Mitología Griega Dos historias cortas de Cronos

Tema en 'Otros Fanfiction' iniciado por Elliot, 6 Octubre 2019.

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    Elliot

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    Título:
    Dos historias cortas de Cronos
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2574
    El inicio del fin

    Estaba descansando plácidamente mientras mi esposa lloraba a mi lado, desconsolada porque tuve que devorar a nuestra primogénita. ¿Acaso no entendía ella lo necesaria de mi acción? No podía permitir que alguno de mis hijos me derrocara como hice yo con mi padre, debía evitar que esa profecía se cumpliera y esa era la única manera. Seguro ella en el fondo lo entendía, o eso pensé, después de todo su llanto paró luego de un rato y al fin pude dormir. Seguro su razón había superado a sus sentimientos.

    Cuando finalmente dormí no pude disfrutar del sueño. Me invadieron pesadillas en las que era derrotado por alguien, no sabía quien, y veía como rebanaban mi cuerpo en tres secciones. Aunque nadie en el mundo era lo bastante poderoso para tal hazaña, me desperté, tanto por la impresión como por la sensación extraña que sentía en mi panza. Abrí mis ojos, aún era de noche, levanté la miraba lentamente para no alertar a un posible invasor, pero lo que vi era más extraño. Rea, mi reina, hablando y jugando con nuestra hija a través de mi barriga, hablándole de forma infantil y chocando manos a través de mi piel. En todo mi reinado no había estado en una situación más extraña, estuve a punto de detenerlas hasta que mi infalible intelecto con el que decidí devorar a mi hija en primer lugar volvió a brillar: Esta situación, por más extraña que fuera y se sintiera, era mejor que escuchar el llanto de Rea todas las noches, así que decidí seguir la lógica como creí que había hecho mi esposa y volví a dormir dejándolas tranquilas sin que me hubieran visto.

    Desde entonces mis días y noches ya no serían los mismos. Ahora mientras gobernaba tenía que lidiar con molestos movimientos y llantos de bebé cual embarazada, con la diferencia de que no solo no podía deshacerme de eso a los nueve meses sino que era permanente y empeoraría cada vez más. Al menos mis noches no eran tan malas, Rea calmaba a Hestia, nuestra hija, solo con su voz, haciendo de esta extraña experiencia algo más tolerable.

    Esto hizo que me confiara demás. Por un tiempo me mantuve en celibato para evitar tener que lidiar con más potenciales usurpadores del trono, pero al ver que Rea era tan efectiva manteniendo a nuestra descendiente a raya me dejé llevar por la confianza y engendramos más. Devoré a mis nuevos hijos uno por uno, Rea se veía igual de dolida esas veces que la primera en que ocurrió, pero creí que su amor y lealtad por mí eran mayores que las que tenía por Hestia, Hera, Demeter, Hades, Poseidon y Zeus, como llamó a nuestros hijos.

    Los años solo hicieron de mi tarea un esfuerzo aún mayor. Mantener cautivos a seis dioses adultos dentro de mi cuerpo no era fácil, aún siendo el rey del mundo. Cada vez se calmaban menos con la presencia de su madre, en especial los varones. Añoraba tanto la época en que solo eran recién nacidos indefensos que de vez en cuando confundía el sonido de los tambores en las cuevas de Creta con llantos de bebé.

    Un día como cualquier otro solo quise relajarme y mi esposa me sugirió tener un banquete, lo cuál me pareció una buena idea. Para los preparativos trajeron ganado de lugares lejanos porque según Rea era de mejor calidad que el que teníamos aquí. Antes de empezar mi festín personal un macho cabrío blanco se acercó a mí ofreciéndome un plato de sopa el cual acepté. "Que curioso animal, deberíamos tener ganado entrenado así aquí también", pensé, pero luego de consumir la sopa me invadieron mareos, vértigo, un sabor horrible en la boca y una sensación aún peor en mi estómago ¡Me habían envenenado! Alguien buscaba liberar a mis hijos de su cautivo, ¡y casi lo logró! Pero años resistiendo los ataques de seis dioses directo a mis entrañas dio sus frutos, ¡soporté todo ese castigo como un campeón! ¡había superado ese ataque a traición!... o eso pensé. La cabra de antes empezó a insultarme, y cuando le pregunté por su identidad reveló su verdadero ser: Un dios adulto bien desarrollado y con una expresión de querer matarme.

    —¡¿Quién eres, extraño?! ¡¿eres hijo de alguno de mis hermanos?! —le pregunté al invasor.

    —No, ¡yo soy tu hijo!

    —¡No! ¡Eso es imposible! —respondí sorprendido. ¿Cómo podía ser? Había sido cauteloso de mantenerme casto luego de devorar al sexto hijo de Rea, ¡¿en qué momento pude concebir un séptimo hijo sin darme cuenta?!

    —¡Abre grande, padre! —gritó hacia mi lanzándome un potente ataque antes de que pudiera pensar mejor sobre esta situación. Una especie de lanza azul de material similar al fuego me golpeó directo en el pecho. Sentí como cada parte de mi cuerpo sufría y temblaba de dolor, y no pude evitar gritar. Gran error mío, mi misterioso supuesto hijo aprovechó esta oportunidad para correr hacia mí y meterse a mi entrañas por mi boca desprotegida. Traté de alcanzarlo con mis manos pero era muy tarde, estaba a su merced y solo podía golpear mi propio abdomen en una vaga esperanza de detenerlo.

    ¡Pude escuchar sus gritos dentro mí alertando a sus hermanos! Les dijo algo sobre cerrar los ojos y prepararse para sentir un poco de dolor. Instantes después ocurrió lo que temía, el atacante disparó esas lanzas extrañas dentro de mi cuerpo. Recibí un dolor seguramente superior al de mi padre cuando lo castré. No tuve otra opción que rendirme y expulsar al invasor junto a sus hermanos vomitándolos violentamente. Inexplicablemente expulsé solo 5 hijos, sin contar al invasor, y una piedra cuyo origen desconocía. Más tarde lo comprendí, no tienes que explicármelo, pero entenderás que en la emoción del momento mi intelecto tenía dificultad para brillar.

    Caí sentado al suelo, debilitado y agonizando.

    —¡Tu reino corrupto acabado aquí, padre! —gritó el miserable que violó la privacidad de mis entrañas, pero yo reí. Al principio él no entendía porque y aparentaba tener control de la situación adjudicando mi risa a mi supuesta locura. Entonces, al ver que sus hermanos no atacaban, miró hacia atrás para verlos y se sorprendió: Desnutridos, débiles, cegados con la luz del día y sin estar acostumbrados a caminar en suelo sólido. Mi estrategia de mantenerlos en mi estómago tanto tiempo aún rendía frutos. El canalla huyó junto a sus hermanos al notar que mis fieles compañeros titanes venían en mi auxilio. Que ganas tenía en ese momento de perseguirlo y asegurarme de acabar todo personalmente, pero el mal estado en que me dejó ese intento de usurpador me limitó a delegarle esa tarea a mis hermanos. Yo me dejé caer totalmente al suelo y descansé plácidamente.

    Tú, mortal, sabes como continúa la historia. Pero yo en su momento no imaginaba que ese era el inicio de mi final.


    El nuevo comienzo

    Y tras una intensa guerra divina de 10 años, los dioses derrotaron finalmente a los titanes con ayuda de los otros hijos de Gea. Los temibles, abominables y poderosos Hecatónquiros, monstruos de 50 cabezas y 100 brazos que movieron la balanza en favor de los dioses. La sola mención de estos seres parecía incomodar al mismísimo gran Cronos, quien tuvo un leve escalofrío al tener que mencionarlos.

    —Creí que el gran Zeus obtuvo el poder del rayo posterior al rescate de sus hermanos.

    —Te contaron una versión errónea, algo común entre los mortales. Como los dioses no se molestan en corregir esos pequeños detalles es normal que ocurra.

    —Ya veo, ¿y cómo fue que terminaste... terminó aquí, gran Cronos?

    El titan soltó una pequeña risa antes de continuar.

    Explicó como tras un tiempo encerrado en el tártaro, del que no tuvo noción por estar bajo tierra y deprimido por su derrota, recibió la inesperada visita del gran Zeus. Para sorpresa de este último, el ex rey del mundo ni siquiera trató de atacarlo, el recuerdo de los rayos que su hijo poseía y los hecatónquiros que aún lo servían lo detuvo de eso.

    —Ah, extraño invasor usurpador de tronos. Urano debe estar orgulloso de ti aunque ahora gobiernes sobre él. ¿Qué te trae por estas indignas tierras que tiemblan solo con tu presencia? —dijo con un tono de sarcasmo.

    —Padre, confío en que tu estadía en el tártaro te debe haber hecho reflexionar, así que he venido a hacerte una propuesta.

    —¿Me devolverás el trono del mundo? Escuché que te lo repartiste con tus hermanos, ¿acaso ninguno de ustedes estaba a la altura de la tarea?

    —No te lo regresaremos y no lo repartimos por ese motivo. No vengo a hablar de ese, sino de otro trono que si te daré.

    —Te escucho —contestó Cronos con interés.

    —Las almas de personas normales se van al hades, sin embargo las de los individuos extraordinarios y virtuosos se van a los campos Elíseos como recompensa por una vida heroica. Quiero que tú, padre, te encargues de gobernar sobre esos campos como su nuevo rey.

    El titan, sesgado por la nostalgia de su época dorada en el poder, aceptó sin pensarlo mucho. En su nuevo supuesto reino no recibió la bienvenida que se esperaría de un rey. Sus nuevos súbditos se confundían y espantaban al verlo, y tuvo que venir Hermes el mensajero a aclararles la situación cuando los héroes estaban a punto de atacar a Cronos. Los residentes antiguos se acostumbraron a la vigilancia de titan, pero cada nueva alma que llegara pasaría por la misma sorpresa porque la presencia de Cronos en los campos elíseos se mantuvo en secreto para los mortales. Yo no fui excepción, después de todo, veía a Cronos como el gran primer enemigo de los dioses a los que venero.

    —No comprendo por qué el gran Zeus te puso en esta situación —exclamé— ¿es acaso un elaborado castigo? Los fosas del tártaro puede que sean menos cómodas, pero allí no tendrías a tus propios súbditos, muchos de ellos tus descendientes, espantándose de ti o queriendo atacarte. Como rey que fui comprendo el dolor de no ser respetado por tu propio pueblo.

    —Cuando lo pones así suena bastante mal —contesto Cronos— Pero tras tanto tiempo desde mi caída ahora veo las cosas de un modo más positivo. Puede que mi hijo hiciera esto de tal manera para recordarme mi fracaso como gobernante, pero conociéndolo, y conociendo las historias sobre la vida de los mortales que me cuentan las almas de aquí, creo que su motivo es menos mal intencionado: Es un típico caso de un padre encargando sus hijos al abuelo por falta de dedicación a estos. Además, aquí arriba puedo tener una visión más completa de los acontecimientos del mundo que no tendría encerrado en el tártaro, lo que me ha permitido ganar algo más valioso que el poder mismo... sabiduría. Ahora bien, mencionaste algo sobre ser un rey rechazado por su pueblo, eso me recordó a mi proceso habitual al conocer nuevos héroes. Teseo, cuéntame tus hazañas en vida que te han hecho merecedor de descansar en los campos elíseos.

    Le conté sobre mis grandes inicios enfrentando a asesinos, matando al Minotauro para salvar a los jóvenes griegos inocentes que eran llevados como ofrenda a este, enfrentando a centauros que trataron de abusar a las invitadas de la boda de mi amigo Piritoo, y ayudando en sus trabajos al mismo Hércules a quien quizás no conoció ya que al morir ascendió al Olimpo con los dioses en lugar de ir aquí. También le narré sobre mi falta de emoción en la vida una vez que mi juventud heroica había terminado, como perdí a mi hijo y mi esposa trágicamente, y como caí tan bajo como para secuestrar a una joven Helena y ser cómplice en el intento de secuestrar a la esposa de Hades, quien me descubrió y mantuvo cautivo bajo tierra por meses antes de que mi viejo amigo Hércules, aún vivo en ese entonces, me salvara. Por desgracia fue demasiado tarde, en mi larga ausencia perdí popularidad entre mis propios súbditos y fui asesinado a traición por uno de estos.

    El ex rey del mundo se empezó a reír una vez que concluí mi historia. Al principio me ofendí, pero entonces me dijo:

    —De tal palo tal astilla, eres mi nieto después de todo. Eso explica el porqué llegaste así. Los héroes suelen llegar jóvenes y tristes o viejos y alegres, ahora entiendo por qué llegaste en la peor de las condiciones.

    Recordar mis últimos días y mi deplorable estado me desanimó, y mi titánico abuelo lo notó.

    —Ah, no te sientas mal. Ahora puedes aprender de tus errores para no volver a cometerlos en esta nueva vida, y de la anterior los mortales te recordarán más por tus grandes inicios heroicos, dejando de lado tu caída.

    —¿Está seguro?

    —Por supuesto, he aprendido que les gusta ver las cosas en blanco y negro, lo cuál es comprensible porque hace todo más sencillo. Es más, la gran mayoría solo conocerá la historia de tu enfrentamiento con ese tal Minotauro, a quien verán como un simple monstruo sin tomar en cuenta el contexto de su vida en el que fue criado desde el inicio por su padre corrupto para ser poco más que un animal, sin dejarle otras opciones.

    —No había pensado eso último así —añadí.

    —Además, esa fama solo aumentará más con el paso del tiempo hasta volverse legendaria. La llamada Era de los Héroes terminará, como todas las eras anteriores lo han hecho. Mis lujuriosos hijos, en especial Zeus, empiezan a comprender que tener tanta descendencia entre los mortales a la larga hará que toda la especie tenga sangre divina. Eso, al paranoico rey cuya dinastía consiste en hijos que usurpan el trono de sus padres, no le deja precisamente cómodo.

    —¿Entonces no habrán héroes en el futuro?

    —Siempre habrán individuos destacados que se ganen un nombre en la historia, es parte de la naturaleza de los mortales. La diferencia es que no serán hijos de los dioses.

    —Ya veo. Supongo que no recibirás muchos nuevos súbditos entonces.

    —Al inicio será una época oscura para la humanidad, pero veo una luz al final del túnel. Sin los dioses constantemente a su lado la gente tendrá que esforzarse más en hacer las cosas bien. Algunos recopilarán las historias del pasado para volverlas a contar maravillando a las nuevas generaciones, otros recopilarán la historia de tiempos más cercanos a ellos, o crearán sus historias propias. Otros, y esta es mi posibilidad que más entusiasmo me da, pensarán... en como hacer las cosas bien, quizás empezando desde lo básico preguntándose que son las cosas en sí, y tras preguntas, respuestas y más preguntas formarán saberes sobre el funcionamiento del mundo y la moral que los harán necesitar menos, más nunca del todo, a los dioses. Esos saberes y preguntas, nieto mío, serán más valiosos que muchas batallas que se hayan librado. Será un nuevo comienzo para el brillo de Grecia. Y hablando de nuevos comienzos, creo que nos entretuvimos demasiado aquí, ¿qué te parece si te adentras a los campos para reencontrarte con viejos colegas? Este es un sitio de descanso después de todo.

    —Tienes razón -le respondí— Tengo toda la eternidad para fantasear sobre el futuro de Grecia, ahora debería ir a reencontrarme con aquellos que me apreciaron en vida. Seguro su estadía aquí les ha dado producido interesantes reflexiones que tengo muchas ganas de escuchar.
     

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