Long-fic Destinos Vinculados.

Tema en 'Hall de la fama' iniciado por Cygnus, 4 Mayo 2011.

  1.  
    Cygnus

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    Hns yo tengo todos los capítulos preparados y posteo cuando veo que ya lo leíste, porque eres mi único lector xD Esto no quiere decir que te presione tampoco o algo, no, yo posteo y tú si tienes tiempo pasa cuando sea :) Es la ventaja de tener ya los capítulos escritos y el fic terminado.
    Así que igual, no creo que puedas hoy pero mañana o pasado mañana puedes pasar igual, yo posteo de una vez =)
    Y sí, el Meowth es bonachón :p Pero es que también los humanos siempre le dieron todo y él piensa que son agradables en contraste con el Raichu.



    XIII.
    Marriot.


    Ese Raichu que trajo el amo no es tan malo después de todo. Me parece un tipo bonachón, que aguantará el estilo de vida en esta casa tan pronto como se acostumbre. La manera de conocerlo fue brusca; le quité el plato en donde comía y ni siquiera se molestó, al contrario, terminó disculpándose, y no sé si me reía por burlarme o porque el pokémon realmente comenzaba a simpatizarme. Cuando yo llegué aquí, hace casi dos años, y Rey me hizo la misma broma, me enfadé mucho con él, pero me hizo callar enseguida. Fyrus debe agradecer que yo me porto amable con él.
    En fin. Ese mismo día en que el amo decidió adoptarlo, pero más tarde, me olvidé de todo lo relativo al caso y del recién llegado, para recorrer la casa hasta llegar al balcón, que estaba en la planta alta, sin un plan fijo. Hacía frío afuera, pero recuerdo que no me importaba mucho. De hecho, siempre pensaba que si yo era un pokémon de fuego, debía sobreponerme a las temperaturas bajas, que ningún malestar deberían causarme. Quizás necesitaba regular mi calor corporal. En la resistencia, supongo, debe estar la clave para gestar la flama que no lograba conseguir. De cualquier modo que fuese, ahí estaba asomándome por entre las barras de metal del barandal que protegían a los bordes del balcón.

    La vista era hermosa, porque el manto blanco de la nieve se extendía por todo el jardín y aún más allá, por las calles, las banquetas y los tejados de las casonas sin dejar ningún rincón libre. Me hechizaba ese paisaje níveo. Luego miré hacia abajo, con dirección al jardín mismo. Justo ahí estaba la fuente, pero no había nadie. Me llenó de tristeza, porque hubiera querido platicarle mis problemas al Swellow, y él no se hallaba ahí, y lo peor era que yo ignoraba cuándo volvería a visitarme, ahora que las condiciones climatológicas estaban algo extremas.
    Sin darme cuenta, ya estaba tiritando tras cada corriente de aire que me golpeaba, y cerraba mis ojos involuntariamente para protegerlos de la ventisca. ¿Por qué tenía que sentir frío, si se supone que yo soy un pokémon de fuego? ¡No, tenía que resistir, había que aguantar ahí, así hubiera una tempestad! ¡Necesitaba forjarme! La clave era la resistencia… la clave era la resistencia… no me movería de ahí, no me metería, porque la clave era la…

    —¡Marriot! —me gritó alguien desde la puerta que daba al interior.

    Abrí mis ojos enseguida y volteé con sorpresa para ver quién me llamaba. Era Emily, que estaba un poco alterada.

    —¡Te he buscado por todos lados! —me reclamó—. ¿Y qué haces acá afuera? ¡Entra, te vas a enfermar!

    Yo no me moví, sino que continué viendo su silueta bajo mis párpados semi-entornados. En un apuro por no helarse mucho, fue corriendo hacia mí con la intención de recogerme en sus brazos y meterme, bajando con indignación el pequeño escalón que se encontraba frente a la puerta, y recogiéndome sin delicadeza del montón de nieve que ya se había cumulado a mi alrededor. Rápidamente nos introdujimos; yo continuaba temblando presa del terrible frío que reinaba allá afuera en esa noche, aunque la calidez de esos brazos me aliviaba un poco.

    —¿Por qué estabas allá? —me reclamó, camino a la cocina a paso rápido—. Marriot, ¿qué no sabes que te puedes enfermar? ¡Es la tercera vez que te encuentro en el frío del balcón en esta semana, pero hoy fue el colmo, estaba nevando! ¿Qué te pasa?

    Yo escuchaba, ya menos aturdida. Y tenía completa razón de lo que alegaba. ¿Mi obsesión por convertirme en un pokémon de fuego de verdad llegaba a esos límites?

    —Te voy a preparar una infusión para que recobres el calor —añadió Emily, mientras me colocaba con cuidado en un sillón y me echaba encima una manta de lana—. Cúbrete bien, si no quieres pescar un resfriado.

    Caminó hasta una vitrina, de donde extrajo los enseres necesarios para preparar la bebida, mientras yo la seguía con la vista. Era verdad, no debía volver a salir al frío. Tal vez sólo quería demostrarme a mí misma que ya era toda una Vulpix que sabía controlar sus poderes.

    —Por cierto —comentó, mientras me daba el té en mi plato—, ¿tienes idea de adónde se ha metido ese Raichu que compramos? No lo he visto… y espero que no esté de curioso haciendo desastres por ahí, o rompiendo cosas… ¿quieres ir a echar un vistazo a la recámara en unos momentos más?

    Asentí con la cabeza para afirmarlo.

    —Qué bien. ¿Ya te estás sintiendo mejor, Marriot?

    Volví a decir que sí con la cabeza, bebiendo con rapidez el té a pesar de lo caliente que estaba —me gustan los alimentos y bebidas calientes— y luego me levanté de un sorpresivo salto del sillón, arrojando la manta azul hacia un lado. Me hallaba repuesta, mi cuerpo ya no estaba mojado y mis ojos ya no me ardían. ¡Esas infusiones sí que recuperaban el vigor perdido! Emily recibió dicha noticia con gran agrado, sonriente, y abrió paso para que me retirara, dándose a la tarea de recoger el plato, la manta y lo que había dejado sobre la mesa, y ordenándome de que no volviera a salir. Esta vez le hice caso.

    —Vuelve en quince minutos con los demás —me gritó cuando me iba—, la cena está casi lista. Y por favor, localiza al Raichu, y asegúrate de que todo esté en orden.

    Caminé entonces a paso veloz por el corredor. ¿En dónde podría estar Fyrus? Lo más seguro es que estuviera en el rincón más lejano, deprimiéndose. Había que ver que era un Raichu bastante extraño, porque a diferencia de todos los de su especie, no era alegre ni activo, sino todo lo contrario. Pero al menos, era educado y cortés. Sus ideas podían ser inteligentes, pero aquél bombardeo de filosofías de las que me hablaba… realmente me atosigaron. Nunca había tratado con alguien así.
    Como descarté la posibilidad de que Fyrus estuviera rompiendo o tirando algo, decidí dejar esa búsqueda para después, así que pasé a mi recámara, o mejor dicho, a la recámara de Emily en donde yo dormía también. Como nunca estaba atrancada la puerta, sólo tuve que empujarla para poder acceder.
    Y ahí estaba él. No sé quién le permitió entrar, pero ahí se había metido. Y lo peor es que lo descubrí examinando mi preciada colección de piedras que tanto he cuidado.

    —¡Fyrus! ¿Qué estás haciendo aquí? —le grité, furiosa.

    Él dio un salto hacia atrás, como quien es sorprendido cometiendo un acto ilícito.

    —¡Marriot! Disculpa, yo sólo estaba…
    —Nada. ¡No debes entrar a este lugar sin mi consentimiento! Es mi cuarto, y como tal, necesita privacidad.
    —De acuerdo —dijo, calmado—. No estás enojada, ¿cierto?
    —¡Y cómo no me voy a molestar si estás tomando mi colección de piedras, que es valiosísima… sin mi autorización!
    —Espera, yo no las estuve tomando. Sólo las admiraba desde aquí, ¿lo ves?

    Caminé, aún enojada, hasta donde él estaba. Y hube de aceptar que tenía razón, pues ningún elemento estaba desacomodado.

    —Estaba recorriendo la casa y me llamaron la atención estas piedritas tan brillantes que tienes en el mueble. Son realmente hermosas, ¿de dónde las conseguiste?
    —Ya te dije que son una colección —contesté, intentando tragarme mi ahora injusta indignación—. Eso quiere decir que no se encuentran sólo en un lugar, sino en muchos. Son veintiséis extraordinarios ejemplares, y todas las conseguí en distintos paseos. Estoy segura de que las envidias, ¿no?
    —Son muy bonitas, pero no puedo envidiarlas.
    —¡No vayas a tocar ni una sola… nunca! ¿Entendido? ¡El día en que te descubra haciéndolo, me vas a conocer!
    —Jamás las voy a tocar entonces, si así lo deseas, puesto que son tuyas —respondió con flema—. No dudo el hecho de que te haya costado mucho esfuerzo el obtenerlas.
    —Bueno, si ya quedó claro, puedes irte. Como te he dicho, este lugar es mío, y no estoy de humor como para tener compañías. Fuera de aquí, y ve pensando en un lugar en dónde pasar la noche, que aquí no será.
    —¿Podría quedarme en la sala? —preguntó.
    —¿En la sala? Hay muchos otros lugares pero allá también está bien. Por la noche no estorbarás, y además, es un sitio confortable para ti, que vienes del bosque y la tierra. Súmale un cojín y una manta, que tendré la amabilidad de brindarte, y la pasarás a todo dar. ¿No es mejor que dormir en las madrigueras o las jaulas?
    —No lo sé —respondió—, pero gracias. ¿Dónde están?
    —¿De qué hablas?
    —De la almohada y la manta.
    —¡Vamos! —le dije—. Aún no es hora de ir a dormir. Todavía hay que cenar, así que adelántate, ve a la cocina. Ya sabes dónde queda.
    —¿Otra vez? —preguntó sorprendido—. No, ya comí hoy, ¿recuerdas?
    —No seas tonto —reí—, que en esta casa comemos tres veces al día. ¿Tú lo hacías sólo una vez?
    —Sí, por las mañanas. No es sencillo obtener los alimentos, Marriot, me costaba bastante, así que cada semilla que ingería, la apreciaba y disfrutaba como si fuese la última.

    Yo me senté a pensar un momento.

    —¿Tú, conseguir la comida? Qué horrible. ¿No consideras que al fin estás viviendo de verdad? Aquí nada se consigue, todo se te da.

    Fyrus también reflexionó lentamente, y contestó:

    —Espero que al cabo de un tiempo no comience a sentirme incompleto con este nuevo sistema. Es una buena forma de convertirse en un haragán.

    No respondí, porque no supe qué significaba esa palabra, así que repuse:

    —Como sea. Vamos a comer. Yo le hablaré a Midnight, y bueno… no creo que sea necesario ir a avisarle a Rey de que la cena está lista, porque supongo que en estos momentos ya ha de estar metiendo la nariz en la mesa. A ése nunca se le hace tarde para comer.
    —Con permiso —dijo, y se dirigió a la cocina. Yo continué mi camino para ir a hablarle a la Eevee.

    Ésta dormía en un rincón de una habitación que no era de nadie, en donde los amos guardaban algunas reliquias valiosas, objetos antiguos y muebles innecesarios. Era un lugar algo sucio, porque la capa de polvo de las curiosidades que ahí se encontraban ya era considerablemente gruesa, además de que, por ser un bodegón, había poco espacio para caminar. A mí se me ocurría que también podía quedarse ahí Fyrus, pero si se da abasto con la sala, pues no había problema.
    Cuando entré, de nuevo había un tiradero. Todo estaba desacomodado, por los suelos; un jarrón estaba roto y Midnight, en medio de la desastrosa escena, examinaba el interior de un antiguo baúl.

    —¡Otra vez tienes un desorden! —observé al entrar—, sólo espera a que lo vean los amos. Si yo fuera tú, ya estaría preocupándome. ¡Mira! Hasta has roto esta cosa…

    Y señalé un objeto en el suelo que ni siquiera yo sabía qué era.
    No parecía escucharme, sino que continuaba escarbando con curiosidad el antiguo cofre, tirando todo su contenido hacia fuera.

    —¡Escúchame! —le grité
    —¡No! —me dijo de repente—. ¡Me molestas! ¡Ya vete! Eres muy regañona, pero no te haré caso; no eres ni mi madre ni mi ama. No tienes derecho de reprenderme por lo que haga. Y lo que digan los amos me tiene sin cuidado.
    —¿Volvemos a eso? Ya lo hemos hablado: mientras no pases tu infancia, o al menos, mientras no dejes de pensar como una cría, yo voy a cuidarte.
    —Yo nunca cambiaré. ¡Así soy, y así me gusta ser!

    No era la primera vez que quería rebelarse ante mi autoridad, pero más que indignación, ya comenzaba a darme lástima.

    —Midnight, pronto serás toda una Umbreon. ¿Qué pensará la gente cuando te vea con estos comportamientos infantiles? No, tienes que cambiar esa actitud, desde este momento.

    Y di muestras de retirarme para enfatizar mi postura, aunque antes de salir de la habitación que ya se había convertido en un basurero, le ordené:

    —La cena está lista, pero no irás sino hasta que hayas recogido todo este tiradero. Y apúrate, que se enfriará la comida.

    La Eevee me sacó la lengua y me dio la espalda, indignándose. No me importó, así que salí de la estancia para ir a encontrarme con los amos.

     
    Última edición: 8 Febrero 2016
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    Bueno, lo iba a leer mañana pero cache que el capitulo era de Marriot asi que no me pude resistir X'D omg! tenía razón en que la eevee se convertiria en un umbreon D: jjajaj también había que considerar que era medio obvio por el nombre : p Igual aunque la Marriot no sepa nada de nada siento que eso es solo el producto de un buen lavado de cerebro, solo hay que verla hacer de mucama y sirvienta sin que se de cuenta siquiera. Pese a todo sigue siendo mi personaje favorito x3! ahh pero si al Meowth no le han dado nada D: el lo recogía todo de la calle, creo que se esta engañando a si mismo. A sobrevivido solo por su propia fuerza, tal vez el hecho de que no tenga nombre no lo haga considerarse a si mismo como objeto de valor y sea por eso que no se da cuenta xd.
     
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    Cygnus

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    Hns :O Eres demasiado rápido...
    Bueno, para cuando desees, aquí pongo el que sigue. Gracias por tu gran apoyo. Sí, era casi obvio que así sería, mas esos son sólo los planes... hmm, no diré nada.
    Oh, no, recuerda que en el primer capítulo del Meowth dije que él rascaba las puertas y los humanos le daban de comer =) Pero otros lo sacaban a patadas. De ahí que Fyrus los odie, Marriot los ame y él esté en un punto medio.


    XIV.

    Fyrus.



    Yo caminaba con rumbo al comedor, según me había indicado Marriot; noté enseguida que sus ligeras pisadas se alejaban gradualmente de donde yo me ubicaba, dejándome solitario de repente. No obstante, yo recordaba con precisión la ubicación del sitio señalado, de modo que no titubeé al andar y pronto pude llegar al comedor, cuya puerta se hallaba desplegada enteramente. Entré con timidez a la estancia, que a primera vista, mostraba un ambiente relajado y alegre. Ahí estaban los escasos integrantes de la familia reunidos alrededor de una mesa, así como otra mujer que fregaba los platos; los primeros estaban iniciando la cena, hablando entre sí animadamente aunque todos pudieron percatarse de mi presencia enseguida, apenas crucé la entrada.
    El señor Maillard fue el primero en levantarse, esbozando una amplia sonrisa, extendidos los brazos y con mirada cálida, como en un intento de hacerme sentir mejor.

    —¡Hola, mi querido Raichu! ¿Vienes a la cena? Ven, ven, acomódate en donde quieras. Te tengo algo muy especial, sé que te encantará.

    Me sorprendió de repente el inusual trato que se me daba. Se me había ofrecido el lugar que yo prefiriera, pero como yo prefiero ser un poco más discreto y no llamar tanto la atención, sobre todo ahora que soy nuevo, elegí un rinconcito de la habitación, en donde no estorbara a nadie. Al amo le parecía todo perfecto; daba a entender que estaba enteramente complacido con mi llegada y no desvanecía su sonrisa ni por un instante.

    —Por el momento no tengo un plato para ti, pero te prestaré éste que es de Marriot… pero no te preocupes, luego te compraré uno color naranja o del que tu prefieras, algo que vaya contigo. Probablemente el plato te resulte pequeño, pero te serviré doble ración para que quedes satisfecho. En vista de que parece que esta Marriot no vendrá hoy de nuevo, pues se quedará sin cenar. ¿Ya la conociste? Aunque es algo orgullosa, es una señorita muy simpática y buena. Creo que pronto tú y ella serán grandes amigos.

    Yo lo miraba confundido, más que nada por el torrente de palabras que soltó, ya que entendía muy poco de lo que me intentaba comunicar.

    —Vamos, no te quedes viéndome solamente… ¡di algo! No he escuchado tu voz desde que estás aquí —me dijo el amo.
    —¡Papá! —dijo Emily, levantándose de su asiento—. ¿Qué quieres que te diga? Formúlale preguntas, y que sean importantes.

    Luego, la niña se me acercó, dejando su cena a un lado, y poniéndose en cuclillas enfrente de mí, me cuestionó a quemarropa:

    —Dime, Raichu, ¿tienes algún nombre?

    Eso último sí lo entendí, por lo que, por primera vez, hablé a un humano y fue para comunicarle lo preguntando.

    —¡Fyrus! —exclamó Emily, comprendiendo sorpresivamente mi lenguaje.
    —¿Qué te dijo? —preguntó la madre.
    —Fyrus. Creo que se llama Fyrus —respondió.
    —¿Cómo puedes entender el lenguaje pokémon?
    —Es básico, mamá. Me lo enseñan en el colegio; llevo una clase especial para comunicación con los pokémon, ¿recuerdas? Ya he traído varios sobresalientes en ello.
    —Hoy en día los niños sí tienen educación de calidad —comentó el señor Maillard entre dientes, y luego se dirigió a mí—. Bueno, Fyrus, aquí traje tu comida. ¡Disfrútala!

    Ya había extraído de una vitrina altísima una bolsa verde cuyo interior guardaba exquisitas semillas que, tan pronto como las depositó en el recipiente y las probé, juzgué que jamás había disfrutado de algo así. Venían aderezadas con algo misterioso, quizás artificial pero muy sabroso. Al parecer, esto lo había adquirido esa misma tarde junto conmigo.
    Todos regresaron a sus sillas respectivas, dejándome solo en el rincón; el resto del tiempo dedicado a la comida yo continué silencioso, reservando cualquier comentario para otra ocasión más provechosa. No obstante, el señor Maillard continuaba hablando hasta por los codos con su familia, algo acerca de la nieve que había que sacarla ahora que el tiempo comenzaría a calmarse.
    Acabábamos casi de ingerir nuestros alimentos, cuando Marriot llegó casi corriendo al lugar, aunque al cruzar la puerta del corredor corrigió su compostura para tornar su apresurado paso por otro más elegante, y ya más calmada, alcanzó la silla que ocupaba su pequeña ama. Con notable altivez, trepó hasta el regazo de Emily, quien al fin notó su silenciosa presencia y la tomó en brazos.

    Con sus ojos, brunos y vivos, Marriot recorrió la estancia desde su lugar, lentamente hasta encontrarme en el rincón en el que me ubicaba, y luego de clavarme su mirada por varios segundos, me pareció que me sonreía socarronamente.

    —Debes tener hambre, ¿no es así, pequeña? —murmuró la niña, abrazándola—. Casi me había olvidado de ti. Vas a esperar un poco, que Fyrus está utilizando tu plato ahora. Cuando él termine, sigues tú. ¿De acuerdo?

    Enseguida sentí que me profundizó la mirada echándome una ojeada de muerte, con brillo de furia o celos. Yo no supe qué hacer, porque desde los brazos de Emily, Marriot había borrado la sonrisa. Me sentí avergonzado y me atraganté como pude, acabando mi comida prestamente en un gesto de disculpa y devolverle lo que le pertenecía lo más pronto posible. Viéndolo todo, la criada que lavaba los trastes me retiró el plato con diligencia, pero malhumorada, para sumarlo a la serie de cubiertos sucios.
    Yo veía aquella acción, y por eso no noté que la Vulpix se había escurrido de los brazos de su ama para llegar hasta donde yo me encontraba. Cuando volteé, ella ya estaba a mi lado y me miraba con irritación manifiesta.

    —Fyrus, ¿de nuevo en mi plato? —me reprochó en voz baja.
    —Lo siento, Marriot. Me lo volvió a dar el amo.
    —Pues debiste haberlo rechazado —contestó enseguida—. Ya sabes que me pertenece. ¿O no te importa lo que te digo, o lo que siento al respecto?

    Yo no dije nada, porque enseguida supe que ella sólo hablaba por un coraje extraño, ya que la criada estaba sirviéndole la comida en aquellos momentos.
    Mientras ella se alejaba con su comida, los amos se levantaron, satisfechos, y se retiraron dejándole a la criada una montaña de trastos y cubiertos qué lavar para que estuvieran listos para el día siguiente. Ella hizo una mueca y los levantó todos para llevarlos al fregadero y continuar su faena por un rato más.
    De pronto una silueta oscura surgió de entre las tinieblas. Un par de ojos me habían estado observando sin parar todo el tiempo. Eran del enorme Persian del amo, de cuya presencia yo no me había percatado, pero que había estado ahí, tras del señor, bajo la mesa, siempre a los pies de su dueño. Tan pronto como comprobó que los humanos se habían marchado del comedor y que la criada se devolvía a la cocina para continuar lavando, avanzó hacia mí lentamente, como en acecho, cosa que me hizo temblar de repente sin ni siquiera conocer a ese tipo. Cada vez se acercaba más y más a mí, a sabiendas de que ese paso me intimidaba.

    Cuando estuvo frente a mí, primero no dijo nada. Sólo me examinó lentamente; por su mirada creí que estaba a punto de devorarme, pero continué en mi rincón, acorralado y sin moverme. Miré a Marriot, pero ella estaba indiferente, aún comiendo. Resolví mostrarme tranquilo, como siempre, y afrontar lo que ese sujeto quisiera, siempre pacíficamente.
    Cuando el Persian habló, lo hizo con una voz tan ronca y fría, que me estremeció:

    —Así que el nuevo en la casa, ¿eh?
    —¿Quién eres? —solté.

    El Persian rugió estruendosamente, con clara molestia.

    —¡Las preguntas aquí las hago yo, inepto!

    Decidí callarme y tragué saliva despacio, para que el acechante felino no se percatara, aunque quizás sí lo hizo. Continuaba merodeando alrededor de mí, pero con un silencio tan prolongado que comenzaba a incomodar. La Vulpix seguía la escena de lejos, resuelta a no entrometerse. Las preguntas de las que hablaba el Persian no surgían, y yo comencé a inquietarme. Notaba cómo el ambiente de bravuconería le divertía; no estaba realmente molesto, sino que disfrutaba de su poder.

    —¿Me permites retirarme? —le pregunté con un involuntario hilo de voz, creyendo poder aferrarme a esa posibilidad ante la nulidad de conversación.

    El Persian enseguida me vio a los ojos y, con un fugaz movimiento, me empujó aún más con una garra hasta apretarme en el rincón.

    —¿En mi presencia, te quieres retirar, insecto? —señaló, sonriendo—. No has entendido bien las reglas de este juego. No me importa que seas nuevo, no soy tolerante con nadie. Mi paciencia se agota pronto. Quiero que lo sepas muy bien: aquí mando yo. Todos deben subordinarse ante mí, no tienen más opción. No te compete saber quién soy, es muy pronto aún para que actúes tan pretenciosamente.

    De nuevo volteé a ver a Marriot, quien no perdía detalle de las palabras del Persian, pero sin decir nada. Alcancé a ver una presencia que corría hacia dentro del comedor: debía ser la Eevee que venía a cenar también…

    —¡Mírame cuando te hable! —me gritó el Persian, afirmando mi rostro al frente con su garra—. ¿No quieres mostrarme respeto? ¿Estás decidido a ello? Dímelo abiertamente: ¿te doy risa, o crees que no hablo en serio?
    —No —respondí con sumisión.
    —Si quieres vivir en esta casa, debes doblegarte a mí, porque yo mando.
    —Está bien…
    —¿Qué? —gritó bien alto.
    —Está bien…
    —¿Está bien qué?
    —Está bien, voy a obedecer… —dije, maldiciéndome pero seguro de que esa era la mejor forma de escapar de esas garras.
    —Así me gusta —dijo, bajando más la voz—. No olvides tu lugar en esta casa, Raichu. No eres más que el recién llegado, así que más te vale que no me lleves la contra. Todo lo que diga lo harás. Me mirarás cuando yo hable, ¿oíste? Ni en sueños entrarás a mi habitación y a todo me dirás que sí. Aquí no nos simpatizan los recién llegados, como puedes darte cuenta, así que evita otra escena como la de hace unos momentos con mi amo. Por más que finja, yo soy lo único que le importa. Debes saberlo.

    De pronto, entró el señor Maillard al comedor, y yo respiré aliviado. Enseguida volteó a ver la situación en el rincón en el que nos encontrábamos, pero ya el Persian había bajado la garra que me aprisionaba y agachado sus orejas, maullando débilmente ante el amo.

    —¡Rey! ¿Así que conociendo al nuevo Raichu? Está bien, que sean buenos amigos —dijo, alegremente e ignorando lo sucedido hace un rato.

    Me hubiera gustado que hubiese visto lo que el Persian hacía. Me molestó la falsedad de ese tal Rey, que actuaba así para recibir mimos de parte del humano. El señor Maillard le indicó que lo siguiera, porque ocupaban irse. Rey lo hizo de muy buena gana, aunque fingida, y volvió a echarme una última mirada asesina, antes de salir de la estancia.


    Me dejé caer, resbalando por la pared hasta sentarme, rendido por la escena. Suspiré aliviado porque se había ido el Persian, pero muy incómodo conmigo mismo por haber aceptado todo lo que me había dicho. Marriot me miraba con intriga desde lejos, pero noté que la Eevee fue la única que se me acercó, aunque tímidamente.
    Bajé mi mirada para no verla, pero después de unos instantes, ya estaba al lado de mí y me veía con tristeza.

    —No te aflijas —me recomendó la pequeña Midnight, olvidando sorpresivamente el maltrato pasado—. Yo lo vi todo también. Rey es así. ¿Quién lo podría cambiar?
    —Pero si voy a vivir aquí, no quiero estar al lado de un tipo así —repuse—. De esa suerte, mejor me voy.

    Observé que, un poco apartada, Marriot alzaba la cabeza lentamente desde el fondo de su plato.

    —No digas nada —intervino en la conversación con aire indiferente—. No digas nada.
    —¿Por qué?
    —Midnight y yo hemos pasado por lo mismo que tú —dijo al fin—. Quejarte con nosotras es inútil... Al conocer a Rey, también nos quiso intimidar, pero nos acostumbramos a su amargosa presencia en un par de días. Además, no fue malo contigo. No vi lo que sucedió con el amo al recibirte, porque yo no había llegado aún, pero no debió haber sido tan escandaloso, por eso Rey no se enojó de verdad. Cuando la compraron, esta mocosa llegó más boba que tú, ¡hubieras visto! Se le trepó al cuello al amo para lamerle la cara, muy alegre de la vida, esa sí fue una escena. Rey la arrastró por toda la casa, como quien arrastra un trapeador.

    Midnight se sonrojó y me dijo.

    —Bien, eso fue cierto. Pero ya no le tengo miedo… no mucho, quiero decir.
    —La verdad —continuó la Vulpix, aún sin mostrar mucho interés en mi problema — es que todo el tiempo nos hemos querido librar de ese tirano. Es decir, ¿quién es él para hablarnos de esa manera todo el tiempo? Al menos a mí, ya me tiene harta. Siempre quiere rebajarme y me insulta, pero yo no le tengo miedo, ni siquiera le hago caso. Sus amenazas nunca son reales, así que no le temas. Sólo habla, y cumple poco.

    Midnight intervino, interrumpiéndola.

    —¡Lo que dice sí lo cumple, Marriot! Una vez me juró que si entraba a su habitación me iba a encerrar en el cubo de la basura todo el día, ¡y lo hizo!
    —Midnight, cállate si no vas a ayudar —espetó Marriot, y luego se dirigió a mí sin suavizarse mucho—. Fyrus, no sé qué decidas. Si te unes a nosotras, podemos darle un gran escarmiento a Rey, de esos que no se olvidan jamás.
    —¿Pero cómo? —pregunté—. Ninguna de ustedes dos tiene poderes, y yo hace tiempo renuncié a los míos.
    —Ya lo sé, pero hemos estado planeando algo mejor dijo Marriot con malicia—. Se me ocurre que sí hay alguien que nos puede ayudar. Creo que hay un pokémon al que Rey sí le teme en verdad, y vive en el patio trasero. Ha estado ahí desde no sé cuántos años, y casi nunca lo vemos, sólo escuchamos sus eternos ladridos por las noches. Es un Mightyena llamado Daren. Cuando lo visitamos, siempre nos ha tratado bien a ambas, aunque, como ya he dicho, casi no vamos a verlo. Es viejo y tranquilo, pero quizás se quiera prestar esta vez a ayudarnos. Ya sabes, una bestia casi irracional, pero al menos es bravo y fuerte cuando quiere. Por eso los amos lo adquirieron, para que cuide la propiedad de los intrusos. En fin, a lo que voy es que queremos convencerlo de que nos ayude con Rey. Si acepta, lo demás será pan comido, créeme; ya veremos si lo sacamos de la casa a malas maneras, o al menos lo arrinconamos en su habitación hasta que se orine de miedo. Quisiera contar con tu ayuda también; entre más seamos, mejor.
    —¿Qué dices, amigo? —preguntó Midnight mirándome.
    —Yo… yo… no lo sé, en verdad. No se molesten, pero apenas acabo de llegar hoy a la casa, y la verdad no quiero problemas… y menos contra alguien que apenas conozco.
    —¿Estás diciendo que no nos ayudarás? —Marriot me miró gravemente, y entendí que con ella no se podía llegar a acuerdos razonables. Al igual que Rey, ella tampoco estaba acostumbrada a que le negaran las cosas.
    —Discúlpame… —empecé, y fui interrumpido.
    —Gracias —se indignó, y levantándose de su lugar con intención de retirarse, me ignoró por completo. Habló luego con la Eevee—. Si quieres cenar, ahí está tu comida. Yo me voy.

    La Vulpix se había molestado conmigo por no seguir su plan, aunque ni siquiera me necesitaba para llevarlo a cabo. ¡Qué sensible! Es cierto que en esa casa todos eran notablemente extraños, pero esa pokémon rebasaba los límites de lo inusual.
    Se fue, y yo me quedé sentado en el rincón, aún pensando con detenimiento acerca de lo sucedido, y de lo que hubiera sido mejor haber dicho o hecho, Ya tenía un enemigo de gratis, no quería tratar mal a Marriot para tener dos.

    —No te preocupes —me dijo Midnight de pronto—. Y no les hagas caso a los grandes. ¡Son tan especiales! Hay que tratarlos como con pinzas para que no se enojen con uno.


     
    Última edición: 8 Febrero 2016
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    Así que Midnigth no se convertirá en umbreon ( : mm... La verdad no me esperaba esto de Fyrus, no es que este decepcionado pero al principio me lo imaginaba mas temerario xd Ahora tengo esta imagen de un ancianito que gruñe contra las alzas de impuesto y que al final terminara pagando de igual manera X'D La pequeña Marriot :3 jajajaj como que no piensa mucho parece X'D habrá imaginado que Rey no se dará cuenta de quien estará detrás de todo? o peor aun que no se vengara en algún momento? A todo esto que paso con la banda de Roover, creo que ya debieran de estar allí o por último haber llegado a la tienda S:
     
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    Hns Quién dijo que no se convertiría? xD Esos son los planes. Fyrus es un tipo pacifista que no gusta de usar sus poderes, y Rey un tirano que siempre sale a atacar, es lo que ocurre xD
    Sep, la verdad es que Marriot es corta de cerebro. Ahm, la banda de Roover aún no ubica la casa :P Acuérdate que ellos van aparte.

    ___

    XV.
    Meowth.




    —¿Entonces qué? —me preguntó Mako, ya en la mañana siguiente—. ¿Estás decidido a encontrarte con tus nuevas amiguitas y entrar en la casa?
    —Creo que sí —respondí—. Midnight dijo que iba a ayudarme.
    —En ese caso, yo te quiero acompañar.
    —¿De verdad?
    —¿Y por qué no? —contestó—. Los amigos nunca se dejan, Meowth. Y yo soy siempre muy fiel a los míos. Iré contigo para donde vayas.

    Nos hallábamos en la boca de la madriguera que, a decir verdad, no se notaba tenebrosa en absoluto ante la cálida luz del día. Éste resplandecía con un sol notablemente brillante a comparación de las veces anteriores, en donde sus rayos no lograban menguar nuestro intenso frío. Bajo ellos, y sentado recargándose en la pared con simpleza, se encontraba Mako, moviendo sus dientes impulsivamente, todo el tiempo sin parar. Yo lo miré: no quería que me siguiera, pero bueno, también pensé que si me había asegurado que ya había vivido en la casa antes, quizás podría ayudarme en algo en el futuro.

    —¿Y a qué hora se supone que iban a verse? —me preguntó.
    —No sé. No acordamos ni hora ni fecha, apenas el lugar. Sólo alcanzó a decirme que le gustaría ayudarme, y que nos encontraríamos en el jardín pero no supe cuándo sería, porque luego llegó esa Vulpix a interrumpir, y a corrernos… tú lo viste.
    —Esa estúpida Vulpix —farfulló Mako—. Es bastante orgullosa. Tiene una vida muy cómoda y despreocupada, yo me doy cuenta. Todo el tiempo se divierte, no piensa en nada más, y corre y grita al lado de esa niña tonta por todo el jardín. ¡Qué gran parásito!
    —En efecto, así parece —le dije, medio molesto. ¡Otra vez estaba juzgando a los desconocidos!

    Continuamos viendo al frente. Yo procuraba no moverme mucho, pero a él no le importaba.

    —¿Por qué tanto interés en entrar a esa casa? —soltó Mako sin más—. Ya te dije que no tiene nada de especial, pero no me quieres entender. Y esos tipos son muy malos, perversos diría yo. ¿Ya te conté cómo fue que me sacaron de ahí?
    —Sí, ya lo has hecho —lo interrumpí—. No tienes que recordarlo siempre. Y me interesa entrar porque, aparte de que la casa es muy bonita, creo que me conviene aprovechar esta oportunidad tan extraña y fortuita. Además, bueno, ya sabes, siempre quise pertenecer a una familia… ser bien recibido por los humanos y todo lo demás. Si entro, por un tiempo planeo vivir oculto, porque quizás no les agrade a los dueños el recibirme, pero al final tendré que encararlos. ¿No sería genial formar parte de esa familia tan agradable?
    —No. ¿Qué estás loco? Los humanos son malos, y más éstos. ¿No te había dicho esto ya antes? Hablo con la voz de la experiencia, Meowth. A mí me corrieron de la casa aplastándome entre la escoba y la puerta, fue algo duro y humillante. No fue fácil de superarlo, pero luego me di cuenta de la cruda verdad. ¿Y al nido, qué le hicieron al nido en el que yo vivía, el que estaba bajo la cocina? Ya no voy a repetir mi historia, pero espero que tú cambies tus ideas tan disparatadas pronto. Por tu bien, muy pronto.
    —Bueno, no me interesan mucho los humanos. No tanto, quiero decir. De ellos, podría encargarme después. Pero con los pokémon…
    —¡Ah! ¡Así que es por la Eevee! —exclamó.
    —Bueno, sí.
    —Ya dime, ¿qué te parece ella?
    —Muy simpática y solidaria.
    —No seas bobo. ¡Vamos, no seas bobo!
    —¿Qué?
    —Acéptalo. Te gustó, ¿eh?
    —¡Mako, qué estás diciendo! ¡Por favor, eso es algo ridículo!
    —Eh… ¿Por qué te enojas? —rió.
    —Porque, bah, la acabo de conocer, y sólo me parece agradable, y además, ¿qué no has notado? Yo soy un Meowth y ella es una Eevee.
    —¿Y eso qué?
    —¿Y lo preguntas? ¡Somos dos especies distintas!
    —Por favor, Meowth. No tiene nada qué ver. ¡Ah, si yo te contara…! ¡Cuántos amores he tenido, y no han sido Raticates precisamente, como yo! Hasta una Nidoran por ahí… ésa era una perdida. Pero bueno, como sea, basta de hablar de mí. Me alegro por ti, amigo. Qué bien que hayas encontrado a tu otra mitad.

    Y siguió riendo con estruendo.
    Yo comenzaba a sentirme incómodo en ese lugar, junto a un compañero indeseable y neutralizado en mis acciones, porque no podía irme a ningún lugar sin que el Raticate me detuviera o, al contrario, se tornara necio y quisiera acompañarme. Además, estaba malinterpretando la situación con la Eevee, ¿qué estaba enfermo? Midnight era sólo una niña. Yo únicamente buscaba otros amigos, una compañía decente o al menos agradable, pero no humillante. Soy un Meowth callejero y vagabundo, pero que siempre se esforzó por ser algo más que eso.

    —¿Quieres entrar a comer algo? —me preguntó de pronto Mako señalando hacia la madriguera con un dedo—. Porque yo tengo hambre.
    —¿De la comida que robaste? No, no quiero.
    —Vamos, Meowth, ¿qué te pasa? —reprochó con sorpresa—. ¿De verdad prefieres morir de hambre antes que comer alimento humano? ¿Estás loco?
    —No voy a morir de hambre, sino que voy a conseguir por mis propios medios —repuse, y luego añadí—. Y sí como alimento humano, pero sólo lo que ya no necesitan. Es algo vil robar su comida.
    —Bah, como quieras. Ya no voy a rogarte. Si quieres venir, ya sabes por dónde, la entrada de la madriguera está muy amplia.

    Y después se levantó de donde se encontraba, sin decir más. Sacudió su cabeza rápidamente, como para desperezarse, e intentando no volver a verme más, se dirigió a su madriguera a paso lento, casi vacilante, pero ignorándome como si yo nunca hubiera existido. Por supuesto, yo lo seguí con la mirada, pero de pronto ya no caminó más, sino que empezó a titubear. Supuse que al fin querría decirme algo, y sonreí. Antes de agachar su cabeza para caber en el hoyo que le servía de morada, se fijó en mí nuevamente.

    —Sólo quería preguntarte una cosa más —me dijo—. Hoy por la madrugada estuve hablando con un Murkrow, aquí mismo, ¿lo viste? ¿O nos oíste, al menos?
    —No, no supe nada —contesté desde la banqueta.
    —Venía desde el barrio, del tuyo, ¿no lo conocías? Allá vive. Los que lo conocen le llaman Bonzo— enunció con lentitud, arrastrando las palabras en un intento por enfatizarlas.

    Yo cerré los ojos, intentando recordar. No… definitivamente, nunca había tratado con algún Murkrow en mi vida, así que seguramente no lo conocía. Y en mi barrio casi no veía aves nocturnas rondar, a pesar de que a veces me quedaba despierto a altas horas. Llegué a ver uno de ellos, no obstante, hablando con mis enemigos los Sneasel, pero sólo un par de veces y hacía ya bastante tiempo, no era usual. Por supuesto, tampoco había escuchado ese horrible nombre jamás.

    —No, Mako, no conozco ningún Murkrow ni tampoco alguien a quien llamen así. ¿Y a qué viene esto? ¿Qué estaban haciendo, o de qué hablaban? ¿De mí?
    —No, son negocios, Meowth, casi estoy seguro que no lo entenderías —respondió, dándose cierta importancia—. Aunque intentaré explicarte, porque quizás quieras entrar, ya que tus planes de estancia en la ciudad son difusos. Mira, en estas nevadas a veces hay escasez de alimentos, para nosotros, quiero decir. Las formas que tenemos de comunicarnos con otros barrios es a través de aves o psíquicos, pero de éstos no hay muchos. Los Hoothoot nos ayudan. No siempre se trata de alimentos. A veces, los Sneasel piden piedras, de esas que sirven para evolucionar, pero eso no es asunto mío de verdad. Varias cosas.

    Yo estaba confundido, no entendía nada. De verdad que éste Mako no era bueno para explicar situaciones. ¿De qué me estaría hablando? No obstante, noté que mencionó a unos Sneasel, y antes habló de mi barrio, y de un Murkrow. ¿Podría ser…? Yo estaba seguro de que ahora me invitaría a formar parte de sus negocios raros, aunado a las clásicas recompensas que nunca cumplía. Por algo me estaba diciendo todo esto.
    Mako seguía hablando, pero alguien interrumpió su hiriente voz desde el otro lado de la calle. Una exclamación agradable y lejanamente conocida, que gritaba con claridad absoluta mi nombre —si así se le puede llamar— casi con gusto y sorpresa. Molesto por la interrupción abrupta, el sucio Raticate estiró el pescuezo con una mueca desagradable para intentar ver a lo lejos. Yo giré hacia atrás también para mirar en la misma dirección.

    —¡Meowth! ¡Meowth! —seguía gritando con entusiasmo Midnight, pegada a la reja metálica del jardín. Me había descubierto.

    Yo no tardé nada en cruzar la calle para encontrarme con la pequeña Midnight, mientras que apenas escuché la maldición que soltó Mako a mi espalda.

    —Hola, Midnight— dije, intentando afinar mi voz.
    —Hola, Meowth. ¿Cómo has estado? Qué casualidad encontrarte —me saludó con una sonrisa—. Pasaba por el jardín sólo un momento, huyendo de la furia de Rey, y vine a descubrirte por aquí afuera.

    Noté que Mako se acercaba a mis espaldas ruidosamente, chasqueando sus dientes repetidamente. Una corriente de viento fresco y matinal me azotó de repente, pero fue compensado por el calorcillo solar.

    —Tú eres Midnay, o algo así, ¿no? —exclamó el necio roedor, asomándose a la reja que nos separaba de la Eevee—. Ya te recuerdo. La extraña amiga de Meowth, je, je. ¿Sabes que el pobre no puede vivir sin estar mencionando tu nombre a cada instante?

    Yo volteé a ver a Mako con una mirada asesina.

    —¿Me haces un favor? Cállate, ¿quieres?
    —¿Pero por qué, Meowth?— preguntó volteándome a ver con naturalidad—. Sólo ayudo en la relación. Total, éstas son cosas que se deben decir entre ustedes, tarde o temprano. Te estoy simplificando las cosas, chico, relájate. Tú no sabes cómo se les habla a las hembritas, luego te enseñaré— y después de decirme aquello en voz baja, la elevó para añadir a Midnight—. Y como te iba diciendo, Meowth está loco por ti. También quiere que lo dejes entrar a tu casa, es en lo único que piensa el pobre.

    Esto colmó mi paciencia. Hice un gesto de disgusto y, frente a mi nueva amiga, le di un empujón al osado Raticate.

    —Mako, ¡lárgate de aquí! Estás echando todo a perder, vete.

    La Eevee miraba la escena con aire confuso, como si no entendiera nada de lo que sucedía ahí detrás de la reja.

    —No creas lo que dijo este hablador —le aseguré, como excusándome.
    —Meowth… —me dijo, y se detuvo pensando—. Meowth, pasa, pasa, voy a abrirte la puerta del jardín. Si quieres entrar, hazlo anda, estás invitado. De todos modos, yo no pensaba dejarte ahí afuera.
    —Pero… pero…
    —Anda, ven —terminó diciendo mi joven amiga, y se dirigió al portón de la reja—. Hace frío aquí. Puedes pasar, ven.

    Con un poco de esfuerzo, había descorrido el gran cerrojo con el que se anclaba la puerta al suelo y ahora la empujaba con todas sus fuerzas intentando que se abriera un poco. Yo me encontraba muy turbado y lamento no haberle ayudado en esa tarea, extenuante para sus limitadas energías, pero no podía moverme al no saber qué decir o hacer.
    Mako se enganchó a mi brazo con tanta violencia que me sobresaltó más que por la sorpresa, mientras me decía al oído.

    —Mira, Meowth, la puerta ya está abierta. ¿De verdad quieres entrar? Tienes la opción de desistir justo ahora, o nunca. Recuerda lo que te he dicho…
    —No me importa.
    —Mira que yo no quiero entrar.
    —Yo sí, y si no quieres venir, no vengas —contesté, tajante.
    —No, no, no te confundas. Yo no te voy a dejar, los amigos no se dejan.

    Y me soltó, tan de repente como me había asido y quedado prendado.
    Con sus ojos grandes y brillantes como dos estrellitas, la pequeña Midnight me miraba y aguardaba mi resolución junto al umbral.

    —¿Crees que tus amos me recibirán? —pregunté al fin, avanzando un poco.
    —No. Ni se van a dar cuenta rió con picardía, y luego agregó—. Sígueme.

    Y lo hice. Mako, algo más tímido, también se coló al jardín de una sola vez, como intentando no hacerse notar, y la Eevee al verlo, sólo sonrió sin decirle nada. Mejor si tenía dos nuevos amigos o ayudaba a más pokémons.
    Nos guió hasta un rincón apartado del jardín, por la parte trasera de la casa. Ahí estaba una ventana blanca entreabierta, y nos indicó que nos metiéramos por ella.


     
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    Hns

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    Ohh! Meowth estaba enamorado de Midnigth? ni siquiera lo había notado D: no se, me quede sin palabras. Lo único que quiero es que se saque a la rata de encima , el personaje me esta dando dolor de estomago X'D y su caballerosidad se entromete a cada instante xdd Hablando de un supuesto, si Midnigth evolucionara (y no digo que lo haga) cambiaría su personalidad por algo mas acorde a su nuevo aspecto?
    PD: Realmente quería saber mas, este cap fue muy corto T_T
     
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    Hns pues acá otro capítulo xD Ya vamos llegando a la parte medular de la historia, aunque aún no desvelo demasiado, los problemas apenas comienzan. Espero que no te pierdas el resto del fic que viene a ser lo más emocionante (creo) de la historia. Gracias por leer =)


    __

    XVI.
    Marriot.




    Me pegué a la pared de súbito, como si hubiera sido rechazada por algo violentamente, y vi con ojos trémulos a mi pequeña ama. Parecía bastante apurada; primero corría a un lado de la estancia, luego se dirigía al otro con tanta rapidez como la vez anterior; ya iba a su tocador, ya iba al mueble, ya husmeaba por debajo de la cama, y por último terminaba dirigiéndose al centro de la recámara, ahí donde se mantenía de pie una gruesa valija gris pardo. En medio de su trajín, Emily repetía exclamaciones de asombro todo el tiempo, como si ni ella misma creyera lo que estaba haciendo. Sólo estaba atareadísima echando cosas y más cosas a la maleta, como ropa y otros accesorios extraños, todo subconscientemente porque su pensamiento estaba en otro lado. Y luego se devolvía a su mueble de nuevo, olvidando otro objeto importante para echarlo, y repetía la acción no sé cuántas veces más. ¡Que al menos me explicara qué estaba pasando! Pero no, lejos de hacerlo, hasta comencé a creer que ni siquiera se había dado cuenta de que yo estaba ahí en la recámara con ella.
    De pronto, se detuvo tan sorpresivamente como cuando comenzó la titánica actividad. Giró para ver a todos lados y me ubicó con la vista extraviada y rostro preocupado.

    —Me había olvidado de ti. ¡Ni siquiera has comido!

    Avancé unos pasos. ¡Al fin! Sin embargo, aunque parecía angustiada, no era precisamente por el hambre que yo sentía.

    —Últimamente no estás comiendo en tu rutina acostumbrada, y todo es por mi culpa, que te desatiendo tanto —se lamentó, aunque noté que todavía seguía pensando en algo más; continuó parada, sin moverse, justo frente a su valija.

    Me detuve, porque percibí un toque de insensibilidad en sus palabras.

    —Todo es un desorden —continuó, volviendo a lo que antes hacía, y tristemente olvidando el asunto de mi comida—. ¡Mira, toda la habitación! Hay cosas tiradas por todo el suelo, mucho qué arreglar, como ves. Intento echar todo al equipaje, pero siempre siento como si me faltaran muchas más cosas y sólo estuviera guardando apenas lo indispensable. ¡Y sólo fíjate cómo estás! No te he lavado hoy, ni siquiera peinado. Perdóname, pero es que estoy bastante ocupada.

    Yo la perdonaba, siempre y cuando me explicara qué rayos estaba pasando. Era algo anormal, aunque esa forma de actuar de ella la conocía, y sólo olvidaba darme de comer cuando algo la estaba atormentando. Le pedí que me contara todo. Con un poco de esfuerzo, entendió lo que quería darle a entender.

    —Está bien. Ven —me indicó con un suspiro lejano, y tomando aire, se sentó en el borde de la cama para descansar, dejando todo lo demás.

    Me acomodé a sus pies, decidida a escuchar la seguramente extensa explicación.

    —Mira, ni yo misma sé lo que están pensando mis papás. Todos los planes han cambiado de último momento, pero a mí no me quieren explicar nada. Sólo sé unas cosas. ¿Recuerdas que papá dijo que iban a venir unos parientes a visitarnos?

    Yo recordaba que algo habían mencionado al respecto, y también sabía quiénes eran esos famosos parientes. La relación que tenían con la familia la ignoraba, es decir, no sabía si eran hermanos o tíos o primos de los Maillard; lo que sí sé es que ya habían venido antes a la casa, quizás un par de ocasiones, y que nunca olvidaban traer consigo a mi amiga Ruby, una Growlithe de mi edad con la que me identificaba bastante bien.

    —Entonces papá nos anunció que la Navidad la vamos a pasar con ellos— continuó—. Así que va a ser al revés: en vez de venir ellos, vamos nosotros a su casa a cenar.

    En esos momentos yo todavía no tenía una muy buena idea de lo que significaba la palabra “Navidad”. Sólo recordaba vagamente la pasada, en la que lo había pasado increíble, y en donde me habían regalado un estupendo cojín de terciopelo rojo (que luego Rey destrozó en un ataque de ira). Además, lo que Emily dijo coincidía, porque la Navidad pasada también había sido en una época de nevadas.

    —Sólo hay un problema —siguió diciendo, con un ligero matiz de temor en su voz—. No va a ser fácil convencerlo para que te lleve. Normalmente él no soporta viajar con pokémons. Y en el transporte, nos cobrarían una cuota extra que seguramente no está dispuesto a pagar.

    ¿Cómo? ¿Ir a la casa de los parientes, en donde seguramente habría diversión, y sin mí? ¡Eso andaba mal! No, no me podían dejar. Además, ¿qué puede perder el señor Maillard con que yo vaya? Las cuotas que cobran en el transporte porque un pokémon vaya son de risa, y más para él, que según tengo entendido, tiene mucho dinero. Y ultimadamente, él no sería quien se ocuparía de mí durante el viaje, sino Emily. ¡Que no me vengan con eso ahora!

    —En realidad es una pena. Si no va Rey con mi papá, no va ninguno de ustedes. Y si acaso soportara llevar a alguien, es a ese Persian consentido. No, no creo que puedas ir; intentaré convencerlo, pero estoy casi segura que será en vano.

    Y se levantó, para continuar con la trabajosa actividad que tenía pendiente. Yo me paré también y la seguí, ¡esto no había finalizado! ¡Yo quería ir! No me quedaría aquí sola. Bueno, mejor dicho, no me quedaría aquí con esos tres estúpidos pokémons que andan rondando la casa también.

    —Tranquila, sólo pasaremos la Nochebuena con ellos y nos regresamos. No habrá nada de qué preocuparse — me dijo, pero ya continuaba echando objetos a su maleta.

    Supuse que no podría volver a arrancarle otra palabra más, ahora que ya había comprobado que estaba concentrada en su actividad, así que opté por retirarme, sin resolver nada a mi favor y para colmo, con el estómago vacío, pensando en las palabras de Fyrus: a veces los humanos son sumamente complicados.
    Y hablando de Fyrus, ¿en dónde se habría metido este Raichu? La última vez que lo vi fue en la cocina, en donde había utilizado mi plato para comer. Después creo que se enojó. ¿O la que me enojé fui yo? Ya no recuerdo qué sucedió, pero supe que quería buscarlo para hablar con él. No porque me cayera bien, sino porque no podía conversar con alguien más. Rey y Midnight son unos tontos.
    Entonces cuando salí de mi habitación (es decir, la habitación de Emily), me puse a recorrer la casa para ver en dónde podía encontrar a Fyrus. No vi a los papás de mi ama cerca, quizás también estaban igual de atareados que ella. ¿Qué importancia pueden tener las visitas?, empecé a pensar mientras caminaba. Los humanos son muy raros a veces. Me pregunto por qué no mejor se evitan ese viaje innecesario y nos quedamos a celebrar la Navidad aquí en casa. Los parientes podrían venir, ¿no lo habían hecho ya en otras ocasiones? O, mejor aún, que se quedaran en su respectiva casa, y nosotros en la nuestra. ¿Para qué tiene que haber una reunión? Las absurdas reuniones, cosas de humanos, ¿quién los entiende?
    Pero me di cuenta que sólo estaba pensando eso por coraje. Realmente quería ir con ellos. Es decir, si me dejaban acompañarlos, entonces me hubiera puesto de acuerdo con lo de la reunión. ¡No comprendían que yo quería ir! Me gusta la celebración, también me agradan los humanos. Y hubiera pasado un buen rato conversando con Ruby mientras los amos cenaban en esa extraordinaria mesa cubierta de mantel verde y rojo, a la luz de las velas que sostendría un candelabro.
    ¡Los humanos no entienden que los pokémons también tenemos sentimientos!

    Para este momento ya había llegado a la sala de la casa. No había encontrado ni un alma en los pasillos. Sentía necesidad de hablar con alguien, ¿dónde estaba el Swellow? Habría tenido una charla muy agradable con él, pero con estas condiciones del clima, era imposible encontrarlo en la fuente. Sólo me quedaba esperar a que él me visitara alguna vez. Después de todo, no vivía muy lejos.
    La silueta del Raichu se dibujaba tras el haz de luz que llegaba desde el exterior y que traspasaba la ventana. Él estaba mirando a través de ella y ni siquiera había notado mi presencia silenciosa.

    —Hola, Fyrus —le dije en un murmullo.

    No respondió. Seguía viendo por la ventana no sé qué. Me acerqué otro poco y volví a intentar.

    —¿Todavía sigues enojado conmigo?

    Al fin me atendió y dejó a un lado la ventana para verme.

    —Hola, Marriot. ¿Enojado de qué?
    —Bueno, no sé. De lo que pasó hace rato, supongo. Creí que estabas molesto porque no me hablabas.

    El Raichu retrocedió un paso y dejó de mirarme bajando la vista.

    —No tengo nada de qué enojarme. No sería justo.
    —Qué alivio —le dije, pero no supe cómo continuar—. ¿Sabes? Yo sí me molesté un poco en la mañana. No deseo tener nada en contra tuya. Al contrario, quiero hacer las paces y que seamos amigos. Empezar de nuevo y olvidar lo sucedido, ¿entiendes?
    —¡Claro!— dijo sin desconfiar en absoluto de mis palabras.

    No es que me interesara tanto que él fuera mi amigo, pero por estas fechas me faltaba alguien con quién hablar, y en ausencia del Swellow, creí que el Raichu sería buena compañía.

    —Me alegro que así sea —dije, con fingido entusiasmo—. ¿Qué estabas viendo por la ventana?
    —¡Oh! Sólo observa.

    Me abrió paso para que me asomara por el cristal. Lo hice, mirando hacia todos lados. ¿Algún objeto volando en el cielo? Nada. ¿Algún pokémon por la fuente? Tampoco. Y además, no volvía a nevar. No comprendí lo que él estaba viendo antes de que llegara, si no había nada interesante afuera.

    —¿Qué cosa?
    —El jardín —me recalcó de nuevo.

    El jardín estaba en orden, sin nada nuevo desde que lo conocía. Estaba blanco por la nevada, eso era todo. Más allá, sólo vi las calles aburridas y los edificios monótonos que adornaban la ciudad.

    —¿Qué tiene el jardín? —pregunté, aún sin comprender— ¿Te sorprende que esté nevado?
    —¿Y a ti no?

    Yo me reí. ¿Así que era eso lo que estaba viendo? ¡Y quería que me asombrara! Yo esperaba ver algo más interesante.

    —Fyrus, llevo todo este tiempo viendo cómo cae la nieve y el jardín se pone blanco. ¿Por qué iba a asombrarme hoy de lo que ya vi ayer?
    —Yo vivía en el bosque, y día con día me asombraba de lo verde que era, a pesar de haberlo conocido durante toda la vida —puntualizó.

    Me callé de súbito. ¿Qué estaba diciendo? Algo misterioso, algo que yo no había querido comprender. Supe que debía reflexionar sobre esto último que dijo. ¿Mi comentario fue tonto, o el de él?

    —¿Cómo?— pregunté.
    —Observa nuevamente tu jardín— me indicó, y lo hice. Él también se asomó a la ventana e intentó explicarme— ¿No lo notas? Parece como si alguien hubiese colocado un gran manto blanco sobre él, que lo envuelve todo, lo cubre, lo resguarda. Los árboles desnudos también intentan cubrirse con él para soportar el frío que reina afuera, pero no lo logran. Sólo consiguen pequeños trozos de esta gran capa para colocarlos sobre algunas de sus ramas delicadas —calló un momento, y entrecerró los ojos. Yo callaba, también, y seguía con la vista lo que indicaba—. Y la fuente, ¡mira! Parece un gran espejo, un altar cristalizado, tal vez mágico. La reja negra que circunda el territorio parecen las innumerables garras de un gran monstruo que intenta aparcar con un colosal abrazo a todo nuestro jardín, y aun a la casa. ¿Y no has observado aquél árbol del rincón? Todavía le queda un poco de vida. Las hojas se aferran a sus ramas, como intentando no caer al precipicio, aunque de forma inevitable lo harán. El viento está agitando salvajemente a ese pobre árbol, pero nos ofrece un extraordinario espectáculo. ¡Mira! Sus ramas se mueven con cadencia, casi con elegancia al paso de las corrientes de aire a través de ellos, como si nos estuviera saludando tristemente. Las hojas danzan de un lado a otro, según la dirección del viento, pero al final deben caer a tierra, rendidas, agotadas, hasta que no queda una sola en las ramas.

    ¿Qué era todo eso? Retrocedí bruscamente, no entendía nada, y eso ya era demasiado para mí. ¿En dónde rayos veía este Raichu altares mágicos, monstruos negros o ramas bailarinas? ¡Debía estar loco!
    —¡Fyrus, qué estás diciendo! ¿Cómo ves esas cosas? Yo sólo veo un jardín aburrido, sin nada que me pueda divertir.

    Él también retrocedió. Sin duda, no esperaba esa turbación mía. Y es que yo no estaba segura de algo, si él era el loco por ver esas cosas, o yo estaba loca por no verlas.

    —Sólo tienes que abrir tu mente —me explicó.
    —¿Pero cómo?
    —Es difícil de explicar —dijo, pensativo y en un murmullo—. Es algo que se siente nada más.

    Me quedé asombrada, porque tal vez Fyrus era un pokémon tonto, pero decía cosas increíbles.

    —Después me enseñas a ver las cosas a tu manera —le dije—. Quería decirte algo muy importante que está sucediendo aquí en la casa. Algo que traman los amos, no sé si ya hayas oído algo.
    —¿Algo? —preguntó—. Yo también escuché unas cosas al respecto. Pero, para ser sincero, no he entendido nada. Creo que van a irse por un tiempo, o algo así.
    —¿Los humanos se van por un tiempo?
    —Algo así he entendido. El señor Maillard intentó explicarme la situación a detalle, pero yo no he comprendido mucho.

    Me molesté bastante. ¿Cómo es posible que el amo le cuente las cosas que van a suceder antes que a ella? Además, este Raichu tiene algo de cabeza hueca, seguramente por eso no comprendió lo que le trataron de explicar. Así que suspiré.

    —¿Lo sabe Mid?
    —No, no creo, pero la he visto hace unos momentos en la planta alta de la casa. ¿Vamos?

    No tuve otra opción que seguirlo.


     
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    Me gusta el Fyrus reflexivo, como que casi no le calza el nombre ahora (lo sacaste de zelda(?) ) Solo esta parte da mucho para especular X'D tal vez tienen problemas económicos y no puedan volver mas a la casa y escapan de sus acreedores o si van a la casa de los familiares no vuelvan hasta dentro de una temporada mas, quien sabe D: Ahora en vez de los humanos el enemigo sera Rey D: donde esta Roover para salvarlos, podría aprovechar que se van para hacer su aparicion
     
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    Hns Gracias; no, no es así, sé de qué monstruo de Zelda hablas pero curiosamente lo bauticé antes de jugar. Quise darle una morfología latina a la palabra Fire (que al principio iba a ponerle así pero se me hizo muy infantil). Un personaje no tiene nada que ver con el otro xD Pues aguanta a Roover, aun no llega jajaja, la trama no va tan sencilla :3 Gracias por leer, dejo el otro para cuando puedas.



    XVII.


    Fyrus.

    Según lo que me dijo Marriot, los movimientos que hubo en la casa no eran usuales, y menos así de agitados, así de apresurados. Y pronto me di cuenta que no sólo a mí me acechaban las impetuosas dudas sobre la situación, también a mis compañeros se hallaban desconcertados por la actitud férrea de los amos.
    Se retiraron hoy en la noche, no sin dejar bien grabado su recuerdo en nuestras mentes. La verdad, no supe a dónde ni cual era la finalidad de irse. Únicamente percibí la tristeza que impactó a Midnight; la molestia de la que se llenó Marriot y de la furia que cegaba a Rey, todo debido al suceso tan repentino, o tal vez por la impotencia de no poder hacer algo por ellos mismos.

    Seguramente la diligencia que realizaron los humanos, que no venían planeando, era muy importante para los pokémons, y se extrañaron que no los llevaran consigo. También debo creer que los amos se iban por simple placer, pues noté que llevaban sonrisas esbozadas en sus rostros cansados, y sus conversaciones mutuas denotaban agrado y felicidad, casi con deseos rampantes de liberarse. Y no es de sorprenderse que quieran salir de casa, ya que quizás iban a dar un paseo corto por los alrededores, o se dirigían a visitar un lugar bello fuera de la ciudad, lejos de la rutina de encerrarse diariamente entre cuatro monótonas paredes, como todas las que conforman las estancias aquí. Aunque pronto descarté la idea de que fueran a dar un paseo simple, porque recordé que las personas no eran muy aficionadas a salir a recrearse al aire libre durante las noches (al menos las que yo conocía), prefiriendo quedarse a reposar en sus confortables hogares. Además, se despidieron muy extendidamente de nosotros, como si nos fueran a extrañar durante algún tiempo. Fue entonces cuando intuí que, en definitiva, no volverían esa misma noche. Irían a pernoctar en un lugar ajeno a su hogar.

    Pero más inusual fue la actitud que tomaron antes de irse, como si algo los arrastrara hacia la calle al tiempo que seguían atados a la casa. Después de Rey, el señor Maillard puso toda su atención en mí, sin olvidar que yo era su última adquisición y que mantenía una elevada simpatía conmigo, aunque siempre sin dejar de lado a su favorito, el zafio Persian. Se colocó en cuclillas frente a mí para intentar abreviar el campo que nos separaba, y luego me hizo ridículos mimos, tantos, que me incomodó. Se despidió de mí como si fuera la última vez que nos veríamos; me atrevo a decir que hasta me hubiera causado pena si no fuera él un humano. Tantas palabras melosas terminaron por ruborizarme, y más porque cuando se levantó para retirarse y la Vulpix se hallaba a mi lado (quizás esperando una atención como la que me había prestado), sólo se dignó a saludarla a ella con un leve movimiento de cabeza, como ajeno. Me pareció que el orgullo de mi amiga volvía a herirse, aunque no volteó a verme. Simplemente dio media vuelta y caminó hasta el pasillo ya oscuro, siempre mustia. Para ella, a diferencia de mí, el amor que prestaban los amos era invaluable y siempre acababa por compararse con los demás. Pero, ¿y dónde estaba Emily?

    La señora Maillard se ocupaba en darle la cena a Midnight (había que quedarse a retirarle el plato todas las noches), y la niña continuaba ocupada acomodando en el vehículo el equipaje, afuera. Tarde o temprano volvería, supuse. Pero no fue así. No la vimos por aquí de nuevo. El último en salir fue el amo, quien después de dar una revisión postrera a la seguridad de la casa, se retiró sin más. El sonido de la puerta de madera que atrancaba casi nos ensordeció, porque lo que siguió a ello fue un silencio sepulcral. A veces, se alcanzaba a escuchar algún murmullo de los amos que se hallaban todavía cerca, pero fuera, en el jardín, y sin embargo aquél se iba atenuando hasta desaparecer, porque ellos se alejaron más y más. El ruido que hicieron las bisagras de la reja del jardín al doblarse fue lo último que escuché durante un corto tiempo. La oscuridad y la negrura inundaron la casa, pues las luces estaban apagadas y ahora sólo unos cuantos rayos de luna se filtraban por el ventanal.


    —Emily salió, ¿verdad?— se oyó la voz de Marriot.

    Volteé hacia atrás. Ella seguramente seguía ahí cerca, podía sentir su presencia, mas no la distinguí porque el pasillo umbroso poco dejaba a la vista. Quizás se había acurrucado cerca, sin que nadie se percatara de que estaba ahí, pero continuaba siguiendo la escena con detalle.

    —Salió, ¿verdad?
    —Sí, ya se fue —dijo Midnight simplemente.

    Se oyó un suspiro tras la ribera de oscuridad.

    —Qué bien —dijo amargamente.

    Yo preferí no decir nada; supe que estaba molesta con la actitud que había tomado su pequeña ama, pero noté que el Persian se acercaba casi como al acecho. Él alcanzaba a prender la luz del pasillo, pero no lo hizo, quizás para infundir terror.

    —¿Estás ciega? ¿No ves por ti misma que se fueron los amos?
    —Lo sé —respondió.
    —¿Entonces cómo se te ocurre que Emily siga por aquí?
    —Olvídalo —interrumpió Marriot, sin prestar mucha atención a las intenciones de Rey—. Olvídalo, ya sé que se largó.

    De Rey, sólo veía la silueta moverse en la negrura; a Marriot sólo podía seguirle la voz. Midnight estaba casi junto a mí, pero no se movía, cosa rara en ella. Así que el único sonido provenía de las gráciles pisadas del Persian sobre la madera del piso.

    —¿Y entonces a qué venía la pregunta? —insistió.
    —Olvídalo, ya lo dije.
    —¿Qué, estás molesta por algo?
    —¡Ya basta! —exclamó Marriot—. ¡Dije que lo olvidaras!

    Estoy seguro que ella no tenía la intención de marcar ese grito ex abrupto de una forma tan grosera, o al menos que no se silenciara el ambiente de una forma tan repentina.

    —Lo siento. Estoy frustrada —complementó.
    —¿Frustrada de qué? volvió a interesarse Rey.
    —Yo lo vi —dijo Midnight en voz baja—. Te comprendo. Debes sentirte muy mal.
    —¿Tú viste qué? —inquirió Marriot, entonando la voz.
    —La postura que tanto te molesta de los amos. Pasaron frente a ti como si fueras inexistente. Emily ni se interesó en ti.

    No parecía que hubiese tono de burla en lo que la Eevee había dicho, pero Rey aprovechó la ocasión para seguir molestando.

    —¿Es eso? ¿Es sólo eso? —rió.
    —¿Y qué hay de malo?
    —Marriot, ¿de verdad te sientes frustrada por esa pequeñez? No me hagas reír. Ese no es motivo para que andes llorando y lamentándote. Simplemente fuiste olvidada.
    —No estoy llorando —se defendió—. Y lo dices porque no sabes cómo me siento en verdad, ni siquiera lo imaginas. Claro, como tú eres el consentido del amo.
    —¿Y pretendías que mi amo te diera atenciones como a mí?
    —No creo que haya sido demasiado pedir.
    —¡Sí, pides demasiado! ¿Te crees igual que yo, verdad? ¿Piensas que eres más importante que yo, como para reclamar las atenciones de los humanos?

    Los ánimos comenzaban a exaltarse. Rey empezó a molestar nuevamente con sus comentarios y expresiones ruines.

    —No más que tú, pero estoy segura que en esta casa valemos lo mismo todos, así que no me parece correcta la actitud del amo en este caso.
    —¿Qué dices?— exclamó entonces Rey. Yo di un paso al frente.
    —¡No voy a estarte oyendo, te lo advierto! ¡No estoy de humor!— respondió ella, tajante.
    —Cálmense— murmuré.
    —¡Ni siquiera sabe tu nombre! ¡Y te comparas conmigo! —continuaba el Persian.
    —¡Tú no eres más que un despreciable hipócrita!— le gritó ella.
    —Marriot, por favor, contrólate… —insistí.
    —¡Cállate tú, Fyrus! —ahora se dirigía a mí, igual de furiosa—. ¡Cállate y vete, que tú eres el peor de todos!
    —Pero, ¿por qué?
    —¡Porque te odio!
    —No entiendo— le respondí con sinceridad y temor.
    —¡Tú acaparas todo el amor de los amos, tú eres el centro de atracción, la novedad, a ti todos te admiran, y no te das cuenta que me has desplazado! ¡Olvidas quién llegó primero a esta casa!
    —No ha sido nunca esa mi intención.
    —¡No me importa cuáles sean tus malditas intenciones! ¡Me arrastraste, me arrollaste! ¡Ahora nadie me quiere, ni Emily, ya ves! ¡Sólo piensan en ti!
    —Eso no es verdad —intervino Midnight.
    —¡Nunca debiste haber llegado aquí! ¡Nunca debieron haberte adoptado! ¡Ya lo sabía, era mi perdición!— continuaba gritándome, sin oír a Midnight.
    —Marriot… por favor, yo comprendo tu situación, pero debes entender que…
    —¡No entiendo nada! ¡Yo no entiendo nada ya! —exclamaba con hiel sin contener.
    —Cuida lo que dices —volvió a interrumpir Midnight, como mediando la situación—. No es razón para odiar a alguien, o que te tomes esto tan personal. No es nuestra culpa lo que hagan los amos.
    —¡Cállate tú, mocosa! ¡Y tú, Fyrus, también! ¡Vete, vete de aquí! ¡No te quiero! ¡No me interesa ser tu amiga! ¡Te odio!

    Siguió un silencio prolongado, yo ya no sabía que decir, estaba desconcertado por el mal humor tan repentino de la que consideraba mi amiga. Ahora comenzaba a darme cuenta de que ella también era falsa en lo que decía.

    —Nadie comprende. Me siento terrible en esta casa. Todo ha cambiado. Y en vez de buscar entender mi postura, vienen a burlarse de mí.

    Pero yo estaba seguro que todos nosotros, o al menos exceptuando a Rey, le entendíamos perfectamente. Lo vimos. Vimos la indiferencia sin razón aparente de los amos hacia ella.

    —¡Miserables! ¡Son unos miserables, todos ustedes! —comenzó a gritar de improviso nuevamente. De poder lanzar fuego, no dudo que lo hubiera hecho.

    Yo quería retirarme. No me gustan estas situaciones tan pesadas.

    —Pero olvídense. Y ya, no se preocupen. No me necesitan, ni los necesito. Ni ustedes me aprecian, ni yo a ustedes. Creo que nos estorbamos. ¡Pero ya sé lo que voy a hacer! ¡No van a volver a verme jamás! Y… y… ¡Y se van a arrepentir, lo juro! ¡Arrepentirse de todo el daño que me han hecho! Todo ha sido intencional, ustedes han querido aplastarme. ¡Pero ya sé lo que voy a hacer! ¡Ya sé!— exclamaba con furia sincera.

    Me dio miedo su determinación, pensé lo peor. ¿Qué era lo que iba a hacer?

    —¡Tú, Fyrus, me has robado el afecto de los amos! ¡Me robaste a Emily, y lo sabes! —luego señaló a Midnight—. A ti, todos te quieren. Eres la mascotita perfecta. Para ellos, eres tierna y graciosa. ¡Si te conocieran! Y además, vas a ser una tonta Umbreon. ¡Todo el orgullo de la familia! Y, ¿que puedo decir de ti, Rey? Nada que no haya dicho ya. ¡Eres un maldito venenoso, un canalla, un Persian bajo y odioso!

    Por un momento, Rey se quedó sin habla, pero luego reaccionó.

    —Voy a hacerte tragar todas esas palabras, insecto.
    —¿Qué me vas a hacer? No me importa ya. Haz lo que quieras.

    Midnight estaba atenta, con el corazón en la garganta, llena de terror.

    —Rey… no lo hagas… por favor —susurró la Eevee—. Marriot… vamos, cálmate…
    —Que nadie me dirija la palabra. ¡No voy a escucharlos más! —dijo Marriot.
    —No es apropiado —comenté—. Tu proceder no es apropiado, sino inconsciente.
    —¡Cállate!
    —Reflexiona, Marriot. Nada de lo que dices es real —continué.
    —¡Que te calles! ¡Te lo advierto! —volvió a gritar, irracionalmente.
    —No quiero problemas… Nadie te está deseando nada malo.
    —¡¡Basta!!

    Y profiriendo una explícita palabra malsonante, que no sé de dónde haya aprendido, se me abalanzó de entre la oscuridad con tal furia y con tal ímpetu que me hizo perder el equilibro hasta caer de espaldas. Escuché los gritos de Midnight aterrados mientras Marriot me atacaba fuera de sí. Podía sentir sus pequeñas garras intentando herirme a la vez que quería vanamente hacerme daño con todas sus fuerzas y sin uso de estrategia exacta. Sus uñas agudas buscaban mi garganta, pero era sencillo evitarla. Yo forcejeaba para retirarla, pero tampoco quería lastimarla, así que de un empujón con mis patas traseras la mantuve al margen. Ella retrocedió un poco; los cuatro estábamos desconcertados por la situación. Marriot se dio cuenta que no era ese el camino correcto, ya que no era capaz de hacerme nada de daño y estaba en marcada desventaja conmigo. Quizás estaba segura de que yo no le haría nada, que era un pokémon pacífico y que no era capaz de utilizar mis poderes contra ella. Y no se equivocaba, porque no los usé: no contra esa pokémon, que no era la Marriot que yo conocía.

    Marriot comprendió lo que sucedía, y se incorporó después de mi patada. Ahora que estaba cerca de mí pude distinguir un poco más su hundido rostro entre las sombras. También noté que las lágrimas de rabia e impotencia inundaban sus ojos sin querer correr por la cara. Debía estar asfixiándose por dentro. Me miraba fijamente, jadeando, pero esa mirada no la pude comprender, era tan neutral. ¿Seguía furiosa? ¿Quería volver a atacarme? ¿O estaría razonando y nos pediría disculpas? Sus ojos expresaban algo raro, además de tristeza.
    Bajó el rostro, e incapaz de volver a vernos nuevamente por la vergüenza o el coraje, emprendió una carrera repentina hacia su habitación, queriendo irse para siempre de ese lugar. Nos dejó asombrados a todos, pero más a mí, que nunca esperé que me atacara de ese modo tan insolente. Nuestros pensamientos eran confusos. ¿Y ahora qué iba a hacer Marriot? Yo continué con una grandísima inquietud, porque sus palabras tan firmes de hace un momento me llenaron de terror. Si ella estaba decidida a hacer algo drástico ahora que ya todo estaba perdido, era preciso ir a hablar con ella una vez que se recuperara la serenidad.


     
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    O: publica el siguiente para poder saber que pasa D: Es extraño que se hayan ido sin dejar ni siquiera una criada, puede que no regresen xd Vaa ser todo un reality estar dentro de la mansión. A todo esto mid escondio a Meowth y la rata en su habitación? Esperare impaciente el proximo capítulo
     
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    Hns Gracias por leer, pues aquí pongo el siguiente para cuando puedas .w.
    Narra personaje especial -w-



    XVIII.

    Midnight


    La verdad no sé… habría pasado una media hora, o tal vez cuarenta minutos desde la retirada de nuestros amos a casa de sus parientes, y unos veinte minutos desde que acabó la gran discusión... Yo ignoraba dónde estaban los demás, porque había salido corriendo con dirección al inmenso balcón, en la planta alta. No sabía dónde refugiarme, pero no quería ver a nadie. Al menos afuera estaría sola unos momentos. Allí, lejos de todos, no pude evitar echarme a llorar de pena por la situación. No podía comprender nada. ¿Por qué todos en esta casa son tan infelices? ¿Por qué todos están tan tristes, tan molestos, tan frustrados? Supuse que esos eran los motivos por los que no se podían soportar mutuamente. Marriot ya lo decía con toda claridad.

    ¡Eso dijo, dijo que me odiaba! ¡Lo dijo en mi rostro! Abiertamente confesó ese secreto que llevaba guardado. Me turbó la manera en cómo pensaba acerca de mí, lo que sentía en verdad, todo ese odio que surgía cada vez que se cruzaba por mi camino y me veía, todo eso que yo nunca llegué a imaginarme, lo escupió sin poderlo contener. Fue una desgarradora sorpresa, porque nunca pensé que yo fuera una mala Eevee. Es más, no recuerdo una sola cosa por la que me pudiera guardar tanto rencor. Sí, sí, hemos tenido nuestras discusiones, pero todas han sido por trivialidades, por cosas tontas, nada importante. Nada por lo que se pudiera llegar a odiar a un compañero. Es por eso que no pude contener mi justo llanto, porque a Marriot no sólo la he visto como una amiga, sino como a esa hermana mayor que nunca tuve y siempre deseé tener. A decir verdad… la quiero mucho, por eso me duele saber que ese sentimiento no es recíproco.

    Creí que después de hoy, nada volvería a ser igual que antes, y no me equivocaba bastante. Esta discusión y todas estas confesiones seguramente serían un punto crucial en nuestras vidas, o en nuestras relaciones. Por una parte, Marriot ya no quería vivir aquí, y tampoco volver a vernos, a nadie, seguramente bajo ninguna actitud. Además, Rey estaba con ese pensamiento otra vez, de querer destripar al primer que se le ponga enfrente, por lo que no me le he de acercar por varios días, hasta que la molestia se le pase un poco. Su nombre le hace pensar que efectivamente es el rey de la casa.
    Lo que más lamento es la mala impresión que le hemos dado al nuevo, al Raichu, porque desde el día de ayer sólo le hemos demostrado que somos unos pokémons agresivos y mal organizados, pero sobre todo, debe sentir que su llegada ha sido el principal problema de nuestras disputas. ¡Qué pena me da, y aún más que nadie piense como yo al respecto!

    Desde mi punto de vista, la llegada de un nuevo integrante de la familia debía traer un poco de paz a la situación tan tensa. Ahora veo que somos afortunados, porque al amo se le ocurrió comprar un Raichu y no un Arcanine. Esto último sin duda hubiera sido mucho peor. Pero tuvimos la suerte de toparnos con un pacífico Raichu, y que se trajera de último momento, para que la repentina llegada se ablandara. Aún así, esto está trayendo sus consecuencias: nadie se habla ya, todos están molestos. La culpa de todo sin duda la tienen los amos, por no darse cuenta de los sentimientos de nosotros. Pero lo de Fyrus es diferente… no sé, quizás todos nuestros destinos estaban vinculados.

    Me sequé las lágrimas de las que se llenaron mis ojos, y luego intenté tomar un poco de aire puro de la noche. Mis planes, un poco vacilantes, eran volver a entrar a la casa e intentar hablar ya más calmadamente con Marriot. Me da pena verla tan triste. No sé qué le ha estado sucediendo, pero ya no es la misma de antes. Así que intentaría hacerla entrar en razón, para que se alegrara de nuevo. No quiero que se vaya de la casa… no lo soportaría.

    El gran problema era que no sabía qué cosas decirle que pudieran aliviarla. Ya estaba frente a su habitación y aún no se me ocurría nada. La puerta, como siempre, estaba semiabierta, sólo para darle un empujón y entrar.
    Así lo hice, y me asomé tímidamente. No vi a la Vulpix por ningún lado. Decidí entrar despacio, sin hacer ruido, pero ni el interior me regresaba el eco. Era como un sitio muerto.

    —¿Marriot? —murmuré.

    No hubo respuesta.

    —Marriot —volví a decir, aún temblándome la voz.

    Continué avanzando sin verla ni oírla. Di un rodeo a la cama en donde durmiera Emily, y ahí mismo encontré a mi amiga, recostada, con la cara entre las patas.

    —Hola, Marriot.
    —Vete —espetó, sin alzar el rostro.
    —Espera, no… no vine a discutir…

    Tampoco obtuve respuesta, ni se dignó a mirarme. No quería hablar.

    —Sé cómo te sientes —continué—. Yo también me siento muy mal. ¿Podemos platicar, por favor?
    —Si no te largas ahora mismo, voy a lanzarte por la ventana —amenazó.

    ¡Cómo me llené de tristeza ante ese pokémon tan voluble! Tuve que retirarme presurosa porque, aunque nunca me ha tirado desde un segundo piso ni nada parecido, sí me ha cumplido algunas malas promesas igual que Rey, como tirarme mi comida a la cara, o encerrarme en mi habitación todo el día, a fuerza de trancas por la parte de afuera de la puerta. En esos momentos calculé que, así de molesta y considerando que ahora me odiaba, era probable que intentara arrojarme en un cruel intento por deshacerse de mí.

    —¡Vamos! ¡Muévete, largo! ¡Saca tus sucias patas de mi cuarto! ¡No quiero volver a verte jamás, horrible y malvada Eevee! —me gritó de forma déspota.

    Con la garganta apretada y conteniendo un llanto casi invencible, terminé de salir corriendo, espantada, tan rápido como mis patas pudieron moverse y mi mente reaccionar. En ese momento no supe por qué me apresuraba tanto, ya que nadie me perseguía, pero cuando el miedo y el nerviosismo me invaden, dominan mi ser y ya no pienso las cosas. Así que no paré hasta que alcancé la sala, escaleras abajo, en donde se había desarrollado la pasada pelea.
    Rey había desaparecido.
    Fyrus estaba trepado en una repisa ocupado en algo que de primera instancia no logré entender, y cuando me vio llegar, dejó lo que estaba haciendo para hablarme.

    —¿Qué te pasa? —me preguntó.
    —Marriot… Marriot está furiosa con todos —expliqué, jadeante.
    —¿Qué ha sucedido ahora?
    —Nada, nada nuevo… es sólo que… intenté ir a hablar con ella, es todo. Sigue molesta… quiso lanzarme por la ventana.
    —¿Qué? ¿Cómo te va a lanzar? Ni siquiera podría cargarte. No, no te preocupes, que son amenazas sin fundamento, ya se le va a pasar. Es más, yo iré contigo a verla.
    —¿En serio? —pregunté entusiasmada. Si todos arreglábamos la situación juntos, era mejor—. ¡Vamos!
    —No, ahora no —dijo, cortante—. Ahora no. Tenemos que esperar.
    —¡Pero hay que ayudarla!
    —La primera ayuda debe venir de ella misma. Después podremos intervenir nosotros. De otro modo jamás nos escucharía.

    Y se dio media vuelta, con calma y control, para inclinarse ante una especie de maceta que estaba colocada, como varias más, sobre dicha repisa. Como si yo fuera invisible, no volvió a hablarme o mirarme. Y yo me inquieté, porque quería acabar con esta pesadilla cuanto antes.

    —¿Y cuánto habremos de esperar?
    —No sé, depende de ella. Ya lo verás.

    Fingiendo nuevamente que yo no existía, me dio la espalda para seguir ocupándose de unas extrañas plantas que surgían de las macetas. Estaba como abstraído en ellas, las observaba, las acomodaba e incluso las regaba con un bote agujereado que había llenado de agua previamente. No creí que estuviera intentando obstruir mi visibilidad, por lo que di un rodeo a la repisa para poder ver mejor la escena. Tanto amor que les tenía o les demostraba a esas cosas terminó por extrañarme.

    —¿Qué es eso?
    —Unas plantas, aparentemente olvidadas. Hace unos momentos salí al patio trasero y las encontré ahí, relegadas. Fue sólo cuestión de contemplar estas tristes hojas tan descuidadas. Pobres criaturas, no merecen ese trato —me explicó, más como internamente que hacia mí—. No sé si los amos las echen de menos, pero he decidido adoptarlas. Míralas, necesitan agua.
    —Son lindas —opiné con sinceridad—. Y no las había visto aquí antes. Debían tener mucho tiempo afuera, ¿no?
    —Y no sólo son lindas, también tienen usos medicinales, ¿sabes? —dijo sonriendo—. Éstas abundaban en mi bosque, así que las conozco bien.
    —¡Qué extraordinario! Has hecho muy bien en encargarte de ellas. Cuídalas mucho, necesitan tu afecto.
    —¿A los amos les interesan las plantas?
    —No sé —respondí—. De hecho, creo que no. Claro, tienen este jardín, pero nunca he visto que las traten como tú… como si fueran pokémons, o al menos, como si supieran que las quieres.
    —Sí saben —me dijo—. Sí saben. Si las tratas con cariño, y les hablas, y las cuidas, crecen más grandes y bellas; y te gratifican tu esfuerzo ayudándote. ¿No te he dicho que tienen propiedades medicinales? Yo he aprendido a emplearlas. Un amigo Linoone que conozco me enseñó acerca de esto.
    —¿De verdad?
    —Sí. En el bosque donde yo vivo —comenzó a decir, luego se interrumpió de súbito—… quiero decir, en donde vivía, había tantas y tantas plantas de todo tipo. Las había pequeñas y altas; otras despedían olores magníficos, y unas más gestaban las flores más bellas del mundo. Entonces el bosque se ponía muy colorido. ¡Cómo cuidábamos nuestra vegetación!

    Me pareció muy interesante la descripción que me hacía Fyrus acerca de sus tierras, por lo que comencé a experimentar curiosidad.

    —Yo nunca he ido a un bosque, entonces. Bueno, eso creo.

    Fyrus estaba pensativo, ahora parecía que no quería hablar mucho.

    —Me pregunto qué suerte habrán corrido mis amigos.
    —¿Por qué? ¿Cuáles amigos?
    —Los del bosque. No recuerdo si fue ayer o hace más tiempo, pero hubo una cacería terrible. Espero que estén bien. Lo que más me inquieta es que mis hermanitos estaban ahí —dijo casi para sí.
    —No sabía que tuvieras hermanos —comenté.
    —Tengo varios, pero sólo dos menores. Estos chicos no tienen experiencia en cacerías. Por eso he estado bastante preocupado. Debo confiar en que no hayan salido de aquel escondite, como lo hice yo.

    Yo comenzaba a sentir nervios, parecía que este Raichu tenía algo de historia, una historia muy interesante.

    —Pero, ¿qué fue lo que sucedió?
    —No sabes lo que es una cacería, ¿verdad?

    Negué rotundamente; jamás había escuchado acerca de eso. Era una palabra nueva para mí. Poco a poco me fue explicando con detalle, y al final supe todo, aunque no podía comprenderlo. ¿Por qué los humanos les harían daño a los pobres pokémons del bosque? Era algo que no tenía sentido. Si no hacen daño a nadie, ¿por qué los hombres les declararían esa injusta guerra? ¿Para demostrarles superioridad? Esas cosas le preguntaba a Fyrus, quien tampoco tenía una respuesta exacta, pero sí varias opiniones acumuladas a lo largo de su vida.

    —Los humanos no son superiores a nosotros. Ni siquiera tienen poderes, se valen por sus armas que ni siquiera fabricaron ellos mismos. Así que no son ni más poderosos, ni más inteligentes que nosotros. No sé por qué no nos dejan vivir nuestra vida mientras ellos disfrutan de la suya.
    —Ni yo. Pero dime qué pasó.
    —Nos atacaron, como en otras ocasiones ya han hecho. Sólo que ahora mi destino fatal me llevó a caer presa de sus garras. Me sometieron, aunque yo haya jurado antes que nunca lo harían.
    —Te capturaron y te llevaron a la tienda, ¿no?
    —Así fue, pero mis hermanos y amigos se quedaron. No pude saber sus suertes. Eso me deja bastante intranquilo. Mis hermanos son muy pequeños, y temo por ellos de una manera especial. ¡Cómo quisiera volver a verlos, aunque sea un momento, para saber que están a salvo!
    —No te preocupes —me apresuré a decirle—. Estoy segura que salieron con bien.
    —Ése es mi único consuelo, creer que lograron escapar, y que no los hayan capturado como a mí.
    —Aunque creo que será difícil… que puedas volver a verlos… pronto.
    —Lo sé —dijo tristemente.
    —Aunque puede ser que, si los capturan, los lleven a la misma tienda en donde te adquirieron los amos. Así podrían estar más cerca.
    —No, eso es dudoso —me respondió—. No creo que sea la única tienda de pokémons, ¿o sí?
    —No… —contesté—. Pero cada vez que pueda, voy a dar unas vueltas por ahí, para ver si hay nuevos pokémons. Si viera algún Pikachu, yo me encargaría de convencer a los amos para que lo compren. ¿Te parece?
    —De acuerdo —contestó desganado.

    Me pareció que el Raichu tomó en broma mis palabras, como si creyera que fuera imposible lo que le dije. ¡Qué mala debo ser para consolar a los demás!

    —¿Y tú de dónde vienes? —se interesó—. Ya hemos hablado bastante acerca de mí.
    —Casi no recuerdo nada, sólo unos cuantos detalles —le respondí—. También me compraron los amos, sólo que en un criadero. Mis padres… ellos eran dos Flareons. Afortunadamente me separaron de ellos cuando yo era muy pequeña, por lo que no retengo muchas imágenes sobre ese lugar. Así que me he ambientado a esta casa como si aquí hubiera nacido.
    —¿Eran Flareons? Recuerdo a esa especie —me dijo, mientras intentaba acordarse—. Una vez, los humanos llevaron uno de ellos al bosque. Son de fuego, ¿no? ¿Y tú, también serás una Flareon?
    —No, los amos dicen que prefieren que sea una Umbreon —contestó—. Personalmente, me gusta la especie. Emily me ha mostrado varias fotografías sobre pokémons como esos, y me he convencido bastante. También me gustan los Flareon, claro. Pero supongo que ese gusto viene por raíces. Mi familia estaba compuesta por Flareons, después de todo. Me gustaría lanzar fuego, tener un poder más especial, eso que un Umbreon no tiene.
    —¿Qué tal un Jolteon? —me sugirió—. Los eléctricos son buenos, también.
    —No sé —le respondí, de nuevo con toda sinceridad—. Pero no estoy en condiciones de elegir. Son los amos los que determinan.
    —¡Qué increíbles son ustedes los Eevees! —exclamó—. Pueden decidir su destino. Tienen varios caminos para escoger.
    —Son siete —contesté—. De los cuales sólo me gustan los Umbreon, y los Flareon. Debe ser increíble tener poderes de fuego. Por eso admiro tanto a Marriot.
    —¿Qué? —me preguntó—. Por lo que yo le entendí, ella no puede lanzar fuego.
    —No puede, pero algún día lo logrará, estoy segura.

    Titubeé un momento, porque quería decirle un secreto, pero no sabía si Fyrus sería de confianza para recibirlo. Al final me decidí.

    —No le vayas a decir a Marriot, pero los amos están pensando en evolucionarla. Al parecer, ya han comprado esa piedra, o no sé qué sea, con lo que se evoluciona. Emily está bastante decepcionada con ella. Cree que si la logran evolucionar, también va a renacer su poder oculto.
    —¿Y cuál es el problema?
    —Que Marriot no quiere evolucionar. No desea ser una Ninetales. Ese Swellow de la fuente, su amigo,… le ha metido tantas cosas en la cabeza, pero bueno. Ahora la pobre está taciturna. Ya lo viste tú mismo, se enfada y se frustra por cualquier cosa. Es eso mismo que tiene interiormente, que también se siente terrible por no poder ser una Vulpix normal. No sé si esté enferma, pero Rey la molesta todo el tiempo, recordándole su defecto.
    —Qué horrible —dijo, muy despacio, y añadiendo en voz aún más baja, me dijo—. Y mira quién viene por ahí.

    Volteé enseguida a ver el lugar en donde me señalaba, que aparentemente era el pasillo por donde divergían las habitaciones. Como ya estaba iluminado completamente, pude distinguir la vacilante y enflaquecida figura de Marriot que caminaba lentamente hacia nosotros, como si cada paso le costara un gran esfuerzo, no sólo mental sino físicamente también. Sus ojos, más hundidos de lo normal, rehuían nuestra presencia, porque miraban hacia el suelo crujiente. Yo me asusté al verla tan demacrada; seguramente sí estaba enferma.
    Después de tomarse mucho tiempo para llegar hasta donde nos encontrábamos nosotros, no alzó la vista, sino que continuó mirando siempre hacia abajo. No dijo nada.
    El silencio tan prolongado comenzaba a hacerse penoso. Seguramente la Vulpix necesitaba decirnos algo, pero no podía, quizás porque su orgullo estaba totalmente roto.

    —Hola, Marriot. ¿Estás bien? —le pregunté con voz temblorosa, dudando. En otras circunstancias, no le hubiera dirigido la palabra, pero me daba miedo verla en ese estado tan decaído.
    —No —respondió al fin, con un hilo de voz. No levantaba el rostro.

    Fyrus volteó a otro lado, hacia donde ocupaban lugar sus plantas, y se puso a regarlas con total tranquilidad, dándole la espalda a Marriot, indiferente.

    —Hmm… ¿sabes si los amos dejaron algo de comida para mí? —preguntó quedamente la Vulpix.
    —Me parece que sí. Búscala, estará en la cocina —respondí.
    —Gracias —dijo, y luego se fue despacio al lugar indicado.

    Pero no pudo llegar ni a medio camino, porque comenzó a flaquear su decisión. Se veía muy extraño su comportamiento, ya que no sabía si irse, o regresarse a decirme algo. Sus movimientos vacilantes eran hasta cómicos. Estaba como luchando interiormente, o algo así me pareció.
    Al fin volvió sobre sus pasos, de nuevo tomando camino hacia mí, aún sin alzar la vista. No habló sino hasta que la encontré justo al frente, y fue así:

    —Midnight, sé que estás molesta conmigo. Tienes todo el derecho. Pero… —comenzó diciendo, y se detuvo a pensar, o a organizar sus ideas—. Pero, ¿sabes algo? Estoy… estoy arrepentida de haberte hablado así.

    Yo estaba muda, no sabía qué decir o cómo reaccionar ante esa situación. No me esperaba esa respuesta de su parte, y aunque así fuera, no sabía si creerle en esta ocasión, ya que otras veces había sido falsa con nosotros. Por su parte, Fyrus agitó la cabeza de un lado a otro, como signo de incredulidad.

    —Me estoy disculpando, Eevee. Ya lo dije… ¡perdón! ¿Qué dices? Y tú deja de verme así, Fyrus, que no te estoy hablando —hizo una pausa, tomó aire y, como yo no respondí, terminó de turbarse—. Bien, Mid, creo que al fin está todo arreglado entre nosotras. No te odio, lo dije sin querer.
    —Está bien, Marriot, no te preocupes. Yo también te quiero, y no voy a negarlo —respondí enseguida.

    Se puso nerviosa, volvió a bajar la vista y comenzó a caminar.

    —Gracias —me pareció que decía por lo bajo al retirarse a la cocina.

    Fyrus y yo seguimos con la vista a nuestra compañera hasta que se perdió detrás de la puerta.

    —Tenías razón —le dije—. La ayuda debía venir de ella misma primero.
    —Ahora estará en mejor disposición de hablar.
    —Oye… pero parece que no tiene ningún interés en tratar el tema contigo.
    —Lo sé, y no me preocupa.
    —Por cierto, yo quería decirte algo, Fyrus —comencé, dudosa—. Es un secreto. Pero no sé si puedas guardarlo, ya que no me gustaría que otros se enteraran.
    —Dime, te prometo no decirlo a nadie.
    —No es gran cosa. Es sólo que tengo dos nuevos amigos que ahora van a vivir en esta casa. Nadie lo sabe, y si los amos, Rey o Marriot se enteran, los van a echar sin pensarlo dos veces.
    —¿De quiénes se trata?
    —Así que los quieres conocer —respondí gustosa—. Bueno, ¡sígueme!

    Y eché carrera hasta mi habitación. Fyrus me seguía.


     
    Última edición: 8 Febrero 2016
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    Buen personaje especial! ahora solo falta Rey y los hermanos pikachu (ojala haya algún capitulillo de ellos) (?) Este método de narración es todo un acierto, mantiene expectante para saber quien podrá ser el próximo cap comodín X'D Ahora que que se sabe lo de los padres de midnigth y su admiración por Marriot es imposible no pensar que ella sera un flareon en algún momento. Igual es como medio chocante que tanto marriot como mid no sepan nada de nada de lo que ocurre en el mundo exterior, de rey no me lo espero es tan malo que debe saberlo todo.
    PD: Podría haber un bonus de la historia del Mightyena del jardín y su enemistad con el Persian, si es que ya no la hay.
     
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    Hns ya me iba hoy, y no había posteado... Aquí dejo este cap. Qué bueno que te haya gustado el capítulo de Midnight, en su tiempo me lo pisotearon mis viejos lectores xD Ah, es que Mid y Marriot no saben porque nunca estuvieron viviendo salvajemente, es obvio que no conozcan más que las comodidades.



    XIX.



    Meowth

    El día de hoy tuve bastantes sorpresas. Primero, el encontrarme inesperadamente con Midnight a las afueras de su jardín. Después, que pudiera entrar a la gran casa. Y luego todo lo que me sucedió después.
    Ya he dicho que Mako quiso colarse junto a mí, y que la Eevee lo aceptó sin más. Bueno, pues al final nos indicó por dónde nos deberíamos meter para no causar ninguna impresión a sus amos o a otros pokémons, que según me explicó, son bastante recelosos.

    —Sin hacer ruido, por favor, muchachos— nos iba explicando al tiempo que nos señalaba una muy pequeña ventana al fondo de la casa—. Si Rey se llega a dar cuenta de que están aquí, seguro que le molestará bastante.
    —¿Quién es Rey?— pregunté, echando un brinco hacia el interior.
    —Deja que yo te responda— interrumpió sorpresivamente Mako—. Si su actitud no ha cambiado, puedo decirte que Rey es el Persian más petulante e hipócrita que hayas visto jamás. No paraba de perseguirme por toda la casa, intentando tragarme. Tendrías que verlo también cuando está con su amo, realmente es odioso.
    —¿De dónde es que lo conoces?— preguntó intrigada Midnight— Has hecho una increíble descripción de Rey, pero yo nunca te había visto antes. ¿Ya has estado aquí?

    Habíamos llegado a un cuarto bastante oscuro y sucio, en el que apenas podíamos distinguir nuestras propias siluetas. El lugar era extremadamente silencioso, y por la tenue luz que se traspasaba de la ventana, lográbamos darnos cuenta que el sitio estaba lleno de cosas por el suelo y las paredes.

    —Le comentaba al Meowth que yo ya había vivido aquí antes, en un nido con mi familia. Fue hace como un año que estos tontos humanos me sacaron a escobazos, destrozando el nido. Creo que se molestaron porque nosotros los Rattatas y Raticates tomábamos los alimentos de su refrigerador. Eso sin duda les desagradó y fue entonces que nos dieron caza.
    —No lo sabía— murmuró Midnight—. Bueno, pues bienvenido nuevamente a la casa. ¿Cuál es tu nombre?
    —Mako, como me bautizaron mis padres— sonrió—. Y no necesitas decirme cuál es el tuyo, que el Meowth se ha encargado de decirlo a todas horas.

    Y luego rió despacio ante mi frustración.

    —Es un lugar divertido, pero lúgubre— opiné, avanzando rápidamente.
    —¡Espera!— exclamó ella—. ¡No toques nada!
    —¿Qué es este lugar?— pregunté.
    —Es mi habitación. Aquí es donde duermo, el lugar que me han asignado los amos. No se está tan mal aquí, porque es un sitio tranquilo. Ahora puedo compartir la mitad con ustedes; la mitad del fondo de la recámara, para evitar que sean descubiertos tan fácilmente si es que entran los amos. De aquel lado, detrás de todos esos muebles y baúles podrían quedarse.
    —Qué extraordinario— dije yo.
    —¿Puedo ir a recorrer la casa?— preguntó Mako—. Necesito volver a ambientarme a esta vida, así como recordar dónde está cada cosa. Estoy seguro que en este año, algo habrán cambiado de lugar desde que me fui. Así que ábreme la puerta, que voy a la cocina. No te molesta que tome un bocadillo del refrigerador, ¿o sí?
    —¡No! ¡No salgas!— exclamó casi cortándolo—. No, ahora no, que te pueden ver y te volverán a sacar.

    Mako suspiró, enfadado.

    —¿Y entonces qué se supone que haga yo aquí adentro? No quiero quedarme todo el día en este cuchitril. Vamos, Meowth, di algo, no olvides que he venido por ti.
    —¿Has venido por mí?— reclamé—. ¡No, nadie te ha traído! Tú fuiste quien quisiste venir.
    —Cálmense, cálmense, no van a ponerse a pelear ahora— medió Midnight—. Miren, vamos a hacer esto: hoy en la noche, se van a ir los amos a… a una reunión, parece. El caso es que van a tener espacio para salir de la habitación, ¡pero sólo cuando yo se los indique! No pueden salir antes, me echarían toda la culpa de haberlos invitado a la casa. Tanto los amos como mis compañeros pokémons son bastante especiales, y ya vieron cómo es esta Vulpix. Los prejuzgó desde que los vio.
    —Está bien, aquí esperaremos— resolví.
    —Muy bien, entonces por ahora van a permanecer escondidos, pero les juro que esto no va a durar mucho tiempo, pronto podrán salir. Además, quiero presentarles a alguien más con el que creo que se llevarán excelente. Ahora, ¿podrían esperarme unos minutos? Necesito salir para ver cómo están las cosas, y ya vuelvo.
    —Claro— dije.

    Asintió y entonces comenzó a caminar hacia el otro lado de la estancia, donde supuestamente estaba una puerta (no podíamos ver nada, pero Midnight conocía su habitación de memoria). Salió despaciosamente, para no hacer ruido o llamar la atención, pero afortunadamente no ocurrió nada y pudo ir a echar un vistazo exitosamente. Mientras que ella se fue, nosotros comenzamos a husmear las cosas que había en ese cuarto.

    —¿Y esto qué será?— pregunté intentando abrir un cofre extraño.
    —Deja— musitó el Raticate.

    No hice mucho caso ante la mustia respuesta de Mako, pero enseguida volvió la Eevee casi corriendo y abrió violentamente la puerta ante mi sorpresa. Dejé enseguida todo como estaba, temeroso de que se molestara por andar espiando sus cosas, pero parecía que no se había dado cuenta de nada.

    —¿Qué sucede?— pregunté nervioso.
    —Nada.
    —¿Por qué viniste corriendo?
    —No sé— dijo, pensativa.
    —Pues me asustaste— dije—. Creí que alguien venía tras de ti.
    —Lo siento, no ocurre nada. Ya lo confirmé con Marriot, esta noche los amos se van a ir y ustedes podrán salir.

    Me alegré bastante de ello. Después, nos aburrimos bastante esperando la hora deseada para poder abandonar la habitación. La tarde pasaba lenta.




    Al fin, había llegado la hora en que debían irse los amos.

    —Ya ha anochecido y escucho algunos ruidos extraños en las habitaciones contiguas— nos explicó Midnight quedamente—. ¿Qué les parece si voy a echar otro vistazo?
    —De acuerdo— contestamos ambos, sentados contra la pared.
    —No se enojen— nos pidió—. Los amos ya deben estar por irse. Entonces, como les prometí, podrán salir. Sólo espérenme un poco, ya vuelvo, ¿sí?

    Y sin que dijéramos algo más, bastante enfadados, la vimos volver a salir de la habitación con prisa.


    —No sé tú— me dijo Mako, levantándose, una vez que hubieran pasado cerca de quince minutos desde la salida de Midnight—, pero yo voy a salir. Ya me he hartado. No vine a quedarme sentado todo el día en este rincón esperando.
    —No deberías salir— le recordé—, porque pudieran verte los amos. Ahora es peor, porque deben estar corriendo por toda la casa para preparar sus equipajes.
    —Precisamente. Si están tan ocupados, no se molestarán en perseguirme, ¿no crees?
    —Yo no sé— repliqué encogiéndome de hombros.
    —Vamos, Meowth, no seas tan miedoso. Anda, salgamos y vamos a dar un recorrido por la casa.
    —No soy miedoso, es sólo prudencia, Mako— respondí—. Me han ocurrido cosas desagradables en mi vida por hacer lo que intentas.
    —¡Bah!

    De repente comenzamos a escuchar unos gritos violentos desde la planta baja de la casa; gritos inusuales, como si alguien estuviera discutiendo desesperadamente. Me dio miedo lo que estuviera sucediendo, porque pude identificar la voz de una pokémon, aunque no parecía ser la de la Eevee.

    —¿Escuchas?— pregunté quedamente—. Algo está sucediendo allá abajo.
    —Vamos— propuso.
    —¡Estás loco!

    La voz inconfundible de Midnight ahora se hizo presente, lo cual me hizo sentir escalofríos. Verdaderamente, podía distinguir tres o cuatro pokémons que se hallaban discutiendo acaloradamente. Me pegué lo más que pude a la puerta, intentando escuchar más con curiosidad.

    —Esta casa está maldita— refunfuñó Mako entre dientes—. Te lo dije, no debíamos entrar aquí. Sólo pasan cosas desagradables.
    —¡Déjame oír!

    Algo estaba reclamando una de las voces, pero no lograba identificar sus palabras por la intervención de las otras. ¿Midnight se había metido en problemas?

    —A ver, quítate— me dijo Mako. Ya se había acercado hasta donde yo me encontraba y ahora pretendía abrir la puerta.
    —¡Espera! ¿Qué haces?— le reclamé.
    —Ya te lo dije, quítate, voy a salir. Parece que allá abajo hay algo de acción.

    Yo comencé a pensar. Si lo que Mako decía era verdad, podía ser peligroso bajar en aquellos momentos, aunque nos quedaba claro que los humanos ya habían partido. Por otro lado, yo no tenía ninguna buena razón para seguir junto a ese Raticate maloliente, así que después de darle dos o tres vueltas a la idea, decidí apartarme de la puerta.

    —Como quieras. Sal, corre. Si puedes volver, me dices qué es lo que está ocurriendo.
    —Al fin comprendiste. Ayúdame a abrir esta puerta.

    Hice lo que me pedía, trepando hasta la perilla. Hacerla girar no fue difícil para mí, y la puerta cedió cuando el Raticate la empujó.
    Ambos salimos de la estancia, encontrándonos en un pasillo oscuro. Cerca estaban las escaleras hacia la planta baja.

    —Entonces ahora vuelvo. ¿Seguro que no quieres venir?
    —¡Escucha!— exclamé.
    —¿Qué escucho? No hay ningún ruido.
    —Precisamente por eso. Han dejado de pelear allá abajo.
    —¡Vamos, Meowth!— volvió a invitarme, al tiempo que corría hacia las escaleras.

    Yo seguía dudando. A pesar de que los humanos se habían retirado, no me gustaba la idea de que algún pokémon me viera. Quizás me encontrara con esa Vulpix que me había tratado tan mal ya en dos ocasiones.

    —Ve tú. Yo te alcanzo en un momento— le indiqué.

    Mako asintió con simpleza y comenzó a descender por las escaleras. Yo no tenía ninguna intención de seguirlo. Sólo esperaba el momento en el que Midnight me presentara con sus amos, cuando éstos se hallaran en una buena disposición, con una tonta esperanza de caerles bien y… no sé, que me adoptaran. Sabía que era un sueño imposible, pero al menos la primera parte de éste ya lo había cumplido: estaba en una casa.


    Tres minutos habían pasado desde que Mako había bajado por las escaleras con dirección al lugar en donde las voces discutían acaloradamente hacía unos instantes, y hasta ese momento, no había tenido noticia de él. Había prometido volver, después de todo, pero no se oía absolutamente nada.
    De pronto, escuché con pleno terror como unas pisadas sutiles y presurosas venían hacia mí, subiendo las escaleras como si estuviera huyendo de alguien. Me llené de nervios porque no sabía si se trataba de Midnight o de alguien más, y volteé hacia todos lados como para ver si cerca había algún obstáculo tras del cual pudiera esconderme en caso necesario.
    Un pequeño mueble con un jarrón azul que se encontraba casi pegado a la pared de la derecha era el sitio perfecto que se adecuaba a mi necesidad. Me arrojé tras de él para ver quién era el que venía con tanta celeridad.

    Detrás de mi escondite, abrí mucho los ojos para darme cuenta que la figura de una Vulpix terminaba de subir hasta donde yo me encontraba. Parecía como si alguien la estuviera persiguiendo de tan rápido que corría. Sin embargo, alcancé a notar cierto toque de tristeza en su rostro, a pesar de lo oscuro que estaba mi alrededor. No prestó más atención a mi presencia, afortunadamente no se percató de ella. Sólo se limitó a seguir su carrera hasta el fondo del pasillo, en donde desplegó de un gran empujón la puerta semi-abierta de una recámara y penetró en ella como si nada más le importara.
    Suspiré aliviado al darme cuenta de que el escondite había resultado todo un éxito; ahora sólo estaba con la expectativa de que la Eevee llegara de un momento a otro. Sin embargo esto no ocurría y me preocupaba bastante.

    Así que, para que nada malo sucediera, me devolví a la recámara en donde Midnight me había dejado y cerré la puerta tras de mí. Allí adentro, decidí esperar a que ella o Mako llegaran.

    Por eso es que nunca supe cuando Midnight corrió hacia el balcón, como después me contó.





    La puerta se sacudió de un modo suave, aunque yo me sobresalté de un modo incomprensible e irracional. Alguien la había abierto por fuera.
    —Hola, Meowth— me saludó Midnight, entrando con rapidez.
    —¡Hola, Midnight!— saludé gustoso y aliviado.
    Detrás de ella entró un extraño pokémon, que caminaba tan despacio que parecía como si cada paso lo diera sin ninguna energía, casi con flojera. Su vista profunda se clavaba en el suelo, y en nada más. Esa clase de pokémon ya la había visto antes en una tienda pokémon: sin duda se trataba de un Raichu y, por lo que había oído, eran especies muy salvajes y peligrosas. Retrocedí un poco, aunque el sujeto que seguía a Midnight no infundía nada de miedo.
    —¿En dónde está Mako, tu amigo?— preguntó la Eevee.
    —No sé. Salió— confesé.
    —¿Salió? ¿A pesar de que le dije que no lo hiciera?— reprochó con desgano.
    —Quise detenerlo, pero no pude. Por su culpa, casi nos pilla esa Vulpix que…
    —¿Qué dices?— preguntó sobresaltada—. ¿Los vio? Dime, ¿se dio cuenta de que ustedes estaban aquí?
    —No, no nos vio— respondí.
    —Menos mal— suspiró con alivio sincero—. Bueno, como sea, sólo ten cuidado de que nadie te vea por el momento, ¿está bien, Meowth? Yo iré a ubicar a Mako en un momento. Por lo pronto, quería presentarlos.
    Y nos señaló con una pata tanto a mí como al Raichu. Éste levantó la vista y me clavó sus ojos negros.
    —Fyrus, Meowth. Meowth, Fyrus. Espero que se lleven muy bien— nos dijo sonriendo.
    Yo me aproximé ahora sin prestar ninguna especie de cuidado, viendo claramente que el Raichu era amigo de Midnight.
    —Hola, Fyrus— le dije, extendiéndole una pata.
    —Mucho gusto, Meowth— correspondió sin mucha emoción mi saludo, con una voz tan profunda que casi llega a extrañarme.
    —Meowth va a vivir desde hoy en esta casa— explicó ella—, así que quiero que se sienta bien aceptado.
    —Bienvenido a la casa— me dijo Fyrus—. Aunque quizás no sea yo el más propio para decírtelo. Apenas llegué ayer— y luego se volvió a la Eevee—. Midnight, nunca me percaté que el amo haya adquirido un nuevo pokémon de última instancia antes de su partida.
    —No, el amo no compró a Meowth en la tienda— explicó—. Yo lo invité a vivir aquí, ya que tenía muchas ganas de visitarnos.
    —Vivía… vivía en la calle— complementé, sin saber si llenarme de pena ante ello—. En realidad, no tenía un hogar exacto, así que le pedí a Midnight que le dijera a los amos que me adoptaran. No sé si soy muy pretencioso, porque ellos aún no me han visto, pero realmente deseo pertenecer a una familia. Si no me aceptan, no tendré otro remedio que volver a mi vida de antes.
    El Raichu me escuchaba con atención, y luego de pensar un poco, comentó:
    —Situaciones análogas, Meowth. Yo busco mi libertad y tú renuncias a ella voluntariamente. La vida es muy curiosa.
    —Bueno— se disculpó Midnight—, necesito ir a buscar a ese Raticate, Meowth, porque si lo descubren por allá abajo me puedo meter en problemas. Marriot está en la cocina, y en estas condiciones, no quiero causar más disgustos. Ya vuelvo, ¿sí?
    —Está bien, Midnight, aquí te esperamos— dije.
    Ella salió corriendo, como de costumbre.


     
  14.  
    Hns

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    La verdad esta zona de la historia llega a ser rara, el eterno complemento de personajes de que uno desea lo que otro rechaza. Me cuesta demasiado llegar a entender a Meowth, tiene esa dicotomía de apreciar su libertad y al mismo tiempo desear entrar en la casa para lograr que lo adopten. Se entiende, su historia lo pide, pero renuncia a lo que protegió o predico desde un principio y deja de lado la nobleza que lo caracterizaba para poder servir (?)Yo no puedo evitar odiarlo por sus deseos X'D y heche tanto de menos la actualización X'DD no la exijo, para nada pero ya me había acostumbrado a leer a diario ni siquiera se cuanto paso. Lo sentí mucho tiempo jajajajaj X'D En serio te lo pisotearon? tal vez soy mal crítico jajajaj X'D que te dijeron? si es que se puede saber...
     
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  15.  
    Cygnus

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    Hns no pude actualizar antes, como siempre gracias por leer. El caso de Meowth es que él ama a los humanos, a diferencia de Fyrus, y siempre ha tenido la ilusión de pertenecer a un lindo hogar antes de estar comiendo basura en las calles. Esto se hizo latente desde hace mucho, recuerda la insistencia por entrar a la mansión. Creo que él nunca predicó sobre la libertad, eso lo hizo Fyrus.
    Lo pisotearon porque no sintieron la identidad de Midnight en él.
    Aquí el cap 20 por Marriot. Espero que te guste.



    ____

    XX.

    Marriot.

    La comida la encontré fría y seca sobre mi plato manchado, encima de la mesa, en donde yo nunca acostumbro a cenar. Allí no la alcanzaría jamás, a los amos se les olvidó que el plato deben dejármelo en el suelo. Sin embargo, fue un notable alivio que no tuviera hambre. No siquiera ganas de armar un escándalo por el poco cuidado que habían prestado a la hora de la cena, aunque a estas alturas, poco me sorprendía ya.

    En realidad, no intenté alcanzarla porque no tenía hambre, sino muchas ganas de llorar. Estaba bastante frustrada porque todo me estaba saliendo mal, nada de lo que hacía últimamente era correcto, quizás partiendo desde mi existencia. Algo me hacía pensar que nadie en este mundo me apreciaba, o que a nadie le importaba verdaderamente, que yo era como un estorbo en esta casa, que me hacían sentir como un fantasma vagando, un pokémon que todos veían pasar pero que nadie tenía el gusto de hablar o acercársele, como si tuviera la peste. Me herían estos detalles, mi orgullo estaba destrozado. Ahora había terminado mi relación amistosa con todos gracias a esa abrupta reyerta que tuvimos hacía una hora. Abiertamente les declaré a todos que los odiaba, pero más bien era al revés: ellos eran los que no soportaban mi presencia, los que me rehuían por mi carácter agriado. Lo comprendo. Y ya que estaba sola, justo en ese momento, sentía imprescindible una buena compañía, alguien con quien pudiera hablar, de comunicarle todos mis sentimientos y lo que pensaba sobre mi forma de proceder. Quizás haya sido por eso, muy en el fondo, que me disculpé con Midnight. No tanto porque me interese ser su amiga, sino porque me da miedo estar sola. Siempre tuve una compañía a mi lado, siempre alguien que al menos fingía escucharme, o alguien que me hacía creer que me quería, como los amos.

    Y entonces, cuando me ponía a reflexionar sobre su conducta, noté que estaba totalmente equivocada con el paradigma fabuloso que tenía acerca de ellos. Al parecer, Fyrus tenía toda la razón en esta cuestión, que yo no quise ver en esos momentos. Intenté recordar la postura del Raichu en cuanto a los humanos, y realmente no estaba tan desacertado. Lo que más me dolía era descubrir de golpe que toda mi vida había estado engañada, regocijándome tantas veces ante el amor falso que fingían tenerme, principalmente de Emily, que me consideraba más su pasatiempo o distracción que su mejor amiga. Era cierto, ese maldito Raichu me había abierto los ojos. Los pokémons en esta casa no habíamos fungido en otro papel que no fuera el de la estúpida mascotita. Quizás todo esto era nuestro inevitable destino, nuestro sino como pokémons. ¡Qué diablos! Ya no iba a continuar como la damita inocente que seguiría siendo manipulada por Emily a su completo capricho, para después olvidarse de ella completamente, como no se olvida a una verdadera amiga. ¡Cuántas veces la seguía por toda la casa queriendo simplemente pasar un rato en su compañía, mientras ella seguía caminando y me ignoraba con total cinismo! Yo la dispensaba, pero ya era suficiente. Es cierto, había pasado momentos realmente impagables junto a ella, y todo eso se lo agradecía infinitamente, pero eso ya tenía que quedar en el olvido, ya era pasado, ya no podía aferrarme en esos recuerdos en un intento por revivir la maltrecha relación entre ambas. No quería todos los lujos, no quería ese almohadón de terciopelo rojo, no quería el caviar de Remoraid, no quería jactarme de vivir en una mansión si iba a seguir siendo la mascotita de la casa, el ser irracional, el juguete. La mascotita secundaria, mejor dicho, porque la plaza protagonista la cubría ya Rey, feliz conociendo la hipocresía de la que lo alimentaban a diario a cucharón grande. Y él correspondía con más de eso, así que ya había un vínculo corrompido, sucio y venenoso entre el señor Maillard y el Persian, y los dos lo sabían. ¡Qué odiables, ambos!

    Y luego estaba ese Raichu nuevo, para terminar de echarme a perder la vida. La verdad, ¿qué podría expresar de él? Un tonto no era, porque solía hacerse el taimado para despertar simpatía, el muy maldito. Ahí está Midnight, el ejemplo claro. A pesar de que Fyrus la recibió con salvajismo, la muy boba no se le despega un solo instante, como si ahora fueran los mejores amigos desde siempre. Ese malvado sabe cómo herir, cómo lastimar, cómo destrozar a los demás, cómo destruirles su reputación y arañarles su alma. ¡Justo como me encontraba yo! Si estaba tan deprimida, todo era por culpa de él. Ojalá nunca hubiera puesto una pata dentro de esta casa, porque con él vinieron las desgracias. Lo odio por ser como es o como finge ser, lo odio por no tomarle aprecio a nadie en la vida, lo odio por robarme mi dignidad y hacerme sentir menos ante los demás, lo odio porque sé que él nunca haría nada por mí, aunque me encontrara en los mayores apuros.

    Estaba preocupada porque repudiaba a Fyrus, a Rey, a los amos y a Emily. ¡A todos! Sentía que toda esa hiel no era natural, y menos en mí, que me conozco bien y siempre fui tan alegre. Tal vez era que me odiaba a mí misma, por ser como era, por ser tan torpe y desafortunada, por ser una Vulpix que nació débil, incapaz de escupir fuego, por ser una decepción para Emily, era todo a la vez. Estaba, pues, inconforme con la vida que llevaba, con el ambiente en donde me desarrollaba y con los compañeros con quienes compartía gran parte de mí.

    Tuve unas ganas enormes de escaparme, de abandonar esta casa en donde había caído sobre mí la desdicha, y quise iniciar una nueva aventura, lejos de todos estos malvados que lejos de agradarme, buscaban destruirme. Pero a la vez, tampoco me decidía a irme. Después de todo, no quería terminar siendo una Vulpix callejera, como ese Meowth que debía andar rondando por ahí afuera del jardín. ¡No, no puedo rebajarme a tal grado! Tenía que buscar un lugar más digno para vivir, ¡pero no quería que ningún humano, que ninguna familia más me adoptara! ¡Humanos, nunca más!


    De pronto, un ruido extraño interrumpió mis cavilaciones. Levanté el rostro, que llevaba rato hundido entre mis patas delanteras, y me percaté que mi visión estaba borrosa, producto de la humedad de las lágrimas. Las limpié enseguida, e intentando alcanzar serenidad, me puse alerta como pude. Ese ruido no era normal, y venía desde la cocina. Me acerqué más, fingiendo sagacidad, pero con temor interior: quienquiera que fuera, no era ni Midnight, ni Rey ni Fyrus porque ellos estaban arriba. ¿Quién podría ser, cuya presencia no había notado? ¿Un ladrón? Me espantaba, porque estaba sola.
    Abrí la puerta de golpe, intentando sorprender al que se hallara dentro, pero no vi a nadie. Volteé hacia todos lados, por detrás de los muebles, pero nada. Un nuevo ruido se escuchó desde la parte posterior del refrigerador, como si el pokémon —no podía ser un humano— se percatara de mí y se hubiera escondido.

    —¿Quién anda ahí?— exclamé sin respuesta.

    Miré a mi alrededor con sincero pánico. Los bichos eran casuales en nuestra cocina, en especial durante la noche. Y algunos solían ser venenosos. Encontré la ventana abierta del patio, pero era improbable que el intruso se hubiera introducido por ahí, ya que Daren hubiera ladrado, y era difícil que al viejo Mightyena guardián se le escapara alguien.

    —Marriot, ¿qué haces?

    De un salto di media vuelta, intentando contener mi respiración agitada. Era la Eevee, para mi alivio. Me miraba con suspicacia.

    —Guarda silencio, Mid— murmuré—. Parece que hay alguien en la cocina.
    —¿Alguien? No, debe ser tu imaginación— aseguró enseguida.
    —No comprendes, escuché un ruido claro. Dos ruidos, de hecho. Provenían desde la parte de atrás de la nevera.
    —No, no debió ser nada. Ven un momento.
    —Pero, pero… ayúdame, Eevee, ayúdame a sacar al intruso de ahí, o al menos a inspeccionar. Me da miedo que sea algún pokémon peligroso.
    —Olvídalo, ven…
    —¡Midnight, escúchame! ¡Puede ser un bicho venenoso, un Ariados que haya venido del patio, no sé!

    Se me acercó, quizá con nerviosismo, e intentó empujarme hacia afuera de la cocina con rapidez.

    —Olvídalo, ¿sí? No hay nadie… debe ser el estrés, o los nervios traicioneros, sobre todo ahora. Quería preguntarte, ¿ya cenaste?

    La forma de conducirse me pareció extraña, como si me quisiera ocultar algo, pero al menos su pregunta fue amable.

    —No, no he comido. Los amos dejaron la comida en la mesa, y no la alcanzo.
    —¡Oh, no te preocupes! La bajaré por ti. No tardo nada. No te muevas, ¿de acuerdo?

    Dio un salto para trepar hasta una silla replegada, y de ahí brincó ágilmente hasta la mesa. Tomó el plato de la orilla con la boca, y saltó nuevamente hasta el suelo, cayendo suavemente.

    —Aquí tienes— me dijo, depositando el plato frente a mí.
    —Gracias— respondí—, pero está frío e insípido, así que creo que no lo comeré.
    —No te hagas problemas, vamos a meterlo al horno. He visto cómo los amos lo manipulan para calentar sus comidas. Y también sazonaremos el alimento; me he dado cuenta que la señora Maillard le pone sal. Yo lo hago todo, no te muevas.

    Y ya iba a arrancar con el plato hasta la cocina, cuando la detuve.

    —Espera, Mid— le dije, sinceramente conmovida—, ¿realmente haces todo eso por mí?
    —¡Claro que sí!

    Yo no podía hablar, no sabía ni qué decir.

    —Muchas gracias. No lo parece, pero para mí es un detalle enorme que te preocupes tanto por mí. Aunque no te molestes en hacerlo, aprecio tu intención e interés, pero sinceramente no tengo hambre, y no comería esto.
    —¿Por qué no tienes hambre?— preguntó— ¿Estás enferma?
    —Algo así— intenté explicar—. Estoy muy triste.
    —¿Pero qué sucede?— volvió a interesarse— ¿Es por lo de la discusión de hace rato? No tienes por qué preocuparte ni sentirte mal. Yo ya lo he olvidado, si de algo te sirve saber eso.
    —Son más cosas, Midnight— intenté ser suave con ella—. Y no lo comprenderías. Ahora… ahora necesito decirte algo importante.
    —¿Qué cosa?
    —Es… es algo que ya está determinado. Una decisión muy personal, que nadie me hará desistir. Y no te preocupes, que no es tu culpa, al contrario, estoy agradecida contigo por mostrarte tan amable en estos últimos momentos. Te tendré muy presente siempre, aunque no te vuelva a ver jamás.
    —¿De qué estás hablando?— murmuró con temor.
    —Me voy para siempre— dije, al fin.

    Midnight se puso seria y abrió mucho los ojos.

    —¿Qué?
    —Abandono la casa. Ya no voy a vivir aquí. Me voy, y no sé a dónde. Sólo quiero irme muy lejos de aquí, sola, para poder despejar mi mente y pensar con tranquilidad.
    —No… no puedes estar hablando en serio…
    —Lo siento, Midnight. No es tu culpa. Es mi decisión, y nadie la podrá refutar.

    Por lapso de un minuto, nadie dijo nada. Yo no sabía qué más hacer, o cómo disculparme, principalmente por haber confesado mi plan secreto, y la Eevee se había conmocionado con eso.
    Una voz áspera nos interrumpió desde la escalera.

    —Nadie se va.

    Cerré mis ojos un segundo, presa del terror, luego volteé hacia atrás y descubrí al mil veces maldito Rey, que había estado escuchando todo ahí oculto en el rellano oscuro.

    —Es Rey— murmuró a mi oído Midnight, temblando.

    De un salto, el Persian abrevió los tres escalones que restaban por bajar y caminó con deleite hacia mí, con toda su arrogancia a flor de piel.

    —Nadie se va, porque aquí yo estoy a cargo.

    Midnight me abandonó de repente, echando carrera hacia la cocina, como si tuviese un asunto pendiente, y dejándome sola. No sabía si temer por eso, o sentirme aliviada porque se había puesto a salvo de un modo tan sencillo. Levanté el rostro aún más, para aparentar orgullo ante el Persian, que llegó enseguida hasta mí. El plato de comida en el suelo era lo único que se interponía entre nosotros.

    —De modo que pretendes brincar mi autoridad, tomando decisiones propias, intentando huirme, ¿no es así, tonta?
    —Con permiso— le dije, e intenté retirarme.
    —Espera, ¿a dónde vas?— me interrumpió y me cerró el paso de un brinco—. No he terminado.
    —No me interesa escucharte, Rey. Quítate. Por favor.

    Él, lejos de hacerme caso, emitió repentinamente un rugido estrepitoso, que retumbó varias veces por toda la sala y me contrajo el alma de súbito.

    —¡Te quedas aquí!— bramó furioso.

    Me detuve enseguida y lo volteé a ver al rostro, que tenía ardoroso por la ira y me miraba como si me fuera a comer de un momento a otro.

    —El día de hoy has estado más insolente que de costumbre. Hace un rato dijiste cosas que nunca te perdonaré— dijo Rey.
    —Y no me importa. Lo que dije es exactamente lo que pienso de ti. ¡Lo que eres!— exclamé.
    —Tienes valor, ¿eh? Dime, ¿crees que puedes enfrentarte a mí?
    —¡Vete al infierno, malvado Persian! —mi molestia iba creciendo al notar su altanería una vez más.
    —Vamos, dímelo. ¿Quieres medirte conmigo?
    —No, Rey, no quiero pelear. ¡Apártate!
    —¡No voy a apartarme! ¡No me des órdenes! ¡Te quedas aquí!— volvió a gritar.

    Intenté evadirlo, pero me dio un fuerte empujón que me lanzó al suelo enseguida. Me incorporé, encarándolo.

    —¡No te atrevas a volverme a tocar!— le advertí—. Muy valiente debes ser, golpeando a una pokémon indefensa.

    Se me acercó más, como para enfatizar su postura al respecto y resaltar su jerarquía. Tanto se aproximó, que podía oler su aliento apestoso.

    —Y tú, damita indefensa, debes ser valiente para venir a burlarte cínicamente de la autoridad, frente a todos y a gritos.
    —¡Tú no eres ninguna autoridad aquí, y yo me burlo de ti cuando se me plazca!
    —¿Así que te doy risa?— espetó, encolerizado.
    —No puedes tocarme otra vez, ¡ya te lo advertí!

    —No me des órdenes, Marriot. Yo estoy en disposición de hacer lo que quiera. Soy la autoridad aquí, ahora que no están los amos, y tú te subordinas ante mí.
    Algo me llamó la atención desde la cocina, una sombra que pasó corriendo pegada a la pared. Distinguí un par de siluetas, pero sólo identifiqué a Midnight porque la otra pasó muy veloz. La Eevee llevaba un paquete en la boca, como si se hubiera hurtado algo de la despensa, y ahora corría céleremente.
    Quise gritarle y detenerla, pero Rey volvió a gritarme en la cara.

    —¡Mírame cuando te hablo, desgraciada!

    Ambas siluetas ya subían por las escaleras con prisa.

    —Quítate, Rey. Debo irme ahora.

    El malvado volvió a empujarme, esta vez con mucha menos delicadeza debido a su grado de ira.

    —¡No vas a ningún lado! ¡Cállate y escúchame!

    Me volví a incorporar con rapidez.

    —¿Qué quieres de mí? ¿Qué es lo que quieres? ¡Nunca quieres nada, sólo deseas estar gritando, sólo ofendiendo por el gusto de ofender, pero no tienes nada importante que decir! ¡Sólo agriar la vida de los demás como un miserable!
    —¡No me hables así! Ahora yo soy tu amo, y vas a obedecerme.
    —¡Nunca! ¡No eres mi amo, estás loco! ¡Completamente loco! ¡Vete al diablo!

    Rey se plantó justo enfrente de mí, y levantó una garra para golpearme.

    —¡Ni te atrevas!— le advertí.
    —¿Me estás retando, Vulpix debilucha?

    Después, ya no supe exactamente lo que sucedió en ese momento. Sólo alcancé a ver tres o cuatro líneas rojas y paralelas que se cruzaban ante mí, y luego la negrura total, el vacío.
    Salí rechazada unos dos metros hacia atrás, no supe cómo exactamente, porque no podía ver nada, pero sin duda fue un impacto violento.
    Rodé por el suelo mientras un dolor agudísimo me nacía en un costado de la cara, algo indescriptible. ¡Rey se había atrevido a golpearme como nunca antes lo había hecho! Enseguida me llevé la pata a mi ojo, mientras emitía inevitablemente unos gritos desgarradores de dolor, que alimentaban el orgullo de mi enemigo. Era tan intensa mi dolencia, que estaba segura que con el zarpazo me había extirpado el ojo de tajo. No podía volver a pararme, me había rendido, la fuerza del Persian era incalculable comparada a la mía. Quedé, pues, retorciéndome en el suelo sin ser capaz de despegar la pata de mi ojo izquierdo.
    Rey se acercó a mí con suavidad, sin que sus pisadas hicieran ruido, mientras yo sentía correr los hilos de sangre caliente sobre mi mejilla.

    —¿Qué te pasa, te duele mucho?— me preguntó burlonamente— ¡Anda, párate, insecto!

    No le hacía caso, no podía, sino que continuaba lamentándome por la herida, cosa que a él le molestó bastante.

    —Eres una decepción. Una completa decepción. Lo sabías, ¿no? Cualquier otro Vulpix ya se hubiera levantado a luchar, aunque le hubiera arrancado las narices también. Marriot, tienes un espíritu de Magikarp. Qué asco.

    El cruel Persian, aprovechando que yo estaba tendida en el suelo, comenzó a pisar mi estómago fuertemente, como si con la violencia fuera yo a reaccionar. Esos golpes casi me hacen escupir el alma.

    —¡Déjala!— alguien gritó.

    ¡Era Midnight! ¡La Eevee era mi salvación! Venía corriendo de la escalera, quizás porque oyó los gritos y quiso bajar a ayudar, decidida a detener la brutal pelea.

    —Vete, mocosa, ¡el asunto no es contigo!— gritó Rey, y luego dirigiéndose a mí, murmuró a mi oído—. Habrás aprendido la lección, ¿eh? Espero que ahora, con un solo ojo, puedas enfocar mejor a tu única autoridad.

    Midnight se le abalanzó al cuello, llegando justo a tiempo, pero después de forcejear por unos instantes, él la aventó lejos para enfrentarla.

    —Bicho estúpido— le espetó groseramente—. Me daría placer de arrancarte los dos ojos de un zarpazo. Así se parecerían más entre ustedes, que son tan amigas.

    Sin que él lo notara, me incorporé lentamente; las patas me temblaban, mi vista estaba perdida y borrosa, mi mente ofuscada. Pero de ninguna manera iba a dejar que agrediera a Midnight.

    —Ya basta— le dije sin ninguna seguridad al bravucón—. Ya me tienes harta.

    Rey volteó a verme con sorpresa.

    —¡Vaya! ¡No me hagas reír! ¿Qué vas a hacer tú?
    —Recibirás tu castigo de parte de los amos! ¡Yo me encargaré de eso!
    —¡Ja! ¿Y cómo?
    —¡Voy a confesarle todo a Emily, y me encargaré que esto llegue a oídos del señor Maillard! ¡Ya veremos qué tal te va!

    Y diciendo aquello, le arrojé a la cara el plato que aún contenía mi alimento frío. Su rostro quedó untado de tal manera que en otras circunstancias hubiera resultado irrisorio.
    Su rugido de furia fue el más fuerte que había escuchado hasta esos momentos, y se me abalanzó encolerizado, pero tuve tanta suerte que logré escabullirme corriendo como pude hasta el otro extremo del corredor.

    —Eso no va a suceder— me dijo, por lo bajo y clavándome su mirada demoníaca—, porque ahora mismo voy a matarte. ¡Voy a hacerte trizas, voy a triturarte, lo juro!
    —¡Corre, Mid!— alcancé a gritar, haciendo yo lo mismo.

    Era claro que Midnight no era el objetivo de Rey, porque no la persiguió ni la volteó a ver siquiera. Mientras tanto, yo empleaba todas mis energías en alejarme de ese loco, cruzando la sala hasta llegar a las escaleras, pero al ver hacia atrás, me di cuenta que Rey era tres veces más veloz que yo, y que la distancia que en un principio le aventajaba se iba acortando.
    Llegué al fin hasta el primer escalón, pero él me embistió contra la pared al alcanzarme. Quedé atrapada en la esquina; quería huir, pero no encontraba la forma, me tenía aplastada entre él y el muro.
    Intenté escurrirme por debajo y, en un descuido suyo, logré burlarlo y continuar mi carrera escaleras arriba. Él se quedó atrás, confundido, y yo volví a sacar una buena ventaja, pero a cada zancada sentía una horrible pulsación en las costillas, justo del lado en donde me había embestido. Me parecía que mi pulmón estaba oprimido, y me agotaba más y más al correr; ya no me quedaban energías, estaba rendida y exhausta.

    Esconderme en mi recámara no tenía caso, iba a ser presa fácil, ahí atrapada, así que continué de largo el pasillo y, sin voltear hacia ningún lado, me dirigí directamente al balcón.
    Al fin lo alcancé, y una corriente helada me azotó el rostro de repente cuando salí. Volvía a encerrarme, y ahora estaba en lo alto, lejos de cualquier escapatoria.

    —Voy a matarte, Marriot, estás atrapada y ahora nadie nos ve— se escuchó una voz, y acto seguido el Persian apareció desde adentro, caminando lentamente hacia mí, como al acecho—. Luego, esconderé tu cuerpo y les diré a los amos que te ocurrió un accidente, o te perdiste. No tienes escapatoria, despídete de esta vida antes de destriparte.

    Calculé mis posibilidades de escape, y al voltear hacia abajo, al jardín, sólo se me ocurrió una idea.
    “Este es el fin”, pensé.
    Luego, me arrojé con determinación al vacío, caí en el terreno irregular y rocoso y no supe más. Lo único que sentí es que mi mente se elevaba muy, muy alto, y luego un impacto sordo.


     
    Última edición: 8 Febrero 2016
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    Hns

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    Ohh O: casi la mata! eso fue intenso, para ser una gallina es muy altanera. que aparezca Fyrus o alguien para ayudarla (?) No creo que el cap de mid haya estado malo, lo único era que se veía mas seria que en otros capítulos pero nada mas. Igual le dio como un algo,porque antes de eso era solo una bebita. No puedo decir nada mas por ahora, esperare paciente D:
    pd: No recuerdo exactamente en que parte de toda la historia apareció, solo queria decir que me encanto la palabra "despaciosamente" x3!
     
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    Cygnus

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    Destinos Vinculados.
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    Amistad
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    32
     
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    Hns continuación. Gracias por leer. Sí, pero es que la gente no comprende que esto fue narrado como crónica mucho tiempo después de estos eventos, por eso me criticaron xD Porque decían que Midnight a esa edad no era capaz de narrar y bla bla. Despaciosamente, por curioso que parezca, existe xD



    XXI

    Fyrus


    Ciertamente no esperaba encontrarme con el espécimen que Midnight me había presentado. Recordaba que ella habló con entusiasmo sobre un nuevo "inquilino" que había introducido a la casa por decisión secreta, pero esto era algo más de lo que en dado punto me llegué a imaginar.
    Aparentemente, el nombre vulgar de dicha especie es “Meowth”, y de entrada, tal individuo me produjo una impresión repugnante, cuyas consecuentes reacciones intenté no evidenciar por absoluto respeto al desconocido, y es que sólo al extenderme una pata para saludarme, expidió un hedor a podredumbre realmente insoportable, como si momentos antes se hubiese revolcado en un depósito de residuos apestosos. Ahuyenté mis pensamientos peyorativos sobre el sujeto y comencé a portarme simpático con él, muy a mi modo desconfiado y siempre suspicaz.
    Por lo que entendí, el tipo no tiene un nombre real, viene de la calle, y anhela de gran corazón compartir su vida para siempre con una familia.

    —Y entonces, si no tenías exactamente un hogar, ¿en qué sitio has vivido?— pregunté.
    —Huy, pues eso va a ser difícil de contestar, amigo… vengo de cualquier lado. Solía vivir en el barrio del sur, sin un lugar fijo, aunque recién acabo de mudarme.
    —Pero debes tener un lugar en dónde dormir, por ejemplo.
    —No, no, para nada. Mi vida no tiene itinerarios fijos, Fyrus— rió—. Aunque claro, tenía mis callejones favoritos, si a eso te refieres.
    —¡Callejones favoritos!— exclamé.
    —Bueno, lugares en donde creo que es más cómodo o más seguro pasar la noche. Después de todo, uno tiene que arreglárselas solo.
    —Ya veo— dije, pensativo—. Ahora entiendo cuáles son tus razones para pertenecer y adaptarte a un nuevo grupo. Me figuro que vivir en soledad debe ser muy pesado, sobre todo en una condición desventajosa como la de un Meowth ante los constantes peligros del mundo. Supongo que las relaciones familiares y las amistades son una gran base para desarrollar tu integridad y proveerte de confianza personal.
    —Yo no sé— me interrumpió—. Lo único que sé es que la casa se veía bonita por fuera, y que los humanos parecían agradables. Ustedes los pokémons también, son muy amables.
    —A decir verdad, me encuentro igual que tú— le aclaré—. No hace mucho que llegué a esta casa, pero por otros medios.
    —¿Te compraron los humanos?
    —Lo ignoro, me mantuvieron en una celda reducida durante un lapso considerable, y al parecer el señor Maillard, el amo, realizó una especie de transacción con otro humano…
    —¡Vienes de una tienda pokémon entonces!— exclamó, como gustoso de haberme dado la respuesta más acertada a mis irresoluciones—. Sí, ahí compran a pokémons como tú… yo conocía una tienda pokémon, claro que en el barrio de donde vengo. Allá conocí a un Raichu como tú.
    —¿En serio?— exclamé, sorprendido—. ¡Anda, cuéntame!
    —No lo sé, Fyrus. Sólo lo vi, nunca hablé con él. Gracias a eso conocí a tu especie.

    Me decepcionó terriblemente que no supiera nada sobre el Raichu que acababa de comentar. Creí vislumbrar una posibilidad recóndita de haberlo conocido.

    —Por cierto, ¿sabes cuándo llegarán los humanos? Me urge conocerlos— me confesó.
    —No tengo ni idea, nadie me habló de eso al respecto.

    En ese momento de tanta quietud, me estremeció un sonido agolpado y violento proveniente del exterior de la recámara; era un ruido inquietante, nervioso y mal acompasado que retumbaba en la extensión de los suelos. Momentos después, Midnight empujaba la puerta sin ninguna clase de delicadeza, haciéndola batirse de par en par.
    Entró corriendo incivilizadamente y con una agitación que me contagió el nerviosismo.

    —¿Qué pasa, Midnight?— pregunté enseguida, secundado por el Meowth, que al parecer, también le preocupaba el modo de actuar de la Eevee.
    —¡Fyrus, tienes que venir enseguida!— gritó con la voz quebrada y los ojos humedecidos—. ¡Algo muy malo ha sucedido!

    Aquellas palabras eliminaron mi estado de apacibilidad, y al momento ya la seguía para donde necesitara llevarme.

    —¿En dónde?— volví a inquirir.
    —¡Es Marriot, es Marriot!— intentaba explicarme, llorosa—. ¡Tienes que ayudarme, porque le ha pasado algo muy malo! ¡Está en el jardín, pero no es como siempre, ahora no sé qué le va a suceder!

    Noté que, mientras corría junto a Midnight, alguien me seguía de cerca por la espalda, también intentando alcanzarnos.

    —¡Esperen, esperen!— reconocí la voz del Meowth.
    —¡No vengas, quédate allá!— le devolvió el grito la Eevee, sin desacelerar su paso.

    Bajamos corriendo las escaleras en sazón a la prisa y el miedo que destilaba Midnight, quien parecía que volaba para llegar a tiempo. Cruzó la sala de la casa con la celeridad de una fusta en acción, mientras yo hacía esfuerzos por emparejarme, y en menos de una exhalación ya habíamos alcanzado las puertas que daban directamente al jardín.
    Estaban cerradas pero salimos por la trampilla que ya conocía muy bien.
    Me detuve en seco al observar el panorama tan desalentador.
    Mil pensamientos cruzaron por mi mente que intentaron apartarme de la cruda realidad que estaba viendo frente a mí.


    Era el cuerpo de Marriot, no había duda. La pobre estaba tendida boca abajo justo en medio del jardín, como si de repente se hubiera detenido a media carrera para… ¿echarse a dormir?
    ¡No!

    —Fyrus, por favor, ayúdala… no sé qué hacer…
    —Pero… ¿pero qué pasó aquí?— balbuceé sorprendido, sin saber qué decir ni qué pensar.
    —Marriot se cayó desde el balcón— explicó mientras le volvían los sollozos violentos—. Rey la estaba persiguiendo…

    No lo podía creer, era ella quien estaba ahí, sin movimiento. Conforme me fui acercando más hacia el cuerpo desvalido, fui comprendiendo poco a poco lo que pudo haber pasado. Evidentemente tuvo que haberse dado contra el suelo después de tirarse por el balcón.

    —Vamos a meterla, está helando aquí afuera— observé.

    Me incliné frente a ella. Sus ojos estaban cerrados y presentaba magulladuras de consideración. ¿Qué sería lo que pasó? Su cuerpo estaba frío, rígido; comencé a preocuparme de que no presentara signos vitales.

    —Por favor…— susurró Midnight—. Por favor, Fyrus… dime que está bien…
    —No te aflijas. Vamos a reanimarla, pero adentro.

    Quise cargarla, pero mis brazos, demasiado cortos, no podrían soportar su cuerpo, así que, temiendo una segunda desgracia por pura negligencia, le pedí ayuda a Midnight para llevar a cabo la tarea. Marriot apenas pesaba unos quince kilos, quizá menos, así que la labor no fue muy difícil, sobre todo cuando Midnight se ofreció a apoyar una parte de su cuerpo en ella misma. Con escasas dificultades, logramos introducirnos de nuevo a la casa.


    La deposité cuidadosamente en el suelo mientras continuaba pensando qué hacer. Ni siquiera sabía qué era lo que tenía.
    Midnight estaba desconsolada, llorando cada vez más fuerte.

    —¡Marriot, por favor, despierta! ¡Despierta!— gritaba.

    Yo comencé a darme cuenta con alivio de su respiración, que en un principio era débil, pero poco a poco fue reanimándose cada vez más.

    —Midnight, ven— le indiqué—. Ayúdame a mojar este trapo con agua caliente.
    —¿Con agua caliente?— preguntó vacilante—. Así no lograremos reanimarla.
    —Confía en mí, anda. Por favor, ve a la cocina y haz lo que te pido. Yo veré qué puedo hacer mientras tanto, ¡pero date prisa!

    Ella obedeció sin decir más, pensando en que quizás la rapidez con la que efectuara mi pedido fuera un factor crucial para poder auxiliar a su amiga en el momento oportuno.
    Yo, mientras tanto, volví a inclinarme sobre el cuerpo de Marriot para examinar sus posibilidades. A pesar de sus contusiones y heridas, su estado no se veía terrible. De hecho, casi parecía hasta dormida, como si en cualquier instante fuera a despertar. Su estructura parecía tener una buena presentación, es decir, que ningún hueso estaba fuera de orden. Buena señal.

    —Este ojo se te va a infectar— murmuré, casi para mí mismo, pues ella no me oía.

    El rasguño que tenía en la cara, a pesar de que era espantoso, no parecía haber surgido de la abrupta caída, a menos que hubiese rodado al caer, cosa poco probable por la posición en la que la encontramos y porque todo el jardín estaba cubierto de nieve que, aunque no lo pareciera, amortiguó en cierta medida el golpe.


    De pronto, percibí cómo apretaba sus ojos lentamente mientras intentaba estirarse o moverse. Me dio alegría verla de nuevo consciente, aunque estaba rígida, congelada, y eso no le favorecía bastante.
    Abrió un ojo y me localizó enseguida, aunque tal vez no me reconoció al instante. Tardó un poco en darse cuenta de la situación en la que se hallaba, la cual intenté explicarle en la medida de lo que realmente sabía.

    —¿Dónde estoy?— murmuró con voz sutil y lejana.
    —Tranquila— le dije—. No te muevas.
    —¿Qué pasa aquí? ¿Fyrus?— corroboró.
    —Sí, Marriot. Quédate tranquila…
    —¿Qué está sucediendo?— dijo, ya con mayor convicción.

    Parecía que estaba volviendo a la normalidad, hasta con su mismo toque malhumorado. Irónicamente, me llenó de gusto escucharla así.

    —Te caíste desde el balcón.
    —¿Qué?
    —Midnight dice que te caíste desde el balcón. Te encontramos en el jardín.

    Por un momento, no dijo nada, sino que se limitó a dejar de clavarme su vista incisiva para ponerse a recorrer con ella la estancia oscura en la que se encontraba. Sus pensamientos iban vagando de un lugar a otro, y dentro de su poco razonamiento que había recobrado, se notaba que estaba intentando recordar las escenas previas al accidente.

    —¿En serio?— musitó al fin.
    —No te preocupes, te pondrás bien. ¿Qué te duele? Voy a intentar sanarte esa herida que tienes en la cara con mis propios métodos.
    —Vaya, Fyrus… estoy muy sorprendida por lo que está sucediendo. De verdad.
    —Dime, ¿te duele algo en especial?

    Tardó en contestar, como si estuviera evitando la respuesta. ¡Nadie podía quitarle lo orgullosa!

    —No sé. Estoy muy aturdida en este momento… Apenas entiendo qué hago aquí. Espera… ¿en dónde está Rey?
    —Shh… no te preocupes, no está aquí.


    En esos instantes, Midnight llegaba corriendo de la cocina con un trapo húmedo en agua caliente, tal y como se lo había indicado. No tardó nada en recorrer la distancia entre su punto de partida y el lugar en donde nosotros nos encontrábamos.

    —¡Marriot, Marriot! ¡Despertaste!— exclamó la pokémon café, rebosante de gusto.

    La Vulpix volvió a cerrar su ojo sano y dejó caer la cabeza en un suspiro prolongado.

    —Será mejor que no grites— le recomendé a la Eevee—. Mucho ruido seguro le molestará.
    —Perdón— se excusó, y caminó ahora lentamente hacia Marriot.
    —Mid…— murmuró la que entonces convalecía, con un murmullo quedo.

    Yo me retiré hacia los postigos de la ventana, justo en donde tenía puestas las macetas de mis plantas favoritas alineadas ordenadamente, con el objetivo de que la fachada de la casa se viera decente desde afuera, con las ventanas llenas de verdor y de vida.
    Tomé una de las macetas, que presentaba una planta con hojas altas, gruesas y firmes.

    —Ésta le va a aliviar el dolor por el rasguño— dije para mí mismo, con satisfacción—. Nunca falla en la cicatrización de las heridas.

    Corrí con ella hasta la cocina, dispuesto a apurarme en mi tarea. No encontré los utensilios precisos para machacar la planta, así que de valí de una simple roca que recogí del patio y me dediqué luego a moler las milagrosas hojas que pronto sanarían a Marriot.


    Volví con un plato lleno del vegetal picado y fresco al lugar en donde me aguardaba Marriot. Con sorpresa y gusto, confirmé que la Vulpix había podido pararse completamente y que estaba mayormente sana. Midnight había limpiado sus heridas con el paño.

    —¿Qué es eso, Fyrus?— me preguntó la Eevee al verme con el recipiente de cerámica en la mano.
    —Sí, ¿qué es?— secundó Marriot.
    —Zábila. No te muevas, voy a colocarte un poco sobre tu lesión.
    —¡Espera, no! ¡Basta!— exclamó, forcejeando. Tal como me lo esperé.
    —¡Que no te muevas!
    —No, no, ¡no! No vas a ponerme eso… ¡estás loco! ¡Basta!
    —Con esto vas a mejorar— le dije, casi persiguiéndola por la sala.

    Era la típica reacción de un ser que no tenía nada de idea sobre la magia de las plantas medicinales, por eso tuve paciencia al explicarle.

    —No, no, ¡cómo crees!— me gritaba, mientras corría hasta una esquina—. Ya basta, ¡déjame! Eso me va a doler.
    —¡Por supuesto que no, tienes que creerme!

    Ahora la tenía acorralada. Midnight comenzaba a divertirse con la escena.

    —Marriot, Fyrus sabe lo que hace. Conoce muy bien estas plantas; te va a poner eso para que no se te infecte la herida— dijo.

    Marriot me miraba con miedo desde la esquina.

    —A ver, dame eso. No, no, dame el plato. Yo misma me pondré… ¡tú no, aléjate! Yo sé cómo ponerme. ¿Estás seguro que me hará bien?
    —Al instante va a dejar de dolerte y se te va a cicatrizar pronto la herida. Créeme— le dije, aunque solté el plato con las hierbas.

    Ella lo jaló de una orilla hacia consigo, y luego olisqueó el jugo de las hojas picadas. Era agradable. Después, titubeó, no sabía qué hacer o cómo untarse eso. Volteó a mirarme.

    —Hmm… muchas gracias— dijo, ya más tranquila.
    —Bien, póntelo— le dije, casi retándola.

    No contestó inmediatamente, sino que volvió a dirigir su mirada hacia el plato café, y luego de nuevo a mí. Yo sabía qué estaba pensando.

    —Necesitas ayuda, ¿no?— sonreí.
    —Supongo que sí— murmuró.

    Midnight y yo reímos brevemente; no supe si ella se molestó por eso, aunque me imagino que sí.

    —Necesito algo caliente, una bebida caliente— parecía un poco inquieta—. De verdad, Fyrus. Tráeme un té, rápido.
    —¿Perdón?— le respondí, algo molesto. Una cosa es que estuviera débil, y otra que pudiera ordenarme.

    Ella suspiró y agitó la cabeza de un lado a otro.

    —Lo siento. ¿Podrías traerme una bebida caliente, por favor?

    Así estaba mejor. ¡Vaya modales con los que habían acostumbrado a la Vulpix en esta casa!

    —Sí, no hay problema, ya vuelvo. Ayúdale, Midnight.

    Así que fui corriendo a la cocina a prepararle una nueva infusión a base de tusilago, que ya tenía en otra de las macetas. Supuse que necesitaba eso porque un Vulpix, y en especial alguien como Marriot, necesita alimentos y bebidas muy calientes. Más que por la tos o lo que pudiera haber contraído de estar allá afuera en la nieve por un largo rato.
    Pero al entrar a la cocina, descubrí a un pillo intentando hurtar comida del refrigerador.

    —¿Meowth?
    —¡Fyrus! No te molestará que tome un poco de pescado, ¿o sí?— preguntó muy nervioso, intentando cerrar de golpe la nevera.
    —¿No que no robabas los alimentos?— pregunté.
    —Vamos, no los estoy robando… ahora vivo aquí, ¿recuerdas?
    —Además, no lo necesitas. Midnight ya les había llevado comida, casi la descubren. ¿O ya se la terminaron?
    —No, no, claro que no… era bastante para la cena. Es sólo que…
    —¿Qué?
    —Que no puedo resistir a la tentación de comer carne de Seaking. Es mi favorita— contestó con una sonrisa.
    —Meowth, eres un cínico —dije, divertido—. Anda, toma un poco y cuida que Marriot no te descubra.
    —¡Gracias, Fyrus, eres lo máximo!
     
    Última edición: 8 Febrero 2016
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    Hns

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    Como se le fue a ocurrir a fyrus que la cicatrices del rostro fueron por la caída, en mi cabeza estaban claramente delineadas hasta con la firma de Rey X'D Meowth tuvo un ligero ataque de inquilino molesto, como si se le hubieran pegado las costumbres Mako xd La unica buena del cuento, aunque solo aparente ser un poco infantil, sería definitivamente mid. Cada vez me convenzo mas de ello, hasta le estoy tomando mas cariño :B
    Jajajaj si,me di cuenta que existía. La busque porque me sonó fuera de lo común y me tope con un blog que incentivaba su uso X'D Lo pedían de una manera tan tierna, como si fuera un animal al borde de la extinción que debiera conservarse. Yo creo que por eso me quedo gustando jajaj
    ah! casi se me olvida decir que no puedo entender como fyrus todavía se mantiene tan aparte del grupo dx Siempre esta distante como si no le interesara nada, yo ya le hubiera pedido que se fuera al bosque, noo talla dx. Donde esta Roover, demora demasiado X'D Serían un mal equipo de rescate
     
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    Cygnus

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    Hns Gracias por tu comentario, bastante apreciable. Tengo muy poca carga de la compu y no puedo escribir mucho D:


    ___




    XXII

    Meowth.


    ¿Por qué los Seaking serán tan suculentos? Podría comer uno, y luego otro, y otro… ¡y nunca saciarme! No se me ocurren palabras para describir este sabor tan agradable… ¡qué delicia! ¡Gracias a los dioses que existen estos pokémons marinos!
    En fin, estaba comiéndome uno de esos ejemplares, completito para mí. Me lo encontré en el frigorífico y Fyrus fue tan genial como para no escandalizarse por mi acción. Incluso prometió que me iba a cubrir, para que esa Vulpix malhumorada no me viera aquí. ¡Un Seaking completito para mí, no lo podía creer! Cuántas veces me encontré sólo residuos en el basurero, o simplemente la cabeza, que es la parte más desabrida.
    Fyrus no se ocupaba mucho en mí, estaba vaciando algo en un recipiente que despedía humo. Cuando se dirigía a la salida de la cocina, yo continuaba lamiendo las espinas del Seaking, y de haber podido, también me las hubiera engullido. Lástima.

    —No salgas todavía— anunció Fyrus antes de salir.
    —¡Prometido, jefe!— exclamé alegremente—. Yo esperaré la señal.

    Así que, con un último asentimiento, el Raichu me dejó solo en la cocina. No era cosa de ponerse feliz, porque mi hambre ya estaba satisfecha y no pensaba volver a tomar nada del refrigerador. Bueno, esto último se hubiera puesto en duda si hubiera encontrado otro de esos suculentos… exquisitos… apetitosos… ¡deleitables Seakings!...
    Pero ¡no! Ya era bastante para ese momento, no tenía necesidad de seguir comiendo, sobre todo porque ya me había acabado lo que nos había llevado Midnight a la recámara, más lo que me regaló Fyrus. Y sobre todo, no quería continuar robándoles las cosas a estos humanos, que se veían tan agradables. A mí no me gusta tomar las cosas de ellos, pero esta vez no pude resistirme a la grandísima tentación… Sin embargo, el Raichu me lo regaló, así que no fue precisamente un robo… Sí, eso me tranquilizaba mucho la conciencia.
    Vaya, entonces, ¿qué iba a hacer tanto tiempo ahí encerrado? No debí dejar que me abandonara nada más así ese Raichu. La verdad es que comenzaba a aburrirme, porque no había nada divertido qué hacer ahí. Esa cocina no era pequeña, pero tampoco era lo suficientemente grande como para ponerme a curiosear por sus rincones. En resumen, nada que me llamara la atención, todo tenía un desabrido color blanco. Platos limpios, platos sucios. Una estufa. Un refrigerador. ¡Cuánto aburrimiento!

    De pronto, encontré una ventana abierta. Ya me parecía que debía haber algo así, porque estaba entrando algo de aire frío. No me entusiasmó el descubrimiento, sólo me quitó el aburrimiento por un instante, ya que enseguida fui a asomarme, a ver el patio trasero con más detenimiento. La última vez que lo había visto fue cuando Midnight nos pasó en secreto, pero aquello fue por un desnivel, y esta nueva panorámica no la había disfrutado antes.
    En sí, no podía ver mucho. El patio estaba oscuro, faltaba que a alguien se le ocurriera encender el foco de luz. Yo lo hubiera hecho si supiera cómo. Pero como era la primera vez que entraba a una casa, me sentía a veces inadaptado. No, ¡muy inadaptado!

    Algo me llamó la atención desde el fondo del patio, en medio de la oscuridad. Percibí algo… que se movía ahí afuera, un cuerpo extraño que caminaba hacia mí. Seguramente mi silueta llamó su atención. ¡Y esa sombra que se aproximaba no era la de Midnight ni la de Fyrus! ¡No, era alguien más voluminoso, más robusto! ¡Una bestia!
    Me llené de miedo, pero antes de que me ocultara de nuevo o que tuviera una simple oportunidad de reaccionar, ya había llegado hasta mí, y un par de ojos feroces me miraban fijamente en medio de la noche.
    Cuando se hubo aproximado lo bastante como para que la luz del interior le golpeara en su rostro, me di cuenta del pokémon que era. ¡Qué horrible, se trataba sin duda de un inmenso Mightyena!
    Metí mi cabeza al instante, dispuesto a no volverme a asomar. ¡Esa bestia seguro venía por mí, y sin ninguna buena intención! En fin, me aterroricé en ese instante y en lo único que pensé fue en correr lejos, muy lejos de ese Mightyena. Algo me decía que en cualquier momento saltaría la ventana para entrar por mí y comerme. ¡Comerme! La sola idea me dio náuseas.
    Enseguida cerré la ventana y la atranqué. Afuera estaba demasiado oscuro, como ya dije, así que no logré ubicar a la bestia nuevamente. Luego, corrí hacia afuera de la cocina, olvidando de pronto la orden que me había dado Fyrus sobre no salir.


    Abrí las puertas desplegables de par en par, presa del miedo, pero de repente me detuve en mi carrera y la sensatez volvió a mí. No podía salir corriendo, me podría ver la Vulpix enojona. ¡Y seguro haría otro escándalo y me sacaría de la casa persiguiéndome con su lanzallamas!
    No había nadie cerca, pero un murmullo quedo provenía de la sala más grande de la casa. Un intercambio de voces apenas perceptible desde el lugar en donde me encontraba. ¿Quiénes serían?
    Como siempre, mi curiosidad pudo más que mi prudencia, así que, silenciosamente, me deslicé por la pared, intentando no ser descubierto por nadie, y pronto hube de llegar exitosamente hasta una esquina en donde podía ver más o menos cómodamente hacia la sala.
    En efecto, ahí era donde se desarrollaba la conversación. Me asomé un poco por la orilla de la pared, para ver mejor. Estaba Midnight, también vi a Fyrus.
    Pero, ¡oh! ¡También estaba esa desagradable Vulpix! ¡Y era la que más hablaba de los tres! Caminé unos pasos hacia atrás, contrariado. Era cosa de contener la respiración para que no me descubrieran. ¿De qué estarían hablando?

    Volví a asomarme, con mucho cuidado, muy lentamente. Y ahí seguían, conversando animadamente. Esa Vulpix estaba mirando en dirección hacia donde yo estaba, pero afortunadamente no se percataba de mi silueta, muy bien oculta en la oscuridad.
    ¿Pero qué era lo que decían? Apenas alcanzaba a escuchar algunas palabras.

    —¿Ya te sientes mejor?— alcancé a escuchar a Fyrus, que estaba de espaldas a mí.
    —Mucho mejor, gracias— contestó la Vulpix, la cual estaba recostada en el suelo y tomando esa bebida que le había preparado el Raichu en la cocina.

    No sé por qué, pero me parecía una pokémon desagradable. Quizás no debía juzgarla tan pronto, pero es que la impresión que me dio cuando me separó de Midnight allá afuera fue demasiado grosera.

    —¡Qué caliente!— exclamó la Vulpix dándole un sorbo a la bebida—. Pero así es como me gustan los tés. Muy calientes.
    —Está intomable— comentó Midnight.
    —Bueno, para ti— protestó.
    —Qué bueno que te haya gustado. Te aliviará bastante— le respondió Fyrus—. Es de tusilago.
    —¿Tusi qué?
    —Tusilago. Te servirá para aliviar cualquier problema de resfriado que hayas contraído. Busqué gordolobo, pero parece que los amos no cuentan con esa planta.
    —Bueno, el sabor es lo de menos. Me importa un comino de qué sea. Pero dime, ¿de dónde aprendiste a preparar estas cosas? Sólo los humanos dominan el arte de las infusiones. Emily me ha preparado varias, pero, ¿tú? ¿Quién te ha enseñado?

    La pregunta de Marriot no parecía una protesta, aunque continuaba con un tono un poco mordaz. Tal vez no era su intención, pero ese modo de hablar parecía bastante natural.

    —Porque dices que vienes del bosque, ¿no?— continuó monologando—. O si no, ¿tuviste amos anteriormente? Considero imposible que por ti mismo hayas aprendido, sin que te hayas relacionado con humanos.
    —No aprendí yo solo, pero me instruyeron en el uso de las hierbas para fines medicinales en el bosque. Conozco a un Linoone muy sabio, de él he aprendido muchas cosas como ésta.
    —Pero es lo mismo, es un pokémon. Qué extraño… pero bueno.

    Se hizo un silencio, en el que la Vulpix aprovechó para continuar bebiendo un par de tragos más sin contemplaciones, a pesar del humo que despedía el recipiente, clara indicación de lo hirviente que estaba.

    —Quiero decirte algo— espetó de pronto.
    —Dime.
    —Bueno, debo confesar que me han sorprendido tus atenciones— continuó esa Vulpix—. No creí que fueras capaz de hacer esto por mí, Fyrus.

    El Raichu tiró su vista al suelo y dijo de forma modesta.

    —No fue nada, era mi obligación. Los amigos se cuidan entre sí.

    Ella abrió mucho los ojos y lo vio fijamente, pero al parecer Fyrus no se inmutó. Quizás la Vulpix no sabía qué decir ante esa respuesta. Me pareció que no la esperaba.

    —Muchas gracias— dijo al fin, bajando la mirada.
    —Está bien. Por cierto, ¿necesitas algo más, Marriot?
    —No, no, nada— contestó ella, y se quedó pensando un momento—. Oye, Fyrus… creo que eres un gran amigo. Supongo que te había juzgado mal.

    Hizo una pausa para darle otro sorbo a su té, y noté que Midnight comenzaba a sonreír.

    —En serio— continuó—. Creía que nunca podrías hacer nada por mí, y mira, resulta que me equivoqué tremendamente. Ahora, sinceramente, no sé qué decir…
    —Fyrus es un gran pokémon, y no veo la razón por la que ustedes dos siempre se estén llevando mal, como estás obstinada— intervino Midnight.
    —¡Ya no!— confesó—. Lo único que me queda es pedirte una disculpa por todo, Fyrus.
    —No tienes por qué disculparte, ni siquiera por qué preocuparte por nada— contestó el Raichu—. Aunque he notado un poco de apatía hacia conmigo, nunca me has ofendido, por lo que no tengo nada qué disculparte. Y ahora que lo mencionas, me gustaría comenzar de nuevo, como si nada hubiera sucedido nunca. Quiero que seamos amigos.
    —Fyrus, te considero mi amigo, ahora más que nunca.

    Midnight soltó una risotada de repente, lo que molestó a la Eevee.

    —¡Cállate, Eevee! ¡Lo que estoy diciendo es serio!— y luego se volvió hacia Fyrus—. Créeme. Nunca hablé con tanta certeza como hasta ahora. Lo que digo es real, y esta vez es lo que de veras siento… Me demostraste lo extraordinario que eres.
    —Qué tierna te escuchas— continuó riendo Midnight.
    —¡Midnight!— exclamó la Vulpix, poniéndose de pie—. ¡Echas todo a perder!

    Midnight parecía divertida con el carácter de esa pokémon tan extraña, y corrió hacia el otro lado de la sala entre risas. Quedó muy cerca de donde yo estaba, pero aún así no detectó mi presencia. Me hice un poco para atrás, pero no pude evitar seguir escuchando la conversación por mi curiosidad infinita.

    —Si tuviera las energías, te seguiría por toda la casa hasta alcanzarte— masculló la Vulpix, mientras se volvía a tumbar.

    De pronto, un sonido me sobresaltó de una manera inusual. Era la pokémon de fuego, que tosía fuertemente. Me sorprendió porque la conversación se estaba desarrollando en un tono muy bajo, y de pronto esa tos tan profunda retumbó por toda la sala.

    —¿Estás bien?— preguntó Fyrus, acercándose a ella.
    —Me siento muy extraña— contestó.
    —¿Qué tienes?— insistió Fyrus.
    —Siento un ardor muy grande en la garganta, como si me estuviera quemando por dentro… no sé, es bastante raro.
    —¡Oh!— exclamó Midnight desde el otro lado de la sala—. ¡Debiste haber pescado un resfriado!
    —No sé— contestó la Vulpix—. No es un dolor de garganta común. Siento un ardor especial. Tal vez haya sido el efecto del té.

    Fyrus se aproximó más a ella y le habló claro.

    —O puede ser…
    —¿Qué?
    —No, es bastante improbable.
    —¿Qué? ¡Dime!

    Fyrus se alejó de ella lentamente, en silencio, como si estuviera pensativo. No quería decir algo fuera de lugar, así que primero lo meditó. Yo, desde mi escondite, lo seguía con la mirada. ¿Qué significaba toda esa conversación?

    —Veamos, Marriot— dijo al fin—. Intenta escupir fuego.
    —¿Qué dices? ¡Es una locura, no puedo!— exclamó enseguida, viéndolo con interrogante.
    —Sólo inténtalo. Quizá algo le sucedió a tu cuerpo después de la caída.
    —No, lo siento— contestó—. No sé escupir fuego. Y lo que dices no tiene demasiada lógica. Digo, por supuesto que quisiera utilizar lanzallamas— y sonrió al pronunciar esa palabra—, pero lo cierto es que nunca podré…
    —Debes tener alguna glándula en tu garganta que te permita escupir fuego. Tal vez se activó con el golpe.
    —¡No puedo, no puedo!

    Y Marriot, como le llamaban a la Vulpix, hacía esfuerzos increíbles por intentar sacar alguna chispa de su garganta, alguna llamarada, pero de ella no salía ni humo. Lo intentó tantas veces que al final terminó exhausta.

    —No pude— dijo, tristemente.
    —Entonces me he equivocado— contestó Fyrus.
    —Será eso— respondió Marriot en forma reflexiva.

    Esa Vulpix daba pena. ¡Así que no podía lanzar fuego! ¡Era de risa! ¿Cómo una pokémon tan orgullosa ni siquiera tenía desarrollados sus poderes naturales?
    De haber sabido todo esto, ni siquiera le hubiese hecho caso cuando me separó de Midnight. Su presunto poder me había frenado, pero hasta ahora me daba cuenta que no era más que una aparentadora.
    Decidí que había sido mucho espionaje por ese día, así que decidí retirarme. Debía volver a la cocina, porque en cualquier momento podía ir por mí el Raichu. Y no quería que me viera afuera cuando me dio claras instrucciones de quedarme justo ahí para que no me descubrieran; y definitivamente no deseaba romper la confianza que me habían brindado tanto Fyrus como Midnight. ¡Necesitaba regresar a la cocina y dejar de estar escuchando esas conversaciones locas!

    Así que me volví hacia el comedor para entrar a la cocina, justo en donde me había dejado Fyrus. El lugar estaba totalmente oscuro, lo cual me ayudó para que no me descubrieran durante la plática, pero ahora lo difícil era regresar. Lo hice primero deslizándome por la pared, para evitar cualquier ruido que pudieran hacer mis pisadas sobre algún objeto mal puesto, pero al final tuve un poco más de confianza y corrí hacia la cocina. Después de todo, ya me había alejado lo suficiente de la sala como para que me descubriera esa Vulpix a la que llamaban Marriot. ¡Qué nombre tan ridículo! ¡Debe ser una carga para esa pobre pokémon llevar ese nombre tan raro y chocante!
    Pero de pronto, a media carrera hacia mi objetivo, pisé algo metálico que estaba en el suelo, justo en la orilla, haciendo un escándalo. ¡Maldición! Era un plato, un plato de comida que alguien había dejado volcado en medio del comedor, y que ahora probablemente me delataría ante mi supuesta enemiga.
    Cerré los ojos y evité moverme. Al menos, en la oscuridad podrían no notarme.

    —¿Quién anda allá?— escuché la voz chillona de Marriot desde la sala.
    —No, no es nada— se apresuró a decir Midnight—. Anda, quédate aquí, no debe ser más que el viento.
    —¿El viento, Mid? El viento no puede arrastrar mi plato de comida, que es lo que sonó.
    —Entonces déjame ir a investigar qué es— propuso Midnight con un tono de nerviosismo.
    —¡No!— escuché entonces—. ¡No, que puede ser un ladrón! ¡O un pokémon peligroso que se haya colado a la casa! ¡No, iré yo, tú quédate aquí!

    ¿Y yo qué tenía que hacer? ¡No quería que esa Vulpix odiosa me descubriera, seguro me sacaría a patadas! Y entonces… ¡adiós a mi sueño de conocer a los amos!

    —No, no, quédate aquí— le indicó Fyrus, también consciente de que me podría descubrir—. Necesitas reposar.
    —Ya basta, estoy bien. Me siento fuerte, déjenme ir. No necesito más reposo.

    Mis ojos continuaban cerrados y aún no me había movido del lugar, aguzando mi oído para captar cualquier voz o movimiento que viniera desde la sala. Evitaba continuar moviéndome para no perderme de ningún sonido que me pudiera indicar verdadero peligro.

    —Fyrus, prende la luz. No alcanzo el interruptor— escuché la voz, más cercana, de Marriot, que seguramente se hallaba tras la pared.

    Mi cuerpo fue recorrido por un escalofrío. Me apresuré a pegarme al muro de una sola vez.

    —Ya cálmate— le contestó Fyrus—. Ven aquí y termínate tu té, que se enfría. Yo iré después a revisar que todo esté en orden.
    —A ver, no hagan que me enoje— reprochó la pokémon—. ¿O es que me ocultan algo? ¿Por qué simplemente no puedes encender la luz, Fyrus?
    —No, no, para nada. Que se haga tu voluntad— dijo, derrotado, el Raichu, y yo volví a estremecerme.

    ¡Tac! Las luces se prendieron de golpe, quedando al descubierto, pero aún no había nadie. Marriot estaba justo tras la esquina y venía hacia acá. Lo sabía por sus pisadas, cada vez más sonoras.
    Mi mente reaccionó rápidamente y salté tras el mueble más próximo, justo antes de que la Vulpix doblara la esquina para entrar al comedor.

    —¿Quién está ahí?— volvió a preguntar.

    Seguía aguzando el oído y no me movía absolutamente nada. Incluso, aguanté la respiración para atender a cada paso de mi persecutora, quien se hallaba cada vez más cerca.
    Pero detrás del mueble no podía verme por el momento, a menos que se asomara.
    Sentí que husmeaba justo en el lugar en donde yo había terminado de volcar el plato, porque el ruido metálico contra el suelo se hizo presente.

    —Mi tazón de comida— murmuró—. Algún pokémon ladrón estuvo aquí e intentó robarse mi comida.

    Sus pisadas se dirigieron hacia el mueble. Tragué saliva. No tenía ni idea de lo que le iba a decir a esa Vulpix enojona cuando me descubriera. Sentiría muchísima vergüenza con ella por ser la tercera vez que me corre.

    —Sin embargo, la ventana está cerrada— continuó musitando, justo frente al mueble en donde yo me ocultaba.

    Calculé que en ese momento estaba a un metro de distancia de mí, podía escuchar su respiración suave. Sólo ese bendito mueble nos separaba.

    —¿Qué pasa, descubriste algo?— escuché la voz de Fyrus, que seguramente venía entrando.
    —No hay nadie, ¿verdad?— dijo Midnight, que venía junto a él.
    —No, ahora no hay nadie. Pero sí estuvo alguien aquí— les respondió. Me volví a descontrolar, nunca había escuchado esa voz tan cerca de mí. Estaba realmente nervioso.
    —¿Cómo lo sabes? Ven, vamos a la sala— propuso Midnight.
    —Mi tazón de comida está al revés.
    —¿Pero no recuerdas que así lo dejaste? Anda, no hay nadie. Nosotros no escuchamos nada, así que fue tu imaginación— la intentó convencer la Eevee.

    ¡No sabía de qué manera agradecerle a Midnight que me estuviera ayudando!

    —Qué raro— dijo Marriot, y se recargó contra el mueble ruidosamente.

    Yo salté enseguida, porque se escuchó un tremendo impacto desde el otro lado, así que mi susto fue por reacción natural, como si estuviera seguro de que me hubiera descubierto al fin. No me importó nada, sólo salí corriendo del mueble en dirección a la sala. Pasé enfrente de todos corriendo como loco, nunca había corrido tanto en mi vida. Lo único que me importaba era estar lejos de esa maniática, aunque en ello se me fuera la oportunidad de volver. En ese momento no pensé que estaba traicionando a los pokémons que habían confiado en mí; tampoco recordé la recomendación que me hizo Fyrus sobre quedarme en la cocina y lo decepcionado que estaría por haberlo desobedecido y metido en problemas.
    Sin embargo, Marriot se me quedó viendo espantada, cuando corrí frente a ella, y no reaccionó exactamente como pensé.

    —¡Un Meowth!— gritó.

    No paré ni un segundo.

    —¡Se los dije, se los dije! ¡Un ladrón en casa!
    —¡Un Meowth!— corearon Midnight y Fyrus, como si no supieran de mi existencia y coincidieran en el desacierto de la Vulpix.
    —¡Ven acá, pillo! ¡No huyas!— me advirtió, pero no hice caso.
    —¡Déjalo, Marriot!— le dijo Fyrus—. ¡Déjalo que salte por una ventana y se marche!
    —¡No! ¡Yo le voy a dar su merecido, para que aprenda a no meterse a las casas a robar la comida!

    Y diciendo esto, comenzó a correr tras de mí por la amplia sala, con la velocidad que nunca imaginé que fuera capaz de alcanzar por su estado de enfermedad. La distancia que me guardaba era impresionantemente corta, sentí que de repente me alcanzaba, que iba a empujarme en cualquier momento y a golpearme.

    —¡Ya basta, Marriot!— se quejó Fyrus con un toque de reproche.

    Yo no sabía hacia dónde más huir, porque las ventanas y la puerta estaban cerradas. De pronto, me detuve sólo un segundo para analizar mis posibilidades de escape.

    Sólo alcancé a ver las escaleras.

    —¡Te tengo!— gritó, y me empujó violentamente con el impulso que llevaba.



    Caí rodando por el suelo hasta tocar la pared contraria. Marriot me había acorralado y ahora lucía furiosa conmigo.

    Intentaba zafarme, pero era en vano, Marriot me mantenía clavado contra la pared sujetándome con ambas patas delanteras.

    —¡Meowth! ¡Asqueroso Meowth callejero! ¿Qué diablos haces aquí?
    —¡Suéltame, por favor!— supliqué—. ¡Déjame ir!
    —¡Escúchame primero! Dime, ¿qué negocios tienes aquí en esta casa? Así que vienes a hurtar mi comida, ¿eh?

    Me miraba fijamente con sus ojos negros y grandes; uno de ellos no lo podía abrir en su totalidad.

    —¡Ah!— exclamó, haciendo una pausa—. ¡Ah! ¡Ya me acuerdo de ti! ¡Oh! ¡Tú eres el Meowth que corrí de la reja aquella vez!
    —¡Suéltame!
    —¡Dime! ¿Qué es lo que quieres?
    —¡Nada! ¡Yo no entré a robar comida! ¡No he tocado nada!
    —¡No mientas!
    —¡Lo juro! ¡Déjame ir!


    Cesó de pronto un poco en su empeño, y calló unos instantes, en los que sentí su respiración, su actitud agresiva, aunque en realidad, pensándolo bien, poco intimidante.

    De pronto, llegaron corriendo Fyrus y Midnight por detrás para ver lo que estaba sucediendo.


    —¡Marriot! —gritó la Eevee justo a tiempo—. ¿Qué es lo que haces? ¡Lo vas a lastimar!


    La pokémon que me sujetaba intentaba calmarse, razonar. O quizás, es sólo que estaba muy cansada.

    Al fin, me soltó. Por alguna razón, yo me quedé en ese mismo lugar. Supongo que, de alguna manera, deseaba hacerme cargo de la situación y no abandonar a la Eevee. Era una travesura que habíamos planeado los dos y yo sabía que el encuentro con esta Vulpix iba a ser inminente.


    —Me pregunto qué estará haciendo ese viejo Mightyena —murmuró en un suspiro, aunque con dejo de molestia—, nunca hace nada. Ya son varios los pokémon callejeros que entran a robar nuestra comida y él ni se inmuta. Lindo guardián tenemos...
    —¡Él no quiso entrar a robar! —exclamó ella.

    Marriot la miró de reojo.

    —¿Lo defiendes?

    Yo no quería quedar como un cobarde ante Midnight, al contrario, quería hacerme responsable.

    —¡Midnight!— exclamé.
    —¿Qué? ¿Se conocen? —preguntó Marriot desconcertada, y luego añadió en un resoplido, aspirando aire y paciencia, y hablando casi con ternura para no descontrolarse—. Midnight, pequeña Midnight... no habrás ayudado a un extraño a entrar a nuestra casa, ¿verdad? Tus manías no tienen límites...
    —Sí, nos conocemos —le dije, aún sintiéndome acorralado—. Y ella no es la culpable. En realidad, fui yo el que se empeñó en entrar.
    —Pues ahora te tendrás que ir —se apartó un momento y continuó—. Vamos, vamos, fuera. Fuera, por donde viniste. ¿Qué esperas? ¡No me hagas utilizar la fuerza!
    —¿Qué fuerza? —dije sonriente, aprovechando la situación para echarle una broma—. ¿Cuál fuerza, además de esas flamas que no puedes soltar?

    Marriot se desconcertó de nuevo por otro instante.

    —¿Crees que lo ignoro? Lo sé todo de ti— le contesté, logrando intimidarla—. No puedes lanzar fuego.

    Esto pareció enfurecer a Marriot, porque se turbó de tal manera que incluso tembló, no sé si de la pena o del coraje.

    —¡Cállate!

    A mí aquel berrinche me pareció incluso divertido —estaba acostumbrado a que me gritaran cosas groseras sin inmutarme—, sin embargo, Midnight también lucía bastante molesta y decidió meterse en el problema.

    —¡Ya déjalo!— y la empujó hacia un lado, terminando de liberarme.


    Corrí hacia atrás de Fyrus, ahora que estaba libre, intentando alejarme lo más posible de esa Vulpix loca.

    —¡Midnight!— gritó Marriot cuando se incorporó.

    Fyrus se interpuso entre ambas, intentando mediar la situación.

    —Cálmense ambas— ordenó—. Guarden silencio. No, Marriot, quédate donde estás, no busques problemas. No tienes nada qué reclamarle a Midnight. Te has portado muy mal con el pobre Meowth.
    —¿Qué es lo que quieres?— complementó la Eevee—. ¿Arreglar las cosas al estilo de Rey?
    —¿Qué dices?— preguntó desconcertada la otra.
    —¡Has hecho todo exactamente como el Persian te trató a ti! ¡Sólo te faltó tirarle el golpe al pobre Meowth!

    Me asomé tras de Fyrus para ver tímidamente a la pokémon, que más que enferma de gripa, parecía enferma mental. Miraba hacia el suelo, pensativa. Luego volteó a verme con frialdad.

    —¡¿Y tú qué me ves?! —me gritó, como desahogándose, aunque sin mayores argumentos.
    —No te preocupes, Meowth, no le hagas caso— me dijo en voz baja Fyrus, y luego añadió, alzando el tono de un modo imperativo—. Bien, ahora quiero que le pidas una disculpa, Marriot. Él será un nuevo integrante de la familia.

    Marriot abrió mucho los ojos y yo sonreí ante su confusión y coraje.

    —¿Qué estupidez es esa?

    Fyrus suspiró, tristemente quizá.

    —Sólo hazlo —rehuyó su mirada, posándola hacia la ventana. Yo pensé que ya no iba a decir nada más y que, incluso, algo allá afuera le llamó la atención, pero continuó—. No puedes ser tan orgullosa. Mid ha ayudado al Meowth a entrar a la casa, y creemos que es una buena idea presentarlo ante los amos. Tiene buenas intenciones, así que no tienes por qué preocuparte.


    Un violento temblor sacudió el cuerpo entero de la pokémon de fuego, si así se le puede llamar. Parecía de lo más molesta. Por lapso de medio minuto, no pudo articular palabra, y al final, sólo acertó a decir.

    —¡Me odian! ¡Me odian! ¡Todos me odian! ¡Todos son malos conmigo! ¡Me odian, todos ustedes!
    —Marriot, cálmate, no te odiamos— aclaró Fyrus—. Sólo haz lo que te pido, y quedamos en paz. Es lo justo.
    —¡Me odian! Todos ustedes… todos… ¡todos ustedes quisieran que mejor me fuera!

    No sabía si asustarme o reírme por las tonterías que estaba diciendo esa loca, pero preferí seguir el ejemplo de Midnight y me puse serio.
    —Marriot, has enloquecido— comentó ella.
    —No estoy loca, ¡ustedes están locos! ¿Por qué son así conmigo? —tomó aire y continuó con su eterno drama—. Rey me quería matar. ¡Me quiso matar! Y Fyrus y tú, Mid… ustedes dos, ya se arrepienten de haberme ayudado. ¿Por qué me sanaste, Fyrus? ¿Por qué finges ayudarme? ¿Por qué, si me odias?

    Pero el Raichu, consciente de lo que sucedía, no se tragó la historia trágica de Marriot. En el fondo, sabía que estaba haciéndose la enferma.

    Fyrus dio un paso al frente y empujó con suavidad a Marriot hacia la pared.

    —A ver, Marriot, mírame. ¡Mírame!

    El Raichu estaba taladrando con la vista a la Vulpix.

    —¡Mírame!
    —¡Te estoy mirando, Fyrus!
    —Ahora presta atención a lo que voy a decirte— continuó—. No quiero más que hagas el papel de la loca y de la víctima aquí. No te creo ya, así que ponte seria. ¿De acuerdo?

    —Estoy seria. Todo lo digo en serio. No me harías daño, ¿o sí?
    —No, Marriot. No, si haces lo que te pido y me prestas atención. Deja de fingir que eres una víctima a la que todos odian. Esa técnica ya no funcionará conmigo.

    Marriot estaba temblando detrás de esa mirada furiosa del Raichu.

    —Está bien, ¡está bien! ¡Pero no te enojes!
    —Escúchame.
    —Te escucho, te escucho.
    —De hoy en adelante, este Meowth va a vivir con nosotros. Será un miembro nuevo de la familia, y como tal, merece que le mostremos respeto y que le demos una cordial bienvenida como es debido.
    —¿Pero quién lo ha adoptado? ¿Los amos?
    —Te dije que me escucharas. Aún no termino. El Meowth habló con nosotros dos sobre la posibilidad de quedarse en esta casa y mostrarse ante los amos, una vez que arriben nuevamente, para que lo adopten formalmente como mascota. Y tú tienes que mostrarte cooperativa durante el proceso.
    —Pero… pero…
    —¿Cuál es el problema?— interrumpió Fyrus.
    —Es un pokémon callejero— dijo por lo bajo.
    —¿Y qué? No veo el problema. Ahora, pídele una disculpa por tu anterior comportamiento y dale la bienvenida —suavizó su tono de voz—. Anda, por favor.


    Me miró fijamente desde la pared en donde el Raichu la tenía acorralada. Fyrus la liberó de donde la tenía y dejó que avanzara hacia mí. Esta vez la vi aproximarse y no me tembló ningún músculo. Sabía que era una Vulpix totalmente inofensiva y hasta tonta.

    —Meowth… te pido una disculpa… y, bueno, bienvenido a la casa— murmuró en voz bajísima.

    Luego, sin decir más, como si la hubieran forzado, corrió lejos, escaleras arriba, y no volvió el rostro nuevamente.



     
    Última edición: 8 Febrero 2016
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    Oh! realmente le hirieron el orgullo esta vez. Igual, no es solo por ser fanboy de marriot, pero creo que esta vez a los chicos se les fue la mano. Era obvio que la tenían que encarar. La pregunta que me hago es ¿Era necesario que fuera justo después de que rey casi la matara? (es un poco dramático, lo sé X'D) yo casi nunca reparo en los errores ortografía o cosa por estilo. Solo hago esta acotación para que futuros lectores no salgan del hilo, hay una parte en la que dice"Midnight soltó una risotada de repente, lo que molestó a la Eevee." y creo que se refiere a vulpix. La verdad di vuelta varias veces a la oración antes de darme cuenta que era lo raro que sentía X'D jajajja
     
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