Cinta en Blanco y Negro.

Tema en 'Relatos' iniciado por Brujita, 28 Septiembre 2010.

  1.  
    Brujita

    Brujita Guest

    Título:
    Cinta en Blanco y Negro.
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    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1191
    Cinta en Blanco y Negro.

    [FONT=&quot]Ella sonrió, él le dijo que no, le negó y ella solo se sintió libre, abandonadamente libre. Cada día que pasaba ellos se veían una y otra vez, ella lo miraba, él no la veía. Hablaban, pero solo ella escuchaba, las dimensiones, el clima, las lágrimas, las risas, las heridas, las burlas, los problemas, algo común y corriente, pero fuera del entendimiento natural. Se le podía llamar ¿amistad? ¿Se podía entender como tal? Para todos, si. Pero algo cambió, ella cambió. Pasaban los días juntos, los miraban con complicidad, mientras ellos solo reían casi bufando y desentendidos de esa "relación" que todo el mundo aseguraba entre ellos. Ella una simple niña tranquila, sin mayores deseos que vivir, crecer, sentir. Él, un niño asustado, perdido y auto-condenado. Típica cinta de película antigua, desgastada, donde no había más que un gris contrastado entre sombras y luz.

    Nunca hubo más afecto del que no se mencionó, no hubo más abrazos que los que no se dieron y hubo más lágrimas de las que se lloraron, porque ella pretendió darle un refugio que él jamás necesitó y eso era sabido, ella en su tarea infructuosa, él con su fortaleza contaminada de grietas. Ella le cantaba cuando él no la oía, lo acariciaba sin que la sintiera, tejía redecillas para protegerlo y las rompía solo al levantarse, al olvidarlo cada día. Sólo recordándolo en las noches, mientras sus brazos temblaban al tratar de escribir, su presión bajaba y su mente comenzaba a divagar, divagar como nada, como si sus sueños fueran parte de la realidad más clara. Pero no era así, creyó entender, conocer, respirar, vivir y no se dio cuenta de que cada día, caía más y más. Ella seguía cantándole casi por necesidad, cada día algo diferente pero con el mismo tinte desesperado de quien no se escucha y se resigna hasta lo más profundo, manteniendo todo como debe ser. Había un ave que pasaba cada día sobre sus cabezas y él, cual loco perdido, la miraba, la adoraba. Cada vez hablaban más y más sobre el ave, la niña buscaba información en libros, enciclopedias, canciones, hasta incluso quiso aprender el lenguaje de las aves. Siempre llegaba con un dato diferente sobre el ave, porque sentía que era el único modo de sentirse escuchada.

    Sus propios secretos, problemas, vida, malicias y bondades nunca fueron suficientes para él y ella se las dio una a una. Todas juntas y por separado, se las entregó a saber de las consecuencias y aún así él no la veía. Aún así siguió cantándole, cada vez más alto, hasta que la garganta le dolía, donde cada nota no era más que otro rasguño en su corazón, mientras su voz se diluía en un suave aleteo. Ella averiguaba más, llego a querer al ave, a cuidarla, alimentarla y él solo la observaba desde lejos pereciendo saber más que ella. El ave contaba sus secretos a la niña a ojos cerrados y ella se mordía los labios para no correr ante el chico y decir todo, porque si algo sabía ella, era sobre lealtad. Por las noches seguía cantando alto, muy alto e irónicamente el ave la acariciaba con sus alas para consolarla, mientras la niña solo quería estrangularla porque el niño la quería.

    Él miraba la escena desde lejos y no hacía nada, siempre parecía saber más que ella. Cada vez que ambos niños estaban solos, hablaban del ave, ella le decía que lo amaba y él le respondía que amaba al ave, ella lo miraba, lo abrazaba y él imaginaba que la brisa era el aleteo del ave sobre su cabeza. Pero el niño cada día decía a la pequeña que la quería, que la necesitaba, para luego confesarle que amaba al ave. Siempre igual, la chica sonreía y lo miraba sin llorar cantándole suavemente: [FONT=&quot]No temas pequeño, ella será tu amor, pronto será tu amor…
    Ella gritaba su enojo y él reía sus lágrimas, ella escribía mil y una cartas y él soñaba con que el ave le hablara. Ella bailaba en lágrimas y él buscaba calmarla con un abrazo sincero, ella casi creía cada palabra, pero luego las cosas cambiaban y ella decía que se alejaría, que se acabaría y él la miraba con reproche por dejarlo, cuando ciertamente el pequeño jamás estuvo con ella, siempre fue el ave.

    Ella temía, se escondía y nunca decía lo que debía decir, se sentía menos, inútil y él solo sonreía encandilado por la belleza del ave. Enamorado en la más tonta situación, sin importar nada más. La niña moría día a día y él soñaba con volar como un ave, junto a esa ave. La pequeña se hizo amiga de la sombra, para observar al pequeño jugar con el ave, verlo feliz le dolía tanto como la regocijaba, después de todo, ella convencía al ave para que se acercara al niño, otros pequeños no entendían, la regañaban, pero ella seguía, porque nada importaba, solo una sonrisa más y terminaría, solo una vez más. Eso cantaba para intentar sanar sus heridas, curárselas de la mejor manera para que el niño no viera sus pequeños cortes, para que el ave no se diera cuenta de que la vida de su amiga se extinguía lentamente en cada sonrisa. Mucho tiempo pasó y ella se cansó de pelear, su voz se gastó, pero ella lo intentaba, seguía cantándole a él, solo a él, pero el niño continuaba sin oírla y seguiría sin hacerlo.

    Mucho tiempo pasó, el ave se marchó, invitó a volar a la pequeña y ella no quiso, guardaba una esperanza de que él la viera por primera vez. Pero él olvidó a su gran amor en cuanto esta se fue, olvidó todo y a todos y se marchó a paso lento, solo tarareando una canción que creyó haber oído en algún lado. La niña lo observó, pero no lo siguió, se sentó en el rincón de ambos, ahí donde siempre, abrazando sus rodillas. De todos modos él tarareaba la canción que ella le cantaba, eso era algo ¿no? Ya sin voz siguió cantando: [FONT=&quot]No temas pequeño, ella será tu amor, pronto será tu amor…[/FONT][/FONT][/FONT]
     
  2.  
    Yin Meng Kikyo

    Yin Meng Kikyo Iniciado

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    Re: Cinta en Blanco y Negro.

    Qué elegancia, que sutilesa, qué bien cohesionado y narrado... Me emocionó.
    Es impecablemente triste. Con una casi perfecta ortografía.
    Me gustaron sobretodo tus metáforas en el segundo párrafo, realmente encantador; tus sucesiones de cosas, le dan cierta ligereza aerodinámica a la trama tan disfrutable...
    Lo mejor que leí en esta semana. Casi se me salen las lágrimas con la historia. Un sentimiento muy profundo y bien plasmado. Me pregunto que habrá sido del ave...

    En fin. Sweet dreams.
     

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