Historia larga Descendencia Railo (Días de Abecedario)

Tema en 'Novelas Terminadas' iniciado por Kay Greenwish, 19 Enero 2019.

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    Kay Greenwish

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    Descendencia Railo (Días de Abecedario)
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    Aventura
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    Esta historia está escrita para la actividad de Días de Abecedario

    Andanza

    Todos llegan a tener sueños pero son pocos los que logran cumplirlos. El sueño de Damián Railo era salir de la ciudad que lo vio nacer y aventurarse al mundo exterior. Pueblo Rocoso era un lugar con altos muros de piedra que los separaba del exterior.

    “¿Qué es lo que habrá del otro lado?” se preguntaba cada vez que salía de su casa y observaba dicha pared y cada vez que preguntaba a los mayores, recibía la misma respuesta; “es peligroso”, pero ¿por qué lo era? ¿Qué había allá? ¿De qué se protegían o huían?

    Damián era huérfano. Nunca conoció a su padre y tiene vagos recuerdos de su madre. Su madre murió de una extraña enfermedad cuando el tenía cuatro años de edad. Por otro lado, su padre salió de Pueblo Rocoso después de nacer, se había ido a explorar el camino Rojo y esa fue la última vez que lo vieron. Las malas bocas de muchos pueblerinos decían que el señor Railo se marchó porque siempre había sido un vago irresponsable y que no deseaba lidiar con un hijo y una mujer, mas otro decían que el hombre desde joven deseaba explorar a fuera. Nadie sabía la verdad. Pero eso no le importaba al joven Damián. El solo deseaba conocer la libertad y pensaba que detrás de ese muro la encontraría.

    Damián vivía con un hombre de cincuenta y picos años de edad, su nombre era Cipriano. Aquel señor se convirtió en su tutor y no era la mejor persona del mundo. Era una persona muy estricta y lo obligaba a hacer cosas que no deseaba hacer.

    —¿A dónde has ido, Dámian? —preguntó el mentor con voz fuerte. Él no contestó nada y esa actitud enfadó todavía más al hombre—. ¡¿De nuevo has ido al muro?! ¿Cuántas veces tengo que decirte que no vayas a ese lugar? Es peligroso salir, ¿quieres morir o qué?

    —Sí usted no me quiere que le importa que yo muera o no —susurró, con toda la intención.

    Recibió un fuerte golpe de parte del adulto. Damián lo miró con seriedad. Siempre era lo mismo.

    —Eres un malagradecido. ¡Vete a tu habitación, ahora! Y no saldrás de ahí hasta nuevo aviso.

    “Algún día saldré de este lugar” juró a sí mismo, “Seguro que allá afuera existe libertad. Por eso mi padre se fue. Él lo sabía”.

    Con ese juramento, comienza las andanzas de este joven.


    . . .
     
    Última edición: 24 Enero 2019
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    Kay Greenwish

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    Bosque

    Aquel día Damián salió de la casa, a escondidas de Cipriano, para visitar a su mejor amigo, Dórate Metzi. Dórate era un chico de piel clara, cabello castaño y ojos azules. Los dos solían jugar y correr por todo el pueblo. El señor Cipriano intentó por muchos medios que los dos se vieran. En realidad, Cipriano quería que Damián se centrara en sus estudios y ya.

    El joven pelinegro se detuvo frente a la enorme puerta principal, aquella que solo abría para dejar entrar y salir a los exploradores. Cada vez que dicha puerta era abierta se podía observar el camino Rojo. Al sendero se le denominaba Rojo porque era un sendero ancho bañado de tierra color roja, a los lados se elevaban los altos árboles del bosque.

    —¿No sería increíble poder cruzar esa puerta?

    —¿Estás loco? —dijo Dórate. Sabía las ganas que tenía de conocer el exterior—. Los adultos dicen que afuera es peligroso.

    —¿Y no te has preguntado por qué dicen eso? Quizá en realidad es lo contrario… está decidido, a los diecisiete años cruzaré esa puerta.

    Dórate se sorprendió, e intentó que su amigo desistiera a tal idea, pero los deseos de él eran tan grandes y tan poderosos que terminó por contagiarlo y también unirse a él. Ante esa decisión, se hicieron una promesa, se harían más fuerte y cuando cumplieran los diecisiete años de edad, contara lo que contara, caminarían por el camino Rojo. Lo cruzarían y conocerían la libertad.

    Esa misma noche cuando Railo llegó a casa de su tutor, se encaró con él, le dijo que no le gustaba como lo trataba ni que fuera tan severo, que odiaba que controlara su vida y sobre todo, que cuando fuera mayor cruzaría el camino Rojo. Seguiría los mismos pasos que su padre.

    —No, ¿puedes hacer eso? ¡Es imperdonable! —gritó Cipriano, conmocionado, levantando la mano con intención de golpearlo, pero esa vez, en vez de intentar protegerse, lo miró con seriedad y pudo ver en sus ojos la determinación que tenía de irse de Pueblo Rocoso.

    Esa fue la primera vez que Cipriano solo levantó la mano y no hizo más. Suspiró tras bajarla y lo miró:

    —Haz lo que quieras.

    Se rindió. Por doce años estuvo intentando corregirlo pero era inevitable. Damián Railo tenía el mismo espíritu que su padre.

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    No comenté la otra pero esta sí que me da tiempo porque es de capítulos cortos.
    La historia me suena a muy shonen :D Un shonen muy básico y muy apresurado. A mí me gustan los shonen así que no me quejo xD

    No puedo opinar mucho de nada todavía porque es demasiado pronto, pero sí diré que también me intriga qué habrá detrás de ese muro y qué habrá cruzando el camino Rojo.
    También, me ha gustado el nombre de Dórate y el señor Cipriano es muy malo, no me cayó bien, aunque ese pensamiento final de él me da a entender que en realidad todo lo hacía con tal de que Damián no tuviera un destino como el de su padre y desapareciera del mapa, ¿eh? Igual, debió actuar diferente, supongo. También quiero ver qué tiene que ver el título con la historia, sobre todo la palabra descendencia. ¿Descendencia de quién? ¿De Damián o de su padre? Lo veré.

    Y nada, seguiré leyendo esta pequeña y corta historia.

    Hasta otra.
     
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    Kay Greenwish

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    Camino

    Habían pasado cinco años, Damían estaba listo para irse de pueblo Rocoso y mientras guardaba algunas prendar de vestir en una bolsa, recordó el día en que él y Dórete salieron de sus hogares para alistarse a los Exploradores. Y aunque no se registraron como tales, fueron entrenados por ellos. El entrenamiento fue duro y muy arduo, pero al final dio resultado.

    Dórate y él decidieron que ese día, una semana después de que Dórate cumpliera los diecisiete años, cruzarían el camino Rojo. Nadie sabía lo que harían. Por años ahorraron lo poco que ganaban haciendo mandados para comprar un carruaje.

    El joven de cabellera oscura salió de su hogar. Estaba preparado para seguir su propio camino, pero antes de dirigirse a la puerta, se encaminó primero a un lugar. Se detuvo frente la fachada de su antiguo hogar; la casa de Cipriano. Tenía cinco años que lo veía. Tocó la puerta y el mayor salió. Se sorprendió de verlo.

    —He venido ha despedirme —dijo él—. Hoy me iré de pueblo Rocoso.

    El hombre mayor se limitó a verlo y a asentir.

    —Te deseo lo mejor —mencionó en voz baja.

    A Damián nunca le cayó bien, aún así, como fue por muchos años su tutor, que fue a despedirse de él y aunque había ido con que no iba a ser bien recibido, no evitó sentirse un poco triste de ver que Cipriano no expresó otra cosa que asombro de verlo. No deseaba pensar en eso, el joven se golpeó levemente la cara para espabilarse.

    Se paró muy cerca, era el punto de encuentro, observó la imponente puerta que llevaba al exterior y tragó saliva con dificultad, estaba nervioso, emocionado, ansioso, asustado, de todo un poco. Desvió la vista a su derecha al notar a una anciana, sentada. Desde que tiene memoria esa mujer a estado en ese lugar, todo los días, por las mañanas, tardes y noches, sentada en aquella silla de madera, como si se tratara de la guardiana o algo así.

    Los ojos de ambos se miraron y fue el joven quien desvió la vista, un poco incomodo.

    —Estoy aquí para prevenir que las personas crucen esta puerta —dijo ella mientras se ponía de pie y a paso lento se acercaba a él—. Pero tu destino ya está escrito, quizá antes de que nacieras.

    Damián se extraño ante las palabras de la mujer pero inmediatamente se sorprendió al verla cerrar los ojos y notar que una lágrima resbalaba por su mejilla.

    —Lo siento —se disculpó ella mientras colocaba su mano en su mejilla—. Siento no haber podido evitarlo.

    No creía en el destino. Para Damián aquella mujer había sido “creada” para asustar a los niños pequeños y así ellos evitaran convertirse en Exploradores, porque por lo que sabe los Exploradores eran personas “especiales” o “elegidas” para serlo. Ahora él tenía diecisiete años, era más confiado y mucho más fuerte que hace cinco años atrás. Ya no creía en esas historias. El camino Rojo era simplemente un camino. Un lugar que llegaba a otro lugar, ¿a qué sitio? No lo sabía y eso le emocionaba.

    No obstante, el joven no comprendió las palabras de la señora y por alguna extraña razón sintió tristeza por ella, porque pudo sentir su dolor. Estaba sufriendo por algo o quizá alguien.

    —No se preocupe, anciana —Tomó su mano con delicadeza y la apartó de él—. Yo estaré bien.

    La mujer lo miró y luego tomó las dos manos de él y le dio una bendición.

    —¿Estás listo, Damián? —escuchó a su mejor amigo desde el carruaje que habían comprado.

    —Vamos —dijo el joven poniendo sus cosas sobre la carroza y luego el subió acompañando a Dórate.

    La enorme puerta comenzó a abrirse lentamente al momento que los ojos de Damián brillaban al poder ver de tan cerca el tan famoso camino Rojo. Por fin… por fin conocería el exterior. ¿Qué es lo que había afuera? ¿Qué le depararía el futuro?


    ...
     
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    Borealis Spiral

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    Esas mismas pregutas me hago yo, Damián. ¿Qué te espera afuera y qué te de parará el futuro?

    Muy bien, nuestros chicos se encaminan a su destino, uno que desconocen pero que están dispuestos a desvelar ante sí y por lo que han hecho mucho con tal de conseguirlo. Mira que enlistarse de verdad a los Exploradores, eso muestra su determinación, veremos si en algún momento pasan de meros entrenados a verdaderos Exploradores o como se puso aquí, a ser especiales.

    Me pareció justo que Damián se despidiera de su tutor pese a que no le cayera bien, yo lo entiendo y admiro su actuar. En cuanto a la anciana de la puerta, me ha dejado algo confundida porque parece que la mujer conoce a Damián de algo más que sólo el verlo por allí, sino ¿cómo sabría que su destino era irse de pueblo Rocoso? ¿Y por qué se puso tan sentimental al verlo marchar? Hm, dudas que seguro y espero, se respondan en los próximos capítulos. Así que nada, espero lo que viene. Te cuidas.

    Hasta otra.
     
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    Aryaa Stark

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    Hola! Como ya le dije a Spiral, estoy intentando hacerme tiempo para leer los escritos de los que participan, pues me parece importante el fomentar la lectura junto con la escritura.

    Me ha gustado la historia, es fácil de leer y corta, algo ligero pero aun así intrigante. Aunque estos tres capítulos son más que nada como un prologo o introducción a la verdadera historia.
    He visto algunas fallas, dedazos más que todo, pero a todos nos pasa que aplastamos mal el teclado.

    Nos leemos luego.
    PD: siempre quise leer algo tuyo :3
     
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  7. Threadmarks: D de Destino
     
    Kay Greenwish

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    Esta historia es sin planeación, y no estoy acostumbrada a eso, pero espero hacer algo decente. Gracias a los que la están leyendo y comentando, aprecio su apoyo

    Destino


    —Qué extraña anciana —dijo Damián meditó, un minuto después de que el carro emprendió el viaje.

    —Dicen que la mujer está loca —mencionó Dórate observando el panorama. El sendero era largo y parecía no tener fin y solo a sus lados estaba un muro de árboles—. Desde que tengo memoria ha estado en ese lugar, asustando a los niños diciendo que cruzar esa puerta es ir directo al infierno.

    —¿Y ante de ella? —inquirió el Railo.

    —Mmm, por lo que supe había un señor, quien también decía lo mismo y tras morir, semanas después la anciana, que en ese tiempo era joven, tomó su lugar.

    —¿Y antes de ese señor?

    —Veto a saber...

    —¿Y nunca te dijo nada? —preguntó curioso Damián.

    —Por lo que sé, solo les dice algo a los que quieren cruzar la puerta y no son de los Exploradores y como a mí nunca me interesó eso, nunca me acerqué. ¿Por qué? ¿A ti te dijo algo?

    —Hoy —mencionó, meditando un poco en esas extrañas palabras—. Me dijo algo sobre mi destino y eso, que ya estaba marcado y luego… —recodó cuando lloró y de nuevo una tristeza lo invadió—. Nada más eso.

    —Mmm… es raro.

    Los minutos trascurrieron. Todo estaba en calma, el único ruido que se escuchaba era el trotar del caballo y la carreta siendo jalada.

    —Estoy emocionado —Damián frotó sus manos—. Ya quiero llegar al final.

    Dórate simplemente sonrió, le hacia feliz ver a su amigo tan impresionado, era la primera vez que lo observaba de esa manera.

    Y era cierto, estaban muy emocionados porque era la primera vez que viajaban, pero eso no quitaba que debían de mantenerse alerta, llevaban consigo armas, o mejor dicho garrotes que utilizarían para defenderse por si algún ladrón los quería robar.

    Estarían pendientes de cualquier cosa pues sabían que al estar en un mundo desconocido, no sabían nada de él debían actuar sabiamente. Además, cuando estuvieron con los exploradores, les preguntaban lo que había allá afuera, deseaban que ellos les contaran anécdotas de afuera, pero para su mala suerte, ellos siempre les respondían lo mismo que todos; “Que no había nada bueno y que afuera era peligroso y que allí adentro era lo mejor”.

    Sin saber cómo, los dos se quedaron dormidos y no fue hasta que el carro comenzó a moverse bruscamente que despertaron… Dórete fue el primero en abrir los ojos, se asomó para ver lo que había pasado. El vehículo ya no se movía.

    —Damián… —Zarandeó a su amigo para despertarlo completamente.

    —¿Qué sucedió?

    Dórate no dijo nada y Railo observó como él bajaba del carro, por lo que decidido a seguirlo se irguió y se asomó, quedando impresionado al ver maravilloso panorama. Una pradera se elevaba por el horizonte, era enorme, llena de flores de diferentes tipos y colores, el color verde estaba en todos lados; habían llegado al paraíso y ante tal descubrimiento quedaron mudos. No tenían palabras para describir lo que sus corazones sintieron.

    —¿Dórete? —Dirigió su vista a su amigo y no evitó sonreír al ver su rostro—. ¿Estás llorando?

    El castaño dirigió sus ojos cristalinos a Damián y secándose las lágrimas le hizo saber en son de risa.

    —Mira quién habla.

    Damián se llevó los dedos de la mano hacia su rostro para cerciorarse que lágrimas de felicidad recorrían sus mejillas.

    —Damos pena, ¿no crees? —respondió en son de burla.

    Estaban experimentando la verdadera felicidad.

    —E-es que la vista es… es maravillosa.

    —Es lo más hermoso que he visto en la vida… con esto… valió la pena venir.

    —Me alegra haberte hecho caso —admitió el castaño—. Me alegra en verdad haber venido.


    ...
     
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    Aryaa Stark

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    Pues lo leí pronto, así te sigo el hilo de la historia.
    Aunque ahora no tengo mucho que decir, solo la intriga de saber que es lo que vendrá.

    Me alegro por los chicos, deben sentirse bien al ser libres, ya no estar encerrados en aquella ciudad, por fin ver que había más halla del muro, la belleza de la naturaleza, etc.
     
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    ¿Así que siempre había alguien en esa puerta que intentaba detener a aquellos que se unían a los Exploradores y deseaban salir de pueblo Rocoso, eh? Mi pregunta es si también es algo sucesorio, o sea, si también hay un linaje o una familia específica que se dedicaba a ello. Es que esa anciana me dejó igual de pensativa que a Damián.

    Pero bueno, ya después de un largo camino, los chicos por fin vislumbran por su cuenta lo que hay en el exterior y por sus reacciones, han descubierto la belleza de la naturaleza, eh. Me imagino que la vista debió ser hermosa e impactante. Aunque claro, el que ninguno de los dos hubiera visto algo así antes influye mucho, pero sí, a veces salir de la zona de confort brinda esas experiencias por las que decimos: a valido la pena.
    Espero la continuación a ver cómo sigue esta aventura. Cuídate.

    Hasta otra.
     
  10. Threadmarks: E de Extenso
     
    Kay Greenwish

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    Extenso


    Los dos jóvenes miraron hacia atrás para darse cuenta del oscuro camino que tuvieron que cruzar. En ese lugar no parecía haber luz y por ello, miraron al caballo que había empezado a pastar, debían reconocer que él fue quien hizo el mayor trabajo.

    —Desde este lado el camino Rojo parece un lugar tenebroso, ¿verdad? —comentó Dórato sin dejar de mirar la profundidad del bosque. Imaginó que hace mucho tiempo que habían abandonado el camino Rojo porque la tierra ya no era de ese color—. ¿Cuanto duró el recorrido? —preguntó mirando el cielo, calculando que era medio día y recordando que cuando salieron de ciudad Rocoso todavía era medio día.

    —¡Ah! ¿No me digas que nos dormimos todo un día? —Cayó en cuenta Damián—. Bueno, eso es lo de menos. Exploremos un poco.

    Los dos se dispusieron a observar detalladamente el lugar. El campo era enorme e inmenso, continuaron caminando, lo que si notaron era más calor; un calor húmero, sus cuerpos empezaron a sudar, nunca habían sudado de esa forma y el sol, para esa hora, les quemaba más. Decidieron descansar bajo la sombra de un árbol y comieron un poco. El aire les refrescó un poco.

    —Parece un mundo extenso.

    —¿Y sabes qué es lo mejor? —inquirió Damián—. Que tenemos toda la vida para descubrirlo.

    —Mira allá —apuntó el castaño a lo lejos—. Hay otro bosque. ¿Qué tal si empezamos por ahí?

    —Es un poco raro entrar a un bosque después de haber salido de uno.

    —Nosotros salimos de pueblo Rocoso, no de un bosque...

    —Pero te recuerdo que el pueblo está rodeado de un bosque, así que técnicamente vivíamos en uno.

    Era bastante extraño referirse a su vida del pueblo en pasado, todavía no podían creer que habían llegado a exterior, que estaban afuera. Habían soñado con ese día desde su tierna infancia y ahora se hizo realidad... era increíble y hasta cierto punto parecía un sueño al que despertaría en cualquier momento.

    —Pues ahí te equivocas, amigo, está rodeado de una muralla —finalizó Dórate riendo.

    Al final decidieron explorar el lugar. Trazaron una caminando con hojas y palos para no perderse mientras continuaban caminando; por el momento los suministros iban bien, tenían comida y suficiente agua para los próximos días. También poseían algunas mantas y un par de mudas para pasar las frías noches. Esas cosas estaban cubiertas, su verdadera prioridad era encontrar un refugio y era el momento adecuado porque en un par de horas más iba a anochecer.

    Dórate observó a su alrededor y Dámian le preguntó si había pasado algo al notarlo pensativo.

    —¿No te parece extraño que todavía no nos hemos encontrado con nadie? Tenemos casi un día y no hemos visto a nadie.

    Damián nunca se había cuestionado eso. Estaba tan maravillado con todo lo que sus ojos apreciaban que olvidó ese detalle. Es más, ¿existía civilización? Todo parecía tan tranquilo. La verdad nunca se planteó esas preguntas mas algo cruzó por su mente.

    —Tal vez ellos viven igual que nosotros —contestó el pelinegro, ganándose la atención de su compañero. Aunque también pensó que quizá allí afuera no había nadie más que ellos, pero no quiso decirlo pues el solo hecho de pensar en eso hizo que si piel se enchinara.

    —Entonces —continuó Dórate a la linea de su amigo—, ¿crees que más adelante encontraremos una ciudad Rocoso?

    —Nunca lo sabremos si no continuamos —sentenció mientras se adelantaba y alaba las riendas del caballo.



    . . .
     
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    Ah, conque los misterios comienzan a dejarse ver una vez más eh. Porque sí, concuerdo con Dórate de que para ese punto ya debían haberse cruzado con alguien más y como no, tengo esa misma teoría de que hay otras civilizaciones como pueblo Rocoso, en la que están amurallados y tampoco salen. Es mejor eso a pensar que en verdad no hay ser humano fuera de ellos.
    Y ahora que lo pienso, no sé en que entorno se desarrolla la historia. ¿Por qué el exterior es peligroso? ¿En verdad hay más humanidad a parte de la que ya vimos? ¿Se habría casi extinguido por algún cataclismo? ¿Son al menos los seres humanos la raza predominante en este lugar? Dudas. Esperaré el siguiente capítulo a ver qué más ocurre. Te cuidas.

    Hasta otra.
     
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  12. Threadmarks: F de Figura
     
    Kay Greenwish

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    Figura

    Todo parecía ir perfecto y sus ilusas imaginaciones pensaron que así seguiría mas la realidad los golpeó cuando de imprevisto el caballo relinchó con fuerza y se movió bruscamente, provocando que los jóvenes, en especial el pelinegro por ser el más cercano, se asustaran y su sorpresa no cupo en ellos cando fueron testigos de ver como el animal dejó caer su cuerpo al suelo, sin moverse.

    —¿Q-qué es lo que sucedió? —preguntó Dórate desde su lugar sin dejar de ver al caballo.

    Damián observó a su alrededor y se sorprendió al captar por la rabadilla del ojo una figura humana, pero cuando volvió la vista al frente ya había desaparecido.

    “¿Qué pasa aquí?” Se preguntó si aquella figura había sido real o producto de su alterada imaginación.

    Un helado aire sopló, induciendo a que la piel de Damián se enchinara. Dórate continuaba sorprendido por lo que le ocurrió al caballo y él abrió los ojos anonadado al notar como un charco carmesí crecía bajo el cuello del animal.

    —¡Damián, el caballo!

    El nombrado desvió la vista al animal para ver como fluía la sangre e inmediatamente miró a su compañero para decirle que se escondieran, pero fue demasiado tarde, una flecha alcanzó a golpear el brazo de Metzi. La herida no fue profunda y solo lo rozó, pero los dos se asustaron porque no estaban preparados para eso.

    —Estoy bien —dijo para no preocupar a su amigo, sin eludir las expresiones de dolor en su rostro.

    Y cuando otra rápida flecha casi alcanzaba a Railo, se escondieron detrás del carruaje. No tenían ni un día afuera cuando ya los estaban atacando… ¿Los estaban atacando? ¿Quienes? Comprendieron que estaban siendo atacados y por ello debían defenderse...¿defenderse? Claro, era lo lógico, aún así… estaban temblando. Sus cuerpos no dejaban de titiritar y es que estaban siendo atacados por alguien en una situación real. Era diferente a lo que hicieron con los Exploradores.

    Era muy diferente.

    En un intento de hacer algo, Damián se acercó a la esquina del carro para ver si podía observar algo. Si deseaban contraatacar tenían que tomar sus armas.

    —¿Qué haces? —Lo detuvo su amigo, susurrando.

    —Iré, tenemos que hacer algo —dijo, en el mismo tono.

    El joven entrecerró los ojos como si de esa forma su vista pudiera mejorar, se sorprendió al distinguir la figura de un hombre detrás de los arbustos y luego se apartó rápidamente cuando una flecha rozó su rostro. Por poco.

    ¿Qué debían hacer?

    De la nada, un hombre alto y delgado se hizo ver, sorprendiéndolos, tomó a Damián por el cuello de su camisa. Damián se alcanzó a zafar e intentó hacerle frente al hombre pero éste fue mucho más ágil y sin más le dio un golpe en el estómago con tal fuerza que lo dejó sin aliento, se arrodilló… era inútil… el hombre no dejó que se levantara y le gritó. Pasaron días y noches entrenando con los Exploradores, ¿para qué? Para ser derrotados y humillados en un segundo.

    Sin embargo, lo que en verdad lo aterró fue darse cuenta de algo al escucharlo, no le entendió nada. ¿Por qué no le entendía? Habló raro, volvió a decirle algo, como exigiéndole, y él continuaba sin entender una palabra.

    ¿Cómo se iba a comunicar si no le entendía?

    —¡Suéltame! —Fue lo único que atinó a decir mientras se movió bruscamente en un vano intento de soltarse, pero era inevitable… tenía miedo, por primera vez en su vida tenía autentico miedo.

    —¡Damián! —gritó el castaño intentando ponerse de pie y ayudarlo.

    “No, no vengas” Fue lo único que pudo pensar el nombrado.

    Un segundo hombre se hizo ver, éste portaba un arco y flechas, él acortó distancia entre él y Dórate, quien perplejo, confundido y adolorido quedó paralizado, el hombre del arco lo tomó de su prenda de vestir y lo obligó a ponerse de pie.

    —No, por favor no le hagas daño —suplicó con voz temblorosa el pelinegro, mirando a su amigo—. Está herido, necesita ayuda.

    ¿Hasta aquí habían llegado? Su tan anhelado viaje había finalizado en ese mismo día. Sus más grandes sueños se habían rotó ante tal encuentro. Su mundo cambió, literalmente, en un abrir y cerrar de ojos. No obstante, lo que nunca imaginó Damián Railo era que su aventura acababa de empezar y que en realidad, su destino se escribió mucho antes de si quiera haber nacido.


    . . .
     
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    Borealis Spiral

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    Okey, al menos ya sé que hay algo más que ellos en ese exterior desconocido en el que han decidido alojarse. Y lo mejor ¿o es peor?, es que parecen ser personas humanas igual que ellos. Eso sí, de diferente dialecto. Hm, eso me hace pensar en otra teoría, que pueblo Rocoso es como una China antigua que se encerró a sí misma durante mucho tiempo mientras el mundo seguía avanzando. Pero no creo que sea tan simple, sobre todo viniendo de ti xD

    Y obviamente que el estar en un enfrentamiento real más que en uno de entrenamiento va sacar a los dos chicos de sus zona cómoda. O sea, estos hombres por su porte y sus arcos y flechas se ven que tienen experiencia en el combate con tal de protegerse. Con Dórate y Damián, bueno, aunque tienen la toería y la idea también es que se defiendan, al final no pudieron hacer mucho. ¿Ahora los hombres los tendrán como rehenes o los matarán de a tiro?
    Yo mientras quiero saber cuál exactamente es ese destino de Damián que lleva por ser un Railo. Te cuidas.

    Hasta otra.
     
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    Kay Greenwish

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    Aventura
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    Guarida

    El hombre del arco tomó una flecha y la cargó la flecha en el marco desidioso a descargar el arma contra Dórate, todo aquello mientras Damián, intentado ponerse de pie, suplicó que no lo hicieran.

    Espera, no dispares —dijo el hombre alto, en su extraño dialecto.

    El hombre del arco y flecha miró a su compañero, extrañado, al enemigo no se le debía tener misericordia, le preguntó por qué y le le contestó dirigiendo la mirada a ambos jóvenes.

    No creo que sean enemigos

    El arquero frunció el ceño por lo que expreso, disconforme.

    ¿De qué estas hablando? ¿Por qué estas diciendo eso?

    Son muy débiles, tanto en poder como en sentimientos, como para que sean nuestros rivales, ni siquiera parecen ser guerreros. Dan pena. Además, si lo has notado visten de forma extraña.

    Tal vez solo actúan de esa forma para distraernos.

    Quizá. Déjame hablar con ellos y preguntárselos —Así era, aquel hombre hablaba y entendía el mismo lenguaje que Railo y Metzi.

    Damián y Dórate no sabían de lo que hablaban y por ello se asombraron de ver que les preguntó algo en su idioma.

    —¿Quienes son ustedes? —cuestionó el hombre con voz seria y potente. Los dos jóvenes ante la conmoción no pudieron responder inmediatamente—. ¿De dónde son y quién los envía? ¿Tienen alianzas con los del Prado o los de la Montaña?

    —So-somos d-de ciudad Rocoso —habló Dórate, tartamudeando.

    ¿De pueblo Rococho? —inquirió el arquero al comprender un poco—. ¡No existe ningún lugar llamado así! —Miró al hombre alto, quien pareció estar sorprendido ante el lugar, todo eso mientras los jóvenes se estremecieron ante la reacción del arquero ya que no sabían la razón de su exalto.

    —¡Sus nombres! —ordenó el hombre.

    —E-el mio es Damián Railo y el de él es Dórate Metzi.

    “¿Railo?” se sorprendió al escuchar ese nombre y luego se dirigió la vista a su compañero—. Los llevaremos a la Guarida. —sentenció el hombre; Baco Auridio era su nombre.

    Ante la sentencia, el arquero asintió y obligó a los muchachos a que los acompañaran, se los hizo saber con señas. Los joven empezaron a caminar, Baco estaba en mero enfrente, guiándolos a la guarida y el arquero atrás, vigilándolos y con arco en mano.

    —¿A dónde nos van a llevar? —preguntó Damián, asustado porque no sabía lo que ocurriría.

    Baco dirigió la vista hacia ellos y con media sonrisa les contestó:

    —Los llevaremos ante nuestro líder del batallón, él determinará si los dejamos con vida o no —volvió su vista al frente para terminar con—: Su nombre es Salustiano Railo.



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    Última edición: 25 Enero 2019
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    Ese final merece ese sellito.
    Mira que ya me había hecho la pregunta de cuándo iba a conocer a otro Railo fuera Damián y aunque imaginé que lo hallaría, no en estas circunstancias.
    Del capítulo deduzco un par de cosas, pero... bueno, una realidad, y es que parece que hay ¿una guerra? O al menos así me lo parece, una guerra contra las demás civilizaciones que hay, como la de la Montaña o los del Prado. El hecho de que estos hombres los denominen como enemigos me lo dice. Eso sí, por qué es que están en guerra o por qué existe tanto recelo por los otros lugares no lo sé, pero seguro que me enteraré.
    ¿Qué más infortunios aguardan a nuestros protagonistas? Espero el siguiente capítulo para conocer sus destinos y a este otro Railo. Te cuidas.

    Hasta otra.
     
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    Kay Greenwish

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    Damián quedó impactado al escuchar ese nombre. ¿Había dicho Railo? ¡Aquella persona tenía el mismo apellido que él! Eso solo podía significar una cosa y era que él debía ser familiar, ¿no? Una idea vino a su mente; ¿acaso era posible que dicho hombre fuera su padre, aquel hombre que atravesó el camino Rojo? Desafortunadamente nunca supo el verdadero nombre de su padre biológico, solo conoció el nombre de su madre, Dara.

    —Damián, ese hombre tiene tu mismo apellido —habló en voz baja el castaño.

    —Lo sé —contestó, sin poder decir más.

    ¿Eh? Shhh, no susurren —dijo el arquero golpeándolos levemente.

    En realidad el pelinegro estaban conmocionado. Tenía miedo de verse con ese hombre, independientemente de que fuera o no familiar de él, pues el simple hecho de tener que verlo dependería su vida.

    El lugar al que llamaban la Guarida era una base en la que los soldados del Bosque se mantenían, allí mismo tenían tiendas para acampar y toda herramienta para vivir. Todas las miradas se posaron hacia los extranjeros y eso comenzó a ponerlos nervioso. Se trataban de guerreros, eran personas fornidas, ni siquiera los Exploradores tenían ese cuerpo, además, tenían en su poder todo tipo de armas y cuchillos. Algunas de esa miradas eran amenazantes.

    Baco los dejó en cierto lugar y les dijo que se quedaran ahí mientras iba a buscar al líder, el arquero, cuyo nombre era impronunciable para los muchachos, pero Baco les dijo que también respondía por el nombre de Sardina, se quedó a vigilarlos. Los jóvenes observaron como Baco ingresó a la tienda que les quedaba a poco menos de diez metros a los dos minutos salió un hombre, ojos café, cabello negro, alto y con una barba de tres días, detrás de él a

    El hombre se acercó hacia ellos y miró fijamente a Damián.

    —¿Tú eres Damián Railo? —inquirió Salustiano y a diferencia de Baco, él hablaba el idioma más fluido y sin acento. El pelinegro, sin dejar de mirar al mayor y estando más nervioso que al principio, asintió.

    Acto seguido, Salustino lo abrazó, provocando que Damián se sorprendiera ante tal acción mientras su corazón palpitaba incontrolablemente.

    —No puedo creerlo, en verdad —Lo miró al rostro, alegre, realmente feliz—. Hijo, tú eres Damián, mi primogénito.

    No podía creerlo, allí estaba aquel hijo que dejó atrás en pueblo Rocoso, realmente nunca creyó que lo vería, no en esas circunstancias. Aun así, ¿por qué estaba allí? Por otro lado, Damián incrédulo ante la afirmación, pues, todos en aquel pueblo rodeado de una muralla lo daban por muerto, quiso estar seguro de que aquel hombre que decía ser su progenitor lo fuera en verdad.

    —¿Cuál era el nombre de ella? —preguntó el menor.

    —Dudas, ¿cierto? —Lo sabía, estaba consiente de ello—. El nombre de mi mujer, quien es tu madre, era Dara.

    Damián sonrió porque muy dentro de él esperaba que él fuera quien dijera ser y tenía muchas preguntas, sin embargo, había algo más importante. El joven observó a su amigo y le informó a su padre que necesitaba ayuda, había detenido el sangrado con una tela. Inmediatamente Salustiano les ordenó a sus hombres que le aplicaran un ungüento hecha de un mezcla de hierba y flores medicinales. Con esa pomada sanaría rápido; la llamaban Achiulico; por la flor
    Achii y la hierba Ulico.

    Damián estaba dispuesto a seguir a donde se llevaban a Dórate, mas el señor Railo lo detuvo.

    —Me gustaría hablar contigo, en privado, hijo —le hizo saber.

    Era la mejor oportunidad para que ambos; padre e hijo, se sentaran a hablar. Había tantas cosas que Salustiano deseaba contarle a su hijo, como Damián hacerle preguntar a su padre.


    . . .
     
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    Ah, conque sí es su padre, ¿eh?
    Una parte de mí me decía que iba a serlo, pero por un lado como que no quería que lo fuera sino que otro familiar, un tío o algo. Ya sabes, por eso de quitarle un poco de predectibilidad a la historia, pero entiendo que al ser breve no se puede hacer mucho.
    Bueno, por el momento parece que Damián y Dórate están a salvo, ¿pero cuánto durará esa seguridad? Me imagino la cantidad de preguntas que tiene Damián para su padre, pero en lo personal me interesa más lo que el líder de los el Bosque pueda decirle al joven, así que espero la siguiente actualización. Te cuidas.

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    Kay Greenwish

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    Borealis Spiral Gracias pro continuar, leer y sobretodo comentar esta historia improvisada.

    Irritado

    Tanto padre como hijo tomaron asiento en la tienda de compaña del primero.

    —Me alegra tanto que Baco haya sido blando con ustedes —dijo en una forma de romper el hielo—. ¿Gustas un poco de agua? Mandé a que trajeran sus pertenencias. Siento lo que le hicieron a su caballo. Debió asustarlos.

    —Sí, lo fue, pero... me alegra que hayas, aunque, yo pensé que... que...

    —¿Había muerto?

    El joven solo pudo asentir.

    —Creo que es lo más lógico, después de todo, no volví a Rocoso, seguro que todos pensaron que estaba muerto.

    —¿Por qué? En realidad todo dicen que nos abandonaste, a mí y a mi madre.

    Salustino se entristeció un poco al escuchar eso, aunque no los culpaba, las circunstancia parecieron que había sido así, pero claro, nadie supo en realidad la razón por la que se fue.

    —Sabes, hijo, tu madre enfermó gravemente y yo, por desesperación salí a buscar algunas hierbas o flores medicinal que pudiera sanarla —Le contó la versión corta de la historia.

    —Entonces ¿por esa razón saliste de pueblo Rocoso? ¿Por mamá?

    —Sí, fue por ella.

    Se sintió un poco más tranquilo. Si bien nunca le importó lo que los demás pensaran de él, mentiría que le dolía pensar que su padre se marchó porque no los quería. Además, aquel hombre con el que hablaba no parecía ser una persona mala, al contrario, era agradable de tratar.

    —Por cierto —continuó Damián—, ¿qué es lo que está pasando aquí afuera? —preguntó, curioso, al recordar la forma tan brusca de haber sido atacados por Baco y Sardina.

    —Guerra. Hay una guerra entre tres ciudades...

    Salustiano lo mantuvo al día; le contó sobre la situación de ellos y la de los demás. En esa tierra existían tres grandes lugares, los del Prado, Montaña y Bosque. Él se unió con estos últimos, se hizo amigo de Baco; se enseñaron mutuamente los idiomas de cada quien, y fue Salustino quien le puso a Baco y posteriormente a los demás esos nombres más pronunciables para él. De esa forma poco a poco se ganó la confianza de esa hasta que subió al rango de líder del batallón por su gran ingenio. Los del Bosque era gente que vivían entre las ramas de los árboles. La base estaba a unos cuantos kilómetros, en ese lugar para proteger de mejor manera la ciudad pues estaban ubicados en la única entrada al bosque, por lo que si algún enemigo deseaba atacar, debía pasar por ese lugar.

    —Estás tierras son peligrosas —finalizó el hombre, pensativo, mirando el vaso con melancolía—. Nunca debieron haber salido de Rocoso.

    —Ahora veo porque la gente de pueblo Rocoso dice que este lugar es peligroso.

    Así que por esa razón los Exploradores entrenan mucho y es para poder sobrevivir en esos lugares. Ellos salían para hacer reconocimiento, traer plantas medicinales y también algunas semillas. Había ocasiones en la que partían de Rocoso por la mañana y llegaban esa misma noche llegaban con provisiones, pero a veces tardaban días, hasta semanas. Había bajas, sí, pero nunca fueron exageradas.

    —¿Te uniste a ellos o ellos te reclutaron? —indagó el mayor y aunque no los nombró, Damián sabía que se refería a los Exploradores.

    —No. El señor Cipriano no me dejó unirme y yo tuve que unirme a la fuerza cuando huí de casa. Aunque ni yo ni Dórate somos Exploradores oficiales. Y al final yo y Dórate salimos.

    —Pues debiste haberle hecho caso. —Se mostró un poco irritado—. ¡Ni tú ni ese muchacho deberían estar en este lugar! ¿Por qué no se quedaron allá? ¿Nunca pensaron que podrían morir aquí? Suerte tuvieron de que Baco los encontrara y que yo sea el líder. Fueron unos imprudentes.

    Damián se molestó, aunque no dijo nada porque en cierta forma tenía razón.

    —¿Y cómo está él? —cambió el tema—. ¿Cipriano?

    Damián bajó la vista.

    —¿Lo conoces? —respondió con una pregunta.

    —Ah, es… era un amigo —rectificó pues tenía años que ya no lo veía.

    “¿Eran amigos?” se preguntó e menor y luego contestó—. Sí, él está bien. Aunque... no me gustaba como me trataba.

    —¿Cómo? —cuestionó.

    —Era muy exigente y duro y hasta llegó a golpearme.

    Salustino exhaló mientras se llevó la mano al rostro.

    —Ya veo. No debió ser fácil, ¿cierto? Él siempre ha sido así, lo fue conmigo... pero... —Le debía mucho—... no sé. Hace mucho que no lo veo y quizá se volvió un anciano amargado —Sonrió. Y Damián se extraño ante su actitud.

    Dórate hizo presencia y tomó asiento, tenía una venda en la herida. Damián le contó lo que su padre le dijo sobre las guerra que había entre Bosque, Prado y Montaña. Salustino los observó desde su posición y se dio cuenta de la inocencia de ellos, recordó cuando tenía su misma edad, pero ya no existía vuelta atrás, los dos habían cruzado el camino Rojo, habían llegado a ese lugar y eso solo significaba que ya no tendrían una vida normal. Pueblo Rocoso era el mejor lugar para vivir con normalidad.

    Los dos se veían en buen estado, tenían cuerpos atléticos aunque no parecía que tuvieran buena resistencia física ni mental, por lo que debían entrenar para poder sobrevivir allí, en el exterior.

    —Bueno —habló el líder del batallón cuando su hijo terminó de contarle a Metzi—, si se van a quedar en este lugar, tendrán que saber luchar. Así que descansen bien hoy que mañana comenzará su entrenamiento.


    . . .
     
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  19. Threadmarks: J de Jabalinas
     
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    Jabalinas

    Ese día Railo y Mitza descansaron, a la mañana siguiente, a primera hora se les levantó para planear su horario de entrenamiento, debían estar listos para la lucha. Por la mañana harían ejercicios de resistencia. A medio día comenzarían a estudiar el idioma nativo y, para la tarde se les enseñaría a usar el arma que deseaban aprender a usar, ese era el horario. Salustino les advirtió que el próximo entrenamiento sería mucho más exhaustivo que el que pudieron haber experimentado con los Exploradores, en pueblo Rocoso.

    —Elijan sus armas —les dijo Baco.

    Entre el armamento estaban un arco, espadas, resorteras, jabalinas y cuchillos de mano, también había escudos pero antes de poder utilizarlos tenían que estrenar su fuerza para poder cargarlos.

    —¿Cuál es esta arma? —Dórate tomó la jabalina; le llamó la atención por ser larga y tener una punta filosa, aunque era pesada pues estaba hecha de hierro.

    —Es una jabalina; son armas un poco difícil de dominar, aunque si se tiene buena precisión puede hacer mucho daño, con un solo golpe puedes derribar a tu enemigo. Si quieres aprender a usarla yo puedo enseñarte. Aunque la verdad yo te recomendaría algo más ligero —aconsejó el mayor.

    El castaño se dio cuenta que era cierto, la jabalina parecía una buena arma, pero era demasiado pesada para él, quizá utilizar algo más ligero le vendría mejor por lo que eligió la resortera.

    —Buena elección. Sardina te enseñara a dominarla, es nuestro mejor puntero. ¿Y tú, Damián, cuál te gustaría usar?

    Todas las armas le eran muy llamativas y hasta deseó aprender a usarlas todas, aunque estaba consciente que solo tendría el tiempo de poder usar una. Y de entre todas, una llamó su atención; era una espada en su vaina, le tomó de la empuñadura y con cuidado la sacó de su vaina, admiró el fino filo. Era preciosa, nunca había visto un arma así.

    —Así que te interesa la espada, ¿cierto? Sí es así, tu padre será el más indicado para enseñarte.

    De esa forma comenzó el arduo entrenamiento. Dórate enseñado por Sardina y Damián por su padre. Los días transcurrieron de esa forma, entrenando y aprendiendo nuevas cosas y de la cultura de la ciudad. Se había cumplido doce días después de la llegada de ambos jóvenes. Dórate había mejorado mucho con el arma que había elegido, era un chico muy inteligente; aprendió el idioma de los del Bosque con una rapidez y fluidez increíble, y si continuaba de esa forma, sería quien podría suplantar a Salustino Railo en un futuro. Aquella tarde, cuando hubo terminado su entrenamiento, aprovechando y Baco se había ido y que Damián todavía seguía con su padre, se acercó a Baco.

    ¿En qué puedo ayudarte, muchacho?

    Quería preguntarle algo. Pero, ¿puede ser en mi idioma?

    Ante la petición, Baco supo que lo que quería decirle debía ser muy serio pues el castaño se había tomado muy enserio aprender el idioma, y que deseara respuestas en su lengua materna significaba que deseaba una respuesta entendible.

    —Dime —le hizo saber el mayor mientras se relajaba.

    —Desde que llegué a Bosque me ha estado dando vueltas algo. Entre los entrenamientos y para practicar el idioma, le contaba sobre pueblo Rocoso a Sardina, se vio interesado, le pregunté si nunca había ido, él me dijo que ni siquiera sabía que existía, que nunca había escuchado hablar de ese lugar, así que le hice la propuesta de si deseaba algún día visitarlo...

    —Adivino, cuando le dijiste dónde quedaba, se negó a ir —terminó la frase.

    Dórate asintió.

    —Mi duda es, ¿nunca han cruzado o explorado el bosque que queda al oeste? —El lugar de donde Damián y él habían llegado tras cruzar el camino Rojo. Aquel boscaje estaba lleno de árboles; todos unidos como si estos formaran un muro de éstos. El único camino visible era el que los trajo al prado.

    —No, nunca —contestó Baco—. Desde que tengo memoria se ha contado que ese lugar está maldito. Se dice que quienes se han aventurado hacia ese lugar no han regresado, desaparecen, ¿sabes cómo lo llamamos? El bosque maldito. Se rumorea que quienes regresan tras pisar ese bosque traen consigo una maldición. Ni siquiera los de la Montaña o del Prado cruzar ahí, tienen su propia leyenda. Los del Prado cuentan que no hay nada allá, que llegas a un muro y que al intentar regresar te pierdes mientras que los de la Montaña dicen que cuando te aventuras caminas y caminas y continuas caminando y que no hay un principio ni un final.

    Dórate lo sospechó y era un poco irónico. Por lo que se dio cuenta, esas tres grandes ciudades han estado en una guerra contestarte y pueblo Rocoso es el único lugar pacifico, lo irónico era que los de Rocoso decían que el exterior era peligroso y que . Ambos lados tenían sus propias leyendas y mitos.

    ¿Y usted cree en esa maldición?

    No lo sé, pero por algo se a dicho eso, ¿no? Debió haber un origen.

    —No hay nada de eso, Damián y yo hemos venido de ahí.

    —¿Y no han intentado volver? —inquirió el mayor, en un modo de asustar al joven, sin embrago, Dórate sonrió porque estaba consciente que esa "maldición" no existía porque los Exploradores iban y venían; siempre ha sido así.

    Es solo que ahora le quedaba claro que pueblo Rocoso era una ciudad "protegida" por ese bosque y que los exploradores salían a conseguir suministros y que existía un "guardián" para que nadie cruzara las puertas y así no pudiera "descubrir" que el exterior era bonito; aunque viendo la tensión de los esos tres pueblos, Rocoso estaba bien teniendo paz. Así que era para proteger a su gente. Eso lo había estado deduciendo.



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    Ajá, le atiné a lo de las guerras. ¡Bien por mí! :D
    Así que esas tres civilizaciones están en guerra, ¿eh? Y por lo que pude ver, en una constante y pueblo Rocoso es el único lugar pacífico, aunque me lo veo más como neutral porque no se quieren involucrar en la guerra de los otros tomando partido y hasta toman todas las medidas necesarias para que nadie salga de sus muros protectores. Eso de que las leyendas en esa zona se hayan creado le ha ayudado mucho, digo yo. Pero al menos ya eso queda claro.

    También me ha quedado claro por qué Salustino abandonó a Damián y su madre. Imgino que él no era parte de los Exploradores y no tenía permiso de irse y por lo mismo ya no pudo regresar. Pero bueno, el entrenamiento de Dórate y Damián ha comenzado y apenas bueno porque en serio necesitan aprender a fortalecerse y pelear bien o no vivirán mucho con el peligro que acecha; como dijo Salustino, ya no podrán tener una vida normal.
    Y nada, espero el siguiente capítulo a ver cómo sigue esto. Te cuidas.

    Hasta otra.
     
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