Ciencia ficción De vuelta a casa

Tema en 'Relatos' iniciado por Liza White, 8 Noviembre 2018.

  1.  
    Liza White

    Liza White Equipo administrativo Lady Lizzie ☆606☆

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    De vuelta a casa
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    Ciencia Ficción
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    DE VUELTA A CASA

    Cuando las puertas se cerraron tras de sí y el peligro, o al menos una parte de él, hubo disminuido, pudieron soltar el primer suspiro de alivio. Los tripulantes se movían de puesto en puesto, animados, embargados por una emoción que crecía con cada segundo que pasaba. El piloto hizo una broma para destensar el ambiente y todos rieron, pudiendo generar una atmósfera idónea para olvidar cualquier atisbo de miedo o incertidumbre al menos, por el momento. Se colocaron en sus debidos puestos tras todas las comprobaciones necesarias, sin creerse aún que aquella tierra grisácea que veían al otro lado del cristal empañado por el inusitado frío del exterior, aquel suelo que conservaría durante cientos, miles de años sus propias huellas, quedaría finalmente atrás.

    Aquel planeta que había sido su hogar durante cinco años de investigación ininterrumpida se sentía ahora extraño visto desde el interior de la estación de embarque, a punto de iniciar el despegue de la nave que les llevaría de vuelta a casa.

    Uno de los tripulantes se sentó en su puesto de un brinco, girándose hacia su compañera al mando con una sonrisa de oreja a oreja.

    —Venga, dime qué emociones sientes ahora mismo, Anna.

    —Molestia.

    —¿Por qué?

    —Porque has dejado tu puesto y parte del mío hecho una porquería, y no voy a ser yo quien lo recoja —respondió la otra con una mueca, mientras le tiraba una serie de recipientes de plástico al regazo. El chico la miró con cierta confusión, pero pronto la joven le sonrió, sacándole la lengua—. Eso por una parte. Pero pensándolo bien, supongo que me siento... ¿Nostálgica? ¿Deseosa por llegar a casa? —dejó escapar una risa nerviosa, avergonzada—. Ni siquiera sé exactamente cómo sentirme después de estar alejada de mi entorno, qué digo, ¡de la Tierra!, después de tanto tiempo.

    Su acompañante asintió, procesando sus palabras. Se recargó en el respaldo de la silla, balanceándose de delante hacia atrás mientras miraba a través del cristal de la nave, escuchando los motores calentándose al fondo de la estancia.

    —Comprendo ese sentimiento. Yo en cambio me encuentro... asustado, ¿sabes? Y no creo entender muy bien el porqué.

    Anna sonrió débilmente, levantándose para pasar un brazo por su cuello en un gesto de ánimo.

    —Yo sé la razón. Temes que todo haya cambiado cuando llegues a casa, te preocupa no adaptarte de nuevo a la rutina después de todo esto, y por ello te sientes atemorizado en parte, y con razón —dijo, encogiéndose de hombros—. Yo también tengo esa preocupación, creo que todos, pero estoy segura de que nos acostumbraremos rápido a la rutina. Ya lo verás, Danny.

    —¿Estás acaso psicoanalizándome ahora? —se mofó el hombre, ladeando la cabeza para poder verla a los ojos. Ante el contacto inesperado Anna se apartó en seguida, disimulando que no se había sentido nerviosa ante la cercanía haciendo una mueca de desagrado.

    —Soy astronauta, no psicóloga. Igual que tú eres un cerdo, son verdades incuestionables —declaró entonces, encontrando otro resto de comida debajo de su silla. Suspiró, regresando a su puesto—. Supongo que hay cosas que nunca cambian.

    Danny se mantuvo en silencio con una sonrisa, sin mostrar interés en rebatirla de nuevo. Se le quedó mirando disimuladamente, aún balanceándose en su silla lo poco que podía al estar anclada en el suelo, cuando el comandante colocó su mano en el respaldo del hombre sacándole finalmente de su ensoñación.

    —Como aflojes el agarre de esa silla y se acabe soltando te quedas en tierra con ella —declaró el hombre, con un tono y una mirada tan amenazantes que por un instante el chico sintió hasta cierta intimidación. Pero pronto la expresión del comandante se relajó, y volvió a aquella expresión tan afable como su propia persona—. Vamos a ir arrancando motores, preparad el sistema de la nave. Ya no queda nada para volver a casa, un último esfuerzo.

    Y esas palabras volvieron a revolver miles de emociones en los tripulantes. Esperanza, emoción, impaciencia, temor.

    Si hace cinco años les hubiesen dicho que en el futuro pasarían tanto tiempo en una misión de recolección de datos y de creación de una biosfera extraterrestre, les habrían tomado por locos. Pero allí estaban, después de tanto esfuerzo, de tanta lucha cuesta arriba por entrenarse tanto física como psicológicamente para una misión de tal calibre, finalmente habían conseguido que todo diese sus frutos. Su objetivo era comprobar si era posible plantar semillas y frutos en un planeta enano no muy lejano de la Tierra, donde el Sol incidiese con sus rayos lo suficiente como para proporcionar la calidad de vida necesaria, y que en la tierra se encontrase agua congelada. Una vez se detectó dicho planeta enano hasta entonces desconocido, tras investigarlo lo suficiente y siendo conscientes de que se podría vivir de ello, se lanzaron a probarlo.

    El proyecto había costado cientos, millones, pero sabían que sería un hito en la historia de la astronomía, un gran paso para comenzar a crear vida en otros planetas gracias a la acción del hombre. Fue así como construyeron una especie de invernadero en la zona en la que se asentaron, logrando que tras el suficiente esfuerzo, con la previa creación de una atmósfera artificial gracias a la innovadora tecnología de la que disponían, fuera posible sembrar y cosechar. Provistos de todos los elementos necesarios para sobrevivir tanto tiempo, consiguieron lograr aquello que se veía tan lejano, tan utópico.

    Y era hora de celebrarlo con los suyos.

    El comandante tomó su lugar, tras comprobar que cada tripulante mantuviese activo su puesto. Hacía ya tanto tiempo que evitaban usar la tecnología de la nave para contactar con la Tierra para evitar perder energía que ni recordaban las voces de aquellos que les observaban al otro lado constantemente. La regla era no contactar con la Tierra salvo en casos especiales, ¿y cómo no iba a serlo el día en que volverían a la Tierra? Ya era ocasión de ponerse en contacto.

    —Apolo XX al habla, ¿me reciben? —carraspeó el comandante, iniciando el despegue. Parecían encontrarse con interferencias, puesto que no dejaban de llegar señales inconexas entre sí al panel. El comandante miró por un instante a su acompañante, intercambiando miradas confusas—. Imagino que deberíamos esperar a salir de la zona de atracción del planeta, esperaremos a estar un tiempo en camino para volver a intentarlo.

    Pero por segunda vez, nadie respondía al otro lado.

    —Aquí Apolo XX, ¿hay alguien ahí? —repitió, reiniciando el proceso una y otra vez, sin comprender nada de lo que estaba pasando—. ¿Nos habremos quedado sin señal? Qué extraño.

    Fueron varios los días de viaje que les separaban de su hogar, y el vacío del exterior comenzaba a hacer mella en su interior. Danny observaba a través del cristal la oscuridad penetrante que se encontraba al otro lado, maravillado y a la vez atemorizado por la inmensidad del espacio. Anna le miró de soslayo, fingiendo seguir con sus cosas, cuando reparó en un punto de luz en la ventana al lado de Danny. Sonrió, colocando sus manos en el hombro del chico súbitamente, e hizo girar su cabeza para señalar dicho punto.

    —¡Mira, Danny, es la Luna! ¡Al fin! ¡Ya estamos aquí!

    —¿En serio? —se asomó a su vez, observando bien dicho punto. Pronto una corriente de emoción le recorrió todo el cuerpo, contagiándose de su compañera—. Tienes razón, no me lo puedo creer. Hacía tanto que no la veía... Entonces la Tierra debería estar...

    >>...ahí.

    Una punzada se clavó en el pecho de Danny, sintiendo su corazón latir con algo más de fuerza. Dirigió su mirada hacia toda clase de puntos, variando de ventanas, y comenzó a sentir cómo palidecía lentamente. Anna le siguió con la mirada, preocupada.

    —Danny, no me asustes. ¿Qué te pasa ahora?

    —Anna... —comenzó a hablar, clavando su mirada en ella. Su semblante estaba pálido del terror que le provocaban pronunciar aquellas palabras—. ¿Dónde...?

    >>¿Dónde está la Tierra?

    El comandante abrió los ojos súbitamente.

    En el lugar donde debería estar su planeta, no había nada.
     
    Última edición: 8 Noviembre 2018
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    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

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    Qué terror.
    Ese es el sentimiento que yo sentiria si estuvier en el lugar de ellos. Seguro que, Danny y Ann, a pesar de los temores o inquietudes de volver después de los años fuera, realmente anelaban regresar a su hogar; después de todo pasaron mucho tiempo en una misión, debian añorar su vida allá. Ahora ¿qué es lo que harán?

    Mientras iba leyendo incertidumbre comenzó a invadirme porque pensaba que algo ocurriría, aunque me imaginé que la nave sufriría una avería o alguna clase de percance, mas nunca creí que la tierra desaparecería.
    ¿Qué sucedió con la tierra? ¿Viajaron a una dimención diferente? Si desaparecio ¿cómo fue; una exploción por qué? Tantas dudas.
     
    Última edición: 10 Noviembre 2018
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    Merinare

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    Una idea de película. La ciencia ficcion siempre se aprovecho del tema del espacio para darle un twist a la tierra. O de golpe la ven explotar, o piensan que es otro planeta y resulta que son ellos, o en el momento en que miran para el otro lado se convierte en el apocalipsis.
    Es una muy buena forma de meter un elemento de terror sin tener que andar con asesinos y gore y bla bla bla. Y realmente deja una sensacion de historia abierta para saber que le paso.
    Espero la secuela - solamente espero que no la hagan episodica en netflix.
     
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