1. ¡FFL TE DESEA UNA FELIZ NAVIDAD!
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    Loops Magpe

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    Leo
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    2 Noviembre 2009
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    Título:
    [AU] Tessaiga
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    1556
    Capítulo 0: Condiciones de sucesión.

    Hacía mucho tiempo que no se reunían y mucho menos en una circunstancia similar. Era imposible y hasta peligroso el reunir a esos entes que no podían soportar la presencia del otro. Simplemente el juntarlos sólo podría significar gritos, insultos y hasta enfrentamientos irracionales. Hubiera sido mucho más sencillo el ignorar la fecha y seguir adelante, mas este día no podía ser suprimido como si nada pasara; esto significaba algo sumamente importante, tanto, que todos los grandes dueños y lords de cada una de las tierras habían puesto su mirada en el Este hoy y sólo hoy en que una decisión tenía la capacidad de cambiar el destino de lo normal y lo sobrenatural. Hoy cuando el gran general perro Inu no Taishou elegiría a uno de sus dos hijos como su sucesor.

    El día era tenso por la gran responsabilidad que cargaría el próximo en gobernar, mas alguno que otro ocioso, ya fuera perteneciente del lugar o no, pasaba el tiempo apostando por quién sería el electo, siendo que la gran mayoría coincidía en que el mayor, Sesshoumaru, sería el triunfador.

    No era sólo el hecho de ser el primogénito, sino también se tomaba en cuenta su fuerza y gran habilidad en el combate, su carácter serio y maduro capaz de solucionar un problema con una velocidad e ingenio impresionantes, tan contrastante con el infantil y fácilmente alterable de su hermano, quien por cualquier cosa en la que no estaba de acuerdo armaba un alboroto. Sin contar con su mayor defecto, como lo llamaba la mayoría: el ser un hanyou, un híbrido; el producto de la relación de Taishou y una princesa humana, la que tomó el papel de la concubina —la única— del lord después del nacimiento del pequeño, de Inuyasha, del joven que sabía que sus probabilidades eran escasas, pero que no se daría por vencido con tanta facilidad, no desde que le había prometido a su madre que demostraría que se estaban equivocando al ignorarlo y tratarle como si valiera menos que los demás.

    Mientras caminaba por los pasillos del castillo en dirección hacia su futuro, recordaba lo que había sucedido esa mañana. Él, que desde muy pronto se encontraba nervioso por lo que sabía que iba a venir y no lograba conciliar el sueño, se dirigió hacia el jardín en donde pudo reconocer la silueta de alguien a quien automáticamente identificó como Izayoi, la mujer que le había concedido la vida y logró robarle el corazón a un youkai.

    Al acercarse hacia su dirección no pudo evitar hacer ruido, provocando así que ella girara su bello rostro, sonriendo para su amado niño, dando pasos hacia él, mandando suaves palabras, abrazándolo y acariciando su plateado cabello, así como cuando era más pequeño. Disfrutando el revivir días lejanos.

    No es que no supiera que ya había crecido, no, era sólo que conocía lo difícil que era su hijo para demostrar sus sentimientos y esta era la única forma para que hablara o al menos se sintiera mejor. Cosa que funcionó y, aún cuando en ese instante se encontrara abriendo las puertas del lugar indicado, sus palabras resonaban en su mente.

    "No debes de preocuparte por lo que suceda hoy"

    —Qué extraño, llegas tarde— mencionó el mayor con su grave voz, la misma en la que podía viajar la más fría indiferencia o las palabras más despectivas. En resumen, era más fácil el causarle daño que el poder comunicarse de forma amena. >La representación de la nobleza sobrenatural<

    —Y a ti qué te importa, maldito— era natural que ambos se trataran así porque, simplemente, se odiaban. Era así desde que Sesshoumaru se enteró de que su padre había buscado la compañía de alguien más, lo cual le hubiera importado poco si no se tratara de una humana y ésta esperara un hijo, sumando el hecho de que a ese individuo se le reconociera como un heredero más. Algo como él no se lo merecía. >Dos mundos en uno<

    "Pase lo que pase, no cambiará lo que eres"

    —Silencio, este no es el momento para sus tonterías.— el padre daba fin a la absurda discusión para comenzar con aquello por lo que se encontraban ahí. No lo aplazaría por nada, no perdería el tiempo que se convertiría en el testigo y regulador del juego que él mismo estaba creando para ellos. —Es obvio el por qué estamos hoy reunidos y, ya que he decidido, quiero compartirlo. —No había ruido, sólo el palpitar de tres corazones, uno más tranquilo que los otros y que ahora hablaba. —Lo medité tanto como se me fue posible, tomé en cuenta todo. No fue nada fácil el elegir entre alguno de los dos, así que no lo hice.

    —Espero que no pretendas que los dos tomemos tu lugar— Sesshoumaru no podría soportar, nunca, el trabajar al lado de su medio hermano o, lo peor, ser comparados como iguales. Mientras que Inuyasha compartía su desagrado en el rostro, el daiyoukai recuperaba la palabra.

    —Claro que no— las cosas se ponían cada vez más confusas y continuaban al ritmo de un crescendo con el cambio repentino de tema que daba Inu no Taishou y respecto a las primeras dos palabras —La Tessaiga— ¿Qué es lo que planeaba citando a esa lejendaria espada, a la que una vez le perteneció? Sí, un verbo en pasado que ahora cambiaba de significado, a obtener sinónimos como "sin rastro alguno", "desaparecida" o "borrada del mapa".

    Alguna vez, junto a la Tenseiga y Suunga*, había formado parte de una invencible defensa y poderosa unión que traspasaba fronteras, al igual que la noticia de su robo. Cualquiera que fuera el responsable, fue lo suficientemente inteligente como para no dejar algún rastro o inclusive olor que lo delatara. Un fantasma que logró arrebatarle al general a uno de "los grandes colmillos", pero sin ser utilizado ni visto de nuevo.

    "Confía en ti y en lo que elija tu padre ¿sí?"

    —No comprendo nada, ¿qué demonios tiene que ver con todo esto?— pronunció el más joven y el otro le calló con la mirada, puesto que su mente estaba reuniendo las piezas, formando una hipótesis que quería comprobar.

    —He encontrado un método eficaz y justo para decidir, si así se puede decir, ya que eso dependerá de ustedes.— lo siguiente se quedaría marcado en muchas mentes e incluso vidas —El que encuentre a Tessaiga será quien asuma el poder sobre las tierras del Este.

    "Después de todo..."

    —Es una tontería, han pasado casi cincuenta años desde que fue robada, incluso pudo ser destruida. No hay forma de que reaparezca de la nada.— ese era un buen punto. Ese evento había ocurrido mucho antes de su nacimiento e incluso que el de la princesa Izayoi, sólo era consciente de ello por las personas que aún lo rumoraban por ahí —era muy difícil que olvidaran algo que les otorgaba una forma de salir de su rutina diaria. Él y los cuchicheos que lograba oír cada vez que paseaba por el castillo eran la mejor prueba de que seguía siendo sólo aquel bastardo — ¿Cómo buscaría a algo que jamás había visto y que posiblemente ya no existía?

    —Las palabras de un cobarde— en contra de lo que se hubieta pensado, Sesshoumaru había elegido jugar, esperando algo interesante, además, siempre había deseado el apoderarse de tan cotizada arma. —No se puede esperar más de un hanyou, siempre huyendo por su debilidad. Son humanos después de todo.

    —Haré que te tragues tus palabras cuando recupere a esa maldita espada, sólo espera y lo verás— ahora él encontraba también una oportunidad en la misión, pero esta se titulaba "Reconocimiento" y, por qué no, "Aplastar al engreido de Sesshoumaru". Algo que no podía desperdiciar.

    "... Él sabe muy bien lo que hace"

    El tablero y los jugadores estaban listos, el destino era desconocido y las pistas más que nulas, aunque nada podía ser totalmente seguro en un universo siempre cambiante. La "mitad" contra un "ser entero". Que la búsqueda dé inicio.
    ____________
    ¡Hola a todos! Después de casi un año de inactividad, regreso recargada de muchas ideas y comenzare con ésta, la cual será corta, pero espero que les guste. Es bueno aclarar que en este fic no habrá problemas sobre adolescentes y todo eso, sino espero que la trama sea más madura, con mucha acción y ojala algunos infartos, ok no, no tengo seguro para ustedes. Ya aclarada la situación, qué lo disfruten. Oh, se me olvidaba, el capítulo uno será publicado en, máximo, dos días.
     
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    [AU] Tessaiga
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    2144
    Capítulo 1: Pasos hacia atrás ~Creando acero~

    Año 2012. Han pasado casi cinco siglos desde que la competencia por la espada inició. Muchas cosas han cambiado, muchas criaturas han desaparecido provocando que la única zona donde los seres sobrenaturales puedan existir sea el Este. Viviendo de forma nocturna, los youkais se resguardan bajo un toque de queda y autoridades que arreglan sus "incidentes" bajo la mesa. Son contadas las personas que saben ese gran secreto y, aquéllas que sospechan algo, prefieren seguir así, sin tener que preocuparse, siendo parte de una mentira.


    Caminaba reflejando claramente la frustración y el enojo en su rostro y modo de andar. Sabía que se estaba arriesgando a él mismo y a toda su raza al salir aún de día, pero había llegado a un punto en que le daba igual lo que pasara. ¡Al diablo con todo! Si los humanos descubrieran que no era como ellos, al igual que un gran porcentaje de la población, y armaran un revuelto ¡Mejor para él! Quizá así lo culparían de todo el caos y hasta lo exterminarían y, si no, al menos acabarían con la "utopía" que su padre había formado. Sin nada qué gobernar no habría por qué seguir con esa absurda búsqueda.

    Sin embargo, nada de eso sucedía, nadie lo volteaba a ver, era casi como si fuera un fantasma. Posiblemente se debía a que llevaba una especie de boina cubriendo sus orejas caninas y ropa acorde con la época que, si se excluía a su cabello plateado y orbes doradas, se podría decir que se trataba de un joven del montón. Aunque hay que agregar que no era necesario el ocultar los singulares colores que naturalmente estaban en su aspecto, ya que la mayoría ya estaba acostumbrada a ver pasar por las calles a uno que otro valiente o rebelde youkai, a quienes ellos consideraban personas con una rara genética que les permitía obtener extrañas tonalidades como verde, azul o hasta rosa. Ya todo era normal, así como las desapariciones que solían darse a altas horas de la noche.

    Inuyasha se encontraba sentado en una de las bancas localizadas en la plaza principal, su cabeza estaba siendo cubierta por sus manos emulando que éstas la detenían para evitar que cayera, mas su dolor de cabeza era quien causaba la pose. Su cráneo estaba a punto de explotar y todo por culpa de ese maldito e incompetente viejo. Hubiera sido mejor el no ir con él, pero lo hecho estaba hecho y no se podía cambiar, sólo recordar.

    ///Flash Back///

    Fueron varios días los que le costó sacrificar para poder dar con la nueva dirección del veterano Totosai, puesto que dedicaba parte de su tiempo en cambiar de residencia cuando estaba metido en lios y el modelo de ese año era una vieja choza localizada en una región remota. Pensándolo bien, ¿de quién estaba huyendo ahora?

    Al entrar sin mucha dificultad, lo primero que observó fue la basta colección de katanas que se exhibían en las frágiles paredes de madera, una de ellas se encontraba en las manos del retirado creador de espadas, quien yacía de espaldas y limpiando a esa arma.

    —Si busca una espada, ya no me dedico a eso y éstas no están a la venta— dijo sin darse la vuelta, y, al no haber respuesta, decidió mirar al intruso, topándose así con un rostro familiar.

    —Pero si es el amo Inuyasha, cuánto tiempo sin verlo— habló una pequeña criatura en las ropas de Totosai. La pulga saltó y subió al cuerpo del muchacho, bebiendo de su sangre hasta que el albino le golpeó con su mano, cayendo como papel arrastrado por el viento. —Ah, y ¿cuál es la razón de su visita?— pronunció al recuperar su forma original.

    —Myoga, pensé que ya estabas muerto ¿Huyes hasta de la muerte?— le dijo burlonamente al hombrecillo para después dirigirse al otro ser antiguo — Hey, anciano, ¿aún no sabes nada sobre la Tessaiga?— la interrogación de siempre que ya estaba hartando a todos y que ya le cansaba pronunciar al peliplateado.

    —Igual que le dije a Sesshoumaru y a ti hace ya algunos años atrás, te repito que no sé dónde está.— lo mismo desde su último encuentro con ellos, bueno, al menos se enteraba de que su medio hermano no había adquirido alguna información relevante, lo malo es que probablemente tampoco él. —Vaya, si me hubiera enterado antes de lo que iba a pagar, nunca crearía a esa rara espada.— quejas antiguas que Inuyasha ya se había adaptado y acostumbrado a escuchar desde que comenzó esa búsqueda del tesoro sin mapa. Sin embargo, ese día pudo capturar una palabra nueva ("rara"), preguntándole al forjador el por qué de ese adjetivo. —Sí, lo de la recolección y los fantasmas y todo eso. Dios, en verdad fue un problema el que "eso" encajara.

    —¿De qué hablas? No entiendo lo que dices— más confusión, pero también más interés por el tema, que seguramente le daría una pista más sólida, una tenue luz que iluminaría su camino.

    —¿Sobre qué?— la luz se estaba extinguiendo en una delgada estela, al igual que su paciencia.

    —Sobre lo de "encajar" y "convencer" a no sé quién o qué— su voz cada vez era más enojada y con mucha razón, ya que veía tan cerca el poder terminar con eso que ya lo estaba martirizando, y lo haría de la forma más rápida posible.

    —¿Yo dije eso? Pues no me acuerdo— ¡Maldito Alzheimer! Adiós luz, adiós paz, adiós Tessaiga. Bienvenidas sean la ira y la desesperación.

    —¡Ah, me largo!— y así lo hizo, no sin antes propinarle un fuerte golpe en la cabeza al señor bueno-para-nada, donde posteriormente nacería un prominente chichón, ese que se le regaló por sus palabras, ya fueran las que dijo y las que no.

    ///End Flash Back///

    El atardecer estaba cercano y el de ojos dorados ahora se encontraba acostado en la misma banca, cambiando su expresión facial a algo melancólico y es que de estar furioso pasó a lo que había perdido y rondaba su mente en forma de pesadillas, la mayoría causadas por él mismo y sus malas decisiones.

    Así fue como llegó a su mente el rostro sonriente de su madre, la mujer más bella y gentil que había conocido y de seguro era la mejor que el mundo había concebido. Sus memorias le retransportaban al triste momento en el que, al regresar de un largo viaje sin resultados en torno a la katana robada de su padre, se encontró con la noticia de que la ex princesa se encontraba sumamente enferma.

    Con su increíble velocidad llegó a su lecho, ahí donde a ambos les costaba respirar: uno por la enfermedad y otro por el dolor que le causaba verla tan débil y pálida, sin tener la energía suficiente para levantar su cuerpo. Un inaudible "madre" se le escapó de los labios del hanyou de ojos llorosos, prosiguiendo con los susurros que ahora eran la voz de la azabache.

    —Perdón Inu...yasha, te hice preocupar... Debiste de estar ocupado en... algo importante.

    —No, yo debí de estar contigo. Esa maldita espada. Todo es mi culpa, si yo... si yo — el chico se acercó lo más posible hacia ella, tomando la mano que no estaba entrelazada con la de su padre, el cual dejaba su semblante serio para darse la libertad de vestirse con la tristeza. Ahora Inuyasha lo sabía, sabía que el sentimiento que compartían sus padres era algo tan grande que deslumbraba, tan poco probable que él lo viviera.

    —No es culpa de nadie, esto debía... de suceder algún día— una temblorosa mano de Izayoi recorrían el rostro de su hijo, admirando al hombre en que se había transformado. —Eres alguien muy bondadoso Inuyasha... tenlo siempre presente. Tu lado humano y tu lado youkai... se acoplan perfectamente en ti. Los quiero tanto— las lágrimas ya no podían ser suprimidas, mojando las mejillas de ese pequeño grupo personas que temblaban con miedo por no poder verse hasta en un largo tiempo —Mi niño... está esperando...

    Los ojos cafés ya habían perdido su brillo, ya no habrían más palabras ni actos dulces, sólo se trataba de un cuerpo sin vida, pero tan bello como una muñeca, una muñeca funeraria. Cuando dio su último respiro, el cuarto se llenó de gritos desesperados de un hijo y, afuera, de un llanto hacia la luna, la décimo sexta luna, por parte del daiyoukai, quien quería capturar el calor de su último beso que poco a poco se desvanecía...

    Recordarlo le hacía revivir la experiencia y el odio con respecto a la Tessaiga, hacia ese objeto inanimado y perdido que había causado el alejarse de ella por cinco años que hubieran significado mucho y bien habrían podido adquirir la posibilidad de cambiar la trágica historia. Y todo para nada. Para que hasta ahora sólo supiera que esa cosa estaba catalogada como "anormal" o "algo fuera de lo común"; que no fue la única en ser robada en ese tiempo —¿y cuál no si esa era una actividad frecuente en la era Sengoku?—, mas no se ha especificado cuántas o cuáles; ah, y no hay que olvidar lo más reciente: que su elaboración fue compleja y tuvo que ver con la recolección de algo "difícil de encajar". En conclusión, una pérdida total de tiempo y espíritu.

    Inuyasha se veía a sí mismo con un ser vacío, que básicamente no había hecho nada relevante en lo que llevaba de vida, sólo sobrevivir con respecto a la evolución del hombre y el riesgo de la extinción. No tenía a alguien, a algún amigo o persona especial, ni siquiera sabía lo que era amar. Si esto seguía de la misma forma llegaría a un punto en que, al cuestionarse quién era, no tendría la remota idea de qué lo hacía ser él mismo o decir que seguía vivo.

    No, nunca permitiría convertirse en una existencia patética, en un alma que vaga hasta encontrar el final. Ser un perro que duerme hasta que su cuerpo se pudra. Lucharía antes por vivir y para ello el chico decidió darse por vencido. Sí, eso haría aún cuando el rendirse fuera en contra de su naturaleza, empero, sus sentimientos ya estaban suficientemente dañados, qué más daba el que también lo fuera su orgullo.

    —Yo soy el único quien puede darme órdenes, soy el dueño de mi vida y haré lo que quiera con ella.— pensó el mitad demonio. Nada ni nadie le haría cambiar de parecer y, para que fuera oficial, su próxima parada sería a con su padre. Casi un siglo sin verlo —al igual que Sesshoumaru— y es que, desde la muerte de Izayoi, ambos se habían distanciado cada vez más hasta el punto de no hablarse.

    Con esa mentalidad dejó su lugar de receso para poder comenzar su viaje, aprovechando que el crepúsculo coloreaba todo de naranja, señalando que el toque de queda pronto daría inicio al igual que el libre albedrío de lo desconocido o ignorado. Mientras caminaba por las calles de la ciudad, podía observar humanos, mas ellos no lo observaban, estaban muy ocupados sumiéndose en sus asuntos personales ¿Era una señal que mostraba el tener una vida o desinterés por los demás? No importaba, seguramente lo descubriría cuando fuera libre, al igual que muchas cosas.

    La primera de ellas sería el por qué esa chica de ojos cafés y cabellos negros, vestida con uniforme de instituto —falda con diseño escosés, una camisa blanca, corbata roja— se detuvo con una expresión de sorpresa al verlo, para terminar sonriéndole a Inuyasha como si de conocidos se tratasen.

    El cielo se oscurecía sobre la gente que tenía a dónde ir, sobre el hanyou que se encontraba confundido por el acto de la humana que nunca había visto y, también, sobre la joven que, sin dudarlo, se dirigía hacia la dirección del muchacho del singular aspecto.

     

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