Ciegas tentaciones

Tema en 'Relatos' iniciado por Rossita-chan, 3 Junio 2012.

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    Rossita-chan

    Rossita-chan Entusiasta

    Acuario
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    5 Mayo 2012
    Mensajes:
    86
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Ciegas tentaciones
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1074
    En un principio, para "crees en el amor idel" había pensado en escribir un longfic de One piece que ya tenía empezado, pero a falta de tiempo, me decidí por este one-shot.
    Advierto que hay que leerlo con sentimiento... qe es un drama... ^^

    Aborrecida ante aquel insencible descaro, me alejé de él sin prisa, pero abatida ante aquella respuesta.
    Me sentía tan perdida, tan aturdida... rechazada.
    A cado paso que avanzaba el peso de aquellas ruines palabras se me hacía más costoso de soportar, con cada paso.
    "El dolor no se puede digerir" pensé, sin creérmelo todavía, sin dejar de comprenderlo...
    Alcancé a los demás en un estado similar al traumático.
    Estaba acabada, totalmente. De repente, me inundó una amarga sensación que gustaba no sólo con la lengua. No. La sentía con los cinco sentidos.
    Haciendo referencia a esas pocas ganas de seguir adelante, de seguir luchando...
    De súbito, me percaté, la vida me empezaba a parecer una mierda.
    En aquel instante todo lo veía negro, me sentía como si mi existencia no sirviera de nada, tan solo, para estorbar adondequiera adonde fuera...
    Mis compañeros sopesaban con escepticismo cada uno de mis lentos movimientos, conforme me iba acercando a ellos... hundida en el suplicio del que, sin ayuda, me sentía incapaz de salir.
    Me paré delante de ellos, advirtiendo cómo cada una de sus curiosas pupilas se clavaban en mí, tratando, solo tratando, de averiguar el porqué de mis lamentos...
    Cuando alcé la vista, desprotegida del temor y la palidez que había adoptado mi rostro, me encontré cara a cara con mi mejor amiga, que me contemplaba con preocupación y desasosiego.
    Sus labios vacilaron, hasta abrirse para comunicarse conmigo mediante palabras... y no oí cómo pronunciaba, conmovida, mi nombre...
    Por que no quería escucharlo. Para mí, ya no significaba nada. Ni mi nombre... ni yo.
    Me rehusé de su inquisitiva y perseverante mirada y huí a la botella que sostenía en sus manos, a medio beber.
    Estábamos en fiestas, y lo normal era salir con los amigos para emborracharse.
    Sin pensarlo dos veces, puede que ni una, se la arranqué impetosamente de sus delicadas manos. Estaba demasiado decepcionada como para permitirme el pensar con claridad.
    Mis amigos hicieron ademán de qitarme la botella al verme las intenciones escritas en mis ojos, que brillaban ante la blanca luz de la luna llena, que conquistaba el cielo entumecido de nubes.
    Exactamente igual le pasaba a mi mente cando un blanco rayo de esperanza cubrió el entumecimiento de los sollozos reprimidos.
    Nunca había bebido. Jamás había querido. Nadie me había obligado, y todos respetaban mis decisiones...
    Pegué con brutalidad el cuello de la botella a mis labios, y la subí.
    Oí los gritos de advertencia de mis compañeros. Sabían muy bien que yo misma les había pedido que si me entraban ganas de beber, que me detuvieran. Porque a mí nunca me había gustado. Y ellos lo sabían. Jamás me habrían llevado la contraria.
    El gélido líquido empezó inundarme la boca, provocando una explosión ardiente allí donde atacaba mediante el simple contacto.
    Por el rabillo del ojo vi, como un rayo, el indescriptible rostro de mi amiga, la que había tenido la botella en sus manos.
    Seguramente, ahora se sentiría desdichada, culpable de una tentación de la que yo era ciega.
    El ardor continuó por mi garganta, y en los pocos segundos que duró el trago, sentía como todo el líquido descendía por mi garganta, cubriéndome las penas.
    Cerré los ojos con fuerza y, dando un respingo, me aparté rápidamente la botella y aún con la boca cerrada, noté cómo una buena cantidad de líquido se liberaba de mis labios y se escurría por mi barbilla.
    Luego, silencio. Oscuridad, de nuevo.
    Había cerrado los ojos, y trataba de atontar cada uno de mis cinco sentidos con aquel licor. Para no sufrir más. Para que nada me provocara más dolor.
    Lo conseguí. Por un pequeño instante, lo olvidé todo.
    Y me encantó esa sensación.
    El silencio de mi alrededor parecía relevante: mis compañeros se habían quedado incrédulos.
    Abrí lentamente, muy lentamente mis ojos, observé mi alerededor a la vez que chascaba la lengua tratando de recuperar el sabor de aquella esencia...
    Pero el olvido se estaba perdiendo, dejando paso, de nuevo, al dolor y a la desgracia.
    Tenía que detenerlo.
    No quería continuar con este suplicio que amenazaba con atormentarme el resto de los días que me quedaban de vida...
    Olvido. Había olvidado que ya no quería seguir viviendo, que mi existencia me había parecido en un momento, innecesaria en el mundo.
    Pero quería olvidar más.
    Mis compañeros empezaron a mrmrar, a comentar, cuando yo me eché el segundo trago.
    Succioné con ansia el contenido del recipiente, buscando continuar aliviando mi angustia.
    De nuevo, la explosión volvió. Tal vez, solo tal vez, con menos fuerza que antes. Pero la digerí igual.
    Estaba, no haciendo otra cosa, digiriendo el dolor con cada trago, para perderlo, para olvidarlo.
    Esta vez, ni una sola gota de líquido se despreció, todo acabó en mi estómago.
    Hice uso de la lengua, recordando que en el primer trago algo se había derramado por mi mentón, y de esta manera, recuperlo.
    Pero la sustancia, o había desaparecido, o simplemente, ya estaba seca en mi piel.
    Me escocía la boca y la garganta, además de que se me estaba comenzando a quejar la tripa.
    Pero de esa manera, no sufría por otras cosas.
    Ya no sufría por el pasado. Sufría por el presente.
    La muchedumbre seguía contemplando y animando con alaridos mis arrebatos de necesidad mientras yo empezaba a gritar incoherencias al aire, todas ellas, dirigidas a una única persona.
    A aquel el que había sido hasta la fecha mi amor ideal, y que ahora, se estaba evaporando con el recuerdo...
    A esa persona, que ciegamente, me había incitado a beber, a hacer aquella cosa que yo misma aseguré que nunca haría.
    Aquella persona que, de todas la maneras, era la deña de mis acciones.

    El amor ideal...¿acaso no es eso?




    Si a alguien le interesa saber en qué me basé para hacer este fic, es una historia real en realidad, algo que no vi pero que me contaron... algo que le sucedió a una amiga que fue rechazada y escena en la que yo no pude estar presente para reconfortarla... :(
    Simplemente, he intentado expresar la explosión de sentimientos que pudo experimentar en alquel momento.
    Espero que os haya gustado.
     
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    Shani

    Shani Maestre Comentarista empedernido Usuario VIP

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    Esta muy bien expresado,por un momento imagine que estaba en una fiesta, y todos los presentes estábamos alrededor de una chica, mirado como se emborrachaba y con una expresión de dolor en los ojos. Me gusto mucho, aunque es una historia triste...
     
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    Izarbe

    Izarbe Iniciado

    Aries
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    Me ha gustado mucho ^^, la idea es simple, sencilla... y has demostrado que a partir de una pequeña experiencia has creado un auténtico y muy escrito relato... Me encanta¡¡¡
    No soy quien para comentar... pero odio las repeticiones de palabras... y en una línea en especial has colocado una que me chirría mucho :(
    "me inundó una amarga sensación que gustaba no sólo con la lengua. No. La sentía con los cinco sentidos."
    Ese sentir con los cinco sentidos... es el problema XD
    Pero en serio, está genialmente desarrollada... y transcurre tan lentamente... que eres capaz de presenciar el agobio y el sufrimiento de la chica XD a partir de unas simples palabras...
    Very good! :)
     
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