Personas reales Broken Heart|Paul Stanley|Kiss

Tema en 'Otros Fanfiction' iniciado por Lady Stanley, 28 Mayo 2020.

  1.  
    Lady Stanley

    Lady Stanley Sweet Room

    Virgo
    Miembro desde:
    12 Enero 2008
    Mensajes:
    767
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Broken Heart|Paul Stanley|Kiss
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    3971
    BrokenHeart.png
    Summary:

    "Una vez pensó que cuando llegara a las estrellas, nunca bajaría".

    Antes de Pamela Bowen y Erin Sutton, hubo otra mujer que cautivó por completo al líder de Kiss. Una joven que por su sencillez se ganó no solo el corazón del Star Child, sino de toda la banda y de todo aquel que estaba a su alrededor. Pero para entender... dónde quedó olvidada el primer amor de Paul... deberán saber que fue de ella.

    Una joven se encontró no solo con cartas, si no con fotografías viejas y amarillentas dónde aparecía su madre y la letra de una canción con su nombre. Nunca antes se había sentido tan curiosa de saber sobre la juventud de su creadora, ahora quiere saber la verdad. Pues... nunca se imaginó que su madre, hubiese conocido y convivido con los integrantes de la banda más caliente sobre la tierra.

    Y nunca se imaginó que... ella era la primera hija de Paul Stanley.


    -.-

    ~ BROKEN HEART ~

    -.-

    NOTAS DE AUTOR.


    Aclaraciones: Kiss y todas las personas mencionadas en éste fic, pertenecen únicamente a ellas mismas.

    Intentaré que todo lo que se mencione a lo largo de este proyecto, sea lo más apegado a la realidad posible. Pero no prometo nada, ya que algunas cosas deberán ser cambiadas o modificadas para el desarrollo del mismo.

    Ya que estoy trabajando con personas del mundo real y por lo tanto merecen su debido respeto por lo que representan para el medio musical.

    Con esto anuncio, prohíbo su copia en cualquier otro sitio fuera de Wattpad. El contenido de este popfic está sujeto, únicamente a la publicación bajo el nombre de Lady Stanley.

    AVISO I. Desde acá anuncio que habrá contenido del género angs/hurt/confort. Para que no les tome por sorpresa si encuentran algo que no les agrade con esta temática.

    AVISO II. Habrá contenido adulto +18 en capítulos posteriores. Así que avisados están. Se incluyen temas como drogas y violencia física y emocional.

    AVISO III. Desde este momento notifico que el desarrollo de la historia será lento. Si buscas una historia en dónde los personajes entablen una relación rápida, este no es tú sitio, sin embargo si quieres saber que pasa capítulo a capítulo y te enamoras.

    AVISO IV. Posiblemente alguna falta de ortografía o de puntuación de la que no me haya dado cuenta.

    AVISO V. Historia en proceso de beteo. Ténganme paciencia en lo que encuentro un beta reader para poder darle un mejor aspecto a la historia.

    Bienvenid@ seas.


    -.-​


    ¡Hola! ¿Qué tal?

    ¡Bienvenidos sean a esta nueva historia! ¡Ahora sobre otra de mis bandas favoritas! ¡Kiss!

    Esta es la primera vez que me embarco en un reto de esta magnitud, pues a gran conciencia y conocimiento sobre Kiss no tengo. Así que me he dado a la tarea de investigar poco a poco sobre la banda en general para poder estructurar algo que no se convierta en disparate.

    El manejo de mi próximo personaje, espero sea de su agrado, ya que encontré la imagen de una protagonista perfecta, con todas las cualidades físicas que a un joven Paul (el de la historia, claro) llegue a interesar durante su juventud.

    Así… qué… no me queda más que darles nuevamente la bienvenida y si leíste hasta acá espero que este proyecto forme parte de tú lista de favoritos/ biblioteca/ o listas de lectura personalizada.

    ¡Empezamos!


    -.-

    Prólogo.

    “Nunca se juzga un libro por su portada. Se debe conocer su contenido para poder dar una crítica positiva o negativa. Así como con las personas, juzgan solo porque son diferentes o con pensamientos que no concuerdan. A veces… esas críticas pueden ser muy duras y termina con el mundo de una persona”.


    Seattle, Washington, 2000.

    Muchas veces parecía que el clima estaba en combinación con las emociones de las personas. Pues los días soleados muchas veces representaban momentos felices y los días nublados y lluviosos, momentos tristes.

    Congregados alrededor de un sepelio, varias personas lloraban en silencio la partida al otro mundo de un amigo, un hermano, un esposo y un padre. Mientras las nubes cubrían sus cabezas al mismo tiempo que un representante de la iglesia de Dios, recitaba las últimas palabras ante aquel que ya no volvería a abrir los ojos.

    Una gotita calló sobre el brillante ataúd de madera, adornado con flores blancas que representaba armoniosamente la muerte de aquel que estaba en su interior.

    —Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino… hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo…

    Todos los presentes en ese lugar, murmuraban la oración del sacerdote mientras rociaba agua bendita a la caja funeraria antes de que fuera sepultado para toda la eternidad.

    Un par de miradas observaban la situación, mientras la llovizna se dejaba caer sobre las cabezas de todos.

    La mirada triste de una hija que no volvería a ver a su padre, llena de dolor y de carencias emocionales que todo eso representaba y luego… mientras era estrechada por los brazos de su creadora, no llegaba a imaginar o comprender el gran alivio que la muerte de su progenitor representaba.

    Aunque sus ojos lagrimeaban un poco, la mujer no podía sentir lástima por el que alguna vez fue su esposo. Si lo había llegado a querer más nunca… lo pudo amar. Le dio todo lo que cualquier mujer hubiera deseado… pero jamás… jamás le pudo enseñar a olvidar.

    Y ahora… era libre.

    Un nudo se formó en su garganta cuando los trabajadores del cementerio comenzaron a bajar con cuidado el ataúd. Y poco a poco los adornos de flores que estaban sobre la tapa dejaban de estar visibles.

    —Pa-padre…

    Escuchó cómo su hija gimoteó, mientras se aferraba a sus brazos llorando.

    ¿Cómo explicarle que ahora podrían ser libres?

    Sin las ataduras de su matrimonio podría volver a escribir su historia, junto a su hija… aunque lejos de aquel que siempre fue su primer y único amor.

    —Tranquila… no llores—intentó consolar en susurro. Pues en esa ceremonia luctuosa no solo estaban ellas, si no más personalidades sumamente poderosas en la política americana. Y la madre de aquel que fue su esposo hasta unos días.

    Hasta que la muerte los separe…

    Recordó cuando el mismo sacerdote que despedía a su marido, los unió hacía 14 años en una catedral gigantesca de Seattle.

    La libertad que tanto había anhelado, por fin le abría sus puertas. Pero… toda la vida iba a seguir presa de un doloroso pasado…

    -.-

    Seattle, WA. Agosto 2002.

    El ruido que había a altas horas de la mañana, hizo que la chica despertara un poco consternada. Podía escuchar en la planta baja de su casa muchos muebles moverse de un lado a otro y muchas voces. Giró la vista rumbo al reloj que tenía sobre su mesa de noche y las manecillas marcaban las ocho de la mañana.

    Bostezó un poco somnolienta y salió de la comodidad que le daban las cobijas. Sintiendo sobre la planta de sus pies el helado piso, en invierno hacía mucho frío y durante el verano todo causaba bochorno.

    Se asomó por la ventana y vio que el cielo se encontraba nublado, anunciando que pronto caería una tormenta. No le gustaba para nada ese lugar, las lluvias siempre estaban en cualquier época del año y en ella los días lluviosos solo le hacían recordar el día en que su padre murió hacía dos años. Pero más que el mal clima, lo que llamó su atención fue que varios hombres salían y entraban de la casa con muebles.

    —¿Qué está pasando?—se preguntó cuando vio que incluso la gran cama de su madre era llevada al camión de mudanzas que estaba parado sobre su calle.

    Decidió averiguar qué estaba sucediendo, pues todo era tan repentino y raro.

    —¿Mamá?—preguntó e incluso tuvo que esquivar a un hombre que llevaba cargando sobre su espalda el pesado librero perteneciente a su madre—. ¿Qué…?

    Antes de volver a preguntar, vio que llegaba la figura elegante y femenina que representaba su progenitora. — ¡Oh hija! Disculpa… te he despertado con tanto alboroto—confesó maternalmente, acercándose al cuerpo menudo de su hija. — Nos iremos de aquí.

    —¿Qué? ¿Por qué?—preguntó la joven muchacha a su madre—. Este lugar es nuestro hogar… aquí crecí… no podemos irnos.

    —Tenemos que hacerlo querida—sintió el suave tacto que su progenitora imprimió con sus dedos sobre sus mejillas—. Para nosotras aquí ya no queda nada.

    —Pe-pero…

    —Sube y empaca tus cosas querida, dentro de una hora tenemos que irnos al aeropuerto. ¿De acuerdo?—no pudo protestar, solo asintió con la cabeza y ver un tinte de terror en los ojos de su madre, e incluso pudo observar como se apretaba las manos con nerviosismo una y otra vez. Tenía tanto tiempo que no la veía hacer algo parecido e incluso pudo ver como después de tronarse los dedos una de sus manos se hacía puño y subía a la altura de su pecho en forma de protección emocional.

    Quiso preguntarle que pasaba, pero al verla tan ansiosa solo pudo obedecer.

    A partir de ese momento… no solo se mudaron una vez, si no más veces a lo largo de tres años.

    -.-​

    Washington D.C, E.U.A. Mayo de 2005.


    Mi nombre es Bonny Regan, y éste es el más grande descubrimiento que he hecho a mis cortos 19 años. Quizás suene bastante cómico, o tal vez no… pero para mí, era oro puro.

    Tras una mudanza de sorpresa que organizó mi madre, tuvimos que dejar sin darle explicaciones a nadie, nuestra vida en El Paso. Era como si quisiera que desapareciéramos de algo o alguien. Una tarde de verano regresaba de mi último día de clases y mamá ya estaba esperándome con angustia. Sin decirme más, me obligó a empacar todas mis cosas y así… sin más nos volvimos a mudar.

    Para una adolescente en pleno desarrollo no es sano cambiar de ciudad y escuela al menos tres o cuatro veces por año. Ni yo entendía a veces porque el actuar de mamá… solo obedecía y no preguntaba, pero siempre que había una mudanza nueva, veía en sus ojos un miedo que no era capaz de explicar.

    Una vez más, habíamos llegado a nuestro ‘nuevo’ hogar. Nuevo en el sentido de que de alguna forma, mamá había conseguido vender nuestra casa de manera exprés y le habían pagado el dinero suficiente para poder comprar en otro sitio. Ésta vez, había elegido Washington D.C., todo un cambio sin duda alguna. Pues en El Paso, todo era realmente diferente, era un lugar con mucha gente hispana. Se hablaba más el español que el inglés entre sus habitantes y yo estaba acostumbrada a un clima árido.

    No me quejé, e incluso quise pensar que esta era la última vez que cambiaríamos de casa.

    —Bonny. ¿Podrías ayudarme a desempacar?—me preguntó mamá con una sonrisa, su rostro se veía relajado y tranquilo. Nada que ver con las facciones asustadas que tenía hace tres días antes de notificarme que volvíamos a mudarnos a otra ciudad.

    —Claro, ma’—contesté y vi cómo todos los muebles dentro de nuestra nueva casa se encontraban todavía emplayados para que no se estropearan durante la mudanza.

    —Si quieres, puedes subir a organizar las habitaciones—dijo tranquila, mientras ella traía entre sus brazos una lámpara bastante antigua. Quizás databa de los 60’s, nunca le pregunté, pero era uno de los tantos objetos que mamá guardaba con mucho cuidado y cariño—. Yo ordenaré aquí abajo. ¿Estás de acuerdo?

    —Sí. Entonces… ¿Nos vemos al rato?—pregunté divertida y ella asintió.

    —Creo que esta noche pediré pizza para cenar—miró la sala y yo estuve de acuerdo—. Escoge la habitación que más te guste.

    — ¡Si! ¡Gracias!—contesté entusiasmada y subí las escaleras.

    Los hombres de la mudanza ya habían hecho casi todo el trabajo pesado, habían subido las camas, los closets y los tocadores a las habitaciones. Ahora solo faltaba lo más importante, elegir mi habitación pues en el pasillo estaban las bases de las camas y los colchones, todo lo demás. Solo dejaron las cosas sobre el pasillo.

    Habíamos llegado bastante temprano a la nueva ciudad, y tan solo eran las diez de la mañana. Tendría prácticamente todo el día para poder organizar todo.

    Elegí una de las habitaciones que tenían una amplia ventana que daba hacía la calle. Con mucha luz y bastante cómoda, el tapiz floreado que los anteriores dueños habían dejado, me agradó bastante y decidí que esa sería mi próximo santuario. Pude acomodar todo a mi gusto, arrastré y empujé mis muebles hasta acomodarlos como yo quise. Tendí la cama, guardé la ropa en el closet e incluso tuve que darme a la tarea de organizar todas mis cosas que iban sobre mi tocador.

    Mientras acomodaba, pasaba el tiempo y abajo podía escuchar sonidos similares de los muebles chirriar cuando los arrastraban para ponerlos en su sitio. E incluso, pude escuchar cómo mamá, sacaba nuestro estéreo para poner un disco. Siempre me había gustado la elección de música que ponía.

    Había escogido a The Beatles y ahora escuchaba Yellow Submarine desde mi cuarto.

    Las horas pasaron y con ello el medio día. Había logrado incluso poder trapear el piso de loseta blanca y todo el polvo había desaparecido. Por fin había terminado con mi habitación. Ahora… me tocaba hacer el cuarto de mamá.



    El cuarto contiguo al mío, estaba en las mismas condiciones. Una amplia habitación, luminosa y de blancas paredes, un poco más sobria. Posiblemente a mamá le iba a gustar muchísimo pues era del gusto de ella. Prácticamente me dediqué a acomodar todo, doblar su ropa, colgar sus elegantes sacos sastres. Acomodé su joyero, tendí su cama e incluso pude curiosear en su maquillaje.

    Hasta que vi que todo estaba en orden, me dispuse a darle la buena noticia a mamá de que todo ya estaba en orden. Estaba segura de que con el pasar de los días podríamos acondicionar ese lugar lo mejor que pudiéramos. Por ahora… solo debíamos acoplar para empezar de nueva cuenta una vida nueva.

    Mientras me disponía a salir y bajar para ayudarla, me topé con una caja que no había notado antes. Posiblemente por todos los objetos que estaban por todos lados de ese pasillo. Me puse en cuclillas para revisarla y estaba sellada, pero tenía el nombre de mamá.

    Shandi Regan~

    La tomé y la llevé a su habitación, primero para inspeccionar que cosas había ahí y poder ponerlas en su lugar. Sobre la cama la dejé y busqué el cúter con el que había estado trabajando toda la mañana para desempacar nuestras cosas. Al encontrarlo, regresé para abrir las solapas de la caja que estaban aseguradas con cinta canela.

    La abrí.

    Y al principio no me sorprendió encontrar varios papeles y algunos álbumes pequeños de fotografías. Posiblemente eran de nosotras y papá… pero cuando me disponía a dejar la caja ahí, una fotografía llamó mucho mi atención. Con cuidado la tomé entre mis dedos y la examiné por unos minutos.

    El rostro que figuraba en ese pedazo de papel, se me hizo sumamente conocido. Estaba segura que lo había visto en alguna parte con anterioridad… ¿Pero dónde?

    Llena de curiosidad y que ahora Let it Be sonaba en la sala, me entró la necesidad de seguir hurgando en esa caja. Fue cuando empecé a descubrir más y más fotografías. En todas, aparecía mi mamá… en su juventud, tan hermosa, tan fina… ¿Tan feliz? En esas fotos, mi mamá se veía muy contenta siempre al lado de ese chico que se me hacía sumamente familiar… pero que no recordaba en dónde lo había visto.

    Hasta que entre todas esas cosas, vi una hoja con el nombre de mi mamá en grande.

    Shandi~

    Era la letra de una canción muy bonita… escrita en… ¿1980? ¡Cielos! ¿Qué secretos tenía mi mamá tan bien ocultos? Tragué pesado, cuando dejé la hoja sobre la cama. Y tras hurgar un poco más en la caja. Vi más fotos, ahora con más sujetos en las fotos y otras dos chicas. Anónimas pues no las reconocía de ningún otro lado.

    Hubo una foto que llamó mucho mi atención, era mi mamá… pero se veía completamente diferente a la dama que yo siempre he conocido desde que tengo uso de conciencia. En el retrato, tenía sus largos cabellos rubios que llegaban un par de centímetros arriba de su cintura y estaba peinada conforme a la época. Y se veía ahí, una vez más con aquel tipo, de facciones atractivas y sonrisa de comercial. Abrazando por atrás a la joven mujer con esa sonrisa tan sincera.

    ¿Quién era él? ¿Y por qué mi mamá se veía tan feliz a su lado?

    Yo quería saber más. Y luego una pequeña cajita de terciopelo color vino, llamó mi atención como todo lo que había dentro de la caja de cartón, la tomé y casi me ahogué con mi saliva al ver su contenido…

    Un anillo de compromiso…

    No pude evitarlo y me tapé la boca con sorpresa.

    Y luego lo dejé sobre la cama como todas las fotos y la hoja con esa letra de una canción con el nombre de mi mamá.

    Fue cuando me di cuenta que todas esas cosas… eran solamente recuerdos que se quedaron en el pasado. Intentando gritarle al mundo ese secreto.

    Al final de la caja vi otra foto, y no pude evitar gritar.

    ¡Era mi mamá! ¡Acompañada de Kiss! ¡Dios, eran los Kiss!

    No los podía confundir para nada, eran ellos y mi mamá… ¡Estaba entre los brazos de Paul Stanley! Ahora reconocía al chico que salía en todas esas fotos.



    Por el grito que había pegado, mi madre había subido inmediatamente para ver que me había pasado. Cuando notó que tenía entre mis manos una fotografía y el resto de sus cosas sobre la cama me miró sorprendida.

    Esa mirada de miedo había regresado de nuevo.

    — ¡¿Qui-quién te autorizó a abrir esa ca-caja?!—exclamó enojada, pero más que eso estaba nerviosa y su mirada desprendía terror. Era como si estuviera viendo un muerto viviente o algo parecido. Seguido de eso me arrebató la fotografía—. ¡Vete de aquí Bonny!

    —Pe-pero…

    — ¡Vete! ¡No te quiero ver! ¡Vete!—volvió a gritarme, me había obligado a levantarme de la cama con brusquedad y ahora me arrastraba fuera de su nueva habitación. Antes de que pudiera decir otra cosa. Me cerró la puerta en las narices.

    Me quedé ahí afuera, parada, escuchando a The Beatles todavía sonar en la sala y luego escuché tenuemente los sollozos de mamá. ¿Qué era todo eso que ella estaba ocultando? Y la pregunta del millón… ¿Por qué?

    Quise insistir en la puerta, y decirle que realmente lo sentía… que no había sido mi intención… pero mejor me quedé ahí callada y arrastré los pies de regreso a mi habitación.

    -.-.-.-

    La tarde llegó y mi mamá no volvió a salir de su habitación por el resto de la tarde. E incluso la música se había parado y yo… no quise salir para interrumpirla. Casi llegando la noche, la escuché salir y quise decirle que me disculpara pero no lo hice…

    Hasta cuarenta minutos después…

    Mi puerta sonó.

    —Bonny, abre… ya está la pizza—me dijo desde afuera con voz aguada—. Hija…

    —Ya voy, mamá—contesté de igual manera. Nunca me había gustado que nos peleáramos. Aunque esta vez creo que había metido la pata hasta el fondo.

    Al salir, la miré y traía entre sus manos la caja de pizza y dos platos.

    — ¿Puedo pasar?—me preguntó con timidez. Yo asentí y me hice a un lado para permitirle la entrada—. Ven… cenemos… ¿Quieres?

    —Sí…

    —Hija… sobre lo que pasó en la tarde…

    Yo negué, mientras abría la caja para sacar una rebanada—. No te preocupes, no volveré a husmear… lo lamento.

    Ella suspiró e hizo lo mismo que yo, tomar un pedazo—. Bonny… tenemos que hablar.

    — ¿Qué pasa?—pregunté un poco inquieta, al ver la tristeza en los ojos hinchados y rojos de mi madre. Había estado llorando durante toda la tarde y eso me pesaba porque yo había sido el motivo de su tristeza… no debí, realmente no debí haber abierto esa caja. Pero la curiosidad pudo más conmigo y solamente lo hice… yo quería saber qué relación había entre mi mamá y Kiss.

    ¿Por qué se había puesto tan mal? ¿Qué pasó entre ellos? ¿Por qué se alejó?

    Quería preguntarle pero tenía que esperar a que ella me contara por voluntad.

    —Primero prométeme… que después de saber todo… no me juzgaras. ¿De acuerdo?—la miré un momento y puse mis manos sobre las de ella, dejando nuestra cena de lado.

    —De acuerdo.

    —Esta historia, es la historia de lo que fue mi vida… cuando yo era Shandi Donnelly… y era una chiquilla ingenua e inexperta. Una chiquilla que se enamoró de un hombre que siempre fue inalcanzable para ella… pues cuando logró llegar a las estrellas… una nave espacial la regresó a la tierra de golpe…

    —Mamá… si no quieres contarme no quienes que…

    —Tengo que hacerlo—suspiró triste y me miró con cariño—. No pensé que este día llegaría…

    —Mamá…

    —No… es hora de que sepas toda la verdad…

    Lo que yo en esos momentos no sabía es que iba a conocer a la verdadera Shandi, no a la dama triste que tenía siempre frente a mí. Que aunque pasábamos momentos felices, siempre había tras de ella un manto de tristeza, ni cuando estaba vivo mi padre… pude verla sonreír tan genuinamente como en esas viejas y amarillentas fotografías.

    Solo con esos sujetos… se la veía realmente feliz.

    ¿Quién era realmente mi madre?

    ¿Quién era Shandi Regan?

    Iba a descubrirlo.

    La vi acomodarse sobre mi cama y morder un gran pedazo de pizza. Amábamos la pizza, era como un secreto que todos sabían pero cuando papá vivía, no podíamos hacerlo con libertad pues él siempre cuidaba que comeríamos, que beberíamos y hasta como vestiríamos.

    Él ya no estaba y vi a mamá ponerse cómoda.

    —Deberás conocer la historia de Shandi Donnelly desde que nació hasta adoptar el apellido de su esposo. Un esposo ejemplar—la vi ironizar aquellas palabras con respecto a papá y solo pude callar—. Todo comenzó cuando yo tuve uso de razón y eso para cualquier niño comienza a los diez años... para mí fue un par de años más joven, cuando tenía siete u ocho...

    Cambios efectuados 30.05.2020.
    Beteado y criticado por Kay Greenwish.


    ~
    Rodrigo Aberd cómo Bob Regan~
    [​IMG]

    ~Sally Clues como Shandi Donnelly/Regan~


    [​IMG]

    ~Chica desconocida como Bonny Regan/Stanley~

    [​IMG]
     
    Última edición: 30 Mayo 2020
  2.  
    Lady Stanley

    Lady Stanley Sweet Room

    Virgo
    Miembro desde:
    12 Enero 2008
    Mensajes:
    767
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Broken Heart|Paul Stanley|Kiss
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    2288
    Prólogo. Parte 2.

    Queens, Nueva York. 2005.


    Una sonrisa se formó en sus labios cuando colgó una llamada telefónica con su mejor amigo. Negó con la cabeza y escuchó en la planta alta los suaves pasos de Erin. Ese día había decidido levantarse temprano pues últimamente no estaba del todo bien de la cadera, los dolores cada vez eran más fuertes y temía que eso pudiera intervenir con su carrera. Una que le había costado muchísimo trabajo.

    Se levantó con suma lentitud, sintiéndose anciano y reprochando que los años ya le estaban pasando factura. No por nada tenía 53 años bien cumplidos, pero ni siquiera su padre sufría de esos dolores que lo ponían de mal humor.

    —Pero querías verte muy alto—se reprochó, cuando llevó una de sus manos a los lumbares que le estaban doliendo. Todo lo atribuía a las altas plataformas que utilizaba en cada concierto durante muchos años. Ya no recordaba cuando había sido la primera vez que se había puesto ese enorme par de plataformas plateadas con destellos y estrellas.

    Subió por las escaleras de caracol que estaban en su enorme casa, casi una mansión. Hasta que se acostumbró a la punzada que le daba en la cadera.

    —Amor. ¿Has terminado de hablar con Genne? —preguntó Erin desde la habitación que ambos compartían.

    El hombre sonrió suavemente al escuchar a su prometida y al entrar al cuarto asintió. — Sí... aunque me ha pedido que lo acompañe a casa de su madre para mover unas cuantas cosas... ¿Puedes creerlo? —se quejó con un poco de diversión sin despegar la mirada de la mujer que no dejaba de cepillar sus largos cabellos frente al espejo—. Fácil pudo contratar a alguien que hiciera ese trabajo.

    Erin rio un poco. —Cariño, sabes que a Genne no le gusta meter gente desconocida a casa de su madre—el vocalista asintió y suspiró, acercándose a la fémina.

    —Tienes razón. No me queda de otra— abrazó a Erin por la espalda con cariño, puso su barbilla en su clavícula. — ¿Te he dicho que te ves hermosa? —besó con cariño su oreja.

    Erin sonrió mientras miraba el reflejo de ambos en el espejo, asintió. Girando un poco su cabeza para sellar sus labios con los del cantante—. Lo sé... y yo a ti.

    —Pronto nos casaremos. ¿Estás nerviosa? —preguntó Stanley de nueva manera, sin dejar de abrazar a la mujer de profundos ojos azules.

    —No... estoy feliz. Faltan tan solo unos cuantos meses.

    —Estoy más que encantado de que pronto serás mi esposa—ambos sonrieron y se dejaron envolver por el ambiente romántico que se había creado en la habitación. Pero fue roto cuando Paul volvió a hablar—. Querida. ¿Te molesta si voy con Genne?

    Erin negó. — No, de hecho, me parece buena idea. Yo pensaba ir a visitar a mamá y pedirle ayuda con las invitaciones para la boda. Todo tiene que salir de maravilla—el músico sonrió y volvió a besarla—. ¿Nos vemos para cenar?

    —Claro.

    Ambos se despidieron y cada uno tomó su propio camino para las actividades que tendrían ese sábado.

    Paul tomó las llaves del deportivo rojo y luego condujo por las calles de Queens, se encontraría con Genne en la casa que pertenecía a la madre del último. Posiblemente, el bajista terminaría cargando todo mientras él observaría mientras conversaban, aunque tampoco descartaba la opción de que regresaría a casa con un fuerte dolor de cadera por haber cargado como burro algunas cajas.

    Cuando dejó su auto sobre la avenida, en un bonito barrio de Queens. Echó la alarma y buscó con la mirada a su mejor amigo. Pero parecía que había llegado antes que él pues no lo veía en ninguna parte.

    Para esos momentos, la tecnología estaba evolucionando bastante bien y los primeros celulares diminutos se le hacían una verdadera maravilla, no eran para nada parecidos a los ladrillos y una larga antena para enlazar una llamada. Estaba seguro que si en alguna ocasión hubiera lanzado su celular a la cara de una persona esta hubiera terminado deshecha. Y ese pequeño aparato que ahora intentaba enlazarlo con Genne, no era para nada parecido.

    —Cielos... Genne, ya estoy aquí. ¿Dónde estás? —preguntó mientras se acomodaba las gafas para el sol—. De acuerdo, te veo en un momento.

    Se dirigió a la puerta de la casa de su amigo y tocó el timbre. Pudo escuchar la voz de la señora Klein llamar a su hijo y luego la voz del bajista se dejó oír tras un "Ya voy, mamá". Esbozó una sonrisa al ver que la relación de su amigo y madre jamás cambiaría.

    —Paul, hermano. Que bueno que pudiste venir—enunció el israelita haciéndose a un lado para que el rizado pudiera pasar—. Mamá está en la sala, le va a dar mucho gusto verte.

    —Gracias—contestó Stanley, yendo rumbo a la sala de estar donde la mujer miraba una telenovela y tejía un suéter color turquesa muy probablemente para su hijo—. Señora Florence—la mujer de rizados cabellos cortos levantó su cansada mirada hacía el hombre que le llamaba y en sus arrugadas mejillas se marcó la sonrisa que esbozó.

    —Paul, querido—dijo la mujer, extendiendo sus delgadas y arrugadas manos al músico, ambos entrelazaron sus dedos—. Que gusto verte hijo. ¿Cómo has estado?

    —Muy bien señora. ¿Y usted?

    —Más vieja, cada día envejezco más—comentó la mujer y cuando soltó a Paul, sin querer, el número de prisionera que tenía tatuado en su antebrazo* se asomó por su manga. El músico no dijo nada y solo sonrió intentando reconfortarla.

    —Para mí, usted siempre se ve muy hermosa señora Florence.

    Antes de que la mujer pudiera agradecer por el gesto del Star Child, el bajista reapareció por la entrada de la cocina con dos cervezas.

    —Ven. Tengo algunas cosas que mover en el sótano.

    Paul asintió y regresó su atención a Florence. —Un gusto saludarla señora, iré con Genne.

    —Cuando quieras querido, ven a visitarme más seguido—finalizó la madre del bajista y regresó su atención a la telenovela que miraba minutos atrás.

    Ambos músicos se encontraban en la pequeña cocina de la familia Klein. Bebiendo en silencio un trago de la lata de cerveza helada.

    —¿Cómo la vez? Sigue igual que siempre—dijo Genne refiriéndose a su madre.

    —Sí, tú madre es un encanto—comentó Paul, limpiándose un poco de la espuma de la cerveza—. Y dime... ¿Qué es lo que quieres mover?

    —Me encontré con varias cajas que tengo en el sótano apiladas. Están llenas de polvo, y quiero saber que tienen dentro. Necesito dejarle el sótano a mamá limpio pues cada que vengo de visita me reprocha que tengo hecho un almacén allá abajo y creo que no es mala idea sacar cosas que ya no sirven. ¿Qué dices? ¿Podrás ayudarme?

    —Supongo que sí—dijo el Star Child dejando su lata de cerveza sobre la mesa.

    —Bueno pues vayamos yendo, pediré alitas picantes y pizza para comer mientras trabajamos—Genne se levantó de la mesa, buscando el directorio para poder localizar un restaurante de comida rápida que pudiera llevarles sus alimentos a domicilio—. Con cuidado, enciende la luz o te vas a caer—habló nuevamente para avisar a Paul que ya se encontraba bajando las escaleras rumbo al sótano.

    —¡Si!

    El demonio sonrió y luego recordó que debían apresurarse pues esa tarde había quedado en cenar en familia con Shannon y sus dos hijos, Nick y Sophie. Así que si no quería tener problemas por fallar a su compromiso debía apresurarse.

    Pidió la comida rápida y bajó para acompañar a Paul que parecía que había comenzado a hurgar entre las cajas.

    -.-

    Entre muchos cachivaches, cajas y polvo en todo el sótano, ambos miembros de Kiss, movían varios objetos de un lado a otro, encontrando algunas cosas que los hizo recordar sus ayeres e incluso una lámpara psicodélica de lava enamoró nuevamente a Stanley, y al conectarla ver sus llamativos colores. Entre otras cosas, Genne encontró uno de sus primeros trajes con la banda, algunas fotografías que estaban enmarcadas.

    —Mira Paul—dijo Genne, sacando de una de las cajas una vieja fotografía dónde estaban ellos dos junto a Ace y Peter—. Que recuerdos. ¿No lo crees?

    El rizado asintió. — La última colaboración con Peter y Ace prácticamente... ¿Qué será de ellos?

    —Estoy seguro que se encuentran muy bien. Ya vez que Ace no ha dejado de trabajar en sus proyectos personales y Peter... supongo que está con Lydia—los dos preferían no hablar de los otros miembros cofundadores de la banda. Era una sensación incómoda que todo el tiempo los acompañaba al recordar buenos momentos.

    —Hace casi 33 años de eso...

    —Sí—contestó Paul un poco ido, recordando en partes algunos sucesos de aquellos ayeres que todavía le erizaban la piel. Sí... Genne tenía razón, habían pasado ya muchísimos años desde todo eso.

    —¡Oye, mira esto! —exclamó el bajista, soplando con fuerza varias fotografías en blanco y negro. Algo amarillentas por el paso de los años, e incluso la imagen se veía un poco estropeada, casi apolilladas—. ¡Santo Cielo!

    —¿Qué? ¿Qué es? —preguntó Stanley saliendo de sus ensoñaciones y prestó atención al israelita.

    —No pensé que todavía tuviera estas fotografías. Ten—le tendió al vocalista las fotografías y Paul sintió como se le secó la garganta cuando vio a la persona en esas fotos.

    —Vaya... no sé qué decir—confesó el músico, mirando la imagen entre sus manos.

    —¿Todavía la recuerdas? ¿Cierto? —preguntó el demonio al ver que la tez de su amigo se había puesto un poco pálida.

    Paul suspiró profundamente y sin mirar a su amigo asintió, acariciando con cariño la fotografía en dónde aparecían todos. Estaban Ace, Peter, Genne, él y ella...

    —Claro, no hay momento en el que no la recuerde. Todavía me duele su desaparición—confesó y apretó un poco la foto maltratándola—. Genne... ¿Puedo confesarte algo? —el demonio le miró con seriedad y asintió con la cabeza—. Desde que desapareció, jamás dejé de buscarla.

    Genne se rascó la cabeza, un poco sorprendido. —Cielos... nunca me imaginé algo así. ¿Por qué no me lo dijiste?

    El vocalista se encogió de hombros—. No lo sé... considere este asunto como algo muy personal. ¿Sabes? Y no creí conveniente contarle a nadie, ni siquiera cuando me casé con Pamela y mucho menos ahora que estoy por casarme con Erin.

    El demonio suspiró comprendiendo la situación de su amigo.

    —¿Y la hallaste? ¿Qué pasó con ella? —preguntó curioso, se habían sentado sobre unas cajas para poder conversar.

    —Pareciera que no quiere ser encontrada—miró a su amigo a los ojos—. Durante todos estos años, he mandado a un investigador privado para que la busque. No me ha importado pagar cualquier cantidad con tal de encontrarla... y cuando pienso que lo hice, vuelve a desaparecer sin dejar pista alguna. La última vez que supe de ella, fue que estaba viviendo en El Paso, después volvió a desaparecer.

    —No puedo creer que después de tantos años la sigas buscando. Deberías dejarlo en el pasado—sugirió el mayor de los dos.

    —No quiero hacerlo—contestó Stanley caprichoso—. Todavía conservo la esperanza de que me de una explicación.

    —Todavía la quieres, ¿verdad?

    —No amigo—Genne levantó una ceja por la contestación pero fue interrumpido—. No la quiero, la amo. Aunque han pasado muchos años, todavía la amo. Ni siquiera pude olvidarla con Pamela y hoy todavía la recuerdo a pesar de estar con Erin.

    —¿Qué vas a hacer cuando la encuentres?

    —No lo sé... supongo que hablar con ella. Me da miedo encontrarla porque no sé que fue de su vida, en quién se convirtió pero a la vez me da mucha curiosidad hacerlo.

    —Deberías dejar las cosas cómo están, hermano—sugirió Genne—. Si Shandi se esfumó de tu vida, tuvo sus razones y jamás podrás averiguarlas. Las personas cambian con el tiempo, es mejor que la recuerdes con ese amor que le tuviste.

    —Sabes que nunca podré hacerlo. ¿O ya se te olvidó? —preguntó confundiendo nuevamente al bajista—. Shandi, la canción de Unmasked. Sabes que la escribí inspirada en ella... y aunque intente olvidarla, siempre estará impresa en la carrera de la banda, en mi vida y en las suyas. Shandi fue lo mejor que nos pasó a todos, no solo a mí.

    —No podré hacerte cambiar de opinión. ¿Verdad?

    Stanley negó. —Seguiré buscando y aunque después tenga que dejarla ir, la voy a buscar para que me explique qué pasó.

    El bajista solamente suspiró, rodó los ojos y sonrió divertido ante los anhelos de su romántico compañero.

    —Sí bueno... si la encuentras me cuentas—dijo cerrando el tema y mirando su reloj un poco preocupado por la hora—. Ahora ayúdame, que tengo que regresar a casa con Shannon y los chicos, prometí que cenaríamos juntos.

    Paul sonrió y asintió. — ¿Puedo quedármelas? —refiriéndose a las viejas fotos.

    —Todas tuyas.

    Ninguno de los dos músicos se imaginaba que, en otra parte del país, pasaba algo similar con la mujer de la que ambos hablaban y de su hija. Tampoco sabían que no iba a ser una historia de una sola noche, ni de pocos días.

    Estaba a punto de abrirse un baúl de recuerdos muy escabrosos.

    -.-.-.-.-

    Notas de autor:

    —En la parte en la qué Paul saluda a la madre de Genne, se menciona qué sin querer se le levantó la manga de la prenda que llevaba puesta, mostrándole al vocalista el añejo tatuaje con el número de prisionera que le fue tatuado. Florence Klein fue sobreviviente de los Campos de Concentración Nazi durante el Holocausto en la Segunda Guerra Mundial.

    — Paul Stanley y Erin Sutton se casaron el 19 de noviembre del 2005, por eso se menciona en la historia que es su prometida.

    Corregido y editado por Kay Greenwish.
    01.06.2020
     
    Última edición: 1 Junio 2020
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    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido Crítico Crítico del mes

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    Antes que nada, muchas gracias por pasar a solicitar un Críticos y confiar en mí para hacer la criticar. Así que aquí estoy.
    Solo un dato que señalar, al leer las aclaraciones vi que el escrito contendrá más 18 a futuro, no estoy segura si lo será en el próximo capítulo o en los siguientes, pero desde ahora leeré hasta esos momentos (o hasta que se cumplan los establecidos), ya que como lo mencioné en mi ficha, yo lo acepto este tipo de lectura. Bueno, sin más que agregar, comencemos.

    Esta crítica es solo del prólogo.

    Para ser sincera poco sé de la vida de los integrantes de los Kiss, pero creo que es un fic muy interesante. El principio de la obra estuvo muy bien ejecutado, lo me gustó mucho fue las reacciones de los presentes, en especial sobre la esposa e hija, porque se nos muestra dos cosas; perspectiva e inocencia. Por su parte la madre conocía muy bien a su esposo y cómo era él con ella, a tal punto de decir que ante su muerte se sintió libre. No obstante, la pequeña, antes su pureza, se entristeció debido a la muerte de su padre, una reacción que es muy normal a esa edad, pues todavía no llegó a conocer bien a su padre ni la situación en la que se encontraban.

    Aun así me da mucha intriga saber la razón exacta por la que la esposa pensaba de esa manera de él. Debió haber sufrido mucho como para expresarse de esa forma. También, por lo que se pude notar ese hombre fue alguien muy importante y famoso. ¿Quién fue realmente? Y no solo eso, me quedé sorprendida al leer más adelante que se han estado mudando, ¿a qué se deberá eso? ¿Huyen de alguien? Y si es así, ¿de quién y por qué? A raíz de eso solo hace que mis sospechas por el fallecido hombre incremente. Y honestamente no sabría que pensar. Con el descubrimiento que Bonny hizo, y el de antemano saber que no era hija biológica de él, se hace pensar que Shani fue obligada, quizá, a casarse o separarse de los Kiss, especialmente de P. Stanley. Eso está por verse, ésto a penas es el prólogo.

    En general, el prólogo me ha parecido muy bien ejecutado. Las descripciones y sentimientos me parecen muy bien llevados, no hay ninguna queja respecto a ese ámbito. El final, en lo personal fue muy bueno para dejarte con ganas de leer el primer capítulo, tal como lo intuyo, será el comienzo de la historia de Shandi.

    Por lo demás, noté algunos que otros errores de tipeo, que realmente no son tan graves y que con una segunda leída se puede arreglar. Marcaré algunos:
    Los tus de aquí no debe ir acentuado pues aquí se utilizan como adjetivos posesivo de “nombre, reino y voluntad”.
    el separe aquí no va acentuado.
    En esta parte el párrafo está junto con el diálogo y debe haber una coma entre “maternalmente” y “acercándose” ya que se describe una nueva acción o también se puede agregar un “mientras se acercaba”.
    Aquí el verbo asentir debe estar en pasado ya que la oración está en pasado: ahora, noté uno que otro verbo de ese tipo, así que, hay que tener mucho cuidado en ese aspecto.
    Igual que la penultima, entre "nueva" y "veía" debe haber una coma para separar que una acción se describió y ahora viene otra. También, la coma entre "ojos" y "un miedo" no debe haber coma porque "veía en sus ojos un miedo que no era capaz de explicar" esa oración es una misma acción, no hay que separarla.

    Como lo mencioné. Este prólogo me resultó muy bien balanceado. La historia se lee prometedora.

    Creo que esto sería todo por mi parte. Un saludo y hasta la próxima.

    P.D: Como vi que has publicado nuevo post, lo leeré después (si no rompe con mis condiciones), así que pido un poco de paciencia.
     
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    Lady Stanley

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    ¡Hola! Muchísimas gracias por pasar a criticar la primera parte del prólogo. He decidido dividirlo en dos, desde la perspectiva de Shandi y Bonny y desde la perspectiva de Paul.

    No te preocupes, no es muy necesario que sepas toda la historia de la banda. Los popfics, muchas veces no son tan apegados a la vida de la banda o de sus integrantes. Todo lo que encontrarás aquí es ficción y algunas cosas si serán conforme a las fechas de lo que hicieron estos personajes en X años.

    Correcto! Haré las correcciones que me mencionas para que se vea mucho mejor. Y claro te notificaré cuando el contenido sea más profundo o en su caso +18. ¿Por qué menciono esto? Pues porque a lo largo de la historia se va a ver violencia emocional y física, no a un grado muy crítico pero si se hará la mención de ellos para la trama de la historia.
     
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    Sonia de Arnau

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    Hola, de nuevo por aquí.

    Me pareció algo curioso el que hayas dividido el prólogo, creo que es la primera vez que leo algo así. No es nada malo, solo un dato curioso. Es cierto que estas dos entregas han sido solo el prólogo, pero la historia se está definiendo muy bien. Y entiendo la razón por la que decidiste dividirlo, aunque me sigue pareciendo algo curioso.

    La interacción que hubo entre Paul y Genne me pareció muy fraternal; dándonos a entender lo buenos amigos que son. Eso me gustó. También se agradece mucho las aclaraciones que ocurrieron en la vida real y que has dejado al final del capítulo para así estar más sumergidos en la historia.

    Creo que la personalidad de Paul está muy marcada en esta historia, por lo menos, me ha quedado claro que es tipo muy agradable, desde cuando está con su prometida Erina hasta cuando está con la señora Florence. Esa personalidad retratada aquí me ha gustado, por esa razón, dentro de lo mismo, al ver las fotos con el grupo y Shandi y su reacción fue muy coherente y normal. Siendo además, las fotografías la forma de hacernos a saber que Paul siempre ha recordado a Shani y hasta ha hecho todo lo posible por encontrarla. Ahora estoy más intrigada por saber la verdad de lo que ocurrió. Eso sí, me ha parecido algo triste saber que a pesar de haber estado casado y ahora comprometido, nunca ha dejado de pensar en ella, como si ninguna mujer haya podido llenas ese vacío que ella dejó. Al punto de decirle a su mejor amigo que no solo la quiere o que la amó, sino que la sigue amando. Probablemente le hizo falta que Shandi se despidiera correctamente, por eso sigue pensando en eso una y otra vez, preguntándose lo que sucedió, cuestionándose si hizo algo mal... el solo quiere saber lo que sucedió. Eso sí, concuerdo con el Genne, las personas cambian y ella hizo su vida. Pero bueno, hay que ver que pasará en el futuro, ¿lograrán encontrarse nueva mente? ¿Él sabe si Bonny es su hija?

    Con esta lectura me he quedado con varias preguntas, pero sobre todo quisiera saber la razón por la que Shandi desapareció de repente. Debió haber ocurrido algo muy grave o intenso pues por lo que se vio en la parte anterior, ella le contó a su hija que era muy feliz y en esta parte, se mostró que para el grupo ella fue importante.

    Y algo me dice que allí es donde entraría el fallecido esposo de Shandi.

    Otro detalle que me pareció muy bueno fue el hecho de que ambos; tanto Shandi y Pual, comenzaron a recordar su pasado después de ver unas fotos mientras hacían una mudanza o movían solo cajas.

    Entonces, ¿las veces en que ellas se han movido han sido porque Shandi se ha dado cuenta que la está siguiendo el investigador que mandó?

    Respecto a los personajes y la historia en general me parece que la novela va muy bien, no hay nada que decir en ese aspecto, que es bueno. En lo referente a lo técnico, quizá allí si hay algo que recalcar. Noté en esta parte un poco más de errores, más que nada los diálogos pegados en las acciones o descripciones.
    Algo que me resultó un poco molesto del principio fueron algunas descripciones que son innecesarias o hasta llegan a pecar de rebuscadas, como por ejemplo: "poniendo su barbilla en la clavícula de su compañera", se podría resumir en un simple; "puso su barbilla en el hombro de ella" o algo así. También vi algunas redundancias, como la primera escena solo se nos presenta a dos personajes; Paul y Erin, veo un poco innecesario escribir tanto "Erin, rubia, compañera, fémina" en una oración, pues se entiende quien es quien.
    Hay algunas oraciones que se leen algo extrañas, probablemente porque están mal ejecutadas, con la falta de palabras claves, palabras cambiadas o por falta de comas.
    El consejo que te dejaré hoy será, el de re-leer el capítulo antes de publicarlo y leerlo en voz alta, eso último en lo personas me ha ayudado mucho en detallas mejor los errores.
    Creo que eso sería todo de mi parte. Así que sin más que agregar, me despido y nos estamos leyendo. Saludos.
     
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    Muchísimas gracias por las correcciones.

    De antemano me gustaría que más allá de la crítica si te está gustando la historia pudieras seguir leyéndola.

    Ahora voy a contestar algunas preguntas que me hiciste.

    La respuesta es sí, pero será casi al final de la historia.

    No, Paul no sabe que Bonny es su hija. Cuando Shandi decide desaparecer ya estaba embarazada de a penas unas semanas, le hace creer a Bob que él es el verdadero padre de la chica. Y lo mismo pasa con Bonny, ella no sabe que Stanley es su verdadero padre.


    Saludos.
     
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    Lady Stanley

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    Título:
    Broken Heart|Paul Stanley|Kiss
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    2530
    South Bronx, N. Y. Agosto de 1965.

    Esa mañana se despertó gracias a los insufribles gritos de su madre. Posiblemente ya no tenía ni una gota de alcohol y por eso estaba de mal humor. Detestaba que prácticamente todos los días fueran así, pocos eran los días en los que Donna estaba en silencio.

    —¡¿No piensas levantarte, maldita holgazana?!—apretó los puños con molestia e instintivamente se sacó las cobijas de encima.

    ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué no podía tener una mamá normal como todas sus demás compañeras? Todos los días se preguntaba lo mismo... a veces deseaba que su madre la abrazara y le dijera algunas palabras cariñosas.

    Pero... no todos tenían esa suerte, quizás algunos niños tenían el mismo destino que ella.

    Una niña de diez años, no podía comprender por que la persona que le había dado la vida podía llegar a ser tan hiriente.

    —¡Ya voy! —gritó para que su madre no fuera a buscarla.

    Se vistió con lo primero que encontró, un viejo pantalón de pana con un agujero en la rodilla y una playera que fue de su hermano hace unos años. Se puso su abrigo y un par de tenis malolientes y viejos. Amarró su cabello en una coleta baja y buscó sus anteojos.

    Frente al espejo, no era nada agraciada. Gracias al cristal de fondo de botella de sus lentes, sus ojos se veían pequeños y graciosos, sus frenillos provocaban que su boca estuviera inflamada la mayor parte del tiempo y su palidez no ayudaba mucho.

    Ante su madre era un adefesio engendrado por Luzbel.

    Cuando sus pies tocaron el último escalón que conectaba a la sala de estar, la figura imponente de su madre ya la estaba esperando con ese gesto tan conocido, lleno de molestia y aversión.

    —¡Vaya! ¡Hasta qué la mocosa decidió despertar! —exclamó Donna de mala gana. Llevando a sus labios resecos un cigarrillo y la vio darle una profunda calada, sin ninguna consideración, le echó el humo en la cara—. Necesito que vayas a la licorería por una botella de aguardiente y cigarrillos—sacó de sus viejos pantalones de mezclilla un billete que le aventó a las manos.

    —¿No crees que es muy temprano para eso, mamá? —preguntó intentando calmar la ira de su madre.

    Segundos después, sintió que la mejilla le ardió y los ojos se le llenaron de lágrimas.

    —¡No estoy pidiendo tu opinión! ¡Ve a comprar lo qué te ordené! ¡Imbécil! —cada que Donna la insultaba, sentía como el corazón se le oprimía fuertemente. Y antes de recibir otro golpe de su madre, salió por la puerta de ese viejo departamento.

    Durante agosto y septiembre, las lluvias habían llegado a la ciudad. Y esa mañana era fría, el cielo estaba oscuro lleno de nubarrones espesos que dejaban caer con furia las gotas sobre las cabezas de todos los neoyorkinos, incluyéndola.

    Se sobó con tristeza la mejilla en dónde había recibido la bofetada y con el antebrazo se limpió las lágrimas que salían de sus ojos tristones.

    —No me tardo—susurró para sí misma, mientras bajaba por las escaleras del edificio departamental. Notó que el portero de la recepción le miraba con lastima, pero decidió no mirarlo, no quería preguntas acerca del enrojecimiento de su mejilla.

    Para una pequeña niña, era sumamente peligroso andar en las calles de ese barrio. Siempre en las noticias aparecían reportajes acerca de un asesinato en alguna esquina o callejón. Las casas en ese lugar eran muy viejas, sobre todo... la pobreza se respiraba por todos lados. La mayor parte de su población eran personas indocumentadas que migraban de México y países latinos, y muchas de ellas estaban desempleadas.

    Otro tanto de las personas que vivían en el sur de El Bronx, se dedicaban a la venta y tráfico de drogas. Había muchos edificios abandonados que servían como cede del consumo de sustancias alucinógenas, así como los asaltos estaban a la orden del día. Incluso en muchas esquinas del barrio se podían apreciar a las prostitutas trabajar a plena luz.

    Vagabundos que se reunían alrededor de botes de basura incendiados para darse calor durante esas épocas frías del año y desperdicios por todas partes.

    Para ella era normal pues desde que tenía uso de conciencia, ese lugar peligroso era su hogar, era dónde compraba sus alimentos e iba a la escuela, donde tenía amigos de su misma edad.

    No tenía idea de que hubiera algo mejor, más allá de todo ese mundo.

    —Buenos días, señor Juan—saludó la niña al encargado de la licorería del barrio. Un hombre regordete con un espeso bigote negro y pronunciadas entradas. —¿Podría? —le mostró el billete que su madre le había dado.

    El hombre miró la carita de la niña y suspiró. —Ya deberías saber que no puedo venderte alcohol y cigarros... ¿Por qué no viene tú madre a comprar sus cosas ella misma? —preguntó mientras se giraba al anaquel donde tenía las botellas de aguardiente más económicas y luego se agachaba con un poco de dificultad para sacar un paquete de cigarros sin filtro.

    —E-es qué se despertó de mal humor—la niña intentó justificar a su madre.

    —Toma—le tendió una bolsa de papel con los artículos comprados—. Dile a tú madre, que ya no te venderé más cigarrillos ni alcohol. Su imprudencia puede ponerte en peligro y a mí también, pues si me cae un inspector me van a clausurar la licorería por andar vendiéndole a menores de edad. ¿Entendido?

    La chica asintió, recibiendo el cambio. Se despidió con una ceña de mano y salió del pequeño local que hizo sonar su campanita.

    -.-

    Caminó de regreso a casa lo más pronto que podía, sus cortas piernas no daban el suficiente alcance para que diera pasos más largos. E incluso daba pequeños saltitos con tal de apresurarse un poco más, ya que estaba segura que su madre estaba sufriendo los efectos de la resaca y era posible que estuviera de peor humor.

    Pero sin esperarlo fue interceptada por una mujer que conocía, por malas decisiones de la misma mujer que le había dado la vida.

    —¡Shandi, espera! —se detuvo de golpe cuando frente a ella se colocó una mujer muy bonita de largos cabellos negros—. ¿Qué llevas ahí? —señaló la bolsa de papel que la rubia intentó esconder bajo el brazo.

    —Na-nada—fue demasiado tarde pues la mujer adulta le había quitado el objeto de su brazo—. Ay Shandi... ¿Es para Donna, cierto?

    La menor bajó la cabeza y asintió. —Amaneció de mal humor.

    —Pero no es posible—se quejó la anónima. — ¿Otra vez? —con cuidado, había levantado la carita de la rubia y miró con molestia la marca rojiza. — ¡Pero si será bruta! Ven—antes de que pudiera negarse, fue jalada con algo de fuerza por la mujer que la había interceptado.

    Se trataba de una amiga de su madre, Maritza.

    Maritza era una prostituta de la zona y por extrañas casualidades de la vida, ella y Donna habían formado una amistad. Sin embargo, la colombiana desaprobaba la forma en la que su amiga trataba a su pequeña hija. Lamentablemente siempre que la veía, esta salía a la licorería por el vicio de su madre o con algún golpe en el cuerpo.

    —Señorita Mary, por favor no—suplicó a la llamativa chica. —Si llego a casa con usted, estoy segura que se va a poner peor...

    —¡Pero mírate la cara, criatura! —exclamó molesta. —Ahora si se ha excedido... ¿Por qué te pegó?

    Shandi negó entristecida. —Supongo que sus dolores de cabeza fueron muy fuertes... realmente no lo sé. Solo le dije que era muy temprano para comenzar a beber y luego... sentí la cara caliente.

    —Me va a escuchar.

    -.-

    Para ningún niño de la edad de Shandi, era agradable escuchar cómo su madre peleaba a diestra y siniestra con la única persona que se preocupaba por ellos. Solo podía taparse los oídos para dejar de escuchar como en la sala de estar se estrellaban cosas contra la pared, más que una persona parecía una bestia. Había decidido encerrarse en su habitación pues estaba segura que cuando todo se tranquilizara, Donna le echaría bronca.

    Un energúmeno que provocaba un pavor en la pequeña niña.

    —¡Lárgate de mi casa! ¡Zorra maldita! —pudo escuchar a su madre gritarle a Maritza.

    —¡Detente! —gritó la colombiana, esquivando los objetos que la rubia mujer le lanzaba llena de coraje—. ¡Debes parar! ¡Es por tu bien, carajo! Y por el bien de tú hija. ¿Qué clase de ejemplo le estás dando?

    —¡No te entrometas en mis asuntos! ¡Lárgate! ¡Lo qué yo haga con esa mocosa es asunto mío! Para eso es mi hija... ¿no? —ironizó con crueldad mientras se detenía para respirar un poco por el esfuerzo que había hecho—. Enserio... vete.

    —No me iré hasta que me escuches—dijo Maritza un poco molesta, a la defensiva por si otro ataque de rabia invadía a la mujer—. ¿Quieres morirte? ¿Es lo que estás buscando, verdad? Si sigues con este ritmo de vida, créeme que lo conseguirás muy pronto. Además... ¿Qué será de tus hijos? Mille y Shandi.

    —Ninguno de esos dos me interesa—aceptó la mujer, arrebatándole a la morena la botella de aguardiente. No tardó ni un minuto en abrirla y darle un largo trago al líquido embriagante mientras su amiga miraba sin poder entenderla del todo. —Por culpa de esos malditos mocosos es que yo estoy como estoy. Mírame... no soy ni la sombra de lo que fui, ya solo quedan restos de la magnifica Donna Eisen y cuando nacieron esos dos toda mi carrera se fue al carajo... y luego cuando nació la mocosa, el maldito de su padre se largó con quién sabe que golfa.

    Maritza suspiró, entendiendo en parte a la mujer que tenía en frente—. Quisiera comprenderte, pero no puedo, si yo tuviera a mi hija conmigo no la trataría como tú tratas a Shandi. Nada te da el derecho de maltratarla como lo haces, un día de estos se te va a pasar la mano y no quiero ver en que terminará.

    —Si viniste a reprenderme, es mejor que te vayas. O si quieres divertirte un rato conmigo, pasa y siéntate—dijo la mujer sonriendo gracias a que los efectos de la bebida etílica ya estaban volviendo a hacer efecto en todo su sistema. Mientras que Maritza suspiraba, era mejor retirarse y rezar por la vida de esos pobres chiquillos.

    —No puedo Donna, tengo que irme. No he cubierto mi cuota de este día. Cuídate—se despidió de la mencionada que asentía sin mirarla para seguir bebiendo de su botellita de cristal.

    Antes de que Maritza mirara una vez con lástima el deplorable estado de Donna, la vio encender un cigarrillo al mismo tiempo que caminaba a su apestoso sillón y se dejaba caer para sumergirse nuevamente en el vicio.

    Durante esa tarde, Shandi no salió para nada de su habitación y tampoco Donna le molestó. Ya que estaba ahogada de borracha en su sala mientras una película de detectives se transmitía en un canal de televisión abierta, aunque sentía como las tripas le rugían prefería aguantarse el hambre antes que recibir algún desprecio de su madre.

    Tampoco se sabía dónde andaba Mille ese día, Shandi estaba segura de que su hermano no había regresado a casa a dormir. Pocas veces le veía en casa pues tanto él como ella, sufrían de los maltratos de su progenitora. Un chico que estaba por entrar a la adolescencia con muy mal carácter.

    En días lluviosos como esos, no quería salir para nada de su cama. Tenía ganas de despertar y que todo fuera distinto, le hubiera gustado tener una madre que la despertara de forma cariñosa y cuando bajara al comedor, un desayuno humeante y apetitoso. No era mucho lo que pedía... solo un poco de atención.

    Cuando miró por la ventana, vio que la tarde agonizaba lentamente mientras en su viejo tocadiscos sonaba una canción de Patsy Cline, la profunda voz de la mujer le causaba un sentimiento de nostalgia y tristeza a la vez.

    Three Cigarettes In An Ashtray, de cierta forma provocaba que quisiera salir corriendo y pidiera ayuda.

    Luego, se quedaba dormida y esperaba que fuera un día mejor.

    -.-

    —¿Es por eso que nunca me hablaste de la abuela, verdad? —le pregunté a mi madre. Tenía un nudo en la garganta muy grueso y sentía que en cualquier momento me soltaría a llorar.

    Nunca me imaginé que mi madre haya sufrido tanto. Yo siempre la vi como una mujer muy feliz y tampoco podía imaginármela en la pobreza extrema.

    Había escuchado que El Bronx es una ciudad muy peligrosa de Nueva York, pero no tenía idea de a qué grado.

    —Tú abuela fue una persona que estuvo muy presente en mi vida hasta el día en que murió. Ese día pensé que iba a poder vivir tranquila, sin nadie que me siguiera haciendo daño. Pero se encargó de que no fuera así y vaya que lo consiguió.

    —¿A qué te refieres?

    Sonrió levemente y negó con la cabeza, desvió su mirada hacia la ventana y la noche se mostraba muy tranquila. Había pocas estrellas esa noche adornando el cielo y luego prosiguió. —No tendría caso que te siguiera contando mi historia, si te voy a decir directamente el motivo por el cual Donna Eisen le arruinó la vida a su propia hija.

    —Sí quieres... no es necesario que me sigas contando—le dije un poco apagada. Sentía una pena por mamá enorme en esos momentos—. No quiero que revivas momentos dolorosos para ti.

    Negó suavemente e hizo a un lado la caja de pizza y los platos. Se palmeó las piernas un poco para indicarme que me recostara sobre ellas y así lo hice. Sus largos dedos se enredaron en mis rizados cabellos mientras los acariciaba con cariño.

    —No te preocupes Bonny. Ya es momento de que el pasado cierre esas puertas dolorosas, hija.

    —Mamá...

    —Estaré bien, estaremos bien. Ahora ya no debemos preocuparnos por nada.

    Sus palabras hicieron que yo quisiera preguntarle sobre Paul Stanley, pero simplemente no pude hacerlo. Quería que ella me contara todo, tal cual como lo había vivido.


    -.-.-.-

    NOTA DE AUTOR.

    · El South Bronx, es considerado un lugar sumamente peligroso. En la década de 1960 y 1970 era como un campo de guerra ya que los mismos propietarios de casas y departamentos de la zona, contrataban pirómanos para que incendiaran sus propiedades y así poder cobrar un seguro ya que la pobreza abundaba en extremo en cada calle. Fue un lugar sumamente violento ya que los reportes policiacos indicaban diariamente un promedio de 10 a 12 asesinatos.

    Fue una zona dónde la trata de personas se daba a plena luz del día, había prostitución y en cada esquina se podía conseguir droga a precios muy bajos. Y había muchos inmigrantes mexicanos y latinoamericanos, la mayoría de ellos indocumentados.

    · Patsy Cline fue una cantante de música country. Icono y parte del sonido Nashville de principios de los años 60s.

    P.D. Esta historia contendrá algunos datos históricos acerca de las ciudades de las que se hablen, así como nombres de artistas y canciones.
     
  8.  
    Lady Stanley

    Lady Stanley Sweet Room

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    Título:
    Broken Heart|Paul Stanley|Kiss
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    2801
    Capítulo 2.

    — ¡Vete de aquí! ¡O le diré a mamá lo que estás haciendo! — gritó Shandi con molestia a su hermano, azotando con fuerza la puerta de su habitación.

    — Carajo, hermanita—canturreó divertido, viendo con burla a la rubia. — Creo que los anteojos que tienes no sirven de nada. ¿De qué sirve que le llames a esa vieja, si lo único que hace bien es ahogarse en alcohol y con la mierda que le consigo a precio de nada?—se burló Mille con más énfasis.

    — Pero no debes entrar a mi habitación así—reprochó, mirándole de mala gana.

    — ¿Y tú que puedes esconder? Eres una tabla horrenda—comenzó a reírse al mismo tiempo que empujaba a la niña a la cama y él revolvía el closet buscando algo. — Ya dime en dónde lo guardaste.

    —¿Guardar qué?—preguntó un poco azorada, observando con atención como su ropa caía desordenada al suelo.

    Hasta que vio como su hermano mayor, hallaba una cajita en dónde solía guardar los pocos centavos que ahorraba cuando ayudaba las señoras en el mercado a llevar sus compras. No era mucho, pero si lo suficiente para poder comprar el desayuno de al menos dos semanas en el colegio.

    — ¡¿No qué no tenías nada, maldita sanguijuela?! — Mille levantó a lo alto la pequeña caja para que Shandi no la alcanzara, la diferencia de edades y alturas era abismal. Para la edad del chico, era bastante alto mientras que la rubia estaba por debajo de la altura promedio. — Espera que le diga a Donna que le has estado robando el cambio de sus cigarrillos.

    — No lo hagas— Shandi desistió de intentar recuperar la caja. —Yo no le he robado nada a mamá... ese dinero lo conseguí trabajando varias tardes en el súper mercado. Estuve ayudándole a las señoras a llevar las compras a sus autos.

    El mayor levantó una ceja y siguió riendo con burla —Eres patética. ¿Lo sabías?—observó como la niña comenzaba a lagrimear por las ofensas a penas bruscas. —Ya no llores, lo quería para conseguir algo de comer, hay pura porquería en la nevera.

    —¿Y por qué no me lo dijiste desde un principio?—se secó las lágrimas traicioneras que salieron de sus ojos tras pelear con su hermano.

    —Por el simple gusto que me da joderte, fea—Mille sonrió y luego acarició la cabeza de la niña. —Aprovechemos que Donna está dormida en el sillón y vayamos con el señor Juan por unas tortas mexicanas de esas que prepara con mucho picante. ¿Quieres?—vio a la menor asentir y sonreír levemente. —Ya, no llores. Me caes mal cuando te pones a llorar cómo bebé.

    — No soy una bebé... sólo que no es justo que me robes mi dinero—reprochó, mientras terminaba de abotonarse una vieja chaqueta que había conseguido por diez centavos en una venta de garaje de la esquina.

    Ambos hermanos bajaron las escaleras y observaron como Donna dormía apaciblemente su solitaria borrachera con la televisión encendida, sin hacer ruido los dos chicos salieron del departamento.

    -.-

    Los hijos de Donna Eisen, siempre se hallaban solos. El mayor cuidando de la más pequeña de los peligros de las calles de El Bronx. Ambos recorrieron algunas cuadras para poder llegar a la licorería.

    Juan Rodríguez era un hombre de origen mexicano que había emigrado a Estados Unidos con el afán de conseguir un buen empleo para poder enviarle unos cuantos dólares a su familia que vivía en Ciudad Victoria, lamentablemente no había podido conseguir lo que quería, gracias a la nacionalidad de nacimiento. Era bien conocido que en Norte América los mexicanos eran discriminados por su color de piel y raíces. Aunque eso al hombre de tez morena no le afectaba, habia conseguido poner un pequeño negocio y ahora ayudaba a cuantas personas se lo pidieran.

    Mismo caso para ambos chiquillos que se habían parado frente al mostrador de su negocio.

    — No les venderé alcohol ni cigarros para su madre. ¿Entendido?—reprendió un poco a ambos chicos mientras el mayor de ellos rodaba los ojos fastidiado—. ¿Qué quieren?

    —Queríamos comprar un par de tortas—soltó Mille de mala gana, mostrándole los centavos al hombre.

    Juan cambió la expresión de su rostro y sonrió suavemente. —Lo hubieran dicho desde el principio. Tengan—sacó debajo del mostrador, un par de tortas. Pues a parte de vender alcohol y cigarrillos, vendía comida preparada a muy bajo costo—. Tienen habanero, con cuidado.

    —Si lo que digas viejo apestoso—contestó el rubio de nariz terrosa, tomando sus alimentos y dejando las monedas en el mostrador.

    —Hasta luego, señor Juan—dijo Shandi con timidez, despidiéndose con la mano del hombre.

    —Pobres niños—suspiró Juan, cuando los dos chicos salieron de su tienda.

    La tarde pasaba lentamente al mismo tiempo que Mille y Shandi, disfrutaban de su enorme torta de carne con tomatillos, cebolla, queso y tocino acompañada de la salsa de habanero que le daba ese sabor típico y picante que tanto le gustaba a los mexicanos. Sentados en el pórtico del edificio dónde vivían daban grandes bocados, aguantándose la sensación ardiente del picante. Y con los pocos centavos que quedaron habían comprado una soda de cola que compartían en pequeños tragos.

    —Me voy a largar un día de estos—dijo el joven Mille a su hermana, que solo miraba pasar a la gente y autos sobre la calle.

    —¿A dónde irás?—preguntó sin mirarle. Sabía que su hermano deseaba alejarse de todo eso, aunque la manera en que dirigía su vida se le hacía catastrófica.

    El mayor se encogió de hombros y con el antebrazo se limpió la boca. —No lo sé, pero cualquier lugar es mejor que esta mierda—se refería al edificio. —Y también cualquier persona es mejor que la borracha de Donna.

    —No deberías hablar así de mamá...

    Mille rió con ironía. —Mamá... esa mujer no merece que la llames así. No tiene ni el mínimo interés en ver que sucede con nosotros. Dime que niño de nuestra edad tiene que conseguir dinero para poder comer y luego tener que esconderlo para que su madre no se lo robe para comprar licor y cigarrillos.

    Shandi suspiró al ver todo el desprecio que tenía su hermano contra la mujer que les había dado la vida. Tenía razón, pero no quería arraigar en su interior ese coraje, pasó su bocado y habló. —Tú tampoco la ayudas mucho Millie... —el mayor la miró con reproche. —Se ha puesto mucho peor desde que fuma de esas porquerías que le traes... y cuando se le pasa el efecto de eso está de muy mal humor.

    —¿Tú que sabes?—el chico se levantó indignado. —Yo no soy culpable de que le guste meterse mierda...

    —Yo nunca lo afirmé—contestó la niña. —Pero la que paga los platos soy yo. Mira—se levantó la manga de uno de sus brazos mostrándole al chico un moretón verdoso. —Se enojó porque ya no había ni un mendrugo de pan para comer y se desquitó conmigo.

    —¡Ya cállate!—Mille se enojó, dejando su casi acabada torta sobre uno de los escalones del edificio y tomando a su hermana por los hombros para zarandearla. — ¡Tú tienes la culpa por no defenderte! ¿Qué te pasa? ¿Por qué lo permites?

    Shandi había tirado su torta y ahora intentaba no llorar por la fuerza que su hermano imprimía en sus brazos. —¡Ya! ¡Déjame, me lastimas!

    —¡Eres una tonta! ¡A parte de fea y ciega, tonta!

    Ante la discusión de los chicos, el portero del edificio salió por el alboroto que causaban, lo primero que hizo fue separar a Mille de Shandi que para esos momentos lloraba por los insultos que su hermano mayor le gritaba con desprecio a la cara.

    —¡Ya basta, los dos! ¡Carajo!—gritó el hombre, poniendo un poco de fuerza en su agarre para que Mille no regresara para seguir golpeando a la menor—. ¿Se puede saber ahora que les pasa? ¿Por qué pelean?

    El chiquillo le miró con rabia soltándose del agarre, recobrando la compostura—. ¿A usted, qué le importa? Escúchame bien Shandi, es la última vez que nos vemos y cuando lo volvamos a hacer y tú sigas cuidando de esa maldita borracha, no te voy a ayudar.

    El portero no entendió por que se peleaban, pero el mayor de los hijos de Donna corrió al interior del edificio hasta que le perdió la vista al fondo del pasillo. Regresó su mirada hacia la niña que lloraba en silencio y se limpiaba las lágrimas que salían de sus ojos color miel. Negó con la cabeza pues siempre que la veía estaba llorando, ya fuera por culpa de la inquilina del piso seis o por su hermano.

    —Shandi... ya no llores pequeña—acarició su cabeza, sacando del bolsillo de su pantalón una paleta—. Toma pero ya no llores. ¿Quieres?

    La rubia asintió y tomó el dulce—. Gracias.

    -.-

    Nadie se atrevía a encarar a la vecina que vivía en el departamento 402 del sexto piso. Aunque era una constante molestia para todos los que vivían en ese piso, el escuchar sus constantes gritos y tiraderos que hacía al interior de su departamento, a más de uno le causaba dolor de cabeza. Habían veces en las que había completo silencio y de un momento a otro le causaba a otro inquilino un sobresalto por el inicio de una guerrilla campal dentro de ese departamento.

    Algo había detonado de nueva cuenta, gritos y lanzamiento de objetos por todas partes. Los vecinos que vivían ahí, solo podían sentir pena por las criaturas que Donna tenía como hijos.

    —¡Maldito mocoso! ¡Ojalá te hubiera abortado! ¡Malagradecido!—se encontraba cólerica, sosteniendo en sus manos una cacerola. Tenía toda la intención de lanzársela a su hijo para darle su merecido.

    —¡Vete a la mierda, drogádicta de cuarta!—el chico esquivó la cacerola que iba con dirección a su cara. —¡Púdrete!—pasó a paso veloz evitando ser pescado por su madre. En su espalda llevaba una enorme mochila con sus pertenencias y luego cerró en las nárices de la mujer la puerta de la casa.

    —¡Mille Eisen, vuelve aquí pequeño bastardo!—Donna salió detrás del chiquillo que bajaba corriendo las escaleras rumbo a la calle. Si conseguía alcanzarlo estaba seguro que lo llevaría de regreso a casa por las orejas y ahí si que iba a estar jodido.

    Casi derribó a su hermana que ahora conversaba con el portero del edificio y solo pudo mirarla de soslayo antes de dar un gran salto por el pórtico rumbo a la calle, sin mirar atrás siguió corriendo al mismo tiempo que su madre le gritaba insultos y le obligaba a detenerse, luego llegó un momento en el que dejó de escucharla.

    Mille se había escapado de las garras de su madre.

    Sofocada y enojada, Donna se recargó contra la entrada del edificio departamental. Respirando profundamente por la carrera que había pegado desde el sexto piso, ni siquiera notó cuando la pequeña Shandi se había escondido detrás de la recepción para que no la viera y descargara su furia contra ella. El portero le miraba con el ceño fruncido y la observaba de arriba abajo.

    No se había dado cuenta que solo estaba usando una camiseta sin mangas sucia y algo rota, y estaba en calzoncillos. Tanta había sido su molestia que no le importó salir así para alcanzar a su hijo y reprenderlo, tenía el maquillaje corrido de varios días y el cabello hecho un asco, definitivamente daba el aspecto de una prostituta barata de esas que andaban tiradas en las calles pidiendo dinero para poder comprar sus drogas.

    —¡Ojalá y te mueras, maldito mocoso!—gritó enojada la mujer y no miró al portero que escondía a Shandi—. Ojalá y nunca regreses... que bueno que te largaste al igual que el imbécil de tú padre...—Donna notó la mirada ceñuda del portero sobre su cabeza, girándose para encarar al hombre—. ¡¿Y tú que mierdas me ves?! Maldito viejo asqueroso...

    El portero no dijo nada, prefirió no hacerlo pues solo se tragó sus palabras y sintió como la pequeña se hacía más pequeña en el rincón de ese minusculo espacio.

    Solo hasta que Donna se hubo ido por las escaleras, John decidió hablar. —Ya se ha ido pequeña, ya no hay nada que temer. ¿Estás bien?

    Shandi asintió. —Mille si cumplió con su amenaza... se fue para siempre—suspiró entristecida ante la mirada atenta del portero—. ¿Y ahora que voy a hacer? Me he quedado sola.

    John puso una mano sobre la cabeza de la chica. —Tranquila, ya habrá días mejores. ¿No crees?

    —¿Usted cree?

    Ni el portero sabía si la suerte de la niña cambiaría, solo esperaba que un día algún vecino tuviera el valor y denunciara a esa condenada mujer que no debería tener el placer y privilegio de llamarse madre.

    -.-

    —¿Y luego que pasó?—le pregunté a mi mamá muy sorprendida.

    La madrugada nos había alcanzado pero no teníamos sueño. Todo lo que contaba mamá era muy impactante y fuerte...

    —¿Después de eso?—la vi suspirar con tristeza. —Mi hermano Mille fue arrestado esa misma noche por la policía del barrio por tráfico y venta de drogas—estoy segura que hice una expresión de susto pues mi madre me acarició con ternura para tranquilizarme. —Siempre se lo dije, e incluso le reprochaba por llevarle a mi madre esa porquería... gracias a ella es que Donna era muy violenta conmigo. Lamentablemente pocas semanas después de que escapó de casa me llegó la noticia con Don Juan de que había sido llevado a la correccional para menores, le dieron una sentencia mínima por ser menor... pero cuando estuvo por cumplir sus años de encierro, cometió la tontería de liarse a golpes con otro interno de la correccional y lo mató... cumplió sus 18 años y fue trasladado a un penal en El Bronx.

    —¿No le has vuelto a ver desde entonces?—pregunté curiosa, pues mi mamá jamás hablaba del tío Mille.

    Negó. —Solo le recuerdo cuando tenía 14 años. Llevaba su cabello corto con el copete algo largo, solía usar unos pantalones que le quedaban cortos por su gran estatura y una camiseta a rayas como la de los marineros. Y su ceño siempre estaba fruncido... enojado, me imagino que fue por los malos tratos de nuestra madre.

    —Cuanto lo siento—lamenté, apretando su delgada mano.

    —Supongo que sí un día decido aparecerme en la sala de visitas del penal, seguramente me mandará a volar... hoy cumple una sentencia de 60 años por homicidio en primer grado.

    Suspiré y quise llorar... la vida de mi madre y mi tío si que fue difícil, prácticamente cuando mi tío cumpliera 77 años podría salir en libertad. Toda su vida entre rejas... no sabía que decirle para que no sonara tan doloroso.

    —Saldrá cuando ya sea un anciano—la vi suspirar y quise decirle que ya no siguiera contándome su historia. Todo lo que había escuchado hasta este momento era muy triste.

    ¿Cuándo fue que todo cambió para ella?

    Antes de que pudiera preguntar, ella me pidió que me levantara de sus piernas. Bostezó y con cuidado se levantó de la cama.

    —Es hora de dormir.

    —¿Qué? Pero mamá...

    —Nada de peros, ya es muy tarde y ni siquiera hemos terminado de instalarnos en nuestro nuevo hogar. Iré a dejar esto a la cocina e iré a dormir Bonny, mañana seguimos con esta historia. ¿Está bien?—me acarició con cariño el rostro y luego pasó su mano por mis rizados cabellos.

    —Está bien—le dije no muy convencida, la vi sonreírme, tomar la caja de pizza y los platos que usamos para la cena y luego se retiró de mi habitación dejándome en completo silencio.

    Esa noche, no pude dormir ni un poco por estar pensando en lo complicado que fueron los primeros años de mi mamá cuando fue niña.


    -.-

    La personalidad que decidí utilizar para Mille Donnelly hijo mayor de Donna es Jonathan Brandis. Lamentablemente éste actor decidió quitarse la vida en el 2003 a la edad de 27 años porque sufría de depresión por el descenso de su carrera artística.

    [​IMG]

    Mille Donnelly, tenía 14 años de edad cuando decide escapar de casa. Y esa misma noche es apresado por la policía de South Bronx, por tráfico y venta de drogas. Siendo sentenciado a 5 años de prisión por delitos contra la salud americana y por ser menor de edad es mandado a una correccional para menores.

    P.D: Dentro de dos capítulos, pondremos ver la primera aparición de Paul S.
     
    Última edición: 1 Junio 2020
  9.  
    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido Crítico Crítico del mes

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    Bueno, este capítulo fue introductorio. Y por lo menos, a mi parecer me gustó como fue desarrollárndose, si bien, empezó un poco básico en lo que respecta al protagonista despertando, aquí lo llevaste a otro extrema, en hacernos saber cómo es la relación entre ella y su madre. Nos describes muy bien el ambiente en la que esta pequeña Shandi de diez años vive. Nunca me imaginé que su madre la trataba de tal manera, a juzgar por la Shani del prólogo, nunca lo imaginé, la verdad. Pero gracias ese dato pude darme cuenta por qué sus mejores días fueron cuando estuvo con el grupo.
    Hay que ver como es Donna, no solo cachetea a su hija sino que la manda a comprarle alcohol y cigarros, a una menor. Si que la mujer no tiene escrúpulos.

    Dando un poco de retrospectiva, con la vida que se nos está mostrando que tuvo, y recordando como es ella en la actualidad; realmente hay que admirar que a pesar de los maltratos que sufrió de parte de su madre, ella no haya copiado el mal ejemplo de su déspota progenitora, quizá a raíz de esos dolorosos recuerdos, sea una buena madre con Bonny. No desea ser como lo fue su madre.

    Pues desconozco el pasado de la mujer, y la razón por la que dice que sus hijos arruinaron su vida. Pero no creo que “desquitarse” con ellos le devuelva lo que alguna vez fue. Ese pensamiento, esa actitud me enfurece. Tampoco me quedó del todo claro si ella trabajaba como prostituta al igual que Maritza, me supongo que sí, de qué otro modo se conocerían. Sería interesante saber más acerca de su relación y de lo que fue Donna antes.

    Una cosa de la que me hubiera gustado saber, en este capítulo, es un poco más sobre cómo llevaba la vida la Shandi de diez años, quizá otro suceso más desgarrador antes de mandarla a la tienda o antes de encontrarse con Maritza, quizá en el camino a casa alguien la iba a atacar, demostrando de esa forma lo verdaderamente peligroso que era mandar a una niña sola a la tienda, y a lo mejor siendo rescatada por Martiza. De esa forma al lector le hubiera impactado más lo realmente peligroso que era vivir en esa peligrosa ciudad. No dudo que más adelante lo harás, pero quizá añadir una escena donde ella casi corre peligro hubiera hecho que empatizaramos más con la niña (que no digo que no lo ha hecho, pero hubiera caldo más a fondo al lector.)

    Quiero añadir también que la narración me pareció un poco extraña en esta parte. Hay momentos en que utilizas mucho los verbos pasados imperfectos (quedaba, esperaba, sonaba, etc) en vez de solo ponerlos es pasado (quedó, esperó, sonó, etc), esos detalles hacen que la lectura se lea algo rara. No está del todo mal, pero al combinar ambas conjugaciones, el resultado termina escuchándose extraño. Lo mencionó para que lo tengas presente en próximas entregas.

    En lo que respecta a lo técnico, noté los mismos errores, las acciones descripciones junto con los diálogos. Es muy importante darle una leía antes de , para detallar esos errores. Quisiera aprovechar para hablar sobre esta parte.
    Aquí, al terminar de leer el diálogo de Donna y el leer la acción, pensé que quién apretó los puños con molestia había sido ella, no Shandi. No fue hasta que leí lo que las cobijas que supe que quien hizo esa acción fue la niña, no la madre. A veces solemos hacer eso, y está mal porque confunde al lector. Deberías especificar quien hizo la acción o mejor separarla.

    —¡¿No piensas levantarte, maldita holgazana?!—gritó Donna desde abajo.

    Shandi apretó los puños con molestia e instintivamente se sacó las cobijas de encima.


    En la ortografía, pues esta vez sí noté más errores. En ese aspecto debo decir que bajó un poco.

    Estos son algunos:
    (El problema que hay aquí es la coma, esta no debería ir allí, igual e notado que tiendes mucho a colocar comas donde no van (alterando el significado del texto) pero también, hay ocasiones en la que no las pones cuando deberían).
    (Esta frase está incompleta).
    La oración no se entiende. Primero; una coma después de "esperarlo" y segundo; ¿por qué se dice aquí "por malas deciciones"? ¿Cuál fue la mala decisión; la amiga, lo que hizo?)
    (Lo mismo, la oración incompleta, ¿qué es un energúmeno? ¿Los gritos? 'Su madre? ¿Esos sentimientos?)

    Bueno, de nuevo, te recomiendo que le des una vista antes de publicar. Tienes los mismos errores que comenté antes.
    Y eso sería todo de mi parte. Nos vemos hasta el próximo capítulo.

    P.D: Antes de irme, quiero solo decir algo. No era necesario que me respondieras las preguntas xD. Las hice con la intención de yo descubrirlas en lo que avanzaba la historia. Solo para recalcar, si un lector te hace una pregunta, y la respuesta no se dio en el capítulo o capítulos anteriores (por a veces se nos olvidan detalles) y se da más adelante, no las respondas, es mejor tener intrigado al lector.
     
    Última edición: 3 Junio 2020
  10.  
    Lady Stanley

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    Gracias por toda la ayuda, la verdad es que si cometo los mismos errores, a veces no los veo y eso me pone de malas. He tenido bastantes problemas pues se echó a perder mi pc y por lo tanto, me estoy ayudando de Worpad, y no me corrige ciertos errores que no veo, he intentado cambiar ese tipo de cositas pero de verdad a veces no lo veo.

    Y cómo te digo, muy independientemente de que se termine el trabajo de crítica si te gusta la historia, me encantaría que siguieras leyendo.
     
    • Informativo Informativo x 1
  11.  
    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido Crítico Crítico del mes

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    Hola.

    Bueno, este segundo capítulo me pareció que fue muy rápido y es que en tan pocas palabras sucedieron varias cosas. Primero, fue la primera aparición física de Mille. Segundo, se nos mostró un poquito la relación que tenían Shandi y él. Tercero, la promesa/amenaza de que se irá de horrible lugar. Cuarto, cumplió su promesa y se fue. Quinto, leer que lo encarcelaron por lo que estaba metido. Sexto, la vida que Miller le espera estando tantos años en prisión por el asesinato que hizo. Todo eso resumido en su solo capítulo.

    La idea es muy buena, pero necesita un poco de desarrollo, por lo menos en este capítulo así lo sentí. No tengas miedo de explayarte; dale forma a tus personajes originales.

    Hablando de ese personaje, al principio no sabía que pensar de él. Se nos introdujo de una manera muy salvaje, por decirlo de esa forma, al entrar al cuarto de su hermana en busca de monedas para comer algo mientras la insultaba. Qué descarado. Pero entonces:
    Leo esto y me digo, bueno, no es tan malo, solo un poco rebelde. Pero luego va a insultar al Don de la licorería, y al final descubrir que en realidad Miller distribuye droga y dicha esta, se la da a su madre.

    Por cierto, me hubiera gustado que su aparición fuera más larga, para conocerlo un mejor, o en su defecto, haberlo presentado desde el primer capítulo (sí, sé que allí se nos nombró por primera vez en el anterior capítulo), para saber más la relación que tenía con su madre. Probablemente al tener una escena donde él le da algo a ella. Ya sabe, de lo droga que le da. O también esperar otro capítulo más para mostrarnos que tan mal se la pasa con su madre, como es tratado por ella como se nos mostró con Shandi en el primer capítulo. Conocer un poco de sus sentimientos, quizá para empatizar mejor con ese personaje. O un pequeño resumen de cómo llegó hasta la venta y distribución de drogas. Puedo imaginarme que todo se debe a la obvia vida que lleva, pero aun así hubiera sido mejor leerlo.

    Desconozco que tan larga será la historia, pero este tipo de novelas suelen ser larga debido al drama y problemas sociales y familiares con los que cuenta la historia para desarrollar de buena manera los personajes y el ambiente.

    P.D. Publicaste el capítulo 2 dos veces.

    Creo que eso sería todo de mi parte. Un saludo y te deseo lo mejor con esta historia. La que sin duda tiene una trama muy buena e interesante.
     
    Última edición: 7 Junio 2020
  12.  
    Lady Stanley

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    3819
    South Bronx, N.Y. 25 de Agosto de 1969.

    Salió del departamento sin hacer ruido, todavía era muy temprano y no había amanecido. El cielo mostraba algunas estrellas que alumbraban el camino de las personas que iban a trabajar o estudiar, su caso era el segundo. Era su primer día de clases y estaba sumamente entusiasmada por entrar a ese nuevo colegio.

    Sabía que hacía mal por no decirle a su madre, pues creía que nada bueno saldría de eso. Antes de cerrar la puerta del departamento no pudo evitar mirar con tristeza a la mujer que le había dado la vida, en muy pocas prendas y con el cabello destrozado.

    Era mejor así, mantenerla alejada de todos los planes que tenía en mente.

    Pudo ver sobre la calle contigua a su domicilio a Maritza, la compañera y mejor amiga de su madre terminar con su turno nocturno.

    Se acercó para saludarla.

    —¡Maritza, buenos días!—exclamó mientras se cruzaba la calle lo más rápido que pudo.

    La mencionada justo cuando bostezada, volteó para ver quien la llamaba. Sonrió cuando se encontró la bonita figura de Shandi. —¡Buenos días! ¿Cómo estás? Qué sorpresa encontrarte por aquí a estas horas de la mañana—vio como la joven asentía con una alegría que no le había visto en mucho tiempo. —¿Estás bien? ¿Pasó algo con tú madre?—preguntó preocupada mientras la otra negaba. —¿Entonces?

    Shandi tomó aire para poder hablar. —¡Voy a ir a High School for Music and Arts!* Es una escuela de artes y quiero dedicarme a la pintura, a la fotografía y por que no... a la música.

    Maritza parpadeó varias veces por lo rápido que había hablado la chica.

    —Felicidades pequeña, me da mucho gusto por ti. ¿Donna está de acuerdo?

    —La verdad, preferí no decirle nada. Estoy segura de que se va a oponer si le digo que pienso seguir con mis estudios y no estoy dispuesta a permitir que siga metiéndose en mi vida—la colombiana sonrió estando de acuerdo con la decisión que la chica había tomado.

    Todavía recordaba cuando muchas otras veces en el pasado había visto llorar a Shandi por culpa de los maltratos de su madre. Y verla ahí, tan dispuesta y valiente le daba mucha alegría.

    —Sigue así Shann, cuando regreses de la escuela me cuentas como te ha ido. ¿Vale?

    La mencionada se sobresaltó un poco al notar que el tiempo se le iba demasiado rápido y si no se daba prisa, llegaría tarde. —¡Sí, está bien! Pero ya tengo que irme o se me hará tarde. ¡Nos vemos!—exclamó al mismo tiempo que echaba a correr rumbo a la parada del autobús.

    Había salido muy temprano de su casa pues había conseguido una beca en High School for Music and Arts, una reconocida escuela de artes en Nueva York, y tenía todas las ganas de poder aprender en ese lugar. Inspirada por la música de The Beatles fue que decidió dedicarse a ello, incluso a veces imaginaba que podría estrechar la mano de Paul McCartney y pedirle que le enseñara a tocar algún instrumento. Quizás, solo quizás ese era uno de sus sueños.

    De su mochila, sacó un walkman en dónde colocó su cassete favorito del Cuarteto de Liverpool, y las conocidas voces de Lennon y McCartney se dejaron escuchar su éxito musical "I Want to Hold Your Hand" * todo mientras esperaba que el medio de transporte llegara pronto.

    [​IMG]

    Se sentó junto a la ventana y siguió escuchando su cassete de The Beatles, mientras veía pasar el camino con lentitud rumbo a su primer día de clases.

    No supo en que momento se quedó dormida, seguro antes de cruzar el río Harlem. Solo cuando el conductor del autobús, tuvo la amabilidad de informarle que estaba a dos paradas del colegio.

    —Gracias—se despidió del chófer y sintió una sensación de mariposas en el estómago cuando se encontró frente al edificio escolar.

    Aunque tuvo una pequeña decepción cuando vio la arquitectura del mismo, se imaginaba una escuela con llamativos colores y un amplio jardín que conectara al interior, con puertas de cristal de colores, pero tampoco pudo quejarse.

    El colegio era de seis pisos con grandes ventanales de cristal, de muros color arena y en la entrada principal con letras grandes de bronce se erguía el nombre de esta. Pudo ver como muchos alumnos iban y venían para comenzar con sus clases. Otros tantos, llegaban en lujosos automóviles del año. Parecía un lugar bastante agradable.

    Y alrededor de la escuela, había árboles plantados en secuencia uno tras otro, separados cada uno con un metro de distancia. Pudo ver un grupo de chicas que practicaban con sus instrumentos musicales y otro grupo más alejado ensayaban un baile clásico.

    —Es maravilloso—dijo para sí misma mientras caminaba rumbo al interior del edificio. Había llegado con bastante tiempo, precisamente para poder pedir orientación. Pues se había inscrito por correo, había enviado todos los papeles solicitados e incluso había pagado la colegiatura solicitada. Más no había tenido la oportunidad de conocer el colegio hasta esos momentos.

    Subió por las escaleras y caminó por el pasillo de loseta color marrón pero no tenía idea a dónde dirigirse. Un poco indecisa se quedó parada en medio del lugar, siendo esquivada por algunos chicos que iban con prisa a sus primeras clases. Ante la angustia de no saber a donde ir, su acto de auto protección se hizo presente... una expresión que había adoptado gracias a los maltratos de Donna a lo largo de los años, llevando su mano a la altura de su pecho para protegerse emocionalmente.

    —¡Cuidado!—antes de que pudiera reaccionar al grito, sintió como era empujada violentamente, un chico que llevaba mucha prisa corría por el pasillo a gran velocidad y ni siquiera se giró para ver si la persona que había empujado estaba bien. Cerró los ojos esperando chocar contra algo o alguien e incluso caerse. Esperó que el golpe llegara... pero nunca llegó...

    Cuando abrió los ojos con temor, se encontró con un par que la miraban curioso y sorprendido.

    —. Oye... ¿Estás bien? ¿No te lastimaste?—un escalofrío la recorrió cuando escuchó la profundidad de esa voz, era un chico. Y con suavidad se separó de su salvador.

    Negó. —E-estoy bien... fue mi culpa—bajó la mirada, ante la sonrisa que el chico de largo cabello le había dado. —Yo no debí haberme quedado parada en medio del pasillo.

    —En eso tienes razón—aceptó el desconocido. —Ten más cuidado la próxima vez. ¿De acuerdo?—la rubia asintió con timidez, había comenzado a jugar con sus dedos moviéndolos en círculos. Al chico se le hizo una acción muy tierna y solo pudo sonreír. —Por cierto, nunca antes te había visto... ¿Eres nueva?

    Shandi asintió, sintiendo como el calor subía a sus mejillas por la confianza que este le daba. —Si... este... yo ne-necesito ir a la rectoría.

    —Ya veo—sin quitar su sonrisa siguió hablando. —Bueno yo te diré por dónde debes ir, llega al final del pasillo y dobla a la izquierda, veras una puerta que dice servicios escolares y ahí te darán toda la información que necesitas.

    —Gracias—comentó la muchacha dispuesta a irse, pero sin dejar de observar al muchacho, este lo notó y sonrió más ampliamente provocando que Shandi bajara la mirada apenada.

    —Mi nombre es Stanley Bert Eisen, un gusto.

    Justo antes de que Shandi pudiera contestar, la campana sonó anunciando que las clases daban inicio. El chico la vio irse en la dirección que le había dicho y sin conocer el nombre de la chica, se dirigió a su salón de clases.

    -.-

    —Bienvenida al colegio, señorita Donnelly. Esperamos que nuestros métodos de enseñanza sean de su total agrado y aproveche ésta oportunidad que tiene frente a usted—dijo la coordinadora del colegio, entregándole a Shandi un folder personalizado con los horarios de sus clases. —Aunque somos una escuela que se dedica a la música y el arte, exigimos excelencia. Así que apeguese a las normas de la comunidad.

    —Está bien.

    —Bien, ahora acompáñeme al recorrido para los alumnos de nuevo ingreso. Tenemos clases de baile moderno, danza contemporánea, música clásica en dónde se enseña a los alumnos a tocar guitarra, piano entre otros más. Hay clases de canto, pintura y dibujo, actuación e interpretación—entre más hablaba la mujer más se maravillaba la joven.

    —¿Y yo puedo tomar la clase que sea?

    —En teoría sí, pero esto no sería correctamente académico. Como dice en su solicitud, usted está interesada en aprender a tocar un instrumento y la danza, esas serán sus materias—la coordinadora, pidió con un gesto de mano el folder que le había entregado a Shandi y esta obedeció. —Durante este semestre escolar usted tendrá clases de danza y música, tal cuál como está en sus horarios. Por hoy no hay problema de que falte a las primeras clases porque es de nuevo ingreso y estará en el recorrido para que conozca las instalaciones. Solo esperemos a que los demás alumnos lleguen para comenzar.

    No tardaron ni quince minutos, cuando un grupo de veinte alumnos nuevos caminaban por los pasillos del colegio. Cada piso estaba dedicado a una carrera ya antes mencionada, Shandi se grabó que sus clases serían en el segundo y cuarto piso, y entre clase y clase a los alumnos se les daba un lapso de diez minutos para llegar a su siguiente asignatura.

    Recorrieron las salas de práctica, y un enorme auditorio en dónde se presentaban eventos importantes. Obras de teatro y pequeños conciertos, visitaron la galería donde ex alumnos ya graduados habían dejado sus mejores trabajos expuestos para el prestigio y renombre del colegio. Pasaron por la cafetería, muy bien ambientada y con deliciosos aromas que salían de la cocina.

    Se sorprendió al ver que había una alberca semi olímpica y algunos ya estaban prácticando.

    Tras casi dos horas, regresaron al área de Servicios Escolares del campus para dar inicio a sus clases.

    —Qué tengan mucho éxito y un excelente ciclo escolar—dijo la coordinadora y todos los chicos salieron en orden aleatorio a sus clases.

    Shandi miraba su horario mientras buscaba su siguiente clase, echó un vistazo a su reloj de muñeca y vio que todavía tenía quince minutos antes de que su siguiente clase comenzara. Tenía clase de música con un tal profesor Patrick Miller.

    —Oye... espera—alguien tocó su hombro haciéndola sobresaltarse ya que iba metida en sus propios pensamientos. Una chica pelirroja y con muchas pecas en su rostro la interceptó. —Disculpa, no era mi intención asustarte. Mi nombre es Wendy Smith, oí que escogiste las mismas clases que yo y... ¿vamos juntas a la siguiente clase?

    Shandi parpadeó un par de veces por la confianza con la que aquella chica le hablaba, a sus 14 años, no era una persona que tuviera mucho contacto con las personas. Pero asintió y comenzó a andar al lado de la pelirroja. —Me llamo Shandi Donnelly, un gusto.

    —El gusto es mío—sonrió y prosiguió con su diálogo. —Tengo la esperanza de ser una bailarina reconocida, quiero estar en los grandes elencos de Brodway. ¿Y tú?

    —Yo tengo quiero ser una buena compositora y guitarrista, así como Paul McCartney y John Lennon. Son mi inspiración.

    —¡Qué genial! No conozco a ninguna chica de mi edad que le guste The Beatles. Yo también son fan de ellos, tienen canciones muy buenas... aunque me hubiera gustado vivir la Beatlemania en todo su esplendor. ¿A ti no?—hablaba tan rápido y emocionada, que amedrentaba un poco a la rubia, sentía que se hacía pequeña a su lado. A simple vista Wendy tenía una personalidad muy fuerte.

    —Eh... sí, supongo que sí.

    —¡Bueno, andando que si no llegaremos tarde a clases!

    Fue jalada del brazo con fuerza y arrastrada rumbo a su primera clase. Subieron escaleras hasta el cuarto piso dónde tomarían clases de música.

    -.-

    Quince minutos después.

    Shandi y Wendy habían entrado al gran salón de clases de manera tranquila, en el mismo ya había chicas y chicos que conversaban entre ellos, algunos otros estaban practicando con su guitarra y otros tantos se imaginaban estar tocando una batería. Había uno que otro durmiendo sobre el pupitre.

    Las dos chicas caminaron en dirección a un par de asientos libres dónde se acomodaron, Shandi no lo notó, pero detrás de su asiento estaba el chico que horas atrás le había dado indicaciones para llegar a su destino. Y él tampoco lo hizo al estar discutiendo con otro joven grande y fornido sobre The Carpenters, así que ninguno de los dos muchachos se había percatado de la presencia del otro. La conversación entre sus dos compañeros parecía acalorada y la expresión agria de los dos, daba a notar que no se llevaban del todo bien.

    —No vas a convencerme, Stanley. El arreglo musical que tienen es bueno, lo quieras o no. ¿Además que va a saber un estudiante de todo lo que hay detrás de un grupo musical?

    El mencionado sonrió divertido por lo que su compañero le acababa de decir. — Algún día, escúchame bien, tendré mi propia banda y sonará mucho mejor que estos niños y tú te tragarás tus palabras cuando escuches una de mis composiciones.

    —Sí lo que digas...

    —A veces eres insoportable Chaim*—dijo Stanley de mala gana, dando por terminada la conversación que tenía con su compañero.

    El mayor de los dos comenzó a reír con satisfacción de haber hecho enojar a su compañero. Aunque no podía negar que era un buen músico y gran compositor, cuando se graduara tendría un gran futuro en la industria musical.

    Pocos minutos después el profesor ingresaba al aula, un hombre de mediana edad que llevaba el cabello hasta los hombros de un castaño claro, casi rubio. Usaba lentes redondos y vestía unos jeans algo deslavados, una camisa estilo leñador cuadriculada y un par de tenis Converse color blanco. Dejó sobre el escritorio su portafolio y con cuidado dejó su guitarra a un lado del mueble.

    Su mirada perezosa viajó a los alumnos, estaban todos. E inmediatamente notó a dos chicas nuevas, pues nunca antes las había visto. Se acercó al par de mujeres que conversaban animadamente.

    —Buenos días, señoritas—ambas se sobresaltaron cuando escucharon la voz del profesor. —Bienvenidas. Ahora... ¿Quieren hacerme el favor de presentarse ante toda la clase?—Wendy inmediatamente se levantó de su pupitre mientras sonreía. Al contrario de Shandi que se encogió sobre su asiento.

    Todo el grupo notó la atención a las recién llegadas y guardaron silencio para observar que el profesor Miller ya estaba presente. Se acomodaron en sus lugares lo más rápido que pudieron y esperaron a que la carismática pelirroja comenzara a hablar.

    —¡Mi nombre es Wendy Smith y estoy en este colegio porque quiero convertirme en una excelente bailarina y también porque quiero especializarme en la producción musical. Así que por eso vine aquí a aprender!—todos se quedaron callados al ver el fuego con el que se expresaba, algunos la saludaron y por fin tomó asiento.

    —Su turno señorita—dijo Patrick con tranquilidad, sentándose con desenfado sobre el escritorio. —¿Cuál es su nombre?

    Shandi tragó duro y sintió que los nervios la invadían e incluso los oídos le zumbaban, anunciándole que sus mejillas estaban de color rojo y pronto sucumbiría al desmayo, antes ya le había sucedido cuando se sentía demasiado presionada o avergonzada, pero negó con la cabeza y finalmente se levantó para presentarse.

    Stanley que para esos momentos prestaba atención a la temblorosa chica, se sorprendió cuando la vio. Era la misma que había ayudado esa mañana cuando literal la lanzaron a sus brazos, la observó unos momentos pero no era una muchacha agraciada, sus lentes de fondo de botella no ayudaban en nada con su aspecto físico y esa trenza que llevaba no permitía ver la sedocidad de sus hebras, pero sonrió al ver que estaría compartiendo clases con esa pequeña chica.

    —Soy Shandi Donnelly, y quiero ser una muy buena guitarrista como mi ídolo Paul McCarteny y también compositora. Me gustaría desarrollarme en el ámbito musical y es por eso que vine aquí—terminó lo más rápido que pudo y se sentó en su asiento. En ningún momento levantó la mirada, el piso era lo más interesante en esos momentos.

    Quizás ella no lo había notado, pero había llamado la atención de su compañero de atrás. No porque fuera hermosa sino porque ambos compartían el mismo interés, mientras el profesor Miller agradecía por las presentaciones, Chaim picoteó las costillas de Stanley con burla, pues no era tonto y notó perfectamente cuando su compañero se vio interesado en Uglycienta.

    —Bien, si no tenemos más presentaciones por el día de hoy... vamos a seguir con nuestras cosas—dijo el profesor, sacando de su portafolio varias hojas con partituras. —Señorita Smith y Donnelly, tengan, saquen copias de estas hojas para que puedan comenzar a armar su cuadernillo de notas musicales. Requiero que el cuadernillo sea de 100 hojas impresas por delante y detrás. ¿Entendido?

    —¡Si!—contestó Wendy con energía.

    —También voy a necesitar que se pongan al corriente, pidan asesoría con algunos compañeros de clase, mi clase es 50% teórica y 50% práctica, entonces si quieren pasar mi clase con todos los créditos, deberán conseguirse el instrumento que quieren aprender a tocar. Y los apuntes—siguió sacando hojas de su portaforlio y se los entregaba a Wendy. —Su compañero Stanley es bastante aplicado, él podrá ayudarlas con todos los apuntes.

    Las dos asintieron y Wendy pidió permiso para poder sacar las copias para empezar a armar los cuadernillos. Mientras que Shandi se quedaba quieta, observando todo en silencio, veía como algunos compañeros se acercaban al profesor para preguntar alguna duda o para que le ayudaran a afinar su instrumento.

    Stanley sonrió y decidió tocar el hombro de la muchacha, la vio saltar en su lugar y girarse lentamente para verle, cuando lo hizo se sorprendió de ver que se trataba del chico de la mañana, sus mejillas se sonrojaron un poco.

    —Es bueno saber que vamos a seguir viéndonos, Shandi—paladeó el nombre de la chica y ella asintió con lentitud. —Bienvenida seas.

    El rostro de la mencionada se coloreó tenúemente, asintiendo.

    —P-podrías... ¿Podrías pre-prestarme tus apuntes?—

    —Claro—Stanley sacó de su mochila, un par de libretas que le tendió a la joven. —No es mucho pero podrás ayudarte un poco, desde que empecé a estudiar aquí he conservado todos los apuntes más importantes de todos los cursos pues siempre puedes consultar algún dato, es mi forma de retención, en estas dos libretas verás toda la información necesaria desde el nivel para principiantes.

    —Gracias—la rubia esbozó una suave sonrisa, tomando las libretas. —Mañana te las regresaré... ¿está bien?

    Stanley sonrió, aceptando.

    Atrás se escuchó la risa burlona de Chaim, solo bufó con molestia por las burlas de su compañero, no se llevaban exactamente bien pero tampoco mal. Muchas veces sus ideas chocaban provocando pequeñas discusiones entre los dos.

    Pocos minutos después, regresó Wendy con los cuadernillos y junto a Shandi comenzó a ponerse al corriente. Aunque les iba a costar trabajo ponerse al corriente.

    Sin embargo, la sonrisa que Stanley le daba constantemente la ponía nerviosa.

    Al final del primer día, se retiraban de regreso a sus casas y Shandi tuvo que tomar el autobús de regreso al sur de El Bronx.

    Le sorprendía tanto como es que podía cambiar una zona urbana, a otra. Era como despertar de un bello sueño a su triste realidad.

    -.-

    —A partir de ese momento, mi vida parecía cambiar para bien. De una manera muy extraña había hecho dos amigos... siempre me costó mucho trabajo relacionarme con la gente, era muy desconfiada de mí misma y tenía el autoestima por los suelos. Pero todo iba a cambiar para bien.

    —¿Y cómo te fue ese primer día?—le pregunté a mamá con curiosidad.

    Antes de que me contestara, la vi comparar un paquete de papel higiénico y tras decidirse lo echó en el carrito del supermercado. Tras mudarnos teníamos que reabastecernos de productos de uso básico y como estábamos muy cerca de un Walmart, nos dispusimos a hacer nuestras compras.

    —Supongo que bien, nunca tuve problemas en la escuela a decir verdad. Cuando cursaba junior high school tenía buenas calificaciones pero muy pocos amigos, casi nadie me hablaba y a veces las niñas más bonitas me hacían burla por mis anteojos y frenillos—mi madre era muy fuerte, pues creo que no hubiera aguantado insultos y humillaciones en ninguna etapa de mi vida.

    Tanto ella como mi padre, siempre me dieron lo mejor, me mimaron mucho y yo se los agradezco.

    —¿Pero y qué te dijo la abuela cuando se enteró?

    —No le parecía la idea, ella decía que tenía que ponerme a trabajar para que la mantuviera pues era una forma de agradecerle todos esos años por darme de comer—suspiró y yo la veía algo nostálgica por recordar su pasado. —Eso hice, por las mañanas iba a estudiar y por las tardes le ayudaba a Don Juan en la licorería hasta que cumplí la mayoría de edad.

    —¿Y ese chico, fue muy especial para ti?

    Mamá estaba caminando en dirección al pasillo de químicos y detergentes. —Pues nos llevábamos muy bien pero convivimos muy poco pues él estaba en su último año. Se graduó y no volví a verlo hasta varios años después.

    —¿Quién era?

    —No comas ansias, ya sabrás de quién se trata—me vio hacer un puchero bastante inconforme. Era el primer día que seguía contándome su historia y yo estaba más curiosa conforme escuchaba más.

    —Por ahora terminemos de hacer las compras. ¿Vale? Todavía necesito pasar a comprar más cosas para terminar de instalarnos.


    -.-.-.-

    NOTAS DE AUTOR.

    • High School for Music and Arts, es una escuela especializada en enseñar artes visuales y artes escénicas, sin embargo, también se dan clases de danza, música, pintura, teatro. Cambió su nombre en 1961 tras la fusión con High School of Performing Arts, hoy en día se llama High School Music and Arts Fiorello H.LaGuardia. Misma escuela en dónde Paul Stanley cursó sus estudios musicales.

    • I Want to Hold your Hand, es una canción del álbum Meet the Beatles lanzada el 17 de octubre de 1963.

    • La Beatlemania tuvo su auge durante los años 60s. Y el álbum que escucha Shandi, es uno de los tantos que el cuarteto hizo durante su época de oro.

    • Genne Simmons, inicialmente se llamaba Chaim Witz hijo de padres israelitas, tras migrar a América con su madre, años más tarde cambia su nombre a Eugene Klein.
     
    Última edición: 9 Junio 2020
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    ¿Qué tal? Gran historia se viene por delante, la protagonista es la hija de uno de los miembros del grupo Kiss. Me recordó a la historia del vocalista de Aeroesmith Steven Tyler y su hija Liv Tyler. Claro que con sus diferencias evidentemente. También me gustaría añadir que tan solo leí el primer capítulo. Me interesó porque me agrada la banda y al ver que su vocalista era el padre fue interesante. No tengo expectativas la verdad y quisiera esperar sorprenderme con el progreso de la misma historia.

    Espero no te desanimes.

    Saludos y suerte.
     
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    ¡Hola! Muchísimas gracias por leer, créeme que eso anima a muchas personas, me incluyo.

    De hecho ya están escritos 12 capítulos pero directamente en Wattpad, si estás interesado en saber que pasa te puedo invitar a leerme desde allá. De hecho aquí estaba buscando un beta reader pero conseguí ayuda de una editorial para seguir corrigiendo errores y demás.
     
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    Broken Heart|Paul Stanley|Kiss
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    4246
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    = CAPÍTULO 4 =
    —Nos vemos mañana, descansa—dijo Wendy a Shandi, despidiéndose con un beso en la mejilla.

    —Hasta mañana—contestó la chica y miró como su amiga abordaba un taxi.

    Un mes completo había transcurrido desde que había comenzado a estudiar en el colegio de artes y música. Las clases eran todo lo que había esperado, sus compañeros eran bastante agradables y Wendy se había vuelto su mejor amiga, incluyendo a Stanley y Steve. Aunque este último era un poco pesado y mimado, se dio cuenta de ello cuando lo vio llegar uno de esos días en un flamante Mustang modelo 65'.

    Esperó en la parada del autobús un rato, pues cada quince minutos pasaba una unidad con dirección a El Bronx, el camino era largo y en esos momentos agradecía muchísimo a su amiga por haberle regalado un cassete de The Doors, la primera vez que escuchó la voz de Jim Morrison se vio eclipsada por el talento psicodélico del músico. Y era sorprendente que hacía solo un año, el vocalista había decidido irse a vivir a París con su mujer.

    "Aun así... es muy bueno". Pensó mientras se mordía con ansiedad una de sus uñas.

    Cuando por fin llegó el autobús, sacó de su bolsillo del pantalón un par de centavos y para su mala suerte, ese día había muchos pasajeros, todos los asientos estaban ocupados y ya había varias personas de pie con cara de fastidio. Suspiró y no tuvo más remedio que recorrerse para no estorbar el acceso en la entrada.

    Le gustaba mucho mirar las calles de Manhattan, tan diferentes a South Bronx. El paisaje de ambas ciudades cambiaba por completo pues cuando cruzaba el río Harlem, se comenzaba a ver el deterioro de la ciudad.

    Sus ojos captaban edificios enteros abandonados y casi por derrumbarse, muchos de ellos tenían grafitis y siempre había varios vagabundos que se refugiaban entre los destruidos inmuebles.

    Para cuando llegó a la parada final que estaba a unas cuantas cuadras de su casa, caminó en dirección contraria para poder llegar a la licorería de Juan Rodríguez.

    —¡Ya llegué, Don Juan! —exclamó la muchacha justo cuando la campanita que anunciaba la llegada de un cliente nuevo, sonaba.

    —¡Llegaste temprano, querida! ¡En un momento bajo! ¡Mientras quédate en el mostrador! —dijo el dueño de la licorería desde la parte alta del local.

    La chica hizo lo que se le pidió, dejando su mochila debajo del mostrador.

    Ese día estaba tranquilo, pues como no era día de pago, muchos obreros que vivían en ese barrio pobre no tenían dinero para derrocharlo en alcohol y mujeres. Así que podría adelantar un proyecto en el que estaba trabajando con Wendy, la clase del profesor Miller resultaba bastante interesante.

    Esa semana, le habían mandado a investigar a la biblioteca de Manhattan sobre la música y las bellas artes. Sacó su libro y se puso a leer para poder hacer la parte que le correspondía de ese reporte.

    —Veo que te está yendo muy bien, niña—dijo el mexicano, bajando con dificultad las escaleras del almacén pues entre sus manos llevaba varias cajas con cervezas de 355 mililitros.

    —¡Oh! Déjeme ayudarlo—la joven salió del mostrador y le quitó al hombre algo de peso. Acomodó las cajas frente a la vitrina de cigarrillos y se dispuso a acomodar las botellas en el refrigerador correspondiente. —La verdad es que sí, me gustan muchísimo mis clases y además con la paga de esta semana, podré comprar un leotardo y las mallas para poder tomar las clases con la señorita Lyla. Ya ve que le dije que la semana pasada no me dejó tomar la lección por no tener el uniforme completo.

    El dependiente sonrió, recordando esa charla con la chica.

    —Es verdad, si recuerdo que me comentaste algo—rio un poco y se puso a acomodar más botellas junto a la rubia. —Es bueno saber que el poco dinero que puedo pagarte te ayuda en algo.

    Shandi asintió. —Se lo agradezco muchísimo, además nadie querría contratarme pues todavía soy menor de edad y en otro sitio estoy segura que van a querer sobre pasarse—la joven se agachó para mover unas cajas y que no le estorbara el paso a su jefe.

    —No hay nada qué agradecer, niña. Después de que se llevaron a tú hermano a la correccional para menores es lo menos que puedo hacer por ayudarte un poco. Y luego con lo desobligada que es tú madre, mi deber era tenderte la mano.

    —Gracias nuevamente, don Juan—la chica sonrió y se llevó las cajas vacías a un rincón de la tienda.

    —Por cierto. ¿Ya averiguaste porque siempre ha sido así?

    La rubia suspiró y asintió con un poco de pena, se rascó con incomodidad uno de sus brazos. —Sólo pude averiguar por boca de mi madre, que cuando yo nací mi padre nos abandonó porque no podía con una carga tan pesada. Era demasiado para él pues estaba iniciando su carrera y dejó a mi madre con Mille que tenía cuatro años cuando yo nací.

    El regordete hombre negó con la cabeza. —Qué triste que sigan pasando cosas así en pleno siglo XX, los hombres deberían hacerse cargo de sus familias, agarrar por los cuernos al toro y aceptar todos los retos. No tienes idea de cuantas madres solteras he visto sacar adelante a sus hijos, pero Donna... es diferente. Esa mujer se dejó consumir por el dolor de perder a su marido y ahora se desquita contigo.

    —Al menos Mille se salva del carácter de mamá...

    Juan volvió a reír con pena. —La correccional no es un lugar agradable, Shandi. Es peor que vivir con tú madre, eso te lo puedo asegurar.

    —Lo sé...

    Ambos suspiraron y decidieron dejar el tema por finalizado.

    La tarde transcurrió de forma muy habitual y tranquila, esa tarde no había habido tanta clientela. Solo un par de borrachos bastante habituales.

    Para las seis de la tarde ya comenzaba a oscurecer, como ya no había tanto movimiento Shandi decidió ponerse a trabajar en su proyecto, se concentró bastante en lo que leía que no se dio cuenta de que habían entrado a la licorería.

    Una sombra impidió que siguiera leyendo su libro y levantó la mirada para ver de quien se trataba, un cliente posiblemente. Pero sus labios se apretaron cuando se encontró de frente a Robert Bowers.

    Era un chico bastante problemático por el barrio, las lenguas decían que se dedicaba a vender droga a grandes cantidades e incluso pagaba un pequeño soborno a los policías locales para que no intervinieran en sus asuntos, y era culpable de que hace cuatro años, atraparan a su hermano.

    —¿Qué quieres? —preguntó la muchacha de mala gana.

    —Sólo vine a admirar tú belleza, preciosa—se burló el chico, llevaba una chaqueta de piel color café y unos jeans rotos de las rodillas, y su cabello estaba embarrado de gomina, llevaba un peinado al estilo de Elvis Presley. Tenía ojos de color verde con un brillo arrogante. —¿Me extrañaste?

    Shandi arrugó la nariz molesta e inmediatamente guardó su libro debajo del mostrador. —Lárgate Bowers. Ya es hora de cerrar de todas formas.

    —¿Así atiendes a tus clientes? —se burló mostrándole todos los dientes. —Sabes que puedo ir y decirle a Juan que me has negado el servicio.

    —Haz lo que quieras, no me interesa, de todas formas, don Juan no te creerá ya te conoce y sabe que eres un maldito mentiroso, sabandija—insultó dispuesta a sacarlo por la fuerza de la licorería, había tomado la escoba que tenía ahí en el mostrador.

    Este levantó las manos en son de paz, pero sin quitar esa sonrisa. —Ya, ya... está bien me iré, pero antes dame unos cigarrillos—aventó de mala gana un billete y la joven despachó el pedido.

    Robert guardó su cajetilla y antes de irse le mandó un beso al aire a la joven, solo bufó molesta por la insolencia de ese cabrón.

    -.-

    20 minutos después.

    —¡Hasta mañana, Don juan que descanse! —exclamó Shandi después de salir por la puerta de la cortina del local.

    Buenas noches, Shandi te veo mañana—contestó el dueño de la licorería, echando llave desde el interior del local.

    Shandi bostezó profundamente y suspiró cansada, era hora de volver a casa y esperaba no encontrarse con alguna sorpresa. Aunque Donna definitivamente era un caso muy aparte, realmente tenía ganas de recostar la cabeza sobre la almohada.

    Ensimismada en sus pensamientos, caminó de regreso al departamento.

    La noche ya había caído sobre su cabeza y las luces ya habían sido encendidas para alumbrar el camino de las personas que transitaban por ahí, aunque muchas de ellas estaban fundidas. Las personas de la vida nocturna ya habían salido y deambulaban por todo el barrio, en una esquina vio a un grupo de vagabundos que conocía desde que era pequeña y solo les saludó.

    Vio con tristeza al grupo de prostitutas que trabajaban en la esquina de un hotel barato y entre esas mujeres estaba Maritza intentando cubrir su cuota, todas ellas atadas al miedo que un padrote les infringía.

    A su lado, pasó a gran velocidad un camión de bomberos con la sirena encendida y una ambulancia, seguramente un nuevo incendio a pocas cuadras. Tan típico que ya no le daba importancia.

    Tuvo que girarse ya que sintió como alguien la seguía, pero al hacerlo no había nadie, solo un solitario bote de basura y un perro flaco que buscaba algo para comer entre los desperdicios, se tranquilizó un poco cuando vio que solo se trataba del animal, aun así, aceleró el paso.

    Tenía una sensación de miedo que nacía en el centro de su pecho y la ansiedad empezó a hacerse presente. Tragó pesado y volvió a girarse, no había nadie, todo estaba vacío.

    —Tranquila, todo está bien—intentó calmarse, pero escuchaba el latido de su corazón en sus oídos. —Ya falta poco para llegar a casa.

    Antes de que pudiera seguir dándose ánimos para continuar, su boca fue silenciada por una mano bastante grande. Y sus manos retorcidas detrás de su espalda para evitar que escapara, intentó hacerlo, pero la persona que la llevaba a rastras a uno de los callejones aledaños, no se lo permitió, evidentemente era más fuerte que ella.

    —Ahora sí no me haces el feo. ¿Verdad? —escuchó en su oído, la rasposa voz de Robert Bowers.

    Primero sintió miedo, después coraje, pero no pudo evitar sentirse intimidada por el tamaño del joven.

    Toda valentía se fue por el drenaje cuando este pegó su cuerpo al de ella con descaro e incluso pudo sentir su aliento olor a menta. Lo detestó y cuando acarició libidinosamente sus brazos apresados y el constante tronar de sus dientes con la goma de mascar le causó asco.

    —Quizás deba enseñarte a respetarme, así como lo hice con tú hermanito—sonrió arrogante y Shandi le miró furibunda. —El tonto pensó que podía burlarse de mí y mira como terminó... ¿Te cuento un secretito? —se relamió los labios con diversión. —Fui yo quien llamó a los puercos para que se lo llevaran...

    La rubia quiso gritar, pataleó, pero fue imposible y las lágrimas de ira ya se asomaban por sus ojos, Mille había sido un chico bastante rebelde pero no era justo que hubiera terminado en la correccional. Pudo haber enderezado su camino.

    Ante el berrinche que la joven ponía, Robert se sintió satisfecho y sintió su libido crecer gracias a que podía sentir todos los movimientos de Shandi bajo su cuerpo. Esa chica le gustaba y le iba a enseñar a respetarlo. Quitó su mano de sus labios para poder besarla, pero ella giró su rostro para evitar el contacto de sus labios.

    —Me das asco—escupió sobre su rostro.

    De repente sintió que la cabeza le dio vueltas, esa sensación la conocía bastante bien. El muy cerdo la había abofeteado... todavía mucho más fuerte de lo que Donna lo hacía y sintió como por la comisura de la boca un hilillo de sangre se hizo presente.

    —¡Te voy a enseñar a respetarme! ¡Y vas a ser mi mujer, te guste o no! —exclamó Robert, enojado, limpiándose el escupitajo del rostro. Dejó que todo su peso corporal callera sobre la rubia.

    Y fue ahí, cuando Shandi se dio cuenta que no iba a poder defenderse.

    Sus cosas cayeron estrepitosamente sobre el piso y también ella. Su trasero se estampó con el duro pavimento y dolió más al recibir el peso del chico. Quiso gritar, pero este volvió a taparle la boca mientras que con su mano libre acariciaba sus piernas. Solo las lágrimas de su rostro podían dar testimonio de lo que estaba pasando en ese solitario callejón.

    —Hoy, te vas a convertir en una mujer, mi mujer—volvió a reír con maldad y de un tirón, rompió la blusa de la joven.

    "¡Ayuda! ¡Alguien ayúdeme!". Shandi cerró sus ojos con pánico, pidiendo a sus dioses que la salvaran de ese destino tan cruel.

    Robert la había llevado a rastras a la profundidad del callejón, donde prácticamente estaba todo en completa oscuridad. La persona que se escondiera ahí, podría ver a quien transitaba por la solitaria callejuela.

    —No te resistas, princesa o te irá peor—siguió con su juego macabro y por fin vio un lugar donde se divertiría.

    Un sucio y apestoso colchón que los vagabundos solían usar para descansar. Donde echó sin ninguna consideración el cuerpo de la joven, intentó huir, pero Robert fuera más rápido. No le importó cuando dejó caer todo su peso sobre la menuda chica y empezó a besar su cuello, metió una de sus piernas en medio de las de la joven cuidando de que ella no fuera a soltarle un rodillazo.

    Se sintió con todo el poder cuando su lengua hizo contacto con el cuello de la chica, tan terso... tan delicado. Sintió como su masculinidad se endureció con el roce de su lengua en la carne femenina y el quejido que ella soltó solo le provocó que su erección fuera mayor. Quería verla llorar, odiaba esa mirada de desdén que ella le daba cada que iba a esa licorería barata.

    Y odiaba aun más, saber que esa chiquilla jamás le haría caso por voluntad propia. Por eso quería verla sufrir, llorar, retorcerse en un dolor que estaba dispuesto a causarle, además con esa chiquilla se cobraría las que le hizo el condenado de Mille Donnelly. Estaba seguro de que cuando el rumor llegara a oídos del mayor en la correccional, se volvería loco.

    —De-déjame ir—pidió la chica, nerviosa de lo que estaba pasando. Su mirada enfocaba cualquier cosa que la dejara escapar, pero no había nada.

    Robert siguió besando su cuello y acariciando tanta piel como podía, cada que las manos de la chica intentaban alejarlo, él volvía a quitarlas con violencia.

    Un arañazo en su rostro fue lo que detonó su molestia, sentía arder su mejilla y la mirada agria que le daba la muchacha fue suficiente para que el rompiera un tirante del sostén, exponiendo un seno, que apretujo con fuerza haciendo quejar a la muchacha.

    —Tú te lo buscaste, zorra—sus labios ásperos fueron a esa zona delicada, mordisqueando. Y ya no sentía los golpes de la joven, solo quería hacerla sufrir. Quería lastimarla en esos momentos.

    Su mano capturó ambas de la chica.

    —¡Basta! —gritó desesperada al sentir como su agresor intentaba arrancar sus pantalones.

    -.-

    ¡Suéltala! —una voz femenina se hizo presente en ese solitario callejón. Y con una fuerza abismal, retiró el cuerpo de Robert de encima de Shandi. —¡Maldito mocoso! ¡Vete de aquí! —gritó encolerizada por la imagen que tenía en frente.

    Robert sonrió divertido y a la vez furioso de que no terminó con su tarea.

    —De esta te salvaste—le dijo a Shandi, sentado en el piso con las piernas extendidas. —La próxima vez no tendrás tanta suerte—se levantó y metió las manos dentro de los bolsillos de su pantalón. —Oh... se me olvidaba, esto lo va a saber tú patrón—sentenció a la mujer que ahora socorría a la rubia que no paraba de llorar.

    —Púdrete mocoso, tú aquí no eres nadie—le dijo la mujer, mostrándole al mismo tiempo el dedo medio.

    Robert solo sonrió y salió del oscuro callejón.

    Solo el sonido del sollozo de la joven se escuchaba en ese lugar. Y todavía sentía las asquerosas manos de Bowers en su piel, agradecía enormemente que esa mujer hubiera aparecido en el momento justo en el que ese canalla, le había sacado la ropa interior.

    —¿Estás bien? ¿No te lastimó? —preguntó la mayor.

    —Sí... n-no llegó a h-hacerlo—se abrazó a sí misma, cubriendo la desnudez de su cuerpo pues su ropa estaba hecha girones.

    —Me alegra mucho—sonrió la mujer y se acuclilló frente a Shandi. —Toma, te servirá para que te cubras mientras regresas a casa—le tendió una chaqueta bastante grande. —No te fijes en la prenda, es de un hombre que nunca más volveré a ver.

    Shandi por fin levantó los ojos y se encontró con una chica de grandes ojos azules y cabello negro como la misma noche, de labios rojos. Portaba diminutas prendas y enormes tacos de charol. —Gracias... ¿Q-quién eres tú?

    —Mi nombre es Roxan Regan*—se presentó y ayudó a Shandi a levantarse de ese apestoso colchón. —Tranquila, ya pasó todo.

    Las lágrimas en los ojos de la chica no paraban de salir, se sentía sucia y ultrajada. Aunque no se hubiera consumado el acto, era como si hubiera sucedido algo parecido, todavía podía sentir en su piel las horrendas caricias de aquel cabrón. Y agradeció infinitamente que esa guapa muchacha apareciera.

    —Re-regresará—dijo asustada a la desconocida. —No se quedará con los brazos cruzados.

    —Esa pequeña sabandija no hará nada—le guiñó el ojo, pasando su brazo por los hombros de la menor. —Yo me encargaré de él en otro momento.

    Shandi la miró y asintió, no estaba tranquila y lo único que quería en esos momentos era regresar a la seguridad de su habitación.

    —Ya tengo que irme...

    —Te acompañaré hasta tú casa, no vaya a ser que regrese para seguir molestando.

    Ambas mujeres, caminaron de regreso a la calle poco iluminada y Shandi se sintió un poco segura pero cada cinco pasos giraban levemente la cabeza para observar que Robert no estuviera siguiéndolas nuevamente, lo que menos deseaba en esos momentos de su vida es que algún aprovechado, la violara.

    Cuando llegó al pórtico del edificio, miró a Roxan.

    —Es aquí—dijo Shandi. —Gracias.

    —Tranquila y ya no pienses en eso, que bueno que iba pasando por ahí—sonrió la morena y se despidió. —Te veré en otra ocasión.

    —E-espero que así s-sea.

    Le echó una última mirada a la pelinegra y la perdió de vista cuando se fue varias calles de regreso por dónde llegaron, saludo al portero del edificio y subió a su departamento.

    -.-

    Cuando cerró la puerta de su casa, miró el reloj y ya marcaba las diez de la noche. Se le había hecho bastante tarde y lo primero que vio fue a Donna tirada en el sofá mirando televisión con una botella de cerveza. Las miradas de ambas se encontraron un instante ante la mueca de desagrado que le dio su madre.

    —Vaya... hasta que llega la señorita. ¿Dónde andabas, vaga?

    Shandi no quería pelear en esos momentos, lo que necesitaba era un abrazo y unas palabras de aliento. Alguien a quien pudiera contarle lo que le había pasado momentos atrás y que le dijeran que todo iba a estar bien.

    —Se me hizo un poco tarde—habló para evitar la furia de su madre. —Hubo un conteo en la tienda.

    —¿Me trajiste mi botella? —preguntó la mujer, cruzándose de brazos, ansiosa.

    —No pude hacerlo—confesó bajando la mirada. —Lo o-olvide.

    La molestia de Donna por no tener su botella de aguardiente se intensificó, inmediatamente buscó algo para azotarlo en el cuerpo de su hija, pero antes de que pudiera hacerlo, la menor se había esfumado tras las escaleras que la llevaban a la habitación.

    —¡Maldita buena para nada! —gritó encolerizada y luego más trastos viejos se estrellaron por toda la sala.

    Cuando Donna no tenía como anestesiarse, se ponía de muy mal humor.

    Arrastrando los pies, regresó al viejo sofá donde estaba casi todo el día. Y siguió mirando de mala gana el televisor, reprochando todos los días de su vida la existencia de esos dos engendros que tenía por hijos.

    La amargada mujer no tenía idea que su hijo había sido encarcelado hacía cuatro años, por estar siempre en estado etílico y muchas otras veces, la droga que conseguía la mantenía volando en sus recuerdos.

    Buscó debajo de uno de los cojines, encontrando un delgado tubo de cristal bastante oscurecido por el contacto con la mecha del encendedor, sacó del forro de su sostén un par de piedras pequeñas que echó en el interior del objeto. Miró como los pequeños cristales de droga se volvían líquidos y el humo empezaba a subir por la boquilla del tubo. Le dio una profunda calada y sostuvo el humo en sus pulmones unos segundos, sintiendo inmediatamente el efecto que le provocaba el crack.

    Una sensación de euforia la invadió y su estado de ánimo cambió.

    Siempre pasaba así y cuando el efecto terminaba, bajaba de su nube, regresando a su triste realidad.

    Se dejó envolver en la sensación que le producía la droga y una sonrisa se formó en sus labios mientras viajaba a sus ayeres.

    -.-

    Los Ángeles, California. 23 de Junio de 1951.

    Con elegantes y suaves movimientos, danzaba alrededor de sus compañeros del elenco. Interpretaba a Julieta Capuleto lo más fiel al personaje de Shakespeare. Con gráciles movimientos, interpretaba la canción de Nino Rota*, era una escena importante dentro de la historia.

    Era donde la bella Julieta veía por primera vez a su amado Romeo.

    Giró suavemente sobre su eje y extendió sus brazos al cielo, luego los abrió como alas de mariposa al mismo tiempo que las puntas de sus pies soportaban su peso. Al mismo tiempo que danzaba alrededor de los demás bailarines del elenco, interpretando de majestuosa forma su papel. Intentando alejarse de Romeo que había quedado prendado cuando la vio bajo una máscara.

    Cuando los amantes se encontraron, él tocó su mano con anhelo.

    —¡Perfecto! ¡Me encanta! —exclamó el director del elenco desde su lugar. —¡Pueden descansar! ¡Donna, Rubius, vengan conmigo un momento por favor!

    Los bailarines protagonistas del ballet dejaron de interpretar sus papeles y fueron dónde el director les llamó. Todavía los dos se encontraban hechizados por la conexión que hubo entre los dos al momento de ensayar esa parte del baile tan importante.

    —¿Qué sucede, señor director? —preguntó Rubius, curioso.

    —Tengo que felicitarlos. ¡Están haciendo un trabajo maravilloso! Sigan así, aunque debo de corregir ciertos movimientos que hace Donna cuando se encuentran en el baile. Deben parecer que se han enamorado a primera vista. ¿Entendido?

    —Si, señor—respondió la joven de largos cabellos rubios.

    —Eso es todo—sonrió el hombre de bigote al estilo de Edgar Allan Poe. —Todos tienen diez minutos y volveremos a ensayar la misma escena. Recuerden que la próxima semana, estrenaremos Romeo y Julieta.

    -.-

    Donna se había quedado dormida, mientras recordaba cuando era alguien. Y así, dormida, no podría molestar a su hija.


    Para esos momentos, el agua corría por la regadera de la casa.

    —Todavía huelo a ese idiota—dijo Shandi mientras se tallaba fuertemente con el sácate. Sentía asco cada vez que el jabón dejaba su piel y dejaba a la vista esos horrendos moretones que Robert le había hecho con la boca. —No se quita—sollozó con coraje, llenando de más jabón su utensilio de limpieza personal y volviendo a tallar esa zona. Aunque el agua quitara todo rastro de la cercanía del muchacho de su cuerpo, su mente había grabado muy bien el aroma que este desprendía.

    No la había ultrajado, pero le daba asco recordar y sentir una vez más sobre su piel, las caricias de aquel malnacido. Se dio cuenta que no iba a poder quitarse el olor de Robert, esa noche. Se quedó ahí, bajo el agua... sollozando.


    ¿Por qué ella?

    ¿Por qué siempre le pasaban ese tipo de cosas?


    ¿Qué es lo que estaba pagando? Seguramente había hecho algo bastante malo en su otra vida, porque en esta, se la estaban cobrando completa.

    Salió del baño y se secó todo el cuerpo, se puso el pijama y tras meterse a la cama, deseó no soñar con nada, pero sentía que la vida estaba en su contra pues toda la noche tuvo pesadillas.

    -.-.-.-

    NOTAS DE AUTOR.

    * Roxan Regan, es la hermana menor de Bob Regan, la veremos más adelante en la historia. Mientras les comparto la imagen de la chica.

    ~Laura Prepon como Roxan Regan~
    [​IMG]

    La canción que se menciona del ballet de Romeo and Juliet es Nino Rota, originalmente sale en la versión filmográfica de 1968 de Franco Zeffirelli.

     

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