Historia larga Descendencia Railo (Días de Abecedario)

Tema en 'Novelas Terminadas' iniciado por Kay Greenwish, 19 Enero 2019.

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    Kay Greenwish

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    Descendencia Railo (Días de Abecedario)
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    Aventura
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    Damián estaba dando todo de sí, se movía de aquí para allá mientras intentaba darle a su padre; pero éste era mucho más ágil y veloz por lo que desviaba sus ataques con el palo que tenía en mano. El idioma se le dificultaba un poco, o mejor dicho, le aburría tener que estudiarlo, prefería continuar entrenando que estudiar. Estudiar algo le recordaba cuando vivió con Cipriano y lo obligaba a sentarse en aquel odioso escritorio de su cuarto a estudiar, estudiar y a estudiar todavía más. Nunca imaginó que después de cruzar las murallas del pueblo su vida terminaría de esa forma, estudiando. ¿A caso ese era el karma? No, no lo era, era simplemente mala suerte.

    Un una de esas, por estar distraído, recibió un ataque, provocando que soltara la espada y luego la "espada" de madera de su padre lo tocó en el pecho.

    —Te corté —soltó Salustino con tono burlesco—: En realidad hace rato que te hice picadillo. ¿Quieres descansar? Te vez cansado.

    El joven no dijo nada, se limitó a sentarse en el herbaje verde, Salustino tomó asiento a un lado y lo miró; había mejorado mucho con la espada, en poco se convertirá en un guerrero. Estaba orgullos se él, no por nada era sangre de su sangre. Los dos se quedaron en silencio, observando los pequeños animales que paseaban cerca y a las aves revolotear sobre ellos.

    —¿Por qué peleamos? —preguntó Damián, había estado pensando en eso—. ¿Qué vamos a ganar luchando? ¿Territorio? ¿Paz? ¿Libertad? —Debía existir alguna razón para hacer lo que hacían.

    —Nada.

    —¿Eh? ¿Cómo? —Se sorprendió ante la respuesta de él. No podía creerlo—. No lo creo. Debe haber algo.

    —Podría decirse que luchamos para defendernos de nuestros enemigos, pero, ¿por qué? Estamos luchando por nada… en realidad, hace mucho tiempo se perdió la razón de ésto. Se los pregunté a ellos. Un buen día le pregunté al anterior líder, “¿por qué estamos luchando?” Él no supo responderme y al final solo me miró y me dijo, “Nuestros antepasados han estado luchando contra los de la Montaña y los del Prado y nosotros contra ellos. Así es la tradición” “¿Y si no luchamos?” le pregunté, “Nos matarían” me contestó.

    Damián frunció el ceño, nada contento y con una amargo sabor en la boca. ¿Perdieron la razón de esa guerra?

    —Es absurdo —dijo en voz baja, incrédulo—. Estamos luchando por ninguna causa, ¡es absurdo! Esta no es la libertad que yo buscaba —dijo, en voz alta.

    —Nadie dijo que aquí hubiera libertad.

    Damián lo miró con los ojos llenos de sorpresa. Era cierto, aun así... ¿no podían llegar a un acuerdo? ¿Acaso esa "tradición" era más fuerte que el raciocinio? Si hace muchos años, tal vez décadas o más sus antepasados tuvieron sus razones pero que en la actualidad esa razón desapareció, ¿por qué continuar luchando?

    —¿Por qué nos abandonaste? —Le salió, tomando por sorpresa a Salustino—. ¿Por qué me abandonaste? ¿Por qué estás aquí y no volviste? Todos dicen que huiste porque no deseabas responsabilizarte. Dijiste que lo hiciste por mi madre, para sanarla de su enfermedad. Pero, ella murió —Se entristeció—, y tú nunca volviste. —Nunca volvió a él.

    —Porque no hay casa a donde llegar —Levantó la vista hacia las copas de los árboles, melancólico—. Porque anhelé un vano sueño que perseguí y por ello perdí todo.

    Los dos se quedaron en silencio por un minuto hasta que el menor rompió el silencio.

    —Papá, hay una cosa que me intriga —Había estado meditando un poco en eso desde que salió de Rocoso y al sentarse un poco más como con él, aprovecharía ese momento—. ¿Tú conoces a la mujer que está siempre al lado de la puerta? La que asusta a los niños.

    Los ojos de él se agrandaron pero no lo miraron. No tuvo las fuerzas para verlo a los ojos.

    —¿Por qué? —Tragó saliva con dificultad—. ¿Te dijo algo?

    —Sí, algo extraño. Antes de salir ella me dijo algo sobre mi destino y que este, y me pareció algo raro porque tenía entendido que no dejaba salir a nadie pero ella no intentó detenerme ni nada. Eso fue algo extraño, aunque desconozco si en realidad asusta, yo solo lo oía de otros niños.

    Salustino cerró los ojos, quizá era el momento para contarle lo que había descubierto en esos últimos años. La aterradora realidad de lo que rodeaba pueblo Rocoso.

    —Damián, hay algo que debes saber…

    No obstante, antes de que el mayor pudiera continuar, el sonido de alguien tocando el tambor se escuchó por toda la Base y sus alrededores.

    —¿Qué es ese sonido? —El pelinegro se levantó rápidamente.

    —¡Es el enemigo!

    Salustino se puso de pie y llamó a todos los soldados. El enemigo estaba atacando. Era la primera batalla en meses. Todos los guerreros del Bosque se pusieron en fila para atacar al enemigo; se dividieron en cinco grupos; cuatro de ellos rodearon la Base y Bosque mientras que el quinto se mantenía en medio. Dórate se fue al lado de los que atacaban desde la distancia mientras que Damián estaba en la zona media, al lado de su padre, eran la "carnada".

    Salustino, al pasar su vista de un lado a otro, vio a la distancia el conjunto de aquella bella flor que los nativos nombraban Achii; su forma de trompeta junto con su color purpura la hacían un deleite visual y ver aquella flor moverse lentamente por el leve aire le hizo meditar; hizo que sus pensamientos viajaran a cuando todavía vivía en pueblo Rocoso, rememorando su felicidad y en la tranquilidad del lugar.

    Esos recuerdos siendo un contraste con lo que ahora vivía. No cabía duda, su vida dio un giro de noventa grados cuando cruzó esas puertas, cuando viajo por el camino Rojo, por haber desobedecido.

    El centro de su vida se convirtió en guerrear y en sufrimiento por haber quebrantado una simple regla. El karma se lo estaba haciendo saber.

    . . .
     
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    Jeje, entiendo a Damián porque a mí tampoco me gusta estudiar xD Pero él es más activo que yo, eso que ni qué.
    Así que no existe razón por la que esas tres naciones estén guerreando contra ellas o_o Eso sí me dejó impactada. Que se considere una tradición así como así, tan quitado de la pena es terrorífico... Pero Salustino tiene razón, aunque ellos decidieran no luchar más, los otros los matarían así que no tienen opción. Es un círculo vicioso.

    Y ahora el enemigo los ha atacado después de mucho tiempo de no hacerlo. Ambos chicos han mejorado, pero ahora que están en el campo de batalla real es que se sabrá si realmente serán capaces de defenderse o no.
    Me ha gustado que Salustino meditara en su vida actual y la anterior. La verdad es que desobedecer tiene graves consecuencias y él las ha vivido en carne propia por muchos años. Esa falta de libertad que Damián mencionó. Me intriga ese secreto que ronda pueblo Rocoso, espero que se mencione más adelante. Y nada, espero el próximo capítulo. Te cuidas.

    Hasta otra.
     
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    Kay Greenwish

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    La vida de Salustino Railo antes de cruzar aquellas puertas que protegían el pueblo de ciudad Rocoso no fue perfecta, pero si agradable. Sus padres murieron por lo que se vio en la necesidad de comenzar a vivir en un orfanato, lugar que le desagradable y por ende se la pasaba todo el día de vago, fue a los ocho años que conoció a un joven, mucho mayor que él, de nombra Cipriano, y fue que conoció a su familia; que la conformaba el padre, el hijo y la hija menor; Dara, quien tenía un año menor que Railo. Salustino solía meterse en problemas, literalmente le gustaba hacerlo adrede para ver en primera fila la reacción de las personas ante su actuar.

    —¡Es un kiwi, es un kiwi! —saltó con gran emoción el Salustino de nueve años de edad mientras era perseguido por el señor de la verdulera hasta que lo perdió de vista y ante el cansancio del hombre su sonrisa se amplió aún más.

    Risueño ante su hazaña, vio a la lejos a Cipriano, levantó la fruta como quien presumiendo un trofeo.

    —¡Hey! Cipriano, mira, un kiwi —se acercó al nombrado, quien al estar a su lado le dio un zape—. Oye, eso dolió —se quejó el niño sobándose el lugar afectado.

    —¿Eres tonto? ¡No deberías robar la comida!

    —Es qué es un kiwi... —mencionó como si en sí la fruta fuera la excusa.

    —Vamos —Sin decir más Cipriano lo tomó del brazo y lo obligó a caminar.

    —¿A-a dónde?

    —Con el señor a regresarle el kiwi y a pedirle disculpas —Se detuvo para volver a darle un zape.

    —Qué no hagas eso, que duele —Volvió a sobarse la cabezas sin dejar de mirar al mayor.

    —No seas exagerado, eso no duele nada.

    —Como no eres el que los recibe...

    Fue llevado a la fuerza, así que en ese momento los dos estaban frente al señor de la tienda, quien tenía los brazos cruzados, molesto, realmente molesto y no se hizo esperar al levantar la voz:

    —¡Este muchacho es un ladrón!

    —Lamento mucho lo sucedido —se disculpó Cipriano por él, miró a Salustino de reojo y le hizo una seña para que el también se disculpara.

    —Siento haberle robado —se disculpó el niño.

    Le devolvieron la fruta y sin dejar de disculparse, los dos se retiraron y se dirigieron a la casa del mayor. En la casa de Cipriano, se encontra el señor, sentado en una silla de plástico, un hombre de apariencia delgada y frágil; en realidad estaba muy enfermo, había pescado un resfriado que parecía no mejorar, no obstante, no parecía molestarle su salud pues disfrutaba ver a su pequeña alegre mientras regaba las flores que estaban plantadas en una cubeta blanca. A Dara siempre le habían gustado las flores.

    —Mira, papi —La niña de ocho años se acercó su padre para enseñarle una margarita—. ¿Es bonita verdad? Es la semilla que la señora Ofe me dio, ¿la recuerdas?

    El hombre tosió un par de veces y luego le sonrió a su pequeña mientras agarraba la flor y la observaba.

    —Ah, lo recuerdo. Esas semillas crecieron muy bonitas.

    —Hola, Cipriano —preguntó la pequeña al ver a su hermano mayor. Cipriano le acarició de la cabeza.

    Para Salustino aquella familia era como la suya.

    —¿Dónde estaban? —inquirió el hombre—. ¿No me vayan a decir que Salustino estaba cerca de las puertas otras vez?

    —No, no estaba allí —contestó el menor, era muy de su costumbre acercarse y ver como los Exploradores salían a un nuevo viaje. Y ellos ya sabían eso, aunque no les gustaba que hiciera eso y para evitar molestarlos, Salustino solía hacerlo a escondidas.

    —Estábamos devolviendo algo que este ladrón robó —dijo el mayor delatando a Salustino.

    El nombrado lo empujó, con enojo.

    —¡Dijiste que no dirías nada, mentiroso! —comenzó a decir, frunciendo el ceño. Cipriano simplemente reía ante la actitud del menor.

    —Pero ¿por qué lo hiciste? —inquirió el adulto más que con un tono de enojo, con un tono de tristeza. Luego continuó—. Si tanto deseas un kiwi, —Le mostró un par de monedas—. Compra uno con esto.

    —Claro que no, señor —se apresuró a decir el muchacho, negando el dinero.

    —Tomaleas, no es mucho pero seguro que alcanzas a comprarte una, ve. No te quedes con las ganas.

    Salustino negó. Aquella familia a penas ganaba lo suficiente, él no era familiar de ellos, así que no tenían porque darle nada. Sintió como Cipriano lo empujaba levemente y lo invitaba a tomar el dinero. El pelinegro volvió su vista al mayor, sonriéndole, todavía con la mano alzada.

    —Lo que sucede es que tiene vergüenza porque acaba de robarle al hombre, dime si no. A mi se me caería la cara si tengo que volver a verlo.

    —¿Quieres que vaya yo? —preguntó la pequeña Dara, a cortando distancia entre ambos—. Que yo soy una niña valiente.

    —Yo también lo soy —dijo él frunciendo el ceño a la niña—. Es que… no puedo…

    El padre de Cipriano y Dara se levantó de la silla, se acercó al niño y le entregó las monedas en la mano.

    —Acéptalo, no aceptaré un no por respuesta —le sonrió.

    —¿Quieres que te acompañe? —inquirió burlesco Cipriano.

    —¡Iré por mi cuenta! —dijo encaminándose a la tienda mientras sus ojos se cristalizaban porque aquella humilde familia lo había estado tratando muy bien. Se sentía muy bien. Era feliz. Aun a pesar de algunas tristezas, era muy feliz y pensó que su vida continuaría de esa forma. Nunca creyó que su vida cambiaría tanto.


    . . .
     
    Última edición: 30 Enero 2019
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    Muerte


    Lo que hubiera afuera de esos muros, lo que hubiera atrás de esas enormes puertas o a donde llevaba el camino Rojo, le llamaba mucho la atención del joven Salustino Railo, por lo que siempre veía a lo lejos la partida de los Exploradores y ese día no era la excepción. Escondido detrás de unas cajas veía como las puertas eran abiertas y los vehículos especiales de los Exploradores salía. Por tantas veces que los había visto ya se había memorizado las salidas y todo su horario. No deseaba ser un Explorador, solo le daba curiosidad lo que hubiera allá afuera.

    —Salustino.

    El nombrado sintió como la guardia, quien lo descubrió, lo tomó del hombro, se giró para verla y fue entonces que la joven mujer de poco más de veinte años lo tomó de los cachetes y se los apachurró al momento que el advertía:

    —Hablo muy seriamente cuando te digo que no vengas aquí.

    —¿Por qué no? —inquirió apenas audible y quejándose por el dolor.

    —Porque ese lugar está prohibido.

    —Yo solo quería verlos a nuestros héroes.

    —Olvídate de querer ir —Lo miró con seriedad—. Te lo estoy diciendo en serio, Salustino. No arruines tu vida.

    —Algún día me voy a escabullir de entre tus miradas, ya veras —soltó mientras salía corriendo—. Es broma.

    —¡Ni de broma lo digas!

    Así era el día a día de Railo. Todo era tranquilo, no obstante, su vida cambió cuando conoció la muerte en persona. Dos años después, el padre de Cipriano y Dara murió. Fue un golpe duro para todos y también para él pues aunque no haya sido su padre biológico, lo vio como tal. El hijo mayor ya sabía que ese día llegaría, su padre había estado muy enfermo. Dara lo imaginó, sin embargo, le dolió mucho a la hora de la verdad por lo que no pudo asimilarlo. Ya había pasado un poco más de semana después del funeral y la joven continuaba deprimida, en cama, las flores que tanto había cuidado se marchitaron. Su mundo se había acabado.

    Salustino estaba triste de verla en ese estado, Dara era una joven sonriente y entusiasta y no verla sonreír le dolía mucho, por lo que con las mejores intenciones, un buen día se acercó a ella e intento levantarla, animarla de alguna u otra forma.

    —¡Déjame! —Ella levantaba la voz cuando él logró levantarla de la cama, con fuerza se desprendió del agarre del joven. Le lanzó una mirada agresiva.

    —Entiendo que este triste, de verdad, pero creo que también es bueno…

    —¡Tú que sabes…! —Lo empujó con fuerza—. ¿Cómo dices que me entiendes? ¡No sabes como me siento porque nunca has tenido padres!

    Sus palabras le dolieron, le hirieron más de lo que pudo imaginar, la miró asombrado mientras ella lo miraba seria. Dara volvió a la cama, echándose las cobijas sobre ella y la escuchó sollozar.

    —Dara —Se interpuso Cipriano, molesto por la actitud de su hermana. No había medido sus palabras—. Discúlpate con Salustino.

    —No... —susurró él, “estás equivocada” quiso decirle—. Tu padre… él… —Su voz se quebró porque también sentía un hueco en el pecho por la falta de él. La comprendía, sentía su dolor, quizá no lo demostraba tanto pero en verdad que le dolía profundamente—. Lo siento —se disculpó mientras salía de la casa, alejándose mientras maldecía a los vientos lo tonto que había actuado.

    Cipriano intentó detenerlo, pero se dio cuenta lo mejor sería dejarlo solo.

    —Dara, fuiste muy dura con él —dijo, sentándose en la orilla de la cama mientras Dara se alzaba un poco y lo abrazaba—, él solo quería ayudar.

    —Es que duele… duele mucho —Lloró.

    Cipriano deseaba ayudarla, aunque no sabía como; lo mejor era que se desahogara, era lo único que podía hacer por ella, ser su apoyo. Poco a poco aquel sentimiento fue menguando, y aunque se le hizo difícil a Dara, intentó ponerse más activa. Los días transcurrieron y los dos comenzaron a preocuparse al notar que Salustino no había ido a su casa, es más, no lo habían visto desde ese incidente. Dara comenzó a sentirse mal debido a las palabras que utilizó, quería disculpase con él por haber sido tan dura. No pensó en las palabras.

    —¿No ha venido? —inquirió ella a su hermano mayor.

    —No —respondió.

    —Es mi culpa, seguro que me odia —Se llevó las manos al rostro, arrepentida.

    —No creo que te pueda odiar —dijo Cipriano deseoso de que sus palabras fueran ciertas.

    —¿Tú crees?

    —Te lo aseguro —Le sonrió. Definitivamente, Salustino no podía odiarla. Aunque si se preguntaba lo que estaba haciendo.

    Dara se animó un poco, tampoco quería pensar mal; quizá estaba de vago por todo el pueblo, salía hacer eso cuando se aburría, además, seguro que él tenía su propia manera de demostrar su luto.

    Ella salió al frente y comenzó a regar la tierra de algunos botes, había vuelto a sembrar algunas flores, después de todo las amaba. Estaba tranquila cuando a lo lejos observó a Salustino, su sonrisa se amplió, se asomó a la casa para avisarle a su hermano, y después corrió a su encuentro con toda la intención de disculparse, pero para su sorpresa fue él quien la recibió con un regalo. Le entregó una flor color purpura con forma de trompeta, era muy bella.

    —Es… hermosa.

    En verdad era una flor preciosa, sus ojos brillaron pues era la primera vez que la veía.

    —¿De dónde la sacaste? —preguntó Cipriano una vez se acercó a los dos. Nunca había visto ese tipo de flor en pueblo Rocoso.

    Salustino solo sonrió.

    Esa fue la primera vez que cruzó el camino Rojo.

    Todo por ella, para conseguir una flor y hacerla sonreír de nuevo.


    . . .
     
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    Ah, conque ese es el pasado de Salustino, eh.
    Mira que yo esperaba que entraras de lleno a la batalla con la que se había quedado el asunto, pero no, nos relataste un poco del pasado del padre de Damián y ha sido interesante porque ahora entiendo mejor la relación de Cipriano con Damián... O no, pero igual xD Me ha sorprendido mucho saber que Salustino y Cipriano eran tan bueno amigos... Eran como hermanos básicamente y lo muestra el hecho de que Salustino estuviera tan apegado al padre de ellos como para su muerte le afectara tanto.
    En cuanto a Dara, no recuerdo si se ha nombrado a la madre de Damián, pero imagino que es ella, Dara. Después de todo, por ella Salustino dejó el pueblo no sólo cuando fue a buscarle medicina, sino que también esta primera vez... Otra cosa que me sorprendió, no imaginé que Salustino hubiese abandonado pueblo Rocoso antes de desaparecer. Hm, interesante.
    Me han gustado los capítulos, en serio que sí. Me pregunto si los seguirás con el pasado de Salustino o si ya pasaremos a lo que está ocurriendo en el presente. Sea como sea, lo espero. Te cuidas.

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    Kay Greenwish

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    Aquella tarde tuvo la necesidad de ir al exterior porque pensó que tal vez haya hubiera algo que Dara amara y de esa forma lo perdonara. Le nació esa idea, tal vez una idea muy desesperada, de esconderse en el cargamento de los Exploradores cuando recordó que ellos se preparaban para salir. Decidido se escabulló en uno de los vehículos, ocultándose bajo una tela. No se supo cuanto tiempo transcurrió desde que subió, pero su corazón latió con gran nerviosismo al sentir que el carro comenzó a moverse. Por un momento se arrepintió y deseó salir para hacerse notar, mas desistió de esa idea y armándose de valor, se quedó allí.

    Esa fue la primera vez que salió de pueblo Rocoso pero la única que necesitó para que su destino se marcara. Desconoció lo que duró el viaje pues se quedó dormido, mas cuando abrió los ojos y darse cuenta que la carreta ya no se movía, se asuntó pero guardando compostura, con cautela se asomó para darse cuenta del lugar donde estaba. Estaba solo, no había ningún Explorador, había dejado los vehículos en ese lugar mientras ellos iban a pie. Era algo que nunca había visto, estaba emocionado, el lugar se veía mucho más vasto que Rocoso; exploró cuanto pudo, claro, siempre estando lo más cerca de los vehículos. Vio aquella hermosa flor purpura.

    No lo pensó dos veces, era el mejor regalo. Lo único que deseaba era que Dara fuera feliz, que siempre sonriera y sabía que las flores siempre lo hacían. Fue gracias a ese sentimiento que ella llegó a convertirse en la personas más importante en su vida. La amó, y por ello cuando murió quedó completamente destrozado.

    Sus ojos se nublaron ante el recuerdo, hace mucho tiempo que no había dedicado a su pasado, pero esos últimos días se vio muy nostálgico debido a la llegada de su hijo; Damián porque él le recordaba mucho a ella pues tenía muchos rasgos y manías, sin duda era su hijo. La voz de uno de sus compañeros lo despertó.

    Era cierto, estaban en el campo de batalla, debía concentrarse en lo que estaba apunto de pasar.

    —El enemigo está a menos de veinte metros —le informaron.

    Damián, desde su posición, apretó la empuñadura de su espada al escuchar eso, estaba realmente nervios, no sabía el resultado final, había sido entrenado pero por fin vería si su entrenamiento fue realmente bueno o no. Sintió que su padre le tocó del hombro, dirigió su vista a él.

    —Corre, si te sientes en peligro, no dudes en correr —le dijo al descifrar su semblante.

    El pelinegro lo comprendió y solo pudo asentir, aunque apreciaba las palabras de su padre, estaba decidido a no huir.

    “Espero que tú lo hagas, Dórate" pensó Damián, debía admitirlo, estaba más preocupado por su amigo que por él mismo.

    El líder del batallón hizo una señal con su mano la que interpretaron como; “moverse con sigilo”, los del centro así lo hicieron. Cuando el primer grupo se encontraron con la primera agrupación de enemigos, se escuchó el canto de un ave, aquello era la señal de ataque.

    Los del Bosque dieron un grito de guerra mientras salieron corriendo hacia sus enemigos, quienes sorprendidos se fueron contra ellos para atacarlos. La batalla dio comienzo. El sonido de las espadas chocando con otras, el del aire siendo cortado por la flechas y los gritos de las personas era el sonido que se escuchaba en esa zona. Hubo muchos caídos por parte de los dos bandos al igual que heridos; las horas pasaron y el día transcurrió y dicha batalla parecía no terminar.

    ¿Cuando finalizaría aquella absurda pelea?

    Todo hombre dio todo de sí, aunque fuera por un resultado vacío, pues al final la batalla terminó, sí, ¿a costa de qué? De perder a hombre y ganar heridos. ¿Ganaron algo? Solo el "falso" regocijo de no haber perdido a más gente.

    Damián observó aquel resultado mientras dibujaba una mueca de disgusto en sus labios. No le gustaba eso. No era lo que deseaba, se sentía vacío. Esa noche se preguntó muy seriamente si no podía hacer algo para cambiar ese ambiente. Fuera cual fuera la respuesta, lo intentaría, se vio en la necesidad de hacer eso.



    Lamento que este capítulo sea muy corto. La inspiración no me dio para más * se va a llorar al rincón* .
     
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    Kay Greenwish

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    Todos estaban festejando su victoria, se reunieron para comenzar a beber cerveza. Damián no se sentía con muchas ganas de festejar y tampoco deseaba arruinar el ambiente por su cara larga, así que decidió alejarse un poco. Suspiró cansinamente, la batalla lo había agotado, se vio las manos, con esas manos había herido a tres personas, si bien no los mató, si contribuyó a que sus compañeros lo hicieran.

    —Damián.

    El nombrado se viró para ver a Dórato.

    —Hola, Dórato, ¿qué haces aquí?

    —Yo te pregunto eso, amigo —Acortó distancia entre los dos. —. ¿Estás bien? Te he notado algo triste últimamente, aunque hoy más de lo acostumbrado.

    Railo volvió su vista al cielo estrellado y preguntó a su amigo:

    —¿Te gusta aquí?

    —No voy a mentir, pero sí, me gusta estar aquí y creo que ha sido lo mejor que he hecho —contestó. El pelinegro lo sospechó al ver que disfrutaba estar con ellos—. ¿Y tú? ¿No lo haces?

    —¡Claro que sí! —lo decía con sinceridad, a pesar de sus conflictos internos, no deseaba regresar a la vida encerrada de pueblo Rocoso pero a la vez no deseaba continuar con esa tradición de asesinar a vecinos.

    —Pero algo te preocupa, ¿cierto? —continuó el castaño.

    Dórate lo miró fijamente, era muy perspicaz y se dio cuenta del animo de su amigo. Era algo muy normal, lo conocía muy bien.

    —Sabes, me gustaría hacer algo respecto a esta situación —Se sinceró con él—. Quiero parar esto, creo que en realidad las tres ciudades, no, las cuatro ciudades, también Rocoso pueden vivir en armonía y en paz.

    —La verdad es que yo también pienso lo mismo —admitió el castaño—. ¿Crees que no he notado que este lugar pelea por nada? Le pregunté a Baco y a Sardina y ambos, además de pensar en la respuesta, me dijeron que era por defensa. Así que llegué a la conclusión de que hay una gran confusión, tal vez los líderes de las tres ciudades temen a sus vecinos y por ello se vean en la obligación de atacar antes de ser atacados.

    Damián sonrió al saber que su amigo tenía el mismo pensamiento que él.

    —Entonces esta absurda guerra puede terminar con solo hablar.

    —Probablemente. Aun así, no será fácil —añadió Dórato.

    —Estoy consiente de ello. Lo primero es intentar hablar con mi padre respecto al tema.

    Los dos estaban dispuestos a hacer que esas tres naciones pudieran vivir en armonía y quizá, ante eso también el pueblo Rocoso; su gente tenía el derecho de conocer los bellos paisajes del exterior.

    —Papá…

    Damián fue a buscarlo entre la celebración. Los adultos estaban pasados de copa y su padre también estaba bebiendo, él se acercó al escuchar que lo llamaba, el pelinegro notó su estado así que decidió que lo mejor sería hablar de ese delicado tema hasta mañana, pero antes de que pudiera retirarse, Salustino lo detuvo.

    —Tuvimos una victoria aplastante… o más o menos quise decir, deberías de estar aquí y festejar —Apestaba a Alcohol—. ¿Que querías decirme?

    —Después te cuento, cuando estés en mejor estado.

    —No, no, no, dímelo ahora Estoy en buen estado. —Lo retenía, no quería dejarlo ir—. Estoy en buenas condiciones para entenderte.

    No quería hablarlo ahora pero ya que Salustino insistió tanto, le contó sus planes de manera lo superficial; que deseaba que Bosque, Prados, Montañas y Rocoso.

    —No hagas eso —le dijo con seriedad, cosa que provocó que el muchacho se sorprendiera—. Será imposible e necesario.

    Damián comenzó a odiar la actitud de su padre. ¿Por qué era tan negativo? ¿Ya lo había intentado? Y se lo iba a preguntar, no obstante, Salustino dijo algo que lo dejó impactado.

    —Es un caso perdido. Rocoso está bien allí.

    —¿Pueblo Rocoso? ¿Tienes algún problema con él?

    —Sí —le dijo sin más, sin agregar nada.

    —No, no está bien. La gente de Rocoso necesita...

    —¿Y tú que sabes que necesitan? Déjalos que gocen su vida de encierro.

    —¿Quieres privar la libertad de ellos de conocer aquí afuera? No es necesario que ellos mueran ¡por falta de medicamentos! Aquí afuera existen muchas plantas y hiervas medicinales que allá no hay. No hace falta que cada tanto los Exploradores salgan por provisiones...

    —Es su trabajo, ellos se sacrifican ¡por esa gente! No, en realidad están condenados...

    —Ellos viven amargados —Damián lo reconoció cuando estuvo viviendo con ellos. La gente los admiraban porque ellos salían al “peligro”, sin embargo, notó que ellos no gozaban de esa admiración, les daba igual; era como si fueran obligados a hacer ese trabajo.

    Lo más extraño era que cuando un niño deseaba ser de grande un explorador, los adultos le decían que no podía serlo porque tenían que ser “especiales” ¿en qué sentido?, ¿Era porque en realidad eran tratados de la forma más disciplinaria posible? ¿Porque en realidad era un trabajo frío?

    Recordó una vez cuando por curiosidad le preguntó a uno de ellos que es lo que le gustaba trabajar. Eran muy estrictos. En esos cinco años nunca vio que alguien fuera a visitarlos ni nada parecido. Cada quien hacia las cosas. Su día a día, cuando no tenían que salir, era levantarse, entrenar, comer, y ya.

    No estaba de acuerdo con su padre. Entre los dos hubo una fuerte discusión; Salustino diciéndole que no se atreviera a pensar y que dejara a los de pueblo Rocoso en su mundo “feliz”, pero Damián insistiendo que convertiría aquel lugar en un lugar mejor para ir y decir a todo habitante Rocoso que allá afuera había un paraíso y que no era necesario esconderse entre unas murallas.

    Deseó abrirles los ojos, que vieran y conocieran lo que él veía y conocía.


    . . .
     
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    Borealis Spiral

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    Oh, volvemos al campo de batalla después del pasado de Salustino, bien.
    Veo que el asunto en serio está dándole vueltas en la cabeza a Damián. Ha experimentado ya de primera mano lo que estar en el exterior y junto a su padre. ¿Y cuál es su concusión? Que no está contento del todo; le gusta el exterior pero no del todo y eso se debe a esas guerras sin sentido. En parte creo que muestra claramente lo inconformistas que podemos ser los seres humanos.
    A Damián no le gusta que haya tanta guerra y tal, así que ha decidido que quizás hablándolo con los líderes de los cuatro poblados pueda cambiar algo ¿y te digo algo? Sinceramente lo dudo. Cuando se ha vivido de una forma por tanto tiempo es difícil cambiarla. No que sea imposible, pero eso requeriría de muchísimo tiempo, generaciones quizás. Además, la actitud de Salustino nos dice que así como él, los otros líderes podrían igualmente rehusarse a aceptar algún convenio. Al fin y al cabo, han vivido desconfiados toda su vida, ¿por qué iban a confiar en Damián de buenas a primeras? cofporquecofescofelcofprotagonistacof. Ejem...
    Interesantes capítulos. Habrá que ver cómo avanzan las cosas. Te cuidas.

    Hasta otra.
     
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    Kay Greenwish

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    Descendencia Railo (Días de Abecedario)
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    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    23
     
    Palabras:
    959
    Pera

    Al día siguiente todos tenían una cruda, pero a pesar de eso estaban felices y animados porque era el día en que todos los guerreros iban a la ciudad Bosque para visitar y pasar un tiempo con su familia, después de una batalla era así como hacían. Por eso, todo estaban empacando sus pertenencias, listos para viajar.

    —¿Señor, usted no irá a la ciudad? —preguntó Dórate al ver que la mayoría se había ido pero él no había empacado nada.

    —¿No has visto a Damián? —respondió con una pregunta—. Lo he estado buscando desde la mañana, quiero que continuemos practicando con la espada.

    —Si me responde a mi pregunta, se lo diré —propuso divertido—. ¿Es que no piensa ir a Bosque?

    —No hay tiempo de eso, Dórate. Yo siempre me quedo aquí, a vigilar, alguien lo tiene que hacer para que los demás disfruten sus días con su familia —Después de todo no tenía nada más que hacer—. Tú diviértete; Baco y Sardina te están esperan. Ya sabes que Sardina es muy desesperado. Entonces, ¿dónde está él?

    —Esta mañana se le vio algo molesto con usted —Ante eso, el mayor suspiró, sí, había sido muy duro con él, pero lo que escucharía a continuación lo sorprendió—. No sé que ocurrió anoche pero empacó sus cosas y se fue —finalizó el castaño.

    —Ese muchacho —murmuró—. ¿Y por qué no lo detuviste?

    Dórate negó.

    —Lo intenté, pero es demasiado cabeza dura y cuando se le cruza algo por la cabeza no lo suelta tan fácil —rio divertido ante el recuerdo de su amigo.

    —¿Se fue a Rocoso?

    —No, se dirigió al norte.

    Salustino se sorprendió porque dirección al norte estaba ubicada la ciudad Prado, ¿de verdad estaba pensando en ir a hablar con los líderes? Tornó su rostro serio, se dirigió al joven quien no evitó ponerse serio ante las palabras del mayor.

    —Voy a ir a buscarlo. Si algo llega a pasarnos, Dórate, quiero que seas tú el nuevo líder. La gente te ha apreciado y sin duda serás bueno en eso. Ya lo he hablado con Baco.

    —No diga eso, señor —Un poco asustado—. De verdad intenté pararlo, pero como le dije que sin solicitarlo con usted y que si iba solo correría peligro, por eso quise ir con él pero no quiso. No quiso que lo acompañara.

    —Lo sé, Dórate. Cálmate. ¿Partió hace mucho?

    —Desde la mañana.

    —Si tengo suerte puedo alcanzarlo antes de que llegue —decía mientras negaba con la cabeza—. Aprovecharé, la noche, cuando descanse. Fue demasiado imprudente.

    Sin más dejó a cargo de la vigilancia a otro, lamentándose de que él no pudiera ver a su familia. Cabalgó y se dirigió hacia el norte a toda prisa, esperando a que el cabeza hueca de su hijo estuviera bien.

    ***​


    Damián sabía que Prado quedaba lejos, comenzó su viaje por la mañana y ya había anochecido, no obstante, no descansó y continuó cabalgando, simplemente se detenía por un par de horas para que el caballo descansara, tampoco deseaba . También estaba consciente que iría a un terreno desconocido y que tal vez no saldría vivo de esa, pero realmente deseaba hacer algo, sin importar que su padre no lo apoyara. Igualmente, cuando le contó a Dórate y el , le dijo que no, ¿por qué? Porque reconocía el potencias de él y que podía llegar ser alguien bueno para Bosque, era inteligente e intrépido. Por el contrario, él no, después de todo, ¿qué estaba haciendo ahora? Igualmente, no deseaba que algo le pasara por su imprudencia, no se lo perdonaría.

    Carcajeó antes sus pensamientos. Estaba haciendo una locura. Aun así, deseaba intentar algo.

    Ya había amanecido y el aire era frío. ¿Todo ese trayecto tenían que recorrer los de Prado para pelear contra Bosque? Bufó. Una perdida de tiempo y energía. Se detuvo al llegar a un riachuelo, debía admitirlo, estaba perdido. Bajó del caballo y bebió un poco de agua y luego se recortó para descansar un rato, pero estaba tan cansado que sin poder evitarlo se quedó dormido. Algo lo despertó y abrió los ojos lentamente, cual fue su sorpresa al percatarse que una joven de tez morena lo observaba. Se levantó con rapidez, los ojos cafés de ella lo siguieron, no supo que decir. La joven, quien quizá tendría su misma edad, era muy bonita. Era más bonita que cualquier chica que conoció en Rocoso.

    —¿Quién eres? —Para sorpresa del pelinegro fue ella quien le preguntó.

    —¿Entiendes mi idioma? —indagó, dando un paso hacía ella. La joven asintió y luego las tripas de él se escucharon, tenía hambre.

    Él se sonrojó y ella rio de forma delicada mientras se ponía de pie.

    —¿Quieres una pera? —preguntó la chica.

    —¿Una pera? —inquirió el joven, no conocía eso y fu hasta que la joven de tez morena, desde la canasta que tenía, le mostró una fruta color amarillo verdoso—. ¿Esto es...?

    —Una pera, toma. Es una fruta, ¿nunca la había visto? Eres un extranjero. ¿De que tierras eres?

    Damián arqueó la ceja, tal vez ella era de Prados y si se enteraba que era de Bosque no sabía como reaccionaría, pero tampoco deseaba decirle que era de Rocoso porque estaba en ese lugar como "representante" de Bosque. Se vio en un lío, por lo que contestó lo primero que se le vino en mente.

    —Vengo en son de paz.

    A ella le pareció graciosa su respuesta pues rio.

    —Eso no te pregunté, tonto.

    Damián frunció el ceño molesto por haber le dicho así.

    —¿Me puedes llevar con tu jefe? —le dijo, con tono serio.

    Ella negó.

    —Hasta que me digas de dónde eres.

    —Te lo digo si me dar esa pera.

    Y le dio la pera para que comiera un poco.

    . . .
     
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  10. Threadmarks: Q de Quemadura
     
    Kay Greenwish

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    Descendencia Railo (Días de Abecedario)
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    Para niños. 9 años y mayores
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    Aventura
    Total de capítulos:
    23
     
    Palabras:
    980
    Quemadura

    La joven de la ciudad Prado llevó a Damián hacia su jefe pues éste último le dijo que deseaba hablar con él algo importante. Cuando llegó a la entrada de la ciudad se sorprendió al ver una ciudad parecida a pueblo Rocoso. Casas, mercados, calles y mucha gente caminando. Parecía una ciudad muy prospera.

    También se emocionó al ver un sinfín de frutas; se emocionó al ver muchos kiwis, naranjas y manzanas e igual, había otras tantas frutas que no conocía. Ahora que recordaba, en Bosque no había mucha variedad de frutas, más que nada había zarzamoras, fresas, arándanos y más frutas tipo baya.

    La joven le compró algunas de las frutas que él observaba con lujo de detalle. Él la miró lleno de sorpresa.

    —Gracias. Eres muy amable a pesar de que sea un extraño —Los de Prado no parecían ser personas malas, ni crueles, eran… normales. Se alegró, quizá podría razonar con el líder del lugar.

    —No pareces ser alguien malo.

    —Por cierto, ¿cuál es tu nombre? —Esperaba que no tuviera un nombre tan impronunciable como Sardina y Baco.

    —Luna. ¿Y el tuyo?

    —Damián.

    Y mientras continuaban, él notó que en el brazo de Luna tenía una cicatriz, era casi visible pues la manga de su prenda lo tapaba.

    —¿Eso de qué fue? —inquirió curioso.

    La joven me miró la marca y después se subió más la manga para ver que aquella cicatriz llegaba hasta el hombro hasta llegar al romboide, al verla Damián no evitó sentirse triste.

    —Es la cicatriz de una quemadura que me hizo cuando niña. En un incendio. Afortunadamente sobreviví aunque le dijeron a mi padre que la quemadura era grave —sonrió, como si aquella cicatriz fuera la marca de algo bueno—. Aunque me quedó la marca.

    —Oh, que pena —No supo que decir—. Si te hubieran aplicado ese ungüento hecho de hierva y Achii que hacen en Bosque seguro que no te hubiera quedado tan fea la marca. A un amigo se la aplicaron y no le quedó ninguna cicatriz de la herida.

    Ella lo llevó hasta donde el jefe, al llegar a la casa pidieron verlo y una vez que un mensajero le dio la notificación, el jefe dio la autorización para que aquel extranjero hablara con él. Y aunque Damián lo ignorara, el hombre había aceptado hablar con él porque hablaba el mismo lenguaje. Al estar frente a frente con el mayor, con respeto comenzó a contar la verdadera razón de su llegada; primero se presentó, dijo que venía de parte de la ciudad Bosque, le contó lo absurdo que le parecía esas batallas y la perdida de hombres innecesarias, el sufrimiento que era viajar solo para perder hombres.

    El jefe lo escuchó atentamente y cuando Damián finalizó, él le respondió, "hiervas y flores medicinales son lo que en Bosque reina y solo queremos un poco de ellas.

    Railo comprendió algo, que cada una de las ciudades tenía algo que las otras no, ¿era posible que por esa razón había iniciado esa batalla? Independientemente de la respuesta o la verdad, Damián se aprovecharía de eso para que las tres partes coexistieran.

    —Eres muy joven para ser un representante. ¿No viene alguien más contigo? —inquirió el mayor.

    —No… pero, si usted acepta es posible que el líder de Bosque venga a hablar con usted personalmente. Si usted está de acuerdo en que haya paz.

    —Mucha de mi gente muere cada año por culpa de muchas enfermedades, y en tiempo de frío les faltan abrigos. También es difícil cazar animales. Los de la Montaña tienen muy buena carne y también hacen muchos abrigos.

    —¡Es perfecto! Puedo ir hasta Montaña para intentar hablar con el líder y tal vez entre todos nos pongamos de acuerdo en que haya una una unión.

    Al jefe de Prado no le pareció mala idea.

    —Aunque para eso necesitaría llevarme a un representante —finalizó Railo.

    —Yo puedo ir, señor —se ofreció Luna—. Yo entiendo el lenguaje de ellos.

    El hombre lo medito, no podía dejar ir a dos niños solos, pero era cierto, Luna era hija de una mujer de la Montaña así que ella debió de enseñarle su lenguaje. Además, lo mejor sería llevar a un interprete. Aceptó, aunque claro, mandaría a un adulto además de Damián y Luna. Damián estaba entusiasmado por lo que estaba logrando. No cabía duda, lo único que se necesitaba era comunicación. Estaba ansioso de llegar y platicarle lo sucedido a Dórate. Al poco tiempo llegó un mensajero para decirle al jefe que había arribado a la ciudad otro extranjero y cuando Railo escuchó la descripción del hombre se dio cuenta que se trataba de su padre. ¿Qué estaba haciendo allí?

    Salió a buscarlo. La ciudad era bastante grande pero afortunadamente lo encontró, el hombre estaba realmente preocupado (pero también anonadado al ver la ciudad Prado, era la primera vez que iba a ese lugar).

    —¿Papá, qué haces aquí?

    —¡Damián! ¿Pero se puede saber en que rayos que estás haciendo? —le dijo con el ceño fruncido.

    —Has llegado en el preciso momento —contestó, animado—. He hablado con el jefe de la ciudad...

    —¿Que has qué? —Estaba realmente sorprendido.

    —… y está de acuerdo en entablar un acuerdo de paz con Bosque y Montaña. Ahora mismo Luna y yo nos dirigimos allá. ¿Nos acompañas?

    —¿Quién? En fin —Suspiró y continuó con voz baja—. Sabes que fueron ellos quienes nos atacaron días pasados.

    —Ya, pero, seguro que lo hicieron en ignorancia, hay cosas que nos beneficiaría tenerlos como aliados.

    Salustino lo miró y vio en sus ojos determinación. Aquella determinación que él una vez tuvo, si en verdad deseaba hacer eso, lo apoyaría. Si de esa forma podía ser feliz, lo ayudaría. Así que sin decir más, los cinco se dirigieron dirección ciudad Montaña. Hablar con Prados fue relativamente fácil, esperaba que fuera igual de fácil con los de Montaña.



    . . .
     
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    Borealis Spiral

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    Aaaaaaamigo, ahora creo que también entiendo un poco de por qué Prados atacaba a Bosque, con tal conseguir esas hierbas medicinales.
    Exacto, la falta de comunicación en este caso es bastante grave y la falta de recursos en unas ciudades que otras sí tienen es lo que lleva a las guerras. Interesante.
    Mira que no se me había cruzado por la cabeza que el hecho de compartir el mismo lenguaje sería lo que le abriría las puestas a Damián para hablar con el líder de Prados y llegar a un acuerdo con él, pero la verdad es que cuando hay similaridades o algo que te haga afín con otro, es más fácil darle el beneficio de la duda. Además de que Prados parece una civilización relativamente educada, en contraste con Bosque, pues.
    Y ahora Damián, Luna y Salustino irán a los de Montaña con la idea de llegar a un acuerdo y si te soy sincera, no creo que les vaya a ir tan bien, porque, de nuevo, hablan un idioma diferente, pues por eso necesitan a Luna para intérprete y segundo, porque si tiene abrigos y carne los hace cazadores y los cazadores tienen un temple frío y calculador, vamos, para matar. Eso me hace temer por los tres. Veremos qué pasa. Espero el siguiente. Te cuidas.

    Hasta otra.
     
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    Kay Greenwish

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    23
     
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    860
    Río

    Dórate vivía en el orfanato porque sus padres murieron ahogados en el río debido a que su trabajo era pescar. Desde pequeño Dórate era alguien muy tímido por lo que aprovechándose de eso, niños mayores lo molestaban.

    Un día de esos "normales" para el castaño y que era molestado por esos bravucones, un niño de su misma edad se abalanzó contra ellos y comenzó a decirles que lo dejaran en paz, y a pesar de recibir una paliza por los mayores, él no se rindió hasta que se hubieran ido. Dórate no lo conocía y aquel joven no lo conocía a él, aun así, aquel joven atrabancado de cabellos negros lo defendió. Había defendido a un desconocido. Desde ese momento Damián Railo y Dórate Metzi se hicieron muy buenos amigos.



    Las cuatro persona; Damián, Salustino, Luna y el representante de Prado se subieron a un carruaje y emprendieron su viaje hacía Montaña, siendo guiados por el último.

    —Tengo una pregunta —cuestionó el joven a su progenitor—. ¿Los de ciudad Bosque también viajaban para atacar a los otros lugares?

    —Lamentablemente sí —contestó el mayor.

    —Es algo así como, “ataca antes de ser atacado” —agregó el representante.

    —¿Alguna vez intentaron hablar?

    —No —respondió Salustino un tanto avergonzado para luego añadir al ver al representante—. Por lo menos en mi casa, siempre pensábamos que hablar sería una perdida de tiempo y que no iba a solucionar nada.

    —Lo mismo —secundó el representante.

    Damián tan solo negó con la cabeza, no podía creer que los adultos fueran así.

    —Bueno, como sea, si esto termina bien, Bosque, Montaña, Prado y hasta pueblo Rocoso.

    —¿Rocoso? —preguntó Luna porque nunca había escuchado de un lugar así, ¡claro ésta! El mundo era grande y no tenía porque saberse todos los nombres de las ciudades.

    —Sí, es un pueblo ubicado en medio de un bosque de árboles altos.

    —¿Hablas del bosque maldito?

    —No es un bosque “maldito” —le dijo riendo—. Esos son puros cuentos. Yo soy de allí.

    —No te creo —dijo sorprendida—. Dijiste que eras de Bosque.

    —Pues también soy de allí… por parte de padre.

    —¿Entonces eres igual que yo?

    —Algo así —Lo había dicho en broma, peor ya era demasiado tarde para rectificar, además, era bastante linda verla tan inocente.

    —¿Entonces esas historias que cuentan de ese lugar son mentira?

    —No se cuales, pero sí, son todas mentiras.

    Los minutos transcurrieron entre platicas, especialmente entre el joven y Luna, quienes comenzaron a congeniar muy bien. Salustino los miraba en cuanto podía no evitó sentirse feliz pero a la vez triste y solo él sabía la razón. Las horas pasaron y el cielo comenzó a tornarse naranja, como irían a un lugar donde las temperaturas eran bajas, debían descansar. No obstante, fue el representante quien descubrió algo a tan solo metros de ellos. Las cuatro personas bajaron del vehículo y observaron los restos de un campamento.

    —Oh, oh.

    —¿Qué significa eso? —preguntó Damián a su padre.

    —Los de Montaña están bajando —respondió Luna, se giró hacia cierta dirección y apuntó dicho lugar antes de agregar—: Se dirigen hacia esa dirección, todavía se pueden ver algunas de las huellas de los caballos.

    —¿Esa dirección es…? —El pelinegro lo sabía. Los de la Montaña se dirigían hacia Bosque a atacar.

    —¡Demonios! —exclamó Salustino—. Están en camino y aunque intentemos llegar será imposible, nos llevan por lo menos medio día de ventaja.

    Aunque quisieran hacer algo cualquier cosa sería en vano; no podrían llegar para la lucha, ni tampoco podría detenerlos.

    Salustino miró a su hijo quien no dejaba de mirar dirección a Bosque. Su rostro reflejaba preocupación. Estaba preocupado por Dórate, sabía que estaría bien y que era absurdo que se preocupara, aun así…

    —¿Estarán bien cierto? —preguntó de forma mecánica, y sin dejar de mirar hacia frente.

    —Deje a un par de hombres a cargo de vigilancia y aunque continúen en ciudad Bosque con sus familias, ellos pueden protegerse. Son hombres capacitados.

    —Bueno —desvió la vista—. Bueno, este… no podemos dar marcha atrás, a-apesar de este imprevisto, todavía po-podemos hablar con el líder de Montaña.

    El joven actuaba más adulto que uno porque intentaba ocultar sentimientos, ya había viajado muchos kilómetros para rendirse en ese momento. Aquel ataque sería el último porque después de hablar con el líder de Montaña, todos vivirían en paz y armonía.

    Comenzó a caminar hacia el vehículo con eso en mente, pero a medio camino fue detenido por su padre.

    —Ve —le dijo.

    —Pero…

    —No te preocupes. Te prometo que hablaré con el líder, te prometo que haré todo lo posible porque Bosque, Prado y Montaña estén unidos. Quieres ir allá, ¿cierto? Ve.

    —Gracias —Estaba muy agradecido.

    Estaba consciente que ir no cambiaría nada pero deseaba ver con sus propios ojos que todo estaría bien y que su amigo también. Tomó uno de los cuatro caballos que halaban el carro y se fue cabalgando hacia Bosque.

    Salustino se llevó la mano al pecho al sentir una corazonada. Un mal presentimiento lo embargó.

    “Lo siento mucho, hijo” pensó con gran melancolía mientras observaba a Damián perderse entre el horizonte, "Siento que tengas que cargar con eso."


    . . .
     
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    Creo que sí debí esperar a que actualizaras el capítulo de hoy, pero meh xD Más comentarios para mí, ¿eh?
    En fin. Yo me sospecho algo muy, muy triste. No sé por qué pero me da la sensación de que Dórate va a morir. Ya le pusiste todas las bandejas de muerte para que lo haga. Ese pequeño flashback en donde supimos cómo se conocieron Damián y él, eso de la improvista invasión de los de Montaña a los de Bosque mientras estos están con la guardia baja, el deseo de Damián de ir de nuevo a Bosque con Dórate en sus pensamientos y el mal presentimiento de Salustino.
    Todo esto es prueba clara, clarísima de que Dórate va a morir, lo que sería una pena grande porque en realidad le tipo me gusta, pero mi lado sádico quiere que eso pase xD Me gustaría ver el impacto que tendría ese evento en la vida de Damián y si cambia su mente en cuanto a algunas cosas, no sé. Sería genial.
    Buen capítulo, aunque con una sombra de amenaza en él, pero veremos cómo acaba la cosa. Te cuidas x2.

    Hasta otra.
     
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    Kay Greenwish

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    23
     
    Palabras:
    1136
    Silencio


    Si pudiera regresar al pasado sin duda lo cambiaría. No hubiera deseada haber conocido el exterior, ni Bosque. Daría todo por regresar al pasado y simplemente vivir como un pueblerino más de Rocoso, de aquella ciudad olvidada por los dioses, pero si bien, hasta cierto punto, agradable de vivir. Pero no, deseó desobedecer las reglas y condenar a su familia. Si hubiera hecho caso a las advertencias eso nunca hubiera sucedido.

    —Muchas gracias —Dara lo abrazó al recibir tal regalo—. Aunque soy yo quien debería pedirte perdón.

    —¿Dónde la encontraste? —preguntó Cipriano. Aquella flor era rarísima, nunca la había visto.

    —Ve a plantarla antes de que se marchite, tontita —le dijo a Dara—. Con lo que me costó conseguirla.

    Una vez que la joven hizo lo indicado y ambos varones se quedaron solos, Cipriano volvió a preguntarle en que lugar había conseguido aquella flor. Con una sonrisa tan amplia al sentirse orgulloso de su actuar, le contó todo; que se escondió en un vehículo de los Exploradores y lo que vio y conoció allá. Contaba aquello con gran alegría mientras el rostro del mayor se arrugaba, molesto por haber roto una regla.

    —De verdad, allá es hermoso, no sé porque tenemos que vivir aquí, encerrados y solo ser los exploradores quienes disfru…

    Guardó silencio al recibir un golpe por parte de Cipriano.

    —¡Eso duele, deja de hacerlo!

    —Dejaré de hacerlo cuando lo merezcas. Sabes que lo que hiciste está mal, ¿verdad?

    —¿Por qué? Por haber descubierto un lugar mejor que aquí.

    Ciprino lo tomó de la oreja y lo haló, obligándolo a caminar hacía donde vivía la guardia que custodiaba la puerta.

    —Ay, ay, déjame, ¿a dónde me llevas?

    —Vamos a ver a Margarita —le dijo sin soltarlo—. Tienes que contarle lo que has hecho.

    —¿Por qué? Ay, ay…déjame que yo puedo caminar…

    Cipriano lo soltó y Salustino se llevó la mano a la oreja, sus ojos estaban brillos por el dolor.

    —Porque ella tiene el derecho a saberlo. Porque es a ella a quien la han puesto para y porque es a ella a la que se le debe notificar quien puede o no salir de aquí, por eso.

    Sin decir más nada, los dos caminaron hacia allá. Y una vez llegaron Cipriano obligó a Salustino que contara lo que hizo y así fue. La actitud de ella después fue una sorpresa para los dos, ella lo abrazó y con voz triste le dijo:

    —¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué, Salustino? —Lo miró a los ojos—. Me prometiste que nunca cruzarías el camino Rojo. ¿Por qué faltaste a tu palabra?

    El adolescente bajó la mirada, le pareció que estaban exagerando todo, pero en realidad desconocía por completo la historia detrás de todo eso.

    —Hay una cosa que deben saber —dijo Margarita mientras los guiaba hacia su despacho para poder contarles una historia, la que comenzaba de esta forma:

    “Hace muchos años atrás, Rocoso estaba en el exterior, compartiendo con los pueblos vecinos, sin embargo, un buen día, una terrible guerra azotó los pueblos cuando el nuevo gobernante de Prado ascendió al trono. Él no deseaba compartir su producción, pero tampoco deseaba perder las cosas que conseguía con sus demás pueblos vecinos por lo que tomó la tonta decisión de apoderarse de sus vecinos, cosa que provocó que se defendieran. De esa forma todo comenzó.

    El líder de aquel entonces Rocoso hizo todo lo posible por no entrometerse y aunque lo logró, deseaba no solo ser neutral, deseaba que su pueblo estuviera completamente en paz y no podía serlo si constantes guerras alrededor se efectuaba, especialmente Bosque, quien era el pueblo más cercano. Buscó ayuda a tal punto su obsesión que indagó en las leyendas y demás cosas para poder encontrar a un dios o una deidad o alguien que concediera deseos… hasta que lo logró; invocó a alguien. Una mujer se presentó en sus sueños y le hizo saber que ella le conseguiría lo que deseaba; paz eterna para su villa, así que, alrededor de aquel pueblo se levantó un muro alto y los árboles crecieron tan prominentes que cubrieron todo a su alrededor.

    El líder estaba vez y su gente lo festejó, no obstante, aquel deseo tendría un gran precio; nadie podía salir de aquel lugar, nadie podía cruzar el camino Rojo porque el día en que lo hicieran, ese día, esa persona quedaría maldecida al igual que a su descendencia; vería morir a la persona más apreciada para él/ella, sufriría de ese destino; solo afectando a las personas no consanguíneas del maldecido. Ese sería el precio por aislarse del exterior. Si tanto deseaban quedarse allí, tendría que quedarse.

    Todo pareció ir bien, pero al pasar los años se dieron cuenta de algo, el aislamiento no había sido la mejor decisión, necesitaban de los productos de sus vecinos. Pero el deseo egoísta de aquel líder condenó el lugar y, no solo eso, a la gente en general. Ante esa necesidad se hicieron los Exploradores, quienes conformaban a las personas que desobedecieron, o por el contrario, hijos de alguien que desobedeció. Por esa misma razón ellos, al saber que no podrían vivir sus vidas de forma normal y que estaban condenados a ver morir a sus seres amados, decidieron ser quienes salían a traer suministros."

    Esa era la historia que ocultaba el pueblo Rocoso.

    Un silencio de apoderó del ambiente, nunca imaginaron que pudiera existir tal cosa como una maldición. Ciprinao quedó completamente mudo y Salustio incrédulo, no podía creer que eso existiera. No podía creer que esa historia fuera real, ¿ahora estaba condenado? ¿Ahora vería morir a la gente que ama?

    —Es absurdo —dijo, negó, y volvió a negar—. Es muy absurdo creer en eso. ¿De cuántos años estamos hablando? La gente aquí a vivido por mucho tiempo, es imposible… no… no es cierto…

    Lamentablemente era verdad. Aquella historia con el pasar de los años se convirtió en un mito que contaban los bisabuelos y abuelos hasta que se perdió por completo, por lo que la jefatura de Rocoso decidió poner, para evitar que personas inocente cometieran, intentaron de todo para evitar que desearan conocer el exterior; crearon leyendas, historias de peligros para ahuyentar a los jóvenes. Los Exploradores eran personas respetuosas que, o se sacrificaban o eran condenadas, pero sin ellos, Rocoso no podría sobrevivir. No podrían mantener a la gente a salvo.

    Salustino se dio cuenta de ello cuando se forzó a entra con ellos pues allí escuchó historias; historias reales aterradoras. Convirtiéndose en un Explorador fue que en el exterior conoció a Baco de Bosque, le enseñó la lengua de Bosque y al final decidió quedarse allí, y hubiera seguido de esa forma si no fuera por otra negligencia que hizo.

    Sí, otra equivocación que condenó a Dara y a su futuro hijo.


    . . .
     
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    Borealis Spiral

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    O_O Okey... después de descubrir la parte oscura detrás de la historia de Rocoso ahora sí que no sé qué decir.
    Y mira que yo creía que todas esas fantasías que se decían del pueblo y esas leyendas y todo eso no era real. Cometí el mismo error que Salustino al no creerlas -.- Pero ahora entiendo por qué le fue tan mal al pobre hombre y no sólo eso, por qué los Exploradores viven amargados como ya bien lo dijo una vez Damián.
    Oh, cielos. Esa maldición es horrible y... Damián va a sufrirla, ¿verdad? ¿Por eso es que Dórate va a morir? ¿Por culpa de esa maldición? ¿Y Dórate no sufrirá lo mismo? ¿Sus seres queridos no sufrirán también allá en Rocoso?
    Qué triste y a la vez oscuro capítulo. Por eso es mejor no jugar con lo desconocido. Pero me ha gustado, ha estado interesante. A ver cómo avanza el asunto. Espero el siguiente capítulo. Te cuidas.

    Hasta otra.
     
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    Kay Greenwish

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    Borealis Spiral Me alegra que te haya gustado, estoy consciente que es un capítulo o una revelación un poco rara¿? Bueno, gracias por leer y comentar.

    Tiempo

    Había agotado las energías del caballo, aun así lo obligaba a andar porque deseaba llegar lo pronto posible a Bosque. El caballo no pudo más por lo que en estado de desesperación, Damián completó el resto del camino corriendo y continuó de esa manera hasta que a lo lejos visualizó el bosque en donde estaba la base.

    Al entrar hasta la guarida, lo que le dio la bienvenida fue el silencio, intentó calmar un poco su respiración agitada para poder prestar atención a su alrededor y cerrando los ojos concentró el sentido de su oído y a unos cuantos metros escuchó la batalla que Montaña y Bosque tenían, y sin pensárselo dos veces se dirigió hasta ahí. Al llegar a la escena, abrió los ojos con gran sorpresa, pasmado, aquella confrontación era todavía más brutal que en la que participó contra los del Prado. Los del Bosque se veían en desventaja, suponiendo que al ser un ataque tan de súbito no se prepararon tan bien.

    Tragó saliva con dificultad y armándose de valor se adentro a la masacre, corriendo peligro al no potar ningún arma para defenderse, se hizo entre la multitud.

    —¡Dórate! —gritaba mientras huía a los enemigos y se movía entre el bullicio—. ¡Baco! ¡Sardina! ¿Dónde están? —Iba a ser atacado pero uno de sus compañeros detuvo el ataque.

    El pelinegro le agradeció, y quien lo salvó le dijo dónde podía encontrar al castaño y a Sardina, se fue a esa dirección.

    —¡Dórate! ¡Sardi…! —Iba a ser atacado de nuevo pero otra vez fue salvado por uno de sus compañeros y cuando se giró para agradecerle, sonrió al ver que era su amigo.

    —¿Estás loco? ¿Por qué estás aquí sin arma? —Fue el recibimiento de él, en tono molesto. Aunque no evitó sonreír al ver que estaba bien pues las palabras de Salustino lo habían dejado preocupado—. Toma. —Le entregó un pequeño cuchillo, no era la gran cosa pero era mejor tener eso a nada.

    —Dórate, esto se ve muy mal.

    —Lo sé. Si salimos de ésta nos consideraremos personas con buena suerte.

    —Tenemos que hacer algo.

    —No hay nada, solo defendernos. ¿O tienes algún plan?

    —En realidad no.

    —Hay que reunirnos con Baco, está en esa dirección, seguro que a él se le ocurrió algo.

    Y entonces, ocurrió lo inimaginable para el pelinegro, fue testigo en primera fila como una jabalina atravesaba a Dórate.

    El tiempo se detuvo mientras la incredulidad incrementó en el alma de joven. No era real lo que estaba viendo. Negó. No podía creerlo. Dórate escupió sangre mientras se arrodillaba, su cuerpo pesaba, la jabalina, aunque de un tamaña pequeño, pesaba mucha.

    Damián se acercó a toda prisa a él, intentó ponerlo de pie pero el castaño entró en estado de shock. No podía moverse.

    —¡Dórate! Resiste —Sus manos se mancharon de la sangre de su amigo, la herida fue muy profunda. Damían entró en pánico, estaba anonadado, no sabía que hacer o como actuar. Todo había sido tan rápido—. Dó... ¡necesita ayuda, algui…!

    Guardó silencio cuando se giró y vio que no había nadie que pudiera ayudarlo. Se dio cuenta que todos estaban ocupados defendiéndose y atacando. Los gritos de dolor se hicieron más fuertes y más profundos ante sus oídos y éstos le calaron hondo. No solo era Dórate quien sangraba y exclamaba de dolor, sus compañeros también. Aquel corto tiempo le pareció una eternidad.

    —Damián… —Lo escuchó susurrar. El nombrado se acercó para poder escucharlo pues su voz era muy tenue.

    —Estarás bien —Le dijo.

    —Es raro- pero- no duele —Damián intentaba ponerlo de pie, cargarlo hasta un lugar seguro y ponerle de ese ungüento milagroso, seguro que con eso se sanaría.

    —Estarás bien.

    —No- siento- nada. Quizá, quizá solo frío… mucho frío.

    —Dórate, estarás bien, te lo prometo, lo estarás. Solo resiste, ya verás como…

    Damián lo soltó al sentir como el proyectil de una resortera lo golpeó en la espalda, sus ojos se humedecieron, sí, por el dolor. Apretó la mandíbula mientras una lágrima rebelde se deslizaba por su mejilla al ver a su amigo tendido en el suelo, quien continuaba sangrando. Ignorando el dolor volvió a cargarlo y su rostro dibujó una expresión de dolor al volver a sentir que de nuevo le lanzaron otro proyectil, pero no soltó a su amigo, comenzó a caminar, paso a paso y con gran esfuerzo.

    —Damián… déjame. Sálvate tú.

    —¿De qué hablas? ¡Claro que no! No me digas que haga eso porque no lo voy a ser.

    La piel de Railo comenzó a sangrar debido a los proyectiles que recibía, mas él continuó, haciéndose paso a la gente, intentando que cualquier corte fuera hacia él y no hacía su amigo, y siguió de esa forma hasta que lo arrastró detrás de unos arbustos altos.

    —Estarás bien, estarás bien, estarás bien… —se repetía continuamente mientras rasgaba su prenda de vestir para hacer con ésta unas gasas—. Estarás bien, estarás bien…

    Le quitó con mucho cuidado la jabalina al momento en que apretaba las herida y envolvía con las gasas improvisadas al tordo del cadáver, porque sí, Dórate ya había dejado de respirar antes de llegar allí, pero Damián estaba empeñado en hacer todo lo posible para curarle esa herida.

    —Estarás…

    Miró a Dórate con aquel rostro tan pasivo y se echó a llorar porque aquella calma le indicó la cruda realidad; había perdido a su mejor amigo en esa absurda guerra. Se desahogó gritando a los cuatro vientos por qué tenía que ser así, por qué tuvo que morir su amigo y no él. Maldijo a alguien, no sabía a quien, pero a alguien le gritó hasta desgarrarse la garganta, a pesar de todo, no podía odiar a nadie y desconocía si era porque no sabía a quien odiar o porque no tenía el corazón para hacerlo.

    De lo único que se dio cuenta en ese día fue que definitivamente odiaba las guerras y sus deseos de que éstas terminaran fueron más ferviente. Realmente deseaba que las cuatro ciudades pudieran vivir en armonía. Era simplemente un deseo. Ya no quería perder a nadie. Un enorme hueco creció en el corazón de aquel chico. Imploró que su sacrificio de haber ido hasta Prado no hubiera sido en vano. No como lo fue al haber ido allá a "salvar" a su amigo.


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    Kay Greenwish

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    Unidad

    Pasaron un par de horas cuando, para la fortuna de los del Bosque, llegaron refuerzos; habían llegado los de Prado a ayudar a detener a los de Montaña, así que para la madrugada aquella batalla había cesado.

    Damián, todas esas horas estuvo al lado del cadáver de Dórate, triste, ni siquiera se movió para ver lo que estaba pasando al escuchar a más personas. Tampoco cuando escuchó que alguien se acercó a donde estaba y aquella persona, quien era Luna, se quedó detrás de él, observándolo.

    Cuando él cabalgó el caballo y se hubo marchado, Salustino y el representarte estaban dispuestos a continuar el camino, pero Luna deseó hacer algo al ver la preocupación del pelinegro, se volvió a los varones y les dijo que iría a avisar a Prado para pedirles que ayudaran a los de Bosque.

    Fue el representante quién se negó porque ella estaba allí para interpretar sus palabras, pero Salustino estuvo de acuerdo, le dijo que fuera, que no se preocupara pues ya se le ocurriría hacer algo para poder comunicarse con ellos. Luna le agradeció y se regresó a pedir refuerzos. El líder acepto en una forma de demostrar que habían hecho las pasas con ellos. Y fue de esa forma en que llegaron hasta allí.

    —Necesitará un funeral —dijo el joven con voz quebrada—. Será el mejor funeral.

    Luna no dijo nada. Se acercó a él y se sentó a un lado para hacerle compañía. Ambos de quedaron así por una hora más. Hasta que todo comenzó a disiparse un poco y al sentirse un poco mejor, salió para encontrarse con Baco y Sardina, quienes se lamentaron la perdida del joven tan prometedor, además de lamentarse de la gran perdida que tuvieron; aquella pelea fue la peor que pasaron, hubo muchas bajas. Afortunadamente ninguna civil, aun así, todas las familias de esos guerreros sollozaron las perdidas.

    Me sorprende que los de Prado nos hayan ayudado —soltó Sardina sin evitar sonar con algo de rencor en sus palabras.

    Damián lo miró y deseó decirle que no pensara de esa forma, que ahora ellos eran sus aliados pero no pudo decir nada pues no se sentía con energía. Estaba muy cansado. Ni quiera tenía voz para reprimirle algo.

    Todo ese día se dedicó a honrar a los caídos y a llorarles. Como todavía había roce entre ambas ciudades, los de Prado hicieron un campamento en las afueras del bosque, pero Luna se quedó a lado de Damián, sin importarle las miradas nada discretas de los demás, después de todo ya estaba acostumbrada, ya podía lidiar con ellas. No deseó dejar solo al joven, lo necesitaba y él se lo agradeció. Ya había anochecido, el día había pasado tan rápido pero a la vez tan lento, era una sensación muy extraña.

    Railo levantó la vista, en cierta forma se alegró de saber que los de Prado los habían ayudado, ¿podría por fin conseguir aquella unidad que tanto deseaba? ¿Su padre se pudo comunicar con los de Montaña?

    Solo eso le quedaba.


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    Kay Greenwish

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    Verdad

    Habían pasado una semana y media después del ataque y después de que Salustino Railo hablara con el jefe de Montaña. Los tres acordaron reunirse para hacer una tratado de paz. La transición tardaría bastante tiempo, sobre todo para los ciudadanos

    Solo faltaba uno para que se uniera al acuerdo: el pueblo Rocoso. Damián se preparaba para regresar a Rocoso.

    —Damián —Se le veía un poco entusiasmado—. Damián —Le sería realmente difícil tener que contarle la verdad a su hijo—. Damián, escucha —Como sabía que estaba sufriendo por la muerte de su amigo, deseó que los días pasaran—. ¡Damián, escúchame! Tienes que saber algo. —Ya era el momento de contarle, no podía dejar que continuara de esa forma.

    El joven miró a su padre, sabía que todavía se oponía a que Rocoso saliera de su encierro, mas lo escucharía, así que tomó asiento y Salustino le contó aquella historia que le fue contada, la maldición de que los de Rocoso sufrirían si cruzaban el camino Rojo. De su maldición, le contó todo y detalladamente.

    —¡No es verdad! —Tomó a su padre del cuello de su vestimenta y lo miró de forma desafiante—. ¡¿Qué me tratas de decir?!

    Salustino sabía que era difícil de creer, todavía para él, en ese punto, pensaba que tal vez era una mentira contada por generaciones y que era solo un cuento.

    —Debe ser solo ¡casualidad! —decía el joven—. ¿Estás diciendo que... que por mi culpa, Dórate murió? ¿Que mi madre murió por esa maldición? Es absurdo…

    A Salustino también le parecía absurdo. Pero tampoco estaban para dañar toda la vida de un pueblo, no deberían tomar ese riesgo. Salustino recordó cuando se quedó a vivir, volvió de nuevo a Rocoso, porque en realidad extrañaba sus tierra y la vio, observó a Dara, quien lo recibió con los brazos abiertos y quien le dijo cuanto le hacía falta. Cayó en el deseo carnal. Se mintió y se dijo que aquella “maldición” aquel “cuento” era mentira y deseó hacer una vida con Dara y aunque Cipriano se opuso, huyeron.

    Dara quedo embarazada y dio a luz, Salustino pensó que podría vivir feliz en Rocoso, sin embargo, al tiempo ella comenzó a enfermar, él intentó hacer todo lo posible por sanarla, pero ni la medicina más potente de Bosque la ayudó a volver a tener buena salud y un día, ella dejó de respirar. Su mundo se derribó y es cuando se obligó a creer que ella murió por su culpa y que quizá por desear algo que no podía creer había dañado a su hijo.

    —Hay solo —Le era muy difícil hablar de ello—, dos opciones, Damián —Tragó saliva con dificultad—: Una es alejarse de las personas para evitar tener contacto con ellas y… —En verdad era muy difícil—. Y la segunda es, terminar con esto, morir.

    Él había decidido dejar que Cipriano se encargara de Damián, rezando que no le afectara a su hijo, pero tal vez, en realidad, Damián también estaba condenado a vivir por el error de él.

    Es absurdo” pensó el joven.

    —Dejemos a Rocoso fuera de ésto. Por su bien, es mejor que se queden allí. Sé que es duro, pero —Tomó del hombro a su hijo—, hiciste algo bueno por Bosque, Prado y Montaña, te atreviste a hacer algo que nadie hizo. Siéntete orgullos por eso.

    ¿Y ahora qué? ¿Aislarse o...?

    Es absurdo.”


    . . .
     
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    Borealis Spiral

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    Mujer, estos últimos tres capítulos han sido un golpe al corazón, ¿eh?
    La muerte de Dórate, aunque ya me la veía venir, no dejó de ser triste... Bueno, más que entristecerme por su muerto (que sí, que me gustaba el tipo y eso, pero no es pa' tanto), me dolió ver en qué estado quedó Damián. ¿Pero cómo no? Si eran mejores amigo, por supuesto que iba a quedar destrozado. Lo suficiente como para no detallar nada a su alrededor en esos dolorosos momentos. Ni siquiera notó la llegada de Luna o que se terminó la guerra! Estaba completamente indefenso en todo sentido.

    No obstante, la vida sigue y a él lo único que le quedaba era la esperanza de que los tres pueblos hablaran, llegaran a un acuerdo y vivieran en paz. ¡Cosa que pasó! Bien por ellos. Ahora vivirán felices y... Ah, no, porque está el acecho de esa maldición de la que ahora sabe Damián. Por supuesto que no iba a tragarse ese cuento, ¿quién lo haría? Es absurdo, pero es la verdad. ¿Será que en su incredulidad Damián termine por condenar a todo Rocoso al sacarlos de su aislamiento?
    Sinceramente no tengo idea de cómo vayas a terminar esto, pero te digo yo que me vislumbro algo trágico, pero me conoces, adoro la tragedia. Igual, eres tú quien sabe cómo se acaba esto. No me queda más que esperar lo que sigue. Te cuidas.

    Hasta otra.
     
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    Kay Greenwish

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    Dos meses pasaron para que por fin los de Bosque, Montaña y Prado pudieran convivir mutuamente y también para que Damián pensara detenidamente en lo que le había contado su padre.

    Para celebrar el acuerdo de paz, las tres ciudades se reunieron para tener una gran fiesta. Los de Montaña sabía tocar varios instrumentos, desde guitarras, xilófonos, hasta tubos amarrados de diferente tamaños y otro tipos de instrumentos extraños; cada uno de esos instrumentos daban una nota muy melodiosa, haciendo que el festejo fuera más ameno. Cada uno de las ciudades tenían sus propias costumbres y tradiciones, así que sería algo hermoso que cada una de ellas aprendiera lo mejor de sus vecinas. No iba a ser fácil olvidar el prejuicio, pero había hecho un gran paso y todo gracias a un solo joven.

    —Entonces, ¿qué decides hacer? —preguntó Salustino a su hijo mientras tomaba asiento a su lado. Le había dado tiempo para que pensara, y aunque lo estuvo vigilando por temor a que saliera hacia Rocoso para decirles, o la verdad de su condición, o para contarles que el exterior era maravilloso. Para los pueblerinos saber ambas cosas causaría un caos.

    El joven todavía estaba dubitativo y pensativo a lo ocurrido, vio su vista al enrome festejo, estaba alegre porque podía ver la alegría de todos los presentes, las risas y el que los de un lugar intentara entender a los de otro, deseaba ver a sus conocidos de Rocoso festejando como todos los demás. Deseaba ver a Cipriano, el mal humorado, sentado mientras renegaba del ruido. Ver a la señora guardiana disfrutando de las variedad de comida. A los del Exterior sonreír y gozar la compañía de los demás. ¿Por qué ellos tenían que sufrir y no poder deleitarse de lo que había ahí a fuera? ¿Por qué tenían que pagar por un deseo egoísta de un hombre que hacía décadas murió?

    La vida a veces era injusta.

    —Sé lo difícil que es —continuó el mayor al no obtener una respuesta. Quería que Damián se sintiera lo más seguro posible por la decisión que tomaría—. Pero te aseguro que la gente de Rocoso vive feliz debido a su ignorancia, y es mejor que se queden así. ¿Te imaginas el pánico que habría si saben lo que les ocurrirá si salen de allí? Creo que es mejor que sigan pensando que el exterior es malo, de esa forma no envidiarían nada.

    —¿No has pensado alguna vez lo que pasaría si un día todo el pueblo se levantara y saliera a la fuerza? —habló con melancolía, imaginar esa escena le estremeció. Aquella gente se condenaría sin saber nada.

    Salustino tardó un poco antes de contestar porque sí, lo había pensado muchas veces.

    —Solo nos toca rogar que eso nunca suceda.

    Quizás lo mejor era dejarlo de esa forma. Mentira o no esa maldición, Rocoso había vivido décadas de esa forma y les fusionaba bien. El lado positivo de todo eso era que habían hecho que esas tres ciudades se aliaran.

    ¿Y ellos? ¿Qué sería de ellos ahora?

    Luna se acercó a Damián, ella le extendió la mano y lo invitó a bailar, él se sonrojó y rechazó su invitación, pero para su sorpresa Luna no se rindió, lo tomó del brazo y lo haló para obligarlo a levantarse. Damián miró a su padre y éste asintió; no pasaría nada, que disfrutara un poco, después de todo se lo merecía. Se había ganado ese baile por todo lo que había vivido.

    De esa forma el joven bailó con Luna hasta que el cielo se oscureció. Ni los rayos del sol había salido cuando los Railo se habían marchado. Ya habían decidido que eso harían. Dejaron una nota a Luna y a Baco disculpándose de que no pudieran estar en el crecimiento de la tres ciudades.

    La mirada de Damián se volvió hacia dirección de Rocoso, ahora sí diría un adiós definitivo a su tierra. Dejarían todo para irse lejos del contacto humano, de esa forma se evitarían un dolor y también evitarían que su posible descendencia sufriera.

    Se sacrificarían por un bien mayor.


    F I N


    Bueno, este es el final de esta mini-historia. Si llegaron hasta aquí, agradezco mucho la oportunidad que le dieron. Fue divertido haber participado en la actividad "Días de abecedario". Quizá nos veamos en otra edición *guiño* *guiño*
     
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