Policiaca El Detective Clandestino

Tema en 'Novelas Terminadas' iniciado por Kay Greenwish, 1 Diciembre 2017.

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    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
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    El Detective Clandestino
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    Misterio/Suspenso
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    Aclaración: Esta historia corta vendría siendo el prólogo o introducción alargada de una historia que comencé a desarrollar. Originalmente era un one-shot que escribí para una actividad, de aquí mismo, FFL. No obstante, me dispuse a alargar esa investigación para hacerla más llevadera y desarrollarla mejor.


    El Detective Clandestino

    Sinopsis:

    Un crimen sin resolver.

    Un detective que puede resolverlo.

    Jo recibe la llamada de un colega, quien le da la noticia de que el departamento de homicidios de la ciudad no puede encontrar al culpable de un asesinato. Jo, no estando del todo de acuerdo, termina por aceptar el cargo y comienza a resolver el misterio que «aparentemente» la policía no pudo descifrar.

    Éste es el comienzo de las investigaciones del Detective Jo, de su origen y la historia detrás de su nombre.
     
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  2. Threadmarks: Acto #1 [⁕]Investigación[⁕]
     
    Kay Greenwish

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    Acto #1
    [⁕]Investigación[⁕]

    El timbre del teléfono resonó por todos los rincones de la oscura habitación. Afuera era pleno día, mas las gruesas cortinas que colgaban en las ventanas opacaban la luz del Sol de aquella casa. El dueño, recostado en el único sillón de la sala, emitió un ruido con su garganta emulando el sonido de inconformidad.

    Se sentó en el sillón. Se levantó con pesadez y con paso pausado buscó su celular, guiándose por el timbre que el instrumento emitía pues había olvidado dónde lo había dejado.

    —¿Ha sucedido algo, Un Cesar?

    —¿Leíste las noticias, Jo? —La dura y aguda voz del dueño del otro lado de la línea no tardó en ir al grano.

    —No, aún no —Jo se encaminó a la computadora de escritorio y sentándose frente a ella, buscó la página web de las noticias de la ciudad—. Espero que se trate de una noticia buena. No vendría una de esas de vez en cuando. ¿Alguna novedad?

    En primera plana estaba la noticia más sonada de la ciudad; sobre un caso de agresión que hubo en el campo militar. Jo entrecerró los ojos al sospechar en el origen de la llamada de Un Cesar.

    —¿Qué significa eso? —indagó.

    —«A pesar del intento de las investigaciones del departamento de la policía por encontrar al criminal y hacerlo pagar por su delito —Un Cesar comenzó a leer en voz alta el último párrafo del artículo en modo de respuesta—, no se a podido dar con el agresor, por lo que, según en palabras de Sean Jones, el comandante de la policía de Haverhill, "el caso del Centro Militar quedará impune hasta que se encuentren nuevas pistas".»

    —Así que un crimen sin resolver, ¿eh? —habló para si mismo Jo, en voz alta.

    Dos personas fueron asesinadas en aquel lugar: Isabel Vasco quien fue una de las mejores cadetes, ganando renombre y medallas y Paul Austin, un hombre de mediana edad que trabajaba allí desde sus 17 años. También hubo tres víctimas más, quienes afortunadamente no tuvieron el mismo destino que Austin y Vasco, pero sí sufrieron heridas muy graves; Anthony Ruiz, Keyla Hill y Álvaro Serrato.

    No obstante, lo que más le extrañaba del caso a Jo era el hecho de que la policía no podía dar con el agresor. Ellos todavía no encontraban a un posible asesino. Ni siquiera había leído un listado de posibles sospechosos. Sin duda alguna, el asesino debió tratarse de alguien del mismo campo. A pesar de ello, estaba consciente que la policía no se involucraría en culpar a un veterano o a algún soldado porque eran hombres reconocibles, buenas personas que luchaban por la libertad del país. Era un terreno en el que la comisaria municipal no estaba dispuesta a inmiscuirse.

    —Esto no me incumbe, Un Cesar y lo sabes. No estoy interesado en esta clase de crímenes.

    —Ya, lo sé. Sabía que responderías de esa manera, pero, mira, ¿no sé te hace extraño que no hayan encontrado al criminal?

    —Tal vez quieren evitar problemas internos. Existen varias posibles respuestas del porqué desistieron en continuar con la investigación.

    —¿Lo crees? ¿Y si en verdad no encontraron pruebas?

    —¿Estás insinuando que...?

    —Es posible.

    Jo se pellizcó la fuente de la nariz al momento de exhalar aire.

    —¿Conseguiste lo que pedí?

    —Debe llegar en unos minutos —informó Cesar. Ante eso, el timbre sonó.

    —Ah, ya llegó. Te hablo después —colgó la llamada para encaminarse a la puerta y asomarse por ella.

    Y mientras sus ojos se acostumbraron a la luz, observó frente la entrada, sobre el suelo, un paquete. Al mirar a los lados no vio a nadie a la vista; no era necesario preocuparse porque el paquete se lo había traído uno de los trabajador de Un Cesar.

    Un Cesar, de esa manera conocía al hombre con el que los últimos cinco años había estado hablando por teléfono. No sabía nada de él, ni dónde vivía, ni su nombre real, ni su aspecto, tan solo conocía su voz, a pesar de que él si sabía su dirección y su verdadera identidad.

    Para Jo, era un completo misterio la identidad de su interlocutor. Sin embargo, confiaba en él, contrariamente de lo inconveniente que pareciera su situación. Además, Un Cesar, era la persona que le hacía el favor de facilitarle las cosas que necesitaba para poder resolver un crimen. Como por ejemplo el paquete que le había llegado. Tras abrirlo observó un sinfín de identificaciones falsas que podrían ayudarlo a esconder su verdadera identidad a la hora de investigar.

    Él era un detective clandestino.

    El famoso detective de las sombras entraría una vez más en acción.

    Al día siguiente, al primer lugar al que fue Jo fue a la milicia. El edificio, a pesar de estar en operación, se encontraba desolado, tan solo el guardia se mantenía sentado en dónde debería estar la recepcionista.

    —¿Puedo ayudarle? —preguntó el guardia con voz desinteresada.

    Los ojos de Jo se desviaron efímeramente la empuñadura de la pistola que sobresalía del chaleco del uniformado.

    —Soy Marcos Acevedo, vengo de la Cleaning Company Horse para limpiar las oficinas.

    El hombre echó un vistazo a Jo de pies a cabeza y posteriormente buscó la cita en la computadora.

    —¿Puedo ver su identificación?

    —Claro.

    El día anterior Cesar se encargo de poner en el sistema a un Marco Acevedo de la compañía de limpieza para hacer una exhaustiva limpieza en las oficinas. Aprovechando la solicitud que el dueño había hecho al servicio. Una vez que el guardia observó que Marco estaba en el sistema, volvió a echarle un ojo al hombre que estaba a su frente, tomó la identificación que le había enseñado y devolviéndosela, asintió, indicándole con el gesto que podía entrar.

    Buscando con cautela la oficina principal, se adentró a la misma al ver que estaba sola, comenzó a indagar por cada cajón de ésta. En un archivero encontró los registros de cada militar. Leyó el papeleo con rapidez debido a que el tiempo lo tenía contado. Aun así, dio lugar a éste y trató de leerlos con miramiento. Dos de las matriculas llamaron su atención.

    Uno de ellos era la de Iván Vila, y el otro de Joe Lawrence. Sus expedientes confirmaban que ambos habían tomado asistencia médica, específicamente con un psicólogo. Ambos la habían dejado a pesar de que el informe continuaba diciendo que no habían finalizado la consulta y nunca se les pudo dar de alta de manera oficial.

    Jo se masajeó la barbilla, pensativo. Ya había encontrado la primera pista. No obstante, la policía debió tener acceso de esos registros, por ende, ya debieron hablar con ambos.

    Sus pensamientos se esfumaron al escuchar los pasos de alguien acercándose. Velozmente guardó los papeles en su lugar. Tomó la escoba que llevó consigo e hizo como que estaba barriendo el piso de la oficina. El comandante entró y se sorprendió al verlo ahí.

    —¿Se puede saber qué estas haciendo aquí? —interrogó el comandante con severidad.

    —Buenas tardes, señor —saludó esbozando una sonrisa nerviosa—. Mi nombre es Marcos...

    —Ya sé quien eres, llamé hace días para esto. Lo que quiero saber es qué estás haciendo en esta oficina.

    Se observó descontento ante su presencia.

    —Estoy limpiando, tal como he venido a hacer.

    —¿No te informaron que este lugar está restringido? La puerta estaba cerrada —se escuchó realmente molesto, solo había salido tres minutos para ir al baño—. Solo se permite asearlo cuando yo estoy presente, ¿comprendió?

    —Pido disculpas por el atrevimiento, señor. No se me informó de esto.

    —Pues salga ahora de la oficina, y termine su trabajo lo más rápido.

    —Sí señor, lo siento señor. Me retiro ahora, señor —se retiró inmediatamente, con el corazón en la punta de la lengua.

    Un paso en falso y todo aquello que había construido, se podía derrumbar en un dos por tres. Si bien, podía fingir hasta cierto punto actitudes, su nerviosismo era autentico. Nunca estaba seguro si saldría vivo de una investigación que emprendía; mucho más sabiendo que sus identificaciones eran falsas. Por ello, a pesar de no ser la primera vez, no se acostumbraba. Después de todo, no era oficialmente un profesional. Sin embargo, había descubierto información valiosa. Tenía a dos sospechosos. No obstante, antes que nada, su segundo paso era ir al hospital y hablar personalmente con las víctimas que sobrevivieron al brutal ataque.
     
    Última edición: 2 Diciembre 2017
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    Cygnus

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    Hola.
    Bueno, me decidí a leer porque es una historia nueva, aunque nunca he sido muy fan de los relatos de detectives (excepto los de Agatha Christie, my guilty pleasure).
    Por lo pronto todo pinta muy bien y me parece que la historia será congruente consigo misma conforme avancen los capítulos. Jo hasta el momento no me causa mucha intriga (salvo ese nombre tan extraño, que ya tendrá explicación supongo), porque no se profundizó mucho en el personaje, fuiste directo al nudo del misterio. Pero tampoco es que haga mucha falta, al fin y al cabo lo que todos queremos saber es cómo se resolverá el crimen.
    Lo de Un César es curioso, que no sepa su identidad. Es como L pero al revés. Por lo pronto realmente me imagino que es el comandante de la policía quien, por no ser capaz de hacer bien su trabajo, recurre a un aficionado que sabe que es de confianza para resolver casos y, acaso, colgarse medallas él mismo actuando en momentos precisos. Eso tendría sentido. También pensé que Un César podía ser el asesino pero no, sería muy obvio.
    Iba a comentarte que me pareció muy sencillo que Jo se metiera tan fácilmente a esa oficina y comenzara a esculcar, pero cuando llegó el comandante entendí que no le habían dado permiso de ello. Lo de que haya agarrado un par de expedientes de personas con problemas psicológicos, bueno, eso puede conducir a algún lado o a ninguno, puede ser una de tantas pistas falsas, al fin y al cabo sólo le dio tiempo para buscar durante tres minutos.
    Lo que me parece curioso es que los tres heridos no hayan dicho nada (o por lo menos nada de lo que dijeron se haya divulgado en los medios), así que lo primordial sería que Jo hablara con ellos, es probable que no saque muchas cosas en claro, no obstante.
    Pues bueno, a ver qué sigue más adelante.

    Ah, hubo un par de dedazos por ahí, creo que en una parte que dice "entrad" en vez de "entrada", y varios "ha" que escribiste como "a".
     
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  4. Threadmarks: Acto #2 [⁕]Interrogatorio[⁕]
     
    Kay Greenwish

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    Cygnus
    Antes que nada, Gracias Cygnus por pasar y dejar tu opinión. Lo agradezco. Te doy completamente la razón, mi intención en esta historia corta es la de ir directorio al caso y resolverlo; mostrar un poco de cómo Jo trabaja. Por eso, no me centraré tanto en la personalidad o desarrollo de Jo como personaje puesto esa es (literalmente) otra historia.
    Aunque debo admitir que, tras leerlo otra vez, el capítulo estuvo muy seco o hasta apático. Me dispuse a mejor un poco este segundo y los próximos.

    ¿Un Cesar el asesino? Se vale, se vale. En esta clase de historias todos son sospechosos hasta que se demuestre lo contrario.

    A mí personalmente me fascinan esa clase de historias y siempre he deseado escribir una, pero conozco mis limitaciones, y, este es un género que respeto y por ende no suelo escribir por temor a no conseguir lo que me gusta leer de esa clase de historias
    Gracias a los que pasan a leer. Si ven algún error, díganmelo, lo agradecería mucho.

    Acto #2
    [⁕]Interrogatorio[⁕]

    Jo entró a las instalaciones estremeciéndose al percibir el aroma tan típico que vislumbraba el ambiente del sanatorio; nunca le gustaron los hospitales. En aquel hospital estaban internados los tres testigos que sobrevivieron al ataque. A paso calmado, pero seguro, se dirigió a la recepción donde una mujer lo recibió con la característica sonrisa que daba la bienvenida.

    —Mi nombre es Teodoro Salas y soy policía —Fue directo al grano—, estoy aquí para interrogar a los testigos que sufrieron el ataque en el establecimiento militar. Si puede facilitarme los números de sus habitaciones, se lo agradecería mucho.

    La mujer, sorprendida ante la repentina información, lo observó por varios segundos antes de hacerle la pregunta:

    —Disculpe, ¿puede repetirme su nombre?

    —Teodoro Salas —volvió a decir.

    —No se me ha informado nada de su visita, señor —dijo ella mientras se dirigía a la computadora para comprobar sus palabras.

    —Me lo imagino. Yo no vengo de las oficinas de esta ciudad, señorita.

    Jo sacó del bolsillo una identificación con el sello de la policía estatal. Se la entregó a la recepcionista para posteriormente mostrarle su placa.

    —El caso ha pasado a las manos de la policía estatal.

    Tras escuchar aquello y haber leído detenidamente el nombre y rango del susodicho, la mujer se sorprendió al tener presente a un inspector del estado. Volvió su atención a Jo para preguntar aún asombrada:

    —¿Tan grave es el asunto?

    —Señorita —Se acercó aún más para recargarse en el escritorio. La miró detenidamente—, cinco militares fueron cruelmente atacados y dos de ellos murieron y es crucial encontrar al individuo de semejante caso. Me gustaría poder decir más, pero no esta en mi revelar más información.

    La mujer asintió comprendiendo las últimas palabras.

    —Si me permite —dijo—, llamaré a mi jefe ahora.

    Y así hizo. Inmediatamente la recepcionista llamó a su jefe, quien no tardó en presentarse a Jo.

    —Muy buenas tardes, Señor Salas —Saludó con un fuerte apretón de manos—. Me gustaría que habláramos en mi despacho, si no es molestia.

    El hombre guió a Jo hasta la oficina mientras escuchaba al jefe de hospital contarle un poco del buen trabajo del lugar; siempre alabando a su personal, como quien dejando en claro que ahí se trabajaba de la mejor manera. Y que ante todo, sus pacientes eran tratados con lo mejor. Por ello, al llegar a la oficina, amablemente le dejo claro al detective que lo ayudaría con todo lo que estuviera a su alcance mientras estuviera en su poder y no quebrantara las leyes de la clínica.

    —Debo admitir que me sorprendió saber que el caso llegó hasta la estatal, pero creo que no debí de sorprenderme, después de todo se han metido con hombres que sirven a la patria. Ahora si, señor Salas, ¿en qué puedo ayudarle?

    Jo le explicó todo lo que le había dicho a la recepcionista y la razón de su presencia.

    —Me gustaría mucho presentarle a los testigos, pero debe saber que son ellos quienes están en su derecho de hablar o no. La señorita Hill se encuentra en un estado crítico, su médico recomendó que no la visitaran hasta que su estado mejore; independientemente si son de la policía o no.

    —¿Será posible hablar con su doctor? —preguntó, comprendía la postura del jefe de hospital, sin embargo, no estaba dispuesto a salir con las manos vacías y mucho menos estaba en posición para comportarse exigente—. Me gustaría hablar con él para saber si me permite hablar con ella por breves segundos, quizá hacerle un par de preguntas y ya.

    —Puedo comunicarme con él y mantenerlo informado de su visita.

    —¿Y qué me dice de Álvaro Serrato y Anthony Ruiz?

    —Desafortunadamente, el señor Ruiz está en coma y desde su llegada al hospital su estado ha empeorado a tal punto en que será transferido al hospital de Boston —Lo de menos, Anthony Ruiz había sido apuñalado diez veces por todo el cuerpo—. Y el señor Serrato, bueno, no me creerá pero odia a la policía. No les tiene mucha fe. Así que nos dijo que no deseaba hablar más con ellos.

    En aquel instante a Jo se le formó un nudo en el estómago, pensó que quizá no podría hablar con ninguno de los sobrevivientes lo que le resultaba . No tenía idea de que Keily Anthony estuvieran en mal estado. Ante la información que le pudo recaudar Un Cesar fue que todo lo que la policía sabía de aquella noche fue por la versión de Álvaro, mas desconocía que odiara a los detectives.

    —Todo lo que se mostró en los medios de comunicación fue por el testimonio de Serrato —continuó el jefe de hospital al notar que Jo se mantuvo en silencio pues se había perdido en sus pensamientos—. Así que es probable que no de nueva información, que la que se sabe.

    Jo asintió estando de acuerdo, pero él estaba preparado para hacer otra clase de preguntas, por ese motivo tras esbozar media sonrisa le hizo saber al hombre:

    —Yo suelo enfocarme en hacer otra clase de preguntas. No deseo quitarles mucho tiempo —Insistiría cuanto pudiera—, solo será unas cuantas preguntas. Si es posible hablar con Serrato.

    El hombre levantó una ceja, pensativo. En toda la conversación Jo se mantuvo con un perfil sereno, pero se sentía todo lo contrario, controló la angustia que comenzaba a formarse en su estómago y subía lentamente por su esófago al imaginarse que el hombre a su frente, terminaría diciendo que no podía ayudarlo si el testigo se negaba a verlo. Mas casi se le escapa un suspiro de alivio cuando lo escuchó decir:

    —Me comunicaré con Serrato y le hablaré sobre usted y luego con el doctor de Hill.

    —Muchas gracias —Atinó a decir.

    Para darle privacidad y comodidad y aprovechar a respirar aire, Jo salió de la oficina y esperó a un lado de la misma mientras escuchaba el murmullos del personal, doctores y pacientes, y ante aquello, el recuerdo de un él pequeño vino a su mente. Estaba llorando desconsoladamente, en un lugar parecido, pero muy diferente. Sus lágrimas se unían al lloriquear y moquear de los presentes; de sus familiares. Una escena que ante su infantil e ignorante mente de aquel tiempo, no comprendió nada de lo que había ocurrido y solo lloraba porque los demás lo estaban haciendo. No había comprendido el golpe que a su familia le resultó aquel fatídico día hasta que creció y tiempo después, aquel recuerdo quedó incrustado en su mente.

    Jo volvió a la realidad cuando escuchó la puerta de la oficina abrirse y luego vio salir al jefe de hospital que le hizo saber que para su sorpresa Álvaro había aceptado verlo. Le dio el número de la habitación. El detective agradeció con un leve movimiento de la cabeza y se dirigió al piso donde se encontraba la habitación y, al llegar al número de la alcoba, entró al verla abierta y dando por seguro que el hombre lo estaba esperando.

    Observó a Álvaro, a un hombre de mediana edad, en posición sentada, recargándose en la almohada que reposaba sobre la cabecera de la cama. Serrato estaba muy delgado y su semblante se veía decaido. Álvaro había sido apuñalado por la espalda, además de sufrir tres heridas más; distribuidas por la pierna, el brazo derecho y el estómago.

    —Buenas tardes, señor Serrato —saludó Jo mientras tomaba asiento en la silla más cercana a la cama.

    —Ustedes si que son persistentes, señor ¿Salas?

    —Así es.

    —Ya había dicho que no quería ver a mas policías, pero acabé leyendo la noticia de que el caso había suspendido. No me gustó eso, que incompetente es la policía a veces. Pero qué se le puede hacer. Qué el estado continúe con el caso si es necesario.

    —Trataré de ser lo más breve posible, sé que no se encuentra en las mejores condiciones para ser acosado día tras día por policías. Por ello, no haré ninguna pregunta de las que ya respondió; tan solo le haré tres —El militar asintió entendiéndolo—. ¿Conoce a Iván Vila y a Joe Lawrence? Tengo entendido que los de la milicia deben conocerse, pero hablo de conocerse más íntimamente, ser amigos, tener algún familiar en ley, ¿lo que sea?

    —¿A ellos? —Álvaro pensó un poco antes de responder y es que la verdad no sabía qué decir de ambos. Su relación con los dos nunca fue más allá que solo compañeros de oficio—. Honestamente no. Se quienes son, pero solo eran compañeros de trabajo. A decir verdad yo siempre estuve concentrado en mi buen desempeño y rara vez me juntaba con alguien más.

    —Las personas que estuvieron aquella tarde en esa sala solo eran cinco personas; Ruiz, Hill, Vasco, Autin y usted, ¿verdad?

    —Afirmativo. Aunque, obviamente, después se unió el sexto hombre, el atacante, pero eso ya lo había contado a la policía. Hasta me preguntaron si había sido un compañero, pero no recuerdo el rostro del sexto hombre. Aunque... creo que llevaba algo en la cara… mmm, pero no recuerdo.

    Por su aparte, Jo deseaba colaborar si esa idea era tal como la prensa había informado. Así que pensó detenidamente en las respuestas dadas.

    Quedaba descartado el hecho de que alguno de los cincos fuera el atacante.

    Aparentemente, según en palabras de la prensa y la policía, el atentado fue sin pensarlo. Fue al azar por lo que no fue planeado. Lo mas lógico era pensar que un loco drogadicto asaltó la milicia porque no había otra explicación para que a alguien en su sano juicio atacara la milicia. Si en verdad ese ataque fue hecho de esa manera, se le dificultaría averiguar de quién se trataba, quizá por eso la policía terminó sin ninguna pista.

    Pero lo que le resultaba sumamente sospechoso era que Serrato no recordara si el atacante llevaba el rostro cubierto, ¿por qué? Si tenía el rostro escondido significaba que el ataque fue planeado. Pero si solo era un mal recuerdo...

    —Solo una pregunta más, ¿cómo se sintió cuando fue atacado?

    El militar se quedó mudo ante tal pregunta, es más, si no fuera porque se encontraba en la cama hubiera retrocedido impresionado. No supo qué responder, sus labios se movieron en un vano intento de hablar, movió la cabeza e intentó de decir algo, pero al último minuto se retraía de hacerlo. Le pareció extraña tal pregunta, por lo que terminó mirando al detective quien lo observaba esperando respuesta. Le había preguntado con toda seriedad e intención de saber una respuesta.

    —Sentí dolor —Fue lo que atinó a decir, mirando a sus lados como quien no creyendo que respondió a eso—. Mucho dolor. ¿Qué más quiere saber?

    —¿Dolor? —preguntó con tono sorprendido, como si esa respuesta no fuera la que deseaba escuchar. ¿Qué más puede responder? ¿Alguna otra cosa?

    —¿Cómo qué?

    —Explíqueme exactamente, paso a paso lo que sintió cuando el cuchillo atravesó su carne.

    —La sangre salir fuera de mi cuerpo, caliente. A decir verdad no lo recuerdo... esa noche estaba concentrado en mi trabajo... es más, era tan tarde que al final decidí regresar a mi hogar; la jornada había terminado y el papeleo podía esperar. Estaba muy cansado, mis párpados ya no se podían mantener abiertos. Con eso en mente me iba a ir, pero antes, escuché el grito de alguien…

    —¿De quién? —Se apresuró a preguntar.

    —No sé, de Keyla o Isabel. Pero cuando corrí a la sala, antes de siquiera entrar, me atacaron por la espalda... No pude ver de quien se trataba, al momento caí inconsciente. Al despertar ya me encontraba en el hospital, con una herida en el estómago, pierna y brazo.

    Álvaro comenzó a desesperarse al tener que recordar lo vivido aquella noche.

    —Entiendo —se levantó Jo al hombre un poco alterado—. Agradezco sinceramente que me haya recibido y haya respondido a mis preguntas. Deseo que se recupere muy pronto.

    —Encuentre al culpable para que pague su castigo —dijo.

    —Eso haré.

    Ante eso se despidió de Álvaro y salió de la habitación para dirigirse de nuevo a la recepción, dispuesto a salir del lugar con dos cosas en mente: 1) Atacó primero a Keyla o a Isabel y después a Álvaro. 2) El asesino quería muerto a los presentes, eso lo indicaba el hecho de que después de que Serrato quedara inconsciente, continuó apuñalándolo. Y a su mente vinieron los nombres de Joe Lawrence e Iván Vila.

    —Ah, señor Salas.

    Jo se detuvo al escuchar la voz de la recepcionista que lo había atendido anteriormente.

    —El doctor de la señora Hill me informó que puede pasar a verla, pero que solo sea breve y no la presione a hablar. Fue muy directo con eso último.

    Jo parpadeó un par de veces antes de procesar la información, eso le fue una sorpresa, no pensaba poder hablar con Keyla. Agradeció y se encaminó al segundo piso, a la habitación de ella. Al entrar, lo primero que divisó fue a una Keyla sentada en una silla, mirando un programa de cocina por la televisión, atentamente, tanto así que no se percató de la presencia de Jo hasta que se acercó tanto como para que ella, asustada se girara y con aquellos ojos grandes llenos de sorpresa, indagó:

    —¿Quién es usted?

    —Soy un detective, me llamo Teodoro Salas.

    —¿Y qué está haciendo aquí?

    —No quiero incomodarla, así que iré directo al grano para dejarla descansar. Su doctor me dio permiso de pasar a a hacerle un par de preguntas, sobre el caso que sufrieron usted y sus compañeros en su trabajo.

    —Ahh, eso… ¿sí?

    Jo comenzó a sentirse incomodo ante ella. Hill parecía estar allí pero su mente no. Al verla comprendió a lo que se refirió el jefe de hospital al decir que no estaba en buen estado. Dudó que pudiera sacarle información. Pero cualquier cosa era mejor a nada.

    —Las personas que estaban en la edificación solo eran cuatro, ¿cierto? —Intentó primero con esa pregunta para medir un poco su capacidad, porque parecía estar muy perdida de la realidad.

    Keyla tardó en responder, pero al final respondió con un negativo al mover la cabeza lentamente.

    —¿Cuántas eran?

    —Cinco; Yo, Serrato, Vasco, Austin y Ruiz.

    —Y Vila y Lawrence, ¿estaban presente?

    Volvió a negar.

    —¿Tiene alguna relación intima con alguno de los dos?

    Negó.

    —¿Sabe si Isabel o Paul tuvieron alguna discusión o pelea con Iván o Joe?

    Negó por cuarta vez. Jo exhaló aire y agradeció su atención, se giró dispuesto a retirarse cuando volvió la vista a ella al escucharla murmurar:

    —Aquella tarde lo vi.

    Jo esperó a que continuara, no obstante, ella pareció quedarse suspendida, con la vista perdida en algún punto de la habitación. Jo frunció el ceño.

    —¿A quien vio? —terminó por preguntar.

    Ella lo miró y por unos momentos Jo sintió un escalofrío ante la mirada perdida de Hill, «¿Qué tan traumatizada quedó ante el ataque?», se preguntó. Pensó que ella no volvería a hablar.

    —¿Vio a Joe o a Iván? —Invitó a que continuara.

    —A un monstruo. —Abrió los ojos grandes como si hubiera visto el mismísimo espectro del atacante, pero solo era eso, el recuerdo borroso de alguien.

    —¿Quién era ese monstruo? —Intentó sacarle algo de información; deseaba que le dijera un nombre; quizá el testimonio de Hill era la pista que le faltaba a la policía para haber continuado con el caso.

    —Apuñalaba una y otra vez mientras gritaba eufórico y enterraba con arrebato el cuchillo en la piel de las víctimas. Una y otra vez. Rasgando y gritando. De nuevo lo hacia. Rasgaba y gritaba. Cortaba y luego... —Hizo una pausa—, se acerca a mi… por segunda vez —terminó pausadamente.

    —¿Aquel monstruo era Joe Lawrence o Iván Vila? —insistió en ambos.

    Keyla levantó la mano para llevarla a la cabeza. Cerró los ojos. Dibujó una mueca de dolor por el esfuerzo que le provocaba tener que recordar aquel fatídico episodio.

    —No recuerdo su rostro, todo se volvió borroso. Estaba muy cansada.

    —Muchas gracias por su cooperación, señora Hill —dijo—. Espero que pueda volver a encontrar la paz.

    Terminó retirándose del hospital con un amargo sabor de boca. La conversación con Keyla solo le hizo sospechar todavía más que el agresor debió ser un compañero. Debió ser alguien de la milicia. ¿El motivo? No tenía idea. Tampoco estaba seguro de las intenciones y, si lo hizo sobrio, por venganza o un rencor.

    No obstante, lo que en verdad no le gustaba nada era que la policía ya había tendido toda esa información. Por lo que, tenía que encontrar algo que los inspectores habían ignorado. Debía existir una pista que la policía no sabía. Algo que delataba al verdadero culpable.
     
    Última edición: 23 Diciembre 2017
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  5. Threadmarks: Acto #3 [⁕] Pistas, sospechosos y un muro [⁕]
     
    Kay Greenwish

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    El Detective Clandestino
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
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    6
     
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    Acto #3 [⁕]
    Pistas, sospechosos y un muro [⁕]

    Jo salió a paso veloz del hospital.

    Comenzó a caminar hacia el estacionamiento de un supermercado en donde había dejado su pickup Ford oscura. Mientras llegaba y sin detener el paso, empezó a quitarse las prendas de vestir que tenía encima. Primero fue el saco. Era pleno verano, además de mediodía, por lo que hacia un calor bochornoso y no era precisamente un día para vestir tales ropas. Suspiró de satisfacción al sentir como el leve aire que hacia al caminar le refrescaba un poco. La camiseta blanca de manga larga estaba sudada, se la quitó dejando ver una confortable camisa. Se quitó la corbata que parecía lo estaba asfixiando.

    Al llegar a la camioneta se apresuró a dejar en la parte trasera toda la ropa que había hecho bolita. Se quitó los zapatos para ponerse unos tenis más cómodos y en cuanto subía, sacó su teléfono celular del bolsillo para marcar al número de Un Cesar.

    —¿Qué puedo hacer por ti, Jo?

    Como siempre, Cesar iba directo al grano.

    —¿Puedes investigar a Joe Lawrence e Iván Vila y enviarme todo lo que puedas de ellos?

    —Me encargo de inmediato —Jo alcanzó a escuchar como desde el otro lado Cesar tecleaba—. ¿Qué es lo que sabes de ellos? —terminó cuestionando.

    —No mucho, en realidad. Sus perfiles llamaron mi atención; ambos estuvieron asistiendo a terapias y, sospecho que alguno de ellos fue el agresor. Aparentemente el ataque no fue planeado porque el agresor atacó dejando a testigos vivos y no existe probabilidad de que sea un ataque por rencor o venganza, pero nunca lo sabremos porque dos de los atacantes murieron...

    Jo se detuvo drásticamente al escuchar reír a Cesar.

    —Jo… dime algo que no sepa.

    Jo frunció el ceño.

    —Hablaba conmigo mismo —respondió.

    —No tenía idea de que hicieras eso. ¿Algo más que pueda hacer por ti?

    —Sí, ¿pudiste conseguir alguna copia de las cámaras de seguridad del Centro Militar?

    Una de sus cartas era obtener las imágenes de lo que sucedió aquella noche y ver si podía dar con el sospechoso.

    —Lamentablemente no —respondió su colega—. No existe ninguna cinta de seguridad.

    —¿Eh? —Jo se extrañó al escuchar eso—. ¿Eso es posible eso? Pensaba que todo negocio o establecimientos debía tener cámaras de vigilancia.

    Frunció el ceño, no podía creer eso.

    —No necesariamente. Es recomendable tenerlas para utilizarlas si alguna vez pasa algo como un atraco o ataque sucede, pero no es una ley tal cual.

    Jo se recargó en el asiento mientras miraba, pensativo, el techo.

    —Un enorme motivo para que la policía no tuviera más pistas. Esa fue negligencia del director.

    —¿Pero sabes que es lo interesante? —prosiguió Un Cesar—. Encontré que una cuantiosa suma de dinero fue donada a la comisaria municipal. ¿Sospechoso no? Creo que se debe a ese incidente, como esa información no salió a la luz, quiere decir que policía y los militares entraron en un común acuerdo para que la policía no revelara la negligencia del director y por ese motivo el caso quedó estancado y debido a eso la policía decidió dar por terminado el caso.

    —Como lo sospechaba, el ataque no pudo ser al azar, ahora no queda duda de que alguien del cuartel lo hizo, teniendo ventaja al no haber cámaras que grabaran su ataque. La policía debió sospechar que el ataque fue planeado por ese motivo. Aun sabiendo eso no pudieron hacer mucho. ¿Los empleados sabían lo de las cámaras?

    —No lo creo, ese detalle es información clasificada. En toda la base se pueden encontrar letreros que dicen que las cámaras monitorean las veinticuatro horas, pero ya vimos que eso es mera fachada e intimidación.

    —Entonces alguien debió enterarse de ese hecho. ¿Pudo haber sido el director? —Meditó un poco.

    Negó al no creerlo. La policía debió interrogarlo al saber lo de la cámaras, por ser el sospechoso número uno, y no creía que la policía municipal fuera tan canalla para dejar en libertad a un asesino aunque se tratara del mismo director de la militar.

    —Bueno —continuó—, gracias por el dato. Llámame cuando tengas la información de Vila y Lawrence.

    Ante eso y un «Así será» de parte de Cesar, Jo colgó para luego dirigirse a su hogar. No podía hacer más hasta que la información llegaran a sus manos. Deseaba poder saber un poco más de ellos e interrogarlos personalmente.

    Un par de días después, Cesar le facilitó los archivos y Jo comenzó a leerlos detenidamente, no era mucha información, pero sacaría algo de provecho con lo básico.

    Primero fue con Joe Lawrence, quien vivía en los suburbios de la ciudad. Lawrence era un hombre de treinta y ocho años de edad. Estaba casado por segunda vez y era padre de dos niños; un niño y niña de seis años y once años respectivamente. Tenía un diploma en vuelo de aviación. Nació en el condado Adams de Pennsylvania, pero debido a su trabajo, se mudó cerca de Boston a los veinte años para después de tres años irse a vivir a esa ciudad.

    A leguas se podía ver que el señor Joe era un hombre bien a posicionado porque moraba en un barrio muy tranquilo. Su casa era grande, bonita y con un patio exuberante.

    Jo bajó del carro, se encaminó a la puerta y al llegar tocó el timbre esperando una respuesta. No fue necesario timbrar una segunda vez porque alguien abrió la puerta inmediatamente; era una mujer muy joven; la señora Lawrence. Jo saludó y se presentó como un detective privado. Explicó el motivo de su presencia y para su sorpresa, la mujer comprendió la situación y volviendo adentro, llamó a su marido.

    Joe, quien no tardo en mostrarse, estrechó la mano del detective y lo invitó a pasar con una jovial sonrisa en el rostro.

    —Seguro que ya le interrogaron y no quiero molestarlo haciéndole las mismas preguntas.

    —No se preocupe, comprendo la situación —respondió el hombre mostrándose muy receptivo a cooperar con lo que hiciera falta.

    —Tengo entendido que ese día, miércoles cinco, usted salió temprano —continuó Jo—, y que además, el día siguiente no fue a trabajar. ¿A qué se debió su falta?

    —Respecto a ese día, tenía un compromiso y me fui a mediodía; ya había informado a la policía de eso, tengo una coartada. Al día siguiente no asistí porque mi hijo enfermó y lo llevé al hospital. Debe comprender que para un padre que su hijo enferme de un día para otro es prioridad estar con él en el hospital. Además, esa misma mañana el director me habló para informarme de la terrible noticia. Fue un impacto.

    —Entiendo. Espero su hijo esté mejor ahora —Joe asintió y Jo continuó—. ¿Se lo reportó a su superior?

    —Así es. Llamé para comunicárselo. Seguro que la grabación la tiene el superior, si desea verificar que digo la verdad o preguntárselo a él mismo. Además, tengo testigos que pueden colaboran con eso también.

    —Creo que no será necesario. Bien, está pregunta es un poco personal, ¿sospecha de algún compañero que pudo haber hecho eso?

    El hombre frunció el ceño al momento de comunicar:

    —Por supuesto que no —se notó ofendido, pese a que intentó disimularlo—. Nosotros estamos para ayudar a otros, no para pelearnos entre nosotros. El culpable debió ser alguien ajeno.

    «¿El culpable alguien ajeno?» meditó. «¿La policía también pensaría en eso?» se preguntó.

    —Una cosa más, usted estuvo asintiendo con un psicólogo, ¿cierto?, ¿por qué dejo sus terapias?

    Lawrence se sorprendió de que supiera de eso. Aunque no tardó en responder con sinceridad:

    —Porque me siento bien. Sé que no debí dejarlas así como así, pero se me fueron acumulando tantas tareas que al final pensé que ir me quitaba mucho tiempo.

    —Pues le sugiero que siga visitándolo y las terminé. Tener en el récord que usted no terminó las terapias, puede levantar sospechas o tener otro tipo de problemas futuros —Jo se levantó del sillón, indicando con ese gesto que la visita había concluido—. Hágalo por su familia. No desearía que se vieran involucradas por una falsa acusación.

    —Sí, gracias por su preocupación, detective —Le estrechó la mano por última vez antes de guiarlo hasta la salida.

    Jo se alejó de la casa. Levantó la vista para ver la impotente mansión. De nuevo, estaba en ceros; si bien obtuvo algo más con la conversación, no fue algo que el departamento de policía no conocía. Lawrence era un padre ejemplar y, fuera de que estuvo en terapias, no parecía que fueran por algo grave.

    Subió al vehículo y repasó rápidamente la información de Joe Lawrence. Aparentemente, el hombre era inocente, o hasta que se demuestre lo contrario; se le vio ser una persona honesta. Dejando la información en el asiento del copiloto, tomó del mismo el papeleo que tenía sobre Iván Vila. Y una vez terminó de repasarlo, se dirigió al domicilio.

    Vila vivía en el centro de la ciudad. No tenía una casa por lo que rentaba un apartamento, tal como él lo hacía. Iván era originario de Dallas, Texas. Toda su familia vivía en ese lugar. No estaba casado y no tenía ningún hijos. No pagaba ninguna clase de manutención. Se graduó con honores en ingeniería, ganándose la vida de eso en Dallas. Posteriormente, debido a su trabajo, se le movió a la ciudad actual, en donde continuó con su trabajo hasta que desafortunadamente se vio en la obligación de dejarlo cuando tuvo un accidente automovilístico en invierno.

    Jo subió al tercer piso donde Vila vivía. Timbró. Al no obtener resultados, tocó la puerta ésta vez y, fue cuando alguien contestó:

    —¿Quién? —preguntó la persona del otro lado.

    —Buenas tardes, necesito hablar con el señor Iván Vila. ¿Se encuentra en casa?

    —¿Quién es?

    —Mi nombre es Teodoro Salas, soy detective y estoy aquí para preguntarle algo sobre el incidente que hubo…

    —La policía ya habló conmigo —Lo interrumpió desde dentro Vila, esta vez su voz se escuchó molesta.

    —Escuche…

    —¡Largo de aquí! ¡Ya dije todo lo que sé!

    Jo mostró una cara de disgusto.

    —Solo deseo hacerle un par de preguntas.

    No hubo contestación por parte de él.

    —El día del incidente no fue a trabajar. ¿Qué estuvo haciendo ese día? ¿Dónde se encontraba y con quién estuvo?

    No hubo respuesta por parte del susodicho.

    —¿Señor Vila?

    —No estaba en la ciudad, ¡estaba afuera, de vacaciones! Ya se lo había dicho a la policía.

    —¿A dónde fue? «¿Y por qué está tan a la defensiva?» deseó preguntárselo pero se limitó a pensarlo.

    Desde el otro lado se escucharon los pasos de Iván acercándose a la puerta. Jo dio un par de pasos hacia atrás hasta chocar con el barandal de madera. La puerta se abrió un poco dejando a ver al dueño, pero sin asomarse completamente, miró de reojo a Jo.

    —Estaba fuera del estado. En el trabajo me dieron unas largas vacaciones —Sonrió forzadamente—, desde el incidente, verá usted. Salí del estado —continuó—. ¿Algo más que quiera saber? Ya se lo había dicho a la policía. Tengo una coartada, si quiere saber más vaya con la policía que lo saben ya todo.

    —Otra cosa...

    Iván cerró la puerta sin darle la oportunidad de terminar la oración.

    —Señor Vila...

    —¡Largo de aquí!

    Jo entrecerró los ojos, su actitud solo hizo que sospechara de él. Sin embargo, lo último que deseaba era meterse en problemas por lo que se dio cuenta que lo más prudente era irse de allí, dio media vuelta para dirigirse a las escaleras y bajarlas, con rostro abatido ante el resultado final.

    Se sintió decaído, tomó su celular para comunicarse con Un Cesar y pedirle que le buscara la entrevista que tuvo él con la policía, pero antes de marcar, al llegar al primer piso, una mujer lo saludó amablemente.

    —Buenas tardes, señor —La mujer de edad madura regaba las plantas y flores que tenía en unas macetas—. ¿Vino a ver al señor Vila?

    —Sí, pero… —Levantó la vista para ver el apartamento del hombre.

    —No lo encontró, ¿verdad? —sonrió la mujer al pensar que había terminando la oración que él iba a decir.

    —¿Está afuera? —indagó él, haciéndosele extraño el comentario de ella.

    —Está de vacaciones, con sus familiares.

    —¿Se lo dijo?

    —Eso me contó. Él es una persona muy cariñosa, amable y siempre dispuesto a ayudar —La voz de ella se oía con tono orgulloso mientras hablaba de su vecino.

    —¿Así? —Jo arqueó la ceja nada de acuerdo con esos adjetivos.

    «Pues a mí no me trató muy bien que digamos.»

    —¿Y le mencionó cuando regresaba? —mostró interés, como quien fuera un viejo amigo deseoso de verlo.

    —Oh, no. El sábado pasado lo vi empacar sus cosas en su camioneta, le pregunté si pensaba viajar y me dijo que iría a visitar a su familia a Texas.

    «Oh, interesante.» razonó Jo mientras sus ojos brillaban.

    —¿Usted se enteró del ataque en la milicia de la ciudad? —preguntó.

    —Oh, claro —dijo ella entristeciéndose—. Eso fue una barbaridad. Es increíble que haya personas tan crueles para hacer esas locuras.

    —Iván trabajó en ese lugar, ¿no vino la policía a interrogarlo?

    —Sí, lo hicieron. Nos preguntaron por él al no encontrarlo. Yo y los vecinos les dijimos que estaba en Texas visitando a su familia.

    Así que eso de que habló con la policía no era verdad. Jo miró a su alrededor y luego despidiéndose de la mujer, trotó a su automóvil mientras se llevaba el celular al oído.

    —¿Buenas noticias? —preguntó Un Cesar.

    —Tal vez. ¿Puedes decirme si Iván Vila tomó estos últimos días un avión?

    —Hm, no hay registro de ello. Por lo que es posible que no haya tomado uno. ¿Por qué? ¿Encontraste algo interesante?

    Sí, lo había hecho. Se supone que el sábado pasado Vila se fue a Texas, indicando que no tomó un vuelo por lo que se fue manejando. No obstante, en carretera uno tarda más de un día para llegar. El atraco fue el miércoles. Es ilógico pensar que de viajar hasta Texas y regresaría solo para cometer esos asesinatos; se descartaría que él fuera el asesino.

    —¿Qué me dices de la entrevista que tuvo con la policía?

    —Mmm, no tengo información… dejame ver.

    El sonido de las teclas se escuchaban con claridad.

    No obstante, ¿y si en realidad fue él el agresor y nunca visitó a sus familiares, ni tampoco salió de la ciudad ni mucho menos del estado? La policía tuvo que comunicarse con un familiar para testificar que, efectivamente, seguía estando ahí con ellos.

    —Efectivamente —La voz de Cesar lo volvió a la realidad—, hablaron con él. Un pequeño informe dice que Iván Vila, el jueves seis, se encontraba en casa de un familiar cuando se comunicaron con él. Testificaron con ese familiar para colaborar que él estaba en Texas. Y la llamada fue hecha desde ese estado.

    —Volvemos a estár en ceros —dijo suspirando y deslizándose en el asiento.

    Algo comenzó a incomodarlo. Debió dejar una pista importante en el camino. Joe e Iván tenían una coartada. Eso indicaba que...

    Algo no cuadraba con todo ese panorama.

    … alguien estaba mintiendo, manipulando u ocultando la verdad.

    Faltaba aquella pista que la policía ha ignorado todo este tiempo; ¿cuál era y dónde podía encontrarla?

    Todavía era muy temprano para entrelazar, todavía le faltaba entrevistarse con dos persona más y esperaba que una de esas personas le diera ese algo que tanto estaba buscando porque si no era así, tendría que regresar sus pasos y volver a comenzar de nuevo.


    La próxima actualización será el último capítulo de este caso, aunque también habrá un epílogo.
    Gracias el apoyo al leer, lo aprecio mucho.
     
    Última edición: 23 Diciembre 2017
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  6. Threadmarks: Acto #4 [⁕] Se Cierra el Telón [⁕]
     
    Kay Greenwish

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    Acto #4
    [⁕] Se Cierra el Telón [⁕]

    Se levantó del asiento y comenzó a caminar de un lado a otro en la sala, pensativo. No podía dejar de pensar en el tema. Le incomodaba la idea de que algo se le había escapado. Volvió sus pasos al escritorio para tomar y releer las notas que había estado haciendo. Al día siguiente, Jo se levantó y se alistó para visitar a los médicos de cabecera de Joe e Iván, respectivamente. Tras pedir una breve cita a la doctora Bachchan, no tardó en hacerle preguntas respecto a su actual paciente. Ella le contó todo cuanto pudo sobre lo que pensaba, que su visita al psicólogo había sido por una fuerte tensión laboral que tuvo a finales del años pasado; que los brutales y espontáneos episodios de estrés como depresión que sufrió aquel tiempo casi hicieron que perdiera el trabajo.

    Sin embargo, fuera de eso,Joe era una persona completamente sana.

    —Completamente —repitió Jo como si aquella palabra desentonara en la oración.

    Bachchan asintió antes de continuar:

    —Le receté medicamentos para ayudarlo a superar ese estrés. En todo el proceso, estuve comunicándome con su psicólogo y él me contaba como lo veía. En un par de meses tuvo una excelente mejoría.

    —Y por eso dejó de ir.

    —Así es. Me dijo que ya no era necesario seguir tomando las terapias. Yo le aconsejé que terminara la sección aunque se sintiera mejor. Pero, al final dejó de ir.

    El record medico de Joe Lawrence no parecía que estuviera muy grave como al punto de desear atacar a sus compañeros, al igual que su estado mental; y eso significaba que Lawrence no pudo ser el agresor. Al finalizar, se encaminó a verse con el doctor Lee, el medico de cabecera de Vila.

    —Entonces, Iván estuvo tomando terapias con un especialista, si no me equivoco, ¿verdad? —Había ido directo al grano después de tomar asiento en el despacho del médico.

    Se encontraban en el despacho de Lee, este último no dijo nada relacionado a lo mencionado, primero le ofreció una taza de café, la que Jo aceptó por cortesía. Una vez la habitación se hubo llenado de la peculiar esencia del café mientras una taza de recién café hecho reposaba en manos de Jo, Fernández tomó asiento para al fin decir algo.

    —Sí, estuvo visitando a uno. Debería seguir tomando las terapias, pero se rehusó a ir con el especialista a pesar de insistirle que no lo dejara. Bueno, mientras no deje de tomar sus medicamentos, todo irá bien.

    «¿Todo ira bien?» pensó al momento que daba un sorbo al café para luego preguntar:

    —¿Qué es exactamente lo que tiene?

    —Una lesión cerebral traumática; consecuencia de un accidente automovilístico que tuvo a principios del año. Se trata de una pequeña contusión en el cráneo.

    —¿Qué tan perjudicial es una herida de esas?

    —Depende del paciente y por supuesto de la fuerza de la contusión. Iván, ante los primeros resultados de las pruebas y análisis, no parecía que el trauma fuera tan grave, sin embargo, cuando comencé a mandarle a hacerse más estudios, me di cuenta de que la contusión había sido más grave de lo que se creía.

    Jo sorbía del amago liquido mientras prestaba la debida atención a la explicación del médico.

    —Algunos de los síntomas que comenzó a padecer fueron —continuó Lee—; sentirse ansioso, molesto y excesivamente irritable. Llegó a contarme lo deprimido que se sentía, su estado se vio peor por su descenso en el trabajo, llegando al punto en que lo despidieron.

    —¿Lo despidieron? —preguntó sorprendido. No tenía idea de que lo hubieron despedido, aunque era algo lógico. Seguro que Vila está viviendo del desempleo. Mas eso solo lo hacía ver aún más sospechoso de haber sido el atacante. Quizá su ataque había sido por motivos de un arrebato de cólera y pensar en aquella posibilidad, terminó preguntando—: ¿Esa clase de contusiones pueden provocar en los pacientes algún problema emocional o ser inestables?

    —Lamentablemente sí. La mayoría de personas que sufren de eso, si no siguen a pie de la letra un medicamento preciso, suelen tener problemas para controlar sus impulsos.

    —Ya veo —Jo asintió al comprender—. ¿Alguna otra anomalía que sufría Iván?

    —Comenzó a sentirse cansado. No podía conciliar el sueño porque alucinaba, tenía constantes pesadillas, que son síntomas muy comunes, pero le receté medicamento especial para evitar que la hinchazón se inflame y se agrave.

    —E hipotéticamente hablando, ¿qué pasaría si dejara de tomar los medicamento? —preguntó teniendo una idea de la respuesta.

    —Su estado cambiaría drásticamente, sus sentidos se alterarían; la contusión empeoraría...

    «Y eso fue lo que hizo». Pensó al recordar lo que había dicho la vecina sobre él, que era una buena persona, contrario a lo que pudo notar él cuando fue a verlo. El actual Iván Vila era una personas más agresiva «Quizá se le olvidó seguir con el tratamiento después de que lo despidieron.»

    —... la última vez que lo vi fue para recetarle pastillas para conciliar el sueño, unas más fuertes porque las que se tomaba…

    —Espere, ¿qué dijo? —preguntó Jo al verse distraído en sus pensamientos pero haberse dado cuenta de algo que mencionó Lee.

    —Le receté pastillas para que pudiera conciliar el sueño. Como lo dije, el insomnio es un de los síntomas más comunes.

    «Dormir. Cansancio» Esas palabras resonó en su cabeza una y otra vez como si estas fueran la clave de algo, estuvieran relacionadas entre sí. Y como si se tratara de un flechazo, un recuerdo vino a su mente; las palabras de Álvaro Serrato:

    «Estaba muy cansado, mis párpados ya no se podían mantener abiertos.» Además, le mencionó que había caído inmediatamente inconsciente después de las apuñaladas.

    Hasta ahora era que comprendió la razón de eso. Cayó dormido. No se desmayó por haber perdido sangre. Una persona, deseosa de vivir, podía aferrarse a la vida aunque estuviera en semejante situación.

    ¿Por qué las víctimas no se defendieron?

    Algo todavía más extraño era que las víctimas no reconocieron al agresor; no describieron que llevara una máscara; tan solo decían que no recordaban su rostro. Eso podía indicar que estaban perdiendo el conocimiento mucho antes de ser apuñalados. Debió ser un efector secundario de... «¡Las pastillas!»

    Jo abrió los ojos al descubrir eso. Mas un sinfín de preguntas se le vinieron a la mente, «¿Cómo lo hizo? ¿Cuándo lo hizo? ¿Por qué lo hizo?», eran algunas de las interrogantes que se formulaba.

    Tenía que irse, hablar con Lee le ayudó a tener un mayor panorama de lo que tenía que buscar. Volvió por última vez la vista a la taza de café que había dejado sobre la mesa dispuesto a despedirse e irse cuando algo vino a su mente.

    «¡Pero claro!»

    Jo se levantó del asiento. Se despidió de Fernández y ni tardo ni perezoso salió del despacho.

    Tenía una idea de lo que sucedió aquella noche del miércoles, también algunas pistas que incriminaban al culpable, sin embargo, no eran lo suficiente para incriminarlo. Debía seguir investigando. Sacó su celular y marcó al hospital. Necesitaba saber algo crucial. Debía hablar de nuevo con el señor Álvaro.

    —Cuando estaba en la sala, ¿tomaste algo? ¿Alguna bebida? ¿Hay algo que todos los soldados comparten? —comenzó a interrogar Jo una vez le pasaron al señor Serrato.

    El hombre pareció hacer memoria.

    —Sí —respondió—. Hay un garrafón de agua. Todos tomamos de él.

    Jo no sospechó del garrafón. Si el militar disolvió las pastillas en el agua, todos los soldados que tomaron de ésta antes o después caerían dormidos; de esa manera la policía sospecharía; como resultado, una investigar más a fondo, mas no no así.

    «Vasos.»

    —¿Qué utilizan para tomar el agua? —preguntó Jo.

    —Utilizamos vasos desechables —respondió—. Ahora que lo recuerdo antes de ser atacado, tomé el último vaso de papel del paquete.

    Saber eso era lo único que deseaba escuchar. He ahí a un testigo. Todo comenzaba a tener solidez a su vista. Sin duda alguna, Iván debió utilizar las pastillas fuertes que su médico le recetó. Debió pulverizarlas para llenar los vasos y no se dieron cuenta porque se disolvió con el agua.




    Al día siguiente regresó al domicilio de Iván Vila. Jo se quedó en el auto, vigilando a que el hombre saliera de la casa. En ese apartamento se encontraba aquella pista que la policía no pudo encontrar y era clave para la investigación y detener al culpable. Desafortunadamente, no pudieron dar con esa pista simplemente porque el dueño, Vila, se encontraba de vacaciones, no podían entrar a su hogar sin su permiso y no pudieron pedir una orden judicial para inspeccionar el hogar. Ante la salida del estado de Iván, la policía dio por sentado que él no pudo cometer el ataque; creyendo que él ya se encontraba en Texas cuando sucedió el ataque.

    Un par de horas de espera, Iván salió, bajó por las escaleras y comenzó a caminar, alejándose del edificio de apartamentos. Jo vio eso como la oportunidad perfecta para entrar. Bajó del auto cubriéndose con la capucha de la gabardina. Subió sigilosamente por las escaleras. El cielo estaba oscuro. Lo que iba ha hacer era un delito, pero que más daba si era para detener a un hombre peligroso.

    Al acercarse a la puerta, giró la perilla esperanzado que estuviera abierta. La puerta estaba abierta para su fortuna. Debía apurarse porque el que estuviera abierta significaba que el dueño no tardaría en regresar. Una vez dentro, en aquel pequeño apartamento, buscó el cuarto de baño, en el botiquín, al no encontrar más que un bote de pasta de dientes, varios cepillos de dientes usados, crema para afeitar y cuchillas. Se dirigió a sola habitación; ahí fue donde encontró, sobre un buró, muchos frascos de pastillas; benzodiazepinas, zaleplon, entre otros fuertes medicamentos.

    Tomó varias fotografías de eso.

    Con unos guantes de nieve, abrió el cajón e indagó en el interior para encontrarse con algo todavía más delatador. Había un cuaderno, en el cual, en la mayoría de las hojas rezaba la oración «Todos son mis enemigos», escrita una y otra vez con letra tan grande que abarcaba casi una página completa.

    «Ellos lo son.» «Me destituyeron.» «Los odio, los odio, los odio.» «Deseo que estén muertos.» Eran algunas otras frases que se encontraban escritas, con fuerza; evidenciando su gran rabia al escribirlas porque el papel, en algunas partes, se había roto.

    Volvió a tomar fotos a las pruebas.

    No cabía duda, Iván había sido el asesino de Paul Austin e Isabel Vasco. Su enfermedad había llegado a una fase que no pudo controlar y por ello actuó con frenesí al atacar a sus compañeros. Sintió rabia al ser despedido y deseó dañar a los trabajadores de aquel lugar que lo despidió sin compasión alguna. No obstante, todavía tenía un poco de cordura como para planear debilitarlos antes de atacarlos.

    Jo salió de la casa, encontrándose a mitad de las escaleras con Iván. Este último se limitó a verlo fugazmente para terminar de subir las escaleras. Jo alzó la vista para observar como el hombre entraba a su morada; vestía de manera vagabunda, su barba abundaba todo su rostro y, en esos escasos segundos, alcanzó a oler el fuerte aroma a alcohol que emanaba el hombre.

    El accidente había arruinado su vida. Iván había sido solo una victima más de la desdicha de la vida.

    Jo se encaminó a la camioneta, subió a ella y alejándose de aquel barrio de la muerte, dio por concluida su misión.




    «Para el Inspector de homicidios del departamento de la policía municipal.

    El caso treinta y dos está resuelto:

    El asesino del incidente de la milicia es Iván Vila; culpable de atacar a varias personas del departamento del ejército. Dos bajas y tres heridos.

    1.-En su departamento se encontraron varios frascos de pastillas para dormir, el arma que utilizó para «dormir» a sus víctimas. Los vasos desechables fueron utilizados para eso. Por esa razón sus victimas sobrevivientes se sentían cansadas antes de ser atacadas.

    2.-El doctor Lee tiene todo un informe médico completo de lo que su paciente sufre, pueden colaborar con él para mayor información. Iván Vila sufre una lesión en la cabeza, lo que lo llevó a atacar como venganza a sus ex compañeros.

    3.- Su salud mental se agravó tras dejar el tratamiento predestinado que le dio su medico de cabecera. Aquello provocó que una ira incontrolable lo invadiera.

    4.- Garabatos hechos a puño y letra; clara muestra de lo que siente por dentro.

    5.- Su supuesta visita a Texas fue una falsa coartada para no ser interrogado personalmente por la policía. Y evitar que inspeccionaran su casa o se viera aún más sospechoso de negarse a que inspeccionaran su casa.

    Dejo estas pruebas en sus manos. Ustedes sabrán como procesar esté caso.

    Se lo dejo en sus manos.

    A.T.T.
    Jo»​


    El inspector de la policía dejó la carta escrita en computadora sobre el escritorio y miró las fotos que estaban en el sobre junto a la carta. Eran las «pistas» que les hacía falta: Fotografiás de los frascos de medicina, de las fuertes oraciones escritas en una libreta del sospechoso, hasta la dirección del médico Lee y la del mismo Iván Vila, el ex militar y el nombre de los testigos que pueden declarar que los cinco tomaron agua antes del ataque.

    Añadiendo otro papel aconsejando investigar los vasos desechables que se utilizaron el miércoles cinco para identificar que, efectivamente, se utilizaron para atontar a las víctimas.

    El inspector sonrió mientras sentimientos encontrados se formaban en su interior. Algunas palabras descritas en esa carta anónima le resultaron una directa ofensa hacia el trabajo de la policía, no obstante, hasta él admitía que Jo había hecho un excelente trabajo.

    —De nuevo hizo de las suyas, detective de las sombras —soltó en un suspiro.



    Fin del último capítulo.
    Si has llegado hasta aquí, te lo agradezco mucho. Todavía falta subir el epilogo, por lo que, nos vemos hasta la próxima.
     
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  7. Threadmarks: Epílogo
     
    Kay Greenwish

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    Epílogo
    Una verdad oculta

    —¿No se siente reconfortante haber concluido con un caso de asesinato? —dijo Un Cesar a Jo desde el otro lado del teléfono mientras Jo echaba un rápido vistazo a la primera plana del periódico.

    «La policía arrestó a Iván Vila al ser el sospechoso número uno del incidente de la milicia.» Se leía en él, «La policía procedió a interrogarlo. Dos días después, el sospechoso confesó ser el asesino de Isabel Vasco y Paul Autin, y herir de gravedad a tres militares más [...]»

    —La verdad es que no del todo —respondió Jo a la pregunta de Cesar—. Al final el caso resultó ser un ataque de venganza y no me dio ninguna pista de que Kay estuviera involucrado.

    «El detective Jo de nuevo ayudó a la policía a arrestar a un malhechor. "No sabríamos lo que hubiéramos hecho sin la externa ayuda del detective Jo", fueron las últimas palabras del joven inspector Leonel Jenkins en nuestra entrevista".» terminaba ese párrafo.

    Dejó el periódico sobre la mesa. A pesar de haber ayudado a descubrir al agresor, nunca le gustó que lo vieran como un verdadero detective. El primer caso al que ayudó, había firmado con el nombre de Jo, después de la segunda carta que mando, comenzaron a llamarlo “detective”, pero él no se sentía como un de verdad. Y mucho menos porque no estaba conforme con el resultado, pensó que quizás investigando ese caso podía dar con el asesino de un caso que ocurrió hace cinco años; y la razón por la que comenzó a resolver todo caso que la policía municipal no podía resolver.

    —Pero ve el lado positivo —continuó Cesar—, ahora una persona peligrosa está bajo rejas. En fin, nos estamos comunicando.

    Había algo que todavía le incomodaba a Jo sobre el caso. Era cierto que todas las pistas apuntaban que Iván fue el que atacó aquella noche y ya no había ninguna duda de que él lo era tras confesar que lo fue. No obstante, una pregunta asechaba su mente y de la que no tenía una respuesta satisfactoria… La policía contactó con alguien para testificar que el señor Vila estaba en Texas cuando ocurrió el incidente, el testificante afirmó que si lo estaba. ¿Quién fue quien afirmó? ¿Contrató a alguien para hacerse pasar por un familiar? ¿Aquella persona manipuló la linea telefónica para que pareciera que hablaba desde Texas?

    Jo volvió a tomar el periódico. Si era verdad lo que afirmaba el periódico y que Iván padecía de serios problemas mentales, no pudo planear a la perfección el ataque en la milicia, o mejor dicho, el dejar somnoliento a sus compañeros... a menos que alguien lo ayudara a planear todo o... solo lo utilizara.

    Jo abrió la boca sorprendido al pensar que alguien más había utilizado a Iván para incriminarlo a él si los investigadores indagaban más a fondo; las pistas llegarían hasta Vila, para desviar al verdadero planeador. Y así fue, las pistas llevaron a Jo hasta el apartamento de Iván.

    ¿Quien era el cómplice? ¿Con qué objetivo?

    Continuó leyendo el artículo para darse cuanta de algo que lo impactó de tal manera que sin pensárselo, tomó el celular y marcó a Un Cesar y mientras la llamada entraba, no dejaba de leer las palabras evidentes palabras que definitivamente delataban que “esa” persona estuvo involucrada.

    «… en las propias palabras de Vila, lo que lo orilló a hacer tal cosa fue la corrupción que existe dentro de la misma base. El señor, además, agregó que había recibido una carta misteriosa de alguien que firmó como K. L y quien le dio los detalles de lo que debía hacer. Sin embargo, no se encontró evidencia alguna de eso, el acusado afirmó que como la carta lo indicaba, después de leer las instrucciones, se deshizo de la misma[...] Los informes médicos afirman que Iván Vila tiene un trastorno, por lo que se cree que eso lo imaginó él mismo. Antes de llevarlo a la sentencia, primero se le hará un juicio para determinar si tiene una enfermedad mental y decretar si será condenado a ir a la cárcel o debe tener una rehabilitación psiquiátrica adecuada.»

    —Caí en su trampa —soltó mientras hacia puño sus manos cuando Cesar tomó la llamada—. Vila no operó solo...

    Jo se llevó la mano al rostro, decepcionado de si mismo por no haber se dado cuenta de un pequeño, pero sin duda, gran detalle. Iván no trabajó solo, eso era evidente. Tuvo una coartada, seguro... alguien mintió por él al decir que estaba en Texas.

    —¿Y tienes alguna idea de quien pudo ser su cómplice? —indagó Cesar.

    El recuerdo de unos sorprendidos ojos azules le llegó a la mente.

    —Sí, lo sé —susurró—. Cesar, este caso es más profundo de lo que se aparenta. No fue un ataque al azar. El verdadero objetivo era o, uno de los asesinados, o uno de los heridos. Caí en la trampa de Keyla Hill.

    Ella fue el cómplice de Iván. Aunque el propio Iván no lo sabía.

    Su aparente shock ante el atentado. Su aparente estado critico. Todo eso había sido una simple mascara para evitar ser entrevistada por los agentes.

    Debió notarlo cuando la secretaria le informó que ella no podía ver a nadie a sugerencia de su doctor, pero después su médico le dio permiso y cuando fue a verla, los ojos llenos de sorpresa de ella, por esos breves segundos, delataron que no tenía idea que iba a ser interrogada.

    Ella recordó a la perfección quienes estaban en la sala (a pesar de su supuesto shock). Sus cortas, o mejor dicho, nulas respuestas indicaban que no quería decir algo que no debía decir. La forma en que describió a Iván, como un despreciable monstruo, evidenció que deseaba que se pensara de él como lo peor, y posteriormente, al fulminar con que lo vio apuñalar una y otra vez y, no correr, a pesar de estar bajo las drogas de las pastillas (si es que las ingirió) hubiera huido a pedir ayuda.

    —Bien, ¿crees que tenga algo que ver con Kay o crees que ella sea Kay?

    —No lo sé, pero... tampoco se puede negar que trabaje para Kay o se Kay.

    Pero, por una extraña razón, Jo pensaba que quizá Hill era cómplice de la persona que se hacia llamar Kay, porque no creía que él/ella se mostrara.

    —¿Puedes…?

    —¿Investigarla? —terminó Cesar por él—. Lo haré inmediatamente.

    Y tras colgar, Jo salió del departamento. Se subió a la camioneta y se dirigió al hospital para pedir ver a la señora Hill. Le dieron la noticia de que fue dada de alta y había regresado a su hogar. Salió del hospital disconforme y mientras llegaba al automóvil, escuchó el teléfono sonar. Descolgó la llamada inmediatamente.

    —No hay nada sospechoso en ella —dijo—. Está libre hasta de pequeñas cosas; paga legalmente sus impuestos. No tiene ninguna multa. Vive con sus dos hijas. Está casada con un hombre igualmente respetable. Es una ciudadana ejemplar.

    Jo frunció el ceño. Había gato encerrado y estaba dispuesto ha llegar al meollo del asunto.

    Quizá, solo quizá, este caso podría llevarlo a resolver el primer asesinato de Kay L. Porque solo se había convertido en un detective para parar aquel infortunado ser que asesina como mero motivo banal y solo Un Cesar y él sabían el potencial de aquella persona, y las únicas personas que podían detenerlo/a.




    FINAL DE LA INTRODUCCIÓN: El Detective Clandestino


    ¿Quién es Jo?

    ¿Quién es Un Cesar?

    ¿Quién es Kay?

    Y ¿cuáles son sus historias y sus motivaciones para hacer lo que hacen?

    Esas preguntas se responderán el la historia que lleva el título: El Detective Jo.
     
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    Kikuz-sama

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    Soy una persona morosa y siempre cumplo en el plazo (?) Disculpa que tardara tanto en venir a comentar pero tuve una multiplicidad de pequeños inconvenientes y unas que otras historias que tenía atrasadas para comentar :shame2: sin embargo, ya estoy aquí.

    La historia me agrado. Para ser el primer caso que nos muestras tuvo un buen desarrollo y fue bien llevado el como poco a poco Jo iba dándose cuenta de las cosas. No obstante, desde su encuentro con Iván, era predecible que el asesino sería él. Aunque si fue una sorpresa que la chica Keyla Hill también fuera participe del crimen. Pero no creo que sea ella aquel asesino que él busca y asumo que tiene tantos deseos de atraparlo dado que K. L. asesinó a su familia (eso creo). Así que ha sido una buena introducción a la vida de Jo y Un César.

    Ahora, desde el sentido estructural he notado un par de cosillas. Primero, en algunas ocasiones utilizas hiperbaton y la idea no se comprende del todo porque (aparte de que rompes la estructura sujeto+verbo+predicado) repites las palabras. Te sugiero revisar nuevamente el capítulo en el que Jo habla con el doctor Lee y está bebiendo un café. También advertí que muy a menudo utilizas expresiones como: "más casi" y "más eso". Lo cual es erróneo, debes elegir entre uno y otro. A su vez, confundiste algunas ideas, hubo ocasiones en las que hablabas de las víctimas y colocaste atacantes. También te comiste varias palabras y cortaste la idea. Para evitar estos fallos que le quitan belleza y fluidez al texto te recomiendo darle un par de revisadas antes de subirlo.

    Noté que algunas veces ocupas bien las mayúsculas y otras no. Recuerda que cuando se utiliza un signo (ya sea admirativo o exclamativo) y no lleva coma después, la palabra siguiente debe ir en mayúscula pues este funciona como punto y seguido o punto final. También en los diálogos (aunque lleve el guión) si no has puesto un punto (y si no es nombre propio) debe ir con minúscula. Algunas veces lo usaste bien, pero otras no, por ello lo mencionó. Además se te escaparon un par de acentos.

    Por los demás, tienes un buen material para trabajar. Sólo debes cuidar un poco más la presentación gramatical de tus textos.
    Fue agradable leerte y (nuevamente) disculpa la demora.
    Bello día :D
     
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