de Inuyasha - Dos noches sin ella

Tema en 'Inuyasha, Ranma y Rinne' iniciado por windmiko, 13 Noviembre 2010.

  1.  
    windmiko

    windmiko This is war

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    Título:
    Dos noches sin ella
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1995
    Titulo: Dos noches sin ella.
    Palabras: 1´546.
    Summary: No lloraría como los demás niños de su edad. Pronto, ese pensamiento se haría una costumbre.
    Advertencias: No contiene ninguna pareja, como puede parecer el titulo. Es amor entre madre e hijo.
    Clasificación: K.
    Notas: Dedicado a la primera mujer que dio todo por InuYasha.

    .Dos noches sin ella.

    Sus pequeños pies desnudos sintieron lo fría que estaba el agua, InuYasha cerró los ojos fuertemente, jamás había sentido tal escalofrió en su espalda. Dificultosamente avanzó cuatro pasos, mientras más se adentraba a la profundidad del lago, la cantidad de peces aumentaba. Observó con detenimiento al pez que nadaba más cerca de él, deseaba comer por lo menos ése día y darle tregua a su estomago. Era la segunda noche que no probaba un alimento, desde que murió su madre no le había dado apetito hasta ese momento.

    ―Vamos, acércate más ―monologó, extendió sus brazos y alistó sus garras. Por ningún motivo dejaría que ese animal se fuera de su vista.

    Izayoi era una mujer perfecta, así la describía InuYasha: soportar los insultos de los demás, criar a un niño hibrido completamente sola; tenía la suficiente evidencia para afirmar que su mamá era grandiosa… Y pensar que sólo derramó una lágrima ante su presencia. Qué mujer tan fuerte.

    ―¡Te tengo! ―divulgó emocionado al momento de atrapar al pez rápidamente.

    Pero éste se movía atrozmente que con facilidad se le escapaba de las manos. Él era inexperto pescando sin caña, cuando su mamá estaba viva ella le hacía su suculenta comida. Sin nada más que perder, el pez se escapó y nadó lejos de él; pero eso no fue lo que más le molestó:

    ―¡Oye, ¿tú qué haces aquí?! ―regañó un señor, la luz de su antorcha lo encandiló en medio de la oscuridad.

    InuYasha se levantó de golpe, sintió cómo su corazón latía desembocado. Era la primera vez que se acercaba a una aldea, miró al hombre que mantenía su ceño fruncido. A pesar que él era un hanyou, aún mantenía una mirada infantil, él aún jugaba… solo, pero jugaba.

    ―¡Hibrido vete de aquí, nadie quiere ver a un rufián como tú! ―continuó al ver que él se quedaba quieto.

    Sin embargo, InuYasha apenas sabía el significado de esas palabras, ¿por qué la gente lo detestaba?, ¿qué era ser un hibrido?

    De repente, el señor sacó un cuchillo y se adentró al agua. Intentaba matarlo. El miedo lo embargó por completo, ese sentimiento tan incomodo que lo abrazaba todas las mañanas, se apoderó de él otra vez. InuYasha salió del lago dificultosamente y se retiró con rapidez, se adentró al inseguro bosque donde habitaban todo tipo de demonios. Se iría sin comer algo, pero su mente estaba más alarmada por el señor que lo había amenazado. Una cosa era segura esa noche: no volvería a la misma aldea donde él había nacido.

    ―No, no quiero ―decía InuYasha mientras corría con los ojos cerrados, tenía miedo en esos momentos―, no quiero volver a hablar con un humano. ¡Maldición!

    Por sus distracciones traicioneras, no se dio cuenta a dónde se dirigía. De un momento a otro, chocó con alguien, desconcertado se cayó con fuerza, levantó su vista dorada y observó a un horrible youkai de ojos saltones, verde con una espada en su mano derecha. Genial, otro problema en una sola noche. Éste fulminó al niño con su mirada oscura, parecía amenazarlo en silencio mientras que él se sentía nuevamente desprotegido. El monstruo soltó una carcajada.

    ―Vaya, otro monstruo que aparece en mi camino ―masculló el youkai, comenzó a tronarse los dedos con poderío―. Te mataré por interrumpir mi cena, niño.

    Mostró en su mano desocupada la cabeza de otro youkai, tenía la forma de una mujer ya destrozada. Jamás que InuYasha recuerde había visto algo tan vil y sanguinario, sus ojos que en ese tiempo estaban intactos de cualquier maldad, se habían contaminado ante esa escena. Tarde o temprano pasaría, su mamá ya no estaba con él para protegerlo de las mismas ideologías de la gente, la vida lo había obligado a madurar y perder su niñez. Extrañamente, la mirada del niño se ensombreció.

    ―¡Yo no soy un monstruo! ―gritó con todas sus fuerzas―, ¡no soy como tú!

    ―¡Ja!, niño mírate sufrir como un humano, siendo un miserable hanyou, actúas como ellos.

    Observó por unos segundos sus pequeñas manos, sus garras estaban llenas de tierra. Así era como lo miraba la gente: un monstruo, un ser sobre natural que no valía nada, que merecía únicamente la muerte.

    El youkai alzó el brazo junto con su espada y la dejó caer…

    InuYasha apenas había escapado de ese ataque, tirándose a otro lado. Se levantó rápidamente asustado, colocó sus manos a la altura de su pecho, inconscientemente sus garras se sentían más filosas, como si éstas reaccionaran para protegerlo.

    ―Debes morir al igual que todos los de tu raza, no serás aceptado en este mundo niño.

    ―¡Cállate!

    Sintió un terrible golpe en el estomago y se estrelló contra un árbol de corteza rugosa, el youkai lo había golpeado vigorosamente causando que él sangrara por la boca. Después su contrincante lo agarró por el cuello, lo estaba lastimando gravemente, él trataba de rasguñarlo torpemente, daba débiles patadas; pero eso ni siquiera servía para salvarse.

    ―Tienes suerte, morirás joven ―dibujó una sonrisa de satisfacción y lo volvió a golpear―, te ahorraré mucho sufrimiento niño.

    El pequeño hanyou cerró los ojos, el oxigeno se le acababa, ya no podía soportar más estando así. Sus débiles golpes se detuvieron, ya no tenía esperanza de nada…

    Tal vez esa noche vería de nuevo a su mamá. ¿Una mentira o pensamiento agradable?

    ―Quien te dio la vida debe estar pudriéndose en el infierno.

    Hirvió la sangre impura. Tomó el valor de verlo de frente y desafiarlo con la mirada, prefería que lo mataran en ese instante que escuchar esas palabras; el monstruo, al no ver más miedo en él, alistó su espada y la clavó en su hombro izquierdo causándole una grave herida. InuYasha gimió de dolor.

    Su próximo objetivo, era hacer lo mismo, pero esta vez en el estomago del niño. No lo permitiría, debía pagar por sus palabras tan absurdas. Cuando el youkai alzó el brazo, InuYasha instintivamente le rasguñó la cara. Sin embargo, el ataque resultó ser más efectivo de lo que esperaba. Éste se retorció en el suelo cubriendo su rostro.

    ―¡Maldito niño, ¿qué hiciste?!

    ―Yo…

    Claramente su respiración era agitada, observó sus garras y éstas estaban ensangrentadas. Algo perturbador para sus ojos.

    El monstruo se levantó con rapidez y se dirigió hacia su víctima, pero InuYasha reaccionó y volvió atacarlo dándose cuenta del poder que poseía. Era la primera vez que atacaba a un youkai. Y volvió a repetir la misma acción hasta que el cuerpo quedó completamente despedazado; su ropa quedó manchada de sangre, y sus ojos inocentes se profanaron con las imágenes y el placer que le causó despedazar a alguien.

    Pisó la cabeza que rodó en el suelo.

    ―Nadie habla así de ella ―musitó con firmeza, pero detrás de toda esa voz, se escuchaba otra pidiendo a gritos auxilio―. ¡No volveré a permitir que alguien me llame de esa maldita manera!

    Deseó ser escuchado por alguien, a veces olvidaba que se encontraba completamente solo. Nadie lo tomaba en cuenta. Pero la realidad él la vivía, perdió la razón completamente, no pensaba en nada, su mente estaba en blanco. ¿Qué había hecho?

    Sintió sus manos ensangrentadas, pero no quiso volver a verlas, todo su cuerpo temblaba. Se dejó caer de rodillas y sus ojos estaban bien abiertos, hasta parecía no parpadear. Había almacenado todos sus sentimientos por dentro, llorar era de inútiles, de débiles.

    No lloraría como los demás niños de su edad. Pronto, ese pensamiento se haría una costumbre.

    El amanecer había llegado, apenas el sol se asomaba entre dos montañas muy altas que parecían tocar el cielo. El primer sonido de ese día, fue el canto de dos pájaros volando juntos, sin que nadie los detuviera o los lastimara.

    Su vista estaba desorbitada, como si estuviera sumido en sus pensamientos. Aún tenía la herida en el brazo y los golpes estaban bien marcados en su cuerpo; pero en esos momentos eran poca cosa. Cuando el radiante sol salió por completo de su escondite, InuYasha dibujó una débil sonrisa: la tumba estaba intacta.

    ―Mamá…

    Ésta estaba rodeada de bellas flores de todos los brillantes colores, la lápida estaba un poco empolvada, pero eso era lo de menos. Izayoi estaba enterrada ahí junto con sus pocas pertenencias; él sólo había rescatado una pintura de labios, todo lo demás fue perdido o enterrado. Se colocó enfrente de la tumba y tiró los lirios que había encontrado; pero éstos tenían pequeñas gotas de ese líquido carmesí.

    ―Eran blancas cuando las encontré… ―musitó con pena, no sabía por qué razón le gustaba estar ahí, pero se sentía completamente protegido. Como si el alma de ella todavía tuviera su calidez―. Perdón, pero tuve que defenderte…

    En realidad estaba cansado y hambriento, se recargó en el árbol que estaba a un lado de la tumba. No le agradaba su nueva vida, sabía que de ahora en adelante tenía que vivir con la culpa de ser un hanyou; gracias a la terrible batalla que tuvo, ya sabía su significado. Tal vez sería mejor no saberlo, como hace pocos días.

    Dormiría por última vez a lado de su madre, sólo esa vez anhelaba. El niño ahora temía abrir los ojos para darse cuenta de la realidad que lo esperaba, ¿era posible detener el tiempo para nunca despertar y quedarse a lado de ella para siempre?
     
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    Sumi Chan

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    Voy a llorar....Te inspiraste y vuelvo a repetir ¡Que dran talento!, es decir...¡Amé este y hermoso one-shot! Me encanta como narras, eres....Eres....Grandiosa, hay Sadie ten por seguro que seras una gran escritora...Y al menos yo intentare xD jojo. Que hermoso fic, me entusiasma de muchas maneras XD siempre sonríe y gracias por aquel manjar de escrito que acabo de leer.
     
  3.  
    InunoTaisho

    InunoTaisho Orientador del Mes Orientador Comentarista destacado Morir es nada cuando por la patria se muere Patrocinador Nº1

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    Sempai, que talento, me sorprendes que no escribas seguido, pero tus obligaciones te lo impiden. Me gusto, lo que sentía el pequeño inuyasha al estar desprotegido, el tener que madurar tan pronto, pues su pobre madre no podria sobrevivirle mucho tiempo por ser humana.... todo eso lo hizo ser tan duro como lo conocemos, pero no altero el corazon humano que latía en su interior. Sayonara
     
  4.  
    windmiko

    windmiko This is war

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    Kicsu: De nada, una de las cosas que más me ha llamado la atención es cómo fue verdaderamente la infancia de InuYasha. Seguramente, es parecida.

    InunoTaisho: Gracias por tu hermoso comentario, me halaga mucho saber que alguien le guste mis humildes escritos.
     
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    Tomoee

    Tomoee Elfases de los bosqueses Espectroses Comentarista destacado

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    Oh, no debí leer esto. Me encantó pero me dieron ganas de llorar, más bein estaba llorando pero ya no supe cómo me nacieron las lágrimas.

    La frase final me mató, el alma de un niño y el sentimiento de una madre. Estos temas siempre me ponen triste, valoro demasiado el cariño de una mamá, y uno no puede evitar ponerse en los zapatos cuando se está leyendo.

    Me gustó mucho, ignora lo primero xD No me arrepiento. sigue así :3

    P.D. Ya no supe que pasó con lo de tu FF o,o ¿continuaste?
     

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