Destinos Cruzados (Ikari/Contest/Poke/Rocketshipping)

Tema en 'Fanfics Abandonados Pokémon' iniciado por Nami Roronoa, 28 Diciembre 2010.

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    Nami Roronoa

    Nami Roronoa The Gif Queen Game Master

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    Destinos Cruzados (Ikari/Contest/Poke/Rocketshipping)
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    ¡Hola a todos y felices fiestas!!!
    Solo una cosita antes de entrar de lleno a la historia, ¿¿alguien puede explicarme antes de que me agarre un ataque porque todo se ve en mayuscula ahora?? No saben lo incomodo que se me hace para leer bien!!
    Dejando eso de lado, quiero presentarles esta nueva historia, es un Long-fic y es, como notaran al leerlo, UA.
    Sin embargo, les advierto, este fic tiene una tematica algo adulta, es decir, si son mas "infantiles" (por decirlo de alguna forma) y prefieren fics que narren la tipica historia cliché de entrenador pokemon X, que por lo general es un Mary Sue xD, entonces, por favor, no empiecen a escribirme comentarios negativos, ok? Acepto criticas, pero para mejorar, no acepto criticas contra los shippings, mucho menos bashing. Estan advertidos, solo lo hago porque me ha pasado en el pasado que uno o dos personas se meten en mis fics para llamarme loca (siendo este el insulto mas leve, claro) por gustarme el Ikarishipping o porque me gusta el UA :)
    Pero basta de chachara, a la historia!!





    Prólogo






    La princesa dio un paso hacia fuera, saliendo al amplio balcón de su majestuoso y deslumbrante castillo blanco. Era una noche fresca de verano, y ella solo llevaba un vestido blanco bien sencillo, largo hasta sus tobillos y de seda fina. Pero no hacía frío, por lo cual no le molestaba usar sólo eso. Su cabellera azulina caía por su espalda casi llegando hasta su cadera, sus ojos celestes claros como el agua observaban el espectáculo de estrellas en el cielo como si se tratase de lo más maravilloso del mundo.

    La muchacha llegó hasta el final del gran balcón de su habitación real, y dejó que una fresca brisa acariciera su cabello y lo hiciera danzar al compás del viento. A los ojos de la gente, de su gente, su vida era perfecta. Única hija de la Reina Johanna y el fallecido Rey Rowan, y por lo tanto única heredera al trono del reino de Sinnoh. Jamás había conocido a su padre, el Rey Rowan, él había pasado a mejor vida pocos meses después de su nacimiento. Recientemente, la Reina Johanna había enfermado muy gravemente, y apenas si había tenido contacto con ella.

    De hecho, el único contacto de la princesa con su madre era a través del Rey Cyrus, su padrastro. Cyrus parecía ser un buen hombre y un buen rey, pero había algo de su sonrisa, de su forma de hablar, algo sobre él que le daba mala espina, no se fiaba completamente de él. Ya llevaba cinco años casado con Johanna, había sido hasta entonces capitán de las fuerzas reales armadas de Sinnoh, un cargo de mucha importancia a través del cual conoció a la reina. Pero no era sólo su falta de comunicación con su madre lo que preocupaba a esta adolescente de dieciseis años, también estaba el hecho de que jamás en toda su vida había abandonado ese castillo.

    Había intentado escabullirse una o dos veces, pero jamás tuvo éxito, siempre era capturada antes de poder alejarse de los terrenos reales. No era que odiase que la cuidaran, pero detestaba que la sobreprotegieran. Ella deseaba ver, aunque sea una vez, como era el mundo exterior, no le gustaba sentirse atrapada y encerrada en esa cajita de cristal. Y había un factor más que le desagradaba demasiado, se acercaba su mayoría de edad, en este reino se declara a una persona mayor de edad a los diecisiete años, como en el mundo de los magos inventado por la escritora J.K. Rowling., y con ello venía un hecho que ella aborrecía. El matrimonio.

    Cuando la heredera al trono alcanzaba la mayoría de edad, debía elegir un marido y, una vez casada, ocupar el trono como legítima soberana de Sinnoh. Claro que su madre y su padrastro ya estaban considerando candidatos, ninguno de los cuales le interesaban a la joven, todos ellos eran un montón de bárbaros que solo querían gobernar el reino y tener una esposa que les cocinara, limpiara y planchara.

    Pero la vida de una princesa seguía siendo una vida llena de lujo y nada de esfuerzo en los ojos de la gente. Particularmente en los ojos azules de una muchacha pelirroja de cabello exageradamente largo y extraño. Jessie Hiramatsu era una muchacha de clase media baja de Sinnoh. Su madre, Miyamoto, la había dado en adopción de pequeña, y nada más de supo de ella desde ese entonces. Jessie creció en soledad, prácticamente se crió en la calle, lo cual la hizo algo fría y la hizo tener celos de la gente que había nacido en cuna de oro, sin ninguna carencia, como la princesa de Sinnoh.

    Pero Jessie, con los años, se volvió menos solitaria y fría, abriendose más a la gente y convirtiéndose en una mujer extrovertida, alegre e incluso cómica. Su primer amor resultó ser un hombre moreno de cabello oscuro llamado Brock Harrison, el cual la ayudó a salir adelante tanto económica como sentimentalmente, y contrajeron matrimonio tras tres años de noviazgo. Pero no le tomó ni la mitad del primer año de matrimonio con él a Jessie para darse cuenta de que no lo amaba. Sin embargo, tampoco tenía el valor para abandonarlo luego de todo lo que había hecho por ella, y sin siquiera entender bien como terminó en los brazos de otro hombre. James Miki, un hombre de clase alta que, a pesar de los prejuicios de Jessie, descubrió que tenía un alma pura y sensible, lo cual la enamoró. Pero su cobardía no le permitió dejar a su marido, terminó con ambos hombres, incapaz de dejar a ninguno de ellos.

    Pero las cosas cambiarían ahora. En ese mismo instante habían cambiado. Ella estaba llorando en el baño de su casa. No había nadie, Brock trabajaría hasta tarde ese día, lo cual era una suerte porque su llanto retumbaba por toda la casa. Sus sollozos se originaban debido a lo que sostenía en sus manos, la prueba irrefutable de que había vida creciendo en su vientre, y ella sabía que esa criatura no le pertenecía a Brock…

    Como tampoco pertenecía a aquella otra muchacha todo lo que llevaba en sus manos. La joven de enorme cabello morado simplemente sonrió mientras dejaba caer al suelo todos los objetos de valor que traía en sus morenas manos. La chica de diecisiete años no le tenía miedo a los oficiales frente a ella, no le tenía miedo a nada ni a nadie, ni siquiera a la muerte, eso se lo había enseñado la vida y su experiencia durante ella.

    Iris Yuki era su nombre, una muchacha rebelde con un pasado difícil. Su padre, Shaga Yuki, la había abandonado cuando era apenas un bebé y partió en busca de quien sabe que. Se rumoreaba que había enloquecido. Iris vivió en un orfanato sus primeros años, pero se escapó a los once años, harta de los maltratos que allí sufría. Aprendió a vivir en las calles, aprendió a sobrevivir y aprendió a robar, a los doce años de edad. Muchos decían que ella era una "salvaje".

    No era una adolescente común, su problemático pasado aún hoy la condenaba. La policía la buscaba, después de todo no sólo era una rebelde sino una ladrona, y como toda criminal era perseguida con el fin de castigarla. Este último robo al Museo Nacional de Sinnoh se suponía que sería su oportunidad de conseguir el dinero necesario para continuar su vida por unos meses sin preocupaciones, pero pronto fue acorralada por los oficiales durante su huída, intentó escapar pero fue acorralada de nuevo.

    No opuso resistencia, la superaban tanto en número como en fuerza. La esposaron, luego la metieron en el patrullero y se la llevaron hacia su condena, probablemente los calabozos del castillo. Miró por la ventana hacia el estrellado firmamento nocturno. Optimista, la muchacha pensó que por lo menos allí podría comer más que en las calles. Después de todo, para ella lo último que se perdía era la esperanza.

    Pero si había alguien que estaba perdiendo la esperanza en otro rincón de Sinnoh. El muchacho de cabello verde como el césped, ese chico de irises color esmeralda que caminaba por las calles con pesar, como si no le importaba si daba el siguiente paso o no.

    Andrew Saiga era el único hijo de una gran y multimillonaria familia, dueña de LaRousse S.A., una de las compañías más poderosas de todos los tiempos. Pero a él no le importaba, porque para él, Andrew Saiga no era su nombre, sino Drew, apodo que él mismo se había otorgado. Drew odiaba a la clase alta, había creído que podían ser buena gente y cambiarían con el tiempo, y que él podría ayudarlos a tratar al resto de la sociedad con respeto.

    Pero a ellos no les importaba. La gente de su familia, la gente de la clase alta a la que él pertenecía, esa gente despreciaba a quienes estaban por debajo de ellos, a las clases más bajas. Drew creyó que podía hacerlos cambiar de idea, pero todo fue en vano. Perdió las esperanzas, huyó de su casa, y jamás regresaría. No tenía dinero, ni comida ni un techo, pero no le importaba, solo le importaba no tener que lidiar más con esos detestables snobs.

    Vio pasar aquel patrullero, pero no le importó. Vio otro auto que iba a toda velocidad de la mano contraria, pero no le importó. Vio como el auto aceleraba y pasaba por un enorme charco de agua en el medio del camino, y toda esa agua salió despedida y empapó al Drew...

    Pero no le importó. Como tampoco le importaba a otro muchacho alejado de allí todo lo que le estaba diciendo su hermano Reggie. El mayor hablaba y hablaba sin cesar, retándolo tras tan lamentable comportamiento, pero él apenas si lo escuchaba mientras subía las escaleras a su habitación.

    Paul Furushima era el nombre de aquel joven de dieciseis años que acababa de llegar a su casa a la una de la madrugada, sin dar explicaciones de nada a nadie. Su hermano mayor Reggie solía ser un hombre bondadoso, fresco y amable, pero todo cambió luego de que sus padres murieran y que Paul quedase a su cargo. Se había transformado en un hombre increíblemente estricto, siempre mandando a Paul, tomándose muy en serio su rol de padre.

    En el pasado, Pauline, su madre, había sido una mujer hermosa y muy comprensible, además que amaba y mimaba mucho a Paul. Su padre, Raymond, había sido un hombre un tanto más frío, pero siempre muy amable con sus hijos. Pero gracias a la actitud severa y estricta de Reggie, toda la amabilidad herededa de sus padres se esfumó de Paul, transformándolo en un chico frío y callado.

    Él simplemente había dejado la casa para no tener que soportarlo más. Odiaba que intentase ocupar el lugar de sus padres, lo detestaba porque le recordaba aún más que ellos no estaban ahí y eso lo lastimaba aún más. Llegó a su habitación y cerró firmemente con un portazo, para así callarlo. Se arrojo sobre su cama y miró a su derecha, donde reposaba una mochila ya lista para partir. Él no soporaría más a Reggie, él huiría y comenzaría a buscar sus sueños.

    Los sueños… los sueños pueden ser hermosos, sí, pero es horrible cuando se destruyen en mil pedazos frente a tus propios ojos. Como en el caso de esa muchacha de cabello rojizo corto, atado en una coleta hacia el costado, cuyo más grande sueño era el convertirse en una exitosa cantante.

    El talento lo tenía, sí, era innegable. Pero también tenía el apellido. Misty Waterflower era la menor de cuatro hermanas, las tres mayores, Daisy, Lily y Violet, eran conocidas como las tres hermanas sensacionales, debido a que las tres eran modelos y actrices super famosas. Las tres poseían talento tanto para la actuación como para el modelaje, y no sólo habían ganado millones sino que tenían lo que ellas más deseaban, fama. Eran vanidosas y caprichosas, todo lo contrario a su hermana menor.

    Misty vivía en la sombra de sus hermanas. Deseaba poder ir a una audición sin que le recordaban que era la hermana de las Waterflower cuando decía su apellido. Se retiraba cada vez que eso sucedía. Quería alcanzar su sueño por sus propios medios, no por su apellido o por ser “la hermana de…”, pero decidió que si seguía así sería imposible.

    Tomó una decisión. Abandonó su hogar, anunciando que a su regreso sería una cantante exitosa, y diez veces más famosa que las tres juntas. Se presentó en cada audición con un apellido distinto, para así no tener que lidiar con ese problemita que tenía antes. Pero no, fue en vano. Por quinta vez, acababa de ser rechazada en una audición para un musical. No era que los musicales eran su interés, pero era un buen comienzo. Después de todo, involucraba la música, la pasión de su vida. Pero no lo logró, sintió como su sueño se desvanecía otra vez. Incluso se preguntaba porque seguía intentando, si no sería mejor rendirse y olvidar su sueño y llevar una vida tranquila y normal.

    Pero no solo ella se hacía ese tipo de preguntas. Otro muchacho de su misma edad se encontraba dudando sobre sí mismo. ¿Y sí a fin de cuentas no tenía la fuerza que él creía que tenía? Gary Oak, su eterno rival, lo había derrotado otra vez. Pensó que había entrenado lo suficiente para ganar esta pelea, pero su enemigo lo derrotó tan rápido que le pareció patético, sentía vergüenza de sí mismo.

    Ash Ketchum, este muchacho de cabello azabache, era un buen luchador. Tenía buena condición física, brazos fuertes y una resistencia y determinación increíbles, todo superaba lo esperado en cualquier otro joven de dieciseis años. Pero Gary Oak era aún mejor, lo superaba en todos los aspectos. Ash había peleado con todo lo que tenía, pero no había sido suficiente, había perdido el encuentro lamentablemente, Gary le había dado una tremenda paliza.

    Se recostó contra la dura y fría pared de los vestidores y se sentó en posición fetal, abrazando con sus brazos sus piernas. La ducha fría no lo había calmado, sólo vestido con su toalla, el chico se encontraba realmente mal. Su pecho y rostro aún tenían marcas de los golpes, había sido una pelea corta, pero era una pelea, y recibió golpes muy fuertes por parte del enemigo. Era ya la tercera vez que perdía contra Gary, derrotarlo había sido la meta de Ash desde hacia ya mucho pero jamás lo había logrado. Por más que entrenase horrores, siempre terminaba perdiendo. ¿Acaso eso no tenía sentido? ¿Debía rendirse? ¿Debía renunciar a su sueño de volverse un luchador de primera? No, no podía renunciar, le había prometido a su madre, Delia, en su lecho de muerte, ella le había hecho jurar que jamás renunciaría a sus sueños. Y él había luego jurado que no perdería ante su rival y medio hermano Gary Oak, cuyo padre, Samuel Oak, era el padre biológico de Ash, pero ese secreto Delia se lo llevó a la tumba, ya que, por resentimiento, jamás se lo había revelado a Oak cuando éste la dejó por la madre de Gary.

    Y hablando de tumbas, a pesar de que hay muchas en el cementerio de Sinnoh, hay una que no pasaba desapercibida. No porque fuese más grande que las demás, de hecho era una lápida común y corriente, pero era la única que recibía una visita aquella noche.

    Era una muchacha castaña de dieciseis años, May Suzuki. Hija de Norman y Caroline Suzuki, una familia adinerada que pretendía conservar su fortuna mediante el matrimonio de May con otra familia de igual o más poder. Ella lamentaba no poder tener voz en eso, porque era una mujer y las mujeres de clase alta no tienen opinión alguna. Ella ni siquiera podía decir todas las cosas terribles que sabía, como que su padre tenía una amante, Joy, la enfermera más reconocida y hermosa de Sinnoh.

    —Me haces mucha falta, Max —susurró May, como si alguien pudiese escucharla. Miraba a la tumba mientras hablaba, la cual decía “Max Suzuki, hijo y hermano ejemplar. 1997-2010”— Eras la única persona con la que realmente podía hablar. Necesito a alguien que me escuche… —Luego de una pausa, volvió a hablarle a la lápida— ¿Sabes? Mañana anunciarán mi compromiso. Es algo triste pero… al menos tendré con quien hablar, ¿no? Espero que sea así. Creo que ya se me hizo muy tarde. Vendré a visitarte mañana… hermano…
















    —¡Princesa Dawn! —esa voz masculina la devolvió a la realidad. La princesa dejó de mirar la buena vista del balcón real para voltearse.

    —Cyrus… eras tú… —lo reconoció ella.

    —Todos en la fiesta están preguntándose donde está. Debemos regresar…


    Continuara…
     
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  2.  
    Mr Fey

    Mr Fey Usuario popular

    Sagitario
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    .¡Joder!¿Por qué Drew tiene que odia ser rico? >.< es lo que luego no me gusta de las historias, que los ricos no quieren ser ricos, -w- aunque despues termines amandolos LOL.


    Mi amado Paul (L), ya sabes que con ponerlo aquí me atrapaste. =( Me dolió que pusieras Reggie como culpable de que Shiji fuera más frio,es que osea, D= pobre mi Reggie, =S no me agrado tanto que tuviera esa actitud, -w- casi no lo puedo ver asi.

    Todos tienen un pasdo emo, eso me da a entender que voy a sufrir con la historia, que estara llena de problemas y cosas desmadrosas pero que el amor trinfará.

    Quiero especiales Reggie x Paul fraternal (L).


    Seguiré leyendo el fanfic, realmente el prologo sólo me dice que lo patético de la vida de cada uno, asi que todavia no puedo decir si me gusta o no, pero al menos llama mi atencion.

    Espero el siguiente capitulo.

    PD: Nah, no dejaré critica. Quedate con la duda de tus errores, xD OK no.
    PD 2: Lo de mayusculas fue por el dia de los inocentes.
     
  3.  
    Suki90

    Suki90 Entusiasta

    Leo
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    14 Junio 2007
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    Wow, que interesante.
    Me haz atrapado por completo amiga... aunque el prólogo debería tener un poco más de dialogo, no sé.

    En fin, no tengo críticas. Espero que lo continues.
     
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