Historia larga Bleu ex machina

Tema en 'Novelas Terminadas' iniciado por LhaurgigSesnas, 3 Mayo 2015.

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  1. Threadmarks: 01 No se metan conmigo
     
    LhaurgigSesnas

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    Hola. Hace mucho que no pasaba por FFL, y me he portado mal, pues dejé un long-fic tirado hace meses (o más de un año). Ahora no pasará lo mismo, pues esto que les presento a continuación ya es una obra terminada.

    Para mí esto se trató de un experimento, donde pruebo conceptos que pretendo utilizar a futuro. Es una historia rara, a ver si les atrae.

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    No se metan conmigo


    Cuando la situación se vuelve rara por abruptos cambios ocurridos, lo interesante es la forma en que se sobrepone uno a estos cambios, y cómo conforma su vida a partir de allí. Se había transformado muchísimo, y ante las reiteradas preguntas de la niña pelirroja, tuvo que darse el tiempo y conversarle.

    Buscaron el sofá más agradable de esa casa, y le entretuvo con historias fantásticas. Todas eran muy reales, pero intentaría darle algún toque de magia al relato. Eso era mejor que no decir nada, quedarse esperando a que las cosas ya no dieran más, y entonces hablar.

    El poder hablar de su vida la diferenciaba de los otros personajes curiosos.

    —Eres rara, te sacaron de un manicomio o algo por el estilo —le dijo la niña.

    Meditó su respuesta.

    —Estoy bastante tocada, pero tú con 10 años no deberías ser tan prejuiciosa.

    —¡Toda la gente del mundo es prejuiciosa! —argumentó la muchachita—, pero son prejuiciosos tontos, yo intento ser inteligente.

    —Así que piensas que soy un engendro aberrante, más o menos.

    —¡Mírate al espejo! Y oye cómo estás hablando. Eres un fenómeno.

    La niña definitivamente no era simpática, pues su tono no lo demostraba. No estaba queriendo hacerle una broma amistosa, simplemente le estaba discriminando. Comenzaba a tomar un preocupante rumbo a sus escasos años, y la misma niña lo sabía, sin interesarse para nada.

    El problema sería para sí misma y quiénes formasen parte de su vida. Por su lado, tendría que convivir con ella durante un largo tiempo, incluso enseñarle. Eso no parecía pintar bien, pero las había tenido peores. Debía intentar cambiar la opinión de esa niña, lograr redimirle al contar la historia de los acontecimientos que les llevaron a ese sofá. Así le enseñaría una o dos cosas sobre la vida.



    Debía ir hacia atrás. No sabía cómo empezar, pues era mucho que contar y no disponían de gran tiempo. Su historia fantástica no estaba tan cargada de sorpresas en realidad, pues el mundo es siempre predecible y lleno de rutina, lo mismo día tras otro. Podía llegar a ser estresante, pero se dejaba envolver por los mundos imaginativos, coloridos, y se desentendía un rato de la realidad.

    No le hallaba nada de malo, pero la sola palabra podía ser nociva, al parecer. Era una completa otaku. ¡Puros prejuicios insulsos! Mientras tanto la gente a su alrededor prefería ver la televisión, o gastar su tiempo en fiestas, y también su dinero. Podían gastar todos sus salarios en alcohol, y era lo normal, tenían amigos y la pasaban bien. Trabajaban como perros porque querían disfrutar, tener familias e hijos, y luego llegan las responsabilidades: había que criar, dar de comer, y llevar la descendencia por buen camino.

    En ese camino decidían que lo normal era el estudiar, pero como distracción podían irse de parranda con los amigotes. Cuando llegan a adultos, viene un gran momento en que la persona se transforma en alguien estudioso o en un vago fiestero, como los describía. Pero cualquiera de esos caminos era normal.

    O también era muy pero muy normal quedarse en la casa, criando hijos y viendo telenovelas, lavando y planchando. Barriendo e impidiendo que le pisaran lo recién fregado. ¡Claro, demasiado normal!



    Pues bien, no era normal entonces, era un bicho raro con el cerebro lavado por culturas orientales y que no puede encajar. Pero es que no quería hacerlo, y luego de la trigésimo octava pelea con su padre, había decidido dejar la vieja discusión de lado. ¿Acaso importaba lo que todos pensaran? No dejaría de ser una monstrua nerd y friki a ojos del público, y tampoco quería dejar su afición de lado. Y no porque se burlasen de ella sus pares, no tendría respeto.



    Era una mujer adulta, exitosa, y estaba comenzando su carrera. Ganaba dinero, y con su propio esfuerzo lograba pagar los últimos años de conservatorio, aliviando el gordo bolsillo de su familia. Pudo haber seguido bajo las cuotas de su padre, pero quiso pagarse el resto de su carrera con las rentas por presentaciones; ser más independiente. Aunque difícil, lo logró.

    De pronto todo su tiempo se gastó en ensayos, viajes, conocer gente y participar con ellos de obras. Era emprendedora, no le regalaban papeles, no le pusieron ayuda en audiciones. Así que finalmente llegó a tener algo de fama, ¿tal vez prestigio?, y pudo solventarse sola los gastos, mientras fueran cosas a nivel nacional. En ocasiones se le presentaba la oportunidad de salir de su país, pero no tenía dinero suficiente para hacerlo, y además no conocía otros idiomas. Sólo el castellano, aunque seguramente también podría desenvolverse mínimamente en japonés. Podía comprender algo de los diferentes alfabetos, y reconocer los símbolos básicos.




    Pero su padre le volvió a criticar. Todas las personas le tachaban de “friki”, de “anormal”, y eso no era buena imagen. Una nube de malas impresiones sobre su persona se podía formar, y acabar lloviéndole en plena cabeza, alimentada por sus propias respuestas frustradas y casi enojadas cuando se referían al tema.

    “Las operistas están envueltas en un ambiente muy sofisticado, tienen que destacar en el escenario, pero también deben tener un amplio currículo social”.

    Aquello le sentó muy mal, ¡odiaba el clasismo! Y lo peor, quizá su padre tuviera razón. Ya estaba figurando como “la contralto que gusta del anime”, a lo que contestaba “a mí el anime no me gusta tanto, prefiero el manga”. Cuando debía explicar la diferencia entre cada cosa, casi siempre acababan riendo, restándole importancia. Si se alteraba porque no respetaban sus gustos, oía cosas como que a nadie le puede agradar eso en verdad, o una vez Nina Ossandón le dijo que se dedicase a armar rompecabezas, pues era un hobby muy interesante, recreativo y que alimenta la inteligencia.

    Al menos la señora Ossandón sabía discernir entre lo que era un pasatiempo, y la verdadera pasión. Gustaba demasiado de cantar, y sus mangas y mundos de sorpresas eran para recrearse. ¡Así debían notarlo también las personas con mínimo dos dedos de frente! Había avanzado increíblemente en su profesión, no era una simple mujer mediocre con un interés demasiado alto en cosas triviales. Era una intérprete joven, con experiencia y desenvuelta. Conocimientos musicales sólidos, trayectoria en auditorios importantes en su patria, y una que otra vez alrededor de Europa. ¿Es que no podían dejarle en paz alguna buena vez?



    Al parecer no. Ciertamente, gastaba gran cantidad de dinero en mangas, coleccionar figuritas, incluso algunos encargos a distribuidoras orientales hacía, puesto que no todo lo que quería salía de esas tierras. Fue realmente desesperante cuando un día su padre entró a su habitación, estando de gira, y vendió todo, pero todo. Lo que no logró vender lo quemó. Cuando lloró, su padre le trató bastante mal, puesto que era blanda, puesto que se interesaba por tonterías para niños y puesto que no era respetable. Estaba teniendo éxito en óperas, ¿cómo era posible que se afligiese porque desaparecían unas tontas historietas japonesas?

    Cuando eso pasó, lo supo. ¡Tenía 23 años y recursos propios!, ¿por qué no se iba ya del nido? Así tendría su espacio privado, privado de verdad y nadie podría prohibirle ni decirle nada. Su padre era demasiado conservador, y aunque su madre era más comprensiva, pensaba lo mismo en menor medida. Es más, “¡con lo exitosa que eres y todavía no tienes novio!”, “por favor, que mis nietos no lean cuentitos chinos”, “ya debieras casarte con Velásquez, será un gran violinista”… pero Alberto Velásquez no le gustaba, además sabía que en cuanto terminase su carrera, trataría de volver a su país para dirigir orquestas, ese era su sueño, no el violín. Habían entablado una buena amistad, aunque a su lado se sentía incómoda, pues le había ocultado en la medida de lo posible su afición por los mangas, y las “tonteritas chinas”.

    ¡Qué rabia más grande! Se descubrió escondiendo una parte importante de sí, para encajar y tener una relación personal normal. ¡Estaba teniendo efecto la presión que todos le ponían encima! Por eso debía irse de casa, y además ya estaba en el último semestre de su carrera de canto lírico. Dejaría de ver por fin a tanto pretencioso, y sería dejada en paz para desarrollarse codeándose con verdaderos talentosos, con profesionales que dejaban a parte lo laboral y lo personal.



    Sería un cambio para mejor, aunque una cosa curiosa se coló en sus actos un poco antes.
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    PD: el editor de FFL no tiene la opción de justificar el texto :confused: eso es indispensable. O si se puede hacer por HTML, que alguien por favor me diga las etiquetas, y las coloco a mano.
     
    Última edición: 6 Julio 2015
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    Hola! como dije, aquí me tienes.

    Primero que nada, déjame definir algunas cosas...

    No creo que las verdaderas palabras para una persona que no es normal sean "otaku" y "friki", no para una historia en la época actual. Hoy en día, las personas que ven anime son una cantidad increíble, belive me. Están por todos lados, no sólo en internet. Estar interesado en la cultura japonesa ya no es sinónimo de rareza, es uno de los intereses más comunes de los jóvenes en la actualidad. Vete una década atrás, 0 dos, o 3 y la historia queda bien. Hoy en día, todo lo que antes era de "fenómenos", está tan de moda que hablan de ello hasta en los programas de PM Canal 5 (televisión abierta mexicana). Conozco a una chica de una familia súper conservadora a la que la dejaron hacer sus invitaciones para la fiesta de XV con el estampado de Shigeki no Kyojin y bailar en el vals una canción en japonés... incluso los que no se consideran fans ni nada han visto Death Note y hasta Bleach, One Piece o Naruto... o hasta escuchan Vocaloid.

    Uhm, tengo entendido que son dos, katakana y hiragana. El tercero son signos, no alfabeto. Es el kanji y está basado en los signos chinos, y cualquiera que maneje el kanji a fuerzas sabe japonés, a un nivel muy avanzado. Ni siquiera los japoneses pueden leer algunos signos...

    Alguien que dibuja tipo manga en cualquier lugar menos Japón, está haciendo un cómic. Manga sólo el de Japón, cualquier diccionario te lo define como "Cómic de origen japonés", para ser un mangaka, a fuerzas tienes que ser japonés.


    Ahora, sobre cosas más técnicas, me parece que... no estás planteando bien la situación .-. ni el contexto. ¿La chica por qué está con esa niña?, ¿qué es lo que le va a "enseñar"?, ¿eso que nos cuentas de su vida es lo que le está contando a la niña o es lo que le va a contar? ¿Si es algo que se lo va a contar por qué no lo explicaste con los diálogos en cuestión? ¿Si sólo es una introducción del personaje, entonces como por qué lo de la niña sin ninguna explicación? está como en el aire. No quedan claras las cosas :v


    Pero bueno, espero que todo se aclare y la trama se defina mejor en el siguiente capítulo
     
    Última edición: 3 Mayo 2015
  3. Threadmarks: 02 Un helado en deuda
     
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    ¡Hola! Condesce, ya te he mandado un mensaje, pero me quedó pendiente lo de las "cosas técnicas". Es que simplemente no veo el problema. Precisamente la chica está reunida con la niña, para explicar cómo es que llegaron a ese sofá. Como autora, esa fue la "excusa" para comenzar el relato, pues sin la niña, es imposible el dejar claro que la narración está en primera persona y a la vez en pasado.
    La importancia de esta niña sólo se descubre más adelante.


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    Un helado en deuda


    El manga que le tenía ocupada gozaba de muy buen éxito, incluso en su país. Trataba de las aventuras de un joven con fuerza sobrehumana, el cual montado en una nube y con ayuda de un bastón mágico que se extiende, sortea dificultades mientras emprende una inusual búsqueda. Aparecen enemigos cada vez más fuertes y astutos; el villano actual, quien amenazó a todo el planeta y suplantó al rey del mundo, fue derrotado, y el héroe de la historia debe reparar el daño que causó. Decide pedirle ayuda a una gran autoridad, un felino blanco, pero éste le dice que no puede hacer nada y que debe ir a hablar, nada más y nada menos, que con Dios.

    El templo sagrado donde habita queda en lo alto de los cielos, y sólo aquellos con permiso pueden visitarlo. Para eso también hacía falta una herramienta vital, ¡era el mismo báculo mágico el que se podía alagar hasta el cielo, y llegar al templo! ¡Qué buen modo de conectar toda la trama!

    Por fortuna podía seguir leyendo, puesto que esa historia al ser popular y empezar a trasmitirse en televisión, estaba al alcance. Había otros mangas mucho más exclusivos que simplemente tendría que encargar a Japón, y leerlos en el idioma original. Debería aprender si quería mantener su afición, decidió, pero no sería pronto.



    Menos mal que parte de lo vendido llegó a manos de cierto individuo. Siempre se acostumbró a hacer un pequeño garabato en alguna hoja al azar, en cada manga suyo. No era por echarlos a perder, simplemente no pretendía vender nada, y no era una coleccionista acérrima, como otros que no pueden si quiera abrir envoltorios. Poniendo una pequeña firma en algún lugar le daba identidad a cada tomo, y además bajaba su valor, con lo que se impedía a sí misma venderlos a futuro.

    Supo que las ofertas de su padre sobre varias de sus cosas tuvieron reclamos, e incluso devoluciones por aquellas marquitas. Pero alguien no se había quejado, una persona le telefoneó y preguntó si ciertas revistas que compró le pertenecían. Había reconocido su autógrafo.

    En cuanto el hombre le mencionó “autógrafo”, se sonrió para sus adentros. ¿Cómo saber si aquellos que fueron sus mangas y figuritas, en realidad no subían de precio en el futuro? Junto al sujeto acordaron encontrarse, pese a su recelo en un primer momento. El hecho es que dicha persona consiguió su número de celular de algún modo, y eso era raro, pues había comprado tal artefacto hacía poco, y como era una marginada no mucha gente lo tenía.



    Decidió calmarse, puesto que si le reconocieron por su autógrafo, debía ser alguien próximo al entorno en que estaba envuelta, quizá algún músico con un hijo de gustos poco comunes. No estuvo tan equivocada, pues el joven estaba al tanto del medioambiente artístico aún sin estar envuelto en éste.

    El sujeto le entregó los tomos al mismo precio que los compró, puesto que de hecho el devolverlos fue sólo una excusa para una cita; estuvo retrasando el momento en que ambos debían reunirse. Con un sobreactuado acento mexicano y un sinfín de modismos propios de aquel lugar, el hombre explicó que conocía a la señora Ossandón, pese a que ella no a él, y que a través de la soprano fue que consiguió su teléfono. Aprovechó de describirse como un bajo, es decir, alguien con una tesitura entre las más abisales de los hombres. Tenía una voz cavernosa, y un modo grueso de hablar que no dejaba espacio a dudas. Es raro encontrar personas así, aunque no tanto como hallar mujeres con voces como la suya.



    La rara voz que poseía era el motivo por el que le buscó; el hombre tenía curiosidad de explorar en sus cualidades, pues le había oído en vivo y la consideraba excelente. Sólo porque le causó simpatía accedió a sus experimentos, y en el proceso éste no pudo dejar de asombrarse. Manejaba una voz de timbre oscuro a buen volumen, sin sonar airosa, y era capaz de llegar a las notas más bajas sin perder fuerza. Incluso tenía muy buena coloratura en todo su registro, eso significaba que era capaz de subir y bajar a través de éste rápidamente, con gran agilidad. Casi al nivel de una soprano, quienes tienen mayor facilidad para ello.

    El sujeto le pidió que no fingiese más su voz. ¿Cómo lo había descubierto? Efectivamente lo hacía, para no sumar burlas a su haber. ¡Quién diría que en un conservatorio, lugar donde se exploran las capacidades de las personas, se juzgue tan estúpidamente! No podía hablar con su timbre normal, porque decían que sonaba como hombre, y las risas se incrementaban. Al menos, al cantar la gente se sorprendía de ello, eran más abiertos de mente. Pero en la voz hablada, ¡ni pensarlo, a la hoguera!



    Bajo una sonrisa del tipo, fue invitada a tomar helado por ahí cerca. Trataba de acercarse demasiado en corto tiempo, ¿no? O quizá como nunca había llevado un novio formal a casa, estaba alejada de la mecánica de las relaciones, y no podía comer con alguien apuesto sin que se le viniesen ideas a la cabeza. Se negó, puesto que acababa de someterse al experimento, y sus cuerdas vocales estaban calientes. Tomar algo frío sería mala idea.

    Lo dejaron para otro día. Dejó las cosas fluir, puesto que el joven tenía su número… pero jamás llamó. Pasaron los meses, e incluso se olvidó de su nombre. Cada vez que leía esos tomos que le devolvió, se acordaba de la pequeña reunión que tuvieron, y sobre el helado que tenían pendiente. ¿De qué sabor preferiría, frambuesa o chocolate? ¿Con espolvoreado? Finalmente tuvo que acercarse a la señora Ossandón, y tras un nuevo debate acerca de rompecabezas por sobre mangas japoneses, le preguntó si acaso conocía a aquel joven de voz tan especial. Como se lo esperó, dijo que no.



    La señora Nina Ossandón era una reputada soprano que estaba inmersa dentro de las 4 décadas de edad. Tenía envidiable experiencia en auditorios en todo el planeta, y un modo de cantar muy resuelto, con mucha riqueza de matices. Ella no hacía clases en el conservatorio, pero tenía relaciones laborales con varios de los profesores, así que no era raro verle por allí. En ocasiones le secundaba una estudiante suya de trece años, una tal Vilma. Era una joven de voz bastante apagada, y aunque nunca le había oído cantar, supo que algo vio la soprano en ella como para tenerla a su tutela. Seguramente podría compararse con los estudiantes de su conservatorio, sin ningún problema.

    Fue quien dio su número al joven mexicano. La muchacha era muy respetuosa, notó, así que era contradictorio el que pasara su teléfono a aquel joven, pues era privado. Vilma contestó que éste era una personalidad reputada y que confiaba en él y sus decisiones, por eso averiguó su teléfono. A pesar de ser un sujeto bastante informal, sabía lo que hacía, y si requirió hablarle fue por algo importante.



    ¡Se trataba del maestro Kitrinos! Como eso no le dio noción alguna, la muchacha debió hablarle en extenso sobre toda la historia alrededor de él, y el resto de maestros. Era el prólogo de su aventura llena de curiosidades y sorpresas.
     
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    Para empezar, esto está en tercera persona :v la primera persona es cuando el personaje principal habla por sí mismo "Yo salí hoy al parque", tercera persona es cuando dices "Ella salió hoy al parque"

    Una cosa es un evento con el que comienzas la historia, y otra es que no tenga ni el más mínimo contexto. Contexto, ¿dónde está el contexto?

    Uno abre un libro, y en el primer capítulo, el protagonista o el narrador, comienzan a narrarte desde un punto de la vida de este personaje, te puede hablar de sus vecinos, o de sus padres, contarte anécdotas, lo que sea. Pero no se va a poner a narrarte su vida como si fuese una biografía desde el capítulo uno. Tampoco te va a describir su apariencia. Cosas de ese tipo se tienen que ir detallando y diciendo a lo largo de la historia.

    Otra forma puede puede ser empezar narrando un suceso, un suceso importante.

    Te voy a poner un ejemplo: en 20, 000 Leguas de Viaje Submarino de Julio Verne, la historia se empieza contándonos que el mundo entero está perdiendo la cabeza por un extraño objeto gigantesco irreconocible que surgió de la nada en el mar. Todos los periódicos hablan sobre el tema, y todas las potencias mundiales hacen sus investigaciones. Entonces te presentan al personaje principal: El Profesor Annorax, a quien le hacen una entrevista al respecto, ya que es famoso por haber publicado muchos volúmenes clasificando animales marinos.

    Es una manera casual, con contexto, y original de presentar un protagonista.

    Y de cualquier manera, aunque empezaras contando toda la historia del personaje —cosa que nadie hace, por ejemplo, ¿has leído Ana Frank? empieza contándote lo que le regalaron en navidad—, eso no cambia el hecho de que está inconexo. No tiene nada que ver la conversación con la niña, con la historia de vida del personaje principal.

    Entiendo que lo que querías era dar una explicación del personaje, pero ese es un recurso pobre. Porque uno puede plantear y mostrar al personaje perfectamente sin necesidad de que nos narre quién es, dónde está y cómo llego hasta ahí.

    En cuanto al capítulo en cuestión, me queda claro que no es la época actual, porque esa del principio es claramente la descripción de Dragon Ball. De lo que yo no estoy tan segura, es de que en la época en la que Dragon Ball estaba en emisión, más específicamente, la parte de la primera temporada, existía toda esa subcultura Akiba a la que haces referencia.

    Mira, los capítulos, tienen que cerrarse de alguna forma, aunque el final sea suspense para incitar al lector a pasar la hoja y leer el capítulo siguiente; cada capítulo tiene que tener una razón de ser, y contarnos sólo lo necesario para la historia. En en un capítulo uno no se pone a escribir y a escribir cosas que no llegan a ningún punto en particular —aunque en este si nos contaste una historia con un desenlace, en el anterior no —. Mucho menos escribe un capítulo que no tiene nada que ver con el anterior. En este capítulo empezaste con la chica leyendo un manga. Mmm ajá, esto es... ¿antes, después, de la conversación con la niña? de nuevo, falta el contexto. Si lo que quieres es hacer una historia sin orden temporal, esas de "Ahora esto esta pasando, pero, ¿cómo llegamos aquí?", o algo en lo que saltas de un tiempo a otro y al final tienes que conectar hechos, al estilo Baccano!! te digo desde ahora que tienes que ser en serio buena.

    Otra cosa que noto es que metes muchos blancos, y la mayoría no van.

    Los errores no son técnicos, porque en cuanto a coherencia de frases y ortografía debo otorgarte un cumplido. Los cosas son de ESTRUCTURA. Una de las cosas más importantes a la hora de escribir una novela, es la estructura.


    Bueno, bye~
     
  5.  
    LhaurgigSesnas

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    Me resulta interesante esto que mencionas :p. Es el origen de tu objeción ante la estructura del relato. Lo pondré en un spoiler gigante xD.

    No tienes suficientes elementos para determinar si los sucesos son en tercera, o en primera persona. Tienes referencias ambiguas sobre ambas, y son éstas las que te molestan al leer.

    Absolutamente en primera:
    Buscamos el sofá más agradable de esa casa, y le entretuve con historias fantásticas. Todas eran muy reales, pero intenté darle algún toque de magia al relato. Eso era mejor que no decir nada, y quedarme esperando a que las cosas ya no dieran más, para entonces hablar.
    El poder hablar de mi vida me diferencia de algunos personajes curiosos.

    Absolutamente en tercera:
    Buscaron el sofá más agradable de esa casa, y ella le entretuvo con historias fantásticas. Todas eran muy reales, pero la mujer intentaría darle algún toque de magia al relato. Eso era mejor que no decir nada, quedarse esperando a que las cosas ya no dieran más, y entonces hablar.
    El poder hablar de su vida le diferenciaba de los otros personajes curiosos.

    Toma cualquier frase de los dos capítulos, y te toparás con que jamás se usa un "ella" o un "yo". La estructura de las acciones y/o reflexiones del narrador son siempre en esta forma, y tienes datos vagos para definir al narrador.

    Hasta el momento las únicas referecias hacia el personaje (1ra o 3ra persona), son de este estilo:
    -Era una completa otaku
    -Era una contralto exitosa

    Con todo el texto en pasado, no puedes decidir si un narrador describe al personaje, o si es el personaje quien se describe como era antes. Podría ya no ser una contralto exitosa, ni una otaku, o querer disociarse.

    Para definir una narradora en primera persona, puedes tomar esto:
    "Buscaron un sofá y le entretuvo con historias". ¿Quién le entretuvo, el narrador externo, yo Lhaurgigsesnas como escritora, o la protagonista?

    "Debía ir hacia atrás. No sabía cómo empezar, pero...". ¿Es el narrador quién debe ir hacia atrás, o soy yo como la escritora quien tuvo que ir hacia atrás? Es más bien la protagonista, pues necesita rememorar.

    Por otro lado, los buscaron por buscamos, los fueron por fuimos, o que nunca haya una directa referencia al personaje, te dan otra idea completamente contraria. Y eso me resulta muy bello :p porque es a propósito, más adelante lo verás.


    Y sobre el "contexto" o la continuidad de los capítulos...
    Primero hay una frase introductoria en tercera persona (aparentemente). Ese narrador (ya sea externo o protagonista) establece que contará un relato a una niña. Intercambian palabras, y el personaje piensa que la niña está "tomando un inquietante rumbo". Por ello, decide aplicar su historia a modo de enseñanza, a ver si logra humanizarle con éste. Ese es el contexto. De hecho, esa situación con la niña establece que el narrador es en 1ra persona, y también la historia es en el pasado (la protagonista cuenta la historia a la niña, no al lector). Por tanto, no habría atemporalidad en el comienzo del 2do capítulo.
    Tal vez no haya quedado claro, pero es por tener que leer los capítulos por separado; precisamente en el tercer capítulo se vuelve a recalcar que esto es una historia contada a la niña, todo lo es.


    Sobre la continuidad de un capítulo respecto al siguiente, los cambios de capítulo son "puntos aparte gigantes" y puedo seguir la idea anterior o no, tengo todo el capítulo para saciar el cliffhanger.
    Respecto a "contexto", la narradora comenta que estaba leyendo un manga que aún podía, puesto que la mayoría lo vendió su padre. Gracias a eso se relata la situación por la que conoce a Kitrinos.

    Así que el párrafo de dragonball tiene significado propio; necesitaba hacer saber que esa no es la época actual. Sin ese párrafo, no sabrías en que década ocurre lo que cuento, ¿y dices que no tiene ningún punto en particular?

    Por otro lado, describir en un párrafo a Ossandón, por ejemplo, sí tiene punto, y no son cosas al azar. En ese momento, necesito describirla y darle "peso" como personaje, antes de emplearle. El capítulo es un fragmento de un todo, y debe contribuir al total. No veo que esto se salte la coherencia interna del capítulo, la historia prosigue y se está mejor informado de un personaje que tendrá algo de influencia.


    ¿Puedes decirme qué puntos ves en el primer capítulo, que no parezcan venir a cuento? Aparte de la niña pelirroja, claro.

    Muchas gracias por escribir tus puntos de vista, es interesante encontrar gente que piense tan distinto a una. Ojalá me contestes ^^ saludos.
     
  6.  
    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido

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    Pues a mí me parece muy interesante la historia, aunque para ser honestos la manera en que está escrita (inusual, más no mal, puesto por mi parte no había leído algo semejante) hace que pierda los hilos por unos segundos así que tengo que volver a leer para poder comprenderlo mejor.

    No obstante, como lo mencione anteriormente, me parece muy interesante y sí, está llena con misterio y te hacer preguntas a las que quieres respuestas y por ello te dan más ganas de leer.

    Por ahora la protagonista conoció a Kitrinos y ya quiero saber esas sorpresas. Por ahora me despido.
     
  7.  
    The unknown user

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    las criticas fueron brutales...uhhhh... :o
     
  8.  
    The Condesce

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    ¿Sabes qué es un sujeto morfológico?

    Es cuando el sujeto no es mencionado en una oración, pero se puede saber el pronombre por la forma en la que se conjuga el verbo.


    En la pasada cita, vemos que la frase está en tercera persona, porque no queda un "yo"... "Ella no estuvo tan equivocada". Si pusiéramos "Yo no estuvo tan equivocada". ESTÁ MAL.

    "La voz rara que ella poseía era el motivo por el que le buscó"
    Pero no "La voz rara que yo poseía ere el motivo por el que le buscó"

    Lo mismo con todos estos ejemplos:

    "El sujeto le pidió a ella"

    "Ella decidió calmarse"

    "Ella era una mejor adulta, exitosa, y estaba comenzando su carrera"

    "Ella ganaba dinero, y con su propio esfuerzo"

    "Ella se descubrió escondiendo una parte importante de sí"

    Tú lo que confundes es la persona, con el punto de vista. Estás narrando con el punto de vista de la protagonista, pero no en primera persona.


    Permíteme, pero ese detalle ya te lo había mencionado en el primer comentario. Si esta es una historia contada a la niña, no deja de estar mal planteado, porque en vez de ponerlo como un diálogo, que sería lo correcto cuando un personaje cuenta una historia, aparece como una narración y ya... de modo que es IMPOSIBLE que se lo esté contando a la niña, porque en ningún momento marcaste que la protagonista abre la boca para decirle su historia.

    En esta parte notamos, que directo después de decir que debía contarle desde atrás, te pones TÚ a narrar, NO LA PROTAGONISTA, NO A LA NIÑA. Tú, te pones a narrar la vida de este personaje, a los lectores.

    ¿Ves? narración. Ningún personaje contándole algo a otro. Y no me vengas con que "ya luego lo veré cuando avance la historia", es simplemente un mal planteamiento.

    Leíste lo que escribí? dije que lo de Dragon Ball dejaba en claro la época, en ninguna de mis líneas escribí que sobrara.

    En el primer capítulo? uhm... el hecho de que en ningún jodido primer capítulo se ponen a narrar la vida del personaje principal...........................................
     
  9.  
    LhaurgigSesnas

    LhaurgigSesnas Entusiasta

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    Eso es cosa tuya. Tú no quieres que las historias presenten la vida del personaje desde el principio, porque te parece que no se debe enfocar así una historia. Pero tengo libertad incluso de describir al personaje, si así yo quisiera.
    Si todo atiende a motivos, tiene sentido. Si yo diera características físicas al comienzo, sí, se vería algo raro, a menos que se justifique. El personaje (de narrar en 1ra persona) podría ser ególatra, o ser una súper modelo, y tú en el primer capítulo no sabrás esos motivos, te tienes que conformar con la descripción.

    Si fuera un texto en 3ra persona, es el narrador quien debe tener un motivo ímplicito para contarte la apariencia tan rápido. Tal vez el personaje sufra pronto un accidente y quede desfigurado, o es sólo la ilusión perceptiva del protagonista (porque está loco de narcisimo, o lo que sea), o es un personaje de videojuego en realidad, y luego se nos revelará (y con ello a la real persona detrás).

    El escritor tiene derecho a comenzar su historia como él quiera. En mi caso, el protagonista es absoluto, no hay más punto de vista que los de ella/o el narrador. Para que comiencen a sucederle cosas, necesitas establecer primero que el protagonista es:

    -mujer
    -otaku
    -marginada
    -contralto que estudia en un conservatorio
    -se cree muy buena /o lo es
    -tiene problemas con sus padres.

    O bien podría describirla de a poco mediante la problemática lo requiera, pero es que yo tengo libertad de decidirlo.

    Es curioso que justo toque hablar de dragonball. Es un manga, no un libro, pero... es que el narrador te muestra la descripción del personaje primero que nada, antes de que aparezca ningún otro (los tigres o peces, ¿cuentan como personajes, o son mediambiente?).

    -niño
    -tiene mucha fuerza y le gusta usarla
    -vive solo y/o es ermitaño
    -cuida un objeto esférico raro

    Con aquellos datos básicos, una vez configurado lo esencial del personaje, comienza la historia y se dan mayores detalles de a poco. ¿Eso está mal?, ¿y si hubiera desarrollado acción en vez de descripción?

    La protagonista fue al conservatorio a participar de un obra, canta y todos quedan sorprendidos de su oscura voz. Sin embargo, a pesar de su talento, hubo quienes se rieron de ella, y el motivo es uno: es una otaku. Precisamente, sus padres alabaron su canto pero se pusieron de parte de sus malintencionados compañeros. ¡Ella jamás podría olvidarse del día en que su padre vendió sus mangas...

    ES LO MISMO. Te estoy describiendo el personaje, de forma menos directa, pero ninguna de aquellas acciones hubiese influido en el resto de la historia, sólo estaban ahí para definir al personaje.

    Esto es sólo una preferencia estilística; no es un error porque nunca lo hayas visto antes.

    No.
    Tú desde un comienzo sabes que hay un narrador (en 1ra o en 3ra, da igual), que explica que comenzará una historia. Una narración contada a cualquier persona no necesariamente debe estar en diálogos, y que no lo esté, no significa que el relato esté desconectado del antecedente previo de la niña y el sofá.

    -"El personaje" debía empezar, "el personaje" debía ir hacia atrás, pues era mucho que contar y no disponía de gran tiempo.
    -"La escritora" debía empezar, "la escritora" debía ir hacia atrás, pues era mucho que contar y no disponía de gran tiempo.
    -"El narrador" debía empezar, "el narrador" debía ir hacia atrás, pues era mucho que contar y no disponía de gran tiempo.
    -"Yo" debía empezar, "yo" debía ir hacia atrás, pues era mucho que contar y no disponía de gran tiempo (aunque esto no sería pasado).
    -"Ella" debía empezar, "ella" debía ir hacia atrás, pues era mucho que contar y no disponía de gran tiempo.

    Esa es la conexión , y se salta las figuras literarias que argumentas, sin embargo, es INNEGABLE que existe una entidad narrativa que relata una historia a la niña del principio. Y tú no sabes si la niña lo está escuchando tal cual, o la narración es una interpretación del diálogo entre ambos personajes.
    ¿Por qué asumes que por ibligación, debe ser el relato hacia ella en forma de diálogo? Nuevamente considerar un error, simples diferencias estilísticas.

    En el siguiente episodio, la niña romperá brevemente la narración, ¿qué significará eso para ti?



    Sí.
    O tal vez.
    O no. Como ya mencioné, la ambiguedad es a propósito. Habrá momentos en que la niña se hastíe y rompa la cuarta pared de aquella narración (mas no la suya propia), para criticar lo mismo que tú y otras cosas más, aunque a grandes rasgos. Eso pasará, y pueden ocurrirte 2 cosas:

    1 - termines estableciendo a la fuerza que toda la historia es una narración a la niña. Esto es bueno, el lector tarde o temprano dejará de leer sin "rumbo".
    2 - cumplas (1) y pienses que los mismos errores de estructura se repiten, puesto que si se le está narrando, tiene que ser por obligación sacrosanta en forma de diálogo. Además, la estructura narrativa misma no te lo aclara nunca. La comprensión propia de un problema queda fuera , si no está redactado de forma totalmente convencional, no hay discernimiento del contexto.


    Lo que sí, que los puntos a parte y saltos de párrafo los utilizo mal y como quiero, es verdad xD tengo un problema ahí.
    Gracias por contestar, este debate es interesante, y ojalá sirva a más gente también.
     
  10.  
    Marina

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    No me gustan los debates, la verdad. Para mi que esta es una historia con un propósito, ya se dijo en el primer capítulo: enseñarle una lección a esa niña. Cómo la historia esté redactada, mientras la ortografía sea buena, que lo es, realmente a mí no me interesa. Yo lo tomo como que está en tercera persona, (porque la conjugación de los verbos me dice el pronombre) y que es la protagonista la que está contando, así lo entendí desde el momento en que se sienta con esa niña.

    Algo así como:

    Protagonista: Mira, niña, voy a contarte una historia... Había una vez una joven, y esa joven era yo...

    bla, bla, bla... era una otaku, su padre vendió todos sus mangas y los que no, los tiró a la basura, pero tuvo la fortuna de que encontró por ahi, entre algunas prendas, el manga de Dragon Ball y su lectura le entretuvo mucho, robándole todo el tiempo que tenía disponible, entonces, gracias a que su padre le había vendido todos sus artículos, conoció a un tipo misterioso, uno que le ofreció comer helado, pero como estaba frágil de su garganta, pospuso la invitación, pero ese sujeto, aunque le pidió su número de teléfono, no le llamó y quería saber quién era, por lo que le preguntó a alguien.

    Es ella narrando, ¿cierto?
     
  11.  
    The Condesce

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    Ajá... ¿primeramente... por qué tienes que explicar todo eso? si fueran cosas bien planteadas no necesitarías dar explicaciones :v

    El problema acá es que no hay algo que esté "incorrecto", o "mal", pero tampoco es una cuestión de que lo planteaste "diferente" a como se suele empezar una historia; es muy ambiguo poder determinar que es lo que no me convence.

    Ya no quiero seguir discutiendo al respecto, seguiré leyendo a ver cómo se desarrolla y si lo considero necesario te diré algunas cosas, reafirmaré mi punto si es que sigo notando toda esta falta de estilo (llamémoslo así), o me disculparé, si es que presentas una estructura digna :v
     
  12. Threadmarks: 03 Los maestros trascendidos
     
    LhaurgigSesnas

    LhaurgigSesnas Entusiasta

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    ¿Pero por qué? :( Esto del debate a mí me pareció interesante, siempre es bueno atender a otros puntos de vista.
    --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

    Los maestros trascendidos


    —¡Me vas a contar una historia dentro de otra! —se espantó la niña de cabello rojo.

    —Es necesario, todo cobra forma a partir de ahí.

    En épocas anteriores, durante el apogeo de las grandes óperas y compositores, cuando surgían los diversos estilos y se definía la formación de las orquestas, hubo un grupo de aristócratas renombrados en muchos círculos. Ellos en un alarde vanidad decidieron que eran los más cultos y apropiados, para decidir quiénes eran los principales maestros mundiales de su generación. Los más diestros, los más hábiles en sus instrumentos musicales, pues no necesariamente lo son los más conocidos.

    Como la música es un arte lleno de expresiones, cada maestro debía recoger una serie de características, aparte de su talento, para figurar como todo un prócer a ojos de dicha sociedad. Se estableció que las facetas del carácter de cada individuo eran reflejadas cuando obraba, entonces debían tener un abanico de gente diversa tanto en su pericia con el instrumento, como en su conducta, objetivos y metas. Así fue como surgieron los maestros de cada color, el rojo y el naranjo, amarillo y verde, azul y violeta. Dentro del mundo del canto lírico, el maestro de color verde, idealmente una mujer, debía ser una persona sumamente interesada y respetuosa de la naturaleza, de los animales, y así debía demostrarlo en su vida y en su obra. El color rojo representa la pasión y la fuerza, la ira inclusive, vitalidad y amor; en tanto el color azul es un matiz más pasivo, la tonalidad del cielo y el mar, inspirando estabilidad de emociones, temple y seguridad.



    El abanico de personalidades no es tan estrecho, pero según pasaron las generaciones, los estereotipos se marcaron cada vez más, reforzándose. Se hizo necesario un maestro blanco y otro de color negro. El blanco representó la completa bondad de actos, la entrega hacia los demás, la pureza de espíritu, la castidad y la fe. El color negro… era un caso complicado.

    Según las épocas avanzaban, surgió el maestro de color marrón, y por último la maestra de color rosa, destacada por su feminidad, sensualidad y pasión. El erotismo y lo provocativo. Ciertamente un matiz de personalidad que en tiempos donde todo surgió, hubiera sido inaceptable, controversial y un real desacierto. Pero los pueblos cambian y las costumbres se adaptan.



    Ante la natural incredulidad que mostró, Vilma hizo hincapié en que Kitrinos no era un maestro mundial así como la señora Ossandón, o muchos cantantes líricos alrededor del planeta. ¡Por su título destacaba por entre los grandes de todos los tiempos! Eso le fue por completo imposible de aceptar, aún sin haberlo escuchado, puesto que juzgar quién es un gran prócer del canto se basa en opiniones subjetivas. En gustos no hay nada escrito, lo sabía como nadie, y si un grupo de empresarios anónimos decía del joven que era un trascendido por entre los liristas, otra gente podía opinar lo contrario.

    En todo caso, según Kitrinos había explicado a Vilma, esa afirmación tenía algo de peso, pues desde un principio los maestros cantores decidían entre ellos a los mejores alrededor del mundo, sean o no afamados. Era diferente al decidir para algún instrumento clásico, en donde los benefactores deciden según sus criterios, siempre dudosos. El motivo de eso era sencillo: los benefactores de la primera generación contaban con un castrati entre sus filas, quien convenció al resto de dejarle juzgar sobre su campo artístico. En efecto, se eligió él mismo como el primer maestro amarillo, y designó a todos los demás.

    Fue italiano, pero su emblema resultó el de Kitrinos y no Giallo, puesto que alguna manía tenía el hombre con la cultura griega; y aunque a través de las generaciones el título se ha pronunciado mal, y escrito peor, en la época actual así es nombrado. Todos los demás maestros son distinguidos por el color en el idioma nativo de su primer exponente.



    Dejaron de conversar al respecto, puesto que encontró todo eso bastante ridículo. Así lo describió, dado que si era verdad, ¿cómo a lo largo de los siglos nadie se había enterado? Sólo se lo contaba Vilma, una adolescente a quien conocía muy poco, aunque ciertamente no vio razón para mentirle. Pero, ¿por qué profesionales como los que veía a diario, sus profesores, o el mismo supuesto Kitrinos, no habían dicho nada? Porque o no sabían, o era mentira. Vilma mencionó que los trascendidos ocultan la existencia de aquella sociedad, y que para entonces cada uno iba por su propia senda, sin pararse a convivir con el resto, así que de sociedad quedaba casi la nada.

    Puesto que había leído multitud de historias extraordinarias, sabía que ese tipo de cosas no se pueden ocultar para siempre. A su vez, supuso que debía ser más abierta de mente, pues disfrutaba cada día de las más locas aventuras, y no perdía nada comunicándose con Kitrinos, aquel joven que entonces debía ser un bajo fenomenal. Además, tenía esa invitación pendiente. ¿Qué sabor de helado gustaría?



    Vilma le dio la dirección donde seguramente lo hallaría. Pareció más culpable de revelársela, que de darle a Kitrinos su teléfono celular. Decidió que luego de su día de conservatorio, iría al sitio.

    Tenía que usar la locomoción pública, dado que había puesto el pagarse la carrera, y comprar tantas “tonterías chinas”, antes que una motocicleta, que era lo que resolvería su transporte. Seguramente una scooter no vendría mal para empezar, y ya con más práctica a cuestas algo superior.

    En el camino se preguntó por qué el hombre le buscó, y también a la joven Vilma. ¿De qué le sirvieron los experimentos? Sólo comprobó su amplitud tonal, haciendo énfasis en descubrir qué tan grave era capaz de llegar. El sujeto se había sorprendido, pero no al punto en que eso no le pareciera lo normal, para una contralto tan profunda.



    Al llegar al sitio, comprobó que el hombre tenía bastante dinero, ¡incluso contaba con un gimnasio en casa! Era el motivo de que su físico estuviese tan bien formado, aunque era curioso, pues era alguien de contextura delgada y con músculos. Sin embargo, aquella sólo era la parte visible de su hogar. Había más cosas que le hicieron alucinar, de las cuales poca idea tenía.

    Debía responderse la pregunta antes de tranquilizarse por completo. ¿Por qué Kitrinos le había buscado?
    --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
    PD: tengo miedo de lo que Condesce me diga sobre el vínculo entre el final del capítulo anterior, y el comienzo de este :eek:
     
    Última edición: 6 Julio 2015
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  13.  
    Marina

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    Oh, wow, me ha parecido muy interesante esto de como los maestros de cada color fueron surgiendo y lo que significa cada color. No sé mucho de ópera, de canto o de tocar algún instrumento, pero me encanta la música en sus variadas formas, inclinándome por la clásica y sé complacerme en las grandes voces.

    Ahora bien, comprendo que quien dio la información, fue Vilma, aunque la protagonista se mostró incrédula, pero despertando más su interés por Katrinos, cuyo título muestra que es uno de los grandes, aunque no sea un maestro mundial como otros líricos, así que ese interés la hizo ir a su casa... y ¡vaya casa la suya! Está ahora por verse qué sucederá ahí y por mi parte, espero más interrupciones de esa niña.

    Saludos xD
     
  14.  
    The Condesce

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    Uh, un diálogo tal vez no, pero, de cualquier forma sí algo como "Y entonces comenzó a contarle la siguiente historia...". Con las palabras que se te de la gana, pero ciertamente esto:
    No marca en ningún momento que empezó a contar algo, dice "No sabía cómo empezar", y tú, laa narradoraaa te pones a contar sobre ello, en ningún momento marcaste que estaba contando una histoooooriaaaaa.

    Ok, no podía callarme eso Dx


    Whatever :v todo está tan fuera de lugar... why the hell la niña tiene que saber la historia? Dx I demand an explanation. Dices que es para "cambiar su opinión" que es malaa, y para "redimirla contándole los acontecimientos de su vida", o algo así... ¿por qué su meta es cambiar a las personas? ¿Es realmente necesario? No. No puedes cambiar a las personas, quererlo hacer es.. absurdo! cuál es el punto de querer cambiar a la niña? ¿Es porque va a convivir mucho tiempo con ella, que tiene que cambiar su mala forma de ver el mundo? la verdad la niña me cayó bien xD ¿por qué tiene que cambiar? ¿Por qué la protagonista cree que es "necesario"? ¿No tendría que cambiar ella? ¿Por qué asume que ser como es la niña está mal?


    Repeticiones -w- no repitas palabras...

     
  15.  
    LhaurgigSesnas

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    No sabes xD, no sabes por qué la niña tiene que saber la historia, ni por qué la protagonista piensa que hay que cambiarla. Se te da una situación y un planteamiento, no tienes más información que esa.

    Y sobre la frase famosa:

    "No sabía cómo empezar". ¿Empezar a qué, a atarse los cordones, a pisar hormigas? No sabes quién va a empezar qué, pero no es impediento para que ese algo empiece,
    "pues era mucho que contar". ¿Contar qué, contar ovejas, contar las hojas de un trébol?

    La conexión está hecha.

    Yo no tengo que explicar nada, es el lector quien tarde o temprano asumirá la estructura rara de la narración. Aparte, la niña lo "explica" de forma ímplicita, mientras más habla. Ahora debatimos y por eso lo sabes, si no, no.
     
    Última edición: 21 Mayo 2015
  16. Threadmarks: 04 Búsqueda entre lo abisal
     
    LhaurgigSesnas

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    Búsqueda entre lo abisal


    —El segundo encuentro con Kitrinos, ¿cuándo fue?

    —Luego del primero —contestó con sorna.

    —¿Antes de vivir sola?

    —Jamás viví sola.

    —¿Antes del último semestre en el conservatorio, entonces? No sé en qué fecha pasa lo que me dices, estás relatándomelo todo mal.

    —¡A callar, niña! Debo contarte lo que él buscaba.

    Kitrinos permitió amablemente que entrase, y le ofreció jugo. Iba a servirle bebida cola, pero recordó que tal vez viniese de algún ensayo, y que el líquido frío no convenía.

    Le explicó un poco más, profundizando en lo que Vilma había dicho. Él era una persona joven, pero estuvo toda su vida aprendiendo y formándose un código moral que, decía, siempre que no seguía le traía problemas. Por esa razón los benefactores, aquellos que sostenían la sociedad de trascendidos, confiaban en su juicio. Así que era el principal responsable de nombrar a los “pañuelos”.

    El emblema que cada prócer porta, es un pañuelo de seda del color correspondiente, con un bordado muy trabajado donde aparece un escudo heráldico, y una frase en el idioma correspondiente. La frase del pañuelo de Kitrinos estaba en italiano y no en griego, al menos, así que entendía lo que significaba.

    Entre maestros se llamaban entre sí por su color, o en modo informal, eran “pañuelos”. Como era escéptica pidió a Kitrinos que enseñara el suyo, a lo que se negó, puesto que lo de portarlo más bien era un decir, ya que cada uno fue fabricado cuando empezó la sociedad, por lo que tenían siglos y había que cuidarlos mucho. Él lo tenía en su cajita dentro de un armario, pero el armario mismo estaba lleno de porquerías. Sacar cualquier cosa sería un trabajo de frustración muy grande.



    Luego de tomar el jugo, Kitrinos le condujo hasta un salón de grabación en un sótano. Tenía un tablero bastante rudimentario, pues el hombre no sabía usarlo bien. A un lado había cajas selladas, y sobre un mueble apegado al muro del fondo estaba una vitrola, pero más impresionante ¡un fonógrafo! En buen estado aunque cubierto de polvo, cosa poca.

    Desde que el joven se volvió Kitrinos, comenzó su búsqueda. Le gustaba explorar las capacidades vocales humanas, y había descubierto cosas interesantísimas. Lo que por entonces le importaba era el hallar a la mujer que más grave pudiera sostener su voz. Estaba buscando a la contralto por entre las contraltos, y lamentablemente, no cayó en sus expectativas. ¡Eso era bueno! Desde que comenzó sus estudios de conservatorio, la gente no paraba de alabarle. Que alguien le dijera que estaba dentro de lo común y corriente, le hacía bien para normalizar las cosas. Por un lado le criticaban y tachaban de todas formas, pero al cantar la endiosaban demasiado. No había término medio; ese joven ahora se lo ofrecía.



    El registro tonal de los hombres por lo general es dividido en tres. Están los bajos, los barítonos y por último los tenores, quienes deben ser de timbre claro y agudos aceptables. De hecho, los tonos más altos entre los varones deben poder ser abarcados por un tenor. Tradicionalmente están por debajo del registro de una mezzosoprano y de una soprano, las más agudas, pero como unos son hombres y las otras mujeres, es entendible.

    En la realidad eso no cierto. Las diferencias entre varones vienen dadas también por el color de su voz, no solamente por el tono. Sin embargo, aparte de los tenores existen otros sujetos, sumamente escasos a la vez que valiosos, los cuales son capaces de llegar a notas tan elevadas como las de una soprano. En la antigüedad ese recurso se buscaba castrando a los niños cantores, para que no pudieran desarrollarse como hombres, y las hormonas no les hicieran perder el timbre y capacidades vocales infantiles. Los castrati durante gran tiempo fueron furor, pero como la sociedad avanza y la castración se prohibió terminantemente, desaparecieron poco a poco.

    Sin importar medios artificiales para lograr registros, siempre han existido los contratenores, quienes por simple capricho de la naturaleza conservan parte de los agudos que tienen en la niñez. Muchos al cantar pueden ser confundidos con niños, o por mujeres. Algunos potencian el uso del falsete para convertirse en sopranistas, y otros con su voz de cabeza conservan algo de masculinidad. De cualquier forma, Kitrinos pensaba que todo hombre demasiado agudo suena como mujer, y toda mujer muy grave se asemeja a un hombre, frente al público inculto.



    Entonces, si hay varones capaces de saltarse las clasificaciones habituales, y cantar en igual forma que una soprano coloratura, ¿dónde están las mujeres que se saltan la división típica entre sopranos y mezzos, aquellas que llegan a lo más bajo del registro humano? Kitrinos le enseñó grabaciones de varias féminas a las que estuvo atento, alrededor de todo el mundo, y no halló lo que buscaba. Incluso una contralto profunda como ella, caía en un rango de notas totalmente acaparable por un barítono.

    En un principio no le entendió. Su tipo de voz es difícil de encontrar; muchas veces mezzosopranos toman sus papeles en las óperas, porque las contraltos son escasas, ¡mucho más una tan profunda como ella! Pero Kitrinos se refería a contraltos que alcanzasen tonos de un bajo masculino, de igual forma que hay contratenores capaces de afrontar los agudos más elevados de las mujeres.

    ¡Seguramente no existían! Hay importantes razones anatómicas para que lo del pañuelo fuese sólo un sueño. La producción del sonido es algo muy estudiado; entonces tenía que nacer alguien con un aparato fonador diferente a las demás.



    Por supuesto el sujeto no era tonto, y le halló razón: si no encontraba alguien con una particular composición anatómica de su laringe, la búsqueda sería en vano. Incluso ella era más exclusiva de lo que aceptaba, dijo el hombre, pues tenía una coloratura muy ágil para tratarse de una contralto, y también era de las más graves. Quizá fuese única en el mundo.

    Kitrinos sacó de una caja sin sellar un disco de vinilo, el cual contenía una grabación hecha por anteriores pañuelos investigadores. El hombre reprodujo, y se oyó la voz de una mujer, también contralto. Ésta tenía una agilidad muy buena, aunque ciertamente no llegaba a sus bajos. Es decir, tenía el registro común de cualquier contralto, lo que destacaba era su inusual rapidez, la coloratura. Aquella impresionante ejecución era parte del repertorio Bel Cantista, aunque adaptada a su tono.

    El siguiente vinilo fue el de una mujer que cantaba incluso en tonos más bajos que los suyos, con una voz prácticamente masculina. La pieza no era conocida para nada, seguramente fue compuesta para demostrar las habilidades de esa persona. Por contra, cantaba esa lenta melodía en modo algo plano, y aunque no podía juzgar mucho, intuyó que no estaba haciéndolo a todo pulmón. De cantar más fuerte, no podría tener un volumen uniforme entre sus notas más graves, y las más altas.



    El hombre colocó aquellos discos para enfatizar su afirmación: hasta el momento era única. Una de las voces femeninas más graves entre las mujeres vivientes, y con una agilidad increíble. ¡Finalmente no había nada de términos medios!, todo era o alago o crítica.

    Y aun así, no cumplía las expectativas del sujeto; entonces estaba buscando algo irreal. Pero no pudo sacarle de su terquedad, tal obstinación estaba basada en cimientos y tenía propósito. Así que Kitrinos debió buscar un cuchillo y abrir una de las cajas, garabateada con marcador “pañuelos abuelos”. En el interior había variados cilindros bien organizados, y Kitrinos se lamentó tener que reproducir uno.

    Se colocó los audífonos de goma y oyó un largo trozo, lo cual era mayormente improvisación y diálogos. La señora tenía la voz todavía firme para la edad que aparentaba; estaba explorando en su registro. Sus agudos caían dentro de lo normal, pero… ¡imposible, debía tratarse de un truco! ¡Eso era un Si1, no existe mujer que pueda llegar a eso! También para un hombre es asombroso.

    ¿Podría ser que la búsqueda de Kitrinos no fuese tan tonta? En el año 1911, fecha de la grabación, no podía haber triquiñuela alguna. Debía seguir prestando atención.



    De pronto se sobresaltó, pues lo que estaba escuchando era único.
    ----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
    PD: esto está escrito para gente que no tiene idea de música o canto, pero se hace necesario un capítulo con algunas consideraciones técnicas. Más adelante la cosa no es tan densa, pero el horizonte de la historia son las vivencias de una cantante lírica, así que ya saben.

    PD2: no tengo subíndices ni superíndices en el editor de texto de FFL :confused:. Pero como sea, supongan que el Si1 o cualquier nota futura, es cuan grave o cuan aguda como el texto se los haga ver. No es necesario saber el tono exacto para entender lo que pasa.

    PD3: el punto de vista o "narrador" de la explicación esa, es quien tú quieras xD
     
    Última edición: 6 Julio 2015
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  17. Threadmarks: 05 El canto que no se ha oído
     
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    El canto que no se ha oído


    Aunque estaba empecinada en sostener que ninguna mujer podría jamás abarcar tales notas, escuchaba, pese a la pobre calidad. Era un timbre como el suyo, todavía podía reconocerlo como femenino, pero estaba cantando graves ilógicos. ¡Eso tenía que ser un engaño! O tal vez el cilindro estaba siendo reproducido más lento, pero no, pues había oído hablar varias veces a la señora.

    Entonces hubo algo raro. La cantante subió dramáticamente poniéndose en la cuarta octava del piano estándar, pero tuvo un quiebre en su voz, y a partir de eso su timbre se volvió más cristalino. Entonces sonrió: ¡ese era un hombre, un contralto masculino! Contratenor de registro grave.



    Kitrinos también sonrió plenamente. Le explicó que la persona era de hecho intersexual, pero tenía más de mujer; eran cosas ambiguas y de ahí que buscase. El musculado sujeto insistió en que lo importante, era que eso fue un timbre femenino, no había espacio a dudas. Unos minutos más adelante, se podía comprobar que aquel viejo pañuelo podía encarar los bajos de otra forma, y llegar al Do2 con falsete, aunque el resultado era poco práctico. Demasiado airoso, y tenía problemas para afinar. Sin embargo, se oía más femenino que antes.

    Eso se explicaba porque tenía la voz de pecho en el área común de todo hombre, no obstante, los contratenores suenan masculinos al hablar, no como mujeres. Admitió que si esa persona cantase dentro de un espectro de notas más usual, nadie aventuraría que algo raro estaba pasando.



    El mexicano guardó el cilindro sujetándolo desde su interior, y lo colocó donde correspondía. Era el turno de un casette grabado allí mismo, y al reproducir, el hombre se percató de que tenía que adelantarlo.

    Se le hizo familiar la voz que oía, aunque no pudo precisar de dónde. Era una contralto que abarcaba muy bien su mismo rango tonal, aunque de pronto bajó más allá de lo que ella podría lograr. Claro que a ese margen empezó a entrecortarse producto del growl, es decir, su voz estaba siendo demasiado gutural. Era muy claro que tenía dificultades para entonar, pues gastaba mucho aire, y también se estaba produciendo daño. Kitrinos le confesó que cuando grabó, la persona tenía el micrófono tan cerca, que casi se lo come.

    Sin embargo, aquel ejemplo tenía trampa, puesto que la mujer tomaba hormonas masculinas con el objetivo expreso de engrosar su voz. El hombre creía ilegítimo cualquier medio artificial para modificarla.



    Y eso era lo que el maestro Kitrinos buscaba. Una mujer inusualmente grave, una auténtica mujer y no un hermafrodita, o alguien que se metiera quizá qué productos. ¿Por qué no soñar? Eso no tenía que ver con el método que seguía para nombrar a los demás pañuelos, era una búsqueda aparte.

    Después, con la mayor de las amabilidades, el hombre le pidió que se retirara. Ya no tenían más que conversar, y ciertamente parecía exasperado por deteriorar un poco más el cilindro fonográfico que utilizó.

    ¿Qué? Pero… le había invitado a tomar helado, la otra vez. Él ya ni se acordaba, pero para ser cortés salieron. Se mostró interesada en oírle cantar, pero eso sería la siguiente vez que se encontrasen. En todo caso, Kitrinos no veía motivos para hablarle de nuevo.

    ¿Había pasado algo que no pudo ver?, ¿dijo algo que le molestó? De pronto el hombre se estaba comportando pesado, desde que perdió el interés en platicar. Por lo menos se divirtieron, e intentó hablar con él de cualquier tema, a ver si seguía comportándose tan brusco.



    Fue un momento agradable, pero quedó en el pasado. Como Kitrinos había dicho, no había en términos “profesionales” nada más que tratar, así que no volvió a buscarla. Y al no tener su número telefónico, debía ir a su casa si quería reunirse con él, pero sin estar segura de ser bien recibida, mejor ni intentarlo.

    Algún alma le mencionó que los teléfonos portátiles pueden guardar números en su memoria, cosa que le sorprendió. Siempre le quedaría esa opción, pero no le pareció correcto. Volvió a lo cotidiano. El conservatorio presentó ante gran público la obra en que era uno de los papeles principales, siguió sus estudios y sus prácticas, fue felicitada por un nuevo cantante lírico que conocía… a su vez que la trataban como fenómeno, que la marginaban por ser una otaku; mientras en la calle se burlaban, porque al llevar el pelo corto, y más su voz, era indistinguible de un hombre. ¡Pero si tenía dos enormes senos! Eso no interesaba, pues a la hora de reírse de ella, todos podían ignorar lo que quisieran.



    Volvió a elevar el tono al hablar, y se dejó crecer el pelo. Cuando se compró la moto su cabello ya era tan largo como el de la mayoría de las mujeres, y al no estar habituada a usarlo así, se complicaba a la hora de peinarse. Se acostumbró rápido, y en las vacaciones decidió arrendar algún sitio por unos días, para disfrutar de la playa. Quería conocer a alguien especial, pero se descubrió hablando demasiado del canto lírico y de los mangas, cosas que al común de los mortales no atrae para nada. Su ineptitud social estaba creciendo.

    Y justamente, una de las pocas personas que no se burlaba ni le miraba con pena, rehuía de verle. Al volver de vacaciones quiso concentrarse en su carrera, y entonces regresó su curiosidad acerca de la forma en que Kitrinos podría cantar. Cuando Nina Ossandón fue de visita al conservatorio, llevó consigo a Vilma, y aprovechó de preguntarle más cosas.

    Ella había escuchado a Kitrinos, pero preguntar su impresión al respecto no tenía sentido, pues Vilma le tenía mucho respeto al hombre, respeto que era basado precisamente en su canto. Decidió que la única forma en que podría extraer alguna conclusión, era golpear su puerta nuevamente, y escucharlo en directo. La alumna de Ossandón no quiso revelar nada sobre la voz del sujeto, y la misma señora Nina desconocía esa historia de los pañuelos.

    Eso sí, preguntó a la soprano por arias donde hubiera inmerso algún bajo, para comparar una vez pudiera oír al joven.



    Todo eso no pasó del dicho al hecho. No se hizo el tiempo, pues tenía una agenda apretada y mucho que preparar. Aparte, consideró más valioso ir a algunos eventos y exposiciones de anime, para rodearse un rato de gente con sus mismos gustos. De pura suerte, se encontró con otra persona que había adquirido alguno de sus juguetes, aquellos que su padre había vendido.


    Un nuevo encuentro con Kitrinos, esta vez más importante, vendría de mano de Vilma.
     
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  18. Threadmarks: 06 La justicia de la comparación
     
    LhaurgigSesnas

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    La justicia de la comparación


    Durante el penúltimo semestre de su carrera, Vilma apareció por el conservatorio sin su maestra. Al parecer habían tenido alguna discusión, puesto que la adolescente empezaba a cansarse del canto lírico, y quería indagar otras áreas. Se sintió muy identificada con ese pensar, pues durante su carrera también tuvo dudas, y aunque faltaba sólo ese período y el siguiente para titularse, no estaba segura de querer dedicar todo el resto de su vida al lírico.

    ¡Era el sueño de su vida cantar, también ser la mejor en su ámbito! Pero tal vez necesitase explorar géneros más comerciales. Cuando su padre le oyó lo encontró una total osadía, y la sola palabra “comercial” le hizo brotar espumarajos por la boca. En su conducta clasista, el Bel canto y el Canto lírico son el culmen del refinamiento, y su hija debía estar a la altura, no dejándose rebajar hacia formatos imperfectos y con menor pulimiento a cuestas. A veces su padre le daba pena; estaba postergando demasiado la idea de irse a vivir sola.



    Vilma estaba apenada por lo ocurrido, si bien se mostraba optimista de avanzar por cuenta propia. Había aprendido lo suficiente de la señora Ossandón. Tenía recién cumplidos catorce años, así que todavía no estaba en edad de ingresar al conservatorio. ¿Qué haría entonces para mejorar su canto? La muchacha no se explayó mucho en el tema, así que recondujeron la charla, o llegaría tarde a su clase de ensamble. En síntesis, el maestro Kitrinos quería verle de nuevo. Ahora el sujeto le buscaría en su vehículo, para llevarle hasta su casa. Vilma también fue citada, por lo que ese plan no funcionaría teniendo ya la scooter. Como no había un segundo casco para ella, no quedó alternativa, y el hombre finalmente apareció en automóvil.


    Fueron invitadas a almorzar, aunque Kitrinos no comió. Seguramente estaba guardándose para cantar; ahora no se libraría de demostrar por qué era un trascendido, inclusive por encima de los grandes en el planeta. Era demasiado aventurar ello sin pruebas.


    El motivo del almuerzo: quería conocerlas a ambas mejor. ¿Eso qué significaba? En medio de la comida, las dos hablaron sobre lo que esperaban de su futuro. Vilma expresó sus dudas acerca del camino que quería seguir, y Kitrinos preguntó el porqué de ya no estar bajo tutela de Ossandón. Según comentó la muchacha, ambas habían llegado al acuerdo de que una como estudiante no tenía más que aprender, y la otra como maestra más que enseñar. A su corta edad Vilma necesitaba profundizar en su propia voz, explorar. Ossandón era alguien muy tradicional y le coartaba.

    ¡Eso era imprudente! Opinó que cualquiera querría a Nina Ossandón como profesora. Vilma crecería mucho junto a ella algunos años más.



    Y entonces, comenzó una polémica. ¿Querría para sí a la soprano como profesora? Contestó algo similar a Vilma; la señora era muy conservadora, y ya tenía suficiente de eso. Kitrinos les contradijo, pues estaba seguro de que la verdad era otra. Nina Ossandón no tenía nada que ofrecerles, y ambas se negaban a hablar de esa forma, pues era una reputada a nivel europeo. Pensaban muy distinto a él, insistían en que no es posible comparar, porque cada una se desempeña en un área. Cada quien es asombrosa dentro de sus posibilidades, pero tienen diferencias; además sobre gustos no hay nada escrito.

    Les ofreció su punto de vista. Simplemente había gente superior a otra, y eso no debía disfrazarse con lo políticamente correcto. La verdad, estaba a la mesa con una contralto profunda de grandiosa agilidad, única en el mundo hasta que se demostrase lo contrario. También Vilma comía bajo su techo, quien había cultivado un timbre de voz hermoso. Tenía un sentido de la belleza muy singular al cantar, ofrecía adornos espléndidos y, en resumen, las dos eran mejores que Ossandón. La señora era una persona normal, la que a través de los años obtuvo solidez como intérprete. Era la prueba viviente de que el esfuerzo y la dedicación son muy valiosos, pero eso no quitaba que naciese gente que de por sí, pudiera lograr mejores dotes. Si dichas personas trabajan inclusive en menor medida, dejarían atrás a sopranos de su clase con facilidad pasmosa.

    Por tanto, Vilma había dejado de ser alumna, pues le quedó pequeña la cuna. No debía sentirse mal de expresar lo evidente.



    ¡No, no era evidente! Defendió su argumento, tenía por sabido que era una contralto excelente, llevaba años destacando. Pero comparar una contralto de coloratura como ella, con una soprano dramática, es un sinsentido. Ambas son lo mejor que hay, dentro de sus rangos tonales y posibilidades.

    La respuesta de Kitrinos fue muy rara, le descolocó. El hombre dijo llegar tanto a sus notas bajas como a las altas, con una mayor agilidad que la suya, y por ser hombre en realidad tenía mayores graves; por ende un rango tonal más amplio, pudiendo afinar sin problemas en todo éste. También contaba con mayor uniformidad de registro, y eso podría demostrarlo quinientas veces. ¡Vocalmente era mejor que ambas allí, y punto!



    No quería entender, por lo visto. Si buscaba compararle con alguien, debía hacerlo con otra contralto, lo otro no tiene objeto. Pero no, el pañuelo amarillo continuó, insistiendo que incluso era más versátil, y podía tomar mayores papeles. ¡Nada más alejado de la realidad! Mientras comía un trozo de lechuga, le indicó que ella tomaba roles pensados para contraltos, o mezzosopranos. En cambio, él interpretaría papeles hechos para bajos, quizá barítonos. No se podían comparar.

    Sus puntos de vista eran irreconciliables. Quien decidió el asunto fue Vilma, quien con toda calma explicó que el maestro Kitrinos, al cantar como bajo, usaba sólo su voz de pecho; en cambio ella al tomar pasajes escritos para contralto, empleaba las dos posiciones vocales: su voz de pecho para las notas más graves, y la voz de cabeza para las agudas. Combinaba ambos modos generando lo que se llama voz mixta, por eso su timbre de voz no se cortaba abruptamente, y su color se mantenía uniforme.

    Eso quería decir que el hombre podía usar el falsete en los graves, no sólo en notas agudas. Él esbozó una amplia sonrisa, y tras entonar dos cosas, le dejó con la boca abierta… con su falsete podía cubrir sus mismas notas profundas, con un color de voz diferente del que tenía hablando. De hecho lo que hizo fue imitarle, consiguiéndolo a la perfección. ¡Eran sus matices, sus respiraciones y su misma expresión facial! Sonoramente había alguna diferencia, Kitrinos se escuchaba algo más masculino.



    El hombre fue burlesco. ¿Así que tenía una voz como de cámara lenta en un vídeo? Imitarle por oído no era complicado, había que engrosar el falsete y recordar bien alguna actuación suya.

    Entonces tuvo una reacción abrupta: dejó la ensalada de lado y se levantó con prisa. Tenía que salir de aquel sitio.
    -----------------------------------------------------------------
    Definiciones sobre lo que es la voz de cabeza y/o de pecho, se darán más adelante, cuando convenga. ¡Saludos!
     
    Última edición: 6 Julio 2015
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  19. Threadmarks: 07 Sin pie a distracciones
     
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    Sin pie a distracciones


    No había tenido una reacción así nunca. Había soportado centenares de burlas, y un montón de prejuicios, pero eso que acababa de pasar de algún modo le indignó bastante. No estaba dispuesta a soportarlo.

    Así que se puso de pie y con rapidez buscó la puerta de salida, no sin antes emitir un quejido desagradado. Kitrinos ni siquiera se levantó al preguntarle qué era lo que le ocurría. Volteó a pocos metros de la salida para contestar: había estado estudiando desde los 16 años, y practicado toda la vida para desarrollar la voz que tenía. De pronto él de la nada aparecía para hacer lo mismo como si fuera un juego.

    Entonces por fin el joven se paró, acercándosele en forma pausada. ¡Él con falsete no podría alzar un buen volumen cantando así! La capacidad de su voz iba más allá de lo hecho por él ahí. Y no era un juego, no se estaba burlando de su trabajo de años, sólo corroboraba lo que Vilma mencionó. Además, siempre fue poco compuesto y bastante grosero de jerga, no era esa la intención.

    Le recomendó que no se marchase, puesto que en cuanto se pasara su rabia, afloraría otra vez la curiosidad, y querría volver. ¿Se lo estaba tomando en forma muy seria? Una nueva frase de Kitrinos le devolvió a la silla. Él se hizo el tiempo para reunirse con Vilma y con ella, ya sin buscar nada, no había experimento esta vez. Quería conocerle más.



    Tras reflexionar unos segundos volvió a sentarse, para continuar afanada con la lechuga. Mientras, Vilma comía en silencio, pues no opinaba absolutamente nada sobre aquella discusión que Kitrinos parecía querer iniciar. Ya sabía lo que el hombre diría, dado que en su momento también le mencionó algo parecido. Cuando eso pasó ella no se indignó.

    El pañuelo, bajo riesgo de hacer que se enfadase peor, le mencionó que sabía perfectamente todo lo que se burlaban los demás. Su reputación no era buena, le molestaban porque gustaba del manga, se reían de su voz y le trataban como marimacho. Había soportado todo eso, pero en cambio ahora él mencionaba una simple cosita, y explotaba.



    La verdad es que tenía expectativas muy altas sobre el sujeto. En ese momento se relajó un par de segundos, para darse cuenta de lo que en realidad le sucedía, del porqué de tal reacción impropia. Eso no era algo que un hombre pudiese entender, supuso. Lo que Kitrinos pensó fue que se hallaba frustrada, porque lo único en lo que había demostrado valer, era más vulnerable de lo que pensó.

    Para calmar los ánimos, el mexicano fue a la cocina y volvió con un postre para cada una, más un flan para él. Se le hizo poco y fue a buscar dos más. Continuó su idea: la única forma de remediar aquel bajo respeto, era el seguir adelante y proseguir con la carrera. Las distracciones son inservibles, ya estaba cerca de terminar canto lírico, y luego vendría una época de auditorios y grandes óperas. Cuando se hiciera un nombre y fuese tan respetada que ya nadie se volviera a burlar, podría perder el tiempo explorando otros géneros.

    Estaba cerca del final del recorrido hacia su completo éxito. Había aguantado la mayoría de las pesadeces ya, años en medio de burlas ocultadas bajo el entrenamiento propio. Al revés pasaba con Vilma, quien a sus catorce años no había empezado una disciplina formal, así que podía explorar como quisiera. Pero a futuro llegaría a lo mismo, habría arduas jornadas por un objetivo. No era cuerdo el perder la mitad de la juventud tirándolo por la borda, para explorar.



    El hombre les pidió que hablasen de sus vidas, de cómo habían llegado hasta el sitio donde estaban. Vilma fue muy reservada, pero confesó haber sido adoptada por una familia con un buen interés en la música. Ella creció escuchando música clásica y fue llevada algunas veces a los grandes teatros. Decidió ser una cantante siendo una niña. En su caso todo era similar, sólo que su familia era la biológica. Cantó aficionadamente hasta la adolescencia, y luego postuló al conservatorio con 16 años. Desde entonces ha estado dedicada a conocer la mayor cantidad de personas del ambiente, y estudiado sobre sus obras y carreras. Debía estar pendiente de las influencias que éstas podían mover, en caso necesario. Mientras conocía gente importante, destacaba en audiciones, y participó directamente en algunas obras universitarias, siendo dirigida por ellos. Incluso había debutado con profesionales; su tipo de voz era muy rara y tenían interés en ponerla a prueba.

    ¡Era tan obvio que Kitrinos tenía razón! Sin embargo, explorar otros géneros no significaba que dejara nada de lado. En todo caso, perdería tiempo, y no andaba holgada de agenda. Inclusive había postergado un compromiso por ir a esa casa.

    Como supuso que otra vez el maestro Kitrinos no cantaría, no más aparte de lo que ya hizo, se despidió.



    El mismo joven le quitaba ese tiempo, pero no podía estar más contenta. Al principio se trató de almuerzos en su casa, junto con Vilma, pero eso luego evolucionó a restaurantes, y a esperas luego del horario de estudio. Muchas veces Kitrinos le acercaba al hogar, sólo para conversar en el trayecto. Lo raro de eso es que él nunca aceptaba entrar, y la respuesta que daba, aparte de no querer conocer a su familia, era que eso sería “involucrarse demasiado”. ¡Pero cómo, si había ido a su casa muchas veces! Inclusive un día le pidió hacer unas pruebas sobre una pista pregrabada. Estaba indagando en otras opciones.

    La ineptitud de Kitrinos en el tablero quedaba patente cuando intentaban grabar, además los discos compactos eran demasiado sofisticados para su instrumental, o quizá para él. Así que lo hacían en casettes, y muchos iban a parar a esas cajas de cartón, desperdigadas por todos lados.



    Estaba empezando a conocer mejor al hombre, pese a que éste tenía siempre alguna excusa para no cantar. O simplemente decía que no iba a hacerlo, pues no había necesidad. Se quedaba con la incógnita siempre, imaginando que sería una gran chapuza cuando al fin lo oyera.

    De pronto dejaron de verse tan frecuentemente, y temió que fuese por sus reiteradas insistencias. A tiempo descubrió que no era por eso, sino que el maestro Kitrinos se encontraba ocupado. Al parecer él tampoco tenía todo el tiempo del mundo, y por semanas no tuvo noticias suyas. Extrañó perder horas al día en su compañía, pero al menos su agenda volvió a su colapso habitual, ya no estaba saturada por encima de lo humanamente realizable.

    ¡Se dio cuenta de que durante días, no había hojeado ninguno de sus mangas! Ahora los casi inexistentes momentos libres los pasaba con ese hombre, y había dejado en segundo plano sus mundos fantásticos. Siempre aprovechó de leerlos mientras se movilizaba a casa, pero teniendo la moto, y yendo Kitrinos tan seguido a recogerle, el tiempo dedicado a su distracción se esfumó.

    Por cierto, ¡qué curioso eso de que Kitrinos le fuera a buscar para llevarle a casa, y nada más! Sólo aprovechaba de conversar dentro del auto, y luego se marchaba. No era normal, y su nula experiencia en relaciones sociales alcanzaba a darse cuenta de ello.



    De pronto le necesitó. Por fortuna, el hombre le telefoneó pidiéndole ayuda otra vez. Necesitaba hacer experimentos, pero ahora más serios. Desde ese momento ya no podría echar marcha atrás en su relación con aquel hombre.
     
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    Sheccid

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    Creo que la ortografía está bien y la estructura también, así como el manejo del narrador.
    Debo admitir que al inicio sentí que sería difícil seguir por el lenguaje técnico de los tipos de voces y eso, pero con tus explicaciones uno puede seguir a gusto la historia.
    Siento que el tal Kitrinos esconde algo más...yo y mi desconfianza en los personajes XD
    En verdad quiero saber que pasó para que terminara todo como en el primer capítulo, pero con paciencia lo sabré.
    Sígueme invitando ¿sí? Me tardo mucho, pero cumplo.
    Ah, y me gustó que la protagonista sea otaku y que plasmes el rechazo que se llega a sufrir, la incomprensión de la sociedad. Es un excelente trabajo.
     
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