Thriller El castillo del horror [Aracnofobia]

Tema en 'Relatos' iniciado por Paulijem, 1 Octubre 2019.

  1.  
    Paulijem

    Paulijem Hija de Aslan, Larcha y Tributo del andén 9 y 3/4

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    Título:
    El castillo del horror [Aracnofobia]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1150
    Las salidas entre grupos de amigos sin duda siempre habían sido divertidas, aunque sólo cuando habían sido un par de niños inocentes. Niños con la única preocupación de quién pediría más dulces en las más oscuras noches de Halloween. Cuando crecieron, las cosas se convirtieron en situaciones más duras, más escalofriantes, salvajes y retadoras. Nadie quería parecer un cobarde frente a los demás y posiblemente aquello habían sido los desencadenantes de los traumas en su adultez.

    Lo cierto es que, Gael, aprendió sobre esto después de entrar al maldito castillo del horror cuando tenía tan sólo quince años. Cualquiera podría decir que a los quince años es imposible tener miedo a algo, pero Gael sabía que ese lugar en la feria de Nashville era diferente a todos los puesto por los cuales ya habían estado.

    De hecho, lo recordaba a la perfección: la fachada destartalada, el rostro de quien dirigía la atracción, el aroma a moho, aquella neblina que parecía estar sólo en esa parte del terreno. Había tragado con dificultad mientras un escalofrío lo había hecho temblar. Un dólar, una entrada sin muchos detalles más que el precio de la misma en letras y números blancos, una puerta que se abría sola y una advertencia del anciano con aquel traje negro mortuorio.

    —Espero que hayas tenidos sueños tranquilos porque aquí todas tus pesadillas se hacen realidad —dijo en apenas un murmullo mientras lo había mirado con esos dos ojos hundidos y oscuros; un par de risitas de sus amigos le habían traído un poco de alivio, porque aún no estaba solo, dentro de aquel castillo del horror. Sin embargo, su tranquilidad no le había durado mucho —. Buena suerte, Gael...

    Podía escuchar aún aquellos escalones, cada uno de ellos habían crujido bajo sus pies provocándole aquel vértigo horrible en su estómago. Pero no había caído, nada se había destruido. Había permanecido entero mientras sus pasos habían estado cada vez más cerca de la entrada, la misma que parecía haber sido un hueco oscuro camino a un futuro incierto.

    No había podido ver nada ni siquiera cuando ya estuvo dentro. Y cuando tuvo el atino a retroceder, la puerta repentinamente se había cerrado detrás de su espalda, acabando con ella sus posibilidades de escapar. Recordaba su agitación, como sus manos buscaron algo en qué apoyarse, porque su cuerpo no parecía querer responderle a pesar de cuánto lo hubiera intentado. Se había convertido en alguien vulnerable bajo aquella profunda oscuridad.

    Calmarse había sido un triunfo, su respiración nunca se había serenado ni aún cuando sus manos lograron tocar la dura y firme pared de madera. Podría haberse quedado allí hasta que alguien se hubiera dignado a rescatarlo. Pero en su lugar, había comenzado a buscar un interruptor tanteando con las palmas de sus manos la pared astillosa.

    Logró dar con una pequeña palanquita, por supuesto. La misma que le había robado una sonrisa cuando las luces finalmente se habían encendido. Esos focos de luces violetas -casi azules- le daban un terrible efecto espectral a todo. Vio corredores, espejos, estatuas, pinturas antiguas en posiciones diversas, muebles destartalados, con algunas brisas que parecían venir de ninguna parte. Se había sentido pequeño ante la inmensidad de la estructura. De afuera no le había parecido tan grande, desde adentro parecía un lugar sin salida, un maldito laberinto.

    Había estado absorto en sus pensamientos cuando los vellos de su nuca se pararon. Algo había pasado por detrás de él, como pasos, rápidos, a veces parecían haberse detenido y otras como si hubiesen estado avanzando hacia él, de todos lados, de cada rincón. Sin embargo, Gael nunca había visto nada en las paredes, ni en el techo o en el suelo. Podía recordar haber tomado uno de los corredores, mirando hacia atrás con cautela, esperando que nada ni nadie hubiese estado siguiendo sus pasos.

    Allí fue cuando escuchó nuevamente ese sonido. No muy diferente al sonido acelerado del tamborileo de dedos sobre una madera hueca. Había mirado hacia atrás, corriendo de espaldas cuando quedó enganchado en un montón de telarañas pegajosas, a tal punto que sintió que le quitaban toda su vitalidad mientras peleaba contra ellas. Se zafó de ellas cayendo sobre su trasero, fue en ese momento cuando las vio, no más grande que un caniche bebé. Esos ojos rojos mirándolo fijamente. Si se movía esas cosas lo hacían con él, si se quedaba inmóvil ellas sólo lo observaban. Intentó alejarse lo más cauteloso que pudo, pero ante la brusquedad de sus movimientos, ellas empezaron a perseguirlo como a una presa.

    Las luces parecían apagarse y prenderse cada cierta cantidad de segundos, desaparecían cuando la luz se apagaban y aparecían cuando estas se encendían. Los pasillo aparentaban doblar e ir a distintas direcciones, pero no había hecho más que correr en círculos todo ese tiempo; subió escaleras y las bajó, ninguna daba a una salida, ningún cuarto tenía ventanas. Ya sin aliento, sin fuerzas en sus piernas se había ocultado dentro de un armario. Las había escuchado pasar junto a la puerta, desde donde las sombras habían podido notarse por debajo de la misma. Por un momento, sólo por un momento, todo había quedado en silencio. Las había perdido, posiblemente había estado a salvo de haber terminado aquel juego macabro.

    Pero, su corazón se había detenido cuando comenzó a sentir un hormigueo sobre sus manos, se colocó de pie enseguida, intentando quitarse lo que fuera que se le hubiera subido. Salió desesperado del armario, la luz lo encandiló un instante y cuando la claridad regresó notó las pequeñas arañas salir desde las mangas de su camiseta; las había sentido por todas partes: por las piernas, el cabello, el cuello e incluso dentro de su boca. Quiso gritar, pedir auxilio, pero desde que había entrado se había quedado completamente mudo.

    El ruido de los pasos había regresado. Las vio, tan asquerosas como las recordaba, negras, ponzoñosas, con esos malditos ojos rojizos. Sintió que se desvanecía justo cuando una puerta se abría frente a él. El ruido casi imperceptible de la feria fue lo último que escuchó cuando las malditas lo taparon por completo.

    Estuvo dos días completamente sedado después de aquella noche. Desde ese entonces no había dejado de tomar pastillas para dormir o de ir a terapia, cada vez que veía a alguna de aquellas alimañas. Cualquier cosa que pareciera a una araña, lo dejaba paralizado o desmayado en algún rincón.

    Como ese día en que, una pelusa, le había hecho sudar como un puerco mientras se había ocultado en un rincón entre la lavadora y el mueble para planchar la ropa. El castillo del horror le había arruinado la vida y todas y cada una de las noches de Halloween de su juventud. El diagnóstico había sido Aracnofobia, pero él sabía que fuese lo que fuese que lo hubiera despertado, había sido culpa de aquel anciano al cual Nashville jamás había visto...
     
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    InunoTaisho

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    Querida, vengo por acá aprovechando un tiempito libre, y mira que todavía me cuesta comentar en originales puesto que no me atraen demasiado. Y sabes que me gusta como escribes en Harry Potter y sobre otras novelas, pero en esta ocasión sólo haré algunas observaciones que creo pueden ayudarte a mejorar la escritura ya que este corto merece sus buenos comentarios (no por darmelas de experta pues también cometo errores).

    La historia es bastante buena y considero cumple con el objetivo de la actividad, sin embargo siento que has abusado mucho del uso de comas y eso corta bastante la fluidez del relato; además también me parece que la separación de párrafos no es la adecuada porque da la sensación de mucho texto cuando en realidad no es así (o será la perspectiva desde mi celular?)

    Son detalles que si bien serían relativamente insignificantes pueden darle una mejor presentación al fic, así que tal vez valga la pena consultar con un amigo beta para darle un giro de 180 grados.

    Mucha suerte y no te desanimes, sabes qué cuentas con una lectora en mí
     
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