One-shot de Pokémon - El Faro y la Verdad: Un Encuentro en Fayenza

Tema en 'Fanfics Terminados Pokémon' iniciado por Ray One, 21 Abril 2026.

  1.  
    Ray One

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    Escritor
    Título:
    El Faro y la Verdad: Un Encuentro en Fayenza
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1431
    Pokémon ni sus personajes me pertenecen

    El Faro y la Verdad: Un Encuentro en Fayenza
    El rugido del estadio de Ciudad Fayenza no era solo sonido; era una vibración física que Hilbert sentía en la planta de sus pies. Frente a él, el campo de batalla estaba marcado por las cicatrices de un Envite Ígneo reciente. Su Emboar resoplaba vapor, con los puños aún envueltos en brasas mortecinas, mientras el Skarmory de su oponente regresaba a su Pokéball.

    —¡Skarmory no puede continuar! ¡Hilbert avanza a la siguiente ronda! —gritó el juez.

    Hilbert levantó el puño, pero su mente estaba extrañamente dispersa. Había ganado, sí, pero sentía una inquietud que no venía de la batalla. Desde que llegó a la zona de competidores, sus ojos no habían dejado de buscar una silueta específica. Sabía que Yasmina, la líder de Ciudad Olivo, estaba allí. La había visto en las grabaciones de Johto: una entrenadora que usaba el tipo Acero no con la fuerza bruta de un martillo, sino con la precisión de un orfebre.

    —Buen trabajo, Emboar. Descansa —susurró, regresando a su compañero a la Pokéball.

    Mientras caminaba por el túnel de salida, el sudor le corría por la nuca. El PWT era un hervidero de leyendas, y él, el héroe que detuvo al Equipo Plasma, se sentía como un principiante cada vez que pensaba en acercarse a ella. Hilbert era un chico de acción, de verdades directas y movimientos rápidos. Yasmina, por el contrario, era un misterio de calma y fragilidad aparente.
    Buscando un poco de aire fresco y huyendo de los reporteros, Hilbert tomó un desvío por los pasillos internos de mantenimiento. Fue allí donde el destino decidió que su "Verdad" se encontraría con la "Resistencia" de Yasmina de la forma más humillante posible.

    Ella caminaba absorta en sus pensamientos, sosteniendo una pequeña lata de comida Pokémon de alta calidad. No llevaba su capa de líder, solo su vestido sencillo que parecía flotar con cada paso. Hilbert, distraído ajustándose la visera de su gorra y repasando su estrategia contra el siguiente rival, no vio el carrito de suministros que un operario distraído había dejado en medio del pasillo.

    —¡Cuidado! —alcanzó a gritar Hilbert cuando sintió que su pie se enganchaba.

    El impulso lo lanzó hacia adelante. En un acto reflejo, intentó sujetarse de algo para no caer de cara contra el suelo de cemento. Ese algo era la cintura de Yasmina.

    El impacto los mandó a ambos directamente hacia un enorme cargamento de mantas térmicas recién lavadas que reposaban sobre un carro lateral.

    Cayeron en un caos de tela blanca y mullida. Por un segundo, el mundo se detuvo. El olor a detergente limpio se mezcló con el aroma a jazmines que desprendía el cabello de ella.

    Cuando Hilbert abrió los ojos, se encontró en la posición más comprometedora de su vida. Estaba prácticamente encima de ella, con sus rostros tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de la piel de Yasmina. Sus manos, en el caos, habían terminado apoyadas justo al lado de los hombros de la chica, atrapándola contra las mantas.

    —Yo... yo... —Hilbert intentó hablar, pero su cerebro parecía haber sufrido un cortocircuito.

    Yasmina lo miraba con los ojos muy abiertos, su respiración agitada golpeando suavemente los labios de Hilbert. El rubor se extendió por el cuello de la líder de Johto como un incendio forestal.

    —Estás... estás bien... —logró decir ella, aunque fue más una pregunta que una afirmación.

    —¡Lo siento muchísimo! —Hilbert intentó levantarse de un salto, pero la mala suerte no había terminado. Su zapato se enredó en el dobladillo del vestido de Yasmina. Al intentar separarse, perdió el equilibrio nuevamente y cayó de frente, golpeando su frente contra la de ella con un "clack" seco.

    —¡Ay! —exclamaron ambos.

    Hilbert se rodó hacia un lado de las mantas, cubriéndose la cara con las manos, deseando que la tierra se lo tragara. —¡Soy un desastre! ¡He luchado contra dragones legendarios y no puedo caminar por un pasillo! —gritó, con la voz ahogada por la vergüenza.

    Yasmina se sentó lentamente, frotándose la frente. A pesar del dolor y la situación vergonzosa, ver al gran héroe de Teselia hecho un manojo de nervios y arrepentimiento le pareció... tierno. Una risita involuntaria escapó de sus labios.

    —No te preocupes —dijo ella, con voz dulce—. Creo que mis Pokémon de tipo Acero me han dado una frente bastante resistente.
    Se quedaron sentados sobre las mantas, rodeados de carritos de suministros y el eco lejano del estadio. La atmósfera cambió; la vergüenza inicial dio paso a una extraña intimidad.

    —Te he estado observando, Hilbert —comenzó Yasmina, mirando sus propias manos—. En Johto se habla de ti como alguien que busca la Verdad por encima de todo. Me preguntaba qué clase de persona sería capaz de cargar con esa responsabilidad.

    Hilbert bajó las manos, revelando un rostro aún rojo pero más calmado. —A veces la verdad es pesada. Pero ver a alguien como tú... que cuida de un Ampharos enfermo en un faro en lugar de buscar la gloria... Eso me hizo pensar que quizás la verdad no solo está en las grandes batallas, sino en las pequeñas cosas.

    Yasmina se sintió conmovida. La mayoría de los entrenadores solo le preguntaban por su Steelix o por cómo fortalecer sus defensas. Hilbert estaba mirando su alma. —A veces me siento pequeña en estos torneos —confesó ella, bajando la mirada—. Todos son tan... ruidosos. Tan fuertes.

    Hilbert extendió su mano y, con una delicadeza que contrastaba con su fuerza en combate, tomó la mano de Yasmina. —No necesitas ser ruidosa para ser fuerte. El acero no grita, simplemente no se rompe. Y tú eres la persona más resistente que he conocido.

    El momento fue interrumpido por el altavoz del estadio: "¡ENTRENADOR HILBERT, PRESÉNTESE EN EL CAMPO DE BATALLA 4, O SERÁ DESCALIFICADO!"

    —¡Tengo que irme! —Hilbert se levantó, ayudando a Yasmina a incorporarse. Esta vez lo hizo con cuidado, pero el nerviosismo lo traicionó una última vez al despedirse—. ¡Te veré luego! ¡Prometo que la próxima vez que nos caigamos, será en una cita de verdad!

    Se fue corriendo, chocando con un bote de basura antes de desaparecer por el túnel. Yasmina se quedó allí, sonriendo, sintiendo que su corazón de acero acababa de fundirse un poco.
    Treinta minutos después, Hilbert estaba en el centro del campo de batalla. Su oponente era un entrenador veterano con un Tyranitar imponente. La batalla estaba en su punto crítico.

    —¡Tyranitar, Pulso Umbrío!

    Hilbert estaba a punto de dar una orden, pero su mirada se desvió un segundo hacia la tribuna de honor. Allí estaba ella. Yasmina no gritaba, no saltaba, pero sus manos estaban entrelazadas sobre su pecho y sus ojos estaban fijos en él, llenos de una fe inquebrantable.

    Esa mirada fue como una recarga de energía. Hilbert sintió que no podía perder, no frente a ella.
    —¡Samurott, usa Concha Filo con todo lo que tengas! —rugió Hilbert.

    El choque fue brutal, pero Samurott avanzó a través del ataque oscuro, impulsado por la determinación de su entrenador. Cuando el Tyranitar cayó, el estadio estalló en vítores. Hilbert, sin embargo, no miró a la multitud. Miró a Yasmina. Ella le dedicó una pequeña y elegante reverencia, acompañada de una sonrisa que le prometía que lo del pasillo solo era el prólogo de algo mucho más grande.
    Tras el torneo, mientras el sol se ponía sobre los muelles de Ciudad Fayenza, Hilbert encontró a Yasmina esperando cerca de la estatua central. El viento marino agitaba su vestido.

    —Ganaste —dijo ella cuando él se acercó. —Ganamos —corrigió él—. Tu apoyo fue... bueno, fue como un faro.

    Hilbert sacó una pequeña caja de la tienda de recuerdos. Dentro había un colgante con forma de Concha Filo hecha de plata. —Sé que no es gran cosa, y probablemente sea otra situación vergonzosa si te lo doy así... pero quería que tuvieras algo de Teselia.

    Yasmina tomó el regalo, sus dedos rozando los de él. —Gracias, Hilbert. Y sobre esa "cita" que mencionaste entre tropiezos... Ciudad Olivo tiene los mejores atardeceres del mundo. ¿Te gustaría verlos conmigo algún día?

    Hilbert sonrió de oreja a oreja, rascándose la nuca.

    —Solo si prometes sostenerme si me vuelvo a tropezar.

    —Lo haré —respondió ella, riendo mientras lo tomaba del brazo—. Después de todo, soy experta en manejar cosas pesadas y duras como el acero.
    Caminaron juntos hacia el puerto, dos entrenadores de mundos distintos unidos por un choque accidental, una serie de momentos vergonzosos y el inicio de un s
    entimiento que, a diferencia de los torneos, no tenía fecha de finalización.
     
    Última edición: 21 Abril 2026
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