FanficsLandia Bitácora del Esperma I

Tema en 'Literatura experimental' iniciado por rapuma, 29 Octubre 2019.

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  1. Threadmarks: Esperma I
     
    rapuma

    rapuma Fanático

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    Bitácora del Esperma I
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    Género:
    Acción/Épica
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    2
     
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    Un flash que salió de un juego de Chicas vs Chicos (juego que perdimos los hombres porque nadie me respondía las etiquetas de ayuda!) este escrito contará de esto: el Esperma I comandado por el general Rapuma intentando detener el brutal avance de Liza White , Meowffin y InunoTaisho sin contar con aliados.

    El camarote del capitán era pequeño pero atestado; una pequeña mesa adyacente a un cajón con una lámpara de aceite. Un baúl a los pies del pequeño camastro y una alfombra de las Indias producto de uno de sus brillantes logros: terminar la revolución de los trolls y clones que amenazaban con volcar su ira desmedida en la Papelera del Foro.

    Una guacamaya roja, que llenaba la habitación de plumas rojas, se limpiaba las plumas con las garras y el pico. La luz se filtraba por la única ventana en forma de círculo en una de las paredes: amanecía lentamente con cielo despejado de nubes.
    Rapuma dormía plácidamente en la cama, con la ropa blanca de general puesta. Muchas veces asistía a reuniones con la ropa arrugada; no era alguien pretencioso ni muy puesto a la moda: rapuma era un perro de guerra que fuera de ella se echaba a perder. Y por eso los administradores sabían mantenerlo ocupado, ya sea durante meses a la deriva, o como en esos momentos: la única flota defensiva en la región de los límites del mar femenino.

    Alguien tocó la puerta y rapuma gruñó.

    —¡Señor! ¡Lo llaman de los altos mandos! —dijo un grumete, abriendo la puerta levemente.

    —Dile que se vaya al diablo.

    —Es Kentaurus, señor...

    Rapuma abrió un ojo y se sentó en la cama. Consultó el horario en su reloj de muñeca y se talló el rostro.
    —Tráeme whisky con hielo. Enseguida voy.

    La puerta se cerró y Rapuma se reincorporó. Se había dado una borrachera fuerte la noche anterior y la resaca lo estaba consumiendo en vida. Pasó junto la guacamaya y le acarició la cabeza; el animal se refregó el pico junto el antebrazo del general.

    —¿Quieres tu manzana?

    —GRAAA! MANZANA!

    Rapuma sacó una manzana verde de la mesa y cortó un pedazo con una navaja que siempre guardaba en su jubón. Le dio un trozo al pajarraco que lo mordió con rapidez y el resto lo comió él.

    La puerta volvió a abrirse con el grumete y el vaso de whisky. Rapuma tomó el whisky con una mano y lo bebió de tres sorbos. Le devolvió el vaso vacío al muchacho que luchaba contra la guacamaya que intentaba picarle la nariz.
    El general los dejó solos y caminó por el largo pasillo del barco. Las puertas se abrían y mostraban a marinos curiosos. Kentaurus solo llamaba cuando había un peligro potencial... algo que atentara contra la seguridad de estado del Foro.

    La sala de mando del Esperma I era sumamente amplia; con mapas holográficos y muchos hombres en las radios, hablando por los micrófonos.

    —¡Oficial de cubierta! —gritó un hombre pequeño pero macizo. Todos se levantaron y Rapuma se puso a su lado, cruzándose de brazos.

    —¿Qué tenemos?

    —Kentaurus le espera para una videoconferencia inmediata, capitán, señor. —respondió la mano derecha de Rapuma en el barco, el contramaestre: el segundo al mando. El tan aclamado Went.

    —Ponlo en línea.

    —¡Video conferencia en línea!

    Rapuma se situó frente un círculo que había en el suelo y automáticamente se materializó una figura en blanco y negro, sentado en un mullido sillón, fumando un habano. Era Kentaurus, el dueño absoluto del Foro.

    —Rapuma, bien te ves. Demasiado tiempo que no te veía.

    —Lo mismo digo, señor.

    —Escucha: tenemos un problema. Las separatistas, esas mujeres lideradas por Yaáhl y que quieren tomar mi reino... ¿las recuerdas?

    —Claro señor. Tuvimos muchas bajas para mantener la revolución controlada. Muchos de mis mejores amigos murieron por defender el Foro de ellas. Liza White se encargó de hundirlos en el fondo del mar.

    —Buenas noticias... o no tan buenas: Liza White lidera ahora el ataque de la renegada Yaáhl. Una flota enorme, estamos hablando de miles de barcos que están por caerte en pocas semanas, quizá días. Tu eres la única defensa en el lugar, estamos enviando todo el apoyo que podemos pero parece que muchos barcos dejaron de comunicar hace tiempo. O están destruidos o huyeron.

    —Yo me encargaré señor. No pasaran de aquí.

    —Ése es mi chico. No te será fácil, hijo. Estas hijas de puta dejaron la fregadora y los platos hace tiempo. Son peligrosas.

    —Ya luché con White en el pasado, señor. Huyó esa vez, esta no será la excepción.

    Kentaurus tiró la ceniza de su habano en un vaso de cristal y sonrió. Luego se reincorporó y miró a todo el personal que operaba en la sala de mando.

    —¡Señores! ¡Hagamos historia! ¡Son la última defensa de los hombres! ¡Denles a esas brujas lo que merecen!

    Todos gritaron con vítores pero Rapuma se mantuvo impasible; de brazos cruzados, intercambiando miradas con su contramaestre.

    La transmisión cesó con un ronroneó eléctrico y todos miraron a Rapuma, esperando órdenes.

    —Quiero el personal preparado y ajustado para luchar en cualquier momento. Pongamos perímetros de minas submarinas y preparemos los buzos tácticos para un posible ataque sorpresa. También quiero el radar en línea y operando las 24 horas del día. Quiero saber tres días antes que están a cuatro de golpearnos. Quiero un proporcional de cuanto nos estamos jugando el culo. ¿De acuerdo?

    —¡Ya oyeron al Capitán, perros! —gritó Went. —¡Pongamos a los buzos listos! ¡Díganles que el que atrape a la sirena más grande se lleva el premio mayor! ¡También quiero el radar listo en cualquier momento! ¡Saber cuando tengo que preocuparme por mi trasero y cuando no!

    Rapuma hizo una seña a su contramaestre y juntos salieron de la sala de mando y sintieron la brisa marina en los rostros. Una gaviota voló en lo alto y de pronto cayó en el mar, muerta. Moody abrió los ojos como dos platos: era un hombre muy supersticioso, como todo marino de mar. Rapuma se dió cuenta y le palmó el hombro.

    —Salimos de peores.

    —Lo sé, Capitán. Pero no es normal que una gaviota aparezca de la nada y muera. Estamos casi a diez millas náuticas del puerto más cercano. ¿Como diablos llegó una gaviota aquí?

    Miraron la proa del barco y vieron al grumete en el suelo, pataleando y gritando que le saquen la guacamaya de la cabeza.

    —Eso tampoco es normal, señor Went. —sonrió Rapuma, viendo como su pájaro volvía loco al único novato del barco. —Liza White...

    —Que tu ira no nuble tu juicio, Capitán. Te necesitamos sereno.

    —Sí. Sereno estoy.

    Ambos se quedaron en silencio, viendo el amanecer y el enorme horizonte infinito.

    Apenas eran conscientes del desastre que se acercaba por estribor.
     
    Última edición: 7 Noviembre 2019
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    InunoTaisho

    InunoTaisho Orientador Comentarista destacado

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    Ya lo esperaba para disfrutar un poco más de esa buena y ocurrente puntada que te dio inspiración, aunque el que trates a las delicadas flores de FFL como unas HDP me duele en el alma... Si somos las que le dan vida a este lugar!

    En fin, fue hilarante este primer capitulo, mostrando lo que Yaáhl, Liza y todas organizadas podemos hacer con ustedes, sucios y sarnosos piratas... XDXDXD
     
    Última edición: 30 Octubre 2019
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    (^.^)(^.^) es súper gracioso me parto de la risa me gusta mucho que se base en los integrantes del foro... Esa pequeña guerra no va a acabar nunca hombres VS mujeres. Pero entre nos ya sabemos quienes serán las ganadoras (^_−)☆
     
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    rapuma

    rapuma Fanático

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    La lluvia era moderada bajo aquella noche estrellada; los barcos se distinguían por algunas luces en ellos; el mar estaba calmado, la lluvia impactando en el agua hacía un plácido sonido, como de una fuente en un palacio.

    El viento soplaba con quietud; levemente moviendo el cabellos de aquellos que navegaban cerca de sus movimientos; El Óvulo, más grande en tamaño que su contrincante; madera rojiza que crujía en cada movimiento del timón. El Esperma I; con velas tan amplias que podían envolver al viento.
    Ambos barcos se estaban acercando, las velas ondeaban al unísono; los piratas y mercenarios gritaban de cubierta a cubierta; y ambos capitanes permanecían impávidos; Liza White sonrió al reconocer el rostro de Rapuma —¿ACASO ESTÁS LOCO, MISTER 2017?

    —¡WHITE! ¡TE ESTUVE ESPERANDO MUCHO TIEMPO! —gritó Rapuma con una jovialidad aparentada.
    —¡CUANDO TERMINE CONTIGO HABRÁS QUERIDO NO HABERLO HECHO DESDE UN PRINCIPIO! —remató Liza.

    Las Escotillas comenzaban a abrirse; pero por un momento todo permaneció en silencio, fue un breve instante; calmado que no tardó en ser asesinando.

    —¡FUEGO!

    Los primeros disparos acertaron en el Esperma I atrozmente; dos cañones salieron volando por los aires junto a cinco marinos. Un pequeño incendio se formó con rapidez pero pudieron controlarlo sin mayores problemas, con ayuda de la lluvia sobre todo.

    Las balas del Esperma I impactaron en el casco inferior del Óvulo, barco comandado por la mismísima Liza White. Todos lanzaron gritos de júbilo cuando las balas acertaron en el barco enemigo. Rapuma observaba a través del catalejo. Su mente bailaba de una esquina a la otra, ya que había ordenado a tres de sus mejores hombres que abordaran el barco, gracias a la distracción del momento seguro no notarían el robo de su munición.

    —Capitán Rapuma, ¿qué hacemos ahora?

    —Tranquilidad señor Went. Podemos notar que esa filtración de agua podrán taparla enseguida, no es algo muy crítico. Si acertáramos al polvorín con un disparo...

    —Ellos se hundirían como un yunque. ¡Es un genio Capitán!

    —Ahorrese el fanatismo, señor Went. Esto recién empieza. Quiero artilleros listos y a mi señal.... ¡Fuego!

    Cuando dispararon nuevamente la bala se trabó; Rapuma miró hacia delante justo cuando el cañón salió despedido por los aires, y volaron pesadas astillas en todas direcciones. A uno de los hombres un fragmento de madera afilado como una hoja de afeitar le traspasó el cuello. El capitán se vio envuelto en un mundo de absoluta confusión: hombres que gritaban, astillas que volaban por los aires, vergas y aparejos que caían sobre cubierta.

    —¡Daños, informe de daños!

    —¡Bauprés destruido! ¡Cañón número dos y seis inutilizados! ¡Alto del palo de mesana destruido!

    —¡Los de abajo, apártense!

    Nuevamente otro abordaje: el enemigo estaba ganando terreno. Rapuma ya empuñaba el sable con fuerza y descargó el primer disparo con su trabuco a la marinera enemiga más osada: el cuerpo se movió de costado y cayó al mar como un muñeco descoyuntado.

    —¡Señor Went prepare a los hombres! Tenemos que repelerlos a como dé lugar

    —GRAAA! A LAS ARMAS! —la guacamaya volaba y picaba las cabezas de las mujeres enemigas.

    Los marinos que aún pueden empuñan las armas y se preparan para el abordaje. Went ladra órdenes sobre el caos y la incertidumbre. Si no conseguían echar a los enemigos sería el fin y tomarían el barco.

    —¡Señor Moody, conmigo! —gritó el capitán hacia un marino gigante, de contextura tan grande como un toro. Moody afirmó y con dos sables en mano, peleó junto al capitán Rapuma hasta que lograron echar al último soldado femenino.

    Cuando la pelea terminó ya nadie festejaba: muchos hermanos habían muerto o estaban a punto de morir. Rapuma le disparó a un marino que gritaba sujetándose las tripas. El cerebro se proyectó sobre el puente como un tomate.

    —Si los tenemos en la mira dispare, señor Went.

    —¡Fuego malnacidos! ¡La próxima bala que nos explote a nosotros y no a ellos los mandaré al infierno yo mismo! ¡FUEGO!

    Los disparos salieron con monstruosa velocidad del lateral del Esperma I pero apenas le tocaron la proa del Óvulo, el cual era inteligentemente maniobrado por White.

    —Maldición Capitán, apenas le hemos rozado con el disparo.

    —Ya tendremos tiempo para lamentarlo en el infierno, señor Went. ¡A cubierto!

    El barco enemigo disparó, esta vez con una puntería impresionante. De la parte superior de la mesana caía a trozos sobre la cubierta, entre una lluvia de madera pesada y cuerdas.
    El capitán se agachó para protegerse de los fragmentos que caían a su alrededor. Una vela lo cubrió, pero consiguió ponerse de pie con un gran esfuerzo. A pocos centímetros de su cara, un cuchillo cortó la vela. La apartó y vio la cara de Moody, liberándolo. Ni siquiera vio al marinero que, a sus pies, se retorcía y gritaba de dolor.

    —¡Señor Went! —rugió Rapuma entre el caos.

    —¡Capitán, señor!

    —¡Vamos a tomar distancia! ¡Que se queden con esta parte del océano! ¡Si no nos alejamos, moriremos aquí!

    —GRAA! MORIREMOS AQUÍ!

    —¡Ya oyeron al capitán, perros! ¡Alejemos el Esperma I de aquí cuanto antes! ¡A babor, maldita sea, más rápido!

    El Esperma I se retiró de su primera batalla: había hundido cerca de seis barcos y dejado otros cuatro más en pésimas condiciones; había logrado repelir dos abordajes con éxito y contaban con una prisionera de guerra. Pero estaba solo. El Esperma I estaba completamente solo.

    El avance de la flota femenina se frenó por unos segundos y rápidamente las carpinteras del Óvulo se pusieron a trabajar en las reparaciones mientras Liza White, cruzada de brazos desde el puente de mando, sonreía levemente ante esa visión de retirada.

    Rapuma, a su vez, la veía desde el catalejo. Frunció el ceño cuando descubrió la sonrisa y cerró el catalejo de un golpe.

    La flota femenina había ganado ese round.
     
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