Tuve el impulso de replicar la justificación que me dio nada más terminar de escuchar la misma, pues no quería que creyese que estaba en la obligación de devolver todos los obsequios que alguna vez le dieran (¡los regalos eran desinteresados!), pero al instante caí en cuenta de que yo tendía a hacer eso mismo siempre que podía y me reprimí; ¡no pretendía ser tan hipócrita! No de momento, al menos, pero quizás en un futuro... ¡Como sea! Observé con una sonrisilla algo traviesa como su ceño se fruncía ante mi pregunta, imaginándome el debate que debía estar teniendo mentalmente, y aunque en realidad se lo había dicho sin ninguna expectativa, no negaría que su afirmación (a medias) me provocó cierta calidez en el cuerpo. —¡Me alegra oír eso, senpai! —le dije al final, sin perder la sonrisa emocionada—. Entonces me temo que ya no te vas a librar de que te traiga cosas preparadas más a menudo... —añadí, con algo de aflicción impostada. Antes de poder aclarar que era una simple broma, sin embargo, me vi repentinamente emboscada por una figura que, por fortuna, supe que solo podía ser Anna incluso antes de verla o escucharla de verdad. Anclé las piernas lo más rápido que pude, evitando que nos fuéramos contra el suelo, y dejé salir una risilla divertida cuando nos supe seguras, correspondiendo como pude el abrazo de la chica. >>Buenos días, Annie~ —pude saludarla una vez se separó de mí, girando la cabeza para mirarla, y mantuve la expresión serena mientras ella se montaba la escena de turno—. Para nada, senpai solo me ha querido agradecer los chocolates que le traje ayer —expliqué, sin mucha complicación. En cualquier otra situación, no habría tenido ningún problema en seguirle la tontería un rato más, pero no quería molestar a Sugawara-senpai en aquellos momentos. Le dediqué una nueva sonrisa amable y volví a enfocarme en mi amiga; imaginaba que el chico no tendría muchas ganas de aguantar nuestra energía, pero no sería yo la que le dijera nada al respecto que pudiera malinterpretarse. >>¿Has dicho que me estabas buscando? —pregunté, con evidente curiosidad.
Las olas de mi pensamiento se mecían con una persistencia sutil, en un compás diferente que había elegido ignorar por quién sabe cuánto tiempo. Palabras, gestos, miradas y ausencias; todas ellas desplegaban ondas en el agua, que se perdían en algún rincón de la mente, pero nunca deteniéndose. Rememoraba el cuerpo durmiente de Bleke en la enfermería, pues ayer no logré encontrarla bajo el sonido de la campana del receso; pensaba en el dolor de Cayden por mi posterior; y hace unos instantes, cuando recorrí el patio frontal con la mirada, divisé a Beatriz con Jezebel. No me acerqué a saludarlas tras notar que parecían hallarse en medio de un intercambio de chocolates…. O, al menos, ese hecho fue lo que usé para forzarme a anular mi intención inicial y seguir mi camino. Antes de cruzar el umbral, deslicé un último vistazo a las chicas, sobre todo a Luna. Las palabras de Katrina y Morgan reverberaban en la consciencia. ¿Qué hubo en sus ojos ayer? Llegué a los casilleros de segundo con un profundo suspiro, seguido de una negación de cabeza mientras profería una palabras a voz en cuello, en mi sueco natal. De repente me sentí avergonzado por la acción de ignorarlas y no podía menos que reprocharme por ello. Las olas de mi pensamiento danzaban insistentes, no podía permitir que me arrastraran con ellas. Con otro suspiro, decidí dejar la cuestión de lado y avanzar que el objetivo que me había puesto para hoy. Luego de cambiarme los zapatos, me dirigí al casillero de Kashya, donde deposité una caja pequeña, de color negro, que contenía cuatro bombones de chocolate blanco, con forma de estrellas; incluía una nota sencilla, escrita sobre un papel negro con tinta plateada. El proceso fui a repetirlo en la zona de tercer año, donde en primer lugar dejé una caja de bombones en el casillero de Jezebel, y posteriormente me apresté a hacer lo propio en la taquilla de Morgan. Fue aquí, cuando mi rostro quedó ocultó tras su puerta abierta, que involuntariamente escuché un intercambio no muy lejos de mí. Me asomé con discreción, para reconocer inmediatamente la melena roja de Cayden. No lograba ver su expresión debido a que me encontraba directamente a sus espaldas. Una chica rubia le estaba hablando con un aire de aparentemente inocencia… lo cual no se correspondía con la naturaleza de sus palabras, con lo que le estaba contando tan campante a horas tan temprana del día. Con el ceño fruncido y sintiéndome indiscreto hasta el extremo, me forcé a concentrarme nuevamente en el casillero de Morgan. Las aguas se agitaban, ahora inquietas. Esa chica acababa de hablar de la obsesión de Cayden con Kohaku, que en mis memorias era el chico de cabello celeste a quien Ferrari presentó como presidente del Club de Música, en el evento de baile. La rubia prosiguió, para mi sorpresa y desconcierto, con que había mantenido relaciones con él, en lo que me pareció un intento de mofarse o herir. Dejé la caja de bombones en la taquilla, con su nota escrita, al tiempo que la voz cansada de Cayden me alcanzaba sin que pudiese evitarlo. No nada más allá de una desganada ironía, tras la cual se retiró hacia un punto incierto. Cerré el casillero de Morgan con gesto adusto, sin mirar a nadie, y me retiré en dirección al pasillo para subir a mi clase. Lamentando haber estado en un lugar y momento en el que, muy seguramente, Cay no me habría querido tener presente. Volví a suspirar, buscando ordenar las aguas. Contenido oculto Gigi Blanche Amane Zireael Es sólo para comucarles que pasó el Rappi-Hubby para entregar chocolates a Morgan, Kashya y Jez uvu Consideren que dejó en sus casilleros una cajita negra y elegante, con cuatro bombones de chocolate blanco con forma de estrellas, que se ven más o menos así: Contenido oculto Todas incluyen una notita que dice: "Para mi compañera del Club de Lectura, una caja de estrellas -Hubert-"
Ayer me había retirado sin más, el resto del receso me lo pasé en el patio y siquiera pensé en nada más que en lo que me concernía hasta que al volver a clase noté el faltante de las cosas de Cay. Me pareció raro que fuera luego de haberlo dejado con su amigo, pero procuré no darle mucha cabeza al tema y en la vuelta a casa me centré en otras cosas. Le conté a las chicas lo de la guitarra y pasé buena parte de la noche practicando, recordando las canciones que había aprendido en Northwood. Cuando estaba por irme a dormir caí en cuenta de que el tiempo se me estaba viniendo encima con el asunto de los chocolates, para variar, porque con algunas cosas no era ninguna mente maestra de la organización, así que preparé todo y me mentalicé para llegar en modo Uber Eats. Si bien tenía todo empacado, las tarjetas las había dejado para cuando tuviese un momento de inspiración, ¡y la inspiración no llegaba! Vaya cosa triste. Al final me eché al menos dos horas haciendo un research de música intensísimo y escarbando en el cuaderno de la abuela por flores que estuvieran repetidas o sueltas de las páginas. Mi decisión final me pareció lo suficientemente buena, así que añadí las tarjetas correspondientes y me di por servida ahora sí. Por la mañana recogí todo, contemplé dejar la guitarra en casa, pero al final me la eché al hombro después de ponerme el cardigan del uniforme y salí. No me cuestioné el frío del viento, eran cosas que pasaba, aunque al llegar a la academia sí que crucé el patio un poco a las prisas para no ventearme tanto por las risas nada más. Viré de inmediato a los casilleros de tercero y me dispuse a cumplir con la misión del día. La diferencia de tiempos me libró de comerme más películas que no me correspondían ni una pizca. Al abrir el casillero de Morgan vi que ya alguien había hecho una entrega, pero no husmeé de más y deposité la caja blanca con su la cinta púrpura, cuidando que la tarjeta siguiera en su lugar. Con eso hecho, cerré la taquilla y continué esta vez en búsqueda de la de Joey, donde dejé su correspondiente regalo en una caja azul. Cada uno, bueno, tenía el corazón de turno entre el resto de figuritas. Con un nuevo trabajo bien hecho me reajusté el estuche a la espalda y caminé hacia mi casillero, abrí sin esperar absolutamente y al ver los cupcakes en la bolsita transparente me quedé congelada unos segundos. Al final puse el maletín en el suelo y estiré la mano para tomar el regalo, lo inspeccioné tratando de encontrar algo que me dijera quién los había dejado, pero no había nada. —¿Pero no le enseñaron a poner la procedencia de los paquetes? Así se pierden las cosas... —Me quejé en voz baja. Abrí la bolsa, acerqué la nariz y el olor me llenó el corazoncito, había que admitirlo. Encima eran rosados, tenían flores y toda la cosa, estaban hermosos y... Espera, ¿eran caseros? No era que tuviera muchos potenciales repartidores de cupcakes, qué va, pero entre ese detalle, la atención al color y lo de las flores, me arriesgué por la única opción que parecía coherente y una sonrisa me alcanzó el rostro, no fui del todo consciente de ella. No pude con la tentación, ¿quién habría podido? Con cuidado de no estropearlos por completo metí la mano, tomé algo de glaseado con el dedo y me lo llevé a la boca. Sí, bueno, quizás comer dulce a las ocho de la mañana no estaba mal después de todo. Contenido oculto No te libras de mí Gigi Blanche primero era correspondencia, luego reacción a los cupcakes *rueda en el piso* Para Morgan la tarjeta pone: Ignore the noise, till it won't make a sound I dive into an infinite ocean It makes me devoid of all emotion PD: espero que podamos volver pronto al lugar que me mostraste y trae una flor prensada like this one Para Joey: Dije que algún día traería algo de la panadería No es de la panadería, no es pan, ¡pero es dulce! Hope to see you soon flor prensada as well sí tienen remitente JAJAJAJ
Espera, espera, espera, ¿esa era Emi hablando con... con...? Achiné los ojos, ¿necesitaba lentes para ver de lejos? ¡Ah, con Sugawara! No, ¿Sugawara? ¿De verdad? ¿Qué hacía Emi hablando con Sugawara? Y no parecía estar mini Ishi cerca... Mi curiosidad era tan, tan grande que me alegró tener una coartada sólida para interrumpirlos y averiguar qué se traían entre manos. Así, me lancé encima de Emi y... ¡¿Esos eran chocolates?! A ver, no creería ni por un nanosegundo que había motivos románticos por detrás, eso no importaba ni era necesario para dejarme atónita. Exageré mi reacción por el bien del teatro y tuve que cagarme de infeliz, puesto que el chico (obviamente) no respondió y Emi (desgraciadamente) lo hizo con la calma digna de una santa. Qué aburridos. —Pero cuánta amabilidad, senpai —anoté, riendo—. Si te trajera chocolates, ¿me darías unos también? —Para eso come directamente los que me habrías dado a mí —resolvió, tan práctico el muchacho, y miró a Emily—. Nos vemos, Hodges. ¿Se habría dado cuenta que pretendía molestarlo y de ahí la mala onda? Quién sabe, quién sabe. De una forma u otra, era un aburrido... ¡y un maleducado! ¡No se había despedido de mí! Al darme cuenta inflé las mejillas, molesta, y sólo me distraje al recibir la pregunta de Emily. —¡Por supuestísimo, señorita! Mi corazón siempre la busca, con lo mucho que se regocija en su presencia —declaré, con mucha pasión, y al final solté una risilla—. Tengo algo para ti~ ¿Adivinas qué será? No, no iba a adivinar si esperaba los bombones que todo el mundo andaba preparando, y darme cuenta sobre la marcha arrolló parte de mi ilusión cruelmente. ¿Se decepcionaría al ver mi regalo? ¿Le estaría aumentando las expectativas para luego aplastárselas? Me había congelado a medio camino de traer mi mochila al frente y me valí del primer salvavidas que vi para disimular mi embrollo mental. —¡Ah, mini Ishi! —exclamé, viéndolo ingresar a los casilleros, y me reí—. No me digas, ¿tú también saliste sin fijarte el clima? Ya éramos dos imbéciles de manga corta. Él se detuvo a nuestro lado y sonrió, asintiendo. Pobrecito, tenía piel de gallina. —Sí, me dormí y salí a las chapas —admitió, extendiendo los brazos hacia mí—. Mira si morimos de hipotermia, no podemos permitirlo. El cabrón sólo tenía frío y quería robarme algo de calor corporal, ¿verdad? Me ofendía pero aún así lo tomaría, pues a mí también me hacía algo de falta. Me colé bajo sus brazos y lo estrujé, aprovechando la diferencia de estatura para apoyar la mejilla en... ¡Espera! ¡Estábamos frente a Emi! Las neuronas se me chamuscaron y mi gran solución fue extender una mano hacia ella, invitándola a unirse al abrazo improvisado. ¿Era buena idea? No tenía idea, pero ya estaba hecho. —¿Se acuerdan los martes de abrazo? —murmuré, riéndome—. ¡Pues ahora es jueves de abrazo triple!
Observé el intercambio entre Haru y Anna con una sonrisilla algo divertida, sin poder evitar que la misma se me ensanchara ante la respuesta que el mayor le dio a la chica. Intenté disimularla lo más rápido que me fue posible y levanté una mano para despedirme de él, justo antes de volver a enfocarme en Anna. Escuché su respuesta mientras guardaba la caja de chocolates en mi maletín, sus palabras haciendo que una sonrisa risueña se apoderara de mis labios. —Qué romántica, Annie, haces que me enamore con tanta facilidad... —murmuré, sin una pizca de ironía, y busqué su mano con la mía para poder darle un beso sobre el dorso—. ¿Significa eso que me has traído una declaración de tu eterno amor incondicional hacia mi persona~? —bromeé, sin mala intención. Cuando de repente escuché la mención de Ko, pensé que seguía bromeando conmigo y estuve a punto de decirle que ese era un muy buen regalo. Por suerte para todos, ella siguió hablando hacia otro lado y me di cuenta de que Kohaku genuinamente había aparecido en los casilleros, por lo que pude evitar el ponerme en evidencia de esa manera. Por lo demás, le dediqué una sonrisa a modo de saludo al chico y me quedé mirándolos mientras hablaban, tranquila. Era bastante tonto pensar que algo de su relación podría molestarme, así que ni por un segundo se me ocurrió que aquel fuera el motivo de la repentina invitación de Anna al abrazo; eso no quitó que me avergonzara igual, claro. Y el problema era que a ella no podía decirle que no. Evité la mirada de Kohaku mientras acortaba la distancia, todo con una evidente timidez, y me fundí en el abrazo procurando no pensar demasiado al respecto. A pesar de todo eso, no podría negar que la unión me resultó muy agradable y que, de hecho, tuve que hacer un esfuerzo muy consciente por no derretirme contra el cuerpo de ambos; sus cuerpos eran cálidos y la combinación de sus fragancias estaba siendo sorprendentemente placentera. >>Ko, ¿podríamos vernos en el invernadero este receso? ¿¡Por qué había decidido soltar aquello en ese momento!? Sentí como el rostro se me enrojeció por completo y me separé del abrazo con algo de brusquedad. No supe muy bien qué hacer para disimular mi reacción, así que acabé por hacer lo primero que se me cruzó la cabeza: me quité la chaqueta y se la coloqué a Anna sobre los hombros. >>T-ten, yo igual no paso mucho frío... Contenido oculto oh, babygirl................