Colores

Tema en 'Relatos' iniciado por Marina, 12 Noviembre 2014.

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    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

    Tauro
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    Colores
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    Este escrito es para la actividad: ¡Libertad para todos!

    Colores

    Con mano temblorosa, introdujo la llave en la cerradura dominando el impulso de llorar. Abrió la puerta y la empujó con lentitud notando más que nunca que en el interior, la penumbra y la frialdad reinaban a pesar de que en el exterior el sol lucía sus imponentes rayos, cálidos y luminosos, ansiosos por penetrar las gruesas cortinas en café oscuro que cubrían las varias ventanas que la casa tenía.

    Caminó en la opacidad con paso sigiloso hacia la sala, luego se dio cuenta que ya no tenía por qué temer despertarla, pues era cuando su madre dormía que podía descansar de su sufrimiento, así que siempre procuraba andar en silencio por la casa cuidando de no interrumpir su sueño, pero la mujer que le dio la vida ya no estaba ahí. Finalmente el sueño eterno se había compadecido de ella liberándola de su tormento y ahora yacía en lo que sería su morada desde ese día en adelante; para siempre, sin embargo la costumbre se había arraigado en su persona y continuó sin hacer el menor ruido.

    Se detuvo en el umbral de la sala y miró el cómodo sillón que solía contenerla por varias horas durante el día. Un sillón especial hecho para su madre con el fin de ayudarla a mitigar los dolores que su parálisis le producía, mas la realidad era que no hubo nada, ni medicamentos ni las mayores comodidades que la ayudaran, y sufrió durante cinco largos años esa enfermedad conocida como degeneración espinocerebral.

    Suspiró sintiendo que el llanto luchaba por hacerse visible, pero siguió reprimiéndolo, no obstante, no pudo suprimir las diversas emociones que teñían su alma dándole los matices gris, blanco y negro.

    Como si se tratase de un arcoíris formado con los sentimientos que se anidaban en su ser sobresaliendo esos colores, porque el gris podía ser ese sentir de dolor, de pérdida, de añoranza y de tristeza que la ausencia de su madre le producía , pues no volvería a ver a esa amada mujer que durante cinco años la privó de su propia libertad atándola a ella día y noche para proporcionarle los cuidados que necesitaba y no le importó sacrificar su propia independencia para cuidarla con todo su amor hasta el fin, pero había también otras emociones diferentes, aquellas que entraban en el matiz blanco, ya que la sensación de alivio, de una cierta clase de alegría, de paz, de sosiego y sobre todo de liberación, se mezclaban con las anteriores y estas eran lo que traían el color negro, porque se sentía vil, despiadada, culpable, mal agradecida con su progenitora por sentir el descanso que su muerte le daba.

    Un fuerte sollozo se abrió en su garganta y brotó interrumpiendo el profundo silencio. Fue entonces que cayó de rodillas y llevándose las manos al rostro, se postró pecho al suelo exclamando con voz atormentada en medio de un riguroso llanto que ya no pudo seguir soportando.

    —¡Mamá! Perdóname por sentir este alivio. Perdóname porque me alegra saber que ya no sufres, que finalmente has sido liberada de tu sufrimiento. Perdóname porque a pesar de que voy a extrañarte mucho, pues te amo y siempre te amaré, me siento libre al no verte sufrir más.

    Levantó su rostro y miró ahora la silla de ruedas que le había servido para transportar a su madre por la casa recordando que de allí la habían tomado los paramédicos para llevársela al hospital en donde perdió su batalla final contra la muerte. Se puso de pie, las lágrimas derramándose sin control. Se acercó a la silla, acarició el respaldo y murmuró:

    —Mamá, la muerte te ha hecho libre, las ataduras del sufrimiento han sido cortadas, descansa en paz.

    Se secó las lágrimas con el dorso de la mano derecha, aunque estas siguieron brotando. Su mirada recorrió el entorno, luego fue hasta una de las ventanas, la más grande y levantó las cortinas permitiendo que los rayos del sol entraran a través del cristal. Pudo sentir su calidez mientras miraba ahora afuera. Los pájaros cantaban sobre las ramas de los árboles que había en el jardín y las diversas flores lucían hermosas en sus magníficos colores.

    —Yo también soy ahora libre, mamá. Ambas somos libres por fin —susurró admirando aquellos colores del jardín; rosa, morado, azul, rojo, verde, café amarillo y anaranjado.

    En medio del llanto sonrió un poco al darse cuenta que con el tiempo, su arcoíris emocional se pintaría también con otros tonos cuando se acostumbrara totalmente a su recién adquirida libertad, entonces el gris y el negro pasarían a ser solo una sombra lejana y con esos otros colores, vendría sin duda la felicidad.
     
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    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

    Libra
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    ¡Qué bonito, Master! No me daba una idea de qué tema abordarías con esto de la libertad y el símil que has hecho acerca de los colores del arcoíris me encantó *u* Supongo que en parte puedo comprender el sufrimiento que la protagonista debió sentir, no solo por la pérdida de su madre tal cual, sino porque ella misma sentía que lo que quizás era una carga fue quitada de sus hombros, otorgándole alivio, libertad. También concuerdo en que no deban tomarse las cosas tan a pecho. Digo, como se recomienda hacer en la mayoría de las malas situaciones, es mejor ver el lado positivo de las cosas y en este caso, la nueva libertad de la protagonista es lo positivo del asunto, así que me alegra que se diera cuenta que su sentir no era malo.
    Lo que sí, es que creo que uno puede acostumbrarse a la esclavitud, de algún modo... Eh, se hace rutina, por lo que, no sé, a veces ni siquiera la puedes considerar esclavitud. Claro que es como yo pienso y yo y la rutina nos llevamos muy bien así bueno. Lindo escrito. Sin más que decir, me despido y te cuidas. Te quello.

    Hasta otra.
     
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  3.  
    DegelDKG

    DegelDKG Entusiasta

    Piscis
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    Escritora
    Me ha encantado ¿De dónde sacaste toda esa inspiración? Porqué si he de decir algo, es un sentimiento original y perfecto cómo tú lo describiste, me recordó a mi abuelo y a un amigo. Sentí eso, tal cual…y si cuando hay un enfermo necesitas descansar tú y el, aunqu a veces somos egoístas y no lo dejamos ir… Gracias por tan bello escrito.
     
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