Aula 3-2

Tema en 'Tercera planta' iniciado por Yugen, 9 Abril 2020.

  1.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master

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    Las emociones de Riamu eran extremadamente sencillas de leer; quizá fuera por eso que Kou, siempre vigilante y a la defensiva, se permitía relajarse en compañía de esta chica. Fuera por elección o por deber familiar, el paso de los años lo había rodeado más y más de personas complicadas, relaciones de negocio e intenciones ocultas. Debía significarle un alivio poseer al menos un vínculo que no dependiera de tantas variables, que no pendiera eternamente de un hilo. Yo, en cambio... A veces me agobiaba la idea de que él ya hubiese comprendido y asimilado cosas que en mi visión aparecían tan lejanas. Yo también ostentaba vínculos más sencillos, menos empantanados, y aún así no los valoraba.

    Me hundía con cada pequeña dificultad.

    —Ah, ya veo por qué te llevas tan bien con Kou —bromeé, al oír sobre la tarjeta ilimitada, y fingí pensarlo un momento antes de suspirar—. No, lo siento. No estoy interesado en el dinero.

    Su sorpresa e indignación fueron tales que eché un vistazo alrededor de pura inercia, preguntándome si habríamos llamado la atención de algún modo. Era... un fragmento de conversación bastante extraño si lo quitabas del contexto. Por otro lado, ¿qué clase de conclusión era esa? ¿Acaso ella quería besar a todas las personas que le parecieran atractivas? ¿No era eso lo raro?

    —Depende —respondí, conservando la calma—. Supongo que necesito... algo más para querer llegar a eso con alguien. Ya sabes, primero invitarla a un café y tal.

    Pretendió ser una broma, y la tontería que soltó luego sobre ella misma me alzó las cejas con una leve incredulidad. Mírala, qué osada. Se me ocurrió responderle que ese era precisamente el riesgo pues tendía a primero ser amigo de alguien antes de llegar a enamorarme, pero si lo soltaba en voz alta me daría vergüenza y prefería ahorrarme el disgusto. Además, no quería sentir ni remotamente que estaba aquí flirteando con la... lo que fuera de Kou.

    —Primero que quiero dinero, ahora que si le rompí el corazón, ¿qué imagen tienes de mí? —Meneé la cabeza, decepcionado—. Descuida, no hice nada de eso. No creo que sea posible romperle el corazón, para empezar, o al menos no es posible para mí. Si soy honesto, más bien diría que sólo estaba jugando conmigo.

    Clavé un codo en la mesa y recargué el rostro en mi mano, pensativo.

    —¿Crees que es raro? Eso de ver a alguien atractivo y no querer besarlo.

     
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  2.  
    Amane

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    Enderecé la espalda nada más escuchar el nombre de Kou, sintiéndome repentinamente orgullosa ante la idea de que Kakeru le viera sentido a nuestra relación. Sin embargo, aquel sentimiento se fue tan rápido como vino, pues su negativa posterior hizo que me desinflase por completo y hasta dejase caer la cabeza hacia un lado, con evidente decepción.

    —¿Y entonces? ¿Qué tengo que hacer para conseguir la membresía especial? ¡Que sepas que no pienso rendirme! ¡Y no quieres saber lo insistente que puedo ser cuando me encapricho de algo!

    El chico inspeccionó sus alrededores después de mi acto de ofensa, aunque yo no le di mucha importancia a ese detalle, y a los segundos recibí cierta aclaración de su parte. Me llevé la mano al mentón en lo que deslizaba la vista hacia la ventana, manteniendo la mirada en el exterior durante unos segundos, con aire pensativo. Cuando volví a centrarme en el chico, lo hice con una sonrisa suave, incluso algo enternecida.

    >>Ya veo, eres un pequeño romanticón~ —canturreé, dándole un golpecito de nada en la punta de la nariz con mi dedo índice—. Te pega mucho, ¿sabes? Tienes cara de ser un buenito. Por eso también voy a creerme que no le rompiste el corazón a tu chica misteriosa... y más te vale que no me estés mintiendo para intentar quedar bien, ¿eh?

    Aquello último lo dije entrecerrando los ojos, intentando que mi mirada fuera lo más amenazante posible, aunque apenas tardé un par de segundos en relajar la expresión, dejando salir una risilla de nada con ello. No solo creía al cien por cien lo que había dicho de que tenía cara de ser buenito, si no que también me era muy fácil imaginar a alguna chica del Sakura jugando con él de ese estilo. Al menos no sonaba muy molesto por ello, por lo que imaginaba que era un amiga o alguien que, por lo menos, le cayera bien.

    >>¿Mhm? —murmuré al rato, alzando un poco las cejas ante su nueva pregunta, y justo después moví una mano en señal de negación—. ¡No es raro! O sea, a mí me ha sorprendido porque no me suele pasar, ¡pero cada persona es diferente! ¡Y nadie es raro por preferir una cosa o la otra! Tampoco vayas a creerte ahora que voy dándole besos a cualquier persona que me encuentre por la calle, ¿eh? Aunque... debo decir, si estoy aquí hablando contigo, mi buen amigo Kakeru, es gracias a que Kouchii me pareció lindo y le pedí un beso, ¡así que deberías estar agradecido por ello!

    bueno, mi intención era que le preguntase otra cosa, en realidad, pero ya debía ir cerrando con este post, so se quedó así JAJAJA también me lo pasé muy bien roleando a estos dos bebitos uwu creo que ya hablamos que es muy lindo que ellos dos se lleven bien, ya que son personas que truly care about Kou, and I really like that, indeed, so cualquier oportunidad de hacerlos más amiwis me pone muy happy <3
     
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    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

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    ¿Las manos de Patterson-sensei de verdad habían pasado de azul a violeta? Ahora no podía dejar de pensarlo, me había tirado el resto de horas de clase mirándola y preguntándome si la mujer estaba enferma, se desmayaría en cualquier momento o era un reptiliano con cualidades camaleónicas. Seguro parecía que le estaba prestando atención a las clases, pero no era eso ni por asomo, ¡estaba en medio de una preocupación trascendental aquí!

    Trascendental o no, por suerte la larga larga mañana en algún momento llegó a su fin y antes de levantarme o cualquier cosa, apoyé el torso en el pupitre y me derretí allí algunos segundos. No es que me costara la escuela, era que me aburría mucho estar horas de horas plantada en un sólo lugar, además afuera el clima estaba de lo más bonito. No era justo estar aquí metidos.

    —No te mueras —escuché que me dijo David a la pasada.

    —Intento no hacerlo —respondí y él, sin detenerse, soltó una risilla.

    Como fuese, me levanté, saqué mi almuerzo y aflojé el pañuelo a su alrededor para meter allí la kalimba con cuidado, al otro lado de la caja de bento acomodé la botella de agua. Con mis cosas listas enderecé los pasos hacia el objetivo, al llegar apoyé mi bolso improvisado en su pupitre y le dediqué una sonrisa bastante amplia. Miré a un lado, luego al otro, y me incliné apenas hacia él para hablarle en secreto.

    —¿Te preguntaste alguna vez si Patterson-sensei es un reptiliano o algo así?

    Mira nada más esa forma de abrir una conversación, sólo me faltaba empezar a hablar directamente de teorías conspirativas y estábamos listos. Lo dije de lo más seria, obvio, pero retrocedí un poco para mirarlo y se me aflojó la risa, por supuesto. Le habría regresado su espacio sin más, pero luego de pensarlo un momento alcancé su hombro con la mano y usé la suerte de punto de ancla para abrazarlo. No lo apretujé mucho ni nada, ¡pero era culpa suya por dejarme un regalo tan bonito! Yo tenía corazón de pollo, además.

    —Gracias —le dije en un susurro, regresándole su espacio y enderezando la espalda.

    Miré hacia la ventana más cerca, desinflándome el pecho en un suspiro, y aunque de cierta manera había afirmado que el secreto dependía de mí... ¿Por qué no? Afuera el sol brillaba, el cielo estaba azul y yo me sentía contenta. Además, en efecto, había que cerrar nuestro receso pre-vacaciones por todo lo alto. Compartirlo con Kakeru no debería importar mucho.

    —¿Me acompañarías a un lugar? —le pregunté regresando la vista a él, reiniciando mi sonrisa.


    Gigi Blanche turururu
     
    Última edición: 28 Enero 2026 a las 12:32 PM
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  4.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master

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    La breve seguidilla de mensajes matutinos me había dejado más contento de lo que iría a admitir nunca. Me sentía más liviano, más relajado y definitivamente a gusto con haberle entregado el regalo pese a todo. Una vez el almuerzo fue pactado, me forcé a soltar el móvil e intentar prestar atención al último día de clases; misión compleja de por sí, entre el calorcito y las vacaciones a la vuelta de la esquina.

    El sonido de la campana me aflojó un hondo suspiro y al instante me quedé medio tieso. Espera, ¿quién se suponía que abordara a quién? No lo habíamos definido, ¿o sí? Ubiqué el asiento de Ilana con disimulo, la vi derretida sobre su pupitre y, como evidentemente era gratis en mi tienda, me preocupé. Se la veía muy relajada, ¿estaría asumiendo que yo iría? Pero, si no era el caso, ¿quedaría muy intenso? De por sí le había obsequiado la kalimba, quizá fuera más prudente si... Ah, espera, se estaba incorporando.

    Me dio algo de vergüenza ser consciente de mis líos y disimulé el embrollo procediendo a ordenar y guardar mis cosas. Estaba tan enfocado en mi misión que no alcé la cabeza hasta tener a la chica parada enfrente. Lo primero que absorbió mi atención fue su sonrisa, lo amplia que se veía, y la reflejé sin pensarlo demasiado... o nada en absoluto. Su carta de saludo conectó con las tonterías que habíamos estado hablando por mensaje, pero antes de empezar a responderle ancló la mano en mi hombro y el resto de la secuencia me desconcertó de pies a cabeza. Las ideas sobre reptilianos se evaporaron de mi cabeza y todo ocurrió demasiado deprisa. En lo que intentaba procesar que me estaba abrazando, que la tenía tan cerca, ella ya se había alejado. Parpadeé, viéndola enfocarse en la ventana, y dos cosas rebotaron con delay: el susurro de agradecimiento y la fugaz nota de su aroma.

    —Depende, ¿planeas matarme? —bromeé, intentando distanciarme de mis propias impresiones.

    Sólo me había pillado desprevenido, ¿no? Era eso. Terminé de guardar mis útiles, recogí la bolsa de almuerzo que había preparado a la mañana y me puse en pie. No creí que fuera necesario aclarar que sí, probablemente la acompañaría adonde ella quisiera. Además estábamos en la escuela, no podíamos llegar tan lejos. Le sonreí y alcé la mano, indicándole que empezáramos a caminar en un gesto medianamente caballeresco. Cierto, los reptilianos.

    —Ahora que lo dices... Nunca tuve muy en claro qué son los reptilianos. ¿Literalmente mitad humano, mitad reptil? ¿Reptiles disfrazados de humanos? ¿O los pobres reptiles no tienen nada que ver en todo esto? —Junté las cejas—. ¿Por qué reptiles, para empezar?

     
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