Club de cocina

Tema en 'Primera planta' iniciado por Yugen, 16 Abril 2020.

  1.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    La sala habilitada para el club de cocina. Cuenta con hornillas, horno y todo tipo de utensilios para cocinar. Es una sala amplia y bien iluminada.

    Suele estar cerrada con llave durante los recesos, con la misma en posesión del presidente del club.

    [​IMG]

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    Última edición por un moderador: 28 Septiembre 2023
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    shiori (1).png

    Para cuando se dio cuenta, el receso había terminado.
    Se levantó despacio, le regresó a Hiroki la caja del bento y la chaqueta, no sin agradecerle una vez más.

    El frío había casi desaparecido por completo, pero no el sopor que le había causado la lluvia y el torpe cachorro.
    Apenas había logrado forzarse a atender a la clase algunos minutos, al final cabeceó como Watanabe y acabó dormida sobre el pupitre. No le había pasado antes.

    Dios, era un desastre.

    Y hubiera dormido incluso más a gusto de haber tenido a Hiroki al lado todavía, para robarle calor.
    El fin de las clases la trajo de regreso al mundo de golpe, atontada aún se levantó, tomó sus cosas y se dirigió al club de cocina.

    A través de los cristales notó que la lluvia se había detenido por fin, dando paso a unos tímidos rayos de sol.

    Ya no importaba Honda, no importaba nada. Como si aparecía Katrina para soltarte una sarta de groserías u Honda decía alguna mierda.
    Nada importaba, porque gran parte de sus emociones habían sido lavadas por las últimas gotas de lluvia entre sus sueños y el calor ajeno.
    Sin embargo, era cierto que si la princesa volvía a pisar el terreno minado…

    Entró a la cocina y dejó las cosas en una esquina.

    ¿Algo en especial que hacer el primer día? No.
    De hecho, sentía que seguramente todo el mundo estaría deseoso de largarse pronto a casa, luego de la terrible lluvia.

    Honda Mimiko.

    Watanabe Nagi.

    Y ella.

    Era una triada extraña, bastante jodida si lo pensaba, pero si el club había abierto es porque había otras dos personas, mínimo.
    Lo bueno sería, a lo mucho, intentar hacer algo sencillo que pudieran llevarse consigo sin mucha dificultad, conocerse (sin matarse en el proceso) y luego todo el mundo a casa.

    Ya se verían el jueves, con un día de diferencia esperaba que los ánimos de todo el mundo se hubiesen regulado.
    No creía poder sincronizarse con tantas personas a la vez. Una cosa eran Hiroki y Watanabe, separados, otra era Honda y dos desconocidos, juntos.

    Y era probable que nunca pudiese igualar su canto al de la rubia de por sí. Incluso si encontraba la grieta en su máscara, iba a enfrentarse a ella con garras y dientes con tal de no dejarla entrar.

    Qué decepción.

    Suspiró, se sacó una liga del bolsillo de la falda y se ató el cabello en una coleta alta, para luego tomar un banco y sentarse a esperar, con la vista clavada en la ventana.


    alguien dijo drama? bc jokes on you, me quedó way too soft esta mujer
     
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Mimi Honda

    Si tenía que ser honesta lo último que me apetecía hacer en aquellos momentos era asistir al club de cocina. No quería problemas con Kurosawa después del día nefasto que había tenido. Además, seguro hacía el ridículo. Ni siquiera sabía como funcionaba un jodido microondas. Esa clase de cuestiones, todo lo relacionado a labores domésticas, corría a cargo del servicio. Si bien me tentaba la idea de ser más independiente, el solo pensamiento de humillarme frente a Shiori Kurosawa me hervía la sangre en las venas. Iba a ser extremadamente difícil mantener la promesa que le hice a Emily.

    Después de pasar un rato juntas en la enfermería nos separamos y nos dirigimos a nuestras respectivas aulas.

    Tendía a observar la lluvia desde la ventana, aburrida, con la mano apoyada en la mejilla y el codo flexionado sobre la mesa. La voz del profesor apenas se imponía por encima del sonido de la lluvia. Aika. Liza. Algo se me escapaba. Era consciente que se guardaban cosas y tenían todo el derecho a hacerlo. Yo tampoco era conocida por ser la persona más honesta del mundo. No me gustaba serlo. Solo determinadas personas seleccionadas de forma cuidadosa se habían ganado el privilegio de ver mi verdadero ser, mi lado más honesto. Y sin embargo...

    Dios.

    En cualquier caso, entre una cosa y otra no me enteré de nada de las explicaciones del profesor. Me dio igual si había tareas. Una vez las clases terminaron me apresuré a recoger mis cosas en silencio, mandarle un mensaje a Emily para avisarle de que me adelantaría hasta el club y dirigirme hacia allí.

    No sé qué esperaba encontrar. Una sala solitaria, iluminada por la luz anaranjada del ocaso.

    Ni siquiera llamé. Giré el picaporte intuyendo que era demasiado pronto para que hubiese nadie a parte de mí. Lógicamente me equivoqué. Cuando mis ojos se encontraron con la alta figura y los ojos color atardecer me paralicé. Enarqué ambas cejas. Traté de decir algo. De olvidar todo el resquemor que su sola presencia me causaba y saludarla al menos. Algo joder. Lo que fuese.

    Nada salió.

    Jugueteé distraídamente con un mechón de cabello mientras dirigía la mirada a los distintos utensilios dispuestos en la pared. Parecían instrumentos medievales de tortura. En cierta forma aquella situación encajaba bien con el contexto. Era incómodo y tenso. ¿Por qué había tenido que adelantarme?

    Ahora debía sacar conversación de dónde no la había para fingir que me agradaba todo eso.

    —Entonces... ¿presidenta?—solté una risa irónica, vacía— ¿en serio?

    ¿No buscar problemas con Kurosawa?

    No tenía idea de cómo no hacerlo.
     
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    Kaisa Morinachi

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    Nagi Watanabe edición hecha por Liza.png

    Se consumió ese primer tomo de manera casi inmediata, se había sumergido totalmente en la lectura y los dibujos encontrados en la revista. Al levantarse del asiento, para ir a buscar el siguiente tomo, se percató que había olvidado completamente que estaba con Shirai , cosa que le hizo sentirse algo avergonzada de haberse inmerso tanto en la lectura. De esa forma, cuando volvió de ir a buscar el siguiente tomo, le dirigió de vez en cuando una vista de reojo a su acompañante para así cerciorarse de que no estaba durmiéndose del aburrimiento. Cuando sonó el timbre, que indicaban las vuelta a clase, le sorprendió lo increíblemente rápido que pasó el tiempo en la biblioteca, seguramente por lo divertido que se le hizo leer: definitivamente disfrutaba de ese hobby.

    —Ya han tocado, yo me devuelvo a clases —. Le dijo a Shirai, sintiéndose algo estúpida por la obviedad de sus palabras. No esperó respuesta para ir a dejar el tomo en su lugar correspondiente y se dispuso a salir de la biblioteca.

    Y aunque no lo exteriorizó, si agradecía que el chico la hubiera acompañado en el recreo, pues, a pesar de que a veces fue incomodo, si le ayudó a distraerse de los pensamientos incordiosos que traía desde la mañana.

    Así, el último periodo de clases la pasó prestando atención a medias, ya sea por desconcentrarse dormitando o pillarse a ella misma mirando de reojo a su compañero de curso en vez de la pizarra.

    Se arrepentía un poco de haberse marchado de la biblioteca sin esperarle, por lo que; para dejar de sentir culpa por sus acciones huidizas, hizo el simple gesto de despedirse como correspondía "Nos vemos mañana" Le había dicho a Shirai de una manera veloz cuando ya había ordenado sus cosas, no esperó respuesta de él para marcharse de inmediato al salón de su club.



    Dio un suspiro pesado al encontrarse delante de la puerta del club, recordando el fracaso que habían sido sus panqueques. El ideal era habérselos mostrado a Kurosawa, pero al final el mejor desenlace fue que terminaran en el basurero ¿Qué expresión habría puesto su senpai al verlos? Ella misma odiaba como habían resultado, pero por algún motivo era incapaz de imaginarse a Shiori haciéndole sentir mal por haber fallado en la receta ¡Vamos! Que no importaba cuanto hubiera errado en los ejercicios de tutoria, Kurosawa nunca le hizo sentir como una tonta, creía que algo similar hubiera ocurrido con los panqueques si los hubiera llegado a ver.

    Menos nerviosa que antes, Watanabe abrió la puerta. Sintió un escalofrío al ver a Honda ya en el lugar ¿Había estado conversando con Shiori? Dejó escapar el aire por su nariz. En verdad la presencia de la rubia era notable, le seguía atemorizando, pero no podía ignorarla.

    —Ho-hola, Honda senpai —. Hizo una pequeña reverencia dirigida a la rubia, para después acercarse a Shiori tras haber dejado su bolso en alguna silla de por ahí.

    >>Un gusto verla senpai —. Al dirigirse a Kurosawa sonrió, no por cortesía, pues en realidad; no había más motivo tras aquella sonrisa que no fuera la genuina alegría de poder compartir tiempo con ella. Al percatarse de su propio gesto los nervios la invadieron de nuevo, dirigiendo la vista suelo — ¿Va-vamos ha hacer algo, no? — Pasó saliva —Aich, obvio que vamos a hacer algo—murmulló, más para sí misma.
     
    Última edición: 12 Mayo 2020
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    Pasos.
    Livianos, amortiguados como los de Katrina. Era como si todas las niñas ricas tuvieran la misma manera de caminar. No despegó la vista de la ventana, no porque le molestara directamente tener que mirarla, en realidad le daba lo mismo, pero luego de la lluvia siempre era bueno ver el sol.

    Sus palabras fueron las que la obligaron a mirarla.

    Presidenta.

    No había rastro alguno de burla en sus ojos naranja ni de resentimiento por el día anterior, de hecho, sus facciones eran considerablemente más suaves. Pudo haberle sonreído, pero no se le apetecía.
    Seguía intentando levantar la muralla que había derribado, como si no tuviese idea de cómo colocar los ladrillos en la forma correcta para impedir que los intrusos miraran dentro.

    Qué fastidio, senpai. ¿Qué coño hiciste?

    —Solo si están de acuerdo con ello —respondió con voz plana mientras bajaba del banco—. De todas formas esto no será una dictadura, Honda-san. Me gustaría que fuésemos un grupo y si para todos eso implica que yo no cargue con un título que es más protocolo que cualquier otra cosa, está bien. Puede que no lo parezca, pero no quiero problemas con nadie.

    Es cierto que su voz no había transmitido emoción alguna, pero no por ello significaba que estuviera mintiendo. De hecho, estaba siendo sorprendentemente honesta con Mimi.

    Otra voz pareció regresarle las emociones que había arrojado a un lado para hablar con la rubia y cuando Nagi se dirigió a ella, le sonrió con suavidad, apenas un segundo antes de que desviara la vista al suelo.

    —Watanabe-chan, no te vi llegar en la mañana, ¿cómo estás? —La pregunta de la menor consiguió arrancarle una pequeña risa—. Ya veremos~
     
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    Yugen

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    Mimi Honda

    Bueno, parecía que iba a ser mucho más fácil de lo que hubiese supuesto. Kurosawa estaba extrañamente tranquila y la presencia de alguien más en la sala logró destensar mínimamente el ambiente.

    Watanabe.

    Era esa chica de primero, la que inició todo este discrepante grupo en primer lugar. Si no hubiera sido por nuestro encontronazo el primer día, probablemente ni siquiera estuviese allí ahora.

    —No, de hecho no me importa—le respondí a Shiori. Tampoco había burla en mi voz. Hablaba como si nada, como si conversáramos sobre cualquier trivialidad absurda—. ¿Quién más podría asumir el cargo de un club tan común, Kurosawa-san?—pregunté echando un vistazo sobre los extraños artilugios de la pared. No conocía el nombre de ninguno. Ni siquiera recordaba haberlos visto nunca—. Este club lleva impreso tu nombre.

    Ni siquiera soné jocosa. Mi voz era tan plana y monocorde como la suya. Me acerqué a un armario y lo abrí. Era tan ajena a todo lo relacionado a la cocina que cualquier mínima cosa encendía la chispa de mi curiosidad. En cualquier caso estaba vacío. La decepción no tardó en hacerse presente en mi semblante.

    Tsk. ¿Qué curiosidad iba a saciar con eso, maldita sea?

    >>Si vamos a cocinar, ¿no deberíamos ponernos eso...?—inquirí cerrando el armario. Mi ceño se frunció apenas al darme cuenta de que no recordaba la palabra exacta—. Esa cosa... esa tela cutre que lleva el servicio sobre el pecho para no mancharse, atada a la cintura... ¿cómo se llama eso?

    Aguardé unos segundos, en un silencio sepulcral, con los ojos fijos sobre ambas... pero no logré dar con el nombre ni tampoco obtuve una respuesta inmediara. Mi cerebro estaba demasiado sobrecargado por todo lo ocurrido en el día. Y tampoco me interesaba realmente nada relacionado al servicio. Nunca lo había hecho.

    Solté un bufido bajo, irritada. Y empecé a buscar.

    >>Como sea. Debe haber en alguna parte.
     
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    Zireael

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    Enarcó una ceja. Con el humor del día anterior podría haberle soltado un golpe o mínimo unas palabras que buscaran tener el mismo efecto de uno, pero ahora, ¿qué más daba? Mimiko Honda era una maldita niña rica, tomando las palabras de otra de su clase, qué le importaba lo que dijera o no, mientras solo se metiera con ella.

    Un club común. No podía negarlo, después de todo.

    Cocinar era labor de la gente que tenía que ensuciarse las manos, los ricos no hacían esa mierda, pero ella sí. Ella se ensuciaba las manos más de la cuenta en su puta casa, es más, llevaba todo el cuerpo manchado de sangre ajena y nunca se la podría quitar de encima. Así funcionaba la muerte.
    Cruzó los brazos bajo el pecho y siguió sus movimientos con el rabillo del ojo.

    Delantal.

    Esa era la palabra que la princesa no conocía o que no lograba alcanzar.

    —Princesa. —La llamó con el mismo tono monocorde de antes. Se movía entre un extremo y el otro con más facilidad de la que creía. No podía imitar el ritmo de Mimi, pero sí regular el propio para que el cable pelado no cayera sobre un charco. Se corrigió a sí misma de inmediato—. Honda-san, detrás de la puerta. Ah, por cierto, ¿Hodges-san vendrá?

    tardé like una hora y media en esto, fuck
     
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Mimi Honda

    "Princesa"

    Ese apodo tosco me hizo clavar en ella la seriedad de mis ojos azules. La miré de soslayo, ceñuda. Había algo en ese apodo cada vez que salía de los labios de Kurosawa que tensaba todos los músculos de mi cuerpo. Era desafiante. Plagado de sarcasmo.

    Díscolo.

    El apodo de aquellos que no conocían mi verdadero ser. Mi máscara. Mi papel en esta escuela de segunda.

    La princesita tirana.

    Aún si no tardó en corregirse como si pudiera notar la tensión que crearon sus palabras a nuestro alrededor, mi expresión no varió un ápice. No tenía intenciones de iniciar una discusión por eso, de modo que giré sobre mis talones y me encaminé en dirección a la puerta. Allí colgaban, en el perchero. Todos sobrios, exactamente iguales. De la misma tela simple y sin excesivos adornos.

    —Le mandé a Emily un mensaje antes de venir—le respondí con el mismo tono mientras me colocaba la prenda por la cabeza y lo ataba tras mi espalda. Me aparté el cabello, dejándolo caer suelto y libre tras mis hombros—. No me ha respondido aún, pero supongo que sí. Esto fue idea suya después de todo.
     
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    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista destacado that's that me espresso

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    Emily Hodges

    El ambiente en la enfermería acabó destensándose un poco con alguna que otra conversación trivial, cosa que fue bastante de agradecer. La campana sonó no mucho después y tuvimos que volver a nuestras clases, asegurándonos de que Aika se quedaba tranquila en la cama.

    Lo que quedaba de clases pasó algo más rápido, a decir verdad. Haber hablado con Mimi y haberme disculpado con Liza había subido bastante mi ánimo, así que no me fue tan difícil atender a los profesores. ¡Y menos mal, que no quería estropear mi media, al fin y al cabo! Si quería seguir los pasos de Fred y acceder a la Universidad sin causarle muchos problemas a papá y mamá, tenía que mantenerla.

    Las clases acabaron y mientras recogía mis cosas, recibí el mensaje de Mimi diciendo que se adelantaría al club de cocina. Guardé el móvil y salí de la clase, dirigiéndome antes de nada a la de Kashya. Kurosawa ya se había ido, así que quizás estaba ya en el club también, pero mi amiga seguía ahí, recogiendo sus cosas. La recibí con una sonrisa y le expliqué que tenía actividades del club, para cuando me quise dar cuenta, llegué junto a ella a la puerta de la misma.

    —Buenas~ —saludé, con una sonrisa, en cuanto entramos al club—. Wow~ Mira cuántas cosas, ¿podemos usarlas todas? ¡Que ilu, vamos a aprender un montón!

    La emoción de ver todos aquellos utensilios se vio reflejada en mis ojos brillantes, también. Me gustaba prepararles el almuerzo a mi familia, y si podía quitarles aquella preocupación a mis padres también, no tenía motivos para no aprender a cocinar mejor y hacerles la vida un poco más fácil.

    >>Oh, ella es Kashya —dije, señalando a la chica que se había quedado en la puerta, hacia Watanabe que era la única que no la conocía—. ¿Os importa si se queda con nosotras? Es que solemos volver juntas a casa y siempre está en la biblioteca, me gustaría que cambiase de ambiente de vez en cuando~
     
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    Kaisa Morinachi

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    Nagi Watanabe edición hecha por Liza.png


    —Oh, me atrasé un poco por perder mi paraguas —respondió a Kurosawa sencilla, ya no parecía tan afectada por el asunto—. Tuve que buscarlo, por eso me demoré más de lo normal, pero logré llegar a tiempo... Así que—. Se rascó la nuca— ¿Todo bien? Creo.

    Le iba a devolver la pregunta cuando la voz de Mimi le interrumpió. La observó pasearse por la cocina observando todo con... ¿Curiosidad? ¿Y qué era eso de "club tan común como Kurosawa"? ¿Estaba tratando de ofenderla? Nagi frunció el ceño, observándola detenidamente, pero no dijo nada; que la chica no supiera apreciar las cosas que hacían especial a su senpai era problema de la rubia, hasta mala suerte se atrevía a pensar.

    Le causó cierta gracia que Honda no supiera como se llamaba un delantal, pero no exteriorizó nada para empezar a buscar ella misma la prenda con la mirada.

    —Princesa.

    Volteó a ver a Kurosawa sorprendida, algo confundida también ¿Por qué había llamado a Honda así? Dirigió rápidamente la vista a la nombrada y lo notó: cabellera rubia y orbes azules, mirada que se notaba claramente enfadada. Se tensó por un momento.

    >> Honda-san, detrás de la puerta...

    Para su alivio, Honda ignoró el apodo en cuanto Shiori se corrigió, Watanabe suspiró el aire que había contenido. Volvió a dirigir la mirada confusa a su senpai, aun no se creía que hubiera usado un apodo que molestara a la rubia ¿Lo había hecho a propósito? ¿Quería hacerla enojar? Tragó saliva y decidió dirigirse a la puerta para conseguir un delantal.

    Ponerse el delantal resulto más difícil de lo que pensaba, y solo por tener que ajustar la cinta a su cintura. Cundo terminó de batallar con el delantal, el cual quedó amarrado de manera desprolija, llegó una chica de cabello oscuro. El entusiasmo que denotaba le sacó una pequeña sonrisa, aunque su rostro se mostró sorprendido en cuanto esa chica se dirigió a ella.

    —Oh, ho-hola —respondió haciendo una leve reverencia como saludo— Un gusto conocerla —. Aunque lo segundo fue formalidad más que nada, se dirigió esa vez a la albina. Se encaminó nuevamente donde Kurosawa.

    >> ¿Ya somos todos? Po-podrías empezar a... ver que podemos hacer ¿no? —consultó con la líder del club — ¿O... Ya tenías algo planeado?
     
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  11.  
    Zireael

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    Frunció ligeramente el ceño al escuchar la respuesta de Watanabe, pero sus gestos perdieron rigidez al escuchar que se había demorado por buscar el paraguas. Era bueno ver que al menos uno de los tres tenía la decencia de no empaparse.
    También vio la tensión de la menor ante la forma en que había llamado a Mimi, aunque lo cierto es que no lo había dicho con la intención de molestar a la rubia, solo lo había pensado y se le escapó.

    Dicho y hecho, apenas Mimi había respondido y Emily había entrado a la cocina acompañada por Kashya.

    —Hola~ —Su tono volvió a suavizarse y adquirió algo de emoción. Deslizó la mirada hacia la albina—. ¡Claro! Siempre que quieran traer a alguien más pueden hacerlo sin problema.

    Se acercó a la puerta, tomó uno de los delantales y se lo colocó para luego hacerle un gesto con la mano a Kashya, animándola a entrar. Le extendió uno a la albina, dedicándole una sonrisa suave.

    >>Por si quieres ayudarnos, si no pues puedes sentarte o lo que tú prefieras. —También le dio uno a Emily—. Gracias por venir, Hodges-san.

    Watanabe volvió a llamar su atención y se volvió hacia ella.

    —De hecho, nos faltan mínimo otras dos personas, pero puedo irles comentando lo que planeaba. No pretendo alargar demasiado las cosas hoy, de hecho, sobre todo teniendo en cuenta que el clima no debe haber ayudado mucho con los ánimos. Haremos algo relativamente rápido y sencillo más que nada para empezar a trabajar como equipo, conocernos un poco y ya está. —Empezó a moverse con fluidez por la cocina, había traído consigo apenas lo que iba a necesitar, ya luego solicitaría un inventario decente, cuando tuviera una idea de qué más harían el resto del año, colocó sobre una de las islas un paquete de harina, uno de azúcar y un paquete de barras de mantequilla, además de un par de cosas más—. Pensé, además, que fuese algo que pudiesen llevarse a casa fácilmente. Aunque realmente siempre llevarán a casa algo de lo que hagamos si así lo desean. Por cierto, si pueden atarse el cabello sería bueno, no es muy simpático encontrar cabello en la comida, ¿o sí?

    Se acercó a su mochila, sacó un cuaderno, buscó entre las páginas y cuando encontró lo que buscaba, lo dejó junto a los ingredientes. Los trazos pulcros esribían una receta.
    A Katrina le gustaban las galletas, aunque aparentara que le daban igual y tenía especial gusto por esas tan corrientes, casi como si le recordaran algo que ya no tenía.

    >>Galletas de mantequilla. —Apoyó los brazos en la isla—. Una va a precalentar el horno, otras van a mezclar los ingredientes y finalmente alguien va a estirar la masa para cortarlas y medirán el tiempo que estarán horneándose. Dividirse el trabajo es más fácil cuando somos varias personas en una cocina y no es viable tenerlas a todas replicando la receta por separado, porque tendríamos un montón de comida y tampoco es la idea. Igualmente, dependiendo de la cantidad de personas, podemos doblar la receta, pero apenas para que no tengamos que llevarnos apenas cinco galletas cada una.

    ¿Ella hablando de dividir trabajo? La idea casi le hizo gracia, porque llevaba años haciendo casi todo sola, excepto en ese club.

    Era apenas la idea general, entraría en los detalles de la preparación después. Sonaba sencillo, la pregunta era, ¿iba a serlo?
    Suspiró. Esperaba que al menos no las quemaran, así podría guardarle algunas al tanuki enojón que era Katrina o quizás hasta al torpe de Hiroki.
     
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  12.  
    Yugen

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    Mimi Honda

    Fue un alivio ver llegar a Emily con el muro insalvable que era Kashya. De todas las personas que me rodeaban, nadie tenía una máscara tan incrustada en la piel como Kashya Thorton. Sus respuestas eran puros monosílabos o asentamientos de cabeza y su voz sonaba baja, plana de cualquier tipo de emoción. Era como una especie de autómata. Hacía las cosas de forma mecánica y todo en ella siempre me había parecido distante y gélido. Era imposible traspasar la opacidad de sus ojos violetas y poder ver más allá.

    Sin embargo en aquella ocasión, logró reducir la tensión imperante en la sala. El cable ya no parecía tan tenso.

    "¿No querías a Emily, Kurosawa-san? Ahí la tienes".

    Con un sonido sedoso solté los lazos negros que recogían mi cabello. La cascada de sol cayó suelta sobre mis hombros con ligeros bucles en sus puntas reflejando los rayos de la tarde. Contuve un suspiro pesado y usé uno solo de aquellos lazos para recoger mi cabello en una coleta alta que dejara libre mi cuello y las galletas de cabellos indeseables. Solo pensarlo me revolvía el estómago.

    No gracias.

    Galletas de mantequilla.

    Común. Sumamente común. ¿Podían compararse con mis pastas de té? ¿Había comido galletas de mantequilla siquiera una vez en la vida? Si era así no lo recordaba. Probablemente Marie supiese la receta. Ese era su trabajo después de todo.

    Desvíe momentamente la mirada cuando Kurosawa mencionó que normalmente nos llevaríamos lo que cocinásemos. No era como si me faltase comida, pero...

    A nadie le iba a importar una mierda si me llevaba comida de la academia a casa. Nadie me iba a preguntar siquiera, como si me las hubiese regalado un tipo extraño a la salida de la escuela. Era completamente irrelevante.

    Ni mi padre, el señor Moura Honda, estaría siquiera en casa. Y la zorra de mi madrastra era mejor si no me dirigía la palabra. Prefería fingir que no existía y que mi padre no había metido a aquella mujer y al parásito usurpador que tenía por hijo en mi vida. Todo sería perfecto si la apresurada boda con aquella perra desgraciada no hubiese precipitado mi mundo por inercia.

    A veces prefería mil veces quedarme en la academia antes que llegar a la mansión idílica lllena de mentirosos que solía llamar hogar.

    —Mezclaré los ingredientes—fue todo lo que dije. Y me acerqué a la mesada y a la hoja de cuaderno que Shiori había dejado junto a ellos.—Watanabe puede encargarse del horno. Emily puede cortar la masa. Dado que parece que no vendrá nadie más, acabaremos antes si Kashya la ayuda.

    No pude evitar mirarla una vez pronuncié su nombre. Los robots se manejaban bien con las tareas domésticas ¿no es cierto?

    Por mi parte no tenía nada más que decir. Había optado por lo fácil, una tarea sencilla que no expusiera mis irrisorias habilidades culinarias frente a nadie. No quería la condescendencia barata de Kurosawa, dándome palmaditas en la espalda y asegurándome de que saldría mejor la próxima vez. Prefería estar muerta antes que humillarme de ese modo. No iba a dejarla entrar y ver dentro de mi muralla sin luchar, eso seguro.

    Por mal que me pesara era una Honda. Y los Honda teníamos orgullo en lugar de sangre corriendo por las venas.
     
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  13.  
    Amane

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    Sonreí con alegría cuando las otras chicas me devolvieron el saludo, sobre todo con el de Kurosawa. Al menos no parecía molesta, ¡eso era un alivio! Acepté el delantal y observé como Kashya hacía lo mismo, creando una expresión de sorpresa en mi rostro... que pronto pasó a ser una sonrisa nerviosa cuando al vi colocarlo de vuelta en su sitio, impasible.

    Me puse la prenda y recogí el pelo mientras escuchaba los planes de Kurosawa, asintiendo levemente cuando acabó de hablar. ¡Galletas de mantequilla sonaba bien! Los dulces le encantaban a Alice, si salía bien seguro que le gustaría comerse más de una.

    Tras oír a Mimi, asentí de nuevo con la cabeza, aceptando la tarea. Cualquiera hubiese estado bien para mí, a decir verdad, pero quizás cortar algo fuese lo más oportuno por ser algo más peligroso. Kashya, por su lado, respondió con un seco "no" cuando la rubia la miró, dirigiéndose posteriormente a una de las sillas del lugar y sacando un libro de su cartera para comenzar a leer.

    —Yo puedo sola~ —dije.

    Cuando finalmente iba a acercarme a las mesas para comenzar con la receta, escuché unos golpecitos en la puerta antes de que esta se abriese, dejando ver la cabeza asomada de una chica castaña.

    Satoko Shichimiya

    Al final, no pudimos ni comer el almuerzo ni compartir las golosinas, pues la campana retumbó por toda la estancia, indicando el final del descanso. No pude evitar soltar un quejido e inflar los mofletes, molesta. ¿En serio había acabado ya...? ¡Pero si no había pasado tanto tiempo!

    Con cierta decepción me despedí de la chica para volver a mi clase, donde aproveché para comer un poco antes de que el profesor apareciese. Cuando acabaron las clases, volví a reunirme con Yukie y dirigimos nuestros pasos hacia donde parecía que estaba la clase habilitada para el club de cocina.

    Fui la que llamó a la puerta y abrió la misma, colando la cabeza después para encontrarme con unas cuantas personas ya en el interior.

    —B-buenas tardes... —saludé, con una inclinación, cuando pude comprobar que el sitio era el correcto y me incorporé—. A mi amiga y a mí nos gustaría unirnos al club, ¿quedan plazas~?

    Por desgracia, parecía que lo iba a tener difícil para compaginarlo con el club de baloncesto... y quizás lo ideal sería no decirle nada por el momento a Yukie. Con algo de suerte, acabaría sintiéndose cómoda con las demás miembros y eso me permitiría intercalar las actividades de ambos grupos. Quizás...

    Traigo también a las otras nenas, que digo yo que sería lo suyo (?)

    ELLA BIEN BELLA

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    Última edición: 17 Mayo 2020
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    Zireael

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    La respuesta de Kashya no me sorprendió y tampoco me molestó, de hecho era esperable, pero me había parecido grosero no darle la opción de incorporarse a nuestras actividades si estaba allí con nosotras.

    Fue la princesa quien habló, era sorprendente y a la vez no, de una extraña forma. Dijo lo que haría cada una y en realidad era más fácil así, organizar el grupo era mejor que dejar que este se organizara solo, lo hubiera hecho pero no creí que a Honda le viniera en mucha gracia.

    Otra negación, esta vez más directa, por parte de Kashya.

    Guardé silencio y la observé ver el cuaderno unos segundos, antes de dirigirme a uno de los armarios y sacar la batidora de mano.

    Me quedé clavada allí, de espaldas a ellas, con la vista en el aparato que sostenía y abrí la boca aunque volví a cerrarla de inmediato.

    ¿Puedo ayudarte?

    Esa era la pregunta que iba a hacerle a Mimiko Honda, ¿estaba loca? Iba a decirme que no, obviamente, incluso cuando no le ofreciera mi ayuda con mala intención o si por un instante había pensado en disculparme con ella incluso. Porque simplemente así era su máscara, orgullosa, y no quería nada de mí, mucho menos mi ayuda o mis disculpas.

    Ayuda. Yo la necesito para volver a poner en orden los ladrillos de esta muralla rota.

    Tampoco quiero que ella vea dentro, pero ya no sé en qué lugar iba cada piedra.


    Realmente tampoco podía juzgarla por negarse a cualquier aproximación que intentara, después de la forma en que había actuado ayer.
    Si doblaba sus defensas era culpa mía pero, ¿qué más daba cuando ella se había metido con mi amigo y parecía darle igual?

    —Watanabe-chan, ¿sí podrías encender el horno? En 180 grados, por favor. Solo giras la perilla. —Le pedí con voz suave, aún sin voltearme.

    Le coloqué las aspas a la batidora, la conecté y la dejé sobre la superficie. Continué sacando lo demás, la taza donde iba a mezclar ella las cosas y en las que tendría que medir los ingredientes.
    Las dos barras de mantequilla, el azúcar y el huevo, la harina iba después.
    Saqué también la placa donde colocaríamos las galletas para meterlas al horno.

    Corté un trozo de papel para hornear y lo coloqué encima, antes de poner la placa sobre la isla, casi frente a Honda.

    —Tienes que mezclar las dos barras de mantequilla con una taza de azúcar, hasta que la mezcla se vea suave, luego añades el huevo y lo bates apenas para incorporarlo. No más. —Saqué otro recipiente mientras hablaba, abrí la harina y coloqué en él dos tazas, haciendo un hueco en el centro. Estaba escrito, sí, pero a veces las cosas quedaban más claras al hablarlas que solo leyéndolas—. Eso que mezcles lo pondrás aquí y tendrás que volver a mezclarlo, pero con las manos igual hasta que todo esté unido.

    Sabía que había gente a la que no le gustaba la sensación de amasar y pensé en decirle que si no quería usar las manos ella, yo podía hacer esa parte pero volví a callar.

    No podía.

    No sabía cómo sincronizar mi corazón al suyo.


    —Tendremos que refrigerar la masa una media hora antes de cortarla.

    Apenas después de decir aquello, unos golpecitos llamaron mi atención haciendo que girara la cabeza en dirección a la puerta. Ah, las otras dos chicas.
    Caminé hacia ellas, las animé a entrar y luego de tomar dos delantales, se los extendí.

    >>Adelante~ —Regresé sobre mis pasos—. Estábamos preparándonos para hacer galletas de mantequilla. La receta está en el cuaderno y acabo de explicar la primera parte, si gustan pueden ayudar a Honda-san con la mezcla, si ella no tiene problema, o a Hodges-san con el corte más tarde, ustedes deciden.

    Señalé a cada una de las chicas para que pudieran ubicarlas.
    De alguna forma contrario a lo que había pensado, la presencia de más personas me había relajado, como si creyese que entre más gente hubiese creando distancia entre Honda y yo, más difícil fuese que la tensión que existía entre nosotras explotara.

    Le dediqué una sonrisa a las recién llegadas.

    >>Soy Kurosawa Shiori, de segundo, la presidenta del club. —Hice una leve reverencia—. Estoy a su completa disposición.


    Me van a disculpar ustedes por los tochos que me están saliendo con esta mujer últimamente. Also, ya voy a empezar con estos cambios de persona al narrar, porque así soy (??)
     
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    Yugen

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    Yukie no se había movido un ápice. Detrás de Shichimiya, tan tensa como una ramita a punto de partirse por la mitad había permanecido desde que abandonó el aula, incapaz de cruzar miradas con nadie. Sus ojos aguamarina estaban fijos en sus zapatos mientras Satoko iniciaba una conversación con la presidenta.

    Ah... no era nada buena en situaciones sociales.

    Su voz era sorprendentemente suave, le recordó al trino de un ave. Y al mismo tiempo era firme y diligente. Maternal, pero imponía cierta autoridad innegable.

    Shiori Kurosawa.

    Alzó la mirada un momento a través de su flequillo, con ojos esquivos. La sala del club de cocina era enorme y estaba condicionada de forma perfecta para la tarea que se llevaría a cabo. Hornos, microondas, batidoras y todo tipo de instrumentos de cocina. Su mirada se fijó finalmente en la presidenta.

    Ojos color atardecer.

    Cabello azabache como el ala de un cuervo. Como una noche sin luna. ¿Y aquella mecha azul? Le confería cierto aire desenfadado, arbitrario. Pero nada en ella parecía así. Tenía cierta vibra cálida, conciliadora.

    Les dirigió una rápida mirada al resto de integrantes. La chica de cabello rubio y altivos ojos azules le provocó un escalofrío. Algo en ella la aterraba. Tenía el aura de las chicas que solían acosarla en su anterior escuela.

    Cerró los ojos con fuerza, apretándolos.

    —S-soy... soy...—se mordió el labio y su mano aferró la manga del uniforme de Satoko, buscando en ella el valor que le faltaba—. ¡S-soy Inuoe Yukie, Kurosawa-senpai!

    Hizo una rígida y exagerada reverencia; su voz sonó urgente, un gritito aterrado y pudoroso.

    >>¡Es un placer conocerlas a todas!

    Mimi Honda

    Enarqué apenas una ceja ante la negación de Kashya. No esperaba realmente otra cosa, pero tenía tal facilidad ya no para desobedecerme, si no directamente ignorarme que lograba dejarme pasmada.

    Por el rabillo del ojo vi a Kurosawa ir de acá para allá dejando cosas sobre la mesa. Eran cosas que desconocía pero de las que tenía total seguridad de tener en casa. Alguna vez había visto usarlas, tal vez de pasada. Al menos la mantequilla, los huevos, el azúcar y la harina era ingredientes que conocía. Me preguntaba si podría acompañar aquellas galletas con un té.

    Estaba escuchando a Kurosawa sin escucharla realmente, tratando de integrar cada idea en mi cabeza, recordándole a mi orgullo que yo había estado de acuerdo y que podía aceptar y acatar órdenes por su parte. No era la gran cosa. Escuchar y almacenar. Escuchar y almacenar.

    Estábamos cooperando. Aquello no era una maldita competencia. Mientras pudiese obviar la tensión entre ambas podía fingir tolerarla.

    —¿Con las manos?—repetí. No pude contener la sorpresa y el desagrado en mi expresión nada más escucharla. Me giré para mirarla, con las cejas arqueadas, pero la presidenta, nuestra genial y maravillosa presidenta, estaba atendiendo otras cuestiones. Dos nuevos integrantes para el club.

    ¿Por qué no había chicos en este club de segunda? ¿Atentaba contra su repugnante orgullo masculino cocinar galletitas de mantequilla? Que ridículo. Seguro el imbécil desgraciado de Matt odiaba algo como esto. Cómo odiaba su estúpida sonrisa de machito interesante.

    No somos hermanos. No me toques. No me llames Mii-chan.

    Mezclé los ingredientes como se suponía que hiciese. Mantequilla, azúcar y el huevo. El huevo se rompió de la peor forma posible bajo mis delicados dedos de pianista. Acostumbrados a tocar teclas, no a partir huevos, presioné demasiado con las uñas. La repugnancia se extendió por todo mi semblante cuando mis dedos tocaron la correosa y mucosa clara del huevo crudo. La cáscara se desmoronó y casi acabó cayendo dentro de la masa. Fue un milagro que no. Hubiese arruinado todos mis intentos por mantenerme estoica.

    Tomé lo que supuse era una... ¿batidora? y la coloqué dentro de la masa. Pero el universo es un gran hijo de perra y no tenía intención alguna de mantener mi orgullo íntegro frente a Shiori Kurosawa. No. Quería destrozarme. Destronarme. Y hacía un trabajo sublime dejándome en ridículo. La potencia fue demasiada, el ruido de las aspas ensordecedor y la gravedad hizo el resto.

    —¡Ah!

    Solté de forma ahogada, casi estrangulada cuando la masa me salpicó el cabello, el rostro y la tela que llevaba encima para no mancharme. Todo mi cuerpo se tensó víctima del shock y el desagrado.

    No.


    Vamos no.

    No me hagas esto.

    No me humilles de esta forma.

    Apreté los puños, tensa, humillada, hasta que las uñas se clavaron en mis palmas de forma dolorosa. Los labios hasta que formaron una fina línea en mi semblante.

    ¿Ayuda? No, no iba a pedirla. Pero la necesitaba como nunca.
     
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    Zireael

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    Abrí los ojos con cierto asombro en cuanto Inoue terminó de hablar, no porque me sorprendiera realmente cómo lo había hecho, era obvio que estaba nerviosa, sino porque además de Watanabe no me relacionaba con nadie más que se refiriera a mí como senpai, era de hecho yo la que siempre parecía revolverme con los mayores. Hiroki, Katrina, Laila e incluso el idiota que llevaba dos días sin ir a la escuela.

    Los hábitos eran una cosa difícil de cambiar y yo llevaba demasiado tiempo intentando ser adulta, aunque no lo quisiera así, e incluso con personas mayores, fueran los estudiantes que me llevaban un año, fueran mis padres o cualquier otro adulto que requiriera apoyo, era yo quien actuaba con la serenidad que parecía faltarle a todos cuando el asunto era serio.

    Volví a sonreírle con suavidad.

    Estaba por responderle cuando el violento ruido de las aspas atrajo mi atención. Era cierto, es probable que en su vida ni siquiera hubiese visto cómo se encendía esa mierda, que a mí me parecía tan fácil de entender.

    Fui una tonta.

    Me disculpé con Inoue y su amiga un momento, mientras buscaba de nuevo entre los armarios, saqué dos toallas de cocina y humedecí una en el fregadero. Me acerqué a Honda con cautela, casi como si genuinamente temiera que me mordiera la mano y le extendí la tela.

    —Toma, para que te limpies. Sé que no quieres que te toque y sabes que de no ser tú lo habría hecho, pero voy a respetar tus límites. —Mi voz ya no sonaba igual de plana que antes, no estaba alterada tampoco. Era solo la voz serena con que hablaba normalmente y aún así me pregunté qué demonios estaba haciendo al ser así de honesta con la princesa. Estaba cediendo, casi contra mi voluntad. Tragué grueso mientras apretaba con fuerza la toalla seca en mi otra mano, no fui capaz de buscar su mirada azul—. Puedo ayudarte o trabajar contigo, como quieras llamarlo. De todas formas... nunca he sabido hacer otra cosa.

    Lo dije casi en un murmuro, como si fuera un secreto o una confesión.
    Limpié la superficie con la toalla seca y revisé el recipiente en que ella había intentado mezclar los ingredientes, realmente había sido más el revuelo que cualquier otra cosa, la mayoría de la mezcla seguía allí. Recordé la primera vez que me había ocurrido a mí en casa.

    Dejé la toalla húmeda allí donde ya había limpiado y solté algo más, no supe realmente bien por qué, exterioricé un pensamiento que había tenido apenas horas atrás.

    Exterioricé.

    Mierda.

    >>Soy rara, no mentirosa. Me gustaría que un día pudieras entenderlo. —Solté un pesado suspiro—. Tampoco planeo hacerte enojar por gusto nada más, ayer fue un desliz, estaba enojada todavía... mucho. No sé qué se supone haga uno con el enojo, así que supongo que solo lo redirigí hacia un terreno conocido y te provoqué.

    Esa es la máscara Honda.

    La provocación y la necesidad de acompasar el corazón al de otros, con tal de sosegarlos, pero no sé cómo hacer eso contigo.


    No esperaba que escuchara o dijera algo, de hecho no esperaba nada de ninguno de los cuatro amargados que conocía. Pero la muralla derribada había hecho su labor antes de que pudiera volver a construirla.

    Joder, se siente horrible. ¿Se supone que la gente hace esto por gusto, mostrarse?
     
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  17.  
    Yugen

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    Mimi Honda

    Se sentía horrible. Y tan patético que fui incapaz de moverme, como si el solo hacerlo fuese a delatar aún más el hecho de que no entendía nada, de que no sabía nada, de que en mi vida había tenido la necesidad de saber nada relacionado con la cocina, ni con las tareas domésticas, ni con nada que implicase mover un dedo por mi parte.

    Papá era experto en llenar los vacíos emocionales de su ausencia con bienes materiales, eclipsando su incapacidad como padre. Por eso era una princesita. Una princesa en una jaula de oro.

    Era una completa inútil.

    Y detestaba exteriorizarlo frente a Kurosawa. Porque a pesar de que era cierto, mi terco orgullo me impedía, me gritaba que no la dejase verlo. Era una debilidad. Y las debilidades eran peligrosas. Te exponían, te hacían vulnerable, abrían una grieta inmensa en la muralla.

    Y yo era una Honda, dios. Era demasiado orgullosa para tolerar toda esa mierda. El flequillo ocultó mis ojos, ensombreciendo mi mirada cuando agaché la cabeza. Escuché sus pasos, el agua del grifo correr, e instintivamente me abracé a mí misma. No podía estar más expuesta pero seguía luchando por mantener la muralla de alguna manera. Por sostener las piedras en su lugar con uñas y dientes. Lo odiaba. No había sentimiento que odiase más que la vulnerabilidad.

    Pero no sabía qué clase de orgullo podía quedarme con el cabello y el rostro manchado de aquella masa pegajosa. De modo que solo me quedé allí, quieta, escuchando todo lo que decía sin atreverme a mirarla. Preguntándome por qué me estaba contando todo eso. Por qué ella también había creado una grieta en el escudo, en la máscara.

    ¿Se estaba disculpando? ¿Era eso? Estaba cediendo. Estaba abriendo una puerta, cortando la distancia entre ambas. Tratando de crear un puente entre nuestros corazones. No habíamos empezado bien, era un hecho. Habíamos estado a punto de matarnos en la azotea, le hubiese cruzado la cara sin dudarlo un instante. Le dije a Emily que se cuidase de ella. Y desconocía si estaba o no siendo honesta, pero sus palabras sonaban convincentes, su voz era lo suficientemente suave, casi culpable, para hacerme entender que realmente lo hacía.

    Abrirse.

    Pero yo... yo no podía. No la aceptaba. No aún. Mi orgullo se imponía y me hacían empujarla fuera de la muralla, para impedirle transpasar las grietas en mi propio escudo. Me sentía humillada y aquello no estaba ayudando.

    Su compasión tenía justo el efecto contrario que buscaba.

    El puente cayó en pedazos porque simplemente me negaba a cruzarlo.

    —Iré al baño. Enseguida regreso.

    Fue todo lo que dije. Lo único que emergió de mis labios tensos. Abandoné la sala del club ignorando las miradas que me dirigieron el resto de integrantes. Con paso rápido, sin dejar de sostener mi brazo con el contrario, protegiéndome, escudándome.

    Necesitaba aire.

    El paño húmedo que me ofrecía Kurosawa quedó allí, en su mano, sin que mis dedos lo rozasen ni por un instante.
     
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  18.  
    Zireael

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    Ah, claro.

    Creo que nunca entendí tanto a Katrina como en aquel momento, en que luego de soltar el monólogo el paño húmedo no fue recibido por nadie.

    Era por eso. Por eso se había encerrado la princesa de los Akaisa.

    Rechazo.


    Si dos corazones no latían al mismo pulso no importaba qué tan suave o conciliador se intentara ser, el fracaso era inminente. No es que hubiera tenido que pasar aquello para que lo notara, pero creo que sentirlo de primera mano no era lo que deseaba. Nunca lo había deseado.

    Y aún así no había sentido la necesidad echarme a llorar como en la mañana, porque aunque había rechazado mi honestidad, realmente Honda no era nada mío, por tanto aunque no tuviera expectativas de ninguno, de ella no tenía siquiera una imagen mental clara.

    Aún así mis movimientos eran siempre calculados para evitar eso, pero me había descuidado.

    Porque una sola persona, en ese día, me había brindado calor.

    Estúpida.


    — ¿Hodges-san, cuando regrese puedes ver cómo está? —pregunté luego de apagar la batidora, sin voltearme de nuevo—. No hay forma de que deje que me acerque y de verdad no importa. Solo quiero que alguien vea si está bien y sé que aquí solo tú puedes hacerlo.

    No me dejará acercarme ni aunque ponga el corazón sobre una tabla para que lo atreviese con un cuchillo de carnicero.

    ¿Qué más daba? Yo podía hacer todo sola, incluso apuñalar mi propio corazón.

    Fue su orgullo el que volvió a poner los ladrillos de mi muralla en orden, uno a uno, hasta que la sombra volvió a dominar en mi cautiverio.
    Los ladrillos del puente caído eran los mismos que le faltaban a mis paredes.

    No supe si agradecerle o maldecirla.

    Si sentí algo realmente no lo sé. ¿Ira, tristeza, frustración? No tenía tiempo para esa mierda. Nunca lo había tenido.

    Lo que sí tenía era un maldito instinto que se volcaba al cumplimiento de tareas, para cuando me di cuenta había colocado la mezcla en la harina y la había amasado.

    Ah.

    No quedaba más que refrigerarla y eso fue lo que hice.
    Era así cómo me desconectaba, si hacía cosas no tenía tiempo para pensar. La tienda, mis padres, los deberes de la escuela, ese club y otras estupideces de relleno.

    No había que darle respiro a la mente, ni uno solo. Cuando la mente alcanzaba aire, oxígeno, podía combustionar y era eso lo que había estado a punto de pasar por haber bajado tantísimo la guardia.

    Tomé el cuaderno de nuevo, saqué un bolígrafo de mis pertenencias y copié la receta en cinco hojas nuevas, que arranqué.
    Las dejé junto a los ingredientes en la isla.

    —Ya que hice las cosas sin darme cuenta, cada una puede llevarse la receta e intentarlo si así gusta, también anoté mi número al final por si tienen alguna duda o me necesitan por el motivo que sea, incluso si no corresponde a algo del club. —Me senté de nuevo en uno de los bancos y dirigí la mirada a Inoue y su amiga, que aún no se presentaba, sonriéndoles con suavidad. Allí estaba de nuevo, queriendo cuidar de un montón de chicas casi desconocidas, incluida Mimiko Honda. La única habituada, más o menos, a ello era Watanabe—. Ya solo nos quedaría esperar a que la masa esté fría para cortarla y hornear las galletas. Hoy no quería hacer nada demasiado elaborado, para solo conocernos un poco, pero bueno las cosas no siempre salen como uno las planea, ¿o sí?

    En realidad sí. El fracaso había estado en calculado desde el inicio, lo único que variaba en mis proyecciones era qué iba a iniciarlo, es decir en qué parte del proceso íbamos a cagarla.

    Incomprensión de la receta.

    Mal uso de los objetos.

    La temperatura del horno.

    El tiempo de cocción.


    Pero el fracaso siempre estaba calculado. Siempre, por eso también se calculaba otra salida.

    Miré la hora en el móvil.

    Treinta minutos de refrigeración.
     
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  19.  
    Amane

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    Emily Hodges

    Dirigí una sonrisa a las nuevas chicas cuando las vi, asintiendo con la cabeza mientras Shiori rápidamente reaccionaba extendiéndoles el delantal y explicándoles lo que estaba haciendo. La castaña reaccionó con rapidez, pero la otra chica parecía especialmente nerviosa con toda la situación. Quise acercarme a ella, en un intento de quizás calmarla, pero el desastre a mi espalda acabó por distraerme de aquella tarea.

    Me giré, el corazón en un puño, para ver lo que más me temía. Mimi había acabado activando la batidora con demasiada potencia y la masa había salpicado, sobre todo por su pelo y cuerpo. No era una gran problema, a decir verdad, yo misma había hecho verdaderos desastres en la cocina y en mí misma, y no solo al principio. Pero conociendo a Mimi, claro, aquello sería un golpe duro a su orgullo, seguro que sí.

    Fui demasiado lenta en reaccionar y aquello me pesó especialmente. Fue Kurosawa la que intentó ayudarla pero se quedó en nada, Mimi había salido corriendo hacia el baño y pude ver con preocupación que aquello significaba mucho más para ella.

    Miré a Kurosawa con ojos llorosos, asintiendo finalmente.

    —I-iré a buscarla, mejor —dije, intentando controlar mi voz.

    >>G-gracias, por cierto... —murmuré, con una leve sonrisa, hacia la muchacha.

    Poco después me dirigí a la salida del club, no tenía que haber ido muy lejos, ¿cierto...?

    * * *

    Satoko Shichimiya

    Le sonreí a Yukie, colocando un mano sobre la suya cuando la sentí agarrándola mi uniforme. No pude evitar decir un "muy bien hecho~" con cierto orgullo cuando se presentó. Había sido rígido y se le notaban los nervios, ¡pero se había presentado! Eso estaba muy bien.

    Oh, cierto, yo no lo había hecho. Y... tampoco pude hacerlo. Mientras me colocaba el delantal, sucedieron cosas que me tomaron por sorpresa. Una chica acabó con masa por encima y salió corriendo, y la morena que nos había recibido fue detrás. Luego, la chica que se presentó como presidenta acabó por terminar la masa y colocarla en el frigorífico, diciéndonos después que podíamos llevarnos la receta.

    —Uhm... —me llevé el dedo a la comisura de los labios, pensativa, antes de comenzar a reír, algo nerviosa, rascándome la mejilla—. ¡Vaya primer día, eh! Esto ha sido un poco extraño pero, oh, bueno, no me he presentado. Soy Satoko Shichimiya, un placer~ —me incliné, como debía hacerse al presentarse, y después entré mejor en la sala, llevando a Yukie conmigo—. Entonces, ¿galletas con mantequilla? ¡Suena rico~!

    Kashya be like: el drama de mi libro es mejor que este so if you'll excuse me (?)
     
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  20.  
    Yugen

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    Todo sucedió demasiado deprisa. Yukie se había mantenido tensa, aún más cuando fue testigo del revuelo que se armó. Las aspas de la batidora, la masa salpicando... sintió el corazón dar un repentino vuelco en su pecho.

    Aquella joven intimidante... quedó completamente manchada de masa. Observó la escena con cierta turbación, los labios ligeramente entreabiertos, como pretendiendo formular palabras que no salían. Quería ayudar, quería intervenir de alguna forma... pero sus pies estaban pegados al suelo. Estaba paralizada, aterrada, lo suficientemente impactada para que sus músculos no hiciesen el más mínimo ademán de movimiento.

    No podía.

    Tenía miedo.

    Sus dedos aferraron la falda de su uniforme cuando percibió la sombra en el rostro de ambas jóvenes. La chica rubia de intimidante presencia y la calmada presidenta. No era necesario ser un lince para percatarse de la tensión entre ambas. Cuando la joven de cabello negro salió en su busca el ambiente se tornó repentinamente opresivo, siendo mínimamente disuelto cuando Satoko ingresó en la sala del club. Con pasos cortos Yukie la siguió.

    ¿Debía decir algo? ¿Debía intervenir de alguna forma? ¿Tenía derecho a hacerlo? Su usual timidez retenía su lengua pero su carácter honesto y compasivo pudo más en ese momento.

    —K-Kurosawa-senpai—murmuró. La voz apenas le salió en un pequeño y frágil hilo. La miró por debajo del prolijo flequillo esmeralda, tensa—. Se... ¿se encuentra bien?
     
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