FanficsLandia Bitácora del Esperma I

Tema en 'Literatura experimental' iniciado por rapuma, 29 Octubre 2019.

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  1. Threadmarks: Esperma I
     
    rapuma

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    Bitácora del Esperma I
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    Un flash que salió de un juego de Chicas vs Chicos (juego que perdimos los hombres porque nadie me respondía las etiquetas de ayuda!) este escrito contará de esto: el Esperma I comandado por el general Rapuma intentando detener el brutal avance de Liza White , Meowffin y InunoTaisho sin contar con aliados.

    El camarote del capitán era pequeño pero atestado; una pequeña mesa adyacente a un cajón con una lámpara de aceite. Un baúl a los pies del pequeño camastro y una alfombra de las Indias producto de uno de sus brillantes logros: terminar la revolución de los trolls y clones que amenazaban con volcar su ira desmedida en la Papelera del Foro.

    Una guacamaya roja, que llenaba la habitación de plumas rojas, se limpiaba las plumas con las garras y el pico. La luz se filtraba por la única ventana en forma de círculo en una de las paredes: amanecía lentamente con cielo despejado de nubes.
    Rapuma dormía plácidamente en la cama, con la ropa blanca de general puesta. Muchas veces asistía a reuniones con la ropa arrugada; no era alguien pretencioso ni muy puesto a la moda: rapuma era un perro de guerra que fuera de ella se echaba a perder. Y por eso los administradores sabían mantenerlo ocupado, ya sea durante meses a la deriva, o como en esos momentos: la única flota defensiva en la región de los límites del mar femenino.

    Alguien tocó la puerta y rapuma gruñó.

    —¡Señor! ¡Lo llaman de los altos mandos! —dijo un grumete, abriendo la puerta levemente.

    —Dile que se vaya al diablo.

    —Es Kentaurus, señor...

    Rapuma abrió un ojo y se sentó en la cama. Consultó el horario en su reloj de muñeca y se talló el rostro.
    —Tráeme whisky con hielo. Enseguida voy.

    La puerta se cerró y Rapuma se reincorporó. Se había dado una borrachera fuerte la noche anterior y la resaca lo estaba consumiendo en vida. Pasó junto la guacamaya y le acarició la cabeza; el animal se refregó el pico junto el antebrazo del general.

    —¿Quieres tu manzana?

    —GRAAA! MANZANA!

    Rapuma sacó una manzana verde de la mesa y cortó un pedazo con una navaja que siempre guardaba en su jubón. Le dio un trozo al pajarraco que lo mordió con rapidez y el resto lo comió él.

    La puerta volvió a abrirse con el grumete y el vaso de whisky. Rapuma tomó el whisky con una mano y lo bebió de tres sorbos. Le devolvió el vaso vacío al muchacho que luchaba contra la guacamaya que intentaba picarle la nariz.
    El general los dejó solos y caminó por el largo pasillo del barco. Las puertas se abrían y mostraban a marinos curiosos. Kentaurus solo llamaba cuando había un peligro potencial... algo que atentara contra la seguridad de estado del Foro.

    La sala de mando del Esperma I era sumamente amplia; con mapas holográficos y muchos hombres en las radios, hablando por los micrófonos.

    —¡Oficial de cubierta! —gritó un hombre pequeño pero macizo. Todos se levantaron y Rapuma se puso a su lado, cruzándose de brazos.

    —¿Qué tenemos?

    —Kentaurus le espera para una videoconferencia inmediata, capitán, señor. —respondió la mano derecha de Rapuma en el barco, el contramaestre: el segundo al mando. El tan aclamado Went.

    —Ponlo en línea.

    —¡Video conferencia en línea!

    Rapuma se situó frente un círculo que había en el suelo y automáticamente se materializó una figura en blanco y negro, sentado en un mullido sillón, fumando un habano. Era Kentaurus, el dueño absoluto del Foro.

    —Rapuma, bien te ves. Demasiado tiempo que no te veía.

    —Lo mismo digo, señor.

    —Escucha: tenemos un problema. Las separatistas, esas mujeres lideradas por Yaáhl y que quieren tomar mi reino... ¿las recuerdas?

    —Claro señor. Tuvimos muchas bajas para mantener la revolución controlada. Muchos de mis mejores amigos murieron por defender el Foro de ellas. Liza White se encargó de hundirlos en el fondo del mar.

    —Buenas noticias... o no tan buenas: Liza White lidera ahora el ataque de la renegada Yaáhl. Una flota enorme, estamos hablando de miles de barcos que están por caerte en pocas semanas, quizá días. Tu eres la única defensa en el lugar, estamos enviando todo el apoyo que podemos pero parece que muchos barcos dejaron de comunicar hace tiempo. O están destruidos o huyeron.

    —Yo me encargaré señor. No pasaran de aquí.

    —Ése es mi chico. No te será fácil, hijo. Estas hijas de puta dejaron la fregadora y los platos hace tiempo. Son peligrosas.

    —Ya luché con White en el pasado, señor. Huyó esa vez, esta no será la excepción.

    Kentaurus tiró la ceniza de su habano en un vaso de cristal y sonrió. Luego se reincorporó y miró a todo el personal que operaba en la sala de mando.

    —¡Señores! ¡Hagamos historia! ¡Son la última defensa de los hombres! ¡Denles a esas brujas lo que merecen!

    Todos gritaron con vítores pero Rapuma se mantuvo impasible; de brazos cruzados, intercambiando miradas con su contramaestre.

    La transmisión cesó con un ronroneó eléctrico y todos miraron a Rapuma, esperando órdenes.

    —Quiero el personal preparado y ajustado para luchar en cualquier momento. Pongamos perímetros de minas submarinas y preparemos los buzos tácticos para un posible ataque sorpresa. También quiero el radar en línea y operando las 24 horas del día. Quiero saber tres días antes que están a cuatro de golpearnos. Quiero un proporcional de cuanto nos estamos jugando el culo. ¿De acuerdo?

    —¡Ya oyeron al Capitán, perros! —gritó Went. —¡Pongamos a los buzos listos! ¡Díganles que el que atrape a la sirena más grande se lleva el premio mayor! ¡También quiero el radar listo en cualquier momento! ¡Saber cuando tengo que preocuparme por mi trasero y cuando no!

    Rapuma hizo una seña a su contramaestre y juntos salieron de la sala de mando y sintieron la brisa marina en los rostros. Una gaviota voló en lo alto y de pronto cayó en el mar, muerta. Moody abrió los ojos como dos platos: era un hombre muy supersticioso, como todo marino de mar. Rapuma se dió cuenta y le palmó el hombro.

    —Salimos de peores.

    —Lo sé, Capitán. Pero no es normal que una gaviota aparezca de la nada y muera. Estamos casi a diez millas náuticas del puerto más cercano. ¿Como diablos llegó una gaviota aquí?

    Miraron la proa del barco y vieron al grumete en el suelo, pataleando y gritando que le saquen la guacamaya de la cabeza.

    —Eso tampoco es normal, señor Went. —sonrió Rapuma, viendo como su pájaro volvía loco al único novato del barco. —Liza White...

    —Que tu ira no nuble tu juicio, Capitán. Te necesitamos sereno.

    —Sí. Sereno estoy.

    Ambos se quedaron en silencio, viendo el amanecer y el enorme horizonte infinito.

    Apenas eran conscientes del desastre que se acercaba por estribor.
     
    Última edición: 7 Noviembre 2019
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    InunoTaisho

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    Ya lo esperaba para disfrutar un poco más de esa buena y ocurrente puntada que te dio inspiración, aunque el que trates a las delicadas flores de FFL como unas HDP me duele en el alma... Si somos las que le dan vida a este lugar!

    En fin, fue hilarante este primer capitulo, mostrando lo que Yaáhl, Liza y todas organizadas podemos hacer con ustedes, sucios y sarnosos piratas... XDXDXD
     
    Última edición: 30 Octubre 2019
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    HadasaCarolina

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    (^.^)(^.^) es súper gracioso me parto de la risa me gusta mucho que se base en los integrantes del foro... Esa pequeña guerra no va a acabar nunca hombres VS mujeres. Pero entre nos ya sabemos quienes serán las ganadoras (^_−)☆
     
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    rapuma

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    La lluvia era moderada bajo aquella noche estrellada; los barcos se distinguían por algunas luces en ellos; el mar estaba calmado, la lluvia impactando en el agua hacía un plácido sonido, como de una fuente en un palacio.

    El viento soplaba con quietud; levemente moviendo el cabellos de aquellos que navegaban cerca de sus movimientos; El Óvulo, más grande en tamaño que su contrincante; madera rojiza que crujía en cada movimiento del timón. El Esperma I; con velas tan amplias que podían envolver al viento.
    Ambos barcos se estaban acercando, las velas ondeaban al unísono; los piratas y mercenarios gritaban de cubierta a cubierta; y ambos capitanes permanecían impávidos; Liza White sonrió al reconocer el rostro de Rapuma —¿ACASO ESTÁS LOCO, MISTER 2017?

    —¡WHITE! ¡TE ESTUVE ESPERANDO MUCHO TIEMPO! —gritó Rapuma con una jovialidad aparentada.
    —¡CUANDO TERMINE CONTIGO HABRÁS QUERIDO NO HABERLO HECHO DESDE UN PRINCIPIO! —remató Liza.

    Las Escotillas comenzaban a abrirse; pero por un momento todo permaneció en silencio, fue un breve instante; calmado que no tardó en ser asesinando.

    —¡FUEGO!

    Los primeros disparos acertaron en el Esperma I atrozmente; dos cañones salieron volando por los aires junto a cinco marinos. Un pequeño incendio se formó con rapidez pero pudieron controlarlo sin mayores problemas, con ayuda de la lluvia sobre todo.

    Las balas del Esperma I impactaron en el casco inferior del Óvulo, barco comandado por la mismísima Liza White. Todos lanzaron gritos de júbilo cuando las balas acertaron en el barco enemigo. Rapuma observaba a través del catalejo. Su mente bailaba de una esquina a la otra, ya que había ordenado a tres de sus mejores hombres que abordaran el barco, gracias a la distracción del momento seguro no notarían el robo de su munición.

    —Capitán Rapuma, ¿qué hacemos ahora?

    —Tranquilidad señor Went. Podemos notar que esa filtración de agua podrán taparla enseguida, no es algo muy crítico. Si acertáramos al polvorín con un disparo...

    —Ellos se hundirían como un yunque. ¡Es un genio Capitán!

    —Ahorrese el fanatismo, señor Went. Esto recién empieza. Quiero artilleros listos y a mi señal.... ¡Fuego!

    Cuando dispararon nuevamente la bala se trabó; Rapuma miró hacia delante justo cuando el cañón salió despedido por los aires, y volaron pesadas astillas en todas direcciones. A uno de los hombres un fragmento de madera afilado como una hoja de afeitar le traspasó el cuello. El capitán se vio envuelto en un mundo de absoluta confusión: hombres que gritaban, astillas que volaban por los aires, vergas y aparejos que caían sobre cubierta.

    —¡Daños, informe de daños!

    —¡Bauprés destruido! ¡Cañón número dos y seis inutilizados! ¡Alto del palo de mesana destruido!

    —¡Los de abajo, apártense!

    Nuevamente otro abordaje: el enemigo estaba ganando terreno. Rapuma ya empuñaba el sable con fuerza y descargó el primer disparo con su trabuco a la marinera enemiga más osada: el cuerpo se movió de costado y cayó al mar como un muñeco descoyuntado.

    —¡Señor Went prepare a los hombres! Tenemos que repelerlos a como dé lugar

    —GRAAA! A LAS ARMAS! —la guacamaya volaba y picaba las cabezas de las mujeres enemigas.

    Los marinos que aún pueden empuñan las armas y se preparan para el abordaje. Went ladra órdenes sobre el caos y la incertidumbre. Si no conseguían echar a los enemigos sería el fin y tomarían el barco.

    —¡Señor Moody, conmigo! —gritó el capitán hacia un marino gigante, de contextura tan grande como un toro. Moody afirmó y con dos sables en mano, peleó junto al capitán Rapuma hasta que lograron echar al último soldado femenino.

    Cuando la pelea terminó ya nadie festejaba: muchos hermanos habían muerto o estaban a punto de morir. Rapuma le disparó a un marino que gritaba sujetándose las tripas. El cerebro se proyectó sobre el puente como un tomate.

    —Si los tenemos en la mira dispare, señor Went.

    —¡Fuego malnacidos! ¡La próxima bala que nos explote a nosotros y no a ellos los mandaré al infierno yo mismo! ¡FUEGO!

    Los disparos salieron con monstruosa velocidad del lateral del Esperma I pero apenas le tocaron la proa del Óvulo, el cual era inteligentemente maniobrado por White.

    —Maldición Capitán, apenas le hemos rozado con el disparo.

    —Ya tendremos tiempo para lamentarlo en el infierno, señor Went. ¡A cubierto!

    El barco enemigo disparó, esta vez con una puntería impresionante. De la parte superior de la mesana caía a trozos sobre la cubierta, entre una lluvia de madera pesada y cuerdas.
    El capitán se agachó para protegerse de los fragmentos que caían a su alrededor. Una vela lo cubrió, pero consiguió ponerse de pie con un gran esfuerzo. A pocos centímetros de su cara, un cuchillo cortó la vela. La apartó y vio la cara de Moody, liberándolo. Ni siquiera vio al marinero que, a sus pies, se retorcía y gritaba de dolor.

    —¡Señor Went! —rugió Rapuma entre el caos.

    —¡Capitán, señor!

    —¡Vamos a tomar distancia! ¡Que se queden con esta parte del océano! ¡Si no nos alejamos, moriremos aquí!

    —GRAA! MORIREMOS AQUÍ!

    —¡Ya oyeron al capitán, perros! ¡Alejemos el Esperma I de aquí cuanto antes! ¡A babor, maldita sea, más rápido!

    El Esperma I se retiró de su primera batalla: había hundido cerca de seis barcos y dejado otros cuatro más en pésimas condiciones; había logrado repelir dos abordajes con éxito y contaban con una prisionera de guerra. Pero estaba solo. El Esperma I estaba completamente solo.

    El avance de la flota femenina se frenó por unos segundos y rápidamente las carpinteras del Óvulo se pusieron a trabajar en las reparaciones mientras Liza White, cruzada de brazos desde el puente de mando, sonreía levemente ante esa visión de retirada.

    Rapuma, a su vez, la veía desde el catalejo. Frunció el ceño cuando descubrió la sonrisa y cerró el catalejo de un golpe.

    La flota femenina había ganado ese round.
     
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    rapuma

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    La guacamaya roja se paseaba por lo alto de mesana, limpiando sus plumas con su pico. El animal no era consciente de la increíble tensión que había abordo del Esperma. Todos los marinos se encontraban mojando enormes sábanas de terciopelo y las depositaban sobre la cubierta, para evitar incendios en una próxima batalla. La tormenta había desaparecido en algún momento de la madrugada, justo para dar inicio a un nuevo día. Las siluetas de los barcos enemigos, incluido el poderoso Óvulo; comandado por White, se mantenían a una distancia prudente de ellos. El amanecer era lento, con un preludio de tormenta en el aire ardiente.

    Rapuma se paseó por la cubierta, viendo los preparativos. Habían quitado una vela con un esfuerzo inhumano y habían logrado reemplazarla. El señor Went ladraba órdenes a los marinos para mantener la rigidez de la disciplina.

    —¿Cómo están los marinos, señor Went? —preguntó el general Rapuma.

    —Animados por el momento, capitán. Aunque no les hace gracia, y me incluyo, ver a la flota enemiga tan cerca nuestro. Esa perra de White es astuta, debe estar pensando alguna artimaña para engañarnos.

    —¿Han intentado contactarse con los capitanes más cercanos?

    —Ni una noticia, capitán. Gigavehl no responde, tampoco Hey Miguel y mucho menos Juanjomaster. Creemos que están en el fondo del mar. O huyeron, quién sabe.

    Rapuma no dijo nada, simplemente se dedicó a mirar al Óvulo, con sus enormes velas y su poderosa estructura de madera. El resto de la flota femenina parecía una miniatura del navío principal.

    —Siga intentándolo, señor Went. No podemos perder esperanzas.

    —A sus órdenes, capitán.

    Rapuma se dirigió hacia su cabina, el puesto de mando. Allí se sentía a gusto y era un lugar claro para despejar su mente e idear alguna estrategia que les haga durar un poco más contra Liza White, el azote de los hombres. La ventana de su camarote estaba abierta pero no prestó atención; incluso agradeció sentir la brisa marina en el espacio de su cabina. Se sentó en la silla y acercó unos planos a la mesa. La daga se clavó en su cuello...fue un movimiento rápido y con suma precisión; pero la mano de la víctima reaccionó lanzando la daga y tomándola del mango para arrebatársela a su agresora; haciendo que el corte en el cuello fuera más largo pero por suerte menos profundo. Aunque esto no significaba que estaba fuera de peligro.

    Estaba solo y no podía pedir auxilio en ese momento, pero contaba con la fuerza bruta en su máxima expresión. Tomó a la mujer del cuello y lo presionó, obligando que la marina enemiga suspirara e intentara patearlo sin fuerzas. Sujetó a la agresora del brazo de manera rápida haciendo que varias pertenencias en su cabina cayeran; no tardó en escucharse un crack en el brazo de aquella mujer que gritó de dolor.

    —¿Te envía White, mujer? ¡Contesta!

    —¡Es el fin de los hombres! ¡Morirás, Rapuma, tú y todos tus súbditos! ¡Todos tus perros de mar irán al matadero!

    Rió mientras Rapuma comenzaba a ver borroso; miró su mano y tenía sangre abundante, pero no fluía a gran velocidad porque había detenido el impacto fatal, aún así estaba mareado.

    —¿Veneno? —preguntaba sabiendo que eso era lo que estaba sucediendo; su agresora rió.

    —GRAAA! GUARDIAS! —gritó la guacamaya al ingresar por la ventana y agitar sus alas. —¡GUARDIAS! ¡GUARDIAS! ¡GRAAA!

    Inmediatamente ingresaron tres marinos armados y apartaron a la mujer que ya se encontraba reducida. Rapuma se tambaleó y cayó sentado sobre su silla, sujetándose la herida en el cuello.

    —Buzo táctico. —dijo Rapuma, entrando en razón. —Debe haber un millar de buzos tácticos enemigos por el barco. ¡Registren la bodega! No podemos permitir que nos ataquen por dentro... —intentó levantarse y volvió a caer en la silla, esta vez casi tumbado sobre la misma.

    —¡Capitán! —gritó Went al ingresar a la cabina. —¡¿Se encuentra bien?!

    —¡Registren el barco, señor Went! ¡Debe haber más buzos escondidas...!

    Y de pronto, como una alarma, los marinos comenzaron a gritar sobre cubierta.

    —¡Fuego! ¡Fuego por babor!

    Rapuma y Went miraron por la ventana de la cabina hacia el mar; seis botes con grandes columnas de fuego se acercaban peligrosamente hacia el Esperma. Si esos botes llegaban a golpear la madera... se prenderían fuego automáticamente.

    —Señor Went... primero registren el barco con las tropas a disposición... segundo... quiero marinos conmigo para desviar esos botes... cuanto antes...

    —Capitán no quiero decirle que no, pero... está herido. La perra usó veneno con este cuchillo. —lo tomó del suelo y mostró la punta del filo. —Será mejor que descanse y luego...

    —¡SEÑOR MOODY! —gritó a voz de cuello el capitán, levantándose.

    De inmediato el corpachón gigante del marino se hizo presente por el marco de la puerta, justo en el momento en que los marinos retiraban a la prisionera de guerra.

    —Quiero que reúna a diez hombres y que se preparen. Pasaremos un poco de calor.

    —Pero capitán... —dijo Went pero fue interrumpido por Rapuma.

    —Señor Went quiero que reúna a la tropa indicada y registre el barco cuanto antes. ¡Ya mismo!

    Los hombres comenzaron a moverse con una eficacia mecánica; Moody ya había reunido a diez hombres fuertes y aptos para el terrible labor que les tocaba; desviar los botes de fuego antes de que impacten en el Esperma. Rapuma caminaba con algún que otro tropiezo, con una camiseta a modo de turbante sobre su cabeza y rostro; el resto de marinos le imitó.

    —¡Cabeza abajo, muchachos! —gritó Rapuma antes de saltar al primer bote; Moody sería el líder del segundo bote y el señor Jonas del tercero. Once hombres, contando al capitán, para la tarea más ardua. Comenzaron a remar en dirección a los botes de fuego.

    El señor Went, por su parte, encontró a tres enemigas más en el interior del barco. No pudieron apresarlas por lo que tuvieron que eliminarlas. Cinco más lograron escapar justo en el momento en que estaban por hacer estallar el arsenal con pólvora y una antorcha. El equipo de carpinteros se ocupó de las tareas para tapar las brechas hechas por los buzos enemigos. Pudieron apresar a una segunda agresora que se mantenía oculta en la enfermería, esperando por los médicos para eliminarlos. Went volvió a toda prisa a cubierta justo en el momento en que veía a Rapuma liderando el primer bote que chocó contra uno de los incendiados; con palos largos pudieron desviar su rumbo... pero otros no tuvieron tanta suerte; un marino se prendió, literalmente, fuego y cayó al agua; el bote de Jonas se prendió fuego y los marinos murieron entre gritos de dolor y terror. El bote de Moody pudo desviar dos botes más, perdiendo a un marino en el proceso.

    Después de varios minutos que parecieron pesadas horas, Rapuma volvió al Esperma, cubierto de hollín, y se tiró en la cubierta.

    —Veneno... —susurró Rapuma, sujetándose el cuello una vez más. Went se levantó y lanzó un marinos que le estorbaba para llegar a una gavineta al fondo; un cuadro de madera que deslizaba su puerta para mostrar frascos amarillentos. Went movió rápidamente los frascos y no tardó en encontrar un par, a su vez tomó un pedazo de cuero que envolvía varios instrumentos. Corrió de nuevo a arrodillarse junto a Rapuma y comenzó a analizar, no tardó en ver su herida en el cuello; rápidamente giró a Rapuma en el suelo para que mirara hacia el techo; sacó un punzón y una aguja, clavándola a velocidad en la yugular iyectando el líquido de uno de los frascos.

    Moody terminó de reagrupar a los marinos, enviando centinelas a los camarotes y el arsenal; querían evitar otro ataque sorpresa.

    —Capitán, señor, ¿se encuentra bien?

    Rapuma abrió los ojos y afirmó, tomando la mano de Went para reincorporarse. Miró directamente al Óvulo, mucho más cerca que antes; habían aprovechado la movida de los botes y el ataque sorpresa para tomar más terreno.

    Por un instante quedaron en silencio. Liza White estaba apenas a un tiro rifle contemplándolos; su cabello de fuego se escapaba por debajo de la banda de cuero que ceñía sus sienes y su silueta erguida y orgullosa parecía esculpida en oro. No era un ser humano. Era una diosa relampagueando bajo el sol.

    Y de pronto, con maestría, sacó su rifle y apuntó.

    Todos se agazaparon… menos uno.

    —¿Qué haces, Rapuma? ¡Ocúltate!

    Pero él no oyó. Estaba petrificado en la proa, con los ojos clavados en la mujer, respirando con dificultad.
    Ella dirigió su rifle hacia él. Debieron verse el uno y el otro. Se debieron encontrar sus ojos por encima del perímetro mortal de la mira. Y por sobre el perímetro mortal de la mira, ella se inmovilizó mirando a aquel hombre esbelto que la observaba ajeno al miedo y a la bala.

    Ella bajó el rifle. Lo volvió a alzar. Vaciló

    Y de pronto, con un salvaje alarido de guerra disparó. Rapuma ni se movió y la bala impactó a centímetros de su rostro, justo al lado de la vela mayor.

    —¡Por los huesos de Luis, capitán! —gritó Went. —¡El veneno y el calor te afectó el cerebro!

    —No. —dijo él. —Sabe que tenemos a prisioneras. Sabe que si me mataba ustedes harían lo mismo con ellas. —se quedó en silencio, viendo como las mujeres se movían sobre el barco enemigo, amarrando cuerdas y ajustando velas. —Señor Went, sáquenos de aquí. Un par de millas náuticas más atrás. No se atreverán a perseguirnos, al menos no hasta que sepan que tenemos a alguien con vida.

    —La prisionera que le atacó sigue con vida, capitán. En las mazmorras, bien vigilada. También tenemos una segunda.

    —Perfecto.

    El Esperma I se alejó lentamente mientras la flota femenina permanecía estática, sin atreverse a dar un movimiento certero, aún.

    Rapuma, con un vendaje en el cuello y aún con hollín por todo su cuerpo, especialmente en sus manos y uñas, caminó por las mazmorras.

    Reconoció de inmediato a la segunda al mando de White, la terrible InunoTaisho junto a Pire, una marina de gran confianza. Se acercó a los barrotes.

    —¿Sorprendida de verme aún con vida? —inquirió hacia su atacante, la cual le miró con odio.

    —Tendría que haber ajustado más la dosis de veneno. —respondió InunoTaisho mientras se sujetaba las rodillas al pecho. —Pero estarás débil y necesitamos que fractures tu alma para que Liza pueda destruirte. —sonrió con malicia.

    —No lo dudo. —se sujetó a los barrotes de la celda, mirando a Pire. —Te dejaré libre, señorita. Quiero que le envíes un mensaje a tu capitana. Es momento de parlar.

    —Mi capitana no parlará contigo. —ladró Pire, mirando con malicia. —Además, ¿me sacarás a escondidas bajo la propia nariz de tu tripulación? ¿A coste de qué?

    —No creo que me toque discutir esas cosas con una prisionera, ¿no te parece? —sacó su pistola y apuntó a InunoTaisho mientras con su otra mano abría la celda e indicaba a Pire que salga.

    Pire salió de la celda con serias dudas, pensaba que era un plan ruin. Pero se sorprendió cuando Rapuma volvía a cerrar la celda y le daba un traje de buzo táctico de su propio barco.

    —Quiero parlar con Liza en la luna llena del sábado próximo. En la isla más cercana, la isla de Rol. ¿Está claro? Haré un intercambio de rehenes.

    —Mi capitana no deja prisioneros a su pasar.

    Rapuma sonrió, cansado. —Lo sé. Ahora vete. Vete antes de que cambie de opinión.

    Pire se fue del barco como una ninja en cuestión de segundos.

    —¿Qué tienes pensado? —dijo con desconfianza InunoTaisho desde la celda.

    —Parlar. Ya lo dije.

    Rapuma dejó las mazmorras y fue hacia su camarote. El veneno aún lo tenía cansado y se acostó en la cama. Fue la primera vez que durmió ocho horas seguidas.

    Gigavehl Juanjomaster Hey Miguel los etiqueto porque por su culpa perdimos en este juego de Chicos vs Chicas! nunca vinieron a ayudarme! :(
     
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    u.u yo nunca pude ver que era ese juego... Perdona!
     
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    rapuma

    rapuma Fanático

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    1785
    Perdón por no responder el mensaje antes! Lo pedís lo tenes, ese es el dicho :P espero que el final de la historia (el próximo capítulo) llene tus expectativas y guste :)

    Las ganadoras son ustedes desde siempre! :P a ver qué se le ocurre al gran Rapuma 8)

    Rapuma llamó a Kentaurus en diversas ocasiones pero no tuvo respuesta, incluso intentó hacer puente de comunicación con embarcaciones aliadas cercanas y solo recibió estática. Estaba solo. Lo habían dejado solo. Solo contra ellas.

    Se encontraba de nuevo en su camarote, con la venda sucia en el cuello y aún con sus dedos con hollín y su ropa rasgada y sucia. Su mente viajaba de una esquina a otra, porque no solo estaba solo sino que lo habían olvidado en el medio de la guerra. Entendió que simplemente eran juguetes de guerra de los fuertes. Él y toda su tripulación; marionetas utilizadas con un propósito vil... incluso las mujeres, la fiera White era títere de las suyas. Hombres y mujeres que sin conocerse se mataban y odiaban cuando en realidad el hombre y la mujer causante de esa guerra se conocían pero no se mataban ni odiaban. Era todo un negocio, un negocio de guerra. Números en un mar de política.

    El señor Went interrumpió sus pensamientos cuando abrió la puerta. La guacamaya roja se despertó y agitó sus alas.

    —Estamos a diez minutos de la isla Rol, capitán. ¿Ordeno a la tripulación que desembarquen?

    —Que desembarquen y preparen el campamento, señor Went. Pon al señor Moody de guardia con veinte marinos y aseguren el perímetro. Yo me iré a tomar un poco de aire fresco por los alrededores.

    —Como deseé, capitán. —y cerró la puerta.

    Rapuma volvió a estar meditabundo; la jugada que tenía preparada era muy arriesgada, demasiada. Había citado a Liza White a una reunión en un pequeño claro de la isla, justo en el centro; en ruinas antiguas de un imperio romano. Allí llevaría a su prisionera y entablaría contacto, por primera vez desde hace mucho tiempo.

    Cuando salió del barco, con la prisionera a punta de pistola, la luna llena iluminaba toda la playa. Oyó el suave oleaje sobre la orilla y las risas y los cánticos de los marinos mientras tocaban guitarras y gritaban y bailaban.

    —¿A dónde me llevas? —preguntó InunoTaisho, atada de manos.

    Rapuma la empujó con el cañón de su pistola y siguieron caminando en silencio, solo iluminados por la luna. La noche era hermosa y la fragancia del bosque perfumaba el aire.

    Finalmente las piedras antiguas dieron paso a un pequeño claro. Piedras y pequeñas ruinas de un siglo pasado, donde Rapuma se sentó sin problema, obligando a su prisionera a que haga lo mismo mientras la guacamaya roja le picaba el cabello.

    Y entonces, antorcha en mano y pistola en otra, apareció Liza White por un costado; surgió en silencio, como un fantasma de luz. Se acercó apresuradamente a centímetros de Rapuma y lo encañonó. La guacamaya agitó las alas y gritó.

    —GRA! ¡NOS ATACAN!

    —¿¡Quién te crees que eres para pedirme consenso de parlar?! —estalló White, apretando más el cañón de su pistola en la frente de Rapuma. —Te podría disparar aquí mismo y cuando te encuentren ya estaríamos atacándoles por agua.

    Rapuma se mantuvo impasible y tranquilizó a su pájaro con un tajo de manzana que sacó de su chaqueta.

    —Te di una prisionera. Aquí tienes otra. ¿No hay mejor motivo por el cual no parlar?

    —¿Qué tramas?

    —Nada, a decir verdad. Pero veo que tú tramas muchas cosas...

    Desde los árboles que delimitaban el claro se podía ver el brillo de rifles de miles de marinas que apuntaban a Rapuma. Estaba rodeado.

    —¿Dónde están tus hombres? —interrogó Liza, arrugando el entrecejo.

    —Vine solo. —contestó sin más, dándole de comer a su guacamaya.

    —Es verdad, Liza. Me trajo a escondidas sin que nadie lo supiera... si sus hombres se enterarán...

    White dio un paso atrás pero no dejó de apuntar a Rapuma en ningún momento. Desató las ataduras de Ino y la dejó libre.

    —¿Qué quieres? —cuestionó entonces Liza White.

    —No somos herramientas de nuestro gobierno o de nadie más. No soy un juguete de Kentaurus y estoy seguro de que no eres un juguete de Yaáhl. —la miró sin alterar su posición. —Pelear es en lo único que soy bueno, pero... al menos quisiera morir peleando en algo que realmente creo. En una causa que sea mía y no de una que fue impuesta a que sea mía. Miles de aliados desertaron o murieron, sin pensar en las consecuencias de nuestros actos. De los actos de todos. Estamos peleando por una colonización de mujeres y hombres cuando podríamos ser potencia juntos. Pero hay tanto odio acumulado, tanta furia, tantas muertes... que el daño está hecho; lograron hacerlo. Impusieron el odio para que no seamos unidos, para que no pudiéramos luchar juntos. Todo este tiempo te di caza, maté a cientos... pero, ¿por qué? ¿para qué? No es en lo que creo, realmente...

    —¿Y en qué crees? —preguntó White, alzando una ceja. —¿Creer en qué causa, dices?

    —Ése es tu problema. —se limpió la mugre de sus uñas. —Siempre alguien es el monstruo para otro. Kentaurus quiso que nosotros seamos el de ustedes y viceversa. Tiempos oscuros requieren a hombres oscuros, me dijo. Sabe que soy un perro de guerra, que somos perros de guerra. Mi tripulación no podría navegar contigo, cerca de ti o con ninguna de tus marinas. Estoy seguro de que tus chicas tampoco podrían hacerlo con los míos. Hay hombres que estamos crucificados por el mal, por el odio impuesto. Y esa gente no sirve para una nueva potencia. ¿Quieres seguir adelante y arrasar a Kentaurus? Hazlo. No te detendré. Pero que sepas que nuestro enemigo en común, nuestros enemigos en común... son los que comandan todo desde el rincón más seguro de sus bases secretas. Nunca hubo un chicos versus chicas ni tal. No encuentro la razón de nuestro odio. Y es por que no la hay, no existe. La impusieron. La verdadera guerra comenzará luego de estas escaramuzas... y cuando digo que es la verdadera guerra no me refiero a hombres contra mujeres, no me refiero al Esperma contra el Óvulo, me refiero a que la tiranía está en camino... y es nuestro deber, tuyo y mío, acabar con eso. Una tiranía que infectará a la nueva generación.

    Liza White no supo en qué momento había bajado su pistola pero lo había hecho. Su expresión no cambiaba; entrecejo fruncido y ojos entrecerrados. Pero había comenzado a escuchar, por primera vez. No sabía si era una treta o simplemente Rapuma se había vuelto loco... pero sus palabras sonaban tan cuerdas, tan crudamente ciertas.

    —¿Y qué harás tú? —preguntó la mujer, bajando por primera vez su guardia.

    —Pelear. Como toda mi vida. Pero no puedo hacerlo contra Kentaurus. Ya no.

    —¿Y por qué no?

    —Porque mi tripulación está infectada de ese odio visceral contra ti y tu gente. Y no puedo abandonarlos; morí con ellos cada vez que perdimos a compañeros y maté junto a ellos. El Esperma y yo mismo incluido, somos la última bandera de odio contra las mujeres. El último brazo de guerra de Kentaurus. No puedo huir, como tampoco puedo evitarlo. Porque mis hombres, hermanos míos de la vida, son el odio infundado contra el que quiero pelear... pero no los puedo dejar. No a ellos. Prefiero morir a dejarlos caer solos sin su capitán.

    InunoTaisho tocó el hombro de su capitana y ella giró para verle.

    —Liza, tenemos que irnos de aquí. No tardará mucho tiempo a que sus hombres se den cuenta de que no se encuentra en el campamento.

    —Si temes por eso, mujer. —dijo Rapuma ásperamente. —No tienes de qué preocuparte. Mis hombres festejan, ¿no escuchan las canciones de las lejanías? Cantan porque saben que mañana nos espera la última batalla. Siempre es bueno emborracharse antes de una pelea, ¿verdad?

    Liza White intentó escuchar y sintió la canción de lejos, como si fuera un eco; también sintió la brisa del mar de las cercanías.

    —GRAAA! ¡CANCIONES!

    Rapuma extendió el brazo y la guacamaya caminó lentamente por todo su brazo hasta posarse en su antebrazo, mirando curiosamente a Liza White.

    —Quiero que te la lleves, White. Grita mucho y le gusta la manzana, pero es una compañera fiel. Y sí, es ella. Aunque todos piensan que es él.

    Liza White miró con escepticismo al pajarraco rojo y éste agitó las alas y saltó con agilidad hacia el hombro de ella.

    —GRAA! ¡MUJERES! ¡A CUBIERTO!

    Rapuma sonrió.
    —Aunque hay que enseñarles otras palabras, claro.

    —Te daré tiempo para que escapes con tu tripulación. —dijo entonces Liza White, mirando con desdén al animal sobre su hombro. —Al alba no quiero ver la silueta de tu horrible barco en el horizonte o te haré añicos, quiero que lo sepas. —sentenció la mujer, mirándolo nuevamente directo a los ojos; encontrándose con los orbes verdes de Rapuma, ojos sinceros pero cansados de tanta guerra. Él en cambio vio ojos celestes, como el mar. El mar es más mujer que otra cosa, con tantos misterios y peces salados.

    Rapuma no dijo nada y las mujeres se retiraron lentamente, una a una. Cuando estuvo seguro de que estaba solo se levantó y acarició las ruinas romanas.

    "Vidi
    Vidi
    Vici"

    Volvió al campamento con sus hombres y encontró a casi todos borrachos o a punto de estarlo. Habían hecho un enorme fogón en el centro y las botellas de ron volaban de mano en mano y también el opio que se fumaba en pipa larga robada de Cuba.

    —¡Capitán! —gritó un enérgico Went al localizarlo. —¡Pensé que se había emborrachado y se había perdido sobre un cactus!

    —Eso quisiera, señor Went, pero no. Temo que salí a caminar y perdí el sentido de la orientación. ¿Hay ron?

    —¡Siempre hay ron, capitán! —sonrió y le alcanzó una botella a medio beber. —Un borracho no pudo con su contenido.

    Rapuma bebió la botella de un sorbo y la lanzó contra la arena. Eructó y se sentó alrededor de la fogata que ardía mas que nunca.

    —¡Capitán! ¡Una canción, capitán! —gritó alguien, pero Rapuma no estaba seguro de quién. El coro se repitió una y una y otra vez hasta que Rapuma tuvo que levantarse y cantar su típica canción para que sus marinos puedan relajarse antes de una cruenta batalla que estaban próximos a vivirla.


    Comenzó a cantar y poco a poco todos los marinos, incluyendo el señor Went, se sumaron al coro o gritaban de fondo, brindando y moviendo sus botellas de ron; algunos abrazados a otros, moviéndose por mera inercia.
     
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  8.  
    InunoTaisho

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    "Veni, vidi, vici', todo está dicho.
    Me perdi, desde cuándo yo fui su prisionera?


    P. D. Edito, ya descubrí dónde caí en sus redes!... Es que recibí muchas alertas últimamente que de seguro por ahí se perdieron los avisos de las continuaciones.

    Me gustó esta última continuación contigo y Liza razonando sobre quiénes son los verdaderos culpables detrás de todo el odio entre chicos y chicas (que dicho sea de paso el juego quedó en el olvido... XD), pero lo mejor fue el regalo muy personal hacia su persona... Eres todo un pan dulce.

    Esperemos por la culminación de está ligera trama, gracias por escribir
     
    Última edición: 11 Diciembre 2019 a las 10:08 AM
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