Bajo la máscara.

Tema en 'Relatos' iniciado por Lisa Rush, 22 Noviembre 2010.

  1.  
    Lisa Rush

    Lisa Rush Entusiasta

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    Bajo la máscara.
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    We, esto... surgió de repente. Tengo la primera parte, que no tiene que vr mucho con esta.El final iba a ser distinto, pero bueno, así quedó. Sinceramente, no me gusta.

    Título: Bajo la máscara.
    Autora: Lisa Rush (Mika Hosokawa).
    Palabras: 603 -sin contar el título-
    N/A: En determinado momento de la historia parecerá que la fiesta la hizo alguien de clase alta, sin embargo, no es así, ya que la chica con la que me inspiré para hacer a la anfitriona de la fiesta no pertenece a ese rango social.

    Bajo la máscara.

    Estaba seguro de haber visto algo negro corriendo al verlo llegar.
    Divisó rápidamente el lugar donde la forma había huido; curiosamente ahí estaban las amigas de su novia. Cómo no reconocer el largo cabello de Lindsay, la estatura de Rochelle y la piel blanca de Eileen. Se acercó a ellas rápidamente, sin importarle demasiado si sus amigos estaban allí y lo habían visto.
    Las muchachas, al verlo, se miraron intercambiando sonrisas traviesas. Eileen llevaba un vestido violeta hasta las rodillas, con tirantes. Su máscara era blanca y tenía brillos. A Frank no le importó demasiado lo que las otras chicas llevaran puesto: debía hablar con la cumpleañera.
    —Feliz cumpleaños. Olvidé tu regalo, cuando me acordé, ya estaba en el taxi —se adelantó el chico.
    —Está bien.
    Eileen no confiaba mucho en él. Creía, como la mayoría de las chicas que él conocía, que Frank era un idiota egoísta. Nadie comprendía cómo podía gustarle a Millie. A pesar de que ambos se parecían, eran distintos al mismo tiempo.
    —Me alegro de que la fiesta al final no hubiese sido de disfraces. Gracias por hacerla de máscaras.
    —No fue por ti.
    —¿Viste a Millie, cierto? —susurró Frank seriamente, yendo al grano.
    —Puede que sí, puede que no —exclamó Sarah. Tenía un vestido con un moño verde debajo del pecho, y su máscara era algo rara: tenía plumas a los lados y era color azul oscuro.
    Frank la observó sospechosamente.
    —Sí, la vieron.
    —Búscala —dijeron las cuatro al mismo tiempo y se dieron vuelta, dando por terminado el tema.
    Frustrado, Frank se escabulló por entre los presentes, evitando toparse con cualquier conocido varón. Debía encontrar a su novia, se mordió el labio y caminó rápido y silencioso. Apartaba gente, pedía disculpas, susurraba maldiciones. Cada vez que lo veían, lo hacían de una manera extraña, ya que él no tenía la máscara puesta.
    —La maldita máscara…
    La sacó del bolsillo, escondido entre la gente, y se la puso. Era plateada, sin ningún diseño ni nada. Retomó su camino, hasta que divisó la figura negra. Al parecer, ésta se dio cuenta, porque también vio a Frank y echó a correr.
    El lugar era bastante grande, por desgracia. La figura corría torpemente, chocándose con todo el mundo. “Maleducada como siempre” pensó Frank al no ver que se paraba para disculparse. Volvió a morderse el labio y empezó a correr más rápido. Llegó a un gran salón, apenas habitado y la vio subir las escaleras y meterse a una habitación.
    Se apresuró. Tal vez detrás de esa puerta había otra. Subió las escaleras y se metió al cuarto. Para su sorpresa, era el ropero. Había un montón de abrigos allí. Caminó, despacio, tratando de no hacer ruido aunque sabía que ella ya sabía que estaba allí.
    De repente él tomó un abrigo y lo lanzó violentamente al aire. Ella tembló en su escondite. Frank hizo lo mismo con todos los abrigos que cruzaban su camino.
    La chica no se tranquilizó cuando él dejó de arrojar la ropa al aire, sino que sintió más miedo. “Hazlo ya, me encontraste” pensó, cerrando los ojos y sintiendo como una mano tiraba del abrigo de piel que la cubría y la dejaba al descubierto. Cuando los abrió, descubrió que todavía estaba debajo de la suave piel. En vez de haber hecho lo que ella pensaba, la mano de Frank se deslizó por abajo del abrigo y tomó su muñeca.
    El chico se agachó y de repente, Millie sintió otra mano que le arrebataba la máscara dorada con negra. Bajó la hermosa máscara se encontraba un hermoso rostro.
    —Te encontré —susurró Frank sobre sus labios.
     
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