Ciudad Témpera

Tema en 'Rutas' iniciado por GalladeLucario, 27 Agosto 2013.

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    Reual Nathan Onyrian

    Reual Nathan Onyrian Dummy bro

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    Vaya, que sueños raros estaba teniendo. Me encontraba sobre una superficie totalmente blanca y lisa, plana y aburrida. Estaba caminando, pero no tenía rumbo. Tan solo, caminaba por caminar. De improviso, todo comenzó a temblar, como si un poderoso terremoto estuviera ocurriendo allí mismo. Sin embargo, el terremoto era extraño, como si fueran vibraciones periódicas y pausadas. Además, las sentía cerca de mi cabeza. Que extraño. Y eso era...¿música? ¿Un terremoto con música? ¿Qué Giratinas era...?

    El suelo bajo mis pies se partió en dos, y comencé a caer, a caer, y caer. Y cada vez hacía más y más frío, hasta que aterricé en un campo nevado. Lo bueno es que la nieve había amortiguado la caída. Lo malo es que la nieve había amortiguado mi caída. A pesar de su aspecto puro y de algodón, la bendita dolía como golpearse el dedo chiquito en un mueble. Me incorporé con una mueca de dolor, mientras me frotaba las caderas. Había aterrizado de posaderas, y creo que incluso un poco de nieve me había entrado debajo de la chaqueta, pues sentía un escalofrío por toda la columna, que me hizo estremecer.

    Miré a mi alrededor, para ver en donde me encontraba. Parecía una especie de bosque, pues había varios pinos y árboles similares, cubiertos completamente de nieve. Por el cuerno de un Houndoom, ¿por qué hacía tanto frío aquí? Bueno, suponía que era por la nieve. ¡Pero igual! Sin embargo, la cosa se tornó mucho más extraña cuando pude escuchar una risita, oculta entre el blanco panorama. Miré alrededor, pero todo lo que pude vislumbrar fue nieve y frío. Algo comenzó a picarme el cachete, y cuando me di vuelta, pude ver que era una criatura extraña. Tenía un palo en la mano, y estaba dele pincharme la cara. Estaba vestida de forma extraña, con unos extraños zapatos verdes que terminaban en un cascabel, calzas de color verde, blanco y rojo, un vestido corto, también verde, con un botón dorado y cuyo dobladillo tenía motivos de hojas. ¿Qué hacía vestida así, si estábamos en medio de la nieve? Yo estaba bastante abrigado, y sin embargo, estaba temblando. Continué mi inspección, mientras mi cara seguía siendo picada.

    No podía distinguir bien su rostro, pues parecía que se había puesto a contraluz del sol, y se hacía bastante difícil poder discernir alguna característica. Tan solo dos cosas resaltaban. Unas largas orejas terminadas en punta, y un gorro también verde, con un cascabel en la punta. Parecía estar moviendo la boca, como diciéndome algo, que no lograba discernir. Sin embargo, esa voz...reconocía esa voz de algún lado. ¿De dónde era? La criatura se agachó, mientras sonreía, y pude contemplar su rostro con más atención. Vaya, se parecía mucho a...

    — ¡Liza!— exclamé en voz alta, con las mejillas completamente rojas, mientras me despertaba de golpe del sueño, parándome de inmediato.

    El movimiento fue tan brusco que la silla en donde estaba cayó hacia atrás, haciendo un pesado ruido al caer. No recordé las cacerolas que estaban colgadas sobre la isla de la cocina, por lo que las recibí con un abrazo de mi nuca, lo que hizo que soltara un grito seco de dolor y me agachara, sobándome la parte de atrás de mi cabeza. Sin embargo, el frío hizo efecto, colándose por debajo de mi remera, lo que envió una señal a mi nariz. El estornudo que solté fue sonoro y tan fuerte, que hizo que trastabillara hacia atrás, me tropezara con la silla en el suelo, y cayera de espaldas al suelo.

    El golpe hizo que se me fuera todo el aire del pecho, y me quedé unos segundos allí. Luego, recordé quien estaba en la cocina también. Me paré como si nada hubiera ocurrido, mientras me limpiaba pelusas de la ropa. Sentía como mis mejillas se enrojecían, y como el calor comenzaba a subir por mi cuerpo. Bueno, al menos ya no estaba tan frío aquí. ¿Sería culpa de ese pequeño pokémon tan tierno que estaba allí? Parecía un individuo bastante encendido.

    — ¡Liza! Eh, ¿dónde quedó tu vestido ver...? ¡Digo, qué hacés acá! ¡Vaya, hola!— fue todo lo que logré decir, mientras hacía un esfuerzo para mirarla directamente.

    Vaya, ¿por qué siempre me ponía tan nervioso con ella cerca?
     
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    Liza White

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    "¡Liza!"

    —¡A-Ah!

    Un grito escapó de mi garganta en el momento en el que Nikolah se despertó bruscamente, haciéndome retroceder por inercia, mano en el pecho. Cerré los ojos con fuerza al ver cómo se golpeaba con las cacerolas del techo debido a su estatura, casi sintiendo yo misma el impacto en mi propia piel. Al abrirlos de nuevo, con cuidado, vi cómo retrocedía, y a pesar de que estiré mi mano para intentar alcanzarle fue demasiado tarde: el chico acabó ganándose otro golpe que, de nuevo, fui incapaz de mirar.

    Victini fue el primero en reaccionar, pero para mi sorpresa empezó a revolotear a su alrededor estallando en carcajadas, al parecer divertido con todo aquel espectáculo. Empezó a aplaudir con sus pequeñas manitas, quizás creyendo que todo estaba ensayado, y le dirigí una mirada recriminatoria, con los brazos en jarra, que pareció comprender a la perfección. Para cuando me acerqué a comprobar que el chico no se había hecho daño Glaceon ya se había subido a la mesa, olisqueando al entrenador con cierta preocupación.

    Parecía haberle tomado cariño en este tiempo, qué curioso.

    —¿Te encuentras bien? ¿Te has hecho mucho daño? —exclamé entonces, buscando su mirada para confirmar mis palabras, pero difícilmente parecía querer devolvérmela. Con mucho cuidado tomé sus mejillas con ambas manos, obligándole a que se estuviese quieto en el proceso, y comencé a inspeccionar su rostro en busca de alguna herida o rasguño producto de ambos golpes. Por suerte no parecía tener nada grave, pero eso no le libraba de posibles moratones en las zonas golpeadas al día siguiente. Solté un suspiro, dejándole libre al fin y me separé, cruzándome de brazos con el ceño fruncido—. Tienes que tener más cuidado, Niko. Tantos golpes pueden acabar pasándote factura —Pero al notar su mirada suavicé mi expresión, ladeando la cabeza a un costado—. Intenta ser más precavido, ¿sí?

    Caminé con calma hacia donde se encontraba la silla tirada y la coloqué en su lugar, dirigiendo un rápido vistazo hacia la puerta. Con suerte Joy no habría escuchado el estruendo y no tendría que preocuparse de otra cosa más. Me volví hacia el chico, Victini revoloteando hasta colocarse sobre mi cabeza, y sonreí ligeramente.

    —Acabamos de llegar al centro y te encontramos durmiendo aquí como si nada. Joy necesita usar la cocina dentro de nada, así que será mejor que se la dejemos libre pronto —busqué algo con la mirada, curiosa—. ¿Pero qué hacías tú aquí, Niko?
     
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    Miré con curiosidad al pokémon que revoloteaba a mi alrededor, mientras aplaudía y reía. Incliné la cabeza a un lado, curioso. Era la primera vez que veía una criatura así. Sí, definitivamente él era el responsable de todo el calor que sentía. Podía sentir su aura de fuego con bastante facilidad. Sin embargo, antes de que pudiera hablar y preguntarle su nombre, sentí como me tomaban de las mejillas, haciendo que mirara directamente a la muchacha. Sus palabras parecían extremadamente lejanas, mientras me preguntaba algo que no comprendía, y se ponía a inspeccionar mi rostro. Todo lo que pude hacer fue balbucear incoherencias, para luego tragar con fuerza, mientras sentía como el corazón se me subía a la garganta.

    Al final, me soltó, e instintivamente miré hacia el suelo, haciendo un poco de espacio, con el rostro ardiendo. Solo pude soltar un muy leve "sí" como respuesta, mientras Liza se ocupaba de ordenar el desastre que había causado. Vaya, tenía que ser más cuidadoso. No quería que alguien más se ocupara de limpiar todo el desbarajuste que hacía. No quería que ella especialmente lo hiciera. ¿Y por qué era eso?

    Sin embargo, su última pregunta hizo que volviera a la realidad, mirando alrededor, nervioso. Solté un suspiro, cuando vi que no quedaba rastro de lo que había hecho. Genial, la sorpresa todavía no se había perdido. Hice una mueca cuando escuché que Joy iba a necesitar la cocina. Bueno, no podía darle nada a Liza allí. ¿Qué podía hacer entonces? Piensa...piensa...De repente, el rostro se me iluminó.

    Sonriendo, me acerqué a Liza, y comencé a empujarla para que saliera de la cocina.

    —¡Espera afuera! ¡Y hazlo con los ojos cerrados! ¡Y siéntate en una mesa también!— exclamé, mientras la sacaba afuera del cuarto, y le dedicaba una sonrisa amplia.— Tengo una sorpresa para ti.

    Dicho y hecho, cerré la puerta de la cocina, y me dispuse a preparar todo.
     
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    Alcé una ceja al ver que como toda respuesta el chico parecía buscar algo en la sala, visiblemente nervioso. Le seguí con la mirada pero allí, tal y como había comprobado antes, no había nada. No tuve tiempo de inspeccionar la cocina al completo cuando se acercó a mí con una gran sonrisa, comenzando a dirigirme hacia la salida con algo de prisa. Y la diferencia de tamaño y de fuerza fue suficiente para saber que aunque plantase mis pies en el suelo, acabaría arrastrándome fuera sin mayor dificultad.

    —¿Pero qué...? ¿Por qué tengo que salir ahora? ¡Hey! —me quejé, intentando mirar por sobre el hombro de Niko mientras salía de la cocina atropelladamente. Glaceon y Victini me dirigieron una sonrisa traviesa sin moverse del lugar, y juraría que el tipo fuego me había sacado la lengua. ¿Ah?—. ¡Oye, ¿y ellos qué?! —exclamé, pero Niko tan solo sonrió ámpliamente antes de cerrar la puerta frente a mí, sin explicaciones de por medio. Apenas alcancé a reparar en sus últimas palabras si no hasta que quedé sola en el hall de entrada.

    >>¿Una... sorpresa? ¿Para mí?

    Aquella información sin duda me tomó por sorpresa, y tardé unos segundos más en recordar la condición que me había puesto si quería averiguar de qué se trataba. Me froté los ojos algo cansada, iniciando la marcha hacia la cafetería en busca de alguna mesa libre. Pero, con todo, no podía dejar de sonreír. Saber que alguien había tenido el detalle de prepararte algo así de repente te dejaba una linda sensación en el pecho. Y en momentos como aquel, pensé mientras me dejaba caer sobre la silla, apoyando los codos sobre la mesa y sosteniendo así mis mejillas, que sin duda no había nada que agradeciese más que la simple intención de que alguien se tomase la molestia de hacer algo así para mí.

    Decidí distraerme mirando por la ventana, repiqueteando con la suela de mis zapatos al son de la música que resonaba en la cafetería, algo más animada.
     
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    Apoyé mi espalda contra la puerta cerrada de la cocina, suspirando para calmarme, mientras miraba el techo. Estaba ocurriendo. De verdad estaba ocurriendo. Digo, era obviamente el resultado esperado, pero ahora que lo estaba viviendo, se sentía muy extraño. Como si no fuera tan solo una noche el tiempo de espera, sino una semana, un mes, un año. ¿Por qué ocurría esto? ¿Por qué, cuándo se trataba de ella, el tiempo se comportaba de manera tan extraña? Suspiré, meneando la cabeza. Ahora no tenía sentido preocuparse por eso. Tenía cosas que hacer.

    Me dirigí hacia la heladera, para buscar los postres. A medio me detuve, lo pensé mejor, y volví a ponerme el delantal. Saqué varios platos, una bandeja y tres tazas. Puse servilletas, y me dirigí a la heladera. Saqué las bandejas de brownies y de nueces confitadas, y también leche. Busqué en las alacenas algo en particular, y sonreí cuando lo encontré. Tome la barra de chocolate, lo puse en una olla, y lo dejé que se fuera derritiendo a baño maría. Puse también agua en una pava, y comencé a hervirla. Tan concentrado estaba, que no noté que tanto Glaceon como Victini se habían quedado dentro de la cocina. Me di cuenta de ello cuando pude ver por el rabillo del ojo como un brownie parecía levantarse en pleno aire, como si estuviera levitando.

    Al notarlos, torcí el labio. Vaya, eso no me lo esperaba. Pero luego mis labios se curvaron en una sonrisa. Bueno, ahora tenía más ayudantes. Lo que además ayudaría a acelerar el proceso.

    — Bueno, ya que están aquí, me van a ayudar a hacer algo lindo por su entrenadora. Principalmente tú, pequeño.— dije, apuntando a Victini.— Necesito que me prestes un poco de tu calor, y calientes el agua de la pava y derritas el chocolate. Vamos a darle una linda decoración a estos postres.

    Mientras la criaturita se encargaba de ello, soltando un alegre "¡Tini!", volví a la heladera, y guardé la leche, para sacar crema y unos ocho huevos. Miré a Glaceon con una sonrisa.

    >> Y tú, mi buena amiga, me ayudarás a hacer helado, ¿qué te parece?

    Me dispuse a buscar en las alacenas por leche evaporada, y suspiré aliviado cuando vi que había una lata. No tenía ganas de prepararla manualmente, no quería perder más tiempo. Busqué azúcar y me serví una taza, extraje la clara de los huevos, y me puse a mezclarlos. Agregué luego una pizca de sal y esencia de vainilla. Batí hasta que la preparación quedó amarilla. Agregué la leche y la manteca, y continué batiendo hasta que la mezcla quedó espesa. En ese momento, me di vuelta para indicarle a Tini (supongo que así se llamaba) que sacara la pava y el chocolate del horno, cosa que hizo presto. Vaya, nos llevábamos bastante bien. Aunque se le notaba un poco de chocolate en la comisura de la boca. Vaya, era travieso el chiquitín. Se lo merecía, igual.

    Deposité la mezcla en la isla, y me dispuse a servir el agua en las tazas, dejando saquitos de té al lado, de los que pude encontrar en la cocina. Dejé al chocolate en reposo, para que se enfriara, y miré hacia Glaceon, con una sonrisa.

    — Bueno, tu turno de brillar. Usualmente, hacer helado me llevaría una hora. Pero como no tenemos una hora, vamos a acelerar el proceso. Tú irás soplando tu aliento gélido en la mezcla, mientras yo lo voy batiendo cada tanto. ¿Te parece?— nunca había hecho eso en mi vida, pero suponía que iba a quedar bien. Total, lo único que el helado necesitaba era frío. ¿Verdad?

    La pokémon asintió, y comenzó su tarea de congelar la pasta, mientras yo me ocupaba de batirla, para que resulte en una mezcla mucho más cremosa y suave. No queríamos comer bloques de hielo, ¿no? No iba a salir igual que en una heladería, siendo este mucho menos compacto y con una textura distinta, y solo tendría gusto a crema, pero era lo mejor que podía hacer con lo que tenía. Cuando me sentí satisfecho con la mezcla, me ocupé esta vez de los brownies y las nueces. Los dividí en los platos que había llevado, apilándolos para darles una linda presentación. Luego de ello, busqué el chocolate, y me puse a realizar un par de diseños en los bordes del plato, como decoración. Por último, tomé el helado, y puse varias bochas allí donde había lugar, y volví a utilizar el chocolate. Listo todo eso, lo ubiqué como pude en las bandejas que encontré, y las acomodé sobre mis brazos.

    Inspirando para calmarme, me dirigí hacia la puerta. Sin embargo, me detuve. Que idiota, no había dejado ninguna mano libre para abrirla. Estaba atrapado. No podía salir. ¡Iba a quedarme encerrado allí para siempre! ¡Iba a...! Glaceon abrió la puerta con el hocico, y me miró curiosa. Oh. Tomando aliento para llenarme de valor, atravesé el portal, y me dirigí hacia la cafetería.

    — ¡Perdón por la tardanza, y espero que tengas los ojos cerrados!— exclamé, mientras me dirigía hacia la mesa donde la joven se encontraba, demasiado ocupado para fijarme si, efectivamente, tenía los ojos cerrados. Dejé las cosas sobre la mesa, y contemplé orgulloso mi obra.— ¡Ahora sí, sorpre...! ¡No, no, espera! ¡Aún no!

    Con esa última advertencia, me dirigí corriendo hacia los cuartos del Centro. Allí, ubiqué el cual habíamos utilizado a la noche, y entré despacio. Me fijé que Talía todavía dormía, así que sigiloso, la levanté de la cama, y en brazos, la llevé hasta la mesa. ¡El desayuno también era para ella!

    Cuando hubiera llegado, la dejé en una silla, con cuidado para que no se cayera, y me dirigí a Liza.

    — ¡Ahora sí, sorpresa! Puedes abrir los ojos.— susurré, para no despertar de improviso a mi hermanita. Luego, me volteé hacia ella.— Tali, hora de desayunar. Tienes toda una mesa de dulces esperándote.
     
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    Alcé la cabeza con brusquedad, abriendo los ojos a la par que contenía una exclamación ahogada. La música de la cafetería volvió a llegar a mis oídos, lejana y distante, casi buscando con su tranquila melodía calmar la opresión en mi pecho. No hizo falta recordar lo que había visto para saber que volví a tener una pesadilla, en los escasos minutos en los que me permití rendirme al peso que ejercían mis párpados. Agitada, busqué con la mirada por mis alrededores, pero la cafetería seguía atestada de desconocidos, sin rastro de Nikolah por ninguna parte. Por un instante me sentí desorientada y perdida, abrumada ante el rumor de sus voces, ninguna de ellas conocida para mí, y la voz de una de las camareras apenas llegó hasta mis oídos, opacada y embotellada por mis propios pensamientos e inquietudes.

    Pegué un pequeño respingo al darme cuenta de su presencia y me disculpé, excusándome con que todo iba bien, que estaba esperando a un amigo. Suspiré en cuanto se marchó, visiblemente intranquila, tomando una de las servilletas entre mis manos temblorosas para comenzar a doblarla sin orden ni concierto, mientras me distraía con lo que sucedía al otro lado de la ventana. Me sentía... impaciente, para qué mentir. Deseando que Nikolah apareciese de una vez por la puerta, con o sin su sorpresa. Nunca había necesitado de la presencia de otros para sentirme bien, podía salir a la aventura y perderme durante semanas sin dejar rastro y seguiría siendo feliz tan solo conmigo misma y mis pokémon. Pero ahora... Ahora se sentía distinto. Cada segundo que trascurría estando sola me sentía más insegura y frágil, algo que jamás había ido conmigo. Y me odiaba, me odiaba realmente por ello.

    ¿Cómo podría... Cómo podría ser de ayuda en el futuro si no podía cuidarme ni de mí misma ahora?

    "¡Perdón por la tardanza, y espero que tengas los ojos cerrados!"

    ¡A-Ah!

    La voz del rubio hizo que me alejase justo a tiempo del rumbo al que comenzaba a encaminar mis pensamientos, haciendo que soltase la servilleta de inmediato. Alcé la cabeza, buscándole con la mirada, pero recordé entonces que debía mantener los ojos cerrados y me removí en mi lugar, apretando los ojos con cierta inseguridad. Abrí la boca ligeramente, en un intento por añadir algo, pero al hacerlo Niko pareció recordar algo y volvió sobre sus pasos, haciendo que las palabras muriesen en mi boca. Quise decirle que no se marchase otra vez, que no me dejase sola, pero no podía incumplir la única condición que me había dado. Apreté las manos sobre mi regazo, ligeramente tensa, no por aguantar la impaciencia de la sorpresa si no de la propia espera en sí. Por suerte no tardó demasiado, y entreabrí los ojos para notar que traía a la pequeña Talía al desayuno que nos había preparado. Qué tierno.

    Espera... ¿desayuno? ¿Preparado?

    Cuando abrí los ojos para ver lo que nos esperaba en la mesa... mentiría si dijese que no me quedé sin palabras. Platos con brownies y nueces confitadas, un helado que se veía bien cremoso, con una decoración bastante elaborada. Incluso había preparado té para acompañar. Anonadada, pasé mi mirada de la mesa a Nikolah, y de Nikolah a mis pokémon, que me observaban con cierta sonrisa cómplice. Pude sentir el calor subir por mis mejillas, sin saber muy bien qué decir. Todo esto... ¿De verdad lo había hecho él? ¿Una sorpresa... para nosotras? Cuando el chico se dio la vuelta para intentar despertar a su hermanita, estiré una de mis manos para tomar el cubierto y probar un bocado. Cuando quise darme cuenta sentí un tacto extraño recorrer mis mejillas, lento y sinuoso, empañándome la visión. Alcé las manos, confusa, intentando limpiar aquel rastro líquido del rostro inútilmente, pues no dejaban de salir.

    ¿De verdad estaba... llorando? ¿Por qué ahora?

    —...G-Gracias, Nikolah —me animé a alzar la voz al fin, temblorosa y avergonzada desde mi lugar, haciendo que se volviese hacia mí. Sin dejar de sonreír en ningún instante. No levanté la mirada, secando continuamente mi rostro con mis antebrazos. No sabía si lloraba de alegría, o si aquello me había conmovido tanto que no pude contener más mis emociones revueltas. El rubor pareció extenderse al saberme en un lugar concurrido de gente, pero poco importaba ahora—. Gracias —repetí, totalmente en blanco—. Está... realmente bueno.

    Y permanecí allí, entre pequeños hipidos, sin dejar de probar el postre. Sintiéndome verdaderamente reconfortada en aquel pequeño instante de felicidad.
     
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    Nikolah Cruz

    Agité un poco más a Tali, pero al ver que no se despertaba, decidí dejarla tranquila. Seguramente la pobre estaba demasiado cansada con todos los sucesos que habían acaecido estos últimos días. Era mucho para una niña como ella. Sonreí mientras le corría unas mechas de pelo de la cara, y se las ponía detrás de las orejas. Luego, me di vuelta hacia Liza.

    — ¿Y? ¿Qué te parece tu sorpr...?— comencé a preguntar, pero luego me detuve al ver su rostro.

    Las lágrimas caían por sus mejillas, y me preocupé. ¿Acaso había hecho algo malo? ¿No le había gustado la sorpresa? Oh, no, ¿y si era alérgica a las nueces? ¿Y si terminaba enfermándose por eso? Había intentado devolverle el favor, y no había hecho más que arruinar su día, seguramente. Vaya, de verdad que era un desas...

    "...G-Gracias, Nikolah. Gracias. Está... realmente bueno."

    Esa frase me tomó por sorpresa. Ya estaba elaborando una disculpa en mi mente, ofreciéndome a ir corriendo a buscar algún medicamente contra su alergia, pero aquellas palabras cortaron toda línea de pensamiento. Incliné la cabeza a un costado, intrigado, mientras veía como intentaba secarse las lágrimas y seguía comiendo, mientras un rubor comenzaba a calentar mis mejillas cuando aquellas palabras comenzaron a tomar pesa en mi corazón.

    Me quedé mirando su rostro unos segundos más, sin saber que hacer. Me levanté de la silla, e inclinándome sobre la mesa, tomé una servilleta. Le levanté la barbilla, y comencé a secarle las mejillas y a limpiarle el rostro.

    — Oye, ya no llores, ¿sí? No sé por qué comenzaste a llorar, si es que hice algo malo o lo que sea, pero no quiero verte así. A menos que sean lágrimas de felicidad, tal vez.— le sonreí y volví a sentarme.— Porque yo...yo...yo...

    Las palabras no salían, a pesar de que las tenía en la garganta. Tragué saliva con fuerza, para ver si así se destrababan, aunque no ayudó. Es más, me ahogué y comencé a toser. Vaya, justo a tiempo. Que oportuno era mi cuerpo. Al menos, tenía una justificación para el calor que sentía en esos momentos en mi rostro. Llevé mi taza de té a los labios para tomar rápido algo para aliviar la garganta, pero me olvidé lo caliente que estaba la bebida. Sentí como mi lengua se incineraba, y lanzando un grito ahogado, la saqué afuera, para que se enfriara. Tomé una cucharada de helado y la puse sobre el pobre músculo maltratado, y el contacto frío me envió una oleada de calma al cuerpo. Me sequé las lágrimas que habían salido por la tos y la quemadura.

    — Bueno, ahora ambos estamos llorando, ¿eh?— reí, para luego suspirar y mirar alrededor.

    Noté la servilleta arrugada en la mesa. Parecía que Liza la había estado doblando, aunque no había logrado ninguna forma. ¿Estaba practicando origami? Mi rostro se iluminó. Tomé la servilleta, y con la lengua afuera, tanto para concentrarme como para que se enfriara, me puse a doblar el papel, ocultándolo de Liza en todo momento. Cuando terminé, tomé una de sus manos, y le dejé algo en la palma, manteniendo la mía arriba. Comencé a hablar, sin mirarla a los ojos.

    >> Yo...no quiero que llores, en especial cuando estoy aquí. Porque...— hice una pausa, buscando aliento. Alcé la mirada, clavando mis ojos azules en los de ella. — Porque yo quiero hacerte feliz.

    Sin embargo, esa naturalidad duró un segundo. En cuanto me di cuenta de todo el panorama, todo mi rostro se puso completamente rojo, le solté rápidamente la mano, y comencé a mirar a cualquier otro lado. Cualquier otro lado en donde no estuvieran esos hipnóticos ojos azules.

    — ¡Q-quiero decir, que quiero verte feliz! ¡Quiero ver feliz a todos los que conozco, obviamente! Ese, ese, ese, ese es mi objetivo en la vida. Sí, sí. A eso me refería. Jaja.— practicamente gritaba todo eso, atrayendo bastante atención hacia nosotros.— Vaya, ¿qué calor que hace, no? Fuf, debe ser ese pokémon nuevo tan tierno que tienes. ¿Se llama Tini? Es lo único que dice. Bueno, ¿quién quiere helado? ¡Es lo mejor para este calor!

    Y comencé a meterme cucharada tras cucharada en la boca, a pesar de que afuera no hacía un clima muy bueno para helado, la verdad. No tardó mi cerebro en congelarse, lo que hizo que hiciera una mueca de dolor y me frotara las sienes. Bueno, mientras dejara de hablar, y de pensar, mucho mejor.
     
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    Casi me atraganté al notar, debido a que fui incapaz de levantar la mirada del plato en ningún momento, avergonzada por aquel llanto silencioso que no cesaba, cómo una de sus manos sostenía mi mentón y me obligaba a alzar la mirada hacia él, mientras este limpiaba con cuidado la humedad de mi rostro. Apenas atiné a dirigirle una leve sonrisa, apenada, como si fuese una pequeña niña que se lamentaba por un raspón casi inexistente; pero que, con todo, era incapaz de calmarse por sí sola. Mirarle a los ojos y adivinar en ellos un atisbo de culpabilidad me hizo sentir horrible, y aparté la mirada de inmediato, sin saber hacia dónde dirigirla.

    Nikolah no se merecía cargar con otra preocupación más, al menos no justo ahora, que había preparado todo esto con tanta ilusión para nosotras. ¿Por qué demonios le estaba arruinando su desayuno de esta forma?

    Le escuché hablar, intentando consolarme de alguna forma en medio de su desconcierto, y a pesar de que quise gritar que aquello no era ni por asomo culpa suya la voz no salió de mi garganta. Y de la suya tampoco, por lo que parecía, pues de pronto pareció atragantarse y comenzó a toser en busca de aire. Mi llanto cesó de alguna forma dejando paso al temor y a la preocupación, centrando toda mi atención solo en él. Extendí mi mano, levantándome de la silla para intentar ayudarle de alguna forma, mano que pronto alejé lentamente al ver que tomaba un sorbo de té para calmarse por sí solo.

    Y... se quemó. Abrí los ojos, perpleja, viendo cómo intentaba calmar el dolor cómicamente con helado. ¿Cómo había...? ¿C-Cómo era capaz de sufrir tantos accidentes uno tras otro? Cuando su risa fluyó a través de sus labios, fresca y risueña como ella sola, secando sus lagrimillas en el proceso, no pude evitar observarle durante varios segundos, sin apenas darme cuenta de ello. Sorprendida y... curiosa, tal vez, con la persona que tenía en frente. Tan absorta estuve en ese entonces que me sorprendió notar que tomaba mi mano de la nada, y colocaba sobre ella un hermoso Victini de origami sobre la palma. Contuve una exclamación de asombro, opacada entonces por aquellas palabras.

    "Yo...no quiero que llores, en especial cuando estoy aquí. Porque... Porque yo quiero hacerte feliz".

    Apenas presté atención a su corrección atropellada. A las miradas de las personas que, atraídas por los gritos del chico, dirigían su atención hacia nosotros. Solo pude notar cómo regresaba aquel molesto ardor a mi rostro, esta vez con mucha más intensidad, pero decidí dejarlo pasar. Lo mismo hice con el cosquilleo que hizo que me removiese en mi asiento.

    Cuando el chico dejó de hablar, fue en su lugar una risa sincera y genuina la que escapó de mis labios, incapaz de contenerla por mucho más tiempo. Reí, reí de verdad por primera vez en mucho tiempo, dejando una sensación cálida en mi cuerpo después de eso. Y cuando me sequé las últimas lágrimas con delicadeza, devolviéndole una mirada aún cristalina y enrojecida, tomé sus manos entre las mías sin apenas ser consciente de ello.

    Y sonreí, con la misma sincerad con la que él me había tratado hasta entonces.

    —¿Te han dicho alguna vez que eres una persona increíble, Niko? —murmuré, con un tono suave y maternal, resentido aún por el llanto. Acaricié el dorso de sus manos con mis pulgares mientras hablaba, como si aquello me ayudase a seguir hablando de alguna forma que desconocía—. No puedo asegurarte que estés cumpliendo con ese objetivo en todos, ojalá pudiese saberlo. Pero, al menos... —alcé la mirada entonces, sin borrar mi sonrisa—. ...conmigo lo has conseguido. Gracias.

    Por un segundo apreté sus manos, un pensamiento repentino recorriendo mi cabeza. Mi mirada se ensombreció ligeramente, y mi tono de voz resultó casi imperceptible.

    >>Solo... por favor, n-no te mueras nunca... ¿s-sí?

    No supe por qué dije eso. De por sí era una idea inverosímil y estúpida a partes iguales. Cuando quise darme cuenta solté sus manos rápidamente, soltando una risita nerviosa mientras me recolocaba en mi asiento, desviando la mirada hacia la ventana. Victini revoloteó sobre nosotros, intrigado, y aproveché la oportunidad de sostenerlo entre mis brazos para tener algo donde ocultarme. El pequeño, aún así, no pareció descontento con la idea.

    —¡Q-Qué tonterías digo, no me hagas caso! ¡Niko, este es Victini! Es un pokémon legendario, aunque no lo parezca por su aspecto —sonreí, picando su mejilla cuando noté que las inflaba en un mohín—. Y Victini, este es Nikolah, ¡espero que os llevéis bien! Puede ser algo travieso este pequeñín, pero tiene un gran corazón —les presenté entonces, buscando cambiar de tema de alguna forma.

    Y mientras ambos se saludaban y hablaban entre ellos, observé de soslayo la ventana, distraída. Las personas comprando, los escaparates, los adornos y regalos... Llevé un mechón de cabello tras mi oreja, reflexiva.

    >>Oye, Niko... ¿Tienes...? Quiero decir, ¿tenéis algo que hacer esta tarde?
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    Algo se infiltró en mis oídos y resonó en todo mi ser. Un sonido cristalino, sincero, genuino y alegre. Un sonido que sonaba como campanillas de plata mecidas por el viento. Puro como varillas de metal entrechocándose. Risueño como el canto de un pokémon pájaro que recibe el nuevo día con felicidad. Es un sonido que nunca supe que necesitaba. Cuando Liza me tomó las manos entre las suyas, sentí como el calor volvía a subir a mis mejillas. Pero no aparté la mirada en ningún momento, como haría usualmente. No me puse nervioso como otras veces, ni intenté reducir el calor que sentía en mí. Porque ahora, su risa resonaba dentro de mi pecho, y hacía que ese calor...se sintiera bien.

    Cuando comenzó a hablar, yo no hice más que mirarla. No tenía cara de embobado, sino...como la expresión de asombro de un niño, que no sabe del todo lo que está ocurriendo, pero sin embargo, sabe que eso es bueno. Sentí el suave tacto de su piel contra el mío, sentí su caricia que envió cosquillas a mi sistema nervioso. Pero, sin embargo, no podía despegar los ojos de ella. Algo había hecho "¡click!" dentro de mi mente, aunque todavía no descubría que era. Pero era algo que me impedía despegar mis ojos de los suyos. El mundo alrededor se había desvanecido. Su último gracias me arrebató una sonrisa, antes de que pudiera reaccionar.

    Cuando me apretó las manos y me pidió nunca morir, incliné la cabeza hacia un costado, confundido. ¿Qué extraña petición era esa? Sabía que nadie era inmortal. Lo había vivido de primera mano, y entendía que nada era para siempre. ¿Por qué cosas había pasado Liza para hacerme un pedido así? Sin embargo, no pude darle muchas vueltas a esa incógnita, pues inmediatamente la muchacha me soltó las manos, y se removió nerviosa, mirando hacia la ventana. Tomó al pequeño pokémon con la enorme V en su frente y lo presentó como Victini.

    — ¡Ah, sí! Él me ayudó a calentar el té. Se ve que se le pasó la mano.— bromeé, mientras tomaba al pequeño en brazos.— Vaya, así que tu nombre es Victini. ¿Tú eras un legendario de Unova, no? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo te encontraste con Liza?

    Mientras le hacía preguntas, que el enano respondía de forma algo particular, aprovechaba para jugar un poco con él, y distraerme también de lo que había ocurrido hace unos segundos. Vaya, era demasiada información y sensaciones que digerir. Y también, aproveché para observar a Liza, mientras esta seguía mirando por la ventana, y se llevó un mechón tras la oreja.

    "Oye, Niko... ¿Tienes...? Quiero decir, ¿tenéis algo que hacer esta tarde?"

    La pregunta me tomó por sorpresa. A decir verdad, no tenía idea. Había varias cosas que quería hacer, sí, pero no tenía idea por donde empezar. Me quedé un rato pensando, mientras seguía jugando con Victini. Tenía un lío en la cabeza, la verdad. No tenía ni la más pálida idea de que hacer a continuación. El desayuno y Florencio habían ocupado tanto lugar en mi cabeza que no me había detenido a pensar en otros planes, o que hacer a futuro. Quiero decir, había varias en la lista, ¿pero de forma inmediata...?

    Bueno, cualquier plan podía esperar si significaba pasar un rato más con Liza.

    — ¡Nop! Nada de nada. ¿Sé te ocurrió alguna idea?— pregunté, mirándola de soslayo.

    Puede que tuviera una nebulosa en la cabeza en esos momentos, y estuviera completamente inseguro sobre que hacer. Pero sí sabía algo con certeza: que cumpliría la petición de Liza, y no me moriría nunca. Al menos, no mientras aquella melodía vibrante y risueña, que todavía resonaba en mi corazón, siguiera existiendo en este mundo.
     
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    Liza White

    Liza White Equipo administrativo Comentarista empedernido Luminary of the stars Moon child Blue soul Talco's Crew

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    Una parte de mí sentía la necesidad de comprender por qué aguardaba su respuesta con cierta impaciencia. La otra, ingenua de mí, pretendía hacer que ya lo sabía. Que, en un estado tan vulnerable como en el que me encontraba, necesitaba buscar una excusa para no quedarme sola. O que, quizás, sentía la necesidad de que Nikolah se encontrase bien, después de lo sucedido en el futuro. Que aún no superaba dicho trauma.

    ¿Qué otra razón habría para estar nerviosa ante una pregunta tan simple como lo fue aquella? Ninguna, me hice creer, agitando con suavidad mi cabeza. El cansancio comenzaba a nublarme la razón.

    Una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios al escuchar su respuesta. Me volví de nuevo hacia él, replanteando bien mis ideas mientras observaba cómo Victini jugaba con su nuevo amigo, con una expresión más tranquila en el rostro. Me llevé entonces una mano al bolsillo de mi chaqueta, mostrándole poco después un cupón de esos que la Torre Desafío te ingresaba cuando ganabas un combate en sus instalaciones.

    —Algo así, sí —asentí con suavidad, jugueteando con el cheque entre mis manos—. Hace poco gané en el nuevo nivel de la torre y me dieron esto, pero viniendo hacia aquí sentí que podría darme un capricho esta vez, en vez de usarlo para mejorar a mi equipo. Y después de todo esto... —hice una pequeña pausa, señalando con la cabeza el desayuno que teníamos en frente—. ...creo que nada me haría más feliz gastarlo con vosotros.

    Mi voz se mostró sincera y cristalina al pronunciar aquellas palabras. Ciudad Témpera se había llenado de puestos de toda clase: de dulces, bebidas calientes, regalos y luces. Había tanto para hacer, tanto por ver, que supe en el instante que vi a los hermanos que nunca invertiría mejor una recompensa como esa si no era con ellos. Así, además, podríamos recuperar un poco el tiempo perdido, ¿no es así?

    —Así que solo tenéis que decirme qué deseo queréis por navidad. El resto corre por mi cuenta —aseguré, quizás... quizás con demasiada confianza. Tampoco tenía tanto dinero, ahora que lo pensaba bien... Bueno, qué más daba, un día era un día, ¿cierto? Y después del esfuerzo que había hecho Niko, qué menos que devolvérselo de esa forma.

    >>Y no aceptaré un no por respuesta —añadí, sosteniendo mi mejilla con una de mis manos mientras señalaba al chico con el cupón, ceja alzada.
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    "Nunca dejar de escuchar tu risa", fue lo primero que se me vino a la cabeza ante la pregunta de Liza. Sin embargo, esa respuesta no tenía sentido, y no hizo más que enrojecer mis cachetes y hacer que mirara hacia otro lado. Apoyé mi mentón en una mano, para simular el repentino cambio de mi enfoque de visión, mientras observaba el exterior, y meditaba. ¿De verdad que me estaba ofreciendo eso? Eso solo significaría que tendría que devolverle el favor más adelante. ¡No podía dejar de lado el hecho de que quisiera darnos un regalo tan generoso! Iba a tener que hacer un desayuno extra grande. Lamentaba nunca haber aprendido a cocinar comida caliente. No entendía por qué ese arte me evadía tanto. La última vez que quise recalentar fideos en un microondas, el microondas terminó explotando. Agité mi cabeza. No tenía sentido pensar en eso.

    "Y no aceptaré un no por respuesta"

    Cerré mi boca al instante que escuché esas palabras. Bueno, esa opción quedaba descartada. Vaya que me conocía, a pesar de que en realidad, esta debía ser la tercer o cuarta vez que conversábamos. Pero por alguna razón, sentía que la conocía desde hace mucho, desde que éramos pequeños. Miré a Tali, que había acostado sobre mi regazo, mientras dormía, y le acomodé unos mechones de pelo, acariciando su frente suavemente.

    — ¿Estás segura de que quieres gastar todo ese dinero en nosotros?— pregunté, mientras contemplaba el rostro dormido de mi hermana.— Es mucho, y lo ganaste haciendo un gran esfuerzo, seguramente. ¿No sería mejor que lo gastaras en mejorar tu equipo, o en vos, simplemente? Para relajarte un rato, y...

    Me corté de inmediato, mientras veía como una pareja caminaba afuera, repleta de abrigos. De la mano, ambos llevaban a un niño, que parecía estar diviertiéndose, utilizando la altura y fuerza de sus padres para saltar y superar charquitos de agua, baldosas de color distinto, pokémon dormidos, y cualquier otra cosa que hubiera en su camino. Todos ellos parecían estar pasando un hermoso día, a juzgar por su charla animada y sus sonrisas. Mi respiración comenzó a volverse irregular, y la mano en donde se apoyaba mi rostro comenzó a tensionarse. La mano que mantenía sobre Talía, sin embargo, se mantenía impasible.

    No fue hasta que sentí que comenzaba a arañarme la mejilla cuando me di cuenta de lo que hacía. Me había quedado colgado nuevamente, mirando la ventana, hacia una escena que nunca podría vivir o siquiera recordar, pues no había memorias similares en mi cabeza. Pestañeé para volver a la realidad y calmé mi respiración. Puse ambas manos sobre la mesa, tamborilear con los nudillos, de manera nerviosa. Me quedé unos segundos mirando mis manos entrelazadas.

    — No le prestes atención a lo que dije. Ya tengo mi deseo.— tomé aire, y clavé mis ojos en los de Liza. No me daba cuenta de la intensidad de mi mirada. No me daba cuenta de muchas cosas. No sabía cuanto estaba diciendo a través de mis ojos.— ¿Podemos...podemos pasar todo lo que queda del día juntos? Podemos pasear por la ciudad, ir a tomar algo caliente, ir a patinar, a tener alguna pelea pokémon, a hacer compras, no tengo idea. O simplemente disfrutar de la compañía del otro. Lo que sea.

    Hice una pausa, mientras me frotaba las manos, y miraba a mi alrededor.

    >> Muy pocas veces tenemos la oportunidad de estar con el otro, ¿sabes? Siempre, por alguna cuestión de la vida, solo podemos vernos unos momentos, hasta que pasen días y días enteros sin enterarnos del otro. Estoy seguro que es porque tienes otras cosas mucho más importantes, y lo entiendo completamente, y no quiero que dejes esas cosas por nosotros, ¿sabes? O sea, no somos nadie, en sí. En especial yo. No sé si simplemente sales a viajar, a antender otros asuntos, a...a...a estar con tu pareja, a salvar el mundo, no tengo idea.

    Hice otra pausa. Una de esas frases, por alguna razón, me había afectado de más.

    — Supongo que esa es la razón por la cual, en sí, verte se hace tan especial. Porque son ocasiones tan cortas y únicas...Y quiero seguir manteniéndolas así. O sea, no cortas, obviamente. Nada que ver, por favor. Pero...sí únicas. Que sean especiales. Super especiales. Y no sé, pasar lo que queda del día contigo...sería una ocasión super especial.

    Volví a tomar aliento. No sabía cuando había bajado la mirada, ni cuando había comenzado a mirar hacia cualquier otro lado. Cuando había comenzado a rasguñarme las manos, nervioso, sin hacerme daño, pero dejando marcas irritadas. Me mordí los labios, antes de agregar:

    >> Y...bueno. ¿Qué te parece esa idea?
     
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    Kurone

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    Isamu aterrizó suavemente frente a la Torre Desafío de Ciudad Témpera. Después de mis victorias en Sinnoh dudaba que fuera a presentar un gran desafío... pero no perdía nada por seguir fortaleciendo a mi equipo y yo con ellos.

    No podía dejar que ese espíritu combativo y proactivo se enfríase. Después podría renovar mi armario y dejar sin existencias el centro comercial de la ciudad. Tenía mi tarjeta de crédito conmigo... ¡no había establecimiento que se resistiese al poder Honda!

    Pero antes...

    —Buenos días—saludé con una sonrisa dejando mi identificación sobre el mostrador de recepción de la Torre. Ai y Daichi, mis dos Meowstic, observaban todo con atención desde mis hombros—. Quiero tomar el nivel difícil si no es mucha molestia.
     
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    Kurone

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    Suspiré profundamente al abandonar la Torre. Mi corazón parecía desear saltar de mi pecho. Miré mi mano derecha que había estado en tensión todo el tiempo, los dedos rígidos, y la apreté con fuerza cerrándola en un puño prieto. No dejaría que todo lo que había logrado se fuese al traste. No permitiría que mi determinación se tambalease.

    ¡Después de todo lo que había logrado en Sinnoh...! ¡Después de todos mis progresos conmigo misma...!

    Sólo necesitaba mantenerme estoica. Abrí mi bolso, tomé un pequeño bote de su interior, lo abrí y con rapidez me tomé una de las píldoras que contenía. Eran mi salvación cuando estaba a punto de perder los estribos.

    ...

    Inspiré profundamente apoyando mi espalda contra la pared de la Torre. Todo... estaba bien. No tenía motivos para molestarme por nada. Cualquiera podía cometer errores.

    Cuando regresase a la Torre la aplastaría sin miramientos.

    ***

    Llegué a la cafetería del centro Pokémon, saludé a la enfermera—la hermana de Effy. ¿Dónde estaba la entrenadora?— y me dispuse a disfrutar de un pequeño tentempié de media mañana antes de relajarme con un día de compras.

    La brisa arrastraba las voces de otros comensales y sus pokémon. No era tan diferente a Sinnoh. El trasiego, los ciudadanos. Apoyé mi mano sobre mi mejilla mientras observaba la ciudad a través del cristal de la cafetería.

    Ah~ me apetecía tanto un té rojo.
     
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    Liza White

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    El tono de voz de Nikolah adquirió un matiz inseguro que no me tomó por sorpresa. Aguardé en silencio desde mi asiento, aún sosteniendo mi mejilla, mientras acababa el dulce que reposaba en mi plato. Más calmada, segura de la sinceridad en mis palabras, a pesar de que no me dirigía la mirada esta vez. No llevábamos mucho tiempo siendo amigos, eso era cierto, pero comenzaba a anticipar ciertos rasgos de su personalidad. La generosidad parecía ser una de ellas, por como siempre anteponía la felicidad de los demás por sobre la suya propia.

    Parecía que... no éramos tan distintos, después de todo.

    No me di cuenta de la pequeña sonrisa que se me dibujó mientras observaba cómo acariciaba con cariño el cabello de su hermana, fruto de la más profunda ternura. Parecía tener una afinidad especial con los niños, como si él fuera uno más de ellos, y estuviesen cómodos y seguros bajo su protección.

    ¿Sería así con sus hijos también? De repente me daba curiosidad.

    —Completamente segura —afirmé, sin apenas pensarlo dos veces. Jugueteé con el último trozo de brownie en el plato, intentando acallar el mar de pensamientos que inundaba mi mente en aquel instante—. Todo lo que hago es entrenar y combatir, mejorar a mi equipo, cuidar de ellos y que no les falte de nada. Y ahora que lo pienso detenidamente, nunca empleo nada de eso en... —detuve el movimiento de mi muñeca, estrechando los ojos, como si acabase de percatarme de algo sumamente significativo—. ...en . En algo que yo quiera hacer.

    Ambos quedamos en silencio por unos instantes que se hicieron eternos. Cada uno de nosotros, posiblemente, con cientos de emociones y pensamientos arremolinados en nuestro pecho, incapaces de dejarlos ir. Nikolah fue el primero en volver a la realidad, sujetándome consigo para traerme de vuelta. Le sostuve la mirada con genuina sorpresa cuando me explicó cual era su deseo. Tenía tantas, tantas opciones a su alcance. Y prefería gastarlo, en cierta medida, en... ¿en mí?

    De alguna forma, aquellas palabras removieron algo dentro de mí, y tuve que hacer un esfuerzo para que mi mirada no se empañase de vuelta. No supe si por el gran significado que tuvo para mí, si por la tristeza que sentí al apenas informarle de lo que hacía, o si... si una de esas palabras tuvo un choque distinto en mí.

    Pareja.

    —Me parece... una idea estupenda, Niko —murmuré, y por un instante mi sonrisa pareció deformarse en una efímera mueca de tristeza. Me palmeé las mejillas con suavidad, intentando despejar esa pesadez que de repente acudió a mí, como si acabase de recordar algo que me angustiaba. Ahora lo que importaba era cumplir el deseo de Niko y Tali, nada más—. Lamento que todo lo que me rodea sea tan difuso para vosotros, ojalá pudiese compartir más de estas charlas con vosotros, todas las que quisiérais. Pero sí... —entrelacé mis manos, recuperando la calma de antes, alzando de nuevo mi mirada azul—. Eso solo hace de estos encuentros algo sumamente especial.

    Dejé los cubiertos sobre mi plato, habiendo acabado mi parte del desayuno. El día parecía seguir nublado, pero ello no nos detendría de ninguna forma. Con amigos, después de todo, incluso el día más gris podía brillar como ningún otro. Al volverme hacia los chicos, mientras hablaba, me di cuenta de que... más allá de lo que dejábamos entrever, no sabíamos nada el uno del otro. Nuestros encuentros eran espontáneos y efímeros, apenas teníamos tiempo de indagar en el otro. Ni siquiera sabía cómo se apellidaban las personas que tenía en frente, de dónde venían, cuáles habían sido sus iniciales.

    Y eso había que solucionarlo.

    —Claro que sois importantes, bobo. Mucho más de lo que crees —golpeé con suavidad su frente con uno de mis dedos mientras me ponía en pie, echándole hacia atrás ligeramente—. Si no lo fueras, no me habría preocupado al ver todos esos mensajes, ¿no crees? —dije, manos en la cintura con orgullo, hasta que me di cuenta del significado de aquello y el rubor regresó, avergonzándome de ello. Sí, quizás ahora pensase que era una exagerada, pero después de lo que había vivido, yo...—. S-Será un placer pasar el día con vosotros, claro. Y como estamos en fechas especiales, añadiré algo más al deseo: os contaré un poco sobre mí y sobre mis desapariciones repentinas, si a cambio me contáis algo sobre vosotros. Lo que sea.

    Extendí una mano hacia Niko, estando ya de pie. Le dirigí una sonrisa afable, expectante.

    >>¿Es un trato?
     
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    Kurone

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    Comí con calma degustando un suave té rojo y una rodaja de pastel de bayas zreza. Extrañaba un poco el sabor dulce de los postres de Marie pero agradecía el sabor exótico de los postres de Galeia. Todo me traía recuerdos. La vista, la comida, incluso la gente.

    Mi última vez en Témpera fue cuando preparé cupcakes con Liza y Dante. Habían salido deliciosos... aunque imaginaba que lo que realmente los hacía tan buenos era el hecho de no haberlos comido sola. Fue extraño porque no estaba psicológicamente centrada ese día—o nunca— pero me hizo bien. Fui muy borde por ese entonces. Apoyé mi mano sobre mi mejilla, distraída, acercándole a Daichi las sobras del pastel.

    Mi Meowstic lo sujetó con sus patitas y empezó a devorarlas con ahínco.

    Ai ni siquiera quiso probarlas.

    —Quizás debería disculparme—murmuré sin prestar realmente atención a mis palabras. Emergieron por sí solas de mis labios, sin permiso.

    Ahora que sabía lo que sabía... quizás fuese lo más óptimo.

    ***

    No tardé en abandonar la cafetería una vez apuré el té. Mi siguiente parada era el centro comercial e iba a despilfarrar los fondos de mi tarjeta de crédito como si no hubiese un mañana. No importaba lo que mi terapeuta dijese sobre mis compulsiones y mis compras, no podía dejarlas sin más. ¡Comprar también me resultaba terapeútico!

    El centro comercial de Ciudad Témpera se encontraba justo en pleno centro de la ciudad; su fachada sostenida por dos enormes columnas de mármol blanco. Escaparates aquí y allá con estilizados maniquís portando ropas de temporada. Se respiraba cierto aire solemne... aunque realmente todo en Témpera tenía ese aire de majestuosidad y pulcritud.

    La gente iba a venía. Incluso alcancé a ver una chica que hablaba por su móvil mientras un Slaking caminaba pesadamente tras ella cargando como doce bolsas de distintas boutiques del centro.

    Por mi parte, había comprado en todas y cada una de las boutiques y tiendas que encontré en cada ciudad de Sinnoh por la que pasé. Desde Ciudad Corazón a Ciudad Canal, pasando por pueblo Caelestis y Ciudad Puntaneva. Tenía ropa y artículos de todas ellas. Empezar por Témpera no me parecía una mala opción. Además, no estaría mal gastar algo de mi dinero de forma desinteresada y altruista.

    Como en ese señor vestido de Hypno que pedía caridad frente al Bouffet de Combate. ¿Estaría bien un cheque por valor de mil pokedólares? Quizás así pudiese comprarse un disfraz que no diese grima.

    —Bienvenida señorita—saludó con amabilidad la dependienta nada más crucé la puerta de una de las tiendas. Me subí al cabello mis nuevas gafas de sol, resuelta—. ¿En qué puedo ayudar-?

    Pero no la dejé terminar. Me acerqué al mostrador a grandes pasos y sacando mi brillante tarjeta Black Sinnoh Express del bolso como quien desenfunda su arma antes que su rival en esas películas casposas del Oeste, declaré con confianza y una sonrisa llena de decisión.

    Una decisión visible en el intenso brillo que debían tener mis ojos:

    —Lo quiero todo.
     
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    Graecus

    Graecus uwu7

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    Dios mío, llevo mucho tiempo sin hacer esto, me siento viejo xD

    Drake Orestes

    La idea había sido ir a comer algo. Tenía días encerrado en mi departamento, comiendo frituras y durmiendo como un Snorlax. Fácilmente el mundo podía haberse acabado otra vez mientras me la pasaba vagueando en mi cuarto.

    Aunque no se podía decir que había perdido el tiempo. Sableye me había enseñado un poco más de su extraño idioma de señas, aunque estaba empezando a pensar que me estaba enseñando mal para hacerme quedar en ridículo en público. Cyndaquil ya había aprendido a caminar y ahora se la pasaba corriendo por el departamento, mordiendo todas mis cosas y algunas incluso las chamuscaba sin piedad en una inocente jugarreta. Y lo más importante de todo, Ark había aprendido a hacer sus necesidades fuera de la casa. ¡Eh! Eso bien valía las semanas que llevaba vagueando en casa, si señor.

    …O no. La realidad era que yo mismo empezaba a cansarme de mi sedentarismo, lo que hizo que terminara decidiendo salir afuera.

    La idea era comer algo. Llevaba días alimentándome de comida chatarra, y mi estómago estaba pidiendo a gritos un almuerzo común y corriente. Algo salado con proteínas y nutrientes, fuera de simples bolsas de cosas que ni siquiera se podrían catalogar como comida. Mi cuerpo estaba empezando a rechazar las patatas fritas.

    Así que me había dado una ducha, había alistado mis cosas para salir afuera y guarde a cada uno de los miembros de mi equipo en su respectiva pokeball, excepto a Hiko quien insistía en quedarse en mi hombro. Había recortado mi pelo recientemente, aunque con los días de hikikomori que pasé las últimas semanas no sabía ciertamente si seguía corto o si solo me había acostumbrado a verlo así.

    Y justamente por la idea de que había salido por algo de comer, me reproché a mi mismo cuando me encontré sentado en la cafetería del Centro Pokémon de Ciudad Témpera, como si me hubiera teletransportado hacia allá. Incluso ya tenía en la mesa una taza de café y sus galletitas dulces.

    Algunas cosas nunca cambian.
     
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    Kurone

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    Mimi Honda

    "Todo" era un vocablo muy amplio. Por supuesto que no pensaba comprarlo todo, más que nada porque no todas las prendas a mi alcance eran de mi gusto o de mi talla. Compraría lo justo para renovar mi armario... y esas bonitas botas de Monna Karan que estaban a mitad de precio en el escaparate. Pagué todo con mi tarjeta y tomé un par de bolsas; el resto se las repartieron Kuma, Kichiro y Akio.

    Extrañaba poder comprar artículos que no fuesen de uso exclusivo para mis pokémon. Resultaba revitalizante en cierta forma. Comprar me relajaba, destensaba mi cuerpo y me permitía disfrutar algo que me apasionaba.

    Después de todo había trabajado a medio tiempo de modelo en Sinnoh. Nada demasiado llamativo, siendo una pequeña revista de moda en Ciudad Vetusta. Pero parte de mi sueño se había cumplido por espacio de algunas horas.

    Me recoloqué las gafas de sol cuando abandoné los establecimientos del centro. Había tanto que hacer en Galeia. Aunque la ciudad se sentía extrañamente inquieta y había carteles de lo que parecía ser una campaña electoral decorando cada farola y esquina.

    —¿Campaña electoral?—murmuré frunciendo el ceño ligeramente en confusión. ¿A qué me recordaba eso? ¿No había oído algo sobre elecciones el mismo día que decidí volver a Sinnoh?

    Curiosa me acerqué hasta el cartel. Era un hombre serio, adusto, de mediana edad. No sonreía y vestía con un traje azul y una corbata borgoña que me recordó a la que solía llevar papá.

    "Vota a Tyler Chance. Por el futuro, la productividad y el progreso humano."

    Por algún motivo un escalofrío recorrió mi espalda. ¿En qué basaría su campaña? Papá tenía colegas políticos... y eran todos unos Rattata mentirosos e hipócritas.

    Decidí continuar el camino. Debía llegar al Centro y dejar toda mi ropa en el armario de la que sería ahora mi habitación. ¡Todo eso no cabría en mi maleta de todos modos!

    Pero en el momento en que me disponía a acercarme a recepción y pedir una llave, una presencia sombría que no veía desde hacía meses llamó poderosamente mi atención.

    ¿Era acaso...? ¿Podía ser...?

    —¿Drake Orestes?—pregunté una vez estuve frente a él con una mano sobre la cadera, los ojos bien abiertos de la sorpresa—. Oh, vaya.

    Me incliné ligeramente para verlo de cerca, analítica. Como el científico que observaba con atención un fósil recién sacado de la pared de roca.

    Palidez casi enfermiza, cabello oscuro, ojeras... Absolutamente era él. El señor sombrío del Chatot parlante.

    >>Menuda sorpresa—finalicé incorporándome—. Sigues siendo el mismo rarito de siempre.
     
    Última edición por un moderador: 12 Enero 2020
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    Graecus

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    —¿Huh?

    Tenía mucho tiempo sin escuchar su voz, pero era reconocible desde lejos. La última vez que la había visto Meloetta había hecho por fin su elección entre ambos, y eso había sido meses atrás. Por lo demás, no parecía haber cambiado mucho.

    Una mirada confiada y orgullosa de si misma, todo su cuerpo expresando una seguridad que solo alguien con una gran opinión sobre si mismo podría lograr. Y además, ahora sus pokémon estaban intentado mantener en equilibrio más de diez bolsas de compras entre sus extremidades. Sip, era ella.

    Mimiko Honda.

    —Cuanto tiempo, ¿eh? También es un gusto verte por acá—exclamé, haciendo ademán de invitarla a sentarse. Decidí ignorar completamente el hecho de que me hubiera llamado 'rarito'.— Creo que podré tomar un par de tazas de café más antes de morir de inanición, así que eres bienvenida a conversar un rato.

    Porque había descubierto que en realidad las galletitas no llenaban el estómago. Al final tendria que ir a comer algo pronto.

    no se qué tan bueno es hacer un post cuando estás que te desmayas del sueño xD
     
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    Kurone

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    Mimi Honda

    Lo miré en silencio durante algunos segundos. Conversar ¿huh? Creo que nunca había hablado tanto como en mis dos meses en mi región natal. Había hablado lo que no en años. Suponía que era lo que tiene asistir a terapia. Así funcionaba.

    Decidí tomar su ofrecimiento y sentarme en la mesa con él aunque hacía relativamente poco que había comido algo. Mi estómago estaba lleno por lo que no pediría nada más por el momento.

    —Supongo que has estado oculto bajo una piedra o algo similar todo este tiempo—hablé una vez tomé asiento en la mesa—. Estás más pálido que la última vez que te vi, no debe haberte dado mucho el sol. Aunque no me sorprende. Y tu alimentación a base de café y galletitas—señalé su "almuerzo"—sigue siendo un asco.

    Me preguntaba qué le veía la gente a esa bebida tan amarga. Y sí, yo comía pastas de té con mi té, pero no las convertía en la base de mi alimentación. ¡Eso ni siquiera era sano! No estaba por la labor de envenenar mi cuerpo a base de azúcares vacíos, había formas más sanas de morir.

    Una idea repentina cruzó mi mente. Necesitaba ponerme a prueba otra vez después de aquella lamentable escena con Mine. ¿Y qué mejor oportunidad que esa? Tampoco había podido ganarle jamás a él.

    Lo miré directamente a los ojos.

    >>Te invito a comer en el mejor restaurante de Témpera, yo pago—le comenté—. Pero solo si logras ganarme en batalla después de todo lo que mejoré. Seguro Meloetta se muere de ganas de volver a ver a tu equipo.

    Me levanté de la silla con resolución, decidida.

    >>Te vendrá muy bien salir de ese lamentable letargo de hikikomori de la mejor manera que puede un entrenador—sonreí genuinamente entonces, desafiante, alzando tres dedos de la mano—. En un tres a tres.
     
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    Graecus

    Graecus uwu7

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    Quedé unos segundos en silencio luego de la oferta de Mimi. Me había impresionado un poco que se haya dado cuenta de lo que había estado haciendo las últimas semanas solo con mirarme. ¿Tanto así se me notaba? Había querido protestar cuando me llamó hikikomori (solo yo puedo decirme hikikomori) pero decidí solo callar. Con Mimiko las negaciones eran simples excusas, y además, llevaba algo de razón esta vez.

    —Ha pasado tiempo desde la última vez que he luchado uno contra uno—le mencioné—estoy un poco oxidado.

    Aún así, me levanté al terminar mi café. No pensaba mucho en la comida prometida -yo mismo podría costearme una cena en el restaurante más caro de la ciudad sin ningún problema- pero el tema de tener una batalla me llenaba de ánimos. Como ella decía, quizás era justo lo que necesitaba.

    Así que allí estábamos, entonces. Al dirigirnos a la zona trasera del Centro Pokemon donde se encontraba la arena de combate, me coloque en mi puesto, esperando que ella comenzara.

    No estaba muy seguro de mi victoria...pero confiaba en mis compañeros.

    —Adelante—susurré con una sonrisa.
     
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