Azotea

Tema en 'Lavandería' iniciado por Bruno EVF, 13 Abril 2018.

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    El camión había llegado a la hora acordada,pero de igual manera me había atrasado un poco,no me gustaba hacer las cosas a las prisas.

    El viaje fue simplemente horrible,pero ¿Que se podía esperar? A como esta la situación en la ciudad,teníamos suerte de al menos tener transporte.El ambiente dentro del camión era bastante tranquilo,silencioso...pero afuera había gritos,llantos,disparos,explosiones...otro magnifico día en la ciudad del paraíso.
    Al cabo de una media hora el camión había llegado a su destino: “Lavandería La Pelusa Sucia” ...¡Wow wow wow! ¿Lavandería?
    Tan pronto pude ver la luz del sol y el magnifica edificio que fungiría como nuestra estación no pude evitar reír un poco,resultaba muy irónico.
    —O esta es la mejor fachada que he visto en mi vida o definitivamente el departamento de policía ya no tiene presupuesto...me arriesgaría a votar por la segunda opción.

    Nuestra guía no pido que atravesaros en lugar para llegar a la escaleras que no llevarían a la parte de arriba,lo hicimos,el sitio estaba en pésimas condiciones,de verdad que parecía una lavandería abandonada,empezaba a preguntarme si de verdad unirme a la policía había sido la mejor idea...

    Todos mis nuevos compañeros ya habían subido a la azotea...pero ya me había quedado atrás otra vez,el sitio era realmente "impactante" si saben a lo que me refiero.Ni bien subí las escaleras las cosas ya se veían un poco tensas,varios chicos apuntando se con armas...y con mangueras,uno incluso ya parecía que estaba herido,me puse un poco nervioso ¿Realmente me había tardado tanto en subir? tal vez ya no debería darle tantas vueltas a las cosas.

    —Bien chicos...me da miedo preguntar que fue lo que pasó aquí...así que no lo haré— Dije un poco confundido mientras colocaba mis manos en los bolsillos de mi gabardina,trate de mantener un actitud tranquila,pero por dentro estaba bastante nervioso,estaba rodeado por desconocidos,desconocidos poco prudentes,pero no podía permitir que ellos lo notaran,después de todo no era ni el primer día,aun queda mucho por ver.

    Bueno...mejor tarde que nunca ¿verdad? ¿verdad? ;___;u
     
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    — La verdad es que nunca me esperé iniciar en el cuerpo de la policía de esta forma, está siendo todo muy... curioso, ¿no crees? Quizás... Quizás trabajar en la lavandería sea un trabajo con un fin oculto que nos sirva para pulir nuestras habilidades, ¡como con Jackie chan! Ya sabes, dar cera, pulir cera... ¡Un clásico! — dijo Yuki con cierto entusiasmo.


    — ¡Esa es una buena teoría Yuki! — respondí— De pronto y sí, quizá estemos aquí para una especie de entrenamiento, aunque a mí me parece más bien que la lavandería es una especie de fachada, una forma de tener nuestra base de operaciones a la vista de todos sin que los delincuentes nos busquen bronca, pero no lo sabremos hasta el jefe llegue aquí.


    Yuki había puesto su atención en nuestra compañera raptada a punta de manguera y vi cierta preocupación en su mirada. Realmente a la pequeña le gustaba ayudar, primero yo con el asunto del lobo y ahora estaba preocupada por la compañera que la viejita tenía entre sus garras.


    —Raito, ¿crees que deberíamos ayudarla? —murmuró y yo sonreí satisfecho con su pregunta. La pequeña tenía futuro como policía, preocuparse por los demás era la primera regla de un poli.


    — La verdad es que pienso que sería algo imprudente tratar de intervenir, la viejita es algo nerviosa y si nos ve acercarnos podría acabar peor para nuestra compañera. Pero…¿Qué dices si buscamos alguna toalla limpia en los bultos de ropa que vimos en la entrada?, si no la pudimos salvar de la ancianita al menos la salvaremos de una gripe.
     
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    Dirigí la mirada hacia mi acompañante, con un brillito de emoción en mis ojos al recibir una respuesta afirmativa. Raito también quería ayudarla, así que con su visto bueno no me preocuparía en bajar rápidamente a por alguna toalla recién lavada. Era una lavandería después de todo, ¡tendría que haber ropa limpia también!

    —¡Sí, vamos! —exclamé entonces algo más entusiasmada, dejando un poco atrás la timidez que me asolaba. Al tener un objetivo en mente, las inseguridades que rondaban por mi cabeza acababan pasando a un segundo plano, dándome algo más de libertad para expresarme. Le hice un gesto con la cabeza a Raito para dirigirnos hacia la puerta de la azotea, y revisé por última vez el estado de la chica de la linda flor en la cabeza antes de dar media vuelta—. Espero que las cosas no vayan a peor mientras subimos y no, esa manguera es peligrosa para su salud.

    Antes de abandonar la azotea, reparé en un nuevo chico que juraría no haber visto antes. De cabello plateado y semblante serio, parecía estar algo incómodo con el panorama que se había encontrado. Y no le culpaba, ver a un chico con la mano ensangrentada, a una viejecita desafiante y a varios chicos con armas encima debía ser extraño. Fue así como, antes de marcharme junto a Raito, intenté animarle un poco, desviando la mirada con algo de nerviosismo.

    —No te preocupes, c-creo que todo ya se ha solucionado. No tengas miedo en acercarte —y le sonreí con amabilidad, a pesar de que mi sonrisa estaba oculta tras la bufanda. Esperaba que mi expresión al menos le infundase algo de confianza, y animase un poco al chico a entablar conversación con alguno de los presentes.

    Con aquello ya solucionado, Raito y yo bajamos por las escaleras que nos habían conducido hacia la azotea, teniendo cuidado con las bolsas de ropa apiladas hasta el techo, y una vez logramos pasar el agobiante pasaje, me volví hacia él, buscando con la mirada su ayuda.

    —¿Dónde podría estar situada la ropa limpia? ¡T-Todo lo que veo son bolsas y más bolsas! —inquirí, algo desanimada. Teníamos que ayudarla, no podíamos volver con las manos vacías...
     
    Última edición: 15 Abril 2018
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    Bruno EVF

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    La mujer bajó la manguera y la miró como si se hubiera vuelto loca. Hizo un esfuerzo por evitar que se le dibujara una sonrisa divertida en sus facciones, pero además de fracasar en eso, no pudo evitar una risita.

    ¡Por favor, no! —exclamó— Soy demasiado viejita y miedosa para abocarme a una tarea tan peligrosa como la de ser Policía. Además, ¿quién mantendría todas las prendas de La Ciudad en perfecto estado? ¡No tendría tiempo para darle su merecido a los rufianes! Pero por suerte, los otros pueden ocuparse bien de todo. Verónica hoy me contó que iba a… —de repente abrió sus ojos como platos, clara señal de que acaba de recordar algo. La anciana se llevó las manos a la cabeza— ¡Ay, por la mamá de F.F.L., lo había olvidado! ¡Ella me dijo que hoy traería a la lavandería a unos novatos que trabajarían aquí de ahora en más!

    Notó horrorizada la camisa mojada de Konoe y cómo temblaba de frío. Su expresión pasó a ser de arrepentimiento y angustia. La anciana se acercó rápidamente a la chica, extrajo un pañuelo de su bolsillo y comenzó a pasárselo por el cuello y las demás zonas que habían sido víctima de su manguera.

    ¡Ay, lo siento tanto, m’hijita! ¡Lo siento tanto! Me había olvidado, por eso me asusté cuando los vi. De haber sabido que eran personas en las que Woody había confiado, no te habría hecho esto.

    >>Soy la señora Limpita, Dueña y trabajadora de esta Lavandería, y una viejita muy tonta también. Pero puedes decirme “Pelusa” si quieres, no hay problema.

    Final de la Contienda de Opciones. Has alcanzado el Desenlace Neutral.

    ¡No pasa nada bueno ni malo!


    Kurone Ahora podés rolear con total libertad. Podés seguir conversando con la señora Limpita, pero ya no tendrás que limitarte a elegir entre varias opciones. Asimismo, contás con la opción de ignorarla y conocer a los nuevos compañeros. Las elecciones son tuyas.

    Por cierto, has Desbloqueado un NPC. Este rol estará plagado de ellos y aparecerán en diferentes escenarios cada cierto tiempo, teniendo la oportunidad de conversar con ellos y conocerlos mejor (algunos resultarán útiles para desentrañar secretos de la historia). Habrá un sistema de Niveles de Confianza, pero de eso hablaré más adelante.
     
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    Kurone

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    Suzumiya Konoe

    —No se molestele respondí a la anciana una vez se resolvió todo aquel entuerto—. Lo entiendo, la Ciudad es un lugar peligroso y es normal a la par que comprensible desconfíar de los desconocidos. Si yo me encontrase en mi terreza y apareciese una persona extraña teniendo en cuenta como está el panorama fuera... le aseguro que hubiera hecho lo mismo.

    Internamente me sentía aliviada de que todo se hubiera arreglado para bien. Le sonreí gentilmente, tratando de reafirma con mis gestos que no había problema alguno. Molestarse por algo así sería una tontería y el agua terminaría secándose con el tórrido sol de la terraza, por lo que el frío se iría con él. Agua pasada no mueve molino. Creo que ese antiguo proverbio encajaba muy bien en mi situación.

    Sostuve suavemente sus manos entre las mías para que dejara de afanarse en tratar de secarme. La angustia en su semblante me generaba angustia también a mí... No toleraba el hecho de que se degradase a sí misma por como había reaccionado. Una reacción comprensible a mi parecer teniendo en cuenta los peligros que acechaban cada rincón de F.F.L.

    —Discúlpeme también por haberla asustado— le dije con calma y voz pausada—. Debí haberme explicado mejor. Si usted es la dueña de este lugar significa que nos veremos mucho a partir de hoy...

    >>Es un placer conocerla— sonreí— Como le dije yo soy Konoe.

    "Señora Limpita"... lol, te juro que me he reído muchísimo con esto xDD
     
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    Allister

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    Sumiyaki Raito / Raisumi
    Bajamos para buscar algo para nuestra compañera.

    — ¿Dónde podría estar situada la ropa limpia? ¡T-Todo lo que veo son bolsas y más bolsas! — exclamó Yuki algo desesperada.

    — No te preocupes — le dije tratando que no se desanimara — ya encontraremos algo.

    Tomé una de las bolsas y la abrí. Encontré unos pantalones de mezclilla y algunas camisetas.

    — Mira Yuki — Creo que esto servirá, solo hace falta una toalla, pero creo podría secarse con alguna de las camisetas que quede sobrando. Le extendí la ropa y volví a cerrar la bolsa.
    Subimos de nuevo a la azotea donde por sorpresa el conflicto con la anciana por fin había terminado.

    — entrégale la ropa, ella estará muy agradecida contigo — le dije a Yuki con una sonrisa en el rostro.
     
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    Liza White

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    Yuki Akiyama

    La recepción de la lavanderia nos mostró de nuevo la estancia por la que nos encaminamos para llegar hasta la azotea, pero aún así acabé prestándole mayor atención que antes. No era demasiado espaciosa: un mostrador, unas cuantas sillas frente a unos ordenadores de mesa y teléfonos y lo más importante: un canasto de ropa al fondo de la sala. Raito me tranquilizó en medio de la búsqueda, señalándome el interior de este, y no fue difícil notar un olor agradable a suavizante.

    ¡Bingo, esa debía ser la ropa limpia!

    Pero mientras regresábamos hacia la azotea, no pude evitar ponerme algo nerviosa. Agaché la mirada, siguiendo a Raito en silencio mientras observaba los pares de camisetas y el pantalón que llevaba consigo. Y-yo... yo solo quería llevarle una toalla para que se secara, pero imagino que aquello, uhm... ¿era mejor idea? E-es decir, ¿y si no le quedaban bien? Sería muy vergonzoso. Y yo... Yo... ¿De verdad podría animarme a acercarme por mí misma?

    Antes de darme cuenta, ya habíamos llegado arriba, y Raito se detuvo frente a mí con una gran sonrisa que me hacía sentir un poquito mejor.

    "Entrégale la ropa, ella estará muy agradecida contigo".

    —Pero Raito, tú también la ayudaste... —murmuré, sintiéndome mal mientras tomaba las prendas y las abrazaba contra mi pecho. No quería llevarme todo el mérito... y-y tampoco quería acercarme yo sola, lo admito. Pero la expresión que me dirigía solo hizo que me sintiese incapaz de defraudarle. No podía parecer una cobarde ahora, y encima con algo tan simple como darle la ropa a aquella chica de aspecto amable. Asentí entonces, intentando parecer decidida, y di el primer paso en su dirección—. De acuerdo, ¡a-ahora vuelvo!

    Me encaminé hacia donde la ancianita parecía estar teniendo una conversación algo más agradable con la chica atacada, y lo cierto era que sentí que estaría mal interrumpirlas de buenas a primeras. Multitud de inseguridades intentaron frenarme el paso, pero al voltear la mirada hacia Raito (regresándola rápidamente hacia el frente por la vergüenza), me hizo entender que no había vuelta atrás. Tomé varias bocanadas de aire mientras alargaba el brazo hacia el hombro mojado de la joven, y tras un segundo de inquietud, le di un suave toque para que reparase en mi presencia.

    Pero acabé dando un pequeño brinquito al momento de girarse hacia mí, ¡kyah!

    —E-esto... Lamento interrumpir vuestra conversación, pero, uhm... —quise esconder de nuevo todo mi rostro bajo la bufanda y así evitar que mis mejillas encendidas fuesen demasiado visibles, pero me limité en desviar la mirada al suelo y extender mecánicamente la ropa que abrazaba contra mi pecho hacia ella—. ¡Vimos el accidente con el agua y quisimos ayudar! R-Raito y yo... El chico que está allí, fuimos a buscar alguna prenda de recambio en la lavandería, para que no te resfriases. S-si no te está bien no te preocupes, no sabíamos tu talla...

    >>¡Y está limpia, lo prometo!

    Oh dios, esperaba no haberme visto demasiado patética de nuevo. De verdad que lo intentaba, en serio.
     
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    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista empedernido Crítico NEKO#ΦωΦ

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    A primera hora de la mañana ya estaba despierta y lista para la acción. Me mentiría a mí misma si dijese que no estaba emocionada. Estaba muy feliz de poder realizar el objetivo que me había propuesto. Daría lo mejor de mí para demostrar que era un persona en la que confiar y que podía proteger La Ciudad, y para ello, el primer paso era estar esperando el vehículo que me recogería desde bien temprano.

    Noté como algunos de mi compañeros se sentían sorprendidos antes el hecho de que nos recogía un camión de lavandería lleno de ropa sucia dirigido por una joven algo roñosa. Lo cierto es que a mí también me hubiese gustado ir en un coche algo más... ¿cómodo? Pero aquello era más de lo que yo tenía, así que no me quejaría en absoluto.

    El destino final de nuestro recorrido fue una extraña y casi destruida lavandería. No pude evitar soltar un silbido de admiración. Ciertamente, no tenía nada que envidiar, incluso la zona "mejor" que mi barrio tenía mal aspecto. ¡Y por eso estábamos todos ahí, ¿verdad?!

    La conductora nos explicó que debíamos subir a la Azotea a esperar y así lo hicimos, sin mucho más que ver salvo ropa sucia y el edificio casi abandonado.

    Una vez en la azotea, apoyé mi espalda sobre la pared y observé con asombro a los demás. Tenía planeado presentarme pero todos mis compañeros parecían demasiado ocupados atacando animales. ¿En serio seríamos capaces de defender La Ciudad?

    Me atención se centró, en realidad, no al sonido de los disparos si no a la pobre chica que acabó empapada por culpa de la señora mayor. Quise acercarme a ayudar pero por suerte, la viejecita se separó antes de hacerlo. Pobre chica, tendría que estar pasando frío, pero no parecía enfadada.

    Otra joven se acercó con algo de ropa limpia para que se cambiase y fue entonces que decidí acercarme, sonriente y con los brazos detrás del cuello.

    —Ey, que detalle más bonito por tu parte —dije, alegremente, a la chica de la bufanda—. Yo te puedo ayudar a cambiarte, si quieres —ofrecí, posteriormente, a la chica de pelo negro, guiñando un ojo—. El compañerismo es importante~

    Hello(?
     
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    Kurone

    Kurone Equipo administrativo Taeko♥

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    Konoe Suzumiya

    Me giré con curiosidad cuando sentí unos golpecitos leves sobre mi hombro, soltando las manos de la anciana en el proceso. Se trataba de una jovencita de baja estatura y ojos grandes y huidizos, que cubría parte de su rostro tras una bufanda de color verde. Era algo más baja que yo, pero no debía ser mucho menor. Dudaba que admitieran menores en el cuerpo.

    Esa chica... era una de mis compañeras que habían sido trasportadas hasta aquí en aquella desgastada camioneta. Y me tendía... ¿prendas? Acaso... ¿había ido a buscarme ropa seca para que no me resfriase debido al agua helada de la manguera?

    Oh.

    Oh.

    Sus cálidas aunque tímidas palabras me lo confirmaron. Realmente... había sido testigo de mi percance con la anciana y sin pensarlo se había decidido a socorrorme. Tomé suavemente las prendas que me ofrecía, enternecida por su cálido gesto y entonces, ante su timidez, dejé escapar una pequeña risita.

    —Que adorable— dije con suavidad, de una forma que no pretendía sonar burlona—. Muchas gracias por tomarte las molestias de ir a buscarme ropa seca. Independientemente de la talla... esa es la clase de diligencia y toma de iniciativa que debería tener un policía. Ahora mismo iré a cambiarme.

    >>Muchas gracias a usted también, esto... —miré al hombre rubio y fortachón con curiosidad, indicándole que me dijese su nombre con la mirada. Pero cambié de tema al ver su mano cubierta por un fino pañuelo y las manchas de sangre seca que se trasparentaban— Oh, ¿se encuentran bien sus dedos después de la mordedura de Aquiles? Quizás sería necesario desinfectar la herida para evitar problemas a posteriori...

    —Yo te puedo ayudar a cambiarte, si quieres. El compañerismo es importante~

    Dirigí mi mirada entonces a mi derecha. Allí había una exhuberante joven en la cual no había reparado hasta entonces. Lucía un largo cabello rubio y sus ojos tenían un brillo divertido y burlón. Me guiñó un ojo con una sonrisa.

    ¿Debía sorprenderme la amabilidad de mis camaradas? Teniendo en cuenta lo difícil que estaba el panorama en La ciudad, gestos amables no solían verse a menudo. Ni siquiera yo, que tendía a ser amable por mi personalidad, estaba acostumbrada a ellos. Recibirlos se sentía como un regalo... y sentí como mi determinación se fortalecía.

    Quería proteger esos valores.

    —Vaya— dije. Y decliné su ofrecimiento con una sonrisa—. Tienes toda mi gratitud, pero eso no será necesario.

    >>De hecho creo que quien más necesita ayuda ahora mismo es ese cabellero de allí— indiqué—. Esa mordadura sería realmente peligrosa si se infecta... Descarto la idea de que Aquiles tenga hidrofobia porque no está salivando, pero aún así...

    También me preocupaba Aquiles. Si llegase a tener de verdad la rabia... Eso.. eso sería realmente horrible.
     
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    Reual Nathan Onyrian

    Reual Nathan Onyrian Curioso Crónico, Amante del Chocolate

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    Volví a ocultar mi arma bajo mi sobretodo rojo. Al menos no había sido necesario sacarla después de todo. Suspiré mientras miraba al chico que se había quedado congelado, con el arma humeante entre sus dedos temblorosos. Al parecer había quedado en un gran shock, lo cual lo volvía una persona bastante curiosa para alistarse en la policía. Me acerqué, le chasqueé los dedos enfrente, y al no obtener respuesta, me encogí de hombros y me di la vuelta, para volver al borde de la terraza. Prendí un cigarrillo, volví a conectarme los auriculares y me dispuse a observar el panorama. A través de la lente de mi cámara de fotos, por supuesto.

    Una de las chicas, de aspecto muy agradable y una flor en el pelo, se hallaba charlando con la viejecita que se encontraba regando la planta. Aunque en esos momentos se encontraba regando a la joven. Saqué un par de fotos, intrigada. Al parecer, habían podido resolver sus diferencias, y se encontraban charlando, aunque la joven seguía empapada. El rubio había decidido ir hacia aquella cosa peluda, que al parecer resultó ser un lobo, que prontamente le mordió la mano como advertencia. Conseguí un par de buenas fotos de la acción, y bajé la cámara para ver si se encontraba bien. Pero antes de poder hacer nada, la más pequeña de nosotros se acercó a él. Sonreí con un poco de ternura, y me dispuse a tomar un par de fotos del momento. Pero mientras lo hacía, mi mano comenzó a temblar. Recuerdos empezaron a fluir hacia mi mente. Apreté con demasiada fuerza el botón de la cámara y las fotos empezaron a surgir, una tras otra. Solté el aparato y dejé que cayera, siendo mantenido por la cinta que tenía atada a la muñeca. Volví mi atención a la ciudad que se encontraba a mis pies, encendiendo otro cigarrillo de puro estrés, temblando un poco. La niña me había hecho recordar cosas que no quería recordar. Al menos, no ahora.

    Te encontraré. — dije al viento, ojeando a la ciudad que se extendía hasta el horizonte.— Te juro que lo haré.
     
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    Allister

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    Sumiyaki Raito / Raisumi

    Muchas gracias a usted también — dijo la chica que anteriormente había sido presa de la anciana hidro maniaca.

    — No es nada— respondí — de hecho fue Yuki la de la idea. Estaba a punto de presentarme y preguntarle su nombre, cuando la chica dirigió su mirada hacia mi mano dañada y dijo — Oh, ¿se encuentran bien sus dedos después de la mordedura de Aquiles? Quizás sería necesario desinfectar la herida para evitar problemas a posteriores.


    ¿Aquiles? Pensé confundido. Caí en cuenta de inmediato. Así que el desgraciado Canuto si tenía nombre después de todo.


    Estaba a punto de responder cuando… —Yo te puedo ayudar a cambiarte, si quieres. El compañerismo es importante — dijo una de las chicas que había venido con nosotros en el camión al tiempo que le guiñaba un ojo a su interlocutora.


    Arquee la ceja izquierda y una sonrisa involuntaria se pintó en mi rostro. Menudo flirteo pensé, no se andan por las ramas aquí. Miré a Yuki para corroborar si había notado lo que yo. Lo cierto es que no vi reacción alguna por su parte.


    Vaya— dijo la chica del altercado con el agua—. Tienes toda mi gratitud, pero eso no será necesario. Y declinó cortésmente la oferta de nuestra nueva compañera. — De hecho— añadió— creo que quien más necesita ayuda ahora mismo es ese caballero de allí— y me señaló—. Esa mordedura sería realmente peligrosa si se infecta.


    — Muchas gracias por tu sincera preocupación — dije sonriendo — pero no es nada, estaré bien.


    Acto seguido me encogí de hombros, saqué un cigarrillo y le di una calada. — Por cierto mi nombre es Raito Sumiyaki, mucho gusto en conocerles — me presenté luego de exhalar el humo.
     
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    rapuma

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    Juan de la Vara

    Fue como si se hubiera despertado de un mal sueño; su pecho subía y bajaba como un fuelle descontrolado y su camisa, por debajo de su gabardina negra, estaba practicante pegada a su cuerpo por la transpiración. Sus ojos, abiertos como dos platos enormes, se movían enloquecidamente hacia los lados, intentando averiguar donde se encontraba. Si bien era consciente de que estaba en un edificio y tenía una vaga idea de lo que se encontraba haciendo allí, ya no sabía realmente porque un arma estaba en su mano y tampoco porque le gritaban y apuntaban. Se relamió los labios y tragó una bola de saliva que hizo bailar su nuez de Adán.

    — Yo... yo... yo... — movió la boca tres veces y luego su quijada comenzó a temblar; el arma en su diestra le pesaba horrores y sentía su hombro cansarse. Bajó lentamente la pistola pero no la enfundó, sus dedos en ese momento eran garfios de acero, tensos en todo momento. — Yo... yo... yo... — la secuencia del lobo, la llegada de más integrantes del cuerpo de novatos, incluso el episodio de la anciana y la manguera, todo se perdió como una película en segundo plano. Aún cuando la mujer que le había gritado y apuntado le chasqueó los dedos a centímetros de su nariz... no reaccionó. La vio, pero no fue capaz de emitir ninguna palabra, su cuerpo temblaba sin control aparente y su pistola finalmente se cayó al suelo, con el cañón todavía humeante.

    Jhonny se acarició las manos y se apretó la mano derecha para que no se moviera más. Se agachó y tomó su arma, enfundandola esta vez con seguridad.
    — Lo siento mucho, no sé que me ocurrió. — dijo entre dientes, no muy seguro de si alguien le estaba prestando atención en esos momentos. Observó de reojo al gorrión albino, todavía vivo y suspiró aliviado. — De verdad lo siento. Tengo mis medicamentos aquí y olvidé tomarlos... —abrió la gabardina negra y metió la mano en uno de los bolsillos secretos, sacando una píldora. Al menos la pastilla mantendría a Juan durmiendo un rato...
     
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    Liza White

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    Yuki Akiyama

    Mi corazón se relajó al percatarme de la sonrisa sincera y agradecida que la joven me regaló, tras tomar las prendas que le tendía, y me permití relajar el gesto sonriendo inevitablemente. No sabía si por el alivio de que hubiese recibido de una forma tan amable el gesto, o si se trataba de la propia admiración que sentía por ellos haciendo de las suyas. Noté un brillo determinado en sus ojos mientras reparaba en todos nosotros por un instante, y supe que aquella chica tenía el alma de aquel que pretende cambiar el mundo. Aquello solo hizo que mi admiración se incrementase por momentos, a pesar de acabar de conocerla. Y ni siquiera sabía su nombre.

    Me alejé un par de pasitos en cuanto Raito se unió a la conversación, sintiéndome cómoda a su lado dado que ya había intercambiado varias palabras con él. Fue en ese instante cuando otra joven de la que no me había fijado hasta ahora se acercó también a la amable chica de la flor, ofreciéndole su ayuda para cambiarla. Ladeé la cabeza con cierta ingenuidad, sin acabar de comprender el curioso guiño que le había indicado a la receptora de sus palabras. Aún así me pareció agradable, ¡y muy servicial! Cambiarse era algo fácil para una persona, pero la intención es la que cuenta. Al menos quería ayudarla también.

    Eso sí, mi confusión se hizo visible en el momento en el que Raito pareció esbozar una mueca divertida, como si hubiese comprendido algo que yo no, y me dirigió una mirada significativa a la que yo me limité a recibir con varios parpadeos sorprendidos. ¿Qué? ¿Qué me había perdido?

    —Uhm, yo soy Yuki Akiyama. Es un placer~ —me presenté, inspirada por la propuesta del chico, dado que aún éramos todos desconocidos. Sin embargo, mientras esperaba las respuestas del resto, la voz de alguien alejado de nosotros me sorprendió, y me giré hacia el chico que casi mató al pequeño gorrión albino. Fruncí el ceño ligeramente al recordar esto, pero mi gesto se fue relajando para pasar a uno que reflejaba cierta preocupación al notar que algo no iba bien con el chico. Se comportaba diferente a antes, y parecía muy nervioso... Tironeé con suavidad de la manga de Raito para captar su atención—. Oye, ese chico... ¿Estará bien?
     
    Última edición: 17 Abril 2018
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    Bruno EVF

    Bruno EVF Equipo administrativo

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    La pena se desvaneció del rostro de la señora Limpita con las cálidas palabras de Konoe, a cuyas manos correspondió con un pequeño apretón antes de soltarlas. Saludó a Yuki y a Raito con una sonrisa, que acompañó con un encogimiento de hombros que parecía decir “Qué se le va a hacer”. Al notar la ropa que la tímida joven de la bufanda verde ofrecía a Konoe se sintió tentada de replicar algo, pero se tranquilizó con la idea de que no pasaba nada porque usaran aquellas prendas: después de todo, ella había generado esa situación y la ropa podía volver a lavarse.

    Eso sí, carraspeó en cuanto oyó el comentario coqueto de Alisa hacia Konoe. Tenía demasiados años como para no darse cuenta por dónde iban los tiros.

    ¡Un placer conocerlos a todos y BIENVENIDOS! —vociferó en un intento por desviar la conversación— Soy la señora Limpita, pero pueden decirme “Pelusa”. Esto ya lo sabes, Konoe, querida, pero es que ellos estuvieron medio distraídos con Aquiles y su amiguito tímido de por allá —señaló con la manguera a Jhonny Sucks/Juan de la Vara—. Díganle que tenga más cuidado con lo que hace: Verito es un pajarito veloz y matemáticamente invencible, ¡pobre del chico si lo hacía enojar más de la cuenta! —entonces dio un respingo al ver a Raito— ¡Madre del amor hermoso, mira cómo te han dejado la mano, m’hijito! Pero no te preocupes, tengo muchas vendas limpias y desinfectadas. ¡Deja que la señora Limpita las busque y de paso les prepare unos bollitos para después!

    >>¡Oh, y no salgan de esta Azotea!

    Puso la manguera en las manos de Konoe sin avisarle nada y se fue con pasos cortitos. Los novatos quedaron solos.


    Amane Kurone rapuma Liza White Reual Nathan Onyrian Allister Rider

    Mañana o pasado mañana avanzará la trama. ¡Estén atentos!
     
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    Allister

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    Sumiyaki Raito / Raisumi

    — ¡Un placer conocerlos a todos y BIENVENIDOS! — Dijo la ancianita de la manguera presentándose ante nosotros — Soy la señora Limpita, pero pueden decirme “Pelusa”.

    Yo asentí y sonreí silenciosamente mientras seguía fumando mi cigarrillo. La señora limpita miró y mano y enseguida dio un respingo y exclamó — ¡Madre del amor hermoso, mira cómo te han dejado la mano, m’hijito! Pero no te preocupes, tengo muchas vendas limpias y desinfectadas. ¡Deja que la señora Limpita las busque y de paso les prepare unos bollitos para después!


    — No hace falta señora estoy bie... — no pude terminar mi frase pues la señora limpita nos abandonó en seguida, eso sí, no sin antes indicarnos con un grito que no saliéramos de la azotea.


    — ¿Qué se le hace? — dije resignado y continúe fumando desinteresadamente.

    Sentí unos leves jaloncitos en mi manga y dirigí mi mirada hacia mi costado. Era Yuki y parecía preocupada por algo.


    — ¿Qué sucede pequeña? — pregunté algo confundido.


    — Oye, ese chico... ¿Estará bien? — respondió señalándome al sujeto que minutos antes había intentado dispararle al gorrión.


    Guardé silencio unos segundos antes de responderle a Yuki. Lo observé y definitivamente había algo diferente en el. Este sujeto no tenía la misma mirada fría y decidida que el que había disparado antes, es más estaba hecho un manojo de nervios, sería posible que él también… no, no podía ser.


    Aun analizaba al sujeto cuando una voz áspera dentro de mi cabeza me interrumpió.


    — ¿No crees que es suficiente con un solo chalado en el cuerpo de polis Raito? Vamos, tratas de negarlo, pero sabes mejor que nadie lo que está sucediendo con ese chico. Me pregunto si su otro yo sabrá divertirse tanto como yo, quizás deberías dejarme salir a jugar con él. ¿Te lo imaginas? El vaquero y yo armándola en grande en este cuchitril. ¿Me pregunto si los demás novatos serán tan buenos pistoleros como nosotros? ¿Tú que dices Raito?


    — Digo que cierres el pico Raisumi — musité en voz baja tratando de que Yuki no me escuchara.


    — Po..podemos ir a ver si quieres Yuki — respondí algo nervioso.


    Caminé hasta donde estaba el chico con traje de vaquero, no podía permitir que alguien más se saliera de control, tenía demasiado trabajo controlando a Raisumi como para lidiar con otra personalidad malvada. Tenía que salir de la duda, quizá el chico no padecía de TID y yo me estaba sugestionando por nada.


    — ¡Hey Django! ¿Está todo bien?— vociferé acercándome al sujeto y con la mano en la cintura cerca del arma por si los cables se le volvían a cruzar.

     
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    rapuma

    rapuma Fanático

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    Jhonny Sucks / Juan de la Vara

    Colocó la pastilla en la lengua y la tragó sin mayores dificultades. Se retiró el sombrero de la cabeza y comenzó a darse aire, sentía que sus piernas podían fallarle en cualquier momento. Se apoyó contra la rústica pared, sin ver la ciudad de fondo. Estaba cerca de la chica que minutos antes le había apuntado... y no podía culparle. Él hubiera hecho lo mismo estando en su lugar... o bueno, él o Juan.

    Escuchó las palabras de la anciana y afirmó con la cabeza, especialmente por la idea de los bollitos, su estómago ya hacia ruidos extraños. Eso era porque Juan llevaba una dieta fitness y él, en cambio, comía cualquier porquería. No saciaba su hambre un simple plátano con una naranja y pan de molde tostado. No era una mono para comer solamente eso.
    Y entonces uno de los presentes le llamó por Django. Levantó la cabeza con una leve sonrisa, había visto la película pero no había sido de su agrado... pero si el hombre conocía de la cuestión podría relajar la tensión al hablar de un tema de lo que él era todo un experto.
    —En realidad Django tenía una sola funda de revólver; y una ropa de época. Recordemos que su historia se realizo en el oeste modernizado y en invierno. Si bien la gabardina sirve creo que me hubiera congelado hasta los huesos. Además él no usaría una cruz católica como la mía debido a que... —y entonces lo sintió: había algo extraño en el rubio, algo que le resultaba familiar, en cierto modo. Cerró los ojos no más de dos segundos y escuchó el rugido de su acompañante interior. Los volvió a abrir y sentía la misma presencia en Raito, que desafiaba al suyo, mientras sentía el batir de alas invisibles. —Ehh... —se colocó de nuevo el sombrero. —Me dejo llevar, lo siento. Es de mis temas preferidos... —tres gotas gordas de sudor abarcaron su frente y comenzaron a bajar por su nariz y mejillas. —Jhonny. Jhonny Sucks. —y se permitió sonreír forzadamente. Raito lo ponía nervioso.
     
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  17.  
    Allister

    Allister Elegant Werewolf Beta-reader Alpha Wolf

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    Sumiyaki Raito / Raisumi

    El chico reaccionó enseguida dándome explicaciones sobre la referenciada película. — ¡Vamos hombre! que tampoco eres de color y esclavo como el de la peli de Tarantino — exclamé tratando de hacer un chiste forzado para disimular mis nervios. El muchacho se presentó como Jhonny Sucks y le estreché la mano, no sin antes dirigirle una mirada inquisidora. Luego sonreí y me presenté — Yo soy Raito Sumiyaki, mucho gusto Johnny.


    La llegada de este muchacho realmente me estaba preocupando. Raisumi llevaba mucho tiempo inactivo, pero al conocer a Johnny parecía estar más inquieto que de costumbre.
     
    Última edición: 18 Abril 2018
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  18.  
    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista empedernido Crítico NEKO#ΦωΦ

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    Alisha Walsh

    La chica de pelo negro, Konoe supe después que era su nombre, declinó mi oferta con una inocencia que me hizo sonreír de ternura. Poco después, la otra chica que no parecía ser mayor que nosotros, mostró una genuina curiosidad que, nuevamente, me hizo soltar una carcajada. ¡No me esperaba esas reacciones tan inocentes!

    Por fortuna, el hombre, que parecía ser más mayor que yo, sí captó la indirecta de mi mensaje. La experiencia de la edad, supuse, sonriente. Sea como fuere, ellos dos también se presentaron, parecían que ambos ya habían hecho migas, lo que me parecía genial. Yuki y Raito. Tendría que recordar los nombres de mis compañeros, así que lo mejor era que me los aprendiese cuanto antes.

    La señora mayor interrumpió nuestra conversación para finalmente proponer traer unos pastelitos. ¡Genial! Nunca diría que no a algo de comida, teniendo en cuenta además que en mi barrio lo raro es comer a menudo.

    Sonreí mientras vi alejarse a la mujer y posteriormente al pintoresco dúo, quedando así la pelinegra y yo. Mi expresión, algo burlona, paso a ser más amable, más natural, mientras dirigía de nuevo la palabra a mi compañera.

    —Mi nombre es Alisha Walsh, encantada. Tendrás que cambiarte rápido si no quieres resfriarte. Además, supongo que pronto vendrán a explicarnos algo más así que... —miré alrededor con curiosidad, viendo el panorama de los novatos—. Parecen ocupados como para mirarte pero... puedo intentar taparte, si quieres —propuse, con genuina preocupación esta vez, dejando atrás la sonrisa socarrona de antes.


    look, i was not sure bc no sé si puede esconderse en algún sitio pero a la versh (?
     
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    Kurone

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    Suzumiya Konoe

    Me sentí aliviada cuando el hombre rubio aseguró que se encontraba bien a pesar de la mordedura de Aquiles. No calmó del todo mi inquietud, pero sí me calmó el hecho de que no estuviese sufriendo por ello. Por su parte, la chica tímida y adorable de la bufanda pareció aliviada al ver mi reacción. ¿Quizás esperaba que me molestase por el gesto? Aparentaba ser muy tímida, de modo que no me extrañaba realmente que pudiese creer algo así.

    —Yuki, Raito, es un placer— les dije a ambos, sonriendo gentilmente—. Yo soy Konoe.

    Yuki y Raito se alejaron entonces a socorrer a otra persona; un joven vestido con sombrero y gabardina negra que sostenía un revólver con manos temblorosas. Parecía... en estado de shock. Me sentí una persona horrible por no reparar en él hasta entonces. Su estilo era bastante similar al de aquellas antiguas películas del oeste; era difícil no notar su presencia.

    La Señora Limpita se marchó dejando su fiel manguera en mis manos y yo me limité a parpadear rápidamente, en un ligero estado de desconcierto y confusión. ¿Por qué había dejado la manguera en mis manos? Oh. ¿No significaba eso que confiaba lo bastante en mí como para dejar su arma más poderosa a mi cuidado? Pensé en aprovechar y regar la astromelia, pero era consciente de que un exceso de agua sería contraproducente.

    Y entonces...

    Mi nombre es Alisa Walsh, encantada. Tendrás que cambiarte rápido si no quieres resfriarte. Además, supongo que pronto vendrán a explicarnos algo más así que... Parecen ocupados como para mirarte pero... puedo intentar taparte, si quieres.

    La chica del cabello rubio y exuberante figura habló. La miré a los ojos un momento... y entonces sonreí levemente.

    —Alisha es un nombre encantador— alabé de forma genuina—. Es un placer, yo soy... Ah, creo que ya dije eso antes.

    >>Y... lo cierto es que pensaba bajar y cambiarme en algún lugar donde no pudiera ser vista por todo el mundo— dije, alzando la mirada a los edificios colindantes a la azotea—. Las paredes tienen ojos... y son unos ojos muy entrometidos, desgraciadamente. Mi ropa está casi seca, pero gracias de todos modos... Alisha.

    Aún sentía un poco de frío. Era curioso como podía preocuparme tanto por otros seres y descuidarme a mí misma.

    >> Pero si gustas— continué—, puedes acompañarme abajo. Incluso si no necesito ayuda para cambiarme... tú lo dijiste, ¿verdad? El compañerismo es importante.
     
    Última edición: 18 Abril 2018
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  20.  
    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista empedernido Crítico NEKO#ΦωΦ

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    Pluma de
    Escritora
    Alisha Walsh

    Me encogí de hombros.

    —Por mí no hay problema. Es solo que la señora Limpita dijo que no nos fuéramos de aquí, ¿cierto? —dije, recordando las palabras de la abuelita. Lo cierto es que no quería que me atacase también con su manguera, imponía bastante respeto.

    >>Pero... esto es una emergencia y supongo que no pasa nada por unos minutos... así que, adelante —extendí el brazo hacia el lado, indicándole el camino y abriéndole paso para que pasase primera.

    Yo iría detrás, vigilando sus espaldas, que en un sitio como La Ciudad, nunca venía de más.

    Y a mirarle el booty también, para qué mentir
     
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