El Pueblo Casa Frederick Rivas

Tema en 'Partidas Inacabadas' iniciado por rapuma, 10 Agosto 2019.

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    rapuma

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    La casa de Frederick Rivas está ubicada junto a un árbol de limones de tamaños colosal, de ramas gruesas y frutos enormes. Algunas ramas llegaban al suelo por el peso de los limones.

    La casa en general no sobresale del resto; una pequeña reja cubre patio exterior de entrada y junto la puerta hay una pequeña campana a modo de timbre.
     
  2.  
    rapuma

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    Nash Ríos estacionó el coche en la acera y bajó del vehículo.

    —Señores si no es mucha molestia les acompañaré. La madre de Rivas no es muy amistosa y recibió muchas molestias por las acusaciones de Degustini. Quizá quedé más tranquila si ve una cara conocida.

    Jacob se bajo del vehículo patrullero y observó la casa. Se tocó la sien y la masajeó con el dedo índice.

    —No sé que es. Pero siento algo. Créeme, chico. Este lugar está hasta la mierda.

    La casa tiene dos pisos, todas las ventanas parecen cerradas con persianas. Incluso la puerta de entrada, pueden ver a simple vista que tiene algo que le cubre por el interior.

    Aún y así, Tristán podía observar ciertos factores que escapaban a la vista de sus acompañantes. Por ejemplo, en el segundo piso, la última ventana de la derecha, si observaba cuidadosamente, podía ver algo llamativo.

    O en cualquier caso, tocar la campana para que abran la puerta.

    Reual Nathan Onyrian podés elegir una opción en negrita por post.
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    Tristán Adriano Alarcón

    Rumió en silencio las palabras que el cardenal le había dicho mientras se dirigían hacia el auto, y tomaban el camino hacia la casa de Frederick. Contempló el pueblo pasar a través de la ventanilla del automóvil, meditando. ¿De verdad podían estar tan seguros de que el caso se había resuelto ya? Obviamente sentía que algo no estaba bien en esa iglesia. Pizzi se traía algo entre manos. Sin embargo, dudaba que fuera el autor de todo el desastre que parecía ocurrir en este pequeño pueblo. Eso sí, le daba mucha curiosidad sobre el armamento del cual el cardenal había hablado. Esperaba que solo fuese una preparación espiritual y mental. No quería tener que usar ningún tipo de arma. Estaba en contra de ellas.

    Tristán observó el lugar a medida que el auto frenaba, y el oficial Ríos descendía del mismo. Una casa...pintoresca, la verdad. Se notaba que la situación actual había afectado a los habitantes de esta viviendo sobremanera. Bueno, no podía culparlos. Esta vez, dejó que el cardenal, junto con el oficial, fueran los primeros en lograr el contacto con las personas de adentro. Estaba seguro que, de los tres, Ríos sería el mejor para manejar la situación, teniendo en cuenta su condición de vecino. Así que se quedó detrás, con las manos enlazadas tras la espalda, con una sonrisa, mientras esperaba que el cardenal llamara a la puerta. Y, de forma disimulada, centrar su atención en la última ventana de la derecha. Había visto algo por el rabillo del ojo cuando inspeccionaba el lugar, y no quería perderse detalle.
     
  4.  
    rapuma

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    Puedes ver un rostro de un jóven calvo. Te mira desde la ventana con furia e ira. Puedes distinguir también sus ojos color añil. Pero ya no puedes prestar más atención porque la puerta de entrada se abría delante tuyo.

    Nash se había quitado la boina negra y la apretaba entre sus manos cuando una mujer salió a su recibimiento.

    —Señora Rivas, ¿cómo está usted? Lamento incomodarla con nuestra presencia.

    —Oh, no es molestia Nash. Hace mucho tiempo no tengo visitas. El padre Pizzi me llamó y me explicó la intención de sus acompañantes. No hay problema, pueden pasar. ¿Café?

    Ladeó el cuerpo para que ingresaran y Ríos fue el primero en ingresar.

    —Por favor, señora Rivas. —accedió Jacob mientras se quitaba el sombrero y entraba con una grata sonrisa, sin mostrar los dientes.

    En el interior puedes sentir el dulce aroma de una torta casera, quizá un budín en el horno. La casa es pintoresca, casi gótica. La señora los escoltó hasta la cocina.

    —¿Cómo se encuentra Federick? —interrogó Nash, aceptando una taza de café. La señora se paseó y colocó en ambos enviados de Italia dos tazas similares.

    —Estable, según sus estudios de todos los meses. Han cambiado la máquina, ahora tenemos una con mayor tecnología que detecta todos sus movimientos en la noche. Ha registrado una cantidad muy importante, el doctor dice que es porque cuando está durmiendo debe soñar que puede volar. —sonrió feliz.

    Jacob no tomo el café y sin que Ríos y la señora Rivas lo notarán, una fina gota de sangre cayó por su nariz. Se limpió con un pañuelo y miró a su acompañante. Por la penetrante mirada del cadernal Tristán supondría que ahí estaba sucediendo algo.

    La señora Rivas los escoltó hacia la sala de estar donde Frederick se encontraba.
    Estaba acostado en una cama y conectado a unos paneles eléctricos que controlaban pulsaciones y le daban respiración artificial. Frederick en cuestión es un sujeto alto, demasiado flaco, a punto que sus costillas estaban muy visibles; y calvo.

    Tristán seguro lo conocía. Era el sujeto que lo había estado observando por la ventana hace menos de cinco segundos.

    El respirador subía y bajaba y Nash se sintió incómodo. Los ojos de Frederick estaban abiertos y apuntaban al techo... pero eran celestes.

    —¿Hace mucho se encuentra así? —preguntó Jacob mirando los aparatos que sujetaban al muchacho de la cama.

    —Sí, tres años aproximadamente. Se cayó de una escalera mientras trabajaba y desde entonces está vegetativo. Era tan vital... tan...

    Y comenzó a llorar. Nash la calmó.

    Opciones para Tristán.
    1) Preguntar sobre los dichos de António Degustini: acusaba a Frederick de ser un monstruo.
    2) Preguntar sobre el cuarto de Frederick.

    Cuidado al momento de elegir una opción, ya que la que queda libre podría cambiar.
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    Tristán Adriano Alarcón

    Otra vez esos ojos, otra vez ese color. Todo estaba demasiado conectado, la verdad. Sentía los pelos de la nuca erizarse antes todas las implicaciones que esto podría tener. ¿Qué hacía que todos compartan ese color de ojos? Al menos, todas las personas relacionadas con Pizzi. ¿Era acaso alguna droga que ingerían, alguna sustancia, algún líquido? ¿O, más tenebroso, alguna especie de posesión demoníaca, o control mental? Dudaba que algo así pudiera pasar desapercibido tanto tiempo, pero en un pueblo tan pequeño y alejado, no era extraño que casos como estos surgieran. Había estudiado bastante sobre esto en su tiempo en el Vaticano, pero ver todo con sus propios ojos...era una historia totalmente distinta.

    Sin embargo, en cuanto la señora se mostró en el porsche de la casa, la expresión de Tristán cambió a su amable sonrisa de siempre.

    — Un placer conocerla, señora Rivas.— saludó, con un pequeño asentimiento de cabeza, e ingresó a la residencia. Rechazó la taza de café de forma con un ademán educado.— Disculpe, no tomo café. Me hace mal al estómago. Me lo revuelve todo.

    Tristán notó el fino hilo de sangre que salía por la sangre del cardenal, y con un asentimiento de cabeza, compartió el sentimiento de que algo andaba mal allí. Y sus temores se confirmaron cuando pudo ver a Frederick al fin. El pobre hombre estaba completamente demacrado, y conectado a cientos de aparatos. La verdad, era una imagen horrible, y podía entender completamente a la vieja señora cuando se largó a llorar. Aprovechó que el agente Ríos parecía ocuparse de ella, para con un susurro, mencionar, mientras se incorporaba.

    — Puedo ver que necesita un tiempo a solas. Lamento mucho que nuestra visita le haya causado tal pesar. Si no es mucha molestia, me gustaría revisar el cuarto de Frederick. Mi compañero aquí es un experto en santificación y purificación, y aunque estoy más que seguro que el venerable padre Pizzi ya se ocupó de dar sus rezos diarios a Frederick, nos gustaría afianzar y fortalecer la presencia de Dios en esta casa.— dijo, con voz calmada y tranquila.— Es lo mínimo que podemos hacer como compensación por los problemas que hemos causado.

    Hizo una pequeña reverencia, y aprovechando que su rostro estaba oculto a la mayoría de las personas, le dedicó una mirada significativa al cardenal Jacob. Había algo raro aquí, pero no sería lo mejor preguntar sobre las acusaciones de António sobre Frederick. Al menos, no en el estado en el cual se encontraba la señora en estos momentos.
     
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    rapuma

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    Nash estaba incómodo a primera vista, siempre le angustiaba estos momentos de su carrera: consolar a una señora mayor.

    La madre de Rivas se limpió las lágrimas y asintió repetidas veces.

    —Disculpen el abrupto, señores. Esto sigue siendo un tema sensible para mí. Claro que pueden ir a la habitación de Frederick, está en la segunda planta, la última habitación de la derecha.

    Jacob asintió y le hizo una seña a su compañero para que suba con él. Las escaleras sonaban bajo su peso.

    —En la iglesia sentí una presión fuerte en mi pecho, aquí es distinto. La presión viene y se va, cómo si hubiera alguna especie de inestabilidad. No es continua, no es sofocante. Es como... si quisiera ocultarse, no puedo explicarte con palabras...

    Llegaron a la planta indicada y pudieron ver diversas habitaciones. Quedaba en ellos a cual ir primero.

    Opciones para Tristán.
    1) Primera habitación a la izquierda (Baño íntimo)
    2) Primera habitación a la derecha (puerta cerrada)
    3) Segunda habitación a la izquierda (cuarto de Frederick)
    4) Segunda habitación a la izquierda (puerta cerrada)
     
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    Reual Nathan Onyrian

    Reual Nathan Onyrian Adicto

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    Tristán Adriano Alarcón

    Asintió en silencio a las palabras del cardenal, rumiando la información. Estaban en una situación complicada, la verdad. Había una madre desconsolada llorando debajo, un pobre hombre en estado vegetativo, y un misterio que gritaba a los cuatro vientos su naturaleza siniestra. Todo en este pueblo era demasiado extraño. En especial si teníamos en cuenta todas los presentimientos que el cardenal estaba teniendo. Todo se conjugaba en una experiencia paranormal de la cual no me sentía especialmente alegre por formar parte.

    Sin embargo, al mal tiempo buena cara. Si su labor allí ayudaría a tranquilizar el alma de los habitantes de este pueblo, tanto vivas como muertas, valía la pena pasar un poco de mal rato.

    Al llegar al piso de arriba pudo contemplar varias puertas, unas cuatro en total. Una de ellas era la habitación de Frederick, y otra parecía ser un baño. Las dos restantes se encontraban cerradas.

    — Bueno, señor Jacob, yo iré a la habitación de Frederick. No tiene sentido traicionar la confianza de una señora que nos abrió las puertas de forma tan amable.— anunció Tristán, sonriendo.— Sin embargo, usted podría explorar el resto del piso, y fijarse si capta algo que mis sentidos no podrían.

    Dicho eso, se acomodó la sotana, y se dirigió hacia la segunda habitación a la izquierda.
     

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