que otro cuento o hablar con alguien. Nunca me gustó mucho la clase de educación física. Mi hermano lo sabía, por eso nunca trato de hacerme entrenar, maldición, ¿porque este viejo no puede ser como mi hermano?

    —Creo que no eres el único que desearía que el sheriff fuese otra persona. Yo lo he deseado cada segundo que tengo tiempo de pensar…— Ahí Bastian se percató de que realmente se había mantenido muy cansado y muy ocupado como para pensar. El niño continuó —Aunque no lo creas, lo estás haciendo bien. Mi abuelo solía ponerme a entrenar con él, a veces mi padre también lo hacía. No digo que tenga el mejor estado físico, pero me ejercitaba de vez en cuando y déjame decirte que estoy más que agotado.

    —Si tu estas agotado, yo estoy muerto.

    Bastian soltó unas risas débiles, estaba tomando un respiro mientras esperaba que Bruno se levantase —Si tu hermano no los ponía a entrenar, como es que
    Mairis parece tener muy buena forma…

    —Ah, ella…— El chico se frotó la frente, quitándose el sudor y volteo hacia donde se estaban las figuras de Mairis, Kian y Claarn volviéndose cada vez más pequeñas —Ella gustaba de jugar a la pelota con los chicos de su clase, de hecho siempre ha sido muy atlética, era la sobresaliente de su clase… — El chico empezó a tomar aire.

    Bastian se quedó observando como el sheriff giraba en una esquina, detrás del hombre continuaba Kian y luego Mairis. Ella hecho un vistazo antes de cruzar. Su mirada parecía estar llena de pena —No creí que te fuera a dejar atrás…— Más cuyo Bastian —No parece ese tipo de niña…

    Bruno lanzo un largo suspiro al ver que ya no había nadie enfrente de ellos —Le tiene miedo al sheriff… Estoy seguro que fue por eso que no regresó… A demás, escuchaste lo que dijo el viejo, tendrás que hacer dobles lagartijas…

    —Vamos, no podía dejarte aquí solo. No sé tú, pero yo me hubiese sentido muy triste…

    Bruno miro con un rostro expectante a Bastian. No podía creer que el chico se había arriesgado a un castigo y un sermón del sheriff por el simple hecho de no querer que Bruno se sintiera mal cuando lo dejaran solo y muy, pero que muy atrás. Dejo de mirar a Bastian y volvió la mirada hacia la esquina en la que habían girado. Entonces diviso a Mairis desde la lejanía.

    —Parece que al final no te dejara— Dijo Bastian con una sonrisa— Vamos amigo, ya tomaste aire, hay que alcanzar a aquel horrible maestro nuestro— Le tendió la mano de nuevo aun después de que se la había rechazado en un inicio. Bruno sonrió con Bastian y tomo su mano. Se levantó y esperaron a Mairis. Tras esperar que Mairis tomara un breve descanso, continuaron corriendo. Ya no faltaba mucho para terminar.

    Los chicos llegaron después de unos minutos a la casa. Lograron guiarse por medio de direcciones que pedían a las personas que se encontraban por el pueblo. Llegaron a la hora cuando se ocultaba el sol. El sheriff los esperaba con un rostro molesto y con los brazos cruzados. Los chicos esperaban su castigo, pero no hubo ninguno, el hombre se giró sin decir nada y se metió a la casa. Los chicos sonrieron, parecía que le habían ganado.

    Ciertamente había sido una prueba del sheriff. El hombre encontró una gran respeto en Bastian tras ver como se quedaba con Bruno y creyó que Mairis había obtenido un poco de valentía al enfrentarse a él regresándose hacia donde se encontraba los chicos. No habían ganado, pues nunca había nada que ganar contra él, habían ganado algo más, aquel día en que Bastian se quedó junto con el agotado Bruno su relación creció y Mairis obtuvo un poco de carácter.


    (...)​


    Esa misma noche, durante la madrugada, Martin y el sheriff dejaron a los chicos a cargo de Kian. El joven quería saber que estaba pasando, pero los tutores no le dijeron nada. Los niños estaban dormidos, así que solo debía vigilar que no se escaparan. Aunque dudaban que eso fuese posible, ya que los entrenamientos los dejaban agotados. Incluso Kian cabeceaba, pues había sido levantado de imprevisto.

    Los dos hombres salieron en dirección a la Mansión Arcnaik. Un montón de luces y personas se encontraban en el lugar. Algo había pasado, algo importante.

    Llegaron a los pocos minutos.

    —¿Qué sucedió?— Pregunto el sheriff al detective Fabricio en el momento en que llegaron. El hombre les estaba esperando. La calle que conectaba con el terreno de los Arcnaik estaba tapizada por vehículos del ejército. El lugar estaba infestado de soldados. Las luces iluminaban la mansión beige, dándole una tonalidad blanca, incluso las orillas de las superficies resaltadas que eran de color marrón también tenían una tonalidad clara, al igual que el tejado rojo que parecía un delicado rosa. Parecía que se había lanzado un delgado manto blanco. El ruido de los soldados gritando, al igual que el andar de los mismos de un lugar a otro molestaba al sheriff.

    Fabricio fumaba un cigarrillo para calentarse un poco. Esa noche hacia un frio especial. Ofreció un cigarrillo a cada uno. Los dos tutores aceptaron.

    —Noquearon a todos los soldados que patrullaban el lugar. La casa está hecha un desastre…— Le ofreció el mechero a los dos tutores. Martin lo tomo, Claarn prendió el cigarrillo con su dedo encendido en una pequeña llama —Subamos para que lo vean ustedes mismos— Abrió la reja de la entrada a la casa. Una reja insignificante y fuera de lugar para el pequeño muro de piedras que se levanta en el inicio del terreno.

    —¿Por qué lo hicieron?— Pregunto Martin tras pasar la puerta.

    —Deben estar buscando algo, es lo más lógico, lo mismo paso cuando saquearon el quemado hogar de los Hellwell, la biblioteca y la comisaria a lo largo de la semana. No sé qué estén buscando, pero deben de estar cerca, observándonos quizás…— El detective giro la cabeza hacia los árboles que rodeaban al terreno de los Arcnaik —Por cierto, tu amigo se encuentra ahí— Fabricio señalo a un hombre de saco gris que se encontraba hablando con un hombre alto de piel morena con un uniforme del ejército frente a la mansión de los Arcnaik.
    Claarn frunció el ceño al ver aquel hombre —¿Qué hace él aquí y por qué habla con el General Marcus?

    —Le mandaron para investigar todo lo que pueda. Supongo que el Gobierno Mundial piensa que esto es mucho más serio de lo que parece. No lo sé todavía, pero imagino que se quedara aquí durante un tiempo.

    —A mí no me parece para nada eso— Martin señalo a la mansión —Solo veo una mansión vuelta hacia arriba y un montón de soldados dormidos, ¿Qué puede tener esta mansión que sea de tanta importancia?

    —Créeme cuando te digo que los Arcnaik siempre han sido muy buenos con la habilidad de guardar secretos…— Dijo Claarn con una mirada indiferente. Dejo al detective y al joven soldado después de esas palabras. Se encamino hacia donde se encontraban los dos hombres charlando.


    (...)​


    —Entonces también asesinaron a los hermanos Carnons en Rubeola…— El general se frotó la frente —¿Por qué hacer todo esto? ¿Qué ganaran?

    —No fueron los mismo, General. Rubeola es un reino pequeño en una isla pequeña cercana a Jenna, por lo que fue fácil conseguir información. El foco esta iluminando principalmente a la mafia Lebore, se ha estado moviendo últimamente. Desconozco la razón la que quisiera asesinar a los hermanos de Rubeola...
    Hasta donde sabemos, Los Lebore ahora mismo son los líderes del mercado negro, el tráfico de drogas y armas. Al parecer el heredero de la familia se ha puesto a trabajar para levantar el nombre de la mafia por lo alto nuevamente.

    El General puso su mano en su boca. Parecía pensativo —He sabido que la familia Lebore se encargó del asalto a uno de los navíos del Gobierno Mundial… ¿Cuánta mercancía pudo sacar de ese asalto…?

    El hombre con el que hablaba el General negó con la cabeza —No lo sé— Contestó.

    —Hace poco hable con encargado del área de investigación del cuartel de Hericent, Fabricio Lecter, un muy bueno en su área. Él me dijo que el culto del nuevo rey se ha estado esparciendo por todas las islas medias, ¿Qué sabes de eso?

    —Para ser sincero no he investigado mucho sobre ese tema. Se han mantenido muy por las sombras, aunque la semana pasada hubo un acto escandaloso en nombre de la secta. Dentro de una escuela alguien llevo a cabo un acto de magia negra… No quisiera entrar en detalles, pero…

    —Pero dilo bien, dos clases completas muertas, no te quedes mudo como un novato…— Interrumpió el sheriff. Tendió su mano hacia el General —Marcus— El soldado le estrecho la mano, el General se sentía un poco sorprendido por la inesperada llegada del soldado Bohm.

    Marcus le sonrió, con una enorme sonrisa al soldado después de que se le pasara la impresión —Claarn, buenas noches. Mira, te presento al Detective Sebastián Salomón.

    —Lamentablemente lo conozco...— El detective y el sheriff se vieron a los ojos. Tan pronto como se vieron se empezó a sentir una tensión pesada —¿Qué has descubierto?

    —Por el momento, nada…— Contesto el hombre.

    —¿Por qué no me sorprende?— Comento Claarn, de forma intimidante y completamente provocativa. Casi como si quisiese una pelea con el Detective Salomón.

    El General observo a los dos hombres, sintió una divertida sensación al verlos actuar de esa manera —Se cree que Abraham Arcnaik quizás no fue asesinado por algún tipo de acto terrorista contra el Gobierno Mundial. Sino más bien que fue asesinado al saber algo, o bueno, quedaría mejor decir que tenía algo que no debía tener— Comento el General al sheriff. Claarn le observo brevemente y le señalo con el pulgar.

    —Tenemos a Marcus para hacer tu trabajo. Vete, no te necesitamos aquí…

    El detective hizo una mueca con la boca. El carácter de Claarn era casi infantil. Salomón lanzo un suspiro y enarco las cejas —No me iré, tengo un trabajo que hacer…

    —Me encantara escuchar que no encontraste nada. Si Abraham o Dan murieron con un secreto en sus labios nadie lo sabrá, ¿Quieres respuestas? Vete a buscar a las personas que vinieron a esculcar esta casa, ellos quizás las tengan…— Claarn paso hacia adentro de la casa, observo los muebles volteados, rasgados, rotos. Parte de las paredes contaban con grandes agujeros, al igual que el piso. La mansión estaba irreconocible.

    —¿Sabías de algo que Abraham o Dan Arcnaik ocultaban, Claarn?— Pregunto el detective Salomón mientras que hombre caminaba hacia el pasillo de la casa. El hombre se detuvo a mitad del pasillo cuando escucho la pregunta.

    Claarn se giró y observo una sombra obscura saliendo desde la puerta. Una sombra de pequeño tamaño, delgado y con el cabello hacia un lado como todo un niño bueno. Era la sombra de Salomón sobresaliendo por las luces de afuera —Sabia muchos de sus secretos, pero nada que te sirva para tu investigación…

    Marcus observo con intriga al hombre. Ahora él se había vuelto otra sombra. A lo lejos se empezaban a distinguir las siluetas de una sombra joven y quejumbrosa, al igual que la sombra de un hombre alto y muy delgado con olor a cigarro. Martin y Fabricio también se estaban acercando. Marcus se acercó unos pasos hacia adentro de la casa. Observo el desastre con mayor cuidado — ¿Qué ocultaban los Arcnaik, Salomón?— Pregunto con una voz seria.

    —Cosas demasiado importantes Gral. Marcus Thomson…— Murmuro el detective Salomón mientras miraba a su ex compañero adentrarse en la casa. Había visto su rostro con claridad. Claarn no solo sentía tristeza de estar ahí, también sentía lastima por ver la casa destrozada, al igual que un horrible odio.

    El detective Fabricio se acercó junto con Martin a la puerta. Saludaron al detective y al General. Observaron el desastre de toda la casa.

    Salomón seguía manteniendo su mirada en Claarn. Vio cómo se agacho para tomar un retrato roto en sus manos. El hombre lo aprecio durante varios segundos.

    —Detective Lecter— Murmuro Salomón con una voz seria y elegante —Me gustaría que un equipo de sus mejores hombres me apoyase con la investigación de los Arcnaik hasta la noche de este suceso. Estas personas guardaban un gran secreto. No por nada vinieron a eliminarlos…

    Fabricio, al conocer el rango superior del Detective Salomón como encargado del área de investigación de todo Dorinda, asintió ante cada palabra. —Con todo gusto, Detective Salomón— Contesto de manera cortes y servicial. Martín observo con cuidado a Claarn. Estaba paralizado junto con el retrato que había levantado.

    Claarn después de unos segundos de mantenerse quieto continuó caminando con el retrato en las manos. Recorrió toda la casa. Sin encontrar nada.
     
  5. Threadmarks: [ Parte 1 ] Capitulo 4 - Árbol de ramas rotas
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    5861
    Capítulo 4— Árbol de ramas rotas
    Han pasado dos meses desde que la tutela de Martin/Claarn dio inicio oficialmente. Los chicos se han acostumbrado a convivir entre si y poco a poco las secuelas de lo que sucedió aquella trágica noche empezaron a ser menos visibles. El cuerpo de los niños se ha adaptado de manera perfecta a los rigurosos entrenamientos del duro sheriff. Las clases de Martin han sobrepasado la fase de introducción y empezó a subir el nivel de los temas vistos. Ahora mismo los chicos no sabían quién era el maestro más complicado.

    El sheriff se encontraba ocupado en una reunión con el General del Cuartel de Hericent y el Detective Salomón; el cual no se quedó en el pueblo, solo iba a visitar de vez en cuando para tratar temas sobre las investigaciones y sucesos recientes.

    Como Claarn iba a estar en aquella junta, no habría entrenamiento físico ese día. El sheriff estaba haciendo esto con frecuencia, causando que los chicos empezaran a creer que el hombre no era tan estricto como decía ser.

    En cambio, Martin sabía que no habría entrenamiento y los mando a hacer un árbol genealógico de sus familias, ya que quería aprovechar el tiempo muerto en algo satisfactorio.

    Tendrían que ir a la biblioteca del pueblo y revisar en los libros más antiguos que encontrase e indagar en la información que brindaba el Gobierno Mundial sobre el censo de población. Quizás ahí podrían encontrar nombres de familiares.

    Las familias de los chicos tenían su fama y existían muchas personas que se dedicaban a investigar líneas familiares, quizás podían tener suerte y en la biblioteca se encontrara uno de esos libros.

    Martin acompaño a los niños hasta la biblioteca. Llevaba a Mike en un carrito para bebes que él mismo empujaba con magia. Los niños llevaban sus cuadernos y se quejaban de la clara necesidad de Martin de molestarles aquel día libre de entrenamiento. El joven reía, ya que tenían toda la razón, Martin quería evitar una tarde de bullicio. Al pasar por la comisaria saludaron a Kian por la ventana. El joven estaba haciendo su tarea mientras atendía la comisaria. Gracias a la diosa ese día todo estaba tranquilo, no tendría dificultades para terminarla.

    Al terminar de pasar por la comisaria doblaron a la derecha en la calle siguiente, justo antes del famoso parque de LaneCloud; un bello tramo verde con distintos árboles y juegos para los más pequeños.

    La calle de la biblioteca era larga, llena de casas grandes como la que alguna vez fue la mansión de los Hellwell o la de los Arcnaik. De hecho Martin aseguraba que por esa calle se encontraban las mejores casas de todo el pueblo.

    Al final de la calle se encontraba un imponente edificio hecho de ladrillos y duros cimientos. Un edificio largo de tres pisos de alto, con terrenos verdes a sus costados que atraían a las aves que acurrucaban la lectura de los visitantes. Su techo de madera color rojo, como la carne cruda, resaltaba entre los pilares blancos que sostenían el tejaban de la entrada. Justo donde se encontraban las dos puertas hechas de madera obscura y con vidrios de distintos colores, se encontraba un letrero que decía: “Biblioteca de LaneCloud. Bienvenido sea al lugar del conocimiento”. Dicho letrero se posaba en la cima casi tocando el tejaban de madera y tejados, sostenido por dos estatuas a los lados de las escalones que llevaban a la puerta.

    La figura de aquel hombre de mármol que sostenía el letrero se levantaba ante el cielo con un libro en las manos y un rostro que gritaba por el aprendizaje. Su vestimenta era más vieja que las fechas mismas. Un hombre que existió en un tiempo remoto durante tiempos duros.

    —James H. Burn— Menciono Martin al subir los pocos escalones que llevaban a la entrada. Observo detenidamente la estatua del hombre. Tan poderosa como siempre.

    —¿Quién?— Pregunto Mairis.

    Martin volteo con ella, sorprendido de que no supiera quien era. Incluso se llegó a preguntar a si mismo si nunca habían hablado de él en la clase de historia.

    Ciertamente no lo habían hecho.

    Ignoro sus pensamientos turbios y contesto la pregunta de la niña —Si alguna vez visitas otras bibliotecas te darás cuenta que en la mayoría de ellas se encuentra este hombre. Este hombre data de antes de la época del primer Chasoul. Durante las guerras contra los demonios cuando los hombres apenas habían obtenido la magia para defenderse— El hombre se detuvo en los escalones. Señalo el libro que el personaje tenía en la mano izquierda —El libro que tiene en la mano es “El mítico libro de la magia absoluta”. Un libro que contiene los hechizos más poderos jamás creados. Heredero legítimo de una familia importante, la familia Burn; abandono la sociedad y se embarcó en una travesía en busca del conocimiento. Este hombre viajo por todo el mundo conociendo a distintos magos durante los años de la guerra contra Bagar. En su viaje guardo nota de todos los hechizos básicos y elementales creados por los humanos hasta ese momento. A demás, se dice que era un poderoso mago, pero que no le gustaba el combate, por lo que nunca se observó al hombre luchar en ningún campo de batalla, pero si en campos de entrenamiento donde adiestraba a sus alumnos en el uso de la magia. Se cuenta que él mismo creo muchos hechizos desconocidos que se encuentran en ese libro. Solo existe un libro como ese y está perdido. El hombre murió antes del fin de la guerra, pero se dice que entrego el libro al Chasoul Primero para que pudiera pelear en la guerra y derrotar al rey demonio. Historiadores creen que así fue posible que Chasoul pudiera ganar a Bagar. De hecho el hechizo para crear la fisura dimensional que llevaba a un mundo obscuro para los demonios fue sacado de ese libro. Bueno, en fin, James H. Burn es mundialmente conocido porque se encargó de esparcir el conocimiento de la magia por todo el continente. A demás de escribir múltiples tomos de distintas magias que sirvieron para poder entrenar a los soldados y personas durante los tiempos que prosiguieron a su partida. Nunca se confirmó, pero una leyenda dice que él fue quien entreno a Chasoul Singuest a través de sus viajes, razón por la cual era tan poderoso. Se considera uno de los mejores magos de la historia. Sin embargo es opacado por su supuesto alumno, claro está.

    —Es asombroso…— Murmuro Bastian mientras admiraba la épica pose del hombre. Gritando al viento con su grandioso libro en las manos. Con el valor en su rostro y la esperanza en su mirada. Los detalles eran más que fascinantes. Se sentía el movimiento de sus ropajes, casi era posible distinguir el cuero del libro y pasar del tiempo de las hojas viejas del mismo. Sus dedos se notaban delgados al igual que su rostro. Aquella barba era casi existente, y parecía que al mínimo movimiento del viento la piedra se movería con él.

    —¿Se está buscando el libro?— Pregunto Bruno con interés.

    Martin mantenía la mirada en la estatua. Había pertenecido a una familia rica por muchos años y había aprendido a encontrar el arte de las obras. No quería sentirse demasiado refinado como para hablar de arte, pero en el fondo, tanto la pintura, como la escultura y la fotografía, le parecían cosas increíblemente bellas. Se olvidó de todos sus pensamientos y contesto a la pregunta del chico —Sí, pero yo opino que es en vano. Desde la época de Chasoul Primero no se ha registrado presencia en ningún lado. Teorías dicen que Chasoul lo destruyo porque era un arma muy peligrosa, si alguien llegase a tenerlo y quisiera hacer mal de él, sería un oponente temible. Otros dicen que el libro se encuentra resguardado por el Gobierno Mundial, pero lo dudo, ya que el Chasoul Segundo, Valentín Purill, destruyo Etheros junto con la biblioteca más grande del antiguo Gobierno Mundial, sin nunca encontrarse rastro de dicho ejemplar. Es complicado saber dónde se puede encontrar, ya que tras la destrucción del antiguo Gobierno Mundial, mucha información también fue destruida. Razón por la que no se saben fechas cien por ciento exactas desde esa época.

    Los chicos vieron al hombre de la estatua con respeto y admiración. Sin embargo lo que más les llamo la atención era aquel libro. Un libro que hacia su presencia sin estar presente. ¿Qué podría tener escrito? ¿Qué hechizos se podrían encontrar dentro de sus páginas? ¿Qué tan sabio y poderoso podrías ser si pudieses leerlo?

    Sin más, los chicos entraron a la biblioteca, saludaron a la chica de la entrada y pidieron un pase para poder revisar los artículos de censos del Gobierno Mundial, por si acaso no encontraban ningún libro público que tuviese esta información. Pasaron el barandal de madera que bloqueaba la entrada y pasaron hacia las mesas del centro de la biblioteca. Martin se quedó en las bancas atrás de los barandales y empezó una conversación con la atractiva bibliotecaria de la recepción.

    Los chicos empezaron a buscar algún libro como: “La antología de la Familia Arcnaik”, “Todos los nombres de los Hellwell” o “Linajes de las familias de los generales Mundiales del año 2500 en adelante”, alguna cosa de ese estilo.

    Eran inocentes, no encontrarían nada tan claro. Primero intentaron encontrarlo por su propia cuenta, al pasar de unos minutos se dieron por vencidos y fueron
    con la bibliotecaria que se encontraba al fondo de los pasillos entre libreros. Bruno le tenía cierto miedo, así que envió a Mairis y Bastian para preguntar.

    La mujer era de edad avanzada, quizás a punto de jubilarse, tenía una verruga en la frente y una sonrisa demacrada. Era arrugada y de piel marchita.

    —¿En qué puedo ayudarles?— Preguntó más amable de lo que parecía.

    Mairis, un tanto apenada, empezó a hablar —Estamos intentando hacer un árbol genealógico de nuestras familias. Nuestro profesor quiere que sea mucho más complejo que poner nuestros padres, tíos y abuelos. Así que tenemos que buscar unas generaciones atrás de nuestros abuelos, ¿puede ayudarnos?— La chica había hablado de una manera tan dulce y tierna, que hasta a la amargada mujer pareció avivarse un poco. Asintió con ánimo y saco de la barra en la que trabaja un enorme libro, tan viejo como ella y tan pesado como Mairis.

    —¿De qué familias son?— Pregunto la mujer tras ponerse sus lentes. Movió su mano en un baile de dedos que movía las páginas con magia.

    Bastian observaba intrigado el enorme libro, al igual que aquella talentosa habilidad para mover las hojas del mismo con semejante rapidez. Se alegró al ver que la anciana no era tan mala como parecía —Arcnaik y Hellwell. Si es posible también sobre la familia Greenburn, por favor— Respondió Bastian, animado.

    Los ojos de la anciana giraron hacia los niños. Sus ojos se exaltaron, incluso la mano arrugada y pálida de la mujer paro, los dedos, aquellos que se habían movido con tanta tranquilidad empezaron a bailar sin control. El rostro viejo de la mujer, que de por si era de un color pálido, se volvió más blanco de lo normal. La vista se le nublo por un momento. Trago saliva discretamente, para no hacer notar su repentina impresión. La mujer acababa de comprender que eran los niños de los Generales Mundiales por lo que destruyeron LaneCloud hace dos meses. Esos niños de los cuales no dejo de escuchar durante unas semanas pasado el incidente. Los famosos niños que vivían en las afueras de LaneCloud, los niños Arcnaik y Hellwell.

    Mairis y Bastian comprendieron de inmediato, era la misma mirada que les lanzaba más de una persona del pueblo. Se sintieron un poco incomodos, como todas las veces en que eran vistos de la misma manera por los pueblerinos de rostro más amargo. Quizás toda la población de aquel pueblo en crecimiento les tenía algún rencor. Trataron de no darle muchas vueltas al asunto, después de todo, ya se habían acostumbrado a ese tipo de reacciones. Los niños temían que la mujer no quisiera ayudarles.

    La mirada de la mujer se tornó pesada, pero después de unos segundos soltó un suspiro y movió los dedos rápidamente en un baile armónico como si estuviera tratando tomar agua del chorro de un grifo. No pareció darle mucha más importancia al asunto de sus nombres. Las paginas empezaron a tomar un brillo lila, cambiaron rápidamente una tras otras, deteniéndose y moviéndose a una velocidad increíble. Al mismo tiempo que las páginas se movían, la mujer apuntaba con un lápiz a la misma velocidad. Nunca vio el papel en ningún momento de todo el hojeo. Fue sorprendente verla escribir de manera tan rápida y mayor fue la sorpresa cuando la mujer les entrego la hoja con varios títulos.

    —Aquí están todos los títulos donde sus familias son nombradas. También puse un índice para que sepan en que páginas se encuentran. Son un buen puñado de libros. Sus familias son reconocidas. Aunque hay un problema, muchos de estos libros son muy antiguos, así que quiero que los cuiden mucho. Los libros más viejos se encuentran en aquella habitación que se encuentra al fondo por la entrada. Pidan a la bibliotecaria de la entrada un pase para poder entrar.

    Los niños asintieron agradecidos. Caminaron hasta Bruno y le comentaron entre susurros donde se encontraban los libros que por el momento podían revisar.

    Rápidamente los niños se perdieron de la vista de la mujer. La anciana mantuvo su rostro inexpresivo, bajo la vista y acaricio con el pulgar el rostro de un
    hombre que había en una fotografía dentro de un marco. Lanzo un suspiro largo y pesado. Levanto un libro para distraerse, para intentar olvidar por un momento su dolor.

    El viaje por toda la biblioteca fue largo. Bastian y Bruno cargaban todos los libros mientras que Mairis lanzaba uno y otro más a la torres que empezaba a formase sobre los brazos de los niños.

    Recorrieron toda la sección pública más de dos veces para no perderse de nada. Al terminar de reunir todos los libros se dirigieron a las mesas que se encontraban en el centro de toda la biblioteca, ahí donde las ventanas altas de la misma lanzaban sus rayos para dar una iluminación natural. Tomaron sus libros y empezaron a indagar en la historia que cada uno contaba. Su decepción fue absoluta al descubrir que sería imposible alinear toda esa información si desconocían los nombres de sus familiares, ni las fechas que mencionaban en los relatos.

    Bastian ya había ojeado los libros donde mencionaban a su familia. En más de uno mencionaban a su abuelo y sus heroicas hazañas en la cuarta guerra mundial. En otros mencionaban a su hijo, Adam. Le mencionaban como una promesa que traería paz y la mantendría por lo largo de los años, dejando un legado digno de su herencia, como hijo de la leyenda de Abraham Arcnaik. Sin embargo, parecía que fuera de ellos dos no existía alguien quien hubiese hecho los suficientes actos heroicos como para ser mencionados. El único dato, que tampoco es que no supiera sobre ello, era la fecha de la muerte de su tío, Nilo Arcnaik, en el año 2867/08/04 durante una batalla en alta mar contra las flotas de mercenarios devotos a Los Brujos. Una explosión destruyó el barco en el que se encontraba. Nunca se especificó todo el número de fallecimientos, pues nunca se encontraron todos los cuerpos.

    Bastian se molestó al no encontrar nada. Cerro el libro de un golpe y estrello su frente contra la portada del mismo. Mairis volteo a ver el reloj enorme que se encontraba al fondo de la biblioteca. Ya habían durado un par de horas en la biblioteca sin encontrar absolutamente nada —Supongo que tendremos que ir a buscar en los libros viejos y en los censos— Comento Mairis con una mueca.

    Bastian levanto el rostro con cansancio —No nos queda de otra…

    Bruno cerro su libro con cuidado. Movió la silla hacia atrás para poder salir, evito cualquier tipo de sonido. Al estar parado empezó a deslizar la silla hacia enfrente con cuidado. Salto de un susto al oír la brusquedad de Bastian y su hermana. Volteo a verles con una risa nerviosa. Los chicos soltaron unas carcajadas al ver el rostro del niño.

    —Son unos maleducados— Susurro Bruno.

    Bastian seguía riendo. Se sostuvo del hombro de Mairis, la cual no podía dejar de reír.

    Desde lejos escucharon como alguien les callaba con un largo “shhh”.

    Bruno se giró, observó el rostro de la mujer anciana completamente molesta. Un pavor le recorrió por toda la espalda —Ven lo que hacen— Se giró con los chicos —Está enojada— Susurro ahogando sus gritos.

    Los chicos estaban nerviosos. Ese rostro mató sus carcajadas —Si, creo que no hay que molestar tanto. Saben, me sorprende lo que encontré en estos libros, creo que mi familia no es tan popular como me han dicho. Solo he encontrado menciones de mi padre y mi abuelo. Una que otra sobre mi tío, pero fuera de ellos no encontré muchas menciones. Había unos nombres, pero pertenecían a casi unos cien años antes de mi abuelo.

    Mairis asintió con el rostro pensativo —Lo mismo me paso a mí. Encontré unos relatos sobre un antiguo pariente, pero es imposible saber en qué posición de árbol se encuentra, porque se encuentra a unos ciento treinta años desde la aparición de mi hermano.

    —Ahora que me pongo a pensar, mi abuelo nunca me comento nada sobre su padre…- Murmuro Bastian, con la mirada perdida en sus recuerdos.

    Bruno hecho un vistazo hacia la anciana. Estaba hundida en su novela de romance —A nosotros nunca nos hablaron sobre nuestros abuelos…- Dijo Bruno en un tono melancólico —Apenas conocemos cosas de nuestros padres…

    —Eran tiempos de guerra. Creo que las cosas eran muy complicadas— Comento Bastian con la mirada apenada. No imaginaba que tan duro había sido crecer sin el recuerdo de unos padres.

    Mairis tomo unos libros presionándolos contra su pecho —Vayamos a revisar aquellos documentos antiguos. Quizás encontraremos algo. Tomen los libros y déjenlos en el carrito— Los chicos la siguieron como una orden dada por un capitán. Incluso caminaron como si fuesen un pelotón, mientras caminaban hacia el carrito.

    Tras terminar de dejar todos los libros en el carrito de metal, los chicos se dirigieron a la parte del fondo. Ahí donde había una pared de vidrio blindado con una puerta con escaneado de pases de la biblioteca. Dentro se encontraban archivos antiguos del Gobierno Mundial y distintos documentos, como archivos de guerra, periódicos, fotografías, entre otras. Debías de pedir un pase especial para cada una de las cosas que quisieras ver. El pase que ellos tenían solo les permitía abrir los casilleros con la sección amarilla, la más común de todas. Las demás secciones podían ser abiertas, pero solo con un permiso especial que podías tramitar en el cuartel de Hericent. Al pasar por la recepción no vieron ni a Martin ni la recepcionista. Entre los tres niños se vieron, preguntándose a donde podía haber ido su tutor. La duda salió volando de su cabeza al escuchar los pasos furiosos de la vieja bibliotecaria.

    —¿A dónde se fue aquella niña?— Refunfuñaba molesta.

    Los chicos corrieron hacia la entrada de la sección del Gobierno Mundial para no ver a la mujer. Su gesto era de por si demasiado duro, no querían imaginarla molesta.

    Mostraron el pase en la entrada. La puerta tenía una luz roja que cambio a verde tras escanear el pase. Los chicos entraron a la habitación, tenía un olor fresco y hacia frio. La luz era tan tenue que parecía casi inexistente.

    Bruno toco el vidrio del que estaban hechas las ventanas, realmente parecía muy duro. Supuso que lo hacían por protección, pues derribar aquellos muros debía de ser toda una hazaña.

    Mairis levanto la hoja de papel con los nombres y códigos de los casilleros donde debían estar los archivos de los que había hablado la vieja bibliotecaria. Inspecciono con cuidado para saber exactamente cuales tenían permito de revisar. A un lado del código que tenía cada casillero había una cinta adhesiva de un color resaltante que hacia identificar el nivel del pase necesario para ver esos archivos. La chica agito el pase, del mismo salio una llave larga que usarían para abrir sus debidos casilleros. Un sistema sencillo y fácil de eludir, pero en caso de que te encontraran revisando archivos de un nivel no solicitado, podía llegar a ser un crimen serio. La niña ordeno a Bastian abrir cuatro casilleros, dentro se encontraban unos libros antiguos, marchitados y casi a punto de volverse polvo. Tendrían que tener mucho cuidado con las páginas que revisaran.

    —Estos son censos del año 2830, supongo que para entones tu abuelo ya había nacido— Dijo Mairs al voltear con Bastian.

    El niño empezó a contar con los dedos —Si, mi abuelo tenía sesentainueve años cuando falleció. Es del 2819. Ahí deberían aparecer mis bisabuelos como mínimo.

    Mairis asintió con una ligera sonrisa —Muy bien, entonces el censo que revisaras será el que tiene un color marrón obscuro. Los que no parecen tan viejos pertenecen al año 2870, mi hermano tenía veintiocho, asi que es del 2860. En ese censo deberían aparecer mis padres y mi hermano. En caso de seguir investigando tenemos los más antiguos. Los censos del 2800 y 2750. Podemos revisar otras fechas intermedias si las requerimos.

    —Mientras encontremos los nombres hasta nuestros tatarabuelos no habrá quejas de Martin— Dijo Bastian con un tono confiado. Mairis le sonrió.

    Bruno se acercó —Entonces encontremos esos nombres. Abre los censos y busca en la “H”, Mairis. Ahí deberían aparecer los nombres de nuestros padres.

    —Gracias, no se me había ocurrido.

    —Tonta.

    —Bobo— La chica le saco la lengua. Bruno soltó unas risas.

    Bastian interrumpió —Chicos, ¿encontraron algo?

    —¿Tu no?— Preguntó Mairis sorprendida.

    —Aquí no se encuentra ningún Arcnaik. Encontré Greenburn, pero no aparece mi abuelo materno…— Los chicos lo observaron con mala cara. Creían que les estaban haciendo una mala broma. Era imposible que no estuviese su abuelo en el libro —Hablo enserio, chicos. Bruno, ven y búscalo tú mismo…

    Bruno suspiró. Se acercó por detrás. Bastian le cedió el asiento. Bruno empezó a hojear con cuidado —¿Seguro que se encuentra completo?— Su amigo no ocupo responder. El mismo se dio cuenta que el libro estaba bien, dio vuelta a la hoja dos veces y reviso el orden alfabético. Las letras seguían un orden correcto —Si, si se encuentra completo. Puede que no haya participado en el censo ese año. Revisa los de los años 2820 y 2840, quizás ahí si aparezcan.

    —¿Dónde se encuentran los censos, Mairis?

    —En el casillero No. 45 al No. 94. El último número del código significa los años que se encuentran dentro del casillero— Bastian asintió y se dirigió
    rápidamente a los casilleros con la llave que traía el pase —Bruno, no aparecen nuestros padres, ni nuestro hermano.

    —¿Qué?

    —Lo que escuchaste, no hay ningún Edward Hellwell. Ninguna Olena Hamilton, ni ningún Marco Hellwell. ¡No parece existir el apellido Hellwell!— Mairis
    movías las hojas de un lado a otro. Revisaba una, luego otra y otra vez. Pero los apellidos continuaban su orden alfabético. Efectivamente no existía ningún apellido Hellwell en ese año.

    Bastian volvió con un montón de libros en sus brazos —Saqué muchos censos de distintos años. Incluso el de 2880, por si ayuda en algo…

    —Excelente— Dijo Bruno agradecido —Ponlos de aquel lado. Pásame el del año 2820, te ayudare a buscar. Mairis, tu busca en el año 2860.

    Los tres empezaron a buscar como locos en los libros. Cada uno estaba investigando cuidadosamente antes de decir algo.

    —Mi abuelo Abraham no aparece en el año 2840, pero mi abuela Martha si… Mi abuelo Rubén no aparece tampoco en este año, pero mi abuela Rosa si… —
    Cambio de libro rápidamente. Se cambió al censo del año 2850 —Mi abuelo Abraham aparece hasta el año el año 2850… Mi abuelo Rubén también aparece este año. No sabía que tenían la misma edad. Treinta y un años, se miran más grandes. La guerra si marchita a la gente…

    —No encontré ningún rastro de los Arcnaik en los años veinte, Bastian…

    —¿Qué extraño?

    —¿Seguro que tu familia no se cambió el apellido a Arcnaik?

    —No lo creo. Mi abuelo siempre presumía de su sangre. A demás, eso no explicaría que no apareciera mi abuelo Rubén, un rey del reino de Arbal, no hay forma que el Gobierno Mundial no haya preguntado por él durante el censo.

    Bruno asentía mientras se mordía el dedo —Tienes razón… No tiene lógica… ¿Cómo vas Mairis?

    —Nuestro hermano no aparece hasta el año 2880, dice que tenía veinte años, la verdad es que no cambió mucho en esos ocho años. Nuestros padres no aparecen en ningún censo… ¿Recuerdas cuál era el apellido de Eva?

    Bruno se froto la frente —Eva… Eva… Eva… No lo recuerdo, creo que nunca nos lo dijo…

    —Yo tampoco lo recuerdo…

    —¿Por qué querías saber el apellido de la novia de tu hermano?— Pregunto Bastian extrañado por el repentino interés de su amiga.

    —Solo quería buscar, quizás tampoco aparecía. Tal vez nos estamos complicando mucho, chicos. Eran tiempos de guerra, la gente no se quedaba en el mismo
    lugar…

    —¿Tú crees? Bueno, puede ser— Murmuro Bastian mientras apreciaba los libros de los censos que habían revisado —Si no encontramos los datos sobre sus padres y mis bisabuelos quizás podríamos encontrar algunos más antiguos. Así no se vería tan vacío nuestro árbol...

    Bruno tomo uno de los libros más viejos, el censo de 2750 —Deberíamos. Me gustaría saber que tan lejos se encuentran los Hellwell desde nosotros…— El chico abrió el libro con cuidado y empezó a hojearlo. Bastian y Mairis le acompañaron.

    La tarde pasó y los chicos no solo habían terminado de revisar los censos. También habían consultado unos libros muy antiguos, de esos que jamás verías en los libreros, ya que no podían estar afuera con los más recientes, por dos razones, porque no mucha personas los buscan y porque sería difícil mantenerlos bien cuidados. En ellos encontraron más datos sobre sus antepasados.

    —¿Qué han encontrado?— Pregunto Bastian con un suspiro.

    Bruno dejo uno de los libros antiguos en el montón de libros que ya habían sacado de los estantes —Al parecer tenemos un familiar llamado Owen Hellwell cuyo última aparición en los censos es en el año 2720. El hombre era un General que daba sus servicios durante los primeros años de la cuarta guerra. Este señor tenía un total de siete hermanos, hermanos y hermanas entre ellos. Era el hermano mayor, pero durante la guerra los hermanos fueron falleciendo por distintos motivos. Nuestro abuelo Owen tuvo seis hijos, cuatro niños, dos niñas. Sin embargo, cuando llegamos año 2750 desaparecen todos. Owen falleció en el año 2746 durante una batalla en los valles entre Harbenten y Anspart. Después tenemos que los hijos desaparecieron y de ahí no existe nada hasta la llegada de nuestro hermano Edward, en el año 2880. En otras palabras nuestra familia tiene una brecha de ciento treinta años donde no hay, nada, literal, no existe información sobre los Hellwell de esos tiempos. Hemos tratado de encontrar a nuestros padres, pero en ninguno de los censos se hace una antología o relación con nuestro hermano— El niño se cerró de brazos y hecho la cabeza hacia atrás. Mairis lo miraba con un rostro agotado.

    Bastian levanto la hoja de papel en la que estaba escribiendo —Esto es extraño. Yo tengo un problema aquí. Los últimos familiares registrados antes de mi abuelo son del año 2720. Siete años después del inicio de la cuarta guerra mundial. Ahí aparece un abuelo llamado Rainero Arcnaik, el cual era hijo único. Él tuvo cinco hijos, cuatro mujeres y un hombre. Este general murió durante una batalla en alta mar en el golfo de Calani en el año 2729. Las mujeres de esta familia se casaron y obviamente el apellido cambio al del esposo, pero el único hijo supuestamente entro en ejército con la sorprendente edad de diez años. Sin embargo, después de eso no hay nada sobre este muchacho, dice información clasificada, quiero creer que entro al servicio secreto. Debió haber sido un prodigio para que se le permitiera la entrada a esa edad, ¿Saben lo curioso?

    —¿Qué hay de curioso?— Preguntó Mairis.

    —Se llamaba Abraham Arcnaik como mi abuelo, de hecho en las fotos de los censos se parece mucho a mí. Mi madre siempre me decía que me parecía a mi padre de pequeño, así que supongo que la familia Arcnaik corre por mis venas...

    Bruno soltó unas risas burlonas. Levanto la cabeza y señalo a su amigo con el dedo —Te das cuenta que el sheriff es idéntico a tu abuelo, ¿verdad? Significa que tiene sangre Arcnaik también… Puede que hasta sea un tío perdido…— Bruno continuo mofándose entre risas.

    Bastian sintió como un terror le cosquilleaba todo el cuerpo —Maldición, no lo digas… No me imagino a ese hombre como parte de mi familia…

    Mairis empezó a reír con delicadeza —Tienes que admitir que Bruno tiene mucha razón. Llega hoy y dile “Tío Claarn”, me gustaría ver su rostro.

    Bastian también comenzó a reír con vergüenza —No, no, no, no… Eso no era lo que les quería decir chicos— Dijo entre risas —Aquí en los censos más recientes marcan a mi abuelo como Abraham Arcnaik II, el cual también tiene información clasificada. Significa que de si o si mi abuelo tiene parentesco con este hombre. Abraham Arcnaik I tiene que ser el bisabuelo o el abuelo de mi abuelo. Sin embargo… ¿Por qué la información esta privada y porque no existe censos de los hijos de este hombre? ¿Enserio tenía que ser todo tan clasificado como para que no hubiese rastro de los hijos de mi tatarabuelo Abraham? Es todo muy extraño...

    —No te mortifiques Bastian— Dijo Mairis con un tono agotado —Martin no tendrá quejas por motivos como este.

    —No es eso, es que me parece extraño, todo esto me parece demasiado extraño…

    —A todos, supongo— Comento Bruno con un tono desanimado —Sin embargo no podemos saber las razones de estos problemas. Quizás, si un día te vuelves soldado, podrías investigar toda la verdad sobre ese tatarabuelo tuyo, sobre tu tatarabuelo y sus hijos. En cambio nosotros… Nosotros estamos solos desde hace ciento treinta años…— Bastian no supo cómo contestar a eso.

    Mairis volteo hacia las ventanas que se encontraban en la parte superior del techo. De ellas salía un brillo naranja, señalando el atardecer. Las luces de los focos en la biblioteca ya se habían prendido y quedaban pocas personas en el lugar —Oigan chicos, ya está atardeciendo. Es hora de irnos.

    Bruno mantenía la mirada en los libros de los censos —Claro…

    Empezaron a levantar los libros y acomodarlos en donde se debía. Bastian levanto un par con su antebrazo sirviendo como apoyo. Uno extra en la mano. Eran los libros de los censos más antiguos. Bruno volteo hacia a través de la ventana, la vieja bibliotecaria estaba dando un recorrido. El niño dio un brinco cuando escucho como los libros viejos se le caían a Bastian. Volteo a verles y observo unas hojas desprendidas. La vieja bibliotecaria levanto el rostro y vio a Bastian agachado de cuclillas levantando unos libros, esto no le hubiese molestado si no hubiese visto esa pequeña resma de hojas en el piso. Sus pasos retumbaron en el piso como si no hubiese ningún tipo de pared que les bloqueara.

    —¡Bastian!— Grito Mairis —¡¿Cómo se te pudieron caer los libros más importantes?!

    —Fue un accidente…— Gruño Bastian.

    —¡No puede ser! ¡¿Esas hojas a que libro pertenecen?!

    —Chicos…— Susurro Bruno —No es por apresuraros, pero parece que la anciana viene hacia acá, y no se ve contenta.

    Mairis volteo hacia la pared de vidrio templado, ahí estaba aquella mujer de rostro amargado y entrecejo marcado, caminando hacia ellos con una expresión en la boca tan curvada hacia abajo como la que hacia el sheriff cuando Bastian habla durante los entrenamientos — ¡Apresúrate, Bastian!

    —¡En eso estoy!— Abrió rápidamente y sin ningún cuidado los libros de los censos que se le cayeron. Abrió el libro de censo del año 2720, en la parte final faltaba un pedazo de las hojas. Tomo el montón de hojas, acomodo las letras faltantes, la “R”, la “V” y la “W”. Entonces logro leer un nombre que el recordó —Wish Akira Dorian— Susurró. Soltó una risa infantil, casi como si no le importara que la vieja bibliotecaria se acercaba —Miren chicos, encontré al científico del que nos habló Martin durante la clase de historia.

    —¡¿Es enserio, Bastian?!— Grito Bruno muy molesto. Mairis tomo las hojas de las manos de Bastian. Las introdujo en el libro al que pertenecían. Tomo el segundo libro y se lo paso a Bruno. La bibliotecaria entro justo en ese momento.

    —¡Niños, los vi, ese chico pelirrojo tiro ese libro! ¡¿Qué les dije sobre el cuidado de los libros viejos?! ¡Son muy frágiles! ¡¿Qué no los ven?!— Su voz retumbaba a lo largo de la habitación, creando un eco entre el metal de todos los casilleros. Los chicos por primera vez tuvieron más miedo del que alguna vez habían tenido con el sheriff.

    —¡Salgan de aquí! ¡Vamos!— Gruño la anciana con una voz rasposa que hizo chillar los oídos de los niños. Mairis y Bruno salieron corriendo rápidamente. Bastian tomo todas las cosas que habían introducido y salió corriendo, sintiendo la mirada de la anciana en su espalda. Los chicos corrieron hasta la entrada. La mujer no quería que se fueran de la biblioteca, pero los chicos no se pusieron a pensar a que se refería en ese momento. Salieron de la biblioteca justo después de entregar el pase a la recepcionista que tenía una sonrisa en la cara y una flor en su escritorio. Al salir vieron a Martin caminando en la mitad de la calle en dirección a la biblioteca. Traía a Mike en sus brazos.

    —¿Qué sucede chicos?— Preguntó cuándo los chicos se encontraba frente a él.

    —Tuvimos unos problemas— Dijo Mairis con el corazón saliéndocele del pecho.

    —Problemas viejos— Dijo Bastian con una risa rápida.

    Martin los miraba con suma cautela. Tenían un rostro de miedo —¿Están seguros que no pasó nada malo?

    Bruno se volvió hacia la biblioteca. Al parecer la mujer no iba de tras de ellos como se lo habían imaginado —Si, todo bien. Solo que estábamos revisando unos libros viejos y a Bastian se le cayeron. Unas hojas se desprendieron y la bibliotecaria nos regañó.

    Martin soltó unas risas delicadas —Toda una aventura, ¿eh?— Comentó entre risas —Está bien, volvamos a casa. Ya está por obscurecer, ¿Cómo les fue con la investigación de sus familias?— Preguntó curioso.

    Bastian se froto la frente —Creo que lo haremos a medias. No encontramos todo lo que buscábamos— Agacho la mirada decepcionado de sí mismo.

    —Mientras que lo hagan bien no tendré quejas— Los niños aclamaron la actitud de Martin con elogios y euforia. Caminaron sin ningún problema. Llegaron a su hogar con la llegada del sol rozando las montañas.
     
    Última edición: 23 Marzo 2019 a las 6:10 PM
  6. Threadmarks: [ Parte 1 ] Capitulo 5 - Recuerdos que atormentan
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    6110
    Capítulo 5 — Recuerdos que atormentan

    Era de madrugada y Bastian no podía dormir. Se encontraba dando vueltas una y otra vez en su cama, intentando conseguir el sueño. A veces miraba a los alrededores percibiendo un cuarto desordenado, ropa en el piso, algunos cuadros con fotos, papeles, cuadernos y libros que de vez en cuando leían, piezas de armas que el sheriff les pedía que construyesen, entre otras cosas, como a Kian dormido completamente destapado y el cuerpo inerte de Bruno a la hora de dormir ya que dormía completamente recto.

    No era la primera vez que le sucedía. Muchas noches de esos largos meses él había dormido lo que se podría considerar poco. Nunca se lo decía ni a Martin, ni sus compañeros, mucho menos al sheriff. No quería que le preguntasen el motivo, aunque era más que lógico, recordaba a sus padres y su abuelo, anhelaba su antigua vida como cada segundo en el que se encontraba solo. A veces deseaba con tantas fuerzas que aquella noche nunca hubiese pasado, pero en más de una ocasión su abuelo le dijo: Él hubiese no existe, por eso haz lo que tú crees correcto en el momento. El niño soltó un suspiro tras el recuerdo. Su abuelo, un hombre valiente, justiciero. Un hombre de bien. Más sabio que cualquier maestro que alguna vez le había dado clases. Era el anciano de las historias más interesantes. Siempre dedicado a su familia y a los suyos como había sido el caso de Kian, pocas personas que conociera hubiesen hecho tanto por un niño desamparado. El principal orgullo del mundo, al haber acabado la cuarta guerra como todo un Chasoul. Algunos lo consideraban uno, otros creían que con un Chasoul por guerra era más que suficiente. Como no estar orgulloso, ni admirar una figura como la de su abuelo. El símbolo de lo correcto y el honor.

    Luego estaba su padre. Tan amigable con cualquiera, amado por cada pueblo que visitaba. Su presencia traía calma y seguridad al mundo. Su espalda no significa envidia, ni un objetivo al que alcanzar, no, significaba protección, seguridad y liderazgo. Siempre con la cabeza en alto para nunca dejar que sus subordinados temieran. Siempre tan feliz y amoroso. Cada que podía se llevaba a Bastian a pasear, a pescar, a ver alguna lucha libre o escuchar algún grupo tocar en un restaurante familiar. Era ese tipo de personas que te cautivaban, que al verlos, no puedes dejar de no escucharles. Sus historias y los lugares que visitaba siempre parecían tan increíbles por esa forma de hablar. Siempre traía regalos de sus viajes, un juguete, una prenda, unos zapatos o un libro de cuentos para él. Una estatuilla para su madre, un vestido, unos zapatos, unos aretes o unas argollas, aunque su madre siempre decía que con una flores era más que suficiente. Y lo era, porque sus ojos siempre brillaban en el momento en que su padre llegase con un ramo o la más pequeña rosa. La amaba con locura.

    Su madre, ohhh su madre, era hermosa. Un deleite para la vista como cualquier hijo ve a su madre. Un regalo nunca merecido al cual siempre abrazaba. La sonrisa que curaba cualquier cara larga, no importaba la situación, fuese un brazo roto, un juguete perdido o ropa nueva sucia. Esa sonrisa te reconfortaba, te hacia saber que todo estaba bien. Ese cabello pelirrojo que se movía en el viento era elegante. Sus ojos tan verdes como la naturaleza misma eran dos joyas hermosas, imposibles de no verlos. Sus brazos eran la guarida perfecta a los miedos a los cuales ahora creía que eran una tontería. Recordaba ese momento en el que llegaba y su comida estaba hecha, la comida de su madre siempre fue la perfecta. Recordó ese alago que siempre hacia en los lugares a los que iban a comer y que a su madre le hacía avergonzarse, pero a él le gustaba hacer reír a su madre y por más que pasara el tiempo y el alago se volviera monótono lo hubiese seguido diciendo igual. “Esta comida no es buena. No la hizo mi madre. Mi madre es la mejor cocinera”. Su voz era angelical y le hacía dormir al contarle aquellos cuentos que ella sabía que le gustaban tanto. Demasiadas veces fueron las veces en que ella tuvo que jugar con él por falta de tiempo de su padre, y eso no le importaba, pues el solo hecho de estar con ella era un acto mágico. Por un momento pensó en su madre embarazada de su hermanito, y en ese momento recordó su rostro, quizás nunca se había dado cuenta de que ella los amaba tanto, hasta que vio aquella panza y a ella acariciándola con un rostro del más puro cariño, ¿Cuándo llegaría a encontrar ese amor otra vez? Quizás nunca.

    Fue en ese momento, mientras pensaba en ellos cuando se percató de lo triste que se sentía en aquella casa. Deprimido de no estar con alguien que le quisiera tanto como ellos. Esas ganas de estar con ellos era un impulso que le hacía soltar una lágrima en sus recuerdos.

    El viento soplaba un poco. La ventana, la cual se encontraba abierta, ya que a Kian le solía dar calor aun en el más fuerte frio, de pronto dejo ver a lo lejos unas luces en la colina más alta del pueblo. Fue irresistible no poder verla y volver a recordar. Ahí se encontraba su casa, levantada en lo alto como su madre lo había querido. Por un momento recordó el aroma del jardín de su madre. Los animales de su abuelo, los cuales habían sido repartidos al pueblo. Recordó la habitación de su padre y a su familia comiendo juntos.

    La casa le llamo. Extraño el estar en aquel ambiente que tanto adoraba. Por un instante las palabras de su abuelo: “Haz lo que tu creas correcto en el momento”. En ese momento lo correcto fue ir a su casa y por un momento volver a sentir aquella conexión. Se puso sus zapatos con el mejor cuidado que podía dar. Tomo una de las sudaderas que tenía y salió de la casa. Al salir de su cuarto cerró la puerta con lentitud. Caminó por el largo pasillo con las puertas que llevaban hacia las habitaciones de Mairis y la de Martin, al igual que al gran baño. Bajó las escaleras esperanzado en que no rechinase y despertara al sheriff.

    Su suerte le acompañaba, todo salió como esperaba.

    Abrió la puerta de la entrada por donde se encontraba la mesa y la cocina. Tomó un respiro al sentir el aire de la noche. Cerró la puerta esperando que nadie se hubiese dado cuenta de su pequeño escape. Caminó los primeros metros, después salió corriendo, perdiéndose de la vista de cualquiera. Excepto Bruno, quien observaba interesado desde la ventana. En el momento en que observo que el chico se perdía a la vista cuando empezaba a correr, se levantó con cuidado y despertó a Kian.


    (...)

    Bastian ya había empezado a correr. Estaba pasando por la zona del mercado. Miró a los pueblerinos poner sus puestos. Los miró acomodar sus mercancías y poner los precios de sea lo que fuera lo que vendían. Bastian se detuvo durante unos minutos. Saludó a algunos mercaderes con los cuales hablaba o simplemente conocía. Al verles empezar a poner sus pequeños establecimientos el chico descubrió que quizás no era tan de noche como esperaba. Quizás el sol se encontraba a menos de unos minutos de empezar a aclarar el cielo.

    Pensó en volver, pues pronto se despertaría el sheriff y quizás eso sería lo peor que podría pasar. A pesar del miedo que le podía ocasionar el pensar en cómo Claarn fuese a reaccionar. El chico siguió sintiendo un peso por ir a aquella casa. Iría hacia ella, algo pasaría si iba. Él lo sabía.

    El recorrido le dirigió hasta una casa incendiada, derrumbada por la falta de mantenimiento, entristecida por el tiempo. Era la casa de Bruno y Mairis. La casa nunca fue removida, era como un monumento a la peor etapa del pueblo. Sus amigos nunca se habían dispuesto a investigar la casa en busca de algún recuerdo como fotos o documentos, ese trabajo se lo dejaron a los soldados, aunque aun así no trajeron más que documentos.

    Bastian dio unos pasos hacia la casa, camino entre una banqueta ennegrecida, pisando pedazos de madera carbonizada con un olor a viejo y un inolvidable olor a quemado como cuando volvieron al pueblo después de que construyeran la casa. Unas paredes de ladrillo y cemento seguían sin caer, unos troncos incendiados y pobres se sujetaban de estas paredes. Bastian no dudaba que tarde o temprano cayeran sobre él.

    Entre los escombros pudo ver unos sillones, sillas de maderas destrozadas, al igual que las mesas y unos cuadros. Se introdujo más adentro de la casa hasta que encontró un pequeño cuarto que suponía era de Bruno y Mairis. Las camas estaban hechas añicos, muebles y juguetes parecían haberse desintegrado y las cortinas floreadas estaban descoloridas y chamuscadas.

    Qué triste…— Pensó Bastian miraba el lugar con melancolía —Debería de agradecer que mi casa sigue igual que siempre— Caminó hacia un baúl que entre retazos pudo distinguir que alguna vez fue de color azul con dorado. El baúl levantó su interés. Estaba completamente quemado, pero parecía seguir cerrado. Dio unos pasos evadiendo pedazos de madera pulsante, clavos y cualquier cosa que pueda pisar o con la que se pudiera cortar. Llegó al baúl, lanzo una patada al candado, abriendo la tapa superior, la levantó con cuidado y en su interior había unos libros empolvados junto con algunas muñecas y dibujos. Bastian parecía decepcionado, quizás quería encontrar algo mucho más impactante como una foto familiar, el diario de Mairis, una nota de Edward. Siguió revisando las cosas dentro del cofre. Ya había abierto el baúl, porque no ver lo que fuese que hubiese adentro. Levantó unos dibujos como cualquiera que podría hacer un niño de cuatro años con un par de colores, un gato, un perro, un dibujo con los nombres de Edward, Eva, Bruno, Mairis, mamá y papá, con los dos últimos viéndolos desde el cielo con una sonrisa.

    —Qué triste debió haber sido crecer sin ningún padre— Dijo Bastian en silencio mientras miraba hoja por hoja los dibujos que cada vez parecían mejorar. Claramente eran de Mairis. Demasiado femeninos para ser de Bruno.

    Continúo viendo los dibujos durante unos segundos hasta que se decidió a revisar los libros y los juguetes. Cuentos para niños y unas muñecas hechas a mano —Muy bien hechas— Pensó Bastian.

    Siguió mezclando todo, encontró unos muñecos de madera con el nombre de Bruno tallado —Esto tengo que llevárselo— Dijo Bastian con una sonrisa alegre. Se levantó y arranco las cortinas —A nadie le importara que me las lleve.

    Introdujo los juguetes junto con el dibujo de la familia. Se encontraba listo para llevarse todo. Echó un vistazo hacia el baúl nuevamente, había más libros y dibujos al fondo, nada que le llamase la atención, aun así se decidió a moverlos un poco y para su sorpresa, al fondo de toda la mezcla de dibujos y libros, una caja pintada con flores con un cerrojo oxidado se alcanza a percibir. Bastian se sorprendió al ver la caja, la levantó con cuidado y leyó en su tapadera la escritura “Recuerdos”. La sonrisa de Bastian creció en sobremanera, esto era lo que había esperado encontrar, no la iba a abrir, quería sorprenderse tanto como Bruno y Mairis cuando la abrieran. Sin más la hecho a sus bolsa improvisada y salió de la casa, feliz de la vida.​


    (...)​


    Su recorrido le llevo hasta el centro del pueblo. Bastian se quedó quieto mirando el edificio del alcalde, recordando todas las veces que su abuelo lo llevo a ver como capturaba a todos los criminales, también como se escapaba de su abuelo para poder ir a hablar con sus viejos amigos y como su abuelo se salía de sus casillas al verlo hablar con ellos tan tranquilamente —Viejos recuerdos— Pensó Bastian mientras sonreía ante los momentos que llegaban a su cabeza.

    Sus memorias le devolvieron las imágenes de jugueteo con esos chicos. También recordó otros momentos donde dichos amigos le pedían ayuda para robar, sin embargo nunca ayudó, solo escuchaba las aventuras de los chicos. Aquellos pequeños ladrones que un día desaparecieron del pueblo eran sus amigos, los únicos que había tenido hasta ese momento. Los extrañaba, pero que más podía hacer. Los chicos nunca mandarían una carta donde dijeran en donde estaban, para empezar no sabían escribir.

    Lo que quedaba ahora eran solo recuerdos, recuerdos de aquella niñez que se fue perdiendo desde el día en que vio a su madre morir.

    Dando una pequeña caminata entre el centro de la ciudad, también recordó las veces que su madre y abuelo lo llevaban a cortarse el pelo, también cuando entre todos iban a comer a uno de los mejores restaurantes de todo el pueblo. Otro recuerdo llego cuando vio el parque del pueblo que se encontraba al lado del centro del pueblo, a su memoria llego la imagen de él jugando con su padre con unas espadas de madera, como su padre se dejó ganar y como usando su magia de hielo y una limonada hizo unas paletas con sabor a limón.

    Bastian paró a sentarse en una banca, teniendo en mente todos esos momentos fantásticos que vivió con su familia. Intento no derramar una lágrima con el tema, pero era imposible, el sentimiento estaba ahí y era fuerte. Hace poco que no pasaba algo como eso, pero para un niño se sentía como si hubiesen pasado años. Se había decidido que no volvería a llorar con aquel tema, es claro que hay promesas que no se pueden cumplir.

    —¿Por qué de entre todas las personas en el mundo tuve que haber sido yo a quien le tocara semejante destino?— Reclamaba en soledad el niño.

    La rabia ante el tema cobraba fuerzas. Recordó el rostro de aquellos hombres. Apretó los dientes y los puños. Su mirada se volvió pesa y murmuró —Me voy a encargar de ustedes… lo hare…— Decidió Bastian mientras se secaba sus lágrimas con la manga de su sudadera.

    Levantó la mirada para poder ver a familia que había salido a correr. Era un padre fofo, una señora delgada y un joven un poco más grande que él. Sentía un poco de celos, pensar que nunca volvería a sentir algo como el abrazo de una madre era algo que le irradiaba tristeza.

    Entonces lo vio, desde el parque se alcanzaba a percibir la colina en la que vivía.

    Apretó la banca con fuerza, con miedo de lo que pudiese ver o lo recuerdos que pudiesen surgir, apretó los dientes, bajo la mirada seguido de un movimiento hacia los lados y después se levantó tembloroso, dispuesto a ir.

    Corrió desesperado, sin bajar la mirada, con movimientos fluidos y sin detenerse. Sentía que el corazón se le salía, quizás era por el recorrido que había estado llevando a cabo, por la repentina velocidad que cobro o por los intensos nervios que le estaban consumiendo.

    Llegó a la entrada del terreno Arcnaik. Un muro de un metro hecho de piedras sobresalía de entre la banqueta, llegando hasta donde empezaban los arboles a sacar sus raíces. Una puerta de madera y el olor de las flores del inmenso jardín traían recuerdos a Bastian. Por un momento recordó a su querida madre atendiendo las flores sin importarle lo sucia que podía terminar. No era una princesa común, cualquier otra habría contratado a un jardinero, pero ella no, ella amaba trabajar con las plantas y los árboles.

    Abrió la puerta, a lo lejos sobre el camino hecho de piedras que llevaba a la casa un soldado se divisaba.

    — ¿Quién se encuentra ahí?— Pregunto el soldado tomando su rifle con las dos manos.

    Bastian apenas podía verle, era un soldado, lograba distinguir el uniforme —Soy Bastian Arcnaik. Heredero de la familia Arcnaik y príncipe de Arbal.

    El soldado se fue acercando. Poco a poco pudo observar cada detalle de aquel niño; tenía las mejillas enrojecidas y los ojos envueltos en unas ojeras obscuras. Parecía que el chico no había dormido en todo un día. Aunque era el legítimo dueño de aquel terreno, no había duda: Un niño pelirrojo, delgado, estatura media, de piel blanca, ojos marrones y labios rojos.

    El soldado siguió manteniendo su arma en las manos — ¿A que ha venido, joven Arcnaik?

    —Solo quería visitar mi antiguo hogar- Dijo con tono despreocupado.

    — ¿A estas horas?- Interrogo el hombre, con sorpresa –Mírate niño, es muy temprano para que estés solo a estas horas de la noche. Deberías regresar a tu casa con el Sr. Bohm.

    —No se preocupe, soldado. Solo quería dar un vistazo a la casa. En seguida me iré.

    El soldado observo el cielo, la perfecta obscuridad empezaba a volverse azul marino. Observo al chico, su rostro parecía decidido. No debía haber ningún problema por el momento, después de todo se encontraba solo y no había sucedido ningún otro ataque desde el día en el que había llegado de visita el Detective Salomón. Aceptó con chasqueo con la lengua. El soldado dio unos pasos hacia enfrente. Se posó en la puerta.

    Bastian tomo esto, como un “pasa”, asi que empezó a subir la colina.

    Mientras subía por el camino de piedra que te llevaba hasta la entrada de la mansión, pudo ver los jardines de su madre y los árboles que su padre había plantado para ella. A lo largo del jardín se encontraban distintas estatuillas y una que otra fuente para los pájaros. Recordó que la mayor parte de la decoración la había hecho su madre. Tenía un gran gusto. Antes de que se diera cuenta ya se encontraba en la cima de la colina.

    —Tal como la recuerdo…— Dijo Bastian en silencio, mientras admiraba la estructura de la mansión. Empezó a dar la vuelta a la casa, la cual no era para nada pequeña. Primero inicio por el lado de la derecha, desde las ventanas se alcanzaba a ver la sala y la chimenea. Se recordó a sí mismo en aquella sala jugando con algún muñeco que le había regalado su padre. Sonrió.

    Continúo dando la vuelta a la casa.

    Llegó hasta las ventanas del estudio de su padre, un gran cuarto con gran cantidad de libros, un escritorio y lockers a montones. Su padre trabajaba mucho, pero algunas veces se decidía por trabajar desde la casa, si los problemas podían ser solucionados con un simple discurso o un debate insignificante, entonces no había necesidad de estar viajando.

    Finalmente dio la vuelta a la casa hasta ver el almacén de herramientas de su padre y abuelo. Ellos normalmente se la pasaban juntos construyendo cosas como muebles y decoraciones para la casa. Era una vieja tradición que tenían entre ellos. Los dos eran muy unidos. Su padre le decía que siempre había sido así, pero su abuelo le había contado que ese tiempo que pasaban juntos había incrementado después de la muerte de su tío, durante la guerra.

    Junto aquel almacén estaba el establo de los caballos del abuelo, eran cuatro, dos negros, uno blanco y uno café. Ya no se encontraban en aquellos establos, pero los había visto más de una vez caminado por el pueblo por algún que otro granjero al cual se les había regalado. Todos tenían una melena igual de hermosa y eran los más rápidos conocidos.

    Dejando el establo de un lado, atrás de este se alcanzaba a percibir los grandes corrales donde criaban a animales de granjas comunes como lo eran vacas, pollos, ovejas, entre otras. Recordó a su abuelo siempre tan amigable con los animales. Tenía un aire al cual los animales no les disgustaban. Su alma era tan pura que no existía animal que desconfiase de él.

    La idea de una granja era de su abuelo, normalmente el con ayuda de unas personas del pueblo se dedicaba a alimentar a los animales. Su abuelo sentía una pasión por los animales, además de tener el sueño de tener una granja funcional y vivir a partir de ella después de su jubilación. Cosa que cumplió durante la época antes de su muerte. La gente de LaneCloud le quería bastante, lo consideraban un hombre honesto y sabio, ampliamente dedicado a cada cosa que se dedicase como lo era el cuidado de sus animales de granja o su trabajo como sheriff.

    Bastian camino hacia las granjas recordando así los momentos en que su abuelo le enseño a montar a caballo, ordeñar las vacas o acarrear a las ovejas, asi como rasurarlas para poder utilizar su lana. Recordaba cómo le daban miedo las gallinas, un poco todavía, y como su abuelo, muy malhumorado por ese miedo, le obligo a recoger los huevos de los gallineros. Ese día no comieron huevo, pues tras un susto los rompió todos.

    Al chico le encantaba la vida que tenía en ese lugar, una familia que le quería, padres inigualables y un abuelo increíble que siempre estaba dispuesto a enseñarle cosas nuevas.

    Paró unos momentos entre las zanjas del área de las ovejas y se dedicó explorar con sus ojos hasta el último centímetro del gran terreno que su familia acarreaba.

    El terreno de los Arcnaik se alargaba a un kilómetro de distancia, rodeado por un bosque inmenso y cerca del rio que flui a través de las colinas. En su mente aparecieron promesas que sus padres y su abuelo solían comentar, como las de conseguir hacer un gran sembradío, construir locales con los cuales dar trabajos seguros a los pueblerinos, dar el inicio a la construcción de un edificio militar propio, entre muchas otras cosas.

    Bastian sabía que no podría terminar de dar aquella vuelta sin antes tener que pasar por el lado izquierdo del domicilio, por la esquina de la mansión. Se mecía en la zanja, nervioso por lo que tendría que encontrar, sabía que no habría nada, pero ese lugar tenía una imagen entristecedora y muy impactante. El lugar donde murió su madre.

    Dejo de apreciar los alrededores, bajó de la zanja y se estiro los músculos a signo de relajación. Finalmente dio los primeros pasos de regreso hacia la casa.

    Cada pisada era más grande que el anterior, una presión le invadía el pecho, era como si un cuchillo sumamente afilado intentase introducirse dentro de él, su respiración se hacía fuerte e impaciente. Llego a la esquina trasera de la casa, justo del otro lado se encontraba el lugar donde había caído su madre muerta.

    Él creía estar listo y sin embargo se sentía tan incapaz de poner su presencia ante aquellos recuerdos que ya se miraban divisibles dentro de su cabeza. Su frente sudaba demostraba sus nervios culminantes, sus manos abriéndose y cerrándose eran claras señales de impaciencia, su constate movimientos de ojos y cabeza daban a entender su inseguridad y rechazo ante su siguiente acción. Antes había declaro que era capaz de poder hablar del tema sin inmutarse, pero enfrentar las escenas de aquel día era algo que se encontraba completamente a otro nivel.

    Sin pensarlo más dio un fuerte paso hacia enfrente y se enfrentó a sus temores, giro el rostro lentamente y abrió los ojos. No había nada que para cualquier persona pudiese significar algo impactante, aunque para Bastian esto era un fuerte enfrentamiento ante sus emociones y recuerdos perdidos.

    El chico se quedó paralizado mirando el lugar exacto donde había visto a su madre ser brutalmente asesinada por dos hombres. Lo vio todo nuevamente, como había escapado del cuarto donde se encontraba Kian y Mike, como corrió desesperado ante la presencia increíblemente fuerte que había sentido, temiendo por su madre, pues sabía que esa presencia solo podía ser de algo que comprendía que su madre no podría detener. A su mente volvió ese sentimiento que le hacía sentirse atraído por los ruidos aturdidores de una pelea llevada justo afuera de la mansión. Se detuvo en seco ante la perilla, incluso con su edad sabia los riesgos en los que se encontraba abrir esa puerta. Tenía miedo de que pudiera encontrar al momento de que se viera el escenario del patio. Incluso ante su miedo, y su deseo de que su madre estuviera bien, también comprendía que ella podía estar mal. En ese momento no se paró a pensar en que si habría esa puerta rompería todo objetivo por el cual su madre se había lanzado a una muerte absoluta. Con todo el miedo que podía caber en su pequeño cuerpo tomo el picaporte. Sintió nuevamente el giro de la perilla y el viento que pego en su rostro cuando abrió la puerta. Solo fue un poco lo que se abrió, pero ahí encontró la verdad, su madre postrada bocabajo, con los brazos temblando mientras luchaba por levantarse y hacer un mínimo daño a sus asesinos. Recordó la mirada de su madre cuando vio a Bastian desde la fisura de la puerta y el marco. Era miedo... Y cuando una madre tiene miedo, el hijo esta horrorizado.

    Bastian desesperado corrió hasta ella. Le toco más de una herida, trato de voltearla, pero era pesada. Aulló por ayuda, pero no había grito que se pudiese escuchar en el caos que existía en el pueblo. Sus ojos se enfrentaron ante la imagen de un pueblo incendiándose, un patio destruido y el cuerpo de una madre perdiendo la vida. Más fuerte que nada, esas dos figuras viéndole sin remordimiento.

    Recordó la imagen de los dos hombres, un hombre alto y fornido vendado por todo el cuerpo. Se encontraba herido, un brazo le sangraba a borbotones. Sus vendas empezaban a desprendérsele. La capa blanca con capucha que vestía estaba destrozada casi por completo.

    El segundo hombre era alto, en forma, con marcas de una dura batalla por todo el cuerpo, cortes y moretones marcaban sus brazos y rostro, acompañados de la sangre que derramaban algunas heridas. No llevaba más que los retazos de lo que alguna vez había sido una camisa negra, un pantalón blanco holgado desde los tobillos hasta hacerse cada vez más chico mientras llegaba a la cintura, la cual estaba rodeada por una cinta negra que le apretaba hasta la altura del ombligo.

    La atención que había puesto hacia los hombres se desvió hacia su madre. Estaba herida, con docenas de agujeros que derramaban sangre como si fueran fuentes. Su mirada parecía nublarse. Bastian logro ver el ultimo retaso de aquellos ojos hermosos cuando la mujer estiro su brazo hacia él. La mujer logro dar un cuarto de vuelta en el piso, quiso hablar, pero de su boca no salió ninguna palabra. Bastian estaba paralizado. El rose de su mano fría le mancho la mejilla izquierda. Fue un rose tan repentino y un último contacto tan fugaz que apenas podía recordar cómo se sintió. Lo último que hizo su madre fue cerrar sus ojos y dejar caer su mano hasta su hombro, para después caer sin ningún rumbo.

    Las mofas del hombre vendado empezaron a relucir en la triste escena. Tenía una voz grave y juvenil, sus carcajadas eran aterradoras y sus movimientos escalofriantes. Su sola presencia era un terror absoluto.

    Las palabras y las risas de aquel demonio le taladraban los oídos. El hombre caminó en dirección hacia donde se encontraba el niño y la madre – ¿Matamos al niño también?- Preguntó a su compañero. El cual se observaba molesto y volteo con indiferencia después de mirar de pies a cabeza al niño pelirrojo.

    El otro hombre contesto con una voz seria –No pierdas el tiempo… El viejo nos está dando problemas…

    El hombre vendado soltó un quejido al aire, seguido de un suspiro. Mantuvo esa mirada escalofriante ante el niño. Bastian no dejaba de temblar. Si bien el aspecto del hombre era extraño, esa presencia demencial parecía pertenecer más a una bestia rabiosa que a cualquier otra cosa. El hombre que se había quedado atrás empezó a mover los brazos y el viento empezó a soplar con intensidad. Una fisura, como una grieta, empezó a formarse de la nada, desprendiendo una luz lila de tono espectral.

    -Oye…- Mascullo el hombre vendado. A Bastian se le erizó la piel al escuchar su voz. El hombre le mostro sus dientes con una sonrisa desquiciada. Levanto el brazo y en la palma de su mano apareció una pistola. Bastian soltó un chillido, seguido apretó la ropa ensangrentada de su madre. El hombre le lanzo la pistola, cayendo frente las piernas del niño. Bastian salto por el susto y se arrastró hacia atrás con la respiración agitada – ¿Quieres vengarte? ¿Quieres matarme? Toma ese arma, dispárame…

    Bastian observo la pistola, su mano temblaba demasiado. El hombre vendado parecía atento a sus movimientos. Su sonrisa era satisfactoria. El viento empezó a soplar más fuerte cuando la grieta que estaba haciendo su compañero empezó a abrirse dejando ver un hueco nebuloso de color gris y lila, parecía que esa fisura en el aire llevaba a un mundo tenebroso.

    -Está listo…- Menciono el compañero tras bajar los brazos –Vamonos. Tenemos que eliminar al anciano. Él es nuestra prioridad. Si llega ejército de otros reinos será mucho más difícil escapar y acabar con Abraham.

    -Claro…- Menciono el hombre vendado – ¡Dispara si tantas odio me tienes!- Gritó a Bastian.

    El niño mantuvo la vista en la pistola. Regreso la mirada hacia el hombre vendado. Tomó el arma con un grito de horror y jalo del gatillo una y otra vez, pero ninguna bala fue disparada. Tras terminar su grito, se desplomo dejando caer el arma y cayendo hacia atrás con las lágrimas en su rostro y un rostro de completa decepción.

    El hombre vendado empezó a reír con locura -¡Un niño valiente! ¡Sin duda eres un Arcnaik! ¡Tu madre también fue muy valiente!- Siguió riendo. Su compañero miro con desgana al hombre vendado. Volteo a ver a Bastian con una mirada de intriga.

    -No nos molestes o tendremos que venir por ti…- Se dio la vuelta y entro en la fisura abismal que levitaba en medio del jardín.

    El hombre vendado levanto el brazo y la pistola levito hasta su mano –Adiós, joven Arcnaik.
    No me tengas odio, solo estoy haciendo mi trabajo. Se me encargo matar a tu madre, eso es todo…- El hombre se dio la vuelta y entro a la misma grieta, unos segundos después la grieta se cerró de golpe. Dejando solo a Bastian con el cuerpo frio de su madre.

    El niño se quedó a un lado del cuerpo de su madre y grito por ayuda hasta romper su garganta. Agito el cuerpo en más de una vez. La giro para golpear su pecho, pero no reacciono. El calor tan característico que posea se desvaneció. El brillo de sus ojos desapareció. Bastian sabía lo que había pasado, pero no lo quería creer, ella había muerto… Bastian no quiso recordar más, cayó de rodillas al pasto soltándose a llorar. Grito tratando de ahuyentar el recuerdo del asesinato de su madre. Por su cuerpo recorría un sentimiento de angustia y desesperación. Lo recordó todo de nuevo, el olor a la sangre, el viento tibio y aquella sensación de impotencia.

    Se escucharon los pasos de alguien. Bastian estaba inmerso en su gritos, en ese momento no pensaba en lo que podrían decir.

    Alguien gritaba su nombre, pero no reconocía su voz.

    Le tomaron del hombro y Bastian volteo con un rostro destrozado ante la tristeza.

    Era Bruno y Kian.

    — ¡¿Te encuentras bien?!— Preguntó Bruno, con preocupación, agitado por los nervios.

    Bastian le jalo la camisa y puso su cabeza junto su pecho, rompiendo a llorar más fuerte aun. Bruno no hizo más que abrazarlo con fuerzas y acariciarle el cabello con gentileza.

    El soldado llego justo detrás de Kian. El hombre estaba a punto de decir algo, pero Kian le detuvo levantando la mano. El soldado observo tranquilo. Kian se acercó y también abrazo a Bastian.

    —Todavía no estabas listo… fue valiente de tu parte venir a enfrentar a tus demonios— Kian le apretó, absorbiendo todo ese dolor. El soldado observaba la escena. No sabía qué hacer. Prefirió no interferir, lentamente se alejó. Dejándolos solos.

    — ¡¿Por qué nosotros?! ¡¿Por qué de todas las personas tuvimos que ser nosotros?!— Chillo el niño, apretando la camisa de su amigo.

    Bruno miraba hacia todos lados. Le rompía el corazón ver a su compañero hablar así, después de todo Bastian siempre parecía ser el más fuerte y más valiente. Desde el día en que se enfrentó al sheriff algo había cambiado en él, parecía ser incapaz de sufrir tristeza, siempre alegre, siempre con una sonrisa en su rostro, trayendo paz a las personas que se encontraban con él. Recordar que ese chico era vulnerable, le trajo de nuevo a la tierra, podían creer que estaban bien, pero las cicatrices nunca se borran.

    Le abrazo fuerte y dijo —Quizás porque… no lo sé… era nuestro destino, tal vez nosotros éramos capaces de llevar esa carga o quizás… mala suerte…

    Los minutos siguientes a esas palabras fue silencio hasta que Bastian dijo:

    —Que destino más mierdero…- Bastian se separó del pecho de Bruno, no lo miro hasta asegurarse de que había secado hasta la última de todas sus lágrimas — ¿Cómo es que supieron que estaba aquí?— Preguntó mientras volteaba a ver a Kian. El chico seguía secándose sus lágrimas.

    —Bruno te vio salir…— Contesto el joven —Me levanto para que le acompañara. Temíamos que fueras a hacer una locura…

    Bruno asentía. Hizo una mueca y después pregunto — ¿Cuál fue la razón por la que viniste aquí?

    —No fue por un motivo en realidad, fue más un impulso… Cuando llegue aquí creí que podría significar que he dejado todo atrás— Soltó una risa fugas —No volveré aquí, no hasta que esté listo…

    Kian le dio unas palmadas —Esa es la mejor opción amiguito.

    Bruno sonrió. Bastian trato de sonreír.

    —Si un día quieres volver podemos venir todos contigo…— Dijo Bruno con la voz baja y un tono de timidez.

    —También, Bruno, si un día quieres ir a tu antigua casa, junto con Mairis. Créeme que Kian y yo estaríamos dispuestos a acompañarlos sin ningún problema, ¿verdad Kian?— El chico volteo con su hermano mayor. El joven asentía con mucha seguridad.

    Kian tomo a Bastian del hombro y lo sacudió un poco —Por supuesto. Somos un equipo, chicos. Todos hemos sufrido por lo mismo, todos podemos ayudarnos con ello.

    Bruno, asintió lentamente con una sonrisa pequeña. Bastian tomo la bolsa que había hecho con las cortinas y la abrió rápidamente. Sus amigos estaban expectantes. Saco la caja de la bolsa y se la extendió a Bruno con una sonrisa —Toma, la encontré…

    —Mi caja de recuerdos…- Murmuró.

    — ¿Tuya?- Preguntaron Kian y Bastian al mismo tiempo.

    —Si… Esta caja la hice junto con mi hermano… Solo que Mairis la pinto cuando era más pequeña, por eso tiene tantas flores y colores pastel- Una sonrisa apareció de pronto el chico –Gracias, Bastian…

    Bastian levanto la bolsa improvisada a base de cortinas y se la otorgó a Bruno. El niño sonrio más al ver los dibujos y juguetes —La verdad no pensaba en volver a tener este tipo de cosas en mis manos. Mi juguete favorito, los dibujos de Mairis… Gracias, enserio… — ¿Por qué no abres la caja?— Pregunto Kian emocionado.

    Bruno observo el objeto con cuidado —No…— Dijo de forma seca. Sus dos amigos se quedaron viéndole con un rostro expectante —No estoy listo para abrirla, para serles sincero no recuerdo que puede haber aquí… La abriremos cuando me sienta preparado. Por ahora la guardare…

    Bastian sonrió —La abriremos junto, amigo— Levanto el puño esperando a que Bruno le golpeara. El chico levanto la mirada y choco el puño.

    Kian sonrió animado, se levantó y dijo con tono pesimista —El sheriff nos va a matar. Es hora de irnos muchachos…— Volteo hacia el cielo, empezaba a tomar color. Los primeros rayos del sol empezaban a brotar desde las montañas que se divisaban a la lejanía.

    Bruno se levantó y tendió la mano a Bastian —Vámonos…

    Bastian tomo saliva al voltear a ver el lugar exacto donde había muerto su madre. Cerró los ojos y apretó los labios. Soltó un fuerte suspiro y tomo la mano de Bruno. Se levantó e ignoro el lugar por el cual piso. No había enterrado sus recuerdos, solamente había dado una paso para poder olvidarlos…
     
    Última edición: 23 Marzo 2019 a las 6:11 PM
  7. Threadmarks: [ Parte 1 ] Capitulo 6 - Busqueda
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    8919
    Capítulo 6 — Búsqueda

    Había pasado ya un año desde el día en que los chicos se habían mudado. La vida, la escuela y los entrenamientos se habían vuelto algo cotidiano y parecía que los muchachos habían retomado su estilo de vida. Desde la noche en que Bastian salió de su casa no volvieron a pasar por incidentes igual de grandes. Bastian, ni ningún otro habían sufrido depresiones fuertes, ni habían comenzado una pelea que no durara más de unos días. Y todo eso era muy bueno.

    Un día de otoño, durante un día que en lo que llevaba transcurrido había sido completamente nublado y con fuertes vientos Bastian fue enviado por Martin a con la señora Karen Emp para que les confeccionara unos abrigos, pues el invierno no tardaría en llegar. Bastian camino por el pueblo, compro una manzana y camino hacia la punta del pueblo donde se encontraba la casa de esta mujer, tendría que cruzar todo el mercado, pero no era algo que le disgustara en lo absoluto. En medio de los mercaderes que gritaban sus ofertas sin ningún escrúpulo hacia los tímpanos de los demás; Bastian caminaba con suma fascinación por los diferentes rostros que formaban los mercaderes. Hombres que venían de tierras lejanas para vender objetos y comidas de otros rincones del mundo. LaneCloud era más bien conocido por ser el pueblo del sur por el que tenías que pasar a un lado si tenías que tomar la vía rápida que conectaba a Calani y Kadamia hasta Milloria. Por esta razón algunos mercaderes se tomaban su tiempo de visitar tanto Hericent, el pueblo del norte, un poco más grande que LaneCloud, así como el ya mencionado pueblo donde viven nuestros personajes.

    Mientras Bastian observaba parte de una exhibición de joyería el ruido empezó a ensordecer sus oídos, cuando decenas de gritos empezaron a escucharse. El niño se volteó para ver lo que ocurría en el lugar, saber el porqué de tanto revuelo. En el momento en que empezó a caminar entre la gente que empuja bruscamente a todo aquel que se pusiera enfrente; fue espectador de varios asesinatos a mano armada. Las balas escaparon y desgarraron las prendas y traspasaron los cuerpos de los hombres que estaban vendiendo su ropa de forma tan tranquila. La revuelta se creó enseguida y las personas empezaron a huir despavoridas. Bastian sintió el golpe de varias personas que huían ahogando gritos de terror. El chico se quedó perplejo por un momento al ver el asesinato, un hombre había caído en un grito ahogado, frente a sus ojos. Sin embargo reacciono cuando los hombres empezaron a disparar al público que corría. Presencio la caída de otros dos cuerpos que venían en su dirección y comprendió que alguien apuntaba hacia donde estaba el. No lo pensó ni un momento, sus piernas temblorosas reaccionaron, apuro el paso y corrió junto con la multitud con un grito en su garganta.

    Se topó con una oleada de personas hacia todas direcciones, ahí se percató que otra persona estaba disparando hacia el lado al que huían. Bastian cayó tras un empujón de una mujer, pero gracias a eso vio un pequeño callejón por el que podría entrar un niño delgado como él. Paso por el callejón, mientras lo hacía se percató que los gritos retumbaban con mayor intensidad entre esas paredes, oyó con más fuerza los aullidos de los hombres al disparar, y la pólvora, al tronar, taladraba sus oídos trayéndole secuelas de la noche en que murieron sus padres. El chico empezó a gritar en medio del callejón, las secuelas seguían tan vivas como siempre. Termino el callejón, tomo aire mientras se limpiaba el sudor que empezaba escurrir por su frente.

    De ese lado todavía no había tanta gente, pero la poca que había, estaba huyendo. Ahí Bastian observo el escenario, un hombre maltrataba a una jovencita que cargaba un bebe en sus brazos. La chica gritaba de dolor por los constantes jaloneos del hombre. La persona se le acercó al oído y acercaba lentamente un cuchillo hacia el delicado cuello de la joven madre. La respiración de Bastian aumento de repente, su vista se nublo y como un instinto mezclado con rabia, tomo un tablón grueso que estaba a un lado de la salida del callejón y corrió hacia el hombre con un grito valiente. Estrello el tablón en el cráneo del hombre, destrozando parte de la tabla, el hombre soltó a la mujer y Bastian le dio un segundo golpe al villano, un golpe justo en la quijada, dado con lo que sobraba de la madera. La mujer se levantó rápidamente y corrió como todos los demás. El hombre se giró, tomo a Bastian distraído y lo aventó hacia el suelo, haciéndole tronar en el duro asfalto. El villano rio por el valiente movimiento de Bastian. El niño daba quejidos mientras estaba en el suelo. El bandido levanto el brazo en dirección de la madre, de su brazo salió disparados unas lianas hacia la mujer. La tomo entre las gruesas cuerdas y le apretó fuertemente, él bebe empezó a llorar de dolor. Bastian se levantó nuevamente y el hombre lo observo.

    —¿Creíste que permitiría huyera?— Aulló el hombre. Las lianas se separaron del brazo del hombre y se clavaron en el suelo. El bandido se agacho para recoger el cuchillo. Mantenía la mirada en el niño que se encontraba frente a él. Bastian levanto los puños en una posición de pelea. El hombre soltó una risa y se abalanzó con un movimiento velos que le rasgo el pecho a Bastian. El niño se hizo hacia atrás, de la herida empezó a fluir sangre, un corte un poco profundo. El chico se asustó, su respiración se volvió incesante y por un momento se paralizo. El hombre nuevamente se abalanzó hacia él, lo tomo del cuello y lo derribo en el suelo. Direcciono su cuchillo hacia Bastian y meneo el cuchillo por arriba del rasgado pecho del joven. Bastian patalea desesperado, pero estaba bloqueado por el peso del hombre que se encontraba sobre su cuerpo.

    —Fue un buen golpe, niño. Lo recordare— Bastian pataleaba y trataba de gritar de terror. El hombre dio un último meneo, subió el cuchillo y lo bajo rápidamente.

    Una bala le destrozo el brazo.

    Giro la cabeza para ver a quien le había disparado, en ese momento su cráneo fue perforado por otra bala. Bastian observo la escena, perplejo. Su ropa, al igual que manos y cara estaban manchadas por sangre y sesos de aquel hombre. Se levantó horrorizado, gritando del susto, levanto la mirada y vio como las lianas que apretaban a la madre y al hijo empezaban a desvanecerse. Sus gritos no se cesaban. Empezó a arrastrarse en reversa entre movimiento nada coordinados. Una mano le toco el hombre y el niño soltó otro grito más fuerte.

    —¡¿Estas bien, Bastian?!— Grito Kian con un horror absoluto. Trato de calmarlo tomándole de los dos hombres. El niño pataleaba sin percatarse que era su querido hermano. Kian se desesperó y le tapó la boca, sintió la respiración agitada del joven —Soy yo, soy yo, Kian, tu hermano, no temas, Bastian por dios, ¡reacciona!— Grito el joven.

    Su susto empezó a desvanecerse y la respiración tomo mejor control. Ahí estaba Kian frente a él, con un revolver en la mano derecha y su uniforme caqui con una hebilla en forma de estrella que decía “Sheriff”.

    —K…Ki…Kian, ¿Tu?— Los ojos se movieron hacia el revólver. La voz era silenciosa, ahogada en un miedo horrendo.

    El joven direcciono sus ojos hacia el arma. Volteo hacia el hombre muerto en el suelo. Sus manos empezaron a temblar —Si…— Murmuro con los ojos abiertos —Y—Yo—Yo lo hice…— Tumo un buen trago de aire y exhalo con fuerza —No tenía otra opción… El pueblo está siendo atacado por unos bandidos…

    Bastian se encontraba perdido en el cuerpo del hombre —¡Bastian!— Grito Kian con enojo — ¡Escúchame…!

    El niño volteo a ver a su hermano mayor. Aunque seguía con la mirada perdida.

    —Esto va a ser lo que tienes que hacer, te vas a levantar y huiras hasta la casa, tomaras a Mike, a Mairis y Bruno, y se enceraran en el sótano.

    —T—Tu—¿Tu no vendrás?

    El tronar de mas pólvora sonido en el aire. Unos gritos empezaron a llenar los odios de ambos chicos. Kian volteo en dirección al sonido —No puedo acompañarte…— Negó con la cabeza y señalo hacia donde se había odio el disparo —El enemigo se encuentre del lado contrario al de la casa, no tendrás problemas para llegar... La casa no queda tan lejos si corres. Has todo lo posible por llegar a salvo, ¿Entendido? ¡¿ENTENDIDO?!— El niño asintió. Kian lo ayudo a levantarse.

    —Cuídate mucho— Dijo el joven mientras limpiaba el rostro del niño con su manga, no le importó que fuera de color roja. Suponía que se mancharía más con el pasar de los minutos.

    —No te pasara nada, ¿verdad?— Pregunto el niño con miedo…

    Kian se detuvo en seco, trago saliva y dijo con la voz un poco chillona por la incapacidad de poder responder esa pregunta —Esperemos que no— Contestó nervioso.

    Bastian se alteró y le tomo de los hombros — ¡Eso me dijeron una vez y…!

    Kian levanto la mano e hizo una mueca de dolor. Se puso su dedo índice en la boca y tomo un gran respiro. Levanto la mirada al cielo y soplo, apretó los dientes y hablo en un tono muy serio —Hazme caso, será mejor que te vayas…

    Bastian apretó los labios. Unas lágrimas querían salir de sus ojos. No quería perder a nadie más, no podría resistirlo. Bastian se dio la vuelta rápidamente y corrió hacia el fin de la calle, en dirección a la casa. Kian lo observo alejarse. El muchacho se levantó y se dirigió hacia la mujer para asegurarse que estuviera bien. Después le pidió a la joven que huyera hacia centro del edificio del alcalde, ahí estaría a salvo. Tendría que repetir esa frase muchas veces esa misma tarde.


    (...)


    Bastian corría por los sembradíos de los hogares que se encontraban yendo hacia su casa cuando observo un cuerpo volando rápidamente impulsado con unas llamas en sus pies y manos. El cuerpo pasó rápido, pero logro percibir que era el sheriff. No hizo más caso, comprendía que Claarn era el sheriff, aunque la mayor parte del tiempo siempre era Kian quien atendía los asuntos del pueblo.

    Bastian lo recordaba decir algo como: “Si me preguntan que prefiero hacer entre ayudar a una anciana con su gato o quedarme a escuchar las quejas de Martin, preferiría milagrosamente las quejas de Martin…”

    Su desinterés en el pueblo no era en lo absoluto fingida, pero el hombre conocía su cargo y deber. Daria su vida por ese pueblo de ser necesario.

    Continuo corriendo, su casa ya se encontraba cerca. Antes de llegar al terreno de su casa un cuerpo salió de ella, era Martin.

    —¡Bastian!— Grito el joven tutor cuando observo que el niño venia lleno de sangre por toda su ropa. El niño no se detuvo hasta llegar con el joven.

    —¡Martin!—Grito el niño en el momento en el que le dio un fuerte abrazo. Se hundió en su chamarra. El tutor sabía que el niño estaba llorando, a pesar de que no lo veía. En ese tiempo el tutor no sabía lo que había visto el pobre niño, y tampoco tenía tiempo de preguntárselo. Le dio unas palmadas en la espalda y le despejo de su cadera.

    —Escúchame…— Efectivamente el niño estaba llorando, sus lágrimas desbordaban por todas sus mejillas. Las palabras se le fueron de pronto cuando observo la ropa del niño —¿Qué te paso?— Pregunto en un susurro.

    —Yo—Yo quería ayudar a una joven… Gol—Golpee al tipo que la ataca, pe—pero él me corto con su cuchillo y—y—y casi… casi me… Kian le—le—le disparo al hombre, lo mato…

    —Santo cielo…— Dijo Martin mientras inspeccionaba de arriba abajo al niño. Le tomo de la camisa y observo el corte que le habían hecho. Ya había dejado de sacar sangre, pero igual tenía que atenderse, por si acaso. Empezó a negar con la cabeza y se froto la frente —Mairis y Bruno deben estar adentro del sótano, ellos tienen a Mike. En el sótano hay comida y agua, entre una de esas cajas debe de estar un botiquín, atiéndete esa herida. No salgan hasta que alguno de nosotros vuelva…— Su voz sonó fuerte y claro. Su mirada estaba tan seria como nunca la habían visto.

    —Pe…pero…

    —¡No es momento para hablar, Bastian! ¡Haz lo que te digo, estaremos bien!— Le beso la frente— Te quiero… Todos vamos a volver, confía en nosotros.

    Fue imposible no recordar el momento exacto de cuando su madre se fue de su casa, esa noche cuando les dijo que se quedaran encerrados en una habitación especial que evitaría que fuesen detectados. Es sus oídos volvió a escuchar sus palabras diciéndole a Kian que les cuidara. Frente a sus ojos volvió aquella imagen de su madre desapareciendo en la puerta de la habitación y como el corrió tras de ella. Cuando la puerta se cerró. Por un momento sintió de nuevo la mano de Kian que le detuvo de la manga de su camisa blanca de líneas verdes. Recordó como al que consideraba su hermano mayor rompía en un llanto silencioso al momento de que la puerta se cerró por completo. Lo recordó todo, pero recordó sobre todo la angustia de salir de su casa y cuando por fin lo hizo ahí se encontraba su madre, muerta en el pasto que conformaba el jardín de la mansión… Por un momento el niño se paralizo ante la idea de no volver a ver a Martin, Kian, maldita sea hasta al sheriff. Martin le sacudió mientras aullaba su nombre tratando de entrar en la cabeza del niño.

    —¡Bastian! ¡¿Estás bien?!— Gritaba entre sacudidas.

    No, no lo estaba, la idea que quedarse solo con los demás le aterraba. Bastian le mintió a su tutor asintiendo repetidamente sin decir una sola palabra.

    El hombre tomo saliva —Confía, por favor. Ve adentro, eres el más valiente de los tres, cuídalos. No dejes que tengan miedo, y si tú tienes miedo ellos no te harán caso— Le levanto el rostro agachado del niño —Vamos, Bastian— Le sacudió el cabello y después le dio una fuerte palmada en la espalda. El hombre salió corriendo tan rápido que en poco menos de unos minutos su silueta había desaparecido.

    Bastian hizo lo que le pidió y se dirigió hacia el sótano, el cual tenía entrada pasando una habitación que serbia como almacén, cruzando la habitación del sheriff y un baño, lugar al que llegabas pasando a través de la sala de estar. Llego hasta la puerta y giro la perilla. Bruno se exalto, volteo con el rostro más pálido que de costumbre.

    —Bastian…— Murmuro en casi un susurro. Se encontraban abajo en el sótano, frente a él se encontraba Mairis, la cual cargaba a Mike, un bebe sano de casi dos años. El niño pataleaba para que le dejaran de cargar, en esa etapa en la que los niños quieren caminar de un lado a otro cayéndose en el piso una y otra vez.

    —El sheriff y Martin estaba muy preocupados por ti, ¿Dónde estabas?— Grito Mairis como toda una madre preocupada.

    El niño paso al sótano, cerró la puerta con todos los cerrojos que tenía. Bajo las escaleras lentamente.

    —¡Por dios!— Grito Mairis —¡¿Qué te paso?!

    El chico observo su ropa ensangrentada —Quise… Yo quise… defendí a una madre a la cual estaban atacando. No lo logre, pero Kian me ayudo…— Llego hasta el suelo y reviso el lugar. Un montón de cajas y mucho polvo era todo el escenario.

    —¿Pero estas bien?

    —Ammm, si, solo tengo este corte en el pecho, pero enseguida me lo atenderé…— Se dio la vuelta, giro un cuadro de unos pescados mal diseñados y ahí se encontraban un montón de llaves, tomo la tercera de la derecha. Se giró rápidamente y se la aventó a Bruno.

    Su amigo la atrapo en el aire, pero se encontraba confundido —Pero si la comida y el agua se encuentran en esas cajas, el botiquín se encuentra detrás de
    aquellas tablas ¿Para que la llave?

    El niño soltó un suspiro, mientras se limpiaba las pocas lagrimas que tenía en los ojos —Vi al sheriff usar esa llave un día para guardar unas armas. Se encuentran detrás de esa casa de acampar junto con los montones de cajas con chatarra, ahí encontraras una cerradura, ábrela y saca un par de pistolas…

    Bruno le observo con los ojos muy abiertos. Mairis únicamente apretó los labios tratando de evadir un fuerte sentimiento de angustia que le recorría por todo el cuerpo. Bastian junto la mirada con su amigo y dijo con la voz seria —Es por si acaso…— Bruno únicamente asintió.


    (...)


    La batalla entre los bandidos y los soldados se extendió a lo largo de la tarde. Martin se encontraba defendiendo a todo aquel que se le pusiera en su camino por tierra, únicamente con un par de pistolas de corto calibre. Arriba por los techos se encontraba el sheriff, derribando a bandidos que disparaban a los pueblerinos desde el techo con sus francotiradores, apoyado de su magia de fuego.

    —¡Se están dirigiendo hacia el ayuntamiento!— Grito Martin al ver a una grupo de bandidos corretear a una de familia.

    —No solo persiguen a aquella familia, ¡Están destrozando el pueblo! ¡¿Pero porque?!— Bocifero el sheriff mientras volaba por encima de Martin.

    —¡No me interesa! ¡No permitiré que lleguen a la gente de pueblo!— Martin salió disparado rápidamente hacia los bandidos dejando una estela de color amarillo. Lo bandidos observaron al hombre yendo hacia ellos, dejaron en paz a la familia y empezaron a disparar contra el joven teniente.

    Martin se escondió detrás de una carreta que transportaba verduras. La madera y7 la comida volaba por los aires. Sentía las balas rosar por un lado de su cuerpo rompiendo el viento. Una vez cesado el fuego volvió a acelerarse corriendo hacia un callejón, las balas no se hicieron parar. Una a salvo en el callejón escucho unas llamaras incinerando todo lo que tocaban, al igual que los gritos de dolor de los hombres. Echo un vistazo, en el suelo se retorcían los cuerpos de dos hombres que en poco tiempo no sería más que cenizas, por arriba se encontraba Claarn peleando contra tres de los bandidos en el aire. Martin levanto sus pistolas y disparo, derribando a uno de los bandidos. Los otros dos jalaron a Claarn hasta derribarlo dentro de la estructura de un edificio, perdiéndose por completo de la vista de Martin.

    —Maldición, tengo que ir a ayudarle…— Los gritos de uno hombre se escucharon desde la lejanía. Saco la cabeza por el callejón y observo como unos objetos cilíndricos volaban en muchas direcciones. Tres en dirección al ayuntamiento. Después empezó a escuchar explosiones a lo lejos del lugar donde se encontraba —Están estallando bombas…

    —¡Llego el momento de volar este maldito pueblo!— Grito una voz joven. Martin observo hacia uno de los departamentos que se encontraban al norte. Ahí había una figura de un joven de cabellos erizados, pantalones abombados, la funda de una espada enganchada al pantalón. Un chaleco de color azul y sin ninguna camisa por debajo del mismo.

    —Dudo que Abraham no haya puesto un tipo de protección muy poderosa a lo que estaba protegiendo. Un par de explosiones nos ayudara a encontrar mejor el lugar donde se encuentra su tesoro…— Dijo para sí mismo el joven. Levanto su mano en dirección a uno de los cilindros que se encontraba por unas tiendas, los cilindros que de principio era coló morado empezaron a lanzar una luz roja, hasta que estallaron destruyendo varios establecimientos en el camino.

    Martin observo las llamas del lugar donde había estallado. Miro atentamente al joven, el cual reía extasiado tras la explosión. De nuevo volvió a levanta el brazo y otro de los cilindros explotaron. El teniente comprendió el funcionamiento de aquellas bombas, aquel tipo las activaba con su magia desde la distancia. Puso su atención en los tres cilindros enfrente del ayuntamiento. En ese momento la familia que perseguían los bandidos apenas habían entrado.

    —¡Maldita sea!— Se aceleró dejando aquella estela dorada, se acercaba rápidamente al ayuntamiento.

    El joven que activaba las bombas observo a Martin desde lo lejos. Sonrió con emoción, levanto el brazo mientras murmuraba —Ya necesitaba ver un cuerpo volando en los aires…

    Las bombas dieron un pitido y cambiaron de color. Martin las tomo, lanzándolas hacia el centro de la calle principal. Levanto sus brazos dejando ver unos círculos rodeando sus brazos. Los círculos tenían encriptados distintas runas y giraban rápidamente. Las bombas chocaron en el piso sin estallas, la luz roja se volvió más intensa.

    —¡Quiero verte deteniendo esas explosiones con un hechizo de barrera, idiota!— Aulló el joven de las bombas desde el edificio de los departamentos desde el otro lado de la calle.

    Unas paredes de color verde aparecieron alrededor de las bombas como si fueran una caja. Una detrás de la otra como si fueran capas. El sudor de Martin le recorría la frente. Sus círculos con runas se movían más incesantemente que nunca.

    Se dio la explosión.

    Martin salió volando en dirección a las puertas de cristal del ayuntamiento, se introdujo dentro del edificio hasta chocar con los barandales dorados de las escaleras que bajaban hacia la sala principal del ayuntamiento. Todos los vidrios de todos los locales, incluyendo el ayuntamiento se rompieron. Martin cayó sobre los vidrios de las puertas. La onda de choque empujo escombros hacia adentro del edificio. Martin volvió a generar esas runas sobre sus brazos, levantando unos muros que impidieron que el viento lo siguiera jalando hacia atrás y deteniendo las runas. Resistieron lo suficiente.

    De pronto lo único que se oía era un pitido. Con forme fue recobrando el sentido escucho como sus muros se empezaban a deshacer. Su vista estaba borrosa. El polvo le impedía respirar adecuadamente. Atrás suyo se escuchaban gritos de muchas personas. El joven se levantó entre tambaleos, su sentido del equilibrio se había ido parcialmente junto con su sentido del oído. Observo su brazo derecho, decenas de vidrios estaban clavados en mismo, suponía que su espalda probablemente se encontraba igual, ya que le dolía demasiado. Su sudor chorreaba de color negro por el polvo. Levanto el brazo y el polvo se abrió camino dejando ver el enorme hueco que la explosión había provocado. Retazos de magia volaban en el aire.

    Todavía no recobraba el sentido de la audición, pero escuchaba a lo lejos los gritos de aquel demente de las bombas.

    —¡Asombros! ¡Lograste parar la explosión! ¡Eres muy habilidoso muchacho!

    Martin estaba saliendo del ayuntamiento por a través de lo que alguna vez fueron marcos de puertas. Observaba a aquel cuerpo en la cima del edificio. Gritaba emocionado por algún motivo. Parecía demasiado feliz.

    —¡Muy bien hecho! ¡Sin embargo si quieres evitar que este pueblo quede hecho cenizas tendrás que hacer eso muchas veces más!— Levanto los brazos y más de una explosión empezó a darse. Tras cada explosión el joven empezaba animarse mucho más.

    —¡Destruiré este maldito pueblo hasta que solo queden cenizas! ¡Solo asi podre encontrar el tesoro de Abraham Arcnaik!— En sus manos aparecieron más de esos cilindros morados. Los lanzo todos en dirección al ayuntamiento. En medio de la caída de los cilindros un cuerpo envuelto en llamas apareció para tomarlos con sus manos. Claarn tomo los cilindros y se los lanzo de nuevo hacia el joven. El terrorista observo aquellos cilindros volando hacia su cara, dando un pitido y después estallando justo antes de llegar a su posición. La explosión se dio, pero la misma fue tragada por el mismo hombre.

    Claarn observa al joven. No parecía tener ni una sola herida. Toda la explosión había sido consumida por el cuerpo de aquella persona. Era un talento demasiado peculiar.

    —¿Por qué esa cara, viejo?— Pregunto mientras las explosión se adentraba dentro de la figura de aquel joven —Lo único que paso es que la bomba se cebó…

    El sheriff no se esperó ni un segundo más, voló en dirección del joven. El terrorista detuvo el puño del sheriff con sus antebrazos, saliendo disparado hacia atrás con fuerte impulso. Cayendo sobre unas casas. Claarn continuo el vuelo en la misma dirección, en su mano apareció una espada de energía envuelta en fuego. La espada del terrorista choco contra la del sheriff soltando vapor a montones. Ambos cuerpos se separaron entre el humo y el vapor que llenaba la habitación en la que estaban.

    —Una espada de agua y una de fuego chocando… Que buena combinación…— El joven levanto el brazo con su espada en dirección al sheriff con una sonrisa —Me hablaron de ti, el único al que tenía que tener miedo… Claarn A. Bohm… Veamos de que estas hecho, viejo…— Un pitido sonó a las espaldas de Claarn, volteo hacia atrás y era una de esas bombas.

    La explosión fue inminente.

    Desde el ayuntamiento Martin observaba como una explosión se levantaba en los aires —Tengo que ayudarle…— Murmuró —Ese tipo parece muy peligro— Dio un paso hacia adelante y de pronto empezó a escuchar a mas gritos de personas, no necesariamente pueblerinos. Martin levanto las manos, abrió las palmas y de pronto en sus manos aparecieron un conjunto de círculos girando, poco a poco se fue materializando dos pistolas. Las tomo apretando las manos. Dio una pisada al suelo y de los escombros se levantaron unos muros pequeños.

    —Supongo que puedo dejarle ese tipo a Claarn. Yo me encargare de todos estos sucios bandidos— Bajo las escaleras cubiertas de polvo y restos de calle. El viento soplo. Martin estaba listo para disparar a todo aquel que le quisiera hacer daño a algún inocente.


    (...)


    Kian acababa de tirar un arma que había tomado una calle atrás tras quedarse sin balas. En ese momento no sabía cuántas balas había disparado con tantas armas diferentes, ni siquiera sabía cuántas personas murieron por su mano justiciera, no, no lo sabía y en ese momento no le preocupaba. No existía momento para pararse y ponerse a pensar en lo que estaba haciendo, ni momento de lamentarse ni de llorar. Bien dicen que en la guerra los niños se vuelven hombres, mas no por demudares, sino por su pérdida de su inocencia.

    Pego la espalda a la pared de una casa, tomo aliento, pues había estado corriendo por el pueblo desde que escucho el primer disparo. Ahí estaba un joven, un niño al cual le temblaban las manos y las piernas, pero seguía tan firme en convicción como ningún otro. Defendería el pueblo con sus manos vacías de ser necesario. Las inspecciono con cuidado, bailando en un movimiento involuntario, partidas de los nudillos y con más de una cortada. Manchadas con la sangre de más un hombre. Apretó los puños con todas las fuerzas que le quedaban. Intentando aplastar sus miedos.

    El ejército de Hericent ya había llegado. Sin embargo, el pueblo se había vuelto una zona de guerrillas, no sabía cómo ni cuándo, pero el pueblo estaba repleto de bandidos y mercenarios tan sanguinarios que no dejaban el más pequeño pedazo de vida. En más de una ocasión le había tocado entrar a una casa para ver cadáveres de pueblerinos. Observo más de una casa vuelta arriba, más de una desintegrada por el fuego o por alguna explosión. En ese momento pensó que de no haber estado en el pueblo durante el ataque, de haber llegado después de todo ese desastre, él no hubiese identificado a LaneCloud.

    ¿Cuánto ha pasado? ¿Cuatro o quizás cinco horas?— Lo sabía porque era de noche, una noche opacada por las llamas del pueblo. En sus oídos tronaban todos esos sonidos huecos de las balas disparadas, al igual que los estruendos de choques de magias y aunque ni el mismo lo podía creer, aun había gritos de civiles; personas que se había escondido en sus casas, en alguna habitación, sótano o ático, con esperanza de que la muerte no les alcanzara. Tan pronto como pensaba que quizás no había ningún civil por aquel rumbo escucho los gritos de los que parecía ser unos niños. Kian apretó los dientes, cerró sus ojos con miedo y empezó a soltar bufidos molestos. Estaba cansado, adolorido, dañado y herido, desgastado por el constante uso de su magia y sin embargo sus piernas se movieron en dirección a donde se pedía la ayuda. Era el asistente del sheriff, nadie dañaría su pueblo.


    (...)


    Un grupo de niños peleaba contra sus captores entre pataleos y arañazos. El cuerpo de un hombre se encontraba en el suelo, el hombre se encontraba muerto. Una mujer de edad avanzada sollozaba al ser impotente de socorrer al grito de los que eran sus nietos. La mujer dio más de una patada y un puñetazo al hombre que la mantenía detrás de la puerta de su casa. La paciencia del mercenario se colmó, arremetió un culetazo con su rifle al rostro de la anciana. La mujer cayó al suelo con la mejía borbotando en sangre. Los niños patalearon con mayor fuerza al ver el cuerpo de su abuela caer al duro suelo.

    Un hombre de alta estatura llego a un lado de la escena. Los mercenarios voltearon hacia el hombre recién llegado. Su miedo fue incalculable al ver como su pecho se levantaba en orgullo mostrando sus condecoraciones.

    —El General de Hericent, Marcus Thomson “El escarabajo de agua”— Menciono uno de los hombres que sostenía a uno de los niños. La pierna de más de uno empezó temblar tras la imponente presencia que demostraba el General. Su uniforme se encontraba un poco rasgado y sucio, el hombre quizás llevaba bastante rato luchando en el conflicto, esto intimido a los hombres aún más.

    Su cuerpo se movió veloz por la calle.

    —¡Suelten a los mocos y maten a ese hombre!— Grito uno de los mercenarios tras lanzar a uno de los niños al pavimento. Uno de los hombres, el hombre más grande y de robustos músculos corrió de forma recta en una colisión con el General.

    Los cuerpos colisionaron en un agarre de manos. El rostro del mercenario no tenía una pizca de miedo, es más, parecía emocionado. Marcus por otro lado parecía molesto, sus cejas pobladas se enarcaron en un golpe de rabia. Su piel morena se tensó y sus ojos aceitunados parecieron encenderse en fuego. Puso un pie delante, giro su cadera, empujo con todas sus fuerzas. El mercenario capto de pronto que el mundo se encontraba al revés, justo después sintió como el pavimento se rompía con su cuerpo. El general lo levanto en el aire en un movimiento de judo, para después estrellarlo en una plancha contra el duro pavimento.
    Los mercenarios levantaron sus armas y empezaron a disparar. El cuerpo de Marcus se movió en un esquive fluido como el agua que le hizo esquivar cada bala que volaba en el aire.

    Se acercó a los otros mercenarios.

    Uno endureció su mano en un material de hierro, el puñetazo atravesó un manto de agua que era el trapecio izquierdo del General. Marcus se deslizo por la parte baja del hombre, arremetiendo un puñetazo certero en la boca del estómago. La fuerza del golpe levanto al mercenario, solo para después ser mandado a volar por una terrible patada en las costillas izquierdas.

    Un segundo mercenario se abalanzó al General con un cuerpo vuelto raíces de árbol. El general sintió como su puñetazo empezaba a perder energía.

    —Utilizas cúmulos de agua en tus golpes para que en el momento del contacto los dispares, ocasionando un impacto aún más fuerte con la presión que ejerces en el agua— El hombre de raíces asistió un fuerte puñetazo al rostro del general, doblegándolo.

    —Sin embargo esos puñetazos no sirven si mis raíces absorben tu agua— El hombre empezó a reír, justo después sus raíces se alargaron y atacaron al general como lanzas. Marcus esquivo adecuadamente las raíces de su oponente, mas no observo el golpe que le inquirió uno de los mercenarios, el cual había transformado su puño en una masa de hielo grueso.

    El hombre de la escopeta aprovecho el momento, levanto su poderosa arma en dirección al General viendo una suculenta posibilidad de asesinarlo. Marcus se tambaleo tras el fuerte golpe del mercenario de hielo. No prestaba atención al mercenario con la escopeta.

    Los niños gritaban “¡Cuidado!”, pero Marcus no les comprendía, se encontraba muy aturdido.

    El dedo de mercenario se acercó al gatillo de la escopeta, disparo, pero no al general, sino al cielo. Kian llego en el momento justo del disparo, logrando arremeter una patada al rifle y desviando su dirección.

    El mercenario de la escopeta se sorprendió por la velocidad instantánea en la que aquel joven había llegado. Marcus presto atención a Kian, pero solo por un instante, tenía que encargarse de sus dos oponentes.

    Kian golpeo el abdomen del mercenario que traía la escopeta. El mercenario se hizo para atrás, tropezando con el cuerpo de la anciana. El joven dio un salto, cayendo en la boca del estómago de su oponente. El hombre perdió el aliento. Kian mantuvo su pie sobre su pecho, aplastándole con fuerza. Levanto su puño y estaba listo para noquear al hombre en un golpe certero. El mercenario golpeo dos veces la pierna de Kian, bajo la mano y de su bolsillo saco una pistola muy pequeña. Kian ralentizo el tiempo, quitándose de encima del hombre y esquivando las balas disparadas a quemarropa por el mercenario. El mercenario quedo perplejo al ver que el chico ya no se encontraba en el lugar donde había disparado. Giro su rostro hacia la derecha, vio la culata de su rifle acercarse con ferocidad a su rostro. El golpe le rompió la mejilla, haciéndole sangrar como a la anciana. Se dio la vuelta para dispararle al chico, nuevamente sintió un golpe repentino en la mano, su arma volaba por la entrada de la casa, pero él no había visto ni por qué ni el como había pasado, un segundo culetazo le mando a dormir.

    Kian escuchaba al soldado del ejército en problemas. Movió el cuerpo de la anciana a un lugar seguro y salió de la casa rápidamente. Al salir pudo ver la situación del combate con mejores ojos. Entre los dos mercenarios le habían logrado agujerar el brazo izquierdo al soldado, ahora mismo sangraba a chorros. Era impresionante, pues con una sola mano se encontraba generando ráfagas cortantes de agua que destruían los picos de hielo y las raíces de los dos mercenarios, se necesitaba demasiada habilidad para lograr algo asi.

    Marcus golpeo el suelo con su pierna derecha y de pronto un montón de vapor exploto en el lugar en el que se encontraba. Los mercenarios continuaron atacando al montón de vapor sin ningún escrúpulo. Las picas de hielo volaban y las raíces se introducían en la nube de vapor. No se percataron que Marcus había saltado en los aires.

    El hombre levanto su brazo derecho en un movimiento parabólico, de pronto todo el vapor se levantó volviéndose púas de aguas finas que salieron disparadas hacia los mercenarios. Ambos se cubrieron con sus respectivas magias, bloqueando de manera hábil el impacto de las púas de agua.

    Los mercenarios voltearon la vista hacia aire, pero Marcus no se encontraba en ningún lugar. El mercenario de planta sintió un dolor recorriéndole toda su parte superior. Marcus se encontraba detrás de él y le había arremetido un poderoso rodillazo en la parte superior de la espalda. El aliento del enemigo se esfumo en un grito imposible de generar.

    —No eres capaz de absorber mi agua si no me ves…— Susurro el General.

    El mercenario de raíces se giró listo para asesinar al general, ignoraba completamente su dolor. Estaba molesto por el fuerte rodillazo en su espalda. Ni siquiera había tomado un respiro, con su mismo impulso se había girado. El General le propuso una patada en el cuello mandándole a dormir.

    —Si dejas que la rabia te consuma es como si estuvieras ciego.

    El mercenario de hielo se acercó temerario en un grito de guerra que estaba dispuesto a destrozar a Marcus. Su brazo se había vuelto un pico largo que se acercaba ferozmente al general con un instinto asesino. Marcus estaba demasiado cerca, no sería capaz de evitarlo, quizás no le mataría, pero ese pico seguro le iba atravesar algún lugar de su cuerpo.

    BANG.

    El estruendo de un disparo retumbo en los oídos del General y el mercenario.

    Kian se encontraba con su rifle disparando al largo pico de hielo. Volviéndolo pedazos de hielo que volaron por los aires. Giro la escopeta en un movimiento casi instantáneo, tomándola de las largas boquillas del arma. El calor del reciente disparo le quemó las manos. El culetazo que impacto en el rostro del mercenario de hielo trono como si fuese una pelota de beisbol. El mercenario cayó al suelo inconsciente.

    Kian tendió la mano al soldado que se encontraba enfrente. El hombre se encontraba aturdido y sorprendido. La acepto, pero sin comprender exactamente que había pasado. Sabía que no había sido atravesado, eso era bueno.

    — ¿Se encuentra bien?— Pregunto inocentemente Kian, pero no recibió ninguna respuesta, el general solo había percibido un zumbido.

    —Venga, entremos a la casa— Paso el brazo sano del soldado por su espalda y le cargo hacia la casa, le sentó en una silla de una mesa de madera. Parecía que el
    General se encontraba demasiado aturdido por el estruendo del disparo.

    Kian levanto a la anciana después de verificar su pulso —Todavía vive— Le afirmó a los nietos. La poso en el sillón de la sala de estar con cuidado. Se acercó al soldado, el cual parecía mareado, hecho un vistazo a su cinturón y tomo el radio que colgaba de él.

    —Tengo a cuatro niños, una anciana y un soldado en la calle…— Giro la cabeza a en dirección al niño más grande de los cuatro.

    —Calamar 21…— Dijo en voz baja el niño.

    —Calamar 21, una casa de un piso color Beige. Enfrente se encontraran los cuerpos tres bandidos derrotados. Uno en un hueco en el pavimento, el otro sin un brazo y uno simplemente noqueado. Traigan ayuda, aquí un soldado se está desangrando y una anciana tiene una dura contusión.

    —¿Quién eres?... Repórtate… — Contesto la voz detrás del radio.

    —Soy Kian, el ayudante del sher…— Unos gritos interrumpieron la presentación. Los gritos de ayuda venía a una calle, a lo mucho dos —Lo siento, tengo que ir a ayudar a alguien — Dejo el radio en la mesa y empezó a correr hacia la puerta. Los niños le dieron las gracias por la ayuda mientras corría sin decir nada. El general Marcus seguía mareado, pero había comprendido las últimas palabras del joven. Ese muchacho iría a ayudar a alguien, iba desarmado y parecía cansado, pero parecía estar dispuesto a todo.

    ¿Quién es?... Me agrada…— Pensó el General.


    (...)


    Los chicos no sabían cuánto tiempo llevaban abajo en sótano, pero sabían que era demasiado o al menos eso creían. En más de una ocasión habían escuchado estruendos provenientes del pueblo. Algo gordo se estaba llevando acabo. Bastian lo había vivido, pero ni siquiera imaginaba la intensidad del conflicto que se hallaba en LaneCloud.

    —¿Cuánto más creen que tengamos que esperar?— Pregunto Mairis mientras observaba a un Mike tiernamente dormido en una de las cajas de cartón.

    —No lo sé…— Respondió Bastian de manera seca. Movía sus pulgares uno sobre el otro continuamente. El silencio continua hasta que Bastian se dignó a preguntar algo que en aquel largo año nunca se había dignado a hacer mención —¿Cuánto tiempo esperaron…? bueno, ya saben, aquel día.

    Bruno levanto la mirada, pero no hizo ningún caso a la pregunta de Bastian. Trago saliva y desvió la mirada. Mairis mantuvo la mirada en la de Bastian, la agacho dos veces como dispuesta a hablar, pero algo le impedía. Un fuerte nudo en la garganta. El niño pelirrojo hizo una mueca con la boca, apretó los labios y se dignó a cortar el silencio.

    —Estuve durante varias horas en un cuarto especial hecho por mi padre y mi abuelo. Ahí se suponía que estaríamos seguros, nadie ni nada sería capaz de descubrir nuestra presencia dentro de aquella habitación. Claro, eso no evitaba que alguien no le diera curiosidad y derribara la puerta. No sé por qué razón mi madre salió de aquella habitación, ahora que lo pienso, quizás era por esas posibilidad. Quizás si ella salía posiblemente ya no quisieran investigar la casa. Después de eso, solo dure unos minutos dentro hasta que salí a revisar lo que estaba pasando. No sé en qué estaba pensando. Probablemente en nada.

    La voz de Bruno agito el cuerpo de Bastian —¿Ahí fue cuando los vistes?

    Bastian giro los ojos y suspiro —Si, ahí se encontraba aquel hombre lleno de vendas. Estaba herido, tenía sangre por todos lados. Atrás de él se encontraba otro hombre, recuerdo que incluso a esa edad fui capaz de sentir algo provenir de él, algo obscuro, una presencia abismal. Los dos hombres observaban una cosa… el cuerpo de mi madre.— El silencio volvió de nuevo al terminarse el relato. Mairis retomo la conversación.

    —Nuestro hermano salió en el momento en que el pueblo empezó a ser un montón de gritos. Su novia se encontraba con nosotros. Todos juntos entramos en un sótano parecido a este, recuerdo que estuvimos ahí durante un par de horas, hasta que alguien toco a la puerta. Eva, asi se llamaba la novia de mi hermano. Se levantó y camino decidida a la puerta, Bruno y yo vimos el cuerpo de una mujer hermosa detrás de la puerta del sótano. “No salgan hasta que deje de ser peligroso” dijo justo antes de cerrar la puerta.

    —¿Quién era la mujer?

    —No la reconocemos— Dijo Bruno —Ninguno de los dos la conocía.

    —Solo sabemos que… pues bueno, Eva y Edward murieron esa noche durante un combate. Eva tal vez sabía que aquella mujer venia por ella, por eso salió. Después de aquello duramos otras cuantas horas hasta que Bruno se percató de que la casa estaba incendiándose, abrió la puerta del sótano sin importarle si se quemaba, por eso tiene esa marca en la mano derecha…

    —Te quemaste con la perilla…— Giro la cabeza y observo a Bruno que tenía un rostro serio —¿Por qué nunca me quisiste contar lo sucedió con esa quemadura?

    —No me gusta recordar aquel día…— Contesto Bruno con firmeza.

    Mairis lo pensó durante unos segundo, después continuo —Corrimos por toda el pueblo, tuvimos suerte de no toparnos con alguien malvado. Fue ahí cuando nos topamos con un escuadrón de soldados que nos recogió y nos llevó al cuartel de Hericent. Tuvimos que correr por todo el pueblo hecho llamas. Fue una vista horrible… Vimos cuerpos de gente muerta y también como personas se calcinaban en las llamas de su propia casa, no podíamos hacer nada para ayudarles, fue algo…

    —Era el infierno, Bastian…— Dijo Bruno entre una voz rota. Bastian se quedó callado en su pequeño banco —Así que, al menos que sea una emergencia, no saldremos de aquí.

    Mairis asintió mientras observaba a Bastian a los ojos —Me parece lo mejor…— Dijo la niña con una sonrisa demasiado forzada. Los minutos pasaron y el silencio nuevamente lleno el sótano. Los chicos dieron un brinco cuando escucharon los golpes en la puerta del sótano. Sus cuerpos quedaron helados y mantuvieron su respiración hasta casi ahogarse. Los golpes continuaron incesantes. Bruno levanto el arma que tenía a un lado suyo. Bastian tomo una tubería de acero que había recogido de entre el montón de cosas que había en el sótano y que yacía en su regazo.

    —Parece violento…— Susurro Bruno mientras se levantaba de su banco.

    —Quédate con Mike…— Susurro Bastian —En caso de que no…— Trago saliva —Volvamos. Escóndete lo mejor que puedas entre ese montón de cajas.

    —No puedo dejarlos ir asi…— Contesto Mairis molesta.

    —No es una opción, Mairis— Dijo Bruno con una mirada aterrorizada —Los hermanos mayores van primero…— La niña tomo a Mike en los brazos, el niño empezó a patalear entre dormido. Se introdujo entre un conjunto de cajas, casi parecía no estar ahí.

    Bastian levanto su tubo. Se acercaron a las escaleras de madera. Bruno le susurro el plan —Abrirás la puerta, yo apuntare desde aquí y le disparare en cuanto abras. En caso de que no venga solo golpearas a los demás con tu tubo, yo te acompañare en el momento en que recargue, ¿está bien?

    —Más te vale tener puntería…

    —Mejor que la tuya, si…

    Bastian empezó subir las escaleras. Sus piernas temblaban, en un momento se tropezó con las escaleras, y en otro dio un brinco al escuchar un chirrido proveniente de la madera vieja que conformaba las escaleras. Los golpes parecían más incesantes, más duros y más desesperados. El niño estaba horrorizado, su cuerpo se encontraba demasiado tenso. Su respiración era tan lenta que incluso creía que se ahogaría. Tomo la perilla, no la movió, pero aquella otra persona detrás si lo estaba haciendo. Volteo hacia Bruno, su amigo ya se encontraba listo, su mano temblaba, pero listo. Mairis apreto a Mike en sus brazos, la chica tenía un terror recorriéndole todo el cuerpo, solto un gemido al momento en el que escucho a la persona empezar a mover la perilla. Levanto la mirada y ahí esta su hermano, parecía valiente y a la vez tan miedoso, sus ojos estaban tan brillosos, parecía que estaba aguantando no llorar con todas sus fuerzas. Mairis apretó los labios tratando de aguantar sus lágrimas, por los dos. Bastian tomo una bocanada de aire, la más grande en todo ese momento. Apretó la perilla y jalo, se dio la vuelta, pegándose a la pared. No hubo ningún disparo, pero si se escuchó como un cuerpo caía por las escaleras. Bastian se giró, mientras Bruno echaba un grito. Mairis dio un brinco al ver a su hermano correr para las escaleras con un horror en su rostro. Bastian tardo poco en captar, el cuerpo que había caído por las escaleras era Martin. El cuerpo del tutor dejo de caer a los cinco escalones después de caer.

    —¡Martin!— Repitió constátenme Bruno. Bastian le asistió con la misma palabra repetidamente.

    El hombre tenía un exceso de cortadas, quemaduras, agujeros, moretones y manchas de sangre. Su ropa estaba destrozada, casi al punto de ser solo trapos. Los chicos agitaron el cuerpo herido de su tutor con el peor horror que habían sentido, el de nuevamente perder a alguien.

    Mairis dejo a Mike, el cual poco comprendía de la escena. La chica corrió hacia las escaleras con prisa. Martin tenía la mirada nublada, pero observo a los niños gritándoles con lágrimas en los ojos. El hombre les sonrió. Trato de hablar, pero no tenía fuerzas, su voz se escuchó como un zumbido de un insecto —Asi que aquí siguen… Temía que alguien los hubiese sacado… todo ya está seguro. El sheriff volverá pronto, Kian también…— Se desmayó.

    —¡Levántenlo, tenemos que curarle esas heridas!— Grito Mairis. Bruno y Bastian le levantaron haciendo un esfuerzo desmedido. Lo bajaron hasta el sótano, para justo después cerrar la puerta, por si acaso. Lo recostaron en las cajas y le quitaron la ropa, Mairis saco un botiquín enorme que se encontraba en una caja de metal en la esquina del sótano. Era el botiquín con el que habían curado la cortada de Bastian. Ahora ese corte parecía algo insignificante a comparación.

    Mike empezaba a balbucear intentos de palabras. El niño pequeño estaba asustado, no era mejor la mejor imagen del mundo ver al que consideras tu papá lleno de sangre. Tenía pavor a pesar de no saber exactamente qué estaba pasando.

    Los niños empezaron a atender las heridas de Martin de la mejor manera posible que conocían. Esa noche fue la más larga que alguna vez habían tenido.


    (...)


    En la lejanía de la casa donde estaban los niños y Martin, lejos del pueblo donde Kian ahora mismo descansaba en la comisaria, en la lejanía de todo había un bosque donde no solía pasar absolutamente nadie, ese bosque se encontraba envuelto en llamas y arboles derrumbados. Ahí se encontraba Claarn frente un poderoso enemigo.

    —¿Entonces ya me dirás a que han venido?— Claarn estaba herido, pero no lo suficiente como para terminar perdiendo. Apuntaba con una espada envuelta en llamas a su oponente. Su voz era alta y clara. Su mirada tan poderosa como el mismo.

    Frente a Claarn se encontraba el mismo joven del ayuntamiento. En su mano se encontraba una espada con un mango azul y dorado. Una espada parecida a la que usaban los mongoles —Ha sido un duro combate— Contesto el joven apuntándole con su espada —Creo que te has ganado esa información— Claarn levanto las cejas con escepticismo.

    —El día que matamos a Abraham, Adam, Heidi, Edward y Eva teníamos un segundo objetivo…

    —¿Cuál era?

    —Encontrar el libro de Abraham Arcnaik. No conozco los detalles, pero si encontramos ese libro nadie nos detendrá después de que encontremos el lugar a donde nos lleva.

    —¿Cuál libro? ¿De qué hablas? Habla claro, perro de Apolo.

    El joven soltó unas risotadas —El libro que Abraham encontró antes que Apolo, hasta donde se hubo un combate donde Apolo perdió por poco. Un libro que encontraron en uno de los laboratorios secretos de Akira Dorian Wish.

    La mirada de Claarn cambio súbitamente. Esa mirada feroz de antes se habia esfumado muy lejos. Ahora era un rostro de miedo, un rostro de angustia y nervios. Era como si le hubiesen dicho la peor de las noticias. Incluso su voz cambio a un tono desesperado.

    —¿Qué dices? ¿Qué demonios contiene ese libro? ¿La receta de la inmortalidad? ¿La fusión de humano—demonio? ¿La manera en que volvieron a la vida? ¡¿Qué dice ese maldito libro?!

    El joven empezó a reír delicadamente. Aprecio con suma delicia como Claarn se encontraba aterrado por la impactante revelación. No le hizo esperar demasiado para responderle, pero para Claarn pareció una eternidad y una burla escupida a la cara el tiempo que se tomó en hablar —Lo que contiene ese libro es al mismo Akira Dorian Wish— Dijo con una perfecta sonrisa sádica.

    Claarn se quedó helado por un momento, ¿Era posible? ¿Era posible que de alguna forma Akira pudiese encontrarse dentro de un libro? La sola pronunciación de su nombre le causaba asco. Ahora la sola duda de que quizás siguiera perdido por algún lugar le causaba la peor sensación de vomito que había sentido en toda su vida. Un coraje recorrió por todo sus brazos hasta que finalmente pregunto en un grito —¡¿Dónde se encuentra?!

    El joven levanto una ceja —Oh… planeas ayudarnos…

    —Ni en el peor de los casos lo haría…

    —Es una lástima, estoy seguro que Apolo agradecería cooperar contigo de nuevo…— Lanzo un suspiro —Ahora mismo mis compañeros deben haber hecho hasta lo imposible para revisar la casa de los Arcnaik y todos los lugares donde aquel anciano de Abraham recorría comúnmente. Estoy seguro que incluso buscarían hasta en la letrina donde ultima vez defeco de ser necesario…— De pronto se escucharon un montón de pisadas llegando al lugar. Eran los soldados de Hericent.

    Claarn de pronto sintió unas presencias, ninguna era la que esperaba, pero igual eran peligrosas. Levanto la mirada y observo un montón de sombras en los árboles. Estaba rodeado por enemigos.

    —No podemos seguir extendiendo este combate, tus compañeros llegaran y habrá un verdadero desastre. No tenemos intención de alargar esto demasiado, todavía no. Sabes, esto me recuerda tanto a la escena de la muerte de Abraham Arcnaik. Si tan solo fueses unos años más viejos seria todo igual…

    —Asi que solo pudieron vencerlo en una batalla en desventaja… Esto me trae una alegría a mi vida.

    —Ese hombre era toda una bestia… El tan solo vencerle en grupo me hace sentir un honor. Excelente oponente. Nunca lo olvidare…— Su mirada quedo conectada con la del sheriff —Debo admitir que a ti tampoco nunca te olvidare, eres bastante poderoso… Tan solo mira en qué estado me encuentro. Estoy agotado…

    —Un alago de alguien como tu vale menos que un saco de estiércol…No hay honor en la forma en que le mataron…

    El joven empezó a reír —Tranquilo, cuando llegue el momento morirás con más honor del que cualquier otro. Tú, el último de los lacayos fieles a Abraham…

    —No soy el ultimo…— Levanto la mirada y observo unas sombras que le parecían conocidas —Y todos ustedes lo saben…

    —Claro… Un gusto pelear contigo Claarn A. Bohm— El joven hizo una reverencia con su espada rozándole el rostro. Un portal con aspecto viscoso de color purpura se abrió de pronto. Era un portal nebuloso que te hacía creer que si lo pasabas te llevaría al más bajo nivel del inframundo. El joven camino al portal, perdiéndose para siempre.

    Claarn volvió a levantar la mirada y observo que en cada copa de los arboles donde se encontraban las sombras había un portal igual de asqueroso y tenebroso. De un momento a otro Claarn se quedó solo en el bosque hasta la llegada del ejército.

    Esa misma noche investigo nuevamente la casa de los Arcnaik, para encontrar exactamente lo mismo, nada.
     
    Última edición: 23 Marzo 2019 a las 6:11 PM
  8. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 7 - ¿Soldado o sheriff?
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    5445
    Capítulo 7 — Soldado o Sheriff

    Los sucesos del segundo ataque al pueblo de LaneCloud pasaron con el tiempo. El tema se perdió de la lengua de los granjeros, mercaderes, soldados y pueblerinos. Sin embargo la marca de los muertos quedo grabada en la historia de LaneCloud como uno de sus días más grises.

    Los meses pasaron y el pueblo se recuperó. Más soldados del Gobierno Mundial habían llegado a las pocas horas de la retirada del enemigo y se mantuvieron ahí durante un par de semanas.

    El sheriff contó sobre el aspecto de su enemigo, al igual que Martin, aunque ellos dos ya sabían de quien se trataba, aquel joven era del que una vez Fabricio les había hablado, era el terrorista Jasón Harold. Claarn narro la confesión del tipo, aclarando que él y su grupo habían sido los asesinos de los Generales Mundiales, Edward Hellwell y Adán Arcnaik.Su ataque fue registrado y esta confesión lo llevo a posicionarse de nuevo en los más buscados del servicio secreto. En cuanto al grupo terrorista, los mercenarios que fueron capturados contaron que fueron contratadas por una agrupación llamada “La nueva cabeza”. Sobre quienes los habían contratado no pudieron dar muchos detalles. Solo dijeron que usaban mascaras durante el encuentro, al igual que batas negras. Especificaron que fue en una isla remota en las Islas Medias, pero de nada servía que identificaran la isla en un mapa, ellos aseguraban que la isla era tan diminuta como un parque público de tamaño medio y tan desierto como la mitad de todo Nil. Uno de los mercenarios aclaro que dicha agrupación había estado tomando mucha fuerza en el mercado negro, al igual que estaban a obteniendo a poderosos aliados. Cada vez se oía más el nombre de dicha agrupación.

    Fabricio, indago lo más que pudo en el tema, pero con el pasar del tiempo la actividad de sucesos graves en el mundo decayó y fue imposible mantener la vista en ellos. Si hacían sus trabajos sucios, era muy por debajo del agua.

    Todos los mercenarios capturados fueron enviados a prisión, y como la mayoría de ellos tenían expedientes sobre distintos delitos, la mayoría de ellos fueron enviados a pena de muerte. Un alivio mas no un consuelo para las personas que perdieron a familiares aquel trágico día.

    Los niños sufrieron unas secuelas de estrés y depresión, pero no era nada lo suficiente grave que Martin o Claarn no pudiesen controlar. Los entrenamientos continuaron después de quince días de vacaciones. El entrenamiento se volvió riguroso, pero tenía constates faltas del sheriff, ya que este mantenía un constante flujo de misiones con el ejército, yéndose a veces incluso meses.

    Martin y Kian se hacían cargo de su entrenamiento, al igual que Fabricio, el cual se había vuelto un buen amigo de Martin y los niños.
    Tras la constante falta de Claarn, el puesto de sheriff cayó en manos de Kian más de una vez. LaneCloud y todo su pueblo no tuvieron ninguna queja sobre ello.


    (...)​


    Dos años pasaron desde los sucesos y fue una mañana de lunes en que Kian estaba caminando por las calles de Hericent en dirección al cuartel del Gobierno Mundial del mismo pueblo. El joven había cumplido la mayoría de edad, o al menos eso se creía, pues no existía una edad concreta del muchacho. En su mano se encontraban sus papeles, un registro de ciudadanía que alguna vez Abraham Arcnaik le tramito. Un acta de nacimiento, donde solo aparecían su nombre y una fecha calculada de la posible edad del joven. Tenía su papel de mayoría de edad y un registro de su trabajo como asistente de sheriff, al igual que el otro registro de trabajo que le denominaba sheriff sustito. Por ultimo contaba con un conjunto de papeles donde se registraba un resumen de misiones a las cuales había ido junto con Martin y Claarn como ayudante. Trabajar como ayudante significaba un punto extra de experiencia. A los ayudantes no se les paga, ni se les da apoyo médico en caso de algún accidente a lo largo de las misiones. No muchas personas tienen la oportunidad de ser ayudantes debido a esto último, pues la responsabilidad caía en el soldado al que acompañan y muchos de los soldados no deseaban tener que hacerse cargo de la salud de un jovencito que desea aumentar su currículo. Los nombres de los ayudantes quedan mencionados en los reportes. Esos nombres quedan registrados en la base de datos del Gobierno Mundial. En medio de todos esos papeles se encontraba una carta que Claarn había escrito como recomendación.

    Los soldados del Gobierno Mundial tienen permitido recomendar a tres personas. Sin excepción. Se podría intentar recomendar a alguien más, pero para esto los Generales del Gobierno Mundial tienen que permitirlo, esas juntas normalmente se hacían a inicios de primavera y solo una minoría de los que quisieran una recomendación extra era aceptada. Sin embargo, este no era el caso de Kian. Este era la última recomendación que podía hacer Claarn y el hombre sabía que Kian podría ser aceptado. El chico tenía más de lo que cualquier otro jovencito podía llevar a estas entrevistas. A demás, el entrenamiento físico que tenía era más que espectacular como para ser una gran promesa.

    Llego hasta el gran edificio. Tan solo estar presente en ese lugar le traía recuerdos amargos sobre la noche en que murió la familia que le iba adoptar. El viento soplaba, era otoño y la brisa lo hacía notar. Los arboles no perdían sus hojas, la mayoría se mantenían verdes todo el año aunque cayera nieve. El día era nublado y parecía que llovería, quizás era un mal día para llevar todos esos papeles. Sería un problema si no le llegasen a aceptarle como soldado y empezara a llover, conseguir esos papeles significaba una gran cantidad de trámites y filas enormes.

    El chico tomo un respiro y dio un paso hacia adelante, subió las escaleras que llevaban a la entrada y paso por la puerta de madera. Fue atendido por una linda chica que serbia de recepcionista que le otorgó una hoja que decía “Solicitud”. La lleno ahí mismo, no sin antes hablar un poco con la chica. Finalmente vio que los jóvenes antes de él empezaron a pasar y se dirigió a la banca para esperar su turno. No había muchas personas, Tres delante de el, otros cuatro detras. Todos se encontraban igual de nerviosos. La espera no tardo demasiado. Kian fue llamado a los diez minutos después de que el primer muchacho había sido llamado. Cruzo el pasillo de color caqui y entro en una habitación gris junto con un hombre robusto con gran pansa y piernas pequeñas. Kian tomo asiento en la mesa.

    —Buenos días. Un gusto, señor....— Leyó el gafete que tenía en el pecho rápidamente —General de Brigada Harrison Johnson. Soy Kian— Le puso la mano delante. El hombre la acepto con un rostro amargo.

    —¿Kian que?— Pregunto el hombre con las cejas levantadas.

    El joven sonrió de manera nerviosa, tamborileo en la mesa y soltó una risa fugaz —Kian, solamente, Kian…

    —Sus papeles, joven Kian.

    El joven levanto el folder manila y lo puso frente al General de Brigada —Aquí tiene…— Dijo tratando de controlar su mano temblorosa. El hombre tomó sus papeles y acomodo sus delgados lentes.

    —Oh…— Soltó al empezar a leer. Kian apretó la quijada al escuchar el gemido —Solo Kian… No tienes padres, ni abuelos. Al parecer ningún pariente… ¿vives solo?

    —No…— Dijo un poco más chillón de la costumbre. Aclaro la garganta y continuo —Vivo con los tutores de los huérfanos Arcnaik y Hellwell.

    —¿Por qué?— Preguntó intrigado.

    —La familia Arcnaik estaba por adoptarme cuando paso el incidente. Como no tenía otro lugar a donde ir pedí permiso a Claarn A. Bohm para vivir con ellos. Más que por no tener otro lugar a donde ir pienso que fue más por el hecho de que Bastian Arcnaik y el pequeño Michael Arcnaik son casi como unos hermanos menores. Los conozco desde hace mucho y no quería dejarlos de esa manera, menos en la situación en la que termino todo.

    El hombre desvió su mirada del chico y continuo leyendo —Veo que has estado trabajando como ayudante de Sheriff en LaneCloud desde los diez años. Es el único trabajo que has tenido.

    —El siguiente papel es un registro de mi trabajo como sheriff sustituto. Aunque si sigue revisando entre los papeles vera que he participado como ayudante con Claarn A. Bohm en un par de misiones. Al igual que con Martin Price. De hecho, en la carta del medio habla sobre todo en lo que he participado, entrenamientos, conocimientos, entre otras cosas…

    El hombre tomo la carta y la abrió sin mucho cuidado, dentro se encontraban dos hojas. Una con la leyenda de Claarn A. Bohm sobre la recomendación de Kian y atrás un listado con las misiones en las que había participado como asistente. Un listado de los tipos de combate que el joven conocía y especificaba con una puntuación el nivel en el que se encontraba. También venia un listado de distintas disciplinas, como manejo de armas, entrenamientos médicos, conducción y uso de máquinas. Al igual que en el de combate, cada rama venia puntuada. Sin duda una recomendación muy valiosa.

    —Ya lo veo. Interesante. No es lo más impresionante que he visto...— Esto último era mentira. El hombre por dentro pensaba que era uno de los más impresionante que le hubiese tocado tener entre las manos —Al menos tienes un registro de misiones como ayudante. Muchos vienen sin uno.

    —Gracias— Dijo repentinamente.

    El hombre se puso de frente al joven con los codos en la mesa. Cruzo los dedos y lo miro con una mirada aterradora e intimidadora. Aunque ni la mitad de aterradora que la que tenía Claarn cuando este se molestaba. Su voz sonó más gruesa que antes —Entonces Kian. Dime, ¿por qué quieres entrar al GM como soldado?

    —El hombre que me encontró era Abraham Arcnaik, un soldado muy conocido... No quiero deshonrar el nombre del que fue mi maestro. Quiero ser tan buen soldado como lo fue el.

    —Tienes una meta muy difícil. Abraham Arcnaik es una leyenda entre leyendas. Se dice que nace uno como él cada cientos de años. Muchos lo consideraron como un Chasoul aunque nunca lo fue. De hecho, hay quienes lo comparan con el cuarto Chasoul. Solo que uno inicio la guerra y el otro la termino.

    —No importa, yo sé que puedo tener ese potencial.

    El hombre soltó un bufido y acomodo los papeles —Si tú lo dices muchacho. Bueno, si entras al GM dejaras de ser asistente de sheriff y empezaras como soldado en un equipo de soldados. Tu historial demuestra que tienes un entrenamiento previo, por la tanto no tienes que hacer una prueba física. No tienes ninguna enfermedad según tus papeles y tienes un historial criminal en línea. Aunque lo que más me interesa es que tienes anotado en tu solicitud que controlas la magia prohibida del tiempo, me quisiera explicar que significa…

    —Espere… Espere… No puedo dejar de ser sheriff en LaneCloud.

    El hombre sacudió la cabeza y parpadeo extrañado —¿Qué dices?

    —Lo que sucede con LaneCloud es un poco delicado. Claarn A Bohm es un hombre ocupado y no siempre se encuentra para ser sheriff. Martin Price, aunque tiene capacidades no puede descuidar la educación de los niños para atender el puesto. Y para serle sincero creo que no hay nadie adecuado para mantener el control en el pueblo aparte de mí. Tenía la duda de saber si podía ser posible mantenerme como sheriff en LaneCloud y como soldado en el cuartel de Hericent.

    La silla del hombre rechino al momento en el que el hombre la empujo tras una risotada. Kian empezó a sudar y sus ánimos bajaron —¡Oh joven Kian! ¡No es posible!— Dijo entre risas pesadas y fuertes. El hombre volvió a tomar la compostura después de aclarar la garganta —Elige, sheriff o soldado. No podemos darte el lujo de atender ambos puestos. Deja que puede que sea muy cansado, en momentos no podrás estar atendiendo a ambos. Si gustas podemos mover algunos de nuestros soldados, alguno que no necesitemos, para cuidar de LaneCloud. Aunque también puede ser que algún hombre del pueblo quiera ayudarte con el puesto, no creo que nadie esté interesado. Te reitero que creo que va ser imposible que puedas atender ambos puestos…

    Kian se abalanzo hacia enfrente y levanto su palma hacia el hombre para aclarar lo que había dicho —Claro que es posible, yo…

    El hombre levanto su palma y Kian callo —Okey, ¿porque quieres seguir siendo sheriff?…

    Kian cerró su mano y el bajo hasta su entrepierna donde tenía la otra. Empezó a jugar con sus dedos, nervioso. Hizo una mueca mientras bajaba la mirada —LaneCloud era el pueblo preferido de Abraham Arcnaik. Es por eso que tenía el enorme terreno de la familia Arcnaik. Es por eso que vivía aquí. No quiero que le
    pase nada, por eso me gusta ser su sheriff.

    El hombre se mecía en su silla con los brazos cruzados. Soltó un suspiro y hablo con un tono serio —Lo siento, Kian. Tendrás que decidir. Soldado o sheriff. No podemos darte un beneficio por un simple capricho.

    Kian titubeo. Mantuvo la mirada abajo, mientras pensaba. El hombre soltó un suspiro y golpeo la mesa con sus nudillos —Es claro que si quieres una excepción para ser sheriff entonces te gusta más ser sheriff que la idea de ser soldado. Sigue como sheriff, te va bien.— El hombre empezó a acomodar los papeles del joven. Se encontraba listo para salir.

    La puerta se abrió de pronto.

    Un hombre alto de cabello corto entro de repente.

    —General de Brigada Harrison. Quiero que me explique estas cuentas, no encajan con lo que tenemos en el almacén y yo mismo tome inventario de ellas.

    —¿General? Claro, ahora mismo lo atiendo, solo deje término de hablar con este joven.

    Kian levanto la mirada al escuchar cómo se abría la puerta. Un recuerdo vago cruzo su cabeza al ver al General. Las miradas de los dos se cruzaron. El General bajo la mirada y vio la hoja de recomendación así como la solicitud.

    —¿Novato?— Comento con una sonrisa —Espero que ayudes más a tu capitán que cualquiera de los novatos que me apoyan a mí.

    —Son un desastre…— Comento Harrison mientras soltaba una risa —Su nombre es Kian, General Marcus. El joven que sirve como sheriff en LaneCloud durante la ausencia de Claarn A. Bohm.

    El general Marcus tomo el papel de la solicitud y lo leyó mientras Harrison le comentaba el historial de Kian. Bajo la hoja de repente. Y clavo su mirada en Kian.

    —Ya te recuerdo. Eres el jovencito me ayudo con dos de los mercenarios que luchaban contra mi durante la noche del segundo ataque hace dos años.

    Kian le recordó de repente. Ese hombre era al que había cargado hacia dentro de la casa de aquella anciana. El soldado que estaba peleando contra los cuatro mercenarios y al cual le había salvado la vida.— Le recuerdo… Pelee con usted…— Murmuro.

    —Te vi de cerca esa noche. Después de que me atendieron mis heridas te fui a buscar. Desde el techo de un hogar vi cómo te enfrentabas a otro dúo de enemigos. Los derrotaste con astucia. No pude ayudarte porque un enemigo me ataco desde el aire. Tenías puesto el chaleco de cuero café, pero no crei que fuera el del sheriff. No pensaba que eras menor de edad. Vaya, incluso a tu edad estabas en el campo de batalla luchando contra esos enemigos, ¿Cuántos venciste?

    —Fueron bastantes, no lo recuerdo. Después de esos otros dos enemigos me dedique a revisar las casas de la cercanía. Ayude a un par de familias que unos bandidos querías secuestrar. Por la misma zona por fortuna logre ayudar a una familia a la que estaban saqueando…

    —Espera, ¿qué?, eran los barrios bajos, ¿no?

    —Sin embargo eso no impide que les roban. Incluso creo que es más importante que los haya ayudado. Debe ser horrible tener poco para que te lo roben.

    El hombre asintió lentamente. Mantuvo su sonrisa y respondió —Así es.— Dejo su hoja. Y volteo con Harrison. Quien miraba atentamente la conversación entre los dos —Necesito que me expliques esto, ahora. Tengo que mandar mi reporte, solo será un segundo enseguida vuelves con el joven.

    —Claro, General. No desesperes, en un momento vuelvo.— Ambos hombres salieron de la habitación y la cerraron. Kian asentía designado.

    Pasaron unos minutos y entro Harrison sudando un poco. Tomo asiento y tomo los papeles de Kian. El chico estaba desesperado así que lo soltó de una —Quiero ser soldado. Ya lo decidí.

    —¿Ah sí?— Dijo el hombre al momento de reacomodar los papeles.

    —Creo que es lo mejor— Hizo una meuca con el labio y bajo la mirada.

    El hombre asentía repetidamente mientras echaba un nuevo vistazo a todas los papeles del joven. Lo miro. Esta vez parecía decidido, pero disgustado. Golpeo la mesa con los papeles y hablo con todo aburrido —Entonces me llevare tus papeles. Dentro de una semana te llegara una carta con lo sucedido con tu petición. Ahí sabrás si fuiste aceptado o no, en que puesto estarás y que día empezaras a trabajar— El hombre se levantó de su silla tomando todos los papeles en sus regordetes brazos. Le abrió la puerta a Kian y el joven salió sin mucha prisa. Observo desde los cristales que estaba lloviendo. Por suerte llevaba una sudadera con gorro así que no se mojaría tanto. Camino hasta la puerta sin voltear. Harrison le observaba mientras se alejaba. Kian salió hacia la lluvia. Había charcos en el pasto y las gotas tronaban en los follajes de los árboles. Volteo hacia los terrenos de entrenamiento del cuartel mientras bajaba las escaleras, ahí se encontraban unos cadetes entrenando bajo la lluvia. Ahí agradeció haber sufrido todos sus entrenamientos con el sheriff. Un joven salió corriendo del cuartel con sus papeles en la mano. Cruzo a un lado de Kian, ahí pudo observar como todos los documentos del chico estaban empapados.

    —Ni siquiera fue aceptado para analizar su caso…— Eso le dio un poco de esperanza. Observo como el chico corría debajo de la lluvia y se sintió un poco mejor por pensar que aunque sea no tendría que hacer largas filas para renovar sus papeles.


    (...)​


    Una semana más tarde hacia un calor abrumador. Kian llego a la comisaria con una bebida helada de fresa, su fruta favorita. Miro a los dos jóvenes que se encontraban dentro de la celda y el que se encontraba de frente a las barras de hierro de la celda empezó a quejarse de él — ¿Cómo puedes ser tan descarado, Kian?

    —¿Por qué lo dices, Jon?— Pregunto el joven mientras caminaba hacia el otro lado de la comisaria y dejaba su sombrero marrón en un gancho arriba de una ventana.

    —Bebiendo tu bebida helada mientras nosotros estamos aquí muriendo de sed…

    —Puedes beber del fregadero.

    —Si mis labios tocan esa boquilla, aunque sea por error, tendré tantas enfermedades que ni la diosa sería capaz de curarme.

    Kian soltó una risa mientras daba la vuelta para sentarse en su silla —No han llegado sus madres, jovencitos. Así que creo que tarde o temprano tendrán que beber de ese fregadero de enfermedades.

    El joven golpeo los tubos que le retenían dentro de la celda —Ni creo que venga.

    —Lo hará. Tarde o temprano lo hará. Una madre daría todo por un hijo. Créeme, lo sé— El chico tomo un sorbo a su bebida. Se acerco a la barra donde se encontraba una radio vieja de madera elegante. Prendió la radio. En ella hablaban sobre la disputa que tenían recientemente Iglakesh y Foraff al este del continente de Dorinda. El joven se recargo en la barra de madera que separaba “la oficina de sheriff” y las celdas.

    —¿Qué opinan de ese enfrentamiento? ¿No creen que la situación con las guerrillas de Foraff son suficiente problema como para que ahora quiera lanzarse a una guerra contra Iglakesh por la muerte del hijo del rey de Foraff? Si su hijo huyo de su propio reino, de la dictadura de su propio padre fue por algo. Iglakesh no tiene ninguna culpa con que haya sido asesinado por unos criminales en su territorio.

    —¡Suenas como un anciano!— Grito el mismo chico.

    —Tan solo quería hacerles olvidar un poco el calor… ¿No llego nadie en lo que fui por mi bebida? — Tomo un sorbo de nuevo.

    El otro de los chicos que se encontraba en la celda se levando del delgado colchón que funcionaba como cama. Se posó junto a su amigo y le señalo con el dedo a la barra de madera —No llego ninguna de nuestras madres, pero si llego un hombre alto de cabello negro que traía un lindo traje. Te dejo una carta en el buró… ¿Quién era? ¿Tu novio?— Pregunto a manera de provocación.

    Kian se exalto —¿Qué? ¿Espera que?

    —Tranquilo solo fue una broma…— Contesto el mismo chico.

    —Eso no, idiota— Se metió por detrás de la barra. Ahí se encontraba un escritorio con decenas de papeles. A un lado se encontraba un buró que poseía varias fotos. Ahí estaba la carta. La tomo en sus manos y la observo detalladamente. Tenía el logo del Gobierno Mundial. Era la carta que decía si había sido aceptado. La abrió con cuidado, pero saco la carta desesperado. La desdoblo y empezó a leer:



    “Buenos días, Kian.

    Quisiera felicitarle por haber entrado en las filas del ejército del Gobierno Mundial. Nos honra saber que has elegido nuestro cuartel como base madre de su crecimiento dentro del ejército. Deseamos su asistencia en el cuartel desde las 6:30 de la mañana en la mañana. Diríjase al piso cinco donde será recibido en el equipo #3, dirigido por el General Marcus Thomson. Esperamos verlo ahí, donde se le hará entrega oficialmente de su uniforme y placa. Felicidades, desde este momento pertenece a nuestras filas. Esperamos grandes cosas de usted.

    P.D. Me fue informada su petición sobre trabajar en el ejército y como sheriff en LaneCloud. Tendrá permiso, soldado. Trabajará con nosotros en las misiones importantes y hará asistencia medio día para que la otra mitad del día pueda hacerse cargo de sus labores como sheriff. Me gusta su entusiasmo y espero que demuestre que puede apoyar ambos cargos.

    Lo veré mañana a primera hora soldado.

    —Gral. Marcus Thomson.



    Kian no cabía dentro de su propio cuerpo. Estaba tan alegre por la noticia. Por un momento dio unos brincos de la emoción. Su emoción se intensifico en el momento en el que reflexiono sobre la descripción que hizo el chico que estaba en la celda, no podía ser otro que no fuese el Gral. Marcus. El mismo General se había encargado de llevar aquella carta. Kian exploto en felicidad y salió de la comisaria corriendo hacia su hogar para dar la noticia a Martin, el sheriff y los chicos. Desde la esquina un hombre veía como el muchacho corría en dirección a su hogar. El hombre sonrió y se dirigió hasta la comisaria con una sonrisa.

    —Sí que tiene energía.— Murmuro el General Marcus —Supongo que tendré apoyar en la comisaria hasta que vuelva… Me ire antes de que vuelva. No quiero que me bese por la emoción…


    (...)​


    Al día siguiente Kian se levantó más temprano de lo común. Se preparó un desayuno abundante a base de huevo. Se dio una ducha y salió de la casa a toda prisa. El sheriff apenas pudo ver la sombra cuando el chico ya se había ido. El hombre sonrió al ver el entusiasmo que desprendía su alumno. Sin embargo era muy temprano. Solo significaba que tendría tiempo para cocinar más.

    El chico caminaba a un ritmo acelerado. La luz apenas empezaba a ser visible en el cielo. Quizás faltaría todavía una hora para la cual fue convocada su asistencia. No importaba, esperaría. Después de todo, el cuartel nunca cerraba sus puertas. Finalmente llego al cuartel, algunos soldados estaban llegando apenas. Se dio cuenta que después de todo no era tan extraño que llegase temprano. Sorprende a la hora a la que algunas personas se levantan para irse a trabajar.

    Entro al cuartel y saludo a las recepcionistas. Esta vez no era la chica, sino una mujer de edad mayor un poco regordeta de mejillas rosadas.

    Pasó por el largo pasillo principal, hecho un vistazo por las puertas y pudo ver la cafetería. Las salas donde fue entrevistado e interrogado hace unos años. Al fondo el pasillo se abría en una gran sala con tres escaleras. Un escudo del gobierno mundial de un gran tamaño se encontraba de frente al pasillo. Kian no resistió las ganas de saludar a la bandera cuando la vio. El alma del soldado estaba naciendo en él.

    Subió hasta el cuarto piso, donde un tapiz rojo cubría las paredes. Las esquinas estaban recubiertas con madera de un color crema y había asientos de espera. El pasillo se habría y en ellos se encontraban unas fotos de antiguos generales que había hecho su trabajo en aquel cuartel. El cuartel no era tan viejo como para tener cientos de fotografías de anteriores generales. Eran seis, contando al General Marcus. A las esquinas de aquella habitación se encontraban dos puertas de vidrio obscuro y una doble que llevaba a la oficina del General. Kian tomo asiento en uno de los cómodos sillones y se dedicó a esperar.

    Casi a una hora perfecta unos chicos empezaron a llegar por igual. Kian supuso que se trataba de su equipo. Los chicos llegaron amablemente y se presentaron con Kian, el hizo lo mismo con cada uno.

    Rubi, una chica muy bajita de piel rosada y cabellos castaños casi rubios, delgada, de ojos color miel y muy sonriente.

    Alex, un joven alto de cabellos negros alborotados. Su piel era blanca de tono pálido. Labios rojos intensos con un rostro regordete.

    Sandra, una chica de piel aceitunada y cabello largo de color castaño obscuro. Usaba lentes y tenía una voz muy suave, casi no se escuchaba lo que decía, pero tenía una bella sonrisa que era imposible de no ver.

    Sofía, una chica delgada con el cabello negro. Tenía una nariz grande como pájaro y ojos penetrantes, pero con linda sonrisa, y por último se encontraba Sandra, una joven alta de cabello rizado, piel morena clara, de ojos marrones. Era la más robusta de las tres chicas, pero no por mucho.

    Todos parecían ser muy simpáticos, todos sonreían y hacían bromas entre todos juntos. Kian se sintió muy bien desde el momento en que comenzaron la conversación. Finalmente y justo a tiempo, llego el General y un último chico.

    —Él es Gus Thomson, el hijo del general…— Le murmuro Rubí a Kian, repentinamente saludo al General con una posición de firmes. Kian la copio.

    El general les sonrió. Hecho un vistazo a los cinco chicos y levanto su dedo índice apuntando hacia el techo —Aquí hay uno extra… — Kian trago saliva en ese momento, por un momento le aterro la idea de que todo hubiese sido una mala broma de alguien y que ahora mismo se encontrara en problemas.

    —Lo iba a presentar, pero creo que ya lo conocen. Kian, nuestro nuevo integrante.

    Kian exhalo aliviado. Se sorprendió cuando una bolsa salió disparada hacia su rostro. Logro tomarla en el momento exacto antes de que le golpeara. La tomo entre sus manos y la observo con alegría, era su uniforme con un collar que traía una placa que decía únicamente Kian.

    —Es suyo soldado. Póngaselo. La habitación de la derecha es un vestidor. Es mixto, así que nomas le pido que no moleste a sus compañeras cuando se vistan. Tampoco quiero que se diviertan de más dentro de ese lugar, pueden hacerlo donde quieran menos en este cuartel. Acepto relaciones amorosas en el equipo, pero si la relación acaba no debe haber conflictos dentro del equipo porque nos los voy a enviar a otro escuadrón. La habitación de la izquierda es donde se encuentran las armas y algunas computadoras. Puedes usarlas, no te preocupes. Ahora mismo estas dentro del escuadrón más importante, el escuadrón del General. Estos son los beneficios que lleva ser parte de él. Sobre el acuerdo, creo que fui bastante claro, no participaras con nosotros en todas las misiones que llevemos a cabo. Esto lo hago para que tengas tiempo de atender tu puesto como sheriff, repito, SHERIFF ¡Felicidades! Ya no serás asistente, oficialmente eres sheriff. Claro que tienes un compañero y ese es Claarn A. Bohm. Única cosa que quiero, deseo que mejores y crezcas. Quiero escuchar en un futuro hablar de tu nombre como un Comandante, Capitán, General, Teniente, General de División o escuadrón… Lo que quieras y desees. Ahora, por último, esto va para todos. Me informaron que tenemos una misión. Desde hace varios días alguien nos ha estado informando sobre desapariciones en “La estación del tren Koch del Este”. El número de desaparecidos ha estado aumentando exponencialmente así que pidieron la ayuda de alguien capaz y su equipo no tan capaz. Si me preguntan, yo creo que pueden ser bandidos, antes se escuchó rumores sobre bandidos en las colinas. Verificare la información y veré si el helicóptero esta libre. Esperen en lo que verifico la información.

    Los chicos gritaron “Si señor” al mismo tiempo y el hombre asintió con una sonrisa. Entro a su oficina y los muchachos entraron a la sala de armas. Tomarían lo que necesitaran. Kian pasó al vestidor a ponerse su uniforme.

    Mientras se cambiaba se escuchó una voz desde la puerta.

    —Mi padre me comento que tendríamos un nuevo integrante.— Era Gus, se hallaba recargado desde la puerta sonriéndole a Kian. Fue extraño. El joven se encontraba en calzoncillos cuando el hijo del General entro al vestidor.

    —Es un honor que tu padre me haya elegido. Sinceramente es mucho más de lo que esperaba.— Se puso sus pantalones, los abotono y tendió su mano hacia Gus
    —Soy Kian. Un gusto.

    El chico sonrió, era muy parecido a su padre. Aunque con el detalle de que tenía el cabello largo con un flequillo que le cubría la frente. —Soy Gus. Espero llevarme bien contigo.

    —Lo mismo digo— Kian observo al muchacho, el cual se dio media vuelta y salió de la habitación. No parecía una mala persona, nadie parecía una mala persona. No le dio más importancia y continúo con ponerse la camisa, seguido de su chaqueta. De pronto la puerta se abrió repentinamente y se escuchó el filo de un cuchillo cortando el viento. Kian ralentizó el tiempo y se dio la vuelta para tomar el arma. Observo que había otro cuchillo dirigido hacia su cuerpo, estaba demasiado cerca, jalo el cuchillo con gran fuerza, su cuerpo se exalto por el esfuerzo. Mover algo durante la ralentización era muy difícil. Por ultimo levanto el cuchillo con muchísima más fuerza de la que normalmente necesitaría. El cuchillo se acercaba. Arrojo el cuchillo que tenía en la mano e hizo correr el tiempo. Los cuchillos se interceptaron quedando pegados en el piso. Levanto la mirada y observo que frente a él se encontraba Gus de nuevo.

    —¡Estas demente!— Bociferó Kian repleto de rabia.

    —Tenía curiosidad— Gus bajo el brazo con el que había lanzado los cuchillos. Metió sus manos en la bolsa y mantuvo la mirada con Kian con un rostro sonriente con tonos de confianza —Mi padre me comento que eras un mago de tiempo. Aunque no te hizo ninguna prueba de aquella veracidad. Intuyó que era cierto porque nadie está lo suficientemente loco como para poner una magia como esa en su currículo. Veo que era cierto. De que otra forma aquel cuchillo pudo haber terminado en suelo. Eres interesante, muy interesante.

    —¿Qué hubiese pasado si hubiese mentido en la prueba?— Pregunto Kian con una voz severa.

    Gus soltó una risa leve —Estaría en problemas y tú con dos cuchillos clavados. Agradezco que no fuera así. Bueno, sigue vistiéndote. Te faltan las botas. Te prometo que ya no haré nada más, con lo visto estoy satisfecho— El chico saco su mano de los bolsillos y mando una señal de despedida sin ver a Kian a la cara. La puerta se cerró nuevamente con un fuerte estruendo al no cerrarse con cuidado. Kian trato de calmar su exaltación. No todos pueden ser buenos. Se dijo a si mismo después de desplomarse en el banco del vestidor.
     
    Última edición: 23 Marzo 2019 a las 6:12 PM
  9. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 8 - No todos pueden ser buenos
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    18017
    Capítulo 8 — No todos pueden ser buenos

    Media hora después de lo del vestidor, Kian y los demás subieron al helicóptero de Hericent. El único que tenía el cuartel. Después de todo era un cuartel pequeño.

    Kian estaba emocionado por subir al vehículo. Nunca había subido a uno, sería una gran historia para los chicos. A demás de que viajarían hasta las estaciones Koch, un lugar que Kian no había visitado nunca, localizado detrás de las montañas, lugar que nunca había visitado, como toda la mitad del Este de Dorinda.

    El viaje duraría bastantes horas. Iban a sobrevolar Hericent y tendrían que pasar las montañas que se miraban a la lejanía de ambos pueblos. Después llegarían hasta unos pueblos pequeños donde se trabaja comúnmente la minería. Finalmente llegarían hasta donde se encontraba “La estación de tren Koch del Oeste”. Lo verdaderamente increíble seria sobrevolar las enormes montañas que formaban “La Cordillera de Oscar Walls”, un conjunto de montañas que separa la mitad de continente, en los lados Este y Oeste. La estación del tren se encuentra donde las cordilleras empiezan a volverse cada vez más pequeñas en comparación a las que se encuentran por Songar. Esas son las montañas más grandes del mundo. Su nombre fue otorgado en honor al primer rey de Songar y su deseo de expansión que en aquellos momentos acompañaba a cada rey. Oscar Walls trato de construir un reino a lo largo de las montañas que dividían el continente. Sin embargo con el pasar de las décadas, sin contar la incesante guerra contra los demonios que presidio, cada vez fue más difícil continuar con la construcción. Aún quedan ruinas de aquellos intentos de la expansión del reino, pero se encuentran demasiado lejos de la estación del tren. Suele ser lugares de interés turístico por distintivos historiadores y viajeros.

    La vista fue hermosa. Cruzaron bosques eternamente verdes de pinos tan altos como edificios. Llegaron hasta las colinas donde el poder de los inicios del otoño golpeaba a las hojas de una forma más intensa, volviéndose una mezcla de colores anaranjados que embellecía la vista. Desde las alturas pudieron ver algunas personas subiendo las montañas. Entrando y saliendo de las minas de la misma. Algunos animales también pudieron ser visibles, como cabras que subían las empinadas cuestas u osos que salían de sus cuevas.

    Después de las montañas se encontraban unos pueblos mayormente conocidos por trabajar en las minas. Pueblos pequeños, pero amados por los mercaderes por el lucroso negocio de la joyería. Kian trato de recordar el nombre. No lo recordaba bien, pero le sobrevolaba los recuerdos las palabras de “BrigthHole”, el pueblo más grande de “Las Montañas Hole”, un pueblo pegado en lo alto de la montaña. Sobrevolaron alguno que otro pueblo pequeño, miles de hectáreas de planicies y bosques.

    Todos los observaban por las ventanas. Pero una chica delgada de piel morena se encontraba en medio del helicóptero para no ver hacia afuera del mismo vehículo. Su voz suave y dulce sonó de pronto, tras ver el reloj que se encontraba pegado a la lámina del helicóptero

    —¿Por qué nos envían tan lejos?— Se quejó Sofía al momento de cruzar los brazos —El lugar al que vamos se encuentra detrás de las Cordilleras de Oscar Walls, ese territorio debería ser de Songar o Frandall.

    Los demás chicos observaban por las ventanas del helicóptero. Nadie, exceptuando al General Marcus, le había puesto atención.

    El General revisaba unos reportes. Traía unas gafas pequeñas y leía con atención. Se froto la barba de su barbilla y contesto a la queja de Sofía con calma —El Gobierno Mundial está enterado de la existencia de pueblos fuera de los reinos. Para eso existen los cuarteles como los de Hericent. Ya que los grandes reinos normalmente no atienden trabajos por fuera de sus territorios.

    —Pero eso está mal, Marcus…— La chica cruzo las piernas y se cerró de brazos —Si los reinos se hicieran cargo de sus fronteras podríamos trabajar sin tanta presión. Ya ve como se vuelve loco el cuartel con la saturación de problemas en todos lados.

    —Lo comprendo, Sofía. Lo comprendo muy bien. Como encargado de un cuartel tan problemático como es el de Hericent, uno tiene a darse cuenta de esos detalles, más pronto que tarde. A lo largo de mis años en el puesto me he dado cuenta que esos pequeños pueblos que se encuentran en territorios separados de algún reino son los que más sufren por la falta de protección. Más de uno es el que llama al día desde una central de radio del Gobierno Mundial para informar haber sufrido algún asesinato, un saqueo, un asalto o porque violaron a alguna mujer de su villa. Lo peor es que al no poder estar atendiendo a todos estos pueblos terminan contratando servicios de protección privada o incluso generando tratos con mafias para que les generen protección contra los criminales…— El hombre se quitó los lentes y se froto las cienes —Sabes alguna vez he creído que nosotros trabajamos más que los soldados dentro de los reinos, pero quien sabe, son dos mundos completamente distintos.

    La chica mantuvo los brazos cruzados. Hizo una mueca con su labio, y bajo la mirada. Parecía estar pensando. No tardó mucho en hacer una pregunta — ¿Cuántos cuarteles como el de Hericent existen, Marcus?

    El General la miro detenidamente y soltó un suspiro —Vaya… ¿Perteneces al ejército, pero no sabes de nada sobre los cuarteles?

    La chica se sonrojo —Lo siento, General…

    El hombre empezó a reír delicadamente —No, basta, tu tranquila…— Se volvió a poner los lentes y agito el montón de papeles del reporte que estaba leyendo —Del área Oeste de Dorinda solo existen dos cuarteles entre territorios de reinos. Hericent y Most. Si no conoces a Most, es un pueblo que se encuentra entre Kadamia, Sanademik y la capital de Calani. Se encuentra justo en los valles que preceden a “Los bosques plateados”. Su zona de labor es toda el área suroeste del continente, su territorio termina hasta donde terminand las montañas “GreenPeak”. Nosotros, por otro lado, tenemos que proteger la zona noroeste, que empieza desde la mitad de Kadamia hasta donde empieza el territorio de Milloria, todo lo que se encuentre entre estos dos reinos es de nuestra protección; esto incluye todos los puertos de Rasew que ahora son una extensión de Calani, tras su conquista. Incluye los pueblos de LaneCloud, BrigthHole, GrayLagoon y Howe, además de todos los pequeños pueblos que pueden existir sin aparecer en el mapa. Sin mencionar que también nos pertenece parte del lado Este después de las Cordilleras de Oscar Walls. Somos el cuartel con más área de protección en todo mundo… Dejando de lado el área Oeste de Dorinda podemos pasar al pequeño cuartel de Burke, que protege toda el área entre los reinos de Frandall, Songar y Foraff, ufff, que trabajo, cuidar de las ruinas de Etheros y de unos pueblos que se encuentran detrás de la montaña Shika, cruzando “Los pantanos de Sutton”. La verdad no sé cómo es que llegaron al acuerdo con nuestro cuartel de no proteger la sección de las cordilleras… Pensándolo bien, quizás fue en una de las apuestas del viejo Clinton Bland… El Ex General de Hericent, para que me entiendas… Ese anciano tenía una muy mala reputación por su amor a las apuestas…

    — ¿Por qué no habla con el General de Burke?— Preguntó Sofía de manera seria —Quizás pueda llegar a un acuerdo y ellos trabajen la cordillera.

    —Cuando seas General de Hericent lo puedes intentar… Entenderás porque no le hago yo… Sabes que, te lo ahorrare, Sofía. El General de Burke no aceptara nunca un trato como ese, a nadie le gusta trabajar más. Creo que Clinton Bland es la única persona a la cual le pudo llegar a interesar trabajar más de la cuenta…

    —Bueno, en eso tiene razón. Yo no quisiera tener que trabajar más por la misma paga. Es un mal trato...

    —Para lo que hacen ni siquiera les deberían de pagar, niña— El hombre soltó una risa tenue por su propio comentario. Después levanto su pluma y señalo a los muchachos que veían por la ventana —Tan solo mira a aquellos chicos, parecen niños a los cuales nunca los han sacado a pasear. Han estado viendo por las ventanillas todo el camino… Deberían estar trabajando en sus reportes de la misión pasada…— Ahora señalo a la chica con la misma plumas —Los cuales debieron haber entregado hace dos días y no lo han hecho…

    La chica volvió a sonrojarse y empezó a reír de manera nerviosa —Lo siento. Lo hemos olvidado— Se tomó su cabello ondulado y empezó a jugar con las puntas para evitar los nervios y la pena —Sabe no es tan fácil estar trabajando en el cuartel y vivir solas— Se excusó.

    —Su talento las envió hasta aquí. No me hagan devolverlas a cada una para su rancho de no sé dónde— Contesto Marcus de manera dura. Levanto la mirada junto con su pecho, poniéndose en una posición completamente firme. La chica se puso más nerviosa al ver la mirada del gran hombre desde abajo. El general soltó un suspiro débil y volvió a introducirse en la lectura de sus documentos —Quiero que cuando volvamos me entreguen ese reporte. Tú y las otras dos chicas, Alex y Gus…— Nuevamente señalo con la pluma a los muchachos —Pásale el mensaje cuando dejen de estar embobados por la vista, por favor. Y no seas tan tímida con las alturas, echa un vistazo de vez en cuando…

    — ¡General!— Se quejó la chica con un tono apenado.

    El hombre empezó a reír de manera burlona.

    Tras unos segundos de silencio, Sofía volvió a hablar —Por cierto, General…

    —Dime…— Contesto el hombre con una voz despreocupada.

    La chica se levantó de su asiento. Le temblaban las piernas al echar un ligero vistazo hacia la ventanilla. Rápidamente se acercó a los asientos de enfrente, donde se encontraba el General. Se sentó a un lado de Marcus — ¿Al final si van a ascender a Gus y Rubi?— Susurro la chica.

    —Eso creo…— Contestó el hombre con desgana.

    — ¿Significa que ahora usted no nos dirigirá?

    El hombre soltó una risa —Por la diosa, Sofía. Estoy creyendo completamente que eres una novata… Debí haber elegido a alguien con más talento para ser enviada hasta acá— La chica hizo una mueca, su rostro se apagó. Fue un comentario duro —No, ciertamente Gus y Rubi obtendrán el rango de Sargento, pero eso solo demuestra que tiene un talento que tú, Alex, Sandra o incluso Kian que recién acaba de entrar, tienen, solo que lo han demostrado con mayor facilidad. Claro está que obtuvo ese cargo por participar en distintos escuadrones donde también demostraron altos talentos de liderazgo. También significa que con el pasar del tiempo empezaran a pulirse hasta tener tanto talento como para ser el teniente de algún capitán. Volviéndose el segundo al mando de un escuadrón. Tú no debes de preocuparte, llevas apenas dos semanas en el cuartel. Y tres semanas en el ejército en general. Gus y Rubi llevan ya un año y dos años respectivamente. Tienen más experiencia en este trabajo. Si entrenas lo suficiente puedes llegar a ser Cabo en unos meses, y luego Sargento como ellos lo van a ser. Claro está que ser un teniente o un capitán no es tarea fácil. Ya que ahora las vidas de tus soldados son tu responsabilidad. Ser un capitán es un cargo muy importante, al igual que los siguientes cargos como los son Mayor, Teniente Coronel, Coronel o General de algún tipo. Ahí ya no solo se demuestra tus habilidades, también das a relucir tu liderazgo y madures como persona responsable. Aunque creo que no deberías preocuparte por ello, faltan años para que tengas un rango como ese.

    La chica conecto mirada con él y le frunció el ceño —Eso lo veremos— Contesto de manera desafiante. Después se cruzó de brazos —Yo quiero resaltar demasiado para que el Servicio Secreto me reconozca y quiera introducirme a sus filas. Por eso me esforcé tanto en las pruebas físicas y de conocimiento. Quería lucirme. Es más fácil que se fije en ti desde un inicio si no entras por recomendación o algo parecido.

    La atención de Marcus de pronto brinco hacia la chica — ¿Servicio secreto?— Preguntó con un tono de sorpresa y curiosidad.

    —Sí— Contestó la chica con una sonrisa —Es mi más grande sueño, no, no, espere, tengo uno más, después de ser parte del Servicio Secreto me gustaría volver a formar un “Escuadrón Sombras Blancas”, uno nuevo, uno que traiga paz a mundo como lo hicieron en su tiempo los antiguo “Sombras Blancas”. Aunque bueno, eso ya creo que es demasiado, con entrar al Servicio Secreto me conformo, después de todo, una vez siendo del Servicio Secreto tu talento quedó más que demostrado ante el mundo. Hay rumores que dicen que únicamente puedes entrar al Servicio Secreto si tienes un talento comparable al de un Teniente General con experiencia.

    —Asi que un escuadrón sombras blancas… Hace mucho que no escuchaba de ellos, recuerdo que tuve uno que otro libro donde se narraban las historias de dicho escuadrón durante la cuarta guerra…

    La chica dio un salto. Su rostro se llenó de brillo y su sonrisa apareció más grande que nunca. Tenía un rostro de entusiasmo como nunca se había visto — ¡Yo también los tenia! ¡Eran mis favoritos! ¡Tengo toda una colección! El escuadrón sombras blancas eran fieros guerreros, que luchaban para acabar con la cuarta guerra. Era el escuadrón más joven y a la vez uno de los más talentosos que se tiene en conocimiento. Se dice que por su nombre ellos pertenecían al servicio secreto. Nunca se ha revelado nada, pero tampoco nunca se ha negado, asi que puede que sea cierto. En caso de que yo pudiese entrar al servicio secreto me encantaría poder crear un nuevo escuadrón. Creo que la gente podría vivir tranquila si saben que dichos héroes pueden llegar a ayudarles.

    El General reía nervioso ante el gran entusiasmo de la chica. Levanto la mano mostrando la palma para que se calmara un poco. La chica se disculpó.

    —Vaya, eres toda una fanática… Entrar en el servicio secreto, bueno, es un caso especial, como todos aquellos que entran en sus ramas. Hasta donde sé, te pondré un ejemplo, mi Teniente General, Claude. No sé si lo conozcas.

    —Claro que sí, nos ha acompañado a un par de misiones.

    —Oh, cierto. Muy bien, te pondré el ejemplo de Cloud. Si yo hubiese tenido dos competidores dignos para su puesto, Cloud y otra persona, si la otra persona hubiese sobresalido espectacularmente, pero no lo consideraba adecuado, por yo que se, su forma de trabajar y el servicio secreto se enteraba de ese talento oculto entonces ahí seria cuando lo contactarían. Lo llamarían para trabajar en el servicio secreto como una “Sombra”, el primer rango y único rango que conozco. Para serte sincero no me gusta el servicio secreto. El hecho de que sean la organización más poderosa del Gobierno Mundial por este mismo motivo me pone los pelos de punta. Se cree que esta organización fue la causante de muchos de los peores escenarios de la humanidad. Como el exterminio de los clanes durante la cuarta guerra o incluso yendo más a los puntos más fríos, la destrucción de lo que ahora conocemos como los Reino Perdidos. He escuchado las teorías, y la verdad es que me suenan bastante certeras. No lo sé, tan solo pensar en que clases de coas están metidos me causa un sentimiento de inquietud…

    —No debería pensar asi. Estoy segura que deben de ser tan honorables como lo somos nosotros. Los soldados del ejército del Gobierno Mundial…— La chica mantuvieron la mirada en su General, parecía apenada por los comentarios del mismo.

    —Lo sabremos una vez que te vuelvas una agente del servicio secreto, ¿Vale?

    La chica le sonrió de manera tierna —Por supuesto.

    Las bocinas del micrófono del piloto se prendieron de pronto. El hombre hablo de manera seria mientras daba el comunicado —Hemos llegado a la cordillera de Oscar Walls. Abajo podemos ver la estación de tren Koch del Oeste. Tenemos que subir la cordillera, esto puede ocasionar unas agitaciones por el incremento de la altura. Favor de volver a sus asientos.

    —Ya oyeron chicos…

    Todos el escuadrón se sentaron en los asientos del helicóptero. Se abrocharon los cinturones y esperaron la turbulencia.

    —¿Qué tal te ha parecido el viaje, Kian?— Pregunto Sandra amablemente.

    —Es increíble. Nunca había viajado en un helicóptero. Las vistas que puedes tener son espectaculares. Mira por la ventanilla, es asombroso como todo puede cambiar tanto con solo subir un poco la altura. Los bosques parecen que se vuelve simples palillos.

    La chica rio delicadamente ante la emoción de su nuevo compañero —Si, asi me sentía yo cuando viaje en helicóptero por primera vez. Quisiera un día poder viajar en avión, eso debe ser cien veces más increíble que un helicóptero.

    —Oh puedes volar con magia…— Dijo Gus con un rostro burlón. Rubi empezó a reír, Kian también rio silenciosamente.

    —No es lo mismo, Gus. Es lo mismo que con un helicóptero. No es para nada lo mismo que volar con magia. Para empezar, de esta forma tú no te cansas absolutamente nada.

    —Ahora mismo estoy muy cansado de mi trasero, para ser sincero— Nuevamente Rubi empezó a reír. Kian no quería reír, pero es que había algo en aquel chico. Era imposible no hacerlo. Alex soltó unas risas. Sandra le dio un codazo en el momento de la carcajada.

    —Sabes que me parecería realmente sorprendente…— Dijo Rubi al momento de levantar su dedo índice apuntando al techo —Poder detener el tiempo…— Esta vez no le pareció algo divertido a Kian.

    —Oye, nuestro nuevo amigo puede hacer eso. Dinos Kian, ¿Cómo es poder controlar el tiempo?

    —Por favor, Gus. Eso era mentira, los magos de tiempo están extintos…— Menciono Alex con un tono cansado.

    Gus levanto su dedo índice asi como lo hizo Rubi y lo movió de izquierda a derecha mientras chiqueaba con la lengua —No, yo lo comprobé. Al menos que este chico tenga una velocidad horriblemente veloz, debe de ser autentico.

    — ¿Cómo lo probaste?— Pregunto Sandra.

    Kian conecto la mirada con Gus. No había ningún chiste en el aire. De hecho Kian se le miraba demasiado molesto —Explícales, Gus y no mientas, por favor...

    El joven soltó una risa nerviosa. Levanto los brazos y levanto ambos brazos —Digamos que le lance unos cuchillos…— Movió las manos repentinamente hacia adelante, fingiendo lanzar unos cuchillos.

    Todos los chicos se quedaron boquiabiertos. Rubi rompió el silencio —Wow, eso, eso pudo ser peligroso.

    — ¡Lo mismo dije!

    — ¡Estas demente, Gus!— Gruño Sandra.

    Alex se dignó a soltar una risa nerviosa y se tapó los ojos negando con la cabeza.

    —Tenía que ver que no estuviera mintiendo— Dijo Gus con un rostro despreocupado. Una serpiente de agua se movió velozmente por el helicóptero. Salto de pronto hacia la boca de Gus, metiéndose en su garganta. Los chicos gritaron asustados. Gus empezó a apretarse la garganta.

    —Oh, discúlpame hijo, quería saber si enserio respirabas…— Dijo el General sin voltear a ver al joven. Por un momento todos los chicos se quedaron mudos. Únicamente se escuchaban las hélices del helicóptero y los quejidos de Gus. El ambiente en el helicóptero se volvió sumamente pesado. El general levanto la mano. La serpiente de agua salió de la garganta del joven y volvió a la mano del General, donde desapareció sin más.

    —No se pregunta lo que se puede ver con los propios ojos. Yo sabía que Kian no mentía porque tuve la oportunidad de verlo actuar delante de mí. Sabía que era posible que no hubiese puesto atención, pero el día en que este chico me salvo de aquel mercenario apareció de un lado a otro en un instante. No era algo normal, no era nada que yo hubiese visto hasta ese momento, y para ser sincero me parece más que suficiente…— Gus volteo con su padre entre jaleos —Ultima vez que quiero oír una de tus tonterías o me encargare de que no te vuelvas sargento e incluso te moveré de cuartel…— Nadie dijo nada después de eso.

    No todos pueden ser buenos, pensó Kian, con el susto en la boca.


    (...)

    El helicóptero descendió en medio del pequeño pueblo turístico de la estación de tren Koch del Este. Los pueblerinos, trabajadores, guardias y turistas observaron impresionados a la maquina en la que se movía el ejército. No todos los días se tiene la fortuna de poder ver como aterriza un helicóptero tan de cerca.

    El viento generado por las hélices voló más de un sombrero, movió más de un vestido y un traje. El ruido de la maquina era fuerte, más que el que podía generar el tren de la estación Koch.

    Los pilotos maniobraron con el vehículo para no chocar con ningún farol, casa o árbol del lugar. Cuando la gente observo que descendían hacia ellos empezaron a correr, cuando el lugar se quedó vacío, el helicóptero bajo en la plaza principal. Los turistas no se hicieron esperar, se acercaron rápidamente a observar la increíble máquina.

    Las puertas del helicóptero se abrieron en un deslizamiento y las personas pudieron ver el cuerpo de un hombre alto, moreno, fornido, cabello negro con un corte militar cuadrado, una barba negra en la sección de la barbilla y una sonrisa cálida. Su uniforme con un listón que tenía cocido el sello del Gobierno Mundial enfrente demostraba que el hombre era un General; por el escudo que decencia debajo del sello los turistas y de más entendieron que era el General de Hericent.

    Marcus bajo de su transporte saludando a las personas que le aclamaban. Se dirigió hacia enfrente y detrás de él bajaron sus queridos soldados, cargando unas mochilas grandes que parecían pesadas.

    Kian estaba sorprendido por la cantidad de personas que aclamaban a gritos al General Marcus sin siquiera haberlo conocido alguna vez, sin siquiera haber escuchado algo mínimo de él. Era como una estrella o un buen rey. La gente sabía que existía, y para ellos eso ocasionaba tranquilidad y mucho respeto. Pues ser un General del ejército no es cualquier cosa.

    De entre la multitud, a lo lejos, las personas empezaban a abrir camino a alguien. Desde ahí no podían saber quién era, pero para que la gente distrajera su atención debía de ser alguien muy importante. Poco a poco la multitud fue dando paso con más de un alago y una sonrisa a la mujer que caminaba hacia el helicóptero. En el momento en que se movió la última persona se pudo ver el rostro de cuatro hombres muy altos y fornidos con trajes caros, en medio de ellos se encontraba una mujer bajita de cabello negro entre canoso, delgada y de piel blanca con ojos almendrados. Una mujer que aparentaba haber pasado la media vida ya hace unos años, pero que se veía igual de despampanante como cuando su juventud rebozaba.

    —Es un placer conocer a la ahora encargada de los trenes Koch, Galilea Koch— Dijo Marcus con una reverencia al ver la imagen de la mujer.

    Galilea Koch sonrió alagada y hablo con una voz suave —Comparto el placer, General del cuartel de Hericent, Marcus Thomson— La mujer hecho un pequeño vistazo discreto hacia los jóvenes que se encontraban detrás del hombre. No parecían ser profesionales, esto le causo un poco de nervios. Sin embargo confió en el buen juicio del General.

    —Le hemos estado esperando. Acompáñenos junto con su equipo para poder hablar sobre los asuntos de su querida visita— La mujer mantuvo una sonrisa pequeña. Era una sonrisa perfeccionada para nunca verse mal.

    —Por supuesto— El General volteo hacia su escuadrón, movió la cabeza y los chicos asintieron.

    —Entonces síganos. El edificio principal no queda tan lejos de esta plaza— La mujer se dio la vuelta, casi al mismo instante los hombres de traje hicieron lo
    mismo.

    Todos los chicos empezaron a caminar tras del hombre, y el hombre a la vez seguía a la mujer rodeada de sus guardaespaldas. El pueblo siguió viéndoles hasta empezar a alejarse demasiado. Después voltearon magnificados al ver como el helicóptero se alzaba en vuelo de nuevo, para después perderse en la inmensidad de las montañas.

    Durante el recorrido hacia el edificio principal de la estación Koch del Este todos los chicos pudieron observar a muchas personas provenientes de cada rincón de ese continente. Admiraron pequeña villa, pues aquel pequeño pueblo hotelero había sido construido para poder ser un deleite a la vista, una manera de que los viajes siempre quisieran volver. El aspecto era demasiado rustico, la mayoría de las casas estaban completamente hechas de madera, pero esto le daba un aspecto característico inolvidable. A demás, el estilo le sentía demasiado bien, pues la villa estaba rodeada de una inmensa masa de bosques que se extendía a lo largo del paisaje.

    El ferrocarril llegó justo cuando el escuadrón pasaba por la parada. De la bestia de metal salieron multitudes de personas de todos los rincones de Dorinda del Este, provenientes de la cercana Songar hasta la lejana Iglakesh. Cada grupo de personas tenía una vestimenta diferente, algunos muy coloridos, otros únicamente llevaban unas telas, unas personas venían sumamente abrigadas y las restantes llevaban trajes.

    Los ferrocarriles Koch eran una máquina de hierro con la cabina de color negro y los cagones de color guinda, con decorados negros y beige. Un diseño elegante que embellecía su visita tras su llegada.

    El funcionamiento del tren se daba mediante una esfera de magia creada artificialmente, esta misma magia se encontraba también en los demás vehículos motorizados en existencia. Uno de las mejores invenciones por la humanidad hasta ese momento, ya que dicho material no contaminaba y era fácil de crear. El sistema era sumamente sencillo, un regulador que absorbía la energía de dicha esfera para mover los motores que servirían para mover todo la maquina por completo.

    El edificio de la estación del tren era toda una belleza, un edificio de cuatro pisos completamente construido de ladrillos. En la punta del último piso se encontraba un reloj enorme, donde se podía ver la hora desde cualquier lugar de la villa.

    Justo antes de la entrada se encontraba la estatua de un hombre pequeño, bigotón y sonriente que observaba un reloj con paciencia. El fundador de los sistemas de trenes de todo el mundo, Hansen Koch. Las montañas se levantaban al final de la estructura del edificio.

    Los túneles por los que entraban y salían los trenes eran obscuros, iluminado únicamente por unas pequeñas lámparas que daban el más mínimo de luz. No parecía tener fin alguno.

    Continuaron el camino para entrar al edificio principal. Las puertas estaban hechas de metal y cubiertas de vitral de colores sin ningún sentido más que el de decorar.

    Pasaron por las puertas y ahí pudieron ver una sala de espera enorme al bajar unas escaleras. En el medio se encontraban unos letreros con símbolos intercambiables, en ellos se daban las horas de las salidas de cada viaje. Los boletos para estos viajes se compraban en la parte baja donde se encontraba la sala de espera. El escuadrón no bajo por las escaleras, continuaron en la planta de arriba y dieron la vuelta a la sala de espera hasta entrar por unas puertas de madera donde se encontraban unas recepcionistas que discutían con unas personas mayores sobre un supuesto viaje cancelado. Los pasillos se alargaban a lo largo del edificio, con distintos pasillos que llevaban a distintas salas. Subieron por unas escaleras hasta llegar al tercer piso, de ahí se dirigieron a la oficina de Galilea. Los guardias se quedaron afuera de las puertas de madera.

    La oficina estaba tapizada por un manto de color guinda, había una ventana grande en forma de círculo, también decorada con un vitral de colores. Su escritorio era de color marrón obscuro con bordes dorados, que daban una apariencia elegante, casi tan elegantes como la alfombra que estaba en medio, la cual era de color negro con bordados dorados. En las paredes de los costados de la oficina se encontraba un cuadro grande de una familia, uno de cada lado.

    —Tome asiento General— La mujer siguió tomar asiento en su gran silla.

    Marcus se sentó enfrente de su escritorio, en uno de los cómodos sillones guinda. Una vez los dos se encontraban uno enfrente del otro, empezaron a hablar. Los chicos se quedaron atrás del sillón guinda en el que se encontraba Marcus —Me han informado de la desaparición de su hermano Celio Koch. Por lo que se me informo este suceso se dio en un tiempo entre la noche de ayer y la mañana de hoy— Comento el General de una manera serena. Hecho un rápido vistazo hacia la oficina y volvió a comentar de manera fugas —De hecho, hasta donde sé, esta es su oficina.

    —Tiene toda la razón, Gral. Thomson— Volteó la mirada hacia el cuadro de su derecha. Ahí se podía ver la foto de un hombre muy delgado y alto rodeado de una mujer morena junto con sus cuatro hijos, dos niñas y dos niños —Esta es la oficina del presidente de la estación Koch, mi querido hermano mayo Celio...— La mujer soltó un suspiro desanimado —Ahora que mi hermano ha desaparecido tengo que hacerme cargo de todas las estaciones. Tanto como las de Dorinda como las de Nil. Supongo que por el momento tendremos que dejar de lado los planes sobre la segunda presidencia del continente desértico. Es una fortuna que me encontrara haciendo unos arreglos en la estación Koch del Oeste, sino ahora mismo las estaciones estarían trabajando sin ningún líder.

    Marcus y sus alumnos observaban a la mujer, ella parecía comprender el motivo sobre el comentario por la oficina. Trataba de mantenerse calmada para no ser vista como una culpable de la desaparición. Fuera de ese movimiento de manos que tenía mientras hablaba, no había nada sospechoso. Marcus mantuvo su compostura en todo momento para no poner nerviosa a la mujer.

    —No tendrá que preocupar más por ello. Nosotros vamos a encontrar a su hermano, capturaremos a los culpables, al igual que trataremos de resolver lo sucedido con la desaparición de todos los turistas a lo largo de estas semanas. Si mal no recuerdo han desaparecido un total de doce personas contando a Celio. Se me informo que hubo desaparecidos durante unas rutas turísticas de la zona, también que por alguna razón algunos de sus clientes han estado saliendo tarde de sus hoteles para nunca ser registrados.

    —Asi es, General. Los guardias que trabajan por toda la villa de la estación Koch solo han deducido que puede que sean bandidos del pueblo cercano, Ainat. Se cree que puedan estar haciendo tratados con alguna mafia para hacer trata de personas, vender sus órganos o algún otro tipo de crimen. No se ha encontrado ningún tipo de cadáver a lo largo de todo el terreno. Al igual que no se sabe de apariciones recientes de alguna mafia moviéndose por los territorios cercanos a las estaciones Koch. Tratamos de manejar lo mejor posible la criminalidad, las drogas y prostitución en nuestras villas. También se cree que los bandidos se contactan con nuestros viajantes para después secuestrarlos. Algunos de mis policías han llegado a creer que quizás estas personas habían sido extorsionadas desde sus hogares, pidiendo que vinieran hasta aquí, para después ser raptados. Aunque claro, solo son suposiciones.

    —Mis muchachos se harán cargo de investigar todo lo posible sobre este tema. La investigación puede tardar unos días, incluso hay veces que tardamos semanas en terminar alguna misión, pero haremos lo posible por terminar rápido…— El hombre tamborileo en la tela del cómodo sillón, hizo una mueca pensativa y después habló —Sé que existen rutas para los turistas, ¿Cuáles son todas esas rutas? Puede ser un dato importante para empezar a investigar.

    La mujer asintió —Una de las rutas lleva a nuestros turistas a una exploración del templo abandonado de las colinas de la época de los primeros exploradores durante el reinado del segundo rey, Reginald Dean. El templo está en muy buenas condicionas a pesar del desgaste del tiempo. Se ha reconstruido un par de veces con tal de poder mantenerlo como lugar turístico. La última restauración se hizo como después de la inauguración de los trenes Koch. Mi padre de hecho dirigió la restauración, después de todo deseaba aprovechar el templo como una de sus principales fuentes de ingreso como lugar turístico. Otra de esas rutas los lleva a ver a unas cuevas a lo lejos de la estación, son unas cuevas viejas donde un artista anónimo logro inmortalizar en pinturas rupestres los sucesos durante las guerras contra los demonios del Rey Demonio Bagar, es mi ruta favorita... La tercera les lleva en un viaje para conocer un museo en Ainat; en este museo se muestran distintas obras de artes de todas las épocas, asi como también muestran distintos tipos de máquinas utilizados por nuestros ancestros. La última es la que los lleva más lejos que cualquier otra, una expedición para ver las ruinas de la expansión de Songar.

    — ¿Todas son igual de utilizadas?— Preguntó Marcus con curiosidad.

    —Las ruinas de la expansión de Songar no lo son tanto.

    —Muy bien— Dijo el hombre tras asentir unas cuantas veces —Me gustaría saber si es posible que nos permita un acceso a toda su base de datos. Es necesario que hagamos una investigación para encontrar similitudes entre cada desaparición. En caso de que todos estos casos estén conectados podríamos evitar más desapariciones en un futuro, al igual que podríamos dar con los criminales que están detrás de los mismos.

    —Si es algo necesario entonces les daré este pase…— La mujer deslizo un cajón que se encontraba en medio del escritorio, de él saco unos pases los cuales firmo —Con estos pases podrán pasar al área de cámaras y al área administrativa sin ningún problema. En cuanto al hospedaje no tendrán que preocuparse, ya he avisado de antemano. Tendrán una habitación de lujo en nuestro más caro hotel con servicio completo. El hotel se encuentra a cinco calles de este edificio, se llama “Piedra blanca”.

    — ¿Cuentan con un sistema de cámaras?— Preguntó Kian impresionado.

    La mujer no encontraba la razón de la sorpresa. Respondió amablemente —Claro que sí, todas las villas de las estaciones Koch son nuestros negocios. Digamos que si un empresario tiene un edificio trata de dar un respaldo de seguridad al mismo con un sistema de cámaras, en mi caso, al tratarse de un negocio tan grande, tuvimos que llegar a la elección de vigilar toda la villa por nuestra propia seguridad.

    —Todas las grandes empresas cuentan con sus propios sistemas de cámaras y algunos sistemas de computadoras. Los grandes empresarios tienen el dinero suficiente y la relación necesaria con el Gobierno Mundial para contar con ellos… No es tan extraño, Kian…— Comento el General con un aire tranquilo. A Kian le daba un poco de grima el pensar que tenían vigilados a todos durante todo el día. No le gustaría vivir en un lugar asi.

    —No había necesidad de tanta amabilidad, Galilea, pero muchas gracias por todo lo que nos estas ofreciendo. Le aseguro que no trataremos de aprovecharnos de sus tratos— Agradeció el General de manera amable.

    Galilea sonrió débilmente —No tiene que preocuparse Gral. Thomson. Lo que sea mientras encuentren a mi hermano.

    —Lo haremos, Galilea— El hombre se giró y chasqueo los dedos —Todos tomen los pases que firmo la señorita Galilea. Sandra y Rubi quiero que investigues las cámaras de toda la villa… Kian, Gus, quiero que me consigan toda la información que puedan sobre los desaparecidos. Utilicen los radios para contactar con cualquiera de los cuarteles, con suerte tendremos señal para comunicarnos con Hericent. Háganlo en privado para que nadie pueda escucharles, no sabemos dónde puede estar el enemigo... Vayan a la habitación del hotel, ahí no tendrán ninguna molestia. Tomen los nombres de los desaparecidos del área de seguridad de este edificio… Sofía y Alex, busquen todos los archivos de los viajes turísticos que se hicieron a lo largo de este mes, también tomen todos los archivos de los nombres a los que se vendieron boletos para viajar. Quizás exista una relación entre todas las desapariciones. Yo por el momento me quedare con Galilea, los veré en la habitación del hotel dentro de tres horas. Debe ser más que suficiente como para que consigan algo interesante.

    Los chicos atendieron a las órdenes del General. Todos tomaron sus pases y salieron de la oficina presidencial.
    Ahora mismo Kian se lamentaba por dentro al haber sido juntado con Gus. Aunque imagino que había sido así por algún tipo de plan del Gral. Marcus para que no se volviera a repetir algo como lo del vestidor.


    (...)​


    Ambos chicos cruzaban por los pasillos, sus otros compañeros ya se habían separado cuando Gus hablo.
    — ¿Ya se te quito el susto de hace unas horas, novato?— Pregunto de manera relajada mientras caminaba de una manera indecente para un soldado.
    — ¿Y a ti?
    Gus se detuvo y volteo con una mirada muy seria. Parecía que había algo de enfado en aquellos ojos. Kian había contestado involuntariamente, como si se tratara de uno de aquellos chicos que tuviese que cuidar mientras estaban en las celdas. No quería más problemas con aquel joven, mucho menos porque era el hijo del General de Hericent y eso, aunque se dijera que no, podía influir mucho en lo que podría venir en un futuro.
    Gus soltó unas risas nerviosas —Me has pillado, estoy temblando por dentro todavía. Aun siento aquella serpiente asquerosa en mi garganta— Volvió a reír mientras se rascaba su cabello negro.
    Kian sonrió ante lo inesperado de aquella respuesta tan amigable —Me encuentro bien, Gus. Al principio no puedo negar que fue muy extraño que me lanzaras aquellos cuchillos. Por suerte no paso a algo peor.
    —Tienes razón. Ahora mismo puede que me encontrara en prisión si te hubiese acertado uno de ellos. Créeme que cuando los lance también tenía miedo, pero entiéndeme viejo, era algo muy interesante. Tenía que verlo con mis propios ojos.
    Kian soltó una risa —Oye, no creo que hubiese habido algún problema, con ese andar que tienes parece que ya has estado en más de una prisión. No tendrías problemas en acostumbrarte a ese ambiente.
    Nuevamente Gus volteo con un rostro serio, y poco después empezó a reír. Una risa real, no como la de alguien que quiere caer bien con una persona que quiere conocer —Maldición, Kian, ¿me has estado vigilando? Porque si es asi puedo encarcelarte por acoso durante unos años. Esos risos que tienes de niño bueno le parecerían muy bonitos a los prisioneros.
    El nuevo soldado sintió un poco de amenaza provenir de esas palabras, pero también sintió que en realidad el chico simplemente quería comentar un tipo de broma — ¿Quieres que salude a tus novios?
    Gus empezó a reír por todo el pasillo. El chico se giró de nuevo hacia Kian y contesto —Espero que no te moleste que he estado saliendo con tus esposos— Esta vez el chico rio con su compañero.


    (...)​


    Gus y Kian ya tenían la lista de los nombres y ahora se dirigían hacia el hotel Piedra Blanca en medio de pláticas amigables. A pesar de lo que antes había sucedido entre los dos muchachos, Kian se dio cuenta que Gus no era una mala persona después de todo. En realidad hablaba mucho, pero tenía una manía a hacer bromas pesadas y comentarios fuertes. Por ejemplo: Cuando se perdieron antes de encontrar el hotel pidieron direcciones a un hombre gordo de una dulcería que se encontraba comiendo unos chocolates en forma de pelotas. El hombre les dijo de buena manera como llegar, pero Gus al momento de salir dijo:

    —Gracias. Me tapare los oídos, no quiero escuchar cuando reviente al terminar de tragar ese chocolate.

    Esto a Kian le había parecido divertido, incluso se rio silenciosamente, pero pensaba que había sido algo muy grosero por parte del joven.

    Este acto se repitió cuando llegaron al lujoso hotel que estaba hecha de cemento y piedras de color blanco, cosa que debieron imaginar por el nombre del mismo. Cuando llegaron a la puerta y el portero les abrió, Gus hizo un comentario sobre el gran trabajo que hacia el hombre debido a que el joven era incapaz de deducir como abrir una puerta. Y en el momento en que pasaron por el pasillo que llevaba a su habitación los chicos no vieron que había un letrero de “Piso mojado”, pasaron sobre el piso y dejaron unas huellas sobre el piso. El hombre que limpiaba se indignó por las pisadas, pero se molestó al momento en que Gus dijo que lo que pasaba no era que quisiera ensuciar su piso, sino que quería limpiar las botas que estaban algo sucias. Por suerte el hombre simplemente se fue refunfuñando, no sin antes dar una lavada rápida a las pisadas. Todos estos casos solo hicieron entender a Kian que Gus era una persona muy grosera. Aunque sin embargo había algo en el que te hacía reír.

    La habitación en la que se hospedaron era enorme, mucho más grande que la casa en la que Kian vivía junto con el sheriff y Martin. Una habitación tan grande solo podía ser pagada por alguien como un rey, un General o un gran empresario. Todo era de color blanco, el refrigerador estaba lleno de comida y la barra del bar que se encontraba al fondo tenia licores para hacer una gran fiesta digna de un carnaval en un gran reino.

    —Demonios, si trajera a unas prostitutas a este lugar ni siquiera tendría que pagarles por lo honradas que se sentirían…— Comento Gus de manera repentina.

    —Pagarías con tu salud, únicamente…— Añadió Kian en un murmuro.

    El hijo del General soltó unas risas por la respuesta de Kian. El recién iniciado acompaño a su colega en esas risas. Una vez terminada las risas Gus lanzo su mochila al sillón blanco de la sala de la habitación de hotel —Deja la mochila en el sillón. Saca los radios y comunícate con el cuartel. Yo tomare un poco de vino, ¿gustas?

    —Un poco.

    — ¿Una botella? Bien, tenemos a un alcohólico en el escuadrón. Todo escuadrón necesita uno.

    —Pe—Pero… pero, no, olvídalo…— El joven dejo la mochila como se le fue ordenado y saco los radios. Los prendió correctamente, a pesar de nunca haber utilizado ese modelo. El sheriff en su momento les había enseñado a usarlo, al igual que les había dado coordenadas para encontrar las transmisiones con los cuarteles de todo el mundo.

    —Eso fue rápido…— Murmuro Gus desde la barra del bar — ¿Seguro que no eres un espía o algo parecido?

    —Claro, soy un espía proveniente de Most que está dispuesto a descubrir todos los secretos de Hericent para poder atacarlos y destruirlos en un ataque masivo. Rayos, ahora te tendre que eliminar porque descubriste mi verdadera identidad…— Kian termino de introducir correctamente los dígitos de la transmisión. Gus reía desde el otro lado de la habitación donde se encontraba la barra libre.

    —¿De qué demonios hablas?— Preguntó mientras reía.

    —Mantente callado, voy a hablar con el cuartel— Su compañero le arremedo de manera infantil. Kian no podía creer la actitud de Gus. Una vez ya no hubo más ruido empezó a hablar —Soy el soldado Kian del escuadrón número tres, a cargo del General Marcus Thomson. Me gustaría contactar con el área de investigación.

    La voz del hombre del otro lado de la transmisión habló, se escuchaba cortado y con mucha estática. Ambos soldados creyeron que se debía a las montañas —Soldado, díganme el código de entrada al área de investigación del cuartel de Hericent.

    Kian volteó con Gus. El novato no conocía nada de códigos. El joven estaba sirviendo el vino como si fuera una cascada. Volteó rápidamente hacia su compañero e hizo una señal que daba a entender la forma de una tarjeta. Kian empezó a buscar rápidamente, dentro de la mochila se encontraba una nota pequeña con códigos apuntados —Código: Alpha—Cobre—Thomson—Octavo.

    Rápidamente el hombre del otro lado de la línea contesto —Enseguida lo comunico.

    Gus se acercó con dos copas y la botella de vino.

    —Toma, trata de no embriagarte en tu primer día, quieres…

    Kian soltó una risa ahogada, casi escupiendo todo el líquido en la cara de Gus —Creo que no deberíamos ni tomar mientras trabajamos, ¿no crees?

    Gus soltó una risa mientras levanta su copa —No creo que los del área de investigación se den cuenta…

    —Son el área de investigación, no dudes de sus habilidad para investigar… eh, eh, eh

    El chiste fue tan malo que Gus soltó una risa.


    (...)​


    La investigación se dio. Al momento de contactar con el área de investigación pidieron la información sobre cada uno de los desaparecidos. Tomaron notas sobre todos, haciendo listados de razones por las cuales podrían haber despedido. Todo proveniente de la base de datos de cada una de esas personas. Al final, después de una hora de estar tomando notas sobre cada persona desaparecidas, agradecieron por la información y cortaron la transmisión. Echaron un vistazo hacia la ventana y observaron que el cielo tenía un manto naranja.

    —El viaje fue largo…— Mascullo Kian.

    —Asi es siempre. Imagino que si quisiéramos hacer un viaje hasta Iglakesh posiblemente haríamos alrededor de un día y medio. Pero, ¡Ey! ¿Qué es mejor? ¿Volar todo ese camino o caminarlo? Creo que la respuesta es clara.

    Kian soltó una risa silenciosa y después soltó un suspiro — ¿Alguna vez has visitado esos reinos?

    —Solo durante vacaciones con mis padres. En una misión jamás. Creo que no ha pasado nada tan grande como para ser llamados de emergencia. Iglakesh suele ser muy tranquilo, aunque últimamente se ha estado liando con Foraff.

    — ¿Asi que si sabes de noticias?— Comento Kian asombrado.

    —Uno se tiene que mantenerse informado. Ojala los hombres pantano no decidan empezar una guerra contra Iglakesh, pienso que sería muy estúpido, primero deberían solucionar sus problemas internos antes de empezar a solucionar los externos.

    Kian sonrió al oír a su compañero —Tienes toda la razón, ¿Tu empezarías una guerra por un motivo como el suyo?

    —Creo que no hay palabras que hagan comprender al rey de Foraff de entender que no fue culpa de Iglakesh. Sabes, esto me recuerda tanto a lo que paso con Vinaria y Arbal hace unos años atrás, cuando se encontraron los cuerpos de las princesas desaparecidas de Vinaria en los bosques del reino de Arbal. Uno en ese momento no comprende las palabras de los demás, solo quiere venganza. Una vez escuché hablar a mi padre sobre ese caso, decía que las princesas mantenían una relación con unos jóvenes que estaban en malos pasos, de ahí puedes deducir que quizás alguna mafia o algunos enemigos ocultos decidieron atacar a aquellas jovencitas como una alerta para las parejas. Si lo escuchas suena lógico, pero ponte a pensar un poco, si te dicen que aquellos jovencitos pertenecían a Arbal y además los cuerpos se encontraban en dicho reino, creo que es lógico que te decidas a creer que fue una táctica del mismo reino para debilitar tu descendencia. Creo que ahí uno puede comprender a los líderes de estos reinos. Después de todo, un padre no aceptara que manches el nombre de tus hijos diciendo que era esto o lo otro, o que hizo esto por una u otra razón, el amor de un padre hacia sus hijos es ciego, Kian.

    El joven asentía en silencio mientras miraba atentamente a Gus. Para Kian era agradable poder escuchar a alguien de su edad hablar sobre las mismas cosas que le interesaban. La mayoría de las veces hablaba de estos temas con personas mayores, el sheriff, Martin o el detective Fabricio.

    Hubo algo en esa forma de hablar, esa forma de comentar el amor hacia un padre le hizo preguntarse sobre la relación que podía tener Gus con el General — ¿Tu padre ya te había atacado asi como en el helicóptero?

    —Oh amigo, que pregunta… Mi padre puede parecer una buena persona, pero es demasiado estricto en cuanto a cómo le gusta que se realicen las cosas. Siempre quiere lo mejor de lo mejor, por eso no cualquiera entra en este escuadrón. Si debo de contestar tu pregunta, bueno, cuando entrenaba de joven con él sufrí peores cosas que esa. No te preocupes.

    —Lamento escucharlo. Aunque tú tranquilo, yo también he tenido un tutor bastante pesado para los entrenamientos. Últimamente me puedo medir con él, haciéndole que vaya un poco en serio. Sabes, se siente muy bien cuando empiezas a comprender que estas avanzando. Estar aquí, es una muestra de todo lo que he logrado.

    —Y todo se lo debemos a nuestros maestros, a nuestros amigos y padres.

    —Yo también creo eso.

    Gus tomo un sorbo a su copa. Sonrió con gusto y volteo con Kian — ¿Cómo son tus padres, Kian?

    —No lo sé— Contesto rápidamente el soldado.

    — ¿No tienes?— Preguntó Gus con recelo.

    Kian hizo una mueca y empezó a acicalarse el cabello con nervios —Este… Umm, bueno supongo que tuve alguna vez… Cuando Abraham Arcnaik me encontró me…

    — ¡¿El General Mundial Abraham Arcnaik?!— Grito de pronto su compañero. Haciendo saltar a Kian de un susto.

    El soldado soltó unas risas nerviosas —Si…

    — ¡¿Conociste a Abraham Arcnaik?!

    Nuevamente el joven soltó esas risas nerviosas —Si…

    — ¡Oh, demonios!… no lo sabía… ¿Cómo era él? No espera, ¿Te encontró, dijiste…?

    —Sí— Contesto de nuevo con una ligera sorpresa al ver el rostro tan animado de Gus —Yo no recuerdo nada del día en que me encontró. Hasta la fecha no he podido recordar absolutamente nada. Solo recuerdo la nieve de aquel día. Recuerdo ver una sombra caminar entre los arboles blancos y después recuerdo a esa sombra darme la mano. Era Abraham. Después de eso, recuerdo que me dijo que me llevaría con él, que no podía dejarme ahí y ya. A los días siguientes, cuando la nieve dejo de caer, zarpamos hasta la Capital de Calani, y de ahí llegamos a LaneCloud. Me llevo a la mansión Arcnaik… recuerdo la calidez de aquel día. Vuelve a mi ese aroma tan dulce que tenía aquel pastel con el que la señora Greenburn me acepto en su casa… — Kian volteo con Gus, el joven tenía la boca abierta y los ojos casi se le salían de sus orbitas.

    — ¿Vi—Vi—Viviste con Abraham Arcnaik? No lo puedo creer.

    —De hecho, yo trabajaba con él cuándo era Sheriff, al igual que entrenaba con él cuándo teníamos tiempo libre. El viejo me enseño a pelear. Claarn ya se encargaría de pulir todo lo aprendido con Abraham.

    — ¡¿Me estas tomando el pelo, verdad?! ¡¿Entrenaste con Abraham Arcnaik?!

    —Por la diosa Gus, ¿qué te pasa?

    —Yo… Es que yo… Yo soy fan de Abraham Arcnaik. Sé de memoria todas sus historias, he escuchado y leído miles de sus aventuras y buenas acciones. Recuerdo las guerras y batallas en las que peleo. Mi madre siempre me leía las novelas sobre él, era como un héroe de cuento. Su valentía, su humildad, su honor, su fuerza no tenían comparación. Él no solo termino la cuarta guerra durante la batalla naval en “Las islas de Baja Sabbatelli”, ¡No!, él también dirigió las misiones para el exterminio y captura de los últimos seguidores de Los Brujos. Si mal no recuerdo también termino la sangrienta guerra entre Fastia e Ilu, entre muchas otras cosas importantes. Lo conozco muy bien, tiene demasiadas historias para ser contadas. Yo quiero ser como él, quiero ser tan grande como él.

    Kian escuchó atentamente el objetivo de su compañero. Asintió, mientras que sentía que algo chocaba nuevamente entre él y Gus. Ambos no podían llegar a ser igual que Abraham. Solo había uno, una única persona que podía ser como el legendario guerrero Arcnaik, ¿Y quién más podía ser tan grande como Abraham Arcnaik? Nadie más, ni nadie menos que su mismísimo alumno, al que recogió, entreno, alimento y cuido.

    Kian soltó una risa burlona y contestó —Yo seré el siguiente Abraham Arcnaik…

    Gus soltó una risa fuerte — ¡Oh amigo, no lo creo! ¡Te hace falta un poco de talento para ello! ¡Yo seré la siguiente leyenda! ¡Es más, lo superare!

    —Bueno, bueno, bueno, que tal si nos tranquilizamos, al cabo existen cinco Generales Mundiales. Dos leyendas en una misma época, no suena mal .

    —No… no suena mal…— Contesto Gus de forma amable, pero sus ojos demostraban todo lo contrario. En el fondo Gus también comprendía que en la historia existe solo un nombre que siempre es mencionado y él quería serlo.

    Alguien tocó a la puerta.

    Kian se levantó del cómodo sillón para abrir —Pero hasta entre los mismos Generales Mundiales se superan… No puede haber dos grandes…— Murmuro Gus, entre dientes.

    — ¿Qué dijiste?

    —Nada, abre, abre…— Kian entre cerro los ojos. Hizo una mueca y abrió la puerta. Sus demás compañeros habían llegado.

    La tarde se había terminado. La obscuridad intentaba llenar el cielo y las estrellas trataban de impedirlo reluciendo brillantemente.

    Todos los chicos empezaron a elogiar la elegante recamara tras entrar a la misma.

    Rubí se sentó junto con Gus. Al joven de pronto le nació una sonrisa diferente a cualquiera que había aparecido en todo el día.

    — ¿Cómo estuvo tu día?— Preguntó el joven a la chica.

    Rubí contesto de manera amable y con un sonrisa parecida a la de Gus —Revisamos las cámaras de toda la villa. Pudimos ver las figuras de cinco hombre rondando por los alrededores de la villa. Sin embargo, estaban cubiertos, no pudimos ver sus rostros. En las cámaras se ve claramente el momento en que se acercan a las oficinas principales, al igual que también tuvimos varios videos sobre el señor Koch saliendo de su casa a mediados de la noche. Aunque no hay videos del momento de la desaparición, simplemente llega al edificio principal y de pronto en ningún video se encuentra. Las figuras misteriosas salieron del edificio, pero no parecían llevar al señor Koch con ellos. Algunas de las cámaras del edificio principal fueron hackiadas, asi que no se ve nada. Sabes que es lo curioso, todos los días en la noche existe una neblina que inunda todo esta estación.

    —Eso puede beneficiar mucho a nuestros enemigos— Dijo el Gral. Thomson al momento de entrar por la puerta. Todos los chicos dejaron de hacer lo que estaban haciendo para saludar en una posición de firmes. El hombre levanto su mano y todos se descongelaron.

    —Alex, ya que te encuentras revisando los licores, sírveme un Whisky en las rocas, por favor— El hombre se quitó su saco y se tiró en el sillón blanco. Levanto la mirada hacia el techo, su rostro estaba pensativo.

    — ¿Sucede algo General?— Pregunto Sofía desde las cocina.

    —No, simplemente estoy pensando. Habrá que ir a revisar las rutas turísticas con la que cuenta esta villa. Ir a revisar cada uno de los lugares donde desaparecieron los turistas. Sobre el Sr. Koch, no tienen que romperse la cabeza, alguien utilizo la neblina de la noche ocasionada por la altura de las montañas para poder llevárselo. Quizás el señor Koch se reunió con estos hombres, tras alguna amenaza decidió cooperar con ellos. Koch no aparece en las grabaciones porque quizás salió por alguna puerta trasera, aprovecho la neblina para acompañar a los enemigos— El hombre bajo la cabeza y la giro en dirección a la barra de los licores —Alex, ¿que encontraron en los informes de los viajes turísticos? ¿Algo que tengamos que seguir?

    Alex se encontraba sirviendo el whisky del General cuando recibió la pregunta. El joven dio un pequeño salto por la sorpresa y derramo un poco del licor. Soltó un quejido seguido de un suspiro y habló —En la mayoría de los casos las desapariciones se dieron durante el viaje turístico a la cueva con pinturas rupestres. Después se encuentran los viejos templos y por ultimo las ruinas de la expansión de Songar, ahí solo ha desaparecido una persona. Nadie ha desaparecido durante viajes al museo de Ainat.

    —Puede que las sospechas sobre Ainat sean ciertas. Las cuevas quedan cercas de dicho pueblo— Comentó Sandra en voz baja, como siempre.

    —Un escuadrón de Hericent no puede llegar de pronto a revisar Ainat. Eso ocasionaría un terror muy grande, al igual que una gran molestia para los mismos pueblerinos, en caso de que no tuviesen nada que ver uno con los otros.

    —Pero usted es el encargado del área— Comento Alex desde la barra.

    —Y como encargado de esta área tengo que saber qué hacer en el momento adecuado. No es simplemente sospechar e ir sobre ellos. Necesito base solidas… Kian, Gus, ¿descubrieron algo?

    —En realidad no mucho. Fuera de que tres personas de las que han desaparecido tenían ciertos negocios, no eran muy adinerados, pero tenían sus lujos. Luego está el señor Celio Koch, que es un importante empresario a nivel mundial. Por último se encuentran las otras personas que en su mayoría eran simples viajeros.

    — ¿Entonces no existe un patrón por el cual hayan querido raptar a esas personas?

    — ¿Ladrones de órganos? ¿Trata de personas? ¿Quizás usarlos como extorsión?— Dio opciones Sandra. El General estaba sentado a un lado de ella. Asi que aunque lo dijo entre murmureos pudo llegar a escucharla.

    —Puede ser…— Contestó Marcus —¿Pero porque ir tras una presa tan importante como era el señor Koch? Si querías seguir obteniendo personas para tu negocio en el mercado negro deberías mantenerte capturando personas de bajo estatus para que nadie lo notase…

    — ¿Qué piensa de la señora Galilea Koch?— Preguntó, Sofía. Ella se sentó junto con Kian enfrente del General Thomson.

    —No parece ser culpable, pero seguirá en nuestra lista de sospechosos. La llevaremos con nosotros durante las investigaciones de mañana. Rubi, Kian, ustedes irán al templo. Alex, Gus, Sofía, ustedes irán a las cuevas. Sandra, tu vendrás conmigo y la señora Koch. Tenemos que investigar cada una de estas desapariciones.

    Kian levanto la mano. El General volteo a verlo con curiosidad sobre lo que quería decir —Gus y yo investigamos un poco más sobre la familia Koch. El área de investigación de Hericent no dijo que la familia Koch está constituida por tres hermanos actualmente: Galilea, Celio y un tal Lorenzo. Investigamos sobre los tres, al parecer ni Celio Koch no tenía ningún historial donde se le pueda asimilar con algún grupo criminal, Galilea tampoco, algo sorprendente, pues es la encargada de las estaciones Koch de Nil, todos sabemos que en los desiertos de Nil abunda la criminalidad. Sin embargo, cuando investigamos sobre Lorenzo Koch descubrimos que tiene un historial de drogas muy fuerte. En su momento este tercer hijo formo parte del grupo empresarial de las estaciones Koch, pero tras volverse adicto a más de una droga; como las hierbas ilusorias o las drogas artificiales. Se concluyó con despojarlo de su puesto. Actualmente no se sabe su paradero, pero creo que si este hombre que en su momento tuvo dinero pudo llegar a contactar con personas peligrosas que entre pláticas quizás terminaron por decirle que podrían devolverle la empresa con tal de hacerle favores. Quizás mover mercancías ilegales por todo los continentes…

    El General se frotaba la barba de su barbilla mientras escuchaba los datos sobre los que Kian le hablaba. Al finalizar golpeo su pierna con una palmada y dejo la mano reposar sobre su rodilla —Tratare de hablar sobre ello con Galilea mientras estemos en el recorrido. Quizás sepa sobre la localización de su hermano. Cuando todos estén investigando su respectivo recorrido quiero que interroguen sutilmente a los encargados de dar los tures, no quiero sonar paranoico, pero tenemos que encontrar toda la información posible— Alex se acercó con el General después de que terminara su orden. Le entrego la bebida amablemente y el hombre alago el buen trabajo del soldado.

    —Este Whisky me ha dado hambre, preparare un poco de carne, ¿gustan?— Preguntó el General Marcus con unas sonrisa.

    Los soldados se pusieron muy nerviosos después de esa proposición. Alex empezó a hablar nervioso —No, General, no se moleste nosotros cocinamos.

    —Sí, General. Yo se preparar platillos muy buenos. Tranquilo ahora mismo lo preparamos— Comento Sofía.

    —Yo puedo ayudar a hacer una guarnición. Sinceramente me sale muy bien las pastas— Comento esta vez Sandra.

    El General sonreía de manera nerviosa. Levanto los brazos y les pidió que se calmaran —Bueno, ¿les parece que cocinemos todos juntos?— Los chicos asintieron y todos juntos caminaron hacia la cocina.

    Más tarde todos juntos comieron. La comida les quedo deliciosa.


    (...)​


    En la noche Kian se levantó de la cama en la que estaba durmiendo junto con Gus. La cama era enorme, pero del lado en que debía estar su compañero no se encontraba nadie. Kian se levantó de la cama y fue al baño. Después pasó por la cocina y pudo ver la puerta de enfrente abierta. Camino hasta ahí. Escuchó unos murmullos. Justo después pudo ver a Rubi y Gus juntos frente a los vidrios que daban una vista espectacular a gran parte de la villa.

    —Es una linda noche— Dijo el chico.

    —Lo es. Crei que la neblina haría que la villa no se viera bien. Sin embargo se ve hermosa.

    —Casi… casi te ves tan bien como la villa.

    La chica le dio un codazo al joven mientras soltaba una risa nerviosa —Eres un maldito. No puedes dar un buen alago, ¿verdad?

    Gus empezó a reír —Si escucharas entre líneas te darías cuenta que te dije que te ves bien.

    —Lo tomare con un buen alago… por ahora…

    Kian observo la escena y no quiso molestar. Dio unos pasos hacia atrás, pero Rubi se percató de que ahí estaba el. El joven novato se puso muy rojo.

    La chica empezó a reír nerviosa —Kian, ven, no te preocupes.

    El joven no sabía si era broma o no. Tras una segunda petición de la chica, Kian se animó a ir. Llego hasta los dos muchachos.

    —¡Ahora veo que si eres un espía!— Comentó Gus con una risa. Kian se ruborizo y empezó a reír con él, pero de manera más nerviosa. Rubi también les acompaño.

    —Fue bueno que nos encontrara solo viendo el paisaje…

    —Cierto, no me hubiese gustado que le invitaras a acompañarnos si estábamos haciendo algo un poco más profundo…

    Kian empezó a ponerse más nervioso —Si… Bueno… Yo no quería molestar… Parecía un momento romántico…

    —Tranquilo compañero— Dijo Gus con tranquilidad —Observa esta vista, ¿No es espectacular…?

    Kian volteo hacia la ventana. El pueblo estaba envuelto en una neblina profunda. La luz de las farolas daba cierta tonalidad naranja a toda la neblina. Las estrellas en cielo brillaban muy fuertemente. Estaban apenas en las orillas de las montañas, pero sentía que ya estaban mucho más cerca de las estrellas que lo que alguna vez había estado. Los bosques a la lejanía se movían tras los soplidos del viento. El silencio total hacia parecer a toda esa vista como si fuera una obra de arte.

    —Wow— Murmuró Kian.

    —Esa es la perfecta expresión— Comentó Rubi —No siempre podrás ver paisajes como este…— La chica dio un paso hacia Gus —Me alegra que puedo verlo contigo…— Gus se puso muy nervioso.

    Kian se sintió incómodo. Llevo su mano hasta su cabello alborotado y habló —Saben, creo que ya me iré a dormir. Fue bonito ver este paisaje, chicos. No me hubiese gustado perdérmelo…

    —¿Enserio ya te iras?— Preguntó Rubi.

    —Sí, no quiero molestar más. Estoy haciendo un mal tercio…

    Gus empezó a reír —¿Mal tercio? Tranquilo amigo, no somos nada Rubi y yo.

    —¿Qué?— Preguntó atónito el novato.

    —Es enserio— Afirmo Rubi, pero Kian sentía que era mentira.

    —Bueno, no importa eso, la verdad tengo un poco de sueño…— El joven se dio la vuelta y caminó hacia la puerta. Cuando estaba cerrando la puerta escucho la voz de Gus.

    —Qué bueno que ya se fue, ahora podremos divertirnos…

    La chica empezó a reír nerviosa —Oye, creerá que de verdad haremos algo, contrólate… Aunque…— Kian cerró la puerta, no quería escuchar nada más.

    — ¿No son pareja…? Es raro, enserio lo parecen…

    Al día siguiente, durante la mañana, el escuadrón se separó en sus tres grupos y partieron a sus respectivos recorridos. Kian y Rubi no hablaron durante todo el camino hasta el templo.

    El templo se encontraba subiendo las grandes montañas. Estaba hecho de piedra labrada y tablas de madera pintada de rojo. Su estructura se expandía de manera increíble, envolviendo un gran terreno con sus muros de piedra que se levantaba cuatro metros a lo alto. Dentro del mismo templo se encontraban unas pequeñas zonas verdes donde se encontraban jardines preciosos y grandes árboles que continuaban creciendo a pesar del tiempo. En el fondo de aquel templo se encontraba una gran habitación, antes de entrar podías oler el incienso y al momento de recorrer las cortinas rojas podías apreciar una enorme estatua de la diosa en toda su magnitud. Kian nunca había visto una interpretación más hermosa de la gran madre, quedo congelado ante la estatua. Apreciando hasta el último de sus detalles.

    Algunos de los turistas se acercaban lentamente hasta la figura de Evelia y entregaban una ofrenda para que les trajera paz, amor, riquezas o felicidad. Después le rezaban hasta quedar satisfechos.

    En el momento en que Kian se encontraba detrás de toda esa multitud que empezaba a agradecer, orar, pedir perdón o pedir un favor a la inmortal figura de la madre Evelia, Kian; Quien nunca fue muy religioso, juntó sus manos y empezó a agradecer la oportunidad de estar en el ejército y de estar un paso delante de poder conseguir ser como la figura inmortal de Abraham Arcnaik, casi tan inmortal e importante como la de Evelia.

    —Hasta donde parece, el guía parece ser inocente. Siguió el protocolo de pérdidas. Llamo a seguridad y continuo el recorrido haciendo como que nada paso.

    Afirma no haberse enterado de en qué momento los visitantes se separaron del grupo principal… ¿Qué haces?— Preguntó Rubí de pronto al ver a Kian rezando.

    —Solamente quería agradecer— El chico levanto la mirada hacia el hermoso rostro de la mujer que miraba hacia sus hijos con un rostro tierno y solemne —Por si acaso existe alguien que todavía nos escuche.

    —Hace más de dos mil años que no ha vuelto… Dudo que alguien nos esté escuchando. Es raro, porque a pesar de que ha pasado tanto tiempo podemos ver a todas estas personas creyendo en ella todavía…— La chica se tomó la cadera y observó a toda la multitud que murmura sus comentarios en silencio.

    —La gente ocupa creer en algo. Se habla de un descanso, de un lugar de paz, de un perpetuo bien estar. Si alguien te promete una oportunidad así, creo que más de uno agradecería dicha oportunidad, además de todo lo que nos otorga en esta vida— Kian observo a la urbe. Había gente que incluso lloraba, ya sea de tristeza o alegría, mientras oraba a la enorme estatua.

    Rubi se cerró de brazos —¿No crees que es increíble?

    — ¿Qué cosa?

    —No puedo creer que después de todo lo que ha pasado en la historia de la humanidad, la gente siga agradeciendo lo que le pase en esta triste vida. Mis padres murieron, eran traficantes… Fue difícil vivir sola. Me tuve que liar en muchas situaciones de las cuales no estoy agradecida. He tenido una vida horrible, como más de una de estas personas, pero sin embargo, siguen agradeciendo seguir vivos… Kian miro a Rubi. La chica tenia marcada el entrecejo mientras apretaba los labios. El joven comprendía de lo que hablaba. Como ella lo decía, pocas veces la humanidad había podido vivir en una tranquilidad que se diera a agradecer, no siempre existían trabajos, ni tampoco comida para que todo el mundo estuviese satisfecho. Sin embargo, a pesar de sufrir, algunas personas piden perdón o agradecen el hecho de seguir aquí, en su vida, agradecen poder seguir peleando un día más en esta difícil guerra que es la vida.

    —Quizás…— Murmuro Kian. Rubi giro la cabeza para verle —Quizás solo es miedo, de que dicha promesa de un descanso no sea cierta. Quizás la gente tiene miedo de que si no agradecen el hecho de estar vivos, quizás no tengan la oportunidad de seguir viviendo en aquel descanso prometido. Prometido por alguien, pues no sabemos si fue nuestra madre Evelia o algún creyente ferviente el que creo esa leyenda. De hecho, nadie puede confirmar la existencia de una diosa, pero míranos, aquí seguimos hablándole a su imagen— Ambos muchachos vieron la estatua y admiraron cada detalle de ella —Aunque también quizás vemos en la gran madre una imagen de nosotros mismos. Quizás cuando estamos agradeciendo un nuevo día, agradeciendo un nuevo evento en tu vida, cuando pides perdón por algo que hiciste o cuando prometes un cambio al sentido que está tomando tu vida, en realidad puede que nos estemos hablando a nosotros mismos. Después de todo, quien siempre nos escucha no es otro que tú mismo— Kian conecto la mirada con Rubi. La chica asintió con una ligera sonrisa en el rostro.

    —Es una buena forma de verlo— La chica volvió a apreciar a todas esas personas que estaban hincadas y paradas, meciéndose o en quietud hablando al aire. En ese momento ella también junto sus manos y murmuró —La misión saldrá bien…

    — ¿Crei que no te gustaba la religión?

    —No, no le estoy hablando a la diosa. Me lo estoy pidiendo a mí misma… —El chico le sonrió.


    (...)​


    El recorrido continúo después de la enorme estatua. El guía les llevo a recorrer los pasillos del templo. Sus paredes parecían viejas, lúgubres, descoloradas por el pasar del tiempo. De hecho el templo era tan viejo que no existía ni siquiera el uso de ventanas, y no había ninguna sola luz artificial en todo el lugar. La multitud continuando caminado. El guía delante, los dos soldados atrás. Los turistas veían esta formación un poco extraño, aunque muchos otros solo lo veían como una forma de mantener la seguridad por todo el recorrido.

    La luz del día entraba desde las ventanas. Kian y Rubi cambian observando el paisaje que estas ventanas sin vidrio les permitía ver.

    — ¿Ayer te pusiste nervioso cuando nos viste, Kian?

    —Oh, no… No, solamente ustedes dos se veían muy bien solos. La verdad es que no quería molestarlos, yo odiaría no poder estar cómodo con mi pareja… O bueno, lo que sea que sean ustedes dos…

    —No somos nada…

    — ¿Y por qué no? Parecen ser muy unidos, él se ríe de tus chistes, tú te ríes de los suyos, él te ve con cariño y tú también haces lo mismo. Yo creo que podría funcionar.

    — ¿Tú crees eso? Nunca había notado que él me mirase de esa forma…

    —Creo que es más fácil que alguien lo vea, a que tú misma lo hagas, ¿Nunca te ha pasado que te dicen que te vez fatal, cuando ni tú mismo te has dado cuenta que en realidad estas mal?

    —El siempre nota como me siento…— La chica bajo la mirada. En su rostro se postraba una sonrisa.

    —Yo creo que eso es amor…

    — ¿Qué es el amor?

    El chico se quedó callado, en realidad era una pregunta difícil.

    —Yo lo contesto por ti— Comentó la chica después de esperar una respuesta que nunca llego —El amor lo veo como el hecho de sentirte como nunca te has sentido con alguien más. Cuando de pronto piensas en esa persona, piensas en que estará haciendo, piensas en lo que le puede gustar, en lo que pueden hablar. Cuando ideas imágenes en tu cabeza para poder darle una sorpresa o solo para pensar en cómo pasar una tarde juntos. El hecho de esperar su bien. De aceptarlo como sea que es, de querer conocer su pasado y después de conocerlo apreciarlo más. Yo me he enamorado, es por eso que creo que lo de Gus y yo, no es más que una atracción… Algo físico, no un amor verdadero… Hay alguien que me está esperando en algún lugar. Yo espero el momento de estar con esa persona también… Quizás algún día se cumpla ese deseo de volvernos a ver, sí, creo que puede que sea pronto… ¿Alguna vez te has enamorado, Kian?

    El chico se ruborizo de pronto —Bueno, ammm, yo he tenido varias citas y he tenido mis encuentros con alguna que otra chica. Sin embargo el hecho de ser el sheriff me hace estar muy ocupado. No puedo trabajar y atender una relación, sabes… Además…— La chica empezó a reír de manera silenciosa. El chico calló súbitamente.

    —Era tan fácil como decir que no…— La chica continuaba riendo. Mientras que con su mano se tapaba su sonrisa —Quizás ahora mismo no comprendes lo que te acabo de contar, pero algún día te enamoraras. Cuando lo hagas sabrás lo difícil que es el amor, pero también sabrás el porque la gente hace todo por el mismo y por encontrarlo— La luz golpeaba en su rostro, haciendo brillar su cabello rubio, dejando ver una piel blanca de cachetes rosas. Al igual que una sonrisa de labios rojos y dientes blancos que se lineaban en un hermosa figura.

    Kian le sonrió. Esperaba algún día poder contestar la pregunta de que es el amor.

    —Me agradas, Kian. Normalmente no hablo de esta manera con nadie en el escuadrón… Es interesante poder charlar de manera tan profunda. Es más interesante que las bromas de Gus…

    Kian empezó a reír de manera nerviosa. Se frotó el cabello y se sonrojo un poco.

    La figura de la chica empezaba a alejarse lentamente —El punto de reunión será en el centro de la villa, ¿Verdad?

    —Oh, claro, si, ahí fue donde dijo Marcus que nos reuniríamos después de la llegada de cada una de las excursiones, ¿Por qué?

    —Solo era una pregunta. Ya no lo recordaba. Vamos, hay que darnos prisa, se nos van las los turistas— La chica tomo rápidamente de la muñeca a Kian, tirando de ella de pronto. Los chicos corrieron tras los turistas. Dejando atrás esas ventanillas por las que entraba la luz del día.


    (...)​


    Del otro lado, yendo hacia el sur, se encontraban el General Marcus, Sandra y Galilea Koch, acompañados de un grupo de guardaespaldas. Unos cuantos turistas iban en el grupo. El recorrido había llegado hasta lo que era un pequeño pueblo viejo hecho de piedra que tenía un sendero de escaleras que se elevaba hacia las construcciones en la montaña.

    Las bases que recorrían la montaña eran antiguas, demasiado en realidad. Su construcción, su solo estilo demostraba que dichas construcciones provenían de tiempos lejanos a los del primer Chasoul. Las construcciones están esculpidas a través y sobre la montaña. El pueblo entero tenía un color gris demasiado lúgubre. El eco de la zona retumbaba en todas las paredes tras la soledad del mismo. La guía turística que asistía ese recorrido se encontraba nerviosa por la presencia de su jefa, asi que en más de una ocasión se escucharon los ecos de una voz chillona que narraba la historia de las construcciones. Sandra habló con la guía durante gran parte del recorrido. Esto solo ocasionaba que la jovencita se pusiese más nerviosa. Al final de la larga serie de preguntas solo concluyeron con que la chica en realidad no sabía absolutamente nada de lo sucedido con los turistas. El dato solo la hizo preocuparse aún más.

    Marcus y la señora Koch cambian en la parte trasera del grupo turístico para no llamar demasiado la atención de los mismos turistas. Los dos jefes apenas habían congeniado palabras entre sí. La mujer traía un abanico con el cual se estaba echando aire mientras subían las largas escaleras que subían hacia las construcciones. Marcus por otro lado traía puesto su uniforme y unos lentes obscuros como los guardaespaldas. Echaba vistazos a todo el terreno. El lugar tenia seguridad por parte de la compañía Koch, pero en si las construcciones estaban demasiado desoladas. Un lugar perfecto para poder llevar a cabo los secuestros de los turistas desaparecidos.

    —Hace mucho que no venía a este tipo de recorridos, General Thomson— Dijo la mujer con alegría. Su sombrero tapaba la escasa luz que había ese día. Llevaba unos lentes obscurecidos para que la luz del sol no le molestase, pero ese día estaba algo nublado, asi que no habían sido del todo necesarios durante el recorrido. La mujer volteo con el General al mismo tiempo que continuaba echándose aire. Con su otra mano movía su blusa de tirantes para dejar respirar a su pecho —Creo que ya no estoy en forma. Tengo que salir más seguido a este tipo de recorridos…

    —Si se encontrara en un cuartel como el mio entendería porque yo ni siquiera estoy cansado. Siempre hay un problema que solucionar, asi que estoy constantemente bajando escaleras.

    —Debe ser complicado ser un General. Toda esa responsabilidad cayendo sobre sus hombros, ustedes son como los nuevos reyes de nuestra época, ¿no es asi?

    —El Gobierno Mundial nos llama Generales, pero también nos ha nombrado como políticos. Sin embargo nuestro puesto normalmente no es heredado como el que sería el de un rey. Actualmente las únicas familias que siguen heredando sus puestos son la familia Price en Milloria, la familia Audez en Frandall, o los Khou en Foraff… Me gusta pensar que somos la generación intermedia entre la elección de líderes y los líderes auto postulados.

    — ¿Cree que alguna vez el pueblo logre elegir a sus propios líderes?

    —El único problema que veo a eso es que el pueblo no sepa elegir a sus líderes…

    —Siempre habrá líderes malos, Marcus. ..

    —Y siempre existirán los buenos para traer esperanza…

    — ¿Usted cree que es un buen General?

    —Es soberbio responder esa pregunta por mi propia visión. Mi liderazgo demuestra el estado de mis territorios.

    —Entonces déjeme calificarlo. Yo lo llamaría un buen General, pero que descuida los pequeños detalles y se confía demasiado. Prueba de ellos son los constantes pueblos que sufren saqueos, asesinatos y violaciones todos los días. La confianza seria que nunca ha estado completamente preparado para los ataques de los enemigos, tal el caso de “La primera semana”.

    — ¿“La primera semana”?

    — ¿Qué acaso nunca lo había escuchado?— El General negó con la cabeza y un silencio expectante —Asi es como se le ha llamado a la semana que prosiguió a la caída de los Generales Mundiales Arcnaik y Hellwell, al igual que la leyenda de Abraham Arcnaik… Quizás solo lo llamen asi en el continente de Nil… Bueno, a como me lo han explicado ciertos viajeros y empresarios que viajan en nuestros trenes; durante la semana que siguió a este importante suceso mundial, sucedieron multitud de eventos que sacudieron al mundo. Casi todos fueron eclipsados por la sombra de la muerte de los Generales. Actualmente algunas personas consideran que estamos en los inicios de una Quinta Guerra Mundial, la cual empezó justo esa semana. Al principio no lo creía, pero después de investigar un poco me percate con que tenían razón… Tan solo piense en todo lo que ha pasado después de esa semana. Las guerras en las islas medias están consumiendo a todo el sur. La época de los reyes está acabando, ya que familias reales están pereciendo misteriosamente. Existen conflictos entre múltiples reinos en Nil, al igual que Foraff e Iglakesh están empezando a hacerlo actualmente en Dorinda. Sin contar el fallecimiento de múltiples empresarios a lo largo de estos años y el crecimiento exponencial que han estado teniendo las mafias en todo el mundo… Para mi es claro que nos encontramos en tiempos turbios…

    El General contemplaba a la imagen de la mujer mientras terminaban las escaleras que estaban subiendo. El hombre se quedó callado, mientras trataba de asimilar todo lo dicho por la empresaria —Creo, que está exagerando la situación, yo no lo llamaría una Quinta Guerra Mundial…

    —No lo hace en público, pero seguro lo ha hecho privado con otros soldados del Gobierno Mundial… Pueden tratar de ocultar cosas General, pero al final el pueblo termina enterándose de todo. Y el mundo ya se está preparando para cuando la noticia golpee…

    El hombre levanto el rostro y se quitó los lentes. Habían llegado hasta el final de las escaleras que llevaban a las construcciones que se encontraba sobre las montañas —Sea o no el inicio de una Quinta Guerra Mundial, déjeme asegurarle que el Gobierno Mundial traerá paz a todo el mundo nuevamente.

    La mujer le sonrió al verle tan decidido —Oh, vaya, esa actitud tan valiente es la que debe tener un líder…— La mirada de los dos jefes se intercepto al momento de que la mujer bajo ligeramente sus lentes para mostrar sus ojos —Le llaman una Guerra Mundial… Sin embargo cada guerra mundial nos enfrentamos a algo: En la primera fue la humanidad contra los demonios. En la segunda: “Los revolucionarios” contra el Primer Gobierno Mundial. En la tercera: el Gobierno Mundial contra “Los bandidos de las rosas”. En la cuarta: el Gobierno Mundial contra “Los Brujos”… ¿Contra qué nos enfrentamos en la quinta?

    El hombre perdió esa mirada valiente. Su rostro se volvió pensativo. Dando un ligero aire de que trataba de pensar su respuesta sin llegar a ninguna conclusión.

    —Sin duda da miedo pensarlo. Alguna vez hable con alguien sobre el tema, el me dijo que eran peligrosos, porque si el enemigo son aquellos que mataron a Abraham y los Generales Mundiales, entonces el Gobierno Mundial lo tiene duro contra tan temibles oponentes…

    El General Marcus se detuvo en el último escalón. Su rostro se tornó serio. Empezó a reflexionar sobre ese último comentario. Miro al horizonte observando los bosques y las enormes montañas por las que se encontraba. Viendo lo pequeño que era ante ellas.

    El hombre observo a los hombres de la señora Koch. Eran un total de seis, más los otros dos que se encontraban esperando en la camioneta en la que había sido escoltada. Marcus observo interesante toda esa seguridad que portaba la mujer.

    — ¿Ese miedo hacia una Quinta Guerra Mundial es la razón por la cual ha contratado a estos hombres?— Preguntó tranquilamente el General.

    El recorrido ahora se estaba llevando en la construcción que recorría la montaña. Era una calle considerablemente grande con torres y una que otra edificación.

    La mujer tardo unos segundos para contestar —Nuestra familia siempre ha tenido problemas con los bandidos, criminales, mafiosos y de más. Está bien que mantenga segura. Mas en momentos como este, que mi hermano ha desaparecido. Si yo llegase a desaparecer no existe otra persona que pueda hacerse cargo de la compañía, mis sobrinos son muy pequeños y yo no tengo hijos…

    —Quizás podríamos convencer a Lorenzo de que vuelva…

    La mujer se detuvo de golpe. Volteo hacia Marcus con un rostro sorprendido y casi maniático — ¿Cómo sabes ese nombre?

    —Tenemos forma de saberlo— Contesto el General Thomson con un rostro demasiado serio. Analizaba detalladamente cada detalle de la expresión de la mujer.

    —El Gobierno Mundial sabe todo, ¿verdad? Pues no, no podemos ponerlo a él al mando. Mi hermano lleva desaparecido durante muchos años. Se separó de la familia y creo que está bien asi. Siempre fue una deshonra para la familia Koch…

    — ¿No sabe de su paradero? ¿Nunca se volvió a comunicar con alguno de los dos?

    —No, nunca… ¿Por qué me pregunta por él?

    —Creemos que quizás él pueda estar asociado con la desaparición de su hermano. Quizás lo que quiere es que ustedes dos ya no se encuentren en la compañía para poder aparecer repentinamente y apoderarse de ella.

    Galilea y Marcus se quedaron quietos en ese lugar, esto hizo se quedaran bastante atrás del grupo turístico. La mujer hizo una mueca de molestia —Siempre he odiado hablar sobre el drogadicto de mi hermano Lorenzo…— La mujer gruño con rabia.

    —Sin embargo quiere que aparezca su hermano Celio. Asi que ayúdenos con otorgarnos toda la información posible— El General levantó la voz un poco. La mujer lo noto y sintió un poco de presión. Los guardaespaldas se tensaron al ver el rostro, un poco molesto, del General Thomson.

    La mujer se mordió el labio. Después soltó un suspiro —Lorenzo nos mandó una carta a mi hermano y a mí. Nunca la abrí, pero mi hermano sí. Nunca supe lo que decía, pero quizás pueda ayudarlos. La tengo en mi maleta. La llevo conmigo por si algún día tengo el perdón suficiente como para leerla.

    —Me parece una gran idea. En cuanto volvamos será lo primero que revisaremos.

    Galilea asintió. Su rostro parecía más serio que nunca. Se giró y camino con prisa para alcanzar al grupo turístico —Mi hermano tuvo un encuentro no planeado con unos bandidos durante un viaje a Frandall— Dijo la mujer mientras se iba caminando. El General puso mucha atención a la mujer —Los hombres se escabulleron al vagón de mi hermano evadiendo cualquier seguridad. Mi hermano dijo que le dejaron en paz tras recibir un no. Los calificó de personas muy respetuosas en ese sentido. Buscamos en todas las cámaras, revisamos en todos los reportes de los guardias, pero nunca encontramos nada…

    — ¿Y por qué no lo reportaron?

    —De que serviría, si no había pruebas. Solo lo tomarían como un reporte y nada más. No harían nada para ayudarnos. Asi son las personas del ejercito…

    Marcus se quedó solo en el inicio de la calle.

    Más tarde volverían a la villa de la estación Koch.


    (...)​


    Pasado el mediodía Kian y Rubi se encontraban en el centro de la villa de la estación Koch. Se encontraban hablando tranquilamente, cuando empezaron a escuchar las risas de dos chicos. Los reconocieron rápidamente, era Gus y Alex hablando de tonterías. Sofía venia quejándose de lo molestos que eran ambos chicos.

    Al momento en el que Gus vio a Rubi, la chica le salto al cuello y se abrazó con el muchacho. Seguido de un beso en la mejilla de parte de cada uno.

    — ¿Me extrañaste?— Pregunto Gus con una sonrisa.

    —Un poco. Kian me ayudo a estar distraída. Es un buen muchacho. Me agrada.

    Gus levanto las cejas y empezó a reír —Vaya, vaya, eres rápido, chico tiempo— Kian le sonrió de manera desastrosa. No se podía deducir, si estaba avergonzado, si estaba nervioso, alegre o le dolía el estómago.

    —Hey chicos, no sean tan melosos. Si quieren hoy les prestamos nuestra habitación. Tan solo sepárense un poco— Renegó Alex.

    —No tengas celos, Alex— Se burló, Sofía —Los dos son muy lindos.

    —Lo son, pero que sean lindos cuando estén solos…

    —Bueno, puedes quejarte todo lo que quieras. Ellos siguen estando igual— Gruño Sofía, girándole los ojos. Ahora se dirigió hacia Kian con una sonrisa — ¿Cómo les fue en el templo?

    —Fue interesante. La verdad el templo es demasiado bonito. Ahora entiendo porque todo el mundo quiere ir hacia allá. A demás, en un salón del templo se encuentra una gran estatua de la diosa, la cual se ve hermosa.

    — ¡Yo quiero verlo!— Grito Sofía, de manera animada —Las cuevas estuvieron bien. Aunque las pinturas eran muy abstractas. No me llamaron en lo absoluto la atención.

    —Hablas por ti— Se quejó Alex —Yo disfrute muchas de las pinturas. El arte en cada uno de ellos era sublime. Ciertamente explayaban la situación de la época en la que fueron realizadas.

    Rubi volteo con Gus y le preguntó —¿Eso es cierto? ¿Las pinturas eran buenas?

    —Para mí que estafan a la gente, parecen hechas por niños con demasiada pintura y tiempo libre. Quizás si entrecerrabas los ojos podías verlas bien, por eso Alex podía verlas— El chico empezó a reír. Rubi también soltó unas risas mientras le decía que era un grosero por burlarse de los ojos un poco rasgados del muchacho.

    Los chicos continuaron en aquel pequeño parque. Las conversaciones continuaron, al igual que los chistes. Kian se divertía mucho con su escuadrón. Todos eran muy buenas personas. No siempre había tenido la posibilidad de poder pasar tiempo con personas de su edad. Generalmente lo único que hacía era trabajar. Tenía conocidos a lo largo del todo el pueblo, pero no consideraba a nadie como su amigo. Sin embargo, el pasar el tiempo con esos chicos le hacía tener una sensación de bienestar. Quizás todos en ese escuadrón en realidad podían terminar por volverse verdaderos amigos.

    La espera continuo durante una hora hasta la llegada de Sandra, Galilea y Marcus.

    —Buenas tardes, chicos— Dijo el General tras verles tranquilos en una banca, hablando tranquilamente en medio del centro de aquella pequeña plaza. Los chicos se levantaron rápidamente de su asiento y tomaron posición de firmes.

    —Descansen, ¿alguna novedad?

    —El viaje hacia las cuevas está completamente guiado por un instructor viejo. Los turistas son llevados hasta allá y traídos has aquí. Asi que durante el transcurso no pudo haber ningún secuestro. Dentro de la cueva en realidad se sigue una línea completamente recta para llevar el recorrido, asi que no hay forma de que puedan perderse en el sendero. Dos guardias vigilan las cuevas al igual que las tiendas que se encuentran cerca para dar recuerdos, se les interrogo y no han señalado haber vistos cosas sospechosas— Dijo Sofía.

    Kian continuo con su reporte —En el templo existe un recorrido que se tiene que subir a pie. El camino está rodeado de árboles, si alguien no sigue las líneas adecuadas, al igual que su guía puede llegar a perderse. El templo es bastante grande, fácilmente alguien podría perderse en él. De igual manera tengo que decir que el lugar se encuentra bastante vulnerable a introducción desde otras áreas además de las ya planteadas por la compañía Koch. Sin embargo hemos de aclarar que también se encuentra bastante resguardado por guardias. Es casi imposible no tener algún guardia resguardando el lugar. Rubi y yo hicimos los interrogatorios planteados, tanto a guardias como guías. Nadie ha sabido nada de las desapariciones.

    El General observo a cada uno de sus soldados.

    —Eso da problemas. Habrá que revisar los programas de los hoteles. Quizás alguien está entrando a los mismos durante las noches, o quizás nunca parten por el ferrocarril.

    Galilea le dio una palmada en la espalda al General —Yo le había asegurado que mis recorridos turísticos son completamente seguros— Comento con aires de grandeza —De igual manera se les seguirá otorgando todas las facilidades para que pueda proseguir con la investigación, General Thomson.

    —Muchas gracias, Galilea— Agradeció Marcus con una sonrisa —Sin embargo lo que me interesa ahora es saber sobre la carta de su hermano. No estaría mal ir a verla.

    —Por supuesto, sígame a la oficina por favor— La mujer se dio la vuelta. Los guardaespaldas empezaron a caminar enfrente de ella, un par se quedó atrás. El General volteo con sus muchachos y ellos entendieron que tenían que seguirle.

    —No me importa quedarme unos días más en aquella habitación de lujo— Dijo Gus completamente satisfecho.

    —Podríamos jugar cartas durante la noche. Quizás póker de prendas— Comento Alex entre susurros. Le dio un codazo mientras soltaba unas risas nerviosas.

    Rubi empezó a reír —No creo que tengas tanta suerte. Aunque da igual, con tus ojos quizás no puedas ver tanto como deseas— Los demás chicos empezaron a reír. De pronto Rubi tomo las manos de Gus y Kian, les dio un gran jalón que sorprendió a los dos muchachos.

    — ¡Wow! ¿Qué sucede Rubi?— Comento Gus con sorpresa.

    Kian se encontraba nervioso —Ti—Tienes razón, ¿por qué—por qué nos jalas?

    — ¡Quiero que miren esto! ¡Vengan! ¡Sera asombroso!— Grito la chica con euforia mientras los jalaba en dirección contraria a la que iba el General, Galilea y el escuadrón.

    — ¿Qué le sucede a Rubi?— Preguntó Sandra a Sofía.

    —No lo sé, es raro que también haya tomado a Kian.

    — ¿Sera que ahora querrá dos novios? Que sucia…— Comentó Alex, intrigado.

    Rubi los llevo hasta bajaban unas escaleras. Ella bajo un escalón. Los dos chicos observaban a la jovencita extrañados. Todavía los sostenía de la mano.

    — ¿Que—Que sucede, que—que cosa querías que viéramos?— Preguntó Kian.

    —No es por nada Rubi, pero no creo que a mi padre le agrade la idea de que nos separemos del grupo— Dijo Gus, mientras volteaba hacia su padre. El hombre estaba a punto de subir las escaleras que se encontraban al final de la pequeña plaza.

    —Ya no te tendrás que preocupar de tu padre nunca más— Dijo con una sonrisa.

    — ¿Cómo dices?— Cuestiono Kian.

    La chica soltó las manos de ambos chicos. El General Marcus estaba a punto de dar el siguiente paso para subir las escaleras. De pronto el piso empezó a brillar de color amarillo. Tan pronto como la luz empezó a despampanar, todos quedaron congelados.

    Los guardaespaldas al ver el color amarillo de la pequeña plaza circular levantaron a la señora Galilea y la apartaron del lugar. Los guardaespaldas rodearon a la mujer. Sacaron sus armas y empezaron a apuntar a cualquier cosa que se moviera. La gente que cruzaba por el parque empezó a susurrar. El brillo no dejaba de cesar.

    —No puedo moverme…— Dijo Kian.

    — ¡¿Qué sucede, Rubi?!— Grito Gus furioso.

    Rubi sonreía. Su rostro se veía macabro en medio de la luz amarilla.

    — ¡Contesta!— Bocifero Gus exaltado.

    La chica no dejaba de sonreír.

    Dos personas salieron de pronto en dirección a los guardaespaldas. Tres más aparecieron desde las escaleras. Sus vestimentas eran desarregladas. Reían al momento de subir las escaleras.

    —Lo hiciste bien, Giulia— Dijo uno de los hombres tras tocar el hombro de la chica.

    — ¿Giulia?

    —Lo siento chicos, creo que me equivoque de nombre al presentarme. Lo hare de nuevo, un gusto, Kian, Gus, soy Giulia— La luz dejo de centellar y la chica estrecho las manos congeladas de ambos chicos.

    — ¡¿Qué rayos es toda esta basura, Rubi!?— Aulló Gus.

    —Oye, que grosero, te acabo de decir que soy Giulia, no cambies mi nombre. No es de buena educación confundir a dos chicas.

    — ¡Deja de decir tanta mierda, Rubi! ¡Rubi! ¡Rubi! ¡Rubi!

    Del otro lado los guardaespaldas empezaron a disparar a las dos figuras que se acercaban rápidamente alrededor de la pared que rodeaba el centro de la plaza. Las dos figuras, un hombre y una joven, saltaron hasta los guardaespaldas. Los guardaespaldas empezaron a disparar, pero de poco sirvió porque las dos personas esquivaron los disparos. Los soldados de Koch tiraron enfundaron sus pistolas, de sus tobilleras sacaron un par de cuchillos, aquellas dos personas ya se encontraban demasiado cerca.

    El hombre que se dirigía hacia los guardaespaldas desvaino su espada que tenía guardada en su vaina en la cadera. La vestimenta del hombre era completamente azul, con ropas grandes y flojas. Tenía una coleta, pues su cabello era largo de color negro azulado, completamente recogido. También tenía un bigote largo, al igual que una barba en la perilla.

    La joven que corría justo detrás del hombre de azul levanto un par de hachas pequeñas que tenía guardadas en unas vainas al costado de su muslo. Su pantalón era apretado, de color café, su blusa era de tirantes verde obscuro. Las rastas volaban en su correr, pues cada una de las rastas median fácilmente el medio metro.

    Los cuchillos de los guardaespaldas chocaron contra las armas de estos dos jóvenes. El combate empezó a darse rápidamente. El hombre de azul demostró un gran talento con su katana. Los movimientos eran tan fluidos que podía encargarse de tres de los guardaespaldas sin ningún problema.

    Por otro lado la chica de las rastas luchaba de una manera mucho más salvaje contra los otros tres guardaespaldas de Galilea Koch. La cual se arrastraba hacia los arboles completamente envuelta en un miedo atroz.

    — ¡Maldición!— Grito el General Marcus — ¡Estas personas vienen por Galilea Koch!

    — ¡General! ¡¿Qué haremos ahora!?— Grito Sofía envuelta en un susto.

    —No podemos hacer nada en esta situación, estamos atrapados en un hechizo— Comento Sandra con cierto enojo.

    Los guardaespaldas estaban haciendo frente a las dos personas enemigas. Los gritos de los oficiales de seguridad de la villa Koch empezaron a surgir. Fue ahí cuando los tres hombres que se encontraba con Rubi dieron paso a la acción. Los tres hombres se separaron, más pronto que tarde se empezaron a escuchar los gritos por los alrededores.

    El hombre de azul seguía moviéndose hábilmente ante la lluvia de tajos de los cuchillos de los guardaespaldas. La espada fluía por el escenario como si formara parte del viento. Uno de los guardaespaldas se lanzó en un grito valiente ante el hombre de azul. Los dos cuchillos chocaron contra la espada. El hombre de azul tenía el mango de la espada arriba, el filo apuntaba al piso. Con una gran fuerza y rapidez deslizo la espada hacia abajo, cortando parte de la pierna del guardaespaldas, seguido de clavarse en su piel derecho. Los gritos del guardaespaldas no se hicieron esperar.

    El hombre azul vio hacia los dos lados, los otros dos guardaespaldas contra los que se enfrenta venían en dirección a él. Levanto su puño, golpeando la mandíbula del hombre que tenía enfrente gritando. Rápidamente le atasco la espada en el pecho. El hombre soltó los dos cuchillos tras sentir las espada entrar por su interior. El hombre de azul se agacho rápidamente, tomando los cuchillos antes de que cayeran al suelo, seguido de soltarlos en dirección a los otros dos oponentes que venían en dirección a él.

    Los cuchillos sorprendieron a los guardaespaldas. Al de la derecha se le clavo en el brazo izquierdo. Mientras que el de la izquierda logro esquivarlo con éxito. Sin embargo escucho el filo de la espada del hombre de azul acercarse. El filo se acercaba peligroso. El guardaespaldas de la izquierda levanto su brazo, pero lo único que hizo fue recibir un corte profundo.

    El hombre de azul jalo para sacar su espada del hueso del guardaespaldas. Al momento de recuperar el control sobre su espada recibió un corte en la mejilla del cuchillo del mismo guardaespaldas. El hombre de azul se agacho, movió veloz su espada e hizo un corte por todo el abdomen del guardaespaldas.

    El tercer guardaespaldas se estaba tomando el brazo herido. A su izquierda se encontraba una figura monstruosa acercándose rápidamente. Levanto su otro brazo. Su cuchillo rozo la espada del asesino creando un sonido chirriante.

    El hombre de azul se deslizo. Hizo su espada hacia enfrente, después hacia atrás con una fuerza y velocidad inigualable. El tajo desgarro el brazo bueno que le quedaba al guardaespaldas, al igual que atravesó el cuello que había intentado proteger con su anterior choque de armas. Con ese último movimiento termino su encuentro.

    Del otro lado se encontraba la joven de las rastas. Sus movimientos salvajes despistaban a los tres guardaespaldas con los que se enfrentaba. El primer guardaespaldas se lanzó de manera brava contra la joven. Esto emociono a la chica. Los tajos de la joven se volvieron pesados, difíciles de soportar con los cuchillos que tenía el guardaespaldas. La joven se movió rápidamente entre los tajos, los choques se volvieron repetitivos, en el momento en el que el primer guardaespaldas creyó que tendría la oportunidad de protegerse del siguiente tajo, lo burlo, atacando al mismo cuchillo por segunda vez, haciéndole perder la guardia. Con la otra hacha le rebano la mano. Estaba a punto de aniquilar al guardaespaldas, cuando el segundo guardaespaldas se le acerco. Utilizo su brazo izquierda para golpear a los dos cuchillos del hombre que se lanzaba contra ella. Rompió su ataque haciendo bajar los brazos. Utilizo rápidamente su hacha derecha para atascarlo en el cuello del segundo guardaespaldas. Le dio una fuerte patada para separar el hacha de la espada. Volteo hacia atrás, el tercero se acercaba rápidamente hasta ella. La chica de las rastas se giró en un instante. La primera hacha rozo el primer cuchillo del guardaespaldas, el hombre se fue de paso, quedando en una posición de desventaja. La joven le corto la espalda con la segunda hacha.

    El tercer guardaespaldas se giró, dio vuelta su cuchillo, al terminarse el giro se encontraba frente a la joven e las rastas. Atasco su cuchillo contra el hombro derecho de la chica. El cuchillo derecho del hombre y el hacha izquierda de la chica conectaron. El golpe hizo retroceder ambos brazos. Se encontraban muy cercanos el uno al otro. La chica era más veloz, su hacha se recuperó primero del golpe. El tajo corto el viento, terminando con clavarse en el brazo del guardaespaldas. Los gritos retumbaron en los oídos de la chica. Separo con facilidad el hacha y arremetió otro tajo en el cráneo del tercer guardaespaldas. Una vez perdido las fuerzas lo aventó hacia enfrente. El cuchillo quedo clavado en su hombro. Se giró para eliminar al primer guardaespaldas, al momento de ver la cara recibió el último cuchillo que le queda a aquel hombre, se atascó en su abdomen. La joven reacción con rabia y dos cortes limpios, uno en el cuello y otro en el pecho.

    Ya no quedaba ningún enemigo. El hombre de azul y la joven de las rastas respiraban agitados.

    El hombre de azul volteo hacia Galilea. La mujer estaba perpleja. El hombre le sonrió levemente.

    —Eliminaron a los seis…— Murmuro Alex —Supongo que hemos perdido…

    —Son demasiado fuertes…— Susurro Sofía para sí misma.

    — ¿Qué le hicieron a Celio Koch?— Preguntó Marcus con un rostro imponente a pesar de no poder moverse en lo absoluto.

    El hombre de azul empezó a bajar las escaleras. Guardó su espada. Existía un aire frio en la presencia de ese hombre. Su mirada era vaga y vacía, casi como si ni le importase que se encontrara frente a un General del Gobierno Mundial.

    —Atrápalo— Ordeno el hombre a la chica de rastas. Aquella joven abrió las palmas, para después cerrarlas de un golpe. Unas ramas empezaron a crecer y encerrar al General. Al momento de formarse un caparazón. Las ramas empezaron a bajar y unificarse, como si fueran una sola rama única. Unos segundos después el último tallo de todo el caparazón desapareció.

    El hombre de azul vio a los chicos que miraban la escena completamente atónitos. Su rostro mostraba la peor de las desgracias, al igual que un gran terror. El hombre de azul camino entre ellos y los dejó a un lado sin importarle mucho. La joven de las rastas le rebasó para encontrarse con Rubi.

    — ¡Giulia! ¡Mi amor!— Grito la joven tras abrazar fuertemente a la joven soldado.

    — ¡Marcela! ¡Por fin juntas de nuevo!— Gritó Giulia tras el abrazo.

    Ambas miradas se encontraron, para después fundirse en un enrome beso. Kian y Gus observan completamente sorprendidos a las dos chicas.

    Una vez terminado el largo beso Giulia volteo hacia los chicos —Este es el porqué de lo que hice. El amor… Marcela es la mujer a la que siempre he amado desde que era pequeña. Crecimos juntas en las peores condiciones posibles, pero siempre ha estado a mi lado y nunca me ha defraudado. La seguiré hasta el fin del mundo, la apoyare en todo lo que me pida y la amare por todo lo que me quede de vida. Es un gusto tenerte entre mis brazos de nuevo amor…— Las dos chicas se encontraban perdidas en la mirada de la otra. Su sonrisa era la más sincera que ninguna. Sus bocas volvieron a fundirse en otro largo beso. Kian volteo hacia Gus, el chico palidecía lentamente. Kian entendió lo mucho que le dolía ese momento a su compañero cuando el joven giro la cabeza hacia otro lado.

    Cuando el beso había terminado ambas jóvenes se giraron hacia Gus — ¿Qué sucede Gus? ¿Crei que te gustaba que las chicas hicieran esto? ¿Por qué ahora que sucede te vez tan pálido?— Gus no pudo contestar a esas preguntas. Se dignó a no ver el acto.

    —Espera…— La chica empezó a soltar unas risas —¿Enserio creíste que existía un nosotros? No, querido… Nunca lo hubo. Todo lo nuestro solo era una actuación para acercarme a Marcus y poder estar enterada de sus movimientos en el cuartel. Lamento decepcionarte…

    Marcela, se acercó por la espalda a Giulia —Es un joven apuesto, seguro no te la pasaste mal… Pero mira, asi que has elegido a dos, ¿estas dos son tus mejores compañeros?

    —Asi es Marcela— Giulia acerco su mano a Kian y le acaricio el rostro.

    —El jovencito moreno es apuesto, pero este chico es muy lindo…— Comento Marcela con una sonrisa. Giulia parecía disfrutar que la joven de rastas le abrazara por detrás, rodeando sus brazos entre su cuello —Dime, Giulia, ¿crees que alguno de estos dos chicos tiene algo bueno como para llevárnoslo?

    La chica observo a Gus. El joven tenía un rostro furioso y su mandíbula se apretaba cada vez que escuchaba una voz de Marcela. La jovencita levanto su brazo en dirección a Gus. Le acaricio el rostro con cariño, seguido le sonrió —Gus Thomson, es hábil, pero nada sorprendente…

    —Supongo que ese es un no— La joven se le acercó al oído a Giulia. La chica sonrió de manera viva —Dime, que me puedes decir de este muchacho. Supe que es un mago del tiempo, puede servir muy bien para nuestro maestro… ¿Qué tan cierto es ese rumor?— Kian abrió los ojos. Por un momento su corazón se paralizo. Gus sintió un golpe en el estómago. De no haber sido por él, ninguno de los muchachos habría confirmado la veracidad de esa información.

    Giulia volteo hacia Gus. Adoro cada pedazo de ese rostro culpable. Después volteo con el lindo chico que era Kian. Sus ojos se encontraban perdidos en la nada. La chica sonrió de manera maliciosa —Kian… este chico es un gran chico, muy lindo, parece maduro, pero lamentablemente los rumores de que es un mago de tiempo son falsos. Asi que no, no existe nada interesante en él…— Los dos jóvenes se sorprendieron tras el comentario de su compañera.

    —Lamento oírlo. Hubiese sido un gran regalo para el maestro…— Comento Marcela decepcionada. Kian pensó que lo mejor era no alarmar a aquella tal Marcela. Asi que fingió sentirse avergonzado.

    —Es hora de irnos— Menciono el hombre de azul tras aparecer de pronto a un lado de Kian, el cual, de haber podido moverse, hubiese saltado por el susto. La voz gruesa de aquel hombre daba un terror de solo oírla.

    — ¿No te quieres llevar a ninguno?— Pregunto Marcela.

    —Por el momento no sabemos qué tan poderosos son los nuevos poderes del maestro, y al menos por el momento creo que podremos mantener todo bajo control con el cuerpo del General Thomson. No existe necesidad de llevarnos a estos jóvenes.

    — ¿No los mataremos?— Pregunto nuevamente Marcela, con curiosidad.

    —Escuche a Giulia decir que el único peligro es el hijo de Thomson— El hombre desvaino la espada rápidamente, e igual de rápido la clavo en el abdomen del joven —La magia de parálisis desaparecerá en una hora, si los guardias de esta villa son hábiles lograr romper el hechizo en media hora. El chico estará demasiado desangrado para moverse, o posiblemente muera. Vámonos— El hombre volvió a enfundar su katana.

    Gus gritaba. Las dos chicas observaban sin ningún signo de pena al joven. Kian gritaba desesperado. El dolor de ver a su compañero herido le desgarraba el alma.

    —Fue divertido mientras duro, Gus. Kian, pudo haber sido divertido de haber sucedido— La chica se acercó a los dos jóvenes. Kian no pudo hacer nada, solo miraba perplejo. Recibió el beso de Giulia en la mejilla. Gus gruño al momento en que la boca de la chica se acercaba hacia él. Al final no besó al hijo del General. Se dio la vuelta y se marchó. Kian observo a las sombras de aquellas tres personas desaparecer.

    Tenía razón, al final, no todos podían ser tan buenos.
     
    Última edición: 23 Marzo 2019 a las 6:13 PM
  10. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 9 - Las manos del bosque
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    11960
    Capítulo 9 — Las manos del bosque

    —Ya he roto el sello— Dijo el jefe de la policía de la villa Koch.

    Martin cayo en los brazos de unos policías, las piernas le temblaban y sentía pesados los brazos —Muchas gracias— Contesto sorprendido, tras darse cuenta de lo difícil que era mantenerse en piel después de aquel hechizo. Volteo rápidamente con Gus. Al igual que Kian, el chico cayó en los brazos de unos médicos que habían estado suturando la herida de la espada. El chico se encontraba sedado, completamente inconsciente.

    —Él estará bien— Contestó unos de los médicos.

    —Gracias— Contesto Kian amablemente. Se giró como pudo y vio al resto de su equipo siendo ayudado por los policías de la villa — ¿Todos están bien?— Gritó desde el otro lado del centro de la plaza.

    —No nos hicieron nada. Sin embargo se han llevado al General Marcus. Tenemos que informarlo inmediatamente— Dijo Sandra de manera serena.

    — ¡Llevamos más de media hora bajo el hechizo!— Gritó Sofía, desesperada —¡Si llamamos refuerzos tardaran horas en llegar! ¡Sera lo mismo si nos comunicamos con el cuartel de Burke!

    —No podemos hacer frente a personas como esos dos. Parecían demasiados fuertes— Contesto Sandra con un rostro serio.

    Alex intervino —Si esperamos a que lleguen refuerzos esos tipos se alejaran más y será más difícil encontrarlos.

    —Muy bien, chicos— Renegó Sandra con un tono molesto — ¿Cómo esperan encontrar al General Marcus? Vieron al tipo, atraparon al General y lo desaparecieron, esos tipos ni siquiera usaron magia para escapar. Encontrar su rastro será demasiado complicado por no decir imposible.

    Los chicos se quedaron callados. Kian observaba desde el otro lado.

    —Lo siento, chicos. Tenemos que llamar a los demás, los altos rangos del cuartel sabrán que hacer…

    —No— Gritó Kian desde el otro lado, para que nadie se escapara de escuchar lo que iba a decir —Existe una forma de encontrarlo. El hechizo que utilizo es un hechizo avanzado de escudo mezclado con magia de teletransportación. Esas raíces que se comieron al General tienen que viajar junto con la persona que hizo el hechizo.

    —Entonces existe una manera de poder rastrear a los secuestradores…— Dijo Sandra para sí misma —En cuyo caso, creo que es necesario que llevemos refuerzos, vieron lo que le hicieron a los guardaespaldas de la señora Koch. Esos tipos nos llevaban demasiado años de experiencia…

    —Sin embargo, Sofía y Alex tienen razón— Los policías empezaron a mover a los chicos para que no tuvieran que hablar tanto alto para que se escucharan —Si nosotros no nos empezamos a buscar al General terminaremos por perderle el rastro a aquellos tipos. —Es una misión suicida…— Dijo Sandra con un rostro serio.

    —Lo es, pero podemos lograrlo…— Los policías juntaron a los chicos.

    —No es necesario pelear con esas personas, simplemente rescatamos al General y humos antes de que nos encuentre— Sugirió Sofía.

    —Esa es la opción más viable— Confirmo Kian —Iremos por los radios, llamaremos al cuartel, iremos a buscar al General y haremos todo lo que podamos mientras que lleguen los refuerzos.

    —Si necesitan ayuda la compañía Koch les brindara todo lo que puedan ofrecerles— Galilea se acercó hasta los jóvenes soldados. Se le miraba más pálida de lo normal y parecía que todavía no se reponía de las imágenes del ataque, pues aún seguía temblando un poco —Mis guardias y mis policías les ayudaran a encontrar al General Thomson.

    Los soldados se vieron entre si y sonrieron. Kian contestó por todos —Muchas gracias señora Koch. Es muy probable que estas personas tengan a su hermano en donde tienen al General, haremos lo posible por traer al señor Koch como sea. Al igual que todos los turistas secuestrados.

    —Eso espero, joven soldado— La mujer le sonrió débilmente. De pronto levantó el rostro hacia sus policías y guardias — ¡Quiero que el noventa por ciento de las unidades de la villa acompañen a estos chicos en esta misión de rescate! ¡Prepárense de una vez!— La voz de la mujer era intimidante, mostraba un gran respeto y autoridad. Los policías y guardias atendieron rápidamente la orden.

    El jefe de policías de la villa se acercó hasta la mujer y los chicos —Haremos lo que nos pida, soldado…

    Kian se puso nervioso por el hecho de que un hombre mayor con el cargo de jefe le estuviese otorgando toda la autoridad del rescate. Era algo normal, para todas las personas del mundo el ejército era una gran fuente de respeto. El chico respondió entre balbuceos —Ki—Ki—Kian, Kian, señor, Kian solamente.

    — ¿Ese es su apellido?

    —Eso es, ammm, es una larga historia… Llámeme Kian solamente…

    —Está bien, Sr. Kian— Contesto el jefe de policías, sorprendido por no comprender la razón por la cual el chico se había puesto nervioso.


    (...)​


    Una vez los chicos habían recuperado la movilidad de sus cuerpos, y ya habían ido por los radios y sus armas; se juntaron en el edificio principal de la estación Koch.

    Todos se encontraban rodeando una mesa grande de madera observando un mapa de la zona.

    —La magia utilizada por estos secuestradores tiene un alcance máximo de cinco kilómetros, ya que gasta una gran cantidad de magia. Para un mago con experiencia su rango puede llegar a multiplicarse…— El chico tomo una pluma, le quito las ligas a unos bloques de papel que se encontraban cercanos a la mesa y empezó a marcar un circulo desde el centro de la villa hasta donde alcanzaran los alrededores —Estamos hablando que con suerte una sola persona de ese grupo ese capaz de usar este tipo de magia, entonces tendrían que esperar a que descansara, por lo tanto tienen que descanzar en algún lugar que ellos consideren seguros. Esos lugares se encontraran en un rango entre cinco a diez kilómetros. Si deducimos que de aquel grupo solo dos personas utilizan magia podríamos decir que el rango entonces se encontraría entre diez y veinte kilómetros…— El joven soldado dejo de marcar. Todos observaron el mapa.

    —Es demasiado terreno en el cual se pueden refugiar…— Murmuro Alex con desgane.

    —Es verdad, pero sabemos que cuando se fueron se dirigieron hacia el este. Yo los vi— El chico empezó a crear un marco en el lado este.

    — ¿Qué tal si cambiaron de sentido?

    —Lo harán, ir al este solo les llevaría toparse con Etheros, un lugar vigilado por el Gobierno Mundial… No pueden ir hacia el Oeste, ya que se encuentran las montañas y generalmente en las montañas no se encuentran lugares donde puedan descanzar. A demás de que pronto será de noche y tendrán que crear una fogata, sería fácil encontrarlos si hacen una fogata en la cima de la montaña. No pueden ir directamente al Norte, porque se encuentra el templo del recorrido de la familia Koch, el cual es siempre vigilado… No pueden ir al Sur, porque se encuentra vigilado, poco, pero vigilado, como me lo dijo Sandra… No pueden ir al Noreste, ya que ahí se encuentra el pueblo de Ainat y las cuevas de pinturas rupestres, igualmente vigiladas, alguien los puede ver… Solo les queda ir para Suroeste…— El chico había marcado gran parte del mapa, al igual que los había tachado de gran manera. Ahora mismo solo existía un marco que cubría una gran parte de terreno boscoso, al igual que las dos autopistas, una que dirige hasta Songar y otra que te dirige hasta Burke.

    —Esto parece mucho más sencillo ahora— Comento Sofía, su rostro se encontraba sorprendido tras ver el increíble trabajo de deducción de Kian.

    —Pronto se hará de noche…— Murmuro Kian para sí mismo. Parecía no haber escuchado el comentario de su compañera —No creo que vayan a crear un campamento en el bosque. Sería muy visible para el enemigo… ¿Una cueva?— No tenemos que perder el tiempo… Los refuerzos llegaran dentro de tres horas y media…

    Sofía golpeo la mesa con los nudillos, creando un sonido suave. Las personas voltearon a verla y ella se puso un poco nerviosa —Bueno, ammm, yo pienso que podríamos separarnos en cuatro grupos.. Asi abarcaremos más mapa…

    — ¿Qué pasara si somos interceptados por el enemigo?— Pregunto Kian con un poco de duda por el plan.

    La chica no supo contestar.

    Esta vez Alex golpeo la mesa, pero el con el radio del ejército —Contamos con cuatro radios, más uno de Gus. Separémonos en cinco grupos, cada diez minutos reportaremos nuestras coordenadas. Si alguien no contesta en esos diez minutos, podremos deducir que fueron atacados por nuestros enemigos.

    —Esa es una gran idea. Asi si logramos encontrar a nuestros enemigos podríamos dar la coordenada exacta para que los refuerzos logren interceptarlos. De hecho, estaríamos derrotándolos sin necesidad que nuestro grupo se ponga en más peligro, al igual que no dañaríamos a las fuerzas del grupo de policías— Apoyó Sandra. El jefe de policías y Kian parecían aceptar el plan.

    —Entonces no perdamos más tiempo— Dijo Kian con una voz imponente —Cada uno de nosotros tendrá un grupo. El jefe de policías dirigirá el quinto, ya que Gus no puede pelear debido a su herida.

    La puerta de la habitación se abrió de pronto. Todos observaron rápidamente a la figura de quien entraba. Gus estaba entrando. Su rostro era pálido y sudaba a gotas. Su aliento era agitado y tenía un rostro que irradiaba furia —No digas lo que puedo y no puedo hacer…

    —Gus…— Murmuro Alex y Sofía.

    Sandra se acercó al joven —No puedes, acéptalo. Ahora mismo tienes una herida que seguro se ha abierto por venir desde el hospital hasta acá. Nosotros encontraremos a tu padre. Tu solo confía en nosotros— La chica estaba por tomarle el hombro y darle unas palmadas para reconfortar al chico, pero Gus golpeó la mano de la chica.

    — ¡¿Confiar?! ¡La chica en la que más confiaba resultó que formaba parte de un grupo de secuestradores! ¡Nos mintió, nos engañó y apuñalo por la espalda!

    —Eso es verdad…— Interrumpió Kian. Su rostro se mostraba serio —Mas sin embargo también me salvo al no decir que yo era un mago de…— El chico se detuvo antes de terminar la frase. Había muchos policías, los cuales no parecían ser malas personas, pero tampoco creía que tenían que enterarse de cosas como esas. Podría ser anti producente —Solo quiero decir que a ella le importábamos… Quizás incluso podamos convencerla de dejar aquel grupo, quizás podamos confiar en ella todavía, y si todavía podemos confiar en una persona como ella, entonces trata de confiar un poco en nosotros…

    — ¡Ese no es el problema aquí! ¡Aquí lo que haremos es que me dejaran dirigir uno de esos grupos! ¡Porque en cuanto me encuentre con los tipos que secuestraron a mi padre yo les voy a meter una bala en la cabeza!— El chico desenfundo su arma y la levanto. Los policías se pusieron tensos y Kian se sorprendió demasiado. Estaba a punto de utilizar su magia para quitarle el arma, pero en ese momento se escuchó un golpe seco. El cuerpo de Gus cayó al suelo y Sandra se encontraba parada frotándose la mano.

    —Siempre has sido muy energético, descansa por un momento… Por la diosa…— Todo el grupo que se encontraba adentro de la habitación. Asi como los guardias que venían corriendo desde el pasillo se quedaron sorprendidos —Solo fue un golpe para noquearlo. Despertara luego. Demonios prisa, ya hemos perdido mucho tiempo. Quien quiera venir a mi grupo, sígame— La chica levanto su radio y salió de la habitación con una presencia muy ruda.

    Alex murmuró —Crei que daba miedo solo porque era muy seria…

    Sofía y Kian soltaron una risa delicada a la vez.


    (...)​


    Lejos de la estación Koch. En una maderería abandonada ubicada por una desviación larga que se tenía que hacer por la autopista que llevaba a Songar. Ahí se encontraba el grupo que había secuestrado al General Marcus. Alrededor de aquella maderería enorme se encontraban grandes cantidades de pilas de madera vieja. Al igual que una gigantesca cantidad de árboles y maquinaria olvidada. Dentro de la maderería que estaba hecha de materiales de hierro con láminas galvanizadas comidas por el tiempo, había más de este mismo paisaje. Montones de máquinas para cortar madera y diferentes tipos de tablones y herramientas con las cuales se trabajaban las mismas.

    En una esquina se encontraba un cuerpo de rodillas, rodeado de una docena de troncos que le impedían el movimiento de la cabeza. Otro montón de troncos mantenía inmóvil a las piernas y los brazos del General Marcus. Rodeando a todo estos troncos, se encontraban unas escrituras en el piso. El General sabía lo que significaban, eran un hechizo para detenerlo en caso de que alguna forma lograra escapar.

    Frente al inmóvil General se encontraba el hombre de azul, al igual que los otros tres hombres que habían saludado a Giulia cuando todo empezó.

    —Fui a buscar al maestro en el lugar que definimos, pero no se hallaba ahí. Tendre que ir a buscarlo. Es peligroso que lo dejemos estar solo, más en una
    condición como la que se encuentra ahora mismo— Dijo el hombre de azul a sus compañeros.

    —Si mata a alguien sin que nosotros lo sepamos va a ser un problema enorme. Más si lo hace en un lugar visible, estamos cerca de la autopista, que tal si crea un caos ahí…— Dijo el más enano de los hombres. Un hombre con barba y bigote profundo, que bestia con ropajes sucios.

    —Por eso mismo tendre que ir a buscarlo. No sé cuánto tiempo vaya a tardar en volver. Si ven que alguien se aproxima hagan lo posible por transportar al General Thomson a otro lugar. Es nuestro boleto para que el maestro vuelva a la normalidad…

    —Por el momento será la solución— Renegó un joven delgado de dientes chuecos que bestia de una manera muy parecida al hombre barbudo, solo que este contaba con unas ventas en su brazo derecho —Cuando el jefe vuelva a ser consumido y vuelva a perder la cabeza tendremos que hacer algo como esto nuevamente. Yo opino que lo dejemos, si seguimos con él, tarde o temprano nos atraparan. Salimos libres de esta, pero solo porque Giulia nos ayudó con convencer al General de venir a esta misión, al igual de prepararnos el terreno para hechizar el centro de la villa…

    El hombre de azul se acercó al joven delgado. El chico parecía tenerle bastante miedo. Su rostro entro en pánico cuando escucho el filo de la katana desvainarse. Los otros dos hombres se levantaron rápidamente de donde estaban.

    —Oye, tranquilo, no tenemos que llegar a tanto, sabes lo idiota que es nuestro hermano. El hombre de azul volvió a enfundar su katana y volvió a hablar —No dejaremos al maestro. Él nos recogió y nos dio un lugar en el cual éramos aceptados…

    —Si, pero ese lugar ahora ya no nos acepta y de hecho fue por su culpa. Si nosotros volvemos estoy seguro que…— El joven delgado volteo hacia el General —Estoy seguro que aquel hombre nos aceptaría.

    —Nos aceptara después de terminar nuestro trabajo— El hombre de azul volteo hacia los lados —A todo esto, ¿dónde se encuentran las chicas?

    El hombre soltó unas risas —Se están divirtiendo en la parte superior de la maderería. Déjalas en paz, después de todo, llevan mucho tiempo sin verse, estoy seguro que quieren un momento de reencuentro.

    El hombre de azul volteo hacia las escaleras que llevaban al segundo piso. Soltó un suspiro silencioso y se volteó con los tres hombres —Quiero que vigilen a este hombre. Interrúmpelas si sucede algo. Iré a buscar el maestro— El hombre volteo hacia las ventanas —Pronto obscurecerá, asi que traten de crear la menor iluminación posible…

    —Oye, hombre de azul…— Dijo Marcus desde el otro lado. El hombre de azul se di la vuelta. Los tres hombres desaliñados voltearon a ver al General. Una vez con todos poniéndole atención empezó a hablar —Veo que tú eres el líder, bueno, hasta que traigas a ese tal “maestro”… Quiero hacerte una pregunta, ¿ustedes secuestraron al Sr. Celio Koch?

    El hombre de azul miro atentamente al General Thomson —Exactamente… — ¿Dónde está? ¿Qué le hicieron? ¿Y mejor aún? ¿Por qué lo hicieron? —El señor Koch se encuentra justo aquí en esta maderería…— El hombre de azul empezó a caminar hacia otra esquina de los establecimientos. El General le observaba con un rostro calculador. El hombre de azul llego hasta una máquina, jalo unas cadenas y un cuerpo empezó a subir. El General asintió lentamente tras observar el cuerpo colgante —Aquí se está el hombre al que buscaban, General Thomson…

    — ¿Qué demonios le hicieron?— Preguntó el soldado con un rostro de asco.

    Las cadenas bajaron de nuevo. Se escuchó el azote del cuerpo en el piso. El hombre de azul volvió hasta donde se encontraba el General —El hombre que nos dio este trabajo nos dijo que quería dejarlo vivo. Ese era el plan. Solo lo secuestraríamos, le haríamos unos trabajos para eliminarle su conciencia y lo perderíamos en algún lugar. Sin embargo ayer dejamos al maestro y al Sr. Koch solos. Cuando volvimos ese cuerpo desgarrado, carcomido y desfigurado fue lo que encontramos. El General escuchaba la historia, pero no lograba comprender como era posible que un hombre logra tal nivel de carnicería sin ningún motivo — ¿Quién es su maestro?

    —Un hombre peligroso…

    —Eso se ve… ¿Quién les pidió secuestrar al señor Koch?

    —Lorenzo Koch— El nombre sonó fuertemente en los oídos del General —Nosotros queríamos llegar a un trato con el señor Celio. Queríamos que se nos permitiera poder viajar y transportar materiales de manera gratuita. No quería crear un gran escándalo, asi que tras recibir una negación, no insistí. Fue en ese momento cuando recibimos el llamado del señor Lorenzo, nos dijo el plan, al parecer quería desaparecer a sus hermanos. Los citó por medio de una carta, supuestamente los ejecutaría durante la reunión, pero nunca asistieron… Nosotros éramos su carta de triunfo, primero nos encargaríamos de Celio, después de Galilea y el quedaría al mando, una vez en el mando nos daría el permiso que requerimos. Parecía que estaba desesperado, nos quería pagar con el dinero que le sobraba, su cuerpo estaba muy delgado y había desechos de drogas. Sin embargo todavía se le miraba lo suficientemente cuerdo como para dirigir la compañía. No le cobramos nada, quizás ahora que sabe que ya no está Celio, quizás compre con el dinero que tenía un poco de droga para celebrar…

    — ¿Para que quisieran transportar materiales gratuitamente unas personas como ustedes?— Renegó el General de manera arrogante.

    —Somos mercenarios General. Otorgar un permiso como ese a una mafia, por ejemplo, nos traería grandes beneficios.

    —Al parecer Lorenzo Koch no es el único desesperado por ganar dinero. Después de todo, ustedes se aliaron con un drogadicto para poder conseguir un beneficio que les trajera dinero— Comento Marcus de manera burlona.

    El hombre de azul soltó una risa fugas y silenciosa. Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la salida.

    Una vez más, la voz del General interrumpió su salida — ¿Ustedes raptaron a todas esas personas?

    —Exactamente— Contesto sin voltear.

    — ¿Qué hicieron con todos ellos?— Pregunto esta vez con un tono mucho más serio.

    —Les paso algo muy parecido al señor Koch… Una vez que decidimos hacer el trabajo de Lorenzo decidimos matar dos pájaros de un tiro. Conseguiríamos el tratado con la compañía Koch y lo traeríamos a usted, la presa perfecta para nuestro maestro… Todo va de acuerdo al plan…— El hombre escapo de la vista del General rápidamente. Dejando la duda de quién era ese “maestro”.


    (...)​


    Arriba en la maderería. En el segundo piso, se encontraban sobre un montón de hojas los cuerpos desnudos de dos jóvenes. Las dos chicas sudaban, mientras estaban fusionadas en un enorme abrazo. Ambas jadeaban. Giulia yacía sobre el pecho de Marcela. Se acercó lentamente a su rostro y le beso rápidamente.

    —Te extrañaba…— Susurro Giulia.

    Marcela sonrió enormemente con una gran sonrisa que llenaba todo su rostro.

    —Por fin juntas… — Continuó el ex soldado —Después de este trabajo, quizás podríamos pedirle a Apolo que nos diera una mansión para poder vivir juntas separadas de esta vida loca. Para disfrutar el resto de mis días contigo, Marcela.

    Marcela tomo a la chica y le dio la vuelta, dejándola caer suavemente ante las hojas —Después de que el maestro obtenga el cuerpo del General y nosotros consigamos el tratado con la compañía Koch. Hare hasta lo imposible para que nos dejen volver a “La nueva cabeza”. Convenceré a Apolo, a su esposa, a sus más grandes compañeros. Todo con tal de que nos permitan vivir juntas en paz. No tendremos que volver a pasar hambre, no tendremos que matar nunca más, ni robar, ni engañar…— La joven le besos apasionadamente —Lo único que haremos será disfrutar del amor de una por la otra— Nuevamente le besó. Su mano recorrió el joven y delgado cuerpo de la chica.

    Galilea en medio del disfrute que le ocasionaba que Marcela le acariciara de esa forma tan tosca susurró —Te amo, Marcela…

    —Yo te he amado desde que tu no me gustaste por lo que soy cuando todos los demás lo hicieron— La joven de rastas continuo viajando por las curvas de Giulia
    —Aun recuerdo el día en el que tú y los muchachos me rescataron de esos…— La chica se detuvo solamente para poder sostener el aire suficiente para decir —De esos malditos fanáticos religiosos que quería matarme…— La voz de Marcela se escuchaba llena de rabia.

    —Todos nosotros pasamos por lo mismo. Yo tuve la suerte de encontrarme con gente como la del maestro… El racismo hacia los nuestros siempre ha existido… Alguien tenía que mostrarte que no todos éramos iguales, que tenías un lugar al que ir— Giulia empezó a deslizar sus manos por la espalda de Marcela hasta llegar a la cintura.

    —Pero tú fuiste diferente Giulia… A pesar de ser tan joven, a pesar de que me aleje de ustedes por miedo, tú me buscaste, me encontraste y aun a pesar de que me negué e incluso te lastime, continuaste insistiendo para darme un lugar donde vivir... Es por eso que me enamore de ti, de tu tenacidad, de ese cariño hacia todos, de esa curiosidad y humildad… De esa falta de miedo y ese exceso de comprensión hacia los nuestros…— Marcela apretó a Giulia con fuerza. Las manos de la joven de rastas empezaron a cambiar, se empezaron a recubrir por escamas y sus ojos empezaron a recubrirse de negro. Iluminando el iris de un color verde brillante.

    —“Los mestizos” también aman… También son personas…— Chillo Giulia entre placer.

    —Tú lo entiendes… Por eso te amo…


    (...)​


    Del otro lado de los bosques se encontraban los grupos de rescate haciendo una exploración rigurosa para encontrar a los secuestradores. Cada uno estaba asustado, al igual que llenos de valor y honor.

    —¿Cómo va todo en los otros grupos? Zona actual C8— Preguntó Kian por el radio. Todos empezaron a responder uno por uno.

    Por el momento no hemos encontrado nada. Zona B3— Respondió Sandra.

    Solo hemos visto campamentos de extranjeros. Zona B9 — Respondió Alex.

    Nada interesante cercano a la autopista. Zona C2— Respondió Sofía.

    Hemos encontrado campamentos de turistas, nada de lo que preocuparse. Zona B14— Respondió el jefe de policía.

    —Continúen atentos, traten de llamar la atención lo menos posible. La noche ya está iniciando. Hay que ser sigilosos para no tener alertas a los secuestradores. Falta una hora para la llegada de las fuerzas de Hericent. Quizás hora y media para que lleguen a donde estamos nosotros— Informó Kian con un buen tono de liderazgo.

    Pediré unas vacaciones después de esta misión— Contestó Alex.

    No estaría mal salir después de esto— Añadió Sofía con un tono alegre.

    Chicos, por favor. No es momento para estar pensando en ese tipo de cosas. Compórtense un poco…— Se quejó Sandra.

    Lo único que quiero en este momento es volver con mi familia a salvo— Dijo esta vez, el jefe de policía.

    ¿Tiene familia?— Preguntó Sofía.

    Una esposa y dos niños pequeños. Generalmente ser el jefe de policías no trae muchos riesgos, pero cuando les dije que iría en rescate del General y el Sr. Koch, se preocuparon. Tan solo pienso en que esta misión de rescate salga bien y poder verlos tranquilos.

    No lo había pensado asi…— Dijo Alex finalizando con un silencio bruto —Hace mucho tiempo que no veo a mi familia. La verdad, creo que si llegamos a entrar en peligro y logramos salir de esta. Creo que pediré un permiso para verlos. Realmente nunca habíamos estado en una situación tan crítica como esta, las misiones que hacíamos con el General normalmente era muy sencillas. Tan solo piénselo un poco. Han capturado al hombre más fuerte de Hericent…

    Saldremos bien de esta. Todos volveremos, el jefe podrá ver a su familia tranquila, nosotros tendremos de vuelta al General. Todos volveremos a estar juntos y de paso quizás mandemos unas cartas a nuestros padres— Dijo Sofía con un tono compasivo y bondadoso.

    Tienen razón, después de todo, no quiero morir en primera misión— Dijo Kian con un tono burlesco. Los demás empezaron a reír.

    Tienes toda la razón. Aunque pon un poco de atención, tú eres el novato y estas dirigiendo la misión de rescate del General Thomson… Creo que ningún novato tendrá una primera misión tan increíble.

    ¡¿Es su primera misión, Soldado Kian?!— Preguntó con asombro el jefe de policías.

    Kian se puso nervioso. Ahora todos los soldados que le seguían debían de haber escuchado las palabras del jefe. Quizás eso bajaría el ánimo de los mismos policías y guardias —Ammm, si, esta es mi primera misión. Estoy tratando de hacer lo mejor que puedo…

    ¡Eso es asombroso, Soldado Kian! No parece que tengas poco de ser soldado. Debes de ser una gran promesa para el ejército del Gobierno Mundial. A mis hijos les dará risa cuando les diga que fui dirigido por un chico con una misión de experiencia a sus espaldas— El hombre soltó unas risas. Kian empezó a reír de manera nerviosa —Yo formaba parte del ejército. Te estoy hablando de hace muchos años. Créeme que dudaba que fueras soldado. Crei que te habías equivocado de placa. Pareces ser un joven muy maduro.

    ¡¿Fue soldado?! ¿Qué paso? ¿Por qué se salió del ejército, jefe?— Preguntó Sofía con asombro.

    Lo que pasa es que me casé. Mi esposa siempre ha tenido una falla en el corazón, su ritmo cardiaco se acelera muy fácilmente. Lo que le ha llevado a ser una mujer muy nerviosa. Durante los primeros años de casados siempre sufrió problemas por los nervios de que me pasara algo durante las misiones. Fue cuando supimos que seriamos padres cuando me decidí por dejar el ejército. Quería ver a mis hijos crecer. Amaba el ejército, pero saben, muchachos, el amor de un padre incluso rompe la barrera de los gustos y los sueños. Porque cuando te vuelves padre, tú único gusto y sueño es estar con tu familia y verles feliz.

    ¡Por dios, jefe! ¡Ahora enserio tengo ganas de ver a mi familia!— Contestó Sofía con un reproche tierno.

    Alex mando una risa por el radio —Creo que enserio si pediré esas vacaciones.

    Sandra volvió a aparecer —Chicos, por favor, usen los radios para mandar sus coordenadas, no para estar hablando entre todos…

    Disculpe, Soldado… Informo que nos hemos topado con otro campamento de turistas. Es bastante extenso. Le echaremos un vistazo— Informo el jefe.

    —Investigue bien, jefe. Trate de no asustar mucho, diga que es una rutina o algo por el estilo. Infórmenos si encuentra algo que sea de provecho.

    Por supuesto, Soldado Kian.

    Kian no sabía cómo sentirse cuando le llamaban de esa manera, al igual que no sabía cómo sentirse al momento de actuar como un líder. Quizás algún día terminaría por acostumbrarse.


    (...)​


    Pasaron los minutos. El jefe les informo que no habían visto nada sospechoso. Los demás grupos seguían igual que siempre. El grupo de Kian se movía a través del bosque de manera silenciosa. Fue entonces cuando escucho la plática de unos de los guardias que le acompañaban.

    —Oye, ¿por aquí se encuentra la maderería abandona no?

    — ¿Cuál maderería?

    —La maderería Clown, una maderería vieja en la que la villa compro muchos materiales para hacer las casas y los hoteles.

    —Tienes toda la razón. Hace mucho que está cerrada. Recuerdo que era muy joven cuando la terminaron de hacer. De hecho hicimos unas expediciones con unos amigos, los asustamos cuando estábamos adentro.

    Kian se acercó a los guardias rápidamente — ¿Por aquí se encuentra una maderería abandonada?

    —Sí, de hecho nos encontramos cerca. Quizás a medio kilómetro.

    —Ese puede ser un buen escondite. Traten de guardar silencio, háganme una señal cuando estemos por llegar. Informare a los demás sobre esto— El chico levanto el radio —Grupos, nos estamos acercando a una maderería abandona. Creo que el General se puede encontrar ahí. Zona C10. Les mantendré informado— Los demás atendieron el mensaje con mensajes de cuidado y suerte.


    (...)​


    El tiempo empezó a correr sin número bajo la noche. Cada paso en la obscuridad se volvía nervioso y ansioso. El frio no lograba congelar la hirviente sangre de los rescatistas.

    —Estamos a unos cien metros de la maderería, Soldado Kian— Dijo uno de los guardias.

    —Excelente.

    Unos momentos después una de las guardias que miraba con unos mira lejos llamó a Kian, tras ver algo que le llamaba la atención —Soldado Kian, alcanzo a distinguir luz dentro de la maderería.

    — ¿Luz? Esa es buena señal, informare a los demás grupos, entraremos a checar con mucho cuidado. Si confirmamos la presencia del General daremos la coordenada para que el ejército llegue hasta aquí.

    El chico justo acababa de levantar el radio cuando escucho el informe del jefe — ¡Acabamos de escuchar gritos del campamento de turistas que pasamos hace unos minutos! ¡Iremos a revisar! La zona del campamento es B15…

    — ¿Qué? ¿No? ¿Por qué atacarían a un grupo de turistas?— El chico presiono el botón del radio —Tenga mucho cuidado, Jefe, puede que no sean los hombres que estamos buscando. Ahora mismo llegamos a la maderería y hay luz dentro. Creemos que puede ser el enemigo. Revisaremos con cuidado y les informaremos.

    Esto es confuso, Kian. Pero está bien, nos detendremos y estaremos listos para ir con cualquiera de los dos cuando nos informen. Les daremos dos minutos, den su informe rápido o tomaremos medidas hacia aquel que no conteste— Dijo Sofía con un tono serio nada común a ella.

    —Estoy de acuerdo— Contesto Kian.

    Entendido, les mantendré informado— Contesto esta vez el jefe.

    Kian y su grupo continuaron acercándose a la maderería.


    (...)​


    De las escaleras bajaba Giulia vestida con unos shorts que le quedaban grandes y una camisa de botones abierta que por poco le dejaba ver el busto.

    El General la observo con un rostro duro.

    Una vez Giulia había terminado las escaleras se posó frente al General. La chica llevo su dedo hasta su boca y empezó a reír —Que indefenso se mira Marcus…

    —Podre verme indefenso, derrotado, quizás incluso a punto de morir, pero mantendré mi honor.

    La chica soltó una risa burlona —No puedes perder el honor, ni el respeto, ni nada de eso, si nunca le tuviste esa clase de sentimientos a algo. El Gobierno Mundial siempre ha tratado como minoría a los Mestizos. No puedo respetar a una organización como esa. Dicen traer paz, compresión, riqueza y respeto, pero siguen tratando como menos a aquellos que ni siquiera desearon ser la mezcla entre demonios y humanos. Los humanos siguen manteniendo ese odio a los demonios después de casi tres mil años… Su rencor ante los demonios a cegado a las futuras generaciones, por lo tanto no ven que estas personas son humanos también…

    —Bien dicho Giulia…— Dijo uno de los hombres mugrosos, el que tenía una nariz grande cual pájaro y era el más alto de entre los tres.

    —Amo cuando hablas asi…— Dijo Marcela con una sonrisa mientras acomodaba su camisa de tirantes. Sus ojos se mantenían brillantes con ese color verde.

    —Eres afortunada Marcela, enamorarte de alguien tan buena como Giulia.

    —Lo sé, siempre estaré agradecida— La joven empezó a bajar por las escaleras.

    —Marcus inspeccionaba todo lo que podía. Su atención volaba hacia los ojos de la joven llamada Marcela. Ahora comprendía porque el cuerpo de Celio se encontraba tan dañado —Asi que todos aquí son Mestizos…

    —Todos menos Giulia…— Contesto el hombre de dientes chuecos —Ella llego a nuestro grupo cuando atendió las heridas del maestro sin ningún tipo de problema.

    Marcela gruño desde las escaleras —No me recuerden a esa basura…

    Giulia sostenía su mirada ante el General —El maestro mato a mi padre… Mi padre era un doctor que trabajaba para la iglesia… Ese desgraciado empezó a abusar de mí tras la muerte de mi madre… Decía que me parecía a ella… Lo odiaba con todo mí ser… Asi que cuando mi maestro lo asesino lo mejor que pude hacer era curar sus heridas tras el combate.

    —A Giulia no le importó la apariencia del maestro, no le importó de donde venía, ni lo que era. Al igual que no le importó que nosotros fuéramos “Mestizos” también, asi como fue con todos los que siguieron llegando. Ella es una verdadera humana— Narró el hombre pequeño de barba.

    El ambiente se quedó callado durante unos segundos. Un sentimiento de ira llenaba el corazón de Giulia mientras más veía al rostro del General Marcus. La chica volvió a hablar tras apretar los nudillos con fuerza —Cuando era pequeña vi como mi padre, sus compañeros de la iglesia y el Gobierno Mundial mataban niños por el simple hecho de ser mestizos. Al momento en que yo preguntaba por qué lo hacían, ellos me decía que era porque eran demonios, que no me dejara engañar. Yo pensaba que quienes estaban siendo engañados eran ellos, ya que, ¿Qué son los mestizos? Te lo diré: De pequeños son niños con cuernos, garras, pelo o escamas, cola u ojos diferentes. Ninguno mata y ninguno odia a los humanos, ni les hace distinción ni se creen superiores por ser una mezcla entre las dos especies… Cuando un mestizo crece, todas las mutaciones llegan a ser controladas por el mismo mestizo, lo que te hace ver como un simple y común humano… Dígame, General, ¿Por qué matamos a personas inocentes?

    Marcus no pudo contestar. Solamente bajo la mirada.

    —Como lo imagine… Matan por miedo, por eso solamente… Aquí los monstruos son ustedes…

    — ¿Dices que no son monstruos? Veo que su maestro hace destrozos a todo lo que se le interponga. Miren el cuerpo del Sr. Koch.

    Giulia tomo vuelo y estrello su puño en el rostro de su antiguo General.

    —Nunca insultes al hombre que me salvo— Gruño Giulia con una mirada horripilante — ¡Mi maestro nunca decidió ser lo que es!

    — ¡De qué demonios hablas, Rubi! ¡Nadie mata sin ninguna razón aparente!

    Esta vez la chica arremetió dos puñetazos al hombre. El General empezó a escupir un poco de sangre.

    —Te lo advertí, Marcus…— La mirada de ambos se conectó. Una mirada de General a traidora —Nuestro maestro es un mestizo a medias. Cuando nació su hermano gemelo absorbió la mitad del demonio que pertenecía a nuestro maestro. Por lo tanto su hermano cuenta con el alma de un demonio y medio dentro de sí, mientras que nuestro maestro cuenta con la mitad de un alma solamente… Nuestro maestro se consume comúnmente, la mitad del alma del demonio esta inestabilidad, por lo que busca estabilizarse constantemente consumiendo la energía del maestro. Su cuerpo empieza a desnutrirse y cuando esto pasa el maestro pierde el control sobre su cuerpo. Cuando nuestro maestro pierde el control busca alimentarse de almas, humanas o animales, pero él no decide. Su demonio interno es quien lo hace…

    — ¿Cómo es que puedes seguir a alguien asi?— Gruño el General con un tono valiente. Casi como si ni le importase que le fuesen a golpear.

    Pero la chica no lo hizo. Giulia dio unos pasos hacia enfrente. Acercó su rostro con un rostro profundamente serio y dijo —Porque nos salvó, a todos, a cada uno de nosotros y eso, eso vale mucho… Nos prometió que un día viviríamos sin miedo a lo que somos… Y es por ese sueño que lo seguiré hasta el fin de mis días.

    —Alguien está cerca…— Murmuró Marcela, quien se encontraba recargada a la pared de la maderería. Se tocaba las sienes como si le doliese la cabeza —El hechizo que puse en las ramas de los arboles cercanos acaban de captar movimientos.

    Marcus se sorprendió por la repentina noticia. Al igual que sintió un terrible miedo.

    —Marcela…— Dijo Giulia. Su amada volteo rápidamente hacia ella. La chica de cabello rubio caminaba hacia ella. Cuando estaba lo suficientemente cerca, se le abalanzo al cuello —Encárgate de ellos… No importa quién sea…

    Marcela estaba hipnotizada por el olor, la figura, el rostro, la voz y la forma de ser de Giulia. El solo hecho de que aquella humana le diese una orden era motivo para hacerse, no importaba lo rebuscado que podía ser. Las dos jóvenes se miraban con una vista perdida en los ojos de cada una. Marcela arremetió un beso rápido y dijo algo en voz baja, era algo para ellas dos —Nadie nos volverá a separar. Volveré muy pronto— Giulia le soltó del cuello y Marcela subió rápidamente las escaleras. Se metió en la habitación donde habían estado las dos chicas y tomo sus hachas. Abrió la ventana rápidamente y saltó desde el segundo piso. Hizo el menor ruido posible para que nadie la detectara. Su destreza era increíble. Pronto la sombra de aquella joven se confundió con la obscuridad del bosque.


    (...)​


    —Ahí está la maderería…— Dijo unos de los guardias. El hombre se ocultaba detrás de un árbol y señalaba al edificio.

    Kian se acercó. Era verdad, ahí se encontraba aquella vieja maderería, justo en frente de ellos. Lo mejor de todo era que desde ahí lograban ver una luz tenue, muy leve, pero existente.

    —Voy a entrar…— Dijo Kian con valentía.

    Los guardias empezaron a asentir, pero cada vez más lento, pues Kian ralentizo el tiempo.

    El joven empezó a correr hacia el edificio mientras observaba el panorama. Había muchos montículos de tablones que fácilmente podían servir de barricadas para el enemigo, en caso de llegar a pelear. El joven soldado se acercó a la estructura del edificio, tras haber pasado los montículos de madera vieja y las maquinas olvidadas. La lámina que conformaba la pared de aquella maderería parecía estar pudriéndose por la vejez. Asi como mucho del material abandonado. Se acercó a la ventana, desde ahí se veía la luz, pero solamente eso. Continuo hasta la entrada, para su mala suerte estaba cerrado. Kian soltó un suspiro y se preparó, tomo mucho aire y empezó a esforzarse para poder abrir la puerta. El solo hecho de girar de aquella perilla era un martirio. No era fácil poder mover objetos en el tiempo ralentizado. El soldado incluso grito por el esfuerzo que tenía que hacer para mover la puerta. Una vez vio que existía una franja por la que podía entrar dejo de empujar. El almacén por dentro era igual de lúgubre y viejo que el material de adentro. Se dirigió hasta la fuente de la luz. Ahí donde se encontraba aquella lámpara de aceite estaban tres hombres de aspecto sucio y una jovencita de baja estatura, de cuerpo bellísimo y cabello dorado, con aspecto a traidora. Frente a ella se encontraba el General Marcus atrapado con un hechizo de barricada que le impedía moverse, al igual que un círculo mágico que activaría una fuerte barrera de energía si lograba escapar del primer hechizo de troncos. Ahora que sabía que el General se encontraba ahí solo faltaba informar a todos. Sin embargo, ¿Dónde se encontraba la joven que ahora sabía que era la amante de Giulia? ¿Y dónde estaba aquel hombre de presencia fría que vestía de azul? Kian dio un recorrido rápido por el lugar, entro a todas las habitaciones visibles, pero no había rastro alguno de esas dos personas.

    Kian decidió dejarlo asi, pensaba que los hombres quizás se habían separado del grupo, de hecho, aunque no encontraba un sentido lógico, lo que deducía era que esas dos personas eran quienes estaban atacando a los turistas que se encontraban cerca del jefe de policías.

    El chico regreso con los guardias.

    Cuando el tiempo volvió a correr a su tiempo normal los guardias se sorprendieron, pues el joven había cambiado de posición en un instante a otro.

    —El General se encuentra aquí— Le dijo a los guardias. Los hombres no comprendían aquella afirmación tan clara —Lo acabo de ver. Ustedes créanme. Pásenme el radio— Le ordeno a la joven policía que se encontraba frente a él. La chica le miraba con un rostro dudoso, no creía que hubiese forma alguna de que aquel joven hubiera entrado y salido en un instante de aquella maderería. La policía le pasó el radio, se encontraba expectante.

    Justo en el momento en que Kian estaba por presionar el botón, el radio empezó a sonar.

    ¡Aquí el jefe! ¡Algo está atacando a los turistas!

    ¿Son los enemigos que buscamos?— Preguntó Sandra con apuro.

    ¡No parece ser ninguno de los que ustedes me describieron!

    ¡¿Cuáles son sus coordenadas exactas, jefe?!— Gritó Sofía.

    ¡No podemos desviarnos para salvar a unos turistas!— Reclamó Alex, molesto — ¡Jefe, hágase cargo de lo que esté sucediendo!

    ¡Justo estamos en el lugar de los hechos! ¡Los turistas han escapado por completo del campamento! ¡Hay muchos heridos…! ¡Y muchos muertos…!

    Kian no comprendía lo que estaba pasando, ¿Quién estaba atacando el campamento de turistas si no era ninguna de las dos personas que asesinaron a los guardaespaldas de la señora Koch? El joven no lo aguanto más e interrumpió el informe del hombre —Jefe, salga de ahí, acabo de encontrar al General Thomson, ocuparemos a todos los hombres posibles aquí, ¡Abandone ese lugar!

    ¡Hay mujeres y niños en el campamento, soldado Kian!

    — ¡Usted tiene una mujer y unos niños, jefe!

    ¡Están atacando a mi escuadrón!

    — ¡Jefe! ¡Conteste! ¡Jefe!

    Hubo un silencio sepulcral.

    ¡ESTO NO ES HUMANO!— La transmisión se interrumpió de pronto.

    — ¡Maldición!— Gruño Kian. Golpe uno de los árboles. Su pecho latía como loco, al mismo tiempo que le ocasionaba una presión asfixiante.

    ¡¿A qué se refería con que no es humano?!— Preguntó Alex.

    No lo sé…— Contestó Sandra, con un tono mucho más serio de lo normal.

    — ¡¿Cuáles eran sus coordenadas?! ¡Iré a ayudarlo!— Gritó Sofía.

    — ¡No!— Interrumpió Kian — ¡Tengo al General Marcus aquí! ¡Coordenada C9! ¡En la maderería!— Kian de pronto sintió un terror que le recorrió todo el cuerpo. Se giró rápidamente. Hacia él se abalanzaba la joven de rastas con sus dos hachas completamente listas para rebanarlo en pedazos. El joven ralentizo el tiempo y logró alejarse de ambos tajos. Los guardias levantaron sus armas y empezaron a disparar contra la chica.

    Marcela lanzo sus hachas hacia dos de ellos, acertando y matando a los guardias en ambos casos. Se escabullo entre los árboles para no recibir las balas de los otros guardias.

    Kian se molestó por los disparos. Ahora era muy probable que los otros tres hombres e incluso Giulia se vinieran a pelear. El chico levanto la daga que tenía guardada al costado de su cadera. Observo todo el lugar, todo estaba tranquilo —Manténganse alertas. Está aprovechando la obscuridad y los árboles para ocultarse…— Dijo al mismo momento que se juntaba con su equipo. El viento movió las hojas, y tras este ligero viento un centenar de hojas empezó a volar con gran velocidad hasta el grupo de rescatistas.

    Kian ralentizo el tiempo. Levanto sus brazos, una serie de aros empezó a rodear los brazos del soldado. Los aros se juntaron y se dispararon hacia enfrente creando una barrera de magia. El tiempo volvió a correr y las hojas empezaron a chocar contra la barrera que recubrió toda el área donde se encontraban los guardias.

    —Asi que magia de planta…— Susurro Kian para sí mismo mientras observaba como las hojas se destrozaban al chocar con la barrera — ¡Todos ustedes!— Gritó el soldado a todo su escuadrón. Los guardias que le acompañaban estaban sorprendidos por el increíble escenario que ahora mismo se formaba por el choque de ambas magias. Todos giraron al momento de escuchar el grito de Kian. El chico continuó — ¡Es peligroso seguir en el bosque! ¡Todos diríjanse hacia la maderería! ¡Ahí se encuentra el General Marcus custodiado por tres hombres y una soldado traidora! ¡Su misión será eliminar a aquellos enemigos o sobrevivir hasta que lleguen los refuerzos! ¡Vayan!— El chico giro su brazo derecho apuntando en dirección contraria a la que venían las hojas. Su mano se cerró como si estuviese tomando una tela y la barrera se deshizo de la parte trasera. Los guardias sabían lo que tenían que hacer. Rápidamente abandonaron a Kian, huyeron del bosque despavoridos y una vez llegado a los bloques de troncos y tablas viejas tomaron su posición, cubriéndose de la vista del enemigo.


    (...)​


    Giulia se acercaba hasta unas fisuras que se encontraban en la lámina que conformaba el cascaron de la maderería. Se encontraba muy cerca de Marcus. Cargo un fusible recortado mientras murmura —Esos idiotas… Les dije que no vinieran… No quería matarlos...— Golpeo el seguro con rabia —No me dejan de otra— Sacó el cañón por la fisura. Logro encontrar unas sombras que se movían en la obscura noche. Abrió fuego contra ellas.

    —Cúbrenos Giulia…— Dijo el hombre barbudo. El hombre levanto una escopeta grande y pesada.

    —Tenemos que esperar a Marcela para que mueva a este saco de carne— Gruño el hombre delgado tras levantar un mar de metralletas más recortadas que la de Giulia.

    —Crei que ya no olería la sangre en un buen tiempo… Que equivocado estaba. Aunque una última vez no está mal…— Comento el hombre de nariz grande tras guardar un par de cuchillos en unas fundas hechas de cuero viejo.

    Giulia se apartó de la lámina, dirigiéndose hasta las ventanas. Los vidrios ya se encontraban hechos pedazos. El choque de las balas con la lámina creaba un chillido molesto. Se cubrió detrás de una máquina. Volteo hacia los tres hombres. La cara de Giulia mostraba un rostro emocionado y burlón —Encárguense de todos ellos, trio de hermanos basura…

    Los tres hombre sonrieron avivados. Sus ojos se volvieron negros con el iris brillante — ¡No es necesario que no lo ordenes!— Aulló emocionado el más delgado de los hermanos tras empezar a correr hacia el lugar del combate.

    Marcus observaba tranquilo. Por dentro la rabia le consumía. Tenía miedo por su querido escuadrón. Giro la cabeza lo más que pudo para ver a Giulia. La chica le sonrió con un rostro malévolo. El hombre le regreso la sonrisa, pero la suya era confiada.


    (...)​


    Kian se encontraba en medio del bosque, la lluvia de hojas había terminado, sin embargo los arboles ahora tenían vida propia. Ralentizo el tiempo cuando las manos del bosque empezaron a dirigirse hacia él. Solo tenía una opción y era escapar del bosque. Tenía que hacerlo lento, para que ella le siguiera, y en otra dirección a la que se encontraba todo el escuadrón que le habían encargado, para que no pudiese hacerles daño.

    El chico escapaba de las tenebrosas manos del bosque con saltos temporales muy cortos. A pesar de que los saltos no eran tan largos, el cansancio le estaba consumiendo. Su magia era demasiado pesada de realizar. Parecía como si el chico se tele transportará. Kian observaba entre los árboles. Escuchaba ruidos, aunque eran muy leves. Las balas inundaban el sonido del lugar aún adentro del bosque y todo los choques de las ramas golpeando los lugares en los que se encontraba Kian. El chico buscaba a su oponente, lo hizo, y lo que vio fue la sombra obscura de una joven de rastas largas con los ojos verdes brillando como linternas. Su sombra daba el peor de los horrores. La grima le subía por la espalda. Era como si estuviese enfrente de una bestia enloquecida por la sangre.

    Una vez se habían alejado lo suficiente del otro grupo, rodeando la maderería, Kian escapo hacia el edificio dejando atrás el bosque. Se posó en medio del patio viejo y esperó a su contrincante. Levantó su cuchillo grueso. Puso una posición de retaguardia y entonces la vio. La mujer se lanzó hacia el con sus dos hachas lista para la pelea. Era muy rápida, demasiado, aun en su tiempo ralentizado sus movimientos eran rápidos. Ambos filos colisionaron en medio de bloqueos. De no ser por la magia del tiempo, Kian aseguraba haber muerto hace pocos golpes.

    La primera contienda termino poco después. Cada uno se dirigió a un lado contrario de aquella parte delantera del edificio. Sus miradas se mantenían el uno en la otra. Marcela no parecía cansada, pero Kian estaba muy agitado y con una mirada angustiada.

    —Esa rapidez— Dijo la mujer de pronto —No es ni medio normal. A demás, no estas dejando un rastro de magia, por lo que no estas acelerando tus movimientos con algún tipo de magia— Marcela levanto su hacha hacia Kian con un rostro emocionado —Entonces los rumores eran ciertos, tú debes de tener la magia del tiempo…

    El joven soldado trato de no hacer ningún gesto que pudiese delatarle. Decidió quedarse callado. Kian sentía el frio de la reciente noche golpeándole el rostro. El viento helado del bosque enfriaba su sudor con rapidez.

    — ¿No me contestaras?— Gruño la joven —Eso es grosero.

    —No hay nada que contestar. Es una acusación ridícula… Los magos del tiempo están extintos. Soy capaz de acelerar mi cuerpo con el mínimo de magia, por eso no dejo rastro…

    Marcela meneo su hacha en el aire —Fue un buen intento, pero ese tipo de magia la posee la Clan Woon de Rab-It…— Kian no podía dejar de mantener ese rostro serio. Marcela le inspecciono de arriba abajo. El sonido de las balas se mezclaba con el golpe del viento empujando los árboles. La joven bajo sus armas y continuo hablando —Sabes, ese poder tuyo es muy peculiar. Puedes unirte a nosotros, sin duda tomarías un gran peso en “La nueva cabeza”. Serias un líder, tendrías poder y en un futuro riquezas… ¿Qué me dices?

    —No…— Respondió Kian rotundamente.

    — ¿Por qué mantenerse del lado del Gobierno Mundial? ¿No lo ves? El mundo actualmente está moviéndose, las guerras, las mafias, los rebeldes, los terroristas y el pueblo mismo está destruyendo los cimientos de la actualidad. Un bando va a ganar y no será el suyo… La nueva Cabeza será una de esas organizaciones que construirá los nuevos piolares de un mundo renovado sobre las ruinas de un gobierno que ya no está funcionando… Dime, ¿No te gustaría vivir para ver ese futuro? Es más, no solo verlo, sino, ser parte de aquellos que lo construirán…

    Kian se tomó un par de segundos para contestar. El joven bajo la mirada, para después levantarla con más fuerza —Ya respondí que no… No traicionare al hombre que me dio la oportunidad de cumplir mi sueño… ¡Quiero ser más grande que Abraham Arcnaik y estoy seguro que Abraham nunca hubiese traicionado a sus superiores!

    Marcela apretó mango de cada una de sus hachas. Las movió rápidamente cortando el aire entre ellas y se puso en posición de ataque — ¡Hablas de sueños! ¡Si yo no llevo a tu General conmigo nuevamente estaré lejos de cumplir mi sueño! ¡Asi que dime, ¿Cómo podemos solucionar esto?!

    —Ganara el sueño más fuerte…— Dijo Kian con un rostro muy serio. El viento había dejado de soplar. Las balas dejaron de dispararse por un segundo.

    — ¡Entonces ganare yo! ¡El amor es más poderoso que un sueño de gloria!— Marcela se abalanzó nuevamente ante Kian. La mujer hizo un movimiento giratorio, golpeo el cuchillo de Kian levantándole el brazo, después con su segunda hacha le rasgo el chaleco antibalas. El chico se despisto por el corte, no vio que la chica tomaba vuelo para dar un tercer golpe. Kian jalo su cuchillo hacia Marcela, ella daba otro movimiento giratorio, junto sus dos hachas. Las tres armas chocaron rompiendo el cuchillo de Kian. El corazón se le paro en el momento en que vio el filo de su cuchillo volando a un lado de él. Marcela tenía un rostro ganador. Kian metió su mano a la bolsa trasera.

    El tiempo se ralentizo más lento de lo que normalmente se hacía. Haciendo parecer que el tiempo realmente estaba congelado. Nuevamente empezó a correr. Kian ya no se encontraba a un lado de Marcela, ahora estaba volando en el aire con el filo roto de su cuchillo en la mano. Marcela se giró hacia donde estaba el chico. Kian lanzo el filo, dejando volar el pedazo de metal junto con un poco de sangre de su propia mano. El filo se atascó en pecho de la joven. Kian cayó en el camino de tierra que llevaba a la maderería. Rápidamente trazo una línea en la tierra suelta, de sus brazos aparecieron unos aros con runas y el suelo se levantó creando una pared. El chico sudaba más que nunca con un aliento demasiado agitado.

    Marcela observo la pared con intriga. A sus oídos llego el sonido del golpe de algo. Se giró para ver que había detrás. Acaba de caer una granada activa en el suelo. El rostro de Marcela paso de molesto a asustado.

    La granada estallo.

    El muro que acaba de crear Kian empezó a temblar. Sus oídos empezaron a recibir únicamente un pitido. Se acercó al final del muro, saco la cabeza y lo que vio
    le dio miedo. El cuerpo de Marcela tirado en el piso, con sus rastas convertidas en lianas chamuscadas, al igual que gran parte de su cuerpo quemado, pero todavía viva. La mujer levanto el rostro, sus ojos brillaban más que antes, ahora su cara mostraba unos colmillos bestiales, sus ojos se habían obscurecido completamente en un negro carbón, el alrededor de sus ojos se rodeó de escapas al igual que buena parte de su frente. Sus manos empezaron a mutar, volviéndose mas grandes y rodeándose de un material venoso como si fuesen las raíces de un árbol, pero recubiertas de piel gruesa. Sus dedos cambiaron de ser delicados a tornar forma de gruesas garras.

    -Es una mestiza… - Pensó Kian con horror al ver la transformación. Dio un brinco tras escuchar el chillido de aquel demonio. El chico se llevó las manos a sus oídos, cerró los oídos de dolor. Su cuerpo temblaba aterrorizado. Entonces lo sintió, un flujo de magia atroz, abrió los ojos y observo una cantidad ridícula de hojas moviéndose en dirección a él con gran velocidad. El chico ralentizo el tiempo, se movió de esa pared de roca, sin embargo llego a ser interceptado por una gran cantidad de hojas que le hicieron cortes por todo el cuerpo, desgarrándole la ropa y la piel superficial. Cayó al suelo y se dio media vuelta. La pared que había creado había quedado hecho polvo. Las hojas empezaron a rodear el cuerpo de Marcela, y la joven se levantó con un rostro lleno de rabia. Kian se sintió impotente ante aquella bestia.

    Marcela se abalanzo ante el inofensivo Kian. El chico se levantó del suelo rápidamente, logro esquivar el primer ataque del demonio, pero el segundo no, recibiendo sus garras por todo su cuerpo, esta vez el chaleco antibalas poco pudo hacer para protegerle. Las garras desagarraron la carne del chico.

    Kian cayó al suelo, aullando de dolor. Marcela se levantó erecta con un aura imponente. El soldado yacía en el suelo, estaba demasiado enfocado en su dolor. En medio de un punto de lucidez observo que frente de donde había caído se hallaba el hacha de Marcela. La tomo a pesar de que el arma estuviese caliente por la explosión de la granada. La bestia se abalanzo nuevamente ante Kian, pero Kian logro girarse y atascar el hacha en el brazo de raíces del demonio. En un movimiento casi instintivo jalo con todas su fuerzas desatascando el hacha en el mismo momento. Marcela empezó a aullar con ese eco siniestro de antes. No logro esquivar el siguiente golpe del hacha, recibiendo un corte en el rostro que le desfiguro la sonrisa demoniaca que tenía.

    Kian tenía el hacha en el aire y gritaba con terror. Estaba a punto de abalanzar el hacha cuando sintió un desgarre por todo el torso. El brazo izquierdo de Marcela le había atravesado el costado de su abdomen. Marcela le sonrió con su sonrisa desfigurada. Kian mantenía un rostro temeroso y de sorpresa, apretó los dientes y abalanzo el hacha más fuerte que antes, el arma termino atascada en el hombro del demonio. El brazo izquierdo se desplego del abdomen de Kian, dejándole caer al suelo. El chico ya no tenía fuerzas ni para gritar por el fuerte dolor. Marcela lanzo el hacha hacia el techo de la maderería. Levanto ambos brazos en dirección a Kian y las hojas que rodeaban su cuerpo se lanzaron como proyectiles hacia la espalda del soldado, el joven se retorcía en el suelo, al igual que seguía moviéndose hacia adelante, tratando de huir.

    Marcela le piso la espalda recién cortada, levanto su garra. Kian sabía que era el fin. Se escuchó el corte del viento. El cuerpo de Marcela salió volando hacia el camino de tierra que llevaba a la entrada de la maderería. Kian volteo hacia su derecha, un pilar de roca se levantaba por arriba de él.

    De entre el bosque llegaba la figura de un joven. Era Gus una metralleta recordaba en la mano y un brazo levantado.

    —Gus…— Susurro en silencio Kian.

    —Yo me encargo de ella…

    Marcela se recompuso. Empezó a aullar para intentar intimidar a su nuevo oponente.

    — ¡Cállate! ¡Te apesta el hocico!— El chico empezó a mover sus brazos rápidamente, rompiendo el aire en cada uno de sus movimientos. De todo el terreno empezaron a salir pilares de tierra que empezaron a golpear a Marcela uno tras otro. Levanto la mano haciendo una garra. Una pared rodeo al cuerpo de marcela y entonces Gus levanto su metralleta. Marcela no tenía a donde huir. Las balas empezaron a tronar una tras otra. El demonio recibió la mayoría de las balas. Nuevamente Gus empezó a mover sus manos. La tierra se levantó y comprimió generando grandes rocas. Marcela estaba sosteniéndose del filo de la pared de roca que había generado Gus para encerrarla y recibir las balas. Gus mantenía esa mirada obscurecida y llena de enojo, tenía su brazo arriba de la cabeza, de un momento a otra la bajo, al mismo momento, todas las enormes rocas cayeron sobre Marcela. Al final de los golpes, el cuerpo de la joven se encontraba rodeado por rocas. Gus corrió hacia el demonio sin ningún miedo. Dio un fuerte golpe a las piedras que encerraban a la mujer. El aullido que soltó Marcela sonó asfixiante. Todas las piedras, junto con Marcela volaron hacia el bosque.

    —Es triste que mi ídolo sea un maestro de fuego, pero yo solo sé un hechizo de fuego…— Dijo Gus con un tono serio. Kian lograba escucharlo. Estaba sorprendido por el increíble poder del joven — ¡Pero bastara!— Gritó Gus. Se puso en posición, como si fuera a dar un gancho de boxeo, unos aros con runas empezaron a recorrerse por el brazo de Gus hasta llegar a su mano. En su puño nació una pequeña llama. Lanzo su gancho contra el aire. El sonido del viento fue hueco tras romperse por la velocidad. Tras detenerse el puño la pequeña llama se volvió una bola de llamas que voló hacia el bosque y estallo tras el contacto con el bosque. Creando un gran incendio.


    (...)​


    Del otro lado los hermanos mestizos estaban masacrando poco a poco a los guardias del escuadrón de Kian. Los tres reían como maniáticos mientras se creaba el baño de sangre entre todos los restos de madera vieja. Los guardias habían estado peleando valientemente, pero ahora no parecían más que un grupo de niños miedosos. La batalla había sido perdida.

    Giulia se encontraba frente al General Marcus sonriéndole con un rostro triunfante —Dígame, General, ¿Qué se siente que tanta gente muera por venir a rescatarlo, pero todo sea en vano?

    El General mantenía su compostura ante las burlas de la jovencita.

    —Ese joven Kian… Logre presenciar su cuerpo, lo encontró… Sin embargo Marcela debe estar destazándolo ahora mismo… ¡¿No escucho todo ese desastre de allá afuera?! ¡¿No siente el poder de Marcela crecer?! ¡Quizás aquel novato le haya dado pelea, pero parece que no tiene nada que hacer contra mi amor!

    —Estas dando por ganada esta pelea demasiado rápido, Rubi…

    —Acéptelo, General, ha perdido. Huiremos antes de que refuerzos lleguen…— Fue entonces cuando Giulia escucho la voz de alguien al que no esperaba ahí. La voz del chico al que había engañado, Gus estaba gritando uno de sus raros comentarios “¡Cállate! ¡Te apesta el hocico!” Seguido de eso se escuchó un escándalo aún mayor. Los alaridos de Marcela y un montón de golpes — ¡No puede ser!— Gritó Giulia desamparada. Se alejó del General y empezó a correr en dirección a la entrada de la maderería.

    Marcus la observaba irse cuando escucho las pisadas de muchas personas.

    Afuera se encontraban poco más de siete personas. Los guardias que quedaban estaban huyendo y escondiéndose de los peligrosos hermanos. Entonces escucharon los pasos que les lleno el corazón de esperanza. De entre los bosques salieron dos escuadrones de guardias disparando a diestra y siniestra contra los tres hermanos, los cuales tuvieron que escapar.

    Marcus deseaba saber que era lo que estaba pasando, pero estaba atrapado, aunque no por mucho.

    — ¿Se encuentra cómodo General?— Dijo la voz de un joven.

    Marcus levanto la cabeza lo más que pudo, ahí se encontraba Alex y Sofía.

    —Creo que podría estar mejor…— Contesto el General con una sonrisa.

    —Eso lo podemos solucionar— Dijo Sofía al conectar miradas con Alex.


    (...)​


    Gus se encontraba parado justo enfrente del incendio que había generado. Se estaba tomando el abdomen. Le dolía. La herida que había creado el hombre de azul se había abierto.

    — ¡Qué demonios has hecho!— Grito una voz femenina. El corazón de Gus empezó a bombear de manera descontrolada. Volteo. Las balas de una metralleta volaron hacia su dirección. Gus levantó una pared de roca, por poco no la salvaba. A su derecha apareció Giulia con un rostro enloquecido. En su mano tenía un hacha, era la segunda hacha que tenía Marcela. La dirigió hacia el cuello de Gus, el chico logro escaparse de ese tajo.

    — ¡Rubi! ¡Enloqueciste!

    — ¡No me llames nunca más asi!— La chica desatasco el hacha y se lanzó con fiereza contra Gus. El levanto su metralleta, Giulia inserto el hacha en el brazo que tenía el arma. La chica salto y tomo a Gus por los hombros, una vez que Giulia puso los pies en el suelo, levanto el cuerpo de Gus y lo estrelló en el suelo. La chica le desenterró el hacha, la levanto con toda la intención de partirle el cráneo en dos. Gus tuvo miedo, con su brazo bueno señalo a Giulia. Unos pilares de roca golpearon el delicado cuerpo de la jovencita.

    — ¡No te quiero hacer daño!— Dijo Gus al momento de estarse levantando.

    —La has quemado…— Murmuro Giulia — ¡Ya me has lastimado! ¡Nunca te perdonare esto!— La chica estaba adolorida. Corrió con gran rapidez hasta el chico. Gus comprendía que tan buena podía ser ella para las artes marciales y el combate cuerpo a cuerpo. Trato de esquivar todos los golpes que le soltaba, pero era muy rápida y no quería lastimarla. Tras recibir un par de fuertes golpes, entendió que no había nada que hacer. Ella ya no era Rubi.

    La chica le arremetió una patada el cráneo. Se movió rápidamente hasta la metralleta de Gus. La tomo en sus manos. Giulia la estaba levantando. Gus apretó los dientes. Giro el cuerpo rápidamente, un pilar salió disparado junto con el movimiento de su puño bueno. El golpe del pilar arremetió justo en el rostro de Giulia y la mando a volar hasta donde se encontraba Kian.

    Un rugido salió desde el bosque. Gus esta vez sí sintió miedo. De entre las llamas una figura demoniaca se levantaba. El soldado con las pocas energías que le quedaban levanto unas lanzas de roca — ¡Con esto hare brochetas asadas de demonio!

    — ¡Déjala en paz!— Grito Giulia en un alarido cansado. Gus volteo, observo a la chica con la que era su metralleta tomando de rehén a un Kian semi inconsciente — ¡Lo matare si le haces algo a Marcela!

    Gus vio en el rostro de la jovencita una rabia, un miedo, un dolor y todas las intenciones de matar. Él estaba ahí, solo, y era el superior de Kian. No podía abandonar a su soldado — ¡Abraham Arcnaik nunca hubiese aceptado ordenes de un traidor!— El chico lanzo los picos sin ninguna dirección. Sin saber si había acertado. Bajo la mano hasta la funda de su pistola. Escucho los gritos de horror de Giulia. Miro como acercaba su dedo al gatillo. Gus levanto el arma más rápido y disparo justo antes que la chica. La bala acertó en la frente de Giulia.

    Gus se quedó quieto por un par de segundos. Kian había caído de rodillas e intentaba mantenerse consiente. Mientras tanto el cuerpo de Giulia caía de espaldas con un hilo de sangre aparentando una lágrima. Gus bajo su arma al mismo momento que la cabeza. Apretó los dientes ahogando todo su odio dentro de sí. Llevo sus manos a su rostro empezó a llorar en silencio.

    Kian ya se encontraba de pie cuando observo la sombra del bosque en llamas. Una figura se levantaba de entre las llamas. Se escuchó el crujir de las rocas. La bestia saco el arma de su hombro. El demonio empezó a caminar entre las llamas, parecía que las llamas no surtían efecto en su cuerpo, y si lo hacían, no le importaba. Una vez aquella figura se encontraba demasiado cerca se quedó congelada durante unos segundos. Su rostro ya no parecía nada un humano. Al igual que su cuerpo.

    —Gus…— Murmuró Kian con miedo —Gus… Corre…

    El soldado levanto el rostro hacia su compañero. Kian pudo ver el rostro lamentable de Gus. Sus lágrimas le recorrían la cara y sus manos temblaban.

    — ¡Hay que huir!— Grito Kian con todas las fuerzas que le quedaban.

    Gus volteo hacia el bosque. Ahí vio aquella bestia desagradable. Un cuerpo de piel al que se le veía las venas como raíces. Con extremidades completamente transformadas en madera. Con el cabello vuelto lianas gruesas y unos ojos obscurecidos con el iris tan brillante como un faro. El chico no podía creer lo que estaba viendo. Aquel demonio debería haber sido empalado, pero ahora se erguía ante ellos entre las llamas del bosque. Ahora entendía los gritos de Kian, si
    querían sobrevivir no podían seguir en ese lugar. Sin embargo ya era demasiado tarde.

    La bestia chillo como nunca lo había hecho antes en toda la contienda. Un chillido de dolor que lastimaba los tímpanos de los soldados y se extendía a lo largo del bosque. Los arboles empezaron a crecer y sus ramas empezaron a extenderse hacia Gus con forma de manos. La velocidad con lo que sucedía el acto era más
    rápida que nunca. El soldado giro su brazo bueno varias veces, una parad tras a otra apareció frente a él para protegerle. El romper de las ramas contra las paredes de roca era escabroso. Como miles de huesos rompiéndose.

    Sin embargo Gus no se dio cuenta, ahora mismo estaba rodeado de bosque. Las ramas de los árboles de su espalda también empezaron a extenderse con forma de manos y garras agiladas. No tenía tiempo para crear más paredes. Estaba por ser atravesado por cientos de ramas.

    Kian ralentizo el tiempo. Las ramas se movían muy rápido. Hizo correr el tiempo más lento. Las ramas empezaron a moverse más lento, pero la presión le estaba matando. Su cuerpo sentía que el pecho estaba por explotarle. Aun con toda esa presión sobre si se dirigió hasta el hacha que había tirado Giulia después del golpe que le había dado Gus con uno de sus pilares. La levanto, recibiendo más presión de la que ya está sintiendo. Sentía que el cuerpo se le desgarraba, y aun asi se acercó hasta Gus, se puso en su espalda. Tomo postura y dejo correr el tiempo de nuevo. Kian se enfrentó ferozmente ante todos los brazos que venían contra ellos dos. Entre ralentización y tiempo normal logro deshacerse de los brazos de madera.

    Gus no podía creer lo que estaba viendo, el chico había destruido todos los brazos con una rapidez esplendida, pero justo después de que destruyera a los brazos del bosque cayó de rodillas al suelo.

    El demonio apareció entre todas las ramas, dio una patada al cuerpo impotente de Kian mandándolo a volar hacia otra parte del terreno. La patada fue fuerte, Gus logro escuchar el crujir de los huesos de Kian. Gus ya no podía huir, el demonio estaba justo a su espalda. Un brillo empezó a resplandecer desde el hocico de la bestia. Un rayo de energía impacto a Gus, destruyendo sus paredes de roca y llevándose gran cantidad de ramas con él. El cuerpo herido del joven soldado se encontraba en el suelo, su espalda sangraba y ardía por las quemaduras de aquel rayo de energía. Marcela corría en dirección a Gus. El chico reacciono ante el miedo lanzándole una pilar de roca, pero la joven demonio le dio un puñetazo al pilar haciéndolo polvo con facilidad. Se posó enfrente del chico y los brazos del bosque se levantaron hacia los cielos para caer en pica hacia el cuerpo de Gus.

    El único ruido que se escucho fue el de huesos triturándose.

    Un disco de agua apareció en medio de entre los brazos del bosque y Gus. El disco se movía con velocidad destrozando a todo lo que intentaba pasar a través del mismo. Justo abajo del disco se encontraba Marcus, con Kian en sus brazos.

    Marcela gruño desafiante.

    Marcus no se inmuto.

    Gus observo la figura de su padre como la mayor luz de esperanza.

    Marcus lanzo a Kian a los brazos del derrotado Gus.

    Otros tres discos aparecieron y entre el disco que les protegía y los otros tres hicieron aserrín a todos los brazos del bosque. Los discos se elevaron, llegaron varios metros de altura y se unieron, para después crear una cúpula de agua. Kian y Gus se quedaron afuera de la cúpula, justo en el filo del inicio de la misma .

    Kian estaba cerrando los ojos cuando vio la cúpula de agua y a su General enfrente del demonio sin ningún miedo. Lo último que pudo ver fue a Marcela aullando de rabia, acto seguido a Marcus iniciando a pelear ferozmente contra Marcela. Ahí estaba la primera meta que tenía que pasar para cumplir su sueño. Lograr tener el nivel que tenía su General para poder enfrentarse a un demonio sin ningún miedo. Justo después de ver como Marcus empezaba a destrozar a Marcela, el chico cayo inconsciente.
     
    Última edición: 23 Marzo 2019 a las 6:13 PM
  11. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 10 - Mentiras
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    3205
    Capítulo 10 — Mentiras

    Kian despertó en el hospital de la villa de la estación Koch. La luz del medio día atravesaba la ventana con intensidad. A su lado se encontraba Gus vendado por todo tronco de su cuerpo. Al igual que el brazo que había recibido el hachazo de Giulia. El chico estaba hablando con Alex en la cama de al lado. Alex también tenía unas heridas leves. Un brazo le toco el hombro. Sintió un poco de dolor. Se giró, ahí se encontraba Sandra y Sofía. Parecían heridas, pero nada serio.

    —Hasta que te dignas a despertar— Se burló Sofía.

    — ¿Qué paso?— Pregunto Kian desorientado.

    — ¿Nuestra momia ya se levantó?— Preguntó Gus desde el otro lado. Se dio la vuelta por encima de su cama y miro a Kian con una sonrisa —Estuviste increíble, novato— Alagó Gus.

    —Gra… Gracias… ¿Qué fue lo que paso?

    — ¿Ya no lo recuerdas?— Preguntó Sofía desconcertada.

    —Tuvimos una pelea contra los secuestradores del General… ¡El General!— El chico se levantó de pronto, pero un dolor intenso le impidió moverse más. Sofía le apoyo para recostarse de nuevo — ¿Qué le paso al General? Él estaba pelando contra la joven mestiza…

    —Murió— Contesto rápidamente Gus.

    Kian abrió los ojos — ¡No! ¡No puede ser!

    —Claro que no, idiota. Mi padre elimino a la chica demonio en un combate épico— Gus empezó a reír de pronto. Gus era la única persona que se atrevería a hacer una broma de tan mal gusto como la muerte de su propio padre. Kian lo maldijo en silencio.

    Sofía decidió empezar a hablar. Era mejor que se lo contara ella a que lo hiciera Gus, sabría dios cuantas cosas se podría inventar para desconcertar a Kian —
    Nosotros derrotamos a “los hermanos mestizos” después de la llegada de Sandra junto con todo el apoyo del ejército. Ahora mismo los mestizos están siendo llevados a la prisión de alta seguridad de Olimpia. Serán interrogados por el jefe de investigación, el detective Sebastian Salomon para que nos digan todo lo que saben sobre “La nueva cabeza”. El General venció a la chica demonio, mas sin embargo el combate termino con la vida de la chica. Ahora mismo el General Marcus se encuentra con Galilea Koch. El cuerpo del señor Celio Koch fue encontrado cercenado en la maderería, al igual que varios cuerpos de los turistas. No pudimos encontrar al “Hombre de azul”, ni aquel al que el General llama “Maestro”. Sin embargo, con todo el ejército divagando por aquí es probable que huyan.

    —Entonces encontramos al señor Koch y los turistas desaparecidos, al igual que eliminamos a los secuestrados…— Murmuro Kian.

    —Terminamos la misión— Concluyo Sofía.

    —Debo admitir que es la misión más complicada que hemos tenido. Tienes suerte de haber sobrevivido, novato— Dijo Gus con aire amigable.
    Kian volteo a verle y le sonrió —Tienes razón. Tuve mucha suerte. Aquella mestiza estuvo a punto de matarme en más de una vez…

    —A demás— Agrego Sandra —Dirigiste todo el plan de rescate. Créeme que eso es muy bueno, ¡No me sorprendería que el General pensase en subirte de puesto inmediatamente!— Dijo de manera animada. Más animada que nunca.

    — ¡¿Qué?!— Gruño Gus con un rostro bastante molesto — ¡Es su primera misión! ¡Por la diosa!— Todos los chicos empezaron a reír.

    Después de aquellas risas hubo un silencio en la habitación. Luego Kian hizo otra pregunta con un tono desesperado — ¡Oigan, chicos! ¿Qué fue del jefe de policías? ¿Qué sucedió? ¿Qué encontró en el campamento de turistas?— Ahora los chicos se quedaron mudos. Nadie quería contestar.

    Kian volteaba hacia todos — ¡Alguien dígame algo!

    Alex soltó un suspiro —Cuando el ejército estaba por llegar, por medio de radio dimos las coordenadas del jefe de policías y su escuadrón. Un grupo de soldados se dirigió hasta la ubicación, lo que encontraron fue una grupo de cadáveres y un campamento destrozado lleno de sangre. Todo el escuadrón del jefe fue asesinado. El jefe murió protegiendo a dos niñas… Son las únicas sobrevivientes. Lo único que las niñas nos dijeron fue que el hombre peleo contra un monstruo hasta el final, y que incluso después de haber sido destrozado vivo, impidió que se las llevaran. Ahora mismo ellas se encuentran en cuidados infantiles. El General dijo que se les pagaría el funeral y una manutención a las familias por su valiente sacrificio. Al igual que se trataría de dar el mejor apoyo posible a las dos niñas que salvo el jefe… Murió como un héroe… Salvo a las dos niñas, quizás vio en ellas un reflejo de sus niños… No lo sé.

    —Es horrible… Ese hombre tenía una familia… Yo lo lleve a esa misión…— Gus cerró los ojos con fuerza. Trato de taparse los ojos por si soltaba alguna lágrima, pero los brazos le dolían demasiado.

    —No fue tu culpa…— Dijo Sofía con un rostro solemne.

    —Tiene razón Sofía— Agrego Alex —El jefe decidió ir a revisar el campamento. Tú le dijiste que se fuera de ahí. Él te desobedeció…

    —Así es la vida de los guerreros— Dijo Gus —No conocí a ese tal jefe, pero estoy seguro que murió como siempre lo quiso, como un héroe.

    Gus y los demás no supieron que decir. Nuevamente la sala se quedó en silencio. Kian se quedó pensando en silencio. Esa era su vida ahora. Una vida peligrosa en la que quizás nunca podría volver a ver a sus queridos hermanos. Ahora respetaba más a Abraham Arcnaik por ser capaz de vivir por tantos años con una vida como esa.


    (...)​


    En la oficina de la señora Koch se encontraba Marcus y Galilea junto con un radio. El General estaba dirigiendo a unos soldados a través del radio. La señora Koch miraba una carta con un rostro angustiado.

    Ya hemos entrado al edificio— Contesto la voz de un joven a través del radio.

    — ¿Cómo sigue el perímetro, Claudio?— Pregunto Marcus.

    Mis soldados informan que no hay anomalías. Es posible que no tenga aliados por la zona. Quizás no era un jefe criminal, solo alguien a quien le gustaba pagar para llevar a cabo sus planes.

    —Entendido. Traten de no hacer mucho ruido para que no intente escapar. Mantengan silenciado a todos, los vecinos, los guardias del edificio, maldición, hasta los yonkis si es necesario.

    Copiado. Le informare cuando estemos en la puerta de su cuarto.

    —Entendido. Estaremos pendientes— Marcus colgó el radio en la bocina y puso las manos suavemente sobre la carta que estaba en el escritorio de Galilea Koch —Atraparemos a tu hermano. Lo tenemos rodeado, no podrá escapar. A demás, mi Teniente General, Claudio, fue en su búsqueda. Vera las rejas de la cárcel, se lo prometo.

    La mujer volteo hacia el General con los ojos húmedos y los labios apretados —No puedo creer que mi hermano Lorenzo haya sido quien mandara secuestrar a mi hermano. No puedo creer que quisiera eliminarnos… Lorenzo quería matarme…

    —La historia que me dijo el hombre de azul concuerda. Todas las pruebas están como me las planteo. La carta con su dirección y una petición para verse. El dinero que Celio Koch quería pagar a los secuestradores para que le dejaran en paz. El cuerpo de Celio Koch y los turistas… Lorenzo planeaba quedarse con la empresa, por lo que descubrimos de él, parece haberse rehabilitado. Quizás ahora que ya ese encontraba sobrio creía que podía hacerse cargo de la empresa, pero sabía que no le darían la oportunidad para intentarlo…

    —Pero, mandar a matar a tus propios hermanos por una empresa…

    —El mundo es un lugar obscuro, Galilea. El dinero es fruto de los peores males de nuestra sociedad. Todos buscamos el dinero por necesidad, más otros lo desean por codicioso, porque creen que el dinero les trae poder o felicidad. Ese tipo de personas son el virus de nuestra sociedad. Algunos por conseguir este tipo de vienes logran generar una actitud calculadora, manipuladora, fría y ruin. Nada les detendrá si intentan llevar sus planeas a cabo.


    (...)​


    Lejos de la villa Koch del Este, en un pueblo del lado Oeste de Dorinda llamado Howe se encontraba un escuadrón de soldados subiendo por un edificio en un barrio de mala calidad. Un joven alto de piel blanca, lentes y con el cabello castaño largo, lo suficiente como para taparle las orejas; subía por las escaleras de aquel edificio de departamentos. El joven lideraba al escuadrón de soldados. Llevaba un fusil de asalto en las manos y un radio en la cadera. Al llegar al quinto piso levanto el radio —General Marcus, nos encontramos en el piso que lleva al cuarto de Lorenzo Koch— Dijo Claudio a través del radio.

    Entendido, ¿Todo sigue igual de tranquilo?— Preguntó Marcus a través del radio.

    —Acabo de preguntar a mis soldados justo antes de llegar al quinto piso, me dicen que no existen anomalías.

    Prosigan con la captura— Contesto el General de manera seca.

    —Entendido— Respondió el joven. Volteo con sus soldados y les movió la cabeza en dirección al pasillo. Los soldados se acomodaron en la habitación que tenía una puerta blanca, la única diferente a las demás, las cuales eran viejas y de color marrón. Claudio se posó a un lado del picaporte y le arremetió una patada al sentirse listo para entrar. La puerta se abrió y todos los soldados entraron al departamento junto con Claudio.

    — ¡Ejercito del Gobierno Mundial! ¡Lorenzo Koch, queda arrestado por secuestro y asesinato indirecto de Celio Koch!— Los soldados entraron a través del departamento. Era un lugar bastante elegante y arreglado. No había ruido alguno. Claudio y los soldados empezaron inspeccionar el lugar. En la habitación del fondo se encontraba un marco con muchos nombres, números, listados y fotos. Parecía ser todo el plan de Lorenzo Koch resumido. Frente a este marco se encontraba un sillón blanco y una mesa de vidrio de tamaño pequeño, sobre la mesa se encontraba unas jeringas y unos cristales, sentado en el sillón se encontraba Lorenzo Koch, muerto.

    —Esta es la droga que maneja la familia Lebore, Teniente— Comento uno de los soldados, tras tomar un poco de los cristales y molerlos fácilmente, dejando una pasta parecida a la plastilina.

    Claudio inspeccionaba atentamente la escena. Todo parecía tener sentido, el hombre quizás cayo en la tentación después de sentir el peso de haber iniciado su plan. Claudio levanto su radio e informo la situación —La casa se encuentra en buen estado. Hemos encontrado un marco con todo el plan del señor Lorenzo Koch junto con algunos nombres de algunas personas. Inmediatamente investigaremos estos nombres.

    — ¿Y Lorenzo Koch?- Preguntó el General.

    Muerto. Parece ser que murió de una sobredosis— Galilea Koch escucho eso y no pudo evitar llorar. El General Marcus se quedó frente a ella viéndola con un rostro inexpresivo.

    —Entendido, Claudio. Encárgate de la investigación— El General dejo el radio de nuevo en la bocina. Se levantó de su asiento. Observo a la señora Koch —A su hermano Celio lo trataron de extorsionar para generar un programa en el cual poder mover mercancías ilegales. Creo que aquellos criminales no volverán a acercarse por aquí en mucho tiempo. Abriremos un pequeño cuartel para aumentar la defensa de las villas Koch del Este y Oeste, así como el pueblo pequeño de Ainat. No tendrá que preocuparse por seguridad de calidad. La mantendremos lo mejor protegida, Presidenta de los trenes Koch…— La mirada del General era triste al ver a la mujer llorando —Lamento su perdida, Galilea Koch...— La mujer no dijo nada. Marcus comprendió que era momento de dejarla sola. Después de todo, es difícil procesar el mismo día que tus dos únicos hermanos han muerto.

    El General estaba en la puerta cuando se detuvo — ¿Ya llamaste a la familia de Celio Koch?— Preguntó el General con una voz suave.

    —No— Contesto la mujer a secas.

    — ¿Gusta de que lo haga el General que protege su territorio?

    —No…— La mujer se froto los ojos. Aquel segundo no sonó ahogado y silencio —Yo lo haré cuando sea el momento— Esta vez la voz de la mujer sonó más natural —Quiero invitar a todos sus conocidos a su funeral, así que todavía tengo alrededor de una semana para encontrar las palabras adecuadas con las cual decirles lo que sucedió. Supongo que lo haremos en su casa o quizás en la casa de nuestro padre… Muchas gracias…

    —Entiendo— El General abrió la puerta y se fue de la oficina.

    Galilea se quedó sola en su enorme oficina. Volteo hacia el retrato de su hermano y empezó a llorar desconsolada.


    (...)​


    El ejército se retiró de la Villa de la estación Koch después del funeral de los caídos durante el rescate, dos días después de la batalla. A todos los guardias y policías implicados en el rescate se les otorgo el cargo de soldado por su valor en la misión. Esto no aliviaba el dolor de las familias. Pero si aumentaba el honor de sus muertos, ya que todos los guardias fueron cremados con un uniforme del ejército. El último de los helicópteros despego cuando las cenizas de los guardias dejaron de desprender calor.


    (...)​


    En la tarde del día siguiente al funeral de los caídos, Galilea Koch se encontraba en su oficina haciendo cuentas para pagar el funeral de su hermano Celio. La tarde se miraba especialmente roja ese día. De pronto empezó a hacer frió en la habitación. A un lado de la señora Koch apareció el hombre de azul sentado tranquilamente en el escritorio de la mujer.

    —El trato esta cumplido, Galilea Koch— Dijo el hombre de azul, que esta vez venia vestido con un traje de color azul marino y un sombrero del mismo color. En su mano derecha cargaba la funda de su espada.

    —Lo asesinaste…— Gruño Galilea con un tono molesto —No debían de asesinar a Celio…— Se quejó Galilea con lágrimas.

    —Celio ya no existe y Lorenzo, la única persona que podría haberte quitado la empresa murió en su casa. Eres la Presidenta de los trenes Koch, yo creo que hemos cumplido con el trato.

    La mujer se quedó callada. Se escuchaban sus llantos silenciosos en el eco de la habitación. Tenía sus manos en su frente, parecía estresada — ¿Cómo fue la
    muerte de Celio?

    — ¿Deseas la verdad o una mentira piadosa?

    —La verdad.

    El hombre de azul se mantuvo viendo la nada mientras pensaba en como describir la muerte del ex presidente de trenes Koch, Celio Koch. Al final se decidió por algo sencillo —Tuvo una muerte horrible… Como el jefe de policías, todos sus guardias y aquellos turistas… Mi maestro es un monstruo cuando no se controla… Y un tanto sádico también… Tu hermano Lorenzo, por otro lado tuvo una muerte tranquila. Le proporcionamos las drogas de las cuales era más adicto. Destruyo todo por lo que había trabajado en apenas unos segundos…

    —Nunca hubiese querido un destino así para mi hermano…

    —Esos son los estragos de la ambición, Galilea Koch, pero mira ahora, tienes toda esta oficina para ti sola. Toda esta enorme empresa familiar para ti sola… ¿Familiar? Perdona, me equivoque, suena mejor si digo, tu empresa…

    La mujer se quedó callada, formando parte del silencio de aquella oficina.

    —Muy bien, Galilea. No tienes que preocuparte por nada de este crimen. Nadie sospecha de ti, todos creen que esta masacre la creo tu hermano menor... Un plan maravilloso, digno de una gran empresaria. Felicidades por su ascenso— El hombre de azul camino hacia la ventada y observo el paisaje desde ahí —Ahora quiero escucharte decirlo, ¿Nos pagaras como es adecuado?

    La mujer se acomodó el cabello. No dirigió la mirada hacia el hombre de azul —Lo haré, les daré el permiso de transportar lo que gusten y viajar gratis cuanto quieran… A ti y a los tuyos… Solo especifíquenme sus nombres antes de abordar…

    —Muy bien, lo haremos. Estamos a punto de irnos. Pagaremos este viaje por cortesía, después usaremos tu querido servicio— El hombre observaba desde su hombro con una sonrisa a la delicada mujer —Un placer hacer negocios con usted— El hombre se dirigió hacia la puerta y se fue con un aire triunfante.

    Galilea Koch se quedó sola en su oficina en el inicio de la noche. Volteo hacia el ahora su cuadro. Aprecio su postura perfecta, su porte de empresaria, su sonrisa. Después dirigió su mirada hacia el cuadro removido de la familia de Celio. Abrió un cajón y ahí se encontraba un teléfono como de esos que ves en una película de los cincuentas. Empezó a marcar con girar el círculo de las numeraciones. De pronto hablo la voz de un niño. Era su sobrino. A Galilea se hizo un nudo al escuchar la voz de su sobrino. La mujer pidió hablar con su mama.

    — ¿Cuñada?— Preguntó la viuda.

    —Querida… ¿Cómo está?

    —Estoy bien, gracias por preguntar, Galilea, no sabes nada de Celio, se fue hace unos días y no nos ha llamado ni una sola vez. Los niños están preguntado por él.

    —Si… Sobre Celio… paso algo…— La voz de Galilea se quebró, la esposa supo que no era una buena noticia. Galilea mintió una vez más. Diciendo que Celio había sido asesinado por unos bandidos, pero que no lo habían hecho sufrir.


    (...)​



    El hombre de azul caminaba por la acera, pasando lejos de los faros. Llego al tren y dio su boleto al portero que cuidaba la entrada. Se dirigió al último vagón donde se encontraba un hombre alto y fornido con un traje de color gris y un sombrero negro. El hombre de azul se sentó frete de él.

    —El trato fue concretado— Dijo el hombre de azul tras acomodar su espada a un lado del asiento.

    El hombre de traje gris levanto la cabeza —Excelente.

    — ¿Volveremos con Apolo y le daremos este nuevo trato que hemos conseguido?

    —Eso depende, si llega al trato adecuado, sí. En este mundo existen muchas personas que pueden darnos grandes ofertas por un beneficio como este que
    estamos manejando con la señora Koch.

    — ¿Crees que todos puedan cumplir?

    —Lo harán…— El hombre de traje gris vio por la ventana hacia el suelo obscuro — ¿Te encargaste de que el trio de hermanos no pudiesen hablar nunca más?

    El hombre de azul metió su mano al bolsillo interno de su saco. Del bolsillo saco unas hojas enrolladas. Era un periódico —Ábrelo en la página tres…

    El hombre de gris lo abrió en la página indicada. Ahí se podía leer: “Helicóptero estalla, parece ser que fueron fallas técnicas. En el accidente mueren tres desconocidos y cinco soldados de Hericent”

    —Fue fácil, solo tuve que hacer unos detalles al tanque de gasolina. Nadie me vio con mi disfraz de guardia puesto…

    —Es el mejor trabajo que hemos hecho… Ahora solo debemos conseguir sacrificios para cuando vuelva a caer en locura… ¿Trajiste las vendas?

    —Se encontraban en la maleta que le di.

    —No me di cuenta. Muy bien, creo que “Momia, El asesino” tendrá que estar libre por un tiempo…

    El tren empezó a arrancar — ¿Me preguntó en donde terminaremos…?— Dijo el hombre de azul justo cuando el tren se introdujo en el túnel de la cordillera de Walls.
     
    Última edición: 23 Marzo 2019 a las 6:14 PM
  12. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 11 - Magia
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    4151
    Capítulo 11 — Magia

    Han pasado cinco años desde los sucesos iniciales. Bastian, Mairis y Bruno tienes la edad de unos adolescentes, trece, trece y catorce años respectivamente. Unos jóvenes que se la pasan divirtiéndose saliendo con los jóvenes del pueblo.

    Mike ahora es un niño tranquilo de cinco años que gusta de jugar con sus muñecos, de comer dulces y pasar el tiempo con su hermano y Mairis.

    Kian ha sido ascendido después de múltiples misiones, volviéndose Capitán de un escuadrón. Un escuadrón compartido con Gus, debido a su trato que nunca fue roto, el trato de ser el sheriff de LaneCloud.

    Martin, al igual que el sheriff siguen manteniendo un perfil como soldados en distintas misiones comúnmente llevadas a cabo por solitario. Mantuvieron las rutinas casi siempre de hacer una misión después de que el otro hubiese terminado la suya. Los entrenamientos se volvieron rutinarios y menos cansados.

    Las clases aumentaban en intensidad, pero fuera de las ciencias, matemáticas, física, todo seguía estando a un nivel lo suficientemente aceptable.

    Durante una mañana de otoño el sheriff cito a los tres chicos al terreno de entrenamiento.

    Esa mañana era especialmente fría.

    Los tres adolescentes estaban observando hacia el camino que llevaba hacia la entrada principal de la casa. El camino era de piedras de color marrones que habían puesto Kian y el sheriff durante la primavera. Detrás de los adolescentes se encontraban Kian y Martin con una pose de firmes. Detrás de los dos soldados se encontraba Mike sentado en el un tronco que servía como silla.

    Mike se preguntaba cómo era posible que su hermano y amigos pudiesen estar afuera parados con tan poca ropa como una camisa de manga sacada y unos pantalones ligeros. El pobre niño se encontraba abrigado desde la punta de su dedo más grande hasta la última parte de su cuello.

    El niño empezaba a generar una fascinación por las capacidades tan gloriosas de ellos tres. Quería ser tan increíble como su hermano, ser la mitad de amable que era Mairis y la mitad de lo estratégico que era Bruno. Ser tan listo como Martin, tan rudo como el sheriff y noble como Kian.

    El sheriff camino hasta los tres chicos cargando una mochila grande en su hombro. Se quitó el sombrero y aprecio el día. Al sheriff le agradaban los días fríos. Los muchachos observaron que se puso delante de ellos. El hombre aclaro la garganta, mientras se ponía el sombre de nuevo —Han entrenado muy duro. Finalmente creo que sirven para algo. Muchas felicidades, no se lo digo a cualquiera…

    Bastian no pudo dejar de sentirse extrañado, los halagos no eran algo común en las frases que utilizaba el sheriff. Sintió un alivio enternecedor en el corazón al escuchar esa frase: “Muchas felicidades”.

    —He estado hablando con Martin. Al igual que con Kian. Los tres juntos han llevado combates en equipo, como individualmente, contra ellos. Dependiendo de los casos lograron vencerles. No todos lo hicieron, no todas las veces fue el mismo resultado. Aunque sinceramente estoy bastante conforme con los resultados. Aunque siguen sin ser capaces de lograr plantarme cara, pero bueno, para eso les faltan años todavía…— Bastian en ese preciso momento olvido esa tibieza en su corazón y recordó que hablaba del sheriff. Ese hombre no podía mantener una buena actitud por un largo momento.

    Mairis soltó una pequeña risa por el egocentrismo del sheriff y Bruno mantuvo la calma. Bastian puso una mueca en su rostro, por el desagrado.

    El sheriff espero a que Mairis acabara su silenciosa risa. Hecho un suspiro y levanto su mano. A un lado de ellos se encontraba una fogata donde cocinaban algunas golosinas mientras miraban las estrellas. Una actividad que compartía el sheriff y parecía disfrutar con todos ellos. El hombre levanto su mano y disparo una llama hacia la fogata que había permanecido inactiva en el verano —La magia…— Murmuro el hombre— Desde este momento Martin y Kian se encargaran de enseñarles el uso de esta técnica. El arte de utilizar magia es un arte complejo, pero que con suficiente empeño las bases pueden ser dominadas en el paso de un mes o quizás dos…— El hombre volteo con Bruno, ya que era el que menos avanzaba en los entrenamientos físicos.

    Mike empezó a reír. Bruno puso una cara de enojo con asombro. El chico no comprendía por qué hacer ese tipo de comentarios en un momento como ese.

    —Los hechizos básicos de cualquier magia son fáciles de usar. Con un debido entrenamiento, estudio y buen flujo de magia, es posible que lo logres controlar en un par de días. Sin embargo las magias pueden ser llevadas a otros niveles, para eso es necesaria una adopción de magia. Es fácil comprender la diferencia entre una magia básica y un hechizo básico...— El hombre volteo a ver su gruesa mano llena de cicatrices y cayos —Mientras que yo puedo crear una llama con un hechizo básico, si yo tuviese una magia adoptada de fuego, bueno, entonces yo podría crear algo asi— El sheriff agito rápidamente su mano y aquella fogata se desintegro en una llamara increíble. El calor de aquella llamarada genero tanto calor que Mike incluso pensó en quitarse la ropa que tenía puesta.

    —Creo que pueden comprender lo que quiero decir…— El viejo sheriff volteo hacia los tres muchachos. Por un momento los chicos creyeron que el sheriff estaba a punto de hacerlos tostadas —Saldré durante dos meses a unas misiones del Servicio Secreto, terminadas las misiones hare unos viajes personales. Cuando vuelva ustedes deberían saber cómo utilizar los hechizos más básicos de la magia y estar listos para poder adoptar una magia. Martin y Kian van a entrenarlos de la mejor manera posible. Esfuércense, no quiero que los hagan perder el tiempo— El sheriff se acomodó su mochila y vio a los chicos con un rostro duro, pero los chicos ya estaban entrenados y acostumbrados, esa mirada ya no les causaba ningún miedo —Nos vemos chicos— El hombre se dio la vuelta y empezó a caminar sin voltear hacia atrás. El viento le levantaba el sombrero y el movía su chaleco marrón. Finalmente su figura se desapareció en el fondo del pueblo.

    Cuando se encontraba lo suficientemente lejos los chicos festejaron la noticia.

    — ¡No puedo creerlo!— Grito Mairis mientras abrazaba a Bastian y Bruno.

    — ¡Vamos a ser magos!— Grito Bruno al sacudir a sus amigos.

    — ¡Cuando seamos magos podremos dar una paliza al sheriff!— Grito Bastian de manera eufórica señalando a la dirección por donde se había ido el sheriff.

    Mike se levantó de su asiento y corrió mientras festejaba al ritmo de sus compañeros.

    Kian sonrió con ternura al momento de sacudirse el cabello para quitarse unas hojas que se le enredaron en su cabello alborotado —Lo van a lograr, estoy seguro. Son muy buenos— El joven Capitán volteo con su antiguo mentor y le vio sonreír de manera alegre al ver a los chicos festejar con tanto ánimo.

    —Lo sé, la magia clásica es sencilla— El hombre volteo hacia Kian, se le miraba mucho más maduro que cuando había llegado a la casa. Ahora era un hombre de veintiocho años que había crecido junto a sus queridos niños —Tendrán que esforzarse mucho para conseguir adoptar una magia— El hombre levanto las cejas —A demás, esos tres han estado entrenando contigo durante las noches. Es imposible que el sheriff no se haya dado cuenta, pero no lo quiso comentar.

    Kian abrió los ojos de la sorpresa. Volteo a ver a los chicos y tartamudeo al tratar de defenderse —B…Bu… bueno. Si...Si… Si, hemos entrenado a escondidas, pero, ammm, bueno, son muy buenos.

    —Me lo imagino. Tranquilo, entrenarlos por tu parte no es nada malo. Al menos no me importa a mí. Supongo que al sheriff tampoco le importa, mientras mejoren y no se atrasen en otro tipos de cosas— El hombre se calló y se acercó a Kian —Entrénalos lo mejor posible, sé que necesitas ser el sheriff y un Capitán al mismo tiempo, pero trata de hacer lo mejor que este a tu disposición para que aprendan bien. Al medio día me tocara a mí. Las clases educativas no existirán durante dos meses. Tenemos que adiéstralos lo mejor posible para que se vuelvan magos lo suficientemente adecuados.

    —Saben mantener flujos constantes de magia, al menos. Creo que tendré que empezar a adiéstralos en hechizos. Los entrenare en la comisaria para no descuidar mi trabajo, ve por ellos al medio día. Para entonces ya sabrán controlar hechizos.

    —Tu solo ve que no se maten intentándolo…— Martin le dio unas palmadas en la espalda. Ambos hombre miraron a los chicos con alegría. Los chicos se miraban muy felices ahora que el sheriff los estaba tomando en serio.


    (...)

    Los entrenamientos en las artes magias dieron inicio. Al inicio todo fue relativamente rápido, los chicos, como había afirmado Kian, eran muy buenos. Tardaron unos pocos días en poder manejar un hechizo simple de energía. Kian los encerraba en las celdas hasta que viera un progreso significativo en los muchachos. Bruno siempre tardaba un poco más que Bastian y Mairis. Kian se encargó de instruirlos adecuadamente en todo lo relacionado sobre la magia, como era la simbología, los nombramientos, el control, la invocación y la escritura de hechizos.
    Mientras estaban encerrados en las celdas Kian recitaba las lecciones:


    «La magia es un flujo de energía dado por los Ángeles a los humanos en los tiempos aterieres al primer Chasoul. Los primeros magos nos adiestraron en este arte. Primero que nada debemos comprender que la Magia proviene de la fusión entre el alma, nuestro planeta y la energía que recorre todas las cosas. Un gran mago es capaz de modificar extensiones enormes de la tierra, es capaz de crear montañas, de mover mares, de apagar el fuego más intenso y detener el flujo más grande de cualquier volcán. Pocos son aquellos que lo han logrado, pero si comprendemos este arte lo suficientemente bien lograremos estar un paso más cerca de ese punto. Sentirás la magia cuando logres ver la energía fluir a través del viento que sopla en el campo durante un día de verano. En el flujo de una cascada de agua que genera un rio. Cuando comprendas como el calor fluye a través de aquella fogata. Al momento de ver como el cielo genera truenos y ventiscas. Al apreciar como un tornado devasta todo a su alrededor o como la tierra se mueve sin ningún control tras un terremoto. La energía esta en todos nosotros, y vive con nosotros, solo no le prestamos atención. Sin embargo una vez entiendes como fluir con ella, entonces es mucho más fácil manipularla.»


    Los entrenamientos se volvieron duros, y al mismo momento en que se volvían más duros y veían menos avances, los chicos comprendían porque la magia era algo que no podía controlar todo el mundo. Como todo arte, la magia también se domina con el tiempo y la perseverancia, fallando una y otra vez hasta lograr comer los menos errores posibles.

    Martin era muy severo con su entrenamiento en el arte de la magia. Él se defendía diciendo que asi era como su hermano Arlong lo entreno, aunque los chicos no creían que fuera de todo cierto. Un día los llevo a entrenar en una planicie en donde comúnmente las vacas eran llevadas para pastar.


    «Una vez entendido el flujo de energía que existe entre todo el universo y ustedes, llega el momento de dominar dicha energía. A esto se le conoce como hechizos básicos, los cuales son controlar la energía de su entorno para crear ataques. Uno puede crear maravillas con este nivel de poder. Puede llegar a crearse grandes cosas como una espada larga, como un armadura o un escudo. Aunque también puedes quedarte con los niveles más básicos de esta magia, como los son las él lanzar pequeñas esferas de magia concentrada hacia un enemigos, o generar rayos que con la suficiente energía carga pueden llegar a matar a tus rivales. Algunas personas incluso son capaces de crear una lluvia de cuchillos, grandes muros y demás. Todo esto va ligado al control que tengas sobre tu flujo de energía. Este flujo se mejora con la práctica. Pero no es un recurso inagotable. En nuestro ser existe algo llamado el alma, esa alma se rompe en tres profundidades que debes conocer muy bien. Primero que nada existe el alma de contacto; Esta alma se encarga de todos los movimientos que hagas con la energía que te rodea. Esta profundidad tiene un límite de control y se desgasta, pero se regenera con reposo. Incremente con el tiempo y con la frecuencia en la que lo uses.»


    Durante una tarde Martin llevo a los chicos a la playa. Sobre la cima de unas rocas en la orilla del mar los chicos meditaban mientras escuchaban las lecciones de su apuesto maestro.


    «La segunda capa de magia se le es comúnmente conocida como el alma profunda. La membrana con la que se sustenta todo tu ser. Utilizarla desgasta tu cuerpo, lo que hace que te canses más rápidamente si la consumes, asi que si llegas a consumir esta capa de magia por completo es cuando sucede el famoso “descargue” ; Lo cual no es otra cosa que cuando tu cuerpo termina tan agotado que apenas te puedes mover. Llegar a este punto es demasiado peligroso en un combate, y si los magos llegan a perder sus peleas, es por dos cosas, por no saber pelear de manera física y por agotar esta membrana, la cual es la más grande de toda el alma, sí, pero por lo mismo no debes de abusar de ella. Al igual que la capa del alma de contacto, esta parte del alma crece con forme tú la utilice, con forme tú la relajes y se regenera con el tiempo»


    Una noche estrella Kian junto a todos en una fogata y los hizo meditar durante la noche mientras rodeaban en conjunto una fogata. Fogata que Mike aprovecho para comer unos deliciosos malvavisco mientras que los chicos entrenaban.

    «La tercera capa del alma es la más pequeña de las tres, y es la única que no se regenera de ninguna manera. Aunque pequeña, este pedazo de alma es la que genera un flujo de magia más desorbitado, por lo que cuando utilizas esta membrana de alma puedes aprovechar al máximo todos los hechizos que conozcas. Este debe ser utilizado solo en casos de emergencia, cuando estés en una situación desesperada o de vida y muerte. Esta membrana es conocida como el alma del todo, y su uso reduce tu esperanza de vida. Con forme más las desgaste tu vida pierde esperanza. Si la agotas, en el último instante de tu vida logras generar una energía descomunal. Es por eso que gano ese nombre, porque cuando mueres utilizando este pedazo de alma te vuelves parte de todo, durante un instante tu energía se funciona con la del universo, elevando tus limites a niveles que no creerías que eres capaz de lograr nunca. El efecto del último retazo de esta vida es corto y cuando acabas indudablemente mueres, para volverte parte de la energía que existe en todos lados. Cuando abusas de esta membrana sucede un efecto llamado “Purificación”, lo cual se basa en que tu cuerpo pierde color. Tu piel se vuelve cada vez más blanca hasta llegado el punto de un color perla, pero no solo tu piel, sino también tu cabello y ojos pierden su color, llevándolos a un color plateado blanquecino»

    «Existen otros detalles sobre la magia, por ejemplo, cuando tú has adoptado una magia en específico y logras llevarla a un perfecto equilibrio, a un punto exacto en donde termina el alma de contacto y el alma profunda; a eso se le llama la “frontera”. Y si llevas el uso de tu magia adoptada a la frontera logras un efecto al que se le llama “Sincronización”, la cual no es otra más que el control máximo de la magia que has adoptado. Mas no debes de abusar de ella, pues el abusar de la Sincronización durante tiempos prolongados no hará más que fusionarte con el elemento al que has adoptado. Sin embargo, el llevar a tu magia hasta este punto repetidas veces durante periodos cortos de tiempo no lleva a tu cuerpo más que al cansancio. La identificación de la fase de sincronización es sencilla, pues el flujo energía aumenta, los hechizos que haces se vuelven mucho más poderosos y tus ojos obtienen un brillo de tonalidad identificable con el elemento que hayas adoptado»

    «Y existe una última cosa sobre el alma… La historia narra que los ángeles nos dieron la magia… Es por eso que existe un curioso caso llamado “Metamorfosis”. Este caso se da cuando llevas a tu magia al punto de la frontera entre el alma del todo y el alma profunda. Hacer esto solo es posible durante breves momentos y en caso de repetirlo unas cuantas veces solo hará que termines rindiéndote ante la Metamorfosis. Este caso genera en el individuo una transformación idéntica a la de un ángel. El cabello crece y se vuelve plateado, unas alas perfectamente blancas aparecen y tu cuerpo se vuelve muchísimo más fuerte y resistente. Mas no todo es belleza, llevar tu cuerpo a este punto te da un poder inigualable, eso no tiene duda, pero el pago por este poder es la muerte absoluta… El mismo caso pasa para la mezcla de artes obscuras, presencias demoniacas y rituales de invocación. Un humano que lleve su magia a la segunda frontera lo único que lograran es perder su humanidad… Aquellos que lleven sus actos a este límite solo les queda ser bestias.»


    Los entrenamientos de magia se volvieron lo más común. Para los chicos estudiar, meditar, comprender y fortalecerse se transformó en su día a día. Era pesado, era aburrido incluso a veces, pero toda esa frustración que existía cuando lograban ver un pequeño índice de que lo estaban logrando.

    Los entrenamientos físicos no se detenían, Martin, ahora que podía utilizar su magia en sus combates ahora parecía un objetivo increíblemente difícil, a pesar de que lo atacasen entre los tres. El hombre incluso peleaba sin prestarles mucha atención, y con un libro en la mano. Mientras recitaba lecciones de simbología de hechizos.


    «La magia simple puede ser controlada a través del entendimiento del alma con la energía del universo. Su control no pasa de aprender a fluir con la energía de todas las cosas. El manipularla se vuelve sencillo. Es por eso que la magia básica llega a ser utilizada por muchos de los soldados del Gobierno Mundial. Sin embargo, la magia no solo se limite al control de la energía del todo. No, la magia bien aprendida puede dar puertas abiertas a hechos increíbles, incluso inexplicables para una persona sin ningún conocimientos sobre la misma. Los hechizos sirven para eso, son una serie de instrucciones creadas para poder genera una acción en específico de la magia.»

    «La ciencia de los hechizos fue creada por los humanos para darles un sentido lógico y metódico al sin sentido de que la magia generaba en la mente humana. Los primeros magos, junto con los científicos de la época diseñaron este método de simbología. Dicho procedimiento fue explicado a los Ángeles, los cuales al comprender el funcionamiento de los hechizos lograron avanzar en esta ciencia rápidamente y pudieron adiestrar a los primeros magos con mayor facilidad. Sin embargo los ángeles, junto con aquellos científicos y primeros magos crearon las bases de la simbología y lectura de hechizos. Los humano fueron progresando en esta ciencia con el pasar de los años.»

    «La simbología de las runas mágicas se basa en la escritura de diferentes procedimiento dentro de aros mágicos en un idioma creado para la generación de hechizos. Los magos aprendices deberán aprenderse el abecedario y palabras claves de este lengua a base de runas.»

    «Las instrucciones de los hechizos son creados con la mente. Con el tiempo las escritura de las runas mágicas se vuelve a intuitivo, por lo que de pronto la mente comprende cómo escribir las runas sin necesidad de hacer un gran esfuerzo en ellas.»

    «Mientras que un hechizo común puede llevar unas cuantas líneas de símbolos, los más complejos llegan a abarcar decenas de aros mágicos para poder concretarlos. Estos hechizos suelen ser muy poderoso, a la vez que exageradamente complejos de realizar, por lo que no son recomendables para el combate. Esto es debido a que hechizos tan poderosos como la creación de un pequeño terreno tiene que ser descrito con claridad, al igual que con sentido para poder llevarse a cabo. Al igual, que mientras más complejo es el hechizo, mas palabras claves de conocer. Sin hablar que para generar un hechizo increíblemente poderoso es necesario también que el usuario cuente con un envidiable manejo del flujo del alma.»

    «El conocimiento es poder. En las guerras un gran mago que se ha adiestrado en el arte de la magia vale por cien soldados que simplemente han sido entrenados en combates físicos. Pero el conocimiento no lo es todo, pues un buen mago puede llegar a perder en combate por una sencilla razón, la falta de entrenamiento físico. El verdadero gran mago es aquel que con su conocimiento es capaz de generar hechizos inigualables, mientras que a su vez es capaz de pelear en el campo de batalla sin necesidad de depender de su magia.»

    «La adopción de magia es el escalón que sigue tras haber conseguido un control de la magia decente. No es necesario que los magos lleguen a adoptar una magia. Un buen mago es capaz de lograr maravillas con el control profundo de una gran variedad de hechizos de cualquier tipo de magia que puede ser adoptada. Sin embargo la adopción de un tipo de magia genera grandes ventajas en un usuario, ya que un mago que ha adoptado una magia es capaz de controlar dicha magia sin necesidad de hechizos, pues la adopción de una magia no es más que el equilibrio, entendimiento y unión del alma de un mago con el elemento que se desea adoptar.»

    «Como última lección sobre la simbología se ha de aclarar una de las cosas más increíbles halladas por el hombre. Tras la partida de los ángeles, los humanos entre una de sus muchas investigaciones logran llegar a la conclusión de que el alma de todas las personas esta encriptado con una sucesión de runas que va cambiando con el crecimiento y el conocimiento de las personas. De esta manera se logró explicar la razón por la cual los magos son incapaces de lograr generar hechizos sobre personas con facilidad, pues para lograr la concreción de un hechizo sobre una persona es necesario poder comprender el encriptado de las runas de la misma persona. Esto puede llegar a ser relativamente sencillo en personas que no poseen un gran nivel intelectual o sin gran cantidades de experiencias que hayan fortalecido al instinto o al cerebro; Se debe a que los aros de los encriptados es reducido y fácil de leer, mientras que un mago experimentado puede llegar a contar con decenas de inscripciones, volviéndose imposible la opción de lograr crear un hechizo como la manipulación.»

    «Por ultimo he de aclarar que la magia no es otra cosa más que el poder de poder hacer fluir y manejar la energía del universo, y propia, para el desarrollo de distintas acciones. La magia es una habilidad que fue otorgada a los mejores guerreros de los tiempos más obscuros de la existencia. Esta habilidad ha ido pasando como una antorcha de generación en generación descendiente de aquellos guerreros. Hasta la fecha no se ha dado el hecho de que un humano sea capaz de utilizar magia, por lo que se concluye en que la magia es únicamente exclusiva de la raza de los magos. Mas no está de más saber sobre el arte de la magia al ser un humano común, pues quien sabe, quizás puedas ser tu quien sea el primer humano en la historia, que pueda utilizar magia.»


    Los tres adolescentes trataban de levantar el agua de un vaso con un hechizo simple. Ninguno de los tres lograba hacerlo. Martin los observaba con tranquilidad. Cerró el libro haciéndole sonar.

    —Con estas palabras terminamos la introducción a la magia del primer tomo de James H. Burn, “El gran maestro de la magia”— Descansemos por hoy. Mañana continuaremos entrenando…

    Los chicos soltaron el agua, lo más que la habían podido levantar había sido apenas un par de centímetros. Cada uno respiraba agitado y sudaba como si hubiese corrido una gran distancia. Ahora entendían que ser magos no era cualquier cosa. Y quizás este era el mayor reto al que se tendrían que enfrentar… hasta ahora…
     
    Última edición: 23 Marzo 2019 a las 6:14 PM
  13. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 12 - La ultima nevada del invierno
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    5928
    Capítulo 12 — La ultima nevada del invierno

    El invierno estaba terminando, no sin antes dejar la última nevada de su ciclo. Llenado LaneCloud de un hermoso color blanco y un frio impecable que helaba los huesos, forzándote a estar muy arropado.

    Con la última nevada llego también la cuenta regresiva para el regreso del sheriff. Dentro de poco más de tres semanas el hombre volvería, y los chicos no se sentían listos para poder ir a adoptar magia, a pesar de que Kian y Martin les decían que habían mejorado bastante bien.

    La tarde en la que dio inicio de la última nevada del invierno, Mairis, Bastian y Mike habían salido a caminar. Terminando en el parque de LaneCloud para que Mike jugara en los columpios. Bastian y Mairis se encontraban sentados las orillas de cemento donde estaba plantado un árbol. Los pies le volaban, pero los montículos de nieve eran altos en ciertos puntos.

    Bastian estornudo —Maldición… aún faltan diez días para el final del invierno— Gruño entre dientes.

    —Fuese primavera o invierno te hubieses enfermado igual, Bastian— Dijo Mairis con una risa burlona al verle enfermo. La chica saco unas pañuelos desechables para que el chico se limpiase la nariz —Debiste quedarte en la casa, salir solo hará que los síntomas empeoren.

    El chico se sonó la nariz y guardo su papel en su bolsillo derecho, junto con todos los anteriores —No quiero estar en casa, Bruno está estudiando sobre simbología y créeme que si vuelvo a escuchar la palabra magia una vez más voy a enloquecer…

    —Magia— Dijo Mairis entre risas.

    Bastian empezó a hacer un sinfín de señas, muecas y movimientos aleatorios — ¡Te lo dije! ¡Ya no me podrás parar!— La chica empezó a reír con más fuerza. El
    chico le acompaño poco después de iniciadas las risas.

    Una vez más tranquilos, Mairis continuo la conversación —Tienes razón, yo también estoy bastante estresada con todo este asunto de la magi…— La chica se detuvo porque vio que Bastian se alistaba a empezar hacer sus gestos — ¡No, Bastian, para, déjame hablar!— Le dijo entre unas risas delicadas, combinadas con un empujo suave en el hombro.

    Bastian se dejó llevar por el empujón, volviendo a su posición como un resorte —No tienes derecho a decir algo así, Mairis, ¡Eres la mejor de entre los tres!

    Mairis jugaba con la nieve que alcanzaba con sus pies —Si, tienes razón, quizás sea la que mejor ha avanzado… De hecho siempre ha sido así… Pero… ¡oye también lo estoy pasando mal!

    El chico empezó a reír —No es cierto, solo no te gusta ser la que destaca en todo… Tranquila, algún día Bruno y yo lograremos tener todo ese talento que tu posees y saborearás el amargo sabor de estar en tercer lugar.

    —No lo digas de esa manera, me hace creer que Bruno enserio lo pasa mal siendo el peor de entre los tres…— La chica se giró al lado contrario de donde estaba Bastian con una mueca en el rostro.

    —Nunca me lo ha dicho— Dijo Bastian con tranquilidad —Supongo que no le importa mucho. No tienes que preocuparte por ese tipo de cosas.

    —Bueno, si tú lo dices, quizás sea verdad— La chica agacho la vista. Perdiéndose en infinito color blanco de la nieve.

    Pasaron unos segundos de silencio hasta que Bastian continuo la conversación — ¿Formaras parte del desfile del inicio de la primavera, Mairis?

    — ¿Qué? ¿Por qué lo mencionas?— Pregunto Maris con asombro.

    El chico soltó una risa delicada al ver la inesperada reacción de su amiga —El otro día estuve hablando con nuestra “futura cuñada”. Sé que es difícil de creer, porque tu amiga Alicia no habla mucho, pero entre intentos de sacarle un poco de conversación salió lo de que entre todas las chicas de tu grupo van a participar con una carroza para el festival de inicio de la primavera.

    La chica murmuro algo no entendible. Después se giró hacia Bastian de nuevo y contesto —Bueno, no me molestaría participar, pero es que tengo un poco de pena, para empezar ninguna de nosotras somos unos prodigio para bailar, además de que voy retrasada con la rutina... Si entro solo las retrasare…

    Bastian hizo una larga tonada como si estuviese pensando —Bueno, no quiero que le digas a ninguna de tus amigas, sobre todo a Melissa…— El chico apunto a Mairis con un rostro serio. La chica solo empezó a reír tras escuchar el nombre de Melissa, la cual era la amiga que le gustaba a Bastian —Vi la carroza el otro día cuando estaba pasando por uno de los almacenes. No se ve nada bien… Pienso que si tú les ayudas quedaría esplendida, tienes un excelente gusto por el decorado y la vestimenta. Estoy seguro de que si tú participas deslumbraran entre todas las otras carrozas.

    La chica se quedó pensativa unos cuantos segundos —Creo que tienes toda la razón— Mairis empezó a reír —El otro día vi la carroza también, me pareció todo un desastre. De hecho me puse a trabajar un diseño. Creo que si pudiésemos decorarlas con flores de la tienda de la abuela de Melissa podríamos hacer que se mire bastante linda. Luego esta un detalle que pienso que se vería increíble, si pusiéramos unas véngalas en cada esquina de la carroza seguro generaría un buen aspecto de luces que ayudaría en lo visible que puede ser el baile.

    —¡Lo vez! ¡Tienes talento! ¡Sin embargo deberías unírteles! ¡No te preocupes por aprender a bailar, eres genial para todo lo que haces, seguro lo harás mejor que todas tus amigas! ¡Y por los entrenamientos de magia no te preocupes, vas adelantada, si te tomas unos días para trabajar en lo del desfile no te atrasaras!

    Mairis se sonrojo y empezó a reír apenada —¿Tu crees?

    —¡Yo digo que lo hagas! ¡Siempre es bueno intentar cosas nuevas! ¡Arriésgate! — La forma animada en la que Bastian la incitaba a intentar participar en el desfile solo causo que Mairis se ruborizara más.

    Las voces de unas chicas retumbaron en los oídos de ambos. La voz pertenecía a la amiga de Mairis, Melissa. Venia acompañada de las otras amigas de Mairis —Creo que nuestros poderes de invocación están dando frutos— Bromeo Bastian. El chico empezó a moverse animosamente al ver a Melissa. La chica no pudo evitar reír ante la broma y ante la forma de actuar del enamorado Bastian.

    Melissa llego a interrumpir las carcajadas silenciosas de su amiga. Era una jovencita de la edad de Mairis de piel morena y rizos como tubos de color negro. Delgada y de labios gruesos.

    Saludó a Mairis de un beso en la mejilla y le lanzo la última noticia, las flores de su abuela estaban a unos dos o tres días de nacer. Después saludo a Bastian con un abrazo. El chico se sonrojo un poco. El resto de las chicas saludaron de igual manera.

    —Me dijo Alicia que te conto sobre lo del festival, Bastian.

    Alicia, la jovencita que le gustaba a Bruno se apeno. Ella era una chica de piel blanca, de lentes y cabello lacio castaño. Era bastante bajita. Una chica linda y con
    una bella sonrisa, pero bastante tímida.

    Alicia se escondió detrás de un par de chicas tras recibir la mirada de Melissa, que para nada había ido desagrado. Bastian se froto el cabello con nervios —Oh, sí, estábamos conversando y salió el tema. Creo que es una gran idea, te verás bien bailando… Se verán bien bailando todas, quise decir— El chico se sonrojo más después de corregirse a sí mismo. Melissa sintió un poco de pena, pero al mismo tiempo soltó una risa nerviosa y alegre.

    —¿Ya saben cómo van a decorar la carroza?— Pregunto Mairis —El otro día dijiste que cambiarias el diseño.

    —Hemos tratado de hacer unos diseños, queríamos intentar algo con las flores de mi abuela, pero lo único que se nos ocurre es que quizás podríamos hacer unos árboles artificiales y decorarlos con todas las flores. Se vería lindo…

    Mairis asintió con un poco de duda en su rostro tras escuchar la idea —Suena bien— Contestó la jovencita con una sonrisa forzada —Pero si haces los arboles solo generaras una sombra en la carroza y no se verán ustedes cuando bailen.

    —Esa es la idea…— Comento Alicia desde atrás en voz baja. Las chicas con las que venían empezaron a reír.

    Melisa continuo hablando con Mairis —¿Tienes una idea? Así como lo dices quizás tengas razón, va a ser un poco extraño vernos bailar en las sombras de los arboles…

    —Tengo un par de ideas. Si gustas espérame en tu casa y en unos minutos llego con los dibujos que hice para la carroza.

    —Por supuesto. Ahí te estaremos esperando, de hecho íbamos en camino para practicar el baile.

    Mairis le sonrió a su amiga —Melissa, estaba hablando con Bastian, creo que si participare en el baile.

    —¿Enserio?— Preguntó Melissa asombrada. Justo después conecto miradas con Bastian durante un breve instante —¿No te retrasaras con tus practicas mágicas?

    —Para nada, Bastian me estaba comentando que voy muy adelanta… De hecho si, voy adelantada, tiene toda la razón. No creo que se Martin o Kian se molesten porque trabaje unos días en lo del festival… A demás, si van a bailar horrible, creo que yo quisiera estar con ustedes, para que ninguna evite la burla— La chica soltó una risa delicada. Melisa le acompaño. Al igual que una que otra del grupo de amigas.

    —¡Sera maravilloso tenerte en el equipo!— Dijo de manera animosa Melisa.

    Mairis lanzo una gran sonrisa. Bastian sonrió al verla feliz.

    —Solo permite pedirle permiso a Martin, estoy segura que si me dejara, pero por si acaso… Ahora lo único que me preocupa es atrasarlas con el baile…

    —Por eso no te preocupes— Dijo una de las amigas del grupo —Hemos estado trabajando en la carroza. Apenas hemos podido trabajar en lo del baile.

    —Si vamos a bailar horrible será porque no hemos practicado— Comentó Melissa con pena. Mairis empezó a reír delicadamente tras escuchar esto —Muy bien, te estaremos esperando en mi casa para ensayar el baile. Lleva tus dibujos de la carroza— La jovencita dirigió su mirada esta vez hacia Bastian — ¿Iras al festival?— Le preguntó al chico con pena.

    Bastian abrió los ojos y volteo hacia los lados, pensando que quizás no le hablaba a él —Este… ammm… Bueno, es que normalmente nunca vamos al festival— El chico miro atentamente a Melisa —Pero si ustedes van a participar entonces iré con gusto. Tan solo deja se lo comento a Martin— La chica avivo su sonrisa tras la confirmación.

    Una de las amigas del grupo le dio un codazo a Melisa, la cual se sonrojo y desvió la mirada de Bastian. La misma chica que le había dado el codazo le hablo al jovencito pelirrojo — ¡Bastian, invita a Bruno también, estoy segura que Alicia querrá verlo!

    El chico observo a Alicia, la cual dio un brinco tras escuchar la proposición de la chica y empezó a tartamudear sin ningún sentido. Un ímpetu malicioso fluyo a través de Bastian — ¡Por supuesto, yo lo convenceré de ir! Le emocionara poder pasar una noche de baile con Alicia— La chica soltó un chillido y se puso extremadamente roja. Volvió a ocultarse entre las chicas que estaban al fondo. Bastian soltó unas risas delicadas.

    —¡Escuche festival! ¡Yo quiero ir!— Grito Mike mientras que corría en dirección a Bastian. Una vez había llegado con su hermano mayor el niño se subió a la misma barra de cemento y empezó a reprochar a su hermano —¡Yo quiero ir al festival! ¡Llévame Bastian!

    —Yo no decido si llevarte, Mike. Eso lo hace Martin…

    —¿Le diremos a papá que nos lleve?

    Bastian en principio quería decirle que no, pero no quería quedar mal con Melissa y las amigas de Mairis. Entonces se le ocurrió un plan —Claro, se lo pediremos todos… Es más, le diremos que él vaya también.

    Así él te cuidara y yo podre estar tranquilo toda la noche. Pensó el chico con una sonrisa.

    Las amigas de Mairis empezaron a saludar a distancia a Mike, al mismo tiempo que lo elogiaban diciendo que era muy lindo.

    —Entonces, te veremos en la casa Mairis— Interrumpió Melisa.

    —Ahí llegare— Contesto Mairis con una sonrisa tan blanca como la nieve. Sus amigas se empezaron a despedir de ellos.

    En el momento en que Melissa abrazo a Bastian le susurro —Gracias por convencerla. Te debemos una— Y le dio un beso en la mejilla. El chico no pudo hacer otra cosa que ruborizarse y quedarse congelado con una sonrisa enorme. La chica no volteo hacia atrás mientras se iba. Mairis golpeo el brazo de Bastian con el codo, diciendo que no volteaba porque Melissa estaba tan roja como él.

    Martin accedió a que todos fueran al festival, al igual que permitió que Mairis trabajara en la carroza del desfile y participara en el baile. Los chicos estaban emocionados.

    Bastian lucho contra Bruno durante bastantes minutos para convencerlo de ir. Aunque finalmente lo logro. Bastian sabía que en el fondo Bruno se moría de ganas de pasar una noche de baile con Alicia.

    En cuanto a Mairis, ella trabajo duro en la carroza. Sus amigas admitieron que nunca hubiesen podido hacer un mejor trabajo sin ella. Al igual que el baile. El cual quedo perfecto.


    (...)​


    La fecha del festival de primavera se acercaba rápidamente. La nieve había dejado de caer y ahora parecía que las nubes se alejaban para dar paso a un sol tranquilo que derretiría los montículos de nieve acumulada en el pueblo. Esa tarde, tres días antes del festival, Kian y Gus estaban patrullando LaneCloud tranquilamente. Era el día libre de Gus, y Kian trabajaba de sheriff normalmente en las mañanas.

    Unas mujeres de edad madura saludaron amablemente al sheriff. Kian les regresaba el saludo con una sonrisa y una pequeña reverencia. Gus solía burlarse mucho de este tema. Kian ya estaba tan acostumbrado que ni siquiera le importaba. Aunque claramente algunos de sus comentarios le seguían pareciendo hilarantes.

    —¡Buenos días, Kian!— Dijo una anciana de manera animosa, mientras que avanzaba con un paso lento. La anciana cargaba una bolsa de tela con unos dos frutos traídos de otro reino.

    —Buenos días, Sra. Roob— Dijo Kian, repitiendo su secuencia de saludo —La podemos ayudar con las bolsas si gusta.

    —Qué lindo, querido, pero hoy tengo ganas de esforzarme. Ya me ayudaste el otro día con lo de las telas que ocupaba mi hija. Gracias. ¡Abrígate un poco, hijo! ¡Te vas a resfriar! ¡Tendré que hacerte un suéter yo misma!

    Kian empezó a reír de manera nerviosa ante el regaño —Me siento bien, el saco del trabajo es lo suficientemente caliente, además traigo la bufanda que usted me dio— El chico empezó a frotarse su cabello ondulado y esponjado.

    —Te dije que ese color se te miraría encantador, mi nieta lo eligió ella misma…— La anciana miro a Kian con unos ojos filosos al ver como se sacudía el cabello —No te diré nada de tu cabello, solamente porque te cubre del frío, pero deberías cortártelo ¡Parece el nido de un pájaro!

    —No estaría mal tener un par de codornices aquí arriba. Tendría huevos frescos todas las mañanas— Bromeó el chico seguido de una risa penosa.

    La anciana empezó a reír —Los dejo jovencitos, tengo que hacer un pollo a la naranja, si gustas venir a comer no tendría problemas, Kian.

    —Muchas gracias, lo tendré en cuenta— El chico seguía mostrando un rostro nervioso.

    —Muy bien, mi hija y yo te estaremos esperando, incluso mi nieta si es que llega de la escuela a tiempo— La mujer se dio la vuelta lentamente. Kian sacudía la mano en forma de despedida. El chico se dio vuelta junto con Gus y de pronto sintió un golpe en los glúteos. La anciana empezó a reír y Kian solo dio un salto sobresaltado —¡El ejercicio está funcionando hijo mio!— Y la anciana se fue alejando entre risas.

    Gus no podía parar de reír —¡¿Qué fue eso?!— Luego unas risas —¿Un amor de antaño?

    Kian acompaño a su amigo entre las risas —¡Esa anciana siempre me ha querido emparejar con su hija o su nieta!

    —¡Y qué esperas! ¿A caso la que te gusta es la abuela?

    —¿Qué? ¡No! ¡Pero la hija está en proceso de divorcio y la nieta tiene como dos años más que Mairis!

    —¡Oh Mairis! ¡La única razón por la cual entraría a la prisión con gusto!— Aulló Gus con ánimo. Algunas personas se quedaron observando al joven con un aspecto raro. Kian comprendía lo raro que podía escucharse esas aclaraciones tan sinceras y repentinas.

    —¡Maldición, Gus! ¡Tiene trece años!— Murmuro Kian a Gus con un rostro avergonzado.

    —¡Pero Mairis es hermosa! ¡Imagínala cuando tenga la mayoría de edad! ¡Me casare con ella, no hay duda! ¡Tendremos los niños más hermosos de la tierra!

    —Morenos y rubios, por la diosa, la belleza misma…

    —¡Sera la raza más increíble de todas y nosotros seremos los creadores de ella!

    Kian empezó a reír como un loco —¡Estas enfermo, amigo mio!

    Gus continúo con su espectáculo —¡Dominaremos el mundo! ¡Al diablo los ángeles! ¡Los Thomson Hellwell los arrastraran por el piso! ¡Sobrepasaremos el entendimiento humano! ¡Nuestra raza será comparada a lo divino! ¡Me escuchas, Kian! ¡Solo espera cinco años para que empiece el mejor plan de la historia!— El joven termino de gritar y no pudo resistirlo más, empezó a reír junto con su compañero. Los dos Capitanes parecían unos desquiciados mientras reían caminando por las calles nevadas de LaneCloud.


    (...)​


    La caminata les dirigió hasta los lugares más solitarios, pobres y de mala muerte de todo el extenso pueblo. En las fronteras de LaneCloud era donde se establecían los inmigrantes de otros reinos, o los bandidos, o los ladrones de otras tierras. Al igual que los mercaderes más sucios y los ebrios más problemáticos. Eran las casas más baratas de todo el pueblo, ya que la mayoría eran pequeñas, en su conjunto eran de madera y una que otra de cemento. Al pasar por ahí podías ver que casi podías generalizar y tendrías razón al decir que las todas las casas no tenían puertas ni ventanas. Con suerte algunas calles contaban con luz eléctrica, si no es que seguían utilizando el alumbrado de queroseno.

    A Gus le disgustaba pasar por esos lugares, y Kian llegaba a comprender el porqué, pues el joven siempre había vivido una vida de lujos, rodeado de personas de su mismo nivel socioeconómico. El estar visitando lugares tan lamentables podía ponerlo nervioso. Kian por otro lado carecía de ese problema. Abraham Arcnaik le había llevado a patrullar en innumerable cantidad de ocasiones. Recordaba muy bien el rostro de su mentor cuando por sí mismo había salido a dar una vuelta solo. Volviendo incluso con un par de ebrios que estaban causando problemas. Recordaba bien ese día, había recibido puñetazos en el rostro por parte de ambos hombres, y sin embargo el viejo Arcnaik le miraba con una sonrisa enternecedora al verlo introducir a los borrachos a sus respectivas celdas. Era la mirada de un maestro que sabe que te ha ensañado bien.

    La caminata les llevo hasta una colonia donde había casas que parecían dignas para una vivienda. En algunos de estos barrio viejos era normal encontrar vecindades con casas normales, aunque estas normalmente eran compradas por familias que habían llegado a este pueblo con un poco más de dinero que los demás. Sin embargo, estas colonias al encontrarse en medio de las chozas que llenaban los barrio bajos solo les provocaba verse igual de viejas y sucias que las demás.

    La nieve le daba un aspecto más pobre a las viejas casas de madera. El aire creaba ecos y silbidos entre las láminas acanaladas que formaban los techos de aquellas delicadas viviendas.

    En medio de aquel barrio al que había ingresado cruzaban familias de aspecto andrajoso. Su vestimenta, sus rasgos y sus acentos les indicaban que eran inmigrantes de otros reinos. Hericent y LaneCloud estaban creciendo rápidamente entre esos años. Incluso con sucesos tan trágicos como la muerte de los Generales Mundiales y el asalto de los bandidos de “La nueva cabeza”.

    Gus observaba desde aquel camino de tierra a las casas que contaban con chimeneas. El vivir en lugares así, el simple calor de una chimenea debía de ser sentimiento de gratitud.

    Ambos soldados iban caminando por una conecta donde se encontraban algunas de aquellas vecindades. Afuera de los muros de las vecindades se encontraban grupos de maleantes que les observaban con mal rostro.

    Un joven iba caminando con una capucha una calle enfrente. Iba en dirección para toparse con los capitanes. Kian lo observo, sin prestarle mucha atención. Los bandidos empezaron a murmurar entre sí, después de unos murmullos iniciaron a insultar en voz alta a los soldados.

    Kian y Gus ignoraron los insultos, como era debido. Sin embargo el chico encapuchado, se detuvo durante unos segundos y observo el panorama. Se metió
    rápidamente dentro de un callejón. Kian aprecio claramente ese movimiento.

    —Esos idiotas… Me encantaría llevarlos a la prisión a todos. Ya no hay respeto para la ley en estos tiempos…— Murmuró Gus con un enojo en sus palabras.

    —E tiempos de violencia no hay respeto por nadie— Dijo Kian con tono sombrío. El soldado dio un codazo sigiloso a su compañero. Gus movió sus ojos hacia Kian, solo los ojos.

    —¿Sucede algo?

    —Ahí enfrente se encontraba un joven encapuchado, pero doblo en el callejón tras escuchar a aquella banda de atrás…— Le dijo silenciosamente.

    —Eso es sospechoso…— El chico hizo una pausa —¿No crees que le pudo haber tenido miedo a los maleantes?

    —Los insultos estaban claramente dirigidos a los militares. Lo podría creer si hubiesen sido para cualquier persona.

    —Los insultos eran una seña para que nos evadiera…

    —Quizás si tendremos que atrapar a alguien hoy— Dijo Kian con una sonrisa, sin voltear a ver a Gus. Aunque podía ver de reojo que también sonreía.

    La calle había terminado. Ahora se encontraba en una intercepción solitaria igual de lúgubre que todas las calles en la que habían estado durante aquellos minutos. Kian volteo hacia ambos lados como todo niño que está empezando a cruzar las calles. A su mano izquierda el chico encapuchado estaba cruzando la calle. Kian lo observo atentamente. Su aspecto era descuidado con ropas viejas y un rostro consumido como si estuviese enfermo. El sheriff dio unos pasos hacia su izquierda. Gus le siguió como un guardián. Justo antes de perderse de vista de aquella calle que acababan de terminar, lograron visualizar a la banda de maleantes moverse tras de ellos.

    —¿Los viste?— Preguntó Gus con un poco de nervios.

    —Se separaron de la casa en la que estaban. Creo que vienen por nosotros— Kian hecho un vistazo hacia atrás. No se veía a nadie. Todavía no se veía a nadie —Esa persona encapucha puede que sea alguien importante…— Los dos jóvenes aceleraron el paso, para terminar la calle y seguir al joven encapuchado.

    Al llegar a la esquina donde se conectaban las calles vieron el cuerpo del hombre encapuchado voltear hacia atrás sin ningún tipo de cuidado. La mirada de aquel chico era vacía y su rostro triste. Kian conecto su mirada con la de él. El chico parecía asustado y se metían rápidamente al callejón más cercano.

    —Nos tiene miedo…

    —Es porque sabe que tiene que temernos…— Gus empezó a trotar.

    —Sigámoslo solamente— Dijo Kian al igualarse con su compañero —Quizás nos lleve a un lugar importante— Así es como empezaron a seguir al hombre encapuchado. Doblaron en la esquina en la que aquel hombre se había introducido. Solo observaron la sombra del muchacho. Se introdujeron en el callejón. Justo antes de acabar el callejón lograron escuchar los murmullos de los vándalos que les seguían. Fue en ese momento cuando sheriff y soldado apresuraron el paso.

    La persecución continua de manera intensa. Se introdujeron entre más callejones, y corrieron por más calles. Llegaron hasta el fin de los territorios de LaneCloud, ahí donde el bosque se empezaba y se lograba escuchar el río Yaqui fluir.

    Habían llegado hasta una calle cerrada. Al final de dicha calle se encontraba una vecindad grande. Las casas se elevaban hasta cuatro pisos. En ese lugar debía de vivir toda la generación de una familia grande. El joven encapuchado corría desesperado entre jadeos cada vez más fuertes. Incluso llegando al punto de
    tropezarse. Kian y Gus continuaba siguiéndolo. Aunque ahora creían que no les llevaría a ningún lado. Simplemente estaba huyendo.

    —¡Ejercito del Gobierno Mundial! ¡Deténgase en este momento!— Aulló Gus, desesperado y enfadado por lo larga que se había vuelta la persecución. El joven encapuchado se introdujo por el arco que formaba la puerta de la vecindad. Kian se giró hacia sus espaldas. Los bandidos se detuvieron y sacaron pistolas de entre sus pantalones.

    —¡Maldita sea, Gus! ¡Están armados!— Gruño Kian tras sacar un par de revolver de sus fundas que tenía colgando en las caderas.

    —¡Esos malditos!— El soldado abrió su chamarra, jalo su camisa rompiendo unos cuantos botones. Metió su mano dentro de su camisa y saco una pistola plateada. Se encontraban justo en la entrada de la vecindad cuando los disparos empezaron a tronar. Las balas impactaron en los muros. Los dos capitanes se cubrieron en la pared que divida la vecindad de la calle.

    Kian respiraba agitado. Los montículos de nieve estaban apoyados contra las paredes de la casa, en los techos y en aquella pared. Vio al hombre encapuchado introducirse por una casa. De pronto observo como otros bandidos empezaban a salir de las casas con armas en sus manos.

    —¡Gus! ¡Arriba!

    El capitán levanto la mirada. Su brazo se movió rápidamente. Unos muros de tierra se levantaron justo en el inicio del tiroteo. Los oídos de Kian se ensordecían tras la el tronar constante de una lluvia de balas golpeando dichos muros.

    Una vez terminado los disparos, Gus deshizo los muros, lanzando piedras para todos lados de las casas. Los gritos de los bandidos que se encontraban en las casas empezaron a escucharse al recibir las pedradas. Ambos capitanes se introdujeron en la casa por la que el joven encapuchado se había introducido. Las balas no cesaron. Les siguieron, pero no lograron acertar ninguna bala. Gus tapo la entrada y empezó a disparar desde las ventanas. Vidrios de las ventanas volaban por toda la habitación.

    Kian desabrocho un radio viejo que tenía colgado en la cintura —¡Cuartel General! ¡Habla el Teniente Kian, acompañado del Capitán Gus! ¡Estamos en medio de una balacera en las fronteras junto al río de LaneCloud! ¡Un grupo de bandidos nos está disparando! ¡Necesitamos refuerzos!

    Una voz les contesto rápidamente —¡Enseguida mandaremos un escuadrón!

    —¡Kian!— Gruño Gus desde la ventana. Las balas le rosaban la cabeza — ¡Sigue a aquel hombre! ¡Yo puedo hacerme cargo de esto!

    —¡Son demasiados!

    —¡No niegues la orden de tu capitán!

    Kian apretó la mandíbula con rabia. Le lanzo los revólveres a Gus. Después se desabrocho el cinturón con las municiones y lo deslizo por el piso. El capitán le observo con dureza, pero su teniente solamente le contesto con un golpe en su pecho.

    El joven sheriff corrió entre los pasillos de la casa. Saliendo de aquella vecindad, más sin embargo, justo al lado se encontraba una puerta que llevaba a otra. Kian corrió hacia la otra vecindad. Corrió entre las casas de aquella vecindad. Trato de hacer el menor ruido posible. Entonces escuchó a un hombre gritar:

    —¡Llévenselo todo! ¡No pregunten por qué! ¡Solo háganlo!

    Kian corrió rápidamente hasta el lugar del que provenían los gritos. Abrió la puerta de un golpe y ahí se encontraba el hombre encapuchado levantando un arma. Kian golpeo rápidamente la mano. La pistola de su oponente disparo una bala al techo. El hombre con tenacidad trato de golpear a Kian con más de un golpe, pero no conecto ninguno. El sheriff tras esquivar los golpes del hombre encapuchado arremetió un golpe hacia su garganta. El hombre encapuchado empezó a ahogarse. Kian le golpeo el estómago para doblegarlo. Una vez de rodillas le tomo de los brazos y estaba a punto de esposarlo. El hombre hizo su cabeza hacia atrás golpeando la nariz del sheriff. El hombre se dio la vuelta y le dio una patada que empujo a Kian contra la pared de la casa. Rápidamente el encapuchado se levantó y logro arremeter un puñetazo contra el rostro del Teniente. Kian no se dejó vencer, justo después del puñetazo contraatacó con un puñetazo mucho más duro. El encapuchado quedo aturdido. Kian le dio un rodillazo al estómago de su enemigo. Seguido de un tajo en la nuca para noquearlo. Una vez en el suelo el sheriff lo esposo.

    —Nos has traído hacia un nido de criminales… Todos serán capturados…— Kian escucho unos pasos acercarse. Un hombre con una escopeta salió desde la habitación de la derecha. Kian ralentizo el tiempo y logro esquivar el disparo. Las balas rozaron el cuerpo del encapuchado.

    Mientras que aquel hombre gordo recargaba, Kian saco un revolver pequeño de su chaleco y le disparo a quemarropa. El hombre cayó al piso, haciendo temblar el suelo. Otro hombre apareció desde la puerta por la que había entrado el joven sheriff, aquel hombre delgado parecía desorientado al no comprender la razón del caos. Vio a su compañero encapuchado en el suelo y a su compañero con dos balazos en su enorme estómago. Miro al Kian y de su cadera desenfundo un revolver. Kian apareció ante el de un instante a otro. El golpe que el sheriff le arremetió en la nariz hizo que soltara el revólver. Después lo golpeo continuamente en el pecho, ahogándolo, en medio de la asfixia lo esposo también.

    Las ventanas empezaron a reventar. Kian se lanzó al piso. Eran demasiadas balas, probablemente aquellos hombres que le disparaban tenían metralletas. Sin embargo su recortada no serviría para distancia. Observo el revólver del hombre que acababa de captura y lo arrebato. Al igual que las balas que cargaba en sus bolsillos. Una vez las balas dejaron de disparar Kian se levantó y disparo hacia los tres maleantes que disparaban desesperados. La contienda entre los maleantes y Kian duro un par de rondas, finalmente la balacera término con los enemigos muertos.

    Tras el intercambio de disparos el silencio en la vecindad era sepulcral, opacada rápidamente por los disparos de la vecindad de al lado. Kian respiraba agitado. Estaba preocupado por Gus. Entonces escucho el ruido de un vidrio romperse dentro de la casa, unas habitaciones al fondo.

    Kian se levantó del suelo lleno de vidrios y polvo. Se introdujo dentro de la casa. Una casa vieja hecha de cemento, sin muebles y con grafitis por las paredes. Los grafitis mostraban nombres, al igual que habían largas frase de agradecimiento a la familia Lebore. La casa apestaba a una fragancia parecida a la de los hospitales, aunque un poco más fuerte y penetrado. El joven al introducirse dentro de la casa pudo observar que había una manta con el símbolo de la familia. Una serpiente que envolvía unas uvas.

    —Qué demonios…— Murmuro Kian para sí mismo al ver incluso fotos del jefe de la familia Lebore, Gero Lebore, iluminado entre velas. Nuevamente se volvió a escuchar ruido desde la cocina. Al acercarse a la cocina el olor a medicina y químicos se intensifico. Una vez en la habitación puso observar una gran cantidad de sustancias y uno que otro material de laboratorio.

    —Aquí crean la droga…— Kian se metió dentro de la cocina. Volteo hacia su derecha y sintió frío. La puerta estaba abierta. Se acercó rápidamente al marco de la misma. Justo detrás de esta vecindad se encontraba el bosque y el río. El paisaje estaba lleno de un color blanco, nieve donde se divertían los niños jugando a las bolas de nieve, haciendo angelitos, o muñecos de nieve. No huyendo de la justicia. Frente a Kian se encontraban un grupo de niños pequeños, delgados y casi sin abrigarse corriendo hacia el río helado por el que cruzaban casquetes de hielo.

    Unos pasos se escucharon desde la parte por la que había entrado Kian. En ese momento no pudo pensar en que quizás eran enemigos. Estaba paralizado ante la escena que observaba. Un grupo de niños corriendo con materiales de laboratorio y bolsas donde llevaban una infinidad de cosas posibles. Un niño pequeño, quizás de la edad de Mike, cayo entre la nieve. Dejando caer unos utensilios de vidrio. Uno de los chicos, quizás de la edad que tendría Bastian tras los sucesos de la primera semana, se dio la vuelta y se espantó al ver la figura de Kian en el marco de la puerta, dejando caer una bolsa negra que choco en seco contra la nieve. El chico mientras corría hacia el niño pequeño saco una pistola. Kian no lo podía creer. El chico mayor disparo contra él. Kian no pudo reaccionar a tiempo, recibiendo la bala en su mano izquierda, y un roce en el mismo brazo.

    —¡Hermano!— Grito el niño pequeño.

    —¡Corre! ¡Deja eso ahí! ¡Lo importante es huir!— Grito el hermano mayor. Jalando al menor con fuerza.

    Kian se resguardaba aun lado del marco de la puerta. Se quejaba por el dolor de su mano. Volvió a echar un vistazo hacia los niños. El hermano mayor disparo otro par de balar, una rompió la ventana de un lado y otra choco en la pared. En ese momento Kian levanto la mirada y observo a dos soldados llegar rápidamente.

    —¡Manténganse seguro, Teniente Kian!— Grito uno de los soldados al levantar su metralleta.

    —¡¿Qué?!

    El hermano mayor volteo hacia sus espaldas. Giro la mitad del cuerpo y disparo como pudo sin acertar ningún disparo cercano al soldado.

    Kian le grito al soldado — ¡No lo hagas!— Pero el disparo se dio. El tronar de aquella bala silencio el odio del Teniente. Su rostro palideció. Giro su cabeza hacia donde se encontraban los hermanos. Por un momento su tiempo se congelo, cosa que ni Kian lograba hacer. Observo la nieve tintarse de rojo y el cuerpo del hermano mayor caer a la nieve. El chico se retorcía, la bala le había dado en la espalda, por donde se encontraba el hombro, un poco cerca del corazón. El hermano menor cayo con el hermano y empezó a gritar desesperado. Los demás niños cruzaron el río helado y se perdieron en el bosque.

    —¡¿Por qué lo hiciste idiota!?— Grito el Teniente al soldado.

    —¡¿Cómo que por qué?! ¡Ellos dispararon primero!

    —¡Son niños, estúpido!

    —¡Y nos disparaban!

    —¡Eran peligrosos!

    —¡Es sordo, soldado! ¡Son niños!

    —¡Mire su mano, Teniente! ¡Eso no le parece peligroso! ¡Un poco más para la muñeca y hubiese perdido una extremidad! ¡Soldado! ¡Vaya tras los niños! ¡Teniente, tranquilícese, los refuerzos llegaron, el Capitán Gus está bien y estamos enfrentando a los bandidos! ¡Quédese aquí!— El soldado dejo a un lado al Teniente y corrió junto con su compañero en dirección a los niños.

    El viento soplaba frío. Kian se apoyó en la puerta abierta —¿Así es como hubiesen terminado los chicos de no haber sido familiares de los Generales?— Pensó Kian con melancolía.
    La nieve le recordó a aquel día en que conoció a Abraham Arcnaik. Un día helado, lleno de nieve con el ruido espectral de los bosques — ¿Así es como hubiese terminado yo?— El teniente observo la escena con la mirada vacía. Tan vacía como el infinito color blanco de aquel bosque antes del disparo.
     
    Última edición: 23 Marzo 2019 a las 6:15 PM
  14. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 13 - El festival
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    9719
    Capítulo 13 — El festival

    El fin de la tarde llegaba con la obscuridad lila que en el cielo se veía. La gente caminaba vestida de coloridos atuendos hacia el listón que separaba la calle principal de LaneCloud, donde pasaría el desfile que terminaría en Hericent. Las farolas estaban encendidas, al igual que centenares de lámparas hechas de papel. Los venderos ambulantes aprovechaban la espera por el inicio del desfile para poder vender los primeros productos de esa noche. A lo lejos, en las partes más recónditas de LaneCloud, en las ultimas fronteras del territorio del pueblo. Ahí se encontraban los muchachos vistiéndose para el festival. Martin estaba terminando de vestir a Mike con una elegante camisa abombada de color negro, tan puro y obscuro como sus ojos y su cabello, haciendo contraste con sus pantalones blancos, casi tan blancos como su piel pálida. Le peinó hacia atrás, esto molestó al niño, el cual odiaba que le peinasen.

    —Martin, ya… deja de peinarme… quiero ir al desfile para ver a Mairis…— Se quejó el niño, dando unas pataleadas leves.

    — ¡Ey!— Gruño Martin al ver que empezaba a patalear. Mike apretó los labios y se tomó de las manos. Era un lindo niño de cinco años —Ya estoy terminando— Finalizo Martin con un rostro severo.

    —Llegaremos tarde… No la veremos…— Murmuró el niño, hinchando sus cachetes.

    —Llegaras a tiempo. A demás, ninguno de los chicos ha bajado todavía. No puedes irte solo. Tendrás que esperar hasta que alguno de ellos baje— El hombre término de peinarlo. Tomo el pañuelo que estaba en la mesita de la sala.

    Se agacho y empezó a pulir los pequeños zapatos negros.

    Mike abrió los ojos y empezó a quejarse — ¿Enserio, Martin? ¡Tardaremos más! ¡Tú mismo has dicho que tenemos que ser puntuales!

    —Calmado, amiguito. Tienes que verte bien, todos se verán fabulosos durante el festival. Mi pequeño, el niño de Martin Price debe verse tan bien como su padre, o acercándose como mínimo —El hombre le sonrió y el niño compartió el gesto. Le acerco la mano hasta su rostro y le empujo la frente. Martin soltó una risa tierna.

    Por las escaleras dos muchachos bajaban corriendo. Uno cruzo más rápido que el otro, tras un empujón.

    — ¡Bastian!— Vociferó una voz que sonaba molesta — ¡Si me caigo mi atuendo quedara arruinado!

    —No pasó nada, Bruno, ¡Corre, ya se nos está haciendo tarde! ¡El desfile empieza al final de la tarde!

    — ¡Ustedes dos! ¡No corran por las escaleras!— Aulló Martin. Los chicos desaparecieron de la vista del hombre, pero tan rápido como habían cruzado se regresaron para pedir disculpas.

    Bastian estaba vestido con un pantalón negro y una camisa de color azul claro tan abombada como la que tenía Bruno y Mike. Bruno, llevaba un pantalón café con una camisa blanca. Ambos poseían unos zapatos negros y se encontraban totalmente peinados. Ese tipo vestimenta era la prioritaria en el evento.

    — ¡Mike, que esperas, vámonos!— Gritó Bastian con cierta prisa.

    — ¡Ya voy!— El niño salto del sillón y salió corriendo a un lado de su hermano. Los tres chicos apuraron el paso corriendo en un instante a otro. La puerta se abrió de un jalón, azotando con la pared.

    — ¡Ey! ¡No termine de pulir los zapatos de Mike!— Grito Martin tras cruzar la sala y llegar a la cocina. Vio que sus figuras ya habían desaparecido por el marco de la puerta y ahora solo eran sombras uniéndose al inicio de la noche. Corrió hasta la puerta y volvió a gritar — ¡Enseguida llego allá! ¡Cuida de Mike, Bastian!

    Por las escaleras bajo Kian en un descenso veloz. El joven llevaba puesto su uniforme completamente limpio y planchado, completo con su saco de color verde y su boina. Martin volteo y lo vio, sorprendido por la elegante imagen que demostraba.

    —Esos niños…— Se quejó mientras bajaba —Ya huyeron, ¿verdad?…

    —Si— Contesto vacilante el tutor —Te ves increíble, Kian, ¿Por qué tan formal? —Se nos dará una medalla por el arresto del traficante que capturamos Gus y yo, hace unos días. Se nos pidió asistir con nuestro uniforme completo. Sera uno de los grandes eventos del festival— Kian hecho un vistazo a su ropa —Estoy nervioso… No importa cuántas condecoraciones ya me hayan dado, siempre es lo mismo…— Soltó una risa fugaz muy aguda. Después aclaro su garganta.

    —Suele pasar…— Comento el tutor con una sonrisa alegre —Ve con ellos, Kian. Yo todavía no estoy listo…— Martin se tomó la camisa, la levanto un poco y la tiro con desprecio, era una camisa verde muy vieja que solía utilizar para dormir.

    —Claro. Te veo en el festival— El joven le saludo de manera militar, pues Martin era alguien de puesto superior y le había dado una orden. Kian le sonrió y tan pronto despego su mano de su frente, el cuerpo desapareció sin dejar ningún rastro.

    —Vaya…— Murmuró Martin —Ser mago del tiempo sí que tiene beneficios— El hombre subió hacia su cuarto para cambiarse.

    Mientras los chicos corrían en dirección al pueblo; Hacia esa línea que brillaba como un incendio en medio de la noche; Se encontraron con la actual novia de Martin. Una joven muy guapa que había llegado a Hericent por la visita de un familiar. Se había establecido en el pueblo tras conseguir un trabajo como secretaria en las oficinas del ayuntamiento de LaneCloud. La mujer llevaba puesto un vestido corto de color rojo que se generaba por cientos de listones cayendo. Llevaba sandalias marrones y una flor en el su hermoso cabello negro ondulado.

    Los chicos la saludaron rápidamente al pasarle a un lado.

    — ¡Martin todavía no está listo! ¡Traten de llegar tiempo!— Grito Bastian al cruzar.

    La mujer sonrió al verles y contesto con su dulce voz —Está bien, chicos. Los vemos allá— Les continúo viendo con una sonrisa en el rostro. Dio un brinco de susto cuando de pronto apareció un hombre uniformado a un lado de los muchachos, era Kian. Soltó un suspiro al identificar al joven. La mujer continúo el recorrido hasta llegar a la casa del Coronel.

    —Voy a pasar— Dijo tras tocar la puerta blanca que daba para la sala.

    — ¡Claro!— Grito desde el piso de arriba el hombre.

    La mujer pasó. Se sentó en la sillas de madera que rodeaban a la mesa y observo el gran cuadro que se encontraba en la pared. Un retrato familiar de todas las personas que vivían en la casa. Era vieja, pues el pequeño Mike era mucho más pequeño, y los chicos era unos niños.

    Martin bajo rápidamente las escaleras. Vestía una camisa abombada de color amarillo junto con un pantalón negro y zapatos perfectamente pulidos. Tras bajar le sonrió a la mujer y se acercó para besarla — ¿Cómo estas, Andrea?— Le dijo después del beso —El hombre volteo hacia abajo y observo la vestimenta de la mujer —Te ves hermosa, hoy. Ese color rojo te queda muy bien.

    La joven empezó a reír apenada. Le acaricio el cabello dorado y ella hizo lo mismo que el hombre. Le miro de arriba abajo y levanto las cejas con una mirada coqueta —Debo admitir que usted tampoco se ve nada mal, Coronel.

    Martin soltó una risa y la volvió a besar. La chica le mantuvo una sonrisa. Después le soltó para divagar por la casa —Nunca había venido a tu casa. Es muy bonita. Me gustó ese cuadro, aunque ya es viejo, tan solo mira lo pequeño que se ven todos.

    —Oh, sí, es de hace unos años. Creo que Mike tenía como un año y medio cuando tomaron la fotografía. Habrá que hacer una nueva…— El hombre hizo una pausa —Tú puedas aparecer en ella…— Dijo Martin con una voz baja en oído de la mujer, al mismo tiempo que le abrazaba por la espalda. Andrea le sonrió con gusto.

    —Tienes razón, no sería una mala idea— La joven observo el cuadro y después apunto hacia el hombre mayor que se encontraba en el fondo con una pose completamente recta con los brazos hacia atrás —Ese es tu compañero del que me hablaste, el hombre que está de viaje…

    —Exacto, Claarn, volverá dentro de poco. Cuando vuelva vamos a llevar a los muchachos a sus pruebas de adopción de magia.

    La chica asintió lentamente mientras mantenía su sonrisa —Son todos unos prodigios, ¿verdad? No cabe duda que son Arcnaik y Hellwell… Vaya, tu compañero se parece mucho a Abraham Arcnaik.

    Martin soltó una risa —Todos se lo dicen. Aunque es completamente cierto, si fuesen de la misma edad podría decir que son gemelos. Recuerdo que Bruno durante un tiempo estuvo molestando a Bastian con una burla sobre que Claarn era su tío. De llegar a ser verdad no me resultaría para nada extraño.

    Andrea empezó a reir delicadamente ante el comentario —Quizás son parientes lejanos.

    El joven sonreía al apreciar la belleza de Andrea. Si no contestaba podría llegar a notar que quizás la estaba observando demasiado —No lo sé, Claarn nunca me ha hablado de sus parientes. Es demasiado reservado…

    Ambos se quedaron observando el cuadro unos segundos más. Luego Andrea se giró y le dijo a Martin —Tenemos que irnos ya, el desfile comenzara pronto.

    Martin volteo hacia el reloj cucu que se encontraba en la esquina de la sala. Le sonrió a la mujer y le tomo de las caderas —Aun tenemos tiempo… Nunca te había traído hasta aquí, ¿verdad?, quizás nunca volvamos a tener una posibilidad así… Los chicos están yendo hacia el desfile, mi compañero está de viaje y nosotros estamos solos, tu traes ese bonito vestido color rojo…— El hombre la beso repentinamente — ¿No crees que deberíamos aprovechar este momento juntos?

    —Creí que era la única que lo había pensado— Andrea acerco su mano al rostro del coronel y le beso apasionadamente. La noche llegó en el momento en que un vestido y una camisa cayeron al suelo.


    (...)​


    La calle principal estaba repleta de personas de muchos lados diferentes. Todo el público coreaba a los artistas del desfile a que diera inicio el show. La calle se iluminaba más que nunca en el inicio de la obscuridad.

    La música empezó a sonar. Desde la curva obscura donde no iniciaba el desfile empezaron a salir desde las penumbras un montón de artistas bailando y haciendo interpretaciones; todos vestidos de diferentes colores, distintas formas, distintos atuendos. La pirotecnia pequeña no se hizo esperar y empezó a tronar de pronto. Distintos artistas empezaron a iniciar sus actuaciones, algunos usando magia para hacer grandes maravillas visuales, otros divirtiendo al público utilizando malabaristas y trucos de puntería. Los demás eran bailarinas, actores y músicos que embellecían el escenario con un talento insuperable. Los gritos de las personas iniciaron y con ellos el inicio del desfile y el inicio del festival.

    Mairis y sus amigas estaban nerviosas. Soltaron un chillido en el momento en que la carroza empezó a moverse. Una carroza movida por cuatro caballos uniformados por mantos color anaranjado y blanco. Todas las jóvenes empezaron a reír nerviosas por el susto y el miedo al público.

    La luz se fue intensificando cada vez más. Poco a poco se dejó ver la decoración de la carroza. Una mezcla de colores entre anaranjados, blancos y amarillos hechos de telas y papeles dejo ver la plataforma sobre el que se encontraban las jóvenes bailarinas.

    Más pronto que tarde la luz golpe el rostro de Mairis, la jovencita se tapó los ojos y pudo ver una calle muy larga con una multitud que aclamaba el inicio de su espectáculo. Mientras tanto el público pudo ver la vestimenta de las chicas. Una falda por arriba de las rodillas abombada de color naranjas y blancos con una flor pegada en el final de la curvatura de la espalda. A los costados dos tiras de campanillas doradas. Una camisa de tirantes de color blanco con brillos naranjas. En las muñecas unas pulseras de campanillas, acompañados de unas sandalias beige con unos listones de campanillas en las tobilleras derechas. El cabello suelto con una flor amarrada en la cabeza.

    El grupo de jovencitas quedo paralizada ante el pánico escénico, únicamente observan a todo el público, las luces y los demás artistas que se encontraban enfrente de ellas.

    Pasaron unos segundos y nadie empezaba bailar. Mairis apretó el puño. Sus piernas temblaban de nervios. Se acercó hasta el frente y tiro de un cordel con todas sus fuerzas. Unas varillas largas que se encontraban en las esquinas se encendieron de pronto. Las bengalas empezaron a soltar montones de chispas hacia arriba, pareciendo fuentes de luz.

    — ¡Va—Vamos a hacerlo!— Gritó Mairis a sus amigas. Las chicas se asustaron, pero asintieron rápidamente.

    Mairis volteo hacia los compañeros que les ayudarían con la música, unos jóvenes que se encontraban a un lado vestidos con los mismos colores que las chicas. Los hermanos y primos de unas de sus compañeras. Mairis conecto la vista con uno de ellos y le asintió con una mirada decidida. El joven asintió, volteo con sus compañeros. Mairis volvió a ponerse en su lugar. Todas las jóvenes pusieron sus piernas derechas enfrente. El joven de los tambores levanto los palillos, los choco entre si dos veces y después los bajo súbitamente. El retumbe de los tambores inicio su música y con el primer golpe al tambor las chicas golpearon el piso, haciendo sonar sus campanillas y dieron inicio a su baile. El público aclamó eufórico.

    Mairis sintió una excitación emocionante al ver que todo coincidía, la música, el baile, los gritos. Todo se coordinaba tan bien que solo hacía que se emocionara más y más. Bailando con mucha más energía y explotando en felicidad. Una sonrisa se quedó marcada en su rostro por todo el recorrido del desfile.

    El baile era una mezcla energética entre lo que sería un baile hawaiano y folclore mexicano. Era un baile conocido en las islas medias y lugares más calientes que LaneCloud, por eso relució tanto ante la vista. Había sido instruido por la hermana mayor de una de las amigas de Mairis, una mujer que había viajado a lo largo de todo el mundo, viendo distintos eventos a lo largo de todos los reinos. Era un baile hermoso y lleno de pasión.

    — ¡Lo haces increíble!— Gritaron unos jóvenes a mitad del evento. Mairis siguió bailando, pero pudo echar un vistazo. Ahí estaban todos, Bruno, Bastian, Mike arriba de Kian, incluso Gus estaba a un lado de ellos coreando su nombre. No estaba Martin, tampoco Andrea, pero en ese momento no presto atención a ese detalle. La chica mostro una sonrisa temblorosa, solo para después hacer relucir una sonrisa enorme y feliz. El baile continuó y ella empezó a dar vueltas como era debido, seguido de unos movimientos de cadera y golpeteos con el pie. Sus amigos estaban hipnotizados por la belleza de la jovencita bailando con todo el furor que su pequeño cuerpo podía desprender. En ese momento no importaba lo enamorados que podría estar Bastian y Bruno de Melisa y Alicia, Mairis las opacó por completo de su atención.

    El carrito empezó a marcharse — ¡Tenemos que seguirlo!— Grito Kian.

    — ¡Hacia allá!— Gritó Mike apuntando con entusiasmo y señalando el camino que se alargaba hasta las luces de Hericent.

    Mientras que corrían entre la multitud, Bruno se quedó perdido en el baile de su hermana. Sonrió de manera temblorosa y se limpió las lágrimas.

    — ¡¿Que te sucede, Bruno?!— Gritó Bastian.

    Bruno empezó a reír de manera nerviosa. Se froto los ojos y volteo con Bastian. El rostro del chico estaba enrojecido y con una sonrisa enorme en el rostro. Sus ojos húmedos brillaban más que nunca ante las luces del festival —Nunca la había visto tan feliz… ¡Se ve tan linda!— Dijo con una voz quebrada.

    Bastian volteo hacia la carroza y hacia su amiga. El chico sonrió con la misma sonrisa temblorosa — ¡Ella es lo más hermosa que nos queda…!— Grito el chico. Volteo de nuevo ante su amigo —Y por eso… ¡No voy a perderme ni un segundo de esto!— Tomó a su amigo de la muñeca y lo empezó a jalar para que se apurara.
    Siguieron el carro hasta el final del desfile.


    (...)​


    El desfile terminaba donde iniciaba el festival. Un montón de carpas con muchos grupos de comida, bebida, golosinas y juegos se encontraban ahí. El festival daba inicio cuando llegaba el último show del desfile. Después de eso, ambos alcaldes lanzaban dos juegos pirotécnicos haciendo estallar y dar inicio el inicio del festival. La fiesta de ambos pueblos.

    Hericent se transformaba en una fiesta completa, llena de muchas cosas que hacer y comer. Todos vestidos de diferentes colores y pasándoselo bien de una u otra forma.

    Al momento de llegar al festival todos los carros se iban hasta una parte apartada para dejar todo lo usado en el desfile. Listos para ir al festival.

    Los chicos siguieron la plataforma hasta ese lugar apartado y obscuro.

    Mairis salto de la plataforma justo antes de que parara y cayó sobre su hermano y su amigo. Los abrazo entre risas. Por poco todos caían al piso, pero los chicos pudieron mantener la postura. La chica sonaba tan feliz, que ellos mismos se contagiaron de esa misma felicidad. Mike se bajó de la espalda de Kian, ensuciando un poco el uniforme verde. Gus se burló de él por esto.

    — ¡Estuviste genial, Mairis!— Dijo Mike al saltar a los brazos de la jovencita. — ¡Gracias, Mike! ¡Te ves muy bien!— La chica empezó a jugar con su nariz y la del niño. Como un beso esquimal. Bastian y Bruno sonreían ante el momento.

    —No tenía idea que sabias bailar tan bien— Comento, Bastian.

    La chica soltó una risa penosa y se tomó el cabello —De hecho yo tampoco.

    —Una prodigio para todo. Estoy muy orgulloso de ti— Dijo Bruno con una enorme sonrisa.

    —Muchas gracias, hermanito— La chica se sonrojo.

    Las amigas de Mairis gritaron desde la parte de arriba de la plataforma — ¡Fuiste fantástica, Mairis!— Gritó una de las chicas.

    — ¡De no ser por ti quizás hubiésemos saltado del carrito!— Gritó otra.

    — ¡Si, Mairis, te debemos mucho! ¡Sin ti todo hubiese sido un fracaso!— Gritaba Alicia desde el fondo, apenada por su vestimenta al ver que Bruno se encontraba por ahí. Bruno se sonrojo al verla y desvió la mirada de la chica.

    — ¡A demás fuiste la que mejor bailo de todas!— Alago esta vez Melisa. Acercándose hasta el final de la plataforma y sonriéndole con unos bellos dientes — ¡Ustedes también, chicos! ¡Siguieron el carro por todo el desfile! ¡¿Tienen idea que tan lejos estamos desde el inicio del desfile?!— Esta vez conecto la mirada con Bastian y la chica se recojio su cabello rizado dejando ver su cuello. Bastian no podía deducir si esos chapetes eran porque estaba ahí, o era maquillaje. Pero se miraba hermosa. Los chicos se sintieron apenados, pero rápidamente tomaron una pose de orgullo. Esto hizo reír a una que otra de las chicas.

    Mairis empezó a sonrojarse —No, no, no, no fue para tanto, no, ustedes bailaron muy bien… Yo no fui la gran cosa…— Decía con una voz apenada. Sus amigas empezaron a reír.

    — ¡Vamos al festival muchachos, es hora de divertirnos todos!— Aulló Gus emocionado.

    — ¡Todos síganos!— Grito Kian.

    Las chicas saltaron de la plataforma y corrieron ante Mairis, acompañadas de los chicos y liderados por Kian y Gus.

    Caminaron unos minutos hasta llegar al festival.


    (...)​


    El festival era un gran evento realizado por LaneCloud para celebrar a la primavera, que al mismo tiempo coincidía con la fundación de Hericent.

    El evento cada vez había sido más grande, ahora no solo se llenaba la gran plaza principal del ayuntamiento de Hericent, ahora la festividad se extendía cuadras a lo lejos de esta. Cada vez existían más turistas que venían a dicha festividad, lo que generaba una interesante mezcla de culturas que hacia relucir el festival como algo más vivo de lo que por si era.

    En general el evento se conformaba inicialmente del desfile. Al llegar a la plaza principal nos podíamos encontrar con decenas de decenas de puestos donde poder comer platillos exóticos, típicos, extranjeros o raros de todas partes del mundo. También se topaban con la multitud de actividades, como lo eran el tiro al blanco con rifles de postas, juegos de canicas, tiro de aro, golpe de fuerza, entre muchos otros. Una de las partes más importantes del festival era el baile acompañado de una multitud de grupos distintos, la pista de baile principal se encontraba en el centro de la plaza principal, las demás se encontraban repartidos a lo largo del festival. Así como el festival estaba repleto de muchos puestos de comida, de igual manera la bebida no podía quedarse afuera. En más de uno de los puestos se vendía cerveza y en muchos de los puestos se podía ir únicamente a beber. Existían bebidas traídas de todas partes del mundo, cervezas del reino más lejano, así como licores traídos de los lugares más fríos tocados por el hombre y vinos provenientes de los lugares más calurosos. La diversión era el sentimiento predominante en todo festival. Quien no se divertía, era porque no quería hacerlo.

    Los chicos se separaron de Kian cuando el joven y su compañero Gus fueron llevados a otro lugar para preparar la condecoración que se les daría por su excelente servicio, tanto como soldado así como sheriff. Fue en el momento en que se separaron cuando los chicos empezaron a visitar todos los lugares que tenía ese enorme festival.

    Cruzaron primero que nada a los juegos, donde Bruno aplasto brutalmente a todos los concursantes en el tiro al blanco con postas, debido a su increíble habilidad con las armas. El chico consiguió muchos puntos y dejo tan impresionado a los elaboradores de este juego que le dieron tres regalos muy costosos; unos peluches traídos desde Frandall, el reino de lo artístico. Eran muy bonitos, excelentemente hechos. Bruno era muy tímido, pero gracias a Bastian y Mairis lograron convencerle de darle uno de los peluches a la Alicia. Quizás una de las cosas más complicadas no fue convencer a Bruno de dárselo, sino convencer a Alicia de aceptarlo. La chica se puso muy roja, pero durante toda la tarde no soltó el peluche, así como tampoco dejo de agradecer el gesto. Los otros dos peluches se los dio a Mike y Mairis.

    Continuaron jugando continuamente en cada cosa que podían. Incluso llegaron a jugar un poco de póker con unos adultos, donde Mike gano, más por suerte que por otra cosa.

    También llegaron a los juegos de tiro de aro, donde Bastian intento usar magia para poder meter adecuadamente los aros. El aro se hizo pequeño en el momento en que Bastian utilizo magia sobre él. El encargado, un joven delgado hasta los huesos con tatuajes en el cuello se quejó de Bastian, asi que tuvieron que huir para que no les hiciera nada.

    Fueron a bailar y tomaron unas bebidas con poco alcohol que pagaron discretamente mientras Mairis y sus amigas hablaban con el dueño. Un joven alto y musculoso que se apenaba de manera irreal por los halagos de las niñas. Bebieron y fingieron estar borrachos para preocupar a unos guardias que vigilaban el festival.

    Llegaron a jugar en la prueba de fuerza, donde Bastian se lució levantando el palillo de metal hasta la campana. Las amigas de Mairis reían ante los gesto de supuesta rudeza de Bastian. Fue así hasta que Mairis también hizo la prueba y rozo la campana. Entonces empezaron a burlarse de Bastian por tener la fuerza de una chica delgada y pequeña. Finalizaron yendo a bailar a la pista principal, donde todos bailaron animadamente durante horas. Bastian tuvo que jalar a Bruno hasta la pista, mientras que Mairis tuvo que convencer a Alicia. Una vez adentro los dos chicos bailaron de manera tímida, hasta que tomaron confianza y empezaron a bailar de manera animada. Melisa bailo con Bastian después de parecerle sumamente tierno ese lindo gesto de querer hacerlos bailar juntos. Bastian estaba muy feliz mientras que bailaban. Por un momento se perdió en lo linda que se miraba su acompañante. Bailaron animadamente hasta desfallecer. Bruno con Alicia, Bastian con Melisa y Mairis con el grupo de sus amigas y Mike, que término quedándose con ellos a lo largo de la noche. La obscuridad de aquel manto negro con estrellas se opacaba con la alegría de estar ahí viviendo ese momento, de estar viviendo por primera vez el amor y la vida misma. Celebrando la belleza de aquel día que daba inicio a la primavera.


    (...)​


    Después de una larga sesión de baile terminaron sentados en una banca larga para tomar un respiro. La banca se encontraba en medio de dos puestos de comida que únicamente levantaba el hambre en ellos. Enfrente de ellos se encontraba la pista principal.

    — ¿Esos son Martin y Andrea?— Pregunto Mairis que estaba sentada a un lado de Bastian.

    Bastian levanto la cabeza, observo a la pareja bailar energéticamente a un perfecto compás con la música que sonaba. Una mezcla de rock y folk. El vestido de la mujer volaba ante cada movimiento, así como los zapatos de Martin, que parecían desaparecer tras cada paso —Si, son ellos, ¡Bailan increíble!

    —No los vi durante el desfile…— Murmuro Mairis con una mueca en la cara.

    —Martin todavía no estaba listo cuando salimos nosotros. Yo los vi, pero a la mitad, cuando llegábamos a Hericent.

    —Bueno, quizás solo me falto prestar un poco más de atención… ¿Hacen una increíble pareja no lo crees?

    —Se miran muy bien juntos, Martin parece muy contento con ella. Andrea es muy agradable, es la mejor novia que ha tenido Martin hasta ahora.

    — ¿Crees que se casen?

    Bastian empezó a reír —Oye, tranquila, apenas llevan unas semanas que están juntos, ¿Cuándo la conoció? ¿Días después de que se fue Claarn? Deben llevar apenas un mes de estar saliendo. Es muy pronto para hablar de eso.

    Mike de pronto interrumpió — ¡Sí! ¡Quiero que se casen! ¡Quiero tener un hermanito!

    —No es necesario estar casados para que eso pase…— Mairis le golpeo el hombro y le hizo una seña de silencio, parecía penosa por el tema.

    — ¿Que no los señores que se encuentran casados cuando se besan mucho tienen bebes? He visto a Martin y Andrea besarse muchas veces y no veo que haya bebes…

    —Ah… eh… si, yo me equivoque Mike…— El niño pequeño se cruzó de brazos y levanto el pecho como una muestra de completa confianza. Las amigas de Mairis empezaron a reír tanto por los gestos nerviosos de Bastian, así como la pose de Mike. — ¿Cuántos años crees que tenga Andrea? Se ve joven, ¿Crees que ya tenga veintidós como para que ya pueda tener bebes?

    —Yo creo que sí, se ve joven, pero tampoco tanto, ¿Veintidós años es la edad de las mujeres para tener hijos? ¿No era veinticuatro?

    —No, veinticuatro es para los hombres.

    —Oh, cierto…— El chico empezó a reír de pronto —Recuerdo que cuando conocí a Martin me dijo, “Tengo veinticuatro años, la edad del peligro”— Volvió a reír, esta vez junto con Mairis y la amiga de un lado que también escucho —Ahora entiendo a que se refería.

    Martin hizo un comentario repentino —Vaya, papá tiene veintinueve años… No lo parece, ¿Cuántos años crees que tenga papá mayor?— Preguntó a Bastian al dar un cuarto de vuelta.

    —Waaa, no le digas papá al sheriff…— Se quejó Bastian con una mueca de asco.

    —No seas infantil, Bastian— Gruño Mairis —Es como nuestro padre.

    — ¡Es papá mayor!— Grito Mike molesto.

    —No, no, no, nosotros tuvimos un padre Mike. Hace cinco años.

    —No lo recuerdo— Dijo el niño de manera despreocupada.

    —Eso no significa que no sea tu padre…— Contesto Bastian molesto y un rostro enfurecido, pero manteniendo la compostura.

    —Está bien, pero padre mayor, sigue siendo padre mayor— Se quejó el niño por ultima vez.

    A Bastian le lastimaba mucho escuchar que su hermano no tomaba en importancia a su familia fallecida. Era un tema que a veces solía frecuentar con él para que no los olvidara, pero Mike siempre repetía la misma respuesta: “Papá Martin, papá Claarn, mami Mairis, hermano Bastian, hermano grande Kian, hermano Bruno”. Era una forma de pensar bastante peculiar que el adolecente no terminaba por comprender. Aunque sabía que Mike no pensaba del todo que esa gente que mencionaba era su familia.

    Bastian recordaba muy bien una noche en que encontró a Mike observando la foto de sus padres durante bastantes minutos. Es normal. Pensaba Bastian. Nada llena el vacío dejado por el hueco de unos padres. Nunca dijo nada. Ya que el niño lo único que hizo fue ver la foto sin hacer ruido. No sabía en que estaba pensando, pero su rostro demostraba que estaba pensativo, e incluso llegaba a verse melancólico.

    Una de las pláticas que más había molestado a Bastian sobre el tema de su familia, y que lamentablemente tenía que aceptar que su hermanito había tenido la razón, es que Bastian siempre hablaba sobre la muerte de su madre, su padre y su abuelo. Mas sin embargo nunca hablaba de su tío muerto durante la guerra, o del hermano mayor que tenían y había fallecido durante un accidente. Así como tampoco hablaba de sus dos abuelas, las cuales habían fallecido durante la guerra. Mike dijo que era egoísta pensar en solo ellos tres, y Bastian una vez terminada aquella pelea comprendió que tenía razón, el no dolía la muerte de su verdadero hermano mayor y eso que había convivido con él cuando Bastian todavía era un bebe. Eso le hacía pensar en que quizás Mike nunca lo hubiese llorado si hubiese sido asesinado por los dos hombres de aquella trágica noche.

    — ¡Hey!

    Bastian reacciono.

    — ¿Estas bien? ¿Enserio te molesto tanto que dijéramos “papá mayor”?— Pregunto Mairis de manera tímida y con un puchero en la boca.

    —No, no, no, no, bueno, sí. No me gusta que llamen así a Claarn, quizás Martin, pero Claarn no.

    Mairis soltó unas risas delicadas —Estoy segura que algún día le vas a decir papá a Claarn.

    Bastian soltó una risa desafiante —Te apuesto uno de mis increíbles hamburguesas con salsa dulce picante a que no lo digo de aquí en quince años.

    Mairis volvió a reír —Muy bien, si no lo haces entonces yo te hare el mejor pastel de piña que pueda hacer.

    —Es un trato— Ambos se estrecharon las manos. Sus miradas eran apasionadas, a pesar de ser un simple trato de chicos, que quizás llegarían a olvidar tarde o temprano.

    — ¡Bastian!— Grito Melisa, a pesar de estar al lado de él.

    — ¿Qué sucede?— Pregunto el chico amablemente.

    — ¿Podrías comprar algo de comer? Todas morimos de hambre… por favor…— La chica volteo hacia el grupo, todas las amigas de Mairis y Melisa empezaron a
    asentir rítmicamente.

    — ¿Qué? ¿Por qué no le dicen a Bruno? Quedamos que el manejaría el dinero de todos. Yo no tengo nada en mis manos… A todo esto… ¿Y Bruno?— Bastean hecho unos vistazos hacia sus lados, incluso inclinándose hacia enfrente y hacia atrás, pero no había señal de su mejor amigo.

    —Es por eso que te digo a ti, Bruno fue a comprarle un jugo de frutas a su noviecita y no han regresado…— La chica abrió los ojos de pronto. Volteo con sus amigas — ¿Crees que se habrán ido porque quieran estar a solas?

    Mairis salto de pronto y empezó a reír de manera nerviosa — ¿Qué dices? ¿Bruno no es así?... Eso creo…

    —Bueno, eso no importa, ya los interrogaremos cuando lleguen, pero el punto aquí es que todos tenemos hambre y no tenemos dinero, ¿Qué pasan si no vuelven?...— Dijo otra de las amigas de Mairis. Al igual que Melisa, esta jovencita volteo de pronto con las demás y hablo en voz baja — ¿Y si se la robo? ¿En los cuentos dicen que los príncipes de la antigüedad hacían ese tipo de cosas? Y a ella le gusta mucho leer ese tipo de cuentos.

    — ¡¿Qué?!— Chillo Mairis, aún más nerviosa.

    Bastian le dio unas palmadas en el hombro mientras soltaba unas risas tras la reacción de su mejor amiga. Después de reír un poco el chico continuo con el tema principal —Discúlpenme chicas, pero no veo la forma en que pueda conseguir comida. Al menos que pida fiado, pero no creo que fíen en un festival…

    De pronto se escucharon unos quejidos — ¡Te digo que la gente de Nuk quiere ocasionar una nueva conquista masiva en las Islas Medias! ¡Quieren repetir una época de reinado como cuando gobernaba el reino de Sabatelli! ¡Créeme que cuando estos hombres terminen con el reino de Calibrio seguirán subiendo hasta apoderarse de Telete, incluso estoy seguro que se aprovecharan de la guerra de Arbal y Vinaria para poder operar todo el sur de las Islas Medias! ¡Recuérdame cuando suceda!— Todo este discurso la daba una voz conocida por los muchachos. Bastian la logro reconocer, volteo con Mairis y ella levanto las cejas como dudosa de su propia comprensión de aquella voz.

    — ¿Ese es Fabricio?— Pregunto la jovencita.

    —Eso creo— El chico se levantó de la banca — ¿Por qué esta tan histérico?

    El chico dio un brinco por el susto cuando el hombre empezó a aullar más fuerte — ¡¿Qué demonios es esto?! ¡Te pedí una tortilla estilo Maf! ¡No un costillon de Olimpia! ¡Va, dámelo, pero no me lo comeré con gusto!— Bastian estaba nervioso y eso que se encontraba todavía cerca de la banca.

    —Bastian… Vuelve, no te vayan a hacer algo…— Comento Melisa con preocupación. Esto emociono al joven, pero no le hizo caso.

    —Tranquila, es un amigo de la familia. Quizás pueda convencerlo de que me preste un poco de dinero— El chico le lanzo una enorme sonrisa. Sin embargo esto no dejo de preocupar a Melisa.

    Camino con miedo hasta el quiosco de donde provenían los quejidos. Abrió las cortinas rojas que daban forma al puesto y vio a un hombre delgado con una camisa blanca abierta, mostrando las guanteras de sus pistolas a los costados. El hombre estaba peleando con el cocinero del puesto mientras le señalaba con una botella de vidrio marrón que cargaba en la mano.

    — ¡Encima que esto cuesta doscientos tives!— Moneda mundial— ¡Eres un ladrón de verdad! ¡¿Vienes de Fastia verdad?!— El cocinero pareció molestarse por eso último, azoto el machete en la tabla para picar y puso sus enormes brazos hacia adelante sobre la barra en la que trabaja, parecía un gorila. Su entrecejo se marcó y en su frente las venas le saltaron.

    Bastian llego con el hombre y lo jalo de pronto —Fabricio, vámonos, ¡vámonos rápido!— Fabricio mantuvo la mirada en el cocinero hasta salir. El chico logro oler un terrible hedor a alcohol y cigarrillos más fuerte de lo normal. Ellos sabían que el detective era alcohólico, pero pocas veces habían tenido que tratar con él en ese estado. Por ahora Bastian se sentía bien de haber sacado al detective de aquel quiosco, probablemente hubiese terminado muy mal de seguir adentro. El chico no había visto cuando, pero Fabricio habia sacado su saco y la comida que había comprado.

    — ¡Oh Bastian! ¿Cómo estas, muchacho? ¿Qué te parece el festival ahora mismo? ¡¿Cuántas chicas has besado hoy?!— Gritaba entre pausas y un baile aleatorio que Bastian no lograba predecir.

    —Todavía ninguna…— Contesto mientras el hombre le abrazaba por el cuello —Pero puedes ayudarme a lograrlo si me prestas un poco de dinero. Te lo pagaré cuando Bruno vuelva de con su novia.

    — ¡Bruno tiene novia! ¡Demonios como pasa el tiempo! ¡La juventud es hermosa!— El hombre volteo hacia su derecha y una joven en vestido amarillo paso por un lado — ¡Las jóvenes son hermosas!— Gritó más fuerte que antes.

    Bastian soltaba unas risas nerviosas al ver el rostro de la joven de vestido amarillo voltear y decir una palabrota al escuchar a Fabricio borracho —Vamos, Fabricio, nos harías un gran favor, tenemos mucha hambre.

    — ¡Okeeeeeeeeey!— El hombre saco su billetera gris — ¡Toma todo esto!— El hombre le dio un fajo pequeño de billetes — ¡Hazlas felices, amiguito! ¡Cómprale la mejor comida de todo el festival! ¡Yo invito! ¡No te lo vayas a gastar en cerveza!... ¡O si! ¡¿Por qué no?! ¡Eres joven! ¡Diviértete!— El hombre parecía muy animado.

    Bastian no sabía si regresarle el dinero o no, aunque pensaba que era mejor tener en sus manos aquel dinero, a que por culpa de su borrachera lo olvidara por ahí. Fabricio meneaba el plato de comida que le habían dado de un lado a otro. Volteo a ver a Bastian súbitamente y le acerco el plato —Odio el costillón Olimpia. Atáscate… Te veo luego… El cocinero me dijo que a unos diez locales se encuentra un pequeño Bar que está vendiendo bebidas de Jenna… ¡Yo nunca he tomado esas bebidas! ¡Nos vemos, Bastian!

    Bastian se quedó quieto con el dinero y el plato de comida en la mano, completamente impactado por la forma de actuar de Fabricio. Nunca lo había visto tan borracho, ni tan divagante. Solo esperaba que no se metiera en más problemas. El chico volteo hacia sus amigas y todas miraban perplejas al chico, después de todo no solo había conseguido el dinero, sino también la comida.

    — ¿Gustan?— Dijo con un tono triunfal. Las chicas empezaron a felicitarlo. Después de eso se fueron a comer un poco de sushi proveniente de los puertos de Calani.


    (...)​


    Unos minutos más tarde después de que Bastian se topase con Fabricio, los alcaldes subieron arriba de la tarima y atrajeron la atención de la gente. El público escuchó atentamente el discurso de cada uno de los alcaldes. Agradecieron la asistencia, animaron a la diversión y dijeron que era momento de felicitar a dos grandes figuras que habían ganado fama estos últimos días. Cada hombre llamó al joven de su pueblo. Kian y Gus subieron al estrado desde escaleras diferentes, todo el público empezó a aplaudir.

    — ¡El público los adora, joven Thomson, sheriff Kian!

    A Gus pareció subírsele la fama y contestó de manera bastante —Siempre ha sido así mi querido alcalde, no sé porque se sorprende— El joven levanto la mano y empezó a saludar a todos los pueblerinos y extranjeros.

    Kian sonreía un poco nervioso. Al igual que su compañero, dejo un poco su formalidad y levanto el brazo saludando amablemente.

    El alcalde de LaneCloud empezó a hablar cuando los aplauso dejaron de ser tan intensos — ¡Estos jóvenes se encargaron de capturar a los distribuidores de drogas que estaban afectando a nuestros dos queridos pueblos! ¡Su trabajo siempre había sido excelente, pero este acto demuestra la competitividad de ambos muchachos, dejando los nombres de nuestros pueblos en alto!

    Dos chicas vestidas de militares subieron al estrado con dos cajas rojas en sus manos. El alcalde de Hericent continuo el discurso —¡El Gobierno Mundial ha concluido que semejante acto debe ser galardonado y felicitado por lo que oficialmente se les dará un reconocimiento y su merecida medalla que ganaron de manera honorable!— Las jóvenes militares entregaron las medallas a los alcaldes y se dirigieron a ambos soldados haciendo un saludo militar. Kian se sonrojo al ver que la soldado era muy linda. Ambas jovencitas bajaron después del saludo.

    — ¡Hago entrega de esta medalla al Capitán Gus Thomson! ¡Una medalla que demuestra que su rango no solo proviene de su apellido, sino de su trabajo duro y competente! ¡Con esta medalla también se otorga este diploma otorgado y firmado por el General Continental de Dorinda! ¡Un fuerte aplauso para el joven!— El público aplaudo animosamente.

    — ¡Hablo por todo LaneCloud cuando digo que el joven Kian es uno de los mejores habitantes de todo el pueblo, querido y amado por todo el pueblo por su increíble humildad y ganas de apoyar al mismo en su crecimiento y seguridad! ¡Su participación es indudable en toda escena, no importa cuál sea! ¡Su trabajo claramente es el fruto del entrenamiento y enseñanza histórica como lo fue Abraham Arcnaik, el cual desde donde descansa debe estar aplaudiendo el increíble trabajo de su joven compañero! ¡Esta medalla solo simboliza un paso más en su crecimiento profesional y esperemos, que asi como Abraham Arcnaik, joven Kian, usted también ponga el nombre de LaneCloud en alto! ¡Al igual que al Capitán Thomson se le hace entrega de este diploma, firmado igualmente por el General Continental de Dorinda! ¡Felicidades, Teniente Kian!— El público enardeció en coros y aplausos. Kian se emocionó mucho al ver como el pueblo de LaneCloud, al igual que muchos de sus compañeros de Hericent festejaban su trabajo.

    — ¿Esto es todo de lo que haremos entrega, Alcalde?— Preguntó el alcalde de LaneCloud al de Hericent.

    —Me parece que no es suficiente, ¡Por eso pedimos que suba al estrado el General Marcus Thomson! ¡Un aplauso para el General que mantiene controlado nuestros queridos pueblos!— El pueblo aplaudió emocionada mientras que el hombre subía las escaleras. Saludo al público de manera cálida al llegar a la tarima. En sus manos se encontraba una caja negra.

    —Díganos, General, ¿A que debemos su participación en esta entrega de medallas?— Preguntó el Alcalde de LaneCloud como si desconociera el tema.

    —He venido, no solo a agradecer el increíble servicio proporcionado por nuestros dos queridos soldados. El señor Kian y el señor Gus son dos de los mejores talentos con los que cuanta nuestro cuartel, me parece que entregarles estas medallas y su reconocimiento no abarca todo por lo que podemos estar agradecidos hacia ellos. Es por eso que he venido a hacer entrega de sus nuevas chapas al ahora, ¡Mayor Gus Thomson!— El General abrió la caja negra y ahí se encontraban dos chapas con una estrella encima de ellas. Marcus se acercó a su hijo, el cual estaba complemente congelado en el escenario con un rostro de sorpresa perpetua. El General le puso su estrella en su listón encima de su nombre, demostrando su nuevo rango. Quito la chapa vieja y puso la nueva: “Mayor Gus Thomson”.

    Después se dirigió a Kian, el cual se encontraba igual de impactado que su amigo. El General reía silenciosamente mientras que veía a los dos jóvenes. Llego con Kian y empezó a hablar — ¡Al igual que quisiera hacer entrega de su nueva chapa al ahora, Capitán Kian!— La gente empezó a gritar de emoción. Se acercó al joven poniendo su nueva estrella y su nueva chapa que claramente afirma su nuevo rango como “Capitán Kian”.

    —Estoy muy orgulloso de ustedes, muchachos. Lo han hecho bien— Comento el General con una sonrisa. Los chicos sonrieron agradecidos.

    — ¡Suelten el letrero de felicitaciones!— Gritó el alcalde de LaneCloud.

    — ¡También enciendan la pirotecnia!— Gritó el alcalde de Hericent.

    La lona cayó y la pirotecnita empezó volar por los aires. La gente se quedó callada. El General observo perplejo el letrero. Los alcaldes empezaron a murmurar. Kian y Gus no comprendían que estaba pasando. Se giraron para ver el letrero y vieron lo que decía:






    “Muchas felicidades a Gus Thomson y Kian por haber atrapado al distribuidor de drogas de todo Hericent y LaneCloud, el cual también distribuía todo los turistas que frecuentaban los pueblos. Es una gran pérdida para los negocios. Entonces, esperemos que nos les moleste que tratemos de recuperarnos un poco de las pérdidas.
    Sigan trabajando así.
    Todo esto es gracias a ustedes”


    Atte. La Familia Lebore :)




    — ¿Qué demonios es esto?— Preguntó Gus.

    —Parece que está hecho con sangre…— Respondió Kian, con los ojos desorbitados por el asombro. Después sintió un desgarre por la piel. Escucho el cuerpo de los alcaldes caer, al igual que los quejidos de Gus y Marcus. Volteo hacia debajo de su abdomen y vio la sangre escurrir por todo su uniforme. El cartel blanco escrito con lo que parecía ser sangre se manchó con un roció de más sangre. En la manta habia un hueco de bala. Kian cayó de rodillas y empezó gritar de dolor. La mezcla entre balas y pirotecnia le impedía saber de dónde atacaban. Volteo hacia los demás hombres arriba del escenario. Con todas sus fuerzas activo su magia. Viendo como mucha gente se encontraba boquiabierta ante la escena, mientras que muchos otros tenían rostros de espanto, pues parecía ser que muchas personas vestidas de trajes negros con blanco empezaban a salir por todo el festival, esos hombres llevaban armas y tomaban a la gente por fuerza. Kian estaba herido, no sabía que tanto podría hacer. Observo balas dirigiéndose hacia el escenario, parecía que se encargarían de matarlos llenándolos de plomo. Caminó como pudo hacia los cuerpos y los levanto. El dolor era ardiente y el mover los cuerpos en el tiempo ralentizado le causaba un gran esfuerzo. Movió todos los cuerpos del escenario hasta un cuarto que se encontraba detrás del escenario, parecía seguro. Camino entre el tiempo ralentizado hasta que se encontró con un soldado que reconocía, era médico. Volvió el tiempo a la normalidad. El soldado se sorprendió al ver el cuerpo ensangrentado del joven aparecer de repente frente a sus ojos.

    — ¡Capitán Kian!

    —A—Ayu—Ayúdanos…— El joven cayó al suelo.

    — ¡Tiene que descansar! ¡Parece que están atacando el festival!

    —Lo—lo están… lo están haciendo… hay muchos soldados… se harán cargo…— Kian levanto su brazo señalando al cuarto donde se encontraba el General Marcus, su hijo y los alcaldes —Ahí están todos los que estaban sobre el escenario… A—Ayúdanos…— Kian dejo caer el brazo y sus ojos empezaron a cerrarse. El soldado actuó rápidamente y pidió ayuda. Algunos soldados se acercaron a atender al joven.


    (...)​


    Desde el otro lado del festival los chicos miraban horrorizados la escena. Bastian volteo hacia los lados, observo como los hombres de negro con blanco empezaban a salir por todas partes y como los disparos se mezclaban con el ruido de la pirotecnia — ¡Tenemos que irnos!

    — ¡Bastian, le dispararon a Kian!— Grito Mairis.

    — ¡Mira el escenario! ¡Ya no está ahí! ¡Debió usar su magia! ¡Vámonos de aquí!

    — ¡¿Y Bruno!?

    — ¡No podemos ir a buscarlo! ¡Solo nos queda rezar porque este bien!— La chica abrió los ojos de pronto y titubeo sin decir nada. Trago saliva y pareció comprender las palabras de Bastian.

    — ¡Encontremos a Martin para que nos escolte!— Gritó Maris.

    — ¡No lo veo! ¡La multitud está moviéndose! ¡Maldita sea! ¡Síganme!— Aulló Bastian como todo un líder. Las chicas estaban asustadas. Mike abrazaba fuertemente a Mairis. Bastian se levantó de la banca y empezó a dirigir a todos. Cada una de las amigas de Mairis, al igual que la misma, empezó a correr detrás del chico.

    — ¡¿A dónde iremos?!— Gritó Melisa.

    — ¡Si vamos al cuartel de Hericent quizás estemos más seguros!— El chico tomo la mano de Melisa y la apoyo a correr más rápido —¡No se separen!

    Los chicos corrieron entre el medio de la multitud. Se escabulleron entre los puestos de comida en dirección a la base militar. En medio del desastre pudieron ver como muchos cuerpos empezaban a caer por todo el festival. Los gritos impregnaron los oídos de todo el mundo después de que la pirotecnia dejara de tronar. Las balas se disparaban por todo el festival. Se veía como se destruían los puestos, como llegaban camionetas y metían a la gente dentro de ellos. Solo gente con mucho dinero podría comprar esos vehículos en el mercado negro. Era la mafia de la Familia Lebore, ellos tenían ese dinero.

    Cruzaron por un pasillo parcialmente vacío por el que las personas empezaban a correr apenas. Un grupo de personas de negro aparecieron al final del pasillo del mercado — ¡Pasemos por el medio del puesto de comida!— Todos siguieron a Bastian, cruzando por en medio del puesto donde el encargado observaba nervioso la situación sin comprender muy bien que estaba pasando. Al cruzar a través del puesto llegaron a otro pasillo con menos puestos, pero con un escándalo igual de grande, ahí también se encontraban los hombres de negro. El corazón de Bastian latía demasiado. Continuaron evadiendo a los hombres introduciéndose por cualquier lugar que fuese posible.

    Llegaron hasta el medio de unos dos puestos solitarios pegados a una pared. Ahí tomaron aire. Todavía se encontraban todas las chicas —Lo… lo hemos hecho bien hasta ahora— El ruido de un motor puso alerta a Bastian y Mairis. De pronto una camioneta aplasto unos de los puestos y de ahí salieron tres hombres. Se encontraban demasiado cerca, los hombres vieron a los chicos.

    — ¡Mira, son jovencitas, grandes premios!— Grito un hombre con pasamontañas. Los hombres salieron de la camioneta y corrieron hasta los jóvenes, no alcanzaron a correr. Tomaron a algunas de las chicas. Bastian y Mairis empezaron a luchar contra ellos. De pronto se acercaron más personas vestidas de negro. Mairis lanzo a uno de los hombres sobre la camioneta, dejando una abolladura. El hombre que pilotaba la camioneta sacó una pistola y empezó a disparar a los dos chicos. Bastian tomó a Mike en sus brazos, tomo de la mano de nuevo a Melisa y empezó a correr. Mairis tomo a otra de las chicas. Las demas que no habían sido capturas corrieron detrás de los dos jóvenes. Siguieron a Bastian. Se introdujeron en un callejón entre dos edificios de departamentos. Mientras pasaban por el callejón pudieron ver una puerta abierta y entraron por ahí. El lugar estaba vacío, al fondo, a la derecha, se encontraba una puerta abierta que terminaba en una calle.

    — ¡Por ahí!— Grito Mairis. Se escuchaban los gritos y balbuceos de los hombres de negro. Corrieron rápidamente hasta perderlos de vista. Terminando otra parte del festival que también era un desastre.

    — ¡Ya no se ni dónde estamos!— Gritó Bastian.

    — ¡Tenemos que encontrar un lugar seguro, eso es lo que tenemos que buscar, olvídate del cuartel!— Refunfuño Mairis. Sus amigas estaban agitas y asustadas. Mike no decía completamente nada.

    — ¡Entonces tenemos que alejarnos del maldito festival!— A Bastian lo golpeo un hombre que corría despavorido. Haciéndole tambalear. Tenía que gritar más fuerte que los gritos de todas las personas.

    — ¡Pero hacia donde tenemos que ir! ¡El festival es enorme!— En ese momento Mairis sintió un jaloneo, observo que un hombre le había arrebatado a una de sus amigas. Giro hacia la derecha y la siguiente fue ella. Un hombre la levanto rápidamente. Seguido un hombre golpeo a Bastian. Haciéndole caer al piso. Mike cayó al suelo entre quejidos. Melisa grito por Bastian. Después el hombre que golpeo a Bastian tomo por el cuello a la chica y la jaloneo con mucha fuerza, para llevársela.

    —¡Bastian!— Grito Melisa, extendiendo su mano hacia el chico. Bastian gritaba por dentro, seguía mareado por el dolor del golpe. Perdio de vista al hombre con la chica. Un terror le inundo el cuerpo al ya no encontrarlos por ninguna parte. Giro hacia su izquierda, ahí se encontraba Mairis forcejeando contra su captor. Otro hombre apareció de pronto y tomo a Mike entre sus brazos, tapándole la boca para que no gritara.

    — ¡No!— Aulló Bastian, mientras golpeaba el piso.

    Se escucharon dos disparos.

    Fabricio apareció de entre un puesto con su arma levantada. El hombre que cargaba a Mike y el hombre que cargaba a Mairis cayeron al suelo de pronto. Mairis se separó del cuerpo de aquel hombre y corrió en dirección a Fabricio. Bastian hizo un gran esfuerzo y corrió tras Mike. Una vez envueltos en un abrazo que duro apenas unos segundos, lo tomo en sus brazos y corrió hacia el detective.

    — ¡Los mafiosos no se acercaran al cuartel! ¡Los llevare hasta él! ¡Síganme!— El hombre seguía oliendo a el peor de los alcoholes, pero parecía más lúcido que nunca. Lo siguieron, estar solos era peor que eso.

    Siguieron al detective hasta que llegaron a una calle pequeña que tenía vista hasta el cuartel. Fue ahí cuantos dos hombres aparecieron. El detective les disparo, ellos se cubrieron y dispararon también. Bastian y Mairis se cubrieron entre unas cajas de los puestos del festival.

    — ¡Tenemos que retroceder!— Grito el hombre, al mismo tiempo que disparaba. Los chicos voltearon hacia atrás, por donde habían llegado, desde ese lugar se miraba el desastre del festival — ¡Háganme caso, yo los distraeré, ustedes correrán hacia la siguiente calle y se dirigirán al cuartel— El hombre se estaba cubriendo. Las balas rozaban el viento de su derecha. De repente dos hombres más aparecieron por donde había llegado hasta esa calle.

    —Maldición— El detective disparo, derribando a uno, unas balas después al segundo —Creo que es mala idea… Hay demasiados…—

    Los chicos asentían nerviosos.

    — ¡Sorpresa, anciano!— Grito un hombre que salió desde el otro lado de la calle. Era uno de los otros dos hombres que estaban disparando desde el final de la calle. A los cuales había perdido de vista por estar disparando hacia los dos recién llegados que disparaban desde atrás.

    Fabricio se levantó rápidamente, pero recibió una bala en el costado de su abdomen. Ignoro cualquier dolor, golpeo las manos del hombre y después disparo con su pistola al pecho de su enemigo, haciendo volar la sangre por los aires. Tiro el cuerpo y el otro hombre lo ataco con Una daga. Se apartó en un pequeño salto que le ocasiono un gran dolor por el impacto del disparo.

    — ¡Corran! ¡Tienen la calle libre, muchachos!— Mairis, Bastian y Mike no dudaron ni un segundo. Se levantaron rápidamente y corrieron por el callejón.

    Fabricio y el hombre de la daga tuvieron un encuentro a puño limpio contra arma blanca. El detective lograba esquivar todos los tajos a pesar de la herida de bala que tenía en el abdomen. En más de una creía que no se las podría arreglar. Mike observaba el combate mientras echaba vistazos hacia atrás. Estaban terminando el callejón, cuando de pronto apareció una camioneta frenando al final de esta.

    — ¡Arnoldo! ¡Tenemos que irnos, el cuartel ya desplego sus tropas!— Gritaba un hombre que se asomaba desde la puerta corrediza de la camioneta. Observo la escena, dos hombre muertos al inicio de la calle, uno más en el suelo, un hombre combatiendo contra uno de sus compañeros y tres niños parando en seco ante la camioneta — ¡Mierda! ¡Mataron a Arnoldo!— Gruño el hombre.

    El conducto parecía que estaba por gritar cuando vio a los chicos, en especial a Mairis — ¡Esa es la chica que menciono el jefe! ¡Ese también es el joven Arcnaik del que nos comentaron! ¡También el niño pequeño es un Arcnaik!

    Los chicos sintieron un escalofrió al escuchar sus nombres.

    — ¡Atrápalos, Ronaldo! ¡Nos darán un ascenso!

    El hombre empezó a reír y bajo de la camioneta. En sus manos se encontraba unos guantes con los nudillos envueltos en acero. Los choco y corrió en dirección a los tres niños.

    Fabricio sintió que el mundo se le caía en pedazos en cuanto vio que el hombre corrió hacia los chicos. De pronto sintió el verdadero sentimiento del mundo cayendo sobre sus hombros. El cuchillo de su oponente se clavó en su estómago. Después salió, para volverse a encajar, estaba vez en el estómago. El detective cayó al suelo.

    Bastian y Mairis no se percataron de esto. Mike si lo vio y empezó a gritar y llorar por ello. Su hermano le soltó. El niño volteo hacia los dos adolescentes, pelearían contra el hombre. Mike no pudo hacer nada, se quedó quieto en medio de la calle.

    Los dos chicos empezaron un corto combate con el hombre, superándolo con creces. Después de todos no eran chicos normales, habían sido entrenados muy bien. Bastian arremetió un golpe en el abdomen en el hombre de negro, seguido Mairis le dio una patada haciéndole estrellar contra un puesto de baratijas. Parecían que tenían tiempo de correr, sin embargo el hombre que estaba peleando contra Fabricio se unió al combate.

    Los chicos lucharon contra el en otro corto combate, de igual manera estaban ganando, hasta que el primer hombre se levando, igualando la pelea.

    Mairis enfrento con fiereza al hombre de los nudillos. Bastian al que había sido el oponente de Fabricio.

    El encuentro se volvió duro. No fue duradero, apenas un par de minutos hasta que Bastian, al preocuparse por un fuerte puñetazo que le habían dado a Mairs en pecho le hizo distraerse, sufriendo el también un puñetazo en el rostro, seguido de un rodillazo en la boca del estómago. Bastian perdió el aliento, otro puñetazo más duro que el primero lo derribo. Mike chillaba de horror.

    El que fue el oponente de Fabricio jadeaba. Se acercó al derrotado Bastian con lentitud —No sé porque eres tan importante para uno de nuestros jefes, pero me alegro, eres rudo y me harás ganar mucho dinero…— Lo tomo de la cabellera. Lo empezó a levantar. Parecía que el joven estaba inconsciente.

    Su compañero de nudillos de hierro levanto el cuerpo de Mairis, el cual seguía pataleando con lentitud, pues había perdido todo el aire que tenía.

    —Date prisa… trae al mocoso chillón también…— Ordeno el hombre de nudillos de acero.

    —Por supu…— Una pistola trono por toda la solitaria calle, Fabricio se encontraba completamente pálido desde el otro lado de la calle, en el suelo, pero con la pistola en la mano. El hombre agradecía a la diosa por la suerte que había tenido en ese disparo. Su puntería en ese momento era fatal.

    El cuerpo del hombre que cargaba a Bastian cayó al suelo con un agujero en la cien. La sangre mancho todo el cuerpo de joven Arcnaik. El chico apenas si reaccionaba. Sentía el cuerpo pesado y mareado.

    — ¡Me lleva! ¡Mataron a Víctor!— Grito el hombre de nudillos, mientras volteaba con el piloto de la camioneta.

    — ¡Eso ya no importa! ¡Tenemos a la chica! ¡Vámonos!— Grito el hombre delgado que conducía. Las balas de Fabricio destruyeron los espejos de la vagoneta negra. El hombre de los nudillos de hierro dejo a Mairis en la parte interior de la vagoneta, le puso una bolsa y enseguida la camioneta empezó a patinar. Las balas agujeraron el metal de la vagoneta.

    — ¡Noquéala!— Grito el conductor. Su compañero le tomó la palabra. Le golpeo el cuello. Lentamente, Mairis dejo de moverse. La camioneta dio un arrancón repentino, haciendo rechinar la suela de las llantas.

    El callejón quedo desolado. Únicamente se encontraba un Mike llorando, un Fabricio muriendo y un Bastian semiinconsciente viendo como la camioneta en la que llevaban a su mejor amiga desaparecía de su vista.
     
  15. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 14 - El pueblo en miedo
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    5800
    Capítulo 14 — El pueblo en miedo

    Bastian despertó tras los empujones de un soldado que le agitaba el cuerpo. Lograba escuchar los balbuces a moco tendido de Mike. El soldado le empezó a hablar, pero apenas comprendía lo que le decía.

    — ¿Puedes entenderme?— Preguntó el soldado. Bastian escuchaba la voz lejana y hueca.

    — ¿Qué paso?- Pregunto el joven desorientado.

    —Estabas inconsciente- Ahora se escuchaba un poco mejor.

    — ¡Mairis!— El chico se levantó rápidamente. Mareándose en el proceso.

    — ¡Chico, tómatelo con calma!

    El mareo continuaba, incluso le hizo sentir náuseas y toser un poco —Se llevaron a Mairis…— Murmuró Bastian. El chico abrió los ojos de pronto. Parecía que se le saldrían de sus cuencas — ¡El detective Fabricio! ¡Ayúdenlo!— Bastian tomo al soldado del uniforme. El hombre le puso las manos sobre los delgados brazos del adolescente.

    — ¡Eso estamos haciendo! ¡Tranquilícese!

    Bastian volteo hacia su derecha. Al fondo un par de soldados se estaba llevando el cuerpo de Fabricio en una camilla. No traía camisa, al parecer ya le habían atendido, aunque sea lo necesario para que no muriese.

    — ¡Bastian!— Gritó Mike al momento de soltarse del soldado que le retenía. Llego con su hermano mayor y lo envolvió en un enorme abrazo entre lágrimas — ¡Tenía miedo, Bastian!

    Bastian lo abrazo fuertemente —Estoy bien. Tranquilo— Le susurró al oído.

    — ¡Bastian!— Ahogo su grito en la camisa manchada de sangre del chico — ¡Mairis! ¡Se llevaron a Mairis!

    Bastian abrió los ojos de nuevo y volteo hacia su espalda, hacia el final de la calle. Ahí se encontraban las marcas de la llantas. Ya no existía más que el fantasma de una camioneta. Una rabia exploto dentro de Bastian, pero la retuvo. No era momento para empezar a gritar de impotencia.

    — ¿Qué fue lo que le sucedió, jovencito?— Preguntó el soldado.

    —Secuestraron a las amigas de mi hermana… Pelamos contra los secuestradores, pero se llevaron a mi hermana… El detective Fabricio nos estaba llevando hacia el cuartel, pero fue atacado…

    —Por ahora todos los mafiosos han escapado del festival— Aclaré el soldado —El General Marcus Thomson ha dado la orden de ayudar a los heridos. Ahora mismo se estaba pensando un plan para ir tras los mafiosos.

    — ¡Es verdad! ¡¿Qué le sucedió al Capitán Kian?!

    El soldado se extrañó al oír la pregunta. De igual manera contestó —Recibió una bala en el abdomen, pero se encuentra estable. Ahora mismo no sería bueno que mencionaras los nombres del Mayor Gus Thomson y el Capitán Kian. El pueblo ha iniciado una revuelta ante ellos.

    — ¿Qué?— Preguntó Bastian al no comprender esa última parte.

    —Muchos de los pueblerinos afectados por el ataque de los mafiosos se han levantado contra el Mayor y el Capitán, los están tachando de culpables por los sucesos. Al parecer más de uno de los pueblerinos piensan que si entregamos a los dos soldados podrán negociar con los mafiosos y devolver los secuestrados. Que por el momento parece que son solamente menores y mujeres.

    — ¡Eso es una locura!

    —El pueblo no busca coherencia, busca resultados… Ahora mismo el cuartel ha creado una barricada para mantener a la población de ambos pueblos controlada, ¿Tienen algún lugar a donde puedan volver?

    —Vivimos en LaneCloud… Mi padre es el Coronel Martin Price.

    El soldado se sorprendió de pronto — ¡Ustedes son los jóvenes Arcnaik! ¡El coronel ha estado buscándoles! Los llevaremos hasta el centro del festival, ahí se tomó el punto de reunión para todos los perdidos, ¿Puedes levantarte?

    —Por supuesto— Asintió Bastian. El chico movió a Mike de encima y se levantó. Después los chicos caminaron junto con los soldados. El festival era un desastre. Una mezcla de quioscos destrozados, mantas que cubrían cuerpos fallecidos y muchas familias llorando de tristeza o alegría. Quien podría haber pensado que semejante noche tan feliz hubiese podido terminar así.


    (...)​


    Al llegar al centro del festival. Ahí donde habían estado bailando. Los soldados se separaron de los chicos, afirmándoles que si veían al Coronel Price lo mandarían hacia el centro del festival para que les encontrasen. Los chicos agradecieron el apoyo de los soldados.

    Bastian y Mike caminaban de la mano en medio de la gran multitud. Cuando estaban caminando entre una multitud pudieron ver un hermoso vestido rojo moviéndose desesperadamente de un lado a otro.

    — ¡Andrea!— Gritó Bastian agitando la mano en el aire. La mujer se volteó hacia ellos. Tan rápido como los vio salió corriendo hacia ellos. Cuando llego con los dos jóvenes Arcnaik los envolvió en un abrazo.

    —Qué bueno que estén bien.

    —Es bueno ver que tú también estés bien— Comentó Bastian — ¿Y Martin? ¿Está bien?

    —Se encuentra bien. Tuvo un encuentro contra unos mafiosos, pero no le paso nada. Los está buscando por lo que queda del festival. Lo mejor sería esperarlo.

    —Está bien, ¿no has visto a Bruno?

    —No lo he visto todavía. Acabo de llegar al centro del festival. Lo podemos buscar, pero solo aquí adentro… Oye, ¿Mairis no se encontraba contigo?
    Bastian abrió la boca, pero no salió ninguna palabra. Apretó los labios y los puños. Estaba molesto consigo mismo, por no ser tan fuerte como para poder defender a su amiga. Andrea se percató de esa mala vibra que recorría a Bastian. Mike interrumpió la respuesta de la pregunta.

    — ¡Bastian! ¡Ahí esta Bruno!

    El chico se giró hacia la dirección que señalaba Mike. En un quiosco destrozado se encontraba el chico, se le miraba raspado y golpeado, pero feliz, se encontraba con Alicia y ella parecía estar bien.

    — ¡Vamos con él, Andrea!— Le grito Bastian emocionado, evadiendo la última pregunta de la mujer. Los tres corriendo hacia el quiosco. Pero mientras corrían Bastian pudo sentir unas miradas pesadas, esas miradas que hace bastante tiempo que no sentía. Las del pueblo molesto, por el solo hecho de apellidarse Arcnaik.

    Bruno y Alicia se encontraban juntos. Estaban hablando tranquilamente de unos cuentos que había leído la chica para no pensar en el desastre en el que había terminado tan importante noche. La chica apretaba fuertemente aquel peluche que le había regalado el jovencito que le salvo de no ser secuestrada. Lo apretaba cada vez que Bruno le hablaba, tratando de hacerla olvidar lo sucedido. Mientras hablaban un hombre gritó — ¡Alicia!— Los dos chicos voltearon hacia el hombre que gritaba. Un hombre alto y gordo con barba.

    — ¡Es mi padre!— Gritó Alicia emocionada.

    — ¡Genial!— Bruno levanto el brazo y empezó a agitarlo en el aire — ¡Señor por aquí! ¡Alicia está bien!— El hombre se dio la vuelta y vio a su hija a un lado de aquel jovencito de cabello negro. Lo reconoció de inmediato y su mirada se obscureció. El hombre camino con pisadas pesadas.

    —Gracias, Bruno, ya te vio— La chica le sonreía. Bruno caía rendido en esa sonrisa y solo podía contestar con una sonrisa la mitad de hermosa que le parecía la de ella.

    — ¡Bruno!— Gritó Mike desde la lejanía. El chico volteo hacia ellos.

    —Mira, ahí está Mike y Bastian.

    La chica se alegró, pero rápidamente su sonrisa se fue apagando. Apretó el muñeco más fuerte que nunca —Bruno… Las chicas no vienen con ellos…— Bruno sintió un golpe en el estómago y sus ojos se abrieron. El miedo le lleno el cuerpo por completo. Alicia tenía razón. Ninguna de las chicas venía detrás de ellos… Ni siquiera Mairis…

    El padre de Alicia se había acercado — ¡Alicia!— Aulló con rabia —¡Aléjate de ese jovencito ahora mismo!— La chica se volteó hacia su padre. Bruno estaba inducido en sus malos pensamientos.

    Alicia se separó de Bruno y camino hacia su padre — ¡Papá! ¡Bruno peleo para que no me llevaran!— El padre la paso de largo. Alicia no comprendió porque apenas le había prestado atención, se giró y vio el alto cuerpo de su padre yendo hacia Bruno.

    El joven Hellwell volvió en si al ver la sombra del padre de Alicia sobre él. Volteo la cabeza hacia la alta figura del padre. El señor levanto su puño, en un momento a otro ese puño se encontraba golpeando el rostro de Bruno.

    — ¡Aléjate de ella!— Otro puñetazo impacto el rostro del adolescente — ¡No te quiero ver con ella!— Cuando Bruno se tambaleaba después de esos dos pesados golpes. El hombre le pateo como si fuese un balón, tirándolo al suelo — ¡Desde que ustedes, Hellwell, llegaron, el pueblo se ha vuelto un mar de problemas! ¡No quiero que mi hija se involucre en tus problemas!

    — ¡Papá! ¡No!— Chillo Alicia. Su rostro palideció ante el primer puñetazo. El horror le envolvía al ver el cuerpo del chico que le protegió en el suelo.

    Bastian, Mike y Andrea se detuvieron ante la impresión de la escena.

    —Señor… Yo…— El chico empezó a toser —Créame que yo no he querido crear problemas… Lo importante es que Alicia está bien…

    El hombre se enfureció más al escuchar la respuesta del joven, a pesar de no tener nada de malo — ¡Y quien salvó a su hermana el día en que mataron a tu hermano! ¡Destrozaron nuestra casa únicamente por ser sus vecinos! ¡Que te jodan Hellwell!— Le arremetió otra patada al estómago, moviéndolo un poco. Los chillidos de Alicia se intensificaron.

    Rápidamente una patada golpeo al padre de Alicia. Dejándolo caer hacia atrás con la nariz rota. Martin apareció frente al derribado Bruno — ¡Deja de lastimar a mi hijo!— Gritó el tutor con todas la rabia de su corazón. El padre de Alicia se tapaba su nariz que chorreaba sangre a borbotones — ¡Estoy en mi limite! ¡Es increíble que quieran echarles la culpa por todos sus problemas a estos pobres niños que no hicieron nada! ¡He odiado estos estúpidos pueblos desde que vi como miraban a este grupo de huérfanos! ¡Creí que ya habían recapacitado! ¡Pero veo que la rabia nunca se borra! ¡Lo peor es que esa rabia ni siquiera tiene un sentido y eso me molesta más que cualquier cosa! ¡Que les jodan LaneCloud y Hericent!

    El padre de Alicia se levantó entre quejidos. Martin le miraba con una mirada pesada. Los dos hombres conectaron las miradas. El choque de las miradas de dos padres molestos creo un ambiente intenso. El hombre gordo y alto se volteó y tomo a su hija del brazo, jaloneándola a la fuerza.

    — ¡Bruno!— Gritaba la chica.

    — ¡Muévete!— El hombre le jaloneo una vez más. La chica no pudo evitar seguirle el ritmo. Maldijo a su padre durante todo el camino.

    Martin observaba como el hombre se iba, cuando recibió los golpes de una basura voladora. Muchos de los pueblerinos empezaron a tirarles cosas a Martin por su último comentario.

    — ¡Cállate Price! ¡Vuelve con tu burgués familia!

    — ¡¿Que has hecho por este pueblo?! ¡Solo criar a los descendientes de los problemas!

    — ¡Incluso tu eres el que ha criado al Capitán Kian!

    — ¡Es cierto! ¡Es por su culpa que hayan atrapado a los proveedores de la familia Lebore!

    — ¡Si esos dos nunca hubiesen atrapado a esos criminales esto nunca hubiese pasado!

    Esos fueron unos de los comentarios del pueblo.

    Martin se quedó quieto, recibiendo el montón de cosas que le lanzaban. Andrea observa impactada desde el fondo. La mujer observo que unas personas miraban de mala cara a Mike y Bastian. Tomo al niño en sus brazos y miro hacia todos los lados.

    — ¡Bastian quédate cerca!— Le gritó al chico, pero el niño corrió hacia Martin. Se posiciono en medio de la multitud, con el rostro enfurecido.

    — ¡Todos son unos mal agradecidos! ¡Solo recuerdan los que les convienen! ¡Martin casi muere durante el ataque de los bandidos hace cuatro años! ¡Luchó por proteger a LaneCloud! ¡El evito que estallara el ayuntamiento! ¡Y asi es como le agradecen! ¡Pasa lo mismo con Kian! ¡Ese jovencito ha vivido su vida al servicio de LaneCloud! ¡Hace lo mejor por el pueblo! ¡Y ahora ustedes lo quieren entregar por haber hecho su labor! ¡No son el pueblo que se merecen a alguien como él!— Los gritos de Bastian retumbaron por lo que quedaba del festival.

    El pueblo enfurecido se calmó poco a poco entre murmullos molestos. Las miradas de odio no se apagaron, pero los ataques con basura si lo hicieron. Ahora solo quedaba el pesado ambiente amargo del odio de un pueblo que nunca aprendió a olvidar.

    Martin le dio la espalda al pueblo y atendió a Bruno. Andrea llego justo después de las quejas de Bastian.

    — ¿Cómo estas Bruno?— Preguntó Martin preocupado. El tutor y el chico pelirrojo se inclinaron ante el cuerpo del joven Hellwell.

    —Bien… Solo fueron unos golpes…— Bruno empujo a Martin y se dirigió directamente con Bastian jalándole de la camisa — ¡Y Mairis!— Gritó Bruno con rabia y una voz quebrada.

    Su amigo desvió la mirada.

    Solo eso fue necesario para que Bruno entendiera lo que había sucedido. Se quebró en un llanto desconsolador apretando la camisa de Bastian y maldiciendo a todo el mundo. Martin apretó los puños y chasqueo entre dientes. Su mirada se obscureció. Se levantó y se puso enfrente de Andrea.

    — ¿Sucede algo?— Preguntó la mujer.

    El hombre puso su mano alrededor de su cuello, pego su frente con la de la mujer —Quiero que los cuides. Llévatelos a mi casa. Quédate con ellos hasta que vuelva.

    — ¿Qué? ¿A dónde iras?

    Bastian miro la espalda de Martin. Bruno por un momento se calmó.

    —Voy a ir por Mairis— Dijo con una voz gruesa y seria. Andrea pudo ver el rostro decidido de Martin —Te los encargo, por favor— El hombre le dio una palmada en el hombro y se fue sin despedirse.

    —Claro, yo lo haré— Le contestó Andrea, pero el hombre no volteo. Se alejó de ellos desapareciendo en medio del desastre del festival. Bastian agacho la mirada. Quizás era lo mejor, después de todo el mismo sabía que no era lo suficientemente fuerte como para poder evitar que se la llevaran. Él no podía hacer nada para rescatarla.

    Unos minutos después, cuando Bruno se calmó, se fueron hacia su casa.


    (...)​


    En la oficina del General Thomson se encontraba un grupo de soldados. Entre ellos se encontraban los heridos Gus y Kian. Al igual que el mismo General.

    El Teniente General Claudio tenía unos documentos en sus manos. Los estaba leyendo mientras que todos los soldados dentro de la oficina escuchaban atentamente —El festival quedo arruinado y las personas tuvieron un inicio de primavera pésimo. Los soldados ayudaron a los heridos por el asalto. Buscaron a las familias de las personas desaparecidas. Entre toda la multitud que confirmaba haber perdido a sus seres queridos sumaron un total de cuarenta y tres personas raptadas hasta el momento confirmadas. También se sabe que parece ser que solo raptaron mujeres y menores de edad. Los heridos todavía no han sido contados, pero se cree que rondan los ciento cincuenta. Durante el golpe de la Mafia Lebore se ha calculado por ahora un total de treinta muertos.

    El pueblo estaba loco, temía por sus hijos, hermanos, amigos y amigas que habían sido llevados por aquellos mafiosos. Una multitud enardecida gritaba, empujaba y golpeaban la barrera que los soldados del cuartel habían generado por órdenes de Marcus.

    —Nos odian— Comento Kian al echar un vistazo entre en medio de las persianas de la oficina del Gral. Thomson. Vio a toda la gente histérica suplicando justicia o un castigo a los causantes del asalto. Por un momento incluso llego a pensar que quizás tenían que darles lo que pedían.

    —Fuimos inculpados, nosotros solo hacíamos nuestro trabajo… No dejare que me linchen por ello— Masculló Gus entre dientes. Kian se encontraba a un lado de él y pudo escuchar sus quejas con claridad. Comprendía que tenía razón, ellos no habían hecho nada malo.

    — ¿Qué haremos General Thomson?— Preguntó uno de los soldados dentro de la sala.

    —Preparen a unos diez escuadrones. Vamos a ir en busca de las personas desaparecidas…

    — ¿Exactamente a donde iremos, padre? ¿Iremos hasta Jenna por la misma cabeza de Gero Lebore? Porque me encantaría dibujarle una cara sonriente en su frente.

    El General lo observo con una mirada dura. El chico chasqueo con la lengua y desvió su mirada de su padre. El Teniente General Claudio contesto la pregunta de Gus, a pesar de que nadie se lo había pedido —Ha existido un constante flujo de mensajes sobre personas extrañas merodeando la zona entre LaneCloud y Hericent. Al igual que hemos tenido uno que otro mensaje de GrayLagoon. Sabemos que la base de los mafiosos fue capturada el día en que tú y Kian la encontraron, eso nos puede decir que quizás su base definitiva se encuentra en GrayLagoon y nuestros dos pueblos…

    — ¿Entonces iremos al Norte, hacia GrayLagoon…?— Preguntó Kian con los brazos cerrados y recargándose en la pared. La herida de bala le dolía.

    — ¿Iremos?— Preguntó Claudio —Disculpe Capitán Kian, pero usted y Gus se encuentran heridos. Solo retrasaran la operación en caso de un enfrentamiento. El General ira, pero solo porque va a dirigir la operación.

    — ¡¿Qué demonios dices, cuatro ojos?!— Aulló Gus con rabia — ¡Iré a GrayLagoon quieras o no! ¡Le meteré una bala a cada uno de esos mafiosos! ¡Ahora si me disculpas voy a alistarme!— El soldado se separó de la pared y se dirigió directamente hacia la doble puerta de la entrada de la oficina.

    — ¡Espera Gus!— Grito su padre cuando el chico ya había dado tres pasos hacia enfrente. El joven no le hizo caso, siguió caminando— ¡Tenemos que actuar con sumo cuidado. Si vas con esa actitud y hay un enfrentamiento lo único que lograras será que te maten! ¡Iras en la misión de rescate! ¡Pero dime que guardaras la compostura…!

    Gus se dio la vuelta y asintió sin decir nada.

    Kian se frotó la frente.

    El General enarco las cejas y le gritó — ¡Quiero que lo digas soldado!— Gruñó.

    El chico dio un brinco y contestó al mismo tono, pero más furioso— ¡Me mantendré al margen!— Esa forma de contestar puso de mal humor al General. Cosa que rara vez pasaba. Quizás era porque se trataba de su hijo.

    — ¡Kian!— El Capitán dio un brinco y se puso en pose de firmes — ¡Ve a prepararte para salir! ¡Si ves que Gus sigue manteniendo esa misma actitud encargarte de desarmarlo y si puedes darle una paliza, hazlo! ¡Quizás así tenga una actitud madura!

    —Entendido, General Marcus— Kian saludo al General y se retiró. Gus ni siquiera lo observo. Salieron de la sala para prepararse dentro de la otra habitación. Kian cerró las puertas tras salir.

    El General se levantó de su silla y se dirigió hacia su ventana. Observo a la multitud. Era horrible ver como causaban un alboroto, como golpeaban el muro y gritaban por justicia.

    —Soldados, vayan a juntar a los diez escuadrones, recojan el mejor armamento que tengamos y enciendan los vehículos que tengamos. Saldremos dentro de media hora— Los soldados que estaban dentro de la sala aceptaron la petición sin decir nada y se fueron. Todos menos Claudio.

    — ¿Qué sucede, Claudio?— Preguntó el General sin voltear a verlo.

    —Siendo sincero, no creo que Gus y Kian tengan que ir a la misión. Incluso dudo de que usted tenga que ir. Se encuentra herido. En caso de que por su herida llegase a fallecer, sería una gran pérdida de poder durante la batalla…

    El General se giró —Es verdad, puede ser un problema… Pero es importante que el pueblo vea que nosotros vamos a actuar. Después de todo, eso es lo que están esperando de nosotros. Cuando el pueblo vea que Kian y Gus están yendo al rescate de los secuestrados, entonces se calmaran…

    — ¿Y usted entonces por qué va?

    El General camino hacia la puerta —Porque eso es lo que el pueblo espera que haga…— Marcus le dio unas palmadas en el hombro a Claudio —Vamos, Claudio, tenemos que alistarnos. Esta puede ser una misión peligrosa.


    (...)​


    Andrea llego a la casa de Martin con los chicos. No hubo ninguna palabra en todo el camino. La mujer llevaba a los chicos por enfrente para no perderles de vista. Mike caminaba con ella de la mano. La noche se volvió fría, o quizás asi había sido siempre, pero en la pasión del festival no lo notaron en su momento.

    Ahora mismo la colina que llevaba hasta la entrada de la casa pareciera más pesada que nunca. Sin embargo la terminaron. Bastian abrió la puerta, Bruno le siguió, después Mike y al último Andrea. Ella pudo ver como los chicos subieron las escaleras directo a su habitación.

    —Descansen, chicos. Mañana Martin volverá con Mairis, lo prometo…

    —Nunca me han gustado las promesas— Dijo Bastian al subir las escaleras. Andrea agacho la mirada en ese momento. No sabía cómo hablarle a los niños. Mike le jalo el vestido.

    —Disculpa— Dijo el niño con pena —Tengo miedo… ¿Podría dormir contigo hoy?— La mujer se enterneció con el niño.

    Le sonrió amablemente —Claro que sí, Mike. Creo que todos estamos cansados sería bueno descanzar— La mujer le volvió a tomar de la mano y subieron las escaleras, una vez en el pasillo se dirigieron al cuarto de Martin. Andrea pudo ver el cuarto de los chicos. Ahí se encontraban cuatro camas que llenaba la habitación que de por si era grande. Bruno y Bastian se acostaron de inmediato en sus camas. Andrea le sonrió con un poco de pena por no saber que decirles. Cerró la puerta con calma, sin hacer mucho ruido. Abrió la puerta del cuarto de Martin, una habitación sencilla, una cama, un closet, dos mesas de noche y dos lámparas. Llamo su atención un cuadro grande de los cinco chicos a los que Martin consideraba sus hijos. Entonces pensó por un momento en lo difícil que debe ser pasar por un momento como ese. La mujer levanto a Mike y lo puso en la cama, ella se acostó a su lado. Rápidamente el niño se quedó dormido y ella lo aprecio atentamente con una sonrisa melancólica y a la vez alegre. Como si siempre hubiese deseado un momento asi, pero a la vez, como si ese mismo momento le estuviera recordando malos momentos. Andrea se durmió poco después.

    Minutos después de acostarse, unos minutos que parecieron horas, Bastian se levantó de su cama y observo la cama de Bruno. Parecía que enserio se había dormido. Aunque la puerta estaba entre abierta, eso era algo curioso, Bastian podía jurar que Andrea la había cerrado. No le dio mucha importancia. Se levantó de la cama sin hacer mucho ruido. Acomodo las almohadas para que pareciera un cuerpo. Se cambió de vestimenta, a algo más cómodo y salió de la habitación con un paso lento, pero silencioso.

    Una vez encontrado en la planta baja de la casa, se dirigió hacia la habitación del sheriff. Abrió la puerta del sótano y bajo lentamente las escaleras, pues sabía que esas escaleras solían rechinar. Cuando llego al final pudo ver una sombra en la obscuridad. Era Bruno.

    —Sabía que vendrías— Dijo el chico en voz baja.

    — ¿Qué rayos? ¿Cuándo bajaste?— Gruño Bastian sorprendido.

    —Cállate… Andrea se despertara…— El chico se giró y le lanzo un cinturón con una funda —Tenemos que prepararnos si iremos por Mairis… Nos tenemos que dar prisa, si no vemos hacia dónde van los soldados, entonces nunca podremos dar con los mafiosos.

    Bastian observo el cinturón. Después se lo puso.

    — ¿Cómo sabes que el ejército va a mandar a soldados hacia los mafiosos?

    —El General Thomson es el padre de Gus, y conociendo a Gus, estoy seguro que harán algo para rescatar a todas las personas secuestradas. Gus es impulsivo, su padre tomara una decisión rápida así como su hijo… A demás de que es una gran oportunidad para eliminar a las mafias de los alrededores… Eso se llama aprovechar tus oportunidades.

    Bastian se acercó a la caja que estaba esculcando Bruno. Cuando se puso a un lado del chico, este levanto un par de pistolas y las guardo en sus fundas —Tengo miedo, Bastian.

    Bastian guardo sus palabras y pedio sus ojos en la nada. Hizo una mueca con su boca y espero unos segundos para decir algo — ¿Miedo de matar?- Preguntó en un murmuro.

    —De todo… De que le puedan hacer algo a Mairis, de que la torturen… la violen… la maten…— Bruno se apoyó en la caja. Le temblaban los brazos —Tengo miedo de matar a alguien por rescatarla, al igual que tengo miedo de que nos pase algo mientras intentamos rescatarla…- El silencio envolvió la habitación. Golpeo la caja y apretó sus nudillos –Pero estoy dispuesto a darlo todo por ella…

    Bastian lo miraba atentamente. Luego volteo a la caja de madera, estaba llena de paja que servía como colchón para las armas del sheriff y Martin. El chico saco una espada dentro de su funda, desvaino parte de la cuchilla, el arma tenía un filo que parecía ser una simple hoja —Yo siempre me jure que si un día tenía que matar a alguien tendría que ser uno de los asesino de mi madre…- El chico cerro la espada y se pasó la correa por el pecho –Sin embargo, odio las promesas, te hacen soñar con algo y no siempre es posible que esa ilusión se cumpla. Asi que estoy dispuesto a romper ese juramento con tal de traerla de vuelta- Los dos amigos juntaron sus miradas. Unos ojos temerosos y valientes.

    —Tomaremos los caballos de los vecinos que se encuentra a cinco minutos. Con ellos seguiremos a los soldados a un buen ritmo...

    —Los regresaremos, ¿o ya te quieres volver un bandido?— Bromeo Bastian.

    Bruno empezó a reír —No, todavía no seremos bandidos… Digo, nunca seremos bandidos— La risa se intensifico entre ambos. Una vez terminadas las risas Bruno se puso serio, hubo un silencio abrumado. La mirada de los chicos se juntó —Si vemos que los soldados pueden hacerse cargo nos regresaremos…

    Bastian asintió ante el plan.

    La mirada entre ambos continuaba. Era intensa y llena de energía. Bastian trago saliva y habló —Somos una familia, Bruno— Dijo el pelirrojo —Las familias no se separan. Las familias luchan por mantener a la familia unida. Nosotros no permitiremos que ella se separe de nosotros…- Bastian levanto el puño en dirección a Bruno –Vamos por nuestra hermana.

    Bruno le sonrió —Vamos por nuestra hermana— Repitió Bruno, chocando el puño con su mejor amigo.


    (...)​


    Los chicos salieron de la casa y huyeron en la obscura noche. Andrea los observaba desde la venta de su habitación. La mujer sonrió y hablo para sí misma —Asi que al final irán tras ella… Sin duda son Hellwell y Arcnaik. Siempre haciéndose los héroes— Andrea bajo la mirada hacia el retrato familiar que tenía Bastian. La mujer acaricio el rostro de Adam Arcnaik con ternura —Es idéntico a ti… pero con el cabello de ella…— Andrea se separó de la ventana.

    Caminó de nuevo a la habitación de Martin y observo a Mike —Y él es idéntico a tu hermano…— La mujer levanto el brazo, unos aros rodearon su delgado brazo. El mismo aro se separó de su brazo llegando hasta donde estaba Mike, el cuerpo del infante empezó a brillar de un color rojo.

    —No hay nada dentro de él… ¿Me pregunto, si dentro de Bastian…?— La mujer soltó un suspiro — ¿Dónde lo dejaste Abraham? ¿Dónde dejaste tu libro?— La mujer volvió a acostarse en la cama de Martin junto con Mike.


    (...)

    Martin llegó al cuartel cuando se topó con la multitud enardecida que golpeaba el muro que rodeaba todo el terreno militar. El hombre rodeó a la urbe. Llego hasta un punto solitario. Unos aros rodearon sus piernas y dio un gran salto, terminando por caer del otro lado del muro. Los soldados que estaban por ahí apuntaron sus armas contra Martin. Después de un intercambio de palabras, el Coronel mostró su placa que llevaba en la billetera y con eso lo dejaron proseguir. Llegó justo a tiempo, los vehículos blindados estaban saliendo de su hangar subterráneo. Martin corrió hacia el primer vehículo. Cuando se encontraba cerca dio un salto, la ventana del copiloto se bajó justo antes de que el soldado impactara contra ella. Martin estaba adentro del vehículo.

    — ¿Martin?— Dijo Kian sorprendido.

    — ¡Kian! ¿Estás bien?— Pregunto con un rostro angustiado. El soldado se encontraba completamente uniformado como un soldado que está a punto de ir a la guerra.

    —Una herida de bala…— Dijo el chico con calma. Después se tapó el lugar en donde tenía la herida —Sin embargo me siento lo suficientemente listo como para ir a saldar cuentas con unos mafiosos. Traeremos a Mairis de vuelta…

    —Ya lo supiste…— Dijo Martin con seriedad y pena.

    —Fue uno de los informes que me dio Claudio…— El chico señalo al Teniente General. El cual estaba leyendo unos archivos en medio de la camioneta. Al igual que Kian, este también se encontraba completamente vestido como un soldado que estaba por ir a la guerra —Gus está más que preparado para aplastar a esos mafiosos.

    —No dejaremos ninguno con vida, futuro suegro…— El Mayor Thomson levanto su metralleta y le quito el seguro.

    Martin no comprendió lo de, “futuro suegro”. Pero Kian si, y pensó que era algo innecesario de decir…

    Martin volteo hacia el piloto, ahí se encontraba el General Marcus conduciendo. El hombre conecto la mirada con el General por un segundo.

    —Sabía que llegaría, Martin Price. Les dije que no ocuparan ese puesto por lo mismo. Espero que esté listo para rescatar a su niña.

    —Siempre se está listo para rescatar a un hijo, General— Dijo Martin al mismo tiempo.

    —Asi se habla— Dijo el General con una sonrisa —Por cierto, lindo uniforme…

    Martin volteo a ver su ropa. Se veía ridículo con su ropa de festival en medio de esa camioneta militar —Discúlpame, Marcus. No tenía tiempo que perder.
    —No es necesario disculparse. También pensé en esa posibilidad, Kian por favor pásame el uniforme que te di— El hombre paso su brazo hacia atrás. El Capitán le dio una bolsa y el General se la paso a Martin —Esta puede ser una misión peligrosa, así que póngase el uniforme, por favor.

    Martin asintió y se puso rápidamente el uniforme.

    —Hay una multitud pasando el muro…— Comento el Coronel mientras se ponía la camisa.

    —Lo se…— El General paro el vehículo. Los soldados que estaban en medio del camino activaron su magia y empezaron a bajar un pedazo del muro de roca lo suficientemente grande como para que pasaran los vehículos blindados.

    Cuando los muros se encontraba lo suficientemente cerca los pueblerinos se abalanzaron furiosos contra el primer vehículo. Los soldados retuvieron a los pueblerinos que pudieron, pero eran demasiados y estaban furiosos.

    Algunas personas empezaron a golpear el carro. Los insultos volaban en el aire, al igual que decenas de palos, grilletes y botellas. En el momento en que la multitud vio que Marcus Thomson, el General de Hericent, se encontraba conduciendo el primer vehículo, fue cuando se dejaron ir solamente contra ese vehículo.

    El General estaba molesto por la actitud de su pueblo.

    Kian y Gus estaban sentados. Escuchaban los insultos de los pueblerinos y estaban temblando nerviosos. El Mayor Thomson abrió la cortina corrediza de las ventanas del vehículo para que el pueblo pudiese verles, así lo había planeado el General. La multitud se calmó por un segundo, pero justo después la multitud empezó a golpear enardecida al carro. Durante un momento parecía que lo intentarían voltear. Los soldados de afuera estaban amenazando a las personas con que se detuvieran o dispararían, pero a los pueblerinos apenas si les importaba. Sacarían a Kian y Gus a la fuerza, de ser necesario.

    — ¿Qué vamos a hacer ahora, General Thomson?— Pregunto Martin con un rostro obscurecido. El vehículo apenas se había movido desde que el muro había bajado.

    —No lo sé… Odio este pueblo…— Una botella se estrellaba contra el vidrio del piloto en ese momento. Entonces el General pudo observar como un grupo de personas empezaron a atacar a los soldados para quitarles las armas.

    — ¡Maldición!— Masculló Marcus — ¡Tendremos que tomar medidas más duras!

    Kian se exaltó — ¡¿Va a pedir que los soldados disparen al pueblo?!

    —Solo como defensa…

    — ¡Debe haber otra forma!

    El General ignoro al Coronel. Cruzo mirada con un Coronel que dirigía a los soldados que defendían los vehículos. Marcus dudo por un segundo. Ignorando por completo los gritos de su hijo, sus alumnos y su compañero. Tomo un respiro y asintió con un rostro duro.

    El coronel de afuera asintió. Levanto un silbato. Se escuchó un pitido seco. Todos los soldados levantaron sus armas y soltaron los seguros.

    El pueblo empezó a aullar violentamente. La ira broto. Los pueblerinos se volvieron más violentos. Los soldados acercaron sus dedos a los gatillos. Sentían más pena que responsabilidad.

    En ese momento se escuchó un disparo.

    Los autos se detuvieron, así como la muchedumbre, los soldados y hasta el mismo tiempo. Desde atrás de la multitud una sombra se hacía aparecer con un brazo al cielo y una pistola en la mano apuntando al cielo. Era Fabricio. El hombre estaba pálido, vendado por todo el torso, incluso parecía que las heridas se habían abierto por el esfuerzo que había tenido que hacer para llegar hasta ahí.

    Todo el mundo le prestó atención después de ese disparo.

    Fabricio jadeaba, apretó los dientes y dirigió su mirada hacia la multitud. Una mirada fría y enfurecida — ¡Esa es forma de tratar a la gente que va a traer de vuelta a sus hijos! ¡Muévanse estúpidos! ¡Mientras más tarden en salir de este cuartel, más probable es que sus hijos estén siendo desollados para vender sus órganos! ¡Más tiempo les dan a esos mafiosos de ponerlos en oferta en el mercado negro! ¡Y más tiempo les dan para llenar a sus hijas de semen! ¡Asi que quítense hijos de puta!

    Los pueblerinos se mantuvieron callados por un momento.

    Despues hubo unos murmullos entre los pueblerinos. Fue entonces cuando empezaron a moverse lentamente dando vía libre a los carros.

    —Ese hombre sabe provocar miedo en las personas…— Comentó Martin con una sonrisa nerviosa.

    El General sonrió —Tiene toda la razón, Coronel…— Y presiono el acelerador. El vehículo dio un jalón, pero rápidamente se estableció. El carro pasó por un lado de Fabricio. Martin no logro oírlo, pero sabía que decía esa mirada tan hostil.

    Decía “Tráela de vuelta”.


    (...)​


    Los vehículos entraban por la autopista unos minutos después. Desde las sombras dos chicos montados a caballo vigilaban a los carros.

    —Tomaron la vía rápida del norte— Dijo Bastian.

    — ¿Norte?— Preguntó Bruno —Van para Milloria o GrayLagoon.

    — ¿Y nosotros iremos hacia…?

    — ¿Si fueras un mafioso donde pondrías tu base?

    —Milloria es una ciudad bastante elegante.

    —Pero vistosa… Y GrayLagoon no es tan visitada durante el invierno…

    —Entonces, ¿GrayLagoon?

    —GrayLagoon, amigo mio— Dijo Bruno.

    Un azote con las cuerdas dio inicio al viaje hacia GrayLagoon.
     
  16. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 15 - GrayLagoon
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    10939
    Capítulo 15 — GrayLagoon

    El escuadrón comandado por el General Marcus llego a los territorios de GrayLagoon a unas pocas horas de haber salido de Hericent. El cambio de clima era notable, mientras más te acercabas a los territorios del pueblo veías como los arboles empezaban a teñirse de blanco, y como el frio golpeaba tu cuerpo. Para ese pueblo la primavera no llegaría hasta dentro de unas semanas, si bien les iba.

    La imponente montaña demostraba su poder ante los bosques y la tierra. “Manto Blanco”, así era nombrada la alta montaña. Su nombre nació después de que el fundador de GrayLagoon, Saúl F. Lope, un extraordinario mago de nieve, tuviese un enfrentamiento contra una entidad demoniaca proveniente de un ritual llevado por los primeros seguidores de la secta de “Los Brujos”. El hombre lucho hasta la muerte causada en su último ataque contra la bestia. Se narra que la montaña no era helada hasta el momento del último hechizo lanzado por Saúl F. Lope. La bestia cayó derrotada en la cima de la montaña junto con el honorable mago. Las anécdotas cuentan que la montaña aún tiene los restos del demonio y del hombre en su cima.

    La razón de llamar a la montaña “Manto Blanco” es porque el mago era una persona normalmente limpia, gustaba de usar color blanco para demostrar sus finos modales e impecable facha. Junto con la inexplicable razón de que después de la batalla en GrayLagoon empezó a nevar, y solo en tiempo de verano era posible ver la región sin cúmulos de nieve en todas partes.

    Los grandes vehículos se hacían notar. Los rugidos de los motores se desprendían por montones y llenaban los bosques como una advertencia de una enorme bestia. Finalmente llegaron al cruce de madera que señalaba la bienvenida al pueblo de GrayLagoon. Los automóviles cruzaron esa entrada vieja e indudablemente bien conservada, una puerta de madera roja.

    Las chozas empezaron a aparecer con más frecuencia y los caminos parecían empezar a ser mejor decorados. El brillo de las luces se intensifico hasta el momento en el que fue posible ver un pueblo grande hecho en su mayoría de madera, a excepción de los grandes edificios, los cuales eran construidos de ladrillos rojos, brindando un enorme destello de vida al verles combinado con la nieve que se acumulaba en los techos y calles. Era como estar en un pueblo donde posiblemente podría estar Santa Claus junto con sus enanos.

    — ¿Hacia dónde nos dirigimos?— Preguntó Kian tras ver el hermoso pueblo nevado a través de las cortinas corredizas de la camioneta blindada.

    —Nos dirigimos hacia la casa de la familia Lope— Contestó el General Thomson con tranquilidad y sin despegar la mirada del camino —Ellos son los
    alcaldes de este pueblo. Si la mafia Lebore se ha estado movilizando por aquí, ellos deben de saberlo.

    —De hecho ahí alcanzo a ver la mansión Lope…— Comentó Martin.

    Gus y Kian se movieron hacia la parte de enfrente y echaron un vistazo por el parabrisas, el camino se alargaba hasta donde se encontraba una mansión enorme con un terreno donde podrían caber seis de esas mismas mansiones y aun quedaría espacio. Casi parecía una burla ante todo el pueblo, el terreno era inmenso. Los jardinees de aquella mansión envolvían casi todo el terreno, al igual que dos fuentes que bien podrían tener el tamaño de unas piscinas públicas. Unos muros de concreto se levantaban a lo alto para impedir el paso a bandidos, al igual que unas rejas con puntas como flecha.

    Gus gritó sorprendido — ¡Esa es la mansión Lope!

    —Asi es, hijo.

    — ¿Qué clase de familia ocupa un terreno tan enorme?

    Martin observaba con seriedad a la mansión —Una familia codiciosa… Una familia que disfruta de hacerse notar su riqueza ante los demás.

    —Me enferman…— Murmuró Gus con disgusto.

    —Comparto el sentimiento, muchacho…— Gruño el Coronel.


    (...)​


    Los vehículos llegaron hasta la entrada. Ahí pararon para después tocar el timbre de voz, donde el General hablo por la bocina preguntando por la familia Lope, pero nadie contesto.

    — ¿Qué curioso? Las luces estaban encendidas cuando vimos la mansión desde lejos— Comento Martin, quien se encontraba relajado en la camioneta.

    Claudio se encontraba a un lado del General en la puerta de la mansión —Yo también las vi encendidas— El joven Teniente General hecho un vistazo hacia la acera que recorría toda la mansión, desde la lejanía se observan las figuras de Gus y Kian —Ahí vienen los chicos. Ellos nos confirmaran si solo era nuestra imaginación.

    La madrugada era especialmente fría ese día, los soldados iban bien abrigados y a pesar de eso, Gus iba temblando de frio y gruñendo sobre el clima.

    — ¿Vieron algo a través de las rejas?— Preguntó el General, el cual tenía el entrecejo bien marcado por no recibir respuesta alguna.

    Kian se acercó al General, mientras que Gus iba hacia adentro de la camioneta para refugiarse de la helada noche —Las luces están prendidas, no logramos ver a nadie. Ni una sombra o silueta a través de las cortinas de la mansión.

    —Esto es muy extraño…— Murmuró el General.

    Martin se despegó de la camioneta y comento con tranquilidad — ¿No será que la familia Lope se encuentre en el ayuntamiento de GrayLagoon? Después de todo, la parte trasera sirve como casa para el alcalde.

    — ¿Por qué una familia como la familia Lope dejaría esta espaciosa mansión para irse al ayuntamiento?— Preguntó Claudio.

    —Esa es una de las cosas que tenemos que descubrir… No podemos quedarnos esperando a que nos abran. Si la mafia Lebore no se encuentra en GrayLagoon entonces solo estamos perdiendo tiempo para encontrar a todos los secuestrados en el festival— Martin se dio la vuelta y se subió a la camioneta.

    El General hecho un vistazo a la puerta de la mansión Lope. Su mirada se volvió dura por unos segundos. Cerró los ojos y se dio la vuelta. Claudio y Kian le siguieron para subirse en la camioneta. Los vehículos arrancaron en dirección al centro del pueblo, hacia el ayuntamiento.


    (...)​


    Los vehículos cruzaron las calles de GrayLagoon sin ningún tipo de cuidado. Avanzando rápidamente hasta llegar a la parte céntrica de la ciudad. Ahí donde los edificios departamentales se levantaban, dando un aspecto a una ciudad pequeña.

    Kian y Gus observaban por las ventanillas de la camioneta como algunos niños, adultos y ancianos abrieron sus ventanas sin ningún miedo a contraer un catarro para poder ver los pesados vehículos del ejército del Gobierno Mundial. Los ancianos auguraron males presentimientos. Los niños gritaban emocionados, olvidándose por completo del sueño, y los rostros de los adultos eran difíciles de explicar, una mezcla entre satisfacción y miedo. El pueblo normalmente era tranquilo, así que era considerado raro tener al personal del Gobierno Mundial pasearse por la zona. Lo que sí, muchas personas visitaban el pueblo por la montaña y el lago, en especial por este último, ya que nunca se congelaba y la pesca siempre estaba activa.

    Los vehículos pararon en el ayuntamiento. Rodearon en forma de semicírculo el edificio. Marcus junto con Martin y Claudio salieron de los vehículos. Sabían que era casi imposible encontrar a personal de la alcaldía en ese lugar, pero por eso se habían encargado de hacer ruido. Predecían que los guardias que cuidaban el edificio llamarían al alcalde pronto, y así fue, en unos escasos quince minutos el alcalde salió del ayuntamiento. El hombre era viejo, canoso y con un bigote tupido. Tenía puesta una bufanda con un saco abrigador de color negro. Era rechoncho y bajito con una voz chillona.

    —Buenas noches, señores. A qué se debe su inesperada, madrugadora y nada informada visita— Comentó el hombre con una sonrisa fingida. Alargó la palabra madrugadora con un cierto tono de burla.

    Marcus le saludo de mano. Martin hizo lo mismo —Soy el Gral. Marcus Thomson. Mi compañero es el Comandante Martin Price. Este es un escuadrón perteneciente al Cuartel del Gobierno Mundial de Hericent. Estamos llevando una misión importante, ¿le gustaría dejarnos pasar a su edificio de la alcaldía para hablar un poco?

    El hombre volteo hacia los lados, apretó los labios y tomo un respiro profundo después. Tartamudeó al aceptar. Los cuatro hombres subieron por las escaleras que llevaban a la puerta del ayuntamiento.

    La mayoría de los soldados decidieron quedarse dentro de los vehículos, el clima era helado y los vehículos calientes. Kian y Gus salieron de su vehículo y echaron un vistazo al pueblo. Las luces eran brillantes. Quizás porque estaban en el centro del pueblo. Gus ofreció un cigarrillo a Kian y este acepto sin decir nada. El joven había adquirido ese hábito de su buen amigo. Al igual que de uno de sus mentores, Fabricio, que a diferencia de Martin o el sheriff, no tenía la más mínima decencia de no fumar frente a los niños.

    —GrayLagoon… una vez la visite de niño— Comentó Gus, al soltar el primer cumulo de humo. Odiaba el silencio. No era su estilo.

    —Esta es mi primera vez…— Continuo Kian al encender el cigarrillo — ¿Por qué le llaman GrayLagoon?— Preguntó el soldado, como divagando, como si en realidad no le interesara lo más mínimo saber ese dato, solo intentando distraerse.

    El joven señalo hacia la dirección del enorme lago —La montaña se refleja en el lago casi por completo, la montaña tiene un color gris que hace ver el agua del lago con esa misma tonalidad. Una verdadera maravilla. A demás, el lago nunca se congela y tiene una gran cantidad de peces. Una vez me contaron que el lago es muy profundo. Investigue y se cree que es posible que sea la salida de una cuenca subterránea.

    —Eso es genial…— Comentó Kian sin muchas ganas — ¿No sabes si alguien ha encontrado esa cuenca?— Preguntó nuevamente divagando.

    —Lo que sé es que es demasiado profunda, por lo que no, no han llegado todavía. Si intentas bajar utilizando magia de agua la presión te empieza aplastar, si bajas en una burbuja, la burbuja se rompe. Hay historias que dicen que algunos hombres bajaron en submarinos, pero que no regresaron.

    —Es un lago demasiado profundo entonces… Increíble…— El chico observo hacia el cielo, estaba nublado, no había estrellas —Sabes, hay tantos lugares interesantes en todo el mundo. El volcán de Gyrion, cerca de Flacara. “Los Arboles Jacobh Majab” en las islas cercanas a Calani. Todo el reino de Songar, las ruinas de Etheros, los reinos perdidos, “la valentía de los soldados” en Iglakesh. “La sombra del rey Bagar”, en el reino de Harbenten. “El bosque profundo”, entre Olimpia y RabIt, entre otras tantas...

    —Seria magnifico poder verlas todas, ¿no?— Continuó su querido compañero.

    —Absolutamente…— Contestó Kian al quitarse el cigarrillo. Lanzo el humo con desgana y miro la nieve de todo el pueblo. Perdiéndose en la imagen de aquellos niños que corrían hacia los bosques, aquel día en que atraparon a los distribuidores de drogas de la familia Lebore. Gus observo a su compañero con disgusto.

    —No queda para el momento hablar sobre este tipo de cosas, ¿no?…

    Kian no contestó.

    Gus tenía sus manos en las bolsas de su pantalón. Se recargo en el frio metal de la camioneta y golpeo una piedra que se encontraba en el asfalto de la calle — ¿Cómo te sientes por lo sucedido?

    Kian volteo hacia Gus, sus miradas se conectaron por unos segundos, después el capitán volvió nuevamente a ver la nieve —No fue nuestra culpa… Hicimos nuestro trabajo… Sin embargo, me siento horrible. Mairis debe de estar muriendo del miedo…— Kian se detuvo por un momento y se corrigió a sí mismo —Todos deben estar muriendo del miedo…

    Gus observo a su compañero. Negó con la cabeza —No tienes por qué fingir que te importan todas las personas que fueron secuestradas… Quieras o no, las personas tienen prioridades… Este preocupado por Mairis, solo por ella, acéptalo… Yo también… ¡Oye, será mi esposa algún día, claro que me preocupo por ella!
    Kian soltó una risa fugas y negó con la cabeza. Gus sonrió.

    Ambos chicos tomaron una bocanada de humo a la vez.

    El recién capitán fue el que volvió a hablar —Ella no se merece nada de lo que le ha pasado… Es una chica demasiado buena… Ninguno se lo merecía… Bruno, Bastian, Mike… Ellos no tienen por qué sufrir tanto… son solo unos niños…— La voz de Kian parecía romperse tras cada pausa. Gus agacho la mirada al escuchar cada palabra de su amigo.

    —La vamos a rescatar… estúpido llorón…— Murmuró Gus al soltar el humo del cigarrillo. Levanto la vista por un momento. Desde un callejón pudo ver una sombra que parecía estar moviendo los brazos —Kian… ¿Lo ves? ¿O acaso estaba soñando?

    El joven tomo un respiro y levanto el rostro hacia todos lados — ¿Qué cosa?— Preguntó con una voz silenciosa.

    —Ahí donde está el callejón a cuatro casas. Una sombra…— Señalo hacia el frente, hacia donde la luz del segundo faro acababa. Una sombra parecía querer llamar su atención. Gus desenfunda su arma. Kian dio unos pasos hacia atrás e informa a tres soldados que apunten hacia el hombre que estaba señalándoles. Los dos soldados irían a revisar.

    —Si ven algo extraño tienen permiso de atacar— Ordeno Kian a los soldados.

    Los dos jóvenes caminaron con calma hasta el hombre.

    —Sal de tu escondite— Ordeno Gus al encontrarse cerca. Apuntaba a la sombra del callejón con un brazo firme un rostro obscurecido. No hubo respuesta alguna de aquella sombra — ¿Tienes miedo de mostrar tu identidad, extraño…?— Un bola de papel salió disparada de entre la nada, Kian la atrapo. Ambos chicos voltearon por la impresión hacia la misteriosa bola arrugada de papel común. Echaron un vistazo hacia el callejón, la persona había desaparecido.

    — ¿Qué dice la nota, Kian?— Pregunto Gus mientras baja lentamente el arma y daba vistazos agiles a todo su alrededor esperando que no fuera una trampa.

    “Vayan a la comisaria. El enemigo tiene oídos y ojos en todos lados. Ahora mismo ya los tienen bien vigilados. No pueden saber que estoy aquí. Vayan
    a la comisaria, les está esperando el sheriff Chase Parker. Traten de llamar la atención.”
    — Recitó Kian.

    —Algo está pasando… Sospecho que seamos nosotros a los que haya querido contactar… Debe ser una trampa, ahora mismo la mafia debe estar pagando por nuestra cabeza.

    Kian mantuvo la mirada clavada en el papel arrugado. Su mirada se perdió en ese mensaje, después de todo era sospechoso, eso era más que claro. Sin embargo, pensaba que los rumores del pueblo fueran ciertos, esos rumores sobre que GrayLagoon había sido comprado por la mafia Lebore. La cabeza de Kian dio varias vueltas al tema hasta que se decidido a contestar al comentario de su compañero —Tendremos que arriesgarnos. Avisemos a los soldados, Gus, iremos a la comisaria de GrayLagoon…


    (...)​


    Dentro del ayuntamiento, Marcus, Martin y Claudio fueron llevados hasta la oficina del alcalde en la cima de todo el edificio. Una habitación grande de color blanco. Con una gran ventana oblicua que daba vista hacia todo el paisaje de GrayLagoon.

    —Ahí esta una cafetera, gusten de hacerse un café si quieren— Comentó el alcalde con desgane.

    Los tres soldados se vieron entre si y rechazaron la oferta.

    El alcalde camino hasta su escritorio y se sentó en su silla, una silla que le doblaba la estatura y la anchura —Ahora que estamos nosotros tres cómodos y relajados, creo que llego el momento de saber el motivo de su visita.

    —Parece que estamos seguros…— Dijo Martin dirigiéndose al General.

    — ¿Seguros?— Preguntó alcalde.

    —Temíamos que alguien estuviese vigilando el lugar desde dentro con algún tipo de magia. He tenido fortuna de conocer al Comandante Martin Price y al igual que su, Arlong Price, es también un excelente mago. Acaba de rastrear magia en los alrededores sin que usted se diera cuenta. Para ser sincero, apenas pude percibir que lo estaba haciendo.

    El alcalde observo a Martin con recelo. Le sonrió al reconocerlo —Sabía que su rostro me sonaba de algo. Es el hermano menor del General Arlong Price de Milloria… el otro bastardo del Ex General Charles Price, ¿no?

    —Exactamente— Contestó Martin con un rostro amargo.

    —Si… Te recuerdo. Ya nos habíamos visto en otras reuniones con distintas familias que hacían negocios con la Sra. Faith Price… Tú y tu hermano siempre estaban del otro lado del salón, alejados de la familia… Como debe ser, ¿Qué esposa aceptaría a los bastardos de su esposo?

    —Yo también lo recuerdo… Usted es como todos esos empresarios que siempre odio mi padre… Hombres sin honor, hinchados en poder, dinero y ego, rufianes que no se satisfacen con ninguna suma de dinero y gustan de humillar a sus subordinados… ¿Como un descendiente del famoso Saúl F. Lope de la leyenda de la nieve de GrayLagoon termino volviéndose un fofo gruñón, ambicioso y sin coraje alguno?

    El hombre pequeño refunfuño molesto —¡General Thomson! ¡¿Cómo permite que sus soldados hablen asi a uno de los alcaldes de sus terrenos a custodiar?!

    — ¿Usted quien se cree para decirme que puedo o no, permitir a mis soldados?— Contestó Marcus con un rostro helado. El alcalde empezó a respirar fuerte con una mueca de disgustó tras la respuesta de Marcus.

    Claudio, al ser el único que había mantenido su postura, fue el que inicio la conversación sobre el tema al que habían ido a discutir —Sr. Lope— El alcalde volteo hacia Claudio con el ceño fruncido. El Teniente General continuó —Tenemos antiguos reportes de avistamientos de movimientos mafiosos en la zona. Se hicieron unas cuantas investigaciones, pero no logramos interceptar a ningún mafioso, por eso decidimos tomar esos avistamientos como falsos y ya no proseguir con el tema de la investigación. Después de nuestra investigación continuaron llegando reportes, hasta que de pronto esos reportes diarios cesaron y nunca más volvieron a aparecer... Ya no solo reportes sobre avistamientos de movimientos por parte de la mafia… Sino de ningún tipo… Esto ha generado ciertas dudas… Vera, se tiene la sospecha que GrayLagoon tiene un trato con la mafia Lebore de no revelar absolutamente nada sobre lo que pase en este pueblo y los alrededores… Eso, o tiene un excelente gobierno en este pueblo…

    El hombre volteo hacia los tres soldados uno por uno, al mismo tiempo que apretaba las manos y respiraba agitadamente — ¡Eso es absurdo!— Gruño el hombre como el reniego de un niño pequeño —Nuestro pueblo no puede darse lujos de tener pactos con mafias. Menos siendo un pueblo tan concurrido como es el nuestro. Sería una mala estrategia para mantener a nuestros turistas cercas.

    Marcus se inclinó hacia adelante viendo con tranquilidad al alcalde —Quizás sea por eso que los mafiosos estén interesados en este lugar… Al ser un lugar tan recorrido por publico de distintos lugares pueden llegar a conseguir distintas mercancías que en otros lugares les sería imposible. A diferencia del continente de Nil, en nuestros territorios son más impotentes en cuanto el tráfico de sustancias ilegales. Manipular a un pueblo para abastecer al público interesado, dando cierto porcentaje al lugar que lo permite me suena bastante rentable. A demás, quizás asi el pueblo podría crecer hasta volverse una gran ciudad. ..

    El alcalde Lope señalo repetidamente al General con el rostro fruncido — ¡Una ciudad que no sería diferente de Fastia, Ilu, Maf y Vega!— Marcus y el alcalde se miraron entre sí, pero el hombrecillo tuvo miedo al rostro tan feroz del General. Se apretó su bufanda, como si fuera una corbata y trato de hablar un poco más tranquilo —Entonces el ejército de Hericent ha venido a verificar la veracidad de la palabra de GrayLagoon… que descaro en desconfiar de nuestra palabra, General Marcus…

    —No, no venimos por eso…— Interrumpió Martin —Durante el festival de primavera de Hericent y LaneCloud fuimos víctimas de un ataque formado por la mafia Lebore. Una gran cantidad de personas fueron secuestradas. Los mafiosos escaparon rápidamente. Nuestro grupo de investigación nos dio a conocer sobre las llamadas sobre los reportes de avistamientos de movimientos ilegales por la zona, por lo que dedujimos que los secuestradores pudieron haber venido a este pueblo a esconder a las víctimas.

    — ¡Inaudito, Price! ¡Mi pueblo no tiene ninguna conexión con la mafia Lebore! ¡No les mentiré! ¡Durante un tiempo tuvimos problemas con la mafia, en más de una ocasión tuvimos visitantes pertenecientes a dicha organización. Sin embargo asi como llegaron, se fueron!

    — ¿Alguna forma de saber a qué vinieron?— Preguntó Claudio.

    —A visitar el lago… quizás… Nunca investigamos… La mafia es peligrosa… Ese joven que ahora lidera la Familia Lebore se paseó por aquí con su grupo de guardaespaldas…

    El General se hecho hacia atrás en su asiento y respiro con fuerza, apretó el mago de la silla y su mirada se volvió mucho más obscura — ¿Gero Lebore se paseó por mis territorios y apenas estoy siendo informado?

    El alcalde Lope tamborileo con los dedos en la mesa. El hombre estaba sudando, a pesar de estar el clima tan frio —Dígame, ¿de qué hubiese servido, General Thomson?— Contestó Lope —Vaya a donde vaya Gero Lebore siempre es evadido por el Gobierno Mundial, se le relaciona con la Mafia únicamente por su apellido, mas sin embargo tiene la defensa perfecta para escapar de todas las acusaciones al ser uno de los mejores empresarios en la venta de vino... Cuando alguien piensa en criminales de la mafia Lebore siempre terminan apuntando hacia distintos mafiosos reconocidos, no hacia Gero… Conteste… ¿Qué hubiese podido hacer de haberlo capturado?

    El General Marcus observo desafiante al gordo, miedoso y pequeño alcalde —¿Esta justificando su falta de compromiso para informar la aparición de uno de los principales sospechosos detrás de la mafia Lebore?

    —Esa no es una respuesta…

    —Tampoco la suya…— Gruño Marcus.

    Claudio interrumpio aquella pequeña discusión —General… Tiene que aceptar que de haber sabido sobre la presencia de Gero Lebore no hubiésemos podido hacer nada. Gero siempre ha sido de esas personas imposibles de tocar… De hecho ya se ha dicho en más de una vez que él no tiene ninguna relación con la Mafia Lebore…

    El General Thomson se quedó callado.

    —Sea lo que sea que hayan hecho ya no nos incumbe— Gruño el alcalde.

    Martin levanto las cejas. El pequeño alcalde tomo el gesto como una burla. Entonces el coronel hablo —Lo veo tenso, alcalde, ¿Está nervioso?

    —Como no estarlo… Estoy siendo inculpado por haber hecho un trato con un grupo de mafiosos.

    —Nunca hemos dicho que usted tenga una conexión. Pudo haber sido un trato de los pesqueros. De los hoteles, de los bares. Lugares comunes para visitantes. Es curioso que se haya inculpado de manera falsa, ¿no cree?

    Los rezongos del alcalde se volvieron intensos — ¡No comprendo de lo que habla! ¡Sera mejor que se vayan! ¡Han molestado al pueblo con su presencia! ¡Después de todo se atreven a molestar a estar horas de la noche! ... Lamento su perdida, pero en este lugar no encontraran ninguna pista sobre lo que quieren encontrar.


    (...)​


    Mairis despertó encandilada por la luz blanco opaco de una lámpara que colgaba del techo. La chica sentía un dolor en el cuello, al igual que en el abdomen. Empezó a mover tratando de levantarse, entonces escucho los gritos de unas chicas. Los gritos le ensordecieron e hizo una mueca de disgusto. Al acostumbrarse el ruido hecho un vistazo a lo que le rodeaba. Ahí estaba Melissa y sus amigas, todas juntas abrazándola y preguntando si estaba bien.

    Tras poder deducir el rostro de cada una de sus amigas, desvió su mirada hacia su alrededor. Muchas otras personas se encontraban adentro de aquella habitación de hierro. En su gran mayoría eran del sexo femenino, solo uno que otro niño. La mayoría de las jóvenes tenían el rímel corrido por las lágrimas. Ahí fue cuando Mairis volvió a echar un vistazo a sus amigas para poder descubrir que ellas también estaban manchadas de maquillaje y sus ojos estaban hinchados, al igual que enrojecidos. El pecho de Mairis empezó a latir fuertemente, y se exaspero — ¡¿Dónde estamos?! ¡¿Están bien?!— Preguntó de manera intensa, casi como si no hubiese estado noqueada durante varias horas.

    —No lo sabemos, nos trajeron aquí con los ojos vendados…— Dijo una de las chicas.

    Mairis le apretó el brazo — ¡¿Pero están bien?!

    Melissa le tomo del hombro y la sacudió un poco — ¡Tranquila! ¡Estamos bien! ¡No nos han hecho nada…!

    —Por el momento— Murmuró una voz pesimista desde algún lugar de la habitación. Todas las chicas bajaron la mirada al escuchar aquella corta, pero impactante frase.

    Mairis empezó a ponerse de pie —Entonces… Nos trajeron hasta aquí… Parece el refrigerador de una carnicería…

    Una mujer desde la esquina de aquel cuarto gritó afirmando aquella suposición —Mi esposo es el carnicero de Hericent, este es el mismo tipo de refrigerador… sin embargo este se encuentra muy limpio… quizás se deba a que hace mucho que no está en uso…— La mujer tenía razón, las paredes y el piso de aquel refrigerador gigante en el que se encontraban estaban completamente pulidas. Rechinantes de limpio.

    — ¿Existe alguna forma de salir de un refrigerador como este?— Preguntó Mairis al observar atentamente cada pared de aquel lugar.

    —Solo por fuera…— Dijo la mujer con un rostro amargo y serio. El niño que se encontraba en sus brazos le abrazo con fuerza. La mujer le susurro algo silencioso al oído para que se relajara.

    Melisa se levantó junto con Mairis —Nadie ha venido desde que nos dejaron a todos aquí. La única ventanilla que existe es la que se encuentra en la puerta, pero esta polarizada, no podemos ver quien se encuentra del otro lado…

    — ¿Cuánto tiempo creen que nos quieran tener aquí?

    —No mucho— Dijo una mujer de edad madura que se encontraba custodiando un grupo de niños dormidos —Nos mantendrán en este lugar hasta que las cosas se calmen con el ejército… A demás, no pueden dejar que su mercancía se eche a perder…

    Mairis dio un paso al frente observando fríamente a la mujer — ¿Mercancía?

    —Nosotras, querida…— Contestó la mujer con un tono seco y sin emoción —Sabrá la diosa que pasa por las mentes de esos mafiosos, pero nos capturaron por algo, lo seguro es que no será para pedir un rescate, no, ellos pueden ganar mucho más dinero con todos nosotros…

    — ¿Cómo sabe eso?— Preguntó una de las amigas de Mairis.

    —A diferencia de ustedes, jovencitas, yo viví una época más cruda, la cuarta guerra fue larga y difícil… Los Brujos eran los demonios de mi época, sedujeron a más de un bandido, a más de un pirata o mercenario para poder llevar a cabo la incontable cantidad de atrocidades que ellos desearon… Durante mi juventud fui secuestrada… Y forzada a muchas cosas que no deseo comentarles… Solo sé que durante la guerra los ricos siguen siendo ricos, y esas personas tienen gustos refinados, gustos que en el mercado negro pueden ser satisfechos con suma confianza… Ustedes, jovencitas… ustedes valen mucho dinero…

    El grupo de Mairis empezó a desprender un aura pesada, una presión asfixiante se sentía en la punta de la garganta. Y una mirada perdida en los pensamientos negativos de aquel grupo de chicas fue fácilmente deducible a la vista… Mairis por un momento pensó las cosas horribles que le puso haber pasado a aquella mujer en sus tiempos de juventud… El sentimiento de angustia le lleno el pecho, apretó su blusa con fuerza, se dio cuenta que la mano le temblaba sin control.

    La mujer de edad madura bajo la mirada y siguió vigilando atentamente a los niños.

    Mairis despertó de sus alucinaciones que le causaban asco. Volteo hacia la pared, camino rápidamente hasta la pared, se detuvo a medio metro de ella y posó sus manos en el frio metal. Cerró los ojos y se concentró. Sintió una presencia recorrer toda la estructura. El refrigerador entero estaba envuelto en una barrera mágica.

    —No puedo utilizar un hechizo de metal… o uno de fuego… Tengo que deshacer la barrera primero…— Murmuro la chica para sí misma. Su mirada se volvió seria. Unos aros le recorrieron los brazos. Las runas empezaron a escribirse lentamente.

    — ¿Qué haces Mairis?— Preguntó Melisa con curiosidad al acercarse a la pared.

    —Intentare deshacer esta barrera…

    — ¿Puedes hacer eso?— Preguntó la chica con un rayo de esperanza en el rostro.

    —No lo sé…— Contestó Mairis apenada —Sin embargo, si lo logro, tratare de hacer un hechizo de metal para moldear la pared, quizás con un poco de esfuerzo y mucha concentración pueda lograrlo… Si no puedo hacer eso, entonces tratare de usar un hechizo de calor, aunque no se cuanto pueda llegar a tardar para derretir la pared…

    Melisa observaba con asombro la determinación de su amiga. Una luz viva se prendió en sus ojos y se apartó de Mairis. Uno por uno Melisa preguntó si eran capaces de utilizar magia. Si alguien era capaz de ayudar a Mairis, entonces quizás, solo quizás, podrían tener una oportunidad de salir de aquel refrigerador. La llama de sus ojos desapareció exponencialmente, pues la respuesta de aquella pregunta fue una serie de “No” que le partía la poca esperanza que había logrado recoger.

    Melisa se acercó decepcionada a Mairis. Pero la jovencita de cabello rubio solamente le sonrió —Hiciste lo que pudiste… Déjamelo a mí, yo podré hacerlo…

    — ¿Segura?

    —Por supuesto… Solo manden a la gente lejos de aquí, necesito concentrarme para poder resolver esto…— Melisa asintió. Se puso unos metros a distancia de Mairis y sirvió como guardaespaldas, nadie estaba cercas de la chica mientras continuases trabajando en aquella barrera. Mairis agradeció el gesto, sin embargo ahora sentía una presión muy grande sobre sus hombros, ya que había dicho que podría hacerlo, pero en realidad no lo sabía. Un hechizo era como un código de programación, para poder deshacer el código, primero debes entenderlo cada una de las instrucciones que se redactan en él, después debías de saber que borrar y agregar exactamente para poder lograr destruir el hechizo. En teoría sonaba sencillo, pero aquella barrera tenía el código más complicado que Mairis había tenido el desfortunio de conocer hasta la fecha. Sería un trabajo difícil, e incluso la misma chica pensó que era imposible, pero no tenían una idea mejor…


    (...)​


    Kian y Gus caminaron hasta la comisaria con el miedo de toparse con una emboscada. El pueblo era obscuro y tenebroso en la inmensa sombra de un día lindo. El helado clima daba escalofríos, al igual que cada ruido que un gato callejero podría hacer en el momento en que tumbase algo en medio de un callejón a las horas de la noche.

    Los chicos habían pasado ya por muchas misiones anteriormente, pero el miedo es algo que rara vez desaparece. Hasta el más veterano tiene miedo de caer en una misión.

    El oficio de soldados, policía, guardia, guardaespaldas, sheriff, tendía en su mayoría a no dar pensiones porque no cualquiera logra llegar a esa edad. Era un trabajo difícil, no para cualquiera, pero estos dos jóvenes eran valientes e inteligentes. Podrían hacer cualquier cosa con tal de no morir en una misión.

    Gus creyó ver a alguien misterioso desde uno de los departamentos de la calle principal. Era curioso ver edificios a lo alto, en LaneCloud y Hericent eran escasos los edificios que hacían de departamentos.

    Finalmente llegaron a la comisaria. Observaron que estaba cerrada y con la luz apagada. Tocaron a la puerta y se abrió lentamente.

    — ¿Nadie los siguió?— Preguntó la obscuridad.

    Kian respondió —Nadie, hasta donde sabemos.

    Adentro de la comisaria se encendió una cerilla que prendió una vela. La luz de la vela apenas dejaba ver la silueta de aquel hombre —Síganme…
    Kian y Gus dieron un último vistazo a los alrededores. No parecía haber nadie sospechoso. Entraron a la comisaria con cuidado, pues la obscuridad era profunda y ahí no había luz.

    — ¿Dónde está el interruptor?

    —No hay luz…— Comentó la voz del hombre desde las habitaciones de adentro de la comisaria —Cierren la puerta con seguro, por favor…— Gus chasqueo con la lengua, puso los cerrojos, después se juntó de nuevo con Kian, quien ya iba en camino hacia donde estaba la vela. Se introdujeron en la obscuridad de aquella desolada comisaria, pasaron las celdas y después llegaron a unos cuartos vacíos, se introdujeron en aquel donde la luz de la vela destellaba débilmente. Al entrar a aquella habitación el cañón de un revolver les apuntaba.

    Kian y Gus acercaron sus manos a sus armas.

    El hombre jalo el gatillo. Lo único que se escucho fue el golpeteo del martillo del revolver a la nada. Kian y Gus detuvieron el desenfunde de sus armas. El joven que se encontraba enfrente de ellos era quizás unos años más grande que ellos dos. Se encontraba sentado sobre unas cajas. En su mano derecha se había un revolver sin balas, en su mano izquierda colgaba una espada con múltiples rupturas, y en todo su cuerpo un montón de heridas. Su aspecto era como el de un vagabundo, o un soldado después de ir a la guerra. Tenía una barba de varios días, unos ojos azules vacíos detrás de unos lentes rotos. Una piel pálida como si el sol apenas le hubiese pegado en el rostro. Era un joven delgado y alto. No parecía muy fuerte, pero ese aspecto lastimado les dejaba claro a los soldados que era un peleador.

    —Ya no me quedan balas…— Dijo el hombre con una voz suave —Ya las he usado todas… pero siguen llegando… Mi espada está rota, no le queda más filo, de hecho en estas condiciones en las que se encuentra dudo que pueda ser restaurada… Mi cuerpo esta golpeado, roto y cortado… Pero sigo peleando… — La vista de aquel hombre no parecía tener vida. Estaba perdida en la nada. Una mirada obscura que se ensombrecía entre el resplandor de la vela.

    Kian observaba aquella imagen con recelo. Por un momento se recordó a si mismo cuando el ataque de los bandidos contratados por “La nueva cabeza” había atacado LaneCloud — ¿Usted es Chase Parker?

    —El mismo…— Sonrió el hombre —Descendiente por parte de la amante de Saúl F. Lope, intento de médico, huérfano y el sheriff de este pueblo… Mi pueblo…

    Los dos chicos se vio entre sí. Gus los presento a ambos —Mi nombre es Gus Thomson, el hijo del General de Hericent, Marcus Thomson. Ahora Mayor del ejército de Hericent. Mi compañero es Kian… El capitán del escuadrón doce, y el sheriff de LaneCloud… ¿Tú fuiste quien nos dio esa bola de papel con invitación a este basurero?

    El hombre mantuvo la mirada a ambos chicos durante unos segundos a cada uno. Después se enfocó solamente en la vela —No— Contestó secamente —Eso se lo encargue a uno de los pueblerinos. Fue inevitable no escuchar el ruido que provocan esos vehículos suyos… Estaba recogiendo víveres de parte de unos vecinos cuando vi sus autos moverse por GrayLagoon…— El hombre levanto el rostro — ¿Cuál es la razón por la que han decidido traer un pequeño ejército?

    Kian estaba por responder, pero Gus se interpuso — ¡No! ¡Primero explícanos como demonios es que estas en tan mal estado! Dices que sigues peleando, ¿pero contra que…?

    Chase asintió lentamente —La mafia Lebore ha tenido el pueblo bajo su control desde hace unos meses… Yo mande los reportes sobre los movimientos de personas importantes de la mafia en estos alrededores. Más sin embargo, en cuanto venían los investigadores dichas personas desaparecían… En el momento en que se investigaba la veracidad de estas acusaciones nadie dio ninguna información… El pueblo fue aterrorizado y comprado… Con el tiempo los movimientos por parte de las mafias fue más constante, pero ya nadie venia, me tomaron por el niño mentiroso que llamaba por el lobo… Solo que en mi caso los lobos estaban aquí, pero cazadores no sabían buscar… — Esa última parte sonó dura, casi molesta. Aquellos ojos se posaron con fuerza sobre los dos soldados. Kian logro sentir un poco de vergüenza.

    —He estado peleando contra la mafia Lebore desde que me dejaron solo… Me he estado ocultando entre todo el pueblo eliminando poco a poco a sus lacayos… Sin embargo, son demasiados… Si no han destruido esta comisaria es únicamente porque sería demasiado sospechoso para los turistas… El pueblo me ha ayudado con comida, agua, medicamentos y reposo, pero tienen miedo… no parece que sean lo suficientemente valientes para pelear…

    Gus dio un paso hacia adelante —¡Entonces la mafia se encuentra aquí!

    El sheriff de GrayLagoon se mantuvo en silencio por unos segundos —Asi es… Ahora mismo por lo que pude ver se han estado moviendo hacia las fábricas abandonadas al sur del pueblo, creo que ahí guardan sus vehículos… vehículos menos toscos que los suyos, al igual que más viejos, pero son parecidos…

    — ¿Vehículos?— Murmuró Kian con sorpresa —¡Entonces los rehenes se encuentran en las fábricas!— Dijo Kian con alegría tras dar un empujón a Gus.
    — ¿Rehenes?— Preguntó Chase en silencio.

    Kian volteo hacia el sheriff —Exactamente… Durante el festival de primavera de Hericent y LaneCloud fuimos atacados por la mafia, se llevaron a muchos rehenes durante el ataque, ¡Si dices que se han estado moviendo hacia allá eso significa que deben tener a los rehenes ahí!

    —No he visto a ningún rehén de los que me hablas— El joven se levantó lo que le quedaba de lentes —Sin embargo esa predicción no puede ser tan certera, sheriff Kian…

    — ¿De qué hablas?— Cuestiono Kian con duda.

    —Ahora mismo el pueblo entero le pertenece a la mafia Lebore… El mapa que se les otorgo es un sendero que comúnmente no está vigilado, pero en si casi es imposible moverse por estos territorios sin ser vigilados… Llamaron mucho la atención, no me extrañaría que ahora mismo los mafiosos tuvieran las miras de sus rifles hacia cada uno de sus soldados… Aunque hace unas horas me di cuenta que la vigilancia estaba pobremente activa, debe estar relacionado con el ataque del festival…

    — ¡Deja de balbucear tanto!— Gruño Gus.

    Chase lo miro con sorpresa. Quizás la primera emoción que había visto en esa mirada —Lo siento…— Contestó el sheriff.

    — ¡Gracias! ... Nos estas diciendo que todo el pueblo le pertenece a Lebore, creo que lo intentas decir es que los rehenes pueden estar en cualquier lado…
    —Exactamente… Los líderes de la mafia Lebore se han estado hospedando en la mansión Lope… Es una mansión grande, tiene el suficiente espacio para ocultar a un grupo de personas secuestradas…

    Kian interrumpió al sheriff —Espera… ¿La mansión Lope?

    —Sí, la mansión Lope… La mafia Lebore incluso desterró a la familia del alcalde de su propia mansión… No me molesta se lo merecen… Ese hombre fue el que vendió el pueblo a los mafiosos… Trató de convencerme para que no dijera nada, por ahí tengo los contratos con los que intentaron negociar mi honor…— El joven se levantó de aquella caja y se acercó hasta unos casilleros desolados que se encontraban en la esquina.

    Kian desvió su atención hacia Gus —Si ellos se encontraban en la mansión Lope, esa es la razón por la que no contestaban a la entrada del General…
    Su compañero asentía con interés —Tenemos que ir a avisar sobre esto al mi padre, dudo que le moleste que le interrumpan su conversación con el alcalde…

    —¿El General Marcus está intentando conseguir información del alcalde Lope?— Comentó Chase al momento que caminaba hacia los soldados con unos folders en la mano —Nunca conseguirán nada de ese hombre, haría cualquier cosa por mantener sus negocios a flote… aunque no es muy inteligente, quizás con un poco de persistencia diga algo que no deba… Me sigo preguntando como es que alguien como él pueda gobernar a GrayLagoon…— El hombre tendió los folders hacia Kian y Gus. Los muchachos tomaron los folders.

    — ¿Estos son los tratos que quería hacer contigo el alcalde?— Pregunto Kian.

    Chase asintió —He estado siendo asechado por la mafia desde que no firme esos papeles. Pedí ayuda a una de las trabajadoras del ayuntamiento para que consiguiera copias de estos documentos… He intentado salir de GrayLagoon para denunciar al alcalde por corrupción y traición, pero la vez que lo quise hacer casi muero… Me tendieron una emboscada…

    Gus observo al hombre, ahora comprendía la razón detrás de todas esas heridas. En verdad había intentado hacer algo por ese pueblo. Kian lo sabía también. El joven lograba identificarse con Chase de cierta manera. Sabía que de estar en su posición, probablemente hubiese peleado hasta el final… La mirada entre los dos sheriff se conectó por un momento, en ese instante Kian observo que aquella mirada del Chase había cambiado, ahora estaba llena de valentía. Ese hombre pelearía con ellos, no para salvar a los rehenes, no, sino para liberar a su pueblo. Como sheriff, Kian también comprendía el sentimiento de querer proteger a su pueblo. Ahora que sabían que GrayLagoon estaba bajo el poder de Lebore, no se quedarían con los brazos cruzados, Kian al menos no lo haría.

    —Iré a comunicarle al General sobre todo esto…— Comentó Kian con valor. Le arrebato la carpeta a Gus y se dirigió al marco de la puerta.

    — ¡Espera!— Aulló el sheriff —¡Tienes que tomar otra vía! ¡Estoy seguro que ahora mismo los tienen vigilados! ¡Si alguien ve que te acercas al ayuntamiento, después de haberte separado de su escuadrón entonces los mafiosos sospecharan y probablemente intenten asesinarte! ¡Yo iré contigo!— Chase empujo a Gus y se adelantó a Kian, pero este último le tomo del hombro.

    —No es necesario, sheriff Parker…— Dijo el joven Capitán con calma —Yo puedo llegar sin ser descubierto…— En un momento a otro Kian ya no se encontraba frente a Chase. Gus se acercó al sheriff y le dio un golpe en el brazo, mas por enojo que por otra cosa.

    —No me empujes de nuevo…— Le amenazo el joven al sheriff, mientras le apuntaba con el dedo con un rostro rabioso.

    Chase no se percató de nada de esto, estaba feliz, había visto una luz de esperanza en la sonrisa de aquel soldado que había desaparecido frente a sus ojos. Una mirada que decía: “Salvaremos a GrayLagoon”.


    (...)​


    Marcus se levantó de su asiento para postrarse frente al alcalde, el cual le miraba desafiante, mostrando un poco de valor en ese pequeño y regordete cuerpo tembloroso.

    —No me venga molestar, Gral. Thomson… Este pueblo está perfectamente, no hemos tenido ningún problema con los mafiosos, mucho menos una relación de negocios… Sus acusaciones son tan falsas como la seguridad que brinda a todos los pueblos a su mando.

    A Claudio enserio le molesto ese último comentario. El joven se levantó con prisa, tenía los puños apretados y su entrecejo estaba marcado. Aunque de manera milagrosa lograba mantener su imagen de joven que no rompe ni un plato.

    Martin detuvo al furioso Teniente General con una señal preventiva —Tranquilo, Marcus puede hacerse cargo…— Le susurro al joven. Claudio se mantuvo en su lugar.

    El General se encontraba justo enfrente del alcalde. Parecía una montaña casi tan inmensa como la que se encontraba a las espaldas de GrayLagoon. Su rostro estaba envuelto en una seriedad que no era ni medio normal. Sus ojos estaban centrados en el miedoso alcalde Lope. Era un hombre intimidante como ningún otro.

    —Me iré en cuanto me conteste una última pregunta…— Dijo Marcus con una voz gruesa y un tono directo.

    — ¡No contestare ninguna de sus…!— Gruño Lope, solamente para ser interrumpido por la fuerte voz del General.

    — ¿Por qué un hombre como usted abandona la comodidad de su inmensa mansión para venir a vivir a la habitación de la alcaldía detrás del ayuntamiento?— La pregunta fue clara y concisa. El ambiente se volvió pesado tras la última silaba de aquella pregunta. El alcalde sonreía nerviosamente al mismo tiempo que mantenía su mirada en aquel hombre alto, robusto e imponente.

    — ¿Qué…? ¿Que por qué…? ¿Que por qué no estamos en la mansión Lope…?— El hombre empezó a tartamudear y repetir largas pausa de pensamiento. Sus manos se movieron nerviosas y su vista se desvió hacia los ojos de aquel bastardo que había insultado, al igual que hacia aquel jovencito que parecía ser el único que mantenía un compostura cortes. El hombre se lamió los labios y lanzo una sonrisa claramente falsa —Eso es porque unos familiares vinieron de visita. No podía mandarlos a vivir al ayuntamiento, que descortés seria de mi parte, ¿No lo cree? A demás, me sentía mal de quitarles los lujos de los que están tan acostumbrados, pensé que no sería cómodo para ellos… Es por eso que me encuentro en este lugar… General Thomson…— Aquel hombrecillo le sonrió de manera burlona. Marcus lo notó.

    Lope inflo el pecho y mantuvo su mirada mientras recitaba —Muy bien, si ya dejaron de hacer sus ridículas acusaciones— Su rostro perdió la sonrisa y ahora solo se le marcaba un gesto de rabia. Marcus siguió manteniendo una vista paciente. El alcalde se enrojeció y gritó a todo pulmón — ¡Quiero que se larguen de GrayLagoon ahora mismo! ¡Aquí no hay nadie que pertenezca a la mafia Lebore!

    En ese momento apareció Kian detrás del alcalde, le tomó del brazo y lo estrello en la mesa, para hacer peso puso su pierna sobre la espalda del regordete hombre, el cual chillo como un cerdo tras el susto. El golpe contra la mesa sonó fuerte entre toda la sala de la alcaldía — ¡Alcalde Oscar Lope, queda retenido por corrupción con el crimen organizado!— Gritó Kian con energía, mientras que con su mano izquierda agitaba los documentos que Chase Parker le había otorgado.
    — ¡¿De qué está hablando?!— Aulló el alcalde.

    Kian lanzo los documentos al General Marcus, el cual observaba la escena del arresto con una sonrisa pequeña y satisfactoria. Kian termino por ponerle las esposas al hombre regordete y lo sentó en la silla de la alcaldía. Ahora mismo Oscar Lope sudaba y lagrimeaba como si estuviese en pleno verano en una jungla paradisíaca.

    —General Marcus Thomson, he descubierto que los mafiosos tienen bajo su control a todo GrayLagoon. Ahora mismo su base de operaciones se encuentra en la mansión Lope, sin embargo es muy probable que ahora mismo tengan completamente vigilados a nuestros escuadrones que esperan afuera. Además, en esos documentos que se le fueron otorgado aparece claramente la firma del alcalde Oscar Lope, en los documentos se aclara un intento de negociación con el sheriff Chase Parker para poder mantener un perfil ciego ante cualquier movimiento de la mafia a cambio de una suma del dinero otorgado por la mafia a la alcaldía de GrayLagoon por el permiso de poder mover mercancía ilegal con libre permiso.

    El General, el Teniente General y el comandante voltearon lentamente hacia al el pequeño hombrecillo llorón que se encontraba en aquella silla enorme. Marcus camino hasta la silla rodeando le mesa y se plantó frente al alcalde Lope con una sonrisa tranquila — ¿Así, que unos familiares?— Cuestiono burlón el General.

    Oscar Lope tartamudeo intentado responder a la pregunta. Sin éxito.

    Los cuatro soldados empezaron a planear su estrategia después de eso.


    (...)​


    Mairis continuaba usando su magia para intentar deshacer aquella barrera mágica que protegía ese refrigerador en el que se encontraban. Ya había pasado tanto tiempo, que a todos los que se encontraban dentro, incluso las amigas de la chica, habían perdido la esperanza de que se pudiese llegar a algún lugar con esa estrategia.

    — ¡Hey niña! ¡Deja de jugar a la bruja! ¡Es claro que eres incapaz de hacer algo!— Gritó una mujer de manera desesperada y molesta.

    — ¡Cállese, señora, por favor! ¡Está haciendo su mejor esfuerzo!— Contesto Marcela con un rostro molesto.

    Una joven levanto la mano —Creo que debería detenerse… En algún momento esos hombre vendrán, si todas nos unimos y nos mantenemos fuertes, quizás, solo quizás, podríamos intentar escapar…

    —No sabemos ni donde estamos, ¿cómo planeas huir?— Cuestiono otra joven desde el otro lado del refrigerador.

    La chica que había hecho el comentario bajo la mano y el rostro, sin poder contestar… Una chica de la edad de Mairis empezó a discutir con la joven que
    había cuestionado el plan. Después otras mujeres empezaron a pelear. La mayoría de los niños estaban dormidos, pero los que estaban despiertos se fueron apartando de las mujeres y se acercaron cada vez más al grupo de Mairis. Dentro de aquel refrigerador el ambiente se había vuelto frio y depresivo.

    — ¿Cómo va todo, Mairis?— Preguntó una de las amigas.

    —Horrible… Esto es muy difícil…— Los ojos de Mairis volaban de un lado a otro, nadie lograba ver nada de lo que estaba sucediendo. Simplemente les quedaba confiar en que Mairis enserio estaba intentando algo. Mairis apretaba los dientes. Unas gotas de sudor le recorrían su perfecta piel blanca. En ese momento nadie era capaz de comprender lo que estaba sucediendo frente a aquella novata en la magia. Varias de docenas de círculos mágicos se encontraban frente a ella moviéndose como engranes que cambiaban cada vez que Mairis intentaba corregir algo de aquel código… Quizás en ese momento Mairis era la más asustada de entre todas las personas ahí adentro.

    Unos minutos después, unos ruidos empezaron a escucharse.

    — ¿Alguien va a entrar?— Murmuro una de las mujeres.

    — ¿Podremos escapar?— Preguntó un niño, uno de los más grandes, pero no tanto como las amigas de Mairis.

    —Somos su mercancía— Dijo una de las mujeres mayores —Si intentamos escapar estoy segura que no nos dañaran, sería dar una mala presentación a su mercancía…

    Pronto los murmureos llenaron la habitación. Mairis se detuvo en el momento en que reacciono ante el ruido que se asomaba. Alguien estaba moviendo los seguros de aquella puerta de acero.

    Marcela se acercó a Mairis y le susurró al oído —Se están acercando… Todas las personas dentro parecen estar listas para intentar escapar, tu sabes usar magia, puedes servirnos mucho de ayuda. Escapemos ahora que podemos, Mairis…

    —Sabes lo improbable que puede ser que todas escapemos…— Susurro la chica con unos ojos serios y sombríos.

    —Pero, aunque sea una de nosotros podrá continuar…— Dijo la chica tras sonreír. Sus ojos estaban húmedos y su sonrisa se quebraba constantemente. Mairis dejo de luchar contra la barrera. Tomo un respiro y se puso en posición de defensa.

    —Saldremos de aquí, de una u otra forma todas saldremos de aquí…— Todas las chicas asintieron y se pusieron a su alrededor. Los ruidos eran cada vez más rápidos. Estaban por abrir la puerta. Cada segundo de espera fue un martirio. Cada sonido un dolor en los oídos. Se escuchó un tronar. La puerta se abrió. Todas las personas dentro de aquel lugar gritaron, abalanzándose ante los mafiosos. Los hombres entraron igual de rápido. La batalla fue corta, aplastante por parte del enemigo, el cual rápidamente empezaron a demoler las esperanzas de todas esas mujeres y niños. Mairis trato de combatir contra unos cuantos hombres, utilizo los hechizos más sencillos que conocía para el combate, pero poco hicieron efecto contra aquellos mafiosos. Ahora se encontraba con la espalda pegada en la pared y el antebrazo de un hombre aplastándole el pecho.

    —Son muy valientes y estúpidas— Comento el hombre que mantenía a Mairis aprisionada — ¿Enserio creyeron que podrían escapar de nosotros? Esa es una falacia muy infantil, incluso para las mujeres más grandes…

    Unos hombres se encontraban reteniendo a las amigas de Mairis, ella pudo ver como uno de los hombres manoseaba y murmuraban vulgaridades a las jovencitas, las cuales no podía hacer más que chillar de miedo.

    El hombre que retenía a Mairis acerco su rostro a ella, le olio el cuello y después le hablo con su fétido aliento —Usted es la señorita que uno de mis jefes desea… Me comentaron que no la venderemos… No la desean para ese tipo de negocios— Le comento con una voz gruesa e intimidante. Lentamente acerco sus labios hacia su oído. Su mano se acercó a la cintura de la chica y le toco bruscamente el abdomen —Asi que creo que no les importara si me divierto un poco con usted antes de darla a entregar…— Mairis soltó un chillido ahogado al sentir la mano dura del hombre deslizarse lentamente hacia su pelvis. Escucho aquella risa burlona tan de cerca que le daño los oídos. Fue algo tan cercano que ella sabía que su voz, se le quedaría grabada para siempre.

    El hombre se detuvo. El enganche que retenía a Mairis se deshizo. El hombre empezó a toser y burbujear sangre. Mairis todo el suelo y pudo observar claramente lo que había pasado. Aquel hombre tenía varias púas atravesándole el cuerpo… Esas púas eran rojas… estaban hechas de sangre…

    —Odio a la gente como tu…— Gruño un hombre de cabello alborotado y rubio. En su mano se encontraba un guante con púas, algo que desentonaba bastante en relación con el bello traje blanco que llevaba puesto. De las yemas de los dedos de aquel hombre se desprendían esas púas que atravesaban al mafioso que intentaba abusar de Mairis, hombre que ahora mismo yacía en el suelo desangrándose. Todos los demás mafiosos dejaron lo que estaban haciendo, o intentando de hacer, y observaron paralizados la muerte de su compañero —Disculpe esa actitud, Srta. Hellwell. No todos nuestros dependientes llegan a ser educados de una manera cortes, de ahí este tipo de comportamientos tan bruscos y fuera de lugar— La sangre que conformaba las púas que habían atravesado al mafioso volvió hacia aquel hombre alto y esbelto. La sangre entro de nuevo al cuerpo del hombre arremolinándose en las puntas de sus dedos. Pocos segundos después no había sangre alguna, ya que incluso la sangre que había sido derramado en la ropa de Mairis voló hacia ese hombre.

    —Mis disculpas, no me he presentado. Soy Mathias Altmayer, uno de los líderes de la mafia Lebore. Un gusto conocerla— El hombre dio una reverencia a Mairis. La chica se encontraba pegada a la pared, no lograba comprender la razón por la cual aquel hombre le había salvado, al igual que no comprendía por qué ahora mismo se le estaba presentando de manera tan cortes. Sin embargo detrás de ese rostro gentil se encontraba la sombra de un hombre que había matado a uno de sus subordinados sin ni siquiera pestañear… Esa presencia que le recorría como un aura era enfermiza, poderosa, intimidante, calculadora… Ese hombre era peligroso… Ella lo sabía…

    —Señorita Hellwell, podría hacerme el favor de acompañarme, hay alguien que está ansioso por conocerla y no creo que sea amable hacerle esperar demasiado— Mathias volteo hacia sus subordinados. Esa mirada fría y aquella ligera sonrisa hicieron temblar los cuerpos de aquellos hombres que se habían presentado tan rudos. En seguida cada uno de los hombres tomo una postura firme y generaron un pasillo por el que podría pasar Mairis sin ningún problema. Ahí fue cuando la jovencita comprendió que no solo ella sentía un miedo a aquel hombre, cada una de las personas de ese lugar estaba ahogada en un miedo horrible. Mathias le tendió la mano a Mairis. Su sonrisa esta vez era encantadora, casi hipnotizándote —Acompáñeme, por favor, Mairis Hellwell.

    La chica tartamudeo. No sabía cómo conjugar las palabras adecuadas.

    — ¡¿A dónde la vas a llevar?!— Gruño valientemente Marcela. La sonrisa encantadora de Altmayer se borró. Giro su cabeza hacia la jovencita y le dejo clavada la mirada —Tienes carácter… Ese un gusto bastante atractivo para los clientes a los que frecuentamos. Puedes ser una buena pieza para el mercado.

    Marcela borro esa mirada amenazadora y poco a poco su cuerpo fue cediendo al terror. Apenas había sufrido un intento de abuso por parte de aquellos mafiosos. No se imaginaba las cosas horribles que podrían llegar a pasarle de darse el caso de no salir de esa habitación. Su pecho brincaba de la angustia y su mirada se nublaba en sus atroces pensamientos. Ahora había presenciado que el peligro era real. Tan real que enfermaba.

    Mathias llevo una de sus manos al bolsillo de su pantalón blanco —Quizás si Mairis Hellwell se encuentra con la persona que le está esperando sea capaz de convencerlo de no llevarlas al mercado negro…— Mairis levanto su cabeza hacia los ojos de Altmayer. Esos ojos le observan juguetones, envueltos en una sonrisa burlona que estaba llena de sentimiento de superioridad —Después de todo eres alguien muy especial para uno de mis compañeros…— Mairis no comprendía porque podría serlo…

    —Ella… Ella… Si… Ya te reconozco…— Comento una de las mujeres mayores — ¡Sabia que te conocía! ¡Eres la hermana de aquel General de LaneCloud! ¡Es por ti! ¡¿No es así?! ¡Todo esto está pasando por ti! ¡Tú, tu hermano, los niños Arcnaik, aquel sheriff…! ¡Esos estúpidos Generales! ¡Ustedes solo traen desgracias a nuestras vidas! ¡Mi esposo y mi hijo murieron porque venían por ustedes! — Vocifero rabiosa la mujer. Mathias le observa con un rostro serio. La revuelta se pasó a las demás personas. Pronto todo se volvió un mar de gritos y acusaciones.

    Mairis escuchaba atentamente cada queja. Ese era el odio que su pueblo le tenía… Le odiaban… Los odiaban a cada uno de la casa de Claarn A Bohm y Martin Price… Ellos eran la razón de la vida tan maldita de aquel pueblo… Tres desgracias enormes en cinco años… Los malos augurios de cada una de aquellas personas rencorosas. Todo sobre la espalda de Mairis… ¿Es verdad? ¿Acaso todo estaría mejor si no estuviéramos? ¿Es justo? ¿Acaso es mínimamente justo tener que sufrir por todo esto? ¿Tenemos la culpa? ¿No nos basta con haber perdido a nuestros familiares? ... Esos eran unas de las preguntas que volaban hacia Mairis. Una Mairis ahogada en la tristeza.

    Las revueltas de varias de las mujeres y jóvenes mayores empezaron a volar hacia Mairis. Denigrándola y tachándola de la peor desgracia, de la peor cosa existente, de alguien que quizás debió haber muerto aquel mismo día en que su hermano también lo hizo. Los insultos, las maldiciones eran tan violentas que incluso llegaban a generar lastima a los mafiosos. Las amigas de Mairis se quejaban con las personas que gritaban, siendo incapaces de contrarrestar el dolor de aquellas frases tan hirientes.

    Mathias llevo su mano derecha hasta las púas de su guante izquierdo. Su mirada era fría, casi tan helada como el frió del acero de aquel refrigerador. Estaba apretando los dientes con rabia. Las púas empezaron a presionar la piel de sus yemas… Mairis poso su mano sobre la Mathias con suavidad justo antes de que la primera gota de sangre brotase de una de las heridas.

    —Hare lo que sea… Pero déjenlos libres a todos…— Susurro Mairis. Marcela logro entender las palabras de su amiga al estar lo suficientemente cerca. Su sorpresa lleno su rostro.

    Altmayer mantuvo una mirada intrigada en la jovencita. Hizo una mueca con la boca y le tomo la mano a la jovencita. Le guió amablemente por el camino que habían hecho los mafiosos para su salida. Los dos caminaron rápidamente por aquel sendero.

    — ¡Ojala seas violada por toda la mafia! ¡Es el castigo que mereces por todas las vidas que cargas a tus espaldas, estúpida, perr…!— Un golpe cayo la boca de aquella mujer aullaba su odio a una jovencita inocente. Era Marcela, golpeando con todas las fuerzas que tenía. La jovencita se montó en la mujer y continúo estrellando sus puños en el rostro de aquella mujer.

    — ¡QUE NO LO VES! ¡QUE NO LO VEN TODOS AQUÍ! ¡SE ESTA SACRIFICANDO POR NOSOTRAS!— Todas las personas dentro de aquella sala observaron la silueta de Mairis y Altmayer salir por la enorme puerta de acero. Lo único que se escuchaba eran los golpes secos de unos puños rotos contra el rostro mullido de una mujer rencorosa.


    (...)​


    Al salir de aquel refrigerador en el que había estado encerrada, Mairis fue cegada con un trapo negro que le cubría todos los ojos. Lo último que vio fue el final de un largo pasillo de metal por el que se llegaba al refrigerador. Sonó un pitido y el chiflido del aire de unos pistones. Los murmullos de los mafiosos que se encontraban fuera de aquel pasillo retumbaban entre las paredes por el eco, con esa información Mairis descubrió que se encontraban en un lugar vacío. A demás de que hacia frió, en la altura de LaneCloud el calor era agradable, así que debían de estar en algún lugar alto. Quizás en BrigthHole, GreenPeak o GrayLagoon… No conocía ninguno de esos lugares, solo recordaba mapas, escapar de ese lugar sería difícil…

    La caminata duro un par de minutos, subieron unas escaleras, le hicieron esperar unos minutos más y finalmente la llevaron a una habitación, le pusieron una especie de diadema antes de entrar. Altmayer la guió a entrar a la habitación. La puerta se cerró con un ruido casi silencioso. Mairis estaba muy nerviosa. Le sudaban las manos. Su corazón bombeaba rápidamente y respiraba agitada, al mismo tiempo que tragaba saliva entre suspiros. La voz de un hombre la exalto, pero no era una voz ruda, áspera ni vulgar como la de aquel hombre que había intentado sobrepasarse con ella. Era una voz suave, melódica y con un cierto tono amable. Parecida a la de Altmayer.

    —Buenos días, Mairis Hellwell. Puedes quietarte la venda, no hay ningún problema. Solamente ten cuidado con la diadema, el quitártelo puede ser peligroso— Le decía aquella voz. Mairis apretó los labios y asintió con calma. Se quitó la venda, aprecio el lugar con detalle, se encontraba en un comedor, una mesa pequeña para el lugar, hecha de madera roja con un mantel dorado se encontraba en el centro de toda la habitación. Solo había dos sillas, una de ellas estaba ocupada por un joven de cabello ondulado, rubio casi blanco, con ojos grises, labios rojos como si estuviesen pintados, pestañas tupidas. Vestía un traje blanco con una camisa negra. Tenía un plato en la mesa, la comida que se encontraba ahí parecía deliciosa. Frente a él se encontraba una botella de vino. Del otro lado de la mesa se encontraba otro plato con una copa. El joven extendió su mano hacia la silla.

    —Pedí que hicieran el mejor plato posible. Te gustara, lo sé. Siéntate, te estaba esperando— El joven le sonrió. Había una calidez en su sonrisa. No parecía ser un hombre que buscase algo malo.
    Mairis giro su cabeza hacia las enormes ventanas que se encontraban a un lado, a su izquierda se encontraba un viñedo, a su derecha un pueblo nevado.
    ¿Un viñedo? Creo que en GrayLagoon siembran uvas… ¿Sin embargo no recuerdo que los mapas se mostrara un viñedo? Esto parece ser una mansión bastante lujosa… Si me encuentro en GrayLagoon esta puede ser la mansión Lope… Cierto, la mansión Lope es lo suficientemente grande como para tener un viñedo… Hericent se encuentra al Sureste. Ahora solo necesito encontrar la forma de huir…— Mairis dirigió sus ojos azules hacia los ojos grises de aquel joven. Le devolvió una sonrisa forzada y tomo asiento en la mesa.

    —Es un hermoso viñedo, ¿no lo crees?

    La jovencita observaba cada movimiento de aquel joven —Lo es… Nunca había visto uno— Contesto seriamente.

    —Amo el vino. Mas el vino de Jenna. Las uvas de Jenna tienen la característica de florecer en época de invierno. Cuando las cosechamos y son procesadas para hacer el vino, siempre se genera una textura parecida a la de una malteada, que sinceramente, me encanta. Sin embargo la razón por la cual el vino de Jenna es tan bueno se debe a que el hielo que recubre a las uvas suele formarse a través de la sábila de la vid. Ya que durante el invierno la planta suelta esta sábila para cubrirse del frio. Es ese hielo proveniente de la sábila, junto con el sabor de sus exquisitas uvas que me hace un adicto a su sabor— El joven abrió la botella de vino, la etiqueta marcaba “Lebore. Vino de Jenna”. Llevo el vino hasta el punto adecuado de la copa, como todo un experto en el arte de servir bebidas. Tomó la copa de Mairis y le sirvió de igual manera.

    —No gracias, no tomo, soy menor de edad…— Le dijo Mairis amablemente.

    — ¿Los menores de edad no beben en estas tierras? Curioso, en Jenna se les permite beber vino a los niños, una copa, tampoco demasiado. Deberías intentarlo, estoy seguro que no quieres quedarte con la duda de que tan exquisito sabor es del que te estaba hablando— El joven volvió a poner la copa a un lado del plato de comida. Mairis apretó los labios, inspecciono esa petición. Era sospechoso.

    —Tome usted primero, y no un trago, toda la copa— Ordeno la jovencita con una voz dura y un rostro decidido.

    El joven empezó a reír delicadamente —Vaya, me lastimas, nunca envenenaría a una invitada. Nunca mancharía el sabor de un vino con semejante atrocidad como veneno o un placebo… Pero soy débil ante las peticiones de una dama, así que…— El joven levanto la copa y observo con esos profundos ojos grises al bello rostro de Mairis —A su honor Mairis Hellwell— Y tomo un trago completo. Puso la copa a la altura de sus ojos y pudo ver que no quedaba ni una sola gota, después la volvió a rellenar —¿Es suficiente para usted?

    Mairis hizo una mueca y bajo la mirada, asintió repetidamente. Intentaba hacer tiempo, quizás el efecto tardaría en llegar.

    —Una disculpa, jovencita, la he estado invitando a una cena y a beber conmigo, pero no me he presentado…— El muchacho levanto su copa a la altura de sus ojos grises —Soy Gero Lebore, para servirle mi damisela.
     
  17. Threadmarks: [ Parte 2 ] Capitulo 16 - Lideres
     
    Aldo MV Gallardo

    Aldo MV Gallardo Sonríe, amigo mio.

    Capricornio
    Miembro desde:
    22 Noviembre 2017
    Mensajes:
    47
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    El legado de los héroes: El Libro de los Arcnaik
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    8631
    Capítulo 16 - Líderes

    Fuera de aquella habitación donde se encontraba Mairis, Mathias reflexionaba sobre aquella jovencita. Estaba sorprendido por su manera de actuar. Era valiente a pesar de encontrarse en una situación tan dura como en la que se encontraba ahora. Secuestrada, abucheada, señalada, casi abusada… Sin embargo ella, aun sin saber hacia dónde la llevaban, sin saber cuál era su destino, se sacrificó por las demás. Por personas que la querían, y por otras que no la querían tanto.

    Una chica diferente. Pensó Mathias en silencio.

    Aunque lo que más le sorprendía, fuera de ese valor, fue que Mairis había podido deshacer el quince por ciento de su barrera. Una barrera complicada. Una de las mejores barreras que podía hacer. Una jovencita de no más de trece años había sido capaz de deshacer el quince por ciento de aquella barrera.

    Eres alguien realmente peculiar. Me agradas.

    Mathias sonrió. Se despego de la puerta y observo a los hombres que se encontraban a sus costados —Guardia, tengo que ir con Trisha y Calvar— Informó el joven a uno de los guardias que estaban a su lado —Cuando golpee tres veces seguidas la mesa pasan por la jovencita.

    —Entendido, jefe— Asintió el hombre.

    —Muy bien. Confió en ustedes — Mathias hizo un baile con sus manos. Recorrió su cuerpo hasta donde alcanzaba a estirar sus brazos, con sus palmas. Cerró los ojos. Tocó su pecho y unió sus palmas. El hombre desapareció de un segundo a otro. Dejando a los guardias solos ante la puerta de metal.


    (...)​


    Lejos de aquella mansión se encontraba un soldado y un sheriff esperando la hora de iniciar su movimiento.

    —Entonces tu padre y tu hermano murieron durante un viaje en barco…— Murmuro Gus, al tiempo que echaba un vistazo a las ventanas desde el pasillo de la comisaria.

    Chase se encontraba recargando la espalda sobre la pared del pasillo. Su mirada estaba perdida en los recuerdos de aquella trágica noche —Así es…— Contestó silenciosamente.

    — ¿Cuánto tiempo ha pasado de eso?— Gus no vio nada por la ventana. Ya habían pasado unos minutos desde que Kian se había retirado de la comisaria.

    —Ocho años…— Contestó el joven a secas —En aquellos tiempos acababa de cumplir la mayoría de edad. Pensaba entrar en el ejército para poder especializarme en medicina, con suficiente práctica, talento y contactos quizás hubiese podido entrar a una universidad…

    Gus le mantuvo la mirada, a pesar de que aquel joven seguía viendo atentamente el piso. Su aspecto era como el de un veterano de guerra, sin emociones, sin luz alguna, perdido en un pasado turbio e ignorando un posible futuro.

    — ¿Por qué decidiste quedarte en este pueblo? Bien pudiste haber entrado en el ejército…

    La respuesta tardo en llegar —Fue por un legado que mi padre dejó.

    — ¿Legado?

    Chase sonrió y asintió dos veces —Mi familia es descendiente del héroe Saúl F. Lope. Somos descendientes de una sangre no legitimada por un matrimonio, somos descendientes bastardos de Saúl. Mi familia al formar parte de un linaje ilegitimo fue condenado a ser los guardianes de GrayLagoon, mientras que el linaje verdadero serían los líderes del pueblo… Debido a este trato de hace mucho tiempo mis familiares han ido escapando de este pueblo, ahora mismo yo soy el ultimo descendiente de ese linaje que queda en estas tierras. La familia Lope me ha pisoteado toda la vida, esa familia la cual no podría defenderse ni de un perro pequeño… Yo seguiré siendo el protector de este pueblo, y como su defensor, yo sacare a esa familia que solo ha traído el mal... Ser el guardia de GrayLagoon, ese es el legado que me dejó mi padre— La mirada de Chase se conectó con la de Gus. Aquellos ojos vacíos de color azul ahora parecían estar más vivos que antes, en ellos se encontraba ira, una pasión, una razón por la cual vivir y por la cual morir.

    —Mi compañero tiene la misma mirada que tu— Gus volteo hacia la ventana, una ventana sucia con poca visibilidad —Para él, cuidar de LaneCloud es el legado que le dejo su maestro… Supongo que todos queremos dejar un legado a alguien, y creo que la mayoría deja algo, queramos o no. La diferencia es lo duradero que puede ser ese legado. Algunos dejamos un recuerdo, otros dejan huellas en la historia…

    Chase escuchó un ligero pitido acercarse a la comisaria. Pronto el ejército llegaría. Tenía nervios, ¿le dejarían luchar por su pueblo?, ¿lograrían sacar a la mafia Lebore de GrayLagoon? ¿Viviría para ver el momento en que la familia Lope fuera despojada de su título?

    —Yo quiero dejar una huella en la historia, Sr. Thomson— Comentó Chase al voltear también hacia la ventana — ¿Y usted?

    El ruido de los vehículos blindados del ejército se volvió estruendoso, pasaron por enfrente de la comisaria con las luces encendidas. Por pequeños instantes las luces iluminaron la comisaria —Quiero dejar la huella más grande de toda la historia— Contesto Gus sonriendo, iluminado por los faors de los vehiculos.

    Todos los vehículos pasaron de largo.

    Chase no podía creerlo — ¡Se están yendo! ¡Lo han abandonado! ¡Nos han abandonado!

    Gus marco el entrecejo e hizo un chasqueo con la lengua —No, esto no tiene sentido… Este debe ser un plan de Kian… No tiene sentido que quieran huir, ¿Por qué otra razón decidirían pasar por aquí? Solo alargan el camino para salir del pueblo…— Gus se giró hacia Chase. Ese rostro pálido estaba hundido en la decepción. Sin embargo los ojos del mayor Thomson voltearon hacia algo un poco más interesante.

    —Te lo dije…— Gus levantó el brazo, apuntando hacia el fondo del pasillo. Chase volteó hacia la dirección señalada. Ahí se encontraba un uniforme, un chaleco antibalas, unas pistolas, balas y una espada. Al igual que un radio.

    —Nunca desconfíes de Kian, es quizás la persona más leal que llegaras a conocer— Comentó Gus con una gran sonrisa.

    Chase se acercó a todos los artículos, debajo de una de las armas había una nota que decía: Vayan a la mansión Lope. Chase, necesito que me informes de todos las posiciones de los vigilantes de la magia Lebore. Vamos a eliminar a esos bandidos y a traer a mi gente de regreso.


    (...)​


    Bastian y Bruno caminaban por los bosques que llevaban a GrayLagoon. La nieve empezaba a llenar los altos pinos. El frió era fuerte y los chicos no iban tan abrigados. Sin embargo, esa adrenalina que les venía llenando desde que salieron de su casa les había hecho ignorar por completo el factor del clima.

    —Debimos haber traído los caballos…— Se quejó Bastian al momento de estar subiendo por la empinada cuesta, caminando entre raíces, musgos, piedras y mantos nevados.

    — ¿Quieres que nos descubran?— Gruñó Bruno.

    —Sí, sí, lo se… No escucho nada… ¿Enserio crees que hayan llegado aquí? Pronto amanecerá, llevan sus buenas horas dentro de este pueblo, deberían estar salvando a los rehenes ya.

    —Quizás están planeando un ataque… No desesperes, ellos sabrán que hacer…— Bruno se detuvo al escuchar unas risas. Levantó el brazo para que Bastian se mantuviese callado. El joven de cabello negro desabrocho la funda de su pistola. El chico pelirrojo tomo el mango de su espada. Las voces se acercaron, no parecían venir con intención de hacerles daño, pero eran desconocidos en una madrugada, lo mejor era no estar en su camino.

    —Debemos escondernos— Ordenó Bruno.

    Bastian hecho un vistazo a su alrededor —Por aquí— Dijo al señalar una sección de la montaña que se partía en una grieta. Los dos chicos bajaron hasta esa grieta. Se ocultaron entre las enormes piedras que rodeaban la fisura de roca gris. Las voces se acercaban.

    — ¿Cazadores?— Susurró Bastian.

    —No podemos arriesgarnos. Lo mejor será esperar a que estén lejos— Las voces se volvieron más fuertes. Bruno llevó dos de sus dedos a su boca y los apretó con sus labios. Bastian asintió. Se quedó callado.

    Las voces casi estaban encima de ellos. Entonces Bastian pudo observar que en los lugares donde había más nieve se podían ver sus pisadas. Le señalo a Bruno, el cual abrió los ojos con gran impresión movió los brazos, un aro pequeño le rodeo el brazo. EL chico hizo unos movimientos con las manos y las pisadas desaparecieron. Ahora solo deseaban que no hubiesen visto nada.

    Las voces de aquel grupo estaban justo arriba de ellos ahora. El sonido de un radio se escuchó de pronto.

    No se encuentran rastros de más unidades del ejército fuera de los territorios de GrayLagoon— Dijo la voz detrás del radio.

    —Excelente. Vuelvan a la base, me acaban de informar que los vehículos del ejército se están retirando— Contestó el hombre que estaba en las piedras sobre la grieta.

    —Mire, señor, parece que ya vienen por el ganado— Dijo la voz de un joven.

    Un camion de carga de gran tamaño de color negro iba cruzando el bosque a través de un camino de terracería. El camion, a pesar de que era vieja, no parecía demostrar ningún tipo de ruido. Bastian y Bruno observaron el enorme vehiculo a la lejanía, justo antes de que se ocultara entre un mar de árboles nevados.

    —Se llevaran a todos, menos a una jovencita rubia— Comentó el hombre que había hablado por radio.

    Bastian y Bruno cruzaron miradas al escuchar esa frase.

    — ¡La vi! ¡Es una jovencita hermosa! ¿Creen que por eso la quieran retener? Es la mejor de entre todas las mujeres que trajeron. El mejor plato para nuestros jefes.

    Bruno apretó los puños y su mirada se volvió dura.

    —De hecho, me dijeron que esa chica tendría una conversación con el jefe. Ahora mismo debe de estar hablando con él— Contestó aquel hombre que parecía ser el líder del grupo.

    — ¿Con cuál jefe?— Preguntó una voz gruesa.

    —Con el más alto.

    — ¡Con Lebore!— Gritó alto una de las voces con asombro. Bastian y Bruno abrieron los ojos.

    — ¿Cómo es eso posible?— Preguntó nuevamente la voz gruesa.

    —No lo sé— Contestó el líder —Pero el jefe se las arreglará para hacerlo.

    — ¿Qué tiene esa chica de especial para hablar con alguien como Lebore?

    —Esa chica es la hermana menor de el Ex General Mundial Edward Hellwell, fuera de eso, no veo nada más, nada aparte de su belleza. Es curioso, porque según Mathias, el que pidió que vinieran por ella fue el Dr. Naum, no Lebore.

    Los dos chicos no comprendían que estaba pasando.

    —Naum pidió de hecho que trajeran a cuatro personas. Aquella chica, su hermano, y los dos hijos del otro Ex General Adam Arcnaik.

    —Qué extraño— Comentó una voz grave. Justo las palabras que querían decir Bruno y Bastian.

    Fue justo en ese momento cuando empezó a escucharse el rugir de unos motores. La tierra temblaba a su pasar. El grupo de mafiosos se movió para esconderse detrás de los gruesos pinos. En poco tiempo los vehículos les pasaron de largo y se perdieron en la carretera. Los chicos quedaron boquiabiertos al ver como todas las unidades que habían visto partir de LaneCloud, ahora salían de GrayLagoon, igual de vacíos.

    — ¡Genial!— Aulló uno de los mafiosos — ¡Hasta que esos soldados se van! ¡No hacen más que meter sus narices donde nadie les llama!

    —Ay que ir a la base. Ya no hay necesidad de estar vigilando el perímetro— El líder levanto su radio —A todas las unidades, hemos visualizado la retirada del ejército. Pueden regresar a la base por el momento.

    Aquel grupo se retiró. No fue hasta que ya no escucharon voces cuando los chicos se levantaron de sus escondites.

    — ¿Qué rayos, Bruno? ¡El ejército se ha ido!— Vociferó Bastian desesperado mientras miraba la carretera por la que habían partido — ¡Tenemos que informarles que todas las personas si se encuentran aquí!- Gritó señalando múltiples veces la carretera.

    — ¡¿No oíste?!— Gruñó Bruno molesto — ¡Se están por llevar a todos! ¡Viste esa camioneta! ¡No hay tiempo para ir con el ejército!

    Bastian respiraba agitado y daba caminatas cortas de un lado a otro — ¿Qué era eso de que venían a buscarnos? ¿Por qué la mafia quiere algo con nosotros? ¡¿Quién diablos es ese tal Dr. Naum?! ¡¿Y por que pudio exactamente que nos raptaran?!

    —Ese nombre me suena…— Murmuro Bruno. Llevó su pulgar a su boca y empezó a morderse la uña mientras murmuraba cosas.

    — ¡No es momento para que te pongas a recordar los nombres de doctores!

    —Doctores… Doctor… Dr. Akira… Dra. Socalo... Dr. Naum… ¡Ya lo recuerdo!— El chico chasqueo los dedos. Bastean le miraba con desespero —Ese hombre, ese tal Dr. Naum es un científico que trabajaba como ayudante del Dr. Akira, era ayudante junto con la Dra. Sócalo. Eso no los enseño Martin cuando tuvimos clases de historia sobre la cuarta guerra mundial… Si mal no recuerdo ese hombre estaba en prisión.

    —Si era ayudante del Dr. Akira entonces debe ser un viejo… ¿Qué puede querer un anciano con Mairis y nosotros?

    —Quizás nosotros no tenemos nada que ver… Quizás mi hermano o tu padre tuvieron algo que ver con ellos. No lo sé. Puede que le hayan incrementado su estadía en la prisión, por ejemplo.

    Bastian escuchó claramente las suposiciones de su amigo, pero no respondió ni dio ideas. Solo observó la nieve y su espada. La aprecio con temor. Volteó con su compañero y observó las armas que llevaba —Ahora mismo no importa cuál es la razón por la que le interesamos a ese tal Naum… Ahora mismo nosotros somos los únicos que podemos salvar a Mairis y todas esas personas— El chico desvainó un poco la espada que llevaba en la cintura —Podemos morir, Bruno…

    En ese momento Bruno bajó su mano y volteó hacia el suelo. Su mano derecha rosó la funda de su pistola. Bastian tenía razón. No era momento para buscar respuestas. Era momento de actuar. El chico desenfundo el arma y revisó que estuviese cargada —Nadie va a morir hoy. Regresaremos todos juntos— Dijo heroicamente a pesar de que le temblaba la mano.

    Bastian sonrió tímidamente, pues el miedo le apoderaba —Cierto— Contestó entre tartamudeos.

    Los dos chicos bajaron hacia la ruta que había tomado la camioneta y siguieron las huellas que dejaban los neumáticos. Siguieron las marcas de las llantas. Las siguieron con miedo y adrenalina. Sabían que eran débiles. Sabían que tras cada paso estaban más cerca de la muerte, y a pesar de eso, continuaron.


    (...)​


    Cuando los vehículos terminaban de bajar la cuesta que llevaba a GrayLagoon fue cuando empezaron a desacelerar. Uno a uno los soldados saltaban de los carros hacia el bosque. Las unidas empezaron a subir la cuesta silenciosamente. Los vehículos se alejaron en dirección a Hericent.

    — ¿No crees que nos traicione el alcalde Lope?— Preguntó Martin a Marcus mientras subían la cuesta.

    —Lo dudo, ese tipo de hombres lo que menos quieren son problemas, además de que no es muy listo. Sabe que de una u otra forma está perdido y creo que confía más en nosotros. A demás, le dije que yo no lo llevaría a prisión si colaboraba. Tiene mucho que ganar ahora que sabemos que él inicio todo esto.

    —Esperemos que su plan funcione adecuadamente— Comentó un General de Brigada que caminaba junto con el Coronel Price y el General Thompson.

    —Este no es mi plan, General de Brigada— Aclaró Marcus —Toda esta idea la pensó él— Dijo al señalar al soldado que lideraba todo el pequeño ejército. Era Kian mostrándose seguro y listo para cualquier cosa.


    (...)​


    Mairis comía sin ningún apetito junto a Lebore. No llegaba a comprender cuál era la razón por la cual estaba ahí. Sabía que ese hombre era sospechoso de dirigir la mafia Lebore. Lo había escuchado alguna vez entre las pláticas que habían tenido Fabricio y Claarn, aunque saber esa información solo generaba más dudas, ¿Por qué alguien como Gero Lebore se interesaba por ella? ¿Y por qué dicho hombre estaba llevando una plática tan amena? En los minutos en los que había estado sentada aquel hombre había llevado el hilo de la conversación, mayormente porque Mairis no deseaba hablar mucho por el miedo y el escepticismo que la situación le generaba.

    Gero llevó un pedazo de filete a su boca con tranquilidad. Disfrutaba de cada bocado de su comida y bebía alegremente. Sus modales eran finos, dignos de un rey. Y su forma de hablar era hipnótica, sus ojos grises eran seductores, al igual que su sonrisa. Era un caballero en toda la regla. Un joven encantador que no desprendía ni un aire de malicia. Con una presencia agradable. Y a pesar de ser la imagen de un príncipe soñado, Mairis estaba tan atenta a todo lo que hacía dicho hombre. Tenía un miedo horrible. Casi deseaba seguir trabajando en destruir la barrera mágica de aquella caja de hierro en la que se encontraba anteriormente que estar un minuto mas en esa mesa.

    —Estoy orgulloso de haber contratado a ese Chef del reino de Vega, cada comida es un verdadero éxtasis. Tiene el mejor sazón que he tenido la suerte de probar en los dos continentes y en todas las islas medias.

    Mairis apenas había puesto atención al sabor de la comida, pero era verdad, la comida estaba deliciosa —Esta rico— Comentó ella con una sonrisa forzada.

    —Un comentario sencillo— Dijo Lebore —A pesar de tu incomparable belleza, sigues manteniendo una humildad y una sencillez bastante adorable. Son gestos a apreciar en una jovencita.