Mimi Honda Eran ese tipo de momentos los que tenían una facilidad ridícula para derretirme. Esa clase de intimidad inocente, esa complicidad pueril... como la que tendrían dos almas gemelas. Nuestra relación no era solo sexo y había que estar más ciego que un Zubat para pensar que sí. Actuábamos como una pareja sin serlo... lo cual era absurdo, porque solo éramos amigas. O al menos éramos algo entre una amistad y una relación de pareja. Una zona gris, condenada a ser algo temporal y que terminaría en algún momento, devolviéndonos a nuestro rol de amigas sin más pretensiones que eso. No podíamos seguir así eternamente. Las amistades con derechos no duraban. Pero decía que nunca había sentido una química tan fuerte con nadie... ¿ni siquiera con Nikolah? Estaba enamorada de él. Suponía que la química entre ellos debía ser más fuerte... ¿o era algo irrelevante? Mis experiencias con el amor habían sido catastróficas y no tenía una imagen clara ni objetiva de este. No sabía nada del amor. Era un eterno desconocido para mí. Tampoco le tenía particular estima. —No sé si es normal o no, no tengo referencias—desvié la mirada de sus ojos y me fijé en como acariciaba el dorso de mi mano de forma distraída—. Eres la primera persona con la que hago algo así. Lo cual... es bastante vergonzoso ahora que lo pienso. Se me escapó una pequeña risa y regresé mi mirada a sus ojos. Mi expresión se suavizó. >>El como hemos llegado a esto, quiero decir. Jamás pensé que algo así ocurriría.
Liza White —Tampoco creas que yo tengo demasiadas referencias —le aclaré con cierta gracia—. Era demasiado pequeña como para hacer algo así con mis parejas, y evidentemente Nikolah está fuera de la cuestión —Me estaba refiriendo después de todo a la química en la cama. Con Nikolah tenía una gran complicidad, obvio, pero ese detalle en concreto se me escapaba—. Y los pocos rangers con los que sí lo hice eran personas que apenas conocía. Decían que el sexo con amor era una experiencia totalmente diferente y me pregunté si dentro de ese concepto entraría el amor en sus distintas formas. Quizás nadie se había replanteado antes cómo influiría en la experiencia hacerlo con tu mejor amiga. Normal; yo tampoco me lo habría replanteado nunca. Me habría llevado las manos a la cabeza de hecho. ¿Quizás por eso sentía que fluíamos tan bien? ¿Porque existía esa misma complicidad y parte de ese amor, si bien condensado en otra de sus formas? Le devolví la sonrisa cuando regresó la vista a mis ojos. —Bueno, espero ser una buena primera experiencia entonces. Con todo y los malentendidos, las discusiones y... Lo que quiera que sea esa absurda competición por poder —Rodé los ojos, si bien mantenía el mismo tono jocoso de siempre—. Sé que quizás esto no dure mucho, pero imagino que podemos... ¿Aprender de la otra para futuras relaciones? —Me encogí de hombros, liviana—. Sí, supongo que sí. Habíamos iniciado esto sabiendo que tenía fecha de caducidad. Y aún así, de alguna forma, sentí un ligero, ligerísimo pinchazo irracional en algún lugar recóndito de mi ser. Iba a tener que evitar acostumbrarme a esto, ¿verdad? La vuelta a la normalidad sería mucho más fácil así.
Mimi Honda —No entiendo como puedes hacer algo así con alguien que no conoces—suspiré con resignación—. Algunos de mis fans me han propuesto cosas similares pero jamás tuve la necesidad de aceptarlas. Simplemente no era algo que me preocupaba. Jamás me había sentido atraída por un extraño más allá de una simple apreciación estética. Ese tipo de relaciones esporádicas estaban fuera de cuestión. La escuché hablar y sentí un extraño pinchazo en algún lugar. Una sensación similar a los celos que me produjo saber de Ai, una negativa taxativa a aceptar la realidad. Incluso si yo misma sabía que era cierto, escucharlo de sus labios me irritó. No me gustaba pensar en este aspecto de nuestra relación como una especie de entretenimiento temporal... pero quizás era justo lo que era. Bueno, si ese era el caso, más valía hacerlo valer. —No es una competición si me cedes el poder, ¿sabes?—le dije a media voz y giré al costado para volver a tomar mi posición sobre ella—. Así que, ¿lucharás por él o seguirás dejándome hacer lo que quiera?
Liza White Volvió a recuperar su posición sobre mis caderas y parte del cosquilleo regresó, si bien moderado. Alcé las cejas, escuchándola hablar con una mezcla de incredulidad y cierta gracia, para qué mentir. —Mimi, ¿estás admitiendo que en el fondo no te interesa tanto dominar si no que te dominen? —la molesté, con toda la intención del mundo—. Tenerme a merced de las circunstancias, pidiéndote que me hagas lo que quieras, poniéndote esta carita... —Le volví a poner ojitos para reforzar mi punto, removiéndome bajo su cuerpo con una fragilidad impostada—. Cualquiera mataría por eso. Pero tú pareces disconforme con que no luche, ¿hm? Cerré los ojos, soltando una risa nasal y me erguí, sin necesidad de hacerla a un lado. Esta chica no tenía remedio. Pero era exactamente su carácter impredecible lo que llamaba tanto mi atención en prime lugar. Destacaba entre los demás como un shiny entre una caterva de pokémon de tipo normal. Rodeé su cintura con un brazo y mi mano libre acarició su vientre de manera ascendente, sin prisa, sin apartarme de sus ojos. Recorrió su torso, se deslizó hacia el costado y acabó por anclarse en el broche de su sujetador, liberandolo como un ligero "click". Mis labios alcanzaron su oído y susurré, ronroneando apenas contra él. —¿Quieres jugar? —La reté entonces. Ah~ Por una vez que estaba siendo generosa con ella. Qué remedio—. Juguemos, pues.
Mimi Honda —C-claro que no, idiota—protesté enrojeciendo de golpe cuando buscó molestarme. Sentí su mano ascender por mi vientre, mi piel se erizó y arqueé ligeramente la espalda buscando casi a ciegas más contacto—. Solo... solo estoy diciendo que— Ahogué una jadeo de sorpresa y la respiración se me cortó con brusquedad en la garganta cuando alcanzó mi oído. Fue como una chispa, un escalofrío me recorrió la espalda y mi autocontrol volvió a tambalearse. Ni siquiera fue el hecho de que desabrochase mi sujetador lo que me hizo temer por el deplorable estado en el que estaba dejando mi raciocinio. Estaba molesta, ese era el punto. Su estúpida y objetiva cucharada de realidad—que ya yo sabía—, fue suficiente para prender la chispa. ¿Aprender de la otra para futuras relaciones? Hah. Cómo si esas hipotéticas futuras relaciones pudieran estar al nivel de esto. En cualquier caso, si su cuello era sensible, mi orejas eran lo mismo para mí. Y ella lo sabía. Ambas los sabíamos. Así que moví la cabeza hacia el costado tratando de apartar mi oreja de sus labios en un intento por recuperar algo de control. Las sentía calientes y enrojecidas. Y la fulminé con la mirada entonces. —Tramposa. Es... muy injusto si usas mis debilidades contra mí—le recriminé con agitación y mi mano no perdió el tiempo colándose a tientas bajo la única ropa interior que le quedaba. Solté una risa corta y baja ciertamente prepotente cuando sentí con la punta de mis dedos lo jodidamente mojada que estaba—. Pero bring it on, pumpkin. Dos pueden jugar a este juego.
Liza White Le quité el sujetador y lo arrojé a un costado de la cama, teniendo vía libre. Mis manos comenzaron a deslizarse de regreso a su torso, acariciando su piel, ahuecando sus senos y jugando con mis pulgares sobre sus zonas más sensibles. Le había susurrado al oído con toda la intención del mundo, ruborizándola al instante y apartó el rostro a duras penas, fulminándome con la mirada. Mis manos se mantuvieron allí pero detuve mi acción de inmediato, dedicándole una sonrisa de lo más inocentona. —¿Yo? —repetí, fingiendo sorpresa—. Pero si soy un pan de Arce- >>¡A-Ah! Si hablábamos de tramposas, ella acababa de llevarse la palma. Ni siquiera vaciló; su mano encontró un lugar entre mis piernas y deslizó los dedos bajo la ropa interior. Todo mi cuerpo tembló bajo su tacto, la respiración se me aceleró y mis caderas se alzaron sin mi permiso, buscando sentir más de ella casi con desesperación. T-Tsk. Con la mente nublada y espasmos esporádicos obstaculizando mi camino intenté, reuniendo todo el orgullo y tozudez que poseía, entretener mi mente en lo que estaba haciendo para no perder allí mismo. Dado que aún estaba sentada sobre mí, tenía su pecho convenientemente cerca de mi rostro y comencé a usar mi boca, tanto para hacerla flaquear como para silenciarme a mí misma en el proceso. Cada cierto tiempo debía detener lo que hacía entre sonidos incontenibles, paralizando mis músculos y nublando el poco raciocinio que me quedaba. La cama crujía bajo el vaivén que comenzaba a ganar velocidad con cada roce de nuestros cuerpos. Pronto el ambiente en la habitación comenzó a sentirse enrarecido, sofocante. Por suerte Dante ya no estaba por allí para preocuparnos de no hacer demasiado ruido.
Mimi Honda Mierda. Me sentía sofocada y era difícil conectar mis movimientos mientras su boca buscaba entretenimiento en mis senos. Siempre había odiado el tamaño de estos y los estúpidos que me rodeaban en mi trabajo no estaban ayudando con este complejo. Pero cada vez que ella los tocaba, cada vez que centraba su atención en ellos sentía que era una completa ridiculez sentir vergüenza. Me encantaba que me tocase como si adorase a una deidad. Me reafirmaba en mi trono y al mismo tiempo me hacía sentir absurda y ridículamente vulnerable. —¡Ngh! t-tonta...—gemí con debilidad enredando los dedos de mi mano libre en su corto cabello castaño. La atraje hacía mi con necesidad, sin medias tintas, arqueando la espalda mientras mis dedos se deslizaban entre los pliegues húmedos y presionaban contra el botón sensible, buscando enloquecerla tanto como me enloquecía a mí. Me mordí el labio inferior mientras el calor ascendía lo suficiente para embotarme los sentidos y encontré mi voz, agitada y sin aliento—. H-hey... ¿recuerdas lo que te dije del Hanon? He... he estudiado digitación por años. Lo siento, pero no puedes ganarme en esto. Y no perdí el tiempo cuando deslicé uno de mis dedos en su interior derritiéndome con el calor sofocante y la forma en la que su cuerpo se arqueó con cada movimiento. Añadí un segundo, profundicé y sentí como se apretaba a mi alrededor con fuerza, buscando más de mí. El calor y la forma en que su cuerpo respondía me cortó la respiración en la garganta. Si su cuerpo era el mismo que el mío... ¿por qué demonios se sentía tan distinto? ¿Por qué me enloquecía tocarla? Quería tocarla como si fuera un piano. Quería arrancar de sus labios las mejores melodías posibles y recrearme en su voz como si fuera una pieza exquisita de música. Y tenía la habilidad necesaria para hacerlo. —Liz... di mi nombre—murmuré en voz baja, ahogada por el deseo mientras apretaba mi cuerpo contra el suyo. Dejé escapar un suspiro tembloroso al arquear los dedos en su interior con precisión cirujana. Entonces enredé mi mano con más fuerza en su cabello para levantar su cabeza e impactar mis labios contra los suyos como si genuinamente quisiera devorarla. Di mi nombre hasta que yo sea lo único en tu mente.
Liza White Sentí una oleada de electricidad difícil de definir cuando sus dedos se cerraron en torno a mi cabello, pegándome aún más contra su cuerpo y redoblando mis ganas de devorar cada trozo de piel que tuviese a mi alcance. Era simplemente hipnótico. Su suavidad, la marcada excitación de sus senos, la forma en la que su cuerpo respondía a los estímulos, buscando más de mí como yo ansiaba de ella. En cualquier caso supe que esta era una batalla que no podía ganar desde el momento en el que sus dedos se deslizaron por mi vientre, directa hacia el desastre que ella misma había creado. Claro que recordaba su habilidad con el piano y la práctica extenuante a la que se había sometido durante años. No había que ser un genio para adivinar en qué otras cosas podía plasmar esa... destreza manual. Pero sentirlo en tu propia piel era una cosa completamente distinta. La respiración se me cortó en la garganta ante la intromisión, jadeando con dificultad contra su piel. Todo mi ser estaba gritando por sentirla más cerca, más rápido, más profundo. Era tal la desesperación, la ansiedad que me burbujeaba en las venas, que ya no pude disimularlo de ninguna forma. Por mucho que amase enterrar mi rostro en su pecho me paralicé, agitada, sofocada y extasiada al mismo tiempo por las intensas sensaciones que experimentaba. La forma en la que su pulgar realizaba movimientos concéntricos mientras se animaba a deslizar otro de sus dedos dentro de mí me estaba volviendo loca. Cuando sus dedos se arquearon de esa forma todo mi cuerpo se derritió, preso de un placer imposible de describir con palabras. No sé en qué momento se aferró con renovada fuerza a mi cabello, pero me dejé hacer con una sumisión absurda, recibiendo sus labios con el oxígeno de mis pulmones en reserva. Suspiré contra ellos con cada vaivén, incapaz de modular mi voz, y rodeé su cuello como si fuera a perder las fuerzas en cualquier momento. No estaba demasiado alejada de la realidad. —M-Mimi... Oh, Mimi... ¡Mngh...! —la llamé entre gemidos. Una, y otra, y otra vez. Aunque no me lo pidiese lo habría hecho. Mi mente se silenció en el instante en el que las sensaciones que me provocaba eran tan intensas como para que solo pudiese pensar en ella, en lo que me hacía. En su calor, en su voz, en el obsceno roce de su cuerpo contra mío. Nada parecía ser suficiente cuando venía de ella—. ¡M-Mimi, no puedo más...! Todo mi cuerpo se tensó en ese instante, sacudido por una oleada de placer sin precedentes. La rodeé con más fuerza, arqueando la espalda en su máximo, y dejé caer mi frente perlada en sudor sobre su hombro, exhausta y boqueando por el aire que se me escapaba. ¿Cómo... podía hacerme sentir tanto? ¿Cuál era su secreto? Era simplemente absurdo.
Mimi Honda Sempre più mosso. Siempre más rápido. En el ámbito musical implicaba un aumento gradual del tempo y la velocidad de interpretación de una pieza. Cada sonido que emergía de sus labios estaba en crecendo según el movimiento de mis dedos. Si los movía correctamente, si apretaba los puntos determinados con la precisión justa era bastante fácil conseguir las notas más altas. Por supuesto que Liza no era un piano, pero quería arrancar de sus labios las mejores melodías posibles. Quería recrearme en sus reacciones y sentir como el resto del mundo dejaba de existir para centrarse en este momento; en esta burbuja fugaz en la que solo cabíamos ella y yo. Podría escucharla todo el día. La forma en la que gemía mi nombre con desesperación una y otra vez, como si fuera la única maldita cosa que conocía. Como si en el nublado espacio al que se había reducido su mente no hubiera lugar para nada más. Ni Ai, ni la camarera del restaurante de pasta... ni siquiera Nikolah. El poder era una cosa peligrosa. Y yo siempre había sido una orgullosa mimada y egoísta de mierda. Por supuesto que me enloquecía tener ese tipo de poder sobre ella. Pero si aquello fuese simplemente una cuestión de poder, no estaríamos en esta situación. No estaría allí pensando en cuanto me gustaba su voz o en como amaba la forma en la se apretaba alrededor de mis dedos como si no quiera dejarme ir; en como me rodeaba con sus brazos y sus caderas presionaban contra mi mano con necesidad. En su perfume que se mezclaba con el aroma a jazmín del mío y me embotaba los sentidos; o en la suavidad de su cabello entre los dedos de mi mano libre. No estaría pensando en que no quería que aquello terminase nunca. Jamás lo diría en voz alta. Especialmente porque debido a la naturaleza de nuestra relación no tenía ningún sentido hacerlo. A medida que la intensidad crecía y los movimientos de mi mano se hacían más rápidos y bruscos el aire se tornó más sofocante, como si el fuego que nos encendía la piel hubiera extinguido todo el oxígeno de la habitación. Su piel estaba perlada en sudor al igual que la mía, éramos un completo y absoluto desastre. Supe que alcanzaría el clímax antes de que ocurriera y cuando su cuerpo se arqueó bruscamente insistí con mis dedos tratando de alargar ese punto de quiebre lo máximo posible. Sempre più mosso. La actuación terminó con un exquisito crescendo. Agotada y jadeante apoyó su cabeza en mi hombro y cerré los ojos. Estaba ardiendo, literalmente estaba en llamas. Si ya mi necesidad por ella era difícil de controlar, ahora se había vuelto insostenible. —¿Estás bien?
Liza White Nos mantuvimos allí durante unos instantes, abrazadas, sofocadas por el desastre en el que habíamos decidido arder juntas. Me acurruqué entre sus brazos con la fragilidad de un pokémon recién salido del huevo. Todo cuanto ocupaba mi mente eran sensaciones y pensamientos agradables; lo cómoda que me sentía en su presencia, la calidez y suavidad que me transmitía su piel, la forma en la que había asignado su perfume con su presencia y me relajaba de manera inconsciente, embargada por una sensación de familiaridad. Lo mucho que la quería, simple y llanamente. “¿Estás bien?" —Mhm —respondí, con una afirmación apenas audible. Afiancé mi agarre en torno a su cuello, acurrucándome aún más, dominada por un repentino sentimiento caprichoso y egoísta—. Déjame quedarme así un poco más. La mente actuaba de maneras impredecibles. Aprovechaba nuestros momentos de mayor debilidad, cuando nos encontrábamos desprotegidos y desinhibidos para atacar con pensamientos intrusivos a los que usualmente no les concedíamos voz. La paz que se había instaurado en mi pecho se vio amenazada por uno de ellos. Mi vida se había regido por multitud de despedidas. El primero en marcharse de y abrir la puerta a ese temor fue mi hermano. Al principio no quería aceptarlo; me aferraba con uñas y dientes por algo que no estaba en mis manos decidir, desgastándome severamente en el proceso. A esa primera partida le sucedió la de Destiny. La brusca separación con Bruno. Comprendí con el tiempo que las personas eran temporales, y lejos de cerrar mi corazón a cal y canto, decidí aceptar esta realidad desde una perspectiva resignada pero amable. Cada persona que transitaba por mi mismo camino por azares del destino era recibido por la misma hospitalidad, la misma sonrisa afable y desenvuelta de siempre. Disfrutaba de la compañía de todos ellos de manera genuina, aún sabiendo que en algún momento partiríamos caminos. Me esforcé por aceptar y normalizar que aquello estaba bien. Que era parte de la vida. Pero repentinamente, cobijada allí entre sus brazos no quise aceptar la finita temporalidad de su presencia. Ese pensamiento intrusivo no surgía más que de un miedo visceral e irracional. Los temores jamás se guiaban por la lógica. —Mimi —La llamé tras un prolongado silencio. Tensé los labios en una fina línea—. No vas a irte, ¿verdad? “Dímelo. Aún si sé que no es cierto” >>Necesito escucharlo —insistí, sintiendo la voz repentinamente queda y frágil. Jamás le había transmitido ese temor enterrado a nadie más. Ni siquiera sabía por qué lo estaba haciendo ahora. Por qué a ella—. Que no vas a marcharte como lo hicieron los demás. Quizás, porque después de desnudarte en cuerpo y alma, eso era lo único que quedaba.
Mimi Honda Hubo silencio después. Su voz me llegó en un murmullo bajo pero fue afirmativa y mi cuerpo se permitió relajarse. Vale que ya no tuviera las uñas largas, pero me aliviaba saber que no le había hecho daño o la había abrumado con la intensidad. Se acurrucó aún más contra mí y con fragilidad me pidió permanecer así un poco más. No tenía nada en contra, yo misma le había pedido que me abrazase siempre que pudiese. De modo que dejé escapar un suspiro ligeramente tembloroso y asentí. Ah, ¿por qué no? Todo el tiempo que quisiese. Había cerrado los ojos y permanecimos en esa burbuja particular, lejos del mundanal ruido, lejos de cualquier otra cosa que no fuéramos nosotras. No le di oportunidad siquiera a los pensamientos intrusivos de fastidiarme el momento. No quería pensar. El tiempo pasó tan solo perturbado por el sonido de nuestras respiraciones, especialmente la suya y como empezaba a tornarse profunda y regular. Podía sentirla temblar ligeramente entre mis brazos y la apreté algo más tratando de ayudarla a calmarse. Podía hacer a un lado mi propia necesidad. Entonces volví a escuchar su voz. El tono frágil y vulnerable llamaron mi atención de forma inmediata y permanecí en silencio pero escuchándola con atención. ¿Huh? ¿Irme? Resultaba irónico que ambas tuviésemos el mismo temor. —No digas tonterías—respondí en voz baja sin intenciones de sonar brusca y desenredé mis dedos de su cabello deslizando mi mano en sentido descendente a lo largo de su espalda—. ¿A dónde voy a ir? ¿A Sinnoh? Antes muerta que regresar. Allí no hay nada para mí. Toda mi vida está en Galeia. Sabía que no se refería a eso exactamente. Hablaba de nuestra relación y de su miedo de perderme. Pero no iba a perderme; no tenía la más mínima intención de irme a ningún sitio. Me tumbé a su lado de tal forma que pudiéramos mirarnos. Se veía... vulnerable, asustada y ansiosa y necesitaba que me mirase para hablarle con honestidad. Apoyé la mano bajo mi mejilla. >>Conseguiré una casa y me mudaré de forma definitiva—le conté—. Hace poco estuve buscando pisos de alquiler en el centro de Témpera, ¿sabes? La mayoría son carísimos y tendría que venderle un riñón al mercado negro. Pero... podría permitírmelo si fuéramos dos. ¿Eso era una indirecta? Titubeé ligeramente ante la intensidad de su mirada y aparté mis ojos de los suyos, repentinamente nerviosa. Los cerré y mi voz vaciló. >>Y-ya sabes. Pensaba buscar un compañero de piso pero no me hace demasiada ilusión compartir techo con un completo desconocido. Hay gente muy turbia por ahí. Eso era una directa.
Liza White Me brindó caricias suaves en la espalda y me aseguró que no se iría a ningún lado, y si bien sus palabras sonaban honestas y bienintencionadas... mi corazón no la creía. O más bien no se fiaba de las circunstancias ni de la aleatoriedad de la vida. La escuché con atención, si bien mi mirada permaneció ensombrecida, porque era lo menos que merecía. Yo le había preguntado, en primer lugar. ¿Por qué lo habría hecho, si nada ni nadie era capaz de sacudirme la sensación de encima nunca? En algún momento me instó a tumbarme a su lado y la miré sin comprender. La duda, los miedos y la ansiedad que sentía se arremolinaron con insistencia, incansables. Mi mirada transparente reflejó todos y cada uno de ellos. Y quizás, consciente de lo que se revolvía en mi interior, Mimi siguió hablando, siendo sincera en su propia deshonestidad. Me habló de mudarse definitivamente a Témpera. De pisos en el centro y precios desorbitados. Dejó caer una propuesta extraña y abri los ojos con lentitud. ¿Compartir... piso? ¿Ella y yo? La repentina ilusión que me brilló en los ojos se apagó casi al instante. Lo sustituyó una amarga sonrisa en su lugar. —Mims, eso suena bien, pero... Mi trabajo está allí, en Almia. A... cientos de kilómetros de Galeia —Le recordé, con voz plana, barriendo la tristeza y la desesperanza bajo la alfombra con resignación—. Aunque viniese cada fin de semana, festivos y vacaciones no creo que... Enmudecí en cuanto un nuevo factor se agregó a la ecuación. Un detalle nimio que había estado pasando por alto hasta entonces. Las sombras retrocedieron y mi mirada recuperó parte de su brillo, entreabriendo apenas los labios por el asombro. Era rango uno y requería de formación presencial y misiones en ciudades aledañas... Pero no sería una rookie siempre. Existía una posibilidad. —Los rangers de rango tres tienen la opción de pedir un traslado. Cambiar el puesto de trabajo a tu ciudad natal o donde has estado viviendo en los últimos años —Le informé, aunque realmente me lo estaba recordando a mí misma en voz alta—. En mi formulario de ingreso marqué que he pasado los últimos cinco años en Galeia, de modo que entra dentro de esas opciones. Podría... lograr asentarme en las actividades rangers de la región. Existen sedes repartidas por casi todo el mundo, después de todo. Como si hasta en ese preciso instante no hubiese procesado la relevancia de aquella información, mi expresión se iluminó, presa de una ilusión casi infantil. La miré con ojillos brillantes, irguiéndome de vuelta porque era incapaz de contener toda esa energía repentina, chisporroteando por cada por de mi ser. >>Podría... ¡Podríamos hacerlo! ¡Podemos ser compañeras de piso! Tendría que estudiar mucho y entrenar hasta dejarme la piel. Tal vez hacer horas extra para subir más rápido, pero podré lidiar con eso —Aseguré sin siquiera dudarlo—. Y aunque nos pasemos el día ocupadas o llenas de viajes, al menos podríamos vernos en la noche y contarnos qué tal nos fue el dia. La casa nunca estaría sola al regresar, y aunque no sepamos cocinar podemos aprender juntas —Solté una risa cristalina, producto de la propia emoción—. ¿No suena super lindo? En ese momento lo entendí. Quizás no me había dicho las palabras que buscaba, pero las palabras al final del día se las llevaba el viento. Las acciones eran las que realmente importaban, y Mimi me habia propuesto vivir con ella. Sabiendo lo sola que me sentía en Almia, alejada de todo y de todos, y del miedo que tenía de que la vida nos separase en un futuro próximo ahora que ella estaba convirtiéndose en una modelo de renombre... Había sido la mejor respuesta que nadie podría haberme dado nunca. —...Gracias —Le dije entonces, cuando me hube calmado un poco. Le sonreí, una sonrisa honesta y brillante. Mis mejillas habían adquirido cierto rubor y todo—. De verdad necesitaba oír algo así.
Mimi Honda Era algo que llevaba pensando un tiempo. Sinnoh no tenía nada para mí salvo un padre ausente. Galeia se había convertido en mi hogar, en mi sitio en el mundo. La región que me ayudó a crecer y a escapar de la jaula de oro en la que me había criado. Mi vida como tal empezó aquí y no había otro lugar donde quisiera quedarme. La vida nómada de un holder estaba bien hasta cierto punto, pero empezaba a estar cansada de dormir en centros pokémon cuando podía tener mi propia casa y dejar de pedir prestados los ingredientes de Joy para cocinar. Como ni loca pensaba depender del dinero de mi padre, no podía comprarme una casa directamente o alquilar el penthouse más caro de la ciudad. Debía ser realista y optar por opciones viables y económicas. Pero estaba empezando a ser reconocida como modelo y mi sueldo era... escaso y a parte irregular. Si quería compaginar mi vida de modelo y a parte comprar una casa en el futuro, probablemente tendría que buscarme un segundo trabajo que me pagara cada mes y no por promoción o contrato con empresas de publicidad. Me imaginé a mí misma trabajando en un maid café. Había uno por aquí cerca. Incluso los Pokémon que servían las mesas iban vestidos de mucamas. Yo, que siempre me había considerado a mi misma una señorita de la élite... vistiendo un traje de maid. Me quería morir. Dejando de lado toda esa problemática, mientras encauzaba mi vida, podía resolverla con un compañero de piso. Liza era mi mejor amiga, confiaba en ella con los ojos cerrados. ¿Acaso había una mejor opción? Nos entendíamos bien, teníamos complicidad y aunque éramos unas tercas tontas y orgullosas sabíamos trabajar en equipo. Los inconvenientes de la vida adulta serían un paseo por el parque a su lado. Me explotó la burbuja demasiado pronto. Estaba haciendo sus prácticas como Ranger en Almia. Si ahora estaba en Galeia era solo por vacaciones... lo que implicaba que el plan era inviable. O al menos en apariencia. Me contó que los Rangers de rango tres podían pedir el traslado y trabajar en otra región. Si alcanzaba ese rango podía mudarse a Galeia y podríamos compartir piso. Parpadeé con lentitud como si no terminase de procesar la información recibida y mi expresión se iluminó cuando mi cerebro chamuscado pudo racionalizarla. —¿¡Huh!?—exclamé y me incorporé como ella lo hizo—. ¿En serio? Siempre tendríamos un lugar al que regresar y alguien nos esperaría al otro lado al abrir la puerta. No sonaba solo super lindo, sonaba absolutamente increíble. Mientras nos tuviéramos la una a la otra jamás volveríamos a estar solas. Eso... era algo que llevaba deseando quien sabía cuánto tiempo. Era perfecto. Jodidamente perfecto. Ni siquiera tenía palabras para describirlo. Siempre tendríamos un hogar al que volver. Sentí mi rostro enrojecerse de golpe cuando me sonrió con tantísima honestidad. No podía sonreírme así, iba a derretirme desde dentro. Mi corazón eludió un latido. —Entonces... esfuérzate ¿de acuerdo?—le dije y levanté mi meñique cerca de ella para cerrar la promesa. La miré cerrando solo uno de mis ojos, aparentando no estar tan emocionada como lo estaba realmente—. Esforcémonos ambas y vivamos juntas. Pero... luego no te quejes cuando gaste toda el agua caliente o queme la cocina al intentar preparar una omelet. Contenido oculto El tsunderismo de esta criatura smh *le pisa un pie* BTW AAAAAAAA ESTÁ PASANDO Ahora son el Astralyn- Contenido oculto: PV
Liza White Extendió su meñique hacia mí para cerrar la promesa, y ni siquiera lo dudé. Lo sellé con un vivaz "¡Mhm!", completa y genuinamente feliz. No podría contener tanta alegría dentro de mí ni aunque quisiese; iba a estallar en cualquier momento, como una olla a presión. El esfuerzo sería inimaginable pero merecería la pena. Un par de meses malos en comparación a vivir juntas, tal vez por años, sonaba a un trato más que justo. Me dejaría la piel todo lo que fuera necesario para conseguirlo. Era una promesa. La miré y un repentino golpe de efusividad me llevó a prácticamente lanzarme hacia ella entre risas, llevándola de nuevo junto a mí hacia el colchón en mitad de un improvisado abrazo. Compartimos un par de risas, momento en el cual me senté distraídamente sobre ella. Me encantaba eso. El cómo sacábamos la versión más genuina y pueril de la otra cuando estábamos juntas. Parecíamos un par de crías sin nada que perder. Tal vez así fuese. —Tengo soluciones para todo. Pegaré el teléfono de los bomberos y emergencias por cada rincón de la cocina, just in case. No puedo juzgarte por quemar la cocina cuando yo puedo amenazar con envenenarnos con la cena —Bromeé, secándome alguna que otra lagrimilla de los ojos. Entonces mi sonrisa se tornó sugerente, completamente a propósito. Le guiñé uno de mis ojos entonces—. Y en cuanto al agua caliente... siempre podemos bañarnos juntas. Podrías pasarte el tiempo que quisieses dentro, y yo prometo no molestar. No demasiado al menos. Sabía que era su tiempo de calidad consigo misma así que dudaba que aceptase mi sugerencia. Era una idea lanzada al aire, después de todo, y también ocasional. Sea lo que fuera que decidiese estaría bien con eso. El agua fría no estaba taaaan mal. Creo. Me incliné sobre ella cuando las risas dejaron de llenar la habitación, repentinamente abstraída en su mirada. Coloqué mis manos a ambos lados de su cuerpo, y lentamente acorté las distancias hasta robarle un beso fugaz. Me mantuve allí, a escasos centímetros de sus labios cuando me separé para hablarle. >>Eso significa que tampoco podré contenerme al tenerte cerca de mí tanto tiempo —murmuré, conteniendo apenas el aliento. Me sonreí—. Espero que no te moleste ese pequeño detalle de nada. Contenido oculto ME ESCUCHAS CHILLAR??? AAAA
Mimi Honda Aceptó la propuesta sin dudarlo un segundo y sellamos la promesa de la forma más infantil posible. Su meñique rodeó el mío y sentí, repentinamente, como si hubiera estado ahogándome y pudiera respirar al fin. Esa sensación de alivio cuando el cielo está encapotado por horas, llueve a cántaros, y repentinamente tímidamente entre las nubes grises aparece un rayo de sol. Sonaba novelesco incluso, idílico y casi utópico para mí. Pero estaba pasando. Oh, Arceus. Debía parecer idiota en ese momento intentando no demostrar lo feliz que me hacía todo esto. Había logrado mantener las formas y contener mi emoción pero cuando se lanzó a abrazarme aunque solté un "¡O-oye!" de pura sorpresa, reí cuando ella lo hizo. No podía evitarlo, la perspectiva me emocionaba demasiado. Sentía como la pesada sombra de la soledad parecía soltarme los hombros. Liza bromeó durante un tiempo y le seguí el juego aportando que si su idea era pegar el número de los bomberos en la cocina, yo pegaría el de emergencias médicas en el comedor para evitar intoxicarnos en la cena. Probablemente terminaríamos buscando recetas en internet y practicándolas juntas y usando a la otra como juez mientras tratábamos de no matarnos en el proceso. Habíamos podido cocinar profiteroles sin problemas... no podía ser tan difícil, ¿verdad? Hacíamos un buen equipo. Enarqué una ceja ante su peculiar sugerencia. Ah, ¿así que ese era el asunto? —Pervertida—le dije con un mohín falso, fruncí el ceño y tiré de su mejilla pellizcándola en un ademán punitivo—. Te vendrá bien el agua fría entonces. Molestarme era lo último que haría. Tan solo esperaba que no fuese problemático para ella cuando yo hiciese lo mismo. La dejé ir y rodeé su cuello con mis brazos. Casi ronroneé con satisfacción cuando volví a besarla. Contenido oculto Right in front of my salad? THEY'RE SO GAY CASENSE YA POR FAVOR
Liza White —Auch, auch, auch. Mimi∼ —Me quejé cerrando uno de mis ojos, el más próximo a la mejilla que estaba siendo torturada—. Si vamos a vivir juntas lo tuyo es mío y lo mío es tuyo. No seas egoista y comparte la bañera, anda∼. Solté una risita, liviana, porque sabía que no hablaba en serio. Entonces rodeó mi cuello con sus brazos y sonreí contra sus labios, disfrutando del beso y profundizándolo lentamente. Me recosté sobre su torso desnudo, el roce me cosquilleó en la piel y usé mis antebrazos de contrapeso, reparando en la suavidad de las sábanas. Perdí la cuenta de cuántos besos compartimos, o del tiempo que nos mantuvimos en esa postura. Lo único que sabía con certeza era lo mucho que me gustaba besarla, así como a ella le sucedía conmigo. Podríamos pasarnos allí todo el día y no nos cansaríamos de la otra. Me preguntaba cómo funcionaba eso exactamente, por qué sentía que estaba siendo sometida a algún tipo de influjo del que yo no era siquiera consciente. Me removí con cuidado buscando no aprisionarla con mi propio peso y acabé flexionando la rodilla entre sus piernas, necesitando algo más de apoyo para no adormecer mis brazos. Tenía la cabeza desconectada de la realidad, adormecida por las sensaciones, pero cuando el roce ligero la estremeció bajo mi cuerpo reparé en ese ligero detalle. De modo que presioné, mis manos acariciando su piel expuesta y jugando con sus senos, con toda la calma del mundo. Quería extender el momento en el tiempo todo lo que fuera posible y más. Arceus, se sentía demasiado bien. —Me encantas —musité, practicamente suspiré contra su piel cuando sus brazos perdieron fuerza en torno a mi cuello y me deslicé hacia abajo, besando cada trozo de piel que tenía a mi alcance. Mordí y succioné aquí y allá, reafirmando mi punto, en aquel camino descendente con destino único—. No tienes idea de cuánto. Resulta bastante problemático tener una debilidad así, ¿sabes? Besé su vientre y busqué sus ojos desde allí, separando con suavidad sus muslos con mis manos y acariciándolos con movimientos regulares. Sonreí apenas contra su piel. >>Espero que utilices ese poder con responsabilidad, Mims.
Mimi Honda No fueron uno, ni dos ni tampoco tres besos. Cada vez que nuestros labios se rozaban era como si saltara una chispa y repentinamente ya nada era suficiente. Por eso ella profundizó el beso y yo le permití hacerlo separando apenas mis labios y buscando su lengua con la mía. Recordaba lo torpe que había sido aquel primer beso en Atracadero. Un beso brusco, torpe y atolondrado. Pero éramos bruscas, torpes y atolondradas. Recordaba la noche fría y lo caliente que estaba su cuerpo en comparación. Recordaba la pared contra la que empujé su espalda. Una cualquiera detrás de un restaurante cualquiera, en un callejón lejos del tráfico y las luces de un pueblo pesquero de Gérie. Recordaba habernos besado como si quisiéramos devorarnos. No. ¿Solo como si quisiéramos? Queríamos hacerlo. Por eso la estúpida llamada nos molestó tanto. Porque no era suficiente. Nunca parecía serlo. En medio de mi mente embotada por sus besos sobre mi piel escuché su repentina confesión. Ya no era un "me gustas" era un "me encantas", y la respiración se me cortó en la garganta bruscamente. Mis piernas se sentía débiles cada vez que me hablaba con tantísima honestidad. Y yo en cambio... —I-idiota, si sigues... ¡mmhg...!—gemí— si sigues diciendo eso me lo voy a terminar por creer. No era una cuestión de creerla o no. El problema es que parecía más una confesión romántica que amistosa. Y no sabía que hacer con eso. Sus besos descendieron por mi vientre y mi espalda se arqueó, mi cuerpo sacudido por pura y cruda necesidad. Mi piel estaba en llamas y llevaba tanto tiempo así que si fuera un Pokemon, Cuerpo Llama sería mi habilidad por defecto. El más mínimo roce por su parte incluso si era tan nimio como superficial era suficiente para estremecerme. Era electricidad pura recorriendo mis nervios. No tenía ningún tipo de piedad y honestamente yo tampoco quería que la tuviese. Si antes me había pedido que la besase y la mordiese marcándola como quisiera hacerlo, yo deseaba exactamente lo mismo. Que no dejase un solo centímetro de mi piel que desconociese su tacto; que me recorriese como quisiera hacerlo y pintara el lienzo en blanco de mi piel con sus propios colores. Pero a diferencia de ella yo no iba a decir ese tipo de cosas en voz alta. Mi orgullo se debatía constantemente entre cederle poder y negárselo, en acceder y cerrarme al mismo tiempo. Tratar conmigo requería un libro de instrucciones. Pero ella... parecía estar bien con eso. Al menos tenía paciencia y esa era probablemente la cualidad más importante al tratar con alguien como yo. Ella era, después de todo, la primera y única persona con la que estaba experimentando todo esto. Y probablemente la primera y única persona con la que quería hacerlo. —Creí que te daba vergüenza—murmuré en voz baja y con evidente fragilidad cubriéndome los labios con el dorso de la mano. Parpadeé con pudor y desvié la mirada de sus ojos cuando separó mis muslos con sus manos. Mi primer impulso en un primer momento fue volver a cerrarlos buscando esconderme de alguna manera—era pleno día y podía verme. Podía ver con perfecta claridad el desastre que había causado, el poder que tenía sobre mí incluso por encima de la ropa interior—, pero no lo hice. ¿Por qué? Porque no había nada que esconder. Ella y yo eramos iguales y no iba a ver nada que no hubiera visto antes. Aunque si me sentía vulnerable y expuesta antes probablemente esta era la cima de eso. No podía expresar la verguenza y al mismo tiempo la anticipación que sentía con palabras. La miré de soslayo. >>¿De verdad vas a hacerlo? Me iba a morir allí.
Contenido oculto: Contenido mu gay, no mirar Liza White Cuando le decía que me gustaba o me encantaba con tanta honestidad olvidaba que podía malinterpretarse con facilidad. Tampoco creía que Mimi fuera a hacerse ideas raras, teníamos clara nuestra relación al fin y al cabo. No hacía referencia nada más que a lo atractiva que se veía allí, semidesnuda bajo mi cuerpo y a merced de las circunstancias. A la infinidad de cosas que me hacía sentir cuando me miraba con esa fragilidad, a los estremecimientos que recorrían su cuerpo con cada roce de mis manos. A lo distinta que se escuchaba su voz cuando decía mi nombre. Lo decía sin pensarlo, con la misma impulsividad y despreocupación con la que regía cada aspecto de mi vida porque en ningún momento me había detenido a pensar que las diversas emociones que identificaba no fueran más que la punta del iceberg. ¿Por qué iba a hacerlo? El aspecto romántico lo reservaba para alguien más. El cosquilleo que noté en el estómago cuando nuestros ojos se cruzaron lo atribuí al hecho de no haber desayunado aún. El corazón acelerado a lo agitada que me encontraba por la situación en la que nos encontrábamos y con razón. Mi incontenible necesidad de tenerla cerca a la atracción física que sentía por ella. Encontraba una explicación absurda para todo casi al instante o más bien no le concedía ni un segundo de mi tiempo a pensamientos intrusivos de ningún tipo; solo había que ver el desastre que fue dejarle terreno a mi temor a quedarme sola. Después de todo solo era mi mente jugándome malas pasadas, ¿cierto? No dejábamos de ser nuestro mayor enemigo. Mis labios dejaron de rozar su piel por unos instantes cuando un último pensamiento se abrió paso entre los demás. Irrumpió, desestabilizó por unos segundos mi raciocinio y se marchó sin hacer ruido, pero fue suficiente para sembrar la primera semilla de la duda en algún lugar recóndito de mi mente. La primera de muchas. "¿Cuándo fue la última vez que pensaste en Nikolah?" ... "Creí que te daba vergüenza" Su frágil murmullo me devolvió a la realidad. Regresé al lugar que había hallado entre sus piernas, a la habitación del centro pokémon que compartíamos desde hacía días y a lo que estaba a punto de hacer. El pensamiento desapareció y Mimi regresó a monopolizar mi mente. La sensación agridulce en mi pecho remitió y fue sustituida por la vergüenza y la expectación. Enrojecí vivamente, pero a pesar de todo esta vez no desvié la mirada. Esta vez no había sido un gracioso malentendido. "¿De verdad vas a hacerlo?" —Sí —afirmé, recolectando los retazos de firmeza que se encontraban dispersos en aquel desastre. Quería hacerlo. Ella lo había hecho a pesar del pudor y yo quería devolverle el favor. Quería hacerle sentir lo mejor posible, la vergüenza no tenía cabida alli. No cuando comenzaba a memorizar cada zona de su cuerpo como si fuese el mío propio. Sus lunares, sus manchas de nacimiento, sus zonas más sensibles. Compartiamos el cuerpo y al mismo tiempo éramos entidades completamente diferenciadas entre sí. Y adoraba eso. Me tembló el labio inferior y desvié la mirada, incapaz de soportar la intensidad de la suya. Aparté con su ayuda el pantalón del pijama y su última prenda interior, dejándola completamente desnuda. Mi corazón latía frenetico en mi pecho cuando me incliné, mis manos aún sosteniendo sus temblorosas piernas, y rocé su intimidad de manera superficial. Estaba completamente humedecida por la excitación pero no podía culparla cuando había estado en la misma situación. La sentí estremecerse y los sonidos que emitía alcanzaron una mayor intensidad. Fue como si eso me hubiese dado el empujón suficiente para seguir: la sola necesidad de poder escuchar o percibir más de ella. Pasé la lengua entonces, tentativa, acostumbrándome al extraño sabor. Fui explorando con cautela, animada por sus reacciones, y mis movimientos adquirieron mayor seguridad y fuerza con el transcurrir de los minutos. Parecía hacerla sentir extremadamente bien y eso me animó a alzar la mirada con pudor, notando las mejillas arderme con intensidad. A la luz del día era aún más explícito y erótico y me recorrió un escalofrío apremiante por la espalda, deleitada con la imagen que me brindaba. Quería hacerle sentir lo mejor posible, superar mi marca de la noche anterior y devolverle todo cuanto me había dado, lo cual de por sí era difícil sabiendo que había sido tanto. Exploré su intimidad redoblando la intensidad, y en determinado momento me animé a introducir uno de mis dedos, comprobando si podía mezclar ambas cosas. Atendí su respiración, sus movimientos corporales y sus gemidos, lista para retroceder en el caso de que fuera necesario. Pero no lo fue. Y habiendo descubierto algo nuevo, decidí aferrarme a ello hasta que se derritiese del todo bajo mi tacto.
Contenido oculto: I could be a better kind of best friend Mimi Honda En el gran esquema de las cosas, de todas las posibilidades que alguna vez imaginé que podrían volverse una realidad esa era probablemente la última. No era como si no lo hubiera pensado alguna vez, era una persona curiosa por naturaleza. Pero siempre apartaba el pensamiento como un insecto molesto sintiendo que si alguna vez me encontraba en esa situación probablemente moriría abrumada por mi propia vergüenza. En realidad esa perspectiva no estaba lejos de ser cierta. Pero pudor no era lo único que sentía. Ah, ni hablar. Gemí con la cabeza echada hacia atrás contra la almohada, las manos agarrando las sábanas, el cuerpo tensándose al sentir el tacto extraño y caliente de su boca entre mis muslos. Describirlo era difícil. Era caliente, húmedo y... absurdamente inapropiado. Primero un corto, casto beso. Estaba sensible, casi hiper vigilante y mis caderas reaccionaron de forma involuntaria. Jadeé, presioné contra su tacto y arañé las sábanas, mis nudillos tornándose blancos por la presión. —¡N-ngh...! Pero se sentía bien. Se sentía demasiado bien. Me preguntaba si yo también la había hecho sentir así. Si lo hubiera sabido probablemente se lo hubiera hecho antes. Nuestros ojos se encontraron cuando aumentó la intensidad. Sentí su lengua recorriendo los pliegues húmedos y sensibles, probándome, devorándome como yo había hecho con ella la noche pasada. No podía soportar su mirada por mucho tiempo. No era ya vergüenza, era la intensidad de sus ojos, el azul ahogándome como un océano profundo e insondable. Me miraba como si fuera un tesoro invaluable, como si fuera la cosa más hermosa sobre la que había pasado sus ojos, y aunque no me lo decía con palabras podía verlo claro como un cristal. —E-eso... no es justo... ¿cómo me puedes hacer sentir así...? Era una buena pregunta. Lamentablemente no tenía ninguna respuesta y tampoco la buscaba en ese momento. Estaba revolviéndome, rebelándome contra las sensaciones y mis emocionas en respuesta a estas. Estaba luchando contra algo contra lo que realmente no quería luchar. Era mi orgullo. Siempre ese estúpido e innecesario orgullo de plástico. Y estaba perdiendo. Sumisión por un lado y poder por el otro. Casi podía sentir como se equilibraba la balanza. —... Para... para de hacer- a-ah—ni siquiera sabía lo que estaba diciendo. Más que hablar balbuceaba palabras inconexas, la voz ahogada y arqueando mi cuerpo, mis manos soltando las sábanas y acercándose a agarrar su cabeza mientras mis dedos se enredaban en su cabello buscando algún tipo de soporte. Sentía la necesidad de tirar de ella y acercarla más a mí pero me contuve incluso si mi autocontrol estaba dando tumbos—. Vas... vas a volverme loca... Eso era un error. No iba a volverme loca, ya lo había hecho. No era una posibilidad, tampoco una hipótesis futura. Era un hecho irrefutable. Me hacía sentir débil, vulnerable, inexperta y ansiosa; me hacía desear cosas que jamás había pensado que desearía. Y casi lo odiaba. Porque era la única que parecía hacerme sentir así. La única persona que tenía el poder absoluto de ponerme un dedo encima y desarmarme. Y eso era jodidamente aterrador. Ladeé la cabeza y mordí la almohada buscando desesperadamente silenciarme. Pero fue inútil cuando decidió aumentar la apuesta y penetrarme con un dedo. Ahogué el gemido in crescendo allí sintiendo un cortocircuito cerebral. No podía pensar. No había en mi mente nada más que ella y sus manos y su estúpidamente increíble boca que tenía tanto la facilidad para acelerarme el corazón con sus palabras como hacerme temblar las piernas como si fueran dos palitos a punto de partirse en dos. Si no tuviera la cama a mi espalda probablemente hacía rato que me hubiera desplomado contra el suelo. ¿Siempre había sido así? Era incapaz de recordarlo. Mi mente estaba llena de parches, pero juraría que ese poder sobre mí era algo reciente. —… Más—La palabra se me escapó sin pedir permiso derretida en necesidad, y apreté los labios. Me ardían las mejillas, estaba sofocada y mi mano involuntariamente agarró su cabello con más fuerza sujetando su cabeza contra mí. Nunca se había sentido tan frágil, tan expuesta, tan visible para nadie... pero confiaba en ella. Confiaba tanto en ella. Y la combinación de la necesidad y la confianza me hacían sentir delirante. —Más. Por lo que más quieras...— jadeé, casi supliqué—. No te atrevas a parar ahora. Mierda, ahora que sabía como se sentía no iba a poder vivir sin esto. Me daba igual lo sucio que sonase, me volvía jodidamente loca tener su boca entre mis piernas. Contenido oculto Llevo horas intentando sacar este pinche post pero nada que mereciera la pena me llegó hasta que esta canción apareció como enviada del cielo. Y ahora la tengo en bucle. God bless you Xana-
Contenido oculto: I can be a better boyfr- Canción equivocada Liza White Probé diversas direcciones con la lengua usando su voz de brújula. Estaba más roja que un Darumaka con fiebre y me temblaban las manos, parecían hechas completamente de gelatina y me sentía desfallecer en aquella atmósfera tórrida y opresiva... pero se sentía tan correcto. Tremendamente obsceno pero correcto a fin de cuentas. ¿Cómo podía hacerla sentir así, decía? Eso mismo me preguntaba yo. Ella no tenía referencias, de modo que no podía valorar la intensidad de lo que estaba viviendo. Pero yo sí. Yo sí y no sabía qué hacer con esa información. Que mi mejor amiga me hiciese sentir mejor que nadie no tenía ni pies ni cabeza, pero estaba sucediendo y no podíamos hacer nada al respecto. Me aterraba volverme completamente adicta a eso. A esa clase de intensidad y no volver a encontrarla nunca, en ningún otro lugar. No olvides que tiene la fecha de caducidad marcada con fuego en la frente. Oh, cállate. Impulsada por la molestia que sentía conmigo misma y mis inoportunos pensamientos redoblé la intensidad de mis movimientos. Recorrí su intimidad en toda su extensión, sin dejar un solo rincón sin explorar. Podía notar su crediente excitación e insistí con fervor especialmente en aquel botón rosado, hinchado y palpitante. Presionar allí era suficiente para hacerla derretirse y llevarme a mí a rastras en aquel incansable descenso a la locura. Lo bueno de hacerlo en la mañana era que estábamos descansadas. Lo malo (si es que aquello era un aspecto negativo para empezar) es que tenía tanta energía que podría pasarme la mañana encerrada en la habitación con ella. Quería probarlo todo, experimentar todo cuanto teníamos a nuestro alcance y más. Quería poder aprender cada detalle de su cuerpo y ella del mío, probar todo de ella y que ella hiciese lo mismo hasta quedar satisfechas. Tumbadas. De pie. Contra la pared. De frente y de espaldas. Llegando a la vez de mil maneras posibles. Había tanto que desconocíamos aún y tanto que deseaba descubrir. ¿Qué postura sería mi favorita? ¿Y la de ella? ¿Cuál nos llevaría al orgasmo más intenso? Sus manos sujetaron mi cabello y volví a sentir la misma corriente de calor azotando cada fibra de mi ser. ¿Qué demonios me pasaba con que me sujetase del cabello así? ¿Había descubierto una especie de kink sin saberlo? Se aferró con fuerza, acercándome a ella con necesidad y se me apagó el cerebro de nuevo. La sentí removerse con agitación, sus pies deslizándose entre las sábanas incapaz de contener el inusitado placer que la asolaba. "Más. Por lo que más quieras... No te atrevas a parar ahora" La miré desde abajo, separándome ligeramente de su intimidad para poder hablarle. Mi respiración corría agitada a la par que la suya y la miré con intensidad, como si fuese la pieza de arte más hermosa que había visto nunca. —Saliste caprichosa, ¿eh, princesita? —murmuré al poco tiempo soltando un suspiro de circunstancias, jocosa. Recoloqué mi posición sobre el colchón, en un repentino absceso de valentía coloqué sus inquietas piernas sobre mis hombros y la aproximé más hacia mí. Desvié la mirada, haciendo que tambalease mi actitud bromista por momentos, sintiéndome repentinamente... ¿expuesta? Mi voz apenas la alcanzó. Fue un susurro más para mí misma que para nadie más. >>...Como si fuera a negarte algo en primer lugar. Retomé mi posición en su intimidad y esta vez introducí dos dedos, aumentando la velocidad gradualmente. Los arqueé con torpeza en algún punto, sin dejar de atender a su zona más sensible, buscando que alcanzase el punto de quiebre. Sostuve sus piernas sobre mis hombros con dificultad cuando los removió entre espasmos cada vez más recurrentes. No sabía qué iba a ser de mi raciocinio si seguía gritando así. Si seguía mordiendo la almohada y tensando los dedos entre las hebras castañas de esa forma, buscando más y más de mí con necesidad. Solo sabía que su sola existencia me volvía loca y que iba a tener que ser consecuente con eso. No podía hacerme sentir de esta forma y salirse de rositas. A la vista estaba lo que conseguía con eso. Contenido oculto PEGA MUCHÍSIMO. ¿A qué esperas para ponerla en la playlist? *Ojitos*