One-shot Crayones en la arena

Tema en 'Vocaloid' iniciado por Ruki V, 25 Julio 2018.

  1.  
    Ruki V

    Ruki V Usuario común

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    Escritora
    Título:
    Crayones en la arena
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    Para todas las edades
    Género:
    Amistad
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1931
    Tuve una semana bastante estupenda.

    Al principio, un par de meses atrás, me asustaba un poco la idea de viajar a un lugar nuevo. Pero definitivamente terminó siendo una gran idea la de por fin visitar a mis tíos, quienes viven en una playa fuera del país. Tienen un departamento asombroso con una vista increíble al mar, y conocen los mejores sitios para comer y pasar el rato.

    —Gumi, es el último día: ¿no vas a nadar en el mar?— me preguntó mi padre mientras empaco mi bolsa de playa con un libro para colorear nuevo y una caja de colores de cera nuevos también.

    —Creo que solo me empaparé del sonido de las olas, la frescura de la brisa, la sensación de la arena en mis pies…— dije y sonríe satisfecho. Mi padre y yo somos grandes fanáticos de la playa.

    —Todo a la sombra ¿verdad? ¿Es porque ya te has quemado demasiado?

    —La piel bronceada no le va bien al cabello y ojos verdes— dije, señalándolo.

    —¡A mí se me ve bien!— replicó y se alejó con una pequeña risa.

    Mi padre no parece temerle mucho al sol. Y mi madre, por otro lado, tiene la piel muy sensible y predispuesta a manchas cuando se asolea demasiado. Pero también disfruta de la vista desde el departamento, además del aire acondicionado dentro del departamento.

    Mientras ella se encargaba de entablar conversación con mis tíos, cuyos hijos tenían ya bastante más que 19 años (que es mi edad) y ya vivían fuera de casa, yo hice amistad con un par de chicas que vivían en el mismo edificio. Las conocí en la piscina del mismo.

    Tienen la misma edad que yo y se conocen desde niñas, pues son vecinas. Me extraña un poco lo inseparables que son, pues son sumamente diferentes. Una de ellas se llama Luka: tiene largo cabello color rosa pastel y ojos de un azul como lo profundo del mar. Se le ve algo reservada; de las que prefiere leer un libro en vez de ver una película, o caminar por la playa en vez de salir a algún lado a bailar. La otra chica se llama Rin: su cabello es corto, color rubio sol, y sus ojos son más del azul claro que se ve a las orillas del mar. Es de una personalidad más viva; juega volleyball en la playa y le gusta conducir motos acuáticas.

    El contraste de sus personalidades es encantador, y dijeron haber encontrado divertido que yo esté en un punto medio. Me gusta nadar, hacer castillos de arena, conversar en la tranquilidad de una sala de estar y cocinar para desestresarme. No nos tomó mucho llevarnos bien.

    Durante la semana, las tres nos relajamos en las suaves olas del mar, a ratos íbamos a la piscina, a veces nos sentábamos a la sombra enterrando los pies en la arena. Un día, salimos de compras a una plaza a la que podíamos llegar caminando. Cenamos en un pequeño restaurante y vimos fuegos artificiales cuando anocheció, antes de volver a los departamentos. Hablamos de nuestras escuelas, de parientes que viven en otros lugares, de chicos (por sugerencia de Rin más que nada). La semana pasó demasiado rápido con ellas.

    —Gumi, ¿le entendí mal a tu papá o no vas a nadar hoy?

    —No, mamá. Voy a colorear: mi tío dijo que podía llevarme una mesita plegable a la playa.

    —Oh ¿en serio? ¿Qué hay de Luka y Rin?

    —Tenían un compromiso para desayunar con otra amiga suya: tal vez las vea más tarde.

    —Bien… ¡Ponte bloqueador de todos modos!

    Asentí. Una vez que hice como mi madre me pidió, tomé mi bolsa y la mesita plegable y bajé a la playa. Dejé mis sandalias al pie de las escaleras que conectaban el edificio con la arena y caminé hasta el techo plegable de mi tío. Ya había tres sillas colocadas bajo este, por si mis padres bajaban a la playa. Mis tíos, que vivían ahí, no se sentían atraídos a bajar todos los días.

    Tomé una de las sillas como mía por el resto de la tarde y desplegué la mesita frente a mí al sentarme. Después, saqué mi libro de colorear y los colores de cera, dejándolos sobre la mesa. El libro de colorear está lleno de mandalas (sí, me gustan esa clase de cosas) y mi caja estaba llena con veinticuatro colores de cera.

    Observé el mar un momento, instantáneamente relajada por la vista, el olor, el sonido del océano. Abrí la caja de colores y los miré pensativa, planteándome las posibles combinaciones con las que podría pintar la primera página.

    Terminé por decidirme en inspirarme por mi alrededor. Tres tonos de azul, café, beige y blanco. Me tomó media hora colorear una página. Era temprano todavía. Escogí entonces algunos de mis colores favoritos: dos tonos de verde, dos tonos de naranja, dos tonos de rojo. Otra media hora. El tiempo se pasa rápido cuando estás tan entretenida y relajada. Estaba a mitad de una página solo de tonos morados cuando escuché una voz aguda a mi espalda.

    —¡Gumi~!

    Era la voz de Rin. Me volteé en mi silla y sonreí, saludándolas con la mano al verlas llegar a ella y a Luka. Parecía ser que ya hacía rato volvieron de su desayuno, pues estaban vestidas con sus trajes de baño.

    Luka usaba un precioso traje de baño de una pieza color café con costuras doradas, junto con un pareo de un café más claro. Los colores muy oscuros le sentaban de maravilla, mientras Rin prefería colores más vivos. Ella usaba un traje de dos piezas; la inferior de color naranja y la superior de color blanco con líneas verticales naranjas también. Usaba además un prendedor rojo para recoger su flequillo. Las dos se veían bellísimas.

    Ya veía venir el “regaño”.

    —¿Eeeeeeh? ¡Gumi! ¿Por qué no estás usando traje de baño?— me preguntó Rin una vez que llegaron hasta mi silla.

    —Ya estoy bastante bronceada, Rin: no me siento cómoda con la idea de exponerme más al sol.

    —¿Esas son mandalas?— decide interrumpir Luka, dirigiendo su atención hacia mi libro.

    —Ah, sí. Decidí que sería buena idea ponerme a pintar frente al mar.

    —Me encantan los colores de cera…— dice Rin, genuinamente, mientras inspecciona mis colores.

    —Hace mucho no compraba unos. Me había acostumbrado a los de madera.

    —¿No es un poco más difícil pintar detalles pequeños?— pregunta Luka.

    —No me parece muy diferente: pienso que más adelante podría afilar las puntas con tijeras.

    —También venden sacapuntas para cera, de hecho— dice Rin, que de hecho gusta de hacer muchas manualidades.

    —Los buscaré. ¿Qué tal su desayuno?

    —La cumpleañera no nos dejó pagar la cuenta— dice Luka poniendo los ojos en blanco. Rin se ríe.

    —Ya conoces a Miku, como es de orgullosa— dice la rubia.

    Les dije que podían sentarse en las sillas desocupadas y nos quedamos charlando. Terminé la página que estaba coloreando y pasé a la siguiente incluso mientras conversábamos. Mientras no perdiera el hilo de la conversación y recordara establecer contacto visual, supongo que a las chicas no les importó que yo siguiera, en parte, en lo mío. En parte también, Rin siempre tiene mucho para decir.

    Rin es de esas chicas que empieza con un tema de conversación y abracará todo lo que tenga que decir al respecto antes de que se le olvide. En ese momento que mencionó a Miku, por ejemplo, empezó a hablar de cómo iba vestida, las cosas aburridas que les contó, las cosas interesantes también, que si jugaba con su comida, que si coqueteaba con un mesero. A veces se detenía para aclarar que no estaba precisamente criticándola; que la quería mucho. Le creo.

    Mientras Rin hablaba, y Luka intervenía de vez en vez (igual que yo), pinté una página inspirada en la rubia. Usé amarillo, celeste, naranja, blanco y rojo. Terminé y pasé página sin decir nada. No estaban poniendo atención a qué o cómo estuviera pintando realmente.

    Luka, entonces, se acordó de un libro que había terminado de leer la noche anterior. Rin le dijo con pereza que ya había hablado de eso en el desayuno, pero por supuesto que yo quería escuchar cómo había terminado. Aunque era un libro que hubiera leído yo misma, Luka hablaba con tanta pasión de los libros que leía que no me molestaba oírla resumir la historia con el lujo de detalles que creyera necesarios. Rin solo fingía que le parecía aburrido, yo lo sé.

    Se me ocurrió que también podría pintar una página inspirándome en Luka mientras hablaba. Sin duda tenía que utilizar rosa pastel, azul oscuro, café, dorado y… ya no me quedaba mucho del color beige, así que lo sustituí con negro. Me pareció apropiado. Terminé y cerré el libro.

    Decididamente, era mi turno de parlotear sobre algo que conociera bien. Empecé a platicarles de un programa de cocina que me había quedado viendo antes de dormir. Era de hecho un episodio especial sobre botanas saladas y dulces a base de vegetales. De hecho estaba pensando en pedir a mi tío permiso para prepararles algo en la cena de esa noche, como muestra de agradecimiento por invitarnos a aquellas vacaciones.

    Las chicas me escuchaban con mucha atención y preguntaban sobre cómo tenían sentido las recetas que les estaba explicando. Tenía amistades muy buenas en casa, pero apreciaba ser escuchada tan atentamente de esa manera. Esperaba que ellas sintiesen lo mismo, pese a que me entretuve coloreando mientras platicábamos.

    Más tarde, me dio hambre y ambas se ofrecieron a llevarme a un local que vendía sándwiches y ensaladas a una cuadra de los departamentos.

    —Pero deberíamos ir a ponernos algo de ropa encima— dijo Luka mirando a Rin.

    —¿No puedo solo ponerme mi vestido arriba del traje?— preguntó Rin con ojos de perrito.

    —Eso y nada es casi lo mismo, Rin— dije yo y me reí.

    Al final arrastramos a Rin al departamento a ponerse un short y una playera sobre su traje. Ruka hizo lo mismo. Yo fui a dejar mi libro y mis colores de vuelta al departamento, y de paso avisé que me iba con las chicas, tomando dinero de mi cartera.

    Se me ocurrió, antes de salir, arrancar del libro las páginas que había pintado pensando en Rin y Luka.

    Antes de bajar de nuestro piso (pues las tres estábamos en el mismo), les di el suyo a cada una. Lo aceptaron con mucho gusto y decidieron irlo a guardar antes de que partiéramos.

    Una vez en el pequeño local de comida, decidimos gastarnos la mayor parte de la tarde ahí. Había aire fresco, buenas bebidas, ricas botanas, y realmente no queríamos que acabara. Sobre todo yo.

    —Chicas, ya son las cinco y media…— les dije con una sonrisa triste.

    —Ow, es verdad; vas a ayudar con la cena ¿cierto?— suspiró Rin.

    —Quiero probar una de las recetas que les dije.

    —Bien, no te preocupes: el día tenía que llegar a su fin en algún momento— dijo Luka.

    Caminamos lo más lento que pudimos en el regreso a los departamentos; hasta usamos las escaleras para llegar a nuestro piso. Claro que ya habíamos intercambiado números telefónicos y redes sociales, pero nos habíamos llevado tan bien. Era lógico que no quisiéramos despedirnos.

    Pero claro, tuvimos qué.

    Las dos esperaron a que yo entrara a mi departamento antes de volver a los suyos. Poco después ya estaban enviándome mensajes y no pude evitar sonreírme mientras empezaba a ayudar en la cocina.

    Todavía no me iba del todo pero ya estaba pensando en la posibilidad de volver el siguiente verano.
     

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