Long-fic Cupido

Tema en 'Otro Fanfiction' iniciado por Mavia Loxar, 26 Diciembre 2016.

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    Mavia Loxar

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    Cupido
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    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    22
     
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    España-.

    —Wow, mis piernas no paran de temblar ¡Fue increíble, joder! —veo como Becca tambalea un poco al momento que sale de mis brazos, siempre con su fino vocabulario—. Había olvidado el cambio de clima, aquí hace calor.

    Lleva sus manos a los grandes botones de su abrigo amarillo. El recuerdo de nuestro vuelo me impacta e inunda mis pensamientos. Su cabeza cubierta con el casco oculta en el hueco de mi cuello, el gritillo que dio al despegar del suelo, el calor que su cuerpo le daba a mi pecho desnudo, mis brazos firmes alrededor de su cintura, sus piernas aferradas a mi cadera…

    Paso mi mano por mi cabello en un intento de borrar esos recuerdos, por ahora.

    —¿Dónde hay que ir?

    La voz de Rebecca me hizo recordar que no he dicho nada desde que “aterrizamos” en la plaza Cataluña, España. Bajo el abrigo había un simple sweater gris con cuello redondo. Hice aparecer el papel que decía los datos del jodido George Hamilton.

    Ya se te está pegando lo bocazas.

    —La cafetería Hard Rock, está cerca de aquí.

    Caminamos por el lugar, no hay que decir que Becca estaba encantada. Me gustaba verla así, saltando y abriendo los ojos con asombro, se me hacía…, linda.



    El tal George Hamilton resultó ser lo que menos me esperaba. Enserio, llevo milenios en esto. En otras ocasiones siempre estos casos se los asignaban a mamá. Dioses.

    George era un niño. Sí, un niño de no más de 10 años que ahora, gracias a mí y a su destino, se ha encaprichado con su primer amor; una mesera del triple de su edad.

    Al momento de entrar a la cafetería no fue difícil hallarlo, era muy obvio a decir verdad. Me posicioné pocos metros lejos de él. Becca no decía nada, estaba inusualmente callada. El arco apareció entre mis brazos, sus ojos se ampliaron. Mi flecha no falló.



    —¿Así es como funciona? —su brazo rozaba el mío mientras caminábamos fuera de la cafetería. Mi forma y ropa había vuelto a ser la que los mortales comunes podían ver—. Te preparas, apuntas, lanzas y ¡Pum! ¿Se enamoran de lo primero que ven?

    —Algo así —caminó más deprisa que yo y se giró a verme, sus piernas se entrecruzaban a la altura de sus tobillos mientras caminaba de espaldas—. Yo no genero el amor, todos los sentimientos los genera la misma persona, la flecha sólo acentúa tal sentimiento, para que pueda ser llamado amor.

    —¿Sólo le puedes disparar a alguien una vez en toda su vida? —me sorprende la habilidad que tiene para no chocar con la gente.

    —No. Bueno, depende. Hay distintos tipos de amor, una flecha por cada uno, dependiendo de la clase de sentimiento y de lo que las Parcas decidan por él, es el tipo de flecha que le designa el destino. Puedes recibir muchas flechas de distintas fuerzas toda tu vida, pero la más poderosa, la conocida como el Amor de tu vida esa solo se recibe una vez.

    Rebecca enmudeció y su caminata hacia atrás se detuvo. Entrecruzó sus brazos a su espalda y me observó con sus ojos titilantes. Su cabello se movió mientras inclinaba su cabeza hacia la izquierda. Sé que quizá nos hayamos visto cuánto ¿Tres veces?... pero sabía que quería preguntarme algo. ¿Cómo lo sé? Ni idea.

    —¿Tú me has disparado esa flecha a mí?



    ¡Hola!
    Deseo agradecerles a todos por sus lindos comentarios y por el hecho de darse el tiempo de leer mi humilde historia c.
    Este capitulo fue para ustedes c:


     
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    arya

    arya Entusiasta

    Piscis
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    Mi amigo siempre me decía eso XD



    Dejaré que esto hable por mí

    xD
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    ¡Joder! me encanto el cap. ¿Quién en su infancia no se enamoro de alguién mucho mayor que uno? (A mí me pasaba mucho por los 10 años xD)

    ¡Ay Dios, ay Dios, ay Dios! ♡
     
    Última edición: 28 Enero 2017
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    Mavia Loxar

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    Jasjajsjasjajsajsjajs xDD
     
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    Mori

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    Supongo que es hora de dejar comentario por acá, pues ya sabemos que a uno lo pueden flechar montón de veces, ¿por eso dolerá cuando una pareja se separa, porque seria como sacarse la flecha de cupido que ya estaba muy adentro? Uhmmm, hasta ahora no sabemos si Becca tiene un amor en algún lado, aunque supongo que todos sabemos que esta historia esta para un Rebecca x Eros, y si ya la habrá flechado, tal vez se vieron cuando Becca era mas pequeña, bueno, eso se sabrá en el próximo capitulo, si es que responden la pregunta.

    Bueno, espero el próximo capitulo, ¡hasta la luego!
     
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    Mavia Loxar

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    Eres... muy buena sacando conclusiones :o
    Pero un escritos siempre sabe dar vuelta el sistema 7u7
     
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    Hns

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    Aries
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    chan chan! Que interesante eso de los tipos de flechas :O Yo sigo creyendo que Becca no es humana aunque no hayan pruebas jajaja xD y me trastorna la idea de ver a Eros apuntandole con un arco para que se enamoré de él mismo, es como malvado pero es su deber dx
     
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    Meowffin

    Meowffin Líder de Orientadores Soy pobre por mensa ;n;

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    Todo está excelente, excepto "enserio". Debías escribirlo separado "en serio"

    Avísame cuando actualices, por favor. Ésta historia me encantó :)
     
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    Mavia Loxar

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    España-.

    —Wow, mis piernas no paran de temblar ¡Fue increíble, joder! —veo como Becca tambalea un poco al momento que sale de mis brazos, siempre con su fino vocabulario—. Había olvidado el cambio de clima, aquí hace calor.

    Lleva sus manos a los grandes botones de su abrigo amarillo. El recuerdo de nuestro vuelo me impacta e inunda mis pensamientos. Su cabeza cubierta con el casco oculta en el hueco de mi cuello, el gritillo que dio al despegar del suelo, el calor que su cuerpo le daba a mi pecho desnudo, mis brazos firmes alrededor de su cintura, sus piernas aferradas a mi cadera…

    Paso mi mano por mi cabello en un intento de borrar esos recuerdos, por ahora.

    —¿Dónde hay que ir?

    La voz de Rebecca me hizo recordar que no he dicho nada desde que “aterrizamos” en la plaza Cataluña, España. Bajo el abrigo había un simple sweater gris con cuello redondo. Hice aparecer el papel que decía los datos del jodido George Hamilton.

    Ya se te está pegando lo bocazas.

    —La cafetería Hard Rock, está cerca de aquí.

    Caminamos por el lugar, no hay que decir que Becca estaba encantada. Me gustaba verla así, saltando y abriendo los ojos con asombro, se me hacía…, linda.



    El tal George Hamilton resultó ser lo que menos me esperaba. Enserio, llevo milenios en esto. En otras ocasiones siempre estos casos se los asignaban a mamá. Dioses.

    George era un niño. Sí, un niño de no más de 10 años que ahora, gracias a mí y a su destino, se ha encaprichado con su primer amor; una mesera del triple de su edad.

    Al momento de entrar a la cafetería no fue difícil hallarlo, era muy obvio a decir verdad. Me posicioné pocos metros lejos de él. Becca no decía nada, estaba inusualmente callada. El arco apareció entre mis brazos, sus ojos se ampliaron. Mi flecha no falló.



    —¿Así es como funciona? —su brazo rozaba el mío mientras caminábamos fuera de la cafetería. Mi forma y ropa había vuelto a ser la que los mortales comunes podían ver—. Te preparas, apuntas, lanzas y ¡Pum! ¿Se enamoran de lo primero que ven?

    —Algo así —caminó más deprisa que yo y se giró a verme, sus piernas se entrecruzaban a la altura de sus tobillos mientras caminaba de espaldas—. Yo no genero el amor, todos los sentimientos los genera la misma persona, la flecha sólo acentúa tal sentimiento, para que pueda ser llamado amor.

    —¿Sólo le puedes disparar a alguien una vez en toda su vida? —me sorprende la habilidad que tiene para no chocar con la gente.

    —No. Bueno, depende. Hay distintos tipos de amor, una flecha por cada uno, dependiendo de la clase de sentimiento y de lo que las Parcas decidan por él, es el tipo de flecha que le designa el destino. Puedes recibir muchas flechas de distintas fuerzas toda tu vida, pero la más poderosa, la conocida como el Amor de tu vida esa solo se recibe una vez.

    Rebecca enmudeció y su caminata hacia atrás se detuvo. Entrecruzó sus brazos a su espalda y me observó con sus ojos titilantes. Su cabello se movió mientras inclinaba su cabeza hacia la izquierda. Sé que quizá nos hayamos visto cuánto ¿Tres veces?... pero sabía que quería preguntarme algo. ¿Cómo lo sé? Ni idea.

    —¿Tú me has disparado esa flecha a mí?
     
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    A casa -.

    ¿Le he disparado a ella?

    Ciertamente no lo recuerdo. De haberlo hecho antes ella debió haberme visto ¿no?

    La mirada de sus obres verdes no abandonada mi rostro, esperando mi respuesta.

    —Yo…, no lo recuerdo —su mirada cayó al piso, demonios. Sé que me arrepentiría de esto—. Pero puedo averiguarlo.

    Nuestros pasos nos habían traído nuevamente al centro de la plaza.

    Cada humano en el mundo ha recibido alguna flecha, ya sea mía o de mi madre. Las Parcas; los seres que controlan el destino, y el hilo de vida de las personas; llevan un recuento de cada una de estas. Ellas tienen el recuento de las flechas llegadas a Becca. Y por todos los Dioses del Olimpo. Esperaba que su flecha de Amor verdadero aún no esté registrada.

    —¿Enserio? —su voz sonaba esperanzada, ¿por qué de repente esto era tan importante para ella?

    —Sí, pero tendrás que darme unos días —el efusivo movimiento de su cabeza asintiendo llevó una sonrisa a mi cara.

    Extendí mi mano hacia ella, era momento de volver a casa. Volver a Connecticut.

    —¿Nos vamos? —sus pestañas se abatieron en el aire y por unos momentos un sonrojo cubrió sus mejillas.

    Me extendió el casco de su moto. En un movimiento grácil volvió a ponerse su abrigo amarillo. Creo que realmente ama ese color.

    Le entregué el casco y con la misma maestría de antes lo abrochó bajo su barbilla. Mis ojos se cerraron y en menos de una centésima de segundo volvía a sentir el peso de mis alas. Las abrí. Rebecca me veía fascinada.

    Dando un paso hacia mí alzó su mirada. Joder, el recuerdo de nuestro vuelo anterior me golpeó. La idea de tener que repetirlo era indescriptible.

    Su vista estaba fija en mis ojos. Lentamente subió sus manos hasta colocarlas en mis hombros. Mis hombros desnudos. Cuando tomaba mi verdadera forma nada cubría mi torso. Nada.

    Despejando los pensamientos indecorosos de mi mente enredé mis brazos en su cintura y la levanté. Sus piernas se aferraron con fuerza a mi cintura y mis manos bajaron como atraídas por in imán hacia sus caderas. Dioses.

    Un suspiro hizo que mi atención se concentrara en sus labios. Estaban brillosos y entreabiertos. Un halo dorado comenzó a cubrir su cuerpo, nuestros cuerpos. En el primer vuelo había enterrado al instante su cabeza en mi cuello, pero ahora no, ella me observaba tanto como yo a ella.

    Con un abatir rápido mis pies ya no tocaban el suelo. Su cuerpo se apretó con más fuerza al mío. Los mechones cortos que escapaban de su casco se movieron en el aire, lentamente, recostó su cabeza en mi hombro sus labios peligrosamente cerca de mi cuello.

    Una inhalación profunda llenó mis pulmones, acercando más mi pecho hacia ella. El agarre de sus piernas se reforzó.

    —Llévame a casa.

    Y eso es lo que haría.
     
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    Mavia Loxar

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    Arpía-.

    El aire a nuestro alrededor se vuelve más cálido. Bajo la vista a Becca aún aferrada a mi torso. Una pequeña sonrisa tira de mis labios, aunque mi subconsciente se niegue a aceptarlo, me encanta la sensación de su cuerpo contra el mío. Y por primera vez en muchos años, siento el calor desprender de mí. Una ráfaga de fuego naciendo desde mi estómago. Lujuria. Mierda, deseo a una mujer. A una mujer humana. Deseo a Rebecca, con cada parte de mi cuerpo, con cada célula de mi ser.

    Fijo mi vista en el cielo, tratando de olvidar aquel sentimiento tan carnal que parece aferrarse a mi mente. Pequeños números se forman en él. Son coordenadas. Ejerzo un movimiento fugaz para ubicarme en la latitud y longitud correctas. Siento a Becca ejercer más presión a mi cintura y enganchar sus brazos más fuertemente en mis hombros y cuello, sus dedos se enredan en la parte baja de mi nuca y rozan esa zona acariciando levemente el cabello de ese lugar.

    Joder, esta mujer no me la hace fácil.

    Bato mis alas y el halo que antes nos envolvía se fortalece. A una velocidad extraordinaria ya nos encontramos en medio del Atlántico.

    Es ahí cuando lo siento. Es otra presencia, cerca, muy cerca. Otro jodido ser del Olimpo.

    Os advertí, esta chica ya te ha pegado su lenguaje.

    Me detengo y al hacerlo, Becca parece tensarse entre mis brazos. Levanta su cabeza rápidamente de mi hombro y sus obres verdes me enfocan debatiéndose.

    —Hay otro —su voz sale como un susurro. Esta chica cada vez me sorprende más ¿También puede sentirnos?

    Un breve asentimiento de cabeza en lo único que doy como respuesta antes de que una con una fuerza sobrehumana algo se estrelle contra nosotros.

    Giramos en el aire sucumbiendo por un momento al impacto. Eso dio de lleno en mis costillas y en las de Becca y, si a mí me dolía como el demonio, no puedo imaginar cómo ha de estar sintiéndolo ella. Bajo la cabeza buscando su mirada. Sus obres conectan a las mías. Un miedo casi arrollador es lo que sobrepasa al dolor. Mierda.

    Un cabello rubio largo y ondulante al viento se acerca hacia nosotros. Plumosas alas se envainan detrás de sus brazos extendidos al aire, poderosas zarpas que con un solo toque podría desmembrar un cuerpo normal están donde comúnmente hay manos. Brillan a la poca luz del sol. Está anocheciendo.

    Con firmeza tomo a Rebecca bajo sus brazos y atrayéndola a mí esquivo en una elevación hacia la izquierda el segundo intento de la Arpía por golpearnos.

    Al pasar la distingo con más detalle. La desnudez de su cuerpo, la deformación de lo que para un ser humano serían pies y una cola larga, delgada y escurridiza.

    No lo comprendo.

    Las arpías fueron encerradas por los Dioses hace milenios. Un solo berrinche de esa ya casi extinta raza era como perder a un país completo. El caos y la agresividad irracional eran los adjetivos perfectos para ellas. No pueden andar sueltas, el Olimpo las tiene firmemente custodiadas y ocultas de los humanos en lo profundo de la misma montaña Olimpo. Es prácticamente imposible que una saliera de esa clase de encarcelamiento.

    Un segundo intento de embestida la atrajo hacia nosotros, era rápida. Pero esta vez no nos pasó, se quedo allí a pocos metros de nosotros. Ojos completamente oscuros me devolvieron la vista, ni iris, ni pupilas, ni contorno blanquecino. Era como ver la una profunda noche sin estrellas, sin luz, sin vida. Era como ver el final del túnel de luz al que llamaban muerte.

    En un nuevo abatir de alas vi su rostro acercarse, sus brazos por delante, y por consiguiente sus garras. El casi nulo peso de Rebecca se acentuó como una gran preocupación sobre mis hombros, sacando el aire de mis pulmones. Ella estaba por delante, su corazón latiendo a grandes velocidades cubriendo el mío con su propio cuerpo. Demonios.

    No podía defenderme así, no con ella en medio. Una desesperación se acrecentó de lo profundo de mi ser. Los ojos de Rebecca se acrecentaron a los míos. Como si tratara de descifrar los engranajes de mi cabeza. Y yo también trataba de hacerlo.

    Con un zumbido del aire vi como las garras de la mano derecha de la arpía soplaban por ese mismo costado de mi cabeza y hacia abajo. Hacia ella. No podía permitirlo. Me moví hacia la izquierda evitando el toque del filo y, en un giro veloz, propio de un Dios, envolví mis alas a nuestro alrededor de tal forma que al abrirlas nuevamente mi pie envuelto en una bota negra se estrellara, de lleno, contra su columna, mandándola varios metros hacia el frente.

    En algún momento de ese ataque el casco negro de Rebecca había volado por los aires. No perdí el tiempo y verificando con una rápida mirada el estado de la misma volé hacia abajo, hacia el océano. En un intento por perdernos en la neblina marina de la mitad del Atlántico.

    —¿Te encuentras bien? —lo sé, una pregunta estúpida, pero en esos momentos no tenía el tiempo ni la cabeza como para maquinar algo más sensato.

    —Sí —corroboró sus palabras con varios asentimientos de su cabeza—. ¿Eso era una Arp-

    Un nuevo zumbido atravesó el aire a nuestro alrededor cortando sus palabras. Una nueva avalancha de golpes tanto de alas como de sus manos en forma de zarpas nos acrecentó. Y yo sólo podía esquivar, moverme y evitar los daños. No podía seguir así y la mirada que me dieron esos ojos verdes tras una breve brecha de tiempo producido por un precario intento de defensa de mi parte me lo comprobó, Becca también lo sabía.

    Mediante el movimiento de sus labios y un susurro al aire, una idea vio la luz del entendimiento. Y era una estúpida idea.

    Suéltame.

    Con una inhalación de mis pulmones, Becca cayó.








    Maratón 3/3 c:
    Feliz san valentín c:
     
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    Meowffin

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    Algo me dice que Rebecca es una semidiosa de alguna forma, y que fue desterrada del Olimpo... o algo así :)

    Mavi... Me parece, creo, que la palabra «dioses» sólo empieza con mayúscula al iniciar un texto, luego de un punto y las demás reglas del uso de la mayúscula.

    Me encanta tu fic, para mí es diferente. No hay errores, salvo ese detalle que no sé si es correcto. Así que ni se te ocurra abandonarlo, ¿eh?

    Je,je... Espero nuevo capítulo ♥:)
     
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    Hns

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    *O* ese emoticon es el fiel reflejo de mi rostro al terminar el capitulo jajaja no me esperaba esa escena de acción (quizás que Becca fuera una Arpía pero no que apareciera una dx) estuvo muy bien narrado todo!
    Ya veo que al dejar caer Becca esta saque alas y se vaya flotando como una semidios. Y este Eros es un adolescente, esta violando las reglas (si es que las hay) por una mortal a la primera accede averiguar con las parcas sobre su flecha jajaja Me encanta xD
    Una pequeña cosa, hubo una palabra que me confundió un poco. "Acrecentó"; en una oración la usa para referirse a agrandar y en otra como sinónimo de golpear, cuando la harpía los ataca. Me hizo un poco ruido pero eso solamente.

    Espero con ansías el sgte cap.

    Saludos!
     
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  13.  
    Mavia Loxar

    Mavia Loxar Editor Gráfico

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    S U R P R I C E

    ¡Los vengo a hacer sufrir! Peero, no quiero adelantarles nada (? Disfrutad c:


    ~~~~

    Frío-.

    Frío. Eso fue lo primero que sentí cuando me vi a mi misma cayendo de lleno a las heladas aguas del atlántico. Era difícil respirar y sentía como la tela de mis jeans se ajustaba a mis piernas de una manera casi asfixiante, haciendo más difícil el trabajo de mantenerme a flote.

    Pero nada de ello importaba.

    No me importaba que mi cabello sea un desastre, mi casco favorito se haya perdido quién sabe dónde. No me importaba el arruinar mis ropas, el vaho que salía de mi boca en cada respiro, el hecho de que quizá en unos pocos me diera una fuerte hipotermia por el frío que calaba mis huesos hasta el punto que sea horriblemente doloroso y adormecedor. No.

    Nada me importaba mientras veía la lucha por sobre mi cabeza. Eros.


    Eros.



    Escuché el sonido del cuerpo de Rebecca cayendo el océano, pero no tenía tiempo que perder si quería volver pronto con ella. No cuando la arpía se encontraba con su vista fija en lo esperaba, sea ella nadando.

    Las cuencas vacías que tenía por ojos se volvieron hacia mí. Ahora, con el poco sol que aún entibiaba nuestros hombros la pude observar mejor. Pero no tengo la paciencia para describirla ahora.

    No tengo nada contra ti, Dios. Es a ella a quién busco —su voz se filtró por entre mis pensamientos. Una lengua parecida a la de un reptil crepitó hacia su lado superior. Y fue hacia ella.

    Me interpuse en su camino.

    —Eso no sucederá. Ella está conmigo.

    Sentí la energía divina crepitar por el aire. Abrí mis alas, bloqueando de su vista a Rebecca.

    Eso es lo que «él» no quiere.

    Lo que creo fue una sonrisa asomó en sus labios. El aire zumbó a nuestro alrededor. Ya no había espacio para las dudas.

    Con un grito por parte de la Arpía al abalanzarse frente a mí cambié. Y ella sabía lo que significaba. Yo era hijo de Ares, Dios de la Guerra, no todo en mí era amor y corazones entrelazados.

    Mis alas se blindaron en titanio, mi pecho antes desnudo se cubrió en brillante armadura y el calor de la empuñadura de una espada divina quemó en mi mano. Al nada más que el blandir mi espada una vez, su cabeza se desprendió de su cuerpo. Fuego verdoso cubrió su cuerpo, no hubo más que cenizas.

    Con un suspiro me dejé ir, dejé todo ir.


    Rebecca.


    Desde niña fui una chica rara, lo sabía. Los otros niños lo sabían, las madres de esos niños lo sabían, cualquiera que me conocía lo adivinaba aunque sea un poco. Todos menos mi madre. ¿Cómo le explicas a tu progenitora que ves hermosos humanos brillando?; ¿Cómo le explicas que no son simples amigos imaginarios? Oh, claro. No lo haces.

    Yo nunca lo hice. Bueno, nunca lo intenté de nuevo.

    Recuerdo que traté de decirle unas cuantas veces cuando tenía quizá seis años u ocho no sé. La cosa es… que no lo tomó muy bien que digamos.

    Mamá era una buena madre, siempre cuidaba de mí, siempre éramos sólo ella y yo. Peinaba mi cabello, me llevaba a la escuela y jugaba conmigo y mis muñecas… pero siempre que trataba de iniciar una conversación acerca de las extrañas personas que sentía, o veía a veces en el centro de la ciudad y en nuestro pueblo su ceño se fruncía. Me regañaba diciendo que eran mis amigos imaginarios, que ya debía dejar de ver esas cosas o que era un desvarío de mi mente por ver tanta televisión. Durante unos años después, incluso me creí una loca.

    Que aliviada me sentía. Me siento.

    El silbar del aire se detuvo. Hacía varios minutos que no podía ver nada, la neblina marina me lo impedía.

    El sonido de algo duro cayendo a una gran velocidad a unos pocos metros de donde yo estaba me hizo volver conscientemente a la realidad. A la cruda pero extrañamente encantadora realidad en la que estaba en medio de océano Atlántico muriéndome de frío con un sexy Dios Griego sobrevolando los aires en una lucha contra otra criatura mitológica.

    Mis músculos se sentían tiesos al momento de tratar de moverlos y nadar hacia lo que sea que haya caído junto a mí.

    Por favor que no sea la Arpía.

    Sé perfectamente lo estúpido de ese pensamiento, después de todo sólo había dos opciones viables para caer con tal sonido, pero no quería que fuera ella, no sé explicarlo. Aunque tampoco quería que fuera Eros.

    Vi un cuerpo alado flotando inamovible. La noche había caído y la poca iluminación se negaba a hacerme el favor para poder visualizar bien quién había caído.

    Acercándome todo lo que mis adoloridos y duros músculos casi congelados me lo permitían lo vi. Era Eros.
     
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    Noté unos errores de tilde, te comiste dos palabras...
    En escritos, como aquí:
    las cantidades se escriben a modo palabra «seis u ocho años» si es un número compuesto por una unidad o por una decena «sesenta y ocho, seis, ocho, tres, etc»


    Muy corto :( (o yo lo leí muy rápido XP)

    Me encantó el capítulo, todo. Y la parte de la armadura de Eros es fantástica.
    ¿Quién es quien quiere hacerle daño a la chica?
     
  15.  
    Sheccid

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    Hola :3
    Noté aparte de lo que mencionó nanny esto:
    Sería ves.
    La verdad como me bebí el capítulo no presté atención a más faltas ortográficas.
    Los capítulos cortos son fáciles de leer y de ponerte al corriente pero a la vez te dan ganas de leer más XD
    Ahora tengo una pregunta...chachachachan: ¿Te gusta Percy Jackson?
    Es que no sé, como que das sutiles giños al fandom, pero con un estilo único (me gusta tu estilo).
    Me encanta el fic, es gracioso, romántico, todo en uno :3
     
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  16.  
    Mavia Loxar

    Mavia Loxar Editor Gráfico

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    Jjajaja, gracias a ambas, los errores corregidos c:

    Está en mi lista de lentura Por leer. Asi que netamente no los he visto aún. Me ví, eso sí las películas, pero no creo que esp cuente xD

    Gracias por vuestro apoyo y comentar c: <3
     
    • Adorable Adorable x 2
  17.  
    Mavia Loxar

    Mavia Loxar Editor Gráfico

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    Bruma-.

    Un olor familiar y extremadamente dulce me rodeaba. Mis párpados se encontraban pesados y la mullida superficie en la que me encontraba no hacía nada para impedirme no reconocer el lugar en donde estaba.

    Era la casa de mi madre.

    Comencé a abrir y cerrar mis manos, aún podía sentir una pequeña molestia en mi mano derecha, recordé que aquella mano era la que había sujetado la espada divina que mi padre me había dado.

    Me enderecé rápidamente abriendo al fin los ojos e inhalando profundamente la fragancia impregnada en la alcoba. Un dolor taladrante me golpeó en el costado. Una venta reposaba allí. Grácilmente me deslicé por la cama hasta que mis pies tocaron en suelo afelpado.

    Una Arpía nos había atacado, Rebecca estaba en el océano, invoqué las armaduras y me desvanecí. Los recuerdos no pararon de llegar hasta el punto que no sabía más. Pregunta tras pregunta les siguieron. ¿Qué había sucedido?; ¿Cómo demonios había llegado aquí? Y la más importante de todas me golpeó como un balde de agua fría ¿Dónde estaba Rebecca?

    La puerta se abrió y la despampanante figura de mi madre apareció. Semi desnuda.

    —Oh, mi cielo. ¿Cómo te encuentras? —nada más que una bata de seda transparente cubría su cuerpo, dejando a la vista todo lo que la caracterizaba como una mujer al descubierto. Risos a borbotones caían desde su cabeza justo hasta el final de donde la espalda cambia de nombre—. Te goleaste muy feo ¿eh? Mi dulce Eros, te desmayaste a tal punto que tuve que ir a recogerte. ¿Me puedes explicar por qué invocaste la armadura de Dios en medio de un océano? ¿A qué estabas jugando?

    Su mano viajó a mi mejilla acariciándola. Mi ceño se frunció en contestación, definitivamente aún estaba algo ido.

    —La chica —las palabras raspaban mi garganta dolorosamente, pero no planeaba detenerme—. Había una chica conmigo.

    —¿Te refieres a una humana? No había nadie allí más que tú.

    Con la mano en mi costado sentí como todo mi cuerpo se tensaba. Al parecer mamá no quería decir más.

    —Sí, si lo había. ¿Dónde está? —caminó por enfrente de mi hasta su tocador, y tomando un cepillo comenzó a peinar las puntas de su cabello totalmente exenta al caos en mi mente—. Afrodita, ¿Dónde está la chica que estaba conmigo?

    Mi voz sonaba dura mientras un sentimiento extraño me recorría. El nombre de Becca no paraba de rondar por mi mente.

    —Te dije que no había nadie más. Y si lo hubiera debe haber muerto, por supuesto.

    No. No, no no.

    El aire abandonó mis pulmones. Una ira monumental crecía en mi interior transformándose en calor irracional. Eso no podía ser cierto, Becca no estaba muerta, yo la vi, estaba sana y salva antes de caer de mis brazos. Miré a mi madre con incredulidad, hasta dónde yo recordaba Rebecca sólo había caído al agua, nada más. No hay posibilidades de que esa afirmación dicha con tanta desgana y confusión fuera cierta.

    Pero Eros, tú jamás la viste nadando.

    El anterior calor creciente en mi desapareció tan rápido como había llegado. El golpe de mi subconsciente terminó por despertarme haciéndome creer, por un momento, en esta rara realidad. En esta absurda realidad. Miedo calaba mis sistemas y los anteriores dolores de mi mano y mi costado cosquillearon. Es cierto, ella había recibido un golpe casi directo al igual que yo… nunca la vi nadar, tampoco escuché chapoteos en el agua por estar más concentrado en exterminar lo que yo creía que era nuestro mayor peligro, la Arpía.

    Todo fue negrura y brumas otra vez.
     
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  18.  
    Euphorbia

    Euphorbia Iniciado

    Libra
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    Me quedo por tu fic, me parece muy original!!! Y me gusta mucho, siempre me ha gustado la mitología y este relato me parece muy fresco. ¡No lo dejes! Y sigue deleitándonos con tus palabras :)
     
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  19.  
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    Aries
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    Ayayai estoy seguro que Becca es mitad dios o algo por el estilo D: que ganas de saberlo, por cierto esta todo muy bien escrito como siempre. Con este final me da por imaginar que Afrodita debe estar al tanto de todo desde el principio y solo se está haciendo la desentendida para proteger a Eros de algo ( o de Becca </3)

    Estaré mas atento para el sgte cap
    Saludos!
     
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  20.  
    Mavia Loxar

    Mavia Loxar Editor Gráfico

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    Incertidumbre.-

    Quiero nadar y mis piernas ya no me responden, mi cabello se ha escarchado mientras aún flota indolente sobre el océano. Moriré. Todos los factores me están diciendo que moriré.

    La herida en mi costado me arde como el infierno, a pesar de las poco cálidas aguas que la rodean. Perdí mi abrigo, y el sweater es un desastre.

    El castañear de mis dientes me hace detenerme y volver a flotar. Nada conseguiré nadando, no siento mis dedos, mi cabeza me duele y los ojos se me llenan de lágrimas. Eros se ha ido y no pude hacer nada para impedirlo.

    Había nadado hacia él, estuve a su lado, inútilmente saqué mi abrigo para cubrir la fea mancha lívida de su costado cuando otra de esos Dioses apareció y se lo llevó como si nada, sólo desaparecieron dejándome a la deriva. Y si, mi abrigo se fue con ellos.

    Cierro los ojos para tratar de recordar mejor su rostro, pero me es imposible. Lo único que se me viene a la mente es su silueta desnuda y sólo cubierta por un velo transparente. Que autoestima tienen, en serio, los envidio.

    Una ola mece mi cuerpo y me obliga a abrir mis ojos y toser como desquiciada, me ha entrado agua a la nariz. Lo que me faltaba.

    Suspiro entrecortadamente, quiero calor. No quiero morirme. No aquí, no sola y, sobre todo, no sin saber qué ha pasado con Eros.

    Digamos que no tengo muchas personas que me esperen en casa. Mamá murió. No tengo memorias de quién era mi abuela o algún pariente más cercano… ni lejano. Ni amigas cercanas con las cuales hablar hasta la madrugada en Whatsapp.

    Whatsapp. Mi celular estaba en ese abrigo, genial. Aunque… de todos modos no podía hacer mucho, debe estar más que ahogado y, ahora, desaparecido. Tendré que comprarme uno nuevo. ¿Los viajes en aero-dios tendrán seguro anti Arpías al cual reclamar mi celular?

    Tengo que dejar de divagar.

    Mi cabeza se hunde involuntariamente. Y el peso de la consciencia me hace ver que realmente moriré sola. Y lloro. Lloro tratando de mantenerme a flote mientras siento el peso de las dudas arrastrarme hasta el fondo del océano.

    Esperen… en verdad algo me está arrastrando por el océano.

    Giro lentamente con las pocas fuerzas que me quedan mi rostro hacia la dirección en que siento que algo me está tirando. Es algo azul. Me gusta el Azul. Los ojos de Eros son azules.

    Eros.-

    Siento que algo aplasta mi pecho. Me hunde. Me asfixia.

    Abro los ojos exaltado, pero sin mover ningún músculo. Me siento. Aún estoy en la cama de mi madre, con vendas en un costado que ya casi no duele, y un tumulto de pensamientos y sentimientos guiándome a una sola persona. A unos únicos ojos.

    ¿Ella realmente se perdió en el océano? ¿Ella realmente murió?

    Debo cerciorarme por mis propios medios.

    Me bajo de la cama y camino por estos pasillos que a lo largo de los años he aprendido a memorizar. Afrodita se cruza en mi camino y creo que me dice algo pero en la centralización que siento en mi mente no puedo recordarlo, no ahora. Llego a la ventana más próxima y sin importarme nada sólo me dejo caer. Si hay algo que no soporto es la incertidumbre. Y Becca me está provocando muchas.

    Las alas se materializan sin la necesidad de ordenárselo y me guían al lugar donde sé que todo conoceré.

    La torre de las parcas deja mucho que desear.

    A pesar de todos los años que llevamos existiendo en el mundo y la tierra ellas siguen en una roñosa torre de roca llena de todos los musgos conocidos y por conocer. Es el segundo lugar más alto de la tierra de los Dioses después del Olimpo. Parece de tiempos vikingos o victoriales, no sé. La roca gris está tallada a mano en ciertas partes con símbolos y a pesar de su gran altura, todas las parcas viven en el mismo nivel. El primero.

    Mis pies vuelven a tocar el suelo. Toco la puerta y una joven aprendiz de éste arte me abre la puerta. Lleva el abrigo amarillo chillón de Becca en sus manos.
     
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