Azurita Inexacta

Tema en 'Fanfics Abandonados Pokémon' iniciado por Mr Fey, 10 Julio 2012.

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    Mr Fey

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    Azurita Inexacta
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    1547
    Título: Azurita Inexacta.
    Summary: Ralts la observó por sobre la hierba, y se dio cuenta de que ella era perfecta. Una piedra hermosa, dispuesta a ser forjada.
    Género: Drama.
    Tipo: Long-fic (cuatro, cinco capítulos)
    Advertencia: Ralts Oscuro y rebelde, personaje Original. No personajes Canon.
    Nota: Este fanfic participa en la actividad “Batalla Pokémon, fase uno”. Las actualizaciones son cada tres días o en lo que se pueda pero mientras esté dentro del plazo, que termina el 24 de Julio.


    Azurita Inexacta.
    Mr. Fey
    Prólogo

    La primera vez que la observó pensó que era una humana interesante. Apenas era una niña de cinco años, que observa a su alrededor con curiosidad ignorando a sus compañeros de la academia que estaban ahí jugando entre los árboles. Inmediatamente sintió los sentimientos negativos que ella proyectaba: tristeza, soledad. Su impulsiva naturaleza le indicaba que debía alejarse, pero al notar cómo la humana se sentaba en el pasto, sacaba un pequeño libro de su bolsillo y se disponía a leer sin importarle que los demás simplemente disfrutaran del día sin dar reparo en su presencia, llamó su atención.

    Un deje de furia, notó. Luego una sonrisa creciente y el brillar de los ojos azules.

    Sí, ella era diferente, semejante a él. Pudo sentir las ondas de satisfacción emerger de ellas, tal cual olas que azotaban con fuerza la arena. No se sentía excluida, más bien, ellos eran los intrusos en su mundo, pequeños seres que no poseían más allá que dulces recuentos infantiles, poco deseoso de aprender algo que no fuese juegos o algunas cosas sobre la escuela básica; no, ella tenía sed de conocimiento, de conocer sobre las infinidades del mundo.

    Y a Ralts le gustó, le encantó esa ambición de querer forjar el mundo a su manera, ser la dueña de su propio destino desde tan pequeña. Ella era perfecta; la niña indicada, dulce y dispuesta a aprender que él necesitaba.

    La compañera indicada, el ser que sacaría su potencial al máximo; que al fin entendería lo valioso del desarrollo de las estadísticas de un pokémon, del conocimiento máximo sobre las criaturas con las cuales convivían día a día.

    Sí, una inteligente niña de nombre Azurita, una piedra dispuesta a ser forjada en conjunto con su socio.

    Vigoroso con su hallazgo, regresó a la penumbra de la hierba alta de Villa Raíz.




    —Azurita, ¿quieres jugar con nosotros? —preguntó un chiquillo, con una pelota en mano. La oyente levantó el rostro apenas unos centímetros de su libro, arqueó las cejas y cerró el libro en un golpe seco. Sin siquiera mirar a su compañero de clases, comenzó a caminar en dirección al profesor, que simplemente contemplaba el cielo algunos metros más lejos de ellos.


    El niño frunció el ceño y sin contemplaciones pronunció:

    —Fenómeno, por eso nadie te quiere. Eres una sangrona —le sacó al lengua en un gesto de ofensa y se fue corriendo, hasta juntarse con los demás. Los otros niños miraron a Azurita con cierta molestia, volviendo al juego.

    Ella alzó más la barbilla, apretando los dientes. Algún día ella sería una gran investigadora, admirada y respetada. No podía perder el tiempo.


    La segunda vez que la vio, ella había cumplido siete años. El cabello ondulado permanecía igual de negro que hace años, pero mucho más largo y ahora rozaba la cintura. Los penetrantes ojos azules seguían estáticos. Creció en estatura y seguramente en conocimiento. Ralts envidió eso, él no cambió en absolutamente nada; todavía era aquel pokémon abandonado por su entrenador que no pudo evolucionar ni con los años. Quizás era porque sus rivales en aquella ruta no eran precisamente una amenaza, más bien puro entretenimiento. Era un buen hogar, los frutos estaban cerca y no llovía mucho aún, podía relajarse al ser el pokémon más poderoso sin tener que estar en punta de nervios por pensar en ser almuerzo de algún Seviper.

    Resopló, analizando el lento movimiento de algunos de sus mechones esmeralda. Definitivamente su cabello crecía con relativa rapidez. Si tuviera un entrenador, seguramente lo hubiese llevado a la peluquería. Entrecerró los ojos rojos con odio, no poseía un uno.

    —Un Ralts.

    Exaltado, alzó la mirada. ¿Cómo es que no la había sentido? O tal vez fuese que ella le es tan familiar, que su presencia ha disminuido. Se llevó una pata blanca a la boca, usando su mejor expresión de ternura. Debía ganarla.

    Los ojos de cielo lo analizaron, serios, arrogantes. Las puntas de triángulo del vestido azul se perdieron en el suelo, pues la niña se arrodilló, acercando su rostro dentro del matorral, para ver mejor al pokémon.

    —Interesante, un raro espécimen —susurró, mirando disimuladamente por encima de la hierba. Sus compañeros de clases estaban muy lejos, viendo con admiración el Mudkip que el profesor llevó para la demostración de batalla—, tú eres más interesante que el inicial. Tu ultima evolución es poderosa, honestamente me gustaría tenerte conmigo —irremediablemente se lamentó el no tener una pokéball con ella. No todos los días podía encontrar un pokémon tan raro, mucho menos acercarse a la hierba alta cuando no poseía alguna defensa en contra de ellos. Agradeció su silenciosa presencia, mientras el profesor no hiciera alguna pregunta al aire, no se daría cuenta de que desapareció al percibir que nadie respondía.

    Ralts quiso sonreír, realmente. No cabe duda que era una suerte ser un pokémon raro, bello y poderoso. La chiquilla estaba fascinada con él, lo cual lo hastiaba de alegría. Y él preocupado por buscar la manera adecuada de acercarse, ciertamente existían planes que no debían ser pensados.

    —¿Quieres que sea tu pokémon?, ¿te intereso? —los ojos rojos resplandecieron en un matiz azulino, sonrió por lo bajo, esperando una respuesta.

    —Pensé que nunca lo preguntarías —respondió ella, no sorprendiéndose por su habilidad. Interesante, sin duda. La chica era estudiosa, muy estudiosa. Eso es un indicio de eficacia, de perfección, de mejoría.

    De lo que buscaba.

    Ella asintió, sin decir más.

    —Puedo ser tu acompañante. Sólo tengo una regla —dijo en su mente, mirándola directamente a los ojos azules. Ella alzó una ceja, dudando un poco, tampoco es cómo si un pokémon fuese a ponerle reglas a su entrenador. Simplemente eso no decían los libros—; quiero ser tratado cómo un fiel amigo.

    Azurita se sorprendió y se quedó en silencio, apenas moviendo la cabeza en afirmación. ¿Los pokémon querían ser tratados cómo amigos? ,¿cómo iguales?, ¿era ese su más grande deseo? Pestañeó varias veces, correspondiendo la sonrisa que su nuevo pokémon le había otorgado. Sinceramente no lo entendía, pero estaba segura, que con ese Ralts aprendería mucho y ella tenia sed de saber, de conocer cada uno de los secretos que guardaban en su interior.


    La criatura disfrutó de su ingenuidad, de sus dudas. Aunque fuese una niña lista, con un futuro prometedor, aún seguía siendo una inocente piedra; una humana perfectamente engañable, qué, confundiendo su propio deseo de saber era fácilmente mofada por él.



    Azurita acercó la mochila azul dentro del matorral.

    —No tengo una pokéball, entra aquí. Tendré cuidado —mencionó al ver su mirada de molestia—, lo prometo.

    Ralts se adentró en la bolsa, tal cual mariposa. Sí, ese era la puerta abierta, el comienzo a una nueva aventura. El sendero para llegar a ser lo que deseaba, el camino ideal para su venganza.

    Cerró los ojos, tratando de acomodarse entre el libro y los dulces. Definitivamente, esa era la oportunidad para destruir a ese estúpido entrenador.

    Ese idiota, que sin miramientos; lo abandonó.

    —te enseñaré muchas cosas, todo lo que no puedes ver lo observaras con mis ojos, tu cegera a la realidad terminará. Aquello que no puedes aprender, lo conocerás en el viaje pues yo te lo facilitaré, tu ignoracia disminuirá. Aprovecha mis habilidades y potencialízate, que tú eres el futuro, mi Azurita, mi piedra perfecta —le transmitió sus pensamientos.


    Azurita sonrió, pensando en lo sorprendente que era el pokémon por saber su nombre.
     
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    Fernandha

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    Fey, amo tus escritos <3

    Opinión del prólogo:
    ¡Dios mío santo! Me encantó la historia, simplemente magnífica. Quizás sea un prólogo, quizás aún ni siquiera inicie pero ¡por favor! Aunque lea muy poco de pokémon -porque la trama en la mayoría de las historias tacha en lo repetitivo- sé que éste es uno de los mejores en la zona. De aquí sí bien podrían salir sólo cinco textos que realmente sean considerado éso: historias.
    Fey, cada vez que te leo me sorprendo más. Escribes magníficamente, fluida y con el mismo sentimiento.

    Es que jamás cambias el sentir de un personaje abruptamente; siempre nos haces imaginar el ambiente. El sonido que proyectan cada uno de los movimientos, susurros, charlas, altibajos y admiraciones; Azurita simplemente es magnífica y Ralts, oh bello pokémon, no te quedas atrás. ¿Sabes? Ahora más que nunca me alegro de haber creado aquella actividad con Loveskiet <3

    Opiniones técnicas:
    Los dedazos los cometemos todos, así que no es algo con gran importancia pero sí interesante de analizar. ¿Por qué? Nadie es perfecto, todos los sabemos así que no te preocupes si se te escapan uno que otro, es normal :3
    Aquí -en el párrafo marcado- te faltó la "n" ya que si dices "a sus compañeros de la academia" se resalta que es plural y "estaba" era una palabra singular, razón por la cual queda una incoherencia. Así que cuidado.
    Y "arboles / árboles" lo correcto es lo segundo ya que es una palabra agua. [Aquella que lleva acentuación en la primera sílaba]

    Cómo arriba, según tengo entendido lleva acento ya que es palabra aguda.

    Palabra grave, aquella que lleva acentuación en la segunda sílaba.

    Aquí, no sé. Siento que la coma [de rojo] está demás, corta la idea cuando recién comienza. ¿Comprendes?

    Palabra esdrújula.

    "pokémon?¿te? Va separado "pokémon? ¿te" además debería de existir una coma entre "?-¿"

    Cuando las preguntas o exclamaciones son continuas (en un mismo párrafo o verso) deben ser separadas por comas, y así, empezar la segunda pregunta en minúscula. Cómo puedes ver la última pregunta no le puse coma ya que sonaba entre afirmación y otra idea por ejemplo:

    "¿Qué debería de hacer?, ¿por qué Pikachu se comportó así? ¿Acaso todo terminó?"

    Dedazo; recuerda que inicias con mayúscula.

    Aparte de éso noté que varias comas sobran a lo largo de la narración, fueron colocadas erróneamente en su mayoría pero éso no quitó mucho encanto al texto.
    Bastante bueno linda, esperaré el primer capítulo. Muero por saber qué sucede con Ralts y Azurita <3

    Buen día tengas, cariño.
    At: Fer-chan.
     
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    Mr Fey

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    Azurita Inexacta
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    Azurita Inexacta
    Mr Fey
    Capitulo I. —Todos esperan algo de ti.


    Las emociones se mueven en una curva parabólica a través del tiempo, primero nacen en tu interior, pequeñas y confusas. Después, comienzan a crecer, desarrollándose en un sendero ascendente en medio de los días hasta llegar a un punto en el espacio en el que el sentido de la razón se pierde para dar paso al dominio completo sobre las emociones, rigiendo el comportamiento de tu persona, controlándote.

    Azurita de alguna manera, intuía que ese pensamiento era correcto. Agradecía que Ralts estuviera a su lado, ayudándola con paciencia a no dejarse llevar por el desprecio que sentía por sus compañeros. Que el odio naciente en su interior no doblegara sus pensamientos, ni las críticas o envida, cómo salía decir el pokémon psíquico, pues aquellas ideas sólo la distanciaban de su verdadero objetivo. Tienes que ver el final, no los obstáculos mí querida piedra. Le había transmitido en sus pensamientos, cuando recibió en sus manos el último pokémon en consecuencia por los constantes percances que los otros entrenadores le hicieron pasar por no ser de su agrado; aún recordaba que su vestido rosa pastel se transformó en chocolate por el lodo.

    No era fácil controlarse a sí mismo. Algunas veces se cuestionaba si lograría algún día dominarse y no dejarse llevar por la corriente, por sus retazos de niña pequeña. Porque ella misma sabía que la madurez era lejana y qué precisamente sus rasgos infantiles podrían traicionarla.


    Pero ahora ambos estaban ahí, iniciando su viaje pokémon. Quería estudiar en una prestigiosa escuela de investigación en una región lejana, así que debía reunir el dinero suficiente para sustentar sus gastos. Faltaba mucho para ello, pero prevenirse a los acontecimientos e ir ahorrando no estaba de más. ¿Qué mejor que un campeonato? Eso le daría prestigio y conocimiento, exactamente lo que añoraba.


    Ralts permanecía glorioso al lado de su entrenadora. Infló el pecho inconscientemente en un gesto de superioridad; sonrió, el pokémon de hierba no estaba a su lado. Azurita lo prefería a él, la comprendía pues él era útil y podía conversar. Astuta acción.

    —¿Has traído el libro de tu madre? —preguntó, caminando sobre la espesura de la tierra—, me pareció realmente necesario.

    —Sí, a mi también me fascinó —dijo ella, sin mirarlo—; madre es una gran investigadora, un libro que contiene sus anotaciones nos dará bastante información respecto a los pokémon que encontremos en el camino —finalizó, sonriendo un poco más en sus adentros. Poseía algo que los demás entrenadores no, ciertamente la balanza residían de su lado.

    Probablemente fuese una injusticia para los otros competidores, pero ella no iba a desperdiciar una oportunidad cómo esa sólo por ser más justa. Si tenía los medios, los utilizaría.

    Ralts asintió, observando los alrededores. El sol de la mañana resplandecía lo suficiente sin llegar a ser sofocante, la hierba alta se apreciaba un poco más lejana a ellos; no le preocupaba, los pokémon no consideraban la opción de atacarlos, más que nada por él. Ellos sabían que necesita pocos niveles más para evolucionar, nadie estaría dispuesto a empezar una batalla apreciablemente perdida, no obstante aunque se muriesen del miedo, los requería.


    —¿No vas a entrenar a Treecko? —lanzó la interrogante en un tono tranquilo con los ojos destellante de azul. Disfrutaba usar su habilidad para hablar con Azurita y que esta le correspondiera, no le gustaba admitirlo pero la cálida sensación de una conexión ideal que ella le profesaba era relajante. Ellos fueron destinados a encontrarse—. No quiero un compañero débil.

    —Ya lo sé —compartió, deteniéndose. Miró su pantalón color negro detenidamente hasta llegar a sus flats azules, la piel blanca sobresalía en sus pies. Alzó una ceja, pronto el matiz se volvería más oscuro por el sol—, quiero que luche contra un pokémon de un entrenador, gana más experiencia que con uno salvaje. También tendré más dinero.

    Había leído eso en un libro.

    Ralts pensó para sí mismo que no se equivocó con esa niña, cada día le sorprendía más esa curiosidad y pensamiento abstracto. Realmente aprendía, en esos años que estuvo a su lado antes de iniciar el viaje la había obligado a leerse muchos libros básicos sobre entrenamiento y crianza pokémon, incluido tipos y naturalezas. Ella lo hizo, devorando los libros cómo si fuesen una especie de juguete ideal.

    Entonces, en un viento tosco, una sensación de enfado traspasó el cuerpo del pokémon psíquico. ¡Estúpido humano! Pensó, concentrándose para disminuir el sentimiento de molestia, una ligera sonrisa se asomó un poco después. Se acercaba un entrenador.

    —Se aproxima un rival.

    Azurita afirmó, picoteando de vez en cuando su polo de manga larga color azul. Quizás debería guardar a Ralts en su pokéball, sería lo correcto. Aunque le llamaba la atención el tenerlo a su lado cómo una alternativa de estrategia; podría ayudarla fácilmente a hallar huecos en el campo y transmitírselo, facilitando la batalla.

    Algo tramposo.

    —¡Buenos dias! —escuchó el grito. Era nada menos que uno de los niños que también había ido por un inicial. Les llegó por atrás, seguramente venía de su casa, la miró con molestia, frunciendo la nariz —, ¡bah, sólo eres tú!

    Azurita apretó los dientes. Sinceramente no le apetecía batallar con un idiota cómo ese.

    —Me gustaría luchar contigo —habló con los ojos verdes brillando—, siempre te vi leyendo libros. Te voy a demostrar que lo que importa es la práctica, y no la teoría.

    Ralts pensó que el cabello rizado del niño parecía un nido de pájaros, incluso la tonalidad bronce se asemejaba a las ramas de los arboles. El niño era mucha boca y poca gracia, algo impulsivo. Sí, el típico entrenador que se basa en las batallas para aprender todo.

    —Está bien, luchemos —mencionó ella, fijando los ojos en su pokéball. Ese idiota poseía un Torchic. La batalla estaba ganada —, ¡Treecko, a ganar!

    No puedes iniciar una lucha sin el pensamiento que vas a obtener la victoria, meditó Ralts. La confianza que tengas en ti mismo más el creerte que buscarías el éxito te otorgaba un plus en cualquier lado. Debías atraer la ganancia con reflexiones positivas.

    El gecko emergió entre rayos blancos. Los ojos amarillos se abrían y cerraban esperando a su rival, permanecía en una posición de ataque con los brazos extendidos a los lados y las patas verdes ligeramente flexionadas para saltar si así lo requerían.

    —¡Adelante, Torchic!

    El polluelo naranja comenzó a ulular en excitación al salir de la pokeball, viendo con los ojos negros al pokémon de hierba.

    Efectivamente, la batalla duró nada. Ralts estudió todo el proceso; Azurita se vio muy confiada, demandando sólo ataque frontales cómo destructor; la cola verde de Treecko dio rápidos golpes al pokémon de fuego, sin darle la oportunidad de atacarlo. Nada mal, pues una táctica básica es dejar sin espacio al enemigo. Al final del encuentro, Treecko tenía muchos raspones por los aruñazos de Torchic que ahora estaba inconsciente.

    Volvió a percibir el efecto de disgusto recorrer su blanca anatomía. Realmente adoraba su habilidad, sin embargo era un fastidio sentir lo que no deseaba.


    —¿Por qué?, Torchic es mejor en tipo —mantenía una expresión agresiva, con los brazos en puño—, ¡Bruja fea!

    Ralts contempló la idea de lanzarle una confusión.

    —De nada sirve el tipo cuando no se poseen ataques del mismo —explicó ella, regresando a Treecko a la pokéball. Miró al niño con ojos acusadores—; no esperes más de los demás si no les has enseñado apropiadamente. Y referente a que la practica lo es todo, no es lo más importante; la teoría te da la base y la practica es aplicar lo que has aprendido, si leyeras la teoría te hubieras dado cuenta que tu pokémon por más poderoso que fuese en tipo, si no sabe un ataque volador o de fuego su estado no importará.

    Leer te libra de la ignorancia, concluyó Ralts en la mente, orgulloso de su discípula. Una vez más volvió a verla cómo la una piedra preciosa que necesitaba cuidados para ser bella y conquistar el mundo.

    El rubor rojo coloreó las mejillas del pequeño chico en una expresión de continua cólera. Recogió su pokémon, analizando a Azurita. Ralts dio un paso al frente, ubicándose entre su entrenadora y el chiquillo. Él lo examinó y sin decir algún comentario despectivo, se alejó en dirección al pueblo para curar a su compañero.

    Ralts ladeó su blanca boca formando una sonrisa. Un buen chico, entendía que dos contra uno no era efectivo.

    —Muy bien, nuestro amigo ha subido un nivel —dijo Azurita, retomando su camino a pueblo Escaso.

    El único aludido a ese comentario, asintió.

    Esa fue la primera batalla de muchas más. Todo parecía tan sencillo, Ralts se veía a sí mismo en la cima de la ruta y pueblo Escaso; ningún pokémon llegaba a su nivel y él disfrutaba completamente el patear sus insignificantes egos, despreciando cada uno de sus tipos y débiles ataques.

    Necesitaba una batalla de gimnasio o no alcanzaría el nivel adecuado para evolucionar. Subió mucho de nivel, claro que síi; los años y el hecho de ser un pokémon recogido significaban aumentar un poco más rápido de experiencia. Era un arma de doble filo, si no tenía cuidado y un buen autocontrol de si mismo terminará desobedeciendo la niña. Meditar era la solución.

    —Mi primera batalla de gimnasio —comenzó Azurita, tomando un poco más de su limonada—. La gran lucha.

    Ralts asintió, sentado en la silla de enfrente. El Centro Pokémon lucia bastante igual a cómo lo recordaba; espacioso, de paredes blancas con azulejos naranjas en el suelo. Muchos entrenadores veían las noticias sentados en sillones y otros simplemente platicaban o intercambian pokémon con algunos colegas. Sí, el establecimiento en Ciudad Petalia no había cambiado nada. No pudo evitar recordar una sonrisa sarcástica y unos ojos negros arrogantes observándolo con desprecio por haber perdido una batalla; estúpido niño, pensó. Ambicionaba encontrarlo y destrozar cada uno de sus pokémon, si fuese posible también a él.

    —Espero grandes cosas de ti, mi dulce piedra. Y no soy el único —se alzó el cabello verde, siendo visibles un par de ojos rojos—, el mundo espera que logres algo. Tus padres que seas una gran investigadora con antecedentes de entrenadora para tener mayor reconocimiento. La sociedad acciones caritativas con los que poseen menos. Tú ambicionas grandeza, conocimiento y éxito. No importa si eso te hace feliz o no, recuerda que todos esperan algo de ti. ¿Podrás cumplir con ello?

    La niña asintió con rapidez, sin cavidad a que la duda surcara los ojos añil.

    Ralts aprobó ese comportamiento. Eso es lo que buscaba, una actitud fuerte, sin temor; porque el temor era un obstáculo y aunque el camino era difícil, sólo los fuertes llegaban a la meta.

    Entonces, sucedió lo infalible cuando esa primera gran batalla, aconteció. Ese evento que comenzó a sembrar dudas en Ralts. Y qué, planteó una idea nueva en Azurita analizando la posibilidad de cambiar sus planes.


    Nota: Hola. Sí, he actualizado. De hecho, creo que terminaré esto pronto, por lo de la actividad y esas cosas. =), espero haber tenido menos errores en este capitulo, ciertamente revisé el escrito, ¡enserio! Espero no se me escapara ninguno. Ojalá disfrutaran la lectura tanto cómo yo, y bueno, seguramente han llegado a un momento en no saber quien es más complejo, si Ralts o Azurita. Ambos lo son, me centro en ambos personajes, porque son los principales, pero el que tiene mayor importancia es más Ralts, todo gira en torno a su curiosidad. El es el maestro y es un jodido malvado, porque solo utiliza a una niña que no es tan inteligente para lograr sus planes. Aprovechando, gracias Fer <3 por comentar, he corregido los errores y me alegro que ames mis escritos <3, es tan lindo saberlo, me da esa sensación de que estoy haciendo bien las cosas.

    Otra cosa del capitulo, la batalla no fue explicita. Porque no es importante, la que viene, si es explicita, recordemos que es un long fic corto =) así que sólo lo importante se detallará. Advertencia; la siguiente continuación es mucho más larga que esta, <3 nomás para que vean D: lo importante que es xD
     
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    Fernandha

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    Yaaaay continuación :3
    Sí, es que son verdaderamente lindos. Tienen un toque personal muy hermoso en realidad, aún no sé cómo no te comentan (para bien o para mal) .___. bhá~ seguiré hasta el final la historia <3
    ...
    ...
    Sigo amando a Azurita y Ralts. Ella, pese a su edad, desarrolla muy bien su intelecto; y él, cómo todo rencoroso, aprovechado de las personas.
    Tienen una relación amistosa tan única y especial; ambos tan complejos, cómo bien dijiste, que provoca ése tipo de relación que sólo se puede ver una vez en la vida o que es tan místicamente asombrosa que para volver a encontrar algo igual es cómo decir que puedes volver abrir los ojos cuando sabes que estás ya muerto. Incoherente al final.
    ...
    ...
    ...
    ...
    ...
    Vale, pasaré un poco a lo técnico y luego seguiré fangirleando <3
    Una forma de emplear la palabra sí es como una variante pronominal del pronombre personal de tercera persona. Por lo que lo correcto sería "No era fácil controlarse a mismo"

    Preguntó, en tu diálogo, no debe iniciar con mayúsculas, pues es un verbo de habla (dijo, preguntó, habló, exclamó, etc), y estos siempre deben ponerse en minúsculas cuando van después del segundo guión. Sólo debes poner en mayúsculas cuando se empiece a narrar una acción ajena a lo que dice tu personaje.

    Aquí -no sé si fue un descuido o tú lo quisiste- pero se lee algo extraño, te recomendaría que colocaras el "mi" para que quedara bien. "; mi madre es una gran investigadora"

    Aquí no entendí en realidad ._. y no sé si es "calidad" o "cálida" :O pues yo puedo decir que es "pero la cálida sensación de una conexión ideal que ella le profesaba era relajante" o de verdad, ya estoy tan retrasada que no entendí el verso x'DDD

    Aquí siento que te comiste el para, pues diría: "Sí, el típico entrenador que se basa en las batallas para aprender todo"

    Separación~

    Separación, linda, separación :3

    Cómo mencioné en un inicio: Una forma de emplear la palabra sí es como una variante pronominal del pronombre personal de tercera persona. Por lo que lo correcto sería "Todo parecía tan sencillo, Ralts se veía a mismo en la cima de la ruta y pueblo Escaso"

    La palabra , tiene diversos usos en nuestra lengua. Uno de estos es hacer la función de un adverbio de afirmación. Por lo que que ése si que veo ahí debería ser "Subió mucho de nivel, claro que ;"

    Recuerda, lleva acento :'3

    También agrego que sigues cometiendo lo de las comas x'D cómo te dije en el perfil, a todos nos pasa pero cuidado :3
    ...
    ...
    ...
    ...
    ...
    Haha, adiós técnico (?'
    Me encantó, simplemente magnífico. ¡Dios! Por fin algo que no trata sobre un shipping, es tan hermoso <3
    Pero...¿cómo puedes dejarlo ahí? D: ¿sabes lo que me haces sufrir? x'D
    ¿Por qué Ralts comenzó a dudar?, ¿cuál fue la idea que se adentró en la mente de Azurita?, ¿por qué cambiar los planes iniciales? D: ¿¡Por qué!? x'D
    Dios, de verdad cómo me haces sufrir :c hace tanto que no me emocionaba por un FF de pokémon ._.

    Y si te soy sincera no creo que lo de la batalla fuera relevante, cómo bien lo dijiste, aunque no lo niego estoy ansiosa por ver qué batalla narrarás y cómo lo harás.
    ...
    ...
    Buen día tengas Fey <3
    Esperaré el siguiente capítulo.
    At: Fer-chan
     
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    Mr Fey

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    Me he recuperado de mi gripe, y bueno, el fanfic termina en el capitulo cuatro. Así que sólo faltan dos, me salté el tiempo de la actividad, pues finalizó ayer, pero bueno, hay que seguirle, ¿no?. Por favor, si se ha escapado algún acento, palabra mal escrita, márquenlo, para corregirlo de inmediato.
    Capítulo II—Espiga.

    Cualquier pokémon presentaría una sensación incomoda al estar en una ciudad tan grande como Férrica, el abismo de ser inmensamente diminuto al lado de tan magnifico lugar puede ser abrumador. No obstante, él pretendía estar bien mientras se aseguraba continuamente que los mejores pueden verse pequeños al lado de los edificios de empresas importantes; siendo sincero a los humanos de esa localidad en especial les guardaba un cierto respeto, ellos cuidaban de su alrededor en conjunto para resguardar el mar y el ecosistema que en el cual vivían, además que se distanciaban de los pokémon salvajes, procurando no dañar la hierba o algún fruto que fuese de ayuda para las criaturas.

    Sí, una lastima que pocas personas pensaran así. Fue por ello que prácticamente obligó a Azurita a usar todas sus habilidades de niña de buenos modales para lograr hablar con el presidente de Devon S.A; sonrió irónicamente al notar cómo las empleadas caían tras ver las sonrisas tiernas y los dulces ojos de una niñita de diez años que no tenía familiar alguno viéndose en la necesidad de solicitar alguna beca de apoyo de la empresa.

    Engaños. El pokémon psíquico se orgullecía al observar las manos blanquecinas sostener el repartir experiencia junto al dinero extra, engañar era un arte. No cualquier ente podía mofarse de los demás, mucho menos de la manera correcta: por medio de la etiqueta. La mayoría esperaba una chiquilla bien portada, que se asemejara a una princesa y con una dosis extra de buen vocabulario, obtendrían todo. Un distante pensamiento acerca de su antiguo entrenador sobresalió en su mente al llegar al gimnasio de roca; los humanos amaban escuchar lo que querían, que los alagaran y aplaudieran sus logros aunque no siempre fuesen los mejores.

    —¿estás emocionada, pequeña? —cuestionó alzando la mirada para que ella pudiese observar sus ojos escarlata brillar con una estela azul—, yo simplemente no puedo ocultar mis ganas de analizar tu actuar ante una batalla oficial.


    —No soy capaz de ocultar mi emoción.

    El cosquilleo de la agitada entrenadora sacudió sus entrañas y un sentimiento de enfado cruzó provocó un semblante neutro en Ralts haciéndolo mirar nuevamente en dirección a las grandes rocas de piedra que componían la fachada del santuario de la primera medalla. Cubriéndose el rostro con finas mechas esmeraldas, comenzó a caminar acompañado de una ligera decepción.

    Azurita no tuvo el autocontrol suficiente para evitar que el suspiro saliera de sus labios rosados ante la visión de la plataforma; al ser su primer gimnasio, le encantaba el hecho de que el piso fuese atestado de tierra y piedras alrededor. Pese a ello, aquella parte más calculadora que adquirió le respondió que eso era tan simple y aburrido cómo el blusón azul marino de la líder. Reconoció que era un alivio no contar con espectadores sentados en las gradas que conformaban el mini estadio; no les temía pero en algún momento de la batalla podrían ser una distracción poco complaciente. Ralts por otro lado, pensaban que Petra seguía siendo tan trágica tal líder de la vez pasada, probablemente ella no lo reconocería pero al verlo obviamente se dio cuenta que él se convertiría en un dolor de cabeza para su tonto Nosepass, si bien en esa ocasión pasada no fue utilizado para batallar no perdió ni un instante para conocer el estilo de pelea del pokémon de roca.


    —El presidente me dijo que me retarías —empezó al conversación, situándose al otro lado del extremo de la plataforma, procurando que ambas coletas marrones se movieran de un lado a otro por sus pasos. Ralts pensó que Petra era liviana, tal cual hoja de otoño—, ¡no puedo esperar para iniciar con la batalla!

    Tan frágil que a la mínima señal de amenaza se desprendía con facilidad del árbol al que se sostenía, y así fue, placenteramente. Se complació al observar que tiempo después de que el réferi anunciara el inicio de la competición, Treecko se dedicara a absorber la energía de Geodude, el pokémon tan parecido a una roca sólo se entretenía tratando de alejar las diminutas partículas verdes que lo consumían. Tal vez fuese su mente retorcida, pero ante los ojos rojos de Ralts, aquel evento era conformado por fuego esmeralda. Las esferillas que cogían la vida llevándolo hasta el cuerpo verdoso de su dueño, se asemejaba a los vástagos que hacían el trabajo sucio de sus amos.

    Le encantó. Petra se limitaba a ver con dos rosados ojos sin poder hacer absolutamente nada; la batalla terminó con un fortalecido pokémon de hierba y un perdedor.

    —Nada impresionante —habló Azurita. Ese día portaba un vestido rosado de tirantes con flores tejidas en un costado, le dijo que si estaría entre rocas, quería verse a sí misma cómo una sobreviviente rosa ante la adversidad, Ralts pensó que ella tenía muchas espinas para trepar sobre los demás—, ¿qué más me ofreces, líder?

    También poseía mucha confianza cuando los pisaba. Él la felicitó por ello, saberse superior es una cualidad, pues estar en ese estado es luchar constantemente.

    —Yo lucharé esta vez, preciosa piedra —le compartió, dando un paso delante de ella. Azurita regresó a Treecko a la pokéball y accedió cumpliendo el capricho de Ralts.

    Petra creyó que ese Ralts no era precisamente un principiante. Poseía un buen aspecto, un cabello corto quizás demasiado pues podía notar los ojos rojos sobresalir; algo le decía que debía tener cuidado con él. Fácilmente afirmaría que al ser un pokémon psíquico mantendría una conexión con su entrenadora para no decir los ataques verbalmente; si usaban eso, ya no le gustaba nada la batalla.

    —Entonces, lo dejaré en tus manos —pensó Azurita. Los ojos iguales al resplandor del rubí miraron el cielo que era su propia visión, confirmando el plan.

    —¡No lo tendrás tan fácil, querida! —Dijo Petra señalándola con el dedo índice y el instante en que lanzó la pokeball de su pokémon, añadió—; Nosepass de inmediato, ¡Tumba rocas!

    Exactamente la misma estrategia. Azurita se sorprendió por el aspecto cuadriculado de la criatura, sobretodo no pudo dejar de observar la gran nariz rojiza, ese pokémon le recordaba a sus piezas de plástico con las que hacía construcciones; Ralts no eligió otra opción más que atenerse a la trampa que le lanzaron, rápidamente las rocas emergieron a su alrededor cubriendo su cuerpo blanco, debía saltarlas o algo sí quería atacar con mayor velocidad.
    Por supuesto, esa era una solución para otros pokémon. Él iba más allá de esos ridículos aspectos, se sentó cerrando los ojos y adquirió una posición de meditación. Agudizó sus sentidos, sintiendo las ondas del peso de Nosepass incluida la confusión de Petra al no contar con la habilidad para romper su conexión con Azurita.

    —El poder de la mente es más fuerte que la fuerza misma —susurró, sonriendo arrogante.
    Petra contempló alucinada cómo su pokémon era suspendido en el aire para posteriormente ser lanzando contra las rocas del suelo. Apenas iba a darle una orden cuando esta vez varias piedras comenzaron a golpear constantemente el cuerpo azulado de su compañero; Ralts, adorador de que su especie evolucionara con el tiempo, extendió desde el centro de su cuerpo un aureola morada que se transformó en una celda afín a un hexágono a su alrededor, ese conjuro lo salvaría de cinco golpes críticos, no había manera de que le ganara. Era su obligación ganar, la experiencia que ese pokémon le otorgaría le permitiría evolucionar cuando quisiera y deseaba desesperadamente hacerlo.

    Azurita impresionada veía cómo el pokémon de la líder no hacía otra cosa más que retorcerse a sí mismo. ¿Acaso era tan fuerte el ataque? La línea blanca que formaba el ojo de Nosepass al cerrarse se arqueaba en un gesto de profundo dolor, seguramente Ralts taladraba su mente igual que un tornillo que quiere traspasar la pared, ¿así de poderoso era su pokémon? Entonces, justo en ese minuto cómo una visión secreta, vino a ella esa pregunta que evitaba a cada instante, esa espina que desde la primera vez que encontró a su pokémon deseaba hacerse camino a su mente, se extendió. ¿Ralts podría dañarla?, quizás algún accidente o la probabilidad de no reconocerla si evolucionaba o llegaba a un nivel donde su inexperiencia cómo entrenadora la pusiera en una posición de jaque. ¿Qué haría?; un inexplicable miedo se adentró en su cuerpo, los brazos le temblaban, las piernas permanecían rígidas y esa sensación de nausea se hacía presente en su cuerpo produciendo un dolor de cabeza que se perfilaba desastroso; miró a Petra admitiendo la preocupación que se apreciaba en sus ojos, estaba entre la dura decisión de detener la batalla o cambiar de estrategia.

    Esa emoción de duda que surcó su cuerpo le revolvió el estómago, Ralts no iba a voltear a verla pero la incertidumbre de Azurita le golpeaba fuertemente. ¿A qué se debía esa interrogante?

    —Páralo, por favor —pidió apenas con la mirada baja. Azurita asintió aún con esa huella de indecisión. Nosepass estaba en tirado en el suelo recibiendo constantes oleadas de energía psíquica, más allá de su tumba rocas no había poseído autoridad para lanzar otro ataque, el dolor de cabeza ciertamente le entrega constantes ondas de dolor.

    —¡Ralts, detente! —exclamó, sorprendiendo un poco a Petra por no utilizar la mente para comunicarse con el pokémon. El susodicho apaciguó primero su conjuro y después, justo cuando la tumba rocas perdió su efecto dejó de usar su confusión para herir a su rival.

    Nosepass suspiró rindiéndose a ese estado de descanso que lo haría recuperarse de la lucha, simplemente se desmayó. Una tenue sonrisa se apreció en el rostro blanco de Petra durante el regreso de su pokémon a la pokéball.

    —He ganado —dijo Azurita y la creciente dicha lleno su corazón de una calidez inexplicable; mantenía esos pensamientos de duda respecto a Ralts pero no quería evitar sentir la alegría de haber ganado un gimnasio, el primer escalón de su escalera personal. En ese minuto se veía a sí misma en otro nivel, un poquito más fuerte que los demás.

    —Felicidades, esta es la medalla —articuló la líder, acercándose hasta posicionarse frente a la niña y mirar sus profundos ojos azules—, tienes una conexión muy fuerte con ese pokémon psíquico, pero creo que él no deseaba detener la batalla. Ten cuidado con él, alguna vez podría desobedecerte si no estás a su nivel. Siento decirlo, pero estás por debajo de tu pokémon y eso no está bien.

    Azurita sintió su cabello negro más pesado en conjunto su vestido de tirantes. La incomodidad se observó en sus cejas que se arquearon otorgándole un semblante serio, mucho más de lo que normalmente era.

    Ralts quiso retorcerle el cuello a esa estúpida mujer, decir algo así cuando la chiquilla comenzaba a desconfiar de él. El efecto de duda volvió a impactar con su cuerpo y un temblor lo hizo saltar, bufó para luego dirigirse a su entrenadora, posicionándose a su lado. Petra lo observó y después sonrió cansinamente.

    —Eres un gran pokémon, Ralts.

    Una vez fuera de gimnasio, Azurita no se permitió abandonar su vista de la preciosa medalla de forma de romboide, su matiz dorado le fascinaba tanto cómo los triángulos inversos que sujetaban una barra del mismo color. Su orgullo no podía estar más alto, incluso pensó que era obvio que obtendría de la medalla, ¿cómo pudo dudar de sus habilidad? Poseía el conocimiento, la habilidad e inteligencia, ¿fallar ella? ¡Jamás!

    —Nunca te voy a hacerte daño mi hermosa piedra, mi bella Azurita.

    Ella apremió esa frase, porque muy adentro sabía que esa respuesta era de fiar y qué, no volvería a desconfiar de él, se decepcionó un poco de haberlo pensando pues Ralts sólo deseaba lo mejor para ella.

    —Tu futuro es brillante, no lo olvides.

    Resguardó esas palabras en su mente convenciéndose de ellas, por un largo periodo de semanas fue tan cierto cómo las aves que volaban en el cielo, pero se encontraron con ese joven poco después de ganar su quinta medalla, ahí Azurita se planteó si ella era la entrenadora o su pokémon. ¿Quién mandaba a quién?
     
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