One-shot Buenas tardes, amor [Proyecto Pygmalion]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Gigi Blanche, 19 Febrero 2020.

  1.  
    Gigi Blanche

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    Escritora
    Título:
    Buenas tardes, amor [Proyecto Pygmalion]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    934
    Título: Buenas tardes, amor
    Rol: Proyecto Pygmalion
    Personajes: Ophelia Byrne
    Notas: hecho para la actividad Un Valentín Diario 2.0, y porque siempre es una buena idea escribir de mis bebés sin developear <3



    19 de Febrero, 2020.

    Buenas tardes, amor. ¿Cómo estás? Debo decir que contaba con amplia cantidad de reservas en lo que respecta escribirte una carta. Creo que resultan evidentes las fricciones que han existido e, intuyo, existirán en nuestra relación. He pensado largo y tendido sobre ciertas conductas mías que, a ojos ajenos y sin un minuto de reflexión, podrían considerarse perniciosas o incluso prejuiciosas. Soy bien consciente de que cada persona es un maravilloso y complejo universo, y por ende el mundo cambia según qué ojos lo estén observando. Por ello, estoy al tanto de un hecho tan simple como veraz: la imagen que me devuelve el espejo no es la misma que los demás perciben. Tan sólo debe pensarse: ¿cuántos comportamientos, cuántas opiniones han sido condenadas bajo el yugo de la malinterpretación a raíz de prenociones y anticipaciones sin fundamento? ¿Cuántas veces se ha encontrado desinterés donde había decepción? ¿Ambición donde había amabilidad? ¿Envidia donde había espíritu crítico? No somos más que montones de arcilla que moldeamos a lo largo de los años y sobre los cuales, por si no fuera ya bastante complicado, los demás moldean sus propias máscaras para taparnos las caras. No somos dueños de nosotros mismos. Somos, en definitiva, construcciones interpersonales. ¿Qué ser humano logra escapar de los hilos que conectan a padres e hijos, creyentes y religiones, artistas y musas, ciudadanos y naciones? ¿Quién no acaba enmarañado en las amplias redes de la historia? Aunque nuestros nombres no perduren a través de los siglos, todos tenemos un papel que desempeñar en este gran escenario. Siempre recibiremos expectativas que no pedimos, así como también cargaremos de ellas a los demás. Es la base del trabajo en equipo y de la vida en sociedad. ¿Cuál es, entonces, este pegamento tan ridículamente resistente? ¿De qué están hechos los hilos?

    Oh, amor, no me malentiendas: no creo que seas tan importante, pues el todo es más que la suma de sus partes; y aunque las pequeñas moléculas pretendan basar sus decisiones buscando tu bendición, en el conjunto desapareces al instante. No hay ni una pizca de amor en los aparatos estatales, en la burocracia, en los sistemas económicos y en las multinacionales. No lo hay, y a su vez, estoy segura que cada ser humano en cada momento de la historia tuvo y tiene amor para dar. ¿Dónde yace, entonces, la ruptura? No lo sé, pues no pretendo encontrar respuestas en esta pila de reflexiones inconexas. Disfruto, cuanto menos, el mero placer de hacerme las preguntas que suelen pasar desapercibidas. La mayor parte del tiempo la gente goza de mantener sujetas sus máscaras en los rostros de los demás. Porque no, no sería muy atractivo cuestionar los fundamentos del amor o plantear las enfermedades del sistema en una primera cita, ¿verdad? A las personas no les gusta salir de su zona de confort.

    Y aún así, son tan increíblemente interesantes. Las razones detrás de sus acciones, las experiencias detrás de sus creencias. Creo que hasta el tonto más tonto del universo posee una historia que merece ser oída. Ya resulta incontable la cantidad de personas que, cuando les pregunto al respecto, te han mencionado en sus motivaciones, en sus frustraciones o en sus sueños. Y no puedo más que cuestionarme por qué. ¿Qué te vuelve, amor, tan seductor? ¿Con qué hechizo lograste que la humanidad sucumbiera ante ti?

    Es curioso. Si naciera una persona con tal porte, tal carisma, tal historia, capaz de influir en las motivaciones, sueños y frustraciones de los demás, ¿no sería acaso el amor en sí mismo? Las hay, de hecho. Existencias avaladas a viva voz, cuerpos de arcilla sobre los cuales pintarrajearon ideas utópicas de amor. ¿Se convierten en exponentes de un objetivo último? ¿O solo son carne de cañón? Y estas instituciones encargadas de avalarlos son, a su vez, avaladas por otro puñado de personas. ¿De qué están hechas estas monstruosas conexiones? ¿Se supone que los hilos son de amor? Pero ¿no se da el mismo mecanismo, acaso, con la religión o los partidos políticos?

    Como verás, soy bastante escéptica. Creo en ti, amor, pero no como el motor de la vida, o como la fuerza más poderosa del universo, o como un fin en sí mismo. Creo en ti como una herramienta. Algo similar al arte, pero más vilipendiado y vulgar. No negaré tu existencia, así como tampoco puedo negar la existencia del Dios en quien tantas, tantas personas creen. Puedo, sin embargo, concederme el privilegio de dudar de ti, incluso de guardarte algo de rencor. Porque ¿dónde estuviste, amor, todo este tiempo? ¿Por qué no pude conocerte, saborearte, experimentar las maravillas que tantos te confieren? ¿Por qué este cuerpo mío no sabe cómo moldear máscaras de arcilla? ¿Serás hereditario, acaso, y por ello me fue negado el derecho de poseerte? ¿O las personas pueden perderte, como una billetera o un anillo, y jamás recuperarte? ¿Existirás en muchas más formas de las que somos conscientes, y así has logrado escabullirte dentro de cada alma? Me gustaría saberlo pero, una vez más, solo puedo aspirar a la claridad de preguntármelo, lento y sin tapujos. ¿Qué dices, amor? ¿Algún día encontrarás la forma de habitar en mí? ¿Me harías ese único favor?

    Me gustaría conocerte.


    Sinceramente y con cariño,
    Ophelia Byrne.​
     
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    Yugen

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    Oh, este relato está lleno de tanta belleza y verdad. Cuando empecé a leerlo, en un primer momento creí que Ophelia se refería cariñosamente a una persona y que la carta estaba pues dirigida a ella.

    Pero a medida que pasaban los párrafos me di cuenta de que no, de que la carta está dirigida al amor. Al amor cómo sentimiento, ese condenado abstracto que a veces da tanto y quita tanto por igual. Ese amor del que tanto hacen alarde muchos y realmente tan pocos conocen y no todos experimentan, aunque sin distinciones deberían ser dignos de él.

    Todas las preguntas y dudas que plantea Ophelia me resultan tan... no sabría definirlo con certeza. ¿Humanas? ¿Qué hay detrás de todas estas dudas, de esta visión tan velada que tiene la protagonista del amor? No puedo negar que es, de lejos, lo más hermoso, mágico, místico... y al mismo tiempo lo más catastrófico e indefinible de la vida.

    Así bien podemos extraer varias cuestiones: ¿Qué es realmente el amor? ¿Cómo es que conecta y desconecta tantísimo a su antojo? Me resulta sumamente interesante. Y no me pasa desapercibido ese pequeño anhelo al final, esa petición, porque Ophelia, en el pragmatismo que muestra, también añora y desea experimentarlo.

    Adoro cómo logra conectar tantas ideas que no son realmente tan inconexas como hace parecer, y terminan en un punto en común. La protagonista no cree en el amor pero quiere sentirlo. Y eso me hace preguntarme... ¿qué tiene que incluso personas tan escépticas lo buscan?

    Un maravilloso escrito Gigi, muy en esta línea sublime con la que sueles escribir. Me dejó pensando.

    Ja ne! <3
     
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