Crossover Dino Evil [RE x DC x Predator]

Tema en 'Crossover' iniciado por rapuma, 13 Septiembre 2021.

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    rapuma

    rapuma Maestre

    Géminis
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    17 Marzo 2014
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    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Dino Evil [RE x DC x Predator]
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2916

    Tom corría por los pasillos del laboratorio subterráneo; los gritos desgarradores del personal le aturdían los sentidos. Chocó contra un hombre de bata al girar en un recodo, pero rápidamente se recompuso, lo empujó y siguió su camino. Le gritaban que no corriera en esa dirección, que de allí provenían las bestias. Tom ignoraba las voces, tenía que llegar al elevador y escapar de ese laberinto mortal, tenía que alcanzar la radio y enviar un mensaje antes que sea demasiado tarde. La voz automática de cierre de puertas de emergencia comenzó a extenderse por todos los pasillos y salas, anunciando por los altavoces que alguien había sido lo suficientemente listo para activar el cerrado de emergencia, convirtiendo los laboratorios en un refugio antibombas. Un refugio plagado de aquellos... animales.

    Tropezó con una pierna y cayó de bruces, la tarjeta de acceso al nivel superior se deslizó de su chaqueta y se detuvo frente un cuerpo desgarrado. Tom sentía las extremidades blandas, el terror le carcomía por dentro, pero hizo acopio de su sentido de supervivencia y se enderezó, ignoró el pasillo repleto de sangre y vísceras, y recogió la tarjeta para seguir su camino hacia la puerta final del pasillo. Ya no se oían gritos.

    "Acceso denegado"

    Le dijo una voz robótica cuando intentó pasar su tarjeta para abrir el elevador.

    "Acceso denegado"

    —Maldita sea. —gruñó mientras desarmaba el acceso y abría el panel numérico, oculto bajo la fachada de la tarjeta de acceso. Colocó su clave personal, unos dígitos que abrirían incluso el cierre total de las instalaciones subterráneas. El panel brilló con una luz verde y las puertas se abrieron. Guardó la tarjeta en uno de los bolsillos de su chaqueta y metió un pie dentro cuando sintió un dolor desgarrador en su espalda. Cayó de costado dentro del elevador, sintiendo un quemazón horrible en su columna vertebral y al animal justo por encima de él. No lo había oído acercarse. ¿O era tan inteligente que estaba aguardando el momento para atacar y tener libre acceso a los pisos superiores? Era imposible, no eran tan inteligentes... ¿o si?

    Unos disparos le salvaron la vida, los cuales acertaron en la piel dura del animal que chilló molesto, girándose ante la perspectiva de una amenaza. El guardia de seguridad se llamaba Jack o algo así, Tom era muy malo para los nombres, pero le agradeció mientras se ponía en pie con un colosal esfuerzo y marcaba el botón para salir de aquella pesadilla. El dolor era inmenso y le faltaba fuelle para respirar, dejando un reguero de sangre en cada paso. Estaba condenado y lo sabía, pero tenía que hacer un último esfuerzo... tenía que lograrlo.

    Jack le gritó que le espere, que no se vaya sin él, justo cuando otra bestia cargada de garras y rabia aparecía por su retaguardia y se lanzaba contra él. Tom no vio más, las puertas del elevador se cerraron. Se llevó una mano a la herida, gruñendo por el esfuerzo, y la vio repleta de sangre, la cual caía en gotas de entre sus dedos. El elevador llegó al destino y Tom se abrió paso entre un grupo de guardias locales que le interrogaban pero que hacía caso omiso. Todos ellos estaban destinados al fracaso, pero podría revertir el asunto si los encerraba a todos.

    —¡Tom! ¿Qué ha sucedido ahí abajo, maldita sea? —Paul le interrogó mientras le sujetaba, pero Tom se deshizo del agarre y siguió caminando.

    —No hay... no hay tiempo... tenemos que... cerrar todo. Tenemos que clausurar la isla...

    —¿Qué dices? Aun tenemos tiempo de evacuar, podemos evacuar toda esta planta. ¿Es un ataque terrorista?

    Tom no respondió, pero se encontraba sin fuerzas. Cayó al suelo, debilitado por la pérdida de sangre, debilitado psicológicamente por el terror visto. Estaba muriendo lentamente.

    —¡Necesito una camilla aquí! —ordenó Paul, controlando los signos vitales de Tom. —Una vía urgentemente, también adrenalina, rápido.

    —Tenemos que... avisar...

    —No hables, Tom. Estarás bien. —Paul le sonrió, dejando que los enfermos de turno se ocupen de él.

    Lo depositaron en la camilla sin esfuerzo, Tom no tenía fuerzas para seguir luchando. Simplemente repetía entrecortadamente que tenían que cerrar las instalaciones. Paul lo miraba con preocupación en el momento en el que Ricky Moorse, el capitán de la guardia local, se le acercaba.

    —Ricky, que bajen unos hombres al laboratorio. Tenemos que ver qué sucedió ahí.

    —Bajaré yo mismo. Nadie responde a mis llamados. ¿Terroristas?

    —Es posible. Este proyecto estuvo en secreto mucho tiempo, la Agencia tenía sospechas de espías en las instalaciones. Habrán ofrecido mucho dinero.

    —Te mantendré informado. ¡Díaz! ¡Mckenzie! ¡Frost! Conmigo.

    Paul consultó la hora en su reloj de muñeca. Las 23:05 de la noche. Caminó con prisa por el pasillo, aplaudiendo a todos los curiosos para que volvieran a su trabajo. Aquél lugar albergaba a más de doscientas personas, aunque casi todo estaba programada para ser independiente, nunca faltaban ingenieros que colaboraran cuando un desperfecto ocurría. Se dirigió a la enfermería, ubicada en la parte exterior de las instalaciones. Afuera sintió la brisa marina del mar de las cercanías y la agobiante humedad de la isla; el verano parecía eterno en aquél lugar. Atravesó el helipuerto, ignorando a los obreros. Nadie parecía estar al tanto del accidente en el laboratorio, perfecto, pensó. Lo último que necesitaba era que el caos generara problemas entre el personal.

    —¿Cómo se encuentra? —le preguntó a la enfermera una vez dentro de la habitación donde mantenían a Tom; lo estaban cosiendo.

    —Estable, señor Jones. Perdió mucha sangre.

    Paul detectó inquietud en la voz y los ojos de la enfermera, que no se atrevían a mantenerle la mirada. Luego miró a Tom, el cual se encontraba sedado. Su pecho subía y bajaba con lentitud.

    —¿Algo más que necesite saber?

    —Pues... verá. Mire.

    Lo llevó hacia el paciente y ordenó que lo giraran lentamente para que se pudiera ver la espalda. Le mostró con un dedo los tres cortes profundos en su espalda.

    —Esto no es obra de un accidente de trabajo, vemos muchos por aquí, sobre todo en los obreros y las máquinas. Pero esto, mire aquí. —le señaló el punto en donde la profundidad casi alcanzaba las costillas. —Es un corte sucio, no limpio como de alguna máquina excavadora, que por lo general quiebra huesos y astilla. Esto es lo contrario, parece más como de animal. De un oso o un tigre. Pero...

    —¿Pero?

    —No hay animales en la isla. Solo iguanas y mosquitos.

    La radio sujetada a su cintura vibró y Paul le hizo una seña para que mantuviera silencio. Caminó por la sala mientras las enfermeras seguían cuidando a Tom.

    —Moorse, informa.

    —Esto se encuentra muy tranquilo. Encontramos restos del personal... no estoy muy seguro de qué estamos viendo aquí.

    —¿Restos? Especifica.

    —Ordené que envíen un grupo de médicos. Si encontramos a alguien con vida los vamos a necesitar.

    —¿Terroristas?

    —No estoy seguro... parece que unos malditos leones estuvieron por aquí.

    Paul no dijo más, guardó la radio en el cinturón de su pantalón y se pasó una mano por el pelo. Miró a Tom, el cual dormitaba por efecto de las drogas.

    —Necesito que esté consciente cuanto antes, ¿entendido?

    El equipo de sanidad afirmó mientras la figura de Paul volvía a desaparecer, cerrando la puerta detrás de él. Tom abrió los ojos, veía borroso, intentó enderezarse pero una mano suave se apoyó en su pecho.

    —No te muevas. —dijo la mujer, siempre sonriendo. —Tus heridas se pueden abrir.

    —No lo entienden... —tosió, sintiendo un dolor lacerante subir por su espina dorsal. Tuvo un pequeño espasmo que controló para escupir sus palabras. —Necesito informar... necesito hacerlo...

    La enfermera lo miró sin entender. ¿Informar a quién? Los altos mandos de las instalaciones ya lo sabrían, accidentes había todos los días y las unidades de emergencia estaban acostumbradas a actuar con precisión. No era algo que no sucedía todos los días, era, en efecto, algo que sí era ocurrente en aquella maldita isla.

    —Tranquilo, la anestesia hará efecto en unos minutos.

    —¡No! —se sentó en la camilla, arrancando de esa forma las vías intravenosas que llevaba en sus brazos y arrancando los cables que medían sus pulsaciones en las computadoras que estaban a su lado. El único enfermero presente intentó sujetarlo pero Tom le propinó un cabezazo que le hundió la nariz; el clásico sonido pastoso y el hombre se desmoronó en el suelo. Una de las enfermeras lanzó un grito mientras Tom se levantaba semi desnudo, con la herida empezando a soltarse los puntos por los bruscos movimientos. Cogió un bisturí y amenazó a las mujeres que intentaban rodearlo para reducirlo. Pinchó a una en el abdomen, hiriéndola y escapando de la habitación mientras las mujeres gritaban histéricas, preocupándose más por sus compañeros heridos que por ese loco. Corrió entre tropezones por el helipuerto, debía de ir a la sala de radio. Tenía que llegar antes de que todo sea demasiado tarde. Las drogas que circulaban por su cuerpo le daban la suficiente energía para ignorar el dolor penetrante que de otra forma le hubiera imposibilitado andar como lo hacía. Los obreros le miraban entre asombrados y asustados, no era normal ver eso todos los días.

    Tom llegó hasta la puerta y descendió unas escaleras que conectaban con los distintos pasillos. Leyó el letrero indicando que la sala de radio estaba a poco más de cincuenta metros. Se dirigió hacia allí. Se cruzó con más hombres con batas, posiblemente científicos de otros departamentos, también a algunos obreros que atendían a planos para seguir extendiendo las instalaciones por la selva que rodeaba el edificio. Siguió su camino hasta que un guardia lo detuvo a nada de llegar a su objetivo.

    —¡Alto! —le gritó, interponiéndose en su camino. —¡Quieto!

    —¡Apártese! —jadeó Tom, intentando sin éxito cruzar aquél hombre que se empeñaba en retrasar el caos inminente. —¡A un lado, maldita sea!

    —¡Usted está herido y está asustando a todo el personal! ¡No quiero hacerle daño! —era cierto, algunos rostros se giraban y miraban el espectáculo. Algunos reconocían a Tom. —Quédese quieto, intento ayudarle.

    Tom se giró levemente hacia atrás, mirando por sobre su hombro. Algunos compañeros miraban y charlaban entre ellos en voz baja, sacando sus propias especulaciones. Eso no le alarmó, era lo de menos. Dentro de poco todos serían carroña. Lo que sí le alarmó fue ver a dos guardias empujando a la gente, iban hacia él. Intentó flanquear nuevamente al guardia que se lo impidió. Era el último recurso, pero es que ya no había nada más que perder. Tom cogió el bisturí y de un movimiento exacto, casi calculado, cortó la yugular del guardia que se interponía entre él y la puerta de la sala de radio. La sangre explotó como un volcán y la gente gritó. Desarmó al guardia antes de que caiga al suelo y disparó con una pericia increíble a la pierna de uno de los guardias que se acercaba, obligando al otro a responder con fuego. Tom entró entonces en la sala de radio, espantando a los operadores que salieron a los gritos. Cerró con llave, sintiendo los golpes desde el otro lado.

    Se acercó cojeando a las pantallas, tocando los botones de los innumerables teclados que estaban conectados a una red de comunicación gigante. Envió un mensaje críptico mientras sudaba, sintiendo ya los efectos de la anestesia. Empezó un lento sopor que lo hizo cerrar un ojo mientras un hilillo de baba caía por su boca. El mensaje fue enviado. Sonrió lentamente mientras caía y su cuerpo cayó sobre una de las sillas; fue como caer en un montículo de algodón, una sensación placentera. Le habían ordenado que ser doble agente podría ser peligroso, que revelara su identidad solo en el último escenario posible. Y ése, sin duda, lo era. Quería ver si el maldito de Gail sería capaz de regañarlo por su actuar.

    Pero no pudo pensar más, el mundo de los sueños le invadió, desvaneciendo sus pensamientos y sumiéndolo en un profundo sueño del que no despertaría jamás.

    ...
    ...
    ...


    Ricky Moorse no estaba acostumbrado a tener miedo; militar, combatió en Afganistán y sabía moverse en la oscuridad, controlar los movimientos de los enemigos. Pero sentía que esto era diferente. No veía casquillos de balas por ningún sitio, solo impactos de las desert eagles que usaba el personal de guardia. No había más munición. Era como si estuvieran disparando en círculos, contra nada. Díaz le miraba con preocupación pero Ricky simplemente le avisó con la mirada que se mantuviera firme, no era momento para flaquear. Llegaron hasta el comedor del laboratorio subterráneo, las mesas y sillas estaban tumbadas, como si todos hubieran querido escapar de ahí. Algún cuerpo destrozado, abierto y masticado. Sin duda había sido obra de animales, pero... ¿Cómo se habían colado allí dentro? Era imposible.

    —Frost, informe.

    La señal allí abajo era bastante mala. La radio tardó un buen rato en crepitar.

    —Estamos llegando a la sala del reactor. No hay sobrevivientes.

    —Mantengan la calma, nos reagrupamos allí. Corto.

    Ricky le hizo una seña a Díaz que le siguió fielmente como su sombra armada. Atravesaron más pasillos, algunos vacíos, otros repletos de sangre y alguna extremidad suelta. Díaz piso una mano y casi cae al suelo.

    —No lo entiendo... es imposible que un animal se colase por aquí sin que los sensores de movimiento lo detecten. —Díaz daba voz a sus miedos. —¿Y qué animal es capaz de cargarse a más de diez guardias de seguridad armados?

    —Quizá haya más de uno. —dijo Ricky, siempre atento al silencio que le rodeaba. —Ya veremos como procedemos cuando lleguemos al reactor, de momento mantén el silencio, guarda la calma y el arma arriba. Vamos.

    Caminaron con el único sonido de sus botas al tocar el suelo, evitando los charcos de sangre para no resbalar, llegaron a la puerta del reactor donde les esperaba Mckenzie y Frost. El primero se notaba que había vomitado, estaba pálido. Frost en cambio mantenía la serenidad acostumbrada a un ex militar. Fue el único en dar el reporte a su superior.

    —Hubo un accidente dentro, no sabemos bien el qué. Huele a quemado. También hay cuerpos...

    —¿Y qué más?

    —No lo sé, señor. Tendrá que verlo con sus propios ojos.

    Ricky ingresó junto a Díaz y Frost, dejando a Mckenzie fuera. La sala de reactor era dónde hacían pruebas con energías atómicas, esto era, claro, super secreto. Era una especie de hangar gigante, rodeado de una plataforma donde controlaban los impulsos magnéticos de la energía que lograban controlar. Toda esa zona se encontraba quemada, como si hubiera explotado. Algunos cuerpos calcinados, carbonizados, y la pared del fondo estaba destrozada, desde allí se veía la selva, oscura, atenta. Ricky caminó con cuidado, observando el gran agujero. Era imposible que se hubiera venido abajo, estaba reforzada con acero de ambos lados.

    —Señor, es mejor que vea esto...

    Frost le guió hacia un costado, donde había un animal acribillado a balazos. Ricky, por primera vez en el día, no supo qué decir. Estaban viendo un dinosaurio, un animal prehistórico, extinto. Garras poderosas en sus antebrazos, también unas garras bestiales en sus patas traseras; una cola larga y una mandíbula repleta de dientes filosos como sierras.

    Pero no pudo dar color a sus pensamientos, ya que la radio crepitó de repente, matando del susto a Díaz que dio un respingo.

    —¡Moorse! ¡Vuelva urgente! ¡Moorse! ¡Le necesitamos ya mismo!

    Era la voz de Paul Jones, el jefe de genética. Ricky se llevó un dedo al auricular en su oreja izquierda.

    —¿Qué sucede?

    —¡Tom se volvió loco! —la voz se acoplaba a la radio, haciendo que solo viniera ruido blanco. —¡Mató a un guardia y disparó a otro! ¡Se encerró en la sala de radios!

    —Mantengan la posición, enviaré a otro equipo y...

    Se quedó sin habla cuando sus ojos se conectaron con otros ojos amarillos, inteligentes, que le observaban desde la espesura oscura de la selva. Unos ojos aterradoramente vivos, que le traspasaban el alma. Lo estaban acechando.

    ...
    ...
    ...

    Paul Jones gritaba histérico a la radio, viendo como los guardias intentaban tirar abajo la puerta que Tom había trabado. No entendía que estaba sucediendo. Era imposible evitar el pánico, hasta él mismo temblaba presa del miedo y la rabia. ¿Tom era el espía? Era la única forma de explicarlo. Todo ese tiempo un maldito doble agente. ¿Para quién trabajaba? ¿El gobierno ruso? ¿El mismo gobierno estadounidense?

    —No podemos abrir la puerta, señor Jones.

    —¡Entonces dispara a la cerradura, maldito inútil! —gritó exasperado, estaban colmando con su paciencia. Y el maldito Ricky Moorse no respondía. —¡Moorse! ¡Moorse! ¡Maldita sea, le necesitamos aquí!

    La radio crepitó más por reconocimiento de voz que por contacto. Paul se puso pálido al oír el inconfundible sonido de disparos a través de la radio. Disparos y chillidos agudos de animales.

    —¡Cubrid los flancos! Nos retiramos, Frost conmigo. ¡Díaz, cuidado! ¡A la derech-

    La comunicación se perdió con un ligero ronroneo eléctrico. Paul se quedó con la radio en la mano. Comenzó a temblar pero esta vez de puro pánico.



    Notas de autor: Hola a todos! Es un intento de Crossover entre Dino Crisis, Resident Evil y Predator [aunque éste último no tendrá aparición como tal, sí lo hará el equipo comando conformado por Dutch y compañía]. El primer capítulo no dice mucho pero ya en el segundo se sabrá qué ocurrió en las instalaciones y como van a abordar el problema. ¡A ver qué sucede! Saludos
     
    Última edición: 13 Septiembre 2021

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