Baño de chicos (2° piso)

Tema en 'Segunda planta' iniciado por Yugen, 3 Diciembre 2020.

  1.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s Team Nino

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    El baño de chicos del Sakura Gakkuen. Con cubículos cerrados y lavabos con espejo.

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    Gigi Blanche

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    Si había que verlo nada más, de casualidad la satisfacción no le salía por los poros de la piel o algo. El cabrón disfrutaba todo con un gusto que hasta daba envidia, ¿había que tener un tornillo flojo para contar con semejante fortuna? ¿No había otra manera? Qué desperdicio, vamos.

    Su respuesta me aflojó una sonrisa ladina y me mantuve en silencio, repasando sus tatuajes bastante porque sí. Ya me lo había advertido en la mañana, si el jodido loco parecía desayunar pólvora caliente todos los días y eso que no estaba al tanto de gran parte de sus movidas. Ni puta idea qué se le habría ocurrido para averiguar mi nombre, pero había procedido con una eficiencia digna de felicitaciones y la idea, quisiera o no, me arrojó una satisfacción estúpida encima.

    ¿Así o más ganas de reclamar la recompensa, Asmodeo?

    Sus intenciones eran obvias, así como su indiferencia por disimularlas, y a mí me daba igual. Nadie me había puesto un arma en la cabeza para meterme en este charco de fango. Al final me llamó por mi nombre, confirmando el resto de las suposiciones, y mi sonrisa se ensanchó.

    —Soy un hombre de palabra —murmuré, desviando mi atención hacia el pasillo—, así que...

    No volví a sus ojos ni nada del estilo, localicé mi objetivo y caminé con toda la calma del mundo hasta adentrarme en los baños del segundo piso. A ver, el cabrón este tenía pinta de marcarse un numerito digno de espectáculo en medio de Akihabara y salir bien fresco del asunto, así que mínimamente prefería reducir ese rango de probabilidades. En cuanto a lo demás, no, no estaba cien por ciento seguro de dónde me estaba metiendo.

    Pero que me preguntaran si me importaba.

    Eché un vistazo alrededor, al parecer incluso los cubículos estaban vacíos. Cosa de suerte, suponía. Avancé hasta la altura del último lavamanos y me giré en redondo, recostando la cadera en el mismo. Muy bien.

    Hora de saldar deudas.
     
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    Insane

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    Mi sonrisa se acentuó ligeramente al escuchar que era un hombre de palabra, ¿y cómo no? si me decepcionaría en caso de que se echara para atrás, pero para mi fortuna y la suya se mantuvo a lo que el disfrute se intensificó un poco. Lo seguí con una precisión ridícula al verlo echarse a caminar, denotando como tal que en este caso el baño del segundo piso sería el sitio seleccionado. Y que buenas decisiones tomaba el principito, si es que estaba hasta vacío. Recosté por un momento la espalda contra la puerta, dejándolo hacer al verlo dirigirse hacia el último de los lavados, recostando la cadera.

    Casi que lo recorrí de pies a cabeza como un escáner, tal cual hacía cada que me lo encontraba, casi como imaginándome lo que ya había pensando en pedirle desde el momento en que se echó al frente al aceptar darme algo a cambio.

    Saqué el móvil del bolsillo jugando con éste entre mis dedos por unos segundos hasta desbloquearle la pantalla y seleccionar el cronómetro.

    —Siete minutos —murmuré volviendo el ámbar sobre los suyos dejando ya la sonrisa cagada decorarme la cara, como pleno bufón antes del show.

    Caminé hasta él con parsimonia, colocándome al frente al dejar el móvil sobre el lavabo a un costado de su cuerpo, con el brillo a medias. Me incliné mínimamente hasta alcanzar su oído en el proceso, susurrándole sobre hélix.

    —Siete minutos en los que te vas a quedar quieto, principito —esperé ahí, con las manos a cada lado de su cuerpo sobre la superficie fría sin aún tocarle un pelo, cerciorándome si alguna clase de duda se colaba para saber si se iba a retractar o simplemente me dejaría hacer lo que me viniese en gana.
     
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    bueno permisito i have to

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    En el preciso instante donde Kasun cerró la puerta tras su espalda me cayó encima una ligera cuota de tensión. Fue sutil, fácilmente removible, pero me di cuenta que era la primera vez que estábamos solos de verdad, que veía los malditos hilos del mundo y todo aquello unido a la figura de Zeldryck se tragaba la luz con la oscuridad del más profundo de los negros. No que yo fuera un santo, eso no se ponía en tela de juicio, pero ya había huido una vez, ¿verdad? Aunque en la puta vida fuera a admitirlo. Ya había huido una vez y ahora acababa de ponerme yo solito la soga al cuello.

    Y era una mezcla ridícula de miedo y placer.

    Noté cómo me escaneaba de arriba abajo y respiré suavemente por la nariz, manteniendo la vista pegada a sus ojos. Era ese imbécil, sin importar lo que estuviera sintiendo siempre mantendría infalible la máscara de soberbia y vanidad. Kasun sacó el móvil, vete a saber para qué, francamente no tenía la menor idea qué le rondaba la mente y prefería silenciar las cientos de voces chillándome sobre la piel los peores, peores escenarios de todos. Tampoco me iría a creer que se clavaría algo demasiado... bueno, demasiado en el baño de la escuela, ¿verdad?

    O quizás estaba siendo ingenuo a cagar.

    Le mantuve la mirada al regresar él a mis ojos, a medida que se acercaba. ¿Siete minutos? Seguí aguardando, tan quieto que parecía una estatua, y reflejé su sonrisa de mierda tan sólo con una cuota acentuada de calma. Puro show, venga, pero igual colaba y eso era lo importante, ¿no? Dejó el móvil por ahí, supuse que encima del lavabo, honestamente no le quité la vista de encima. Repasé sus facciones cuando se detuvo y al inclinarse sobre mi oído otra cuota de tensión me cayó por la espalda. Fue extraña, fue diferente y se revolvió con la chispa de un escalofrío.

    ¿Siete minutos quieto?

    Joder, Kasun.

    Se me aflojó una risa vaga, la solté por la nariz y me extendió una sonrisa plenamente sardónica en el rostro. Hice el cuello hacia atrás con la intención de volver a encontrar sus ojos, que me pusiera atención, y le mostré cómo alzaba las manos para luego hundirlas en los bolsillos.

    ¿Estaba seguro de lo que hacía?

    Ni un poco.


    —Adelante, Asmodeo —susurré, la chispa de mierda opacando el color miel de mis ojos.

    Y esa estupidez era la que me ponía.

    perdón, sé que debo otras respuestas pero como ya todos sabrán, im a slut
     
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    En su momento esperé cualquier índice de duda para alejarme unos pasos al pensar que como en el jardín frontal saldría con alguna excusa para lavarse las manos, así que un poco me sorprendió que optara por no demostrar visiblemente cualquier incomodidad u vacilación, echando otra chispa a una candela que apenas y comenzaba a tomar color pese a mantener encendida. Me sonreí como cual bufón al sentirlo buscar mi atención, complaciéndolo al usar sus orbes como espejo, denotando el cómo alzaba las manos y se las guardaba en los bolsillos.

    Accediendo.

    Me relamí los labios ante la mención de uno de los príncipes del infierno.

    Vaya, el principito me identificaba como un sucio lujurioso, pero qué buenos ojos.

    Presioné el cronómetro para que iniciara la cuenta del tiempo, a fin de cuentas era un límite autoimpuesto que me resultaba de lo más placentero. Proseguí entonces con los nudillos de la izquierda a sostener su mentón ligeramente, haciendo ademán de que me dirigiría a sus labios, pero en su lugar los rocé, desviándome a un milímetro de ellos, optando por escoger el camino de una de sus mejillas en una caricia de nada, invitándolo nuevamente con los nudillos a elevar más el mentón para que clavara la vista en el techo mientras me deslizaba por su cuello ahora sí con mis labios entre besos húmedos.

    —Pero que buen chico~ —le eché el aliento encima de la piel con una sonrisa filosa, pasando ahora la punta de la lengua sobre la tersa dermis hasta llegar al borde de la mandíbula, ascendiendo hasta su oreja de nueva cuenta, presionando entre los dientes con suavidad el lóbulo de ésta.

    Continué detallando el borde de la misma hasta separarme apenas, dejando su mentón para jugar con su corbata entre los dedos, a lo que miré de soslayo el tiempo en la pantalla táctil con una serenidad irrisoria.

    >>Van dos minutos, principito~
     
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    El apodo le había gustado al cabrón, ¿eh? No me molesté en disimular demasiado que le prestaba atención a la forma en que se relamía, si total la estupidez me arrojó encima el fantasma de las cosas que habíamos hecho en la fiesta. No tendía a ser esa clase de persona, es decir, de los que iban liándose con alguien diferente cada noche, y estaba bastante seguro que se me notaba. Tuviera o no conexiones con el inframundo, fuera o no un puto protegido de la yakuza, había campos donde podía considerarme, qué sé yo, un bebé. El ámbito personal era uno de ellos. Contacto físico, intimidad, sexo, todas esas mierdas a las cuales apenas había accedido y con unas muy pocas personas.

    Y que, estimaba, Kasun ya estaba graduado con honores.

    El color de sus ojos era ridículamente parecido al mío, y aún así encontraba en ellos una chispa de lo más caótica, impulsiva, incluso animal. Vete a saber si los tatuajes influían. Nunca me había enredado con un tío del estilo, la verdad fuese dicha, de modo que iba un poco dando palos de ciego. Como siempre, sin embargo, gracias al estúpido ego y todo lo demás, me arrojaba de cabeza en pozos donde no sabía qué esperaba al fondo.

    Curioso, siendo que para todo lo demás era tan metódico y racional.

    Sentí sus nudillos bajo mi mentón, fue un roce de lo más sutil y permanecí quieto, justo como se me había indicado, en lo que se arrimaba a mis labios. El roce me arrancó una sonrisa apenas distinguible, fue más el aire que solté por la nariz y el ligero, ligerísimo chispazo que me corrió por la columna. El cabrón no concretó nada, se deslizó por mi mejilla y alcé el rostro en cuanto advertí la suave presión de sus nudillos. Si no estaría hecho un niño de lo más obediente. La escayola blanca del techo apareció en mi campo de visión y entrecerré los ojos al recibir sus labios, cerrándolos por completo un par de segundos después. Mantuve los labios sellados, respirando sereno por la nariz, ya que seguía siendo un cabrón y realmente iba a tener que esforzarse si esperaba arrancarme alguna reacción.

    Aunque debía reconocer, el jodido sabía lo que hacía.

    Su voz se coló entre la oscuridad que se había cernido sobre el mundo, me resultó suave y rasposa al mismo tiempo, y esbocé una sonrisa de plena suficiencia. Entreabrí los ojos, enfoqué el panorama lentamente en lo que Zeldryck subía hasta mi oreja y la mordisqueaba apenas, y aproveché la oportunidad para enderezar un poco el cuello. Sus dedos abandonaron mi mentón, se deslizaron hasta el nudo de la corbata y sentí el corazón golpetearme el pecho con cierta insistencia. Tenue pero constante.

    Su voz me alcanzó de nuevo.

    —Te quedan cinco —susurré aunque fuera una puta obviedad, y mi sonrisa se amplió al relamerme y buscarlo de soslayo, así fuera para repasar el color de su cabello—. A ver cómo los aprovechas~
     
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    El disfrute se deslizaba por mi sistema nervioso pese a saber que esto sería un pequeño recorrido para descubrir pequeños puntos de estremecimiento no tenía nombre, el cómo me invadía la sensación viciosa de dar un corto paso con las personas hasta elevar la temperatura lo suficiente para causar alguna expresión visual o auditiva que me satisfaciera el fuego interno.

    Una sonrisa a dientes descubiertos con cierto tinte de malicia se impregnó en mis labios al escucharlo hablar.

    Soplé suavemente en su oído a la vez que desajusté el nudo de su corbata, enderezándome para encontrar sus ojos a medida que abandonaba la tela maltrecha para deslizar los nudillos por sus costillas, abriendo la palma al descender para afianzar un leve agarre al llegar a su cadera, instándolo a girarse para ya buscar sus orbes a través del espejo.

    Sería una mejor vista para él.

    Podría vigilarme aún más.

    Mira que considerado podía llegar a ser.


    Deslicé las pupilas hasta sus labios por medio del reflejo.

    —Podría enseñarte —murmuré al acercarme ya por atrás, sin dejar distancia entre su cuerpo y el mío.

    Porque lo había notado, el escape de la fiesta frente a la tensión de mi propuesta explícita sobre irnos los tres hacia un sitio más privado del que lo salvó la llamada, el cómo mantenía la compostura pese a mis insinuaciones en los casilleros, el cómo me supervisaba apenas entré al baño tras él de una forma tan calculadora, como si fuese consciente de que por primera vez estábamos completamente solos.

    Colé los dedos por debajo de la tela de su camiseta delineando pequeños círculos sobre su abdomen bajo con el índice a medida que me enterraba en su nuca, dejando inicialmente un casto beso que pasó a ser un pequeño chupetón que no tardé en presionar ligeramente con los dientes, sin dejar de verlo en ningún momento.

    —Enseñarte a pensar en blanco durante este año escolar, principito~ —paladeé el apodo echándole el aliento sobre la dermis de nuevo. Observé de soslayo el móvil.

    Una notificación nueva que revisaría al rato.

    Recosté el mentón sobre su hombro, observándolo entre las pestañas con las pupilas teñidas en oscuridad a través del espejo sin detener el movimiento de mis dedos, trazando ahora pequeñas líneas cerca a sus oblicuos.

    >>Dos minutos menos.
     
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    El cabrón sopló cerca de mi oído, fue una cosa de lo más sutil pero me forzó a preguntarme bajo qué puto espectro se movía. Se me hacía que contaba con una capacidad de adaptación increíble, si así debía tomarse dos minutos o dos años para conseguir lo que quería, el cabrón lo hacía. Persevera y triunfarás, ¿eh? Esa estupidez me identificaba demasiado, si debía ser honesto. Siempre era el primero en otorgarle tiempo al tiempo, cocinarlo todo a fuego lento y aguardar, aguardar y aguardar hasta el momento preciso para asestar el golpe. La paciencia era una virtud, había oído mil veces de Teruaki-san, y más allá de cuánto le favoreciera imprimirme esa filosofía en el cerebro tampoco creía que estuviera muy errado.

    La tela de la corbata se deslizó hasta desaparecer, la dejó caer por ahí y tuve que tragarme las ganas de recogerla del suelo. Nada que hacerle, ya había dicho que era un hombre de palabra. Seguí el movimiento de la prenda de soslayo y luego regresé a los ojos de Zeldryck, soltando el aire por la nariz. Bueno, más le valía hacer bien su trabajo, lo suficiente para ayudarme a olvidar ese pequeño detalle~

    Sentí la presión de su mano incluso a través de la camisa, en cuanto se afianzó en mis caderas me aflojó una sonrisa vaga y obedecí, girando en redondo. Topé con mis ojos en el espejo, primero, luego lo busqué a él. De un segundo al otro me hice una idea de lo que pasaría, de cómo sería, y otro chispazo de satisfacción se acomodó en mi cuerpo. Prácticamente contuve la respiración al sentirlo acercarse, su cuerpo extinguió toda distancia contra el mío y tuve que exhalar a consciencia. Si no sería kinky el jodido, con las ideas que se le ocurrían.

    Podría enseñarte.

    No podía decir que me desagradara.

    Su brazo me rodeó, se las arregló para quitarme la camisa del pantalón y mi respiración se acentuó ligeramente al sentir el tacto de sus dedos directo en mi piel. Tensé apenas la mandíbula, fue un reflejo y me di cuenta que, efectivamente, se notaba en el espejo. La idea no perduró mucho en mi mente, no cuando lo vi hundirse en mi cuello y, un segundo después, lo sentí. Su mano seguía allí, trazando círculos vagos, y pestañeé con pesadez. Solté el aire por la nariz como si lo hubiese estado conteniendo y me maldije, me maldije en silencio.

    Porque no me apetecía ni un poco quitarle la vista de encima.

    Sus ojos no se habían desprendido de los míos ni un puto instante, al final se apoyó en mi hombro y las manos me picaron dentro de los bolsillos, molestas, como si les caminaran insectos encima. Así y todo, le eché una sonrisa encima.

    Enseñarte a pensar en blanco durante este año escolar, principito~

    —Qué diligente —susurré, brevemente distraído por los movimientos de su mano y la jodida expectativa que me generaban—. ¿A qué debo semejante honor?

    Quizá no fuera a salir de mi boca, pero lo cierto era que estaba tan pendiente del cronómetro como él y no precisamente por las razones que uno esperaría. Era el correr frenético de los milisegundos, la garganta que comenzaba a molestarme, su cuerpo pegado al mío y la incertidumbre, descargándose en mi piel como jodida electricidad.

    De no saber qué haría a continuación.
     
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    No perdí ningún rastro de cualquier índice de tensión en él, tal como ya lo había pensado desde que lo abordé de espaldas en la planta baja, el que me apetecía verlo más, más y más tenso hasta lograr alguna reacción placentera de su parte al permitirse responder con su cuerpo y no con la metodología de su cabeza, como lo que acababa de otorgarme al dejar escapar el aire contenido que llegó directo a mis oídos, provocando que se me acentuará la sonrisa sátira en la cara. Permanecí con el mentón sobre su hombro parpadeando con parsimonia, como si todo lo que estaba haciendo al estarme permitiendo ponerle las manos encima no me estuviese empezando a poner.

    Qué diligente.

    La mano que tenía apoyada en el lavabo la elevé hasta alcanzar el cuello de su camiseta, desnudando parte de su hombro y por ahí derecho la clavícula para posar los labios sobre la nueva piel por explorar, presionando sin dejar de ver sus orbes dorados como si estuviese enviciado en ellos.

    ¿A qué debo semejante honor?

    —Quién sabe —murmuré con el deje burlón impregnado en la voz, dejando la derecha deslizarse a lo largo del costado de su cuerpo para acentuarla en su cintura a la vez que deslizaba el índice con el que anteriormente delineaba su abdomen, trasladando las caricias ahora tentativas sobre el borde de su pantalón, rozando apenas el botón de aposta.

    No era ninguna sorpresa el que el tipejo me gustaba para comérmelo de pies a cabeza como la mayor cantidad de gente con la que me topaba, sin embargo algo diferente si había, único quizá por descubrir hasta qué punto me permitiría seguir en el transcurso de la marcha a través de los días al tener ese juego de tira y afloja; qué me permitiría ver, qué me dejaría disfrutar de él, que disfrutaría para hacerlo perder la cabeza en el placer, qué nunca me permitiría saber al ser tan rígido, estirado y caprichoso. Me ponía a mover los engranajes como un juego que me calentaba la cabeza al disminuir el infierno interno de lujuria que mantenía vívido sobre mí, porque de inocente el chico no cargaba un pelo, pero en el ámbito sexual se notaba el largo trecho.

    Kou Shinomiya.

    Deslicé la punta de la lengua desde su clavícula hasta la curvatura de su cuello, chupando la piel sensible hasta saber que dejaría una pequeña marca, si es que me iban todas esas cosas jodidas, e imaginarme al principito ocultándola con la ropa o maquillaje era otro chispazo de satisfacción. Mordí suavemente sobre la marca recién dejada a medida que repetía el movimiento sobre el borde de la tela, sin dejar de verlo entre las pestañas como un maldito adicto.

    Dos minutos menos.

    Me re-acomodé apenas para rozarlo desde atrás por pura manía, alcanzando su oído para susurrar contra el mismo.

    >>Ahora solo queda uno, principito~
     
    • Zukulemtho Zukulemtho x 4
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    Gigi Blanche

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    Al menos debía reconocerle que aquella tensión inicial, esa que no llegué a controlar al saberme solo con él, se había disuelto lo suficiente para ignorarla y enfocarme en el resto de las mierdas. Me había quitado de encima, si se quiere, la ligera ansiedad provocada por el costado francamente desagradable de la incertidumbre. Bueno, también se lo podía atribuir a las putas hormonas de crío de diecisiete años, pero para el caso me valía.

    Por un momento había olvidado que estábamos en los baños de la escuela, que cualquier imbécil podía entrar y comerse de lleno todo el espectáculo imposible de disfrazar. No con el cabrón pegado a mí como lapa, impidiéndome olvidar a cada segundo que estaba allí, que esas eran sus manos y que el calor residual trazando caminos en mi piel eran su culpa y sólo su culpa.

    Como para pedirle que no se detuviera y todo.

    Seguí el movimiento de su mano a través del espejo, me corrió la ropa lo suficiente y apenas el roce me supo a electricidad. Sus labios alcanzaron mi piel, estaban húmedos y puta mierda, verlo todo como un jodido voyeur me aflojaba los cables más de lo que habría deseado. No le quité la vista de encima ni un maldito segundo y me removí apenas unos milímetros al sentir sus dientes de nueva cuenta, marcándome. Volví a soltar el aire de golpe, entreabrí los labios y los remojé, plenamente consciente de su mano tentando el borde del pantalón. Tragué saliva.

    Si no se estaría divirtiendo el muy cabrón.

    Literalmente me lamió el cuello, lo vi hacerlo y ya esta vez el aire se me escapó por la boca; no que me esforzara mucho por contenerlo, de todos modos. Entorné la mirada, intentando distraerme de su mano allí abajo, pero el cosquilleo sólo recrudecía y sentí una ligera molestia dentro del jodido pantalón. El hijo de puta a este paso iba a dejarme caliente como la mierda y sin nada concreto.

    Se removió, tensé la mandíbula y lo imité apenas, buscando el contacto con su cuerpo. No fue del todo voluntario, pero ¿qué iba a hacerle? Me echó el aliento tibio encima de la oreja y sonreí, girando el rostro para verlo de frente.

    —¿No crees va siendo hora de hacer valer mejor tu recompensa? —susurré, socarrón.
     
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    El que no perdiera detalle de cualquiera de mis movimientos me incentivaba a continuar en ellos como sino fuese consciente de que estaba sintiendo el gusto morboso por tenerlo ahí, quieto, obediente, dejándose recorrer que daba gusto en un sitio perfectamente público, en el que podían entrar y me daría exactamente igual si se quedaban a ver cómo seguía el espectáculo. De nuevo el aire pesado abandonó sus pulmones luego de removerse ligeramente, opacando aún más mis orbes dorados como si fuese posible. El placer que me invadía al verlo entreabrir los labios, relamerse en conjunto al movimiento de su manzana de adán al tragar me invitaba como Dios a Satanás por ocupar un lugar.

    Enderecé apenas la cabeza al verlo exhalar por la boca, provocando que mi sonrisa se afilara como un maldito que disfrutaba de dar aquellos pequeños espasmos de disfrute, sintiéndolo apenas volver a moverse a lo que ajusté la mano que permanecía en su cintura, casi indicándole que así estaba bien, que lo hiciera cuantas veces le viniera en gana por muy mínimo que fuese el roce. Sus ojos dieron con los míos casi al instante en que indiqué lo poco que quedaba de la regla autoimpuesta.

    Pero que impaciente, principito~

    Dejé ir su cintura para volver a instar a que se girara, aunque en esta ocasión ejercí algo de dominación para girarlo quizá más deprisa de lo que lo hizo él la primera vez. Que quedase frente a mí sin moverme en realidad ni un solo centímetro hacia atrás acababa poniéndome un poco más, a fin de cuentas la fricción en el proceso me lanzó otra chispa de candela al averno de mi cabeza, manteniendo mi cintura pegada a la suya de aposta. Si es que parecía que no era el único animado en la fiesta, de sobra. Con la izquierda continué en el borde del pantalón desajustando el botón, mientras con la derecha lo sujetaba del mentón casi fijo, relamiéndome los labios al comenzar a jugar con el cierre del pantalón escolar ajeno, como sino estuviese por el movimiento fantasma tocando ridículamente cerca de su intimidad.

    Me incliné entonces para atrapar sus labios entre los míos, pero en ese momento, justo en ese momento de soslayo noté el reloj marcar el tiempo.

    —Siete minutos, Kou —paladeé su nombre contra su boca al no estar a más que a un centímetro de comérmela.

    Alejé cualquier tacto de él con parsimonia, sujetando el móvil con lentitud para echarme hacia atrás con la sonrisa cagada en la cara, como sino hubiese terminado también más caliente que la mierda, pero era el límite que había marcado sobre la recompensa que en realidad se me antojaba en demasía, pero si algo tenía en mente al pensarme qué pedirle por saber su nombre era que al menos, esa tarde, y quizá parte de la noche el principito me tendría martillándole la cabeza, a menos que no se le antojara recordar.

    —A la próxima quisiera tú número de celular —comenté burlón al comenzar a caminar hacia la puerta, mirándolo sobre el hombro al momento de alcanzarla mostrándole los dientes como la hiena que era antes de abrirla al denotar la marca que había dejado en la parte posterior de su nuca, la que tenía en la curvatura de su cuello cerca de la clavícula, la ropa desordenada y la corbata tirada—. Por cierto, te inscribí en mi club de kickboxing así que... ganbare, ganbare, principito~

    HORNYYYYY
     
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    La verdad sea dicha es que no tenía ninguna objetivo o plan para el receso, simplemente había huido de Sakuya porque lo mínimo que tenía claro era que no quería saber nada del proyecto hasta que ya fuese inevitable. Así que había bajado completamente a mi ritmo hasta la planta baja, para ver si me compraba algo para picar o lo que sea, pero lo cierto era que aun tenía el estómago un poco revuelto y acabé por desistir de la idea.

    El patio estaba a rebosar, la biblioteca también, y al final volví sobre mis pasos para ver si podía pillar a Thi y al menos tenía la decencia de hacerle compañía durante el almuerzo después de prácticamente haberla ignorado por la mañana.

    Ese había sido el plan inicial, claro, pero a veces ocurren giros dramáticos de los acontecimientos y una tiene que cambiar los planes a última hora. ¿Qué había pasado exactamente? Pues mientras iba subiendo por el segundo piso capté de reojo un movimiento que captó mi atención, un poco porque sí, y no tardé en reconocer los tatuajes del tal Kasun de la fiesta. Que me llamasen loca, o quizás tenía un sexto sentido, pero el cabrón tenía pinta de que no había estado en el baño para lavarse las manos exactamente.

    A ver, lo que iba a hacer muy ético no era, pero que me preguntasen si me importaba lo más mínimo. Cuestión de que me acerqué a la puerta del baño, que había dejado abierta, y me fue prácticamente imposible esconder la carcajada que me salió de los labios al ver el panorama.

    Mira tú quién parecía una perra en celos ahora.

    —¿Todo bien, cielo? Te veo un poco descompuesto~

    Me eché encima una capa de preocupación de lo más falsa, haciendo incluso un ligero puchero mientras hablaba, y me dejé caer hacia un lado hasta acabar apoyada en el marco de la puerta con el hombro. Se me coló un poco de burla en el tono de voz, qué remedio, pero nada intencional, ¿eh? ¡Estaba preocupada de verdad de la buena!
     
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    Gigi Blanche

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    Fui estúpidamente consciente de cómo su mano se ajustó en torno a mi cintura apenas me removí, aunque no reaccioné en verdad ni demostré señales de obedecer a lo que, me parecía, estaba permitiéndome. Podía haber accedido a su capricho de los siete minutos, a quedarme quieto y dejarme a su maldita disposición, pero la letra pequeña del contrato siempre venía incluida y en eso era un puto experto.

    En ceder únicamente lo justo y necesario.

    De un momento al otro volvió a girarme, fue bastante brusco y se pegó a mí de inmediato. Tuve que tensar la mandíbula con fuerza contenida, así atendiera a relajarla casi de inmediato, porque si antes lo había sentido ahora era aún peor. El cabrón estaba en su putísima salsa, nunca lo había dudado, y el que insistiera sobre el borde de mi pantalón me echaba unas ganas estúpidas de quitármelo de encima o acabar lo que había iniciado, sin punto intermedio.

    Pero otra vez, la letra pequeña.

    Me sostuvo el mentón, atendí a sus ojos sin flaquear y esbocé una sonrisa floja cuando se acercó a mis labios. Pedazo de hijo de puta, me había abierto el pantalón de verdad e igual no me tragaba el teatro, si tenía el cronómetro impreso en el cerebro. Amagó, tentó, me rozó y ahí se quedó. Por mis santos muertos podría haber jurado que iba a hacer eso y aún así me tocó los cojones. No lo demostré, claro, en la puta vida.

    Mira que dejarme así de caliente e irse sin más.

    Escuché lo del número de celular y arrugué un poco el ceño cuando me avisó del club, aunque no le aporté las neuronas suficientes para procesarlo de verdad. En ese momento me daba bastante igual. Seguí su silueta con la serenidad de siempre pegada al rostro, la prepotencia también, y sonreí con ganas al chocar con sus ojos por última vez.

    —Cuando quieras —accedí, cediendo pero invitándolo, otra vez, a que fuera él quien me buscara.

    No, si era un montón de ego antes que ser humano.

    Finalmente se fue, sabiéndome solo en los baños, y saqué las manos de los bolsillos para masajearme un poco la cara. Solté el aire en una suerte de bufido, fue denso y dejé caer los brazos en peso muerto, apresurándome para, como mínimo, volver a abotonarme el pantalón. Estaba recogiendo la corbata del suelo cuando la risa femenina se replicó entre las paredes, echándome una chispa de mala hostia encima. Mira que venir a joder justo ahora.

    Me erguí, deslizando la mirada hacia la puerta, y di con el cabello rosado de Riamu. La repasé en silencio, volviendo a relajar las caderas contra el lavabo, y bajé la mirada hacia la corbata que tenía entre manos. Podría haberme molestado de verdad, echarle encima el mal humor o irme sin más. Podría haber hecho muchísimas cosas, el caso era que... no me apetecían del todo. Esbocé una sonrisa torcida, soltando el aire por la nariz, y busqué sus ojos con calma. Agité apenas la corbata en mi mano, mostrándosela.

    —¿Me ayudas? —murmuré, suavizando luego el tono—. Ri-chan~


    Digo, ya que tan preocupada se veía.
     
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    Amane

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    ¿Qué iba a saber yo de todo el espectáculo que se habían montado ahí mismo? Es decir, podía hacerme una mínima idea solo por ver el aspecto de Kou, pero ni de lejos iba a poder imaginar la estupidez que se le hubiese pasado a Zeldryck (porque bastante obvio que había sido idea suya, duh) por la cabeza. ¿Importaba? No mucho, si me había montado mi propia versión y no tenía nada que envidiar a la original.

    Cuestión de que, bueno, tampoco me podía imaginar que se iba a molestar por mi presencia. Podía ser medio obvio, de hecho lo era, pero repentinamente me lo estaba pasando tan bien con las posibilidades que se presentaban que no podía importarme menos lo que hubiese pensando. Parecía con ganas de seguir montando en la estupidez que fuese y me valía de sobra para hacer exactamente lo mismo.

    Recibí su mirada sin perder la sonrisa en ningún momento y la deslicé después hacia su mano, la que sujetaba la corbata y que comenzó a zarandear, para acabar soltando una risa floja por la nariz. Chasqueé la lengua, negando un par de veces con la cabeza, y eché un vistazo rápido hacia el pasillo sobre el hombro antes de separarme del marco y adentrarme en el baño. Le di un golpecito con el talón a la puerta, para cerrarla de nuevo a mi paso aprovechando que tampoco había sido abierta por completo, y recorrí al chico con la mirada en cuanto llegué a su posición.

    Estiré el brazo para coger la corbata de su mano, tirando con la suficiente suavidad para que la tela se deslizase apenas sobre su piel, e hice el amago que colocársela por detrás del cuello hasta que me di cuenta de un pequeño detalle que me hizo parar a medio camino. Me pasé así el accesorio sobre mi propia nuca, dejando los bordes colgando por mis hombros, y clavé la mirada un par de segundos en los botones desabrochados antes de subir a sus ojos.

    —Eh, Shino-kun, no quiero malentendidos~ Así que dime, dime... ¿quieres que continúe con los botones hacia arriba o... no sé, hacia abajo, por algún casual?
     
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    Gigi Blanche

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    No tenía la menor idea del espectáculo que la señorita aquí presente y Asmodeo se habían clavado en la fiesta, con la tía del salón como invitada especial, luego de que Teruaki-san me salvara el culo con su llamada de último minuto. No lo sabía pero, digamos, tampoco tenía mucho problema imaginándomelo. La propuesta ya existía al haberme ido y no dudaba que se hubieran encargado de cumplirla al pie de la letra. Bueno, lo de Tolvaj se me escapaba, pero si me contaban tampoco me sorprendería. Me iba haciendo idea del calibre de gente con la cual, sin venir mucho a cuento, me había involucrado de repente. Parecían moverse únicamente por y para su entretenimiento, su diversión y disfrute personal. Era un concepto que aplicaba a medias, no estaría en ese puto baño de otra manera, y de un momento al otro se me ocurrió que quizá, sólo quizá, los cabrones acabarían pegándome parte de sus vicios.

    Y la idea no me desagradó del todo.

    Iba a aceptar como que me apellidaba Shinomiya, eso no lo dudaba. Seguí sus movimientos al cerrar la puerta y acercarse con la sonrisa pegada al rostro, y medio giré el cuerpo para enfrentarla al reunirse conmigo. ¿Pero qué estaba haciendo, colándose en el baño de hombres? Qué niña tan mala~

    Sus ojos se pasearon por mi cuerpo, era obvio que sin abrir la boca igual quedaba clarísimo como el agua el numerito que nos habíamos montado con Kasun, y se me ocurrió que la chica sabría aprovecharlo a su favor. Me quitó la corbata con una delicadeza ridícula, la tela se deslizó entre mis dedos y regresé las manos a los bolsillos, detallando sus facciones al estar enfocada en la prenda. Alcé ligeramente las cejas en cuanto retrocedió sobre sus intenciones, echándose la corbata al cuello, y aguardé expectante hasta recibir sus ojos rosados. La satisfacción que me corrió por el cuerpo tras escucharla no fue ni puto normal.

    Puntos por originalidad.

    Bien hecho, bonita.

    Sabía que no irías a decepcionarme~

    —¿Eh~? —susurré, echándome un vistazo en el espejo, y coloqué cara de consternación al detallar la amplia abertura de mi camisa. Volví a mirarla y me encogí de hombros, sin molestarme en aplacar la diversión en mi sonrisa—. No lo sé, oye, se me olvidó cómo era.

    Saqué una mano del bolsillo para alcanzar sus mechones de cabello rosado, cortos y algo desprolijos. Jugueteé con las puntas entre mis dedos y rocé la curvatura de su cuello un par de veces, como quien no quiere la cosa.

    —¿Tú qué opinas, Ri-chan~?
     
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    Amane

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    Que me cortasen una mano si en algún momento había esperado de verdad que se subiese al carro con esa facilidad. Que sí, ya había visto que le gustaba montarse unos teatros que hasta que daban gusto y todo eso, pero supongo que había algo dentro de mí que seguía esperando que en algún momento se cansase de seguirme el rollo. Entre que seguía con todas las pintas de ser una estirado y que estábamos en mitad de la academia, tampoco era tan extraño, que sé yo.

    Claramente lo estaba subestimando.

    Y claramente lo habían dejado más caliente de lo que imaginaba.
    —¿Tan mala memoria, Shino-kun? Y tan joven, qué pena~

    No había dejado de mirarlo ni siquiera cuando se giró para observarse en el espejo, no sabría decir muy bien por qué, y aunque pretendí seguir con la diversión impostada en todo momento, tenía que admitir que hubo un breve segundo en el que me descolocó, cuando extendió el brazo para alcanzarme un par de mechones. Me recuperé súper rápido, eso sí, y acabé entornando la mirada casi sin querer al sentir los roces vagos sobre mi piel.

    No respondí directamente a su pregunta, simplemente di un paso hacia delante para acortar aun más la distancia si es que era posible y llevé mis manos hacia los botones de su camisa. Venga, un poquito obvio era la opción que iba a elegir, pero una vez más, qué poco me importaba ser obvia.

    Se los desabroché, claramente, con una suavidad y lentitud ridícula, y rocé la piel de su abdomen con la yema de los dedos cuando me deshice del último cierre de la prenda. Volví a repasarlo con la vista mientras regresaba a sus ojos y me sonreí al llegar, ladeando ligeramente la cabeza.

    >>Mira eso, definitivamente la directora debería cambiar el código de vestimenta. Todos ganaríamos con este, ¿no crees~?

    La cantidad de estupideces que soltaba cuando me lo pasaba bien eran dignas de estudio, eso sí.
     
    • Zukulemtho Zukulemtho x 4
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    Gigi Blanche

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    ¿Debía agradecerle a algún ente divino por la aparición de Riamu en ese preciso instante? Pues bueno, la verdad que sí. Ni siquiera había tenido tiempo de preguntarme qué carajo iba a hacer con mi vida cuando la chica apareció como caída del cielo, el resto me lo saqué de la manga pero tampoco iba a detenerme en sutilezas. No cuando ya nos habíamos comido la boca y habíamos seguido tonteando, borrachos o sobrios, en la fiesta o la escuela.

    Podía concederme el placer, digamos.

    A la primera tontería solté una risa de nada por la nariz, fue vaga y dejé morir el tema porque en definitiva no era más que relleno. Cumplía a su propósito, eso sí, pero no ameritaba mayor trascendencia. De la forma que fuera cargaba cierta gracia y era ligeramente satisfactorio saber que Riamu estaba dispuesta a seguirme el rollo sin cuestionarse mucho nada.

    Divertido por decir algo, claro.

    Me pareció notar que mi movida en su cabello le había sorprendido, fue cosa de nada, podría haber pasado por un puto delirio de fiebre si no tuviera esta maldita facilidad para percibir los aires a mi alrededor. No la culpaba, qué sé yo, era un jodido niño pijo que miraba al noventa por ciento del mundo como si fuera basura, ¿por qué habría de tocarla de pura voluntad? Bueno, lo mismo podría haberme preguntado de Kasun pero ahí estábamos. Al final, esos dos iban a agradarme más de lo que habría estimado nunca.

    Qué cosas.

    Se acercó a mí en vez de responder a mi pregunta, lo cual sólo acentuó la sonrisa en mi rostro y entorné la mirada, detallando sus facciones con una intensidad estúpida en lo que ella se encargaba de la camisa. A ver, era la primera vez que me desvestían en medio de la escuela y quizá debería haberme preocupado un poquito más, pero ¿qué iba a hacerle? Luego podría echarles la culpa de mi mal comportamiento, por haber sido una mala influencia y todo eso.

    ¿Cómo se atrevían a pervertir a semejante angelito~?

    Fue una cosa extraña, cada botón que aflojó me arrojó encima fogonazos del más puro negro. Se revolvía y amalgamaba con el sabor de la sangre, el humo contra mi nariz y el frío de la noche. Repercutió y penetró hasta oscurecerlo todo alrededor, hasta que la única mancha de color distinguible era el rosa pálido en el cabello y ojos de Riamu. Sus nudillos rozaron mi abdomen, erizándome la piel de nada, y recibí su mirada en silencio. Dijo una estupidez pero me importó una auténtica mierda, sólo me preocupé por afirmar una mano en su nuca y empujarla dentro de mi boca. La besé como me vino en gana, hundiéndome y enredando el brazo libre en su cintura para pegarla a mí.

    Como un puto animal o algo.

    Ah, ah~

    Tendría que echarle la culpa de todo a Asmodeo luego.
     
    • Zukulemtho Zukulemtho x 4
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    Amane

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    Pero bueno, Shino-kun~

    Mentiría si dijese que no me había esperado ese desenlace, si ya había quedado más que claro que el chico de piedra no era tampoco y ahí estaba yo zorreándole sin ninguna clase de vergüenza; mira que hasta ofendida estaría si no se me hubiese lanzado así. Que igual había sido un poco más pronto de lo que habría esperado, pero no iba a ser yo la que se quejase al respecto ni mucho menos.

    Lo sentí, pues, afianzándose a mi nuca y enredándose en mi cintura para prácticamente atraparme contra su cuerpo. No que quisiese escaparme ni nada, tonta no era, pero igual me cayó una satisfacción de lo más estúpida encima y, tenía que admitirlo, un poco me estaba poniendo notarlo tan agresivo de la nada. Colé más las manos en la abertura de la camisa, aun rozándole apenas la piel, y le dejé hacer lo que le diese la gana con el beso. Pura decencia de no querer incomodarlo, claro~

    Me tuve que separar después de un rato, en busca de aire, y en algún punto abrí la boca con clara intención de decirle algo. ¿El qué? Pues ni idea, en realidad. Sentía que estaba en la obligación de soltar alguna de mis tonterías después de tremendo espectáculo, pero lo cierto era que me había desconectado las neuronas más de lo que hubiese esperado.

    Acabé por suspirar, deslizando la vista hacia sus labios, y volví a impulsarme hacia delante en busca de los mismos. Separé las manos de su cuerpo y subí los brazos hasta alcanzar su cuello, pasándolos por detrás del mismo para atraerlo un poco más hacia mi posición. Fue en ese mismo momento también que me giré, hasta que noté el frío del lavabo chocándome en la espalda, y arrastré al chico con el movimiento pues porque no me quedaba de otra.

    No pude resistirme mucho más y terminé por colar la lengua en su boca, recorriéndola como me vino en gana porque aparentemente mi decencia tenía un límite bastante bajo, así cómo también acabé entrometiendo la pierna entre las suyas y con todo la movida acabé rozándole la entrepierna con el muslo. Fue completamente sin querer, ni siquiera me di cuenta de ello, pero bueno, lo hecho estaba hecho ya.

    En fin, vergüenza tendría que darme de lo erráticos que estaban siendo mis movimientos en ese momento, pero cómo si tuviese la cabeza para pensar mínimamente en eso.
     
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    Gigi Blanche

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    si es Kou, grandson tiene que estar involucrado somehow (??

    Kou 2.png

    No percibí ni un gramo de tensión o duda por parte de Riamu, cosa que sólo siguió contribuyendo a la jodida locura donde me había metido. No que fuera un ferviente defensor de ninguna clase de moral, pero cierta decencia tenía y con ella venían los límites. Había mierdas que no toleraba, por algo habíamos desterrado de Shibuya al puto enfermo de Yamamoto y jamás me había tragado a Tomoya. Era hipócrita que te cagas hablar de decencia si luego apaleaba a una pobre criatura con tal de marcar mi territorio, pero aquí, entre el fango y la podredumbre, cada quien dictaba sus propios códigos y más o menos llegábamos a consensos con tal de no pulverizarnos en medio minuto.

    Y ser un jodido violador quedaba fuera de todo rango de tolerancia.

    El caso era que no hubo tensión alguna y los cables, de por sí maltrechos, se siguieron aflojando. Se las arregló para colar las manos entre nosotros, relajé un poco el agarre en su cintura en respuesta, y se encargó de seguir tentando la piel expuesta de mi torso. Se movía con delicadeza, rozando aquí y allá, echándome encima un cosquilleo que sólo seguía avivando y avivando el incendio que no sabía podía poseer. Al menos a plena luz del día, claro.

    Se acopló a mi ritmo sin problema, permitiéndome besarla como me saliera del culo, y cuando se separó reduje las llamas prácticamente a cero. Solté el aire por la nariz, un poco agitado, y la mano en su nuca viajó entre sus hebras rosadas para descansar en el hueco entre su cuello y su hombro. Seguí el movimiento de sus ojos, adiviné sus intenciones un segundo antes y, mierda, siquiera me molesté en aplacarlo. Se lanzó a mis labios, las columnas de fuego estallaron y abarqué su espalda con ambas manos al echarme los brazos al cuello. Me arrastró al lavamanos, la pegué a mí de un empujón brusco y tenté la línea de sus caderas con movimientos pausados.

    ¿La habría espantado de saber que estas mismas manos mancillaban gente hasta dejarla tirada en un callejón?

    ¿Y que lo disfrutaba como un hijo de puta?

    Recibí su lengua sin un maldito problema, la presioné contra la mía y un gruñido bajo vibró en mi pecho al sentir su muslo entre mis piernas. Ni siquiera lo razoné, me afirmé aún más contra ella y acentué la fricción, bajando una mano hasta encontrar la piel expuesta de su pierna. La apreté con maña, arrastré los dedos hasta el dobladillo de la falda y me acomodé para despegarla del suelo, sentándola en el lavamanos de un movimiento rápido.

    Eh, sólo esperaba que aguantara~

    Para toda la gracia me había despegado de sus labios. Reparé en sus ojos, en las manchas rosadas en medio de la oscuridad, y le eché encima una jodida sonrisa de hiena antes de empujarme dentro de su boca otra vez. Enredé los dedos entre su mata de pelo sin demasiado orden, lo suficiente para mantenerla en su lugar, y antes de colar la lengua o marcarme cualquier movida rastrera deslicé los labios húmedos por la línea de su mandíbula, desembocando en su cuello. No me anduve con sutilezas, me lancé a su piel como un jodido hambriento y la mano en su cabello se aferró con maña, instándola a ladear la cabeza de un tirón. No fue exageradamente violento, pero tampoco fue suave.

    Recorrí su cuello de punta a punta, trazando un camino de fuego entre besos húmedos y mordidas ligeras. Me detuve por encima de su clavícula, respirando pesado, y solté una risa floja ante la estupidez que se me acababa de ocurrir. Aún no estaba tan puto salido, así que la deseché y deslicé los labios hasta su oído.

    Maybe later~

    —Sujétate, cielo —susurré, afirmando las manos en sus muslos—, no queremos accidentes.

    Volví a alzarla porque me salió de los cojones básicamente, aprovechando que era liviana como una pluma. Era consciente que hacía y deshacía a mi entera voluntad y no podía importarme menos, no cuando por un rato no había nadie encima de mi puta oreja ordenándome qué decir, qué hacer, cómo vestirme o proceder. La paciencia era una virtud y labrarse un camino requería de tiempo y sacrificios, pero ¿cómo mierda iba a negarme el placer de recibir una ligera cuota de poder, así fuera en el puto baño de la escuela?

    Con lo que lo disfrutaba.

    Retrocedí hasta un cubículo y me senté encima del vater, con Riamu sobre mis piernas. Colé las manos dentro de su blazer y las afirmé en su espalda baja, trazando círculos vagos con los pulgares. Me relajé contra la pared, soltando el aire por la nariz, y entorné la mirada al fijarme en sus ojos.

    —Creo que volví a perder la memoria —susurré, divertido—. ¿Qué vendría ahora~?
     
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  20.  
    Amane

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    No sé de dónde me surgió la lucidez para pensar algo coherente en todo ese caos, pero en un chispazo de mierda pensé en lo divertida que era la situación en realidad; cómo había aparecido de la jodida nada y estaba aprovechándome del espectáculo que hubiese pasado anteriormente para mi propio beneficio. Digo, seguro si luego me acordaba se lo acababa restregando a Kasun.

    En ese mismo instante, sin embargo, lo que de verdad estaba dominando mi mente era lo estúpidamente bien que se estaba acoplando Kou a mi ritmo casi desesperado y lo bien que se sentía el jodido. Fue apenas cuando noté su mano sobre mi muslo que fui consciente de lo que le había provocado y, más que otra cosa, lo único que consiguió la realización fue sacarme una sonrisa jodida nada más notar que se separaba de nuevo.

    Nada intencional, pero mira que había sabido aprovecharlo y por el momento me bastaba para disfrutarlo~

    No me pilló muy desprevenida cuando me montó en el lavabo, la verdad es que hasta lo agradecí porque facilitaba bastante todo el asunto, y si acaso aflojé el agarre de los brazos para deslizarlos un poco por su piel antes de dejarlo caer hasta alcanzar el borde del lavabo con las manos. Recibí su sonrisa con una tranquilidad que no sé de dónde salió, porque el tinte depredador que tenía me había presionado todos los botones correctos, y me eché un poco hacia atrás por pura inercia cuando volvió a lanzarse sobre mis labios.

    Solté el aire por la nariz, en un suspiro pesado, cuando volvió a separarse para dejar un reguero de besos húmedos por mi piel y logré controlarme bastante bien hasta que se me escapó una especie de quejido con el tirón de pelo. Fue más bien producto de la sorpresa, porque el gesto me lanzó un chispazo de lo más placentero a lo largo de toda la espalda y la voz se me acabó modulando hasta convertirse en un gemido ligero.

    Había cerrado los ojos mientras él se encargaba de mi cuello, para disfrutar lo máximo posible las sensaciones, y solo los entreabrí para mirarlo cuando paró para hablarme al oído. Reaccioné con una rapidez que no supe de dónde salió, aferrándome a su cuerpo con los brazos y las piernas, solo por si acaso, y acabé hundiendo el rostro en la curvatura de su cuello para dejar un par de besos suaves un poco porque sí.

    Que si me daba por dejarle un par de marcas no sería muy problemático, si estaba hecho un cuadro, pero por el momento estaba bien así~

    Me había olido hacía dónde nos iba a llevar, así que simplemente me acomodé un poco mejor sobre sus piernas una vez estuvimos dónde teníamos que estar, y lo miré con la sonrisa divertida de nuevo sobre los labios. Cómo si no estuviese con la respiración entrecortada o cómo si sus caricias no me estuviesen lanzando pulsadas de calor aquí y allá.

    —¿Ahora? —repetí, soltando una risilla, y me incliné para alcanzar su oído con los labios—. Ahora es cuando el abanico de posibilidades se abre~

    Le pegué un mordisco suave en el lóbulo al terminar de hablar y me erguí apenas para buscar su mirada, quedándome a apenas unos centímetros de sus labios sin definir nada.

    >>¿Tú qué quieres que venga ahora, cariño?

    ¿Le estaba dando vía libre para que hiciese o pidiese lo que le diese la real gana? Pues sí, la verdad. Tenía que admitirlo, me había entrado una curiosidad insana por saber hasta qué punto sería capaz de llegar sin ninguna clase de imposición.

    ¿Peligroso? Quizás, ¿pero no lo hacía eso más excitante?
     
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